CONFERENCIA PARA CONGRESO DE SOCIOLOGÍA EN LA UAM

Presenta: Mtra. Ma. Magdalena Trujano Ruiz Área de Investigación: Pensamiento Sociológico Departamento: Sociología Universidad Autónoma Metropolitana – Azcapotzalco Septiembre 12 del 2007

Mesa 4. Globalización.
Título: Fragmentos de una reflexión epistemológica sobre la globalización de Beck. Resumen: La presente reflexión se centra en un análisis de la propuesta de Ulrich Beck respecto de su definición de la globalización en función de sus componentes económicos, los cuales se vislumbraban ya con claridad a finales de los años noventas. Caracterización que se orientaba por el conjunto flexible, integrador y procesual de su perspectiva que comprende lo económico (mercado de consumo y laboral), la política y la ampliación de las modalidades de ejercicio de la vida personal correspondientes; para colocarlo como uno de los primeros teóricos que dejo de ver los eventos contemporáneos como fragmentos de un infinito proceso de transición hacia lo desconocido, o bien, hacia la reedición plus de las condiciones precedentes. Deseamos contextualizar la propuesta de este análisis de la globalización en Beck, desde una perspectiva epistemológica diferente a la propia de la modernidad ilustrada, hecho del cual es conciente por momentos, ya que enfatiza la comprensión fragmentada de la realidad contemporánea aunque siempre rearticulable bajo diversas orientaciones reflexivas. La denuncia de la fragmentación que requiere de otras denominaciones, nos parece que le coloca en un umbral categorial, precedente del umbral proposicional foucaultiano, que en ocasiones le lleva incluso, a mostrar la viabilidad de ciertas franjas fronterizas habitables, que como ha mencionado Trias, constituyen la frontera de una nueva perspectiva de comprensión, de análisis y de ser de la realidad social próxima.

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Nuestra orientación de análisis epistemológico. Proponemos el análisis de la categoría de globalización en Ulrich Beck, en tanto fragmento de su obra desde el cual se muestra su perspectiva y su lógica de abordaje de las nuevas dinámicas sociales que cierran el siglo XX e inician un proceso de consolidación paulatina en el XXI. En esta categoría se

condensan un conjunto de presupuestos y de ofertas teóricas, que nos permiten vislumbran su horizonte de interpretación. Desde ella se enlazan los aspectos referentes a las nuevas dinámicas laborales y la expansión del capitalismo correspondiente, así como la nueva acepción de democracia y de funcionamiento útil del Estado en contracción, aunque no en extinción. En el centro se destaca la figura de la nueva individualidad concebida como una figura autogestiva que se integra y se deslinda, alternativamente, de los grandes colectivos, en función de sus intereses vitales o altruistas; individualidad que Beck concibe en un diálogo ineludible con su entorno: con los colectivos, con las instituciones, con el Estado, con la gestación del próximo escenario globalizado que nos propone. En esta comprensión y expresión de lo novedoso de las dinámicas sociales contemporáneas es que deseamos revisar la oferta analítica de Beck, a la cual ubicaremos como parte de un proceso mucho más complejo, que ha sido referido por Luc Ferry (2004?) y que aborda las construcciones sociales de diversos niveles, teórico, ético, ontológico, práxico, como fragmentos de elaboración simultánea correspondientes a las nuevas realidades sociales. O bien, desde una perspectiva mas conservadora, podríamos referir esta acepción beckiana de la globalización, a la construcción germinal de un umbral

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epistemológico en el sentido de Foucault (Foucault, 1979; 324), esto es, el arranque de una comprensión alternativa de la lógica, la construcción de los discursos disciplinares y los elementos de valoración de verdad en el interior de las teorías, desde los cuales se gestan o bien se expresan, los criterios normativos, culturales y de valoración de las relaciones sociales presentes en el mundo.

Comprensión beckiana de globalización. Beck define explícitamente la individualización como “…en primer lugar, la disolución y, en segundo lugar, el desmembramiento de las formas de vida de la sociedad industrial (clase, capa, roles de los sexos, familia) por obra de otras en las que los individuos tienen que montar, escenificar e improvisar sus propias biografías.” (Beck, 2000ª; 35). En suma, sostiene, “Los hombres – por utilizar la expresión de Sartre - están condenados a la individualización;” (Beck, 2000ª; 35). Beck sostiene así, su concepción de la individualidad en un agotamiento cultural del sentido de la vida que obliga no sólo a reflexionar en los problemas actuales, sino también a resolver personalmente el conflicto del sentimiento de desarticulación de los grandes colectivos protagonistas de la sociedad vinculada a la producción industrial. De esta manera su análisis de los

procesos individuales, sociales y políticos se explican por una lógica semejante, a saber, la diferencia presente en las dinámicas de estos tres niveles de actuación desde hace 30 años a la fecha, la generalización del sentido de improvisación cultural, así como la reflexión y voluntad de construcción de un mundo alternativo globalizado y cosmopolita.

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A partir de esta línea de análisis, su caracterización de la democracia atraviesa el conflictivo problema real de la reunificación alemana de 1989, para reactivar la vieja tipificación de lo político a partir de la noción de amigo y enemigo propia de Schmitts (Beck, 2000ª; 164), aunque esta vez en un escenario de dos pistas: el de la Alemania que encuentra amigos y extraños donde antes solía haber simplemente alemanes, y el escenario complementario de la integración alemana a la Unión Europea, donde las antiguas nacionalidades sostenían rivalidades desde centurias atrás con una clara y evidente naturalidad nacional diferencial (Beck, 2000ª; 160). Nos parece que sin evidenciarlo lo suficiente, Beck asienta la arbitrariedad del establecimiento de las fronteras territoriales geográficas que delimitan a cada nación, y por analogía, la propia naturalidad artificial (valga la contradicción de los términos) de su desintegración para ser reincorporadas en una nueva entidad social, la de la europeización en gestación. Por supuesto, que esto plantea a su vez, el problema de la desintegración de la Europa del Este bajo la Unión Soviética, así como el mas complicado problema de la nueva delimitación de sus fronteras interiores, que a su vez, se encuentran ya en un proceso de probable reincorporación a la Unión Europea.

Hemos sido testigos de que en estos diversos territorios de Europa, la cuestión de la modificación de las fronteras se disuelve en función de las etnias ancestrales que se habían dividido antes por el trazo posterior a las Guerras Mundiales, y que hoy tienden a reunificarse. Por ende, Beck se encuentra obligado, esta vez política y teóricamente, a reconocer la importancia de la

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creciente multiplicidad de identidades locales y étnicas, así como la exigencia política de llevarlas a acuerdos de convivencia que rebasen los

enfrentamientos ancestrales en función de la construcción de la Unión Europea. Es decir, que su recurso a la nueva individualidad, la asienta sobre la exigencia histórica que debe resolver hoy, el antiguo dilema de integrar lo diferente y conciliar lo antagónico, sin los parámetros antecedentes orientadores y a partir del imperativo presente de innovación.

Sostenemos que la amplia recepción de su propuesta responde a esta serie de exigencias históricas de carácter político y social, que le imponen la construcción positiva, comunitaria y cosmopolita de una nueva sociedad en ciernes (Beck, 2000ª; ¿?). Nos parece que su comprensión de un proceso de reorganización social mundial y de impacto en todas las modalidades del quehacer humano, independientemente de que pueda contener errores, omisiones e imprecisiones, le posibilita demandar la construcción teórica colectiva de una nueva modalidad de comprensión de la realidad, elementos por los cuales sostenemos que se encuentra construyendo el umbral categorial y el epistemológico también (Foucault, 1979; 314). Paradójicamente,

sostenemos que esta asignación de carácter indefinido y en proceso continuo de transformación, tanto para el proceso de globalización como para la democracia cosmopolita, antes que restarle posibilidades explicativas o precisión científica, es un fragmento que va más allá de los propios fines y del alcance de comprensión de su autor, y el cual nos permite colocarlo en el proceso de construcción ontológico y epistemológico que da cuenta de una filosofía de la historia en gestación (Ferry, 2006; ¿?).

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Justo para reforzar este sentido de su reflexión, nos permitimos reproducir su siguiente afirmación: “Cada uno de nosotros sigue manejando el brazo que perdió y viviendo en el lenguaje y el mundo fantasmales de un Occidente realmente inexistente. No hay ya un sistema

europeo de seguridad, ni una política de equilibrio y miedo al otro, ni un Primer y un Tercer Mundo (porque ha dejado de existir el Segundo), ni tampoco una OTAN ni una República Federal de Alemania.” (Beck, 2000ª; 99-100)

Lo cual supone sostener que los elementos desde los cuales se organizaba, definía y orientaba la formulación del análisis político, y de la teoría, han variado. La precedente integración del poder mundial bipolar, ha dejado de existir, y por ende, se requieren de categorías y relaciones alternativas para poder formular un diagnóstico y una proyección de lo político: el evidente fin de la política bipolar convence de la inutilidad de la acción que a su vez, activa las fantasías políticas y les exige una revitalización de nuevo orden (Beck, 2000ª; 101); el cual gira sobre el común denominador del interés de los grupos sociales y altruistas respecto de los problemas producto de la industrialización, a saber, los ecológicos y el crecimiento desmedido de la miseria en su dimensión mundial (Beck, 2000ª; 105). Así pues, el debilitamiento del Estado Nación es sólo una de las muchas consecuencias del deterioro y transformación de las instancias políticas antecedentes, que obligan a la liberación de la política que habrá de generarse sobre la base de nuevas metas e ideales creados desde abajo, hacia arriba (Beck, 2000ª; 40).

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En consecuencia, su comprensión de democracia se vincula con su reconocimiento de las múltiples acepciones vigentes y provisionales de la misma, que le llevan a afirmar que hoy encontramos ficciones con el nombre de democracia (Beck, 2000ª; 100), que dependen a su vez, de las propias modificaciones en la actuación y comprensión del Estado, la sociedad, el lugar y la diferencia funcional (Beck, 1998;145). Se trata de una construcción

mundial que se inicia con las relaciones trasnacionales existentes y que rebasa sus objetivos utilitaristas comerciales o de poder, para imponer una dinámica de conciencia y actuación cosmopolitas, caracterizados por la topopoligamia, la inclusión macro estatal eficiente que rebase los intereses políticos y económicos regionales, de manera que generen una nueva soberanía inclusiva sin fronteras (Beck, 1998; 146-147).

Beck concluye que esta acción no planeada de las individualidades mundiales, genera una politización mediante la despolitización de los Estados, que alcanza un umbral crítico (Beck, 1998; 147): el umbral del cuestionamiento intraestatal desde la perspectiva mundial y viceversa, que obligan en su conjunto, a una mayor reflexividad y a la transparencia tanto en el ejercicio económico, como en el del poder por parte de los Estados, pero también, que fincan la posibilidad de construcción de una nueva sociedad con Estados débiles e iniciativas críticas mundiales, de una especie de nuevo mundo (Beck, 1998; 152): el de la sociedad plurilocal (Beck, 1998; 148).

La conclusión de estos supuestos sobre la dinámica política contemporánea, obligaría a reconocer la presión ejercida por una sociedad mundial vinculada a

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alguna de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) con orientación altruista, que obviamente incluyera personas de la organización regional, las cuales se enfrentaran a las decisiones y acciones de un Estado nación, con el conocimiento de los detalles locales y la difusión mundial del conflicto que exhibirían con toda impunidad los actos de ilegalidad, violencia e impunidad cometidos al interior de las fronteras. Éste es el sentido preciso de su

expresión de fronteras perforadas (Beck, 1998; 51), fronteras que se vuelven permeables al desbordamiento nacional de sus conflictos y a la influencia mundial sobre las modalidades de resistencia civil y de enfrentamiento pacífico resolutivo.

De aquí, la pertinencia de su alusión a la generalización de una politización social que promueve la despolitización de los Estados bajo los criterios de uso y abuso del poder que predominaban anteriormente. A su vez, su concepción sobre las relaciones entre Estados nación, se encuentra obligada a referir sus transformaciones en dos sentidos: atendiendo a las demandas y alternativas de la subpolítica y de los observadores internacionales, y también, estableciendo nuevas vías de construcción de una soberanía global, con el reconocimiento de una ingerencia local débil.

A sabiendas de que no puede establecerse un modelo que homogenice este tránsito en el funcionamiento estatal, es que alude al debate sobre el fin de los Estados nación y de la democracia, así como a la construcción del Estado Imperio, para rebatirlos (es necesario mencionar que en otro texto

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subsecuente, escrito en el 2004 (Beck, 2004), reconoce la presencia del proyecto de control bélico estadounidense al que denomina pax americana, del cual nuevamente se deslinda). Desde su perspectiva, si el Estado se

transforma, produce una amplia diversidad de acepciones de democracia real (Beck, 1998; 152-153). Espectro en el cual ubica su propuesta de Estado

trasnacional como organismo correspondiente a la globalización, cuya función es fortalecerse construyendo el vínculo entre la subpolítica cooperativa y la tendencial reforma de la política internacional generadora de otra comprensión colectiva de soberanía e identidad (Beck, 1998; 154). Evidentemente que esta argumentación gira en torno del proceso real de la unificación europea, ante la cual sostiene que el Estado finisecular se encuentra frente a la proliferación de los tópicos de la subpolítica que llegan a un punto de efervescencia nacional, ante el cual, no es posible la omisión y logran su inclusión en las agendas estatales. Este fenómeno produce un

efecto de generalización argumental, para Beck, ya que los Estados se encuentran forzados a reubicarse desterritorialmente y a repensarse

trasnacionalmente, esto es, en una dinámica convergente de globalización y localización: en el también denominado Estado glocal, cuya provincia es la sociedad mundial, correspondiente con un mercado mundial y una política policéntrica (Beck, 1998; 155).

Sostenemos que son estos fragmentos argumentales los que le permiten arribar al umbral categorial, que él mismo presenta (Beck, 1998; 156) bajo la comprensión y categorización de sociedad cosmopolita y proceso de globalización, cuyo énfasis definitorio es la construcción permanente y colectiva

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a nivel mundial que elude toda conclusión sobre la inmanencia del imperialismo o americanismo del mundo (Beck, 1998; 157). Es fundamental acotar, que esta perspectiva europeizante resulta mucho mas difícil de sostenerse desde las posiciones árabe, latinoamericana, africana, etc., que se encuentran mas próximas del imperialismo estadounidense (Negri, 2005; 16).

Una nota fundamental de actualización de su propuesta se encuentra en su texto Poder y Contra-poder en la Era Global, del año 2002, notamos una marca indeleble en su análisis teórico que fue provocada por la reacción de los Estados Unidos frente a la agresión sufrida el 11 de Septiembre del 2001; aquí, la concepción amorfa del riesgo ecológico y la responsabilidad ante la miseria tercermundista por parte de los países del Primer Mundo, abandona su carácter voluntarista y moral de los escritos antecedentes, para revisar la reacción norteamericana como la creación del culto al miedo y de la necesidad ciudadana de contar con un respaldo militar protector (Beck, 2002; 382), esto es, la construcción de la alternativa militarizada de la globalización. Al lado de la cual, es capaz de contemplar y colocar la demanda del zapatismo mexicano de 1996, respecto del llamado mundial para el enfrentamiento al neoliberalismo globalizado y la construcción de una resistencia por la humanidad (Beck, 2002; 373). No obstante, en el texto antes mencionado de La Mirada Cosmopolita o La Guerra es la Paz del 2004, centra su análisis en los papeles protagónicos de: la pax americana estadounidense y la cosmópolis global europea (Beck, 2004; 183), omitiendo las oportunidades y manifestaciones de expresión de un proyecto propio del Tercer Mundo, para referirlas unicamente en términos contestatarios (Beck, 2004; 192).

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Ubicado frente a estas dos reacciones extremas, y no obstante su omisión respecto de la vecindad de sus actores, alcanza a comprender en términos de posiciones políticas reales y con sentido, la demanda por el proteccionismo estatal en el Tercer Mundo, así como su movimiento de defensa colectiva contra el neoliberalismo (Beck, 2002; ¿?). Asimismo, atiende desde una visión crítica, el proceso político de construcción de un imperio armado

norteamericano y proteccionista que constriñe las libertades y derechos humanos con el consentimiento de sus ciudadanos para delinear el terrible escenario de una sociedad orsonwellsiana (Beck, 2002; 385-386. 2004; 181), al mismo tiempo que refiere los estudios africanistas de miseria y necesidad de atención pública estatal ante las carencias mas elementales de una ciudadanía iletrada y hambrienta, para la cual, el terror es una preocupación muy sofisticada y que, sin embargo, constituye el polo humanitario real de la subpolítica, que encarna con mayor propiedad su proyecto de cosmopolitismo. Evidentemente, que desde la perspectiva local de estos Estados del Tercer Mundo, asirse a lo nacional y a la democracia de contenido igualmente local y mutable, resulta el único proyecto político inmediato, aunque miope, desde la concepción de Beck (Beck, 2002; 374), para conseguir una actuación protagónica.

Así, mas allá del uso discreto de la dialéctica, Beck posiciona discursivamente la propuesta europea, una vez mas historicamente, como la mas sensata, la mas racional, la altruista, la del justo medio que pacta con Dios y con el Diablo, la mas racional, la constructora de los itinerarios próximos de la historia

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mundial. Encuentra de este modo, los nuevos proyectos predominantes: la visión del control militar estadounidense oculto bajo diversos discursos de defensa de los derechos humanos y la Guerra contra el Terrorismo; la visión europea del cosmopolitismo voluntarista que bajo el mismo discurso de defensa de los derechos humanos encubre en cambio la presencia de la agresión económica del mercado laboral y de consumidores del Tercer Mundo; y por último, presenta a un desarticulado y crítico Tercer Mundo que resiste todas las imposiciones económicas, políticas y discursivas del Primero, desde diferentes denuncias de individuos, colectivos, razas y naciones, sin éxito.

En suma, en este horizonte, en el primer panorama correspondiente al texto del año 2002, el problema de Beck, es que sostiene su propuesta contra viento y marea, la democracia cosmopolita generadora de su propia verdad, su propia religión y tradición, desde las cuales juzga al mundo entero (Beck, 2002; 395). Olvida, aunque él mismo se lo recuerde, que mas allá del sustento ético, político y pragmático de un discurso (Beck, 2002; 396), se encuentran las oportunidades de distorsión producidas por el ejercicio del poder que tiende a convertirlos en versiones de la verdad, en ideologías (Beck, 2002; 388), en ideologías reales con efectos autoritarios sobre la vida diaria y el mundo. Su propia disertación final sobre la labor de autojustificación del

cosmopolitismo, le lleva al reconocimiento de la necesidad de su imposición (Beck, 2002; 396). Paradoja que resalta la analogía con la propuesta de

Positividad científica y religiosa de Comte (Comte, 2002; 123), escrita en 1844 durante los albores de la reflexión sociológica de mediados del siglo XIX; por

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ende, las posibilidades de cuestionamiento e improcedencia, se reiteran, nuevamente (Beck, 2002; 398). Su solución, en las últimas páginas del texto, hace referencia a la necesidad de construir instituciones y dinámicas sociales de pequeños grupos y mundiales, que generen la defensa del cosmopolitismo como bandera salvaguarda de los derechos humanos (Beck, 2002; 399-401). Así, reitera el carácter de espectadores mudos para los críticos del Tercer Mundo, sin alcanzar a considerar ninguna de sus propuestas analíticas.

Sostenemos que la pertinencia neoneokantiana de su discurso (Beck, 2002; 395), le lleva a desviar la mirada analítica del panorama de las transformaciones históricas y sociales para dedicarse a la fundamentación de un ideario político europeo. Desde nuestra perspectiva, la identificación de los tres actores políticos fundamentales, a saber: Europa, Estados Unidos y el Tercer Mundo, es correcta. No así su observación de qué hace y qué dice el Tercer Mundo, mucho menos qué puede esperarse de su actuación mundial.

En el segundo panorama que se desarrolla en la publicación del 2004, Beck reivindica la postura estadounidense del 11 de septiembre frente a la violencia ejercida por el famoso acto terrorista, como la designación de Bush de una declaración de guerra contra América, que se transforma en los discursos políticos y en los medios, en una guerra contra el terrorismo (Beck, 2004; 193): expresión con la cual se redefine la concepción de esta guerra que traspasa el enfrentamiento entre Estados, entre territorios, así como los acuerdos internacionales para los enfrentamientos bélicos (Beck, 2004; 198).

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Así, profundiza con pertinencia argumental en el análisis de la paradoja consecuente al predominio de estos dos proyectos líderes: pax americana y cosmópolis global europea. Especifica diferentes niveles de análisis posible en términos teóricos, a saber, el filosófico, el normativo, el político y el empírico (que se refiere a la realidad misma) (Beck, 2004; 182); por supuesto que su interés se centra en el empírico y político con el objeto de descifrar los dilemas y paradojas presentes en esta reformulación de la guerra contemporánea. Análisis que gravita entorno de los problemas para delimitar la intervención humanitaria, así como la diferencia entre ayuda o injerencia (Beck, 2004; 199). Lo que sí parece quedarle claro, es la procedencia de las ofertas políticas en concordancia con el carácter de la Nación gestora: si Estados Unidos quiere controlar belicamente.al mundo, tendrá que compartir el pastel y Europa jugará el papel de réferi para asegurarse de que así sea.

Una ventana abierta desde el umbral categorial ante a un horizonte de reinterpretaciones porvenir: franja fronteriza habitable de la realidad social en construcción.

Consideramos que estas reflexiones de Beck le permite generar categorías novedosas que lo colocan en el propio umbral categorial, e inclusive, ante el esbozo de un nuevo umbral epistemológico (Foucault, 1979; 314), el cual es concebido por los diferentes niveles de su análisis de lo político como: empírico, normativo, ético y valorativo, y el propiamente, analítico teórico. Su reflexión nos propone fragmentos rescatables para la construcción de las nuevas dinámicas políticas y desecha definitivamente algunos otros, lo cual constituye un hecho inédito. Entre los desechos analíticos encontramos: lo nacional, la lógica resolutiva de lo nacional ampliada a lo internacional, la

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democracia nacional, etc.

Este aspecto de su reflexión le coloca

definitivamente como uno de los autores que configuran activamente la nueva franja fronteriza habitable (Trias, 2005) en el ámbito de las relaciones políticas mundiales del próximo escenario histórico.

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