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ECONOMÍAS DE ESCALA

La existencia de rendimientos crecientes a escala resulta fundamental en el análisis


del comercio internacional por dos motivos. En primer lugar son la causa
fundamental (junto con la diferenciación de los productos) de la existencia de
comercio intraindustrial(lo que ha abierto las puertas a explicaciones del comercio
que no se fundamentan en la ventaja comparativa) y en segundo lugar son
causantes de barreras de entrada.

a) Las economías de escala como determinantes del patrón de comercio

Para obtener una explicación completa del patrón de comercio internacional es


necesario ver cómo se relacionan las economías de escala con la ventaja
comparativa

Según el modelo neoclásico, si tenemos dos países, uno con abundancia de capital
(que produce manufacturas que son intensivas en capital) y otro con abundancia de
trabajo (que produce alimentos que son intensivos en trabajo) y si ambos presentan
rendimientos constantes y funcionan en competencia perfecta, el patrón de
comercio corresponde al que se presenta en la figura 1, donde tan sólo existe
comercio interindustrial, es decir, el país capital-abundante exporta únicamente
manufacturas e importa únicamente alimentos. En este caso el comercio se explica
completamente a través de la ventaja comparativa.

Ahora bien, tal y como hemos señalado en varias ocasiones a lo largo de este
trabajo, análisis empíricos muestran que este no es el patrón de comercio imperante
en los intercambios internacionales, especialmente en los intercambios entre países
industrializados, donde más del cincuenta por ciento de los bienes comercializados
son producidos por sectores con abundancia de capital. La falta de concordancia
entre el modelo y la realidad parece residir en la no consideración de los
rendimientos crecientes a escala ni en la estructura de competencia monopolística
del modelo tradicional. Como señala P. Krugman: “intruducing economies of scale
as a determinant of trade seemed to resolve the puzzles uncovered by empirical
work”

En síntesis, la introducción de las economías de escala en el modelo amplía las


explicación de por qué se comercia: el comercio intraindustrial bidireccional se
añade al tradicional comercio interindustrial que se deriva de la ventaja
comparativa. Como afirma P. Krugman: “ Trade need not be a result of enternal
differences in technology or factor endowments. Instead, trade may simply be a way
of extending the market and allowing exploitation of scale economies, with the
effects of trade being similar to those of labour force growth and regional
agglomeration”
Sin embargo qué país produce qué manufacturas y qué cuantía alcanza el comercio
intraindustrial sobre el total, queda indeterminado. Tan sólo sabemos que aunque
ambos países tengan idénticas dotaciones de factores habrá comercio
intraindustrial y que cuanto más parecidas sean estas dotaciones el comercio
intraindustrial representará un mayor porcentaje del comercio total. Las economías
de escala serían en este caso la explicación fundamental del comercio mientras que
la ventaja comparativa prácticamente no explicaría nada. Este es el caso, por
ejemplo, del comercio entre algunos países de la UE.

b) Las economías de escala como causa de barreras de entrada

Las economías de escala son un fenómeno que motiva la aparición de barreras de


entrada.
Existen economías de escala o rendimientos crecientes a escala cuando, al
multiplicar todos los factores de producción por una cantidad z, la producción se
multiplica por un número mayor que z.
La concentración industrial, los procesos de fusiones y adquisiciones o el rápido
aumento de la producción por parte de una empresa en sus primeros años de vida
incluso incurriendo en pérdidas (economías de escala dinámicas, a las que nos
referiremos en el próximo epígrafe), son fenómenos que suelen responder a motivos
estratégicos de las empresas para aprovechar las economías de escala, es decir,
para reducir sus costes unitarios merced al aumento de la producción. Pero cuando
las empresas hacen esto, al mismo tiempo están erigiendo barreras de entrada a la
industria para sus competidores potenciales. Esto sucede porque si una empresa
es capaz de reducir sus costes medios gracias al aumento de la producción, sus
potenciales competidores, que no tienen una capacidad instalada tan grande, no
podrán poner sus productos en el mercado a un precio competitivo (siempre y
cuando la tecnología que utilizan todas las empresas sea similar).

Muchas veces la concentración industrial responde a acciones estratégicas de las


empresas. Pero las economías de escala como causa de las barreras de entrada
parecen surgir muchas veces de modo natural porque es innegable que la mayoría
de los sectores industriales (no así los agrícolas) presentan rendimientos crecientes
a escala. Además la lógica del sistema capitalista parece proclive a los procesos de
concentración de capital con el fin de aprovechar este hecho (piénsese en los
procesos de concentración bancaria y de acuerdos entre los “colosos” de la
informática o las telecomunicaciones). En los procesos de producción industriales
la ampliación de las plantas productivas permite reducir los costes unitarios.

Ante situaciones de este tipo la política industrial puede intentar mediante la


regulación bien reducir la ineficiencia de situaciones imposibles de solucionar (por
ejemplo regular los precios de los mercados que son monopolios naturales), o bien
fomentar la competencia combatiendo la concentración, los abusos de posición
dominante, los acuerdos horizontales y cualquier otro tipo de práctica similar para
frenar la concentración, que resulta especialmente acusada en sectores como los
de las tecnologías de la información.
Por qué surgen economías de escala

– Suponemos que los consumidores demandan variedad.


– Cada país se especializa en producir una variedad de bien: al producir toda la
cantidad de ese bien sus costes son menores que si cada país produjera una parte
de cada variedad.
– Conclusión: cada país produce todo de una variedad e importa aquellas en las
que no se ha especializado: surge así un comercio internacional de productos
diferentes (variedades).
– Se produce igual cantidad de variedades con menos coste (o más variedades a
igual coste). Surgen ganancias del comercio en ambos países.

La clave está en los costes fijos: para producir cada variedad hay costes fijos. La
ampliación de la escala de producción por variedad, puede reducir el coste medio
por unidad de producto.

Sin embargo, para aumentar escala necesito factores productivos (que en autarquía
estarían trabajando en otras industrias).

Un país grande puede ampliar su escala de producción sin renunciar a variedades.

Pero uno pequeño tiene que elegir entre renunciar a ciertas variedades o a
producirlas con costes menores (decrecientes a escala).

El comercio internacional hace posible a un país pequeño aprovechar las ventajas


de producir a escala sin renunciar a la variedad.
– Cada país se especializa en producir mucho (todo) de una pocas variedades.
– Importa el resto de variedades. Exporta todo el exceso de producción que no
consuma el mismo.

Las economías a escala pueden ser

EE externas: Se producen cuando el coste unitario se reduce con el tamaño de la


industria (no necesariamente con el de cada empresa).
– Ej: concentración de gremios. El coste de producción de un bar en la calle Huertas
es menor que en otra zona donde no hay aglomeración de bares. Menor coste de
lograr aprovisionamiento, publicidad, clientes, trabajadores…
– Las empresas tienden a ser pequeñas, ofrecer un mismo producto a un precio
similar.
– El mercado tiende a ser de competencia perfecta.
EE internas: Se producen cuando el coste unitario se reduce con el tamaño de la
empresa (no necesariamente con el de la industria).

Las economías tienden a ser grandes, ofrecer producto diferenciado a un precio


distinto.

TEORIA ECLECTICA DE DUNNING


La teoría ecléctica planteada por Dunning (1988), trata de explicar que la extensión,
la forma y el patrón de producción internacional de una empresa, están
fundamentados en la yuxtaposición de las ventajas específicas de la empresa, la
propensión a internacionalizar mercados exteriores y el atractivo de dichos
mercados para producir allí (Dunning, 1988). La decisión de entrar en mercados
internacionales se realiza, por tanto, de una manera racional, basándose en el
análisis de los costos y ventajas de producir en el extranjero. Dicho análisis será
especialmente útil para explicar las decisiones de integración vertical de las
empresas, donde ellas evaluarán si establecer o no una subsidiaria en un mercado
extranjero (Erramilli y Rao, 1993).
Según Dunning (1988), son cuatro las condiciones que se deben dar para que
una empresa elija explotar sus ventajas competitivas en el exterior mediante la
inversión directa, lo que implica convertirse en una multinacional. En primer lugar, y
siguiendo el principal aporte de la Teoría de la Organización Industrial, la empresa
debe poseer ventajas propias a la hora de servir a determinados mercados, en
comparación con las empresas locales. Estas ventajas pueden surgir, por un lado,
a raíz de que la empresa tenga derechos de propiedad o activos intangibles como,
por ejemplo, la estructura de la empresa, capacidad organizativa, trabajo en equipo,
know how; y, por otro lado, las ventajas derivadas del gobierno común de una red
de activos, que se pueden dividir a su vez en: (a) ventajas de las empresas ya
establecidas frente a las nuevas (como su tamaño, la diversificación,
experiencia, economías de alcance y facilidad de acceso a los recursos); y en (b)
ventajas específicas asociadas a las características idiosincrásicas de ser
multinacional (como la flexibilidad operativa que posibilita el arbitraje, los cambios
en la producción, el abastecimiento global de suministros, la habilidad para
aprovechar las diferencias geográficas en las dotaciones de factores o de las
intervenciones de los gobiernos y habilidad para reducir o diversificar riesgos).
En segundo lugar, a la empresa que posee dichas ventajas propias le tiene que
resultar más ventajoso la explotación de éstas por sí misma antes que vendérselas
o alquilárselas a otras empresas localizadas en otros países, es decir, le debe
resultar más rentable internalizar dichas ventajas mediante la expansión de su
cadena de valor o a través de la ejecución de nuevas actividades. Los factores que
conducen a la internalización de los mercados de las ventajas propias son aquéllos
derivados de la reducción de los costos de transacción (necesidad del vendedor de
proteger la calidad de los productos, evitar los costos de búsqueda, negociación y
ruptura de los contratos, compensar la ausencia de mercados, evitar y explotar
intervenciones gubernamentales).
En tercer lugar, y siguiendo las aportaciones de autores como Vernon (1966) y
Kojima (1982) sobre ventajas de localización, a la empresa debe resultarle rentable
localizar alguna parte de sus plantas de producción en el exterior, dependiendo del
atractivo de determinadas localizaciones en cuanto a su dotación específica de
factores no transferibles a lo largo de sus fronteras. Estas variables específicas de
localización reflejan aspectos tales como la distribución espacial de las dotaciones
de recursos, el precio, la calidad, la productividad de los factores, costos de
transporte, comunicaciones a nivel internacional, barreras artificiales al comercio,
infraestructuras de los países de destino y las diferencias ideológicas y culturales.
Por último, Dunning (1992a) introduce una cuarta condición. El autor considera que
dada la configuración de las ventajas propias, de las ventajas de internalización, y
de las ventajas de localización anteriormente citadas, para que una empresa realice
una inversión directa en el exterior sus directivos deben considerar que la
producción exterior está en concordancia con la estrategia de la organización a largo
plazo.
La principal contribución de Dunning al estudio de la internacionalización de las
empresas es la aportación de una respuesta ecléctica a la cuestión de por qué existe
la empresa multinacional, en la medida en que integra todos los factores que habían
sido detectados con anterioridad por otros teóricos como determinantes para la
realización de una inversión directa en el extranjero (Plá Barber y Suárez Ortega,
2001)”.