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La actual inconstitucionalidad

de las expropiaciones
ALAN ALARCÓN CANCHARI

Posteado el 18 de Febrero, 2018 CAE

El derecho de propiedad está reconocido en el artículo 70 de la


Constitución Política de 1993, en donde expresamen te se
señala no solo que es inviolable, sino que estaría garantizado
por el Estado, precisándose que nadie puede ser privado de su
propiedad, sino únicamente por causas relacionadas a
seguridad nacional o necesidad pública declarada por ley; y lo
que es más importante para los efectos de este artículo, previo
pago de la indemnización justipreciada, que debe incluir una
compensación por el eventual perjuicio.

Hemos puntualizado la salvedad constitucional del “previo


pago”, precisamente para cuestionar cómo es que actualmente
no se garantiza adecuadamente el derecho de propiedad en la
vigente normativa de expropiaciones. Nos referimos a lo
regulado en los Decretos Legislativos Nros. 1192 y 1330,
publicados en el Diario Oficial El Peruano con fechas 23 de
agosto del 2015 y 6 de enero del 2017 respectivamente, los
cuales tiene como antecedente lo dispuesto en el artículo 30 de
la Ley N° 30327 del 21 de mayo del 2015, con los cuales hemos
variado de un sistema de expropiación jurisdiccional a uno
administrativo, en aras de la celeridad y premura en contar con
predios para las obras de infraestructura que necesita nuestra
sociedad.

Si antes con la Ley N° 27117, Ley General de Expropiaciones,


e inclusive con la Ley N° 30025 del 21 de mayo del 2013, los
tribunales arbitrales que conocían procesos expropiatorios
laudaban ordenando la traslación del propiedad a favor del
Estado, pero simultáneamente también disponían el pago de la
indemnización justipreciada, como condición para la afectación
del derecho de propiedad; ahora tal situación ha variado, pues
primero se expide la resolución autoritativa de la expropiación
que ya contiene la orden de traslación de propiedad a nte
Registros Públicos, para seguidamente dejar en potestad del
expropiado la posibilidad de recurrir en arbitraje a solicitar la
indemnización justipreciada. Es decir, el “previo pago” que
exige nuestra Constitución viene siendo desconocido, pues
ahora el Estado primero se hace de la propiedad y es el sujeto
pasivo quien debe impulsar el arbitraje con posterioridad, en
donde además solamente en tanto cuente con solvencia
económica podrá ejercer su derecho, pues debe asumir la parte
proporcional de los costos arbitrales en una controversia que no
ha iniciado.

Se trata de una grave afectación al derecho de propiedad, pues


ahora la traslación de propiedad se efectúa a nivel
administrativo solamente con la resolución autoritativa, dejando
en los tribunales arbitrales únicamente la discusión relacionada
al pago de la indemnización justipreciada. En otros términos,
para ejecutar la afectación del derecho de propiedad no hay un
“previo pago”, sino la habilitación para discutir en un proceso
arbitral el monto de la tasación efectuada por el propio Estado
y que por tanto resulta siendo una valorización unilateral. Es
decir, la determinación del monto de la indemnización
justipreciada se dará culminado que sea el proceso arbitral; y
no hacemos alusión todavía al pago, porque ahora el Estado,
en esta política de desconocer el derecho de propiedad, llevará
al sujeto pasivo a un proceso de anulación de laudo y
seguidamente a otro de ejecución de laudo, para recién cumplir
con aquello que nuestra Constitución ordena debía efectuarse
previamente.

La excusa para esta afectación del derecho de propiedad ha


sido que los procesos expropiatorios demoran y por tanto
retrasan la ejecución de las obras de infraestructura. Esta
aseveración es falaz, porque equipara expropiación en términos
generales, con el proceso arbitral de expropiación propiamente
dicho. Se trata de un error conceptual y de apreciación, porque
la mayor demora está en la determinación administrativa del
predio por expropiar y no propiamente en el arbitraje de
expropiación, que en general ha sido muy expeditivo y que
incluso ahora se le ha puesto un plazo de 6 meses de duración.
La excusa para este cambio de una expropiación jurisdiccional
a una administrativa por tanto es inconsistente, porque no son
los tribunales arbitrales los que demoran la ejecución de las
obras de infraestructura, sino la dilación administrativa en
identificar el bien inmueble objeto de necesidad pública y las
demás acciones administrativas para ejecutar su expropiación.

Así las cosas, queda en evidencia la afectación del derecho de


propiedad al no haber garantía del “previo pago” que exige
nuestra Constitución Política cuando estamos ante una
expropiación. La excusa es injustificable, no solamente por
falaz, sino porque en un Estado de Derecho la propiedad debe
ser defendida. En caso contrario, solamente se encontrará el
efecto indeseado, con propietarios que rehúsan entregar sus
predios, con la judicialización de las expropiaciones y el retraso
en la ejecución de las obras públicas, con el consiguiente costo
social que esto supone; y es que toda inconstitucionalidad
conlleva una afectación a la sociedad.