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PRIIMER ENCUENTRO DE SOCIIOLOGÍÍA EN LA UAM,, 2007 PR MER ENCUENTRO DE SOC OLOG A EN LA UAM 2007
SOCIOLOGÍA RURAL:: NUEVOS O VIEJOS PARADIGMAS SOCIOLOGÍA RURAL NUEVOS O VIEJOS PARADIGMAS Armando Sánchez Albarrán1

Resumen: La sociedad rural ha cambiado y por lo mismo ha cambiado la manera en que los estudiamos y nos relacionamos con ese campo de estudio. El propósito de este trabajo es indagar respecto a si lo nuevo o viejo cuenta con capacidad explicativa o hermenéutica como para dar cuenta de las recientes problemáticas, teorías y conceptos al programa de investigación de la sociología rural en el contexto de la globalización. A finales de los ochentas, con el nuevo modelo económico, es posible constatar un cambio en los paradigmas más socorridos, cuya tendencia es, por una parte, hacia un programa de investigación abierto que ha influido en los nuevos temas de investigación con una fuerte tendencia a la realización de diagnósticos con una visión latinoamericana. Por la otra, desde un pesimismo generalizado, plantea una pérdida de importancia de la sociedad rural y se sugiere la sustitución de ésta especialidad por otras propuestas aún no acabadas. Introducción Frente a un entorno forzado por lo alto por la globalización y despedazado por lo bajo por los particularismos, víctima de un vertiginoso cambio han surgido explicaciones del mundo rural con un énfasis en la fascinación por aspectos novedosos, sin que antes se agoten las discusiones, acuerdos y desacuerdos en las comunidades de científicos respecto, por ejemplo, a lo viejo y a lo nuevo de los procesos sociales en el campo. El objetivo de este trabajo es indagar respecto a como se han incorporado nuevas problemáticas, teorías y conceptos al programa de investigación de la sociología rural. Al respecto sorprende la escasez de libros y artículos especializados sobre los cambios en el objeto de estudio de la sociología rural. No pretendemos reseñar todas las escuelas, corrientes y autores, sino únicamente enfatizar, a partir de algunos temas, que concepciones
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Profesor investigador del Departamento de Sociología, Grupo de Sociología Rural, de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Azcapotzalco. Correo: armando_sa2002@yahoo.com.mx

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vislumbran una respuesta que suponga una acumulación de conocimientos. Con esa meta trataremos de responder a la pregunta de ¿es el estudio de lo nuevo versus lo viejo de los temas de estudio de la sociología rural, el camino para avanzar en la construcción epistemológica y metodológica de las ciencias sociales? ¿Cuáles son las “nuevas” perspectivas de avance teórico y metodológico en el marco de la globalización? Los temas y autores abordados representan una muestra de los conceptos abordados por los estudiosos de la sociología rural y ciencias afines. De la capacidad explicativa se desprenderá la elección de autores a considerar. Desde la etapa de institucionalización de la sociología rural se le impuso, a éste especialista, un quehacer institucional ajeno a su objeto de estudio, que operó en vez de un programa de investigación propiamente dicho: el desarrollo rural, inducido desde el gobierno. El debate actual enfrenta a los partidarios de los “neo” y de los “pos” en las discusiones de la sociología rural, aunque, antes de intentar pretender que reúnan las situaciones nuevas en los esquemas viejos, nos parece más adecuado utilizar como mecanismo de contrastación recuperar los paradigmas y confrontarlos con la realidad, sin descuidar el contexto histórico. Por paradigma se entiende el conjunto de conceptos coherentemente estructurados utilizados por los especialistas; también supone que los especialistas se encuentran más o menos influidos por algunas corrientes aunque no se tenga un consenso total. Una de las consecuencias más visibles respecto al proceso de globalización o mundialización consiste en la disociación entre economía y cultura (Touraine, 1997). En el terreno socio cultural presenciamos, hoy día, una fragmentación de intereses, imaginarios y sistema de signos que desemboca en una crisis de identidades caracterizada por menos estado e identidades privadas o

comunitarias. Esas culturas fragmentadas ocasionarán modificación en algunos termas de análisis: los nuevos movimientos sociales, la nueva ruralidad, el neo feminismo o la neo ecología (González, 1999). Sin embargo la tarea parece ser la discusión respecto a los atributos que diferencian los nuevos y viejos problemas.

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En su lugar, existen estudios económicos, políticos y sociales cuyo objeto de estudio de lo rural coinciden con los análisis de otros especialistas (Paré. 1997). Desde la interdisciplina se trabaja con programas de investigación plurales entre cuyas características podemos enumerar las siguientes: 1.Son

democráticos, ya que no hay ninguna instancia que imponga los temas de investigación, sino que son producto de la discusión entre pares; 2.- Permiten ajustes y adaptaciones a las realidades específicas de cada país; 3.- sus actores participan en redes motivadas, más por la afinidad y la compatibilidad, que por compromisos formales o institucionales2. Por otra parte es posible observar dos tendencias en los estudios sobre el campo: 1.- elaboración de un discurso más latinoamericano, independientemente del tema de estudio de que se trate; y 2.diversificación de esquemas explicativos que más bien se complementan. Es muy probable que la mundialización /globalización y las instancias promotoras del libre mercado, y de la desigualdad, están logrando quizás, sin quererlo, una América Latina más unida, al menos desde el terreno de la investigación. El nuevo modelo globalizador es parte de un proceso de modernización, aún en proceso en América Latina, pero que se diferencia del modelo de las teorías de la posguerra ya que utiliza nuevas miradas teóricas y metodológicas. En efecto, el desarrollo incontenible de las fuerzas productivas sobre las relaciones de producción, impacta igualmente en los enfoques para analizar los impactos en la sociedad rural latinoamericana; lo que requiere de un programa de investigación “abierto”, susceptible de constatar en las temáticas de: los programas de estudio, de revistas, proyectos de investigación de los centros de estudio, temas y mesas de congresos. Una de las características principales en los contenidos de lo considerado como lo nuevo en el ámbito de estudio rural lo constituye unas de las modalidades del modelo económico, a saber: la dimensión espacial y temporal que tiende vislumbrar aspectos cercanos a fenómenos propios de la

posmodernidad (Croizier y Friedberg, 1990; Castells, 2001; Beck, 2006).

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La consecuencia de dicho proceso concluye con un abandono paulatino de paradigmas “fuertes” a otros, que podríamos calificar de “débiles”. En los primeros existe una noción de causalidad a partir del presupuesto de una noción de estructura; estructura social, en el estructural funcionalismo o estructura económica, en el marxismo (Sánchez, 1991).

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1.- Los sujetos académicos de la sociología rural y la tardía institucionalización. Ddesde el inicio de la institucionalización de la sociología rural, a principios de los años setenta, hubo un desarrollo débil en su programa de investigación, en cambio surgió un programa de investigación “fuerte”, de interdisciplina de temas, relacionados con lo rural y más específicamente con el fomento del desarrollo rural a cargo de las instituciones públicas3. La institucionalización4 de ésta especialidad, propiamente dicha, acontece hasta los años setentas, en la capital del país en la Universidad Autónoma de Chapingo, en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Universidad Autónoma metropolitana, y principios de los ochenta, en las universidades de provincia5 (Sánchez, 1992). De esta manera tenemos programas de estudio, profesores y alumnos involucrados en dicha especialidad6. Sin embargo si por programa de investigación de sociología rural entendemos una construcción teórica con un objeto de estudio bien definido7. La realidad es que ha existido una combinación de antropología social, sociología norteamericana, en su versión desarrollista (Marroni, 1999) y sociología marxista, desde el análisis de la cuestión agraria (Hewitt. 1988). En cierta medida varias de éstas corrientes fueron recuperadas parcialmente por la ecología cultural (Hewitt. 1988; Díaz-Polanco, H (1999).

Nota: sobre la definición de programa de investigación se trata de un cuerpo teórico y conceptual más o menos coherente que permite la comunicación entre colegas que utilizan los mismos conceptos y herramientas metodológicas de análisis en función de la constrastación y validación de la información 4 Por institucionalización, de ésta especialidad, entendemos la existencia de: planes de estudios, organización de profesionistas, publicaciones especializadas. Sin embargo, también ha influido poderosamente, desde fuera del ámbito académico, la necesidad de promotores del desarrollo agrario que requerían las instituciones públicas. 5 A diferencia de lo que sucede en los Estados Unidos donde su institucionalización surge por los años treinta con el surgimiento de las primeras escuelas con la especialidad en sociología rural, revistas y organizaciones especializadas (Newby, 1988). 6 Lo mismo sucedió desde quienes imparten la sociología rural, con frecuencia tienen una formación a fin: antropólogos sociales, economistas agrícolas, historiadores, abogados o ingenieros, por lo que ello ha contribuido también a mantener una formación difusa de esta especialidad. 7 Respecto de lo ambiguo de la definición de rural, que se refiere a territorio y su confusión proviene de la mala interpretación de Zorokin y Zimmerman, con el surgimiento de la sociología rural en Estados Unidos en los años 30, a los conceptos weberianos de comunidad y sociedad que ellos lo cosifican y lo traducen en pueblos y ciudades, y de ahí la división rural y urbano (Newby, 1988).

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Desde la etapa de surgimiento de las especialidades en sociología se le impuso, al sociólogo rural, un quehacer institucional ajeno a su objeto de estudio, que operó en vez de un programa de investigación propiamente dicho: el desarrollo rural. En todo caso, de los sesentas a los ochentas, el oficio del sociólogo rural tenía que ver más con el tema de la cuestión agraria, lo relativo a los efectos económicos, políticos y sociales del proceso de reforma agraria, así como las políticas agrícolas, es decir, el desarrollo rural propiamente dicho, es decir, la relación Estado-campesinos y todo lo que ello supone8. Haciendo un paralelismo, en los Estados Unidos la iglesia, las organizaciones de granjeros y las instituciones públicas influyeron poderosamente en la agenda de investigación de la sociología rural en su etapa formativa que incidió en la escasa producción teórica (Newby, 1988). El otro criterio para hablar de institucionalización es el contar con una revista especializada, la cuál no existe en sentido riguroso9, sin embargo tenemos las aportaciones de investigadores, en los que predomina la interdisciplina: desde estudios de caso, desde algún enfoque en particular, y sobre todo temáticas relativas al análisis de alguna política agraria, agrícola o social, como dan cuenta las revistas: de Cuadernos Agrarios en la segunda época concluyó en 2004; publicación de las memorias de eventos rurales, como en el caso de las publicaciones de la AMER; Estudios Sociológicos, del Colegio de México; El Cotidiano, Revista Mexicana de Sociología; Nueva Antropología. En las publicaciones anteriores, no es posible distinguir una fuerte producción teórica a partir de la sociología rural, sino que lo que tenemos son trabajos muy dispersos, desde la interdisciplina, de lo que podríamos denominar una agenda abierta de investigación de problemas rurales (Ver cuadro 1). En México, tampoco existe una organización “ad hoc” de este tipo de especialistas, más bien en la práctica cada investigador participa en congresos y
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Ésta última perspectiva se relacionó de inmediato con las actividades propias del desarrollo rural a cargo de las instituciones estatales: capacitación, sensibilización, organización, planificación, promoción, extensión, supervisión o evaluación. Por otra parte, si quienes contratan a los sociólogos rurales provienen de otras carreras, diferentes a la sociología: abogados, agrónomos, médicos, economistas, ingenieros o veterinarios impondrán, desde su capital cultural, los criterios, conceptos, indicadores de análisis de lo rural. 9 A excepción de la revista: Sociología Rural, editada por la Universidad Autónoma de Chapingo, aunque habaría que decir que buena parte de los artículos se refieren a temas de desarrollo rural.

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se adhiere de manera pragmática a alguna red plural de estudios específicos, que son abordados de manera interdisciplinaria, por ejemplo migraciones, género, familia, campesinos, indígenas, agrarios, agropecuarios, crédito, política,

docencia, historia agraria, políticas públicas, organizaciones no gubernamentales entre otros temas de interés. Muchos de ellos coinciden únicamente en un punto, comparten algo de lo que se denomina vagamente rural o del campo. Quizás, en parte, debido a que el ámbito de análisis es demasiado heterogéneo y disperso de modo que permitiera una mayor intercambio de éste tipo de especialistas. Los sujetos académicos que hacemos la sociología rural somos académicos, fundamentalmente, y que compartimos la investigación con otros profesionistas procedentes de diversas especialidades; antropólogos, economistas agrícolas, expertos en problemas agrarios; biólogos y ambientalistas, que investigan, tratando de dar respuesta a viejas y nuevas preguntas del universo de lo rural10. Los esfuerzos de investigación se coordinan desde la academia o centros de investigación mediante equipos, académicas, departamentos, grupos o áreas de investigación con algún nivel de organización, formal o informal, y con algún mínimo de reglas, escritas o vividas, que regulan su actividad. En realidad lo colegiado opera relativamente poco en nuestro continente, sin embargo existen ejemplos organizativos, que operan vía la constitución de redes informales o formales de investigación colegiada, integrada incluso, por especialistas de diversos países. En muchas lo que motiva la investigación es más bien el interés particular de algún investigador individual, que el de un grupo o cuerpo colegiado. El peso de la investigación corre a cargo, en primer lugar, de centros de investigación que cuentan con recursos propios (estructura organizativa, financiamiento, espacios físicos) como: El Colegio de México, el Instituto de Investigaciones Sociales, Antropológicas y Económicas de la UNAM, FLACSO, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Colegio de la Frontera Norte, entre otros. En segundo lugar, con menos recursos, encontramos los esfuerzos de
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En ocasiones también se trabaja, codo a codo, con: funcionarios gubernamentales, empresarios, técnicos agropecuarios, extensionistas, líderes (agrarios o indígenas), maestros rurales, organizaciones no gubernamentales. Pero de manera muy especial, en el trabajo de investigación empírica, con familias y personas del campo, que en muchas ocasiones llegan a ser más que un objeto de estudio, con nombre y apellido, pero también con importantes cuestionamientos a nuestro quehacer.

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investigación de las universidades públicas: la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma de Chapingo, la Universidad Autónoma Metropolitana o la Escuela Nacional de Historia y Antropología y muchas de las universidades de provincia. En tercer lugar, se puede señalar las investigaciones que se realizan desde el ámbito oficial: en primer lugar los estudios de la CEPAL, o de la Sagarpa, INEGI, Banco de México, el Consejo Nacional de la Población o de cualquier otra institución, cuyos resultados posteriormente son publicados. Por último se pueden señalar los Congresos Internacionales y nacionales cuyo tema es el campo. Éste es quizás el lugar de encuentro por excelencia de los especialistas del campo. En América Latina, se puede señalar además de ALAST, ALASRU, LA AMER, en Brasil, recién se realizó un congreso de estudios rurales. Aunque el Banco Mundial, la CEPAL o FLACSO cuentan con equipos de investigación para tratar los problemas de investigación en el continente americano, los investigadores provenientes de universidades y centros de investigación públicos también cuentan con equipos para analizar dichas problemáticas, aunque los recursos para investigación no son comparables. Como se puede apreciar en el cuadro 1, la institucionalización de la sociología rural predomina una visión de desarrollo rural, más que de sociología rural debido a intereses extra académicos o institucionales en virtud de la carencia de organización de cuerpos académicos desde la sociología rural con capacidad para generar espacios autónomos de investigación. Lo anterior se puede constatar en los programas de estudio, carencia de revistas y organizaciones. Además la investigación, es definida más bien desde la perspectiva interdisciplinaria del desarrollo rural que desde una óptica sociológica.

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Entidad

CUADRO 1 Institucionalización de la sociología rural Esc. y Esc. y Posgrad. y Posgrs. progrs.de Progrs de Progre. Desar. Sociol. Desarrollo. Sociol. Rural Rural Rural Rural SI

Revista s

Instit. Investig.

Aguascalientes UAA Baja California UABCN Baja California Sur Campeche Coahuila UAN, Coah Colima UC Chiapas UACh UNAM Chihuahua UACJ Distrito Federal UNAM UAM-A UAM-I UAM-X INAH Durango Guanajuato Iberoamericana Guerrero UAG, Chil. UAG, Acap. Hidalgo Jalisco UG México Inst. Dr. Mora UAEM Chapingo Michoacán Morelos UAEM Nayarit Nuevo león UANL U de Monterrey Oaxaca UJV Puebla UNICA Querétaro UAQ Quintana Roo San Luis Potosí Sinaloa U de Occidente UAS UA Indíg. de Mex. Sonora US Tabasco UJAT Tamaulipas Tlaxcala UAT Veracruz Univ. Ver. Xal. Univ. Ver. Ori. Yucatán ICSM Zacatecas TOTAL

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Fuente: Propia partir de las páginas electrónicas de cada universidad.

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2.- EL PREDOMINIO DEL MODELO HEGEMÓNICO DE CONOCIMIENTO INSTRUMENTAL En las ciencias sociales, posterior a la crisis de paradigmas de los años ochenta, predomina un modelo hegemónico de conocimiento instrumental cuyo principio de demarcación se sustenta en la causalidad, como en el caso de la economía (recuperado por la agronomía y las ciencias básicas), en detrimento de un modelo fincado en la comprensión, en la hermenéutica, propio de la sociología o la antropología. Sin embargo, en las ciencias sociales, como lo sugiere Wieviorka, es quizás preferible hablar de mundialización, en lugar de globalización más referido a procesos económicos, en la medida en que se captan procesos sociales, políticos y culturales (Wieviorka, 2003). La mundialización / globalización supone hablar del proceso de desbordamiento del capitalismo financiero, que actúa como un centro geoespacial del imperialismo, sobre el capitalismo industrial el cual opera gracias a las políticas monetaristas y con ello: el retiro del gasto público, del crédito y del estado de la economía. El nuevo modelo, conlleva enormes consecuencias en la política, la sociedad y la cultura (McMichael, Philip, (1997). Lo que entra en colisión en conflicto entre la sociedad industrial y la sociedad de la información son: las reglas, instituciones, nacionalismos y sujetos que participaban en la regulación de la sociedad; y su transformación hacia la sociedad informatizada, modifica las escalas de tiempo y espacio

desencadenando secuelas que amenazan con modificar las visiones del mundo rural y los programas de investigación. Ese cambio se traduce, en términos sociológicos, en procesos de: desarticulación social y familiar; ruptura de sistemas sociales, políticos y administrativos; en adelante rige el libre mercado y la liberalización de los procesos de producción lo que se traduce en procesos de desocialización, despolitización y debilitamiento de las mediaciones políticas y de los mecanismos de integración social (Touraine, 1997). Ello también diluye las conquistas laborales y concesiones sociales otorgados por gobiernos

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intervencionistas: las luchas centradas en el trabajo y la fábrica. Por el contrario, parafraseando a Marx, el nuevo orden económico mundialista hace a un lado las ataduras extra económicas, jurídicas y políticas, aumentando las desigualdades y la exclusión social, exacerbando, al mismo tiempo, nuevas formas de reacción en países subdesarrollados en donde dichos efectos son más brutales. Aunque la mundialización representa una fuerza de dominio, no es posible hablar de una clase dominante, ya que, como bien lo aclara Touraine: “porque no está representada por una categoría de actores reales; pero constituye el polo dominante en la relación social asimétrica, desigual, entre la economía globalizada y las culturas fragmentadas” (Touraine, 1997)

3. MUNDIALIZACION Y CIENCIAS SOCIALES Desde mediados y fines de los años ochenta las ciencias sociales franqueaban por una crisis de paradigmas, que coincidió con el fin del socialismo real. La situación anterior provocó una desconfianza generalizada en la utilización de teorías y conceptos, que indujo a la recuperación de otras teorías y explicaciones alternativas. En palabras del sociólogo francés Michael Wieviorka: “El mundo ha cambiado tanto en los últimos treinta años, que todos nosotros en las ciencias sociales tenemos que redefinir, primero, nuestros objetos, segundo nuestros paradigmas y, tercero, los contornos o los límites de nuestras disciplinas, la manera cómo se articulan entre si y cómo se articulan, quizá, con otros campos del conocimiento, fuera de las ciencias sociales en el sentido estrecho de la palabra” (Wieviorka, 2003: 116). Siguiendo a Touraine (1990) la mundialización es una desmodernización (Bordieu) de manera internacional como en el plano local, tanto a los actores sociales organizados como a los individuos particulares. La desmodernización es un rompimiento entre el sistema y el actor, es decir, la desinstitucionalización y la desocialización (Touraine, 1997) Además, afirma que: “…flexibilidad,

competitividad, reconversión, ocultan una multitud de vidas quebradas” (Touraine, 1997). En el principio de siglo vivimos en una etapa de transición entre la desmodernización y la posmodernidad, sabemos lo que dejamos, pero no

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podemos apostar con certidumbre hacia un futuro cierto, hacia la esperanza (Giddens, 1988; Bartra, 1988; Solé, 1998).

4.- LO NUEVO Y LO VIEJO EN LOS PARADIGMAS RURALES El problema de “lo nuevo” depende del criterio de demarcación respecto al énfasis en desentrañar cuáles son los nuevos problemas no resueltos. Más que agregar el adjetivo “nuevo” a los concretos se requiere primero encontrar la correspondencia entre el fenómeno real y el concepto. En los últimos veinte años se han incorporado nociones como actores sociales, sujetos sociales, agentes sociales, capital humano, capital social o capital político, sin embargo no hay consenso respecto a la utilización entre los investigadores. En la sociología rural incluso se desprende de los nuevos conceptos hasta la posibilidad de abandonar la sociología rural, o la antropología social, o la economía agrícola por propuestas novedosas como la ecosociología ola nueva ruralidad. En adelante realizaremos una mirada a varios de ésta disciplina: los nuevos movimientos sociales, la nueva ruralidad, la nueva migración, el empoderamiento y la ecosociología.

4.1 LOS NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES La mundialización introduce la contradicción entre el individualismo y el comunitarismo. En apariencia en la sociedad de la información no hay conflictos ni actores centrales, sin embargo, en esencia en ella existen relaciones de dominación y conflictos. El ciudadano se separa de la capacidad de productor o trabajador ya que ahora se desarrolla en el consumo de servicios en la esfera de lo informático, tecnológico o comunicativo. Pero se trata de otros conflictos sociales que incluso pueden contener rasgos negativos (Gledhil, 1997). Algunos de los movimientos altermundistas pueden ejemplificar cierto tipo de acciones sociales de nuevo tipo. En cambio los neocomunitarismos se generan como resistencias por la defensa de la identidad: movimientos fazcistizantes, o integrismos religiosos, étnicos y nacionales (Alberoni, 1991; Flores, 2004) El análisis de los movimientos campesinos e indígenas encontramos suficientes ejemplos de una reflexión global latinoamericana que da cuenta de la

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aparición de 1) nuevos actores en escena como: ecologistas, feministas o indígenas, entre otros, 2) algunos elementos novedosos en el análisis son no únicamente las reivindicaciones materiales, sino la aparición de otras de carácter simbólicas o de valores que tienden hacia la búsqueda del bienestar social y la defensa de valores comunitarios nacionalistas. James Petras elabora un balance de las movilizaciones campesinas e indígenas de un nuevo campesinado en Brasil, Bolivia, Paraguay, Colombia, Chile, Argentina y México (Petras, 1998; Graciano da Silva, 2002). Una de las nuevas características del movimiento rural latinoamericano consiste en que muchas organizaciones rurales han rebasado las fronteras de la lucha en sus respectivos países para dirigirlas hacia instancias en las cumbres de la OMC o el Banco Mundial. De esta forma los movimientos alter globales han cobrado importancia organizaciones que luchan en contra de los efectos de la globalización con la lucha, por ejemplo de: Vía Campesina, el Movimiento de los sin Tierra, el Ejecito Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas (Petras, 1998; da Silva, 2002; da Silva, et. al., 2000; Harnecker, 2002; Sánchez, 2004) El Movimiento de los sin Tierra, su lucha es interclasista y plantea demandas económicas, políticas y socioculturales que van más allá de la tierra (Petras, 1998; da Silva, 2002; da Silva, et. al., 2000; Harnecker, 2002), en Bolivia se gesta una lucha liderada, en parte por la Central Obrero Boliviana, pero también por una ancestral lucha indígena por la tierra y por el libre comercio de la coca, pero también enfrentan las medidas neoliberales impuestas por los Estados Unidos (Petras, 1998; Zúrita, 2002; García, 2002), en Perú participó el grupo guerrillero Sendero Luminoso, con influencia maoísta, apostó por el apoyo de campesinos indígenas. Sin embargo opuso, a la violencia militar, una estrategia de autoritaria, violenta, sectaria y excluyente, razón por la cual ha sido combatida con violencia por la fuerzas armadas (Ezcárzaga, 2002; Montoya, 2003), en tanto en Colombia operan las Fuerzas Armadas de igualdad y libertad; ideológicamente reivindica valores

Revolucionarias de Colombia mantiene a sus bases en la población campesina y luchan por la reforma agraria la transformación democrática, aunque no guardan mucha relación con otros sectores urbanos (Petras, 1998). Como puede

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apreciarse, con estos pocos ejemplos, las luchas rurales en América Latina son complejas, pero al mismo tiempo, suponen un reto de los estudiosos por responder a interrogantes que se encaminen hacia la búsqueda de una América unida que sepa responder mejor a los efectos nefastos de la globalización (De Oliveira, 1998; C. de Grammont, 1995). Algunos de los esquemas de interpretación recuperan las propuestas analísticas de Touraine, Melucci y Clause Offe y la teoría de la movilización de recursos; Tilly. Sin embargo, justo es reconocer que dichas propuestas de análisis parecen no ajustarse del todo a nuestras realidades que requieren de herramientas teóricas y conceptuales que den cuenta de las movilizaciones alter globales protagonizadas por una nueva sociedad civil global (Croizier y Friedberg, 1990; Castells, 2001; Beck, 2006). Como bien indica Touraine el problema de la conceptualización de los nuevos movimientos sociales consiste en que en varios de ellos existe algo de viejo y algo de nuevo, así que la tarea consiste en identificar si su existencia actual obedece a características del contexto económico, político y sociocultural actual. De este modo pueden existir criterios para establecer la diferencia entre uno y otro. 4.2 LA NUEVA RURALIDAD El tema de la nueva ruralidad ya es una constante en los estudios latinoamericanos, la mundialización y el desarrollo tecnológico reducen los límites espaciales y temporales permitiendo redimensionar las nociones de lo urbano y lo rural hacia la denominada nueva ruralidad. Se pueden enumerar algunos rasgos de los cambios en el paisaje rural de principios de siglo: menor distinción entre lo rural y lo urbano en lo referente a los mercados de productos y servicios, así como en los mercados laborales y en los patrones residenciales; transformaciones en las actividades agropecuarias, en particular en la crisis productiva que afecta al mercado interno y al externo, por la baja competitividad; modificaciones en la composición demográfica de las unidades domésticas rurales que ha llevado al aumento en la edad de los jefes de familia de ejidatarios y comuneros, pero también al aumento en el número de mujeres con título ejidal; aumento en el dominio de la agro industria y el encadenamiento vertical de la misma lo que ha ocasionado un aumento en la desigualdad en el mercado de la tierra;

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modificaciones en las estrategias de ingreso de los hogares rurales que han sido presionados hacia la multiactividad y a las actividades no agropecuarias, sin un aumento en el mejoramiento de la calidad de vida; aumento de la migración internacional, en particular la integración entre mercados laborales transnacionales y un aumento en el envío de remesas a los hogares; incremento de actividades no agrícolas en zonas rurales como en el caso de la industria manufacturera de maquila o el agroecoturismo; transformaciones de la estructura de empleo en los mercados de trabajo locales y regionales. En efecto dichas modificaciones son reales, y son consecuencia del proceso de mundialización, pero también es cierto y aún no forma parte de la agenda de investigación, que lo anterior significa una desintegración social y pérdida de identidad en las zonas rurales. En América Latina se puede destacar los congresos internacionales sobre nueva ruralidad realizados en Colombia. Encontramos dos posiciones teóricas: Una que apuesta a las reformas institucionales que medien entre globalización y adecuen las formas de producción y de vida en el campo (Harry Clemens, Raúl Rubén y Luis Llambí); Otra que espera cambios más estructurales, de formas de organización y producción en el campo. Proponen la producción orgánica y un modo de vida ecológico y sugieren un re poblamiento del espacio rural que evite las migraciones (Daniel Hiernaux, Thierry Linck y Guillermo Torres Carral). Riella y Romero han señalado más bien que la nueva ruralidad es más bien “una mirada distinta sobre la vieja ruralidad latinoamericana (…) Todo parece indicar que este concepto es en especial una forma distinta de percibir los espacios rurales y sus problemas contemporáneos, y no necesariamente la emergencia de nuevos fenómenos” (Citados por Grammont, 2004: 279-300)) Desde una perspectiva crítica, Arias (2005) señala que en el discurso de la nueva ruralidad existe el peligro de afirmar que las sociedades rurales se han adaptado rápidamente a las necesidades del mercado y a las políticas neoliberales (Ramírez, 2006); Por su parte Blanca Rubio sostiene que: 1.- la nueva ruralidad no explica históricamente las causas estructurales de los procesos que describe; 2.- las preguntas se enfocan al espacio, dejando a un lado las relaciones sociales de producción que también se expresan como relaciones de

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poder (deja de lado exclusión de los productores, la marginalidad productiva de la agricultura, el aumento de la migración y la descomposición de unidades productivas); 3.- considera la relación campo-ciudad como una dualidad que se desvanece y no como una contradición ya que la subordinación de la industria al campo se profundiza. La autora concluye que el proceso de desagrarización caracterizado por la caída de ingresos de origen rural: “…esconde un proceso de desvalorizaicón de los alimentos básicos y con ello de extracción de valor a los productores rurales; el cual ha sido impulsado por las grandes transnacionales alimentaira con apoyo de los gobiernos de los países desarrollados” (Rubio, 2006: 77) Por otra parte la lucha de resistencia de los productores para insertarse en el proceso económico se expresa como la búsqueda de la diversificación de actividades económicas que tienen como propósito hacer frente a la caída del valor de sus productos, sin embargo la nueva ruralidad habla de “pluriactividad”. Desagrarización y pluriactividad no deben ser contemplados como la búsqueda de oportunidades de inversión por parte de los productores, sino como una actividad defensiva, de sobrevivencia, ante la exclusión económica y social a la que han sido arrojados (Rubio, 2006).

4.3 LAS NUEVAS MIGRACIONES La mundialización ha ocasionado que resulte cada vez más difícil situar al individuo en una escala de calificación y de autoridad, o como lo dice Touraine “ya que lo define mejor su posición en un mercado sus posibilidades de manejar el cambio o, al contrario, de ser victima de él” (Touraine, 1997). Esto mismo sucede con el migrante quien enfrenta una realidad económica muy adversa en su país de origen (bajos ingresos, disminución de las prestaciones sociales y de apoyos productivos por parte del estado lo que agrava la crisis agrícola), pero se ve obligado, contra su voluntad, a salir a otro país con un alto costo económico y psicológico. Existe una causalidad económica, fruto de la exclusión a la que lo lleva el nuevo modelo económico, pero también utiliza mecanismos extraeconómicos como las redes sociales; una cultura migratoria

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expresada en un “hábitus”, en ocasiones es parte de un “ritual de paso”, pero todo esto es parte integrante de un proceso de desocialización y de vidas quebradas de familias disfuncionales. Como parte de los nuevos fenómenos migratorios se puede mencionar el fenómeno de las comunidades transnacionales caracterizado por la doble ciudadanía que no significa aculturación e integración, sino más bien se trata de un proceso de ida y vuelta manteniendo su presencia en ambas sociedades y culturas. El problema de averiguar si el transnacionalismo era una nueva perspectiva analítica o más bien era un fenómeno novedoso, fue resuelto por consenso entre la comunidad de estudiosos ya que ahora era posible reconceptualizar un conjunto de experiencias distintas. Así pues los analistas reconocen que la sociedad informática ha hecho sus aportes ya que los adelantos en las tecnologías de transporte y comunicaciones han transformado

cualitativamente el carácter del transnacionalismo inmigrante convirtiéndolo en un intercambio mucho más dinámico y cuyos aportes culturales juegan un papel importante, como en la tendencia hacia la empresarialidad y el análisis de la segunda generación cuyas características son: comunidades estrechamente unidas y con gran diversidad de recursos, promoción entre los jóvenes de una aculturación selectiva y un alto nivel de autoestima con una fuerte orientación hacia el éxito (Portes, 2006) Los procesos migratorios internos e internacionales abarcan ya a todo el continente, su importancia es ya global debido a las desiguales relaciones nortesur. Las migraciones internacionales hacia Estados Unidos provenientes no únicamente de México y Centro América, sino de otras partes del sur del continente permiten hablar incluso de las migraciones transnacionales. En el análisis observamos la utilización de herramientas conceptuales derivadas de diversos marcos conceptuales con el propósito de poner a prueba su rigurosidad. De esta forma algunos autores recuperan la teoría de las estrategias de reproducción de los grupos domésticos (De Oliveira, Pepin y Salles, 1989); la teoría del capital social o de las redes a partir de RICHARD MINES(1981), de MASSEY, ALARCÓN, DURAND Y GONZALEZ (1991), dicha propuesta se

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aproxima mucho a la definición weberiana de comunidad. Estas redes dan origen a circuitos migratorios de circulación de personas, de información, de dinero y de bienes (Durand y MASSEY,2003:32) y pueden generar nichos laborales “étnicos” dominados por los migrantes de determinada región o nacionalidad; Por su parte la teoría de la causalidad acumulada sugiere que las transformaciones económicas, sociales, y culturales causadas por la migración en las comunidades expulsoras reproducen a escala ampliada la tendencia a la expulsión. (Durand, y Massey, 2003: 37); La Teoría de las Comunidades Transnacionales se refiere a los campos sociales construidos por los migrantes en el tiempo y el espacio, en ocasión de su desplazamiento y asentamiento, como los circuitos migratorios transnacionales. Algunos de sus exponentes son: Luin Goldring (1992), Richard Rouse (1994), Peter Smith (1994) y Michael Kearney (2000) en Estados Unidos y Canadá, y Miguel Moctezuma (2000) y otros en México.

4.4 LA SOCIOECOLOGÍA La cuestión ambiental y la agroecología ante la degradación del capitalismo de los recursos naturales y el hombre surge una crítica que cuestiona el orden económico internacional y nacional existente y propone alternativas que parten de una crítica global tanto a la lógica capitalista dominante y hacia la recuperación de la calidad de vida (Pardo, 1988; Redclift, 1989). El análisis de la relación entre sociología (rural) y medio ambiente ha generado en los últimos treinta años importantes aportaciones en el estado de la cuestión sobre este tema, que parece llevar hacia la consolidación de la sociología ecológica, sin embargo las soluciones a los problemas ambientales parecen alejarse e incluso surgen nuevos desafíos como el cambio climático y sus secuelas, la disminución de la capa de ozono y los impactos negativos de la biotecnología (Toledo, 1989; Redclift y Woodgate, 1997). La crítica formulada que hace Blanca rubio (2006) a los nuevos temas del desarrollo rural sustentable son las siguientes: substitución de las relaciones sociales de producción por el territorio como el espacio visible donde confluyen los sectores sociales sin cuestionar las relaciones de poder, dominio, subordinación y explotación. El enfoque agroecológico substituye la contradicción entre el campo

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de la ciudad y la agricultura de la industria como un territorio en el que se borran dichas diferencias. El rechazo a la visión productivista por la visión territorial se encamina a impulsar la multifuncionalidad de los productores en un contexto de exclusión productiva, dependencia alimentaria y sometimiento al poder de unas pocas firmas agroalimentarias transnacionales (Rubio, 2006).

5.- Extinción o transformación del campesino: utopía o pesimismo La sociología rural tiene la tarea, implícita, de indagar respecto a la vialidad de una utopía que se pregunta sí un mundo mejor es posible, en el camino de la modernidad, o bien, si se trata de constatar una travesía a la posmodernidad y, con ello, al surgimiento de valores, símbolos y prácticas sociales

neoconservadoras; o en dar cuenta de los resabios de una sociedad premoderna o aferrada a la tradición y al autoritarismo (Sánchez, 1991) Desde la vertiente pesimista, los datos duros, parecen dar la razón a quienes consideran que los campesinos y los indígenas “son una especie en peligro de extinción”, ya que la población rural ha ido descendiendo. De ser mayoritaria a principios del siglo XX, a guardar un equilibrio con la población urbana, hasta llegar a ser en el siglo XXI, únicamente casi un cuarto de la población total. Lo mismo sucedió en los Estados Unidos en la década de los años cincuenta en la que la población rural fue superada por el poder de las agroindustrias. En el otro sendero, el de la utopía, el de la unidad de los actores sociales en América Latina y en el mundo encontramos las experiencias de organización de los campesinos, productores (grandes, medianos y pequeños), mujeres, indígenas, jóvenes, académicos, etcétera en agrupaciones que traspasan las fronteras de sus respectivos países y comienzan a pensar, hablar y actuar, como sujetos de una nueva sociedad civil global; constituyendo redes de organizaciones democráticas e incluyentes; pero que luchan contra un enemigo común: el capitalismo global. Ese gran enemigo común les permite dirigir sus baterías contra el monopolio de las empresas transnacionales en la producción y

comercialización. Con lo anterior tenemos un replanteamiento de la lucha de

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clases, pero desde una escala internacional, aunque con novedosos esquemas de presión. Hoy en día parece que nos encontramos ante una disyuntiva: la de reconocer que el campo de desarrollo teórico y empírico de la sociología rural, así como de su objeto de estudio, se ha diluido hasta el punto en que parecería innecesaria dicha especialidad; o bien, dar la razón a aquellos que consideran que, en parte gracias a la interdisciplina, el campo teórico y empírico de la sociología rural se ha potenciado y lo que se requiere son mayores consensos respecto a la nueva fisonomía que adquiere ésta especialidad. Frente a visiones catastrofistas del fin de los campesinos y del objeto de estudio de la sociología rural, existen sin embargo, otras perspectivas que encuentran retos, de incorporar nuevas problemáticas; como en los casos de nueva ruralidad o la relación global-local o las nuevas teorías sobre la migración, por citar algunas; así como posibilidades de desarrollo teórico y conceptual, que estimulan la llamada “imaginación sociológica rural”, parafraseando a Writh Mills y que son teorías, conceptos y técnicas que forman ya parte del “habitus” en el oficio del sociólogo rural. Deteniéndonos, un breve instante a observar las demandas, aunque heterogéneas, nos percatamos de la identificación de problemas y tendencias comunes entre países tan diversos. En temas de la sociología rural observamos fenómenos como la globalización o mundialización que genera nuevos problemas afrontados en ocasiones con nuevos conceptos, pero sin nueva teorización y enfoques metodológicos que contrasten los nuevo de lo viejo, que sin embargo, tiene consecuencias políticas y sociales en temas como los movimientos sociales, la nueva ruralidad, las migraciones, el feminismo o la ecosociología. Por otra parte encontramos una “Latinoamericalización” de problemas compartidos, en este sentido los especialistas en problemas del campo percibimos una especie de “programas de investigación abiertos” que indagan respecto a cuáles son las tendencias del capital global, cómo se comporta la agricultura y cuáles son sus efectos en la economía campesina; cuáles son los alcances o limitaciones de los movimientos sociales en ese nuevo contexto; cómo impactan las políticas

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neoliberales en el aumento o decremento de la calidad de vida, en la pobreza; cuáles son las nuevas formas de participación política y social de los actores sociales. Los problemas, teorías y conceptos, antes con templados, al interior de cada país, ahora son compartidos por una red de científicos sociales en Congresos y Foros internacionales.

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