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Bert Ilofmann, Pere Joan i Tous y

Manfrcd Tictz (eds.)

El anarquismo español
y sus tradiciones culturales

Vcrvuert • Iberoamericana

1995
D ie D e d i c h e R iM icthck • CIP*F.nH e:U4iilRiNine

I I yn4rqu:‘«n» español > jus trjdkionc* culturales / Bert


II Itr.ann <eJ.| ■PrAr.kl.irl arr. Miin : Vers ¿«H. Madrid
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y. l “cnvurcruA n». 1995
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Reservados ;otíí> los derechos
C w f» « i;K S a 0 cro A r n s;te« J t.C la t.J i4 * C fW í W elp ««
D iirto d elap c tu d i Michael Ackermann
Cum cw: de U poraJa: Carici f.ürertat’* deCarie* For'«»*
I r r r ie s o e i AIc t w w
y

In d ic e

Prólogo ........................ ......................................................... .......... ..................... ¡X

Mechshiid Alben
Ricardo Mella y la tradición francesa • En to n » a las fuentes de
sus Breves apuntes sobre tes pasiones humanas ........ ........................ I
Jasé Alvares Junco
Un anarquista español a comienzos del siglo XX. Pedro Vallina
en Parts ............. 15
Raque! Alvares Peláis
Eugenesia y darwúusnx) social en el pensamiento anarquista ..................29
Angeles Barro Alonso
Anarquistas, republicanos y Socialistas er. Astunas (1890*1917)............... 4)
Demetrio Castro Aljin
De la clandestinidad republicana a la clandestinidad anarquista ............ 5?
Lucienne DomergueMarie Lqffranque
SI Casrisio Maldito de Fedenco Urales Cultura libertaria y
creación teatral .................................................................. 69
Antonio Eterna
Utopia y revolución en el movimiento anarquista español ........................... 79
Andrés G o lfa Gómez
La antropología criminal ¿rente al anarquismo español ............................ 109
Rogelio Garete Mateo
Uruawno y el pensamiento anarquista......... .............................. 121
Wotfga/tg Karí G lo c b tf
Sean nos versos bombas que estallen a ¡os pies dei ídolo.
La poesía como forma de »acción d i r e c t a ....................................................129
ReinholdGOrling
El anarquismo como cultura proletaria en Andalucía
acercamiento al proceso de Conservación y reforma de una
cultura p o p u la r...................................................................................................139
B e l Hofmaw.
R udolfR eckery el anarquismo h ispano ................................ 151
17

Pere Joan i Totts


Sade y Stimer o la tradición imposible del anarquismo español............... 163
I oiker K app
Anarquía y estética futurista en Al di la del Comunismo de
F.T Marinetti .................................................................................................... 177
Jan Lechner
La poesía anarquista de la Quena Civil ....................................................... 193
Clara E. Lida
El discurso de la clandestinidad anarquista.....................................................201
Lily Litvak
Laprensaanarquista(18$0-1913) ..................................................................215
Evelyne López Campillo
Vanguardia burguesa y cultura anarquista en la Revista Blanca
(1923-1936) ..................................................... 237
José M. Macarro
Conocimiento y utopia en el movimiento anarcosindicalista
español ................................ 243
Jacques Maurice
Principios y realidad en el discurso de los Congresos de la C N T ..............261
Manuel Morales Muñoz
Cultura e ideología en el Primer certamen so c ia lista ...................................273
Ma>y Nash
La reforma sexual en el anarquismo español ..................................................2S1
Hans-Jórg Neuscháfer
Blasco Ibáñez, ¿Un Zola libertario? Observaciones sobre el
anarquismo literario<alrededor de 1 9 0 0 .......................................................... 297
Dieter Reichardt
Humano ardor de Alberto Ghiraldo: la novela autobiográfica de
un anarquista argentino........................................ 305
Chnstoph Rodiek
Enzensberger y Durruti El corro verano de la a n a ra u ia ........................... 315
Serge Saíaun
Teoría y práctica del lenguaje anarquista o la imposible
redención por el v erb o ...................................................................................... 323
Angel San Miguel
Tres protagonistas ácratas en la obra dramática de Alfonso
Sastre 335
Vìi

Carlos Serrano
Acracia, los anarquistas y la cultura .............................................................347
Pere Solà
La base societaria de la cultura y de la acción libertaria en la
Cataluña de los años tre in ta ............................................................................361
Susanna Pavera i G arda
Revolucionarios, publicistas y bohemios: los periodistas
anarquistas (1918-1936) ......................... 377
María Teresa Vicente Mosquete
La aportación de la geografía al pensamiento anarquista:
Elíseo Reclus y E sp añ a.....................................................................................393
Iris M. Zavala
Espejos, reflejos: Anarquismo y literatura......................................................409

Indice onomástico y de revistas .......................................................................... 421


P r ó lo g o IX

Prólogo

La historia de España es pródiga en exilios. Cada uno de ellos ha supuesto, de


una manera u otra, la desaparición de una cultura entera. En el mejor de los ca­
sos, su "guadianización" durante décadas. El exilio que epilogó la Guerra Civil no
clausuró tan sólo una experiencia históricamente específica de configurar demo­
cráticamente el estado y la sociedad, sino que también puso término, y en su caso
quizás definitivo, a una cultura: la anarquista. Desde sus albores a mediados del
siglo XDÍ hasta 1939, el anarquismo español no había logrado tan sólo conver­
tirse en un amplio movimiento popular y en una fuerza política importante, sino
que también había logrado crear una cultura propia en su sentido amplio, que
incluye una visión de la res publica. Heredero de la Enciclopedia, el discurso
anarquista pretendió abarcar la totalidad de lo humano e informar una praxis
politica coherente aunque no rígidamente preestablecida y perenne. En algunos
momentos como en el periodo de entresiglos, logró incluso ofrecer una plata­
forma en la que convergieron movimiento obrero y vanguardia intelectual.
El postulado esencial que ha inspirado siempre el anarquismo como tal cultura
tendía a institucionalizar y desarrollar lo que Habermas denomina "publicidad
plebeya”1, en la que él ve una hija natural de aquella "publicidad burguesa diecio­
chesca" y, a la vez, su radicalizaron socio-política. U n estudio adecuado de)
movimiento anarquista no debe pues limitarse a la descripción detallada de sus
avatares políticos ni a la valoración de su programática sindical; igualmente es
necesario una aproximación que intente caracterizar los momentos y estrategias
de su alternativa cultural y de su intento de instaurar un nuevo tipo de
"publicidad".
El congreso sobre el Anarquismo Español y sus Tradiciones Culturales que or­
ganizamos en Amsterdam del 1 al 4 de junio de 198$ y cuyas actas conforman el
presente tomo, no pretendió, desde luego, inaugurar esta reconstrucción histórica,
a la que buena parte de los ponentes ya habían dedicado numerosas e importantes
contribuciones. Se trataba más bien de reformular conjuntamente un desiderátum
1 Consúltese el prólogo de JQrgen Habermas, Strukturwandel der óffenthchkeit. Daimstadi:
Luchterh&nd 1962. (Versión española: Historia y critica de la opirnón pública Barcelona
1982.) El término alemán de "Oflentlichkett" no corresponde con exactitud al de "opinión
pública". Cabria recobrar e l concepto dieciochesco de "publicidad", tal y com o lo define el
Diccionariode Autoridades: "estado o calidad de las cosas públicas".
.V Pk ó l o g o

y de revitalizar una búsqueda que no puede ser sino interdisciplinaría. Las po­
nencias ahora impresas, desde las perspectivas más varías, estudian diversas
dimensiones del discurso anarquista, dando buena fe de esta riqueza y compleji­
dad.
Como hispanistas • y como hispanistas afincados en Alemania - nos movía una
tnple ambición En primer lugar nos interesaba subrayar, como aportación nues­
tra, la perspectiva de lo que aqui denominamos "Geistesgcschichte". Ello deter­
minó el que eligiéramos como tema general del congreso el estudio de las tradi­
ciones culturales del anarquismo español hasta 1939 como presupuesto
"arqueológico" que, a modo de palimpsesto, subyace en la cultura anarquista en
sus vanas sincromas históricas. Como hispanistas alemanes, nos cabe confesarlo,
también nos interesaba contranestar una visión tan extendida en los países de
habla alemana y que ya ha logrado canonizarse en los manuales, según la cual el
movimiento anarquista español ha sido "un movimiento de gente pobre - obreros
agrícolas sin tierra propia, pequeños campesinos, obreros industríales pero no
de intelectuales que escriben."23 Basta un repaso somero de los artículos aquí
incluidos, basta recordar, entre tantos otros posibles, los nombres de Ricardo
Mella y Federico Urales, para sorprenderse de tan desventurada afirmación. Por
ultimo, más allá de nuestros propios intereses de investigadores dedicados a la
literatura y al arte anarquistas, lo que nos movía a los organizadores, era la espe­
ranza de testimoniar los nuevos cauces que el hispanismo alemán se ha ido
abriendo en los últimos lustros. Además de abandonar su casi exclusivismo filo­
lógico, ha sobre todo revisado su vocación decimonónica, ésta que privilegiaba la
"España Sagrada" y la cultura aureosccular en detrimento de otros discursos por
disidentes y amordazados no menos imprescindibles a la comprensión de lo que
ha sido España en su compleja realidad histórica, o de lo que hubiera podido
llegar a ser. N o sorprenderá, pues, que esta revisión haya llevado al hispanismo
alemán a interesarse por unas tradiciones que confluyeron en la cultura de la
disidencia anarquista, sumando asi nuestros esfuerzos todavía individuales a unos
estudios que, dada la relevancia de su objeto, cuenta ya en otras latitudes aca­
démicas con aguerridos equipos de investigación e imprescindibles obras de
referencia. El coloquio de Amsterdam pretendió, en este sentido, ser un comien­
zo.
Agradecemos, como no, a los participantes, que acudieron a nuestra convoca­
toria y que, con el rigor intelectual de sus ponencias testimoniaron la relevancia
2 Véase Peter Lósche, Anarchismus, Darmstadt: Wisseoschaftliche Buchgesellschaft 1987, p.
71.
Pr ó lo g o A7

del tema. Ni estas actas ni las mismas jomadas de Amsterdam hubieran sido sin
embargo posibles sin el patrocinio y, a todos los niveles, sin el apoyo del Inter•
nationaai Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG) y muy especialmente sin el
generoso compromiso de su director, el sr. Dr. E. J. Fischer. Igualmente agrade*
cemos la colaboración de los colegas Heiner Becker y Marcel van der Linden.
Aquellas jomadas tampoco hubieran sido tan agradables ni su desarrollo tan efi*
cíente y armonioso sin la ayuda de Els Heye e Irma Smit. A todos ellos va dirigí*
da la expresión de nuestro agradecimiento. También constituye para nosotros un
agradable deber el dejar constancia de nuestra deuda de gratitud para con nuestra
colega Lucienne Domergue, con la que compartimos el interés por la ilustración
española y que nos alentó en nuestro asedio de otro momento histórico en ese
proceso secularizador: aquel que se-radicaliza y quizás culmina en los postulados
anarquistas.
Agradecemos sinceramente a Caries Fontseré el que nos haya permitido ilus­
trar nuestra portada con su cartel "Llibertat!", emblema de toda una época.
Habíamos pensado invitar a Federica Montseny para que nos leyera, desde su
propia biografía, la conferencia de apertura. Su estado de salud no le permitió
trasladarse a Amsterdam, como hubiera sido su deseo expreso.
Federica Montseny falleció el día 14 de enero de 1994. Que nos sea permitido
dedicar estas actas a su memoria y a sus esperanzas.

Bochum, en el mes de diciembre de 1994

BertHoñnann Pere Joan i Tous M anfredTietz

Queremos dar las más cordiales gracias a Nicole-Tanja Baucb y Mecbtild Evers por su
colaboración mecanográfica.
La revisión de los textos ha sido efectuada por Pilar Amau i Segaría y Katharina Sche-
de. Gero Aniscbeidt y Claudia-Caren Wolpers han realizado la composición del libro y
el índice onomástico. Que todos ellos también reciban nuestras gracias por haber te*
nido la paciencia y el saber de superar todas las dificultades inherentes a este tipo de
tarea.
Mechthild Albert

R i c a r d o M e lla y la tr a d ic ió n f r a n c e s a
En torno a las fuentes de sus
Breves apuntes sobre las pasiones humanas

Entre los teóricos del anarquismo español de entresiglos se destaca la figura dt


Ricardo Mella (I861-1923)1, conocido por la riqueza de sus contribuciones
ideológicas consagradas a "la organización económica de la sociedad futura
(colectivista), (al] antipoliticismo y [a] la crítica del sistema democrático"2.
En cuanto a los orígenes de su concepción filosófico-ideológica, Alvarez Juncc
ve en Mella "el mejor representante español del anarquismo individualista de tipc
anglosajón".3 En efecto, sus escritos y traducciones denotan una influencia mar­
cada por parte de casi todas las tendencias filosóficas del mundo anglosajón qiu
en aquella época formaban parte integrante del ideario ácrata español (y no solí
de él), a saber: el darvinismo4, el evolucionismo spenceriano56, el individualismo
preconizado por Tucker* y el colectivismo propugnado por Dyer D. Lum. Emr<
los demás autores que influyeron en Mella, merece señalarse al artista Wüliair
Morris y a G. C. Clemens, hermano de Mark Twain, cuyos Elementos de Anar­
quía (orig. 1888) Mella llevó a las páginas de El Productor (1892Z93)7.
Sin embargo, antes de convertirse a) pensamiento anglosajón, Ricardo Mella
había seguido fiel a la tradición francesa, representada esencialmente poi
Proudhon. Antiguo miembro del partido federalista, Mella había recibido esta in­
fluencia decisiva a través de Pi i Margal). En esta misma dirección le iba a oríen-

1 Para datos biográficos véase J.J. Morato, Lideres del movimiento obrero español ( i 86b-
1921), Madrid: Edicusa, 1972; D . Abad de Samillán, “Septiembre de 1861: Nacimiento d<
R. Mella”, en: Reconstruir n ú n ü 4 , septiembre/octubre 1 9 6 1 ,pp. 16*24; V. Muñoz, "Una
cronología de Ricardo Mella", en: Reconstruir núm. 61, junlogulio 1969; R. Mella. Breve.-
apuntes sobre las pasiones humanas, Barcelona Tusquets, 1976, pp.l71*180.
2 Alvarez Junco. La ideología política del anarquismo español (J&68-J9I0), Madrid: Siglc
X X I, 1976, p. 8.
3 Ibíd, p. 141; sin embargo, su adjudicación al individualismo queda necesariamente matizada
por su colectivism o y por su creencia en la "sociabilidad natural de! ser humano", véase
tbid.pp. 21/22.
4 V éase ib id ,p . 141.
5 Véase Abad d e SanriOán, op.cn, p. 17.
6 Alvarez Junco, op.cit., p. 17.
7 V éase M. Nenian, Geschichte der Anarchit, vola. III y IV. reprint Güshütten 1972.
2 MECHTHZLO ALBERT

lar su suegro, Juan Serrano y Oteiza, redactor de la Revista Social y cuya postura
ideológica se situaba más cerca de Proudhon que de Bakunin.* El mismo Mella
resume asi su trayectoria ideológica:
Era federal a los veintiún años, la Revista Social m e decidió por el anarquismo, y , el 82,
fui a Sevilla como t a l Proudhon influyó entonces grandemente sobre nñs ideas. M is tarde
Spcocer. C o n se n o siempre cariño por los escritos de Pi i MargaH8910

El 10 de noviembre de 1889, organizado por el grupo "Once de noviembre", se


celebró en Barcelona el Segundo Certamen Socialista en el que participaron entre
otros Tárrída del Mármol, Anselmo Lorenzo, Soledad Gustavo y Teobaldo
Nieva Los numerosos artículos con que Ricardo Mella contribuyó a este even-
to]0, constituyen "una proeza de laboriosidad y de coherencia", y le valieron, se­
gún Abad de Santillán, "la jerarquía de la pluma más brillante y el pensamiento
más depurado en las filas del anarquismo español"11. El premiado ensayo de Me­
lla responde al siguiente tema: "Suponiendo una sociedad verdaderamente libre o
anarquista y llevada la instrucción al grado máximo concebible, ¿puede ser causa
de inarmonia social lo que llaman pasiones humanas?" Mella coincide con los
demás concursantes "en apreciar que si las pasiones humanas son hoy conflictivas
debido a los prejuicios y obstáculos que las rodean, las pasiones 'naturales', en
una sociedad libre, habrían de hallar satisfacción armónica.”1* Se distingue por
inspirarse directamente en fuentes francesas, pues este texto se sitúa en aquella
fase temprana de su pensamiento, anterior a su recepción de la filosofía anglosa­
jona y marcada no sólo por Proudhon sino también por la Ilustración francesa
La concepción ética que Mella desarrolla en sus Breves apuntes sobre las p a ­
siones humanas, redactados en forma de seis "Cartas a im adversario", corres­
ponde a los rasgos fundamentales de la moral anarquista caracterizada por el ra­
cionalismo, la solidaridad, el utalismo, asi como por su aspecto revolucionario en
tamo que moral de la 'dignidad humana'.13 La fuente principal de esta concepción
ética naturalista-racionalista reside en la "mora! de la reflexión" procedente de
Hobbes y d'Holbach y marcada durante la segunda mitad del siglo XIX por "el
sello filosófíco-histórico dado por la teoría de la evolución"14:

8 Jbid%voi. ID, p. 289.


9 Citado en McDa, ap.cit., p. 172.
10 Véase A harez Junco, op.ctt., p. 626. así com o L. Lirvak, Musa libertaria. Arte, literaturay
vida cultural del anarquismo español (¡$80-1913), Daicelo na: Antoni B osch 1981.
11 Abad de Santillán, op.ctt., p. 18
12 AKatez Junco, op.ctt., p. 54.
IS /óir/.p p . 118-114
\A lbid.p. 117.
Ric a r d o M el l a y l a t r a d ic ió n fra n cesa 3

La moral reflexiva aporta al anarquismo su materialismo básico, su radonafismo optimista


(...] y , con la teoría darvinista, los elementos evolutivos y, en definitiva, la fe en la plena
expansión de la individualidad deotro del organismo social que caracteriza a Fourier.
Proudhon, Spencer y , por último. Kropotkm 1*

En el texto de Mella, basándose esencialmente en d'Holbach y Proudhon, se


comprueba, una vez más, "la escasa originalidad doctrinal del anarquismo espa­
ñol" y su "carácter tributario - especialmente de fuentes francesas"*16. Por otra
parte, admitiendo esta relación de dependencia, se le puede conceder cierta origi­
nalidad de interés histórico-filosófico por el rigor intelectual que demuestra con­
sultando las fuentes concretas, estableciendo una filiación directa dentro de esta
tradición francesa cuyas etapas principales son Proudhon y la Ilustración materia­
lista, raíz del anarquismo1718920, y, por fin, reclamando explícitamente esta herencia
del mismo modo en que un poco más tarde lo harán ios demás autores de la Re­
vista B la n c a l
Veamos más en detalle las fuentes concretas y el contexto de su recepción. En
cuanto al barón d'Holbach (1723-1789), uno de los máximos representantes del
materialismo ilustrado, Mella consulta en particular su Morale Universelle ou Les
Devoirs de l'homme fondés sur sa nature ( 1776), empezando por la definición de
las pasiones

las pasiones humanas son los movimientos más o menos acentuados que el hombre ejecuta
en virtud de la atracción o repulsión de las cosas que pueden causarle placer o dolor (M,

que parece haber tomado del capítulo V, titulado "Des Passions, des Désirs, des
Besoins", donde reza:

L es passions, dans l'homme, sont des mouvements plus ou moins vifs d'amour pour tes
objets qu'il croit propres à lui fournir des impressions, des sensations, des idées agréables;
ou bien c e sont des mouvements de haine pour les objets qu'il trouve ou qu'il suppose ca­
pables de l'affecter d'une façon douloureuse. [...] Rien n'est donc plus naturel à rhomme
que d'avoir des p a sso n s & des désirs; ces mouvements d'attraction qu'il éprouve pour
certains objets, & de répulsion pour d'autres, [...] (H, p. 17) 29

117.
16 Ibid, p. 9.
17 V éase L Domergue y M. Laflranque, "La Revista Blanca et les philosophes français du
X V m * siècle. Anarchisme et Lumières", en: Pensée hispanique et philosophie française
des Lumières, Toulouse 1980, p. 102.
18 Véase ibid , p. 10$.
19 Las indicaciones entre paréntesis (M, p ...) se refieren a la edición de lo s Apuntes citada en
nota 1.
20 Las indicadones entre paréntesis (H, p...) se refieren a P.H.TH. Baron d’Holbach, La Mo­
rale universelle ou les Devoirs de l’Hommefondés sur sa Nature, Amsterdam 1776, reprim
Stuttgan-Bad Cannstatt 1970.
4 MECHTHILD ALBERT

En lo que se refiere a la indiferencia originaría de las pasiones y su determinación


per la actuación dentro de) medio circundante
Y claro está que á el hombre no e s bueno ni malo por si mismo, otro tanto o c u n e con sus
pasiones. D igas de ellas lo que quieran las preocupaciones religiosas o filosóficas, son
simplemente buenas o malas las pasiones según la dirección en que se las impulsa (M ,
p.lS)

Mella se inspira en aquella observación de d'Holbach:


Pour peu que l'on veuille réfléchir: on reconnoîtra que les passions, en elles-memes, ne
sont ni bonnes ni mam aises, elles ne deviennent telles que par l'usage qu'on en fait (H, p.
18)

Del mismo capitulo Mella extrae textualmente la afirmación racionalista de la


necesidad esencial de las pasiones, refiriéndose por primera vez explícitamente a
su fuente:
Naciendo e) hombre • dice d'Holbach - con necesidades, nada le es m is natural que el
deseo de satisfacerlas: susceptible del placer o del dolor, nada m is natural que el amar el
uno y aborrecer el otro. D e donde se concluye que los deseos y las pasiones son esenciales
al hombre, inherentes a su naturaleza, inseparables de su existencia y necesarios a su con­
servación (M , p. 18).

Tout homme étant né avec des besoins, ríen de plus naturel en lui que le désir de le s satis­
faire; susceptible de sentir le plaisir & la douleur, rien de plus naturel que d'aimer h m & de
haïr l’autre. D'où il suit que les passions & les désirs sool essentiels à l'homme, inhérents à
sa nature, inséparables de son être, nécessaires i sa conservation (H, p. 18/19).

En este contexto, e) rechazo de las doctrinas que consideran las pasiones como
enfermedades del alma
Les Stoïciens. & beaucoup d'autres Moralistes comme eux, ont pris les passions pour des
fnalodus de ¡'âme, qu'il falloit totalement déraciner: n u it les passions des hommes ne sont
pas plus des maladies que la faim (H, p. 1$),

viene ampliado por Mella con vistas a la fuerza persuasiva y al efecto emocional
de su texto: añade una diatriba antirreligiosa y algunas preguntas retóricas que,
siempre entre comillas, dan la falsa unpresión de provenir también de la autoridad
francesa

Considerar las pasiones, según las ideas de los estoicos, com o enfermedades del alma; re­
chazarlas y pretender destruirlas com o un gran mal de la vida, según hacen los creyentes
de todas las religiones, vale tanto como proclamar el aniquilamiento del hombre mismo,
En el fondo, no otra oosa suponen las tétricas teologías y las filosofías místicas que niegan
la vida en aras del más allá ignoto.
oQué sería el hombre sin esos movimientos de atracción o de repulsión por los objetos
queridos o aborrecidos? ¿Qué sería el hombre sin el amor, sin el deseo de bienestar, sm el
anhelo del placer (M. p. 18)?
R ic a r d o m e l l a y l a t r a d ic ió n fran cesa 5

El pasaje siguiente sobre la utilidad práctica de varias pasiones reputadas como


nocivas, idea donde Mella pone mayor énfasis revolucionario, se inspiran más o
menos libremente en algunos pánafos del capitulo VII "De l'utilité des passions":
El odio mismo, pasión implacable, es alum enie beneficioso cuando mueve a) hombre
contra la braníi, contra la inmoralidad, contra todo atropello a la dignidad humana, contra
la injusticia y la iniquidad. La cólera, temblé sentimiento capaz d é lo s mayores danos, es
natural y necesaria en c ien o s limites, plausible cuando nos anoja a las tragedias en que las
vilezas sociales, las infamias humanas quedan sojuzgadas (M , p. 18/19).

La colère & la haine, si funestes quelquefois par leurs effets terribles, étant contenues dans
de justes bornes, sont de passions utiles & necessaires pour écarter de nous & de U Sodé*
té les choses capables de nuire, La colère, ! indignation, la haine, sont des mouvements
légitimes que la Morale, 1a venu, l'amour du bien pubbe, doivent exciter dans les coeurs
honnêtes cootre l'injustice et 1a méchanceté ( R p, 34),

Después de insistir en el papel decisivo que todos los afectos desempeñan en fa­
vor del progreso humano, Mella vuelve a proclamar el carácter esencial y nece­
sario de las pasiones:
Inútil declamar contra las pasiones; m is inútil pretender aniquilarlas. A sí com o se dice del
escritor 'el estilo es el hombre', así se puede decir del ser humano que la s pasiones son el
hombre'. Sin ellas sería un teño o una estarna, según la expresión del filósofo. Y com o el
hombre no es por naturaleza ni lo uno ni lo o u o , se deduce en buena lógica que sus
pasiones son necesarias v útiles a su propio desenvolvimiento y al desenvolvimiento social
(M ,p . 19) ■

Esta cita nos da el ejemplo de una intertexcualidad particularmente compleja,


pues confluyen en ella una sentencia bien conocida de Buffon, variada por Mella,
y una noción que recuerda Condillac21 pero que de hecho remite a d’Holbach,
quien la apunta en nota en el mismo párrafo del capitulo Vil que constituye el
núcleo inicial del préstamo hecho por Mella:
Un homme dépourvu de passions ou désirs, loin d'être un homme parfait, com m e quelques
penseurs font prétendu, seroh un être mutile à lui-même & aux autres, & déslors peu fak
pour 1a Nie sociale. Un homme qui ne seroit susceptible ni d'amour ni de haine, ni d'espé­
rance ni de crainte, ni de plaisir ni de douleur, en ua mot le Sage du Stoïcisme, seroh une
masse inerte que Ton ne pourroh nullement mettre en action (7)

(7) Quelqu'un, entendant parler des maximes d Epictete, dit que c'étoh un homme de bois.
(H , p. 33)

La idea de una correlación armónica entre el individuo y la sociedad, mito armo-


nizador común a la Ilustración francesa y al anarquismo español22, recuerda ade­
más la siguiente afirmación de d'Holbach:

21V éa»D om ergue/L afiránqueqp.e/r.,p. 117.


22 Véase ibid., p. 136 y Alvarez Junco, op.cit., p. 57.
6 MECHTWLD ALBERT

L'homme de bien n’est pas celui qui n'a point de passions, c'est celui qui n'a que des
passions conformes à son bonheur constant, qu‘3 ne peut séparer d e celui des ¿eres faits
pour concourir avec lui à sa propre félicité (H . p. 36)

Una vez sentados los principios fundamentales de esta ética materialista, Mella
parece despegarse del teórico francés. D'Holbach sólo reaparece una vez como
autor de la sentencia “la necesidad carece de ley" (M, p. 20) - "la nécessité ne
connoît point de loix" (FL p. 144) -, adagio que parece corroborar la funcionali­
dad de la Ilustración francesa como "répertoire de formules célèbres qu'on utilise
pour les besoins de la démonstration"** y que han pasado a formar parte de la
"culture collective’’2324 del anarquismo español. Sin embargo, en el caso de Mella
no se trata de florilegio, sino de un conocimiento fundado, integral y directo. Y
no por callar el nombre de la 'autoridad1, por servirse de un tono más coloquial y
por expresarse "en buen castellano" (M. p. 20) deja Mella de inspirarse en la
Moral universal del ilustrado francés. Pues, el entero apartado consagrado a las
"viciosas desviaciones" de las pasiones bajo el influjo determinante por parte de
la moral social y de las instituciones públicas proviene de algunos capítulos bien
precisos de la misma obra, a saber *'De l'Habitude, de l'Instruction, de l'Educa­
tion” (capitulo XTÏ), "De la Conscience“ (XIII) y de los dos primeros capítulos de
)u sección tercera titulada "Du Mal moral, ou des Crimes, des Vices & des
Défauts des Hommes" Asi cuando afirma que
el vicio es fruto de nuestras costumbres sociales, d e ouestras leyes, de nuestras
preocupaciones y errores, de nuestras, más que inútiles, dañosas instituciones. Cambiad
todo esto y el vicio desaparecerá (M, p. 21),

Mella se hace eco - algo más radical - de d'Holbach quien explica


la conscience de la plupart des hommes est dépravée par les préjugés, les exemples, les
idées fausses, les institutions déraisonnables qu’ils rencontrent dans la Société (H, p. 55)

Incluso la única y decisiva cita de Hobbes remite a d'Holbach:


El carácter - d k e Hobbes - e s fruto del temperamento, de la experiencia, del hábito, de la
buena o mala fortuna, de las reflexiones, de los discursos, del ejemplo, de las circunstan­
cias. Cambiad estas cosas y el carácter se cambiará (M, p. 21).

Mella la habrá encontrado a pie de página en la constatación anti-innatista de


d'Holbach25 "Nos idées en morale ne sont donc que des effets de l’habitude" (H,

23 Dom ergue'Laifranqueqp.ctf,p. 112.


24 Ibid., p. 113.
25 Para la imponan cia de d'Holbach a i cuanto a la relación entre maleabilidad y progreso,
véase Alvarez Junco, op.cit., pp. 94-96.
Ric a r d o M e ix a y l a t r a d ic ió n fra n c esa 7

p. 50). A través de este postulado del condicionamiento social y de la


consiguiente maleabilidad de) carácter se anuncia lo que serán "les conséquences
du sensualisme en politique"2*.
El ejemplo del asesinato socialmente legalizado bajo el nombre de duelo o de
guerra también deriva del autor francés.*27 Hasta la condena del robo perpetrado
por las "portentosas organizaciones del latrocinio reglamentado al amparo de la
ley" (M, p. 20), que Mella acentúa con claras reminiscencias proudhonianas,
tiene su origen primero en d'Holbach2*, en cuya Adoral universal ya encontramos
una afirmación tan cercana a Proudhon como la siguiente:
Ainsi tout homme juste ne se p éter« jun áis è des opinions introduites p«r U t>T«nnie, &
contredites autrement par féquxté naturelle; celle-ci défend à tous les hommes d é s’emparer
du bien des autres, & frit un crime du V ol sons quelque nom que l’on cherche à le couvrir
(H, p. 144).

Tales coincidencias - entre las que cuenta también la "équité naturelle", precur­
sora de la Justicia proudhoniana- sustentan la perspectiva de una filiación ideo­
lógica establecida entre el Siglo de las Luces y el socialismo francés.
Vista la fuente inmediata, resulta que el sistema pasional y moral presentado
por Mella constituye, tanto en su base teórica cuanto en sus ejemplos prácticos,
un préstamo tomado de d'Holbach.
La contribución de los filósofos materialistas y racionalistas de la Ilustración
francesa a la concepción de la naturaleza humana propia del anarquismo español,
es notoria29*. Con posterioridad al ensayo de Mella, el nombre de d'Holbach se
destacará en la Revista Blanca, apreciado por Urales y Kropotkin en cuanto a su
método materialista-racionalista, su evolucionismo naturalista y la "volonté totali­
sante" patente en su ejemplar Système de la nature.*0 De su creciente significa­
ción ideológica, sobre todo en cuanto a ateísmo y propaganda anticlerical se re­
fiere, dan testimonio algunas ediciones de finales de siglo, entre ellas un Suple­
mento a la Revista Blanca, el ensayo "Dios y la Naturaleza" publicado en El Por­
venir del Obrero asi como el ensayo Moisés, Jesús, Mahomay editado por la
Biblioteca El Productor en 1905 Por otra parte, con anterioridad a los Apuntes

2 6 Domergue/Laffranque, op cú., p. 133


27 Compárese por ejemplo H p. 2 0 y H, pp. 57 y 143/144.
28 Véase por ejemplo H, pp. 36 y 144; por supuesto. Mella omite la valoracióo positiva que
d’Holbach atribuye a la propiedad privada legítimamente adquirida.
29 V éase Domergue/Lafiranque, op.cit.; Alvarez Junco, op.cit., pp. 43-64; L hvik , op.ctt., pp.
1-28. Para las utopias políticas del propio d’Holbach véase también P. Cbarboanel,
"Remarques sur la futurologie politique du groupe d'Holbach-Diderot, 1773-1776", eo:
Studies on Voltaire and the I8th Century 151 ( 1976), pp. 449-466.
3 0 Domergue'Laf&anque, op.cit., pp. 114/11$ y 135.
s M e c h t h il d albert

de Mella sólo consta el Sistema de la Naturaleza publicado de manera incom­


pleta por Bandera Social, número 1-6, en 1885.31 ¿ falta de una traducción de la
Moral universal, obra condenada por la Inquisición en 18043132, habrá que pre­
guntarse por qué caminos Mella llegó a conocer a d'Holbach. Existen las vías
mediatizadas de la recepción que señala Lucienne Domergue33: por intermedio de
fourier y Proudhon34, a través de la literatura europea de tendencia anarquista o
gracias al ’intercambio' con la Francia contemporánea que, durante la Tercera
República, mantenía viva la herencia del Siglo de las Luces.35 A parte de ello hay
que contar con una transmisión nacional que va desde los 'afrancesados' a la bur­
guesía libera) repicsemada por Pi i Margall.3* Sin embargo, visto que en los
Apuntes se trata de préstamos directos y literales tomados de algunos capítulos
bien precisos de la Moral universal, hay que suponer que Mella la habrá leído en
el original, movido ya sea por los escritos de Pi i Margall, ya sea por la lectura
del Sistema de la Naturaleza, o bien por influencia de su suegro, él mismo autor
de una Moral del progreso o religión natural (Sabadell 1884), cuyo título tiene
una clara resonancia materialista, pero cuya obligación efectiva hacia d'Holbach u
otros autores de la Ilustración francesa quedaría aún por esclarecer.
Siguiendo la tradición de cierta visión de la naturaleza humana concebida por
los filósofos de la Ilustración francesa, Mella pasa de d'Holbach a Proudhon,
"nuestro primer filósofo revolucionario" (M, p 26), que "inspira sobre todo el
antiteismo, la idea de justicia, el federalismo, la crítica moral, la idea de progre­
so"37 propios al anarquismo español Mientras que d'Holbach le había proporcio­
nado las bases de su moral naturalista y la idea de la maleabilidad del comporta­
miento humano determinado por el condicionamiento social, Mella se refiere a
Proudhon para postular el sentimiento de Justicia como principio fundamental y
clave de su "sistema ético-social, económico y político"38. Por supuesto, el texto
básico al que Mella se remite es la obra monumental De la Justice dans la Révo-

31 Véase A harez Junco, op.cu., p. 46.


32 M Defouroeaux. L'Inquisition espagnole el ¡es livresfrançais au XVIIIe siècle, Paris 1963,
p 130.
33 DomergueLaffiaaque, op.cu., pp. 109*110.
34 Para la asimilación de la Dustración francesa por pane de Proudhon, véase Pb. Régnier,
"Proudhon et les matérialistes du XVIIIe áécle", en: O. B loch (ed.), Images au XIXe siècle
du matérialisme du X lW e siècle . Paris: Desclée, 1979, pp. 159* 182.
35 Véase R. FavoUe. "Les socialistes français et le materiaEsne du X V U le siècle (1880-
1910)", en: Bloch: op.cu., pp. 183-198.
36 Véase Doraergue/Lafiranque, op.cu., p. 107.
37 Alvarez Junco, op.cu.* p. 9.
3 8 Ibid., p. 5?.
R ic a r d o M e l l a y la t r a d ic ió n fra n cesa 9

lution e t dans l'E glise (1858), en particular el prólogo programático titulado


"Philosophie populaire" que viene incluido desde la edición de 1868.
Ai empezar su exposición, Mella advierte: "Glosaré, a mi modo, al filósofo de
Besançon" (M, p. 22). En efecto, trazando la trayectoria de la idea de Justicia,
Mella no hace sino resumir brevemente el apartado segundo del primer volumen
consagrado a la manifestación de la idea de Justicia a nivel individual - "Les Per*
sonnes" (P, pp. 347*386)39. En ello se demuestra que la idea de Justicia, basada
antiguamente en los conceptos trascendentes de Dios o del Estado debe volverse
inmanente para corresponder a la sola instancia de la dignidad personal. En estos
párrafos que siguen libremente a Proudhon se hace patente la función armoniza*
dora atribuida tanto a la idea de dignidad personal - "estimarse a sí mismo es
idéntico a estimar a los demás" M, p. 25) - cuanto al concepto de Justicia que
Mella, junto a la mayoría de los demás teóricos anarquistas, nos presenta como
"la perfección en las relaciones humanas", "la conjunción de lo científico y lo
natural en las relaciones sociales"3940, A la hora de definir explícitamente el origen,
alcance y funcionamiento del principio de Justicia, Mella prefiere remitirse
directamente a Proudhon, citando en extenso el siguiente trozo tomado de la
"Philosophie populaire":
La justicia - dice Proudhon • es para todo ser raciona] principio y forma del pensamiento,
regla de conducta, objeto de saber y fin de la existencia. Es sentimiento y noción, manifes­
tación y ley, idea y hecho; vida, espíritu y razón universales. A sí com o en la Naturaleza
todo concurre, todo cotispíra o unfrn, todo marcha de acuerdo, según la expresión de un
antiguo; así com o, en una palabra, todo en el mundo tiende a la armonía y al equilibrio, así
también, en la sociedad, todo se subordina a la Justicia, todo la sirve, todo se hace según
sus mandatos, según su medida y su consideración; sobre ella se constituye, y a este fia el
de los conocim ientos en tanto que ella ni está sujeta a nada ni reconoce quién la mande, oí
sirve de instrumento a poder alguno, ni aún a la misma libertad. E s de todas nuestras ideas
U más inteligible, la m is constante y la más fecunda; es de todos nuestros sentimientos el
único que honran los hombres sm reservas y el más indestructible. Percíbela el ignorante
con la misma plenitud que el sabio, y por defenderla se hace en un momento tan gnfil
com o lo s doctores, tan valiente com o los héroes. Por eso la edificación de la Justicia es la
gran empresa del género humano, la más magistral de todas las ciencias, obra de la
espontaneidad colectiva mejor que de) genio de los legisladores, obra que jamás tendrá
ím.41

3 9 Las indicaciones entre paréntesis (P . p...) se refieren a P.-J. Proudhon, Œuvrer complètes,
Paris 1923* 1959, v o l VXD, reprint Genève/Paris 1982.
4 0 Alvarez Junco, cp.cit., p. 58, basándose en MeQa.
41 M , pp. 25/26; compárese P, pp. 223/224; eu Mella falta, causando un smsentido, el trozo
té d in c e des intérêts" así como la frase “Devant l'éclat du droit, la certitude mathématique
pâlit.“
IO MECWnflLD ALBERT

Del mismo modo, cuando se trata de instaurar el concepto abstracto de la Justicia


como valor supremo en el plano de las ideas, Mella recorre de nuevo al socialista
francés, citando otra vez de la "Philosophie populaire":
En el orden de b conciencia - dice Proudhoo - el más elevado de todos (i.c. lo s sendmien*
tos) es b Justicia propiamente dicha, regla de nuestros derechos y de nuestros deberes, y
en el orden de b mteugeocia, lógica, matemáticas, etc., es U igualdad o la ecuación; en la
esfera de lo imaginativo tiene por nombre ideal; en la Naturaleza e s equilibrio. En cada
una de estas categorías de ideas y de hechos, b Justicia se impone bajo un nombre especial
y como condicióo sine qua non sólo en el hombre, ser complejo cuyo espíritu abraza en su
unidad los actos de libertad y las operaciones de La inteligencia, b s cosas de U Naturaleza
y b s creaciones de lo ideal, se impone sintéticamente y siempre con igual autoridad; por
eso e) individuo que en sus relaciones con sus semejantes falta a U s leyes de b Naturaleza
o del espíritu, falta a la Justicia.42

La ecuación entre Naturaleza y Justicia que aquí se efectúa, representa por una
parte cierta prolongación del ideario ilustrado, pues concreta la exigencia ética
implicada en la visión racionalista del hombre; por otra parte hace resaltar el
nuevo esencialismo de índole materialista que caracteriza la ideología anarquista.
Este idealismo sui generis se manifiesta igualmente en otro tema propuesto al
Segundo Certamen, tratado en un estudio premiado de Tórrida del Mármol, muy
similar, en definitiva, al ensayo de Mella.
En la pregunta misma del tema "se escondían los nuevos dogmas, las excep­
ciones a la 'desacralizacióri: la Naturaleza, la Ciencia y la Justicia''43; rezaba asi;
"Entre las teorías revolucionarias que pretenden garantizar la completa emanci­
pación social, ¿cuál puede considerarse lo más conforme con la Naturaleza, la
Ciencia y la Justicia?" Mella se muestra tributario del mismo esencialismo here­
dado de Proudhon44 cuando, partiendo de la idea de Justicia conforme al concep­
to de Naturaleza, pedirá precisamente Ciencia, Igualidad y Libertad - con mayús­
culas • como condiciones mterdependientes, elementares a la realización de un
sistema libertario Antes de llegar a estas exigencias concretas, ia apología del
principio de Justicia inmanente culmina en aquella sentencia clásica que,
"recibida de Feuerbach y Proudhon, consagró Pi i Margall"45:
Que el hombre sea su Dios, su ley, su legislador, su todo, esto es lo que quiere la revolu­
ción. y so lo dudéis, la revolución triunfará, so pena de extinción de la raza Lunaria por
falla de ideal para su imaginación, de justificación para su conciencia, de salud y bienestar
para su cuerpo (M, p. 20).

42 M , pp. 27/28; compárese P, pp. 217/218.


43 Atvarez Junco, op.cit., p. 49; véase también Lttvak, op.cn., p. 3.
44 Véase A harez Junco, op.cn , pp. 34/35.
ASlbid.p 18
R ic a r d o Mel l a y l a t r a d ic ió n fra n cesa 11

A lo largo de la argumentación ulterior, dedicada al proyecto de una sociedad li-


bre basada en los principios que acaba de instaurar asi como al papel que dentro
de ella desempeñarán las pasiones, el nombre de Proudhon sólo reaparece en dos
citas aisladas. Señalan éstas la autonomía del hombre soberano fundada en el
respeto mutuo46 y afuman la coherencia entre ciencia, conciencia y bondad.47
Advertimos de paso que, al contrarío de las referencias a d'Holbach, relativa­
mente bien integradas al texto, las citas de Proudhon marcan cierta heterogenei­
dad, aspecto al que volveremos más adelante.
En cuanto al contexto de la recepción, las vías de transmisión del pensamiento
de Proudhon resultan mucho más evidentes que las del pensamiento ilustrado. El
ideario proudhoniano se difundió en España a través de las resoluciones de la
Internacional y por medio de la prensa anarquista, mereciendo particular mención
el artículo programático publicado por Serrano y Oteiza en el primer número de
la Revista Social (1881) que ya propaga el principio de Justicia.48 A parte de este
'clima1 ideológico general49 contamos con las traducciones iniciadas por Pi i
Margal!, a quien se debe entre otras la versión española de la Filosofía popular,
aparecida ya en el 1868.50 Una traducción anónima de l a Justicia se publicó en
Madrid en 1873,5152de modo que Mella disponía de unas fuentes fiables. En ellas
se inspiró mayormente para su concepción de la Justicia que desarrolló en varios
de sus escritos,12 pero también tomó de ellas otros elementos de su ideario, como
por ejemplo la visión de la organización colectivista de la sociedad futura.
Resulta pues que tanto en el análisis del hombre pasional y de su interacción
moral con su medio social circundante cuanto en la concepción positiva de los
principios ético-sociales vigentes en una hipotética sociedad libre, Mella - abs­
tracción hecha de leves toques bakunmistas y evolucionistas - se basa por entero
en la tradición ideológica francesa representada por dHolbach, el materialista
ilustrado, y por Proudhon, el "primer filósofo revolucionario'1.
Identificadas las fuentes conviene dedicar unas breves consideraciones a la va­
riedad formal en el empleo de los préstamos - que van de la glosa libre a la sen-

46 Compárese M ., p. 29 y P., p. 375.


47 Compárese 31 y P ., p, 221.
48 Véase Alvarez Junco, op.cit., p, 58.
49 V éase ibid, pp. 647/648 los artículos inspirados en Proudhon.
50 V éase ibid, p. 647.
51 V éase tbkt, p. 647; no disponiendo de las traducciones mencionadas, es imposible aclarar
una contradicción evidente en Junco que afirma la falta de tal traducción anterior a la edi­
ción de Vértice (pp. 58 y 64), señalando por otra parte en su bibliografía una obra titulada
La Justicia de 1873 (p. 647).
52 Véase ibid, pp. 58-60.
12 MECHTHILD ALBERT

cencía sucha y a la cha extensa presentando una definición doctrinal. Estos diver­
sos modos referenciales corresponden a la general heterogeneidad del texto de
Mella, 'defecto' causado por motivos ideológicos de orden práctico y teórico. A
un nivel pragmático, la heterogeneidad del ensayo, justamente titulado Apuntes,
se explica por las varias intenciones didácticas que quiere cumplir Mella y que le
obligan a actitudes retórico-estilísticas muy diversas. Pues dentro del interés per­
suasivo que implican las "Cartas a un adversario", Mella se propone transmitir
unos principios filosóficos, encuadrarlos en un cor\junto ideológico e histórico,
vulgarizarlos aplicándolos a unos registros sociológicos más concretos y, por fin,
incitar a realizar los postulados políticos que de ahi resultan mediante la acción
revolucionaría. En el plano teórico, el carácter algo abigarrado del texto que osci­
la entre dos niveles muy complejos (que son el orden intencional del autor y el
orden referencia! de los préstamos) refleja de manera patente un esfuerzo de
construcción.
La misma variedad de las piezas compiladas por el autor traduce cierta volun­
tad unificadora, demuestra su intento de establecer una tradición filosófica y de
construir un conjunto ideológico relativamente coherente. De esta manera, el es­
bozo ótico presentado por Mella constituye, por sus características formales e
ideológicas, una empresa apreciable, acorde con la "escasa originalidad doctrinal
del anarquismo español".
Si para concluir intentamos precisar el lugar que los Apuntes ocupan dentro de
la moral anarquista de la época, encontramos al joven Mella en una posición in­
termedia, más teórico que pragmático, más tradicionalista que innovador.
Refiriéndose al materialismo ilustrado. Mella reconoce las pasiones humanas
como un elemento básico de los derechos naturales sin atribuirles empero aquella
componente gozosa gue subrayan sus concursantes en el Certamen.*3 De esta
manera, esceptico ame las comentes modernas, representaría el polo conservador
frente al naciente impulso del vitalismo, teniendo sin embargo el mérito de desta­
car los lejanos orígenes filosóficos del nuevo auge que e! hombre pasional en­
contrará bajo la influencia de Nietzsche. De modo parecido, cuando explica el
concepto proudhoniano de Justicia, Mella sólo da mayor difusión a una idea ya
muy generalizada remontándola a su fuente y concretándola en pocos rasgos,
aunque más tarde de mayor relieve a las implicaciones sociales que resultan de la
idea de Justicia.5354 En consecuencia (y limitándonos al caso concreto de los Apun­
tes), por su fidelidad a los clásicos pensadores franceses Mella se nos presenta
53 V é a s e p p 122/123.
54 Véase ibid, pp 59/60.
R ic a r d o M e l l a y l a t r a d ic ió n fr a n c e s a 13

como teórico y divulgador que, gracias a su gran receptividad intelectual, recupe*


ra una importante tradición filosófica. Compilando los varios elementos básicos,
contribuye sólidamente a forjar la ideología anarquista, si bien por falta de cierta
autonomía intelectual y de vigor innovador le queda un aire de transición a este
texto que, por su mismo carácter tributario y heterogéneo, puede considerarse
representativo de una fase de reestructuración en el devenir histórico del anar*
quismo español.
José Alvarez Junco

Un anarquista español a comienzos del siglo XX:


Pedro Vallina en París

Como es habitual al estudiar el anarquismo español» esta reunión se ha centrado


en sus tradiciones culturales» incluyendo en ellas básicamente las formas de or­
ganización y los contenidos del discurso Intentaré, por mi parte, cambiar leve­
mente el enfoque y concentrar la atención en un personaje, en un anarquista de
carne y hueso, cuyos papeles completos de cieno momento de su vida conserva­
mos gracias al celo de la policía francesa.
Me refiero a Pedro Vallina, estudiante de medicina que, para escapar de la ac­
ción de la justicia española, se vio obligado a pasar la frontera a finales de 1902 y
residió en París durante varios años.
Quizás valga la pena recordar que Francia era el lugar preferido, como refugio
político, para los españoles desde los tiempos de Femando Vil. Lo había sido, en
las últimas décadas del siglo, a la vez para los carlistas y los revolucionarios del
Sexenio. Con los anarquistas, sin embargo, el problema era diferente. Ante todo,
porque poseían escasos recursos materiales • lo que no facilitaba viajes y estan­
cias en el extranjero - en comparación con los disidentes hasta entonces típicos,
dado el carácter oligárquico que el juego político conservó durante todo el siglo.
Pero también porque la república francesa había sido el escenario de la Comuna y
sus instituciones el blanco de los primeros atentados terroristas del occidente eu­
ropeo, los incluidos en la serie que va de Ravachol a Camot (1892-1894). Y aun­
que, a pesar de todo, los anarquistas españoles compartían la fascinación que el
país de la Gran Revolución ejercía sobre el conjunto de la izquierda española, en
vez de la relativa hospitalidad que acogía a otros refugiados políticos, ellos se
enfrentaban con una dura legislación represiva. De mayor libertad hubieran dis­
frutado, sin duda, en Inglaterra, pero las barreras lingüisticas y culturales hacían
difícil el salto del Canal.
La policía francesa, de hecho, colaboró activamente con la española en la re­
presión de los atentados barceloneses de los años 1892 a 1908. Sólo los agentes
franceses tenían ficheros y fueron ellos los que proporcionaron los nombres para
las más sonadas detenciones • en algún caso, por cierto, erróneos; y de fatales
consecuencias, como en las seríes de detenidos y luego ejecutados con ocasión
16 J o sé A l v a r e z J u n c o

de las bombas del Liceo y de Cambios Nuevos Tan evidente era el reconocí*
miento de la superioridad francesa, que el gobierno español consintió la presencia
permanente de un comisario "especial" o "delegado" en Barcelona, al menos a
partir de 1894’, cuyo objetivo exclusivo era vigilar a los anarquistas.
Dadas estas circunstancias, no es de extrañar que, entre los años setenta y los
noventa, hubiese muy pocos anarquistas españoles que emigrasen a Francia; más
bien prefirieron la América hispanohablante, e incluso los Estados Unidos. En los
Archivos Nacionales de París se guardan listas de varios miles de anarquistas re­
sidentes en territorio francés al iniciarse el último decenio del siglo, con el apén­
dice de unos centenares de franceses residentes en el extranjero (pretexto, estos
últimos, para el envío de comisarios al exterior). Hasta bien entrado 1893 no en­
contramos entre estos nombres ningún español, pese a figurar ya 133 extranjeros,
casi todos italianos; y del número más elevado, los 4772 registrados en julio de
1894 (345 extranjeros) sólo 18 son españoles12. Es sintomático también que en las
listas de abonados a periódicos como Le Libertairet que se guardan en el mismo
legajo, sólo figure un español3. Da la impresión de que el movimiento que en los
años 1930 iba a ser considerado prototipo del anarquismo mundial era muy débil,
o se encontraba ignorado o aislado, al finalizar el siglo XDC.
La situación, sin embargo, parece cambiar después de 1898, cuando se dejan
sentir en ta república francesa las consecuencias del "affaire Dreyfús", al que en
España correspondió, de forma un tanto mimètica, el escándalo por los torturados
y ejecutados en los "procesos de Montjuich". La oleada de atentados había, por
entonces, remitido en Francia, y la orientación política de la Tercera República
era más anticlerical y tolerante con las fuerzas izquierdistas de los países cerca­
nos Se comprende, por eso, que cuando sobre los anarquistas absueltos en Mont-
juich se decretó el "¿xtrañamiento" gubernativo, la mayor parte eligiera Francia
(aunque algunos, en vez de la metrópolis, optaron por las zonas coloniales del
Norte de Africa Argel u Oran) y sólo una minoría se dirigiese a Sudaméríca o
Inglaterra. Fueron varías oleadas sucesivas de anarquistas que pasaron legalmente
los Pirineos, entre 1897 y 1900, y de los datos que nos ofrece la policía francesa

1 Thiellemeat, comisario de Cervére; sustituido, desde 1900 y al m eaos hasta 1904, por
Boonecarrére. Archives Nationales, París (desde ahora, A N P ), F7 12630 y 12640, listas de
los 'commissaires spéciaux1, donde no aparecen lo s dos citados; pero ellos firman los infor­
mes a que nos referiremos en el resto de esta ponencia.
2 ANP, F7 12506 y 12507.
3 ANP, F7 12506 y 12507. S e trata de José Prat, que vivía por entonces en B uenos Aires. En
otras listas, de 1897 y 1898, n o hay ningún espafioL
P e d r o V a l l in a en P a r ís 17

sobre eUa$ podemos extraer alguna pequeña indicación de interés, en relación con
$u edad, profesión y lugar de procedencia:
Edad: más de 50 años 1
entre
« 46 y 50 1
41 y 45 4
m 36 y 40 5
31 y 35 9
26 y 30 2
menos de 25 1

Aunque no pretendemos que de tan pequeña muestra puedan sacarse conclu­


siones que afectan al conjunto del anarquismo español a lo largo de su historia, en
principio sorprende comprobar que estos anarquistas “de acción“ eran menos jó­
venes de lo que podría esperarse. La práctica totalidad supera los 25 años, el 87%
los 30 y el 26% la cuarentena. Una amplia mayoría se situaba en la franja de los
31 a los 40 años.
Profesión: carpintero: 3
zapatero: 3
tapicero: 1
tipógrafo: 1
sastre (obrero): 1
pastelero, harinero: 2
canetero: 1
cerrajero: 1
tejedor (contramestre): 1
albañil o ladrillero: 9
obrero sin cualificar: 2

Se puede observar, a partir de estos indicios, el predominio de los oficios arte­


sanales (el 56%, si se suman las nueve primeras categorías) y el fuerte peso de
los trabajos relacionados con la construcción (36%), aunque dentro de éstos ca­
ben muy diferentes grados de especialización y remuneración; los obreros sin
cualificar clasificados como tales no pasan del 8%, y tanto el campesinado como
el proletariado propiamente industrial se quedan sin representación, a no ser que
se considere trabajador fabril al tejedor.
En cuanto al lugar de procedencia, el predominio de Cataluña es abrumador
(17 sobre 23) y los demás proceden de Aragón o la costa mediterránea: Teruel
(2), Huesca (1), Alicante (1), Málaga (1) o el sur de Francia (1). Dentro de los
catalanes, 1 es nacido en la ciudad de Barcelona, 8 más en la provincia, y 4 en
cada una de las de Lérida y Tarragona. En total, un 74% de catalanes, y un 39%
de barceloneses, aunque no debe olvidarse que se trata de condenados por hechos
ocurridos en la Ciudad Condal.
18 J o se A l va r i z J u n c o

Alrededor de estos años finales de siglo cambia también la coyuntura política


española y con ella varios de los rasgos fundamentales que habían caracterizado
al anarquismo decimonónico. A partir de la denota colonial del 98, y a la espera
de la entrada en funciones del joven rey, el régimen político se hallaba en una se­
n a crisis que intentaban aprovechar las distintas fuerzas revolucionarias o sim­
plemente criticas del sistema. El movimiento obrero se reorganizaba y habla un
fuerte rebrote sindical desde e) invierno 1899-1900. Los republicanos tendían a la
unidad, tras el fallecimiento de todos sus ex-presidentes excepto Salmerón, y se
veía llegar un cambio generacional (representado por los Lerroux, Blasco Ibáñez,
Rodrigo Soríano o Melquíades Alvarez) que, en términos generales, favorecía el
radicalismo y el acercamiento a los medios libertarios. Los intelectuales se dis­
tanciaban también fuertemente del sistema canovista, al que culpaban del
"Desastre", y tendían también puentes hacia el obrerismo revolucionario. Y los
contactos internacionales, especialmente con la Francia radical posterior al
"affairc", mejoraban sensiblemente, por medio de personajes como Luís.Bo*
nafoux o Francisco Ferrer. En resumen, el movimiento libertario vivía menor ais­
lamiento y tanto su composición sociológica como su impacto en la escena políti­
ca se hacian más complejos.
Entre los "intelectuales", o simplemente profesionales liberales, que se acerca­
ron en aquel momento al anarquismo, hay personajes de nuestra historia cultural,
en cuyas vidas fue un episodio pasajero: Baroja, Azorin, Julio Camba y algunos
más de los "jóvenes del 98". Pero hubo otros, menos célebres en general, que se
vincularon para el resto de sus vidas. Uno de ellos fue Pedro Vallina. Vallina era
andaluz, nacido en Cuadalcanal (Sevilla), en 1879, estudiante de medicina y dis­
cípulo predilecto de Fermín Salvochea. Por razón de sus estudios, aunque tam­
bién buscando escenarios más amplios para sus inquietudes políticas, Vallina se
trasladó a vivir a Madrid en septiembre de 18994, ciudad, por cierto, donde tam­
bién había establecido su residencia Salvochea desde que se acogió a un indulto,
tras decenios de cárcel. Aparte de ver frecuentar a su maestro, Vallina trabó
contacto en Madrid con Juan Montseny (Federico Urales) y Teresa Mañé, que
editaban La Resista Blanca: con algunos militantes recién incorporados, como
Antonio Apolo o Francisco Macein; y con los clásicos componentes del magro
grupo libertario madrileño, como Francisco Tomás y Ernesto Alvarez.

4 P. Vallina, Mis memorias, M éxico y Caracas, 1968, pp. 49 y 73; dato de U edad en Archivo
General de la Administración, Alcalá de Henares (desde ahora A.Q.A.), AE, 3884, Leg.
747, fecha sobre Vallina, hecha por la Embajada Española en París, 1904; también sabemos
que media 1.61 m , y hay foto suya de la ¿poca.
P e d r o V a llin a en P a r ís l*

En los tres años que pasó en Madrid, Vallina asistió a algunos acontecimientos
sonados, como el estreno de la Electro de Oaldós o el entierro de Pi i Margal! Es
importante, en relación con el primero de estos hechos, el testimonio que aporta
en sus Memorias y que modifica sensiblemente la versión más extendida sobre
aquel escándalo. No hubo, en realidad, jesuítas ni bandas pagadas por ellos para
gritar "¡Abajo la libertad!" o "¡Muera Galdós!” durante la representación. Fueron
el propio Vallina y el médico federal Rosendo Castell los que, estando en un ca­
sino federal cercano, se inventaron la agresión jesuítica y arengaron a los asisten­
tes al casino para ir a repelerla. Al llegar al Teatro Español y encontrar que la
función seguía desarrollándose con normalidad. Vallina y Castell sobornaron a
unos vendedores de periódicos para que, a la salida del público, lanzasen los gri­
tos provocadores. Así ocurrió, en efecto, y los federales que esperaban en la
plaza de Santa Ana y los asistentes a la función que salían con los ánimos caldea­
dos replicaron, a su vez, los "¡Viva la libertad!'* o "¡Viva Galdós!" y "¡Mueran los
jesuítas!" que cuentan las crónicas. La policía cargó entonces, con la desmesura
característica, y se sucedieron los empujones, caídas, gritos y pedradas; la cosa
terminó con la dispersión en varios grupos que se dirigieron, ora a las redacciones
de los periódicos liberales para narrar la agresión sufrida, ora a las comisarías de
policía para reclamar la libertad de los detenidos, ora a apedrear algún convento o
iglesia.5
Hasta tres veces terminó Vallina en la cárcel durante sus años madrileños. Bien
es verdad que conspiraba sin cesar y que era un ardiente partidario de los explo­
sivos. Según su propia confesión, preparó por entonces atentados contra el
teniente Portas, oficial que había dirigido las torturas de los anarquistas en el
castillo de Montjuich, contra el rey, e incluso contra el conjunto de la familia
real6. La tercera de sus detenciones fue con motivo del llamado "complot de la
coronación", supuesto atentado contra Alfonso XHI el día 17 de mayo de 1902,
en que juraba la Constitución y pasaba a convertirse en rey efectivo. Vallina atri­

5 Mis memorias, 59-61.


6 Mis memorias, 70: "Un día m e v i envuelto en un complot revolucionario (En ¿1) no
participaban más que tres personas: el químico Francisco Salazar, Fernán Sah'ochea y un
servidor [...]. Entonces no se conocía la bomba de hidrógeno, de la que después tanto se ha
hablado, que él acababa de inventar y quería emplearla para volar a toda la ftmilí« real
cuando se dirigiera de paseo a la Casa de Campo. En aquel punto andábamos ocupados,
preparando los detalles más minuciosos del atentado (...]". IbicL, 71; Canalejas comunicó a
Sahochea que el oficial Portas estaba en Madrid; "entonces vi el d é lo abierto y m e dije:
'esta vez no escapará y se habrá hecho justicia a sus victimas*. Desde aquel día, fui vanas
tardes, junto con un compañero, al café indicado [...]". Pero Portas marchó sin ser locali­
zado. "Eso fiie el motivo de que tan indigno sujeto muriera tranquilo en su cama y no eo U
calle como un perro rabioso que era".
20 JOSÉ ALVAREZ JUNCO

buye esta detención a una mera maquinación policial78, pero no es completamente


descartable que hubiese alguna participación del ingenuo y entusiasta gnq>o, que
creía, entre otras cosas, haber inventado la bomba de hidrógeno. Lo cierto es que
fue detenido la víspera del magno acontecimiento y, aunque se le declaró inocen­
te tres meses después, la autoridad militar lo retuvo y no se vio en libertad hasta
otros tantos más tarde. V para ello se precisaron dos intervenciones de influyen­
tes políticos la pnmcra, de Salmerón*, que fue neutralizada por el gobernador
militar de la prisión, apellidado Millán Astray y padre de la futura celebridad le­
gionaria; y la segunda y definitiva, de Canalejas. De todos modos, en cuanto
abandonó la cárcel, se vio amenazado por una nueva orden de prisión de la auto­
ridad militar, y decidió por fín salir para Francia. Mediaba octubre de 1902.
Viajó Vallina a París con unas cuantas cartas de presentación: dos que le había
dado Urales para sendos anarquistas españoles, otra de Salvochea para Nicolás
Estévanez y una última de Alejandro Sawa para Luis Bonafoux. Llegó de noche y
se instaló en una pensión de la rué Toullier, en pleno Barrio Latino, donde iba a
residir todo el resto del tiempo que pasó en la capital francesa. Vale la pena re­
producir el pasaje de sus Memorias en que recuerda su primer día en París:
M e levanté temprano y lo primero que hice fue buscar U Plaza de U Bastilla, recuerdo ob­
sesionante de la Gran Revolución Después de examinar minuciosamente el lugar ocupado
por la célebre foitaleza v admirar la gigantesca columna situada en el centro de la plaza, en
cuya imagen se elevaba la imagen de U libertad rompiendo Las cadenas de la tiranía, pasé
luego a visitar el Hotel de Ville [...} La tarde, que me quedó libre, ta destiné a visitar a
Nicolás Estcvanez (pp. 91-92).

Un símbolo republicano fue, pues, su primer homenajeado. Y un republicano


como Estévanez, el primer y principal contacto del anarquista Vallina. A través
de otro republicano, Bonafoux, entró en relación con Langlet, director de Les
Temps S'ouvcqux, y, por intermedio suyo, con los circuios radicales parisinos:
Jean Grave, Elisée Réclus, Alffed Naquet... Y fue otro republicano español, J.
Godoy, amigo de Salmerón hijo, el que le presentó al principal inspirador y
colaborador de sus complotes. el anarquista francés Charles Malato9.
Nueve meses después de su llegada a París, a fines de junio de 1903, la policía
francesa le detuvo, por motivos que desconocemos10: le sacaron de la cama y

7 Mis memorias, 80.


8 D e cuyo hijo era Vallina "intimo amigo": Mis memorias, 96.
9 Mis memorias, 96.
10 En sus Memorias, 96*97, da a entender que fue completamente arbitrario y al p oco de llegar
a París. Puede ser que estuviera preparando algo. J. Vidal, en una de las últimas cartas que
recibió, le escribe "Dices que te traes algo entre manos y que ya nos hablarás si resulta" (2-
6*1903). En todo caso, la policía francesa dio gran importancia a su detención. Tradujo y
P ed r o V a llin a en P a rís 21

"recogieron todos los libros, revistas, periódicos y cartas que encontraron, ha­
ciendo varios paquetes". Expulsado, en principio, del país, sin más explicaciones,
pudo lograr la anulación de esta orden gracias a sus relaciones con los medios
radicales, que le sirvieron para llegar a un diputado, llamado de Pressencé. quien
intercedió ante el Presidente del Consejo, M. Combes. Pero los papeles "se nega­
ron resueltamente a devolvérmelos"11.
Estos son los papeles que se encuentran hoy en los Archives Nationales de Pa­
rís. Sea mayor o menor su interés intrínseco, lo cierto es que se trata del único
caso, que yo sepa, en el que disponemos de toda la documentación de un anar­
quista de aquella época: sus reflexiones sobre París, sus poemas y escritos en
prosa - completos o inacabados • sus cartas de amor, su libreta de direcciones,
sus lecturas, su correspondencia política con el interior de España y otros círculos
anarquistas internacionales...
No podemos hacer aquí un análisis mínimamente exhaustivo de todo este ma­
teria). Se trata de 83 cartas y varios centenares de manuscritos, 31 ejemplares de
prensa española12, otros 40 de prensa francesa o italiana13, 26 folletos, todos
ellos franceses14, y tres libros15. Además de todo esto, hay una libreta de direc­
ciones, donde figuran, apane de los personajes hasta ahora citados, una veintena
de direcciones de periódicos libertarios o radicales, tanto españoles como france­
ses. Este último fue, sin duda, el conjunto de datos que más interesó a los servi­
cios policiales del momento. Nosotros intentaremos centrar nuestra atención, más
bien, en el primer bloque citado * cartas y manuscritos - y esbozar, a partir de él,
la figura prototípica de anarquista que Vallina proporciona.
Lo que aparece, en primer lugar, ante nuestra vista es un personaje típicamente
romántico, cosa que podía esperarse conociendo las Memorias y la leyenda que
rodeó a Vallina en vida. Dominan los viajes, las conspiraciones, la inconstancia
en las relaciones afectivas. Sus poemas tienen como temas recurrentes la soledad
del poeta, la rebeldía contra las convenciones, la nostalgia, la imposibilidad de
lograr la felicidad. Valga como muestra el titulado "Libertaria":

analizó todas las caitas y papeles de Vallina y redactó un largo informe sobro su contenido
Se conserva en A .G .A , 5884/747.
11 Memorias, 97.
12 Tierra y Libertad y L a Revista Blanca, de Madrid, E l Porvenir del Obrero , de Mahón, E l
Obrero Moderno, de Murcia, y L a Huelga General, de Barcelona.
13 Régénération, L'Ere Nouvelle, L e Réveil de l'Esclave, Les Temps Nouveaux, Le Libertaire,
La Protesta Ùmarta.
14 Los títulos clásicos de la Bibliothèque des Temps Nouveaux, en general: Malatesta, Paraf-
Javal, Ch. Alben, J. G n v e , S. Faure. P. Kiopotlan, Reclus, D. Nieuwenhuis..
15 L'Unique, de M. Stímer; los Fragmentos de mis memorias, de N. Estévanez - dedicado por
el autor; y De Ravachoi à C oseno, de R Varenees.
22 Jo se Alv a rez Junco

Seré el rebelde pertinaz y eterno,


bichando siempre con el medio ambiente:
llevo en mi corazón todo un infierno;
terrible tempestad ruge en mi frente.
Nunca a un medio grosero y repugnante
me adaptaré, por nada de este mundo:
Viniendo algún tirano por delante,
(a muerte será un bien grande y fecundo.16

El nuevo tipo de héroe romántico encama ahora, como se puede ver» en et li*
bertario que se inmola en el acto terrorista contra un gobernante tiránico. La vida
del inadaptado culmina en este supremo acto de protesta. Y todo, incluido el
amor, debe relegarse ante el activismo revolucionario. Son conmovedoras, entre
las cartas que Vallina recibe, las que proceden de la novia dejada en Guadalcanal,
que no comprende lo que él busca, le reprocha su despego afectivo y, a la vez,
admira su vida Reproduciremos, con su propia ortografía, algunos párrafos:
Dice que sí as sentido tu viaje ha sido por los deseos que tenias de pasar aqui algún tieni*
po, más no lo comprendo has (...] veo que esas cosas para ti son primero que todas las
cosas del mundo".
El no haberte escrito antes ha sido por haber estado algo mala; [...] m e estrada que tu no
me hayas escrito para saver que ocurría También deseada saber porque arido el no
haverme felicitado este ado. d e lo que estoy muy resentida (...) Quiero que m e digas por­
que me haces esta advertencia de) egoism o y el interés.17
Esa carta que dices que mesas escrito Hasta nunca' no la e recibido (...) ri y o la hubiera
recibido, puedes estar en la completa seguridad, que yo no te hubiera escrito, pues yo tan
poco é bajado nunca mi caveza a ti ni a nadie.
He recibido las estampas que en tu cana me indicabas; por ellas v e o lo bonito que eso
deve de ser [...] aunque por lo que tu dices están muy mal pintadas, pero sm embargo, se
conoce que serán unos edificios muy hermosos y de mucho merito. E ste sera el m otivo de
que no te acuerdes de nada de este pueblo (...) Cuando tengas un periodico com o el pri­
mero que me eeviastes, desearía hicieras el favor de enviármelo, p u es tiene unas letras
para bordarlas muy bonitas (...].18

Una carta del hermano aclara, quizás, algo sobre el hecho que iluminó los
abismos mentales que se abrían entre un estudiante revolucionario y su novia
tradicional.
Tengo interés por saber si acabó tu noviazgo con motivo del supuesto regicidio, pues
verdaderamente que esto es algo fuerte para pensar con serenidad, dado el atraso de la
mayoría de las mujeres espadóles.19

16ANP, F7 12510 (com o todo el resto de los poem as y cartas que citem os a continuación).
Otra versión de este poema tiene ligeras vanantes, salvo el úium e verso, que difiere total­
mente: "(...] ¿Qué importa, por lo tanto, ri me hundo?”
17 Concha, de Guadalcanal, 15-11-1902 y tO-1*1903.
\%IbkL, 28-2*1903 y 8*5*1903.
19 José Antonio (Vallina), Guadalcanal, 1M -1903.
Pe d r o V a l l in a en P a r ís 23

Mas estos toques románticos no significan culto consciente a ningún tipo de


irracionalismo, en el sentido de desprecio al estudio o al pensamiento lógico. Por
el contrario, y como es típico del anarquismo español, muchos de los poemas de
Vallina son abiertamente didácticos» y adoptan fonna de fábula moralizante, o
bien corresponden a la épica más clásica, aunque glosando ahora las luchas
obreras. V son frecuentes, tanto en ¿1 como en sus corresponsales, las referencias
a la necesidad de "estudiar“. Nada más llegar a París, anota su decisión de e$-
cnbir cada día sus impresiones y todo lo que vaya aprendiendo en la "gran ciu­
dad1'. Varios de sus corresponsales envidian su suene por poder aprender tanto.
Algunos le piden que les mande "todas las publicaciones que aparezcan sobre li­
teratura y sociología"20. E incluso hay recomendaciones de que no sea demasiado
fogoso, ya que
el sacrificio más importante que puedes hacer por el ideal es estudiar mucho y hacerte un
buen médico, pu es vale tanto un hombre intelectual com o uno de acción revolucionaria.21

Por encima de cualquier otro, destaca en sus recomendaciones racionalistas el


"santo laico", Salvochea, que, una y otra vez, termina sus cartas recomendándole
que haga gimnasia, no pruebe el alcohol, estudie y "tenga juicio".22
El racionalismo, como contenido explícito, parece, pues, compatible con el
sufrimiento, la incomprensión y el pesimismo que rodean al héroe romántico
Porque éstos sólo afectan al autor individual, no a la humanidad en su conjunto,
abocada al final feliz propio de la visión progresista-ilustrada. Sobre el futuro de
la humanidad no hay lugar sino para el optimismo; y, como no podía ser menos,
la causa, y a la vez la demostración palpable, del progreso humano es el avance
intelectual. Algunos fragmentos del poema "El Pensamiento", una vez más ma­
nuscrito por Vallina, nos ilustran sobre este particular:
| Salve! ¡Salve! al pensamiento humano
Que co n sus rayos ilumina el mundo.

Fue Sócrates delante de! tirano [...]


Fue Caldeo en la prisión oscura [...j
Fue Colón perseguido com o fiera [...]

Fue en Heine y Vokaire la carcajada,


Con las ligrimas del dolor mezclada;
Fue Dante descendiendo a los infiernos;

20 Pedro Recio, redactor dt Juventud, Valencia, 17-3- 3903.


21 Luis Ramade, Almería, 18-3-1903.
22P. ej., 19-1*1903 ("Que ei ejercicio muscular y U alimentación regulen esos nervios, y que
no pruebes el alcohol, estudies y tengas juicio") u 8-2-1903 ("Una v e z más te recomiendo
que hagas gimnasia, do bebas y tengas juicio").
24 Jo s é A l v a r e z ju n c o

Fue Byroo e o s <1 alma destrozada


Lanzando gritos que serán eternos.

Es la gran antorcha de oro que fulgura,


Los pasos del progreso iluminando,
Y cuyos resplandores disipando,
El vicio, la ignorancia y la locura,
Van un mundo más bueno presagiando.

, Salve! ¡Salve! al pensamiento humano


Que con su s rayos Qumma el mundo.23

Que esta veneración por la ciencia no era sólo teórica se demuestra en algunas
de las cartas que Vallina recibe, como en las de Francisco Sena, de Guadaicanal,
un personaje que no parece ser demasiado letrado y sin embargo especula sobre
la aplicación de las teorías de Lombroso al manicomio de Miraflores, donde se
"raartírisa despiadadamente a desgraciados*1 que sólo padecen defectos físicos y
cun os bienes son codiciados por la familia; u otra del mismo autor en que le dice:
Tengo muchos deseos de berte (sic) paja que m e enteres de los adelantos de las Cieodas,
pues según leo en Rebista Blanca sean echo (sic) muchos descubrimientos asombrosos,
tales como la te leer afia sin ilos (sic) Desearía m e dieses algunas esplicaciones desto y
de los Rayos X.2^

Reveladora es, igualmente, la visión redentora de la ciencia que se desprende


de la carta de un centro obrero de Cádiz en que le piden apoyo para crear una es*
cuela laica se trata de que
los hijos d e los obreros ¡reciban una instrucción racional y laica que los ponga en
condiciones de poder t riunfar sobre las muchas tiranías que hoy existen!25

Por detras de estas declaraciones modernas y cientifístas, se percibe una moral


muy tradicional, de raigambre cristiana, e incluso abiertamente puritana, que se
pone, sin embargo, al igual que la ciencia al servicio de la revolución social. Es
claro, por ejemplo, el repudio del sensualismo en la primera estrofa del poema
que Vallina titula "El Baile":
Con apretado abrazo y convulsiones
de sensualismo llenas,
danzan los caballeros y las damas.
De la pasión las huellas
$e hallan en sus semblantes enfermizos

23 Aunque entre sus papeles parisienses, com o tod o lo aquí d u d o , el poema está fechado e s
Madrid. 1900
24 F. Serra Gordoa, 21*4*1903 y 3 -3 -1901
2 5 D iego G óm ez del Valle, Cádiz* S-2-1903.
P e d r o V a l l in a en P a r ís 25

Algo semejante se detecta en los últimos versos del poema "La Recompensa".
El "poeta estudiante" vive en "mísera habitación" de un barrio distante del centro
de la ciudad. Pero no siente envidia de que:
Mientras los demás pasaban
En el vicio la existencia,
Penetrando, en su demencia,
En los burdeles que hallaban,
Y alü la noche se estaban
Tan degenerados seres,
Olvidando sus deberes
Y su cerebro atrofiando
De tanto como abusando
Van del vino y las mujeres.

No es sólo la moral puritana tradicional la que pervive. Tanto en los propios


escritos de Vallina como en las cartas que le envían sus compañeros, abundan, al
describir las luchas sociales del proletariado, referencias al valor, la dignidad o la
virilidad, en principio más propios del código ético nobiliario. Madrid es una ciu­
dad "cobarde", comparada con la roja Barcelona2627289. La afrenta a su "dignidad" es
lo que más duele a un corresponsal que solicita su apoyo frente a las calumnias de
otros correligionarios, que le acusan de haber sido instrumento de ia policía21. Y
la virilidad es, sorprendentemente, la principal cualidad que exige alguien casi tan
profesional del activismo revolucionario como el propio Vallina, su amigo Jaime
Vidal desde Londres:
L os hombres viriles, lo s seres dotados de una esergía
cerebral y física, tan sólo ellos podrán emancipar a toda
esa humanidad cobarde que ¡solo sabe llorar!-9

En cuanto a los escritos del propio Vallina, no parece sentir especial debilidad
por las imágenes y valores nobiliarios, pero sí por los bíblicos. "La siega roja" o
"La última siega", son títulos suficientemente expresivos de algunos de sus poe­
mas, que, por supuesto, desarrollan luego, casi literalmente, la imagen del Apo­
calipsis sobre el gran acto de justicia final como siega de cabezas de los explota­
dores injustos; un sueño que había ejercido gran atractivo durante cerca de dos
milenios y, sin duda, seguía ejerciéndolo sobre el campesinado mediterráneo

26 Firmado en Madrid, 1899.


27 Cana d e M. M uñoz, "Grupo núm. 1. Jóvenes comunistas", Madrid, 24-3-1903.
28 F. Palacios, com ía acusaciones de F. Urales: "mi dicoidad (sic) son lo s ideales, si los
ideales, á los tira tira nú dicnidad (sic) (...) L o s compañeros d éb an os decir la verdad H«»« y
clara com o el agua cuando uno porque lo da la gana y sin tener pruebas se tire la dignidad
(sic) de un compañero" (Barcelona, 26-4-1903).
29 Postal d e J. Vidal, Londres, 2-2-1903.
26 jo s ê a l v a r e z Ju n c o

Hay otras enseñanzas, aparte de las doctrinales, que, en este rápido repaso,
sugieren los papeles de Pedro Vallina. Se comprueba, por ejemplo, la importancia
inmensa, casi exclusiva, que en ese momento tienen los periódicos como red bá-
sica de las relaciones internas entre los libertarios españoles. Vallina mantiene
correspondencia fundamentalmente con redacciones de órganos Libertarios. Qui­
zás éste no sea un rasgo característico de todo el anarquismo español, sino propio
del momento inmediatamente siguiente al "affaire Dreyfús", que había
demostrado el enorme poder de la prensa como palanca de la opinión pública. Lo
cierto es que, en 1902-1903, los anarquistas españoles pedían sistemáticamente al
compañero exilado en París ayuda para sacar adelante un periódico:
colaboraciones, textos para traducir, crónicas semanales sobre la actualidad
pansina. Especialmente curiosa es la petición de taijetas postales redactadas por
"celebridades parisinas" que le hace una sociedad obrera de Cádiz, con la
intención de publicarlas y venderlas luego como colección, según idea que ha
llevado a la práctica la asociación de caridad local30. Lo que parece insinuarse
aquí es un ascendiente de los intelectuales sobre el movimiento obrero mayor que
en otros momentos de su historia.
Hemos sugerido ya, en páginas anteriores, otra de las conclusiones que se de­
ducen de esta fuente documenta), al referimos a las buenas relaciones entre anar­
quistas y republicanos exilados. En efecto, Vallina colaboró estrechamente con
Nicolás Estévanez, republicano en quien el gran santón anarquista Salvochea te­
ma tanta confianza que le recomendaba:
oo dejes de consultar coo él sobre cualquier asusto difícil, porque e s un buen amigo y no
le laltan entendimiento y experiencia.31

Los limites entre anarquismo y republicanismo revolucionario eran, probable­


mente, menos nítidos de lo que cabria pensar a partir de estereotipos basados en
definiciones doctrinales. Confirma esta apreciación la buena relación que tiene
Vallina con otros republicanos más moderados, como Salmerón y García, a la
que también nos hemos referido ya, o incluso con diputados en Cortes y dirigen­
tes abiertamente ambiciosos del poder gubernamental, como Alejandro LerTOUx,
que tuvo amplios contactos con los medios conspiratorios en aquellos años.
Las relaciones políticas del movimiento libertario eran, pues, más complejas
que en los años noventa. Pero también lo era su composición sociológica. A Va-
30V er cartas de D. Gómez del Valle, 11-1-1903 y 8-2-1903. Y caita de Salvochea, 19-1-
1903, que les apoya y sugiere a Vallina nombres de personajes a los que solicitar las
postales
31 14-3-1903.
Pe d ro V a l l in a en P a r ís 27

Urna le escnben sociedades obreras del campo andaluz, artesanos que le piden
ayuda para conseguir trabajo en París32, estudiantes de Madrid o Valencia33, pe­
riodistas o intelectuales de diversas capitales (Bonafoux, por ejemplo), y decimos
que se relacionaba con políticos y parlamentarios como Lerroux.
Se diversifican también, y se agilizan, los planteamientos estratégicos del mo­
vimiento. Por supuesto, sigue primando la base sindical y huelguística, de la que
son buena prueba los conflictos laborales de 1901-1903, pero a ella se añade la
creación de periódicos, escuelas laicas (especialmente a partir de la fundación de
la Escuela Moderna por Ferrer), la propaganda antimilitarista34, las campañas en
favor de la libertad de presos sociales (sobre el modelo Dreyfus y Montjuich). Y,
en el caso de Vallina y su grupo, algo tan clásico como el terrorismo.
De que estuvo implicado en actos terroristas, hay pocas dudas. Desde luego,
no tenía objeciones políticas ni morales, según expresa de manera abierta y repe­
tida en sus escritos:

Algunos - leem os en uno de sus Pensamientos - aconsejan a los anarquistas que vayan al
parlamento, pues su v o z se oiría desde todas partes y la propaganda sería más eficaz
Tienen razón, pero sólo se puede ir de una manera: com o fiie VaiUant en Francia.35

Tan poco se recataba de declarar sus preferencias por esta línea de acción que
incluso en escritos publicados se leen cosas como estas:
E l día en que el pueblo llegue a convencerse de que la química le proporciona medios ba­
ratísimos y con lo s cuales un par de docenas de hombres pueden vencer a una mmunda
trailla de miles de soldados (...f entonces se cambiarán las tom as 36

Algo hemos dicho más arriba sobre su implicación efectiva en atentados.


Pero incluso el terrorismo del que estos anarquistas eran devotos presentaba

32A ntonio Moncho, de Madrid, 18-1-1903.


33 Manuel Muñoz, de Madrid, 24-3-1903.
34 Sobre el antimilitarismo, recordar que Vallina fue el delegado español &] Congreso antimili­
tarista celebrado en Amsterdim. Y suya fue la iniciativa (que *a tod os ha parecido bien”)
"referente a la constitución, en todas partes, de com ités para el objeto exclusivo de prestar
solidaridad a lo s desertores de tod os lo s países’', v. cana de J. Vidal, 9-5-1903.
35 Añádase este otro Pensamiento, en el m i««» sentido: "Los anarquistas som os D . Quijote y
los burgueses son los vizcaínos. Nosotros esforzándonos en que confiesen que ouestra
Dulcinea la Anarquía es la dama más fennosa del mundo; ellos, en tanto, moliéndonos las
costillas. jQué capitulo más largo y más triste sin lo s Bresci, los Angiotillos, etc." Recuérde­
se también el poem a "Libertaria", ya transcrito.
36 Publicado en Fraternidad Obrera, de Cartagena N o hem os localizado esta publicación, a la
que. sin embargo, se refiere, p. ej., La Revista Blanca, agosto de 1901.
37 Añádanse, a lo s testimonios citados, sus Memorias, p. 108' 'Cerca de dos meses los pasé en
Barcelona y mi labor fue muy fecunda. Dejé el material de un laboratorio de química para
explosivos e instrucciones para manejarlo, y además lecciones prácticas, y arrendé una casa
grande para depósito de fusiles que los militares vendían de contrabando Sobre la
28 Jo sé Alv a rez Ju n co

ciertas novedades frente al de ios heroicos noventa. Se trataba de conspiradores


más activos, más capaces de hablar idiomas y de moverse en medios internacio­
nales, mejor conectados con la izquierda política del país y más capaces, por
tanto, de insertar su actividad subversiva en la oposición global al régimen de
Alfonso X m , que tantas dificultades encontraba, por otra pane, para asentarse.
El final de este período conspiratorío de Vallina demostró lo que decimos: de­
tenido y acusado, junto con Malato y otros, por el atentado contra Alfonso XHI y
el presidente Loubet, logró suficientes apoyos, tanto de la izquierda francesa
como de la oposición interna española, como para ser declarado inocente por el
jurado francés; incluso el diputado Lerroux se desplazó a París para testificar en
su favor Pese a que probablemente el grupo había participado en el hecho, la
campaña de prensa que los presentó como mártires del pensamiento, víctimas de
la nueva inquisición española, fue tan fuerte que convenció a sus jueces. Fue, en
realidad, el antecedente de las campañas pro-Fener, de 1906-7 y 1909, la primera
de las cuales tendría igualmente éxito y la segunda, sin embargo (con toda pro­
babilidad, mucho más fundada que las anteriores), habría de resultar inútil.
Quisiera terminar esta ponencia leyendo unas expresivas lineas de unos corres­
ponsales andaluces de Vallina, a todas luces poco versados en el manejo de los
instrumentos culturales tradicionales, pese a lo cual le exponen el consabido pro­
yecto de publicar un órgano de prensa dirígido a los campesinos. Tras solicitarle
ideas y colaboraciones, le confiesan:
Som os de tu mismo temperamento, no podemos esperar tanto, nos afielamos (sic) con tanto
quietismo, anhelamos behemeatemente (sic) hacer algo bueno y útil a la humanidad, y esto
bueno y útil no se puede hacer de otra form a,sao revolucionariamente.

implicación de Vallina en los atentados de estos años, v. J. Romero Maura, "Tenorism in


Barcelona and it$ Impact on Spanish Politics", Past and Present, 1 9 6 8 ,4 1 : XQ, 130-183.
38 J. Torrah’o , La Línea de la Concepción, 23-4-1909 (redacción de Et Despertar del
Terruño).
Raquel Alvarez Peláez

Eugenesia y darwinismo social en el pensamiento anarquista

Debo decir» en primer lugar, que mi aproximación al pensamiento anarquista se


realizó a partir del estudio de la eugenesia. No soy, por lo tanto, una especialista
en anarquismo. Sin embargo, ciertas singularidades del anarquismo en cuanto a
sus formas de manejar e integrar todas esas construcciones teóricas que alrededor
del evolucionismo en general, y del darwinismo en particular, se fueron desaíro»
liando, en un intento de interpretación c incluso transformación de la sociedad,
me llamaron la atención. Una de esas doctrinas elaboradas al amparo del positi­
vismo y del darwinismo fue la eugenesia. Creada y desarrollada por Francis Gal-
ton a lo largo del último tercio del siglo XIX,1 centraba la esencia de la evolución
humana en la herencia. En esencia, defendía Galton que todos los caracteres, físi­
cos y mentales, estaban determinados hereditariamente, y que, por lo tanto, la la­
bor ambiental sólo podía ser positiva si se realizaba sobre una dotación buena de
caracteres transmisibles. Según él, esto quedaba demostrado por el estudio esta­
dístico de los parentescos de hombres eminentes. El problema crucial era que los
mejor dotados, y, sobre todo las clases en que se encontraban esos personajes
bien dotados y eminentes, se reproducían en menor proporción que las clases
peor dotadas, en las que se encontraban los elementos considerados negativos,
proveedoras de todos los grupos humanos más indeseables para la sociedad, en­
fermos crónicos, delincuentes, débiles mentales y pobres de solemnidad, entre
otros. Los elementos y grupos intelectuales y profesionales de las clases medias
sintieron la necesidad de buscar soluciones para controlar este grave problema,
esa grave "cuestión social" que se plantea en mayor o menor medida a finales del
XIX y a lo largo del siglo XX, esas masas que se desbordan y organizan, que
crean importantes problemas económicos, sanitarios etc., y que ni siquiera eran
buenas para la guerra • como se hacía evidente cada vez que había un recluta­
miento - por su mal estado de salud. Un sistema "científico", que asegurara su
efectividad por eso mismo, por su respaldo cientíñsta. La eugenesia, apoyada en
su propio determinismo, plantea la necesidad de controlar los matrimonios y la

1 Par« más información sobre el origen y desarrollo de la eugenesia a lo largo del siglo XIX,
puede consultarse el libro de R. Alvarez Peláez, Sir Francis Gaiion, padre de la eugenesia.
Madrid: C.S.I.C, 1987.
30 Ra quel Alvarez pbláez

dotación genética de los contrayentes. Se considera necesario hacer genealogías


que permitan un máximo de control de las posibles taras familiares. A partir de
aquí se podría favorecer, por medio de ayudas del estado, los matrimonios de los
idóneos para la procreación. Sin embargo, pronto se perfilará como más efectivo
y realizable el control de los matrimonios de los que tienen taras propias o fami­
liares. Asi se implantarán, o se intentarán implantar, leyes de esterilización forzo­
sa de "defectuosos" de diversos tipos, leyes para segregación de enfermos menta­
les etc., en diversos países como Estados Unidos de Norteamérica, Noruega,
Gran Bretaña etc.
Lo cieno es que se estaban integrando en esta doctrina, que comenzó a tener
auge a comienzos del siglo XX, importantes problemas: el control de la "cuestión
social", el problema de la población o superpoblación, la cuestión del amor y de
la sexualidad, el matrimonio y su efectividad, la procreación y la maternidad, todo
ello ligado con las relaciones entre la libertad individual y las necesidades de la
sociedad como un todo. Por otra parte, la llamada "cuestión social" comprendía,
ademas de las acuvidades más o menos organizadas de los movimientos obreros,
graves problemas higiénicos y sanitarios, relacionados indudablemente vOn la es­
tructura económica imperante. Había una amenazadora expansión de enfermeda­
des que se consideraban verdaderos azotes; la tuberculosis, la sífilis, y un estado
de "deficiencia mental", cuya vaga definición se fue haciendo científica también
en esos años, permitiendo integrar en ella a vagabundos, delincuentes menores,
prostitutas y todo marginado social que no se incluyera adecuadamente en el sis­
tema productivo. Todo ello hizo que, en cierta medida, y a lo largo del primer
tercio del siglo XX, el análisis de la "cuestión social" se hiciera desde un punto
de vista de "degeneración de la raza", y que se intentara »¿rentar con soluciones
de tipo médico, que encajaban muy bien con la concepción de tipo biologicista de
la evolución de la sociedad, que también en esos años se desarrollaba2. La socio­
logía se teologizaba y se hacia "evolucionista” para ser "científica". La eugenesia,
el análisis de) porqué de la degeneración de la raza y de sus posibles soluciones,
se integraba perfectamente en este proceso. Y todas las ideologías estaban im­
pregnadas de este cientiftsmo, de esta reverencia hacia el positivismo y el evolu­
cionismo, fundamentalmente las ideologías de izquierda socialistas.
El anarquismo, tan preocupado por los problemas de la transformación de la
sociedad, de la libertad individual combinada con la solidaridad social, no podía

2 Para comprender la introducción del positivismo y el dirwinism o en España, y sus conno­


taciones sociales, es imprescindible consultar las obras de D iego Núflez, La mentalidad
positiva en España: desarrollo y crisis, 1975, y El darvinismo en España, 1969.
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verse libre de estas discusiones, de estos temas, que realmente debatió amplia'
mente en sus publicaciones3. Ideas sobre el amor y la sexualidad, asi como sobre
la situación de la mujer y sobre la procreación aparecieron frecuentemente en la
publicación más rica y prestigiosa del anarquismo de ñn de siglo. La Revista
Blanca, dirigida y realizada por Federica Montseny, Federico Urales y Soledad
Gustavo. Para Urales no era necesario en absoluto un control de la natalidad, y su
búsqueda sólo hacía el juego a los burgueses que querían ver disminuir el número
de enemigos de la clase. Defendía el derecho de todos a tener hijos y a criarlos en
las condiciones adecuadas. Se enfrentaba así a tas posturas antipoblacionistas
defendidas por el grupo catalán que por esas mismas fechas comienza a editar
Salud y Fuerza, sección de la Liga para la Regeneración humana conducida por
el francés Paul Robín. Este grupo, encabezado en España entre otros por Luis
Bulffi, defendía el "biith control", achacando gran pane de los males de la actual
sociedad a la superpoblación, en postura claramente malthusiana. No todos los
defensores del control de natalidad eran directamente m altusianos en el sentido
de considerar que, la escasez de alimentos, en proporción a la población, era la
causante de las grandes tensiones sociales.
Los problemas, los temas centrales eran, pues, los mismos que los de la clase
media inglesa, la burguesía económica pero también profesional e intelectual
quería enfrentar con sus ideas eugénicas. En España estas ideas eugémeas, que
hemos explicado al comienzo, se fueron introduciendo muy lentamente a lo largo
de los primeros veinte años del siglo XX. La eugenesia fue introducida por pro­
fesionales, fundamentalmente de la medicina, como Ignacio Valenti y Vivó, mé­
dico catalán que participa en el Primer Congreso Internacional de Eugenesia rea­
lizado en Londres en 1912, Nicolás Amador, que en los años veinte escribirá en
la revísta "ecléctica" Eugenia, dedicada al naturismo, anarquismo y eugenesia,
autor de varios artículos en que hace una directa y mecanicista transposición de la
biología a la sociología, defiende el determinismo hereditario y las más ortodoxas
medidas eugénicas; el pedagogo Luis Huerta, que también publicará después en
Eugenia así como en Estudios, y otros médicos como Madrazo, considerado el
padre de la eugenesia española.

3 El libro de J. A h ir e z Junco, La ideología política del anarquismo español, (1868-1910),


1976, es, por el momento absolutamente imprescindible si se Quiere comprender el respaldo
ideológico de las manifestaciones y ictítudes de ese complejo llamado ■’anarquismo''. Tal
sucede si se quieren estudiar sus diversas posturas sobre el amor, el matrimonio, la pro­
creación y la situación de la mujer. En este aspecto es interesante el libro de Mary Nash,
Mujer y movimiento obrero en España. 1931-1939.1981.
32 R/.QCEL ALVAREZ PELAE2

En los años veinte muchas cosas han sucedido, no sólo en el movimiento


obrero, no sólo en España, sino en el mundo y, muy importante en Europa, con la
Gran GuerTa. Si las posiciones e ideas generales sobre la sociedad y su transfor­
mación. sobre cómo solucionar los problemas del hombre en sociedad, se man­
tienen, aparecen nuevos matices que pueden detectarse en algunas de las publi­
caciones anarquistas. Reaparece La Revista Blancat publicación donde se man­
tiene más el tono idealista sobre la bondad del hombre, gracias a los artículos de
Urales, pero en la que también comienzan a introducirse artículos más concretos
y más "científicos" sobre reformas que lleven a esa transformación de la sociedad
que siempre se considera indispensable para conseguir la realización de los idea­
les en todos los aspectos. Pero, en genera), se habla más de amor que de sexuali­
dad y procreación, fundamentalmente Federica Montseny, que lo enfoca desde un
punto de vista individualista y no plantea la cuestión general de la prole, puesto
que parece darse por supuesto que los hijos son de la madre. Urales sigue insis­
tiendo en la bondad de la procreación libre y la postura de la revista es en lineas
generales anti-malthusiana, aunque se publiquen opiniones contrarías. Práctica­
mente no aparecen trabajos directamente sobre la eugenesia, aunque se discutan
algunos de los problemas de que esta trata, e incluso de sus fundamentos, por
ejemplo de ia cuestión de qué determina las características de) individuo, la he­
rencia o el ambiente. Sí es curioso notar, en estos años, el crecimiento de las
ideas natunstas. En La Revista Blanca aparecen múltiples artículos que discuten,
no el interés y la importancia del naturismo, sino la relación de éste con el anar­
quismo y Jo primordial de unas y otras ideas. Naturismo que, a su vez, y como
veremos, se entrelaza con ia eugenesia.
Si algo me ha sorprendido al estudiar el desarrollo de la eugenesia en España,
y después su engarzamiento con las ideas anarquistas, ha sido la fuerza que fue
adquiriendo, en relación con el enfrentamiento de los problemas sociales, no sólo
la biología, sino, en los años veinte y treinta, la medicina. La biología podía ser el
respaldo científico o cientifísta de unas ideologías aplicables al análisis del desa­
rrollo y transformación de la sociedad. La medicina ofrecía medios de acción. Y
la eugenesia podía ser la justificación teórica y científica de esos medios prácti­
cos que se buscaba aplicar para comenzar a resolver el problema que seguía
planteado, la degeneración de la raza, la decadencia de la nación, y, para algunos,
la superpoblación, sobre la superpoblación a costa de las clases inferiores, de esa
clase que los propios anarquistas llegarán a considerar la "raza de los pobres"4.
4 A » se titula el articulo de Isaac Puente, médico, publicado en Estudies, Núm. 68, 1929,
PP 1*3.
E u g e n e s ia y d a r w in is m o s o c ia l e n e l p e n s a m ie n t o a n a r q u is t a 33

En este sentido, comienzan a coincidir con las ideas de los eugenistas, no quizás
con las posturas más ortodoxas, que hacían hincapié en lo inevitable de la heren­
cia, pero si con las de los profesionales liberales españoles, que harán de las ideas
eugénicas arma para luchar contra la famosa doble moral sexual, y las cenadas
posturas de la Iglesia y de los sectores más conservadores con respecto a este
tipo de problemas.
La penetración, la influencia de las ideas eugénicas y médicas en general en el
anarquismo, se evidencia claramente en algunas de sus publicaciones, fundamen­
talmente en Generación Consciente - después Estudio - en Eugenia, de Barce­
lona, y en algunos libros que después citaremos. En estas publicaciones encon­
tramos ya plenamente imbricados los planteamientos anarquistas sobre amor, se­
xualidad, procreación y, curiosamente, matrimonio, con los planteamientos eu-
génicos (defendidos, como hemos dicho, por profesionales de clase media, libera­
les, socialistas, republicanos en general), y las soluciones que esta doctrina, lla­
mada ciencia, propone.
La revisión de Estudios nos permite constatar el gran peso que en ella tiene la
medicina5. Escriben múltiples médicos naturistas, como Remartinez y Puente, eu­
genistas como los médicos Félix Marti Ibáñez y Nicolás Amador (éste último
había sido socio de la Eugenios Education Society de Londres en sus primeros
años), y el pedagogo y quizás más consecuente eugenista entre los españoles,
Luis Huerta. La revista trata ampliamente temas de higiene, tiene secciones fijas
sobre medicina y eugenesia y, aunque publica opiniones diversas, manifiesta una
postura bastante clara con respecto a los temas claves de la eugenesia del mo­
mento: el certificado médico prenupcial obligatorio, el control de natalidad y los
métodos anticonceptivos - o anticoncepcionales, como se decía en esos años -, la
esterilización forzosa de anormales y el aborto. Se manifiesta en contra del certi­
ficado médico prenupcial obligatorio, por su inutilidad si la gente no se casa. Sin
embargo está a favor de dar todas las facilidades médicas para que las parejas,

D ice Isaac Puente: "Manuel Devaldés, en un notable libro La Matemité Consciente, cita los
trabajos e ideas de Alfredo Nicéfora, profesor de Antropología en la Universidad de
Génova, que confirman plenamente la realidad de esta raza de lo s pobres" (p. 1) Y dice
además: "Y lo peor, es que estas causas de entequez de ruindad, de miseria fisiológica, re­
petidas en varias generaciones, llegan a adquirir estado constitucional, y a fijarse en el plas­
ma germinal. La herencia los perpetúa y una parte de humanos aparecen marcados con el
sello de la nutrición deficiente, modelados orgánicamente por la miseria* (p. 2).
5 La "medicalización" que creo se produce en el pensamiento anarquista, es, evidentemente,
común a toda la sociedad española del momento, y puede comprobarse en publicaciones y
diversas fb n n is de manifestaciones en las que no podemos entrar. Puede consultarse para
ello, de R. A lvirez, "Introducción ai estudio la eugenesia española, (1900-1936)", publicado
en Quipu, v o l 2, Núm. 1 ,1 9 8 $ , pp. 9S-122.
34 Ra quel Alva rez Peláez

convenientemente educadas, busquen por si solas el control médico y asi la pro­


creación eugènica. También es claramente favorable al control de la natalidad,
aunque eso no quiere decir que las opiniones sobre la interpretación m altusiana
de los problemas de la humanidad, sean unánimes. El control de la natalidad se
considera una medida eugènica, que facilita la buena crianza de los hijos en las
familias humildes, y evita problemas a las mujeres que no pueden o no quieren,
por circunstancias personales, procrear. Sería un instrumento de libertad indivi­
dual Pero para los m altusianos o neom altusianos se trata de un punto central
para la humanidad Consideran que la superpoblación es la cuestión básica que
conduce a los pueblos y naciones a buscar la expansión y, por lo tanto la guerra,
para poder alimentar a sus ciudadanos6. En relación con la esterilización de
anormales, una de las medidas más pronto puesta en práctica e introducida en las
leyes de diversos países, pero fundamentalmente en Estados Unidos, y, más can­
dente aun en los años treinta, en Alemania, la postura que se manifiesta en la re­
vista es clara La esterilización puede ser una medida positiva - a medida que pa­
san los años parece aceptarse más - pero siempre y cuando sea una medida volun­
taria. En 1929 Estudios publica, en dos de sus números78, un debate que se realiza
en Francia sobre el tema, en el que participan diversos médicos y dirigido o pa­
trocinado por e! anarquista individualista E. Annand. Tal como lo trasmite la re­
vista, hay dos personas que se muestran en contra de legislar sobre el tema y me­
nos en el sentido de permitir la esterilización forzosa o penal. El Dr. Legrain dice
que, "la esterilización de los individuos estimados normales o anormales será un
atentado a la libertad individual, siempre que se pretenda imponerla por un medio
coercitivo cualquiera", aunque dice admitir la esterilización voluntaría. La doctora
Pelletier hace hincapié en el peligro que entrañaría la aplicación de semejante ley,
peligro que se hará muy evidente cuando la ley sea implantada en la Alemania de
Hitler*

6 Eugra Rclgis, en un folleto publicado en 1950, propone esta explicación para las dos
terribles guerras pasadas También en este folleto aparece un apartado titulado La *rosa de
tas pobres", inspirado, como el articulo de Puente antes citado, en el libro de Manuel
Devaldés, obra que, indudablemente tuvo mucha repercusión sobre el pensamiento anar­
quista en lo que a estos temas se reñere. El folleto de Relgis se titula Humanitarismo y eu-
gemsmo. N úm 27 de Cahiers Mensuets de cu¡iuret 'E l mundo al Día".
7 El articulo se titula "Importante debate sobre eugcuisroo y esterilización”, en Estudias,
Núm. 66, 1929, pp. 22-29, y en Estudios, Núm. 6 8 , 1929, pp. 29*33.
8 La ley llamada Ley para prevenir la descendencia patológica fue promulgada eo Alemania
e) 14* de julio de 1933. Tanto su contenido como su aplicación fueron muy criticados, y
sembraron el desprestigio sobre la eugenesia. La ley, aunque n o ron las mismas característi­
cas coercitivas, había sido preparada durante la República de Wehnar con la colaboración
de un especialista en genética como Goldschmidt.
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Otros dos participantes en el coloquio se declararon partidarios de la esterili­


zación forzosa, basándose en la fuerza de las leyes de la herencia. Así dice Ixi-
grec: "Si se viene a reconocer que las leyes de la herencia son innegables, nues­
tros propósitos deben aprobarse Y, como decían los influyentes eugenistas
Leonard Darvsin y Renato Kehl, añade: "No hay razón para que los hombres
peores, que son aquellos que consumen más que producen, impongan ciertas
condiciones de vida en detrimento de los mejores, que son los que producen más
que consumen." La esterilización es defendible porque hay que librar a la socie­
dad de los indeseables, que son los improductivos, cualquiera sea la razón de esa
falta de productividad.
Veamos, pues, cual es la respuesta de Armand, con la que se solidariza el re­
dactor de la revista Estudios: "La esterilización del hombre o de la mujer,
impuesta por una ley, en nombre de un principio determinado, siempre será un
atentado contra la libertad y un motivo de desconcierto ético". Y, además, dice:
"¿A quién se pretende esterilizar? A los anormales, se dice; pero los limites justos
que distinguen lo normal de lo anormal ¿quién los puede trazar fuera del punto de
vista ético? ¿Queréis que sea la ciencia, o bien la ley, o bien un dogma cual­
quiera? Pues entonces la esterilización tendría que generalizarse a todo el mundo
opuesto o disconforme, y esto seria inconcebible. Yo entiendo que la sociedad
debe admitir y cuidar a todos los seres que vienen al mundo en un estado de in­
consciencia y desconocimiento (...]". En realidad expone un alegato en contra de
la eugenesia, eugenesia entendida no como lucha contra una serie de normas y le­
yes sociales trasnochadas y que impedían el establecimiento de un estado moder­
no - así la entendían muchos de ios profesionales españoles • sino como campaña
mundial de control de poblaciones indeseables. Y por eso dice también: "Si el
Eugenismo parece ser que cuenta con la ayuda de las instituciones del Estado, es
porque éste está directamente interesado en que los llamados anormales dejen de
ser una preocupación para él
Este análisis crítico de la esterilización y de la eugenesia no era frecuente en
España. En nuestro país había pocos defensores de la esterilización forzosa, •
aunque algún abogado, convencido por la biología de la fuerza determinante de la
herencia, si la defendíate - y ]a mayoría de los eugenistas no consideraban la

9 Las chas se encontrarán en io s números de Estudios am es citado. En el Núm. 66, p. 24,


Núm. 6 8 , pp. 2 9 y 3 1 .
lO N os referimos a Federico Castcjón, que la defiende en su trabajo presentado en la Jomadas
Eugénkas de 1933 celebradas en Madrid. Incluso podría incluirse entre los defensores de la
esterilización forzosa, aunque con muchos reparos y condicionantes, a Qumtiliino Saldafia,
Gimen* Fernández de la Vega e H ildegut.
36 Ra q uel a lv a rez P e l Ae z

aceptación de! determinismo hereditario como condicionante de su defensa de


estas ideas. La no aceptación de la esterilización se basaba» generalmente» en las
convicciones religiosas y en el rechazo a imposiciones que, y más aún en el te*
rreno del sexo, y del sexo masculino como era el caso de !a vasectomia que se
proponía como medida más práctica, no se consideraban aceptables porque ata*
caban la libertad individual. En cuanto al aborto, no sólo fue defendido abierta­
mente por Félix Marti íbáñez como derecho de la mujer, sino que incluso llegó a
plasmarse en un Decreto, en el que los únicos impedimentos que se ponían a la
decisión de la embarazada que quisiera abortar era el tiempo * más de tres meses
de embarazo - o algún tipo de peligro médico para la que iba a sufrir la interven­
ción. Curiosamente, por una parte, los médicos anarquistas defienden el matri­
monio, no, claro está, el matrimonio a la usanza, sino el matrimonio eugénico,
como una forma de controlar - aunque asi no lo expresen - el necesario proceso
de regeneración de la raza. A pesar de su convencimiento de que el problema so­
cial, y que, como dice Hoja Ruiz en su libro Am or y sexualism o^, el eugenista
debe luchar por la transformación de la sociedad, ya que es de la única forma en
que puede conseguirse algo con las medidas eugénicas, puesto que en esta socie­
dad es casi imposible establecerlas, todos llegan al presupuesto, a veces expre­
sado pero otras veces no, de que, aunque sea por una causa social, existe una
clase biológicamente inferior, la que ya hemos visto se llegó a designar como la
"raza de los pobres". Clase que las estadísticas tomadas de los datos antropológi­
cos y psicológicos, caracterizaban como compuesta por individuos de menor
estatura, menor velocidad de desarrollo y menor capacidad mental. Y no sola­
mente los médicos sustentan esta posición, sino anarquistas de pro como Noja
R m z.
Si la revista Estudios se caracteriza por sus artículos científicos, médicos y
sociológicos, y por la participación de profesionales con cierto prestigio, la re­
vista Eugenia, de Barcelona, se autodefme como "Organo de la futura sociedad
EUGEKISMO", separando, eso si, la ciencia eugénica como ciencia de la selec­
ción, de la eugema como "búsqueda de la nobleza en su más alto sentido de per­
fección". En esta revista se reúnen, en principio, naturistas - no médicos naturis-
tas - y vegetarianos con amantes de la gimnasia y el esperanto. Declara que inten­
ta propagar el perfeccionamiento de las costumbres con la ayuda de la pedagogía
racionalista y con "el Naturalismo, base fundamenta!; el Esperanto, para enten­
demos todos; e) Excursionismo; la Gimnasia y el Atletismo." Quieren establecer1

11 Noja Ruiz, Higjnio, Notas sobre amor y sexuaiismo, Valencia, 1938.


E u g e n e s ia y d a r w in is m o s o c ia l e n e l p e n s a m ie n t o a n a r q u is t a 37

colonias naturistas y educar a la infancia, liberar a la mujer y concederle su dere*


cho al amor. El folleto Eugenismo, "Bases eugérúcas que el Grupo Pro-Euge-
nismo presenta a la consideración de los hombres de buena voluntad", publicado
por la Biblioteca Eugenia, contiene los puntos principales que consideran bases
para una nueva sociedad. Entre ellos, abolición de la propiedad privada, restric­
ción de la familia, trabajo productivo obligatorio para todos, matrimonio libre -
pero con restricciones impuestas por la Eugènica, "pues la fecundación de los hi­
jos es la obra más trascendental de la vida '-, propiedad de los hijos para la madre
y para la colectividad - proponen que se establezca el matriarcado • y organiza­
ción de una sociedad sencilla y sana regida por Bolsas, Sindicatos y Bancos12.
Los "Principios eugénicos" sustentados por el grupo que rodea a esta revista son,
tal como ellos mismos expresan: la Eugenia, símbolo de nobleza espiritual; la
Eugènica, ciencia que estudia los factores hereditarios de las familias para obte­
ner, mediante la selección de las mismas, seres dotados de las mejores cualida­
des. Y , agregan, candorosamente entregados a los dictados de la CIENCIA: "La
EUGENICA cree que existe en la especie un tipo anormal cuya génesis se desco­
noce, pero que se reproduce mediante la copulación de individuos disgénicos; por
esto propone la selección sexual como medio de suprimirlo, pues una vez en­
gendrado ya no es posible hacerlo sin menosprecio de la dignidad humana." Con­
tinuando con los principios eugénicos, nos encontramos con el Naturismo, filo­
sofía que nos enseña a vivir conforme a las leyes de la naturaleza, pues "el hom­
bre es un ser enfermo por haberse apartado de sus elementos naturales de vida, el
cual sufre un sinfín de dolencias que lo hacen egoísta, huraño, perverso el
Cooperatismo, que regulariza los factores de producción y constano, pasando to­
das las frientes de riqueza social a propiedad colectiva; el Esperanto, para
"podemos comunicar y entendemos rápidamente todos los humanos de los diver­
sos continentes"; y, por fin, la Anarquía. La Anarquía, dicen, es "el estado social
en el que el hombre libre, despojado de pasiones y egoísmos, y en perfecto equi­
librio mental, vivirá dentro de una sociedad libre sin leyes y dogmas, por ser una
sociedad de respecto mutuo sin privilegios de cuna ni de raza, en la que cada in­
dividuo se desenvolverá según sus aptitudes psíquicas."13
XlEugetusmo. Nueva Orientación S ocial Biblioteca Eugenia, Barcelona, 1931.
13 La expreáón del concepto de anarquía que introducen los autores dentro de sus principios
eugénicos es la siguiente: "La Anarquía e s la última etapa social que ba de vivir la fan-n»»
humana, es el fia de todas las luchas sodales; en ella los hombres vivirán en completa ar­
monía, pues cada individuo de por sí cumplirá coa sus deberes sociales sin necesidad de
mandatarios, y esto seré así porque el hombre será hambre, porque la humanidad habrá
alcanzado e l grado máximo de perfección". Y una nota al pie de página añade: "La Anar­
quía no debe asustar a nadie, pues d ía n o tiene nada que ver con los hechos inhumanos de
38 Ra quel alvarez peláez

A pesar de profesar ese amor a la anarquía, a la libertad e igualdad de todos los


hombres, gracias a su amor a la "ciencia", la revista introduce en sus páginas no­
tas biográficas en honor y alabanza de los eugcnistas más clasistas y racistas,
como Galton y Vacher de Lapouge, adalid de la antropología racista francesa,
que ni siquiera podía aceptar el moderado eugenismo francés. O al también orto­
doxo eugenista español Nicolás Amador, convencido de la fuerza de la herencia y
del fundamento biológico de la diferencia entre las clases sociales, de quién pu­
blican un largo articulo cuyo título de por si es significativo: “El factor biológico
de la estructura social. Política nacional Eugènica"14.
Se observa pues, en por lo menos algunas de las publicaciones anarquistas, un
giro hacía posiciones impregnadas del sentido social reformista de la burguesía,
de los intelectuales y profesionales que luchan por tener más peso en la sociedad,
más poder político, convencidos de su mejor capacidad y .--tuación para adminis­
trar la justicia social. Pensemos que en los Cortes Constituyentes de la II* Re­
pública había un 10% de diputados que eran médicos. Y pensemos en la pene­
tración de los médicos en estas revistas de talante anarquista que hemos conside­
rado, o el peso de estas ideas eugenésicas en las obras de Noja Ruiz o Eugen
Rctgis Algunos otros intelectuales, si no anarquistas en posiciones algo próxi­
mas. en ese terreno ambiguo pero que sospechamos relacionado con el anar­
quismo, de socialistas radicales y republicanos federales • como los participantes
en el periódico La Tierra, en que se mezclan anarcosindicalistas con elementos
de esos pequeños grupos que se hacen antirrepublicanos • parecen haber sido
algo más críticos en estos aspectos a los que nos referimos. Luis Hernández Al­
fonso, colaborador de la rCNtsta Estudios, donde publica algunos interesantes ar­
tículos sobre problemas sociales como la prostitución o los niños pobres que se
cienos individuos anormales que. impulsados por sus instintos perversos, y no pudiendo
satisfacer sus ambiciones, a veces altruista, han realizado actos de verdadera locura crinita al
contra la sociedad de la que ellos, por su posición psiquicosocial, s o pueden gozar de pre­
dominio.”
14 En Eugenia, Kum. 41, 1924, pp. 53-57, Núm. 42. 1924, pp. 71-75 y Núm, 43, pp. 88-92.
Nicolás Amador dice, en la p 54: “Una nación oo es ciertamente un grupo humano tan exi­
guo. ni determinado ni escuetamente incompetente o apto: es una comunidad en que hay, en
sentido biológico, estratos o capas sociales entrelazadas, pero inconfundidas, que se com ­
pone de individuos de muy diversas capacidades, de muy diferentes grados intelectuales.
Mas si en esa comunidad predominan, o cuando menos figuran en gran número los tipos
defectivos, los indeseables o incompetentes eugènicamente considerados, todas las activi­
dades de la misma sufrirán un enorme menoscabo, y su deficiencia nacional e internacional
será evidente, aún en medio de las dificultades que ofrece un diagnóstico de esta clase, en
tales casos como observamos en nuestro pais, suele achacarse esa deficiencia nacional a
factores económicos, sanitarios, políticos, etc., que si de cierto juegan un papel importante,
son. » la postre, subalternos. Nadie se percata de que en el fondo el fenómeno es biológico,
de selección ai revés, (.
e u g e n e s ia y d a r v in is m o s o c ia l e n e l p e n s a m ie n t o A N A R Q U ISTA 39

convierten en "golfíllos", denuncia en su libro E ugenesia y d erech o a vivir esa


penetración burguesa y médica en las ideas sociales, y dice: "Los eugenistas y
reformadores parten de una base falsa, inadmisible: consideran intangible el o r­
den so c ia l establecido y se atreven a mutilar la sociedad para que quepa en el es­
trecho molde que el egoísmo de los privilegiados ha construido en provecho ex­
clusivo de los mismos”. Deñende la Eugenesia, ”en cuanto constituye el modo de
mejorar la especie humana", pero indica que "los sabios médicos - de cuya com­
petencia no vamos a dudar - que han emprendido las campañas eugénicas están
realizando una obra eminente, claramente reaccionaria. Partiendo de realidades
tangibles, sentando premisas verdaderas, nos lanzan conclusiones de injusticia
social indignante". Critica la "medicalización" de la sociología, que le parece muy
negativa, y entre otras cosas dice: "La obra del médico no es la de dictar normas
para la estructura social del porvenir, sino aportar las experiencias y los métodos
curativos e higiénicos que del estudio técnico realizado se deriven como pertinen­
tes”. Analiza también Hernández la postura expresada en los libros de los euge­
nistas Leonard Darwin y Renato Kehl que, como ya hemos indicado, eran muy
leídos en nuestro país, criticando que su preocupación fundamental sea el gasto
público tan elevado que genera la población marginal improductiva. En la misma
línea que, como hemos visto antes, mantenía Armand. Y dice Hernández: "E!
brutal egoísmo que informa la labor de muchos eugenistas llega a extremos inve­
rosímiles, tales como el que supone considerar como incluidos en el grupo de in­
ca p a c es o in deseables, junto a tos idiotas y criminales 'a todos los que no consi­
guen ganar lo suficiente para la vida'."*5 Pero, insistimos, este tipo de critica no
era frecuente en ninguno de los medios intelectuales. La crítica venia, normal­
mente, de parte de los sectores católicos y más conservadores, que veían escapar
su propio control sobre el matrimonio, el sexo y la procreación
Fue, en definitiva, un médico anarquista, quien se planteó por primera vez en
España una reforma "eugénica" de la sanidad, Félix Marti Ibáñez. Para Martí
Ibáñez la eugenesia era una forma de llegar a una nueva moral sexual, y de orga­
nizar, en la práctica, la educación sexual, la orientación en el control de natalidad
y la atención a las madres, sobre todo a las madres trabajadoras. Pensemos que
cuando expone su reforma eugénica se está ya en plena guerra civil, y la mujer
tiene que integrarse al trabajo de la fábrica o de donde se le necesite para que
todo siga funcionando en la retaguardia Ya no puede ser sólo madre, ni madre
por encima de todo. Asi es que expone como primer problema eugénico el de la
15 Hernández Alfonso, Luis, Eugenesia y derecho a vivir, Madrid, 1933. Las chas soo
respectivamente, d e U s pp. 14, 29 y 27.
40 Raquel Alv arez Peláez

mujer trabajadora y el niño proletario. Examina y denuncia tas condiciones en que


ambos se encuentran, la desprotección en que viven y la "falta de preocupación
eugenica de los gobernantes". Para ¿1 se necesita, por un lado, control de la nata*
lidad y, paralelamente, rectificar la ruta de la maternidad. Hasta el momento, in*
dica, sólo se ha atendido a la maternidad "física' y no a la "espiritual" y "social"
que, agrega, representan el cultivo material y espiritual del hijo", algo esencial
para esa "regeneración de la raza" que propugna la eugenesia. Martí Ibáñez no se
plantea, como Amador, la realización de genealogías familiares que permitan
después una selección racional, sino que quiere equipos sanitarios adecuados, y
una 'escuela de maternidad consciente" que, dice, funciona ya en nuestra Mater­
nidad de Las Cortes V, desde el pumo de vista social, que la madre reciba un
subsidio extraordinario adecuado, y que exista conexión entre los organismos de
trabajo y las Casas de Maternidad, que evite que al salir de la institución la mujer
se encuentre con un hijo y sin trabajo. Quiere además Marti Ibáñez lanzar una
campaña de propaganda eugenica intensiva, para que el ambiente se vaya convir-
tiendo en favorable a todas estas medidas y la gente tome conciencia de su impor­
tancia
En esencia, pues, podríamos decir que, en lineas generales, y teniendo en
cuerna la variedad de actitudes e ideas que en el anarquismo español se desarro­
llaron con respecto a los temas estrictamente eugénicos. a lo largo de los años
veinte y tremía se fueron asumiendo una serie de planteamientos médicos, con los
que se introdujeron una serie de elementos que podríamos llamar reformistas y de
carácter burgués; asi, el matrimonio, el control médico, la necesidad de una
"regeneración de la raza" en términos biológicos, aunque siempre se insistía en la
necesidad, para que cualquier reforma eugenica fuera eficaz, de una transforma­
ción de la sociedad. Pero llegaron a considerar, como hemos dicho, que existía
una 'raza de los pobres”, con caracteres transmisibles hereditariamente, y a
aceptar la necesidad de la esterilización en casos de tuberculosos y sifilíticos,
aunque siempre voluntaria. En los casos de alcoholismo eran más duros, e incluso
se llegaba a aceptar la esterilización forzosa. Pero sus principios de defensa de la
libertad individua), del apoyo social a la maternidad etc. hicieron que sus posturas
fueran positivas social e individualmente, haciendo hincapié en la necesidad de la
educación y en la facilitación de medios más que en medidas de control social.
Angeles Barrio Alonso

Anarquistas, republicanos y socialistas en Asturias (1890-1917)

Al hablar de la acción, de las prácticas o de las organizaciones anarquistas no re­


sulta fácil evitar los lugares comunes. Para definir el anarquismo se recurre a me­
nudo a las generalizaciones porque hay auténticas dificultades para integrar en
una única explicación todos los elementos que caracterizan y, por oposición, los
que no caracterizan un movimiento tan heterogéneo, tan diverso y multiforme
como el anarquismo. Hacer énfasis en las ideas, señalando su entronque con el
pensamiento liberal, su negación del Estado y el rechazo a las formas de partici­
pación política, su filosofía de fe en el progreso y en el racionalismo, su exaltada
concepción del individualismo, su radical antidogmatismo o sus utopias es hablar
de anarquismo, en igual medida, al menos, que hablar de determinadas tácticas de
agitación o de la preponderancia de la acción sobre la teoría, es referirse a una
concepción especial del papel de las masas o a los componentes irTacionalistas y
la violencia verbal de sus textos más radicales
Las ideas, la propaganda, las obras de sus teóricos más brillantes, los congre­
sos o las organizaciones anarquistas se presentan aún como un campo inagotado.
El anarquismo, en el caso que nos ocupa, el anarquismo de España sigue ofre­
ciendo muchas caras ocultas, sea tratado únicamente desde las ideas, los textos,
la propaganda o desde las organizaciones porque el anarquismo no fue sólo una
fuente de producción de ideas que conforman una ideología de movilización que
orienta, a su vez, a unas organizaciones, sino que sobre todo, y esto es lo que le
caracteriza, es parte del proceso histórico de la España reciente, desde al menos
los años 80 del siglo pasado hasta la guerra civil, condiciona la politica de la
época y actúa como una auténtica fuerza social bajo formas de sindicalismo radi­
cal, en unos casos, o en posiciones abiertamente "antisistema", en otros, aunque
no llega a resolver adecuadamente sus problemas de organización.
El anarquismo ’contaminó' a una pane de la sociedad española a partir de prin­
cipios doctrinales vagamente definidos en tomo a las ideas de libertad, federa­
lismo y racionalismo y construyó un sistema de valores aceptado en el ámbito
social que lo practicaba y que se manifestó de diferentes formas que desbordan el
campo de los análisis de actividades meramente sindicales o propagandísticas.
Porque la rigidez ideológica y la centralización orgánica estaban reñidas con los
42 A n g e l e s B a r r io A l o n s o

principios y porque malamente aceptaron los anarquistas un liderazgo que no


fuera el del cansma o el de una moral intachable, el anarquismo no pudo consti­
tuir, como si de un partido se tratase, una organización resistente a las crisis in­
ternas, lo que determinó en buena medida su orientación y sus actividades. Los
anarquistas y los anarcosindicalistas tuvieron que establecer sus relaciones con
otras fuerzas políticas y sindicales en el marco de la política española y tuvieron
que hacerlo en coyunturas diversas, impulsados, unas veces, por la orientación
especiñcadamente libertaria de sus organizaciones, o por la necesidad, otras, pero
siempre en la política española. De ahí que sea en el sistema de valores políticos
y morales creado a lo largo de ese proceso histórico en donde se hayan autorce-
conocido los anarquistas como tales, sindicalistas militantes o anarquistas teóri­
cos, pacifistas o jacobinos, reformistas o revolucionarios porque, pese a sus dife­
rencias, todos se identificaron con la moral anarquista, con las siglas de sus or­
ganizaciones, con sus símbolos, aunque no compartiesen las mismas ideas acerca
del papel que el anarquismo y el anarcosindicalismo debían cumplir en ese marco
político impuesto
En ese proceso hubo enfrentamientos graves por la teoría, por la acción y por
la teoría de la acción, aunque no siempre entre los mismos grupos m por los mis­
mos temas; hubo luchas internas muy duras, por el control de las organizaciones
que se saldaron, en unos casos, con el sometimiento a la disciplina orgánica
cuando asi pudo ser, o con la escisión, en otros; también hubo rupturas y discon­
tinuidades en el proceso producidas por otros factores no siempre objetivos que
contribuyeron, sin embargo, en la misma medida a determinar su trayectoria y que
son útiles, además de en el establecimiento de penodizaciones y etapas, en la
explicación de las peculiandades que constituyen la multiplicidad y diversidad de
manifestaciones de) anarquismo.
En ese sentido, la ideologización de las primeras etapas de implantación de la
Internacional no es un hecho que se preste a comprobaciones fáciles porque no
está claramente establecida la relación entre propaganda anarquista y moviliza­
ciones sociales. De) mismo modo, en los años 90 la producción de ideas no resul­
ta por si sola lo bastante significativa como para explicar las relaciones entre re­
publicanos, socialistas y anarquistas en las organizaciones societarias ni las afini­
dades creadas en ateneos, círculos y casinos que parecen haber resultado, más
sólidas que las ideologías de clase; por otro lado, la capacidad de movilización de
un liderazgo basado en el respeto o en la autoridad moral no parece desdeñable
en un proceso como este en el que las relaciones de anarquistas, socialistas y re­
publicanos, allí donde tuvieron que compartir espacio, aparecen confundidas en­
A n a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s 43

tre la afinidad y el enfrentamiento y determinadas, en algunos casos, por factores


ajenos por completo a las leyes intemas de la organización. La falta de limites
precisos entre el republicanismo federal y el anarquismo en esas primeras etapas,
la rivalidad que no excluye, sin embargo, el pacto con socialistas y con republica­
nos. una autonomía 'moral* y doctrinal en sus dirigentes que, aunque defiendan y
admitan una cierta disciplina en la organización, les lleva a una orientación y a
unas prácticas sindicales diferentes a las que aconseja la organización nacional, si
bien en ningún momento supone el abandono de la CNT, en donde se sienten
profundamente enraizados, son características en el anarquismo asturiano hasta la
Guerra Civil, cuyos orígenes son muy oscuros.
De ahi que parezca oportuno tratar su etapa inicial hasta 1917, los lentos pro­
gresos de una corriente de pensamiento que va calando en una organización, aun­
que permanentemente en crisis, muy influida por la ideología de sus dirigentes lo
que, en cierto modo, determina su propio proceso de evolución. En consecuencia,
parece de interés tratar de las ideas de Ricardo Mella, de su extraordinario in­
fluencia en la 'primera* y en la 'segunda* generación de anarquistas, especialmente
en Eleuterío Quintanilla, que dieron al anarquismo asturiano un carácter 'liberal'
en los aspectos teóricos, ligeramente elitista y muy comprometido con la función
'política' del sindicalismo.
Hasta los años en que llegaron los primeros propagandistas del socialismo y
del anarquismo puede decirse que la Internacional había pasado por Asturias sin
pena ni glona. Los socialistas aparecieron en las cuencas mineras dispuestos a
desarrollar allí un plan similar al que tan buenos resultados les había dado entre
los mineros vizcaínos, pero contra toda previsión, los mineros asturianos, quizá,
por su condición de campesinos semiproletarizados que seguían combinando las
tareas del minifundio con el trabajo asalariado, fueron absolutamente indiferentes
a la propaganda y a la organización. Asturias no fue Vizcaya para los socialistas,
al menos en la primera tentativa de implantación y ello les obligó a modificar sus
planes sobre la marcha. De las minas se dirigieron a las ciudades, Oviedo y Gijón
especialmente, y allí las dificultades fueron otras porque ya no se trataba de ven­
cer la desmovilización de los mineros sino de conquistar un espacio entre obreros
de fábrica, artesanos y pequeños comerciantes tratando de divulgar su programa
entre una base social muy heterogénea de clases bajas y clases medias bajas ur­
banas cuyas aficiones políticas, cuando no había una gran indiferencia, eran las
44 A n g e l e s B a r r io A l o n s o

del republicanismo.1 Los socialistas tuvieron que disputar el espacio político a los
republicanos y en la rivalidad chocaron en Gijón con federales y con anarquistas.
Ahora bien, m anarquistas ni federales constituyeron por sí mismos un freno al
avance de los socialistas aunque estos asi lo considerasen en repetidas ocasiones
al tratar de justificar su fracaso inicial en Gijón. En los primeros años 90 eran
muy pocos los anarquistas en Gijón • según sus propias fuentes no llegaban a
media docena2 • y ese pequeño grupo que formaba la llamada 'primera genera­
ción' y que procedía del federalismo se mantuvo, por otro lado, al margen de ac­
tividades públicas, más interesados en el descubrimiento de los textos clásicos del
anarquismo, retirados de las tertulias de los círculos republicanos a las trastiendas
de comercios y talleres de algunos antiguos federales conversos al anarquismo en
un proceso en el que los principios proudhonianos del federalismo de Pi y Mar­
gal) frieron progresivamente reemplazados por los de Kropotkin, Fabbri o Mala-
testa.
El distanciamiento gradual del federalismo de esa 'primera generación' supuso
la ruptura con las referencias políticas del republicanismo pero no supuso, al me­
nos, en la misma medida, el abandono de sus referencias culturales si por ello se
entiende una cultura de izquierda, latea racionalista desde el positivismo hasta el
krausismo. Porque en los ateneos y en los casinos, donde eran frecuentes las ve­
ladas literarias, las charlas y conferencias sobre higienismo, teosofía o librepen­
samiento, los obreros recibían no sólo introducción - en el Ateneo Casino Obrero
de Gijón las ciases de álgebra y de química eran las que contaban siempre con
más alumnos • sino que también disponían de la literatura más representativa de
la comente científicohumanista de la España de fui de siglo y había sido en esos
ambientes donde los obreros más ilustrados se habían familiarizado con todo
aquello que se oponía a la cultura conservadora impregnada de religiosidad y re­
ñida con el racionalismo. No es casualidad que friera L a Revista Social la más
leída en el Ateneo Casino Obrero de Gijón, como tampoco lo parece el hecho de
que en el ambiente creado en esos círculos se desarrollara un tipo de anarquismo
más acorde con lo que representaba en aquellos momentos, entre otros de su
misma generación, Ricardo Mella, - cuya influencia terminó siendo decisiva para
1 Véase Reformas Sociales. Información oral y escrita publicada de 1889 a 1893. Edición al
cuidado de Santiago Castillo. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Madrid 1985. To­
mo V Memoria de la Comisión realizada en Oviedo en 1885, pág 372.
2 Suplemento a la Revista Blanca. Madrid, 28-V -1901. R ogelio Fernández, presidente del
gremio de »p ateros y anarquista de 1* 'primera generación' escribía en unas crónicas retros­
pectivas de los primeros años; "los obreros de Gijón eran tod os federales [...1 y por aquella
época" • se reitere a los primeros ados 90 - "sólo había d o s individuos que empezaban a
interesarse por la idea anárquica."
A n a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s 45

los anarquistas asturianos, como veremos - que con la movilización intensa, con
las campañas de agitación o, incluso, con la violencia3.
En cualquier caso, aún siendo muy pocos los anarquistas, la rivalidad existió
entre federales y socialistas como se puso de manifiesto en las controversias que
enfrentaba en ocasiones a republicanos y socialistas en algunos mitines obreris­
tas4; del mismo modo, no puede negarse que entre anarquistas y socialistas hu­
biera algo más que simples diferencias de matiz en la propaganda; pero, con todo,
la hipótesis de un enfrentamiento sistemático por la imposición de las ideas o de
las tácticas organizativas no se sostiene, al menos, durante los primeros 90 e, in­
cluso, hasta muy al final de siglo. Entre otras razones, porque frente a la intensa
actividad propagandística de los socialistas por toda la provincia, los anarquistas
de la ’primera generación' dejaron de lado la vida societaria "guiados por un in­
dividualismo que en nada favoreció su causa"- como dicen fuentes anarquistas
posteriores5 • y alejándose de las masas dejaron a los socialistas el campo libre
para desarrollar las sociedades de resistencia, allí donde les fue posible hacerlo.
Hasta los dos últimos años del siglo, sin embargo, no puede hablarse de mo­
vimiento societario, aunque se hubiesen constituido las Agrupaciones Socialistas
de Oviedo y de Gijón en 1892, respectivamente, y que en lomo suyo viviesen en
precario algunas sociedades de resistencia6 porque no fue sino hasta 1899 y
1900, cuando, por el impacto que supuso para los negocios y las inversiones la
repatriación de los capitales antillanos, apareció en una coyuntura alcista el mo­
vimiento asociativo. La creación de nuevas sociedades de oficios y de resistencia
con la ampliación del número de socios en las que ya existían pero, sobre todo,
con una actividad, si bien muy corporativa aún, militante y combativa, supuso la
ruptura definitiva con los federales estimulada ahora por la aceptación del com­
promiso de solidaridad y organización implícitas al anarquismo de fin de siglo y
se produjo, en consecuencia, una rivalidad sistemática entre anarquistas y socia­

3 Reformas Sociales. Información oral y escrita. Véase Información en el Ateneo Cismo


Obrero de Gijón por el socio Don Femando Garda Arenal Sobre las actividades de los
federales en Gijón véase El Grito del Pueblo. Organo del Comité Coalicionista de Gijón de
lo sa d o s 1887 y 1888.
4 En una serie publicada en El Socialista. Madrid 22-IH -1901 y ss. con el título "Notas para
la historia del movimiento obrero" Manuel Vigil, primer presidente de la Federación Socia­
lista asturiana, narraba las dificultades iniciales del proceso de implantación y el tipo de re­
laciones que habían sostenido los primeros socialistas con republicanos y con anarquistas.
5 Así valoraba Quintanilli la actividad de la 'primera generación1 en su exposición y defensa
de La fusión con la UG T en el Congreso nacional de la Comedia. Véas«Memoria del Con­
greso de la CNT celebrado en Madrid los dias JO al 18 de diciembre de 1919. Barcelona
1932.
6 El Socialista. Madrid 10-1V-1891 y 18-XI-189I.
46 A n o e l e s B a r r io Al o n s o

listas en las sociedades que a partir de entonces se disputaron el control del mo­
vimiento.
Para los socialistas la conversión societaria de los anarquistas que durante años
habían permanecido pasivos ante los problemas de la organización obrera y, pro­
bablemente, también el aumento de su número, resultaba una amenaza para sus
intereses en las sociedades78.Para los anarquistas, sin embargo, el descubrimiento
de las teorías de la solidaridad y de la militancia activa abría un campo infinito de
posibilidades en cuanto que la indefinición ideológica de gran parte de la base
societaria apuntaba a un tipo de organización corporativa, autónoma y asamblea-
ría, más proclive, por tanto, a la acción directa que al reglamentansmo de los so­
cialistas. Los temores de los socialistas no eran infundados porque el descubri­
miento de la organización por parte de los anarquistas coincidía con una intensifi­
cación de su propaganda, con un refuerzo de sus contactos con otros grupos, in­
cluidos ya en los circuitos habituales de los focos de propaganda anarquista de
Madrid y de Barcelona. La visita de Federico Urales en el verano de 1898 a Gi­
jón no fue sino el primer contacto para una relación estable con algunos de sus
grupos anarquistas*.
No fueron meras rivalidades, por otro lado, los enfrentamientos y las peleas
continuas entre socialistas y anarquistas en los centros obreros por cuestiones de
cuentas, dineros, y en general, por aspectos de gestión de las sociedades, porque
detrás de ello había un verdadero duelo por lograr la confianza de la base socie­
taria, por definirse como los más honrados, los más comprometidos con la causa
obrera y en esa batalla de moralidad y honradez en la que los anarquistas denigra­
ron cuanto pudieron a los socialistas tratándolos de profesionales de la organiza­
ción y de la propaganda, se jugaron el control del movimiento societario de allí al
futuro. A principios de siglo, en 1901 y más claramente aún en 1910, estaban ya
perfectamente delimitadas las áreas de influencia de socialistas y de anarquistas
en el mapa de Asturias- Gijón y La Felguera eran anarquistas mientras que la
zona central, incluidas las cuencas mineras y Oviedo, era de los socialistas. Para
entonces el programa social de los federales ya había entrado en crisis y la pro­
paganda anarquista difundía el mito de la huelga general entre las sociedades
obreras de Gijón que se lanzaron en pos de aquella promesa, sin contar con una
organización que respaldara mínimamente su entusiasmo.
La reflexión que ofrece el republicano Valdés Prida en un artículo publicado en

7 Ibid Madrid 12-IV* 1901. "Notas para la historia del movimiento obrero" por Manuel VigiL
8 Ei Noroeste. Gijóu S-VII1-1898.
A n a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s 47

El Heraldo de Madrid, reproducido después por E l Avance de Gijón9, sobre el


movimiento societario trasluce una cierta curiosidad por cuál habría de ser el fu­
turo de aquella incipiente organización y cuáles sus expectativas "políticas*' por­
que los republicanos tenían esperanza de recuperar su espacio con o sin socieda­
des y pensaban que en el radicalismo que estaban adquiriendo las reivindicacio­
nes societarias estaba la clave de un fracaso inminente que redundaría, en último
extremo, en beneficio de las distintas formaciones republicanas. Pero no sólo ha­
bía curiosidad hacia las sociedades obreras desde el republicanismo federal.
Desde posiciones más conservadoras y, quizá, más interesadas, Leopoldo Alas
'Clarín' hablaba del radicalismo de las sociedades obreras de Gyón como el resul­
tado de una campaña deliberada de agitación de la que hacía responsable a Fede­
rico Urales, con quien mantenía un pleito antiguo desde la época en que ambos
colaboraban en La Revista Blanca. 'Clarín', que fue designado para actuar como
mediador entre la Patronal de Gijón y las sociedades a raíz de la huelga general
de 1901, obtuvo pocas satisfacciones de ello porque en el ambiente de derrota y
frustración al final de la huelga su mediación suscitó más criticas que otra cosa
entre los obreros. "Los consejos de algunos señoritos desacomodados, no asturia­
nos, ni aquí residentes, por fortuna, que confiesan que no tienen moral y que lo
prueban mejor que la no existencia de Dios, en la que también están empeña­
dos..."10 eran, según su propia expresión, la causa de la terrible situación que vi­
vían los obreros tras el fracaso de la huelga general. Con ello 'Clarín' reanudaba
sus viejos pleitos con Urales.
El año 1901 representa una cierta inflexión en el ámbito societario porque des­
pués de más de dos meses de huelga general la organización sucumbió ante la
Patronal, incapaz de hallar en la negociación una salida airosa al conflicto cuando
se habían agotado los fondos de resistencia y eran más tensas las relaciones entre
socialistas y anarquistas a la hora de tomar decisiones en las sociedades. La ex­
periencia de la huelga demostró que había dos concepciones de la lucha reivmdi-
cativa, y una de ellas era la de los socialistas que negaba la huelga general y que
no excluía la negociación y el acuerdo entre partes y que, por otro lado, aunque
los republicanos compartiesen con los obreros las salas de conferencias tenían
intereses muy distintos tanto en la Corporación municipal como en sus propios
negocios y empresas.
Desde entonces hasta 1910, tomando como referencia la fecha de creación de
la CNT, los anarquistas abandonaron las actividades sindicales porque la organi­
9 El Avance. Gijóo 23-V-1900.
\dSuplemento a la Revista Blanca. Madrid 9-II-1901.
48 a n g eles Ba r r io Alo n so

zación societaria había desaparecido con la huelga y se dedicaron casi exclusiva*


mente a la propaganda y a la participación en las actividades culturales, si asi
pueden llamarse, las derivadas de lo que el anarquismo suponía como compro­
miso cultural. En este sentido, el periodo de los primeros años del siglo fue muy
fecundo porque una generación de jóvenes estaba empezando a formarse dis­
puesta a asumir el compromiso social del anarquismo en su doble acepción, tanto
en lo organizativo, siempre que fuese posible llevarlo a cabo, como en la labor de
propaganda. Fue esta 'segunda generación', a la que pertenecen Pedro Sierra y
Eleuterio Quintanilla, la que recibió dos grandes comentes de influencia, por un
lado, los textos del sindicalismo revolucionario de Pouget, Y vetot. Dómela etc.
que fueron ampliamente difundidos y aceptados entre los grupos anarquistas y,
por otro, quizá la más importante, la del anarquismo clásico español que recibie­
ron a través de Ricardo Mella que desde 1902 hasta 1909 vivió en Gijón adonde
se había trasladado como topógrafo del ferrocarril de Langreo.
El pensamiento de Mella es la fuente original de todas las teorizaciones poste­
nores elaboradas por Pedro Sierra y Eleuterio Quintanilla, quienes entraron en
contacto con el maestro cuando apenas tenían veinte años, en una etapa decisiva
de su formación política y para quienes Mella era ya, ames de conocerle perso­
nalmente, el mayor teórico del anarquismo en España. De Mella tomaron la fir­
meza doctrina] de un anarquismo, tenido por liberal entre los círculos más radica­
les, que giraba sobre la idea de libertad de Proudhon y Bakunin con la que Mella
se había familiarizado en su época de militancia federal11 y que era afirmación del
hombre, en tanto que el conflicto entre libertad individual y sociedad se resuelve
en Mella por el pacto, como él mismo afirma, "porque sin libertad no hay sino
sometimiento"12, un anarquismo que aborrece la violencia, lo que le supuso no
pocos ataques desde posiciones jacobinas, que desestima a las masas y cree en
las minorías y que, por oposición, contempla al individuo desde una perspectiva
de perfeccionamiento moral, de depuración, de un imperativo ético que subyace a
toda la obra de Mella y que le d3 un tono elitista a su concepción del hombre y
del revolucionario, que acepta como progreso el darvinismo en cuanto que rompe
con la visión teológica del mundo, pero que rechaza el deterninismo social de
Malthus, una filosofía que toma formas reflexivas aunque Mella jamás rehuyó la
polémica y que reaparece, apenas sin transición en Sierra, pero sobre todo en

11 Segarra. A ., Federico Urales y Ricardo Mella, teóricos del anarquismo español. Barcelona

12 Ibid., págs. 29 y 30
A n a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s 49

Quintaniila, más prolifico, más comprometido en la propaganda y más 'intelec-


tualizantes' sus escritos y sus discursos.
Mella nada tuvo que ver, sin embargo, con la organización que trataban de re­
construir en esos primeros años del siglo los anarquistas de la 'segunda genera­
ción'; su vida en Gijón quedó reducida al marco de lo privado - parece que sólo
se dedicó a su trabajo y a su ya numerosa familia1* - círculo al que sólo accedie­
ron por amistad algunos anarquistas de la 'primera generación'. El contacto de
Sierra y Quintanilla con Mella se produjo algo después, especialmente, a raíz de
la publicación de Acción Libertaria en 1910 pero aunque para entonces el maes­
tro ya se había trasladado a Vigo, los lazos estaban estrechados porque había sido
grande el interés puesto en ello por ambos. La admiración por el Mella teórico y
pensador, aún desconocido, llevaría a Quintaniila a ofrecer un expresivo recuerdo
de la decepción que el Mella orador le había causado cuando por primera vez, en
la primera mitad de 1903, le escuchó una conferencia pronunciada en la Exten­
sión Universitaria. La imagen que Quintaniila ofrece del maestro resultaría patéti­
ca si no fuera acompañada de muestras de respeto evidentes a pesar de los años
que habían pasado desde entonces:

Que tremenda decepción, el conferenciante no habló, n o leyó siquiera. Con un manojo de


cuartillas en las nerviosas manos balbuceó apenas su discurso durante una hora mortal
Ora se dirigía al público, ora a las temblorosas cuartillas. Los camaradas gijoaeses estába­
m os aterrados.
Apelotonados casi todos en nutrido grupo hacia los últimos bancos, ya n os mirábamos
irnos a otros con ojos tamaños, ya los inclinábamos hacia el suelo eo actitud de aplana­
miento. De vez en cuando se encontraban dos o m is miradas furtivas, oblicuas, torvas.
Cuando el orador hubo concluido nuestro contenido aliento fue de fttelle que se desborda
repentinamente ¡creimos morir!]4

La hora mortal a que aludía Quintaniila era una síntesis, según parece farragosa
y pésimamente expuesta, de "Las grandes obras de la civilización", publicada
después por la revista Natura, en donde Mella expone alguna de sus concepcio­
nes acerca de la libertad individual y la sociedad, sobre las consecuencias de au­
toridad y de influencia implícitas a esa relación y que también desarrolla en "La
ley del número", pero que no evitó que cundiera la decepción entre los jóvenes
anarquistas 'de los últimos bancos', a los que había sorprendido su voz tenue de
marcado acento gallego, su poca presencia y sus limitaciones oratorias enfatiza-13

13 Cuando Mella llegó a G^ón con su compañera Esperanza Serrano, hija de Serrano Oteiza,
tenían doce hijos. Durante los años que vivieron en Gijón, Mella apenas participó en actos
públicos a juzgar por las pocas noticias que hay de sus actividades.
MAJtvarez Palomo, R-, EUuterio Quintaniila Vida y obra del maestro. M éxico 1973, pág.
50 An oeles Ba r r io Alo nso

das, en este caso por Quintanilla que, a diferencia de Mella, sería un orador bri­
llante, incluso en discursos improvisados. Pese a todo, parece que Mella con su
trato amistoso y con sus contactos continuados, incluso después de abandonar
Asturias, y no sólo con la profundidad de sus ideas, debió compensarles alta­
mente la decepción inicial. Porque Mella terminó integrando en la escala de sus
predilectos a aquel grupo, haciéndoles confidencias y poniendo bajo su respon­
sabilidad diversas empresas publicistas, como Acción Libertaria en sus diferentes
épocas y El Libertario. Desde entonces hasta su muerte en 1925, Siena y Quin­
tanilla mantuvieron los vínculos personales c ideológicos con el maestro, se ocu­
paron de buscar datos para su biografía, aceptaron, más tarde, los encargos de
prologar sus obras y manifestaron siempre por Mella un profundo respeto y no
menor satisfacción cuando eran considerados sus continuadores.
De Mella habían aprendido a aborrecer el sectarismo y a practicar un elitismo
que les hizo ganar enemigos dentro del anarquismo doctrinario, en donde no se
aceptaban sus ideas sobre las minorías por hallarlas en franca contradicción con
el valor que el anarquismo radical daba a las masas, ni su concepción individua­
lista de la revolución, ni su visión de) mundo en el desafío del nuevo siglo ni sus
ideas sobre el papel que debía cumplir el anarquismo en la nueva sociedad. Todo
ello sirvió de base ideológica a la ‘segunda generación' y se traspasa a la organi­
zación a través del liderazgo de Sierra y de Qumtanilla que, entre otros, trabaja­
ron denodadamente en el proceso de articulación orgánica en Asturias, al tiempo
que participaban muy acrivamente en el proceso constitutivo de la CNT. Su for­
mación sindicalista revolucionaria les hacía creer en la organización, a diferencia
de Mella que la aceptaba sólo como mal menor, y en las posibilidades que e)
sindicalismo podría ofrecer al movimiento anarquista. Su liderazgo se produjo en
una militancia muy activa con una organización de dimensiones reducidas y en
constante estado de crisis, pero en la que la ¿tica 'política' de sus dirigentes fue
tan importante como la ideología. Sus actividades trascendieron ampliamente los
limites de la actividad sindical muy cerca de los instítucionistas e, incluso, muy
cerca de ios reformistas de Melquíades Alvarez con quienes Quintanilla, espe­
cialmente, mantenía excelentes relaciones: Qumtanilla que en su juventud había
sido chocolatero llegó a ser profesor de francés en la Escuela Neutra de Gijón,
creada bajo el patrocinio de Melquíades Alvarez y en 1917 ingresó en la Logia
Jovellanos estrechamente vinculada al reformismo gijonés*15. El compromiso cul­

15Arcfaiyo Histórico Nacional de Salamanca Sección Masonería. Lista de miembros de la


Logia Jovellanos de Gijón: en la Logia Jovellanos Quintanilla tenía el nombre simbólico de
Floreal y la fecha de su ingreso era el 10 de julio de 191?.
An a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s SI

tural del anarquismo pluralism y antisectarío, (ornado de Mella, implicaba además


de una determinada concepción de la realidad, una actitud 'política' consecuente
que, en último extremo, contradice toda precisión de limites en el anarquismo y
pone de manifiesto que la noción y la práctica de partido, negadas en la teoría
anarquista, eran sustituidas por las actividades de 'grupo' cuando se carecía de or-
ganización propia.
Hasta, al menos, 1917 las afinidades entre algunos anarquistas y los reformis-
tas fueron mucho más profundas y sutiles de lo que determinaba la simple rela­
ción política, la aliadoñlia que enfrentó a los anarquistas asturianos con quienes
sostenían a raíz de la Guerra europea posiciones de pacifismo a ultranza no puede
entenderse sino en ese ambiente de antidogmatismo y de rechazo a ortodoxias
radicales en el que se adviene el espíritu de Mella y que les llevó a defender los
símbolos de progreso y de defensa de las libertades representados en las demo­
cracias europeas amenazadas por el militarismo alemán. Siena y Quintanilla,
desde Acción Libertaría, se revolvieron contra quienes eran capaces de excomul­
gar a los que habían formulado los principios que servían para determinar el
grado de pureza anarquista de Grave, Malato o del propio Kropotkin por haber
firmado el "Manifiesto de los Dieciséis"16. En una Europa desafiada por la Gue­
rra el anarquismo debía comprometerse en su orientación, determinada ya su filo­
sofía por el sindicalismo como analogía de la acción política, sm perder de vista,
insistirán en ello una y otra vez, que la izquierda era en España aliadófíia y no
neutral porque la defensa de los ideales anarquistas no entraba en contradicción
con los ideales de progreso y libertad de la democracia.
Los anarquistas de la 'segunda generación' fueron los que reforzaron los víncu­
los con otras organizaciones anarquistas, sindicalistas y societarias, especial­
mente con Solidaridad Obrera de Cataluña, cuando estaba pendiente la creación
de la CNT porque eran conscientes del respaldo que podia suponer para el ais­
lamiento y la fragilidad de los grupos anarquistas la existencia de una organiza­
ción nacional estable, hasta el punto de que cuando se publicó Solidaridad Obre­
ra de Gijón a finales de 1909, el editorial de su primer número declaraba que ve­
nía "a sustituir a su homónimo de Barcelona" suspendido después de la Semana
Trágica17. Pero no fue Solidaridad Obrera, órgano sindicalista por su orientación
y por sus contenidos, el vehículo de la ideología del grupo dirigente, sino Acción

16 La polémica de Acción Libertaria a raíz de la Guerra aparece tratada más ampliamente eo


Barrio A lonso, A ., Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936). Madrid
1988, p igs. 145 y ss.
17 Solidaridad Obrera. Gijón 13-X1-1909.
$2 An o eles Ba r r io Alo n so

Libertaria que apareció a finales de 1910 y que fue un verdadero periódico doc­
trinal detrás del que se advierte a Ricardo Mella que dio al semanario, además de
un tono razonadamente crítico, el carácter de verdadera producción de ideas.
Desde sus primeros números Acción Libertaria dedicó un espacio práctica­
mente fijo para la reflexión sobre la política española que en aquellos momentos
estaba centrada en la Conjunción Republicano-Socialista y que fue uno de los te­
mas tratados con mayor asiduidad Ciertamente que no había publicación anar­
quista que no arremetiese, con tono más o menos incendiario, contra los republi­
canos y los socialistas con el pretexto de la Conjunción para hacer manifestacio­
nes de antipoliticismo; pero, en este caso, Mella partía de la Conjunción para re­
flexionar sobre las expectativas frustradas de una izquierda antaño representada
por el republicanismo y el socialismo que había perdido ya su antigua orientación.
Para Mella, los socialistas alejados de los principios de la internacional, com­
prometidos más allá de su programa con la lucha electoral, habían sustituido de­
finitivamente la actividad social por la política: la Conjunción, desde ese punto de
vista, era un hito más en un proceso que los socialistas habían iniciado años an­
tes, y del que, en consecuencia, no había que sorprenderse. Pero Mella no era
menos incisivo con los republicanos, especialmente con los federales, quienes,
desde su punto de vista, agotaban con la Conjunción toda esperanza de recuperar
ei carácter social de su viejo programa al comprometer e) voto obrero en un pro­
yecto exclusivamente político, poniendo, como decía Mella "a la organización
obrera al servicio del republicanismo"lí, esto es, al servicio de la Conjunción. Si
a ello habian llegado los federales rompiendo con los principios 'pimargallianos'
de 1894. nada quedaba por fiar al republicanismo.
De las reflexiones esperanzadas sobre !a responsabilidad de una izquierda en la
que Mella había incluido a federales, socialistas y anarquistas apenas quedaba
más que la afirmación, por exclusión, del anarquismo, tal y como expresaba en
Las dos Españas, en donde la fe en la regeneración de una "España ajena al ofi­
cialismo, distinta y opuesta al estado, contraría a la fraüocracia" - como escribía
Mella en uno de los pánafos más vigorosos del texto • que se redimía a costa de
' un federalismo insurgente, de un socialismo y anarquismo activos", había sido
sustituida por la fe en el compromiso social del anarquismo porque era "la gran
obra de educación y cultura que revela la existencia de un pueblo capaz de todas
las empresas, lleno de energía, de constancia y de firmeza", la que estaba pen­
diente de "los centenares de escuelas por abrir, de los centros políticos, sociales y*

\%Acció>iLibertaria. Gijón 17-111-19! !,


ANARQUISTAS, REPUBLICANOS Y SOCIALISTAS 53

de cultura, de las asociaciones progresivas, los sindicatos y las cooperativas


obreras"19,
La afirmación del anarquismo, sin embargo, obligaba a Mella a precisar algu­
nas cuestiones de principios. Su concepción del papel social, renovador y vitali­
zante del anarquismo chocaba con la de los sectores más radicales del semanario
Tierra y Libertad con quienes entabló una polémica desde Acción Libertaría y
que duró los años en que el periódico de Gijón fue publicado. Mella, que había
hecho oídos sordos a los primeros ataques de sus antiguos enemigos dialécticos
en el tema de la violencia, cambió de actitud cuando Tierra y Libertad publicó
"Aristócratas no, ácratas sí"20, como respuesta sarcástica a una declaración de
principios propios que Acción Libertaria había formulado como "aristocracia in­
telectual". En "Pido la palabra" Mella reaccionaba no tanto contra los ataques
personales del semanario de Barcelona sino por "los ideales" - como él mismo
señala - que exigían algo más que una actitud pasiva. Mella pedia que se deslin­
dase el terreno de la filosofía anarquista y del oportunismo y la violencia, que se
clarificasen posiciones para determinar qué grado de responsabilidad le corres­
pondía al dogmatismo que estaba dominando la filosofía anarquista en las fugas al
campo de la política y en el abandono de los principios21.
En las polémicas con los doctrínanos, los que formaban la redacción de Acción
Libertaria aprendieron la mecánica de la discusión, a plantear las cuestiones de
manera incisiva, con un estilo entre retórico y mordaz que aparece también en El
Libertario, que se publica durante 1912, y en la segunda época de Acción Liber-
tariOy entre 1914 y 1915, aunque ya no sea Mella quien dirija doctrinalmente la
publicación. El Libertario y la segunda época de Acción Libertaria quedaron
bajo la responsabilidad directa de SierTa y Quintanilla, si bien Mella nunca dejó
de colaborar desde Galicia, y fueron continuadores de los objetivos trazados
desde el primer número de Acción Libertaria: la difusión de ideas, la propaganda
y la reflexión.
La orientación y los contenidos de Acción Libertaría en su segunda época y de
El Libertario fueron prácticamente los mismos que cuando Mella estaba indirec­
tamente al frente de la redacción. Sin embargo, Quintanilla trataría, especialmente
en El Libertario, los temas de sindicalismo y de organización con mayor amplitud
y profundidad por su compromiso militante que le llevaba a establecer algunas
19 “Las d os Espinas“ que íu e publicado en La Protesta de Buenos Aires en octubre de 1909
está reproducido en Ricardo Mella. Forjando un mundo libre. Selección de textos de V.
Muñoz. Madrid 1978, págs, 60 y 61.
20 Tterray Libertad. Barcelona 4-1-1911.
21 Acción Libertaria. Gijón 27-1-1911.
<4 angeles B a r r io Alo n so

manzaciones al tratamiento que Mella había dado a la organización. Quintanilla


coincide con Mella en la critica a la acción política que llevó a los socialistas a
apañarse de )a Internacional y sobre ese punto insiste una y otra vez, pero ade­
más de la recuperación del espintu intemacionalista de unidad, Quintanilla plan­
tea la necesidad de nuevas formulaciones que desarrollen los principios del sindi­
calismo revolucionario. No basta, para Quintanilla, criticar a los partidos socialis­
tas europeos como habían hecho entonces los anarquistas, sino que sean los anar­
quistas quienes determinen a la luz de sus propias experiencias la orientación, los
objetivos y la finalidad del sindicalismo en la sociedad del nuevo siglo, cuando
había plena conciencia del hundimiento de la Internacional.
Quintanilla trataba del sindicalismo en su acepción más pura, la que, según su
pumo de vista, significaba el protagonismo de los sindicatos en un proceso en el
cual el proletariado, que había sido despojado de su papel revolucionario en el
avance de los partidos socialistas, tomase conciencia de su misión histórica. En
una sene corta de artículos escritos para rebatir unas valoraciones de Araquistain
sobre el sindicalismo, y que fueron publicados en la revista Renovación de Gijón
en el verano de 1916, Quintanilla desarrollaba plenamente estas ideas. Araquis-
tam no contestó a Quintanilla, por más que le instara a ello Núñez de Arenas.
Años después en 1931, volvió Quintanilla a insistir al publicar en forma de opús­
culo la Tesis Sindicalista que reunía los contenidos de aquella serie escrita quin­
ce años atrás, a la que había añadido unos párrafos críticos a modo de preámbulo.
Quintanilla que había escrito en 1916 su Tesis dedicada a Araquistain con objeti­
vos moralizantes esperando "que le pesara su ligereza al leerme", como él mismo
confesara a José Peirats poco antes de su muerte, puso en ella toda su fe federa­
lista, porque según sus propias palabras Quintanilla era profundamente bakuni-
niano", Y asi es. en efecto, La Tesis Sindicalista - sea como artículos sueltos o
como opúsculo - constituye una declaración de fe en el pacto social implícito al
federalismo, en la que partiendo de la negación de que el sindicalismo encamase,
efectivamente, el espintu violento de protesta que le adjudicaba Araquistain •
Quintanilla utiliza para ello unas metáforas muy efectistas, como la de "el ángel
caído con blusa de obrero" o, más aún la de "Satán metido a revolucionario, fati­
gado sin duda, de jugar con místicos posesos y con viejas beatas de capilla y
confesionano" - hace una reflexión sobre el proceso de evolución del movimiento
sindical para afirmar que la filosofía social del sindicalismo constituye la única
fórmula política eficaz. Planteada como alternativa a la fórmula negativa clásica2

22 AKa:c7 Palomo. E U u te n o Q u in ta n illa , págs 410 y 411.


A n a r q u is t a s , r e p u b l ic a n o s y s o c ia l is t a s 55

del anarquismo en la consideración de que el Estado y el Gobierno, como órga­


nos del capitalismo, desaparecerán forzosamente con él, la consideración afirma­
tiva, que Quintanilla plantea como consideración final, es la de que el sindica­
lismo, como el anarquismo, comprometidos en la acción social hagan de ésta el
único factor político eficaz. Quintanilla toma de Los lim ites del sindicalismo re­
volucionario de Arturo Labriota algunos aspectos como las etapas de evolución
que culminan en la apoteosis de los sindicatos - en el sentido que el sindicalismo
revolucionario da a los sindicatos como célula de la sociedad futura - o la toma de
conciencia revolucionaría del proletariado, que convencido en ese proceso de la
inutilidad de las reformas que supone la acción política del socialismo, encuentra
en el sindicalismo la verdadera alternativa revolucionaría2*.
Araquistain que había rehusado la polémica en 1916 hizo caso omiso en 1931.
Ninguna voz socialista se al2Ó contra Quintanilla que desde el Congreso de la
Comedia se había retirado voluntariamente de la militancia activa porque, aunque
la edición de La Tesis Sindicalista significase un intento de reactualización de sus
planeamientos clásicos en una coyuntura que abría muchos interrogantes para el
futuro de la CNT, la polémica sobre el sindicalismo que intentaba Quintanilla no
interesó ni a Araquistain ni a ios socialistas de la UGT.
Las posiciones defendidas en 1931 no eran desconocidas. La vuelta de Quin­
tanilla a una cierta actividad militante tenia que ver, efectivamente, con las expec­
tativas abiertas ante la República pero ni la CNT ni las relaciones que los anar­
quistas sostenían dentro de ella eran las mismas que en 1916. En e) progreso que
precedió a la huelga de agosto de 19)7, en pleno apogeo de neutralidad oficia],
los anarquistas asturianos y muy en particular Quintanilla por su relación estrecha
con los melquiadistas, que se hallaban a la expectativa de la evolución política del
régimen, tomaron conciencia de que el futuro del sindicalismo estaba directa­
mente comprometido con la democratización del sistema para que, garantizadas
las libertades, pudiera crecer y desarrollarse. No hubo, en consecuencia, contra­
dicción grave con los principios, el gradualismo que suponía a la aceptación de la
democracia mientras la conciencia revolucionaría del proletariado no estuviera
madura iba implícito al rechazo de la ñlosoña de la violencia. Por eso fueron en­
tusiastas defensores del pacto con los socialistas en 1916 aunque en todo análisis
sobre el mismo no puedan obviarse los elementos de crisis y de críspación social
que estimularon un pacto como aquel impensable unos años antes o unos des­
pués; por eso tampoco se resistieron en 1917 a la Alianza de Izquierdas porque23

23 La Tesis Sindicalista. Vida y Trabajo. Madrid $.£ (folleto).


56 AKo eles B a r r io A lonso

las relaciones con los republicanos reformistas eran excelentes (a Quintanilla se le


cmicaba a menudo por ello), y así cuando Asturias y León fueron adjudicadas,
dentro del plan trazado en la Alianza, a Melquíades Alvarez, a los socialistas Ma­
nuel Llaneza y Teodomiro Menéndez y al propio Quintanilla para que formasen el
Comité de huelga, no se hacia más que aceptar de hecho la participación en uo
proyecto que bajo formas revolucionarías estaba orientado exclusivamente a la
transformación política del régimen24. La críspación y el descontento de los sec­
tores sociales más directamente afectados por las consecuencias económicas de
la neutralidad española la recogieron en Asturias reformistas, socialistas y anar­
quistas y la administraron de acuerdo a las demandas y expectativas de sus res­
pectivas bases en la huelga de agosto de 1917.
Al margen de otras consideraciones sobre el fracaso del movimiento de agosto
y sobre la participación de Quintanilla en el comité de huelga, a pesar de que
anarquistas y socialistas vieron seriamente comprometidas sus relaciones que se
deterioran tras la huelga, cuando Quintanilla defendió en el Congreso de la Co­
media en 1919, la fusión con los socialistas era evidente que aún no estaban ago­
tadas las posibilidades de pacto con los socialistas, como tampoco estaban en
1917 las de colaboración con los republicanos. Pero el Congreso de la Comedia y
la orientación del anarquismo a partir de ese momento requiere otro tratamiento
que exigiría otras explicaciones que desbordan los limites impuestos en esta oca­
sión: L3 Revolución rusa de 1917 modificó substancialmente el concepto clásico
de revolución, incluso el de los anarquistas, los valores políticos de la Europa
postbélica también sufrieron profundas transformaciones y la política española
entró en la crisis definitiva del sistema implantado en la Restauración con la Dic­
tadura de Pruno de Rivera. Los anarquistas tuvieron que evolucionar en ese
marco y lo hicieron polarizados definitivamente en las dos direcciones en que se
enfrentaban una concepción sindicalista o reformista de la CNT, por un lado, y
una concepción radical de movilización, por otro En los años 30 ya no eran Sie­
rra y Quintanilla los lideres activos de la organización en Asturias, sino los anar­
quistas de la 'tercera generación1 cuya militancia se había iniciado en la clandes­
tinidad de los años de la Dictadura y para quienes los problemas de organización
y de orientación exigían soluciones bien distintas

24 Véas« Barrio Alonso, Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias, págs. 165 a 182.


Demetrio Castro Alfin

De la clandestinidad republicana a la clandestinidad anarquista

Es bien sabido que el anarquismo español hubo de vivir una buena parte de su
historia decimonónica en situación de clandestinidad. Casi desde sus orígenes, y
pese a intermitentes períodos de tolerancia, las organizaciones hubieron de adap­
tarse a unas condiciones de ilegalidad y persecución que muchas veces apenas
permitían otra cosa que subsistir en espera de tiempos mejores. De tal manera, la
clandestinidad no fue para el anarquismo español una situación anómala y ex­
traordinaria sino algo que pudiera considerarse habitual; una circunstancia casi
permanente y a la que hubo de adaptarse, lo que por fuerza había de dejar alguna
huella en sus características doctrínales y organizativas, sin contar con el hecho
de que para algún grupo la clandestinidad fuese, no un estado forzosamente im­
puesto por el poder, sino una situación deliberadamente buscada, entendiéndola
como más adecuada para, desde ella, trabajar en el logro de los ideales de la
anarquía. Aún más, durante los años que median entre 1888 y 19101a cuestión de
la legalidad pudo llegar a ser algo inelevante o accesorio para determinados nú­
cleos. No me reñero, por supuesto, a los embarcados o atraídos por la táctica del
terror, sino a los que preconizaban la conv eniencia de reducir la organización a
algo esporádico, informal y tenue, prácticamente inexistente. Quienes asi pensa­
ban, reuniéndose de tiempo en vez en algún domicilio, taller o establecimiento
público no tenían necesidad de acatar ninguna de las formalidades establecidas
para la regulación de los derechos de reunión o asociación, y sólo en el caso de
que quisieran tener alguna proyección pública, como por ejemplo la edición de un
periódico, habrían de observar los requisitos legales propios del caso.
El establecimiento de los primeros núcleos intemacionalistas en España coin­
cidió, y se vió favorecido por ello, con un indudable afán de implantar y hacer
respetar el derecho de asociación por parte de las fuerzas que habían apoyado la
Revolución de Septiembre, y uno de los primeros decretos del Gobierno Provi­
sional, convalidado como ley por las Cortes el 20 de noviembre de 1868, se de­
dicó a tal cuestión, estando vigente hasta la disolución de las Cortes republicanas.
Según lo allí dispuesto y lo después contenido en la Constitución de 1869, el de­
recho de formar asociaciones no tenia otro límite que el derivado del objeto de las
mismas, por cuanto la ley no ampararía a las contrarías a la seguridad del Estado
5$ D e m e t r io C astro A l f ín

o a la moral pública ni a las dependientes de autoridad extranjera o residente


fuera del país, salvedad que, más que a una aún casi desconocida AIT, iba dirigi­
da a las órdenes religiosas. En cambio, el decreto promulgado por Serrano el 8 de
enero de 1874 y cuyo artículo primero establecía la disolución de reuniones y
asociaciones políticas en las que se conspirase contra la seguridad pública o el
poder constituido, mencionaba explícitamente en su preámbulo a la Internacional
por atentatoria "contra la propiedad, contra la familia y demás bases sociales"1.
A partir de entonces y hasta la aprobación de la ley de 1887, las asociaciones
obreras en general y las anarquistas en particular, quedaron sometidas a la arbi­
trariedad gubernativa para su tolerancia o persecución, y ni siquiera aquella
norma sería garantía suficiente, pues ya antes de la promulgación de las llamadas
leyes de represión del anarquismo, de 10 de julio de 1894 y de 2 de septiembre
de 1896, diversas circulares de la fiscalía del Tribunal Supremo habían apuntado,
entre 1892 y 1894, a las asociaciones y penódicos anarquistas como propagado­
res, justificadores y apologistas de las acciones violentas y tendían a poner a unas
y otros fuera de la ley por la mera razón de su inspiración ideológica2.
Asi pues, durante la segunda mitad del siglo XLX sólo los años comprendidos
entre 1869 y 1873, y 1881 y 1883 fueron para los anarquistas de aceptable liber­
tad asociativa aunque en modo alguno plena, y por ello desde 1872 la Comisión
Federal fue impartiendo instrucciones para crear estructuras secretas y actuar en
la clandestinidad. No obstante aquellos serian los años de celebración de congre­
sos y conferencias públicas, de proliferación de órganos de prensa y, como es de
sobra sabido, de crecimiento numérico. En los restantes la organización habría de
plegarse a condiciones diferentes y su actividad desenvolverse de forma encu­
bierta.
Tal situación no era en absoluto nueva o desconocida para los movimientos
políticos radicales en España o en Europa. Por el contrario, a lo largo de la pri­
mera mitad del siglo la clandestinidad, más o menos efectiva, había sido la forma
habitual de su existencia. Una densa red de sociedades secretas de inspiración
democrática o socialista y estructura masónica o carbonaria cubrió gran parte de
los países europeos y tuvo en España importantes derivaciones o reproducciones
propias Se trata de episodios opacos por su propia naturaleza, pero sobre los
cuales comamos con información suficiente para que no quepa duda de su reali­

1 Caceta de Madrid, 9 de Enero, 1876.


2 Blanca Olías, La libertad de asociación en España. Madrid, 1977, pp.50-51.
D E LA CLANDESTINIDAD REPUBLICANA A LA CLANDESTINIDAD ANARQUISTA 59

dad e importancia3. Aunque sean numerosos los puntos obscuros sobre el particu­
lar, no se puede dejar de reconocer con Hobsbawm que entre 1789 y 1848, 'la
hermandad revolucionaria secreta fue con mucho la forma de organización más
importante al servicio de las miras modificadoras de la sociedad existente en
Europa Occidental"4, y, por tanto, también en España, aunque la datación que
apunta pueda resultar algo corta por lo que hace a nuestro caso.
No cabe aquí detenerse a pormenorizar el alcance de esas sociedades para el
desarrollo de los movimientos sociales decimonónicos pero no estará de más re­
cordar algunos de sus rasgos. Por un lado seria erróneo, y quizá simple reflejo de
lo hondo que llegó a calar la interpretación reaccionaria y paranoica del fenóme­
no, ver en tales sociedades manifestaciones o instrumentos de ideologías bien
elaboradas y netamente opuestas al orden existente. En efecto, entre los carbona­
rios los rituales de iniciación de los aprendices tendían a inculcar, como norma de
conducta del neófito, la obediencia, la caridad y la virtud en una concepción ple­
namente cristiana, mientras que el de los maestros era un remedo - que nada que­
ría tener de blasfemo - de la pasión de Jesús5. Así, una secta que pasó y pasa por
instrumento de la impiedad resultaría en fondo y forma de una religiosidad no tan
lejana de la ortodoxia.
En España se considera a los comuneros del Trienio como una de las más
avanzadas y resueltas fuerzas propulsoras de la revolución liberal, dotada, por
tanto, de un bagaje ideológico integrado por principios y conceptos "burgueses" e
incluso con tendencias democratizadoras y populares. Sin embargo, los elementos
constitutivos de sus estructuras • o al menos denominación de las mismas - res­
ponden a las de un universo aristocratizante y arcaizante: los afiliados son
''caballeros’' (y no ciudadanos); sus centros son "torres" de un castillo; sus reu­
niones se celebran en una "plaza de armas", etc. En la fórmula del juramento de
iniciación el neófito se dirige a la "reunión de caballeros", comprometiéndose a
defender "fueros, usos, costumbres, privilegios y cartas de seguridad", es decir,
todo cuanto supone negar la igualdad ante la ley y la unidad de jurisdicciones, y a
hacerlo con su "espada", instrumento cuya mención podría deberse a) crecido

3 C£ , p. ej., Clara Lid*, “Conspiradores e intemacionalistas en vísperas de la revolución", en


Zavala y Lida, Lo Revolución de J$6S, Historia, Pensamiento. Literatura. Las Aioéricas
P.C. Nueva York, 1970; pp. 48-63. A Eiras Roel, “Sociedades secretas republicanas en el
remado de Isabel II" en Híspanla, no. 86, 1962. Iris Zavala, Masones, Comuneros y Car­
bonarios. Siglo XX I, Madrid, 1971.
4 E. J. Hobsbawm, Rebeldes primitivos. Estudios sobre lasformas arcaicas de los movimien­
tos sociales en los siglos XIX y XX. Ariel, Barcelona, 1974; p. 245.
5 John Rath, “The 'Carbonerf. Thcir Origms, Inhiatíons, Rites and Aims". En American
Histórica! Review, LXIX, 2, January, pp. 359-60.
60 Dem e t r io C a s t r o A l f íh

número de militares implicados pero que no deja de ser distintivo típico de la


nobleza, además de anacrónico ya iniciada la 3a década del XIX6. Todos esos
elementos señalan el factor elitista de estas sociedades, pero lo llamativo es que
se hiciera uso, aun retóricamente o incluso en términos de resemanúzación, de los
elementos tópicos y más "feudales" que singularizaban como minoría a uno de los
principales antagonistas teóricos de lo que la comunería significaba, la nobleza.
Por otro lado, tampoco las sociedades clandestinas tuvieron siempre un pro*
grama político bien definido y menos hubo uno válido para todas las más de ten*
dencia afín, pese a los continuos intentos de coordinación o unidad. Dentro del
carbonansmo, por ejemplo, se dio una gama relativamente extensa de posiciones
desde el liberalismo moderado a un ultraizquicrdismo de inspiración jacobina7. Y
es a la vista de ello como cobra parte de su importancia el ritual como elemento
umficador. Por lo demás, las formulaciones ideológicas presentan un carácter
acusadamente generalizador y elástico, en las que la ampulosidad de los términos
como "libertad" o "tiranía1' encubre con frecuencia la ambigüedad y vaporosidad
de los objetivos Espectacularidad ceremonial o protocolaria y grandilocuencia
terminológica compensaban, asi, la inconcreción ideológica y programática. En
este sentido no parece faltarle razón a Hobsbawm cuando escribe que la progre*
siva proletarizaron de estas sociedades entre 1830 y 1848 - lo que vendría a
significar la adopción de unos objetivos de transformación social más concretos
que muchos de los hasta entonces sustentados *, "llevó consigo la decadencia del
ntual. del que ya no tenían tama necesidad"8
Pese a una cierta relegación de los elementos rituales, nunca extinguidos total*
mente por lo demas, las sociedades secretas siempre serian la forma de organi­
zación ineludible para la conspiración o el activismo político en situaciones de
represión, y ello da euenta de su continuidad en España durante largos años del
siglo XIX. En las décadas centrales del mismo, a medida que se cerraba el hori­
zonte político isabelino, la conspiración pasó a ser casi la única fonna de acción
política de la que podían esperar algún logro quienes querían introducir cambios
en el sistema. Ademas de los carlistas, que también conspiraban, lo harían los
progresistas bajo el esquema tradicional de pronunciamiento, y los demócratas
quienes se valdrían más de la sociedad secreta, es decir, una fórmula que supone
una cierta estabilidad organizativa.
6 La formula está en Miraflores, Mis memorias, D A.E., Madrid, pp. 478-80; reproduce uo
fragmento Zavala, Masones, p, 73 Para esta autora los comuneros dieroo a los antiguos
símbolos masónicos "contenido democrático y popular", p. 72.
“ Rath. T he ’Carboneri“ , pp. 368*69.
8 Hobsbawm, Rebeldes, p. 259.
DE LA CLANDESTINIDAD REPUBLICANA A LA CLANDESTINIDAD ANARQUISTA Ó]

Por no alargar una historia aun muy llena de lagunas, baste recordar que desde
la fundación del Partido Demócrata sus integrantes • o al menos los elementos
más avanzados - recurrieron en distintas ocasiones a la creación de sociedades
secretas, además de a complots insurreccionales de alcance más concreto y
pragmático en los que sin demasiado acierto se destacaría Sixto Cámara. Las so­
ciedades secretas podían ser parte de esas tramas insurreccionales, pero su acti­
vidad resultaba más amplia sirviendo como instrumento de captación y recluta­
miento o difusión de propaganda.
A mediados de 1849, ocupando la presidencia del Consejo un Narváez forta­
lecido por su doble victoria frente a las sublevaciones y las partidas aplastadas a
lo largo de 1848 y frente a las intrigas palaciegas, debió constituirse la sociedad
secreta "Los Hijos del Pueblo”. No parece aventurado suponer que su origen
pudo verse influido por el elevado número de refugiados políticos venidos a
España tras el fracaso de los movimientos del Cuarenta y ocho. Estos emigrados,
frecuentemente con larga experiencia en la lucha clandestina, introducirían pro­
bablemente las técnicas blanquistas y reforzarían el interés y vínculos del revolu­
cionario nizardo con España, relegando algo la hasta entonces predominante in­
fluencia mazziniana. Al menos hubo una sociedad secreta de claro cuño blan-
quista, la "Sociedad del Mortero", organizada desde Valencia por Cyrille
Lacambre.
Por lo que hace a "Los Hijos de) Pueblo" parece haber sido más bien algo asi
como una estructura clandestina del Partido Demócrata, o secciones especializa­
das del mismo. Se trataba de una organización no excesivamente compleja con
tres niveles: un Directorio pentárquico, un Gran Consejo o Junta Auxiliar inte­
grada por catorce individuos y dividido en secciones especializadas para la pro­
paganda la Organizadora, la Asociación y la Joven España; y la base que formaba
una estructura de cierto abolengo carbonario integrándose en decurias, centurias
y millares, todas dirigidas o coordinadas por un "Ayudante General"9. La
sociedad envió agentes o emisarios a las provincias y fraguaba un complot re­
volucionario que tendría por centro Zaragoza, pero una gran parte de su actividad
parece centrada en la propaganda editorial, de la que formaban parte, además de
distintos folletos de buena parte de los cuales eran autores Garrido y Cámara, el
periódico L a Asociación. Pese a todo el habitual aparato de juramentos y contra­

9 Dan noticia sustancialmente idéntica d e esta organización Eiras Roel, El Partido


Demócrata español (¡849-1868), R iilp, Madrid, 1961; pp. 176-78 y Zavala, Masones, pp.
188-89. En ambos casos se basan en informes elevados al Capitán General de Madrid y al
Jefe Político.
62 Dem e t r io C a stro a l f în

señas, la policía contaba con amplia información sobre las actividades del grupo
y sus integrantes, incluyendo la relación de los suschptores del periódico, asi
como la identidad de algunos militares involucrados, de forma que no debió tener
excesivas dificultades para desarticularlo o neutralizar su actividad.
Unos años más tarde, ya tras el Bienio que quizá implicara una cierta atenua­
ción del interés o necesidad del partido por esta modalidad de actuación política,
vohteron los demócratas, o buen número de sus dirigentes, a valerse de ella. En
efecto, hacia 1857 o 1858, por tanto nuevamente bajo un gobierno de Narváez o
quizá con los de Armero o Isturiz que le siguieron y continuaron con no menor
empeño la política de revisión de la legislación progresista, comenzó a desarro­
llarse una nueva sociedad clandestina, innominada o cuyo nombre no es al menos
conocido. No parece haber, que yo sepa, información documental sobre este epi­
sodio, y la existente procede de testimonios, memorias o referencias historiográ-
íícas. Para algunos autores el iniciador de esta nueva experiencia clandestina fue
Tressena quien la habría madarado en Italia, iniciando su actividad en Madrid a
la vuelta del exilio10. Otras informaciones permiten pensar que su origen no es­
tuve en Madrid, sino que el núcleo capitalino lo formaron Enrique Alcalde
Espejo, corregidor de Loja, y Morera, dirigentes de Andalucía y Cataluña res­
pectivamente, quienes tomaron contacto con el grupo de redacción de La Dis­
cusión e integraron a todas las grandes figuras del Partido Demócrata: Orense,
Rivero, Barcia, Figueras, Pi, etc., asi como a Cámara y Garrido pese a hallarse
ambos fuera de España11.
La jefatura de esta asociación radicaba en un "Falansterio" o "Direciorio* del
que dependían las diferentes chozas. Debió ser realmente importante (Garrido da
la poco verosímil cifra de 80.000 comprometidos), y en ella debió tener una de
sus raíces la sublevación de Loja y quizá también el núcleo procesado en Boija
por las mismas fechas. No fue sin embargo invulnerable: a poco de constituido el
grupo de Madrid fue descubierta una de sus chozas y la investigación llevó hasta
el local de La Discusión, objeto predilecto de la represión moderada desde los
días de Nocedal en el ministerio de Gobernación, si bien sólo Roberto Robert
pudo ser objeto de una acusación firme que le supuso un *ar¿;o período de cárcel.
No mucho después, en 1859, se crearía la "Legión Ibérica", cuyo propósito era
trasladar una fuerza voluntaria española a Italia para combatir junto a Mazzim

10 Así, Eiras, El Partido, sobre datos de Garrido, quien no pudo participar directamente en los
beckos por hallarse entonces exiliado.
11 E Vera y González, Pi i Margal! y la política contemporánea. Tipografía La Academia.
Barcelona, 1 8 S 6 .1, pp. 599-600
De la CLANDESTINIDAD REPUBLICANA A La c l a n d e s t i n a a d a n a r q u is t a 63

por la unidad de aquella península, y que quizá por ello, temó una estructura ne­
tamente militar. Parece dudoso, en todo caso, que lo que se pretendía fuese una
fuerza militar numerosa y casi convencional pudiera desarrollarse y estructurarse
en la clandestinidad.
La continuación por parte de los republicanos en este tipo de organismos llega
hasta las vísperas de la Revolución de Septiembre12, caracterizándose los años
inmediatamente precedentes a la misma por una multiplicación de contactos con
distintas sociedades secretas europeas de lo que fue protagonista activísimo
Garrido, y entre las que no faltaron las bakuninistas. No hay sin embargo datos
concretos sobre las que por las mismas fechas actuaban dentro de España,
confundiéndose a veces con los grupos de acción que los republicanos pusieron a
punto en Madrid y otros lugares. Su persistencia no puede, en todo caso, recha­
zarse y posiblemente gracias a ellas pudieron ios demócratas tomar una pane más
activa en los acontecimientos de lo que progresistas y unionistas hubieran que­
rido; gracias a ellas estuvieron en condiciones de movilizar hombres, repartir ar­
mas, difundir consignas Las sociedades - que por entonces parece haberse pre­
ferido denominar clubs, como e! madrileño de "Los Amigos del Pueblo"-, pres­
cindirían muy posiblemente de casi todo el lastre ritual e histríónico,
decantándose por una linea de mayor pragmatismo y efectividad, pero los ele­
mentos estructurales básicos (secretismo, jerarquización, segmentación interna)
hubieron de mantenerse. En este sentido habría tenido lugar una transformación
ajustada al esquema del tamas veces mencionado Hobsbawm13.
En suma, no cabe duda de la importancia de la organización y la acción políti­
ca clandestina antes de 1S6S, y del interés por la misma entre los grupos más ra­
dicales que encontraban ahí casi el único medio de manifestarse y actuar. Aunque
cabe suponer un eslabonamiento de estas asociaciones con etapas de mayor ato­
nía, las de más vitalidad parecen coincidir, o mejor, seguir a los momentos de
mayor represión y endurecimiento político: 1849-50; 1857-59; 1867-68 Entonces
proliferaron las sociedades y nutrieron sus efectivos hasta cifras, difícilmente
admisibles pero reiteradamente aducidas, de varías decenas de miles de adheri­
dos. Si hubiera habido implicados en tan alto número las sociedades secretas hu­
bieran perdido toda su virtualidad, convirtiéndose a lo sumo en estructuras de
partido atipicas y complejas y, además, de partido de masas en una fase histórica
12 C la n U da, Anarquismo y revolución en la España deI siglo XIX. Siglo XX L Madrid,
1972; pp. 99 y ss.
13Para este autor, "la forma conspirttiva de orgacizacióo (...) siguió dando buen resultado.
desprovista ya de sus elementos rituales en aquellas situaciones en que e n necesaria una
entrega absoluta y una peligrosa actividad clandestina". Hobsbawm, Rebeldes, p. 261.
64 Dem e t r io C a s t r o A l f ín

en la que esta forma de intervención y encuadramiento poliuco apenas tenia de­


sarrollo alguno y menos en España. Pero no cabe dudar de que fueron muchos
quienes de forma más o menos comprometida y continuada tomaron parte en las
actividades de aquellas sociedades y muchos más aun quienes se iniciaron en sus
niveles primarios y menos comprometidos.
De esta suerte se puede decir que el secreto y la clandestinidad fueron el medio
en el que la izquierda hubo de moverse durante décadas, y en el que hicieron su
aprendizaje los dirigentes radicales de los años setenta y ochenta.

Es claro que el Sexenio no significó el ñn de aquel mundo críptico y confuso.


Una parte del activismo republicano continuó desenvolviéndose en él durante las
dos primeras décadas de la Restauración al menos, y tampoco las organizaciones
de clase pudieron abandonarlo pronto y resueltamente1415*. Las viejas formas car*
bonarias y conspirativas pasarían, asi, a ser vehículo de los nuevos ideales revo­
lucionarios inculcados por la Internacional en la fase represiva abierta en 1874.
Junto a las razones prácticas o "momentáneas'1como se dijo en los documentos
del Consejo Federa!, esto es, la necesidad de sobrevivir a la represión, hay otras
que podían inclinar o predisponer a los anarquistas a adoptar aquel tipo de orga­
nización Una ha quedado de hecho indicada hace un momento, la que pudiéra­
mos llamar tradición: Apenas hubo partido Fanelli, como recordaría Nettlau, sur­
gieron en los nacientes núcleos intemacionalistas comentes que preconizaban el
carbonansmo a la masonería1*, y de ello se derivaron algunos de ios problemas
iniciales. Junto a esta propensión hacia el activismo político clandestino, habría
que considerar igualmente los antecedentes del sindicalismo furtivo catalán, tras

14 Puso de relieve este hecho la profesora Uda, Anarquismo y revolución, pp. 245-46 y La
Mano Negra (,Anarquismo agrario en Andalucía). Zero-Zyx, Madrid, 1972; p. 35. "La in­
fluencia de las organizaciones de tipo carbonario y de las ideas republicanas se mantuvo
basta bien entrada la segunda mitad del siglo".
15 Nettlau, Miguel Bakunm. la Internacional y la Alianza en España (1868-1873;. La
Piqueta, Madrid, 1977; p. 40. También A. Lorenzo, E l Proletariado militante, ed. de José
Alvarez Junco, Alianza Editorial, Madrid, 1974; p.59, habla de que "habia algunos iniciados
es el carbonarismo andaluz, que a todo trance querían fundar una organización autoritaria y
secreta [...]”, frente a los cuales estarían los jóvenes sin experiencia política previa, pero en
el núcleo Ucgó a discutirse "la proposición de afiliamos todos al carbonarismo" (p.60), para
pasar seguidamente a explicar sus propias conexiones con la masonería y com o no hubo
nunca incompatibilidad entre ésta y la Internacional (pp. 63*64). Al describir la fotografía
del grupo fundador de la AIT en España (La Huelga General, 25 Diciembre, 1901 • citado
por Nettlau. M iguel Bakunm, la Internacional, p. 3 8 ) dice Lorenzo de los componentes,
"varios iniciados en Us ventas carbonarias”.
DE LA CLANDESTINIDAD REPUBLICANA A LA CLANDESTINIDAD ANARQUISTA 65

la disolución de la Sociedad de Tejedores, entre 1844 y 1854, y entre 1857 y


1868; fue aquélla, ciertamente, una clandestinidad por lo general tolerada y sólo
ocasionalmente reprimida con firmeza, pero que no dejaría de habituar a los tra­
bajadores a desenvolverse en asociaciones de doble carácter - público e interno
en montepíos o cooperativas ajustadas a lo que las leyes admitían (cuando al me­
nos eso admitían), que eran en realidad sindicatos o sociedades de resistencia.
También de ahí hubo de proceder un sector importante de la primera militancia
intemacionalista.
Finalmente resta una razón de fondo, la fe bakuninista en tales formas de or­
ganización revolucionaría. Resulta innecesario resumir aqui la actividad de
Bakunin en este campo entre 1864 y 186916. No cabe duda de que en esas socie­
dades tomaron parte algunos de los más relevantes intemacionalistas de primera
hora. Nettlau, en su justificación de la conducta del revolucionario ruso respecto
a España, lo confirma reiteradas veces: Al referir el encuentro de Farga Peliicer y
Sentiñón con Bakunin en Ginebra y Basilea en el verano de 1869, aclara que "fue
entonces cuando fueron recibidos en esa intimidad llamada de otro modo
'Fratemité Internationale*", añadiendo que "Bakunin y los hombres que admitió en
ese circulo intimo estaban verdaderamente muy ligados por los dos ñnes
principales: inspirar por una acción secreta local las fuerzas nuevas del movi­
miento local y entenderse para las acciones internacionales". Algo más ¿delante
confirma que la Alianza secreta actuó ya maniobrando en el congreso de 1870 y
que se debió juzgar útil el mantenimiento de la sociedad secreta "en un país de
conspiraciones y luchas civiles”17. En suma, la atención hacia la organización
clandestina parece haber estado presente desde el principio en el internaciona­
lismo español y no fue sólo un recurso forzoso e inevitable impuesto por los
acontecimientos de 1874, al menos para algunos de los sectores con mayor peso
específico en el seno del movimiento. Evidentemente la represión gubernamental
y la debilidad de los núcleos obreros, especialmente en los medios rurales donde
la utilización de la huelga era casi imposible y el control policial y social más di­
recto, determinarían la necesidad de la organización encubierta, pero tanto por
tradición como por orientación primigenia el movimiento anarquista español no
fue ni mucho menos reacio a desenvolverse de tal modo. Los activistas de la se­
gunda mitad de los años setenta y de la década siguiente recogerían asi la heren­
cia carbonaria18.

16Puede verse una buena síntesis en Lida, Anarquismo y revolución, pp. 129-35.
11 tíecúui, Miguel Bakunm, la Internacional, pp. 5 2 .6 0 -6 1 . Su continuación, p 65.
18 Lida, Anarquismo y revolución-, pp. 245-46 y La Mano Negra, pp. 35-38.
66 Dem e t r io Ca s t r o A u t n

Si cabe ver. de este modo, un cierto encadenamiento entre los métodos de


adaptarse a la clandestinidad y paliar la propia fragilidad entre los republicanos
de la primera mitad de siglo y los proletarios anarquistas de sus últimos décadas,
no se ocultan, por otra parte, las diferencias de fondo que envuelven ambas si­
tuaciones y ante las que hay que preguntarse si la adopción de esa forma de
ocultación y secreto, con sus exigencias, no entraña una desvinuación o tergiver­
sación de principios libertarios básicos. La cuestión remite a un plano más am­
plio, que es el de la organización y la estrategia en el movimiento anarquista.
Hay que recordar a este respecto algunas ideas elementales sobre la concep­
ción bakuniniana de la revolución y de la acción revolucionaría. Primero, que la
revolución sólo puede ser obra de las masas; segundo, que la organización
prerrevoluemana no podía dejar de responder a los principios esenciales de la or­
ganización social postrevolucionaría, esto es, libre, espontánea y democrática19.
El pensamiento de Bakunin sobre el particular - no falto de alguna incoherencia -
se desarrolla sobre una sene de puntos. De un lado el carácter de las revoluciones
como algo ajeno a la voluntad de individuos y organizaciones: "Brotan por la
fuerza de las circunstancias, y son independientes de cualquier voluntad o conspi­
ración deliberada". En la revolución, la acción espontánea de las masas lo es
iodo. Los individuos no pueden hacer otra cosa que elaborar y formular ideas
"acordes con el instinto popular" o contribuir "a la organización revolucionaría
del poder natural de las masas" Para llevar a cabo la revolución y derribar el Es­
tado. las fuerzas populares tienen que ser vertebradas "por una organización so­
cial internacional de alcance universal". Lo que parece dar ya un papel más activo
y decisorio a las organizaciones. Finalmente, los individuos tie n coordinados y
con noción clara de cómo y en qué sentido actuar cobran también cierto protago­
nismo a la hora de la'acción:
En los momentos de grandes crisis económicas y políticas [...] diez, veinte o treinta perso­
nas bien organizadas, actuando de acuerdo y sabiendo dónde tienen que ir y lo que desean,
pueden arrastrar a cien, doscientas o trescientas, incluso a m ás.20

En suma, la revolución no puede proceder de la conspiración ni los individuos


organizados a su servicio sustituir o suplantar a las masas En la lógica de la so­
ciedad secreta republicana nada de eso tiene sentido; la sociedad es agente, y

19 Un resumen claro de la cuestión en D a\id Ntiller, Anarchism, J.M. Dent & Sons, London
and M elboume, 1984; pp. 94*99. Un desarrollo más elaborado en Alvarez Junco, L a ideo -
logia política del anarquismo español, Siglo X X I, Madrid, 1976;pp. 377 y ss.
20 Las citas proceden todas de la antología de M . Máximo£L Aíijail Bokutun Escritos de
filosofía política. Alianza Editorial, Madrid, 1978; 2, pp. 89, 1 64,165.
De la CLANDESTINIDAD r e p u b l i c a n a a l a c l a n d e s t in id a d a n a r q u is t a 67

agente principal, si no único, de la acción revolucionaría o al menos del inicio del


período revolucionario, la fuerza que desencadena el proceso. El triunfo de la re­
volución sólo lo garantizan la entrega y dedicación de sus miembros y la eficacia
de su estructura. La sociedad conspirativa no es otra cosa que el instrumento de
una minoría activa preparada para dirigir y guiar a las multitudes en la ocasión
revolucionaria que ella misma se afana por crear, y puede incluso concebirse su­
ficiente en sí misma para consumar el cambio de orden. Y no queda claro, por
otra parte, el futuro pape) de la sociedad tras el triunfo revolucionario
Las diferencias en este plano parecen, pues, evidentes. Entre ios anarquistas la
sociedad secreta será un instrumento de acción ad intra el movimiento; una plata­
forma para difundir mejor ideas y principios revolucionarios que las masas hagan
suyos; un mecanismo para protegerse y poder continuar esa actividad en momen­
tos de represión; quizá un reducto para la propaganda por el hecho o la represalia
individual. Lo que no es tan seguro es que siempre y por parte de todos los que
participaron en los núcleos clandestinos las cosas estuvieran tan claras y nunca se
incurriera en ia concepción republicana de la sociedad secreta como palanca in­
surreccional, como centro desde el que lanzarse al asalto del poder, no a su diso­
lución. Tal vez no fuera todo confusión y desorientación en las informaciones
militares que en el invierno de 1S92 hablaban de partidas anarquistas batidas en
Játiva y Almagro.
Esa posible desviación hacia el insurreccionalismo sería producto de un afán
de mayor eficacia. Nunca el movimiento anarquista pudo verse libre de la tensión
entre coherencia doctrinal y deseo de eficacia y tal polarización es aun más evi­
dente en lo que hace a otro aspecto de la cuestión, el de los requisitos y garantías
para la actividad operativa y segura de las sociedades secretas. La virtualidad de
las mismas estaba supeditada a la observancia de la jcrarqutzación interna, dis­
ciplina estricta, respeto a una normativa autoritaria y diversidad de atribuciones
en cuanto a responsabilidades y acceso a la información. El modelo más acabado
sobre este esquema sería el tipo de sociedad babuvista y buonarrotista cuya co­
nexión con el autoritarismo y la dictadura como medio revolucionario es bien sa­
bida21. En lo que es posible conjeturar sobre esta cuestión, las asociaciones
ideológicamente anarquistas no podrían eludir la necesidad de valerse, para su
funcionamiento y segundad, de la centralización y la jerarquía. El modelo conspi-
rativo carbonario y jacobino podía evidentemente prestarse a objetivos revolucio-

21K . D . Tdnaesson, "The Babouvistes: From Utopias to practicel SocUlism". Past and
Presen!, 22, 1962, p. 73. James HL Bfflingtoa, Fire m the Minds o f Men. Ongins o f tke
Revoiutionary Faith. B a s e B ooks, Inc. Publishers, Nueva York, 1980; pp. 87-99.
68 D e m e t r io Ca stro Au ín

nanos distintos, pero entrañaba requisitos formales ineluctables, y el dilema entre


eficacia y coherencia tenia que ser irresoluble para los anarquistas interesados en
¿I.
De tal modo, si la clandestinidad anarquista sirvió para preservar los hilos bá­
sicos del entramado organizativo en los dias más aciagos de la persecución gu­
bernamental. no sería sin daño de los principios, y de ahí, quizá, alguno de los
fundamentos de la extendida crispación antiorganizativa de los años noventa,
motivada esencialmente, en todo caso, por reacción contraría a la forma organi­
zativa opuesta, la sindical, tenida por reformista y adormecedora.
Cabe por último una breve reflexión final para subrayar la polivalencia de la
sociedad secreta al actuar, no sólo como medio para contrarrestar y burlar (no
siempre con éxito) la acción de la policía, sino que haría de ella casi un fin en sí
mismo. En su seno se producía una especifica socialización de sus integrantes,
caracterizada por el desarrollo de un acentuado sentimiento de solidaridad. Los
iniciados podían sentirse parte de una minoría singular, distinta; el suyo era un
mundo especial no a todos asequible y eso sin duda trasmitía confianza y seguri­
dad intimas, paliando los sentimientos de impotencia, frustración y debilidad. La
seguridad que deriva del saberse depositario de información poco conocida, y de
velar lo que sobre uno mismo y el propio comportamiento pueden saber los de­
más. AJ tiempo, la comunidad clandestina suponía protección, seguridad, apoyo.
Vivir las dramáticas condiciones del medio rural durante la Restauración mante­
niendo la fe en una sociedad disunta pudo ser, sin duda, psicológicamente más
llevadero en el seno de una organización de esas características22.
La clandestinidad no sirvió, en definitiva, para hacer la revolución, aunque no
por ello dejó de desempeñar un papel relevante en el desarrollo de los movimien­
tos revolucionarios en general y del anarquismo en particular, en la medida en
que, más que instrumento, vino a ser un modo de vida. La sociedad secreta se
configuró como catacumba, como reducto "incontaminado", reunión de "los pu­
ros" para aislarse del mundo (en este caso burgués, capitalista y autoritario), en
espera del instante de la emancipación y sin perder la esperanza de poder adelan­
tarlo.

22 Me limito aquí a apuntar simplemente una idea. Un desarrollo más amplio de estos aspectos
puede verse en G. Simmel “El secreto y la sociedad secreta’*, en Las formas de social^
zación. Revista de Occidente. Madrid, 1977; pp. 357-424, y S. Bok, Secrete. On tht Eihics
of Concealment andRexelatian, Oxford, U.P., 1984; pp.45-46,
Lúdeme Domergue/Marte Lqffranque

E l Castillo M aldito de Federico Urales.


Cultura libertaría y creación teatral

Los bosques serían demasiado silenciosos


si cantaran sólo los pájaros que mejor lo hacen.
Hcnry van Dikc.

Si hemos escogido no hablar de la narrativa • bastante más conocida - sino del


teatro de Federico Urales, es porque constituye una parte de su obra que a pesar
de ser relativamente importante no se suele mentar para nada; los estudiosos lo
ignoran, cuando no declaran: "es malísimo", "es de lo peor que hay" Cuesta tra­
bajo cerciorarse de ello, ya que no existen ediciones recientes de estas obras. En­
tre las dos que van insertas en la Revista Blanca, o sea Ley de herencia y El
Castillo M aldito, hemos escogido esta última, ya que su interés histórico y artís­
tico nos parece a todas luces relevante.
Los anarquistas en general, y entre ellos Urales, proclaman el papel esencial
que desempeña el teatro en la vida social. En el primer número ya citado del fa­
moso bimensual, se subraya la importancia pedagógica de las tres siguientes me-
dia. el libro, el periódico, el drama. Si Urales, el maestro de Reus, se dedicó
pronto a aquéllas, no tardó nada en ensayarse en ésta. Las tres primeras obras de
teatro que Urales firmó y que conocemos son: Honor, alm a y vida, en 1897 por
Antonio Marzo, el impresor de la Revista Blanca; Ley de herencia, impresa por
el mismo en 1900 también en la Revista Blanca en 1899; E l C astillo M aldito, in­
serto en la misma en 1903-1904.
Honor, alma y vida, compuesta hacia el año 1895, es un drama de tesis acerca
de la liberación de una mujer de la burguesía. L ey de herencia, escrita en 1896,
no es una obra de tesis sobre un tema de moda, como se podría pensar al leer el
titulo y al recordar los debates de aquel entonces cuyos ecos encontramos en la
Revista Blanca; se trata de un intelectual, hombre libre que no se puede expresar
sin que la sociedad intente destruirle; en la obra, abundan los elementos autobio­
gráficos (confesión de bastardía, perdón a la madre, exaltación del amor filial)
elevados a la categoría de recursos dramáticos como más tarde en E l Castillo
Maldito.
Además de su fecha de composición, estas obras tienen otro elemento común
70 LUCtEVNE DOMERGUE / MAREE L a FFRAKQUE

aunque extemo: las tres se relacionan con el episodio de Montjuich y con el


atentado de la Calle de Cambios Nuevos, que fue el pretexto del proceso. El
Centro de Carreteros estaba ensayando la obra primeriza de quien era entonces
Juan Montseny, militante libertario, cuando estalló la bomba. Todos desaparecie­
ron antes de ser detenidos; bastante más tarde, el autor recibiría de Buenos Aires
el manuscrito de su drama. L ey de herencia ya empezada en 1896 al momento de
su arresto, la terminó en el Castillo de Montjuich. El C astillo M aldito no se es­
cribirá hasta el año 1902 o 1903, después de conseguir la amnistía para los con­
denados. La Revista Blanca anuncia que Urales está trabajando para terminarla
cuanto antes; la publicará poco después a partir de julio de 1903. El tema lo
constituye ei proceso de Montjuich, suceso capital en la historia de España, lo
mismo que en la vida personal y en la carrera de militante y de escritor del mismo
Urales, el cual escribirá en M i vida: "El atentado de Cambios Nuevos tuvo tanta
influencia en mi vida que desvió la trayectoria de ella".
Los hechos son muy conocidos: en Barcelona, en 1896, durante la procesión
del Corpus. una bomba estalla, matando a varios entre el público; el atentado
permitirá proclamar el estado de urgencia y proceder a detenciones masivas de
anarquistas; hubo 87 procesados, 5 ejecuciones, 28 condenados, estos tuvieron
que quedar en la cárcel o exiliarse, Urales salió para Londres. Lo más terrible fue
el uso sistemático de la tortura que en fecha temprana fue revelado a la opinión
pública, nacional e internacional, por los mismos prisioneros. La barbarie y la in­
justicia constituyen el tema esencial de la tragedia presenciada primero y luego
desema por Urales Testigo que vio, oyó tales desgracias, sintió en el acto que su
calidad de intelectual le obligaba a tomar la pluma para "vengar" a los compañe­
ros, de la conciencia de su misión nacieron primero la Revista Blanca, luego El
Castillo M aldito que salió a la luz pública en cuanto y como pudo. Pero Urales se
daba cuenta de que este tipo de teatro político era iirepresentable en la España de
la Restauración, de hecho no parece haberse representado nunca.
Teatro, el de Urales, no meramente poUtíco, ya que apunta no sólo a un sis­
tema de gobierno, sino a las mentalidades y conductas colectivas; político-social,
en el sentido radical y global de la palabra que la vuelve admisible y válida por y
para los propios anarquistas.
Seis años de cárcel, exilio y lucha por la vida propia y ajena, seis años de in­
tensa experiencia humana, literaria, y de meditación sobre lo vivo: una nueva
toma de conciencia político-social, una seguridad y una madurez conquistadas a
raíz dé las pruebas asumidas separan Honor, alma y vida de El C astillo Maldito.
De ahí la diferencia de tono y postura entre las "Dos Palabras" diáfanas pero de­
E l C a s t il l o M a l d it o d e F e d e r i c o U r a l e s 71

fraudadas que encabezan la primera y el ardiente prólogo de la segunda, teatral*


mente ambientado. La advertencia de 1S97 concluye con tajante soltura:
D oy, pues, al público, mi drama ínterin salga un inprcsario que reúna estas cualidades:
que estime en algo la palabra; que considere que los dramas se escriben de uno a uno, y
que e l primero, aunque ande cojo, va a la cabeza (Echegaray no es una excepción); que e)
arte es algo m is que un comercio, y que lo s dramas de orden moral tienen, en nuestros
dias, m is valor que los de orden material, porque el hombre civilizado siente más una pa­
labra que un pufletazo. aunque lo contrarío piensen ciertos actores.
¿Qué puedo esperar sentado?
M e cansaría; esperaré tendido.

E n cambio, el prólogo de 1903 se sitúa de forma resueltamente voluntarista


dentro de la perspectiva del todavía y qui2ás para siempre imposible aconteci­
miento teatral. Ya lo demuestra e! titulo: "Antes de levantarse el telón". También
lo expresa la emotiva nota al cuadro 3o del acto VII: "Fíjense los lectores o es­
pectadores, pues algún día ha de representarse esta tragedia, si no en España, al
menos en el extranjero, en el estado de ánimo en el que debían encontrarse
Confirman estas disposiciones de Urales la muy concreta y nutrida lista de per­
sonajes y sobre todo la de actos y cuadros, con aspecto de sumario, adjuntas al
prólogo. Esta última sólo determina a modo de advertencia técnica el lugar de los
varios "cuadros" o episodios sucesivos; multiplicidad y rápida sucesión de luga­
res que concretan el tiempo de la obra. La reproducimos a continuación, seguida
de una serie de indicaciones de nuestra propia cosecha - también acto por acto -
relativas al contenido, a la significación dramática y al alcance del conjunto. Am­
bos documentos confrontados ya proporcionan una visión sintética de la tragedia,
de su sentido y desarrollo, y de la tradición anarquista que intenta pervivir en ella.

/ - Lisia de cuadros
Cuadros d tl ocio primero.
1° • La calle d e Cambios N u evos después de explotar la bomba. 2° • El Gobierno civil de
Barcelona. 3®- Una cuerda d e presos airan d o en el cuartel de Atarazanas.
Cuadros dei acto segundo.
1° > La detención de un obrero. 2® * Hacia Barcelona. 3® - Un calabozo del cuartel de
Atarazanas. 4® • La cuerda d e lo s 16 subiendo la montaña de Montjuicfc, S® • La entrada en el
Castillo Maldito.
Cuadros del acto tercero
1® • El dormitorio núm. I del Puente. 2® • E l pabellón núm. 12 de la Plaza de Ancas. 3® -
Gana y OUé en loa tormentos.
Cuadros del acto cuarto.
1° - Las habitaciones de) genera) del Castillo. 2® * El despacho de) juez. 3® • Aschery,
N ogués y M olas en el tormento.
L u c ie n n e D o m e r g u e / M a r i e L a f f r a n q u e

Cuadros del acto quinto.


]<■. Hl café de! Castillo Maldito. 2° - El pabellón núm. 12 de U Plaza de Anuas. 3* • M as,
Callii y S u íé en el tormento. 4 ° - La carretera d e Montjuicb en la noche horrible. 5° * El
pabelloo núm. 12 de la Plaza de Anuas y los pórticos de dicha Plaza en la noche horrible.
Cuadros del acto sexto
1* ♦ Los calabozos subterráneos I y 2 con Mas y Aschcry. 2* * El despacho del juez. 3* -
Los atormentados reunidos en el dormitorio de infantería. 4* * El Consejo d e Guerra. 5° -
Reunión de militares defensores d e los presos durante las sesiones del Consejo. 6* • Otra v e z el
Consejo de Guerra
Cuadros del séptimo y último acto.
1* • Despacho del juez, o sea pabellón núm 12 de la Plaza de Armas. 2 ° * CaBis, Suflé,
Gana y Olió en los calabozos subterráneos. 3° - M as y Aschery en la capilla. 4 ° • M olas y
N ogues co la capilla. 5* • Otra v e z la capilla de M as y Aschery. 6 ° • Otra v e z C alis, Sufie,
Gana y O té en los calabozos subterráneos. 7* - Alsma en la capilla. 8° - L os fosos de
Montjúich e s el momento de la ejecución

/ / - Lectura de la obra
I - Perspectiva dramática.
N ace la tragedia El atentado; la estrategia represiva; detenciones en masa. H echos básicos,
trama socio-politica, dimensión popular de la tragedia.
// - Preliminares.
Itinerario y mundo de los presos. Detención y conducción; concentración; llegada al
Castillo. Separaciones, compañerismo, solidaridades ante el terror estatal
/ / / - Vivir en el Castillo.
Fuerzas es lucha cotidiana. Encierro y resistencia; ejes y engranajes de la represión; toterro*
gatorios y tormentos. Una red de lugares, relaciones y tratamientos conflictivos.
IV • Evolución en tres planos.
Crescendo dramático. El ejército: oposición callada; el iuez; presiones y chantaje; la policía:
trampas y torturas div ersificadas. Desconcierto y encono de los verdugos
I‘• Tensión interminable.
Por los círculos del infierno. Militares solidarios, otras torturas; m is presos; confesiones y
denuncias prefabricadas. Táctica progresiva de aniquilación, física y mental.
J 7 - El proceso.
Primera aclaración pública. Preparativos: último grado de la tortura; amenazas y consignas
de silencio; el Consejo de Guerra: los acusados denuncian a los acusadores; escándalo aho­
gado; sentencia.
17/ • Final y proyección de la tragedia.
Las ejecuciones Justicia y policía: borrar las huellas; últimas coacciones y torturas morales:
los Jesuítas; autoafirmación ética y social de los condenados. Disconformidad vehemente y ac­
tiva del autor

"He creído mejor que no se representase mi obra, que no se llevara a las tablas
menguando su horrible grandeza". Así habla Urales aludiendo a la obligación de
supeditarla "a los recursos económicos" del empresario. Descartada esta clase de
autocensura, al verse "nuevamente sobre las cuartillas sin los ojos inquisidores
de! empresario o del editor" (prólogo de E l Ultimo Q uijote, Revista Blanca 2a
sene, 1928), no uene por qué atenerse a ningún impedimento exterior al fin y a la
E l C a s t il l o X U l & t o d e Fe d e r ic o U r a l e s 73

calidad del C astillo M aldito, y se permite todos "los llamados atrevimientos" que
le parezcan expresiva y estéticamente necesarios.
Para empezar, una obra larga, "siete actos divididos en 36 cuadros" que cons­
tan a su vez de una a diez escenas: tamaño fuera de lo común pero no úruco en su
tiempo - desde las óperas de Ricardo Wagner hasta ios frescos teatrales de la
'Gran Revolución' francesa. La obra requiere además un centenar, casi mitad-mi­
tad, de personajes y "gente que no habla”. Lo pide la dimensión del asunto y la
pretensión del autor a escenificar las numerosas facetas de sus implicaciones po­
lítico-sociales y personales: a nivel de poder político, militar, policiaco, judicial y
eclesiástico; de ejecutantes más o menos activos o reacios; y también al esencial
de los torturados, con sus familiares y compañeros (véanse actos n y VE), así
como en el ámbito fundamental de la población obrera. De ahí los episodios
multitudinarios de calle y caminos, y el largo cuadro del fusilamiento público de
los mártires de Montjuich, Esos cuadros visualmente impresionantes son de esca­
so diálogo, a veces limitado a exclamaciones y rumores. Representan las etapas
más colectivas de la tragedia, enmarcándola cuidadosamente (I, c. Io y 5°; II, 4o
y 5o; V, 4o - en la "noche horrible" de! destrozo moral de los torturados, culmi­
nación significativa de su "vía crucis"; VII, 8o).
De ahi la estructura general de la obra, concebida como un tríptico. Ocupan la
parte central los tres actos directamente relativos a ese núcleo candente de intri­
gas de alto y bajo vuelo, tormentos dosificados y solidaridades próximas o leja­
nas: una lucha continua, como inmovilizada por el enfrentamiento con evolución
y desenlace de todos conocidos. El relieve de dicha evolución queda supeditado a
la diversidad de lugares y perspectivas humanas, asi como al calculado crescendo
de la emoción dramática. Las etapas anteriores se conciben y presentan como una
especie de subida hacia los lugares y momentos del 'interminable' momento cen­
tral. El proceso y las ejecuciones se viven y representan como una bajada a los
inflemos: ruindad de responsables, verdugos y confesores, dolor y esfuerzo vital
de los condenados. Sirven más bien de epilogo que de clásico desenlace. El equi­
librio estructura] del conjunto, lejos de obedecer a una preceptiva, se establece en
armonía con la realidad espacio temporal y psicológica de los hechos teatraliza-
dos, y de acuerdo con su sentido profundo.
La caracterización declarada desde el subtitulo es bien cierta. Estamos ame
una tragedia, no ame un drama Ni drama romántico, claro está, ni drama histó­
rico, aunque sea por la prioridad que otorgan a la acción y a la imaginación o
fantasía. Tampoco pertenece al teatro de tesis este Castillo M aldito tan respe­
tuoso de la verdad concreta de hechos y personas. Ni cabe en la casilla del teatro
LL 'C IE N N E dom ergue / M a iu e L a tfra n q u e

naturalista: no pretende solamente a la categoria.de testimonio dialogado de un


acontecimiento socio-político, por más relevante que sea, sino al estatuto de obra
de arte. Urales quiso componer una tragedia, aunque no clásica, sobre el asunto
de Monljuich, porque se lo pedia la 'grandeza' del tema, pero también por la cali-
dad de comunicación a nivel de sensibilidad y pensamiento que se proponía. Una
tragedia coherente: falta de argumento, si no de desarrollo lógico y emotivo; de
inevitable desenlace; paralizada desde el principio en el encierro físico y estraté­
gico de los libertarios más activos o significados, en vista de la fuerza viva, Ubre
y solidaria que representan. La presencia de Los niños en las tablas, al principio y
a) final, da la pauta de los temores y de las esperanzas que infunden estos hom­
bres
Quien dice tragedia, dice dramaturgia elaborada y poeta dramático. Urales
asume gustoso esa condición. Lo pide la conciencia de que lo que quiere comuni­
car y conseguir no tiene otra forma ni salida más justa, más adecuada. Pero se lo
exige en todo caso su concepto del 'arte de hacer comedias1. Según él, la emoción
estética es lo que establece "el lazo de la vida entre el artista y el público, que e$
de lo que se trata en todo género de arte". Asi reza el prólogo. Su autor llegará a
llamarse "poeta" en el de El Ultimo Quijote (novela). Ai presentar E l CasriUo
Aíaldito, no duda en dedicar varios párrafos al "arte escénico" y a "la estética".
Aun considerando que "en las obras de arte ha de prevalecer el elemento natural
sobre el imaginativo" (pero "sin que el autor de estas lineas acepte en absoluto y
en todo caso la naturaleza como manantial artístico"), tampoco vacila en recono­
cer el papel de la función artística, insustituible si realmente la emoción estética
es el conducto inherente a ese modo de comunicación. Más aun en el teatro, pues
no existe sin la presencia personal del público este "arte escénico, el más difícil y
el menos literario de todas las artes habladas"
Por conseguir, idear y enfocar E l Castillo M aldito dentro de esta perspectiva,
Urales se siente autorizado, adviniéndolo al "lector o espectador", a escoger entre
muchos los hechos y personajes que lleva al escenario y a desplazar algún episo­
dio según piden e) esquema significativo, el plano de la obra y la curva de la ten­
sión dramática. Tampoco deja de sustituir alguna vez lo visto por lo oído o leído
en artículos de prensa de testigos presenciales fidedignos. Asi es como escenifica
los últimos dias y momentos de los condenados, pasados por él y sus compañeros
del calabozo en el cuartel de Atarazanas, desde el que sólo pudieron divisar el
humo de los fusiles cuando las ejecuciones (M i vida, p. 162-183). Prevalece por
lo general lo vivido y compartido. El autor aprovecha las escenas presenciadas
por él en cuanto "eran iguales a las que se desarrollaban en otros calabozos de
E l C a s t il l o M a l d it o d e Fe d e r i c o U r a l e s 75

Montjuich por ios mismos días". Lo mismo en la etapa de ia conducción (acto II),
donde aparece Urales en persona con unos guardias civiles también personaliza­
dos y en compañía de su nunca olvidada madre. Las escoge, añade el prólogo, a)
mismo tiempo que por representativas, como más capaces de vehicular la emo­
ción estética junto con la humana. Las prefiere a sabiendas, "con méritos y su­
frimientos para ello": consciente de la distanciación imprescindible respecto a la
realidad, a sus propios recuerdos y a si mismo, siendo a la vez testigo, protago­
nista y artista. Es lo primero que se le advierte al espectador: "Autor de la obra y
personaje real, si bien secundario en la tragedia, el hombre y el artista han de
completarse sin merma para ninguno de los dos". La explicación subsiguiente
ocupa la mitad del texto introductivo, aun sin meterse en especulaciones teóricas
más propias de nuestro final de siglo.
En el habla de los personajes es donde más fácilmente se puede ver la tradición
ligada con el ideario - si no la ideología - de los ácratas y el estilo de relaciones
humanas que mantienen con familiares, amigos y adversarios. Huelga mencionar
la sencillez apasionada de la madre de "Juan". También se expresan con estili­
zada naturalidad, según su procedencia y función social, verdugos y poderosos,
militares y jesuítas, obreros e intelectuales anarquistas (Anselmo Lorenzo.
Tañida, el propio Montseny). Esta cantera filológica aun por explotar requiere
por sí sola un largo y polifacético estudio. Podemos adelantar que la lúcida fle­
xibilidad en la presentación de personajes y circunstancias, y por otra pane la ex­
periencia y ia calidad del autor como maestro, militante y escritor, le permiten
este acuerdo entre 'arte y naturaleza1en el lenguaje del teatro. La sencillez innata
de Urales y su don de gente - consciente, confesado y deliberadamente cultivado
• le ayudaría a pasar de la prosa llana, tantas veces dialogada, a la expresión dra­
mática. Su comportamiento relacional se refleja en este aspecto más que en cual­
quier otro, capacitándolo sin esfuerzo para la circulación e intercambio de pala­
bras y expresiones corporales que caracteriza el ’arte de hacer comedias'.
Pero la inventiva del autor se manifiesta menos en el lenguaje hablado que en
lo visual y sobre todo en el tratamiento de otro elemento escencial: el espacio. Un
espacio genuinamente teatral por ligado con la misma acción, los movimientos y
evoluciones escénicas, y la propia palabra; y por consiguiente, con el tiempo. El
decorado, más que telón pintado, suele ser espacio significante y practicable. Su
importancia y, a veces, su complejidad justifican las largas y exactas acotaciones
que encabezan cada cuadro. Ciertas panes del fuene de Montjuich, ocupadas por
el juego escénico, se presentan ora en su perspectiva clásica, ora conadas en
sentido perpendicular, como un proyecto de arquitecto. En muchas ocasiones el
76 LUCIENNE DOMERCUE / M a JUE lAFFRANQUE

escenario queda disidido por un sistema de tabiques, puertas o pórticos en dos o


tres espacios de diálogo y circulación teatral, con un efecto sorprendente de si­
multaneidad. paralelismo y/o incomunicabilidad: tal es el espacio carcelario, so­
bre todo en las escenas de tortura. Esta partición y concordancia proporciona en
un momento dado, en la Plaza de Armas del Castillo, una visión gráfica de la di­
ferencia y solidaridad entre presos y militares. Da lugar entre otras cosas a la si­
multaneidad del diálogo en uno de los espacios y de los gritos de ira y dolor en
los demás. Las torturas se han de volver tanto más insufribles cuanto que los re­
cursos dramáticos van utilizados a modo de guias para la atención del espectador.
El ensanchamiento, el aflojamiento, la concentración o el desplazamiento de di­
cha atención, con o sin evoluciones de un espacio a otro, permiten extrapolar el
espacio extenor al escenario, como personificado por un juego de gritos y som­
bras o siluetas poco a poco iluminadas.
Lo más notable es sin duda alguna la evocación del cambio de niveles en el es­
pacio trágico global que constituye el castillo, fuerte de varios pisos edificado en
el ceno de Montjuich. 1.a parte alta es el dominio controlado por los militares,
quienes abandonan la pane baja a la Guardia Civil y a la policía para sus opera­
ciones y métodos.
Esta presencia casi física de subidas y bajadas, niveles de acción y relaciones
entre grupos de personajes, no sólo se debe a una impresión de desnivel entre los
cuadros sucesivos. El espacio escénico y arquitectónico viene a coincidir en ella
con la percepción simbólica, por parte del lector o espectador, de un mundo
donde resbalan las risas sádicas y las sonrisas 'diabólicas' de verdugos, juez y
confesores.
Pero todas estas invenciones teatrales, vivificadas por el aliento de la emoción,
tienden a un fin único, de acuerdo con la solidaridad típicamente libertaria de)
autor personaje y de sus compañeros de lucha y vida militante. Y, no menos, con
el tradicional cuidado de los anarquistas por la transmisión escrita y oral de las
realidades aleccionadoras del pasado. Sirva de testimonio asi como de aclaración
y comentario a lo que antecede la meditación de Urales en vista del Castillo, al
salir del puerto de Barcelona camino del exilio (Mi vida, p.202).
¡Ab, silueta maldita! [ Y toda la historia de la tiranía, cou sus delitos, se m e aparecie­
ron simbolizados por aquella silueta maldita, que la oscuridad de la noche, más clara, sin
embargo, que las entrañas de los inquisidores y verdugos, empezaba a envolver.
Allí estaba toda la tradición, la historia toda, de la persecuciones policiacas y religiosas de
que han sido víctimas los mejores de todos lo s tiempos. Eran Calígula y CaracaUa persi­
guiendo cristianos: eran Torquemada persiguiendo herejos; eran C ahino quemando pen­
sadores y sabios, que resucitaban eu Ponas, en Marzo y en sus familiares, alentados y
sostenidos por el íbuatismo de clase y los intereses de clase.
el C a s t il l o M a l d it o d e F e d e r i c o U r a l e s 77

A esta historia hecha tradición de crueldad Urales contrapone primero la ima-


gen tierna y cotidiana del cariño: "Madres, esposas y hermanas de los presos y
atormentados en Montjuich después, la lucha por redimir los fusilados y li­
berar los presos; y finalmente esta tragedia ’in-epresentable', fruto de un ingente
trabajo de autor dramático, y su publicación en la Revista Blanca. Su Castillo
M aldito todo, responde al grito de rebeldía que cierra la obra frente a la muerte
de Alcina, Aschery, Mas, Molas y Nogués: "De entre el público se oye una voz
profunda y lejana que dice con fuerza y rabia: "¡Venganza!" La Venganza* de
Urales, de acuerdo con la tradición anarquista, es en último término este intento
de perpetuación dinámica y cordial de la memoria colectiva.
Antonio Eìorza

Utopía y revolución en el movimiento anarquista español

Suene la hora de justicia,


de reforma radical;
nuestro escudo por divisa
sea la Internacional.
("Al obrero español", 1870)
"Los anarquistas pretendían volar por encima de sí mismos”
(Joaquín Maurín, Hacia la Segunda Revolución, 1935)

Entre 1870 y 1939 el anarquismo es un componente fundamental del movimiento


obrero español y puede registrarse su presencia tanto en las comarcas agrarias de
Andalucía como en la Cataluña industrial. Ya en los primeros tiempos de la crisis
Marx-Bakunin, cuando la Primera Internacional, había sido España uno de los
bastiones balcuninistas, al lado de Italia y de la Federación del Jura. Algunas dé­
cadas más tarde, en el período de entreguerras, nuestro país configura merced a la
asociación de CNT y FAI la única excepción en un panorama internacional del
que el componente anarcosindicalista parece definitivamente borrado. "En
ninguna pane de) mundo, en ninguna circunstancia histórica - ha podido escribir
Federica Montseny - se había encontrado el Anarcosindicalismo como se encon­
tró en España".1 Fue la del anarquismo español una posición excepcional en el
marco europeo que hizo recaer muy pronto, para sus oponentes marxistas, la res­
ponsabilidad de todos los fracasos del proletariado español sobre ese peso des­
mesurado del componente libertario. Según escribe en un momento álgido, a fines
de 1934, Palmiro Togliatti, al anarquismo tocaría la responsabilidad de que el
proletariado revolucionario no hubiera alcanzado ya el poder: "II corso attuale
della rívoluzione spagnuola é per grande parte ancora determinato dall'impotenza
parolaia e dalla pratica ríformista e controrivoluzionaría delTanarchismo bakunis-
teggjante."2 Cualquiera que fuese la valoración, se trataba de una presencia sin
parangón en otras áreas del obrerismo europeo.
Es esta excepcionalidad la que suscita las primeras reflexiones sobre el tema
en los años veinte, justo cuando entra en quiebra la asociación revolucionaría en­
tre el anarcosindicalismo español y la revolución rusa de 1917. Es entonces cuan-
1 Federica Montseny, Escritos políticos, (Barcelona, 1979), p. 196.
2 Palmiro Togliatti, "Marxismo e bakuaimsmo", Optre, D 3 ,2 (Roma, 1973), p. $26.
so An t o n io e l o r z a

do Joaquín Maurin, sindicalista revolucionario ganado al bolchevismo, se inte­


rroga acerca de sus propias dificultades para desgajar a la central sindical, la
CNT, de su componente hegemónico, la mentalidad anarquista. En el ensayo
L'anarcho-syndicaiisme en Espagne, de 1924, Maurin contempla el anarquismo
como un subproducto ideológico del atraso capitalista en España, cuyo resultado
es la imposición de un ideal campesino sobre el proletariado catalán. Los rasgos
derivados de ese arcaísmo serían un feroz individualismo, la incomprensión ante
la política y la incapacidad para plantear sus propias aspiraciones revolucionarias
en términos de luchas de clases. De ahí la caracterización global de la CNT como
"coloso con los pies de barro", para subrayar el desfase entre el potencial
revolucionario reunido y su indefinición estratégica:
Les anarchistes oui dirigeai encore le mouvement étalent une totale incompréhension de la
hm e de classes; la plupart s'inspirent encore d'une phraséologie procédant du radicalisme
bourgeois et plusieurs sont d'anciens républicains transformés en libertaires. Conduits un
temps par de mauvais bergers, ils ont conservé une horreur profonde pour toute politique.
Ds sont fédéralistes, ils invoquent á chaque instant la liberté, admirent la révolution
française et maintiennent d'étroites relations avec les républicains en écartant socialistes et
communistes. Os c e comprennent rien à la question économique; pour eux il s'agit toujours
de principes philosophiques et leur philosophie simphste ignore toute la complexité des
relations existant entre b bourgeoisie et le prolétariat.*

Más allá de las intenciones polémicas, la vision critica de Maurin no esté


exenta de elementos utilszables En particular, destaca la señalización de los ele­
mentos centrales de la ideología: el antipoliticismo, el federalismo, el rechazo de
la economía, la ñdetidad a los valores de base de la cosmovisión liberal, una vez
vaciados de la dimensión política. Y desde luego, el enlace preferente con los
precursores republicanos. En conjunto, la visión de Maurin presenta el enlace en­
tre esos ideales, surgidos y desarrollados al calor de la revolución burguesa, con
el nuevo fenómeno del sindicalismo revolucionario en cuyo seno tiene lugar el
avance de la hegemonía anarquista. Ahora bien, ¿cómo tiene lugar ese proceso?
Maurin apunta únicamente la línea maestra de la explicación general, con el
atraso capitalista como factor decisivo del arcaísmo que prevalece en las manifes­
taciones del movimiento obrero español. Pero una simple relectura de su des­
cripción descubre que esa incidencia tiene lugar a través de mediaciones comple­
jas. Para su examen conviene remontarse al momento auroral de la implantación
del bakuninismo en tiempos de la Primera Internacional, aun cuando no quepa
excluir la problemática planteada por la sorprendente recuperación anarquista en
los años que preceden de inmediato a la guerra civil.3

3 Joaquín Maurin, Vatiarciio-syndicaUsmt en Espagne, (Paris 1924), p. 36.


U t o p ía v r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 81

Un bastión bakuninista
La valoración de Max Nettlau no ofrece espacio para la duda: "De toutes les
sections de l'Association Internationale des Travailleurs, la Fédération espagnole
a été la plus large, la plus solidement organisée, la plus homogène et celle de plus
longue durée [...y.* Es un juicio, casi una recompensa, que la historiografía anar­
quista concede lógicamente a la que fuera una de las secciones fíeles a Bakunin
en el momento de escisión de la AIT, prolongando además esa fidelidad por es­
pacio de varías décadas. De esta forma, preguntarse por el papel jugado por el
internacionalismo en España conduce inmediatamente a formular el tema de las
razones de esa pronta hegemonja bakuniniana.
Desde luego, las explicaciones basadas en el azar o en el desinterés de Marx
por España, aunque puedan proporcionar datos accidentales, no suponen una res­
puesta adecuada456.Aun cuando pudiera jugar en un primer momento la confusión
entre los documentos de la Internacional y los de la Alianza, y hubiese sido de
desear una mayor preocupación de Marx hacia un país al que despreciaba pro­
fundamente5, no parece que esa primera orientación hubiera podido consolidarse
de no existir causas de fondo. En este sentido, un breve trabajo monográfico, el
de J. Maurice sobre la difusión en España de la primera versión castellana del
Inaugural Address arroja una luz considerable: el texto de Marx resulta desvir­
tuado en lo que tiene de reconocimiento de las reformas, trazado de una óptica de
clase y articulación de lucha económica con acción política.7 No cabe pensar en
maquiavelismo, sino en una lectura simplificadora del traductor, que conecta con
los planteamientos ideológicos de la Alianza bakuniniana, con un ideal igualitario
que traduce la lucha de clases en confrontación de pobres contra ricos. Otro
ejemplo: la gran influencia de Proudhon sobre los lectores de capas populares.
No es casual que Mesa y Engels piensen años después en La miseria de ¡a filo ­
sofía como el texto de Marx que con mayor urgencia es preciso ofrecer a los

4 Max Nettiau, L a Première Internationale en Espagne (¡868-J888j, (Dordrecht, 1969), p. l.


5 Clara E. Uda juzga, en este sentido, que "el error de Fanelli en 1868 fue, i la larga, el paso
fundamental nada el triunfo del movimiento". “El equívoco inicial fue, sin embargo, el
punto de partida para el triunfo definitivo del anarquismo com o la gran ideología obrera
española de la segunda mitad del a g io XIX". C£ Clara E. lid a . Anarquismo y Revolución
en la España del XIX, (Madrid, 1972), pp. 147 y 146.
6 Al criticar el carácter mejicano. Marx apunta a su origen e^>aâol. para concluir: “Les
Espagnols sont déjà des êtres dégénérés. M ais un Espagnol dégénéré, un Mexicain, voilà
rideau. Tous les vices des Espagnols: grandiloquence, esprit fanfaron, donquichottisme s'y
rencontrent à 1a troisième puissance, moins la solidité des Espagnols". Carta a Engels, 2-
XÏÏ-1854, m Correspondance K. Marx-Fr. Engels , IV (Paris, 1932), p. 88.
7 Jacques Maurice, "Sobre U penetración del marxismo en España", Estudios de Historia
Social, 8-9, 1979, pp. 65-73.
82 An t o n io E lorza

lectores españoles. De Pi y Margall escribe Nettlau: "il rendit services autant au


fédéralisme qu'à l'anarchie en traduisant Proudhon"89 Y, desde la vertiente
opuesta, confirma José Mesa en carta a Engels:
La phraséologie proudhonieune a servi et sert, en effet, aux radicaux espagnols fédéra*
listes, canton alistes, pour endormir les ouvriers et leur donner le change; m u s ce serait le
moindre m al c'est dans les rangs ouvriers que le proudhonisae a fait plus de ravages; les
anarchistes ne sont, en réalité, que des adeptes, plus ou moins inconscients de Proudhon

Tenemos asi un segundo dato: Proudhon como puente para la penetración del
bakuninismo en la conciencia obrera, a través de la acción difusora de la
'intelligentsia' radical.
¿Por qué esa visión reductiva de Marx y ese papel decisivo de la obra
proudhoniana? En la respuesta se encuentra, indudablemente, la clave para enten­
der esa peculiar situación de subdesarrollo teórico, el "desierto de declamaciones
abstractas que reina entre los españoles", por utilizar la conocida frase de
E ngels10 El primer elemento explicativo se deriva de lo anterior: el predominio
del bakuninismo, y con él la marginación de Marx entre los intemacionalistas es­
pañoles, se encuentra estrechamente ligado a la dependencia ideológica respecto
al republicanismo federal • ahí está la labor de Pi y Margall en relación a
Proudhon - en los cuadros intemacionalistas de España. Un hecho que parece en­
trar en contradicción con la radicalidad de la ruptura antipolítica que esos mismos
intemacionalistas protagonizan en 1870. Quizás una lectura atenta de los textos
de esos mismos intemacionalistas nos permita dar cuenta de esa aparente contra­
dicción Así, al convocarse en 1881 un Congreso amplio de sociedades obreras
en Barcelona y nacer la Federación de Trabajadores de la Región Española, ésta
se autodefine sin reservas como "distinta y opuesta a todos los partidos políticos
burgueses y obreros"' Pero por dentro el contenido ideológico no sólo no revela
corte con el pasado ptmargalüano, sino incluso una estricta continuidad. Se tra­
tará de alcanzar "el pacto sinalagmático, conmutativo y bilateral como única
forma para establecer la Gran Federación del Trabajo"11. Es decir, hay una ruptu­
ra táctica irreversible con el republicanismo federal, pero once años después del
congreso de Barcelona, reunión que consagra la hegemonía de Bakunin en el seno
8 M Nenlau, op. cit., pp. 28-29.
9 Cit. apud J íenmiti, ' La correspondencia de Engels e o s José Mesa y Pablo Iglesias (1887.
\Z9$)', Estudias de Historia Social, IS, 1980, p. 275.
lOFriedrich Engels, Paul y Laura Lafargue, Correspondance, I, 1868-1886, (Paris, 1956), p.
28. ,
1 1 Cil. apud J. Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas • Córdoba,
(Madrid. 1973), p. 128.
UTOPÍA Y REVOLUCIÓN EN EL MOVIMIENTO ANARQUISTA ESPAÑOL 83

del movimiento obrero organizado español, las ideas de fondo siguen respon­
diendo a la cosmovisión republicana. Simplemente se había registrado la trasla­
ción del contenido político de la federación al económico, algo que por otra parte
también puede rastrearse en los escritos de Pi y Margall. i*
Nuestra hipótesis explicativa es que el corte de 1869-70, descnto en su her­
moso libro por Anselmo Lorenzo y juego cien veces narrado, supone una diviso­
ria decisiva en ios planos táctico y orgánico, pero encubre la continuidad de
fondo de unos planteamientos ideológicos sobre los que planea el atraso capita­
lista del país. Del mismo modo que en Francia la ideología de la burguesía pro­
gresiva, el positivismo, gravita sobre pensadores obreros como Lafargue, en
España la ausencia de ese proceso de modernización se refleja en los plantea­
mientos de la “intelligentsia" pequeño burguesa, y a través de ella en las van­
guardias intemacionalistas. Para hombres como Garrido o Pi y Margall, la revo­
lución capitalista no es un proceso en curso, sino un referente ideológico extemo,
europeo, mientras en España puede aun soñarse un 'orden natural' donde se
conciben los intereses de las clases en eventual conñicto. El federalismo es a un
tiempo fórmula de la futura revolución burguesa y expresión de tas aspiraciones
igualitarias de las capas populares: el atraso capitalista constituye el dato esencial
a la hora de determinar la implantación de las organizaciones, actitudes e ideolo­
gías. Engels lo precisó en el primero de sus artículos para D er V olhstaat (1873):
España e$ un país muy atrasado industrialmeote y por lo tanto no puede hablarse aun de
una emancipación inmediata y completa de la clase obrera. Antes d e esto, España tiene
que pasar por varias etapas previas de desarrollo y quitar de en m edio toda una serie de
obstáculos. La República brindaba la ocasión para acoitar en lo posible estas etapas y para
barrer e sto s obstáculos. Pero esta acdón solo podía aprovecharse mediante la intervención
política activa de la clase obrera española.1213

Necesidad y realidad estarán aquí claramente enfrentadas. Precisamente en la


medida que el atraso industrial hacia aconsejable una política obrera articulada
con la consecución de la democracia, ese mismo factor limitativo opera en el
sentido de propiciar la disyunción entre la afirmación autónoma de las organiza­
ciones obreras y el republicanismo, favoreciendo así el antipoliticismo bakuni-
nista, mientras la aparente ruptura consolida las relaciones de dependencia
ideológica respecto a un armonismo racionalista de raíz ilustrada. Insistimos:

12 Véanse lo s artículos recogidos por J. Trias en Francisco Pi y Margall, Pensamiento social


(Madrid, 1968) y también nuestro estudio "Asociación y reforma social en España (1840-
1868)", en J. Trías y A Elorza, Federalismo y reforma social en España (¡840-1870)
(Madrid, 1975), pp. 308-311.
13 Friedrich Engels, t o s bakuninistas en acción (M oscú, s.a.), p. S
84 ANTONIO ELORZA

donde la sociedad capitalista es un referente lejano y su análisis económico re­


sulta sustituido por la condena moral. Y la óptica de la lucha de clases es depla-
zada por una visión determinista fundada en el próximo derrumbamiento de la
sociedad burguesa. Cambiando la pieza de la participación política, la cosmovi-
sión republicana encontraba un total acomodo en el anarquismo español.
Queda por explicar la facilidad con que la Alianza consigue el paso al apoli'
ticismo. (emendo en cuenta la estrecha vinculación de los cuadros obreros a la
democracia republicana durante los últimos años del reinado de Isabel U. Sin
duda, contó la habilidad con que hombres como Anselmo Lorenzo jugaron la
baza de utilizar y minar los espacios republicanos (locales, prensa) hasta ganar
fuerza suficiente y romper los lazos.14 Correlativamente, los republicanos obreris­
tas tardaron en valorar ei peligro que les acechaba y cuando encontraron ya con­
figurado el 3pohticismo, su respuesta fue torpe, como la famosa invocación de
Femando Garrido a los manejos de los jesuítas para apartar a los trabajadores del
federalismo.15 Pero hubo otros factores El rápido desgaste del liderazgo republi­
cano en 1868-69. utilizando a los trabajadores como base de maniobra para sus
intentonas insurreccionales fue quizá el factor coyuntura! de más peso.16 También
intervino, en favor de la actividad de los aliancistas, la tradición de desenvolvi­
miento encubierto de la vida política en las sociedades secretas. El activismo de
una minoría de convencidos, evocado por Lorenzo, pudo contar. Pero sin duda
actuó con mayor fuerza aun a largo plazo una tradición sindicalista que desde sus
inicios había oscilado entre la prioridad otorgada a la defensa de la libre asocia­
ción y la vinculación instrumental a los partidos demócratas; una vez logrado el
reconocimiento de aquel, lo segundo perdía fuerza. Por añadidura, esa larga tra­
yectoria de lucha por la asociación favorecía otro elemento de contacto con
Bakunin: considerara la organización en cuanto tal como sujeto privilegiado de la
revolución, a modo de fin en sí mismo por encima de cualquier instancia exterior
como las que pudiera incorporar el mundo burgués de la política. El bakuniiusmo,
en este terreno, y para un país de proletariado débil y escasamente articulado, su­
ponía la cuadratura del circulo: la segundad en la revolución social partiendo de
unas organizaciones societarias que con sólo cortar ios lazos con la política bur­

14 Anselmo Lorenzo. El proletariado militante (Madrid, 1974), en especial caps. 1 a 9.


i S Femando Garrido, "Las clases trabajadoras y la política". Boletín de ¡as Cltues
Trabajadoras, 7, 23* V -1970. Véase sobre el tema L, A rriaz y A Elorza, “El Boletia de las
Clases Trabajadoras la definición bakuninista de la clase obrera madrileña", Revista de
Trabajo, 52. 1975. pp. 384-391.
16 Josep Termes, Anarquismo y sindicalismo en España. La Primera Internacional (J8Ó4-
J$8h, (Barcelona. I972).p.'55.
U t o p ía y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 85

guesa velan garantizado su papel histórico. Radicalismo ideológico, una práctica


muy dispersa y la centralidad de la asociación * hasta el nivel del mito - serán los
rasgos del proceso seguido por el internacionalismo bakuninista en España
Los desajustes funcionales de esa acción, reflejo de la heterogeneidad de las
clases trabajadoras españolas y de su subordinación ideológica al republicanismo,
han sido estudiados por M. Ralle: los 'internacionales' españoles construyen un
esquema utópico, al margen de la política, donde todo depende de un orden ar­
mónico postrevolucionario fundado en la solidaridad - término clave - de los tra­
bajadores. La praxis queda subordinada a los objetivos ñnales y asi esconde su
propia debilidad. Las huelgas son el signo de la aproximación de la "liquidación
social" del orden burgués; no son un problema en sí, salvo por lo que tienen de
eventual riesgo para la organización, por lo que ésta ha de tratar de domeñarlas
mediante la aplicación del concepto de "huelga científica" o "huelga reglamenta­
ria'’17. La fragmentación del proletariado español, a través del discurso bakum-
nista, acaba forjando un esquema muy coherente de radicalismo formal distan­
ciado de las exigencias concretas de los trabajadores. No es extraño que esta pe­
culiar ideología intemacionalista, con su dosis de perpetuación de los elementos
arcaizantes, traspase su herencia, no sólo al movimiento anarquista español, sino
también a los supuestos "marxistas" del partido obrero, en muchos aspectos sus
mejores herederos en los años finales del s. XIX.1*
La concepción del internacionalismo en los 'internacionales' españoles res­
ponde a las mismas coordenadas. A primera vista, todo está claro. El vigor de los
planteamientos revolucionarios se asocia a una opción tajante por el internacio­
nalismo (mejor seria decir, cosmopolitismo), con un rechazo sin reservas de la
idea de patria, También en este punto juega la tradición federalista, intemaciona­
lista, de los republicanos españoles, que resumiera Femando Garrido en el divul-
gadísimo folleto La república democrática federal universal:

La República Democrática Federal y Universal es la institución llamada por la inflexible ley


del progreso a poner fin al horrible fraccionamiento de las instituciones monárquicas, feu­
dales y semibárbaras, que dividen todavía los pueblos por la fuerza com o rebatios encerra­
dos en sus rediles.19

17M ichel Ralle, "Acción v utopia en la Primera Internacional española". Estudios de Historia
Social, 8 -9 ,1 9 7 9 , pp. 75-87.
18 Véase el estudio d e Michel Ralle, "*La Emancipación y el primer grupo ’marasta' español:
rupturas y permanencias", Estudios de Historia Social, 8-9, 1979, pp. 93-128. También
Manuel Pérez Ledesma, "La Unión General de Trabajadores: socialism o y reformisnxT.
Estudios de Historia Social, 8 -9 ,1 9 7 9 , p. 223.
19Fem aado Garrido, La República democrática, federal, universal (Madrid, 1856), cap. ITI.
$6 An t o n io Elorza

Estamos a un paso de la concepción expresada por los aliancistas barceloneses


de la libre agrupación de las sociedades obreras a nivel nacional e internacional
como expresión del nuevo orden Simplemente, la federación económica ocupa el
lugar de la federación política.2®Correlativamente, como ha recordado J. Alvarez
Junco, "el proletariado militante vio en la superación de los nacionalismos uno de
los objetivos finales de su combate", en tanto que, en su orientación represiva, la
reacción burguesa subrayó el "antipatnotismo" de los internacionales como uno
de los rasgos decisivos de su carácter de amenaza al orden vigente.2021
Ahora bien, tampoco esta opción intemacionalista escapa al sesgo de abs­
tracción que caractenzara a la profesión de fe revolucionaba. Con frecuencia, la
actitud frente a la patria deviene margmacion del problema. Si el nacionalismo es
cuestión de la burguesía, lo esencial para el proletariado será denunciar la pecu­
liar explotación en que consiste la participación forzada del pueblo en las empre­
sas militares. El análisis de los problemas concretos (Cuba, en primer término)
ttende a escaparse, especialmente en el Sexenio. La cosa será diferente, tanto
para los anarquistas como para el conjunto del movimiento obrero, en la crisis de
fin de siglo. Muy ligado a sus orígenes, el PSOE, sin entrar de lleno en la actitud
anucolonialista, se adhiere a la consigna fructífera del "todos o ninguno" basada
en la discriminación de) servicio militar.22 Y el anarpusmo oscila entre el
pacifismo genérico • ya que la lucha por la independencia supone el nacimiento
de nuevos Estados - y la solidaridad activa con los insurgentes.23 Es la misma
tensión que ha de registrarse en los años de la Primera Guerra Mundial - con epi­
sodios tan costosos como la aceptación de subvenciones para Solidaridad Obre­
ra por la embajada alemana - que empañan la opción pacifista y, sobre todo, la
adhesión a la potencialidad revolucionaria suscitada por el conflicto, cuyo mo­
mento máximo de expresión será en octubre de 1917.

20 E ste sentido de cambio dentro de la continuidad para B ak u n h respecto al ideario de-


roocráctico fue ya apreciado en los años 30 por Nelio R osseüi, en su Mazztní e Bakutun
(T o rn o , 1 9 6 7 )/ p, 155 V éase también la introducción de Mariella N ejrotti a Micbael
Bakuüin, Rixofta e libertó (R om a, 1973). pp. 36-38.
21 V éase en particular su estudio "Les anarchistes face au nationalism e catalan (1868-1910)”,
Le Mouvement Social. 128, 1984, pp. 43-58,
2 2 C arlo s Serrano, "El P .S O .E y la g u e rn de Cuba (1895-1898)“, Estudios de Historia
Social, 8-9, 1979, p. 297. Tam bién Pierre Vilar, "Estado, nación, patria en España y en
Francja, 1870-1914“, Estudios de Historia Social, 28-29, 1984, p. 28.
23 C arlos S e n a n o , "Patriotism es, questions coloniales et m ouvem ents ouvriers en E spagne à la
fin du X IX * siècle". Le Mouvement Social, 128. 1984, pp. 23-25.
U t o p ía y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 87

El anarquismo en un solo país


Hasta cierto punto, puede decirse que España juega en el movimiento anar­
quista internacional de entreguen-as un papel simétrico del que desempeña la
Unión Soviética para el comunismo.2425"Esta pequeña península podrá ser la cuna
de una nueva era", proclama desde Tiempos Nuevos Diego Abad de Santillán en
1935,25 Aunque por razones muy diversas. En el caso ruso, se trata de un refe­
rente muy concreto, el proceso de construcción del socialismo en un solo país,
convertido en "la patria del socialismo", la cual proyecta su irradiación revolucio­
naria sobre el exterior por medio de su propia imagen y a través de ese partido
mundial de la revolución que aspira a ser la Internacional Comunista. Estamos
ante una dinámica ascendente. Por el contrario, en el caso español se trata de una
supervivencia. A fines de los años veinte, y con la excepción de la FORA ar­
gentina, muy desgarrada y próxima también a su ocaso, no existe un movimiento
de masas de inspiración libertaria comparable a la CNT. Como resultado, el in­
ternacionalismo anarquista tiende a encamar forzosamente en el sindicato espa­
ñol, en el cual convergen todas las esperanzas libertarias, especialmente cuando
alcanza un máximo de protagonismo durante la güeña civil e incorpora a ella sus
propias fórmulas de organización económica revolucionaria mediante las colecti­
vizaciones.26 Pero es más un refugio que un foco expansivo y no es casual que al
término del proceso la CNT acabe sumando a sus siglas las de la Internacional
anárquica resurgida, la AIT, y asumiendo hasta cierto punto la carga del agónico
movimiento anarquista mundial. En tales circunstancias, la prática del inter­
nacionalismo por parte de los anarcosindicalistas españoles también tema que
verse afectada por dicha macrocefalia. En el plano formal, no se presentan difi­
cultades. Un ejemplo: durante la guerra civil no hay organización que edite su
propio boletín informativo en tantas lenguas, desde el castellano al holandés o al

24 V éase Aldo A gosti, " 0 m ondo della III Intem azionale: gli stati m aggiori", e a E.J.
H obsbawm , G. H aupt, F. M arek, E. Ragionieri, C. V iv im i (e d s.) Storta dèi marxismo, QL
1 (T orino, 1980), p. 381.
25 D iego A bad de Santillán, "España y el mundo", Tiempos Nuevos, D. 2, 1 -V I-1935, eh. apud
D. Abad d e Santillán, Et anarquismo y la revolución en España. Escritos 1930-1938,
(M adrid, 1976), p. 233.
2 6 Y i en 1937 la C N T codificò esta interpretación en el folleto Colectivizaciones La obra
constatano de ¡a resolución española (Barcelona, 1937). F ue, según subraya un clásico de
U propaganda anarquista, G astón Levai, "une revolution sociale m com parablem ent plus
profonde que to u te s celles qu i fo n i précédée" (Espagne fíbertaire, 36-39, Paris, 1971, p.
9). U na reciente revisión del tem a en J. C asanova, ed.. El sueño igualitario: campesinado r
colectivizaciones en la España republicana, 1936-1939 (Z aragoza. 1988)
88 An t o n io Elorza

esperanto,17 La vocación supranacional acompaña al nacimiento de la Federación


Anarquista ibérica, encamación del viejo ideal de superación peninsular de las
estrecheces nacionalistas y proyecto de revolución a la misma escala. Pero la
realidad será mucho más modesta, especialmente cuando en los años treinta el
salazarismo reduzca al mínimo las posibilidades anarquistas en Portugal. La FAJ,
a pesar de la actuación como dirigente del luso Germinal de Souza, será siempre
una organización española. Y los anarquistas portugueses, acantonados en la
FAPE tendrán ocasión de quejarse por la marginación de que son objeto.2* En
cuanto a la Internacional, a pesar del presugio de los hombres enviados a España
(Alexander Schapiro, Arthur Lchning, entre otros) nunca podrán jugar un papel
remotamente parecido al que desempeñaron los delegados-tutores de la I.C. En
algún caso, como descubre el informe Schapiro sobre la insurrección cenetista de
enero de 1933, lograron ser testigos lúcidos de los procedimientos re­
volucionarios de nuestro anarquismo.272829 Por lo demás, y a pesar de esas desigua­
les dimensiones, las relaciones entre CNT y A1T no dejaron de tener momentos
conflictivos.
En un primer momento, paradójicamente, el sindicalismo revolucionario es­
pañol había jugado la baza de la Tercera Internacional. Los sucesos de Rusia en
1917 fueron vistos en España a través de un prisma libertario, desde diversos án­
gulos y por diferentes razones. Para la mirada de las clases dominantes, el mar­
xismo se presentaba como movimiento de orden, encamado por el partido obrero
que desde su fundación dirigiera Pablo Iglesias. Las aspiraciones efectivamente
revolucionarias, la subversión del orden social, eran asignadas al anarquismo y
esa asignación cobrará una entitad creciente en 1918-1919 con la subida en fle­
cha de la implantación sindicalista de la CNT. Un destacado escritor socialista,
Luis Araquistain, pudo describir el proceso revolucionario de Rusia como el
triunfo de Bakunin sobre Marx.30 La corresponsal del periódico conservador más
influyeme, ABC de Madrid, presentaba en una de sus crónicas a Lenin enarbo­
lando en Petrogrado la bandera negra.31 A modo de telón de fondo, el diario de la

27 M ana Teresa Diez de los Ríos: "Catálogo de publicaciones periódicas. M inisterio de


Cultura. Archivo H istórico N acional Sección Guerra Civil", Estudios de Historia Social,
42-43, 1987, p. 326 y M ana Bizcarrondo. "Periódicos españoles en el Instituto de H istoria
Social de A m sterdam “, Estudios de Historia Social, 2-3, 1977, p. 296.
28 Cf. "Informe do Secretariado G eral da Pape relativo á vida da mesma até setem bro de 1936.
A apresentar ao Pleno da Fape, a realizar em 4 de abril (sic) 1936, em Mislata, Valencia",
m ss ec Archivo H istórico N acio n al Sección G uerra C ivil Salamanca.
29"Infon nc Schapiro sobre la crisis de la CN T (1933)“, Estudios de Historia Social, 5-6,
1978. pp. 467-501.
30 L uis Araquistain, "O tra vez M arx y Bakunin", El Fígaro, 19-IX-1919.
31 Alfonso Lazo, La revolución rusa en el diario ABC de la ¿poca (Sevilla, 1975), p. 167.
U T O P ÍA y r e v o l u c ió n e n E L M O V IM IE N T O a n a r q u is t a e s p a ñ o l 89

intelligemsia progresista, E l Sol, encabezará sistemáticamente sus crónicas con el


epígrafe "La anarquía en Rusia".
Correlativamente, y en el marco de una amplia incidencia del acontecimiento
revolucionario sobre los trabajadores españoles, la adhesión entusiasta de anar­
quistas y sindicalistas se imponía sobre las reticencias mostradas pronto por los
lideres moderados del socialismo. En un ambiente de informaciones confusas,
donde los indeterminados "soviets" parecen hablar de formas de organización
descentraliz adas, antiestatistas, lo que prima es la opción revolucionaria en
cuanto tal. Rusia parece ser el signo definitivo de la derrota del refomusmo. El
semanario anarquista Tierra y Libertad habla en noviembre de 1917 del triunfo
en Rusia de las ideas anarquistas y la aprobación no es menos rotunda un mes
más tarde por parte de la Federación de Grupos Anarquistas de Barcelona. Diego
Abad de Santiüán, intransigente más tarde en su anticomunismo, escribirá en
1919, bajo el titulo "El fantasma del maximalismo" que el "programa de Lenin y
Trotzky", el bolchevismo, viene a coincidir con la anarquía, justificándose incluso
la dictadura del proletariado, "ínfimos residuos" de un poder meramente defen­
sivo contra la reacción.32 Otro tanto dirá por las mismas fechas Juan Peíró, el
hombre que tres años más tarde capitanea la ruptura de la CNT respecto a
Moscú: hay que apoyar "la sublime dictadura de Lenin y Trotzky"33. Sin duda
alguna, con la escasa información sobre los contenidos reales de la revolución, es
la admiración ante ésta lo que cuenta. Como afumará un anarquista ortodoxo,
Manuel Buenacasa, en el Congreso de diciembre de 1919, "era preciso evitar a
toda costa que los Estados capitalistas aplastasen el hecho revolucionario", impi­
diendo al pueblo ruso "lleva:, adelante su misión de renovación social"34 y tal
será la última línea de defensa de los prosoviéticos en 1922, cuando ya quede
claro que leninismo y anarquía son términos incompatibles.

E l deber escocia] d e to d o s los revolucionarios comunistas ■ escribirá A ndrés N in desde


M oscú al anarquista m adrileño B ajatierra, en septiem bre de 1922 *, pues, es sostener a los
bolcheviques. M ientras subsista la República de los Soviets subsistirá una esperanza de
redención para el proletariado.35

32 D iego Abad de Santillán, “E l fantasma del maximalismo", La España Juna-a, Santa Fe


(A rgentina), núm. 2, 1919.
33 Juan Peiró, Escrlts ¡917-1939 (Barcelona, 1975), p. 40.
34 "El C ongreso confederal de la Comedia", Revista de Trabajo, 49-50, 1975, p, 468.
35 " C a ru de A ndreu Nin a M auro Bajatierra", M oscú, ló-IX -1922, reproducida en Revista de
Historia moderna y contemporánea (Boletín de la Universidad A utónom a d e M adrid), 1,
1980, p. 30.
90 A N T O N IO E L O R Z a

E) mismo Nin evocara más tarde la intensidad con que anarquistas y sindica­
listas revolucionaros saludaron la revolución m sa entre 1917 y 1920:
La prensa de U CN'T dedicó extensos artículos a la revolución de octubre y al bolche­
vismo. Los corresponsales o b rero s firmaban 'm iem bros del soviet oúm. X o ’bolchevique'.
El periódico de ios grupos anarquistas se llamó, ea honor al Spartakusbund alemán. Ban­
dera roja. F.I tem a favorito de los agitadores y propagandistas fue la revolución bolchevi­
que. El ejército rojo fiie objeto de simpatías especiales. E stando el autor del presente artí­
culo a principios c e 1920 en la c á rc e l le fue pasado clandestinam ente el proyecto de un
'ército rojo español, elaborado por grupos anarquistas. Se produjo una situación para-
S jjica. M ientras que los lideres socialistas aparecían com o contrarios a la Revolución de
octubre y al bolchevism o, los anarquistas, que disponían de una organización d e un millón
de miembros (sic) defendían la dictadura del proletariado y el partido com unista.3*

Los datos de archivo contrastan la descripción anterior. En marzo de 1920 la po­


licía francesa registra la presencia en Barcelona de unos 'guardias rojos', grupos
de acción compuestos por jóvenes de 16 a 20 afros, dirigidos por cinco comités
de barrio. El anarquista G arda Oiiver evoca en sus memorias las discusiones en
medios libertarios de la época entre banderas negras' y 'banderas rojas'363738, y del
periódico de estos últimos conocemos un numero en que no falta el articulo de
Trotzkv Y ningún testimonio mejor de esa adhesión emotiva a Rusia que los
pseudónimos escogidos por los colaboradores espontáneos de la prensa sindica­
lista. Ahi están las fumas que a lo largo de 1920 registra España Nueva, el órga­
no oficioso de la CNT en Madrid. Los demás se presentan como soviets seguidos
de su correspondiente número y a veces indicación de ramo y localidad, de
acuerdo con la identificación entre soviet y sindicato. Otros toman nombres de
figuras de la revolución (hay 'el pequeño Trotzky1 de Alicante, un 'Wladimiro
Ulianotf de La Línea, un 'Radek Moreno', un Gorki español1) o rusifican a su
modo el propio nombre ('Salvhadorewsky Khordom’, en Cádiz).3* Hubo niños
anarquistas que recibieron el nombre de Lenin, en vez de los tradicionales
Germina) o Florea!. Todo ello marca un clima de adhesión a 'la República federal
m sa\ explicativo de la decisión del Congreso de la CNT en diciembre de 1919,
no sin que los primeros atisbos de incompatibilidad entre sovietismo y anarquía
hiciesen acompañar la adhesión a la Tercera Internacional de una conformación

36 Una exposición m ás amplia en nu estro artículo "C ontexto histórico d e la form ación del
PCE" en W .A A . Sesenta añas en ¡a historia del Partido Comunista de España (M adrid,
s.a ).p p . 10-16.
37 Juan Gajcia O iiver, E l eco de los pasos, (Paris-Barcelona, 1978), p. 28.
38 La colección d e España Sueva d e M adrid, conservada en la H em eroteca M unicipal madri­
leña ofrece abundantes m u estras d e esa fascinación, confirm ada en conversación con viejos
militantes, co m o Sebastián C lara, en los prim eros tiem pos de la dem ocracia.
U t o p ía y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 91

explícita de su profesión de fe bakuninista. Así quedaban conciliados entusiasmos


e incipientes desconfianzas.
El texto aprobado en el Congreso a propuesta del Comité Nacional incluía esos
dos puntos;
Prim ero. Q u e U C N T se declare fírme defensora d e los principios q u e informan a la
Primera Internacional, sostenidos p o r Bakunin.
Segundo. Declara que se adhiere, y provisionalm ente, a la T ercera Internacional, por el
carácter revolucionario que la p re n d e , m ientras se organiza y celebra el C ongreso Inter*
nacional en España, que ha de sentar las bases po r q u e ha de regirse la verdadera Interna­
cional de los trabajadores.39

De hecho, era una adhesión que incluía el principio de ruptura, pues, de


acuerdo con la intervención de Salvador Seguí en el Congreso, la participación en
la Internacional Comunista había de permitir a la CNT romper su aislamiento
respecto a los demás trabajadores del mundo y, a partir de ahi, "avalar nuestra
conducta en el llamamiento que la CNT de España va a hacer a las organiza­
ciones sindicales del mundo para constituir la verdadera, la única, la genuina In­
ternacional de los trabajadores".40 Es decir, la I.C. debería servir de plataforma
para forjar la Internacional Sindicalista.
Lo demás fue cuestión de tiempo y resulta casi inevitable el papel desempe­
ñado por el semanario anarquista de Madrid, Nueva Senda, y por el informe del
enviado a Moscú, Angel Pestaña, sobre el carácter autoritario del bolchevismo.41
Las noticias sobre la realidad rusa llegaban por todos los canales y particularmen­
te las relativas a la persecución de los anarquistas. Aun la situación de excepcio-
nalidad que vivía la CNT en Barcelona bajo el gobierno del general Martínez
Anido (1920-22) hizo posible por algún tiempo la superviviencia del vinculo con
la LC. El Pleno cenetista 'de Lérida', clandestino, en abril de 1921, decide enviar
una delegación para tomar parte a fines de junio en el tercer Congreso de la l.C. y
en el fundacional de la Internacional Sindical Roja. Forman parte de ella Andrés
Nin, Joaquín Maurín, Jesús Ibáñez e Hilario Arlandis (todos ellos futuros comu­
nistas), más el representante de los grupos anarquistas, Gastón Leval. Al regreso,
aun cuando Maurín detenta el puesto clave de secretario del Comité Nacional, la
balanza se ha desequilibrado, aunque la vinculación a las dos Internacionales co­
munistas se viera confirmada por la delegación en Moscú, (donde se establecerá
39 “E l C ongreso confedera) d e U Com edia", p. 488.
40 Salvador Seguí, en loe. cit., p. 48?.
41 La Memoria presentada ai Comité de tú Confederación Nocional del Trabajo fue impresa
p o r el sem anario anarquista Nueva Senda en 1921. E s reproducida en la antología
Trayectoria sindicalista, d e Angel Pestaña (M adrid, 1974), pp. 441-493. V éase tam bién
A ntonio B ar, La CNT en los años rojos (M adrid, 1981), pp. 560-562.
92 A n t o n io E l o r z a

Andrés Km, integrándose en el secretariado de la 1SR). "Desde luego - declaraba


Seguí, en diciembre de 1921 •, Moscú es una cosa y nosotros otra"42. La
bolchevización de la CNT podía ya contemplarse como un intento de conquista
desde el exterior, sin demasiadas perspectivas de éxito.
En junio de 1922, la Conferencia de Zaragoza selló la ruptura con la ISR y el
propósito de adhesión a la Internacional sindicalista en germen. De nuevo co­
rrespondió al líder espiritual de la CNT, Salvador Seguí, definir la urgencia de la
rectificación sobre la base de que ' nos separa de Rusia un abismo, lo mismo en
ideología que en las lácticas". La ya cercana Conferencia de Berlín es saludada
positivamente, pero significativamente la tarea esencial se define hacia el interior,
relegando toda perspectiva intemacionalista. “El problema nuestro - concluye
Seguí - no está en Moscú, ni en Berlín, sino en España"43. Y de hecho aunque se
designa una delegación para tomar parte en el Primer Congreso de la AIT re­
constituida. que se reúne en Berlín en diciembre de 1922, la presencia física de
los mismos es todavía hoy objeto de discusiones historíográficas. En lo sucesivo,
la CNT vincula su proyección exterior a la AIT, pero este hecho carecerá de
repercusiones mayores sobre su vida política, centrada en el ámbito español.44
Entre 1923 y 1939 la historia del anarcosindicalismo español se desenvuelve
en un ámbito interior, estrechamente ligado a la coyuntura política general. Hasta
el punto de que ni su trayectoria ni su propia supervivencia pueden entenderse sin
tener en cuenta esa interacción. Porque la presencia tradicional del componente
anarquista en el movimiento obrero español podría explicar su articulación con el
sindicalismo revolucionario en el penodo de auge que sigue a la gran guenra, pero
no su resurrección en los años treinta, cuando ya aquellas tendencias se han
desvanecido en el horizonte europeo. A nuestro juicio, hay que pensar que las
peculiaies condiciones de persecución que experimenta la CNT a lo largo de los
años 20 (terrorismo de Estado en Barcelona en 1920-22 e ilegalidad de facto
entre septiembre de 1923 y abnl de 1930) evitan el desenvolvimiento regular de
la vida sindical y, de este modo, coagulan el proceso de degradación que en paí­
ses como Francia experimenta el sindicalismo revolucionario. Más aún, en la
medida que los años veinte son un periodo de crecimiento económico que no se

>12 "M anifestaciones de Salvador Seguí", Vida Sueva, 13-X Ü-1921, en Artículos madrileños
de Salvador Segui (M adrid. 1976), p 105.
43 Artículos madrileños de Salvador Seguí, p 138.
44 E s muy significativo que cuando la propia Federica M ontseny vuelve la mirada al pasad o y
evoca la fundación de la nueva A .l.T de Berlín, se limita a anotar que la C N T acordó
adherirse a ella y pasar de inm ediato a otro tem a con m ás contenido histórico. V éase Agustí
1*00«. Co>i\erses amb Federica híotuseiry, (Barcelona, 1977), p. 73.
U T O P ÍA Y R E V O L U C IÓ N E K EL M O V IM IE N T O A N A R Q U IS TA ESPA Ñ O L 93

traduce en un incremento de los salarios reales, por lo que la clase obrera catala­
na tiene buenas razones para sentir la nostalgia del sindicalismo que les permi­
tiera resistir a la carrera de los precios inducida por la coyuntura de guerra. En
fin, no cabe olvidar las peculiares condiciones de la ilegalidad cenetista bajo la
dictadura de Pruno de Rivera: se trata de presión casi agobiante sobre los sindica­
tos, sin ilegalización general y con fuertes diferencias provinciales, medidas de
excepción (prisiones gubernativas, destierros) sobre militantes individuales y,
sorprendentemente, una cierta tolerancia para las publicaciones, las cuales, dentro
de la censura previa, sirven para mantener encendida la antorcha de las ideas
anarcosindicalistas. Los sindicatos, salvo excepciones, estuvieron clausurados
pero, como yo mismo tuve ocasión de comprobar medio siglo después, los hom­
bres de la CNT seguían recordando las polémicas desarrolladas en los semanarios
del periodo: E l Productor (anarquista ortodoxo), Vida Sindical, Solidaridad
Proletaria (sindicalistas), Acción Social Obrera, de San Feliu de Guixols,
Despertad de Vigo (donde se cruzan las posturas). Y eso que el diario oficial de
la CNT catalana, Solidaridad Obrera, hubo de cesar su publicación en mayo de
1924. Pero también se recibían algunos números, y tenían gran impacto, de La
Protesta de Buenos Aires, ccn su suplemento doctrinal. Fueron, pues, años de
ideas sin acción.4* Tal vez lo que necesitaba el anarcosindicalismo español para
salvar el cabo de la posguerra.
Porque, más allá de las cuestiones inmediatas de actuar o no dentro de la ile­
galidad difícil de la Dictadura, o de implicarse en las conspiraciones para derri­
barla, había mar de fondo. Entre 1919 y 1922 el peligro de una sovietización de
la CNT había sido lo suficientemente fuerte como para levantar en lo sucesivo
demandas crecientes de ortodoxia anarquista contra todo desviacionismo. Hay
que tener asimismo en cuenta que, en los tiempos de ilegalidad, la vida sindical
regular era imposible, resultando sustituida por las asambleas o reuniones de mili­
tantes, reuniones informales en las que prevalecían los representantes de los gru­
pos. Finalmente, estaba la oscura línea de contacto entre grupo de afinidad anar­
quista y grupo de acción tenonsta, fundidos en el más famoso, los 'Solídanos'
(con Dumiti, García Oliver, Ascaso, Ricardo Sanz: una auténtica vanguardia en
la acción anarquista de 1920 a 1936).4546 La ilegalidad favorecía, en consecuencia,
la pretensión anarquista de asegurar la propia hegemonía en el seno de la CNT,

45 Hem os desarrollado e s a tesis en nuestros axticulos'antologUs “El anarcosindicalismo


español bajo la D ictadura, 1923-30", en Revista de Trabajo, núm s. 39-40 (1972), 44*45
(1973-74) y 4 6 (1974).
46 Abel Paz, E>urruti. Le peuple en armes (Paris, 1972), p. 54.
94 A n t o n io Elorza

evitando asi iodo peligro de desviación comunista o reformista (sindicalista).


Existía ya un precedente: en diciembre de 1919, el mismo Congreso de la
Comedia que vinculara a la CNT con la revolución rusa, adoptaba como cláusula
de cautela una profesión de fe ideológica, fijando el comunismo libertario como
objeUvo de la acción confederal E! anarquismo adquiría de este modo una carta
de legitimidad dentro de la CNT que no hará sino reforzar entre 1923 (llegada
la Dictadura) y 1933 (año de expulsión de los sindicatos y militantes defensores
del sindicalismo revolucionario).
En este punto entra enjuego una nueva forma de internacionalismo: la relación
entre los anarcosindicalismos español y argentino. Para los sectores anarquistas
de ia CNT el problema residía en cómo asegurar su control del sindicato una vez
conferida a éste la denominación de anarquista. La fórmula clásica, propugnada
por Salvador Seguí, había consistido en una articulación espontánea entre el
sindicato como intrumento autónomo para la lucha económica, a corto plazo, para
la revolución más tarde, y el anarquismo que proporcionaba la inspiración ideal.
Al llegar la Dictadura, y teniendo en cuenta la experiencia del terrorismo, tos
sectores moderados de la CNT tendieron a forzar aun m¿s la separación entre
ambos planos, con el objeto de evitar que el activismo anarquista siguiera
gravitando sobre la acción sindica!.47 Los dos principales líderes del sindicalismo
confederal, Angel Pestaña y Juan Pciró, trataban de borrar el componente
anarquista como elemento definitorio de ia CNT, aun cuando lógicamente, siendo
ellos mismos anarquistas, defendieran la participación de los anarquistas en la
\ida sindical, pero respetando la división de funciones y sin otra pretensión de
hegemonía que la derivada de un trabajo eficaz. Para los ortodoxos, agrupados
imcia’mente en tomo al ex-secretario del Comité Nacional, Manuel Buenacasa,
ello significaba abrir te puerta al revisionismo.
La solución vino de Argentma Allí residían dos anarquistas españoles, Diego
Abad de SantiUán y Emilio López Arango, quienes, desde las páginas del diario
La Protesta y de sus suplementos, desarrollaron a partir de 1922 una campaña
muy intensa de retomo a los principios bakuninistas y de rechazo de todo refor-
mismo sindicalista. Además, sus campañas criticas incorporaban la fórmula para
solucionar el problema, la trabazón experimentada por la FORA y que consistía
en el enlace orgánico a todos los niveles entre la organización sindical y ia or­
ganización especifica, de suene que la segunda quedaba bajo el control y la
orientación de la primera, configurando ambas el movimiento obrero anarquista,

41 Prólogo a Trayectoria sindicalista, d e A ngel Pestaña, pp. 19*23.


U T O P IA Y REV O LU C IÓ N EN EL M O V IM IE N T O A N A RQ U ISTA ESPAÑOL 95

según una concepción claramente instrumental del sindicato. Lo explican Arango


y Santillán en su pequeño libro programático El anarquismo en el movimiento
obrero, publicado en Barcelona (1925):
,.] lo s anirauistas, si quieren ser consecuentes con sus idees y m antenerse irreductibles
k ente a las desviaciones que alejan al movimiento obrero d e sus fuentes d e inspiración
libertaria, no deben olvidar que las organizaciones económ icas del proletariado tienen ca­
rácter transitorio. T I Sindicato es un m edio de acción y su finalidad revolucionaria debe
ser el comunism o anárquico'.4*

La semilla fructificaría pronto en Barcelona, bajo la iniciativa de Buenacasa que a


fines de 1925 da vida al semanario El Productor con "la trabazón” por programa.
Estaba abierta la vía que en julio de 1927 da vida a la Federación Anarquista
Ibérica (FAi), recogiendo asimismo en el margen una orientación similar de los
libertarios portugueses, agrupados en la Unión Anarquista Portuguesa y dotados
de una perspectiva similar ante el sindicalismo revolucionario dominante en la
CGT portuguesa.
El esquema formal de la trabazón nunca llegaría a ser efectivo, y tampoco la
FAI • recuperación, como ad\irtiera César M. Lorenzo, de la Alianza bakuniniana
• alcanzó el status de organización efectiva cuyos mecanismos de decisión
suplantasen a los sindicales. Pero lo cierto es que su existencia supuso un respal*
do decisivo para el propósito anarquista de control y subordinación de la CNT,
especialmente cuando a partir de 1930 ésta recuperó la existencia lega!. El espe­
jismo de los primeros meses, con los cuadros sindicalistas encabezando la re*
composición, fue disipándose al llegar la Segunda República y desvanecerse con­
secuentemente las expectativas de que el fin del antiguo régimen llevase apare­
jada la transformación social. El primer Congreso de la CNT bajo la República,
el Congreso del Conservatorio de Madrid, en junio de 1931, vio un triunfo formal
de las tesis moderadas, pero también un grado de tensiones internas que hacían
poco verosímil la consolidación de un sindicalismo revolucionario basado en la
presión sobre el refomúsmo del gobierno republicano-socialista.4* Los errores de
la política de orden público, ampliamente continuista respecto de la seguida en la
monarquía, harían el resto otorgando una y otra vez la ventaja a ios sectores radi­
cales aglutinados simbólicamente en tomo a la FAI. Ya a fines de agosto de
1931, la declaración pública de los moderados - el llamado Manifiesto de los
Treinta - es antes que nada una confesión de que los dirigentes de la CNT se489

48 E. L ó p e z A rengo • O. A bad de Santillán, E l anarquismo en el mowmtento obrero


(B arcelona, 1925), p. 171.
49 "M em oria del Congreso del C onservativo (1931)", Revista de Trabajo, 53, 1976, p. 282.
96 A N T O N IO E L O R Z A

encuentran a la defensiva 50 La alternativa es una revolución estrictamente espa­


ñola. expresión de una idiosincrasia nacional, y superadora de las limitaciones
que al ansia revolucionaría del pueblo trataría supuestamente de imponer el re-
formismo del nuevo régimen.
Hn el plano ideológico, conviene destacar que esos dos años de expectativas
revolucionarías son para el anarcosindicalismo español un tiempo de utopia. Los
periódicos libertarios, los publicistas ligados de un modo u otro a la CNT o a la
FAI. hacen públicos sus proyectos de organización social futura, casi siempre en
forma de artículos y folletos de amplia difusión y bajo coste. Tal producción
corresponde al estado de ánimo de muchos militantes que se creen al borde de un
cambio de sociedad. Con la terminología propia de su profesión, lo explicaba el 9
de octubre de 1933 c) médico libertario Isaac Puente desde las páginas de Soli­
daridad Obrera, sirviéndose del mismo estilo con que é) o sus colegas atendían
las variopintas consultas de sus lectores en los consultorios médico-eugenésivos
de las publicaciones anarquistas del momento:
M e planteas u sa cuestión profesional en tales térm inos • replicaba Pueote al ingeniero
M artínez Rizo *. que es sencillisíim d e resolver. Una embarazada, la sociedad capitalista
estala! Un feto viable (el Com unism o libertario). Síntom as d e gravedad tales (agitación y
ham bre campesina, increm ento del p aro forzoso, im paciencia de lo s que sufren y d e los
que sólo esperan la decisión de lo s demás, ya que para ellos no hay problem a, etc.) que
com prom eten, no la vida de la m adre, que en este caso no n o s interesa, sino la m á s precio­
sa u d a del feto. N o tengo por qué dudar ante el p a ñ o prem aturo (cu an d o el fe to e s viable,
ya no se llama abono).

El luego moderado Abad de Samillán escribía en I93i "ante una revolución


inevitable y ante un gran pueblo que va a romper sus cadenas"51. Y aquél que era,
en sus propias palabras con sus compañeros de grupo, uno de los "reyes de la
pistola obrera de Barcelona", Juan García Oliver definía la estrategia correspon­
diente desde los inicios de la confrontación con los treintistas, en la conocida en­
trevista con Eduardo de Guzmán:
La C N T no necesita perder tiem po ea preparar el hecho revolucionario en sus d o s aspec­
tos, de organización destructiva prim ero y constructiva después. E n La vida colectiva de
Espafia la CNT es lo único sólido existente, p u e s en un país en que to d o está pulverizado,
ella representa una realidad nacional que to a o s los elem entos políticos juntos no podrían
rebasar En el orden constructivo revolucionario la C N T no debe aplazar con ningún
pretexto la revolución so cial po rq u e todo lo que se puede preparar está ya hecho.52

50 John Bradem as, Anarcosindicalismo y revolución en España (1930-1937). (B arcelona.


1974), p 78
51 Turra v Libertad , 8 -V fll-1931.
52 La Tierra, 3-X-1931.
U t o p ía v r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 97

Cabe pensar que esta opción radical por la revolución anarquista a corto plazo,
utilizando a la CNT, como instrumento, surgía del cruce de dos procesos de sig-
ruñcación muy diferente. De un lado, la vocación de ruptura con el orden social
propia de los grupos de acción anarquistas en el período 1919-1923, que los
'Solidarios' asumían emblemáticamente y encamaban a modo de vanguardia de la
ortodoxia revolucionaría anarquista en el seno de la CNT. En este orden de cosas,
la fragilidad orgánica de la FAI se veia sobradamente compensada por su valor
como referencia ideológica. "Si la FAI era prácticamente inexistente - ha
recordado en sus memorias el mismo García Oliver, entonces su secretario
peninsular * cobraba diariamente resonancia el ser faista, o sea, partidario de rea*
lizar la revolución social enseguida, sin esperar a mañana ni a después"53. Pero
para que tal propósito tuviera visos de realización, había que contar con un se*
gundo proceso, más reciente y causa inmediata de) espejismo revolucionario: el
aluvión de ingresos en la CNT durante los meses que siguen a su legalización de
abril de 1930. El encuentro se va a producir en el marco de coyuntura histórica
que, desde la perspectiva del apoliticismo anarquista, contempla la llegada de la
República, tras el período de agitación en apariencia prenevolucionaría que dis­
curre hasta el cambio de régimen, como repliegue y la consolidación de una de­
mocracia burguesa. En sus artículos de Tierra y Libertad en 1932, García Oliver
será claro: la República es el fascismo y contra ella sólo cabe ia revolución so*
ctal.545La forma que ésta ha de asumir enlaza con la tradición insurreccionalista
del siglo XIX. También en este punto el anarquismo faista constituye la culmina­
ción del republicanismo radical. Las "multitudes proletarias" han de acabar me­
diante un acto puntual con los privilegiados, la burguesía, y su principal mtru-
mentó, eí Estado. La dinámica acción-represión-acción puesta en marcha desde el
verano del 31 con la contribución de los responsables del orden público, Miguel
Maura y Oriol Anguera de Sojo, fundamentará esta opción frente a la traición
"treintista". Los modos y las tácticas podían variar de unos anarquistas revolucio­
narios a otros, de García Oliver a Federica Montseny, pero no se da en absoluto
la divisoria a que ha apuntado recientemente Pere Gabriel al prologar una anto­
logía de escritos de la segunda.** Para ambos, hechos como los del Alto
Llobregat son vistos como "la experimentación comunista libertaría", el paso ini­

53 J. García Oliver, E l te a de ¡ospasas , p. 123.


54 R ecordem os sus artículos de marzo-abrí] de 1932 en Tierra v Libertad. "El fascismo
republicano d e ahora", a su juicio, se contraponía a las "cantidades enorm es de energía
protestataria d e l pueblo trabajador" ("El avance fascista en E spina", 2-IV-1932).
55 P ere Gabriel, "v isió política d e Federica M ontseny", prólogo a Escrits poiitics de F.
M ontseny (Barcelona, 1979), p. 26.
98 A N T O N IO E t O R Z A

cial de la gimnasia revolucionaria y la primera prueba del valor científico del pro­
yecto de transformación social sustentado en el esencia revolucionaria del pueblo
español.
Las frases son intercambiables entre lo que García Oliver escribe en Tierra y
Libertad tras el levantamiento citando:

Nunci com o en n u estro s tiem pos $c pudo tener fe en la posibilidad de realización de


nuesuos ideales anárquicos. D espués de la experim entación com unista liben aria del A h o
Llobregat, nuestros pechos deben desbordar de entusiasm o, porque estam os m uy lejos ya
de aquellos otros en que el ser anarquista, suponía el sacrificio de la libertad y de la vida
hecho en holocausto de una sociedad que solam ente conseguirían vivir las generaciones
futuras. Ho> lucham os ya para nosotros misinos.**

O lo que. con tonos más trágicos, pues acaba de tener lugar la matanza de Casas
Viejas, proclama Federica .Vlontseny de los "pueblos que proclaman el Comu­
nismo libertario": "nos dais la pauta a seguir'157 Es e1 mismo tipo de discurso que
emplean las declaraciones del CN de la CNT y los periódicos anarcosindicalis­
tas. La revolución parecía algo tan inminente para los portavoces faístas - y em­
pleamos el término conforme propone García Oliver - que podia prepararse
abiertamente a lo largo de 1933 y anunciarse desde la Soli el 2 de diciembre de
1933, declarando "la inminencia de un fatal estallido revolucionario": "Vamos a
la implantación del comunismo libertario a base de las comunas libres organiza­
das en cada pueblo, sustituyendo la organización estatal burguesa por los princi­
pios de unión y solidaridad que han inspirado siempre la acción de la clase traba­
jadora y que son hoy la base de la organización obrera." Al día siguiente la Solí
era suspendida y cinco días después estallaba la última intentona revolucionaria
de la CNT faista en Zaragoza
Ese estado de ánimo prerrevolucionario era fomentado desde el diario de la
C.R.T. catalana, desde semanarios como Tierra y Libertad y El Luchador, de la
familia Urales, y a través de folletos y publicaciones tradicionales. Como advertía
a Urales su informador de Sanlúcar de Barrameda: "Se siente un hambre voraz de
pan espiritual. Se reparte profusamente El Luchador, Tierra y Libertad, El
Libertario. La Soli. La Revista Blanca, Estudios, La Novela Ideal, folletos y li­
bros anarquistas"*5758, Ciertamente, los golpes represivos eran más eficaces que los
razonamientos sobre la revolución y las descripciones del orden posrevoluciona­
rio, pero éstos conferian sentido a la respuesta insurreccional que se buscaba De
ahí ia proliferación de lo que yo he llamado en alguna ocasión "pequeñas uto­
5 6 1 García Oliver. “D esde la Ucea 4 e fuego*, Tierras Libertad, 8-JV -1932,
57 E l L u ch a d o r, 3-IM933.
58 Federico Urales. E sp a ñ a J93S (Barcelona. 1933). p, 181.
U t o p ía y r e v o l u c ió n *e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 99

pías", es decir, folletos explicativos de cómo había de funcionar la sociedad tras


la revolución triunfante.59 Quizás no fueron leídos por todos los militantes y care­
cemos de datos sobre su distribución efectiva, pero lo cierto es que sin la inci­
dencia de esa mentalidad revolucionaría no resulta fácil entender la inversión de
las relaciones de fuerza entre 1931 y 1932 en contra del 'treintismo', ni la secuen­
cia de ensayos insurreccionales. Menos aun que tras esa sucesión de fracasos, la
disidencia ganara sólo a la Regional Asturiana y pudiesen ser boqueadas las pro­
puestas favorables a las alianzas obreras en 1934. Es el estado de ánimo que re­
coge en 1932 un dirigente nada extremista, José Villaverde: "Hoy no hay tertulia,
conversación o polémica que no tenga un rato para dedicarle al estudio de las
posibilidades de implantación del comunismo libertario."60 No hay que ocultar
que se trataba al mismo tiempo de cubrir el vacio estratégico que subyace a la
perspectiva bakuninista. La revolución vendrá por sí misma, su preparación ha de
ser meramente técnica • organización y propaganda por lo que no cabe conce­
sión alguna a la política que de este modo puede ser envuelta en la descripción
detallada del ensueño revolucionario.
N o olviden lo s com pañeros - concluía G arcía Oliver • q u e el grao problem a de la reco n *
m icció n económ ica y m oral del m undo, só lo puede encontrar solución mediante la acción
revolucionaría d e lis m ultitudes im pulsadas por el a fín de conquistar los m edios de
producción y enseñanza. Fuera de la revolución proletaria, todos los caminos están cerra­
dos.61

Pero en la proyección utópica de la mentalidad anarquista española cuenta


también otro hecho: el impacto que logra sobre el proletariado español de los
años treinta el ejemplo de la construcción del socialismo en la URSS. Siempre en
García Oliver, es constante la preocupación por mostrar que la revolución liberta­
ría en España será algo muy distinto de la soviética: las distancias geográficas y
psicológicas entre los dos países querían probarlas los anarquistas "haciendo una
revolución que no tenga ningún parecido con la rusa"62. "Destruido el símbolo de
oliente • escribirá a su vez Santülán el mito de Rusia, como lo definió
Berkman, ha surgido para las huestes progresivas, para los esclavos insumisos del

59 ’‘Folletos y papeles utópicos del anarcosindicalismo esp añ o l', Revista de Trabajo, 56, 1976,
pp. 217-448.
60 José Villaverde, "Posibilidades para hacer realidad al com unism o libertario". CAT, 17-X1-
1932.
6 1 J. García Oliver, "D esde la linea d e luego", cit,
62 "La FAI ante el m om ento español“, La Tierra, 3 -X -1931; reproducido p o r nosotros en El
movimiento libertario español (Suplem ento de Cuadernos de Ruedo /ó fric o ), (París,
1974), p. 314.
100 An t o n io Eìo s z a

mundo el símbolo español"63. Lo cierto es que los anarquistas españoles no pue­


den ignorar el deslumbramiento que en las mentes de tantos obreros, socialistas y
comunistas, juega ese inmenso laboratorio social, la construcción del socialismo
en la URSS, sumamente hábil por lo demás a la hora de vender la propia imagen
a observadores y viajeros. Me remito al estudio de M. Bizcarrondo sobre el tema,
contrastado por las anotaciones de tantos supervivientes de los años 30 (Camilo
y Claudin en primer plano).6465La Rusia de los soviets ofrecía al espectador obrero
la perspectiva de una racionalización iguabtaria de las relaciones sociales, de la
destrucción de las formas de explotación capitalista y de freno eficaz contra el
fascismo. Por supuesto, los libertarios no compartían semejante visión, tendiendo
a ver en la experiencia soviética la mejor prueba de que el respeto de la institu­
ciones estatales y una concepción autoritaria resultaban incompatibles con la libe­
ración efectiva de los trabajadores. Pero, de cara a la competencia con socialistas
y comunistas, la presencia de una realidad tangible, positiva, como la URSS, les
creaba un difícil problema. ¿Que ofrecer como perspectiva de su acción? Había
que crear imágenes concurrentes, aunque fuesen sobre el papel. No es casual que
el primer bosquejo utópico de la organización posrevolucionaria era un proyecto
distribuido en diciembre de 1919 a modo de documento secreto a los asistentes al
Congreso de la Comedia, pensando sin duda en seguir respecto al ejemplo ruso
una variante anarcosindicalista.6* En lo sucesivo, y en una trayectoria marcada
extenonr.cntc por la confrontación, Rusia estará ahí siempre como contrapunto de
los objetivos libertarios, dando lugar a una fascinación que hace hablar de algu­
nos faistas como ’anarcobolcheviques' por su fidelidad al esquema soviético de
toma d d poder. Rusia era la utopía viva; los anarquistas sa veian forzados a edi­
ficarla sobre la palabra escrita Pero no podían prescindir de ensayar dicha cons­
trucción. acompañando a la negación del balance histórico de la dictadura del
proletariado, si de veras aspiraban a conservar sus zonas de influencia ideológica.
El diseño utópico asumía asi el papel de barrera frente a la creciente presión
comunista.
Desde una perspectiva bakunimsta, no había excesiva dificultad para rebatir el
conjunto de ofertas encuadrables bajo la etiqueta de 'socialismo autoritario'. La

63 Olego Abad de Saetillas, "España y el ornado", reproducido en El anarquismo y la revo­


lución tu España, p. 232.
64 M arta Dizcazrondo. "L a im agen de )a URSS", Estudios de Historia Social, 14, 1980, pp.
248*269 y Fem ando Claudia, prólogo a la reedición de Un notario español en Rusta, de
Diego Hidalgo
65 A péo d k e docum ental" a 'E l C ongreso cocfederal de la C om edia", cit.. pp. 499*503. El
oñgioal eo A rchives N atiosales. París. F7* 13.441.
U t o p ia y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l io i

política era sólo un obstáculo a la toma de conciencia revolucionaria. La táctica


revolucionaría de los autoritarios mantenía elementos de la explotación capitalista
en el Estado y la organización del trabajo. La esencia del aparato de represión se
mantendría en el período de "construcción autoritaria del socialismo". Un
propagandista libertario como Isaac Puente no encuentra dificultades para subra*
yar las limitaciones de los proyectos socialista y comunista, y tampoco para de*
finir la alternativa, que va desde el protagonismo colectivo del pueblo en la revo­
lución - "con su indignación y su espontaneidad despierta" - hasta la realización
integral del socialismo de acuerdo con la concepción libertaria.66 Pero la dife­
rencia consistía en que los primeros tenían por referente una realidad; los liberta­
rios tendrán asi que acudir a la utopía.
Por lo demás estos proyectos utópicos, complemento necesario del
insurreccionalismo faista, ofrecen claves significativas en el plano ideológico. No
son simples castillos en el aire, desgajados de la práctica de los militantes anar­
cosindicalistas. Resulta significativo que los más divulgados - El comunismo ¡i-
bertaho, de Isaac Puente, E l ideal y la revolución y Los municipios libres de
Federico Urales - coincidan en proceder de figuras que respaldan sin reservas el
insurreccionalismo de 1932-33 y que manifiestan puntos comunes en cuanto a la
concepción de las relaciones sociales y políticas. Una concepción que califica­
ríamos de 'anarquismo tradicional1, por lo que tiene de continuidad con las lineas
maestras del pensamiento libertario español desde sus inicios y con la perspectiva
insurreccionalista de raíz republicana. Son folletos que presentan un esquema
comunalista, con el municipio libre como marco en que se desenvuelve la so­
beranía individual consiguiendo un engranaje armónico a partir de su acción libre
y espontánea. El cuadro de ese planteamiento es rural, entendiéndose que uno de
los cometidos de la revolución sería la restauración del equilibrio entre campo y
ciudad, incluyendo en el caso de Urales una propuesta de desindustríalización.
Individuo, trabajo y producción señalan círculos concéntricos que funcionan sui
que sea precisa presión alguna procedente de instituciones o programas organi­
zativos. "El comunismo anarquista • advierte Urales - le dice al pueblo: considera
como el mayor de tus enemigos, como el mayor enemigo de la revolución social,
al que te diga que necesitas directores, administradores"67. Y del despliegue
ilimitado de la libertad tras la revolución surgirá la felicidad colectiva.*61

66 Isaac Puente, "L as dos interpretaciones fundamentales del socialismo*. Tiempos Nuevos,
1935, pp. 210-213.
61 Federico Urales, E l ideal y la revolución (Barcelona, 1933), p. 22.
102 A N T O N IO E L O R Z A

La sencillez del esquema abría entonces paso a la riqueza en los desarrollos


laterales, coloreando por asi decirlo la perspectiva eudemcnista. Era una forma
simple y eficaz de proponer un gran rechazo, impidiendo no sólo la penetración
de las desviaciones políticas, sino incluso los riesgos de una reflexión guiada por
las nuevas realidades económicas. Con tomar nota de la crisis del capitalismo, la
construcción se tenía en pie hasta configurar un auténtico catecismo anarquista, a
cuyo diseño se tenderá explícitamente en el Congreso de Zaragoza, en mayo de
1936.
Lo que si era innegable era la propensión anarquista a edificar una nueva vida,
basada en el fin de toda explotación y en el reencuentro del hombre con la
naturaleza. En el limite, las utopias libertarías desplazan el eje de la construcción
teónca de la confrontación con el capitalismo a la definición de nuevas formas de
cotidianeidad, sustentadas en los dos pilares de una sexualidad más Ubre y de un
goce más intenso de la naturaleza. De la intensidad con que el primer problema es
sentido por los trabajadores del area anarcosindicalista son buen indicio los
artículos y los consultorios de revistas como Estudios, cuya genealogía la con­
vierte significativamente en heredera de Generación consciente. Aunque preocu­
padas por la divulgación de pensamientos revolucionarios, publicaciones como
Estudios concedían una clara prioridad a la construcción de un nuevo hombre,
con mayor capacidad de goce y dispuesto para aprovechar las posibilidades de su
estancia sobre la tierra. De ahí la preocupación por los agentes exteriores que
pueden romper ese equilibrio, y en primer término por la guerra. Se trata, en
cierto modo, de una propuesta articulada de sexualidad libre, ecología y paci­
fismo, que resulta secante de los planteamientos filosóficos generales del que he­
mos llamado anarquismo tradicional pero que abre nuevas perspectivas sociocul-
turales. Y que sin duda atiende la demanda de unos lectores, no sólo atentos a la
revolución social, sino marcados por "la sed espiritual" de encontrar los funda­
mentos de una existencia guidada por nuevas pautas de comportamiento.
En el limite, este anarquismo sociológico enlaza a su vez con un planteamiento
radical donde los planteamientos políticos son sólo telón de fondo y lo que cuenta
es la perspectiva individualista. En el espectro de las publicaciones libertarías
sera a partir de 1929 iniciales (sucesora de Etica) la que represente esta ten­
dencia en cuanto "revista ilustrada de educación individual". 'Han Ryner* y Emest
Armand son los puntos de referencia de una propuesta basada en la identificación
del individuo con la armonía del mundo natural a través del nudismo y del cultivo
de la ética individual tendente a la autosuficiencia El 'individualismo armónico’,
por lo demás, resulta integrable, por lo menos parcialmente, en la acción
U t o p ia y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 103

anarquista revolucionaria (recordemos la foto nudista de los presos libertarios de


la cárcel de Barcelona en 1933)** y, lógicamente, presta una atención constante a
los problemas y los debates en tomo a la sexualidad (control de natalidad, peligro
venéreo, monogamia o pluralismo, concepto de abuso sexual, etc.). De modo no
menos lógico, la postura antibelicista es también radical, proponiéndose el
desarme total. Conforme define un colaborador de la revista, cierto Francisco
Dubois, en enero de 1932:
El individiulism o de arm onía a que h e llegado es am idom inador, antiautoritario, no vio­
lento y fraternal para to d o s, m ás am igo de U naturaleza que de la civilización y d e los pro­
gresos m ateriales, frente a los cuales prefiero el perfeccionam iento m oral, base del mejo­
ram iento individual*9

Desde este ángulo, la revolución violenta era eliminada como vía de emanci­
pación, pero si cabía destacar la solidaridad con quienes heroicamente se enfren­
taban a la represión del poder. Puede ayudamos a entender esta actitud el comen­
tario editorial de diciembre de 1933, al comentar un mitin antielectoralista de la
FA1. Lo primero que les preocupa es el exceso de tabaquismo en medios anar­
quistas, puesto de relieve en el acto, para concluir desechando la solución ofre­
cida por Durruti de la revolución social, que les parece un nuevo engaño, similar
al de "los curas y los políticos"686970. Los anarquistas individualistas debían aprender
a desconfiar de todo proyecto ofrecido en nombre de la colectividad.
Claro que con la CNT como referente cabía la reflexión opuesta, incluso
integrando los aspectos de rechazo de la política y la moral capitalistas, asi como
las preocupaciones por la renovación de las formas de vida individuales. Es lo
que entre 1932 y 1934 expresa la revista Orto, de Valencia, donde Marín Civera
reúne un amplio espectro de colaboradores, desde propagandistas del naturismo y
anarquistas tipo Isaac Puente a admiradores confesos de la revolución soviética,
como el artista Renau. En este caso, el referente inicial anarcosindicalista se jus­
tifica sin duda por ser la CNT el único protagonista posible de un proceso revolu­
cionario en el cuadro de fuerzas obreras que presenta el primer bienio republi­
cano. Orto es minoritaria y su orientación prosoviética - por lo menos en algunos
colaboradores - y prioritariamente antifascista le atraerá las iras de sus lectores
libertarios, que acabarán abandonando la revista y provocando su cieñe. Desde
este ángulo, su publicación parece testimonial y acaba integrándose en ese mo­
saico de piezas sueltas que es la formación de la mentalidad frentepopulista de

68 "G rupo d e p re so s so c ó le s d e la cárcel de B arcelona1*, Iniciales , 9 ,1 9 3 3 (eoncraporuda).


69 Francisco D ubois, "El individualismo arm ónico'', Iniciales, 1, 1932, p. 6.
70 León D róvar, "Cribando ideas. P órtico", Iniciales, 12, 1933, p. 11.
104 A N T O N IO E L O R Z a

anos posteriores. Pero su calidad de antecedente no es desdeñable a la hora de


acuñar los planteamientos alternativos al insurreccionalisrao faista, tanto de cara a
las contra-utopias del treintismo como del revisionismo anarquista que preside las
publicaciones de la FA1 a partir de 1934. En síntesis, la lectura de Orto ofrece la
alternativa de un nuevo mundo protagonizado por el proletariado con la
contribución de los técnicos a modo de alternativa a la crisis del capitalismo. Pero
la revolución no es un acto insurreccional, sino la expresión de la racionalidad
inherente al proceso de producción, que el capitalismo niega con sus fonnas or­
ganizativas. La incidencia de la teorías sobre la racionalización y el planismo re­
sulta evidente a la hora de diseñar esa perspectiva de un orden económico reno­
vado donde los sindicatos se convierten en el sujeto de la revolución. Y en la
medida que ese nuevo orden implica también una nueva actitud en el hombre ante
la naturaleza y el sexo, tales comentes libertarías pueden ser asumidas sin mayo­
res problemas.
En el razonamiento del artículo introductorio a la publicación, el editor Marín
Civera dcfmc las piezas maestras del proyecto. El punto de partida es la inexo­
rabilidad de las crisis capitalistas, que hacen necesaria su eliminación revolucio­
naria:
E$ necesario organizar la vida de tal manera que el provecho d e la actividad creadora de
los hom bres, sin separaciones de ideas ni partidos, pertenezcan a la colectividad y oue los
encargados de distribuir sean los propios creadores de la riqueza: lo s productores, lo s sa­
bios, los técnicos, p o r medio de sus órganos sindicales adecuados [...]. E s indispensable
recrear U vida social, por la humanización de la econom ía.71

Es un nuevo armonismo, si bien no correspondiente a un orden precapitalista,


como el de Urales o Puente, y que toma como referencia las contradicciones
puestas de relieve po; la gran crisis del capitalismo y las expectivas revoluciona­
rías observables en la sociedad española de los 30. Se trataría de racionalizar este
impulso, inyectándole de paso los contenidos liberadores ya acuñados por el pen­
samiento anarquista:
Hay que aprovechar los elem entos de la técnica y los m ateriales acum ulados p o r to d o s y
basta las organizaciones que convenga el capitalismo. Pero dándoles un alma, una ética
nueva, una nueva manera de convivir.
Sobre todo que. en este vasto pian de construcción y rectificación d e to d o s los valores
humanos, no predom ine el espíritu de secta, que baga im posibte la convivencia arm ónica y
sea solamente una clase la que se im ponga.'3

71 M ario Civera,"El sentido hum ano de ia econotnia". Orlo, 1, 1932, pp. 4-5.
7 2 /ó á ¿ ,p . 5
U t o p ía y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 105

En el límite, prolongando la linea trazada por Civera, el ingeniero Martínez


Rizo, escritor el mismo de una novela utópica titulada ¡945, pensará en un impe­
rio total de la técnica donde los hombres se vieran libres de todo trabajo obliga­
torio merced a la robotización general.
La perspectiva adoptada impone una composición plural a que se ajusta per­
fectamente el cuadro de colaboradores de Orto. La crítica del capitalismo acoge
la tradición marxista a través de Lucien Laurat, la critica económica de
Comelissen y desemboca en la utopía sindicalista de Pierre Besnard. Pestaña
enlaza con la tradición confederal y los médicos como Huerta o Puente con la
problemática anarquista correspondiente a la vida cotidiana. En el plano artístico,
Sender recuerda el componente revolucionario de la cultura • e incluso de la
ignorancia • proletaria frente a las concepciones elitistas republicanas, mientras
Renau propone el ejemplo del nuevo arte soviético. Sólo que en 1933 el equili­
brio se va a quebrar con la llegada del nazismo al poder y el tema del frente único
antifascista pasará a primer plano, rompiendo los puentes con el sector libertario
Sin embargo, no eran muy distintas las posiciones ideológicas expresadas por
el sector 'treintista1 o sindicalista revolucionario de la CNT al tratar de foijar una
alternativa ideológica al faismo. Puede decirse que el corte entre las dos ten­
dencias es también la expresión de la duplicidad de componentes de la CNT de
los Treinta (expresión residual del peso del anarquismo sobre el movimiento
obrero organizado, de una parte, intento de respuesta a las formas de organiza­
ción de los años veinte, marcados por la reestructuración capitalista, de otra. De
ahi que la divisoria entre el proyecto treintista y el faista sea tan clara en todos los
órdenes, y desborde ampliamente la ruptura inicial en tomo al tema de la estrate­
gia a adoptar frente a la República y el dilema de organización o insurrecciona-
lismo. Como hemos tratado de probar en otro lugar, las dos mentalidades van
peifüándose, enfrentadas, en el ambiente de semiclandestinidad de la dictadura de
Primo de Rivera y salen a la luz cuando la recuperación cenetista es una realidad.
Lo de menos son los datos anecdóticos sobre la presencia o no de García Oliver,
Peiró o Fedenca Montseny en la FAI. Cuenta en cambio un ambiente de con­
frontación muy definido, que en el Congreso de Madrid del 31 se materializa en
los tipos de posiciones, presión o ruptura respecto de la República y reforma or­
ganizativa industrialista o mantenimiento de los sindicatos únicos. Las fronteras
están trazadas y responden a la duplicidad de composición del mundo confederál
antes evocada. Cuando el "faismo", finalmente, lance su ofensiva insurreccional
en 1932-33, y de modo correlativo proyecte formalmente sus aspiraciones utópi­
cas, los 'treimistas' tendrán que replicar, del mismo modo que los primeros lo hi-
m A N T O N IO E L O R Z A

aeran al mito soviético. Los escritos de Pestaña y Peiró, especialmente la serie de


artículos incluida por éste en Sindicalismo, defínen claramente un proyecto que
se inscribe a las claras en la perspectiva de racionalización y sindicalización de la
economía» a modo de período de transición al comunismo libertario, que repro*
doce los planteamientos ya conocidos a través de la lectura de Orto. Y a diferen­
cia de lo que ocurre con la publicación, el antifascismo podrá servir para ajustar
temporalmente las piezas de la estrategia política a través del ingreso en una de
las Alianzas Obreras donde por el momento la composición política no está bien
definida y en cambio si despunta la perspectiva de la revolución social a partir de
una pluralidad convergente de organizaciones obreras. La cohesión ideológica
parece, pues, garantizada en este caso. Fallará la práctica, primero por la derrota
en la Lucha por el control de la Confederación y más tarde por otra derrota, la de
)a insurrección revolucionaría de octubre de 1934. .
En realidad, son dos denotas obreras las que, con muy distinto signo, van a
contribuir a rectificar este mapa del pensamiento anarquista, aunque como vere­
mos los trazos dominantes sobreviven a las cnsis hasta julio del 36.
Aparentemente, los sucesos de octubre de 1934 hubieran debido producir una
rectificación. El aislacionismo dominante en la CNT pud> «star justificado por la
represión catalanista de los meses anteriores, pero en cualquier caso entraba en
conflicto con la fórmula clásica de que al producirse la revolución los confedera­
les no faltarían a su cita en la calle. Es más, como ha subrayado R. Vinyes en La
Catalunya internacional, la represión subsiguiente contribuyó a crear un clima de
solidaridad entre las corrientes obreras al que difícilmente podía escapar la CNT.
El propio Comité Regional catalán hubo de reconocerlo al convocar la
conferencia extraordinana de enero de 1936:
N o puede sustraerse ninguno d e los com ponentes de este Com ité al am biente de U calle,
que necesariam ente ha de respirar, y en este sentido am biente de la calle, significamos la
captación de criterios escuchados en el taller, obra o fábrica; en el café, en el encontrona­
zo inesperado del amigo antiguo; en cambio de im presiones celebrado con otro com pa­
ñero de otra región, llegado p o r causas distintas a la nuestra; en las cartas que recibo per­
sonalmente d e Us cárceles y presidios, y acaso también de algún cam arada refugiado en el
extranjero (...). H oy empiezan a creer m uchos cam aradas que acaso habíam os sustentado
una posición equivocada ante lo que se plantea en todos los sitios que ba de predom inar al
ambiente revolucionario, sacando a relucir com o bandera de enrolam iento el 6 de octu­
bre.7?

Sin embargo, las reacciones defensivas de) grupo dirígeme de la CNT-FAJ


pudieron más que ese ambiente de la calle, a costa sólo de bajar el tono de la73

7 3 Ck. apud R. Vinyes. La Catalunya (níernaaonat (Barcelona, 1983), pp. 218*219.


U x o r ia y r e v o l u c ió n e n e l m o v im ie n t o a n a r q u is t a e s p a ñ o l 107

propaganda abstencionista en las elecciones de febrero de 1936. En definitiva, a


favor del continuismo jugaba el callejón sin salida en que se encontraban los
defensores de la alternativa aliancista tras el fracaso de octubre. La moral de los
trabajadores no se había derrumbado, pero sí la expectativa de reproducir el en­
sayo insurreccional. De este modo, el aliancismo de los antiguos treintistas trope­
zaba con la dificultad de que la nueva coyuntura llevaba a primer plano la consti­
tución de alianzas políticas con finalidad electoral. Quedaba así abierto paradóji­
camente un camino de reunificación de la CNT donde los sindicalistas minori­
tarios tendrían que olvidar las pasadas críticas y de hecho aceptar el manteni­
miento de la hegemonía anarquista. Por otra parte, la conciencia de inestabilidad
que sigue a las elecciones de febrero favorece la impresión de que sigue care­
ciendo de sentido toda esperanza en la política republicana. Ante el Congreso de
Zaragoza, podrá así acuñarse la versión de que la CNT ciertamente no había
tenido éxito en sus intentos, prorrevolucionaríos, pero que por lo menos había
contribuido decisivamente a disipar entre los trabajadores la ilusión republicana
Era la idea central de Juan García Oliver, el cerebro del grupo Nosotros.
"¿Podíamos hablar de revolución todos los días?", se preguntaba el portavoz del
Sindicato de la Industria Pesquera de Parajes en el Congreso de Zaragoza. "El S
de enero tuvo la virtud de destrozar el primer bienio", le replicará el representante
de la Construcción zaragozana, concluyendo: "Si la CNT no hubiera desarrollado
actividad, el proletariado no estaría hoy en condiciones revolucionarías". De este
modo, la sucesión de derrotas iniciada en 1932 y la actitud aislacionista de
octubre de 1934 quedaban justificadas. Juan García Oliver será aun más explí­
cito: gracias a Casas Viejas se "removió todo". En la misma linea, el dictamen
sobre Alianzas Revolucionarías adaptaba la presión unitaria surgida de Octubre
en el sentido de condicionar que "para que sea una realidad efectiva la revolución
social, hay que destruir completamente el régimen político y social que regula la
vida del país"74. De ahí que para concretar el pacto la UGT hubiera de reconocer
previamente "el fracaso del sistema de colaboración política y parlamentaría". No
sólo era reafirmado el propio apoliticismo, sino que se imponía al presunto aliado.
En este marco ha de entenderse la significación que adquiera en el Congreso
de Zaragoza la discusión sobre el "concepto confederal del comunismo liberta­
rio"7^. Una vez más, el recurso a la utopia sirve para confirmar la voluntad revo-
74 E l Congreso confederal de Zaragoza ( s .l, 1955), pp. 120, 125, 57 y 1$8.
7$ H em os desarrollado e sta tem ática en "La utopía anarquista durante la Segunda República
española" {Revista de Trabajo, 32, 1970, 220-237) y en "N otas sobre cultura y revolución
en el anarcosindicalism o español, 1934-1936", en J.L. G arcía D elgado, ed., L a JJ República
española. Bienio rectificador y Frente Popular, ¡934-1936. (M adrid, 1988), pp. 167-175.
108 An t o n io Elo rza

lucionana de la CNT y para huir de la complejidad política del presente. No es


casual tampoco que paralelamente fuesen rechazadas en el debate sobre el dicta­
men aquellas perspectivas "industrialistas"» como la de Abad de Santillán, que se
conjugaban con una visión del anarquismo como proyecto revolucionario compa­
tible con una pluralidad de actitudes e ideologías, socialistas o comunistas, en el
cuadro de "un amplio acuerdo para la liquidación social de un régimen". Al lado
de la reafirmación de la hegemonía anarquista tradicional y de la encubierta estra­
tegia aislacionista, la CNT despliega en Zaragoza una visión ruralizante, comu-
nalista, de la organización social posrevolucionaría. Una vez lograda la revolu­
ción, los anarquistas desenvolverían espontáneamente unas nuevas relaciones
sociales, libres de todo condicionamiento político o económico. Era una Arcadia
feliz, pero también irreal, según apreciará el mismo Abad de Santillán. De cara a
la guerra civil, la CNT llegaba así en una situación de vacio estratégico y doc­
trinal.
Andres Galera Gómez

La antropología criminal frente al anarquismo español

El uso ideológico de la antropología criminal lombrosiana como instrumento re­


presor frente al movimiento ácrata es un claro ejemplo de instrumentalización
científica por parte del poder» que en este caso es un acto de sumisión frente a la
causa burguesa. Cuando en 1894 Cesare Lombroso consuma su determinismo
científico en el ámbito político intentando definir antropológicamente el tipo anar­
quista, no sólo se está manipulando la realidad sino que simultáneamente se pone
enjuego un mecanismo rápido y eficaz contra una minoría social capaz de deses-
tabilizar la jerarquía gubernativa de una sociedad oligárquica. El ardid se confa­
bula contra las facciones violentas, contra los propagandistas por el hecho, y la
solución no es otra que la consideración del anarquista como un criminal definible
íisionómicamente, asi los postulados sobre el criminal nato preconizados por la
Escuela Italiana adquieren total validez y son de gran utilidad para el control y la
coerción de estos revolucionarios.
Nada nuevo aportan los anarquistas de Lombroso a la problemática social de
las últimas décadas de la centuria decimonónica» si tenemos en cuenta que los
planteamientos del célebre italiano no son más que una traslación del movimiento
ácrata a la generalidad de sus teorías antropológicas sobre el delincuente. Desde
este punto de vista el crimen anarquista no manifiesta ninguna característica pe­
culiar que lo diferencie del resto, y sus autores no son sino nuevos representantes
de esa singular entelequia llamada criminal nato en la que Lombroso sumerge el
mundo del delito. Locos, epilépticos, degenerados, apasionados histéricos, atávi­
cos, son los baluartes de estos grupos violentos que, enarbolando la bandera de la
justicia y la igualdad, se atreven a provocar las iras de sus amos arguyendo sus
miserias, tras la consecución de un status mejor que todos reconocen pero que
nadie quiere otorgar.
La sociedad española respondió a la violencia anarquista con la misma rotun­
didad y fuerza represiva que lo habian hecho italianos, franceses, o rusos, al fin y
al cabo detrás de cada agresión terrorista la clase burguesa no vislumbraba más
que un nuevo ataque a su libertad y a su bienestar; si bien, el movimiento positi­
vista español, representado por Rafael Salidas, se mostró discrepante con los
postulados lombrosianos, trasladando el problema al ámbito propio del individuo
no An drés G alera Góm ez

y no a la colectividad que presuntamente representa, significando claramente que


el delincuente lo es por el acto que comete y no por la ideología que profese. En
contraposición la jurisprudencia reclamó con reiteración unos planteamientos que
amaño había rechazado, y a los que ahora acudía en defensa de una mal enten*
dida justicia social: la de sus propios intereses.

Lombroso y el movimiento anarquista


Con la publicación en 1894 de su obra Gli Anarchici, Lombroso culmina una de
las múltiples facetas a que había dado lugar el criminal nato desde su aparición en
1875: el delincuente politico. Preludio de esta obra fueron sus trabajos Del tipo
criminale nei delinquenti politici. Il delitto politico e le rivoluzioni, La pena nel
delitto politico.1 en las que Lombroso pretende ir conformando un nuevo perso­
naje de su particular universo criminal En los anarquistas nos encontramos a un
Lombroso prosélito del socialismo, acritud que Ricardo Mella calificó de anar­
quismo inconsciente2, como único remedio contra la insurrección ácrata,
deslizándose sutilmente por los dolorosos vericuetos de la injusticia social y de la
represión gubernativa. Ambigüedad que muy acertadamente, llevó a M ella a de­
finir la obra como de un "eclecticismo tal, que se hace necesaria gran sutileza del
ingenio para seguir el tortuoso pensamiento del autor"3. En el texto lombrosiano
corren paralelas dos ideas contrapuestas, por un lado la injusticia social del prole-
tañado ongen de la violencia revolucionaría en repuesta a la negligencia de los
gobernantes, no teniendo reparo en justificar su comportamiento:
Quando i Re erano despoti, e naturale ebe la anarchia fosse regicida: adesso chu i D eputati
s o d o irresponsabili quanto q u e lli e più dispotici ancora e più di lavoro colpevoli, e
naturale che gli anarchici se la prendano eoa loro e che si sostituisca il dcputaticidio al
regicidio4, *

por otro el control social de un grupo que al trasgredir las leyes que rigen una
sociedad que los margina dejan de ser revolucionarios para convertirse en rebel­
des criminales

1 "Del tipo criminale nei delinquenti politici", Archivio de Psichiatria Antropologia


Criminale t Scienze Penali. V I <3885) 148, en colaboración con L aschi II delitto politico e
le rivoluzioni. Turin, 1890; eu colaboración con Laschi "La pena nel delitto politico“,
Archivo de Psichiatria A ntropologo Criminale e Scienze Petiah X I (1890)139-80. Gli
Anarchici, Turin, 1894. S obre la bibliografia de C esare Lom broso consúltese P eset, J.L.,
Pesct. M. (1975), Lombroso y la escuela positivista italiana , C.S.I.C ., M adrid, pp, 1201-
1209.
2 Mella, R. (1896), Lombroso y los anarquistas, Reed. de 1978, ed. Jùcar, M adrid, p. 103.
3 Ibidem, p. 80.
4 1-orobroso, C. (1894), Gli A narchia, T u rò , p. 173.
La a n t r o p o l o g ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o 111
M a dove il delitto politico si confonde col delitto com une, è quando codestri novatori dal
campo teorico, libero a spaziare da chiunque abbia la m ente sana, pretendono scendere
alla pratica, volendo com o vidim o, raggiungere la meta con ogni mezzo, anche col furto c
coll'assassinio;

Desde estas consideraciones el tratado de Lombroso analiza la problemática


anarquista albergando tres aspectos concomitantes: una primera parte en la que se
da cabida al significado social de los movimientos revolucionarios de la época,
una segunda en la que se pretende deñnir antropológicamente al anarquista, y una
tercera dedicada a) correccionalismo y a la profilaxis de la ideologia ácrata
Sobre la temática social se plantea la necesidad de una evolución, de una re*
forma, dirigida hacia ia eliminación de las injusticias que padecen las clases me­
nos favorecidas, situación de la que se hace responsable exclusivo al poder eje­
cutivo, a cuyo fin no se puede aplicar el modelo social anarquista que sólo provo­
caría una regresión a estructuras arcaicas, prehistóricas, aspecto que podríamos
calificar de degeneración social evolutiva, - transfondo de toda la teoría crimina­
lista lombrosiana -, y que en cualquier caso estaría destinada al fracaso, pues toda
revolución que quiera consolidarse como evolución social, arguye Lombroso, ha
de realizarse pausadamente permitiendo que la sociedad asimile las transforma­
ciones que se pretenden conseguir, y no mediante el empleo de medios violentos
que convierten cualquier ideal en una rebelión, y a los sediciosos en simples cri­
minales. Así se establece un estrecho vínculo entre la criminalidad y el anar­
quismo, relación que se va a consolidar mediante la determinación tipológica, te­
mática en donde la fisionomia juega un papel esencial para la definición antropo­
lógica del anarco-criminal. ’’Una prova chi afrissima se ne ha nel quadro fisiono­
mico che tolgo al mio Delitto politico, afirmará el maestro curmense a este
respecto, tesis que se va a consolidar mediante la utilización de variables etnoló­
gicas y patológicas: la jerga, el tatuaje, la falta de sentido moral, el lirismo, la
epilepsia, la locura, la neofilia, la histeria conducente a estados de altruismo ex­
tremo, son pruebas irrefutables de la presencia del tipo criminal nato en los parti­
darios de la propaganda por el hecho. En oposición a éstos se define el anarquista
honrado que presenta $1 tipo normal propio de todo revolucionario567, siguiendo
esa concepción de buenos y malos, tan genuina de la sociedad humana, que la
antropología criminal consolidó desde una perspectiva científica.

5 Ibidem, p. 55.
6 ibidem, p . $9.
7 La revolución corresponde a un esquem a de transform ación social lento, progresivo, sin
violencia, y está siem pre prom ovido p o r hom bres geniales y apasionados, y no p o r crimina­
les n a to s V éase G li Anarchici, pp. 56-57 y 66-67.
112 An drés Galera Góm ez

Por su pane, e! correccionalismo y la profilaxis preconizados por Lombroso


para combatir el anarquismo pretende ser una terapéutica no traumática, carente
de violencia, con la intención de evitar la proliferación de los mártires de la causa
renunciando al uso de la pena capital y proponiendo la encarcelación en mani­
comios, supuesta la locura de los activistas, la deportación, la supresión de los
medios de difusión pública, y la promoción de actos y manifestaciones populares
en protesta contra los actos terroristas con el fin de crear un ambiente antipopu­
lar. Paralelamente se ha de poner en juego una reforma educativa tendente al
control ideológico de la población, y una remodelación del sistema económico
orientada a una mejor distribución de los bienes que ha de posibilitar la supresión
de los males de la clase trabajadora, reclamando para ello la adopción del modelo
socialista como el único capaz de refutar las teorías anarquistas y de integrar
positivamente en la sociedad capitalista las reformas requeridas para la consecu­
ción de la anhelada transformación social.89
Ya hemos comentado algunas de tas criticas que el anarquismo español, repre­
sentado por Ricardo Mella, dedicó a la obra del insigne profesor de Turín; censu­
ra que se fundamenta en la parcialidad c infalibilidad de los científicos a la hora
de elaborar sus teorías, presuponiendo una inexistente justicia social:
N uestros sabios, y entre ellos L om broso, n o analizan la equidad del m undo en que viveo.
Dan por c ie ñ a su justicia, presuponen necesarios, ineludibles, sus fundam entos, y, sobre
una preocupacióo heredada, levantan el espléndido edificio de su ciencia indiscutible.^

En su opinión "una imaginación exuberante, unida al afán exagerado de especiali­


zar las ciencias, es la causa verdadera de las incongruencias lombrosianas."10
Mella encuentra un Lombroso deambulante entre e) socialismo de cátedra y la
acracia inconsciente que se traduce en un mensaje social ecléctico, rechazado por
el carácter represivo y la temática criminosa que el positivismo antropológico
criminal aporta al contenido de la obra: "La mandíbula es sana; los pómulos se
destacan regularmente y todas las facciones del rostro son enérgicas y viriles.
Examinando el rostro de Miguel, Lombroso se llevaría un chasco", afirmaba El
Rebelde madrileño en su crónica del fallido atentado de Miguel Artal contra
Maura.11

8 Lombroso, C. (1894), pp. 149 vss.


9 Mella, R ( 1896), p 80.
10Ibúitm, p. 81.
1 1 E t Rebelde. M adrid, 21 de abril d e 1904. V éase N úñez Florencio, R. (1893), E i terrorismo
am'qutsta J888-J909 M adrid, Siglo X X I, pp. 131-132.
La a n t r o p o l o g ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o 113

La antropología criminal española y los anarquistas


La antropología criminal fue una disciplina que llegó tardíamente a la comunidad
científica española * manteniéndose vigente nuestro ya tradicional retraso cultural
siendo necesario el transcurso de una década desde la aparición en 1875 de la
primera edición italiana de L'Uomo delínqueme, para que el positivismo criminal,
que ya por entonces era objeto de múltiples polémicas en casi toda Europa, cru­
zase la frontera pirenaica12. Entre tanto las ediciones italianas y francesas de los
apóstoles de la Escuela Italiana eran presa codiciada por una minoría privile­
giada, en su mayoría médicos y jurisconsultos, que se mantenía expectante gra­
cias a su ancestral conservadurismo. Y así no será hasta el bienio 1887-188813
cuando básicamente se tome conciencia de una disciplina que agitaba violenta­
mente los anquilosados cimientos de la ciencia jurídica. En ese momento pode­
mos afirmar, empleando palabras de Pío Baroja, que "en todas partes había un
pequeño Lombroso. En Madrid era el doctor Salillas."14 El será quien enarbole la
bandera de la antropología criminal española, de tal suerte que sobre esta materia
todo giraba alrededor de su persona1*; circunstancia que no pasó desapercibida al
anarquismo español otorgándole el titulo de "el pequeño César de la antropolo­
gía"16. Por ello nuestro estudio va a estar orientado hacia el análisis de los postu­
lados antropológicos que sobre la acracia estableciera esta versátil figura de la
ciencia y la política nacional decimonónica.
Curiosamente es por estas fechas cuando comienzan a tener lugar en Barcelona
las primeras escaramuzas de la propaganda por el hecho, preludio de lo cual ha­
bían sido los históricos sucesos protagonizados en 1883 por la Mano Negra. Las
primeras disensiones del anarquismo español sobre esta problemática surgieron
en el congreso de la FTRE celebrado en Sevilla en 1882, evento en el que un
grupo andaluz, autodenominado Los Desheredados, partidarios de la propaganda
12 E n un trabajo precedente hem os establecido tre s etapas de evolución de la antropología
criminal en Espada, una prim era en U que se vincula estrecham ente al movimiento alienista,
la segunda que corresponde a un breve periodo d e transición en el que se inicia la difusión y
crítica de los nuevos conceptos de la Escuela Italiana, y un tercero de institucionalizadón a
p a rtir de 1887. V éase Galera, A. {1987), "La A ntropología criminal en España: su proceso
d e asimilación y evolución", Asclepio, v o l XXXDC, pp. 273-289.
13 En estas fechas tuvieron lugar dos acontecim ientos que sirvieron d e m a n q u e definitivo a la
disciplina en nuestro país: la publicación en 1887 d e la obra d e Félix de A ram buru, La
nueva ciencia penal , fruto de una serie de conferencias im partidas sobre la doctrina de
Lom broso que tuvieron gran repercusión, y la conferencia pronunciada p o r Rafael Salillas
en 1888 en el A teneo m adrileño con el titulo de "La antropología en el derecho penal".
14 B&roja, P. (1949) Obras Completas. T. V III, M adrid, p. 570.
lS V é a se Galera, A. (1986), "Rafael Salillas: m edio s id o de antropología criminal española".
Llull, v o l 9 , pp. 81-104.
16 M ella, R (1896), p. 156.
no An drés Ga lera Gó m ez

y no a ta colectividad que presuntamente representa, significando claramente que


el delincuente lo es por el acto que comete y no por la ideología que profese. En
contraposición la jurisprudencia reclamó con reiteración unos planteamientos que
antaño había rechazado, y a los que ahora acudía en defensa de una mal er.ten-
dida justicia social: la de sus propios intereses

Lombroso y el movimiento anarquista


Con la publicación en 1894 de su obra Gli Anarchici, Lombroso culmina una de
las múltiples facetas a que había dado lugar el criminal nato desde su aparición en
1875 el delincuente político Preludio de esta obra fueron sus trabajos Del tipo
criminale nei delinquenti politici. Il delitto politico e le rivoluzioni. La pena nel
delitto politico.1 en las que Lombroso pretende ir conformando un nuevo perso­
naje de su particular universo criminal En los anarquistas nos encontramos a un
Lombroso prosélito del socialismo, actitud que Ricardo Mella calificó de anar­
quismo inconsciente2, como único remedio contra la insurrección ácrata,
deslizándose sutilmente por los dolorosos vericuetos de la injusticia social y de la
represión gubernativa Ambigüedad que muy acertadamente, llevó a Mella a de­
finir la obra como de un "eclecticismo tal, que se hace necesaria gran sutileza del
ingenio para seguir el tortuoso pensamiento del autor"3. En el texto lombrosiano
corren paralelas dos ideas contrapuestas, por un lado la injusticia social del prole-
tañado origen de la violencia revolucionaría en repuesta a la negligencia de los
gobernantes, no teniendo reparo en justificar su comportamiento:
Q uando i Re erano d e sp o ti e naturale che la anarchia fosse regicida: adesso c h e i D eputati
s o d o irresponsabili quanto quelli, e più dispotici ancora e p iù di lavoro colpevoli, e
saturale che gli anarchici se la prendano con loro e che si sostituisca il dcputiticidio al
regicidio4,

por otro el control socia! de un grupo que al trasgredir las leyes que rigen una
sociedad que los margina dejan de ser revolucionarios para convertirse en rebel­
des criminales.

1 "Del tipo criminale nei delinquenti politici“. Archivio de Psichiatria. Antropologia


Criminale e Scienze Penali. V I (1885) 14$, en colaboración con L asch i II delitto politico e
le rivoluzioni, Turin, 1890, eu colaboración con Laschi "La pena n el delitto politico".
Archivo de Psichiatria Antropologia Criminale e Scienze Penali. X I (1890)139*80. Gli
Anarchici, Turin, 1894. Sobre la bibliograâa d e C esare Lom broso consúltese P eset, J.L.,
Peset, M. (1975), Lombroso y la escuela positivista italiana, C .S .L C , M adrid, pp. 1201*
1209.
2 Mella, IL (1896), Lombroso y los anarquistas, Reed, de 1978, ed. Jùcar, M adrid, p. 103.
3 Ibidem, p 80.
4 I,om broso. C. (1894), GU Anarchici, T u n a , p. 173
La a n t r o p o l o g ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o 111

M a d o v e Q debito político á coafonde co l debito com uae, ¿ quaodo codestri n o v ito ri dal
cam po teórico, libero a s p a s a re d a chhm que abbia la m ente sana, preteodono sceodere
aba pratica, voleado com o vklim o. ragghm gere la m eta con ogni m ezzo, anche col furto e
colTassassinio;

Desde estas consideraciones el tratado de Lorabroso analiza la problemática


anarquista albergando tres aspectos concomitantes: una primera parte en la que se
da cabida al significado social de los movimientos revolucionarios de la época,
una segunda en la que se pretende definir antropológicamente al anarquista, y una
tercera dedicada al correccionalismo y a la profilaxis de la ideología ácrata.
Sobre la temática social se plantea la necesidad de una evolución, de una re­
forma, dirigida hacia la eliminación de las injusticias que padecen las clases me­
nos favorecidas, situación de la que se hace responsable exclusivo al poder eje­
cutivo, a cuyo fin no se puede aplicar el modelo social anarquista que sólo provo­
caría una regresión a estructuras arcaicas, prehistóricas, aspecto que podríamos
calificar de degeneración social evolutiva, - transfondo de toda la teoría crimina­
lista lombrosiana y que en cualquier caso estaría destinada al fracaso, pues toda
revolución que quiera consolidarse como evolución social, arguye Lombroso, ha
de realizarse pausadamente permitiendo que la sociedad asimile las transforma­
ciones que se pretenden conseguir, y no mediante el empleo de medios violentos
que convierten cualquier ideal en una rebelión, y a los sediciosos en simples cri­
minales. Así se establece un estrecho vínculo entre la criminalidad y el anar­
quismo, relación que se va a consolidar mediante la determinación tipológica, te­
mática en donde la fisionomía juega un papel esencial para la definición antropo­
lógica del anarco-críminal. "Una prova chiarrissima se ne ha nel quadro fisiono-
mico che tolgo al mió Delitto político, f...]"56 afirmará el maestro turínense a este
respecto, tesis que se va a consolidar mediante la utilización de variables etnoló­
gicas y patológicas: la jerga, el tatuaje, la falta de sentido moral, el lirismo, la
epilepsia, la locura, la neofilia, la histeria conducente a estados de altruismo ex­
tremo, son pruebas irrefutables de la presencia del tipo criminal nato en los parti­
darios de la propaganda por el hecho. En oposición a éstos se define el anarquista
honrado que presenta el tipo normal propio de todo revolucionario7, siguiendo
esa concepción de buenos y malos, tan genuina de la sociedad humana, que la
antropología criminal consolidó desde una perspectiva científica.

5 Jbidem , p. 55.
6 Jbidem , p. 59.
? La revolución corresponde a un esquem a de transform ación social lento, progresivo, sin
violencia, y esta siem pre prom ovido p o r hom bres geniales y apasionados, y no p o r crimina­
les natos. V éase Gii Anarchtci, pp. 56-57 y (6 -6 7
112 An d rés Ga lepa Góm ez

Por su parte, el correccionalismo y la profilaxis preconizados por Lombroso


para combatir el anarquismo pretende ser una terapéutica no traumática, carente
de violencia, con la intención de evitar la proliferación de los mártires de la causa
renunciando al uso de la pena capital y proponiendo la encarcelación en mani­
comios, supuesta la locura de los activistas, la deportación, la supresión de los
medios de difusión pública, y la promoción de actos y manifestaciones populares
en protesta contra los actos terroristas con el fui de crear un ambiente antipopu­
lar. Paralelamente se ha de poner en juego una reforma educativa tendente al
control ideológico de la población, y una remodclactón del sistema económico
orientada a una mejor distribución de los bienes que ha de posibilitar la supresión
de los males de la clase trabajadora; reclamando para ello la adopción del modelo
socialista como el único capaz de refutar las teorías anarquistas y de integrar
positivamente en la sociedad capitalista las reformas requeridas para la consecu­
ción de la anhelada transformación social.89
Ya hemos comentado algunas de las críticas que el anarquismo español, repre­
sentado por Ricardo Mella, dedicó a la obra del insigne profesor de Turin; censu­
ra que se fundamenta en la parcialidad e infalibilidad de los científicos a la hora
de elaborar sus teorías, presuponiendo una inexistente justicia social:
N uestros sabios, y cotre ellos Lom broso, n o analizan la equidad de) m undo en q u e viven
Dan por cierta su justicia, presuponen necesarios, ineludibles, sus fundam entos, y, sobre
una preocupación heredada, levantan el espléndido edificio d e su cieocia indiscutible.^

En su opinión Muna imaginación exuberante, unida al afán exagerado de especiali­


zar las ciencias, es la causa verdadera de las incongruencias lombrosianas."10
Mella encuentra un Lombroso deambulante entre el socialismo de cátedra y la
acracta inconsciente que se traduce en un mensaje social ecléctico, rechazado por
el carácter represivo y la temática criminosa que el positivismo antropológico
criminal aporta al contenido de la obra: "La mandíbula es sana; los pómulos se
destacan regularmente y todas las facciones del rostro son enérgicas y viriles.
Examinando el rostro de Miguel, Lombroso se llevaría un chasco', afirmaba El
Rebelde madrileño en su crónica del fallido atentado de Migue) Arta! contra
Maura.11

8 Lombroso, C. (1894), pp 149 y s$.


9 Mella, R_ (1896), p. 80.
10¡bidem, p. 8).
11 £7 Rebelde. M adrid, 21 de abril de 1904. V éase N úñez Florencio, R. (1893), E l terrorismo
anarquista 1888-1909 M adrid, Siglo X XI, pp 131*132.
L a A N T R O PO L O G IA C R IM IN A L FR E N T E A L A N A R Q U IS M O 113

l a antropología criminal española y ¡os anarquistas


La antropología criminal fue una disciplina que llegó tardíamente a la comunidad
científica española - manteniéndose vigente nuestro ya tradicional retraso cultural
% siendo necesario el transcurso de una década desde la aparición en 1875 de la
primera edición italiana de L V o m o delínqueme y para que el positivismo crimina),
que ya por entonces era objeto de múltiples polémicas en casi toda Europa, cru­
zase la frontera pirenaica12. Entre tanto las ediciones italianas y francesas de los
apóstoles de la Escuela Italiana eran presa codiciada por una minoría privile­
giada, en su mayoría médicos y jurisconsultos, que se mantenía expectante gra­
cias a su ancestral conservadurismo. Y asi no será hasta el bienio 18S7-1 S8$13
cuando básicamente se tome conciencia de una disciplina que agitaba violenta­
mente los anquilosados cimientos de la ciencia jurídica. En ese momento pode­
mos afirmar, empleando palabras de Pió Baroja, que "en todas partes había un
pequeño Lombroso. En Madrid era el doctor Salillas."14 El será quien enarbole la
bandera de la antropología criminal española, de tal suerte que sobre esta materia
todo giraba alrededor de su persona15; circunstancia que no pasó desapercibida al
anarquismo español otorgándole el titulo de "el pequeño césar de la antropolo­
gía"lé. Por ello nuestro estudio va a estar orientado hacia el análisis de los postu­
lados antropológicos que sobre la acracia estableciera esta versátil figura de la
ciencia y la política nacional decimonónica.
Curiosamente es por estas fechas cuando comienzan a tener lugar en Barcelona
las primeras escaramuzas de la propaganda por el hecho, preludio de lo cual ha­
bían sido los históricos sucesos protagonizados en 1883 por la Mano Negra. Las
primeras disensiones del anarquismo español sobre esta problemática surgieron
en el congreso de la FTRE celebrado en Sevilla en 1882, evento en el que un
grupo andaluz, autodenominado Los Desheredados, partidarios de la propaganda
12 E n un trabajo precedente hem os establecido tre s etapas d e evolución d e la antropología
criminal en É spaña, una prim era en la q u e se vincula estrecham ente al movim iento alienista,
la segunda que corresponde a u n breve periodo d e transición en e l que se m id a la difimÓQ y
crítica de los su e v o s conceptos de la Escuela Italiana, y un te rc e ro d e mstitucionalizacióo a
p a rtir de 1887. V éase C alera, A. <1987), “L a A ntropología criminal en España: su proceso
de asixnilacióa y evolución", Asclepio, voL X X X IX , pp. 273-289.
13 E n estas fechas tuvieron lugar d o s acontecim ientos que sirvieron d e arranaue definitivo a la
disciplina cu nuestro país: la publicación en 1887 de la obra d e Félix d e A ram bum , La
nueva ciencia penal, fiuto de una serie de conferencias im partidas sobre la doctrina de
Lom broso que tuvieron gran repercusión, y la conferencia pronunciada p o r Rafael Salillas
en 1888 en el A teneo m adrileño con el titulo de "La antropología e s el derecho penal".
14 B aroja, P. (1949) Obras Completas. T. V m , M adrid, p. $70.
1$ V éase Galera, A . (1986), "Rafael Salidas: m edio siglo de antropología criminal española”,
Llull, v o l 9, pp. 81-104.
16M ella, R. (1896), p. 156.
1)4 A n d r é s G a ler a Gó m e z

violenta abandonó la Federación. Sin embargo, no será hasta la década de los no*
venta cuando se pueda hablar con propiedad de anarcoterrorísmo17189. De 1892 a
1897 va a tener lugar la primera gran oleada de atentados anarquistas: a los suce­
sos jerezanos de 1892 seguirán el atentado de Pallás contra el general Martínez
Campos y el de Santiago Salvador contra el Liceo barcelonés, ambos en 1893, el
atentado de Ramón Murall contra el gobernador civil de Barcelona en 1894, el
atentado contra la procesión del Corpus en 1896, preludio del célebre proceso de
Montjuich, el asesinato de Cánovas por Angiolillo en 1897, y el atentado de
Ramón Serapau contra el teniente Portas en ese mismo año, son los principales
acontecimientos de la propaganda por el hecho en la última década del siglo XIX.
En nuestro análisis el vinculo entre la antropología y el anarquismo no surge
hasta 1892, con motivo de los sucesos de Jerez, momento en que las páginas de
El Liberal sacarán a la luz pública las primeras criticas de Rafael Salillas a la
ideología y metodología ácrata.

Los sucesos de Jerez


La noche del 8 de enero de 1892 se producía el acto violento de mayor resonan­
cia de los protagonizados por el anarquismo andaluz. Ese ya tristemente célebre
atardecer, en el que varios ciemos de campesinos jerezanos acometieron, inge­
nuamente, la sublime tarea de liberar de la prisión a varios compañeros victimas
de la represión gubernativa, será el punto de partida de dos actitudes contrapues­
tas pero igualmente sangrientas, la coerción gubernativa y ei terrorismo Libertario.
A raíz de estos acontecimientos la pluma de "ese litera'« arrojado", apelativo
con el que Ricardo Mella califica a Rafael Salillas en esta ocasión1*, acomete la
defensa de una sociedad burguesa profundamente herida en su ego personal por
una "manada de locos", jerezanos a los que se les había subido "el sol, el vino, el
Mediodía o el Afnca a la c a b e z a . 9 Es la suya una reacción temperamental y
personal, lejos de consideraciones antropológíco-criminales aunque por venir de
su persona pueda simbolizarlo, y en este sentido lo entendió el anarquismo espa­
ñol, expresando el sentir de una clase social arrogante, orgullosa, amiga de bue­
nas intenciones y pocos hechos, cuyos intereses se oponen radicalmente a los del
proletariado. Y asi se tilda de loco al campesinado andaluz por su actitud inge­
17 Sobre esta temática consúltese Xúúez Florencio. R. (1983), particularmente el capítulo titu­
lado: "Los actos terroristas de 1888 a 1909", pp. 43-83.
18 Mella, R. (1892). "Manada de locos". El Productor, Barcelona, 18 de febrero.
19 Rafael Salillas define con estas palabras el comportamiento del campesinado en su lucha
contra la injusticia social. Véase Salillas, R. (1892a), "Manada do locos", E l Liberal,
Madrid. 8 de febrero.
La a n t r o p o l o g ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o US

nua, ilusa, crédula, insensata, de delirio, de alucinación, en definitiva por su igno­


rancia, "una ignorancia horrible, espontánea, reveladora de un estado social des­
consolador"20; y se les califica de manada por su comportamiento instintivo lejos
de cualquier atisbo de racionalidad e independencia:
Hay hombres que coa vista son ciegos: que mirando necesitan que les interpreten lo que
ven; que están siempre a merced de un lazarillo que les dice verdades o patrañas y que
forma en su mente un mundo de realidades, educándolos, o un mundo de ficciones,
extraviándolos.21

En última instancia se está definiendo una masa humana agonizante en sus penu­
rias económicas, a la que se castiga por su tendencia a la neofilia lombrosiana2223,
por su rebeldía contra unas condiciones injustas, vejatorias, que se pretende com­
batir mediante "la fuerza de la represión, de la ley, y de la defensa social, que es
la garantía del derecho, las lecciones experimentales del verdugo y las enseñan­
zas del patíbulo"22.
No le faltaba razón a Ricardo Mella cuando afumaba, en respuesta a su con­
trincante, que "en verdad confesamos que es un arma terrible la Manada de locos;
es un ramillete de frases escogidas y de efectos cautivadores para desacreditar las
ideas emancipadoras que abren brecha."24 La argumentación de Salillas, lejos de
su pretendido positivismo, está dictada más con el corazón que con la cabeza, en
defensa de unos intereses particulares, en aras de una justicia burguesa opuesta a
toda igualdad social, que olvida cuando convierte la victima en victimario y busca
en el patíbulo la expiación de los sufrimientos del campesinado que no de su
culpabilidad.
Hasta el momento no se ha manifestado aún un tipo anarco-crimina!, sino que
se ha definido un comportamiento antisocial promovido por la insurrección de un
grupo de ciudadanos soñadores. La antropología criminal española todavía no
había manifestado un posicionamiento definido sobre la tipología criminal, y me­
nos aún sobre la tipología anarquista, ante la multiplicidad de tipos criminales
promovidos por Lombroso, particularmente para los delitos políticos habiendo

20 Salillas, R. (1892a).
IXlbidem.
22 Lombroso en su tratado sobre los anarquistas va a definir la neofilia, tendencia a lo nuevo,
com o una peculiaridad de toda ideología revolucionaria.
23 SalOlas, R. (1892a).
24 Mella, R. (1892).
116 a n d res Ga lera Góm ez

dejado en el olvido el nihilismo ruso que el maestro de Turín redime bajo el ale­
gato de su carácter revolucionario25.
Contrapunto del manifiesto burgués redactado por Rafael Salillas fue la res­
puesta que el anarquismo español dio, a través de Ricardo Mella, en las páginas
de El Productor de Barcelona algunas fechas después26, litigio del que ya hemos
ofrecido algunos fragmentos. En ella, tratando de probar “la falta de razón y de
justicia de la sociedad presente y, de consiguiente, la necesidad de una transfor­
mación social"27, se esgrimen hábilmente las injusticias padecidas por el obrero
en genera] y el campesinado en particular, reproduciendo un panorama desolador,
perentorio, situación a la que se responde con los grilletes, las bayonetas, el cala­
bozo y el verdugo.
La palpitante cuestión social de Sa España de finales del siglo XIX será un
pretexto adecuado para que el positivismo decimonónico ataque de nuevo a las
huestes proletarias, ahora desde la veniente doctrinal. Lombroso y Garofalo, son
reclamados desde las paginas de El lib e ra l para que con su ortodoxia ejemplari­
cen a una sociedad en combustión ante el cercano primero de mayo de 1892a*.
Rafael Salillas pone en boca de Lombroso un socialismo teórico, sobre un estado
social injusto en el que, siguiendo su concepto de atavismo, se repiten estructuras
sociales pretéritas;
El mundo marcha con una desigualdad inconcebible. Sus avanzados siguen en el agio
XEX; su grueso queda atrás en la Edad Media, en la Edad Antigua y en la primera época
de los imperios asiáticos; sus rezagados no acaban de salir de las sombras y de la inercia
de la vida primitiva2*.

El atavismo social es producto de las injusticias y su tratamiento y profilaxis no


parece, a! menos teóricamente, requerir tas drásticas medidas represivas propues­
tas por el positivismo' italiano para el determinismo físico del delincuente, ya que
en esta ocasión el peligro se ciñe alrededor del capitalismo y no sobre el proceso
evolutivo de la humanidad; bastaría con acometer las pretendidas reformas para

25 Véase Salillas, R. (1892a), “El tipo criminal'', El Liberal, Madrid, 14 de abril. Lombroso en
su tratado sobre los anarquistas establece que los nihilistas en su mayor parte presentan un
riño normal, de cierta belleza (p 59).
26 El conocido dirigente anarquista Ricardo Mella asumió la ardu» tarea de refutar los plan­
teamientos argumentados por los antropólogos criminales para definir la tipología criminal
anarquía. Fruto de esta tarea será la referida obra Lombroso y los anarquistas, que tendrá
su preludio en el citado artículo de El Productor, “Manada de locos", en confrontación con
Rata«) Salillas
27 Mella, R. (1982),
28 Salillas, R. (1892c), '‘Interview'' con Lombroso, E l Liberal, Madrid 22 de abril; Salillas, R.
La a n t r o p o l o g ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o 117

subsanar estos lastimosos estados de evolución social. Revolución que ha de ser


lenta para que su eficacia sea completa, lejos de la convulsión anarquista que sólo
puede conducir a la insurrección y al caos.
Garofato por su parte, nos introduce, desde su visión antisocial, en el complejo
mundo del delito. En su conceptualización, no existe una correlación entre el
comportamiento delictivo de un individuo y la sociedad contra la que atenta, de­
pendiendo todo el proceso del estado psíquico de la persona. Desde estos princi­
pios se rechaza la temática económica como remedio para la problemática obrera,
que tampoco sería un eximente a sus actos delictivos vinculados única y exclusi­
vamente a la naturaleza humana del delincuente y no a factores externos. De sus
reflexiones se desprenden dos consecuencias ciertamente significativas como
preámbulo a una jom ada de protesta obrera: la inviolabilidad del orden social, y
la justificación del modelo represivo frente a la transgresión de la ley. Ambos
conceptos tendrían una amplia y sangrienta aplicación sobre el movimiento revo­
lucionario español.

E l tipo anarco-criminal
La obra de Rafael Salillas acoge la propaganda por el hecho desde dos puntos de
vista diferentes: por una parte se define el tipo psicosomático del crimina) anar­
quista, y por otra parte se analiza e) acto terrorista desde una perspectiva crítica.
Hasta ahora hemos asistido a una breve etapa de transición, en la que uno y
otro bando han mantenido un tendencioso juego dialéctico, recordemos que la
violencia revolucionaría no ha ejercido aún su faceta vengadora, que la va a dotar
de su carácter sangriento, limitándose a actos propagandísticos y de protesta
junto a frecuentes pero irrelevantes atentados con explosivos. No han surgido aún
los primeros mártires de la causa y la colectividad ha impedido la definición tipo­
lógica de los activistas, que no se va a producir hasta que la propaganda por el
hecho adquiera una dimensión individual. Es por ello que el positivismo antropo­
lógico criminal no se manifestará hasta la aparición de los primeros raagnicidios,
que en España tuvo lugar en 1893 con el fallido atentado de Paulino Pallas contra
el general Martínez Campos.
1893 y la figura de Pallas, a la que seguirán la de Murull, Angiolillo, Arta! y
MorTal, es el punto de partida tanto de la propaganda por el hecho como de la
actividad sistematizadora promovida por la antropología criminal española a era-
1 13 An d rés G a l e r a G ó n íe z

vés de SaUllas30, quien desde un principio va a rechazar abiertamente cualquier


relación entre la ideologia anarquista y el crimen político, afirmando que
Ciertamente que en todas las épocas ba habido colectividades a quienes imputar la insti­
gación al crimen político. [...] La politica ha buscado siempre las causas en conspiraciones
tenebrosas; U cuna al apoderarse dei autor del hecho y castigarlo, se ha considerado casi
siempre defraudada al no encontrarlos presuntos cómplices {...]31.

Su análisis psicosomatológico le confirma la tipología regicida de los autores de


estos atentados32, físionónucamente caracterizado por su aspecto agradable, su
juventud, su elevada estatura, su constitución vigorosa, y la ausencia generalizada
de anomalías craneanas, y psicológicamente definido por su fanatismo, su impre­
sionabilidad, su altruismo, su vengatividad, su misticismo, en definitiva por un
desequilibrio psíquico profundo que dota a estos individuos de una personalidad
perturbada denominada ’’auto-trágica" por su dramático final, permitiéndoles ac­
tuar alternativamente como héroes al realizar el acto, y como mártires al padecer
el castigo; un singular binomio que Salillas acerca a la auto-inmolación sin llegar
al concepto de suicidio indirecto propuesto por Lombroso33. Es esta una tipología
patológica, degenerativa, excluyeme de) upo criminal nato, que trata de eviden­
ciar la responsabilidad individual del acto, surgido de un trastorno psíquico que
"se presenta bajo formas de socialismo y anarquía, sin que ninguno de ellos
(magnicidios) obedeciera al mandato imperativo de las masas.”34
La personalidad degenerativa del regicida será analizada con detenimiento al­
gunos años más tarde35, tratando de explicar el peculiar altruismo de estos indivi­
duos. Se acude para ello a la filosofia de Nietzsche y su teoría de la duplicidad
del ego36 La personalidad humana estaría constituida por un yo individua), y un
yo social, de cuya armónica relación depende el estado psíquico del hombre. El
desequilibrio de e$tos*dos elementos, en uno y otro sentido, desencadenaría con­
ductas criminosas el predominio del yo individual originaría un egoismo extremo

30 Sibilas, R. (1893), "Pallas y los regicidas“, El Libera!, Madrid 2 de ocnibre.


31 Ibidem
32 El tipo regicida fue determinado por e! alienista francés E. Regis para caracterizar los
atentados contra los monarcas, generalizándose posteriormente para todo magoicidiio.
33 Cesare Lombroso considera que en este tipo de actos cuyo final es la pena dr nuierte la
finalidad última del criminal es el suicidio. Para Salillas este aspecto fonua parte de la con­
dición de mártir que asume el regicida al ejecutar el plan, que calificó com o ideas indirecta­
mente suicidas
34 Salillas, R. (1893).
35 Salillas, R. (1908), "Una página histórica fotografiada La ejecución d e Angiolillo", Revue
Hìspqnìque, v o i XIX. p 144; Salillas, R. (1914), Orígenes de una tragedia. Morrai el
anarquista. Madrid, p 118.
36 Nietzsche, F ( 1872), Die Geburt der Tragödie aus dem Geiste der Musik.
La a n t r o p o l o o ía c r im in a l f r e n t e a l a n a r q u is m o 119

conducente al delito común, por su parte la dominancia del yo social provocaría


un altruismo desorbitado propio de los delitos politicos. Este desequilibrio psí­
quico por predominio del yo social es la causa a la que se atribuye la personali­
dad trágica de los regicidas, alteración provocada por una desigualdad de
desarrollo17.
La tipología del anarco-criminal responde en el esquema de Salillas a un pro*
ceso patológico que desemboca en el tipo regicida, oponiéndose al criminal nato
lombrosiano, con el que queda fehacientemente demostrada su máxima de que el
anarquista es crimina! por el acto que comete y no por su ideología.

E l acto terrorista
Siguiendo los planteamientos del sueco Frederick Lindholm3*, Rafael Salillas es­
tablece una geografía anarquista española • el nacionalismo es una de las princi­
pales coordenadas de su obra antropológico criminal en la que se diferencian
dos zonas de influencia revolucionaría, Andalucía y Cataluña, con personalidad
propia, respondiendo cada una a diferentes connotaciones sociales19. En el sur de
la peninsula se manifiesta un movimiento libertario cuyas raíces se sumergen en
su ya lejana tradición bandolera, antecedente inmediato del vigente anarquismo
como respuesta a las injusticias sociales. Al bandolerismo le sucedería una pro­
funda y generalizada agitación social que culminaría en la constitución de una
poderosa asociación agraria, que, fuera de los sucesos de Jerez y de los actos
promovidos por la Mano Negra, se había mantenido dentro de una actividad pro­
pagandística pacifica.
Frente a ella se diferencia, en el norte de España, el anarquismo catalán carac­
terizado por su afrancesamiento, fruto de su situación fronteriza con el país galo.
Esta influencia francesa, generalizada en )a sociedad catalana, se testimonia en el
modelo de propaganda por el hecho seguido: ataque directo a la victima, en opo­
sición al modelo italiano de uso indiscriminado de explosivos. Los atentados
promovidos por la acracia catalana son a su vez sistematizados, atendiendo a su
significado, en dos grupos genéricos según que su finalidad responda a un ataque
directo bien contra el poder establecido, que tendría un sentido de venganza, bien 37*9

37 El concepto de alteración del desarrollo es una constante en la teoría crimiaológica de


Rafael Salillas para explicar los estados patológicos del delincuente. Véase Galera, A.
(1986), pp. 91 y s i
38Lindhohn, F. (1900), Anarhsmen after svenka och uttanska Ktillor, Stockolmo. La obra
fue traducida al castellano bajo el undo de E l anarquismo según las futnies suecas y ex­
tranjeras.
39 Salillas, R. (1906), "El anarquismo", Revista penitenciaria, pp. 405-408.
120 A n d r e s G a ler a G ó m e z

contra la sociedad burguesa cuyo simbolismo discurriría por la idea de cambio


social.
Esta pretendida influencia del anarquismo flanees es un claro error de análisis
que se evidencia al establecer una sistemática por significado, pues una y otra fi­
nalidad requieren técnicas diferentes. La venganza se ejecuta de forma directa y
exclusivamente contra los miembros del ejecutivo, modelo francés, mientras que
el alentado contra la sociedad se conforma como un acto indiscriminado, modelo
italiano; esquemas que el anarquismo catalán adoptó indistintamente según sus
objetivos.

CorrecionaUsmo
Estudiada la tipología anarquista sólo nos resta referir unas últimas consideracio­
nes sobre el modelo correccionalista propuesto para la criminalidad ácrata. En
este punto además de las consabidas mejoras sociales, económicas y culturales, al
considerar al regicida como un enajenado mental Saltllas se manifiesta contrarío a
la pena de muerte, abogando por su reclusión en instituciones análogas a la
"Criminal lunatic Asilum" inglesa, y en cualquier caso se reclama una profunda
reforma penitenciaría destinada a aplicar una metodología correccionalista mo­
derna que convierta las prisiones en centros destinados a la regeneración social y
no a la simple privación de libertad. "La función penitenciaría ha de consistir,
como toda obra pacificadora social, en aplacar, moderar o derivar las rebeldías de
los hombres agitados, por la causa que fuere (...J"40, afirma utópicamente nuestro
antropólogo en línea con sus planteamientos reformistas iniciados en 188641. La
prisión no debería tener como primera y única finalidad la reclusión de los delin­
cuentes, y si la de constituirse en una institución destinada a la recuperación de la
salud social, en la que el anarquista, como cualquier otro delincuente, encontraría
el tratamiento adecuado para su recuperación y posterior integración social.

40 Salülis, R. (1907), £1 anarquismo en las prisiones, Madrid, p. 63.


41 Eo 1886 con la publicación de sus primeros trabajos sobre U vida penal en España inicia
Rafael Salillas su labor difusor sobre la reforma penitenciaria en España, objetivo que pa­
recía cumplirse cuando en 1906 logra fundar la Escuela de Criminología, pero ésta no era
mis que un nuevo espejismo en ese inmenso desierto de la sociedad española de finales del
siglo XIX y principios del XX
Rogelio García M ateo

Unamuno y el pensamiento anarquista

Federico Urales publicó en la Revista Blanca (1900-1902) un extenso estudio con


el título "La evolución de la filosofía en España”. Para redactar la parte dedicada
a los autores contemporáneos tes dirigió una encuesta en la que preguntaba por
las influencias que más habían repercutido en la formación de su pensamiento. En
la respuesta Unamuno dice, después de resaltar lo importante que han sido para él
Hegel, Schopenhauer, Spencer, Leopardi etc.: "En otro orden de cosas, mis lectu­
ras de economía (más que de sociología) me hicieron socialista, pero pronto
comprendí que mi fondo era y es, ame todo, anarquista."1
Conociendo un poco la psicología de Unamuno pronto se deduce que con este
fondo anarquista Unamuno está haciendo referencia a una cualidad temperamen­
tal definida por él mismo: "una de las cosas que más antipático me hacen para
con ellos (los lectores) es mi agresividad, mi agresividad tal vez morbosa, no lo
niego. Pero es, amigo, que esa agresividad contra mí mismo, que cuando arreme­
to contra otros es que estoy arremetiendo contra mí mismo, es que vivo en lucha
intima.”2 Ortega que conocía muy directamente esta característica, la califica
"espoleta de enorme dinamismo, de feroz dinamismo. Porque Unamuno era,
como hombre, de un coraje sin límites. No había pelea nacional, lugar y escena
de peligro, al medio de la cual no llevase el onitorrínco de su yo, obligando a
unos y a otros a oírle, y disparando golpes líricos contra los unos y contra los
otros."3 Y Baroja, por su parte, añade: "Yo no tengo ningún motivo de antipatía
personal contra Unamuno, pero cuando intento leer sus libros, pienso que son una
venganza contra algo que no sé lo que es (...] muchas veces parecen que están
escritos para molestar al lector, y, no sólo al lector amanerado y rutinario, sino a
todos."4
Este modo de ser contra esto y aquello, contra todos, no se explica simple­
mente remitiéndolo al contexto sociopolítico que le tocó vivir, ni a una contextura
psicológica de puro resentimiento. Se trata más bien de una cualidad innata que

1 F. Urales, La evolución de filosofía en España, Barcelona 1977, 163.


2 Ensayos, Madrid 1958, voí. H, 570.
3 Obras completas, Madrid 1947, voL V , 262.
4 Memorias, Madrid 1945, voL IQ, 197.
122 Ro g e l io G a r c ía m a t e o

tuvo, claro está, manifestaciones violentas y agresivas, pero que no se puede re*
ducir a ellas5 Unqmuno estaba, pues, psicológicamente dotado de modo extraor-
dinano para las doctrinas anarquistas. Se podría decir con toda la razón que
Unamuno era un anarquista nato. Esta predisposición natural por lo libertario se
concretiza ya en sus años jóvenes en el entusiasmo que él siente por Pi i Margal!.
El hombre público, a quien poc entonces iban mis simpatías todas, el que m e atraía, y a
quien acudí a oir siempre que pude, era Pi i M a rg a l Y nunca, sin embargo, crucé dospa*
labras con é l M i simpada a Pi i Margall y sus doctrinas, arrancaba de antes d e mi de
mi tíerra natal vasca. Siendo todavía estudiante del Instituto, en Bilbao, había leído su
bbro Las Nacionalidades • acaso el primer libro de política que leí, que era una especie de
escritura sagrada en el grupo de amigos [...].

Seguidamente especifica Unamuno cuáles fueron las ideas que más le interesa*
ron. No fueron los entusiasmos nacionalistas."[...] todos esos cantos no signifi­
caban para nosotros nada jumo a la doctrina del pacto sinalagmático, conmutativo
y bilateral, verdadero principio anárquico."6
La concepción pactista del anarquismo que considera a la autoridad no como
poder de coacción, sino como consentimiento forma al menos un primer eslabón
en ia idea orgánico-social que él desarrollará posteriormente. C. París ha estu­
diado algunos aspectos de )a concepción unamuniana:
Entonces la realidad entera n o s aparece organizada en sociedades crecientemente comple­
jas, en que lo uno y lo múltiple escalonados se alian en estructuras integrativas. Y entre las
cuales podemos distinguir grados diversos de integración, desde el nivel que Unamuno
designa en v arias ocasiones con el término de federación', grado tnánmo realizado en los
organismos inferiores, hasta la constitución de unidades orgánicas superiores. Sociedad y
organismo se hacen conceptos intercambiables y consecuentemente la superación d e la
antinomia individuo-totalidad se posibilita una vez más, abora sobre este m odelo bioló*
gico-social.7

Que precisamente ¿ste problema de la interconexión entre libertad individual y


realidad social colectiva representa una cuestión fundamental del anarquismo, se
constata ya en Bakunin, para quien el hombre no es sólo el ser más individual de
la tierra: es también el más social. Y Lorenzo dice:
Es iayosiblc en lo humano separar la idea colectividad de la idea individuo. E l individuo
oecesita de la colectividad para alcanzar la plenitud de su ser y la colectividad necesita de
los individuos, no sólo para formar número, sino para reunir el conjunto de ink iatívis, ac­
tividades e inteligencias que eo bies de las unidades y del grupo puedeo hacerse.8

5 C£ lo s é L AbelUn, Miguel de Unamuno a la luz de la psicologia , Madrid 1964.


6 Obras completas, Madrid 1958, voi. X. 304.
7 C. Parts. Unamuno. Estructura de su mundo intelectual. Valencia 1968, 159.
8 Citado según 1. A harez Junco. La ideologia política del anarquismo español (¡86&-19JQ),
Madrid 1976. 21
UNAMUNO Y EL PENSAMIENTO ANARQUISTA 123

El libre consentimiento de las voluntades individuales (pacto) vincula a


linamuno estrechamente con ideas fundamentales del movimiento anarquista. Por
otra parte, ¿1 se distancia enérgicamente de un tipo de anarquismo doctrinario e
intolerante: "[...] detesto el sentido sectario y dogmático en que se toma esta de­
nominación".9 Todo ello no le impide distinguir y defender la justa causa.
Impetuosidad de temperamento, s b duda, y una naturalínnu indignación «ate los atesta­
d os de lo s dinamiteros, haale llevado al señor Sitió a confundir con frecuencia en común
anatema tod o anarquismo Bueno es reprimir el mal, pero mejor e s prevenirlo, y me
parece el mejor medio una serena investigación d e las raíces del movimiento anarquista y
de lo bueno o lo malo que en sí contenga, porque no hay bondad sm alguna malicia, ni
maldad sin algo de bueno.10

Unamuno distingue, pues, un tipo de anarquismo como concepción antropoló­


gica y político-social con la que se siente especialmente vinculado, de aquella
otra burda y violenta, "dinamitera" y terrorista que él rechaza.

Soberanía individual o la idea de la libertad


Si en alguna cosa Unamuno se siente vinculado al movimiento anarquista es en
las ideas referentes a la concepción del hombre como ser libre, incluso en su pri­
mer entusiasmo por el socialismo:"[...] hay que decir a todas horas, sobre todo,
que el socialismo es libertad, libertad, verdadera libertad, el hombre libre en la
tierra libre, con el capital lib r e '1'
Una afirmación de este tipo hacía muy cuestionable una militancia ortodoxa de
Unamuno en el partido socialista. Su biógrafo, £. Salcedo, opina que socialista
auténtico no lo fue nunca.12 Ei mismo lo ha reconocido en el pasaje ya citado que
aunque socialista su fondo era anarquista. Una vez más coincide Unamuno con
los anarquistas que se consideran a sí mismos como "la rama liberal del socia­
lismo". Aquí interesa especialmente subrayar lo que el anarquismo tiene de cul­
minación de la ideología liberal. J. Alvarez Junco ha llamado la atención sobre
esta coincidencia:
Ella puede hallarse eo la creencia en la armonía natural, el cosmopolitismo o, como esta­
m os viendo, la idea de libertad entendida como afirmación bdM dualiaa frente a la auto­
ridad. La siguiente descripción de la libertad, salida de la pluma de Ricardo Mella, conti­
núa Alvarez Junco, podría pertenecer a algún ideario liberal decimonónico: lib ertad polí­
tica o de acción, libertad económica y libertad religiosa. Que cada uno pueda gobernarse a
ú mismo. Que cada u so pueda entrar en conciertos libres con los demás Que cada

9 Obras completas, Madrid 1971, voL IX, 817.


10 Ib id , Madrid 1958, voL V, 271.
11 Ib id t Madrid 1971, voL DC, 478.
12 Vida de Unamuno, Salamanca 1970, 81 ss
124 R o o e l io G a r c Ia M ateo

uno pueda rendir culto en su conciencia a lo que quiera o com o quiera. No m is poderes ni
m is privilegios, no m is autoridad constituida, no más monopolio de la riqueza, no más
poder religioso. Que la libertad, en toda su extensión, sea nuestro constante ideal.'1*

También para Unamuno el liberalismo es algo más que una simple idea política
para la organización de un Estado. Es una concepción de la vida y del mundo
familiarmente arraigada en su persona.

Nací y me crié en la invicta villa liberal de Bilbao £1 liberalismo del glorioso siglo
XIX era tradición en mi familia (...]. Cuando repaso las memorias de mi abolengo liberal •
de origen doceañista y ai sentir que se destruyen los caminos • los métodos - para levantar
barreras (dogmas o dictaduras, unas u otras), que se niegan el libre examen para asentar
esta Inquisición o su contraria, ahora es (enero de 1936) cuando siento afirmarse en mí
aquella tradición familiar de liberalismo ] 1314

Este liberalismo unamuniano es al mismo tiempo una crítica al liberalismo es­


tablecido. Unamuno, dice Juan Manchal,

señalaba en 1909. en la sociedad El Sitio, que había en Espada dos clases de liberales: los
verdaderos y los de engañifa, Tos liberales de burla'. O sea, por una parte los liberales
como él • los liberales de pensamiento - y por otra, los plutócratas bilbaínos y la oligarquía
agraria, los liberales, que podríamos llamar de 'mantenimiento'. En una palabra, diríamos
uc Unamuno finalmente aspiraba a recuperar el liberalismo sacándolo ante todo d e los
3ominios de la banca vasca y del romanoaisroo.1*

Las críticas de Unamuno contra las instituciones políticas liberales no se redu­


cen a la Restauración; alcanzan hasta el final de su vida. "Hay en Unamuno",
señala Elias Díaz, "una constante crítica hacia los métodos liberales, una crítica
que por su insistencia y rotundidad, incluso en momentos difíciles, en que se
ponía en juego la supervivencia misma de esos principios e instituciones liberales,
puede llegar a hacer pensar que se ejerce no desde dentro del liberalismo • para
corregir posible errores e insuficiencias...-, sino más bien desde fuera del sistema
o incluso claramente en contra de el."16
El liberalismo de Unamuno en e) choque con la realidad de los liberales se va
haciendo cada vez m ás una visión del mundo, ima "Wcltanschauung" o, dicho
con los anarquistas, "un constante ideal". "¿Que el liberalismo pasó ya de moda?
Nunca fue de ella... El liberalismo es un método - y no sólo de gobierno - y a la
vez es un estilo. Todo método es estilo y todo estilo es método. Camino para re­

13 J Alvarez Junco, La ideologia pelinoci, 19 s.


14 Obras completa*, Madrid 1958, voi. X, 16
15E Diaz, Revisión de Unamuno. Anàltsis critico de su pensam ie/uopolitico, Madrid 1968,

16 / b k , 17
UNAMUNO y e l p e n s a m ie n t o a n a r q u is t a 125

correr el viaje sin fin y sin posada última. Y el idealismo es método, es un estilo
espiritual."17
La similitud libertaria entre Unamuno y el anarquismo halla una nueva corres­
pondencia en la acentuación del valor del individuo. El conocido egocentrismo,
mejor dicho, "egotismo" unamuniano - presentado muchas veces por la crítica
como deseo patológico de supervivencia en la fama - entraña elementos básicos
de defensa de la individualidad como base de la libertad y de la sociabilidad:
Ha sido mi cantinela de siempre. Quien defiende y exaha su propia personalidad, su yo.
defiende y exalta las personalidades, los y o s de los demás. Y lo s que tienen p o c o yo, poca
Íiersonalidad, c o es que no sean egoístas, es que son apocados, bajamente egoístas. Son
os peores de los egoístas... Pero le llaman así al que lleva su y o en la mano para que
viéndolo los demás piensen en los suyos pro p io s18

Hasta el punto que la afirmación del "yo" es verdadero camino para llegar al
"nosotros".
Y eso que y o o s digo, que vengo peleando toda mi vida por el respeto a la individualidad
del hombre aislado - seguro d e que al defender eso defiendo la individualidad d e cada uno
de vosotros - se dice que es egoísm o. E l que defiende el Yo', defiende todos lo s Vos*; no
es el yo, es el ’nosotros'.19

De modo semejante afuma el anarquismo: "Somos porque coexistimos Cada


uno es un todo para si, pero es algo para los demás. En vez de limitarse cada uno
de nosotros, ensancha su esfera de acción mediante las relaciones de igual a
igual."20 Ambas concepciones afuman, pues, la primacía de la individualidad de
cada uno subrayando al mismo tiempo su esencial vinculación con los demás. El
pensamiento actual insiste en esta cuestión antropológico-social con renovado
interés. Martin Buber e I. Le vinas ponen de relieve el carácter dialógico del ser
humano. J. Habermas, por su parte, desarrolla una teoría de la "acción comunica­
tiva" con el fin de fundamentar y fomentar la intersubjetividad. Para este neo-
marxista critico, la praxis social no la constituye el trabajo, como hasta ahora dice
el marxismo, sino la interacción. El trabajo quiere dominar la naturaleza; la inter­
acción, por el contrario, tiende a establecer una armonía intersubjetiva como me­
dio social. La meta emancipativa es una organización de la sociedad sobre la base
del diálogo. A la mediación técnica entre hombre y naturaleza hay que añadir la
interacción, y ésta es imposible sin una base previa de concertación y de consen­
so. Con ello alude Habermas a ese pacto sinalgamático, conmutativo y bilateral,
P C iu d o p o r E . Díaz ,¡b id 21.
18 Obras completas, Madrid 1958, vol. VHI, 1145.
19/M£,Vn,Wl.
20 Citado según J. A harez Junco, La ideología política, 21.
126 Ro g e l io G a r c ía M ateo

del que habla Unamuno como verdadero principio-anárquico. Merecería, pues, la


pena que se estudiase a fondo las afinidades que presenta la teoría de Habermas
con la del anarquismo.
La concepción pactista, el orden basado en el libre consentimiento y en el justo
intercambio se lograría, según el anarquismo, en la sociedad posrevolucionaria:
Después de la revolución - escribe Mella • generalizada la propiedad [...] los productores
se asociarán conforme a sus fines, sus aptitudes, sus necesidades, y mediante pactos libres.
La libertad, la más amplia libertad, presidirá la formación de estos organismos 21

La visión feliz de una sociedad futura en la que el pacto, la solidaridad, la ar­


monía entre libertad e igualdad constituye su estructura real no se consigue, sin
embargo, según Unamuno, con la revolución sino con la evolución espiritual. Y
propone la llegada de una "nueva edad", la "edad del espíritu", asentada sobre la
muerte del pudor, cuya "Gran Institución social (...) será la de la confesión pú­
blica", en que el secreto se ha desvanecido entre los hombres
Es esta imagen • comenta C. París • oo sólo U culminación del levantamiento de las censu­
ras, engaitas y mitos Se puede decir que el sentido individualista, propietario avaro de
la intimidad y el espíritu, como resquemor de nuestra indigencia, es sustituido por una
verdadera socialización espiritual como clave de esta edad que sueña Unamuno. Edad para
la cual nos preparamos desde la soledad.2223

Soledad es la forma para salir de la existencia colectiva enajenante, de la


"gente" que dirá Ortega o del 'marí en expresión de Heidegger.
Se busca la sociedad n o m is que para huir cada cual de si mismo, y así, huyendo cada uno
de sí, oo se juntan ni conversan sino sombras vanas, miserables espectros de hombres.22

Para Unamuno, la presencia física, el encuentro espacio-temporal de los indi«


viduos significa una ocultación, un impedimento para llegar a un verdadero en­
cuentro. Tal vez sea Gabriel García Márquez quien en nuestros dias mejor haya
expresado literariamente en Cien años de soledad el problema que Unamuno
plantea como problema antropológico-social.

Las “contradicciones" de Unamuno y el anarquismo


El joven Unamuno comparte con el movimiento anarquista, además de lo ya ex­
puesto, no pocas de sus ideas fundamentales: la fe en la razón, en el progreso, el
positivismo y el ateísmo. Con la crisis espiritual de 1897 se origina un cambio

21 ibid.. 232.
22 C. París, op. en., 288 s.
23 Obras completas, Madrid 1958, vol. III. 8-14.
Un a m u n o y e l p e n s a m ie n t o ANARQUISTA 127

hacia esa actitud de duda, de congoja, de sentimiento trágico. El no opta, a raíz


de la crisis, por una piedad sentimental, ni por una adhesión del entendimiento a
un catálogo de verdades religiosas, sino por la "lucha con el misterio":
Se m e dirá que ésta es una posición insostenible que no cabe vivir de contradicciones,
que la unidad y la claridad son condiciones esenciales de ia vida y del pensamiento, que se
hace preciso unificar éste. Y seguimos siempre en lo mismo. Porque es la contradicción
intima la que unifica mi vida y le da razón de ser.24

La constante insistencia en lo "contradictorio" imprime a su pensamiento una


peculiaridad inconfundible, paradójica. E. Díaz ve en ello "una dialéctica sin sín­
tesis, que no genera progreso, sino que se inmoviliza constantemente en el cho­
que de la antitesis."2526Si bien es cierto que las contradicciones de Unamuno no
admiten neutralización ni por la superación hegeliana (Aufhebung) ni por el
"salto" kierkegaardiano en la fe, sin embargo esto no quiere decir que carezcan de
todo tipo de mediación. La mediación está expresamente buscada bajo diversas
formas: "La polémica (contradicción) que es a su modo una concordia entre dis­
c o r d i a s . E s decir, la mediación se produce sin un tercero; se da en la misma lu­
cha entre los contrarios, no es neutral sino como él mismo señala, "altenitral".
Trátase de una mediación asintótica, de permanente dinamismo que no cesa de
realizarse del todo. Elemento constituyente de este método que él llama
"añmiación alternativa de los contradictorios” es ese "fondo anarquista" que él
descubría en sus años jóvenes, es decir, el ser antiunilateral, en no dejarse enca­
sillar, en estar contra esto y aquello. O como lo expresa Femando Savater:
Podríamos decir, incurriendo sólo relativamente en ese gusto por lo paradójico que él
tanto exasperó, que Unamuno, este vaseo españoliza [...], fiie el m is separatista de todos
los vascos y también el más separatista de los españoles y el más separatista de los pensa­
dores del siglo y si se m e apura un poco, uno de los hombres m is separatistas que en el
mundo hayan sido. Unamuno fue el gran separatista metafisico, el separatismo en su es­
tado m is pujo y radica] Pero Unamuno s o se separaba de los de allá para sentirse
más a gusto acurrucado entre los de acá, sino para averiguar que había en él de irreducti­
ble a los de acá y a los de allá.27

Que este separatismo de radical disconformismo remite a una forma especial


de anarquismo lo vio con toda claridad Federico Urales:

2 4 /ó á ¿ , vol. XI, 234.


25 Op. cit., 170.
26 Obras completas, Madrid 1958, vol. V E , 1083. Para una exposición de la peculiaridad de la
dialéctica de Unamuno c£ R. García Mateo, "Las 'contradicciones' de Unamuno. Base de su
pensamiento", en Pensamiento 43 (1987), 3-24,
V E i P a i s , M , X n , 8$, Extra, 8.
128 Ro g e l io G a r c ía M ateo

La mentalidad del rector de la Universidad de Salamanca • flota e s todas las atmósferas,


en todas las ideas, en todos los sistemas y de todos se escapa. /
Para anarquista le sobra espíritu religioso y le falta mirar recto y ver claro. Para socialista,
le sobra independencia. Para católico, amor y pensamiento. Para ateo, le sobra la esencia
de su ser, todo su ser. Donde estaría mejor, aunque no c o n abnoiuta propiedad, es en el
anarquismo mistico, a lo Tolstoi, en el anarquismo cristiano, pe=*o también de allí se esca­
paría.2*

El que de todo se escapa, no se deja encasillar, el contradictorio, el separatista


metafìsico no persigue con todo esto lo caótico como se podía pensar y se ha di­
cho repetidas t eces, al contrarío, éste es, según él, el verdadero camino para lle­
gar a unificar, es decir, él busca la armonía, pero desde la raíz, no falsamente es­
tablecida. Para él, Nel dolor se cura con más dolor" y la contradicción con más
contradicción. Una paradoja similar busca la Anarquía: la destrucción del orden
falsamente establecido para llegar a "la más alta expresión del orden", según el
famoso lema ácrata.

28 F. Urales, La evolución, 167.


Wolfgang Karl Glöckner

Sean mis versos bombas que estallen a los pies del ídolo
La poesía como forma de >accióo directa<

/
Lo que ha de llamar la atención de cada uno que hojea la cantidad considerable
de periódicos y revistas anarquistas que aparecen en la España de fines de! siglo
XIX hasta la guerra civil es el sinnúmero de poemas que por lo visto desempeñan
un papel importante dentro del impacto doctrinal-ideológico de dichas publica*
ciones. Generalmente se encuentran en secciones fijas dedicadas a la publicación
de producciones literarias de cualquier compañero que quiera colaborar con ver*
sos más o menos elaborados, pero que nunca echan de menos un entusiasmo re*
volucionario.
En la lucha por la emancipación social entablada por un proletariado militante
a partir de la 'Gloriosa', los anarquistas atribuyen mucha más importancia al arte y
a la literatura que por ejemplo sus rivales, los marxistas. A nuestro parecer un
motivo de tal actitud revolucionaria y artística al mismo tiempo puede ser el
"antipoliticismo" de los ácratas que opone la "acción directa" a la "acción políti­
ca", i
Ya el lema de la Primera Internacional, "la emancipación de los trabajadores
ha de ser obra de los trabajadores mismos", expresa la acritud antipolítica que no
quiere decir más que el pueblo * término abstracto que pasa a significar específi­
camente todos los explotados y marginados, es decir, el proletariado y
"Lumpenproletariat", * actúe espontáneamente por sí mismo, que se enfrente in­
mediatamente a sus explotadores y que conquiste la libertad y la igualdad, sin
confiar en políticos profesionales • aunque sean elegidos democráticamente • o en
reformas sociales desde arriba. Entre los modos de la "acción directa" caben el
terrorismo, la insurrección y la huelga, pero también el robo de alimentos, la
huelga de inquilinos y - lo que para nosotros es de interés especial - la propa­
ganda y la agitación a través de la palabra poética.

1 V é a « JotóA frarez Junco, La ideología política del anarquismo español (Madrid 1976),
i3 0 W o lfg a n g K a r l G lö c k n e r

//
En el año 1886 en A cra cia se declara lo siguiente:
( toda rev olución, así com o tiene una filosofía y una ciencia del Derecho, debe tener su
ane y su literatura. A l m eoos asi ha sucedido siempre. ¿Por qué, pues, nuestra revolución
social no ha d e tener su literatura y su ane correspondientes?*

La Revolución Social no debe limitarse a reivindicaciones materiales, econó­


micas, políticas y sociales, sino que debe integrar también a la cultura. Las artes y
la literatura forman parte importante de la "emancipación integral" anhelada por
los ácratas:
(...) sabiendo que n o sólo de pao vive el hombre fió* anarquistas) no se contentan con
protestar y rebelarse cootra la esclavitud económica, sino que también reclaman participa­
ción a las bellezas del ane Quieren ser hombres completos, quiereo desarrollar todas sus
facultades, quieren vivir integralmente.*

Esto indica que ya en los años ochenta los problemas estéticos y literarios son
discutidos en la prensa libertaría. Los anarquistas reaccionan muchas veces po­
lémicamente ante los debates contemporáneos sobre arte y literatura - por ejem­
plo en tomo al naturalismo, esteticismo y modernismo - y desarrollan de modo
fragmentario algunos principios de "estética anarquista”4, estética que no forma
un sistema lógico o "científico", sino que se caracteriza por su estado provisional
y por un pluralismo de opiniones, a veces tan contradictorias, que resultada difícil
querer armonizarlas. Sin embargo hay algunas constantes más o menos aceptadas
generalmente.
Asi, casi todas las consideraciones de los ácratas referentes al arte y a la litera­
tura parten de la distinción rígida de "ane decadente" y "ane verdadero".
Federico Urales define "decadencia" de manera siguiente: "[...] perder condicio­
nes de fortaleza moral, física e intelectual; dar importancia a lo puramente exter­
no en perjuicio de lo interno, supeditarlo todo a la forma, a la linea, a la técnica."*
En vez de estimar a las obras literarias según crítenos estético-formales, se apli­
can cntcnos sociales y éticos Para los anarquistas, la encamación de todo "ane
decadente" son las comentes literarias modernas, que bajo el pretexto de la
"autonomía" y de la "pureza" de la poesía, legitiman teorías aristocráticas de élite
cultural y finalmente la explotación de las masas obreras. Los anarquistas conde­

2 Hope, "Excursiones literarias". Acracia, 1 ,8, Barcelona (agosto 1886), p. 79


3 El Porvenir del Obrero, 127. Mabón (10-1-1903X p .l
4 Véase LUy Litvak, Sfusa libelaría (Barcelona, 1981), pp. 285-342.
5 "El ane, el amor v la muiei en el Ateneo de Madrid", La Revista Blanca, VI, U S , Madrid
(1-4-1903), p. 58Ó.
La POESIA COMO FORMA DE »ACCIÓN DIRECTA« 131

nan todo esteticismo que se incline a la evasión de la realidad social para dedi*
carse a un arte puramente contemplativo que no represente el trabajo y las luchas
cotidianas por la vida. Tampoco tardan en adoptar el vocabulario inquisitorial de
Tolstoi y Max Nordau al hablar de "aberración", "perversión" o de "degenera­
ción".
La crítica anarquista del "arte por el arte", del modernismo y de las vanguar­
dias literarias - muchas veces poco diferenciada y alimentada por una buena dosis
de ‘moralina* • la podemos resumir como sigue: individualismo exagerado,
superhombría, nihilismo, amoralismo, falta de ideal social, exotismo, ocultismo,
lenguaje oscuro, palabrería insustancial, culto estéril de la belleza formal etc.6
Sin duda los anarquistas saben apreciar la revolución artística de los vanguar­
distas, pero nunca dejan de señalar que esa "rebeldía de gesto", si no es acompa­
ñada por la rebeldía social, ya muere al nacer:
A nosotros n o n os inspiran respeto esos escritores de vanguardia que sólo se propocen
revolucionar las formas. [...1 esa rebeldía no es de elevada estirpe si no rompe también con
todo lo caduco que ofrecen la sociedad y U vida.78

Pero los libertarios no se contentan con la crítica de las comentes literarias


modernas, sino • prolongando la poesía militante de los republicanos y federalis­
tas. - se esfuerzan en crear una poesía combativa que responda más a urgencias
ideológicas concretas.* Se habla de "literatura obrerista", "arte revolucionario", y
"arte del pueblo".9 Términos que - aunque no sean definidos escrupulosamente -
implican por lo menos tres factores principales:
1. la afirmación de que la literatura - incluso las obras de los clásicos - no es
propiedad de las clases pudientes,
2. que cada individuo tiene el derecho de realizar libremente todas sus facultades
creativas, artísticas y literarias,
3. que el pueblo es fuente de toda renovación artística.

6 Respecto a la crítica antimoderusta véase El Productor, VI, 280, Barcelona (7- 1*1892), p.
2; Enrique V ives, "Inmoralidad del arte", Ciencia Social, 1 2, Barcelona (noviembre 1895),
p. 54; Carlos Letouraeau, "El porvenir de la literatura", Natura, I, 19, Barcelona <1*7.
1904), pp. 298-299; Manuel U g a n e, "Literatura de droguería". Natura, D, 43 (15*9*1905),
p. 380; Antonio M om as, "La anarquía y lo s artistas". Natura, D, H 33 (1*2*1905), p. 142;
Angel CuniHeia, "¿Qué es el arte?". La Revista Blanca, VI, 102, Madrid (15*9*1902),
pp. 161*163.
7 Libre Studio, DI, 8 , Valencia (enero 1938), p. 21.
8 Para la poesía militante de esto s movimientos véase Clara E. Lida, Antecedentes y
desarrollo del movimiento obrero español (J8SS*J899j (Madrid, I973X pp. 4 9 1 ss. >• Joscp
Termes, Anarquismo y sindicalismo en España (Barcelona 1977), pp. 385 ss.
9 Véase L. Litvak, Musa libertaria, p. 326 ss.
132 w o lfo an o Ka r l G l ö c k n e r

A los libertarios no les importa tanto la pertenencia de autores y lectores a la


clase obrera, sino e! contenido social y rebelde de las obras. Es decir, teórica*
mente no se trata de conceptos clasistas:
(...) eso de literatura obrerista' parecen« ridículo o impropio si se empicara tan sólo en el
sentido Hteral de la frase, puesto que la literatura para que sea verdaderamente u l , debe
estar alejada de todo exclusivismo dejando de ser objeto de indigno monopolio com o ocu­
rre en la actualidad Por lo mismo entiendo que dicha expresión se ha empleado únicamen­
te con el fin de sintetizar mejor la idea de intervención directa y continua del obrero en la
literatura10

Sin embargo, en realidad la poesia escrita por humildes obreros anónimos o


desconocidos y destacados teóricos de) anarquismo español nunca consigue no­
toriedad fuera de las publicaciones del movimiento obrero, evitando así la para­
doja de producir poesia proletaria y revolucionaría que sea publicada en editoria­
les burguesas y apoyada con dinero burgués.
Uno de los principios fundamentales de la 'estética anarquista' es el postulado
normativo de que todo arte verdadero' ha de tener carácter utilitario y social. Se
insiste en la unidad iota! de producción literaria, moral y lucha revolucionaría.
Pero dentro de esa unidad hay una jerarquía. Por consiguiente, lo bello no puede
existir por si mismo, sino que está subordinado a lo útil En 1895 Ciencia Socio!
declara
Pero llegamos a un tiempo en que la lucha por la vida empieza a hacem os distinguir lo
pernicioso de lo útil, y como no siempre lo bello e s bueno, bien haríamos, venciendo es­
crúpulos artísticos que huelen a rancio, en derribar lo vetusto y carcomido para reempla­
zarlo por lo útiL11

En fía toda poesia revolucionaría, creada para dirigirse a los demás hombres,
debe "tender a elevarles su nivel moral e intelectual, procurando su perfecciona*
iruemo. despertando su espíritu y su conciencia para orientarles hacia un ideal de
amor y bondad humana."12 Además, la poesia ha de tener una función propagan*
dística Es portadora de una ideología cuya misión consiste en despertar en los
hombres los instintos de rebeldía para transformar asi las estructuras vigentes. Se
trata de "electrizar muchedumbres" e "inyectar ideas a golpes de pluma”, por eso
se subordina la forma y la técnica al contenido. Sin olvidar el fin comunicativo de
la palabra poética, los poetas libértanos contraponen al lenguaje hermético y su-

10 Federico Fructidor, "Literatura obrerista". Acción libertaria, O, 26, Gijón (7-7-1911),


pp. 2-3.
11 E. Vives, Inmoralidad del arte", p. 56.
12 Fructidor. "Literatura obrerista"; véase también F. Urales. "La literatura en Espada", la
R iusta Blanca, V il. 167. Madrid (1-6-1905), pp 716-717.
La p o e s ía c o m o FO R M A de »a c c i ó n d k ecta < 133

gesrivo de las comentes poéticas modernas la claridad, la sencillez y la com­


prensibilidad.*3
Cuando en 1933 Europa se ve amenazada por el fascismo alemán e italiano y
en España se observa un fortalecimiento de la derecha, aparece en Solidaridad
Obrera un articulo, donde se exige un "arte revolucionario" que
[...] despierte la meate y el espíritu insurgente de lo s individuos. Que vaya recto com o una
flecha al cerebro, y que remueva el espíritu de la rebeldía; que idealice el Trabajo; que
m utille con las e n a n c a s alucinantes de los hambrientos y d e lo s asesinados; y que, por
último, consagre el rebelde busto del productor y la insurgente efigie de la Libertad, me­
tiendo estas imágenes a golpes de pluma o de cincel, en el pecho y en la meóte de todos
los que quiereo ser libres?*4

//;
Para destacar la función revolucionaria de sus versos, los poetas libertarios, que
recurren tanto a la exageración utilizan de vez en cuando la metáfora de la
bomba. Así, Alberto Ghiraldo, el "dandy rojo" y representante del primer anar­
quismo poético en Argentina, quien consigue cierta notoriedad en círculos obre­
ros españoles, quiere que sus versos "sean bombas que estallen a los pies del
ídolo: llámese Religión, Patria o Dinero."*5
En otro poema - dedicado a Francisco Fener - se habla de las "bombas de su
pensamiento", con que hará "polvo de las guaridas / donde los lobeznos / del po­
der afilan / la garra en acecho."131451617
En una canción revolucionaria la confianza de los libertarios en la fuerza
demoledora de la palabra se expresa en versos como:
e su caución derribará los tronos,
y los baluanes de la explotación.37

Así como unos anarquistas, especialmente en épocas de represión y clandesti­


nidad, saben apreciar el valor propagandístico de la bomba vengadora, otros se

13 Véase F. Alba, “El arte creador", Etica, I, 2, Valencia (15-10-193$), p. 37: pane
técnica es en todo de orden secundario; la parte filosófica constituye u base primordial*
También Ciencia Social, D, 4, Barcelona (eoero 1896), p. 118: “Nadie deja de conmoverse
ante la contemplación de la verdadera obra artística, entendiendo por tal la en que la idea
predomina sobre la ejecución.“
14 Aragonés, "Arte revolucionario“, Solidaridad Obrera, DI, 101, Valencia (25-3-1933), p. 4.
15 Alfonso Solá González, “La primera poesía anarquista argentina: Alberto Ghiraldo“, Acias
de las Terceras Jomadas de Investigación de la Historia y ¡a Literatura Rtoplatense y de
los Estados Unidos (Mendoza 1968), pp. 303-310.
16 "A Francisco Ferrer", Almanaque de ¡ierra y Libertad' (Barcelona 1911), p. 177.
17 "La canción sonora". Cancionero revolucionario ( s Ls.a ), pp. 21-22.

i
134 WOLFOANO K a RL GLÓCXNER

prometen un efecto más profundo y duradero de la fuerza de la palabra poética en


la mente humana. Esa actitud se basa en la convicción de "que la revolución inte*
lectual ha de preceder a la material para que ésta sea fuente de bienestar y de
adelanto positivo."18
Mientras los terroristas, que en )a poesía anarquista no sólo son legitimados,
sino glorificados como "héroes”, "defensores del pueblo" o "mártires de la idea"
prefieren las bombas cargadas de dinamita; las "bombas" versificadas de los
poetas anarquistas están cargadas de lirismo redentorista y retórica tradicional
para hacer estallar emociones intensas en los cerebros de los explotados.
Por razones de espacio, nos limitamos a poner de relieve una figura retórica
que a nuestro parecer es la "dinamita" de las "bombas retóricas", o sea poemas
compuestos por anarquistas militantes. Nos referimos al contraste expresado por
la antítesis que muchas veces se ve amplificada por un lenguaje hiperbólico, una
mezcla de melodramatismo y violencia v erbal, de enumeraciones de substantivos,
verbos y adjetivos valorarivos. repeticiones, interrogaciones retóricas etc.
Ahora bien, en la poesía española la antítesis no es nada nuevo. La fuerza poé­
tica y expresiv a ya la utilizaban el romancero y la lírica popular y los poetas liber­
tarios heredaron de ambos esta figura retórica. Pero lo que aquí nos interesa más
es la función ideológica, psicológica y cognoscitiva de la antítesis en el discurso
poético de los anarquistas:
Existen en el mundo
Hombres negros y blancos
sombras densas y lu z esplendorosa,
valles frondosos y terrenos áridos.19

Sobre todo poemas que critican la injusticia social desde un punto de vista
moral suelen basarse*cn una estructura antitética. Mediante la utilización estereo­
tipada de antónimos como pobre / rico, obrero / burgués, choza / palacio, sombra
/ lu2, blanco / negro etc. se amplifica el tema de la desigualdad social llenándolo
al mismo tiempo de toques melodramáticos y sentimentales:
Cuando liega» las noches heladas,
los palacios de luces se llenan.
> lo s pobres se mueren de penas
en sus chozas $m lumbre y sin pan.20

18 José Llunas, "Literatura obrerista", prólogo para Anselmo Lorenzo, Justo Vives (Barceloaa
lS93X p . 9.
19 Femando Salazar, Tomás Camacbo. A ios hijas del pueblo (Madrid 1885), p. 43.
2 0 "Quejas rojas". Cancionero revolucionario (s i s a ), p. 25.
La p o e s ía c o m o f o r m a d e »a c c i ó n d ir e c t a « 135

La antítesis puede aparecer dentro de un verso, entre versos distintos, en las


parejas de coplas y a menudo se basan poemas enteros en la oposición tajante.
Así, Tomás Camacho contrapone en un poema titulado "Choza y Palacio" dos
mundos totalmente distintos, uno miserable y virtuoso, y otro rico y encanallado.
Primero aparece el contraste a nivel de versos que se caracterizan por un parale­
lismo sintáctico:
Abajo está la choza,
arriba está el palacio;
abajo vive el pobre virtuoso,
arriba vive el rico encanallado.^

Luego la antítesis se extiende a estrofas enteras concretando las partes contras­


tadas con más detalles:
Abajo se respiran
miasmas putrefactos,
y se escuchan gem idos angustiosos,
y se contemplan rostros demacrados.

Arriba se respira
ambiente perfumado,
y se oyen alegres carcajadas,
y en las facciones brilla el entusiasmo.

Otro ejemplo para el uso de la antítesis son los versos apasionados que apa­
recieron en plena guerTa civil:
L os tesoros eran suyos;
nuestros, las desesperanzas.
Suyo era el Poder, y suya
la fuerza que lo amparaba.
Suya la ley y los jueces
encargados de aplicarla.
Nuestro, el dolor de la cárcel
y el martirio de la ergástula.*22

Desde los primeros versos rebeldes de militantes anarquistas del siglo XIX
hasta el romancero de la guerra civil abundan los ejemplos del uso continuo de la
antítesis y del contraste para caracterizar la realidad social española. Parece que
e) radicalismo moral, que nunca permite ambigüedades y compromisos en tomo a
la cuestión social, y el entusiasmo revolucionario, que rechaza todas las
"soluciones políticas", hayan encontrado en la antítesis la forma adecuada de ex­
2 1 F. Salazar, T. Camacho, A los hijos, pp. 42-44.
22 Antonio Agraz, "El penúltimo", en Serge Salaün, Romanctro ¡tbtrtario (París 1971),
p. 119.
136 W o lfg a n g Karl Glöckner

presión. Según el postulado del "realismo idealista", los poetas libertarios esbo­
zan mediante la antítesis un cuadro de la sociedad burguesa que sirva para ñnes
ideológicos determinados.
Siempre teniendo en cuenta que se dirigen a un público al que a veces una so*
ciedad injusta le ha negado la enseñanza más elemental, la complejidad de las
contradicciones sociales se reduce al contraste simple de pobre / rico y a las cate­
gorías morales correspondientes de bueno / malo para subrayar el carácter inmo­
ral de la sociedad capitalista.33 En esta realidad estructurada por contrastes abso­
lutos, los anarquistas evitan conscientemente diferenciaciones más finas porque
quieren anticipar la confrontación ñnal y violenta del pueblo con sus enemigos en
el lenguaje poético. Contrastes sociales como lujo / miseria, el harto / el ham­
briento. los de arriba / los de abajo no carecen de contenido real y se basan en la
experiencia colectiva de las capas sociales cuyo portavoz quieren ser los poetas
anarquistas.
La oposición tajante de dos mundos sociales en la poesía anarquista absorbe la
angustia y el descontento de los trabajadores en la sociedad capitalista. Mediante
la aplicación estereotipada, la antítesis se conviene en un modelo de orientación
social para los 'desheredados' en cuanto mete a martillazos retóricos en la mente
de los 'parias' el conocimiento de que ellos comparten el mismo destino misera­
ble, y así fortalece a la vez la fe en la propia fuerza y el sentimiento de solidari­
dad: "¡Todo suyo, todo suyo! / ¡Nuestro nada, nuestro nada!"34
Además el pensamiento antitético impide que los obreros se identifiquen con la
sociedad actual como un todo integral, y sugiriendo a los lectores proletarios que
toda armonización pacifica de los contrastes sociales es imposible, Ies empuja
hacia la acción revolucionana. A fin de cuentas, la antítesis social repetida con
machaconería en un sinnúmero de textos despierta en los explotados sentimientos
de odio y venganza Por la amplificación de) ya existente descontento social se
produce una tensión emocional tan explosiva que sólo parece poder desenfrenarse
como una tormenta en el altar de toda rebeldía, en la barricada. No nos sor­
prende, pues, que los poetas anarquistas no se limiten a criticar la sociedad capi­
talista desde un pumo de vista moral, sino que muchos poemas desembocan en
versos finales cuyo mensaje violento no puede ser formulado más explícito:234

23 Al rendir culto al "paria” como fuente de renovación moral porque é) está a salva de las
corrupciones del poder y del dinero, los anarquistas tratan de fortalecer La dignidad propia
de los obreros.
24 Antonio Agraz, "El penúltimo"
La p o e s ía c o m o f o r m a d e >a c c i ó n derecta « 137

N o con sollozos, ligrim as y quejas


se logra quebrantar el férreo yugo;
bay que luchar y que volar las rejas,
do dejando en su sitio ni las tejas
del alcázar del verdugo.2*

Por lo cual hemos de concluir que los anarquistas españoles, aunque definiesen
la palabra poética como arma eñeaz en la lucha por la emancipación, no eran tan
ingenuos de tener fe ciega en la fuerza revolucionaría de la poesía. Nunca creye­
ron que la 'revolución intelectual', impulsada por una poesía combativa, pudiera
ser definitiva, sino que siempre había de acompañarse de la acción enérgica,
"viril" y violenta, para poder establecer sobre las ruinas de la sociedad burguesa
el "jardín de Acracia".
En este sentido terminamos nuestra ponencia con unos versos escritos por
Moisés López en la Cárcel Modelo
Cultura y Acción, siempre, deben marchar unidas,
porque ú se separan son dos fuerzas perdidas,
pues una sin la otra carecen de valor.

Pulan nuestro intelecto los más sabios teóricos,


mas no aspiremos nunca a ser sin g le s retóricos,
que aunque, en galanos versos, dijo el gran Caldcróo
que la Vida es un sueno, nosotros lo negamos.

Estem os siempre alena; no sodemos, vivamos,


que el suedo es parálisis y la Vida es Acción.2**26

2$ Fermín Salvochea, “E l hambre". E l Porvenir del Obrero, 366, Í3 1 -7 -1913), p. 3.


26 Cultura y Acción, n , 38, Zaragoza (2-6-1923). Véase también la tesis doctoral de Wolfgang
Karl Glöckner: Anarchie und Dichtung: Untersuchungen zu Ästhetik und Lyrik der spant•
sehen Anarchisten (1880-1926), Bamberg: UniversiUt 1989.
Reinhold Górling

£1 anarquismo como cultura proletaria en Andalucía:


acercamiento al proceso de conservación
y reforma de una cultura popular

Recuerdo todavía muy bien el día en que un amigo andaluz me introdujo en la


Teoría de Andalucía de Ortega y Gasset". Era un dia de sol, con la luz clara y
transparente de noviembre, y estábamos comiendo delante de una venta cuando
me habló de esta teoría, según la cual los andaluces son el único pueblo del
mundo occidental que "permanece fiel a un ideal paradisíaco de la vida". Y me
explicó el "sentido vegetal de la existencia" andaluza, no sin que una ligera son­
risa narcisísta jugase en sus labios. Con lo poco que sabía entonces sobre Anda­
lucía, esta descripción me resultó iluminadora. Algún tiempo después lei críticas
como el Réquiem p o r la teoría de Andalucía de Alfonso C. Comin y me convencí
de que sería mejor abandonar esta clave de interpretación de la España meridio­
nal. Pero las ideas orteguianas de que sólo los andaluces todavía defienden el
derecho a la pereza y prefieren reducir sus necesidades en lugar de aumentar sus
posesiones y de que la vida andaluza siempre tiene algo de fiesta, éstas y otras
ideas del filósofo español no se han alejado de mi completamente y de esto, pro­
bablemente, no sólo tiene la culpa la situación ideal en que fui introducido en
ella*1.
Quizá estos tópicos persistan porque sirven de pantalla de proyección de nues­
tros deseos vedados. No obstante, el problema se hace más complicado si se
considera que muchos andaluces comparten estos tópicos y los usan activamente.
Cuando Juan Díaz del Moral redactó su Historia de las agitaciones campesinas
andaluzas, sabia con claridad que también tenia que escribir sobre la "contextura
espiritual de una raza" - es decir de la raza del obrero andaluz, que él consideró

Agradezco mucho a Ramón Rodríguez Aguilera por haberme ensenado su natal Andalucía y
cor haberme apoyado en la versión castellana de este texto. Igualmente agradezco al Sr.
sierra Romero Poyato la corrección del manuscrito.
1 José O nega y Gasset, "Teoría de Andalucía". En María Zambrano, Andalucía. Sueño y
realidad (Granada: Biblioteca de la cultura andaluza, 1984), pp. 231-245. La critica men­
cionada: Alfonso C. Comin, Noticia de Andalucía (Granada: Biblioteca de la cultura anda­
luza, 1985), pp. 39-48.
140 Reenhold Górling

como "obra milenaria"2. Historia de las mentalidades es el concepto moderno de


esta descripción critica del pensamiento y de las acciones de una clase social por
la cual Díaz del Moral sentía tanta ternura como distancia.
Según Ortega, otra característica de los andaluces es la conciencia clara de su
propio carácter y estilo. Como escribe Julio Caro Baroja, ya Cervantes y
Quevcdo consideraban Sevilla "la capital popular de España"3. Pero en el ámbito
internacional, Andalucía llegó a ser la suma de la cultura popular española no
antes del final del siglo XVIflL Este mito Andalucía se formó en el proceso que el
historiador de la cultura Peter Burke llama "el redescubrimiento de la cultura po­
pular"45 Los viajeros de la Europa más nórdica contribuyeron activamente a la
construcción del mito Andalucía. Y como los folkloristas que permanecían en
Alemania o Inglaterra, lo hicieron para documentar algo que pronto acabará por
desaparecer en los procesos de modernización.
Como es sabido, igualmente se ha interpretado el anarquismo como fenómeno
pintoresco de una cultura condenada a desaparecer. Pero desde hace algún tiem­
po existe también una tradición de crínca de la noción del carácter primitivo de
este movimiento social y de su dinámica mesiánica. Con sensibilidad por los as­
pectos despectivos de estas nociones se intenta entender el anarquismo dentro de
los esquemas analíticos marxistas tradicionales y mostrar que era un movimiento
que reaccionaba racionalmente frente a los procesos económicos, sociales y polí­
ticos de su entomo. Pero las supresiones y contradicciones - por ejemplo mencio­
nadas por José Alvarez Junco en su crítica del libro de Temma Kaplan > muestran
que se trata en muchos casos de la aplicación a un fenómeno histórico de un es­
quema previo y no de un análisis partiendo del objeto concreto3.
Quizá no haya un esquema en que encaje sin contradicción este movimiento
social. Durante el pleno periodo de su protagonismo histórico como movimiento
de masas al anarquismo andaluz pertenecían por igual individuos y grupos que
actuaban con estrategias modernas, estimando las posibilidades reales, y otros
que parecieron seguidores de conceptos voluntaristas o incluso religiosos. Inclui­
2 Juan Díaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas - Córdoba
(Madrid Alianza, 1984), p. 25.
3 Julio Caro Baroja, Ensayo sobre la literatura de cordel (Madrid: Revista de Occidente,
1969). p. 29.
4 Peter Burke, Helden, Schurken. Narren. Europäische Volkskultur ui der frühen Neuzeit
(München: Deutscher Taschenbuch Verlag, 1985), p. 295.
5 Para las tendencias respectivas son representativos lo s trabajos de: Eric R Hobsbavsm.
Sozialrebellen Archaische Sozialbevtegung im 19. und 20. Jahrhundert (Neuwied: Luch-
ler'oand, 1971); Temma Kaplan. Anarcfusts o/Andalusia ¡868-1903 (Princeton: Princeton
Utúversiry Press. 1977); Jose A lvarez Junco, "Sobre e l anarquismo y el movimiento obrero
andaluz". Estudios de Historia Social. X-XI (1979), pp 275-297.
El a n a r q u is m o c o m o c u l t u r a p r o l e t a r ia e n A n d a l u c ía 141

mos en el anarquismo las tendencias claramente reformistas dentro de la sección


española de la Primera Internacional así como la Mano Negra o el terrorismo de
los años noventa. Jacques Maurice demuestra por ejemplo que al principio de la
Segunda República los anarquistas de Jerez caminaban hacia un modelo de mo­
vimiento obrero dispuesto a negociaciones y pactos, mientras a unos pocos kiló­
metros de allí, en Casas Viejas, se sacaban las armas para la lucha ñnal. Pero aún
en este pequeño pueblo con su trágica y para la Segunda República tan nefasta
historia, actuaban en este tiempo las dos fracciones, que se hallaban además di­
vididas según las generaciones, como demostró Jerome R. Mintz en su oral
history acerca de los acontecimientos de enero 1933*.
Esta contradicción entre representaciones "racionales" y representaciones
"míticas" de la realidad caracteriza también muchos discursos del anarquismo es­
pañol, a veces aún en un mismo texto. Por ejemplo, la ponencia del congreso fun­
dador de la CNT sobre la huelga general: alli se discute este medio de lucha de
una manera bastante realista, apreciando sus posibilidades y sus resultados, pero,
ai mismo tiempo, se proclama la huelga general como día, en el cual "dejara la
tierra girar sobre su eje"67.
Creo que es preciso tomar en serio contradicciones como ésta y tratar de en»
tenderlas dentro del sistema cultural al que pertenecen. Lo que tiende a olvidar el
tradicional acercamiento marxista al anarquismo andaluz es que la representación
de la realidad también es realidad, que cada fenómeno social - lo sea el latifundio,
la huelga general o el ferrocarril -, se percibe y se produce en formas simbólicas.
Por otro lado: el concepto de la mentalidad usado en el análisis de un movimiento
social tiene la desventaja de destacar lo estático o lo que sólo cambia en largas
épocas; pero en movimientos sociales tienen lugar con frecuencia importantes
cambios de la mentalidad.
Mi acercamiento sociológico-cultural al anarquismo andaluz parte de tres
puntos de vista diferentes. Empiezo con la pregunta por el surgimiento y la forma

6 Acerca de las tendencias reformistas en la Primera Internacional: José Alvarez Junco, “El
contrato de aparcería: una estrategia posflriKsta del anarquismo decimonónico”. Agricultura
y Sociedad, X D (1979), pp. 299-361. Acerca de ia Mano Negra: Clara E. Lida. La Mano
Negra. Anarquismo agrario en Andalucía (Madrid/Bilbao: Zero-Zyx, 1972). También:
Demetrio Castro Alfin, Hambre en Andalucía. Antecedentes y circunstancias de la Mano
Negra (Córdoba: Ayuntamiento de Córdoba, 1986). Sobre Jerez' Jacques Maurice,
"Campesinos de Jerez (1902-1933)" Estudias de Historia Social, X-XI (1979), pp. 61-114.
Jerome R. Mmtz, The Anarchists q f Casas Vtejas (Chicago: Univ. o f Chicago Pr., 1982).
7 "Congreso Obrero Nacional celebrado el 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 1910 en
Barcelona" en D íaz del Moral, Historia, pp. 439-490. H e analizado este punto más amplia­
mente en mi trabajo: “Dinamita cerebral". Politischer Prozeß uñi ästhetische Prosas m
spanischen Bürgerkrieg (1936-1939) (Frankfim/M.: Vervuert, 1986), pp. 170*174.
142 Relvhold gorukg

de cooperación entre los participantes del movimiento social. Después, pregunto


por el sistema de percepción y valoración - y con esto también de producción de
la realidad - que caracterizaba el anarquismo andaluz. Sigo en esto a Pierre
Bourdieu y su concepto del hábito como "estructura estructurada", surgido en un
largo proceso de adaptación, asi como "estructura estructurada"89. En tercer lugar,
quiero exponer algunos rasgos de un análisis de las formas simbólicas que unie­
ron las experiencias cotidianas y el discurso más o menos explícitamente político
del anarquismo andaluz

1
Giambattista Vico concibe la naturaleza humana como productora de comunida­
des Pero la efectiva cooperación no nace automáticamente, sino que es un pro­
ducto de toda la historia humana. Los hombres cambian sus formas en penosos y
largos procesos de aprendizaje y consiguen así probablemente un aumento de la
cooperación, aunque este proceso no se desarrolle de una manera lineal. Lo que
ofreció el capitalismo como forma de cooperación seguramente era un retroceso
dramático. Dicho con más exactitud, las relaciones de producción capitalista no
generan ninguna forma nueva de cooperación, sino que utilizan los que hay, mi­
nando algunas y marginando otras. Son los hombres quienes inventan nuevas
formas de cooperación para sobrellevar las relaciones de producción capitalista.
E! agro andaluz conoce el trabajo asalariado en gran escala desde hace siglos,
pero !a destrucción de ios espacios productivos independientes del mercado se
produjo dramáticamente forzada en las décadas anteriores al surgimiento del
movimiento social, que aquí nos interesa. Son conocidos los procesos de desa­
mortización de las tierras municipales y eclesiásticas y de la capitalización de los
bienes señoriales. Esta expropiación al campesinado de sus derechos tradiciona­
les de usufructo de la riqueza natural y social incluyó también la supresión de
costumbres como la del rebusco.
No hay duda de que el movimiento campesino en Andalucía surgió de la resis­
tencia contra la destrucción de esta propiedad común o socialmente ligada, de
estas formas de condommium. "El campesinado es" - como escribe Antonio
Miguel Bemal • "menos desmemoriado de lo que la burguesía quisiera."9 Esta
frase se hace eco de la quizá hasta el presente vigente memoria del pueblo de El

8 Pierre Bourdieu. Die femen Uttíerschiede. K ritik der gesellscha/tlichen Urteilskrqfi


(Frankfun'M: SuhrLamp, 1984).
9 Amonio M iguel B em a l La lucha p o r la tierra en la crisis del antiguo régimen (Madrid;
Tauws, 1979), p. 442.
El a n a r q u is m o c o m o c u l t u r a p r o l e t a r ia e n An d a l u c ía 143

Arahal sobre la sangrienta represión de la revuelta campesina de 1857. Pero se


puede relacionar esta frase también con la circunstancia mencionada en otro tra­
bajo de Bemal de que los campesinos en el siglo XIX emprendieron procesos en
contra de expropiaciones sufridas en el siglo XVII10.
El objetivo de las luchas campesinas no era sólo la evitación o la reducción de
la falta de pan. El crimen inicial de! capitalismo existió ya, como escribe Edward
P. Thompson, al definir todas las relaciones sociales en términos económicos11.
Thompson usa el concepto moral economy para describir estos principios de co­
operación mutua, que eran y son objeto de destrucción, represión o disgregación
por el proceso de la acumulación originaria.
Esta economía moral surgió de la vida comunitaria de los pueblos. Tengo la
impresión de que el así llamado "comunismo primitivo" de Los campesinos, com­
probado por Eric R W olf y otros, coincide en el fondo con esta existencia de
formas de cooperación tan poco primitivas o míticas. Con razón dice Henry
Kamen que por lo menos en Europa este comunismo primitivo, como fondo y
objetivo de los movimientos campesinos, nunca existió; pero que "la clave para
entender la tranquilidad y la agitación en el campo" sí se puede encontrar en el
pueblo y en su espacio tradicional de interacción, la comarca12. La geografía del
anarquismo en Andalucía ejemplifica esta tesis. Incluso la geografía de) movi­
miento de los jornaleros en los últimos veinte años pone de manifiesto la impor­
tancia del pueblo y del radio de acción de sus vecinos, determinado por el contac­
to personal y la comunicación oral
Probablemente nacen todos los movimientos sociales del intento de reforzar los
vínculos sociales de los participantes. Es obvio que esto puede desarrollarse
también de una manera jerárquica y discriminatoria respecto de otros grupos so­
ciales. La gran creación del movimiento obrero eran los sindicatos: organizado-

10 Antonio Miguel Bem al, "Andalucía occidental: economía n u il, 1590-1765" en Historia de
Andalucía, ? vois, (Barcelona: Planeta, 1981), 5, pp. 224-225.
11 Edward P. Thompson, Plebeísche Kultur und moralische Ökonomie. Aufsätze :ur tngh-
seiten Sozialgeschichte des 18. und 79. Jahrhunderts (FrankfUn/M.: Uhstem, 1980), p. 314.
Una aplicación del concepto moral economy a un movimiento social actual se encuentra en
la investigación de Michael V ester sobre el movimiento cooperativo en Portugal después de
la revolución de 1974: Michael Vester, "Die portugiesische Agrarrevolution als Versuch
einer neuen moralischen Ökonomie" en P.E. Stüdenunn y M. Rector (eds.), Arbeiterbewe­
gung und kulturelle Identität. Ein interdisziplinäres Kolloquium (Frankfurt: Materialis.
1983), pp. 136-196.
12 Eric R. Wolf; Peasants. (Eaglew ood Clifís: P redice Hall, 1966), pp. 96*109. Henry
Kamen, "Bauernaufstände und dörfliche Gemeinde in Spanien und Europa im 16. und 17
Jahrhundert" en W. Schulze (ed.), Aufstände, Revolten und Prozesse: Beiträge zu bäuerli­
chen Widerstandsbewegungen ¡m frühneuzeiiltchen Europa { Stuttgart: Kleu-Cotta, 1983),
p. 20.
144 RE1NHOLD GÓRLíNG

nés que permiten una reactivación y transformación de formas de cooperación


solidaria. Junto a las tradiciones comunitarias, los sindicatos tienen sus orígenes
también en formas de cooperación surgidas durante siglos en el sector de pro­
ducción, como, las cooperaciones y los gremios. Y no debemos olvidar una multi­
tud de formas cooperativas menos institucionales, como, por ejemplo, en la jor­
nada agrícola, la cuadrilla, con su nada simple armonización de trabajos de grupo,
canciones de trabajo y otras muchas formas estéticas compartidas.
Bajo las relaciones capitalistas de producción, la unión de las formas de coope­
ración relacionadas con el proceso productivo con las formas de cooperación
originadas en la vida comunitaria y sus procesos reproductivos es conflictiva de
manera latente Esto se puede constatar en los diferentes movimientos obreros, y
aparece especialmente en la formulación de los principios generales de organiza­
ción. en los que se objecttvan esquemas subjetivos de clasificación y valoración
diversos. Toda la historia del anarquismo español está marcada por el conflicto
entre estos dos principios competitivos "a cada cual según su trabajo'1 y V c a d a
cual según sus necesidades". Las leyes morales de un pueblo pequeño y relativa­
mente autónomo pueden atenuar los conflictos surgidos de la contradicción entre
ambos principios, pero en discusiones programáticas vuelven a manifestarse rá­
pidamente
Ei derecho al trabajo y e) derecho al mínimo vital constituyen las dos principa­
les variantes positivas del derecho natural; y su oposición se refleja todavía hoy,
por ejemplo, en la discusión sobre las medidas contra el paro estructural. Históri­
camente, la tendencia dominante entre los artesanos y los obreros especializados
estaba a favor de la primera variante, mientras que entre e) campesinado y mu­
chas veces también entre los obreros no especializados a favor de la segunda. Y
si se considera que en*el campo andaluz se encontraban - con diferencias regiona­
les *jornaleros sin tierra con poco pero, a veces, muy especializado trabajo, junto
a pequeños campesinos, se comprenderán los casi insuperables obstáculos para la
construcción de un sindicato fuerte en la lucha reivindicativa13.
En la idea socialista de una economía orientada a la satisfacción en las necesi­
dades humanas se ha conservado la memoria de una economía moral. Y algunas
formas de lucha típicamente anarquistas, como la huelga general y el boicot, tie­
nen su fuerza especifica en la unión de ambas tradiciones. ¿Y acaso no se podía
oír en los pueblos la palabra "unión" a lo largo de un siglo, siempre que se aúna-

13 Esta "imposibilidad de una federación campesina*1 ha sido descrita y analizada es: Jacques
Maurice, Recherches sur ¡'anarchisme rural en Andalousie de ¡$68 à ¡936 (Thèse de
Doctorat d'Etat Besançon, 1985). pp. 520-611.
El a n a r q u is m o c o m o c u l t u r a p r o l e t a r ia e n A n d a l u c ía 145

ban las luchas laborales con las formas de cooperación comunitaria • como
ocurrió la última vez durante la transición?
No obstante, podemos distinguir una ulterior tendencia unificadora, que quizá
sea de mayor alcance: Al leer la Teoría de Andalucía orteguiana a contrapelo, se
puede percibir el perfil un poco deformado de una relación con el trabajo orien­
tada por las necesidades. Pero no solamente los andaluces permanecen fieles a)
ideal paradisíaco de la vida. Como demuestra PieiTe Bourdieu, también los traba­
jadores franceses (y por supuesto alemanes, holandeses etc.) tienen un hábito
marcado por un hedonismo realista (no resignado) y por un materialismo escép­
tico (pero no cínico)1415.
Según el hábito proletario, y sus modos y criterios de percepción y valoración,
la contradicción entre los dos principios mencionados nunca es tan honda como
parece desde la perspectiva de los criterios perceptivos y valorativos burgueses.
La no-decisión se puede interpretar, incluso, como una forma de resistencia con­
tra los valores económicos del capitalismo. Dicho de otra manera, es posible que
esta conservación de una identidad cultural y social fuera una condición necesaria
para la resistencia, pero su precio era alto, porque imposibilitaba la elaboración
sistemática de programas y estrategias concretas.
No se puede clasificar como típicamente anarquista este sistema incorporado
de esquemas de percepción, valoración y acción, que construye el hábito proleta­
rio. Por muy estrechas que sean las coincidencias, la opción política es una
acción mucho más consciente que la adopción de un hábito. Pero antes de conti­
nuar la discusión de este problema quiero echar una mirada más atenta a la vida
cotidiana de estos pueblos. En su estudio etnológico realizado a principios de los
años cincuenta en e) pequeño pueblo de Grazalema, Julián Pitt-Rivers demostró
la existencia de dos sociedades paralelas casi completas. Para cada institución
oficial Pitt-Rivers encontró una contra-institución en la cultura popular: al cura te
correspondía la sabia, frente al médico se hallaba el curandero, frente a la escuela
el maestro rural, frente a la Guardia Civil los bandoleros y los contrabandistas, y
frente a la justicia con sus leyes la moral con las suyas. También la economía se
hallaba dividida: junto a los molinos con Ucencia oficial los molinos de contra­
bando, y, por tanto, dos tipos de cereales, de harina y de comercio en general1*.
Si bien es verdad que la política económica del franquismo haya reforzado estas
tendencias, hay que admitir que esta problemática se remonta a tiempos ameno-

14 Bourdieu, Die fetnen Unterschtede, p. 616,


15 Julián Pitt-Rivers, The people o f the Sierra (Chicago: Um versty o f Chicago Pr., 1971), pp.
200- 201.
146 R e in h o l d G ó r l in o

res al franquismo. Prueba de ello es sin duda la existencia de una economía su­
mergida en la España de nuestros días.
Creo que e) anarquismo empezó a reformar este paralelo sistema de institucio­
nes sociales, reorientando algunas de ellas explícitamente en contra de las insti­
tuciones oficiales. La sabia quedó reemplazada de costumbres, descrito de mane­
ra tan viva por Díaz del Moral, el viejo oficio de la Celestina fue suplantado (por
lo menos en parte) por las ideas nuevas del amor libre y los folletos correspon­
dientes; el curandero fue sustituido por nuevas ideologías y nuevas prácticas
como el vegetarianismo; la escuela libre y el ateneo ap recian junto al antiguo
maestro rural, que a veces se hizo mensajero del anarquismo; y frente a la
Guardia Civil se sintieron los anarquistas tan "naturalmente" opuestos como los
bandidos y los contrabandistas. Una economía diferente a la "oficia]" existía por
lo menos en la ficción utópica Y finalmente no cabe duda de que el anarquismo
oponía su propia moral a la ley, tanto en las acciones violentas como el amor li­
bre. el matrimonio sin acta. Pero el anarquismo español no podía liberarse de la
tendencia inerte de cada contra-moral a enguse como un Estado que quiere sub­
sumir tanto la política como la estética y otras esferas vitales.

//
La diferenciación de las clases sociales se refleja, según Pitt-Rivers, en diferentes
conceptos sociales de la sociedad andaluza. Destacamos una contraposición inte­
resante el concepto honor de las capas dominantes es diferente del de las capas
bajas, pero ambos conceptos se completan mutuamente. El honor de las capas
dominantes se centra en tomo a los valores viriles de poder, fu erza y potencia. El
honor de las capas bajas, en cambio, se halla en tomo al concepto vergüenza'6.
La literatura española cuenta con numerosos ejemplos de esta contraposición1617.
El anarquismo en Andalucía no alteraba la estructura básica del concepto h0‘
nor-vergiienza. Creo que no existe un solo ejemplo de líder obrero o de otro hé­
roe anarquista real o literario al aue la ficción colectiva hubiera concebido como
persona sin vergüenza. El impacto de esta diferencia entre los conceptos de honor
se puede perseguir también en el surgimiento y en el transcurso de muchos con­

16 Julias Pitt-Rjvers, The pare o f Shechem or the P oiitics o f Sex. Essays in the Anthropology
o / the Mediterráneo» (Cambridge Univ. Pr., 1977X pp 18*47.
17 Julio Caro Baroja. "Hooour and Shame. A Histórica! Account o f Severa] Conflicts“ en J.G.
Feria íaa\ (e d ). Hottour and Shame. The Values o f Mediterráneo» Society (London:
We*4enfeld and N kholsoo, 1956), pp. 79-138. E a a diferencia de los conceptos morales
entre los clases tiene un papel importante también en la nov ela de Vicente Blasco Ibáflez, La
Bodega. (Agradezco a Haas-JOig Neuscbafer por e a a referencia.)
EL ANARQUISMO COMO CULTURA PROLETARIA EN ANDALUCIA 147

flictos: [Cuántas veces la sinvergüenza de los poderosos sobrepasaba la imagina'


ción de las capas populares!11 Por el contrarío, muy pocas veces los anarquistas
se volvieron sinvergüenzas y, por ejemplo, irrumpieron con violencia en la esfera
particular (las casas, etc.) de sus antagonistas de ciase. Este umbral se rompió
parcialmente durante la revolución social de 1936; ¡pero una revolución es un
agente socializador muy excepcional!**1920
Parece que un cambio en el funcionamiento de los dos conceptos complemen­
tarios era la condición previa para el surgimiento de una resistencia abierta de las
capas populares de la sociedad andaluza. De aquí deriva la importancia de otro
concepto. Tanto en el tiempo de la Primera Internacional como en el año 1988,
las capas populares apelan a la dignidad como legitimación de sus reivindicacio­
nes sociales. En diversas entrevistas he podido comprobar cómo el concepto de
dignidad coincide todavía hoy con todas las leyes morales asociadas al concepto
honor-vergüenza, La ética tradicional pervive, pero su diferente expresión cam­
bia su posición funcional en el espacio simbólico de la sociedad andaluza. Bajo e!
concepto dignidad se puede luchar abiertamente por los valores honor-vergüenza
sin herir las leyes morales. Dicho de otro manera: Un jornalero no puede enfren­
tarse a su patrón por su honor, porque los conceptos de honor no se encuentran
en el mismo lugar. Y asi no es posible el duelo de honor. Pero el jornalero si
puede enfrentarse a su patrón por su dignidad. El concepto de dignidad le permite
situarse al jornalero en el mismo sitio que al amo, sin necesidad de aceptar ei
concepto de honor de éste y de abandonar un rasgo esencial de su identidad de
clase.
¿Pero cómo surgió esta diferente auto-conciencia? Díaz del Mora) constató la
tan imprevista como impresionante "reforma de costumbres" de campesinos y
jornaleros cordobeses, al comienzo de una huelga a principios de nuestro siglo:
"De la noche a la mañana (...) aquellos hombres se habían transformado: domina­
ban sus instintos, sus deseos vehementes, sus vicios, sus hábitos más arraiga­
dos.1™
¿Para qué sirve este control de sí mismo, que también se podía ver en los com­
portamientos ascéticos de muchos anarquistas? El distanciamiento de las obligá­

i s El Urente poder violento de U frontera entre U calle y U casa fue investigado por John
Coibin, "Insurrections in Spain: Casas V ig a s 1933 and Madrid 1981" en D. Riches (ed.),
The Anthropology o f Violence (Oxford: BasS BUckwell, 1986), pp. 28-49.
19 Sobre e l cambio de las mentalidades durante un proceso revolucionario escribe Michel
V ovelle, D u Franzósische Revoluiion. Sodale Bewegung und Umbruch der bíemaUUUtn
(Frankfüit/M.: Fischer, 1985), pp. 80-144.
20 Díaz del Moral, Historia , p. 195.
148 R e in h o l d G ö r l ik g

ciones y de los placeres cotidianos es una vía para fortalecer el yo, aumentando el
dominio de si mismo21. En este contexto también se puede mencionar el placer de
leer, que se puede llamar un placer anarquista si se considera la enorme
producción y difusión de periódicos, revistas y folletos por parte de los miembros
de este movimiento social. Una cierta prueba de la fuerza del yo es necesaria mu­
chas veces para la constitución de un movimiento social, y se puede constatar en
fenómenos tales como las reivindicaciones claramente fuera de las posibilidades
reales. Asi reivindicaron los jornaleros descritos por Díaz del Moral al principio
de una huelga en mayo de 1903 en Bujalance siete horas y media de descanso al
día.

111
Tal ve2 la probabilidad de realizar esta reivindicación era muy pequeña, pero si
se considera el día de trabajo d e s o l a so l, la reivindicación no era más absurda
que la de un día de ocho horas2-. Pero para Díaz del Moral, que era, como es sa­
bido, abogado residente en este pueblo, esta reivindicación era un signo claro de
que el movimiento era milenansta. Este concepto del rrulenarismo o mesianismo a
mi no me convence, ya que en primer lugar marca una distancia cultura) del in­
terprete que infravalora muchas veces el contenido simbólico de ciertas manifes­
taciones sociales. Creo que es más fecundo aceptar la lección antropológica de
que la separación entre política y religión no es sustancial - como tampoco lo es
en nuestras sociedades actuales.
Dicho esto, no quiero negar que las formas simbólicas y sus relaciones no ha­
yan cambiado profundamente durante los últimos siglos. En las sociedades pre­
burguesas, el pensamiento era mucho más concreto: los hombres tendían a per­
sonificar asuntos sociales y diferenciaban mucho menos entre lo sagrado y lo
profano, lo maravilloso y lo realista23

21 Bamngton Moore constata que un autodominio reforzado es una condición t u t o para


resistencia social com o para fuertes exigencias de disciplina y aún para el ascenso social
individual: Barringion Moore, Ungerechtigkeit. D ie sozialen Ursachen von U nterordnung
und W iderstand {Frankfurt M .: Suhrkamp, 1984), p, 612.
22 Agradezco a Jacques Maurice por llamarme la atención sobre la relatividad de esta reivindi­
cación.
23 En un documento de una rebelión de ios campesinos bretones en el afio 1675 se dice: "Está
prohibido ofrecer asilo para la gabelle o para uno de sus hijos, así com o socorrerles con
alunemos o con cualquier otro bien. Por el contrario, es necesario matarla a tiros com o un
perro rabioso." U gabelle no era otra cosa que el impuesto sobre La sal. (Peter Burke,
' Stärken und Schwächen der Mentalitätengescoichte4' en Ulrich Raulff (cd .), M entalitäten-
geschickte. Zur historischen Rekonstruktion geistiger Prozesse (Berlin: Wagenbach, 1987),
p 13!
El anarquismo como cultura proletaria es Andalucía 149

Estas formas de percepción y clasificación de la realidad persistieron mucho


m ás tiempo en la cultura popular de las capas bajas que en la cultura de la élite.
Pero, la ideología anarquista sin duda ya no pertenecía al universo de la vieja
cultura popular Como producto típico del siglo XIX, aglutinaba en una
Weltansckauung nuevas racionalizaciones junto a restos de una cultura popular
ya fragmentada. Dicho de otra manera: las representaciones conceptuales de la
realidad se hallaban mezcladas con (as representaciones estéticas y religiosas en
un sistema cerrado. Un ejemplo ya mencionado es la huelga general: era un ins­
trumento adecuado para la lucha en el campo andaluz; contenía un valor simbó­
lico muy alto como expresión de un sentido de justicia; y al mismo tiempo era
una imagen, una utopía, una idea estética. Esta complejidad es real y refleja la
multiplicidad de lugares sociales de la vida humana y la complejidad del proceso
de transformación de esquemas de acción política. El problema surge cuando se
aglutinan estos lugares diferentes en un sólo discurso, que, como dice Serge
Salaün en su análisis del discurso de Fermín Salvochea, tiende a mistificar todos
los acontecimientos reales y a materializar o simbolizar todas las ideas abstrac­
tas24.
La (listona del anarquismo andaluz muestra además que, igual que los indivi­
duos, los movimientos sociales tienden a buscar en el mundo imaginario explica­
ciones para los acontecimientos y imágenes para ios deseos, que no pueden en­
contrar en lo real. Muchos miembros de la Primera Internacional defendían, en
efecto, ideas reformistas para la mejora de las condiciones sociales. Como mostró
José Alvarez Junco, la radicaüzación y con ella la mistificación de la idea de ia
reforma tuvo lugar no antes de la segunda oleada de represión violenta en los
años ochenta25.
El ejemplo contrario se encuentra en la Segunda República. Pues, cuando pa­
recía posible la reforma agraria, el sindicato socialista de los obreros del campo,
la FNTT, con su relativamente prosaico y desapasionado trabajo organizativo y
propagandístico podía superar la CNT rápidamente26. Sólo en las grandes ciuda­
des de Sevilla y Málaga, que absorbieron el éxodo rural, los anarquisstas podían
mantener su posición mayoritaria, aunque la teoría y la práctica de la CNT en
24 Serge Salido: "Fermín Salvochea: 'et le verbe n'était que chair1 ec: Gérard Brey et aL,
Ferm ín Sah'ochta. Un anarchiste entre ¡a légende et ¡nistoire (Presses Universitaires de
Vinceanes, 1978), p. 89.
25 José Alvarez Junco, "El contrato", pp. 300-327.
26 Se puede observar rápidamente la gran diferencia entre la agitación de la FNTT y ia de 1a
CNT si se compara el contenido y el estilo de E l Obrero de la Tierra, el periódico del sindi­
cato socialista, con los escritos de la prensa anarquista. Y al revés: el desencanto ante el
fracaso relativo de la reforma agraria produjo en parte la radicali2acÍóo de la UGT entera.
150 Reikhold górung

Sevilla se caracterizaban por una ideología más cerrada que en otras situado*
ncs*7. Posiblemente la dificultad de orientación de parte de ios recién llegados del
campo y la pérdida de muchas de las formas de cooperación que regulaban los
conflictos sociales en los pueblos condujo a esta encapsulación del movimiento
frente a experiencias reflexivas.
Para terminar quisiera tratar brevemente cómo en el anarquismo andaluz era
institucional la relación entre experiencia y teoría. Puede ayudar una pequeña
comparación con las otras tradiciones del movimiento obrero en España: mientras
que la tradición socialista y, de manera aún más acentuada, la tradición comunista
tendían a exigir una Iglesia de creencias comunes, con una autoridad máxima y
una organización jerárquica, el anarquismo permanecía fiel a sus principios
anttautontarios. La personificación de su idea de la historia no era autoridad di*
vmizada sino el mártir. Este no penetra en nuestras vidas por una puerta como el
Mesías; anuncia más bien la posibilidad de otro mundo. En el mártir el hombre
nuevo ya se ha realizado Entre él y quién conoce su historia existe un lazo, má­
gico, que incluso otorga a los individuos un margen de independencia frente a la
realidad objetiva. Y en su conmemoración se funda también la idea de Justicia.
La figura de Jesús, a pesar de los fuertes impulsos anticlericales del anar­
quismo, permanecía junto a los propios mártires seculares. Por ejemplo, Salvador
Cordón, el conocido líder regional Korkhonief, que asustaba tanto a la burguesía
cordobesa durante el trienio bolchevista, escribió después ¿el fracaso de 1920 un
poema titulado "El cnsto en la cruz", que termina con estos versos:
Cristo no h3 resucitado.
Cristo está siempre triunfante
En su cruz, crucificado.2728
*
La figura de! Cristo es un espacio de recogimiento (Aby Warburg) muy impor­
tante en la cultura andaluza La identificación con el mártir permite sentir la pro­
pia debilidad sin humillación. Ayuda a sobrellevar los fracasos; y, al mismo tiem­
po, establece la autoridad moral del sufrimiento. También en esto era fiel a su
ambiente cultural el anarquismo andaluz

27 Para más información sobre Sevilla: José Manuel Macarro Vera, La utopía revolucionaria.
SevtUa en la Segunda República (Sevilla: M oote de Piedad, 1985).
28 Salvador Cordoo. De mi bohemia revolucionaria (Madrid: Imprenta d e Mario Anguiano,
1921), p. 27.
Bert Hoßnann

Rudolf Rocker y el anarquismo hispano

Inútil oo$ partee hacer consideraciones sobre R u dolf Rocker: cualquier simpatizante del
movimiento obrero mediocremente informado, amigo o adversario de la te$i$ anárquica en
la obra de reconstrucción social conoce bies y debe, a fuer d e ser sincero, apreciar en su
valor la posición de R udolf Rocker, posición que podríamos decir casi central, no sólo por
lo fundamentada amo también por Lo notoria e influyente eo ese magno debate de tendeo*
cías revolucionarias habido en estos últimos años, que aún com o espectáculo soberbio
sólo tiene parangón con aquellas históricas luchas de sesenta años atrás entre Marx y
Bakunin 1

Asi reza la introducción a un libro de Rudolf Rocker, editado en 1922 en


Buenos Aires2. Citas de este tipo se encuentran a discreción en los prólogos a las
ediciones en castellano de las obras de Rocker, "last great anarchist o f world-
wide reputation"3. Para ahorramos la pedantería de enumerarlas una por una, voy
a citar una sola frase que las resume todas: “Durante los años veinte, treinta, in­
cluso todavía los años cuarenta, Rudolf Rocker fue una de las figuras más elo­
cuentes y estimadas del ambiente anarquista en los países de habla castellana - la
voz de un amigo y maestro."4 Este eco que tuvo Rocker en el mundo hispano se
consagra de forma 'oficial’ con la inclusión de éste en la Enciclopedia Universal
Ilustrada Europeo-Americana, de Espasa-Calpe, donde se le dedica, en el tomo

1 Esta valoración se encuentra en la p io n a 6 de la introducción a U obrita de Rocker Pedro


José Proudhon (¿Qué es la propiedad?), Editorial Tierra y Libertad, s. L 1945 (núm. 7 de la
serie ''Precursores de la Libertad"). D e hecho, esta edición no es más que la reproducción
de uno de los artículos que componen el libro A rtistas y rebeldes. Escritos libertarios y
sociales, editado por la editorial Argonauta en B uenos Aires en 1922. La cita se halla en ú
página 18 de esta edición. Lo citaré en lo subsiguiente por A rtistas - siempre que sea posi*
ble recurro a ella antes que a los distintos folletos, ya que este libro es de lo más asequible
dentro de la obra tan esparcida y difícilmente localízame de Rocker, que se encuentra casi
por completo en el LI.S.G ., institución que recibió el archivo d e Rocker.
2 Con las "históricas luchas de sesenta años atrás" el autor se refiere pues a la confrontación
de los años 1860 entre Marx y Bakunin.
3 Margaret Vallance, "Rudolf Rocker. A Bibliograpbical Sketch", in Journal o f
Contem porary H istory 8, 3 (july 1973), 75-95. Se trata de una evocación con ocasión de!
centenario del cumpleaños de Rocker.
4 Asi reza la primera fíase (La traducción es mía, B .H .) del breve epílogo que redactó Diego
Abad de eu 1973 en Buenos Aires para la edición alemana de la autobiografía de Rocker.
A us den M em oiren eines deutschen Anarchisten, Frankfurt: Stihrkamp, 1974, 387. Se trata
de una selección del texto de Rocker, bien hecha, pero que suprime aproximadamente las
d os terceras pan es del tiposcrito. A la primera tirada, gran parte de la cual no se agotó ni
después de baratearla y luego fue retirada de) mercado, no siguieron otras.
152 B e r t Ho fm a n n

IX del apéndice, un artículo de una página de extensión con una fotografía suya5;
como reverencia al "genius loci" añadiría que recibe los mismos honores en la
Groie Winkler Prins Encyciopedia de Holanda y alguna que otra venerada insti­
tución enciclopédica de otros idiomas6. Por el contrario, aquel que busca una
entrada Rocker1 en una enciclopedia alemana lo hará en vano. Es más: en la bi­
blioteca municipal de Maguncia (Mainz en alemán), su ciudad natal, se encuentra
un solo libro suyo, en la biblioteca central de la universidad de dicha ciudad
ninguno, lo que refleja bastante bien el conocimiento de Rocker en Alemania
Occidental y esto, a pesar de una primera edición en alemán en 1974 de una -
muy reducida - parte de su autobiografía.
Aquí no vamos a elucidar el porqué de esta paradoja • ostracismo en el país
natal, resonancia en tierras lejanas - sino tan sólo tratar de situar la posición es­
pecifica de Rocker dentro de las tradiciones culturales del anarquismo español o
mejor dicho hispano. A una semblanza somera seguirá una lista de sus contactos
con España, un esbozo de su resonancia en el dominio hispanohablante y un rá­
pido esbozo de la visión que Rocker tenía de España.
Rudolf Rocker nació en 1873 en Maguncia, ciudad que había recibido el mote
despreciativo de "arrabal parisiense'' por sus inclinaciones revolucionarias. En
efecto es allí donde se declara la primera república en suelo alemán (1792), es allí
donde en el marco de la - en definitiva fallida - revolución de 1$48/49 se organiza
una resistencia especialmente bien montada contra la reacción militar del ’antiguo
régimen - resistencia sobre todo anti-prusiana - y es también allí donde se con­
voca el congreso de la AIT en 1870 - elección de lugar motivada por la impor­
tancia del movimiento obrero local, congreso que finalmente no tuvo lugar por
impedirlo el planificado 'estallido' de la guerra franco-prusiana. Rocker respira
esta atmósfera y estas tradiciones vivas y participa muy joven en el auge del par­
tido sociaidemócrata, justo en los anos en que este partido fue perseguido por
unas leyes de excepción (1878-1890). Tiene que huir 9 :us veinte años a París
donde su conversión al anarquismo a raíz de la pertenencia a un grupo de oposi­
ción dentro del SPD se hace total En los dos años que pasa en París (1892-
1894)7 se vuelve el "leader du pañi anarchiste (allemand)" para citar las actas de

5 Pig, 323 de este tomo publicado en 1933,


6 Grote IVtnkler Prins Enciclopedia m tom tig delen, Deel 16, 402, y muy significativamente
(véase más abajo) en la ¿nciclopaedia Judaica, Jerusalén 14, 1971, 213.
7 A estos dos años y a su papel para el pensamiento de Rocker dediqué un trabajo en 1980,
Rudolf Rocker - Em Mainzer Emigran! m París {¡892*1894), Mainz, 151 págs., aue no se
publicó pero si está disponible en la biblioteca del l.I.S.G . Le fue otorgado el 'Premio
Guteflberg' del ayuntamiento de Mainz en 1981.
Rudolf R o c k e r y e l a n a r q u is m o h is p a n o 153

la policía política pansina y decide de nuevo huir en el momento de las famosas


Hlois scélérates", esta vez a Londres donde permanecerá hasta 1918. Es allí donde
Rocker se convierte en redactor del semanario de la numerosa colonia judia pro­
cedente de Rusia, llegando a ser pronto el 'spiritus rector1 de dicha colonia. En
1907 es elegido miembro del Burean International de la Primera Internacional en
el Congreso de Amsterdam. Después de la guerra, que pasó internado en un
campo para extranjeros en Inglaterra» vuelve a Alemania, donde se dedica a la re­
construcción del movimiento anarquista. Cuando se crea - o reconstituye - la AIT
en el congreso de Berlín a finales del 22, Rocker es elegido de nuevo miembro
del secretariado. En 1933 tiene que huir de nuevo de Alemania y se traslada a
Estados Unidos donde residirá hasta su muerte en 1958.
Si se le puede considerar perteneciente a) movimiento francés porque Francia
era $u tierra de predilección como joven y porque allí recibió su formación defi­
nitiva como anarquista y si luego por casualidad $e hace parte de los anarquistas
yiddish y por necesidad tendrá que vivir muchos años en Inglaterra y Estados
Unidos cabe la pregunta del porqué de su pertenencia al anarquismo hispano ya
que fuera de dos breves estancias en España de un mes cada una no llegó a cono­
cer este país sino por libros y compañeros inteipucstos. Veamos pues el desarro­
llo de su interés por las cosas de España seguido del desarrollo del interés del
mundo hispano por él.
España entra por primera vez en el campo de visión de Rocker en 1891 du­
rante el congreso de la Segunda Internacional de Bruselas, donde vive y le escan­
daliza la exclusión de los delegados anarquistas españoles quedando como único
representante español Pablo Iglesias, lider de un "partido microscópico" en pala­
bras de Rocker. Dos años más tarde, ya en París, va un mes a Barcelona, desde
donde un compañero encuadernador le había escrito que encontraría trabajo; es­
tancia que termina pronto al no encontrarlo. Esta estancia le causa una buena
impresión de Barcelona pero no deja huella ninguna en él ya que le dedica tan
sólo unas pocas palabras en una autobiografía de más de mil páginas Este hecho
es una señal más de que la España real tenía un papel mínimo para Rocker en la
confección de su 'miago' de España, confección que se efectúa de segunda mano,
a través de una apropiación literaria y libresca
1896 significa para él la verdadera irrupción de España en su mundo: en el
congreso de Londres vuelve a testimoniar, más indignado todavía, la exclusión de
los anarquistas, pero sobre todo sigue con sumo interés los acontecimientos de
Montjuich. Le empujan tanto la injusticia cometida en Barcelona como la cam­
paña de solidaridad en Londres a dedicarse al estudio de la historia de España,
154 Bert Hofmann

una campaña que evoca aún a cuarenta y tres años de distancia con unos superla­
tivos por el resto contados en su obra: "No olvidaré nunca la impresión de aquel
acto"*, dice de una manifestación en Trafalgar Square y la campaña en su conjun­
to la califica como ''tempestad de indignación ) como jamás se vio antes ni
después"89. £1 mismo organiza una colecta entre los alemanes de) CABV10 de
Londres y manda el dinero a España, razón per la cual 28 de los presos, entre
ellos Juan Moniseny, vienen a Londres recibidos por él.
Es a través de esta campaña que Roclcer cobra fama entre los pocos españoles
residentes en Londres, llega a conocer a Miguel Angiolillo, y que Rocker - ya
amigo intimo de Malatesta y Kropotkin - se vuelve amigo personal de José Prat y
Femando Tañida del Mármol Son éstos los que le inician en la lectura de
Femando Gañido, Joaquín Costa etc. • caso de Tañida - y, caso de Prat, en la de
Ricardo Mella y de Pi i Margall. Si Rocker luego atribuirá tanta importancia al
federalismo como cimiento del movimiento obrero en general y del anarquista en
especial, seguramente habrá que buscar la razón para esta evaluación de dicho
fenómeno - tan adecuada como relativamente rara entre los observadores extran­
jeros - de las cosas de España por parte en la influencia que tuvo el federalismo
también en Alemania y sobre todo en Maguncia, donde en el año 1878 se publicó
un vasto ensayo de Constanrin Frantz sobre el tema11, ensayo que conocía bien
Rocker y que muy fundadamente puede equipararse a los escritos de Pi i Margall.
Es en estos años cuando Rocker empieza a aprender el castellano, movido por
su interés y el descubrimiento de una "afinidad electiva"12. Aparte de Tañida, con
quien mantiene amistad hasta la muerte de aquél en 1915, Rocker consigue

8 Rocker. En la borrasca. A ños de destierro. Buenos Aires 1949, 59. Esta segunda paite de
la autobiografía cubrí los años 1895 a 1918, la citaré en lo subsiguiente por Borrasca. Se­
gún Diego Abad de Santilláa (E l pensam iento de R u d o lf R ocker, 28 [vease nota 32]) hay
otra edición de los tres volúmenes en castellano, publicada en Puebla (M éxico) por ú edi­
torial Cajica en la Colección Cajica de Cultura Universal N o he podido consultar esta edi­
ción. Abad de SantUlán califica las memorias de “[obra] sobre la historia del pensamiento y
de los movimientos sociales de Europa y América, un monumento en donde lo puramente
biográfico aparece casi marginalmente“ para concluir; “Guia preciosa para la interpretación
de la historia moderna, ha de ser para las generaciones por venir una fuente de consulta
insusútuftle" (ib íd im ). Es una pena, dicho sea sin m is, que esta fuente no esté al alcance
del lector de habla alemana
9 Borrasca. 5$
lOCommunisrischer Arbeiter-Bildungs-Verán, fundado en 1845. Unico lugar de encuentro
'pluralista' de la izquierda socialista alemana en Londres, donde Rocker administraba la bi­
blioteca.
i 1 Constantin Frantz. O er Fóderabsm us a is das leitende P rtnzip fü r d it soziale, staatliche und
uuentaiionale O rgarusaiiott unier besonderer Bezugttahm e a u f D eutschland. M ainz 1879.
12 Borrasca . 279 Que se me percuta esta alusión a los W ahlvenvandtscha/ten de Goethe para
caracterizar la relacióo intima de Rocker con España.
Rudolf R o c k e r y e l a n a r q u is m o h is p a n o 155

informaciones sobre España mayormente de los libros y periódicos y tan sólo de


vez en cuando a través de nuevos conocidos como p.e. Pedro Vallina, amigo de
Salvochea y futuro biógrafo o si se prefiere hagiógrafo suyo o también figuras tan
librescas como un Siegfned Nacht que atravesó a pie España y el Maghreb en
1902 y 1903 y que publicó en 1907 sus Blütter aus der Geschichte des spani-
schen Proletaríats.
Por muy escuetas que fueran sus fuentes, Rocker vive intensamente los mo­
mentos cruciales del día a día español. Desarrolla asi una gran actividad de soli­
daridad en el momento del primer proceso contra Francisco Ferrer en 1906 y
también en el segundo, poco antes de! cual había conocido personalmente a
Ferrer en Londres. En la descripción larga y pormenorizada de este proceso des­
tacan la vivacidad del estilo - se tiene la impresión que Rocker lo presenció • y la
documentación minuciosa e imbricación lograda del proceso en los grandes
acontecimientos que llevaron a la Semana Trágica. Rocker domina perfectamente
la historia española y, si se recortaran los diferentes párrafos dedicados a ella a
través de su obra y se juntaran según el orden cronológico de esta historia, ten­
dríamos un manual todavía hoy nada desdeñable.
La ejecución de Ferrer13 es después de los horrores de Montjuich y después de
la muerte de Salvochea (vuelvo sobre este particular) el tercer mito, quizás el más
importante que marca el acercamiento de Rocker a España. En efecto, publicará
en 1910 en yiddish un libro extenso dedicado a sus ideas y su práctica: Francisco
Ferrer y la educación libre de la juventud. Más que epitafio, es punto de arran­
que y foco para sus propias iniciativas pedagógicas entre la colonia yiddish que le
confirieron el apodo de Rabbi y, más seriamente, el de "uno de los fundadores de
la pedagogía de adultos en Inglaterra.*1415
Hay que detenerse todavía un momento en las páginas dedicadas a Ferrer por­
que presentan una curiosa mezcla de estilo, donde se codean el estilo enciclopé­
dico en la narración de los hechos y de sus antecedentes, unos párrafos muy vivos
en el retrato contradictorio que hace del hombre que conoció y que termina con
esa declaración sorprendente de Ferrer "Un católico completo es por lo general
siempre mejor que un semi-librepensador" y una parte donde predomina casi un
culto al mártir cuya sangre - ya lo sabemos - es fructífera13. Cabe decir sin em­

13La noticia de la condena a la pena capital la recibe Rocker leyendo una pooencia sobre
"Francisco Goya com o artista y rebelde."
14 Ver sobre el particular Peter Wieoand, Der "geborene" Rebell - Rudolf Rocker. Liben und
Wtrk, Berlín: Karin Kramer, 1981. Esta por lo demás muy nutrida tesis no trata el aspecto
analizado en el presente artículo.
15 Borrasca, 273.
156 BertHofmann

bargo que el estilo de esta última parte es bastante seco y nada patético y se rige
por lo que anotará Rocker al evocar su presencia en la ejecución de Vaillant:
Los jóvenes nos sentíanlos com o apoderados en aquel entonces por una especie de culto
al mártir Í...J creo que la afirm ados alegre del espíritu humano es m is saludable que el
balo de gloria por encima de las tundías. L os movimientos sociales siempre tendrán sus
mártires, pero no hay que elevar el martirio a un cuho

Poco después de !a muerte de Fermín Salvochea*17 escribe Rocker en yiddish


un articulo sobre el gaditano, articulo destinado a su público judio de Londres. Es
uno de aquellos artículos y libros que se han publicado posteriormente en caste­
llano pero que hasta el día de hoy siguen siendo inaccesibles para el lector de
habla alemana. Este articulo es quizás la primera necrología de las muchas que a
Rocker le tocó escribir a causa de su longevitud; casi se le podría llamar el
Bossuet del anarquismo internacional.
Trasluce en este texto más que en las páginas sobre Fer/er la condición de au­
todidacta del todavía joven Rocker. Así pues hay repetición fatigosa de las cali­
dades humanas del tipo "noble carácter" (cinco veces), "poderosa personalidad",
carácter férreo* y demás tópicos por el estilo, cito tan sólo “Salvochea luchó
como un león, estaba en todos los sitios de mayor peligro y su valor heroico in­

1bMemoiren, 126 (traducción por mí. B.H .). Luis Buñuel menciona • algo sorprendido • la
existencia de un monumento a Ferrer en Bruselas en sus memorias M on dem ier soupir,
Pans 1982. Es alb donde se reunieron en U Segunda Guerra Mundial lo s trabajadores revo­
lucionarios belgas, especialmente el Primero de Mayo. Luego fue escondido a las tropas del
invasor alemán. La estarna de Ferrer ocupa desde 1985 de nuevo su emplazamiento original
en la prestigiosa avenida R ooseveh, justo frente a la entrada de la Universidad Libre de
Bruselas (U .L .B ) y a su biblioteca central, donde había sido colocada • financiada por
suscripción popular - ya en 1909. Hasta el dia de hoy, los libro-pensadores belgas
consideran a Ferrer uñ mártir, víctima del enemigo común, y asi lo celebran: lo s estudiantes
y las autoridades académicas de la U.L.B. ponen allí cada afio en el día d e la Universidad un
gran ramo de flores y n o es nada inusual que se convoquen certámenes sobre la figura de
Ferrer entre lo s alumnos del secundario.
17 Quizás no sea del todo inútil corregir aquí la fecha de publicación aducida por Serge Salaüa
en su artículo "Fermín Salvochea: 'et le verbe n'était que chair'" publicado en Gérard Brey et
a l. Un anarchiste entre la légende et l'htstoire: Fermín Salvochea (JS42~J907j, Saint
Deais. PU V , 1982. donde en la primera nota (103) remite a una edición de 1945, teniendo
que deducir de esto e l lector que fue en aquel año cuando se publicó este escrito por pri­
mera vez. El mismo error se encuentra en dos otras aportaciones a este libro, donde se cha
la mencionada edición de 1945. remitiendo rio embargo por lo m ecos a una edición anterior
de 1933; Maur.ce. 20 y Guerefia, 70. o. 2. D e hecho no es así ya que sabemos por las líneas
introductorias ("Zum Geleit". 41 del libro Vom anderen Ufer, Berua: D er Syndikalíst, 1926,
donde se vuelve a publicar el articulo, que Rocker lo había publicado por vez primera en la
te\ista Germinal editada por él en lan d res y esto entre 1903 y 1908. S e trata núes de una
necrología escrita 'á chaud' y no de un intento de m hificición a cuarenta afios o e distancia.
Me parece que Salaun hubiera tenido que ponderar este hecho y la consiguiente diferencia
de T extsone'.
Rudolf R ock e r y e l a n a r q u is m o h is p a n o 157

fundió a los rebeldes una fuerza increíble."1* Igualmente se encuentran exagera­


ciones estrafalarias y que hoy inspiran risa, así al describir un intento de suicidio
de Salvochea preso: "Pero debido al homble frió que reinaba en la celda su san­
gre se congeló en las venas y esta fue su salvación."*19 Al tratar de calibrar este
escrito poco sirve $m embargo detenerse en estas pequeñeces, ya que en general
se trata de una biografía "événementielle". Lo que aquí nos interesa es la manera
de situar la vida del difunto en la historia española y en la historia del movimiento
obrero español. Otra vez, como con Ferrer, Rocker esboza una visión tan viva de
este país que da la impresión que él mismo vivió todo lo relatado. El afán princi­
pal suyo se puede caracterizar como apropiación de una España en parte por su­
puesto soñada y construida en pro de sus lectores a la manera de "El mundo es
ancho y nuestro" y como dignificación del movimiento anarquista a través de la
descripción de la figura de Salvochea que compara con Auguste Blanqui, Louise
Michel y Bakunin.
Tengo que discrepar de una conceptualización de este escrito que se halla en
un libro de recienie publicación sobre la figura de Fermín Salvochea:20 "Les
'adorateurs' et exégètes [en la nota correspondiente se les califica de 'thurifé­
raires', B.H.] de Salvochea orientent d'ailleurs toute leur oeuvre hagiographique
dans ce sens [es decir 'comparant Salvochea au Christ1, completado por mí, B.H.],
se comportant eux aussi comme des apôtres propageant la parole et la geste
divines: Vallina, Emilio Mistral, Rudolf Rocker, Soledad Gustavo, etc., rédigent
ainsi le nouvel évangile où doivent être consignés pour l'éternité les actes de leur
Christ Laïc."21 Raro seria, efectivamente, encontrar en un escrito dirigido a una
comunidad judia metáforas como "apostolado, Cristo, Nuevo Testamento,
incienso". Rocker efectivamente no utiliza esta imagologia sino - como en mu­
chas de sus obras en yiddish - comparaciones que son familiares a sus lectores:
"ese libro me era más valioso que la Torah para un judio devoto"22 y respecto a
Salvochea, éste no aparece como Cristo smo, claro está: "[...] ese anciano era un
profeta [que estuvo] en la Montaña Sagrada, vislumbrando desde allí el país de

ISC ho otra v e z por Artistas, donde también este artículo se incluyó: 251. Esta y las demás
publicaciones de los escritos d e Rockcr e a los afios veinte se efectúan antes de trabar amis­
tad Rocker y D iego Abad de Santillán, que tanto hará para la divulgación de sus obras en
castellano
19Artistas, 261.
20Gérard Brey et a l , Un anarchiste entre la légende et Vhstotre; Fermín Salvochea (1842-
1907), Saint Denis: PU V , 1982.
21 Serge Salaün, "Fermín Salvochea: 'et le verbe oétait que chair" publicado en Gérard Brey et
a l, Un anarchíste entre la légende et l'histoire. Saint D eais 1982,87.
22 Artistas, 79.
¡58 Bert H ofm a nn

nuestros hijos."23 Utilización de moldes e imágenes religiosas para hacer vibrar


una caja de resonancia mosaica que muchos do sus lectores llevan muy metida, a
la vez que resem m tizaaón cuidadosamente pedagógica al explicar el ateísmo de
este Moisés secularizado;"[...] Salvochea se convirtió en ateo. Para el espa­
ñol [lo subrayado es mío, B.H.] el ateismo desempeña, en general, un papel más
importante que en las demás naciones [rclativización]. Es ia condición primordial
de todo movimiento libertario, el primer paso de todo libre progreso individual"2425
(aplicación y moraleja también para los lectores judíos]
Montjuich - "indignación", palabra-clave en tantas iniciaciones al anarquismo;
Ferrer - ejemplo para un empuje cultural y pedagógico propio; Salvochea - digni­
ficación y apropiación de lo ajeno son las tres causas que están en el origen del
ínteres vitalicio de Rocker para España Rocker escribirá a lo largo de su vida
centenares de páginas sobre España, todo un Corpus interesante que le queda por
explorar al hispanismo literario y que aquí’ tampoco vamos a analizar ya que nos
interesa el origen y la orientación de su interés.
Siguiendo la construcción de la '¿mago' de España por Rocker, uno no puede
evitar la comparación con esta otra 'imago' que saldrá de la pluma de otro alemán
que tampoco estuvo nunca en España, Ludwig Pfandl, 'imago' católica y tradicio-
nalista que empieza en 1924 con la publicación de Spanische K u ltu r- und Sitten-
geschichte-* Ni que decir tiene que en el único acercamiento a la España real, en
su viaje al cuarto congreso de la AIT en junio y julio de 1931 (hago caso omiso
del viaje episódico de 1893) a Rocker tampoco le interesan las condiciones de
vida de las masas obreras y campesinas ni las manifestaciones concretas de!
movimiento obrero como p e la huelga general de este mismo año, sino el reen­
cuentro in situ con los elementos de su 'imago'; son tantas las páginas que dedica
al Prado, sobre todo a "Goya, y a Toledo como las en que narra el desarrollo del
congreso26.
23 ¡buten. 238.
24 ¡bxim , 243. Será adema* por lo m eaos curioso que un autor tan elocuentemente ateísta y
luchando a lo largo d e toda su vida con tanto ahínco contra la religión com o Rocker sé
hubiera alejado de su ateísmo • eje permanente d e su pensamiento • en aquella ocasión.
Remito entre lo* muchos ejemplos de 'cruzada* antirreligiosa al prólogo de Vom tuvieren
U/er. verdadero ejercicio de estilo resemantizador del leneuaje religioso.
25 Para situar la hispanistica alemana basta indicar que el libro de Pfandl casi basta el día de
boy se recomienda a lo s estudiantes com o “libro fundamental* mientras que a Rocker no lo
cono.eo sato un os pocos entre los que dan tales recom ecdiciooes.
2ó Rocker asistió también al congreso de la C N 7. el llamado *Coogre$o de! Conservatorio",
“seguramente el congreso nacional más grande a que he asistido" (Borrasca, 222). Su alo­
cución. muy aplaudida, sobre el nacionalismo la resume Jobo B adeous, Anarcosindicalismo
y resolución en España 0930-1937), Barcelona 1974, 64 Eo Barcelona habló delante de
15.000 personas en un mitin organizado para dar la bienvenida a los delegados extranjeros;
Rudolf Rocker y el anarquismo hispano 159

Tampoco sorprende la elección del Quijote como punto de cristalización para


esta 'imago', elección que parece basarse sin embargo en unas lecturas muy tem­
pranas y repetidas de Cervantes por Rocker, incluso antes de su adhesión al
anarquismo. Es empero una visión distinta a la que cabía esperar • la tan trillada
del Quijote anarquista: se nos presenta al manchcgo como modelo por lo que
tiene de acción, idealismo, independencia, fuerza de voluntad y creación de un
mundo propio y se pone en evidencia a la burguesía que ha establecido "un pre­
mio de veinte mil pesetas para el que pinte el mejor retrato del Quijote en su ter­
cer centenario"27 como nietos de Sancho y encamación de ciencia positiva, cien-
tífísmo bonachón, conocimiento relativizador y comercialización omnívora.
Rocker volverá una y otra vez sobre el Quijote, una de sus figuras literarias
predilectas*21. Pero no se detiene allí, no se encierra en ello, sino se ocupa de toda
una filiación de la literatura española que parece difícilmente recuperable por el
anarquismo, Tirso de Molina, "el gran Calderón" (en palabras de Rocker), el
Bécquer de la Historia de tos Templos de España y un largo etcétera. Es pues
una selección que poco o nada tiene que ver con lo que se leía alrededor de
1900/1910, años de) primer interés de Rocker por los citados autores, en los ate­
neos obreros o con lo que ofrecía "La Biblioteca de El Productor* Baste indicar
que una de las vías por las que Rocker se apropia de estos autores pasa por la co­
nocida exaltación anarquista de la Edad Media "ácrata, federalista y gremial",
pero no se puede reducir tan sólo a esta "idee forcé" que soporta también la obra
suma de Rocker, Nacionalismo y culturaw.

"Aquel mido memorable fue seguramente una de las manifestaciones más vigorosas a las
ue yo asistí en mi vida." (Borrasca, 263.) Desgraciadamente se perdieron todos los papeles
3 e Rocker relativos a este viaje cuando huyó en 1933. Sin embargo es justo asi como las
páginas dedicadas a esta estancia (B om sca, 257-278), escritas a veinte años de distancia,
cobran su valor para elucidar la Imago1 rockeriana de España. Vcase a este respecto p.e, su
descripción de la mirada y de las caras de los españoles.
Por las razones aducidas bago aquí caso omiso de los "Huéspedes españoles en Berlin*
(título de un capitulo de las memorias tratando de ios años veinte y evocando Dujtuü y
muchos otros) y de la intensa actividad • literaria y otra • de Rocker durante la guerra o v il
21 Artistas, 281.
28 El Quijote es así una de las seis figuras literarias • otra es p.e. Don Juan • que Rocker
ensalzará entusiásticamente en el libro Dte Sechs, Berlín: Der Syndikalist, 1928. Quizás sea
este libro, dedicado exclusivamente a estudios literarios, el m is pretencioso desde el punto
de vista estético ya que se trata de una serie de auténticos 'poèmes en prose' largas de mé­
trica rigurosa. El primer articulo sobre el Quijote lo publicó Rocker en 1905 en Germinal.
2 9 La primera edición después de la edición española (1935-1937) del 'opus magnum1 de
Rocker se llevó a cabo en 1937 en New York balo el titulo KaUottalism and Culture. Fue
un libro muy leído y encomiado por la emigración alemana en EE.UU. en aquella época,
entre muchos otros por Thomas Mann y Albert Einstein. Probablemente haya influido otra
fundamental obra dedicada al mismo tema, también escrita por un alemán emigrado a
EE.UU., Hans Kuhn, The Idea o f Nationaltsm. Antes de editarse en alemán (Dte Entschei-
160 Bert H ofm a nn

bíteres y curiosidad insaciables por España, después de provocados una vez


por L'Espagne inquisitoriale/Les Inquisiteurs d'Espagne^, en Montjuich; an­
chura de vistas, visiones originales; apropiación de todo lo apropiciable • todos
estos elementos no bastan de por si para entender la repercusión y presencia de
Rocker en el mundo hispanohablante.
Son más de treinta obras y obritas de Rocker que se publicaron en castellano*31,
sobre todo en los años veinte, y algunos de ellas hasta el día de hoy quedan sólo
asequibles en estas ediciones. En esta enumeración hago caso omiso p.e. de su

düng des Abendlandes, Hamburg: Octinger, 1949) ya se habías hecho siete ediciones; dos
en castellano, dos en inglés, una en neerlandés, una en portugués y una en sueco. La edición
castellana más reciente es la de la Editorial Piqueta, Madrid 1977.
3 0 L 'E sp a g n e in q u is ito n a le fue el titulo de un periódico publicado en 1903 en París por
Siegfried Nacht y Vallina, L es inquisiteurs a 'E sp a g n e , un libro que escribió Femando
Tarrída del Mármol con ocasión de los sucesos de Montjuich en 1905 y que influyó bastante
la visión de Rocker.
31 Doy seguidamente los tirulos de las obras de Rocker • manejadas por m i - o publicadas en
castellano o tratando de España. Desde luego no se pretende que sea una lista exhaustiva,
alguna que otra indicación complementaria encontrándose en el texto de este articulo:
¿Sov iet o dictadura9, Buenos Abes: Argonauta, 1920; A rtistas y rebeldes. E scritos Über-
ta n a s y sociales , Buenos /Vires: Argonauta, 1922 (Traducción de S. Resoick, 305 págs.);
B o lc h e v ism o y a n a rq u ism o , B uenos Abes: Argonauta, ^1922 ; A narquism o y organización,
Buenos Abes: C. Presos. 1923; ¿ S o v ie t o dictadura ?, M en eo: S.E.L.H., 1923; La
Asociación Internacional de los Trabajadores y las diversas tendencias del m ovim iento
obrero, México: Flores M atón, 1925, Mane y e l anarquism o, México: Flores M agón, 1925;
Germinal, México: Flores M agón, 1925; L a m aldición d e l proeticism o, Buenos Abes: La
Protesta, 1926: Johann M ost. L a vida d e un rebelde, B uenos Abes: Lo protesta, 1927 (2
lom os), Ideología y táctica d e l proletariado moderno. Barcelona 1928; D ie Sechs , Berlin;
Der Syndikalist. 1928; P roblem as actuales d e l anarquism o, Buenos Abes: Asociación
Continental Americana de Trabajadores, 1930; La racionalización de la industria y la clase
obrera . B uenos A b es 1930 (Yiddish); Socialism o constructivo, Buenos A b es 1934
(Traducción por D iego Abad de Santillan), The Tragedy q f Spain, N ew York: Freie
Arbenerstiramc. s.a (1 9 3 7 ) (47 p á g s ); Extranjeros en E spaña, Buenos Abes: Imán 1938
(Traducción directa * del alemán por H. Rüdiger); L a segunda guerra mundial.
Interpretaciones y ensayos de u n hom bre libre , B uenos A b es 1943 (Introducción de Diego
Abad de Saniillán); Las corrientes liberales en los E stados U nidos, Buenos A bes, sa .
(1944 j (Traducción del alemán por D iego Abad d e SantUlám)* La influencia de ¡as ideas
absolutistas en el socialism o. M éxico: D.F. Imprenta Grafos, 1945; Ferm ín Sahochea.
Precursores d e la libertad, $ 1. (Burdeos): Tierra y libertad, 1945 (3 2 págs); Pedro José
Proudhon, Burdeos: Tierra y libertad, 1945; D ie E ntscheidung des Abendlandes, Hamburg
1949 (2 lom os, véase nota 29); £>i la borrasca. A ños de destierro (¡89S-J918), Buenos
A bes 1949 (Traducción del manuscrito alemán por D iego Abad de Santblio; 4 4 6 págs.);
Max Nenlau, E l H erodoto de la anarquía, M éxico 1950 (Traducción del aUmá« por R.
Selke, 317 págs.); R evolución y regresión (1 9 I8-19 S I), B uenos Aires: Tupie, 1952; Las
contentes liberales y anarquistas en los E stados U nidos, M éxico 1966; D ie spanische
Tragödie. Berlin: Karin Kramer. 1976 (el libro tiene una valiosa introducción explicativa
el aborada por Rudolf de Joog).
Sin datación: E l socialism o y e l estado. Incitación a l socialism o. Agrupación anarquista
"En Marcha", s i . Ideología y táctica d el proletariado m oderno, Barcelona (Traducción
castellana por Diego Abad de Saniillán); The Truth A bout Spam , N e w York Freie Arbei­
tei stimme.
RUDOLF ROCKER Y EL ANARQUISMO HISPANO 161

permanente presencia en la Revista Blanca (segunda época), en el diario argen­


tino La Protesta, en ediciones portuguesas después de "a re v o lu to dos cravos",
de todas sus contribuciones a temas españoles en los años treinta y también de la
antología El pensamiento político de Rudolf Rocker publicada en 1982 en
México y última obra de Diego Abad de Santillán32, tan importante como enlace
entre Rocker y el mundo hispano, para volver a subrayar el simple hecho en pa­
labras del propio Rocker: "Mi nombre se hizo tan conocido en el curso de los
años en el movimiento libertario de España y de los países de habla española de
América que yo mismo me admiré a menudo de ello.”33
Este impacto y esta presencia quizás se puedan explicar por el hecho de que
Rocker era, sobre todo después de la muerte de Kropotkin en 1921, el último su­
perviviente de los grandes, nombres de antes, algo así - y valga la paradoja - como
el "eider statesman" del anarquismo internacional. Pero se debe también, creo yo,
a su decisiva participación en la fundación de la AIT en 1922 que actuó como
dique protector contra la 'marea moscovita'. Sus escritos, verdaderos requisitorios
contra los bolcheviques, y su actuación precisamente en estos años llenos de tri­
bulaciones le confirieron a la postre un aura de salvador por lo que se pide a
Rocker repetidas veces en las graves crisis de la CNT en los años treinta inter­
venir como árbitro: HDu kennst Spanien svie ein Spanier und daher hast D u der
ganzen Recht (sic!), an die Spanier, bzw. an unsere Leute zu sprechen " Este grito
de socorro desesperado se lo dirige Abad de Santillán en 19383435.
Hemos visto como un hijo adoptivo del anarquismo español, hasta de España,
se convirtió en padre adoptivo, incluso en patriarca de los ácratas hispanos y
como la búsqueda de identidad de Rocker pasó por el apoderanúento de lo ajeno,
siendo España "lo otro" por antonomasia. La historia de estas W ahlverw andt•
schaften*5 se complica por la ignorancia relativamente completa de este apátrida
vitalicio en su país de origen. El apone de Rocker a las tradiciones culturales del
anarquismo español, el ensanchamiento de estas tradiciones efectuado por
Rocker tanto como el apone de estas tradiciones a Rocker nos muestra un enlace
de culturas que es a la vez práctica vivida de la superación del nacionalismo por
el teórico del anti-nacionalismo. Si Habermas observa en e) prólogo a su

32 D iego Abad de Santillán dedica eo esta última publicación suya (Editores M exicanos
Reunidos 1982) un extenso prólogo (p ig s 9-31) a la vida y obra de su amigo. Curiosa­
mente (altan en esta recopilación textos de Rocker en tom o a España
33 Borrasca, 279.
34 Caita del 25 d e octubre de 1938, citada por Wienand, op.cit., 407.
35 Afinidades electivas que tuvieron su efecto basta en la vida familiar d e Rocker que, en
homenaje a Salvochea, dio a su hijo el nombre de Fermín.
162 BERT HOFMANN

Stmkmrwandel der Öffentlichkeit que los anarquistas fueron quizás los únicos
que trataron de rescatar el modelo ancho y emancipador de la "Öffentlichkeit"
("publicidad" en su sentido dieciochesco) burguesa en el momento en que la bur­
guesía abandona este proyecto, Rocker debe sin duda figurar en el número de
estos indeseados herederos. ¿Cómo es posible que los hispanistas alemanes si­
gamos permitiéndonos pasar por alto el coipus rockeriano? ¿Hasta cuándo durará
la "integración negativa" de este "écrivain public" sin público en las universidades
alemanas?
A cien años de la ejecución de los seis anarquistas alemanes en Chicago, ejecu­
ción que constituye la base del Primero de Mayo, a veinte años dia por dia36 de la
muerte de Benno Ohnesorg por tiros de un policía que motivó unas nuevas no así
llamadas "lois scélérates" reduciendo más aún la "Öffentlichkeit" ¿cuándo vamos
a llegar a una visión totalizadora de este y otros autores anarquistas alemanes37
que superaría el acercamiento nuestro al anarquismo español como si de otro
exotismo ibero se tratase?

36 La ponencia $e levo el 2 de junio de 1988, Benno Ohnesorg talleció el 2 d e jumo de 1968.


3? Peter Lösche. Anarchismus, Darmstadt. Wissenschaftliche BuchgeseUschaft, 1977, resume
en la última frase de e ste libro (volumen 66 de la prestigiosa serie "Eitrige der Forschung*,
es decir "¡ñutos de la investigación!"), "daß wir erst am Anfang der Anarchismusforsdnwg
stehen" (163) (nos encostram os tan soto en el inicio de la investigación sobre e l anarquis­
mo) Cabe remitir aquí a una obra que por lo menos eo un apartado remedia tan deplorable •
y para Alemania certera - constatación. Walter Fahnders, Anarchismus und Literatur. Ein
vergessenes Kapitel deutscher Literaturgeschichte rutschen IS90 und 1910 Stuttgart:
Metzler. 1987.
Pere Joan i Tous

Sade y Stim er o la tradición imposible


del anarquismo español

El 12 de diciembre de 1919, l i Popolo d ’Italia, el periódico de veleidades fascis­


tas financiado por la oligarquía, reproducía un artículo de su director. Benito
Mussolini:

Basta, teologi rossi e neri di rune te chiese, colla promessa astratta e ¿ Isa di un paradiso
d ie non ve n a mai!
Basta, ridicoli salvatori del genere umano, d ie se n e dei vostri 'ritrovati' infallibili
per regalargli la felicità!
Basta, politicanti d i tutte le scuole, colle vostre quenile 'accademie'! Lasciate sgombre il
cammino alle forze elementari degli individui, perché altra realtà umana, alfinfiiori delTin-
dividuo non esiste!
Perché Stiraer non tornerebbe d'attualità?1

Esta pregunta no fue exclusiva del naciente fascismo italiano. Stimer no se


había guadianizado durante tres cuartos de siglo para reaparecer en la pantomina
altiva del Duce. Ya el anarquismo de entresiglos se había planteado la pregunta
acerca de la actualidad de Stimer, de si era posible y oportuno aprovecharse de él
para apuntalar la doctrina libertaria.
Es más, como bien se sabe, la obra esencial de Max Stimer - Der Einzige und
sein Eigentum (El único y su propiedad) -, cuya edición princeps remontaba a
1844, había ya dejado su huella en la metafísica materialista de Bakunin. En la
misma Alemania, la popularidad de Stimer - ya que popularidad hubo - se remon­
ta a 1892, año en que la editorial Philipp Reclam de Leipzig sacó en su módica
colección "Reclams Universal-Bibliothck", comparable a la castiza "Espasa-
Calpe", una nueva edición del libro, que fue renovada anualmente hasta 1914. En
tomo al filósofo Eduard von Hartmann y a John Henry Mackay, el biógrafo de
Stimer con aspiraciones a ser también su albacea ideológico, se formaron grupos
de intelectuales de muy diversa proveniencia: bohémiens apatridas de la meso-
cracta, disidentes socialistas, miembros de profesiones liberales, obreros autodi­
dactas, aristócratas desencantados del mismo decadentismo... Algunos de esos

1 Opera omnia d i Benito Mussolini, voL X IV , Firenze 1954, p. 194. CC H ans C. Helms: Die
Ideologie der anonymen Gesellschaß. Mac Stimers "Einziger" und der Fortschritt des de­
mokratischen Selbstbewußtseins vom Vormärz bis zur Bundesrepublik, Köln 1966, p. 6.
164 Pe r e JoA N i T o u s

grupos se autodenominaron "individualistische Anarchisten" y lograron por unos


pocos lustros • y no sin tiranteces - asegurarse el derecho de ciudadanía en el
movimiento libertario. Este, sin embargo, continuó ceniendo en Bakunin y
kropotkin sus dos mentores más influyentes. El Stimerianismo dejó de ser
"compañero de viaje" del anarquismo, a lo más tardar, en 1914, llevándole su era*
yectona postenor a acercarse al nacionalsocialismo. En Francia y en Italia, po­
demos constatar un proceso similar El interés por Stimer como potenciable
"maître á penser” del anarquismo no traspasó la época de entresiglos y se limitó
preponderamememe a la ' intelligentsia". Si sobrevivió, fue en campos ideológi­
cos ajenos cuando no opuestos al movimiento obrero libertario. Una de sus últi­
mas y más sonadas apariciones fue cuando, en plena guerra de Argelia, el sacro­
santo nombre de Stimer fue enarbolado junto a la cruz gamada por los más
accmmos defensores de la maltrecha "Algérie française"2.
En España, la primera traducción apareció en 1901, editada por "La España
Moderna" y a cargo del krausopositivista Pedro Dorado Montero. La segunda
edición apareció va en 1904, publicada ahora por la filoanarquista editorial
Sempere de Valencia, en una nueva versión a cargo de Pedro González Blanco.
Este segundo intento de difusión se convirtió en un éxito de público lector, ya que
EJ único llegó a ocupar el cuarto lugar en el palmarès de ventas de la mentada
editorial. Dudo que sea legitima la aseveración de Guillermo Díaz-Plaja, cuando
caracteriza la obra de Stimer como de "libro básico" del anarquismo español de
cnircsiglos Lo que si puede afirmarse, es que la recepción de Stimer tuvo lugar
en un momento crucial del anarquismo español, aquél que preludió su definitiva
profesión de fe obrerista y culminó con la creación de la CNT en 1910. La re­
cepción de Stimer fue consecuencia y síntoma de un momento equinoccial en que
el anarquismo llego a los límites cualitativos (ya que no cuantitativos) de su ca­
pacidad de convocatoria y apertura, convirtiéndose en referencia imprescindible a
toda reflexión sociopolitica y filosófica, convirtiéndose en polo de atracción para
toda la vanguardia literaria y artística de) momento3.
-'Como en toda Europa, sin embargo, la recepción de Stimer se desabolló a la
sombra de la de Nietzsche Se veia en él a un mero "precursor", al que se le ne­

2 l.a recepción mesocraúca del stircerianismo ha sido documentada por R G. Helms (obra
citada).
3 Para m is datos sobre la recepción finisecular española, consúltese P. Joan i Tous: “V om
Icb-KuH zur vaterländischen Empörung. Baroja und der individualistische Anarchismus um
die Jahrhuademvendc". e r Romanische Literaturbeziehungen im 19. und 20. Jahrhundert.
Festschrift für F Rauhut zum 85. Gebunstag, sd por A San M igu el R. Schwadercr y M.
Tictz, Tübingen 1985.
Sade y s t u l s e r o l a t r a d ic ió n im p o s ib l e 16$

gaba la capacidad visionaria del autor de Also sprach Zarathustra. Pocas fueron
las excepciones, contados los lectores que intentaron una lectura de Stimer libre
de toda connotación nietzscheana. Cabria citar entre ellos a Pompeu Gener, quien
afirmaba que el individualismo stimeriano era más valioso que el de Nietzsche,
ya que no se había propuesto fundamentar "el reinado tiránico de una casta supe*
ñor“45.
Cabria citar igualmente a Sanz y Escarria uno de los introductores de
Nietzsche en España, quien llegó a ver en Stimer - y no en Nietzsche - el verda­
dero apóstol de la corriente individualista dentro del anarquismo, corriente que él
contraponía a otra de talante Memocrático-hurnanitario"*.
Sea como fuere: El anarquismo con veleidades individualistas radicales instru*
mcntaüzo a Stimer, como muy bien observa Alvarez Junco, a modo de refuerzo
para un nietzscheanismo que, durante todo el primer lustro de nuestro siglo, gal­
vanizó y polarizó la reflexión anarquista sobre el individualismo.6 Nietzscheanas
y, a la postre, stimerianas fueron • en algunos momentos o en algunos de sus
textos, cuando no en su totalidad - revistas tales como El Rebelde, El Productor
literario, El Porvenir del Obrero, Juventud y la misma Revista Blanca. Sin em­
bargo, al aparecer en 1904 la segunda edición del libro de Stimer, puede decirse
que los órganos de expresión con más prestigio dentro del movimiento libertario
ya se están distanciando de un anarquismo de exclusivismo individualista Hacia
1905 Nietzsche y Stimer dejan ya de ser un problema tematizablc para el anar­
quismo como no sea en pequeñas revistas efiméncas ancladas en su periferia
ideológica.
Esta conyuntura cronológica impidió que el discurso individualista stimeriano
fuera en sí mismo objeto de debate en el anarquismo hispano. Poquísimos fueron
los que, como Antonio Ras en la Revista Blanca, lograron descubrir "la profunda
concepción filosófica del que ha sido llamado (malamente llamado, como subraya
Ras] el precursor de Nietzsche.'' El articulista va más lejos todavía al afirmar sin
embajes: "(Las ideas de Stimer] constituyen el polo opuesto a las teorías del su­
perhombre de Nietzsche. Stimer, en efecto, destruyó y criticó de antemano y de
una manera implacable, antes de que el autor del Zarathustra lo formulara, todo
aquello de que el 'hombre es un tránsito y no un acabamiento1y de que el hombre
es algo que ha de ser superado'. Stimer es el no-cristiano por excelencia, mientras

4 "Federico Nietzsche y sus tendencias", en: Inducciones, Barcelona 1901, p. 291.


5 Federico Siebsche y *1 anarquismo intelectual, Madrid 189$, p 17.
6 V éase José Alvarez Junco: La ideología política del anarquismo español (1868-1910),
Madrid 1976, p. 124 y ss.
166 P e r e Jo a n i to u s

que Nietzsche era un místico con sus dejos y fundamentos de cristianismo, pese a
su Amicristo "7
De hecho, la concisión misma del Unico y su propiedad propiciaba el que la
obra fuera leída como mero breviario subsanador de la ampulosidad nietzscheana.
Por los textos que he leído, creo poder afirmar que la corriente individualista-ra­
dical que creía ampararse en Nietzsche no hacía muchas veces más que descubrir
aquellos momentos del pensamiento ruetzscheano que eran - voluntaria o involun­
tariamente - deudores de Stimer. En efecto: si esta corriente se identificaba con
Nietzsche, lo hacia por defender éste "el individualismo y la libertad, los instintos
vitales, la fuerza, la acción, la lucha y la rebeldía", por atacar "las convenciones,
la pasividad, el conformismo, y sobre todo el cristianismo como rebajador de la
dignidad humana''8. Todos estos elementos, empero, no son sino el pálido reflejo
de lo que Heidegger afumó ser los cuatro títulos principales del discurso
metzscheano: "Wille zur Machi", "Umwertung aller W ene", "Nihilismus'’ und
Ewige Wiederkchr'. Ya el mismo rano del eterno retomo falta, que yo sepa,
compítanteme en la recepción anarquista hispana de Nietzsche, con ser esencial
a su doctrina
Un buen ejemplo de ese - inconfeso o inconsciente - redescubrimiento de lo
que Mackav denominó, mentando a Stimer, la pureza diamantina sepultada bajo
la verborrea del superhombre, lo tenemos en muchos de los textos que Julio
Camba escnbió para El Rebelde bajo la advocación expresa de Zarathustra. No
citare más que un breve pasaje, en el que admonesta: "Es en nuestro interior
donde tenemos que edificar la obra anhelada, para que cada uno de nosotros se
haga el hombre único en un mundo único."9 Es siempre difícil separar los ecos de
las voces, sobre todo cuando estas pueden ser ecos a su vez, pero no dudo de que
un análisis detallado ’de los textos demostraría un inconsciente depuramiento
sumenano de la obra de Nietzsche en su lectura anarquista.
En solitario, hubiera ofrecido Stimer menos flancos descubiertos a la critica li­
bertaria - cntica que no tardo en formularse cuando la lectura de Nietzsche se
hizo más reflexiva Lo que se criticó entonces al nietzscheanismo file, como muy
bien ha sintetizado Alvarez Junco, su clitismo aristocrático que chocaba abierta­
mente con el postulado inalienable de la igualdad, su doctrina del egoísmo que
despreciaba la fraternidad, su asalto a la razón que escandalizaba el cientificismo

7 "Lecturas de Stimer". R evista B la n c a (marzo 1903), p. 570 y $.


S Véase Lily Litvak M usa libertaria. Arte, literatura y vida cultural d el anarquism o español
(¡SSÓ-1913) Barcelona 1981.
9 Véase A harcz Junco, ed civ. p 152.
Sa d e y St b n e r o l a t r a d ic ió n im p o s ib l e 167

algo bonachón de los anarquistas.10 No cabe dudar de la legitimidad de tales críti­


cas. Sin embargo, al amalgamar a Stimer con los difusos presupuestos del indivi­
dualismo anárquico-literario, tal y como lo hicieron Luigi Fabbri y Federico
Urales en La Revista Blanca, se imposibilitaba apriorisricamente una reflexión
más diferenciada sobre las bases y las modalidades de su individualismo
Reflexión ésta, que * repito - no llegó a tener verdaderamente lugar, a pesar de
que hubiera enriquecido notablemente el discurso antropológico del anarquismo,
al exigirle una precisión que no podía o quena ofrecer. Si bien Stimer ponía en
entredicho la doctrina anarquista sobre el hombre, su discurso era tanto más pro*
vocativo, cuanto que, a diferencia del de Nietzsche, suponía una involución vo­
luntaria hacia el umbral mismo del discurso sobre el hombre que, a modo de sene
epistemológica, se inicia en el postulado de una esencial autonomía de lo hu­
mano, tal y como la formuló la ilustración, para cerrarse en el radicalismo iguala-
tario del anarquismo. Mientras la obra de Nietzsche desconstruye los avatares de
este discurso, asumiéndolo en su negación, el libro de Stimer lo invalida »1 nuce
y por completo. Su argumentación se desarrolla en cuatro momentos: 1 negación
del concepto genérico de hombre, 2. negación de un esenciaüsmo inherente a lo
humano, 3. negación de lo social y 4. negación del ideario ilustrado, cimentado
por la revolución francesa y amplificado por el movimiento obrero.
Primer punto: Fue Feuerbach, a través de Bakunin, quien proporcionó los si­
logismos necesarios para que el anarquismo español culminara a su manera, en el
dominio antropológico, el proceso de secularización iniciado en el Renacimiento.
En su defensa de la dignidad humana, el anarquismo afumó que la idea de Dios
no sólo es ficticia, sino que resulta de la alienación de los atributos humanos. La
esencia y la existencia divinas, Bakunin lo formuló definitivamente y con ello no
hacia sino corroborar la doctrina del misticismo, exigen la anulación sistemática
de lo humano. Siendo Dios todo, el mundo real y el hombre no pueden ser más
que nada. Frente a este nihilismo cristiano de raíz agustiniana y culpabüizador de
lo creado, los anarquistas se afirmaron mavoritariamente materialistas. Restaura­
ron la autonomía del mundo y de lo humano, expropiando a la divinidad lo que de
derecho correspondía al hombre: la razón, el sentimiento y la voluntad. En este
sentido no puede pues decirse que el anarquismo fuera iconoclasta. Los altares no
quedaron desiertos: lo que si se operó fue una sustitución. Como lo afirmara Luis
Onteniente en su artículo "La religión del porvenir" (El Productor, 1905): 'E l
Hombre es el nuevo Dios. He ahí la nueva religión. Los hombres, adoradores del

10V éase A lvarezJunco,ed. c«.t p. I 7 y s $


168 P ere Jo an i Tous

Hombre."11 La sacralización del hombre le otorgó a éste una mayúscula que lo


convenia en mito. Después de dos mil años de expoliación, el Hombre había
vuelto a ser la medida de todas las cosas. Fue Pi i Margall quien, siguiendo a
Feuerbach, ofreció al anarquismo la formulación más plástica de este axioma, del
que puede derivarse todo el pensamiento anarquista:
Homo sibi Deus (...) el hombre es para si su realidad, su derecho, su mundo, su ño, su
Dios, su todo. (...) U q ser que lo reuse todo en si es indudablemente soberano. El hombre,
pues, todos los hombres son ingobernables. Todo poder es absurdo. T odo hombre que
extiende sus manos sobre otro es un tirano. Es más: es un sacrilego.12

Homo sibi Deus, homo homini Deus; Es contra esta nueva religión que polemi­
zó Stimer. Como Marx (6a y 7a tesis contra Feuerbach) - y por las mismas fechas
Stimer - se dio cuenta de que siguiendo a Feuerbach, no se hacía sino oponer dos
abstracciones, dos religiones que, por igual, dejaban desamparado al hombre
concreto frente al mundo de las esencias. En El único y su propiedad podemos
leer.
La religión humana no es m is que la última metamorfosis de la religión cristiana. (...) En
efecto, es una religión porque Me separa de Mi esencia y la coloca por encima de Mí,
porque eleva al Hombre como la religjóa eleva a su d ios o a su ídolo.13

Esta critica, la hacia Sumer en nombre de) yo, de lo que él llamaba el "yo fini­
to” contrapuesto al "yo absoluto del idealismo"14*17.
Vemos a Feuerbach declarar que el término "Hombre" no debe aplicarse más que al Y o
absoluto, a) género, y no al Y o individual, efímero y caduco. (...) El Hombre e s el último
de los malos espíritus, el último fantasma, y el más fecundo eo imposturas y engaños. (...)
La caída de la Humanidad será la seña) de Mi elevación.13

Hste Yo concreto es el que Stimer magnifica en un arrebato de solipsismo ex­


tremado "Soy como Dios, la negación de todo lo demás. Soy para mí Todo, soy
e! Unico
Segundo punto: También los anarquistas, claro está, dignificaban al yo concre­
to. ai individuo real Ellos también se negaban, en palabras de Ricardo Mella
(Tribuna Ubre, 1909) a sacrificarle "en el altar de la soc edad"1’ . Sin embargo,

11 Véase U h Lirvak, ed. cil., p 184.


12 Asi r e » el lema de la revista El Proletario (1890). Las relaciones entre Pi i Margall y los
anarquistas han sido tratadas por Ah-arez Junco, ed a t . , p. 311 y ss.
13 Cito por la edición española <fe Eduardo Subirats, Barcelona 1970, p. 136.
14 Stimer, ed. cu., p. 141
\51bid,, p. 143 \ 155.
1 6/ótrf.p , 25. ‘
17 Véase A harcz Junco, e d c it , p 17 y s
Sade YSTDtNEJt o la tradición imposible m
postulaban que el hombre - cito a Anselmo Lorenzo (El Pueblo, 1909) - "bestia
feroz en un principio, se humaniza en el seno de la sociedad", que "el individuo
necesita de la colectividad para alcanzar la plenitud de su ser" y que es, por lo
tanto, "imposible en lo humano separar la idea de colectividad a la del indivi­
duo"11. Como muy bien ha sintetizado Alvarez Junco, "los anarquistas no defen­
dían una yuxtaposición de individualidades libres, cada cual omnímoda en su
ámbito privado y totalmente desprovista de títulos en el contiguo"*19, sino más
bien una interrelación de libertades que se potencian mutuamente, sin dejar lugar
a la formación de entes supraindividuales como el estado. Ello no impidió que, en
algunos momentos, el discurso anarquista pareciera alejarse peligrosamente de
este postulado de armonía entre lo colectivo y lo individual Asi por ejemplo, el
mismo Federico Urales afumó que "el individualista (eso es el anarquista) no
busca ni buscará apoyo en los otros; procura y procurará únicamente que los
otros le dejen libre, seguro de su fuerza y de su riqueza creadora."20 No creo que
pueda verse en tales pasajes, sin embargo, más que un arrebato cuya única fun­
ción es la de asegurar, gracias al mismo tono provocativo, la sinceridad absoluta
del postulado individualista. El mismo Urales no se cansó de repetir que los anar­
quistas "entienden por individualismo la emancipación integral del individuo que
algunos Llaman el yo' dentro de la humanidad". Y añadía, sin mucha contención
gramatical: "Para nosotros es tan claro que el individuo puede armonizarse con el
bien común, que el que no armonice con ese bien, no es el individualismo que
tiene por fuente el socialismo anarquista."21
Stimer, por el contrario, no negaba tan sólo la idea del Estado como institución
esencialmente represora; con los mismos argumentos y en un mismo soplo de
voz, negaba también en nombre del individualismo la sociedad misma, por supo­
ner ésta "un lazo, una cadena". "Cómo puedo ser yo mismo" se preguntaba
Stimer "si mis facultades no pueden desarrollarse, sino en la medida que no tur­
ben la armonía de la sociedad?”22
Tercer punto: Si bien Stimer era naturalista en el sentido de afumar la bondad
natural del hombre, no la definía y entendía en categorías morales. Antes bien
defendía la substancial amoralidad de lo humano. "Un hombre", decía él, no tiene
Vocación1 a nada; no tiene más deber y vocación que la que tienen una planta y

l S / ó ü . p . 21.
19 Véase ibid. , p. 22.
20 Véase "La riqueza ideal del individualismo". Revista Blanca, 1925 (no. 45, 1-4), p. 24.
21 V éase "El individualismo y la solidaridad humana", Revista Blanca, 1930 (159, 1-1), p.
347.
22 Stimer, e d ctt., p. 154.
170 pekejóakitous

una flor"23 Stimer se mofaba de todos aquellos herederos de la Ilustración, para


quienes l a Esencia de) sentimiento humano es el Amor; la Esencia de la voluntad
humana, el Bien; la Esencia del Pensamiento, lo Verdadero'. Con ello, se oponía
diametralmente al esencialismo anarquista, que afumaba la bondad natural del ser
humano. "Consúltese a la naturaleza", alentaba Urales a sus lectores, "dejésele
bien libre, y ella demostrará todo lo que de bueno hay en los hombres, todo lo
perfecto que son."24 El humanismo optimista de los anarquistas les induce a creer
en la recuperación de esa bondad natural una vez superados los nefandos condi­
cionamientos socioeconómicos, les hace creer en la perfectibilidad histórica del
hombre, En su trabajo sobre "Religión y la Cuestión social" (1902) Federico
Urales profetiza: "Al perfeccionarse el hombre perfecciona sus relaciones, y estas
nuevas relaciones vuelven a perfeccionar al hombre. [...] Nuestra sociedad es
mejor que la sociedad que fue, la sociedad futura será mejor que la actual, ella
formará nuevos hombres más perfectos aún y aquellos hombres... lo infinito... lo
infinito."2526*8Contra esa lógica ironiza Stimer: "(Perseguir al Hombre Nuevo),-pre­
pararlo, realizarlo, tal es la pesada tarea de los mortales; ellos no mueren más que
para resucitar, no viven más que para morir y para encontrar la nueva vida."** Es
esta contingencia voluntaria la que subleva a Stimer: "El verdadero hombre no
está en el porvenir, no es el objetivo, el afán, sino que está aquí, en el presente,
existe en realidad; cualquiera que yo sea, (...) soy Yo. Yo soy el verdadero
Hombre "21 Por las mismas razones, la idea de un superhombre le es completa­
mente ajena al pensamiento stimeriano. Nunca proclamó él la necesidad escato*
lógica de ese Dios in fie n de la Humanidad.
Cuarto punto: La misma contradicción radical entre la posición anarquista y la
stimeriana se da en relación al derecho. El punto de partida es empero, aquí
también, común y pue*de ilustrarse en palabras de José Llunas, al formular éste las
aspiraciones de la Federación de Trabajadores en los años ochenta:
Nadie tiene derecho a tocar, legislar, discutir, oí aún bajo el pretexto de garartizar la li­
bertad de otro (...) En el mundo puede y debe existir u libertad absoluta, completa, sb
más limitaciones ni regulación que el respeto a la libertad ajena para hacer posible el goce
de la propia (...]. La libertad se tiene, no se recibe de nadie."

23/¿tf.,p. 220.
2 A Véase Javier Guallar: "La concepción del hombre en Federico Urales", Anthropos. 1987
(78), P 52.
25 La r*¡tpót¡ y ¡a cuestión social, Montevideo 1902, p. !3.
26 Stimer, tcL cu., p. 217.
2 7 2 2 1 .
28 Véase A h arez Junco, e d cít , p. 25.
Sade y St ir n e r o l a t r a d ic ió n im p o s ib l e 171

Bien sabido es como los anarquistas, enlazando con la teoría iusnaturalista


consecuentemente secularizada, superaron al mismo liberalismo del que eran
deudores. Esencial a su doctrina y a su lucha ha sido en todo tiempo el garantizar
la igualdad económica básica como causa formal de los derechos clásicos.
Stimer, por el contrarío, no cree en ningún tipo de derecho. Reniega del "derecho
del Hombre" que los liberales le otorgan en nombre de la Humanidad. La misma
idea del Derecho natural le parece abominable: "La palabra derecho no tiene sen­
tido. Lo que se llama derecho no puede ser conferido por la naturaleza. [...} Todo
derecho es un derecho extraño, un derecho que se me concede, del que se me
permite disfrutar." Por ello reniega de la igualdad y de la fraternidad, afumando
que "la igualdad de los derechos que proclamó la Revolución Francesa no es,
bajo otro nombre, más que la igualdad cristiana; la igualdad fraternal que reina
entre los hijos de Dios, entre los cristianos, es, en una palabra, la fraternidad."29
Frente a lo que Stimer considera fantasmas anacrónicos, opone él su concepción
del derecho que fundamenta en la categoría del poder individual:
N o me queda sino suprimir de mi vocabulario L palabra 'derecho1. Lo que yo poseo, lo
poseo sin derecho, lo poseo únicamente por mi poder. N o reivindico ningún derecho, ni
tengo pues, ninguno que reconocer. Aquello de que puedo apoderarme, lo agarro y me lo
apropio; sobre lo que se me escapa, no tengo ningún derecho.30

El fin perseguido es el autodisfhne (SelbstgenuB): "Gastar la vida y gozar de


ella [...] hacer mi vendimia y consumir mi vida."31 Este goce de la vida es, en su
exclusivismo egocentrista, completamente ajeno al hedonismo que en algunos
momentos alegró el ceñudo puritanismo de los anarquistas, tampoco es la reali­
zación de! derecho a vivir la vida en toda su plenitud en una sociedad liberada de
toda contingencia estructural, en un ambiente fraternal. El autodisfrute es absor­
bente, constituye al otro en objeto, y defíne "lo mío" extensionalmente como
"todo aquello de que puedo apropiarme por la fuerza."32 Este poder, que se ac­
tualiza en la fuerza, no exige según Stimer el correctivo de la justicia:
Lo que par« M i es justo, es justo*. (...) Puede suceder que los demás o o juzguen por eso
que es justo, pero eso e s asunto suyo y no mío; {ellos se guarden! Aun cuando una cosa
pareciese ajusta a todo el mundo, si esa cosa fuera justa para M i. es decir, si Y o la quisie­
ra, me cuidaría poco de todo e l mundo. (...] El poder e s anterior al derecho y con pleno
detecho. (...] Y o quiero gozar del mundo, para eso e s preciso que sea mi propiedad, y
quiero, pues, conquistarlo. Y o n o quiero la libertad de lo s hombres, no quiero la igualdad

29 Stimer, ed. cu., p. 212


3 0 / M I , p. 153.
31 /M i . p. 21? v s.
32 /M í.
172 P e r e Joan i T o u s

de lo» hombres, oo quiero ruis que mi poder sobre los hombres, que sein mi propiedád.
gozarlos33

Los lectores inconfesos de Sade, habrán experimentado, al presenciar esos úl­


timos estertores de esa filosofía del egoísmo, una sensación de déjà vu que nos
remite a los discursos libertinos del divino marqués N o me refiero a la descrip­
ción misma de los horrores, a la anunciación paraestésica que refuerza el acto
sádico: "Je parrícidats, j'incestais, j'assassinais, je prostituais, je sodomisais." Me
refiero ante todo al silogismo mismo que legitima el desenfreno: "Chacun n'a
d'autre loi que son plaisir. [...) Mon droit est celui de ma puissance.”34 También
Sade, en su negación de la Divinidad, de la Naturaleza y de la Humanidad, llega
al hombre concreto, fluctuante y mudable, cuyo poder es la fuente de todo dere­
cho. A diferencia de Stimer, sin embargo, Sade se mueve en los limites de la
epistemé cristiana
El autor de La Philosophie dans le Boudoir desarrolla una filosofía negativa, la
cual, según Pierre Klossowski, "réintroduit les notions qu'elle supprime: la Notion
de Dieu et la notion du prochain, car elles sont indispensables à la conscience du
libertin."35 La transgresión de las noratas y la monstruosidad implican la existen­
cia de lo transgredido, necesitan de la ley y del orden para cobrar, como tales,
realidad. No hay pecado sin mandamiento, no hay pecador sin iglesia. Con ello
permanece Sade dentro de los limites que Descartes habia impuesto a la libertad.
Su grado más alto, leemos en la "Méditation quatrième”, es aquél que radica
"dans cette puissance positive que nous avons de suivre le pire, tout en voyant le
meilleur." La obra de Sade puede leerse como el intento fallido de hacer comuni­
cable este grado de libertad. Stimer, a su vez, pretendió destruir en su raíz la
epistemé que siguió al cristianismo, la del ateísmo racional, el cual - como hemos
visto • sustituye al hombre (sujeto finito) a Dios (ser infinito) y mantiene un prin­
cipio normativo - deber y virtud secularizada - que, si bien garantiza la identidad
del yo, lo aliena de nuevo en nombre de principios eternos.
Ambos toman la palabra en nombre del yo pluridimensionai, del yo profundo,
como lo llamaría Ortega, "soterrado bajo el cúmulo de juicios y maneras senti­
mentales que de fuera cayeron sobre nosotros." Ambos dignificaron - sigo citando
a Ortega, que no se refiere a Stimer ni a Sade, sino a Baroja - "ese fondo inso-

337¿»t¿,p. 245 y 149.


34 Citas reiterativas, v. Roland Banhes: Sade, Founer, Loyola París 1971, eo particular el
capítulo "Sade I"
35 Véase P icnc Klossowski: Sade, mon prochain, Paris 1967, p. 183
Sa d e y Sterner o l a t r a d ic ió n im p o s ib l e 173

bomable y exento por completo del yo convencional que suele envolverlo."36


Tanto Sade como Stimer, al oponerse a lo que Gilles Deleuze llama
‘'monoteísmo"37, sea este divino o humano, preludiaron el discurso psicoanalítico,
en donde el yo aparece amaestrado por el superego, en donde la noción del ello
institucionaliza el caos libidinoso que pugna por liberarse.
El discurso sádico, al involucionar el yo orientándolo exclusivamente hacia el
ello, se encuentra en un estado de insurrección permanente contra la L ey del p a ­
dre, formalizada en el orden social e interiorizada en la idea del bien. Sade afuma
y vive su negación, culpabilÍ2ándose conscientemente para llegar al término de
aquella libertad ante la cual Descartes retrocedía con recato. También Stimer en­
trevio con lucidez casi profética el mecanismo de interiorización.
Si ea la niñez tenemos que superar las leyes del mundo, que son las ideas del padre, en el
presente chocam os con una objeción del Espíritu, de la Razón, de la propia Conciencia
Obedecemos sus órdenes, com o en otro tiempo las de lo s padres. Son ellas
(representaciones, ideas, creencias), las que reemplazan a los mandatos paternos.3*

Sade fue el primero en proclamar la necesidad de una insurrección permanente


y, por ello, recordaba insistentemente que la Ley - eso es: todas las leyes • no
pueden ser superadas, sino es institucionalizando la anarquía: "Ce riest jamais
dans l'anarchie que les tyrans naissent, vous ne les voyez s'élever qu'à l'ombre des
lois ou s'autoriser d'elles."39 Stimer, a su vez, al darse cuenta de que el ateísmo
racional-humanitario legitimado políticamente por la Revolución Francesa no ha
hecho sino instaurar la tiranía del Hombre con mayúscula, renueva la sentencia de
Sade, según la cual:
Le règne des lots est vicieux, U est inférieur à celui de l'anarchie; k plus grande preuve de
ce que j'avance est l'obligation où le gouvernement se trouve de se plonger lui-même dans
l'anarchie quand il veut refaire sa constitution.40

Por ello, no pretende Stimer una nueva revolución - instauradora de un nuevo


orden coaccionador del yo, sino una insurrección, una insurrección nacida de la
Emporung, de la indignación egocéntrica:

36 Véase José O nega y Gasset: "Una primera vista sobre Baroja", en: Obras complétas,
Madrid 1946/50, H, p. 112 y s.
37 Véase Gilles Deleuze: Présentation de Sacher-Masoch, París 1967.
3S Stimer, «d ci t , p. 32.
39 V éase la interpretación que G ilíes Deleuze propone de este ideologema desarrollado en:
"Histoire de Juliette", Presentation de Sacher-Masoch, pp. 75-79.
40 Ibid.
174 PereJoamitous

Revolución e insurrección no son sinónimos. La primera conaste en una transfonnacióo


del orden establecido, del Status del Estado o de la sociedad; no tiene, pues, más «pie un
alcance político y social.
La segunda es mi esfuerzo por desprenderme del presente que me oprime; n o cifro mis
esperanzas en organizaciones futuras. N o es mi objetivo derribar lo (pie es, sino elevarme
por encima de ello, mis intenciones y mis actos no tienen nada de político, ni de socilL N o
tienen otro objetivo que Yo, y mi individualidad.
Son egoístas 41

£1 discurso sádico no era recuperable por parte del anarquismo. No lo era por
razones obvias, ya que hubiera sido necesario abstraerle su carga patológica. N o
lo era, asimismo, por quedar inserto en un mundo presecularizado. Tampoco re«
sulcó ser recuperable el discurso stimeriano, aunque éste ya se inscribiera en lo
que, siguiendo la moda en curso, podríamos denominar eptstemé humanista,
aquella misma que nace en la ilustración, se institucionaliza en el liberalismo y
culmina en el anarquismo. Conviene empero matizar: Cabe concebir esa inscrip­
ción a modo de un negativo fotográfico, que afirma lo que niega. El pensamiento
de Stimer es el reverso del liberalismo y del socialismo, especialmente anar­
quista. Sin ellos, no tiene lectura posible.
Tamo el individualismo sádico como el stimeriano son subscancialmente apolí­
ticos. Para ambos vale lo que Luigi Fabbn reprochó a los admiradores del Unico:
Los individualistas stiroerianos aplazan indefinidamente las cuestiones sociales en todos
sus aspectos políticos y especialmente económicos. Solidaridad o individualismo son d os
fiierzas de evolución, que, para la sociedad, son lo que las fuerzas centrífuga y centrípeta
para el cosm os. Un stimeriano viene a ser com o un aficionado a la fisica que en sus inves­
tigaciones atendiese únicamente a la fuerza centrípeta; del mismo m odo que un socialista
de estado resulta otro de iguales aficiones que atendiera só lo a la fuerza centrífuga.42

Ambos individualismos gesticulan al inicio de lo que iba a ser la búsqueda psi-


coanaiítica y adolecen de la misma contingencia de la que iba a padecer el freu-
dianismo ortodoxo: el menosprecio de sus implicaciones políticas.
La formulación de ese individualismo despolitizado queda negativamente con­
dicionada por lo que para ambos resultó ser una barrera epistemológica que no
supieron subsanar. M e refiero a lo que Fabbri caracterizó de fondo reaccionario
en Stimer, su incapacidad de formular más allá de $u horizonte anti-liberal y anti­
socialista una propuesta utópica. En efecto: Al explicitar su concepción de las
asociaciones sustitutoras de la sociedad y del estado, Stimer desarrolla un con­

41 V é a » Stimer, ed cír.. p. 247.


42 Sobre la crítica de Fabbri y de la mayoría anarquista a Stimer. consúltese mi trabajo Die ge*
fesstlte Hoffimtg. “E l árbol de la ciencia" von Pío Batoja und der G eist der Jahrkun•
dertwende. Frankfurt s.M . 1989. p. 541 y ss.
Sa d e y s t r k b r o l a t r a d ic ió n im p o s ib l e 175

fu$o pero apasionado alegato en pro de ia propiedad y del mercado libre - libre,
sobre todo, de todo condicionamiento social:
Si mi prójimo puede serme útil, consiento en entenderme con él, en asociarme con él para
que ese acuerdo aumente mi fuerza, para que nuestras potencias reunidas produzcan más de
lo que una de ellas podría hacerlo aisladamente. (...) En la asociación y sólo en la asociación,
la propiedad toma su verdadero valor y es realmente propiedad, puesto que en ella, yo no
debo a nadie lo que es mío. [...] En la asociación, tú tienes todo tu poder, toda tu riqueza, y
te haces valer en ella. (...) La asociación es tu instrumento, tu arma; ella agudiza y multiplica
tu fuerza natural (...) En la asociación. Yo soy propietario, y no hago mas que entenderme
con otros acerca de mi propiedad.43

$u modelo es el Privatus que no se asocia más que en interés propio, el propie­


tario comerciante que compra y vende y cuyo valor se identifica con lo que po­
see. Con ello, retrocede Stimer a la más genuina pureza económica de lo que
quería destruir: el liberalismo. De ahí sus ditirambos en pro de la libre competen­
cia que él quisiera ver libre de toda ideología legitimadora.
También Sade cae politicamente en las coordenadas que tanto parecen
ofuscarle. Recordemos sus Cent vingt joum ées de Sodome (1785), aquellas jor­
nadas concentracionarías en la utopía de un castillo de la Selva Negra, jomadas
paraestésicas que reproducen esperpénticamentc las relaciones de poder, tales y
como se actualizaban en el antiguo régimen: un poder absoluto delegado en tira-
nias más débiles que lo reflejan como en un cabinete de espejos. Esos gentil-
hombres, libéranos sodomizantes y coprófagos, creen - y Sade con ellos - vivir el
caos liberador, sin darse cuenta de que ellos también viven a la "sombra de las
leyes" que dictan a sus victimas propiciatorias.
Tanto el Libertino de Sade como el Unico son esencialmente conservadores.
No olvidemos la admiración, de seguro nada gratuita, que sentía Bismarck por el
libro de Stimer, un libro que él consideraba ad usum deiphini. Recordemos que
Sade prescribía a sus "Amis du crime" el único voto para él sensato: el voto con­
servador. Ambas fantasías de libertad • sexual, en Sade; económico-mesocrática
en Stimer - necesitan de la ley que pretenden ignorar. Necesitan de un orden que
les deje sus fantasías de unicidad y que las magnifique en una persona irrepetible.
Necesitan a un Duce, a un Führert a un Caudillo.

43 Stiiaer, <d ctf., p. 154 y


Volker Kapp

Anarquía y estética futurista en


A l d i lá del Com unism o de F. T. Marinetti

Los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX simpatizan con e'


movimiento anarquista y propagan sus ideas. Esta simpatía es particularmente
manifiesta en los futuristas italianos. En el manifiesto del 20 de febrero 1909, po:
el cual Marinetti crea el futurismo, declara que los futuristas quieren glorificar "i‘
gesto distruttore dei libertari"1. También añade que quieren "distruggere i m usa
le biblioteche, le accademie" (p. 11). Sin embargo, en Marinetti, la estima que
tiene por los anarquistas es menos grande que su voluntad por combatir el culto a
pasado. Su llamamiento en favor de la destrucción de las instituciones destinada:
a conservar el patrimonio cultural y su polémica contra los partidarios del pasad<
se transforman en eslóganes repetidos incansablemente por los diversos maniñes
tos futuristas. Constituyen un argumento que subraya los lazos entre futurismoj
anarquismo.
El manifiesto fundador del futurismo pasa rápidamente de Francia - dond
apareció por vez primera - al resto de Europa. Ramón Gómez de la Sema lo tra
dujo, ya en 1909, y lo publicó en la revista Prometeo2. También tradujo el mam
ñesto Contro la Spagna passatista de 1910 - traducción que se publicó el mi$m>
año y en la misma revista3.
Marinetti dominaba como pocos el oficio de propagandista y consiguió para s<
movimiento una divulgación no tan sólo en Italia sino también en el mundo en
tero. Sus relaciones eran tales que sus ideas se difundían con facilidad en los cii
culos de la vanguardia internacional. Su influencia en la vanguardia española n
debe ser despreciada si se quiere estudiar la historia de la literatura española
comienzos del siglo XX. Se sitúa sobre todo en el plano cultura] y por lo tanto n
concierne sino de manera marginal a la dimensión política del movimiento ana:

1 F.T. Marinem, Teoría e invenzione futurista a cura di Luciano D e María. Milano 1968, j
11. Las citas corresponden a esta edición.
2 Véase Ronald Daus, Der Avantgardismus fa n ó n Gómez de la Sernas, Frankfurt 1971, p-
83-87.
3 Véase Manfred Lentzen, "Marinem und der Futurismus in Spanien", Archivfü r das Studiu
der neueren Sprachen und Literaturen 224 (1987), p. 68.
178 V o l k e r Ka pp

quista español Hilo explica el que hasta ahora este influjo haya sido tan sólo es­
tudiado por los historiadores de la literatura.4
La estética literaria del futurismo italiano pierde mucho si no se tienen en
cuenta sus implicaciones políticas. Su originalidad proviene de la ambición de
los futuristas por ordenar la vida política según los principios culturales y estéti­
cos de la vanguardia. Esta alianza entre teoria y práctica, cultura y política, arte y
vida, sobrepasa claramente ct reducido dominio de la historia literaria. Es ella la
que merece de manera particular la atención de los investigadores del anarquismo
español porque concierne las bases mismas de la cultura anarquista.
La literatura popular de los anarquistas españoles es sin duda alguna un pro­
ducto más típico del movimiento anarquista que las refinadas obras de los futuris­
tas. A pesar de ello, no se puede equiparar esa literatura anarquista, de sesgo po­
pular y estéticamente defectuosa, con la literatura anarquista en su conjunto. Con
ello se desvinuaría la cultura popular como cultura menor y se postularía u n anta­
gonismo irreconciliable entre estética literaria y cultura popular. Los futuristas
italianos han preconizado un arte futuro que favoreciera el desarrollo de la liber­
tad creadora en la mejor parte de la juventud. De este modo se proponía liberar la
sociedad de las cadenas de las estructuras escleróticas.
En su obra Democrazia futurista de 1919, Marinetti se dirige al "proletariato
dei geniali" (p, 405 ) y afirma:
0 movimento artístico fiirurisu da noi minato 1 1 anni fa aveva precisamente per scopo di
svecchiare brutalmente fambiente anistico-letterario, esautorarne e distruggerne la ge-
rontocraaa, svalutare i critici e i professori pedanti, incoraggiare tutti gli slanci temerari
deir ingegno giovanile per preparare un' atmosfera veramente ossigenata di salute, in­
coraggiamento e aiuto a tutti i giovani geniali d’Italia ( p. 40$).

Pasa después a resumir los fines politicos del futurismo adoptando la perspectiva
de la juventud
Incoraggiarli rutti, centuplícame l'orgoglio, aprire davanti a loro tutti i varchi, diminuire al
più presto, c o s i il numero d ei geniali italiani falliti e stroncati (p. 40$).

Ese gobierno de una juventud genial se rebelará contra la represión y extirpará los
defensores del orden:
La vita italiana di domani altro uon deve essere che una serie di bombe a mano lanciate
selle gambe degli importuni pesantissimi due nemici: il prete e il carabiniere (p. 387).

4 Véase además de lo s trabajos de Daus y Leotzen: Paul Ilie, "Futurism m Spam", Criticism 6
(1964). pp. 201-211 y su libro Documents o f the Spanish Vanguard, Chapel H3I 1969 y
Jaime Brihuega (ed.). Manifestos, proclamas, panfletos y textos doctrinales (Las vanguar­
dias artísticas en España: 1910-193ÍJ, Madrid 1979.
A N A R Q U IA Y ES TE TIC A FU T U R IS TA 179

El orden social proyectado por los futuristas será instaurado por la rebelión contra
ia$ rígidas estructuras de la antigua sociedad y a expensas de la generación de los
mayores. Corresponderá a las necesidades de una juventud genial y hambrienta
de independencia. Será inventado por la imaginación creadora de los adeptos a)
futurismo.
Este sueño utópico no entró en los programas politicos de los anarquistas espa­
ñoles, a pesar de presentar ciertos puntos de contacto con sus opciones políticas.
Cuenta con la espontaneidad en todos los campos y expresa un ideal que permite
valorar las posibilidades y los límites de la cultura anarquista. Es este punto de
vista sobre el que se concentrarán mis reflexiones en tomo a anarquía y estética
futurista.
Las relaciones entre anarquía y futurismo italiano son muy complejas. Tienen
una dimensión política y otra estética. Las relaciones entre ambas son tan estre­
chas que no se puede estudiar la estética futurista sin tener en cuenta sus impli­
caciones políticas, como tampoco puede estudiarse la política futurista sin refe­
rirse a sus lazos con la estética de este movimiento. La dimensión política del fu­
turismo está mucho más desarrollada que en los otros grupos de vanguardia de la
primera mitad del siglo XX, los cuales también se esforzaron en uiur arte y vida.
No se reduce ni a las reflexiones teóricas ni a las acciones culturales en sentido
estricto.
En Democrazia futurista, Maríneui afirma en efecto:
L 'a r t e é p e r n o i m s e p a r a b i l e d e l i a v i t a . D i v e n t a v t e - a a o D c e c o m e ta le é s o la c a p a c e d i
fo r z a p ro fe tic e e d iv in a tric e (p . 3 6 5 ).

El compromiso político se sitúa en el centro de la creación literaria o artística ya


que, según Marinetti, la acción política debe emanar de! acto creador que produce
la cultura. Esta doctrina está destinada a contradecir a Georges Sorel, cuya in­
fluencia sobre el pensamiento politico era fundamental5. Marinetti rechaza con
todo rigor las ideas de Sorel6.
La participación activa en la vida política es un carácter especifico del futu­
rismo italiano, pero al mismo tiempo constituye uno de sus problemas cruciales.
El programa del partido futurista de donde provienen las citas abreviadas está
dedicado al Duce. Marinetti y sus amigos son aliados de Mussolini y es por ello
que sus intérpretes tienden a subrayar el impacto de la ideología fascista menos-

5 V éase Federico C h ib o d , D ie E ntstehung des neuen Italien. Von der neuen D iktatur zur
R epublik, Reinbek 1965, pp. 35-36.
6 Marmetti: op.ett., p p . 3 6 4 - 3 6 5 y p. 4 4 8 .
180 V o l k e r Ka p p

cubando asi la autonomia del movimiento futurista.78Al contrarío» el presente artí­


culo pretende insistir en las ideas que separan el futurismo del fascismo. Su fina­
lidad no es, claro esta, el minimirar la importancia del compromiso fascista del
tuumsmo, sino el poder destacar los elementos por los cuales la estética futurista
sobrepasa el episodio fascista’. Precisamente es desde esta perspectiva que se
pueden contemplar los lazos entre anarquía y estética literaria como de primordial
importancia.
£1 anarquismo es un criterio que permite diferenciar futurismo y fascismo. Se­
na necesario un minucioso análisis histórico para poner en evidencia las afinida­
des y las divergencias entre anarquismo y fascismo italiano. Un trabajo de este
tipo sobrepasaría mis facultades como historiador de la baratura. Por ello me
limitaré a profundizar algunos detalles del manifiesto A l di là del Comunismo,
texto que diferencia futurismo y fascismo. Mi punto de partida es un articulo po­
lemico publicado por Antonio Gramsci en // Grido del Popolo (16 de marzo de
1918) para criticar el Manifesto del partido futurista italiano del 11 de febrero del
mismo año. El intelectual comunista reprocha al programa del partido futurista su
escasa originalidad:
Sfrondato delle amplificazioni verbali, delle imprecisioni di linguaggio, di qualche lieve
contraddinooe, esso non è altro che il programma liberale che i nipoti di Cavour
avrebbero dovuto realizzare per ì migliori destini d’Italia. M a i nipoti di Cavour hanno di­
menticato gli insegnamenti e le dottrine del loro antenato programma liberale sembra cosi
straordinario e pazzesco ebe i futuristi lo fanno proprio, persuasi dì essere originalissimi e
uiua-sw enirisuci.9

Gramsci considera a Marinetri como heredero del liberalismo de Cavour y más


bien le sitúa a la derecha del espectro ideológico.10 La exaltación futurista del

' Véase Manfred Hardt,'"Futurismus und Faschismus", Romanische Forschungen 94 (1982),


pp. 381-419 y Janos Riesz . "Der Untergang als 'spectacle* und die Erprobung der 'écriture
fasciste' in F. T. Marinetüs 'Mafarka le Futuriste'", Aspekte modernen Ersdhlens in der
modernen italienischen Literatur, hrsg. von U. Schulz-Buschhaus • H. Meter, Tübingen
1983, pp. 85-114.
8 Marioettis utopische Ideen von einem Staat ohne P olizei und Gefängnisse und einer
aus Künstlern gebildeten Regierung fanden bei Mussolini kein Verständnis. War bei Kriegs­
ende noch Marinem der "Dux", so setzte sich nun bald der Politiker gegenüber dem Künst­
ler durch. Er übernahm die Slogans und Propagandamcthodeo der Futuristen und gewann
durch sie viele Anhänger unter der Jugend und vor allem unter den Studenten. A ls
Mussolini aber mit dem Marsch auf Rom (1922) seine Ernennung Ministerpräsidenten
durch König Viktor E manuel ÏÏT erzwang, war die Rolle des Futurismus als politische B e ­
wegung ausgcspielt." (Christa Baumgarth, Geschichte des Futurismus, Reinbek 1966, pp.
108-109)
9 Sulfascismo a cura di E. Santarelii, Roma 1974, pp. 48-49.
10 Véase Rudolf LUI, Geschichte Italiens vom 16. Jahrhundert bis su den Attf'ängen des
Faschismus, Darmstadt 1980, p. 162.
A n a r q u ía y e s t é t ic a f u t u r is t a 181

individuo libre proviene tanto de) pensamiento político-libera) como la misma


propuesta de superar las dificultades económicas gracias a la iniciativa privada:
Ogni uom o deve partire nella vita coi soli privilegi della sua forza naturale, perché possa
manifestarsi pienamente dando il suo massimo rendimento con un massimo di sforzi e go­
dendo integralmente i frutti personalmente conquistati (p. 418).

Este punto del programa politico futurista se hace eco integral de las ideas del
liberalismo más radical. A cada uno le toca conquistar su situación econòmica
para poder gozar después de los bienes adqueridos según le plazca. No le corres­
ponde pues al Estado proteger al débil contra los excesos del más fuerte.
Las afinidades entre el futurismo y el liberalismo se ven confirmadas por el
ataque de Marmetti contra los anarco-sindicalistas. Escribe en Democrazia futu­
rista.

Avete visto un' assemblea di giovani rivoluzionari anarchici? Non vi può essere spettacolo
piu scoragguxte.V i noterete infatti la minia urgente, in tutte Quelle anime impetuose e
rosse, di privarsi subito della loro indipendenza e della loro iniziativa per dare U governo
della loro assemblea al più attempato fra loro. Ossia al più opportunista, al più prudente,
insomma a colui che avendo già acquistato una piccola potenza e una piccola autorità sera
fatalmente interessato a conservare lo stato delle cose, a calmare la violenza contrariando
ogni istinto di avventura, di rischio, e di eroismo (p. 417).

Los anarco-sindicalistas no aprecian lo suficientemente la independencia por­


que se someten a la autoridad de un jefe, mientras que los futuristas repudian la
institución de un dirigente que coarte su libertad individual. Marinetti les reprocha
que obliguen a sus partidarios a aceptar la disciplina de un partido, cuando lo ne­
cesario sería fundar un partido sin disciplina.
El partido político futurista pretende ser más anarquista que los mismos
anarco-sindicalistas.11 Es esa exigencia de libertad la que le mueve a superar el
liberalismo. Por ello Marinetti abre una polémica contra filósofos tales como De
Ruggiero quien habla "del trionfo del liberalismo (concretato nella Intesa) sullo
Stato organizzatore (concretato nella Mitteleuropa)" (p 566), o Croce quien ha­
bla "della vittoria del liberalismo sul tipo di civiltà a base di organizzazione e di
centralizzazione" (p. 366). Lo juzga "assurdo parlare di liberalismo e di Mitteleu­
ropa organizzatrice" (p. 366) y prevé "la vinoria delle razze coalizzate più geniali,
più elastiche, più dotate di immaginazione improvvisatrice sulle razze coalizzate
meno geniali, meno elastiche, più professorali" (p. 366). No es por tanto el orden
de un Estado disciplinado y con sólidas estructuras sino un desorden genial lo que

11 "Gli anarchici à accontentano di assalire i rami politici, giuridici ed economici dell'albero


sociale mentre noi vogliamo assai più" (p. 416).
182 VOLK£R K a PP

exalta e) futurismo. Más allá del liberalismo de Cavour descubre el heroísmo re­
volucionario del Risorgimento y se plantea la transformación de la Italia degra­
dada gracias al ímpetu revolucionario de la juventud anarquista.
Mazzini es más importante para el programa político-futurista que Cavour. En
Democrazia Juturista Marinetti publica una "Sintesi della concezione di Mazzini
sulla propnetà e la sua trasformazione" (p. 425). En ella se abstiene de toda crí­
tica a Mazzini y presenta su concepto de la propiedad como una "síntesis” de la
visión del celebre politico italiano. Este homenaje es tanto más interesante cuanto
que contradice el rechazo futurista del pasado.
El nombre de Mazzim está intimamente ligado al de Garibaldi. Estos dos pro­
tagonistas de la historia de la Italia Unida podían inspirar a Marinetti la idea de
regenerar la vida política sobre las bases de la libertad anarquista. Bien lo pmeba
la simpatía de los anarquistas del siglo XIX por el Risorgimento y su decepción
ame la evolución de la Italia Unida.
En octubre de 1869, Bakunin expresa la esperanza que le había inspirado el
patriotismo revolucionario de los promotores de (a unión del país:
Sonie d'une révolution nationale victorieuse, rajeunie, triomphante, ayant d'ailleurs la for­
tune de posséder un héros et un grand homme, Garibaldi et M azaai, l'Italie, cette patrie de
l'intelligence et de 1a beauté, devait, paraissait-il, surpasser en peu d'années toutes les au­
tres nations en prospérité et en grandeur.11

Esia esperanza se frustró cruelmente Por ello Bakunin completa su retrato por
una crítica violenta de la Italia Unida:
Moins de cinq années d'indépendance avaient suffi pour ruiner se s finances, pour plooger
(out le pays dans une situation économique sans issue, pour tuer son industrie, son com­
merce et. qui plus est, pour détruire dans la jeunesse bourgeoise cet esprit d'héroïque dé­
vouement que peodant plus d e trente ans avait servi de levier puissant à Mazzini.1213

Ante este fracaso, el anarquista ruso abre una campaña de artículos polémicos
contra Mazztni, cuya ideología combate. Sus escritos crean "un climat favorable à
l'acceptation des idées socialistes et des principes de l'Internationale” y ponen su
sello a las "dix premières années du développement du mouvement italien"14.
En una de las variantes de su libro La rhéologie politique de Mazzini et
VInternationale publicado en 1871 en Neuchâtel, Bakunin polemiza contra la jo ­
ven democracia italiana cuyo sufragio universal o lleva al pueblo "qu'au droit et

12 Michel Bakounine, Oetnres, vol V, Paris 1911, p. 285


13 Oeuvres, p. 286.
Í4 Arthur Lebning. "Introduction", Michel Bakounine et l ’Italie ¡871-1872, vol. Il, Leiden
1963. p. LIV.
A n a r q u ía y e s t é t ic a f u t u r is t a 183

au devoir de se donner un maître, un dictateur, soit individuel soit collectif, mais


représantant une classe privilégiée qui l'exploite et l'opprime, ne fût-ce, à défaut
d'autre classe, que celle des fonctionnaires de l'Église ou de l'État"15. Según ¿I, no
hay más que un medio eficaz para liberarse de la explotación y de la opresión:
abolir el Gobierno, la Iglesia y el Estado. El autor denomina ese idea) como una
"anarchie absolue" y precisa luego que "ce sera l'anarchie au point de vue
politique ou gouvernemental, mais ce sera l'organisation [...] de l'humaine
solidante, au point de vue économique et sociar (ibtd.). Esta profesión de fe
anarquista conlleva dos visiones políticas netamente diferenciadas: por una pane
el compromiso humanitario en el que se inspira el anarcosindicalismo italiano, y
que culminará en la fundación del partido socialista italiano y, por otra parte, el
individualismo anárquico que caracterizará el movimiento futurista.
En A l di là del Comunismo (1920) Marinetti se refiere a ese segundo tipo de
anarquía cuando afirma: "L'umanità cammina verso l'individualismo anarchico,
mèta e sogno d'ogni spirito forte" (p. 473). Con ello esboza el concepto politico
que determina su reflexión teòrica en la ¿poca en la que su alianza con el fascis­
mo entra en un período de crisis.
En las elecciones de 1919, Marinetti figurò en la lista fascista de Milano pero
no se le eligió. El sufragio del electorado confinó entonces sus visiones políticas
en la esfera de lo utópico. El partido fascista agravó esa decepción. En 1920, el
ala reaccionaria de los latifundistas triunfó en el segundo Congreso y formó una
alianza con la burguesía industrial. Desde entonces los intelectuales fueron per­
diendo toda su influencia y los futuristas se hallaron marginados. Al dì là del Co­
munismo supone una reacción de Marinetti contra ese fracaso. Ataca al comu­
nismo, eso sí, pero sus criticas también se dirigen contra el fascismo. Según el
pertinente análisis que Gian Battista Nazzaro ha hecho de este texto16, Marinetti
busca un común denominador entre los dos campos políticos antagónicos y lo en­
cuentra en la pequeña burguesía inquieta.
Si se da fe a lo que afirma Marinetti, esa capa social busca su identidad y se
esfuerza en construir un nuevo tipo de sociedad futura. Esta inquietud y esta fi­
nalidad le aproximan al futurismo. De ahí la simpatía del maître à penser futurista
hacia esa parte de la burguesía. Esta paradoja no es simplemente un artificio de
orador destinado a sorprender a su auditorio. Es una hipótesis propuesta con el

15 Michel Bakounine et l'Italie I87l-J872t Textes établis et annotés par A. Lehning, vol. I,
Leiden 196 l ,p . 174.
16 "L'idéologie marineuieene et le fascisme", Marinent et le futurisme. Etudes, documents,
iconographie réunies et présentées par G. Lista, Lausanne 197*7. pp. 122-129.
184 VOLKER K a p p

Hn de presentar el futurismo como un movimiento situado por encima de los an­


tagonismos politicos17.
Marinetti es un polemista ciertamente hábil. Hn A l di là del Comunismo com­
bate abiertamente el marxismo y socava al mismo tiempo el fascismo, sin que
formule muchas ideas explícitamente. Este procedimiento se hace patente cuando
revalonza a la pequeña burguesía, que la literatura del siglo XIX no se cansó de
ridiculizar. Según él, esta capa social comete el error de proporcionar los lideres
del comunismo, puesto que a él le parece "indiscutibile che i tentativi di comu­
nismo sono e saranno sempre guidati da giovani piccoli borghesi volitivi e ambi­
ziosi' (p 478). Con esta observación concluye un amplio desarrollo argumenta­
tivo en el que polemiza contra el cliché de oponer la burguesía rica y decadente al
proletariado explotado y trabajador. Entre los dos extremos, existe, según él,
"quella massa formidabile di giovani intelligenti e laboriosi piccoli borghesi:
studenti, impiegati, agricoltori, commercianti industriali, ingegneri, notai, avvocati
ecc., tutti figli del popolo, tutti preoccupati di superare con un lavoro accanito il
mediocre benessere paterno* (p. 478). Cabe destacar que Marinetti no alaba a la
pequeña burguesía como tal, sino únicamente a jóvenes pequeño-burgueses. Los
considera inteligentes y trabajadores, mientras que la literatura del siglo anterior
se delectaba en presentar la miopia intelectual de esa capa social.
La ambición que los escritores y los poetas habían reprochado a la pequeña
burguesía constituye para el futurista una de sus bazas puesto que alienta a su ju­
ventud a "nprendere il nuovo sforzo della vita con eroismo" (p. 478). Hace la vez
de fermento poderoso. En Democrazia futurista, Marinetti exclama:
Questo giovane geniale ai sente nei nervi una forra misteriosa, violenta. Sari poeta, pino­
le. artista drammatico, costruttore di ponti su fiumi americani, appaltatore di terreni lon­
tani da dissodare, deputato, ecc.: egli non sa esattamente.
Rischierebbe volentieri tutto ciò che ha di caro e di piacevole intorno a sé, affetti, amicizie,
cñmi piaceri sessuali, allegrie goliardiche, per ottenere immediatamente la prova diretta e
La manifestazione di questa sua forza (pp. 407-408).

Este himno a la juventud que sueña con un porvenir glorioso nos remite a los
orígenes literarios de tal pensamiento politico Del mismo modo, prueba que los
futuristas están mucho más influenciados por el pasado de lo que ellos mismos
admiten, ya que el estado de alma que describe Marinetti corresponde a aquella
vaguedad pasional que el romanticismo francés, siguiendo a Chateaubriand, reía-

17 La primera fiase de Al di là del comunismo afirma: "Noi futuristi abbiamo stroncato tutte le
ideologie imponendo dovunque la nostra nuova concezione della vita, le nostre forinole
d'igiene spirituale, il nostro dinamismo estetico, sociale, espressione sincera dei nostri
temperamenti d'italiani creatori e rivoluzionari" (p. 473).
A n a r q u ía y e s t é t ic a f u t u r is t a 185

ciona con la melancolía. El 'mal del siglo1 romántico proviene del generoso 'élan1
abarcado, y que los futuristas quisieran llevar a buen término. Según Marinetti,
ese movimiento de entusiasmo es particularmente prometedor en los jóvenes pe-
queño-burgueses, ya que éstos no están tan saturados como la burguesía acomo­
dada y son más cultos que los proletarios. Es en esta juventud en la que Marinetti
cifra sus esperanzas, ya que constituye "la parte migliore della nostra razza”
(ibid) El concepto de raza nos recuerda la terminologia nazi. El racismo deter­
mina, en efecto, sorprendentes desarrollos argumentativos en tomo a la superiori­
dad de los italianos. Es uno de los principios fundamentales del partido futurista
cuyo programa afirma:

Dnostro orgoglio italiano è basato sulla superiorità nostra come quantità enorme di indivi­
dui geniali. (...) L'Italia rappresenta nel mondo una specie di minoranza genialissima tutta
costituita di individui supenori alla media umana per forza creatrice innovatrice improvvi­
satrice (p. 379).

Este exagerado orgullo nacionalista se transforma en peligroso racismo cuando


el autor añade que "su 1000 slavi vi sono due o tre indivìdui" (p. 379). Este cál­
culo revela la deuda contraida por Marinetti con la terminología de la derecha
europea de su época. Pero en A l dì là del Comunismo, el concepto de raza sirve
sobre todo como sinónimo del concepto de pueblo. El autor lo utiliza para postu­
lar una oposición entre el marxismo y la mentalidad italiana. Uno de los argumen­
tos que aporta Marinetti es particulannente revelador:
(...) il popolo italiano, specialmente ¡no di individualismi acuti, è ¡1 più anticomunista, e
sogna fanarchia individualista (p. 479)

Los italianos son individualistas y su individualismo no podrá sino rechazar ios


ideales de la revolución bolchevique cuando se le presente un programa politico
que reconcilíe el pensamiento socialista de los anarcosindicalistas con la libertad
absoluta dei individuo genial. El programa del partido político futurista promete
una síntesis de esas aspiraciones antagónicas.
Marinetti sabe realzar sus afirmaciones con una visión del mundo moderno
destinada a corroborar sus análisis. El futurismo rechaza todas las ideologías to­
talitarias porque no dan cuenta de la complejidad de! mundo moderno:
E ormai profonda in noi la convinzione che tutto ri complica, che ogni semplificazione
ideologica, dimostrativa o amministrativa ¿ illusoria, e che l'ordine assoluto in motoria
politica o sociale è assurdo, (p. 450)

La acción política no puede ignorar tal estado de cosas y debe reconciliar el


orden con el desorden. Por ello, la libertad individual no debe servir de precio
186 V o l k e r Ka p p

para instaurar el orden politico. Por el contrario, hay que entrelazar autoridad y
anarquía:
Queste libertà individuali, che ingigantiscono nel loro sviluppo verso usa possibile e desi*
der&bile anarchia, debbono coesistere con un principio di autorità (p. 450).

Ei futurismo se esfuerza por establecer una síntesis entre individualismo anar­


quista y revolución politica. Inaugura a nivel cultural la revolución que habrá que
realizar a nivel político

Esta doctrina se adapta mejor al carácter nacional italiano que el comunismo.


Por ello Marinetti concluye que los italianos deben preferir el futurismo en detri­
mento del comunismo ruso:
Al vostro immenso di ventri comunicanti e livellati (...) noi opponiamo il n osu o
meraviglioso paradiso anarchico di Uberei assoluta arte gem am i progresso eroismo fanta­
sia entusiasmo, gaieaaa, varietà, novità, velocità, record (p. 4 8 2 )

Mannetti enumera los conceptos esenciales de la estética futurista, con el fin


de hacer del futurismo el concurrente del comunismo, cuya revolución acaba con
la libertad individual, La revolución que él preconiza no hará iguales a los hom­
bres**, pero supondrá el apogeo del individualismo. Será la libertad creadora en
el arte y en la literatura la que determinará la vida política. El futurismo propaga
pues el paraíso anarquista, tanto a nivel politico como estético. Su compromiso
politico se propone coronar la revolución estética con una revolución política. Es
imposible pasar sin solución de continuidad de una teoría de vanguardia estética a
la praxis politica Marinetti confiesa este impedimento y se esfuerza en diferen­
ciar los dos ámbitos
Il Panilo Politico Futurista sarà nettamente distinto dal movimento artistico futurista.
Questo continuerà nella sua opera di svecchiamento e rafforzamento del genio creativo
italiano. 11 movimento artistico futurista, avanguardia della sensibilità artistica italiana, è
necessariamente sempre in anticipo sulla lesta sensibilità del popolo (p. 349).

Sena ilusiono querer integrar a las masas populares en la vanguardia estética y


literaria1819. Es ésta la razón por la cual el partido debe agrupar a "tutti gli italiani,

18 Se dirige a los bokheviscas, sfumando: "Occorre lasciarvi ta ta r e la distruzione


dclTinteUigenza umana, poiché l'intelligenza è la prima fonie dineguagfianza e dì
sopraffazione Speriamo che il vostro tentativo di comuniSmo abbia almeno com e risultato
quello di distruggere le nuove ineguaglianze prodotte daBo sfruttamento della guerra e dal
principio ereditario che noi combattiamo quanto voi" (p. 483).
19 "l.e ostilità suscitate da) Futurismo artistico noo devono turbare i nuovi aderenti al Partito
Pobtico Futurista L e opere artistiche de! movimento futurista possono apparire ai loro
A N A R Q U IA y e s t é t ic a FU T U R IS T A 187

uomini e donne d'ogni classe e d'ogni età, anche se negati a qualsiasi concetto
artistico e letterario" (p. 350). Si bien esta apertura es indispensable para el éxito
politico ¿no supone a la vez una traición de los ideales de la vanguardia futurista?
¿Cómo implantar en la vida los descubrimientos del arte, si este arte es rechazado
por la mayoría que ignora los productos de la vanguardia?
Según Marinetti, el programa político futurista no es una simple prolongación
de la teoría estética. Se trata más bien de su complemento indispensable. Este es
evidente en lo que se refiere a los valores de virilidad y heroísmo en los que se
basa la revolución anarquista:
N o i sognamo un' Italia futurista, libera, virile, elastica, dinamica, inebriata di progresso,
pronta a tun o, cioè improvvisare guerre o rivoluzioni senza eserciti permanenti, ma con la
massima quantità di quelli che noi chiamiamo cittadini eroici (p. 483).

La espontaneidad creadora se metaraorfiza en heroísmo viril en cuanto se pasa


del nivel estético al politico. E! cuito del progreso no implica tan sólo optar por el
principio de la modernidad estética, como por una política de incesante renova­
ción social. Según esta doctrina, no cabe promulgar la revolución que creará de
una vez para siempre una sociedad nueva, sino que lo que cabe realizar es una
revolución permanente que rejuvenecerá sin cesar las estructuras del estado El
eje central de este programa político es la espontaneidad que garantiza la libertad
de espíritu:

N o i prepariamo questi cittadini con una propaganda assidua di libertà intellettuale, sport,
arte, eroismo e originaba futurista (jbid.).

La politica futurista sueña un ideal utopico capaz de aunar la cultura física con
la intelectual, y de reconciliar el depone con el arte, asi como la fuerza fisica con
la grandeza moral A la estética le corresponde el papel de promotor de innova­
ciones permanentes ya que se rebela contra todo pasado.
El dinamismo revolucionario de la estética futurista se halla confirmado por la
alianza entre futurismo y bolchevismo Marinetti se enorgullece de haber sido
acogido con entusiasmo en Rusia. Reconoce incluso "che i futuristi russi sono
tutti bolscevichi e che l’arte futurista fu per qualche tempo, arte di Stato in
Russia” (pp. 480-481). Ello no le impide reducir las divergencias entre Rusia e
Italia a la oposición entre socialismo igualativo y anarquismo individualista.
El futurismo juliano propaga una revolución anarquista. Refiriéndose a) primer
manifiesto futurista, el mismo Marinetti escribe en 1929:

occhi troppo programmatiche e violente, troppo cariche di voluto e di teorico. Ciò è natura­
le. (p. 350).
188 V o lk e r Ka p p

U I-urnrìsino si definiva come un grande movimento antifilosofico anticulturale sportivo t


guerriero di idee intuiti pugni e revolverate svecchiatoli italianizzatori purificatori novatori
e velocizzatori. creato da un gruppo di poeti ed artisti italiani geniali (p. 583).

Esta rebelión contra el tradicionalismo cultural y contra las estructuras políticas


escleróticas corresponden perfectamente a la descripción que Gramsci propone
de las ideas esenciales del anarquismo italiano:
U q altro elemento della forza relativa dei libertari è questo: che essi hanno più spirito di
mmatrva individuale, più attività personale. Perché questo avvenga dipende dà cause
complesse: 1) che hanno maggior soddisfazione personale del loro lavoro; 2) che sono
meno intralciati da impacci burocratici, i quali non dovrebbero e siste re per le altre orga­
nizzazioni [...) 3) (e torse maggiore) che un cen o numero di persone vivono del movi­
mento, ma ci vìvono liberamente (...j20.

E! futurismo traduce sus teorías de vanguardia estética a la vida politica,


apropiándose de los conceptos del anarquismo, pero se diferencia de éste por ser
nacionalista.
La idea de patria juega un papel decisivo en la doctrina política futurista. Si­
guiendo el capitulo titulado "Patnottismo futurista” de Democrazia futurista, esta
idea no se relaciona con el "sentimento della famiglia" (p. 3S8)2*, sino al indivi­
dualismo:
Rappresenta il massimo allargamento della generosità dell'individuo straripante in cerchio
verso tutti gli esseri umani simili a lui o afimi, simpatizzanti e simpatici (p. 389).

La patria futunsta proviene del grupo de los individuos geniales. Transforma el


individuo aislado en un miembro de un grupo constituido por un lazo afectivo. El
compartir los mismos ideales y provenir de un mismo país crea un entusiasmo
colectivo que Mannetti iguala con el patriotismo, base de su exagerado naciona­
lismo Este no corresponde con el concepto de anarquismo en su sentido estricto
y en ello reside la dificultad en valorar el significado del anarquismo futurista.
Giovanni Lista ha publicado los valiosos testimonios que ilustran el rechazo del
nacionalismo futurista por pane de los anarco-sindicalistas italianos. En 1910,
una minoría en el seno del anarco-sindicalismo empieza a mostrarse partidaria del
patriotismo. Mannetti quiere aprovecharse de esta minoría, a la que invita a afi­
liarse a su movimiento Sus conferencias sobre el tema tuvieron lugar en Ñapóles
> Milán en una "salle bondée d'ouvners et d'étudiants"22. Un reportaje en el pe­

10 Quaderni dei carcere Vi, Passato et present?, Torino 1951, p. 178.


21 "L’idea di patria annulla l'idea di famiglia. E un'idea generosa, eroica, dinamica, futurista,
mentre l'idea di famiglia i gretta, paurosa, statica, conserv atrice" (p. 389).
22 Giovanni Lista, "Marinetti et le s anarcho-syndicalistes", Presence de Marinetti, ed. por ).-
CI. Macardé, Lausanne 1982. p. 70.
An a r q u ía y e s t e t ic a f u t u r is t a 189

riódico mi]anes lì secolo da fe de las protestas que las ideas nacionalistas suscita­
ron en su auditorio anarquista23. Desde entonces, se plantea la pregunta de saber
porqué el futurismo quiere unir el anarquismo y el nacionalismo. En Democrazia
futurista, el artículo sobre "D cittadino eroico, l'abolizione delle polizie e le
scuole di coraggio" se enfrenta a este problema. En ¿1, Marinetti recuerda la
costumbre de "considerare il patriottismo e la guerra come assolutamente
contrani alla idea anarchica" (p. 445) y arguye que esta contradicción no es sino
aparente. Rinde homenaje al coraje de los anarquistas24 y explica sus acciones
Molentas por la búsqueda de una justicia utópica.2526
El individuo aislado, como es el anarquista, puede descubrir el atractivo del
patriotismo si se adhiere al futurismo, que magnifica la destrucción del orden es­
clerótico en programa político y reúne a los partidarios de la violencia en el seno
de un partido anarquista. Frente a las críticas de Arturo Labriola, insiste en el he­
cho de la "novedad" (p. 447) de esta actitud que entronca en los ideales del
Risorgimento:

[...) noi vogliamo risuscitare lo sforzo passionale e temerario della razza che seppe rea­
lizzare t'ind.’pendeoza italiana, e faremo ciò senza l'eccitante alcool delle bandiere spiegate
e delle rosse fanfare, noi, poeti ed artisti: senza ricorrere a nuovi sistemi politici, e solo
spargendo il fuoco di un entusiasmo inestinguibile in questa Italia (...) (pp 447-448).

Esta mirada hacia atrás es libre de toda nostalgia. El Risorgimento constituye


para Marínetti una época donde la voluntad de conquistar la independencia italia­
na inspiró un heroísmo generoso. Esta clase de patriotismo conviene perfecta­
mente al anarquismo individualista porque convoca a los individuos en nombre de
un ideal común, favorece también el pleno desabollo del individuo grande que se
distingue por su compromiso generoso, y ejerce por fin de guia providencia) para
ese "pueblo" al que la literatura tematiza del romanticismo a Nietzsche y
Claudel.2«
La política futurista pretende recuperar el patriotismo desacreditado por la ba­
jeza de los hombres políticos. En este contexto Marinetti pudo creer algún tiempo
perseguir los mismos fmes que el Duce. Sin embargo, en Democrazia futurista,
no deja lugar a dudas acerca de la convergencia entre su visión política y su
23 V éase L is u , "M arinetti et les aatrcbo-syndicaUstes", p. 80.
24 "Per com o imo, preferisco la bomba di ua anarchico, allo strisciare del borghese che si
nasconde nel momento del pericolo, o all'egoismo vile del contadino che ri mutila per non
servire il proprio paese* (p. 445),
2 5 * 0 gesto distruttore dell'anarchico non è forse un richiamo assurdo e bello verso l'ideale
dell'impossibile giustizia?" (p. 445)
26 Véase mi articulo "Claudel und die Modemhat", LtteralurwisstnschafìUchts Jakrbuch NT
14 (1 9 7 3 ), pp 421-444.
190 V o l k e r Ka p p

doctrina estética. El entusiasmo del que habla es la fuerza creadora de los poetas
y de los artistas futuristas. Por ello, afirma luego:
D Futurismo proclama così i) necessario interv ento degli aitisti nelle cose pubbliche, p er
fare finalmente de! governo un' arte disinteressata, al posto d i quello che è ora una pedan­
tesca scienza del fiuto (p. 448).

El juego de palabras según el cual los artistas convierten el arte de gobernar en


arte desinteresado no es un mero rizo. Expresa la convicción de que la historia ha
llegado a un punto en que el gobierno de los estados necesita "delle anime da
giocatori d'azzardo" y "delle divinazioni da poeta" (p. 450). En A l di là del Co­
munismo renueva este análisis histórico, afirmando:
Mentre agonizzano le ultime religioni, f Arte deve essere il nutrimento ideale che coasolerà
e rianimerà le tazze inquietissime, in soddisfatte e deluse dal crollo successivo di tanti ban­
chetti ideali insufficienti (pp. 484-485).

E) gobierno del arte y de los artistas futuristas conllevará "la soluzione artistica
de) problema sociale" (p. 487):
n proletariato dei geniali, collaborando collo sviluppo del macchinario industriale,
raggiungerà quel massimo di salario e quel ««««««* di lavoro manuale che, senza diminuire
la produzione, potranno dare a tutte le intelligenze la libertà di pensare, di creare, di
godere artisticamente (p. 486).

Estas afirmaciones prueban que Marinetti posee una intuición justa respecto a
la evolución futura de la sociedad europea y del papel que jugarán en ella la
ctcncta y el progreso técnico27. Según Marinetti, el futurismo se enfrenta a los
problemas reales del mundo futuro porque la sociedad moderna necesita de un
arte anarquista que asocie el cuito del progreso en todos los campos con la rei­
vindicación de la libertad individual absoluta.
El programa del partido politico futurista no logró transformar la vida política
italiana. El anarquismo, sin embargo, guarda todo su atractivo para los escritores
italianos. Italo Calvino abre su primer tomo de narraciones (Ultimo viene il
corvo, 1949) con un texto titulado "Un pomeriggio, Adamo", en el que contra­
pone al jardinero Libereso28, representante del nuevo orden, a la sirviente

27 Véasc Ulrich Sehulz-Buschhaus. “Der Futurismus als 'grande e forte letteratura scientìfica' -
Betrachtungen Ober die Widersprüche einer Avantgarde", Literatur und Wissenschaft.
Begegnung und Integration. Festschrift für Rudolf Baehr, hrsg. von B. Wixddehner,
Tübingen 1987. pp. 371-382.
28 "E un nome in esperanto, disse lui. Vuol dire libertà, m esperanto" (Torino 1976, p. 10).
A n a r q u ía y e s t ít ic a f u t u r is t a 191

Mananunziata, adscrita a los valores tradicionales. Mientras ella cumple con su


deber religioso dominical, él comenta sus tareas del modo siguiente.
... vado al bosco con mio fratello e riempiamo due secchi di p isce. P oi, alla sera, mio pa»
dre l e n e forte dei libri di Eliseo Reclus. M io padre ha Í capelli lunghi fio sulle spalle e la
barba nno al petto. E pona i calzoni corti, estate e invento. E io làccio dei disegni per la
vetrine»« della FAI. c quelli col cilindro sono i finanzieri, quelli col cheppì i generali, c
quelli co l cappello tondo ip r e d 29

El anarquista Eltsée Reclus (1830-1905) es el maitre à pcnser de los partida­


rios de un orden nuevo y el jóven Liberemo hace dibujos para la famosa FAI
(Federación Anarquista Ibérica). En el fondo no se podría ilustrar de forma más
convincente el interés que la vanguardia italiana sigue teniendo por el anarquismo
de su época.

29 Ultimo viene il corvo, p. 11.


Jan Lechner

La poesía anarquista de la Guerra Civil

Hasta finales de los años sesenta no resultaba fácil hacerse una idea cabal de lo
que escribieron los poetas de tendencia anarquista durante los años de la guerra
civil. Las fuentes accesibles al estudioso que fuera de España se ocupaba de la
poesía comprometida española eran muy pocas. Concretamente eran las siguien­
tes: en primer lugar, la valiosa antología, precedida de un substancioso prólogo,
preparada por nuestro admirado amigo Darío Puccini, Romancero delh
Resistenza spagnola, que vio la luz en la editorial Feltrínelli, de Milán, en 1960;
en 1962 apareció la versión francesa (la antología en presentación bilingüe) en la
editorial François Maspero, de París. Luego se disponía del Romancero General
de la Guerra de España, compilada por Emilio Prados y editada con un prólogo
de Antonio Rodríguez-Moñino; este libro fue editado en plena guerra civil por
Ediciones Españolas, Madrid-Valencia, 1937, y reproducido en reprínt por
Feltrínelli en 1966. Los estudiosos que tenían suerte, pudieron consultar también
los números de Hora de España que habían llegado al extranjero y la revista
Octubre si sabían en qué bibliotecas públicas o particulares se encontraba. Pero
no se trataba, evidentemente, de publicaciones anarquistas. Lo que no había, era
una edición sistemática, ni una antología siquiera, de la poesía de cuño anarquista
y aun menos un estudio, aunque fuera somero, de la misma.
Asi fue la situación al poner nosotros el pumo final, en 1967, a nuestra tesis
sobre el compromiso en la poesía española del siglo XX, cuya primera pane, que
cubre los años que van de 1900 a 1939, se publicó en 196$. Una de las conclu­
siones a que llegamos en aquel trabajo, fue que en la poesía comprometida de di­
cho período predominaba el campo - es decir, imágenes relacionadas con la vida
del campo - y ia figura, como si dijéramos ejemplar, del campesino, contraria­
mente a lo que pasaba en la poesía que apareció durante los primeros cuatro de­
cenios del siglo XX en el resto de gran parte de Europa: en Francia, Alemania e
Inglaterra. En la poesía escrita durante la contienda, se añadía a este rasgo la
imagen de los caídos como un mantillo que abonaba la tierra para un mañana es-
peranzador y más justo, para un futuro mejor.
Hubo que esperar hasta el año 1971 para que los que se interesaban por este
terreno pudieran conocer mejor la poesía escrita por el sector anarquista de la
194 Ja n Lechxer

sociedad española durante la guerra civil. Fue entonces cuando se publicó en la


conocida editorial .Ruedo Ibérico, de París, que tan meritoria labor desplegó du­
rante tantos años, el Romcmcero libertario que había recopilado y prologado el
hispanista francés Serge Salaün, gracias a cuyos esfuerzos aparecieron después,
en la misma casa, los dos libros en el mismo año, es decir en 1982, el Romancero
de la defensa de Madrid y el Romancero de la tierra. Tres años más tarde,
Castalia publicó su estudio titulado La poesía de la guerra de España, que reúne
una impresionante cantidad de datos acerca de la producción de esta poesía, en la
que ocupa un lugar importante la de los anarquistas. La novedad de este estudio
estriba en el carácter prácticamente exhaustivo y la variedad de sus datos estadís­
ticos, cuestión sobre la que hemos de volver más adelante.
Cuando los organizadores del Coloquio tuvieron la amabilidad de invitamos a
hablar sobre el tema que nos ocupa, no sabíamos que iba a participar también el
mismo Salaun, persona más idónea que nadie para tratar el asunto. Sólo cuando
nos llegó el programa, vimos que entre los ponentes figuraba nuestro colega fran­
cés, pero ya era tarde para cambiar las cosas. Valgan, pues, estas palabras de dis­
culpa por nuestro atrevimiento de liacer una incursión en un terreno que otros co­
nocen mejor que nosotros y considérese lo que sigue como unas acotaciones al
margen de lo que se ha esento sobre la materia hasta la fecha.
Nos apoyaremos en la antología de 1971 de Salaun, que ofrece un total de 178
poemas; 63 de los mismos proceden de la pluma de Antonio Agraz, 18 fueron
escritos por José García Pradas, 74 por Félix Paredes y otros 23 textos pertene­
cen a la sección Vanos', es decir que son textos escritos por otros poetas que los
ya mencionados o por autores cuya identidad ha quedado envuelta en la niebla
del anonimato. Según Salaün, durante la güeña se publicaron en la prensa repu­
blicana 8.500 textos poéticos escritos por 3.400 individuos, además de 85 libros
que fueron editados durante los tres años de guerra.1
Se sabe que esta increíble cantidad de textos poéticos no encuentra par en nin­
gún país europeo del período contemporáneo, lo que, evidentemente, no implica
un juicio de valor acerca de su calidad de textos literarios: uno o dos escritores
geniales, y a su lado diez de talla verdaderamente grande, por siglo, seria ya una
proporción como para despenar la envidia de cualquier pais que sea. Los 178
romances elegidos por Salaün entre lodos los que se escribieron durante aquellos
tres anos supondrían, hablando en abstracto, una producción de 5.874 textos en
un siglo, nada más que del sector anarquista de la sociedad. Creemos, pues, que

1 La poesía de la guerra de España, pp. SS, 82 y 158.


La p o e s ia a n a r q u is t a d e l a Gu erra C rv n . 195

el Romancero libertario, aunque no presente más que un segmento de todo lo


que escribieron los anarquistas durante la guerca, nos proporciona un corpus su­
ficientemente significativo como para permitir que hagamos algunas observacio­
nes de cieña validez.
Consideramos primero la cuestión cuantitativa. Salaün señala2 que fueron los
anarquistas quienes produjeron la mayor cantidad de textos poéticos de todo el
campo republicano; dato interesante y que creemos nadie vislumbraba ni podía
haber esperado. La argumentación de la que se sirve el colega francés para expli­
car este fenómeno no nos convence. No creemos que los anarquistas creyeran
más que los socialistas o los comunistas en el valor de la palabra, si no ¿para qué
han escrito los unos y los otros tantos textos de tipo doctrinal? Uno diría más bien
que la aversión de cualquier tipo de régimen impuesto, sea político, sea de tipo
literario, o quizás hubiera que decir: cualquier restricción de la libertad de uno
impuesta por una jerarquía, de cualquier tipo que ésta fuera, hizo, primero, que
sm preocuparse por pretendidas normas estéticas ni cánones literarios, los anar­
quistas usaran el vehículo del texto rimado para comunicar a los demás sus sen­
timientos y sus pensamientos, escribiendo sin sentir la existencia de trabas ni
cortapisas que refrenaran su creatividad. Segundo, como la producción poética de
todo el campo republicano consta de una absoluta mayoría de poemas escritos en
pie de romance y como dentro del campo republicano la mayor parte de la poesía
fue escrita por los anarquistas, creemos que fue aquella disposición de ánimo la
que hizo que más que en ningún otro sector fueran ellos los que se valieron de la
forma más dúctil que hay en poesía, la que más familiar era a la tradición popular.
Es curioso que la herencia del cristianismo se haga patente en muchos de estos
textos, en forma de exclamaciones, referencias a la Virgen y a personajes bíbli­
cos; el mismo Salaün dice: "La referencia al discurso cristiano (...) es una cons­
tante“.2 Se comprende que una tradición de casi dos mil años tenga, de cualquier
forma que sea, su repercusión en la vida de un pueblo y que tal influencia pueda
manifestarse incluso en aquellos casos en que el cristianismo ya no se practicaba,
sea por laxitud, por desinterés o por falta de convicción. Y así lo vemos en ciertas
fórmulas empleadas por Godwin y Kropotkin y en la actitud ante la vida de
Tolstoy. Pero muy otra cosa es que en los años treinta de este siglo se manifiesten
aún estas reminiscencias religiosas en la poesía escrita por los anarquistas, y por
los anarquistas de España precisamente, cuya lucha visaba, más que en otras
panes, a liberarse de la tutela impuesta por los defensores de cualquier doctrina
196 JANUCHNER

política o religiosa que ñiera. Repetimos que, en efecto, resulta comprensible que
aquí y allá haya alguna que otra resonancia de ese pasado largo que en toda
£uropa había impregnado la vida social y cultural de su savia, pero que la refe«
rencia a este "discurso cristiano" sea "una constante", nos parece altamente sor«
préndente, aun cuando se tiene en cuenta la veta utópica - algunos dirían incluso
escatológica • que recorre el pensamiento anarquista en general y el de España en
particular.
Otra inconsistencia que nos ha llamado la atención en esta poesía es la refe­
rencia, en principio también comprensible, a figuras señeras del pasado. ¿Qué
cosa más normal que tratar de inscribir la causa de uno mismo en una trayectoria
que viene de un ayer lejano y cuyos momentos más significativos quedaron mar«
cados por el pensamiento y la acción de hombres y mujeres ejemplares?4 Pero,
los hidalgos, el Cid, el Gran Capitán, Colón, Pizarro, Cortés, Valdivia; los condes
Fernán González, Wifredo y Bcrenguer pertenecían • resulta casi penoso tener
que decirlo « al Antiguo Régimen y eran los más puros representantes de una
mentalidad feudal, asi como lo eran los "porches hidalgos" y los "fijosdalgo”.
Curiosos modelos para un anarquista ...5
Discrepamos también en lo que se refiere al lenguaje de esta poesía. En nues­
tro trabajo de 1968 llegamos a la conclusión de que la poesía comprometida es­
pañola esenta entre 1900 y 1939 usaba medios de expresión tradicionales y no
aportó innovaciones m apenas experimentó. Salaün conforma este juicio, dicien­
do: "Los anarquistas, sobre todo, permanecen prisioneros de sus contradicciones
ideológicas y siguen practicando un lenguaje y una literatura que reflejan una
norma archiconfoimista". De ahi que llame la atención que en otro momento este
mismo especialista afirme que los poetas de la guerra de España "armonizan" di­
ferentes facetas del lenguaje, haciendo consonar lo culto con lo diario.6 Creemos
que en el caso concreto de la poesía anarquista abundan los ejemplos que de­
muestran a las claras que el lenguaje es todo menos armonioso y que, en general,
lo coloquial y lo callejero (en su sentido más negativo) se insertan de tal forma en
estos romances que constituyen cuerpos extraños en el conjunto del texto. Si lo
que Salaün señala realmente hubiera sido lo novedoso del lenguaje poético de
aquel momento, se habna prolongado sin duda más allá del año 1939, pero no fue
asi. Los verdaderos cambios que se operaron en el lenguaje literario de la España

4 ¡bid., pp. 29-30.


5 Véanse las página» 4 $ . $0. 1 3 8 ,2 5 7 ,6 1 .2 5 8 ,1 2 5 y 2 1 6 d d Romancero libertario fo
Salaüu.
6 La poesía de la guerra de España, p. 367.
La p o e s ía a n a r q u is t a d e la G u e r r a C iv il 197

de nuestro siglo se verificaron durante el Modernismo y, si se quiere, en los tex­


tos poéticos comprometidos de los que, como Pemán y otros varios escritores,
militaban en el campo de Franco y volvieron a un lenguaje y a formas poéticas
que ya no se habían visto desde el final del Siglo de Oro. En la posguerra españo­
la, fueron los poetas de los años SO los que trataron de crear un lenguaje nuevo y
practicaron, cada uno a su manera, un modo de decir desnudo, escueto, despro­
visto de adornos y caracterizado más de una vez por los especialistas de
"coloquial". Pero no "coloquial" por una mescolanza de lo culto y literariamente
consagrado, por un lado, y lo callejero, o simplemente torpe, y lo grosero, por
otro. Las guerras han resultado ser períodos infértiles para la innovación literaria,
tanto en lo que se reñere a los aspectos formales de la poesía como en cuanto al
lenguaje poético. Ahi está el ejemplo de la poesía de guerra escrita por autores
ingleses durante la Primera Guerra Mundial y de la "poesía de la resistencia", que
diría Darío Puccini, producida en los países ocupados por los nazis durante los
años 1939-1945.’
Si nos preguntamos cuáles son las características de esta poesía, llama la aten­
ción, aparte de su ya mencionado predominio cuantitativo, el que no irradie una
ideología diferente de la otra que se escribió en el campo republicano. Hay, efec­
tivamente, de vez en cuando referencias a alguna faceta de nla Idea", pero son fu­
gaces y sólo en algún caso esporádico determinan la estructura conceptual del
texto. Los temas de estos romances anarquistas son: los innumerables combates
locales, la voluntad de resistir al enemigo a todo precio, la confianza en la propia
causa justa, las referencias a la tierra y el deseo de construir un mundo mejor,
más justo. La gran controversia de aquel entonces * si había que fundar primero la
sociedad ácrata y ganar la guerra después, o si, al revés, era más sensato ganar
primero la guerra para luego proceder a la construcción de una sociedad más
justa - no se hace patente en estos textos. Como en la demás poesía que se oponía
a Franco, predomina la presencia de Castilla, sea como teatro de guciTa, sea en su
forma de concepto histórico. También en la poesía anarquista se manifiesta el
maniqueísmo que rige en la escritura por los que no eran anarquistas: 'España' y
'español' se refieren a la parte de España donde combatan los españoles que es­
criben esta poesía; los enemigos no parecen ser españoles ni pertenecer a España.7

7 Esta cuestión U tratamos eo la ponencia que leim os en el Congreso Internacional que tuvo
lugar en Valencia, en abril de 1986, con m otivo de la conmemoración de lo s cincuenta años
de "Valencia, capital d e la República". El texto, titulado "Poesía e Historia", ha de publicar­
se junto con las demás ponencias que se leyeroo en aquella ocasión, según afirm» doo
Antonio Parido, de la Concejalía de Cultura de! Ayuntamiento de Valencia, en cana del 22
d e febrero de 1988.
198 Jan Lechner

Sólo muy pocos poetas tuvieron la lucidez de no caer en esta trampa: Prados,
Serrano Plaja, OÜ Albert, Aleixandre.
Lo que si es interesante subrayar es la nueva luz que echa el estudio de Salaün
sobre la cuestión del tema de la tiena, tema que tanta importancia cobra en la
poesia republicana durante los años de la guerra, por más que la poesía compro*
metida anterior a 1939 prestara ya cierta atención al tema del campo. Sabemos
que ya desde Proudhon los ácratas se fijaban en las sociedades agrícolas como
modelos de una sociedad ideal.8 Si los anarquistas escribieron, pues, la mayor
pane de la poesia de la guerra civil, quizás se comprenda mejor la omnipresencia
de este tema en esta poesía, conclusión que, curiosamente, no saca el mismo
Salaün.
Queda un problema, que, además, resulta vidrioso: ¿cómo hay que enjuiciar,
cómo hay que valorar esta poesía, qué normas hay que aplicarle? Dos cosas que*
dan patentes con meridiana claridad: esta poesía fue escrita, en su mayor parte, en
circunstancias extraordinarias, y su función era servir de otra arma más en el
combate con el enemigo. Lo lógico seria, pues, optar por uno de los dos modos
de acercamiento siguientes: tratar de averiguar cuál ha sido la efectividad que
tuvo como tal arma de combate, o bien enjuiciar estos textos desde un punto de
vista literario, ya que, como quiera que se mire el asunto, sus autores han querido
valerse de una forma poética inconfundible. Creemos que ninguno de los dos mo­
dos debe perder de vista al otro, la otra cara de la medalla, pero que ha de haber
una inequívoca decisión de optar por uno o por otro. Un fusil se valora como tal;
un texto literario puede ser más letal en conseguir el derrumbe de un dictador en
un momento dado, dato que se tendrá muy en cuenta, pero es un texto literario y
hay que enjuiciarlo como tal. Sabemos que no existen normas infalibles para dic*
laminar "esto es literatura, aquello noM , ya que siempre quedan ciertas zonas
donde la incertidurabre permite opiniones divergentes. Sin embargo, la crítica li­
teraria * si verdaderamente merece tal nombre • ha tratado siempre de expücitar
las normas que aplica al enjuiciar un texto literario, asi como el propio punto de
partida del crítico, para establecer después, sin dogmatismo y dejando, como en
toda discusión intelectual, cierto margen, por mínimo que sea, de duda y de inse­
guridad, el mayor o menor valor del texto que se examina dentro de un sistema de
cánones existentes (que bien pueden cambiar al poco tiempo). Por lo tamo, no es

8 Véanse dos estudios d á s e o s , el de George W oodcock, Anarçhism, Hannondswoith, 1963,


p. 23, y el de James Joli. Tht Anarchists, Londres, 1964, pp. 62, 77 y 78 (en 1979 apareció
una segunda edición de este libro)
La p o e s ía a n a r q u is t a d e u g uerra C iv il 199

extraño que estos textos, que se quieren literarios, sean valorados según criterios
literarios.
Si gran parte de esta enorme producción resulta ser de poco valor en cuanto
texto poético, admitámoslo, con todo el respeto y la admiración por las personas
que escribieron estos romances y ofrecieron sus vidas en la lucha por una socie­
dad mejor. No podríamos prestarles peor servicio que suspender nuestro sentido
crítico y admirar ciegamente sus textos por haber sido escritos por gente que
consideramos como "los nuestros". Supondría acercarse a los poemas que nos
han llegado con un prejuicio y una actitud demagógica que ellos mismos comba­
tieron.
Clara E. Lida

El discurso de la clandestinidad anarquista

En una extensa caita inédita a vanos “hermanos internacionales”, entre ellos a al'
gunos de España, Fierre Kropotkin escribía pocas semanas antes del Congreso
secreto de Londres, de julio de 1881: "Creo que nos hacen falta dos organizacio­
nes, una abierta, amplia, funcionando a la luz del día; la otra secreta, de acción
(p. 5)." La primera estaría activa donde le fuera permitido, pero en vez de ocu­
parse de política lo haría de las huelgas: sería una organización de resistencia,
una "Internationale gréviste*. La otra, debía ser intima, fraternal, secreta, formada
por "uno o dos hombres en cada ciudad que sirvieran de núcleo de los grupos
secretos (p. 8)." Estos se encargarían de organizar la "conspiración obrera", es
decir, "volar una fábrica, 'tranquilizar' a un patrón, etc., etc., lo cual remplazaría
ventajosamente la propaganda de cualquier congreso (p. 9)." Para esto - continúa
Kropotkin - se debía recurrir a los grupos secretos que ya existían en países como
Italia, Francia, España y Alemania (p. 5), estrechar los lazos internacionales,
también secretos (p. 10), y reforzar los grupos intemacionalistas clandestinos con
los "jóvenes activos, buenos conspiradores y hombres de acción”, que todos los
dias surgían en esos lugares (p. 11)11.
Este documento casi desconocido de Kropotkin, es algo m ás que el testimonio
casual de una preocupación momentánea. El texto, como tantos otros que forman
un abundante, aunque disperso, Corpus de y sobre la clandestinidad, por una
parte, está surcado por un hilo conductor que enlaza el discurso desarrollado por
los lideres de las organizaciones anarquistas internacionales con el de los anóni­
mos militantes de minúsculos grupos locales. Por otra, plantea dos caminos tácti­
cos cuya aparente contradicción había que resolver: lucha política frente a resis­
tencia económica, violencia revolucionaría o acción sindical, organización públi-

1 Traduzco y gloso del manuscrito original de Kropotkin, en francés, que se encuentra en el


Interoationaal Instiniut voor Sociale Geschiedenis (IISGX Ardúv Kettlau, Rond ATT. $.£,
11 pp. M ax Nettlau publicó una traducción al italiano en su "Kropotkin, Malatesta e ¡1
Congreso ioteraazionale socialista rivohmonario di Londra del 1881”, Studi Socíaíi
(M ontevideo), nos. 28 (4.X IL 1933) y 29 (21.IV. 1934). En esta misma cana, la fraternidad
secreta, encabezada por Kropotkin, aparece formada por E u ic o Malatesta, Cario Cafiero,
Louis Pindy, Adbémar ScbwitzguébeL Tomás González Morago y un tal Rodríguez (p. 10).
Según sabemos, este alias encubrió, primero, a José García Viñas y , hiego, cuando este se
retiró de la fraternidad en 1880, se refirió a Trinidad Soriano.
202 CLARA E . LlDA

ca o secreta, núcleos locales aislados o integrados a asociaciones nacionales e


internacionales Mi propósito es interpretar este discurso y reconstruir tas claves
que lo sustentan. Para ello, me propongo aquí empezar por descifrar el discurso
clandestino de los pequeños grupos secretos que se mantuvieron activos en
España, a pesar de la proscripción que se decretó al caer la Primera República.
La gran mayoría de los historiadores que han reconstruido la experiencia anar­
quista peninsular desde la creación de la Federación Regional Española, en junio
de 1870, hasta el desmoronamiento de la Federación de Trabajadores de la
Región Española - en el lustro que va desde la Mano Negra, en 1883, y su diso­
lución definitiva, en 1888 - han privilegiado los escasos períodos de legalidad y
de explosión en los que la voz de la clase obrera se escuchaba más abiertamente.
Sin embargo, cuando sumamos y restamos, advertimos que de esos dieciocho
años, los anarquistas pudieron actuar de una manera plenamente pública y legal
sólo tres, de un modo ilegal y semiclandestino, después de la Comuna de París,
dos anos y hostigados y reprimidos de facto, so pretexto de la Mano Negra, du­
rante media década. En cambio, a lo largo de los casi ocho años restantes, de
enero de 1874 a septiembre de 1881, sufrieron la prohibición más absoluta, sumi­
dos en la clandestinidad total2 Casi todos los estudios sobre el movimiento anar­
quista español * y, justo es decirlo, también sobre el de muchos otros países - se
han limitado a esos raros y excepcionales momentos en que el lenguaje y los ac­
tos fluían en un espacio legal y público que normalmente le estaba vedado. Salvo
muy contados casos, gran parte de la historiografía sobre el anarquismo no ha pe­
netrado en esa larga historia que transcurrió al fílo de las candilejas o en la oscu­
ridad, como si lo marginal, lo clandestino, lo secreto fuera indescifrable o care­
ciera de significado
No me cabe duda qoe las acciones manifiestas y explícitas, son esenciales para
comprender el fenómeno anarquista, pero éstas son sólo una parte cuya impor­
tancia no valoraremos cabalmente sino cuando conozcamos el todo. Para estudiar
la pnmera etapa del anarquismo español del XIX, es indispensable iluminar una
expenencia que también se desarrollaba al margen de las manifestaciones públi­
cas, aunque su discurso todavía hoy esté oscurecido por proposiciones incomple­
tas. por lenguajes, imágenes y actos imprecisos, oculto en unas fuentes que no

2 Fueros legales de junio de 1870 a cuero del 72, cuando Sagasta los declaró fuera de la ley,
> de septiembre de 1881 a la primavera de 1882, antes de U represión de U Mano Negra.
Permanecieron en la semiclaadestinidad después de la Comuna, de enero de 1872 a enero
del 74. En Andalucía, lo s anarquistas fueron hostigados y reprimidos desde U Mano Negra
hasta la disolución de la FTRE. en 1888
El d is c u r s o d e l a CLANDESTINIDAD ANARQUISTA 203

sólo son abrumadoramente fragmentarias sino voluntariamente crípticas y peri­


frásticas.
Debe quedar claro que al referume al discurso no me reduzco a lo hablado o a
lo escrito, sino que entiendo la comunicación como una amplia gama de formas y
manifestaciones que también incluyen, entre otras, prácticas organizativas, gestos
rituales, tradiciones locales y una variedad de acciones que pueden ir desde la
violencia social hasta la solidaridad colectiva. Es en este sentido amplio que me
refiero al discurso de la clandestinidad: no sólo como las proposiciones teóricas o
los lenguajes cuyas palabras y símbolos abordaban el tema, sino, además, como
una suma de gestos, acciones y valores colectivos.3 Nuestra meta aqui es precisa:
reconocer estas formas de comunicación y establecer su significado Es decir,
desentrañar el discurso, partiendo de la premisa fundamental de que toda comu­
nicación y todo lenguaje, aun el de la clandestinidad, son y pueden ser descifra­
bles.
Para esto, quisiera examinar tres temas centrales: el de la comunicación secreta
como una forma expresiva racional y eficaz, el de la capacidad integradora del
discurso clandestino desde el nivel local hasta el internacional y, por último, el de
la imbricación intima del grupo con la cultura de su comunidad y la ideología de
su clase. Como también veremos, éstos no son los únicos elementos distintivos de
este discurso, pero creo que son esenciales para delinear un modelo que nos
permita analizar la clandestinidad con un enfoque teórico y metodológico hasta
ahora ausente en el estudio histórico del anarquismo español.

/
Importa tener presente que la clandestinidad anarquista surgió como una res­
puesta premeditada, práctica, racional y efectiva a la violencia y represión lega­
lizadas. Frente a una persecución sistemática, el secreto se planteaba de manera
razonada, como la alternativa menos vulnerable a la penetración del poder y de la
fuerza. Es decir, la clandestinidad fue una táctica consciente de resistencia contra
los crecientes mecanismos de coerción del Estado y de quienes lo sostenían. Con
un lenguaje que anticipaba el de la clandestinidad, lo expresaba en septiembre de

3 Ea este sentido véanse lo s sugerentes trabajos de lurü M. Lotman et a i, en The Sentones


ojRussiart Cultural History. Ithaca, N.Y.: Coraell Univeráty Press, 1985; muy especial­
mente: I. M. Lotman, “The Decetobrist in Daily U fe (Everyday Behavior as a Historica!-
Psychologkal Category)", pp. 95-149.
Agradezco a Iris M. Zavali esta referencia. También es fundamental el brillante estudio de
William H. Sewell, Work and Revoiution m Franct. The Language o f Labor from the Oíd
Rtgtmt to 1848. Cambridge: Cambridge Urúversity Press, ‘ 1980.
204 Cla ra E. U da

1573 la Comisión Federal, en vista de que recrudecían las persecuciones contra la


Internacional a raíz del levantamiento de Alcoy: "si no se permite reunirse a la luz
de! sol. deben reunirse a la sombra"4. Menos de dos semanas más tarde, ante la
fírme represión en Sanlúcar de Barrameda, el secretario de la Comisión Federal,
Francisco Tomás, lo repetía con gráfica claridad: "si no os fuese permitido
reumros en Asambleas públicas, hacedlas secretas. Al efecto conviene reunirse y
organizarse en grupos de diez individuos que puedan reunirse en cualquiera parte,
hasta en las barbas del burgués"56.
Esta no era una consigna puramente retórica, sino un llamado práctico a la re­
organización clandestina de la Federación en pequeñas unidades que pudieran
sobrevivir a pesar de la contracción de los espacios políticos públicos después del
fracaso federalista de 73 y, de la proscripción de la Internacional, en enero de
1574 No nos cabe duda que esa consigna se siguió al pie de la letra, especial­
mente en regiones donde la represión política estaba aunada a la social. Sólo así
comenzaremos a entender cómo, a pesar de la más absoluta clandestinidad a
partir de 1$74, el anarquismo pudo mantener su ascendencia sobre el movimiento
obrero en determinados centros manufactureros y zonas agro-urbanas, práctica­
mente sin ceder espacios organizativos, y por qué, en 1881, pudo volver a la vida
pública con el número de sus seguidores multiplicado.
En este sentido hubo una cierta geografía de la clandestinidad. En ciertas zo­
nas manufactureras, los obreros pudieron continuar asociados públicamente •
mientras no fuera con fines políticos explícitos • tolerados por el juego mismo del
capital y el trabajo, y defender posiciones económicas así como mantener la
cohesión y movilización gremial o sindical colectivas*, tai y como, en 1881, lo
había percibido Kropotkin. En cambio, en otros lugares de economía menos
desarrollada, esta vida pública fue prácticamente imposible. Los trabajadores de

4 Circular nú m 30 de "La Comisión Federal a las federacioues locales’*. Federación Regional


Espadóla de la Asociación Internacional de lo s Trabajadores, 12.IX. 1873, ca Archives de ¡a
Prefectura de Pólice [APP], B a>'43?, ff. 3128-3129.
5 Cana del 2 3 .IX 1873. citada por Clara E. U d a, La Mano Negra. Anarquismo agrario en
Andalucía. Madrid Z Y X . 1972, p. 37, o. 25. Consúltese la versión inglesa de este estudio,
ya que la eilictóo espadóla fue censurada bajo el franquismo sin autorización de la autora:
"Aerarían Anarcbism in Andalusta. D ocum em s on thc M ano Negra", International Revie*
of localH isior\\ X IV (1969), pp, 315-352.
6 Ver las "Observations genérales", en unos inéditos "Estatutos" de la Federación Regional
Española escritos en francés ($m título), fechados ea St. Imier el 28.X . 1878, que se encuen­
tran en APP, B a'437, f 3192: la coopération de coasommation produisant des
resultáis réguliers el founússant i ÍAssociation Intenuiionale ua moyen commode pour
permettre de reunir pubüquemeal un nombre considerable de compagnocs sans ¿veiller la
surveillance de la pólice, les sociétés de coopération de consommation doivent étre
cncouragées. ainsi que la propagande clandestino au moyen de feuilles volantes."
El d is c u r s o d e l a C L A N D E ST IN ID A D a n a r q u is t a 205

pequeñas áreas urbanas y del campo, no sólo carecían de un espacio sindical de»
finido, sino que, por el carácter mismo de sus aspiraciones - colectivización de la
tierra y los talleres, del trabajo y de su producto, abolición de la propiedad y sus
privilegios, defensa de la organización del trabajo - chocaban más directamente
con los intereses económicos de las oligarquías agranas locales y nacionales. En
estos universos desiguales, los pequeños grupos exigían y defendían la autonomía
y la libertad de acción y cumplían con la consigna de la Comisión Federal de re*
organizarse en grupos de diez.
Esta estructura en decurias, cada uno a cargo de un decuria/, no fue original
del anarquismo, sino que se nutria de una tradición organizativa que, en el siglo
XIX, se remonta a las logias masónicas y carbonarias7, pero que ya en el antiguo
régimen, tenia su origen inmediato en las hermandades y los gremios8. Al desapa­
recer la Internacional en España y acentuarse la contracción de los espacios pú­
blicos, los anarquistas se aprestaron a resistir en secreto, recuperando del pasado
expresiones organizativas cuya vitalidad se había probado al sobrevivir los siglos.
Esta mezcla de modernidad y antiguo régimen quedó plasmada, por ejemplo, en
las pequeñas asociaciones anarquistas andaluzas, como lo he podido comprobar
ahora que estudio en detalle la llamada Mano Negra y su época. En esta minús­
cula agrupación clandestina (en la que de los dieciséis acusados de pertenecer a
ella, catorce estaban afiliados a la Federación anarquista de San José del ValleX
uno de sus supuestos jefes tenía, precisamente, la función de "decuriar o “jefe de
grupo", en tanto otros compañeros reconocían pertenecer a un grupo que llama­
ban "decuria"9.
Si ahora volvemos a la cita previa: "organizarse en grupos de diez individuos",
vemos cómo la frase recobra su sentido literal al descubrir que la organización
básica, característica de estos pequeños grupos locales, en efecto, tendía a ser en
decurias. A su vez, la imagen "reunirse (...) hasta en las barbas del burgués", no
era solamente una expresión irreverente, sino un uso metafórico que en el discur­
so de la clandestinidad adquiere un significado directo. En otras palabras, para

7 Véase el estudio pionero de Iris M. ¿avala, Masones, comuneros y carbonarios. Madrid:


Siglo XXI, 1971. Además, mi Anarquismo y revolución en la España del XJX. Madrid:
S ip o XXI, 1972.
8 Vease Sewell, op. cit. C£ además, Natalie Zemon Davis, Soaeiy and Culture in Early
Modera France, Stanford: Stanford University Press, 1975. S e echan de menos para España
estudios semejantes sobre los gremios y otras corporaciones del antiguo régimen, asi como
sobre sus miembros.
9 Los procesos de la Mano Negra. II: Audiencia de Jerez de la Frontera. Proceso contra (...]
por el asesinato del Blanco de Benaocas. Sumario. Juicio oral, Sentencia (en adelante:
Proceso). Madrid: Imprenta de U Revista de Legislación, 1883, pp. 62, Ii2,passim.
206 Cu r a £ . L id a

los anarquistas era imprescindible que la pequeñez y el secreto los protegieran de


la represión instrumentada por los intereses "del burgués" y, a la vez, les permi­
tiera actuar frente a quienes controlaban la fuerza. Para ello era fundamental que
dicho "burgués" y su clase quedaran impotentes ante los grupos que se valían del
misteno para evitar que nadie penetrara en sus minúsculos pero efectivos laberin­
tos, invisibles para todos menos para los iniciados.

il
Esta táctica de la organización secreta en pequeños núcleos requiere de algo más
que de grupúsculos aislados Para que la clandestinidad no se convierta en un dis­
curso cerrado, enrarecido por meros lenguajes tradicionales y por rituales secre­
tos, y para que cumpla una función política dinámica, es imprescindible su per-
manente articulación e intercambio con el discurso de grupos externos, tanto
regionales como nacionales e internacionales. Esto lo percibió con claridad la
Federación anarquista española que, a lo largo de sus años de vida subterránea,
mantuvo una actividad permanente para evitar que la Internacional desapareciera
de la Península. La comunicación entre los diversos grupos se aseguró a! sustituir
los congresos federales por conferencias comarcales secretas que mantuvieran el
esuecho contacto entre las provincias de una misma región y de las regiones entre
sí y con el exterior. En el caso particular de Andalucía, por ejemplo, se crearon
dos comarcas, una del Este, y otra del Oeste, para organizar mejor las provincias
más numerosas en militantes, como Cádiz y Sevilla. Esta reordenación no fue
fortuita ni implicó - como han creído algunos - el centrifúgalismo y el debilita­
miento. Por el contrario, respondió a una estrategia de lucha basada en la práctica
militante, ajustada a las realidades de cada localidad y de cada comarca y, a la
vez, en el intercambio continuo de información teórica y doctrinal, a través de
una organización bien articulada que posibilitara la difusión del discurso anar­
quista.
E ste o b je tiv o s e e x p r e s ó c o n len g u a je c la r o en lo s Estatutos se c r e to s a p r o b a ­
d o s por la s c o n fe r e n c ia s c o m a r c a le s d e 1875, y r a tific a d o s a n u a lm e n te , h asta
1 8 8 0 10. E n e ll o s se m a n ifie sta la n e c e s id a d d e lo s a n a r q u ista s e s p a ñ o le s d e m a n ­
tener "una p r o p a g a n d a a c tiv a d e su s principios'* d en tro d e u n a o r g a n iz a c ió n s e c r e ­

to Cito del todavía inédito original espado) que se encuentra en el IISG: "Asociación [sic]
Internacional de los Trabajadores Federación Regional Espadóla. Estatutos aprobados por
las conferencias comarcales de 1875 y reformados por las de 1876, 1877, 1878, 1879 y
1880';, 11 pp., ms. incompleto. Lo publicó, pero traducido al francés, Renée Lamber« en:
Max Nenlau, La Premier* Internationale en Espagne (1868-1888). Dordrecht: D. Reidel,
p p .318*323
El d is c u r s o d e L A C LA N D E S T IN ID A D A N A RQ U ISTA 207

ta que, además, provea "el refugio de una unión estrechísima", y guarde "una gran
circunspección en la manera de obrar que pueda evitar (...) todo género de vio*
lencias (...) por los bárbaros gobernantes" (pp. 1-2). Algo semejante recogieron
otros Estatutos de 187$ que hasta ahora permanecen inéditos, que la Federación
Regional Española envió a la Oficina Federal de la Asociación Internacional de
los Trabajadores, en Saint-lraier11. En ellos se subraya la intima y continua reía*
ción de la organización internacional con la española secreta (articulo XIX). En
síntesis, se puede decir que desde mediados de los 70, las conferencias comarca*
les clandestinas en España fueron uno de los vehículos que de modo más activo
contribuyeron a desarrollar un discurso que encauzara este intercambio perma*
nente de ideas y prácticas políticas y las expresara en un lenguaje común, aunque,
desde luego, no único.
En esos años abundaron, además, otras formas de comunicación, tales como
folletos, hojas sueltas, manifiestos y circulares, en los que los propios militantes
desempeñaban un papel discursivo central como autores, corresponsales y lecto­
res. Algo semejante sucedió con las publicaciones periódicas clandestinas, en su
mayoría efímeras aunque algunas, como El Orden, alcanzaron más de sesenta
números entre 1875 y 78, y como El Municipio Libre, que de 1879 a 1880 lanzó
once números en menos de un año. En ellas, por medio de artículos, cartas y no­
ticias, se difundían ideas sobre la propiedad y la organización del trabajo, sobre la
clandestinidad y el movimiento obrero nacional e internacional, sobre la represión
y la lucha revolucionaría, que los obreros de campos, aldeas, pueblos y ciudades
debatían y explicaban. Es decir, a través de la palabra impresa se ampliaron y
precisaron el universo intelectual y el discurso ideológico del anarquismo deci­
monónico.
Sin temor a alejamos del tema, importa subrayar que, contra lo que tradicio­
nalmente se ha afirmado, lo anterior denota un alto nivel de escritura y, sobre
todo, de lectura individual o colectiva dentro de los grupos anarquistas. Esto, que
suele pasar desapercibido o que, incluso, a menudo es negado, lo he podido veri­
ficar muy especialmente al reexaminar la Mano Negra. En este caso, de los dieci­
séis hombres del campo jerezano acusados de asesinato, ocho declararon saber
leer y escribir, uno leer pero no escribir y tres no saber leer por lo cual supone­
mos que tampoco sabían escribir12. Carecemos de datos precisos sobre los cuatro
restantes, pero todos afirmaban que habían oido a sus compañeros leer textos de
diversa índole (cartas, estatutos, comunicaciones, periódicos). Es decir, más del
11 Se encuentran, en APP, B a/437, ffi 3189-3192 (cf. supra, nota $}.
12 Proceso, pp. 62, 69,passim.
208 Clara E. U D a

50% de esos campesinos andaluces eran alfabetos y solamente menos del 25%
declaradamente analfabetos, aunque todos participaban como escuchas cuando en
las reuniones del grupo se realizaban lecturas en voz alta
Una tendencia semejante, aunque más acentuada, la he observado en el primer
tercio del siglo XX al reseñar un libro reciente sobre los anarquistas de Casas
Viejas. Mientras su propio autor los califica de campesinos iletrados e ignorantes,
los testimonios orales que ¿1 mismo recogió de los sobrevivientes de la masacre
de 1933 desmienten esta visión estereotipada del jornalero anarquista y le reve­
lan, al lector atento, otra realidad. De los 37 participantes en esta sublevación que
fueron identificados por los informantes citados en el libro, 25 resultaron alfabe­
tos, 3 analfabetos, en tamo que de los otros 9 no se dan datos claros. Es decir,
cerca del 68% era letrado, 8% iletrado y el 24% restante indefinido13. La cercana
coincidencia de estos datos en dos momentos históricos diferentes, nos debiera
obligar a reflexionar senamente sobre cuál era, realmente, la cultura de la clase
que estudiamos Es cierto que en una sociedad como la española del XIX, am­
pliamente analfabeta, los trabajadores más o menos letrados eran una verdadera
minoría, pero dentro de ésta, los anarquistas descollaron desde muy temprano,
tanto durante los breves momentos de organización pública, cuanto en los largos
años de la clandestinidad, por su ambición de aprehender - ¡y de aprender! - un
lenguaje cuyos instrumentos - la palabra escrita y la leída • les habían estado tra-
dicionalmente vedados. La conciencia de los anarquistas de que la alfabetización
no debía ser pammonio exclusivo de otros, les permitió oponer al discurso domi­
nante su propio discurso y desarrollar instrumentos de comunicación más elabo­
rados dentro de su propia clase, más allá del horizonte local.
Para comprender el desanollo ideológico del anarquismo español, también
habrá que reconocer -que el discurso de los grupos anarquistas peninsulares se ar­
ticuló continuamente con el de otros grupos fuera de España. Podemos afirmar
que no sólo fueron importantes la organización local y la nacional, sino que lo
fueron, además, la constante conciencia y participación intemacionalistas que
impidieron el aislamiento del anarquismo español frente al resto de Europa,
donde también se desarrollaba un discurso teórico y táctico sobre la clandestini­
dad. Claro está que cuando éste llegaba a los grupos locales, era reelaborado por
quienes, al recibirlo, lo «interpretaban y adaptaban según su propio discurso.

13 Véase mi rescia de Jerome R. Mintz, The Anarchists o f Casas Viejas. Chicago: Chicago
Carvers:cy Press. 1982. cu The American Historical Review, 5 (1883), pp. 1276-127? y mi
intercambio con el autor ec la sección “Commuaicalioos" d e la misma revista, en 1 (1985),
pp. 270-271.
e l d is c u r s o d e l a c l a n d e s t in id a d a n a r q u is t a 209

En otros países, aunque el anarquismo también sufría persecuciones a raíz de


la Comuna de París, la actividad clandestina tampoco cejó en ellos. Es más, gra-
cías a la excepcional libertad de asociación que reinaba en lugares como
Inglaterra y Suiza, emigrados de diversos países ahí refugiados pudieron mante­
ner activa su tradición intemacionalista y difundir publicaciones revolucionarías
que, por conductos subterráneos, llegaban a los rincones más recónditos de
Europa y de América. Por otra parte, en Londres y, sobre todo, en la Suiza fran­
cesa, se realizaban conferencias y congresos obreros públicos y secretos a los
que, a pesar de las dificultades reinantes, acudían delegados de España y de otros
países para revisar o reformular los principios teóricos y los mecanismos de pro­
paganda activa. E n otras páginas he investigado el mal estudiado Congreso secre­
to de Londres de 1881, que mencioné al comenzar estas páginas14. En él se reu­
nió la flor y nata del revolucionarismo europeo e, incluso, de América y su impor­
tancia en reorientar el pensamiento y la práctica anarquistas revolucionanas fue
de enorme trascendencia, gracias, sobre todo, a la labor de Pierre Kropoüdn, de
Enrico Malatesta y de sus “hermanos internacionales". Allí descubrí, por ejemplo,
que participaron dos delegados españoles, cuando hasta ahora se pensaba que
ninguno o, si acaso, sólo un español residente en Inglaterra, había estado en
Londres. En efecto bajo los números 8 y 14, que ocultaban su verdadera identi­
dad, actuaban un antiguo comunalista leonés, refugiado en Barcelona, muy activo
en la Federación española y miembro de su Comisión directiva, Emmanuel
"Manuel" Foumíer, y un joven obrero catalán, amigo de Kropotkin, Estanislao
Santiago Figueras. En éste, como en otros congresos y conferencias secretas in­
ternacionales de los años 70 y 80, la presencia de anarquistas españoles era una
realidad que ya es inexcusable negar y que consta ampliamente en los archivos de
distintos países. Asi, podemos verificar que a través de una amplia red-interna­
cional, el discurso que se elaboraba en esos centros de organización anarquista se
difundía a diversos puntos, entre ellos a España.
Durante esos años, a raíz de) intenso intercambio y participación intemaciona­
listas, la preocupación por aunar el discurso teórico con el práctico, fue ganando
terreno dentro del anarquismo. Eso dio lugar al surgimiento, entre ciertos grupos
de la Europa agraria y meridional, de una doctrina conocida como "propaganda

14 Sobre este congreso véase mi “M éxico y el internacionalismo clandestino del ochocientos*,


en El trabajo y los trabajadores en la historia de México. £1 Colegio de Mibdco-U&iverstry
o f Arizona Press: M éxico, D.F-Tuscon, 1979, pp. 879-883. Traté m is extensamente el tema
en mi ponencia plenaria para el "Simposio de historiadores hispano*hiso-norteamericanos",
organizado en Madrid en junio d e 1985. Las Actas inéditas de este encuentro están desde
1986, en manos de sus organizadores: Manuel Espadas Burgo y EUeo G. Friedman.
210 Clara E. U da

por el hecho*1, cuya meta consistía en difundir activamente la ideología anarquista


y la conciencia de clase a través de la lucha y los actos revolucionarios. En
España, dentro del contexto represivo de los primeros años de la Restauración,
la propaganda por el hecho” o "propaganda acuva" y de "acción revolucionaria o
de guerra", como prefieren decir los Estatutos ya citados (cf. "Considerando" y
art 5 ),s fue, sin duda, una manifestación del discurso anarquista respecto a la
lucha de clases. A medida que éste se expandió, especialmente en las zonas fura*
les o escasamente industrializadas, la acción directa y la violencia revolucionaria
colectiva se integraron al discurso ideológico y político del anarquismo décimo*
nórtico, como estrategia de negociación colectiva en ausencia de espacios
sindicales, y formaron parte esencial del lenguaje cotidiano de la clandestinidad,
con sus subterráneas pero tenaces luchas*16.

///
Hemos visto hasta ahora que ia existencia secreta exige la comunicación continua
de los pequeños grupos entre sí y de estos, en círculos concéntricos, con organi­
zaciones más amplias, hasta llegar a las internacionales. Sin embargo, quiero
subrayar que, a la inversa, esta vida clandestina también requiere una estrecha
cercai\ia a la cultura tradicional de sus miembros, pues sólo esta integración
puede legitimar el discurso clandestino al imbricarlo con el de la comunidad. Las
normas de conducta y de solidaridad que guiaban a los anarquistas rara vez esta­
ban esentas, pero su práctica formaba parte de una longeva tradición de herman­
dad comunal, traducida ahora a la fraternidad de la clase.
En los documentos que han logrado sobrevivir el secreto de aquellos años, ob­
servamos un discurso recurrente sobre la vida municipal, con sus autonomías y
tradiciones comunitarias. Así, en un "Programa" secreto para las conferencias
comarcales, vemos el énfasis en la solidaridad comunal con los "inútiles para el
trabajo” - los viejos, los enfermos, los débiles - en la instrucción y su "aplicación
conveniente en la localidad'; en la responsabilidad mutua y la obligación de re­
partir las cargas públicas entre todos los adultos capaces17. Es decir, en éste

tS Vcase el documento mencionado ca U nota 5, supra.


16 Sobre la práctica clandestina véase mi ponencia "Los mecanismos d e la clandestinidad
anarquista en la Espada del XIX", ea Actas del ¡II encuentro de la ilustración al
romanticismo: ¡deas y metimientos clandestinos: Cádiz. América y Europa ante ¡a
modernidad ¡750-1850. Cádiz. Universidad de Cádiz 1994.
17 Véase el "Programa de realización práctica inmediata aprobado por las Conferencias",
citado en mis Antecedentes y desarrollo del movimiento obrero español (1835-1888).
Madhd: Siglo XXI, 1973, pp 416-1$.
E L D ISC U R SO D E L A C L A N D E S T IN ID A D A N A RQ U ISTA 211

como en otros casos, constatamos una continua preocupación por las formas de­
mocráticas de participación, expresadas en actos y lenguajes diversos. En fin, en
las múltiples manifestaciones en favor de la solidandad comunal reconocemos un
discurso colectivo cuya base era una idea justiciera de que las obligaciones mu­
tuas, el consenso y el bien común debian traducirse a inquebrantables y apasiona­
das categorías políticas y morales
En su vinculación con la cultura colectiva, los anarquistas también recurrieron
a los símbolos y formas que habian formado parte de un discurso clandestino
tradicional. En este aspecto, la tradición ritual de oscuras ceremonias de inicia­
ción, propias de las corporaciones del antiguo régimen, se eslabonaron con diver­
sas asociaciones decimonónicas hasta llegar al anarquismo. Toda una familia de
gestos simbólicos sobrevivió durante el siglo XIX, a fuerza de haber estado om­
nipresente en el múltiple universo comunitario de los siglos anteriores, desde las
cofradías de artesanos hasta las congregaciones religiosas, desde las fraternidades
universitarias hasta las órdenes militares1819. Entre los anarquistas de España y del
resto de Europa, uno tras otro testimonio nos permite recoger elementos tradicio­
nales tan variados como el uso de apodos, de nombres falsos y de guerra (/
malfattori e Ifarabutti en Italia, Les affarnés, Les révoltés y Les incendiaires en
Francia, Los desheredados y Los pelaos en Andalucía); la utilización de místeno­
sos números e iniciales para encubrir la identidad de sus miembros (La Mano
Negra), o crípticos santos y señas que intentaban proteger la seguridad del nú­
cleo. En los estremecedores sellos e insignias que he encontrado aquí y allá enca­
bezando documentos diversos, como la calavera del cartel de Lyon mMort aux
voleurs!", la antorcha y puñal en cruz de Los Desheredados19 o el puñal solo del
recién descubierto ’’Programa para los grupos revolucionarios"20, desvelamos las
tradicionales representaciones alegóricas de la suerte de todo traidor. En síntesis,
en las prácticas clandestinas de un moderno movimiento revolucionario, recoge­
mos la pervivencia del discurso ritual que en siglos anteriores caracterizaba a
grupos cerrados, al margen de las normas.
En el recurso a la tradición del secreto juramentado podemos observar ctra
vinculación entre lo antiguo y lo moderno durante la clandestinidad anarquista.
Ya sabemos que en el antiguo régimen este tipo de ceremonia de iniciación la
practicaron asociaciones de todo tipo, incluyendo los gremios. Con los masones y
18Paia los compagnonnages en Francia en vísperas de la Revolución d e 1789, véase el libro
de Scwell.
19 C£ mi La M am Negra, p . 60.
20 Archivo General Militar, 2* 3 a, Leg 23, con las iniciales C.D.R. sobre el pu&al que, dentro
de un sello ovalado, encabeza el documento.
2J2 Clara E. U d a

otras sociedades secretas conspiradoras de la primera mitad de) XIX, esta tradi­
ción de los juramentos secretos se comenzó a transformar en la de juramentos de
secreto, acompañados de severos castigos para quienes los rompieran. Este cam­
bio en el discurso juramentado lo recogió el anarquismo. La noción de castigar a
cualquiera que revelara "la existencia (del} grupo o manifieste algunos de sus
acuerdos y deje de realizar el hecho a que se haya comprometido", según reza el
ya mencionado "Programa para los grupos revolucionarios" de España, se con­
virtió en una expresión de la necesidad de protección mutua para todos los confa­
bulados. Esto, sumado al sello con un puñal, que encabeza el documento, era un
evidente recurso simbólico que refería a un pacto secreto que • al menos raetafó-
ncamente - sólo la muerte debería quebrar.
Esta severidad retórica se relacionaba con otro discurso cuyas constantes eran
la tradición del respeto y del honor en la familia. Comprometer al núcleo era una
afrenta tan grave como la deshonra de tos propios familiares, ya que los miem­
bros del grupo también se percibían a sí mismos como hermanos de una sola
familia, aunque en este caso política. Este énfasis en un vínculo fraternal, tan va­
lioso para las heimandades del antiguo régimen, a la masonería y a los carbona­
rios, entre otros, reaparece en el anarquismo europeo desde los primeros escritos
de Bakunin. España nunca quedó a! margen de esta noción de fraternidad ínter-
nacionalista y entre muchos de sus anarquistas la idea de la familia política se
entretejió con los valores tradicionales de la honra. Los ancestrales códigos socia­
les según ios cuales manchar el honor de una familia se podía pagar hasta con la
sida, tan vivos allí como en muchas otras sociedades agrarias, se enlazaron con el
disctuso político anarquista de castigar a los juramentados que traicionaran a sus
hermanos. Asi, lo personal y lo social se integraban en un apretado tejido políti­
co.
Este complejo entramado lo he podido verificar al volver ahora sobre la Mano
Negra. En un raro documento relacionado con esta misteriosa asociación que di a
conocer hace varios años, se establecía, al igual que en el "Programa” que acabo
de citar, que el que violara el secreto del grupo podría ser castigado hasta con la
muerte. Algunos han querido ver en testimonios como éste la mano malévola de
la policía para desacreditar a los anarquistas y han cuestionado su autenticidad,
precisamente por este llamado al castigo extremo, que consideraban inverosímil,
sm esforzarse por descifrar el variado discurso simbólico sobre el secreto, la
familia y el honor presente en el anarquismo. Esta visión revela, entre otras cosas,
ignorancia de la larga tradición de castigar 3 los juramentados que rompieran el
secreto, así como de la muy longeva tradición de lavar la deshonra de una familia
E L D IS C U R S O D E L A C L A N D E S T IN ID A D A N A R Q U IS T A 213

con sangre, que tan plasmada ha quedado, entre otras partes, en toda la literatura
española.
La fuerza de esta tradición la encontramos de manera excepcionalmente clara
al leer los procesos celebrados contra los supuestos miembros de la Mano Negra,
acusados de haber matado a uno de sus compañeros juramentados, apodado el
Blanco de Benaocaz. Según uno de los culpados, aquél había mancillado la fami­
lia de otro compañero y, con esta conducta deshonrosa, afrentado al grupo cuyos
principios morales había traicionado. Hoy, nuestro discurso moral rechaza cual­
quier justificación para matar a un semejante, pero, ¿quién nos asegura que el
nuestro sea el mismo discurso mora) que el de hace cien años, entre los grupos
que estudiamos? L a respuesta se nos aparece al avanzar en la lectura del Proceso.
Cuál no será nuestro estupor cuando el propio padre de la victima, a la par que
llora su probable muerte, declara que si su hijo alguna vez le hubiera faltado al
respeto, él mismo lo habría matado. Así, en un dramático diálogo, responde con
firmeza e indignación al Fiscal que le pregunta si el hijo alguna vez lo deshonró
¿A mí? ¡Cá! N o señor ¡Qué disparate! Y o so y hombre que a m e faltara ua hijo el respeto
le mataba; á señor; porque mi padre me crio a mi muy bien y yo también he educado
com o D ios manda a mis oídos, y antes que m e faltaran, o lo s mataba o ellos me mataban a
mi (Proceso, p. 190).

En medio de un juicio público para condenar a los supuestos asesinos del


Blanco, su hijo, el padre reclama el derecho sobre su vida y habla de matarlo si
éste hubiera violado ancestrales normas de conducta. Y todo esto sin despenar el
más mínimo reparo de jueces, abogados, testigos, acusados, ni público.
Creo que este ejemplo nos da una clave que permite comprender mejor algunos
de los elementos que conformaban una larguísima tradición de relaciones sociales
basadas en centenarios códigos de honor. Las normas que en una sociedad regían
a todas sus miembros, eran conservadas y transmitidas por individuos y grupos,
consanguíneos o no, a través de un complejo discurso moral en el que se entrete­
jían costumbres, símbolos y ritos que se imbricaban estrechamente con la cultura
tradicional de la comunidad. Lejos de estar divorciados de las realidades de su
sociedad, los intemacionalistas españoles estuvieron intimamente ligados a ella y
su discurso nunca fue ajeno al idioma de sus tradiciones. Al descifrar la clandesti­
nidad, se nos revela por primera vez un aspecto del anarquismo que hasta ahora
ha pasado desapercibido: su sorprendente capacidad por integrar la moral colec­
tiva de una cultura local a la ideología internacional de la clase. Si bien en sus
códigos de conducta los anarquistas se mantuvieron dentro de un universo de
creencias tradicionales, su singular capacidad de incorporar estos valores comuni-
2 )4 Clara E. Lida

taños a un sistema de ideas y prácticas propias de su clase, les permitió de modo


único en la historia del siglo XIX, integrar lenguajes antiguos a un moderno dis­
curso político.

Para concluir, quisiera retomar algunas de las lineas que hemos trazado hasta
aquí. Ante todo, debe quedar claro que a diferencia de ¿tras organizaciones
secretas anteriores, el éxito de la clandestinidad anarquista no consistió solamente
en sobrevivir los años de persecución, sino en llegar hasta la legalidad de 1881
con su organización a salvo y numéricamente multiplicada, especialmente en
Andalucía. Pienso que, en gran medida, este triunfo se debió, a la capacidad del
anarquismo de ampliar sus espacios de acción a zonas hasta entonces poco aten­
didas por otros movimientos politicos, pero que, sobre todo, su logro excepcional
fue desarrollar un discurso original cuya vitalidad y riqueza hemos palpado.
La integración de los anarquistas con la comunidad y con la clase, la imbrica­
ción de los grupos locales y regionales entre sí y de éstos con el movimiento in­
ternacional, la habilidad para rescatar de la tradición los elementos que formaban
parte de una cultura viva e, incluso • aunque no lo he tratado aquí - el manejo de
la lucha social y la violencia como estrategias de negociación colectiva y la par­
ticipación continua y activa en reuniones y conferencias como estimulo a la dis­
ciplina militante21, son eslabones significativos de un discurso que le dieron a la
clandestinidad anarquista un perfil excepcional Mientras otros movimientos hi­
cieron de! secreto un mero ritual empobrecido de cuya esterilidad no supieron es­
capar, el anarquismo, entre 1874 y 1881, en vez de replegarse y languidecer,
desarrolló un discurso de la clandestinidad cuya mayor originalidad fue su
excepcional destreza ¿ imaginación al utilizar y entretejer los lenguajes, símbolos
e imágenes, los instrumentos y las formas de acción que la historia puso en sus
manos. Sólo al iluminar sus sombras alcanzaremos a comprender la trascendencia
de su significado para el estudio cabal del anarquismo español.2

2] Para estos y otros temas, véase mi estudio sobre " lo s mecanismos de la clandestinidad’,
citado en la nota 16,supra.
Lily Litvak

La prensa anarquista
1880-1913

Los periódicos anarquistas fueron una de las armas más efectivas en la sensacio­
nal difusión de las teorías ácratas en la España de fin de siglo. Estas publicacio­
nes, de poca o larga duración, brotaron en pueblos, ciudades, aldeas, llevando a
las masas proletarias y campesinas españolas noticias de la Buena Nueva.
Muchos anarquistas abrazaron el socialismo libertario inspirados por las lectu­
ras de algún periódico. Ricardo Mella se convirtió por influencia de La Revista
Social12, Antonio del Pozo, barbero, promotor del movimiento en Madrid llegó al
ideal libertario leyendo algunos ejemplares de La Anarquía.2 Tierra Libre, de
Barcelona, concreta esta poderosa acción:
El periódico es la accióa más universal, más eficaz para U propaganda, la defensa y aun el
ataque. M ás que la palabra que se lleva el viento, robustece a los débiles, da coraje a lo s
tímidos y arraiga con más fuerza las convicciones y el amor bacía los ideales. La palabra
impresa obra más y mejor en la conciencia del individuo; le sugiere pensamientos propios,
comentarios indinos que avaloran más los conceptos leídos, y en esa conversión periódica
entre é l y la hoja impresa, ve conceptos más dilatados y nuevos horizontes. La sugesdón
ejercida por la prensa, llega hasta vencer la indiferencia o la prevención del que lee; pues
más o m enos tarde, el periódico leído viene a ser para é l un compañero inseparable que
presenta luego a lo s amigos del taller, de la fabrica o del terruño y se identifica coa él
com o carne de su propia carne.3

Este medio era de una eficacia ni siquiera igualada por los viajes de propa­
ganda. Algún obrero o campesino se ponía en contacto con compañeros anarquis­
tas que hacían apasionados elogios de las nuevas doctrinas, y le daban algunos
ejemplares de la prensa libertaria. Él leía el periódico a sus Íntimos, que conven­
cidos en el acto, divulgaban fervientemente el nuevo credo. A las pocas semanas,
nos dice Díaz del Moral, el primitivo núcleo de die2 o doce adeptos se había con­
vertido en uno o dos centenares, a los pocos meses la casi totalidad de la pobla­
ción obrero campesina del pueblo, presa de ardiente proseütismo, propagaba el
ideano.4 E n ciertos lugares, como en el campo andaluz, donde era grande el por-

1 Manuel B\icaeasa, E l nun-imiento obrero español, 1886-1926 (Madrid, 1967), 187.


2 Jwrn D íaz del Moral, Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, (Madrid, 1967),

3 TierraLibre, 1, dúol 1 (11 agosto 1908), 1.


4 Díaz del Moral, Op. a i., 189.
216 Lily U tvak

ciento de analfabetos, era usual que en las horas de descanso de las labores agrí­
colas. un obrero leyese a toda la cuadrilla el texto de un periódico o folleto.
No sólo debemos considerar el número de periódicos vendido, porque un
mismo ejemplar pasaba por varías manos y era conservado y leído repetidas ve­
ces. Igualmente en el estudio de la difusión del anarquismo por este medio» no
debemos pasar por alto la lectura colectiva del periódico. El antecedente directo
de este fenómeno se puede encontrar en una escena de Cervantes; la lectura de un
libro de caballería en ''el maravilloso silencio de una venta".
Ramiro de Maeztu evoca en El Im p a rtid en 1901:
Estos libros, folletos, periódicos, oo se leea a la manera de los otros, los burgueses, no
correo igual suerte (...]. El firmante de este artículo ha presenciado la lectura (...) en una
casa obrera. En un cuarto que alumbraba únicamente una vela, se reunían todas las noches
del invierno hasta 14 obreros, leíao unos a otros, trabajosamente escuchando; cuando el
lector hacia el punto ¡sólo el chisporroteo de la vela interrumpía el silencio! *

Llama la atención la gran cantidad de periódicos libértanos que aparecieron


por aquella época. Hacia los años del fin del siglo XIX y principios del XX* sitúa
Díaz del Moral el auge de la propaganda periodística ácrata. Se editaban impor­
tantes revistas. La Revista Blanca, dirigida por Soledad Gustavo y Federico
Urales en Madrid, y en Barcelona Acracia y Satura. Salían también entonces los
grandes periódicos de larga duración El Productor de Barcelona, El Corsario de
La Coruña, El Rebelde de Zaragoza, y otros más, igualmente importantes: Tierra
y Libertad, Solidaridad Obrera, Acción Libertaria, La Anarquía, La Huelga
General, El Porvenir del Obrero .56 Pero tan interesantes como éstos, son los pe­
queños diarios de provincia, algunos de los cuales alcanzaban a salir tan sólo por
5 Ellmparctal (2$ noviembre 1901), cit. por Rafael Pérez de la Dehesa, "El acercamiento de
la literatura finisecular a la literatura popular"; en Creación y público en la literatura
española (Madrid. 1974). 156
6 Lo Anarquía, aparece en Madrid, redactor Ernesto A h arez, dura de 1882 a 1885, tiene una
segunda época de 1890 a 1895 bajo la redacción de Alvarez. La Revista Social aparece en
Madrid el 11 de junio de 1881 y dura hasta mayo de 1884, reaparece en 1884 y dura hasta
1885 Su director fue Juan Serrano Oteiza El Productor aparece en Barcelona, dura del 1
febrero 1887 a! 21 septiembre 1893. un total de 396 números. Redactores P. Esteve, Celso
Goinis, Anselmo Lorenzo, J. Lhmas, Juan Montseny (F, Urales). Era un periódico com u­
nista anárquico. Tierra y Libertad, aparece en Barcelona el 2 de junio de 1888, redactores:
Antonio A polo. Juan M ontseny y Soledad Gustavo, reaparece en La Corada d e 1890 a
1895. un total de 212 oúmeros, y del 9 de enero d e 18S6 al 3 de octubre de 1896. V uelve a
aparecer do 1903 a 1908. El Rebelde sale en Zaragoza en 1893, E l Ponerur del Obrero
aparece en Mahón en 1901 y dura hasta el 14 d e julio de 1911, se traslada lu ego a V ígo
bajo la dirección de Ricardo Mella y luego aparece en otras ciudades. Solidaridad Obrera,
dirigido por Jaime BisbaL sale en Barcelona el 19 de octubre de 1907. Otros periódicos de
larga duración fueron Los Desheredados (Sabadeli) que dura de 1886 a 1890, director José
López Montenegro. La Tramontana (Barcelona), dura de 1881 a 1895, dirigido por J.
Limas, La Propaganda de Vigo, de 1881 a 1895
L a pren sa a n a r q u is t a 1 8 8 0 -1 9 1 3 217

uno o dos números: Humanidad de Toledo, El Oprimido de AJgeciras, Tribuna


Ubre de Gijón,78y cientos otros más, cuya publicación muestra bien hasta qué
punto la efervescencia libertaría llegó a los más alejados rincones de la península.
Los libértanos trataban de establecer una red de comunicación periodística que
por una parte permitiese la participación de las actividades de la lucha social, y
por otra se opusiese a la información burguesa denunciándola como arma del
capital. No es gratuito el hecho de que muchos periódicos ácratas trajesen una
columna especialmente dedicada a desvelar y criticar ciertos artículos de periódi­
cos burgueses. L a Controversia de Valencia, por ejemplo, incluye una sección
intitulada "Colaboraciones burguesas" donde pretende insertar "verdades que in­
conscientemente dicen y no acatan los burgueses".*
El papel de la prensa ácrata como alternativa a la burguesa era a menudo seña­
lado por los anarquistas. Es el tema de "Los periódicos de negocios’ aparecido en
Acción Libertaria,9* "El literato por fuerza" e ’ industria periodística” en El
Despertar w "Reseña" en L a A l a r m a "La prensa grande y la prensa chica" en
Espartaco.12
En todos esos artículos se señala la corrupción existente en la prensa enemiga,
y a veces en la polémica se ataca también a la socialista. La Sueva Idea advierte
que "No hallarán en él (periódico) las galanuras literarias y las flores de retórica
que abundan en la prensa burguesa... la prostituta que se vende a cualquiera por
dinero. A ella le enviamos nuestro más expresivo desprecio".13 "En nada confia­
mos tanto para el crecimiento del ideal como en el periódico", dice Juventud de
Valencia, pero contrasta que allí puede existir: "El pensamiento febril, la palabra
que sale de lo hondo del ser, lo más sincero, lo más entusiasta está en él (el pe­
riódico), pero también lo más bajo e innoble se revuelca por sus columnas." Esto
sucede en la prensa "venal", "la podrida, exposición magnífica del cretinismo in­

7 Humanidad (Toledo) aparece en 1910, be visto un solo número. El Oprimido (AJgeciras),


sale el 18 de septiembre de 1893; El Obrero de Tenerife (un número). Tribuna Libre sale el
10 de abril de 1909 en Sevilla (nueve números). Para datos sobre estas publicaciones
consúltese Rcnéc Lamberet, Motnements otnners tt socialices /'Chronologie et
bibliograpfue). L'Espagne 0850-1936) (París, 1953). También, Víctor Manuel Arbolo»,
"La prensa obrera de España“ (1869-1899), Revista de Trabajo, núm. 30 (1970), 117-195.
Véase también M ax Nenlau, Bibhographe de l'anarehíe (París, 1895), y El mundo de los
periódicos (Madrid, 1898-99).
8 Este periódico apareció el 3 de junio de 1895, cit. p. 5.
9 2, núm 21 (5 mayo 1911), 3.
104, núm 84 (30 junio 1894), 1 y 4, núm 9 6 (1 0 octubre 1894), 4
112, n ú m 9 (14 marzo 1890), 3.
12 1, n ú m 1 (11 de noviembre 1904), 3.
13 La Nueva Idea, 1, núm l (23 febrero 1985), 1.
: is U l y L it v a k

telectual de quien de su pluma hace herramienta de embrutecimiento y tiranía, y


de su cerebro alcahuete de honores."14
La organización de una red informativa presentaba al movimiento ácrata la po­
sibilidad de alterar el consumo pasivo de la información. Por ello era frecuente
que se hiciera propaganda de un periódico a otro por muy diversas maneras Por
ejemplo, cada periódico anarquista dedicaba una sección a la reseña de publica*
ciones recibidas, recomendándose la lectura de tal o cual articulo en tal o cual
diario. Los periódicos anunciaban la aparición de las nuevas publicaciones:
"Próximamente aparecerá en Mahón un nuevo campeón libertario que llevará el
titulo La conquista del pan. En número suelto, tendrá precio voluntario.
Aparecerá quincenalmente Para la correspondencia y pedidos dirigirse a Luis
Lledó, calle de la Iglesia, núm. 58, Villa Corlos (Mahón)", anuncia el Suplemento
u ¡a Revista Blanca.1* Otras veces, el envío a otra publicación era más elaborado,
como en el cuerno anónimo "Un sueño", aparecido en La Autonomía de Sevilla,
donde se envía al lector a otro semanario sevillano, El Solidario. 16
Para promover aún más la lectura de estas publicaciones, hubo algunas ideas
de extenderlas. Se propuso, para dar a conocer lo que es y significa la anarquía,
cada vez que sobreviniese un suceso político o económico, alguna guerra u otro
acontecuniento capaz de atraer la opinión pública, se aprovechase la oportunidad
para fijar con profusión en las esquinas, anuncios o pasquines suscintos, encabe­
zados, por ejemplo, con la frase "Opinión anarquista sobre..." en las cuales se ex­
pusiese una reseña lógica y clara del asunto y unas conclusiones, indicando al pie,
cuáles periódicos ácratas tratarían con más extensión el tema. Asi se contrarres­
taría la información oficial, mistificada y mistificante.17
La prensa anarquista se recibía en todos los pumos de la península, y hacia
adeptos aun en sociedades algo distanciadas de sus fines como cooperativas y
sociedades de resistencia. En la lista de corresponsales y paqueteros de la prensa
anarquista se encuentran nombres y direcciones de los lugares más alejados de
España En esta forma se estableció en el país una red de comunicación entre los
diversos núcleos libertarios que aun trasbordaba los limites geográficos naciona­
les

14 l.oú m . 1 (1903). I.
! 5 Suplemento a Lo Revista Blanca (18 « e r o 1902), 4
16 l.n ú n i 44 (25 <ie noviembre 1883), 3*4.
17 Gustavo La Iglesia, Caracteres del anarquismo en la actualidad, (Madrid, 1907), 217. El
entusiasmo libertario por los periódicos también fue utilizado por los enemigos de los anar­
quistas. Los carlinas publicaros dos periódicos pscudoaaarquistas: El Petróleo y Los
Descamisados que llenaban sus columnas coa crudas invocaciones para que La gente se
rebele, "asesine a los burgueses y queme sus propiedades."
LA PR EN SA A N A R Q U IS TA 1880*1913 219

Al estudiar estas publicaciones, surge la pregunta de que secciones son las más
importantes en la labor de difusión del anarquismo. Además de ensayos doctrína­
les hay trabajos literarios, grabados, reseñas bibliográficas y teatrales y columnas
especializadas dedicadas a la lucha obrera. Por otra parte, el periódico en su tota­
lidad tenia una función muy especifica dentro de la propaganda ácrata. Su tipo­
grafía, sus diversos titulares, ensayos, grabados, todo ello creaba un impacto es­
tético-doctrinal total. Por eso creo que debemos considerarlo por entero
Podemos hacer un somero estudio de la características y composición de ios
periódicos anarquistas. En genera) se publicaba semana! o quincenalmente, con
un precio de venta o tarifa de suscripción siempre muy reducidos, oscilando entre
5 y 10 céntimos el ejemplar. A veces se indicaba que la suscripción era volunta­
ría, o en algunos, como en La Victima del Trabajo, "se reparte gratis, no se admi­
ten suscriptores".11 Muchas veces se subrayaba las fluctuaciones de fortuna a que
estaban sometidos. "Este periódico saldrá cuando pueda. Los que quieran contri­
buir a su publicación, manden lo que pueden y pidan los ejemplares que necesitan
a Joaquín Pascual, Puerta Nueva, 79, 10", indicaba Rachavol.w
Desde luego que muchos de estos periódicos sólo podían subsistir durante uno
o dos números, tan sólo se contaba con muy poco dinero, y eran además perse­
guidos por las autoridades. Algunos daban prueba de persistencia, por ejemplo el
grupo editorial de El Eco del Rebelde de Zaragoza, periódico comunista anár­
quico, de suscripción voluntaría que apareció el 11 de mayo de 1895 Encontra­
mos más adelante un número de El invencible, también en Zaragoza publicado
por la suspensión gubernamental de El Eco del Rebelde El 23 de septiembre de
1898 aparece como tercera continuación El Rebelde.
Algo similar aconteció con una serie de epígonos de Espartaco de Barcelona.
El Suevo Espartaco, de la misma ciudad, explica irónicamente:

Salió Espartaco, y las autoridades de Barcelona que se han propuesto (¡que ridiculo!)
ahogar las ideas anarquistas, poniéndose por montera a la ley que deben representar y que
debieran hacer respetar, mataron a Espartaco, con el valor que esta empresa requiere. Sa­
lió entonces El Mismo, que era el Espanaco y las autoridades d e la capital catalana, siem­
pre heroicas, sufrieron dos md peligros para acabar con E l Mismo, i Qué de valeonas y qué
de proezas realizan para conseguir su objeto! Tras d e vicisitudes mil lo consiguieron y El
Nuevo Espartaco fue la consecuencia de tanta proeza gubernam ental^

Los nombres de los periódicos resumían en pocas palabras el mensaje de la lu­


cha social. LaAnarquia, La Bandera Roja, Tierra y Libertad. Se utilizaban tam-*19

18¿<r Victima del Trabajo (Játiva), aparece el 7 de diciembre de 1889.


19 Rachasol aparece el 22 de octubre de 1892 en Barcelona
2 0 £ / Nuevo Espartaco, 7, núm. 161(1 marzo 1905), 1.
220 LCLYLfTVAK

bien expresiones fuertes, palabras dramáticas y frases enfáticas que eran como
una réplica en miniatura de )a historia o una dramática versión de los hechos: Los
Desheredados, La J íctima del Trabajo, Rachavol, Ei Rebelde. Otras veces eran
consignas positivas y alentadoras: Germinal, El Invencible, Acción Libertaria,
Solidaridad Obrera,
A menudo, el nombre del periódico aparecía orlado primorosamente con un
grabado alcgórtco La orla de El Suevo Espartaco presenta un gigantesco guerre­
ro romano, en cuyo escudo se lee "Libertad, Justicia," y en cuya espada "Huelga
General" Juega, como si fuesen trompos, con las pequeñas figuras, insignifican­
tes, de los enemigos del pueblo.
Era también frecuente el encuadrar el nombre del periódico entre frases de
proceres del anarquismo o de hombres ilustres. La Voz del Cantero muestra la
sentencia de Montesquieu: "La igualdad natural y las leyes naturales son anterio­
res a la propiedad o a las leyes escritas."21 A l Paso de Sevilla, exhibía la célebre
frase proudhomana ''La propiedad es un robo"; al otro lado "La expropiación es
una necesidad", y bajo el nombre, el pensamiento de Faure: "El anarquista, el
verdadero anarquista es el individuo que no tolera ninguna cadena, aunque traten
de ponérsela los propios anarquistas.”22
Es interesante señalar hasta que punto descubrieron y explotaron los anarquis­
tas el poder de la frase suelta No sólo la utilizaban al lado del encabezado del
periódico; además, todas las páginas estaban sembradas con estas sentencias. A
menudo se imprimían en cursiva o venían encuadradas entre gruesas lineas, rom­
piendo asi la disposición de la página para atraer la atención. A veces venían en
grupos de tres o cuatro, o inclusive formando secciones enteras.
Es evidente que en esta reducción del lenguaje a mensajes a tal punto concen­
trados. se eliminaba tpdo carácter informativo, para impregnar la frase de ideolo­
gía. de valores ligados a la lucha social. Las frases se instalaban en la mente de
los lectores a fuerza de repeticiones, funcionando como slogans para unir, atraer,
captar la atención, resumir un programa. Eran fórmulas que resumían de manera
concisa, inmediata y fácilmente recordable, toda una ideología.
Tamb:én debemos considerar las frases con que muchas veces se terminaban
los artículos, a manera de divisas se repetían para todo. Eran generalmente cortas,
y altamente especificas. Reposaban a menudo en un símbolo como "¡Germinal!",
a veces en la sonoridad: "¡Salud y Revolución Social!" Lo esencial de ellas es que

21 Este periódico aparece eo Madrid en 1906. E s bimensual d e tendencia sindicalista. Se


subtitulaba "Defensor de los oprimidos”
22 Epoca 2 ,1 , cum 5 (1 julio 1909), l.
LA PRENSA ANARQUISTA 1880-1913 221

se retenían fácilmente y finalizaban e! texto como un punto final, exacto, breve,


cargado de valor sugestivo, como lacónico grito de güeña. Tales fórmulas pues­
tas como conclusión de un cuento, poema o ensayo, en cierta forma resumían la
ideología de lo expuesto, y hacían un llamado a las simpatías o emociones del
lector. Por su carácter abrupto, servían también para informar al lector que la
lectura había concluido, lo cual era útil en ese tipo de obras sin una estructura
muy definida.
Llama la atención la experimentación tipográfica llevada a cabo en los periódi­
cos libertarios, posiblemente como reacción contra la disposición uniforme iden­
tificada a veces con periódicos conservadores. En general los periódicos ácratas
estaban bien impresos. Los periódicos trataban de romper la impresión habitual
de un periódico para llamar la atención de sus lectores y poder promover una
lectura más emotiva y mucho más dramática. Las características fisicas de la
publicación causaban un impacto de primera impresión y desde la disposición ti­
pográfica ya se significaba el mensaje ideológico.
Encontramos en estas publicaciones muchos y variados contrastes entre enca­
bezados adyacentes, graduaciones de pies en tos encabezados, secciones enteras
impresas en distintos modelos tipográficos, que valorizaron bien la armonía y el
contraste tipográfico. Para evitar la monotonía, se incluían frases en cursiva
opuestas ventajosamente en mayúsculas dentro del texto. A veces las fiases
sueltas se encerraban entre márgenes que las completaban y separaban del otro
material de la página. De esta forma, la vista del lector se dirigía automáticamente
a esas secciones puestas en relieve.
Por medio del juego tipográfico, el público lector se condicionaba para enten­
der los mensajes a dos niveles; uno comunicativo o expresivo y otro tipográfico y
casi icònico. Veamos algunos ejemplos concretos:
La Federación trae un ensayo titulado "Tiranos y traidores". El texto, de tipo­
grafía habitual, denuncia a un compañero que traicionó a la causa. Lo delatan
primero sin mencionar su nombre: "No lo conocéis seguramente. Pues vale la
pena que os fijéis en el nombre que veis atravesado, para que en el fuero interno
de vuestras conciencias le arrojéis al rostro inmundo, salivazo de desprecio como
premio a su traición."23 Tan sólo después de este aviso aparece el nombre del
traidor, pero escrito con letras mayúsculas mucho mayores y más gruesas, dis­
puestas transversalmente y ocupando el espacio de todo un pánafo.

23 2 , mim. 6S (11 noviembre 1885), 2.


222 ULY LlTVAK

Siguen a continuación varios párrafos que detallan las felonías del acusado, y
después de cada párrafo, se vuelve a ver el nombre vergonzante atravesando la
página
Se puede ver aquí que el impacto está fundado en la ruptura gráfica del sintag­
ma tipográfico para sobresaltar el nombre. Esa ruptura, lograda a base del aisla­
miento espacial de! nombre, rodeado de espacio blanco, de su colocación en la
página y del cambio y la modificación del tamaño de los caracteres tipográficos
que lo destacan, crea una discontinuidad en la lineaiidad del mensaje. EUo con­
duce a una geografía tipográfica muy particular, y la vista del lector se din je de
inmediato al nombre; la información clave, para luego completar la información
por medio de la lectura del texto.
Hay otros muchos ejemplos interesantes. En La Tramontana encontramos un
pequeño articulo dispuesto en forma de esquela funeraria. AJlí se nos participa la
muerte de la Sra. D i Burguesía.24 Acracia, en primera página, encierra el texto en
gruesos márgenes negros y cortándola con rectángulos escalonados en diagonal
descendiente. El texto trata sobre la muerte de los mártires de Chicago cuyos
nombres aparecen en cada uno de los rectángulos que lo dividen.25
Como se ve, el mensaje aparece aquí también a dos niveles, el textual y el grá­
fico, que en cierta forma simplifica o esquematiza al literario. Con esta disposi­
ción tipográfica se construye un código de símbolos visuales que reemplaza a la
iengua escrita. Ésta se dedica a enunciados más complejos, más sutiles y largos,
mientras los significados propuestos por las partes realizadas tipográficamente
proponen una jerarquía visual.
Dentro del esquema visual de los periódicos debemos mencionar los grabados
que decoraban sus páginas. A menudo, aun cuando se trate de un periódico con
pocos fondos económicos, el título aparece decorado con alguna orla o viñeta.
Muchos otros periódicos dedican una sección especial al grabado. Por ejemplo,
La Anarquía, que solía incluir entre esos dibujos el retrato de algún líder anar­
quista y su biografía. Es interesante la sección reseñ ada al grabado por Salud y
Fuerza La revista publicaba un grabado y se pedia a los lectores que enviasen un
texto interpretándolo. Se premiaba y publicaba la mejor interpretación en el nú­
mero siguiente.26
Podemos detenemos un poco en el análisis de esta sección. En general, los di­
bujos destinados a esos periódicos adquieren un carácter y un estilo especial. Son

24 11, Eum. $09 (3 0 abril 1891), 3.


2$ 2 , núm. 23 (noviembre 1887), ).
2 6 Esta publicación aparecía en Barcelona, duró d e 1904 a 1914.
La p r e n s a a n a r q u is t a 1880-1913 223

obras que tienen como soporte el papel impreso, que están destinadas a verse rá­
pidamente, no a la contemplación del conocedor. Se busca ahora la percepción "a
primera vista" de la obra artística. No se buscaba el estudiar los cuadros con mi­
nuciosidad, sino una aprehensión "impresionista".
Por esa época, los medios tipográficos se perfeccionan. Gracias a la evolución
técnica, fue posible la inclusión de viñetas o dibujos en los periódicos, ya sea in­
tegrados al texto, ya sea en placas separadas. Esas nuevas técnicas impresoras,
permitieron la reproducción entre los ácratas de cienos dibujos de artistas cono­
cidos. Un favorito fue Graner, el pintor de costumbres obreras. También se re­
producían obras de Monet, Camille y Lucien Pissarro, Maximilien Luce, Rodin,
Meunier, tomadas de L'Assiette au Beurre, Le Révolté y Les Temps Ncuveaux.
Eran populares los dibujos de Steinlen, los del anarquista Grandjouan, colabora­
dor de Les Temps Nouveauxy Le Libertaire, y de algunos otros colaboradores de
L'Assiette au Beurre: Vallocon, Kupka, Van Dongen, Ibles, y Caran D'Ache.
También había reproducciones de grabados de UAssino de Roma y
Simplicissimus de Munich.
Pero interesa más aun señalar aqui la aponación artística de los anarquistas es­
pañoles gracias a la apertura del periódico a todos aquellos que querían expre­
sarse artísticamente. Los libértanos creían en la creación artística como derecho
de todos, y desconfiaban primordialmente de museos y galenas "profesionales".
El artista que figura en estas páginas no es un profesional, sino un hombre común,
obrero o campesino, y el carácter y valor de las obras provienen no de la
perfección formal, sino del culto creador espontáneo. Cada individuo es conside­
rado como creador en potencia, y el artista que hace un oficio de su arte como un
símbolo de sociedad clasista.
Un ejemplo práctico de la aplicación de estas teorías puede verse en la serie de
grabados de L a Huelga General, quien hace un llamado a todos los dibujantes
grandes y chicos, famosos y desconocidos a que colaboren en sus páginas para
difundir el ideario. Desde entonces empieza a aparecer sistemáticamente en pri­
mera plana un dibujo acompañado por un texto que lo explica.
Una de las características de esos grabados es su temática, relativa a la injus­
ticia y a la lucha social. Los dibu jos son a veces trazados con torpeza, a menudo
con falta de perspectiva y superposición de planos, o sin proporción en las imá­
genes. Pero son eficaces y concisos, su función principal es la propaganda. Son a
menudo expresionistas en su esencia con un expresionismo figurativo en los per­
sonajes representados, o alegórico y simbólico cuando se refiere a ideas o entida­
des abstractas. Se dibujan los enemigos del pueblo, con lineas abiertamente ten-
224 L lL Y LlTVAJC

dcnciosas: burgueses gordos» curas consumidos por los vicios. Una nariz promi­
nente, una enorme barriga o dedos ganchudos» son rasgos físicos a los que va
unida la definición de un carácter y forman parte de una galena de estereotipos
que ordenan la realidad anarquista.
Se retratan también Los Desheredados, con diseños patéticos y denunciando
contrastes injustos. Se presentan escenas donde se ven explotados por el patrón,
desahuciados por el casero, desangrados por ios usureros. El trabajo se dibuja a
menudo en su aspecto penoso y fagocitario del obrero. Por ejemplo, en un gra­
bado, un obrero lisiado sale de la fábrica apoyado en sus muletas. Esta figura pa­
tética se recorta a la manera de un colage contra el fondo de la fábrica, imponente
y hostil, cuya puerta vigila un soldado con aguda bayoneta. Se destaca a menudo
la dificultad del trabajo, como el dibujo alegórico de La Tramontana, "Carrera
d'obstacles peí obrer," o se infiere a menudo el dominio del explotador, viéndose
a veces al proletariado trabajando mientras e) burgués contempla la escena como
en el dibujo "El Capital y el Trabajo.” En primer plano, un gordo burgués que
mira el trabajo abrumador de los obreros. La gran fábrica se ve al fondo, y él pa­
norama se corta por las humeantes chimeneas que se yerguen con dureza.
También entra en la temática anarquista la exaltación de la industria, puesto
que la fe en la tecnología era parte de su ideario, y su optimismo se basa grande­
mente en las posibilidades de transformación de las condiciones de vida gracias al
progreso de la maquinaria. Hay grabados que glorifican el trabajo, la potencia de
la industria, ia tecnología como fuente imperecedera de energías y depósito
inagotable de fuerzas para el porvenir. Fábricas, estaciones humeantes, paisajes
bordados con alambres de telégrafo. Todo ello supone la adhesión del arte a la
renovación incesante y cotidiana de las invenciones. La temática industrial per­
mitía, no sólo a travéfrde sus elementos figurativos, sino, por su propia naturaleza
cambiante, el ilustrar la complejidad del trabajo, el dinamismo continuado del
esfuerzo humano, Inclusive, a veces, se incluía en los periódicos fotografía de
maquinaria, En La Ilustración Obrera, habia una sección con un título inspirado
en Kropotkin "Fábricas y talleres,Hdonde además de ia imagen aparecían indica­
ciones y explicaciones sobre maquinaria. Estas nuevas máquinas llamaban la
atención por sus formas sorprendentes y sus secretos mecánicos, estimulaban la
curiosidad del lector y su creencia en el potencial del progreso humano.
Algunas veces, los grabados integran plásticamente texto y dibujo, A veces, la
pane escrita ocupa tan sólo un par de lineas, pero generalmente se extiende por
toda la página. El grabado, asi, avalado por imágenes y palabras, tenía un papel
especifico La palabra servia para conducir el lector por una vía razonable y ló­
La PRENSA A N A R Q U IS T A 1 8 8 0 - 1 9 1 3 225

gica hasta ciertas ideas. La imagen dobla ciertas informaciones del texto por un
fenómeno de redundancia, o el texto aumenta una información inédita en la ima­
gen. A nivel de mensaje literal, la palabra responde, de una manera más o menos
directa, más o menos parcial a la pregunta ¿qué es eso? ayuda a identificar pura y
simplemente los elementos de la escena o la escena misma. El texto lingüístico
guia, no ya la identificación, sino la interpretación. Constituye una especie de so­
porte que impide a los sentidos el extraviarse hacia regiones demasiado subjeti­
vas.
De hecho, una de las técnicas más importantes en el dibujo anarquista, es el
uso de las alegorías. Estas se forman generalmente con conceptos ideológicos
abstractos encamados en figuras humanas. Las que se representan más abundan­
temente son la Anarquía, o la Revolución Social, casi siempre con figura de mu­
jer, vestida con una túnica, llevando en la mano una antorcha, y al frente de una
masa de obreras o luchando contra los enemigos del pueblo.
Encontramos un ejemplo interesante en "Una Resurrecció que s'acosta" en La
Tramontana27*. Alli, una figura alegórica, la Revolución Social, recortada contra
un so! naciente, hace huir a políticos, burgueses y militares. En el punto de pers­
pectiva, intencionadamente adoptado, el ojo del observador se encuentra al
mismo nivel que el plano inferior del cuadro, y provoca la reducción óptica de la
pane superior de los cuerpos y un alargamiento de los miembros inferiores. Gra­
cias a ello, el dibujo adquiere una cierta fuerza dinámica, que diríase, arranca del
suelo, creando en esta figura central la impresión de invencibilidad, de potencia
victoriosa. Este punto de observación, desde un nivel inferior, se relaciona con la
iconografía estatuaria, y de ella toma también la alegoría otros elementos, pues no
está concebida como si se encontrara en el interior de una acción real o realiza­
ble, sino posa • como en la estatuaria monumental - aislada. Asi se suscita la im­
presión de que está triunfante, y no se sujeta a coneccioncs objetivas externas,
sino que es ella quien impone las condiciones.
Vale la pena señalar la técnica bien lograda de una alegoría más. Se trata de
"Avant sempre," en La Tramontana2Í. Allí, un joven ataviado con un gorro jaco­
bino, se recorta contra un sol que despunta. Va montado en un carro alado, sos­
tiene un libro y una bandera donde se lee: "Llibertat, Igualtat, Fratemitat. Avant
sempre." Ayudado por otros mozos, con escobas, picos y palos, arrojan hacia
abajo por todo el semicírculo inferior del cuadro, pedazos de cadenas, bañas de
oro, gordos burgueses y asquerosas cucarachas, algunas de ellas con rosarios y
27 La Tramontana, 10, cura. 460 (4 abril, 1890), 1.
2 8 / M i , 8, Qúm 345 (2 0 enero, 1888), 1.
226 LtlyLttvak

tocas sacerdotales. Estos seres malignos y repulsivos están dibujados como antí­
tesis de las figuras centrales. Se adopta una perspectiva desde aniba>y esta pers­
pectiva en contrapicado, confiere al grupo central una impresión de relieve defi­
nitiva.
Señalemos ahora uno de los recursos figurativos más empleados por los anar­
quistas: los contrastes. Estos sirven fundamentalmente para subrayar dos formas
de vida, dos lineas de conducta, dos partes de la lucha; dos tipos de gente: los
buenos y los malos; los pobres y los ricos. Esta forma de presentación era tan uti­
lizada por los ácratas, que a menudo, los dibujos aparecían divididos en dos par­
tes contrastantes. "Familia y familia," se llama un dibujo de La Revista Blanca29.
Presenta a una familia burguesa, próspera y feliz, cuatro miembros repartidos en
la parte superior de la escena. En la parte inferior, la otra familia. En primer
plano, una madre proletaria con su hijito llorando y acurrucado a su lado. Al
fondo, un bote que se pierde en la lejanía conduce al marido a un barco. Es un
emigrante. La figura de esta madre, a diferencia de la otra, se yergue sola, ocu­
pando todo el tercio lateral izquierdo de la escena. Sobresale y domina con su
soledad este triste acontecer. Se perfila ahora como jefe y único sostén de la fa­
milia, y su masiva figura protege al pequeñuelo que se arrima a ella en desam­
paro.
La Anarquía solia presentar en cada número y en primera página, un grabado
doble basado en contrastes. En uno de ellos30, se ve a un burgués en la bañera:
"Baño de placer - tres minutos - 37 grados." Al otro lado, un campesino sudando
y trabajando bajo un sol abrumador: "Ducha de dolor • trece horas • 48 grados.”
Estos contrastes señalan a menudo la diferencia que existe entre un trabajo que
produce valores reales y el capital que se los anexiona. Se confiere en ellos al
trabajo un valor en sí, y por ello el obrero o el campesino se ven siempre en el
desempeño de su tarea, mientras la escena contraria muestra a) capitalista, disfru­
tando de la plusvalía, contando dinero, acarreando sacos de monedas, disfrutando
del ocio. Podemos detallar "Armonías económicas.” En la primera escena, un
guardagujas, temblando de frío, espera para dar la señal a un tren que avanza en
la distancia. Al pie se lee "Los que hacen subir las acciones". Lo complementa
una escena con una pareja de burgueses, en un cuarto cálido, tomando una taza
de té. Abajo se lee; "Los que cobran los dividendos." Otro par de escenas com­
pleta la lección económica. Un campesino penosamente encorvado, ata un haz de

29 i. Barrera, La Revista Blanca, 6, mira. 108 (15 diciembre 1902), 384.


30 La Anarquía, 2, núov 48 (7 agosto 1891).
La p r e n s a a n a r q u is t a 1880* 1913 227

trigo en un campo. La leyenda dice: "Los que siembran". Al lado» la escena com
traría: "Los que recogen" muestra a un gordo cura sentado ante opípara mesa.
Las ideas expresadas por medio de estos contrastes» son avasalladoras en su
pureza y falta de matices. Son modelos visuales que exponen todo. Nada se so*
breenúende, todo se exagera. El mundo queda asi iluminado por una luz nitidí­
sima que revela el maniqueísmo que lo divide. El plano de contrastes adquiere asi
gráficamente un valor inigualable al enfocar las críticas de la sociedad, mostrando
las diferencias de clases esencialmente como una descripción de dos tipos de
vida. Por un lado, las orgias, los despilfarres, el vicio, el parasitismo. Por otro, la
miseria, la esclavitud, el hambre, el trabajo agotador.
Pasemos ahora a analizar más brevemente otras secciones del periódico. Para
ello, es escencial el considerar la advertencia de Maeztu donde se señala atina­
damente la diferencia primordial que hay entre los periódicos anarquistas y los
burgueses.
Se leen infinitamente mayor número de periódicos burgueses, pero en éstos, la actualidad
lo ocupa todo [...] el interés que despiertan es puramente momentáneo. N o sucede lo
mismo con los periódicos anarquistas. Lo que hay d e actualidad en ellos, referente casi
siempre a constituciones de sociedades obreras, a conflictos entre capital y trabajo, no
ocupa sino la tercera o cuarta parte del número y com o k> restante se dedica a cuestiones
doctrinales, el ejemplar se guarda [...] la influencia de estas publicaciones sobrevivirá a la
muerte. Sé de muchas gentes que conserva la colección íntegra de sus números. ¿De
cuántos semanarios se podrían decir otros casos?31

En efecto, la mayor parte de la información en esos periódicos no se relacio­


naba con noticias de actualidad, a menos que fueran pertinentes a la lucha prole­
taria. La orientación al seleccionar el material era primordialmeme ideológica.
Entre las secciones fijas había siempre una o varias dedicadas a literatura, una
dedicada a la ciencia, otra a los presos politicos y diversas partes que daban no­
ticias de la lucha obrera. En algunos había alguna columna especializada: como
una llamada "Sección de la mujer" con artículos feministas muy combativos a
cargo de Teresa Claramunt que aparecía en El Combate*2.
Es conveniente revisar someramente algunas de estas secciones. En primera
plana venia a menudo una editorial. No llevaba firma o se responsabilizaba de
ella la redacción. Era siempre de tono polémico y controversial y establecía una
relación directa con el público. Bandera Roja declara "Guerra sin tregua ni des­
canso a todos los opresores, a todos los explotadores. Éste es en resumen y com-*32

El Impartial (21 noviembre 1901), ch. por Rafael Pérez de la Dehesa, "Prólogo" a Urales,
Evolución de lafilosofía en España, (Barcelona. 1968).
32 Este periódico bilbaíno apareció el 11 de noviembre de 1891.
228 Lily lttvak

pendió el objetivo que guia nuestros pasos y nos hace aparecer en e! estadio de la
prensa.””
Una parte importante en ios periódicos se refería a la ciencia. La ciencia for­
maba parte fundamental del ideario social y estético anarquista, y por ello no es
de asombrarse que apareciese a menudo en secciones llamadas "Arte y ciencia*,
o “Arte y sociología". Estas secciones trataban los temas más heterogéneos y dis­
pares, "Los albinos" en El Productor3*, "Tratamiento de los hidrófobos" en La
Federación Igualadína” , "El pulpo de tierra" o "Como respiran las ostras" en La
Revista Blanca33*536.
A veces esas secciones estaban a cargo de firmas fijas, como la de La Revista
Blanca, escrita por Tárrída del Mármol.37 En general eran artículos pequeños,
generalmente de divulgación, bastante y muchas veces mal simplificados. A veces
formaban párrafos más complejos, con un vocabulario técnico y especifico que
debía exigir cierta preparación.
Las simplificaciones a veces pueden hacer sonreír, así como lo peregrino de los
temas, en donde parece que a veces se busca el detalle curioso, pero el interés
por la ciencia no era gratuito, ni responde a un simple cientificismo, sino que
formaba pane básica de la ideología ácrata. La ciencia proporcionaba un cono­
cimiento de la verdad, y la verdad era la meta libertaría. Por medio de la ciencia
se podría descubrir la estructura lógica, científica, de la sociedad perfecta: la
anarquista.
La sección literaria y artística estaba presente en casi todos los periódicos. En
algunos se le dedicaba gran pane de la publicación, en otros menos, pero casi no
falta en ninguno.
Llama la atención la abundancia del material literario contenido en los periódi­
cos anarquistas. Siempre, aun en los momentos de mayor anti-intelectualismo, los
libertarios consideraron a la cultura como palanca de la revolución. Acracia seña­
la su papel: "Por ella las inteligencias y las voluntades dispersas se unen y se
conciertan en un pensamiento y en una acción común y se forma esa entidad po­
derosa, el pueblo consciente"38,

33 La Bandera Roja, 1 oúm. I (15 junio 1888), 1.


34Núm. 26 (2 marro 1887), 3.
35 2, núm. 26 (14 noviembre 1884), 4
3 6 3 .cú m . i 02 (15 septiembre 1902), 184-7.
37 Femando Tárrida del Mármol nace en 1861 y muere en 191$. Sobre esta figura véase Pedro
Vallina. Mis memorias, n (Caracas, M éxico, 196$), 127. Otra columna científica interesan­
te aparecía en El Trabajo de Sabadell, a cargo de Donato Lubén.
38 1, núm. 1 (enero 1886), 1.
La p r e n s a a n a r q u is t a 1880*1913 229

En los escritos de esos periódicos es notable la actitud abierta de los anarquis­


tas. Se señalaba que el arte debía ser popular y satisfacer las necesidades de la
revolución, pero en el anarquismo ello no desembocó en la teoría expresa de que
el arte al servicio de las masas venia a ser el arte al servicio del esclarecimiento
de una linea política de partido. Ello hubiese implicado ya, en principio, una des­
viación de! pensamiento original, pues es indudable entonces concebir que ello
debería estar a cargo de periodistas profesionales capacitados que fuesen quienes
explicasen y popularizaran entre el proletariado los ñnes ideológicos. Los anar­
quistas, por el contrario, basaban su periódico mayormente en escritores no pro­
fesionales que abarcaban una gama muy amplia de tendencias.
Además de la gran cantidad de obras literarias de todos géneros que enn-
quecen las páginas libertarias, abundan los grabados, dibujos, reseñas teatrales,
críticas literarias y artísticas, comentarios bibliográficos, un material cuya riqueza
es desbordante. Pero la condición misma de obra literaria es difícil de delimitar,
pues está tan íntimamente ligada al discurso ideológico que en muchos casos, no
se puede decidir cuál obra es puramente literaria o por lo contrario puramente
doctrinal. Estamos en una región en que se borran los limites de los géneros.
Esta sección generalmente aparecía en las páginas 2 y 3, y estaba formada en
su mayoría por cuentos o poemas enviados por lectores o a cargo de alguna firma
fija Son interesantes, por ejemplo las columnas reservadas a Palmiro de Lidia en
El Despertar, a Marcial Lores en El Corsario y a Zoais, en El Látigo. A veces
aparecían firmas ya conocidas, como la de Joaquín Dicenta, y hubo un momento
en que se trató de reclutar a intelectuales de reconocido prestigio como Unamuno
que escribió para Ciencia Social y La Revista Blanca. Pero la gran mayoría de
estas colaboraciones eran escritas y enviadas por lectores de todas partes de la
península.
En ciertas ocasiones se establecía un contacto directo epistolar entre algún
escritor del grupo editorial y sus lectores, como vemos en A l Paso de Sevilla,
unos lectores de la sección a cargo de Angeles Montesinos y Caridad Aíarcón,
escriben un poema inspirado por esa columna:
iQué triste es tener ideas más o menos elevadas
y no poder exteriorizarlas con la debida claridad1
ideas son al fin y al cabo, que pugnan por vivir,
y salen de la mente sm ornato tu forma literaria.
Un jardín. Muchas flores. M uchos pájaros.
Una fuente que murmura: Poesía.
U n hogar. Mucha prole, mucho dolor.
Una v e z que agoniza y pide pan: Mundología.
Un lugar. M uchos hombres. Muchas voces,
230 L IL Y L lT V A K

uno que tiembla de ten or y miedo; Sociología.


Una mesa. Papel y pluma. Tintero. Una ñifla que escribe
porque siente y un hombre que le dicta porque piensa..
.A m oryF e.39

Una de las partes fundamentales en los periódicos era la dedicada a noticias de


compañeros presos Había secciones fijas para ello, desarrolladas por medio de
cartas que denunciaban abusos, a veces provenientes de compañeros presos que
delataban las ignominias a que estaban sujetos en prisión o los falsos cargos que
se les había levantado Espartaco llamaba a su sección "Ecos de Presidio*,
Germinal "En favor de los perseguidos". La Justicia se subtitulaba "Organo del
comité pro presos". La Federación Igualadina solia traer en primera página listas
de subscripciones a favor de compañeros presos con motivo de huelgas; se citaba
el nombre del donante y la cantidad aportada.
Las noticias se daban en forma concisa a veces: "Rafael Rueda, acusado de un
sin fin de delitos imaginarios para asi anular su influencia sobre el movimiento
sindicalista local."40 En otras ocasiones, aparecían en párrafos más prolijos:
Nuestro compañero Furtos está de nuevo en la cárcel de Barcelona Apenas excarcelado
de la prisión suírida por espacio de 13 meses que arbitrariamente o gubernativamente es­
tuvo encerrado sm proceso alguno pendiente f .J, y vuelven de nuevo a prenderle. Este
compañero es de los que m ás han sufrido en aquellos inquisHcndes lugares, y que por lo
visto es aún poco y pretenden que llegue al pináculo de su calvario [...). (Cuánta
jafaaáa!41

A veces la historia de algún preso se seguía a través de diversos números de


varios periódicos. Tal es el caso de Marcelino Suárez de quien tenemos la
primera vez noticias en Acción Libertaría de Madrid. Por medio de este pe­
riódico sabemos que fue encarcelado injustificadamente y se publica una carta del
propio Suárez desde la cárcel'
Estoy yo sometido a una incomunicación absoluta: ni con los demás presos ni siquiera con
los ordenanzas rae dejan hablar se me niega la entrada de la Prensa obrera avanzada y
de libros de filosofía y ciencia sociológica I...]. En mi celda tengo, para descansar, un
petate sucio e indecente, cargado de pulgas Para evacuar mis necesidades fisiológicas
me dieron una pequeña bacinilla [...] se me castiga privándome de los escasos beneficios
que podría tener aun dentro de esta absurda prisión, tales com o ia lectura de periódicos y
libros que satisfagan mi espíritu libre, o con la comunicación diaria con mis amigos y

M ',AjDoryfc'‘,AlPaso, 1, época 2, núnx 7 (3 1 diciembre 1909),2.


4 0 Ei Corsario, 6, segunda época, núm. 202 (21 febrero 1895), 3. Mauro Bsjatiena en Acción
Libertaria de Madrid, 1. núm S (20 junio 1913), 3, observa cóm o tales noticias sólo tienen
cabida en periódicos Libertarios.
41 La Justicia (Gijón) (sólo hubo dos números), 1, núm. 1 (S julio 1911), 1.
L a PRENSA ANARQUISTA 1880-1913 231

familia. ¡Pero no lo conseguiréis, verdugos! Coa mi^pobre pluma combatiré sosteniendo


que las prisiones españoles son foco de perversión y de tormento.4243

£1 mismo periódico publica a continuación, bajo el titulo "Por Marcelino


SuárczHy el subtítulo "Una buena iniciativa", los esfuerzos del grupo editor de la
Biblioteca La Internacional de La Coruña a favor del preso.42 Esa biblioteca de­
cidió imprimir un folleto con todos los trabajos que Suárez hubiese publicado
para hacerlo llegar a manos de los jueces ñscales, presidentes de audiencia, jefes
de penales y empleados de cárceles. Llevaría las firmas de los obreros de todas
las poblaciones que se solidarizaron con la causa.
Como se puede ver por este suceso, se conseguía un gran impacto en el interés
de los lectores, debido al contacto que éstos adquirían con el caso. Tal experien­
cia, seguida a lo largo de un período de tiempo, los familiarizaba con el protago­
nista y los incorporaba a la realidad y a los peligros cotidianos. Además acen­
tuaba lo concreto y lo creíble del ideario. La experiencia individual era, en efecto,
siempre más viva y real que la abstracción ideológica.
Los periódicos traían además una sección dedicada al movimiento obrero: ve­
ladas sociales, cantidades recibidas para suscripciones, noticias de huelgas,
cuentas de gastos de distintas asociaciones obreras, resultado de ciertas huelgas,
etc. Es interesante ver algunas de las listas de aportaciones económicas. Como
donativos a La Solidaridad* encontramos 45 céntimos de "Siete compañeros que
desean la destrucción de todas las religiones" .44*El Productor en una "suscripción
voluntaria para sufragar los gastos de una representación de anarquistas de
España a la conferencia de Chicago" tiene las siguientes firmas: B. Mauri 0.50,
Un anarquista 0.25 (Palamós), Un comunista 0.05, Un niño de 7 años 0.05 4*
Véase la siguiente lista de donativos a La Alarma:**
suma anterior 3,15 (pesetas)
uno que no fuma h oy 0,20
un desesperado 1,50
un sistemático 1,25
uno que trabaja sin descanso 1,25
P.P y W . 1,00
un amante del progreso 1,2$
un desheredado 0 .10
un enemigo de la usura 0,50
uno que esta deseando comer carne de burgués 0,50

42 "Ignominia tras ignominia. El grito de un rebelde", Acción Libertaria (Madrid), 1, núm. 5


(20 junio 1913), 1.
43 "Por Marcelino Suárez. Una buena miciaiiva", ¡bid.
44 La Solidaridad, 1, núm. 4 (8 septiembre 1888), 4.
Ai El Productor, 7, nú m 363 (1 0 agosto 1893), 4.
4 6 La Alarma (Sevilla), 1, num. 3 (5 diciembre 1889), 4.
232 LilyLitvak

También traía relaciones de los acontecimientos de la vida cotidiana y familiar.


Esta información directa expresaba la situación de lucha y narraba detalles de la
vida del compañero libertario de manera viva, insertados directamente como ele­
mentos de un proceso de formación ideológica.
Dentro de este contexto son interesantes las noticias referentes a las desgracias
que el obrero tenia que sufrir a manos de la organización capitalista. Algunos pe­
riódicos pedían que se les escribiese en caso de ser victimas de alguna injusticia:
“Cuantos compañeros sufran perjuicios y atropellos de la burguesía pueden acudir
a nuestra redacción seguros de que en las columnas de La Solidaridad serán de­
fendidos sus intereses como sea y cuando sea menester.47
Esos casos aparecían a veces en forma de pequeñas anécdotas, y bajo títulos
como "Martirologio obrero”, "Martirologio del trabajo”. Los hechos se narraban
con lujo de detalles, dando nombres y especificando circunstancias. Por ejemplo,
los varios accidentes ocurridos a obreros durante el curso de sus labores. A me­
nudo se acompañaban estas narraciones con acotaciones personales y sentimenta­
les como en este caso aparecido en Bandera Social: En los desmontes de
Zaragoza tres trabajadores fueron recogidos de los escombros, dos de ellos gra­
ves y el tercero muerto. Este último era dueño de un perro por el que mostraba
gran cariño, el perro se acostó al lado del cadáver sin permitir que nadie se acer­
case a él, y costó mucho trabajo separarlo. El periódico completa: "Comparado el
humanitario corazón de este perro con los perversos sentimientos de la burguesía,
resulta una inmensa ventaja en favor del primero.”48
Se daban también noticias de las diversas actividades de grupos anarquistas
dispersos por el país, formándose un lazo de unión entre todas esas pequeñas
agrupaciones. Se participaba sobre veladas políticas, teatros, bailes, mítines, co­
lectas a favor de compañeros en huelga. Había mención a nacimientos, bautizos,
entierros y uniones civiles, logrados a pesar de los obstáculos levantados por las
autoridades eclesiásticas. Estas noticias, de naturaleza íntima, se dirigían a valo­
res sentimentales, pero que formaban parte de la ideología ácrata llevada a la
práctica en situaciones cotidianas.
Tal vez es interesante citar algunos casos, l a Federación Jgualadir.a, por
ejemplo en su sección "Misceláneas doctrinales" menciona que: "El niño
Constelación Perseo, hijo del federado Casimiro Rodriguez y Santos ha nacido en
ésta de Valladolid del Día l°del corriente mes a las 4,30 de la tarde, quedando

47 La Solidaridad, 1, aúm. 11 (26 agosto 1888), 4.


48 Bandera Social, 2, oúm. 92 (23 diciembre 1886), 3.
La PRENSA ANARQUISTA 188 0 -1 9 1 3 233

desde este di a bajo la égida de la Federación Regional y Universal."49 Espartaco


anuncia: "A los queridos compañeros Teresa Salvat y Ramón Zuñiga, les ha na­
cido un hijo. El niño lleva por nombre Prometeo Humanitario y Arta!, y está
gordo y hermosote lo mismo que cualquier hijo de cura."50
A veces eran reportajes bastante largos como el que aparece en E l Corsario
donde se nana en forma muy extensa el entierro civil de un niño y los
impedimentos que a él hicieron los curas.51 Otro también largo y escrito en forma
bastante incorrecta, apareció en La Federación ¡gualadina, daba noticias de una
unión libre, de las reticencias de los padres para permitirla, y de cómo se
desarrolla, por fin, la ceremonia:
Extendieron un acta dcümte de testigos jurando desde aquel día vivir en amor Ubre, pro­
testando de la religión católica y adherirse a los Libre Pensadores,
Con todo, ya lian transcurrido nueve meses y dicha compañera ha dado a luz a un nido, del
cual se celebró una reunión de compafieros al efecto, brindando todos para las ideas del
progreso, poniendo los nombres de Natural, Progreso y Colectivo, haciendo que se ins­
cribiera en el Registro Civil.
Lo que pongo en conocimiento de todos, y particularmente a los obreros para que dejando
rancias preocupaciones, podamos un día no lejano ver im planudos los pnneipios de
Anarquía, Federación y Colectivismo, únicos que han de redimir al proletariado en ambos
mundos.52

En esta forma se acercaba a) lector a las situaciones particulares que ejemplifi­


caban la lucha ácrata. Esas anécdotas ejemplifícativas tenían la función de identi­
ficar espontáneamente al lector con los protagonistas, y pasaban de ser aconte­
cimientos específicos particulares a momentos históricos ideales e inspirados de
la lucha colectiva acrata.
Podemos ahora señalar una de las características más esenciales de este mate­
rial periodístico: el hecho de que en su mayor parte no provenía de un grupo edi­
torial sino de la masa de lectores, era asi representativa de una cultura popular.
Encontramos a menudo en ios diarios libertarios frases como "Por exceso de ori­
ginales nos hemos visto obligados a retirar dos artículos compuestos. Irán en el
próximo número.”53 O estas reveladoras palabras de La Autonomía de Sevilla:
"Por si se digna dar cabida en su valiente semanario La Autonomía, tengo el
gusto de remitir a usted esos mal trazados renglones, en la seguridad de que le
vivirá eternamente agradecido este trabajador del campo."54 Esas lineas a un

•192, cúm . 60 (8 marzo 1884), 3.


5 0 1 , o ú in 39 (29 noviembre 1904), 4.
5 1 6 ,2 * época, oúm. 203 (2 8 febrero 1895), 4.
52 2. oú m 65 (2 mayo 1884), 4.
53 Tierra y Libertad {\ \ agosto 1908), 4
54 1, oúm 36 (23 septiembre 1883), 4.
234 u l y Litvak

poema titulado "Los presos de Medina Sidonia" firmado por F.S. Otro poema, en
el mismo periódico, está firmando por "un taponero" y fechado en Palafrugell,
pide que se incluya esa obra en el periódico y que se corrijan las faltas de orto-
grafía.55
Diaz del Moral hablando del anarquismo en Andalucía, atribuye el éxito de
esta prensa, en comparación a la socialista justamente a su apertura a las masas.
En más o menor grado, todos son oradores y escritores, y son precisamente esas cualida­
des las que le atraen la adhesión de las masas. La prensa obrera está llena de artículos de
campesinos cordobeses y no son escasos los folletos escritos por manos encallecidas por la
azada Los periódicos anarquistas y sindicalistas necesitaban un redactor para leer,
interpretar y escribir de nuevo lo s numerosos artículos de estos colaboradores
espontáneos. El socialismo tendría aquí más adeptos si su Prensa publicara los artículos
escritos por letra ininteligible y radicalmente enemigos de todo precepto gramatical56

Efectivamente era en esta forma como el mensaje literario, artístico e ideoló­


gico de tales publicaciones se elaboraba y reelaboraba colectivamente, en una
dialéctica de intercambio y de comunicación recíprocos entre la redacción y sus
lectores. Los artículos, poemas, cuentos, ensayos, noticias, eran provenientes de
la masa, de su historia, de su realidad especifica y eran a la vez su expresión y su
realización. Patentizaban así la culrura propia de una factura social: los desposeí­
dos, e implicaban otro nivel y otro modo e comunicación que explican su amplia
difusión y multiplicación.
El carácter colectivo de estos periódicos se ve también al observar las firmas
de ules colaboraciones. La mayoría eran anónimas, o firmadas por iniciales, mu­
chas otras llevan simplemente la firma: "Un zapatero", "un compañero", "un vini­
cultor". No es esta actitud un simple deseo de anonimidad, sino que era comple­
tamente consciente y esuba motivado por ideales muy específicos; entre los cua­
les se cuenta el de ser la voz de una colectividad. Varías veces se discutió ese
tema en las publicaciones ácratas. El grupo de Zaragoza "Juventud Libertaria",
por ejemplo, proponía en Tierra Libre de Barcelona, que se publicase una
sección de controversia, y señalaba como primer tema el siguiente: "Para el mejor
resultado de la propaganda, ¿es conveniente o no publicar los artículos fuma­
dos?"57 "No más firmas" se intitula un ensayo en Acción Libertaria 2 de Gijón,
abogando por la supresión de firmas “por ser la anarquía la esencia de la libertad
e igualdad, en ella no caben amos ni criados, gobernantes ni gobernados, jefes ni
soldados". Según este semanario, las firmas establecen desigualdades e imponen5*

5 $ “A la burguesía“, Ibid., 1, núm. 41 (4 noviembre 1883), 3.


S ó D ú z d c lM o r a L ty Cu., 134.
$7 Tierra Ubre , 1, oum 1( 11 agosto 1908), 4.
L a PRENSA ANARQUISTA 1880 -1 9 1 3 235

vergüenzas a aquellos que no escriben todo lo bien que quieren a pesar de tener
ciaras las ideas que desean manifestar.5*
Este concepto colectivo hacia del periódico anarquista una forma de conciencia
de una determinada facción social: el proletariado. Terminaba con el concepto de
la información noticiosa, la apreciación y la práctica de las artes y la literatura
como predominio de la burguesía, haciéndolos patrimonio y producto del prole*
tañado. Significando su oposición al dominio de la burguesía en la cultura y la
información, proponían una cultura y una información alternativas y revoluciona­
rias.
Podemos concluir que la difusión de) anarquismo a través de estas publicado*
nes era debida mayormente a la labor ideológica-cultural que llevaban a cabo,
trabajo que podría resumir en tres pumos fundamentales:

1. Creación de canales de comunicación e información y canales de grupos


participantes en la lucha social.
2. Critica, desenmascaramiento, oposición a los lenguajes y canales institucio­
nalizados por la clase detentora del poder.
3. Práctica de una cultura y una información alternativas proletarias de base
colectiva.

5 8 2 , a ú m 22 (12 mayo 1911), 3.


Ilustraciones
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L A A I A R Q U I A « 3
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EL COMBAT PERIÒDICO ANARQUISTA

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LA IDEA LIBRE
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•I m m 4» Iimhiw <a«I n im m J Al« B | >.* I I : Sm Ou**/*, i. pnJ.; Iw iilw it

La razón ha de ceder hoy el pue»to al »en iim iem o.N o podemos


hoy razonar eon nuestro» amigo» lectores; hem os de expresar
la indignación que no» causa ver á nuestros herm anos pen­
diente» de la horca ó condenado» i cadena perpetua ó temporal.
H em os de exhalar nuestra protesta contra el crim en perpe­
trado por la República. H em os de consignar el hecho de que
esa institución hipócrita que, manchada con sangre de libera­
les y envilecida con la riqueza de la explotación y la usura,
sum erge en espantosa miseria i lo» productores y lleva ai pa-
-------------------- tíb u lo á los apóstoles d e la libertad. U n» ve*
más el capitalism o dom inante ha puesto de
SPIES manifiesto que en la lucha por la justicia, lo
--------- intereses propenden única y exclusiva
obra mente i su conservación y cortan por lo
• de- PARSONS sano hollando to d o pacto y toda ley. No
tira­ cabe dudar ya que la dificultad
nía. A u to­ única que el progreso ha de arro­
ridad obe­ FISCHER llar para seguir su marcha es «1
diencia son --------- principio de autoridad ;
tórminos incompa­ porque mientras exista, el
tibles co n la digni­ ENGEL que mande ó lo s que man­
dad h u m an a, sea den, d e su propia
cualquiera el régimen po- esencia y de la nece­
lític o y la diferente manera lIN G G saria pasividad de
en que se halle establecido lo s manda-
c ó m a u n os hombres deben man­ dos.sacarán
dar y cóm o otros deben obede­ SCHWAB fuerzas para
cer. La horca de C hicago es nues­ cum­
tro irrebatible argumento. Accioniatas p lir
de grandes compañías cuyas acciones se FIEIDEN -su -
cotizan con grandes beneficios y traba­
jadores reducidos á la más esquilm ada reducción
de la m ano de obra ó a) paro forzoso, todos vi­ NEEBE
ven bajo el falso nivel c e una constitución de­
mocrática , y el resultado, y« lo v e is , es un atropello sin pre­
ced en te, porque no t:ene la excusa d e la barbarie del absolu­
tism o, n o se jusiiñca por la pasión del fanatismo d e secta, no
puede dispensarse por la excitación revolucionaria; es un
atropello cometido é sangre fría en nom bre de la ley, en nom­
bre de la libertad. en nombre de la República. C on este m o­
tivo A d u c u dedica esta página com o un cariñoso recuerdo
á los mártires de C h icago, com o una protesta contra la
República-verdugo y com o una lección i los trabajadores.
LOS H U M A N ITA R IO S

í 5í?i & . « • » >» *«


- Í S r S ' Ü « ' Í X S ^ T i i * Pr-«T ¡. * ! . &*W.d * » . .
p-.f le* F e b ra .

La Revista Blanca, 6, núm. 97 (1 julio, 1902), 7.


[O rden, s e ñ o r e s , ord en !

Tierra y Libertad, 5, (11 marzo, 1904), l.


El burgués, el enemigo del pueblo, protegido por la autoridad mientras exprime
al pueblo.
CARRERA D' OBSTACLES PEL OBRER

S, toi It ¿el :n > t’l


tb «IIic» ;» f^ni i %
«i|.
Im ff.M t j i i \t J . u - j l l ' —
(«tta’.li «a tot et», le, mit, a4»

La Tramontana, 10, núm . 4 7 6 (1 2 se p tie m b re , 1 8 9 0 ), 4.


La Idea Libre, 2, núm. 66 (3 agosto, 1890), 1.

UN ACCIDENTE DE TRABAJO
La fábrica, defendida por el guardián, se levanta hostil como fondo al obrero
inválido y despedido.
ifi I ,' it Ml'j

La Tramontana, 12, núm . 561 (2 9 ab ril, 1 8 9 2 ), 8.


fee* is ni ge»: de » 'J S * .

La Tramontana, 8, núm. 345 (20 enero, 1888), 1.


UNA RESURRECCIO QUE S' ACOSTA

KTt{»n; tout U> W wciOfli * svprimAl l«Ut U> i'**aUi.

La Tramontana, 10, num 460 (4 abrii, 1890), 1.


A R M O N ÍA S E C O N O M IC A S

coa qv * * u i» rii l ,*<i a c o io k « ^ 1. 0 « « ii/e c o a » * » c o * D tv » o * » o o *

coa « v s «neu»»*» w í ^ c k w w ík

La Anarquía, 1, núm . 7 (2 8 s e p tie m b re , 1890), 1.


HUrt i 4t Itlrtkt t»l. IW. kl

LA ANARQU S E P U S U C A L O S V IERN ES
V«UMIUM-I__ --
D1RUCCI6H: AMPARO. 94 £ r» J í¡jr~ w
NUESTRO ORABAOO la. m. Mtaav ata r ckil a«« Ik tkilu.il 1«iftT»|nkiUim "U t«lkk*U Man.
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2, núm 43 (2 julio, 1S91), 1.


Evelyne López Campillo

Vanguardia burguesa y cultura anarquista


en la Revista Blanca (1923-1936)

Difícilmente puede encontrarse una condena más radical de la vanguardia intelec­


tual burguesa que la que expresa el director de la Revista Blanca, Federico
Urales, en sus comentarios de la actualidad que apareceu desde 1923 hasta 1936
en las secciones "Rodando por el Mundo", firmada por Hipatía o en los
"Coméntanos atribuidos a Baturrillo". En más de la mitad de estas secciones, la
critica del autor fustiga a los intelectuales más famosos del momento (D’Ors,
Maeztu, Ortega, Azorín, Valle-lnclán, Unamuno, Baroja, Benavente, Blasco
Ibáñez, Antonio Espina, Luis Olariaga, Giménez Caballero, Alberto Insúa, etc.),
atacando de paso los órganos de prensa donde más publican (El Sol, La Voz, La
Vanguardia, El H eraldo de M adrid, Nuevo Mundo, etc.). La violencia del tono y
la gravedad de los reproches ponen de relieve la exasperación de Urales frente a
ese mundo intelectual burgués, universo aparentemente impenetrable al sector
anarcosindicalista.
Cameiismo, huera complicación, virtuosismo verbal gratuito, son las críticas
más leves; de éstas, D'Ors es el campeón El oportunismo y el servilismo frente a)
poder político burgués y a la dominación económica del capitalismo constituyen
ya un capitulo más importante: sobre este punto, es Maeztu quien se lleva la
palma, Maeztu, "admirador del dólar americano", quien publica por aquel enton­
ces una serie de artículos en E l Sol sobre el espíritu del capitalismo en EE.UU.
Pero el tercer cipo de ataques, corriente en los artículos de Urales, es reprochar
a los intelectuales haberse cortado del mundo de la sensibilidad, de la naturaleza,
del amor; de carecer de "virilidad". Azorin es, bajo este aspecto, el prototipo del
escritor sin corazón, ajeno a la atracción que puede emanar del bello sexo. Asi
pues, la repulsión por la homosexualidad, tema obsesivo en la mentalidad de
Urales, se transfiere a la intelectualidad de vanguardia, considerada, al fui y al
cabo, como amariconada por el uso excesivo de la mente en detrimento del Eros.
El rechazo al intelectual profesional, tan enérgicamente afirmado en estos co­
mentarios de Urales en la Revista Blanca, se vuelve a expresar, en un plano teó­
rico, en el Dictamen que el Sindicato de Profesiones Liberales presenta para el
primero de mayo, firmado por Eusebio C. Carbó, F. Urales y Juan Puig; en el
238 E v ely n e lo pez C a m p il l o

capítulo "Pedagogía, Ciencia y Arte", los autores reafirmar que "los productores,
en la sociedad comunista libertaría, no se dividirán en manuales e intelectuales,
sino todos serán manuales e intelectuales a la vez".
Al mismo tiempo que se niega validez a la nueva intelectualidad, se insiste en
la Revista Blanca sobre la diferencia entre ésta y la del siglo pasado, responsable
y comprometida:

E l siglo pasado fue el siglo de oro de lo s intelectuales, dando a e$u palabra toda su signi­
ficación amplia y elevada. El siglo pasado fue el siglo de lo s grandes pensadores, de lo s
revoluciónanos salidos del intelectualismo mundial que compreodieroo el dolor del pueblo
y la injusticia de la sociedad, poniendo su talento al lado d e lo s oprimidos y al servicio de
una sociedad mejor. D e aquella generación d e colosos del pensamiento quedan ya muy
pocos. H oy día, la rebelión contra el orden de cosas actual, la protesta contra las injusti­
cias. la lucha por un mañana mejor, es c a á patrimonio exclusivo del proletariado...

Estas desengañadas reflexiones'de Federica Montseny en un artículo sobre "El


Futurismo" en el primer número de la Revista Blanca, (segunda época, l c de ju ­
nio de 1923) dan el tono, la Arcadia de la intelectualidad fue el siglo XIX y desde
entonces, se ha registrado una larga retahila de deserciones y traiciones; casi to­
dos los 'anarquistas literarios' de ia otra época abandonaron el campo libertario.
Martínez R 11Í2, Ramiro de Maeztu, Manuel Bueno, Julio Camba, Julio Burell,
Salvador Canals, López de Ayala, etc. y muchos más, se pasaron a la literatura
burguesa, después de un tiempo de práctica del anarquismo literario que estaba
de moda entonces.
En 1930, un editorial de la Revista Blanca insiste otra vez sobre esta idea, pero
dejando entrever que la profesionalidad de la pluma no constituye ya una tara:
"Eo España, no se mantuvieron fieles a sus ideas originarias más que el doctor García
Viñas. Femando Tórrida del Mármol y Pedro Valtina...” y, naturalmente, los que soa a la
v e z escritores y obreros (Frages Pellicer, A Lorenzo, Pedro Esteve, Ricardo Mella, etc.).
D e ahora en adelante, el problema residiría entonces en "elevar a profesionales de la pluma
a esa juventud llena de entusiasmo y de conocim ientos (...) a nuestros escritores jovenes
Y sigue una lista de éstos (). Pére2 Ancha, A sen á o Larrea, Media González,
Germinal Esgleas. G. Fontaura. Orobóo Fernández, Márquez Sicilia, M igre, Obac, Peña,
BaUester, etc.), a quienes se considera capaces de "llenar cuartillas por amor al ideal".

Asi pues, incluso en el núcleo duro de los redactores de la Revista Blanca, más
allá del planteamiento de base, que es el rechazo al intelectual profesional, se
abre paso la conciencia de una necesidad: la de renovar la plantilla de los escrito­
res anarquistas históricos, apelando a los jóvenes escritores obreros.
Un artículo de mayo de 1936, de Jacinto Toryho, va mucho más lejos en esta
dirección de crítica y de apertura del universo intelectual ácrata. Con un título de
sabor orteguiano "La altura de las circunstancias” (y publicado por mayor inri un
V a n g u a r d ia b u r o u e s a y c u l t u r a a n a r q u is t a 239

]° de mayo), se dedica a comentar la falta de atracción de las publicaciones de )a


CNT. Toryho considera precisamente que se ha llegado a este estado de deca­
dencia de las publicaciones como consecuencia de "aquel menosprecio básico a
lo intelectual que fue la característica de una etapa". Monotonía y mediocridad
son los defectos que pesan sobre la prensa anarquista, por faltarle un cuadro de
"colaboraciones selectas" que le den una amenidad de buen gusto, al tiempo que
el nivel necesario al tratar ciertos temas especializados, como la cuestión agraria
o el problema industrial.
Igualmente procedente de una pluma anarquista, la de Felipe Aláiz, se publica
una serie de colaboraciones, luego reunidas en libro, bajo el titulo genérico de
"Tipos Españoles", que van en el sentido de la apertura del panorama cultural
ácrata, poniendo de relieve ciertos valores de algunos 'intelectuales burgueses'
aceptables para la mentalidad libertaria; entre otros, los retratos de Amiches o
Eugenio Noel.
En la visión de Urales, pocos intelectuales escapaban del anatema: Francisco
Navarro Ledesma, por su concepción "popular" de Cervantes, Luis Araquistáin,
por su odio a la Universidad, Gómez de Baquero, por su anticlericalismo, por
ejemplo. Felipe Aláiz ahonda y matiza mucho más los análisis: contrariamente a
Urales quien privilegia en los autores considerados las declaraciones ideológicas
más explícitas, Aláiz es capaz de apreciar, en la producción intelectual llamada
burguesa, las obras que calan en el conocimiento de la sociedad y de la psique
española. Asi, para él, Amiches, Eugenio Noel, entre otros, sin que se les pueda
catalogar, ni mucho menos, en la ideología anarquista, poseen un esquema de
valores, una capacidad de comprensión y una fuerza estilística que les penniten
descifrar y dar a conocer características y problemas de la realidad española.
Cojamos el ejemplo de Amiches. Aláiz escoge la obra de Amiches, entre los
muchos autores que tratan el tema literario de la representación de lo popular en
España (Taboada Casero, López Silva, Dicenta, Muñoz Seca, los Quintero,
Jardiel Poncela o García Lorca), por parecerle que ha sabido, mejor que otros,
expresar y analizar una mentalidad constante en la literatura y en la realidad es­
pañolas: la perversión picaresca, que da sus reglas profundas y aparentemente
inmuables al agro y a la urbe, cinismo, incivilidad, chocarrería, gandulismo, co­
bardía. Para Aláiz, Amiches es un "justiciero” que hace naufragar al picaro con
su ñlosofia corrosiva...
Dentro de cien años, los sainetes de Arruches serán documentos vivos para juzgar esta
epoea y no servirán de nada lo s discursos de Largo Caballero, porque no reflejan más que
240 E velyne Ló pez Cam p il l o

k> que otro socialista autoritario cualquiera puede reflejar en Dinamarca, en Australia o en
Honolulú: refritos.

Entronca asi la obra de Amiches con la de los grandes maestros de la crítica de


costumbres, Molière, Quevedo, Mateo Alemán, Rojas, al poner de manifiesto
unas taras morales que oscurecen el sentido cívico y los valores humanos y a las
que no escapa ningún ámbito del pais.
De Eugenio Noel, Aláiz aprecia poco sus años de "vibrante mania anñfla-
menea”, pues opina que la afición a los toros disminuye automáticamente en fun­
ción del auge del deporte y de la elevación cultural y moral del pueblo. En cam­
bio, considera que Noel supo, como nadie, trazar cuadros de españolía soez y que
"si se quiere conocer la España del primer cuarto de este siglo, habrá que recunir
a Noel y a sus aguasfúertes". En cierto sentido, le pasa a Noel lo mismo que a
Blasco Ibáñez: los logros en el colorismo suponen limitaciones en la profundidad,
pero queda siempre la fuerza documental de estos artistas. Aláiz es un admirador,
digámoslo de paso, del Blasco Ibáñez de Entre naranjos, pero confiesa que, al
alejarse del levante, el novelista se contentó con ser un rajá de la novela en bal­
nearios para millonarios, embalsamado en un smoking.
Uno de los escritores de la joven vanguardia intelectual saludado con elogios
en la Revista Blanca, es Guillermo Díaz Plaja, por su Introducción a! estudio del
Romanticismo, Premio Nacional de Literatura. Santiago Belver, en e) largo
articulo que le dedica, le define como un "representante de esa nueva juventud"
que ha sabido resistir por igual a "la deshumanización pedante y al atroz pate­
tismo cardiaco":
Díaz Plaja pertenece a la promoción joven que oye una seguidilla y no se pone a retozar;
que oye un D e Profundis y no se pone a llorar; tratando, ea cambio, de explicarse los se­
cretos literarios dejados cari intactos por los viejos y por lo s muertos. En medio de la
retozona algazara de los críticos c lís e o s , adentrados en ritos, se ve en unos cuantos jó­
venes cieña seriedad estudiosa, desconteatadiza, anhelante d e análisis monográficos sin
improperios y sin manotazos, creando la obra útil aunque no sea genial y el libro ideal para
los estudiosos aunque no sea prodigioso.

En este articulo, Belver reconoce el valor científico de los trabajos históricos


de la escuela de Menéndez Pidal, que se libra del sectarismo exagerado de
Menéndez Pelayo.
Muy curiosamente, la Revista Blanca no se comenta con dar el visto bueno a
estos trabajos universitarios, sino que abre sus columnas al Papa de la prosa van­
guardista deshumanizada, a Benjamin Jamés, publicando un excelente - e imper­
tinente - artículo suyo titulado "El último burgués". Jamés, con gran ortodoxia
orteguiana, sostiene la tesis de que los hombres no son o burgueses o proletarios,
V a n g u a r d ia b u r g u e s a y c u l t u r a a n a r q u is t a 241

16 DE A G O ST O DE 1V35
242 E v e l y n e L ó p e z C a m p il l o

sino que tienen, o no, sentido aristocrático de la vida, es decir desdén al sentido
materialista de la historia. El aristocratismo del alma seria pues una especie de
anarquismo. El artista, el profesor, el hombre de ciencia, el creador, o transfor­
mador, o destructor de alguna cosa, seria el verdadero aristócrata. El proletario
no seria otra cosa que un burgués sin éxito. Si aquél consiguiese apoderarse de
los bienes de producción, aquél sería el "último burgués”. En esta óptica, la lucha
de clases es una antigualla y el comunismo autoritario, el último estertor de la
burguesía.
Hay que confesar que este tipo de osadas disquisiciones es más bien excepcio­
nal en la Revista Blanca. Pero nos demuestra que, aparentemente, la revista no
estaba herméticamente cerrada a los efluvios de la vanguardia intelectual de)
momento, a pesar de una ortodoxia bastante rígida de su equipo directoría!.
La necesidad de no aburrir al público, el deseo de establecer puentes con cier­
tos aliados intelectuales burgueses que compartan algunos valores libertarios (el
pacifismo o el antimilitarismo, la reforma moral del pueblo, el amor a) estudio
científico de la realidad más allá de partidismos, etc.), todo ello explica esta rela­
tiva apertura de la Revista Blanca, especialmente en los años republicanos, y le
permite escapar, en parte, al mamqueismo suicidado bastante común en los me­
dios radicales de izquierda. Los limites de esta apertura ton, consecuentemente,
los que impone una visión de la literatura como documento para el conocimiento
de la sociedad, para la elevación del nivel cultural y la reforma moral del pueblo.
José A/. Macarro

Conocimiento y utopía en el movimiento


anarcosindicalista español

Una cuestión debatida en los estudios sobre el anarcosindicalismo español, o más


restrictivamente en el anarquismo, es la racionalidad de su práctica sindical y
política en relación con la ideología en que venía envuelta. Me estoy refiriendo a
un tema ya clásico como es el tan traído y llevado milenarismo. Desde las prime­
ras opiniones de Díaz del Moral y Brenan sobre el fervor ascético y casi fanático
de los anarquistas, como un trasunto de una fallida refonna protestante, hasta las
opiniones de Kaplan acerca de la racionalidad del proyecto anarquista como res­
puesta coherente a los intereses de unas capas sociales afectadas por unas cir­
cunstancias de transformación y crisis. Y en medio de ellas la conocida formación
de Hobsbawm del milenarismo1.
Recientemente Alvarez Junco retomaba la cuestión en debate - de él son prác­
ticamente las lineas anteriores - opinando que no veía "lógico considerar humi­
llante la búsqueda de motivaciones psicológicas o morales, más que intereses ra­
cionales y 'objetivos1, por debajo de actitudes políticas"; actitudes que si hacían
del anarquismo un movimiento milenarista, en tanto coloreaba los conflictos de
caracteres fuertemente éticos, introduciéndolos en "cataclismos de purificación
total", que hacia imposible la colaboración con el poder o el reformisrao; lo que
era típico de los grupos marginales en la civilización judeocristiana, que reaccio­
naban reivindicando valores morales y soñando con un milenio justiciero2
Maurice, desde otro punto de vista, y en el estudio de la poesía anarquista en pe­
riódicos de esa tendencia ideológica tras los sucesos de la Mano Negra, observa
que las categorías abstractas de valores y las antítesis arguméntales de la poesía
que estudia, que "es predicación más que incitación a la acción", no es una
muestra del milenarismo o el mesianismo, sino una respuesta a la represión, un
1 Díaz del Moral, J.: Historia de tas agitaciones campesinas andaluzas. Madrid, Alianza
Editorial, 1973, passim; Brenan, G.: El laberinto español. París, Ruedo Ibérico, 1962, p,
125 y $s.; K apún, T.: Orígenes sociales del anarquismo en Andalucía. Capitalismo agra­
rio y lucha de clases en la provincia de Cádiz 1868-1903. Barcelona: Grijalbo, 1977, pp.
231-237; Hobsbawm, E.J.: Rebeldes primitivos. Barcelona: Ariel, 1968, pp. 120-121.
2 Alvarez Junco, J.: "La subculmra anarquista en España: racionalismo y populismo”, en
W .A A .: Culturas populares. Diferencias, divergencias, conflictos. Madrid: Casa de
V dizquez-U niverskud Complutense, 1986, p. 200.
244 Jo s é M . M a c a r r o

'testimonio del profundo desorden donde se encuentra sumergido el militante


anarquista cuando el modelo que él lleva consigo está en contradicción con la
realidad"; de aquí que esa poesía busque en su discurso repetitivo afumar las
convicciones en sus autores y reanimar las de los lectores3.
Según veo las cosas, la permanencia de tal debate exige precisar e) sujeto so*
bre el que se está discutiendo, que suele ser el anarquismo, y más concretamente
su formulación anarcosindicalista, pero que termina por abarcar a los trabajadores
que se encuadraron en las organizaciones dominadas por esa ideología. De esta
forma tal sujeto viene a abarcar a ideólogos, dirigentes sindicales y simples mili*
tantes de las organizaciones. Pero ¿quiere esto decir que el anarcosindicalismo
llegó a ser una doctrina que impregnó a estos últimos en igual manera que a los
primeros? £$ decir, aceptando por un momento que los lideres anarquistas y
anarcosindicalistas fuesen railenaristas o mesiánicos, ¿hemos de suponer que los
trabajadores que se encuadraban en los sindicatos que estos dirigían también lo
eran? O en el caso contrario, si partimos de que esos trabajadores buscaban un
proyecto sindical y político coherente, que en absoluto era mesiánico y milena-
nsta, y lo encentraban en los sindicatos anarquistas, ¿tal racionalidad debe lle­
vamos a leer como también racionales las proposiciones y discursos teóricos de
los lideres del movimiento, excluyendo como anecdóticas la infinidad de escritos
y debates políticos que nos siguen sonando a mesiánicos? ¿Y qué decir de la
práctica política que todos realizaron y que alcanzó unos resultados concretos?
Como antes decia, creo imprescindible delimitar el sujeto del que se predica
que fue o no fue milenarista o mesiánico, pues de no hacerlo las conclusiones
sobre el tema en cuestión continuaran abarcando a dirigentes y dirigidos como
constituyentes de un todo único. Lo que es, a mi manera de ver, uno de los mati­
ces que siguen haciendo polémico el tema que nos ocupa, ya que si eran mesiáni­
cos, resulta que lo eran todos, incluidos los trabajadores; más si no era así, nadie
lo era, pese a) conocimiento que tenemos de la literatura anarquista y de las po­
siciones políticas de muchos prohombres anarcosindicalistas que nos indican lo
contrario
La necesaria delimitación de tal sujeto creo que puede hacerse a través de la
conceprualización de lo que es un movimiento, obviamente social4. Y ello porque

3 Maurice. J.: "Remarques sur la poésie dans les journaux anarchistes espagnols à la fin du
XXe siècle", en W .A A .: L'iniralittératurc en Espagne aux X IX e et XX^ aèd es. Grenoble:
Presses Universitaires de Grenoble, 1977, pp. 125-128.
4 "Todo lo que es humano es social, es la expresión misma de ciencias sociales, que revelan
un pleonasmo y eue ha de ser tenida por viciosa", según Levie Strauss, C.: Criterios
científicos en las disciplinas sociales y humanas. Valencia: Universidad, 1978, p. 38.
C o n o c im ie n t o y u t o p ía 24S

tal conceptualización nos va a permitir separar y distinguir los diversos actores


sociales que integran lo que acabamos de denominar como movimiento, al tiempo
que nos proporcionará una hipótesis sobre sus relaciones y el papel que cada uno
puede jugar en el conjunto. Detengámonos, pues, en el concepto de movimiento.
£1 movimiento por ser social peitenece a una colectividad; colectividad que
ñeñe una capacidad potencial de actuar, basándose en un conjunto de lazos que
ligan a sus miembros en una estratificación, úidependientemente de que sea una
clase o no lo sea56. No creo que sea difícil admitir que su base sea la agrupación
de individuos que han vivido y trabajado juntos el tiempo suficiente para organi­
zarse y considerarse como una unidad con limites bien definidos; ni que los pro­
cesos fundamentales para que tal agrupación se transforme en colectividad ope­
rativa - en sociedad, en un plano general - sean la adaptación y organización de la
conducta de sus componentes, junto con el desarrollo de la conciencia de grupo5.
La socialización, pues, sería "la forma, de diversas maneras realizadas, en la que
los individuos, sobre la base de intereses sensuales [sic] o ideales [...], constitu­
yen una unidad dentro de la cual se realizan aquellos intereses"7. Pero para que
esa colectividad llegue a ser una sociedad es necesario que se asegure la con­
ciencia de grupo, ya que ella es la unidad psicológica y emocional que hace que
el individuo se integre en una acción voluntaría común, y perpetúe así la autocon-
servación de esa sociedad en el tiempo8.
Luego, para que una sociedad funcione, se requiere que sus componentes
acepten una parte considerable de las pautas normativas totales del sistema. Y
esto por que la permanencia en sociedad de cualquier colectividad conlleva la
instirucionalización y, consecuentemente, "la creación de ciertas normas, sancio­
nes y organizaciones, y la realización de lineas políticas que defiendan y apliquen
estas normas a una serie de situaciones sociales relativamente variadas y comple­
jas"9. De aquí que podamos aceptar que el concepto de institucionalización se re­
fiere a los sistemas de normas o modelos de conducta, ampliamente aceptados

5 E laoni, A.: La sociedad acuso. Una teoría de los procesos societales y políticas. Madrid:
Aguilar, 1980, p. 113. Añade que una colectividad no e s una clase, ya que su estructuración
no tiene ñor qué ser horizontal, ni su base económica. Una base pueden ser los valores
compartidos y no lo s intereses.
6 Ibid, además, Linton, R.: Estudios del hombre. México: FCE, 1970, pp. 102*103.
7 Simmel, G.: Sociología. Estudios sobre las formas de socialización. Madrid: Revista de
Occidente, 1977, voL I, pp. 16*17.
8 l b i d , \ oL U ,p . 524 y ss. También Linton, R.: Estudios, op. ci¡., p. 104.
9 Eisenstadt, S.N.: Ensayos sobre el cambio social y la modernización. Madrid: Teca os,
1970, p. 40.
246 J o s É M M acarro

por una sociedad determinada, que incluye valores, normas, finalidades colectivas
y sistemas de status y papeles o roles10.
Ahora bien, como la institucionalización afecta al conjunto de grupos que
constituyen una sociedad, siempre puede haber algunos que no la aceptan; o in­
cluso otros que, aceptándolas, se puedan considerar depositarios auténticos de la
norma, por lo que pueden discutir la forma en que se ha institucionalizado. De
aqui que ningún sistema institucional sea plenamente homogéneo, es decir, acep­
tado de forma similar por todos los que están participando en él; y todas las dife­
rencias posibles pueden convertirse en focos de conflictos y, en potencia, de
cambio institucional11. Máxime cuando "en cualquier sociedad, la distribución de
poder tiene una determinada estructura, y en todas ellas esta distribución no es
igualitaria"; lo que es fuente de conflictos, ya que todo sistema social se articula
en sistema de poder12.
Un movimiento, entonces, seria una exigencia socialmente compartida de
cambio en algún aspecto del orden social, o una resistencia, también socialmente
compartida, al mismo. No sería la suma inadvertida de muchos cambios, sino una
acusación explícita y consciente contra todo o parte del orden social, y una peti­
ción consciente de cambio que atrae a ciertos sectores de una sociedad y no a
toda ella. "En otras palabras, está localizado dentro de la estructura social"1*. Por
ello hay que entender a los movimientos como "un tipo especifico de grupos de
acción concertada" con "conciencia de grupo, es decir, [con] el sentimiento de
pertenecer a un grupo y de ser solidario con sus otros miembros [...], aunque en la
práctica se dé en grados diversos"14.
Por tanto, no hay que confundir un movimiento con una tendencia social o con
un fenómeno de agregado, ya que en estos últimos no existe la acción concertada,
y, como muestra Albetoni, "no constituyen una entidad social de orden superior
en la que ellos (sus componentes] se reconocen". Un movimiento supone un fe­

10 Mira, J.F. "Cultura', en Campo, S. del: Tratado de sociología. Madrid: Taurus, 1984, p.
123; Johasoo, H M.: Sociología de la insliiuctOnah:ación. Buenos Aires. Paidós, 1973, p.
8; EUenstadt, S.N.: Ensayos, op. cit., p. 24.
11 Eiseostadt, 5.N.: Ensayos, op. c íl, pp. 41-43.
12 Jessop, B.: Orden social, reforma y revolución. Madrid: Tecnos, 1982, p. 72.
13 Gusfieíd, J.R.: 'Estudios de los movimientos sociales". Enciclopedia internacional de las
Ciencias Sociales. Madrid: Aguilar, 1974, pj>, 269-270.
14 Hcberte, R.: "Tipos y funciones de los movimientos sociales”. Enciclopedia Internacional
de ¡as Ciencias Sociales, op. cit., p, 264, Bottomorc, T.: Sociología política. Madrid:
Aguilar. 1982, p. 60, para lo mismo. En p. 201, nota 1, de esta última obra, se cha esta
definición de Heberle: "Un movimiento connota una conmoción, una agnación entre la
gente, una inquietud, un intento colectivo de alcanzar un objetivo visualizado, especialmente
un cambio en determinadas instituciones sociales".
C o n o c im ie n t o y u t o p ía 247

nómeno colectivo de grupo que "p^duce una modificación de la interacción de


los sujetos que de él forman parte, así como de su solidaridad". Los movimientos,
añade Aiberoni, "dan origen a que en la escena social aparezcan nuevos protago­
nistas colectivos"15.
Asi pues, y resumiendo cuanto llevamos dicho, un movimiento sería una exi­
gencia social de cambio, explícita y consciente, localizada en la estructura social,
y que se expresa en grupos de acción concertada que permanecen y que tienen
conciencia de una solidaridad interna, dando origen a que aparezcan en la escena
social nuevos protagonistas colectivos.
En un principio tal definición abarcaría realidades más amplias a las que se
contienen en una organización política. Pero lo que sucede en las sociedades mo­
dernas es que "con el incremento de la tendencia de la sociedad de masas consen­
sual, los movimientos (...) se vincularon mucho más estrechamente a los procesos
políticos centrales. Como resultado de estas tendencias se desarrolló una cre­
ciente interrelación entre los distintos problemas de ios grupos sociales mayores y
el proceso político central"16. De aquí que todos los movimientos tengan en el
mundo moderno "implicaciones políticas, aun cuando sus miembros no luchen
por el poder político"1718.El movimiento "nunca es separable de una política y de
una organización"11
Pero e) movimiento en su origen es siempre más amplio y menos estructurado
que la organización a la que se ve llamado; más general y menos formalizado,
puesto que siempre es una exigencia de cambio respecto a la institución. Y ésta
es compromiso, formalización, adecuación a la realidad, y por lo mismo limita­
ción al impulso renovador del movimiento. Lo que sucede es que para que el
movimiento perviva necesita institucionalizarse, aunque esto signifique negarse.
¿Por qué? Francesco Aiberoni - al que vamos a seguir - explica que en todo mo­
vimiento existe lo que llama el "estado naciente", que es una ruptura del elemento
común que existe entre los más simples fenómenos colectivos de grupo: la impli­
cación de valores como principios constituyentes y ordenadores de un sistema
social • usando la terminología de T. Parsons -. Esa ruptura se produce cuando
determinadas fuerzas que constituyen la solidaridad social declinan, dando lugar a
una quiebra del "estado institucional y de la vida cotidiana"; quiebra que va a
permitir el surgimiento de un campo de solidaridad alternativo. "En términos ge­
15 Aiberoni, F.: Movimiento e institución Madrid: Editora Nacional, 1984, pp. 37-39.
16Ei$ensudt, S.N.: Modernización. Movimientos de protesta y cambio social. Buenos Aires.
AmojTortu, 1972, p. 60.
17 Heberle, R.: “Tipos y funciones", op. cu., p. 264.
18 Touraine, A.: Introducción a la sociología. Barcelona: Ariel, 1978, p. 66.
248 JOSÉM. Macarro

nerales, podemos decir que el estado naciente aparece como una respuesta re­
constructiva de una parte del sistema social". Respuesta que crea una solidaridad
entre ios que la comparten, en tanto se contrapone al orden existente.
En el estado naciente • sigue diciendo Alberoni - hay una renuncia a las alter­
nativas institucionales dadas, proponiéndose otra distinta, estructural, a la estruc­
tura de lo existente, al tiempo que surge una homogeneidad intema entre los
miembros que están en él, puesto que están llevando a cabo las mismas operacio­
nes, viven un tipo de experiencia cualitativamente diferente a los que no están en
ese estado y semejante entre ellos. De aquí que los individuos que lo componen
no se reconozcan sobre la base de un programa, "sino de una modalidad de en­
tenderse a si mismos y a) mundo, y de una necesidad de realizarse a sí mismos y
al mundo”; y que su "primera exigencia es la de definirse a si mismos en relación
con aquella pane del mundo que no se encuentra en la misma condición: el sis­
tema extemo"19. Pero asi como todo sistema institucional está basado en la inte­
gración de los medios y los fines, en la adecuación de éstos a los medios de que
se disponen, en el estado naciente sucede al revés: los fines a los que se aspira no
guardan relación con )a previsión de su realización. En el estado naciente existe la
convicción de que se pueden alcanzar valores absolutos y que los individuos que
están en él portan verdades absolutas por si mismas.
Pero si el estado naciente crece, llegando a ser un movimiento, comienza obli­
gadamente a diluirse por el número de sus nuevos adherentes, pues ese estado,
por sus propias características, es incompatible con la multitud. Entonces se ve
obligado a precisar sus fines, a concretar sus objetivos. El estado naciente, en
cuanto es ruptura, formación de una nueva solidaridad, experiencia común dife­
renciada de lo extemo, y afirmación de lo absoluto, no puede perpetuarse. En un
momento u otro tiene-que concretar sus alternativas a esa realidad, ofrecer un re­
cambio a la institución a la que se enfrenta. De lo contrarío, o es sofocado por la
institución o se disuelve por ilusorio e imposible. Por tanto, para seguir existiendo
tiene que institucionalizarse20*.
La institucionalización, por contradictorio que parezca, es la única forma en la
que puede sobrevivir el movimiento. Es recomponer en otro nivel la vida coti­
diana, abriendo nuevas vías normativas de acción. El estado naciente tiene que
desaparecer porque está en contradicción total con esa vida cotidiana. No se
extingue por debilidad, sino porque su misión está condenada al fracaso, ya que

19 Alberoni, F.: Movimiento, op. cit., pp. 40-42, 162-163, 185-187 y 192-193.
2 0 Ibid., pp. 266 y 193-195. La extinción es el reconocimiento de la imposibilidad porque no
se puede institucionalizar y porque no se puede mantener el estado naciente.
C o n o c im ie n t o y u t o p ía 249

es una misión imposible. Pero como quiere perpetuarse y no puede, tiene que
transmitir a la institución, al movimiento, su ideal y su objetivo, y, para hacerlo,
tiene que convenirse él mismo en institución. El movimiento, entonces, es "el
proceso histórico que se inicia con el estado naciente y que termina con la re*
constitución del momento cotidiano institucional"21.
Por ello, argumenta Alberoni, la institución es la negación y la herencia de)
estado naciente del movimiento, e interrogando a la institución se encuentra el
mensaje elaborado en el movimiento. Porque todas las instituciones tienen la do­
ble función de extinguir el estado naciente y de asegurar, de otro modo, su conti­
nuidad, de manera que son su destrucción, pero también la custodia de su prome­
sa. De aquí que la institución, "interrogada, repite la promesa del estado naciente,
aunque disminuida, empobrecida porque está encamada en el mundo"22. De
donde también podemos encontrar una institución desvirtuada por su propia
adaptación, que se ve desañada por nuevos movimientos intemos que pretenden
reconstruir esa solidaridad primigenia, y que llegan a provocar un nuevo movi­
miento dentro de la institución.
Ahora bien, si antes dijimos que en las sociedades modernas los movimientos
se han vinculado a los procesos políticos centrales, siempre que se trate de mo­
vimientos con signiñcación histórica23, no parece que pueda dudarse que éstos,
dado que surgen como quiebra de la solidaridad y negación de la institución, pa­
san a tener carácter político. Además, como el medio que tienen para perpetuarse
es la institucionalización, ellos mismos devienen en poder organizado, es decir,
en instituciones con componentes políticos. Mas dentro del movimiento se ela­
bora un pensamiento que proviene del estado naciente, pero que surge en indivi­
duos concretos, pues nunca es el movimiento en sí un sujeto pensante. De donde
es necesario distinguir los actores que confluyen en el movimiento.
Alberoni distingue tres protagonistas en él: los que participan en el estado na­
ciente, que son las élites creadoras; los que no estuvieron en él, pero se le suma­
ron, que son las masas; y finalmente, los que estuvieron al margen u oponiéndose,
que son los sometidos. "Son las élites creadoras las que generan el movimiento,
pero la fuerza transformadora es aportada por las masas". De esta obligada con­
junción surge un proceso común a todo movimiento, que creo de importancia

2 !/¿ ¿ ¿ ,p p . 3 5 9 y 240-242.
22/¿¿í¿,pp . 290-292,
23 La importancia del movimiento por los grupos reales que agrupa, en Bonom ore, T.: Socio­
logía , op. c u p. 64; Landberger, H A : Rebelión campesina y cambio social. Barcelona:
Crítica, 1978, p. 36; Tourame, A : Introducción, op. cit., p. 258; Heberle, R.: "Tipos", op.
ctt., p. 264.
250 Jo séM Macarro

metodológica: las masas no han participado en e! estado naciente, ni pueden, por


definición, hacerlo; pero se movilizan atraídas por su proyecto, mas buscando la
satisfacción de sus intereses. Entonces, las élites, para dirigir el movimiento, tie­
nen que adoptar el lenguaje de ellas y prometer satisfacer sus intereses tal como
las mismas lo desmandan. Al mismo tiempo, esas masas, meorparadas asi al mo­
vimiento, van asimilando reciprocamente el lenguaje de las élites, siempre que en
él vean la satisfacción de sus intereses24.
Proceso, insisto, que es ineludible si el movimiento no acepta diluirse en un
nuevo proyecto moral. Pues de seguir adelante necesita articular uno político,
como medio de alcanzar esa nueva área de socialibilidad más amplia - llámese
cambio, revolución o reforma - que es su ñn. Y todo proyecto político es difícil­
mente comprensible sin la distinción entre élites y masas. Y si el proyecto llega a
ser político puro, esas élites se transforman en vanguardias para liberar a la so­
ciedad, y para hacerlo se convierten a si mismas en medio para abatir el poder
que se opone a su misión25. Poder que, en último caso, no es sino el Estado, pues
como para imponer un proyecto a la sociedad se necesita la capacidad de
coacción, el movimiento tiene que aspirar a participar en el poder, a participar en
el Estado26. O teóricamente en el caso del anarquismo, a destruirlo.
De aquí que las ideas, en cuanto son producto de individuos, habría que anali­
zarlas como componentes aportados a] movimiento por tales individuos, teniendo
en cuenta que en él el líder aparece "como alguien que expresa al grupo y su des­
tino y nada más"27*29. El líder o la élite son los que elaboran las ideas, y su presen­
cia es ineludible21. La élite "es un centro de control societal, [...] de elaboración
de conocimientos y de la adopción de decisiones", y no hay que identificarla con
elitismo, que puede ser una de sus características, "pero no forma parte de su de­
finición"; ni sustituye* a la clase, pues la élite es sólo "un concepto de roll"2*. Es
decir, a la élite o al lider hay que entenderlos como componentes del estado na­
ciente, y no olvidemos que este es el inicio del movimiento, pero no todo el mo­
vimiento, y que a éste lo que le da consistencia, posibilidad de existir, es la agre­
gación de las masas. Por ello el movimiento, en cuanto exige un cambio en la
institucionalización, elabora ideas a través de sus élites para justificarlo; y de esas

24 Alberoni, F.: Movimiento, op. cu., p. 368.


pp. 338-341.
26 Weber, M.: Ecottomb y sociedad. Esbozo de sQCiologb comprensiva. M éxico, FCE, 1979,
p. 1056.
27 Alberoni, F.: Movimiento, op. cit., p. 211.
28Eisenstadt, S .N ..Ensayos, op. cit., pp. 133-134.
29 Em oai, A.: La sociedad « n w , op. cit., pp. 133-134
C O N O C M E ÍT O Y UTOPÍA 251

ideas deduce sus programas de acción, al tiempo que ofrece visiones de la reali­
dad que aglutinen,a sus componentes mediante un reflejo de la situación de los
sectores sociales de los que provienen.
Aplicando este esquema conceptual al anarcosindicalismo español, lo primero
que se puede afirmar por obvio es que constituyó un verdadero movimiento, pues
significó una exigencia de cambio de un grupo social - no de toda una clase con
permanencia en el tiempo y significación histórica y en el que se autorreconocían
sus miembros. Además este movimiento, en cuanto fue de masas, se incorporó al
proceso politico central español, aunque se definiera como antipolítico, ya que tal
definición no era sino una manera peculiar, en tanto negación, de afrontar dicho
proceso político central. Al mismo tiempo el movimiento tuvo como esencia,
como no podia ser menos, un proceso de organización. Proceso que nos va a lle­
var a los protagonistas del mismo.
Según veo las cosas, la institucionalización del movimiento se va a concretar
con el nacimiento de la CNT. Nacimiento que no conforma desde el inicio a la
nueva criatura, sino que ésta va a vivir un proceso de tensión casi constante en
sus aspectos orgánicos. Me estoy refiriendo al pulso continuado que los diversos
sectores de la Confederación mantuvieron en tomo al federalismo local y regio­
nal, en contraposición a las primitivas federaciones de oficios y más tarde a las de
industria. El decantamiento de los congresos de 1910, 1911, y 1919 hacia la pri­
mera de las concepciones ha sido considerado por Bar como una adaptación sin­
dical a las previsiones revolucionarías futuras de la sociedad anarquista; era la
necesidad de consolidar la comuna local como sustento de la futura sociedad
anárquica30. Y todavía en el congreso de 1931 el tema de las federaciones de in­
dustria, propuesto por Pestaña como fonna de superar el estrecho y alicorto
marco local, evitando asi las incoherencias del federalismo tradicional, pese a ser
aprobado a regañadientes, no llegó a puerto alguno, pues el progresivo control de
la CNT por los anarquistas puros obturó la aplicación del acuerdo31. Para ellos
solamente las organizaciones regionales garantizaban la lucha de clases constante
y la tensión revolucionaría32. De aqui que uno de los delegados al congreso ar­
gumentase que aunque tales federaciones podían ser útiles, no eran revoluciona­
rías, puesto que nacían para responder a la economía capitalista y lo que había

30 B u , A.: l a CNT en Los años rojos (Del sindicalismo revolucionario a l anarcosindicalis­


mo, ¡910-1926). Madrid: Akal, 1981, pp. 242 y 544-545.
31 Eloína, A : "Prólogo" a P esuña, A : Trayectoria sindicalista. Madrid: T etas, 1974, p . 43.
32 Lorenzo, C.M.: la s anarquistas españoles y el poder. 1868-1969. París: Ruedo Ibérico,
1972, pp. 53-54.
252 Jo sé M M acarro

que hacer era ir a la economía libertaria*3. Pero lo que se debatía, además, era si
el nacimiento de tales organismos de extensión nacional no iban a reforzar al
Comité Nacional en detrimento del federalismo tradicional anarquizante.
Lo que significa, según veo las cosas, un intento continuado por parte anarco­
sindicalista de controlar la necesaria institucionalización del sindicalismo anterior
a 1910, pero salvaguardando su primitiva desestructuración revolucionaria. Cre­
cer, organizarse y constituirse como fuerza nacional significaba convertirse en
institución, más allá del reducido ámbito del primer sindicalismo original. En de­
finitiva era institucionalizar el movimiento para que pudiese continuar existiendo.
Pero como tal insotucionalización conllevaba el pacto, el compromiso con la rea­
lidad, los anarquistas se esforzaron continuamente para que el sindicalismo, aun­
que fuese revolucionario, no olvidase su objetivo anárquico. De esta manera el
mensaje original del movimiento quedaba salvaguardado dentro de la institución.
Pero precisamente porque tal mensaje no podía substituir en su pureza revolucio­
naria, la CNT conoció bruscas oscilaciones en su afiliación sindical.
Detengámonos en ello
A.M Calero puso de relieve hace tiempo que los trabajadores andaluces se
afiliaban a aquel sindicato que antes hubiera llegado a la escena laboral, portando
un mensaje organizativ o e ideológico que satisficiese sus necesidades3334. Pero los
anarquistas, e incluso los anarcosindicalistas, nunca se quedaban en la respuesta a
esas necesidades. Ello hubiera significado la desvirtuación de su proyecto revo­
lucionario. De aquí que Anselmo Lorenzo se opusiese a los llamados sindicatos
de base múltiple, porque eran la puerta abierta a la moderación del reformismo;
de aqui que en el congreso de 1911 se aprobase una resolución contra ellos,
aceptando los argumentos de Lorenzo, porque con esos sindicatos no se vencería
al capital sino que se osería en el "adormiderismo", como dijo un delegado. Por lo
mismo, en el congreso de Sants en 1918, la comente anarquista relativizó el sin­
dicalismo en favor de la revolución, limitando la acción sindical reivindicativa; e
igual hizo al defender por encima de todo la acción directa. Y en el congreso de
1919 los anarcosindicalistas hicieron triunfar la función revolucionaria del sindi­

33 M acarro, J.M .: L a Utopia revolucionaria. Sevilla en la II República. Sevilla; M onte de


Piedad, 1985, p. 122.
34 Calero, A .M .: ‘ L os por qué del anarquism o andaluz. A portaciones del caso de G ranada”, en
Miramiento obrero, política y literatura en la España contemporánea. M adrid: Edicusa,
1974, “Los caracteres específicam ente regionales del m ovim iento obrero andaluz”, Boletín
de la Cámara Oficial de Comercio e Industria de la Provincia. Jaén, 28, 1976; Historia del
movimiento obrero en Granada (1900-1923J. M adrid; T ecnos, pp. 293-294.
CONOCIMIENTO Y UTOPIA 253

cato sobre el puramente sindical. Lo que iba a dividir a la CNT en los años si­
guientes35.
¿Qué significa todo esto? Como digo, el mensaje organizativo elaborado por el
anarcosindicalismo llevaba a los sindicatos de la CNT, y por tanto, también a los
afiliados, a unas posiciones políticas que eran previas a las que estos últimos hu­
bieran podido decidir. El ejemplo de Sánchez Rosa en Andalucía, enfrentándose
en tomo a 1919 con las tendencias reformistas de los sindicatos, porque las mejo­
ras salariales y laborales podian adormecer a los trabajadores • la política del
"perro gordo" la llamaba • es significativa. Como también lo es el boicot que se
produjo a la primera solución victoriosa en la huelga de la Canadiense, y el ata­
que que sufrieron Seguí y Pestaña en 1919, justamente porque habían buscado
una salida no revolucionaria al mismo conflicto y a otros. Lo mismo podemos
decir de la conferencia de Zaragoza en 1922, en la que se insistió en que el error
en los años anteriores había sido instar a la elevación de salarios, en vez de pro­
curar la desaparición del sistema salarial. Otro tanto puede añadirse acerca del
congreso regional de la CNT de Andalucía y Extremadura en 1935. En él se re­
chazaron las Federaciones Provinciales por ser elementos burocráticos que dis­
traían a los trabajadores de sus objetivos revolucionarios, al tiempo que se con­
denaban las medidas para paliar el paro o mejorar la situación de los trabajadores
- incluso el seguro de maternidad porque debilitaba en ellos el espíritu revolu­
cionario36. De esta manera el sindicato para los anarcosindicalistas se convertía
"en el instrumento de realización de las aspiraciones populares cuyo centro de
racionalización es la organización anarquista"37.
Es decir, la organización anarquista devenía en núcleo constitutivo de la acción
sindical, dirigiendo y definiendo lo que interpretaba que tenían que ser las aspi­
raciones populares, sin dejar que éstas derivaran, por las conquistas de mejoras
concretas, hacia un fin que no fuera el anárquico. De esta forma, el mensaje ori­
ginal elaborado por los anarquistas en el estado naciente quedaba preservado en
su institucionalízación, en el movimiento.
Pero esta política tenía un coste de cara a los afiliados, porque ellos no iban tan
allá como querían sus dirigentes. Los sevillanos, tras la intervención citada de
35 Bar, A.: La CNT, op. cit. pp. 188, 259-262y 366.
36Eloiza, A.: 'Notas sobre cultura y revolución en el anarcosindicalismo español", en García
Delgado, J.L.(ed.): La U República española. Bienio rectificador y Frente Popular, 1934-
1936. Madrid: Siglo XXI, 1988, p. 161.
37Metkcr, G.H.: La izquierda revolucionaria en España (¡914-1923). Barcelona: Ariel,
1978, pp. 308 y ss., 568 y ss.; Macano, J.M.: "La mentalidad anarquista en la educación
popular: los folletos de Sánchez Rosa", en prensa; de este autor, La Utopia, op. c í l . op
313-314.
234 José M. Macarro

Sánchez Rosa, después de que una gran huelga general en febrero de 1919 se
hubiera saldado con una victoria total, se encontraron con que los dirigentes de la
CNT la quisieron convertir en una victoria sobre el propio Estado y los patronos
como clase, planteando nuevas reivindicaciones - multas a la patronal, etc. - una
vez finalizado el conflicto. El resultado fue el retraimiento de los trabajadores, la
crisis en el movimiento sindical y la aparición del terrorismo en los ámbitos con­
federales. Lo que es similar a lo que sucedió en Barcelona tras ser desbordado
Segui en la primera solución victoriosa a la huelga de la Canadiense en la misma
fecha**. Y lo mismo podemos decir de los resultados que obtuvo la CNT en
1931-1933, cuando en diciembre de este último año el fracaso de la huelga gene­
ra] anunciaba a las claras el agotamiento de unos sindicatos y unos afiliados. La
realidad era que estos fracasos venían precedidos de una desmovilización de los
trabajadores. No es que la huelga de Sevilla o la famosa de la Canadiense en su
primera solución victoriosa, o la general de 1933, fuesen la causa de la desmovi­
lización porque al final de estos conflictos se produjese la derrota. No, es que los
trabajadores comenzaron a despegarse de ellos y de los sindicatos porque des­
pués de haber obtenido reivindicaciones importantes, pretendían llevarlos más
allá de donde estaban dispuestos a ir, poniendo en peligro las mejoras recién con­
quistadas. Las huelgas anarcosindicalistas, en tanto se presentaban como batallas
definitivas entre el capital, o el Estado, y los trabajadores, dentro de la estructura
federativa local de la CNT, terminaban provocando siempre el retraimiento de los
trabajadores. A mi manera de ver, aquí hay que buscar las bruscas oscilaciones
en la afiliación sindical, y no en la frustración de una esperanza milenarista. Esta,
la vamos a encontrar en otro terreno.
Este terreno es en el que se mueven las élites que informaban al anarcosindica­
lismo, provenientes del anarquismo. Estas élites configuran el estado naciente del
movimiento. La unidad argumenta! temática que hay entre los pensadores anar­
quistas en la ruptura con los valores de un sistema la creo evidente. Y con la
misma evidencia se puede observar como crean un campo solidario alternativo a
lo existente. Los anarquistas españoles tienen unas concordancias obvias en la
manera de entender al mundo y de entenderse a ellos mismos; de realizarse ellos
y de realizar al mundo; en definitiva, de definirse frente a lo exterior al estado
naciente. Alvarcz Junco nos ha explicado en extensión y profundidad los rasgos
de su ideología, y no vamos a repetirlos. Pero sí quiero insistir en cómo esa 38

38 M acano, J.M.: "Los conflictos sociales ea la ciudad de Sevilla en los años 1918-1920", en
Seis estudios sobre et proletariado andatui (¡868~¡9¡0). Córdoba; Ayuntamiento, 1984,
pp. 203-206; Meaker. G R : La izquierda, op. cu., p. 213 y ss.
CONOCIMIENTO Y UTOPÍA 255

ideología contenia indiscutibles elementos mcsiánicos, como eran la fe en la in­


mediata revolución, la regeneración del mundo, el ansia redentora de sus propa­
gandistas, su rígido moralismo, etc.39. Lo que es propio, como también vimos, de
ese estado naciente, en el que ios individuos que ios constituyen tienen concien­
cia de que pueden alcanzar valores absolutos, porque portan también verdades
absolutas. Y esto, insisto, está claramente contenido en la literatura anarquista.
Lo que quiere decir solamente que en el plano de las elaboraciones teóricas, y no
obligatoriamente en la mente de los afiliados, existían tales elementos.
Pero antes vimos que si ese estado naciente quería vivir y no diluirse por ilu­
sorio, tenia que institucionalizarse, convertirse en movimiento. Y ello suponía
pactar con la realidad, ofreciendo ideas y visiones de la misma a las masas que
tendrían que dar cuerpo al movimiento, por el medio de presentarles un reflejo de
su propia situación social. Y esto es lo que se hace a través de la literatura popu­
lar, que fueron los escritos anarquistas que verdaderamente alcanzaron enorme
difusión. La simplicidad de sus mensajes, la condena de lo existente, la dicotomi-
zación de la realidad, el moralismo extremo, la fe en la futura redención, etc.,
etc., son ahora expuestos en un lenguaje sencillo, reiterativo y esquemático, acor­
des con el nivel cultural de los receptores40. Mensajes y lenguaje que van a ser
asimilados por los trabajadores, pero que siempre van a encontrar el limite de la
práctica sindical a la que antes nos referíamos. Es decir, si la literatura popular
anarquista tuvo el éxito que alcanzó, se debió a que estaba reflejando unas reali­
dades psicológicas y emocionales del auditorio al que se dirigía. Pero otra cosa
era que tales realidades llevaran a los trabajadores a comportarse sindicalmente
como esos escritores querían que se comportaran.
Se mezclan así la adopción por el movimiento de] lenguaje elaborado en el es­
tado naciente, y la aceptación por parte de los que estaban en este último estado
de las reivindicaciones de los trabajadores que dan cuerpo al movimiento. Por eso
los anarcosindicalistas trabajan en los sindicatos para mejorar las condiciones de
vida de esos trabajadores; y por lo mismo esos trabajadores en esos sindicatos

39 AJvarez Junco. }.: La ideologia polinca del anarquismo español (1868-1910). Madrid
Siglo XX L 1976.
40 Véase Litvak, L.: Siusa libertaria. Arte, literatura y vida cultural del anarquismo español
(1880*1913). Barcelona: Antoni Bosch, 1981; de la misma, El cuento anarquista. Antolo­
gia 0880-1911). Madrid: Taurus, 1982; Siguan, M.: Literatura popular libertaria (1925-
1938). Barcelona: Península, 1981; Brey, G.: "Ideología y acontecimiento en la poesía de un
periódico obrero de C ádir Él Proletario ( 1902-1903)", en Metodologia de la historia de la
rcnsfi española. Madrid: Siglo XXL 1982; Siguan, M.: "Federico Urales: un programa de
S teratura popular libertaria", Anr/ireyw, 78, 1987; W .A A .: Anarquismo y poesia en Cádiz
bajo ¡a Restauración. Córdoba: Ediciones de la Posada, 1986.
256 José M. Macarro

terminan adoptando el lenguaje anarquista. Pero esta confluencia no Uegó a insti­


tucionalizarse plenamente, pues los grupos anarquistas puros siempre estuvieron
al acecho de cualquier desvirtuación excesiva del mensaje primitivo. De aquí el
desplazamiento de Pestaña y de Seguí, de aquí la formación de la FAJ, de aquí el
arrinconamiento de ios treintistas, de aquí, en definitiva, el triunfo del puritanismo
anarquista en la II República. La CNT había llegado a ser la institucionalización
del movimiento, pero continuamente desafiada por nuevos movimientos que pro­
curaban el retomo a la pureza de los orígenes.
Y en este movimiento en cascada el anarcosindicalismo se autocomprendia en
los esquemas ideológicos elaborados por sus élites. Y estos esquemas, por con­
tradictorios o ilusos que nos puedan parecer, articularon un concepto de la reali­
dad y ana forma operativa de enfrentarse a ella. La ideología hay que entenderla
en este caso como un sistema de ideas orientado hacia la integración valorativa
de la colectividad que abarca todos sus aspectos esenciales, aunando una con­
vicción cognoscitiva de la verdad y una convicción moral de rectitud. Partiendo
de aquí la ideología selecciona, elige caminos, legitima pautas de comportamien­
tos41. La ideología es un universo construido por los hombres, y estos no pueden
entender la realidad más que a través de los instrumentos mentales que poseen -
otra cuestión es que los vayan modificando42. EL movimiento anarcosindicalista,
como cualquier grupo humano, solamente podía entenderse a sí mismo y entender
al mundo a través de la ideología que tenía.
Y esta ideología era la que se había elaborado en el e ¿talo naciente del movi­
miento; allí donde no era necesano adecuar los fines a los medios, porque ese
estado es la negación de cualquier sistema institucional; porque en él, como antes
cedía, hay conciencia de portar verdades absolutas, que también van a alcanzar lo
absoluto. La ideología anarquista, entonces, sustituía el análisis y la comprensión
de la realidad por condenas morales de ella. Y eso era el pensamiento utópico.
Pensamiento que informó al propio movimiento. ¿O es que la afirmación anár­
quica de la realidad en los congresos de la CNT, posponiendo los debates sobre
los problemas inmediatos, no nos indican eso? El culmen alcanzado en mayo de
1936 en Zaragoza, con la reafumación de los principios en detrimento de las ne­
cesidades que urgía el momento, nos exime de mayores precisiones43. Esta fue la
histona de las élites anarcosindicalistas dentro de la CNT: en 1910, oposición a

41 Parsons, T.: FAsistema social. Madrid: Alianza, 1982, pp. 327-333.


42Berger, P.; Luckmarnu T.: La construcción social de la realidad Buenos Aires:
Am orrona 1983, pp. 198*199.
43 Utopía conservadora U llama Elorza, A.. "Notas sobre cultura”, op. ci(.t p. 167 y as.
C o n o c im ie n t o y u t o p ía 257

Jos sindicatos de base múltiple porque propiciaban la moderación; en 1911, lucha


directa contra el capital, sin mediaciones ni ententes, que es lo que defendieron
los anarquistas en Sants; en 1919, definición anarquista de la Confederación,
sustituyendo la función sindical por la función revolucionaría del sindicato; Con­
ferencia de Zaragoza de 1922, el sindicato solamente era un cuerpo, del que el
anarquismo era el alma; por ello el error de los años precedentes habia consistido
en luchar por los salarios en vez de por la abolición salarial; en 1931, los enemi­
gos de la CNT abarcan desde la dictadura a la República, pasando por socialistas,
comunistas, republicanos...; en 1936, lo que importaba era deñnir cómo sería la
futura sociedad libertaría.
Y es que esta sustitución del conocimiento d e ja realidad por una valoración
moral de ella * siempre una condena • era la que machaconamente mostraba la li­
teratura popular anarquista. Que es lo que Mannhcim definió como mentalidad
utópica: el pensamiento no es una diagnosis de la situación, sino una guia para la
acción, que vuelve la espalda a todo lo que contradiga sus deseos de transformar
la realidad44456, Y esa mentalidad utópica, elaborada en el estado naciente del mo­
vimiento, encontró un arraigo popular en tamo era una denuncia de una situación
de opresión, y una esperanza de liberación total y definitiva. Pero arraigo no
significa identificación absoluta. Lo que encontró fue una aceptación del mensaje
y de la promesa que contenía, junto con un intento continuado de institucionalizar
ambas cosas a través de un movimiento operativo. El utópico hablaba de lo an­
cestral en un lenguaje afectivo con una función persuasivo-emotiva4í. Y, como
dicen los Manuel de él,
al analizar los urgentes problemas de su tiempo, es posible que ponga al descubieno a)
mismo tiempo las ancestrales, por no decir eternas, necesidades del hombre. El reducir
nuestra interpretación al entorno inmediato del utoptsu, vinculándolo de manera determi­
nista y mecánica a las circunstancias y accidentes concretos que hayan podido dar pie a sus
escritos, puede impedimos descubrir que quizá tenga algo supralustórico que decir sobre
el amor, la agresión, la naturaleza del trabajo o la realización de la persona. El verdadero
utopista es un ser parecido al dios Jaso, a la vez esclavo y Ubre respecto a su tiempo, pe­
gado y despegado de su entorno. Dualidad ésta que conviene valorar y respetar44.

44 Mannheim, K .; Ideología y utopía. Introducción a la sociología del conocimiento. Madrid;


Aguilar, 1975, p. 42: "Su pensamiento jamás es una diagnosis de la situación; puede ser
usado solamente com o una guía para la acción. En la mentalidad utópica, el inconsciente
colectivo, guiado por una representación ardiente y por la voluntad de acción, oculta ciertos
aspectos de la realidad. Vuelve la espalda a todo lo que conmovería su creencia o paralizase
su deseo de caminar las cosas*.
45 Litvak, L.: El cuento, op. cit., p. 47 y $$.
46 Manuel, F E. y F.P.: El pensamiento utópico en el mundo occidental. Madrid: Tauros,
1981, voL I,p . 45.
25$ Jo s e M . M a c a r r o

Y porque la élite anarquista, que elaboraba la ideología y se esforzaba en con­


trolar los sindicatos en pro de ella, pretendía mantener el estado naciente, que era
• como vimos - imposible, el movimiento anarcosindicalista fue utópico. De ahí
su tensión continúa para encaminar a un movimiento sindical hacia la anarquía
entre constantes fracasos. De ahí que en las huelgas generales de la O República
sólo algunos pueblos declarasen el comunismo libertario. De ahí los movimientos
de depuración dentro del movimiento para volverlo a unas fuentes imposibles. De
ahí la defensa como teoría política de lo que sólo era la reconstitución de unos
nuevos valores frente a los de un sistema que se rechazaba. De ahí el proponer
como pnncipios de acción la renuncia a institucionalizar sus alternativas. De ahí,
en definitiva, que su ideología, enfrentada a la necesidad de recomponer el mo­
mento cotidiano institucional, pero aplazándolo siempre a un futuro anárquico, se
viese forzada a recurrir a aspectos raesiánicos que preservasen el titánico esfuer­
zo del movimiento. De aquí que, como Alvarez Junco nos ha explicado,
recurriese a aspectos mitológicos integrados en un planteamiento escatológico47.
El estado naciente no podía perpetuarse porque era ruptura con lo existente, for­
mación de una nueva solidaridad, afirmación de lo absoluto. Y al intentar hacerlo,
ios anarquistas y anarcosindicalistas hubieron de ser milenarístas - o porque eran
milenarístas intentaron hacerlo ya que era la única manera de perpetuar lo que
estaba en contradicción con el momento cotidiano institucional.
En este proceso, los afiliados a los sindicatos se encontraron con un movi­
miento dirigido por unas élites anarcosindicalistas que eran las que definían prin­
cipios y estrategias. Y con una ideología común para entender al mundo y para
autocomprenderse todos. Y no tenían otra. Entonces, con los vaivenes de afilia­
ción a los que antes nos referimos, todo el movimiento, y los que participaban en
él, participó de un pegam iento utópico y mesiánico.
Cuando llegó la guerra, la CNT se encontró de bruces con lo que siempre ha­
bía negado: ella como movimiento estaba inmersa en el proceso político, y lo en­
caraba o desaparecía. La necesidad de institucionalizar su proyecto era un re­
quisito para seguir viviendo. La historia es conocida, y poco se pareció en su
concreción a las elaboraciones teóricas que ios anarquistas venían elaborando. El
poder, el Estado, apareció como necesidad para imponer a la sociedad el mensaje
del movimiento. Y la CNT se convirtió en poder, y en algún caso en poder abso­
luto. El estado naciente del movimiento se institucionalizó sin proyecto alguno
por parte de ideólogos y dirigentes. Los caracteres utópicos y mesiánicos de su
47 A lv a r « Junco. J.: "La subculnira", op. cit., p. 201. Véanse las páginas siguientes para los
cuatro grandes temas característicos del mileuarismo.
C o n o c im ie n t o y u t o p ía 259

ideología habían cerrado siempre la posibilidad a una concreción posible de su


proyecto. Asi se produjo la quiebra de la utopia y la de quienes la habían venido
sosteniendo. La realidad, tanto tiempo negada, destrozó lo que era una misión
imposible.
Jacques Maurice

Principios y realidad en el discurso


de los Congresos de la CNT

/
El anarquismo hispano presenta la particularidad de haber sido, a la vez, indivi­
dualista y asociacionista, en una tensión permanente, desde los orígenes hasta la
guerra civil, entre adeptos de una y otra tendencia. Históricamente, el movimiento
societario de orientación anarquista culmina con la creación y el desarrollo de la
Confederación Nacional del Trabajo. Sin embargo, se observa una clara predi­
lección de los estudiosos por la llamada "edad de oro" de! anarquismo español
simada a fines del siglo XDC y principios del XX. Entonces floreció una prensa
que, al no existir organización de ámbito nacional, fue ante todo una prensa "de
ideas" cuyo análisis de contenido ha dado lugar a obras de referencia como las de
José Alvarez Junco y Lily Litvak. Por el contrarío, es una minoría de estudiosos
la que se interesa por el período postrero del anarquismo español, más breve que
los anteriores pero durante el cual éste cobró un protagonismo sin par en la vida
política y social del país. Es de notar, además, que, en la generalidad de los traba­
jos sobre el anarcosindicalismo, se consideran más las grandes figuras que los
colectivos de trabajadores, más los escritos que las otras expresiones culturales,
más los discursos sobre la cultura que las actitudes, prácticas y realizaciones
culturales. Parece que el programa del Coloquio corrobora este diagnóstico.
Tal orientación de la historiografía del anarquismo español se debe a causas de
muy diversa índole que no voy a examinar aquí. Sólo quisiera apuntar una, que
me ha sido sugerida por Díaz del Moral, cuya Historia de las agitaciones cam-
pesinas andaluzas es un clásico de la literatura sobre el anarquismo, cuando dice,
de manera algo abrupta, que "el sindicalismo no es una teoría, ni una doctrina,
sino una táctica y un sistema de organización de las fuerzas obreras". Me pregun­
to a veces si este juicio, emitido por un intelectual, no refleja la escasa conside­
ración que el gremio de historiadores tiene por el anarcosindicalismo tal como lo
encamó, en España, la CNT. Y, puesto que los organizadores del Coloquio nos
invitaron a "comextualizar históricamente el discurso anarquista", creo que mere­
ce la pena examinar de cerca el discurso múltiple de los congresos de la CNT
262 Ja cq u es M a u r ic e

sobre un tema concreto: por razones que se exponen a continuación se ha escogí'


do el tema salarial. £1 objetivo es analizar cómo se transmitieron, en la organiza*
ción de masa, "los fundamentos culturales" de la cosmovisión anarquista y de­
terminar st permitieron ofrecer soluciones adecuadas a los problemas que planteó
a la CNT el movimiento de la sociedad española, o sea la realidad.

11
De entrada creo oportuno recordar que la gran novedad del anarcosindicalismo
respecto al anarcocolectivismo consiste en el paso paulatino de una concepción
defensiva a una concepción ofensiva de la acción colectiva de tos trabajadores, la
llamada acción directa. Ya no se trataba sólo de aunar y acumular fuerzas con la
finalidad de construir una organización lo bastante potente como para subvertir el
orden existente. £1 fortalecimiento de la organización pasaba ya por la integración
de las formas de lucha del sindicalismo - siendo la huelga una de ellas pero no la
única - y la asunción de reivindicaciones materiales, fueran generales como las $
horas, fueran propias de determinados colectivos como el trabajo a destajo o el
trabajo de la mujer. E s lógico que, definiéndose como una organización de obre*
ros manuales, y por lo tanto proletaria, la CNT adoptara el sindicalismo como
' medio de lucha entre los dos antagónicos intereses de clase" (congreso de 1910).
Además era para ella una necesidad táctica si quería competir eficazmente con el
sindicalismo reformista de la Unión General de Trabajadores que, desde princi­
pios de siglo, se iba consolidando. Ahora bien: lo que pone de manifiesto el aná­
lisis dinámico del discurso cenetista sobre el tema salarial es que esta asunción de
las reivindicaciones de la clase obrera fue muy relativa. Pues, si bien las direccio­
nes ya no podían eludú una realidad socio-económica cada vez más apremiante,
seguian condicionadas culturalmente por unos cuantos principios que se conside­
raban inalterables, lo que es propio de una doctrina y la distingue fundamental­
mente de una teoría.
Esta comunicación se basa en los cinco congresos nacionales que celebró la
CNT entre 1910, año de su fundación, y 1936 que marcó el reingreso de los Sin­
dicatos de Oposición. Cabe precisar que sólo dos de ellos, el de 19)1 y el de
1919, discutieron el dictamen sobre el tema salaría! preparado por las respectivas
ponencias. En el congreso fundacional y en el extraordinario de 1931 sólo se leyó
el dictamen correspondiente sin que fuera discutido, lo que en 1931 provocó las
protestas de algunos sindicatos. En fui, en 1936, el salario como tal desapareció
del orden del dia, considerándose sólo las modalidades de pago. Es preciso seña­
P r in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s C ongresos de la CNT 263

lar, por otra parte, que el planteamiento habitual del tema salarial se hizo a través
de la noción de salario mínimo, excepto en el congreso de 1911 en que se habló
de "nivelación de los jornales", una diferencia que intentaré aclarar. El punto de
llegada de la larga reflexión confederal en este campo se sitúa en 1931 al acordar
el congreso del Conservatorio el establecimiento de un tipo de salario mínimo
regional. Voy a examinar en adelante los sucesivos congresos.

11!
Es significativo que, inicialmente, en 1910, el saiario'minimo vaya asociado en el
enunciado del tema a los "medios de obtener la jom ada de $ horas". Aun cuando
se subrayan las grandes diferencias de la jomada laboral, según los oficios y las
regiones, las 8 horas siguen siendo la reivindicación prioritaria. En cambio, la po-
ncncia se niega a que el congreso se pronuncie sobre el jornal mínimo, utilizando
a este efecto dos argumentos. El primero, según el cual el aumento de salario no
resolvería nada, no responde, evidentemente, al planteamiento del tema. Aparece
más bien como un reflejo condicionado, el de los obreros a quienes se Ies fue in-
cujeando durante años lo de "la ley de bronce", expresión del determinismo eco*
nóstico vulgar en el que comulgaban socialistas y anarquistas. Más interesante es
el segundo argumento según el cual nada resolvería el jornal mínimo "dadas las
diferentes condiciones en que se produce y consume en las distintas regiones".
Escudándose tras la realidad innegable de los efectos socio*económico$ del
desigual desarrollo del capitalismo en España, el argumento se va a repetir en los
sucesivos congresos para justificar la renuncia a elaborar una plataforma salaria)
unificada.
El tema salarial se plantea en términos distintos en el congreso en que se
constituye formalmente la CNT, a principios de septiembre de 1911. La ponencia
afirma sin ambages la necesidad de Ta nivelación de los jóm ales en general" so*
bre la base de que todos los trabajadores tienen necesidades idénticas. En este
sentido, nivelación viene a ser lo mismo que igualación, lo que confirma uno de
los oradores al llamar la atención sobre lo injusta que es la desnivelación de los
jómales entre obreros del campio y obreros de la ciudad. Pero, tras la afirmación
de principio, vienen inmediatamente unas precisiones que limitan su alcance. El
mismo dictamen supedita la consecución del objetivo a la unificación de todos los
obreros sindicados; y, a continuación, el delegado de la sociedad que hizo la pro­
puesta, un tal Herreros, recuerda - una vez más * que lo primero es llegar a la ni­
velación de la jomada. La breve discusión que sigue muestra a las claras que hay,
264 Ja cq ues M a u r ic e

por lo menos, dos posiciones enfrentadas. La de aquéllos que, en nombre de los


intereses comunes de la clase, pretenden que se igualen todos los salarios. La de
los delegados de oficios que prefieren hablar de unificación de jóm ales dentro de)
oficio y parecen referirse a la disminución, cuando no a la supresión, de la escala
salarial. Finalmente, todo queda en agua de borrajas al acordarse dejar el tema, o
sea. el no decidir nada U n dictamen ulterior repetirá la consabida posición de
principio sobre la jom ada máxima subsumiendo en ella "la citada nivelación de
salarios".
Con el congreso de la Comedia de diciembre de 1919 se da un salto cualitativo
con relación al tema salarial. Es la primera vez que se afirma nítidamente la ne­
cesidad de establecer un salario mínimo; por añadidura, se discute ampliamente
este pumo pese a los temas trascendentales que dominan e) congreso tales como
la unificación sindical y la actitud a adoptar ante la revolución soviética. Aun
cuando sea de forma confusa la realidad inmediata irrumpe entre los congresistas,
y es la del alza continua de los precios iniciada con la Oran Guerra.
El pasaje del dictamen relativo al salario mínimo empieza con una petición de
principio y continúa, en seguida, con la constatación de la imposibilidad de un
upo único, que se justifica por el sempiterno argumento de la diversidad, aplicado
ahora al precio de las subsistencias. En realidad, el argumento está ahi para en­
cubrir la incapacidad del Comité Nacional en conocer la realidad del país, lo que
el portavoz de la ponencia, un tal Castellotc, reconocerá en el curso de la discu­
sión. El dictamen, que se descarga en los sindicatos locales del trabajo de esta­
dística, es firmemente impugnado por el delegado de los metalúrgicos de
Barcelona. El que intervengan ahora obreros de la industria moderna es una no­
vedad respecto a los anteriores congresos en los cuales quiénes se expresaban
eran obreros de oficio* como tipógrafos, vidrieros, ebanistas. Este delegado tiene
un pumo de vista totalmente distinto al de la ponencia: para él la vida es igual de
cara en todas las regiones, especialmente en las grandes ciudades. Por ello, con el
apoyo del Sindicato Mercantil de Barcelona, exige una unificación de salarios
sobre la base de los salarios más elevados y concretamente los que se cobran en
Barcelona. Va no se trata de reducir diferencias entre oficios o sectores sino de
acortar distancias entre regiones con la finalidad de que todos los trabajadores
ganen lo bastante como para vivir decentemente y evitar asi que los peor pagados
entren en competencia con los trabajadores de Cataluña. Otro delegado de
Barcelona, el de Higiene y Aseo, puntualiza que esta preocupación no es egoís­
mo. lo que se propone es una estrategia ofensiva que redunde en provecho de
toda la clase obrera organizada de España,
P r in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s Co n gresos de la CNT 265

No es la primera vez que los metalúrgicos españoles están a la vanguardia de


las luchas obreras (recuérdense las huelgas de principios de siglo). De ello son
perfectamente conscientes los delegados andaluces que toman parte en la discu­
sión, el de Córdoba y el de Bujalance, ambos delegados de Oficios Varios. Por
una parte, repiten el argumento ya esgrimido por delegados de Valencia y de
Gijón de que la condición previa para establecer un tipo único de salario es el co­
nocimiento de las realidades socio-económicas locales y regionales. Pero añaden
otro, de mayor peso a su entender, y es que, fuera de Cataluña, los trabajadores
no están en condiciones de arrancar salarios tan elevados. A mayor abunda­
miento, el delegado de Bujalance explica que la táctica de huelgas combinadas
empleada por los campesinos para unificar los salarios en una comarca ha tenido
como resultado el de agravar las diferencias entre pueblos. Para él, es una con­
firmación a posteriori de que "la regularización del salario” no ha de resolver el
problema social. A mí me parece significativo que su convicción se fortalezca, de
manera empírica, con los datos de la experiencia como si se desdibujaran los
principios bajo el imperio de la realidad.
Naturalmente, la dirección de la CNT logra una vez más encauzar el debate de
tal manera que se apruebe sin enmiendas el dictamen, cuya conclusión es más
bien irrisoria al invitar a todos los sindicatos confederales a prohibir el pluriem-
pleo de sus afiliados.
Por fin, en el congreso de junio de 1931 es cuando cuaja el acuerdo tomado,
con todas las salvedades que se indicaron, de fijar un tipo de salario mínimo. Esta
es la primera de las conclusiones presentadas por la ponencia que informa sobre
"reivindicaciones de carácter económico". De nuevo, los ponentes se refugian tras
las dificultades objetivas que entrañaría la implantación de un tipo nacional para
justificar el establecimiento de un tipo regional. Sin embargo, se da un paso más
en este sentido al fijar a las Regionales un plazo máximo de tres meses para llevar
a cabo el cometido, cuya urgencia se había ponderado en un principio. También
se puede notar una referencia concreta al salario que ganan cientos de miles de
trabajadores: "el irrisorio jornal de 3 pesetas diarias". Se introduce además el
principio de la escala móvil al estipular que variará el salario mínimo con arreglo
al coste de la vida. Y, por primera vez, se precisa que el salario minimo se aplica­
rá indistintamente a hombres y mujeres: con todo, esta cláusula no significa "la
unificación de los salarios" o sea la igualdad para ambos sexos frustrándose el
deseo de un delegado de Santander de que fuera asi.
Se debe añadir que el dictamen incluye otros aspectos de la lucha reivindican-
va, entre los cuales destaca la ludia contra el paro que pasa por la reducción de la
266 Ja c q ues M a u r ic e

jomada a 6 horas. A los dos meses escasos de proclamarse la República, los li­
deres sindicalistas de la CNT lograban armonizar en la misma plataforma jom ada
más corta y mínimo salarial, objetivos de acción que anteriormente aparecían
contrapuestos. Sin embargo, debieron aceptar una radicalización de la plataforma
con la adición de que en una fecha determinada los sindicatos tendrían que impo­
ner a la vez las 6 horas y el salario mínimo. Seflal de que (a victoria conseguida
por el equipo Pestaña-Peiró no era más que una victoria pírríca.
En efecto, una vez copada la dirección por los faístas, se dará un total cambio
de rumbo. Puesto que se trata ya de derrocar al capitalismo se propugnan reivin­
dicaciones totalmente utópicas como el reducir la jom ada a 2 o 3 horas. Estas
estridencias se entienden mejor si se sabe que, mientras tanto, muchos sindicatos
locales, especialmente en el campo, siguen luchando por mejorar el salario y
disminuir la jomada. Pero, pese a los reveses sufridos y a la paralización consi­
guiente, se obstinan los dirigentes confederales en mstrumentalizar las reivindi­
caciones en pro de una revolución más deseada que preparada. Asi se llega al
congreso de Zaragoza, en mayo de 1936, el cual representa un verdadero
escamoteo del tema salarial cuando los mismos republicanos burgueses habían
reconocido, en el programa del Frente Popular, lo importante que era el envile­
cimiento sufrido por los salarios durante el bienio negro y se comprometían ex­
plícitamente a corregirlo.
Desde luego, se aprueba un dictamen sobre el paro forzoso que esboza un aná­
lisis de las causas del paro en régimen capitalista, análisis que remite fundamen­
talmente a la realidad más inmediata, la del capitalismo español puesto que sólo
se tiene en cuenta "el desarrollo creciente del maqumismo y la irrupción de las
mujeres en el mundo de la producción'. Desde luego, la propuesta de luchar por
las 36 horas semanales sin disminución de sueldos enlaza claramente con la
onentación de 1931. Pero no es más que una concesión táctica a los sindicalistas
que acaban de volver at redil.
Lo que la opinión pública recoge de los debates de Zaragoza es el llamado
proyecto de comunismo libertario, modelo anacrónico que tiene, a lo menos, la
ventaja de excluir para siempre jamás los problemas incómodos, uno de los cua­
les es precisamente la remuneración de) trabajo: en la Comuna libertana todos los
productores serán iguales e intercambiarán sus productos sin necesidad de que
haya moneda. Suprimida ésta, quedaba abolido ipso facto el salario, qes los anar­
quistas consideraron siempre como la forma moderna de la esclavitud.
P r in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s c o n g r e s o s d e l a CNT 267

IV
En definitiva» el único principio que $e invoca en el discurso cenetista sobre el
salario es el principio organizativo, que no doctrinal, de la autonomía de los sin­
dicatos. Este constituyó una coartada para las sucesivas direcciones que, si bien
no pudieron ignorar del todo la realidad circundante, evitaron tomar sus respon­
sabilidades cuando se trató de defender los intereses vitales del proletanado. De
todas formas, la atención que se concedió a cuestiones como la del salario fue
mínima si se considera en su globalidad el contenido del discurso cenetista. Lo
que siguió condicionándolo, sin la menor duda, fue la cultura propia del anar­
quismo originario que era, al fin y al cabo, una cultura del derrotismo revolucio­
nario.

Apéndice documental
Dictámenes sobre el tema salarial presentados en los congresos de la CNT.
I. Congreso de constitución de la CNT, 30-31 oct., I®nov. 1910.
Quinta sesión.
Tem a 2: M e d io s d e obtener la jornada de ocho h o r a s - sala r io mínim o

DICTAMEN: "Difícil le es a esta ponencia concretar el medio d e conseguir la disminu­


ción a ocho horas, cuando tantos y tam os obreros trabajan aún diez y doce horas. El
carácter nacional de este Congreso implica que las resoluciones que se tomen tengan
el mismo carácter expansivo; más claro, que los acuerdos que se aprueben, afecten y
favorezcan a todos lo s obreros domiciliados en España; estas circunstancias aue tanto
nos han d e favorecer en k> sucesivo en nuestras luchas futuras, es lo que hoy hace mas
difícil, com o decíamos, nuestra labor.
¿Cómo emplear el mismo medio, por ejemplo, lo s oficios que h oy trabajan nueve
horas y lo s obreros del campo, esos infelices esclavos moderaos, que antes que apa­
rezca el so l caminan pesadamente con el corazón al hombro, con el cual van a castigar
a la madre tierra para hacerla producir esos sabrosísimos y necesarios frutos que des­
pués ellos n o han de consumir)
L os diferentes caracteres, las distimas costumbres de los pueblos, hacen que los
obreros trabajen y luchen de distintos m odos y en diferentes condiciones. Esta po­
nencia cree, pues que el medio más factible para conseguir la jom ada de ocho horas,
e s procurar emprender una activa y enérgica campaña en favor de dicha jomada basa
llevar al convencimiento de) obrero su s beneficios.
R especto al jornal mínimo, esta pooencia entiende que no debe el Congreso tomar
acuerdo sobre el particular, pues la máquina social tiene un engranaje tan complejo
que nada resoK eru el aumento de salario, pues resuharia que com o cada día aumenta
el precio d e lo s productos, el joma) mínimo aquí acordado resuharia incapaz de cubrir
nuestras necesidades al p oco tien p o; además, cree esta ponencia que logrando la re­
ducción d e jomada, lo que implicaría el aumento de brazos, e s el mejor medio para
que los obreros por sí mismos, s o trabajen a menos precio que el necesario para su
bienestar.
Recomen dar a todos lo s sindicatos obreros que en cuantos actos celebren aboguen
para llevar al convencimiento de los explotados la conveniencia de la jomada d e ocho
268 Ja c q ues M a u r ic e

horas, por considerar que ia rebaja ha de ser el principio de nuestra emancipación.


Una vez que el obrero se crea capacitado en las aiferenies regiones para imponer tal
reforma, decretar, por medio de la Confederación, la conquista de las ocho horas, a la
cual han de contribuir todos los obraos.
Respecto al jornal mínimo, com o hemos dicho antes, esta ponencia cree n o debe el
Congreso legislar sobre ello, por c r e a que nada resolvería, dadas las diferentes con­
diciones en que se produce y consume en las distintas regiones. • J. Bueso. • D. Sena.
• J. Jaumar, ■ J. Benet. - R. Canto. • R. Costa."

II Primer congreso obrero d éla CNT, 8-10 sept., 1911. • Cuarta sesión.
T ema 2. ¿E l S indicalism o revolucionario sería conveniente qu e emprendiera
UNA LUCHA POR LA NIVELACIÓN DE LOS JORNALES?
Sociedad de oficios varios de Bilbao.
Se lee el siguiente dictamen:
"La ponencia encuentra conveniente y concreto el primer tema en la siguiente
forma: que cree de pura necesidad la nivelación de los jóm ales en general, salvo que
es necesario que antes se unifiquen los obreros sindicados y que propaguen la necesi­
dad de hacer una organización fuerte y sólida por medio de las com en tes sindicalistas
y cuando se tengan las fuerzas necesarias se puede poner en práctica la unificación de
los jornales, puesto que todos los trabajadores tenemos las mismas n ecesid ad es..
Pedro Mayol, de Arte Fabril de Tarrassa; Joaquín Feu, del Ceotro Obrero, de
Ayamonte; Angel Capdevila, de C u y hueros, de Zaragoza y Sao Martin; Carlos
Botella, de Pintores, de Alicante, y Rafael Avila, de Arte de Imprimir, de Barcelona."

m.CNT. Memoria del Congreso celebrado en el Teatro de la Comedia de


Madrid, 10-1$ dic., 1919. Sexta sesión.
“E l compañero Presidente: Se va a leer el dictamen sobre el tema 39, en su tercer ex­
tremo, que se refiere al salario mínimo
E l compañero secretario: D ice a»:
Reconociendo la necesidad de establecer un salario m ínim a estima la ponencia que
es imposible fijarlo a base de un tipo único para toda Espafía. Funda este criterio eo
las distintas condiciones de vida de los pueblos; en las diferencias existentes eo el
precio de las subsistencias entre lo s núcleos industriales y las comarcas agrícolas.
Para poder dictaminar con acierto, la poneocii carece de los elementos de juicio
necesarios, por lo que estima que es urgente que tod os lo s sindicatos adheridos a la
Confederación realicen un amplio y concienzudo trabajo de estadística, que permita
fijar en cada región o localidad el salario que se con adere mínimo, después de un
previo estudio documentado de los precios d e las subsistencias y d e las condiciones
generales de la vida.
Mientras no se llegue a la fijación de dicho salario, la ponencia considera que en
aquellas poblaciones en que se juzgue que los obreros de un ramo o de un o fio o de­
terminado han conseguido un joma! que se estima mínimo, es preciso que lo s sindica­
to s no permítan que ninguno de sus adherentes trabaje en mas de un oficio, o haga
más de un jornal en un solo día."
P r in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s C o n g r e s o s i» la CNT 269

IV. CNT. Memoria del Congreso Extraordinario celebrado en Madrid,


11-16 de junio de 1931 Décima sesión.

Ponencia sobre "Reivindicaciones de carácter económico*. Primer apartado:


"SALARIO m ínim o : Esta ponencia, después de haber comprobado las grandes dife­
rencias que existen en las condiciones de vida de las diversas regiones españolas, lo
cual, de implantarse un tipo único d e salario mínimo para toda Espada, supondría una
desigualdad patente entre lo s diversos trabajadores de la Península, puesto que el va­
lor real del salario depende en primer lugar de su capacidad adquisitiva; y com o, por
otra paite, la mayoría de los delegados poneotes no han recibido ninguna instrucción
referente al tipo mínimo de salario y e s imposible sin una minuciosa estadística nacio­
nal señalar una cifra concreta, proponemos:
a) Que por el Congreso se acuerde proclamar la urgente necesidad de fijar el sala­
rio wih*í«wa a fin de terminar de una v e z para siempre con la vergüenza que supone la
existencia, en España, de cientos de miles de trabajadores que ganan, término medio
anual, el irrisorio jornal de tres pesetas diarias
b ) Que el tipo de salario mínimo debe ser estudiado y fijado en cada región por la
Asamblea regional de sindicatos convocada especialmente a este efecto, que tendrá en
cuenta las necesidades que todo hombre tiene derecho a satisfacer.
c ) Que al establecer el tipo de salario mínimo, se indique el índice actual de la vida
para poderlo modificar automáticamente con arreglo a las variaciones de dicho indice.
d ) Que el tipo de salario mínimo establecido será aplicado indistintamente a hom­
bres y mujeres y que no se permitirá la realización de ningún trabajo con remunera­
ción inferior a dicho salario mínimo.
e ) Que lo s sindicatos interesados han de ocuparse desde ahora de suprimir todos
los salarios a base de propina o de porcentaje, v que se fíje un plazo máximo de tres
m eses para llegar al establecimiento d e un tipo de salario mínimo regional“

V. Congreso confederal de Zaragoza (1936)

"Dictamen sobre PARO forzoso - A l abordar el problema del paro forzoso nos en­
contramos con que ha sido tratado de muy distintas maneras y con resultados proble­
máticos unos, dudosos otros, y nulos, antihumanos e injustos los demás. Por ejemplo:
Inglaterra ha ensayado el recurso de subsidios contra el paro significando este proce­
dimiento un fracaso absoluto, ya que paralelamente a la miseria de las masas socorri­
das con indignantes subsidios, se produce la mina económica del país al tener que
sostener parasitariamente a sus millones de sin trabajo con cantidades que, aunque no
eran fabulosas por su importancia real significaban la inversión de las reservas eco­
nómicas del país en una obra filantrópica, si, pero no reproductiva ni creadora de ri-
ueza. Esta medida que al fin de cuentas puede considerarse como un paliativo de los
3 efectos del paro obrero no aporta ninguna solución al problema.
"El paro obrero, que ha sido ocasionado por el desarrollo de la maquinaria, desa­
rrollo tan notable que permite que una mujer cuide hoy veinte telares cuando ayer
solo podía llevar uno o dos, ocasionado también por la irrupción de la mujer en las
actividades de múltiples trabajos que antes estaban reservados a tos hombres; el paro
3ue, en fin, es un producto de múltiples contradicciones capitalistas, no nuede, no
ebe de ser solucionado por ia clase trabajadora imponiendo a ésta el sacrin ció de re­
partir el trabajo en las condiciones que hoy se hace. La razón queda perfectamente
explicada si tenemos en cuenta que el paro tiene su determinación en el desarrollo
siempre creciente del maqumismo y en la irrupción cada día m is numerosa de las mu-
26Z Ja cques M a u r ic e

horas, por considerar que la rebaja ha de ser el principio de nuestra emancipación.


Una v e z que el obrero se crea capacitado en las diferentes regiones para Imponer tal
reforma, decretar, por m edio de la Confederación, la conquista de las ocho horas, a la
cual han de contribuir to d o s lo s obreros.
R especto al jornal mínimo, com o hem os dicho antes, esta ponencia cree n o debe el
C ongreso legislar sobre d io , por creer que nada resolvería, dadas las diferentes con­
diciones en que se produce y consume en las distintas regiones. • J. Hueso. - D. S ena.
. j. Jaumar. - J. Beuet. - R. Canto. - R. Costa."

II Primer congreso obrero de la CNT, 8-10 sept., 1 9 1 1 - Cuarta sesión.

tem a 2: ¿E l S in d ic a l ism o revolucionario sería co n ven iente qu e em prendiera


U N A L U C H A P O R L A N IV E L A C IÓ N D E L O S JO R N A L E S ?
Sociedad de oficios varios d e Bilbao.
Se lee el siguiente dictamen:

"La ponencia encuentra conveniente y concreto e l primer tema en la siguiente


forma: que cree d e pura necesidad la nivelación de lo s jornales en general, salvo que
e s necesario que antes se unifiquen los obreros sindicados y que propaguen la necesi­
dad de hacer una organización fuerte y sólida por medio de las com en tes sindicalistas
y cuando se tengan las fuerzas necesarias se puede poner en práctica la unificación de
lo s jóm ales, pu esto que to d o s lo s trabajadores tenem os las mismas necesidades.
Pedro M a y o l de Arte Fabril de T a m ssa ; Joaquín Feu, d el Centro Obrero, de
A yam oste; A n gel Capdevila, d e C am oteros, de Zaragoza y San Martín; Carlos
Botella, de Pintores, de Alicante, y Rafael Avila, de A lte de Imprimir, de Barcelona."

III.CNT. Memoria del Congreso celebrado en el Teatro de la Comedia de


Madrid, 10-18 dic,, 1919. Sexta sesión.
"El compañero Presidente: Se va a leer el dictamen sobre el tema 39, en su tercer e x ­
tremo, que se refiere al salario mínimo.
£1 compañero secretario: D ice asi:
R econociendo la necesidad de establecer un salario mínimo, estima la ponencia que
es in yosib le fijarlo a b is e de un tipo único para toda España. Funda este criterio en
las distintas condiciones de vida de los pueblos; en las diferencias existentes en el
precio de las subsistencias entre lo s núcleos industriales y las comarcas agrícolas.
Para poder dictaminar con acierto, la ponencia carece de io s elem entos de juicio
necesarios, por lo que estima que es urgente que tod os los sindicatos adheridos a la
Confederación realicen un amplio y concienzudo trabajo de estadística, que permita
fijar en cada región o localidad el salario que se considere mínimo, después de un
previo estudio documentado de lo s precios de las subsistencias y de las condiciones
generales de la vida.
Mientras n o se llegue a la fijación de dicho salario, la ponencia considera que en
aquellas poblaciones en que se juzgue que lo s obreros de un ramo o de un oficio de­
terminado han conseguido un jom a] que se estima mínimo, es preciso que lo s sindica­
tos no permitan que ninguno de sus adherentes trabaje en mas de un oficio, o haga
m is de un jornal en un solo día."
P r in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s Co ngresos d e la CNT 269

IV. CNT. Memoria del Congreso Extraordinario celebrado en Madrid,


11-16 de junio de 1931. Décima sesión.

Ponencia sobre "Reivindicaciones de carácter económico”. Primer apartado:


"S a l a r io MINIMO: Esta ponencia, después de haber comprobado las grandes dife
reacias que existen en las condiciones de vida d e las diversas regiones españolas, 1»
cual, de íns>Untarse un tipo único d e salario mínimo para toda España, supondría un:
desigualdad patente entre lo s diversos trabajadores de la Península, puesto que el va
lor real del salario depende en primer lugar de su caoacidad adquisitiva; y com o, po
otra paite, la mayoría d e los delegados ponentes no han recibido ninguna tnstrucció:
referente a) tipo mmium de salario y e s imposible sin una minuciosa estadística nació
nal señalar una cifra concreta, proponemos:
a) Q ue por el Congreso se acuerde proclamar U urgente necesidad de fijar el sala
rio mtninwv a fin de terminar d e una v e z para siempre c o n U vergüenza que supone 1
existencia, en España, d e ciem os d e m iles d e trabajadores que ganan, termino medi.
anual, el irrisorio jornal d e tres p esetas diarias
b ) Q ue el tipo d e salario mmímft debe ser estudiado y fijado en cada región por 1
Asamblea regional de sindicatos convocada especialmente a este efecto, que tendrá e-
cuenta las necesidades que tod o hom bre tiene derecho a satisfacer.
c ) Que al esta b le e« el tipo de salario mínimo, se indique e l mdice actual de la vid
para poderlo modificar automáticamente con arreglo a la s variaciones de dicho índice
d) Q ue el tipo de salario mínimo establecido será aplicado indistintamente a hotv
bres y mujeres y que no se permitirá la realización de ningún trabajo con remunera
ción inferior a dicho salario mínimo.
e) Que los sindicatos interesados han de ocuparse desde ahora d e suprimir todo
los salarios a b ise de propina o de porcentaje, v que se fije un plazo máximo de tre
m eses para llegar al establecimiento de un tipo ae salario mínimo regional"

V. Congreso confederal de Zaragoza (1936)

"DICTAMEN SOBRE PARO FORZOSO- A l abordar el problema del paro forzoso nos a
contramos con que ha sido tratado de muy distintas maneras y con resultados probk
m ilic o s unos, dudosos otros, y nulos, antihumanos e injustos lo s demás. Por ejempli
Inglaterra ha ensayado el recurso de subsidios contra e l paro significando este proc<
dimiento un fracaso absoluto, ya que paralelamente a la miseria de las masas socorr
das con indignantes subsidios, se produce la ruina económica del país al tener q i
sostener parasitariamente a sus m illones de sin trabajo con cantidades que, aunque o
eran fabulosas ñor su importancia real significabas la inversión de las reservas ec<
nórdicas del país en una obra filantrópica, si, pero no reproductiva ni creadora de r
3
ueza. Esta medida que al fin de cuentas puede considerarse com o un paliativo de le
efectos del paro obrero no aporta ninguna solución al problema.
"El paro obrero, que ha sido ocasionado por el d e sm o lió de la maquinaria, d e s
rrollo tan notable que permite que una mujer cuide boy veinte telares cuando ay<
solo podía llevar uno o dos, ocasionado también por la irrupción de la mujer en h
actividades de múltiples trabajos que antes estaban reservados a lo s hombres; el pai
que, en fin, es un producto de múltiples contradicciones capitalistas, no puede, r
debe de ser solucionado por la clase trabajadora imponiendo a ésta el sacrificio de r<
partir el trabajo en las condiciones que boy se hace. La razón queda perfeettmen
explicada si tenemos en cuenta que el paro tiene su determinación en el desirrol
siempre creciente del maqumismo y en la irrupción cada día más numerosa de las m>
270 Ja cq ues M a u r ic e

jeres en el mundo de la producción. En estas condiciones el paro obrero no solamente


no tendrá fin, antes el contrario, puede afirmarse que ten d ed a extenderse de tal m i­
nera que, siguiendo el procedimiento del reparto del trabajo, las masas obreras llega­
rían a trabajar solamente dos, uno y hasta medio día a la semana. Y este reparto que a
simple vista parece estar inspirado por m óviles generosos y altruistas, en la práctica
sería la causa del empobrecimiento y depauperación de las masas obreras.
“Sin embargo, en potencia la solución está dentro de este sentido del reparto del
trabajo. Repartir el trabajo, á , pero sin que se produzca el más lev e decrecimiento en
la capacidad adquisitiva de lo s trabajadores. La máquina ha venido a libertar al hom­
bre del esfuerzo agotador del trabajo organizado. Y puede afirmarse hoy que dentro
de los grandes contrasentidos del régimen, el mayor de d io s lo constituye el hombre
libertado de la esclavitud del trabajo muriéndose de hambre.
“La máquina, según ya previo Aristóteles hace m ás de m il años, liberna al hombre.
Pero el régimen capitalista lo mata de hambre. Nunca la libertad puede ser causa de
muerte, el que asi sea se debe a la permanencia artificial de un régimen, c! capitalista,
completamente agotado. U rge, pues, para la salud m oral y material de la humanidad,
que las masas obreras se apresten a tenmnar con d régimen capitalista y a organizar
ellas mismas todo el sistema productor y distribuidor de la riqueza social. E s la única
manera de que se pueda encontrar solución en forma definitiva al problema d d paro
obrero. Pero a nosotros n o s está encomendado a m ás d e señalar la s rutas de la defini­
tiva solución y redendón d e tod os los trabajadores, encontrar y proponer remedios, si
los hay, al hambre que atenaza hoy, en este «mano instante, a la s m asas en paro for­
zoso.
"Para ello, sin olvidar que el fin de lo s sufrimientos que afectan al proletariado lo
encontrará éste en la revolud ón social, proponem os que la Confederación Nacional
del Trabajo haga suyos y procure poner en práctica ios siguientes objetivos, que a
nuestro parecer, aunque so Lamente en carácter de paliativo, podrían contribuir en gran
manera a atenuar lo s efectos d d paro forzoso:
Ml. Jornada de Jó horas semanales sm disminución d e sueldos y aumento d e la
ocupadón de brazos en proporción a U dism inudón d e la jom ada;
"2. N o consentir el cierre de fábricas, incautándose los sindicatos de las que se d e ­
rretí p ú a f l o t a r l a s en común;
"3. A b olid os de la duplicidad de empleos y profesiones fijas y eventuales;
"4. A b olid os del trabajo a destajo, primas y ñoras extraordinarias;
"5, Constitución de las B olsas de Trabajo dentro de lo s Sindicatos;
"6. Reclamar del Estado, Municipios y Diputaciones, la btensificadón de obras de
carácter nacional, muaicipial y provincial, com o puentes, puertos, canalización de
ríos, repoblados de m ontes, urbanización de las ciudades, higieaización de las vivien­
das y de todas aquellas obras productivas con salarios de tipo sindical a cargo de los
presupuestos ordinarios y extraordinarios de estas instituciones.
"7. Retiro obligatorio a lo s 60 años para los hombres y a lo s 40 p ú a las mujeres
e o s el 70% del sueldo.
"Zuagoza, 7 de mayo 1936."

VI. Dictamen sobre el concepto confederal del comunismo libertario.


Apartado 4 :

"Relaciones e intercambios de productos "(fragmento)


"En lo que se refiere al aspecto comunal del mismo bastarán las cartas de produc­
tor, extendidas por los C onsejos de Taller y de Fábrica, dando derecho a que aquéllos
puedan adquirir lo necesario para cubrir todas sus necesidades. La carta de productor
constituye el principio de un signo de cambio, el cual quedará sujeto a esto s dos ele-
Pr in c ip io s y r e a l id a d e n e l d is c u r s o d e l o s Co ngresos d e la CNT 271

m em os reguladores: Primero, que sea intransferible; segundo, que se adopte un pro­


cedimiento mediante el cual en la cana se registre el valor del trabajo por unidades de
jomada y este valor tenga el m ivim n de un d io de validez para la adquisición de pro*
ductos."
Manuel Morales Muñoz

Cultura e ideología en el Primer Certamen Socialista

Le gran y noble causa del obrer té necesshat de fer naixe algo


precia» indispensable á tota idea, té de fer naixe una literatura y
un an propis, que li serveixin com medí actiu de expressió y de
propaganda, que acredhi lo valer deis puntáis en que se funda los
seus principis.^

De esta manera el delegado de la Comisión de Instrucción del Centro de Amigos


de Reus expresaba» en su discurso de apertura del Primer Certamen Socialista, el
doble objetivo perseguido por sus organizadores: el cultural y el ideológico.
Conceptuado por M. Nettlau como la más importante manifestación socioló­
gica y cultural producida por los anarquistas a esa fecha» el Certamen, que tiene
como único precedente la obra Razvitie Istoriceskoe Intem ationala (El desarrolle
histórico de la Internacional) compuesta en 1S73 por M. Bakunin y su grupo ruso,
representa el primer intento obrero por dar una visión global de la sociedad de la
época.12 Se trata, pues, de un magno acontecimiento recogido en un volumen, de
más de seiscientas páginas, que constituye el corpus documenta! sobre el que
fundamos nuestra comunicación.3

7. El anarquismo español en los años ochenta


Cuando en agosto de 1884 se convoca el Primer Certamen Socialista, el anar­
quismo español vive una grave crisis de identidad que acabará tres años má*
tarde con la existencia de la Federación de Trabajadores de la Región Españole
(F.T.R.E.). En este proceso confluyen, de un lado, la polémica sobre el caráctei
legal o clandestino que debía presidir la vida de la organización y, en consecuen­
cia, sobre los medios tácticos a emplear, de otro lado, el debate que enfrenta í
colectivistas y comunistas a propósito del modelo económico de la sociedad fu­
tura.4

1 "Discurso de Apertura". Centro de Am igos de Reus. Primer Certamen Socialista 1885


Imprenta de Pedro O nega, (Barcelona 1885), 62 + 576 pp.
2 Max Nettlau, L a Premiere Internationale en Espagne (1868-1888), ed. de Renée Lamberet
(Dordrecht, D. Reidel Publishing Company, 1969), pp. 450-451.
3 Una reimpresión realizada en 1925 por L a Revista S u e v a (Barcelona), no llegó a concluirse
4 José Alvarez Junco» L a ideologia politica dei anarquismo español (1868-1910), (Madrid
S .X X 1 , 1976), pp. 341-374 y 453-481.
274 M a n u el Mo ra les M uñoz

Después del relativo éxito alcanzado por la F.T.R.E. entre 1881 y 1883, la si­
tuación de miseria que vive la clase obrera, la represión gubernamental y la falta
de expectativas reales sobre un cambio social, van a abrir de nuevo la polémica
iegalismo-ilegalismo. Entre finales de 1882 y enero de 1883 tienen lugar los con­
trovertidos sucesos de La Siano Negra, de los que la organización anarquista no
duda un solo instante en desvincularse5, y desde esta fecha hasta 1885 los grupos
radicales celebran al menos tres Congresos, pronunciándose en el de Cádiz
(1884) en favor de la via insurreccional y del recurso a la violencia.6
De manera simultánea, cuando no paralela, esta misma falta de expectativas
lleva a otros militantes a cuestionarse los viejos principios colectivistas defendi­
dos por el eje Tomás Serrano Otciza Mella Llunás desde la Comisión Federal y
desde las páginas de publicaciones como Revista S o d a i (1881-1884) y La
Tramontana (1881-1893). Los defensores del colectivismo ven en esta doctrina
toda la riqueza del pensamiento de Bakunin, al que añaden las formulaciones
económicas de Proudhon, pero con frecuencia olvidan otros aspectos tales como
el espontaneismo y la acción revolucionaria.
Ya en octubre de 1880 el Congreso celebrado por la Federación Jurasiana
adoptó las tesis del comunismo-anarquista y el recurso a la violencia propugna­
das por Kropotkin, Cañero etc. En España la primera disidencia pública se pro­
duce en el Congreso de Sevilla en 1882 a cargo de Miguel Rubio, delegado de
Montejaque en la provincia de Málaga. A este se unirán, entre 1884 y 1885, los
grapos de Madrid (Vicente Daza) y Gracia (Emilio Hugás y Martín Borrás).78El
20 de marzo de 1885 en la Revue anarchiste de Bordeaux, aparece el articulo
"Elude sur le développement des idées anarchistes en Espagne" en el que se pro­
clama la decadencia de) colectivismo y la crisis de la F.T.R.E. Como respuesta, el
dia 26 Revista Social publica el artículo w¡Colectivi$ia$ a defenderse!*1, posible­
mente obra de Serrano Oteiza. En abril el órgano clandestino La Revolución
Social se pronuncia en contra de la Comisión Federal y este mismo año se tradu­
ce en Granada el folleto de Kropotkin A los jóvenes*

5 Clan E. Lida, La Mano Negra (Anarquismo agrario en Andalucíaf, (Madrid, Zero, 1972;
Gerard Brey e t a l, “Algunas rebeliones campesinas ec la literatura española: M ano Negra,
Jerez, Casas Viejas y Y este“, en José Luis García D elgado (e d .), La cuestión agraria en la
España Contemporánea. VI Coloauio de Pau (Madrid, Cuadernos para el D iálogo, 1976)
pp. 329-361; y Demetrio Castro Alfin, Hambre en Andalucía. Antecedentes y circunston-
tías de la Mano Negra (Córdoba, 1986).
6 Nenian, La première Internationale, pp. 415-505.
7 Aharez Junco, La ideología política, pp. 359-362. Congreso de la Federación de Traba•
jadores de la Región Española, celebrado en Sevilla los días 24, 25 y 26 de Setiembre de
I8S2 (Barcelona 1882).
8 Httíku, La Premiere Internationale, pp 4 1 7 y 476-477.
C u ltu r a e id e o l o g ía e n e l Ppikier certamen socialista 275

Ciertamente no se pueden vincular los grupos radicales, partidarios de la clan­


destinidad» con estos otros defensores del anarco-comunismo» si se exceptúa el
núcleo de Gracia, pero no son menos ciertas las diferencias internas de la
F.T.R.E. a propósito de la doctrina y la táctica a seguir. El pactismo de Serrano
Oteiza, el incesante afán de organización de F. Tomás y su sistemática oposición
a las huelgas, y el anarquismo administrativo de Llunás, inclinaron fatalmente a
la organización anarquista española hacia una vía reformista que no era suñciente
para satisfacer las aspiraciones de un buen número de militantes.

II. El acontecimiento'
Es precisamente en este contexto en el que se va a celebrar el Primer Certamen
Socialista, por lo que no son de extrañar los objetivos fijados, esto es "hacer una
literatura y un arte propio que sirvan a la clase obrera como medio activo de ex­
presión y propaganda" y, lo que resulta ya más significativo, el deseo de sus or­
ganizadores por fijar la atención de ios obreros "y aún de los hombres de la clase
media ante la nueva fase de nuestra pacifica propaganda".9
¿Quiénes impulsan el Certamen? ¿qué temas abarca? ¿qué rasgos formales pre­
sentan? Tal como recoge la Memoria de la Comisión organizadora, el 8 de agosto
de 1884 se publicaba la convocatoria del Certamen, amplia y positivamente aco­
gida entre los medios obreros de distintos países europeos y americanos:
Portugal, Francia, Italia, Argentina, Cuba y Estados Unidos. Hay que señalar en
cambio las críticas del órgano anarco-comunista jurasiano Le Révolté, por lo que
comporta de oposición a la linea doctrinal y táctica seguida por la F.T.R.E.
En cuanto a España, entre las sociedades y periódicos que acogieron favora­
blemente la idea figuran la Federación Igualadina, La Tramontana que dirigía J.
Llunás, El Cosmopolita de Valladolid o la sección de obreros tipógrafos de
Barcelona, en la que se encuadran militantes como Farga Pellicer, A. Lorenzo y
el mismo Llunás, todos ellos defensores de la vida pública de la organización y
del colectivismo.
Positiva fue también la respuesta de otros militantes y teóricos, demandando de
la Comisión organizadora la prónoga de) plazo fijado para la recepción de traba­
jos. En consecuencia, la celebración del acto, previsto inicialmente para el 18 de
marzo» aniversario de la Comuna de París, se posponía hasta el 14 de julio, fecha
de no menor simbolismo al conmemorarse en ella la toma de la Bastilla, "primera
etapa de las revoluciones modernas" (p. XXIX)

9 Centro de A m igos de Reus, Primer Certamen, pp. V il y XLI.


276 Ma n u e l M o r a l e s M u ñ o z

La entrega publica de premios, entre los 30 trabajos que finalmente concursa*


ron y que procedían de Portugal, Francia, Estados Unidos y España * dos de estos
en catalán •, se realizó, sin embargo, el domingo 12 de julio por ser festivo. A las
9 de la mañana las distintas Comisiones y representantes de las sociedades y
prensa obrera se dirigían, desde el Centro de Amigos, al Teatro Principal de Reus
en festiva manifestación acompañada de música y estandartes con leyendas tan
significativas como las de "Paso al progreso" e "Instruiros y seréis libres".
La sesión, que contó con un numeroso público obrero, estaba presidida por los
representantes del Centro de Amigos, a los que se unió el del Ayuntamiento, por
la Comisión organizadora y por el Jurado. Después de darse lectura a la Memoria
de la organización, el delegado de la Comisión de Instrucción pronunció el dis­
curso de apertura, glosando las excelencias del arte y la cultura obrera, conside­
radas como medios de transformación social, frente al decadentismo del arte bur­
gués (pp XXXIX-XLV). Un concepto, éste del decadentismo del arte burgués,
muy difundido en los años siguientes entre los medios culturales anarquistas.*0
Formalmente las composiciones premiadas pertenecen al género ensayistico, lo
que no obsta para que nos encontremos con la novela de Serrano Oteiza
Pensativo, mencionada por el Jurado por su "fondo revolucionario", con el poema
de la portuguesa Angelina Vidal Noite do EspirUoy destacado por su hflu¡de2 de
versificación y propósitos", con la composición de R. Constantí E l Hijo del Pro♦
letariado Militante redactada a modo de catecismo mediante el sistema de pre­
guntas y respuestas, y recomendada por el Jurado para ocupar en las escuelas de
la clase obrera el lugar que "en la viciada enseñanza de muchas escuelas'' se re­
serva al Catecismo de Fleury (p. LV).
Temáticamente los-distintos trabajos testimonian las inquietudes y preocupa­
ciones del anarquismo español en materia económica, sociológica, literaria, polí­
tica etc. En ellos se trata de las similitudes y diferencias entre colectivismo y co­
munismo, de la definición de conceptos como Anarquía y Autoridad, de la situa­
ción social y económica de la clase obrera y del campesinado, del papel de la
instrucción, de la función social de la mujer etc. Entre los mismos podemos des­
tacar los de J. Llunás "Organización y aspiraciones de la Federación de Trabaja­
dores de la Región Española", Léonie Rouzade "Influence de la femme en
matière de socialisme révolutionnaire", Femando Tárrida "Ateísmo, anarquía y
colectivismo", R. Mella "El problema de la emigración en Galicia", J.C, Campos
"Divagaciones revolucionarias sobre la causa de la miseria y el medio de reme-*

lO U ly Lhvak, Musa libertaria. Arte, literatura y \ida cultural del anarquismo español
(¡8$0~J9J3j, (Barcelona, Amoni Bosch. 1981) pp. 285-369.
C U L T U R A E ID E O L O G ÍA E N E L P R IM E R C E R TA M E N SO C IA L ISTA 27?

diaria", A. Lorenzo "El ciudadano y el productor considerados respectivamente


como unidad social en las escuelas político-democráticas o económico-sociales",
T. Nieva " A las obreras manufactureras de Carme" etc.
Como punto final al Certamen, aquella misma noche se celebró una velada ar-
tístico-literaha en la que se leyeron poemas de Celso Gomis y E. Guanyabens
condenando la violencia social, el estrecho o interesado concepto de patria acu­
ñado por la burguesía, o la pena de muerte. Como vemos otro elemento que pre­
figura la construcción de valores reverenciales totalmente opuestos a los asumidos
por La burguesía e incluso aún no planteados por la tendencia socialista.11

III. Los discursos del Certamen


¿Qué discurso, o discursos, se desprenden del Primer Certamen Socialista?
Como podemos deducir por el contexto socio-histórico del anarquismo español
en los años ochenta, por los ñnes perseguidos e incluso por la personalidad de al­
gunos de los militantes que participan en su organización, el Certamen, más allá
de las diferencias de géneros y temas, se caracteriza por su defensa de los plan­
teamientos tácticos y doctrínales propugnados por la Comisión Federal de la R e­
gión Española. Es decir, el legalismo como medio de acción y el colectivismo
como forma de organización económica de la sociedad futura, Una tendencia ge­
neral que no es obstáculo para que se elaboren otras construcciones teóricas en
las que se recurren a elementos y tesis tan varios como diferentes.
Darwin y su teoría sobre el origen de la especie y la selección natural sirven a
R. Constant! y F. Tórrida del Mármol para negar las tesis bíblicas sobre el origen
de la humanidad. En Condillac y Rousseau se apoya Anselmo Lorenzo para
mostrar las diferencias sociales, políticas y económicas que hay entre e)
"ciudadano y el productor". A Malchus y Balmes recurre E. Jaumar para esbozar
su "Bosquejo” sobre la desorganización de la sociedad burguesa y la sociedad del
porvenir. Innumerables son las citas de R. Mella a los proyectos utópicos de
Moro, Campanella, Cabet o Fourier como medio para justificar su descalificación
del comunismo; en tanto que A. Vidal se sirve de la vida sentimental de Petrarca.
Dante y Campoamor para mostrar el papel de la mujer como musa literaria y ele­
mento determinante en la actividad del hombre,

11 Sobre io s rasgos difcreaciadores de l i cultura anarquista véase José Atvarez Junco, "L¿
subcuhura anarquista en Espada: racionalismo y populismo", Culturas populares. Diferen­
cias, divergencias, conflictos (Madrid, 1986), pp. 197-208.
27$ M anuel m orales M uS o 2

Es, sin embargo, la construcción teónca del "paraíso prometido"12 el nexo de


unión de los distintos trabajos premiados, en los que se nos presentan los princi­
pios generales sobre los que descansará la nueva sociedad anarquista. La organi­
zación política, o sociológica, como la denomina Llunás en su trabajo
"Organización y aspiraciones de la F T.R.E.", se asentaría sobre el Municipio o
Comuna, encargado de todo lo referente a la vida local: instrucción, higiene, ur­
banismo, medicina etc.
El otro soporte en la construcción de este orden ideal es la organización eco­
nómica basada en las agrupaciones de productores agrícolas e industríales. Para
Serrano Oteiza el vértice de este sistema lo ocupa una Comisión de correspon­
dencia y estadística que entendería en todo el sistema productivo: costes, factor
trabajo etc.13
Como imágenes que son de un mundo ideal, se nos presenta una sociedad sin
contradicciones ni conflictos. Se trata del reverso del Valle d e lágrimas fundado
en las desigualdades, la miseria y la violencia, como subrayan L. Rouzade y
Serrano Oteiza en sus respectivos trabajos. Una sociedad donde las pasiones son
consideradas como elementos positivos e incluso como motor de la revolución,
según defiende J.C. Campos en sus "Divagaciones revolucionarias".
No hay lugar en esta sociedad para las pasiones negativas, que serían supera­
das mediante la instrucción. En el caso de los sentimientos religiosos no llegarían
a plantearse, pues la primacía de la razón haría inútil cualquier referencia divina,
tal como sugieren L. Carreras ("La influencia de la mujer en materia de socia­
lismo revolucionario") y R. Constantí en sus "Consideraciones sobre el origen de
la religión". Como tampoco habría lugar para el robo o cualquier acto violento
contra el derecho y lajibertad individual y colectiva, dada la desaparición de las
jerarquías y de las desigualdades sociales.
El corolario de esta sublimación de la ciencia pasa necesariamente por el ca­
rácter revolucionario que se le concede, contribuyendo al progreso de las institu­
ciones sociales, a la felicidad del individuo y a la conformación de nuevos valo­
res De aquí deducen T. Nieva y L. Rouzade la necesaria igualdad de los dos
sexos, y gracias a este carácter de la instrucción Pensativo, personaje de la obra
del mismo nombre, pudo combatir los errores propiciados por el individualismo
en materia económica.

12 Alvarez Junco, "La subcultura anarquista co Espafla", p. 207.


13 C£ Manuel M orales M uñoz. "El discurso ideologico co una novela anarquista: Pensativo de
Serrano Oteiza", (Comunicación presentada al c o lo q u io Internacional "Peuple, mouvement
ouvrier, culture, dans l'Espagne contemporaine“, Université de Paris V Œ , 1988)
CULTURA E IDEOLOGÍA EN EL PREVER C E R T M E S SOCIALISTA 279

Es también a través del aprendizaje, en las escuelas de Artes y Oficios, como


los obreros pueden llegar a convertirse en propietarios de sus talleres y contar
con un capital individual que asegurase su vejez, de acuerdo con el metódico plan
establecido por A. C añeras en un alarde más del refonnismo que anima a la ma­
yoría de los trabajos premiados en el Certamen.
Como no podia ser menos en una utopía en la que se conjugan la raíz liberal y
la doctrina bakuninista, se proclama la más absoluta libertad individual, compati­
ble, no obstante, con la de la colectividad. La más alta expresión del vinculo entre
la "primera entidad social”» es decir el productor, y la primera unidad sociológica
llámese Municipio o Comuna, es el pacto sinalagmático, concretado en la célebre
fórmula de Llunás sobre la libre federación de libres asociaciones de producto­
res libres: fundamento de la igualdad y la libertad de cada uno.
El ideal de justicia proclamado implica también la asistencia y la garantía de la
colectividad a todos aquellos individuos incapacitados para producir. Sin em­
bargo la equidad, el socorro, aunque desprovisto de todo carácter humillante, res­
ponde más al principio de solidaridad y a las obligaciones colectivas que a dere­
chos contraídos (Llunás, p. 16). Con todo la sociedad resultante ofrece todas las
apariencias de un paraíso sobre la tierra, envuelto por un mito de fraternidad,
abundancia y prosperidad económica, satisfacción espiritual etc.
Existen, no obstante, algunas voces que discrepan de este discurso general. Sin
duda alguna la que más se deja notar es la de J.C. Campos, tipógrafo cubano re­
sidente en Nueva York y colaborador en los periódicos anarquistas Acracia y El
Despertar. En su trabajo, titulado "Divagaciones revolucionarias sobre la causa
de la miseria y el medio de remediarla”, Campos, en clara alusión a Llunás,
Tomás y Serrano Oteiza comienza por criticar a aquellos que creen que la revo­
lución del 'cuarto estado' no se llevará a cabo hasta "que la mayoría de los obre­
ros forme poco menos que una inmensa agrupación de filósofos", a los que pien­
san que lo más urgente es "organizar una vasta federación de productores" y a
quienes elaboran "magníficos trabajos filosóficos encaminados a determinar lo
que será la sociedad del Porvenir" mientras que el pauperismo "físico y moral"
hunde cada vez más a los obreros en el vicio y la indiferencia (pp. 193-194).
Aunque partidario de la propiedad colectiva de los instrumentos de trabajo, se
pregunta cómo y qué medios habría que emplear para v encer la más que probable
oposición de sus detentadores. Evidentemente, se contesta, no a través de la pro­
paganda y la organización adoptada por los anarquistas españoles.
Después de conceptuar el posibilismo como "crimen revolucionario", opone la
pasión a la razón de la causa obrera - más que demostrada para concluir lia-
280 Ma n u el M orales m c S oz

mando a la Revolución armada, de cuyas ruinas "corno Fénix de sus cenizas, re­
nacerán la Verdad, la Justicia y la Igualdad” (p. 204).
Crítico es también T. Nieva en su discurso sobre el papel de la mujer en la so­
ciedad del porvenir al descalificar expresamente las teorías proudhonianas sobre
la inferioridad femenina, como disidente es, por distinto motivo, J. Martrus de
Manresa, al abogar en su "Memoria sobre la organización y aspiraciones de las
federaciones de trabajadores de España" por la participación política de la clase
obrera y por un mayor entendimiento entre las distintas organizaciones que de­
fienden sus intereses.

¡V. Conclusiones
¿A qué conclusiones nos lleva lo expuesto? Sin duda alguna estimamos que el
Primer Certamen Socialista constituye el mayor empeño cultural e ideológico del
anarquismo español a la fecha de su celebración. Los mismos temas propuestos y
los trabajos premiados son prueba inequivoca de las inquietudes y preocupacio­
nes del anarquismo hispano en materia social, política, económica, artística, etc.
Como lo son algunos de los lemas utilizados en la presentación de trabajos:
'’Avant sempre avant", "La luz matará las tinieblas", y la construcción de nuevas
categorías valorativas, desprovistas de toda significación burguesa, en tomo a
temas y hechos como la Comuna de París, el carácter revolucionario del arte, la
igualdad sexual, la condena de la pena de muerte etc
Testimonio de la vida obrera y de sus aspiraciones en el Certamen se denun­
cian las injusticias y la miseria de la sociedad burguesa proponiéndose, al mismo
tiempo, los medios para alcanzar una utópica sociedad más acorde con e) "orden
natural" que con el 'desorden social". Pero, evidentemente, se trata de unas pro­
puestas que vienen a sancionar los principios tácticos y doctrínales impuestos por
la línea oficial de la F.T.R.E.: el reformismo posibilista como símbolo de eficacia
y e) colectivismo como forma de organización económica del paraíso prometido.
En la misma medida el Certamen, en el que tienen cabida las más diversas
comentes científicas, filosóficas, artísticas y literarias representa un punto de
partida en ese discurso cultural que cuenta ya con algunos antecedentes en la
Biblioteca del Proletariado, que se proseguirá de manera inmediata con la revista
Acracia (1886-1888) y con las Conferencias de Estudios Sociales celebradas en
Barcelona entre octubre de 1887 y mayo de 1888, y que viene a concluir, en al­
guna manera, con el Segundo Certamen Socialista celebrado en 1889 en honor
de los mártires de Chicago.
Mary Nash

La reforma sexual
en el anarquismo español

El desarrollo de la historia social y de las mentalidades ha