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PGI-87lWSl17

Directrices sobre
bibliotecas nacionales

Programa General de Información y UNISIST

Organización de las Naciones Unidas


para la Educación, la Ciencia y la Cultura París, 1987
Original: Inglés PGI-87/WS/17
PARIS, septiembre de 1987

DIRECTRICES SOBRE BIBLIOTECAS NACIONALES

elaboradas por
Guy Sylvestre

Programa General de Información y UNISIST

Organización de las Naciones Unidas


para la Educación, la Ciencia y la Cultura
Asiento de catálogo recomendado:

SYLVESTRE, Guy. - Directrices sobre bibliotecas nacionales / elaboradas por


Guy Sylvestre [para el] Programa General de Información y UNISIST. - París,
Unesco, 1987. - iii, 73 pags. - (PGI-87/WS/17).

1. Directrices sobre bibliotecas nacionales


II. Unesco. Programa General de Información y UNISIST

0 Unesco, 1987
PREFACIO

Desde hace años, el Programa General de Información de la Unesco elabora


directrices y estudios para ayudar a los Estados Miembros a instituir sistemas
nacionales de información que, entre otros elementos, constan de bibliotecas,
servicios de información y archivos. El presente documento forma parte de
dicho programa y tiene por objeto prestar asistencia de carácter práctico a
los funcionarios y bibliotecarios encargados del planeamiento, la creación y
el perfeccionamiento de los servicios nacionales de biblioteca.

El presente documento ha sido elaborado por el Sr. Guy Sylvestre, en cum-


plimiento de un contrato firmado con la Federación Internacional de Asociacio-
nes de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA), por iniciativa de la Conferencia
de Directores de Bibliotecas Nacionales que, a petición de la IFLA, ha desem-
peñado las funciones de ejecutora del contrato.

Debido al plazo impartido para realizar el trabajo no se pudo realizar


otro estudio de carácter mundial de recopilación de los datos más actuales
sobre políticas, programas, situación y planes de todas las bibliotecas nacio-
nales. Ello no obstante, se dispone de información editada suficiente para
determinar y analizar la situación y las funciones, tanto tradicionales como
actuales, de la mayoría de las bibliotecas nacionales y para poder elaborar
las siguientes directrices de carácter general. En la introducción se exponen
diversas informaciones acerca de los estudios más autorizados que se han uti-
lizado para redactar las directrices. Estos estudios se han hecho basándose en
un amplio consenso entre los especialistas, incluidos los directores de las
bibliotecas nacionales que recurrieron a su gran experiencia personal. La tec-
nología de la información evoluciona con rapidez y no hemos examinado a fondo
las últimas novedades en este campo, a las que habrá que aplicar directrices
nuevas, tal como se señala en este prefacio y a lo largo del texto.

Se ha prestado especial atención a las circunstancias y necesidades de


los países en desarrollo. A propósito de las cuestiones que se examinan en
este estudio, se ofrecen diversas posibilidades, a fin de que cada país pueda
elegir las más adecuadas a sus tradiciones políticas, sociales y culturales
propias, teniendo en cuenta asimismo sus posibilidades financieras. Dichas
opciones se refieren a la multiplicidad, alcance y niveles de servicios que se
pueden prestar, teniendo presentes las prioridades fijadas y otras necesida-
des. Confiamos en que el enfoque adoptado tenga suficiente flexibilidad para
que las autoridades correspondientes puedan adoptar decisiones fundadas, con-
formes a los objetivos y aspiraciones de cada país. El autor ha tratado,
empero, de diferenciar las tareas que constituyen funciones fundamentales de
las bibliotecas nacionales de las de aquellas cuyo carácter es tan solo acon-
sejable u opcional, para facilitar la determinación de las prioridades al
efectuar planes a breve o largo plazo de creación o de mejora de los servicios
de las bibliotecas nacionales.

Además, la IFLA y la Unesco han previsto elaborar un documento complemen-


tario sobre las necesidades de información y las bibliotecas nacionales y cómo
atenderlas, en el que se tratará de la función de las bibliotecas nacionales.
En dicho volumen complementario se considerará a las bibliotecas nacionales
como parte integrante del sistema nacional de bibliotecas más bien que como
instituciones en sí mismas.
- ii _

El autor queda en deuda con los numerosos colegas que contribuyeron al


debate de este tema. Al final de cada capítulo se citan las mejores obras,
documentos y ponencias sobre temas concretos. Las obras de carácter general
más valiosas se mencionan al final de la introducción y constituyen la biblio-
grafía del presente estudio.

El autor desea dar las gracias a los directores de las bibliotecas nacio-
nales que leyeron y analizaron el proyecto de las presentes directrices y for-
mularon sugerencias útiles, algunas de ellas incorporadas al texto definitivo,
así como a la Srta. Marianne Scott, de la Biblioteca Nacional del Canadá,
quien accedió amablemente a que el texto fuese transcrito en la Biblioteca
Nacional; a la Sra. Margo Wiper, por la ayuda prestada para la edición y lec-
tura de las pruebas, y a la Sra. Linda 1 ‘Heureux, quien transcribió todo el
texto en una minicomputadora.

Las designaciones utilizadas y las presentación de los materiales en este


documento no entrañan la expresión de ninguna opinión por parte de la Unesco.

Se invita a los lectores a que hagan llegar sus observaciones, sugeren-


cias o peticiones de más ejemplares del documento a la División del Programa
General de Información, Unesco, 7 Place de Fontenoy, 75700 PARIS, Francia.
iii

Página

1. INTRODUCCION . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1

2. LOS FONDOS DE LAS BIBLIOTECAS NACIONALES . . . . . . . . . . . . 6

2.2 El fondo de obras nacionales ............... 6


2.3 El depósito legal .................... 9
2.4 Los fondos de obras extranjeras ............. 15
2.5 Los manuscritos ..................... 18

3. EL ORGANISMO BIBLIOGRAFICO NACIONAL . . . . . . . . . . . . . . 22

3.1 La bibliografía nacional ................. 22


3.2 Otras actividades bibliográficas ............. 26

4. SERVICIOS A LOS LECTORES .................... 30

4.2 UAPyUAI ........................ 30


4.3 Centralización o descentralización ............ 31
4.4 Servicios de consulta y de préstamo ........... 31
4.5 Servicios de orientación ................. 33
4.6 Préstamo interinstitucional ............... 34
4.7 Instrumentos de localización ............... 35
4.8 Centrales de depósito .................. 38
4.9 Servicios a los minusválidos ............... 39
4.10 Exposiciones ....................... 40

5. CONSERVACION . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43

6. RELACIONES NACIONALES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47

6.2 Formación e investigación ................ 47


6.3 Creación de redes. .................... 48
6.4 Asociaciones de bibliotecarios .............. 50
6.5 Archivos nacionales ................... 51

7. RELACIONES INTERNACIONALES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53

7.1 Intercambios internacionales ............... 53


7.2 Organizaciones y programas internacionales ........ 53

8. FLJNCION Y ADMINISTRACION DE LAS BIBLIOTECAS NACIONALES . . . . . 56

8.1 Leyes y reglamentos ................... 56


8.2 Administración y organización .............. 57
8.3 El Director de la biblioteca nacional. .......... 61
8.4 Consejo de administración o junta consultiva ....... 62

9. LOCALES Y EQUIPO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64

9.1 Locales ......................... 64


9.2 Equipo .......................... 65

10. BIBLIOTECAS CON DOBLE FUNCION . . . . . . . . . . . . . . . . . 67

ll. LCENTRALIZACION 0 DESCENTRALIZACION? .............. 70

12. OBSERVACIONES FINALES ..................... 73


PGI-87/WS/17

1. INTRODUCCION

1.1 Salvo diversas bibliotecas nacionales de países en desarrollo que desem-


peñan las mismas tareas fundamentales mínimas, en el mundo industrializado no
hay dos bibliotecas nacionales a las que se hayan asignado unas mismas funcio-
nes que presten los mismos servicios 0 que ocupen un lugar análogo entre los
organismos culturales y científicos del país correspondiente. Son tantos los
aspectos que las diferencian que sería inútil tratar de definir la biblioteca
nacional ideal o abrigar la esperanza de que semejante definición llegara a
ser aceptada universalmente y pudiera plasmarse en instituciones similares.

1.2 Esta diversidad se puso de manifiesto en 1934, fecha en que Arundell


Esdaile dio a la im renta el primer estudio general sobre las bibliotecas
nacionales del mundo 17 y volvió a subrayarse de nuevo en el simposio de la
Unesco sobre las bibliotecas nacionales de Europa celebrado en Viena en
19582), aunque para entonces se había procurado con;enir en “las tareas que
cada país debería realizar, tanto por su propio interés como para conservar el
lugar que le correspondiera en la red internacional de relaciones culturales”,
como señaló Pierre Bourgeois en la introducción a las actas de esa histórica
conferencia3). En la 16a. Conferencia General de la Unesco, que tuvo lugar
en 1970, se aprobó la siguiente definición de bibliotecas nacionales:

“Las bibliotecas que, cualquiera que sea su denominación, son responsa-


bles de la adquisición y conservación de ejemplares de todas las publica-
ciones impresas en el país y que funcionan como bibliotecas “de depó-
sito”, en virtud de disposiciones sobre el depósito legal o de otras
disposiciones. Normalmente, pueden desempeñar también algunas de las fun-
ciones siguientes: elaborar una bibliografía nacional; reunir una colec-
ción amplia y representativa de obras extranjeras, que también comprenda
libros relativos al propio país; actuar como centro nacional de informa-
ción bibliográfica; compilar catálogos colectivos; publicar la bibliogra-
fía nacional retrospectiva. Las bibliotecas tituladas “nacionales” que no
respondan a esta definición no deberían clasificarse en la categoría de
“bibliotecas nacionales”4) .ll

Esta definición de la Unesco excluye de la categoría a bibliotecas “naciona-


les” tales como la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, por muy
importante que sea el papel nacional, e incluso internacional, que desempeñen
en una disciplina, así como a las bibliotecas “nacionales” al servicio exclu-
sivo de una región o segmento lingüístico de un país dado. Comprende, en cam-
bio, algunas bibliotecas como la de la Universidad de Helsinki que, aunque no
se denominen oficialmente “nacionales”, desempeñan de hecho las funciones men-
cionadas en la definición. Sucede que, en varios países en desarrollo, algunas
de las funciones de la biblioteca nacional corren a cargo de la principal
biblioteca universitaria -en ocasiones la única-, que de ese modo se convierte
realmente en la biblioteca nacional del país, ya que presta varios servicios
fundamentales de biblioteca a todo el país y no sólo al profesorado y a los
alumnos de la Universidad (véase el párrafo 9.2).

1.3 A partir de entonces han aparecido diversos estudios y análisis cuyos


autores han diferenciado las tareas de una biblioteca nacional en fundamenta-
& (las que realizan la mayoría de las bibliotecas nacionales y sin las que
no cabe denominar “nacional” a una biblioteca), las que sería conveniente que
llevasen a cabo y que son las que desempeñan realmente la mayoría de las
bibliotecas nacionales del mundo industrializado y, por último, las mciona-
&, y cuyo número es inferior al de bibliotecas nacionales. La mayoría de los
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estudios autorizados dividen dichas funciones en esenciales, convenientes y no


necesarias, y existe un amplio consenso a propósito de qué tareas corresponden
a una u otra categoría. En un artículo reciente sobre la función de las
bibliotecas nacionales5), Maurice Line asevera que “se debe volver a evaluar
el contexto tradicional del papel y las funciones de las bibliotecas naciona-
les”, siendo asimismo preciso volver a examinar de manera radical sus funcio-
nes. Puede que exagere y que quizás no sean tanto las propias competencias las
que han cambiado, sino su corrrespondiente prioridad y el modo de prestar los
servicios de biblioteca. Los cambios tecnológicos y las nuevas y mayores pre-
siones de una clientela más amplia y diversificada modifican los métodos que
se siguen para adquirir, conservar y organizar los materiales de biblioteca,
así como para ponerlos a disposición de los usuarios. Lo que cambia periódica-
mente es más la manera de actuar de las bibliotecas que su manera de hacer.

1.4 Más recientemente, en una obra excelente y útil, The role of National
Libraries in Developing Countries with Special Referente to Saudi Arabia6)
Abdulaziz Mohammed Al-Nahari propone que se distingan las funciones “d:
acuerdo con grados de prioridad”, en lugar de “en términos tan absolutos como
“fundamentales”, “posibles” o “no necesarias”“. El mismo autor indica que esta
modificación es más de terminología que de esencia. En la práctica, se asigna-
rán las prioridades más elevadas a las tareas que se considere esenciales o
fundamentales siendo menores las que se considere que son facultativas o inne-
cesarias. A decir verdad, la lista de las funciones que propone Al-Nahari al
basarse en las prioridades coincide en buena medida con las que otros autores
han formulado de acuerdo con las categorías tradicionales. Lo que realmente
importa, aquello en lo que deberían basarse los decisores para determinar la
índole y el ámbito de los servicios asignados a las bibliotecas nacionales (o
a otras bibliotecas o instituciones que desempeñen el papel de biblioteca
nacional), es la importancia y urgencia de atender a determinadas necesidades
con preferencia a otras, o (por decirlo de otro modo) la contrapartida que ha
de entrañar el no facilitar determinados servicios concretos al país y a sus
ciudadanos. Las directrices que propondremos se refieren a las bibliotecas
nacionales, aunque algunas sean aplicables al papel de biblioteca nacional
asignada a -0 desempeñada por- otras bibliotecas o instituciones, cuando el
país carezca de los recursos necesarios para crear y financiar una biblioteca
nacional; a este propósito, véanse los Capítulos 10 y ll en los que se anali-
zan las diversas soluciones.

1.5 Las directrices se refieren a las funciones a propósito de las cuales


existe un amplio grado de concordancia. Además de los textos ya mencionados,
los más Útiles al respecto son el artículo de K.W. Humphreys, Funciones de una
biblioteca nacional, publicado en 1966 en el Boletín de la Unesco para las
Bibliotecas7); el estudio de Simeon B. Aje, National Libraries in Developing
Countries8); el Summary of Replies for 1978 Questionnaire on the Role of
National Librariesg); las selecciones de escritos sobre bibliotecas naciona-
les compiladas por Maurice B. y Joyce Line, National LibrarieslO), y la
declaración oficial aprobada unánimemente por la Conferencia de Directores de
Bibliotecas Nacionales en su reunión de 1976 celebrada en Lausanne, La función
de las bibliotecas nacionales en los sistemas nacionales e internacionales &
informaciónll). Hay, evidentemente, muchos más libros, documentos y artícu-
los publicados sobre las bibliotecas nacionales, sus funciones y servicios, y
mencionaremos los más útiles cuando lo juzguemos oportuno, en la medida enque
aporten datos complementarios sobre aspectos concretos del papel de las
bibliotecas nacionales o sobre programas de importancia de determinadas
bibliotecas.
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1.6 Las directrices tienen en cuenta que las bibliotecas nacionales no exis-
ten aisladas y que no se deben crear ni modificar sin una conciencia clara de
la función que atañe a otras instituciones nacionales afines. Tienen que ser
un elemento fundamental de la red de información del país y, asimismo, poder
participar con eficacia en los planes de cooperación internacional, al menos
en los de’ ámbito regional que más beneficios puedan reportar al país. Al
seguir estas directrices se deberá prestar en todo momento plena atención al
contexto nacional e internacional en el que se crea una biblioteca nacional o
se perfeccionan o modifican sus servicios, como se subraya en la mencionada
declaración oficial de la Conferencia de Directores de Bibliotecas Naciona-
lesll), en algunas obras de referencia como La planificación de las infra-
estructuras nacionales de documentación. bibliotecas Y archivos, de
J.H. d’0lier y B. Delmas12); Planning of Librarv and Documentation Services,
de C.V. Penna (2a. ed., revisada y ampliada por P.H. Sewell y Herman
Liebaers)13) ; las ponencias de la IFLA editadas por Robert Vasper y Leone
1. Newkirk, National and International Librarv Planning14); así como en
diversas conferencias y seminarios de la Unesco, tanto mundiales15) como
regionales16). En los últimos años, la Unesco ha editado, dentro de su Pro-
grama General de Información, diversas publicaciones de referencia a las que
nos referiremos más adelante, como las Directrices sobre cuestiones de polí-
tica general (planificación de las infraestructuras nacionales de información)
o sobre cuestiones concretas (el depósito legal, la formación, las normas
bibliográficas, etc.); la IFLA ha publicado también diversas guías muy Útiles.

1.7 Se deberá prestar especial atención a reforzar las relaciones existentes


-en muchos casos, la interdependencia- entre diversas funciones y los servi-
cios de biblioteca, con miras a fomentar la coherencia de los programas. Asi-
mismo, se analizarán las atribuciones respectivas de las bibliotecas y de los
archivos nacionales, para evitar toda duplicación innecesaria o toda infruc-
tuosa rivalidad; sus programas deberán ser complementarios y hay aspectos a
propósito de los cuales su cooperación habrá de beneficiar tanto a ambas ins-
tituciones como a todo el país. Dicha cooperación se impone aún más en los
países que disponen de medios financieros y personal capacitado limitados. Se
hará también un esfuerzo por elaborar directrices flexibles que se puedan
aplicar a una amplia gama de situaciones y que faciliten la nueva evaluación,
conforme varíen las necesidades, evolucionen las técnicas y se disponga de más
y mejores recursos humanos y económicos. El mundo de la información es diná-
mico y en los próximos años surgirán nuevas oportunidades de las que deberán
beneficiarse las bibliotecas. Sean cuales fueren los cambios tecnológicos que
se produzcan, la mayoría de las funciones tradicionales de una biblioteca
nacional seguirán siendo tales que tendrán que seguir desempeñando tareas tan
esenciales como son la conservación y la disponibilidad permanentes del patri-
monio impreso del país y la puesta de colecciones de biblioteca del país al
alcance de quienes las precisen.

1.8 Hay que conciliar la conservación con la disponibilidad, pues las biblio-
tecas nacionales deben atender a las necesidades de los lectores actuales y
sus fondos deben ser accesibles asimismo a las generaciones venideras. Se
hallan en encrucijadas temporales y espaciales: vinculan a generaciones suce-
sivas a través de decenios y de siglos para compartir el patrimonio literario
del país y unen a pueblos diversos por encima de fronteras provinciales y
nacionales. La existencia de bibliotecas pujantes es fundamental para el desa-
rrollo y la supervivencia de las sociedades democráticas y progresistas, para
el perfeccionamiento de unos ciudadanos ilustrados y el fomento de la investi-
gación y de la erudición. No se pueden mejorar los servicios de las bibliote-
cas de un país si se carece de la dirección de una biblioteca nacional que,
como señaló K.W. Humphreys, “debería ser el principal promotor en materia de
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bibliotecología y dar ejemplo en todas las esferas”17). La historia muestra


que ha aumentado en los últimos años el papel que desempeñan muchas de las
excelentes y antiguas bibliotecas nacionales, a medida que eran mayores las
necesidades de los usuarios en cuanto al volumen, la complejidad y la urgencia
y en la medida en que los cambios tecnológicos hacían más imperiosa la necesi-
dad de unas normas y de una coordinación. Muchas de las antiguas bibliotecas
nacionales han ampliado así sus programas, adoptando técnicas nuevas (al igual
que lo han hecho otros tipos de biblioteca) y fomentando la elaboración de
planes de cooperación y de redes de bibliotecas, tanto en el plano nacional
como internacional, para compartir los registros bibliográficos y los propios
documentos. En los últimos años , por lo general tras haber accedido a la inde-
pendencia política, son muchos los países en desarrollo que han creado biblio-
tecas nacionales, así como archivos, museos y teatros, también nacionales,
como manifestaciones visibles de su nación. Ahora bien, esas instituciones
nacionales no deben ser meros símbolos de independencia. Una biblioteca nacio-
nal tiene que ser una organización activa y dinámica, capaz de atender a las
necesidades culturales, científicas y sociales del país, y con arreglo a ese
imperativo se han redactado las presentes directrices, que se transmiten para
que los directores y el personal de las bibliotecas nacionales las examinen,
como también sus dirigentes políticos y los funcionarios que planean la crea-
ción de otras bibliotecas nacionales en los países en que aún no las hay.

1) Arundell, Esdaile, National Libraries of the World. Their Historv, Admin-


istration and Public Services, Londres, 1934. 2a. ed., revisada por
F.J. Hill, Londres, 1957.
2) National Libraries: Their nroblems and Prospects. Simposio sobre biblio-
tecas nacionales de Europa, Viena, 8-27 de septiembre de 1958, París,
Unesco, 1960.
3) Ibid., pág. 6.
4) Schick, Frank L., La normalización internacional de las estadísticas de
bibliotecas, en Boletín de la Unesco para las Bibliotecas, Vol. XXV, N” 1
(1971), págs. 2-12.
5) Libri, Vol. 30, N” 1 (1980), pág. 1. Véase también National Libraries in
a Time of Chanae, IFLA paper, Brighton, 1987, 15 págs.
6) Londres y Nueva York, Mansell, 1984, págs. 2-3.
7) Vol. 20, No 4 (julio-agosto 1966), págs. 170-182.
8) En M.J. Voigt y M.H. Harris, Advances in Librarianship, Vol. 7, Nueva
York, San Francisco y Londres, 1977, págs. 106-143.
9) En: Development of Resource Sharinn Networks, Networks Study N” ll, apa-
recido en International Librarv Review, Val. 12, N” 1 (enero 1980),
págs. 238-260. Cuestionario redactado y respuestas compiladas por George
Chandler, de la Biblioteca Nacional de Australia, por encargo de la Con-
ferencia de Directores de Bibliotecas Nacionales.
10) Londres, Aslib, 1979 (Aslib Reader Series, 1). Estaba prevista una
segunda serie para 1987.
11) Boletín de la Unesco para las Bibliotecas, Vol. 31, N” 1 (enero-febrero
1977), págs. 8-25. El autor principal del texto es Roderick M. Duchesne,
de la Biblioteca Nacional del Canadá. Véase también: Wilson, A., Problems
in Determining the Role and Function of the National Librar-v, en
Dudley, E., The Development of National Library and Information Services,
Londres, Library Association, 1981, págs. 12-37.
12) París, Unesco, 1974.
13) París, Unesco, 1970.
14) Munich, Verlag Dokumentation Saur, 1976.
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15) Véase UNISIST. Conferencia Intergubernamental para el establecimiento de


un sistema mundial de información científica, Informe final, París,
Unesco, 1971, y el principal documento de trabajo de la Conferencia,
UNISIST. Informe del Estudio sobre la posibilidad de establecer un Sis-
tema Mundial de Información Científica, París, Unesco, 1971.
- Conferencia internubernamental sobre el planeamiento de las infra-
estructuras nacionales de documentación, bibliotecas Y archivos,
Informe final, París, Unesco, 1975.
- Conferencia internubernamental sobre información científica y tecnoló-
ica
Cal París,
Unesco, 1975.
16) Seminario regional sobre el desarrollo de las bibliotecas nacionales en
Asia Y en la Región del Pacífico, en Boletín de la Unesco para las
Bibliotecas, Vol. XVIII, N" 3 (julio-agosto de 1964), págs. 161-177.
- Reunión de expertos en planeamiento nacional de servicios de bibliote-
cas en América Latina. Informe. En Boletín de la Unesco Para las
Bibliotecas, Vol. XX, No 6 (noviembre-diciembre de 1966), págs. 294-313.
- Meeting of Experts on the National Planning of Library Services in
Asia, Colombo, Cevlon. Final report. París, Unesco, 1968.
- Exnert Meetinp on National Planning of Documentation and Library Ser-
vices in Africa. Tamnala. Uganda. Final Report. París, Unesco, 1971.
- Planeamiento nacional de los servicios de documentación Y bibliotecas
en los países asiáticos, en Boletín de la Unesco para las Bibliotecas,
Vol. XXVIII, N" 4 (julio-agosto de 1974), págs. 182-187.
17) Boletín de la Unesco nara las Bibliotecas, Vol. XX, N" 4 (julio-agosto de
1966), pág. 182.
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2. LOS FONDOS DE LAS BIBLIOTECAS NACIONALES

2.1 Los fondos de la Biblioteca Nacional pueden ser de carácter más o menos
enciclopédico. Son muchos los países en los que no se dispone particularmente
de medios para mantener varias colecciones amplias de obras de investigación
por duplicado , por lo que el fondo de la Biblioteca Nacional es por lo general
el más extenso y global, aunque puede haber otras instituciones que dispongan
de fondos importantes para determinados servicios nacionales, tanto en lo
relativo a temas concretos (por ejemplo, medicina, bellas artes, etc.) como en
lo que respecta a algunas modalidades de publicación (grabaciones sonoras,
películas, etc.). En casos extremos pueden limitarse a los materiales editados
en el país, a las publicaciones extranjeras sobre el mismo, incluidas las tra-
ducciones de libros de autores nacionales y de libros editados en el extran-
jero por autores del país (caso de la Biblioteca Nacional de Suiza, en Berna)
o abarcar toda clase de publicaciones de todo el mundo y sobre cualquier tema
(la Biblioteca del Congreso, Washington, Estados Unidos). No hay que confundir
el fondo de obras nacionales con el de la Biblioteca Nacional, aunque puedan
coincidir (como sucede en Suiza), ya que por lo general aquél forma parte de
éste. Las obras nacionales se adquieren generalmente por conducto del depósito
legal (salvo los materiales antiguos editados antes de que se crease la
Biblioteca Nacional), mientras que los materiales extranjeros se obtienen por
compra, intercambio o donación. Más adelante trataremos con cierto detalle del
depósito legal, pues suele entrañar medidas legislativas y normativas especia-
les. Asimismo, dedicaremos una sección a la conservación, dado que es cada vez
más patente que, a falta de los adecuados programas de conservación, las gene-
raciones futuras de lectores no podrán utilizar una parte considerable de los
fondos.

2.2 El fondo de obras nacionales

2.2.1 La definición de la Unesco de bibliotecas nacionales y los libros


y trabajos dedicados al tema coinciden en afirmar que la tarea primordial de
la biblioteca nacional consiste en adquirir, conservar y hacer accesibles las
publicaciones del país correspondiente. Como ya indicamos, podrá delegarse en
otras instituciones la conservación de algunas modalidades de materiales de
biblioteca (por ejemplo, las grabaciones sonoras, las películas, los mapas,
etc.), pero no se podrá considerar que se trata de una Biblioteca Nacional, ni
denominarla así, si no recoge la mayoría del patrimonio impreso del país. Las
bibliotecas nacionales desempeñan otras funciones, tal como se reconoce en la
definición de la Unesco (“elaborar una bibliografía nacional; reunir una
colección amplia y representativa de obras extranjeras que también comprenda
libros relativos al propio país; actuar como centro nacional de información
bibliográfica; compilar catálogos colectivos; publicar la bibliografía nacio-
nal retrospectiva”), pero la tarea primordial de las bibliotecas nacionales,
la que las define como tales en mayor medida que cualquier otra, es que “son
responsables de la adquisición y conservación de ejemplares de todas las
publicaciones impresas en el país ,,l>. El término de “publicaciones” debe
interpretarse en su sentido más amplio y abarca los materiales que no son
libros ni corresponden a los nuevos medios de comunicación.

2.2.2 Como señalaremos más adelante, el fondo de obras nacionales per-


mite editar la bibliografía nacional y asegurar la aportación del país al Con-
trol Bibliográfico Universal (CBU); complementar los servicios que prestan
otras bibliotecas que adquieren publicaciones únicamente de modo selectivo y
contribuir a la Disponibilidad Universal de Publicaciones (UAP) y a la Dispo-
nibilidad Universal de la Información (UAI), mediante servicios exhaustivos de
referencia sobre la actividad y logros del país. Al conservar las obras del
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país, ya sea en su forma original o en microformatos, o en ambas, las biblio-


tecas nacionales pondrán en manos de las generaciones futuras tanto la UAP
como la UAI, sin circunscribirse a los lectores actuales. Esas funciones y
esos programas de carácter internacional son, claro está, ampliaciones de los
de carácter nacional. Las bibliotecas nacionales deben recoger todas las obras
del país para preservar esa parcela esencial del patrimonio cultural y cientí-
fico del país y apoyar la prosecución de estudios y de investigaciones sobre
todos los aspectos de la actividad nacional tal como se reflejan en los mate-
riales escritos.

2.2.3 El fondo de obras nacionales de la Biblioteca Nacional debe ten-


der a ser lo más amplio posible y deberá comprender publicaciones sobre todos
los temas, modalidades y lenguas (salvo las categorías de materiales impresos
de carácter personal o comercial que a continuación se mencionan). Las publi-
caciones no sólo comprenderán las modalidades tradicionales de registro y de
comunicación de la información impresa, tales como libros, folletos, revistas,
diarios y publicaciones periódicas, almanaques, anuarios, mapas -comprendidos
los producidos por todos los órganos oficiales (nacionales, provinciales,
locales)- y microformatos, sino asimismo partituras, grabaciones sonoras,
películas, videocasetes, módulos pedagógicos, impresos y publicaciones que se
soliciten (es decir, los textos conservados electrónicamente y de los que se
sacan las copias que se solicitan). Las bibliotecas nacionales recogen también
habitualmente manuscritos y mecanoscritos, incluidas las tesis universitarias,
salvo las publicaciones oficiales que normalmente se conservan en los archivos
nacionales (tanto centralizados como descentralizados) o en los archivos de
muchas instituciones importantes que cuentan con servicios propios (iglesias,
grandes empresas comerciales, universidades y facultades, etc.). Algunas
bibliotecas nacionales guardan también medallas, monedas, sellos de correos e
inscripciones en piedra, aunque en la mayoría de los países estos materiales
se conservan en los museos o en los archivos. Sucede que las políticas de
acopio de materiales difieren de un país a otro, tanto por su alcance como por
las funciones institucionales o prácticas que deben asumir.

2.2.4 Los gobiernos de los distintos países deberían cerciorarse de


que, mediante el depósito legal o por algún otro medio, todas las publicacio-
nes, cualquiera que sea su tema, formato e idioma, se adquieran, conserven y
puedan consultarse en la Biblioteca Nacional; en ocasiones, pueda ser otra la
institución que desempeñe estas funciones (por ejemplo, la Biblioteca de la
Universidad de Helsinki, Finlandia), o pueden delegarse parcialmente en alguna
institución especializada que sea idónea en lo tocante a determinadas catego-
rías de materiales (por ejemplo, el Centro Nacional de Documentación de
Marruecos en cuanto a las publicaciones oficiales; las cinematecas, etc.).
HaY, empero, determinadas categorías de materiales impresos que en la mayoría
de los países no se conservan, por considerarse que carecen de valor o cuyo
valor es mínimo para la investigación y por no haberse concebido para una dis-
tribución general; avisos de reuniones, anuncios comerciales, invitaciones a
bodas y funerales, tarjetas de visita, calendarios, cuadernos, cuadernos de
pintura para niños, etc., aunque en algunos gobiernos estos materiales se
depositen en todo o en parte en la Biblioteca Nacional o en los archivos
regionales correspondientes al lugar de su impresión. Cuando los recursos
humanos y financieros de que dispone una biblioteca nacional no permitan aco-
piar todas las categorías de publicaciones, habrá que seleccionar entre ellas,
y las bibliotecas nacionales acopiarán los materiales conforme al siguiente
orden de prioridades : 1) materiales impresos tales como libros, folletos,
publicaciones periódicas; 2) mapas; 3) partituras musicales; 4) manuscritos;
5) fotografías; 6) grabaciones sonoras; 7) películas y videocasetes. No se
trata de un orden de prioridades fijado oficialmente, pero cabe suponer que la
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práctica corresponde a la demanda real. Debe señalarse, empero, que en muchos


países en desarrollo cuyo nivel de analfabetismo es todavía elevado, y en los
que buena parte de la cultura se sigue trasmitiendo oralmente, habrá que
hacer esfuerzos especiales para adquirir y conservar grabaciones sonoras,
incluida la historia oral (de no encargarse de ello el archivo nacional).

2.2.5 Aunque las publicaciones o textos de las siguientes categorías


son, técnicamente, de producción extranjera, la mayoría de los países conside-
ran que forman parte de los fondos nacionales y se despliegan esfuerzos espe-
ciales para detectarlos, localizarlos y adquirirlos: 1) las obras publicadas
en el extranjero por ciudadanos del país, ya sea en su idioma original o tra-
ducidas ; 2) las aportaciones a publicaciones extranjeras de autores o artistas
del país tales como prólogos o ilustraciones; 3) los libros u otras publica-
ciones que se refieren al país o a algún aspecto de éste; 4) las grabaciones
extranjeras de actuaciones de artistas nacionales. Hay países que no pueden
prácticamente acopiar todos esos materiales extranjeros con contenido nacio-
nal, debido a su número considerable, aunque es de desear que se haga todo lo
posible al respecto, en la medida en que lo permitan los recursos disponibles.
Aplazar esas adquisiciones equivale a que cada vez sean más difíciles y costo-
sas de obtener conforme pasa el tiempo. Otro tanto sucede con las obras del
país y, particularmente, en los países importantes que cuentan con una indus-
tria editorial muy desarrollada y diversificada, incluso aquellos en que las
leyes sobre el depósito legal o el derecho de autor son exhaustivas. La expe-
riencia demuestra que, si no se adquieren a su debido tiempo, las publicacio-
nes y otros tipos de materiales de biblioteca (salvo los manuscritos) acaban
por ser de localización y adquisición cada vez más difícil y costosa y su
obtención se hace imposible, salvo en microrreproducciones. Algunas publica-
ciones que figuran en bibliografías y catálogos ni siquiera pueden ser micro-
rreproducidas por no poderse localizar ningún ejemplar suyo. Así, pues, es
importante que todos los países hagan lo que esté en sus manos para adquirir y
conservar los materiales impresos nacionales conforme vayan apareciendo.

2.2.6 En muchos países la Biblioteca Nacional puede adquirir y conservar


la mayoría de los materiales impresos nacionales, aunque en otros es preferi-
ble aplicar alguna modalidad de descentralización, al menos en lo que respecta
a algunas categorías de material. Ya hemos mencionado anteriormente una de
esas modalidades de descentralización, la delegación de responsabilidades, en
lo tocante a los documentos oficiales, al Centro Nacional de Documentación de
Marruecos. Otras modalidades de descentralización pueden ser de carácter
regional, como los planes elaborados por la Biblioteca Nacional del Canadá
para la conservación de las publicaciones diarias y semanales canadienses a
nivel provincial, por lo que se llegó al acuerdo de que una biblioteca de cada
una de las diez provincias del país conserve los periódicos de la provincia,
ya sea en su forma original, ya sea cuando menos en microformato. Ello no obs-
tante, la Biblioteca Nacional del Canadá recoge todas las principales publica-
ciones periódicas del país en microformato. El Simposio de Viena de 1958 sobre
las Bibliotecas Nacionales de Europa recomendó “conservar la producción nacio-
nal en su formato original y, en lo que respecta particularmente a la micro-
copia de los periódicos, nada podrá justificar la destrucción de los origina-
les”2). Resulta, sin embargo, muy difícil, si no imposible, conservar todas
las publicaciones periódicas en su forma original en los países en que se
publican centenares y hasta millares de ellas en múltiples ediciones diarias y
con variaciones de contenido según las regiones. Por diversas razones de
carácter histórico u otras hay países en los que puede ser práctico apelar a
alguna modalidad de descentralización para adquirir y conservar determinados
materiales de biblioteca pese a lo cual corresponderá a la Biblioteca Nacional
la responsabilidad de conservar toda la producción nacional, ya sea en sus
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locales o en alguna otra institución adecuada; en cualquier caso, la Biblio-


teca Nacional deberá llevar un registro de todos los impresos nacionales y
otros materiales de biblioteca, conforme se vayan produciendo. En el Simposio
de Viena se acordó que la Biblioteca Nacional asumirá la responsabilidad ine-
ludible de adquirir la totalidad de la producción del país, aunque en el caso
de materiales efímeros (materiales de trabajo, comerciales . ..) podrá proce-
derse a una selección eliminando lo que se considere conveniente de acuerdo
con los principios establecidos . . . y, en todo caso, le corresponderá la plena
responsabilidad de que se conserve la totalidad de la producción nacional, ya
sea en sus propios locales 0 en otras instituciones3). Si se aplica un plan
descentralizado, la Biblioteca Nacional deberá asumir y coordinar el desempeño
de las responsabilidades que puedan delegar las instituciones correspondientes.

2.2.7 Esta responsabilidad se ha visto confirmada, e incluso subrayada,


al elaborar la IFLA el programa de Control Bibliográfico Universal (CBU), en
el que se fomenta la idea de que cada país debe encargarse de que todas las
publicaciones nacionales se hallen adecuadamente registradas, de modo que su
existencia sea conocida por las personas que puedan necesitarlas en cualquier
sitio. Más recientemente, se instituyó el programa de Disponibilidad Universal
de Publicaciones (UAP) de la IFLA, con objeto de poner a la disposición de
quienes puedan necesitarlos, no sólo los registros bibliográficos, sino tam-
bién las propias publicaciones, tanto en el país como en el extranjero. La
Unesco apoya firmemente ambos programas y son cada vez más numerosos los paí-
ses que procuran que la Biblioteca Nacional correspondiente adquiera y con-
serve los fondos nacionales. En su reciente evaluación de la función de las
bibliotecas nacionales, Maurice Line reitera las conclusiones del simposio de
Viena, insistiendo aún más en la disponibilidad internacional de los fondos
nacionales: “los fondos esenciales de los medios de información de un país,
obtenidos mediante el depósito legal y por otros medios, y que comprenden los
duplicados para préstamo y fotocopia. Habría que incluir también los manuscri-
tos de mayor pertinencia e importancia nacionalvq4). En el informe sobre la
encuesta realizada por la Biblioteca Nacional de Australia en 1978 se describe
en qué medida las bibliotecas nacionales desempeñan la función de fondos esen-
ciales de las publicaciones del país5).

2.2.8 Aunque el medio de adquisición de las publicaciones actuales sea


el depósito legal, como se subrayará en la sección siguiente, método vigente
en algunos países desde hace siglos (desde la Ordonnance de Montpellier, de
1537, en Francia; la ley danesa de 1623; la ley sueca de 1631, etc., el acopio
de los fondos de obras del país se remonta a la introducción de la imprenta en
muchos países), son muchos los países en los que la edición se inició mucho
antes de que se fundase la biblioteca nacional y en los que el acopio y con-
servación de las obras del país entraña un número considerable de adquisicio-
nes retrospectivas que normalmente se hacen mediante compra, aunque también
pueden lograrse por medio de intercambios y donaciones. Sean cuales fueren los
medios a los que se recurra, se trata de una operación lenta, difícil y cos-
tosa, pero que hay que realizar si se quiere contar con un fondo esencial de
obras del país puesto a disposición de las generaciones de usuarios presentes
y futuras.

2.3 El depósito lepal

2.3.1 Trataremos ahora del depósito legal, inmediatamente después de la


sección relativa al acopio de las obras del país, a causa de la interdependen-
cia entre ambas cuestiones. Es cierto que el depósito legal se relaciona tam-
bién con otros objetivos de las bibliotecas nacionales y particularmente con
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la compilación de la bibliografía nacional, pero existe un consenso a propó-


sito de que “la acumulación y la conservación de un fondo nacional de materia-
les de biblioteca de cualquier índole” constituye el objetivo fundamental de
toda legislación sobre depósito lega16). Si se piensa en que el depósito
legal tiene por objetivo fundamental la adquisición de materiales de biblio-
teca de toda índole, y partiendo del principio de que dicha adquisición cons-
tituye el objetivo crucial de las bibliotecas nacionales, uno y otro revisten
la mayor prioridad. Las autoridades que se propongan elaborar o revisar las
medidas legislativas y las normas en materia de depósito legal disponen en la
actualidad de las directrices elaboradas por la Dra. Jean Lunn y publicadas
por la Unesco tras amplios debates y consultas con directores y especialistas
de bibliotecas nacionales bajo los auspicios de la IFLA. Así, pues, se trata
de unas directrices sumamente autorizadas y la presente sección constituye
prácticamente un resumen de las opiniones expuestas sobre todo en ese docu-
mento de la Unesco.

2.3.2 Se ha definido el depósito legal en los términos siguientes: "la


obligación jurídica de depositar en uno o varios organismos algunos ejemplares
de publicaciones de toda índole reproducidas por cualquier medio y mecanismo
para su distribución, préstamo o venta al públicoVw7). Como se trata de una
medida legislativa promulgada por el Estado y que normalmente prevé sanciones
en caso de incumplimiento, la legislación y las normas por las que se rige el
depósito legal deben definir con claridad todos los términos fundamentales
utilizados, exponer los objetivos de la ley y manifestar sin ambigüedad qué es
lo que debe depositarse, dónde hay que depositarlo y en qué cantidad, formu-
lándose asimismo con claridad las excepciones a las disposiciones generales.
Una ley formulada defectuosamente será de difícil cumplimiento y podrá hacer
perder tiempo y dar lugar a debates costosos con los editores e impresores y a
litigios innecesariamente prolongados. Dada la multiplicidad de regímenes
sociales, económicos y políticos existentes en el mundo, y de los correspon-
dientes sistemas jurídicos, resulta imposible, como señala Jean Lunn, elaborar
un proyecto de ley (y de normas) sobre depósito legal al que puedan atenerse
la mayoría de los países; es, empero, posible indicar, como hace la autora,
los puntos que debe abarcar cualquier legislación de esa índole, como también
el hecho de que posteriormente cada país recurra a una modalidad elegida
libremente por éltt8), a fin de alcanzar los objetivos en torno a los cuales
cabe llegar a un acuerdo general.

2.3.3 En sus Directrices, según Jean Lunn:

“1) toda legislación sobre depósito legal tiene por objetivo fundamen-
tal la acumulación y conservación de un fondo nacional de materia-
les de biblioteca de toda índole;

2) el segundo objetivo consistirá en la publicación de la bibliogra-


fía nacional, siempre que sea posible y que pueda hacerse;

3) hay otros objetivos, como el control estadístico de la edición o


el enriquecimiento de las bibliotecas del país, que pueden sumarse
a los anteriores;

4) todos los objetivos deben formularse con claridad;

5) la obligación del depósito debe justificarse dando una explicación


completa del valor de los objetivos mencionados. 999)
PGI-87/WS/17 - pág. 11

Ya se ha subrayado que el primer objetivo -acopiar un fondo constituido por


las obras del país- constituye la finalidad principal de toda biblioteca
nacional , ya que es evidente el interés de los ciudadanos de cualquier país en
poder disponer del patrimonio literario para su estudio e investigación. El
depósito legal facilita también la compilación de la bibliografía nacional, en
lo que se insistirá más adelante en la sección relativa a la bibliografía
nacional. Como el fondo de obras nacionales y el ámbito de la bibliografía
nacional deben ser lo más amplios posibles, es evidente que el alcance del
depósito legal, que constituye el medio más eficaz de lograr ambos, debe
extenderse también a todas las categorías de materiales de biblioteca que se
puedan gestionar con los recursos disponibles.

2.3.4 Normalmente, el ámbito del depósito legal coincide con el del man-
dato en materia de acopio de materiales de la Biblioteca Nacional. Se debe
tender a que todas la publicaciones, sea cual fuere su formato, se adquieran
en virtud del depósito legal, figuren en la bibliografía nacional y estén a
disposición de los lectores. En caso de que una biblioteca nacional dada (u
otro depositario) no disponga del personal necesario para catalogar y atender
a todas las publicaciones del país, sería aconsejable aplicar el depósito
legal a todas las modalidades de publicaciones o al mayor número posible de
ella, partiendo del principio de que más tarde se dispondrá del personal nece-
sario para ocuparse de los materiales acumulados o depositados; por otro lado,
puede que no sea posible localizar nunca muchos de los ejemplares de gran
numero de publicaciones que no se adquirieron en el momento de su aparición, o
que haya que comprarlas a precio mucho más caro. Así pues, salvo los artículos
impresos como los que se mencionarán en el párrafo siguiente, el depósito
legal deberá ser lo más exhaustivo que se puda. Las obras producidas a peti-
ción del usuario plantean un problema particular, pues el texto electrónico
puede ser destruido si ya no produce beneficios comerciales, o ser objeto de
modificaciones periódicas (lo que equivale a nuevas ediciones). Aunque éste es
un problema conocido, son las bibliotecas nacionales las que deberán trazar
las políticas y mecanismos capaces de asegurar la conservación de obras de esa
índole. La evolución reciente de la producción y distribución de las publica-
ciones, particularmente los materiales especiales como publicaciones electró-
nicas y programas de computadoras, darán lugar a una revisión general del
depósito legal: entretanto, las directrices existentes siguen siendo de gran
utilidad.

2.3.5 Las leyes y normas sobre depósito legal deberán abarcar la totali-
dad de los impresos del país, es decir, todas las publicaciones, sea cual
fuere su formato, producidas en el país con miras a su distribución general,
tanto si el autor es ciudadano del país como si es extranjero: libros, folle-
tos, publicaciones periódicas, diarios, colecciones, partituras musicales,
mapas, grabaciones sonoras y visuales, discos fonográficos, cintas, películas,
diapositivas, micropublicaciones, incluidas todas las publicaciones de esa
índole producidas por los gobiernos pero excluidas por lo general de las
publicaciones privadas de carácter confidencial y que no se distribuyen al
público (aunque puedan adquirirse mediante indagaciones), así como los mate-
riales impresos consistentes fundamentalmente en papel en blanco. Hay países
cuyas legislaciones en materia de depósito abarcan todos los impresos de cual-
quier índole, incluidos los materiales insignificantes depositados por los
impresos, aunque en su mayoría limitan el depósito legal a los materiales dis-
tribuidos al público por los editores. En algunas leyes y normas se estipula
el depósito de categorías concretas de publicaciones ex officio y el depósito
selectivo de determinadas categorías, a discreción del depositario. La
Dra. Lunn cita ejemplos de selec%ividad al decir que “cabría exigir el depj-
sito de algunos diarios principales, sin por ello reclamar el depósito de
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todos los diarios del país (salvo el primer numero, con miras a establecer la
bibliografía nacional)“, o de los informes anuales de determinadas empresas
industriales y comerciales, sin por ello exigirlo de empresas de menor impor-
tancialO).

2.3.6 Resumiendo, cabe decir que la legislación en materia de depósito


legal debería ser bastante general, aunque habría que completarla en lo posi-
ble mediante normas que autoricen al depositario a poder reivindicar determi-
nadas categorías de materiales de modo muy selectivo , pudiendo rechazar otras.
No deberá quedar ninguna duda acerca de la facultad del legislador de someter
a todas las categorías de publicaciones al depósito legal, ni tampoco acerca
de la libertad que se deja al depositario de seleccionar los tipos concretos
de publicaciones a los que se aplicará la legislación. Una buena ilustración
de ambas cuestiones es la definición exhaustiva del libro en lo tocante al
depósito legal que figura en la Lev de la Biblioteca Nacional del Canadá,
según la cual el libro es “un material de biblioteca, cualquiera que sea su
índole, carácter y descripción, y comprende todo documento, papel, registro,
cinta u otra cosa publicada por un editor o en la que se haya escrito, regis-
trado, almacenado o reproducido alguna información”ll), mientras que esa
misma ley dispone también la adopción de normas por las que deberán regirse
los ejemplares que hayan de depositarse cuando no se trate de ejemplares de la
misma calidad, y el depósito de sólo un ejemplar, en lugar de los dos habitua-
les, de determinadas clases de libros, o el tipo de publicaciones cuyo depó-
sito no sea obligatorio, salvo solicitud expresa 12). Se indica que esa fle-
xibilidad es conveniente y que hay que terminar con el uso del depósito legal
como instrumento de censura y control, tal como disponían algunas legislacio-
nes anteriores al exigir el depósito de todos los materiales impresos, cuales-
quiera que fuesen su carácter y valor. Debe existir flexibilidad con respecto
a una amplia gama de categorías de publicaciones, de las que ahora sólo pode-
mos citar unos pocos ejemplos. Cuando se exige el depósito de todos los libros
y folletos, son numerosos los países en los que es obligatorio depositar todas
las nuevas ediciones, aunque en otros muchos esto sucede únicamente con textos
revisados, corregidos, ampliados o abreviados. De igual modo hay países que
exigen el depósito de todos los discos de fonógrafos y grabaciones sonoras,
mientras hay otros en los que el depósito se limita a los de contenido nacio-
nal (por su compositor, director, intérprete, director artístico, etc.). Hay
algunos países en los que las publicaciones oficiales no están sometidas a
depósito legal y que han adoptado normas administrativas para que queden depo-
sitadas en la Biblioteca Nacional o en algún centro de documentación especia-
lizado (por ejemplo, Marruecos).

2.3.7 Sea cual fuere el ámbito de aplicación de la legislación en mate-


ria de depósito legal, hay multitud de variaciones en lo tocante a las exigen-
cias con respecto a determinadas categorías de materiales, el número de ejem-
plares que haya que depositar, las personas que tengan que hacerlo y los
encargados de conservar los materiales, además de otras cuestiones de carácter
administrativo. Por lo general, el ámbito de aplicación del depósito legal
debe coincidir con el del mandato y política de la biblioteca nacional en lo
que se refiere a los fondos, bibliografía y servicios. Sin embargo, en algunos
países se aplica también en lo que se refiere a las colecciones de obras lite-
rarias del país en algunas otras bibliotecas y como soporte del programa de
intercambio internacional de publicaciones. Desafortunadamente, al parecer
también se utiliza en algunos países para medidas de control y censura, aunque
en la mayoría sólo se aplica para apoyar los objetivos fundamentales y no
constituye un pesado gravamen para los editores, ya que son muchos CUYOS
recursos financieros son harto limitados.
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2.3.8 Aunque el depositario sea en la mayoría de los casos la biblioteca


nacional, hay algunas excepciones. Así, por ejemplo, en España las publicacio-
nes se depositan en la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, y ésta da
traslado de los ejemplares a la Biblioteca Nacional; en la URSS el depósito se
hace en la Cámara Sindical del Libro. En estos dos países se depositan otros
ejemplares en otros lugares : oficinas provinciales del depósito legal en
España y las Cámaras del Libro de las diversas Repúblicas soviéticas. En el
Reino Unido también se aplica una combinación de centralización y descentrali-
zación en virtud de la cual la Biblioteca Británica recibe todo lo que se
publica, mientras que hay cinco depósitos secundarios que proceden a la selec-
ción de los materiales: la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford,
la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, la Biblioteca del Trinity
College de Dublín, Irlanda, y las bibliotecas nacionales de Escocia y Gales.
Caso poco frecuente es el de la biblioteca de un país que recibe obligatoria-
mente ejemplares de publicaciones de otro país: cuando Irlanda pasó a ser
República independiente en 1921, se mantuvo el derecho del Trinity College de
Dublín a recibir ejemplares de los libros británicos; a cambio, las bibliote-
cas del Reino Unido en las que se depositan los ejemplares de depósito legal
reciben las publicaciones irlandesas. También existe una modalidad de descen-
tralización en Italia, país cuyas Bibliotecas Centrales Nacionales de Roma y
Florencia disfrutan del depósito universal, mientras que las principales
bibliotecas públicas de las diversas provincias reciben un ejemplar de las
obras editadas en la provincia. Así pues, y sean cuales fueren las disposicio-
nes complementarias existentes para la gestión del depósito legal y la descen-
tralización de parte de la producción nacional en base a las regiones, todos
los países que cuentan con Biblioteca Nacional disponen que ésta reciba uno o
varios ejemplares de todo lo que se edita en el país , y gracias a ello se man-
tiene la integridad de los fondos nacionales. Evidentemente, en la mayoría de
los países, se hace asignando a la Biblioteca Nacional la gestión del depósito
legal.

2.3.9 Tanto si el depósito se limita a un local central como si está


descentralizado, el numero de ejemplares que hay que depositar también varía
considerablemente de un país a otro, según los objetivos que se pretendan y el
grado de independencia o de control de la industria editora por parte de las
autoridades. En los países socialistas, cuyos gobiernos gestionan o controlan
las actividades editoriales, se exige el depósito de un número mayor de ejemp-
lares de lo que sería posible en los países en que los editores son mayorita-
riamente instituciones privadas, ya que sería injusto pedir demasiados ejem-
plares a empresas cuya supervivencia depende de las ventas, como se reconoce,
por ejemplo, en los países que han establecido una clara diferenciación entre
el numero de ejemplares que hay que depositar, según se trate de editores pri-
vados (por ejemplo dos en Corea, tres en Nigeria) o de organismos oficiales
(40 Y 25, respectivamente, en los países citados). Son, no obstante, mayoría
los países en los que tanto los editores privados como los órganos oficiales
deben depositar un número idéntico de ejemplares: desde uno en Australia,
Birmania y Guatemala hasta seis, como ya se dijo, en Inglaterra, otros seis en
Israel, siete en Suecia, cuatro en Francia, etc. Cuando el depósito se limita
a un solo local, por lo general la Biblioteca Nacional, el número de ejempla-
res suele ser de dos o tres, uno para su conservación y otro para lectura,
además de un tercero en ocasiones para la bibliografía nacional. También varía
el numero de ejemplares que hay que depositar en función de la categoría de
las publicaciones (por ejemplo, siete en Suecia si se trata de libros y folle-
tos y tan sólo tres cuando se trata de diarios; en Austria hasta cinco para
libros y folletos y hasta diez para publicaciones periódicas) o del precio de
la publicación (por ejemplo, en Francia, Canadá, Bélgica, etc., se exige un
PGI-87/WS/17 - pág. 14

numero menor de ejemplares si se trata de ediciones de lujo) cuando el depó-


sito del número máximo de ejemplares podrá constituir un gravamen financiero
indebido13).

2.3.10 Todas estas diferencias se explican por la multiplicidad de obje-


tivos que se pretende alcanzar mediante el depósito legal, diferencias y obje-
tivos que en gran medida se explican por las diversas tradiciones políticas,
sociales y económicas, y es cada país el que debe decidir las modalidades de
su propia legislación en materia de depósito legal. En cualquier caso, como
señala la Dra. Lunn, “el mínimo razonable es de dos ejemplares w14), en el
entendimiento de que la exigencia podría reducirse a un solo ejemplar cuando
se trata de determinados materiales (por ejemplo, ediciones de lujo onerosas
de tirada limitada o películas). Normalmente, para los microformatos son idén-
ticas las normas que por las que se rigen libros y folletos, tanto cuando se
trata de reimpresiones como de obras originales publicadas únicamente en
microformato; ahora bien, hay países cuyo mercado es limitadísimo para las
microrreproducciones, sea cual fuere su formato, por lo que sería improcedente
exigirles su depósito, ya que el microeditor precisará del apoyo económico de
la Biblioteca Nacional o de algún otro órgano idóneo para llevar a cabo la
operación. Las leyes y normas en materia de depósito legal deben prever excep-
ciones a las reglas generales cuando su aplicación estricta y uniforme pueda
ser contraproducente. Así, pues, la situación ideal consistiría en que la
legislación enunciase los principios, objetivos y disposiciones generales del
depósito legal, mientras que correspondería a los reglamentos (que cabe modi-
ficar con mucha mayor facilidad que las leyes, de exigirlo las circunstancias)
la formulación de los pormenores de aplicación de la ley para determinadas
categorías de materiales sobre los cuales pueden variar las exigencias.

2.3.11 Por último, añadimos algunas cuestiones conexas para información


y consideración de los encargados de la aplicación o administración de la
legislación en materia de depósito legal: a) aunque haya efectos que se con-
servan habitualmente en los museos -como medallas, monedas y sellos postales-,
pudiera ser conveniente, cuando no existan museos, que fueran a parar a la
Biblioteca Nacional y con este fin, incluirlos en el ámbito de aplicación del
depósito legal; b) aunque los depositantes sean por lo general editores e
impresores del país, algunos Estados (por ejemplo , Bélgica) exigen también que
los autores nativos depositen ejemplares de sus libros publicados en el
extranjero, objetivo que se alcanza en muchos países mediante la aportación
voluntaria de los autores; c) el depósito legal no se aplica a las organiza-
ciones intergubernamentales que gozan de extraterritorialidad, aunque algunos
de esos Órganos internacionales depositan de modo voluntario sus publicaciones
-con lo que éstas no entran en el ámbito de la bibliografía nacional, a menos
que el órgano encargado de elaborarla así lo decida (por ejemplo, la Biblio-
graphie de la France comprende también las publicaciones de la Unesco y de la
OCDE); d) los ejemplares impresos de publicaciones almacenadas en computadoras
deberán estar sometidos al depósito legal cuando estén a disposición del
público, pero no cuando se limiten al uso interno del personal de una institu-
ción (en cuyo caso constituyen un archivo); e) deberá alentarse a editores e
impresores, según proceda, a facilitar datos biográficos de los autores
(nacionalidad, identidad de los autores que utilizan un seudónimo, etc.), pero
resulta difícil hacer obligatoria esta exigencia en todos los casos ;
f) corresponderá a los depositantes la responsabilidad de empaquetar bien los
materiales de biblioteca para que se reciban indemnes en el depósito; g) la
legislación deberá fijar un plazo límite al depósito -algunas leyes concretan
que debe entregarse antes de la venta o distribución de los materiales, mien-
tras que otras fijan un plazo de hasta cuatro meses, y el plazo habitualmente
aplicado es el de un mes-, así como sanciones por inclumplimiento, por lo
PGI-87/WS/17 - pág. 15

general multas que deberán ser lo bastante considerables como para inducir a
los editores a cumplir la ley, a fin de que los fondos y la bibliografía
nacionales sean lo más completos posible; para poder demostrar que han cum-
plido la ley, los depositantes deberán poder exigir que se les extienda un
recibo cuando lo deseen; h) los materiales enviados al depósito legal deberán
estar exentos de tasas postales, hecho que deberán explicitar la ley o los
reglamentos correspondientes; i) en algunos países (los Estados Unidos,
Australia , por ejemplo), la Biblioteca Nacional acoge los ejemplares deposita-
dos en aplicación de la ley de derecho de autor, pero el depósito no es una
condición del derecho de autor y, como señala la Dra. Lunn, “en pura lógica,
no hay motivo alguno para que el depósito legal de las bibliotecas esté aso-
ciado de alguna forma al derecho de autor”l5). Para más datos y asesora-
miento sobre los aspectos tanto fundamentales como secundarios del depósito
legal, las directrices de la Dra. Lunn constituyen el documento general más
autorizado y actualizado que quepa consultar y utilizar. La aplicación sin
tropiezos del depósito legal exige relaciones estrechas y amistosas entre los
depositantes y los depositarios, y los editores tendrán que comprender que,
por su propio interés, sus publicaciones formen parte de los fondos nacionales
y figuren en la bibliografía nacional.

2.4 Los fondos de obras extranjeras

2.4.1 Como ya se ha visto, las bibliotecas nacionales recogen exhausti-


vamente la producción del país. Ahora bien, no hay biblioteca que pueda
hacerse actualmente, ni tampoco debería intentarlo, con todas las obras que se
publican en el mundo. De ahí que haya que aplicar una selectividad y que las
adquisiciones de materiales extranjeros varíen en alcance y magnitud, desde
las mínimas (la Biblioteca Nacional Suiza de Berna sólo adquiere materiales
extranjeros relativos a la Confederación) hasta las más ambiciosas (la Biblio-
teca del Congreso, en Washington, Estados Unidos, procura adquirir todas las
publicaciones extranjeras de importancia relativas a todos los temas y proce-
dentes de todas las partes del mundo). Entre ambos extremos hallamos todas las
modalidades imaginables. El análisis más completo de estas variaciones fue
llevado a cabo y publicado por la Biblioteca Nacional de Australia, por
encargo de la Conferencia de Directores de Bibliotecas Nacionales, anterior-
mente citada5). El estudio señala la multiplicidad de disciplinas a propó-
sito de las cuales las bibliotecas nacionales recogen publicaciones de diversa
índole, aunque no facilita ninguna información sobre el grado en que se aco-
pian dichos materiales ni acerca de los fundamentos en que se basan sus polí-
ticas correspondientes, sino que pone de manifiesto el hecho de que las
bibliotecas nacionales acopien más materiales relativos a humanidades y cien-
cias sociales (literatura, artes, música, derecho, etc.) que a ciencia y tec-
nología (comprendidas la medicina y la ingeniería). En las políticas de adqui-
sición influyen el presupuesto de que se dispone, el nivel de alfabetización y
la población a que se atiende, las prioridades nacionales en materia de ense-
ñanza e investigación y la disponibilidad de otros fundos, ya sean enciclopé-
dicos o especializados, de otras bibliotecas del país. La política de adquisi-
ciones de la Biblioteca Nacional deberá asimismo determinarse en función de la
geografía y las comunicaciones, en la medida en que facilitan o impiden el
acceso a determinados recursos (así, por ejemplo, el préstamo interinstitucio-
nal no puede constituir un elemento importante de los servicios de información
si no se dispone de servicios de transporte y de equipos postales adecuados).
En varias partes del mundo, en las políticas de acopio de materiales de
biblioteca influye también la disponibilidad de los fondos de investigación de
los países vecinos (por ejemplo, en Escandinavia, en donde se han dividido las
funciones de acopio que corresponden a las bibliotecas nacionales de los CUA-
tro países)lh). Son muchos los países que sólo cuentan con la disponibilidad
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de algunos documentos procedentes de una fuente extranjera importante, y éste


es el caso del Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca Británica,
en Boston Spa17).

2.4.2 Todos estos factores, tanto internos como internacionales, influ-


yen en las decisiones sobre el grado de centralización y descentralización que
conviene al país y que afecta directamente como es natural a la política de
acopio de materiales de la Biblioteca Nacional; hay que tener también en
cuenta factores tales como el hecho de que la Biblioteca Nacional sea a su vez
la principal biblioteca pública de la capital en que radica o tan sólo el
principal centro de consultas o la biblioteca de préstamos del país. Al deci-
dir las atribuciones en materia de adquisiciones y de presupuesto para libros
de la Biblioteca Nacional, los gobiernos y directores de las bibliotecas
nacionales deberán tener presente -y así lo hacen- todos estos factores y
otros relativos a las prioridades del país, por tratarse de aspectos muy
importantes sobre los que se pretende fomentar la investigación, así como los
países y culturas con los que se desea mantener o mejorar unos lazos estre-
chos. Un aspecto a propósito del cual las bibliotecas nacionales, con indepen-
dencia de cualquier otra consideración, deberán disponer de un buen fondo de
referencia es la bibliografía, incluyendo los catálogos de bibliotecas que se
hayan editado y los servicios de indización y reseñas al servicio de los
investigadores, ya sea directamente o por conducto de su propia biblioteca,
para detectar y localizar las obras que tengan algún interés para sus proyec-
tos de investigación, tanto si están disponibles en el país como si deben ser
pedidas en préstamo al extranjero.

2.4.3 En la mayoría de los países industrializados, la Biblioteca Nacio-


nal adquiere y respalda amplios fondos de obras extranjeras relativas al más
vasto campo de la investigación, aunque en algunos países los centros de docu-
mentación especializada se encargan de determinadas disciplinas. En cambio, la
mayoría de 10s países en desarrollo carece de recursos para constituir colec-
ciones enciclopédicas comparables a aquellas, sobre todo si existen también en
ellos bibliotecas públicas provinciales para las que deben adquirirse muchos
ejemplares de los mismos títulos. El permanente auge editorial que tiene lugar
en todo el mundo, y el costo cada vez mayor de los materiales retrospectivos,
obliga a esos países a aplicar criterios de selección muy estrictos. En mate-
ria de ciencias, medicina y tecnología, las colecciones y monografías son muy
onerosas y en algunas disciplinas pierden vigencia al cabo de pocos años, o al
menos SU demanda se reduce considerablemente. Afortunadamente, existen actual-
mente servicios internacionales de indización y resúmenes que facilitan los
documentos que se solicitan, y estos servicios pueden contribuir a reducir el
costo de adquisición y de almacenamiento de amplias colecciones de obras cien-
tíficas de todas las disciplinas. No cabe duda de que en el futuro irá en
aumento el número de documentos científicos o de otra índole almacenados y
transmitidos electrónicamente, y el dilema con que nos enfrentamos es que los
textos de ese tipo, si bien serán de acceso técnicamente más fácil, resulta-
rán económicamente menos abordables, sobre todo para los países en desarro-
110. Por otra parte, las obras relativas a las ciencias sociales tienen una
esperanza de vida algo mayor y en el terreno de las humanidades aumenta el
interés de muchos de ellas y su valor con el paso del tiempo. Es cada vez
mayor el número de libros y de publicaciones periódicas del pasado de que
puede disponerse actualmente mediante las reimpresiones, siendo incluso mayor
su número en microformatos. Hoy se pueden adquirir buenas colecciones de
publicaciones antiguas por un precio ínf imo, comparado con lo que costaría
adquirir los ejemplares originales de esas publicaciones, dejando de lado el
hecho de que son muchas las que no están disponibles. Sea como fuere, la mayo-
ría de las bibliotecas nacionales no disponen de suficientes recursos para
PGI-87/WS/17 - pág. 17

adquirir, catalogar, almacenar y poner a la disposición de los lectores todas


las publicaciones necesarias para hacer frente a las necesidades del país, ya
sea que se utilicen únicamente como biblioteca de consulta, ya sea que también
presten materiales o formen parte de alguna red de préstamos interinstitucio-
nales. Por lo general, las restantes bibliotecas del país tampoco pueden aten-
der todas las necesidades de sus lectores, de lo que se desprende la conve-
niencia de coordinar los recursos de las principales bibliotecas y de los cen-
tros de documentación del país y de que la biblioteca nacional sea la institu-
ción más apropiada para fomentar y supervisar la ejecución del plan nacional
de adquisiciones, pese a la pobreza de los fondos de algunos países, lo que
hace que, en lugar de fijarse un plan de esa índole, tendrían que estudiar la
manera de facilitar el acceso a los recursos existentes en el extranjero.

2.4.4 El plan nacional de adquisiciones puede ser más o menos descentra-


lizado, y ello dependerá de que se disponga de otros fondos de investigación,
por lo general en las bibliotecas universitarias y en los principales centros
de documentación especializada. La Biblioteca Nacional interviene en dichos
planes y cuenta casi siempre con el fondo más amplio del país. También parti-
cipa en los planes regionales (el Plan Scandia, de Escandinavia, el Plan de la
Deutsche Forschungsgemeinschaft, de la República Federal de Alemania18), el
Consorcio de Asia Sudoriental -Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y
Tailandia)-19), etc., y, para intervenir con eficacia, debe tener el equipo
necesario y estar dispuesta a actuar de prestamista principal de las bibliote-
cas extranjeras participantes, así como de principal prestataria de materiales
extranjeros destinados a los lectores del país. Del mismo modo que desempeña
una función en los consorcios internacionales, la biblioteca nacional deberá
coordinar un plan nacional de adquisiciones a fin de lograr la complementarie-
dad del mayor número posible de fondos de investigación o de que haya el menor
numero posible de duplicados, con objeto de utilizar lo mejor posible los
recursos económicos colectivos de que se dispone y también los recursos huma-
nos y físicos. Hay algunos países en los que la coordinación está a cargo de
un organismo oficial (República Federal de Alemania) o de las propias biblio-
tecas de investigación (Estados Unidos), lo que significa que se llevan a cabo
estudios de los fondos de investigación y que estos estudios se actualizan,
tarea que por lo general incumbe a la Biblioteca Nacional. A lo largo de los
años se han trazado diversos planes de adquisiciones en colaboración, basán-
dose en la delegación de responsabilidades de las bibliotecas participantes en
cuanto a determinados aspectos, si bien uno de los fallos de esta modalidad de
acción se ha debido a la carencia de supervisión. La metodología Conspectus,
elaborada recientemente por el Grupo de Bibliotecas de Investigación de los
Estados Unidos, constituye una solución ambiciosa y compleja a la puesta al
día de las informaciones sobre la magnitud y actualización de los fondos de
investigación de unas 35 bibliotecas norteamericanas. Los datos se ordenan
conforme a la clasificación de la Biblioteca del Congreso y son introducidos y
están disponibles en tiempo real. La evaluación del valor de los fondos sigue
siendo en buena medida subjetiva, no siendo siempre posible determinar hasta
qué punto un fondo está formado por materiales impresos tradicionales o por
materiales especiales. Es posible que haya países, o grupos de países de una
región, que pueden desear examinar la conveniencia de adoptar o adaptar esa
metodología o una versión simplificada de la misma20).

2.4.5 Hay que satisfacer en la medida de lo posible las necesidades de


los investigadores del país sin depender en exceso de fuentes extranjeras. Más
adelante nos referiremos a los servicios basados en esos planes de adquisición
en colaboración, tanto a escala nacional como internacional; los mencionamos
ahora, pues la participación en ellos influye en el caracter y alcance del
PGI-87/WS/17 - pág. 18

fondo de obras extranjeras de la Biblioteca Nacional. Las bibliotecas naciona-


les se hallan asimismo en una situación privilegiada para adquirir publicacio-
nes extranjeras (especialmente documentos oficiales) a través de intercambios,
así como para obtener donaciones tanto del país como extranjeras. Existen múl-
tiples modelos de planes de adquisición nacionales, y cada uno de ellos varía
en función del cometido que se atribuye a las bibliotecas nacionales 211,

2.4.6 No cabe, pues, formular directrices de aplicación general,


teniendo que limitarnos a afirmar que, idealmente, los fondos de una Biblio-
teca Nacional no deberían por qué duplicar innecesariamente los de otros fon-
dos de obras extranjeras (aunque sí debería haber duplicación cuando se trate
de un material muy solicitado y que no pueda facilitarse razonablemente a
todos los usuarios de otra biblioteca que tiene que atender a su propia clien-
tela), y que deberá concentrarse preferentemente en aspectos sobre los que
haya demanda y que no abarquen adecuadamente otras bibliotecas o centros de
documentación. Esas concentraciones en determinados temas o idiomas varían de
un país a otro, y los fondos de las bibliotecas nacionales deberán tener pre-
sentes ante todo las necesidades de los usuarios y no sólo el contexto en que
funcione la institución. En cualquier caso, y en lo que respecta a la forma-
ción del fondo nacional, como sobre otros muchos aspectos que consideraremos
más adelante, la Biblioteca Nacional deberá ser, como afirma K.W. Humphreys,
“la principal incitadora”. Más adelante se examinarán los servicios que habrán
de prestarse basándose en dichos fondos, aunque la política de acopio de la
Biblioteca Nacional -como el alcance del plan nacional de adquisicio-
nes- deberá basarse en el servicio y regirse fundamentalmente por las necesi-
dades prioritarias de los usuarios de la biblioteca del país. De ello se
desprende que es necesario supervisar la demanda y dar prioridad a aquellas
disciplinas cuya demanda, con arreglo a las estadísticas, sea mayor.

2.5 Los manuscritos

2.5 .l En el Simposio de Viena de 1958 los directores de las bibliotecas


nacionales convinieron en que "la conservación de documentos manuscritos con-
temporáneos de importancia nacional constituye una de las funciones de la
Biblioteca Nacional"22). El estudio realizado en 1978 por la Biblioteca
Nacional de Australia confirmó que la mayoría de las bibliotecas nacionales de
todo el mundo llevaban a cabo esta función 23). Al-Nahari llegó en un análi-
sis reciente a la conclusión de que *‘acopiar, conservar y organizar los manus-
critos del país” era una de las funciones más prioritarias de toda Biblioteca
Naciona124). Ahora bien, la índole y el ámbito de los fondos de manuscritos
varían de una Biblioteca Nacional a otra, ya sea como resultado de las tradi-
ciones o de la existencia de otras instituciones dotadas para participar en la
conservación de esta importante parcela del patrimonio nacional. La situación
es considerablemente distinta entre los países grandes y ricos, en los que son
múltiples las instituciones que adquieren y conservan los manuscritos y otros
materiales de archivo (la Biblioteca Nacional, el Archivo Nacional, las
bibliotecas o archivos provinciales, los municipios, las universidades, las
iglesias, etc.) y la de los países pequeños y recientemente independizados en
los que, en ocasiones, sólo uno o dos depósitos se dedican a esa misión. La
descentralización de facultades puede tener un carácter regional, sobre todo
en países importantes con gobiernos regionales además del gobierno central (la
URSS, los Estados Unidos, Canadá, Australia, etc.) o según las categorías de
material (manuscritos literarios, partituras, documentos oficiales o institu-
cionales, etc.) o en ambos casos. Apenas se dan excepciones a la regla general
según la cual los registros públicos se conservan generalmente en institucio-
nes de archivo (el Archivo Nacional, los archivos provinciales, los archivos
locales). A la Biblioteca Nacional corresponde habitualmente la responsabili-
dad de la conservación de los documentos personales de importancia nacional,
PGI-87/WS/17 - pág. 19

aunque en muchos países la documentación de los principales escritores, compo-


sitores, estadistas y otras figuras históricas se halla repartida en múltiples
depósitos de toda índole, a los que fueron legados en uno u otro momento. No
existe una regla general, pero al parecer se da un grado mayor de centraliza-
ción en los países más pequeños, particularmente en los casos en que es mayor
la centralización de su estructura política y administrativa.

2.5.2 Mientras que en la mayoría de los países la conservación de los


documentos oficiales es tarea que incumbe claramente al Archivo Nacional (aun-
que hay países en los que ministerios, departamentos y organismos mantienen
sus propios archivos), la responsabilidad de la conservación de los documentos
personales corresponde por lo general a las bibliotecas nacionales. Los
gobiernos deberán cuidar asimismo de evitar fricciones entre las bibliotecas y
los archivos nacionales en lo tocante a la adquisición de otros tipos de mate-
riales de archivo, como los de carácter cultural, pedagógico, comercial, labo-
ral, etc., y establecer un mecanismo de consulta para que bibliotecas y archi-
vos resuelvan las discrepancias sobre determinados tipos de materiales no
asignados claramente a una u otra. También pueden surgir conflictos entre la
Biblioteca Nacional y las instituciones locales y privadas en cuanto a la
adquisición de documentos importantes; la legislación francesa otorga a la
biblioteca nacional un. “droit de préemption” (derecho de tanteo en vista de la
adquisición) sobre el material considerado de importancia nacional y de inte-
rés para el Estado, aunque en la mayoría de los países sea la Biblioteca
Nacional la que adquiera las colecciones o los materiales de esa índole gra-
cias al consenso y a la buena voluntad de 10s interesados. La posibilidad de
imponer la obligación jurídica de que todos los documentos sean depositados en
la Biblioteca o el Archivo Nacional, según proceda, dependerá de las faculta-
des de que disponda el gobierno central en materia dispositiva sobre bienes
privados. Lo mejor sería, empero, que todos los Estados pudieran garantizar la
conservación de los documentos importantes, cualquiera que fuere el tipo de
régimen político vigente.

2.5.3 Es, además, sumamente conveniente que las bibliotecas nacionales


mantengan registros de las existencias de manuscritos y otro material de
archivo que hayan recogido otros depósitos del país, para poder orientar a los
investigadores hacia los documentos que necesiten, dondequiera que se hallen.
En los países en los que la propiedad privada es sagrada, los documentos pri-
vados pueden ser conservados por las familias y éstas pueden limitar el acceso
a ellos, aunque las bibliotecas nacionales deberán hacer todo lo posible por
lograr que acaben por ser depositados en una institución responsable, sobre
todo si presentan un interés histórico. Por último, los Estados deberán legis-
lar o promulgar normas sobre la exportación de materiales de archivo de impor-
tancia nacional para impedir que salgan del país porciones importantes de su
patrimonio nacional, salvo decisión contraria tras un análisis cuidadoso efec-
tuado por especialistas, En el caso de los materiales de biblioteca, los equi-
pos de análisis comprenden habitualmente al Director de la Biblioteca Nacional
0 su representante. La Biblioteca Nacional deberá tener por misión conservar
los manuscritos y demás documentos ineditos de importancia nacional y salva-
guardar los materiales que no hayan sido asignados al archive nacional. ASU-
miendo del mismo modo la responsabilidad de conservar el patrimonio impreso
nacional.

2.6 Ga&. por consiguiente, proponer:

1. Que las bibliotecas nacionales recojan todos los impresos realizados


en el. país, comprendidos los textos almacenados en formatos nuevoe;
podrá delegarse excepcionalmente en otra institución competente la
conservación de algunas categorías de materiales.
PGI-87/WS/17 - pág. 20

2. Que las bibliotecas nacionales adquieran las publicaciones actuales


del país, en todos sus formatos, mediante la figura del depósito
legal.

3. Que las bibliotecas nacionales se comprometan a adquirir impresos


retrospectivos del país mediante compra, intercambio o donaciones.

4. Que las bibliotecas nacionales adquieran fondos de obras extranje-


ras, tanto para facilitar las consultas de carácter enciclopédico
como para prestar servicio a los investigadores y lectores del país
o complementar los fondos de investigación de otras bibliotecas del
país.

5. Que las bibliotecas nacionales fomenten un plan nacional de adquisi-


ción, supervisándolo y participando en él, con el fin de evitar toda
duplicación innecesaria de materiales de escaso uso y maximizar la
utilización de los recursos humanos, financieros y físicos, cercio-
rándose de la complementariedad de unas bibliotecas de investigación
con otras, en la medida de lo posible, lo que entraña la realización
de inventarios o de fondos, así como la de estudios sobre las deman-
das de los usuarios.

6. Que las bibliotecas nacionales recopilen los manuscritos y otros


materiales de archivo de importancia nacional distintos de los
registros públicos, cuya responsabilidad incumbe a los archivos
nacionales.

1) Unesco.
2) National Libraries . . . . Symposium, pág. 112.
3) Ibid., pág. 34.
4) Maurice B. Line, The Role of National Libraries: A Reassessment. Libri,
Vol. 30 (1980), págs. 14-15.
5) En: Development of Resource Sharina Networks, National Library of
Australia, Canberra, 1979, págs. 41.43.
6) Jean Lunn, Guidelines for Legal Deposit Lepislation, París, Unesco, 1981,
(PGI-81/WS/23), pág. 3.
7) Lunn, pág. 1.
8) Lunn, pág. 25.
9) Lunn, pág. 3.
10) Lunn, pág. ll.
11) Canada, Statutes of Canada, 17-18 Elizabeth II, Cap. 47: National Library
Act. Véase también Pinion, Catherine F., Legal Deposit of Non-book
Materials, Wetherby, British Library, 1986, 154 págs.
12) Id. Sección 11 3).
13) Lunn, Id. págs. 12-13, 21. También Bjerregard, Estrid. Legal Deposit -
Purpose and Scope in Modern Society, en Libri, Vol. 23, N" 4, págs. 337-
343.
14) Lunn, &l. pág. 22.
15) Lunn, Id. pág. 21.
16) Hakli, Esko, Resource Sharing in Scandinavian Libraries in National
Library of Australia, Development of Resource Sharinp Networks.
págs. 189-204.
17) Line, M., British Librarv Lendinp Division as a Central Document SUP-
plier, en International Journal of Special Libraries, Val. XVI, N" 4
(1982), págs. 209-224.
PGI-87/WS/17 - pág. 21

18) Kaltwasser, G., Bibliotheksplan 73 for the Federal Republic of Germanv,


en Vosper R. y Newkirk L.I., National and International Librarv Plan-
ning . . . . págs. 51-68.
19) Annuar, H., The Planning of National Libraries in South East Asia, en
Vosper R. y Newkirk L.I., National and International Librarv Plan-
ning . . . . Munich, 1976, págs. 80.98.
20) Stam, D. Collaborative Collection Development, IFLA Journal, Vol. XII,
N" 1 (1986), págs. 9-19.
21) Collins, J. y Finer, R. National Acquisition Policies and Systems,
Wetherby, IFLA International Office for UAP, 1982, - Karthasov, N.S. For-
mation of V.I. Lenin State Library of the USSR Stocks in Interaction with
Libraries and Information of the USSR, IFLA paper (158-NAT-3), Tokio,
1986, 10 págs.
22) National Libraries . . . Symposium, pág. 36.
23) Development of Resource Sharing Networks, pág. 42.
24) The Role of National Libraries . . . . pág. 42.
PGI47/WS/17 - pág. 22

3. EL ORGANISMO BIBLIOGRAFICO NACIONAL

3.1 La bibliografía nacional

3.1.1 Como ya se ha destacado en el capítulo anterior, existe una inte-


rrelación muy estrecha entre el fondo literario nacional, el depósito legal y
la bibliografía nacional. El depósito legal constituye un medio para alcanzar
un fin, y todas las autoridades en la materia concuerdan en que su primer
objetivo es la adquisición de un fondo completo de documentación literaria
nacional, viniendo en segundo lugar la recopilación y la publicación de la
bibliografía nacional corriente. Para facilitar el acceso a las publicaciones,
lo que se precisa ante todo es controlarlas bibliográficamente. Este aspecto
se puso de relieve en el Congreso Internacional sobre Bibliografías Nacionales
celebrado por la Unesco en 1977, en el que se aprobaron varias recomendaciones
cuyas repercusiones han sido importantes en la producción de las bibliografías
nacionales de estos últimos años. El Congreso definió los objetivos, las fun-
ciones y las bases de “un marco internacional para el órgano bibliográfico
nacional” e impulsó de manera nunca vista el desarrollo de las normas interna-
cionales destinadas a facilitar el intercambio de los registros bibliográficos
manuales o informatizados entre los paísesl). Como en el caso del depósito
legal, la Unesco publicó un documento titulado Guidelines for the National
Biblioaraphic Aaency and the National Biblionraphy (D irectrices para los Orga-
nos Bibliográficos Nacionales y las Bibliografías Nacionales) (en francés e
inglés únicamente), preparado por la Oficina Internacional de la IFLA para el
CBU2). La mayor parte del presente capítulo se inspira en ese autorizado
documento.

3.1.2 Por lo general, el "órgano bibliográfico nacional" no es una


institución independiente (existen algunas excepciones como, por ejemplo, el
Instituto Bibliográfico de España), sino que casi siempre constituye una
división de la Biblioteca Nacional. Si se tiene en cuenta que su función pri-
mordial consiste en recopilar la bibliografía nacional, es preferible que
administre el depósito legal y controle plenamente el acceso a la impresión
nacional. El “órgano bibliográfico nacional” no está organizado del mismo modo
en todas las bibliotecas nacionales ni ocupa el mismo lugar en la estructura
de la biblioteca. Lo importante es que realice las funciones esenciales que
del mismo se espera y que disponga de los recursos humanos y técnicos necesa-
rios para ello. Durante mucho tiempo las bibliotecas han catalogado sus pro-
pios fondos, incluidos los de literatura nacional, proporcionando así acceso
bibliográfico a sus propios recursos. Muchas bibliotecas nacionales y otras
grandes bibliotecas han publicado catálogos, con lo que se ha podido conocer
lo que ofrecen, no sólo a los usuarios locales, sino también a la clientela
nacional e internacional. Entre ellos cabe citar los de la Library of Congress
(Biblioteca del Congreso) de Washington, la British Library (Biblioteca Britá-
nica) de Londres, la Bibliothèque nationale (Biblioteca Nacional) de París,
las Research Collections of the New York Public Library (Fondos de Investiga-
ción de la Biblioteca Pública de Nueva York), etc. Estos catálogos constituyen
unos instrumentos bibliográficos indispensables utilizados por las bibliotecas
de todo el mundo, y lo mismo cabe decir de los “union catalogues” (catálogos
colectivos) que permiten dar a conocer las colecciones de las principales
bibliotecas de un país, como es el caso del National Union Catalog de la
Biblioteca del Congreso, 0 cuyo alcance es internacional, como el anterior-
mente mencionado ESTC o el Gesamtcatalog der Wiegendrucke3), etc. No obs-
tante, ninguno de ellos puede sustituir las bibliografías nacionales comple-
tas, autorizadas y actualizadas (algunas de las cuales existen también en
forma de cinta y legibles por máquina) y que constituyen una contribución
indispensable al control bibliográfico universal. El programa CBU a largo
PGI-87/WS/17 - pág. 23

plazo , patrocinado por la Unesco y la IFLA, tiene por objeto alcanzar el obje-
tivo internacional primordial consistente en controlar e intercambiar la
información bibliográfica a escala mundial, lo que presupone que todos los
organismos bibliográficos nacionales formen una red basada en la aceptación de
unas mismas funciones básicas y unas mismas normas mínimas. Hay toda una serie
de bibliografías de otra índole, retrospectivas y actuales, y destinadas a
atender las necesidades especiales de grupos determinados de usuarios. No obs-
tante, compete al órgano bibliográfico nacional establecer y distribuir los
registros originales de todas las publicaciones producidas en el país4).

3.1.3 Independientemente de cualquier otra función que pueda desempeñar,


el órgano bibliográfico nacional debería tener como máxima prioridad la com-
pilación y publicación de la bibliografía nacional en curso. Es primordial
que el personal del órgano bibliográfico nacional posea la máxima competencia
a fin de que los registros bibliográficos de las publicaciones impresas nacio-
nales sean a la vez precisos y suficientemente pormenorizados. Estos registros
originales son considerados normalmente los registros autorizados de las
publicaciones de que se trata y, dado que se distribuyen a nivel nacional e
internacional, se procede a copiarlos en numerosos catálogos de las bibliote-
cas que han adquirido las publicaciones así descritas. Esta “catalogación
copiada” (en contraposición con la catalogación original) permite ahorrar
mucho tiempo y dinero, por lo que es importante que el registro original sea
de gran calidad. Dado que la bibliografía nacional actual será la bibliografía
retrospectiva de mañana, debe prepararse de manera que los registros que con-
tenga y difunda tengan utilidad permanente. La bibliografía nacional acumulada
constituye el fundamente de las publicaciones de un país y como tal un instru-
mento esencial para todas las personas que realizan investigaciones sobre
prácticamente todos los aspectos de la historia del país.

3.1.4 Por todas estas razones, la bibliografía nacional debe ser tam-
bién lo más completa posible, lo que puede conseguirse más fácilmente en los
países pequeños con menor numero de publicaciones. No obstante, incluso en los
países grandes con gran numero de publicaciones se intenta abarcar el mayor
numero posible de materiales, si bien cabe excluir algunos de limitada utili-
dad para la investigación: en algunos de estos casos puede existir un registro
abreviado del catálogo de la biblioteca (manual o informatizado) que no siem-
pre se incluye en la bibliografía nacional. En la mayoría de países, el ámbito
de la bibliografía nacional coincide (más o menos) con el del depósito legal.
En el estudio realizado por la Biblioteca Nacional de Australia al que se ha
hecho referencia anteriormente, se indica que las bibliografías nacionales
abarcaban los materiales siguientes: monografías, 44; nuevas publicaciones
periódicas, 43; publicaciones oficiales, 27; mapas, 24; diarios, 23; tesis,
18; grabaciones musicales, 16; registros sonoros, 6; y, en menor cantidad,
películas, registros de video, microfichas, ayudas docentes, impresos, carte-
les, etc. Otros estudios muestran algunas variaciones, aunque por lo general
confirman las cifras australianas5). Cabe destacar que, como recomendó el
Congreso Internacional de 1977, la bibliografía nacional debería abarcar las
publicaciones en cualquier idioma (no sólo en el idioma o idiomas oficiales),
y el registro debería efectuarse en el idioma de la publicación. Algunas
bibliografías nacionales incluyen las obras de autores nacionales publicadas
en el extranjero y, en algunos casos, incluso los registros de las publicacio-
nes en los idiomas oficiales del país efectuados en otros países y en otros
casos también las publicaciones sobre el país realizadas en el extranjero. Se
sugiere que en esos casos los registros se agrupen en secciones independientes
que complementen la bibliografía nacional, con la finalidad básica de abarcar
las publicaciones efectuadas en el país. Si no se enumeran por separado, los
registros correspondientes a las publicaciones extranjeras deben identificarse
PGI-87/WS/l7 - pág. 24

como no pertenecientes a las publicaciones nacionales, utilizando para ello un


asterisco o cualquier otro signo apropiado. En cualquier caso, la bibliografía
nacional debe ir precedida de una introducción en la que se describa clara-
mente su alcance y se expliquen completamente las inclusiones y exclusiones.

3.1.5 En la introducción también debería mencionarse la frecuencia de la


publicación, explicando la manera cómo se presenta la información, incluyendo
listas de abreviaturas y términos especiales (con sus definiciones) y catalo-
gando las normas seguidas, esbozándose la clasificación (caso de existir),
describiéndose el sistema de archivo y enumerándose los índices preparados. En
la primera hoja debería figurar lo siguiente: 1) título de la bibliografía,
2) periodo al que se refiere, 3) lugar de publicación, 4) nombre del editor,
5) fecha de publicación. En la parte posterior de la hoja debería figurar el
copvright, el asiento de catalogación en la fuente de publicación y la tarifa
de suscripción. También convendría utilizar un papel de tamaño aceptado inter-
nacionalmente (preferiblemente el A4). Es importante que los órganos biblio-
gráficos nacionales, cuando editen bibliografías de un país (y otras publica-
ciones), se ajusten a las normas aceptadas internacionalmente. Al ser tan
importante la función que desempeñan en el desarrollo y promoción de las nor-
mas, deben poner en práctica lo que predican.

3.1.6 Sin embargo, en algunos países, los recursos asignados al órgano


bibliográfico nacional no son adecuados para catalogar plenamente todas las
publicaciones nacionales. Por desgracia es preciso excluir algunas publicacio-
nes consideradas de menor importancia o dedicarles únicamente registros abre-
viados. Como es natural, en esos casos, siempre cabe esperar que un aumento de
los recursos humanos y financieros haga posible más adelante incluir las cate-
gorías excluidas actualmente y perfeccionar los registros abreviados. No obs-
tante, la experiencia nos dice que, a medida que la edición tiende a aumentar
gradualmente en la mayoría de países, esta actualización es rara vez posible.
En consecuencia, se sugiere que los gobiernos asignen al órgano bibliográfico
nacional los recursos necesarios para ocuparse plenamente de la mayoría de las
publicaciones de toda índole. No existe ningún código de catalogación aceptado
internacionalmente, sino tres series de reglas utilizadas en muchos países.
Son las siguientes: 1) las Reglas Uniformes elaboradas por el Comité de Cata-
logación de la URSS, utilizadas en la Unión Soviética y algunos otros países
de Europa Oriental; 2) las Regeln Für Die Alphabetische Katalogisierung (RAK)
(Reglas para la Catalogación Alfabética) utilizadas en la mayoría de los paí-
ses de habla alemana; 3) y las Anglo-Ameritan Cataloguing Rules (AACR2)
(Reglas Angloamericanas de Catalogación), de amplia utilización, no sólo en
los países de habla inglesa, sino también en muchos otros países de América
Latina, Escandinavia y Asia. También existen diversos códigos nacionales que
no siempre son compatibles con algunos de los internacionales.

3.1.7 Afortunadamente, en los últimos veinte años, la Oficina de la IFLA


para el CBU ha elaborado las ISBD (Descripciones Bibliográficas Internaciona-
les Normalizadas) que se han incorporado a muchos códigos nacionales e inter-
nacionales de catalogación, gracias a lo cual hoy existe un nivel de normali-
zación mucho mayor que antes para la descripción completa de las publicaciones
en los registros bibliográficos. En un primer momento se elaboró una ISBD
general y posteriormente ISBD para monografías (ISBD(M)), publicaciones seria-
das (ISBD(S)), materiales especiales (ISBD(NBM)), material cartográfico
(ISBD(CM)), música impresa (ISBD(PM)) y libros antiguos (ISBD(A)). También se
han promulgado y se utilizan ampliamente en las descripciones bibliográficas
los ISBN (Números Internacionales Normalizados para Libros) y los ISSN (NÚme-
ros Internacionales Normalizados para Publicaciones Seriadas o Revistas). Los
ISBN y los ISSN constituyen medios eficaces que permiten ahorrar tiempo para
PGI-87/WS/17 - pág. 25

identificar y encontrar publicaciones. Más adelante volverá a hablarse de


estos sistemas internacionales. La normalización de las descripciones biblio-
gráficas contribuye a reducir los gastos de catalogación en el propio país y
en el extranjero y a acelerar el suministro de servicios de biblioteca a los
usuarios. Las bibliotecas que sigan comprando fichas de catálogo o copias de
asientos de bibliografías impresas o bancos de datos bibliográficos pueden
incorporar los datos a sus propios catálogos con pocas o ninguna variación o
adición.

3.1.8 La normalización todavía es más importante para las bibliotecas


que tienen catálogos legibles a máquina. Actualmente muchos organismos biblio-
gráficos nacionales producen bibliografías nacionales en forma legible y pue-
den ofrecer otros servicios adicionales que se describirán más adelante. Para
elaborar esos registros e intercambiarlos entre sistemas mecanizados se han
desarrollado formatos nacionales para el procesamiento a máquina de los regis-
tros (LC/MARC, CANMARC, MARCAL, etc.), comprendiéndose muy pronto que, para
facilitar el intercambio internacional de registros sin tener que escribir uno
o varios programas de conversión, era necesario un sistema MARC internacional.
Con este fin se desarrolló el sistema UNIMARC, y una comisión de expertos de
la Conferencia de Directores de Bibliotecas Nacionales, la Comisión Interna-
cional de la Red MARC, estudio los problemas planteados por la traducción de
los registros MARC nacionales a un único formato UNIMARC universalmente acep-
tado y, a su vez, la traducción al formato nacional de los registros extranje-
ros en formato UNIMARC. Ultimamente, a medida que es cada vez mayor el numero
de bibliotecas nacionales que produce registros MARC, la labor internacional
encaminada a desarrollar, perfeccionar y fomentar las normas bibliográficas
tanto en los formatos manuales como en los automatizados se ha concentrado en
un solo programa de la IFLA, el CBU/IM. La Oficina CBU/IM de la Biblioteca
Británica de Londres puede proporcionar información pormenorizada y asesora-
miento sobre la aplicación de las normas internacionales a las bibliografías
nacionales. Asimismo, ha editado muchas publicaciones indispensables, entre
ellas algunas sobre asientos por autores corporativos, nombres de personas y
nombres de Estados, reglas para catalogación en la fuente, etc.

3.1.9 La producción de la bibliografía nacional puede estar centralizada


(como en la mayoría de países) o descentralizarse delegando en otros centros
competentes el establecimiento de registros de determinadas disciplinas, idio-
mas o tipos de escritura. En este último caso es forzoso que el órgano biblio-
gráfico nacional controle la calidad. La bibliografía impresa puede publicarse
semanalmente, mensualmente, trimestralmente o anualmente, de acuerdo con el
volumen de la edición anual y de los recursos de que dispone el órgano. En
algunos países en los que la bibliografía nacional es voluminosa y está auto-
matizada tambien se produce en microfichas (COM) y se acumula a bajo costo.
Como es natural otras grandes bibliotecas pueden también comprar las cintas y
montarlas en sus propios sistemas cuando la adquisición de publicaciones
nacionales es lo suficientemente grande para justificar esta iniciativa.

3.1.10 Existe, sin embargo, un importante elemento de los registros


bibliográficos para el que, excepto en los servicios internacionales de indi-
zación especializada, no hay normas internacionales aceptadas, a saber, la
identificación por temas de las publicaciones. En las bibliografías naciona-
les, los encabezamientos por temas se han desarrollado normalmente sobre la
base del entorno intelectual del país. No existen, por consiguiente, normas
internacionales para el análisis por temas de la literatura nacional en las
bibliografías nacionales (excepto para los planes de clasificación). Se han
publicado algunas listas de encabezamientos de materias, que se han utilizado
para elaborar listas nacionales en las que se incorporan las variaciones dic-
tadas por el entorno cultural nacional. Este es el caso de Librarv of Congress
PGI-87/WS/17 - pág. 26

Subi ect Headings , Precis6) de la Biblioteca Británica, Liste de vedettes-


matière de Biblio, etc. Sin embargo, no existe ningún plan de clasificación
que pueda recomendarse para su utilización en el mundo entero, pese a que el
Congreso Internacional recomendó que los títulos de las bibliografías nacio-
nales se dispusieran de conformidad con uno de los planes de clasificación
utilizados internacionalmente, la Clasificación Decimal Universal (CDU), la
Clasificación de la Biblioteca del Congreso o la Clasificación Decimal Dewey,
la más utilizada en todo el mundo. Estos planes de clasificación facilitan la
recuperación de las publicaciones sobre determinados temas o disciplinas,
especialmente cuando se consultan detenidamente números actuales o atrasados
de bibliografías nacionales impresas. En cambio, cuando se busca en archivos
legibles a máquina, es conveniente un método más perfeccionado, como el del
sistema Precis u otras listas más elaboradas de encabezamiento de materias.

3.2 Otras actividades bibliográficas

3.2.1 El organismo bibliográfico nacional también debería encargarse de


la compilación y publicación de la bibliografía nacional retrospectiva. En
muchos países y especialmente las antiguas colonias del Tercer Mundo, es
reciente la creación de bibliotecas nacionales, y lo mismo ocurre con las
bibliografías nacionales. Es preciso controlar bibliográficamente las publica-
ciones anteriores al establecimiento de la bibliografía nacional, no sólo en
esos países, sino también en los países industrializados en los que la
imprenta precedió en muchos años (ien siglos!) a la compilación de la actual
bibliografía nacional. En los catálogos de algunas de las grandes bibliotecas
antiguas se incluyen las publicaciones del país en tiempos pasados y también
las de muchos otros países, incluidas las ex colonias. Así ocurre con los
catálogos impresos de la Biblioteca del Museo Británico (actualmente Biblio-
teca Británica), la Biblioteca Nacional de París y el National Union Catalog
de la Biblioteca del Congreso, así como con los catálogos de las bibliotecas
especializadas de las antiguas potencias coloniales; éste es el caso de la
Oficina de la India en Londres. Estos proyectos retrospectivos, como el ya
mencionado ESTC en lo que atañe a la literatura en lengua inglesa del siglo
xV111, registran muchísimos títulos de muchos países correspondientes al indi-
cado periodo.

3.2.2 Ya mencionamos antes la utilización de los ISBN y los ISSN en los


registros bibliográficos, con lo que se facilita la identificación inmediata
del país de publicación, el idioma, el editor y la propia publicación. El sis-
tema ISBN se creó a iniciativa de editores y en muchos países es administrado
y fomentado por la asociación de editores o por un editor en nombre del gre-
mio. En otros países el órgano bibliográfico nacional asigna y controla los
ISBN, mientras que la labor de los centros nacionales de ISBN se coordina
internacionalmente por medio del Organismo ISBN Internacional, cuya sede
radica en Berlín, en la Staatsbibliothek Preussischer Kulturbesitz. Por otra
parte, la asignación de los ISSN corre a cargo de una determinada dependencia
del órgano bibliográfico nacional que hace las veces de corresponsal nacional
de Centro Internacional de Registro de Publicaciones Seriadas, de París, que
administra el Sistema Internacional de Datos sobre Publicaciones Seriadas
(ISDS), iniciativa de la Unesco controlada por una junta intergubernamental.

3.2.3 Es cada vez mayor el número constante de países en que el Órgano


bibliográfico nacional efectúa, en colaboración con los editores, un plan de
catalogación en la fuente que permite, antes de que se proceda a la publica-
ción, disponer de una descripción bibliográfica provisional preparada a partir
de las pruebas de imprenta e incluida en la propia publicación. Algunas
bibliografías nacionales incorporan esos asientos de catalogación en la fuente
PGI-87/WS/17 - pág. 27

a la bibliografía impresa, para sustituirlos posteriormente por los registros


definitivos, una vez que el personal del órgano dispone ya de la publicación
real. A raíz de la reunión internacional celebrada en la Biblioteca Nacional
del Canadá en 1982, la Oficina IM del CBU editó una publicación titulada
Recommended Standards for Cataloauing-in-publication (Normas recomendadas para
la catalogación en la fuente)7). En algunos países de grandes dimensiones,
en los que la publicación se realiza en diversos centros distantes, se aplica
un plan descentralizado de catalogación en la fuente, dejando a las bibliote-
cas la responsabilidad de preparar los asientos para los editores locales o
regionales.

3.2.4 Como es natural, se espera que los organismos bibliográficos


nacionales no sólo se adhieran a las normas internacionales aceptadas sino que
también fomenten su utilización por otras bibliotecas del país o, cuando
menos, las normas nacionales compatibles con ellas, para lo cual deberán pres-
tar asesoramiento y orientación mediante publicaciones apropiadas y por medio
de cursillos prácticos y de cursos de formación. El órgano bibliográfico
nacional debería encargarse, en colaboración con los expertos de las bibliote-
cas del país, de elaborar y examinar o revisar las normas de catalogación
nacional y otras normas bibliográficas. Esta cooperación no sólo tiene por
objeto perfeccionar las reglas y normas, sino hacerlas además más aceptables
de lo que sería el caso de no seguirse ese procedimiento. Del mismo modo, es
esencial la cooperación de los editores para el éxito de los planes de ISBN y
de catalogación en la fuente. Asimismo, el órgano bibliográfico nacional debe-
ría conservar y publicar las listas oficiales de encabezamiento de los nombres
personales de los autores nacionales, así como los nombres de los órganos ofi-
ciales y de los órganos corporativos, con variaciones, referencias cruzadas,
etc., puesto que se trata del instrumento básico de normalización de los
registros bibliográficos. Después de varios años de estudios y consultas, la
Oficina de la IFLA para el CBU ha publicado una obra titulada Guidelines for
Authoritv and Referente Entries8). El órgano bibliográfico nacional también
debería establecer normas para la transliteración de los registros escritos en
caracteres distintos de los del idioma nacional. No todos los países aceptan
las normas de la ISO, siendo muchos los que aplican las normas de romanización
desarrolladas por la Biblioteca del Congreso. Por consiguiente, el órgano
bibliográfico nacional debería indicar claramente qué normas utiliza y
fomenta. En resumen, en todas las esferas bibliográficas, el órgano bibliográ-
fico nacional debería ser “el principal impulsor” a nivel nacional, al mismo
tiempo que el componente nacional de la red bibliográfica internacional.

3.2.5 El Órgano bibliográfico nacional es también el centro nacional de


intercambio internacional de registros bibliográficos. Se trata también del
centro de distribución de los registros nacionales en cinta y de importación
de las cintas extranjeras MARC para su utilización en el país, tanto en la
propia biblioteca nacional como en las bibliotecas que las necesiten y que
puedan permitirse adquirirlas. La Conferencia de Directores de Bibliotecas
Nacionales preparó un acuerdo modelo para el intercambio de registros MARC y,
por medio de su Comité de la Red Internacional MARC (que actualmente consti-
tuye también un comité asesor de la IFLA) examina periódicamente los problemas
relacionados con esos intercambios. Cabe mencionar la existencia de bancos de
datos paralelos de registros bibliográficos de determinadas disciplinas, espe-
cialmente en la esfera de la indización y el resumen de las publicaciones
periódicas y las actas de conferencias (Chemical Abstracts, Biolopical
Abstracts, Bulletin signalétique du CNRS, Referantionyj Zhurnal, Index
Medicus, etc.). Estos instrumentos bibliográficos especializados son comple-
mentos indispensables de las bibliografías nacionales, a las que no sustitu-
yen, ya que cada una cumple su función propia, siendo muy limitada su cober-
tura de publicaciones seriadas de los países menos desarrollados.
PGI-87/WS/17 - pág. 28

3.2.6 Algunas bibliotecas nacionales son también el centro nacional de


MEDLINE, el sistema directo desarrollado por la Biblioteca Nacional de Medi-
cina de Estados Unidos de América para controlar las publicaciones médicas.
Asimismo, algunas bibliotecas nacionales aportan registros a sistemas interna-
cionales de información especializada tales como el AGRIS o el INIS, así como
a bancos de datos regionales de interés. Las normas bibliográficas utilizadas
por la mayoría de los sistemas de información especializada difieren de las
normas de tipo MARC elaboradas por las bibliotecas. En los últimos años, para
facilitar el intercambio de datos entre las bibliotecas y los sectores de la
información, la Unesco ha elaborado un Formato Común de Comunicación (FCC) y
su correspondiente apoyo de soporte lógico, utilizado actualmente por varios
organismos bibliográficos nacionales del Tercer Mundo. Recíprocamente, algunos
sistemas de información especializada, como el MINISIS, han desarrollado un
soporte lógico UNIMARC que facilita la utilización de los registros MARC de
otros países. En todo caso, lo importante es que el sistema bibliográfico
nacional pueda servirse de los registros extranjeros sin tener que volver a
establecerlos o modificarlos con gran costo, y que pueda a su vez producir
registros que sean aceptados del mismo modo por otros sistemas, nacionales o
extranjeros. Esta es la tarea del CBU.

3.2.7 Como es natural, el órgano bibliográfico nacional también debería


fomentar la adhesión a las normas nacionales de los bibliógrafos individuales
que compilan bibliografías especiales, anotadas o sin anotar, impresas o alma-
cenadas en una base de datos y que son un buen complemento para la bibliogra-
fía nacional general. Salvo excepciones, el órgano bibliográfico nacional no
indiza las publicaciones periódicas del país, tarea imposible cuando estas
publicaciones son muy numerosas. Hay, no obstante, algunas excepciones en las
que el órgano bibliográfico nacional dispone de personal para analizar las
publicaciones periódicas del país (por ejemplo, en Bélgica, Finlandia,
Rumania, etc.). Esta tarea es especialmente útil en países en los que sus ser-
vicios internacionales de indización no cubren las publicaciones periódicas o
lo hacen muy poco, y en los que el idioma o idiomas, o los caracteres utiliza-
dos no son ampliamente conocidos en el extranjero.

3.3 Se sugiere lo siguiente:

1. Que todos los países procuren contar con un órgano bibliográfico


nacional, normalmente dependiente de la Biblioteca Nacional.

2. Que la máxima prioridad del órgano bibliográfico nacional sea la


compilación de la bibliografía nacional actual, con una cobertura lo
más completa posible según los recursos, que incluya tanto las for-
mas de publicación nuevas como las tradicionales, y que los regis-
tros se adapten a las normas internacionales aceptadas y se dispon-
gan con arreglo a un plan de clasificación.

3. Que el Órgano bibliográfico nacional patrocine cursos de formación y


cursillos prácticos para fomentar la adhesión a las normas naciona-
les por parte de otras bibliotecas y de los bibliógrafos indivi-
duales.

4. Siempre que los recursos lo permitan, que el órgano bibliográfico


nacional se ocupe de compilar y publicar una bibliografía nacional
retrospectiva con miras al control bibliográfico de los títulos
publicados en el pasado.

5. Que el Órgano bibliográfico nacional constituya el componente naCiO-


nal del Sistema Internacional de Datos sobre Publicaciones Seriadas.
PGI-87/WS/17 - pág. 29

6. Cuando los editores nacionales no hayan adoptado esa iniciativa, que


promueva y controle la utilización del Número Internacional Bormali-
zado para Libros.

7. Que el órgano bibliográfico nacional establezca un programa de cata-


logación en la fuente.

8. Que el órgano bibliográfico nacional mantenga listas oficiales de


encabezamiento y publique encabezamientos de materias (listas com-
pletas o listas que completen una lista extranjera muy utilizada),
así como otros instrumentos de catalogación para su utilización por
las bibliotecas del país.

9. Que el órgano bibliográfico nacional distribuya en el país los


registros producidos en otros países y en el extranjero los regis-
tros de las ediciones nacionales.

10. Cuando sea conveniente y posible, que el órgano bibliográfico nacio-


nal indice las publicaciones periódicas del país o parte de ellas.

ll. Que el órgano bibliográfico contribuya también con registros a los


sistemas internacionales y utilice a su vez los registros de esos
sistemas en beneficio de los usuarios nacionales.

1) París, Unesco, 1978 (PGI-77/LJBC/3).


2) París, Unesco, 1979 (PGI-79/WS/18) (en francés y en inglés únicamente).
3) Leipzig, Hiersemann, 1925-.
4) Dorothy Anderson, The Role of the National Bibliographic Centre, en
Librarv Trends, Vol. 25, N" 3 (enero de 1977), págs. 645-663.
5) Cheffins, Richard. A Survey of Contents of Existing National biblio-
graphies, París, Unesco, 1977, 52 págs. Beaudiquez, Marcelle, Biblio-
graphical Services Throughout the World, París, Unesco, 1984, 464 págs.
(en inglés únicamente). Asimismo: Les bibliographies nationales rétros-
pectives dans le contexte du contrôle biblionraphiaue universel, IFLA
paper, Munich, 1983.
6) Austin, D., Precis: Basic Principies, Functions and Use, IFLA paper,
Munich, 1983.
7) London, IFLA International Programme for UBC, 1986, 30 págs.
8) London, IFLA International Programme for UBC, 1984, 40 págs.
PGI-87/WS/17 - pág. 30

4. SERVICIOS A LOS LECTORES

4.1.1 Como es lógico, los servicios básicos proporcionados a los lecto-


res por las bibliotecas nacionales son los que dependen principalmente de su
propio fondo. Sin embargo, en muchos países se incluyen también los que faci-
litan el acceso a los recursos de otras bibliotecas mediante instrumentos
tales como los catálogos colectivos o los sistemas de información informatiza-
dos, los inventarios de fondos y la coordinación de políticas, fondos y servi-
cias. La extensión de los servicios de información proporcionados por la pro-
pia biblioteca nacional y el grado en que se facilita el acceso a otros fondos
y servicios oscilan entre un mínimo y un máximo, según múltiples factores,
desde el fondo de la propia Biblioteca Nacional y su mandato general hasta la
extensión y variedad de los servicios disponibles de otras bibliotecas y cen-
tros de información, públicos y privados. Los servicios de información de la
Biblioteca Nacional, sean grandes o pequeños, deberían desarrollarse gradual-
mente con arreglo a las prioridades establecidas con arreglo a las necesidades
de los usuarios, que no pueden determinarse sin estudios adecuados. Cuando los
recursos son limitados, debería darse prioridad a los servicios que atienden
las necesidades más acuciantes no satisfechas por medio de otras fuentes o,
por lo menos, las que puedan atenderse con más facilidad y economía. En todo
caso, independientemente de otras consideraciones, como ya hemos visto, la
función más fundamental de la biblioteca nacional es reunir, conservar, dar a
conocer y hacer que sea accesible la literatura nacional.

4.1.2 Con arreglo a la adquisición de la producción nacional, normal-


mente por medio del depósito legal, la Biblioteca Nacional proporciona los
servicios bibliográficos antes descritos como de incumbencia del órgano
bibliográfico nacional. En la mayoría de los casos, tanto los lectores como
las bibliotecas tienen acceso a esos servicios. Las bibliotecas del país y del
extranjero se sirven de la bibliografía nacional para seleccionar los títulos
que desean adquirir y catalogarlos de manera poco costosa. Asimismo, bibliote-
carios y libreros la utilizan con fines de consulta para identificar las
publicaciones pedidas por sus respectivos clientes, además de ser utilizadas,
como es lógico, por los propios lectores. La bibliografía nacional retrospec-
tiva contribuye también en lo que se refiere a textos más antiguos. En algunos
países aumenta la utilización de la indización de las publicaciones periódi-
cas, especialmente cuando este aspecto no está bien atendido por los servicios
internacionales. Otros productos bibliográficos como, por ejemplo, las listas
de publicaciones seriadas, tesis, etc., constituyen también servicios naciona-
les de información que contribuyen a alcanzar los objetivos del programa CBU.

4.2 UAP y UAI

4.2.1 El control bibliográfico universal, por importante que sea, no


deja de ser un medio para alcanzar un fin, y la meta final de las políticas y
de los programas en materia de bibliotecas es la Disponibilidad Universal de
las Publicaciones (UAP), componente fundamental de la Disponibilidad Universal
de la Información (UAI): la satisfacción de las necesidades de los usuarios
mediante el suministro de los documentos impresos propiamente dichos y de la
información que solicitan. Por consiguiente, los servicios bibliográficos tie-
nen que completarse mediante unos servicios eficientes de préstamo, consulta y
orientación. A la Biblioteca Nacional le corresponde la responsabilidad espe-
cial de garantizar esos servicios sobre la base de su fondo de publicaciones
nacionales, y constituye un gran apoyo para los estudios nacionales. En la
mayoría de los países desempeña también una función importante al poner a dis-
posición de sus nacionales los documentos extranjeros que necesitan para rea-
lizar sus proyectosl).
PGI-87/WS/17 - pág. 31

4.3 Centralización o descentralización

4.3.1 Aunque el suministro de publicaciones nacionales y de información


sobre temas del país constituye siempre una gran prioridad para las bibliote-
cas nacionales, el grado en que deben también poner a disposición de los lec-
tores las publicaciones y las informaciones procedentes del extranjero depen-
derá de la existencia de otras grandes bibliotecas universitarias, públicas o
especiales, que satisfagan las necesidades de sus respectivos usuarios. La
importancia relativa de la función desempeñada por las bibliotecas nacionales
a este respecto varía en consecuencia según los países. Al examinar la cues-
tión de los fondos de las bibliotecas, se aludió a los diversos modelos de
planes nacionales de adquisición, desde los más centralizados hasta los más
descentralizados, desde los planificados hasta los que no lo han sido. La dis-
tribución de los recursos bibliotecarios entre las bibliotecas de un país
repercute evidentemente de manera directa en la centralización o descentrali-
zación de los servicios de biblioteca. Se sugiere no obstante que, incluso en
los casos de mayor descentralización de los fondos, las bibliotecas nacionales
deberían tratar de establecer políticas y programas de cooperación encaminados
a conseguir la máxima utilización posible de todos los recursos bibliotecarios
del país. En algunos países la Biblioteca Nacional cuenta con una gran autori-
dad sobre las demás, aunque en ia mayoría de los países las bibliotecas uni-
versitarias y públicas gocen de un amplio grado de autonomía, sin que pueda
esperarse una coordinación de sus servicios que no sea voluntaria. Cuando la
biblioteca nacional consigue desarrollar y ofrecer instrumentos eficientes
-por ejemplo, catálogos y listas colectivas, servicios de comunicaciones y
servicios de entrega- las bibliotecas suelen participar con mayor agrado en
planes de cooperación, por la sencilla razón de que, al contribuir a ellos,
sacan provecho de los mismos, aunque la contribución de muchas sea superior a
los beneficios que sacan y viceversa.

4.3.2 La función rectora de la Biblioteca Nacional, ya sea estatutaria 0


basada en el consenso, es esencial para el desarrollo óptimo de unos servicios
coordinados que redunde finalmente en beneficio de todos los lectores. Un
enfoque pragmático siempre es conveniente y, según se distribuyan los recursos
entre las bibliotecas del país, puede ser aconsejable adoptar un enfoque más
centralizado o más descentralizado con respecto a los diferentes servicios.
Por ejemplo, el préstamo recíproco de monografías puede deberse a la disper-
sión de los fondos entre muchas bibliotecas, mientras que el suministro de
fotocopias de artículos de publicaciones seriadas sólo se garantizará plena-
mente cuando se cuente con un fondo nacional importante. El pragmatismo supone
también flexibilidad, por lo que los países deberían estar dispuestos a adap-
tarse a los cambios de circunstancias y a las necesidades, siendo, no obs-
tante, preciso recordar que no es posible acumular unos fondos importantes de
la noche a la mañana, como tampoco es posible proporcionar una amplia gama de
servicios perfeccionados en un breve lapso de tiempo. Es preciso establecer
prioridades y, muchas veces, tener paciencia para planificar servicios más
avanzados. Es necesario admitir que el progreso futuro se producirá en su
momento, a partir de los servicios básicos y esenciales establecidos que ya
hayan sido creados. En consecuencia, siempre que sea posible es conveniente
desarrollar y examinar simultáneamente planes a corto y a largo plazo de modo
que las medidas iniciales faciliten, en lugar de obstaculizar, el progreso
futuro.

4.4 Servicios de consulta v de préstamo

4.4.1 En todas las bibliotecas nacionales se puede consultar in situ las


propias colecciones. Salvo cuando se hallan en la Biblioteca Pública de la
capital, los fondos de las bibliotecas nacionales no son de primera consulta,
PGI-87/WS/17 - pág. 32

sino que deben utilizarse como fondos de apoyo de las bibliotecas locales y de
las bibliotecas situadas en poblaciones distantes. Los lectores utilizarán
ante todo SU propia biblioteca (pública, universitaria, especial), haciendo lo
propio con los textos de la Biblioteca Nacional cuando no existan en su propia
biblioteca. Algunas bibliotecas nacionales conceden directamente derechos de
lectura a los estudiosos y a otros investigadores que lo solicitan. En cambio,
en algunas bibliotecas se exige el aval de otra biblioteca. Al asumir la res-
ponsabilidad de asegurar la conservación de los textos de la biblioteca de
forma que puedan ser consultados tanto por las generaciones presentes como por
las futuras, las bibliotecas nacionales pueden imponer legítimamente ciertas
restricciones a los usuarios y tomar algunas precauciones con los textos que
pueden consultarse (al igual que en lo relativo al préstamo interinstitucio-
nal). La utilización de los textos de las bibliotecas debe regirse por políti-
cas y procedimientos claramente establecidos, lo que requiere unas instalacio-
nes y una supervisión apropiadas. Los avisos públicos y los folletos deben
especificar quién tiene derecho a utilizar los servicios de la Biblioteca
Nacional, en qué condiciones y modalidades, si hay que exigir o no tarjetas de
acceso a los lectores, cómo pueden obtenerse los diversos servicios y dónde se
encuentran los puntos de acceso, cómo utilizar los catálogos y otros auxilia-
res de búsqueda y cómo obtener la ayuda del personal (en caso necesario), cómo
llenar los formularios de solucitud para obtener textos o fotocopias, cómo
pedir prestados muchos textos a la vez y por cuánto tiempo, qué restricciones
se imponen para reproducir los textos amparados por el derecho de autor, las
tarifas cobradas por los diversos servicios (cuando no son gratuitos), las
horas de servicio, etc. Cabe señalar que la mayoría de las bibliotecas abren
al público sus salas de lectura únicamente durante las horas de trabajo. Otras
están abiertas día y noche, durante toda la semana, a los lectores que poseen
pases especiales y casilleros individuales donde dejar al irse los textos uti-
lizados , privilegio especialmente apreciado en países grandes en que los estu-
diosos acuden a la Biblioteca Nacional desde lugares distantes y desean apro-
vechar al máximo su estancia en la localidad.

4.4.2 Las bibliotecas nacionales más pequeñas suelen tener tan solo una
sala de lectura y un solo punto de acceso a los textos. Las de mayores dimen-
siones suelen tener varias salas de lectura: general, de publicaciones perió-
dica, de diarios, de originales, de libros raros, de música, de mapas, etc.
Las políticas y procedimientos seguidos con respecto al acceso a los fondos
especiales son por lo general más restrictivas que las que se aplican a la
utilización del fondo general. Estas restricciones deberían también explicarse
claramente en avisos y folletos apropiados. Los servicios especiales de repro-
grafía disponibles para obtener reproducciones de textos de los fondos espe-
ciales suelen ser distintos según se disponga de ellos en la sala de lectura
general o en los servicios de préstamo (de pago o gratuitos); hay textos que
no pueden reproducirse debido a su fragilidad o porque están amparados por
derechos de autor. La importancia del uso apropiado de los textos, de modo que
puedan seguir a disposición de otros usuarios presentes o futuros, debería
destacarse en los anuncios promocionales así como en las visitas organizadas
por algunas bibliotecas para dar a conocer a sus usuarios el alcance de los
servicios que se prestan. La formación de los usuarios es un factor importante
de la UAP, ya que la experiencia nos dice que muchos fondos están subutiliza-
dos porque los posibles usuarios no conocen su existencia ni la ayuda que
puede brindarles el personal.

4.4.3 La mayor parte de las publicaciones relativas a la UAP se refieren


a la adquisición de fondos (centralizados o descentralizados) y al préstamo
interinstitucional (entre bibliotecas nacionales 0 internacionales) aunque,
como ya se ha dicho anteriormente, los fondos locales son los que normalmente
PGI-87/WS/17 - pág. 33

están disponibles en primer lugar. Los préstamos interinstitucionales repre-


sentan un porcentaje muy pequeño del total, y el enorme éxito registrado por
el Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca Británica, en Boston
Spa, no merma en absoluto la función básica de la División de Humanidades y
Ciencias Sociales de la Biblioteca Británica de Londres, cuyo fondo de textos
antiguos es único en el mundo. La utilización eficiente de los fondos locales
requiere catálogos adecuados y actualizados (por autores, títulos y temas) y
un personal competente que pueda ayudar a los lectores en caso necesario. La
primera recomendación aprobada por el Congreso Internacional sobre la UAP
recordó que “el personal de la información debería considerar las fuentes de
información que se le han confiado como parte de la totalidad de los recursos
nacionales y, allí donde existen manteriales raros, únicos en su género 0
difíciles de obtener, como parte de la totalidad de los recursos mundiales, y
ser consciente de su responsabilidad respecto a los usuarios de las publica-
ciones y de la informaciónpt2). Es preciso también que los lectores sean
conscientes de sus responsabilidades con respecto a los materiales que se les
facilitan.

4.4.4 Los servicios locales a los lectores de la Biblioteca Nacional no


se limitan a proporcionarles los materiales que están a su disposición. Tam-
bién deben comprender el servicio de préstamo de textos de otras bibliotecas
cuando está autorizado dirigirse directamente a la Biblioteca Nacional. Se
incluyen también los servicios de referencia basados en el fondo, especial-
mente el fondo de consulta, que debe estar bien almacenado y al día, así como
en las bases de datos que pueden consultarse directamente (a menudo previo
pago). Algunas bibliotecas nacionales proporcionan este servicio de una o dos
maneras, a saber: mediante búsquedas retrospectivas, obteniendo de una o
varias bases de datos citaciones de documentos sobre un tema específico (lo
que equivale a establecer una bibliografía producida informáticamente que
abarca un periodo predeterminado) o bien proporcionando un servicio permanente
según los intereses señalados, con lo que a los clientes interesados se les
informa periódicamente acerca de todo lo que se publica en su esfera de tra-
bajo. Los conocimientos prácticos de los bibliotecarios encargados de las
referencias constituyen también una fuente que debe tenerse en cuenta, así
como los del grupo de especialistas encargados de fondos especiales, cuyos
conocimientos .permiten un aprovechamiento máximo de esos recursos.

4.5 Servicios de orientación

Los bibliotecarios de las bibliotecas de consulta y los especialistas en


temas concretos pueden también proporcionar servicios de orientación útiles,
dirigiendo a los lectores hacia otros fondos importantes y hacia los expertos
de otras instituciones. Los especialistas temáticos pueden formar a colegas
invisibles (como hacen los estudiosos y los científicos), pero es útil compi-
lar y publicar inventarios de fondos especiales y de especialistas en biblio-
tecas. Los inventarios deben mantenerse al día, lo que resulta más fácil y
económico cuando los datos se almacenan en forma legible a máquina, en cuyo
caso también pueden buscarse directamente. En los países grandes y ricos que
disponen de muchos programas de investigación altamente desarrollados, las
redes de los centros de orientación colaboran para encauzar a los usuarios
hacia las mejores fuentes y expertos. En cambio, en los países pequeños y
pobres, puede que no exista sino un centro de orientación que, normalmente,
“forma parte de un organismo mayor, por lo general la Biblioteca Nacional o un
centro nacional de documentación 113). La Unesco ha venido promoviendo el
desarrollo de la cooperación internacional entre los centros nacionales de
orientación, con miras a poner a disposición de los usuarios la información y
el asesoramiento no existentes en un país determinado.
PGI-87/WS/17 - pág. 34

4.6 Préstamo interinstitucional

4.6.1 Aunque sean muchas las grandes bibliotecas nacionales y de otra


índole que puedan proporcionar a partir de sus propios fondos un elevado por-
centaje de las publicaciones solicitadas por sus lectores, hay algunas biblio-
tecas nacionales que no practican los préstamos de ningún modo, por lo que
siempre será preciso obtener dichas obras de otras bibliotecas, por lo que
todas ellas, grandes o pequeñas, son hasta cierto punto interdependientes en
lo que respecta a las necesidades de algunos usuarios. La orientación consti-
tuye a veces la mejor respuesta a algún problema, pero cuando se han identifi-
cado y localizado los títulos, el préstamo interinstitucional es el medio más
común de obtenerlos. El intercambio de documentos entre bibliotecas constituye
una práctica muy antigua, aunque lenta, basada en la buena voluntad y la coo-
peración de los bibliotecarios. Recientemente se han hecho esfuerzos sin pre-
cedentes para mejorar las políticas y procedimientos al respecto y desarrollar
claves y orientaciones para acelerar la entrega de los documentos, tanto den-
tro de los países como entre ellos. Estos progresos se han visto alentados por
la adopción por la IFLA del programa UAP, refrendado por la Unesco, la crea-
ción de la Oficina de la IFLA de Préstamo Internacional y la celebración del
Congreso Unesco/IFLA sobre la UAP. En una época en que tanto el aumento de la
información como las necesidades que origina crecen cada vez más y son más
complejas, las prácticas tradicionales basadas en la pura buena voluntad
resultan frecuentemente insuficientes, por lo que en muchas publicaciones
recientes se examinan cuestiones afines tales como las políticas nacionales de
adquisiciones y el establecimiento de centros de depósito y los medios para
mejorar la disponibilidad mediante el préstamo interinstitucional en los
diversos contextos de las bibliotecas nacionales.

4.6.2 El préstamo interinstitucional está también sometido a restriccio-


nes necesarias y en general se realiza entre bibliotecas que siguen políticas
y procedimientos similares. Se supone que todas ellas respetarán las normas
que rigen esas transacciones, que suelen promulgarse en un código nacional.
Las variaciones entre los distintos países responden a las tradiciones y a las
circunstancias locales, aunque hay que fomentar la normalización, para lo cual
los encargados de desarrollar políticas y procedimientos en materia de présta-
mos interinstitucionales deberían consultar las publicaciones existentes en
inglés y tituladas “Model National Interlibrary Lending Code” e “International
Lending : Principies and Guidelines for Procedure”, que proporciona gratuita-
mente la Oficina de la IFLA de Préstamo Internaciona14). Las solicitudes se
cursan por lo general mediante un formulario aprobado (para correo ordinario o
correo electrónico) y tanto la biblioteca como el usuario tienen que respetar
las condiciones bajo las que se efectúa el préstamo. Este siempre tiene un
plazo límite que suele ampliarse. Para evitar pérdidas innecesarias de tiempo,
los bibliotecarios deberán conocer las restricciones impuestas a los préstamos
y no pedir textos no disponibles en el régimen de intercambio interinstitucio-
nal. Entre las excepciones suelen incluirse los incunables y otros libros
antiguos, las obras de consulta, los ejemplares originales de periódicos y las
publicaciones frágiles de toda índole. Las publicaciones existentes acerca del
tema del préstamo interinstitucional suelen combinar bajo esta expresión tanto
el préstamo propiamente dicho de un texto material, que tiene que ser
devuelto, como la entrega de una fotocopia o microficha, que no constituye
estrictamente un préstamo, por lo que no tiene que devolverse, sino que se lo
queda el lector (en la mayoría de casos se trata de artículos de publicaciones
periódicas).
PGI-87/WS/17 - pág. 35

4.7 Instrumentos de localización

4.7.1 En la mayoría de países se necesitan instrumentos de localización


para facilitar y acelerar los préstamos interinstitucionales. Desde luego, si
la Biblioteca Nacional es la única importante del país, todas las peticiones
de préstamos se le enviarán automáticamente. Cuando se sabe, gracias a los
inventarios y por cualquier otro medio, que hay una biblioteca que cuenta con
un fondo abundante en un campo temático, las peticiones de títulos pueden
enviársele con posibilidades de éxito. Sin embargo, los instrumentos más
corrientemente desarrollados y utilizados para localizar los títulos con toda
seguridad son los catálogos colectivos, en los que figuran los fondos de
muchas bibliotecas. Los catálogos colectivos pueden ser locales, regionales o
nacionales o pueden registrar los fondos de una red de bibliotecas, indepen-
dientemente de donde estén situadas. Pueden abarcar toda clase de publicacio-
nes o de temas o dividirse por temas o por tipos de textos: de carácter gene-
ral, musicales, de medicina, publicaciones periódicas, microfichas, materiales
para impedidos, etc. El establecimiento y mantenimiento actualizado de los
catálogos colectivos, por lo menos los más importantes, es caro, pero en
muchos países, sin ellos no podrían atenderse muchas de las necesidades de los
usuarios. Los catálogos colectivos de libros deben abarcar sólo los fondos
susceptibles de préstamo interinstitucional, incluidas las partes selecciona-
das de los fondos especialmente importantes o incluso únicos en su género. El
querer abarcarlo todo resulta indebidamente caro y poco práctico. En algunos
países sólo existe uno, el de la Biblioteca Nacional. En otros, en cambio, hay
muchos : locales (que reúnen datos sobre los fondos de las bibliotecas públi-
cas, universitarias, oficiales y especiales de una ciudad), regionales o pro-
vinciales, y nacionales. Se requiere una decisión política en lo que respecta
al ámbito abarcado por los catálogos colectivos, tanto euando sólo existe uno
como cuando son varios o muchos los que hay en el país, con miras a reducir
posibles duplicaciones innecesarias, y en vista de las diversas estrategias de
búsqueda. En algunos países las bibliotecas realizan su búsqueda de manera
jerárquica, dirigiéndose únicamente a un centro regional cuando han determi-
nado que no se dispone localmente de los textos deseados y a la Biblioteca
Nacional cuando los textos no se encuentran en la región. Este enfoque jerár-
quico tiende a extender la carga de la localización a mayor número de centros
y a reducir (o incluso eliminar) los gastos de transporte cuando se trata de
materiales situados en la localidad o en las cercanías. No obstante, puede
hacer más lento el suministro de documentos cuando finalmente sólo consiguen
encontrarse por medio del catálogo colecti-:o nacional. Ningún sistema es per-
fecto y el éxito de su funcionamiento dependerá también de factores tales
como, por ejemplo, el grado de utilización de algunos fondos, estén o no muy
descentralizados o centralizados, la aceptación de los catálogos colectivos,
el número de personas dedicadas al servicio de préstamos interinstitucionales
y a los servicios de comunicaciones y entrega.

4.7.2 En cualquier caso, será conveniente que las bibliotecas nacionales


dispongan de un catálogo colectivo nacional y adopten y fomenten políticas de
préstamo, de ser posible en colaboración con los otros centros principales de
préstamos del país. A escala internacional puede ser difícil aplicar normas
estrictas. Son muchas las bibliotecas de muchos países que piden textos al
Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca Británica sin seguir una
vía jerárquica. Existe asimismo un acuerdo entre la Biblioteca del Congreso de
Washington y la Biblioteca Nacional del Canadá, en Ottawa, en virtud del cual
aquélla no da curso a las solicitudes de préstamo entre bibliotecas proceden-
tes del Canadá a menos de que la Biblioteca Nacional de dicho país haya deter-
minado que los textos de que se trata no pueden encontrarse en el Canadá. Sin
embargo, la proximidad constituye un incentivo para saltarse las políticas
PGI-87/WS/17 - pág. 36

establecidas, incluso a través de las fronteras nacionales, y mientras las


bibliotecas no estén dispuestas a prestarse recíprocamente los textos no es
probable que todas las transacciones se rijan por factores políticos o geográ-
ficos estrictos. En definitiva, lo más importante es que el lector consiga los
documentos que necesita del modo más rápidamente posible.

4.7.3 Cuando las bibliotecas nacionales reciben solicitudes de localiza-


ción de textos, son muchas las que prestan sus propios fondos, incluso cuando
en el catálogo colectivo nacional consta la posibilidad de obtener los ejem-
plares en alguna biblioteca más próxima al domicilio del solicitante, basán-
dose para ello en que la clientela de estas bibliotecas es muy peculiar y
tiene que ser atendida de manera prioritaria. Cuando la Biblioteca Nacional no
pueda proporcionar los textos solicitados será conveniente informar acerca de
diversas localizaciones, primero en la propia región, y después en todo el
país (siempre que las haya), con la esperanza de que los textos solicitados se
obtendrán de una u otra fuente: la biblioteca que solicita el préstamo decide
en primer lugar a quién dirigirse y en última instancia (de ser necesario)
sobre una base geográfica, aunque a veces se tenga también en cuenta la cali-
dad del servicio de préstamos interinstitucionales proporcionado por algunas
de ellas, o según se trate de un servicio de préstamo gratuito o de pago. Hay
casos en que las bibliotecas nacionales aplican la política de tratar de loca-
lizar los textos en el extranjero cuando no se dispone de ellos en el país, y
las bibliotecas dan como razón las necesidades del usuario para justificar ese
último intento. En estos casos las solicitudes se envían a la Biblioteca
Nacional del país en el que se publicó el texto, al Centro de Suministro de
Documentos de la Biblioteca Británica o a una gran biblioteca enciclopédica.

4.7.4 La situación en el Reino Unido es distinta de la de los otros paí-


ses, dado que el Gobierno británico ha establecido y financia un fondo y ser-
vicio de préstamo nacional como parte integrante de la Biblioteca Británica.
La creación de este servicio con sus extensísimos fondos de libros en idioma
inglés reduce la dependencia de los catálogos colectivos. No obstante, se
publica en microfichas un catálogo colectivo de monografías en lengua inglesa
y el Centro mantiene una lista colectiva en idiomas extranjeros. Existen tam-
bién algunos catálogos colectivos regionales a los que el Centro de Suministro
de Documentos de la Biblioteca Británica remite las solicitudes que no puede
atender con sus propios recursos, aunque el porcentaje sea realmente muy bajo.
El Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca Británica cobra ciertas
cantidades por los textos prestados pero sus servicios son tan eficientes que
no sólo los utilizan las bibliotecas británicas sino también otras muchas
extranjeras. Sus funciones de préstamo son las más importantes de todo el
mundo y se basan en un enfoque de máxima centralización del suministro de
documentos. Esta centralización de los fondos y de los servicios de préstamo
es naturalmente cara pero muy eficiente en su función de suministro. También
existen fondos destinados al préstamo en otros países, aunque no haya ninguno
de la magnitud del de la institución británica. En la mayoría de países el
préstamo interinstitucional está descentralizado y requiere catálogos colecti-
vos. La publicación de catálogos colectivos nacionales suele ser demasiado
cara, con la notable excepción del National Union Catalog de la Biblioteca del
Congreso. En su mayoría sigue constando de fichas que deben buscarse manual-
mente. No obstante, en los últimos años, y gracias a la catalogación legible a
máquina, se establecen catálogos colectivos como bases de datos bibliográfi-
cos, mediante la catalogación efectuada con la ayuda de un servicio público
bibliográfico (el OCLC es el más amplio y conocido) o mediante la transmisión
de registros bibliográficos a una base de datos centralizada. Muchas de estas
bases de datos pueden buscarse directamente para localizar los textos que se
desea pedir prestados, y algunas están conectadas electrónicamente. El ejemplo
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más espectacular es el enlace establecido recientemente entre la Biblioteca


del Congreso, el Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca Britá-
nica, la Biblioteca Nacional de París y el sistema ILL del OCLC que enlaza
electrónicamente más de seis mil bibliotecas de Estados Unidos. Sin embargo,
también en este caso la Biblioteca del Congreso tiene que aguardar a que las
bibliotecas agoten sus recursos locales o nacionales antes de intervenir, al
mismo tiempo que las solicitudes deben ajustarse al código nacional estadouni-
dense de préstamos interinstitucionales. No hay duda de que en el futuro habrá
cada vez más bibliotecas y servicios públicos bibliográficos conectados elec-
trónicamente, lo que supondrá un aumento constante de la importancia de la
normalización de las reglas de catalogación y de las claves de comunicación,
hecho reconocido per las iniciativas adoptadas a este respecto por la IFLA, la
Unesco, el CIUC y la ISO.

4.7.5 Esta evolución hace más práctico y económico sustituir los tradi-
cionales catálogos colectivos nacionales o regionales y los “sistemas de catá-
logos colectivos” nacionales 0 regionales (y también internacionales),
haciendo innecesario el almacenamiento de todos los datos bibliográficos en
una sola base de datos monolítica, con el resultado final de una mayor descen-
tralización y rapidez en la búsqueda y el préstamo, al mismo tiempo que dismi-
nuyen los gastos de almacenamiento y que, en cambio, aumentan los gastos de
comunicación. El usuario debería recibir un servicio mejor que antes, a condi-
ción de que no se le cobren precios prohibitivos para suministrarle unos mate-
riales de los que tradicionalmente podrá disponerse gratuitamente5). La
nueva tecnología de funcionamiento de la red se examina con más detenimiento
en el Capítulo 6 (párrafos 6.3.1 a 6.3.3).

4.7.6 En toda esta evolución influida por la introducción de la tecnolo-


gía de la informática y las telecomunicaciones en esos procesos, la Biblioteca
Nacional tiene que desempeñar una función rectora a nivel nacional y partici-
par asimismo en los programas internacionales a los que tenga que contribuir y
de los que pueda beneficiarse su país. Así ocurre también con varios servicios
internacionales orientados según la disciplina, como, por ejemplo, los denomi-
nados AGRIS o INIS, o los servicios nacionales o privados disponibles interna-
cionalmente, tales como los llamados MEDLINE, ERIC, CODATA, SSCI, DIALOG,
etc. > gracias a los cuales pueden conseguirse muchas informaciones actualiza-
das sobre gran variedad de temas en beneficio de los usuarios nacionales,
incluido en algunos casos un servicio de suministro de documentos que completa
la actual función de información. En beneficio de los lectores, las bibliote-
cas nacionales también pueden investigar los bancos nacionales de datos, así
como los regionales que se han desarrollado en los últimos años, no sólo en el
mundo industrializado sino también en países en desarrollo, como, por ejemplo,
el Banco de Información Agrícola para Asia, de Languna (Filipinas), el Sistema
de Información Bibliográfica de la CESAP, de Bangkok (Tailandia), etc. Cabe
decir que las bibliotecas nacionales suelen contestar a las otras bibliotecas
siguiendo el mismo cauce que les permitió recibir la solicitud, es decir, ya
sea verbalmente por teléfono, ya sea por correo, télex 0 mensajería electró-
nica, dado que todas las bibliotecas tienen derecho a ser atendidas, indepen-
dientemente de que tengan o no acceso a medios de comunicación más o menos
perfeccionados.

4.7.7 Aunque, como ya se ha dicho anteriormente, los catálogos colecti-


vos nacionales no suelan publicarse, es en cambio práctica común publicar lis-
tas colectivas de publicaciones seriadas (entre ellas, actas de conferencias
en muchos casos), que contribuyen en gran medida a descentralizar la localiza-
ción y el suministro de artículos y otros documentos en forma de fotocopias.
Estas listas se actualizan periódicamente y en la actualidad existen muchas,
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no sólo en forma impresa, sino también en microfichas (lo que hace económica
la actualización) e incluso incorporadas a sistemas que pueden consultarse
directamente (y que pueden mantenerse más al corriente). La producción de este
importante instrumento bibliográfico corre por lo general a cargo de la
Biblioteca Nacional y acelera el suministro de fotocopias de artículos que en
algunos países son más numerosos que otros tipos de documentos. Algunas
bibliotecas nacionales han publicado también catálogos colectivos de materia-
les especiales, como, por ejemplo, para lectores impedidos (en Braille, carac-
teres grandes, casetes) que, aunque sean una minoría en los países con un ele-
vado nivel de alfabetización, sufren sin embargo serios inconvenientes, sobre
todo si se considera el bajo porcentaje de publicaciones existentes de este
tipo. De todos modos, es de esperar que en la mayoría de países el acceso a la
información o a los documentos se haga cada vez más por medio de las bases de
datos, y que también, cuando se soliciten, puedan obtenerse muchos documentos
breves de las instituciones públicas o privadas que cuentan con esas bases de
datos. Sin embargo, el suministro de libros, y de muchas otras formas de
publicaciones, seguirá dependiendo de las existencias locales o del préstamo
interinstitucional, tal como viene ocurriendo desde hace mucho tiempo.

4.8 Centrales de depósito

4.8.1 En los párrafos anteriores ya se han mencionado varias veces las


dificultades registradas para suministrar documentos identificados previamente
por los diversos instrumentos bibliográficos investigados. Es importante que
siga disponiéndose de las publicaciones registradas en bibliografías y catálo-
gos Y que, una vez que las bibliotecas de un país hayan adquirido las publica-
ciones, no desechen los ejemplares sobrantes. A medida que se desarrolla la
producción de un país, la Biblioteca Nacional debe garantizar su disponibili-
dad presente y futura. Sin embargo, en lo que se refiere a las ediciones
extranjeras, esta seguridad no existe. Es cierto que las bibliotecas no se
deshacen por lo general de las publicaciones antiguas que todavía se utilizan
o que pueden ser útiles en algún otro sentido, siendo muchas las bibliotecas
universitarias que conservan permanentemente la mayor parte de los materiales
que han adquirido en el transcurso de largos periodos de tiempo. Algunas de
las bibliotecas universitarias más extensas y antiguas poseen muchas publica-
ciones cuya existencia no se conoce en ningún otro lugar, contribuyendo así a
conservar el patrimonio de la humanidad. Sin embargo, muchas bibliotecas se
ven obligadas a expurgar periódicamente una parte al menos de sus colecciones,
como consecuencia de una lamentable falta de espacio o debido al estado de
avanzado deterioro del material. De no existir un centro de depósito al que
enviar las publicaciones excedentarias para su almacenamiento o redistribu-
ción, incluidos los duplicados innecesarios, son muchas la publicaciones de
que no podría disponerse en el país y que tendrían que pedirse prestadas al
extranjero. Desde luego, las centrales de depósito están relacionads con los
fondos (Capítulo 2) y la conservación (Capítulo 5). También se examinan aquí
debido a los servicios que proporcionan a los lectores estas centrales cuando
se encuentran en actividad.

4.8.2 Existen varios tipos de centrales de depósito: activas o pasivas,


nacionales 0 regionales, que pueden o no formar parte de alguna biblioteca o
de instituciones independientes. Aunque no hay muchas centrales de depósito
(exceptuadas las bibliotecas que realizan una función obligatoria de depó-
sito), es probable que el costo creciente de la construcción conduzca a su
desarrollo. Como Line y Vickers señalan, “la principal finalidad de las cen-
trales de depósito es ahorrar dinero reduciendo duplicaciones innecesarias,
ampliando el alcance de los materiales disponibles en el país, instalándose en
terrenos más baratos que los ocupados por las instituciones de que dependen o
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utilizando métodos de almacenamiento más baratos 116). Aunque las centrales de


depósito suelen recibir, almacenar, prestar y redistribuir materiales exce-
dentarios, como hace el Centro de Suministro de Documentos de la Biblioteca
Británica, cabe señalar como notable excepción el Centro de Bibliotecas de
Investigación de Chicago, administrado y financiado de manera cooperativa por
diversas bibliotecas de Estados Unidos y Canadá, en cuyo nombre compra, alma-
cena y distribuye materiales poco utilizados, incluida gran cantidad de micro-
fichas. Puede ser conveniente establecer una central de depósito regional para
que los materiales en ella depositados por las bibliotecas puedan ponerse a
disposición de los usuarios en poco tiempo. No obstante, una central de depó-
sito nacional puede funcionar a escala mucho más amplia y almacenar millones
de productos desechados por gran numero de grandes bibliotecas universitarias.
Las centrales de depósito de esta clase pueden ser pasivas y prestar materia-
les previa solicitud. También pueden ser activas y catalogar y redistribuir
duplicados a las bibliotecas que los necesiten. Un adecuado ejemplo de este
último tipo es el Centro Canadiense de Intercambio de Libros de la Biblioteca
Nacional del Canadá, que de 1976 a 1985 recibió 16.875.015 volúmenes, distri-
buyendo otros 5.406.011 entre más de 150 bibliotecas. Se ha dicho que las cen-
trales de depósito pueden desempeñar una importante función en la conservación
de los materiales cuando se procede a su desacidificación, microrreproducción
o digitalización. Puede que resulte caro construir grandes centrales de depó-
sito, siendo asimismo elevados los gastos de personal y de funcionamiento que
deben costear, pero las demás posibilidades son todavía más costosas: cons-
truir nuevos edificios para las bibliotecas o resignarse a que no pueda dispo-
nerse de gran parte de los materiales existentes. Las pequeñas naciones con
fondos de biblioteca limitados no necesitan por lo general centrales de depó-
sito. En cambio, en algunos países de mayor historia y con grandes y crecien-
tes fondos de investigación, las centrales de depósito pueden ser Útiles,
incluida una central nacional que forme parte de la biblioteca o esté adminis-
trada por ella y que tenga por especial responsabilidad fomentar la UAP en
beneficio de todo el país.

4.9 Servicios a los minusválidos

4.9.1 En varios países existe desde hace muchos años algún servicio de
biblioteca especialmente concebido para los lectores minusválidos, pero sólo
recientemente se ha convenido en que debería ponerse mayor interés en ayudar a
esos lectores. Es cierto que el analfabetismo constituye de por sí una impor-
tante minusvalía, siendo necesario que las bibliotecas nacionales, especial-
mente las de los países en desarrollo, cooperen con miras a su erradicación.
No obstante, los servicios que ahora consideramos son los que hay que prestar
a los lectores que padecen insuficiencias visuales y físicas. El servicio de
esta clase más ambicioso es el programa nacional administrado y financiado por
la Biblioteca del Congreso, que proporciona servicios individuales a los cie-
gos por medio de bibliotecas cooperativas regionales: libros en Braille,
libros registrados en casetes (incluidos los aparatos de registro) y libros
impresos en grandes caracteres, además de la asistencia proporcionada a otras
bibliotecas mediante ayudas bibliográficas, formación e investigación. Este
ambicioso programa difícilmente puede emularse en otros países. En la mayoría
de los países en los que se ha desarrollado un programa nacional de bibliote-
cas en favor de los impedidos visuales, dicho servicio se circunscribe por lo
general al establecimiento y mantenimiento de un catálogo colectivo nacional
de materiales bibliográficos puesto a la disposición de los usuarios. Cuando
las otras bibliotecas, ya se trate de las especializadas o no, proporcionen
materiales bibliográficos a sus usuarios, la Biblioteca Nacional tendría que
desempeñar una función de coordinación y de fomento para que los ciudadanos
desfavorecidos que necesiten dichos materiales puedan utilizarlos lo más
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ampliamente posible7). Sin embargo, en algunos países esta función coordina-


dora la desempeña, o puede desempeñarla, alguna otra institución especializada
apropiada, por ejemplo, un instituto nacional de ciegos.

4.10 Exposiciones

4.10.1 Aunque los servicios proporcionados normalmente por las bibliote-


cas a los individuos tienen por objeto atender necesidades específicas, las
bibliotecas nacionales suelen organizar exposiciones especiales para contri-
buir a la educación del público en general. Algunas poseen exposiciones perma-
nentes que ilustran y destacan la evolución de la literatura nacional (en el
sentido más amplio posible), lo que permite que individuos o grupos (por ejem-
plo, estudiantes) se familiaricen con las publicaciones y con los originales
de escritores y eruditos más importantes, así como con otros documentos de
importancia histórica. Estas exposiciones permanentes pueden tener por objeto
las secciones de libros raros y de originales o presentarse en una sala de
exhibición generalmente accesible, dotada de controles ambientales apropiados,
siendo asimismo, posible organizar visitas a cargo de personal especializado
con objeto de lograr que pueda valorarse la importancia y significado de los
documentos presentados. Estas exposiciones permanentes son posibles gracias a
los fondos nacionales de publicaciones con que cuentan las bibliotecas nacio-
nales. En algunos países la Biblioteca Nacional alberga un museo del libro
(Deutsche Bucherei, en Leipzig) y también existen museos del libro fuera de
las bibliotecas nacionales (en Amberes, Praga, Maguncia, etc.). Las bibliote-
cas nacionales suelen también organizar exposiciones especiales basadas en los
recursos de sus propios fondos, nacionales o extranjeros, para despertar mayor
interés por los logros de sus escritores, ilustradores, científicos, etc. (a
veces para conmemorar sus aniversarios) o los de países extranjeros. Es cierto
que estas exposiciones pueden dar lugar a intercambios entre bibliotecas
nacionales, aunque se trata de operaciones costosas que exigen toda clase de
precauciones para garantizar la conservación de las piezas raras y valiosas. A
veces, cuando se realizan exposiciones de esta índole, se publican catálogos y
se celebran conferencias para mayor provecho de los visitantes. Las bibliote-
cas nacionales organizan también con fines educativos exposiciones de facsími-
les, en vez de exhibir los originales, a fin de que-su traslado no presente
ningún peligro tanto en el país como en el extranjero.

4.11 Se sugiere lo siguiente:

1. Que las bibliotecas nacionales estudien las necesidades de informa-


ción de los usuarios a fin de establecer y desarrollar consecuente-
mente sus servicios. Estos estudios deberían realizarse periódica-
mente, ya que las necesidades pueden variar con el tiempo.

2. Los servicios de información proporcionados por la Biblioteca Nacio-


nal, además de los basados en la producción nacional y puestos a
disposición del público por el organismo bibliográfico nacional,
deberían estar encaminados a concentrar, y no duplicar, los ofreci-
dos por las demás bibliotecas del país. Estos servicios son los de
préstamo, consulta y orientación, y pueden incluir también búsquedas
directas en las bases de datos nacionales y extranjeras para dar a
conocer las publicaciones presentes o efectuar búsquedas bibliográ-
ficas retrospectivas.

3. Los servicios locales proporcionados por las bibliotecas nacionales


deberían contar con instalaciones adecuadas tales como salas de lec-
tura, reprografía y catálogos en vigor, así como con profesionales
capacitados encargados de asesorar a los usuarios acerca de la uti-
lización Óptima de los fondos de la biblioteca y otros recursos.
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4. Las bibliotecas nacionales deberían facilitar el acceso a los recur-


sos bibliográficos del país mediante el establecimiento y manteni-
miento de un catálogo colectivo nacional y la publicación de listas
colectivas de publicaciones seriadas (y, cuando proceda, de otros
tipos de materiales) a fin de acelerar los préstamos interinstitu-
cionales. Cuando se disponga de varios catálogos de bibliotecas
legibles a máquina, el catálogo colectivo o manual debería susti-
tuirse por un banco de datos bibliográficos informatizado o desarro-
llar una red de bases de datos que elimine la duplicación innecesa-
ria de grandes ficheros y haga más fácil el acceso a los fondos
bibliográficos de las principales bibliotecas del país.

5. Cuando se solicite la localización de materiales bibliográficos, las


bibliotecas nacionales deberían prestar los materiales de sus pro-
pios fondos susceptibles de préstamo. Tendrían que dar información
sobre la localización de los materiales de que no disponga la
Biblioteca Nacional. Las bibliotecas nacionales deberían asimismo
prestar a las bibliotecas extranjeras, y pedir prestado a ellas, los
materiales que necesiten los usuarios nacionales. En estos casos
habrá que utilizar códigos nacionales e internacionales.

6. Cuando sea conveniente, las bibliotecas nacionales pueden adminis-


trar una central nacional de depósito de materiales excedentarios,
desechados por las bibliotecas, y redistribuir estos duplicados
entre las bibliotecas que los necesiten, 0 participar en algún plan
de cooperación de esta clase administrado de otro modo.

7. Las bibliotecas nacionales pueden proporcionar servicios personali-


zados a los lectores minusválidos. Cuando sean otras las bibliotecas
o instituciones especializadas del país que proporcionan estos ser-
vicios, la Biblioteca Nacional debería por lo menos procurar coor-
dinarlos.

8. Las bibliotecas nacionales deberían organizar exposiciones permanen-


tes y especiales para ilustrar los logros culturales y científicos
del país y del mundo.

1) Congreso Internacional sobre la Disponibilidad Universal de Publicacio-


nes, París, 3-7 de mayo de 1982. Informe Final, París, Unesco, 1982
(PGI-82/UAP/6). Asimismo Documento principal de traba.io (PGI-82/UAP/2). -
IFLA, International Office for UAP, Guidelines for National Planning for
the Availabilitv of Publications, Wetherby, 1983. Maurice Line y Stephen
Vickers, Universal Availabilitv of Publications, Munich, Saur, 1983.
2) Id., pág. 12.
3) Directrices sobre los Centros de Orientación, París, Unesco, 1979
(PGI-79/WS/4), pág. 5.
4) Boston Spa, Wetherby, West Yorkshire LS237BQ, Reino Unido.
PGI-87/WS/17 - pág. 42

5) Maurice B. Line, National Planning and the Impact of Electronic Tech-


nolog.. on Document Provision and SUPPlY, en Libri, Vol. 35, N" 3
(septiembre de 1985), págs. 181-190. Asimismo Maurice B. Line y otros,
National Interlendinn Systems: a Comparative Studv of ExistinP Svstems
and Possible Models, Wetherby, IFLA International Office for UAP, 1982;
F. G. Kilgour, Increased UAP Effected by an On-line Union CataloExe,
Interlending Review Vol. 7, N" 1 (1979), págs. 20-22; Kanevsky, B.P. y
Samokhina, N.G., Cooperation of the National Librar-v of the USSR with
Other Libraries in the Field of Interlibrary Loan and Book ExchanPe
Within the Context of the UAP Propramrne. Documento presentado en la
46a. Conferencia General de la IFLA, Manila, 1980. Line, M.B. y Bennett,
R Planning Union Catalogues of Books in developing Countries, IFLA
.J&-nal, Vol. XI, N" 1 (1985), págs. 27-35.
6) Universal Availability of Publications, Munich, Saur, 1983, pág. 80.
7) Cylke, F.K. Library Service for the Blind and the Phvsically Handicanped:
an International Approach. Munich, Saur Verlag, 1979, 106 págs. -
Hampshire, Barry, La práctica del Braille, París, Unesco, 1981, 177 págs.
PGI-87/WS/17 - pág. 43

5. CONSERVACION

5 .l.l Aun cuando se examine aquí el tema de la conservación en un capí-


tulo aparte, suele admitirse hoy en día que es ésta una parte integrante de la
administración de las colecciones; un numero cada vez mayor de grandes biblio-
tecas de 10s países industrializados consideran ahora que la adquisición y la
conservación son las dos facetas esenciales de su política de colecciones.
Hasta fecha reciente, la mayor parte de las actividades de conservación de las
bibliotecas se limitaban a la conservación manual de manuscritos, incunables u
otros libros raros de valor, mapas, estampas y encuadernaciones de lujo, mien-
tras que la conservación del contenido intelectual de los grandes fondos o
archivos (libros, folletos, publicaciones periódicas, periódicos, tesis, etc.)
se efectuaba mediante microrreproducciones, realizadas sobre todo en forma
comercial por editores de microformas. Durante estos últimos años, los biblio-
tecarios han comprendido con mayor claridad que nunca, que “todo director de
una gran biblioteca tiene a su cargo fondos que están desintegrándose, silen-
ciosa y gradualmente, durante las 24 horas del día”1) debido al uso, al
hecho de ser manoseados y a la acción de agentes ácidos en el papel mismo. La
proliferación de nuevos medios de comunicación que requieren un tratamiento
especial y no pueden ser utilizados sin el equipo apropiado, contribuye a
agravar el problema. La magnitud de éste exige un planteamiento mucho más
audaz ; varias bibliotecas nacionales han creado recientemente oficinas de
conservación, estrictamente jerarquizadas y encargadas de la administración y
coordinación de programas de conservación mucho más importantes que antes, en
los que se utiliza toda una gama de técnicas a fin de preservar ya sea los
documentos mismos, ya sea su contenido intelectual. Estos planes nuevos y
ambiciosos tienen por objeto ante todo la conservación de los fondos de la
Biblioteca Nacional. En algunos países se destinan también al fomento y segui-
miento de los programas a escala nacional; la IFLA ha dedicado a la conserva-
ción uno de sus programas de orientación que se incluirá en el Plan a Plazo
Medio para 1986-1991, procurando así contribuir a la coordinación de las
actividades nacionales de conservación en el plano internaciona12). Esta
iniciativa de la IFLA, que cuenta desde hace muchos años con una sección de
conservación que permite a los especialistas intercambiar informaciones técni-
cas sobre métodos de conservación, conjuntamente con la celebración de la Con-
ferencia sobre la Conservación de Fondos de Bibliotecas, celebrada en Viena en
1986 con el patrocinio conjunto de la Conferencia de Directores de Bibliotecas
Nacionales, la IFLA y la Unesco, es testimonio de que hoy se tiene conciencia
de que la conservación es un problema importante que exige decisiones de prin-
cipio tomadas en el plano jerárquico más elevado. La Conferencia señaló las
enormes proporciones del problema, hizo hincapié en las consecuencias irrever-
sibles que para las generaciones futuras tendría el hecho de seguir sin tomar
las medidas de preservación y de conservación a gran escala que tan necesarias
son, expresando su apoyo al programa CORE de la IFLA e instando a las biblio-
tecas, a los gobiernos y a los organismos internacionales a que hicieran
cuanto estuviese en su poder por garantizar la preservación de un elemento tan
esencial del patrimonio intelectual de todos los paíseì; 3).

5.1.2 No cabe duda de que lo determinante en los programas de conserva-


ción es la naturaleza y la edad de los fondos. Las grandes colecciones de
tipo enciclopédico comprenden una gran variedad de materiales y exigirán la
intervención de conservadores de papel, encuadernadores, especialistas de la
restauración de estampas, fotógrafos y, de ser posible, especialistas de
micrografía y discos ópticos. Conviene recordar aquí que las cintas y discos
para el almacenamiento del texto legible a máquina han de someterse también a
limpieza y a una inspección periódica, lo que puede significar que deben
volver a copiarse en el mismo soporte o transferirse a un nuevo medio. Todas
PGI-87/WS/17 - pág. 44

estas operaciones requieren un personal técnico adecuado y un equipo especial.


Las pequeñas bibliotecas nacionales, que disponen de fondos reducidos y de
recursos humanos y financieros limitados, aplicarán sus programas de conserva-
ción de modo gradual, teniendo en cuenta para ello la importancia de los
documentos que hayan de preservarse y la urgencia de la intervención. Las
grandes bibliotecas, ante la necesidad ineludible de que secciones considera-
bles de sus grandes fondos sean tratadas adecuadamente antes de que sea dema-
siado tarde, suelen disponer por lo general de unidades de conservación con
personal y actividades tradicionales (encuadernación y reparación de encuader-
naciones, desacidificación manual, laminación, etc.); a medida que se perfec-
cionen las nuevas técnicas y que se extienda su aplicación, acabarán por
utilizar la desacidificación de masa y la transferencia a discos ópticos, a
fin de conservar ya sea copias de los originales, ya sea su contenido intelec-
tual, puesto que los métodos manuales tradicionales no permiten tratar las
enormes cantidades de documentos que se desintegran4). Hay que preservar
también los materiales especiales: en muchos casos no se conoce su duración y
habrá que proceder a nuevos experimentos para que puedan determinarse las
mejores soluciones.

5.1.3 En algunos países en los que se encuentran depositados los tesoros


del patrimonio nacional en otras bibliotecas que carecen de personal o de
equipo adecuados para garantizar su conservación, la Biblioteca Nacional se
encarga de las reparaciones, por considerar que se trata de una tarea de
interés nacional, aunque esto sólo pueda efectuarse de modo selectivo. En los
países que cuentan con numerosas bibliotecas importantes (Estados Unidos,
URSS, Reino Unido, República Federal de Alemania, Francia, China, Japón,
Canadá, etc.), la Biblioteca Nacional no puede desempeñar esta función de modo
apropiado. Las grandes bibliotecas de estudio deben organizar sus propios ser-
vicios de conservación; la Biblioteca Nacional se encargará entonces de la
creación y del seguimiento de algún plan de cooperación para la preservación,
cuando menos, de documentos o colecciones únicos en su formato original; pres-
tará también asistencia para la coordinación de las iniciativas encaminadas a
la conservación, mediante la microrreproducción, de la literatura nacional,
con el fin de que los investigadores de las generaciones presentes y futuras
dispongan de las mejores condiciones de utilización. Están ya en venta nurnero-
sas microrreproducciones; las bibliotecas nacionales han puesto también en
práctica programas como el Catálogo abreviado de títulos del siglo XVIII de la
Biblioteca BritánicaS) o el programa de microfilmes que acaba de iniciar la
Biblioteca Nacional de China. En Canadá, el Instituto Canadiense de Microrre-
producciones Históricas, organismo que cuenta con la ayuda de las autoridades,
ha iniciado la filmación de todos los impresos canadienses anteriores a 1901,
con la ayuda de la Biblioteca Nacional y de más de 30 bibliotecas universita-
rias y de otro tipo que se han suscrito a la colección prevista, con lo que se
asegura la viabilidad del proyecto y la presencia de la colección en más de
30 bibliotecas situadas a lo largo del extenso territorio nacional (y también
en algunas bibliotecas del extranjero)6). Estos programas de microrreproduc-
ción -comerciales, nacionales o internacionales- corresponden a una necesidad,
habida cuenta de la enorme expansión gradual de la información en los últimos
cien años (información que suele estar almacenada en publicaciones que se
deterioran rápidamente), de una demanda que aumenta constantemente en una
población de lectores e investigadores que crece sin cesar y del consiguiente
uso y abuso de materiales de biblioteca, ya sea en el plano local 0 por prés-
tamo entre bibliotecas.

5.1.4 Se considera hoy en día que la preservación es una condición


previa del acceso; hay que señalar al respecto que este punto fue destacado en
el Congreso internacional sobre la disponibilidad universal de publicaciones
PGI-87/WS/17 - pág. 45

organizadó por la Unesco y la IFLA en 1982, en el que se aprobó una resolución


por la que se invitaba a los Estados Miembros a aplicar programas nacionales
de conservación y a cooperar en el plano internacional a fin de salvaguardar
el patrimonio impreso mundia17). Tanto en el campo de los métodos tradicio-
nales (conservación del papel) como en el de las nuevas tecnologías (transfe-
rencia y recuperación de texto e imágenes en discos ópticos), las bibliotecas
y los archivos nacionales han de poder beneficiarse de una estrecha coopera-
ción en sus esfuerzos por resolver problemas comunes. La conservación es un
problema global: no se limita a la preservación de determinados documentos
mediante la intervención de expertos, sino que supone también el manejo cuida-
doso del material por el personal y los lectores, el control de la temperatura
y del grado de humedad en los edificios donde están situadas las bibliotecas,
la utilización de cajas de libros y envolturas sin ácido, etc., así como
decisiones de restauración de documentos originales o de sustitución de éstos
por microrreproducciones u otros soportes (discos ópticos, digitalización);
todo ello requiere un planteamiento multiforme, elaborado a un nivel de
decisión superior.

5.1.5 El problema es mucho más serio en los países de clima tropical o


subtropical. No es sólo que el papel se resquebraje, como sucede en los países
de clima frío y templado, debido a un proceso de descomposición química, sino
que las temperaturas elevadas y el alto grado de humedad, así como la presen-
cia de termitas, contribuyen a acelerar considerablemente el proceso de des-
trucción de libros y otros documentos de papel, salvo si se mantienen condi-
ciones favorables mediante el aire acondicionado y la desinfección. Seria
técnicamente posible reducir la gravedad del problema al mismo nivel -que ya
es inquietante- de las bibliotecas de los países de clima frío o templado,
pero incluso esto es por desgracia económicamente imposible, dados los
gastos importantes que puede acarrear8).

5.2 Se propone lo siguien-:

1. Las bibliotecas nacionales han de elaborar y aplicar programas de


conservación que aseguren la preservación de sus propios fondos, en
su formato original o en microrreproducciones, o en ambas formas,
sin exceptuar los materiales especiales que utilizan nuevos medios
de comunicación; deben restaurar los tesoros nacionales importantes
depositados en otras bibliotecas cuando éstas no dispongan de exper-
tos y del equipo necesario para hacerlo; ha de elaborarse una polí-
tica de conservación al más elevado nivel de decisión, y que no sólo
concierna las técnicas de preservación tradicionales, sino también
la utilización de métodos más recientes como la micrografía (y, de
ser posible, la digitalización y los discos ópticos), o bien la
transferencia a otros soportes, así como el tipo de manejo del
material por el personal y los usuarios, el control de la tempera-
tura y de la humedad, etc.

2. Las bibliotecas nacionales han de tomar medidas que permitan conci-


liar las necesidades opuestas de los lectores e investigadores del
presente y de los de las generaciones futuras.
PGI-87/WS/17 - pág. 46

1) James F. Govan, Information. Research Libraries and the Scholar, Baton


Rouge, Louisiana State University, 1979, pág. 15.
2) IFLA, Medium Term Program 1986-1991, The Hague, IFLA, 1985, 61 págs.
3) IFLA Journal, Vol. XII, No 3, págs. 240-242. Publicación, en 1987, del
texto completo de las Actas por K.G. Saur. Véase Strebl, M. Preservation
of Librar-v Materials, IFLA paper (080-GEA l), Tokio, 1986, 11 págs.
4) Nugent, William R., Optical Disks - An Emerging Technolonv for Libraries,
en IFLA Journal, Vol. XII, No 3 (1986), págs. 175-181. Véase también The
Librarv Preservation Propram, Chicago, Ameritan Library Association,
1985, 117 págs.
5) Véase Factotum. Newsletter of the Eighteenth Centurv STC, London, British
Library 1980.
6) Sylvestre, Guy. Preserving for Access (IFLA paper 092-NAT-2, Chicago,
1985).
7) International Conaress on the Universal Availabilitv of Publications.
Final Report, París, Unesco.
8) Bansa, Helmut, The Conservation of Librarv Materials in Tropical and
Sub-tropical Conditions, IFLA Journal, Val. VII, N" 3 (1981) >
págs. 264-267.
PGI-87/WS/17 - pág. 47

6. RELACIONES NACIONALES

6.1.1 Hemos destacado ya en los capítulos anteriores que las bibliotecas


nacionales no deben funcionar de modo aislado, por espléndido que pueda ser
ese aislamiento, sino que deben establecer buenas relaciones de trabajo con
otras bibliotecas, grandes 0 pequeñas, si quieren suministrar y coordinar
servicios bibliográficos y de información eficientes. El préstamo entre
bibliotecas, los servicios de consulta y orientación, la compilación de catá-
logos colectivos y estadísticas, la adopción de normas nacionales por otras
bibliotecas, o la creación de una red nacional, todo ello requiere la existen-
cia de buenas relaciones entre la Biblioteca Nacional y otras bibliotecas y
centros de documentación. En la mayor parte de los casos esto se consigue
gracias a la prestación de servicios que corresponden a las necesidades de los
usuarios, sobre todo si las bibliotecas nacionales saben tener en cuenta las
observaciones críticas de otras bibliotecas que se benefician de sus servi-
cias. En algunos países, la Biblioteca Nacional obtiene de modo estatutario
funciones de dirección con respecto a las demás bibliotecas y controla en gran
medida la administración y el funcionamiento de éstas, pero en la mayor parte
de los países las demás bibliotecas disfrutan de una independencia considera-
ble y la Biblioteca Nacional desempeña su función rectora mediante la persua-
sión y la búsqueda del consenso sobre los métodos más adecuados para servir al
público y no mediante intervenciones directas o en función de su propia impor-
tancia. La prestación de buenos servicios a lectores y a bibliotecas es, en
último término, el mejor modo de obtener su apoyo y conseguir que se acepte el
liderazgo.

6.1.2 Ya se hizo resaltar anteriormente que conviene mantener buenas


relaciones con los editores para conseguir una gestión adecuada del depósito
legal, de la catalogación en la fuente y de los programas de ISBN. Las biblio-
tecas nacionales contribuyen a mejorar su posición y prestigio cuando, además
de los servicios antes mencionados, se dirigen al público en general y, parti-
cularmente, al público culto, a través de publicaciones autorizadas (biblio-
gráficas y eruditas) y exposiciones bien organizadas (exposiciones itinerantes
inclusive), actividades encaminadas en ambos casos a incrementar el conoci-
miento, la apreciación y la utilización de ese elemento esencial del patrimo-
nio de cualquier país que son las publicaciones nacionales. Por último, y como
veremos tambi.én más adelante, el fomento de una red nacional de bibliotecas
(con conexiones internacionales) destinada a optimizar la utilización de los
recursos de biblioteca del país, requiere la creación y el fomento de las
normas bibliográficas y de otro tipo mediante la organización periódica de
reuniones de formación para el personal clave apropiado de las demás bibliote-
cas. En resumen, su misión es la del “primer motor”.

6.2 Formación e investigación

6.2 .l Se da todavía el caso en algunos países de que los centros de


enseñanza universitaria no se ocupen de la formación de personal de bibliote-
cas; en éstos, la Biblioteca Nacional debe encargarse forzosamente de la
formación del personal, incluido el personal de otras bibliotecas, de modo que
el sistema pueda funcionar. Dichos países suelen enviar a algunos de sus
ciudadanos al extranjero para que reciban una formación profesional. Existen
ya hoy en día algunas escuelas para personal de bibliotecas (y de archivos) en
los países en desarrollo, y son aún más numerosas las escuelas de países
industrializados en las que pueden matricularse estudiantes extranjeros para
recibir una formación; en muchos casos, los países de acogida, las fundaciones
internacionales y la Unesco suministran una ayuda financiera. La enseñanza
oficial suele completarse con cursillos prácticos de formación en bibliotecas
PGI-87/WS/17 - pág. 48

que son a veces bibliotecas nacionales. Hay que hacer resaltar que la forma-
ción profesional no es por lo general una función que corresponda a la Biblio-
teca Nacional. Sin embargo, suele invitarse con frecuencia a los miembros del
personal de la Biblioteca Nacional para que asistan a los cursos de escuelas
de bibliotecarios, que disponen de un equipo de profesores de dedicación
exclusiva, con objeto de que den conferencias extraordinarias o para que se
encarguen de la dirección de seminarios sobre temas en los que su competencia
es reconocida. Como ya se señaló anteriormente, las bibliotecas nacionales
deben, sin embargo, ocuparse de la organización de cursos especiales cuando
hagan su aparición nuevas técnicas que conviene difundir (como es el caso en
lo que atañe a las nuevas reglas de catalogación, a los nuevos códigos elec-
trónicos de mensaje, etc.), con el fin de garantizar su aplicación y de faci-
litar el intercambio de datos o de documentos entre bibliotecas. Estos cursos
tienen por objeto ampliar los conocimientos del personal clave en actividad,
sin que se trate de dispensar una formación básica para futuros bibliotecarios.

6.2.2 Formación e investigación están estrechamente relacionadas y los


profesores de bibliotecología, como los de otras facultades y centros de ense-
ñanza, deben de llevar a cabo determinados proyectos de investigación en el
marco de su labor. Algunos miembros del personal de las bibliotecas nacionales
(así como expertos de otras bibliotecas) realizan también proyectos personales
de investigación (contando por regla general con el apoyo de la institución) y
contribuyen al adelanto de los conocimientos mediante bibliografías con anota-
ciones eruditas, textos sobre determinados autores o sobre otros temas a
partir de importantes fondos manuscritos, contribuciones a la historia del
libro, etc. Sin embargo, las bibliotecas nacionales suelen centrar su activi-
dad en los proyectos de investigación institucionales que tienen por objeto
mejorar la prestación de servicios de biblioteca, las normas bibliotecológicas
y la cooperación entre bibliotecas. Este tipo de proyectos de investigación de
índole práctica entraña también con frecuencia la cooperación de expertos de
otras bibliotecas, y los resultados alcanzados tienen por regla general mucha
mayor aceptación en toda la profesión en la medida en que se considera que
representan un consenso entre los representantes de diversas instituciones. Es
también importante realizar investigaciones sobre las necesidades de los usua-
rios, con el fin de que el desarrollo de los fondos y los servicios corres-
ponda en lo posible a las necesidades de los lectores para quienes se han
creado las bibliotecas. En resumen, aun cuando haya expertos que puedan llevar
a cabo personalmente investigaciones de índole teórica o erudita, son las
bibliotecas nacionales las que deben emprender la realización de proyectos
encaminados esencialmente a la mejora de sus servicios y de los de otras
bibliotecas, adoptando para ello las técnicas más apropiadas y modernas de
adquisición, almacenamiento, conservación y tratamiento y difusión de la
información y de las publicaciones. Las bibliotecas nacionales no conceden por
lo general subsidios, aunque algunas dispongan de la autorización y de los
recursos necesarios para subvencionar otras bibliotecas, de modo que éstas
realicen proyectos sobre algunos aspectos del funcionamiento de las bibliote-
cas y cuyos resultados puedan contribuir a la creación de una red nacional de
bibliotecas. Este tipo de actividad puede también realizarse por contrato.

6.3 Creación de redes

6.3.1 Las bibliotecas en todos los países siempre constituyen algún tipo
de red, sea ésta oficial 0 extraoficial, en la medida en que síempre ha exis-
tido una cooperación entre eilas en numerosas formas. La cooperacion entre
bibliotecas y bibliotecarios es una tradición que cuenta ya como es natural
con una larga historia (véanse los Capítulos 3 y 4). El intercambio de infor-
mación sobre libros y acerca de los propios libros se consigue mediante la
PGI-87/WS/17 - pág. 49

publicación de catálogos de bibliotecas, la difusión de fichas de catálogo y


el préstamo de libros. Las bibliotecas utilizan los servicios de comunicación
existentes -imprenta, correos, teléfono, teletipo-, habiendo surgido hoy en
día nuevas posibilidades de intercambio de información gracias a la utiliza-
ción combinada de la computadora y de las tecnologías electrónicas de comuni-
cación, sin olvidar dispositivos de almacenamiento denso como los discos ópti-
cos. Son pocos los países en desarrollo que pueden aprovecharse por el momento
de estos adelantos técnicos (y, a decir verdad, cuando se redactó este texto,
eran muchos los países industrializados cuya práctica al respecto era aún
limitada), habida cuenta de la falta de las necesarias infraestructuras y de
los debidos recursos humanos y financieros. El mundo de la información es
sumamente dinámico y la tecnología evoluciona rápidamente. En un medio some-
tido a tantas mutaciones como éste, el desarrollo de una red nacional de
bibliotecas es siempre un proceso gradual, un proceso que requiere una cuida-
dosa planificación y una actitud atenta y abierta de todos los que participan
en él, así como una valoración realista de lo que es posible hacer con los
recursos existentes en un momento dado.

6.3.2 Las bibliotecas coexisten en distintos niveles de desarrollo


tecnológico; es importante que las menos desarrolladas, desde el punto de
vista técnico, puedan seguir beneficiándose de los servicios tradicionales,
aun cuando otras adopten nuevas tecnologías para comunicar con la Biblioteca
Nacional o entre ellas. Los servicios que proporcionan las bibliotecas nacio-
nales a otras bibliotecas deben situarse en el nivel de desarrollo tecnológico
en que pueda establecerse la conexión: desde el más sencillo (correos, tele-
tipo) al más avanzado (correo electrónico, transferencia directa de ficheros).
Hay bibliotecas que funcionan con distintos grados de desarrollo tecnológico
según se trate del almacenamiento o de la transferencia de información; están
también las redes que establecen vínculos entre las bibliotecas en distintos
niveles de perfeccionamiento técnico, según las distintas funciones de la
biblioteca (adquisiciones, catalogación, préstamo, bibliografías, administra-
ción, etc.). Una biblioteca puede formar parte de más de una red, según el
servicio que en ésta se proponga. La participación puede ser obligatoria en
los planos provincial o nacional, o bien voluntaria, no sólo en los planos
provincial 0 nacional, sino también de acuerdo con una disciplina determinada
(la medicina, por ejemplo) o según determinadas actividades (como la cataloga-
ción); puede también, por último, llevarse a cabo de modo integrado con miras
a un planteamiento global de la administración de las bibliotecas. Los gobier-
nos pueden, tanto en el plano local como nacional, establecer legislaciones o
normativas por las que se rija la participación en redes de las bibliotecas
que dependen de dichos gobiernos, aunque la participación voluntaria puede
también desembocar en la creación de redes entre bibliotecas muy alejadas
entre sí, sin tener en cuenta las divisiones geográficas. Estas asociaciones
ya establecidas son muy diversas según los países y su diversidad no va a dis-
minuir; las hay en función de la adquisición de servicios proporcionados por
una gran unidad bibliográfica de servicio público, mientras que otras son
creadas, dirigidas y financiadas colectivamente por un grupo de bibliotecas
que han decidido aunar sus esfuerzos para organizar unos servicios comunes. En
cualquier caso, y sea cual fuere el sistema político, social y económico del
país, y sin que se tengan en cuenta los recursos disponibles (escasos o enor-
mes>, la creación de las redes perseguirá siempre como objetivo la mejora de
los servicios de biblioteca proporcionados a los usuarios y la reducción de
los costos de funcionamiento de las bibliotecas gracias al intercambio de
información bibliográfica y de materiales. La organización de una red nacional
de bibliotecas permitirá una utilización más eficaz en función de los costos
de los recursos totales de las bibliotecas del país , pero si se quiere que sea
bien acogida por los usuarios de todo el país, deberá comprender también unos
PGI-87/WSí17 - pág. 50

sistemas de distribución que sean eficaces, de manera que los usuarios puedan
disponer del material que necesitan en plazos razonables.

6.3.3 Ya sean monolíticas y controladas centralmente por las autorida-


des, generalmente a través de la Biblioteca Nacional, o bien descentralizadas,
como resultado de acuerdos contraídos voluntariamente con las bibliotecas en
las que participan, tanto las bases de datos como las redes deberían utilizar
la tecnología mejor adaptada a la prestación de los servicios que se desea
recibir en función de los costos. Hasta fecha reciente, el estado de la téc-
nica exigía que la mayor parte de los servicios se suministraran por medio de
una gran computadora con procesador central en la que se habían almacenado
grandes bases de datos a partir del insumo de los catálogos de numerosas
bibliotecas, desde los cuales se extraía la información necesaria; Última-
mente, las nuevas tecnologías y la difusión del modelo de interconexión de
sistemas abiertos (OSI) por la ISOl) hacen que se tienda a utilizar unos
métodos más descentralizados, procediéndose a un verdadero intercambio de
datos entre sistemas autónomos y heterogéneos. El modelo OS1 permite la obten-
ción de datos bibliográficos a partir de toda una serie de catálogos, sin
exceptuar la transferencia de ficheros o el préstamo interbibliotecario;
permite también establecer por vez primera un enlace en el seno de una red de
información descentralizada entre las bases de datos bibliográficos y las de
los proveedores de servicios de información, las bases de datos de editores
-textos digitalizados de periódicos inclusive-, los ficheros de videotexto,
etc. Aun cuando se trate de un modelo sumamente descentralizado y que propor-
ciona una libertad sin precedentes a los participantes en lo que respecta a la
naturaleza y grado de su participación en la red, el modelo OS1 requiere sin
embargo un grado elevado de dirección y seguimiento, de los que puede encar-
garse ya sea una autoridad única (como la Biblioteca Nacional), ya sea un
consorcio de participantes entre los que figure la Biblioteca Nacional. Ha de
haber también aquí, sin embargo, un elemento director; la Biblioteca Nacional
esJ a nuestro entender, el elemento rector más conveniente, aun cuando esta
direccik suponga desde luego numerosas consultas y llegar a un consenso entre
los participantes de la red.

Como ya se señaló anteriormente, el modelo OSI facilita también el esta-


blecimiento de enlaces entre bases de datos y redes de distintos países.

6.4 Asociaciones de bibliotecarios

6.4.1 En los capítulos anteriores se han mencionado los numerosos modos


de cooperación deseable o posible entre bibliotecas nacionales y otras biblio-
tecas y bibliotecarios, a fin de garantizar ia contribución de todos ellos en
unas políticas y programas nacionales que correspondan a las necesidades del
país. Las bibliotecas nacionales consultan ya a usuarios y bibliotecólogos de
múltiples modos, oficiales y extraoficiales, sin olvidar a los miembros de los
diversos comités asesores nombrados por las autoridades para formar parte de
la junta directiva de la Biblioteca Nacional. Es también importante, a nuestro
entender, que la asociación nacional de bibliotecarios participe oficialmente
en determinados estudios, encuestas y discusiones que tengan por objeto exami-
nar las políticas, servicios y métodos de la Biblioteca Nacional. Hay muchas
asociaciones nacionales de bibliotecarios que crean comi t és permanentes 0
especiales encargados de examinar los problemas y de recomendar soluciones
(normas de catalogación, préstamo interbibliotecario, derecho de autor, con-
servación, servicios para impedidos, estadísticas, etc.); las bibliotecas
nacionales pueden beneficiarse de la labor que llevan a cabo dichos comités y
también contribuir a ella, por lo que es conveniente que dichos comités y los
miembros del personal de la Biblioteca Nacional interesados en las actividades
realizadas conforme al mandato de estos comités o encargados de llevarlas a
PGI-87/WS/17 - pág. 51

cabo, mantengan unas estrechas relaciones. En algunos países, las bibliotecas


nacionales han desempeñado un papel eficaz en la organización de las asocia-
ciones nacionales de bibliotecarios, y en algunos casos siguen apoyando dichas
asociaciones. Se sugiere pues que, en estos casos, las asociaciones procuren
independizarse de las bibliotecas nacionales, de manera que sus miembros
puedan expresar más libremente sus opiniones con respecto a los servicios y
planes de la Biblioteca Nacional, y para que la asociación pueda actuar como
un grupo de presión más eficaz en pro de la mejora y perfeccionamiento de los
programas de las bibliotecas nacionales. Lo mismo puede decirse de las asocia-
ciones nacionales de bibliotecarios especializadas, como las asociaciones de
escuelas de bibliotecarios, de bibliotecas artísticas, de bibliotecas médicas,
de bibliotecas jurídicas, etc. En la medida en que las bibliotecas nacionales
tienen que representar con frecuencia la posición de los bibliotecarios de un
país en reuniones y grupos de trabajo internacionales, su participación podrá
considerarse más representativa de las opiniones de toda la profesión si las
asociaciones de bibliotecarios han contribuido a la elaboración de posiciones
nacionales sobre los asuntos discutidos. Las asociaciones nacionales de
bibliotecarios son a su vez instrumentos eficaces de transmisión de informa-
ción a sus propios miembros por lo que respecta a políticas, programas y
problemas de las bibliotecas nacionales e internacionales.

6.5 Archivos nacionales

6.5.1 En la mayoría de países, las relaciones entre bibliotecas naciona-


les y archivos nacionales son por lo general buenas; en algunos países ambas
instituciones colaboran estrechamente tratándose de asuntos de interés mutuo,
como la conservación. Suelen depender también ambas instituciones del mismo
ministro J lo que facilita la cooperación y la coordinación. Con el tiempo,
bibliotecas y archivos se asemejan cada vez más en función de la utilización
de algunos elementos técnicos comunes (reprografía, micrografía, discos ópti-
cos J tecnología de las telecomunicaciones, técnicas de desacidificación de
masa, etc.), aun cuando sus misiones estén cada vez más claramente diferencia-
das por lo que respecta a los materiales de que se encargan. Suele aceptarse
generalmente hoy en día la definición que da Jenkinson de los archivos: “Puede
decirse que pertenece a la categoría de los Archivos un documento que ha sido
redactado o utilizado con motivo de una gestión administrativa o ejecutiva
(pública o privada) y que constituye uno de los elementos de ésta, y que ha
sido ulteriormente conservado y custodiado para la propia información por el
individuo o individuos que se han encargado de esa gestión o por sus legítimos
herederosTV2). Por regla general J son los archivos nacionales los que adquie-
ren y conservan esos documentos, al menos cuando son de importancia nacional;
en muchos países, sin embargo, los archivos nacionales pueden promover políti-
cas de adquisición en cooperación con otros depositarios de archivos importan-
tes (regionales o provinciales, públicos o privados).

6.5.2 Como se puso de manifiesto en el párrafo 2.2.3, las bibliotecas


nacionales acopian y conservan otras categorías de materiales no publicados
(manuscritos, cartas J documentos no administrativos) que constituyen fuentes
esenciales para el estudio y la investigación de la historia, la cultura, la
literatura y el desarrollo científico del país. Por ello, al reunir los archi-
vos y documentos de los grandes escritores, artistas, eruditos y científicos,
las bibliotecas nacionales contribuyen indiscutiblemente a la ciencia y a la
erudición en el plano internacional. Puede J no obstante J que surja algún con-
flicto de opiniones e intereses entre bibliotecas nacionales y archivos nacio-
nales en lo relativo al desarrollo cultural y científico del país, por lo que
es conveniente que, en lo referente a la labor de acopio, las autoridades de
cada país definan con la mayor precisión cuáles son las atribuciones de cada
PGI-87/WS/17 - pág. 52

institución, y que se establezca algún tipo de mecanismo que permita resolver


los conflictos que puedan surgir de vez en cuando. La existencia de relaciones
amistosas será provechosa tanto para las bibliotecas nacionales como para los
archivos nacionales, así como para sus respectivos usuarios, como también lo
será para ambas partes una cooperación estrecha que comprenda la realización
de proyectos comunes en la promoción y aplicación de tecnologías apropiadas
para la satisfacción de sus necesidades comunes y específicas. La proximidad
de los edificios en que están situadas ambas instituciones es también de inte-
rés para los usuarios comunes.

6.6 Se propone lo siguiente:

1. A fin de garantizar que sus servicios corresponden a las necesidades


de los usuarios de la biblioteca, así como de otras bibliotecas, las
bibliotecas nacionales procurarán conocer, por los medios que parez-
can más apropiados, la opinión de los lectores, bibliotecas, exper-
tos, editores y asociaciones de bibliotecarios, y la consulta con
todos ellos. Se traducirá además en un incremento del apoyo público
a su desarrollo.

2. Las bibliotecas nacionales han de emprender investigaciones directa-


mente relacionadas con la mejora de sus servicios y han de poder
contar en dichas investigaciones con la colaboración de los mejores
expertos de otras bibliotecas. Deberán también proporcionar una for-
mación especial al personal clave de otras bibliotecas cuando se
adopten y promuevan nuevas reglas o nuevos procedimientos, aunque
por lo general no tengan que encargarse de la formación de los
bibliotecarios, tarea ésta que corresponde a las instituciones
universitarias.

3. Las bibliotecas nacionales han de promover y controlar la organiza-


ción de redes nacionales de bibliotecas, utilizando las técnicas más
perfeccionadas de que se disponga para facilitar el intercambio de
información y de documentos bibliográficos y llevarán a cabo su
labor teniendo en cuenta las infraestructuras, sistemas y redes
preexistentes, cuidando de que puedan disponer de sus servicios las
bibliotecas situadas en distintos niveles de desarrollo tecnológico.
En la medida de lo posible se aplicará el modelo OSI.

4. Los mandatos respectivos de las bibliotecas nacionales y de los


archivos nacionales deberán definirse con toda claridad por vía
legislativa 0 reglamentaria, estableciéndose un mecanismo adecuado
que permita resolver eventuales conflictos. Las bibliotecas naciona-
les y los archivos nacionales han de cooperar en el perfecciona-
miento de unas técnicas que puedan utilizar ambas partes, particu-
larmente en los campos de la conservación y de la digitalización de
textos.

1) Information Processing Svstems - Open Svstems Interconnection - Basic


Referente Model: ISO 7498-1993, Ginebra, ISO 1983. Véase Clement, H.E.A.,
Electronic Networkin g for Interlibrar y Loan in the OSI Environment, IFLA
paper (053-IL-2), Chicago, 1985, 19 págs. - Durance, Cynthia J., Exnloit-
in g Technologv to Build a Canadian Librarv and Information Network, IFLA
Journal, Vol. XI, No 4 (1985) págs. 299-312. McCallum, Sally H., Linked
Systems Project in the United States, id., págs. 313-324.
21 A Manual of Archive Administration, Oxford, 1922, pág. 11.
PGI-87/WS/17 - pág. 53

7. RELACIONES INTERNACIONALES

7.1 Intercambios internacionales

7.1.1 Ya hemos señalado en los capítulos anteriores algunos de los


aspectos de las relaciones internacionales de las actividades y servicios de
biblioteca: puesta en común de la información bibliográfica, particularmente
en forma legible a máquina, intercambio de fuentes de documentación que con-
tribuyan en gran medida a dar a conocer mejor la producción impresa nacional
en el extranjero, y las publicaciones extranjeras en el propio país; el prés-
tamo internacional, que amplía el acceso a la información al poner a la dispo-
sición de los usuarios las publicaciones que no se encuentran en las bibliote-
cas del país; la contribución a los sistemas regionales o a las bases de datos
mundiales y la utilización de éstos, etc. Otra actividad de que se suelen
ocupar con frecuencia las bibliotecas nacionales es el intercambio de publica-
ciones, y particularmente el intercambio de publicaciones oficiales, activida-
des ambas que han sido objeto de conveniones internacionales aprobadas por la
loa. Conferencia General de la Unesco en 19581) y ratificadas por numerosos
países. Puede haber un intercambio bilateral entre otras bibliotecas (inter-
cambio de publicaciones de editoras universitarias entre bibliotecas universi-
tarias, academias nacionales, institutos especializados, etc.), aunque las
bibliotecas nacionales se hallen en una situación incomparablemente más favo-
rable para alcanzar acuerdos de intercambio de tipo más general, así como para
intercambiar publicaciones oficiales, puesto que pueden obtener los ejemplares
necesarios gracias al depósito legal o mediante cualquier otro dispositivo.
Los acuerdos importantes de intercambio son costosos y suelen limitarse, salvo
cuando se trata de grandes bibliotecas, a las publicaciones de países con los
que el propio país ha establecido -y desea mantener- estrechas relaciones
históricas, culturales y científicas. La lengua de las publicaciones es
también un factor que ha de tenerse en cuenta al decidir si han de llevarse a
cabo intercambios internacionales. Las bibliotecas nacionales desempeñan
normalmente un papel de centro de coordinación en este tipo de intercambio. Se
trata de una cuestión de equilibrio: las bibliotecas nacionales deberán tener
en cuenta las ventajas que pueden sacarse de unos intercambios que sólo han de
negociarse si se espera que sean mutuamente beneficiosos.

7.2 Organizaciones Y programas internacionales

7.2.1 Las relaciones internacionales mencionadas en el párrafo anterior


se refieren al servicio de biblioteca; se trata de funciones destinadas a
proporcionar los servicios adecuados a los usuarios. Hay también otras rela-
ciones internacionales de interés para las bibliotecas nacionales que no se
traducen en un intercambio directo de documentos o de datos, sino que tienden
en último término a que pueda disponerse mejor de ellos más allá de las fron-
teras nacionales, en función de la elaboración y aplicación de políticas, pro-
gramas, normas, reglas, códigos, procedimientos e instrumentos que contribuyen
a fortalecer los servicios de biblioteca tanto en el plano nacional como en el
plano internacional. La cooperación internacional en los campos de las biblio-
tecas y de la documentación se efectúa tanto en el plano gubernamental
(Unesco) como no gubernamental (IFLA); se trata en ambos casos de una coopera-
ción internacional y regional. Las bibliotecas nacionales suelen intervenir en
todos estos niveles a medida que aumenta la interdependencia de los países en
lo que respecta a los servicios de biblioteca a unos usuarios cada vez más
numerosos y que cada vez resulta más clara la necesidad de una interconexión
entre dichos sistemas como consecuencia de la multiplicidad de los sistemas ya
existentes encargados del almacenamiento y de la transferencia de la informa-
ción. Ya se han mencionado anteriormente los objetivos de los programas UBC y
PGI-87/WS/17 - pág. 54

UAP, fomentados esencialmente por la IFLA con el apoyo de la Unesco, así como
la labor de la FID (algunas bibliotecas nacionales utilizan el sistema de
clasificación CDU, que debe ser actualizado periódicamente) y de la ISO en lo
que respecta a la elaboración de normas.

7.2.2 Los distintos programas de la Unesco de apoyo a bibliotecas,


archivos e información se han integrado estos últimos años en el Programa
General de Información (PGI), programa ampliado que actúa en un marco más
extenso para la realización de los objetivos aprobados en la Conferencia
UNISIST de 19712): mejora del acceso a la información mediante la adopción
de tecnologías modernas y de normas comunes para facilitar la interconexión de
los sistemas; creación de infraestructuras nacionales, mejora y ampliación de
la formación para profesionales y usuarios; por último, cooperación interna-
cional para el intercambio y la circulación de la información. El PGI aboga
porque se designen organismos de coordinación y se creen comités nacionales
para apoyar sus objetivos en el plano nacional; en varios países, las biblio-
tecas nacionales son los organismos de coordinación del PGI, y son algunos más
los directores de bibliotecas nacionales que actúan como miembros o presiden-
tes de los comités nacionales, con lo que la Biblioteca Nacional desempeña un
papel decisivo de orientación en la elaboración de las políticas y programas
más apropiados en el plano nacional para obtener la mejor utilización posible
de los recursos informativos del país en beneficio de todos. La participación
en las actividades de la Unesco se efectúa normalmente a nivel gubernamental,
aun cuando el Director General cree a veces consejos consultivos y grupos de
trabajo en los que pueden participar expertos a título individual. Algunas
organizaciones no gubernamentales llevan a cabo también actividades con los
mismos objetivos; son muchos los expertos de bibliotecas en todo el mundo que
han contribuido de modo importante a la realización de sus programas, partici-
pando sobre todo en sus comités técnicos y en sus grupos de trabajo.

7.2.3 Al menos por lo que respecta a las bibliotecas, la IFLA es la


organización internacional que desempeña la actividad más pertinente al
respecto, puesto que su organigrama comprende una “Sección de Bibliotecas
Nacionales”, además de otras secciones dedicadas a actividades específicas de
particular interés para las bibliotecas nacionales, como Adquisición e Inter-
cambio, Catalogación, Conservación, Tecnología de la Información, Préstamo
Interinstitucional y Difusión de Documentos, Publicaciones Oficiales, Libros y
Documentos Raros y Preciosos, o Publicaciones Seriadas. Los programas funda-
mentales de la IFLA cuentan además con comités asesores. Es esencial la
contribución voluntaria de numerosos expertos de las bibliotecas nacionales,
ya que hay que revisar periódicamente las normas, elaborar otras normas nuevas
por exigencia de las nuevas tecnologías y han de examinarse y evaluarse las
nuevas técnicas a medida que aparecen. Es preciso elaborar nuevos programas
para satisfacer las nuevas necesidades y revisar los que ya existen a medida
que dichas necesidades cambian. Las actividades de la IFLA son sumamente
diversas y hoy se agrupan en cinco programas fundamentales: UAP, UBC/IM,
preservación y conservación, flujo de datos transfronterizo y fomento de la
bibliotecología en el Tercer Mundo, siendo evidente que todos ellos revisten
algún interés para las bibliotecas nacionales3). Los directores de las
bibliotecas nacionales deben alentar y apoyar a sus expertos (en el marco de
los recursos existentes y siempre que no se ponga así en peligro el éxito de
los programas nacionales) cuando éstos son invitados por sus colegas para
participar en la labor de los diversos comités, permanentes y especiales, o en
grupos de trabajo, contribuyendo así en lo que de ellos se espera. Los propios
directores de las bibliotecas nacionales deben prestar el apoyo y la partici-
pación que sean apropiados a los programas de la IFLA y particularmente a los
de la Sección de Bibliotecas Nacionales; deben respaldar asimismo la Conferen-
cia de Directores de Bibliotecas Nacionales creada en 1974 y afiliada a la
PGI-87/WS/17 - pág. 55

IFLA, y .cuyos objetivos son el fomento de una estrecha cooperación entre


bibliotecas nacionales como resultado de las discusiones y los estudios que
tienen lugar al más alto nivel de dirección y de proyectos de cooperación
destinados a redefinir políticas y a mejorar y coordinar los programas comunes
de las bibliotecas nacionales.

7.3 Se propone lo sipuiente:

1. Las bibliotecas nacionales desempeñarán el papel de centros coordi-


nadores para el intercambio internacional de publicaciones y, parti-
cularmente, de publicaciones oficiales.

2. Las bibliotecas nacionales contribuirán, con su apoyo y participa-


ción, a los programas internacionales de las bibliotecas regionales
o mundiales, tanto en el plano gubernamental (Unesco, ISO) como en
el plano no gubernamental (IFLA, FID), proporcionando los expertos
que puedan formar parte de comités y de grupos de trabajo. Los
directores participarán también a su propio nivel, pudiendo mencio-
narse el nivel de la Sección de Bibliotecas Nacionales y de la Con-
ferencia de Directores de Bibliotecas Nacionales de la IFLA.

1>- Convención sobre el canje internacional de publicaciones y Convención


sobre el canje de publicaciones oficiales y documentos gubernamentales
entre Estados. Véase Wanwijngaerden, Frans, Manual del Cani e Internacio-
nal de Publicaciones, París, Unesco, 1978, 165 págs.
2) UNISIST. Intergovernmental Conference for the Estabisbment of a World
Science Information Svstem. Final Report. París, Unesco, 1971, 60 págs.
3) Véase IFLA Journal, Vol. XII, No 4 (1986), número especial sobre los pro-
gramas fundamentales de la IFLA. Véase también Wijasuriya, E.K., IFLA’s
Core Programme on the Advancement of Librarianship in the Third World,
IFLA paper (182-ASIA.5), Tokio, 1986, 20 págs.
PGI-87/WS/17 - pág. 56

8. FUNCION Y ADMINISTRACION DE LAS BIBLIOTECAS NACIONALES

8.1 Leves v reglamentos

8.1.1 La función que desempeña la Biblioteca Nacional en el conjunto de


bibliotecas del país, así como con respecto a otras instituciones culturales y
científicas, no depende siempre de su condición jurídica. Puede ser impor-
tante, debido a la calidad de sus colecciones y servicios, aun cuando sus
actividades no estén regidas por un texto legislativo oficial o por un decreto
gubernamental detallado; puede ser también más bien limitado, si la labor que
realiza deja mucho que desear, y ello aunque su funcionamiento haya sido defi-
nido por un texto legislativo que le asigne un papel sumamente ambicioso. La
condición jurídica oficial de las bibliotecas nacionales difiere considerable-
mente según los países, como difieren la importancia y calidad de los servi-
cios que proporcionan; así como necesitan recursos proporcionados a las nece-
sidades del país para desempeñar su papel de modo adecuado, es también de
desear que su funcionamiento esté regido por un documento oficial en el que se
enumeren claramente, y de modo relativamente pormenorizado, sus tareas y su
estructura administrativa. La mayor parte de las bibliotecas nacionales han
sido creadas y funcionan con arreglo a una ley, tratándose ya sea de una ley
específica relativa únicamente a las bibliotecas, ya sea de una ley de índole
más general referente a diversas instituciones, y entre éstas a la Biblioteca
Nacional. Estas leyes difieren también considerablemente según 10s países;
algunas se ocupan de modo detallado de las principales funciones que ha de
desempeñar la biblioteca, así como de su dirección y administración, mientras
que otras mencionan apenas estos puntos. No menos diversos son los decretos
gubernamentales que rigen la actividad de las bibliotecas nacionales en varios
países. Cabe señalar aquí que al menos una biblioteca, la de la Universidad de
Helsinki, en Finlandia, desempeña por consenso las funciones de Biblioteca
Nacional; se rige con arreglo a directivas recibidas por el Rector de la Uni-
versidad y proporciona de hecho más servicios que algunas bibliotecas naciona-
les establecidas por una ley o un decreto.

8.1.2 Dos bibliotecas nacionales -la Biblioteca del Congreso y la


Biblioteca del Parlamento de Tokio- dependen directamente del Parlamento,
constituyendo los miembros de éste un grupo de usuarios privilegiados; pero en
la mayor parte de los casos las bibliotecas nacionales sólo han de rendir
cuentas a las autoridades gubernamentales, representadas por un ministro o un
viceministro; no hay regla uniforme en este caso: puede tratarse de ministros
encargados de la Educación, la Cultura, la Ciencia, el Interior, etc. De ser
dirigida la biblioteca por un consejo de administración, le corresponde al
presidente del consejo rendir cuentas al ministro o al viceministro, pero en
la mayor parte de los casos esas funciones corren a cargo del director de la
biblioteca. Habida cuenta de la gran diversidad de políticas y prácticas admi-
nistrativas, de sistemas y tradiciones que encontramos en todo el mundo,
inútil sería intentar elaborar normas de orientación para la elaboración de
leyes relativas a bibliotecas nacionales. La condición jurídica de las biblio-
tecas nacionales nunca podrá ser uniformizada. Es posible, empero, enumerar
los principales puntos a los que debería idealmente referirse el correspon-
diente documento, ley o decreto, que rige el funcionamiento de la biblioteca.
Un buen documento ha de favorecer la estabilidad y la buena administración de
la institución, en función de una apreciación exacta de las tareas -de sus
límites y de su amplitud- que corresponden respectivamente a la biblioteca, al
director, al consejo de administración (de haberlo), al funcionario u orga-
nismo al que han de rendir cuentas, y al propio órgano legislativo (de haber
una legislación al respecto).
PGI-87/WS/17 - pág. 57

8.1.3 Las bibliotecas nacionales, como otros servicios u organismos


oficiales, están también sometidas a leyes o decretos generales como la ley de
administración financiera, la ley de empleo en servicios públicos, las deci-
siones del interventor general, etc.; de quedar excluidas total o parcialmente
las bibliotecas nacionales del ámbito de aplicación de estas disposiciones
legislativas generales, han de quedar señaladas claramente dichas excepciones
en la ley que rija el funcionamiento de la Biblioteca Nacional o en algún otro
texto. Cabe decir lo mismo en lo referente a los decretos gubernamentales. Sea
como fuere, es preferible, en los países en los que la tradición legislativa
lo permite, que la creación y organización de la Biblioteca Nacional corres-
ponda a un texto legislativo específico, ya que esto suele contribuir a darle
una posición oficial más importante, y a incrementar su estabilidad y su
prestigio.

8.1.4 De ser el correspondiente documento legal una ley o un decreto,


conviene que sea suficientemente detallado como para no dar lugar a incerti-
dumbre o confusión por lo que respecta a las funciones de la biblioteca o a
las tareas que incumben al Director o a cualquier otro funcionario; sin lle-
gar , claro está, a ponerles una camisa de fuerza. Las funciones así reguladas
pueden ser las siguientes: adquisiciones e intercambios, catalogación, produc-
ción de bibliografías nacionales (actuales 0 retrospectivas); préstamo,
servicios de referencia y orientación; edición, exposición; autoridad para
establecer acuerdos contractuales con otras instituciones y asociaciones en lo
referente al intercambio de publicaciones y servicios; autoridad para disponer
de los materiales excedentes; depósito legal; coordinación de la actividad de
otras bibliotecas bajo una misma jurisdicción; posibilidad de crear y dirigir
bibliotecas anexas en otras zonas del país; gestión del personal, con posibi-
lidad de contratar, ascender y despedir; administración financiera, sin excep-
tuar la de fondos fiduciarios, legados y donaciones; así como gestión, de ser
menester, de terrenos y edificios. En algunos países, la ley encarga a otros
servicios y organismos oficiales la gestión del personal y de los terrenos y
edificios, con posibilidad de delegación parcial de esas funciones al director
de la biblioteca o al consejo de administración. De quedar regido el funciona-
miento de la biblioteca por un texto legislativo específico, puede quedar pre-
vista en éste una delegación de autoridad que permita al ministro, viceminis-
tro, director o consejo de administración, según proceda, establecer normas en
lo referente a determinadas cláusulas. En el texto fundamental ha de preci-
sarse asimismo a quién corresponde el nombramiento del director (y en algunos
casos del director adjunto), del presidente y de los miembros del consejo de
administración (así como de los del consejo consultivo, si lo hubiere). Las
autoridades y’ tareas que correspondan a cada funcionario mencionado en el
texto legislativo han de quedar también precisadas, a fin de evitar conflictos
inútiles. Lo ideal sería que se pidiera al director o al presidente del con-
sejo la elaboración (y, a ser posible, la publicación) de un informe anual en
el que se presente la situación de la biblioteca y su gestión. En resumen,
parece aconsejable incorporar al texto legislativo las disposiciones referen-
tes a las funciones y la administración de la biblioteca, y dejar prevista la
posibilidad de adoptar disposiciones específicas para regular materias que
cambian fácilmente y exigen modificaciones frecuentes, en vez de volver ante
el parlamento para enmendar cada vez la leyl).

8.2 Administración v orpanización

8.2.1 Una buena administración se ve considerablemente facilitada por la


existencia de una legislación y de normas juiciosas y claras, así como de una
buena organización. Los directores de bibliotecas nacionales y sus principales
colaboradores son, claro está, individuos con personalidades y estilos de
Pm-87/ws/i7 - pág. 58

dirección particulares , pero les corresponde cumplir su cometido adaptándose a


directivas de política general presentadas por sus gobiernos y al marco gene-
ral que les imponen la legislación, los decretos y los reglamentos. Ya hemos
señalado en el párrafo anterior que de la administración de la biblioteca
puede encargarse ya sea el director -con delegación de autoridad a sus adjun-
tos y a los directores de anexos-, ya sea el consejo de administración, que
delega a su vez al director la administración concreta de la biblioteca. Es
importante que las respectivas atribuciones del consejo y del director queden
claramente definidas, a fin de evitar conflictos que imposibilitarían prácti-
camente una buena administración. Es también esencial que las atribuciones que
el ministro no desea delegar al consejo o al director estén también netamente
definidas y reconocidas. Es esto también indispensable en toda la organización
de la biblioteca, desde los niveles inferiores hasta los niveles de decisión
superiores. Una buena administración significa también que los directivos, en
todos los niveles, gozan de un cierto grado de libertad en la administración
tanto del personal como del programa, dentro de los límites impuestos, claro
,
esta, por la ley o por decisiones tomadas en un nivel superior. Un buen direc-
tivo delega algunas de sus atribuciones, pero entiende también que ha de
responder ante una autoridad superior de su modo de realizar su labor, así
como del de sus subordinados.

8.2.2 La participación en la gestión es desde luego un buen método, pero


es al director de la biblioteca nacional al que corresponde siempre, en último
término, la responsabilidad del éxito o fracaso de las diversas actividades
que componen el programa de la biblioteca. Si se quiere que el desarrollo de
la Biblioteca Nacional se efectúe conforme a las necesidades que se hayan
previamente determinado, es imprescindible que su director, que es el princi-
pal ejecutivo (y ello hasta cuando existe un consejo de administración), tenga
buenas relaciones con las autoridades gubernamentales y goce de la confianza
de éstas, y en particular de su ministro; se suele esto conseguir no sólo en
función de aptitudes personales, sino también gracias a una administración
eficaz de la biblioteca, en la que no ha de olvidarse la elaboración de planes
de desarrollo (en general quinquenales) bien fundamentados. Es asimismo impor-
tante que el director sepa establecer buenas relaciones con sus colegas en
general, y en particular con los directores de las grandes bibliotecas univer-
sitarias y públicas, a fin de conseguir su cooperación y apoyo para el desa-
rrollo tanto de la Biblioteca Nacional como de la red nacional de bibliotecas
cuyo núcleo constituye ésta. El director ha de ser por consiguiente no sólo un
buen administrador, sino también una personalidad influyente en su propio
campo.

8.2.3 Un buen director debe contratar a personal competente, a quien


pueda delegar determinadas atribuciones con entera confianza. La mayor parte
del personal de alto nivel de la biblioteca debe estar compuesta por bibliote-
carios profesionales; p ero la evolución reciente de las técnicas de biblioteca
y de procedimientos administrativos complejos hacen que una biblioteca impor-
tante necesite también a especialistas calificados de la gestión financiera y
de personal, a analistas de sistemas y programadores de computadoras, así como
a especialistas en materia de conservación y micrografía, edición y relaciones
públicas. En muchas de las grandes bibliotecas nacionales que disponen de fon-
dos especiales en varias lenguas se necesitarán también especialistas de
determinadas materias y lenguas. Cuando se confía la dirección de fondos o
servicios especiales a especialistas, deben éstos haber mostrado previamente
que poseen capacidades de gestión al menos convenientes, a fin de que el sec-
tor del que se encargan pueda adaptarse sin problemas a la estructura adminis-
trativa de la institución.
PGI-87/WS/17 - pág. 59

8.2.4 Es también importante que los directivos, en los distintos niveles


y por muy especializada que sea la unidad, sección, división o dependencia que
dirigen, conozcan bien las orientaciones y prioridades generales de la biblio-
teca; podrán así aportar su contribución -y sacar el debido provecho- en las
discusiones de las reuniones que han de celebrarse periódicamente en distintos
niveles para garantizar que las decisiones que se toman en los niveles supe-
riores aprovechan la información de la base y que, a la inversa, se pone al
tanto al personal subalterno de las decisiones que afectan su propia labor.
Una buena comunicación en ambas direcciones contribuye a que los directivos,
en el nivel apropiado, tomen las decisiones apropiadas, así como al perfeccio-
namiento del personal en todos los niveles. No puede mantenerse un buen espí-
ritu de equipo en el personal si no hay una buena dirección o si el personal
no sabe cuáles son los motivos por los cuales se aplican o modifican determi-
nadas políticas, se cambian las prioridades o los procedimientos, o se reorga-
nizan los recursos para poder enfrentarse con nuevas dificultades o adaptarse
a nuevos imperativos. Un buen espíritu de equipo proporciona nuevos incentivos
y permite aumentar la productividad.

8.2.5 Una buena administración, unas comunicaciones buenas y una buena


productividad se ven asimismo facilitadas por estructuras organizativas funda-
das en un método funcional. No hay modelo particular de organización que sea
apropiado para todas las bibliotecas nacionales; las que tienen numerosos fon-
dos y servicios necesitan una organización más compleja que las bibliotecas
más pequeñas y que están desarrollándose, ya que en éstas unos pocos directi-
vos pueden ocuparse de unidades en las que se combinan eficazmente funciones
muy diversas. Sin embargo, en la mayor parte de las bibliotecas plenamente
desarrolladas, encontramos divisiones basadas en las siguientes funciones fun-
damentales: 1) adquisiciones o ampliación de fondos (que pueden comprender el
depósito legal, los intercambios y la eliminación de materiales excedentes);
2) servicios bibliográficos (que comprenden normalmente la catalogación, la
bibliografía nacional, el ISDS y, a veces, una unidad dedicada a la elabora-
ción de normas bibliográficas); 3) servicios a los lectores (que pueden estar
divididos en servicios de préstamo a usuarios y de préstamo y consulta, así
como en unidades específicas de fondos especiales tales como publicaciones
oficiales, publicaciones periódicas, periódicos, libros raros, libros infanti-
les, música, etc.); 4) administración (tema que volveremos a examinar ulte-
riormente). En las grandes bibliotecas, las divisiones de adquisiciones, ser-
vicios bibliográficos y servicios para lectores suelen formar parte de un
departamento de impresos (que es siempre el más importante y el más utili-
zado) ; puede haber también departamentos distintos y menos importantes para
manuscritos, música, mapas, microformas, grabados, películas, etc. (y, en los
países que utilizan el alfabeto latino, orientalia y fondos cirílicos). En
muchos casos, estos departamentos específicos tienen sus propias unidades de
catalogación (o bien el personal crea otros auxiliares de consulta); sin
embargo, después de que se ha introducido la ISBD para materiales especiales y
que se han creado también para éstos bases de datos en cooperación, parece
aconsejable que se centralice la catalogación en el servicio bibliográfico o
que se permita por lo menos que sea éste el que fije las normas que ha de
aplicar el personal de estas divisiones especiales.

8.2.6 La administración de las bibliotecas nacionales se ha convertido


en algo más complejo y perfeccionado al incorporar las técnicas de programa-
ción y presupuestarias, los planes quinquenales, la auditoría, la informática
y la creación de redes. El componente administrativo (que suele ser actual-
mente mucho más importante que antaño) está constituido, en la cúspide, por la
oficina del director (y la secretaría del consejo de administración, de
haberlo). En las bibliotecas importantes hay asimismo directores adjuntos, de
PGI47/WS/17 - pág. 60

quienes dependen los distintos departamentos y servicios anexos. En estos


servicios administrativos suele haber oficinas encargadas del personal, las
finanzas , la auditoría y la planificación, aunque la conservación, las rela-
ciones públicas, la edición y las exposiciones corresponden, sin embargo, en
muchos casos a divisiones específicas, con su propio director. Estas oficinas
se encargan de la dirección de su correspondiente sector, aunque han de traba-
jar en estrecha colaboración con los distintos departamentos, servicios anexos
y oficinas para cumplir eficazmente sus funciones. Las hay que pueden delegar
algunas de sus atribuciones en determinados casos -por ejemplo, en lo que
respecta a la contratación o la intervención de gastos-, pero a ellas corres-
ponde en último término la dirección y responsabilidad en su esfera de compe-
tencia. Otras dos oficinas (o una, si se asocian ambas tareas) pueden también
formar parte de la estructura administrativa: la oficina de sistemas y la
oficina de redes. En las pequeñas bibliotecas, en las que por el momento sólo
se informatiza un tipo de actividad, como, por ejemplo, el servicio de prés-
tamo, la catalogación o la compilación de la lista de publicaciones seriadas,
no se necesita una oficina de sistemas; la biblioteca puede recabar los servi-
cios de otro organismo oficial o de alguna empresa comercial, o disponer de un
solo analista de sistemas y de un programador en la unidad interesada. Si la
biblioteca proyecta la introducción de la informática en varias actividades
fundamentales, conviene que se cree entonces una oficina de sistemas cuyas
atribuciones se extiendan a toda la biblioteca; se conseguirá así incrementar
la eficacia de sus servicios, limitar los costos al evitar toda repetición
inútil de actividades de tratamiento y de almacenamiento de datos, disponién-
dose al mismo tiempo de todos los datos necesarios para apoyar el desempeño de
las principales funciones, desde las adquisiciones y la catalogación hasta el
préstamo y las investigaciones bibliográficas. Aun en los casos en que la
biblioteca adquiere los servicios informáticos de otra institución o de una
empresa, sigue siendo necesario disponer de una oficina de sistemas para con-
tribuir a la determinación y formulación de las necesidades en materia de
informática respecto a dichos servicios, en estrecha cooperación con los
bibliotecarios. El personal de la oficina de sistemas puede asumir también las
relaciones que se establezcan con los expertos del centro informático (cuando
éste no forma parte de la biblioteca) y del control de aplicación del sistema
o sistemas en toda la biblioteca. Puede también encargarse de asesorar sobre
la utilización de una computadora central o de mierocomputadoras para las dis-
tintas funciones, buscando la solución más eficaz en función del costo para
problemas específicos y el intercambio de datos cuando proceda, procurando que
se garantice el intercambio óptimo de información y que se evite cualquier
duplicación inútil de actividades de tratamiento y almacenamiento. Todo ello
requiere una planificación y unos estudios cuidadosos, además de las pruebas y
la evaluación de los sistemas que pueden llevar frecuentemente a la modifica-
ción de los programas; todo ello con la participación de los bibliotecarios,
analistas de sistemas y programadores y bajo la dirección y la supervisión
general del personal de categoría superior. El personal de sistemas deberá
prestar asistencia al personal de explotación en lo referente a la formación
para la utilización de sistemas informatizados, confiando asimismo a éste
determinadas atribuciones en la gestión local de las actividades.

8.2.7 Es necesario el mismo método de participación en todo lo referente


a la creación, desarrollo y control de una red nacional de bibliotecas, con el
mismo personal clave, pero también con una oficina de redes (que puede aso-
ciarse a la oficina de sistemas o actuar de manera independiente), así como el
personal especial designado por otras bibliotecas que participan en la red, de
modo que se acepten y apliquen unas políticas, procedimientos y normas comunes
a fin de establecer las interconexiones de sistemas indispensables al inter-
cambio de información relativa a los servicios que cada biblioteca desea poner
PGI-87/WS/17 - pág. 61

a disposición de la red (puede que no todas las bibliotecas deseen participar


en los mismos servicios). La participación en la red, de ser voluntaria, se
regirá por acuerdos vinculantes en lo que respecta a los mecanismos y procedi-
mientos de toma de decisiones, los servicios o funciones que han de ser com-
partidos o desempeñados en cooperación y los dispositivos financieros. El
desarrollo de la red suele ser un proceso gradual en el que las ampliaciones o
revisiones se hacen por consenso entre las bibliotecas que participan libre-
mente en ella, aunque también exija la presencia de un elemento catalizador
(un elemento directivo o, como dice K.W. Humphreys, un “primer motor”) y éste
suele ser la Biblioteca Nacional. La creación de una red nacional de bibliote-
cas requiere, como otros programas de bibliotecas, la aprobación y el apoyo
financiero del gobierno del país.

8.3 El director de la Biblioteca Nacional

8.3.1 Como puede deducirse fácilmente de la descripción de las funciones


que hemos expuesto en capítulos anteriores y de las exigencias de gestión de
bibliotecas nacionales de dimensiones cada vez mayores en este mundo de la
información cada vez más complejo y dinámico, el director de la Biblioteca
Nacional ha de desempeñar un papel esencial y debe reunir por ello unas apti-
tudes excepcionales como administrador y directivo. Ya señalamos anteriormente
que debe disponer del apoyo de las autoridades gubernamentales, ya que de
ellas dependerán los recursos humanos y financieros, aunque deba además ser
aceptado como un líder por el mundo de las bibliotecas en su conjunto y como
un buen administrador por su propio personal. Por lo general obtendrá el apoyo
de su gobierno y, particularmente, el de su ministro, dependiendo de la serie-
dad con que sea capaz de administrar los recursos humanos y financieros que de
él dependen, del respaldo que sea capaz de obtener de sus colegas en el desa-
rrollo de la cooperación entre bibliotecas y, por último, del éxito que
consiga al desarrollar los servicios de la Biblioteca Nacional, influyendo
positivamente en los de las demás bibliotecas, según las prioridades naciona-
les que fijen los correspondientes gobiernos. Obtendrá el apoyo general de sus
colegas no sólo si consigue que los servicios de la Biblioteca Nacional se
adapten del mejor modo posible a sus necesidades y a las de sus usuarios, sino
también si contribuye, mediante políticas y programas adaptados, a potenciar
la cooperación entre las demás bibliotecas del país en provecho de todas
ellas. El apoyo de su propio personal suele depender de la capacidad que tenga
en orientarle adecuadamente en la realización de las respectivas tareas de
cada uno y de la participación de todos en la elaboración de políticas y
normas de actividad, de la existencia de buenas comunicaciones en ambos senti-
dos (debe saber escuchar antes de decidir y comprobar después que sus decisio-
nes han sido correctamente explicadas y comprendidas), y, por último, de una
asignación adecuada de los recursos entre las distintas actividades, basándose
en prioridades aceptadas y claramente especificadas y en el apoyo del personal
en la realización de sus tareas.

8.3.2 Las funciones del director de la Biblioteca Nacional -enunciadas


en un texto legislativo o establecidas tradicionalmente- suelen ser diversas y
complejas, tanto en lo que respecta a la biblioteca como a las autoridades
gubernamentales (ya que éstas forman parte con frecuencia de los comités
encargados de la educación, la cultura y la ciencia) o a otras actividades del
país; le corresponde, además, representar normalmente a su país en el extran-
jero, ya sea con objeto de estudiar los intercambios bilaterales entre biblio-
tecas con otros países, ya sea para participar en foros internacionales, no
gubernamentales, como la IFLA, o intergubernamentales, como la Unesco. Cuando
la Biblioteca Nacional cuente con un consejo de administración, o cuando haya
en el país una comisión nacional más importante de la que dependan todas las
PGI-87/WS/17 - pág. 62

bibliotecas, el director de la Biblioteca Nacional formará parte forzosamente


de dichos organismos, habida cuenta del papel esencial que desempeña la
Biblioteca Nacional a cuya cabeza se encuentra.

8.4 Consejo de administración o junta consultiva

8.4.1 En algunos países, el director de la Biblioteca Nacional debe


rendir cuentas a un consejo de administrac.ión, del que también forma parte.
Dicho consejo se encarga normalmente de la aprobación de la política general,
de la distribución de los recursos y del personal entre los distintos departa-
mentos, de acuerdo con las prioridades y de la supervisión del programa,
encargándose el director de la aplicación de las decisiones del consejo. En
otros países se trata de una junta consultiva encargada de asesorar al minis-
tro o al director de la Biblioteca Nacional en todo lo referente a políticas,
programas y administración de la biblioteca, sin olvidar las relaciones de
ésta con las demás bibliotecas. Los miembros de estos organismos suelen ser
nombrados en ambos casos por el ministro o por el consejo de ministros; sobre
todo el presidente debe ser una personalidad eminente que goce de la confianza
del ministro y que asuma cabalmente el importante papel que puede desempeñar
la Biblioteca Nacional en la vida del país. Hay también en otros países una
comisión (o consejo) nacional de bibliotecas, encargada del fomento de los
servicios de biblioteca en todo el país y también de los de la Biblioteca
Nacional, y entre sus atribuciones puede figurar la dirección o el asesora-
miento de ésta. De los consejos suele depender el nombramiento de las juntas o
comités consultivos -de los que forman parte representantes de libreros y
usuarios- encargados de estudiar y asesorar sobre los problemas específicos
que se les someten. Cabe mencionar aquí que, en muchos casos, el director de
la Biblioteca Nacional designa asimismo comités o grupos de trabajo con el fin
de contar con las opiniones de los expertos exteriores sobre asuntos de orien-
tación o de índole técnica que se examinan. El director debe garantizar el
apoyo de la biblioteca a los consejos o juntas de dirección o consultivos, a
fin de permitir que desempeñen eficazmente sus funciones. Los miembros del
consejo deben a su vez apoyar al director y éste debe actuar en todo momento
como jefe de la biblioteca, sin ninguna traba que merme sus atribuciones de
encargado de la aplicación de las políticas y de la gestión de los recursos.

8.5 Sepropone lo siguiente:

1. Cuando los gobiernos elaboren alguna ley o decreto destinados a


regir la creación, la gestión y los programas de la Biblioteca
Racional, en dicho instrumento se especificarán cuáles son sus fun-
ciones y cuáles son las respectivas tareas de los principales fun-
cionarios (ministro, director y consejo de administración, de
haberlo); a quién hay que confiar la gestión financiera y los loca-
les y equipo; el nombramiento de los miembros del consejo y del
director y la composición del consejo consultivo, de haberlo; cuáles
son por último los requisitos para la presentación de los informes
anuales y, de figurar en la ley, la gestión del depósito legal. La
ley o el decreto tratará a ser posible de cuestiones de índole gene-
ral y será completado con reglamentos en lo referente a cuestiones
expuestas a cambios más frecuentes,

2. El director hará que sus subordinados participen en el proceso de


toma de decisiones y delegará su autoridad en el nivel adecuado para
la gestión del programa, del personal y de los recursos financieros.
Una jerarquía basada en las funciones o los servicios que hay que
desempeñar facilitará la buena gestión y las buenas comunicaciones
indispensables para obtener una productividad elevada y un buen
espíritu de equipo.
PGI-87/WS/17 - pág. 63

3. 'En las bibliotecas nacionales se agruparán normalmente las diversas


funciones generales en departamentos tales como adquisiciones e
intercambios, servicios bibliográficos y servicios de orientación de
lectores, y se crearán otros departamentos para colecciones especia-
les: manuscritos, música, mapas, películas, microformas, estampas,
etc., según proceda. La administración suele comprender, además de
la oficina del director, oficinas de personal, de administración
financiera, de auditoría y de planificación. Hay también oficinas
especiales encargadas de las relaciones públicas, de la edición, de
las exposiciones y de la conservación. De preverse y utilizarse
efectivamente la informática, se creará una oficina de sistemas que
trabajará en estrecha cooperación con los servicios de explotación.
Se aportará una contribución al desarrollo de una red nacional
mediante la creación de una oficina de redes, encargada de planifi-
car y coordinar la participación de todas las bibliotecas inte-
resadas.

4. El director ha de ser un buen administrador y tener capacidades


naturales de liderazgo para obtener el apoyo que cabe exigirse de su
personal, de su ministro y del gobierno, así como de la comunidad de
bibliotecarios en general. La elección de un director altamente
calificado es decisiva para el éxito de la institución.

5. Puede haber un consejo de administración o una junta consultiva y


puede formar parte de uno u otra el director, encargado de presentar
los informes al ministro y responsable de las decisiones o del ase-
soramiento, en lo referente a política general, prioridades del pro-
grama, planificación y supervisión, pese a lo cual el director será
el principal ejecutivo encargado de la aplicación y gestión de los
programas de la biblioteca, sin que puedan ponérsele trabas a su
autoridad.

1) Bagrova, I.Y., Legislative Foundations of the National Libraries Activi-


ties in Socialist Countries, IFLA paper (159-NAT-4), Tokio, 1986, 40 págs.
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9. LOCALES Y EQUIPO

9.1 Locales

9.1.1 Durante generaciones, muchos edificios de bibliotecas nacionales


fueron construidos en buena medida como monumentos para celebrar la grandeza
del Estado o del monarca (en Europa, muchas de las actuales bibliotecas nacio-
nales habían sido antiguas bibliotecas reales, siendo éste el nombre que algu-
nas han conservado) o sus aspiraciones, dándose relativamente poca importancia
al aspecto funcional. Por más interés estético que puedan tener, muchos de
estos monumentos plantean numerosos problemas ahora que sus servicios (en gran
parte nuevos) están abiertos al público, lo que exige un personal mucho más
numeroso y nuevos equipamientos. Lo que ha prevalecido cada vez más en fechas
recientes ha sido un método más funcional en cuanto a la concepción de los
locales; algunos de los nuevos edificios han demostrado que era posible conci-
liar un punto de vista funcional con la dignidad que corresponde a una insti-
tución nacional tan prestigiosa. La Biblioteca Nacional suele estar en la
capital y, por lo general, en el centro 0 próximo a él y no lejos de otros
edificios tan importantes como el Parlamento, la Universidad, el Museo Nacio-
nal, etc. Ya se señaló anteriormente (párrafo 5.6) que la proximidad de la
Biblioteca Nacional y de los archivos nacionales presentaba grandes ventajas,
siendo conveniente que ambos edificios se hallen en una zona de fácil acceso
para el público. Al elegir el emplazamiento, el gobierno deberá elegir aquel
que permita una posible ampliación ulterior, lo que hace que sea a veces impo-
sible situar la Biblioteca Nacional en lugares céntricos, como sería la solu-
ción ideal, y que haya que instalar la biblioteca en los alrededores, en luga-
res que dispongan, como cabe esperar, de buenos servicios de transportes
públicos.

9.1.2 Al construir el edificio de la nueva Biblioteca Nacional o al


ampliar el edificio existente, los gobiernos tomarán las medidas necesarias
para cerciorarse de que puede satisfacer las necesidades del personal, de los
fondos y de los lectores durante muchos años, puesto que la frecuente amplia-
ción de locales exiguos es siempre fuente de gastos y trastornos. A largo
plazo no es exagerado, sino que resulta económico, planificar y construir un
edificio para la Biblioteca Nacional lo bastante amplio como para satisfacer
las necesidades que pueden preverse para los 50 próximos años (o bien utilizar
un método modular y construir un edificio más pequeño, previendo que se le
irán agregando nuevos módulos a medida que sea necesario). Los gobiernos deben
ser conscientes de que, con unos locales demasiado pequeños, los servicios que
se prestan a los lectores serán inevitablemente de menor calidad, ya que parte
de las colecciones y del personal tendrá que instalarse en otros lugares, en
algunos casos alejados, lo que encarecerá además algunas actividades. La con-
cepción funcional que se propone ha de basarse en la anticipación del espacio
necesario y apropiado para lectores, fondos y actividades administrativas y
técnicas (adquisiciones, catalogación, conservación, etc.). Es de desear que
se disponga de un espacio apropiado para exposiciones, conferencias y proyec-
ción de películas, así como para salas en las que se instale en su caso el
equipo informático. Al distribuirse el espacio disponible entre las diversas
funciones se tendrán en cuenta las interrelaciones, por lo que los servicios
de adquisiciones e intercambios, por ejemplo, tendrán que situarse cerca de la
sección de bibliografía nacional. La principal sala de lectura ha de ser de
fácil acceso; lo mismo se aplica a la seccion de catálogos y al personal de
consulta. Las bibliotecas nacionales, habida cuenta de las funciones de con-
servación que figuran en su mandato, guardan sus fondos en depósitos reserva-
dos, aunque también se dispondrá de un buen fondo de consulta en una zona
accesible tanto para los lectores como para el personal. Cuando alguna parte
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de los fondos de la biblioteca tenga que llevarse a otros locales por falta de
espacio, se elegirán aquellos materiales que se utilicen menos y los fondos
que no sean de mucho valor (ya que por desgracia los locales destinados al
almacenamiento no constituyen con frecuencia un medio de conservación tan
idóneo como puede ser el edificio principal).

9.1.3 No sólo ha de ser funcional el edificio de la Biblioteca Nacional


en la medida en que permita una utilización eficaz del espacio disponible,
sino que ha de estar además equipado de modo que pueda controlarse la tempera-
tura y el grado de humedad; las fundaciones y los suelos han de ser lo sufi-
cientemente sólidos para soportar el peso de fondos voluminosos y pesados
(algunos de ellos en sistemas compactos de estantería densa) y de computadoras
(cuyas salas necesitan aire acondicionado). Hay que instalar un sistema espe-
cial de alumbrado en los sectores en los que se conservan o exponen materiales
de biblioteca o, cuando menos, incorporar pantallas protectoras que protejan
contra los rayos ultravioletas e infrarrojos del alumbrado y también del sol
(será preferible conservar los fondos en depósitos sin ventanas). La seguridad
es un factor que habrá de tenerse en cuenta en todo momento y también, por lo
tanto, cuando se trate de ubicar los retretes (lavabos), ascensores, escaleras
Y> de estar previsto, el restaurante-autoservicio. El director de la Biblio-
teca Nacional deberá encargarse de hacer constar en un documento circunstan-
ciado todos los requisitos funcionales de la biblioteca y participará en todas
las fases de la obra, desde la concepción hasta la consecución final. Consul-
tará con su personal acerca de las necesidades previsibles de éste, así como
con los colegas de otras bibliotecas que ya hayan participado en la concepción
de bibliotecas de construcción reciente; en algunos casos, se podrán recabar
los servicios de un consultor que sea especialista de locales y equipamiento
de bibliotecas mientras dure la obra. Un grupo compuesto por el director, el
arquitecto, el consultor y algunos representantes del gobierno puede también
visitar algunos locales de biblioteca construidos recientemente a fin de
acopiar información e ideas antes de ultimar el documento con las correspon-
dientes instrucciones. El proyecto tendrá en cuenta las modificaciones que
haya que introducir inevitablemente en el futuro en lo que respecta a la
distribución del espacio disponible, a medida que aumenten las colecciones, el
personal y los servicios; tendrá que ser lo suficientemente flexible como para
poder adaptarse a modificaciones futuras sin tener que destruir el modelo
funcional adoptado. El arquitecto -0, de ser posible, el despacho de arquitec-
tos, cuyos miembros pueden poner en común los diversos conocimientos de espe-
cialistas que son necesarios- podrá ser nombrado sin necesidad de que se haya
convocado previamente un concurso, según la práctica de las correspondientes
autoridades gubernamentales, y se le indicará claramente la necesidad de
contar con la participación del director para la buena realización del pro-
yecto. El director, con la ayuda de determinados miembros de su personal,
deberá prestar por consiguiente la mayor atención al proyecto, asegurándose de
que se lleva a cabo y se ultima de modo que se respetan los requisitos funcio-
nales de la institución, sin menoscabar por ello las cualidades estéticas de
un edificio que se ha concebido para orgullo de todos.

9.2 Eouipo

9.2 .l El equipo que se necesita en una gran biblioteca es tan diverso


que ni siquiera podemos esbozar aquí el repaso de todos los requisitos. Hay
que hacer resaltar, sin embargo, que se prestará la mayor atención a la selec-
ción de las estanterías, que tendrán que ser sólidas y flexibles, sin olvidar
los sistemas de estantería densa, equipamiento y de los instrumentos de encua-
dernación, así como del equipo de reprografía y de lectores para los diversos
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tipos de microformas; de las cámaras (si la biblioteca va a producir microfor-


mas) ; del equipo especial para la utilización de materiales especiales; de
medios electrónicos tales como aparatos de proyección de películas, casetes y
grabadores y proyectores vídeo, así como de las unidades de almacenamiento
para éstos; de los sistemas de ROM/CD, etc.; de los procesadores de palabras
(que pueden utilizarse también a muy bajo costo para la producción de las
pequeñas publicaciones que hayan de distribuirse, así como para las comunica-
ciones internas), etc. Los terminales que se necesiten en los distintos secto-
res de explotación y los públicos se elegirán en función de las computadoras y
soportes lógicos que vayan a utilizarse, ya sea con fines de procesamiento
interno o de acceso a sistemas externos. El modelo OS1 puede permitir una
reducción considerable del numero de los terminales de índole diversa que sean
necesarios. A ser imposible prever exactamente la ubicación futura de todos
los terminales que hayan de utilizarse, convendrá que todo el edificio dis-
ponga desde un comienzo de las debidas instalaciones eléctricasl). El equipo
necesario se determinará en función de los tipos de documentos acopiados y de
los servicios prestados y las funciones que se desempeñen. Las necesidades de
la encuadernación, por ejemplo, variarán considerablemente según se trate de
toda una unidad de conservación o de una sola unidad de reparación. Otras uni-
dades de conservación (para películas, estampas, dibujos, fotografías, etc.)
requerirán a su vez un equipo especial.

9.3 Se propone lo siguiente:

1. Los nuevos locales de la Biblioteca Nacional han de ser funcionales;


han de estar situados en lugares céntricos o, al menos, de fácil
acceso, y ser lo suficientemente amplios como para satisfacer las
necesidades de dos generaciones como mínimo; el espacio se asignará
a las distintas unidades teniendo en cuenta tanto la comodidad de
los usuarios como la interrelación de las actividades y los impera-
tivos de la seguridad; se dispondrá de aire acondicionado y de un
sistema de control de la humedad, y todo ello exige una estrecha
cooperación entre el arquitecto, el director y el personal de la
biblioteca. Estas propuestas se aplican también a las modificaciones
o ampliaciones de edificios existentes.

2. Habrá que adquirir el equipo necesario con el fin de garantizar la


conservación y la disponibilidad de los diversos materiales, así
como el desempeño de otras funciones en las diversas divisiones, ya
sea de índole técnica o administrativa.

1) Thompson, A., Some Recent Trends in National Librarv Buildings. Libri,


Vol. XXIV, págs. 69-77.
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10. BIBLIOTECAS CON DOBLE FUNCION

10.1.1 Se mencionó ya la doble función de la Biblioteca del Congreso de


Washington o de la Biblioteca del Parlamento de Tokio , que son al mismo tiempo
bibliotecas legislativas dependientes de los respectivos parlamentos y biblio-
tecas nacionales en cada país. La Biblioteca de la Universidad de Helsinki y
la Biblioteca Nacional y Universitaria Judía de Jerusalén desempeñan también
una doble función respecto de la universidad y de toda la nación. El mandato
oficial de la Biblioteca del Parlamento estipula que ésta ha de estar primero
al servicio del Parlamento, segundo al del gobierno y poder judicial y, por
último, del público en general. Es sabido que la Biblioteca del Parlamento fue
creada después de la Segunda Guerra Mundial con arreglo a las normas recomen-
dadas por el consultor Verner W. Clapp, quien era además directivo importante
de la Biblioteca del Congreso; no cabe por ello extrañarse que se le atribu-
yera esa función doble que también desempeña la Biblioteca de Washington. Una
y otra disponen de secciones especiales de investigación y están al servicio
de la asamblea y de su personal; sus relaciones con los respectivos parlamen-
tos son muy estrechas, lo que ha sido de bastante utilidad a los gobiernos
cuando, en periodos de recesión económica, decidieron recortar los presupues-
tos y disminuir el personal y los programas. Pese a que pueda parecer injusto,
cuando las bibliotecas se han visto afectadas por reducciones de esa índole,
las consecuencias han repercutido sobre todo en los servicios nacionales y no
en los que se ponen específicamente a la disposición del legislador. Sea como
fuere, esta doble condición es algo excepcional entre las bibliotecas naciona-
les del mundo entero y es poco probable que haya países que imiten ese modelo.
Si bien podemos señalar aquí que, en Suecia, la Biblioteca del Parlamento de
Estocolmo proporciona información sobre las ciencias sociales en el plano
nacional, aunque no desempeñe el papel de organismo bibliográfico nacional,
función ésta que incumbe a la Biblioteca Real en todas las materias. En los
demás países, las bibliotecas nacionales son organismos oficiales que están al
servicio del c’onjunto del país, con la sola excepción de algunas bibliotecas
universitarias que desempeñan también el papel de bibliotecas nacionales,
además de estar al servicio del profesorado y de los estudiantes.

10.1.2 Las bibliotecas que desempeñan esa doble función son con más
frecuencia las bibliotecas universitarias que las bibliotecas parlamentarias o
públicas, situación que también se da con menos frecuencia en los países
industrializados que en los países en desarrollo. En éstos, la escasez de
recursos humanos y financieros hace que algunas de las funciones que se desem-
peñan nacionalmente las ejerzan las bibliotecas universitarias existentes,
para no tener que construir nuevos edificios y crear colecciones, lo que
resultaría sumamente costoso. Estas soluciones empíricas pueden ser provisio-
nales 0 revestir un carácter más permanente, según las circunstancias; es cada
país el que debe encontrar la solución más apropiada, habida cuenta de su
situación, sus recursos y sus necesidades. Las ventajas y los inconvenientes
de esta doble función de bibliotecas universitarias no se conocen todavía muy
bien, aun cuando Curt Wormann, en sus comentarios sobre el simposio dedicado a
las bibliotecas nacionales y organizado por la Unesco en Viena, en 1958,
propusiera ya entonces que se estudiara esa cuestión para poder orientar a los
gobiernos y las universidadesl). Es cierto que la Sección de la IFLA de
Bibliotecas Universitarias ha realizado una encuesta sobre el tema, objeto de
la publicación de un artículo de Matko Rojnicm2); otros autores, como
S.B. Bandara3), B. Rugass4) y K.J. Mchombu5), han vuelto más reciente-
mente sobre este asunto. Estos autores proporcionan informaciones de indiscu-
tible utilidad sobre diversas situaciones de este tipo, pero no consiguen pre-
sentar recomendaciones claras; la información de que se dispone actualmente
gracias a estudios bibliotecológicos especializados no permite proponer normas
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de orientación precisas y útiles en lo referente a la creación, la extensión y


la dualidad de las funciones de las bibliotecas universitarias que además
desempeñan el papel de bibliotecas nacionales.

10.1.3 Es, sin embargo, inevitable que surjan conflictos en algunos


casos entre las necesidades del profesorado y los estudiantes, por un lado, y
las del público en general, por otro; en las bibliotecas universitarias que
tienen estantes de acceso libre, esta situación puede representar un peligro
para su función de conservación si no se dispone de fondos independientes para
los depósitos nacionales. El problema es aún más serio tratándose de una
biblioteca pública central. Cabe, no obstante, señalar algunos hechos signifi-
cativos que pueden ser de interés para los gobiernos que proyectan instalar
algún dispositivo de esta índole o que estudian la posibilidad de eliminar
dicho dispositivo y crear una Biblioteca Nacional independiente. Varias
bibliotecas universitarias desempeñan, al menos parcialmente, las funciones de
bibliotecas nacionales, y ello no sólo en Europa (Oslo, Helsinki) e Israel,
sino también en algunos países en desarrollo : Makerere (Uganda), Nairobi
(Kenya) y Dar es-Salam (Tanzanía); estas bibliotecas suelen encargarse del
depósito legal y publican bibliografías nacionales. Hay que señalar aquí, sin
embargo, que algunos pequeños países, cuyos recursos son limitados y que han
accedido a la independencia, prefieren crear bibliotecas nacionales separadas
(Bangladesh, Congo, Côte d’Ivoire, Etiopía, Gambia, Jamaica, Mauritania, Papua
Nueva Guinea, etc. ) ; estas bibliotecas no pueden encargarse desde un principio
de realizar todas las funciones tradicionales, pero cabe esperar que puedan
hacerlo gradualmente a medida que se vayan desarrollando tanto el país como
las instituciones nacionales. Mchombu5) ha estudiado a su vez las ventajas y
los inconvenientes de otras soluciones provisionales (bibliotecas nacionales
por materias, comisión de la biblioteca nacional) y la posibilidad de crear
bibliotecas nacionales interregionales (dependientes de varios países), solu-
ción interesante desde el punto de vista económico, aunque de difícil acepta-
ción desde el punto de vista político.

10.1.4 En el capítulo siguiente se expondrán algunos ejemplos de tareas


compartidas por las bibliotecas nacionales y por las bibliotecas universita-
rias, ejemplos que podrán ser imitados por aquellos países en los que la
duplicación de determinados recursos y servicios representa un gasto excesivo.
Pero no hay que olvidar que, de las 105 bibliotecas nacionales que existían en
1986, 97 eran bibliotecas independientes. Vamos a presentar, a modo de conclu-
sión, el caso de Noruega. La Biblioteca Real de la Universidad de Oslo fue
durante muchos años Biblioteca Nacional de Noruega y todavía presta la mayor
parte de los servicios de una biblioteca nacional: depósito legal, bibliogra-
fía nacional, préstamo interinstitucional, etc. Sin embargo, en 1969 se creó
un nuevo organismo, dirigido por un bibliotecario nacional y encargado de
elaborar las políticas y los programas necesarios a la coordinación de las
colecciones de investigación, la catalogación en cooperación, la creación de
un sistema nacional de información informatizado, la difusión de normas para
las bibliotecas, la coordinación de catálogos colectivos y de préstamos entre
bibliotecas y la conservación y la cooperación internacional. En otras pala-
bras, la biblioteca de la universidad sigue prestando servicios de biblioteca
a todo el país , pero el bibliotecario nacional y su equipo se encargan, con la
ayuda de juntas consultivas, de la planificación y control de cuantos servi-
cios proporcionan a escala nacional las bibliotecas de investigación del país,
sin exceptuar la Biblioteca de la Universidad de 0~10~). En 1984, un informe
oficial recomendó la creación de una biblioteca nacional independiente.
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10.2 Se Propone lo siguiente:

1. Es preferible que las bibliotecas nacionales sean instituciones


independientes y que se les confíe específicamente la misión de
proporcionar servicios 8 escala nacional. De depender de otra ins-
titución (parlamento, universidad), los servicios que presta a la
primera institución no deben tener prioridad sobre los servicios
nacionales, y sus consecuencias no deben ser negativas para éstos.

2. Cuando se prevea el establecimiento de bibliotecas nacionales en


pequeños países cuyos recursos humanos y financieros sean limita-
dos, se evitará la duplicación innecesaria de unos mismos esfuerzos
y gastos designando, al menos de modo provisional, a la biblioteca
universitaria más importante como Biblioteca Nacional de facto,
atribuyéndole los recursos complementarios que haga falta para que
pueda desempeñar a escala nacional al menos las funciones que se
requieren para hacer frente a las necesidades más apremiantes, y de
preferirse soluciones más descentralizadas, habrá que definir el
mandato de cada institución con toda claridad, previendo la finan-
ciación adecuada.

1) National Libraries in Our Time: The UNESCO Svmuosium on National


Libraries in Europe. Libri, Vol. IX, No 4 (1959).
2) Universitv Libraries in a Double Functions. Libri, Vol. XVI, No 2
(1966), págs. 140-147.
3) Can University Libraries Serve the National Librarv Role in Developing
Countries. Libri, Vol. XXIX, N" 2 (1979), págs. 127-143.
4) Rugaas, B., National and Universitv Libraries: Relations on the National
and International Levels, IFLA paper (133-GEN-l), Chicago, 1985, 8 págs.
5) Mchombu, K.J., Alternatives to the National Librarv in Less Developed
Countries. Libri, Vol. XXIX, N" 2 (junio de 1979), págs. 227-249.
6) Tveteräs, Harald R. Un organismo nacional para la planificación Y 1.a
coordinación de las bibliotecas: Riksbibliotekpenesten en Oslo. Boletín
de la Unesco para las bibliotecas, Vol. XXIV, N" 3 (1970), págs. 153-157.
PGI-87/WS/17 - pág. 70

ll. CCENTRALIZACION 0 DESCENTRALIZACION?

11.1.1 En la mayoría de países, todas las funciones importantes que


corresponden normalmente a la Biblioteca Nacional (véase párrafo 1.1) son
desempeñadas por una sola institución, llámese ésta Biblioteca Nacional,
Biblioteca Real, Biblioteca Británica, Biblioteca del Congreso, etc. No quiere
esto decir que satisfaga forzosamente todas las necesidades del país al res-
pecto, ni que se trate del principal servicio auxiliar en todos los campos del
conocimiento y de la investigación, sumamente especializados, que han surgido
recientemente. Suele tratarse del servicio que dispone de los fondos más com-
pletos y diversificados del país, y también del que proporciona los servicios
más generales, tanto para los propios lectores como para las demás bibliote-
cas, p-0, aun cuando disponga de fondos enciclopédicos, suelen verse éstos
completados por los de centros de documentación altamente especializados o por
las bibliotecas de las escuelas especiales, los institutos de investigación,
las industrias, etc. Ahora bien, en casi todos los países, la función básica y
general que corresponde a las bibliotecas nacionales es desempeñada por una
institución única y centralizada.

11.1.2 Hay, sin embargo, excepciones. En algunos países los servicios


de la Biblioteca Nacional están relativamente descentralizados (descentraliza-
ción que corresponde, por regla general, a disciplinas y no a funciones). Se
da también el caso de que haya varias bibliotecas “nacionales”, como conse-
cuencia de la unificación de varias repúblicas o reinos que ya disponían de
sus respectivas bibliotecas centrales, como sucede en Italia o Yugoslavia;
puede ser también que un solo país quede dividido en dos o más países distin-
tos. La experiencia nos dice que la multiplicación de las bibliotecas “nacio-
nales” de acuerdo con la geografía o la lengua (factores que a veces coinci-
den), como es el caso de Yugoslavia, en que cada república tiene su propia
biblioteca “nacional”, represente ciertas ventajas localmente, en la medida en
que cada biblioteca (que es prácticamente una biblioteca regional) está muy
unida a la población interesada, aunque presente también verdaderos inconve-
nientes, ya que a ninguna de ellas corresponde la misión de prestar servicios
a escala nacional o de participar realmente en numerosos programas internacio-
nales. En Italia nos encontraríamos con una situación, cuyos efectos son análo-
Jzos, si no fuera porque dos de las ocho bibliotecas “nacionales” han sido
elegidas “Bibliotecas Nacionales Centrales”: la Biblioteca Nacional Central de
Florencia, encargada de la producción de la bibliografía nacional, y la
Biblioteca Nacional Central de Roma, que elabora un catálogo colectivo nacio-
nal y sirve de sede al centro nacional de préstamo interinstitucional. Cuando
Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, quedó dividida en dos Estados,
la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana, hubo que
plantearse de nuevo hasta cierto punto las distintas atribuciones; mientras
algunas bibliotecas seguían desempeñando las mismas funciones en uno u otro
país (la Deutsche Bücherei de Leipzig acopia las publicaciones en alemán de
todos los países y elabora una bibliografía general de libros publicados en
alemán, la Bayerische Staatsbibliothek de Munich recibía libros de todo el
mundo y se convertía en uno de los centros de préstamo interinstitucional). Se
crearon además nuevas bibliotecas destinadas a desempeñar algunas de las
funciones de las bibliotecas nacionales: la Deutsche Bibliothek de Francfort
del Main acopia las publicaciones alemanas y publica la bibliografía nacional
de la República Federal de Alemania; la nueva Staatsbibliothek Preussischer
Kulturbesitz de Berlín (Oeste) tiene un fondo enciclopédico de obras extranje-
ras y es el centro nacional de la República Federal de Alemania para los
intercambios y préstamos internacionales, mientras que la Deutsche Staats-
bibliothek de Berlín (Oriental) desempeña las mismas funciones en la República
Democrática Alemana.
PGI-87/WS/17 - pág. 71

11.1.3 Hay otras formas de descentralización en Dinamarca, ya que la


Biblioteca Real es también Biblioteca Nacional y desempeña todas las funciones
normales en lo que atañe a las publicaciones danesas, aunque comparte con la
Biblioteca de la Universidad de Copenhague las tareas de adquisición y difu-
sión de publicaciones extranjeras. La primera se dedica a las humanidades, el
arte y las ciencias sociales, mientras que la segunda se ocupa de las ciencias
naturales y de medicina. Una característica poco común es que, en este caso,
el director de la Biblioteca Real es también director de la biblioteca de la
universidad. También en otros países el reparto de atribuciones es análogo en
lo que respecta a los servicios de consulta y de préstamo entre unos mismos
grupos de disciplinas. Este es el caso de Canadá, por ejemplo, en que la
Biblioteca Nacional brinda los servicios de información a escala nacional en
el campo de las ciencias sociales y las humanidades, mientras que el Instituto
Canadiense de Información Científica y Técnica (CISTI) se encarga de las
ciencias y técnicas y de la medicina; en el caso de la India, los servicios a
escala nacional corren a cargo de la Biblioteca Nacional (humanidades, artes y
ciencias sociales), de la Biblioteca Central Médica y Jurídica y del Centro
Indio de Documentación Científica; en Indonesia existen cinco servicios
nacionales distintos para 1) la ciencia, 2) la agricultura, 3) la medicina y
4) las humanidades y las ciencias sociales; en Estados Unidos, están la
Biblioteca Nacional de Medicina y la Biblioteca Nacional de Agricultura,
aunque la Biblioteca del Congreso disponga también de colecciones importantes
de medicina y agricultura, así como de todas las otras disciplinas. Por
último, en la Unión Soviética los servicios a escala nacional son suministra-
dos no sólo por la Biblioteca Lenin sino también por la Biblioteca Pública del
Estado en lo que respecta a las ciencias y las técnicas de la URSS. Son
también muchos los países, por otra parte, en los que los servicios de la
Biblioteca Nacional abarcan todas las disciplinas (Bélgica, Australia, China,
Colombia, Finlandia, Noruega, Perú, Tailandia, Estados Unidos, etc.) y en los
que bibliotecas que habían sido antes independientes, con colecciones especia-
lizadas o genérales, quedaron unificadas en una sola Biblioteca Nacional, como
Checoslovaquia y el Reino Unido. En 1959, la Biblioteca Nacional, la Biblio-
teca de la Universidad, la Biblioteca Eslava y la Biblioteca Económica Central
entraron a formar parte de un organismo sumamente ampliado, la Biblioteca del
Estado de la URSS. En el Reino Unido, la creación en 1973 de la British
Library representa una proeza tanto más asombrosa cuanto que es el resultado
de la fusión de instituciones independientes como la Biblioteca del British
Museum, la National Central Library, la National Lending Library for Science
and Technology y también la British National Bibliography Ltd. (empresa pri-
vada) y el Office for Scientific and Technical Information; todas ellas fueron
reorganizadas para formar una sola biblioteca con una dirección Única. La
creación de nuevos departamentos respondió a un criterio funcional (esto es,
no por materias): el Departamento de Consulta, más tarde denominado Departa-
mento de Humanidades y de Ciencias Sociales, el Departamento de Préstamos
(llamado ulteriormente Departamento de Ciencias, Técnicas e Industria, e
instalado en Boston Spa), el Departamento de Servicios Bibliográficos, la
Administración Central y el Departamento de Investigación y Desarrollo.
Recientemente, el Archivo Nacional Sonoro y la Biblioteca del India Office,
que habían sido también independientes, pasaron a formar parte de la British
Library. La misión asignada, junto con los correspondientes recursos, a la
British Library consistió, según manifestaría su primer Presidente, Sir Harry
Hookway , en “abarcar servicios de información de toda índole y . . . en todos
los campos”1) ; la biblioteca recibe también unos recursos que le permiten
subvencionar a otras bibliotecas para la realización de proyectos de investi-
gación relacionados con la creación de una red nacional de información asen-
tada en un sólido núcleo central y también para tareas de catalogación o de
conservación de sus colecciones, con lo que puede garantizar su disponibilidad.
PGI-87/WS/17 - pág. 72

11.1.4 Sea cual fuere la solución -centralizada o descentralizada- que


adopten los gobiernos, lo que hay que hacer en todo caso es definir claramente
los mandatos respectivos de las instituciones encargadas de suministrar los
servicios nacionales de biblioteca, con objeto de evitar la duplicación inútil
de muchas actividades o los conflictos innecesarios y de impulsar la mayor
cooperación posible entre ellas, de manera que los respectivos servicios sean
lo más complementarios posible. La Biblioteca Nacional es en uno y otro caso
la principal institución, lo que K.W. Humphreys llamó el "primer motor".

11.2 Se propone lo sipuiente:

Tanto en el caso de que los servicios de la Biblioteca Nacional sean


proporcionados por una sola biblioteca nacional central como cuando la
responsabilidad de los mismos incumbe a dos o más instituciones,
siguiendo la división por materias y por funciones, la Biblioteca Ñacio-
nal deberá ser la biblioteca señera y la única responsable del fomento
de la cooperación entre las bibliotecas del país.

1) National Librarv Planning in Britain, en Vosper, R. y Newkirk Leone,


National and International Library Planning, Munich, Verlag Dokumenta-
tion Solur, 1976, pág. 47.
PGI-87/WS/17 - pág. 73

12. OBSERVACIONES FINALES

Todo país debería disponer en principio de una Biblioteca Nacional en la


que se acopiara, protegiera y difundiera el patrimonio escrito, mediante el
depósito legal y una política de conservación y unos servicios de consulta y
de préstamo. Esa biblioteca debe ser además el motor que propulsará los planes
de adquisición a escala nacional de cuanto se considere oportuno, los proyec-
tos de catalogación, los catálogos colectivos y las redes de préstamo inter-
institucional destinadas a posibilitar y facilitar el acceso a los recursos de
las bibliotecas del país por todos aquellos que en cualquier momento puedan
necesitarlos. Ha de encargarse de poner a la disposición de los lectores de
otros países los elementos de la literatura nacional de que no podrá dispo-
nerse de otra forma en dichos países (excepto los que por su naturaleza con-
viene no prestar) y, de manera inversa, se encargará de obtener en préstamo
las publicaciones extranjeras que de otra manera no se dispondría, o que así
se supone, en el país. Su director será normalmente el principal portavoz de
su país en asuntos referentes a biblioteca en las reuniones internacionales de
bibliotecarios y sus expertos participarán periódicamente en las labores de
los comités y grupos de trabajo nacionales e internacionales encargados de la
elaboración de programas, normas y procedimientos, nacionales e internaciona-
les, encaminados a facilitar el intercambio, eficaz con relación a los costos,
de las informaciones y publicaciones bibliográficas del país y del mundo
entero. El papel que desempeña la Biblioteca Nacional en el plano internacio-
nal es consecuencia lógica de su misión en el plano nacional. En la mayor
parte de los casos ocupa el “primer lugar” entre las bibliotecas del país “en
función de la importancia y carácter enciclopédico de sus fondos, la variedad
del material de que dispone y la diversidad de sus departamentos y servicios
especializados “l). En algunos países, sin embargo, la tarea de suministrar
servicios de consulta y de préstamo a escala nacional en determinadas disci-
plinas puede corresponder a otra institución que parezca más apropiada. La
Biblioteca Nacional será empero el “primer motor” en todo lo referente a
bibliotecas, y ha de encargarse además de la creación gradual de una red de
bibliotecas a escala nacional que no esté basada en la centralización sino en
el intercambio, eliminándose así en la medida de lo posible toda competición y
duplicación de tareas inútil, lo que exige la presencia de un elemento de
coordinación y de orientación2). El mundo de la información es dinámico y
está en plena expansión; continuamente se crean nuevas técnicas con el fin de
que los responsables puedan hacer frente a los enormes problemas dimanantes de
la multiplicación de los textos y de la información de otra índole que han de
acumularse y recuperarse para servir los intereses de un público cada vez más
numeroso y también más especializado. Para ello, las bibliotecas nacionales
han de estar a la altura , por lo que hoy disponen de la mejor oportunidad para
desempeñar su cometido. Con este fin, deben de poder disponer del apoyo deci-
dido de las autoridades gubernamentales y de la cooperación de las otras
bibliotecas importantes del país; deben crear o ampliar colecciones y servi-
cios adaptados a necesidades que por lo general no pueden satisfacer otras
fuentes bibliotecológicas. Es también fundamental que puedan disponer de un
personal idóneo, cuya calificación profesional y cuyo grado de especialización
le permita administrar y dirigir una institución responsable de algo tan esen-
cial como la preservación de la memoria colectiva del país y la satisfacción
de las necesidades culturales y científicas indispensables de los ciudadanos,
tan esencial para su propio perfeccionamiento y para el progreso y desarrollo
del país en el futuro.

1) Liebaers, Herman, The Needs of National Libraries as Repards Prc-


fessional Training, en National Libraries: Their Problems and Pros-
pects . . . París, Unesco, 1960, pág. 27.
2) Bryan, Harrison, Australian Library and Information Services. Inter-
national Library Review, Vol. VII, No 2 (1975), págs. 121-127.