Ana Gómez Narváez Economista, Asesora Técnica del Gabiente de la Presidencia de la Diputación de Málaga

“Aún en una situación ideal, las minorías no pueden demandar más que la autonomía cultural. La cultura sin política—esto es, sin historia y un contexto nacional—se vuelve folklorismo insulso y Volk-barbarismo.” HANNAH ARENDT. “The Minority Question”. En Jewish Writing.

Gobernanza Local y Diversidad Cultural

Gobernanza y Multiculturalidad La gobernanza, el multiculturalismo y la interculturalidad son algo más que modelos políticos. Son herramientas propias de una misma ética, conceptos que comparten, de algún modo, un mismo espíritu. El valor de la tolerancia, la apuesta por la integración y el compromiso con la igualdad, son inmanentes a toda concepción democrática de la vida política. Presuponen la participación como un requisito fundamental para la gestión de lo común. Implican el reconocimiento de las capacidades de cualquiera para contribuir a solucionar los problemas de todos. Entendiendo a la ciudadanía como el principal grupo de interés de la Administración, la gobernanza se aboca a conseguir la participación directa de las personas, las que son democráticamente representadas en las mismas estructuras políticas. La gobernanza supone, por tanto, la articulación de la Administración Local y de las empresas, asociaciones y demás organizaciones, bajo la premisa de que producir los cambios necesarios para mejorar las condiciones laborales, vitales, culturales y sociales de la ciudadanía es una tarea colectiva que requiere del esfuerzo y la participación de todos los agentes y actores de la sociedad. En el ámbito de la cultural, un reconocimiento análogo de la necesidad de acoger una participación amplia y diversa lleva el nombre de “multiculturalidad”, desde donde se busca involucrar diferentes voces, distintas tradiciones y diversos legados culturales.

La cultura en sí misma reclama, para ser, un acogimiento de tal naturaleza: acoger tradiciones e innovaciones a ser asimiladas, preservadas y transformadas. La cultura está predicada sobre un principio de hospitalidad, que es la condición de la cultura, la condición de todo vínculo social. No hay cultura sin hospitalidad. Y no hay ética sin ella tampoco. La hospitalidad demanda el esfuerzo de dirigirse al otro. En tal medida, es próxima a la justicia, puesto que supone una responsabilidad por el otro, implicando el deber de hablarle, de reconocerle, de respetar su singularidad, su alteridad. Implica, por lo tanto, resguardar su espacio de participación (en cierto modo, evoca el principio medieval según el cual quid est in territorio est de territorio). He ahí su nexo con la gobernanza, que implica una suerte de “hospitalidad del poder”. Pero también implica entender que lo político es por necesidad un espacio de corresponsabilidad. Si la hospitalidad es la cultura, la gobernanza es la política democrática. La estrategia Cultural de la Diputación de Málaga para el Gobierno de la Diversidad

¿Por qué hablar de gobierno y no de Gobernanza de la Diversidad Cultural? Entendida como espacio para corresponsabilidad política la Gobernanza consiste básicamente en promover prácticas de concertación y deliberación entre las instituciones públicas y entre éstas y la ciudadanía. Prácticas abiertas a la participación de todos los agentes representativos públicos y privados que operan en un territorio. La Diputación de Málaga ha desarrollado durante las dos últimas legislaturas una estrategia para favorecer la Gobernanza de los asuntos políticos de la Provincia con el fin de acercarse a los territorios y a la ciudadanía desde el consenso, la participación y el diálogo permanentes. Las tres grandes áreas de gestión de la Diputación, Sostenibilidad, Concertación Local y Ciudadanía en las que actualmente se encuentran repartidas las acciones coordinadas por el Área de Gobierno son las encargadas de promover esta estrategia institucional en los territorios. La concertación local es algo más que una práctica formal, administrativa de gestionar, en términos de igualdad, los intereses de los ayuntamientos ya que trasciende de la misma para configurarse en un auténtico modelo de relación democrática entre éstos y la misma Diputación. La concertación local es, ante todo, un espacio en el que se transfiere y se comparte el poder. Pero como todo proceso de Gobernanza provee también de una herramienta interactiva de información y de evaluación de las políticas impulsadas por la Diputación. Gracias a ella podemos conocer las prioridades políticas de nuestros municipios y redirigir las actuaciones que convengan al objetivo de alcanzar una mayor cohesión social en la provincia. De la misma manera, el Área de Igualdad y Participación Ciudadana impulsa la configuración de nuevos recursos que favorezcan el diálogo con actores históricamente

marginados de los espacios públicos de deliberación y decisión como ha sido el caso de las mujeres, las personas discapacitadas o las minorías étnicas. A ellos se suman otros recursos que, en el marco de sus distintas competencias y bajo la coordinación del área de Gobierno, contribuyen al acercamiento del ciudadano a la Institución como son la Oficina del Defensor del Ciudadano y el Servicio de Información a la Ciudadanía. Los programas de atención y participación social desarrollados por los Servicios Sociales de la Diputación de Málaga son los que más han contribuido a acercar a la Diputación de Málaga al debate de la cuestión de la diversidad cultural de los territorios. Una década después de que el fenómeno migratorio empezara a tomar relevancia en nuestra provincia y a la vista de los resultados del trabajo desarrollado por los Servicios Sociales comunitarios en favor de la integración de los inmigrantes podemos afirmar que la Diputación de Málaga ha conseguido relegar de sus políticas provinciales aquella consideración original de la cuestión migratoria como “fenómeno” y conceptualizar la realidad de los inmigrantes como parte integrante de la realidad compleja de los municipios donde viven y trabajan. Ello ha sido posible gracias al desarrollo de una serie de iniciativas enfocadas a fomentar la Ciudadanía activa de los inmigrantes y de las minorías y dririgidas a la reducción del conflicto y a la práctica de una convivencia intercultural. Con este enfoque en el desarrollo de estos programas se ha conseguido otorgar voz y representación a los inmigrantes y a otras minorías y facilitar los necesarios procesos de adaptación recíprocos entre ellos y la sociedad de acogida. Asimismo, se ha favorecido una presencia activa de los Inmigrantes como ejecutores de los programas públicos de los Servicios Sociales Comunitarios, como parte de una fórmula innovadora de intervención social abierta a la aportación de los inmigrantes y a su contribución a la cohesión social del territorio. Como sabemos, para que esta fórmula tenga éxito es necesario tomar en cuenta las competencias, habilidades y experiencias adquiridas por los inmigrantes en el desarrollo de su proyecto migratorio y en todas sus dimensiones personal, familiar, laboral y social. Sin embargo, si atendemos a la representatividad real de los inmigrantes en el debate de los asuntos públicos nacionales, autonómicos o locales, ésta todavía dista mucho de ser catalogada como aquella intrínseca a la práctica de una Gobernanza de la Diversidad .

En Democracia los votos son el capital de la negociación política y legitiman la representatividad de la ciudadanía. Se da la circunstancia de que la mayoría de los inmigrantes censados en España no son ciudadanos de pleno derecho porque no pueden votar.La relación entre iguales que promueve la Gobernanza queda en entredicho cuando son los inmigrantes no electores los que tiene que sentarse a negociar. En un Estado de Derecho como es el español, la presencia de ciudadanos con “derechos” pero sin derecho al voto como los inmigrantes quiebra el primer principio básico del Modelo Europeo de Integración vigente desde 2004 que promueve el Derecho a la

participación democrática a nivel local. La carencia de estatus ciudadano es el factor que explica la extrema vulnerabilidad a la que puede verse abocado gran parte del colectivo de Inmigrantes. Y no sólo en España sino en toda Europa donde los modelos de integración y por tanto de acceso de los inmigrantes a los recursos públicos difieren claramente de un país a otro entre los veintisiete. La crisis económica y financiera también ha puesto en quiebra los otros dos principios en los que se basa el Modelo Europeo de Integración: los principios de no discriminación de acceso a los recursos públicos y de participación en los mismos. Los inmigrantes son también víctimas de las consecuencias más visibles de esta crisis: el desempleo, el cierre del acceso a la financiación y la pérdida de la vivienda. La situación económica actual en España con un desempleo que ronda casi el 20% de la población activa y un déficit del 11% sobre el PIB ha obligado al Gobierno a realizar importantes recortes en la inversión y en el Gasto públicos y a llevar a cabo a una reforma de la regulación del mercado de trabajo ciertamente impopular. En España la mayor parte de los ingresos del Estado proceden de las rentas del trabajo. Si el empleo baja y se mantiene el Gasto, se dispara el déficit. A mayores tasas de desempleo más recortes en el Gasto y más dificultades para acceder a un servicio o recurso público lo que provoca tensiones sociales que afectan a la convivencia y generan conflicto. En definitiva, la exclusión social y laboral de los inmigrantes se está pagando caro, principalmente en ese nivel primario de emergencia social que son los servicios sociales comunitarios.

Una gestión pública de lo Local de la Diversidad basada en la Innovación Social La Gobernanza de la Diversidad Cultural es considerada en la nueva literatura política y económica como una ventaja social deseable y por tanto como un objetivo ideal de alcanzar para los territorios. Un exponente claro lo encontramos en el Programa de las Naciones Unidas denominado “Alianza de las Civilizaciones” que fue promovido por el Gobierno de España en 2004 y con el que se busca convertir en asunto de estrategia geopolítica las relaciones entre las comunidades musulmanas y “occidentales” en el mundo. Los objetivos de este programa consisten en establecer consensos internacionales en materia de cooperación antiterrorista, corrección de las desigualdades económicas, así como favorecer el diálogo intercultural entre los países. En síntesis,crear un marco de entendimiento recíproco a nivel internacional favorable para el desarrollo de las relaciones políticas, sociales y económicas entre los países islámicos, musulmanes y el resto del mundo. La Unión Europea, integrada por 27 países, con 20 lenguas oficiales, más de 200 dialectos reconocidos, 234 regiones y una multiplicidad de legislaciones relativas a inmigración, mercado laboral o protección social es otro ejemplo de “gobernanza” de la

Diversidad, o deberíamos decir de “estilo” de “Gobernanza” de la Diversidad, puesto en peligro esporádicamente por las insinuaciones y actuaciones de algunos de sus países y sus respectivos gobiernos integrantes. Basta con traer aquí las recientes declaraciones de la Canciller Alemana Angela Merkel sobre el fracaso de la “multiculturalidad” en su país o las actuaciones del Gobierno francés para expulsar a los rumanos (miembros de la UE) del país y que provocó una crisis en la Comisión Europea tras la declaraciones de la Comisaria de Justicia Viviane Reding amenazando con medidas severas para Francia si el Gobierno de Sarkozy continuaba con las expulsiones de ciudadanos europeos de territorio europeo. La Gobernanza de la Diversidad es un asunto complejo incluso cuando existe representatividad política en la corresponsabilidad en las decisiones como en el caso de la Unión Europea. A la vista de los últimos acontecimientos y a la inexistencia de una directiva europea que regule los proceso migratorios más allá del control de fronteras, Europa parece moverse en lo que el filósofo esloveno Slavoj Žižek define como una Gobernanza “razonable de la multiculturalidad” basada en una “protección razonable” de los “intereses de la propia tribu frente al otro bárbaro”.Para Žižek, el inmigrante que llega europa dificilmente se libra de una condición impuesta por la sociedad de acogida:la condición de “INVITADO”.

La Gestión de la Diversidad es un concepto moderno en la gestión de recursos humanos de las empresas que se basa en “el desarrollo activo y consciente de un proceso de aceptación y utilización de ciertas diferencias y similitudes como potencial en una organización”. La naturaleza de esta forma de gestión define procesos que generan un “valor añadido a las organizaciones” y en los que los valores y la comunicación son considerados elementos de estrategia y por tanto de futuro. Si este paradigma de gestión se traslada a las entidades locales como organizaciones que gestionan valores (diseñan políticas) y proveen bienes y servicios públicos (programas basados en esas políticas), una gestión local enfocada desde la diversidad cultural debe tener en cuenta las dinámicas de aceptación entre diferentes y aprovechar, en términos de eficacia y eficiencia, la aportación de unos y otras a la economía y la sociedad del municipio y de los territorios. Una gestión local orientada a la diversidad seguirá manteniendo la actual estructura multidimensional de intervención sobre el acceso a la vivienda, el acceso al empleo y el fomento del diálogo intercultural y exigirá actuaciones acordes con la Estrategia 2020, la estrategia Europea para un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. La nueva Estrategia Europea diseñada al albur de las desastrosas consecuencias de la Crisis económica, que han dejado al descubierto las grandes deficiencias estructurales de la Unión, se articulará en torno a siete importante iniciativas de impacto mensurable con resultados concretos y entre las que se encuentra la Lucha contra la pobreza, con la que se pretende sacar de la exclusión social a más de 20 millones de europeos antes de 2020.

En el marco de esta iniciativa, la Comisión Europea invita a los Estados miembros a desarrollar una nueva agenda” para la integración de los inmigrantes con el fin de que puedan explotar plenamente su potencial”. El reto en estos momentos consiste en definir los contendidos de esta agenda que inevitablemente seguirá girando en torno a los problemas ya clásicos: - El manejo de las condiciones relativas al acceso a la vivienda y la segregación de los inmigrantes. - El acceso al mercado laboral. - La provisión de los Servicios Sociales para mantener en nivel de protección social necesarios para la integración social. Y otros relativamente nuevos o que adquieren mayor relevacia tras la crisis como son: El riesgo de exclusión financiera o la definitiva exclusión de miles de inmigrantes del sistema financiero español, bien por la falta de garantías reales o por la pérdida de dichas garantías (grupo de ciudadanos inmigrantes a los que un periódico recientemente etiquetó como ciudadanos “subprime”) (*Comprar una vivienda fue la solución que muchos ciudadanos extracomunitarios encontraron ante las dificultades de poder alquilar una por razones de discriminación étnico-cultural) El fomento de una cultura empresarial “étnica” integrada en las dinámicas económicas y empresariales de los territorios que contribuya a mejorar las posibilidades de autonomía de estos colectivos. El microcrédito sigue siendo un instrumento idóneo para este fin pero pueden estudiarse otros diseñados desde la base de una perspectiva más multicultural de la economía, de la mundialización de la economía. La apuesta trabajo en red entre organizaciones de acogida de base local como las existentes en el País Vasco, por ejemplo, contribuye a mejorar la eficacia en la distribución de los recursos y el intercambio y la cooperación de la práctica en la intervención a nivel local.

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La Gestión de la Diversidad, sea cual sea el nivel desde el que se promueva, Gobierno, empresa o ciudadanía, requiere de un planteamiento más amplio de la política social entendida en términos de innovación. En definitiva de la configuración de una verdadera política de innovación social que contribuya a la solución de los problemas sociales utilizando para ello el potencial de las tecnologías y su función como herramientas al servicio de la sociedad. La innovación social puede ser tratada como un factor de mercado generador de inclusión social, y con ello de nuevos consumidores, que abriría la entrada a aquellas empresas que vieran una oportunidad de negocio y de desarrollo económico en cada problema social. Pero también como un factor político multiplicador de ciudadanía y facilitador del ejercicio de los derechos que daría impulso a las aspiraciones de progreso e igualdad del conjunto de la sociedad. Llegados a este punto, en torno a la cuestión de la lucha contra la pobreza y la gestión local de la diversidad parece que se está abocado a elegir entre una y otra opción cuando

necesariamente no ha de ser así. Resolver los problemas sociales requiere casi por igual de iniciativa legislativa y de iniciativa económica. Pero sobre todo necesita de la participación co-responsable de los agentes sociales y económicos, públicos y privados representativos del conjunto de la sociedad. En un contexto de mundialización económica como en el que nos encontramos, con una Europa sometida a la presión demográfica del envejecimiento de la población y a la presión de la escasez de recursos energéticos, resulta impensable que dichos problemas puedan solucionarse sin consenso en la soluciones o de forma aislada por un país o Gobierno. En este nuevo mapa social integrado por “minorías invitadas” y, en consecuencia, en el marco de una Gobernanza limitada por la falta de representatividad política de gran parte de estos ciudadanos “invitados”, el desarrollo de una efectiva política de innovación en los territorios requiere de otras estrategias que favorezcan un debate más profundo sobre los diversos y diversificados problemas sociales que afectan a los territorios y una participación co-responsable en la solución de los mismos. Requiere de una estrategia, institucional, que impulse un paradigma cultural de responsabilidad social compartida entre los actores que operan en los territorios y desde la que se puedan gestionar la diversidad cultural, social y económica de los territorios. Esta cultura de responsabilidad social compartida trata de entender al ciudadano desde la complejidad, considerando la multiplicidad de categorías desde la que puede ser visto: como contribuyente, consumidor, trabajador, familiar, dependiente, inmigrante, etc. Si las instituciones públicas logran que el resto de los grupos de interés conciban al individuo como un ciudadano de cuyos derechos políticos y sociales, del ejercicio de éstos, es también responsable, la gestión pública desde un enfoque de la diversidad encuentra pleno sentido y multiplica su efectividad en el territorio. Para ello es necesario seguir fomentando las relaciones entre los distintos grupos de interés de los territorios y abrir su participación a la solución de la extrema y difícil realidad de los tiempos que vivimos. Las instituciones deben articular un sistema de relaciones de Co-Gobierno de los asuntos públicos con sus grupos de interés si el objetivo es luchar contra la pobreza y la exclusión social. Especialmente si se quiere combatir la peor de las pobrezas, esa que Alain Touraine denomina como la pobreza de relaciones.

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