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Regulación de la Frustración

La regulación de la frustración de nuestros hijos en su primera infancia es una


de las grandes tareas olvidadas, por padres, madres, e instituciones. Las áreas
cerebrales asociadas a la regulación de emociones se encuentran en pañales
al igual que los niños pequeños.

Una estimulación adecuada incluye necesariamente acompañamiento de los


momentos de frustración. La frustración es una emoción esperada que cada
ser humano tendrá que aprender a conocer durante su vida.

¿Por qué entonces hay personas que logran lidiar con la frustración de forma
madura, evitando que interfiera en sus objetivos de vida y a otras personas la
frustración las embarga, las desborda y les impide vivir su vida a gusto?

Son muchas las variables sin embargo las más significativas son relativa a la
relación con los padres. Nuestros cerebros por su estructura y funcionalidad
nos permite adquirir inteligencia emocional, pero no lo asegura. La
adquisición de la inteligencia emocional dependerá de la experiencia, de la
experiencia emocional, de la experiencia emocional con nuestros cuidadores,
principalmente en la primera infancia.
Regular no es simple, es de hecho una tarea compleja, que requiere de
observación, respeto, ritmo y mucha paciencia. La vida viene con dosis de
frustración, no se puede tener todo lo que se quiere, no inmediatamente por
lo menos. Sabemos que debemos intentar consolar el llanto de un bebé, pero,
en la medida que van creciendo, ¿debemos calmar todo sus llantos? Al parecer
hay ámbitos donde podemos calmar, en otros consolar y en otros acompañar y
empatizar pero no lograremos(ni siquiera lo intentaremos) satisfacer lo que
nos piden (~quiero manejar el avión [boing 798]~; quiero que devuelvan a mi
hermana~no quiero usar ropa~quiero que haya sol~etc). Aquí es donde los
padres y madres se pierden, parece que las instrucciones viene claras hasta
donde dicen que hay que girar a la izquierda y subir por la pendiente.

La naturaleza de la tarea de la crianza es sintonizar con sus emociones


(propias y de su hijo/a) para lograr mejor comunicación y así mantener un
equilibrio biológico. No es el objetivo que el niño deje de llorar a toda costa,
no es el objetivo que se calle o que se quede quieto. Algunos se esmeran en
satisfacer caprichos y otros prohiben la frustración con penas del infierno. La
frustración es natural y deben acompañarla,

¿el niño tiene derecho a llorar porque está frustrado?

Por supuesto. Se le acompaña, y se le explica que eso que siente se llama


frustración que que nosotros los adultos también la sentimos, y que cuando
fuimos niños eran sensaciones muy intensas, la idea es hacer sentir al niño
normal, que no es algo malo lo que le pasa, que es parte de la vida y con el
tiempo va ir aprendiendo a regularla, como aprendimos a hablar o andar en
bicicleta, ¿y cómo es eso? Practicando con acompañamiento.
Álvaro Pallamares
Psicólogo Clínico Infantil
Director del Centro de Intervención Temprana Internacional.