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Mapa de la

regulación
epigenética
Una compleja red de interruptores controla la relación entre
genes, caracteres y enfermedad.
 Maron, Dina Fine

Nuestros genes no tienen la última palabra acerca del riesgo de


contraer una enfermedad o de otros caracteres. Su expresión se halla
regulada por infinidad de interruptores de control, a menudo
accionados por la alimentación materna, la exposición a sustancias
tóxicas y otros muchos factores ambientales. Para comenzar a entender
esta complejísima epigenética se han analizado 150.000 millones de
bits de datos genómicos procedentes de más de un centenar de tejidos
y células humanas (cerebrales, cardíacas, óseas, etcétera).

El primer paso consistió en localizar los interruptores mediante el


análisis de las variaciones específicas en el ADN y en las proteínas que
este codifica. A continuación, los investigadores contrastaron los datos
de individuos con rasgos biológicos concretos con los de otros que
carecían de ellos para determinar las asociaciones entre los caracteres y
los interruptores. El resultado es un mapa que enlaza las enfermedades
complejas y los caracteres (círculos rojos) con la ubicación en el
cuerpo de los interruptores epigenéticos mejor contrastados (puntos
blancos); el grosor de las líneas indica la robustez del vínculo. Este
diagrama será de gran ayuda para descubrir la base molecular de la
variación y de las enfermedades humanas, y para el desarrollo de
nuevos medicamentos.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
 Biología de sistemas

Fuente: «Integrative analysis of 111 reference human epigenomes», por


Roadmap Epigenomics Consortium et. al., en Nature, vol. 518, 19 de febrero
de 2015; Martin Krzywinski (gráfico)
Entre la
herencia y la
experiencia
Genética o ambiente, ¿qué influye más? Según las nuevas
investigaciones, ni una ni otro, pues, en verdad, estos supuestos
antagonistas colaboran estrechamente. La epigenética ayuda a
entender por qué.
 Wolf, Christian

CORTESÍA DE Manel Esteller, Programa de Epigenética y Biología del Cáncer (PEBC), Barcelona

EN SÍNTESIS

Los genes por sí solos no determinan el destino humano. Lo


importante, más bien, es cuáles y cuándo son leídos.

Los mecanismos epigenéticos, como la metilación del ADN,


controlan la lectura de los genes. Los factores ambientales
modulan aquellos que se transmiten a la descendencia.
La epigenética también interviene de forma decisiva en la
aparición de trastornos psiquiátricos, como la esquizofrenia.
Los gemelos univitelinos se parecen como un huevo a otro huevo, al
menos por fuera. Sin embargo, los que conocen de cerca a estas parejas
perciben poco a poco las diferencias, no solo de aspecto, sino también
de comportamiento. Puede ocurrir incluso que un gemelo sufra una
enfermedad hereditaria y el otro no. ¿Cómo se explica esto? A fin de
cuentas, los dos poseen un genoma totalmente idéntico.

En los últimos años, se ha descubierto que los genes no tienen en


absoluto la última palabra. La joven disciplina de la epigenética (del
griego epi = encima) explica cómo la vida va dejando huellas en la
herencia y determina, con ello, características diferentes de cada
persona, aunque la información genética sea la misma.

Los genetistas investigan la molécula de la herencia, el ADN, que se


encuentra en los cromosomas del núcleo celular. En cambio, los
epigenetistas se concentran en el modo de regulación de los 20.000 a
30.000 genes humanos y se preguntan, por ejemplo, por qué un
determinado factor hereditario aparece, mientras otro desaparece. La
disciplina podría revolucionar nuestra concepción sobre la interacción
entre genes y ambiente, ya que los dos supuestos oponentes trabajan,
en la realidad, mano a mano.

«El ADN es como una cinta de sonido, que almacena información; sin
un aparato reproductor, la cinta de sonido no sirve para nada», explica
Bryan Turner, médico de la Universidad de Birmingham. «La
epigenética se ocupa del aparato de música.» Explora las propiedades
celulares que no están inmediatamente contenidas en la secuencia del
ADN, es decir, en la sucesión de los elementos génicos, pero que se
transmiten a las células hijas. Aparte de la información hereditaria,
ciertos mecanismos moleculares establecen qué datos genéticos salen a
la luz y qué otros permanecen ocultos.

Genes de peso
Las personas con sobrepeso son las principales responsables de su
aspecto, reza un prejuicio popular. Sin embargo, el volumen corporal
depende en gran medida de la genética.

 Hebebrand, Johannes

 Reinberger, Stefanie

© DREAMSTIME / PAVEL LOSEVSKY

EN SÍNTESIS

Aparte de las costumbres alimentarias y de la actividad física, los genes


tienen mucho que ver con el sobrepeso y la obesidad.

Se han descubierto 32 genes involucrados en la regulación del peso


corporal.

En un futuro se prevé aplicar terapias personalizadas para tratar los


kilos de más.
Las personas gruesas no saben controlarse ni disciplinarse; además, les
puede la vagancia. Prejuicios como estos circulan hoy en día en nuestra
sociedad en referencia a los sujetos con obesidad o sobrepeso. De
hecho, los kilos de más representan en multitud de ocasiones un
obstáculo para la búsqueda de trabajo o las relaciones de pareja;
incluso en la etapa escolar el exceso de peso puede convertirse en
motivo de discriminación [véase «La obesidad: una cuestión médica y
psicosocial», por A. Magallares, M. Á. Rubio y J. F. Morales; Mente y
cerebro n.o 51, 2011]. En general, se atribuye al propio afectado la
responsabilidad de su voluminoso aspecto corporal.

Pero la realidad no resulta tan simple. Aunque los hábitos alimentarios


y la actividad física influyen en el peso, intervienen más factores. La
gordura o la delgadez vienen determinadas, hasta cierto punto, desde
el nacimiento. La dotación genética interviene, además de en otras
muchas funciones, en la capacidad del intestino para absorber un
determinado nutriente y metabolizarlo.

Albert Stunkard, de la Universidad de Pensilvania, apuntó los primeros


datos científicos al respecto en el año 1986. El psiquiatra examinó las
historias clínicas de hijos adoptivos daneses, quienes contaban con
unos 20 años en el momento del estudio. La recopilación de datos
médicos resultó amplia, ya que contenía información exacta sobre el
peso y la altura de los niños adoptados, de sus progenitores biológicos,
así como de las parejas que los habían criado. Una de las conclusiones
que se extrajo indicaba que los padres naturales de jóvenes delgados
presentaban una constitución mucho más delgada que los progenitores
de hijos de corpulencia normal o con sobrepeso. Tal relación no se
daba con los padres adoptivos.