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TRABAJO PRACTICO NUMERO 6. FEUDALISMO.

VALDEON BARUQUE: EL FEUDALISMO HISPANO A FINALES DEL SIGLO XX.

La polémica sobre el feudalismo hispano en el pasado. La idea de la no feudalización de


España fue defendida a comienzos del siglo XIX por el clérigo ilustrado Martínez Marina, el
cual afirmaba que el gobierno de los reinos de Asturias, León y Castilla era inconciliable,
por sus principios, leyes y circunstancias, con las monstruosas instituciones de los
gobiernos feudales. Algún tiempo después, el historiador lusitano Herculano, también
llegaba a la conclusión de que no hubo feudalismo en los reinos de Portugal, León y
Castilla (por sus estudios de las instituciones de gobierno). Por el contrario, el historiador
Francisco de Cárdenas sostenía que si hubo feudalismo hispano. Especialmente en el
último tercio de la Edad Media.

La concepción del feudalismo hispano en la historiografía de posguerra. Ha sido en las


últimas décadas cuando el debate sobre feudalismo español alcanza mayor resonancia.
Para entender este debate en necesario conocer el peso que tuvo el autor Sánchez
Albornoz. Dicho autor, formado en la mejor tradición de escuela alemana jurídico-
institucionalista, circunscribía el concepto de feudalismo al ámbito de las relaciones
feudovasalláticas. Las relaciones de los propietarios de la tierra con los campesinos
dependientes pertenecían a otro territorio, el de régimen señorial, que según él, en algún
modo, podía confundirse con el régimen feudal. En definitiva, solo los aspectos jurídico-
político atañían al feudalismo, en tanto los económico-sociales hacían referencia al mundo
de señoríos. En lo esencial España no se feudalizó, aunque hubiera excepciones, como
Cataluña. En el resto de España hubo, a lo sumo elementos parciales de feudalismo, pero
eso si, llegados muy tarde.

Los años sesenta y setenta: la normalización académica de la Historia en España.


Comenzaron a soplar otros vientos a propósito del cocepto de feudalismos, lo que
Fontana llama la normalización academica. Reanuda la comunicación con el exterior y la
bibliografía hispana se contacta con corrientes en boga del mundo, particularmente con
los Annales.

Veamos lo sucedido con el término feudalismo. Artola, que disentía de la versión oficial,
indicaba que el régimen señorial, o feudal, aún subsistía en la situación de Castilla La Vieja
en el siglo XVIII y entre el rey y los súbditos se interponía la autoridad de señores
jurisdiccionales. Pero quizá el autor con mayor lucidez que afrontó el problema fue
Fontana. Explicaba por qué hablaba de feudalismo en su trabajo, que se refería a inicios
del siglo XIX. Para él eran los propios campesinos españoles quienes calificaban de
feudalismo el régimen al que se oponían y éste es un argumento de mucho peso. Esta
concepción tiene que ver con la predominancia del materialismo histórico, toda vez que
desde territorio se había propuesto la aceptación del término feudal como equivalente a
modo de producción y no solo a instituciones que plasmaban el desarrollo de relaciones
personales.

La aparición de obras originales de historiadores españoles en las que se manejaba un


concepto de feudalismo no tenía nada que ver con el propuesto por Sánchez Albornoz.
Por ejemplo: Clavero y Vigil. Publicaron una obra que marca un auténtico turning point en
la historiografía sobre feudalismo hispano. Se estaba produciendo un cambio en la
concepción del feudalismo. Junto al debate académico, entraban en juego elementos
ideológicos. Muchos autores conscientes de la limitación de la concepción jurídico-
institucional del feudalismo, pretendieron abrir una nueva vía. Tal fue el caso de Salvador
de Moxó. Defendía una línea intermediaria entre la concepción clásica de lo feudal,
restringida a los aspectos político-jurídicos, y la marxista, que se centraba exclusivamente
en lo económico.

El feudalismo visto como globalidad social. Actualmente una buena parte de la


historiografía española, admite la existencia del feudalismo en Espala, partiendo de una
concepción global que integra aspectos jurídicos, institucionales y socioeconómicos.

Feudal y señorial ¿dos mundos diferentes? Los defensores de la posición jurídico-


institucional del feudalismo nos dirán que no es posible confundir el régimen feudal con el
señorial. El segundo daría cuenta de las relaciones entre señores propietarios de la tierra y
los campesinos dependientes instalados en ella. Según Sánchez Albornoz, si el feudalismo
se definía por la opresión que los señores mantenían sobre los labriegos, toda la
humanidad sería historia del feudalismo. Frente a la concepción del feudalismo desde una
perspectiva global, que integra elementos antes contemplados de manera separada por
el régimen feudal y por el señorial, se da un importante paso a la comprensión del proceso
histórico. Como decían Barbero y Vigil, es necesario tener una concepción orgánica y
unitaria de la sociedad, cosa que ellos hacían al defender el feudalismo como un sistema
social que funcionaba la dependencia a todos los niveles, desde militar hasta económico.

VALDEON  LOS DEBATES SOBRE EL FEUDALISMO.

Una lectura apresurada de algunas publicaciones sobre feudalismo podría llevarnos a


pensar que hay tantas definiciones como autores. Pero en el fondo, la mayoría de ellas se
sitúan en torno a dos ejes interpretativos básicos. Punto de partida: dos concepciones
fundamentales de feudalismo. Una de ellas, institucionalista, pone su acento en aspectos
jurídicos y políticos. La otra centra su atención en elementos sociales y económicos.
Ganshof comienza por presentar los rasgos fundamentales que para él, definen a la
sociedad feudal:

A) un desarrollo considerable de vínculos de dependencia entre hombres que situaría en


posición de supremacía a guerreros profesionales.

B) un extraordinario fraccionamiento del derecho de propiedad.

C) una jerarquía de derechos sobre la tierra derivados de ese fraccionamiento, existiendo


una correspondencia entre dicha jerarquía y vínculos de dependencia.

D) Fragmentación del poder público que origina en cada país una jerarquía de
instituciones autónomas. Esta fue la sociedad de Europa Occidental de siglos X, XI y XII.
Más adelante, el autor, define a feudalismo como un conjunto de instituciones que crean
y rigen obligaciones de obediencia y servicio por parte de un hombre libre, llamado
vasallo, hacia otro hombre libre llamado señor, y obligaciones de protección y
sostenimiento por parte del señor respecto del vasallo, dándose el caso de que la
obligación tenga como efecto la concesión, de un bien llamado feudo. La clave del sistema
eran las relaciones entre vasallos y señores, plasmados en la presentación de homenaje y
la concesión de un beneficio. Y al tener aspectos militares, quedaba reducida a muy poca
población.

La sociedad que se construyo tomando como base estas relaciones, germino en territorios
del imperio de Carlomagno, especialmente ámbito francés y alemán. Su máximo
florecimiento fue entre el X y el XIII. El modelo franco-alemán se mudo a otros territorios.
Se presentan como características fundamentales del mismo: la fragmentación de la
autoridad política, el traspaso de poder público a manos privadas y la existencia de un
sistema militar en el que parte esencial procede de contratos privados.

En antípoda a la anterior concepción del feudalismo se encuentra aquella que se fija en


aspectos económicos y sociales. Para Dobb lo esencial es la relación entre el productor
directo (sea artesano o cultivador) y su superior o señor inmediato y el contenido
económico social de la obligación que los liga. El feudalismo es, un modo de producción.
Kula lo define como un sistema socio-económico, sobre todo agrario, con fuerzas
productivas mediocres, débil comercialización, corporativo y que la unidad fundamental
es la propiedad territorial en tanto que las pequeñas explotaciones estaban subordinadas
a ésta económica y jurídicamente. Aquí lo que importa es la producción el trabajo,
distribución de la renta, subordinación. Aquí ni siquiera aparece el término feudo. El modo
de producción feudal, habría caracterizado a una amplia fase de la historia, comprendida
entre esclavismo y capitalismo.
No es posible entender el feudalismo si solo fijamos nuestra atención en las relaciones
personales entre los miembros de la elite militar o en el peculiar sistema de gobierno que
generó y olvidamos la problemática ligada al trabajo de la tierra y la dependencia de los
campesinos. Insistir en que los primeros aspectos se ocupa el régimen feudal y de los
segundos el señorial, es como señalaron Barbero y Vigil presentar una realidad social
dislocada. Duby dice que en el plano económico el feudalismo no es solo la jerarquía de
condiciones sociales que aspira a representar, el esquema de tres órdenes es también, la
institución señorial. Es decir, contempla al señorío como elemento integrante del
feudalismo desde el punto de vista económico.

Guerreau concibe al feudalismo como un sistema de producción, sintetizado por la


relación de dominium y en el cual los dos pilares sobre los que descansa son el vínculo de
los hombres a la tierra y la cohesión de la organización de la aristocracia. Para entender
globalmente a la sociedad feudal, es preciso poner de manifiesto el papel, totalmente
imprescindible que representaba la Iglesia. La iglesia, se constituyó en una pieza capital sin
la cual el sistema feudal era inconcebible. La iglesia no organizo solamente la
reproducción, sino las mismas relaciones de producción.

La génesis del Feudalismo.

El inicio de la transición puede darse en el período de crisis y posterior desintegración del


Imperio Romano, fenómeno coincidente en el tiempo con las invasiones germánicas en el
Occidente de Europa. Puede decirse que en el siglo IX-X se había configurado claramente
en Europa, al menos en el Imperio Carolingio la sociedad feudal. La sociedad feudal, se
gestó a partir de la descomposición de la sociedad propia del mundo romano. En este
libro, se defiende una visión tradicional acerca de la génesis del feudalismo, integrada por
un mosaico de elementos, procedentes del mundo romano y otros del germánico, la
sociedad feudal se fue edificando lentamente en un período que va desde el siglo IV hasta
el X. el Imperio Romano, gran construcción política de todas las tierras entro en declive en
el siglo III. A finales del IV tuvo lugar su fragmentación, constituyéndose la zona oriental.
Desde el siglo III en Roma se ve una gran crisis social y económica. Sus rasgos más
acusados son la decadencia de las ciudades, la creciente ruralización, la insufrible presión
estatal, la inestabilidad del poder imperial. Paralelamente se incrementaron las grandes
propiedades territoriales. En cuanto al deber público, su debilidad era manifiesta. De nada
sirvieron las reformas. Y la sociedad se configuro en torno a dos grupos: potentiores,
minoría de grandes fortunas en especial tierras, y los humiliores, la gran mayoría, capas
populares del campo y ciudad. La crisis interna coincidió con la presión ejercida por
pueblos germánicos en las fronteras. Dedicados a la agricultura y pastoreo, sin ciudades,
ni moneda. La base la formaban hombres libres y la cúspide estaba la aristocracia. Al
entrar en contacto sufrieron un proceso de romanización. Pero en el siglo IV deciden
invadir el imperio. Y estos acontecimientos aceleraron la ruina del Imperio Romano
aunque su descomposición era previa. En el período comprendido entre siglos III y Vi se
fueron tomando cuerpo elementos que pueden considerarse precedentes de futuras
instituciones feudales: encomendación o el beneficio. Fue frecuente que pequeños
labriegos buscaran la protección de grandes propietarios para escapar de las deudas. Y no
solo funcionaba entre clases bajas, sino también algún acomodado que quiera protección
de un poderoso o emperador. El cliente en contrapartida debía respetar a su patrón y
recibir órdenes. El contrato era personal de duración temporal, no teniendo asuntos
militares. El beneficio era una donación gratuita que no se hacia por ningún deber, no
exigía un contrato. El más común es el usufructo de una tierra, pudiendo recuperar en
cualquier momento el derecho el donatario. El comitatus, era una forma de clientela
persona, de carácter esencialmente militar, germana. Grupos de guerra libres se acogían
al servicio voluntario de un jefe, con el que compartían el botín.

Las características de los reino germánicos entre siglos VI y X son el absoluto dominio de lo
rural, el papel insignificante de las ciudades y comercio, y deterioro de poder público que
indujo la multiplicación de lazos personales. De acuerdo con las circunstancias de la época,
los grandes dominios territoriales fueron convirtiéndose en señoríos rurales. Los
propietarios de tierra pasaron a ser señores, al acumular poderes diversos sobre los
campesinos: militares, fiscales, judiciales, económicos. Desde el siglo IX se precipitó el
fenómeno de concentración de poderes en señores de los dominios. Al incremento del
poder contribuyó también una manera destacada desarrollada en tiempos merovingios
llamada inmunidad. Concedieron a la Iglesia muchas tierras con el privilegio de la
inmunidad. Esto significaba que en esos dominios no intervenían agentes reales. Con los
carolingios se generalizo la inmunidad. En realidad, la casi totalidad de tierras de la Iglesia
adquirieron la condición de inmunes en tiempos de Carlomagno. Los poderes fiscales y
judiciales que tenía el inmunista añadió el militar. Al tiempo que se producía la
transformación de grandes dominios territoriales en señoríos, los campesinos instalados
en un grupo homogéneo comenzaron a llamarse servidumbre. Y había dos tipos: libres o
esclavos. Ahora bien, desde una perspectiva social y económica pueden distinguirse tres
sectores. Seguía habiendo un número pequeño de propietarios libres. Había lógicamente
esclavos. Y finalmente los colones, auténtico eje en torno al cual gira el campesinado
medieval.

Varios efectos influyeron en el retroceso de la esclavitud. Sin guerras de conquista ya no


podían renovarse fuentes de mano de obra esclava. La Iglesia, por su parte, rechazaba la
idea. Pero quizá el factor más importante fue la reiterada de la esclavitud de la economía.
Era costoso y difícil vigilar a un grupo de esclavos que trabajaba en un dominio. Era
preferible utilizar colones que trabajaban la tierra del señor, a cambio de pequeñas
parcelas. Los colonos se convirtieron en el grupo base del campesinado medieval. Eran
libres, pero a recibir una parcela del señor, no carecían de propiedad, estaban en lo más
bajo de la pirámide de dependencia. Su condición de libres se fue borrando lentamente.
Comenzaron a ser juzgados por el señor.

Los dos elementos básicos del entramado feudal, es decir el vasallaje y el beneficio
prosiguieron su desarrollo en tiempos germánicos, alcanzando su fusión en tiempos
carolingios. Por eso se dice que en el X ya estaba consolidado. Muchos hombres libres
ante la necesidad de protección que sentían, se acogían al amparo de otro más poderoso
que ellos. El acto jurídico por el que un hombre libre entraba en el patrocinio de otro era
la enconmendacion. Un hombre libre, pero carente de recursos se ponía bajo la
protección de otro que le podía exigir diversos servicios compatibles a su condición y que
a cambio le aseguraba su existencia material. El contrato, obligatorio para las dos partes,
era indisoluble hasta la muerte de una de ellas. La forma más frecuente era la concesión
de tierra, que se llama benefcium. Podían hacerlas los poderosos sin que estuviera
necesariamente a la enconmendacion. Para entender cómo se produjo la fusión es
necesario entender condiciones políticas. EL primer paso importante fue el ascenso de los
mayordomos del aplació al trono. Los mayordomos, una vez convertidos en soberanos
necesitaban reforzar su clientela. Ello los llevó a buscar adeptos, ofreciendo como
contrapartida beneficios. Un nuevo paso hacia la consolidación del sistema feudal se dio
en días de Carlomagno, debido a que este pensó en usar el vasallaje como instrumento al
servicio de la monarquía. Carlomagno entendió que una buena solución era que los
puestos altos los ostentaran aquellos nobles que se habían encomendado a el. Vasallos
del rey, ocuparon los primeros puestos en el palatium y en las diversas circunscripciones.
Pero, los agentes que actuaban bajo sus órdenes también debían ser vasallos. Carlomagno
exhorta a todos los hombres libres a encomendarse. Pero esto provoco el fraccionamiento
de múltiples poderes privados. Con sus hijos, perdida la homogeneidad, día a día se
multiplicaban los vasallos de los grandes, especialmente condes, que obedecían a estos
directamente.

En el período comprendido entre segunda mitad del siglo VIII y el 1000, se multiplican las
relaciones vasallaticas  política de los carolingios, actitud de agentes superiores del
poder central y magnates de la iglesia que buscaban la clientela privada y la preocupación
de hombres por su seguridad. Cada vez más la institución tenía un sesgo militar. El
hombre que se encomendaba debía presentar una ayuda de carácter militar. El acto por el
que un hombre se hacía vasallo de otro, la enconmendacion, estaba sujeto a un
formulismo. El que se encomendaba daba las manos a su señor. El vasallo presentaba un
juramento de fidelidad, para lo cual, aparte de la apelación a la dignidad, era preciso tocar
algo sagrado. De esa forma establecía una relación más fuerte con el vasallo. La prestación
del juramento de fidelidad por parte de un vasallo hacia un señor establecía entre ambos
un nexus iuris. EL contrato obligaba a las dos partes no pudiendo ser denunciado
unilateralmente. En la época a la que nos referimos, no se podía ser vasallo más que de un
señor. Esto se debía principalmente al servicio militar. La transmisión del beneficio al
vasallo se da por medio de un acto simbólico, llamado investidura. El vasallo recibía un
objeto que simbolizaba el beneficio otorgado. De allí, surge un lazo jurídico, la
documentación observada nos demuestra que la entrada en vasallaje era una condición
necesaria para la concesión de un beneficio.

Las transformaciones de los siglos IX y X consolidaron el sistema. Los vasallos consiguieron


aumentar sus derechos sobre el beneficio. Vasallaje y beneficio se habían unido por lo que
el aspecto jurídico- institucional estaba conformado. En la misma centuria, los grandes
dominios se habían convertido en auténticos señoríos rurales, en los que el señor ejercía
plena autoridad sobre la masa de campesinos. Añadiendo la disgregación del poder
público y nacimiento de principados, tenemos conformada la sociedad feudal.