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~ trada en el análisis de los supuestos del conocimiento científico, la Episte-


mología, que tarde o temprano acabaría llamando la atención de los más
}.;pedor f'::e.dv,'CoJ e Ív"fOd ~ Y~rl'Cl:JJ'. inquietos historiadores. En el caso germano, la teoría deDroysen pasó rela-
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tivamente desapercibida entre los historiadores alemanes coetáneos y fue
desarrollada a la muerte del historiador prusiano por su colega y filósofode
la universidad berlinesa Wilhelm Dilthey (1833-1911). Éste, a quien se con-
sidera el primer especialista germano en Epistemologia propiamente dicho,
convirtió la teoría de la "comprensión" en el punto de partida de una ambi-
2.1.4. Los historiadores y la Epistemología ciosa "crítica de la razón histórica". Dilthey vio en ella la clave por excelen-
cia del conocimiento propio de las "ciencias del espíritu", Geisteswissens-
El interés de los historiadores por los criterios epistemológicos de la chaften, un vocablo con el que se refería a la Psicologiadescriptiva,la Etnología,
Historia, en cierto modo ha nacido con el propio oficio, pero sólo ha cobra- la Economía política, la Religión, el Derecho, la Ética, las ciencias del Estado "j
s-,

do una relativa importancia cuando ha sido necesario justificar su trascen- y la Historia, entendida esta última a modo de biografía (Introducción a las
dencia intelectual frente a otros dominios intelectuales o, incluso, criticar los Ciencias del espíritu, 1883).Sinembargo, tampoco Diltheyfue objeto de aten-
paradigmas de la propia profesión. En sus primeros balbuceos, ese interés ción inmediata por parte de los historiadores de su país. ·'"l
ha surgido de la convicción más o menos explícita de que este oficio no se
agota en absoluto en una actividad erudita o conocimiento de técnicas de
tratamiento de las fuentes, sino que se basa en determinados supuestos que A) Las controversias tradicionales
sirven de apoyo a la veracidad de los métodos de investigación histórica. En
la propia obra de Ranke no es raro hallar consideraciones epistemológicas Como indica un reciente ensayo sobre la materia, desde la obra de los
dispersas sobre las particularidades de la Historia, con las cuales el autor autores citados hasta los años sesenta del siglo xx, los tres temas clásicos de
justifica sus investigaciones. Es bien conocido igualmente el dato de que reflexión epistemológica sobre la Historia han sido los siguientes: en primer
durante una buena parte de su trayectoria profesional, Droysen impartió cur- lugar, el que ha suscitado la más insistente controversia, que el problema -ya
sos de "Histórica" en las universidades de Jena y Berlín (de ahí nació su tra- planteado por Droysen y Dilthey- sobre la compatibilidad o no entre la inves-
bajo Resumen de Histórica en sus versiones de 1857-1858 y de 1882). En tigación histórica y la lógica generalizadora de otras ciencias; en segundo
ellos pretendía mostrar de modo sistemático, descendiendo incluso hasta lugar, el tema de la causalidad y el determinismo históricos; y por último, el
los fundamentos del conocimiento, los rasgos de la propia disciplina de la problema más amplio -relacionado con los anteriores- y en el que los histo-
Historia (se sirvió del vocablo "Histórica" -Historik-, una expresión relati- riadores se han sentido más cómodos: la relación genérica entre la Historia
vamente técnica, para referirse a sus rasgos metodológicos y formales). En y las ciencias sociales. Desde la década de los setenta los epistemólogos pro-
su interés por tales fundamentos, Droysen elaboró una teoría sobre las rela- fesionales, ayudados de ciertos intellectual historians, han desarrollado un
ciones entre el historiador y la individualidad e irrepetibilidad de los fenó- nuevo repertorio de temas basado en la importancia del lenguaje, la bús-
menos históricos que denominaría "comprensión investigadora" para dife- queda de estructuras narrativas dentro del discurso y los problemas que plan-
renciarla de la lógica de las ciencias naturales. Esta teoría pasa por ser la tea la identidad del sujeto. A la postre, esta reorientación ha contribuido a
primera de las formulaciones de la hermenéutica histórica de los dos últi- marginar el primero de los temas mencionados (Roldán, 1997: 141).
mos siglos (la captación de la interioridad de los fenómenos históricos a tra- En este apartado interesa examinar cuál ha sido el comportamiento de
vés de sus manifestaciones). los historiadores profesionales ante la reflexión epistemológica más que pro-
Sin embargo, a excepción de Droysen, las primeras generaciones de his- ceder a una detallada exposición de los rasgos formales de sus principales
toriadores no sintieron apenas la necesidad de plantearse de manera cohe- manifestaciones (aunque en ciertos casos resulta fundamental conocer por
rente el problema de los supuestos del conocimiento histórico. Para ellos, la qué a ciertos epistemólogos les ha interesado especialmente el conocimiento
alianza con la erudición y el interés por la historia nacional fueron suficientes histórico) .
garantías de la práctica historiográfica. No obstante, en las últimas décadas Ante todo, se ha de subrayar que la reflexión epistemológica en la pluma
del siglo se asistía al surgimiento de una nueva especialidad filosófica cen- de los historiadores ha reflejado con cierta nitidez las vicisitudes de la pro-

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pia disciplina. Hasta los años setenta, su atención hacia los mencionados temas sofía de la Historia". Con ello daba a entender que se asistía a una renova-
de la Epistemologia ha tenido un claro carácter polémico e instrumental, y se ción de este últimotema gracias al renovado interés aportado por la Episte-
ha dejado guiar con mucha frecuencia por los trabajos de los propios filóso- mologia (lggers, Powell, 1990: 119). Croce, por su parte, lo explicaría abier-
fos. Sin embargo, el debate sobre la singularidad o proximidad del conoci- tamente en su ya mencionada Teoría e historia de la historiografía. A su juicio,
miento histórico a otras disciplinas, en el caso de los historiadores no se pue- el único significado aceptable de la denominación "filosofía de la historia"
de desligar completamente de los intentos de afianzar la importancia y el sería el de "exigencia de una elaboración de éste o aquel problema históri-
prestigio social de la profesión. De ahí que, a los ojos de ciertos epistemólo- co"; "filosofíade la historiografía".
gos, sea un lugar común considerar que aquéllos tienden a "descuidar" los Efectivamente, en las postrimerías del siglo XIX se había suscitado el pri-
problemas epistemológicos de su propia disciplina. Pero esta valoración sólo mer debate epistemológico surgido en la profesión, el cual pronto adquirió
es correcta en parte. Desde finales del siglo XIX han existido discusiones entre una dimensión internacional y conectó con otros que tuvieron lugar transcu-
los propios historiadores, ayudados por determinados filósofos, en las que rrida la Gran Guerra. En él se midió por primera vez la actividad de los his-
han tenido un importante protagonismo esos argumentos epistemológicos. toriadores ante las nacientes ciencias sociales, las cuales disponían de un
En las últimas décadas, la proliferación de grupos de historiadores y su ámbito académico mucho menos seguro que el de aquéllos, pero se valían
mayor capacidad de polémica, junto con los problemas que entraña el para- de una capacidad polémica tan o más importante que la de los propios his-
digma cultural y microhistórico (Capítulo III),hacen que los profesionales toriadores. Dicho debate se inició casi al mismo tiempo en Alemania y en
estén mucho más atentos a la Epistemología que antaño, y que se invoquen Francia, en torno a 1893-1894;en el primero de los casos, a raíz de la recep-
otros autores y otras referencias. Esta situación se ve favorecida por el hecho ción de la Historia de Alemania de Lamprecht en las páginas de la Historiscne
de que se consideren temas clave cuestiones como, por ejemplo, la reduc- Zeitschrift; en el segundo, con la edición de La Historia considerada como cien-
ción de la escala de la investigación o el modo en que el lenguaje y las imá- cia (1894) del publicista Paul Lacombe (1834-1919). A comienzos de siglo
genes influyensobre la realidad social. Este inusitado empeño en la reflexión tales polémicas ya gozaban de una repercusión internacional.
epistemológica, constatado por algunos de los mejores conocedores de la Los directores de la referida publicación germana, Friedrich Meinecke y
historiografia reciente (Novick, Noiriel), entraña un lenguaje profesional con Georg von Below (1858-1927), habían interpretado la Kulturgeschichte de
un alto grado de equivocidad; impulsa a servirse de un vocabulario filosófi- Lamprecht, caracterizada por un notable eclecticismo (Capítulo 1),como un
co envuelto en la ambigüedad. Sin embargo, no está tan claro que esto sea ataque frontaldel positivismo occidental a la tradición idealista de la otra ori-
algo negativo, tal y como aseguran algunos autores. La figura del "historia- lla del Rhin.Ambos se mostraron absolutamente contrarios a la tesis de que
dor-epistemólogo" tampoco constituye un fenómeno completamente nuevo. la Historia fuese una ciencia tan capaz de generalizaciones como la que más
Los intelectuales que participaron en el debate internacional en las primeras -aunque sin la rigidez de las ciencias naturales-, tesis que defendía el men-
décadas del siglo, como Berr, Xénopol, Croce o Huizinga,en cierto modo ya cionado profesor de Leipzig (Iggers, 1983: 179-199).Además, en 1899, año
la presentaban. en que Lamprecht hizo su última réplica, los responsables de la Hisioriscbe
El relativodesinterés de las primeras generaciones de historiadores euro- Zeitschnft vieron ratificadas sus posiciones con la aparición de una obra des-
peos y norteamericanos hacia la Epistemologia ha comenzado a modificar- tinada a tener cierto predicamento en el gremio alemán, al menos, hasta los
se a finales del siglo XIX. Esto se debe a la aparición de una serie de obras años treinta:la Ciencia cultural y Ciencia natural, del filósofoneokantiano Hein-
escritas por filósofos,sociólogos, economistas e, incluso, algunos historiado- rich Rickert (1863-1936), entonces profesor de la universidad de Friburgo.
res heterodoxos, que reflexionaronsobre las ciencias sociales y dudaron seria- Su ensayo tenía la particularidad de que••proporcionaba argumentos
mente de que los resultados eruditos y los rasgos formales de la historiografia epistemológicos a la tradición rankiana, justificando ese "método indivi-
coetánea contuviesen suficientes criterios de veracidad o, sencillamente, sir- dualizador" que los historiadores asociaban a la "concepción germana de
viesen para lograr un auténtico conocimiento de los fenómenos sociales. A la Historia". Rickert sostenía que la actividad de éstos implicaba un expre-
partir de ese momento, a los historiadores no les quedó otro remedio que so manejo de conceptos más que una vaga identificación espiritual con las
acompañar las polémicas sobre el "método histórico" con el recurso a la re- tendencias de la época -es decir, con las fuentes-, como había mantenido
flexión epistemológica. El historiador Ernest Bernheim (1850-1942), autor en Ranke. Sin embargo, el filósofo también defendía que esos conceptos nada
1889 de un voluminoso Tratado del método histórico, el más importante en su tenían que ver con la lógica de las ciencias naturales. Según él, pertenecían
género, ya en la edición de 1903 amplió el subtítulo con la frase "y de la filo- a unas nuevas ciencias ajenas a la tradición aristotélica, las "ciencias cultu-

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¡,r
rales" (Kulturwissenschaften), cuyo rasgo básico consistía en su capacidad tema de los "tipos ideales" hubo de esperar varias décadas para que fuese
para aprehender los fenómenos individuales. Como filósofo neokantiano, recuperado por los historiadores de ese país como motivo de reflexión epis-
Rickert sostenía, además, que esa lógica individualizadora procedía, a su temológica, sobre todo, a través de los ensayos de Theodor Schieder (1908-
vez, de la relación de tales conceptos con una serie de valores de carácter 1984) en los años cincuenta y sesenta (Carreras Ares, 1990: 97; Pasamar, 1991:
intemporal tales como la religión, el derecho, el Estado, la ética, el arte o la 232; Ringer, 1995: 155-156,219). Entre los historiadores sociales alemanes,
ciencia, ante los cuales el estudioso debía mantener una escrupulosa neu- la influencia de Weber se acabaría mezclando con otras variadas y caracte-
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tralidad (Iggers, 1983: 152-169). rizadas por la dimensión "explicativa" de sus argumentos, como las teorías
Pocos años más tarde, Max Weber (1864-1920), que también había ejer- de la modernización o el materialismo histórico (Capítulo III).
cido la docencia en Friburgo hasta 1897, emprendería la primera reflexión Durante la etapa de Weimar, el Historicismo halló nuevos argumentos de
profunda sobre los conceptos de la investigación social llevada a cabo en Ale- apoyo, pero esta vez no vinieron directa o exclusivamente de la Epistemolo-
mania, y para ello se inspiraría en algunos de los argumentos de su colega gía, sino de una reflexión intelectual más amplia, no sólo germana. En reali-
Rickert. Su conocido artículo "La objetividad del conocimiento en las cien- dad, las teorías sobre la lógica interpretativa de la Historia, después de que
cias y la política sociales", para el Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpo- las formularan Droysen, Dilthey y Rickert, habían recibido un nuevo espalda-
litik (1904), fue un compendio de sus críticas a las tradicionales Wissenschaf- razo en los años anteriores a la Gran Guerra de la pluma de Benedetto Cro-
ten, a las que consideraba todavía bastante influidas por la metafísica y la ceo Los planteamientos sobre las relaciones entre la Filosofía y la historiogra-
tradicional Filosofia de la historia. Su concepción de los "tipos ideales", que fía formulados por este napolitano de adopción tuvieron una influencia
desarrolla en el citado ensayo, significó un notable esfuerzo por dar con una internacional que se prolongó más allá de su muerte. Se habían gestado len-
base racional con la que justificar la capacidad generalizadora de la investi- tamente desde finales del XIX, bajo la influencia, primero, de Marx y Vico y,
gación social-y, por extensión, de la historia económica y social-o Supuso, poco después, de Hegel; y habían dado sus primeros pasos de la mano de
así, un rechazo del desgastado tópico del "espíritu del pueblo" del que solí- sus estudios de Estética. Según Croce, no existía ninguna diferencia episte-
an servirse los políticos y economistas para justificar los estudios y las decí- mológica entre la Filosofía y la Historia; la Filosofía constituía "el momento
siones económicas. Era igualmente una crítica a todos los planteamientos de metodológico de la historiografia"; el progreso de una iba unido al de la otra,
carácter psicológico o individualizador en los que se habían empeñado los y las categorías filosóficas eran' 'los conceptos directivos de la interpretación
epistemólogos alemanes para examinar aquellas disciplinas. La influencia de histórica". Por lo tanto, los escritos históricos vendrían dados por el acto de
Rickert le suministró, incluso, una notable baza para justificar la importancia pensamiento del estudioso capaz de captar los grandes problemas del pasa-
del "método científico", pero Weber rechazó por completo el concepto kan- do a la luz de las experiencias del presente (Teoría e historia de la historio-
tiano de una esfera de valores intemporales que aparecía tan acentuado en grafía, 1915-1916). El argumento serviría de justificación a lo que Croce deno-
ese filósofo (Hughes, 1972: 226). minó durante los años del fascismo "historia ético-política" que, a su vez,
La teoría weberiana de los "tipos ideales" tuvo cierta acogida inmediata constituyó una de las reflexiones políticas que propiciaron la reorientación de
en el terreno de la investigación social y de la historia económica entre auto- la historiografia de su país hacia los estudios de historia moderna y contem-
res relativamente heterodoxos. El economista y antaño socialista Werner Sorn- poránea (Capítulo HI). De modo más genérico, al margen del estricto plan-
bart (1863-1941) se inspiró en ella en su Moderno Capitalismo (1902-1908), teamiento de esa "historia ético-política", el mencionado argumento episte-
Y el especialista en historia del Derecho, Otto Hintze (1861-1940), publicó mológico encontró el asentimiento de bastantes historiadores coetáneos de
tempranamente un estudio sobre la historia del funcionariado (1911), tam- otros países. ~
bién de inspiración weberiana. Ahora bien, las propuestas de Weber, inclu- En Alemania la influencia de Croce se vino el. incorporar, como una más
so tras su fallecimiento, fueron rechazadas, junto con las de Sombart, por los entre otras, a un problema intelectual que provenía de la necesidad de actua-
directores de la Historiscbe Zeitschnft. Below, en concreto, las atacó en varias lizar las tesis rankianas después de la caída del Imperio alemán. La cuestión,
ocasiones con el argumento de que conducían a emancipar la historia eco- tal y como la formularon los dos autores que la abordaron desde una pers-
nómica de las tradicionales Wissenschaften -en particular, de la historia cons- pectiva filosófica e historiográfica, Friedrich Meinecke y su colega de la uni-
titucional- y la colocaban en la órbita de la Sociología. Este historiador veía versidad de Berlín, el político y teólogo Ernst Troeltsch (1865-1923), era la J
en esta última un dominio pretencioso y materialista contrario al espíritu de
especialización y al sentido idealista atribuido a las disciplinas germanas. El
siguiente: tras la desaparición del régimen político que se creía la encarnación
de la historia y del idealismo alemanes, ¿qué criterios justificaban la concep- 1
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ción de una Historia basada en la inagotable individualidad y sentido ideal de económicas -en las que veía "el efecto de una constitución de fuerzas psí-
los fenómenos? Como lo glosaba el propio Troeltsch, ¿de qué argumentos quicas", al estilo de Taine-. El individuo y el acontecimiento, aunque pudie-
intelectuales y morales debía de dotarse el Historicismo para salvarse del ran formar parte de ella, sólo se referían a la Historia considerada como "arte" ,
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relativismo cultural? (El Historicismo y sus problemas, 1922); dicho de otra (Allegra, Torre, 1977: 120-122). Los argumentos defendidos por los durkhei- i~

manera: ¿en qué supuestos intelectuales se apoyaba la importancia otorga- mianos a través de su revista L 'Année Sociologique (fundada en 1897-1898), !
da a la tradición rankiana? No se trataba de una cuestión relacionada estric- se inspiraron en esa idea: la "historia historizante", la que sólo examinaba los
tamente con la Epistemología; incluso puede decirse que tanto Troeltsch como individuos y los acontecimientos, no podía ser una ciencia. ;)
Meinecke dieron un paso atrás respecto a Rickert -y, por supuesto, respec-
to a Weber- en el reconocimiento de que el historiador debía servirse de
conceptos. Lo que se discutía era un tema mucho más amplio que invitaba a
Para entonces, la réplica de los historiadores iba a contar con un inesti-
mable aliado, el historiador y filósofo rumano Alexandru Xénopol (1847-1920).
Su obra Los principios fundamentales de la Historie (1899; ampliada en 1908
If
la revisión de la filosofía alemana y de la tradicional noción de "historia uni- con el título La teoría de la Historiey, fue recibida con enorme simpatía entre
versal" (Weltgeschichte). Troeltsch, en concreto, rechazaba los planteamien- los autores franceses, ya que proponía una vía intermedia entre el "método
tos de Rickert y de Weber e intentaba parcialmente una vuelta a las consi- individualizador" de los autores alemanes y la Sociología. Constituyó objeto
deraciones rank:ianas y diltheyanas: las categorías del pensamiento histórico de discusión, incluso, en el Congreso de Ciencias Históricas de París de 1900.
no serían conceptos propiamente hablando, sino más bien "totalidades indi- Para Xénopol era errónea la oposición entre la Historia y las ciencias natura-
viduales" que sólo podían describirse una vez se había captado su interiori- les característica del pensamiento germano. Según su propuesta, que guar-
dad. La justificación última de dichas categorías, lo que las libraba del relati- daba ciertas deudas con las doctrinas evolucionistas, entre el "individuo" de
vismo, consistía en que eran propiamente revelaciones divinas, de modo Bernheim y Rickert, y la "ley sociológica", se hallaba "la serie", una noción
parecido a lo que había sostenido Ranke. que juzgaba la más apropiada para garantizar el carácter científico de la His-
También Meinecke planteó la reflexión epistemológica con argumentos toria. Su importancia estribaría en su capacidad de conservar la individuali-
sobre la "comprensión", aunque no siguió a Troeltsch en su reivindicación dad de sus integrantes pero, a la vez -argumentaba el rumano-, sería un ele-
de la metafísica. El codirector de la Historische Zeitschnft concibió sus obras mento general, ya que recrearía la idea de una sucesión de los fenómenos a
históricas como una ldeengeschichte, inaugurando un género de historia inte- través del tiempo (Allegra, Torre, 1977: 120-122; Carbonell, Livet, 1980: 223-
lectual, adversario de la historia social, que ha sido el más importante de los 225; Erdmann, 1987: 32-33). Sin embargo, Xénopol fue un crítico de la Socio-
surgidos en Europa en la primera mitad del siglo xx. Para el Meinecke pos- logía, un defensor de la importancia de la historia política; llegaba a ver en
terior a la Gran Guerra, las categorías historiográficas eran las "ideas direc- ésta, incluso, la manifestación de la "historia general de las sociedades huma-
trices" individualizadas con las que debía identificarse el historiador, pero nas".
no necesariamente siempre fuerzas "ético-políticas". En algunos casos y, La obra que publicara en 1911 Henri Berr, La Síntesis en Historia. Ensayo
sobre todo, desde el siglo XIX, según Meinecke, éstas podían constituir fuer- crítico y teórico, se considera un empeñado intento de conciliación entre los
zas negativas, como el militarismo, el nacionalismo o la democracia de masas. historiadores y los durkheimianos que tuvo mucha más fortuna que el autor
La visión meineckiana de la historia reciente estuvo, en definitiva, completa- rumano. La había comenzado en 1900 con la fundación de la Revue de Synthé-
mente influida por esta distinción (Capítulo III)(Hughes, 1972: 175-181; Iggers, se Historique y la continuó en la época de entre guerras con iniciativas toda-
1983: 188-193,207-222). vía más ambiciosas. Berr rechazaba los intentos de reducir la Historia a la
En Francia el debate del cambio de siglo no poseyó entre los historiado- Sociología, pero al mismo tiempo también concedía una buena parte de razón
res el carácter de cerrada defensa que presenta el caso alemán. Tampoco se a los críticos de la "historia historizante". Igualmente, otorgaba que el estu-
vieron exactamente ante la disyuntiva de escoger entre el "método indivi- dio de los hechos individuales y de los acontecimientos no podía constituir
dualizador" y la "comprensión" o, en su caso, las ciencias sociales. La antes por sí mismo la base de la Historia como ciencia. En ese sentido, la "síntesis
mencionada obra de Paul Lacombe, que se considera la iniciadora de la polé- histórica" era una primera propuesta interdisciplinaria, un "método" aplica-
mica ya comentada, representó el punto de vista de los primeros sociólogos ble a las distintas ciencias sociales, a la Historia y a las especialidades histó-
ante la disciplina de la Historia. Para ellos, ésta sólo podía ser una ciencia en ricas -incluida la historia política-, que recuperase el valor científico supues-
la medida en que se la entendiese como Sociología. Según Lacombe, la apo- tamente ausente de aquella "historia historizante". En la época de entreguerras
yatura científica de la Historia venía dada por la referencia a las instituciones la "síntesis" desempeñaría uri notable papel a la hora de servir de apoyatu-

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ra para la reivindicación de la historia económica y social y, como es sabido, a favor y en contra del "relativismo" de una serie de historiadores nortea-
los argumentos de la escuela de los Annales sobre la interdisciplinariedad se mericanos -los "progresistas"- y de fIlósofos europeos entre los que se haila-
han inspirado de alguna manera en la propuesta berriana (supra.). ban Croce, Dilthey;Rickert y Troeltsch, haciéndose eco de modo refractado
En realidad, esa escuela asentó durante varias décadas una manera de de las polémicas europeas (Novick, 1992: 262-263).
abordar la reflexión epistemológica marcadamente pragmática e instrumen- Entre los autores anglosajones, el único que ha desarrollado una reflexión
tal, e interesada en justificar la estrategia del oficio. Sus representantes más prolongada en el tiempo desde comienzos de siglo ha sido el británico y tam-
importantes consideraron que la reflexión sobre la Historia era un asunto que bién especialista en historia intelectual John B. Bury (1861-1927). Entendido
no debía guiarse por los problemas de los epistemólogos profesionales (Noi- en estudios clásicos, Bury saltó a los de historia intelectual moderna y con-
riel, 1997: 99). Esta opción no ha venido, obviamente, de una supuesta caren- temporánea esforzándose al mismo tiempo en una fundamentación episte-
cia de filósofos de peso, sino más bien del desinterés -incluso, la aversión- mológica de la disciplina. Sucedió a lord Acton en la cátedra de Historia
de Bloch, Febvre y Braudel hacia la ñlosoña profesional. También ha sido debi- Moderna de la universidad de Cambridge en 1903 con un conocido discur-
da a que la más importante obra de Epistemología histórica publicada en so sobre "La ciencia de la Historia" y escribió diversos ensayos sobre el tema
Francia en la posguerra fue un intento de repensar y difundir los argumentos hasta culminar en su clásico La idea del progreso (1920). Sus planteamientos
de las tradiciones de la hermenéutica europea (Dilthey, Croce, Collingwood) se dirigían a justificar los supuestos epistemológicos de la profesión de his-
acometido por el polifacético filósofo e historiador, próximo al catolicismo toriador, el carácter de "ciencia" de la Historia frente a la tradición whigque
liberal de la conocida revista Esprit, Henri-Irénée Marrou (1904-1977). Éste la tenía por un "dominio de la literatura", según había escrito Macaulay seten-
colaboró esporádicamente en la Revue Historique con una "crónica de meto- ta y cinco años antes en su ya citado artículo "History" (Capítulo 1).
dología histórica" (1953, 1957) Yadquirió notoriedad con una crítica del "posi- Las ideas de Bury estaban inspiradas en parte en la tradición germana, en
tivismo", llamada de atención a los historiadores sobre la importancia de la la necesidad de considerar la Historia una disciplina diferenciada dotada de
Filosofia de la historia, titulada Del conocimiento histórico (1954). Resultó, sin una metodología; pero a la hora de optar entre el Historicismo y la Kulturges-
embargo, un intento poco exitoso. En el caso de Braudel, en concreto, en esos chichte, este historiador se mostraba ecléctico y también simpatizaba con esta
años, los acuerdos y desacuerdos con las ciencias sociales giraron más bien última manifestación. Como indica una estudiosa de su obra, B\lYYpretendía
en torno a los planteamientos de figuras como el antropólogo Claude Lévi- situarse a medio camino entre Lamprecht, a quien valoraba favorablemente,
Strauss o el sociólogo Georges Gurvitch; y a ninguno de ellos les reconoció y las formulaciones hermenéuticas. En uno de sus más recurrentes temas -y
tampoco el estatuto de filósofos. también más envueltos en la penumbra-, el papel desempeñado por las con-
Esa intensa discusión epistemológica sobre el Historicismo y la historia tingencias o los accidentes históricos recogido en el ensayo "La nariz de Cleo-
social acontecida en el continente europeo en la primera mitad del siglo xx patra" (1916), se adelantó a algunos planteamientos de los filósofos analíticos
no posee un paralelismo en la tradición anglosajona. En Estados Unidos fue posteriores. Pronosticó que el papel otorgado a los accidentes históricos dis-
frecuente que los "historiadores progresistas" hicieran referencias al carác- minuiría a medida que creciese el conocimiento del entorno natural y social.
ter científico de la Historia asociadas a la invocación al relativismo, a la adap- Sin embargo, también se manifestó contrario a la teoría social, a la posibilidad
tación a los cambios, como las del estudioso de la historia intelectual James de explicar los fenómenos históricos mediante el recurso sistemático a secuen-
H Robinson (1863-1936) en el ensayo La Nueva Historie (1912). En él presentó cias causales (Goldstein, 1977: 900-904; Roldán, 1997: 174-175). Al final, en su
una pionera referencia a la interdisciplinariedad, a la necesidad de servirse obra La idea del progreso, Bury se mostró convencido de que la principal apo-
"de todos los descubrimientos sobre la humanidad llevados a cabo por antro- yatura de la Historia como ciencia era la idea de desarrollo, de progreso, el
pólogos, economistas, psicólogos y sociólogos" (Stern, 1970: 265). No obs- reconocimiento del carácter histórico de las ideas.
tante, las reflexiones de los norteamericanos adoptaron un carácter disper- En su país, la obra de este historiador ha inspirado tanto a autores adver-
so a la búsqueda de argumentos para afianzar el sentido pragmático y sarios de las ciencias sociales como a sus partidarios. Sin embargo, hasta los
relativista de la disciplina. El único que se salió de esa norma en Ultramar años cincuenta, la primera de estas opciones ha carecido de alternativas;
antes de la II Guerra Mundial fue, además del mencionado Arthur o. Lovejoy, incluso ha hallado defensores originales entre las filas de los filósofos. De
Maurice Mandelbaum (m. 1987), con una reflexión clásica, poco atendida en entre estos últimos sobresalieron durante años los argumentos del británico
el momento de su publicación, titulada El sentido de la Historia: una réplica al Robin G Collingwood (1889-1943), Las consideraciones de Collingwood, ins-
relativismo (1938; reeditada en 1967). En ella el autor sopesaba los argumentos piradas en las de Croce, ayudaron a los historiadores a subrayar las diferen-

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cias que les separaban de los eruditos y a justificar la participación activa del ción. Las obras que sucedieron al mencionado artículo de Hempel se ocu-
historiador en el proceso de la investigación histórica. Según recordó Colling- paron de ofrecer respuestas al problema de la compatibilidad de las inten-
wood en su Autobiografía (1939), desarrolló su teoría de que los hechos his- ciones o las acciones intencionales de los protagonistas históricos y dicho
tóricos son "re-actualizados" en la mente del historiador gracias a sus estu- "modelo nornolóqico". Desde 1960, la revista norteamericana History and
dios de arqueología romana, pero nació también como producto de las Theory, fundada ese año, actuaría de punto de contacto entre los especialis-
vivencias de la Gran Guerra. A raíz de esta experiencia -indicaba- le obse- tas anglosajones de ambos lados del Atlántico y alentaría notablemente esa
sionó la posibilidad de construir una "ciencia de los asuntos humanos" en la clase de discusiones (Ricoeur, 1987,1: 204-221; Aróstegui, 1995: 235-237;
que el hombre adquiriese destrezas equiparables a las que poseían los estu- Colomines, Olmos, 1998: 107-117).
diosos del mundo natural.
En las décadas de los cuarenta a los setenta, la Epistemología sobre la His-
toria ha quedado bajo la influencia de la "filosofiaanalítica"; ha sido alimenta- B) Los debates recientes
da por la doctrina del prestigioso Círculo de Viena sobre la existencia de un
método científicouniversal. El interés hacia el conocimiento histórico de parte En la década siguiente pronto fue constatable un abandono de esos temas,
de esos autores no es, sin embargo, ajeno a las vicisitudes de la Ir Guerra Mun- dada la aparición de un marcado interés hacia el discurso narrativo. Sería
dial. Uno de sus más conocidos miembros, KarlR. Popper (1902-1994), reco- simplificar demasiado las cosas el creer que tal cambio procedió sólo del
nocía en sus memorias que sus más famosos estudios sobre la lógica de la His- agotamiento de los argumentos de los "filósofos analíticos" anglosajones. El
toría (La sociedad abierta y sus enemigos [1945Jy Miseris del Histoncismo [1954]) desplazamiento del tema de controversia responde a varios factores que ayu-
nacieron de su célebre Lógica de la investigación cientifica (1934) Yfueron su dan a entender por qué ha acabado envolviendo a los historiadores de modo
"tributo a la guerra" (Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, 1977). mucho más intenso que las discusiones sobre el modelo hempeliano. Entre
Dejando a un lado las consideraciones políticas con las que Popper envolvió esos factores cabe destacar los siguientes: la reorientación de las ciencias
aquellas obras, se debe subrayar que la aplicación de ese principio de la uni- sociales hacia el análisis histórico, acontecida desde los años sesenta, pero
versalidad del método científico ha generado uno de los debates más riguro- dotada de importantes antecedentes; el surgimiento de las perspectivas
sos sobre la naturaleza del conocimiento histórico. A los ojos de algunos histo- "micro" y culturales; los debates franceses sobre la crítica y el "retorno de la
riadores atentos a la teoría o a la historia económica y social, esa reflexión ha filosofía del sujeto", en los que se invoca a clásicos como Nietzsche o Hei-
constituido un punto de referencia básico para acreditar el manejo de explica- degger; y la ya comentada deriva de la historia intelectual norteamericana
ciones generales en la disciplina histórica. Pero la persistencia del debate has- hacia el ámbito del lenguaje.
ta prácticamente los años setenta no ha tenido tanto que ver con la participa- Los actuales debates sobre historiografía no se ponen de acuerdo sobre
ción de aquéllos como con el impulso académico y asociativo de los propios el orden de los estos factores; ni siquiera sobre su influencia. Desde finales
filósofos (sobre todo, los norteamericanos). de los setenta, la reflexión sobre la llamada "crisis de la modernidad" ha ido
El punto de partida más notorio de aquellas reflexiones vino dado, como convirtiéndose en el centro de atracción de todos ellos. El "posmodernismo",
es sabido, con el artículo de Carl G. Hempel (1905-1997) "La función de las como también se conoce la citada reflexión, se ha erigido en un terreno ambi-
leyes generales en la Historia" (journel oI PhJ1osophy, 1942). En él sostenía guo y altamente sincrético, depositario de las más variadas teorías e inter-
que, a la luz de las nociones esencialmente sinónimas de "ley general", "hipó- pretaciones sobre los cambios de la cultura y de sociedad del siglo xx. Al
tesis universal" o "explicación" (que denominaba "modelo nomológico"), los decir de un reciente comentarista, en Estados Unidos constituye "una cons-
análisis realizados por los historiadores se podrían considerar, propiamente, telación vagamente estructurada de disciplinas efímeras como los estudios
"esbozos de explicación". Esto es, los conceptos historiográficos serían por- culturales, los estudios feministas, los estudios gay y lesbianos, los science
tadores de indicaciones más o menos vagas de "las leyes y las condiciones studies y la teoría poscolonial" (Lilla,1999: 7). Unos autores refieren el tema
iniciales consideradas relevantes", y podrían llegar a convertirse en explica- a las ciencias; otros, a la filosofía.;otros, a las artes, y otros lo relacionan con
ciones sensu stricio mediante la correspondiente investigación empírica en las transformaciones socio-económicas.
cada caso. Pueden entrar en el vocablo propuestas radicalmente antimarxistas, como
A partir de esta tesis, el debate de los epistemólogos revistió la forma de las del filósofofrancés jean-Francois Lyotard (1924-1998), para quien a lo lar-
un cruce de propuestas consistente en "debilitar" o suavizar dicha afirma- go del siglo xx se ha asistido a un inusitado cambio en el conocimiento cien-

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[(1
tífico, a una "condición posmoderna" provocada por el descrédito de las
"grandes narrativas" que subyacen a las principales ideologias y, particular- verificación o falseamiento; de modo que, según esto, los hechos serían tan-
mente, a las socialistas (esto es, los discursos o "metarrelatos" caracteriza- to más verdaderos cuanto más debatibles. Al presente, los historiadores ya
dos por ofrecer una visión de la historia entendida como emancipación de la no estarían capacitados para discutir sobre la veracidad de los propios escri-
humanidad y progreso de la razón). Sin embargo, también se han presenta- tos históricos o sobre la evidencia de la realidad histórica -añade el autor-:
do teorías de la "posmodernidad" a partir de la tradición marxista occiden- tendrían que conformarse con confrontar sus interpretaciones y las diferen-
tal. Entre ellas destaca la del crítico literario Frederic Jameson, a quien corres- cias de lenguaje que éstas llevan consigo (Ankersmit, 1989: 141-144).
ponde uno de los intentos más elaborados de ofrecer una explicación Esa referencia del "posmodernismo", junto a los factores antes mencio-
omniabarcante del fenómeno. Este autor también pone el acento en que los nados, han modificado e incrementado de modo sensible la nómina de los
cambios en la cultura afectan sobremanera a la imaginación "narrativa", a la autores, filósofos,epistemólogos, antropólogos y sociólogos, objeto de aten-
que considera instrumento fundamental de la mente humana. Pero, en su opi- ción por parte de los diferentes grupos de historiadores, así como su lengua-
nión, tales mutaciones constituirían una característica general del "capitalis- je de discusión internacional. Se ha invocado una variada lista de estudiosos
mo tardío", un proceso de desestabilización de la estructura de las clases cuyo único punto de coincidencia consiste en que todos abogan por lo que se
sociales propias del capitalismo, y de transformación de la sensibilidad per- ha dado en llamar una "concepción subjetivista de lo social", con la que se
sonal' las artes, las delimitaciones entre las ciencias e, incluso, la autoridad muestran partidarios de la necesidad de "someter al sujeto a una cura de adel-
intelectual del "primer mundo" (Anderson, 2000: 44-47, 90-96). gazamiento", en frase del filósofoitaliano G. Vattimo;en suma, autores todos
Para algunos historiadores, tales intentos de explicar los cambios cultu- escépticos ante los modelos nomológicos o hacia las explicaciones estructu-
rales han recabado un doble interés: de un lado, han ayudado a justificar o rales y funcionales en las que los agentes sociales, al menos en teoría, apare-
a entender las transformaciones y los nuevos problemas de la historia social cen descritos como si fueran cosas o categorías fijas de análisis (Hernández
y la atracción por la narrativa, y se han presentado como una confirmación Sandoica, 1995: 131;Vázquez Carcía, 1995:82).
a posterior: de la importancia del ensayo de Stone de 1979, que pasaría a Así,los estudios "microhistóricos" invocan en unos Casosla llamada "des-
ser valorado como un punto de partida; de otro lado, aquella reflexión inte- cripción densa" del antropólogo Clifford Ceertz (supra.) y, en otros, resca-
lectual reta a intentar interpretaciones de la historia del siglo xx, e incluso, a tan las propuestas, emparentadas con la Antropologia, del economista anglo-
ensayar cierta prospectiva historiográfica (Capítulo III). sajón de origen húngaro Karl Polanyi (1886-1964) (Capítulo III). Por su parte,
La creencia de que el "posmodernismo" tiene importantes consecuen- algunos miembros de la "tercera generación" de la escuela de los Annales
cias para los historiadores se ha ido abriendo camino a lo largo de los años actualizan al sociólogo germano Norbert Elías (l897 -1990) para sus estu-
ochenta. Asílo expresaba el comentarista de Social History: "sus potenciales dios de "historia de la vida privada". El Diccionario de ciencias históricas diri-
vínculos, ricos en posibilidades -aseguraba-, están relacionados con el vie- gido por André Burquióra (1986), de entre los dieciséis filósofos, epistemó-
jo argumento de que la Historia es narrativa y con el más reciente interés por logos y especialistas en teoría social que considera fundamentales entre los
la cultura" (Patterson, 1989: 86). No falta quien ha elaborado una teoría del siglos XVIII Y XX, justamente dedica un apartado a dicho autor. Subraya que
cambio historiográfico inspirada en criterios tomados del "posmodernismo" los historiadores franceses lo habían desconocido por completo hasta la
y "postestructuralismo", como la del filósofoy especialista en historiograña, segunda mitad de los setenta, y aún entonces lo consideraron una "suerte
el holandés F R. Ankersmit. Según explica este autor en la discusión sosteni- de compañero de viaje" del filósofoMichel Foucault (infra.) y del historiador
da en las páginas de History and Theory en 1989-1990 con el historiador nor- Philippe Aries, pasando por alto que Norbert Elías había formado parte de
teamericano Pérez Zagorin, la multiplicaciónexponencial de los escritos his- las generaciones de investigadores sociales dé la época de entreguerras.
tóricos acaecida en las últimas décadas demostraría, definitivamente, que no Elías fue en realidad discípulo de uno de los fundadores de la Sociologia ale-
existe ningún progreso en la historiografia.El fenómeno daría la razón a quie- mana, Karl Mannheim (1893-1947); integró la diáspora de intelectuales de
nes han visto en ella un dominio literario y acientífico. La historiograña cons- ese país de los años treinta junto con su propio maestro, y construyó, en esa
tituiría -argumenta-la mejor ilustración de las "teorías posmodernas" acer- misma década, una sugerente teoría de la "privatización" que aplicó a diver-
ca de la informacióny de la ciencia; en estas perspectivas, lo que determinaría sos estudios históricos. En La sociedad cortesana, que acabó de escribir el
el movimiento y el sentido de las verdades científicas sería el intercambio de mismo año en que Hitler subía al poder (el libro sólo se publicó en alemán
información, la capacidad de suscitar debates, no unos criterios dados de en 1969, Y en francés, en 1985), intentó explicar de qué modo en la Francia
del siglo XVII la imagen de lo privado había surgido por oposición a la de lo

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I
público, a la del Estado absoluto, y lo había hecho alrededor de la "corte" a fondo las estructuras históricas, El Mediterráneo de Braudel, es en realidad
de Luis XN El tomo III de la Historia de la vida privada dirigida por Georges una cumplida narración.
Duby y Philippe Aries se inspira, casi en su totalidad, en dicha teoría (1985; No resulta extraño que el nombre de Ricoeur vaya asociado en la actual
en español, 1989). historiografia francesa a los especialistas en las llamadas "Historia del tiem-
Por su parte, Roger Chartier, autor emancipado de esa' 'tercera genera- po presente" y "nueva historia política", cuyos autores, obsesivamente anti-
ción" de Annales, crítico de la "historia de las mentalidades" y dotado de una deterministas, ven en el siglo xx un período surcado de "continqencias" y
de las más importantes capacidades de sincretismo que se conocen, va toda- acontecimientos "inesperados" (Capítulo III). Otros, más escépticos hacia
vía más allá a la hora de asimilar la influencia del autor alemán. Chartier for- ese narrativismo radical, se preguntan si tiene alguna utilidad prescindir de
mu1a, gracias a Norbert Elías, una teoría de la "representación cu1tural" con la diferencia entre la ontología de las estructuras y la de los acontecimientos,
la que se propone interpretar de modo más complejo cómo se interrelacio- así como también por el interés que puede reportar, para un mejor conooi-
nan las imágenes culturales y los grupos sociales. A juicio de Chartier, no exis- miento del debate historiográfIco, la conclusión de que, en última instancia,
te una relación unívoca entre los grupos sociales y las mentalidades; no ha todos los historiadores han sido siempre narradores (Kocka, 1986: 172).
habido nunca una cultura popular completamente diferente de la cultura aris- En el caso de ciertos intellectual y social historians la reivindicación del
tocrática. La historia de la lectura y de los lectores durante el Antiguo Régi- "giro lingüístico" suele ser con frecuencia evocada con ayuda de la autori-
men constituye un ejemplo privilegiado del modo en que diferentes actores dad del filósofo francés Michel Foucau1t (1926-1984). Como señalan los cono-
sociales pueden apropiarse, de manera muy distinta, de las mismas imáge- cedores de su obra, los estudios de "arqueología" de los sistemas de pen-
nes culturales (el ejemplo con el que el autor ilustra estos argumentos es la samiento y de las formas de la racionalidad emprendidos por este pensador
famosa "Biblioteca Azul" de la Francia del siglo XVII: un proyecto pensado para desde comienzos de los años sesenta, han ido siempre acompañados de
las clases populares, pero que se nutre de textos de carácter culto) (Chartier, equívocos entre los propios historiadores franceses. Sus estudios se aseme-
1995: 54-61). jan a alguna variedad del género de la "historia de las mentalidades" pero
Para los más decididos reivindicadores del" acontecimiento" y adversa- no pretenden en absoluto mostrar las configuraciones mentales de los gru-
rios de esa' 'tercera generación" de los Annales, el filósofo Paul Ricoeur repre- pos sociales. Por el contrario, los ensayos de Foucault se basan en un recha-
senta, en cambio, el autor-guía. Efectivamente, Ricoeur suministra una teoría zo "nietzscheano" de la manera de concebir el sujeto que ha predominado
hermenéutica radical basada en un intento de construir una "metafísica de tradicionalmente en la filosofia -y, por extensión, en la historiografia y en la
la narratividad" -su obra ha reivindicado la suficiencia de la narrativa más investigación social-: el sujeto entendido como fundamento trascendental del
que la de ningún otro teórico reciente, subraya uno de sus principales críti- pensamiento y de la acción.
cos (White, 1992: 67, 71). Para Ricoeur dicha narrativa no es un simple modo En la obra de Foucault, detrás de los diferentes "discursos" en los que
de exposición como ha solido considerarse entre los historiadores profesio- se plasman las distintas formas culturales (por ejemplo, la locura, la cordu-
nales, ni siquiera un repertorio de figuras literarias o retóricas, como la ven ra o la delincuencia) se halla la "impersonalidad" más absoluta de las téc-
con frecuencia otros filósofos "narrativistas" e historiadores intelectuales. Para nicas de saber y de las prácticas de poder (Vázquez García, 1997: 149).
el filósofo francés, la narrativa constituye más bien la propia esencia del tiem- Así, el filósofo francés manejó siempre un "método estructural" sumamen-
po histórico. En su más importante obra acerca de este tema, Tiempo y narra- te personal y susceptible de variadas posibilidades. Unos han visto en esos
ción (1983; en español, 1987), el autor intenta demostrar que el pasado con- "discursos" el prototipo de un sistema autosostenido absolutamente incom-
tiene una cualidad de lo narrativo formada por las tramas de los aconteci- patible con la historia social. Sin embargo, 9tros han considerado que las
mientos. Hace observar que las "entidades" por excelencia de la Historia investigaciones foucau1tianas no son ajenas ala Historia; para algunos, inclu-
general-los pueblos o las naciones, por ejemplo- son, por analogia, autén- so, ejercen un efecto beneficioso sobre ella, puesto que ayudan a proble-
ticos personajes de narración; representan el "vinculo real de los individuos matizar la experiencia y a tomarse con precaución las tradicionales cate-
con la sociedad". También observa que los conceptos historiográficos, pro- gorías. La influencia internacional de este filósofo a partir de los años setenta
piamente hablando, constituyen abstracciones referidas a esas "entidades de (que en Estados Unidos se suele considerar una manifestación del llamado
primer orden". La consecuencia que extrae de tales argumentos es que todos "postestructuralismo") se basa justamente en esa ambigüedad: lo mismo
los historiadores son narradores, independientemente de sus conceptos o de sirve a ciertos intellectual historians para reivindicar las más radicales opcio-
su modo de exposición, y que la más famosa obra que ha intentado explorar nes "textualístas", que es objeto de discusión por determinados social bis-

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torians a la hora de resolver nuevos problemas planteados por la historia
social. que acababa de conocerla, en una nota a pie de página de su ensayo de
El llamado "giro lingüístico" es un diagnóstico difundido, entre otras cau- 1979). La inclinación de White hacia el estudio de la "imaginación histórica"
sas, por esa situación, como se ha indicado más arriba. Los aludidos espe- del siglo XIX tiene que ver, según declaraciones propias, con el intento de res-
cialistas en historia intelectual interpretan la obra foucaultiana como un espal- ponder a la pregunta de por qué la gente se siente inclinada a estudiar el
darazo a la emancipación de aquélla, una confirmación de la importancia de pasado -interrogante que no es ajeno a sus experiencias universitarias de i1
los métodos de la lingüística estructural. El comentarista del programa de fmales de los sesenta marcadas por la crítica política e intelectual. Ahora bien, ~
Dorninick LaCapra y Stephen Kaplan (La moderna historia intelectual euro-
pea; supra) se hacía eco de esta creencia recordando en tono crítico que en
el supuesto elegido por este autor de ideas políticas socialistas consiste en
afirmar que la historiografía es un género literario y que su importancia resi- i
la perspectiva de Foucault "los discursos pueden ser descritos como siste- de en el componente retórico de sus imágenes e interpretaciones (AAW,
mas de normas, impersonales, anónimos y objetivos, los cuales, en un senti- 1993: 5-9).
do práctico y activo, construyen el mundo de los sujetos y los objetos, el mun- Su método, como él mismo reconoce, tiene un carácter "formalista". Con-
do de la 'experiencia" (Toews, 1987: 890). sidera la obra histórica una "estructura verbal en forma de discurso o prosa
Por su parte, algunos historiadores sociales rechazan las interpretacio- narrativa", y no le interesa en absoluto ni la calidad de la narración ni la vali-
nes "textualistas" de ese "giro lingüístico", pero creen ver en él una puerta dez de la conceptualización. El propio "realismo histórico" característico de
abierta para replantear las relaciones entre la historia intelectual, o la cultu- los historiadores del siglo XIX no es más que una forma particular de "poéti-
ral, y la historia social. Una especialista en "historia del género", la nortea- ca" que se logra combinando los diversos aspectos formales de esa "imagi-
mericana Joan Scott, propone las teorías semióticas como punto de partida nación histórica".
para establecer las diferencias entre dos ámbitos culturales opuestos: el géne- White también considera obsoleto el debate "explicación" versus "com-
ro masculino y el género femenino. El británico Gareth SI.Jones, autor próxi- prensión". Según él, la narración no es algo distinto de la explicación, sino
mo al Workshop jo urnal History, defiende que el lenguaje es demasiado opa- que esta última constituye una forma derivada de la propia imaginación narra-
co y problemático, e invoca la necesidad de teorías lingüísticas como auxilio tiva -de hecho, juzga completamente secundaria la diferencia entre la histo-
para encontrar las relaciones entre la conciencia y la experiencia(Lenguajes riografia y la Filosofia de la historia o la investigación histórico-social, y ve en
de clase, 1983; en español, 1989). Como intenta demostrar en su estudio del todas ellas el producto de las combinaciones de elementos formales. Sin
lenguaje cartista (1982), la "clase obrera", más que una realidad definida por embargo, el norteamericano no llega al extremo del filósofo francés Ricoeur:
su relativa homogeneidad, ha constituido propiamente un concepto o un sím- la narrativa es el rasgo por excelencia de la "imaginación histórica", pero no
bolo del lenguaje del movimiento obrero. Ahora bien, para los social insto- una cualidad del tiempo o del pasado que, en su opinión, sería una premisa
risas el Foucault "textualista" es un punto de referencia más que un objeto de indemostrable.
inspiración inmediata. Jones, en sus más recientes análisis teóricos, conside- Según su Metebistorie, la "imaginación histórica" de los principales filó-
ra el planteamiento del filósofo francés completamente insatisfactorio para la sofos e historiadores del siglo XIX -lo que llama White sus "estilos historio-
historia social. Rechaza su concepto de "discurso sin sujeto" y opta por una gráficos"-, ha surgido de la combinación de varios elementos:
visión conciliadora al estilo de Roger Chartier; es decir, por un examen de En primer lugar, del manejo de las diferentes "tramas literarias". Según
las formas en que los "diversos sujetos" se apropian de los diferentes dis- White, los "discursos" históricos clásicos de Michelet, Ranke, Tocqueville o
cursos (Cabrera, 1999: 77-78). Burckhardt, se han servido de las tradicionales tramas literarias a la hora de
Entre los historiadores intelectuales norteamericanos, la autoridad de Fou- explicar cómo ocurrieron los acontecimientos; han considerado a los prota-
cault se ha visto prolongada gracias a un autor que se considera el primero gonistas los héroes de un drama que, en unos casos ha representado el triun-
en desarrollar la reflexión epistemológica narrativista en ese país: el histo- fo del hombre sobre el mundo; en otros ha significado lo contrario, el hom-
riador y filósofo Hayden White. Discípulo de Maurice Mandelbaum, White es bre prisionero de esas fuerzas mundanas; y en otros, incluso, la derrota
firmante de una obra relativamente temprana, Metahistoria. La imaginación completa de dichos héroes, acompañada de una lección moral.
histórica en el siglo XIX (1973; en español, 1992), que ha acabado por adqui- Las "formas de argumentación" constituyen para White el segundo nivel
rir una notoriedad internacional entre los historiadores particularmente seña- de conceptualización, el que sirve para explicar el significado de los acon-
lada en los años ochenta y noventa (todavía Lawrence Stone podía afirmar tecimientos. Así, mientras que Michelet buscaría identifIcar los rasgos distin-
tivos de los sujetos históricos -según White--,Marx o Tocqueville serían "rneca-
H

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nicistas" , es decir, plantearían leyes generales. Ranke, por su parte, perse-
guiría explicaciones "organicistas" que encuentran totalidades espirituales
detrás de los individuos históricos.
I
1
El tercer nivel de conceptualización residiría en la visión de la sociedad
o del cambio social de estos autores (la "explicación por implicación ideo-
lógica"); un problema en cuya solución el norteamericano invoca la tipología
I
de "visiones del mundo" del sociólogo KarlMannheim. Finalmente, el mane-
jo de figuras universales del lenguaje de carácter metafórico (entre otras, la
metáfora como tal, la sinécdoque o la metonimia), ayudaría a completar ese
"estilo historiográfico" (Bermejo Barrera, 1994: 98-99).
La de White se presenta como una opción "textualista" radical que ve en
la "forma de exposición" del historiador un conjunto de combinaciones de
tipos de narración y argumentación. Su efecto sobre los supuestos de la his-
toriografía es altamente des estabilizador, ya que pone en cuestión todos los
supuestos del oficio de historiador: el sentido de progreso de la historiogra-
ña, la validez de la metodología, el prestigio social e, incluso, el propio públi-
co lector -que para el autor norteamericano es el mismo que el de los rela-
tos de ficción (no es causal que haya intentado su propio discípulo, el filósofo
holandés F R.Ankersmit, construir una "teoría posmoderna" del cambio his-
toriográfico) .
Por todo lo expuesto, la fama de White se ha cimentado en opiniones
absolutamente irreconciliables: mientras reúne a su alrededor a importantes
seguidores de entre los filósofos y ciertos intellectual historians, creyentes en
la independencia de la historia intelectual, otros historiadores se muestran
abiertamente hostiles a su concepción de la moderna historiografia al cali-
brar el alcance de las conclusiones de su obra. Como indica en un reciente
ensayo un crítico y buen conocedor de su obra, "este punto de vista según
en cual toda exposición histórica es invención sobrepasa ampliamente las
reflexiones desde Tucídides hasta Natalie Zemon Davies, que reconocían las
cualidades literarias de la exposición histórica, pero no dudaban que ésta
permitía tomar conocimiento de las realidades humanas" (Iggers, 1998: 97).

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