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ALGUNOS REFLEXIONES GENERALES SOBRE EL TRABAJO SOCIAL

ARGENTINO

Dra Margarita Rozas Pagaza ‫٭‬



Mg. María del Carmen Ludi

RESUMEN:
El artículo intenta reflexionar sobre la formación académica, la investigación y la
Intervención Profesional de Trabajo Social en Argentina. Dichas reflexiones expresan
avances que la profesión ha realizado en los últimos 20 años, así como las tensiones que
aún persisten y que son comunes a la misma en otros países de América Latina.

PALABRAS CLAVES: Formación académica; Intervención Profesional, e


investigación en Trabajo Social

ABSTRAC
The article tries to expose professional formation, investigation and professional
intervention in Argentinean Social Work. The objective is to express the advances that the
profession has accomplished in the last twenty years, and to put in perspective the debates
that still remains in the field, and that we share with other Latinoamerican countries.

KEY WORDS: Professional formation; professional intervention and investigation in


Social Work.

Consideraciones Generales
‫٭‬
Docente - Investigadora; Directora de Doctorado en Trabajo Social y Decana, Facultad de Trabajo Social -
Universidad Nacional de la Plata.

Docente - Investigadora - Facultad de Trabajo Social - Universidad Nacional de Entre Ríos.

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Escribir sobre la situación del Trabajo Social en Argentina, es una tarea muy difícil por la
heterogeneidad existente entre las diferentes unidades académicas y por la diversidad de
concepciones sobre la formación académica y el ejercicio profesional 1
No obstante en el presente artículo, se intenta reflexionar sobre ello, vinculando las
perspectivas de Trabajo Social y la intervención profesional; la formación académica; y la
producción de conocimiento en Trabajo Social en el marco de los desafíos y debates
contemporáneos. En ésta línea, identificaremos algunas tendencias, -en tanto fuerza teórica
/ política y ética- respecto de la formación y de la profesión, en tanto caminos a andar y
fortalecer.
Cabe señalar que las opiniones que se dan acerca de éstos núcleos son aproximaciones
muy generales, en ese sentido existe el riesgo de no poder expresar las particularidades que
puedan enriquecer esta reflexión. AsImismo se intenta contextualizar dichas reflexiones
históricamente a fin de ubicar y entender los interrogantes y búsquedas en cada momento.
Se dieron. Así, en los años 80´, con el advenimiento de la democracia -después de una
etapa oscurantista llevada adelante por la dictadura militar, en la que se cerraron Escuelas
de Trabajo Social, hubo colegas desaparecidos, en prisión, sufriendo torturas- se
empezaron a realizar debates interesantes en torno a la necesidad de pensar reformas
curriculares, a rediseñar planes de estudio. Debate que permitió un avance importante en la
cualificación de la formación profesional y el ejercicio profesional.

Luego, en la década de los 90´, como producto de las políticas neoliberales se impulsó
una visión más tecnocrática, a la cual denominamos tecno-gestión en el marco de una
concepción de universidad que empezó a organizarse en función del mercado laboral y las
necesidades del proceso de acumulación capitalista.
En ese sentido, las Ciencias Sociales y el Trabajo Social en particular, quedaron
subalternizadas. De todos modos hubo una crítica importante a este proceso de
transformaciones, que llevó a una buena parte del colectivo profesional, a pensar la
formación y la intervención profesional como un proyecto académico institucional y a
pensar la intervención desde una perspectiva más proyectiva, estratégica y política.

Dada la responsabilidad que significa escribir este artículo sobre un tema tan complejo, he invitado a la
profesora María del Carmen Ludi, quien ha estado muchos años participando en la Comisión Directiva de la
Federación Argentina de Unidades Académicas de Trabajo Social. En sus reuniones se han generado muchos
de los debates que han sido registrados por ella, ya sea a nivel de documentos y/o artículos, los que han sido
retomados en los análisis referidos a la primera parte de este artículo.

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En la actualidad, los ejes de discusión abarcan los siguientes aspectos: la necesidad de
pensar una matriz que oriente formación en relación a la realidad; la importancia de la
investigación; la necesidad de plantear líneas de conocimiento que aporten a la
intervención; y la resignificación de categorías y conceptos. Algunos consideran que las
metateorías no dan cuenta y no posibilitan comprender o explicar los problemas inéditos
que enfrentan las ciencias sociales en este proceso de complejización de la cuestión social
y de la crisis del capitalismo actual.

En este contexto la demanda social a la profesión de Trabajo Social puede ser entendida
como un proceso construido históricamente en el interjuego de tres componentes: los
requerimientos derivados de la interpretación y atención de la "cuestión social" desde el
Estado y desde los espacios públicos societales, con sus variantes en los diferentes
momentos históricos; el ejercicio de los profesionales en los diversos campos
ocupacionales -en el plano académico: la docencia, la investigación y la producción teórica
en la disciplina- y la vinculación entre todos ellos.

a) Perspectivas de Trabajo Social e Intervención Profesional

* Tendencias en relación a Trabajo Social: están referidas a problematizar la orientación


actual de la disciplina, la configuración del campo hoy, ante la heterogeneidad de
la pobreza; la opacidad de lo social y las diversas formas que asume la exclusión
social: edad, género, clase, raza, etnia.
Los desafíos se presentan a la Investigación como a la Intervención, ambas constitutivas
del campo disciplinar, en tanto modos de instalar en la agenda pública, las diversas
problemáticas sociales contemporáneas, lo cual requiere una gestión competente y sólida;
más fructífera, que tenga como horizonte la construcción de una sociedad más humana,
justa e igualitaria sustentada en ejes como la ampliación de la participación en la vida
democrática; el respeto por la dignidad humana; la interpelación ética permanente acerca
de la realidad; una direccionalidad política con opciones ideológicas claras.
Interpretar las transformaciones que afectan al mundo de la producción, a la esfera del
Estado y a las políticas públicas, nos permite conocer nuevas mediaciones en las
manifestaciones de la cuestión social, en las demandas puestas en la profesión y en las
respuestas dadas por ella.

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Este posicionamiento desde una Perspectiva Crítica, requiere superar la perspectiva
técnico-instrumental hegemónica, lo que implica trabajar en profundidad la relación teoría-
práctica; la relación intervención-investigación; las mediaciones entre interpretación e
intervención y el fortalecimiento de las dimensiones constitutivas de la Intervención
Profesional: teórico-epistemológica; metodológica/operativa y ético-política, consensuadas
en el colectivo profesional; necesariamente articuladas entre sí, teniendo la misma
importancia y pensadas como una totalidad.

* Tendencias en relación a Escenarios y Espacios de Inserción laboral; de Intervención


Profesional. En base a la relación Estado / sociedad civil / mercado, los profesionales
distinguen la necesidad de entender: lo Público estatal; lo Público societal y Privado. Todos
atravesados por cuestiones relacionadas al “mundo del trabajo”; flexibilización laboral;
sociedad en riesgo; exclusión social; inseguridad civil y social. En este sentido, se
considera importante desde las prácticas, el fortalecimiento de la sociedad civil como
instancia que interpela las acciones de gobierno e instala sus demandas en la agenda
pública , en consecuencia esta concepción se diferencia de la ideología neoliberal, la que
en la década de los 90´ posibilitó el auge del llamado Tercer Sector; del voluntariado
social; de la responsabilidad social empresaria, de la refilantropización, respondiendo al
modelo neoliberal instalado.

Desde cada uno de estos espacios, se intenta plantear la posibilidad de pensar el campo
de las políticas público-sociales; de su articulación con las personas/grupos involucrados;
con modos de co-gestión diferentes, desde la idea de trabajo en redes sociales,
institucionales, comunitarias; de una nueva sociabilidad cultural y política, que tengan
como principal apuesta la construcción de ciudadanía y la defensa de los derechos sociales.
Esto lleva a reflexionar acerca de la práctica profesional, la que no puede ser comprendida
por fuera de estos cambios socio-políticos y culturales. La Intervención profesional debería
ser repensada para comprender la lógica de dichas transformaciones que a su vez
modifican y sobredeterminan escenarios y espacios socio-ocupacionales, de inserción
laboral / profesional y por lo tanto sus características, alcances y limitaciones.
Hablar de Trabajo Social hoy implica entre otras cosas, problematizar aspectos y
dimensiones en los distintos campos de Intervención Profesional. Repensar estos espacios
conlleva analizar cuál es el lugar que ha venido ocupando la profesión en la relación
Estado / sociedad y cuál el que se quiere tener, desde una perspectiva crítica, lo que supone

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pensar a la Intervención Profesional desde su propia configuración socio-histórica en torno
a diferentes temáticas / problemáticas y políticas sociales.
Para esto es importante que en los procesos de aprendizaje, tanto estudiantes como
docentes, puedan desandar las distintas formas de institucionalidad social expresadas en
cada contexto a partir de un centramiento en el actual, acompañándolos desde una lectura
analítica acerca de las condiciones que configuran las organizaciones institucionales al
interior de un sistema de producción y reproducción capitalista y del Estado neoliberal, así
como sus limitaciones para la práctica profesional.

* Tendencia a la construcción; reconstrucción y/o fortalecimiento de un Proyecto socio-


profesional. Hoy está en discusión lo de proyecto/s ético/s - político/s, que intenta/n, a
través de diferentes dispositivos: la recuperación y revisión crítica de la configuración
profesional; la cuestión de rigurosidad epistemológica / metodológica; la superación de la
búsqueda de alternativas metodológicas; la superación de la tendencia a la naturalización,
mecanización, desprofesionalización de Trabajo Social.

Proyecto profesional en el que cobra relevancia la visión ideológica y política. Se expresa


también una preocupación de algunos planteos: el “olvido de la persona”; la no
consideración del “otro” como sujeto (Nidia Aylwin: 1998); la débil dimensión
emancipatoria de la Intervención Profesional; el debilitamiento de Idearios; la casi ausente
expresión de sentimientos, de emociones; la -a veces- inmovilidad de la sensibilidad; la
“compra” y/o confusión de valores.

En la disputa por los sentidos de la categoría profesional tiene alta importancia el papel de
las organizaciones de profesionales (Colegios, Círculos, FAAPSS); de unidades
académicas (FAUATS); de estudiantes (FAETS); de graduados en el caso de la
universidad.
Tanto en las acciones de confrontación como de trabajo conjunto; en los avances y
retrocesos; en los quiebres y rupturas; en la instalación de hegemonías; en las cuestiones
generacionales; en la no homogeneidad; en la intencionalidad y objetivos de las estrategias
organizativas se juega: lo ideológico; lo ético / valórico; lo político; la representatividad. El
campo de Trabajo Social, en sintonía con lo que acontece en nuestro país, se encuentra
disperso; con ciertas características de fragmentación; individualidad, en relación al
colectivo profesional, al contexto más amplio. Hacia afuera está instalado un discurso
como “hacedores y convocantes” de la participación y organización de personas, familias,

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grupos; hacia adentro, muchas veces no podemos dar contenido y continuidad a los propios
espacios de articulación y crecimiento de la profesión.

b) En relación a la formación académica


La implementación de la Ley Federal de Educación y de la Ley de Educación Superior
durante los ‘90 generó una re-configuración de las instituciones de educación superior
universitaria y no universitaria. Este nuevo escenario abrió la posibilidad de elaborar
nuevos currículos, a la vez que condicionó las discusiones en torno a las mismas, dado que
las propuestas neoliberales tuvieron una fuerte presencia en la direccionalidad del proyecto
educativo en sus distintos niveles.
En cuanto a la formación de Trabajadores Sociales, hoy en nuestro país conviven más de
20 carreras en el ámbito de la Universidad, -público/nacionales la mayoría- y privadas; y
más de 30 en el ámbito de la Educación Superior No universitaria o Terciaria, -público-
provinciales y privadas (dependientes de Ministerios Provinciales de Salud, Acción Social
y Educación o de Instituciones Confesionales). Muchas de ellas aisladas de los debates
actuales y alejadas de la Organización Nacional.
Sin dudas esto marca una gran heterogeneidad en la formación de grado, así como
diferencias institucionales -vinculadas, a la dimensión normativa, cultural, de historia y
proyecto organizacional y contextual- que impactan en la perspectiva desde la cual se
piensa, diseña e implementa la formación profesional, generando a la vez diferencias en las
condiciones para impulsar cambios, transformaciones.
En el ámbito universitario nacional existe también disparidad entre las Unidades
Académicas de Trabajo Social, ya que las mismas pertenecen a distintos niveles dentro de
la estructura institucional (Facultades, Escuelas, Carreras y/o Departamentos) marcando
grandes diferencias respecto a presupuesto, infraestructura, equipamiento y recursos
humanos con que se cuenta. Diferencias en la capacidad institucional instalada que afectan
significativamente la posibilidad de concreción de iniciativas en docencia, investigación
y/o extensión que permitirían hacer más visible la producción académica que
efectivamente tiene el colectivo profesional.
Cabe destacar que en éste marco heterogéneo de formación de Trabajadores Sociales que
también caracteriza a la formación en Latinoamérica, se hace muy difícil pretender un
proceso de fortalecimiento de la formación y del campo profesional desde una determinada
perspectiva. Formación que sin dudas debería desarrollarse en el nivel de la Educación
Superior Universitaria como espacio pertinente que permita a sus cuadros docentes re-

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pensar los marcos referenciales de la disciplina, que sustenten la Intervención en el
contexto de las grandes transformaciones socio-económicas-políticas y culturales.

En relación a la cuestión político-académica más específica, la formación en Trabajo


Social no tiene una única direccionalidad. Hay miradas múltiples, respetables, pero
consideramos que es necesario construir una línea de pensamiento común en sus
lineamientos generales, que se recreen en el contexto de cada realidad regional-local, que
nos permita recuperar las cuestiones más significativas de cada una de ellas.

Repensar la formación profesional, ha sido y sigue siendo una cuestión problemática


recurrente; una de las principales preocupaciones en la mayoría de las unidades académicas
y en el contexto de las organizaciones nacionales y latinoamericana de Escuelas: FAUATS
(Federación Argentina de Unidades Académicas de Trabajo Social); ALAEITS (Asociación
Latinoamericana de Enseñanza e Investigación en Trabajo Social) y en las Asociaciones
de Profesionales, en nuestro caso FAAPSS.
Formación a la que tenemos que mirar desde una perspectiva histórico-social-contextual
desde el surgimiento de Trabajo Social como profesión; analizando cómo se han ido
traduciendo las diferentes sobredeterminaciones económicas, culturales, sociales, políticas,
éticas, teórico / epistemológicas, en su trayectoria, sus búsquedas, sus contradicciones,
limitaciones, avances; su relación estrecha con el ámbito estatal, con las políticas y
programas sociales, pero por sobre todo en su Intervención ligada a situaciones de pobreza,
dolor, injusticia, a los “rostros duros” de la miseria.
Formación que tiene sustento en proyectos pedagógicos que responden a perspectivas que
a veces se explicitan, a veces no; otras que ni siquiera son debatidas por la comunidad
académica. Se hace necesario considerar que hay rasgos a preservar y rasgos a recrear en
relación a la Identidad profesional, en la línea de no agrandar ni agravar brechas existentes
entre práctica profesional y academia. Aún coexisten muchos de los viejos interrogantes de
la profesión así como también diversos discursos, intentando nombrar un Trabajo Social,
como si esto fuera posible al interior de un campo como “lo social.”
Reconociendo que la cuestión de la heterogeneidad curricular viene siendo un tema nodal
en las distintas instancias de encuentro entre Unidades Académicas, fue surgiendo la
necesidad de discutir a nivel nacional la posibilidad de trabajar sobre lineamientos
curriculares básicos o comunes que contengan la diversidad desde una matriz identitaria
común (Documento FAUATS: 2008)

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Los mismos son entendidos como un conjunto de directrices que establecen una base
común -que supone la construcción colectiva de un proyecto de formación profesional- a
nivel nacional, para los cursos de grado en Trabajo Social, a partir de la cual cada Unidad
Académica elabora su Plan de Estudios.

Criterios Generales y Premisas referidas a la Organización Curricular: a partir de


discusiones en los Encuentros Académicos Nacionales de 2005, 2006, 2007, fueron
consensuados algunos criterios generales que fundamentan una propuesta de lineamientos
curriculares básicos:

 Flexibilidad de la organización de los planes de estudio que favorezca la


dinamicidad de los currículos.

 Indisociabilidad entre las dimensiones de enseñanza, investigación y extensión.

 La intervención profesional como eje que vertebra la formación, reafirmando la


unidad conocimiento-acción.

 Las dimensiones teórico/epistemológica; ético/política y metodológica/operativa, se


reconocen como transversales a la formación.

 El pluralismo como fundamento de la vida académica y profesional: lo cual implica


fijar acuerdos sobre el sentido de los conceptos, el debate entre las distintas
tendencias teóricas, a la vez que aportar a una orientación clara de los planes de
estudio.

 El desarrollo de la articulación entre grado y postgrado.

 La formación de formadores en el contexto pedagógico particular de la enseñanza


de Trabajo Social, lo cual significa impulsar sostenidamente la capacitación docente
y promover el acceso a los cargos vía de concursos.

De los debates se desprende asimismo, una serie de premisas referidas a la organización


curricular, a saber:
 Que las carreras tengan un mínimo de cuatro años de duración, en el caso de las
terciarias y 5 años en el cado de las universitarias.

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 Que el régimen para las materias que constituyen el núcleo de formación disciplinar
sea presencial/de cursado obligatorio.
 Que las prácticas pre-profesionales en territorio sean supervisadas por docentes
titulados en Trabajo Social.
 Que los núcleos que estructuran el cuerpo de conocimientos necesarios sean:
-Fundamentos teóricos y filosóficos de la vida social
-Formación socio-histórica y política de la sociedad argentina
-Profundización en la formación disciplinar

* Tendencias en cuanto a la relación Trabajo Social / Formación Académica.


En la actualidad, podemos identificar de acuerdo a las perspectivas de Trabajo Social
vigentes, diferentes tendencias - perspectivas en la Formación Académica y que
responden al Perfil de Trabajo Social que se sostiene:
 Algunas se mantienen en la misma postura de Trabajo Social tradicional tal cual
fueron creadas sus carreras (separación teoría / práctica en cuanto a ámbitos de
abordaje: Caso-Grupo-Comunidad; Especialización de Servicios Sociales), sin
haber podido avanzar en relación a los cambios contextuales.
 Otras han tomado caminos extremos tanto hacia una Concepción de mayor
influencia de la "práctica" (formación de carácter pragmático, tecnicista) o de
mayor influencia de la "teoría" (formación de carácter teoricista, academicista,
cientificista).
 Muchas sostienen a Trabajo Social como Gestión Técnico / Operativa y desde allí
orientan la búsqueda permanente de nuevos "Modelos de Intervención" - diferentes
métodos, herramientas "prestadas" de otras disciplinas y que no se resignifican
para la nuestra desde marcos teórico-epistemológicos claros.
 Pocas en relación a la mayoría, a nivel nacional y latinoamericano estamos en la
tarea de pensar la formación profesional desde una perspectiva diferente de
Trabajo Social -coincidente con la perspectiva crítica, de "Construccíón
Disciplinar sustentada en otros parámetros diferentes a los del
positivismo/funcionalismo ...”; más compleja y a la vez más difícil de lograr.

Así, siguen presentes algunas cuestiones, tal vez sin mayor problematizaciòn, llevándolas
a veces a verdaderos dilemas: si es disciplina, tecnología, profesión, militancia; si el rol es
de mediador, gestionador, gerente, nexo entre necesidades/recursos, analista institucional;

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si hay modelos de Intervención o no es correcto plantearlo de esta manera; si hay métodos
específicos, si continuamos o no adoptando metodologías de otras disciplinas; si hacemos
Sistematización o Investigación; si continuamos “defendiendo” el espacio estatal o nos
“corremos” nosotros también hacia lo privado; si somos o queremos ser “teóricos”,
“cientistas” o “simplemente profesionales”.
En torno a esto han girado casi siempre los debates en Trabajo Social, sin alcanzar aún
búsquedas y acuerdos colectivos a través del intercambio académico y profesional en la
idea de superación de la visión binaria de oposición; de construcción de procesos de
reflexividad al respecto.
Consideramos que en nuestro país, en los últimos 20 años existe una tendencia sostenida
en tanto pensar a Trabajo Social desde la perspectiva de Construcción Disciplinar, en la
que el énfasis está puesto en lograr mayor conocimiento que posibiliten una comprensión
social compleja de la realidad, de las problemáticas sociales, plasmada en una
Intervención Social fundada, innovadora.
Una y otras posturas, que constituyen tendencias identificables, definirán perfiles,
contenidos y modalidades. El debate disciplinar e interdisciplinar, explicitado y
argumentado, permitirá a cada unidad académica, construir su propia identidad en la
formación.
La misma involucra procesos de Reforma Curricular; el establecimiento de Lineamientos y
Estructuras Curriculares Básicas; el desarrollo de Post Grados disciplinares, entre otros.
Aquí podemos destacar la existencia de carreras de Especialización (ligadas a la profesión,
no específicas); Maestrías interdisciplinares que incorporan a Trabajo Social; Maestrías
disciplinares (2 programas: Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre
Ríos - UNER y la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de La Plata –
UNLP en convenio el Programa de postgraduaciòn de la Pontificia Universidad Catòloca
de San Pablo ) y Doctorados (2 programas: Universidad Nacional de Rosario. UNR y
Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de la Plata, recientemente aprobado
UNLP y que ha establecido un Convenio postgrado de la Universidad Estatal de Rìo de
Janeiro- UERJ y continua el Convenio con la Pontificia Universidad Catòlica de San
Pablo, Brasil ).

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c) Respecto a la producción de conocimiento en Trabajo Social

Consideramos su importancia en tanto ella tiene (o al menos debería tener) una


incidencia significativa en la construcción del campo profesional. La utilidad a
adjudicarle será altamente considerable, en tanto se defina para qué se investiga,
para quien y qué han aportado y aportan nuestras investigaciones a las
transformaciones de la sociedad. Entendemos que el desarrollo de toda profesión
está estrechamente vinculada a la producción de conocimiento. A su turno dicha
producción siempre está referida a los fenómenos sociales que expresan el
movimiento de lo real. A esta constatación general se debería agregar, para el caso
del Trabajo Social, la necesidad de que estos conocimientos sean la base de la
Intervención, a partir de la comprensión de que la naturaleza de la profesión está
direccionada a incidir sobre los procesos sociales específicos. Procesos que aparecen
sumamente complejos y en consecuencia se necesita de la investigación como
herramienta principal para desentrañar e interpelar los mismos.

Si bien es cierto, que esta perspectiva está asumida por la mayoría del colectivo
profesional, sobre todo en el ámbito académico, cabe señalar que existe una
tendencia a la sociologización de la investigación, en el sentido de un corrimiento de
la investigación respecto a las temáticas / problemáticas que constituyen el “campo
problemático” de la Intervención. Dicho de otro modo, los objetos de investigación,
muchas veces están desligados de una mirada desde el Trabajo Social. Por lo tanto,
se indagan problemáticas más genéricas vinculadas a la comprensión de la sociedad
-lo que no que no quiere decir que ella no sea necesario para Trabajo Social, pero no
debería quedarse solamente en esta comprensión general de los fenómenos sociales-
cuya consecuencia son el carácter ensayístico de los resultados de investigaciones
que no dan cuenta de procesos sociales específicos.

Hoy en día no sólo el Trabajo Social, sino las Ciencias Sociales en su conjunto,
deberían aportar desde el conocimiento, a dar cuenta de la configuración actual del
mundo social, intentando develar los fenomenales cambios generados en la vida
social a partir de las manifestaciones que la cuestión social tiene en la vida cotidiana
de las clases sociales subalternas. Para el caso del Trabajo Social, la investigación a
su vez, debe servir para problematizar las cuestiones específicas del ejercicio
profesional, en tanto ella tiene cercanía con dichas manifestaciones, entendidas
como “problemas sociales”.

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En este sentido, la investigación no es un requerimiento academicista, es por el
contrario un requisito ético que nos posiciona frente a la realidad con una conciencia
de descubrimiento e interpelación crítica. Sin duda, ello implica un acto de ruptura
respecto a las lógicas de pensar y construir conocimiento en el sentido positivista,
que justifican un orden social al hacer invisible las manifestaciones de “lo social”.
Por otro lado, esta corriente teórica ha llevado a la separación entre ciencia y
técnica, o dicho de otra manera, entre teoría y práctica; razón e instrumentalización,
generando un entrampamiento de la relación investigación/intervención.

La problematización de esta dicotomía debe ser explicitada, teniendo como base el


cuestionamiento de la racionalidad en la crisis de la modernidad y el
cuestionamiento del paradigma positivista, entendida como la “gran ciencia” que
tiene como base la consideración de que hay una identidad entre sociedad y
naturaleza, por la cual el dominio de la vida social, pasa por las leyes naturales que
son invariantes (homogeneidad epistemológica).

La fractura entre razón e historia, ha llevado a dicotimizar el conocer y el hacer, y lo


que es más grave, a la pretensión de asignarle “objetividad” al conocimiento a
partir de la fuerza de los hechos; a considerar que el conocimiento es neutro,
desprovisto de los conflictos ideológicos y de las prenociones, y en este sentido
encubre la interpelación de los fenómenos. En esta perspectiva, dichos
conocimientos están libres de interpretaciones y desligados de los contextos de
explicación.

No cabe duda que el neoliberalismo devenido en ideología y que persiste


actualmente, lo que trata es de propiciar un pensamiento tecnocrático vinculado sólo
a las necesidades del mercado. En contraposición secundariza el conocimiento
crítico de la vida social.

Por otro lado -si bien hay intentos de superación- aún existe en la formación
profesional- la dicotomía entre aquellos que les interesa más “la práctica” y aquéllos
que les interesa más la investigación. Estas dicotomías, inclusive nos atrevemos a
decir, exceden al debate teórico, sean éstas positivistas o neopositivistas, que
plantean la externalidad de la relación entre sujeto-objeto; o aquéllas teorías
centradas en la comprensión subjetiva de los individuos contraponiendo el “dato”
por lo sensible. El pensamiento neoconservador en la producción de conocimiento

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nos platea un horizonte que insinúa que las causas de los fenómenos sociales se
deben buscar en el comportamiento individual de las personas y en sus capacidades
personales para adaptarse a los nuevos desafíos de la sociedad globalizada. En esta
perspectiva se pueden observar las teorías que orientan las investigaciones sobre las
diferencias, tolerancia, multiculturalismo, que explican en sí mismo los
comportamientos individuales desprovistos de sus relaciones. Hay una preocupación
por los modos de comportamiento sin la explicación de las condiciones en que se
generan.

La dicotomía conocimiento/intervención a su vez, ha polarizado en algunos casos, la


centralidad de la práctica, que luego deviene en pragmatismo y empirismo, en tanto
ella aparece enmascarada de un compromiso “emocional” despojado de toda
interpretación, o en todo caso, traducido a la generalización de que ese “compromiso
emocional” con la cercanía del que padece, es la carta de legitimación de un
profesional auténtico, lejos de las disquisiciones academicistas. Desde ese lugar, el
conocimiento de la realidad es a través de lo “vivencial”, que presupone la
experimentación validada en sí misma.

La práctica y la teoría no son dimensiones separadas, por lo tanto el conocimiento no


está separado de la acción, y en ese sentido la existencia de una, implica la existencia
de la otra. En tal sentido, la práctica es el fundamento de la teoría, contrario a la
consideración de ser la fuente de teoría para los pragmáticos. La práctica como
fundamento de la teoría, está vinculada a las necesidades del hombre social y ella, es
producto de un conjunto de relaciones sociales que aparecen difuminadas,
fragmentadas, que es necesario recomponerlas a través del pensamiento y la recreación
de conceptos y categorías. Ellas existen históricamente y como parte de un
conocimiento acumulado que es la base que permite desentrañar el presente a través de
la investigación. En este sentido, la práctica profesional es el campo de expresiones
problemáticas que sólo pueden ser analizadas a partir de un conocimiento anterior y
que se recrea en el encuentro con la realidad. Dicho proceso analítico corresponde a
operaciones mentales.

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* Estado actual de la Investigación en Trabajo Social en Argentina

A manera de hipótesis, se pueden visualizar dos momentos en el desarrollo de la


investigación en Trabajo Social para el caso argentino:

- un primer momento hacia los años 80 después del advenimiento de la democracia


como ya se dijo al comienzo de este artículo, está caracterizado fundamentalmente por
la reformulación y actualización de planes de estudio y la importancia que empieza a
asignársele a la producción de conocimiento en Trabajo Social. Cabe señalar que la
característica de la producción de conocimiento en esta época, se mide más por la
preocupación alrededor de ella, que por sus resultados concretos. Como prueba de ello
se observa que las publicaciones en Trabajo Social son muy pocas y sin mayor impacto
en el colectivo profesional. En este contexto, la preocupación por la investigación está
dada por la necesidad de preguntarse por la intervención profesional y por las
problemáticas ligadas a los movimientos sociales que resurgen en ese momento
histórico. Estas iniciativas de investigación se explicitan con mucho más énfasis en los
años 90´.

Por otro lado, no se registra la vinculación de investigadores en Trabajo Social a


organismos como el CONICET2, centros de investigación en las universidades, u otros
centros que tengan que ver con el desarrollo de la investigación. Los que lo hicieron,
muy pocos, fueron motivados por su vinculación con otros investigadores de las
Ciencias Sociales o porque estudiaron otras disciplinas que les abrió una perspectiva
diferente en la relación conflictiva e histórica que el Trabajo Social aún tiene con el
conocimiento.

- el segundo momento se caracteriza por un contexto de transformaciones en el sistema


educativo universitario y particularmente en la política de investigación a través del
Programa de Incentivos. Dicha política propugna la excelencia y la productividad en el
conocimiento a fin de ponerse a la altura de las exigencias del mercado. Desde esta
perspectiva, las prioridades que se asignan en la investigación privilegian las áreas de
desarrollo tecnológico, más que el de las Ciencias Sociales. Dicha política trae
aparejado un proceso de categorización y evaluación a docentes-investigadores. Hay
críticas a la concepción y formas de implementación de este proceso en cada
universidad (tema que daría para otro artículo). Lo que interesa destacar es que este
2
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

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proceso, más allá de dichas formas y concepciones, enfrenta particularmente a los
Trabajadores Sociales con una realidad ineludible respecto a la necesidad de hacer
efectiva la preocupación por la investigación, pero lamentablemente en condiciones
mucho más desfavorables que el conjunto de las Ciencias Sociales. Los Trabajadores
Sociales se vinculan tardíamente al Programa de incentivos; cuando se inicia el proceso
de categorización. Dicha situación hoy ha cambiado y se puede apreciar el crecimiento
de la investigación, así mismo señalar que ha crecido el número de docentes
categorizados. Por otro lado, en el código académico oficial no está registrada la
disciplina Trabajo Social, como área de conocimiento, afectando las posibilidades de
formar parte de Comisiones Académicas del Ministerio u otras instancias de
evaluación. Situación que hoy se constituye en una reivindicación del colectivo
profesional y que se está avanzando hacia la incorporación de profesionales a los
distintos ámbitos de evaluación.

El programa de incentivos a la investigación generó reacciones en el ámbito


académico de Trabajo Social. Algunos consideran y con justa razón, que esta política
de incentivos compensa la precariedad y el congelamiento de los sueldos en la
docencia, situación que en parte se ha revertido en los últimos años. Otros consideran
que se debe defender la docencia pero también la investigación y en este contexto, no
se puede dejar de participar en la política de incentivos o cualquier otro programa de
investigación, más aún teniendo en cuenta las desventajas con las que nos
encontrábamos en el sistema universitario. Saliendo de esta discusión, que puede
oscurecer el núcleo del problema, pasaron algunos años hasta sincerar el debate, en el
sentido de que la investigación para el desarrollo de la disciplina es importante a través
de la incorporación activa a instituciones de investigación existentes, públicas y/o
privadas.

En este contexto, esbozamos algunas líneas de investigación que se están


desarrollando.

1. Una línea referida a la relación de la intervención con las problemáticas sociales en


el ámbito de la salud, salud mental, hábitat, niñez, adolescencia, juventud, vejez,
familia, género, pobreza, estrategias de vida, ciudadanía, movimientos sociales,
desarrolladas en diversas unidades académicas.

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2. Otra línea de investigación vinculada a la formación profesional y a los diversos
aspectos que de ella se desprenden como: prácticas de formación profesional,
mercado ocupacional, perfil profesional y algunas investigaciones sobre la
dimensión ético-política de la intervención profesional.

3. Una tercer línea de investigación está vinculada a estudios de la historia de la


profesión y la intervención profesional en relación a las políticas sociales en el
marco de los programas de postgrado en Trabajo Social (Maestría - Facultad de
Trabajo Social - UNLP; Maestría - Facultad de Trabajo Social - UNER; Maestría
en Salud Mental - Facultad de Trabajo Social - UNER; Maestría en Ciencias
Sociales - Escuela de Trabajo Social - UNCba; Maestría en Políticas Sociales -
Facultad de Ciencias Sociales – UBA; Maestría de FLACSO; y en otras
universidades). Así, se puede apreciar la existencia de un desarrollo importante en
la producción de conocimiento es esta línea.

Cabe agregar también, que en los últimos años, muchos jóvenes profesionales han
accedido a las Becas de iniciación a la Investigación; de perfeccionamiento y
Superior, en el marco de la carrera de investigador propugnada por el sistema
universitario nacional y en el ámbito del CONICET.

Algunas Reflexiones finales

1. Propiciar y seguir desarrollando la tarea de investigación en Trabajo Social es una


necesidad impostergable. A su turno es importante que las carreras de Trabajo Social
avancen en el debate sobre la política de investigación en el marco de las reformas
curriculares que están en curso. Por otro lado, vincular esta política a los programas de
postgrado existentes en distintas unidades académicas. Consideramos que estamos en
mejores condiciones para seguir avanzando en esta dirección. .

2. Ratificamos la importancia de las investigaciones relacionadas a la naturaleza de la


disciplina, conocer y avanzar en el conocimiento de esto que llamamos Trabajo Social.
Ello permitirá organizar los contenidos de asignaturas específicas de Trabajo Social, ya
que hasta el momento hay una gran dispersión de los mismos.

3. Es de gran importancia volver la mirada a la Intervención y la construcción de


mediaciones. Si bien es importante y se debe seguir alentando el desarrollo de
investigaciones para entender la sociedad capitalista, también es importante trabajar

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sobre las mediaciones para resignificar la Intervención y responder a las demandas del
colectivo profesional.

4. Los desafíos se presentan tanto a la Investigación como a la Intervención, ambas


constitutivas del campo disciplinar, en tanto modos de instalar en la agenda pública, las
diversas problemáticas sociales contemporáneas. El Trabajo social propositivo (en la línea
del planteo de Marilda Iamamoto) requiere una gestión competente y sólida; más
fructífera, que tenga como horizonte la construcción de una sociedad más humana,
sustentada en ejes como la participación; el respeto por la dignidad humana; la
interpelación ética permanente acerca de la realidad; una direccionalidad política con
opciones ideológicas claras.
5. En la disputa por los sentidos de la categoría profesional, tienen un papel preponderante
las organizaciones de profesionales; de unidades académicas; de estudiantes; de graduados,
de allí la importancia y necesidad de involucrarnos activamente en cada una de ellas.
6. En el marco del fortalecimiento del debate y la socialización de la producción del
conocimiento es de importancia señalar, el intercambio académico e intelectual que se ha
ido construyendo en la relaciòn con los colegas de los paìses como Brasil, Chile, Uruguay
y otros de Amèrica Central.

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