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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CHIMBORAZO

FACULTAD CIENCIAS DE LA SALUD

CARRERA DE PSICOLOGIA CLINICA

NEUROPSICOLOGIA Y PSICPFISIOLOGIA II

TEMA: ENFEREDAD DEL ALZHEIMER

INTEGRANTES:

JAQUELINE CURAY

GENESIS GUIJARRO

TEYLOR RECALDE

DANIELA TOALOMBO

ALEJANDRO VITERI

DOCENTE: DRA. ISABEL CANDO

SEMESTRE: 4 “A”

RIOBAMBA, 28 DE MAYO DEL 2019


Introducción

El presente trabajo se centra en la revisión y análisis de los principales aspectos de la enfermedad


del Alzheimer como parte fundamental de nuestra formación en Neuropsicología.

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que ocasiona problemas


relacionados con la memoria, el pensamiento y el comportamiento de los individuos que la
padecen. Además, afectará el desenvolvimiento de la persona en su vida cotidiana, por lo cual
dependerá ampliamente de su familia para su cuidado, conjuntamente con el trabajo de
profesionales de la salud. Su finalidad es aportar al conocimiento de los estudiantes una breve
descripción de la enfermedad del Alzheimer, aspectos genéticos y factores de riesgo,
localizaciones neuroanatomías afectadas, así como sus consecuencias tanto a nivel físico como
mental, diagnóstico y tratamiento.

Objetivo general

Analizar la enfermedad del Alzheimer y sus características más importantes, mediante la revisión
de documentación bibliográfica, síntesis y exposición magistral acerca del tema. Se analizará la
información referente a esta enfermedad teniendo en cuenta sus características en epidemiología,
etiología, anatomía patológica, consecuencias físicas y psicológicas, diagnóstico y tratamiento.

Objetivos específicos

 Definir a la enfermedad del Alzheimer e identificar las alteraciones neuropatológicas que


ocurren en su cuadro clínico.
 Detallar las consecuencias tanto físicas como psicológicas que se producen durante el
transcurso de la enfermedad con sus signos y síntomas.
 Determinar el proceso de evaluación y diagnóstico, así como su posible tratamiento a nivel
neuropsicológico.
Antecedentes
El hecho de que conozcamos a la enfermedad del Alzheimer como lo hacemos hoy en día, se debe
principalmente al trabajo realizado por el médico alemán Alois Alzheimer, quien gracias a sus
investigaciones logró describir por primera vez a esta enfermedad. Todo empezó en el año 1901
en Frankfurt, Alemania, donde una mujer de nombre Auguste D. es ingresada en el Hospital
Psiquiátrico de la misma ciudad, lugar en el cual él trabajaba.

Al estudiar el caso de esta paciente, reconoce que la condición que presentaba se asemejaba a
la demencia senil, considerada anteriormente como un proceso normal del envejecimiento. “Con
un cuadro clínico cuyas manifestaciones eran delirio de celos, pérdida de memoria, alucinaciones,
desorientación temporoespacial, paranoia, alteraciones de conducta y un grave trastorno del
lenguaje” (Brescané, Tomé & Morales, 2016, p.6). Sin embargo, el doctor no podía comprender
como aquella mujer de mediana edad (51 años) con un buen estado de salud, empezó a perder sus
capacidades intelectuales. A los 4 años de su hospitalización, Auguste empeoraba cada vez más,
hasta que finalmente fallece en abril de 1906 (Rodríguez, 2013).

Tras su muerte, Alois sentía mucha duda en cuanto a lo que se había planteado anteriormente,
por lo que decidió investigar sobre este extraño suceso que se llevó a cabo en el cerebro de su
paciente y estudió minuciosamente el sistema nervioso de Auguste, mediante análisis de muestras
tomadas de su cerebro (Rodríguez, 2013). Lo que encontró fue que: “La corteza cerebral era más
estrecha de lo normal (atrófica) y, que existían dos tipos de anomalías muy llamativas entre las
neuronas: las placas seniles y los ovillos neurofibrilares, que provocaron la destrucción de casi un
tercio de las neuronas” (Brescané, Tomé & Morales, 2016, p.6).

Definición

Esta enfermedad forma parte de las demencias y fue descrita en 1906 por el médico alemán Alios
Alzheimer, quien, durante la Conferencia de Psiquiatría del Sudoeste Alemán, tras sus
descubrimientos en el caso de Auguste D, hace por primera vez la descripción de una inusual
enfermedad de la corteza cerebral cuyos síntomas principales son pérdida de memoria,
desorientación, alucinaciones y finalmente muerte. Posteriormente en el año 1910, Kraepelin,
psiquiatra alemán, utiliza el término por primera vez.
La Alzheimer’s Association (2016) define a la enfermedad del Alzheimer como: “enfermedad
cerebral que ocasiona problemas relacionados con la memoria, el pensamiento y el
comportamiento”. Se ha establecido ciertas caracterizaciones específicas de dicha entidad
patológica, en cuanto a esto Fontán (2012) agrega: “trastornos de memoria iniciales y típicos, que
comienzan de manera insidiosa y evolucionan progresivamente. En la evolución se van
comprometiendo otras funciones cognitivas y se asocian trastornos conductuales, todo lo que lleva
a un estado de invalidez social y dependencia”.
Epidemiología
La enfermedad de Alzheimer es uno de los procesos neurodegenerativos más comunes presentados
en pacientes adultos y adultos mayores. Según datos de la OMS (2017): “En el mundo entero hay
unos 50 millones de personas que padecen demencia, y cada año se registran cerca de 10 millones
de nuevos casos”; a esto agrega que el Alzheimer representa un alto porcentaje de estos casos.
En Ecuador, según la fundación TASE (2018), se calcula que: “En la actualidad, en el país unos
130.000 adultos mayores tienen Alzheimer. Por cada una de ellas hay por lo menos siete familiares
afectados”. En una investigación sobre enfermedades neurodegenerativas en el Hospital de
Especialidades “Eugenio Espejo”, Andino (2013) concluye que: “El Alzheimer fue más común en
las mujeres (61% de casos), y el 84.6% de los casos se presentaron en personas mayores a los 70
años, con una edad promedio de 77 años” (p.76).
Estas cifras son muy alarmantes ya que además de provocar un gran efecto en la vida de
millones de familias que tienen que cambiar su rutina diaria, atravesar por varias hospitalizaciones,
costes en medicamentos, entre muchas cosas más; la sociedad también se ve implicada en las
grandes consecuencias del rápido agravamiento de esta enfermedad y su poca concientización;
este es un gran reto que tienen los distintos sistemas de salud, ya sea por prevenir, mejorar los
tratamientos o inclusive encontrar una cura para el Alzheimer.

Etiología

Las causas que provocan la enfermedad del Alzheimer son, hasta el momento indefinidas, aunque
se conoce que conllevan una falla en el funcionamiento de las células nerviosas cerebrales. Debido
a las variables que se pueden presentar en esta alteración, se han establecido posibles etiologías a
través de varias hipótesis que intentan explicar su proceso, sin embargo, aun no existe un
conocimiento total de esta compleja enfermedad. Está claro que para su aparición interactúan
muchos factores tanto genéticos como ambientales; es por ello importante la susceptibilidad
genética que a cada persona predispone a esta enfermedad, sin embargo, agentes externos serán
los responsables de aumentar o disminuir esta probabilidad.

Neuropatología del Alzheimer


 Consecuencias a nivel macroscópico

Se puede mencionar que macroscópicamente, el cerebro de un paciente con Alzheimer va


a sufrir una moderada atrofia global, con pérdida de masa cerebral de unos 300-500 gr. de
media. También existe una atrofia de la base de los lóbulos temporales, especialmente en
la circunvolución parahipocampal, donde se pierde las rugosidades de los glomérulos de
Arnold. Mientras que en los lóbulos frontal y parietal, se produce una atrofia por dilatación
de los surcos cerebrales. (Rodríguez, 2013, p.12)
Según Feria (2015): “La atrofia cerebral es la disminución del peso y volumen del encéfalo,
que se caracteriza por el incremento en el tamaño de los surcos y ventrículos junto a una
disminución en el grosor del córtex cerebral”.

Los sujetos con atrofia cerebral han presentado un óptimo desarrollo y funcionalidad de sus
estructuras cerebrales. Sin embargo, debido a varios factores, en un momento el cerebro empieza
a reducir su actividad. Las neuronas empiezan a perder la conexión entre ellas, originando así una
degeneración progresiva de las estructuras cerebrales (Feria, 2015).

Segovia (2014) menciona que: “La atrofia cortical es probablemente el tipo de atrofia mejor
estudiada; esta afección se caracteriza por afectar a las estructuras superiores del encéfalo y
provoca, principalmente síntomas cognitivos”. Además, menciona las siguientes consecuencias de
lesiones en los diferentes lóbulos:

Lóbulo temporal: Cualquier tipo de lesión o de atrofia en esta región suele causar los
síntomas más característicos de las enfermedades neurodegenerativas, ya que son todos
aquellos relacionados con los procesos de memoria y de pensamiento.
Lóbulo Parietal: La atrofia neuronal de esta región ocasiona serias alteraciones en la
capacidad para integrar la información sensorial, así como para comprenderla y darle un
significado.
Lóbulo Frontal: Entre sus principales funciones se encuentran las de desarrollar y controlar
la conducta, así como la producción lingüística y el pensamiento abstracto. Por lo tanto,
todas aquellas enfermedades neurodegenerativas que afectan a esta zona pueden
comprometer seriamente el correcto funcionamiento de estas tareas cerebrales.

Factores de riesgo

Un factor de riesgo muy decisivo es la edad ya que se conoce que, a mayor edad, existe mayor
probabilidad de padecer esta enfermedad. Según mencionan Brescané, Tomé y Morales (2016):
“En relación con la edad, las personas mayores de 65 años tienen un 10% de riesgo de tener la
enfermedad, mientras que el riesgo se eleva a casi el 50% en los mayores de 85 años” (p.12).
Además, al ser más longevas las mujeres, estadísticamente este sexo lo sufre en mayor cantidad.

Los factores de riesgo vascular también son muy importantes de controlar a tiempo puesto que
inciden de forma riesgosa en la aparición del Alzheimer. Entre estas enfermedades está la diabetes,
presión alta, colesterol alto, tabaquismo, u otras relacionadas con el corazón. Otros factores de
riesgo pueden ser antecedentes de golpes en la cabeza; se ha evidenciado que los mismos pueden
influir en un desarrollo futuro de la enfermedad (Alzheimer’s Association, 2016).

Etapas

La enfermedad del Alzheimer se va agravando con el paso del tiempo;


sin embargo, desde los primeros años las presencias de los síntomas se
hacen evidentes, a partir del diagnóstico de la enfermedad la persona
afectada vive un promedio de cuatro a ocho años, aunque algunos adultos
mayores viven 20 años o más (Alzheimer´s Association, 2016).

En los estados recientes, antes de que los síntomas sean detectados;


las placas y los ovillos se forman en las zonas correspondientes al
aprendizaje, memoria, pensamiento, planeación (Alzheimer´s
Association, 2018). Fuente: www.alz.org

Imagen 1: Etapa temprana del


Etapa temprana (leve), Fase I Alzheimer

Tiene una duración aproximada de tres años en el que se observa dificultades en cuanto a la
memoria, en especial la memoria reciente, en la memoria episódica (Brescané, 2018).

En las etapas leves a moderadas, las regiones cerebrales relacionadas a la memoria,


pensamiento y planificación desarrollan placas y ovillos, y como resultado se generan problemas
que ya afectan de cierta forma su vida laboral, social o familiar. Muchas personas son
diagnosticadas en esta etapa (Alzheimer´s Association, 2018).
Fuente: www.alz.org

Imagen 2: Etapa leve a moderada del Alzheimer

Síntomas Cognitivos
Ocasionalmente olvida algunas cosas, citas, nombres, palabras; estas pérdidas de la memoria a
veces pasan inadvertidas al ser bastante leves (Asociación de Familiares de Enfermos de
Alzheimer de Valdemoro, 2012).

En cuanto al lenguaje, la comprensión y el razonamiento se encuentran conservados; sin


embargo, existen problemas para encontrar las palabras precisas, asociado a la pérdida de la
memoria, por lo cual el uso de frases más cortas se vuelve común, al igual que el uso de ideas
mezcladas sin una relación directa entre ellas. Hay ligeras dificultades en la orientación
espaciotemporal, en la escritura (imprecisión), en el cálculo (manejo del dinero). En esta fase no
existen trastornos relevantes en cuanto a los gestos y movimientos aún puede realizar sus tareas
solo (puede conducir, se viste, come solo) (Alzheimer´s Association, 2016).
Síntomas Conductuales y Afectivos
El comportamiento y la personalidad del adulto mayor se ve comprometida; los cambios de humor
y carácter dificultan su trato, el enfado aparece cuando el paciente nota que pierde el control, las
relaciones sociales se vuelven más complicadas debido a las dificultades con la memoria y la
dificultad para adaptarse a nuevos entornos ambientales; las alteraciones en el estado de ánimo
como el desinterés, apatía (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Valdemoro,
2012).

Etapa moderada (intermedia), Fase II

La etapa moderada dura varios años (aproximadamente tres años) y es más larga, el daño en las
células cerebrales es progresivo y los síntomas se vuelven más notorios, dificultando la expresión
y el cumplir con las tareas rutinarias. Mientras la enfermedad avanza, el individuo experimenta
problemas en la personalidad, comportamiento y problemas reconociendo a su familia y amigos
(Alzheimer´s Association, 2016).
Síntomas Cognitivos
La memoria reciente se encuentra disminuida, olvida sucesos recientes como las comidas, acusa a
sus allegados y no asimila sucesos nuevos. Comienzan a surgir afasias (problemas en el lenguaje,
conversación enlentecida, repite frases), apraxias (problemas al vestirse, usar cubiertos) y agnosias
(perdida de la capacidad de reconocimiento), la coordinación se ve afectada, los movimientos son
lentos, pierde el equilibrio y surgen las caídas, temblores, contracturas (Brescané, 2018).
Con respecto a las demás funciones, se menciona:
La persona empieza a hacer acciones repetitivas rayando en lo obsesivo. Vagabundea, recorre
la casa por todas partes, ordena la ropa o los papeles varias veces al día, su mirada cambia. En esta
etapa, resulta obvio que la capacidad para el pensamiento abstracto y la habilidad para llevar a
cabo operaciones de cálculo desaparecen por completo. No pueden realizar operaciones sencillas,
aunque sí, tal vez, recitar de memoria las tablas de multiplicar (Brescané, 2018, p.1).
Síntomas Conductuales y Afectivos
Su carácter se presenta alterado o introvertido en situaciones sociales, la apatía se profundiza, el
embotamiento, la represión de emociones, miedos injustificados, insomnio, alucinaciones,
agresividad (Alzheimer´s Association, 2016).
Ya no es capaz de realizar muchas cosas, la dependencia con respecto a sus cuidadores aumenta,
necesitan supervisión constante (olvidan cigarrillos encendidos y más olvidos peligrosos), su
apariencia decae (lucen sucios y descuidados), riesgo de desorientación, tienen problemas en
controlar la orina y la deposición (Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de
Valdemoro, 2012).
Etapa avanzada (severa), Fase III

En las etapas avanzadas de la enfermedad de Alzheimer, la mayor


parte del córtex está dañada, existe muerte celular que provoca que el
cerebro se encoja y genera graves afecciones en cuanto a las relaciones
sociales (ya no recuerda a sus familiares, ni su propio reflejo en el
espejo), además pierden la capacidad de cuidarse a sí mismos
Fuente: www.alz.org
(Alzheimer´s Association, 2018).
Ilustración 3: Enfermedad de
Síntomas Cognitivos Alzheimer en etapa grave
En esta etapa se presenta una marcada afectación de las facultades
intelectuales, los síntomas se agravan a tal punto que no reconoce a sus familiares, ni a su propio
rostro en el espejo (prosopagnosia), además la perdida de la memoria se extiende a hechos pasados
y presentes, conservando la memoria emocional, se muestra desorientación temporo-espacial; en
cuanto al lenguaje, el paciente solo balbucea y repite palabras o frases (Brescané, 2018).
Síntomas Conductuales y Afectivos
Los cambios en el comportamiento se relacionan al humor impredecible (llora, grita), reacciones
incoherentes, no comprende explicaciones, se muestran profundamente apáticos, pasa por periodos
de comportamientos desinhibidos y agresivos, frecuente alteración del descanso y del sueño
(Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Valdemoro, 2012).

Se evidencia cierta pérdida de respuesta al dolor, la incontinencia urinaria y fecal se hace


evidente, combinado con temblores y crisis epilépticas, pierde las habilidades como tragar,
caminar, sentarse; por lo que requiere ayuda las 24 horas del día, pérdida de los reflejos excepto
los más primarios (Alzheimer´s Association, 2016).

Proceso de intervención:

Psicólogo clínico: se enfoca en estado afectivo, conductual y cognitivo relacionado con la


Psicoeduacion.

Neurólogo: se especializa en examen neurológico, estudio de imágenes cerebrales.

Psiquiatra: se enfoca alucinaciones , farmacológicos.


Diagnóstico

Los primeros pasos para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer son los siguientes:
Se sospecha que una persona tiene la enfermedad de Alzheimer cuando presenta síntomas de
demencia. Entonces, deberán descartarse otras enfermedades que puedan causar los mismos
síntomas, como problemas de la glándula tiroides, derrame cerebral y depresión. Generalmente,
la evaluación de la enfermedad de Alzheimer incluye pruebas de la memoria, análisis de sangre y
una tomografía del cerebro (Dominguez, Tournoy, Hartmann, Huth, Cryns, Deforce, Roebroek,
2005, p.50).

Los síntomas de la enfermedad de Alzheimer aparecen lentamente. Por lo general, las personas
al presentar cualquiera de los signos anteriormente mencionados, acuden inmediatamente a su
médico de cabecera. Sin embargo, este puede ayudarse de otros profesionales, como puede ser un
neurólogo, psiquiatra o psicólogo clínico, para obtener un diagnóstico adecuado. El psicólogo
estará en capacidad de evaluar apropiadamente tanto la memoria como las demás funciones
mentales. También podrá evaluar el estado de ánimo y el bienestar para detectar depresión u otras
enfermedades que pueden causar pérdida de memoria y confusión.

Lo importante es conocer al paciente y su entorno para saber cómo, cuándo y de qué modo hay
que dar el diagnóstico. Es importante brindar la información necesaria sobre la enfermedad de
acuerdo a la fase en que se encuentre, con el conocimiento de los síntomas y de las posibles
complicaciones que puedan aparecer (Launer, Andersen, Dewey, et al., 1999, p.64).

Tratamiento

Se han desarrollado múltiples tratamientos que actúan a nivel de neurotransmisores que


mejoran la cognición y la conducta, pero no disminuyen la progresión de la enfermedad. Estos
resultados son variables, algunos con mejor respuesta que otros. Los cuatro tratamientos
farmacológicos que se encuentran aprobados para el tratamiento de la enfermedad del Alzheimer
son donepezilo, rivastigmina, galantamina y memantina, con los cuales se ha logrado un beneficio
en etapa leve a moderada, mejorando el perfil neuropsicológico y neuropsiquiatrico. De igual
forma se pueden utilizar antipsicóticos o antidepresivos para el manejo del trastorno conductual o
del ánimo (Launer, Andersen, Dewey, et al., 1999).

En cuanto al tratamiento no farmacológico, este será de vital importancia debido a los


beneficios que otorga en el manejo tanto de síntomas cognitivos como del comportamiento. El
psicólogo debe identificar las causas reales por las que el paciente puede comportarse de cierta
manera; para así, poder adaptarlo a su nuevo estilo de vida, al nuevo entorno y actividades que
deba realizar, controlando aquello que represente un desafío u obstáculo, y que pueda resultar en
una conducta agresiva, temeraria por parte del afectado. Es importante también que haya una
anticipación a sus necesidades, para brindarle toda la comodidad posible, puesto que irá perdiendo
gradualmente su capacidad para expresarse (Juan Bandini, 2017).

Este tipo de intervenciones deben optimizar la cognición, la conducta y la función de las


personas con demencia. Por ello, todas ellas están destinadas a mantener y estimular las
capacidades preservadas del individuo, intentando conseguir la mejor situación funcional posible
en cada estadio de la enfermedad y con ello ralentizar el declive que pudiera generarse por factores
externos. De esta manera se logra incrementar la autonomía personal del paciente, estimular su
propia identidad y autoestima, minimizar el estrés y evitar reacciones psicológicas anómalas,
mejorar el rendimiento tanto a nivel físico como mental. Hay que procurar evitar el aislamiento, y
fortalecer las relaciones sociales. El tratamiento debe incluir a la familia cuidadora que representa
un importante recurso a lo largo del proceso (Brescané, Tomé y Morales, 2016).

Conclusiones

El Alzheimer al ser una enfermedad neurodegenerativa que se presenta en los individuos


especialmente de una edad avanzada, genera dificultades en cuanto al desenvolvimiento y la
autonomía de los adultos mayores en algunas de las tareas más básicas, afectando no solo su
memoria, sino también en su estado de ánimo, funciones ejecutivas, lenguajes, atención; incluso
llegando a desarrollar apraxias y agnosias, causando decaimiento en los ámbitos: laboral, social,
familiar. (Jaqueline Curay)

El Alzheimer es una enfermedad también conocida como demencia que puede empezar en
edades tempranas, causando un espectro de enfermedades degenerativas que causan al paciente
algunos síntomas como la pérdida de memoria, problemas del lenguaje y un comportamiento
impredecible. Gracias a que existe a un tratamiento farmacológico favorece al paciente a controlar
ciertos síntomas y sobre todo bajo el cuidado necesario y la atención que su familia lo preste para
llevar una mejor vida (Daniela Guijarro).
El Alzheimer produce una pérdida de masa cerebral de unos 300-500 gr. de media, a su vez
existe una atrofia de la base de los lóbulos temporales, especialmente en la circunvalación
parahipocampal, y en los lóbulos frontal y parietal, existe una atrofia por dilatación de los surcos
cerebrales. Por lo tanto, a nivel que la enfermedad va avanzando las consecuencias son más severas
en el paciente por lo tanto es recomendable mantener hábitos saludables para conservar el normal
funcionamiento de nuestro cerebro (Teylor Recalde).

Las enfermedades degenerativas, en este caso, el Alzheimer, afectan gravemente la vida de


la persona que lo padece. Se ha observado los cambios producidos en el paciente con Alzheimer
tanto a nivel fisiológico como psicológico, de manera que se pueda establecer un tratamiento
adecuado en dependencia de la fase en la que se encuentre la enfermedad. El trabajo del psicólogo
clínico será de suma importancia en este momento puesto que al tener en cuenta estos aspectos
fundamentales podrá hacer uso de herramientas y técnicas de su campo que provean una mejor
calidad de vida al paciente (Daniela Toalombo).

El Alzheimer es la causa más común de la demencia, que afecta de forma gradual varias áreas
de la corteza cerebral al producir una alteración en el funcionamiento neuronal, debido a esto, las
funciones tanto mentales como físicas del paciente se irán deteriorando de forma acelerada. El
apoyo de especialistas y de los familiares de los pacientes es vital especialmente en la fase grave
de la enfermedad (Alejandro Viteri)

Actividad de reforzamiento de aprendizaje


La resolución de la tabla será de la siguiente forma:

Fases de la enfermedad de Alzheimer


Fase leve Fase moderada Fase grave

Olvidos pequeños Amnesia anterógrada Pérdida grave de la memoria

Ligera dificultad en Apraxia del vestir Prosopagnosia


orientación y escritura agnosia para objetos

Desinterés/apatía Embotamiento afectivo Incontinencia


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