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La Jornada

Usted está aquí: lunes 15 de enero de 2007 → Cultura → Cuestiona Teresa Velázquez las
guerras en nombre de la religión
Las obras mostradas en el MAM surgieron luego del 9/11

Cuestiona Teresa Velázquez las guerras en


nombre de la religión
MERRY MACMASTERS

La pintora abstracta Teresa Velázquez ya trabajaba una serie sobre el Fausto de Goethe,
que "proponía un límite a lo existencial terrenal", cuando sucedieron los ataques terroristas
a las Torres Gemelas, cuya caída presenció al encontrarse en Nueva York. Ese hecho
contribuyó a que girara la mirada para ver "de qué se hablaba cuando se conversaba de
religión".

Es decir, "a qué se referían cuando trataban de asociar actos terroristas en nombre de Alá o
invocando a las religiones, o proponiéndolo hasta cierto punto como un conflicto religioso.
A qué nos referimos cuando hablamos de religiones y por qué tenemos que regresar a estas
discusiones ahora".

Todos, menos uno, de los 27 óleos, tintas, acuarelas y monotipos que integran la
exposición Cada trazo. Pinturas recientes de Teresa Velázquez, montada en el Museo de
Arte Moderno (MAM), son posteriores a los ataques de 2001. La única que es de 2000 se
inspira en una imagen de Fausto de Goethe que dice: "Venturoso adiós que en la arena
dejé escrito". Las demás contemplan mediante la forma "desde el acá el más allá", como
ha dicho el escritor Javier Sicilia.

Hacia ese fin Velázquez tradujo a imágenes "palabras que se encuentran en textos
sagrados y que son arquetipos pertenecientes a tres de las religiones o filosofías más
antiguas. Basmala, Tawhid y Sattva son las afluentes que nutren algunas de sus búsquedas.
Los 99 nombres, La puerta de infinitos prodigios, Las diez mil cosas, son los títulos que
revelan los estadios espirituales que ha visitado, tanto del Islam como del Lejano Oriente",
señala Luis-Martín Lozano, director del MAM.

En 2001 Velázquez expuso en el MAM, en la colectiva de cuatro, 4ª2g. En 2004 recibió


un primer premio en la XII Bienal de Pintura Rufino Tamayo.

Para Javier Sicilia, Velázquez tiene una característica particular dentro de la pintura
abstracta: retoma la noción que tenían los pintores de icono del periodo bizantino, en el
sentido de que no era propiamente una imagen, sino una especie de umbral de los
misterios que estaban en el arcano, que habían sido revelados a través de las formas de la
creación".

Continúa: "Teresa Velázquez retoma esa realidad antigua del icono bizantino, pero con las
características modernas del abstraccionismo. Lo que nos presenta precisamente es una
especie de umbral. Los trazos que se ven a lo largo de la exposición son esta reducción de
la forma a su mínima elementalidad, al color. El trazo que nos permite entrar a esos
misterios como en el mundo bizantino, ya no bajo la mirada de la tradición cristiana, sino
bajo la mirada de una realidad que ya no quiere decir ni apoyarse sobre ningún criterio
ideológico. Simplemente, la pura expresión y la pura experiencia de entrar en el misterio a
través de umbrales que son las formas más elementales que maneja la artista en su obra
abstracta".

Otra de las característica de Velázquez, apunta Sicilia, tiene que ver con sus trazos, sus
formas, sus colores, ya que su foco de luz no está en el exterior sino que parece emanar del
mismo cuadro. Coloca a la artista dentro de la línea de Rothko, que también retoma la
tradición del icono, y abre una nueva dimensión de lo religioso y de lo espiritual más allá
de formas ideológicas o religiosas particulares.