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EDUCACIÓN PATRÍSTICA

La patrística es la fase en la historia de la organización y la teología cristianas que abarca


desde el fin del cristianismo primitivo, hasta alrededor del siglo VIII.

Su nombre deriva de los Padres de la Iglesia, los teólogos cuya interpretación dominaría
la historia del dogma.

Al hablar de Padres de la Iglesia nos referimos a aquellos cuya labor fundamental fue la
de redactar obras que exponían la doctrina cristiana. Son los verdaderos iniciadores de
la filosofía cristiana al mismo tiempo que desarrollan la estructura eclesial.

La tarea que realizó la patrística fue la de iniciar la construcción de un pensamiento


cristiano a partir del pagano.. Se puede decir que entre los Padres de la Iglesia hay una
valoración positiva de la filosofía. Se le considera capaz de ayudar a una mejor
comprensión de la fe. Esto impulsó la creación de los conceptos cristianos a partir de la
terminología griega. De esta manera los conceptos tomados de los griegos habían cobrado
un nuevo sentido en el marco de una filosofía cristiana.

La Epístola apócrifa de los Hechos de Felipe, expone al cristianismo como continuación de


la educación en los valores de la paideia griega (cultivo de sí). Que tenía como propósito
educar a la juventud en la “virtud” (desarrollo de la espiritualidad mediante la práctica
continua de ejercicios espirituales, a efecto de prevenir y curar las enfermedades del
alma, para alcanzar la trascendencia humana) y la “sabiduría” (cuidado de la verdad,
mediante el estudio de la filosofía, la física y la política, a efecto de alcanzar la sociedad
perfecta). El educador utilizando el discurso filosófico, más que informar trataba de
inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a
los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del
alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos)

La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo, ilustra lo que es la trascendencia humana y como


alcanzarla. Y por su autentico valor propedéutico, el apóstol Felipe introdujo en los
ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio,
San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el pensamiento de los
filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca,
Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar los fines últimos de la paideia griega
siguiendo a Cristo. Meta que no se ha logrado debido a que la letrina moral del Antiguo
Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores
extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición
eterna (muerte espiritual)

Los Padres Apologistas

Como Padres Apologistas, se les conoce a aquellos Padres de la Iglesia que surgieron a
partir de finales del siglo II d.C., cuando con la muerte de los discípulos de los apóstoles
se extinguían las referencias más directas a la vida de Jesús y de los orígenes de la época
apostólica. En esta etapa, los cristianos sólo tenían como referencia las Escrituras y la
Tradición Apostólica, y por ello lucharon para hacer frente a los peligros que amenazaban
la existencia misma de la Iglesia naciente. Los Padres Apologistas se encargaron de
defender el cristianismo en un momento en que, además de las persecuciones de las
autoridades civiles, surgieron nuevos planteamientos teológicos por parte de gentiles, y
miembros de la propia Iglesia.

Los escritores sagrados, desde la muerte de esta generación, solo tuvieron el testimonio
de las Sagradas Escrituras, de la Liturgia y de la Tradición mantenida en cada una de las
Iglesias particulares.

Estas primeras generaciones de escritores cristianos aún vivieron en la persecución y se


les conoce como Apologistas por la defensa que hacían del cristianismo frente a los
paganos o gentiles y otras doctrinas de la época. Entre ellos destacan Justino Mártir,
Ireneo de Lyon, Hipólito de Roma, Novaciano, Tertuliano; formando la Escuela de
Alejandría, Orígenes —el padre de la Teología—, Panteno, Cipriano de Cartago y Clemente
de Alejandría; y, de la Escuela de Antioquía, Luciano de Antioquía.

La inclusión de unos autores, bien como apologistas, bien como padres de la Iglesia,
depende más bien de criterios de estudio, que por razones generacionales.

La Iglesia se convierte en una institución autoritaria y decididamente comprometida con


el Estado, mediante el concurso de grandes autoridades eclesiásticas. Las principales
fueron San Jerónimo, San Ambrosio, S. Gregorio Magno, Cirilo, obispo de Alejandría y S.
Agustín, obispo de Hipona, a quienes se los llamó Padres de la Iglesia, y a su época,
patrística.

Bajo este dominio, los teólogos patrísticos hicieron suyos los problemas especulativos e
hicieron todo por afianzar y diseminar su doctrina, influyendo poderosamente en el mundo
latino. Es así como la Iglesia sustituye al Estado paulatinamente, mientras el Imperio de
disolvía. El otro Imperio, el Bizantino, duraría otros mil años, pero alejado de la influencia
patrística.

Después de tanta cruel persecución, sobre todo en la época de Nerón, la religión cristiana
se hace oficial, luego de la conversión del emperador Constantino, a principios del siglo
IV. Después de esto, durante un tiempo se permitió el paganismo, pero esto no duraría.

FIN DEL PAGANISMO

La aristocracia romana, que ya estaba en decadencia, practicaba aún el culto pagano y


antropomórfico heredado de los griegos, pero el tiempo pasaba y la patrística cobraba
fuerzas.

El 90 por ciento de los aristócratas practicaban aún el paganismo, hasta que apareció
Ambrosio, obispo de Milán, quien totalmente convencido de su credo, hizo patente su
intolerancia. Comenzó afirmando que la religión cristiana era la única verdadera y agregó
que las demás debían ser destruidas. Se ocupó de que todos sean obligados a practicarla,
cosa que logró al punto de que su tesis permaneció inalterada hasta finales de la Edad
Media, quinientos años después de la caída del Imperio.

Para ahondar más la cuestión, el emperador Teodosio se lanzó a favor del obispo y declaró
sin más la eliminación del paganismo, prohibiendo que alguien la practique ni en público ni
en privado. Así el cristianismo, de perseguido, se convirtió en gran perseguidor.

¿Qué hicieron los nobles romanos? Pues lucharon denodadamente por mantener la antigua
religión y tomando armas, presentaron pelea. Vano intento, pues tras ser derrotados, la
mayoría de los insurrectos fueron ejecutados sin merced. Aquel mandamiento de "No
matar", no funcionó para nada. De ese modo, el emperador se ganó el repudio del partido
de la aristocracia, y del senado.

DECADENCIA Y FIN

Pero ¿qué demonios estaba pasando? Pues que Teodosio no sabía qué camino tomar. Su
situación no era simplemente religiosa. Pasaba que ya no había como antaño suficientes
tropas para resguardar las fronteras del Imperio.

La nobleza ya no se avenía a tomar las armas para defenderlo y tampoco los plebeyos
querían hacerlo. Mientras, el peligro de invasión de los pueblos germanos se volvía
inminente.
Se avecinaba un nuevo reto de mayúsculo peligro. En otros tiempos, participar en una
guerra, traía la oportunidad de hacer esclavos, apoderarse de un buen botín y hasta de
divertirse cometiendo todo tipo de abusos y destrozos. Ahora, la gran mayoría de la
población estaba compuesta por romanos con derechos.

¿En qué consistía pelear contra los bárbaros? Pues en defender posiciones sobre el Rhin,
sin ningún premio y enfrentar gratis un peligro mortal. ¿Cómo encajaban los cristianos en
todo esto?, pues tampoco querían guerrear esgrimiendo razones morales. En resumen,
nadie estaba dispuesto a pelear. Ese era el problema de Teodosio, quien pensaba que sólo
contaba con la Iglesia para contener a los germanos.

Tenía, indudablemente, la Iglesia un inmenso poder político y el emperador logró apaciguar


por un tiempo a las tribus bárbaras, pero la ineptitud de sus sucesores desarrolló los
conflictos, y la caída definitiva del Imperio romano se hizo inevitable, lo que sucedió a
finales del siglo V. Comenzaba la Edad Media.