LA BIOGRAFIA DE UN MARTIR DE CRISTO REY

.En tiempos de la persecución religiosa del gobierno de Plutarco Elías Calles a los católicos mexicanos, a finales de la década de los veintes del siglo pasado, el ingeniero Luis Segura Vilchis dirigió un fallido atentado contra el presidente electo, Alvaro Obregón, del que se esperaba siguiera la línea persecutoria de Calles. Como el automóvil utilizado había pertenecido, en otro tiempo, a Humberto Pro -hermano del Padre Agustín Pro-, se le involucró injusta y abusivamente en este hecho, y aprovechando la ocasión, también al propio sacerdote jesuita y a un hermano menor de ambos: Roberto. El ingeniero Segura Vilchis fue detenido primero, antes que a los hermanos Pro, pero como el mismo día del atentado tuvo la coartada de estar, más tarde, en la misma plaza de toros a la que acudió Alvaro Obregón e incluso intercambió con él, brevemente, algunos comentarios sobre la corrida, fue soltado por instrucciones del mismo General Obregón que recordaba ese encuentro. Sin embargo, tiempo después, al enterarse del injusto encarcelamiento de los hermanos Pro, acudió ante el General Roberto Cruz, Inspector General de Policía en México, y le hizo darle su palabra, de hombre y militar, de soltarlos si él denunciaba a la cabeza que dirigió verdaderamente el atentado. Al tener la palabra y la promesa del General Cruz, confesó ser él el autor y director del atentado. Segura Vilchis creyó que soltarían al Padre Pro y a sus hermanos y se sintió tranquilo con su conciencia al suponer que quedarían liberados de esa falsa acusación contra ellos. Cruz comentó lo anterior al presidente Calles y éste le ordenó asesinar, sin juicio alguno, a todos los detenidos, incluyendo a los inocentes, es decir a los hermanos Pro (finalmente, sólo uno de los tres, Roberto Pro, por ser menor de edad y gracias a diversas gestiones, fue liberado, minutos antes de la ejecución). En el siguiente pasaje tomado del libro "El indio que mató al padre Pro" (del Fondo de Cultura Económica), el general Roberto Cruz Díaz, quien fuera Inspector General de Policía en México, y ejecutor del fusilamiento del Padre Pro, relata al periodista Julio Scherer García, cómo le dio Calles, entonces presidente de México, la orden de fusilar al mártir mexicano sin juicio alguno. —(El presidente Calles:) "Esos individuos son implacables en sus procedimientos. Ahora fue el general Obregón, mañana seré yo, después usted. Así es que dé las órdenes correspondientes y proceda a fusilarlos a todos". Otro silencio en el despacho presidencial. Largo, intenso. Nuevamente los ojos del general Calles en los míos, inquisitivos e imperantes al mismo tiempo. Le dije yo entonces, con todo el respeto debido, que si no le parecía más conveniente que los consignáramos a las autoridades judiciales, a un tribunal. —"¡No!" —respondió. Ahí quedó esa palabra, vibrante, única, momentáneamente absoluta. —"Hay que cortar el mal a tiempo, general Cruz. Ejecútelos y en cuanto esté cumplida la orden, venga a darme cuenta de ella".

El General Cruz dispone todo para que sean ejecutados, SIN JUICIO ALGUNO, tanto los realmente involucrados en el atentado como los que nada tuvieron que ver. El día de la ejecución, el Ing. Segura Vilchis con paso lento y gran aplomo se dirigió al paredón y al pasar frente al General Cruz lo miró directamente a los ojos y en un mudo reproche, le dijo sólo con la mirada: "No cumplió usted su palabra de hombre y de militar". Poco después caería fusilado gritando "¡Viva Cristo Rey!" junto al cuerpo del Padre Pro, previamente asesinado. Fueron ejecutados también Humberto Pro (inocente) y Juan Antonio Tirado (que sí participó en el atentado contra Obregón).

Muchos años después, en una larga entrevista (la última de su vida) otorgada a Jorge Fernando Ramírez de Aguilar y publicada en la obra escrita por éste (de escasa circulación), "Del paredón a los altares", el general Cruz -ya de 101 años y ostentándose como masón grado 33, con varios reconocimientos Pats Master- lamenta que estos hechos le hayan acarreado, durante toda su vida, "fama de matón, de sanguinario, de troglodita" pero señala que volvería actuar como entonces. Además, sostiene enfático: "Si entre los ejecutados hubo un santo ése fue el ingeniero Segura Vilchis...De veras que a ese sí sentí que lo hubieran "tronado"....voy a decirle una cosa (de la beatificación del Padre Pro): jamás será santo de mi devoción, je je je".

El General Roberto Cruz -al centro sin gabardina- en el momento de dirigir el fusilamiento

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