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124 ‘CONTAR CUENTOS tedricos, Tal como se desprende del estudio de la historia y la evolueién del ceuento desde sus formas primitivas hasta el modesno citentoliterario, puede apreciarse que en ese transcurso despunta un producto nuevo, en el cual sus creadores ponen el acento en el efecto logrado por las estrategias literarias y ro simplemente por el hecho narrado, preocupados por intensificar més la atmésfera que las acciones, supeditando la historia al discurso, la trama, ala {iibula, Se busca, en muchos casos, por medio de un estilo ligado a la Ifrica, -comunicar, 0 mds bien sugerir. una experiencia ambigua y dotar de signifi- cacién fo fragmentario y aparentemente intrascendente. El problema que se plantea, entonces, es: ge6mo transmitir oralmente quello que nacié escrito? Hasta dénde se respeta ose traiciona al autor? ;Se tiene en cuenta, y en ese caso de qué manera, la “estrategia literaria”, la tonalidad Iica, las sugerencias de significaciones? El momento de la narracién es un instante perecedero, que dura lo que el tiempo de su representacidn, en cambio el texto escrito permanece, pero no cobra vida y calor sino hasta que alguien To lee o, en este caso, lo narra, Muchas veces se ha dicho también que ocurre al revés: la letra impresa mata" al texto oral, tal como ocurrié con la Commedia Dell’ Arte a partir de Goldoni y otros autores. y mas préximo a nosotros como sucede con los ccuentos de Luis Landriscina 0 los textos de Ninf Marshall que muchas veces ‘no logran el mismo impacto al ser leidos que al ser escuchados en sus magnificas interpretaciones, Esto demuestra también la diferencia de ambos c6digos y lo dificil de realizar el pasaje del uno al otro sin perder la riqueza del estilo, ei el caso de la literatura, ni Ia vitalidad original, en el caso de los cuentosorales. De modo que nos hallariamos frente a doseédigos olenguajes que pueden excluirse 0 complementarse. Esto lleva a reflexionar acerca del concepto de “propiedad”. ‘Como en las testantes manifestaciones del arte, hay artistas, en este.caso eseritores, que una vez concluida y entregada su obra a los demés ya no la consideran propia, “se desprenden” de ella, entienden que no les pertenece. Otrosepor el contrario, se sienten “despersonalizados” cuando alguien narra sus historias, Aquello que surgié de su imaginacién, de su pluma, con inspiracién pero también con esfuerzo y trabajo, lo creen maltratado 0 simplemente no interpretado al ser adoptado por otros. Entre ambos extre- mos puede haber infinitas variantes, __ Podri haber narradores que se apropian del texto como si les perteneciera sii respetar siquiera la intencién de quien lo gest6, y puede haber otros que Cémo comar enentas 125 puscarén su sepeticién textual apelando fielmente a la memoria. Habréiuqut tantas opiniones como narradores, y tampoco en esto se podri teorizar desde ‘una verdad tinica, depencerd de la postura y hasta de la ética personal. pero convendr& estudiar, investigar y trabajar para ir definiendo una estética personal, Heag sostiene: J gunas opiniones autorizadas sobre este tema, Sara Cone Bryant. Eno que conciemne a laescasa producci6n literati [se refiere a la que puede se aptapara lanarracin oral] perfecta de fondo y forma y lo bastante cortapara que no precise ser abreviade, es mejor asimilarla, conturlacon el libroatla vista. Una gran parte del encanto ce los cuentos de Rudyard Kipling reside en la original y pintoresca presentacin de los detalles. La supresién de alguna de ellos privaria de gracia al cuento (Bryant, 1985, pég. 61). Dora Pastoriza de Etchebarne dice: Sie narradorelige un cuento literati, tendré que eihinar algunas partes, tas dareltextoalestlodirecto,simplificarellenguaje,agilizarlaacci6n introduc las ‘onomatopeyas sino lastrae,y agregarle las frases de apertura ycierre caracters- ticas de los cuentos folklricos (Pastoriza de Etchebame. 1986. pig. 46), Francisco Garzén Céspedes afirma: Cuando se trata del arte de conta, laliteratura debe atenerse alas reglas de! juego de Ia oralidad [...] Un narrador oral escénico va a intriorizar cl texto. va a ‘conocer su esqueleto, jlo vaa reinventarcada vez queTocuente:y de gual modo ‘an improvisar sus modos vocales y sus lenguajes no verbules (Garzén Céspedes, 1995, pags. 49 y 121). Daniel Mato opina: [usted] deberd evaluar hasta dénde la historia que consttuye el nudo argumental delrelato vale pors{misma, aun mésallddel cambio de lenguaje.Sias/ fuera. usted tiene-un punto de partida que justifiea una labor de buena adaptaci6n. Porque recuérdelo, ésta resullaré imprescindible, de manera anéloga a lo que sucede ‘cuando una novelaesllevada al cine oal teatro. porejemplo (Mato. 1991. pig.52) El trabajo y la seriedad que preceden la trayectoria de los investigadores anteriormente mencionados hacen incuestionables sus puntos de vista. Coincidimos con ellos pero advirtiendo que sus opiniones no deberfan 126 CONTAR CUENTOS tomarse descuidadamente y apoyarse en ellas para desconocer al escritor y erigitse en el absoluto creador del cuento. Nosotros consideramos que el tomartextos iterarios supone un esfuerzo distinto queeel que puede realizarse con los relatos propios del narrador o los de Ia tradicién oral, por cuanto implica tener en cuenta ambas vertientes: el respeto y la apropiacién.. Pero veumos esto con mas detalle, Consideramos que si se ha de contar un texto lterario en un espacio pablico convendrfa conversar con el escritor ‘o.con quien tenga sus derechos, para pedir su autorizacién y su acuerdo con Jas adapiaciones que fueren necesarias para pasarlo al c6digo oral. (No hay que olvidar que los dercehox de autor pasan a ser universales después de pasados setenta ailos de la muerte del autor segin nuestra legislacién.) ‘Cuanto mas trubajado esté un texto, esto es, por decirlo de un modo simple. cuanto menos importe la angedota y sel modo como esté contada, is la fibula que la trama, la historia que el discurso, la manera personal y Ainica de “bordar” con la palabraque define el estilo de un escritor, mayor cuidado requerird su interpretacién, Hay autores a los que no se los puede transmitir realmente sino es apelando a sus propios recursos escriturales, tal como vimos en los ejemplos de Borges y de Saint-Exupéry. Se tratard de encontrar su modo personaly. su estilo para expresarse, su manera de usar adjetivos. adverbios y demas funciones gramaticales para crear un clima particular: no abundar en excesos ni quedarse en pobrezas. Esto exigird trabajo por parte del narfiidor, pero en ningtin caso deberd notatse que hay cesfterzo y. por lo tanto, distancia respecto del texto que transmite, sino que debers ser vertido con la misma frescura. espontaneidad y vigor.con que fue concebido (y con que el narrador “se lp apropia”). Esto harfa pensar, por extensidn, en lo que consideramos el aspecto mds “teatral” que puede tener la narracién oral, en cuanto implica un trabajo de interpretacién o composi- cin tal Como sé desarrolla en el teatro. Todo excritor tiene un imaginario interlocutor al que se dirige, sea o no consciente de ello, Es por eso que quien elige cuentos para contar, de acuerdo con sus caracteristicas personales-0,por razones quie no puede explicarse, encuentra que es mas facil “ponerse en la piel” de determinados autores, hablar desde su lugar. algo asf como “ubicarse det otro lado del libro”: ambos narradores coinciden, Con ellos se da una sintonfa muy especial, una quimi- cca particular e inmediata, no habri, por tanto. necesidad de un trabajo interpretativo superior. el texto fluirs con naturalidad y frescura. Por eso se have preciso buscar. leer y orientarse con un criterio personal. Pero cuando Came contar cuentas 2 se estd alejado del estilo del escritor. si se lo quiere respetar habri que hacer tun trabajo de “composicién”. para acercarse a él y expresarlo con su mismo espfrtu, aun sin recurtir puntualmente a la memoria, Ello requiere una elaboracién especial. porque asf'como el que cuenta cuentos tradicionales 0 sus propios cuentos puede sentrse “el propietario” del cuento, el que narra textos de autoiideberfa sentirse.del mismo modo. y para lograrlo con él Fespeto'y Ia idoneidad que son necesatios. se requiere tiempo, préctica, un perfodo de crecimiento y madurez. para que “el fruio caiga” y todo fluya con niaturalidad y armonfa. Por eso no: conviene apresurarse, Pero téngase en cuenta que aun haciendo la version mids fie! al original, al cambiar el contexto de enunciaci6n. se produce una trasposicién intertextual por las posibilidades expresivas de Ja voz y del gesto. 0 seu que siempre estaré presente a impronta propia del narrador y eso es lo que enriquece y caracteriza a la narracidn oral. Es necesario también considerar el lugar y las circunstancias donde se habré ¢e.narrar; no es 10 mismo hacerlo en un espacio pablico. donde eventuzlmente se cobrauna entrada. queen larueda familiar oenel aula. pero en ningiin caso estas nociones elementales deberfan ser descuidadas. como elcitarla fuente original oaclarar sise tata de una versién propia. El docente puede iener en cuenta estas ideas y si bien no tiene por qué solicitar permiso al eseritor para dar a conocer un texto. serd bueno que antes de hacerlo considere si es més ventajoso transmitirlo oralmente o leerio. para dar a conocer st estilo 0 su estrategia literara, Otro aspecto que merece ser considerado es el profundo valor que tiene la narreci6n de cuentos como método de acercamiento a los libros y a Ia lectura, En ese sentido, merecen su reconociinento Tos escritores. en tanto el narrador es su transmisor intérprete, un pivote> un eslabén en la cadena, para que la comunicacién se mantenga. para que la palabra persists. A propésito de este tema citaremos.a una escritora cuyos textos suelen ser asiduamente tomados por los narradores orales. Graciela Montes. En su personel estilo, opind en una mesa redonda que se desarrollé en la Feria del Libro de Buenos Aires. en el Primer Encuentro Nacional de Narracién Ora Hay un narrador que con los dedos delicadaminte va desprendiendo la historia del primer tejidoy lalleva palpitando. temblorosa, fecordadora odaviade la forma que habfa tenido, a su vor y su palabra. O el que. munide de tijera y pegote 128 ‘CONTAR CUENTOS espantosamente suficiente, confecciona su maqueta, sin demasiada consideraciGn, porque, al fin de cuentas, sedice, uncuentoes sloeso, un cuento, cualquier cuento, i primero es embloroso, inseguro, cada vez cuenta por veztnica y primera, ‘iene dudas y sobre odo tiene oreja, un gran oreja para escuchar al otro exto, para dejar que see entretea, Fl segundo es arrasedor, y sordo ademés;porlo general su rei6rica es siempre la misma. Enel fondo cuenta siempre el mismo cuento. El primero, mi favorito, sehadejado inundar porel primertexto, Lohaclegido apasionadamente, como él elige el traductor ~cuando puede~ el texto que va a ttaicionar al;prestarle un nuevo cuerpo. . EI segundo s6lo se preocupa por matizar su repertrio. Dl texto inicial slo retiene la histori, lo demas es resaca de una borrachera en la que él nunca jamés ha participado. E! Quijote es lahistoria de un chiflado. Madame Bovary ade una ‘mujer que engsiiaa su marido. Dotadode un espantoso sentido comin, eI narrador tijera no entiende nada (Montes, 1996, pég. 17). Adaptacién de cuentos literarios Seincluyen aquflatranscripci6nyyel andlisis de algunos cuentos literarios afin de mostrar las dificultades y posibles vias de solucién que implica la adaptacién de cuentos a los fines de contarlos, + Reduecién de secuer Recordando aquello de que hay tiempos distintos para la lectura y parala escucha, nos encontramos con cuentos que, si bien pueden responder adecuadamente al tiempo interior del lector, al ser narrados corren el riesgo de no lograr mantener la atencién en su totalidad. En ese caso conviene recordar lo visto sobre el andlisis de la estructura y ceftirse a la misma para considerar fundamentalmente la informacién que sea adecudda para el desarrollo del contflito. ‘Veamos un ejemplo:! , | Blegf este evento porque esti contado al estilo de las fébulas, porque presenta personajes bien definidas y sobre todo porque su primera lectura me produjo el deteo de nararo, Cuando le sliité a ator, uno de nuestros ms insignes esrtores, su autorizacign para conario, no s6lo me a concedié generosamente sino que me sugriéhacere algunas modifcaciones en euanto as extensidn, pra lograrun tempo més adecuado aa oralidad ‘Como puede observarse era buen conocedar de los tees que nos preocupan aos narradores corals. En una comunicacién personal me comenté: "Si un evento escrito no puede ser contado... algo pasa, esta idea autoriza a continua nuestas reflexiones acerca de las dificultades y posibilidades que implican los trastados de lenguajes. (Cémo contar cuentos LAs ABEJAS DE BRONCE Marco Denevi Desde el principio del tiempo el Zorro vvié de la venta de la rmlel, Era, aparte de una tradicién de familia, una vocacién heredttarla, Nadie ten(ala hablidad del Zorro para trater alas ‘Avelae (cuardolas Abelas eran unoe arimallzce muy iritables) y hacerlae rendir al maximo, Esto por un lado, Por atro lado el Zorro eabla entenderse con el Oeo, gran coneumidor de mie! y, por lo mismo, eu mejor cliente, No resultaba fécillevarse bien con el Oso, uneuleto.un pocobrutal, tun poco salvaje, cuya rudeza de maneras no todo el mundo estaba diepuesto a tolerarle Incluso.el Zorro, a pesar de sularga prActica, tuvo que suftir alguna desgraciada experiencia en ese sentido. Una vez, por ejemplo, a causa de no of qué cuesti6n trivial, el Oso destruyé de un zarpazo la balanza para pesar la miel. El Zorro no 6¢ inmutd ni perdié ou sonrisa (Lo enterrardn con la sonrisa puesta, decia de él su tfo poltico, el Tigre). Perole hizo notar al O50 que, conforme ala ley, estaba obligado a Indemnizar aquel perjulci. —Naturalmente —se rié el O8o—. Te indemnizaré. Eepera que corro a indemnizarte. No me alcanzan las piernae para ‘traerte la Indemnizacion, Y 8¢ refa como lo que era, como una bestia, —8{—aljo el Zorro con eu voz tranquila—, oe aconsejo que 8e dé prisa, porque las Abejas ee Impacientan, Filese, sefior. Haciendo un ademan teatral, un ademén estudiado, eefialé Ige colmenas. El Oso se fjé ¢ instanténeamente de|6 de refr. Porque vio que millares de Abejae hablan abandorado us panales y con el rostro rojo de célera, el ceftofruncido ya boca criepada, lo miraban de hito en hito y parectan dispuestas a atacarlo. No aguardan sino mi eefal —agregé el Zorro, dulcemen- ‘te—. Usted sabe, detestan las groserias,