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Comunicado

Del Comité jurídico y de comunicaciones de la


VEEDURÍA NACIONAL PARA EL CONTROL SOCIAL DEL
PATRIMONIO CULTURAL SUMERGIDO DE COLOMBIA
-VNPCS-

A la opinión pública:

Gobierno de Colombia firmará contrato del galeón Señor San


José con MAC
El gobierno del presidente Iván Duque se prepara para firmar el contrato de
extracción del Galeón Señor San José con la empresa inglesa Maritime Consultants
Archaeology Switzerland A.G.

El pasado 17 de mayo de 2019 esta Veeduría recibió oficio de respuesta del


Ministerio de Cultura a un derecho de petición enviado el 3 de mayo de 2019, el cual
presentó 14 conceptos que demuestran una grave y sistemática vulneración al
ordenamiento jurídico colombiano en el proceso “MC-APP-001-2018 Galeón San
José” que adelanta dicho Ministerio con la empresa inglesa Maritime Consultants
Archaeology Switzerland A.G. (MACS).

Los colombianos y el mundo civilizado guardaban la esperanza de recibir por parte


de la nueva ministra de Cultura del gobierno de Iván Duque: Carmen Inés Vásquez,
un reconocimiento claro de la cadena de conductas al margen de la ley cometidas
durante las fases del proceso de Asociación Público-Privada (APP) para extraer el
Galeón Señor San José.

Por el contrario, la ministra Vásquez, a través de su secretaria general: Claudia


Isabel Niño Izquierdo, ratifica en dicha respuesta su defensa y alineación irrestricta
al proyecto de expolio diseñado por el gobierno del ex presidente y premio nobel de
paz Juan Manuel Santos. Si bien el presidente Iván Duque llegó a manifestar que el
proceso era “vergonzoso” y luego designó a la Vicepresidente de la República como
“coordinadora”, lo cierto es que son los funcionarios del Ministerio de Cultura los
legalmente responsables de adelantar el proceso y suscribir el contrato.

La ministra Vásquez acepta en la respuesta al mencionado derecho de petición, sin


ninguna diferencia con los argumentos del gobierno anterior, la legalidad de la APP
e incluso celebra sus objetivos y métodos. Estas respuestas constituyen una
confesión burda de la comisión de actos ilegales que ahora alcanza a los nuevos
funcionarios, por la solución de continuidad en forma y fondo que le dan al proceso
tan ferozmente defendido por Santos, su ex ministra Mariana Garcés y el
autodenominado arqueólogo Ernesto Montenegro.
La gran mayoría de respuestas del Ministerio de Cultura (diez de catorce), se
circunscriben a citar literalmente las posiciones del magistrado del Tribunal
Administrativo de Cundinamarca: Oscar Armando Dimaté Cárdenas, dentro de la
Acción Popular N. º 2018-00540 que cursa en su despacho, a las cuales califica
como: “decisión judicial” sobre las cuales no sería posible manifestar
“desconocimiento” o “divergencia” por cuanto se encuentran “ejecutoriadas”. Todo
lo cual es absoluta y completamente falso.

Las providencias citadas del magistrado Dimaté no son sentencias o decisiones de


fondo, ni mucho menos con inmutabilidad o efecto de cosa juzgada. Son
manifestaciones no vinculantes hechas durante un momento procesal específico,
casi siempre referido a las solicitudes de medidas cautelares elevadas ante el
mencionado Tribunal por esta VNPCS , por lo que no corresponden necesariamente
a la posición final que asumirá el mismo Magistrado sobre cada uno de estos puntos.
En cualquier caso, a su decisión final le caben sendos recursos escalables de
contradicción. El proceso está aún lejos de un inminente fallo, por lo demás.

De no ser porque el Ministerio de Cultura recurre reiteradamente a este artilugio de


responder su propia posición a través de una manifestación preliminar del
Magistrado, cabría suponer que reina allí una portentosa ignorancia jurídica que se
contagia entre gobiernos, pero conforme se avanza en la sistematicidad de la
táctica, resulta claro que obedece a un patrón de presunta falsedad en documento
público que cobija prácticamente a la totalidad de la respuesta.

Tal y como demostraremos, la imposición de reserva o con “carácter reservado” a


documentos y actuaciones del proceso MC-APP-001-2018 corresponde a una
presunta conducta penal tipificada como prevaricato por acción. Por otro lado, las
interpretaciones del Ministerio de Cultura son falaces y pueriles en relación con la
Ley 1508 de 2012 de APP y no logran esconder varias conductas penales contra la
administración pública evidentes en una falsa consulta a terceros (sociedad civil), el
incumplimiento a la publicidad inmediata del nombre del originador (MAC), el
reemplazo conveniente de propuestas, la otorgación de derechos inexistentes y el
quebrantamiento complaciente de plazos perentorios ocurridos durante el proceso
en curso. Será un expediente con el que podremos educar a varias generaciones
de penalistas.

Ahora bien, en un presunto peculado por aplicación oficial de antonomasia se


atribuye el Ministerio de Cultura la discrecionalidad contraria a la Constitución
Política y el ordenamiento jurídico de descartar las inmensas capacidades
nacionales de nuestras universidades y fuerza pública, entre otros, para adelantar
el proyecto del Galeón Señor San José.

No es difícil tampoco demostrar presunto abuso de función pública y abuso de


autoridad por acto arbitrario e injusto en la negación sistemática del gobierno a
adelantar procedimiento material de verificación para resolver de manera
transparente, sin el recurso a certificaciones probablemente equívocas, la presunta
superposición entre las coordenadas reportadas en 1982 y aquellas establecidas en
2015 sobre el lugar donde se encontraría el Galeón Señor San José. La ministra
Vásquez ha estado a su vez muy activa acompañada por la ANDJE, la PGN y el
costoso bufete que contrató, suplicando literalmente que se levante el embargo
decretado el pasado 29 de marzo de 2019 por el Tribunal Superior de Barranquilla
sobre el lugar de hallazgo de los años ochenta, no obstante afirmar a los cuatro
vientos que las coordenadas de Santos de 2015 son distintas por haberle sido
reveladas a su ex jefe por una figura deífica de barba blanca con acento cubano.
Sabemos que nada detendrá a la Ministra para firmar el contrato con MAC, a
sabiendas de tener objeto ilícito por versar sobre bienes embargados, dando así
lugar a un contrato absolutamente nulo que implicaría daños patrimoniales sin
precedentes para la Nación.

Es claro, por otra parte, que existe presunta celebración indebida de contratos
cuando el Ministerio de Cultura firma con la empresa MAC o MACS la exploración
submarina con personal que no acreditó sus títulos porque entre otras cosas los
únicos que salen a relucir son los que otorga la lista Clinton. El maléfico plan de
pagarle a un incompetente operador minero con bienes pertenecientes al naufragio
insignia de la arqueología subacuática mundial simplemente se ha ratificado, y goza
de toda legalidad y validez para el actual Ministerio de Cultura –lo cual contradice
las múltiples y extensas afirmaciones a la prensa de la señora Vicepresidente de la
República-. La verdad es que cada respuesta en cuerpo ajeno asumida como propia
delata una presunta asociación para la comisión de un delito contra la
administración pública y peculado por aplicación oficial diferente, al convertir una
APP, que solo podría lucrarse de una explotación económica específica (“museo”,
“tiendas de regalos”, “películas colombo-cubanas del siglo XVIII”), en una licitación
al mismo tiempo, cuyo objeto contractual es extraer bienes y la forma de pago se
realiza mediante entrega de estos mismos (oro, plata, piedras preciosas) según
peso –tal forma de pago permite el exabrupto de la ley Santos-MAC o 1675 de 2013
y una sentencia de la Corte Constitucional procedente del restituido Alberto Rojas
Ríos-. La antinomia perfecta.

Si dependieran las concesiones de infraestructura vial de la ministra Carmen Inés


Vásquez, las APP de cuarta generación serían de quinta: entregarían no solo el
usufructo mediante peajes a sus constructores sino que le garantizarían el poder de
apropiarse de cuanta mina, hallazgo de petróleo y gas que se encontraran durante
el proceso, más cuanta actividad naranja y turístico-cultural les provoque innovar; lo
cual sería entonces en su conjunto la “justa proporción de retribución” por la tarea
tan sumamente compleja y difícil que deben encarar con nuestra geografía y suelos.

La respuesta tiene pues el efecto de una confesión de labios para afuera. No hay
penitencias, arrepentimiento ni contrición de corazón. La condena de sus autores
nos parece inevitable.

25 de mayo de 2019