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Liderazgo Armonizante

Seminario sobre el encuentro con uno mismo


Primera sesión: LA EVOLUCIÓN DE LO VIVO
Impartiente: Tlacatzin Stivalet Corral
sábado 4 de agosto de 2001

Este seminario es precisamente sobre el encuentro con uno mismo. De entrada, resulta extraño plantear
un encuentro con nosotros mismos. Cada uno de nosotros es «uno mismo». Entonces, para que plantear un
encuentro con lo que uno ya es. En realidad, de lo que se trata es de conocernos, de saber lo que somos,
de una «toma de conciencia» de nuestra realidad cotidiana, de reflexionar sobre el por qué actuamos cada
día de la manera en que lo hacemos, del significado y consecuencias de nuestro diario hacer.

El punto de partida para tal investigación tiene que ser nuestro aquí y nuestro ahora. Cada uno
puede percibir que respiramos de manera continua, que comemos de manera frecuente, que orinamos y
defecamos de tanto en tanto, que dormimos regularmente una tercera parte del tiempo, que de vez en
cuando sentimos deseo sexual. Estas acciones son muy similares a las de cualquiera de los seres
vivientes del tipo que llamanos «animal», es decir, un 'organismo viviente capaz de respirar aire y de
moverse'.

De inmediato, tenemos que recordar que existe otro tipo de seres vivientes, el que llamamos «vegetal»,
o sea, un 'organismo viviente capaz de respirar pero que no muda de lugar por impulso voluntario'. Al
reflexionar un poco, con la información que normalmente conocemos quienes vivimos en el presente, que
la manera de respirar de los animales y de los vegetales es complementaria: nosotros ABSORBEMOS
oxígeno y EXPELEMOS bióxido de carbono; durante el día, los vegetales hacen exactamente lo opuesto.

Por decirlo de alguna manera simple: los animales y los vegetales nos pertecemos mutuamente.
Los animales no podemos vivir si desaparecen los vegetales; ni pueden sobrevivir los vegetales si nos
extinguimos todos los animales. Esta interdependencia es muy antigua. Para ubicarla, es imprescindible
remontarse hasta el ORIGEN mismo de la vida en nuestro planeta. Asimismo es importante conocer el
proceso de TRANSFORMACIÓN de los seres vivientes al decurso del tiempo.

Por esto mismo, es preciso ubicar en espacio y en tiempo todo lo ocurrido, entendiendo «ESPACIO »
como 'lugar libre de materia y energía pero susceptible de ser ocupado por ambas' y «TIEMPO » como
'fenómeno inherente a la materia y la energía perceptible únicamente por la secuencia de cambios que
deja'. Se dice que hace unos 9,000 millones de años ocurrió lo que se conoce como «gran estruendo», en
inglés big bang, en ese momento se inició la expansión de la materia y la energía que forman el universo.

Esto significa que estamos muy lejos del momento en que empezaron a manifestarse la materia y la
energía tal como SE MANIFESTAN en el presente. Desde hace muchos años, muchísimos, muchos humanos
hemos sentido interés por conocer el cómo ha estado ocurriendo este proceso. Muchos investigadores han
dedicado su vida a conocer, aunque sea de manera fragmentaria, la historia del universo, es decir, por
descubrir cómo ha sido el devenir de la materia y la energía en todo el tiempo imaginable.

Esto es parte importante de nuestro ser: cada uno de nosotros es primeramente materia y energía.
Esto mismo es cada uno de los seres vivientes con quienes compartimos este planeta. Cada uno de
nosotros es una manifestación de una interacción permanente entre la tierra, la lluvia, el aire y el sol.
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Como conjunto, los seres vivientes somos el QUINTO ELEMENTO que interactúa sobre el planeta que
habitamos. Es así que cada uno de nosotros resulta ser simultáneamente individuo y totalidad.

Se dice que nuestro planeta tiene una antigüedad de 4,000 millones de años, es más reciente que nuestro
«astro rey», el sol, que se formó hace unos 5,000 millones de años, según dicen los que dicen que saben.
Estos datos son relativamente recientes. Muchos humanos, una gran mayoría, no conocen esta cifras. Las
cifras que maneja la mayoría de los "científicos" son muy cuestionables debido a que están basadas en
«mediciones» no totalmente confiables: la degradación de los elementos químicos.

Los estudiosos de las rocas las consideran un «reloj geológico», debido a que algunos elementos
químicos se transforman en otros, generando radiactividad en el proceso. El potasio se transforma en
argón, el uranio en plomo, el rubidio en estroncio. La velocidad con la cual ocurre este fenómeno puede
ser calculada teóricamente. Cuando se cuantifican los diferentes elementos químicos involucrados en
una degradación, es posible calcular el tiempo transcurrido desde que se formó el mineral original.

Aunque la gran mayoría de los animales no deja huellas, ya que todo su cuerpo se descompone, muy
ocasionalmente, uno o quizás dos individuos quedan atrapados en un pantano, entonces, su carne se
pudre pero sus huesos permanecen asentados en el lodo. Paulatinamente, las «soluciones» ricas en sales
minerales que circulan por los «restos óseos» producen cambios químicos en el fosfato de calcio de los
huesos, hasta que se transforman en piedra, pero conservando incluso la estructura celular original.

Esto, que ocurre como excepción y no como regla, es lo que nos permite tener elementos de estudio,
algunas cuantas "piezas del rompecabezas" que plantean retos fuertes al «ingenio» humano. Cada uno de
los estudiosos que han dedicado su vida a este fascinante trabajo de «armado del rompecabezas humano»
ha aportado alguna pieza, importante o complementaria, que en el presente nos permite contar con una
visión de nuestra historia como seres vivos, incompleta a todas luces, pero que nos da ya algunas certezas.

La palabra «GENOMA» se empieza a utilizar por los biólogos en el año europeo 1930, para significar 'el
conjunto de cromosomas de una célula con los genes que éstos contienen'. Durante muchos años, se decía
que el «genoma humano» contiene alrededor de 100,000 genes, muy recientemente se empieza a leer en
periódicos que, de acuerdo a las recientes investigaciones sobre el «genoma humano», los humanos
contamos con muchos menos genes de los que se creía: entre 25,000 y 40,000 en total.

Esta palabra se empezó a usar preferentemente sobre su sinónimo, genotipo, que había sido usada por
los expertos desde el año europeo 1897. En ambos casos la palabra se refiere al «GEN» o GENE, concepto
que describe 'cada uno de los fragmentos del núcleo de la célula que conjuntamente condicionan la
transmisión de los caracteres, corporales o conductuales, hereditarios de una especie'. En la actualidad se
utilizan ambos vocablos de manera indistinta, con matices imperceptibles para quienes no somos expertos.

Lo que nos interesa «aquí y ahora» es que el «genoma humano» mide entre uno y dos metros y que
en cada una de nuestras 100 billones de células, 100,000,000,000,000, existe una cadena de moléculas que
es la que contiene todo nuestro ser y todo nuestro hacer. Nuestra identidad esencial está en cada
una de nuestras células. Uniendo todas las partes de nuestra identidad, nuestros «genotipo», se obtiene una
cadena de entre 100,000 y 200,000 millones de kilómetros: ¡poseemos una dimensión cósmica!

Estos millones y millones de kilómetros son precisamente los que forman los 43 cromosomas que
ocupan el núcleo de cada célula humana. Son 23 parejas de cromosomas: la mitad de cada pareja
proveniente de nuestra madre y la otra mitad de nuestro padre. Se puede decir que la mitad de nuestro ser

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es medio metro de mujer y medio metro de hombre: esto hace que mujeres y hombres seamos lo mismo.
Esta realidad esencial, muy recientemente descubierta, cambia nuestra visión de nuestra identidad.

Los estudiosos de la «bioquímica» han encontrado que los «genes» están formados por una substancia
llamada ácido desoxirribonucléico, o simplemente ADN, que posee características muy notables. En
primer término, tiene la posibilidad como duplicador de «AMINOACIDOS», o sea, de 'substancias
químicas que reunen las funciones de ácido y amina y que forman las proteínas de los seres vivientes', y,
en segundo lugar, es una substancia que manifiesta el poder de duplicarse a sí misma.

Al haberse encontrado algunos microfósiles de bacterias cuya antigüedad se ha calculado en 3,000


millones de años, como es muy poco probable que se hayan encontrado los fósiles más antiguos de todos,
cabe suponer que la vida sobre el planeta Tierra comenzó hace bastante más de esta cifra. La más aceptada
de las propuestas es hace 3,200 millones de años. El problema a resolver es cómo fue este inicio de la
vida, como ocurrió la formación natural del ADN, la única molécula capaz de autoduplicarse.

Para comprender lo ocurrido originalmente, se requiere mirar aún más atrás, unos 1,000 millones de
años antes de la antigüedad de los fósiles más antiguos, o sea, hace 4,000 millones de años, cuando
nuestro planeta estaba recién formado. Entonces, la Tierra era muy diferente de lo que es en el presente. Se
sabe que en su principio nuestro planeta mostraba incandescencia y que poco a poco ha ido enfriándose.
Se sabe que existía una gran cantidad de agua, pero en «estado gaseoso».

Poco a poco, al empezarse a enfriar nuestro planeta, el agua pasó primero al «estado de vapor» y
paulatinamente empezó a llover, con rayos y truenos. Al principio, la lluvia se evaporaba. Al repetirse el
ciclo lluvia-evaporación, la tierra aceleró su enfriamiento. Al parecer, no había oxígeno en la atmósfera
o, si había, era muy poco. La capa gaseosa que rodeaba nuestro planeta estaba formada principalmente
por hidrógeno, proveniente de los muchos volcanes, monóxido de carbono, amoníaco y metano.

Hace unos 50 años se hicieron ciertos experimentos en laboratorio en los cuales mezclas de dichos
gases fueron sometidos a descargas eléctricas, suponiendo tormentas atmósféricas, y a luz ultravioleta,
suponiendo que, al no haber oxígeno, no existía la actual capa de ozono. Al transcurrir tan sólo una
semana, se encontró que se habían formado diferentes moléculas complejas, que incluían azúcares,
ácidos nucléicos y aminoácidos: que son la base elemental con que se construye el ADN.

Si en sólo una semana empiezan a aparecer «aminoácidos», es muy lógico pensar que después de 800
millones de años existieran en los océanos de nuestro planeta una infinidad de substancias. Los mares
fueron, por así decirlo, caldos de cultivo de la vida. Los primeros seres vivientes que existieron fueron
unicelulares y, muy posiblemente, utilizaron como alimento diversos compuestos de carbono que se
habían formado después de cientos de millones de años de interactividad entre tierra, lluvia, aire y sol.

Cabe aquí recordar la palabra «FENOTIPO», del griego phainein 'muestro', derivado de phainos
'aparezco', y typos 'marca', que se usa para expresar el 'conjunto de caracteres que se manifiestan
visiblemente en un individuo como expresión de la interacción de su genotipo y de su entorno'. Cabe tener
presente que el «aire» que existía hace más de 3,000 millones de años contenía una gran proporción de
«hidrógeno» y carecía de «oxígeno».

Los primeros seres vivientes fueron del tipo de lo que actualmente se conoce como «MICROBIO», del
griego micros 'pequeño' y de bios 'modo de vida', que significa 'ser viviente unicelular'. Los más antiguos
de ellos son del tipo «BACTERIA», del griego bakteria 'bastón', es decir, 'microbio de forma alargada,

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esférica o en espiral sin membrana nuclear que se nutre según el modo vegetal'. Las «bacterias»
empezaron a generar su propio alimento a través de la «fotosíntesis».

Al principio, lo que usaban para la «síntesis química» era el «hidrógeno», un gas que se produce en
grandes cantidades durante las erupciones volcánicas. Muchas «bacterias» del presente viven cerca de
donde ocurre actividad volcánica. Hubo otras «bacterias» que desarrollaron la aptitud de extraer el
hidrógeno del agua: elemento muy abundante en nuestro planeta. A este tipo de «microbio», muy
primitivo, se le llama «cianofitas», aunque fueron conocidas mucho tiempo como «algas azul-verdoso».

La aparición de las «cianofitas» marcó un notable cambio en nuestro planeta. Al usar el «hidrógeno»
del agua para sus nutrientes propios, desechaban el «oxígeno» que empezó a acumularse como gas en la
atmósfera terrestre. Durante 2,000 millones de años este proceso empezó a generar la atmósfera que
conocemos, en la cual el «oxígeno biatómico» mantiene una proporción del 21 por ciento. Lo más
importante fue que apareció la capa de «OZONO», 'oxígeno triatómico'.

Pensar que una sola especie viviente fue capaz de transformar de manera tan dramática nuestro planeta
es muy tranquilizante. Actualmente otra especie, la Homo sapiens sapiens, precisamente la nuestra, está
revirtiendo este proceso. Estamos generando exceso de sustancias que destruyen la capa de «ozono» y
que modifican la proporción entre «oxígeno» y «anhidrido carbónico», conocido mejor como CO 2. Si los
humanos tomamos la decisión de mantener la vida como es actualmente seguramente lo lograremos.

El encuentro con uno mismo tiene que hacernos ver esta realidad. Los humanos todos, al igual que los
demás seres vivientes de nuestro planeta, estamos en peligro de extinción. Se requiere evolucionar. Hay
que tener presente el refrán que dice «desea volar y te saldrán alas». Como quedó escrito arriba, los
humanos todos poseemos la «fuerza cósmica» de nuestro ADN: 100,000 millones de kilómetros del
mismo ADN que originó a las «cianofitas»: podemos devenir en una nueva especie del género Homo.

Hace unos 1,200 millones de años, siempre según los microfósiles encontrados, empezó a aparecer un
nuevo tipo de «microbio»: los «PROTISTOS», palabra derivada del griego protos'primero', 'seres vivos
unicelulares caracterizados por poseer núcleo'. Los «protistos» son de dos tipos: los que procesan
«clorofila» se nombran «protofitas» y los demás «protozoarios». Los estudiosos de la evolución suponene
que los «protofitos» evolucionaron de las «bacterias» y de las «cianofitas» originales.

La «hipótesis» más aceptada es que, algunas células que habitualmente se alimentaban de partículas que
fluían en su entorno, capturaban algunas «bacterias» y «cianofitas» en su interior y que, en vez de
digerirlas, les permitían sobrevivir en colaboración. Este fue, al parecer, el origen de la «mitocondria» y
los «cloroplastos». En el presente, existen unas 10,000 especies de «protistos». Algunos realizan la
fotosíntesis con ayuda de sus paquetes de clorofila, son vegetales, otras se alimentas de estas: son
animales.

Hace entre 1,000 y 800 millones de años, empezaron a aparecer aglomeraciones de células. El «volvox»
es una organización de células del tamaño de la cabeza de un alfiler. Las «esponjas» son aglomeraciones
celulares de hasta dos o más metros, cada célula se mantiene independiente de las demás y puede sobrevir
sola. El primer «animal multicelular» que apareció fue la «medusa». Sus células son incapaces de
sobrevivir solas. En la «medusa» ya existen tanto «nervios» cuanto «músculos». Fue el primer «cuerpo»
animal.

En las montañas Flinders del sur de Australia, que se calculan con una antigüedad de 650 millones de
años, se han encontrado más de dieciseis especies diferentes de «medusas». Estos primeros animales

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tienen un ciclo de vida muy peculiar. Hay una época en que son «pólipos». Esto generó los «corales» que
tan abundantemente existen en los mares australianos, y en muchos otros mares. La Gran Barrera de
Arrecifes de Australia, de 1,600 kilómetros, puede ser vista desde la luna.

Una vez construido el primer «cuerpo» animal, la fuerza cósmica del ADN enfrentó exitosamente
nuevos retos. Se generaron entonces tres tipos de animales: los de concha, los de simetría péntica y los
gusanos segmentados. Aunque muy diferentes entre sí, los fósiles encontrados permiten explicar
lógicamente el proceso de evolución. Este proceso tuvo una duración de unos 400 millones de años: de
hace 1,000 a hace 600 millones de años.

Los primeros en aparecer fueron los «platelmintos», gusanos aplanados con forma de hoja. Como las
«medusas», tienen una sola abertura a través de la cual se alimentan y arrojan los desperdicios. Ya poseen
«manchas oculares», parece ser que existe algo que puede ser nombrado «cerebro primitivo». Hoy en día
existen unas 3,000 especies de «platelmintos» en todo el planeta. Muchas características hacen pensar que
descienden de organismos más simples: las «medusas» y los «corales».

Hace unos 600 millones de años empezaron a aparece animales de forma tubular, tipo gusano, que
poseían en su boca dos conchas planas protectoras: los primeros «braquiopodos». Sobra decir que estos
"gusanos acorazados" generaron un grupo por demás exitoso: los «moluscos». En la actualidad existen
unas 60,000 especies diferentes de moluscos: almejas, ostiones, caracoles, babosas, et cetera. Este tipo de
animal ha demostrado ser prolífico en extremo.

Hace alrededor de 550 millones de años, una variedad de «molusco» encontró la forma de hacerse
móvil por medio de tanques de flotación llenos de gas: el nautilo nacarado. Su cuerpo, incluida la
concha, alcanza un tamaño adulto hasta de 20 centímetros. Esta especie es un ejemplo de «pervivencia»:
no ha cambiado en los 550 millones de años que tiene de existir. Hace 400 millones de años empezaron a
surgir otras variantes del nautilo, las «amonitas», pero éstas desaparecieron hace unos 100 millones de
años.

La segunda categoría de animales exitosos es la de los «crinoideos», del griego krinon 'lirio', o
«EQUINODERMOS», del griego equinos 'erizo' y derma 'piel', nombre que significa 'de piel espinosa'. Se
caracterizan por tener una simetría radial péntica, como las estrellas de mar, y pies tubulares que operan
con succión. Esta categoría se ha mantenido durante los recientes 600 millones de años, aunque no existen
muchas especies aparte de los erizos de mar y de las diferentes especies de estrellas de mar.

Los «gusanos segmentados» fueron un gran éxito. En la actualidad existen cerca de 35,000 especies. La
familia se inició con los «trilobites», del latín tri 'tres' y lobus 'lóbulo', que abundaron durante varios
cientos de millones de años pero desaparecieron totalmente hace 250 millones de años. Las variantes son
innumerables: camarones, jaibas, langostas, cangrejos, et cetera. Al ocurrir el cambio de respirar agua a
respirar aire, se convirtieron en el más éxitoso de los grupos de animales: los insectos.

La historia del paso de los «protofitos» a las algas no está tan completamente esclarecida. Lo que se ha
establecido ya es el momento en que las algas dejan el mar y pasan a asentarse sobre la tierra, es decir,
dejan de respirar agua para respirar aire. Esto ocurrió hace unos 400 millones de años. El paso de las algas
fue seguido por los milpiés, que fueron los primeros «insectos»; los cuales eran enteramente vegetarianos.
Ya iniciado el proceso, más y más animales pasaron a vivir sobre la tierra: respirando aire.

El desarrollo de los «vegetales» ocurrió de manera relativamente acelerada. Hace 350 millones de años
ya existían inmensos bosques de coníferas: pinos, cedros, abetos, alerces, et cetera. Su reproducción ya

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era a través del «polen». Los bosques propiciaron la invasión de hordas de «insectos», que no solamente
poblaron la superficie de la tierra: hace unos 300 millones de años desarrollaron la aptitud de volar. Así
se generaron las abejas y las mariposas, pero también las moscas y las cucarachas.

De una variedad evolucionada de «equinodermo», las «ANÉMONAS MARINAS», 'animales marinos que
poseen un manojo de tentáculos alrededor de una sola abertura central', se generó una especie nueva
llamada «ASCIDIAS», es decir, 'chisguetes marinos', que a su vez fueron los antepasados de los primeros
animales con espina dorsal: los vertebrados. Estos primeros vertebrados aparecieron hace unos 540
millones de años. Aquellos «protopeces» compartieron los mares con medusas y otros invertebrados.

Ya aparecidos los primeros vertebrados, la evolución empezó a acelerarse. Hace unos 350 millones de
años, los peces empezaron a arrastrarse fuera del agua, empezando a colonizar la superficie de la tierra.
En la actualidad existen peces que aún hacen esto: el «brincalodo». Pasos sucesivos generaron primero a
los anfibios, como la rana y el sapo, y posteriormente a los muchos reptiles: iguanas, lagartos, serpientes,
dinosaurios, et cetera. El gran paso ya había sido dado. Los seres vivientes poblaron el planeta entero.

Los grandes «cuerpos» de los dinosaurios requerían de mucho alimento y de la luz del sol. La
«evolución» fue haciendo que varias especies de «dinosaurios» fuesen disminuyendo su tamaño y
generando la aparición de vello espeso, con lo cual se conservaba mejor el calor. Fue así que hace unos
200 millones de años apareció el primer «mamífero»: cuyo fósil manifiesta un tamaño de 10 centímetros
de longitud. Sus dientes estaban especializados para comer insectos. Era parecido a una «musaraña».

Al desaparecer los «dinosaurios» hace 65 millones de años, los «mamíferos» empezaron a hacer vida
diurna y a multiplicarse en diferentes familias: tlacuaches, armadillos, osos, ratas, cebras, hienas, tigres,
leones, antílopes, vacas, ballenas, delfines, et cetera, et cetera, et cetera. Hace unos 50 millones de años ya
existían muchos «prosimios», notablemente los lemures, que se caracterizan por tener los ojos al frente y
por tener manos con dedos prensiles, además de usar el «olfato» para su vivir social.

El primer paso al aire de los «vertebrados» fue consecuencia de la evolución de los «dinosaurios».
Hace unos 140 millones de años aparece un reptil volante que se ha nombrado «arqueópteris», 'ave
ancestral'. La diferencia entre los fósiles que se han encontrado de este animal y la inmensa variedad de
aves que existen en el presente hace ver la pujanza de lo vivo. Cada uno de nosotros posee en cada
célula el mismo material genético, el ADN, que tiene tanto potencial de evolución hacia donde uno lo
desee.

Algunos «mamíferos» también desarrollaron la aptitud de volar. Hace 50 millones de años ya existían
los «murciélagos», como lo prueban algunos fósiles encontrados. Además de estos "aeronautas", existen
otros mamíferos capaces de planear, como el «colugo» de Malasia y algunas «ardillas voladoras». Lo vivo
manifesta una aptitud definitiva a realizar cualquier cosa realizable. La inmensa variedad de seres
vivientes que existimos en el presente es una constatación de nuestro potencial creativo.

Repasar todo lo anterior «aquí y ahora» tiene que hacernos evidente este potencial creativo que
compartimos con todo lo vivo. Tomar conciencia de nuestro poder inventivo es el primer requisito para
quien aspira a ser «dirigente» de otros seres humanos. La «fuerza interior» de cada uno de nosotros
proviene de nuestro «genoma», reproducido 100 billones de veces en nuestro cuerpo: cada célula nuestra
posee el mismo potencial que ha manifestado lo vivo durante 3,200 millones de años.

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