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Los personajes de Cosa mentale, tanto históricos como ficcionales, no son un constructo

sicológico, sino más bien fantasmagorías de una época22. Algunos parecen marionetas, pues son
caricaturizados, sin profundidad sicológica alguna, como el Nuncio, fray Andresito, fray Gabrielli y
O’Higgins23. del Pozo bien podría corresponder a una figura esperpéntica, grotesca. Aventuramos
dos motivos para hablar de los personajes como fantasmagorías: por una parte, estos adquieren
una existencia ilusoria incluso dentro del mundo representado, pues el vínculo que establecen con
lo “real”, como mundo posible tanto ficcional como histórico, es débil, incluso si pensamos que lo
“real” en una novela sea un “fundamento” débil, inestable, que pareciera no preexistir a la
experiencia que los personajes hagan del mundo

Las fantasmagorías en el plano temático aluden a la existencia ilusoria e irreal de estos personajes
en el pasado de la historia narrada. Esta retórica narrativa se correlaciona con lo que ocurre en la
posada de la regenta Lagarta Verde, quien ve aparecer y luego desaparecer a del Pozo, tras lo cual
se persigna: “¿Quién mejor que un fantasma para pintar fantasmas? […] ¿Quién mejor que un
muerto para pintar la carne de los muertos?” (92). El teatro que despliega la novela podría ser
completamente ilusorio.