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Psicología 2- escolarización y subjetividad: efectos en el desarrollo y en el aprendizaje

INTRODUCCIÓN
Hablar de Subjetividad no refiere a la cualidad de un sujeto de carácter metafísico sino a los
procesos de constitución tanto de objetos como de sujetos. En otros términos; a las propias
modalidades de existencia o, más precisamente, a los procesos que en/desde/hacia ella devienen.
Puede hablarse de subjetividad como un conjunto de condiciones que hacen posible que instancias
individuales o colectivas estén en posición de emerger como territorio existencial auto-referencial,
en adyacencia o en relación de delimitación con la alteridad, ella misma subjetiva. Por esto, antes
que al contenido del pensamiento atiende a los procedimientos que hacen a la misma producción
del pensamiento.
Podría afirmarse entonces, que la subjetividad individual y social se construye en la interrelación
entre el hombre y su contexto social y natural, en el marco de su actividad cotidiana. Es, por tanto,
un producto histórico-cultural, en donde el proceso de escolarización juega un rol fundamental.

LA SUBJETIVIDAD COMO CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA-CULTURAL


Pensar en el título de este apartado hace aflorar la idea de que todo proceso es vivido primero
como externo, en la relación con los otros y luego se internaliza desde la construcción propia, de
sentido, de cada individuo social, que se basa en mecanismos de identificación a partir de las
vivencias significativas en la relación objetal e interpersonal, en procesos de introyección-represión-
proyección, y de la imaginación creadora e interpretación reflexiva de cada cual.
Este es, además un proceso de mediación con el mundo objetal y de relaciones humanas. Los
individuos se relacionan entre si no en forma directa, sino mediada. Mediada por las relaciones que
establecen con objetos. Estos últimos no son cosas, aunque los apreciemos como tales, sino el
producto de la actividad de los individuos, y en tanto tales expresan la subjetividad socialmente
existente, no son más que la cristalización del sistema de relaciones sociales que condiciona esa
subjetividad social. Esos objetos, expresión de la intersubjetividad social, funcionan a la vez como
elementos mediadores y condicionadores de esa intersubjetividad y de las subjetividades
individuales.
Es así como pueden distinguirse los aportes de Vigotsky. Este autor considera a la actividad como
el motor del proceso de desarrollo humano. A través de la misma, el sujeto actúa sobre la realidad
para adaptarse a ella, transformándola y transformándose a sí mismo, a través de unos
instrumentos psicológicos que denomina mediadores. Éstos pueden ser de dos tipos: herramientas,
mediadores simples, como los recursos materiales, que actúan sobre los estímulos provenientes
del entorno, modificándolos; o los signos, mediadores más sofisticados, como el lenguaje, que
modifican al propio sujeto y, a través de éste, a los estímulos. Los instrumentos de mediación son
proporcionados por la cultura, el medio social. Para apropiarse de los mismos, el individuo debe
asimilarlos o interiorizarlos, lo que exige una serie de transformaciones o procesos psicológicos.
De esta manera, el vector del desarrollo del aprendizaje iría desde el exterior del sujeto al interior,
constituyendo un proceso de internalización o transformación de las acciones externas, sociales,
en acciones internas, psicológicas. El autor establece que en el desarrollo cultural del niño, toda
función aparece dos veces: primero entre personas (interpsicológica), y después en el interior del
propio niño (intrapsicológica).Todas las funciones superiores se originan como relaciones entre
seres humanos, lo que se conoce como ley de doble formación, ya que todo conocimiento se
aprende, por así decirlo, dos veces.
Por otra parte, es preciso considerar que los patrones de interacción social se construyen en
relación con los procesos subjetivos concomitantes, que emergen mediados por la acción de
mecanismos psicológicos de asimilación o interiorización. De acuerdo con esto, Piaget sostiene
que los individuos buscan adaptarse al medio a través de la asimilación y acomodación. Asimilación
significa tratar de entender algo nuevo haciéndolo encajar con lo que ya sabemos. Ajusta la
información nueva a los esquemas (sistemas o categorías mentales de la percepción y experiencia)
existentes. La acomodación ocurre cuando una persona debe cambiar sus esquemas existentes
para responder a una situación nueva. Siempre que se asimilen experiencias nuevas a un esquema
existente, el esquema crece y es cambiado, de ahí que la asimilación signifique algo de
acomodación. Por consiguiente, la asimilación y la acomodación pueden considerarse como un
acto de equilibrio.
Para que tenga lugar estos procesos y para que haya aprendizaje se debe ser consciente del
conflicto, de la contradicción existente entre los esquemas cognitivos construidos por el sujeto y la
nueva información.
Queda claro, entonces, desde esta interpretación, que la construcción de subjetividad social no
depende sólo de una intencionalidad determinada de los agentes sociales institucionalizados o de
relaciones, tradiciones y normas instituidas históricamente en la sociedad, sino que depende
además de los procesos internos de cada sujeto, de cómo se adaptan al medio y cómo en éste
aprehenden a los objetos.
Por otra parte, agregaríamos también un énfasis en los procesos instituidos como componentes
importantes de la subjetividad social, posición más propia de los enfoques estructuralistas y
culturalistas. El individuo “llega al mundo” ya construido, con sistemas sociales y culturales que
tienen su historia. Por tanto, tiene que apropiarse de esa realidad, por la cual es determinado.
Proceso de apropiación en el que el individuo establece también sus propias diferencias y
transformaciones posibles, construye y aporta su propia autonomía y subjetividad.

PROCESO DE ESCOLARIZACIÓN Y SUBJETIVIDAD


Desde la perspectiva de Michel Foucault, uno de los pensadores más lúcidos del siglo XX, la
subjetividad sería el resultado de la incidencia de los mecanismos de normalización en el individuo,
con lo cual hacer referencia a la manera en que los dispositivos disciplinarios se articulan, con el
fin de producir un tipo de mentalidad acorde a las condiciones culturales existentes. En este sentido,
siempre desde la visión de Michel Foucault, podemos dar cuenta de la manera en que los
dispositivos de normalización, son incorporados por los individuos y, de esta forma describir el
proceso de subjetivación. Tomaremos como punto de partida los mecanismos disciplinarios y las
inscripciones que estos dejan en los sujetos, delineando sus relaciones sociales.
Los mecanismos de normalización funcionan como dispositivos que desde el exterior, moldean las
acciones de los individuos, estos mecanismos funcionan en los espacios cerrados de las
instituciones disciplinarias (familia, escuela, etc.) y tiene como finalidad normalizar y evitar el
comportamiento desviado. En este sentido, la normalización actúa en el espacio cerrado de las
instituciones y toma el cuerpo del individuo como lugar de operación. En las sociedades
disciplinarias el cuerpo es el lugar en el cual se inicia el proceso de subjetivación, es decir, con la
producción del cuerpo normalizado y con su modelación se pretende establecer una vía a partir de
la cual se pueda gobernar el alma del sujeto. El cuerpo se convierte en la superficie donde las
instituciones imprimen sus disposiciones normativas, a partir de esto, el cuerpo entra en el circuito
disciplinario donde el tiempo, el espacio, la combinación de fuerzas, la mirada y la sanción se tornan
estrategias para su vigilancia y control.
En la escuela las inscripciones corren por cuenta o están a cargo de quien ocupa el lugar de
docente, es éste quien cuadricula el espacio, quien ejerce la vigilancia y quien ejecuta la sanción,
de esta manera la subjetividad al infante le viene desde el afuera, órdenes, normativas y
disposiciones que serán incorporadas como si fuesen propias.
Por todo lo que se ha venido exponiendo, la subjetividad, como interioridad, como constructo, como
modo particular, único y singular de mirar, comprender, pensar, adaptar, usar, recrear, innovar, se
construye y ese proceso de construcción entraña el misterio de la humanización, en el cual familia
y escuela asumen un rol fundante.
La familia y la escuela constituyen formas de organización de los procesos sociales, cuya capacidad
de configuración identitaria nadie pone en duda. Es que tanto una como otra ocupan esa zona de
intermediación, mediatizadora que les confiere dramática determinación como forma organizativa,
al tiempo que les adjudica capacidad para anticipar el presente y el futuro a través de los sujetos
que configura.
De acuerdo con lo anterior, el proceso de escolarización en el desarrollo y producción de
subjetividad en la actualidad, evidencia la necesidad de que los alumnos desarrollen una conciencia
humanística en donde la obediencia responda a su propia razón o convicción, sin aceptar sin más,
la voluntad o juicios ajenos. De este modo, contribuiremos a la formación del sujeto humano como
sujeto moral.
Puede decirse, que el individuo cuando nace es un ser amoral, en el sentido de que inicialmente
no posee criterios para definir qué es bueno o qué es malo, qué es correcto o qué es justo. Por otra
parte, Piaget hace una caracterización del niño como un ser anómico, en el sentido de que no tiene
normas, no tiene criterios para evaluar, ni para hacer juicios morales.
Para Piaget el problema nuclear del desarrollo moral es el paso de una moral heterónoma a una
moral autónoma. Esta última comienza a desarrollarse cuando el niño reconoce su capacidad
legislativa como co-constructor de reglas, dentro de un proceso de cooperación y argumentación
con sus pares. Así avanza hacia la autonomía moral, construyendo sus propios criterios para
elaborar juicios morales. A partir del momento en que la regla de cooperación sucede a la regla de
obligación, se convierte en una ley moral efectiva y la moral deja de ser heterónoma.

REFLEXIONES PERSONALES
De todas las articulaciones posibles, se resaltaría que la subjetividad cotidiana tiene dos fuentes de
procedencia: los patrones de interacción micro-social con los referentes del entorno inmediato y
las normas y vivencias asociadas de contexto supra-local, en una dinámica en que lo superior se
reinterpreta a la luz de las necesidades de la vida concreta, pero lleva impresa las determinaciones
de ambos niveles.
Así, visto el proceso general, tanto los micro-procesos o prácticas cotidianas locales como las
macro-estructuras, instituciones y relaciones sociales, formarían patrones de interacción social
como dinámicas vinculantes de subjetividad individual y social.
En este sentido, las interacciones cotidianas locales, tanto como las relaciones macro-sociales e
institucionales, de las normas y tradiciones de la cultura general, confluirían como determinaciones
de la subjetividad, tanto como constreñimientos o como habilitaciones posibles. El proceso de
escolarización debería apuntar a esto último, a formar subjetividades como posibilidad. De este
modo, se hace necesario integrar los aportes provenientes de la psicología y reflexionar sobre la
importancia e influencia de la misma en las prácticas educativas, para, de este modo, orientar la
propuesta de objetivos, contenidos y actividades para la enseñanza de las distintas áreas
curriculares, que deriven en el desarrollo y construcción de subjetividades basadas en una
autonomía moral.
BIBLIOGRAFÍA

FOUCAULT, M. Poder, resistencia y subjetividad. Edición 2008.


PIAGET, J. El criterio moral en el niño, Barcelona, Fontana, 1983.
POZO. Teorías cognitivas del aprendizaje. 1989.
VYGOTSKY, L. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México: Grijalbo. 1998.