12 FERROL CGS I CULTURA

Diario de Ferrol Domingo, 26 de agosto de 2007

MARÍA FIDALGO CRÍTICA DE ARTE
Abelardo Miguel ha sido siempre para los eumeses un pintor de andar por casa. Pocos saben que se formó en la Academia de San Fernando y en diversas ciudades europeas y que su “reclusión” en su villa natal se debió más a sus planteamientos vitales y a su humildad que a su valía como artista. María Fidalgo, historiadora del arte y crítica, se ha propuesto colocar su obra en el sitio que cree que merece y trabaja con ahínco en una monografía sobre el artista y en la catalogación de su obra. Será difícil localizar el millar de cuadros que cree que pudo haber pintado en vida un hombre que, cuando exponía –y casi había que forzarlo a hacerlo–, “lo vendía todo y muy caro”.

“Abelardo Miguel muestra la esencia de Galicia de una forma completamente innata”
La historiadora del arte María Fidalgo prepara un monográfico sobre el pintor eumés
ENTREVISTA DE M.J.R.

E

n la relación de María Fidalgo con Abelardo Miguel hay también un componente personal, ya que el pintor era amigo de la familia. De ahí que la satisfacción por sacar al pintor del olvido sea enorme. Ella se ha encargado de escribir el artículo sobre el artista que se ha incluido en la Gran Enciclopedia Gallega y acaba de publicar en la revista Cátedra un trabajo sobre unos sorprendentes murales que el artista pintó por encargo para la desaparecida cooperativa de Castro. Ahora sigue el rastro de una serie que realizó para un complejo turístico-hotelero en Salamanca que ya no existe. Todavía hay mucho Abelardo Miguel que descubrir. —¿Qué destacarías de tu trabajo en los últimos meses? —Lo más llamativo es el estudio que he hecho sobre los murales de la cooperativa de Castro porque me he encontrado con un programa mitológico que yo jamás hubiera esperado en este pintor. Yo siempre mantuve que es una primera figura del arte gallego y que él haga un programa mitológico para los murales habla de su capacidad conceptual como pintor, no sólo técnicamente sino también como teórico. Eso borra un poco esa imagen que de él se tenía. Al ser tan accesible, tan llano y haber decidido vivir en Pontedeume había oscurecido un poco lo que podía haber sido y no fue porque no quiso. La gente se extraña de que haya estudiado incluso en Roma o en la Academia de San Fernando. —¿Qué habría que hacer para colocarlo en su lugar? —Primero tienen que reconocerlo en su pueblo no como pintor local, sino como pintor. Y también el arte gallego, por supuesto. Por eso una de mis ideas es que se le proponga para la medalla Castelao, que reconoce a aquellos artistas que han dedicado su vida a Galicia y es una definición de lo que ha hecho Abelardo. No hay ni un solo cuadro en el que no se rastree una vinculación al Eume sobre todo y a Galicia en general. Has-

ta los retratos más sencillos siempre tienen alguna ría, algún cielo gallego, algún marinero gallego. Con la cuantía económica del premio se podría hacer un museo permanente en Pontedeume. —¿Ha cambiado la percepción que la gente tiene de su obra desde que comenzaste tus investigaciones? —Sí, noto que ha cambiado. En Pontedeume a veces me dicen “tú eres la de Abelardo”. Eso me enorgullece mucho. También me dicen, “yo no sabía que pintaba así”. La gente lo tenía por un pintor de marineros y él mismo decía que quería ser recordado así pero como paisajista yo creo que era incluso mejor, excepcional. Lo que pasa es que todavía siguen con que es un pintor local, y quiero que la gente se quite ese cliché. Es local pero no es folclórico, él va a la esencia del pescador. Tiene mucha categoría independientemente de que fuera de Pontedeume, que lo era, pero es que en un pequeño marco local tenía esa capacidad de extrapolarse a una categoría universal. —Según tu estudio, su obra no pasa por grandes altibajos. —Él cuando muere pinta esencialmente lo mismo que cuando era niño. Ha cambiado la paleta, ha cambiado la forma de pintar, pero conceptualmente es el mismo Abelardo. Por eso digo que es una persona que nació pintor, sí, vale, estudió fuera, experimentó técnicas, tuvo influjos de las vanguardias, pero es una persona que nació pintor. Abelardo muestra la esencia de Galicia de una forma completamente innata, es una cosa que sale de él, sin necesidad de planteamientos teóricos. Su arte es completamente identitario. Quizás con Castelao, con Seoane y con Lloréns sean las figuras gallegas de arte que están más intensamente ligadas a lo que es la captación de la identidad gallega. A la gente le puede parecer desubicado que yo pretenda que un humilde pintor de Pontedeume pueda estar a esas alturas, pues por supuesto que lo está. —Desde el punto de vista de una crítica de arte, ¿cuáles son sus principales valores? —Lo que se llama idiolecto es-

Arriba, María Fidalgo. En la imagen inferior, el pintor Abelardo Miguel, con uno de sus cuadros

JORGE MEIS

“Su obra tiene un sello personal que hace que se distinga entre mil. Eso distingue al genio del artista sencillo”

“Fue un paisajista excepcional y además de un valor artístico indudable tiene gran importancia etnográfica y antropológica”

tético, un sello personal que tiene su obra que hace que se distinga entre mil. Hace poco una chica de Cabanas estuvo en Salamanca en una cafetería y se encontró con unos marineros de Abelardo, sin firmar, y los reconoció en un sitio completamente ajeno y fuera de contexto porque tiene ese sello personal. Eso distingue al genio

del artista sencillo, por eso digo que tiene que ser una primera figura del arte gallego. Aparte como paisajista era excepcional y además de un valor artístico indudable tiene un gran valor etnográfico, retrata de primera mano feirones y oficios desaparecidos, incluso unas costas y un casco urbano que ya no existen. El valor et-

nográfico y antropológico es tremendo, también el valor como expresión de una cultura identitaria propia. —¿Cuánto tiempo llevas vinculada a Abelardo Miguel? —Desde que nací lo vi, porque era amigo de mi padre –el crítico Manuel Fidalgo–. Luego me fui de Galicia y con el tiempo quise volver a recuperarlo ya desde el punto de vista de crítica, ver lo que había escrito y cuando vi que no había nada me quedé absolutamente desconcertada y me puse a hacerlo. —¿Y dónde está el final? —Yo pararé cuando tenga hecha la monografía completa, cuando tenga la catalogación de sus obras. Y cuando hubiera un reconocimiento público, primero por parte de su pueblo, por supuesto, y luego de la crítica de arte gallego. Abelardo se merece una exposición antológica. Además hay cuadros suficientes para ello y la gente estaría muy dispuesta a dejarlos. Es agradecimiento a una persona que dedicó su vida a pintar a Galicia y que además tiene el valor añadido de que es superprolífico, y con cotas altísimas de calidad, y pintando tanto es muy difícil.