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Superación personal:

Impulso enérgico de una persona fuertemente motivada que aspira a ser o hacer
más, haciendo mejor las cosas. Es una combinación de distintos factores entre los
que se encuentran: la motivación, la automotivación, la autoestima, y
especialmente la actitud.

EXPOSICIÓN DEL TEMA El hombre se puede superar en todos los aspectos de


su existencia: en el aspecto físico, en el afectivo, en el social, en el económico, en
el estético, en el intelectual, en el moral y en el espiritual. El hombre está
constituido por estos ocho aspectos; por esta razón no debe descuidar ninguno de
ellos. Es en este intento de mejorar en cada aspecto, como puede lograr la
madurez y el equilibrio. Si no lo hace así, su vida estará desbalanceada, no podrá
sentirse emocional y físicamente a gusto. Vamos a analizar cada uno de ellos y
ver como se pueden mejorar.

En el aspecto físico: Mejorando la salud por medio de una mejor alimentación,


ejercicio e higiene. Poniendo esmero en su apariencia personal (vistiendo de
manera agradable y pulcra). No permitiendo que los apetitos instintivos gobiernen
su voluntad. Ejemplo: Esa gula que me hace engordar más cada día. Esa pereza
que me roba horas de actividad productiva.

En el aspecto afectivo: Una de nuestras mayores riquezas como personas es


nuestra capacidad afectiva. Aprender a dominarla para que sea positiva y no
negativa. Por ejemplo - Que mi humor no rija mi conducta. - Que no juzgue los
actos de los demás. Por la simpatía o atracción que sienta por ellos. - Que la
crítica o la falta de reconocimiento o alabanza no me haga desistir de mis
esfuerzos.

En el aspecto social: Tener ambiciones legítimas, que no sean dañinas a los


demás. Ser miembro consciente y responsable de la comunidad, aportando todo
aquello que sea de utilidad al bien común, desarrollando al máximo todos los roles
que, me tocan asumir: como hijo, como estudiante, maestro, esposo (a), padre
(madre), profesional, vecino, etc. Estar conscientes de que lo importante es tener
una actitud madura de participación positiva y propositiva.

En el aspecto económico: Hacer uso racional y equilibrado de los bienes


económicos, sin importar la cantidad que se tenga. No caer en el consumismo
desenfrenado de tener por tener, pensando en que nos va a dar felicidad. La
felicidad depende no de lo que nos sucede o tenemos, sino de nuestra actitud
frente a ello, proviene de dentro. Es por eso que vemos gente que, teniendo todo
para ser feliz, es amargada; y a personas con muchos problemas, que son
verdaderos propagadores de alegría. Napoleón, teniendo poder, dinero, salud,
reconocimiento, escribió que en toda su vida no había tenido 6 días seguidos de
felicidad. Mientras Hellen Keller, ciega, sorda y muda, expresó: “Que bella es la
vida”. Comprar y tener lo que verdaderamente necesitamos o disfrutamos. Tender
a la superación económica, pero dándole el valor correcto.

En el aspecto estético: En tres sentidos:


1. En mi persona. Mi imagen hace que me acepte y que me estime. Si no me
gusto no me acepto. No tiene que ver con la belleza de los rasgos. Muchas veces
pensamos que “X” persona es guapa y quizá no lo es pero proyecta
autoaceptación.
2. En el medio ambiente que me rodea. Que la casa o la oficina esté siempre
ordenada y limpia, con algún detalle. El desorden externo entra dentro de nosotros
y nos tensa. Los medios físicos repercuten en una mayor estabilidad emocional y
mejoramiento de las relaciones personales. Los recursos económicos no tienen
que ver con este aspecto. Puedo tener una casa enorme y muy descuidada o una
pequeña en donde todo esté en orden y con detalles bonitos.
3. Valorando la belleza de la naturaleza: Nos hacemos más sensibles y gozamos
más todo lo que nos rodea. Si quiero a la naturaleza, la cuidaré mejor y, por lo
tanto, ayudaré a que el equilibrio ecológico se conserve. La persona que disfruta
de la naturaleza, tiene algo que la hace feliz aun con la existencia de problemas o
crisis. No necesita de diversiones sofisticadas; Para ella admirar un árbol, un
atardecer o salir al campo, llena su vida de felicidad.

En el aspecto intelectual: Al igual que al aspecto económico se le ha dado una


sobrevaloración. Acumulamos cosas para “valer más” y acumulamos
conocimientos solamente con el fin de tenerlos. Desarrollar mi inteligencia,
aprendiendo a observar detenidamente todo lo que me rodea, reflexionando y
ejercitando mi capacidad de juicio. Enriqueciéndola leyendo cosas útiles y
positivas, buscando nuevos horizontes, atreviéndome a ser creativo.

En el aspecto moral: Haciendo uso de la verdadera libertad, que no es hacer lo


que me da la gana, sino hacer lo que DEBO HACER basándome en el recto juicio
de la inteligencia. Y por último en el aspecto espiritual: Haciendo crecer ese anhelo
inherente en todo ser humano; la búsqueda del bien. Cumpliendo con la religión
que se tenga, en una forma adulta. Dándole a mi vida un sentido de
trascendencia. Teniendo ideales y comprometerse con ellos.
Puede considerarse privilegiada toda persona que tenga anhelo de superarse.

RESUMEN La superación del hombre debe ser armónica, equilibrada,


involucrando todos los aspectos de la persona. Estos aspectos son ocho: físico,
social, económico, estético, intelectual, moral, afectivo y espiritual. Todos son
importantes para lograr la madurez.
Ejemplos superación Colombia

Mario Hernández “Se predica con el ejemplo no con palabras ni

buenas intenciones”

Mario Hernández nació en Capitanejo, Santander, en 1941. A los diez


años murió su padre, dejando a su familia en muy malas condiciones
económicas. Y por culpa de la violencia se tuvieron que ir a vivir a
Bogotá. Desde muy niño, le gustaba comprar, fabricar y vender cosas.

Durante buena parte de su vida tuvo toda clase de oficios (tal como
ser vendedor de maletín por muchos pueblos de Colombia) y negocios
(por ejemplo un café concierto y una boutique). Hasta que a mediados
de los setenta nace su empresa, que originalmente se llamó
Marroquinera, al comprarle el negocio a un señor que fabricaba
chaquetas de cuero a quien le había prestado un dinero.

Hoy en día esa empresa, que lleva su nombre, tiene una fábrica en
Bogotá (con 240 operarias), 16 locales en el país, 9 en Venezuela, 4
en México y una en Estados Unidos. Su marca goza de amplio
prestigio nacional e internacional (40 por ciento de sus ventas son en
el exterior).

Don Mario presentó su caso el viernes pasado en la tercera versión de


nuestro foro LECCIONES EMPRESARIALES -el espacio mensual en
el que nuestro diario entrevista a destacados empresarios
colombianos ante un numeroso público (suscriptores de PORTAFOLIO
que se inscriben al foro sin costo alguno). Estas son las ideas de
Hernández que más nos llamaron la atención:

* Para tener éxito en el mundo de los negocios la clave es tomar


riesgos. Hay que investigar, hay que estudiar, hay que pensar, pero
hay que tomar decisiones oportunamente.

* Un buen empresario tiene que 'maletear' siempre, es decir, estar en


contacto permanente con sus clientes, con el mercado, con lo que
hace la competencia, visitando las ferias relacionadas con su
actividad.
* Cuando se monta una empresa no hay que pensar en hacer plata en
el corto plazo, hay que concentrar toda la energía y todos los recursos
en desarrollar la idea. La plata llegará más tarde como consecuencia
de hacer bien las cosas.

* Se predica con el ejemplo no con palabras ni buenas intenciones.

* El motor de un empresario es tener muchas ganas de hacer cosas


bien hechas.

* Hay oportunidades por doquier. Son como las hojas que ve uno en
los árboles de los bosques, están por todas partes. Lo importante es
no tenerles miedo y ser creativo a la hora de aprovecharlas.

* No hay que quejarse de lo que hacen o no hacen los demás; uno


tiene que concentrarse en ejecutar lo que está bajo su control.

* Es conveniente enseñarle a la familia -esposa e hijos- a trabajar para


que no dependan de uno, por si de pronto uno llegase a faltar.

* Hay que ayudarle a la gente, en el momento menos pensado le


regresan a uno el favor.

* El factor crucial para poder triunfar en los negocios es tener un


producto diferenciado.

* Un producto se diferencia en muchas facetas: su diseño, su marca,


la mano de obra de sus empleados, su visión de la moda y la calidad
de sus materiales.

* A los proveedores hay que pagarles bien sus insumos, de esa


manera uno garantiza tener las materias primas de la mayor calidad
-condición necesaria para conquistar el mercado.

* En la vida profesional y personal hay que tener siempre una actitud


positiva frente al aprendizaje, hay que cultivar una mente abierta.
* Aconsejo a los empresarios que están iniciando su negocio pensar
en grande, pero empezar pequeños y poco a poco ir aprendiendo y
ajustando lo necesario. Les recomiendo en especial estudiar a la
competencia (sobre todo sus precios y estrategias comerciales).
Además sugiero que le presten mucha atención a la cadena de
distribución de sus productos, porque en muchos casos es un cuello
de botella serio.

Así es Raúl Cuero, el científico de Buenaventura que triunfa en la Nasa


Microbiologia y Biogenesis

El objeto prohibido

Raúl Gonzalo Cuero Rengifo


Algo alborota la curiosidad del niño. Cada vez que cruza la habitación siente que
lo atrae. Es un objeto que su padre trajo luego de uno de sus largos viajes de
ultramar y que puso sobre el escaparate con la perentoria advertencia de que
nadie debe tocarlo. Esta prohibición aumenta la inquietud del niño a tal punto que
ya no puede soportarlo más y aprovecha que su padre se hace de nuevo a la mar
para estirar la mano y rozar sus aristas. Teme que como el aparato está hecho de
metal y no de madera podría quemarle la mano, pero sólo percibe tres hileras de
círculos sostenidos por delgadas palanquitas que semejan el costillar de un
pescado. Ese primer atisbo aviva su desazón. Con el paso de los días sus dedos
se tornan más atrevidos, pulsa uno de aquellos círculos en cuyo centro hay
dibujado un signo y lo siente hundirse.

Ignora de qué se trata pero ya no puede dar marcha atrás, quiere saberlo todo
sobre ese aparato.
La curiosidad extrae lo mejor de él y se da a la furtiva tarea de averiguar qué tipo
de artefacto es, y si sirve para algo. Tiene siete años y ya posee su primer secreto.
No quiere que nadie se entere, ni siquiera su hermano César, menor que él, con
quien pasa tardes enteras, descalzos, pateando la pelota de trapo en la
empantanada calle de La Loma. Tampoco quiere que su abuela Estefanía lo sepa,
ni su bisabuela Petronila a quien visita todas las tardes en su casa de bahareque,
techo de paja y lata, donde tanto lo amañan los rituales ancestrales de la
comunidad negra, esos baños que la anciana le prodiga con agua calentada al sol
y perfumada con hierbas aromáticas que ella recoge sabiamente en el monte.

Inclusive deja pasar varios domingos sin recorrer los diez kilómetros que lo
separan de La Carretera, el bailadero que queda en la vía hacia Cali, adonde
acostumbra ir a escuchar música y observar, escondido detrás de las puertas,
cómo baila la gente para memorizar los pasos y practicar después en su casa.
Anhela ser grande para poder bailar en pareja el son y el guaguancó.
Tampoco se detiene a observar los lagartos que andan por aquí y por allí, ni
tampoco se distrae en la casa de su abuela mirando las cucarachas que andan en
pareja.
Pasan los días y como ya sabe en qué momentos puede acercarse al aparato, lo
explora sin que nadie lo vea. Una tarde, de pronto, reconoce el artefacto en una
película: es una máquina de escribir.
Semejante descubrimiento lo alebresta aún más, sobre todo porque sus padres no
saben leer ni escribir. Se rebusca una cinta y se da mañas de ponerla a funcionar
utilizando los talegos de papel en que empacan el arroz en la tienda vecina.
Aprende a escribir a máquina por su propia cuenta y cuando ingresa a la
secundaria en el colegio Pascual de Andagoya es un experto sólo superado por
Chila, su hermana, y por Vaquita, su vecino, quien no obstante tener medio lado
paralizado por una apoplejía, es más rápido a pesar de utilizar un solo dedo.
Rosita, la profesora de mecano-taquigrafía, se impacienta tratando de inculcarle el
método tradicional, pero Raúl persiste en su propio modo que le da velocidad y
precisión aventajando a los demás estudiantes, entrega el primero los ejercicios
pero como no los hace con el método tradicional, la profesora no le reconoce la
máxima nota. No importa, él prosigue con su propio sistema.
Este sencillo hecho sucedido en el puerto de Buenaventura a mediados de los
años 50, muestra la forma como Raúl Gonzalo Cuero Rengifo ha capoteado la
vida siguiendo su propio sistema de “supervivencia”, hasta lograr la cúspide de la
eficiencia y creatividad científicas. Levantándose sobre las propias limitaciones de
la comunidad afrocolombiana en el Pacífico, pobre y olvidada, sin héroes ni
referencias universales, Raúl se ha convertido en un gran inventor que trabaja con
la NASA y recorre el mundo gracias a su inagotable curiosidad y la forma
inteligente y creativa de sortear las dificultades. Con su madurez para relacionar
ideas y fenómenos, lograda a lo largo de su vida, y la universalidad de su
pensamiento ha pulverizado la creencia de que la raza negra es incapaz de
encumbrar la ciencia y hacer grandes aportes a la humanidad.

Infancia y curiosidad
El caso de la máquina de escribir es apenas una muestra de la manera particular
como Raúl Cuero abordó en su niñez y adolescencia las múltiples y variadas
experiencias que se le han presentado en la vida. Él afirma que la persistencia en
su propio método de escribir “comprueba que la eficiencia es más importante que
la convención”, pero no desconoce que los métodos cambian con el tiempo y “hay
que estar alerta mientras se mantiene la esencia”.

Su infancia, poblada de fantasmas y espíritus, fue rica en rituales y costumbres de


origen africano traídas por sus antepasados a Buenaventura, principal puerto
colombiano sobre el Océano Pacífico donde nació Raúl en 1948, hijo de Olimpa
Rengifo, una mujer negra cimarrona, y Félix Cuero, negro también, elegante y de
gran estatura, marinero de la Flota Mercante Grancolombiana.
La influencia por parte de la familia materna fue fundamental. Eran siete mujeres
que vivían en la misma casa: la abuela Estéfana, y la bisabuela Petronila, a quien
Raúl acompañaba por los caminos identificando plantas, recolectando hojas,
palpándolas, oliéndolas, probándolas, estimulando su apetito por el conocimiento.
“Mi madre era la única que vivía en su propia casa con su marido y sus hijos”, a no
menos de cinco cuadras de distancia. Su bisabuela, antes de cada comida,
echaba un grano de arroz bajo el piso de madera en honor de los que habían
muerto y lanzaba otro al aire para los pobres que aún estaban vivos. Con el
tiempo, Raúl, en uno de sus viajes a África descubriría que aquella era una
costumbre en el país de Ghana, pero allá en lugar de arroz lo hacían con las
bebidas.

La muerte de César
Otro acontecimiento lo marcó de manera profunda: la muerte de su hermano
menor. César era el mejor de la clase y a los trece años sobresalía también como
jugador de fútbol. Raúl lo admiraba, creía que llegaría a ser un gran deportista a
semejanza de otros bonaverenses que se han destacado a nivel nacional e
internacional, como Delio “Maravilla” Gamboa y Víctor Campaz. Aunque a Raúl le
gustaba más el baloncesto, en el cual destacaría luego a nivel nacional gracias a
su empinada estatura, habilidad y efectividad, los dos hermanos jugaban al fútbol
descalzos porque carecían de recursos para comprar guayos y los demás
utilizaban unos zapatos con clavos metálicos en lugar de tacos o taches. Durante
un partido César resultó herido en una pierna, el tratamiento no fue el apropiado,
se infectó con el tétano y en dos semanas murió.
Fue tan grande el impacto para Raúl que la manera de sublimar su dolor consistió
en estudiar con más ahínco y dedicar sus logros a la memoria de su hermano. El
nombre de Buenaventura era un espejismo, no había la tal buena ventura. Eran
muchos los que nacían pero pocos los que sobrevivían. Para sobrevivir había que
estar alerta todo el tiempo, no podían darse el lujo de descuidarse un solo
instante. Tenían que obrar positivamente si no querían sucumbir. El fallecimiento
de su hermano hizo pensar a Raúl en la muerte y el abandono. Buenaventura
estaba al margen del país, la mayoría era descendiente de ancestros africanos
pero no eran conscientes de ello. Como vivía entre negros, Raúl sentía que no
pertenecía a ninguna minoría, no se consideraba diferente a los demás, todavía no
había experimentado el trato con los blancos del interior, conocidos con el
“afectuoso apodo de paisitas”.