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RESUMEN CORRIENTES ACTUALES EN PSICOLOGÍA

UNIDAD 1
KLAPPERNBACH: Periodización de la Psicología en Argentina.
El trabajo intenta por primera vez una periodización del desarrollo completo de la psicología en Argentina. En primer
lugar, se analiza el período de la psicología clínica, experimental y social, entre 1895 y 1916.En segundo lugar, el
período de la psicología filosófica, desde 1916 hasta 1941. En tercer lugar, el período de la denominada psicotecnia y
orientación profesional, entre 1941y 1962. Posteriormente, el período centrado en el debate sobre el rol profesional
del psicólogo. El último período iniciado en 1984, condujo a un importante desarrollo de la psicología en todo el país.
Es oportuno remarcar que cualquier intento de periodización de la psicología argentina parece ser, en primer lugar, una
empresa prematura. Es decir, no podría tratarse más que de un esquema provisorio, tentativo, pasible de ser
rectificado en la medida en que las investigaciones parciales de carácter más empírico vayan aportando nuevos
conocimientos. De todas maneras, diferentes razones inducen a avanzar en un intento de periodización.

- En la Psicología Agentina, ¿A qué temas nos referirnos para llevar acabo tal periodización?:
Podría afirmarse que una historia de la psicología incluye por lo menos:
 Una historia de las teorías científicas consideradas psicológicas;
 Una historia de las personalidades que han contribuido al desarrollo de la psicología;
 Una historia de las técnicas psicológicas (desde la historia de los tests mentales hasta la historia de la escucha y la
interpretación, o más ampliamente, la historia de dispositivos como el denominado encuadre analítico);
 Una historia de las prácticas psicológicas (desde la historia de la psicología aplicada hasta las distintas
intervenciones en los más variados campos de la disciplina); e) una historia de las instituciones psicológicas
(entendiendo por tal no sólo a las sociedades científicas o profesionales, sino también a la historia de programas
universitarios, a la historia de publicaciones o editoriales, etc.).
Es posible que una historia tan abarcativa de la psicología argentina todavía no haya sido abordada. No obstante, una
periodización general debería contemplar, al menos como horizonte de aspiraciones, todos esos planos.

- ¿A qué habremos de considerar psicología argentina?:


Entendemos por psicología argentina la psicología que se produce y se recepciona en nuestro medio.
- ¿Qué criterios de periodización sería necesario considerar? ¿Criterios externos o internos al propio
desarrollo de la disciplina? ¿Criterios generacionales?:
Resulta posible fundamentar períodos bien característicos en el desarrollo de la psicología argentina. Aquí, hemos
partido de períodos conocidos de la historia institucional y de la historia de las ideas, en función del impacto de los
acontecimientos políticos y sociales sobre la psicología en el país.
Creemos posible identificar cinco períodos diferenciados en la psicología en Argentina:
 período de la psicología clínica, experimental y social (1895-1916);
 período de la psicología filosófica (1916-1941);
 período de la psicotecnia y orientación profesional (1941-1962);
 período de la discusión del rol del psicólogo y de la psicología psicoanalítica (1962-1984);
 período de la plena institucionalización de la psicología (desde 1984).
De los tres primeros períodos existe un caudal de investigaciones suficientes como para intentar una caracterización
general. En cambio, del cuarto período es poco lo que se ha investigado hasta el momento y menos todavía del último.
PERÍODO DE LA PSICOLOGÍA CLÍNICA, EXPERIMENTAL Y SOCIAL EN EL INICIO DEL SIGLO (1895-1916).
La primera psicología era considerada, sin mayores especificaciones, como psicología experimental.
Tal caracterización, aunque a la distancia pueda merecer reparos, estaba fundada en que la institución del laboratorio
de psicología experimental apareció tempranamente en el país. Ya en 1891, Víctor Mercante había establecido en San
Juan un Laboratorio de Psicofisiología, en el cual había realizado mediciones psicofísicas en cerca de quinientos
alumnos. Por su parte, en 1899 Horacio G. Piñero establecía un Laboratorio de Psicología Experimental en el Colegio
Nacional Central, y un par de años después en la Facultad de Filosofía y Letras, donde estaba a cargo de la enseñanza
de psicología. Pocos años después, en 1905, en la Universidad Nacional de La Plata, Víctor Mercante también
organizaba un Laboratorio de Psicología Experimental.
Se puede dar cuenta de la importancia del tamiz francés en la recepción de la temprana psicología en Argentina. Un
claro testimonio de esa tendencia lo constituye la recepción de la psicología wundtiana. En 1894, Binet había
reconocido el importante papel de Wundt en el surgimiento de la denominada nueva psicología. Sin embargo,
consideraba que personalidades como Charcot y Ribot habían contribuido en un mismo plano jerárquico en el
desarrollo de aquella psicología: De quince años a esta parte la psicología ha entrado en una nueva fase. Esta fase data,
aproximadamente, de 1878, época doblemente importante para la psicología, puesto que es cuando Wundt, en
Alemania, abre el primer laboratorio de psicología experimental, y Charcot, en Francia, inaugura sus investigaciones
sobre el hipnotismo en las histéricas. En la misma época, poco más o menos, M. Ribot, funda la Revue Philosophique, y
da un vivo impulso a los estudios de la psicología experimental en Francia. (Binet).
Dos de las personalidades de mayor envergadura en la temprana psicología argentina, Horacio Piñero y José Ingenieros,
reiterarían, casi sin variantes, esas palabras de Binet. En definitiva, en Argentina, tanto Piñero como Ingenieros
señalaban que tres factores estaban en la base de la nueva psicología: la observación clínica, la investigación
experimental y la divulgación científica. En ese marco, Wundt representaba tan sólo una referencia de importancia en
un plano de igualdad con Charcot y Ribot. Y más todavía, de aquellas tres figuras, Wundt era la de menor relevancia.
Los objetivos de los laboratorios de psicología experimental instalados en Argentina, por ejemplo los que Piñero
organizó tempranamente en el país, en el Colegio Nacional Central en 1899 y en la Facultad de Filosofía y Letras en
1901, distaban notoriamente de los objetivos de los laboratorios fundados en Alemania.
Se ha señalado que los laboratorios de psicología experimental en Alemania tenían fines de investigación y de
producción de conocimientos, coherentes con la finalidad de las universidades alemanas. En Argentina, en cambio,
Horacio Piñero había aclarado que, tanto los laboratorios fundados por él como el método experimental respondían a
la finalidad de divulgación y enseñanza, tendientes a «complementar la enseñanza de la cátedra».
La segunda cuestión que resulta necesaria esclarecer es que, en el marco de ideas esbozado, la denominación
psicología experimental en la temprana psicología argentina tenía poco que ver con el concepto de psicología
experimental producida en Alemania en el último cuarto del siglo XIX. Por el contrario, la denominación psicología
experimental se relacionaba directamente con la Introducción a la Medicina Experimental de Claude Bernard. Este
sostenía que la experimentación resultaba la culminación de la medicina científica, pero advirtiendo que «la medicina
experimental no excluye la medicina clínica; por el contrario, sólo viene detrás de ella».
Toulouse, Vaschide y Piéron, consideraban que existían 3 grandes dominios/métodos de la psicología: la Psicología
Fisiológica, la Psicología Patológica o morbosa y la Psicología Experimental. A pesar de esta diferenciación y de que
reconocían que el método experimental era «el verdadero método científico de la psicología», también afirmaban que
la psicología experimental se había originado en la obra de «médicos o astrónomos franceses poco conocidos» aunque
imposibilitada de desarrollarse en Francia emigró a Alemania. Y en una dirección coincidente sostenían que la nueva
psicología se había originado «por una reacción contra la concepción dominante, y lo que ha nacido es una psicología
médica». Considerando el fuerte impacto del pensamiento médico y clínico francés en la Argentina de principios de
siglo, he caracterizado aquella temprana psicología con la denominación de psicología clínica y experimental.
PERÍODO DE LA PSICOLOGÍA FILOSÓFICA (1916-1941).
En este período, cuatro rasgos centrales podrían caracterizar los principales desarrollos de la psicología.
. En primer lugar, la psicología académica experimentó un pronunciado repliegue hacia posiciones propiamente
filosóficas, en un doble sentido. En el sentido de preocuparse por establecer los límites de las formas sensibles de la
experiencia, como en el sentido de que si, a principio de siglo lo característico de los fenómenos psíquicos era que
constituían los procesos más heterogéneos y complejos de las funciones vitales del organismo desde una perspectiva
spenceriana en el período que nos ocupa, lo más importante de los fenómenos psíquicos no podía reducirse a su origen
evolutivo, toda vez que involucraba valores y razonamientos que interrogaban los presupuestos evolucionistas y
situaban el psiquismo humano en un plano diferenciado y singular. O como afirmaba Alejandro Korn «la identificación
del hecho psíquico con lo orgánico es una superstición vulgar.
. En segundo lugar, a pesar de las caracterizaciones más familiares sobre este período, resultó notorio el intenso
movimiento de circulación de autores, instituciones e ideas psicológicas.
. En tercer lugar, las relaciones con la tradición de las primeras décadas del siglo fue, por lo menos, ambigua. Es decir,
por una parte, no dejaban de señalarse los límites de la psicología fisiológica, pero, a un mismo tiempo, la tradición
clínica y patológica asentada en la fisiología conservó un interés pronunciado en el período, al menos en algunos
autores o publicaciones. Y en cuarto lugar, es posible identificar los primeros intentos de aplicar la psicología al campo
del trabajo, desarrollos que serán característicos del período siguiente.
A partir del Centenario, y especialmente de la década de 1920, la psicología era visualizada nuevamente como una
disciplina de carácter filosófico, ya que se consideraba que toda cuestión de psicología era, al mismo tiempo, una
cuestión de filosofía, toda vez que lo que borraba las diferencias entre filosofía y psicología era que ambas estaban
centradas en fundamentar los límites de la experiencia sensible. En ese marco, y partiendo de Bergson, Scheler, y sobre
todo, Ortega, la psicología argentina a partir de la tercera década del siglo se orientaría hacia posiciones
crecientemente estructuralistas y fuertemente críticas hacia toda forma de naturalismo. Es de destacar que la
renovación de las ideas en el campo de la psicología se producía en un marco de transformaciones más abarcativas. En
1918, se había producido la reforma universitaria que democratizaría la vida universitaria y permitiría el acceso de
sectores medios a la educación superior.
Una de las obras más importantes de este período fue Instinto, Percepción y Razón de Enrique Mouchet, que llevaba
por subtítulo Contribuciones a una psicología vital. Mouchet, con reminiscencias de José Ingenieros, enfatizaba el
estatuto biológico de la psicología vital: «El psicólogo vital es el biólogo de la introspección. Esto quiere decir que su
psicología es una psicología biológica». Sin embargo, en seguida aclaraba que «nuestra psicología vital no es igual –ni
de lejos– a lo que comúnmente se entiende por psicología biológica. El libro de Mouchet fue considerado una de las
cien obras más importantes en la historia de la psicología. Fue el continuador de la tradición clínica y patológica de la
primera psicología argentina.
En 1930, por iniciativa de Enrique Mouchet, se recreaba la Sociedad de Psicología de Buenos Aires, que intentaba
continuar a la primitiva Sociedad Argentina de Psicología organizada en 1908 por Ingenieros, Piñero, de Veyga y
Mercante, entre otros. A finales de 1931, se organizaba el Instituto de Psicología dentro de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Bs As, sobre la base del Laboratorio de Psicología Experimental y designándose a Enrique
Mouchet al frente del mismo, por entonces profesor titular del Primer Curso de Psicología en dicha casa de estudios.
PERÍODO DE LA PSICOTECNIA Y ORIENTACIÓN PROFESIONAL (1941-1962)
Eugenio Pucciarelli, graduado en Medicina y Filosofía, reemplazaría a García Morente en el curso de Psicología, su
enseñanza estaba centrada en las corrientes psicológicas de la época, sobre la esencia de la psicología: si se trataba de
metafísica o de una ciencia, si era un saber especulativo o un conocimiento empírico. Él ubicaba a la psicología en la
tradición Wolffiana-Kantiana, que reconocía dos vertientes diferenciadas de la psicología: una psicología racional y una
psicología empírica. La crítica Kantiana a la psicología también era desarrollada por Pucciarelli en su curso de
Gnoseología y Metafísica. Allí se ocupaba de la cuestión del «alma y los paralogismos de la psicología racional», en el
marco de la imposibilidad de la metafísica como ciencia. El resto del curso de Psicología, Pucciarelli lo destinaba a la
psicología empírica las «direcciones de la psicología científica», donde destacaba tres orientaciones: dirección
explicativa, descriptiva y comprensiva. El curso se ocupaba de las distintas teorías en las tres direcciones que se
recortaban en la época: Freudiana, Adleriana y Junguiana.
En Bs As y La Plata, luego del Golpe de Estado de 1943, los cursos psicológicos fueron ocupados por el campo de la
filosofía. Sin embargo, el contexto económico y social no autorizaba demasiado una disciplina psicológica
marcadamente especulativa y filosófica, comenzó a desarrollarse un modelo de intervención psicológica centrado en la
psicotecnia y orientación profesional. Mientras la psicotecnia aparecía como un estudio o investigación centrado
fundamentalmente en el aprovechamiento y rendimiento en el trabajo, la orientación profesional definía mucho más
una intervención sobre el mismo problema. El desarrollo de la psicotecnia y la orientación profesional en Argentina
estuvo relacionado con 2 procesos complementarios, los avances producidos en el campo de la psicología aplicada y la
psicotecnia en relación con el conocimiento de las aptitudes y características de personalidad que tornaban posible la
recíproca adecuación del trabajo al hombre, así como también en relación con las técnicas o inventarios de
personalidad necesarios para el diagnóstico, la nivelación y reorientación que aquellos problemas involucraban.
Durante el peronismo, en el que confluían a un mismo tiempo valores modernizadores y tradicionalistas, se consolidó
una nueva clase trabajadora urbana que requería de una rápida reconversión laboral. En dicho marco, la orientación
profesional llegó a alcanzar rango constitucional tras la reforma 1949, al ser incorporada en el artículo 37, que
consagraba los derechos del trabajador, la familia, ancianidad y de la educación y cultura: La orientación profesional de
los jóvenes que el Estado ampara y fomenta mediante instituciones que guíen a los jóvenes hacia las sus aptitudes y
capacidades, con el fin de que la adecuada elección profesional redunde en beneficio suyo y de la sociedad.
El Segundo Plan Quinquenal peronista fijaba el objetivo de «encausar el aprendizaje y la orientación profesional» en el
campo de la educación y el trabajo. En relación con el trabajo, se fijaba que la política social y económica del Estado
debía desarrollarse sobre diversas bases, entre ellas: Establecimiento de correlaciones racionales entre la aptitud del
trabajador y su ocupación, a fi n de obtener los más altos índices de productividad y de retribución. Las aspiraciones
evidenciadas en ese tipo de consideraciones se relacionaban con la orientación profesional colectiva, la cual era
concebida a partir de un interés público.
Al mismo tiempo, creaba condiciones para el desarrollo de una orientación profesional individual, la cual encontraría
mejores condiciones para su consolidación a partir de la década de 1960. Esas condiciones, en cualquier caso,
originarían un conjunto importante de intervenciones, inclusive, la creación de nuevos espacios curriculares y de
nuevas carreras. La primera de las carreras, fue originada en el Instituto de Psicotecnia y Orientación Profesional de la
Universidad Nacional de Tucumán. En Tucumán, la orientación profesional estaba sustentada en un doble registro. Uno
de ellos de tipo económico, centrado en la racionalidad de la ciencia del trabajo. El otro, de carácter antropológico-
filosófico, fundamentado en la búsqueda de la realización personal. La licenciatura de Psicotecnia y Orientación
Profesional funcionaría hasta 1958 y se graduarían no menos de veinte licenciados en Psicotecnia y Orientación
Profesional. El plan de estudios de esa carrera no se organizaba por años, sino por grupos de materias. El grupo de
materias «psicológicas», estaba conformado por Psicología experimental, Psicología evolutiva, Psicología social y
Psicotecnia y Orientación Profesional. Un segundo grupo de materias eran cursadas en la Facultad de Derecho:
Economía política, Sociografía, Legislación del trabajo y Psicología social. Un tercer grupo de materias se cursaban en
Bioquímica: Anatomía y Fisiología; Higiene mental y fabril. La transformación de esta carrera, en la carrera de
Psicología, surgió luego del Primer Congreso Argentino de Psicología, llevado a cabo en 1954, precisamente en
Tucumán. Allí se recomendó la creación de carreras de Psicología o de psicólogo, en las universidades nacionales, y en
particular, para el caso de Tucumán, «la creación de la carrera del psicólogo en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad Nacional de Tucumán, sobre la base de los estudios que se cursan en la carrera y profesorado de
psicotecnia, y teniendo en cuenta los lineamientos de la carrera del psicólogo antes aprobado».
En San Luis la Universidad Nacional de Cuyo organizaría en 1952, la Dirección de Psicología Educacional y Orientación
Profesional que dependía conjuntamente de la Universidad y del Gobierno provincial y era dirigida por Plácido Alberto
Horas, este concebía la orientación profesional como un punto de encuentro entre las aspiraciones y condiciones
individuales –personalidad y aptitud–, por una parte, y las necesidades sociales, por la otra. En efecto, la orientación
profesional «aspira a que se elijan los oficios y profesiones de modo congruente con la propia personalidad, las
aptitudes y el ámbito social». En San Luis la orientación profesional aparecía menos relacionada con el ámbito del
trabajo y más con el de la educación, aun cuando estos campos pudieran haber estado íntimamente emparentados. Las
actividades de orientación profesional descritas, más todas aquellas que pre veía la Dirección de Psicología Educacional
y Orientación Profesional, planteaban el problema de la formación del personal técnico especializado.
Para ello, el propio Plácido Horas promovió la creación de una «Especialización en Psicología», para lo cual tomaba en
cuenta los antecedentes de carreras similares en España, Francia y Estados Unidos; el desarrollo de la psicología en
nuestro país y «las relaciones entre la formación en Psicología y los objetivos del 2º Plan Quinquenal»
La implementación de la carrera de Psicología luego del Primer Congreso Argentino de Psicología eclipsó la
Especialización en Psicología que había sido imaginada por Horas. Lo que caracterizaba estos proyectos era la
comprobación de que era necesaria una nueva fi gura profesional, capaz de intervenir ante las nuevas demandas que el
campo de la educación y el trabajo planteaban.
En síntesis, al promediar el siglo XX se desarrollaría en Argentina todo un conjunto de teorías, técnicas e intervenciones
prácticas en el campo de la orientación profesional, que serían canalizadas por un Estado con intenciones
planificadoras. Y al comenzar a perder hegemonía el Estado, también lo haría aquella modalidad de orientación
profesional, al ser reemplazada por una perspectiva clínica, centrada en las demandas del individuo.
PERÍODO DE LA DISCUSIÓN DEL ROL DEL PSICÓLOGO Y DE LA PSICOLOGÍA PSICOANALÍTICA (1960-1983)
El debate sobre el rol del psicólogo estaba originado por la urgencia en clarificar una nueva función profesional, todavía
imprecisa. En uno de los extremos del debate, se sostenía el papel del psicólogo como psicoanalista o la propuesta de
Harari sobre no confundir el psicoanálisis como una profesión, sino que tal como planteaba Freud, debía considerarse
al mismo tiempo una teoría, una terapéutica y método de investigación. Esta posición fundamentaba que desde lo
estrictamente freudiano, el psicoanálisis era nada más que una psicología a secas cuyo objeto de estudio era el
inconsciente. En el otro extremo del debate, se sostenía la posición del psicólogo como agente de cambio.
Bleger consideraba que la psicología constituía un oficio más que una ciencia y definía el rol del psicólogo orientada en
una misma dirección. «El psicólogo es un especialista en tensiones de la relación o comunicación humana». Diferentes
posiciones se movían entre uno y otro extremo del debate. La contradicción entre el rol del psicoanalista y el de agente
de cambio no excluía el psicoanálisis para quienes optaran por esta última vía.
Ricardo Malfé, figura destacada sostenía que «un psicólogo no es solamente un mero conocedor de ese nuevo campo,
sino que debe encontrar estrategias de operación, incluso sobre una comunidad, lo que es más complicado». Pero al
mismo tiempo opinaba «que no puede formarse un psicólogo en forma científica sin preparación en Psicoanálisis.
En 1967, el gobierno de facto sancionaría la ley 17132, de ejercicio legal de la medicina, por la cual incluía las
actividades del psicólogo en el capítulo 9, destinado a los auxiliares de la medicina. Según el artículo 91 de tal
normativa, el psicólogo sólo podía desempañarse profesionalmente bajo dependencia del «médico especializado en
psiquiatría» y sólo «por indicación y bajo su supervisión».
El debate sobre los distintos campos de la práctica profesional se superponía con el debate acerca de definir el rol
adecuado para prácticas menos tradicionales. Un caso era en el ámbito de una comunidad terapéutica. Allí era
necesario replantear la distinción entre las instancias de evaluación y operación, ya que ambas se daban en simultáneo.
«El rol del psicólogo se plasma en función de las nuevas necesidades que vayan surgiendo, recibiendo modificaciones y
reestructuraciones. Es un rol en transición».
También se trataba de establecer el rol del psicólogo en la institución escolar y comenzaban a reconocerse distintas
actividades en el campo de la clínica y la posibilidad de terapias breves o de «procesos correctores de duración y
objetivos limitados». Esta propuesta de la psicoterapia breve debía contextualizarse en las necesidades de masificación
de la asistencia psicológica, de una asistencia popular y nacional.
En 1976 se produjo un golpe militar que tuvo un impacto sobre la psicología inmediato. Interrumpió bruscamente las
condiciones que habían favorecido el debate sobre el rol del psicólogo, secuestró e hizo desaparecer a una enorme
cantidad de psicólogos y estudiantes de Psicología, cerró carreras universitarias de Psicología, e inclusive visualizó a la
psicología como una de las ideologías que habían promovido una visión ajena a la tradición del país.
PERÍODO DE LA PLENA INSTITUCIONALIZACIÓN (DESDE 1983)
La transición democrática iniciada hacia 1983, con sus limitaciones, creó condiciones que favorecieron, 2 cuestiones
centrales para el desarrollo de la psicología. Por una parte, el pleno ejercicio público de la profesión del psicólogo, a
través de leyes, reglamentaciones y disposiciones que ordenaron jurídicamente el campo psicológico. Por otro, las
tentativas de constitución de una tradición académica en torno a la enseñanza y la investigación en psicología, la cual
había sido sistemáticamente interrumpida por razones de tipo ideológico-políticas en muchos momentos de los
períodos anteriores. Un primer rasgo que se destaca en el período, en lo relacionado con la profesionalización, es la
legalización plena del ejercicio profesional de la psicología, que se consolidaría en todo el territorio de la República.
Después de Malvinas y la dictadura, los psicólogos argentinos lograron algunas reivindicaciones en sus antiguos
planteos profesionales. Durante 1983 se habían sancionado leyes del ejercicio profesional en el sentido solicitado por
las entidades de psicólogos en Salta, Tucumán, Catamarca y San Luis. Estas coincidían en al menos tres características:
reconocían la plena autonomía del psicólogo, los diferentes campos de la práctica profesional y la pertinencia del
tratamiento psicoterapéutico en el campo clínico. A partir de diciembre de 1983, con la recuperación democrática y el
inicio de la normalización de las universidades, esos logros se afianzarían.
Recuperada la democracia, en agosto de 1985, el secretario de Asuntos Universitarios del Ministerio de Educación y
Justicia, Hugo Storani, convocaba jornadas de trabajo para la elaboración de las incumbencias del título de psicólogo y
licenciado en Psicología. En éstas participaron representantes de las universidades nacionales y privadas donde se
dictaba la carrera de Psicología, representantes de la Federación de Psicólogos y funcionarios y técnicos de la Dirección.
El resultado fue el proyecto de resolución aprobado a través de la resolución 2447/85 cuyas características eran:
. Haber surgido a partir de una amplia participación de los sectores involucrados.
. Haber contemplado, en sus 20 competencias, capacidades científicas con otras relacionadas con los distintos campos
del ejercicio profesional: clínico, educacional, jurídico, laboral y socio-institucional-comunitario
. Haber reconocido la incumbencia para la psicoterapia, en forma explícita: «efectuar tratamientos psicoterapéuticos de
acuerdo con diferentes modelos teóricos, específicamente psicológicos», aun cuando además, otras dos incumbencias
igualmente aludieran a dicha competencia: «realizar tareas de diagnóstico, pronóstico y seguimiento psicológicos» y
«realizar tareas de rehabilitación psicológica». La Resolución 2447 significó un giro fundamental sobre incumbencias.
Hay que señalar el impacto del retorno al país de un número importante de psicólogos exiliados durante la dictadura
militar, que obtuvieron posgrados o conocimientos en el extranjero introdujeron nuevas perspectivas teóricas. Los
fenómenos de globalización han contribuido a familiarizar a la psicología local con instituciones internacionales, como
la International Union of Psychological Science, la SocInteramericana de Psicología/Interamerican Society of Psychology
y la misma American Psychological Association. También la experiencia del Mercosur incluye un área de
compatibilización entre la formación y práctica profesional de los países de la región posibilita el intercambio
académico y profesional de otros países de la región, que salvo Uruguay, han transitado vías de desarrollo de la
psicología muy diferentes a la argentina. Todos esos factores han contribuido no tanto a debilitar el perfil académico
psicoanalítico, como a establecer los límites del mismo, y con ello a diseñar modelos curriculares alternativos.
DAGFAL: Para una Estética de la Recepción de las Ideas Psicológicas.
El objetivo de este trabajo es abordar algunas cuestiones metodológicas que plantean las historias de la psicología
realizadas en los países llamados “periféricos”. En particular, la posición “no central” de estos últimos pone a menudo
de relieve el problema fundamental de la recepción de las ideas acuñadas en los centros de mayor producción teórica.
La estética de la recepción, conocida también como escuela de Constanza, se fué transformando a partir de 1966 en
una teoría de la comunicación literaria. El objeto de sus investigaciones es la historia literaria definida como un proceso
que implica siempre tres factores: el autor, la obra y el público. Es decir, un proceso dialéctico, en el cual el movimiento
entre producción y recepción pasa por la intermediación de la comunicación literaria. La noción de recepción es
entendida en el doble sentido de apropiación e intercambio.
Hugo Vezzetti presentaba un panorama de la historia de la psicología en la Argentina en los siguientes términos:
Ahora bien ¿qué es lo argentino en esta historia? Los autores y los modelos de conocimiento son europeos en general y
franceses en particular. Frente a esto se suele acentuar la “dependencia” y la idea de la mera copia, el problema es más
amplio que el de una historia de la psicología y tiene que ver con la cuestión de la conformación de un pensamiento y
una cultura nacionales. Hay que resaltar la categoría de recepción: una apropiación activa que transforma lo que recibe
Dos años después, también Hugo Vezzetti presentaría una historia del freudismo en la Argentina haciendo estas
salvedades: Un punto de articulación es la insistencia en la dimensión de la recepción, una apropiación […] que no es
meramente reproductiva sino que reconstituye su objeto según la problemática que subtiende las operaciones de
lectura. Las lecturas colocan al texto en el marco de una tradición, lo incluyen en un ámbito de experiencia o se sirven de
él para impulsar un nuevo horizonte de problemas, para trastocar alguna región del sentido común o para establecer
nuevas formas de relación con el público. El debate de la categoría de recepción es pertinente para una historia de las
ideas psicológicas porque, de hecho, ya ha sido utilizada en la historiografía reciente de la disciplina. Ahora bien, más
allá de las declaraciones de principios, sigue en pie la cuestión de determinar cuál ha sido el verdadero provecho de
transpolar este concepto de la teoría de la comunicación literaria a la historia de la psicología.

La estética de la recepción y la historia de la literatura.


La recepción importa “un acto de doble faz que incluye el efecto producido por la obra de arte y el modo en que su
público la recibe”. Por esta vía, la estética de la recepción restituye todo su valor a la función activa del lector,
considerando que, a lo largo de la historia de la literatura, han sido los lectores quienes de manera sucesiva han
“concretizado” el sentido de las obras, por no decir que lo han fijado, o incluso establecido. Por ello, podría hasta
decirse que la historia de la literatura no es más que la historia de las interpretaciones de los textos.
La literatura puede “crear” nuevas realidades, empezando por generar sus condiciones de posibilidad, ampliando los
horizontes de la experiencia, formando la sensibilidad estética y renovando la percepción. Y aquí podríamos trazar un
paralelo entre las tríadas “obra-autor-público” y “mensaje-emisor-receptor”, de la teoría de la comunicación. La
recepción de una obra por parte del público, al igual que la recepción de un mensaje, da lugar a una respuesta, aunque
más no sea el silencio o la indiferencia. La rta ante una obra puede ser el simple placer estético, la toma de distancia
crítica o incluso un acto de creación, es decir la producción de otra obra de tal manera que el receptor se transforma
también en productor, teniendo la posibilidad de romper normas establecidas y de forjar nuevos cánones estéticos.
En consecuencia, el lector tiene una función de selección respecto de la tradición con la que se confronta: puede
apropiarse del pasado (incluyendo las interpretaciones realizadas por otros lectores) o puede rechazarlo y tratar de
superarlo. En cualquiera de los dos casos, la interpretación que realice será forzosamente parcial, ya que estará
limitada por su propio punto de vista, por su propia perspectiva, como veremos a continuación. Es en esta concepción
dialéctica, donde reside la originalidad de la estética de la recepción.
El recurso a la interpretación ubica a esta teoría en el plano de las ciencias del sentido. La conjunción entre
el efecto propio de una obra y su recepción activa en el lector responde a todo un “sistema de referencias
objetivamente formulable” que modula la disposición del lector frente a dicha obra. Jauss, basándose en la noción
husserliana de “horizonte de lo vivido” de expectativas y lo considera como el fruto de una experiencia intersubjetiva.
Este concepto de horizonte es central para la estética de la recepción porque permite una relación del presente y el
pasado que se aplica tanto al lector (en el momento que interpreta un texto) como al autor (en el momento en que lo
escribe), lo cual abre a una continua tensión entre el texto del pasado y el horizonte del presente y diferencia un
horizonte de expectativas sociales, más gral (sostenido por una precomprensión de la realidad cotidiana, del mundo y
de la vida) y un horizonte más literario, regido por los códigos estéticos de la literatura de la época, las normas del
género y por las formas canónicas de relacionar ficción y realidad. De este modo, en el proceso de recepción, el sentido
de una obra surge de una doble fusión de horizontes, que continuamente pone en relación dialéctica al presente con el
pasado y a la literatura con la sociedad.
La “estética de la recepción” y la especificidad de las ideas psicológicas.
Si se quisiera aplicar las categorías de la “estética de la recepción” a una historia de las ideas psicológicas debería
comenzarse por asumir que se trata de una transpolación de dominios, ya que entre los textos pertenecientes al campo
literario y aquellos que provienen del campo de la psicología existen toda una serie de diferencias. En primer lugar, es
necesario reconocer que en los textos literarios prima una voluntad de transmisión eminentemente estética, mientras
que en los textos psicológicos lo que suele querer comunicarse son los principios de una teoría o las particularidades de
una práctica. Sin embargo, aun cuando la dimensión estética no quede en primer plano, no puede negarse que, incluso
en los textos de tipo teórico, ella juega un papel insoslayable. Aunque el simple placer estético no sea su objetivo
principal, la producción y recepción de este tipo de textos también están condicionadas por los cánones literarios de
cada época, que determinan en el lector una cierta afinidad o un rechazo que no pueden explicarse solamente por
razones inherentes a los “contenidos teóricos”.
Por diversas razones, en cada momento histórico y lugar el “gusto” del público está más preparado para recibir algunos
conceptos, para adoptar ciertas teorías. Y es evidente que la constitución de ese gusto, la formación de esa
sensibilidad, es el resultado de una experiencia estética intersubjetiva, que entre otros factores responde a la literatura,
tanto psicológica como no psicológica.
Otra categoría de utilidad para la historia de la psicología, que va en el mismo sentido que las de horizonte de
expectativas e interés intelectual, es la de campo, del sociólogo francés Pierre Bourdieu. Ella busca dar cuenta de la
autonomía relativa de una comunidad (científica o intelectual, por ejemplo), respecto de otros grupos y de influencias
sociales más generales. El campo se define como un espacio complejo, con propiedades y reglas específicas que
constituyen un “sistema de relaciones objetivas entre posiciones adquiridas”, donde las ideas, los textos y las prácticas
tienen un valor relativo al carácter posicional de los actores, ya sean estos individuos, grupos o escuelas. A su vez,
dentro del campo, el acceso a posiciones de autoridad está supeditado a la acumulación de un capital simbólico
específico, lo cual implica necesariamente una dinámica de competencia y de lucha por la legitimidad, el concepto de
campo pone de relieve el carácter conflictivo de la legitimidad y el reconocimiento, que solo pueden provenir de los
pares que integran el propio campo, quienes a su vez compiten por la acumulación de un capital simbólico limitado.
Esta categoría, aplicada a la historia de la psicología, permite pensar el carácter específico de las ideas y las prácticas de
la disciplina, sin por ello perder de vista la dimensión social, cuya eficacia, sin embargo, resulta mediatizada por la
lógica de las relaciones del propio campo.
Otro concepto importante es el de problemática, entendido como un proceso generador que, como fruto de la
interacción social, plantea problemas comunes a un grupo determinado. Y aquí cabe hacer una distinción entre
problema y problemática. Los problemas puntuales remiten más bien a una dimensión individual y consciente, en la
que los actores se representan aquello que aparece ante ellos como un obstáculo o una dificultad.
La problemática alude en cambio a una estructura colectiva, patrimonio de un grupo, que es en gran parte
inconsciente, y que constituye el marco dentro del cual los problemas puntuales se hacen posibles.
Si consideramos con Danziger que las actividades que generan conocimiento tienen lugar en un contexto de resolución
de problemas, de allí se sigue que los objetos psicológicos no son el resultado de la invención de sujetos individuales,
sino que, forzosamente, responden a actividades constructivas realizadas por grupos que comparten una misma
problemática. Por ello, los verdaderos sujetos históricos no serán entonces los actores individuales, sino los sujetos
colectivos.
En resumen, los distintos conceptos que hemos examinado, a saber, el de horizonte de expectativas, el de interés
intelectual, el de campo y el de problemática, a nuestro juicio comparten algunas características comunes que los
hacen provechosos para una historia de la psicología que se pretenda crítica, a saber:
 Rompen con las viejas antinomias entre lo social y lo disciplinar, lo externo y lo interno.
 Comprenden los problemas históricos en un marco transindividual e intersubjetivo.
 Aspiran a una cierta objetividad, aunque no de manera ingenua.
Por otra parte, estos conceptos, además de ser articulables entre sí, resultan compatibles con una concepción de la
comunicación del conocimiento que considera los procesos de producción y recepción de manera dialéctica, pudiendo
dar cuenta así de la especificidad de la elaboración del conocimiento psicológico en países situados en la periferia,
como es el caso de la Argentina.
El interés reside en mostrar cómo detrás de esas supuestas copias carentes de valor hay un horizonte de expectativas
que es importante reconstruir, esas problemáticas a las que dan respuesta los objetos teóricos que es necesario
desmenuzar para restituir al proceso de recepción su carácter activo.
UNIDAD 2
JOSÉ INGENIEROS: PSICÓLOGOS FRANCESES
París, Agosto de 1906. Señor director de La Nación:
Todo el mundo se cree psicólogo. El más zurdo periodista se atreve a escribir la psicología de cualquier cosa: del
chisme, de la educación, de la bicicleta, de una época histórica, de una intriga de bastidores. Surgen psicólogos
doquiera y todas las cuestiones acaban por tener una psicología. Conviene, empero, distinguir psicólogos de psicólogos
y psicologías de psicologías. En las clínicas y en los laboratorios, por ejemplo, se cultiva un género que no es el que
repunta en las charlas de sobremesa mundana. Las funciones del espíritu, atribuidas otrora al alma, principio inmaterial
e intangible, han entrado en el dominio de la fisiología. El sistema nervioso, especializado para sintetizar las
sensaciones y dirigir los movimientos de todo el organismo animal, es el complicado engranaje de todos los fenómenos
que antes constituían las tres facultades autónomas del alma: inteligencia, sentimiento y voluntad.
El principio biológico de la división del trabajo ha producido en el sistema nervioso diversas diferenciaciones
funcionales. La médula se encarga de las reacciones simples y directas: la corteza cerebral de las reacciones más
complejas e indirectas. Entre la médula y la corteza cerebral existen centros nerviosos encargados de las reacciones
intermedias, cuya coordinación no puede hacer la médula ni requiere la intervención de la corteza.Las funciones
psíquicas son las más complicadas del animal viviente. Para estudiarlas se necesitan nociones generales de biología y
conocimientos especiales de fisiología general. Su estudio (objeto de la psicología) entra en el dominio de los fisiólogos
y requiere el concurso de sus métodos experimentales y de observación.
. Ha podido advertirse que las diversas enfermedades cerebrales producen alteraciones, disociaciones e involuciones de
la actividad mental, destruyéndola o desviándola, total o parcialmente.
El estudio de esos trastornos permite inferir datos preciosos acerca de las funciones normales; de ahí que para estudiar
psicología, además de ser fisiólogo conviene ser médico. Los estudios del laboratorio deben complementarse con los de
la clínica. El resultado convergente de esa labor bilateral constituye la psicología biológica, única digna del nombre de
ciencia; su campo de investigaciones no se limita a la “inteligencia humana” pues abarca las funciones psíquicas de
todos los seres vivos.
. En suma: la psicología tiende a ser el patrimonio de los sabios especializados en el estudio de las funciones del sistema
nervioso: el psicólogo debe ser, a la vez, un experimentador y un clínico. Estas dos condiciones pueden estar reunidas
en ciertos médicos; por eso, en todas las universidades modernas la enseñanza de la psicología suele ser confiada a
médicos y se lleva a cabo según los criterios comunes a la enseñanza fisiológica y clínica.
. El curso oficial de psicología se dicta en el Colegio de Francia. Hasta hace algunos años dictaba esa cátedra Ribot.
Cuando éste pidió su jubilación se planteó un conflicto. Los candidatos para sucederle fueron Pierre Janet y Henri Binet.
Janet tiene mayor preparación clínica, su cultura médica es grande, ha descollado en el estudio de las enfermedades
nerviosas y mentales, posee excelentes condiciones de expositor y cuenta varios libros en su haber intelectual. Binet es
más hombre de laboratorio, prefiere las investigaciones de psicología pedagógica, es una dedicación ejemplar y ha
escrito libros muy estimados. Janet es más clínico y mejor conferenciante; Binet es mejor experimentador.
La ventaja de este último para suceder a Ribot consistía en que vive consagrado a sus tareas experimentales, mientras
que Janet se reparte entre la ciencia y el ejercicio de la medicina sobre una vastísima clientela.
. Se optó por aplazar la provisión de la cátedra. Pero Janet quedo provisionalmente a cargo de ella, lo cual significaba
estar ya con un pie en tierra firme. Más tarde en el nombramiento definitivo Janet fue designado sucesor de Ribot. La
competencia clínica de Janet se equilibraba por la competencia experimental de Binet; las voces de expositor brillante
del primero se compensaban por la dedicación exclusiva del segundo a la ciencia.
Janet es un hombre entre los cuarenta y cinco y cincuenta años, de buena presencia. Prefiere tratar temas de psicología
clínica, en los cuales desarrolla vistas originales y demuestra una cultura excepcional. La experimentación normal, la
psicología introspectiva, sus relaciones con la filosofía y la sociología, las aplicaciones prácticas de su ciencia a la
pedagogía, la criminología y otras ramas afines, no tienen en sus cursos toda la amplitud que merecen. Verdad es que
una sola cátedra no puede abarcar todo. Podría enseñarse cada año una parte distinta, pero sería en perjuicio de la
especialización que constituye la indiscutible superioridad de este profesor. Para complementar su enseñanza, Janet
tiene un consultorio externo en la Salpetriere, anexo al servicio de Raymond, el sucesor de Charcot.
VEZZETI: AVENTURAS DE FREUD EN EL PAÍS DE LOS ARGENTINOS.
Capítulo 1: JOSÉ INGENIEROS EN LA RECEPCIÓN DEL FREUDISMO
Entre Janet y Freud
Ingenieros se refiere muy pocas veces a Freud, y cuando lo hace deja expuesto el repertorio de argumentos que
constituirán, durante muchos años, el núcleo de la resistencia al freudismo.
Su posición explícita muestra y transmite una matriz francesa de recepción de las ideas freudianas: Pierre Janet y su
crítica al psicoanálisis se anticipan a la lectura directa de la obra. En el agregado a la quinta edición de su conocida obra
sobre la histeria, en 1919, Ingenieros comienza por contraponer el “análisis psicofisiológico” que Janet realiza de la
histeria (a partir de los fenómenos del “automatismo psicológico”) al psicoanálisis de Freud y Breuer.
Pero esa separación que acentúa la distinción entre fisiología y psicología queda desplazada (y alterada en su
significación) cuando agrega que el psicoanálisis se concentra en “la vida emotivo-sexual de los enfermos”, con lo cual
indica un eje diferente de oposición: es la disposición pansexualista (aunque Ingenieros no use ese término) lo que
distingue a la disciplina freudiana. Esa prevención respecto de la generalización de la etiología sexual vuelve a aparecer
hacia el final del agregado mediante una comparación que arroja al freudismo fuera del campo de la medicina moderna
ya que, dice, bajo esa concepción no hay otra cosa que el resurgimiento de “la vieja teoría uterina de la histeria”.
Con ello dejaba establecido entre nosotros un núcleo central del cuestionamiento al freudismo, que se continuaba con
la acusación (reiterada veces desde entonces) que señalaba en él una disposición a proyectarse fuera de la medicina
“resbalando a un terreno demasiado práctico y mundano”.Pansexualismo y “mundanización” concentran, entonces,
esos dos nódulos interconectados de prevención frente al psicoanálisis.
Sin embargo, la breve exposición destinada a la concepción de la histeria en el primer Freud ofrece otro rasgo notable
que tendrá consecuencias en la recepción de lo que comenzará a llamarse el “método” psicoanalítico; me refiero a la
exposición de la teoría traumática y la insistencia en el “tratamiento” según el modelo del “desahogo verbal”.
No puede decirse que la exposición esté mal porque corresponde a la 1° teoría freudiana y sigue de cerca la exposición
de Janet, que mantiene a Freud en el círculo de las tesis de Charcot sobre la histeria traumática.
Ese papel cumplido por Janet en la caracterización del psicoanálisis, que marcó la temprana recepción de Ingenieros, se
cumplió a través de un texto polémico presentado en 1913 en el 18° Congreso Internacional de Medicina en Londres.
La inclusión es notable si se tiene en cuenta que esa revista prácticamente no publicó ningún otro artículo que se
refiriera al psicoanálisis en toda su trayectoria. Por un lado, trata de demostrar que lo que hay de cierto en los
descubrimientos y en los procedimientos del psicoanálisis ya estaba presente en el “análisis psicológico” (dice referirse
al que cualquier psiquiatra bien entrenado sabe realizar, pero en verdad parece hablar de su procedimiento) o en sus
propios trabajos clínicos. Por otro, denuncia en su conjunto la empresa freudiana, en particular las proposiciones sobre
la sexualidad, como una construcción abusiva y arbitraria, ajena al campo de la medicina.
La indagación de la obra que realiza Janet se concentra en la teoría de los recuerdos traumáticos y su papel en las
psiconeurosis; en ese sentido, toma como referencia central a las primeras formulaciones de Freud, desde la
“Comunicación preliminar” de 1893. Es importante destacarlo porque ese relieve de la versión “traumática” (con sus
consecuencias en cuanto a la concepción de la sexualidad y los usos del “método”) es lo que va a prevalecer durante
mucho tiempo. Janet cuestiona, ante todo, la amplitud y la generalidad de la etiología traumática, que podría ser
responsable de algunos pero no de todos los casos de histeria.
Su idea central es que la neurosis se sostiene en un conjunto de síntomas suficientemente complejo y que para su
desencadenamiento se requiere, junto al “recuerdo” (señalado por Freud) un “estado mental particular” definido como
“reducción del campo de conciencia” o “debilidad de síntesis psicológica”. Ese estado, dice Janet, no siempre está
asociado a los efectos del acontecimiento traumático y debe ser separado del recuerdo o “idea fija”.
Lo que subyace es una concepción que pretende dejar un espacio al estado fisiológico (algo que destaca Ingenieros
contraponiéndolo a Freud) frente al enfoque apegado a la causalidad propiamente psíquica, que va a predominar en
Freud a través de la noción de “defensa” y el papel de la represión.
Pero en este primer tramo de la crítica (focalizado sobre el concepto y el papel del trauma) Janet polemiza con un
Freud que permanece unido a Charcot, con lo cual, puede decirse, ataca a ambos con un solo golpe. Frente a la
unilateralidad con la que el psicoanálisis buscaría sólo los recuerdos traumáticos, el “análisis psicológico” sería una
investigación más integral y sistemática, apegada a la observación del paciente en distintas circunstancias y dispuesta a
remontarse a una pluralidad de factores: constitución hereditaria, etapa evolutiva, enfermedades, intoxicaciones.
Si Freud es cuestionado por pretender explicarlo todo mediante el postulado de un “principio general” (en este caso la
tesis traumática), lo que Janet ofrece como garantía de un saber y de un procedimiento médico legítimos es una técnica
de observación empírica y ciertas formas artesanales de tratamiento; con lo cual se prohíbe toda teorización y, por lo
tanto, cualquier discusión con el psicoanálisis.
Sin embargo, hay un punto en el cual asoma una divergencia que sin duda es teórica y que se afirma en la teorización
janetiana del “subconsciente”, enfrentada en primer lugar con Charcot. Su maestro en la Salpêtrière había acentuado el
papel de la sugestión (y la autosugestión) en las neurosis traumáticas de un modo que ponía de relieve el papel de las
representaciones mentales, lo que significaba proponer un mecanismo fundamentalmente psíquico en la etiología de
ciertas neurosis.
Freud reconoce más de una vez que partió de allí en su primera teoría de las neurosis, y es en ese estado de transición
“charcotiano” (que no duró más allá de 1896) que Janet lo fija para desplegar su batería polémica. A la concepción
psíquica del trauma (desarrollada en Freud con la primera teoría de la represión) opone las proposiciones
fisiopsicológicas, por decirlo así, del “automatismo psicológico”.
Lo determinante es cierto estado de conciencia estrechada (eso que Breuer, que seguía una dirección análoga, llamó
“estado hipnoide”) en el cual un “sistema” de fenómenos, que son a la vez psicológicos y fisiológicos, sostiene la
formación del recuerdo patógeno; éste ve favorecida su expansión por ese estado anormal de conciencia y por la
ausencia de representaciones antagónicas, y se desarrolla por asociación anexando imágenes y movimientos, todo lo
cual, en la mayoría de los casos, no sería causado por el acontecimiento traumático.
El sistema que subyace al complejo sintomático se desarrolla automáticamente, sin que sea necesario recurrir a la
intervención de representaciones fuertes que obrarían por sugestión y autosugestión.
He aquí la explicación “sencilla” que Janet opone a la proposición de Charcot desarrollada por Freud. De ello derivará su
apego a una concepción igualmente “fisiológica” de los procesos separados de la conciencia: la “subconciencia por des-
agregación psicológica”. Se trata de una forma específica de la conciencia histérica y de otras formas de
funcionamiento extranormal, que se corresponde con un funcionamiento psíquico deficitario y disociado; la mejor
ilustración de esa noción, se encuentra en el “polígono de Grasset”, reproducido y expuesto por Ingenieros.
Janet deja establecida la caracterización del psicoanálisis como doctrina “pansexual”. Y esto, desde la breve referencia
de Ingenieros en adelante, será uno de los lugares comunes del cuestionamiento al freudismo, recibido una y otra vez
como un eco de las lecturas aportadas por la psiquiatría y la neuropatología francesas.
Por una parte, viene a decir el profesor del Collège de France, el descubrimiento de las perturbaciones de la sexualidad
en el origen de las neurosis se remonta a Hipócrates y ha sido unánimemente admitido por neuropatólogos modernos.
El problema radica en la generalizar esa etiología en todas las neurosis; en el caso de Freud, que depende de una teoría,
frente a la diversidad empírica de la clínica que no admitiría, en el abordaje apegado a los hechos y globalmente
positivista de Janet, una reducción semejante. Pero la índole misma de la sexualidad de que se trata es la que está
puesta en cuestión. En efecto, Janet acusa al freudismo de no ocuparse de las “modificaciones físicas” del sexo (las que
se asocian a los efectos de la pubertad, menopausia, amenorreas) sino sólo de su “resonancia moral” es decir, en
términos algo ofensivos, de los “recuerdos traumáticos relativos a aventuras sexuales”. Aquí el problema central venía
a ser el descuido de la causalidad orgánica, es decir, la concepción de una sexualidad que se autonomizaba del
funcionamiento corporal y donde las representaciones psíquicas impondrían su dominación sobre lo fisiológico.
Se suman allí dos argumentaciones de diversa índole. La primera afirma que la generalización de la etiología sexual es
una exageración, pero no se pronuncia acerca de si la teoría causal es admisible, aunque limitada a algunos casos; la
segunda, en cambio, cuestiona la propia concepción freudiana de la etiología sexual que aparece, en esta versión
apegada al modelo del trauma, como una prolongación de la crítica básica al paradigma derivado de la neurosis
traumática de Charcot.
. La primera objeción exige, de un positivista tenaz que es es-clavo de los hechos, el recurso a la estadística. Si no en
todos, ¿en qué proporción de cuadros neuróticos intervienen perturbaciones de la sexualidad? Janet admite que en su
experiencia son más o menos las tres cuartas partes de los casos. Hasta aquí el psicoanálisis quedaría muy bien situado,
si se admite que se mostró capaz de explicar las razones etiológicas de una mayoría notable de los casos.
. Pero la objeción mayor apunta a la concepción misma del factor patológico sexual. Si destaco esa doble
argumentación es porque en la recepción psiquiátrica serán frecuentes los deslizamientos y las condensaciones; a
menudo la acusación de los excesos en los que incurriría el freudismo esconde la otra impugnación fundamental que
apunta a la concepción misma de una lógica de la sexualidad despegada de la fisiología.
Se encuentran allí los principios típicos no sólo del rechazo del freudismo sino también de su aceptación condicionada.
En los casos en que se elude la objeción de fondo basta atenuar esa radicalidad generalizadora presente en la
proposición “pansexual” para admitir una integración posible del psicoanálisis en la explicación de algunos casos —o de
algunos síntomas— dentro del ámbito polimorfo y complejo de las neurosis.
Por esa vía el psicoanálisis vendría a ocupar su lugar, junto a otras corrientes explicativas, en el capítulo
correspondiente de la psiquiatría, y se habría cumplido así el temor anticipado por Freud.
El tenor de la crítica de Janet no deja lugar a dudas respecto del juicio final sobre las consecuencias de la irrupción del
freudismo: su expansión pone en cuestión el fundamento mismo de la psiquiatría y la neuropatología en su
conformación moderna. Ante ese cuestionamiento de fondo resulta menos importante la objeción moral sobre la
sexualidad. Janet deduce del freudismo (como el joven médico al que se refiere Freud en “El psicoanálisis silvestre”
pero con una intención de crítica irónica) una terapéutica sencilla, el coito normal y regular.
Pero no se escandaliza por ello sino que elige objetar, con la casuística correspondiente, que hay casos de neurosis en
parejas que llevan a cabo una vida genital plena y sin conflictos aparentes, incluso sin las preocupaciones de un
embarazo no deseado porque existen impedimentos definidos; insiste así en oponer la fuerza de los hechos a los
excesos de la teoría. De cualquier modo, Janet no desconoce que el freudismo no promueve simplemente la
terapéutica de la incitación a la actividad genital y debe referirse a la psicoterapia de las neurosis según el modelo,
expuesto por Freud en “La psicoterapia de la histeria”, a saber, la investigación que saca a luz el recuerdo traumático,
de acuerdo con la teoría catártica.
Y aquí, en el nivel del método, la objeción apunta al objetivo mismo de la acción terapéutica, ya que para el profesor
Janet no basta con hacer consciente lo que llama las “ideas fijas” para hacerlas desaparecer: ése es sólo el “preámbulo”
de un “tratamiento moral” que busca, en la tradición pineliana, dirigir y reeducar.
Finalmente, el freudismo es acusado de emplear un lenguaje“vago y metafórico” y ocuparse de temas propios de la
filosofía; si entonces, el psicoanálisis aparece, para Janet, como una filosofía, el problema mayor es que pretenda ser
parte de la ciencia médica, que se instale junto a “la cama de los enfermos” y en “las salas del hospital”.
De modo que el cuestionamiento janetiano al freudismo insiste triplemente en esos rasgos que lo tornan ajeno a las
ciencias médicas, con argumentos que, si bien no son fácilmente compatibles, no dejan de ilustrar que el núcleo
fundamental de la resistencia anida en una cierta concepción de la medicina.
Y esto es lo que va a dominar en la recepción psiquiátrica, incluso en quienes busquen integrar el freudismo al campo
médico del que quedaba, en parte al menos, excluido.
Las objeciones podrían escalonarse. Por una parte está el problema del cuerpo: el psicoanálisis se sostiene en una
concepción de los síntomas que elude la fisiología. En segundo lugar se distancia de la medicina moral por cuanto
promueve una terapéutica que no se ocupa de “todo” el paciente y de su existencia moral; finalmente, interviene la
cuestión de la ciencia: en la medida en que no se circunscribe a la observación de los hechos, la voluntad de generalizar
teóricamente conduce a la especulación y la filosofía.
Sin embargo, aunque el carácter del artículo destaca esa cosmovisión médica, y eso es lo que domina en la recepción
psiquiátrica argentina, no puede desconocerse que el procedimiento analítico de Janet es psicológico y establece cierta
sintonía con las proposiciones de Bergson; pero no fue esa la versión de Janet que arribó a estas tierras.
Janet se presentaba, ante todo, como el representante de una “psicología médica”, cuyo sentido quedaba a la luz con la
expresión feliz “medicamento psicológico”, para aludir a las psicoterapias. Y fue la voluntad de desarrollar una
psicología clínica empírica, analítica y descriptiva, anexada al campo médico, lo que lo llevó a recuperar la trayectoria
de los viejos magnetizadores, en un camino que continuaba la conquista iniciada por Charcot.
Esa es la matriz de una “psicología médica” que Janet inauguró graduándose en las dos carreras —Filosofía y
Medicina— algo que George Dumas recomendaba a sus alumnos y que E. Mouchet hizo entre nosotros.
Ingenieros va a mostrar una vía de ingreso y un programa bien diferente en su obra propiamente psicológica. Pero
Janet ha dejado anclada la recepción del freudismo no sólo por la vía de esa batería de argumentos contrarios; también
impactó en quienes se propusieron incorporarlo y usarlo: el freudismo quedaba centralmente establecido en torno de
la teoría sexual traumática y el modelo catártico como un recurso evacuativo, un procedimiento de descarga asociado
al alivio resultante de una confesión de la sexualidad. También contribuyó a instituir ciertas “omisiones”. Para esa vía de
lectura psiquiátrica no sólo los sueños y la extensión a los actos fallidos de la vida cotidiana, sino también la teoría del
desarrollo de la libido, el narcisismo o el análisis de la cultura quedaban casi fuera de lo comprendido en la circulación
del freudismo. Esa temprana irrupción de Janet, a través de ese único texto, desempeñó un papel fundamental en la
recepción psiquiátrica de Freud y fue la fuente inspiradora de las objeciones del autor de Histeria y sugestión.
Fuera de eso no hay evidencias de que la propia obra de Janet haya tenido gran repercusión entre nosotros, a pesar de
que visitó la Argentina en 1932. Con esta remisión de los argumentos de Ingenieros al núcleo de ideas de ese trabajo de
Janet podría parecer agotado el examen de las relaciones del alienista argentino con la recepción del freudismo. Y sin
embargo, más allá de esos enunciados y aun de las convicciones de su antifreudismo, Ingenieros forma parte de esta
historia de un modo diferente del de Janet.
José Ingenieros contribuyó como nadie a establecer los límites en la psicoterapia y la sexualidad. En el primer caso
legitimó para la medicina mental argentina el campo de problemas de la hipnosis y la psicoterapia a través de una obra,
Histeria y sugestión, que expone las escuelas francesas de Charcot y de Bernheim. En cuanto a la sexualidad, en 1919
se sitúa en una posición cuestionadora del “pansexualismo”. Y sin embargo, por sus trabajos sobre la psicopatología
sexual y, sobre todo, por sus ensayos sobre la pasión amorosa contribuyó a construir un espacio (y un público) para una
lectura moderna del freudismo, en el marco de una “sensibilidad”, que sintonizaba con los aires de renovación
democrática y de reforma moral en la sexualidad.
La histeria es “la gran simuladora” de cuadros orgánicos, neurológicos en particular, los problemas del diagnóstico
diferencial están siempre presentes y en ese sentido es la clínica médica en su conjunto la que queda, puesta en
cuestión. La histérica se hace presente en la escena médica como la que engaña y parece ser otra cosa que lo que es. En
ese sentido, estudiar las formas de la importación de la clínica y las teorías de la hipnosis, que se producen
relativamente por fuera del dispositivo psiquiátrico, ayuda a pensar la relación difícil que se establecerá después.

Psicoanálisis y la institución psiquiátrica. La promoción de la hipnosis realizada por José Ingenieros en los primeros
años de este siglo vino a construir y legitimar un campo de problemas, en el cruce entre la renovación etiológica de la
teoría de las neurosis y los nuevos tratamientos centrados en la psicoterapia.
Psicopatología sexual: La obra de Ingenieros tuvo una repercusión en los medios nacionales e internacionales, con su
trabajo sobre clasificación de delincuentes basada en la psicopatología y en la obra comentada sobre la histeria. Pero la
producción fundamental sobre el amor sexual tuvo una repercusión mayor (los ensayos sobre el amor).
Estos textos de producción “literaria” tuvieron una amplia difusión entre un público no especializado a través de su
inclusión en las mismas publicaciones que difundían la narrativa sentimental popular La psicopatología sexual expone
su fundamento genético evolucionista y busca establecer principios estables en un campo que hasta ese momento era
“una simple enumeración empírica de observaciones no guiadas por ningún concepto general”. Su ensayo de
clasificación sistemática comienza por la exposición de la “formación genética de las funciones psicosexuales”, es decir
de las funciones reproductivas en línea con los fines de la especie. La “psiquicidad” es una propiedad de la materia viva
y deriva de la irritabilidad y el movimiento. Sin embargo, el evolucionismo de Ingenieros no sigue la conocida “ley
biogenética fundamental” de Haeckel, que tendía a reducir el desarrollo individual a la reproducción de la evolución de
la especie, sino que introduce en el individuo una dimensión volitiva que desorganiza la lógica determinista y abre un
espacio para el ejercicio de la libertad subjetiva. Es claro que surgen tensiones inconciliables en su sistema de
pensamiento, que han sido, por otra parte, señaladas.
La expresión psíquica de esas funciones reproductivas comprende, para Ingenieros, tres procesos distintos. La emoción
sexual de placer, forma evolutiva-mente avanzada de cumplimiento del fin biológico, tiende a constituir un hábito;
éste, como un carácter adquirido, se transmite hereditariamente para formar la tendencia que se corresponde con la
vieja noción de instinto pero que, dice Ingenieros con criterio moderno, no tiene la fijeza del instinto. En ese sentido,
comparte con Freud un NeoLamarckismo residual que lo lleva a acentuar la variación en el tiempo: la tendencia sexual
es adquirida en el curso de la evolución de las especies y fijada con caracteres especiales en la evolución humana.
La clasificación psicopatológica de la sexualidad que propone no hace sino desplegar el cuadro prolijo de los trastornos
(por déficit, exaltación o desviación) de la emoción, de la tendencia y del sentimiento.
Frente a la visión demonizadora que la medicina positivista había adoptado hacia la masturbación (y que se mantuvo
durante décadas en el discurso psiquiátrico) nuestro autor da cuenta de la existencia de la masturbación en ambos
sexos y la interpreta de un modo que revela esa superposición irresuelta entre la naturaleza y la cultura que sostiene su
pensamiento sobre el amor sexual. Ya que es la expresión de la intensidad de la tendencia instintiva y también forma
parte del aprendizaje de lo sexual. Justamente es el déficit de esa necesaria educación erótica el factor causal,
propiamente psicológico, de los frecuentes casos de déficit de voluptuosidad en la mujer: Aquí aparece una referencia a
Freud que rescata el cuadro de la “neurosis de angustia” (que traduce “neurosis ansiosa”) y la etiología propuesta por
el médico de Viena, que la adjudicaba a la incompleta satisfacción sexual, pero para insistir en una dirección que no
estaba insinuada por Freud, la responsabilidad del “egoísmo sexual” del parte-naire; se trata para Ingenieros de un
estado neuropático frecuente en mujeres cuya emoción sexual es muy rápida despreocupada en satisfacer al otro.
UNIDAD 3
PUCCIARELI: INTRODUCCION A LA FILOSOFIA DE DILTHEY
El carácter fragmentario de los escritos de Dilthey, la falta de expresión rotunda, la indiferencia por el empleo de una
terminología técnica personal y la despreocupación por usar expresiones nuevas fueron factores que determinaron su
silencio. Otra razón es el antagonismo de Dilthey con las tendencias dominantes de su época. Dilthey es un romántico
rezagado viviendo en una época positivista hostil a la filosofía. Forma su cultura en la historia y en la literatura, pero
asimila también algunos rasgos del positivismo imperante en su tiempo que cohíben el vuelo de su espíritu. Pero
mientras ellos vivían pendientes de las ciencias naturales, a Dilthey le preocupan las ciencias del espíritu. Este rasgo es
llamado por Pucciarelli la “superación del naturalismo” que lo aleja de las corrientes de su época. Cuando hacia fines de
siglo sobreviene el renacimiento de la metafísica, la nueva generación ve en Dilthey al enemigo de la metafísica, al
positivista preocupado por el problema de la historia.
LA PSICOLOGÍA DE DILTHEY: MATERIALES PARA EL PROBLEMA DE LA FUNDAMENTACIÓN DE LAS CIENCIAS DEL ESPÍRITU
Una parte de las investigaciones gnoseológicas de Dilthey tenía por objeto delimitar y defender la autonomía de las
ciencias del espíritu frente a las ciencias naturales. Pero después de lograr ese propósito era menester otorgar un
fundamento gnoseológico a las ciencias del espíritu. La obra de Dilthey constituye una lucha por la autonomía de las
ciencias del espíritu, al tiempo que un intento de fundamentación que debía coronar su primera tarea.
Dilthey creyó que la psicología podía proporcionar el fundamento de las ciencias del espíritu. Se puede decir que el
conocimiento de la vida anímica, realizado de un modo científico en la psicología, condiciona el estudio de las ciencias
de espíritu. Sin embargo, la psicología de la época no se prestaba para cumplir este propósito. Utilizando un método
que triunfaba en las ciencias naturales, había llegado a resultados equivocados y contradictorios, y se corría el riesgo de
trasladarlos a las ciencias del espíritu. En el fondo, todos operan sobre la misma concepción naturalista del hombre y
por eso coinciden en querer subordinar cualquier fenómeno psíquico a una conexión causal y explicarlo apelando a un
número de elementos, fuerzas y leyes determinado. Pero sólo pueden lograrlo mediante hipótesis. La ciencia natural,
que se ocupa de hechos que aparecen en la conciencia desde afuera como fenómenos aislados, reclama la hipótesis
como integrante necesaria de toda sistematización. Pero en psicología, el hecho anímico tolera hipótesis
contradictorias sin pretender comprender ninguna. Sobre tales bases no puede elevarse ninguna construcción segura.
La psicología de la época, con intención explicativa y proceder constructiva, desconoce la autonomía y la peculiaridad
del hecho anímico al intentar la síntesis mental mediante elementos e hipótesis sin advertir que en lo psíquico el
complejo precede a los elementos. La psicología, para Dilthey, estudia hechos como realidad, asi que él propone seguir
el camino inverso: valerse de un método descriptivo y analítico. Sólo así encontrarían una base segura las ciencias del
espíritu. La psicología descriptiva proporcionará el medio para lograr un conocimiento universalmente válido del
complejo psíquico en que descansan las ciencias del espíritu, las que, a su vez, sólo podrán articularse en un todo y
constituir un sistema si atienden al complejo psíquico que las ha originado.
La psicología descriptiva y analítica tiene por tarea exponer las partes y conexiones que aparecen uniformemente en la
vida anímica del hombre, y su importancia estriba en el hecho de que sus objetos son dados originaria e
inmediatamente y pueden ser verificados por percepción interna. Pero su misión no se limita al acaecer íntimo, ya que
también debe recoger y teorizar el aporte de los grandes conocedores intuitivos y empíricos del alma (poetas y
escritores). Finalmente, debe servir de base para una psicología explicativa, creando una terminología justa, ofreciendo
análisis seguros y facilitando un medio de contralor para las teorías explicativas.
Hasta 1894, al insistir en la novedad del método que proponía, Dilthey la llama “psicología descriptiva y analítica”
opuesta a la “psicología explicativa y constructiva”; y en otros lugares la llama “psicología estructural”, nombre más
adecuado según Pucciarelli, ya que destaca la noción de totalidad, de complejo cuyas partes solidarias estructuran al
conjunto de los procesos psíquicos.
En las investigaciones de Dilthey se pueden distinguir dos tareas de significación desigual: una sobre el problema de la
fundamentación de las ciencias del espíritu y que pertenece a la esfera de la teoría del conocimiento, y la otra aporta a
la renovación de la psicología empírica. Hay que distinguir en Dilthey, además, al crítico y al renovador. Entre sus
contribuciones a la renovación de la psicología esta su distinción de lo anímico con lo físico; la noción de totalidad de la
vida anímica y su influencias en los procesos psíquicos aislados; los tres conceptos fundamentales de evolución,
estructura e historicidad; su método descriptivo inspirado en el respeto por la peculiaridad de los procesos psíquicos; el
carácter teleológico de lo anímico y su relación con la voluntad, su análisis de vivencias, contenidos y actos.
Con los años, Dilthey se fue alejando de la psicología y orientándose hacia la teoría del conocimiento.
LA HERMENÉUTICA COMO FUNDAMENTO DE LAS CIENCIAS DEL ESPÍRITU.
La psicología de Dilthey comprende dos tareas distintas, opuestas a la psicología explicativa: la primera, se limita a
describir el complejo estructural de la vida anímica; y la segunda, busca “comprender”, interpretar el sentido del
complejo estructural y se podría designar como “psicología comprensiva”.
Desde 1900, y en parte bajo el influjo de la lectura de Husserl, Dilthey corrige su primer punto de vista y separa cada
vez más nítidamente estas tareas. Su psicología comprensiva se acerca a lo que será su nueva ciencia: la Hermenéutica.
Para comprender el mundo espiritual en su proceso histórico, la hermenéutica debe partir de las manifestaciones
sensibles de la vida, de sus objetivaciones, y revivir el proceso de su creación. La comprensión nos permite interpretar
sus expresiones y la hermenéutica mediante el análisis gnoseológico, lógico y metódico de la comprensión, nos asegura
la validez general de sus resultados. Estudiando la estructura interna de las ciencias del espíritu como un todo
autónomo, Dilthey descubre la relación de dependencia fundamental que consiste en la estructura Vivencia-Expresión-
Comprensión. La hermenéutica debe analizar esta relación y así se convierte en el fundamento de todo ese grupo de
ciencias. Estudia el complejo proceso que va desde el comprender a la vivencia por el camino de la expresión. Descubre
para cada grupo de expresiones la correspondiente especie de comprensión, analiza sus formas elementales y
superiores, y determina sus categorías fundamentales. La hermenéutica guarda relación con la psicología, porque se
basa en la vivencia y sus categorías son objetivaciones de vivencias.

COLEGIO NOVECENTISTA: MANIFIESTO CORIOLANO ALBERINI


El novecentismo es un movimiento estético español, inicialmente artístico y literario pero que se extendió a otros
ámbitos de la cultura. Data de principios del S. XX. El documento original del colegio novecentista describe que es una
institución argentina de cultura que fomenta la libertad del pensamiento y está constituido por una juventud estudiosa
que descontenta con la actual cultura argentina invoca al advenimiento de una nueva cultura nacional fecunda, con
nuevos ideales. La juventud novecentista afirma en el manifiesto sentirse huérfana de condignos mentores y debe en
forma perentoria suplirlos merced al propio esfuerzo autodidáctico. Por eso busca contribuir a renovar y dignificar la
cultura argentina. A través del hecho de aspirar al surgimiento de una cultura nacional rica de universalidad,
información amplia, espíritu hondo austero y progresista, siento el novecentismo argentino un idealismo militante.
En el colegio considera novecentista toda actitud espiritual que afirme táctica o explícitamente el carácter sustantivo de
la personalidad humana, este es el mínimum de doctrina que el novecentismo solicita al adepto, cualquiera fuere la
individual teórica filosófica, ética o política profesada. Este colegio reaccionara en contra de las formas superadas del
positivismo por lo que tiene de materialismo vergonzante, de dogmática metafísica rebosada de ciencia.
Sería entonces inmune de espíritu gnoseológico y axiológico y contra cualquier filosofía que afirma el carácter
epifenoménico de la personalidad humana. El colegio valora todo esfuerzo espiritual, la sustantividad y valor
hegemónico de la personalidad humana. No es una actitud idealista, sino una presunción vehemente del idealismo con
objeto de garantizar a sus miembros un máximum de libertad, aspiración surgida sobre las ruinas del positivismo
materialista o energético y de otras filosofías que socaban la personalidad y el mundo de los valores.
Lidia Peradotto: Apuntes tomados en la discusión del manifiesto novecentista. Revista humanidades, Tomo I año 1921:
“El positivismo es un materialismo vergonzante, erige la estrechez mental de espíritu en principio filosófico. Es enemigo
de la misma ciencia. Erige la ciencia en metafísica mecánica. Se cree realista, cuando en definitiva, como lo reconoce
Spencer, no hace sino hipostasiar la sensación kinética, creando así un concepto de materia que luego erige en cosa en
sí, para caer en eso que Renouvier llamaba “superstición objetiva”. Es incapaz de fundar la misma ciencia que deifica.
Lleva al automatismo absoluto, con lo cual socava el valor de sus propias afirmaciones. “El Novecentismo es la vuelta a
Kant en espíritu. “El novecentismo es creencia en la personalidad humana como valor supremo, es presunción
vehemente de idealismo. Su núcleo está en la personalidad, postulado axiológico. “Para evitar el dogmatismo, limitador
de la libertad, debe definirse en Novecentismo en espíritu, más que en la letra. “Debe ser un idealismo militante, una
crítica de la cultura argentina que carece de universalidad, de profundidad, de idealismo y de moralidad. “Definición de
Novecentismo Es Novecentista toda actitud espiritual que afirma, táctica o explícitamente, la realidad y el valor
hegemónico de la personalidad humana, frente de todo otro valor, cualesquiera fueran la inclinación política, estética,
religiosa, etc., preferida por el adherente. “Por eso simpatiza con toda filosofía o forma cultural que limite la
interpretación mesánica del universo y tienda a definir la personalidad humana en términos de libertad. De ahí que el
Novecentismo negativamente es una reacción contra el positivismo, en lo que éste tiene de materialismo vergonzante,
y contra toda especulación inmune de espíritu gnoseológico y axiológico. Desde el punto de vista afirmativo, el
Novecentismo al proclamar la realidad y hegemonía de la personalidad humana.
CARLI SANDRA: PRESENTACION DEL MANIFIESTO LIMINAR DE LA REFORMA UNIV.
Este texto es escrito por Sandra Carli, ella es doctora por la UBA, profesora de la facultad de ciencias sociales e
investigadora. Ex presidenta de la sociedad argentina de historia de la educación. Titular de posgrado de distintos
programas del país y el extranjero. Además autora de libros de historia de la infancia en argentina. En la actualidad
desarrolla una investigación de la experiencia universitaria en la argentina en tiempos pasado y presente.
Citando el texto del que posteriormente haré descripción ella lo retoma ya que pasaron 100 años de aquel manifiesto.
Presentación: el manifiesto preliminar del 21 de junio de 1918 titulado “la juventud universitaria de Córdoba a los
hombres libres de Sudamérica” constituye el texto inaugural del movimiento de la reforma universitaria, fue formado
por un grupo estudiantil. La revuelta estudiantil estaba marcada por una búsqueda de maestros y una lucha por una
universidad científica, moderna y democrática. El suceso tuvo origen en la universidad de Córdoba, esa universidad fue
fundada en el año 1613 sobre la base del colegio Máximo de los Jesuitas. La ley avellaneda sancionada en 1885 fijo las
bases sobre las que debía ajustarse los estatutos de las universidades. A principios del S. XX ya reiteradas veces se había
solicitado por parte de los alumnos una reforma, pero no se llevaba a cabo. Hacia 1918 los estudiantes denunciaron el
atraso científico de la universidad vinculado con el carácter extremadamente arcaico y elitista del sistema de gobierno
de la institución. Se solicitó entonces, necesidad de autonomía, gobierno tripartito paritario, asistencia libre, régimen
de concursos y periodicidad de la cátedra. El autor principal fue Deodoro Roca que en ese entonces tenía 28 años,
doctorado en la misma Universidad de Córdoba, sus textos combinan el socialismo, crítica antiimperialista,
antipositivismo y laicismo, juvenilismo y humanismo cosmopolita, incluyendo el compromiso político, revelando la
complejidad del clima de la época.
MANIFIESTO LIMINAR DE LA REFORMA UNIVERSITARIA. FEDERACION UNIVERSITARIA DE CORDOBA 1918:
La juventud universitaria de Córdoba a los hombres libres de América. Hombres libres, acabamos de romper la última cadena que
nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los
mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y el lugar donde las formas de tiranizar y de
insenbilizar hallaron la catedra que las dictara. Nuestro actual régimen universitario es anacrónico, fundado sobre el derecho divino
del profesorado universitario. La federación se alza para luchar contra este régimen. Reclama un gobierno estrictamente
democrático y el derecho de darse soberanía radica principalmente en los estudiantes. Exige entonces el derecho a exteriorizar el
pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes y la capacidad de intervenir en el gobierno de su
propia casa. La juventud universitaria de Córdoba saluda a los compañeros de América toda y los incita a colaborar en la obra de
libertad que inicia.
UNIDAD 4
PRIMER CONGRESO ARGENTINO DE PSICOLOGÍA
En 1954, cerca del final del segundo gobierno de Perón, se realizó en San Miguel de Tucumán el Primer Congreso
Argentino de Psicología, a instancias de un pequeño grupo de personas que, de diversas maneras, aplicaban la
psicología en el campo de la educación. Dicho grupo venía afianzándose desde 1949, año en que se realizó en Mendoza
el Primer Congreso Nacional de Filosofía, donde se dieron cita por primera vez algunos profesores universitarios,
filósofos y médicos interesados en el tema. El congreso de 1954 fue la culminación de una década durante la cual la
psicología había ganado terreno en el país básicamente a partir de la utilización de los tests psicométricos y proyectivos
en instituciones estatales vinculadas principalmente a la educación y a la orientación profesional. Si bien la disciplina no
contaba con figuras que sobresalieran por sus desarrollos teóricos, como a principios de siglo, sus múltiples aplicaciones
la habían difundido en el plano institucional a partir de la creación de institutos y carreras menores de psicología, que
comenzaban a pugnar por un mayor reconocimiento oficial. Es de notar la fluidez de los intercambios entre los
“precursores” de este grupo “pionero”. La mayoría de ellos se había desempeñado en instituciones de distintas
ciudades. Por ejemplo, Ricardo Moreno, uno de los Secretarios del congreso, había dirigido la Dirección de Psicología
Educacional y Orientación Profesional de La Plata entre 1949 y 1952, antes de emigrar a Tucumán. Plácido Horas,
egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, creó en San Luis en 1952 una institución con el mismo nombre a
partir de sus contactos personales con Moreno. Por otra parte, publicaba asiduamente en la Revista de Educación, de La
Plata. Luis María Ravagnan también escribía a menudo para esa revista, además de dictar clases en la UBA y de llegar a
ser Director de la mencionada Dirección de Psicología de La Plata. Pucciarelli, en Tucumán, había sido decano de la
Facultad de Filosofía y Letras, dictando clases a su vez en la UBA y en la UNLP. Guerrero había hecho otro tanto en la
UBA y en la UNLP, pero, además, había estado en la Universidad del Litoral. Este grupo tan heterogéneo, conformado
por filósofos, pedagogos y psicotécnicos parecía haber logrado los consensos necesarios para comenzar a gestionar
ante los poderes públicos la creación de la carrera universitaria de psicología.
Se celebró, entre los días 13 y 22 de marzo, en la ciudad universitaria de Tucumán el Primer Congreso Argentino de
Psicología. Nacido por iniciativa de un grupo de jóvenes profesores de la Facultad de Filosofía y Letras (Oscar Oñativia,
Ricardo Moreno, Ricardo Nassif, Diego Pro) las autoridades de la Universidad le prestaron amplio apoyo. El número
considerable de comunicaciones recibidas obligó a distribuir las tareas en diez comisiones, con el siguiente temario:
Problemas históricos y epistemológicos de la psicología; Psicología general, especial, social y del arte; Técnicas
psicológicas de exploración; Aplicaciones educacionales, médicas, forenses y militares y económicas; Perspectivas y
necesidades de los estudios psicológicos en nuestro país. Al crecido contingente de profesores argentinos se sumaron
delegados extranjeros y a parte de los delegados de las universidades args concurrieron representantes de los
Ministerios de Asuntos técnicos, Defensa nacional, Aeronáutica, Marina, Trabajo y previsión y de Salud pública de la
Nación.

En la sesión plenaria realizada en la ciudad de Salta el 22 de marzo se aprobó una ponencia relativa a la Creación de la
carrera universitaria del Psicólogo profesional presentada y concebida en los siguientes términos:
“El Primer Congreso Argentino de Psicología” declara la necesidad de crear la carrera universitaria del Psicólogo
profesional con arreglo a las siguientes condiciones:
1) Se establecerá como sección autónoma en las Facultades de carácter humanístico, aprovechando los institutos ya
existentes y la enseñanza que se imparte en esas y en otras Facultades que puedan ofrecer su colaboración (Medicina,
Derecho, Ciencias Económicas, etc.);
2) La carrera comprenderá un plan completo de asignaturas teóricas y la debida intensificación práctica en las distintas
especialidades de la profesión psicológica, otorgando los títulos de Licenciado en Psicología (previa tesis de
Licenciatura) y de Doctor en Psicología (previa tesis de Doctorado);
3) Establecerá además carreras menores de Psicólogos auxiliares en los distintos dominios de la Terapia médica,
Pedagogía, Asistencia social, Organización industrial y otros campos de aplicación a las necesidades de orden nacional y
a las regionales servidas por las diferentes universidades argentinas”.

GENTILE ANTONIO: EL PRIMER CONGRESO ARGENTINO DE PSICOLOGIA.


El “Primer Congreso Argentino de Psicología” reunido en el mes de marzo de 1954 propició la creación de las carreras
universitarias. Considerando la amplitud de su programa científico puede tomarse como un evento histórico en el cual
se representa un cuadro de situación de las ideas y las aplicaciones de la Psicología argentina a mediados de siglo.
Justificación del tema: El estudio del 1° Congreso Arg de Psicología es relevante para la investigación histórica porque:
. El temario es un documento que representa la variedad de ideas o doctrinas que dieron forma al saber de la Psicología
en nuestro país hacia mediados del siglo.
. Tal heterogeneidad se amalgamaba disimulándose en lo que se convertiría en la suposición esencial para la
legitimación de la Psicología: su capacidad de “aplicación”.
. Un conocimiento aplicable en acciones dirigidas al “bienestar” justificaba tanto su organización académica como la
invención de un agente que lo ejerciera; el Congreso propició la creación de las carreras universitarias de Psicología
como así también el perfil “profesional” del futuro egresado. En este sentido al año siguiente, en 1955, se inauguró la
primera carrera universitaria de “Psicólogo” de la Argentina en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación
con sede en la ciudad de Rosario.

Presentación histórica El congreso fue organizado por la Universidad Nacional de Tucumán y sesionó entre el 13 y el 20
de marzo de 1954 en las instalaciones de la Ciudad Universitaria “Eva Perón” de Tucumán y entre el 20 y el 22 del
mismo mes en la ciudad de Salta y determinaron las características fundamentales del país para las décadas siguientes,
en lo cultural,ideológico y social. Este primer congreso de Psicología fue organizado por una institución estatal con la
intención de que contribuyera una planificación racional de la actividad del estado; por ej “Que el estudio de las
aplicaciones de las disciplinas psicológicas a los problemas de la educación, la industria y el comercio, la defensa
nacional, la medicina y el derecho, es de sumo interés para la tarea en que está empeñado el Estado argentino al
facilitarle una serie de valiosos aportes para una planificación racional de su actividad” (Universidad Nac de Tucumán).
El Primer Congreso Argentino de Psicología fue propiciatorio para la creación de las carreras universitarias y para la
invención de un nuevo profesional: el psicólogo. Atendiendo a la organización temática del congreso es posible inferir
un modo de organización del saber de la psicología como independiente de la medicina y de la filosofía, ámbitos
académicos dentro de los cuales tradicionalmente se la incluía.
El interés político del estado por el desarrollo académico y profesional de la Psicología -en la Argentina a mediados de
los años cincuenta-, no fue privativo del estado peronista sino que se correspondía con una especie de “prestigio” de la
Psicología que se difundía por toda América. El 17 de diciembre de 1951 se constituyó en la ciudad de México la
Sociedad Interamericana de Psicología la que promovió la realización del “Primer Congreso Interamericano de
Psicología” en diciembre de 1953 en República Dominicana. En el libro de actas de dicho congreso, considerado “la
primera reunión de psicólogos de América” se puede comprobar la casi unánime coincidencia de los autores en resaltar
la importancia de la Psicología en la obtención del bienestar humano.
El “estado de bienestar” era un valor ideológico-cultural muy consistente en esa época y atravesaba por igual a las
ideologías políticas más encontradas. En esa función trascendente de la Psicología coincidieron en la Argentina
peronistas y antiperonistas; vale en este punto un hecho que ilustra lo dicho: la primera carrera de psicólogo que se
organizó en una universidad argentina fue la de Rosario -a principios de 1955- y funcionó durante poco tiempo;
producido el golpe de estado que derrocó a Perón el nuevo equipo responsable de la universidad, de signo político
antagónico, reprodujo en lo esencial el modelo académico - profesional que prohijara el peronismo.
Concluiremos este pantallazo histórico refiriéndonos brevemente a la obra institucional de la Prof. Erminda Benitez de
Lambruschini, miembro participante del Congreso de Psicología que nos ocupa. En 1947 a sus instancias fue creada la
Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Rosario,
de la que fue primera decana. En el seno de esa Facultad creó el 29 de abril de 1953 la carrera menor de Auxiliares de
Psicotecnia. Entre el 13 y el 22 de marzo participó del Congreso que recomendaría la creación de las carreras de
Psicología. El 14 de mayo de 1954 fundó el Instituto de Psicología de la mencionada Facultad de Filosofía, Letras y
Ciencias de la Educación y un año más tarde, el 13 de mayo de 1955, se inauguraron los cursos de la carrera
universitaria de psicólogos propiciada por la profesora Benitez, Carlos Lambruschini y Armando Asti Vera. Uno de los
considerandos justificatorios de la creación de la carrera fue, precisamente, la recomendación hecha por el Primer
Congreso Argentino de Psicología.
En la sesión plenaria de cierre del Congreso, el 22 de marzo de 1954 en Salta, se aprobó por unanimidad la declaración
a la que venimos refiriéndonos y que fue presentada a la asamblea por Juan Luís Guerrero, Eugenio Pucciarelli, Alberto
Palcos, Francisco González Ríos, Carlos Astrada, Ricardo Moreno, Oscar Oñativia, Plácido Horas y Luís María Ravagnan.
“El Primer Congreso Argentino de Psicología declara la necesidad de crear la carrera universitaria del psicólogo
profesional con arreglo a las siguientes condiciones: I.- Se establecerá como sección autónoma en las Facultades de
carácter humanístico, aprovechando los institutos ya existentes y la enseñanza que se imparte en esas y en otras
Facultades que puedan ofrecer su colaboración (Medicina, Derecho, Ciencias Económicas, etc.); II.- La carrera
comprenderá un plan completo de asignaturas teóricas y la debida intensificación práctica en las distintas
especialidades de la profesión psicológica, otorgando los títulos de Licenciado en Psicología (previa tesis de
Licenciatura) y de Doctor en Psicología (previa tesis de Doctorado); III.- Establecerá además carreras menores de
Psicólogos auxiliares en los distintos dominios de la terapia médica, pedagogía, asistencia social, organización industrial
y otros campos de aplicación a las necesidades de orden nacional y a las regionales servidas por las diferentes
universidades argentinas.”
Comisión de honor, autoridades del Congreso y adhesiones oficiales
Esta comisión estaba encabezada por el presidente Juan Domingo Perón y conformada por los miembros eminentes de
los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de la nación y de las provincias sedes además de las autoridades militares,
académicas y eclesiásticas. El Congreso Argentino de Psicología tuvo la adhesión de los Institutos Oficiales de Psicología
dependientes del estado nacional. Del Ministerio de Educación, Del Ministerio de Defensa, Ministerio de Salud Pública,
Ministerio de Obras Públicas: Gabinete de Psicotecnia, Dirección de Asistencia Social (Buenos Aires) (Universidad
Nacional de Tucumán, 1955b). Reproducir esta nómina quizás sea de utilidad como un primer índice para alguna
investigación futura sobre las características de la psicología como psicotecnia en los organismos del estado, ya que se
conocen documentos de los centros universitarios pero no así del resto de las dependencias ministeriales.
En el apartado final de esta contribución - Epílogo - volveremos sobre un posible efecto de la identificación del
congreso como un evento “peronista”.
Temario del Congreso Se componía de diez capítulos:
1) Problemas históricas y epistemológicas de la Psicología. 2) Psicología General
3) Psicología Especial: a) Psicología genética y comparada, b) Psicología diferencial, caracterológica y de la personalidad
y c) Psicología evolutiva del niño y del adolescente. 4) Psicología Social y del Arte.
5) Técnicas psicológicas de exploración: a) Psicoestadística y b) Tests psicométricos y proyectivos.
6) Aplicaciones educacionales: a) Psicología del educando y del educador, b) Higiene del escolar y c) Educación
diferencial y orientación vocacional.
7) Aplicaciones médicas: a) Relaciones de la psicología con la medicina, b) Técnicas de exploración y contribuciones
psicológicas a las especialidades médicas, y c) Psicopatología e Higiene Mental.
8) Aplicaciones forenses y militares, etc. 9) Aplicaciones económicas.
10) Perspectivas y necesidades de los estudios psicológicos en nuestro país. Este temario es un inventario o un estado
de situación de los conocimientos psicológicos a mediados de siglo en la Argentina; por supuesto que no es el único
posible pero nos parece significativo de un modo de organizar el saber de la Psicología para su transmisión académica
en el más alto nivel y para legitimar la invención de un nuevo profesional: el psicólogo. La distribución temática del
Congreso respeta una estructura que se puede encontrar reproducida con pocas variantes en casi todas las curricula de
las carreras universitarias de psicología que se irán creando en la Argentina. Esa estructura se compone de una mitad
que podría denominarse básica o de los fundamentos, en la cual se consideran temas históricos y epistemológicos,
teorías psicológicas generales, investigaciones diferenciales y evolutivas, adiestramiento en técnicas de exploración y la
dimensión social de la disciplina, y de otra mitad que llamaremos aplicaciones de la psicología, por las que se responde
a necesidades sociales dando origen a las especialidades profesionales, dichas aplicaciones son educacional, médica
(será posteriormente la psicología “clínica”), forense y militar y económicas; es decir el amplio terreno de lo que en la
época se conocía como Psicotecnia.
Colegios invisibles: La temática de las aplicaciones educacionales de la psicología fue la que despertó el mayor número
de intereses entre los autores y reunió la mayor cantidad de ponencias. Le siguieron las temáticas relacionadas con las
técnicas psicológicas de exploración y con las aplicaciones médicas de la psicología. En estas tres áreas se concentró el
45,6% de los autores y en ellas se inscribió el 42,91% de las comunicaciones.
En aplicaciones educacionales de la psicología nueve trabajos trataron cuestiones relacionadas con las discapacidades
sensoriales y neurológicas, cuatro abordaron los problemas de la readaptación, cinco se refirieron a los distintos niveles
de la orientación escolar y profesional, nueve abordaron temas de política educacional o pedagógica, hubo un sólo
trabajo histórico, tres ponencias se refirieron a las aplicaciones de tests en la escuela, ocho trabajos se dedicaron a los
trastornos del temperamento, carácter, atención del escolar y a la relación maestro discípulo, una suerte de
psicopatología educativa; el resto de las comunicaciones versaron sobre tópicos teóricos de la pedagogía, la psicología,
las singularidades de la adolescencia. No se registraron trabajos experimentales sobre aprendizaje.
En el Primer Congreso Argentino de Psicología se hizo manifiesto el interés por las aplicaciones educativas, la
exploración psicológica y las aplicaciones médicas -”clínicas”- de la psicología; esta relación psicología- educación-clínica
será una característica de la psicología en la Argentina. Está ausente el paradigma y el estilo conductista tan difundido
en los EEUU y en otros países de América y son escasas las investigaciones básicas, experimentales o de laboratorio.
Todo lo cual se complementa con un perfil profesionalista del egresado que hacia fines de la década del cincuenta
egresaría de las universidades argentinas con el título de Psicólogo.
Epílogo. ¿Cuál fue el destino de las Actas del Congreso?
La frase que nos parece significativa es “...perdimos la pista de todo cuanto estaba archivado...”.
¿Cuál fue el destino de los trabajos que conformarían los nueve tomos de la memoria del Congreso? Nosotros
descartamos que los organizadores hayan “perdido la pista” por desidia o desinterés, la hipótesis que proponemos es
que todo lo archivado cayó bajo el siniestro efecto proscriptivo de la represión de estado aplicada sistemáticamente
luego del golpe militar de setiembre de 1955. Dicho de otro modo, la pista que conducía al archivo se perdió porque
una orden mandaba borrarla. Sustentamos esta hipótesis o quizás sea más apropiado llamarla conjetura en lo
siguiente: el partido peronista fue disuelto por las autoridades militares por decreto nº 3855/55 (Nación Argentina,
1955); por decreto nº 4161 del 5 de marzo de 1956 se extiende la represión prohibiendo el uso del nombre de Perón y
de toda inscripción que recordara o aludiese al peronismo depuesto (Nación Argentina, 1956). En los considerandos de
dicho decreto se expresa que la simbología peronista “ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino afrenta
que es imprescindible borrar...”. Este decreto proscriptivo llevó la firma del general Pedro E. Aramburu, del almirante
Isaac Rojas y la de todos los ministros del gabinete y en su parte final establecía las penalidades -desde multas hasta
prisión- para quién no lo cumpliera o lo hiciese cumplir. Oscar Terán caracterizó a este acto de barbarie como “una
cruzada dispuesta a sellar a cal y canto hasta las fuentes de la producción simbólica peronista, cruzada que chocaba
además con la persistencia de esa identidad política en vastos sectores populares”.
¿Es inconsistente conjeturar que uno de los tantos efectos de esa norma proscriptiva, verdadero acto de terrorismo de
estado y emblema de intolerancia, haya sido el borramiento de las pistas que conducirían a la publicación completa de
las memorias del Primer Congreso Argentino de Psicología?
MONASTERIO, RAVAGNAN, ROLLA: FORMACIÓN Y FUNCIÓN DEL PSICÓLOGO.
Resulta obvio señalar en nuestro tiempo que la superación del dualismo tradicional ha coincidido con el advenimiento
de una concepción del ser humano como totalidad orginiaria. En consecuencia, los procesos psíquicos reconocen su
trama biológica y el organismo se torna, por ende, esencialmente psíquico.
Tal concepción reclama el concurso de diversas ciencias para considerar los diversos problemas que afectan al ser
humano en su totalidad. La presencia del psicólogo queda justificada en las múltiples dimensiones de la conducta, cuya
interpretación exige la participación de todas las especializaciones científicas que puedan contribuir al exámen y
solución de diversos problemas que refieren a la vida mental, aprendizaje, relaciones humanas, delitos, etc.
La carrera de Psicología que se cursa en la Facultad de Humanidades de la UNLP, ofrece un plan de estudios acorde a la
naturaleza unitaria del hombre. La formación recibida de índole estrictamente científica, capacita para cumplir tareas
en el orden clínico, educacional y laboral.
 El campo de actividades del Psicólogo Educacional.
- Se ocupa de la orientación educacional y vocacional en los cuatro niveles de la enseñanza.
- Colabora en la elección de los métodos más adecuados a las características personales y de aprendizaje de los
alumnos y estudiantes.
- Asesora al maestro y al profesor en los aspectos psicológicos vinculados a la educación.
- Estudia problemas de rendimiento escolar, adapta o constrye pruebas psicológicas para examinar las aptitudes de
los estudiantes.
- Asesora al educador para crear un clima psicológico favorable para el proceso del aprendizaje.
Dicha formación pedagógica y psicológica que el médico no tiene, justifica la presencia técnica del psicólogo
educacional. El psicólogo educacional deberá solicitar al médico escolar diagnóstico y medidas terapéuticas necesarias
en los casos que deba establecerse la naturaleza de la enfermedad que afecte a un escolar.
 El Psicólogo Laboral se ocupa de la selección y orientación profesional en el campo de las relaciones humanas en los
lugares de trabajo, y no en sujetos que presentan problemas médicos.
- Estudia, planifica e investiga acerca de las funciones psicológicas que participan en el desempeño de una
ocupación y en la realización del trabajo.
- Elaboración de técnicas y recursos para contribuir a la solución de los problemas psicológicos que surgen del
trabajo y cuya solución puede proveer una realización armónica.
Estos hechos justifican la presencia técnica del psicólogo laboral. Cuando los problemas psicológicos se producen por
afecciones de cualquier naturaleza, caen bajo la competencia del médico laboral.
 El Psicólogo Clínico. Dicha denominación exige una aclaración: es una traducción literal de la expresión inglesa
“ClinicalPsychology”, rama de la psicología del campo de la psiquiatría, que colabora con el médico en el exámen de
algunos aspectos psíquicos que requerían técnicas psicológicas. Tiene por objeto definir las características y aptitudes
vinculadas al comportamiento mediante métodos de medición, análisis y observación. Se integra dicha información
con datos del exámen médico e historia social, para luego formular sugerencias y recomendaciones para la
adaptación del individuo.
- Su función radica en realizar el examen psicológico con técnicas científicas, interpretar los datos proporcionados,
establecer el dictamen psicológico y entregárselos al médico, quien formula el diagnóstico y las medidas
terapéuticas.
- No está en condiciones de tratar bajo su responsabilidad los trastornos funcionales de la personalidad (neurosis o
psiconeurosis) ni efectuar diagnósticos que corresponden al médico.
Las funciones enumeradas no invaden la jurisdicción de ninguna laboral específica profesional, sino que intentan
contribuir al desarrollo de un humanismo técnico, que abrace la totalidad humana comprometida.
Si bien la participación del psicólogo es ajena a todo ejercicio propio de las ciencias médicas, esto no implica que él
deba desconocer determinadas disciplinas o estudios particulares acerca de los cuales deba poseer la información
adecuada para que lo capacite para una eficaz colaboración.
La psicología puede captar la unidad biopsicosocial del hombre sin necesidad de recurrir a la medicina, la cual se ocupa
de la salud y la enfermedad en el ser humano. Aquí participan factores psicológicos. Este hecho puede justificar la
intervención del psicólogo en el equipo que integra las clínicas de la conducta.
El psicólogo no puede quedar excluido de ningún sector en el que esté presente un determinado problema humano. Su
título universitario, su preparación científica y la concepción holista de la conducta, le acuerdan valores suficientes para
intervenir en una acción conjunta como colaborador y miembro de un equipo.
UNIDAD 6
VEZZETTI & DAGFAL: PSICOLOGÍA, PSIQUIATRÍA Y PSICOANÁLISIS
(fALTANTE)
GALENDE: PSICOANÁLISIS Y SALUD MENTAL
Cap. 4: Los movimientos de psiquiatría institucional
Desde comienzo del siglo XX se producen críticas a la psiquiatría positivista y a la institución asilar. En EEUU, el
movimiento de higiene mental que llevo a la creación de colonias de rehabilitación. En Francia, un destacado
psiquiatra, Serieux, denuncia la situación de los internados, las condiciones de miseria en que habitan durante su
encierro. Se anima a mostrar la verdadera ignorancia científica en que se encuentra la medicina mental.
Desde el siglo pasado existían sectores de la sociedad, en general entre las clases altas, que creaciones instituciones de
ayuda a los enfermos internados: Patronatos de Ayuda al Enfermo Mental. Colaboraban en las condiciones de vida de
los internos con ayuda económica y a su externación los protegían durante un tiempo. En Argentina existen con
diferentes nombres hasta hoy. Otorgaban consejos en la búsqueda de empleo, apoyo financiero y tenían también como
misión la de lograr una aceptación mayor de la sociedad hacia estos individuos excluido de la vida social. No se puede
decir de estos movimientos que sean reformadores.
Más interesante en Francia fue el movimiento que generó Toulouse, psiquiatra que inicia la lucha por servicios abiertos
a comienzos de este siglo. Llego a crear e primer hospital psiquiátrico libre. El debate entre los partidarios de los
servicios abiertos, libres y los que defendían el asilo, cerrado, comenzó con el siglo. Lo impulso Serieux, fue agitado por
Heuder y Toulouse, y fue conformando una ideología antialienista que ha de triunfar finalmente con la liberación del
nazismo en Francia y la realización de la política del Sector.
La existencia de estos movimientos no logro modificar el panorama de la psiquiatría. Los movimientos de Higiene
Mental o de crítica asilar terminaron en instituciones humanitarias o de beneficencia para ayudar a los internados, sin
afectar tampoco al poder representado por el asilo psiquiátrico.
El psiquiatra dispone de un poder sobre el enfermo que no ha servido para producir ningún conocimiento ni para
comprender mejor sus operaciones practicas; y que además ha utilizado para defenderse del paciente, de la angustia
frente a la locura y lo desconocido. El enfermo, precisamente en cuanto internado, se adecua rápidamente a este poder
objetivante, que lo libera de la problemática real que no supo o no puede enfrentar. Ambos, psiquiatra y enfermo,
aceptan finalmente el poder de la institución que asigna lugares, distribuye saberes y regla el poder. Como afirma
Jaspers, el diagnóstico es finalmente un juicio de valor, reconociendo la incomprensibilidad de muchos procesos
patológicos. En la realidad institucional lo que no comprende es intrínsecamente malo, y debe ser doblegado o
reeducado. La guerra también ayudo a ver que la población de los hospicios provenía de los sectores más pobres de la
sociedad.
Tres hechos contribuyeron a partir del año ’45 a la reforma institucional de lo psiquiátrico. En primer lugar, la guerra ha
provocado la destrucción de las organizaciones de salud en los países de Europa, tanto en la cantidad de recursos
materiales y humanos como en los sistemas de cobertura y financiamiento. Por otra parte, la guerra dejó una cantidad
importante de individuos con necesidad de atención psiquiátrica. Esto hace necesario una reconstrucción acelerada de
los sistemas de atención, pero a la vez facilita que puedan introducirse reformas en el sistema. En segundo lugar, la
guerra genera un crecimiento de las posiciones humanistas, tras el horror de lo vivido. En este contexto, el psicoanálisis
y la reflexión fenomenológica atraen a muchos intelectuales y también a algunos psiquiatras y psicólogos que van a
potenciar en el plano de las ideas la necesidad de un cambio en las relaciones que instituye la psiquiatría asilar.
Finalmente el mismo crecimiento de las posiciones humanistas tiene su expresión política en el ascenso de los sectores
populares, progresistas y democráticos a los gobiernos de Europa y hace a los Estados más sensibles y dispuestos a los
planteos innovadores en salud. La medicina social tiene entonces su primavera europea de la mano de los laboristas en
Inglaterra, el compromiso histórico comunista-cristiano en Italia y el Frente Patriótico en Francia. La reforma de la
psiquiatría forma parte de este movimiento.
Las comunidades terapéuticas
Si bien la denominación “Comunidad Terapeutica” se oficializa con Maxwell Jones, ya en 1943 Bin y Rickman, que
trabajaban en el Northfield Hospital (Inglaterra) con soldados afectados mentalmente, organizaron grupos de enfermos
para realizar discusiones colectivas sobre sus problemas y para hacerlos participar también en el gobierno del pabellón.
El trabajo de este grupo de Northfield, donde se originó toda una corriente de psicoanálisis grupal, es conocido como
Comunidad Terapéutica. El Hendersen Hospital en el que Jones trabajo hasta los años ‘70, fue asociado al surgimiento
de estos tratamientos que se denominaron “socio-terapias”. Sus presupuestos no son ya médicos sino sociológicos.
Un principio básico de la comunidad terapéutica es el del aprovechamiento de todos los recursos de la institución, a la
que concibe como un conjunto orgánico, no jerarquizados, de médicos, pacientes y personal. Las caracteristcas
generales son:
a) Establecer una libertad de comunicación en todos los niveles, evitando la organización jerarquica de la comuncacion.
b) Tender al analisis de los intercambios institucionales en terminos de dinamicas grupales.
c) Crear espacios terapeuticos grupales y no bipersonales.
d) Liquidacion de las estructuras jerarquicas tradicionales, de carácter piramidal.
e) Generar un espacio social de reconocimientos reciprocos, como forma de fomentar la sociabilidad del grupo.
f) Proponeder a que la asamblea comunitaria, en lo posible en reunion diaria, sea el organo de gestion, organización y
evaluacion de todas las actividades.
Principios propuestos por Rappoport: propender a una democratización que otorgara idealmente el mismo valor de
opinión para todos, incluidos médicos, enfermeros y enfermos; generar un ambiente de permisibilidad que diluyera el
rostro siempre represivo de los reglamentos institucionales; construir una comunidad de intereses y objetivos, que
consoliden al grupo en las tareas propuestas; propender a una relación de la comunidad con el exterior. La instalación
de en hospitales psiquiátricos de estas comunidades hizo difícil la concreción de estos principios.
Durante algunos años, el montaje de las comunidades terapéuticas en asilos y hospitales psiquiátricos se convirtió en el
nuevo rostro de la institución psiquiátrica. Detrás de los servicios de comunidad terapéutica sobrevivió, más
desprestigiada y repudiada que nunca, la vieja psiquiatría asilar, con sus hedores y miserias.
Sin embargo, más allá de las críticas que ha merecido el dispositivo institucional de la comunidad terapéutica, el
panorama asilar cambió a partir de ella. La guerra forzó a los psiquiatras en Europa a mirar fuera de los hospitales.
Algunos volvieron a los asilos, pero ya no fue lo mismo: no se pudo seguir siendo psiquiatra sin hacer explícita su
función social. En la inmediata posguerra se había producido una importante modificación de los esquemas político-
culturales de la sociedad inglesa, con una participación inédita de la comunidad en responsabilidades sociales.
El gobierno laborista implementó una medicina social y un sistema de cobertura previsional. El éxito, aunque relativo,
de la despsiquiatrización que impulsó la comunidad terapéutica, no hubiera sido posible sin este contexto político y
esta conciencia social. En 1953, la Organización Mundial de la Salud, recomendó la transformación en comunidad
terapéutica de todos los hospitales psiquiátricos. Solo se tomó una parte de la recomendación: se construyeron con
una parte de la población internada comunidades terapéuticas, que funcionaban junto a la organización tradicional del
asilo. Esta, creemos, fue la razón mayor del fracaso. Basaglia sostuvo siempre que toda reforma que permita alguna
forma de existencia del asilo, termina por ser absorbida y neutralizada por éste.
En los años ’50 se va definiendo el nuevo reordenamiento de lo mental en el mundo. Crecen las socioterapias y se
plasman muchas comunidades terapéuticas.
Con las políticas de Salud Mental se modifica la concepción del daño psíquico: éste es puesto nuevamente en relación
con la vida social.
Las políticas del sector
Un aspecto clave de la psiquiatría del Sector fue considerar a las cuestiones de la salud y la enfermedad mental como
cuestiones no internas a la psiquiatría, es decir, que no podrían ser pensadas ni resultas en el espacio intrapsiquiatrico
exclusivamente. La concreción de la ideología del Sector provino de las condiciones sociales y políticas de posguerra y
del Frente Popular. Por eso, el Sector forma parte de la política de salud que el Frente en el gobierno implementó en
pro de una medicina social. Un encuentro fructífero entre psiquiatras reformadores de su institución y una sociedad
que se hace sensible a asumir su compromiso con la salud y el bienestar de la comunidad.
Los principios
1- Crítica al asilo, toda la política en Salud Mental se basa en el rechazo de toda forma de segregación de los enfermos.
2- Integración en todos los niveles: a) integración del enfermo mental en el conjunto social;
b) subordinación del hospital psiquiátrico a la totalidad de la red de instituciones y equipamientos de higiene mental
del Sector, de modo que son los equipos de Salud Mental siempre la primera instancia; c) implementación del equipo
del Sector en el medio donde vive el enfermo (atención e internación domiciliaria, asistencia en y con la comunidad,
etc.); d) entender al Sector como unidad de integración y dimensionado de acuerdo con la capacidad del equipo
médico-social.
3- Asegurar la unidad e indivisibilidad de las tareas terapéuticas: a) integrando en una sola red o cadena a todos los
equipos del Sector; b) haciéndose responsable cada equipo de la totalidad de las fases del tratamiento o intervención
preventiva; c) asegurando la unificación y coherencia por el equipo de salud mental de todas las operaciones
terapéuticas implicadas, desde la consulta, de manera de tener un control homogéneo de todo el plan terapéutico.
4- El equipo de Sector es la “celular productiva” de cuidados en Salud Mental, alrededor del cual se ordena el conjunto
de dispositivo material e institucional. La fluidez de las relaciones internas, la concentración de la información que
supervisa y distribuye por todo el Sector, garantiza que las divisiones jerárquicas y burocráticas no obstaculicen la
eficiencia en la aplicación de las estrategias terapéuticas.
5- El equipo de Sector es el agente de Programación, capaz por sí mismo de formular en términos cuantitativos y
cualitativos las necesidades de equipamiento, establecer las demandas de la población, diseñar programas específicos e
implementarlos.
A partir de los años ’70 se produce todo un replanteo de la idea del Sector, basado en una reconsideración de los
asentamientos urbanos, la pérdida de relaciones comunales, el anonimato creciente de los individuos, la dispersión de
las familias, etc. Parece correcto considerar un cierto fracaso de esta política. Fracaso en la generación de un poder
colectivo capaz de impulsar una nueva concepción de las relaciones poder-saber entre curadores y enfermos, ya que al
no lograr su traspaso a la comunidad éstos tienden a coagular en la figura del médico (ahora psicoanalista o
psicoterapeuta). El hospital psiquiátrico quedo, una vez más, intacto y con nuevos prestigios.
Sin embargo, el panorama de la Salud Mental en Francia y no es caracterizable por el asilo. El hospital psiquiátrico, en la
sociedad actual, solo puede vivir en el seno de su crisis, pocos piensan que represente una solución moderna al
problema de la locura.
En salud mental actualmente conviven en Francia camas psiquiátricas, muchas aun en los viejos hospital psiquiátricos,
hogares intermedios, hospitales de día, hospitales de noche, planes de facilitación de vivienda privada a pacientes
externados. Esto nos muestra un desplazamiento desde el centro de la atención en hospitales psiquiátricos, hacia una
periferia de Centros de Salud Mental que tienden a gestar una nueva conciencia social de los problemas de salud y
enfermedad mental.
La política de desinstitucionalización en Italia
En relación con las experiencias del Sector francés, en Italia la reforma es posterior, a partir de los ’67 y por lo tanto
había ya una aplicación, aunque parcial y esporádica, de los ideales del Sector y existían algunas comunidades
terapéuticas. Basaglia, por entonces director del Hospital Psiquiátrico de Gorizia, supo impulsar un movimiento social y
político de logro en pocos años el cierre definitivo de un número importante de estos establecimientos.
Algunas cuestiones clave del pensamiento y la propuesta de Basaglia: la psiquiatría es definida como la práctica de una
contradicción, pero que se escinde y niega. En esto ve la función de encubrimiento que hace la medicina mental, ya que
desplaza el problema sociopolítico que el enfermo y la institución representan hacia una solución técnica-científica.
El problema sigue siendo, en cuanto al asilo, el mismo con que se encontró Pinel: discernir entre el marginado por la
pobreza o el desamparo social, el recluido por asocial o delincuente y el loco, a quien la psiquiatría significo como
enfermo. Basaglia trata de no ubicarse en sitio que ocupó Pinel, acepta y se compromete con la dimensión sociopolítica
del problema del asilo, y advierte contra el encubrimiento que acompaña las categorías teóricas y técnicas. El enfermo
mental se constituye socialmente como tal en tanto estigmatizado social, es víctima de una exclusión violenta, como el
pobre, el asocial, el delincuente. Porque Basaglia toma la dimensión global del enfermo en su contexto sociopolítico,
indisociable, necesita cuestionar las propuestas de la psiquiatría comunitaria, crítica sobre la cual va a surgir su
propuesta de desinstitucionalización. Síntesis del proceso italiano en tres ítems: a) el incidente de Gorizia y el diseño de
la política;
b) el Programa de Psiquiatría Democrática y la Ley de Salud Mental; y c) hacia donde se avanza: los resultados.
El incidente de Gorizia
El hospital psiquiátrico de Gorizia era un asilo típico. En los años ’70 Basaglia, director del hospital, junto a otros
trabajadores del mismo, se plantearon una crítica del funcionamiento, que se concretaron en propuestas para
convertirlo en un hospital abierto.
Se produce el crimen que dio lugar al llamado “incidente de Gorizia”. Un paciente, internado desde hacía 10 años, que
había salido por unos días de visita a su casa, mata a su esposa a golpes de hacha. La prensa aprovecha este episodio
para atacar toda la experiencia de apertura y transformación del hospital y Basaglia fue acusado de homicidio
responsable y procesado. Este proceso no prosperó y finalizó dos años después sin condena. Este episodio, dio lugar a
un gran debate público sobre la experiencia de la transformación del hospital y, por ende, de todo el problema asilar.
Este caso tiene la virtud de provocar el desnudamiento de los factores que convergen en la sociedad para mantener el
asilo. Las autoridades, tanto del gobierno central como los consejos provinciales, piden cautela en el proceso de
reforma de modo que no se conmocione el tejido social. Hay tolerancia para que el hospital se transforme en
comunidad terapéutica, pero siempre que se mantenga el control sobre los enfermos internados. Se propone a la
comunidad que se creen centros de Higiene Mental, insertos en la población y dirigidos ya no solo por los psiquiatras
sino también por las fuerzas políticas representativas y líderes de la comunidad. El problema va tomando entonces un
carácter más amplio: ya no es un debate interno de la medicina, sino una articulación de cuestiones ideológicas y
políticas a la función médica del hospital. Frente a las trabas que la administración provincial pone al plan de
externación y apertura del hospital, el equipo terapéutico, junto a su director, decide renunciar a sus cargos.
El programa de psiquiatría democrática y la Ley de Salud Mental
A partir de las experiencia de Gorizia y luego desde el Hospital Psiquiátrico de Trieste, que también dirigió y cerró
Basaglia, se fue conformando una doctrina del grupo que es la que finalmente, y con el apoyo político y social con que
cuenta la psiquiatría democrática, orientó toda la reforma psiquiátrica hasta la aprobación de la ley de Salud Mental en
1978. Las propuestas son las siguientes:
a) Generar un movimiento social y político organizado para apoyar en una primera etapa la apertura de los hospitales
psiquiátricos, para lograr posteriormente su cierre definitivo.
b) Se emprende la tarea, para incluir a los pacientes internados en el proceso de apertura, haciéndolos protagonistas de
su propia externación: visita a las familias, reencuentro con amigos, formación de clubes de ex internados, búsqueda de
empleo y de vivienda, etc.
c) Se agrupa a los pacientes, dentro y fuera del hospital, para realizar “colectivos de externación”, un espacio grupal de
elaboración de todas las vicisitudes del proceso de externación y reinserción social.
d) A partir del cierre del Hospital Psiquiátrico de Trieste, se trabaja con los enfermos para su instalación fuera del
hospital, algunos en nuevos hogares de ancianos, otros en casa que el Estado dispone. En estas casas se continúa el
trabajo colectivo de reinserción social.
e) Se va clausurando el hospital, a medida que se desocupa. No se admiten nuevas internaciones ni reinternaciones.
f) Los pacientes externados que requieren atención psiquiátrica son asistidos en el Centro de Higiene Mental de la zona.
g) Algunos pacientes que no pueden ser desinstitucionalizados por incapacidades diversas son conducidos a hogares
especiales para vivir, en general, sin tratamiento psiquiátrico, es decir, una forma no psiquiátrica de
institucionalización.
El gobierno decide sancionar la nueva ley de Salud Mental en 1978. Por esta ley se establece que a partir de su sanción
no puede admitirse ningún paciente nuevo en los hospitales psiquiátricos de toda Italia y tampoco se puede reinternar
a ningún enfermo que haya sido externado. Para aquellas internaciones obligatorias que se crean necesarias (es decir,
sin consentimiento del enfermo), deben certificar el pedido al menos dos médicos y una autoridad civil local. Solo
puede internarse por un periodo fijado y no mayor de diez días. Estas internaciones, al igual que las voluntarias, pueden
hacerse en los servicios de psiquiatría de hospital general.
La ley crea en cada Unidad Sanitaria Local un Departamento de Salud Mental, el Servizio d’Igiene Mentale (S.I.M). Todo
el sistema está basado en la participación política local. En toda la primera etapa se trabajó principalmente en el S.I.M.
con los pacientes que se habían, o estaban siendo, externados, para proveer ayuda de resocialización. El enfoque es
más comunitario, se tiende a no objetivar la enfermedad. Esta primera etapa fue ampliamente exitosa. Se logró la
desinstitucionalización masiva de enfermos, al mismo tiempo que se creaban las condiciones para prevenir la
hospitalización, se cerraban hospitales psiquiátricos aseguro un nivel adecuado de resocialización; se logró agitar a la
sociedad sensibilizándola al problema de la exclusión y encierro, consiguiendo aceptación de los enfermos liberados.
¿Hacía dónde se avanza? Los resultados
El proyecto de psiquiatría democrática trataba de crear una conciencia social diferente sobre el enfermo mental que
hiciera posible políticas de salud mental no centradas en el internamiento. Este proyecto no era viable sin la
constitución de un frente social y político que lo legitimara y lo impulsara en el seno de sus demandas por un bienestar
general.
La población, los médicos y personal de las instituciones psiquiátricas, la organización administrativa del Estado, la
organización política no son espontáneamente permeables a un proceso de transformación como el que se inició en
Italia. La familia, la población, tiene incorporada una conciencia medica sobre la enfermedad mental y el trato al
enfermo que no es fácil cambiar.
La negativa de este movimiento a construir teorías alternativas lo priva de fundar métodos consistentes de abordaje.
Un tema pendiente es si la socialización del paciente, en la familia o la comunidad, es en sí misma suficiente para
resolver la problema subjetiva del enfermo, o si es necesario acompañar alguna forma de tratamiento. Al no fundar una
alternativa en la práctica, los pacientes reciben habitualmente tratamiento psicofarmacológicos.
La experiencia de la reforma en Salud Mental en Italia no está cerrada. Pero creemos que una de sus mayores
enseñanzas ha sido la de mostrar la inmediata contextualización social y política que acarrea toda crítica al sistema
institucional de la psiquiatría y la revelación, por lo mismo, de la complejidad de elementos en juego: la fuerza de las
disciplinas, los efectos sociopolíticos de los saberes constituidos, los requerimientos de institucionalización de lo mental
por parte del aparato estatal, la presión de una conciencia social, cuyas representaciones de lo sano y enfermo están
dominadas por la existencia social de saberes constituidos y disciplinas reguladoras del consenso. Todo intento de
procurar una reforma del dispositivo de la Salud Menta, luego de de la experiencia adquirida, no puede obviar la
necesidad de actuar sobre estos diversos planos de manera conjunta.

La psiquiatría comunitaria en Estados Unidos


En EE.UU, luego de la Segunda Guerra Mundial todos los problemas ligados a lo mental se habían agravado. Los
exámenes para la incorporación a las fuerzas armadas mostraban altos índices de rechazos por cusas mentales; el
regreso de los veteranos aumento las necesidades de asistencia. En la misma población, los problemas por trastornos
psíquicos habían hecho crecer notablemente las consultas. En esos años se creó el “Grupo para el Desarrollo de la
Psiquiatría”, que nuclea a jóvenes psiquiatras y psicoanalistas, muchos de los cuales habían servido en el ejército
durante la guerra. Este grupo fue tejiendo relaciones políticas a partir de diversos proyectos de reforma de la
psiquiatría. Cuando se aprueba la ley Kennedy de 1963, aportará al proyecto el grueso de los técnicos para la creación
de los Centros Comunitarios de Salud Mental. Cuando en 1946 se aprueba la ley nacional de Salud Mental, Felix, que
era Director de Higiene Mental e impulsor de la reforma, pasa a ocupar el cargo de Director del Instituto Nacional de
Salud Mental que la ley creo. Esto es esencial para el comienzo de la reforma. En el período que va desde la creación
del Instituto hasta 1960, las medidas que se tomaron fueron más bien de humanización de algunos servicios y sobre
todo la promoción, apoyo y financiamiento de una formación profesional más ligada al psicoanálisis.
El Congreso de los EE.UU. decide en ese año formar una Comisión Especial para que le informe sobre la situación de la
Salud Mental en el país. La elección de Kennedy como presidente estuvo muy ligada a la defensa de una política social
de protección a las minorías, de asistencia a los pobres, solución a los desempleados, atención médica para ancianos,
etc. poco después de asumir Kennedy estaban dadas las condiciones para el lanzamiento de la reforma bajo la
confección de un Programa Federal de Psiquiatría Comunitaria.
La ley Kennedy y los centros comunitarios de Salud Mental
En 1963 Kennedy habla ante el Congreso de los EE.UU. planteando la doble necesidad de un nuevo tipo de servicios
para atender los problemas de la salud y enfermedad mental y proceder a democratizar las viejas instituciones
psiquiátricas. Reclama fondos federales para la aplicación de un Programa Federal de Salud Mental, basado en la
creación de Centros Comunitarios. Ese mismo año el Congreso aprueba la ley Kennedy. Esta ley encontró muchas
dificultades para su implementación, y fue en 1965, asesinado ya Kennedy, que se implantó en todo el territorio
nacional.
La propuesta de la reforma era sobre todo sustituir las instituciones asilares, por Centros Terapéuticos. Se trata de
pasar de una concepción del aislamiento a una terapéutica en la comunidad, en libertad, con la asunción por los
individuos mismos de su responsabilidad sobre sus problemas mentales.
La reforma psiquiátrica forma parte de un movimiento más general. No sólo se desinstitucionaliza la enfermedad
mental, sino que iguales soluciones se procuran para otras formas de institucionalización represiva (hogares de
menores, menores delincuentes, las cárceles, etc.) El Centro Comunitario de Salud Mental, institución madre del nuevo
dispositivo, debe estar abierto a todos los individuos de la comunidad, pobres y ricos, jóvenes o ancianos, enfermos
psicóticos o gente con neurosis leves, etc. La idea es clara: abolir las formas institucionales de la psiquiatría, expresada
en los hospitales psiquiátricos, requiere de una reformulación paralela de las teorías, las prácticas terapéuticas y de una
relativización de las categorías diagnósticas.
Los Centros se instalaron progresivamente en todos los Estados. Cada uno de ellos, aunque adaptado a la población
que cubría, debía contar mínimamente con cinco servicios, considerados básicos: a) consultorios externos para
atención ambulatoria de pacientes y seguimiento de expacientes de hospitales psiquiátricos; b) servicio de urgencias
psiquiátricas, bajo la dominancia de la “intervención en crisis”; c) servicio o departamento de admisión; d) servicio de
consulta y educación, dedicado a coordinar las actividades de prevención primaria y promoción de salud mental en las
organizaciones de la comunidad; e) servicio de internación total o parcial (Hospitales de Día, Hospitales de Noche).
La desinstitucionalización se basaba en una suerte de dispersión del asilo, creando una serie de instituciones
intermedias, mas agiles y económicas, para la recolocación de los enfermos y su reubicación en la sociedad. Al cabo de
unos años estos hogares para enfermos externados se fueron convirtiendo en nuevo depósitos de personas, ya que no
se resocializaban, como sucedió en Italia, sino que se los mantenía allí a un costo más bajo.
Las propuestas de la psiquiatria comunitaria
Durante la Segunda Guerra Mundial, Lindeman difundió un enfoque de intervención psiquiátrica preventiva al que
llamó “intervención en crisis”. A diferencia de la intervención clásica psiquiátrica que opera sobre la patología
constituida en un individuo, la intervención en crisis consiste en actuar sobre la familia, el grupo social, la institución
escolar, etc., en el momento en que ha surgido una situación difícil. Esta intervención puede ayudar a una resolución de
la crisis que facilite el desarrollo y fortalecimiento psicológico del grupo, evitando que la crisis se fije y se resuelva en
una patología individual.
Más adelante, Caplan, psiquiatra norteamericano propone encarar los problemas de la salud mental con una actitud
preventiva generalizada, que logre implicar a la comunidad en cada uno de los niveles de intervención preventiva que
propone: prevención primaria, secundaria y terciaria.
La prevención primaria es el conjunto de acciones sobre los factores que hacen que una comunidad o grupo humano
funcione de modo patológico o tenga capacidad de provocar patologías mentales en sus miembros.
La prevención secundaria incluye las acciones asistenciales clásicas sobre individuos detectados enfermos o con riesgo
alto a enfermar. La prevención terciaria son las acciones a desarrollar sobre las consecuencias de la enfermedad, las
condiciones de rehabilitación, las instituciones de internamiento y reeducación, los hogares intermedios, la reubicación
en sociedad. Este nivel de acción fue muy importante durante la reforma, ya que el proceso de desinstitucionalización
exigía una intervención amplia.
La intervención en crisis y la psiquiatría preventiva conforman la ideología básica de la psiquiatría comunitaria.

UNIDAD 7
PICHON RIVIERE: TEORÍA DEL VÍNCULO
El objeto central de las investigaciones psicológicas es el campo psicológico, donde se establecen las interacciones
entre la personalidad y el mundo. El concepto de situación es importante porque connota las modificaciones en que el
medio es el agente, en tanto que el concepto de conducta connota las modificaciones en que la personalidad es el
agente.
El objeto mismo de la psicología es el campo de la interacción. Antes se consideraba que este campo era hueco o vacío
a causa de la dicotomía que la psicología clásica establecía entre el individuo y la sociedad. Pichón se plantea
trabajando precisamente ahí, en el sitio donde antes existía una dicotomía entre individuo y sociedad.
El campo psicológico según Lagache ofrece al investigador cinco clases principales de datos:
1) El contorno, definido como el conglomerado de situaciones y de factores humanos y físicos que están en
permanente interacción. La situación interpersonal estudiada profundamente y que sirve para todo orden de
investigación es la situación analítica.
2) La conducta exterior espontánea o provocada;
3) La vivencia, o sea la experiencia vivida, inferida por la conducta exterior y comunicada verbalmente por el sujeto;
4) La modificaciones somáticas objetivas aparecidas en una determinada situación;
5) Los productos de la actividad del sujeto. De modo que el campo psicológico estudia el contorno, la conducta exterior,
la vivencia, las modificaciones somáticas y los productos de la actividad del sujeto.
En psicoanálisis se ha tratado siempre de señalar que en cierto modo la teoría y la práctica están juntas en permanente
interacción, a través de un proceso en espiral dialéctica. Es decir que teoría y práctica se resuelven en el campo de la
investigación, cualquiera que sea ésta, en el momento mismo del trabajo operacional.
El analista, que trabajando e investigando al mismo tiempo, en el momento anterior a la formulación de una
interpretación recurre al uso de un esquema referencial que denomina esquema conceptual, referencial y operativo
(ECRO), con el cual construye la interpretación sobre la observación de todos los indicios obtenidos en las cinco
direcciones anteriores.
Con esta esquema y con los indicios señalados, se construye una interpretación sobre lo que está sucediendo, se le
formula al paciente y en el momento en que se formula (es el acto operacional), ya se hace la síntesis entre teoría y
práctica. Este esquema referencial es el instrumento de trabajo, dinámico y plástico en el sentido de que debe ser
rectificado o ratificado en cada momento y en cada pasaje del espiral.
El autor plantea, a lo largo del texto varias antítesis o dicotomías: normal/patológico (donde las variaciones son
predominantemente cuantitativas); conducta/conciencia (el aporte de Lewin permite demostrar la unidad de ambos
conceptos); consciente/inconsciente; psiquis/soma. Pero por ahí las más importantes o destacadas son las de
individuo/sociedad y la de constitucional/adquirido.
Con respecto a la dicotomía entre individuo y sociedad, el autor plantea que la sociedad está adentro y está afuera,
pero la sociedad que está adentro lo está de una forma particular para cada individuo. Podemos tener en cuenta la
acción del medio sobre el individuo, así como la acción del individuo sobre el medio y esto en un continua espiral
dialéctica
La otra dicotomía, la constitucional y adquirido, Pichón-Riviere va a decir que si no tomamos en cuenta el factor interno
y la manera en que la realidad es vivida por ese sujeto en particular de acuerdo con su historia personal, estamos
ignorando lo fundamental, la reacción particular de ese individuo ante una situación determinada.
Con respecto a las dimensiones de la temporalidad se puede ver cómo en cada acción del sujeto, en cada conducta, en
cada cosa que él hace o dice, en cada momento, están incluidos siempre su pasado, presente y futuro. Y a través del
emergente investigado en el análisis se indaga qué es lo que está condicionando la actitud y la conducta del sujeto en
ese momento. Al autor le interesa contribuir a la investigación de las motivaciones que dirigen la conducta actual y
presente del individuo, y trabajar más en profundidad con una teoría de la conducta. Si se actúa en ese contexto, se
podrá modificar el campo psicológico creando un nuevo campo operacional donde el psicólogo podrá operar en forma
activa.

El progreso de la psicología médica ha contribuido a poner de relieve la interdependencia entre el organismo y el


medio. El concepto de interdependencia y de actividad de intercambio entre los campos es un elemento tendiente a
transformar en operacional el concepto de articulación. Surgen así las disciplinas interdisciplinarias.
Para el autor, psicología es precisamente el descubrimiento de la interacción. Esta necesidad responde a la noción de
campo psicológico y a la de campo de las interacciones del organismo con el medio. Esta teoría del campo fue
sistematizada y desarrollada por Lewin y en ella se enfatiza la idea de que las conductas no dependen solo del
organismo y del medio sino de la interacción entre ambos. La noción de interacción es fundamental. Uno no puede
representarse una conducta sin establecerla en relación con otro. Pero la conducta en última instancia es comprensible
en la medida en que incluimos el mundo interno y los vínculos con los objetos internos. Podemos entender el
desarrollo de la personalidad como un proceso de socialización progresiva.

DAGFAL: EL PASAJE DE LA HIGIENE MENTAL A LA SALUD MENTAL EN


ARGENTINA
El objetivo del texto es mostrar cómo se fue modificando, en la Argentina, la relación entre psiquiatría, psicoanálisis y
psicología en el pasaje de la higiene mental a la salud mental, a lo largo de cuatro décadas. Luego de un inicio ligado a
sociedades y publicaciones afines a la higiene mental, Pichón-Riviére, terminaría promoviendo una articulación de las
distintas “disciplinas psi” con las ciencias sociales, cercana a las nuevas concepciones que acompañaron el surgimiento
del movimiento de la salud mental.
Luego de la caída del paradigma heredo-degenerativo que había dominado gran parte del siglo XIX, las causas de la
patología mental comenzaban a situarse del lado del medio, en términos adaptativos. Así, la higiene mental comenzaba
a hacer énfasis en las condiciones ambientales de la enfermedad. En este marco, para evitar la aparición de
enfermedades mentales, era necesario apelar a medidas profilácticas de tipo inespecífico, prestando atención a las
condiciones de habitación y de alimentación, promover el ejercicio físico y el deporte, entre otros, que contribuían a
una vida saludable. Esto es considerado un sesgo por el cual la higiene mental se termina confundiendo con higiene
pública.
La enfermedad mental admitía entonces ciertas diferencias de grado, lo cual hacía que las afecciones menos
importantes pudieran ser tratadas de forma ambulatoria, sin necesidad de hospitalización, recomendando estos
tratamientos para los alcohólicos, neuróticos y formas leves de la locura. Sin embargo, el higienismo mental nunca llegó
a cuestionar los asilos, sólo limitó sus indicaciones terapéuticas, abogando por mejores condiciones de internación.
La higiene mental en Argentina, siguiendo la tradición francesa, se había desarrollado directamente en la esfera
pública, en el marco de programas y acciones del Estado. Esto en oposición a la norteamericana, que surge en la
iniciativa privada con financiamiento igualmente privado.
LA HIGIENE MENTAL ENTRE FRANCIA Y ARGENTINA. El mayor impulso de la higiene mental llegó a la Argentina a partir
del impacto producido por la nueva tradición que planteó la “Liga de Higiene Mental” de Francia, la cual solicitaba la
creación de servicios abiertos para “psicópatas lúcidos y no agresivos”. Fue Toulouse (integrante de dicha Liga) quien,
en 1922, inauguró el Centro de Profilaxis Mental del Departamento del Sena.
LA LIGA ARGENTINA DE HIGIENE MENTAL Y LA REVISTA PSICOTERAPIA. Esta Liga fue creada en 1929 y dentro del grupo
fundador cabe destacar la figura de Gonzalo Bosch. Bosch, a su vez, no pudo escapar a las preocupaciones eugenésicas
que estaban a la orden del día; y es en este sentido que en 1933 fue nombrado vicepresidente de la Asociación
Argentina de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.
Frente a los fantasmas de la degradación de la raza, los higienistas se presentaban como los guardianes de un nuevo
orden, de una moderación “saludable” apoyada en principios científicos. Fue en este marco que, en 1931, nace la
Asociación de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social (nombrada previamente), en la cual cohabitaban fascistas
antisemitas con psiquiatras de ideas liberales y educadores laicos.
ENIQUE PICHON-RIVIERE Y SUS INICIOS EN EL AMBITO DE HIGIENE MENTAL. Pichón-Riviere era psiquiatra y
psicoanalista, devenido psicólogo social. Terminaría transformándose en el representante de una psicología de base
psicoanalítica que se implantó en la sociedad incluso más allá de la institución analítica y de la universidad. La
trayectoria de este psicoanalista entre los años 30 y 60 sirve para ilustrar el pasaje de la higiene mental a la salud
mental en Argentina.
En 1934, Pichón había comenzado a ejercer como practicante en el Asilo Regional Mixto de Retardados de la localidad
de Torres. Este asilo-colonia apoyaba su funcionamiento en una trilogía terapéutica que combinaba libertad, trabajo y
bienestar físico y moral. Fue en esta institución donde Pichón-Riviere realizó sus primeras prácticas profesionales.
Es su amigo, Federico Aberastury, quien parece haber tenido un rol importante en la orientación futura de su amigo.
Sería quien haría introducido a Pichón en la literatura psicoanalítica y quien también lo impulsó a unirse a la Asociación
de Biotipología, Eugenesia y Medicina Social.
PICHON-RIVIERE Y LA FUNDACIÓN DE LA APA. A finales de los años 30, tal autor comenzó a frecuentar a Arnaldo
Racovsky y con él conformaría el grupo local que posibilitó la creación de la Asociación Psicoanalítica Argentina a finales
de 1942.
El encuentro de Pichón-Riviere con el psicoanálisis se dio de manera bastante particular. En 1938, siendo ya jefe del
servicio de admisión del Hospicio de las Mercedes, emprendió la tarea de formar y sensibilizar a los enfermeros, con el
fin de mejorar las condiciones de vida de los pacientes. Para eso, los reunía en grupos, con el fin de discutir los distintos
casos a la luz de las concepciones psiquiátricas modernas, con resultados asombrosos. En 1945, su servicio fue privado
de enfermeros por razones políticas, y por lo tanto, tuvo que enfrentar ese problema utilizando como enfermeros a los
pacientes en “mejor condición”, a quienes formó en la técnica de grupos. Para Pichón tanto esta experiencia, como el
Asilo de Torres tomarían más tarde un valor fundacional.
De este modo, habría sido su voluntad reformadora y progresista la que lo habría llevado a cuestionar la lógica asilar.
En 1947, logró crear un servicio específico para adolescentes psicóticos en un hospicio, en el que habría comenzado a
utilizar técnicas grupales, siendo esta una experiencia innovadora. Sin embargo, ese mismo año debió renunciar a la
dirección del servicio, que terminó siendo cerrado. La experiencia del servicio de adolescentes llegó a su fin, pero entró
en el imaginario de los psi argentinos como el origen mítico de una tradición grupal autóctona.
El alejamiento de Pichón del hospicio dio inicio a la creación de una serie de instituciones que él mismo dirigía y que, en
un principio, funcionaba como complemento o extensión de la APA. Al mismo tiempo, seguía creciendo dentro de la
APA. Llegó a ocupar el cargo de presidente entre 1951 y 1953. Si bien los orígenes de Pichón estaban más cerca de
Jaques Lacan, su futuro estaría más ligado a una mezcla de kleinismo con psicología social lagachiana.
Después de las catástrofes de Hiroshima y Nagasaki, era necesario volver a pensar los fundamentos mismos de la vida
en sociedad. En ese contexto, el movimiento de la salud mental nacía gracias al impulso moral del cambio y la libertad,
basada en las posibilidades humanas de aprendizaje, tanto en los grupos como en las instituciones y en la sociedad en
su conjunto. Cambio, libertad y aprendizaje serían entonces algunas de las claves para comprender la salud del hombre,
quien a la luz de las ciencias humanas, ya no podría ser considerado fuera de su contexto sociocultural.
LA PSICOLOGIA SOCIAL PICHONIANA Y SU RELACION CON LA SALUD MENTAL. Entre los golpes de estado de 1955 y
1966, tuvo lugar una asombrosa renovación social y cultural, en el seno de la cual las universidades se democratizaron.
Entre 1957 y 1959, se crearon carrera de psicología en cinco universidades nacionales (Buenos Aires, Córdoba, La Plata,
San Luis y Tucumán). Comenzó entonces la historia de la psicología como profesión. Al mismo tiempo, el psicoanálisis
dejaba de ser patrimonio exclusivo de algunos médicos, para insertarse en ámbitos diversos, desde los hospitales
públicos hasta la carrera de psicología. Y en cuanto a la psiquiatría, aceleraba rápidamente su proceso de
institucionalización.
En este marco, y mientras florecían iniciativas interdisciplinarias en todo el campo psi, Pichón-Riviere comenzó a
alejarse gradualmente de la APA. Simplemente por sus intereses, dejó de participar en la institución madre para llevar
el psicoanálisis a la escena pública. Si bien nunca abandonó del todo el encuadre clásico (atención individual en
consultorio), que era el que primaba en la APA, su curiosidad ya apuntaba hacia otro tipo de iniciativas, más ligadas a lo
colectivo y a dispositivos grupales. En estos años se dedicaría a la elaboración de dos sus teorías principales: la teoría
del vínculo y la del grupo operativo. La primera de estas, en principio era una extensión psicosocial de la relación de
objeto kleiniana. Para él el vínculo era una estructura más compleja, más vasta que la relación de objeto, ya que incluía
también a la conducta. Las relaciones de objeto eran la cara oculta de los comportamientos manifiestos, de aquello que
Pichón denominaba “el campo externo”. (Este concepto está mejor explicado en el texto “Teoría del Vínculo” de
Pichón).
Si la relación de objeto remitía exclusivamente a la díada madre-hijo, el vínculo se refería más bien al grupo familiar. Y
es aquí donde se enlaza con la segunda teoría de Pichón-Riviere que es la de los grupos operativos. El enfermo era
aquel que asumía un rol patológico, que en realidad le era atribuido por los miembros de la familia. Era entonces el
“emergente dinámico” de una configuración vincular colectiva. El líder, el portavoz y el chivo emisario constituían roles
inherentes a la vida grupal. Podían ser desempeñados de manera sucesiva por miembros diferentes, en el marco de un
juego de atribución y asunción de roles concebido en términos de identificaciones proyectivas e introyectivas. En el
juego de roles había siempre un depositario, un depositante y algo depositado. La patología residía en la cristalización
de un rol, en la imposibilidad de desmarcarse de las funciones establecidas por los otros.

Podría decirse que la consecuencia de la teoría del vínculo fue la teoría de los grupos operativos. En este sentido, no
puede subestimarse la importancia de lo que el autor denominaba “esquema conceptual, referencial y operativo”
(ECRO, otro concepto que está mejor explicado en “Teoría del Vínculo”), el cual se modificaba en contacto con la
realidad, confrontándose a lo existente, lo cual daba lugar a nuevos “emergentes”, sobre los que había que trabajar.
La extensión de este concepto a los grupos hacía que la primera “tarea” colectiva fuera la de construir un ECRO común,
para poder actuar con eficacia. En 1958, el IADES bajo la dirección de Pichón, emprendió la tarea de probar los grupos
operativos a gran escala. Se planificó una ambiciosa intervención en la ciudad de Rosario, bajo la forma de laboratorio
social. Se trataba de “movilizar” a tantas personas como fuera posible, en un encuadre estrictamente implementado
por una veintena de coordinadores. Finalmente, la experiencia tuvo ligar en la Universidad Nacional del Litoral, en las
facultades de Economía, Filosofía y Letras y Medicina, con la colaboración del Departamento de Psicología y el Instituto
de Estadística. Si a fines de los años 40 los grupos de enfermeros conformados por Pichón habían constituido el mito de
origen de un enfoque innovador de la cuestión asilar, “la experiencia de Rosario” cumpliría esa misma función respecto
de una nueva psicología social.
CONCLUSIONES. Hoy en día, se pueden ver tres disciplinas (psicoanálisis, psiquiatría y psicología) profesionalizadas e
íntimamente relacionadas en el marco del movimiento de salud mental. La psicología social pichoniana es un fiel
exponente de esta interrelación, que reclamaba un abordaje interdisciplinario.
Los dos golpes militares sucesivos (el de 1966 y el de 1976) implicaron un sucesivo repliegue de los “practicantes psi”
hacia el ámbito privado. En este marco, es comprensible que toda práctica de tipo grupal o colectivo fuera considerada
sospechosa e incluso peligrosa, mientras que el consultorio privado se constituía en una suerte de refugio. De este
modo fue produciéndose una paulatina privatización de las “actividades psi”. En este contexto se produjo el
fallecimiento de Pichón-Riviere, en 1977.

AUTORES VARIOS: REVISTA PARA UNA CRÍTICA POLÍTICA DE CULTURA


Instituciones de salud mental en Argentina
Pensamos que todo discurso sobre la salud mental y sobre la teoría que debe regir la práctica terapéutica es abstracto
(en el peor sentido del término), si no tiene como marco de referencia las condiciones concretas del ejercicio
profesional. No se trata solo de "lo social" en general (resuelto con genéricas referencias a la sociedad de clases o al
materialismo histórico), sino de situar el lugar material-institucional a partir del cual puede y debe elaborarse una
propuesta capaz de promover una nueva organización institucional de la salud mental.
El debate sobre las instituciones de salud abordada en Los Libros tiene sin duda, un ámbito de resolución: la política
juega aquí su instancia decisiva y es en este marco en el que deben leerse los textos que hoy publicamos.
1. ¿Cuáles son los rasgos generales más sobresalientes que determinan y configuran la estructura de la asistencia
psiquiátrica en la Argentina?
2. ¿Cómo se expresa, en la actualidad, la situación de crisis institucional, tanto en el nivel corporativo como en el
asistencial?
3. ¿En su opinión, cuáles son los aspectos que presentan mayor urgencia en el desarrolla teórico y técnico, en relación
con la situación señalada en 1 y 2?
Contesta Enrique Pichón-Riviere:
Entendemos que lo que recorre como implícito los tres puntos del cuestionario es la pregunta por la salud mental, su
concepción y la organización del sistema asistencial y de prevención. La elaboración de un criterio de salud es a nuestro
juicio el único punto de partida posible para la caracterización y evaluación de estructuras asistenciales, situaciones
institucionales y puntos de urgencia en el desarrollo teórico técnico en la formación de los agentes de salud.
El análisis de los distintos criterios y definiciones de salud, y de las formas de organización y asistencia que inspiran o
justifican nos remite a sus condiciones de producción, condiciones histórico-económica-políticas. Toda definición, toda
teoría de la salud y enfermedad implica y reenvía a una concepción del sujeto, del mundo y la historia que la
fundamenta.
Según las características de esa concepción, ocultante u objetiva y científica se elaborarán los criterios de normalidad y
anormalidad. La norma de comportamiento, el criterio que permite establecer si la conducta de un sujeto es adaptada,
normal o patológica está emparentado: a) con un sistema de representaciones; b) con una infraestructura de relaciones
sociales, de producción, legitimada en ese sistema de representaciones, que orienta las expectativas sociales y las
encuadra. El criterio de salud, la norma que evalúa la forma de adaptación a la realidad, es funcional al sistema de
relaciones sociales, como lo es la norma jurídica.
Quien rompe alguna de estas normas, la jurídica y la de salud, ligadas por un origen común: relaciones sociales-
relaciones de producción-relaciones de propiedad, y una función compartida: control social, se hace acreedor, en
nuestro sistema, de una sanción social semejante: marginación y descalificación sistemática de sus actos y
pensamientos.
Existen hoy dos formas de ley: la escrita, codificada que constituye el orden jurídico y que expresa la voluntad de una
clase en el poder, y otra forma de ley, que configura el criterio de normalidad a partir del cual se juzga la conducta de
los sujetos. Esa ley no escrita es también expresión de intereses de clase.
El abordaje del problema de la salud mental fundada en esa concepción de lo "sano y lo enfermo", como instrumento
de dominación, legitima, un tipo de adaptación a la realidad, una forma de relación consigo mismo y con el mundo,
acrítica, ilusoria y alienante.
Este aparato de dominación, en el que se materializa la ideología dominante, tiene sus cuadros en psiquiatras,
psicólogos y otros trabajadores en el campo de la salud que vehiculizan una concepción jerárquica, autoritaria,
dilemática y no dialéctica de la conducta. Son líderes de la resistencia al cambio, condicionantes de la cronicidad del
paciente.
En esa jerarquía irreversible establecida entre el "sano" y el enfermo, particularmente instaurada en las instituciones
asilares, en la que separan también al terapeuta del enfermo diferencias de clase, se produce lo que Laing llama una
desvastación de la experiencia, una negación de la experiencia, de la cultura y de la identidad del paciente
Basta mencionar los misérrimos presupuestos de salud y salud mental, la infraestructura obsoleta para comprender la
verdadera relación de fuerzas y la escasa efectividad que ha tenido hasta hoy todo el "cambio" en la asistencia
psiquiátrica. Esto lleva a preguntarnos por el sentido "revolucionario" de planteos como terapias breves, talleres
protegidos, comunidad terapéutica, etc.
Reformulamos el par conceptual vigente en psiquiatría: salud y enfermedad, en términos de adaptación activa o pasiva
a la realidad. Con el término adaptación nos referimos a la adecuación o inadecuación de la respuesta del sujeto a las
exigencias del medio. A la conexión operativa, transformadora o inoperante, empobrecida, entre sujeto y mundo.
El sujeto es "sano" en la medida en que aprehende la realidad en una perspectiva integradora y tiene capacidad para
transformar esa realidad transformándose a la vez él mismo. El sujeto está "activamente adaptado" en la medida en
que mantiene un interjuego dialéctico con el medio, y no una relación rígida, pasiva, estereotipada. La salud mental
consiste en aprendizaje de la realidad, en una relación sintetizadora y totalizante, en la resolución de las
contradicciones que surgen en la relación sujeto-mundo. Adaptación no implica aquí "competencia social", aceptación
indiscriminada de normas y valores sino por el contrario, una lectura de la realidad con capacidad de evaluación y
propuestas de cambio.
En nuestro esquema conceptual el concepto de Adaptación Activa se identifica con el de aprendizaje, al que se define
como Apropiación instrumental de la realidad para transformarla.
Conciencia Crítica es el reconocimiento de las necesidades propias y de la comunidad a la que se pertenece,
conocimiento que va acompañado de la estructuración de vínculos que permitan resolver esas necesidades. La
conciencia crítica es una forma de vinculación con lo real, una forma de aprendizaje que implica la superación de
ilusiones acerca de su propia situación, como sujeto, como grupo, como pueblo.
Como trabajadores en Salud Mental estamos obligados a lograr esa forma de lectura de la realidad.
Contesta Juan Carlos Risau:
1) La asistencia psiquiátrica es un sector de la asistencia de salud en general y ésta un resultado de la estructura
socioeconómica del país.
El sistema efector en salud comprende los subsectores estatal, obras sociales y privado.
El criterio con que se trata al paciente. El criterio de alta, de curación. Podemos ver que al sistema le interesa: a- La más
rápida reintroducción del enfermo en el circuito de producción y consumo. b- Que la elaboración de las motivaciones
de los conflictos que lo llevan a la consulta sea resuelta en tal forma que no sea cuestionado el orden social. Es decir,
debe lograrse el hombre adaptado que produzca y consuma. Para ello usa técnicas que eliminan síntomas,
medicamentos, métodos convulsivos. Lo que no se puede solucionar en plazos breves pasa a formar parte del gran
contingente de los crónicos.
2) De la suma de los factores mencionados llegamos a la situación de crisis asistencial actual. Expresada en el déficit de
la cantidad y calidad de la Asistencia. En cantidad, ya que sectores de la población como el infanto juvenil y el geriátrico
no están cubiertos. Y en cuanto a la calidad no responde a los adelantos teóricos y técnicos de la psicología y psiquiatría
actual. La toma de conciencia de estos hechos, de la importancia de los factores sociales en la causalidad de la
enfermedad mental, ha llevado a los trabajadores de la Salud Mental a Iiderar en el campo profesional las luchas por un
cambio sustancial de las condiciones de asistencia y trabajo en beneficio de las clases populares.
3) Yo privilegiaría en el campo de nuestras instituciones gremiales, la necesidad de un frente conjunto con todos los
trabajadores de la salud, sean o no profesionales. Es importante no desgajar la salud mental de la salud pública como
ha hecho hasta hoy el sistema. Reivindicar como puntos básicos: a- Asistencia gratuita, eficiente y a cargo del estado
para toda la población. b- Implementar, un plan de prevención de la enfermedad mental. c- Control popular de la tarea
hospitalaria asistencial y sanitaria. d- Funcionamiento horizontal de los hospitales. e- Carrera sanitaria para todos los
trabajadores de la salud, con ingreso por concurso, revisión periódica de cargos, salario digno y estabilidad. f-
Formación adecuada y gratuita a cargo del estado para todos los profesionales.
Contesta Gregorio Baremblit:
1) Se trata de una prestación totalmente ineficaz y antieconómica no ya para los objetivos que genuinamente debería
cumplir sino aún para la funcionalidad represora y de recuperación compulsiva de fuerza de trabajo a la que el Estado
de nuestra formación económico-social-capitalista dependiente la tiene destinada. Está orientada fundamentalmente
hacia el depósito e inmovilización del enfermo "consumado". La actividad psicoprofiláctica: familiar, grupal, laboral,
comunitaria, etc. es prácticamente inexistente, al igual que la articulación entre el aparato asistencial con otros
organismos estatales a los fines del seguimiento para consolidar la rehabilitación de los pocos que tienen la suerte de
egresar de alta.
2) La asistencia es clasificable en: privada, mutual, de beneficencia y estatal. La primera suele consistir en una hotelería
de lujo que no por lo inalcanzable de su costo disimula su régimen carcelario cuyo instrumental favorito es el llamado
"chaleco de fuerza químico" y el "sueño prolongado". La segunda se suele articular con la primera y la tercera en tanto
los mismos sanatorios particulares operan como concesionarios, empleando instalaciones de menor categoría donde
los servicios se abaratan a costa de masificarse deshumanizándose. La asistencia oficial, insuficiente por razones
presupuestarias, comprende los hospicios, secciones psiquiátricas de hospitales generales, centros de salud, etc. Estos
últimos, al igual que algún otro servicio privilegiado de hospital y contadas salas de hospicio intentan emplear técnicas
avanzadas psico y socioterapéuticas, sin embargo la falta de recursos y de una adecuada revisión teórica y control de la
aplicación de esos instrumentos técnicos convierte esas iniciativas en centros de ideologización reaccionaria,
reclutamiento de pacientes para los consultorios privados y trampolines demagógicos para psiquiatras oportunistas con
vocación de ascenso político-burocrático. Debe sumarse a todo esto la superconcentración de trabajadores de la Salud
Mental en la Capital Federal, debida al déficit institucional sanitario psiquiátrico en el interior y la superproducción
universitaria de profesionales sin preparación adecuada ni inserción en el mercado, lo cual genera una desocupación y
degrada la calidad de su trabajo.
3) La exigencia básica sería que todo reordenamiento se realice involucrado en un plan de medidas tendientes a la
socialización de la medicina, la reestructuración universitaria y un auténtico mejoramiento del bienestar social
entendiendo por tal la atención a las necesidades de vivienda, alimentación, instrucción y régimen laboral de la
población. Con todo la medida precaria más impostergable es la radical transformación de los hospicios y la
implementación de una campaña psicoprofiláctica intensiva.
Contesta Ricardo Grimson:
En el campo de la salud mental se replantea hoy el concepto mismo de de enfermo mental, la fundamentación de los
tratamientos, la planificación de una estrategia adecuada, la necesidad de responder a necesidades masivas de la
población. Podemos decir que lo que está en cuestión es el significado social de la práctica psiquiátrica y la vinculación
de tal ejercicio con el fenómeno de opresión social, marginación del pensamiento y represión de las conductas. Pero
también hay ámbitos ajenos a esta polémica. En la madeja multiforme de los intereses económicos, la persistencia de
técnicas perimidas, la jerarquización paralizante de las funciones, el estado de hacinamiento y desprotección de los
pacientes, los húmedos corredores y las esperas interminables, se juega el destino de la salud-locura.
Es peculiar a cada institución el tipo de explotación que elige, las formas en que las mantiene, los motivos por los que
perdura. El sistema asistencial psiquiátrico sufre una larga cura de sueño cuyos efectos se miden en el deterioro de
volúmenes importantes de pacientes. El asilo es una escuela eficiente con un producto uniforme. La única fuga a la
violencia externa está en la auto-mutilación, en la limitación, en perpetuar los síntomas. Un loco que sobrevive es un
loco que se distrae, que no se da cuenta, que no se ubica y que no entiende, que no pregunta y que no protesta. Lo que
caracteriza a una institución asilar es su necesidad de persistir. El hospicio no produce salud ni se centra sobre los
pacientes. Está dirigido a su propia permanencia. En ese sentido sus componentes pueden jerarquizarse según la
importancia que tienen para mantener a la institución.
El cambio del hospicio no pasa por la introducción de modificaciones parciales sino de alteraciones de los valores, de
los objetivos, de la orientación de los esfuerzos, de los programas. Sin una disminución de la opresión de los enfermos
mentales, no hay futuro en el que pueda inscribirse la concepción de la salud mental.
La visualización de los problemas psicológicos como problemas inherentes al campo global de la salud de la población
permite entender que las soluciones son de la órbita de la planificación de acciones colectivas, que sus agentes no son
individuos sino sectores de técnicos preparados para detectar las necesidades y especialmente para entender la forma
en que los sectores populares definen sus necesidades, que el marco de la respuesta adecuada es el marco de las
instituciones a crear, y que la función de la Universidad es capacitar para tales instituciones.
Contesta Roberto Harari:
1. En una formación social como la de nuestro país, signada por relaciones de producción pertenecientes a la esfera de
un modo de producción capitalista dependiente, la asistencia psiquiátrica muestra, en marzo de 1974, la marca
indeleble de una neta discriminación clasista. Quien por sus recursos deba apelar a la atención brindada por las
entidades estaduales, se hallará con graves deficiencias en varios órdenes, sea que su asistencia requiera un
tratamiento ambulatorio, sea que se imponga la internación. Si se trata de la internación, nos encontramos con un
paciente que a su disturbio mental adicionará el provocado por su estancia en el establecimiento, que propenderá muy
probablemente a su cronificación irreversible.
La violencia va desde los "recursos terapéuticos" -shocks de diversa naturaleza, manguerazos de agua fría, inyecciones
de leche, celdas individuales de reclusión, etc.-, hasta la escasez de habitaciones, camas, ropas, alimentos y
profesionales.
Para quien disponga de excedentes pecuniarios pasibles de inversión en asistencia psiquiátrica, el panorama muta
radicalmente. Se hallan las clínicas, centros o institutos privados que a aranceles medios intentan obviar las falencias de
los hospitales y la privacidad selectiva de los consultorios, a los que se accede desde la pequeña y mediana burguesía
hacia arriba.
2. Dada la gratificación económica que elementalmente otorga, y el clima confortable de trabajo, el profesional de la
salud mental tiende a volcarse paulatinamente desde su egreso a la labor privada. Lo paradojal es que el profesional
recientemente egresado, necesita acopiar experiencia y aprendizaje clínico, se ve forzado a luchar por la obtención de
un cargo gratuito en un hospital. Como de éste no ha de poder vivir, debe a su vez privilegiar otra tarea,
fundamentalmente la de consultorio privado. Cuando comienza a intensificarse su trabajo privado, se puede pensar
que su nivel científico-técnico es notoriamente superior al que ostentaba al ingresar al hospital: es el momento,
entonces, de dejarlo. Irse, para que otro recorra el mismo sendero. Vale decir que el hospital, cuando capacita, expulsa.
3. Concibo al psicoanálisis como la práctica teórica que da cuenta de cualquier abordaje fundado científicamente en el
terreno de lo psíquico. Por lo tanto, urge imperiosamente consumar el anhelo freudiano: crear la Facultad de
Psicoanálisis en la Universidad, que supla a su institucionalización privada y sea otra cosa que la carrera de Psicología.

UNIDAD 8
DELUCCA: PALABRAS DE UNA VETERANA DE LA 1° PROMO DE PSICÓLOGOS
Norma Delucca, titular de Psicología Evolutiva II en ese entonces, realiza el discurso de apertura de las “Primeras
Jornadas de reflexión, debate y propuesta de los alumnos, graduados y docentes de la carrera de Psicología de la
UNLP”, en 1993, como representante de la Primera Promoción de Psicólogos recibidos en 1962. Señala que para contar
la historia de los primeros recibidos es necesario hacer referencia al marco político de ese entonces.
A fines de 1955, durante el gobierno provisional que derrocó a Perón, el ministro de educación Atilio dell’OroMaini,
presentó una reforma al sistema universitario. En su artículo 28, esa reforma establecía que la iniciativa privada podía
crear universidades libres, que estarían capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes. Esto implicó que se
destinaran fondos públicos para subsidiar los establecimientos privados, con el conseguiente debilitamiento de los
presupuestos destinados a la educación pública.
En 1958, Arturo Frondizi asume la presidencia y se le presenta el anteproyecto de ley de universidades privadas. Ya
había defraudado a sus propios partidiarios con inesperadas privatizaciones de importantes empresas y acuerdos
petroleros. En este contexto la denominada “enseñanza libre” adquiere singular relieve. Por enseñanza libre se
alienaron la Iglesia Católica y los grupos conservadores. Por la laica, la gran mayoría de la población, incluyendo ciertos
sectores católicos no conservadores. El intento de reglamentación del artículo 28 tuvo una repercusión muy intensa a
nivel de los tres claustros de las universidades, y en los sectores populares. En septiembre de 1958 se realiza una
movilización histórica frente al Congreso, pero el artículo 28 se mantuvo, aunque se lo tachó de inconstitucional.
En este marco convulsionado, se crea la carrera de Psicología en La Plata a mediados de 1958.
La clase inaugural de la carrera estuvo a cargo de la primera directora de la misma, la Dra. Fernanda Monasterio.
Delucca también ubica las figuras de E. Pucciarelli y N. Pousa en Filosofía, Ravagnan en Introducción a la Psicología.
Señala que esta marca fundante les imprimió a los de esa generación una actitud de resistencia y de participación
activa, un “espíritu militante”, que supone poder articular en cada acción esa participación activa con un sentido de
pertenencia: a un grupo, a un movimiento, a la búsqueda de ir “más allá” del objetivo individual, para enriquecerlo con
metas que hacen cadena, eslabones con otros, Delucca caracteriza a la primera promoción como la generación de la
resistencia y la generación “rastrillo”, porque respetaban a quienes los respetaban pero se oponían duramente a
quienes usurpaban sin idoneidad el lugar de las cátedras. Resalta lo positivo de su generación: el debate permanente, el
alto nivel de formación filosófica y política, la cultura del libro por sobre el apunte, la posibilidad de pluralidad teórica
de los profesores. Señala que la propuesta del psicoanálisis fue la más rica, sistematizada y coherente, ya que les aportó
un conocimiento o una interrogación nueva sobre el ser humano. Lo negativo que sitúa de su promoción es la ausencia
de trabajos prácticos, ya que sólo se nombraron profesores titulares y adjuntos en algunas cátedras.
Finalmente, Delucca señala que la formación clínica la realizó por fuera de la carrera, y continúa siendo una deuda que
tendrán que saldar las generaciones anteriores con las actuales.

VICTORIA, MARCOS: PSICOLOGÍA PARA TODOS. TRES BREVES ARTÍCULOS.


¿QUÉ ES UN PSICÓLOGO?
A fines de los 50 y principio de los 60 se instaló en Argentina la disputa entre el campo medico psiquiátrico y la recién
creada carrera de psicología, por el ejercicio de la psicoterapia. Al no estar reglamentada dicha profesión, la formación
clínica que se impartía a los estudiantes amenazaba con poner en peligro la exclusividad del ejercicio de la psicoterapia
por parte de los médicos. Se generó una polémica produciendo divisiones dentro del mismo campo psiquiátrico,
algunos profesores de la carrera de psicología eran médicos y pensaban que los psicólogos debían estar autorizados
para curar por medio verbales.
Marcos Victoria (primer director de la creación de la carrera de psicología de la UBA) por el contrario estaba en contra
de la intromisión de los psicólogos en el campo de la enfermedad. En el 59 la Facultad de Cs Medicas solicitó al Consejo
Superior de la UNLP que suprimiera la rama clínica del ciclo superior de la carrera de psicología, por considerar que el
ejercicio de la clínica implicaba un ejercicio ilegal de la medicina. En el 65 se había alcanzado un cierto consenso sobre
las incumbencias del psicólogo en el área clínica, pero no había aun una reglamentación de la profesión.
Según el autor es necesario poder empezar a ordenar el campo de la psicología debido a la confusión de la función, los
roles, que no permite al público diferenciar entre psicólogos capaces y charlatanes. Por eso el primer trabajo es
proporcionarle a este público interesado, conocimientos precisos y básicos y una visión exacta de lo que debe ser el
psicólogo. El psicólogo deja de ser un ser mágico, para convertirse en un intermediario entre las verdades científicas
inobjetables y los problemas particulares en los individuos y la sociedad. Al igual que el médico, sus conocimientos
deben tener un basamento empírico.
Para ser psicólogo debe tener formación universitaria y no ser un mero aplicador de test, debe tener una formación
biológica con agudo espíritu crítico para poder enfrentar diferentes escuelas sin base empírica (psicoanálisis) con
amplia base de humanidades y suficiente experiencia personal.
EL PSICÓLOGO CONTRA EL MÉDICO.
Hay un conflicto de jurisdicciones con los médicos psiquiatras, este ha presenciado con inquietud la penetración del
psicólogo en casos de su clientela, primero en los trastornos de conducta en los niños, luego en la neurosis y psicosis de
los adultos. La discusión se potencia en relación al ámbito de la psicoterapia. Hay un punto inatacable en la resistencia
de los médicos a permitir la entrada de estos intrusos: es la existencia de la responsabilidad médica. El psicólogo no
está vinculado a un juramento hipocrático del ejercicio de su profesión, diferente al médico que debe responder ante la
justicia llegado el caso, por los errores cometidos, que pueden acarrear daños considerables o la muerte de su
enfermo. La resolución de la UNLP que facilita el ejercicio de la profesión de los futuros psicólogos los autoriza a ejercer
la psicoterapia por medio verbales sin haber tenido en cuenta que un psicólogo inexperto (que no está obligado a
ningún juramento médico) puede provocar el suicidio de un deprimido ansioso por una terapia mal conducida, etc.
Siendo lo más grave la aplicación en la psicosis. Nadie que no sea medico tiene derecho a curar, con medio físicos o con
medios psicológicos. El psicólogo no es médico y carece de autoridad científica y profesional para ejercer la psicoterapia
por medios verbales, la labor del psicólogo es otra.
EL PSICÓLOGO ALIADO DEL MÉDICO
El autor propone al psicólogo como auxiliar de la medicina. Su inserción estaría en las salas asistenciales de los
Hospitales neuropsiquiátricos, las cuales están sin médicos, ni enfermeras, repletas de pacientes.
¿Cuál sería su tarea? Lo primero que tendrían que hacer los psicólogos es aplicar los tests a los enfermos, trabajo que
no siempre tiene tiempo de hacer el psiquiatra. Un psicólogo puede proporcionar al médico una completa historia
psicológica del paciente proporcionada por los datos de los tests, más informaciones provenientes de familiares y
allegados. El psicólogo como cooperador del médico, también colaboraría con él en los servicios para neuróticos.
KLAPPENBACH: EL TÍTULO PROFESIONAL DE PSICÓLOGO EN ARGENTINA.
El presente trabajo forma parte de una investigación más amplia sobre la psicología en Argentina, financiada por la
Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de San Luis y el COINCET.
 El trabajo comienza por describir los primeros desarrollos de la psicología.
 Se analiza el papel jugado por la psicotecnia y la orientación profesional en ’40 y comienzo del ’50, perfil bajo el
cual se crearían la mayoría de las carreras de psicología luego de la segunda mitad de los cincuenta.
 A partir del ’60 se produciría un giro hacia la clínica, que sería evidente en los primeros conflictos de incumbencia
profesional con profesionales de disciplinas afines, como así también en los contenidos de las resoluciones sobre
incumbencias profesionales del título de psicólogo, dictadas entre 1980 y 1985, aún vigentes en el país.
1. Origen de los estudios universitarios de psicología en Argentina.
El inicio del pensamiento psicológico en la Argentina se remonta a finales del siglo pasado, impulsado por el programa
positivista, y fuertemente sesgado por el programa clínico originado en Francia. Aquella temprana psicología floreció en
el país entre 1895 y 1920. En 1895 surge la primera enseñanza a nivel universitario, en la Facultad de Derecho de la
UBA y el 1896 el curso en la Facultad de Filosofía. Tal como ocurría en otros países la psicología que se enseñaba en
nuestras aulas universitarias formaba parte de la currícula de otras carreras.
Este programa entró en crisis en la tercera década del siglo, debido a diferentes causas: la crítica al positivismo que
figuras como Alberini y A. Korn llevaban adelante, la recepción del neoidealismo alemán, y la caída de la psicología
europea luego de la 1º Guerra Mundial.
A partir de los ’40 la psicología argentina experimentaba reorientaciones de importancia.
A partir de la década del ’30 se estaba produciendo en el país un incipiente proceso industrial, que se aceleró a partir
de la primera experiencia peronista, cuyos planes quinquenales (1947 y 1953) estuvieron destinados a un mismo
tiempo a generar una mayor producción y a superar la crisis de distribución.
La experiencia peronista generaba una nueva clase trabajadora urbana, que requería una reconversión laboral. En
dicho marco, la orientación profesional llegó a alcanzar rango constitucional tras la reforma de 1949, al ser
incorporada en el artículo 37 que consagraba los derechos del trabajador, la familia, la ancianidad y de la educación y la
cultura. Allí se explicita que la orientación profesional resulta una función social que el Estado ampara y fomenta
mediante instituciones que guíen a los jóvenes hacia las actividades para los que posean naturales aptitudes y
capacidad, en beneficio suyo y de la sociedad. Así, el Segundo Plan Quinquenal fijaba el objetivo de “encausar el
aprendizaje y la orientación profesional” en el campo de la educación y el trabajo.
El concepto de psicología aplicada (Pierón en Francia y el conductismo en EEUU) encontraba un curso favorable. La
psicotecnia y la orientación profesional comenzaban a perfilarse como herramientas indispensable de conocimiento e
intervención. Mientras que la psicotecnia aparecía como un estudio o investigación centrado fundamentalmente en el
aprovechamiento y rendimiento en el trabajo, la orientación profesional definía mucho más una actuación, es decir
una intervención sobre el mismo problema, procuraba realizar los ideales tayloristas “el hombre correcto en el lugar
correcto”.
La caracterización de la orientación profesional en la Argentina en aquellos años, es conveniente distinguirla entre:
- Orientación profesional individual: Aspiraba a conseguir que cada sujeto se dedique al trabajo que mejor le cuadre.
Aparecía como un proceso de índole psico social, de modo que la demanda surgía desde el estado, instituciones de
la sosicedad civil (empresas y sindicatos) y el propio individuo.
- Orientación profesional colectiva: Procuraba que la población trabajadora de un país se distribuya convenidamente
en los diversos casilleros, de acuerdo a los requerimientos del plan económico social vigente para obtener el
progreso nacional. Es decir que se comprometía con las políticas públicas en el desarrollo económico en general, y
en el campo del mercado de trabajo. Esta modalidad de orientación profesional fue la más desarrollada en el país, a
partir del papel fuertemente rector que le ocupó al estado, al menos hasta los ’70.
Ambas modalidades de orientación profesional ponían acento en la aptitud y el rendimiento aplicado al ámbito del
trabajo. Las diferencias se presentarían en las técnicas y el tipo de institución que llevarían adelante el proceso.
A nivel internacional comenzó a incrementarse el papel de la psicología entendida como profesión, destinada a la
promoción del bienestar humano. En dicho marco socio económico y científico se fundamentaron diversos proyectos
curriculares en nuestro campo disciplinar: carrera de Psicotécnico y Orientador Profesional en 1950 en la Universidad
Nacional de Tucumán; Especialización en Psicología en la universidad de Cuyo en 1953; y la Carrera de Asistente en
Psicotécnica en Rosario. Luego del 1º Congreso Argentino de Psicología en 1954 en Tucumán, se recomendó la creación
de carreras de psicología o de psicólogo en las Universidades Nacionales, con los siguientes lineamientos: Que se
establezca como sección autónoma en las Facultades de carácter humanístico.
Que la carrera comprenda una plan completo de asignaturas teóricas e intensificación práctica en las distintas
especialidades, otorgando los títulos de Lic. Y Doctor en Psicología; Se establezca además carreras menores de
Psicólogos auxiliares.En definitiva, entre 1954 y 1959, se organizarían carreras de psicología en seis universidades
nacionales: del Litoral (en Rosario), Buenos Aires, Cuyo (en San Luis), Córdoba, La Plata y Tucumán. Aun cuando en
algunas universidades, como la UBA, el sesgo clínico apareció tempranamente, en los comienzos no había un énfasis
exclusivo en el psicoanálisis, ya que “se enseñaban y discutían muy diversas teorías de la personalidad”. Al mismo
tiempo, se enfatizaba la necesidad de una formación universitaria que capacitara para distintos campos laborales:
clínico, laboral, pedagógico y social, en función de concebirse a los psicólogos como “especialistas en los aspectos
técnicos-científicos.”
Muchas de las primeras carreras, no fueron de psicología sino de psicólogo, evidenciando el perfil fuertemente
profesionalista de las mismas. Los debates acerca de qué era la psicología, parecían subordinarse al debate acerca del
rol del psicólogo.
2. Los primeros problemas sobre los alcances del título y la legislación sobre el ejercicio profesional.
El primer problema suscitado por los alcances del título de psicólogo, ya en 1957, fue un conflicto interprofesional. El
“centro” de la preocupación era definir si al psicólogo le correspondería o no la curación de enfermos.
En 1959, el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires expresaba su preocupación por la “práctica de hipnosis”
y porque la carrera de psicología supuestamente fomentaba el ejercicio ilegal de la medicina. Por eso, en 1960, el
Consejo Académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, elevaba un Informe al Consejo Superior donde
recordaba que entendía por ejercicio legal de la medicina “El hecho de anunciar, prescribir, administrar o aplicar
cualquier procedimiento directo, indirecto o de sugestión destinado al diagnóstico, pronóstico y tratamiento de las
enfermedades o a la conservación de la salud de las personas”. En tal sentido, la palabra “clínica” correspondería al
“arte de aplicar en la práctica los conocimientos de la ciencia médica para la investigación y curación de la
enfermedades”. Coherentes con tal posición, el informe de la Facultad de medicina proponía que el título de psicólogo
clínico se reemplazara por el de “psicólogo auxiliar del médico psiquiatra”. En 1967, el Poder Ejecutivo Nacional, dicta
la ley 171312, de ejercicio legal de la medicina, por la cual las actividades del psicólogo eran destinadas como auxiliares
de la medicina. El psicólogo sólo podía desempeñarse profesionalmente bajo dependencia del “médico especializado
en psiquiatría” y sólo “por indicación y bajo su supervisión”. Tal prescripción implicaba un doble impedimento:
Limitaba todo el posible trabajo de un psicólogo al que pudiera ejercer en el ámbito clínico; se negaba toda autonomía
al psicólogo, subordinándolo al control del médico. Al mismo tiempo, se desconocía que la psicología constituía una
carrera mayor universitaria y que se realizaban residencias e n Psicología Clínica en Hospitales Psiquiátricos.
3. Las resoluciones sobre las incumbencias profesionales del psicólogo.
Hacia 1980, diversos acontecimientos evidenciaban un endurecimiento en lo que hacía a las delimitaciones del alcance
del título de psicólogo. No existía aún una Resolución general sobre Incumbencias del título de psicólogo, entendiendo
por estas a las competencias, capacidades que el psicólogo ha desarrollado tras su formación universitaria y mediante
las cuales está en condiciones de llevar adelante determinadas acciones o actividades. Las incumbencias de un título
tiene una función demarcativa, establecen los alcances y límites de unan determinada formación universitaria.
Primera resolución sobre incumbencias del psicólogo (1980). “En el área de la Medicina y sin perjuicio de su
competencia en otras áreas le incumbe la obtención de tests psicológicos y la colaboración en tareas de investigación
psicológica únicamente por indicación y bajo supervisión y contralor del médico especializado en Psiquiatría. Además,
en Medicina de recuperación o rehabilitación, pueden actuar como colaboradores del médico especializado y con las
limitaciones que indica el párrafo anterior. No les incumbe la práctica del psicoanálisis, de la psicoterapia, ni la
prescripción de drogas psicotrópicas”. Dicha resolución fue conocida como la “resolución de los tres no”. Las
incumbencias del psicólogo venían a definirse por sus restricciones o prohibiciones: no al psicoanálisis, no a la
psicoterapia, no a la administración de drogas psicotrópicas. La resolución sobre incumbencias generó tres efectos
inesperados:
a. Fuerte movilización de las entidades de psicólogos en todo el país: numerosos psicólogos comenzaron a asociarse
y a participar activamente en el desarrollo de las mismas.
b. La CGP (Confederación General de Profesionales de la República Argentina) respaldó las posiciones de los
profesionales de psicología, planteando que debían ser las entidades representativas de cada disciplina las que
debían establecer tales incumbencias.
c. Fuerte repercusión en la opinión pública. El tema de las incumbencias del título de psicólogo fue comentado y
analizado por editorialistas en notas de fondo u opinión en distintos periódicos, evidenciando solidaridad con la
posición sostenida por las entidades de los psicólogos. Una de las razones de dicho respaldo teníaque ver con que
el tema de la restricción inconsulta a las incumbencias del psicólogo se había transformado en paradigma de un
enfrentamiento entre posturas que defendían un mínimo de libertad de la sociedad civil por un lado, y las
posiciones de un estado fuertemente autoritario, que ya comenzaba a evidenciar fisuras.
Todo esto llevó a una segunda propuesta de incumbencias de título de psicólogo en 1980elaborada por la Tercera
Asamblea del Consejo de Rectores de Universidades Nacionales, que modificaba algunos criterios de la resolución
anterior:
“El título es habilitante para toda labor de orientación psicológica que se realice exclusivamente mediante la utilización
de métodos y técnicas propios de esta disciplina, tales como las entrevistas y los tests psicológicos, y tenga por mira
promover el desarrollo armónico de la persona. Dicha labor se orienta hacia el análisis y encauzamiento de conductas
incidentes en cualquier tipo de interrelación humana en las que la evaluación de la personalidad constituya un medio
idóneo para procurar una mejor adecuación individual o grupal, tanto respecto de sí mismo como de los demás (…)”
Esta resolución contenía importantes modificaciones respecto a la incumbencia de “las tres no”. Se reconocía que el
psicólogo no era auxiliar de ninguna otra disciplina, sino un profesional independiente, autónomo, diferente al médico.
Reconocía la existencia de “métodos y técnicas propios de esta disciplina” y de competencias del psicólogo en esferas
ajenas al campo clínico. Por último, introducía la pertinencia de la “orientación psicológica”, concepto bajo el cual
comenzaba a reconocerse, todavía de manera encubierta, la capacitación en el campo de la psicoterapia.
Desde entonces, las entidades profesionales de psicólogos de todo el país se concentraron en una política que tenía
como uno de sus objetivos prioritarios, la elaboración de una nueva resolución de incumbencias que sirviera para
corregir los defectos que se observaban en las anteriores.
Después de Malvinas, con la dictadura en retirada, la psicología argentina obtenía nuevos reconocimientos
institucionales.Durante 1983 se sancionaron leyes del ejercicio profesional de la psicología y coincidían en por lo menos
tres características: el reconocimiento de la plena autonomía del psicólogo, la existencia de diferentes campos de la
práctica profesional y la pertinencia del tratamiento psicoterapéutico en el campo clínico. Dos años después de la
recuperación democrática, todos los estados del país legalizaron el ejercicio profesional de la psicología.
Desde el punto de vista legan, todavía seguían vigentes las resoluciones sobre Incumbencias de título dictadas en 1980.
Ante una solicitud de la FePRA convocó a las Jornadas deTrabajo para la elaboración del as Incumbencias del título de
Psicólogo y Lic. En Psicología. El resultado fue el proyecto de resolución, inmediatamente aprobado, a través de la
resolución 2447/85, cuyas características salientes hay que señalar en primer lugar, el haber surgido a partir de una
amplia participación de la comunidad psicológica nacional. En segundo lugar, haber contemplado tanto las capacidades
científicas como las relativas a los distintos campos del ejercicio profesional: el clínico, el educacional, el jurídico, el
laboral y el socio-institucional-comunitario. En tercer lugar, haber reconocido la incumbencia para la psicoterapia, en
forma explícita: “efectuar tratamientos psicoterapéuticos de acuerdo con diferentes modelos teóricos, específicamente
psicológicos”.
Para finalizar, es oportuno señalar que las incumbencias merecen algunas críticas, toda vez que están atravesadas por
criterios de demarcación y referencias teóricas muy diversas. Esas inconsistencias estaban claras y no parecían resultar
fundamentales en aquel momento. De la misma manera, el énfasis en las competencias del área clínica, podían
explicarse por razones coyunturales, ya que había sido el primer y principal foco de tensión y conflicto en la
delimitación de los alcances del título. No obstante, las incumbencias resultaron relativamente equilibradas, han
constituido una herramienta de enorme valor para la elaboración de los perfiles de graduado de los planes de estudio
de las carreras de psicología en la Argentina. Y al mismo tiempo, esos perfiles han posibilitado diseñar los objetivos de
los planes de estudio y han posibilitado la selección y recorte de los contenidos y temáticas de estudio.

BLEGER: PSICOHIGIENE Y PSICOLOGÍA INSTITUCIONAL.


CAP. 5 PERSPECTIVAS DEL PSICOANÁLISIS Y LA PSICOHIGIENE
Nos hallamos en la actualidad en una situación de emergencia referente al problema de la salud y la enfermedad
mental, hay una necesidad de elaborar y aplicar planes de basto alcance social en el terreno de la higiene mental y la
salud pública, no solo en cuanto a los enfermos mentales sino también conductas antisociales y perturbaciones
conflictivas de todo tipo, es necesario un enfoque desde la profilaxis. Se destacan los siguientes hechos:
1) Necesidad de mejorar y difundir la asistencia a los enfermos mentales.
2) Atender los requerimientos del diagnóstico precoz y la rehabilitación.
3) Necesidad de actuar en situaciones que se beneficiarían con la ayuda profesional del psicoanalista psicólogo o
psiquiatra
4) Gran limitación social de muchos procedimientos que son, de índole terapéutica y no preventivos.
5) Gran limitación de muchos procedimientos por ser de índole individual (a lo sumo grupal) con los que sólo podemos
atender a una pequeña proporción de individuos.
6) La índole de las afecciones mentales, no tiene causas específicas, sino una compleja constelación multifactorial de
índole social (educación, relación madre, trabajo, alimentación), con lo que el problema a enfrentar se hace complejo.
7) El problema es social y nuestros instrumentos son individuales enfocamos en primer lugar la enfermedad y lo que se
requiere es la profilaxis y la promoción de bienestar y salud.

Entonces no se debe enfrentar el crecimiento de las enfermedades mentales con un incremento de la cantidad de
psiquiatras y psicoterapeutas que trabajan de manera individual. Entre los psicoanalistas no nos hemos ocupado
sistemáticamente del tema de la higiene mental, profilaxis. Este problema se enuncia
1) tenemos conocimientos psicológicos, deducidos especialmente de la investigación psicoanalítica, que sabemos
pueden ser muy beneficiosos para mejorar la vida de los seres humanos, pero,
2) ¿cómo aplicarlos de manera que beneficien a toda o gran parte de la comunidad?
Entonces el problema ya no es el de la enfermedad mental sino el de la promoción de la salud: la psicoprofilaxis en su
más alto nivel. El problema está en construir una estrategia que permita aplicar y aprovechar nuestros conocimientos
(psicoanalíticos) en más vasta escala.
PSICOANÁLISIS CLÍNICO
El psicoanálisis se define por constituir al mismo tiempo una terapia, una teoría y una investigación, sin embargo
debemos reconocer que el valor social del psicoanálisis en cuanto terapia es bastante limitado, es decir, hay una
limitación social de psicoanálisis, ya que es utópico pretender formar tantos psicoanalistas para que toda la población
sea sometida a tratamiento psicoanalítico. La importancia social del psicoanálisis reside en su capacidad de ser un
método de investigación de los fenómenos psicológicos, aporta conocimientos valiosos sobre las leyes psicológicas que
rigen la dinámica de la salud y la enfermedad. Pero el psicoanálisis clínico no puede resolver por sí solo el problema de
la salud mental en la amplitud y extensión en que ello se hace necesario en el presente, por lo tanto formar más
psicoanalistas para enfrentar este problema es insostenible. Pero la investigación del psicoanálisis clínico aporta
resultados y conocimientos de gran valor, que son los que sí pueden y deben emplearse en vasta escala en los
programas de higiene mental.
Sus aportes pueden ser utilizados en dos estrategias de la salud pública:
En el orden administrativo, se refiere a intervenir por intermedio de la acción gubernamental, influyendo leyes, status,
costumbres, etc. El psicoanalista actúa como experto asesorando a los cuerpos administrativos gubernamentales en
torno a lo que atañe a la salud, ya sea en el sentido de mejorar o prevenir perjuicios o daños, por ejemplo se pueden
utilizar conocimientos sobre la relación madre niño y los efectos nocivos de largas separaciones en el caso de la
organización de un servicio hospitalario, etc. En el orden de la relación interpersonal, los conocimientos de la
investigación psicoanalítica pueden ser empleados en técnicas psicoterápicas más breves, o en técnicas grupales.
TRES FORMAS DEL PSICOANÁLISIS
Existen tres formas, psicoanálisis clínico (anteriormente mencionado), el psicoanálisis aplicado y el psicoanálisis
operativo.
El psicoanálisis aplicado Freud lo utilizó en el caso Schreber, Totem y Tabú, etc. es un verdadero procedimiento de
investigación. Es posible utilizarlo en el estudio de distintas manifestaciones culturales, comportamientos o actividades
y también en el estudio de pautas culturales y en el de la interacción individuo sociedad.
Psicoanalisis operativo, puede considerarse como una variante del aplicado, ya que al igual que este, se realiza fuera
del contexto en el que se lleva a cabo el psicoanálisis clínico, se caracteriza por:
 Se utiliza en situaciones humanas de la vida corriente, en cualquier actividad o quehacer o en toda institución en la
que intervienen seres humanos, es decir, en la realidad y la situación viva y concreta (educación, trabajo, juego,
ocio, etc.), y en situaciones de crisis normales por las que necesariamente pasa el ser humano (cambios de lugar, de
estado civil, de empleo, paternidad o maternidad, muerte de familia-res, eta.), además de las crisis normales del
desarrollo.
 Se indaga los dinamismos y las motivaciones psicológicas inconscientes, pero se utiliza dicha indagación para lograr
modificaciones a través de la comprensión de lo que está ocurriendo, cómo y por qué.
 Esta intervención (operación) se realiza a través de múltiples procedimientos, sea interpretando las relaciones, la
tarea, los procedimientos, la organización, la institución, la comunicación, etc., para lograr una modificación de las
situaciones, la organización o las relaciones interpersonal, en función de la indagación realizada y de las
conclusiones obtenidas.
 Toda psicología y psicoterapia grupal de inspiración psicoanalítica, debe ser incluida como variante del psicoanálisis
operativo. El psicoanálisis operativo abre perspectivas importantes en el campo de la higiene mental y la
psicoprofilaxis.
FORMACIÓN DEL PSICOANALISTA
En los planes de formación de psicoanalistas debemos señalar:
1) No admitir ninguna urgencia por formar más psicoanalistas para resolver el problema social de la salud y la
enfermedad mental, es necesario no perder la rigurosidad y condiciones para su formación.
2) Revisar nuestros programas de estudio para que no se orienten a formar profesionales del psicoanálisis, sino
investigadores del psicoanálisis, incrementando la enseñanza de metodología, filosofía de la ciencia, etc.
3) El único organismo encargado y habilitado para formar psicoanalistas es el instituto de psicoanálisis, no permitir la
formación de psicoanalistas silvestres.
Entonces el eje fundamental es la formación del psicoanalista clínico en cuanto científico y técnico de un método de
investigación.
PSICOLOGÍA Y PSICÓLOGOS
En nuestro país, los psicólogos no pueden ingresar en el Instituto de Psicoanálisis y, por lo tanto, no pueden ser
psicoanalistas. De ninguna manera se soluciona el problema creando organismos encargados de formar (directa o
indirectamente) psicoanalistas silvestres. Es importante remarcar que el problema de la salud y la enfermedad mental
no se puede resolver formando más psicoanalistas, ni tampoco semipsicoanalistas (psicólogos).
La psicología recibe un aporte valioso del psicoanálisis, el problema está en que sigan recibiendo estos aportes pero sin
dejar de ser psicólogos, es decir que se transformen los psicoanalistas silvestres.
Los psicólogos se orientan en general a tomar el modelo del trabajo profesional de la actividad médica, es decir de
carácter individual y orientada a la curación (asistencial) y no a la prevención o a la higiene, por lo tanto el psicólogo no
debe ser alentado a ser terapeuta, sino que tienen que ser orientados hacia el campo de la psicohigiene, se les debe
proporcionar los conocimientos e instrumentos necesarios para actuar antes de que la gente enferme dentro de
actividades grupales, institucionales, y de trabajo en la comunidad. Los psicólogos legalmente deben ser autorizados
para ejercer la psicoterapia pero no deben ser alentados a ello, ya que desde el punto de vista social no es lo óptimo
preparar profesionales que se dediquen en su mayor proporción a la actividad asistencial e individual, porque lo que
necesitamos es la atención de la salud pública en el plano de la promoción de salud y en escala social.
El campo específico del psicólogo es el de la psicohigiene, no el de la enfermedad mental. Psicohigiene quiere decir
utilización de recursos (conocimientos y técnicas) psicológicos para mejorar y promover la salud de la población (y no
sólo evitar enfermedades), tanto como quiere decir administración adecuada de esos recursos a nivel de la
organización de la comunidad.La preparación de los psicólogos como auxiliares de la medicina es totalmente errónea,
ya que su campo está principalmente fuera de la medicina y fuera de la enfermedad. Hay que aclarar que, no significa
que no debe enseñarse psicoanálisis a los psicólogos, todo lo contrario. Lo que no debemos hacer es transformar a los
psicólogos en psicoanalistas silvestres, es decir no enseñarles a manejar el psicoanálisis clínico. Lo que si es necesario es
que enseñemos el psicoanálisis de tal manera que les permita comprender el comportamiento de los seres humanos en
la vida cotidiana, tanto en el ámbito individual, grupal, institucional y comunitario, comprender las motivaciones
inconcientes, reconocer los conflictos, los mecanismos de defensa y las ansiedades.
PSICOANÁLISIS Y MÉDICOS
Es importante incorporar la formación y el pensamiento psicoanalítico en los médicos, pero sin que estos abandonen su
campo específico para transformarse en psicoanalistas, ya que se considera esto como nocivo, porque entonces el
psiquiatra, pediatra, u otro médico, que emprendía un análisis o requería información sobre psicoanálisis, terminaba en
la disyuntiva, de convertirse en psicoanalista (formándose en el Instituto de Psicoanálisis) o seguir con su propia
especialidad.
Es necesario crear una formación psicoanalítica seria (para los especialistas de distintas ramas de la medicina) en los
aspectos que le son necesarios, para que puedan seguir desempeñándose mucho mejor dentro de sus tareas
específicas.
OTROS PROBLEMAS RELACIONADOS
Más adelante debemos contar con la posibilidad no sólo de extender los grupos de enseñanza a otros profesionales o
líderes en distintas actividades, sino de crear también un Centro de Consulta en el cual los psicoanalistas podamos
intervenir asesorando sobre los problemas psicológicos a distintas instituciones o lo que se denomina personas "claves"
de la comunidad. Se debería intervenir en el control o supervisión de los profesionales (psicólogos y médicos) donde lo
que se debe enseñar es el psicoanálisis operativo y no el psicoanálisis clínico; con los psicólogos, alentando a que se
ocupen e intervengan más sobre la psicoprofilaxis que sobre la terapia, y más de grupos, instituciones y de la
comunidad que de individuos; en el caso de los médicos a que comprendan y manejen las situaciones terapéuticas y la
relación médico-paciente con la asimilación de conocimientos psicoanalíticos, pero con o dentro de las técnicas que
utilizan en cada caso.
EL PSICOANALISTA EN EL HOSPITAL
Cuando el psicoanalista va a trabajar al hospital, lo que no debería hacer es tomar pacientes del hospital en tratamiento
psicoanalítico dentro del hospital (psicoanálisis individual) y este se ve abrumado por una enorme cantidad de trabajo.
Lo que debe hacer es enseñar a sus colegas a pensar psicoanalíticamente (no a hacer psicoanálisis clínico), a utilizar los
conocimientos dinámicos de tal manera que ellos los puedan utilizar dentro de otras técnicas terapéuticas o bien
dentro de sus propias relaciones grupales, o dentro de toda la propia organización institucional, de la sala o del
hospital, tanto como en la comprensión del trabajo de comunidad. La práctica demuestra que el psicoanalista es más
útil en el hospital cuando forma grupos operativos o de enseñanza, que cuando se dispone a una tarea asistencial con
el psicoanálisis individual.

DANIS, JUANA: EL PSICÓLOGO Y EL PSICOANÁLISIS


Texto publicado en la revista argentina de psicoanálisis (RAP) en el año 1969.Fue la primera revista escrita, producida y
dirigida por psicólogos. El primer número de la revista se presentó a través de una nota editorial muy corta en donde se
destacaba a importancia de los desacuerdos y las polémicas como estructurantes de este nuevo grupo profesional.
Dentro de estas polémicas, resulta interesante la protagonizada por los psicólogos Juana Danis y Roberto Harari ya que
aborda la compleja relación entre psicología y psicoanálisis, sello diferencial de la historia de la profesionalización de la
disciplina en la Argentina, en un contexto caracterizado por ideales de cambio y de transformación social. Danis fue una
de las primeras egresadas de la carrera de psicología en la UBA y participó de la fundación de la APBA - Asociación de
Psicólogos de Buenos Aires. Harari también era licenciado en psicología de la UBA, formaba parte del consejo de
redacción de la RAP y presidente de la APBA (Esto aparece así en cursiva, no se entiende bien si es la misma Danis la que
lo escribe o es del editor de la revista, por ejemplo….)
No hay psicólogo que en algún momento se haya enfrentado con el problema de su relación al psicoanálisis. Este
trabajo va dirigido a aquellos que buscan su identidad de psicólogos en una modalidad de trabajo profesional, que es
afín y a la vez diferente de la labor psicoanalítica. Desde el punto de vista histórico, tanto el psicoanálisis como la
profesión de psicólogo (no hay que confundir ciencia con profesión) son del mismo siglo. La psicología como profesión
es más joven que el psicoanálisis. La diferencia de nacimiento de una y otra profesión abarca unos 20 años.
El grupo de psicoanalistas parece a nuestros ojos de psicólogos como un grupo más cerrado, más coherente, más leal
entre sí que el grupo de psicólogos. Habrá un sentido diferente en la base de las dos profesiones? EL grupo de
psicoanalistas, lejano, casi no se ve al ojo de observador público. Trabajan en el silencio de sus consultorios, en las
mentes de sus pacientes, en las escasas publicaciones de sus revistas y en los comentarios intra e intergrupos
(psicólogos-psicoanalistas)
Los psicólogos hacen más ruido social. Aparece una ley que públicamente los restringe en su trabajo terapéutico. Se
produce la intervención de la Facultad que por dos años crea un cese casi total de la enseñanza de la psicología, con la
amenaza constante en forma de rumor de la desaparición de la carrera. Se publican noticias en diarios y revistas que
hablan de importantes investigaciones de psicólogos en otras partes del mundo. Y los psicólogos dónde están? Los
psicólogos también están en silencio, pero parecería que éste es un silencio distinto del de los psicoanalistas. Tiene que
ver con la diferencia más profunda entre las dos profesiones, ya que ambas tienen como meta trabajar con personas y
sus problemáticas.
Cuando el psicoanálisis empieza a tomar forma, a ser un trabajo circunscrito y determinado por un encuadre especial,
su objeto, el ser humano en tratamiento, empieza a bifurcarse en dos aspectos: la curación de su enfermedad psíquica
y la investigación del sentido (el icc) de sus conductas. La hipótesis, según la cual si se hace conciente lo inconciente, el
hombre enfermo se transforma en sano, no se ha verificado. Lo que sí podemos postular como resultado de esta
hipótesis de trabajo es que el hombre que investiga con ayuda de un psicoanalista lo que le es icc, amplía su horizonte,
y al hacerlo, cambia. Al mismo tiempo que el pequeño grupo de psicoanalistas echa cimientos cada vez más seguros en
su investigación el mundo interno de las personas, los psiquiatras empiezan a utilizar servicios de un grupo nuevo: los
psicólogos que como especie de ayudantes de psiquiatría ayudan, por medio de instrumentos nuevos (tests), a
averiguar rasgos de personas enfermas y sus vínculos concientes e inconcientes.
Las tres profesiones coinciden en un corte transversal del tiempo; las tres con núcleos de diferenciación en sus
respectivas tareas. Pero el desarrollo sigue, y la ciencia psicológica obliga a cambiar enfoques, objetos, técnicas. Los
psicólogos asumen un nuevo rol de investigadores, consultores, terapéutas, psicopedagogos, etc. en distintos ámbitos
de la comunidad. Por qué? Porque de la bifurcación de aspectos antes mencionada se desprendió en el curso de la
investigación psicológica un tercer aspecto: ni los síntomas de la enfermedad ni la manifestación de lo inconciente, sino
el desarrollo natural del hombre que empieza a perfilarse. En este punto el psicólogo debe asumir un nuevo rol social,
distinto al del psicoanalista y el psiquiatra.
El psicólogo de hoy está adquiriendo una nueva identidad profesional que tiene una nueva utilidad social. Quiero
aclarar bien que la línea de demarcación no corre sobre el nivel de los individuos, sino sobre el nivel de los grupos
profesionales. No será su principal misión las enfermedades psicóticas, ni la investigación de lo icc (tampoco las excluye
de su trabajo). Y así trabajando con y prescindiendo de, encontrará cada vez más el por qué y el para qué de su aporte
esencial.
La esencia profesional de psicólogo es la visión de un trabajo profesional, ejercido por un grupo en una sociedad que lo
necesita, que lo hace nacer, emerger, desarrollarse y luchar. Se le requiere estar en todos los lugares donde se necesite
del especialista que sabe asistir los momentos de cambio, en todos los niveles, en todos los ámbitos, en todo momento.
Cambios como manifestación de la vida misma, en la sociedad, en el grupo familiar, en la persona. Cambio implica
duelo, duelo implica dolor. El psicólogo debe ayudar a que los cambios constantes y naturales, se den con menos dolor,
con menos ansiedad, con más comprensión del proceso mismo. Asique el psicólogo no crea los cambios, ni los
promueve, sino que los asiste. Esta comprensión le ayuda en el conflicto que libra en la adquisición de su identidad. Le
da una dirección interna a sus objetivos y protege su autoestima tambaleante por ser tan joven socialmente.
Si el psicólogo ha adquirido los conocimientos teóricos y prácticos de la clínica psicoanalítica, no deja de ser un buen
psicólogo si trabaja como lo hace un psicoanalista. Sí deja de serlo si se contenta con su trabajo psicoanalítico y más si
pretende ser un psicoanalista. Es psicólogo en la medida en que queda abierto frente a todos los pedidos que le llegan
por parte de la comunidad, de ayudar en momentos de cambio, sea donde sea, sin honorarios prefijados y más allá de
sus “horarios completos” (los psicoanalistas suelen dar turnos de acá a dos años).
El psicólogo, partero de los cambios en la comunidad en la que vive; y como tal su encuadre va a ser muy elástico, más
amplio y más colorido que el de su colega psicoanalista. Mientras más sepa de psicoanálisis y de sí mismo a través de su
propio análisis, y menos se confunda con psicoanalista, mayor va a ser su eficacia. Los psicólogos en sus diversos
campos de trabajo, con sus diversos métodos y técnicas, tiene entre su bagaje instrumental los conocimientos
psicoanalíticos, para ser aplicados y conocidos por todos. Han perdido quizás en sus manos algo de su estado de pureza
pero están suficientemente elaborados para aguantar la amalgama con lo social.

HARARI, ROBERTO: EL PSICOANÁLISIS Y LA PROFESIONALIZACIÓN DEL


PSICÓLOGO
Este trabajo intenta ahondar la problemática propuesta en tal artículo, contemplando accesibilidades conceptuales
divergentes de las postuladas por Danis.
Como es de rigor comenzar por el principio, abordemos el título que nombra el artículo de Danis. Se trata de vincular y
relacionar al psicólogo, por un lado, y al psicoanalista, por el otro. El psicólogo es un profesional, un trabajador en el
campo de la salud y la enfermedad mental.
Por su parte el psicoanálisis es (tal como lo puntualiza Freud) a- una una teoría psicológica, b- una terapia de las
neurosis y c- un método de investigación del psiquismo. ASpectos que no admiten un fácil desacople pero que se
diferencian. En consecuencia, el psicoanálisis es un significante que no denota por sí mismo profesión alguna; según
Freud es “una parte de la psicología. Representa su infraestructura, quizás aún, todo su fundamento”. El PSA es una
ciencia, con su objeto de estudio: el ICC. Y como bien apunta Danis, “(no hay que confundir ciencia con profesión)”.
Pese a sus buenas intenciones de no confundirlas, Danis cae en un reduccionismo por el que se homologan psicoanálisis
y psicoanalista.
Adoptaremos en primera instancia la “vía histórica”, sobre la que discurre Danis, si bien de manera distinta. ¿Qué era,
qué hacía, qué podía un psicólogo con anterioridad al advenimiento del psicoanálisis?
Politzer dice: el psicólogo no sabe nada y no puede nada. Se le preguntan en qué consiste su ocupación te hablará de la
vida interior; pero ante el deseo de “penetrar más adentro en el conocimiento del hombre” los mandará a un
laboratorio de psicología experimental para que conciban la ciencia tal cual es.
Si la “objetividad” del dato perceptivo no pasa de ser más que una ilusión, preciso es reconocer que se debe situar en la
base de la ciencia psicológica un acto de conocimiento de estructura más elevada que la simple percepción...y que
consiste en la percepción complicada por una comprensión. Consiguientemente, el hecho psicológico no es un acto
simple: como objeto de conocimiento es esencialmente construido. (Todo esto desde Politzer, estaba entrecomillado,
pero no lo copie textual, asique va sin comillas….)
Si todo esto ha sido posible por hacer del icc el objeto de estudio del psicoanálisis, es de lamentar, la confusión en que
incide Danis cuando afirma que dicho objeto es “el ser humano en tratamiento”. Reafirma, e tal manera, su
escotomización o desconocimiento del cuerpo de conocimientos teóricos que instituyen y permiten la práctica
psicoanalítica, la cual hace de la cura su objetivo, su propósito.
Pero el error que comete Danis no vale sólo por sí, sino por las insospechadas consecuencias que trae aparejadas. EN su
urgencia por consignar supuestas diferencias en la práctica, en el quehacer manifiesto de “ambas profesiones”, olvida
la advertencia de Lacan: “La técnica no puede ser ni comprendida ni correctamente aplicada si se desconocen los
conceptos que fundamentan, que hacen de infraestructura a la labor del psicólogo. Danis llega a caracterizar a esta
última diciendo que “la investigación de lo inconciente, aun cuando su tentación sea muy grande, no será reconocida
como su principal misión…” Es decir, que la investigación de lo icc por parte del psicólogo está connaturalmente
sancionada por un juicio moral, ya que “tentación” denota la posibilidad de acceder a una fuente de placer anhelado
pero prohibido. La postura de Danis pareciera ser abarcadora e integradora, cuando en sí no es más que una mezcla
indiferenciada de objetos, prácticas, roles, teorías y opciones. Según Danis, el psicólogo debe minimizar la importancia
de “la investigación de lo ICC” puesto que si se excede en su interés se hará psicoanalista. Una cosa es la teoría analítica
que hace del “ser humano en tratamiento” su objeto, y otra cosa es la teoría analítica que entienda, como decía Freud,
que “el empleo del análisis para la terapia de la neurosis es solo una de sus aplicaciones y quizás venga el porvenir a
demostrar que no es siquiera la más importante.”
La investigación del inconciente es la condición que instaura y autoriza su quehacer, que lo valida y legaliza
científicamente. Es lo único que le permitirá “comunicarse verdaderamente con las personas que lo consultan”, como
dice Danis. Porque si no ¿cuál es el saber y el poder que distingue al psicólogo de quien lo consulta? Buscará construir
un dato que resulte de la investigación del aura ICC del paciente; ya que si tomamos ingenuamente al pie de la letra las
afirmaciones del sujeto, nuestro método flota en la estratósfera de la CC y se llama introspección. Si por el contrario,
capturamos del sujeto “su discurso doble y único, ICC y verbal”, nuestro método se denominará “relato”, según la
propuesta de Politzer. Así, a partir del psicoanálisis, el psicólogo trasciende la “convencionalidad de la significación” del
relato: traspasa la observación pura y simple para depositarse sobre la interpretación del ICC, que se exhibe y se oculta
inscripto en el discurso relatado y significativo. Este es el acto epistemológico que Politzer reclamaba, que implica y
supera tanto a la percepción interna como a la percepción externa, que da carta de ciudadanía científica a la psicología.
Danis, pareciera concebir que la interpretación es un recurso técnico predilecto del psicoanálisis, y de eficacia dudosa.
Por ende, puede deducirse que si en lugar de interpretar el psicólogo aconsejara, repitiendo significados del cliente con
otros significantes, no cabría objeción alguna. En esa tentación se puede caer, no en la de “penetrar más y más en lo
ICC”. Y con esto no pretendemos denostar toda la gama de procedimientos técnicos que sean otra cosa que la
verbalización de una interpretación; por el contrario intentamos situar a todos ellos en la base fundante de la
interpretación. Es decir que a partir de la construcción de una interpretación que en primera instancia será una
“verbalización interior” del psicólogo, éste escogerá el recurso técnico más apropiado - y el momento más oportuno -
para transmitirle a su cliente la comprensión que ha logrado acerca de su propio acaecer psicológico. En consecuencia,
le efectuará interpretaciones, señalamientos, preguntas, le dará información y asesoramiento de acuerdo con el
encuadre y los objetivos propuestos. Pero sus miras seguirán siendo hacer CC lo ICC. Si no lo entendemos así,
profesionalmente caemos en un caos improvisador y accionamos permanentemente en emergencia.
El psicólogo puede trabajar como psicoanalista, conveniente y suficientemente capacitado. Pero puede y -como dice
Danis: debería- trabajar en todas y cada una de las situaciones cotidianas donde conviven e interaccionan seres
humanos esclareciendo los conflictos icc habidos y por haber. Esas situaciones solo podrán ser indagadas, previa
jerarquización y sectorización de objetivos, a través y por medio de la teoría psicoanalítica, que es la que facultará al
psicólogo tanto para la construcción del dato encuadrado en función de los objetivos, como para la consolidación de
una acción técnica concorde a los mismos. De aquí surge la eficacia del del psicólogo para poder abordar y operar
correctamente sobre su objeto en campos planificados especiales: psicopedagogía clínica, orientación vocacional,
entrenamiento de rol etc.
¿Cómo entiende todo esto Danis?Considera que el psicólogo lleva hacia “los muchos” las “verdades, peligrosas y
valiosas”. Que en form de descubrimiento valiosísimo los psicoanalistas obtienen en su tarea bicorporal (cura) y que en
la mano de los psicólogos esas verdades “han perdido algo de su estado de pureza pero están suficientemente
elaboradas para aguantar la amalgama con la realidad social”. Esta situación, además, debe ser protegida durante
cierto tiempo, en virtud de que “el futuro de las dos profesiones indica una separación de tareas y de miras”
En verdad, la separación de tareas y de miras que Danis desea amparar es la disociación del pensamiento y la acción,
par indisoluble que el psicoanálisis conquistó y ofrendó para la psicología y para los psicólogos. Según la autora, en
cambio, los psicoanalistas piensan y los psicólogos accionan.
EL psicoanálisis, en fin, constituye un quehacer intelectual totalizador que enfrenta y está en pugna con los intereses
creados por el establishment para sostener una psicología academicista, conciencialista o de ratoneras, desde la cual se
piensa acerca de ideas o de hombres puros, o acerca de animales, pero no acerca de hombres concretos que se
desconocen concretamente. Interés en desvincular del psicoanálisis, para maniatar y amordazar su mensaje, plagado
de luces ante las cuales algunos hombres persisten en convencernos acerca de la tierna bondad de las tinieblas.

UNIDAD 10

ALEJANDRO VAINER: LOS DESAPARECIDOS DE LA SALUD MENTAL.


Este texto se basa en la conferencia en el panel: “Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en la Argentina
de los '60 y ‘70”, que se desarrolló en la Universidad Autónoma de Entre Ríos, en el marco de la Semana de la Memoria,
Paraná, Entre Ríos, el 22 de marzo de 2005.
Poder hablar de la memoria en esta semana y en este lugar es un hecho muy importante para mí. Los efectos de la
última dictadura militar tienen aún una persistente presencia entre nosotros. Y por eso es necesario recordar.
La memoria tiene su importancia para la actualidad, es la que toma el pasado para el presente y el futuro. Las “huellas
de la memoria” en dos sentidos. Por un lado, esas huellas que nos han marcado y constituyen el núcleo de nuestra
identidad. Por otro, las huellas son un camino para seguir. Porque sin huellas en cualquier campo o terreno estamos
perdidos.
En este caso me concentraré en los efectos que aún siguen presentes en la actualidad y que nos determinan en el
campo de la Salud Mental. ¿Qué continúa hoy de la última dictadura en nuestro medio? Los desaparecidos y sus
huellas.
Hay dos clases de desaparecidos.
1) Los 110 Trabajadores de Salud Mental y los 66 estudiantes de nuestro medio Es necesario recordar que la
impunidad del poder les quitó sus vidas. Se destacan como símbolo de todos a Beatriz Perosio, la presidenta de la
Asociación de Psicólogos de Buenos Aires y a Juan Carlos Risau, Secretario Gremial de la Federación Argentina de
Psiquiatras.
2) Los otros desaparecidos en Salud Mental. En el campo de Salud Mental tenemos otros desaparecidos: las teorías y
las prácticas que la maquinaria de la dictadura intentó borrar.
El golpe del 24 de marzo de 1976 vino para consolidar algo que había empezado con “el rodrigazo” en 1975: la
instauración del capitalismo financiero en nuestro país. Para ello, en nuestro territorio, se impuso el Terrorismo de
Estado que focalizó sobre toda la sociedad, pero especialmente contra organizaciones intermedias tales como gremios,
instituciones, etc. En nuestro país, cosa que no se menciona, funcionaron 340 campos de concentración.
Se prohibieron todos los encuentros grupales, salvo que tuvieran autorización policial. Sino eran tildados como
“subversivos”. Este fue un método para aterrorizar y paralizar a la población frente al avance del nuevo “modelo” (en
1976 el salario real descendió en un 30 %). (Desarrollado con detalle en el texto: “Entre silencios, miedos y exilios”)
Efectos en el campo de la Salud Mental:
En la década del ‘70 nos encontrábamos con un sistema manicomial aún sostenido, pero cuestionado por diversas
“experiencias piloto” que mostraban que otras formas de pensar y trabajar en nuestro campo eran posibles. Vale
mencionar las experiencias de las comunidades terapéuticas, que aun habiendo sido impulsadas por la dictadura de
Onganía, fueron más allá de sus objetivos. Demostraban que los manicomios de por vida eran una decisión política de
los psiquiatras manicomiales. Con menos recursos económicos se podían atender mejor y externar a aquellos pacientes
crónicos. La importancia del Centro Piloto del Hospital Esteves la podemos medir con un solo hecho: cuando los
Manonni vienen a la Argentina en 1972, Oscar Masotta dice que lo único que podemos mostrar como experiencia
alternativa al manicomio es lo hecho en ese lugar.
Por otro lado, se habían logrado implantar los abordajes en Hospitales Generales, de los cuales el Servicio de Mauricio
Goldenberg en Lanús era todo un ejemplo. Y se habían desarrollado los abordajes grupales y comunitarios para poder
atender a toda la población. También había un movimiento gremial importante: Las Asociaciones de Psicólogos de todo
el país luchaban no sólo por defensas gremiales, sino generales. Se había organizado la Confederación de Psicólogos de
la República Argentina (COPRA) en 1971. El 13 de octubre de 1974 en un encuentro llevado en Córdoba se había
instaurado el “día del psicólogo” como símbolo de las luchas que ya venían haciendo por el reconocimiento profesional
que no estaba en el “prometedor” Plan Liotta. Por otro lado, la Federación Argentina de Psiquiatras había tenido una
renovación llevando desde 1970 a una comisión directiva con un grupo de los psiquiatras progresistas (entonces se
denominaban de distintos sectores de izquierda) de todo el país.
La Asociación Psicoanalítica Argentina había perdido una importante cantidad de miembros en 1971 con la partida de
los grupos Plataforma y Documento. Esta fue la primera ruptura por motivos ideológicos con la Asociación
Psicoanalítica Internacional. Estos psicoanalistas consideraban que el psicoanálisis no tenía que aliarse con el sistema
imperante, tal como lo solían hacer. Dichos grupos, junto con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, la
Federación Argentina de Psiquiatras, la Asociación de Asistentes Sociales y la Asociación de Psicopedagogos habían
fundado la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental. Esta había organizado una formación novedosa para los
Trabajadores de Salud Mental. Por otro lado, comenzaba el “volver a Freud” de los grupos lacanianos en la Argentina,
liderados por Oscar Masotta.
Todo este magma que abarcaba no sólo nuestro campo, sino toda la sociedad, fue atacado desde la “Triple A” primero,
la derecha peronista de López Rega con sus acciones de gobierno, la intervención en la Universidad, cierres de
Facultades. Luego por la dictadura, que con su terrorismo de Estado persiguió, aterrorizó y desarticuló experiencias,
desarticuló punto por punto todo lo precedente. Por eso decía, no sólo hubo casi 200 desaparecidos. Sino que todas
estas experiencias fueron “desaparecidas” por un complejo mecanismo. La implantación del terror implicó:
1- desarticularlas en el momento, con el Terrorismo de Estado.
2- desprestigiarlas después en la subjetividad y en las viejas y nuevas generaciones para:
3- Condenarlas al limbo del olvido finalmente.
Veamos cada paso, ya que el recorrido no fue solamente cronológico.
Las “experiencias piloto” en Salud Mental fueron todas cerradas: Comunidades terapéuticas. Por ejemplo, allí dejó de
funcionar como Comunidad terapéutica. Los trabajos comunitarios y barriales también. Los tratamientos
grupales tendieron a desaparecer. Luego vendría el desprestigio que comenzaron a tener hasta hoy. Los servicios de
Salud Mental más avanzados fueron atacados especialmente. Sus principales referentes fueron siendo desaparecidos.
En los hospitales del país hubo cesantías por motivos ideológicos. Las Residencias de Salud Mental habían comenzado
a cerrarse durante el gobierno de Isabel Perón. La dictadura avanzó aún más. Había que desarticular la formación de los
denominados “Trabajadores en Salud Mental”. Desde ese momento hasta desapareció ese nombre gestado a fines de
los '60. Se comenzó a hablar de “profesionales de Salud Mental” o simplemente de psicólogos, psiquiatras,
psicoanalistas.
Se desarticuló lo poco o mucho que se venía haciendo contra el edificio de la psiquiatría manicomial, que retomó toda
su fuerza el campo. Y se necesitaba fundamentalmente atacar a otros espacios: La desarticulación de los espacios
gremiales fue un eje del Terrorismo de Estado para implantar el nuevo modelo económico. “Desapareció” la
Federación Argentina de Psiquiatras Debido a las desapariciones y persecuciones; se cerró la Coordinadora de
Trabajadores de Salud Mental y su Centro de Docencia e Investigación. Habría que detenerse especialmente en el
camino de la FAP, ya que es un buen modelo de estos tres pasos que mencionaba antes: se cerró formalmente a fines
de 1983, luego vino un desprestigio de toda actividad gremial y la supuesta seguidora (APSA) negó la historia: los
Congresos Argentinos de Psiquiatría comenzaron de cero a partir de 1985, como si los siete anteriores jamás hubieran
existido. Es de destacar también la lucha de las diferentes Asociaciones de Psicólogos del país no sólo por la demorada
“Ley del Psicólogo”, sino por los derechos humanos, antes y después de la desaparición de Beatriz Perosio. La inclusión
dentro de otras agrupaciones de profesionales y sus intentos de lucha. La destrucción también llegaba a las
teorizaciones que ponían en cuestión el estado de cosas. Sólo pudo continuar una psiquiatría biológica - manicomial y
un psicoanálisis que negara la determinación social mediante un estructuralismo a-histórico. El compromiso social fue
dejado de lado por las instituciones psicoanalíticas, aunque no así por algunos psicoanalistas que siguieron trabajando
y pensando y colaborando con organismos de derechos humanos en el exilio interno o externo.
En la década del 70 comenzó a usarse un neologismo: el “psicobolche” cuyas raíces se hunden en un
antecedente: Freudo/marxista. El uso de esta descalificación se usaba para señalar a aquellos profesionales de nuestro
campo con ideas de transformación social. Pero para el imaginario este “descalificativo” comparte con el
“freudomarxista” el hecho de que es alguien muy desprolijo. Es quien hace un entrecruzamiento de poca consistencia
teórica y clínica entre marxismo y psicoanálisis. En ese pastiche supuestamente se psicoanaliza mal la política y se
politiza peor a los pacientes. Un freudomarxista es alguien impresentable para el campo científico e intelectual. Se
sostenía -entre otras cuestiones- en que estos terapeutas trataban de convencer a los pacientes para que se
comprometieran social y políticamente. Significativamente el término “psicobolche” se extendió durante la dictadura
militar del '76, y muy especialmente en los ‘80 y los ‘90 para todos aquellos que continuaron hablando de las
determinaciones sociales en la subjetividad.
Luego del descrédito, vino la desaparición. Durante los ‘80 y ‘90 la hegemonía en nuestro campo intentó hacer como
que nada había sucedido y que había que importar las novedades. El mayor de los ejemplos está en los abordajes
psiquiátricos farmacológicos. En este punto ya estamos en la actualidad. Es porque este activo olvido de los
desaparecidos físicos y las experiencias tienen un sentido de convalidar un modelo de país y de subjetividad con
técnicos en Salud Mental que promuevan la adaptación a este capitalismo financiero que hasta ahora ha sido el
vencedor Por ello, la importancia de retomar la memoria, que no es cualquier memoria, sino una memoria de estas
luchas, estas teorizaciones, estas experiencias. No para repetirlas, sino para elaborarlas. Es necesario rescatar no sólo
los desaparecidos, sino quienes se enfrentaron a toda esta situación. A quienes resistieron. Los que en ese momento
pudieron luchar; los que se exiliaron afuera o dentro del país. En lo que se pudo, pero que allí y luego en desde los 80
fueron descalificados por las nuevas hegemonías. Los que seguimos luchando.