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Ante el drama de los desaparecidos en Colombia, el

Ministerio del Interior, la Registraduría y Medicina Legal


unieron esfuerzos para identificar entre los NN a aquellos
muertos que fueron enterrados sin nombre con la
esperanza de poner fin a la búsqueda de aquellos a quienes
un día se llevaron y nunca volvieron. Pero lo que han
descubierto es aún más dramático.

La respuesta para cientos de familias que llevan años buscando a sus seres queridos desaparecidos está llegando. Pero es un
trabajo arduo por parte de los expertos forenses que hacen todo lo posible por hallarlos.

La primera de las conclusiones de esta investigación, que


se dará a conocer en diciembre cuando termine la primera
fase, es que muchos de los cadáveres sin identificación que
tiene registrados Medicina Legal no están en el listado de
los casi 52 mildesaparecidos reportados en el Registro
Nacional de Desaparecidos. Esta base de datos unificó las
denuncias desde varias fuentes, incluidos los registros
oficiales y los de organizaciones no gubernamentales.

Una de las causas de esto es que en muchos sitios del país,


y durante muchos años, las desapariciones no fueron
denunciadas. Los cálculos de la Fiscalía apuntan a que en
las zonas donde el conflicto fue más intenso, no se
denunciaron más del 65 por ciento de las desapariciones.

Esta cifra podría aumentar en las zonas rurales, donde los


campesinos no tenían acceso a la justicia, nunca ha
existido una representación de Medicina Legal y los
médicos rurales encargados de las necropsias, algunas
veces por ineficiencia y otras por miedo, no hacían los
registros como es debido. Otra razón para que no estén
reportados es que sus familias pensaban que se fueron por
una decisión propia y no que murieron. Y muchos ni
siquiera sabían a quién hacer el reporte.

El mayor número de desapariciones en Colombia se


registró en los años 90, cuando los paramilitares
emprendieron su ofensiva más grande y utilizaron
diversidad de métodos para desaparecer los cadáveres de
sus víctimas.

Sin embargo, en el sistema la cifra más alta de


desapariciones está registrada entre los años 2000 y 2003
(aunque ocurrieron una década antes), de acuerdo con la
Comisión Nacional de Búsqueda, tal vez porque la
intensidad del conflicto se redujo un poco y las familias
tuvieron más posibilidades de denunciar la desaparición
de sus seres queridos.

También es posible que en la medida en que avanza la


sistematización de los datos y entren nuevas bases de
datos o registros perdidos al sistema, la cifra de
desaparecidos suba. Este proceso sólo puede hacerse
ahora, porque antes no existían registros digitales y
realizar los cruces de forma manual era un trabajo que
requería mucho tiempo y personal, con el que no contaba
ninguna de las instituciones.

Ese trabajo comenzó hace cuatro años y hoy está


compilado en el Sistema de Información Red de
Desaparecidos y Cadáveres, Sirdec, una plataforma de alta
tecnología que permitió los avances que hoy comienzan a
dar frutos.

Este sistema tiene hoy 62 mil registros, pero aún contiene


el nombre de 11 mil que aparecieron vivos pero que no se
han sacado de la base de datos porque las investigaciones
por su desaparición podrían estar abiertas en algún lado.
La idea es que, si cualquier autoridad busca el nombre de
una persona que haya estado desaparecida en el sistema,
aparezca que fue encontrada y cómo fue el hallazgo.

El esfuerzo es reconocido por las organizaciones de


víctimas. El representante Iván Cepeda asegura que el
trabajo que está haciendo Medicina Legal permitirá que
algunas personas desaparecidas sean localizadas aunque
sus familias no las hubieran reportado.
La búsqueda
Los grupos independientes de medicina forense están realizando un manual
para que los administradores de los cementerios sepan cómo manejar los
cuerpos de personas no identificadas.

En octubre 10 del año pasado, con la llegada del gobierno


de Juan Manuel Santos, el MinInterior, la Registraduría y
Medicina Legal firmaron un convenio para procesar los
datos de las necrodactilias (huellas tomadas a los
cadáveres) con las tarjetas decodactilares (huellas tomadas
al momento de sacar la cédula) y después cruzarlas con el
Registro Nacional de Desaparecidos.

Con el cruce de las necrodactilias y las tarjetas


decodactilares, la Registraduría logró identificar muchos
de los cuerpos registrados como NN. En total, fueron
encontrados 9.968 cruces entre la base de datos de NN y
números de ciudadanía. De esos, un poco menos de la
mitad ya tenían algún nombre y los expertos lograron
verificar que sí fuera el real, y 5.582 más, de los que no se
conocía nada, ahora tienen nombre.
Pero de esos 9.968 nombres, sólo 440 aparecían en el
Registro Nacional de Desaparecidos. De las otras 9.528
personas no hay reporte alguno.

Diana Ramírez, coordinadora del Grupo Red Nacional de


NN y Desaparecidos, explicó a La Silla Vacía que
actualmente Medicina Legal está trabajando en establecer
plenamente la identificación de los 5.582 cadáveres que no
tenían nombre y encontrar el sitio donde fueron
sepultados.

Muchos de esos cuerpos fueron enterrados hace varios


años, pero solo ahora existen las herramientas
tecnológicas para hacer las comparaciones: la verificación
de huellas, los estudios de los huesos, señales personales o
placas dentales, hasta las pruebas de ADN que son la
última instancia y no siempre son utilizadas.

Aunque Ramírez admite que la cifra de 440 personas


ubicadas en el Registro es muy pequeña, dice que es
significativa si se compara con los resultados logrados en
el primer intento de identificación de NN que se realizó en
2007 cuando de 1.350 identificaciones positivas, sólo ocho
estaban en el Registro.

Le parece más preocupante que de los 5.582 cadáveres que


aparecían como NN en el momento de la inspección, sólo
se haya logrado entregar 49 a sus respectivas familias. A
esas personas se les está dando la identidad por primera
vez.
Por eso, el Instituto de Medicina Legal implementó
una ruta de atención integral que aparece en su página de
internet y está dirigida a todas las personas que quieren
conocer los resultados de la investigación y verificar si sus
seres queridos han sido hallados. En esa página se
encuentra el listado de las 440 personas identificadas
plenamente y la guía de lo que deben hacer las personas
que encuentran a su familiar en esa lista.

Sobre todo porque muchos de esos cuerpos aparecen muy


lejos del sitio donde desaparecieron y sólo el trabajo
forense permite la identificación. Para Ramírez hoy no
existe en el país una cifra definitiva de desaparecidos y no
la vamos a tener pronto, porque las víctimas no solo
provienen del conflicto, sino que además de personas
muertas en la calle, secuestros o víctimas de otro tipo
como del narcotráfico y todos los días mas personas
reportan casos al Registro Nacional de Desaparecidos.

Encontrar a los NN en la base de desaparecidos es una


buena noticia para los familiares. Pero esto no significa
que ya podrán finalmente enterrar a sus seres queridos.

Después de años buscando a sus desaparecidos, los


familiares que hoy se enteran que por fin los encontraron,
deben esperar otros meses o años más. La razón es que
sacarlos de donde están no es un trabajo sencillo.

Durante los 90, por ejemplo, muchas de las víctimas


fueron descuartizadas y enterradas en fosas comunes,
otras fueron arrojadas en los ríos e incluso incineradas
como ocurrió con los muertos del Catatumbo que
terminaban en hornos crematorios. Y otros, que parecen
ser muchos, están en los cementerios oficiales.

Es necesario que todos los cuerpos no identificados tengan la información suficiente para que los organismos encargados puedan
cruzar los datos con los registros oficiales y así establecer su identidad.

Los cementerios legales, una tortura

En el informe “Rompiendo el silencio en la búsqueda de


los desaparecidos en Colombia”, anterior a esta
investigación, Lisa Haugaard y Kelly Nicholls cuentan que
el mayor logro por los desaparecidos se consiguió en 2000
cuando se aprobó la Ley que penaliza la desaparición
forzada. Según estas investigadoras, aunque haberlo vuelto
un delito autónomo no ayuda a su prevención o
judicialización, sí provocó que el Gobierno hiciera grandes
esfuerzos para encontrar a las decenas de miles de
desaparecidos, entre ellas la creación de la Comisión
Nacional de Búsqueda.

El resultado de uno de sus estudios piloto, en 2003, habló


por primera vez de la cantidad de NN que estaban
enterrados en los cementerios de Casanare sin ningún
doliente. Sólo seis de los 21 cementerios tenía algún tipo
de registro.
Por eso se empezó a pensar en el diseño de la estrategia
para la recuperación de cuerpos en cementerios. Aquí el
trabajo es diverso. Implica desde recuperar los cuerpos en
fosas comunes hasta ubicar bóvedas sin marcar o
conservadas de manera inadecuada. Aquí el trabajo del
Equipo Colombiano Interdisciplinario de Trabajo Forense
y Asistencia Psicosocial, Equitas, ha sido fundamental.

Equitas sabía que cuando se comenzaran a ubicar los


cuerpos en las bases de datos, muchos iban a estar en
cementerios legales como cuerpos no identificados, o NN.
Y que desenterrarlos no iba a ser fácil, porque en muchos
de ellos suele no haber ningún registro.

La directora de Equitas, Carolina Guatame, dijo que al


realizar el trabajo de campo encontraron que muchos
desaparecidos habían pasado por el sistema médico-legal,
es decir que se les había hecho necropsia y los registros de
defunción, pero que aún así fueron enterrados como NN.

“Las secciones de NN en los cementerios no tienen


infraestructura, no hay presupuesto, no tienen doliente y
muchos cuerpos fueron enterrados en forma precaria. En
muchos cementerios es una misión casi imposible
encontrar un cuerpo”, dijo Guatame.

Adicionalmente, la administración no es clara. Aunque por


Ley los alcaldes tienen la responsabilidad de controlar los
cementerios, en muchos casos no hay presupuesto y los
administradores -que pueden ser parte de la Diócesis o los
mismos sepultureros- deciden sacar los NN de las bóvedas
y enterrarlos en fosas comunes. El problema es que lo
hacen sin ningún rigor científico y después encontrar los
cuerpos se vuelve un problema.

Uno de esos casos ocurrió en una población donde hay un


único cementerio y el sepulturero que tenía más de
ochenta años se murió. El único registro que existía era el
de su memoria y entonces la Fiscalía debía llegar a una
fosa común donde había más de quince muertos y ya no
hay cadáveres sino restos mezclados.

Para encontrar el cuerpo del NN que había sido


identificado y prometido a su familia, los expertos de
Medicina Legal tuvieron que hacer trabajo forense a los
quince cuerpos y como ese trabajo de identificación
científica es largo, aún la familia no tiene una respuesta.

Pero según Guateme, aunque el caso es dramático, ese


cementerio es pequeño y el número de NN en una fosa
común también lo era. El caso es diferente en otros donde
la llegada de muertos de las últimas dos décadas ha sido
enorme, como en Marsella, Risaralda, donde hay 466 NN
ubicados. Por eso este cementerio fue escogido por Equitas
para servir de referencia en el estudio de cementerios
legales.

Otro caso complicado es el del Meta. Iván Cepeda contó a


La Silla Vacía el caso de Villavicencio donde la Alcaldía
había ordenado hacer unas obras en uno de los
cementerios principales, pero la Fiscalía ordenó pararlas.
Entonces, la administración decidió hacer los trabajos en
los alrededores del cementerio y el resultado es que
durante las excavaciones se encontraron restos.
Por eso Equitas ha venido trabajando en la formulación de
manuales que faciliten la tarea de localización e
identificación de personas NN en cementerios legales. Esta
propuesta no solo cobija los casos que han sido inhumados
anteriormente sino que también tiene una propuesta para
aumentar las probabilidades de identificación.

Hay otra cifra que preocupa a los investigadores y es la de


12.721 cadáveres que no tuvieron una identificación
positiva en la Registraduría. Es decir que están sus
necrodactilias pero no coinciden con ninguna tarjeta
dactilar de la Registraduría, no tienen nombre, ni nada.
Siguen siendo NN.

Según los analistas de la autoridad electoral, 4.210 son


menores de edad y por eso no aparecen en los registros
puesto que no alcanzaron a sacar su cédula de ciudadanía.
Pero 8.511 simplemente no existen. Las razones pueden
ser varias. Puede tratarse de personas que nunca sacaron
su cédula o que les tomaron mal las huellas cuando lo
hicieron. Sobre este grupo sólo trabajará Medicina Legal el
próximo año, porque en este momento la prioridad es
encontrar los cuerpos que ya fueron identificados.

Lo más importante para los que participan en este trabajo


es que ningún familiar pierda la esperanza, porque aunque
la mayoría de cadáveres identificados fueron
desaparecidos en las últimas dos decadas, hay hallazgos
anteriores, incluso el caso de un hombre que murió en
1970. Si el nombre está en el Registro Nacional de
Desaparecidos, hay muchas manos buscándolo, mientras
que si no hay reportes, sólo el hallazgo del cadáver le
podrá dar una respuesta a su familia.

Hay muchos inconvenientes, pero cada paso que se da es


un gran avance para encontrar los miles de colombianos
que nunca fueron debidamente enterrados