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ESTADOS DE AUGUSTO COMTE:

TEOLÓGICO

Todas nuestras especulaciones presentan una tendencia hacia lo inaccesible y lo difícil de


conocer, tratando de encontrar para estas cuestiones, un conocimiento absoluto que
resuelva todas las interrogantes, estableciendo un “control” a los fenómenos que nos
rodean. He ahí donde surge el estado teológico en tres fases.

Fetichismo:

La admiración y miedo de la naturaleza y sus fenómenos obligó a atribuir a los cuerpos


naturales una vida análoga a la nuestra, pero más mística en comparación. Por esto surge
la adoración a los astros, como el sol y la luna, y a diversos acontecimientos naturales,
que caracterizaron nuestra vida primitiva.

Politeísmo:

Con el paso del tiempo empieza a surgir una preponderancia de la imaginación


prevaleciendo el instinto y los sentimientos, generando una transformación en nuestro
pensamiento. Retirando la vida de aquellos objetos y de alguna forma es transportada a
seres ficticios; sacados de la creatividad humana.

Monoteísmo:

Surge del decaimiento de la filosofía inicial. Quedando concentrado la esencia de cada


divinidad en un solo ser omnipotente. Desde este punto se genera un estancamiento
intelectual. Que más tarde desaparecería gracias a la razón.

METAFÍSICO

Aparece por una evolución transitoria de nuestra inteligencia desde un estado puramente
teológico hacia el positivo. Siendo como aquella crisis de pubertad entre la niñez y
adultez. Usado básicamente como una forma de mantener el orden y control, pero a fin de
escapar del imperio teológico.

Intenta explicar la íntima naturaleza de los seres, su origen y su destino. Pero a diferencia
del estado teológico; que encuentra las respuestas en lo sobrenatural, el estado
metafísico trata de buscarlo en las entidades o abstracciones. Rigiéndose por los mismos
principios teológicos, pero dejando de lado aquella imagen autoritaria.
POSITIVO

Como tramo final de esta aparente evolución, se encuentra el último estado; el positivo.
Donde el ser humano, con el fin de ramificar sus esfuerzos en la investigación de
fenómenos aislados, renuncia a las investigaciones de lo absoluto, y abandona todo
aquello que considera imposible de conocer.

Este estado considera a la observación como la única base posible de los conocimientos.
Estableciendo que cada proposición debe ser demostrada únicamente con hechos.

La imaginación deja de prevalecer, para ser subordinada de la observación, siendo


encaminada por la experimentación.

El destino del positivismo no solo recae solo en encontrar la explicación de fenómenos,


sino “ver para prever”; es decir, predecir los mismos y conseguir una solución a ellos.