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Colombia Parte I:

La construcción de un sueño: libertad.


Conquista, Colonia e independencia

¿Héroes o villanos?: iglesias y cementerios


extramuros como premio o escarmiento
para los caídos durante los procesos de
independencia

Aula Abierta de Arte, Cine y Cultura 2019-1


El lugar del cadáver en la cultura

“...Pero si bien algunos animales


logran construir algunas
herramientas y estructurar algún
tipo de lenguaje, podemos decir
que el hombre es el único animal
que entierra a sus muertos”.
THOMAS, Louis-Vincent. Antropología de la Muerte. México: Fondo
de la Cultura de México, 1975, p.31.

Monumento funerario elaborado por Bernardo


Vieco para el Mausoleo de don Pedro Estrada
El lugar del cadáver en la cultura
¿Cómo evitar la corrupción del cuerpo o, al menos, ocultarla de la
mirada del hombre?
• 1. Inhumación: entrega a la tierra.
• 2. Cremación: entrega al fuego.
• 3. Inmersión: entrega al agua.
• 4. Exposición: entrega al aire.
• 5. Métodos científicos
(momificación, embalsamamiento,
etc.).
THOMAS, Op. Cit., p. 35.
Imagen conferencia “Duelo y renovación: amor y
amistad”. Cementerio Museo de San Pedro
El rito y el cadáver: medio y receptor de la comunicación
simbólica tanatológica

Estela funeraria
Cementerio Británico
de Montevideo

“El difunto es aquel que no está vivo. Esto es evidente, no obstante por la misma
razón que la muerte no es un doble altercado de la vida, el difunto no está descrito
como parangón a un vivo: es algo distinto, que obedece a pautas de comportamiento
totalmente distintas a las del hombre en sociedad. Ahora bien, en cierto sentido sigue
‘representando’ al vivo: es todo lo que queda de su presencia en el mundo; es digno
para los vivos del ‘ser querido’ al que lloran”.
BARCELO, Juan A. Elementos para una Teoría de la Muerte y de los Ritos Funerarios. En: Boletín de Antropología Universidad de
Antioquia. Medellín. No 24 (s.f.), p 12 y 14.
El rito y el cadáver en las tradiciones judeocristianas: una
‘ausencia-presente’ al interior de la comunidad

Imágenes de referencia rituales funerarios de la comunidad judía en la actualidad


El rito y el cadáver en las tradiciones funerarias en la Roma
Imperial: la expulsión de los ‘espíritus protectores’

Representación de funeral
romano y monumento funerario
ubicado a las afueras de la urbe
De catacumbas a catedrales: los cadáveres de impuros a
elementos ‘sacralizadores’ de espacios

Catacumbas de San Sebastián en Roma


Sepultura ad santos: un vínculo permanente con la
divinidad
“Los mártires nos guardan a nosotros que
vivimos con nuestros cuerpos, y nos toman
a su cargo cuando hemos dejado nuestros
cuerpos. Aquí nos impiden caer en el
pecado, allá nos protegen del horrible
infierno (inferni horror). Por eso nuestros
antepasados se preocuparon de asociar
nuestros cuerpos a las osamentas de los
mártires: el Tártaro les teme y nosotros
escapamos al castigo. Cristo los ilumina y su
claridad expulsa lejos de nosotros las
Escultura representativa del mártir San Sebastián en tinieblas”.
Roma
ARIES, Philippe. El Hombre ante la Muerte. Madrid: Taurus,
2004. Pág. 36.
El culto a las reliquias y la llegada masiva de cadáveres a los
templos

“La fragmentación incluso multiplica los


beneficios de las reliquias, puesto que
cada parcela conserva la carga sagrada
originaria; aquí la parte vale como el todo.
Por consiguiente, nada impide la
dispersión de los restos de los que sería
una lástima privar a otros fieles”.
GÉLIS, Jacques. El cuerpo, la iglesia y lo sagrado.
En: VIGARELLO, Georges. Historia del Cuerpo Vol. 1. Madrid: Taurus,
2005. Pág 86

Cráneo de San Martín de Porres, "el santo de la escoba“,


venerado en el Convento de Santo Domingo en Lima, Perú
Alfonso X ‘El Sabio’ y las Siete Partidas: la norma

“Empero antiguamente los emperadores et los reyes de los cristianos ficieron establecimientos et leyes, et
mandaron que fuesen fechas eglesias et cementerios de fuera de las cibdades et de las villas en que se
soterrasen los muertos, porque el olor dellos non corrompiese el ayre nin matase á los vivos”
Ley II, del Título XIII
Alfonso X ‘El Sabio’ y las Siete Partidas: la excepción

“… los reyes et las reynas et sus fijos,


et los obispos, et los abades, et los
priores, et los maestres et los
comendadores que son perlados de las
órdenes et de las eglesias
conventuales, et los ricos homes, et los
hombres honrados que ficiesen
eglesias de nuevo o monasterios…”.
Ley II, del Título XIII (1252 – 1284)

Urna sepulcral que contiene las entrañas de


Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León.
Catedral de Murcia
Carlos I y los primeros enterramientos intramuros en América

“Que los vecinos y naturales de las


Indias, se puedan enterrar en los
monasterios e iglesias que quieren”.
18 de julio de 1539

“Que donde estuviese lejos la iglesia,


se bendiga un campo para enterrar
los muertos”.
10 de mayo de 1554

Carlos I de Castilla
(más conocido como Carlos V)
(14 de marzo de 1516 - 16 de enero de 1556)
Felipe II y la reglamentación de una tradición

“Ley II: Que los clérigos no lleven más


derechos por los que se enterraren en
conventos de lo que justamente pudieran
llevar.
Porque en algunas partes de nuestras
Indias llevan los clérigos más derechos de
los que deben llevar por los cuerpos, que
se entierran en conventos de religiosos, y
por esta causa dexan de enterrarse
muchos en ellos, de que las Órdenes
reciben perjuizio”.
13 de noviembre de 1577 Felipe II de España y I de Portugal
(Valladolid, 21 de mayo de 1527-San Lorenzo de El
Escorial, 13 de septiembre de 1598)
Cementerios intramuros: la muerte invade los
espacios cotidianos

Catedral de El Cuzco, Perú


Dolor y muertes cotidianos: una prueba de fe

Representación de las ‘Danzas Macabras’


“La enfermedad es la manera como Dios le recuerda al hombre que ha pecado y que se ha olvidado, por
ende, de Él; la enfermedad es una prueba y el padecerla aumenta los méritos del que sufre ante Dios y le
abre las posibilidades de la salvación”.
NIEREMBERG, Iván Eusebio. Partida a la eternidad y preparación para la muerte (1645).
Dolor y muertes cotidianos: una prueba de fe

Representación de
las ‘Danzas
Macabras’

“Saber morir significa traspasar el umbral de lo terrenal, de lo pernicioso, de la posibilidad de la


condenación eterna, y adentrarse en el mundo de la felicidad y del bienestar eternos”.
MECA Y BOBADILLA, Miguel de. Dulzuras en el morir, motivadas del amor de Dios y de las culpas (1671).
Cementerios intramuros: la muerte invade los
espacios cotidianos

Catacumbas Iglesia de San Francisco – Lima, Perú


Incluidos y excluidos: discusiones acerca de la ubicación de
los cadáveres al interior de las iglesias

“Los no bautizados no pueden recibir sepultura eclesiástica, se exceptúan los


catecúmenos en razón de la preparación. Debe negarse también la sepultura
eclesiástica, a menos que manifiesten arrepentimiento antes de morir, a los
apóstatas, herejes, cismáticos y masones. Los excomulgados o en entredicho bajo
sentencia condenatoria, los suicidas, los que mueren en duelo, los que piden ser
cremados y los pecadores públicos y manifiestos. A los que se les niega la sepultura
eclesiástica tampoco pueden decírseles misa exequial o de aniversario”.
Ritual Romano de Pablo V (1614), Capítulo II del Título VI
Pablo V, Rituale romanum Pauli V. pontificis maximi jussu editum et a Benedicto XIV auctum et castigatum cui ad usum
missionariorum apostolicorum nova nunc primum accedit benedictionum et instructionum appendix (Roma: Congregationis
de Propaganda Fide, 1847).
La monarquía borbónica y el proceso ilustrado de creación de
cementerios

1781: Epidemia en Pasajes


(Guipúzcoa):
Se presume que la epidemia
surge del “hedor intolerable
que se sentía en la Iglesia
Parroquial de multitud de
cadáveres enterrados en
ella”.

24 de marzo de 1781: Real


Orden de Carlos III a su
Consejo acerca de las
consecuencias de las
inhumaciones intramuros.
Carlos III y el proceso ilustrado de creación de cementerios
extramuros

1783: Publicación del Informe sobre la disciplina


eclesiástica antigua y moderna relativa al lugar de las
sepulturas, elaborado por Melchor Gaspar de
Jovellanos.
1785: Se publica el Reglamento del Cementerio del
Real Sitio de San Ildefonso.
1785: Publicación del texto: Pruebas de ser contrario
a la práctica de todas las naciones y a la disciplina
eclesiástica, y perjudicial a la salud de los vivos,
enterrar los difuntos en las iglesias y poblados.
Su autor fue Benito Bails, Académico de las Reales
Academia Española y de la Historia, y de la Ciencias y Carlos III
Artes de Barcelona. (Madrid, 20 de enero de 1716-
Madrid 14 de diciembre de 1788)
Muerte y vida enfrentados en medio de un contexto
ilustrado
“La sobrepoblación de cadáveres en las iglesias
que inquietaba a los reformadores dieciochescos
no era nueva. Los cementerios atestados y su
consecuente mal olor no fueron un
‘descubrimiento’ del Siglo de las Luces, el
ascenso demográfico y la creciente urbanización
sin duda influyeron en esta situación, pero tal
‘amontonamiento’ no tenía nada de novedoso,
lo que resulta original en la época es la manera
de entender y de representar esta situación”.
TOMADO DE: ALZATE ECHEVERRI, Adriana María. Suciedad y orden. Reformas sanitarias borbónicas
Cementerio de las 366 fosas de Nápoles, diseñado en la Nueva Granada 1760 – 1810, Bogotá y Medellín, Universidad del Rosario, ICANH y
por Ferdinando Fuga Universidad de Antioquia, 2007. p. 205.
Real Cédula del 3 de abril de 1787

“SABED: Que con ocasión de la epidemia experimentada en la Villa de Pasage,


Provincia de Guipúzcoa, el año de mil setecientos ochenta y uno, causada por el
hedor intolerable que se sentía en la Iglesia Parroquial de multitud de cadáveres
enterrados en ella, se enterneció mi corazón a vista de aquel desgraciado suceso,
agregándome otros mayores, de que se me fue dando noticia con motivo de las
epidemias padecidas en varias provincias del Reino, y la memoria de otros anteriores
mas destructivos; y movido del paternal amor que tengo a mis Vasallos, encargué de
mi Consejo en Real orden de veinticuatro de Marzo del mismo año, que meditase el
modo más propio y eficaz de precaver en adelante las tristes resultas de esta
naturaleza que solían experimentarse, oyendo sobre ello a los MM. RR. Arzobispos,
y RR. Obispos de estos mis reinos, y a otras cualesquiera personas que juzgase
conveniente; y que en vista de todo me consultase cuanto le dictase su celo, de
forma que se pudiese tomar una Providencia general que asegurase la salud
publica…”.
Fuente: Navarra.es, Anexo 16, 3 de abril de 1787
Real Cédula del 3 de abril de 1787

I “Que se observen las disposiciones canónicas, de que soy Protector, para el


restablecimiento de la disciplina de la Iglesia en el uso y construcción de
Cementerios, según lo mandado en el Ritual Romano(…); cuya regla y excepciones
quiero que se sigan por ahora; con la prevención, de que las personas de virtud o
santidad, cuyos cadáveres podrán enterrarse en las Iglesias, según la misma ley, hayan
de ser aquellas por cuya muerte deban los ordinarios eclesiásticos formar procesos de
virtudes o milagros, o depositar sus cadáveres conforme a las Decisiones Eclesiásticas;
y que los podrán sepultarse por haber escogido sepulturas, hayan de ser únicamente
los que ya las tengan propias al tiempo de expedirse esta Cedula”.
III “Se harán los cementerios fuera de las Poblaciones siempre que no hubiere
dificultad invencible o grandes anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados e
inmediatos a la Parroquias, y distantes de las casas de los vecinos: y se aprovecharán
para Capillas de los mismos Cementerios las ermitas que existan fuera de los Pueblos,
como se ha empezado a practicar en alguno con buen suceso”.
Fuente: Navarra.es, Anexo 16, 3 de abril de 1787
José de Ezpeleta: pionero y modelo construcción de los
primeros cementerios extramuros en América
“… que la mayor parte de enfermedades
epidemias que se conocían con distintos
nombres arbitrarios no tenían en su
concepto otro principio que el de
enterrarse en las iglesias los cadáveres,
lo que era más obvio en aquella ciudad,
así por hallarse los templos repartidos
en toda la población y combatirla unos
ayres corrompidos e impuros a causa de
su temperamento cálido, y húmedo…”.
Fuente: Real Cédula del 27 de marzo de 1789 sobre Establecimiento de Sementerios,
Expediente respuesta del Gobernador de Cuenca a la solicitud del Virrey Mendinueta
en el año de 1800, AGN, sección Colonia, fondo Hospitales y Cementerios, tomo 8, fs.
José Manuel de Ezpeleta 455-455 rv.
(Cádiz, 1739 – Pamplona, 1823)
El Virrey Ezpeleta y la construcción de los primeros
cementerios extramuros
En su calidad de Capitán General de la Isla de
Cuba y de la ciudad de La Habana, Ezpelta envió
el 3 de febrero 1787 una comunicación al
Consejo Real solicitando la implantación de
medidas en torno a la construcción de
cementerios.
“…quien no solo la havía apoyado, sino aun
manifestándole que este mismo obgeto
comprehendía una de las constituciones de su
nuebo Sínodo…”.
Don José Manuel de Ezpeleta, fue nombrado
Virrey del Nuevo Reino de Granada entre 1789 y José Manuel de Ezpeleta
1797. (Cádiz, 1739 – Pamplona, 1823)
Real Cédula del 27 de marzo de 1789

“Por cuanto don José de Espeleta, Governador, y Capitán General de las Isla de Cuba
y Ciudad de San Christobal de la Habana, hiso presente en carta de tres de febrero
de mil setecientos ochentas y siete, que la mayor parte de enfermedades epidemias
que se conocían con distintos nombres arbitrarios no tenían en su concepto otro
principio que el de enterrarse en las iglesias los cadaberes, lo que era mas obvio en
aquella ciudad, así por hallarse los templos repartidos en toda la poblacion y
combatirla unos ayres corrompidos e impuros a causa de su temperamento calido, y
húmedo, como porque comprehendiendo mayor numero de personas, que las que
permitia su extensión y capasidad, en siertas estaciones del año eran tantos los que
se enterraban, que en algunas iglesias apenas podia pisarse sin tocar sepulturas
blandas, y hediondas; bajo de cuyo concepto para prebenir un daño tan
considerable, propuso como medio urgentísimo, y combeniente a la salud pública el
establecimiento de un sementerio fuera de poblado en donde se enterrasen todos
sin exepcion de …
Real Cédula del 27 de marzo de 1789

I “Que se observen las disposiciones canónicas, de que soy Protector, para el


restablecimiento de la disciplina de la Iglesia en el uso y construcción de Cementerios,
según lo mandado en el Ritual Romano(…); cuya regla y excepciones quiero que se
sigan por ahora; con la prevención, de que las personas de virtud o santidad, cuyos
cadáveres podrán enterrarse en las Iglesias, según la misma ley, hayan de ser aquellas
por cuya muerte deban los ordinarios eclesiásticos formar procesos de virtudes o
milagros, o depositar sus cadáveres conforme a las Decisiones Eclesiásticas; y que los
podrán sepultarse por haber escogido sepulturas, hayan de ser únicamente los que ya
las tengan propias al tiempo de expedirse esta Cedula”.
III “Se harán los cementerios fuera de las Poblaciones siempre que no hubiere
dificultad invencible o grandes anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados e
inmediatos a la Parroquias, y distantes de las casas de los vecinos: y se aprovecharán
para Capillas de los mismos Cementerios las ermitas que existan fuera de los Pueblos,
como se ha empezado a practicar en alguno con buen suceso”.

Fuente: Navarra.es, Anexo 16, 3 de abril de 1787


Real Cédula del 27 de marzo de 1789

(…) Por tanto por esta mi Real Cédula, ordeno, y mando, a mis virreyes (…) y demás
ministros que exercen mi Vice-Patronato Real, y ruego, y encargo, a los muy
Reverendos Arzobispos, y Reverendos Obispos (…), informen por mano de mi
infraescripto secretario con justificación, y la brevedad pocible lo que se les
ofreciere, aserca del insinuado establecimiento con consideración a las
circunstancias territoriales, respectivas comprehendiendo también en caso de que
se estime conveniente, el estado de las rentas de las fábricas de sus iglesias: Si estas
podran sufragar el coste de los mencionados cementerios: el número que se necesita
en cada población, con proporsión a su vecindario: a lo que podrá ascender su costo
por un prudente cálculo, y de que, otros arbitrios, o medios se podría echar mano, no
siendo aquel suficiente para que tenga efecto su construcción, con el menor
gravamen, pocible de mi Real Erario por ser así mi voluntad. Fecha en Madrid, a
veinte, y siete de marzo de mil setecientos ochenta, y nueve = Yo el Rey = Por
mandado del Rey nuestro Señor = Manuel de Nestares.
El Virrey Ezpeleta y la construcción de los primeros
cementerios extramuros

Plaza Mayor de la
ciudad de Santafé a
comienzos del siglo
XIX

En 1789 José Manuel de Ezpeleta se posesionó como Virrey en el Nuevo Reino de Granada y desde
ahí lideró el proceso de creación del cementerio de Santafé, capital virreinal, a partir de 1790.
El Virrey Ezpeleta y la búsqueda de argumentos ilustrados
en Santafé
Antonio Joaquín Froes:
No siendo posible dar reglas particulares para
la fundación de cementerios en cada
población, indicaré las generalidades más
esenciales:
1) Que se funden lo más distante posible de
la población.
2) Que se funden al occidente si no hubiere
algún obstáculo que obligue a lo contrario
porque los vientos del oriente son más
constantes.
3) Elevados y secos.
4) Muy retirado de cualquier manantial o
corriente de agua de donde puedan beber
gentes o animales.
5) Muy espaciosos con el fin de que pasen
muchos años sin que sea necesario volver a
abrir las primeras
Plano Geométrico de la ciudad de Santafé para el año 1791 elaborado por el TC.
Domingo Esquiaqui, corregido y ampliado por las tropas expedicionarias en 1816
El Virrey Ezpeleta y la construcción de los primeros
cementerios extramuros

• 11 de abril de 1791: el Virrey Espeleta


ordenó la construcción del primer
cementerio.
• 3 de marzo de 1792: solicitud de agilización
del proceso por parte del padre Fray
Manuel Ramos, Prior del convento
cementerio de San Juan de Dios.
• 30 de noviembre de 1793: bendición del
campo santo a cargo del Arzobispo de
Santafé, don Baltazar Jaime Martínez.
José Manuel de Ezpeleta, Virrey del Nuevo
Reino de Granada entre 1789 y 1797
Hacia la creación de los primeros cementerios en la villa de
Medellín

Esquema de la posible ubicación de los espacios mencionados en relación con la Plaza Mayor de la Villa de Medellín. 1.
Cementerio de la Vice Parroquia de San Benito, 2. Sitio de La Barranca, 3. Cementerio inaugurado en 1809 (‘Ciudad de las
Ánimas’ o ‘Cementerio de San Benito’) y 4. Cementerio de San Lorenzo.
Mapa de Medellín para 1791, AGN, Sección mapas y planos, Mapoteca, Referencia 256 A (Intervenido por el autor).
Pedagogía del terror: la vejación de los cadáveres como
ejemplo

Ejecución de Túpac Amaru y algunos de sus lugartenientes en la ciudad de Cuzco el


18 de mayo de 1781.
Pero… ¿Quién juzga a los muertos?

Asesinato de Marat perpetrado por Charlotte Corday, 13 de julio de 1793


Pero… ¿Quién juzga a los muertos?

Representación de la muerte de Antonio Ricaurte en San


Mateo el 25 de marzo de 1814
Muerte de Atanasio Girardot en la batalla del Bárbula,
30 de septiembre de 1813
Pedagogía del terror: la misma muerte… pero un
destino final
En la noche entre el 4 y el 5 de octubre de
1816 fue ejecutado este grupo de patriotas.
Camilo Torres y Rodríguez Torices fueron
desmembrados por las extremidades.
Sus partes se esparcieron por la ciudad y sus
cuatro entradas de la ciudad para horrorizar a
la población. La cabeza de Camilo Torres fue
colocada en una lanza en la plaza para mayor
escarnio público y la de Manuel Rodríguez
Torices en la hoy Calle 13 en donde se
encuentra la Estación de La Sabana.
Patíbulo Camilo Torres Tenorio, el Conde de Casa
Valencia (Pedro Felipe Valencia), don Manuel
Rodríguez Torices y don José María Dávila.
Pedagogía del terror: la misma muerte… pero un
destino final
“Fui prisionero en Cachirí, y me ocupaban los españoles en Bogotá en conducir a la
fosa los cadáveres de los patriotas fusilados. En consecuencia, presencié el
fusilamiento de Caldas y Ulloa, y fui testigo del horror con que murió el primero, y
de la arrogancia que en el patíbulo desplegó el último. Caldas murió a la primera
descarga, cuyos ocho tiros le entraron por la espalda y le abrieron una inmensa
tronera en el pecho. El taco de uno de ellos incendió el vestido, y yo apagué el
fuego con agua que tomé en la pila vecina. L/os cadáveres fueron colocados en
sendas parihuelas; el de Caldas quedó como a horcajadas, y lo taparon con un
paño de frisa de la que aún se estila usar en nuestro pueblo. Al conducir el cadáver
de Caldas a la iglesia de La Veracruz, y ya en el vestíbulo de ésta, yo, que estaba
enfermo de disentería, y además muy conmovido, caí en tierra, arrastrando
conmigo el cadáver y manchándome con la sangre que de éste salía en
abundancia”.
Ibáñez, Pedro María, Crónicas de Bogotá Tomo III, 176.
Pedagogía del terror: la misma muerte… pero un
destino final

Rendición del Brigadier José María Barreiro. Posteriormente él y todos los oficiales españoles prisioneros fueron
fusilados el 11 de octubre, por orden de Francisco de Paula Santander en otro episodio de la Guerra a muerte.
¡Muchas gracias!
diego.bernal@upb.edu.co

redcementeriospatrimoniales@gmail.com
http://redcementeriospatrimoniales.blogspot.com/

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