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LAS CLAVES DEL NUEVO MODELO

ECONOMICO EN AMERICA LATINA


Y SUS DEBILIDADES
JAIME OSORIO*

SIGNOS DE RECESIÓN

Diversas señales indican que las economías latinoamericanas


han entrado a una etapa recesiva. La cifra de crecimiento global de
la región en 1998, que elevó el PIB a un 2.3 por ciento, aunque bajo,
logró esconder el inicio de un marcado descenso económico a partir
de la segunda mitad de ese año, el que se ha hecho palpable duran-
te el curso de 1999.

Tasas de crecimiento del PIB.


Países seleccionados
1997 1998 1999
Ti T2 T3 T4
Argentina 8.0 4.9 -3.0
Brasil 3.8 0.2 -0.9
Chile 7.0 3.1 -2.3 -3.6
Colombia 1.5 0.7 -5.9
México 6.8 4.9 1.9
Venezuela 6.6 -0.2 -8.2

América Latina 5.4 2.3


Fuente: CEPAL. Anuario estadístico 1998, y estadísticas 1999.

* Profesor-investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la uAM-


Xochimilco.

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Reflexiones Finiseculares

En el último trimestre de 1998 el PIB desciende abruptamente en


las principales economías de la región: Argentina -0.6; Brasil. -1.9;
Chile -2.8; Colombia -3.1; y Venezuela -8.2. Sólo México no presenta
cifras negativas, con un 2.6 por ciento, pero tanto Brasil, Colombia y
Venezuela ya presentaban cifras negativas desde el tercer trimestre
de 1998.
Las cifras para 1999 no son nada halagüeñas y confirman la tenden-
cia recesiva iniciada el año anterior. En este proceso se hacen presente
factores coyunturales, como el descenso en los precios de algunos de los
principales rubros de exportación de la región. Basta considerar que el
valor unitario de los bienes de exportación de la región bajó en 1998 un
8.6 por ciento en relación a 1995, siendo los países más castigados
Venezuela (-27.0%); Chile (-17.6); Colombia (-12.0); Argentina (-9.0);
Brasil (-8.1); y México (-4.0%).1
Según declaraciones del presidente del Banco Central de Chile,
Carlos Massad, el precio promedio del cobre, principal rubro de
exportación de aquel país, durante el primer semestre de 1999 ha
sido el menor, en términos reales, desde 1932.2
Entre los factores coyunturales también debe considerarse la res-
tricción o el cierre de algunos mercados significativos para la región,
como el de los tigres asiáticos, por la crisis que los afecta desde
1997, y que golpea en particular las exportaciones tradicionales chi-
lenas, como cobre,celulosa y harina de pescado. El 35 por ciento del
total de las exportaciones chilenas se dirigían al continente asiáti-
co antes de la crisis en esa zona, descendiendo a lo menos un 25 por
ciento una vez abierta la convulsión económica.3
Pero más allá de estos factores, existen elementos estructura-
les que están jugando en las actuales tendencias recesivas. Esto

1 Retomado del cuadro A10 del estudio 99, realizado por la CEPAL, sobre la
base de información proporcionada por el Fondo Monetario Internacional y enti-
dades nacionales. Vale la pena destacar que de los 19 países considerados en el
cuadro de CEPAL, sólo Uruguay presenta cifras positivas, de un 0.2 por cie»to, de
aumento del valor unitario de sus bienes de exportación en 1998 , respecto a 1995.
2 Excelsior , Sección Financiera, 8 de julio de 1999, p. 3F.
3 Ideen.

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Jaime Osorio

nos remite a la pregunta: ¿qué modelo económico o qué patrón de


reproducción económico es el que está enfrentando tendencias rece-
sivas hoy en América Latina?

MODELO ECONÓMICO O PATRÓN


DE REPRODUCCIÓN

La noción de modelo económico o, más precisamente, la de patrón de


reproducción,4 permite entender los movimientos de una economía
como partes de un proceso, entrelazados, y que dan vida a una forma
particular de organización de la producción y de la circulación.
En determinados momentos históricos el capital privilegia las
inversiones en rubros específicos y construye mercados adecuados
a la nueva producción. Así ocurrió, por ejemplo, en la primera eta-
pa de la industrialización latinoamericana, allá por los años cua-
renta y cincuenta, cuando ganan vida o se incrementa la actividad
de las industrias de alimentos, textiles, vestuario, muebles, y en
general de los llamados bienes salarios.
El desarrollo de estas ramas, alentada desde el Estado vía la
creación de bancas para el desarrollo, créditos baratos, subvenciones,
infraestructura, etc., reclamó a su vez de mercados adecuados. Unos
los proporcionó el consumo de las capas de altos ingresos, mercado
que ya existía con anterioridad al proceso de industrialización, y que
en la etapa previa a la crisis de los años 30 satisfacía su demanda
particularmente por la vía de las importaciones; pero una vez desa-
tada la crisis (financiera y del modelo agro-minero exportador) y
reducida la capacidad de importar, por la reducción violenta de las
exportaciones, debió volcarse hacia la producción local.
Otros mercados fueron creados por la expansión del empleo in-
dustrial y de la burocracia estatal. De esta forma fue alentada la
industrilización y ganaba vida un nuevo modelo económico o patrón
de reproducción de capital.

4 Ambos conceptos pertenecen a paradigmas teóricos distintos, con marcadas


diferencias en los aspectos que enfatizan. Aquí los asumo sin mayores distinciones.

325
Reflexiones Finiseculares

La noción de modelo o patrón de reproducción del capital nos


remite entonces a las formas características como el capital , y en par-
ticular sus sectores más dinámicos y poderosos , organizan la produc-
ción y la circulación, invierten en determinados sectores, y dejan en
lugares secundarios a otros; orientan su producción hacia determina-
dos mercados, internos o externos, priorizan el consumo de deter-
minadas capas y marginan a otras; propician concentraciones de
ingresos o redistribuyen y, en fin, hacen uso de la política económica
para resolver los obstáculos que puedan presentarse en las diversas
etapas de la circulación del capital.
La lectura de esas etapas puede hacerse desde la fórmula del
ciclo del capital-dinero:5

D M Ft
Mp
producción

la etapa circulación 2a etapa circulación

En donde:
D = dinero
M = mercancía
Ft = fuerza de trabajo
Mp = medios de producción
P =producción
M' = nueva mercancía
D' = dinero acrecentado

En su metamorfosis, que implica pasar por dos etapas en la cir-


culación y una en la producción , el capital debe asumir diversas
formas . Cada transformación supone la exigencia de condiciones
específicas. Por ejemplo, para transformarse de dinero en fuerza de

5 Esto es desarrollado por Marx en El Capital , tomo II, cap. 1, El ciclo del capi-
tal-dinero . Fondo de Cultura Económica , México, 1946, séptima reimpresión, 1973.

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Jaime Osorio

trabajo, deben existir trabajadores en el mercado dispuestos a ven-


der su fuerza de trabajo y que el precio de esta mercancía sea ade-
cuado a sus necesidades.
De igual manera, cuando ya se ha transformado en la nueva
mercancía (M'), sea bajo la forma de pantalones, televisores o
autos, deben existir los compradores para estos bienes, que hagan
posible el nuevo paso a dinero acrecentado (D'). Esto implica cons-
truir los mercados para ese tipo de producción.
Las trabas para pasar de una forma a otra, cuando no se
resuelven, pueden dar origen a crisis, recibiendo el nombre de
acuerdo a la etapa en donde se produce el cuello de botella. Así
habrá crisis de acumulación cuando existan dificultades para que
D' pase al nuevo D, o que no exista un monto de dinero suficiente
destinado a la producción; o crisis de realización, cuando M' tenga
problemas para transformase en D' o, lo que es lo mismo, cuando
las mercancías producidas no encuentren mercados para venderse.
Cuando el camino que debe recorrer el capital, que pasa por la pro-
ducción de bienes específicos, con mercados adecuados para esa produc-
ción, se realiza repetidas veces y va dejando una huella, estamos
hablando que el capital ha construido un patrón para reproducirse.
Tenemos enfrente un patrón de reproducción del capital.
Aquí nos interesa destacar algunas características del modelo o
patrón que prevalece en nuestros días. El ejercicio es importante
porque nos permite tener una visión de conjunto, en donde fenóme-
nos que muchas veces aparecen'aislados comienzan a adquirir sen-
tido, en la medida que los ubicamos como partes de un proceso en
donde alcanzan inteligibilidad. Pondremos atención en destacar, a
su vez, la capacidad del nuevo modelo de generar crisis o, dicho en
otras palabras, qué etapas y formas en el ciclo antes señalado pre-
sentan problemas y dificultan la transformación a la forma o etapa
siguiente.
El establecimiento de esta nueva economía, o nuevo patrón, se
inició en Chile a mediados de los setentas, a los pocos años de esta-
blecida la dictadura militar de Augusto Pinochet. Su puesta en mar-
cha fue posterior en el resto de las economías de la región y su
consolidación, a fines de los noventas, presenta grados diversos.

327
Reflexiones Finiseculares

Debe destacarse también que han sido las políticas de ajuste y aper-
tura, bajo lineamientos neoliberales, elementos centrales para alen-
tar la constitución de este nuevo patrón de reproducción.
Con esto estamos indicando que determinadas políticas econó-
micas son más adecuadas que otras para lograr los reajustes que
reclama la puesta en marcha y consolidación de un determinado pa-
trón. Asi, si nos regresamos al patrón de industrialización, las po-
líticas keynesianas, con su reclamo a mayores inversiones estatales
y generación de empleos para alimentar la demanda, eran más pro-
picias para abonar el camino a aquel proyecto, en tanto las políticas
económicas neoliberales cumplen este papel para el nuevo patrón.
Un problema, no irrelevante, es asignar un nombre al nuevo
patrón. Con ello bucamos caracterizarlo y diferenciarlo del patrón
que le precede, asunto que intentaremos resolver en el punto que
sigue.

CARACTERISTICAS DEL NUEVO


PATRÓN EXPORTADOR

Un modelo volcado al exterior

Al igual que el modelo con el cual América Latina inició su vida inde-
pendiente en el siglo xix, el patrón que reina en la región a fines del
siglo xx es un modelo exportador. Las cifras son elocuentes: en 1980
las exportaciones de bienes y servicios de la región representaron
sólo el 10.7 por ciento del PIB regional, en tanto ascendieron al 20.5 por
ciento en 1995.6 En el plazo de 15 años se ha duplicado el monto del
producto que es dirigido hacia el exterior. No es un asunto menor,
tanto más cuando el grueso de las economías del mundo se encuen-
tran realizando ingentes esfuerzos por ganar mercados externos.
¿Sobre qué tipo de bienes se sustenta esta nueva economía
exportadora? Hacia 1995, las cifras indican que los bienes primarios

6 CEPAL. Anuario estadístico de América Latina y el Caribe 1996, p. 80.

328
Jaime Osorio

y los bienes secundarios conforman cada uno el 50 por ciento, apro-


ximadamente, del total de las exportaciones regionales. Pero la
tendencia camina hacia un aumento del peso de los bienes manu-
facturados. Para 1970 los bienes primarios representaban casi el 90
por ciento del total de las exportaciones, en tanto los bienes secun-
darios, para ese mismo año, sólo representaban poco menos del 11
por ciento.? El descenso, hacia 1995, de casi un 40 por ciento en las
exportaciones primarias, ha sido ganado por las exportaciones
manufactureras.
Sin embargo, es importante destacar que parte sustantiva del
avance de la producción industrial para la exportación refleja el auge
de las actividades de maquila más que de industrias propiamente
tales. Baste considerar que para uno de los países grandes de la
región, como México, que cuenta con una planta manufacturera
desarrollada, las exportaciones de la maquila frente al total de las
exportaciones, que representaron el 14 por ciento en 1980, pasaron
al 40.9 por ciento en 1997.8
Para este último año, en otros ejemplos, las exportaciones de la
maquila frente al total de las exportaciones representaron un 44.5
por ciento en Costa Rica y un 61.1 por ciento en Honduras.9

Reducción del mercado interno conformado


por el consumo de los asalariados

Junto a la fuerza y al dinamismo que presenta la vocación expor-


tadora de la nueva economía latinoamericana, debe destacarse que
esa vocación ha ido acompañada de una drástica reducción del
mercado interno que conforma la demanda de los asalariados.
En este sentido puede afirmarse que asistimos a la conforma-
ción de economías en donde el incremento del fondo de exportacio-
nes se ha gestado sobre la base de una sustantiva expropiación del

7 CEPAL. Op. cit., pp. 114-115.


8 Buitelaar, R., R. Padilla y R. Urrutia. "Industria maquiladora y cambio téc-
nico", en Revista de la cEPAL, núm. 67, abril 1999, p. 137.
9 Buitelaar, R. Op. cit., p. 137.

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Reflexiones Finiseculares

fondo de consumo de los trabajadores. Tenemos así una forma par-


ticular de economía exportadora en América Latina: esta es una
que no ensancha ni mantiene el consumo de la población trabaja-
dora, sino que lo disminuye en forma sustancial.
La caída de los salarios en la región en las últimas dos décadas
da cuenta de este proceso. En México, por ejemplo, de un índice 100
para 1980, el salario en el sector manufacturero descendió al 70.3 en
1996, en tanto el salario mínimo cayó al 31.0 por ciento para el mis-
mo año.10 Las estadísticas son más o menos similares para todos
los países de la región, con grados de mejoramiento en algunos
años, pero en donde predomina un fuerte descenso en lo general.

Incremento de la polarización social

La exclusión de los asalariados en el mercado interno ha ido acom-


pañada de una acentuada concentración de la riqueza en franjas
sociales reducidas, dando vida a una sociedad altamente polariza-
da. Esto, que puede considerarse una característica recurrente del
capitalismo latinoamericano, alcanza en nuestros días dimensio-
nes mayores.
Aún considerando un periodo tan amplio como el que va de 1947
a 1995, que contempla una etapa en donde las tendencias polariza-
doras no han alcanzado los niveles actuales , América Latina ya
aparece como la región de todo el mundo que presenta los mayores
índices de desigualdad.'1
Estas tendencias se han acentuado particularmente en las dos últi-
mas décadas, con algunas diferencias no despreciables entre países,
pero en donde se manifesta la constante a una radical polarización

lo CEPAL. Indicadores sociales básicos de la subregión norte de América


Latina y el Caribe, México, 1997, p. S.
11 La razón entre la participación en el ingreso del quintil más bajo y más alto
es de 16.02 en América Latina entre 1947 y 1995, en tanto asciendo a 11.61 para
Africa subsahariana; Medio Oriente y N.oráfrica, 7.14; Este asiático y el Pacífico,
7.15; Asia del sur, 5.50; Países industrializados, 6.63; y Europa Oriental, 4.05 para
iguales años. Véase de A. Figueroa, "Equidad, inversión extranjera y competitivi-
dad internacional" en Revista de la cEPAL, núm. 68, agosto de 1998, p. 51.

330
Jaime Osorio

social. Veamos algunas cifras a modo de ejemplo: para 1993, en


Brasil, el quintil 1 (el 20 por ciento más pobre de la población) perci-
bió sólo el 4 por ciento de los ingresos totales, en tanto el quintil 5 (el
20 por ciento más rico) se apropió del 58.7 por ciento. Para 1994, en
Argentina, en los mismos quintiles, el reparto fue 5.0 y 51.0 por cien-
to; en Chile, 4.7 y 55.6 por ciento; y en México, 6.8 y 49.6 por ciento.12

Incremento de la pobreza y del empleo precario

En el cuadro de economías que se orientan a satisfacer demandas


del consumo externo en desmedro del consumo asalariado local,
relegando el consumo de sus propios trabajadores; que concentran
los ingresos en franjas reducidas de la población, generando un
mercado interno suntuoso, ajeno al grueso de la población, no es
difícil entender que la pobreza se expanda de la manera como lo ha
hecho en las últimas dos décadas en nuestra región.
El nuevo patrón exportador está estructuralmente construido
y organizado para excluir más que para incluir, para marginar,
más que para integrar.
Las tasas de desempleo no alcanzan a dar cuenta de la magni-
tud de la exclusión. Estas se muestran relativamente bajas en
relación a la dimensión de la exclusión que genera la economía
latinoamericana. Así, salvo Argentina, con una tasa de desempleo
urbana del 14.9 por ciento en 1997, el resto de las grandes economí-
as regionales presentan cifras relativamente bajas para ese año:
Brasil un 5.7 por ciento; México, 3.7 por ciento; Venezuela, 11.4 por
ciento.13 Chile había reducido la tasa de desempleo a alrededor del
7 por ciento a partir de 1992, pero -por la actual recesión- ésta ha
vuelto a ascender por arriba del lo por ciento en lo que va de 1999.
Más allá de las manipulaciones estadísticas que permiten que un
porcentaje elevado de subempleados aparezcan como empleados, con
lo que se reduce el desempleo real, en América Latina tiende a expan-
dirse un nuevo tipo de empleo que reduce las tasas de desocupación,

12 CEPAL. Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe 1996, p. 51.


13 CEPAL. Anuario Estadístico 1997, p. 39.

331
Reflexiones Finiseculares

pero a costa de elevar los de la pobreza: hablamos del empleo califi-


cado como precario , trabajadores que laboran extensas jornadas de
trabajo, con salarios inferiores a lo necesario para sobrevivir, sin
contratos, o con contratos temporales y nulas o casi inexistentes
seguridades sociales y laborales.
Así, si en los años cincuenta y sesenta se podía ser pobre por no
tener empleo, hoy se puede ser pobre con empleo. Contar con un
puesto de trabajo no significa en nuestro tiempo poder contar con
un salario que permita resolver las necesidades básicas. Hay un
incremento del empleo que incrementa también la pobreza . Y esto
no occurre sólo en las franjas atrasadas de la economía . El empleo
precario se expande también en los sectores económicos que funjen
como base de la economía exportadora , siendo una de sus modali-
dades la subcontratación de pequeñas empresas por parte de gran-
des conglomerados.
En este cuadro, el que las tasas de desempleo sean bajas dice
poco respecto a la pobreza general de la sociedad , la que crece ya
no sólo entre los desempleados o subempleados, sino también al
interior de las grandes industrias y demás actividades laborales
consideradas de punta . Cuanto más en pequeñas y medianas uni-
dades productivas.
Si en 1980 el total de pobres correspondía al 35 por ciento de la
población , esta cifra pasó al 39 por ciento para 1994, en tanto los
indigentes , en iguales años, pasaron del 15 al 19 por ciento.14 En
cifras absolutas , 209 millones 300 mil personas se encontraban en
la pobreza en nuestra región en 1994 . 15 Las cifras de por sí son
escandalosas , a pesar de que asumimos los morigerados datos de
organismos internacionales , fuertemente criticados respecto a los
criterios con los cuales trazan la línea de la pobreza, que ocultan
una buena franja de la pobreza real.16

14 CEPAL . La brecha de la equidad, 1997, p. 28.


15 lbidem. p. 31.
16 Para una exposición sin tantos ,problemas técnicos de comprensión, véase
"Perspectivas en el estudio de la pobreza . Entrevista con Julio Boltvinik,
Fernando Cortez y Rosa María Rubalcava", de Oscar Cuéllar, en Sociológica,
núm. 29 , septiembre-diciembre 1995 , uAM-Azcapotzalco.

332
Jaime Osorio

LAS DEBILIDADES DEL NUEVO


MODELO EXPORTADOR

Este nuevo modelo económico presenta diversas debilidades que pro-


pician el surgimiento de recesiones, estancamientos y crisis. Mencio-
nemos algunas de las que consideramos las más importantes:

El cuello de botella de la balanza de pagos

Bajo el nuevo modelo crecen las exportaciones, pero se repite, agu-


dizado, un viejo problema: las importaciones tienden también a
elevarse. La compra de equipos, maquinarias y repuestos se eleva,
as¡ como los pagos de patentes y derechos, ante la necesidad de
contar con tecnologías que permitan competir en mercados cada
vez más mundializados y competitivos.
A aquellas importaciones se suman las compras de bienes
improductivos, de bienes de consumo, con una fuerte demanda del
consumo suntuario, rubro que crece a la par que la riqueza.
Considerando el conjunto de América Latina y el Caribe, para
1995, 1996 y 1997 las importaciones de bienes y servicios, superan a
las exportaciones de esos mismos bienes, registrando números
rojos la balanza comercial. Los números negativos en la región
para esos años son -8 mil 375 millones de dólares, -8 mil 227 y -28
mil 150 millones de dólares respectivamente.17
A esa doble derrama hacia el exterior se suman los pagos a los
intereses de la deuda externa y las utilidades de las inversiones
del capital extranjero.
Todo esto provoca una modalidad de economía con recurrentes
necesidades de divisas externas, superiores a las que se logra con
las exportaciones. Abrir las puertas al capital especulativo, al capi-
tal golondrino, aparece como una peligrosa modalidad de capitali-
zación y frágil tabla de salvación.

17 CEPAL. Balance preliminar de la economía de América Latina y el Caribe


1997, Santiago, p. 60.

333
Reflexiones Finiseculares

Apertura al capital especulativo

La apertura de las fronteras a capitales que pueden "volar" ante cual-


quier amenaza o simplemente por la posibilidad de incrementar bene-
ficios en casas de bolsas y corredurías de otros continentes ha sido
justificada como una de las consecuencias que se imponen por la glo-
balización. Permitir el masivo ingreso de capitales especulativos, sin
asiento productivo, aparece así -en ese discurso- como una necesidad
de nuestro tiempo. Chile es quizá la única economía regional que ha
puesto recatados limites a los movimientos de este tipo de capitales.
El capital golondrino ha encontrado condiciones propicias para
incrementar su presencia, salvando de manera momentánea y pre-
caria las necesidades de capital, pero elevando también los riesgos
de descapitalizaciones fulminantes (en semanas o días) ante una
estampida masiva, as¡ como por el permanente drene de capitales
producidos localmente.
Esto, que aparece como una característica general de la econo-
mía mundial, agudiza sus impactos en regiones periféricas.
América' Latina ya cuenta con varias experiencias de este tipo de
descapitalización en la corta vida de su nuevo modelo exportador.
La capitalización de los fondos de pensiones ha creado una enor-
me masa de recursos que han sido puestos en manos de capital pri-
vado para propiciar nuevas inversiones. Estos capitales, unidos a
capitales foráneos que buscan oportunidades de inversión, genera
una masa de dinero disponible que buscan nuevos horizontes, más
allá de las fronteras locales. Esto ha disparado las inversiones forá-
neas de diversas economías de la región.
En algunos casos, estos capitales se mueven en la esfera de la
circulación, operando como capitales puramente especulativos. En
casos menores pasan a la inversión productiva, entrando en las
licitaciones de las múltiples empresas que son puestas en subasta
por los procesos de privatización. Así es como han crecido las
inversiones de capitales provenientes de Chile en Argentina, Perú
y Brasil y se abren hacia Centroamérica y México. Iguales movi-
mientos se suceden con capitales provenientes de Brasil, México y
Argentina. Se ha creado así una densa red de relaciones en la

334
Jaime Osorio

región, que unida a la búsqueda de mercados externos en la propia


zona, ha dado nuevo aliento a los proyectos integracionistas. Estos,
que responden a la necesidad de ampliar mercados y de fijar reglas
para la protección de capitales, es presentado como un nuevo espí-
ritu de hermandad de los pueblos.

Enorme vulnerabilidad ante los vaivenes


de los mercados externos

La reducción del mercado interno y el significativo peso de las


exportaciones en relación al PIB, ponen a las nuevas economías
latinoamericanas ante una única alternativa: exportar para seguir
creciendo.
Cualquier dificultad en los mercados externos termina inter-
nalizando problemas que pueden derivar en recesiones y crisis. La
actual recesión -propiciada por la baja de los precios de los bienes
exportados y por el cierre de algunos mercados- es una prueba de
lo anterior. Pero estas recesiones y crisis se potencian por el sobre-
dimensionamiento de la apertura externa frente a las dificultades
de ensanchar el consumo de los asalariados locales.
Estos son algunas de las características principales del nuevo
patrón económico latinoamericano. Queda pendiente el problema
del nombre del nuevo patrón. Optamos por el de "nuevo patrón
exportador" simplemente para diferenciarlo del modelo agro-mine-
ro exportador prevaleciente en el siglo xix y en un largo trecho del
siglo xx. Desechamos el de "patrón secundario exportador"18 por-
que, como hemos visto, si bien los bienes secundarios ganan posi-
ciones, los bienes primarios siguen contando con un peso relevante
en las exportaciones regionales.

18 Utilizado por José C. Valenzuela Feijóo. Véase ¿Qué es un patrón de acu-


mulación?. Facultad de Economía. UNAM, México, 1990.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Buitelaar, R., R. Padilla y R. Urrutia. "Industria maquiladora y


cambio técnico", en Revista de la CEPAL, núm. 67, abril 1999, Santiago.
CEPAL. Anuario Estadístico 1998, Santiago.
Anuario Estadístico 1997, Santiago.
Anuario Estadístico 1996. Santiago.
Indicadores sociales básicos de la subregión norte de
América Latina y el Caribe, México, 1997.
La brecha de la equidad, Santiago 1997.
Balance preliminar de la economía de América Latina y el
Caribe 1997, Santiago.
Cuéllazr, O. "Perspectiva en el estudio de la pobreza. Entrevista
con Julio Boltvinik, Fernando Cortés y Rosa María Rubalcava", en
Sociológica, núm. 29, uAM-Azcapotzalco, septiembre 1995.
Excelsior. Sección Financiera, 8 de julio de 1999.
Figueroa, A. "Equidad, inversión extranjera y competitividad
internacional", en Revista de la CEPAL, núm. 65, agosto 199, Santiago.
Marx, Karl. El Capital, Tomo ti, Fondo de Cultura Económica,
México, séptima reimpresión, 1973.
Valenzuela Feijóo, José. ¿Qué es un patrón de acumulación?
Facultad de Economía. UNAM, México, 1990.

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