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Facultad de Cs.

Económicas MÓDULO 1, Unidad 2


EDUCACIÓN A DISTANCIA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA

LECCIÓN: Comprensión del hombre en los Presocráticos.


En el primitivo pensamiento griego, cuando en el siglo VI antes de Cristo
cuando los primeros filósofos escriben sus primeros textos considerados
filosóficos, la filosofía aparece sobre un trasfondo mítico-religioso. El hombre
es visto, en general, como un alma que está encadenada o encarcelada en un
cuerpo, al que ha sido desterrada. El origen del alma es divino, su meta es
trasmundana, y la vida debe ser un proceso de purificación para ser digno de
acceder, después de la muerte, al lugar de los bienaventurados a quiénes les
es dado contemplar las ideas. Bajo la influencia religiosa y mística de las
doctrinas órficas, pensaron: la esencia del hombre es el alma (una realidad
supramundana que por el efecto de un pecado cae en un cuerpo), su relación
con el cuerpo es extrínseca y accidental, y su destino es la salvación en el más
allá, una vez purificada. Existe el ser humano con una dualidad fundamental
de cuerpo material y alma espiritual, y le incumbe alguna responsabilidad por
su conducta (justa, injusta, culpable, expiatoria, etc.).
El pensamiento griego ha sido caracterizado como objetivo, por cuanto se
dirige al cosmos para hallar sus leyes fundamentales. Dentro del orden
cósmico, el ser humano, afirma Demócrito en el siglo V a.C., ocupa un puesto
central: es un microcosmos (μικρός, pequeño; κόσμος, mundo) que refleja en
sí todo lo que se da en el universo.
Por los escritos de Aristóteles y otros filósofos, sabemos que Tales de
Mileto (640-546 a.C.), investigador desinteresado, entendía al hombre como el
ser capaz de formular la pregunta por el αρχή (arjé), para descubrir el
elemento primordial y el sentido de todas las cosas. Dicho
elemento debe ser algo a la vez permanente y mudable,
para derivar de él los seres y los cambios: el agua. Pero su
pensamiento no se dirige sólo al mundo objetivo, por eso,
cuando se le pregunta qué es lo más difícil, contesta:
conocerse. También se atribuyen a él las siguientes
sentencias: el ser más rápido es el espíritu, porque recorre todo; vive
virtuosamente el que no hace lo que le reprocha a otro.
Pitágoras (569-475 a.C.) y los pitagóricos, instalados en la Italia
meridional, parecen haber sido los primeros en formular filosóficamente la
distinción entre el alma y el cuerpo, considerando el alma como inmortal, en
el seno del eterno retorno de todas las cosas, y de origen y fin divinos.
Pitágoras, cuya enseñanza se reunió en los Versos dorados, practicó y enseñó

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a sus discípulos a practicar el examen de conciencia diario, a vivir en pobreza


(porque todo es común entre amigos y todos los hombres son hermanos y
amigos por ser la raza de Dios), fidelidad y silencio, porque permiten
aproximarse a la divinidad, a hacer el bien, decir la verdad y dedicarse a la
oración (donde no quería que se pidiese por uno mismo porque, decía, nadie
sabe lo que le conviene). El hombre pitagórico, por lo demás, es un ser que
puede desarrollar en forma armónica y equilibrada la filosofía, la matemática
y la música, en una aristocracia de la razón, la virtud y la religión.
Heráclito de Éfeso (576-480 a.C.) caracteriza al hombre por la percepción
del Logos, que es el sentido y ley del mundo. Gracias a su pensamiento, puede
entender el sentido de los acontecimientos del mundo, que aparecen como
contrarios en lucha. El hombre es el ser capaz de
comprender el devenir o movimiento, que se presenta
como flujo y unión de los contrarios. La sabiduría se
alcanza por la contemplación y el pensamiento (γνώμε) y
éste, según Heráclito, no es frecuente, pues la multitud,
como los asnos, desean mejor la paja que el oro 1. Miembro
de una familia que otorgaba reyes a Éfeso, rehusó
participar en política, y se retiró a vivir de hierbas en la montaña para dar
oídos a la razón. Así entendió que el hombre vivo participa al mismo tiempo
de la vida y de la muerte: “Es siempre uno y lo mismo en nosotros, lo vivo y lo
muerto, lo despierto y lo dormido, lo joven y lo anciano. Lo primero se
transforma en lo segundo, y lo segundo en lo primero” 2. Heráclito enseñaba
que todo se mueve y que lo uno y lo múltiple están de acuerdo y coexisten en
el seno de una existencia, que los contrarios no sólo se suceden sino que se
unen para formar lo uno en que se da la armonía de lo múltiple. En nosotros,
seres humanos, en incesante cambio, coexisten entonces lo uno y lo múltiple.
Por último, piensa Heráclito la relación entre el alma y el cuerpo como la que
se observa entre la araña y su tela: “el alma del hombre lesionada en alguna
parte del cuerpo se dirige rápidamente allí turbada por la lesión del cuerpo,
al cual está unida firme y proporcionalmente”3. Esta imagen no nos permite
afirmar que el pensador de Éfeso sea dualista, materialista o idealista. En el
cuerpo o en el cosmos se siente depositario del logos: es una conciencia
individual que despierta por relación a un todo, o quizás un todo que se revela
en una conciencia individual.

1
Diels, H. & Kranz, E. Die Fragmente der Vorsokratiker. 6ª ed. Berlin, 1951, §9.
2
Idem, §88.
3
Idem, §67 a.

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Según W. Jaeger, la doctrina de Heráclito aparece como la primera


antropología filosófica, íntimamente vinculada con su pensar cosmológico y
teológico. Como parte del cosmos “se halla sometido a las leyes del cosmos
como el resto de sus partes. Pero cuando adquiere conciencia de que lleva en
su propio espíritu la ley eterna de la vida del todo, adquiere la capacidad de
participar en la más alta sabiduría, cuyos decretos proceden de la ley
divina”4.
El hombre heraclíteo es a la vez sensible y lugar de la revelación del logos.
Por los sentidos capta la fluidez, la mutabilidad y la variedad de todo lo que
acontece y, a la vez, el mismo se advierte subordinado a mutación. Está
comprometido con la naturaleza. Pero el hombre es también oyente del logos:
se adentra en sí mismo para buscar la razón o logos que es causa o fin de las
cosas. Desde su conciencia individual el hombre asciende a la comprensión del
todo.
Parménides de Elea (530-470 a.C.) especifica al hombre por su facultad de
pensar. El hombre es un ser racional (un νους): un ser diferenciado por su
capacidad de pensar. Gracias a ésta, puede omitir la apariencia
de las cosas que ofrecen los sentidos, para incursionar en la
verdad del ser. Siendo el ser, dado a la razón fija en la eterna
verdad, absolutamente uno, inmóvil y eterno, entonces el
hombre es ser y lugar de la manifestación del ser; pero a costas
de negar toda multiplicidad, cambio y temporalidad. Puede
pensar lo inteligible en sí, el ser, pero abandonando toda
individualidad y temporalidad, y devenir real.

J.D.

4
Jaeger, W. Teología de los primeros filósofos griegos. J. Gaos (trad.). México: FCE, 1952.

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