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La navidad: Dios con nosotros.

Jesús nació en medio de un país dividido. Cada grupo (fariseos, saduceos, herodianos,
zelotes, esenios y otros) expresaba, desde su trinchera, que su propuesta era la única alternativa
válida, para solucionar la crisis que vivía el pueblo judío. En medio de esta espantosa división,
Dios hace realidad la promesa que siglos antes había hecho a su pueblo: la llegada de un hombre
especial, a quien los judíos identificaban como el Mesías de Jehová, que guiaría al pueblo a una
restauración social, política y económica, convirtiendo nuevamente a Israel en una gran potencia.

Había también en Israel, además de las facciones antes señaladas, un grupo de fieles
creyentes que practicaban de manera escrupulosa las leyes judías, y mantenían viva la esperanza
del advenimiento del Ungido del Señor. En efecto, en aquellos días, según el relato de los
evangelios, se cumplió la promesa, y Jesús nació en un pesebre, en una bonita noche, rodeada de
maravillosas señales que autenticaban su llegada, y con ella, el inicio de su ministerio
reconciliador entre Dios y los hombres y mujeres de buena voluntad. Dios con nosotros, es decir,
Dios en Jesús, hace presencia en medio de la realidad social, política, religiosa y económica, para
indicar otro camino, otra forma de resolver los conflictos, la pobreza, la exclusión y el uso
inmoral del poder.

Este es uno de los significados esenciales de la navidad. Hoy la celebramos, y en muchos


de estos agasajos, Jesús está ausente, no ha sido invitado. Mientras cada grupo pretenda imponer
su visión de país, no habrá navidad. Simplemente, será una fiesta más, una excusa hipócrita para
calmar un poco nuestra falta de buena voluntad. Porque ese es el otro aspecto esencial: Dios abre
el camino para los hombres y mujeres de buena voluntad, es decir, de aquellos que tienen la
disposición para abrir cauces en los que todos, a pesar de las diferencias, podamos sentarnos a
conversar, y desde allí, buscar las mejores alternativas que nos conduzcan a superar la terrible
crisis que vive nuestra Venezuela. Si no hay disposición al diálogo abierto, honesto y sincero, no
hay navidad. Si cada grupo, como los que existían cuando Jesús nació, sigue aferrándose a sus
propuestas como únicas y verdaderas, la celebración de la navidad es vana e inútil.

La navidad: Dios con nosotros para que los hombres y mujeres de buena voluntad
demuestren con hechos que somos capaces de recorrer el camino de la reconciliación y la paz.
Como cristianos, debemos hacer el supremo esfuerzo para abandonar las trincheras, ya que
hemos optado por el método de Dios: acercarnos, y desde esa cercanía, dialogar. No podemos
atrincherarnos en ideologías, pretendiendo desde allí promover soluciones. Debemos salir al
encuentro del otro, aun de los enemigos, y con un gesto de buena voluntad promover el sentarnos
en la misma mesa, y celebrar, mediante el diálogo, la buena noticia de la navidad. Y como en
Belén, aquel pueblo que vivía en la densa oscuridad del antagonismo, veremos una gran luz. La
navidad: Dios con nosotros.

Pr. Edison Pérez