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ESTILO

-La posteridad distingue menos bien que los contempor‡neos los matices de un
estilo, pero distingue mejor los rangos.

-En el artista subalterno el estilo precede la obra.

-Cuando es programa, todo estilo se exaspera.

-Rehuir met‡foras inconscientes es la norma elemental del estilo claro y puro.

-La suprema cualidad de un estilo es la autoridad, el peso de la fase.


No la habilidad que seduce, sino el firme y lento paso del esp’ritu.

-Como todo estilo posee de suyo calidad estŽtica, en los albores de una renovaci
—n art’stica cada obra nueva se beneficia con el valor propio al nuevo estilo.
Pero basta la aparici—n de una obra excelsa en el estilo nuevo para que las
dem‡s confiesen su insignificancia.

-En toda literatura heu gŽneros y estilos que s—lo sirven para el consumo
domŽstico.
GŽneros y estilos tan tediosos para el invitado como las anŽcdotas de familia.

-Al volverse internacional, un estilo se prepara a morir.

-La idea es la verdadera sintaxis del estilo.

-Todo nuevo estilo ense–a a decifrar determinadas obras pretŽritas, pero


inhabilita tambiŽn para percibir otras.
Ciertas formas estŽticas se eclipsan durante siglos porque una nueva forma
modific— el ajuste de nuestra visi—n.
Aprender a leer ciertos libros supone el olvido de ciertos otros.
Las Musas son hijas de la Memoria y del Olvido.

-Una tradici—n no es un supuesto cat‡logo de virtudes que se enfrenta a un


cat‡logo de errores, sino un estilo de resolver problemas.
La tradici—n no es soluci—n petrificada, sino mŽtodo flexible.

-La verdad es algo comœn a ciertas "verdades" y a ciertos "errores" como la


belleza a obras en todos los estilos.

-Ni a la teor’a f’sica del color compete su calidad sensible, ni al an‡lisis estil’stico
de un estilo su calidad estŽtica.

-Nada hemos aprendido mientras no afrontemos los preceptos de toda ’ndole


como afrontamos los diversos estilos: indiferentes a las teor’as en que se
embozan, atentos s—lo al Žxito o al fracaso de cada obra.

-Como la Iglesia Cat—lica ha mantenido siempre una distinci—n abrupta entre


ortodoxia y herej’a, mientras que el protestantismo ostenta una gama de
matices doctrinados, la historia de la teolog’a cat—lica es menos interesante que
el monumento intelectual que levanta, mientras que la historia de la teolog’a
protestante es m‡s interesante que el edifico sin estilo que construye.

-Las dimensiones del hecho hist—rico tienden a imponer categor’as espec’ficas


de interpretaci—n.
La anŽcdota, por ejemplo, sugiere motivos psicol—gicos, el suceso,
explicaciones sociol—gicas, el per’odo, fundamentos econ—micos, la Žpoca, un
condicionamiento por "ideas".
Finalmente, los grandes trechos hist—ricos: civilizaciones, culturas, eras, etc,
requieren el servicio de entidades metaf’sicas: visi—n, perspectiva, estilo,
Stimmung, etc.

-Para eludir la tentaci—n de imputar a la estŽtica moderna la nauseabunda


mediocridad del arte actual, recordemos la mediocridad semejante de la plebe
art’stica en cualquier estilo.
La mediocridad no tiene p‡tria, ni siglo.

-Ni estilos, ni obras, ni indiv’duos, descubren su nœcleo autŽntico desbastando


una corteza de supervivencias estil’sticas, de sus inveterados, de mimetismos
sociales.
El estilo se construye sobre un estilo precedente. La obra se elabora al travŽs de
las obras que imita. El indiv’duo se transforma en persona mediante las
influencias que asume.
La autenticidad no es la simple expresi—n de una naturaleza, sino la conquista
de un significado.

-Varios artistas cŽlebres de los œltimos decŽnios sobrevivir‡n s—lo como


introductores a la visi—n perdida de estilos pretŽritos.
Desde hace un siglo los prerafaelitas involuntarios pululan.

- Aœn en filosof’a, s—lo el estilo impide la transformaci—n del texto en simple


documento.

- A finales del siglo pasado s—lo hubo un "arte sin estilo" en la segunda mitad de
Žste s—lo hay un estilo sin arte.

-El profesional no debe ponerse y quitarse su profesi—n como vestido de trabajo.


S—lo comprometiŽndose ’ntegramente en lo que hace, puede el indiv’duo darle
estilo a su vida.

-La verdad tal vez prevalezca.


Pero s—lo el estilo salva.

-Los estilos son personas, no simples casos copart’cipes de una esencia comœn.

-El estilo no resulta ni de la obediencia a una regla, ni de la expresi—n de un


temperamento, sino de la coincidencia de una idiosincrasia y de una norma.

-El siglo XIX no logr— sino una sola construcci—n Žtica de alto estilo: la
oficialidad prusiana.

-Las escuelas, las doctrinas, los estilos, pululan desde hace cien a–os:
proteismo del arte en garras de la muerte.

-La sencillez noble, tanto en el estilo como en la vida, es hija del desposeimiento
voluntario, no de la involuntaria penuria.

-La sequedad de nuestro estilo debe resultar del interno ardor de nuestra llama.

-En las Žpocas sin estilo la œnica obra de arte es la inteligencia desnuda.

-El estilo es orden a que el hombre somete el caos.

-Las elegancias de estilo s—lo se pueden soportar donde no son elegancias.

-El estilo -cosa desgraciado en mayor’a de casos- es el hombre mismo.


-El estilo es la fusi—n de lo geomŽtrico y lo org‡nico.

-El eufismo es, nuestro tiempo, el estilo predilecto de las ciencias humanas.

-La noci—n de estilo esconde tres sentidos: propiedad de una expresi—n


individual, sistema de formas, tipo especial de valor.
Todo escrito puede tener estilo en el primer sentido, lo tiene inevitablemente en
el segundo, alcanza a vaces a tenerlo en el tercero.

-La œnica superioridad que no peligra encontrar una superioridad nueva que la
eclipse es la del estilo.

-Contrariamente al prejuicio moderno, la perfecta educaci—n de un objeto a su


fin se paga siempre con la ausencia de estilo.

-No existe estilo en las artes que no se pueda imitar sin talento.

-El solo acento personal no salva un estilo; pero sin estilo personal no hay estilo
excelente, por correcto que sea.

-las cualidades que m‡s me seducen en todos los estilos son las que m‡s se
aparentan a las cl‡sicas.

-Todo estilo obedece a principios, pero se esteriliza cuando logra formul‡rselos.

-El verdadero mŽrito del arte moderno est‡ en habernos abierto los ojos para los
estilos no-cl‡sicos.