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SEXTA PALABRA: “TODO ESTÁ CONSUMADO”

TEXTO BÍBLICO:

“Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está consumado.» E inclinando la cabeza entregó
el espíritu”. (Jn. 19, 30).

EXPLICACIÓN:

Al realizarse la crucifixión de Jesucristo, todo lo que habían dicho los profetas, en el Antiguo
Testamento, se había cumplido al pie de la letra: el anuncio de su llegada, su nacimiento de
una Virgen, el que sería llamado Nazareno, en fin; todo lo acontecido durante sus 33 años de
vida no fue producto del azar sino, por el contrario, porque Dios así había querido que
ocurriera y lo había consignado en las escrituras, como lo diría Zacarías, padre de Juan
Bautista, en su cántico: “…por boca de sus santos profetas” (Lc. 1, 70).

REFLEXIÓN:

Todo aquello que hagamos en nuestra vida, sea bueno o malo, tiene un final; en efecto, esta
vida terrenal también acabará en algún momento. Esta situación nos conlleva a dos
interrogantes: por un lado, ¿estamos preparados para el fin? Y, por otro, como cristianos,
¿hemos actuado acorde a las enseñanzas de Jesucristo? Sin duda alguna, la mayoría de
nosotros no nos hemos preparado para el momento en que nuestro Padre Celestial nos llame
a la vida eterna; lamentablemente, en muchas ocasiones, pensamos que somos inmortales y
hacemos cosas, muchas de ellas malas, sin importar el efecto que pueda producir ese actuar
en nuestros semejantes. No estamos preparados para el fin: atentamos, no sólo contra los
demás sino que, también, lo hacemos contra nosotros mismos, nuestra dignidad, nuestro
cuerpo que, como bien sabemos, es TEMPLO VIVO DEL ESPÍRITU SANTO; consumimos
alcohol, drogas, pornografía, ofendemos con nuestras palabras y pensamientos a nuestros
vecinos, amigos, familiares, entre otros, deseamos a la pareja del prójimo, etc. Son tantas las
formas con las cuales demostramos que no estamos preparados para ese “momento final”,
que no acabaríamos de enumerarlas.

Infortunadamente, elementos como los medios de comunicación (radio, prensa, TV. y, más
recientemente, las redes sociales tales como Facebook, Instagram, WhatsApp, Twitter, sólo
por mencionar algunas) han influenciado tanto en nuestra forma de pensar que se podría decir
que la humanidad ha sido entrenada solamente pensando en enfrentar escenarios que no es
seguro que ocurran, escenarios de vida, pero no se nos ha capacitado (al menos no en un gran
porcentaje) para afrontar el que quizá sea el único destino seguro que todos tenemos: LA
MUERTE. Y es que la vemos a ella como algo terrible; le tenemos miedo en algunos casos
y hasta hemos creamos en el colectivo de las personas esa imagen macabra de una calavera
con una hoz, quien está a nuestro asecho para llevarnos al momento en que tengamos que
partir de esta vida mortal a la eterna. Y es muy lamentable ver que todo ello ocurra hoy, a
poco más de dos mil años de que el Mesías haya venido al mundo para entregar su vida, no
sólo por nuestros pecados sino, además, para dejarnos unos “tips” (como se diría hoy en día)
sobre la forma de cómo debería ser nuestro actuar si queremos alcanzar esa vida eterna de la
que hoy, como Cristianos Católicos que somos, tanto hablamos. Entre esas enseñanzas que
El Gran Maestro nos dejó, se puede rescatar el hecho de que Él vino a mostrarnos que Dios
no es un ser de muertos sino de vivos; así lo dejó consignado en el evangelio de San Juan,
cuando afirma: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn. 11, 25 – 26).

Con respecto a la segunda pregunta pensamos que, para ser llamados cristianos, nos falta
mucho; la mayoría de las enseñanzas que Jesús nos dejó no las hemos aplicado en nuestra
vida: si hacemos el bien a alguien, la mayor parte de las veces, lo realizamos buscando ser
reconocidos ante la sociedad, olvidándonos de la razón fundamental del acto, que es llevar
paz y felicidad al otro. Jesucristo nos manda en el sermón de la montaña: “Que tu mano
izquierda no sepa lo que hace la derecha” (Mt. 6, 3). Al tratar de conseguir la aprobación de
los demás en nuestros actos, hacemos todo lo contrario de lo que nos manda el señor; éste es
uno de los tantos ejemplos por los cuales decimos que nos falta mucho para ser verdaderos
cristianos, es decir, seguidores de Cristo.

En conclusión, debemos esforzarnos más para estar preparados y que, al igual que con Cristo,
en nosotros se pueda cumplir la voluntad del Padre para que, llegado el momento en que
tengamos que partir de esta vida a la eterna, podamos decir: “Todo está consumado”.

Pidámosle al Padre Celestial que, a través de su Santo Espíritu, nos ilumine para que nuestro
actuar sea acorde al de un seguidor fiel de su maestro, para que podamos aplicar en nuestra
vida todas las enseñanzas qué Él nos dejó y, así, podamos alcanzar esa vida eterna, eso que
comúnmente llamamos El Paraíso. Que nuestro proceder sea tan idóneo que, cuando el
Todopoderoso nos llame, nos encuentre debidamente preparados y con la conciencia
tranquila de que todo lo que hemos hecho ha sido para el bien de nuestros semejantes, mas
no el de nosotros mismos, amén.