La violencia, factor determinante para que los menores abandonen sus hogares

La violencia se puede definir, según varias corrientes de l pensamiento, por ejemplo la teoría marxista, como el dominio de una clase social a otra, y que ésta se genera por medio del Estado (Engels). Por su parte Lenin consideraba que la violencia estatal era algo necesario, al argüir que debe hacerse uso de ella (Estado), ya que después de la etapa revolucionaria, deberá n someterse y aniquilarse los últimos reductos del orden burgués, además de ejercer el Poder a toda la masa (dirigencia).1 Por su parte, para los investigadores Eduardo Menéndez y Renée Di Pardo, la violencia tiene un origen relacionado con las condiciones de desigualdad dadas por un proceso histórico y dinámico.2 En resumidas cuentas, podríamos decir que el origen de la violencia en las sociedades está acompañad o con el surgimiento de un aparato regulador y repre sor en defensa de sus intereses o ajenos a él, pero que en cierta medida le injieren. Pero el monopolio de la violencia (Estado), definido así por Weber, no es nada sin la propiedad privada. La beligerancia del Estado tiene un origen en la lucha por la propiedad, vemos en un principio que los seres humanos competían, al igual que los animales, por ampliar sus territorios de caza, después por ampliar sus campos de siembra, y con la conformación del Estado moderno, por las fronteras y las riquezas que dentro de ellas quedaban. Al definir la violencia , como lo hemos hecho, tenemos que el Estado es el órgano al que los ciudadanos le han permitido, mejor dicho, relegado sus responsabilidades, para hacerse cargo de su seguridad aun a costa de ser reprimido y maniatado, así lo definió Hobbes en el Leviatán, el Estado fue creado con la premisa de garantizar la vida y de aniquilar el miedo a ser asesinado traicioneramente por la codicia de otro ser por apropiarse de las pertenencias de otro.

Osvaldo Romero Melgarrejo, La violencia como fenómeno social. El linchamiento en San Miguel Canoa, Puebla, pág. 73. 2 Ibíd., pág. 74

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Algunos teóricos y pensadores han comparado a la familia con el Esta do, dicen: ella es una representación en pequeño de lo que significa y es el Estado, pues bien, tenemos que la violencia ejercida por parte de los hombres (sexo), en los hogares es una representación de la violencia que ejerce el Estado en los individuos. Y ésta se comete más a menudo hacia las poblaciones más vulnerables. Los padres al tomar la decisión, en especial el hombre, ya que vivimos en una sociedad machista, si no es que misógina, se asemeja al Estado que ejerce este poder. El hombre considera a sus hijos y esposa de su propiedad, los defiende, los cela, los reprime, los mata, al fin son de él. Esa visión es la misma del Estado, ya que todo lo que lo conforma, territorio, población, lengua, cultura , etc., lo considera suyo, y con la autoridad de suprimirlo cuando lo desee o sienta a un hijo desobediente, encarcelarlo (castigarlo), o matarlo (golpearlo). Tomemos el caso de México, que a causa del fenómeno del narcotráfico y aun antes de él, ha sido considerado uno de los países más violentos del orbe. El maltrato que se gesta en derredor de los ciudadanos es parte del estandarte cultural. Pues tenemos que tanto líderes políticos o gobernantes , que ya desde su jerigonza muestran su belicosidad, así como militares aceptan la intimidación como una de sus tácticas.3 Pero también la población en general adopta esa actitud coactiva , y la hace ver como una tradición o costumbre bien arraigada en f rases como: ³el mexicano es bien macho´, ³si no chingas, te chingan´, ³si no tranzas, no avanzas´; o las analogías con la supuesta debilidad de la mujeres, o a sus roles estable cidos por una sociedad machista: ³mandilón´, ³pareces vieja´, ³niñita´. Ése es el léxico natural e n muchos de los hogares mexican os, lugar hacia donde se dirigen las agresiones estatales o de la propiedad privada. Ahí fecundan todo tipo de agresiones: emocional, sexual y física, y a la postre

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María Cristina Salazar y Peter Oakley, Niños y violencia. El caso América Latina, pág. 11.

estallan y emergen en pequeña escala en el hogar, manifestándose en golpes a los hijos e hijas. La intimidación que el Estado ejerce es sobre grupos minoritarios. El padre e n las familias mexicanas ejerce sus maltratos hacia dos sectores, por la incapacidad que poseen para defenderse, aunado a la dependencia económica de ambos, ellos son: los niños y las mujeres. Al pasar la disputa, la madre con algunos golpes, el hijo igual, con alguna parte magullada, el padre se acerca y da un ósculo, y pide perdón, pero la vehemencia tiende a resurgir en un lapso corto. Sucede como cuando el Estado dice: perdón, nos equivocamos. A nivel mundial, México ocupa uno de los lugares más altos en violencia intrafamiliar, reflejo del actuar del Estado, así lo ha dado a conocer en reiteradas ocasiones la Organización de la Naciones Unidas. De tal manera vemos cómo la violencia se focaliza en los sectores de la sociedad más vulnerables, y en la familia sucede lo mismo. ¿Pero de dónde emerge esa violencia? Algunos estudiosos consideran simplemente la causa económica, determinando así la pobreza como una causa primaria para el desencadenamiento de los actos violentos dentro de los hogares mexicanos , 4 adjudicándole al determinismo económico los problemas en la familia. Pero debemos tener en cuenta la diversidad de factores que propician la violencia contra los niños, debe ser visto de una manera multi -causal, pues influyen desde lo económico, lo cultural y lo social. El entorno violento crea personas violentas, al vivir envueltos en una cultura machista, se perpetra los roles en torno a la figura paterna como única autoridad (comparable al Estado) , válida y justificada, de ejercer actos correctivos, que en muchos casos no los son. Cuando la mujer y el niño se ven envueltos en un conflicto físico o sexual, esto viene acompañado de un daño emocional, pues en ambos casos se despierta un sentimiento de culpabilidad o responsabilidad en el acto, al cuestionarse ¿qué hice mal? Y respondiéndose la pregunta ³seguramente y o tuve la culpa, ya no lo haré´. Pero el niño, entiéndase niño como menor de dieciocho año ,
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Véase Laura Emilio Pacheco, ³Jóvenes y delincuencia: silencio del viento´, en: Proceso, edición especial, núm. 26, septiembre de 2009, pág. 72-77.

sea hombre o mujer, no puede resguardarse en nadie más, aunado a que es víctima tanto del victimario de ambos sectores como de la madre, y en algunos casos de otros familiares como hermanos mayores, tíos o abuelos. Al respecto, debemos plantear que en el maltrato infantil se debe considerar al menor agredido, al adulto agresor y al entorno familiar, socioeconómico y cultural en donde ocurre tal interacción. Se ha definido como el daño que se hace contra las aptitudes y habilidades de una persona, destruyendo su autoestima, su capacidad de expresarse y de relacionarse, alterando su personalidad y en general el desarrollo armónico de sus emociones y facultades.
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Pero tenemos otra cara de la moneda, si bien al padre siempre se le ve como el verdugo, aunque sea la madre quien ejerza la violencia, al repetir el rol de la pareja golpeadora, o mejor dicho, desatando su impotencia en el menor, al ser ella una mujer maltratada o por la presión de asumir el papel de padre y madre a la vez. Pero aun cuando la madre es la que ejerce la violenci a, muchos menores culpabilizan al papá, idealizan a la madre y la ven como su redentora.6 La situación de la violencia contra los ni ños se agudizada cuando vive no sólo con sus padres, sino también con otros parientes, los cuales al sentir una autoridad, ejercen actos coaccionarlos sobre ellos, sean de la índole que sean . Esas agresiones son por ³cuestiones de autoridad y de poder; que se lleva por medio de la manipulación, ya que la mayor de las veces da más poder que la fuerza´7. Pero ese manejo emocional se consigue gracias a un condicionamiento previo, basado en la intimidación física, es más sujeción a la figura como autoridad p or la violencia que a una obediencia pasiva.

Fanny Torres Velázquez, análisis de la desintegración familiar como preludio del menor infractor, pág. 49 6 Inés Cornejo Portugal, ³Los Hijos del Asfalto. Una Prospección Cualitativa a los Niños de la Calle´, en: Convergencia, núm. 19, mayo-agosto de 1999, pág. 206. 7 Karla Torrijos, ³Explora socióloga por qué los niños deciden vivir en la calle´, en: La jornada en línea, fecha de consulta: 22 de octubre de 2010, disponible en: [http://www.jornada.unam.mx/2009/01/10/index.php?section=cultura&article=a06n1cul].

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Llamamos familia disfuncional a aquella en donde el padre y raras veces la madre abandonan el hogar, o porque uno de ambos es alcohólico o drogadicto. Pero debemos tener en cuenta que no sólo en las clases marg inadas se manifiesta la violencia, pero sí es la única, por ser el grueso de la población, que las estadística cuentan como degradación de la sociedad. En muchos casos la desintegración de las familias se debe a que éstas se basan en una comunicación violenta, también las llamadas disfuncionales, se mantienen así debido a conflictos no resueltos con antelación, ya que en muchas ocasiones, el origen violento se remonta a experiencias que cada cónyuge trae consigo desde su respectiva familia de origen . Así, es posible que el esquema de violencia y maltrato se repita de generación en generación, puesto que estos niños son hijos y a la vez fundadores de sus propias familias. 8 Las consecuencias de la violencia intrafamiliar van desde la desintegración de la misma, ya sea por el abandono del padre por no poder seguir manteniéndola, o de la madre cansada de las vejaciones. Pero también ocurre que el niño se cansa y se va, pero al ser incapaz de sostenerse y de encontrar otro lugar al cual ir, encuentra en la calle, y junto a otros en su misma condición, el calor no dado en el seno familiar. Pero el niño , a diferencia de la mujer adulta, al huir de la violencia, va a un lugar en que piensa o cree que no sufrirá de agresiones o si sabe que ocurrirá lo contrario, está dispuesto a ello, ya que ese nuevo hogar ofrecerá una mejor alternativa a lo que vivía. Este es un factor determinante para que los niños pasen a formar parte del inmobiliario de las grandes urbes. La violencia, si bien no es único, si es el factor primordial. Las agresiones ejercidas por los padres o por algún miembro de la familia hacia con los menores es la principal causa para que la solución de los infantes sea la de buscar refugio en la calle. Esa violencia puede ser catalogada de diferentes maneras, psicológicas, físicas y sexuales son las más comunes.

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Inés Cornejo Portugal, Op. Cit. 212.

De acuerdo con diversos testimonios, los niños relatan que en sus hogares debían desempeñar tareas domésticas como ir por el mandado, ayudar con los hermanos o trabajar para completar el ingreso. Dinámica familiar que forma parte de la cultura mexicana. Pero cuando estás no son cumplidas a cabalidad, se ejerce la autoridad en el hogar, los menores son regañados, maltratados o golpeados.9 Por lo cual salen de sus hogares. ³Al revisar los textos que había sobre estos niños, encontré que asociaban su presencia en la calle con malas condiciones de vida (en sus hogares), entonces... si son malas y en la calle son igual o peores, ¿ por qué se quedan ahí? Una respuesta, lógica tal vez, es el miedo a regresar a sus hogares y continuar con las malas condiciones de vida que tenían, entre otras. Sin embargo, también influyen los afectos que logran y la sensación de perder a quienes se han convertido en su nueva familia ´.10 "Mejor no debí haber nacido"; "a nadie le importa lo que me pasa"; "la mejor madre es la calle".

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Ibíd., pág. 221. Karla Torrijos, Op. Cit.

Romero Melgarrejo, Osvaldo

La violencia como fenómeno social . El

linchamiento en San Miguel Canoa, Puebla , México, Universidad Autónoma de Tlaxcala/El Colegio de Tlaxcala/Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología , región Puebla/Joral editores, 2006. Cristina Salazar, María y Peter Oakley, Niños y violencia. El caso América Latina, México, Transversal, 1993. Inés Cornejo Portugal, ³Los Hijos del Asfalto. Una Prospección Cualitativa a los Niños de la Calle´, en: Convergencia, núm. 19, mayo-agosto de 1999, Universidad Autónoma del Estado de México Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública, Toluca, México págs.207-243. Torres Velázquez, Fanny, análisis de la desintegración familiar co mo preludio del menor infractor, tesis que para obtener el título de licenciado en derecho, México, D. F., mayo de 2006, director de tesis: lic. Paula Virginia Rivero Escamilla, Universidad Insurgentes, mayo 2006. Hemerografía: Proceso 1759, ³Nacho Coronel, el capo en ascenso´ y edición especial: ³Érase una vez´, núm. 26. Cibergrafía: Red de Revista Científicas de América Latina, el Caribe España y Portugal La Jornada en línea.

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