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ATP y la MAG

ETOTERAPIA PULSÁTIL
Dr. Demetrio Sodi Pallarés

Entrevista realizada por el Dr. Javier Rodiño al prestigioso cardiólogo Dr. Demetrio Sodi Pallarés
en su visita a España. Publicada en la revista Discovery Salud en septiembre del 2000

La molécula de la vida.
Entrevista con el Doctor Demetrio Sodi Pallarés.

Doctor Demetrio Sodi Pallarés.

Cardiólogo de 87 años y prestigio mundial, el Dr. Sodi Pallarés es el creador de


una terapia orientada a la producción de la molécula ATP —única en el organismo
y que es el transportador universal de energía en nuestro cuerpo— logrando
excelentes resultados en enfermedades graves. Desde problemas de corazón a
enfermedades autoinmunes como la artritis reumática o la esclerosis múltiple
pasando por enfermedades reumáticas degenerativas e, incluso, algunos cánceres.
El Dr. Javier Rodiño lo ha entrevistado para nuestros lectores.

Pocas cuestiones en el ámbito de la biología, la bioquímica y la medicina han suscitado


en los últimos tiempos tanto interés por parte de diferentes investigadores como todo lo
relacionado con la molécula ATP (Adenosina Trifosfato) y su síntesis. Y la razón es
obvia: esa molécula —que el organismo produce en las mitocondrias durante la
respiración celular— es el «transportador» universal de energía de nuestro cuerpo,
necesaria para la gran mayoría de las funciones de los seres vivos y sin la cual la vida no
sería concebible, al menos tal y como la conocemos.

Pues bien, cuando la molécula de ATP se subdivide la alta carga energética acumulada
en ella se libera —como si de una bomba atómica se tratara—, energía que utiliza luego
el organismo para todo lo que precisa.
No es de extrañar pues el interés que siempre ha suscitado. De hecho, la han estudiado
en profundidad desde Severo Ochoa —en el laboratorio berlinés de Meyerhof— hasta
el estadounidense Paul Boyer, el británico John Walker y el danés Jens Skou,
premios Nobel de Química 1997 (compartido). Aunque sería el prestigioso investigador
Fritz Lipmann quien se daría cuenta de la cantidad de aplicaciones fisiológicas que
tenía el ATP como donador universal de energía y hasta qué punto es indispensable en
el proceso vital y curativo del ser humano.

Sin embargo, sería el eminente cardiólogo mexicano Demetrio Sodi Pallarés quien,
dada su condición de médico, tendría la oportunidad de llevar por primera vez los
conocimientos científicos a la práctica clínica dando lugar con el tiempo a una
metodología —el tratamiento metabólico— que supuso un hecho histórico que ni
siquiera la mayor parte de sus compañeros han sabido valorar hoy en su justa
dimensión.

Claro que ello puede deberse a que Sodi Pallarés no duda en afirmar que su tratamiento,
orientado a la producción de ATP por las células del organismo, consigue resultados
muy superiores a los obtenidos con los tratamientos habituales de la cardiología
moderna. Y más de uno se siente muy molesto por ello.

Cuando supimos que en mayo venía a España, nos faltó tiempo para buscarle. Y tras
conversar brevemente con él, accedió amablemente a atendernos en el hall del hotel en
el que se hospedaba, a donde acudió acompañado del también cardiólogo español José
de la Hoz y Fabra —hoy ya retirado—, amigo y defensor de su tratamiento. Una vez
con él, entramos directamente en materia.

—Doctor, ¿en qué consiste, de forma resumida, el tratamiento metabólico?.

—El tratamiento metabólico se desarrolla en tres grandes capítulos. El primero consiste


en seguir una dieta baja en sodio y rica en potasio. El segundo, proporcionar por vía
intravenosa al enfermo soluciones polarizantes de insulina, glucosa y potasio. Y, en
tercer lugar, someter su organismo a la acción de Campos Magnéticos Pulsantes (no a
campos magnéticos constantes como el de los imanes).

Las tres acciones tienen como finalidad favorecer la producción por las células del organismo
de la molécula ATP. Esta molécula, a la que me gusta llamar «la molécula de la vida», es —
como sabe— la encargada de aportar la energía para todas las funciones del cuerpo humano y,
por tanto, imprescindible también para todo proceso curativo.
El mismo ADN, para sintetizarse, necesita 72.000 moléculas de ATP por segundo.
Luego hasta los genes, en cierta medida, dependen del ATP.
Sobre estas líneas, y de izquierda a derecha, el Doctor José de la Hoz y Fabra, el
Doctor Demetrio Sodi Pallarés, el Doctor Javier Rodiño y Doña María Paz Gómez
durante la entrevista concedida a Discovery DSalud.

—Pero usted ha centrado su trabajo en el ámbito de la Cardiología. ¿Podemos


saber con qué resultados?.

—Con resultados magníficos. Hablemos primero de la angina de pecho. Pues bien, he


de decir que ésta desaparece rápidamente sólo con seguir una dieta baja en sodio y rica
en potasio. ¿Y por qué ocurre así?, me preguntará. Verá. en el corazón se dan dos tipos
de lesiones (necrosis). En primer lugar, cuando se obstruye un vaso coronario, al no
llegar riego sanguíneo al corazón se produce una lesión que produce una dilatación del
mismo en forma de saco, un abombamiento. Es lo que se conoce como una «necrosis
blanda».

Pero hay otro tipo de lesión que ha sido ignorada por los cardiólogos. Me refiero a la
necrosis dura, tipo de lesión descubierta por Hans Selye al estudiar el estrés. Porque
resulta que el estrés produce, sobre todo, un aumento de catecolaminas, hormonas que
introducen el sodio dentro de las células provocando su muerte. Y es así como se
produce la necrosis dura. Bien, pues, como digo, ésta desaparece simplemente siguiendo
una dieta baja en sodio. Es decir, la angina de pecho desaparece aunque persista la
oclusión.

—Cuando habla de eliminar el sodio de la dieta no se refiere sólo a la sal común de


mesa...

—Me refiero a que hay que eliminar el ión sodio del interior de las células. Para ello es
necesario, efectivamente, suprimir la sal de mesa de la alimentación porque contiene
mucho sodio pero también todos los alimentos que lo contengan en abundancia. Sólo así
podrá eliminarse el sodio intracelular y aumentar el potasio imprescindible para que la
célula pueda sintetizar el ATP preciso para todo proceso curativo.

—Usted asegura que con el tratamiento metabólico es posible incluso tratar


enfermedades graves del corazón...

—El tratamiento metabólico es eficaz incluso en enfermos en los que la única solución,
según la cardiología convencional, sería el trasplante cardiaco. El primer caso de estos
que traté, hace ya muchos años, era una monja a la que se la iba a realizar un trasplante
cardiaco en Transilvania. Acudió a mí porque había leído el daño que hacían los
diuréticos que ella tomaba. La tratamos y, aunque su corazón mejoró, no lo hizo en gran
medida ya que su cardiopatía era de tipo hipertrófico. A pesar de ello, la mujer vivió 9
años más hasta morir de edad avanzada.

El corazón mejora mucho en las miocardiopatías dilatadas: en esos casos los resultados
son extraordinarios. Hemos tratado ya con éxito a siete personas que, gracias al
tratamiento, no han precisado someterse a un trasplante de corazón.

Obsérvese, en la parte superior de la derecha, el estado inicial de abombamiento del


corazón del paciente del Doctor José de la Hoz y Fabra y, debajo, cómo fue
recuperando su tamaño normal siguiendo el tratamiento metabólico.

Hace poco lo logramos con una enferma que iba a ser trasplantada en el mejor centro de
México, el Siglo XXI, donde va han realizado varios trasplantes cardiacos aunque
ninguno de los trasplantados sobrevive a día de hoy. La paciente tenía una cardiopatía
dilatada y la respuesta al tratamiento metabólico fue espectacular. Cuando volvió a ver
al médico que la trataba y le presentó nuestras radiografías, éste se limitó a decirla que
yo la había engañado, que esa mejoría no era posible. Luego, cuando hicieron sus
propias comprobaciones, se quedaron impresionados.

El doctor José de la Hoz y Fabra, presente en la conversación —como ya comenté—,


consciente de la importancia del asunto, interviene para confirmar la veracidad de tan
espectaculares resultados. Y nos muestra entonces las radiografías de un paciente al que
iban a efectuar un trasplante cardiaco en la Universidad de Navarra. El corazón del
paciente estaba totalmente dilatado pero tras el tratamiento empezó a mejorar de manera
progresiva hasta llegar a una normalización completa tanto de su tamaño como de su
función.
—Tengo entendido que ustedes denuncian también que los tratamientos más
habituales utilizados por los cardiólogos son altamente tóxicos. Toxicidad que va
dirigida hacia el corazón que, paradójicamente, se pretende sanar. Y afirman
incluso que en ocasiones tales tratamientos pueden colaborar de manera
importante en el agravamiento del enfermo y de que luego precise el trasplante. Si
eso es cierto estaríamos ante una praxis médica tremendamente errónea dc
enormes repercusiones sanitarias.

—Ciertamente. pero es así. En primer lugar, hablemos del uso de diuréticos. Estos
debilitan el propio músculo cardiaco, ya de por sí enfermo. Tenemos los informes de
todos los congresos realizados en Estados Unidos en los que se desaconseja su uso. Sin
embargo, se siguen utilizando. Y no podemos estar de acuerdo con esa práctica. El uso
prologado de diuréticos durante años produce una alteración en la estructura de la
actina, una de las miofibrillas que forman la musculatura del corazón. Esta alteración
provoca el debilitamiento progresivo de la musculatura colaborando de esa manera al
agravamiento del enfermo hasta el punto de tener que necesitarse en ocasiones el
trasplante cardiaco.

Pero también está la famosa digoxina. Esta produce una lesión subendocárdica.
Nosotros no planteamos que no se use pero debería hacerse con una dieta baja en sodio
y rica en potasio y no, como actualmente se hace, con una dieta baja en colesterol.
Cuando se reduce el colesterol de la dieta el organismo se defiende produciendo más. Y
los médicos, para evitar eso, dan entonces un fármaco a fin de inhibir una de las
enzimas del hígado: la reductasa. Y así se forma menos colesterol, ciertamente, pero
aparecen entonces miopatías, insuficiencia hepática e, incluso, cáncer. De hecho, porque
se demostró que producía cáncer eliminaron ya antes el clofibrato.

Mire, no podemos estar en contra de las leyes naturales: el colesterol de baja densidad o
«colesterol malo», el LDL, el más temido por los cardiólogos, cuando hay ATP es
utilizado por las membranas celulares y deja de ser peligroso. Eso puede leerse ya hasta
en los últimos libros de biología molecular.

—Una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo publicó recienteniente
un interesante artículo en el que se hacía referencia a los daños de
revascularización. Es decir, comentaba el hecho de que un tejido que había sido
lesionado por falta de riego sangíneo a causa de una obstrucción vascular, volvía a
lesionarse cuando le llegaba de nuevo flujo sanguíneo. La explicación ofrecida es
que se debía a un aumento brutal en la zona de radicales libres.

—Sí, eso es así. Y es muy importante evitar ese fenómeno. Desgraciadamente, no se


hace y eso ensombrece el pronóstico, por ejemplo, de los enfermos a los que se realiza
cirugía de revascularización. Por eso nosotros aconsejamos el uso de sueros polarizantes
durante el acto quirúrgico ya que tienen una fuerte acción captadora de los radicales
libres, sobre todo del más peligroso de ellos, el temido grupo hidróxilo OH, ante el que
el organismo se encuentra bastante indefenso.
—¿Hay algún centro de prestigio que siga actualmente el tratamiento metabólico
con los enfermos de corazón?.

—Mucho menos de lo que me gustaría. Pero en Estados Unidos, por ejemplo, lo está
aplicando actualmente el Departamento de Cardiología de la Universidad de Houston,
en Texas. Y han publicado ya numerosos trabajos en los que se habla de una reducción
de la mortalidad hasta del 75%.

—Usted afirma en su libro Magnetoterapia y tratamiento metabólico que su técnica


es válida también en los casos de otras enfermedades graves para las que la
medicina convencional apenas aporta soluciones mínimamente eficaces. A nivel
particular, como médico, lo he probado con una paciente que quisiera presentarle
y que me acompaña. Se trata de Mari Paz Gómez. Diagnosticada como enferma de
SIDA, tenía 19 CD4 cuando empecé a tratarla. Tras un mes con su tratamiento
metabólico no sólo ha recuperado 15 kilos de peso sino que su cifra de CD4 se ha
elevado a 330. A mi me parece, sencillamente, algo excepcional. ¿Cómo explica la
amplitud de acción terapéutica de su tratamiento?.

—La verdad es que nosotros estudiamos cómo mejoraba, fundamentalmente, el tejido


lesionado producido por la oclusión coronaria. Después, el doctor B. J. Trump estudió
cinco tipos de lesiones: el infarto de corazón, la lesión de hígado producida por el
tetlacloruro de carbono, la lesión renal producida por el bicloruro de mercurio y dos
tipos de cáncer. Bien, este hombre se planteó que si las cinco lesiones eran similares,
¿por qué no iba a funcionar el mismo tratamiento en todas ellas?. Y así sucedió.

Mire, en toda lesión se introduce el sodio en las células, se pierde el potasio, aumenta el
ácido láctico, disminuye el PH y, en consecuencia, disminuye la formación de ATP.
Con el tratamiento metabólico se corrigen estos trastornos básicos. Y así —y lo ha
comprobado usted mismo—, ayuda hasta en los casos de SIDA. De hecho, nosotros
hemos tratado también a enfermos de SIDA que han mejorado notablemente.

Y lo mismo ocurre con algunos tipos de tumores. No digo que los curemos pero sí
hemos conseguido alargar a los pacientes la vida de manera indefinida, lo que puede
considerarse, de alguna manera, otra forma de curación. Aunque estos pacientes, en
concreto, deben realizar el tratamiento de manera ininterrumpida.

En suma, el tratamiento metabólico está indicado en numerosas dolencias aunque no


pueda ser considerado una especie de panacea terapéutica. Pero mejora la capacidad
defensiva del organismo y por eso no es de extrañar que en ocasiones se obtengan
resultados extraordinarios en enfermedades muy diferentes y de distintas especialidades
médicas. Por ejemplo —y por nombrar algunas que ya han respondido bien—, la artritis
reumatoide, la esclerosis múltiple, las descalcificaciones severas... En general, no se
debe desperdiciar esta opción terapéutica en cualquier paciente que presente
enfermedades de difícil tratamiento.
Recuerdo un caso singular, el de un paciente que tenía una vértebra aplastada tras un
accidente. Le quisimos ayudar con el tratamiento pero no conseguimos nada. Entonces
le operaron y le pusieron un «puente de sujeción» para evitar los dolores y otras
complicaciones. Volvió entonces a vernos, le hicimos de nuevo el tratamiento y, ante
nuestra perplejidad, empezaron a aparecer huesecillos —que podían verse nítidamente
en las radiografías— hasta que se regeneró toda la vértebra. Es algo que nos dejó
asombrados incluso a nosotros.

—Quisiéramos terminar diciéndole que nos ha sorprendido gratamente el hecho


de que, siendo usted un especialista de renombre internacional, haya afirmado
varias veces que ser especialista, en Medicina, no es una ventaja sino una
limitación.

—Aunque el paradigma de que no hay enfermedades sino enfermos es aceptado por


todos los médicos, la verdad es que la mayoría desconoce el sentido real de esa
afirmación. Los cardiólogos, por ejemplo, sólo ven un corazón enfermo al que hay que
tratar... y exclusivamente con los tratamientos que ellos conocen. Porque son incapaces
de reconocer mejorías en enfermos que han sido tratados con técnicas para ellos
desconocidas. A mis 87 años creo poder afirmar que la gran mayoría de los cardiólogos
no quieren escuchar. Y eso, a pesar de que en muchas ocasiones los resultados con el
tratamiento metabólico han sido realmente excepcionales.

Ustedes, en España, tienen en estos momentos un problema de salud muy importante. Y


me refiero a los enfermos que están esperando a que se les realice un trasplante de
corazón. Bueno, pues me parece una ocasión inmejorable para demostrar que el
tratamiento metabólico puede dar solución a muchos de estos pacientes. Nosotros, desde
luego, estamos dispuestos a colaborar.

Fueron sus últimas palabras. Quienes conocen en profundidad el trabajo de Demetrio


Sodi Pallarés afirman que un día recibirá el Premio Nobel. Nosotros también lo
creemos, pero eso no será pronto porque su trabajo ha sido insuficientemente analizado.
Y dudamos que alguna multinacional farmacéutica vaya a costear los gastos millonarios
que eso implica. ¿Y por qué?, se preguntará el lector.

Pues, sencillamente, porque el tratamiento metabólico, debido a la sencillez de sus


componentes no ofrece la posibilidad de ser patentado. Y donde no hay negocio, no hay
inversión. Salvo que las autoridades tomen la decisión de actuar por entender que el
asunto es importante y de interés general. Claro que para eso sería necesario que tales
autoridades estuvieran informadas, no estuvieran mediatizadas por los lobbys de poder
y tuvieran de verdad interés en buscar soluciones a los problemas de salud de la
población sin ir a remolque de lo que imponen las multinacionales. Y ese tipo de
responsables políticos apenas existe. Esa es la penosa verdad.

Doctor Javier Rodiño.