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Sobre las tres sardinas en el plato de Jorge Terrones.

El año pasado (2016) se publicó un libro titulado Tres sardinas en un plato e ideas
nómadas, arte contemporáneo y Octavio Paz. El libro contiene un ensayo que ganó un
premio de ensayo universitario. El autor es Jorge Terrones y es una de las pocas personas
que realizó crítica de arte en Aguascalientes, realizó porque actualmente se mantiene al
margen de la escena local.
Evidentemente sus críticas eran más afortunadas que lo que uno se encuentra
actualmente en periódicos como la Jornada. Digo esto en el sentido de que, mínimo, se
daba un juicio más o menos justificado de por qué se dice lo que se dice. En sus textos
había una posición cultural, y por lo tanto política, respecto a lo que se exhibía en la
ciudad. Y aunque se podía estar o no de acuerdo, las críticas de hecho, estaban.
El libro es bastante revelador en ese aspecto, nos deja ver cual es la idea de arte
del crítico, que muchas veces en unos cuantos párrafos de un artículo periodístico no se
puede notar.
El título del libro hace referencia a una idea de Octavio Paz, en donde dice que se
pueden ver tres sardinas en un plato (como obra de arte) y que en efecto pueden resultar
interesantes, pueden de hecho tener un efecto espiritual en nosotros y acercarnos a otra
perspectiva. Sin embargo, ver las tres sardinas, en el mismo plato, una y otra vez
repetidas en cada obra y en cada propuesta artística resultan aburridas y nada placenteras.
He aquí un axioma de la idea de arte de Octavio Paz y de Jorge Terrones. El arte
es algo nuevo y es algo que causa placer. Esto se dice desde la introducción del libro en
donde el autor de Tres sardinas… describe como él se acerca a una frase, luego a un libro
y luego a un autor de literatura. Por la obsesión (placentera o desafiantemente nueva) que
nos causa.
El libro de Terrones tiene este efecto, uno lo empieza y no puede parar. No lo
arruinaré haciendo una descripción monótona o un resumen escolar, más bien, invitaré a
los lectores de este blog a leerlo. Pues mi resumen, a nivel literario, no podría hacerle
justicia a un ensayista de verdad. El libro es disfrutable y vale la pena, por lo que lo
recomiendo. Pero también recomiendo tener ciertas nociones sobre arte y arte
contemporáneo para hablar sobre él.
Sabemos que la categoría “arte contemporáneo” hace referencia no a lo que es
efectivamente contemporáneo sino a lo que viene después del arte moderno. Y sabemos
también que hay un sin fin de teóricos, entre ellos Paz y Terrones, tratando de definir la
contemporaneidad y la modernidad del arte, sea cual sea. En este aspecto recomiendo
releer a Baudelaire, para quien lo moderno no es tanto una categoría temporal, ni un
rasgo estilístico (como se nos quiere hacer ver en el libro) sino un ethos, un modo de ser
específicamente moderno con ciertas características. (Véase su texto El pintor de la vida
moderna, donde lo dice y considero que si se aplica esto se ahorran unos cuantos párrafos
de las Tres sardinas… y quizás la conversación iría por otro lado).
El problema del libro, es entonces, que a Octavio Paz le aburre ver en cada
exposición de arte contemporáneo las mismas tres sardinas, no encuentra una novedad ni
un placer en ello. Hay hermeneutas que dirían que la interpretación de una obra de arte se
trata de dejarse decir y que la interpretación de una obra de arte es tan rica, placentera e
interesante como lo es uno mismo. Quizás el aburrimiento de Octavio Paz y de Jorge
Terrones es causado por la imposibilidad de ver en esas tres sardinas algo nuevo y quizás
ese modo de ser (pues ya dijimos que la modernidad es un modo de ser) los conecte más
con la Ilustración (que como el libro cuestiona, quizás no tuvimos) que con Picasso o
Duchamp. Lo único que Paz ve en las mismas tres sardinas es mercado y repetición, él no
puede entender las razones por las qué alguien pagaría por tenerlas en su casa.
Evidentemente siempre ha habido intereses económicos en el arte, bastaría ver
que Larry Shiner (en su libro La invención del arte) dice que el nacimiento del arte va de
la mano con el nacimiento del mecenazgo en el Renacimiento, que antes eran simples
oficios de igual jerarquía que arreglar zapatos.
Una de las cosas que el libro intenta mostrar es por qué Octavio Paz es un
Pensador maestro. Este concepto es una metáfora del ya trasnochado concepto de obra
maestra, que temporalmente es simultáneo al los conceptos de Bellas artes, genio,
belleza universal, etc. Según Terrones habría dos tipos de ideas, nómadas y sedentarias,
unas corresponden a un espacio-tiempo preciso y las otras no (no lo dice, pero yo
sospecho que porque son inherentes al hombre, a su esencia, a su alma y demás
conceptos trasnochados). Independientemente de que aceptemos o no que las ideas son
entes que están más allá de las personas y que pueden escapar a la muerte para seguir
siendo útiles muchos años después, el ejercicio es interesante. Yo los tomaría como
conceptos operativos que pueden ser sacados de contexto para abordar otras cosas y dar
otras perspectivas. Sigamos pues con esa metáfora.
Para mí, el aburrimiento no es nómada sino sedentario, y había que ver en esto
que cuando nos aburrimos frente a Las meninas no es culpa de Velázquez sino de
nosotros. Habría que preguntarle a Terrones, como exegeta de Paz, si existen obras de
arte nómadas y otras sedentarias. Si a las primeras les podemos aplicar ideas de las
segundas y viceversa, y sobre todo, qué tan afortunado es o podría ser este ejercicio.
Aplicar conceptos de la pintura a una instalación siempre va a ser desafortunado, o
aplicar ideas nacidas en un momento en el que el paradigma era el arte por el arte a obras
que hoy se hacen sin estas pretensiones va a resultar en tragedia.
Los problemas de la crítica (y no sólo la crítica de arte, sino de una forma de
pensamiento crítico que para Foucault nace con Kant) es que ésta lidia con fenómenos del
presente. De un presente para el cual aún no hay un marco teórico, donde todos los
críticos están tratando de que sus ideas (inventadas ayer) sean nómadas y no sedentarias,
de que sus palabras funcionen para explicar lo que los artistas, curadores, escritores o el
mismo mercado están haciendo hoy.
Terrones menciona que Octavio Paz nunca mencionó a un artista u obra concreta
con la cual ejemplificar esto de las tres sardinas, quizás eso sea muestra de que sus ideas
nómadas un día llegaron a un oasis en medio del desierto y fueron acomodándose poco a
poco, para no salir ya jamás de ahí.
No sé si a nosotros nos corresponda intentar el nomadismo del pensamiento para
tratar de explicar cosas fuera de nuestro contexto y dominio. Lo que sí es que ya estamos
aquí, en una condición sedentaria (quizás no por nuestra propia voluntad), viendo obras
que hacen, no sé si los modernos jóvenes o los contemporáneos viejos, pero sí la gente
con la que convivimos en nuestro tiempo. Lo que nos toca es, como dice Terrones al final
de su libro, volver a la crítica para explicar nuestro propio presente.