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EL COLEGIO DE MICHOACÁN- CENTRO ESTUDIOS GEOGRAFÍA HUMANA

TERRITORIO, TERRITORIALIDAD Y PRÁCTICAS TERRITORIALES


José Manuel Oyola Ballesteros Fecha: 16 junio 2019
ENSAMBLAJES DE TERRITORIOS EN PROCESOS DE DRT

Este ensayo tiene el objetivo de exponer algunos puntos clave para entender la formación
de los territorios como un proceso complejo en el que se ensamblan diversas formas de
sentir y apropiarse el espacio en un entramado de relaciones de poder. Esta forma de
entender el territorio da cuenta de procesos de exclusión e inclusión en el que ciertos
grupos sociales son privados, por otros, de poner en práctica sus estrategias de control sobre
espacios delimitados. Para esto, discuto las formas como se puedan entender la
territorialidad, el ensamblaje, la frontera y la DRT (des-reterritorialización).
Parto de la premisa de que el territorio no es sólo un instrumento de análisis, sino que
debe ser pensado como una realidad existente a través de procesos en donde se entrecruzan
diversas territorialidades. Por territorialidad, siguiendo a Sack (1991) entiendo el control de
un área y de las relaciones con los organismos y elementos no humanos. La referencia al
control de un área da cuenta de una dinámica de poder en la que diversos grupos se
encuentran y movilizan sus intereses para satisfacer sus necesidades y deseos. De manera
que la territorialidad específica hace referencia a quién puede hacer uso de los recursos que
hay en un espacio a través de estrategias que necesitan de comunicación para que los otros
entiendan sus límites mientas están interactuando o se movilizan (Sack 1991: 203).
Me llama la atención que Sack haga referencia a la relación de los humanos con los
organismos que no lo son. Algo que otros autores también hicieron referencia, en especial
Escobar (2010) y Haesbaert (2011) retomando a Bruno Latour. Pienso entonces que la
reflexión sobre el territorio o sobre la territorialidad debe marcar un punto de análisis en
donde las relaciones sociales vinculen eso actantes u objetos que inciden en la forma como
los grupos humanos se organizan en el espacio y se relacionan con él. Los recursos no son
sólo elementos que se pueden explotar para usufructo e interés del humano, sino que junto a
ellos se están entretejiendo un sinfín de relaciones entre muchos grupos; marcan entonces
un nodo de relaciones. Inclusive, podría llegar a pensar al territorio como un actor/actante
en sí mismo que se forma a través de la interacción entre grupos humanos.
Por su lado, Raffestin (1984) propone que la relación entre seres y cosas se produce en
el establecimiento de las territorialidades o en la unión de los territorios abstracto y
concreto. Aunque se me hace complejo separar el territorio en abstracto (campo
antropológico) y concreto (campo geográfico), es interesante que este autor piensa los
objetos como elementos que dinamizan las relaciones y la formación del territorio.
Pienso entonces que la territorialidad es un complejo de relaciones en el que se
encuentran actores humanos y no humanos que buscan estabilizar su nivel de acción o
agentividad para controlar la organización del espacio. Aparece un punto importante para
reflexionar, este es que la necesidad de controlar la forma como se organiza el espacio es
un elemento inherente a la necesidad de los actores para satisfacer sus necesidades y
mantener su bienestar –sin importar qué signifique esto-. Es por esto que muchos autores
han reflexionado sobre el origen natural o social de la formación de los territorios.
Al respecto de la tendencia humana a reclamar un territorio o apropiarse de un espacio,
Storey (2012) muestra preocupación por vincular los elementos naturales y sociales del
territorio y las territorialidades. No es cuestión de determinismos, sino de pensar cómo se
forman los territorios de manera híbrida (Haesbaert 2011). Muchos autores piensan que la
cuestión natural no es determinista ya que están presentes diversos ámbitos y niveles donde
se pueden tomar decisiones para actuar.
Hasta aquí, el territorio es un proceso en el que se relacionan diversas territorialidades.
Algo importante para pensar la formación del territorio tiene que ver con la historicidad de
las territorialidades y los tiempos durante los cuales éstas interactúan. Tenemos que
reflexionar entonces con las temporalidades y duraciones que tienen las relaciones de poder
en la interacción de territorialidades. La configuración entre grupos hegemónicos y otros
dominados necesita de una perspectiva diacrónica en la que se muestren los procesos de
origen de cada forma de pensar y actuar en el territorio. Sobre esto, Ramírez y Fernández
(2006), en su estudio histórico sobre la territorialidad del Altepetl, hacen una propuesta
bastante profunda sobre los encuentros entre diversas territorialidades y cómo el territorio
se reconfigura a partir de las relaciones de poder y las jerarquías de la época prehispánica y
colonial. De manera que el territorio y las territorialidades puedan ser útiles para leer la
historia de grupos específicos. Y no sólo la historia, sino que el territorio pensado como red
da cuenta de la interacción entre diversos espacios y diversos tiempos (Schneider y Peyré
2006).
Si bien ya he explicado las pistas para poder entender las territorialidades en la forma
como se viven y apropian los espacios. Ahora es útil entender cómo el territorio es un
ensamblaje tanto de territorialidades, como de escalas espaciales y ámbitos de la vida
social.
El ensamblaje hace referencia a la emergencia y multiplicidad de amplias conexiones
que redefinen lo socio-espacial como la composición de diversos elementos (Anderson y
McFarlane 2011: 124). A partir de esto, y en relación con lo que ya había dicho de la
territorialidad y el territorio, el ensamblaje es un punto de interacción entre los humanos y
los no humanos donde se reconfigura lo social, esto a partir de la distribución de agencias y
de la capacidad de acción de los grupos. Dicha reconfiguración de actores y objetos en un
territorio ensamblado conlleva a que existe una organización de los cuerpos y la fuerzas de
diferenciación dentro de la red de relaciones.
El ensamblaje es el momento de configuración de un territorio en el que diversos
actores se encuentran en un espacio y un tiempo determinado. Estos actores movilizan
consigo formas de pensar y actuar en el mundo las cuales se ponen en disputa o diálogo
frente a las de los demás. Hay que tener en cuenta que algunos actores tienen un radio de
acción local y otros cuentan con capacidad de acción en escalas más amplias, como la
nacional o internacional.
Un ensamblaje es entonces una red que se teje a través de las relaciones –positivas o
negativas- entre grupos diversos de actores sociales y objetos-actantes (Escobar 2010: 290).
Es el mismo Escobar (2010) quien plantea que la emergencia de estas redes en el
ensamblaje dan cuenta de la autocomprensión, autodefinición y autovalorización por parte
de los grupos humanos para generar el movimiento o sus estrategias. Al respecto, me
parece que este sentido de autocomprensión, autodefinición y autovalorización de los
movimientos sociales, si bien quiere darle voz y acción a los grupos dominados, puede
llegar a recaer en esencialismos. Esto porque a pesar de que hay una autoproducción, no se
puede desconocer que los procesos históricos y las coyunturas modifican la forma como se
tejen las relaciones de poder. Es decir, un movimiento social claramente pone sobre la
agenda los puntos que quiere negociar y los objetivos que quiere obtener, pero no se puede
desconocer que la forma como estos fines surgen es al calor de la disputa con los grupos
hegemónicos y sus intereses en coyunturas específicas. La heterogeneidad y la interacción
con los otros es lo que da sentido a la autoreflexión de los movimientos sociales, no es de
manera aislada que estos grupos analizan su posición en la correlación de fuerzas políticas.
Para pensar el territorio como un ensamblaje de actores globales y locales, Sassen
(2000) manifiesta que un nuevo orden se ha formado a través de la aparición de redes
internacionales de ONG’s, la privatización y la desnacionalización de los recursos y
empresas públicas. Es una nueva normatividad venida del poder privado que modifica la
acción del aparato gubernamental.
No es que el Estado quede relegado en el nuevo orden de la globalización. Más bien, al
ser el aparato estatal un dominio en disputa, los capitales privados han logrado permear de
manera más notoria el funcionamiento del poder público para así satisfacer sus intereses.
Los gobiernos siguen estableciendo leyes y pronunciando la forma como la autoridad, el
territorio y los derechos se deben configurar (Sassen 2008). Lo que sucede es que ahora,
por medio de la velocidad en la que se vinculan las escalas a través del ensamblaje, unos
pocos movilizan eficazmente sus estrategias para lograr sus objetivos.
Como parte del proceso de configuración del territorio y las territorialidades, los
ensamblajes espacio-temporales deben ser entendidos como dinámicas que no son fijas;
más bien están en constantes dinámicas en las que los mismos ensamblajes se pueden ver
amenazados. A este respecto, pienso que es muy importante tener en cuenta que a la hora
de analizar un territorio se observe cuáles son las temporalidades y espacialidades de las
relaciones entre los diversos actores, cuándo cambian o cuando se intensifican los
encuentros de diálogo o de conflicto entre los grupos.
Un aspecto clave que había mencionado páginas atrás tiene que ver con la formación
del territorio como un proceso de construcción de fronteras. Hay que tener en cuenta
primero cuáles son los aspectos que le dan unidad a un territorio y cuáles son los que dan
cuenta de su heterogeneidad. A partir de esto, podemos reflexionar sobre los lugares y los
momentos en que ciertos grupos sociales pueden participar o actuar históricamente. La
frontera, al ser un proceso vinculado a las relaciones dinámicas entre grupos en espacios
concretos, es tan modificable como el posicionamiento de alguno de estos grupos en el
marco de las relaciones de poder.
Las fronteras deben ser pensadas más allá de los límites de los Estados-nación o las
líneas que separan una región de otra. Si bien estos dos tipos de frontera son claves para
dinamizar las relaciones sociales en un territorio, no son la única forma para pensar los
puntos donde ciertos grupos no pueden actuar o interactuar (Grimson 2000). Al respecto, la
antropología clásica pensaba más en zonas de frontera y menos en líneas universales y
eternas. Para esto, los rasgos culturales permitían encontrar la frontera de un grupo con
otro, al mismo tiempo que la frontera y la interacción configuran las distinciones étnicas.
En la actual dinámica de globalización, la aniquilación del espacio por el tiempo ha
generado nuevos procesos de reacomodo o ratificación de las fronteras, esto debido a la
velocidad con que fluyen las personas, la información, las mercancías. Claro está, esta
misma globalización y privatización de las relaciones espaciales tiene como consecuencia
que el flujo de mercancías sea más abierto, mientras que el de personas es restringido cada
vez más.
Para finalizar, retomo la discusión sobre los procesos de des y reterritorialización para
entender el proceso dinámico en el que los territorios se configuran a través de las
territorialidades puestas en práctica por cada grupo social. En un primer lugar, la
desterritorialización se entiende como la incapacidad de un grupo para reivindicar y
satisfacer sus intereses en un espacio determinado. Dicho proceso de desterritorialización,
como la desvinculación de un lugar, siempre está afectado por la migración o la movilidad
de un grupo, la mayoría de las veces de manera forzosa. No obstante, a medida que un
grupo se desplaza está generando nuevas dinámicas de reterritorialización. Es así como los
territorios se configuran en una red centrada en la conexión de múltiples lugares y el
movimiento de diversos actores.
Así mismo, existe otro proceso de desterritorialización que no está ligado a la movilidad
de un lugar a otro. Aquí la lógica de reterritorialización por parte del grupo
desterritorializado es difícil de entender, por no decir que no existe. Autores como Deleuze
y Guattari mencionan en su primer teorema que toda desterritorialización es una
reterritorialización. Sin embargo, en este caso la desterritorialiación no está vinculada a la
expulsión de un lugar específico, como explica Haesbaert (2011). Un grupo es
desterritorializado por el hecho de vivir una precarización de sus condiciones básicas de
vida o la negación de su expresión simbólico-cultural –lo cual pienso que es un mismo
proceso y no se pueden diferenciar-. Lo cuestionable en este momento es entender cómo se
podría dar la reterritorialización por parte de ese grupo segregado. Si bien otro grupo está
reterritorializando el territorio –un grupo armado que llega, por ejemplo-, los grupos que
dejan de experimentar garantías en su vida no están siendo capaces de reterritorializar en un
primer momento. Para pensar que estén reterritorializando habría que suceder un
movimiento social que reposicione al grupo segregado en la dinámica de las relaciones
espaciales. En palabras de Haesbaert: “podemos afirmar que así como movilidad no
significa necesariamente desterritorialización, inmovilidad o relativa movilidad tampoco
significa de forma obligatoria territorialización” (2011: 208).
Pienso que los procesos de des o reterritorialización deben ser entendidos tanto en
términos culturales como en términos de relaciones de clase. Esto porque los procesos de
movilidad y territorialización que tienen algunos grupos empresariales hacen parte de un
fenómeno muy diferente al migrante que es expulsado de manera forzada de su pueblo
hacia una ciudad u otro país. Para estos casos, al igual que para la desterritorialización sin
movilidad, es necesario traer a colación otro tipo de conceptos que sean útiles. Pienso en el
término despojo y el uso que de él hace Harvey para pensar las nuevas formas de
imperialismo en el neoliberalismo. La noción de despojo es clave porque se sustenta en
aspectos espaciales y temporales, además da cuenta de relaciones de poder en donde los
grupos deben reposicionarse constantemente para garantizar su reproducción social.
Sin lugar a dudas, la comprensión de los procesos de territorialización y de formación
del territorio a partir de territorialidades en la actualidad es cada vez más compleja. Un
sinfín de procesos de escalas diversas se ensamblan y desembocan nuevos encuentros entre
actores sociales lejanos espacialmente. La invitación es que se hagan más lecturas
profundas de la interacción entre diversos ámbitos de la vida social en localidades donde se
ensamblan experiencias nacionales y globales. Al ubicar espacial y temporalmente un
proceso, es necesario observar las relaciones de poder y las dinámicas de despojo que
dinamizan la oportunidad de los grupos para obtener su bienestar. Aún más, la acción de
estos grupos por obtener su buen vivir en una comunidad debe ser rastreada en sus más
profundas raíces, desentrañar hasta dónde pueden llegar las consecuencias en el rizoma de
nuestra vida contemporánea global.
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__ (2000), Nueva geografía política. Un nuevo campo transfronterizo para actores públicos
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