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Informe: Standard Operating Procedura (S.O.P.), Errol Morris.

Por Alejandra Waigandt.

En el documental Standard Operating Procedura (S.O.P.), de 2008, el cineasta


americano Errol Morris reflexiona sobre las fotografías que dan a conocer los abusos
cometidos por mujeres y varones del Ejército de Estados Unidos contra personas
privadas de su libertad en la cárcel de Abu Ghraib tras la ocupación de Iraq.
En primer lugar, comprendemos que muchas de las atrocidades que sufren los
prisioneros iraquíes son “normales” para la Administración norteamericana. Vemos
que la justicia estadounidense condena las prácticas que considera “criminales”, pero
al mismo tiempo indulta todas aquellas que califica de S.O.P.
Notamos que en este mismo sentido se expresa Brent Pack, de la División de
Investigación Criminal y analista de las fotografías de Abu Ghraib. Pack representa uno
de los testimonios centrales con los que Morris arma su investigación y su película. El
resto del coro de voces lo componen las y los militares condenados o degradados por
los abusos en Irak. Son sus relatos los que nos permiten contextualizar el caso: la
violencia de la guerra, la restricción de una vida circunscrita a una prisión, la demanda
de una jerarquía militar, el entretenimiento de una juventud determinada, etcétera.
Llama la atención cuando las y los entrevistados miran a cámara, y al mismo tiempo
reflexionan sobre sus acciones. Hablan de los abusos, los reconocen, pero también los
minimizan. Aseguran que no matan a los prisioneros, pero no dudan en tomar una
enorme cantidad de imágenes de gente humillada, golpeada y torturada. Es más,
posan para la foto y se divierten. Justamente, la película nos lleva a comprender que la
acción de sacar todas esas fotografías también es abusiva.
En segundo lugar, está el argumento de que la guerra desdibuja el límite entre lo que
está bien y lo que está mal. Morris nos comunica esta ambigüedad. Lo hace a través de
los testimonios, pero también mediante otros recursos audiovisuales que establecen
momentos muy dramáticos. Por ejemplo la utilización de un fondo oscuro en las
entrevistas, que representa paredes de una cárcel. Además, la estética con la que
presenta las fotografías nos sumerge en la atmósfera del policial negro. Realmente
experimentamos horror. Este sentimiento crece cuando Morris reconstruye hechos en
cámara lenta, tales como un perro que muerde a un prisionero o un cuerpo desnudo
tirado en el piso con agua. Este clima opresivo nos perturba durante toda la película a
través de otro recurso: la música.
Por último, el documental de Morris nos advierte que hay situaciones que quedan
impunes: los asesinatos de prisioneros iraquíes, las torturas realizadas por contratistas
militares y agentes de la CIA y la intervención de “Información Militar” en los
pabellones 1A y 1B. Sólo quienes aparecen en las fotos cargan con la culpa, es decir la
parte más baja del escalafón.