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Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

Autonomía procesal
del Tribunal Constitucional
CÉSAR LANDA
Presidente del Tribunal Constitucional del Perú. Profesor
de Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica del Perú
y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Las opiniones
vertidas en el presente artículo son realizadas a título personal.

SUMARIO: I. P RESENTACIÓN . II. C ONSTITUCIÓN Y PROCESO . III. E STATUS DEL T RIBUNAL


CONSTITUCIONAL. 3.1. El Tribunal Constitucional como órgano constitucional. 3.2. El Tribunal
Constitucional como órgano jurisdiccional. 3.3. El Tribunal Constitucional como órgano político.
IV. NATURALEZA DE LA AUTONOMÍA PROCESAL DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL. V. LEGITIMIDAD DE
LA INSTITUCIÓN. 5.1. Legitimación histórica. 5.2. Legitimación normativa. 5.3. Legitimación técnico-
jurídica. VI. AUTONOMÍA PROCESAL EN LA ACCIÓN, JURISDICCIÓN Y PROCESO. 6.1. El Reglamento
normativo del Tribunal Constitucional. 6.2. Jurisprudencia constitucional sobre la materia.
6.2.1. Acción. 6.2.2. Jurisdicción. 6.2.3. Proceso. VII. LÍMITES A LA AUTONOMÍA PROCESAL DEL
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL. 7.1. Límites formales. 7.1.1. La Constitución y las leyes. 7.1.2. Los
tratados internacionales. 7.1.3. La vigencia efectiva de los derechos fundamentales y la primacía
de la Constitución: artículo II del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional. 7.1.4. El
reconocimiento de los principios procesales: artículo III del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional. 7.2. Límites materiales. 7.2.1. El principio de subsidiariedad. 7.2.2. Los principios
de razonabilidad y proporcionalidad. 7.2.3. El principio de interdicción de la arbitrariedad. VIII.
CONCLUSIÓN.

Análisis y Comentarios
I. PRESENTACIÓN
Si bien en el Derecho Constitucional comparado la autonomía procesal
del Tribunal Constitucional ha sido ya objeto de planteamiento y desarrollo1,
en el marco del proceso democrático peruano de fortalecimiento del Estado
Constitucional y Democrático de Derecho, el Tribunal Constitucional viene
incorporando esta institución como manifestación de una concepción ga-
rantista de la Constitución y el proceso2, lo que constituye mérito suficiente
para llevar a cabo un análisis sobre el tema.
Es por ello que queremos contribuir aportando una visión sobre la ma-
teria; para lo cual se toma como punto de partida la noción de Constitución
y proceso, la misma que orienta nuestra concepción del Derecho Procesal

1 RODRÍGUEZ-PATRÓN, Patricia. La “autonomía procesal” del Tribunal Constitucional. Madrid,


Ediciones Civitas, 2003; La potestad reglamentaria del Tribunal Constitucional. Madrid,
iustel, 2005; ZEMBSCH, Günther. Verfahrensautonomie des Bundesverfassungsgerichts. Köln,
C. Heymans Verlag, 1971.
2 MONTERO AROCA, Juan. Derecho Jurisdiccional. Vol. 1. Valencia, Tirant lo blanch, 2000,
pp. 20-23. 63
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina
Año II , N.º 4, julio - diciembre, Lima, 2006
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

Constitucional y de sus fines constitucionales. Asimismo, consideramos


necesario abordar el tema del Tribunal Constitucional, poniendo especial
énfasis en su estatus dentro del ordenamiento constitucional peruano, el
mismo que justifica que se haya establecido la potestad de configurar el
proceso constitucional de manera autónoma, ante los vacíos o deficiencias
de la ley y en el marco de específicos límites, materiales y formales.
En el Perú, el Tribunal Constitucional, a través de su jurisprudencia
y Reglamento Normativo, ha venido incorporando el “principio de auto-
nomía procesal”; el mismo que le ha permitido, en no pocas ocasiones,
hacer dúctil el Derecho y los procesos constitucionales3, a fin de alcanzar
los fines constitucionales de los mismos: la defensa de la primacía de la
Constitución y la tutela de los derechos fundamentales.

II. CONSTITUCIÓN Y PROCESO


Si bien han existido momentos en el desarrollo y configuración del
Estado de Derecho en que la Constitución no era sino una mera norma po-
lítica carente de contenido jurídico vinculante y compuesta únicamente por
una serie de disposiciones orientadoras de la labor de los poderes públicos;
en la actualidad, no cabe duda que la Constitución es la norma jurídica y
política suprema del ordenamiento democrático de un Estado.
Así, el tránsito del Estado Legal de Derecho al Estado Constitucional
de Derecho supuso, entre otras cosas, la necesidad de dotar al ordenamiento
jurídico de mecanismos jurisdiccionales orientados a salvaguardar la plena
Análisis y Comentarios

vigencia del principio de supremacía constitucional y la tutela de los dere-


chos fundamentales4, superando la concepción de la pretendida soberanía
parlamentaria que consideraba a la ley y a los códigos como las máximas
normas del ordenamiento jurídico nacional.
En este contexto, no es difícil construir una noción de Constitución
desde el punto de vista normativo, en el entendido que el texto constitu-
cional es un sistema racional de normas que no sólo expresa, sino también
crea un orden; y en el cual son fundamentales la división de poderes y la
tutela de los derechos fundamentales. En consecuencia, “la norma fun-
dante básica [la Constitución], es el fundamento de validez de todas las

3 ZAGREBELSKY, Gustavo. El derecho dúctil. Ley, derecho, justicia. Madrid, Editorial Trotta,
1995, pp. 9-45.
4 Luego de la Segunda Guerra Mundial, el Derecho constitucional contemporáneo se
planteó la relación entre Constitución y proceso; lo cual dio lugar a que se procurara
la integración entre los mismos, así como la superación del positivismo jurídico
procesal basado en la ley, en base a reconocer el rol tutelar del juez constitucional.
Cfr. CALAMANDREI, Piero. Instituciones del Derecho Procesal Civil. Vol. I. Buenos Aires,
64 Ediciones JEA, 1962, pp. 317 y ss.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

normas pertenecientes a un mismo orden jurídico, constituye ello la unidad


dentro de la multiplicidad de esas normas. Esa unidad también se expresa
diciendo que el orden jurídico es descrito en enunciados jurídicos que no
se contradicen”5.
Sin embargo, esta noción normativa de Constitución se ha visto com-
plementada por dos perspectivas que son indispensables para comprender
de una manera más integral el orden constitucional peruano, nos referimos
a la Constitución histórica y la Constitución sociológica6.
La primera de ellas se sustenta en el principio de legitimidad; pues
desde una perspectiva histórica, la Constitución se legitima en el pasado
de una nación y en las circunstancias propias que rodean el actual pro-
ceso de transformación democrática. En tal sentido, se ha señalado –y
no sin razón– que “la constitución de un país no es creación de un acto
único y total, sino de actos parciales reflejos de situaciones concretas y,
frecuentemente, de usos y costumbres formados lentamente y cuya fecha
de nacimiento es imprecisa”7.
Por su parte la concepción sociológica deja de lado el elemento histórico
y en lugar de observar el pasado, pretende reflejar las situaciones y estructuras
sociales actuales, sustentando la Constitución en el ser y no en el deber ser.
Así, deja de lado lo trascendente para recoger lo inmediato, lo presente, de
nuestra sociedad. En ese mismo sentido, se ha señalado que “es característica
del concepto sociológico de constitución entender que la estructura política
real de un pueblo no es creación de una normatividad, sino expresión de una

Análisis y Comentarios
infraestructura social, y que si tal normatividad quiere ser vigente ha de ser
expresión y sistematización de aquella realidad social subyacente”8.
En suma, la noción de Constitución que es propia a del Derecho
Procesal Constitucional no se limita a reconocer únicamente la dimensión
normativa de la Constitución, puesto que dicha premisa podría conducirnos
a un resultado insuficiente o a un falseamiento de la realidad procesal, si
no se toma en consideración los elementos histórico y sociológico de la
Constitución. Sobre la importancia de precisar la noción de Constitución
para entender los procesos constitucionales, podemos señalar, siguiendo
a Zagrebelsky, que ella radica en que “toda concepción de la Constitución
trae consigo una concepción del procedimiento, como toda concepción del

5 KELSEN, Hans. Teoría pura del Derecho. México D. F., UNAM, traducción de la segunda
edición en alemán de Roberto J. Vernengo, 1982. p. 214.
6 GARCÍA-PELAYO, Manuel. Derecho Constitucional Comparado. Madrid, Alianza Editorial,
2000, pp. 34-41.
7 Ibíd.. p. 42.
8 Ibíd.. p. 48
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JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

procedimiento trae consigo una concepción de Constitución, [pues] no


existe un prius ni un posterius, sino una implicación recíproca”9.
Como el quehacer del Derecho Procesal Constitucional está in-
disolublemente vinculado tanto a la Constitución, pero sobre todo a la
interpretación de la Constitución, los clásicos criterios de interpretación
normativa, como son el método literal, el teleológico, el sistemático y el
histórico, resultan necesarios; pero claramente insuficientes para informar
la labor interpretativa del juez constitucional. Por este motivo, el Tribunal
Constitucional utiliza una serie de principios ad hoc a los procesos consti-
tucionales, que cumplen de manera más adecuada la misión orientadora y
canalizadora del proceso de interpretación constitucional para la solución
de un caso concreto. Tales principios de interpretación constitucional son:
el principio de unidad de la Constitución10, el principio de concordancia
práctica11, el principio de corrección funcional12, el principio de función
integradora13, el principio de fuerza normativa de la Constitución14 y el
principio de interpretación conforme a la Constitución15.

9 ZAGREBELSKY, Gustavo. “¿Derecho Procesal Constitucional?”. En: Revista Peruana de


Derecho Procesal. N.° IV, Estudio Monroy, diciembre, 2001, Lima, pp. 243.
10 El principio de unidad de la Constitución se orienta a conseguir que la Constitución
sea interpretada como un todo armónico y sistemático, a partir del cual se organiza
el sistema jurídico en su conjunto (Cfr. STC 5854-2005-PA/TC, FJ 12). Será, en
consecuencia, preciso identificar los principios fundamentales de la parte dogmática,
orgánica y económica de la Constitución.
Análisis y Comentarios

11 El principio de concordancia práctica permite resolver toda aparente tensión entre las
disposiciones constitucionales “optimizando” su interpretación, esto es, sin “sacrificar”
ninguno de los valores, derechos o principios constitucionales en aparente conflicto
(Cfr. STC 5854-2005-PA/TC, FJ 12). De este modo, se debe respetar el núcleo duro de
cada bien constitucional en conflicto, afectándose mutuamente siempre que exista
razonabilidad y proporcionalidad de la recíproca limitación.
12 El principio de corrección funcional exige al juez constitucional que, al realizar su labor
de interpretación, no desvirtúe las funciones y competencias que la Constitución ha
asignado a cada uno de los órganos constitucionales, de modo tal que el equilibrio
inherente al Estado constitucional y democrático, como presupuesto del respeto de
los derechos fundamentales, se encuentre plenamente garantizado. (Cfr. STC Exp. N.º
0020-2005-PI/TC y 0021-2005-PI, acumulados).
13 De acuerdo al principio de función integradora el “producto” de la interpretación sólo
podrá ser considerado válido si contribuye a integrar, pacificar y ordenar las relaciones
de los poderes públicos entre sí y las de éstos con la sociedad. (Cfr. STC Exp. N.º 4596-
2006-PA/TC, FJ 21).
14 El principio de fuerza normativa de la Constitución, se orienta a relevar y respetar la naturaleza
de la Constitución como norma jurídica vinculante para todos los poderes públicos y privados
in toto y no sólo parcialmente (Cfr. STC Exp. N.º 4596-2006-PA/TC, FJ 21).
15 Según el principio de interpretación conforme a la Constitución la ley no debe
ser declarada inconstitucional cuando al menos una de sus acepciones puede ser
66 interpretada conforme a la Constitución.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

Pero, el Derecho Procesal Constitucional, no obstante tener un objeto


propio como es la Constitución, un método especial como son los principios
y técnicas de interpretación, además de un sujeto especializado en última
instancia –como es el Tribunal Constitucional–, se le hace depender de las
normas privativas del proceso ordinario, motivo por el cual existe un debate
a nivel de la doctrina en torno a la naturaleza constitucional o procesal de
los procesos constitucionales16.
Si bien no consideramos pertinente detenernos, en esta oportunidad,
en dicha discusión; ello no impide expresar que nuestra postura sobre el
tema acoge la propuesta por el profesor Peter HÄBERLE, quien considera que
el Derecho procesal constitucional debe ser entendido como un Derecho
constitucional concretizado, es decir, al servicio del cumplimiento de la
Constitución. “El Derecho procesal constitucional es una concretización
de la Ley Fundamental en dos sentidos: en que él mismo es un Derecho
constitucional concretizado y en que le sirve al Tribunal Constitucional para
concretizar la Ley Fundamental. La gran ‘capacidad de concretización’ del
Tribunal Constitucional, demanda ahora una fundamentación del Derecho
procesal constitucional de carácter teórico constitucional”17.
En consecuencia, no se trata sólo de aplicar la Constitución en función
a las normas procedimentales, sino de darle a dichas normas un contenido
propio, conforme a la Constitución, pues si bien el derecho procesal cons-
titucional también requiere partir y remitirse a los principios generales del
Derecho procesal, ello será posible en la medida que éste último sea afín

Análisis y Comentarios
con los principios y valores constitucionales.
En efecto, sobre este último punto cabe señalar que algunos principios
y mecanismos del procedimiento civil ordinario no pueden ser trasladados

16 Cfr. FIX ZAMUDIO, Héctor. “Breves reflexiones sobre el concepto y el contenido del Derecho
Procesal Constitucional”. En: Anuario Iberoamericano de Justicia Constitucional. N.° 3.
Madrid, Centro de Estudios Político Constitucionales, 1999, pp. 89-119; GARCÍA BELAUNDE,
Domingo. “De la jurisdicción constitucional al Derecho Procesal Constitucional”. En:
Anuario Iberoamericano de Justicia Constitucional. N.° 3. Madrid, Centro de Estudios
Político Constitucionales, 1999, pp. 121-155, en particular, pp. 131-135; asimismo, SAGÜÉS,
Néstor Pedro. Derecho procesal constitucional. Recurso Extraordinario. Buenos Aires, Astrea,
1992, pp. 3-20. Al respecto, al profesor Héctor FIX- ZAMUDIO no le falta razón cuando
afirma –tras describir al Derecho Procesal Constitucional como una disciplina jurídica
situada dentro del campo del Derecho Procesal– que: “En cualquier caso, se trata de
disciplinas de frontera y de confluencia que requieren de la colaboración permanente
de los cultivadores tanto del derecho constitucional como los que se dedican al estudio
del derecho procesal.” FIX-ZAMUDIO, Héctor. “Breves reflexiones sobre el concepto y el
contenido del Derecho Procesal Constitucional... Op. cit., p. 119.
17 HÄBERLE, Peter. “El Derecho procesal constitucional como Derecho constitucional
concretizado frente a la judicatura del Tribunal Constitucional”. En su obra Nueve
ensayos constitucionales y una lección jubilar. Lima, Palestra Editores, 2004. p. 27.
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JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

automáticamente al proceso constitucional, como es el caso del principio


de justicia rogada, de la cosa juzgada y de la prescripción, “so pena de
traicionar los objetivos últimos de la justicia constitucional”18; puesto que,
por citar un ejemplo, el principio de justicia rogada impediría al juez cons-
titucional indagar más allá de lo aportado por las partes en el proceso.
Luego de este análisis, podemos concluir que el Derecho procesal
constitucional lejos de ser entendido en un sentido meramente positivista
y privatista, debe dar paso a un Derecho procesal garantista, propio de un
pensamiento institucional19, que atienda tanto a las demandas formuladas
por los particulares (tutela subjetiva de derechos fundamentales) como a las
exigencias objetivas del Estado de Derecho (tutela objetiva de la Constitu-
ción), “[u]n derecho procesal capaz de comprender las razones no siempre
coincidentes de la tutela subjetiva de los derechos constitucionales pero
también las razones de la tutela objetiva de la Constitución”20.
Si bien es cierto que las tensiones no serán ajenas a esta labor, tam-
bién lo es que corresponde al Tribunal Constitucional, en última instancia,
actuar como árbitro o conciliador de conflictos constitucionales, es decir,
como un poder moderador21. De aquí la importancia de conocer cual es
la naturaleza y alcance de la labor del Tribunal Constitucional.

III. ESTATUS DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL


La justificación de la existencia del Tribunal Constitucional se asienta
sobre dos principios consustanciales que fundan el Estado Constitucional
Análisis y Comentarios

y Democrático: el principio de supremacía jurídica de la Constitución, que


garantiza la primacía y eficacia de la Ley Fundamental; y, el principio po-
lítico democrático, o de soberanía popular, que se manifiesta en el sistema
de democracia representativa22.
En lo que a la naturaleza del Tribunal Constitucional se refiere, es
preciso señalar que la complejidad de este órgano constitucional impide que
pueda ser entendido, a cabalidad, únicamente a partir de las atribuciones

18 DE VEGA GARCÍA, Pedro. “Jurisdicción constitucional y crisis de la Constitución” En


su obra Estudios político constitucionales. México, Universidad Nacional Autónoma de
México, 1987. p. 306.
19 LANDA, César. Tribunal Constitucional y Estado democrático. Lima, Palestra Editores, 3.ª
edición corregida y aumentada, 2007. pp. 551 y ss.
20 ZAGREBELSKY, Gustavo. “¿Derecho Procesal Constitucional?”... Op. cit., p. 415.
21 Cfr. SCHMITT, Carl. “Der Hüter der Verfassung”. En: AÖR, Band 55, Taunus, Verlag D.
Auvermnann, 1975, pp. 162-237. Versión en español en: “La defensa de la Constitución”.
Madrid, Tecnos, 1983.
22 Cfr. DE VEGA GARCÍA, Pedro. “Jurisdicción constitucional y crisis de la Constitución”...
68 Op. cit., p. 298-302.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

que le han sido conferidas normativamente por la Constitución o por el


régimen jurídico constitucional que lo regula; incluso el neopositivismo
constitucional, asentado exclusivamente en la jurisprudencia, es insuficiente
para comprender su rol en el proceso histórico, social y político.
Dicha constatación nos permite señalar que el Tribunal Constitucional
puede ser entendido no sólo como un órgano constitucional, sino también
como un órgano jurisdiccional e, inclusive, como un órgano político. En
estas tres características del Tribunal Constitucional nos detendremos
brevemente a continuación.

3.1. El Tribunal Constitucional como órgano constitucional


Como hemos señalado en anteriores trabajos23, los órganos consti-
tucionales se caracterizan porque reciben del propio constituyente, en la
Constitución, todos los atributos esenciales de su condición y posición en el
sistema constitucional. No se trata, por consiguiente, de una simple mención
aislada de sus funciones y competencias, sino que el mismo texto constitucional
establece su composición, su estructura, los mecanismos de elección de sus
miembros, entre otros. Es importante precisar que, sin perjuicio de lo anterior,
el legislador tiene la posibilidad de completar, a través de las leyes orgánicas, los
elementos no esenciales o complementarios de los órganos constitucionales.
En el caso peruano, la Constitución de 1993 reconoce al Tribunal
Constitucional como un órgano constitucional encargado del control de la

Análisis y Comentarios
Constitución (artículo 201), al mismo tiempo que le confiere autonomía e
independencia y establece su composición, el estatuto de sus miembros y
el procedimiento para su elección24. Adicionalmente, convierte al Tribunal
Constitucional en una instancia de fallo que resuelve en última y definitiva
instancia las resoluciones denegatorias del Poder Judicial en materia de
hábeas corpus, amparo, hábeas data y proceso de cumplimiento (artículo

23 LANDA ARROYO, César. “Tribunal Constitucional y Poder Judicial: Una Perspectiva desde
el Derecho Procesal Constitucional”. En su obra Constitución y Fuentes del Derecho. Lima,
Palestra Editores, 2006, pp. 316-319.
24 Artículo 201 de la Constitución de 1993.-
El Tribunal Constitucional es el órgano de control de la Constitución. Es autónomo e
independiente. Se compone de siete miembros elegidos por cinco años.
Para ser miembro del Tribunal Constitucional, se exigen los mismos requisitos que para
ser vocal de la Corte Suprema. Los miembros del Tribunal Constitucional gozan de la
misma inmunidad y de las mismas prerrogativas que los congresistas. Les alcanzan
las mismas incompatibilidades. No hay reelección inmediata.
Los miembros del Tribunal Constitucional son elegidos por el Congreso de la República
con el voto favorable de los dos tercios del número legal de sus miembros. No pueden
ser elegidos magistrados del Tribunal Constitucional los jueces o fiscales que no han
dejado el cargo con un año de anticipación.
69
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

202, inciso 2); y lo faculta para declarar, en instancia única, la inconstitucio-


nalidad de normas con rango de ley (artículo 202, inciso 1) y para resolver
los conflictos de competencias o, de atribuciones asignadas directamente
por la Constitución, conforme a ley (artículo 202, inciso 3).
Aún podemos sumar a esta relación lo establecido por el artículo 204
de la Constitución de 1993, en que se establece que “[l]a sentencia del
Tribunal que declara la inconstitucionalidad de una norma se publica en
el diario oficial. Al día siguiente de la publicación, dicha norma queda sin
efecto. No tiene efecto retroactivo la sentencia del Tribunal que declara
inconstitucional, en todo o en parte, una norma legal.” Con lo cual una
sentencia del Tribunal Constitucional deja sin validez una norma legal del
Congreso, del Poder Ejecutivo, y de los gobiernos regionales o locales.

3.2. El Tribunal Constitucional como órgano jurisdiccional


En el punto anterior habíamos señalado que la Constitución de 1993
convierte al Tribunal Constitucional en una instancia de fallo, atribuyéndole
competencia para conocer, en instancia única, los procesos de inconsti-
tucionalidad y los conflictos de competencia; y, para conocer, en última y
definitiva instancia, las resoluciones judiciales denegatorias de los procesos
constitucionales de hábeas corpus, amparo, hábeas data y cumplimiento.
De ahí que, el hecho que la Constitución peruana no comprendiera al Tribu-
nal Constitucional como un órgano del Poder Judicial, no le priva de su carácter
Análisis y Comentarios

de órgano jurisdiccional; por el contrario, el Tribunal Constitucional asume la


función de impartir justicia constitucional, puesto que le ha sido atribuida no sólo
la función constitucional de velar por el cumplimiento del principio jurídico de
supremacía de la Constitución, sino también velar por la vigencia y eficacia de
los derechos fundamentales (artículo 2 del Código Procesal Constitucional).
En tanto órgano jurisdiccional, el Tribunal Constitucional asume un
activo control de constitucionalidad, no solo como legislador negativo, sino
también como un auténtico promotor del respeto de los derechos fundamen-
tales, precisando el contenido y límite de las disposiciones de la Constitución
a través de la interpretación jurídica y de la teoría de la argumentación25.
Dicha constatación permite sostener que el modelo de la justicia constitu-
cional kelseniano puro y simple ha sido superado, en la medida que en el
texto Constitucional no sólo existen derechos fundamentales, sino también

25 Al respecto ver: ATIENZA, Manuel. Derecho y Argumentación. Colombia, Universidad


Externado de Colombia, 1997; DÍAZ REVORIO, Franciso Javier. Valores superiores e
interpretación constitucional. Madrid, Centro de Estudios Político Constitucionales, 1997;
asimismo, GASCÓN ABELLÁN, Marina y GARCÍA FIGUEROA, Alfonso. La argumentación en el
70 Derecho. Lima, Palestra Editores, 2005.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

principios constitucionales y valores superiores, que el Tribunal Constitucional


tiene como misión esencial tutelar y a veces antes desentrañar.

3.3. El Tribunal Constitucional como órgano político


Cuando nos referimos a la naturaleza política del Tribunal Constitu-
cional, en definitiva, no aludimos al sentido tradicional del término, como
puede ser el de “hacer política”; sino el de “hacer derecho”. Por eso, antes
bien, se trata de una concepción que nace a partir de su reconocimiento –en
última instancia– como vocero del poder constituyente, en la medida que
es el intérprete supremo de la Constitución. Esta concepción, a su vez, se
encuentra determinada tanto por sus decisiones, que pueden tener efectos
políticos, como por la posibilidad de someter a control constitucional las
denominadas cuestiones políticas –political questions– 26.
Si bien la tensión entre política y Derecho –es decir entre la ley
del Congreso y la sentencia del Tribunal Constitucional– es un conflicto
universal y permanente, es posible afirmar que el rol jurídico-político del
Tribunal Constitucional cobra mayor relevancia cuando acuden a esta
instancia personas naturales o jurídicas con problemas económico sociales
que no son resueltos por el mercado, que afectan el rol social del Estado, o
cuando existe bajo consenso político entre la oposición con el gobierno al
expedir una ley; generándose una alta la influencia de los poderes privados
y fácticos en la esfera de decisión judicial27.

Análisis y Comentarios
En tal sentido, se debe tener en cuenta que en países con una tra-
dición desintegrada e inestable, como el Perú, donde la realidad política
es conflictiva, el Tribunal Constitucional que resuelve en forma jurídica
conflictos de contenido siempre político, no puede hacerse la ilusión de
estar situado, ante la opinión pública, por encima de contiendas que él
mismo ha de juzgar, sino que las modernas técnicas de la interpretación
y argumentación constitucional puede generar consensos conjugando la
ratio y la emotio que toda Constitución representa.

IV. NATURALEZA DE LA AUTONOMÍA PROCESAL DEL TRIBUNAL


CONSTITUCIONAL
El concepto de autonomía procesal encuentra dos concepciones en el
Estado Constitucional; una propia del Derecho privado, en virtud de la cual

26 Cfr. LANDA ARROYO, César. “Justicia Constitucional y political questions”. En: Anuario
Iberoamericano de Justicia Constitucional. N.° 4, CEPC, Madrid, 2000, pp. 273 y ss.
27 Cfr. DAHL, Robert. Decision-making in a democracy: the supreme court as a national
policy maker”. En: Journal of Public Law. N.° 6, 1957, pp. 257 y ss.
71
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer


lo que ella no prohíbe, fundado en la autonomía de la voluntad privada.
Mientras en el Derecho público, la autonomía de los poderes públicos,
gobiernos regionales y locales y los organismos constitucionales, se fundan
en el principio de división y control de poderes.
La autonomía en el Derecho público se funda en el derecho objetivo,
establecido en el sistema de fuentes del Derecho, donde no sólo las normas,
sino también la jurisprudencia, de manera subsidiaria, se constituye en fuen-
te de irradiación del Derecho28. Tal es el caso de las sentencias del Tribunal
Constitucional que, habiendo sido emitidas por el supremo intérprete de
la Constitución, constituyen una fuente del Derecho y vinculan a todos los
poderes del Estado, puesto que todos estamos bajo la Constitución; pero
los jueces dicen en última instancia qué es la Constitución29.
Entonces, la autonomía es tanto un atributo de un poder u organis-
mo independiente como la capacidad de actuación de dicho organismo
constitucional –como el Tribunal Constitucional– para cumplir sus fines
de control constitucional con las limitaciones y responsabilidades que la
propia Constitución y las leyes establecen.
Así, las implicancias que se derivan de reconocer la especial naturaleza
del Tribunal Constitucional, en tanto órgano constitucional, jurisdiccional y
político, y su posición en nuestro ordenamiento jurídico, en tanto supremo
intérprete de la Constitución, no son irrelevantes. En efecto, en el marco de
un Estado constitucional y democrático de Derecho, la labor del Tribunal
Análisis y Comentarios

Constitucional es de integración jurídica de las normas, fallos y actos pre-


suntamente violatorios con la Constitución. En dicha labor integradora se
manifiesta “la vinculación que existe entre integración material y legitimidad
específica. La jurisprudencia de carácter formalista, que relativiza estos
hechos a favor del ordenamiento de los órganos y las funciones prescritas en
la Constitución, no hace sino invertir el orden de prelación de importancia
que de forma contundente quiere establecer la Constitución.”30.
Por ello, la labor del Tribunal Constitucional trasciende la labor juris-
diccional del juez ordinario, a quien revisa, en última y definitiva instancia,
sus fallos; motivo por el cual requiere de un mayor nivel de autonomía

28 Al respecto ver: DIEZ-PICAZO, Luis. Experiencias jurídicas y teoría del Derecho. Barcelona,
Ariel, 1987, p. 181.
29 Así lo señala con toda claridad el juez HUGHES, en una intervención en 1907: “nosotros
estamos bajo una Constitución, pero la Constitución es lo que los jueces dicen que es”.
LOCKHART, William; KAMISAR, Yales; CHOPER, Jesse; SHIFFRIN, Steven y FALLON, Richard.
The American Constitution. Minnesotta, West Publishing, 1996, p. 8.
30 SMEND, Rudolf. Constitución y Derecho Constitucional. Madrid, Centro de Estudios
72 Constitucionales, 1985, p.228.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

procesal que le permita flexibilizar las formalidades de los procedimientos


con el objeto de alcanzar los fines constitucionales del mismo, a través de
un Derecho Constitucional y Procesal dúctil31.
En consecuencia, en el actual proceso de fortalecimiento de la de-
mocracia, la autonomía procesal es una necesidad inexorable del Tribunal
Constitucional, a través de su regulación en su Reglamento y sus sentencias,
si se quiere cumplir a cabalidad el principio de supremacía constitucional
y la tutela de los derechos fundamentales.
Dicha autonomía –que no es autarquía– le confiere al Tribunal Cons-
titucional un importante grado de libertad y responsabilidad al momento
de definir, subsidiariamente a la ley, su Derecho Procesal; permitiéndole
desarrollar principios con pretensión de generalidad a través de la doctri-
na jurisprudencial y los precedentes vinculantes –stare decisis–, de modo
que puedan ser aplicados a casos similares posteriores. Al respecto, se ha
señalado lo siguiente: “podríamos calificar la “autonomía procesal”, como
el perfeccionamiento jurisdiccional que de su regulación procesal realiza el
TC, más allá de los métodos convencionales de interpretación e integración
del Derecho (cuando éstos se revelan insuficientes dada la especialidad del
proceso constitucional). A través de ella, el TC, en el seno de procesos con-
cretos, crea reglas y principios procesales generales más o menos estables,
de acuerdo con consideraciones de oportunidad.”32
Esta última afirmación, ha llevado a algunos autores a proponer la
“capacidad cuasilegislativa”33 del Tribunal Constitucional, que si bien tiene

Análisis y Comentarios
un alcance limitado, se origina en la especial dificultad que tienen las tesis
clásicas del proceso para cumplir con los fines esenciales de los procesos
constitucionales, al no distinguir entre creación de la ley y creación del
Derecho. Más aún, en determinados momentos y casos constitucionales,
parafraseando a Napoleón, “hay que salir de la ley para regresar al Dere-
cho”. Por cuanto, no es la mera aplicación de la ley, sino la interpretación
constitucional y la argumentación jurídica las que permiten integrar y con-
cretizar las disposiciones constitucionales a efectos de no dejar de impartir
justicia por vacío o deficiencia de las normas.
Por ello, es aquí donde se sitúa el verdadero debate de los alcances y
límites del quehacer jurisdiccional del Tribunal Constitucional34. Estas fa-

31 Al respecto ver: ZAGREBELSKY, Gustavo. El derecho dúctil. Ley, derecho, justicia. Madrid,
Editorial Trotta, 1995, pp. 9-45.
32 RODRÍGUEZ-PATRÓN, Patricia. La “autonomía procesal” del Tribunal Constitucional. Madrid,
Ediciones Civitas, 2003, p. 141.
33 Ibídem, pp. 141-142.
34 Cfr. HART, Herbert. “Una mirada inglesa a la teoría del derecho americana: la pesadilla
73
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

cultades judiciales de recrear el Derecho son compatibles con la concepción


general de Constitución y proceso garantistas antes señalada; pero sin llegar a
concebir que “el derecho consiste en las reglas establecidas por los tribunales
al decidir los casos y que todo lo demás, incluido leyes y precedentes pasados,
son solamente fuentes del derecho”, como señalaba GRAY35.
En suma, si bien delimitar con precisión el contenido de lo que se
ha venido a llamar “autonomía procesal” no es un tarea sencilla, podemos
considerar como rasgos característicos de la misma el que esté reservada al
Tribunal Constitucional, en tanto intérprete supremo de la Constitución. En
virtud de la cual, ante las antinomias y lagunas del Derecho36, el Tribunal
tendrá la posibilidad de desarrollar o reconstruir las normas constitucio-
nales, sustantivas o procesales, objeto de aplicación, cuando los métodos
tradicionales de interpretación e integración del Derecho se demuestren
insuficientes para llevar a cabo las tareas que le son propias, en el ejercicio
de sus funciones como Supremo intérprete de la Constitución y, en última
instancia, como vocero del poder constituyente37.
Tales funciones reafirman la misión tutelar del Tribunal Constitu-
cional de garantizar los fines esenciales de los procesos constitucionales:
“la primacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los derechos
constitucionales” (artículo II del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional). Al respecto, es pertinente señalar que, además de orientar
la labor interpretativa e integradora del Tribunal Constitucional, dichos
fines constitucionales se configuran como límites propios de su autonomía
Análisis y Comentarios

procesal. Así, “[l]a posición del TC como órgano constitucional y Tribunal


especial no sólo resulta ser el origen de la libertad demostrada en la confi-
guración de su Derecho procesal, sino que también ha de ser la principal
fuente que determine sus límites”38.

y el noble sueño” En: VV.AA. El ámbito de lo jurídico. Barcelona, Crítica, 1994, pp. 327-
350.
35 Ibídem, p. 333.
36 Para GUASTINI, “(...) el sistema jurídico presenta una antinomia cada vez que un caso
concreto es susceptible de dos diversas y opuestas soluciones con base en normas
presentes en el sistema. Hay que insistir en que una antinomia es un conflicto entre
normas y no entre disposiciones normativas”; y asimismo, “(...) el sistema presenta una
laguna siempre que un caso concreto no pueda ser resuelto de ningún modo sobre la
base de normas preexistentes en el sistema”. Al respecto, ver: GUASTINI, Ricardo. Estudios
sobre la interpretación jurídica. México, Editorial Porrúa, 2003, pp. 71 y ss.
37 Cfr. RUBIO CORREA, Marcial. La interpretación de la Constitución según el Tribunal
Constitucional. Lima, Fondo Editorial de la PUCP, 2005, pp. 379-454; asimismo, GARCÍA
DE ENTERRÍA, Eduardo. La Constitución como norma y el Tribunal Constitucional. Madrid,
Editorial Civitas, 1985, pp. 197-205.
74 38 RODRÍGUEZ-PATRÓN, Patricia. Op. cit., p. 157.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

En consecuencia, esta potestad, como cualquier otra del Tribunal


Constitucional, evidentemente, tiene límites en su ejercicio. Sobre ellos
trataremos más adelante, luego de abordar los argumentos que justifican
la incorporación del principio de autonomía procesal en nuestro sistema
constitucional y sus manifestaciones.

V. LEGITIMIDAD DE LA INSTITUCIÓN
Desde nuestro punto de vista, existen también razones de carácter
histórico, normativo y técnico-jurídico que confieren legitimidad a la au-
tonomía procesal del Tribunal Constitucional en nuestro país.

5.1. Legitimación histórica


Luego de la caída de los autoritarismos con la Segunda Guerra
Mundial y la caída del Muro de Berlín, como fruto del éxito del consti-
tucionalismo europeo, se llevó a cabo una expansión de los Tribunales
Constitucionales en diversas latitudes. Este hecho trajo consigo tensiones
entre la justicia constitucional y los clásicos poderes del Estado debido al
desafío que la creación y el desarrollo de los tribunales constitucionales
representaba frente al tradicional principio de separación de poderes. Cum-
pliendo, la justicia constitucional en su versión europea y norteamericana
tuvo una labor activa, convirtiendo a los jueces y tribunales en auténticos
recreadores del Derecho39.

Análisis y Comentarios
En el Perú, la creación de la justicia constitucional concentrada se
puso en evidencia, tardíamente, con la Constitución de 1979, a través del
denominado Tribunal de Garantías Constitucionales. Desde su estableci-
miento, en 1982, hasta su clausura, en 1992 (tras el autogolpe de Estado
de Alberto Fujimori), el Tribunal de Garantías Constitucionales dejó una
débil convicción, ante la ciudadanía y ante los poderes públicos, de ser un
auténtico defensor de la constitucionalidad.
Por su parte, con la Constitución de 1993, se incorporó el modelo
actual del Tribunal Constitucional. Sin embargo, en el año 1996, a menos
de un año de su instalación, quedó anulado nuevamente por el gobierno

39 Respecto a la labor de recreación del Derecho por parte de los jueces, se ha señalado
que cuando se trata de interpretar la Constitución: “[e]ste fenómeno, a veces designado
como concretización, llega a suponer una auténtica creación de un sistema de normas
subconstitucionales que se denomina oficialmente “doctrina”, que opera como una nueva
norma-marco para sucesivas funciones de subsunción, equivaliendo, si el creador
de la norma subconstitucional es el intérprete auténtico, a la Constitución misma”
ALONSO GARCÍA, Enrique. La interpretación de la Constitución. Madrid, Centro de Estudios
Constitucionales, 1984, p. 2.
75
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

de entonces, luego de que el Congreso expulsara a tres de sus magistra-


dos, por haber declarado la inconstitucionalidad de la Ley de reelección
presidencial40. Habiendo quedado mutilado el Tribunal Constitucional, con
solo cuatro magistrados, se hizo imposible que pudiera resolver demandas
de inconstitucionalidad contra leyes.
Estos hechos ponen en evidencia que, en un inicio, no existió una
verdadera reflexión sobre la posición y función democrática del Tribunal
Constitucional, así como convicción sobre la implementación de la jus-
ticia constitucional concentrada como órgano de control constitucional
en nuestro ordenamiento jurídico. Al parecer, la creación de este órgano
respondió, en un primer momento, a la desconfianza que el Poder Judicial
despertó en los constituyentes de 1979 y a su arraigada necesidad por los
constituyentes de 1993.
No obstante, tras su recomposición democrática, en el año 2002, el
Tribunal Constitucional ha cobrado un rol más activo, asumiendo no sólo
la defensa del principio de supremacía constitucional y la tutela de derechos
fundamentales, sino también la labor de preservar valores constitucionales
como son la justicia, la transparencia y, en el marco de la lucha anticorrup-
ción41, el fortalecimiento democrático de nuestro país.
Es en este contexto que adquiere pleno sentido legitimar la “autonomía
procesal” del Tribunal Constitucional, a fin de permitir que este órgano,
ante el vacío o deficiencia de la ley, configure su derecho procesal de modo
que le sea posible adecuar las formalidades del proceso al cumplimiento de
Análisis y Comentarios

sus fines constitucionales; y es que “(...) el Tribunal Constitucional es la


verdadera ‘corporeización’ de la Constitución, tanto para su garantía y pro-
tección como para su desarrollo y adaptación a lo largo del tiempo”42.

5.2. Legitimación normativa


En cuanto al fundamento de carácter normativo podemos hacer
referencia al artículo 201 de la Constitución, que establece: “El Tribunal
Constitucional es el órgano de control de la Constitución. Es autónomo e
independiente. (...)”. El poder constituyente al consagrar la autonomía e

40 Cfr. AGUIRRE ROCA, Manuel: “Nacimiento, vía crucis y muerte del Tribunal Constitucional
del Perú”. En: Lecturas sobre Temas Constitucionales. N.º 13, Lima, CAJ, 1997, pp. 117-145.
41 Al respecto, ver: LANDA ARROYO, César. “Inconstitucionalidad y derogación de la ley
en el Perú” En su obra Constitución y Fuentes del Derecho, Lima. Palestra Editores,
2006, pp. 355-361; asimismo, LANDA ARROYO, César. “Tribunal Constitucional y lucha
anticorrupción” En su obra Constitución y Fuentes del Derecho. Lima. Palestra Editores,
2006, pp. 363-374.
42 FERNÁNDEZ SEGADO, Francisco. La jurisdicción constitucional en España. Madrid, Dykinson,
76 1984, pp. 53-54.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

independencia constitucional y política de dicho órgano –en su relación con


los demás poderes y órganos constitucionales del Estado–, y como órgano
jurisdiccional por excelencia, es razonable interpretar que le faculta para
gozar de legitimidad normativa para ejercer limitadamente también su au-
tonomía procesal, dada su especial naturaleza y posición dentro de nuestro
ordenamiento jurídico, como intérprete supremo de la Constitución.
Por su parte, el artículo III del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional señala que “(...) el Juez y el Tribunal Constitucional deben
adecuar la exigencia de las formalidades previstas en este Código al logro
de los fines de los procesos constitucionales.” De este modo, se reconoce,
normativamente, la potestad del Tribunal Constitucional de adecuar las exi-
gencias de las formalidades previstas en el Código Procesal Constitucional
con el objeto de alcanzar los fines de los procesos constitucionales.
Esta disposición sustenta también la autonomía procesal del Tribunal
Constitucional en la medida que reconoce a su favor la potestad de ade-
cuar las formalidades contempladas en el Código Procesal Constitucional
y, en particular, en los códigos procesales adjetivos que se aplican suple-
toriamente, cuando ello sea necesario para dar cumplimiento a los fines
esenciales de los procesos constitucionales que, de conformidad con el
artículo II del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional, son
los de “garantizar la primacía de la Constitución y la vigencia efectiva de
los derechos constitucionales”.

Análisis y Comentarios
5.3. Legitimación técnico-jurídica
Atendiendo a la especialidad del Derecho Procesal Constitucional,
en tanto Derecho Constitucional concretizado, es posible sostener que
ante el vacío o la deficiencia legislativa, no siempre es pertinente recurrir
supletoriamente a los códigos procesales afines a la materia discutida, por
resultar insuficientes para resolver conflictos de naturaleza constitucional.
En consecuencia, el Tribunal Constitucional ha llevado a cabo una labor de
recreación y reinterpretación de aquellas normas procesales que resulten
insuficientes para garantizar el objetivo de los procesos constitucionales.
Por ello, se ha opinado en el sentido de admitir que “[l]os Tribunales cons-
titucionales, a diferencia de los otros jueces, gozan en general de márgenes
de discrecionalidad significativos según la interpretación y la aplicación
de las reglas procesales, que les permitan modificar la praxis anterior o
derogar las normas procesales; pueden aprobar autónomamente normas
integrativas o bien adoptar decisiones procesales.”43

43 ROLLA, Giancarlo. Garantía de los derechos fundamentales y justicia constitucional. México,


Editorial Porrúa, 2006, p. 139.
77
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

Se deja atrás la atávica idea de Montesquieu sobre la naturaleza del


juez como aquel poder nulo, que es sólo la boca que pronuncia las palabras
establecidas por la ley44.
Cabe señalar que esta tarea exige del Tribunal Constitucional una
especial calificación en la integración de sus miembros, toda vez que está
facultado para declarar la inconstitucionalidad de las normas legales y
conocer en última y definitiva instancia las resoluciones denegatorias de
hábeas corpus, amparo, hábeas data y proceso de cumplimiento; y resol-
ver en única y definitiva instancia los procesos competenciales (artículo
202 de la Constitución). Dichas competencias, que le han sido conferidas
constitucionalmente, dan cuenta de su carácter de supremo intérprete de
la Constitución.
Atendiendo a ello, y tal como hemos señalado en anteriores trabajos45,
un magistrado del Tribunal Constitucional debe ser, ante todo, un jurista
que a través de la ciencia constitucional y de sus cualidades humanas, pueda
aportar sus conocimientos del Derecho y su experiencia frente a las causas,
manteniendo neutralidad, incorruptibilidad y claridad en sus opiniones. Solo
así, el Tribunal Constitucional estará en la capacidad de dar una respuesta
razonada, justificada y coherente ante los problemas que se generen como
consecuencia de los vacíos o deficiencias de la ley procesal.

VI. AUTONOMÍA PROCESAL EN LA ACCIÓN, JURISDICCIÓN Y


PROCESO
Análisis y Comentarios

En el Perú la autonomía procesal del Tribunal Constitucional es


un principio e instituto embrionario que ha permitido que dicho órgano
constitucional perfeccione, a través de su Reglamento Normativo y, sobre
todo, sus resoluciones, su rol de tutela de los derechos fundamentales y de
defensa de la primacía de la Constitución, que le es inherente. Por ello, a
continuación, identificaremos algunas de las manifestaciones que ha tenido
la autonomía procesal del Tribunal Constitucional, a través de la acción,
jurisdicción y el proceso.

6.1. El Reglamento normativo del Tribunal Constitucional


El segundo párrafo del artículo 2 de la Ley Orgánica del Tribunal Cons-
titucional –Ley 28301– establece lo siguiente: “[e]l Tribunal puede dictar
reglamentos para su propio funcionamiento, así como sobre el régimen de

44 Cfr. MONTERO AROCA, Juan. Derecho Jurisdiccional... Op. cit., p. 31-32.


45 LANDA ARROYO, César. Tribunal Constitucional y Estado Democrático. Lima, Palestra
78 Editores, tercera edición corregida y aumentada, 2007, p. 602.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

trabajo de su personal y servidores dentro del ámbito de la presente Ley.


Dichos reglamentos, una vez aprobados por el pleno del Tribunal y autori-
zados por su Presidente, se publican en el Diario Oficial El Peruano.”
Mediante la citada disposición, la Ley Orgánica del Tribunal Consti-
tucional, le delega positivamente a dicho órgano constitucional la potestad
de reglamentar su propio funcionamiento; así como el régimen de trabajo
de su personal y servidores. En ejercicio de esta facultad delegada por el
legislador, en la sesión del día 14 de setiembre de 2004, el Pleno del Tri-
bunal Constitucional aprobó el Reglamento Normativo correspondiente a
su funcionamiento y al Régimen de trabajo de su personal y servidores,
mediante Resolución Administrativa N.° 095-2004-P/TC.
En la parte considerativa de dicha Resolución, el Pleno del Tribunal
Constitucional expresa la necesidad de contar con disposiciones normativas
internas que permitan reordenar y mejorar aspectos jurisdiccionales con
el objeto de que los procesos constitucionales puedan ser resueltos en el
menor tiempo posible. De esta manera se ha fijado reglamentariamente
cuestiones de carácter procedimental, que regulan la tramitación de algunos
procesos que tienen lugar ante el Tribunal Constitucional.
Por un lado, ello se pone en evidencia en el artículo 11 del citado Regla-
mento Normativo46, que señala: “[u]na de las Salas se encargará de calificar
la procedencia de las causas que lleguen al Tribunal. La Sala determinará
si, tras la presentación de los recursos de agravio constitucional, se debe
ingresar a resolver sobre el fondo. Para realizar tal análisis, aparte de los

Análisis y Comentarios
criterios establecidos en el artículo 18 del Código Procesal Constitucional,
la Sala declarará su improcedencia, a través de un Auto, en los siguientes
supuestos: si el recurso no se refiere a la protección del contenido esencial
del ámbito constitucionalmente protegido de un derecho fundamental; si
el objeto del recurso, o de la demanda, es manifiestamente infundado, por
ser fútil o inconsistente; o, si ya se ha decidido de manera desestimatoria
en casos sustancialmente idénticos, pudiendo acumularse”.
La justificación de esta norma radica en el desmesurado aumento de
carga procesal que ha sufrido el Tribunal Constitucional desde su crea-
ción47. Si bien, esto es una muestra de la confianza que los ciudadanos
han ido depositando en este órgano constitucional, no se puede perder de
vista que la sobrecarga procesal del Tribunal Constitucional podría inci-
dir negativamente en el rol tutelar de los derechos fundamentales que la
Constitución le reconoce.

46 Artículo modificado por Resolución Administrativa N.° 031-2006-P/TC, publicada el


2 de marzo de 2006.
47 Ver: http://gaceta.tc.gob.pe/actividades.shtml (rubro: Estadísticas)
79
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

Por otro lado, en su artículo 13-A se ha establecido que48 “[E]l Pleno o


las Salas pueden solicitar los informes que estimen necesarios a los órganos
de Gobierno y de la Administración y requerir respuesta oportuna de ellos,
de acuerdo al artículo 119 del Código Procesal Constitucional; así como
solicitar información del (los) amicus curiae (amici curiarum), si fuera el
caso, que permita establecer aspectos especializados que puedan surgir del
estudio de los actuados”.
En virtud del cual se regula la capacidad del Pleno o Salas que, para
mejor resolver, pueden solicitar informes a las entidades estatales; así
como a los particulares, a través de la incorporación de la figura del ami-
cus curiae, cuya intervención puede contribuir a dar solución a cuestiones
controvertidas y que presenten importantes problemas éticos o de otra ín-
dole49. Es así que la incorporación de este “amigo de la corte”, responde a
las necesidades de una moderna regulación procesal, vinculada al principio
de socialización; en virtud del cual se pretende alcanzar la democratización
del proceso50.
Así, en el ejercicio de su autonomía procesal, y sin transgredir las
normas constitucionales y legales que regulan su quehacer jurisdiccional,
el Tribunal Constitucional ha procedido a regular, por un lado, la forma
en que debe organizarse la tramitación de los expedientes que ingresen
a esta sede, con la finalidad de llevar a cabo, de manera más efectiva, su
función de control de la constitucionalidad y de protección de los derechos
fundamentales; como, por otro lado, la incorporación del amicus curiae en
Análisis y Comentarios

la práctica no sólo para solicitar informes, sino también para recibirlos.

6.2. Jurisprudencia constitucional sobre la materia


En el Perú, la doctrina jurisprudencial sobre la materia se ha referido
al “principio de autonomía procesal”, que alude a la facultad del Tribunal
Constitucional en virtud de la cual tiene la posibilidad de desarrollar y
complementar la regulación procesal constitucional, en el marco de los
principios generales del Derecho Constitucional material y de los fines

48 Artículo incorporado por el Artículo Segundo de la Resolución Administrativa N.°


034-2005-P/TC, publicada el 23 de abril de 2005.
49 Cfr. BAZÁN, Víctor. “El amicus curiae en clave de derecho comparado y su reciente
impulso en el derecho argentino” En: Cuestiones Constitucionales. N.° 12-2005, Instituto
de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2005, pp. 30 y ss.
50 Cfr. ETO CRUZ, Fernando y PALOMINO MANCHEGO, José. “En tres análisis: El primer Código
Procesal Constitucional del mundo. Su iter legislativo y sus principios procesales”. En:
José Palomino Manchego (coordinador). El Derecho Procesal Constitucional Peruano,
80 Estudios en Homenaje a Domingo García Belaunde. Lima, Grijley, 2005, pp. 301-302.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

de los procesos constitucionales51. En tal sentido, y ante la ausencia de


regulación positiva sobre la materia, el Tribunal Constitucional ha incor-
porado dentro de los institutos de la acción, la jurisdicción y el proceso
determinadas garantías procesales.

6.2.1. Acción
Básicamente, en cuanto a la acción –entendida ésta como el derecho
de activar la actividad jurisdiccional del Estado52–, se puede dar cuenta
de (1) la figura del litisconsorte facultativo, (2) del “partícipe’’, así como
(3) de la legitimidad procesal activa de los Colegios Profesionales en los
procesos de inconstitucionalidad de las normas legales.
(1) La incorporación del la figura del litisconsorte facultativo por
parte del Tribunal Constitucional tuvo lugar en el marco de un proceso de
inconstitucionalidad instaurado por el Presidente de la República contra
una Ordenanza Regional (Exp. N.° 020-2005-AI/TC); puesto que 31
integrantes del Congreso de la República solicitaron ser incorporados en
dicho proceso como litisconsortes facultativos.
Luego de constatar que el Código Procesal Constitucional no estable-
ce, expresamente, la institución del litisconsorte facultativo en el proceso
de inconstitucionalidad, el Tribunal Constitucional, en ejercicio de su au-
tonomía procesal, declaró ser competente para cubrir dicha laguna de la
legislación procesal. Habida cuenta que ante un proceso eminentemente
público, como la declaración de inconstitucionalidad de una ley, no es

Análisis y Comentarios
lógico aplicar supletoriamente el Código Procesal Civil.
Así, luego de reconocer el carácter de numerus clausus con el que se
ha regulado la legitimación activa en el proceso de inconstitucionalidad, el
Tribunal Constitucional estableció que “solo pueden actuar en la calidad de
litisconsortes facultativos los órganos y sujetos a los que se refiere el artículo
203 de la Constitución Política del Estado, y dentro de las características y
limitaciones propias de un proceso objetivo como éste”53.
En consecuencia, admitió la solicitud planteada por los integrantes
del Congreso, toda vez que dicho número de congresistas se encuentra
legitimado para interponer una demanda de inconstitucionalidad, de con-
formidad con el artículo 203 de la Constitución54.

51 Resolución de fecha 8 de agosto, recaída en el expediente N.° 0020-2005-PI/TC,


fundamento 2.
52 MONTERO AROCA, Juan. Introducción al Derecho procesal. Jurisdicción, acción y proceso.
Madrid, Tecnos, 2.ª edición, 1979, p. 78.
53 Ibíd., fundamento 5.
54 Artículo 203 de la Constitución.-
81
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

(2) En el marco de otro proceso constitucional (Exp. N.° 0025-2005-


PI/TC y 0026-2005-PI/TC, acumulados), el Tribunal Constitucional
evaluó la pertinencia de aplicar supletoriamente al proceso de inconstitucio-
nalidad la regulación del Código Procesal Civil relativa a la intervención de
sujetos procesales que no son parte demandada ni demandante y concluyó
lo siguiente: [e]n este contexto, tanto la institución del litisconsorcio como
la del tercero (...) han de ser excluidas debido a que el presupuesto de su
intervención es que el sujeto a ser incorporado detente un derecho subjetivo
o interés que pudiera verse afectado con la sentencia. Es precisamente este
elemento el que descarta la posibilidad de aplicar estas instituciones dado
que (...) el presupuesto de la incorporación al proceso de inconstitucio-
nalidad de otros sujetos, distintos al emisor de la norma impugnada, es
totalmente diferente.”55
Es así que, en aplicación del principio de autonomía procesal, el
Tribunal Constitucional incorporó la figura del “partícipe” al proceso de
inconstitucionalidad.
El sustento de dicha inclusión radica en el interés del Tribunal Cons-
titucional de enriquecer los puntos de vista a partir de los cuales deberá
examinar el proceso de inconstitucionalidad; más aún si la intervención de
los partícipes en el proceso no obedece a la defensa de interés o derecho
alguno, sino más bien, tiene por objeto aportar una tesis interpretativa en
la controversia constitucional.56
Así, en otro pronunciamiento57, el Tribunal Constitucional señaló
Análisis y Comentarios

que para dar cumplimiento a sus fines constitucionales, el partícipe deberá


ser notificado de la demanda y de la contestación, teniendo la posibilidad
solamente de presentar informe escrito e intervenir en la vista de la causa:
“[s]iendo la razón y propósito de su intervención enriquecer el proceso
interpretativo en la controversia, es su intervención en la vista de la causa
el momento estelar y trascendental de su actuación.”58
Finalmente, el Tribunal Constitucional ha advertido la importancia
de que la intervención del partícipe no ocasione el entorpecimiento del
procedimiento ni de las actuaciones procesales ordenadas por éste, en tanto
de director del proceso.

Están facultados para interponer acción de inconstitucionalidad: (...) 4. El veinticinco


por ciento del número legal de Congresistas. (...)
55 Resolución de fecha 28 de octubre de 2005, recaída en los expedientes N.° 0025-2005-
PI/TC y 0026-2005-PI/TC (acumulados), fundamento 17.
56 Ibíd., fundamento 23.
57 Resolución de fecha 13 de febrero de 2006, recaída en el expediente N.° 0033-2005-PI/TC.
82 58 Ibíd., fundamento 3.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

(3) En nuestro ordenamiento jurídico-constitucional, los colegios pro-


fesionales, de conformidad con el artículo 203, inciso 7) de la Constitución
y con los artículos 98 y 99 del Código Procesal Constitucional, gozan de
legitimación activa para interponer demandas de inconstitucionalidad, pero
en las materias de su especialidad. Esto se justifica en la medida que “debido a
la particularidad, singularidad y especialidad de los conocimientos científicos
y técnicos que caracterizan a las diferentes profesiones (Medicina, Abogacía,
Ingeniería, Arquitectura, Contabilidad, Química-farmacéutica, Periodismo,
Psicología y Biología, entre otras), estas instituciones se sitúan en una posición
idónea para poder apreciar, por una parte, si una determinada ley o disposi-
ción con rango de ley –que regula una materia que se encuentra directamente
relacionada con los conocimientos de una determinada profesión– vulnera
disposiciones de la Norma Fundamental; y, por otra, si resulta necesaria la
expedición de una determinada ley que regule las materias que se encuentren
relacionadas con los referidos conocimientos”59.
Sin embargo, estando expresamente prevista la legitimación activa
de los colegios profesionales en los procesos de inconstitucionalidad, el
Tribunal Constitucional ha delimitado el marco sustantivo y procesal de
los mismos. Así, desde la perspectiva sustantiva, se reconoce que de los
roles constitucionales que le corresponde desempeñar, tal vez el de velar
por la vigencia del principio de supremacía constitucional sea uno de los
de mayor relevancia.
Por su parte, la perspectiva procesal nos indica, de acuerdo con lo señalado

Análisis y Comentarios
por el supremo intérprete de la Constitución que, por un lado, los colegios
profesionales, si bien tienen legitimidad procesal para interponer demandas de
inconstitucionalidad, no pueden cuestionar cualquier tipo de leyes, sino aquellas
circunscritas a su ámbito de conocimientos; y, de otro, que esta legitimidad no
puede servir de instrumento para viabilizar, soterradamente, intereses parti-
culares o de grupos de presión, sino más bien accionar en cautela de intereses
generales o que atañen a la sociedad en su conjunto60.

6.2.2. Jurisdicción
Al relacionar la autonomía procesal del Tribunal Constitucional con
la jurisdicción, es decir, con la potestad que emana de la soberanía del
Estado para realizar el Derecho a través de la solución de las controversias
jurídicas61, se puede apreciar que aquella se ha ido manifestando, principal-

59 STC Exp. N.º 005-2005-AI/TC, fundamento 3.


60 STC Exp. N.º 0027-2005-AI/TC, fundamento 12.
61 MONTERO AROCA, Juan. Introducción al Derecho procesal. Jurisdicción, acción y proceso. Op.
cit., p. 53.
83
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

mente, cuando, por ejemplo, definió su competencia para realizar el control


constitucional de las leyes que entraron en vigencia con anterioridad a la
creación e implementación del Tribunal Constitucional en nuestro sistema
ordenamiento jurídico.
Así, señaló que tratándose de leyes o normas con rango de ley anteriores
a la constitución del Tribunal, el plazo para interponer la acción de inconsti-
tucionalidad no podía comenzar a contarse sino a partir del día en que éste
quedó constituido; vale decir, a partir del 24 de junio de 199662.
También se puede señalar el caso de la sentencia de inconstituciona-
lidad de la derogada Ley Wolfenson, en la medida que el TC interpretó en
base a su autonomía procesal que era factible la declaración de invalidez de
los efectos jurídicos de una norma legal derogada; por cuanto, la inconstitu-
cionalidad no sólo era posible declararla sobre el texto de la ley –entendido
como disposición o norma–, sino también contra los perniciosos efectos
jurídicos en la lucha anticorrupción que aún continuaban rigiendo en el
tiempo, a pesar de su origen constitucional espurio63.
Esta sentencia del Tribunal Constitucional peruano fue un caso
de laboratorio del ejercicio razonable de su autonomía procesal, ya
tempranamente, sostenida por Hans KELSEN con respecto al control de
constitucionalidad de leyes derogadas64.
Del mismo modo, aunque ahora ha sido recogida en el Reglamento
Normativo del Tribunal Constitucional, la figura procesal del amicus curiae
ha realizado una configuración propia. Ello en el sentido que es el propio
Análisis y Comentarios

Tribunal el que define quiénes son sus amici y el momento procesal en el


que pueden actuar en el marco de un proceso constitucional. Del mismo
modo ha definido las facultades y límites de los mismos.
Así, por ejemplo, cuando el Instituto de Defensa Legal puso a consi-
deración del Tribunal Constitucional su Informe Amicus Curiae, en relación

62 STC Exp. N.º 0044-2004-AI/TC, fundamento 2.


63 STC Exp. N.º 0019-2005-PI/TC.
64 K ELSEN , Hans. “La garantie jurisdictionnelle de la Constitution (La Justice
constitutionnelle)”… Op. cit., pp. 234-235. “Parece obvio que el tribunal constitucional
sólo puede conocer las normas todavía en vigor al momento en que dicta su resolución
¿Por qué anular una norma que ha dejado de estar en vigor? Sin embargo, observando
con atención esta cuestión, se advierte que es posible aplicar el control de constitucional
a normas ya abrogadas. En efecto, si una norma general –en este sentido sólo las
normas generales pueden ser tomadas en cuenta– abroga otra norma general sin
efecto retroactivo, las autoridades deberían continuar aplicando la norma abrogada
para todos los hechos realizados mientras se encontraba aún en vigor. Si se quiere
evitar esta aplicación en razón de la inconstitucionalidad de la norma abrogada (…)
es necesario que esta inconstitucionalidad se establezca de manera auténtica y que le
84 sea retirada a la norma el resto de vigor que conservaba”.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

a las acciones de inconstitucionalidad promovidas por la Defensoría del


Pueblo contra la Ley N.° 24150 y el Código de Justicia Militar65; o en el
caso de la demanda de inconstitucionalidad contra dos ordenanzas regio-
nales relacionadas con el cultivo de la hoja de coca, proceso en el cual la
Defensoría del Pueblo se presentó como amicus curiae.
Igual consideración merecen, es decir, como una manifestación de la
autonomía procesal del Tribunal, aquellos casos en los que se ha constituido
al lugar de la supuesta afectación de los derechos fundamentales –visita in
loco- o de otros bienes constitucionales66; o cuando, no obstante no estar
previsto en su normativa procesal, y con un criterio de razonabilidad, ha
estimado pertinente recepcionar informes de hechos en las audiencias
públicas o de vista de la causa67.

6.2.3. Proceso
Pero también propiamente en relación con el proceso –que es el medio
o instrumento mediante el cual se actúa la jurisdicción del Estado68– en
sí, el Tribunal Constitucional ha tenido la oportunidad de recurrir a su au-
tonomía procesal para dar plena vigencia a los principios del pro homine,
pro actione y de precaución. Así, dicha autonomía se manifiesta cuando se
pronuncia más allá del petitorio de la demanda en aras de una adecuada
protección de los derechos fundamentales, especialmente, en los proce-
sos constitucionales de amparo; de esta manera, bajo una interpretación
conforme con los principios señalados, se pronuncia distanciándose de

Análisis y Comentarios
la concepción clásica del principio de congruencia procesal, según el cual
el juez no puede fallar otorgando más ni menos de lo pedido o algo no
solicitado por el demandante.
Los tipos de hábeas corpus y su desarrollo jurisprudencial también consti-
tuye, en último término, la manifestación de la autonomía procesal que ostenta
el Tribunal69; de la misma forma como lo es la configuración jurisprudencial
de algunos derechos fundamentales como el derecho a la verdad y el derecho
de acceso a la justicia70. En otros casos, dicha autonomía se refleja cuando el
Tribunal Constitucional, en virtud de los principios procesales de economía y
celeridad, y aun cuando no existe una norma que así lo prevea, reconduce un

65 STC Exp. N.º 0017-2003-AI/TC, fundamento 6.


66 STC Exp. N.º 0021-2003-AI/TC.
67 STC Exp. N.º 0024-2003-AI/TC.
68 MONTERO AROCA, Juan. Introducción al Derecho procesal. Jurisdicción, acción y proceso. Op.
cit., p. 176.
69 STC Exp. N.º 2663-2003-HC/TC.
70 STC Exp. N.º 0959-2004-HD/TC.
85
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

determinado proceso constitucional a otro. Por ejemplo, cuando estima que


en una demanda de hábeas corpus no existe una afectación concreta o una
amenaza cierta e inminente de la libertad personal, lo reconduce como una
demanda de amparo y se pronuncia sobre el mismo71.
El establecimiento de los tipos de sentencias de inconstitucionalidad
de las normas legales, quizás es la expresión más acabada de la autonomía
procesal del Tribunal. Fue desarrollado de manera sistemática por vez pri-
mera por el Tribunal Constitucional peruano cuando resolvió un proceso
de inconstitucionalidad interpuesto contra la legislación antiterrorista72. En
dicho proceso se puso en evidencia que la declaración de inconstituciona-
lidad de una norma puede terminar siendo más gravosa, desde un punto
de vista político, jurídico, económico o social, que su permanencia dentro
del ordenamiento jurídico. Ello se debe a que el vacío normativo suscitado
tras la declaración de inconstitucionalidad de una ley (u otra norma con
rango de ley) puede ser perjudicial para la sociedad.
Es así que sobre la base de la distinción entre disposición –es decir,
el enunciado lingüístico, texto o conjunto de palabras– y norma –esto es,
el (los) sentido(s) interpretativo(s) que derivan de la disposición–73, el
Tribunal Constitucional peruano desarrolló sentencias de principio74, a
partir de la interpretación del sentido y alcance de las normas constitucio-
nales, a fin de integrar la jurisprudencia y colmar los vacíos normativos.
De acuerdo con la clasificación elaborada por el Tribunal Constitucional75,
dichas sentencias pueden ser:
Análisis y Comentarios

A. Sentencias estimativas.- Son aquellas que declaran fundada una


demanda. Su consecuencia es la eliminación o expulsión de la norma in-
constitucional del ordenamiento jurídico y, a su vez, se clasifican en:
a. Sentencias de simple anulación: dejan sin efecto una parte o la integridad
del contenido de un texto normativo.

71 STC Exp. N.º 6204-2006-PHC/TC.


72 STC Exp. N.° 010-2002-AI/TC, fundamentos 26 al 35.
73 GUASTINI, Ricardo. Le fonte del diritto e l’interpretazione. Milano, Giuffrè, 1993, p. 18.
74 La doctrina suele clasificar, de modo general, las sentencias del Tribunal Constitucional
en: sentencias de especie y sentencias de principio. Las primeras surgen de la simple
aplicación de las normas constitucionales y del bloque de constitucionalidad a un caso
particular y concreto; siendo la labor del Tribunal meramente declarativa. Por el contrario,
las sentencias de principio integran la jurisprudencia propiamente dicha, en la medida
que interpretan el alcance y sentido de las normas constitucionales, colmando los vacíos
normativos y forjando verdaderos precedentes vinculantes. Cfr. MAUNZ, Theodor et al.
Bundesverfassungsgerichtsgezets. München, Verlag C.H. Beck, 2003. pp. 122 y ss.; SCHLAICH,
Klaus. Das Bundesverfassungsgericht. München, Verlag C.H. Beck, 1997. pp. 260 y ss.
86 75 STC Exp. N.° 004-2004-CC/TC, fundamentos 2 al 4.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

b. Sentencias interpretativas propiamente dichas: declaran la inconstituciona-


lidad de una interpretación errónea efectuada por algún operador judicial.
c. Sentencias interpretativas-manipulativas (normativas): detectan y determi-
nan la existencia de un contenido normativo inconstitucional dentro de una ley
o norma con rango de ley. La elaboración de este tipo de sentencias se sujeta
alternativa y acumulativamente a dos tipos de operaciones: la ablativa y la
reconstructiva. Adicionalmente, las sentencias interpretativas-manipulativas
admiten la siguiente clasificación: sentencias reductoras, sentencias aditivas,
sentencias sustitutivas, sentencias exhortativas y sentencias estipulativas.
B. Sentencias desestimativas.- Son aquellas que declaran, según
corresponda, inadmisible, improcedente o infundada la demanda.
Según lo expresado por el propio Tribunal Constitucional76, el funda-
mento de las sentencias interpretativas se encuentra en los artículos 38, 45 y
51 de la Constitución77, que la reconocen como norma jurídica (suprema);
así como en el principio de presunción de constitucionalidad de las leyes,
derivado de los artículos 102, inciso 2; 103 y 109 de la Constitución78.
Sobre este punto, aún resta señalar que, en la sentencia recaída en
el Exp. N.° 030-2005-AI/TC, el propio Tribunal Constitucional estableció
límites a su labor interpretativa e integrativa, señalando que:
a) En ningún caso podrá vulnerar el principio de separación de po-
deres dado que

Análisis y Comentarios
76 STC Exp. N.° 030-2005-AI/TC, fundamento 53.
77 Artículo 38 de la Constitución.-
Todos los peruanos tienen el deber de honrar al Perú y de proteger los intereses
nacionales, así como de respetar, cumplir y defender la Constitución y el ordenamiento
jurídico de la Nación.
Artículo 45 de la Constitución.-
El poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo ejercen lo hacen con las limitaciones
y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen. (...)
Artículo 51 de la Constitución.-
La Constitución prevalece sobre toda norma legal; la ley, sobre las normas de inferior jerarquía,
y así sucesivamente. La publicidad es esencial para la vigencia de toda norma del Estado.
78 Artículo 102 de la Constitución.-
Son atribuciones del Congreso: (...) 2. Velar por el respeto de la Constitución y de
las leyes, y disponer lo conveniente para hacer efectiva la responsabilidad de los
infractores. (...)
Artículo 103 de la Constitución.-
(...) La ley, desde su entrada en vigencia, se aplica a las consecuencias de las relaciones y
situaciones jurídicas existentes y no tiene fuerza ni efectos retroactivos; salvo, en ambos
supuestos, en materia penal cuando favorece al reo. La ley se deroga sólo por otra ley.
También queda sin efecto por sentencia que declara su inconstitucionalidad. (...)
Artículo 109 de la Constitución.-
La ley es obligatoria desde el día siguiente de su publicación en el diario oficial, salvo
disposición contraria de la misma ley que posterga su vigencia en todo o en parte.
87
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

“las sentencias interpretativas e integrativas sólo pueden concretizar una


regla de derecho a partir de una derivación directa de las disposiciones de la
Constitución e incluso de las leyes dictadas por el Parlamento ‘conforme a
ellas’”(fundamento 61.a).
b) No cabe emitirlas cuando el vacío normativo de la declaración de
inconstitucionalidad pueda ser cubierto de varias maneras.
“En dichos casos, corresponde al Congreso de la República y no a este Tribu-
nal optar por alguna de las distintas fórmulas constitucionales que permitan
reparar la inconstitucionalidad, en la que la ley cuestionada incurre, por lo
que sólo compete a este Tribunal apreciar si ella es declarada de inmediato o
se le concede al Parlamento un plazo prudencial para actuar conforme a sus
competencias y atribuciones.” (fundamento 61.b)
c) Sólo pueden ser dictadas, con las limitaciones que la Constitución
y las leyes establecen (artículo 45 de la Constitución), para evitar que la
declaración de inconstitucionalidad de una norma con rango de ley genere
efectos aún más perversos –e inconstitucionales– para el Estado constitu-
cional y democrático de Derecho, que su permanencia en el ordenamiento
jurídico. (fundamento 61.c)
d) Resultan legítimas sólo si el Tribunal Constitucional argumenta
debidamente las razones y los fundamentos normativos constitucionales
que justifican su dictado. (fundamento 61.d)
e) Su emisión requiere de la mayoría calificada de votos de los miem-
Análisis y Comentarios

bros de dicho Tribunal (fundamento 61.e)


De acuerdo a lo expresado en el texto de la sentencia, estas limitacio-
nes constituyen un precedente de observancia obligatoria, en aplicación del
artículo VII del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional que
establece que: “[l]as sentencias del Tribunal Constitucional que adquieran
la autoridad de cosa juzgada constituyen precedente vinculante cuando así
lo exprese la sentencia, precisando el extremo de su efecto normativo”.
Otros pronunciamientos en los cuales el Tribunal Constitucional
también se ha remitido al principio de autonomía procesal son:
- A efectos de realizar un cambio de precedente en materia pensionaria. En
efecto, en la sentencia recaída en el expediente N.° 1417-2005-AA/TC,
que constituye un precedente, el Tribunal Constitucional determinó el
contenido esencial constitucionalmente protegido del derecho funda-
mental a la pensión de jubilación79; distinguiendo el contenido esencial,
del contenido no esencial y del contenido adicional. Al respecto, señaló
que: “dicho cambio de precedente se encuentra amparado por el prin-

88 79 STC Exp. N.° 1417-2005-AA/TC, fundamento 37.


Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

cipio de autonomía procesal que informa a las funciones de valoración,


ordenación y pacificación de este Tribunal (...)”80
- Asimismo, en la sentencia recaída en el expediente N.° 4119-2005-
AA/TC, en que se desarrolla el tema de la sentencia constitucional,
el Tribunal ha puesto especial énfasis en la posición de primer orden
que la sentencia constitucional ostenta entre las decisiones del Estado
Democrático de Derecho, dadas sus particulares características. Res-
pecto de tales características ha señalado que “[l]a configuración del
proceso mismo queda sujeta, en buena parte, a la capacidad procesal
del Tribunal para “fijarse” sus propios límites (piénsese en el principio
iura nóvit curia o en las propias lecturas que suele hacer el Tribunal a
partir de la narración propuesta por las partes). El Tribunal ha encon-
trado, en más de una ocasión, una pretensión distinta o, en algunos
casos, incluso ha podido “convertir” un proceso de cumplimiento en
amparo a efectos de dar “una mejor protección” al recurrente”81.
- En otra ocasión, el Tribunal Constitucional invocó su autonomía procesal
a efectos de ir determinando aquellos aspectos del recurso de agravio
constitucional que no fueron intencionalmente regulados por el legislador
y que son necesarios para llevar a cabo sus fines constitucionales.
Se trata de la sentencia recaída en el expediente N.° 2877-2005-PHC,
en que el Tribunal admitió la importancia de implementar disposiciones en
su reglamento normativo que, sin vulnerar los principios procesales genera-
les que se desprenden de la Constitución y las leyes, regulen la procedencia

Análisis y Comentarios
del recurso de agravio constitucional de manera más efectiva82.

VII. LÍMITES A LA AUTONOMÍA PROCESAL DEL TRIBUNAL


CONSTITUCIONAL
Si bien la denominada “autonomía procesal” le confiere al Tribunal
Constitucional un importante grado de libertad al momento de definir
su derecho procesal, se debe tener presente que toda libertad –que no es
autarquía– debe ser ejercida en el marco de ciertos límites que garanticen
su legitimidad.
Los límites pueden ser de dos tipos: formales y materiales. Los límites
formales están establecidos en el Derecho objetivo, es decir, en las normas
jurídicas; mientras que los límites materiales se expresan en la jurispruden-
cia constitucional en la medida que desarrolla los vacíos procesales de las

80 Ibíd., fundamento 48.


81 STC Exp. N.° 4119-2005-PA/TC, fundamento 38.
82 STC Exp. N.° 2877-2005-PA/TC, fundamento 22.
89
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

normas. Por tanto, es posible afirmar que prima facie los límites materiales
se encuentran en función de los límites formales.

7.1. Límites formales


7.1.1. La Constitución y las leyes
Si bien la autonomía procesal le permite al Tribunal Constitucional
integrar los vacíos o deficiencias que presenta la normatividad que regula los
procesos constitucionales, dicha autonomía no supone ampliar las compe-
tencias que le han sido constitucional y legalmente conferidas reformándolas
o contradiciéndolas, por cuanto ello es tarea soberana del legislador.
Este límite ha sido concebido como una manifestación del principio
de separación de poderes, toda vez que el Tribunal no podrá interferir, en
el ejercicio de su autonomía procesal, en la esfera de competencias de otro
órgano o poder del Estado, en particular del Poder Legislativo; lo cual “(...)
le obliga, en el ejercicio de su función jurisdiccional, a una autocontención
también en el campo procesal, equiparable a la que ha de practicar respecto
a las cualidades constitucionales materiales.”83
En consecuencia, el Tribunal Constitucional no podrá apartarse de
aquellas normas constitucionales y legales en que se han establecido los
principios fundamentales de los procesos constitucionales, pero sí inter-
pretarlas e integrarlas de ser necesario, como son el artículo 200 de la
Constitución, el Código Procesal Constitucional –Ley N.° 28237– y la Ley
Análisis y Comentarios

Orgánica del Tribunal Constitucional –Ley N.° 28301–.

7.1.2. Los tratados internacionales


Los tratados expresan un acuerdo de voluntades entre sujetos de De-
recho Internacional; y han sido reconocido como fuentes normativas porque
la Constitución así lo dispone: “[l]os tratados celebrados por el Estado y en
vigor forman parte del derecho nacional” (artículo 55 de la Constitución).
Sin embargo, en materia de derecho humanos, la Constitución establece
un tratamiento diferenciado a través de su Cuarta Disposición Final y
Transitoria: “Las normas relativas a los derechos y a las libertades que la
Constitución reconoce se interpretan de conformidad con la Declaración
Universal de Derechos Humanos y con los tratados y acuerdos internacio-
nales sobre las mismas materias ratificados por el Perú”.
Como puede apreciarse, la Constitución reconoce que los tratados
de derechos humanos sirven para interpretar derechos y libertades que

90 83 RODRÍGUEZ-PATRÓN, Patricia. Op. cit., p. 149.


Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

han sido reconocidos constitucionalmente84. En tal medida, los tratados


internacionales constituyen también una fuente del Derecho Procesal Cons-
titucional, principalmente, en tanto reconocen el derecho a un “recurso
efectivo” frente a las violaciones de derechos humanos. Así, el artículo
25, inciso 1 de la Convención Americana sobre Derecho Humanos, esta-
blece que “[t]oda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o
a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes,
que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reco-
nocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando
tal violación sea cometida por personas que actúen en el ejercicio de sus
funciones oficiales”.
Al respecto, la exigencia de interpretar las normas que reconocen,
regulan o limitan derechos fundamentales, de conformidad con los tratados
suscritos por el Perú en materia de derechos humanos, deriva no sólo de la
Cuarta Disposición Final y Transitoria de la Constitución, sino también del
hecho que los tratados, una vez ratificados por el Estado peruano, forman
parte del Derecho nacional.
En consecuencia, en ejercicio de su autonomía procesal, el Tribunal
Constitucional no está facultado para limitar o restringir el alcance que los
tratados internacionales reconocen a los procesos constitucionales sino, por
el contrario, para cumplirlos y desarrollarlos en caso de vacío o deficiencia
de sus disposiciones y resoluciones. En particular, las decisiones adoptadas
por los tribunales internacionales sobre derechos humanos, como el de acce-

Análisis y Comentarios
der a un recurso sencillo y rápido para la tutela de derechos fundamentales,
constituyen también un parámetro de interpretación que deberá observar
el Tribunal Constitucional en el ejercicio de su labor jurisdiccional.

7.1.3. La vigencia efectiva de los derechos fundamentales y la prima-


cía de la Constitución: Artículo II del Título Preliminar del Código
Procesal Constitucional85
El ejercicio de la autonomía procesal por parte del Tribunal Cons-
titucional no puede desarrollarse al margen de los fines constitucionales
que este órgano está llamado a garantizar. Por ello, y en aras de dar
cumplimiento a lo dispuesto en el artículo II del Título Preliminar del
Código Procesal Constitucional, el Tribunal Constitucional está llamado

84 Al respecto, ver: STC Exp. N.° 0047-2004-AI/TC, fundamentos 18 al 22; STC Exp. N.°
0025-2005-AI/TC y 0026-2005-AI/TC (acumulados), fundamento 25 al 34, asimismo,
STC Exp. N.° 0033-2005-AI, fundamento 6 (entre otros).
85 Artículo II del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional.-
Son fines esenciales de los procesos constitucionales garantizar la primacía de la
Constitución y la vigencia efectiva de los derechos constitucionales.
91
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

a garantizar que la vigencia efectiva de los derechos fundamentales y la


primacía de la Constitución no cedan ante la ausencia o la deficiencia de
normas procesales.
Es así que el sustento de la institución opera también como un límite
a la misma; puesto que el Tribunal Constitucional está obligado a expresar
las razones que justifican, en el marco de un caso concreto, la necesidad de
recurrir al principio de autonomía procesal; con lo cual debería poner en
evidencia los valores y principios constitucionales que orientan y legitiman
su labor. En este mismo sentido, el Tribunal Constitucional ha señalado:
“[e]ste “sacrificio de las formas procesales” sólo puede encontrar respaldo
en una única razón: la tutela de los derechos, por lo que toda práctica pro-
cesal que se apoye en este andamiaje teórico para atropellar los derechos o
para disminuir su cobertura debe ser rechazado como un poder peligroso
en manos de los jueces.”86

7.1.4. El reconocimiento de los principios procesales: artículo III del


Título Preliminar del Código Procesal Constitucional87
Este límite ha sido recogido en una de las resoluciones emitidas
por el Tribunal Constitucional (Resolución de admisibilidad recaída en
el expediente N.° 020-2005-AI, de fecha 8 de agosto de 2005). En dicha
resolución se afirma “la naturaleza del Tribunal Constitucional como
órgano jurisdiccional, sin que ello suponga negar las singularidades de
la jurisdicción constitucional y los principios materiales que la informan”
Análisis y Comentarios

(fundamento 3).
Al respecto, es importante señalar que la especial naturaleza del
Derecho Procesal Constitucional, en tanto Derecho Constitucional
concretizado, justifica la aplicación de los principios de dirección judi-
cial del proceso, gratuidad en la actuación del demandante, economía,
inmediación, socialización procesales y antiformalismo (artículo III del
Título Preliminar del Código Procesal Constitucional), que trascienden
a los que son tradicionalmente invocados en el marco de un proceso
ordinario. De lo contrario, los procesos constitucionales correrían el
riesgo de ser sometidos a un positivismo jurídico procesal basado en la
ley, que no se condice con los fines constitucionales que estos procesos
están llamados a tutelar.

86 STC Exp. N.° 4119-2005-PA/TC, fundamento 38.


87 Artículo II del Título Preliminar del Código Procesal Constitucional.-
Los procesos constitucionales se desarrollan con arreglo a los principios de dirección
judicial del proceso, gratuidad en la actuación del demandante, economía, inmediación
92 y socialización procesales.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

7.2. Límites materiales


7.2.1. El principio de subsidiariedad
Sobre este principio, cabe señalar que en caso de detectar lagunas
procesales legales, el Tribunal Constitucional puede integrarlas emplean-
do para ello determinadas instituciones procesales, sin que ello implique,
evidentemente, trasladar dichas instituciones mecánicamente.
Tal es el caso de la resolución de admisibilidad recaída en el expe-
diente N.° 020-2005-AI, de fecha 8 de agosto de 2005, en que el Tribunal
Constitucional reconoció la figura del litisconsorte facultativo, señalando
además, que la gama de instituciones procesales aplicables a los procesos
constitucionales puede ser bastante amplia, por ejemplo, en lo referido a pla-
zos, notificaciones, acumulación y separación de demandas, admisibilidad
de demandas subsidiarias y condicionales, procedimiento de determinación
de costas, capacidad procesal, consecuencias de la muerte del demandante,
retroacción de las actuaciones; y demás situaciones que, “no habiendo sido
previstas por el legislador, podrían ser el indicio claro de la intención del
mismo de dejar ciertas cuestiones para que el Tribunal mismo las regule
a través de su praxis jurisprudencial, bajo la forma de principios y reglas
como parte de un pronunciamiento judicial en un caso concreto”88.

7.2.2. Los principios de razonabilidad y proporcionalidad


En el Estado Constitucional de Derecho, los principios de razonabi-

Análisis y Comentarios
lidad y proporcionalidad, previstos en el artículo 200 de la Constitución,
son aplicables a todo el ordenamiento constitucional89 y, por ende, limitan
también la autonomía procesal del Tribunal Constitucional.
Dichos principios exigen que la configuración autónoma del proceso,
se justifique plenamente en los fines que el Tribunal Constitucional persi-
gue garantizar; y presuponen, por parte de dicho órgano constitucional,
la necesidad de evaluar a) si la aplicación del principio de autonomía pro-
cesal es idónea para conseguir el fin constitucional que se pretende con
tal medida, b) si existe una auténtica necesidad de aplicar dicho principio;
y c) si el grado de libertad que asume el Tribunal Constitucional en la
configuración de su Derecho Procesal, es proporcional con los fines que
se persigue alcanzar90.

88 Resolución de admisibilidad recaída en el expediente N.° 020-2005-AI, de fecha 8 de


agosto de 2005, fundamento 3.
89 STC Exp N.° 0006-2003-AI/TC, fundamento 8.
90 LANDA ARROYO, César. Teoría del Derecho Procesal Constitucional. Lima, Palestra Editores,
2004, pp. 237 y ss.
93
JUSTICIA CONSTITUCIONAL. Revista de Jurisprudencia y Doctrina

7.2.3. El principio de interdicción de la arbitrariedad


Si bien la Constitución no ha establecido expresamente este princi-
pio, bien puede desprenderse de su artículo 45, que señala lo siguiente:
“[e]l poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo ejercen lo hacen con
las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes esta-
blecen”. Asimismo, ha sido reconocido en la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional, en el sentido de proscribir los excesos de poder por parte
de los órganos del Estado, que deben actuar legítimamente en el marco de
las atribuciones que les han sido constitucional y legalmente conferidas.
Así, ha señalado que dicho principio tiene un doble significado: “a) En un
sentido clásico y genérico, la arbitrariedad aparece como el reverso de la
justicia y el derecho. b) En un sentido moderno y concreto, la arbitrariedad
aparece como lo carente de fundamentación objetiva; como lo incongruente
y contradictorio con la realidad que ha de servir de base a toda decisión. Es
decir, como aquello desprendido o ajeno a toda razón de explicarlo.”91
En consecuencia, en ejercicio de su autonomía procesal, el Tribunal
Constitucional debe ejercer una labor acorde con los fines de los procesos
constitucionales, cuidando de motivar adecuadamente sus resoluciones y
procurando que éstas sirvan como referente para los futuros procesos que
deberá resolver92.
Son éstos los principales límites que, a nuestro juicio, debe respetar
el Tribunal Constitucional en el ejercicio de su autonomía procesal.
Análisis y Comentarios

VIII. CONCLUSIÓN
En el Estado Constitucional y democrático de Derecho, ante la exis-
tencia de vacíos o deficiencias en las normas procesales constitucionales,
la autonomía procesal se configura como una necesidad inexorable del
Tribunal Constitucional que, a través de la interpretación constitucional y la
argumentación jurídica, integra y concretiza las disposiciones constitucio-
nales a fin de alcanzar los fines esenciales de los procesos constitucionales:
garantizar la primacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los de-
rechos constitucionales (art. II del TP del CPC.).
Dicha autonomía procesal es titularizada por el Tribunal Constitucio-
nal, motivo por el cual es importante tener presente que el ordenamiento
jurídico-constitucional lo ha configurado como un órgano constitucional,
jurisdiccional y político; de ahí que su autonomía procesal deba ser ejerci-
da con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes

91 STC Exp. N.° 0090-2004-AA/TC, fundamento 12.


94 92 RODRÍGUEZ-PATRÓN, Patricia. Op. cit., p. 155-156.
Autonomía procesal del Tribunal Constitucional / CÉSAR LANDA

establecen. Se trata, en consecuencia, de una potestad que admite límites


formales y materiales en su ejercicio. Tal como se ha señalado, los prime-
ros han sido establecidos en el Derecho objetivo, es decir, en las normas
jurídicas; mientras que los segundos se expresan en la jurisprudencia cons-
titucional, en la medida que ésta suple y desarrolla los vacíos procesales de
las normas jurídicas.
En el Perú, el Tribunal Constitucional se ha encontrado, en más de una
ocasión, frente a situaciones que han sido reguladas de manera insuficiente
o que carecen de regulación positiva, como es el caso de los tipos de sen-
tencia de inconstitucionalidad de una norma legal y la figura del partícipe
en el proceso de inconstitucionalidad. Es en este tipo de supuestos que la
aplicación del principio de autonomía procesal del Tribunal Constitucional
se justifica plenamente, ante la necesidad del Tribunal de no dejar de impartir
justicia ante los vacíos o defectos de la legislación procesal.
Del mismo modo, esta vez aludiendo al Reglamento Normativo del
Tribunal Constitucional, este órgano tiene la facultad (art. 2 de la Ley
Orgánica del Tribunal Constitucional), de reordenar y mejorar aspectos
jurisdiccionales a fin de que los procesos constitucionales puedan ser re-
sueltos de manera rápida y efectiva.
Todas estas consideraciones dan cuenta de la necesidad del Tribunal
Constitucional de ejercer un mayor grado de libertad a la hora de confi-
gurar su Derecho Procesal, lo cual, ciertamente, conlleva una importante
responsabilidad, que el Tribunal deberá garantizar –a través de una labor

Análisis y Comentarios
de autocontención– no se torne en autarquía. De ahí la importancia de
la especial calificación académica y democrática de sus magistrados y el
respeto a los límites de la autonomía procesal de dicho órgano.

95