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H ISTO RIA

DEL D ISTIN G U IDO CABALLERO

DON PELAYO INFANZON


DE LA V E G A ,

Q U IX O T E D E L A C A N T A B R IA ,

POR
D O N ALONSO B E R N A R D O
RIBERO Y L A R R E A ,
Cura de Ontalvilla y despoblado Ontariego
en el Obispado de Segovia.

T E R C E R A PARTE.
TOMO III.

SEGOVIA MDCCC.
E N L A IM PR EN TA D E DON ANTONIO ESPINOSA.
CON LICEN CIA.

Se hallara, en M adrid en la Librería de


B a r c o , Carrera de San Gerónimo.
P R O L O G O .

^✓ onfieso, amigo L e c to r, que ja­


mas estuve yo mas delirante que en
aquel momento en que me propu­
se imitar la fábula admirable del Qui-
xote de la Mancha'. Esto habia de
ser en aquellos tiempos miserables en
que nuestros Españoles miraban con
indiferencia la fábula Quixotesca , pe­
ro no en el dia que merece con jus­
ticia la atención de to d os; y debe
mirarse con horror quanto se pro­
duzca con la mira de imitar al fa­
moso Alcalaino. Los hombres de es­
tudio elevan los ojos con dirección á
las estrellas quando se habla del Qui­
zóte. ¡ A h ! que no hay palabra en
la fábula que no esté diestramente
colocada , y la que menos contiene
una máxima p olítica, un misterio
profundísimo, una moral útil ó una
fina sátira. ¡ Miserables los nuestros,
que quando leen no conocen los pri­
mores que tienen en la mano! Esta
fábula es la admiración de los letra­
dos: muchos quisieran ser Castellanos,
ó á lo menos Españoles, por un ins­
tante solo para penetrar el alma de
ella. Los Franceses y otros sabios fo­
rasteros la celebran en sus memorias
literarias: sacaronla de mantillas los
Ingleses: entre los Españoles, el Se­
ñor Mayans escribió lo que quiso,
y no acaso lo que supo en abono de
Cem antes y de su Q uixote : el Señor
Ríos coloca á Cervantes sobre to ­
dos los ingenios Españoles; y el Señor
Pellicer manifestó sus deseos de ex­
cederse tratando de Cervantes. Su
mapa Topográfico es interesante , y
quando nos manifiesta la firma del
Alcalaino , debemos mas al Señor Pe­
llicer los apasionados de Cervantes ,
que los devotos de Santa Teresa á
los Padres Carmelitas. Esto supuesto,
amigo m ió, ¿ cómo ha de llevar una
pequeña parte de atención el Qid -
xote de Cantabria , quando el de la .
Mancha se la merece toda ? ¿ Qué
importa que D on Pelayo imite á
Alonso Quixano e l bueno, si no es el
.mismo Caballero? ¿Qué adelanta con
producirse de un modo al parecer
grato, si el de la Mancha manifies­
ta sus ideas de un modo inimitable?
<Qué terreno ganará Mateo quando
desatina, si no es el mismo Sancho
Pan za ? y si yo sabia ó debia saber
quanto ahora reflexiono, ¿por qué en
el país de las letras me adelanté de
un modo temerario? ¿P o r qué em-
prehendí un rumbo innavegable dan­
do motivo á otros presumidos para
que imitasen y concluyesen novelas
del manco tan gracioso, como pobre
y desafortunado? Todos estos cargos,
amigo, están bien fundados, pero cul­
pándome á mi mismo, soy acreedor
á que me perdones, y si logro imitar
al que me propuse por modelo, no se­
ria muy extraño que me dieras gra­
cias ; pero prescindes de todo lo que
es reconocimiento á los trabajos, y
pasas á decir, que no esperabas ter­
cer tomo porque en el segundo se fi­
nal izó la fábula. Y o tampoco estaba
en ánimo de hacerle, amigo mió ; pe­
ro despues de haber tenido la gloria
de que S. R. M . (Dios le guarde) le­
yese mi trabajo, mandó decirme: Q U E
H IC IE SE M A S , P O R Q U E L E
G U S T A B A . Estas palabras me lle­
naron de honor, y llamaron en so­
corro mió los auxilios todos que ne­
cesitaba una imaginación acalorada
y a , é inquieta porque se iba á sacri­
ficar en obsequio del mejor Monar­
ca ; y supongo que no esperarás otras
causales para quedar satisfecho en la
novedad que adviertes. También ex­
trañas mi permanencia en una situa­
ción tan pobre aunque muy honro­
s a , creeré satisfacer á esto con asegu­
rarte que mi Mecenas estaba ya en
Mar A lta, y no era cosa de arrimarse
á la orilla solo con el fin de tomar de
un puerto infeliz á un hombre misera­
ble, y Dios nos libre de tener que re­
currir en nuestras indigencias á un
Procer que se crió siempre entre la
abundancia; bien que en esto corrió
fortuna menos mala el autor del Ca­
ballero de la Mancha, porque el Con­
de de Lemus, se hizo sensible á sus
apuros, y yo tampoco desconfío, por­
que vivimos en un siglo en que las
fatigas literarias no se miran con indi­
ferencia ; y ahora para que echemos
á un lado todas estas cosas, y ya
jamas hablemos de ellas porque nos
desazonan, te digo : que Don P ela -
yo Infanzón de la Vega , ó el Qui-
xote de Cantabria , acabó tan mal
sus cosas como Alonso Quixano el
bueno , ó el Quixote de la Mancha :
tan miserable y sin industria Mateoy
como Sancho: tan desconocida P a ­
chona, como D u lcin ea : menos exis­
tente la Vega, que la Argamasilla\
y si quieres, puedes añadir, tan po­
bre y tan olvidado este Asturianof
como el famoso Alcalaino. vale .
ÍNDICE
D E LOS CAPÍTULOS QUE CONTIENE
ESTA T E R C E R A P A R T E .

( ^ a p . I. Alborotase nuevamente el
Caballero Don Pelayo con el recuer­
do del distinguido origen, y piensa
en salir segunda vez de casa á
correr el mundo................................... i.
C a p . II. Don Pelayo participa á su
querida esposa el nuevo pensamien­
to de salir segunda vez fuera de
la patria............................................... 9.
C ap . III. Llama Don Pelayo á M a­
teo de P alacio, y le dice en carta
se disponga para fa lta r algunos
dias de la casería............................ 16 .
C a p . I V . Entra Mateo á ver á su
a m a , y se admira lleve á mal
salga acompañando segunda vez í
su amo Don Pelayo.......................... 25.
C a p . V . Embárcase el Caballero Don
Pelayo para Cádiz con el fin de
dar salida a l A zaba che, sin olvi­
darse de ilustrar la patria. . . . 33,
C ap . V I . Entretiene Don Pelayo con
sus reflexiones á los que le acom­
pañaban en el viage................... • • 41•
C ap . V I I . La embarcación camina
viento en popa , y una novedad
extraña entretiene á los que van á
tordo....................................................... 4 ^-
C a p . V I I I . Manifiesta repugnancia
Don Pelayo metido entre los In­
gleses...................................................... 66.
C a p . IX . Refiere Don Pelayo los
principios que hubo en Inglaterra
para separarse de la comunion de
Roma..................................................... 72 .
C ap . X . Habla Don Pelayo á sa­
tisfacción del Capitan de la Fra­
g u a ........................................................ 85/
C ap . X I. Visita Don Pelayo á un
fabricante fu e r te , amigo del C a­
pitan de la fra g a ta ........................... 90.
C ap . X II. Un Caballero In gles, v isi­
ta á Don P ela y o , y se inclina á
que puede tener alguna parentela
en las inmediaciones de la Vega. . 105.
C ap . X I I I . Pasea Don Pelayo con el
Señor Pam pliega, y como amigos
y parientes se manifiestan mutua-
menti . . . , ........................... , 1 \6»
C a p . X I V . Sigue Don Pelayo para
Cádiz en la misma f ragata que le
conduxo í la Gran-Bretaña. . . . 1 3 a .
C a p . X V . Don Pelayo practica en
Cádiz las primeras diligencias p a ­
ra introducir el Azabache , y lo
pasen í la Nueva España.-. . . . 140.
C a p . X V I . Con un personage de Se­
villa trata Don Pelayo de la di­
ferencia que interviene entre nobles
y Caballeros distinguidos................. 1 5 6 .
C a p . X V I I . Desazónase interiormen­
te Don Pelayo por no saber de M a ­
teo , al que halla despues de unas
exquisitas diligencias ...... .
174
C ap . X V I I I . En la posada en que
estaba el Caballero Don Pelayo y
su criado se hospeda un Caballero
*que viene de las In d ia s, y cuenta
algunas cosas increíbles..................... 18 2 .
C ap - X IX . Dispone el Caballero Don
Pelayo regresar á la M ontaña, y
á costa de trabajo encuentra algún
dinero para emprehender el viage. 19 4 .
C a p . X X . Suélvese Don Pelayo abo­
chornado de ver lo mal que le sa­
le quanto emprehende en honor de
sus paisanos , y asimismo en utili­
dad de todos........................................ 203.
C a p . X X I. E n una Ermita se hospe­
da Don Pelayo , y el Ermitaño le
cuenta cosas para él enteramente
• • • • • • • * • • • • • 2(14 *
C ap . X X II. Sigue sa retirada el Ca-
• tallero Don Pelayo í Guadalaxa-
ra en derechura para ver á Don
Tomás de Mena.................................. 1 1 6 .
C a p . X X III. Hospedase Don Pelayo
en Guadalaxara en casa de Don
Tomás de M ena, que se alegra en
extremo viéndole en su casa. . . . 233.
C ap . X X I V . No fastidia con su con­
versación el Caballero Don Pelayo
en casa de Don Tomás de Mena. . 2 45.
C ap . X X V . Escucha gustoso á Don
Pelayo Don Tomás de Mena acer­
ca de la carrera de sus hijo s, ha­
ciéndole ver que no supo destinarlos. 354.
C ap . X X Y I . Prosigue su camino el
Caballero Don P ela y o , insistiendo
en e l empeño de no entrar en las
poblaciones............................................. 265.
C a p . X X V I I . Antes de llegar á la
V?ga el Caballero Don Pelayo, en­
cuentra con un pariente suyo que le
participa unas tristes nuevas. . . . 2 7 6 .
C ap . X X V I I I . Entra Don Pelayo en
los confines de la V e g a , y sus
renteros le aseguran ser cierta la
desazón de casa.................................. 288.
C ap . X X IX . Llega á la Vega el Ca-
bollero Don Pelayo y hace cama,
luego que se apea en su ilustre ca­
sa , del penoso y largo viage. . . 1 9 6 ,
C a p . X X X . Acaba su vida Don P e-
layo con sentimiento verdadero de
quantos le trataban............................ 3°4»
C a p . X X X I. Dan sepultura al cuer­
po del Caballero Don P elay o, sien­
te su muerte . Mateo , tiene noticia
de que su muger es ya d ifu n ta, y
no pudiendo resistir á tantas penas
espira en la misma Vega...............3 1 1 ,
C A P I T U L O I*

Alborotase nuevamente el Caballe­


ro Don Pelayo con el recuerdo del
distinguido origen , y piensa en sa­
lir segunda v e z de casa á correr
e l mundo.

j "E x tra ñ a es sin duda la condicíort


d el hombre ; jam as se fixa en una cosa
con aquel tesón que p u d iera g ra n g e a rle
e l ca ra cte r de inflexible , porqu e e l h a­
ced or suprem o re a liz ó su m áqu in a en tre
lo esp iritu a l y te rre o , por cu ya cau sa
lo que hoy estim a, aborrece m añana casi
sin m otivo , y lo que em prehende en un
tiem po con sem blante de una du ración
m uy l a r g a , desb arata de rep ente una
nu eva idea que propone la fa n ta sía con
m ejor aspecto. N in g u n a cosa p u d ie ra pa-
XUM. I I I . A
2 QUIXOTE

re ce r mas firm e que el p royecto del C a ­


b allero D on P e la y o de fixarse en la V e ­
g a de su casa , cuyo ánim o asegu ró tan
de veras á sus p a d r e s , que p a ra ,que no
dudasen , ni se persuadiesen á que su de­
term inación era efecto solo del capricho,
les puso delante el imposible de que vo l­
v e r ía á la C orte solo en aqu el caso en
que se lo m andase e l Soberano ; y á v is ­
ta de esto p u d iera con razó n a se g u ra r­
se que el C ab allero D on P e la y o pensa­
ba ya con ju ic io , y que los pasados lan ­
ces liabian sido p a ra él apreciables d es­
engaños, puesto que la atención á las co­
sas de su casa le ten ia ocupado to d o ; y
á la verdad que esto y nada mas verían
sus am igos, si nuestro discreto C ab allero
h ubiera destinado á las llam as aqu ellos
legajos de papeles que c o lo c ó , como he­
m os visto, en el a rm a rio ; y asi podem os
con razón lastim arnos del hombre que
p a ra una em presa grand e dispuesta por
unos medios suaves d exa inadvertidam en­
te , ó por e sta r muy asegurado de sí mis­
mo , un cam ino descubierto que le con­
duce al punto m iserable de d esb aratar
unas ideas adm irables.
a H allábase en la ald ea contento e l;
C ab a llero D on P e la y o , p orque á la v e r­
DE LA CANTABRIA. 3

d a d e r a lab o río lo . A n im a b a sus colonos,


poníales muy á m enudo en m ovim iento
haciendo que fuesen in d u s trio s o s , s a ­
b ía reu n irlcs p a ra fe r tiliz a r un terreno
ingrato , y despues de am enizado le d i­
v id ía en suertes p a ra que sin disp uta pu­
diesen d isfru ta rle $ y aunque como Señor
p u d iera im ponerles un m oderado canon,
d exó á la posterid ad este exem p lo de
d esin teres, porque la codicia no le domi­
naba. D esagu ó lo pantonoso de la V e g a
con profundas z a n ja s , poblóla de árboles
fr u c tífe r o s , conteniendo la fu e r z a y osa­
d ía de las aguas con chopos y m im breras,
herm oseó sus e n tra d a s con álam os c re ­
cid os, su a vizó todos los cam inos, sin e x ­
pend er en estas m aniobras can tid ad de
re a le s , porque poseia la vo lu n ta d de to ­
dos los ren teros, y como les acom etía con
la bella p ersp ectiva de un bien pronto y
casi necesario, los b ailab a dispuestos p a­
r a las fa tig a s. L e va n tó en la Ig le sia una
e sp a d a ñ a , asegu ró su fáb rica , a rran can ­
d o de e lla las yedras que la falseaban,
igu aló las s e p u ltu r a s , quitando algunas
que había lia n o elevad as, y hasta el p an ­
teón de los Infanzones dem olió del todo,
y a por e v ita r encuentros con un E cle siá s­
tico rid ícu lo que lleva b a á m al e l que la
A 2
4 QTJIXOTB
casa de D o n P e la y o gozase en e l tem plo
p r iv ile g io s , y ya porque so lía d ecir co­
mo buen c liris tia n o , que aq u ello de seña­
la rs e los p a rticu la re s con sepulcros pa­
r e c ía oponerse á la inñnita sabiduría y
om nipotencia de D io s , que saca ría en e l
fin de las edades y sin trabajo á los hom­
b res todos de los rincones m as extrañ os,
y que solos los cuerpos de los Santos, M o ­
n arcas y hombres afam ados debían dis­
tin gu irse , porque la m em oria de estos
su ele im prim ir algu n a idea buena en las
edades. D esem brozó los m o n te s, pobló­
los n u eva m en te; pero en lo que puso e l
m ayor cuidado fue en h u rta rle a l rio
gran d e porcion de a gu a p a ra re g a r los
p rad os , á rb o le s , h o rta liz a , y de cam ino
introducir e l lino. C on stru yó m olinos, le ­
va n tó una fe rre ría , fabricó batanes, y p u ­
so finalm ente a q u e lla V e g a en un pie tan
re s p e ta b le , que no desm intiese á los v ia ­
jan tes de aqu el concepto en que su due­
ño la tenia.
3 L a v ig ila n cia de su casa e r a ya
ex trem a d a , porque se m ovían á las ta ­
re a s los criados con aquel ín teres ó m e­
canism o que vem os floreciente en las ave*
ja s. L os hijos v a r o n e s , que eran quatro*
procuraban a d ivin a r e l gusto de su p a *
DE LA CANTABRIA. 5

dre, y m adam a In fan zo n a adelan taba las


niñas con unos principios muy iguales.
4 E sta e ra la situación fe liz del C a ­
b allero D on P e la y o , quando su muy men­
gu ad a suerte hizo que una tarde estan ­
do solo m irase con cuidado los legajos;
resistióse fácilm en te al prim er im pulso,
¿¡guió atacándole el fron tisp icio con m a­
y o r vehem encia , y teniendo á m engua
haber cobrado m iedo á un enem igo a r ­
rinconado y de tan débil f u e r z a , arrim ó
con fu ria al arm ario una e s c a le r a , a rro ­
jó al suelo aqu ellos p apeles viejos , y si
no fu era alg o lite ra to tu v ie ra á m al agüe­
ro el trop el de arañ as, escaravajos y gran­
de porcion de anim ales asquerosos que
en las inm ediaciones y asiento de p ape­
le s estaban escondidos. G olpeó con un
g a rro te m uy á gusto suyo los legajos,
tan to p a ra q u ita rle s la m ayor porcion de
polvo , quanto p a ra ven garse en algu n a
m an era de ello s, porque habían sido c a ­
paces de in terru m p ir p or un poco sus
ocupaciones. D e sa tó un legajo, con el co­
raje mismo abrióle por el m edio y leyén ­
dole p arece que decia.
5 ’iE n aquellos felices tiem pos en
nque los valien tes y esfo rzad o s E spaño­
l e s se anim aron á sacudir el yugo in fa-
6 QUIXOTE

um e que los Sarracenos les im pusiefon


«con orgu llo , fabricaron muchos de los
«nuestros casas con fo so s , contrafosos y
«m u rallas fuertes p a ra poder re sistir el
«em peño de los A g a r e n o s , de donde tu -
«vieron principio m uy honrado las casas
« s o la rie g a s , y á m as de esto liiciérohse
«caudillos de m uchos que lloraban un in-
« fe liz d e stin o , y por an dar á pie los 11a-
«m aban justam ente In fan tes; pero los que
n a l frente de estos se p o n ia n , se llam a-
«ban Infanzones, nombre que denota ma-
« yo ria , por cuya razó n in c u rriria en un
« e rro r muy craso y p erju d icial á los
«servicios de aquellos hombres form ida-
«bles , el que ju z g a ra que podia haber
«en el m undo liombres mas honrados que
« ello s, lo que basta y sobra p a ra que casi
«se distingan en especie de los dem as
«hom bres. D e x ó de leer e l C ab allero
D on P ela y o , y hablando en tre sí decia: ya
ap unté yo esta d elicada qíiestion en mis
m ejores y m as floridos años , p ero es­
can d aliza con e lla á D on T om ás de M e ­
na , aunque los muy RR. P P . que iban
á capítulo (no obstante ser escrupulosos)
a llá de botones a d e n tro , como solem os
d e c i r , se inclinaban á que p u d iera ser
opinión p ro b a b le, y como o tra s muchas,
DE LA CANTABRIA. j
defenderse; y si entonces la hubiera e x o r­
nado con esta reflexión ju ic io s a , acaso
la hubieran tenido p o r del todo c ie r ­
ta , de que infiero ser im posible en p o­
co tiem po y casi de rep ente establecer
un sistem a nuevo , y que por lo mism o
convendría salir segunda v e z por el m un­
do p a ra acabar de e le v a r á los In fa n zo ­
nes como se m erecen. L a s grandes em ­
p resas piden determ inaciones grandes,
y los corazones apocados tienen un p a ­
rad e ro obscuro. N o s e ria tan fam oso C o ­
lon , aquel hombre tan d e te rm in a d o , si
se hubiera contentado con a q u el via ge p ri­
m ero que anim osam ente hizo á las A m é -
r i c a s ; y h asta D on Q u ix o te gobernado
p o r exem p lares de e sta clase dexó tres
veces el sosiego de su casa p a ra re s ta ­
b lecer una C ab a lle ría p erju d icia l a l uni­
verso , y asi nada ex ecu ta ré yo que e s­
can dalice, si determ ino salir segunda v e z
d e esta V e g a con aqu ellos fines que sa­
lí la v e z p rim era de la p a tria . N o q u i­
so e l cielo acordarm e en unos años e s­
tas obligaciones porque me m iraba ocu­
pado dign am en te, y lo hace aho ra que
habiendo felicitad o á mis ren tero s satis­
fa r é mis gustos, sin que puedan con r a ­
zó n argüirm e ni decirm e que los m iro
8 QUIXOTK
con una especie de indolencia. D a r é p a r ­
te de esta nueva determ inación al ap a­
sionado M a te o de P a la c io , pues aunque
tien e defectos y muy c ra s o s , de ninguito
m e v a ld ré que no los tenga y acaso m as
p erju d iciales. M a ría Josefa sen tirá mi
ausencia como es ju s t o , pero la ley del
y u g o su a v iza rá su p e n a , y acaso la pedi­
r é licencia p a ra una em presa que ce le ­
b r a r á silenciosam ente ; pero no : e lla lia
tenido una educación c h ris tia n a , aunque
m uy g r u t e s c a , y yo mismo he notado
q ue aborrece el tra to de unos hom bres
que hacen vanid ad en ser adelan tad os.
E s asimismo muy ju ic io s a , y conocerá
q ue esta pasión, al paso que no es de las
q ue mas d e s tr o z a n , puede se r en mí tan
f u e r t e , que resistid a acabaría conm igo,
y es la m uerte una cosa tan terrib le que
debem os a le ja rla quanto esté en el a rb i­
trio humano h asta aquel punto fa ta l en
que los distraídos y tam bién incrédulos
6e ven precisados á conocer que son m or­
ta le s , y que sus alm as nunca acaban. N o
dexo de conocer que se desazonarán a l­
gunos , otros se pondrán de m i p artid o ,
y los mas d irán que cada uno gobierne
sus a cc io n e s, pues solo con D io s debe
entenderse e l que en e l tra to hum ano
DE L A CAN TABRIA. 9
Tío introduce novedades que a lte ra n á los
dem as h o m b res; estos reflexion arán de-
sinterad os , pero lo cierto es que no c a ­
be en las facu ltades de un hombre (aun­
que esté adornado de excelen tes q u a li-
dades) la segu rid ad de a g ra d a r á todos;
y asi esto me b asta p a ra determ inarm e
á una segunda em presa.

C A P I T U L O II.

Don "Pelayo participa á su querida esposa


el nuevo pensamiento de salir segunda vez
fuera de la patria.

1 ( C o n t a b a el C ab a llero D o n P e la y o
con la singular fo rtu n a de ser esposo de
D oñ a M a ría Josefa de la L ig a , h ija de
D on F a u sto M ig u e l y D o ñ a F lo re n tin a
de la G ra n d a ; vivían en una sum a p a z
los dos consortes , no habiendo en tre
ellos o tra vo lu n tad que la de aqu el que
p rim ero proponía. Jam as se despedía
criad o alguno de la c a s a , gobernándose
por una m áxim a bien r a r a , p orque de­
cía Don P ela y o que quanto m as antiguos
son los criados de e l l a , menos extrañ an
las fa lta s , llegando por últim o á cierta s
circun stan cias en que defienden como
lo QTJIXOTE

p ropios los defectos de los a m o s, porque


e l afecto que en gen d ra e l trato largo
lo su aviza todo. A ñ a d ía se á esto no ser
im portuno D on P e la y o y D o ñ a M a r ía
Josefa menos si es que cabe, p orque uno
y otro solían hacer la cosa antes que
m a n d a r la , y juzgo que deben conducir­
se de este modo aquellos amos que ó no
p agan á sus c r ia d o s , ó estos ganan unos
salarios re d u cid o s; tales eran las con di­
ciones de estos dos consortes , y ta l e l
agasajo de D o ñ a M a r ía Josefa de la L i ­
g a , á quien dixo su querido esposo:
3 Saben muy bien los altos cielos,
esposa muy a m a d a , quanto siento com u­
n icarte unas m alas nuevas, y supuesto que
n uestro D io s es tan pródigo en fa c ilita r
arb itrios á poca co sta suya (y aunque d i­
g a que á ninguna no me engaño) pudie­
r a darm e luces c la ra s de uno que 110
fu e r a tan p erju d icial al am or que nos
tenem os. H ijos nos lia dado su sabia y
d iv in a p ro v id e n cia , no carecem os de bie­
nes de fo r t u n a , pero estos no sufragan
¿ las ideas que tenemos de colocarlos es­
clarecid am ente y p or lo mismo es nece­
sa rio que nos industriem os ; pero lo que
siento e s , que p a ra esto es indispensa­
b le sep a ra rn o s, y p o r eso digo que p o r
DE L A CAN TABRIA. II
o tr a v ía menos rig u ro sa poclia e l Señor
hacernos algo m as felices. N a d a de quan-
to me has dicho entiendo , esposo m ió,
rep licó D o ñ a M a r ía Josefa , y cad a v e z
lo siento m as te e x p liq u e s con rodeos y
d e un modo que p arece m isterioso. L a s
cifra s entiendo yo que vienen bien p a ra
los e n a m o ra d o s, p o rqu e la pasión que
tanto les oprim e hace h ablar á veces
de un modo que á e llo s m ism os cau sa
m a r a v illa ; pero e l m arido con su m u-
g e r lia de hablar con l is u r a , y en un to ­
no que á m edias voces se p e r c ib a , y no
com o tú que p arece hablas con los Sena­
d o r e s , y asi sabe e l cielo quanto siento
no entenderte. N o te m ara ville s de no
h ab er penetrado lo que intento yo d ecir­
te , dixo D on P e la y o , p orque no fu e ra
ello de una im p ortan cia s u m a , si á las
p rim eras insinuaciones q u ed ára s e n te ra ­
d a ; pero lo cierto es que D io s me en ­
tiend e y yo tam bién me entiendo , y á tí
t e sucederá lo mismo quando te d ig a
que tengo pensado s a lir segunda v e z de
nu estra V e g a en com pañía de M a te o
p a ra d ar un cum plido gusto á m is deseos
g ra n d es; pues aunque la v e z p rim era ex­
perim enté de t o d o , en esta casi m e ase­
g u ro ha de ser p a ra fe lic id a d de m u-
12 QU 1X0TE
clios. N a d a m as d ixo por aho ra D on Pe*
lay o porque notó disp licencia en su q u e­
r id a esposa, que hecha cargo de todo d i­
x o : yo me tengo la c u lp a , esposo m ió,
de que salgas en el d ia con sem ejante
d is p a r a te , pues si hubiera quem ado una
v e z aquellos papeles viejos que ocup a­
ban el a rm a rio , no tu vie ra s m otivo p a ­
r a volver á las a n d a d a s ; dexé de h a ­
c e rlo porque discurrí habría entre ellos
algu n o de im portancia, aunque los dem as
fuesen dignos de la l la m a , y me p esa
en e l dia mucho p orque veo resucitaron
en tí aquel nunca visto e stra fa la rio em ­
peño que te sacó de casa. Q uando yo
e r a r a p a z u e la , tengo muy presen te que
d ecia mi m adre e r a m ucha lástim a h u­
bieses perdido el juicio , y que m as de
q u a tro rehusaron recibirte por esposo
tem iendo justam ente una r e c a id a ; y y a
q ue yo no fui tan ad vertid a ni m irad a
com o aqu ellas , debiera haber e stip u la ­
do que tú no me habías de d ex a r en a l­
gún tiem p o , pues tan grande e ra la v o ­
lu n tad que me t e n ia s , que te hubieras
convenido en un p artid o aunque fu e ra a l­
go vergonzoso. E r a necesario que me
co n vin iera en eso, esposa m ía, in terrum ­
pió e l C ab allero D o n P e la y o , porque la
DE L A CANTABRIA. 13

esencia del m atrim onio pide que los con­


sortes v iv a n juntos , y asi con e l conoci­
m iento de e sta c a rg a no p retendo sepa­
rarm e por un tiem po la rg o , ni sin tu
perm iso. Si mi condescendencia h a de
ech ar el f a l l o , dixo D o ñ a M a r ía Josefa,
desde este punto me convengo en que te
alejes de la V e g a con el fin de p asear
ó de ca za r un ra to , pero la noche te
h a de cojer en casa. B uen o fu e r a que
yo me q u ed ara sola con la fa tig a y t i­
món de la lab ran za por au sen tarte tú
á dar que decir á los hom bres cuerdos,
gastando lo que nos hace f a l t a , y de-
xándom e ex p u e sta á algún in s u lto , pues
no soy tan a ju stad a que pueda prom e­
term e no flaqu ear en algún instante. E sa
d escon fian za, e s p o sa , dixo D on P e la y o ,
compone m ucha p a rte del c a ra c te r de una
m uger fu e rte . Sabes m uy bien que p a ra
la lab ran za no hago fa lta estando A n ­
selm o á la v ista de e lla . L o s m uchachos
oyeron siem pre tus le cc io n e s , la s ocupa­
ciones de R om ualdo son conform es al
ca ra c te r m ío , y no creas que los hom ­
bres de juicio tengan que re ír á costa
m ía ; tam poco ign oras que hemos descu­
b ierto en n u estra V e g a un abundante
m in eral de A z a b a c h e , que en las Indias
14 QUIXOTE
según c a rta s tiene mucho aprecio, y que
e l giro debemos en tab larle en C á d iz . A
tod o esto se añade que e l via ge por m ar
es de pocos d ia s , y asi no iiay m otivos
p a r a ponerle ceño. ¿ V o y por v e n tu ra
com o otro R anzé á sepultarm e v iv o en
a lg u n a T r a p a ? ¿ M e determ ino acaso á
d a r una v u e lta a l mundo como lo h i­
zo e l animoso M a g a lla n e s ? ¿ In ten to
em peñ ar la h a c ie n d a , disponiendo una
s a lid a que m eta m ucho ruido ? ¿ H a de
s e r despreciado e l proyecto de a d elan ­
t a r la casa ? L a s m ugeres , aunque al­
gun as ten gáis entendim iento despejado,
os alucinais del todo quando piensa e l
hom bre en algun a cosa g r a n d e ; y si de
p ron to no p aip ais gan an cias aunque sean
p e q u e ñ a s , no q uereis d a r oídos á unas
ideas que á lo lejos anuncian ven tajas
m uy exorbitan tes. N o dexo de sen tir h a ­
y a s dado créd ito á tu m adre en aq u ellos
tiernos años en que la oíste d iscu rrir
sobre mis cosas. Entonces una frív o la
objeción e ra muy bastante p a ra que si­
g u ie ra s su p a r t id o ; porque tu m ad re
m ejor que m anejar la agu ja sabia dibu-*
x a r una d esgracia. Si en el dia te con-
tá ra n con fidelidad a q u e lla expedición
p r im e r a , celeb raras la reSoiucion q u e
DE L A CANTABRIA. 15
tu ve ; porque en e lla ni em peñé la casa,
ni me restitu í á la V e g a sino lleno d e
adm irables desengaños. C ontaba mi an­
ciano padre, como hombre r e fle x iv o , q u e
daba contento oirm e r e fe r ir va rio s fen ó ­
menos extrañ o s que yo mism o he des­
cubierto en el tr a to hum ano, presen cian­
do por d esgracia la ruin corresponden­
c ia de sugetos bien favo recid o s ; y tengo
la satisfacción de haber pensado siem pre
con e l honor correspondiente á mi ca ra c ­
ter. C reo te a flig irás m uchísim o viénd o­
me en e l m edio de las incom odidades,
y acaso exp u esto á q u eb ran tar la ley de
la c o y u n d a ; pero e l tem or de D io s es
en mí ( g r a c ia s á su bondad d ivin a ) un
fre n o g r a n d e , y la c e rte z a de ten e r
que com parecer á p resen cia suya en ca­
lid ad de r e o , a le ja de mí un pensam ien­
to m alo. L o s trabajos d el cam ino ta m ­
bién se dulcifican haciendo cóm odas jo r­
nadas ; pienso juntam ente d a r la v u e lta
p r o n t o , y en el em porio del mundo me
in form aré de las m as recien tes m odas
p a ra tra e rte un tra g e , p o rqu e no m an ­
cha un alm a grand e e l e x te rio r a d o r­
no si se lle v a con buen a com postura.
A l l í se re co p ila m ucha porcion del orbe;
v eré lo que m as m e a g r a d a , y asi esp e­
16 q t j ix o t e

ro que te aniveles con mi modo de pen­


s a r , que y a te be descubierto. H az tu
g u s to , esposo, dixo con v o z doliente D o ­
ñ a M a r ía J o s e fa , y quieran los divinos
cielos que no te re tire s pesaroso. V e n ­
ció D on P e la y o este estorvo poderoso, y
lla m ó á M a teo p a ra que en com pañía
su y a le siguiese.

C A P I T U L O III.

Llam a Don Pelayo & Mateo de P a la cio , y


le dice en carta se disponga para fa lta r
algunos dias de la casería.

i ( C e l e b r ó D on P e la y o e l perm iso de
su e sp o sa , y p a ra s a lir quanto antes de
la V e g a á dar que decir con ton terías,
escribió á M a te o , que muy lexos de pen­
s a r en segunda em presa lle g ó á la V e g a
con deseos de saber á que efecto le lla ­
m aba su amo con tales prevenciones. D e-
x ó se ver de M a te o con sem blante a le ­
g re , y conociendo el criado e l hum or
bueno que en el amo reynaba por enton­
c e s , parece que le dixo: Dichosu de Vusté,
Señor nti amu , y que valientes ganes tieru
de veme estropiaau en los caminos, y a se
conoz que Vusté está fartuquin en casa , y
DE L A CAN TABRIA. 17
que solo puede tener fa lta de algunos espan­
tajos para entretener el tiempu ; pues en
verdí que ya non estamos para desampa­
rar la compañía , y yo de min digo que
me fuera mas acertado repasar la v id a ,
y facer una confesion general, non sea el
diablu que me atrape la muerte sin pen­
sar en ella. E so puedes ten erlo casi por
seguro , am igo M a te o , dixo D . P ela y o ;
y por lo mismo te expones , si vives un
instante solo sin e sta r dispuesto ; p ero
esto no esto rva á que pensem os en ac­
ciones g r a n d e s ; porque en quan to e l
hombre viv e , está obligado á desen vol­
verse , no sea que la inacción le pon­
g a en térm inos de p erd er la g r a c i a , y
es com patible con e lla un heroísm o , jr
p o r lo mismo te llam o p a ra que ten­
g as entendido que nos vamos* ¿ Por qué
parte nos vam os, Señor ? p regu ntó M a te o .
P o r ese mundo a rrib a , dixo D . P e la ­
yo. Vusté ¿ qué diz mi amu ? rep licó
M a te o . ¿ Ansi Dios lu ayude, como pien­
sa en facer otra barrabasada como la que
ficimos los dos quando mos plantamos en
M a d r il, sin tener que fa cer en aquella tier­
ra ? S í , am igo ; pero esta salid a ó b a r­
rabasad a no será tan la rg a , dixo D .
P e l a y o , porque em barcándonos en una
l8 QUIXOTE
fr a g a ta in g le s a , que luego se d a rá á
la v e l a , nos pondrém os á poco tiem-
p o en C á d iz , y dexando a llí en tab la­
do el giro de este descubrim iento nue­
vo de azavache regresarém os por tier­
r a , pero sin detenernos voluntariam en^
t e : p ara esto eres llam ado. Y habien­
do observado que desazonabas á las
gentes por hablar tan zafio , me tom a­
r é el trabajo de enseñ arte el c a ste lla ­
no , aunque no sea mas que así como
y o le h a b ió , y los dos parecerém os Es­
pañ oles á lo menos. Home, Vusté va per­
diendo pocu á pocu la cabeza , ansi Dios
me ayude , rep licó M a te o . ¿ Cómo quitr
Vusté que yo con los años que tengo apren­
día agora el castellano ? N o te tengas en
tan p o c o , M a t e o , dixo D . P e la y o , y
extrañ o te resista s á una cosa que pu­
d ie ra h o n r a r te ; porque creo que la in­
clinación á m ejorar en todo género de
su erte es inseparable de la condicion hu­
m ana. Y o en todos tiem pos p rocuré orien­
ta r te , y algo he co n s e g u id o ; p ero ya
v e o que con la separación de mí estás
occidentado. Por María Santísima de Qua-
donga non diga tales coses , interrum pió
M a te o . Yo bien puedo ser un probé, deso
non me aparto \ pero non estoi acidentadu,
DE LA CANTABRIA. 10
grades a tos Cielos , nin tengo achaque qué
me estorve á ganar un zoquete de borona; y
ansi non sé con qué íoncencia me echa en los
focicos que estoy acidentadu : mire que an-
que callo, piedres apaño, y non soy tan ro­
cín como pensó Vusté en algún tiempu; y
anque sea delantre del Rey mismu , diré
que non estoy acidentadu. O ccidentado he di­
cho , M a te o , y no accidentado , dixo D .
P e la y o , que es lo mismo que pobre de ideas
y conocimientos; pues asi como al que en
ésto a b u n d a, se dice de él que está m uy
orientado , a l que carece de ello s , como
tú , se le puede d e cir que e stá ó se ha>-
11a o ccid en tad o ; y si este modo de exp re­
sarse no está hoy en u s o , capaces so­
m os los dos de introducir una vo z que
de un golpe m anifieste la ninguna ins­
trucción de muchos m iserables ; y v o l­
viendo á hablar de nuestro asunto , d i­
go que no te debes e scan d a lizar de mi
p royecto. Com o tú en M a d rid ocupabas
casi todo el tiem po en dorm ir , y cuidar
d el p o tr o , no observaste , como yo., los
progresos que en esto de idiwmas hacen
los M aestro s hábiles, pues muchos de ellos
tomaban de su cuen ta la instrucción de
gentes , y a con c a n a s , y también m u­
chachos , y en menos de dos m eses los ha-
B 2
20 QUIXOTE
bilitaban p a ra hablar el fra n c é s , inglés
y el ita lia n o ; y aunque las lecciones no
eran muchas , y de pocas h o r a s , lo cierr
to es que los M a estro s los habilitaban
p resto ; y si esto sucede con un idiom a
enteram ente extrañ o , no debes m a ra v i­
lla rte quando en pocos dias salgas un
decente castellano ; y poniendo el m a­
yor cuidado en hablar , como yo te en­
señe , y poco , ve rá s como lo logram os;
y también te d i g o , M a t e o , que si me
p rccisára n á una de dos cosas , á saber,
á enseñ arte h ablar el castellan o , ó á
que ba) láras los m inuetes que baylam os
en e l d i a , e lig iría lo p r im e r o , dexando
lo segundo , porque p a ra aq u ello descu­
bro en tí unas disposiciones buenas , y
p a ra esto ad vierto que la n a tu ra leza no
te fu e p ro p ic ia , ó tu m adre no se es­
m eró mucho quando te fa x a b a , debien­
do confesar que tu cuerpo está como em ­
p la sta d o y las p iern as bastante a tra v e ­
sadas. Mire , mi A m u , y o para decir lo
que siento , grades á los Cielos, nunca me
empapizo 1. Vusté non tien que echar muches
plantes con los bay les, y el que lu oyga
pensará que F u s tí yé un arliquin, que vi­

I Atraganto,
DE LA CANTABRIA. 21
no i t Anís á enseñar los membretes á los
Españoles. 'M in uetes , m ajadero , que no
membretes , dixo D : P ela y o , y ten en­
tendido que la cap ita l de F ra n c ia se lla ­
ma P arís , y no A n ís , como tú has di­
cho. Llámese como quiera, Señor , rep licó
M a te o , porque yo pongo poquísimu cuida-
du en aqueses patarates ; pero cada v e z me
quedo mas plasmadu con Vusté , que en qua-
tro semanes , fágamenos de cuenta, intenta
en que yo fa le el castellano. D e l mism o m o­
do que los que te digo hablan el fra n ­
cés con dos m eses de e s c u e la : no tie ­
nes que d u d a r lo , dixo D . P e la y o , y quan-
tos los oyen , como sean E sp añ oles , los
tienen por legítim os F r a n c e s e s , y por lo
mismo me inclino á que es ocupacion de
poco tiem po. L la m a rá n á tí M o n siu r
M a té , y á mí M o n siu r P e la y é : dígolo
porque uno de estos a p re n d ice s, hablan­
do con cierto carp in tero , tuvo necesi­
dad de m andarle m udase de un sitio á
otro una e sca le ra de m ano , y v a lié n ­
dose de lo que habia a p re n d id o , y p a -
vra que no se le olvidase por el poco uso,
d ix o : Monsiur Charpintier porta le esca-
Her. E l carp in tero entendióle p ro n ta­
mente , y quedó p ersuadido á que en el
francés estaba en terado algun a co sa; y
22, QUIXOTB
asi yo también m e inclino á que lo gran ­
d o desfigu rar las vo tes se habla en o tro
id io m a , y tanto pufeden lle g a r á desfi­
g u ra rse , que el que hable p arezca que
se ex p lica en g rieg o , y esto es m as apre-
ciab le en algunos hom bres; y asi no du­
des poco ni m ucho que saldrém os be­
llam en te con e l p royecto que nos p ro ­
ponem os , y si algun a vez te pasases á.
tu n atu ral id io m a , habrem os de ten e r
p a c ie n c ia ; porque si la costum bre co rre
p a reja s con la n a tu ra leza m ism a , en tí
e l lenguage zafio de tu tie r r a es tan
n a tu ra l como el ro n car d u rm ien d o, 6
com er á dos c a rrillo s. V en cid o éste , que
á tí p arece un im posible , saldrém os con
ayu da de los C ielos , y yo seré mas ad­
ve rtid o que la vez p rim era , no dexan­
do arrin con ada mi excelen te e x ecu to ria ,
y se m e pasó por a lto aco rd arte á tí
esto mismo p a ra que no te vin ieras sin
la tu ya . Nada perdió Vusté en que non me
lo haya prevenido, Señor, rep licó M a te o ,
porque el añu pasadu vendí la Jidalguía por
quatrociemos reales que me sacaron vívu del
inviernu, y si ansina non mos hubiéramos
remediado, non sé yo como mos fuera sin
pan , y sin maíz en casa; y si me hubiera
gobernado por la muyer que tengo, antes la
DE LA CANTABRIA.

hubiera vendido, y por rnunchu menos, por­


gue como los Señales son como sabemos todos,
estaba á matar con aquel espantayu en casa.
¡ O h , qué mal lias h e c h o , am igo M a t e o !
exclam ó el C ab a llero D . P e la y o . P ued o
asegurarte que la exe cu to ria de los P a la ­
cios es muy e x c e le n te , y entre los p ap e­
les que hay en el arch ivo de la V e g a se
lee una inscripción que dice:
L e e ca m in a n te , y lee despacio
R egalías de la C a s a de P a la cio .

En el escudo de vu e stras arm as se ha­


llan dos q u a r te le s , uno de e llo s rep resen ­
ta á un hombre s o lo , resgu ard án d ose con
unos m al colocados cantos de los vientos
r e c io s , y en el o tro á este m ism o hom ­
bre lleno ya de canas , rodeado de vario s
c a rp in te ro s , albañiles y p e o n e s, le va n ­
tando un p alacio m uy suntuoso ; y de aquí
se infiere que el tronco de tu casa pudo
ser e l a rq u itecto prim ero que se vió en
el m u n d o , y lo confirm a o tra inscripción
a n tig u a , que si no me e n g a ñ o , dice:

E l prim ero que a rb itrió m eterse en casa


F u e un hombre de nu estra m ism a m asa,
M a s a p re c ia b le , sin duda, que el topacio,
P uesto que construyó el prim er palacio.
24 QUIXOTE

Tod o esto , am igo M a t e o , d e clara á


tiro s largos las excelencias de tu c a s a , y
sin duda alguna com etiste un y erro sin
m edida quando vendiste tan a rro g a n te
e x e c u t o r ia , y acaso algún hijo tuyo en
los venideros tie m p o s, a llá entre dientes,
te ech a rá un m illón de m aldiciones. Toda
la culpa de esto vien á tener Vusté , Señor%
rep licó M a teo , que nunca me cunto hasta
agora tales coses , y como Vusté non falaba
bien si non de los Infanzones de la Vega,
pensaba yo que todos los del mundu veníamos
á ser criados de ellos, y agora que non tien
ya remediu , sal Vusté con aqueses nueves,
porque está de Dios que siempre ha de fa la r
quando non vien al casu. Y o hablo quando
conviene so la m e n te , am igo M a t e o , d i­
xo D . P e la y o ; y y a que no tiene rem ed io ,
disim ula el d is p a r a te , no des á conocer tu
ig n o r a n c ia , m iseria y lig e re z a ; y aho ra
pasa á ve rte con tu ama que te e stá esp e­
rando.
P E LA CANTABRIA. 2 $
C A P IT U L O IV .

$ntra Mateo á ver á su am a, y se admira


Heve í mal salga acompañando segunda vez
a su amo Don Pelayo.

i N o le cocían muy bien á M a te o en


el estómago las v e rza s, como suele d ecir­
se, con lo que escuchó á su am o de las e x ­
celencias de la casa de P a la cio , y y a le pe­
saba haber ven dido los papeles de fid algo,
no porque los estim aba mucho , sino p or
parecerle que los habia dado casi de va ld e;
y también se consolaba quando se acord a­
ba que su amo en cosas de nobleza d isp a­
rataba mucho ; y por lo mismo , no h a ­
ciendo caso , como él d e c ia , de aq u ellas
pataratas , pasó á verse con su am a D o ­
ña M a ría Josefa , y al e n tra r en el quar-
to dixo : Alabado sea Dios. P a r a siem pre
sea alabado y b e n d ito , am igo M a t e o , re s­
pondió D o ñ a M a ría Josefa : Y ¿ cómo
queda tu M a r ía F ran cisca ? Quedaba bue­
na , Señora, respondió M a te o . Parez que
non pasa dia por ella , ansí Dios me ayude,
y dempues que tuvo el postrer partu , buenu,
nin malu non tuvo otru , á lo que yo sepia,
nin tien ánimu átenelu : yo lo mas del tiempu
3.6 QTJIXOTE
ócupolo en allendar 1 les bagues , y en les
coses de ella non me m eto, porque tien una
condicion bien desesperada ; y como la ma­
dre siempre se pon de parte de ella , tien un
hombre que callar el picu , y encoyer, si non
quicr ruidos, los costazos; pero , como digo,
cuidase guapamente, y si algún bocadu bue-
nu hay en casa vien á ser para ella , y asi
dase una vida que parez una señora. M a l­
dito cuidadu tien con que les coses del mun-
i u anden ó no anden , y asi duerme la mita
del tiempu. D ich osa de e lla , M a t e o , d i­
xo con vo z doliente D o ñ a M a r ía Josefa,
¡ q u ien p u d iera reducirse á eso ! Pues qué
¿ Vusté tien envidia á la mió Pachona ? p re­
gun tó M a te o . E l diablu que á Vustedes les
entienda. Les mas de les muyeres, si dan en
comer tierra, han de atracase de ella meyor
que de perdices. Con razó n tengo en vid ia á
tu e s p o s a , am igo M a t e o , respondió D o ­
ñ a M a ría J o s e fa , porque sin v e r la a lca n ­
zo q u e será dichosa. E n la clase de pobre
e s ta rá c o n te n ta : no la fa tig a rá n los cu i­
dados de la casa : acerca de la educación
de la fa m ilia , será de sentir que una di­
lig en cia menos que m ediana b a sta : tam ­
poco teneis c ria d o s , cu ya v ig ila n c ia a ca r­

i Guardar ó apacentar las bacas.


DE LA CANTABRIA. 3 JJ
rea d esvelos, y la colocacion de los hijos
n o la causará la m ayor p e n a , haciéndose

cargo de que q u a lq u ie ra corresp on d erá á


su humilde nacim iento; pero triste de m í,
que hoy pienso con m oderación en este
p u n to , y m añana q u iero rem ontarm e.
Quando veo que la casa tiene poca p la ta ,
me acomodo á una colocacion m e d ia n a , y
me avergüenzo haber pensado b axam en te,
quando vu elv o sobre m í , y reflexion o que
mis hijas son nada menos que In fa n zo -
íias. U nas veces q u isie ra v e rla s m onjas,
y otras dexo de h ab larlas de este p e rfe c­
to estado, porque no digan algún d ia que
mis lecciones continuadas tu vieron fu e r­
za de precepto. Y a pienso com unicarlas
por m edio de m aestros a q u e lla nueva a l­
ma que tanto celeb ra e l m u n d o , y se ad­
m ira en las que baylan con d e s tr e z a ; y
ya me re tiro de este pensam iento , por­
que de los bayles nacen tam bién desas­
tres. Y a pienso ponerlas en la m ano la
p lu m a , p a ra que ausentes puedan p ro ­
d u cirse, y form ando id e a s , d escrib irlas
con colores vivos , y y a me pesa haberm e
inclinado á e llo , porque por esta v ia p u e­
den m aquinar alevosías , y desp edir en­
cendidas llam as en o b s c u ra tin ta. T u m u-
|e r tiene el trabajo de s u frir á un jn a ri-
¡28 QU1XOTE
d o , de esto no me a p a r t o ; p ero es tan
bueno , que se c a e , como decimos , á pe­
dazos , y no se excusa de que le ten ga­
m os en el concepto de un pobre m ajade­
ro ; pero á mí me fa tig a ta n ta discreción
en tu amo por v e rla mal aprovechada.
N o se contentó con haber dado en qué
r e ír á los ociosos , quando se fue á M a ­
drid en compañía tu ya , sino que quiere
segunda vez alb orotar-las gentes. E n to n ­
ces casi e ra llevad ero , porque no le ti­
raban las ob ligaciones; pero en el dia es­
tá casado , y por lo mism o la m u g e r , los
hijos , y el cuidado de la casa debieran
deten erle ; y si él en este punto es loco,
tú eres un solem ne m entecato, que te de­
term in as á segu irle acaso contra el g u sto
de M a ría F ran cisca , que am argam ente
sen tirá tu ausencia, pues no todas las m u-
g eres se alegran de que sus m aridos las
den una libertad tan g ra n d e ; y á lo que
yo en tien d o , tu m uger es r e c a ta d a , y no
es razón exp on erla á que ausente t ú , ten­
g a algunos quebraderos de cabeza ; y los
m as dirán que haces estos viages solo por
lle n a r el cuajo , y por el ínteres de que
te d é alguna fan ega de pan en algún año
m a l o , sin considerar que las gentes de
algú n juicio se enfadan de tí p o rq u e eres
DE LA CANTABRIA. 29

tan a d elan tad o , y porque apenas hablas


palabra que te entiendan. En eso ya mi
amu quier poner algún remediu , Señora , in­
terrumpió M a te o , porque diz que se obliga
á enscñame fa la r el castellano en menos de
dos meses; pero non puedo menos de estar muy
cgradecidu de Vusté , por la opinion en que
me tien á min y í la muyer que me dio la
Iglesia quando á mi mismu me d i z , sin an­
dar en cumplimientos , que vengo á ser en ca­
ía un pedazu de borricu. E l Cielo se lo p a ­
gue , Señora , ya que yo non puedo, y dis­
ponga que los rapaces de Vusté salgan bien
dispiertos, y non la den que sentir en nada.
En lo que asegura Vusté de la mió Pachona,
indinándose á que siempre fu e muy recatada,
maldita la cosa pon Vusté de mas en lo que
cuenta, porque dempues del tropiezu que tu­
vo quando era rapazona , non creo que tu-
vies otros quebraderos de cabeza i,pero pue­
do decir de ella que tantu me estima en casa
como á un tabardillu , ó á algún mal de p ie­
dra , y con todo yo non fa g o malos juicios,
porque sé que les mas de les muyeres son ami­
gues de divertise un pocu , y los hombres
facen, lo que pueden ; y el que tome estes co­
ses de otru modu , perderá la cabeza, y non
adelantará un pasu mas que adelantaron los
hombres qut poblaron isti mundu; pero agora
go QTJIXOTE
que podemos fa la r sin que mos entienda nai­
de , digo que me espanto de Vusté viéndola
llevar á mal el que acompañe í mi amu, quan­
do pensaba que me habia de dar les grades
porque non reparaba en pasar trabajos solo
por servilu, y nunca pudi averiguar con qué
concencía permitió que fu es con él fa sta León
descalzu , ¡levantando con les dides mas de
quatro piedres, atropellando escayos 1 , y
quitando con les piernes el rocíu í les ortigues,
■ y sentiré que Vusté piense que per los cami­
nos ye bizarru , porque con venti reales ye
capaz de dar una guelta al mundu; pero que
en servilu lleve yo algún Ínteres buenu, non.
debe espantar pocu, nin munchu, y tamien
digo que si Vusté se enfada , y non quier que
lu acompañe , asi lo f a r é , y que se compon­
g a como pueda , si quier otra vez salir á que­
brantar cabezes con tantes mentires como cuen­
t a , ponderando á los de la V e g a , echándo­
los á perder con simpleces, sin venir alca-
su , riéndose de él mas de quatrO picarones,
sin conocer nada, porque tien munchu de ino­
cente , y esto á min duelme , y como cono­
cen todos esto mismo, vanse delantre de min
con tientu, y ya saben que lu han de tratar
como corresponde ; pero dígase todo y a , Se-

i Espinos fuertes.
DE L A CANTABRIA. 31

fiora, y tnire que si voy acompañíndolu ten­


go atar el dedu , saber de cierto quarttu sa-
lariu gano, y nin para bien, nin para m al
se ha dt acordar de los Asturianos , porque
son muy delicados, y non quieren que dos per­
sones de pocu mas ó menos, como yo y mi amu,
traten de ellos; y si con estes condiciones non
me quicr lle v a r , y está Vusté comenta con
que yo me quede, y me vuelva para casa , lo
Jaré muy presto, y sin meter ruidos , porque
sé muy bien que non se ha de meter cisma en
los matrimonios. ¿ Entendióme V u sté, Señora?
Y a te he en te n d id o , M a te o : n o t e a tu ­
fes tanto , respondió D o ñ a M a r ía Jose­
fa ; tam poco pienses en v o lv e rte , porque
una cosa es que yo d ig a lo que siento,
y o tra d esb aratar las ideas de tu amo:
soy esposa suya, y conozco que estoy p re­
cisada á s u je ta rm e ; tam poco v iv o muy
enterada de los fu ero s que á las m uge-
res nos da la ley del m atrim o n io ; pero
aunque sean ventajosos , no pienso ap ro ­
vecharm e de ellos. E n todo nos quieren
exceder los hombres , y respetan tan
poco nuestros p areceres , que solo nos
conceden un proporcionado ta le n to p a ra
manejar el h u s o , y a sear la casa. A lo
de hablar en castellan o , no sé como no
conoces que es muy im posible , porque ni
32 QTJIXOTE
tu amo to m ará eso con em p eñ o , n i tú
está s en edad p a ra enseñ arte ; y si lias
de h ablar un castellano c h a p u rra d o , m e­
nos m alo es te exp liq u es en tu idiom a,
p orqu e ninguno le tiene por del todo bár­
b aro ; y con esto re tíra te p orque ven drás
cansado.
C A P I T U L O V.

Embárcase el caballero D . Pelayo para Cá­


d iz, con el fin de dar salida al azabache, sin
olvidarse de ilustrar la patria.

i ^ í o muy lexos de la V e g a h abia


fondeado una fra g a ta in g le s a , y D on P e -
layo se introduxo tanto con el C ap itán
de e lla , y se aficionó de suerte á su p er­
sona , que celebraba in teriorm ente ten e r
m otivo justo p a ra no sep ararse de P a t r i­
cio de Cham payna (p u e s asi se llam aba
el inglés que comandaba la f r a g a t a ) ; ajus­
tó con él el viage h asta desem barcarle en
C á d iz , como también á M a te o , y un poco
de azabache que llevab a p a ra m uestra,
quedando de cuenta del C ap itan e l a li­
m ento de amo y m ozo , y por todo e x ig ía
C ham payna cortos intereses , y a porque
los ingleses entienden e l com ercio , y y a
porque los via g e s p or m ar cuestan m u­
DE LÁ-CAN TABRIA. 33

cho menos que por tie rra . D isp u so D o n


Pelayo con acierto las cosas cíe su cas¡t
para apartarse de e lla con algún sosie­
go. Intentó in struir á M a te o en el cas­
tellano ; pero desistió m uy presto del p ro­
yecto por p arecerlc q u e p erd ería el tiem ­
po ; y solo le p id ió , como p or súplica*
hablase poco y del modo m as posible cía-*
ro. D ió p alab ra M a te o de que le obede­
cería ; pero p a ra cam inar amo y mnzu
con cuentas a ju sta d a s, dixo D . P c la v o .
1 E n tre m arido y itu ig e r , M a te o am i­
go , nada hay ó debe haber que sea r e ­
servado; lo mismo te sucederá á tí, por­
que eres m arido , y tien es e s p o s a , que
es M a r ía F ran cisca de Z e ñ a l , m oza que
dexó m em oria en esta V e g a , como tú
no ignoras : digo esto, p orqu e D o ñ a M a ­
ría Josefa me aseguró que no p a rtir ía s
en mi com p añía, si no asegurabas p rim e­
ro tu p artid o , y si yo no me convenia en
dexar de h ablar de los A stu ria n o s. A lo
primero digo que te asigno doce q u arto s
cada dia. Home, í lo menos d'eme rial y me­
dia , interrum pió M a te o . Tam bién m e
conform o, dixo D on P e la y o , p orque no
digas que tengo algo de m ezquino. Com e­
rás y beberás conmigo en todo e l tiem ­
po .que te o c u p e , y tam bién te d a ré a l­
34 QUIXOTE
gun a cam isa v ie ja si te hiciese fa lta : en
lo dem ás ignoro los m otivos que puedas
t e n e r , a m ig o , p a ra un silencio sem ejan­
te , y si tú los sab es, no me los reserves,
p orq u e me m atarás de pena. Señor, yo
podré ser un anim al, como diz Vusté mas
de quatro veces, pero soy amigu de decir lo
que siento anque sea contra el diablu mismu,
respondió M a te o . Ha de saber Vusté que
los Asturianos están muy enfadados porque
un Asturianu salió á pie y descalzu , sir­
viendo á un Montañés, que se debe tener en
munchu menos que un de Asturies , y un ca-
balleru agudu como un rayu non tuvo re­
partí en decime á mí mismu disti modu: Oja­
lá , Mateo , que tú fueses Moriraíús, A r a ­
gonés ó de Navarra , y Asturianu tu ¿¡mu,
porque tú con tus burradas mos echas per el
mundu, y tu amu con sus razonamientos ele­
va á los de su patria , y que se parezca ó
no parezca al Quizóte de la Mancha dia­
blos cosa importa; diviértame yo con e l , que
ye lo que fa y al casu, perc tú non tienes, hom­
bre, á quien parecete. Reflexionaba con jui­
cio , amigo M a t e o , ese paysauo tuyo , di­
x o D on P e la y o ; pero aunque 1q sienta,
lo sucedido no tiene ya rem edio. E l C ie­
lo rep arte los bienes como le p a r e c e : ne­
cesitab a en este siglo mi m uy amada pa-
DE LA CANTABRIA. 3$
tria un héroe que la distinguiese , y A s ­
turias tiene muchos de m érito bastante;
pero dile á tu paysano , que según prin­
cipios de la buena crític a se hace sospe­
choso un elogio ( aunque esté fundado),
quando le profiere un apasionado de la
casa ; pero si le hace un enem igo de­
clarado de e lla , adquiere entonces una
fu erza irresistib le. L a restau ración de
E spaña se debe á los A s t u r ia n o s , y
quando un enem igo como yo no lo po­
ne en d u d a , pueden c re e rlo los letrad o s
to d o s , y si acaso se iba y a o lvidan do,
con m otivo de tra ta rlo yo en mi v ia g e
con personas de t a le n t o , pueden hacer
cuenta que lle g ó á ex ecu to ria rse , y
en verd ad que en a q u e lla sesión , M a ­
teo , m as ilu stré yo tu p a tria que la m ia.
E n lo dem as no dexo de conocer que un
hombre como y o , circunspecto , am able,
generoso , c o n te n id o , de casa cgnocida,
nada im pertinente, católico y butíñ^wísa-
11o , es cap az de ilu stra r una p ro vin cia,
y otro como tú puede tiz n a r la m u ch o ; pe­
ro en el d ia sucede lo que vem os ; y m a­
ñana un M ontañés— acaso m as ilu s tr e , y
sin acaso menos a trevid o , s e rv irá á un
paysano tuyo , quedando asi las tie rra s
casi a n iv e la d a s; 110 obstante me m ira ré
36 QUIXOTE
en lo que me a d viertes, y dexém oslo, M a ­
teo, porque lo pondrem os peor si lo m e­
neam os.
3 E speraba P a tric io de C ham paina,
vien to favorable p a ra darse ya á la v e ­
la , y habiendo soplado é s t e , dispuso le ­
v a r fe r r o , m andando fuesen á bordo los
que le acompañaban. Em barcóse lleno d e
g usto D on P e la y o , juzgando que M a te o
le s e g u ía ; pero desazonóse un poco v ie n ­
do que no podian los m arineros m eterle
en un bote que arrim ado á la o rilla es­
taba. A rro jó se M a te o al suelo, protestan­
do que no se embai’ca ria aun que aventu ­
rase la m itad del m undo. Non me mande
embarcar , Señor mi amu , decia llorando
a m a rg a m e n te , porque estoy viendo que tan­
ta agua me ha de quitar la respiración si
me arrimo a e lla : \ A y probe de min ! ya
sabe Vusté que yo non tengo cabeza para
andar montan , porque el mundu anda con­
migo á la redonda, y me sucederá lo mismo
si me embarco, y Vusté bien ve que estos
artes non están sosegados un minutu. P e r c i­
bía D on P e la y o los lam entos de M a te o ,
y desde la fra g a ta le d e c ia : em bárcate,
M a t e o , em bárcate , q u e r id o , pues yo al­
ca n za ré con el Señor C ham paina que
te m eta en algún c a m a ro te , ó te baxe á
DE LA CANTABRIA. 37

santa bárbara y sino á la quilín , p a ra


que no sientas ( si ser p u e d e ) á la fr a ­
gata b a la n ce a rse , ni veas tam poco e l a l­
boroto de las aguas. E m b á rc a te , M a te o ,
y nada te detenga, y a que tenemos vie n ­
to favorable ; ven A s tu r ia n o agradecido,
pues te aseguro has de e sta r contento
quando percibas que sin la m enor m oles­
tia anda en poco tiem po la fra g a ta a l­
gunas le g u a s; re p a ra que vas á p erd er
m ucho, porque el Com andante de la na­
ve hizo p a ra este viage buenas p reven ­
ciones. A q u í te ve rá s engolfado en la
abundancia m ism a , rodeado de m an ja­
res m as finos que los que d isfru ta ste en
la casa del honrado L o re n zo de T r ig u e ­
ros. E sto últim o fue lo que inclinó á
M ateo á m eterse en el bote, y subir^des-
de él á la fra g a ta . L le g ó á su amo dan­
do diente con d ie n te , como si le e n tra ra
el frió de una q u a rta n a r e c i a , a caricióle
su a m o , y pregu ntánd ole el C a p ita n
¿p or qué se lam entaba tanto de aquel
hombre ? dixo : E s t e , Señor C ham paina,
es el criado de mi m ayor co n fia n za ; es­
te es a q u e l, sin el q u a l no puedo te ­
ner sosiego quando me h allo fu e ra de la
V e g a . E ste , que p arece b árbaro, es a g ra ­
decido a l pan q u e c o m e , y aunque no
38 QtTIXOTE

tie n e a q u e lla m alicia aguda y picante


q u e d escu ella en otros, le estim o yo m uy
m u ch o , porque quanto dice es en fu e r­
z a de una cria n za m ala que le dieron.
E s t á muy puesto en r a z ó n , Señor D o n
P e la y o , dixo e l Señor C h a m p a in a , h ag a
V m , aprecio de un hombre en quien so­
bresalen p re n d a s 'ta n e x trañ a s. Extraños
años viva Vusté, Señor Chanfaina, ó como se
llama, replicó M a teo . Vusté non conoz'muy
bien á mi am a, nin á min tampocu, porque
si mos conociera habia de tenemos ¡lástima,
ó í mi á lo menos, que teniendo en casa co­
ses á que atender bastantes, desampáreles to-
des por seguir á un hombre que anque tien
sanes intenciones, está muy fa lta de empleos
y coses en que pueda acomodar á los cria­
dos que lu sirven ; y si hemos de cuntar la
verda como Dios manda , en casa de mi amtt
tópase de todo, y mi ama Doña M aría ¿Jose­
f a si ha de remendar alguna saya, ó facer
una limosna á un probé ó á algún pariente
s uxu, escuendese de mi amu que qtiier que
se arreglen bien les coses ; y como yo me
crié con ellos, y sé rniry bien ccmo se gobier*-
v a n , siento que se valguen de algún desí-
vcrgonxadu que vaya cuntando que nok
vien a l casu. En fin , Señor, Vusté ya sabe
andar ganando la vida por el mandu-j y yo
DE LA CANTABRIA. Jg

non necesito con Vustc explícame tantu. B a s ­


tante te has exp licad o , M a te o am igo,
dixo el Capitnn de la f r a g a t a , y si te lie
de decir lo que se me a lc a n z a , puedo
asegurarte que no necesito saber como
se gobierna en su casa tu a m o , ni que
falta haces tú en la tu ya. E sa h a sido
y es siem pre mi m ayor m atanza, Señor
C liam pain a, dixo D on P e la y o . Jam as he
podido a v e rig u a r como este pobre m aja­
dero tiene necesidad de tr a e r á colacion
muchas cosas m ias p a ra contar sus cu i­
tas ; pero todo lo llevo en p az , M a te o ,
á trueque de que te d e s a h o g u e s ; cuen­
ta lo que q u ieras aho ra , que a l p a recer
se te ha m itigado el recio frió de la ca­
len tu ra ; ex p lícate como te dé la gana.
Y o , Señor , explicóme como Dios me ayuda,
replicó M a te o , y estoy para decir , que
una de les coses mas temerarics en que se
metió el hombre , fu e esto mismo en que
agora estamos entendiendo ; porque si enci­
ma de una p eñ a , que está, rodiada de ci­
mientos buenos, non se puede cuntar un hom­
bre muy seguru, ¿ qué será metida en esta
casa de madera , que si tropieza en alguna,
cosa que la detenga el pasu , abriráse toda
sin haber entre nosotros fu erza para detene-
la , y los que van en ella al parecer conten­
QTJIXOTE

tos ( conmigo non se cuente porque voy muy


tr iste ) andarín en busca de alguna tabla
lisa, y en ella allargarán por un instante mas
la v id a , afogándome yo antes que ningunu.
Dichosos les que están á estes hores á la
sombra de algún fr e sn u , escuchando cantar
á los ñerbatos 1 , ó panza arriba mirando
ó. les andarines a atravesar de una parte á
otra para pescar la comida que baste á los
pajarinos, que adormecidos crecen en los ñe­
ros 3 ¡O que negra vien á ser la suerte de
lis hombres que andan á caza del dinerul
porque para píllalo non tienen reparu en mé­
tese en los mayores riesgos, exponiéndose í
que antes de tiempu los lloren los parientes,
y maldita la cosa se perdía ya que non es­
tán contentos con un pedazu de pan en casa,
debiendo teñese por afortunados con tanta
vobUza y regalies como algunos tienen. E so
se d irige á mí y no á o t r o , am igo
M a t e o , dixo D on P e la y o . Grades í los
cielos que Vusté me entiende, Señor, r e p li­
có M a te o , y con eso non dirá que yo dis­
curro como brutu, í non ser que Vusté esté
tan ciegu que non parezca hombre, y antes
que f a h á lo que yo digo comíamos un bo-
cadu per María Santísima.

x M irlos, a Golondrina*. 3 N idos.


DE LA CANTABRIA. 41

C A P I T U L O V Í.

Entretiene Don Pelayo con sus reflexiones,


á los que le acompañaban en el viage.

1 Sin deshacer la conversación los


personages de esta r a r a h isto ria tom a­
ron alim ento , desocup aron dos b o tellas,
y cogiendo D on P e la y o e l hilo que h abia
dexado e l afligido M a t e o , d ix o :
a N o es m i em p resa tan a rrie sg a d a ,
amigo M a t e o , com o tú p ond eras. E s ­
te viage que hacem os casi p or e n tre te n n
miento , debiéram os e m p re n d e rle ; ni yo
intento q u ita r el su d o r al pobre , antes
quiero v e r si le descubro un nuevo me­
dio p a ra m an tenerse ; p o rqu e si con e s­
te v ia g e lo gro yo que e l azabache se es­
time en e l nuevo m undo , abrirem os
nuestras m inas , y asi en e lla s como en
las fáb ricas que habrán de establecerse,
ocuparemos en los tiem pos m uertos m u­
chos de los pobres ; y no d u d e s , am igo
M a te o , que es im ponderable e l benefi­
cio que puede soh reven ir á una provin-:
cía con algu n a f á b r i c a , p o rq u e los .ni­
ños , cojos , tu llid o s , viejo s y cansados,
*uelen h allar en que e m p lea rse y g a n a r
42 QUIXOTE

lo que no esperaban , y asi q uiero que


m udes dé dictam en , inclinándote a que
e sta mi determ inación no se opone á la
v erd a d e ra s a n g re , como no dexó Colon
de ser muy noble porque nos cu ltivó el
cam ino de la A m é ric a , ni tam poéa P i ­
z a r r a , aunque con el p retex to de conquis­
t a estrechó tanto al Key A t a v a li b a , y
en mi concepto se llenó de iguales lu ­
n ares el C ap itan Reynoso m andando q u i­
t a r la vid a al valien te C aupolican , G e ­
n e ra l de los de A ra ú c o . E stab lecid a la
f á b r ic a , M a te o , me p arece que y a la
v e o h orm iguear con o p erario s, y á tí e n ­
tr e ellos presenciando sus ta r e a s , y des­
em peñando á satisfacción de todos e l
honroso y delicado em pleo de sobrestan­
t e , que pienso co n ferirte, pues no h a de
s e r todo m olerte y acab arte con la h a-
z a d a ; y te aseguro que tengo y a v iv ís i­
m os deseos de verte algo elevado, y tam ­
bién te digo que no me he de m irar co­
m o hasta aquí p a ra fe lic ita r á toda tu
f a m ilia , porque me h izo v e r y a la ex­
p e rien cia m ism a, y los muchos a ñ o s , que
tod os aprovechan los in s ta n te s , y esto de
e s ta r elevada hoy una fa m ilia que ayer
no esperaba verse leva n ta d a , viene á ser
com o aquellos campos, que tienen re jja -
DE LA CANTABRIA. 43

dio, pocs solo disfrutan del beneficio de


las aguas las vegas mas agradables al
Señor que dispensa el riegó ; y siendo
tú el criado de mi m ayor confianza, na­
da executaré de mas en elevarte , antes
lú contrario se tendría por extraño y
aún ridicúlo entre los hombres ilustra­
dos; y asi ni dudes de mi o fe rta , M a ­
teo , ni tampoco la d esp recies, porque
el empleo de sobrestante te vendrá gran­
demente para acabar tus dias. Non me
parez muy m a l , Señor mi amu , aquí si em­
plea , replicó M ateo , porque si non me en­
gaño el sobrestante tien cuenta con los hom­
bres que están travayando hoy , mañana,
h t u d ia , en fin todu el tiempu que hay de

obra , y de cuenta suya está tomar el dine-


m , y entregab á los peones y maestros , y
cuidar tamien de la ferram ienta , y en lo­
do esto puede clavar la uña guapamente,
porque puede decir a l amu de la fábrica
que hoy hay travayando cien peones non ha­
biendo mas que ochenta , y vender alguna
barra, un picu , una p a la , una fesoria
y decir que lo furtaron , y con esto meter
en casa otros diez salarios mas que el seña­
lada-, y creame V u sté , que non v a l una sed

'■
t Azadón*
44 QUIXOTE

¿te agua empleu que non tenga estes rega»


lies , y iis ti modu podré acabar la vida con
alguna contenencia; pero agora que repar»
en lo que estoy falando, non se acuerde, Se-
ñor, por M aña Santísima de eses coses, por­
que eso me quita les ganes de comer, si ¡a
considero, nin se como mos d i gana de ale­
gramos, sabiendo como sabemos que tenemos
que morirnos, y creyendo como creemos que
non se muere mas que una v e z , y esa de
muy mala gana á lo que yo entiendo ; porqut
pocos tendrán les cuentes tan á fa v o r suya
que estén con ganes de que Dios les tome con
aquella menudencia que les tom a , según sa­
ben pondéralo los Fadres Misioneros que te­
nemos en Asturies. En eso nunca se pro­
pasan , amigo M ateo , los Padres M isio­
neros por mucho que nos lo ponderen,
dixo Don Pelayo. U na palabra ociosa,
una caridad algo re sfria d a , una inclina­
ción torcida, aunque en el corazon esté
mas escondida que lo están en la tierra
los diam antes, comparecerá todo en el
dia <le la c u e n ta , y por lo mismo ha­
ciéndonos cargo de que estamos llenos
de mil imperfecciones, debemos pedir á
D ios perdón de e lla s , extendiendo á es­
tos pecados ocultos nuestro dolor quan­
do nos confesamos. Estamos también en
d e l a c a n t a b r ia . 45

la precisa obligación de pedir al Señor


nos dé buenos deseos, que apetezcamos
solo aquello que los santos apetecían,
que sintamos bien de to d o s, ^e noso­
tros baxam ente, que nos ayude a arran­
car de nuestros corazones aquellos resa­
bios que crecen con la mala v i d a , y fi­
nalmente que nos dé la gracia con aque­
lla liberalidad que nos dá los bienes; y
yo creo que asi lo cxecutára si con igua­
les ansias la solicitáram os; pero la lás­
tima está en que para lo terreno somos
importunos, y para lo espiritual muy
detenidos; y tú mismo solicitarás con
mayor anelo un poco de maiz para tu
familia en algún año m a lo , que un dolor
verdadero de tus culpas. Eso acasu será
verda , Señor, replicó M ateo , porque me
parez que el non tener que comer admite po-
quts dilaciones , y el dolor puede pedilu un
hombre quando esté algo sosegada. Ningún
sosiego debe te n e r , amigo ¿Mateo , el
hombre quando sabe que duerme con la
culpa, dixo Don Pelayo ; y perdida la
gracia por nuestro desarreglo, debemos
poner los mejores medios para recupe­
rarla; y con ser cierto quanto te asegu­
ro, también lo e s , el que no desagrada­
mos a l Señor pensando en proyectos gran­
46 QTJIXOTE

des , siempre que no nos apartemos del


cariño principal que debemos tener á un
Señor tan bueno; y asi en nada le ofen­
demos , dcxándonos conducir llühos de
alegría por la cima de tanta a g u a , pues
acaso habrá desde nosotros á la tierra
que la sufre una legua la r g a , y- esto
también conduce para alabar á nuestro
D i o s , que tanto promontorio de agua
agregó y juntó quando crió el mundo;
y si el Comandante de la nave mandara
echar el escandallo con la sondalesa, T é -
riam os, M ateo am igo, la profundidad ó
altura por donde al presente cam ina la
fr a g a ta , y que no hay por ahora eJ pe­
ligro que tanto te acobarda. Cobró M a­
teo sus naturales brios con las reflexio­
nes de su amo.

CAPITULO VIL
I>a embarcación camina viento en p o p a , y
una novedad extraña entretiene los que
van á bordo.

i A dormece los sentidos el deleyte


grande que percibe el hombre quando ca­
mina por los m ares, si es que están tran­
quilos. D eslizase la nave insensiblemen­
te : ahuécanse las velas con el ayre que
DE LA CANTABRIA» 47

l e s basta para un movimiento agudo: no


se vé languidez en los g a lla rd e te s, an­
tes bien serpenteando por los a y re s, pa­
rece que van rectos, haciendo con ellos
linea paralela : derecho el timón sigue
con vanidad ( como si fuera capaz de ella)
la senda misma que rompió la q u illa , y
la enarboladura toda cruge un poco para
evidenciar la destreza de aquella mano
que supo ponerla en equilibrio. A s i ca­
minaba la fr a g a ta , el Capitan lleno de
alegría, como también los que le acom­
pañaban , quando oyeron unas voces tris­
tes que se llevaron la atención de todos;
y recogiendo por un poco el ayre que ca­
da uno respiraba, percibieron unos la­
mentos que decian : N o me m ates, por
tu vida , gallardo m arinero , porque ni
soy tra y d o r, como tú me has dicho , ni
tampoco me conduxo á este navio una
buena suerte , sino mi mucha desventu­
ra , puesto que no la puede haber para
mi mas grande que la de verme separa­
do de Rudesinda, que éste es el nom­
bre de la que me tiene en tan estrecho
sitio. Esto que claram ente fue escucha­
do del Capitan de la frag a ta bastó para
dar la vida á Ruperto ( pues asi se lla­
maba el que pedia socorro) , obligando
4.8 q tjix o te
á que el inglés embaynase el relumbran­
te a c e r o , y cogiendo de un brazo al in­
fe liz Ruperto, le llevó á la presencia del
Capitan, Don Pelayo, M ateo y otras per­
sonas que en la fragata habia. E ra Ru­
perto mozo bien dispuesto , de frente
despejada, y de edad como de diez y oclió
años : la ropa de paño fino , y los cabos
todos manifestaban ser hijo de uná casa
nada pobre. M iraba á todas partes para
ver si descubría alguno que le conforta­
se ; pero no hallando lo que ansiosamen­
te registraba con la v is ta , cayó , sin po­
der ser detenido en la cubierta de la na­
ve. Acudió el Capitan, hecho cargo de que
seria desm ayo, mandó refrigerarle un
p o co , y vuelto en s í, le dixo: Soségaos,
joven agraciado , pues no estáis entre pi­
ratas , ni los ingleses ignoramos los fue­
ros de la n a tu ra le za , ni tampoco e xtra­
ñamos los infaustos sucesos de la vida.
Contadnos vuestras p en as, y tal vez os
alegraréis habérnoslas comunicado , por­
que si el afligido suele hallar alivio tra ­
tando de sus males con el v ie n to , no he­
mos de ser nosotros menos compasivos
que un elemento mudo. Cobró fuerzas
Ruperto con esta prevención ju iciosa, y
tomando un poco de aliento dixo i
d b l a c a n t a b r ia . 49

Novela de' Ruperto y Rudesinda.

a Y o , Señores, soy el infeliz Ruper­


to, hijo de Don B altasar de la Libre v i­
lla , Señor de la V a lle ra y de la Barque-
rina , amenas situaciones en A sturias.
Pasad adelante , Ruperto , dixo Don Pe-
layo , y alegraos con saber conozco á
vuestro padre , y que no muy lexos de
la Barqueriua tengo renteros de impor­
tancia. Tamien merendé yo en la Vallera mas
de quatro v e ce s , amigu Roberto , ó como
Vusté se llama , anadió M ateo , y siem­
pre que oigo chirriar i un carru , me acuer¿
do del padre de Vusté , que mandó poneme
presu , porque entré un miércoles en la villa
con un carru de manzanes , y chirriaba que
se oía de mas de media legua. Pues si hay
en el corro quien tiene algün tfonocimien-
to de mi padre , ya proseguiré menos
afligido, replicó R u p erto , que prosiguien­
do , d ix o : E ra yo pocos dias hace el he­
chizo de mi padre , y si en éste le di-
xesen que había acabado la vida desas­
tradamente , se llenaría de contento. Si
el Cielo no fue conmigo escaso en los do­
tes que suele dispensar á la naturaleza,
y se admiran en e l c u e r p o t a m p o c o el
TOAl. n i . s
(JO ' Q U IX O T E

alma puede estar quejosa con lo que po­


see. Es mi padre muy rico en bienes de
fortuna. Eso tatnien puedo asegúralo yo , Se­
ñor Roberto , interrumpió M ateo , y ari­
que non tuviera otra hacienda mas que . les
.mamanes que ve desde la casa que en V illa '
viciosa, está cerca de la mia , pudia pasea­
se todu el añu per les feries y mercados con
una potra que plasm.ira el mundu. Calla,
M a te o , y por aquello que mas quieres,
no disparates de esa su erte, ni cortes el
hilo al Señor R u p erto , dixo Don Pelayo.
Bien está , Señor, respondió M a te o , por­
que tantes ganes tengo yo como Vusté de sa­
ber por qué está aqui el Señoritu de la Bar -
querina. Que era mi padre muy rico , os
d e c ía , Señores , prosiguió R u p e r to , y
tanto como los mas acaudalados; pero np
reconocía igual quando se acordaba que
Ruperto a'ra hijo suyo. Hace diez años,
po.co mas ó m enos, que fiaba de mí la
administración de una porción de hacien­
da que tiene en el Principado, y está mas
inmediata á nuestra casa solar de la V a ­
lle ra , y ojalá no fuera tan solariega nues­
tra ca sa , Señores , pues por no confesar
igualdad á otra- alguna, me veo yo en es­
ta situación harto desgraciada. N o os pe­
sie , (Señor R u p e r t o h a b e r nacido escU-
d e l a c a n t a b r ia . 5I

reciclo , interrumpió el Caballero Don


Pelayo , y hacéis mal en presumir que
vuestra casa es preferente á to d a s, pues
aunque en A stu rias liay muchas casas so­
lariegas , de algunas sé yo que no las
baña el sol en la mitad del a ñ o , y no di­
go mas, porque lo dicho basta para quien
me entiende. En el portal de la riña non en­
tra el sol ’ si non por San Lorenzo , añadió
M a te o , y si non hubiera vendido ya la fi-
dalguia , non me trocaba por todos los Se­
ñores de la Barquerina. N o se repunten
U ste d e s, S eñ ores, dixo el Capitan de la
fragata, y cuente el Señor Ruperto lo que
le pasa sin interrupciones , porque enfa­
dan. L a e d a d , Señores , prosiguió Ru­
p erto ( e l liado diria m ejor) , un desgra­
ciado acaso; pero n o , mi suerte feliz hi­
zo que me enamorase niño de Rudesinda,
que era por desgracia suya tan hermosa,
como de una humilde esfera , y con to­
do aseguraba y<o que en alguna manera
era Reyna , en atención á que mas de se­
senta mozas de su tiempo aseguraban, que
si alguna perfección se admiraba en ellas,
era sobrante de su mucho adorno ; y de
•(Juí podréis colegir qué hermosa será la
que aquí me tiene. Creció sin reparo con
lo j años el amor muchacho , y se array-
D 2
52 Q U IX O TE

gó ile suerte en ambos corazones , que la


separación será causa de acabarnos. Dí-
xela un dia (que de verla tan sobres/,
líente se encapotó la a u ro ra ) , que mi
suerte seria en extremo feliz si quisiese
ser esposa min. ¡ A y , R uperto! me di­
xo llena de ternura. Y o me rezelo que
tu amor ha de acabar conmigo , sien­
do para mí un cruel verdugo : tu padre
y mi señor no sabe que me quieres : su
condición no ign oras: las altas ideas do
casarte con la dama que ya se dice, es no­
torio en todos estos va41es ; y si llega í
rezelarse algo de lo que me ofreces , su
enojo acabara á mi padre , y tu situación
será mi mayor cuchillo , y por lo mismo
te digo : ¡ A y de mí 1 el covazon me opri­
m e , él me quiere castigar porqfie le vio*
lento ; pero á pesar de todo d ig o , Ru­
perto , que desde este instante fne abor­
rezcas : vpte , Ruperto ,1 déxame morir
abandonada , y ya que fui tan inadver­
tida, que me engolfé en este alto mar que
va á perderme , debo prometerme un fin
harto desgraciado. V e t e , R uperto; pe­
ro antes que te vayas , y si acaso esta
sola vez te hablo, quiero que me digas
¿ si estás en ¿núno de olvidarme ? res­
póndeme que no, aunque intente» en^a*
DE LA CANTABRIA. £3

ñarme. V ete , blanco arm iñ o , y no te


alabes de haberme querido mucho, si so­
lo fue para matarme. ¿ N o ves como la
mariposa inocente y muy sencilla hace
esfuerzos por llegar á la luz que la des-
truye ? pues "asi y o , sin advertir que me
remontaba , me salí inconsideradamente
de mi e s fe ra , di varios vuelos al rededor
de una luz crecida y en candelcro muy
alto colocada; persuadíme á los princi­
pios poder habitar en una región sublime:
confieso al mismo tiempo que 110 me ex­
trañó la lu z ; pero ya veo que fue por­
que quería acabarme. N o hace muchos
dias que estando al pie de un chopo en
la V a lle ra lavando con otras de mi tiem ­
po unas prendas , que algún tiempo fu e­
ron tu yas, resonó una voz que claram en­
te explicó tu amor y mi grande desven­
tura : de uno y otro , R uperto, no pue­
do yo olvidarme por mucho que lo intento:
escudia tú , y verás como no te engaño.

Tirano amor, que inquietas los mortales,


Tu aljava emplea contra lo insensible,
Ni quieras igualar dos desiguales,
Pues será luchar ya con lo imposible.
Si de todas tus fuerzas hoy te vales, .
Harás mi .suerte por extrem o horrible,
54 QUIXOTE
Porque quanto mas alta quieras verme,
E staré mas á pique de perderme.

Quedé como sorprehendida al escuchar


el fin de mis amores ; siguieron las otras
lavando , pero yo curiosa entonces , mi-
réme en una porcion pequeña de agua
revalsada , y llegué á persuadirme era
muy hermosa, puesto que la desgracia me
reservaba para juguete á la fo rtu n a, y
escarmiento de otras que se enterarían
de mi tragedia. N o te culpo á tí, Ruper­
to , no , á mí s í , que precipitada y en­
vanecida con tus demostraciones de cari­
ño quise sin consultarlo un precipicio.
V e te , Ruperto ; pero advierte primero,
infeliz enamorado , escúchame, querido;
si acaso te ves en la dura necesidad de
querer á la que tu padre tiene elegi­
da no te acuerdes mas de tu desgra­
ciada Rudesinda; mírame con ceñ o, y ni
ausente te acuerdes de que enamorados
fue muy honesto nuestro trato. ¡ A y de
mí Ruperto ! me parece llega ya el fin
funesto de nuestro amor sencillo. M i co-
razon se aflige, y viéndote á tí conver­
tido en una estatua fria , pftedo decir
que ya se muere. A quí llegaba, Señores,
Rudesinda , quando entran azorados dos
DE LA CANTABRIA. 5 I?

criados de Benigno ( que asi se llam a el'


padre de la desgraciada R udesin da), y
mirando como frenéticos unas veces á
mí y otras á mi a m a d a , no aciertan á
explicarse, pero como mejor pueden lle ­
nos de zozobra dicen : sabe , Señor R u­
perto, que tu p ad re, con otros persona-
gcs, viene en busca t u y a , y creemos que
desde aquí te arrebatan p ara el despo­
sorio. Piérdese , S eñ o res, el juicio con
una nueva infausta. Quando la sorpre­
sa es grande todas las potencias se em­
bargan ó inhabilitan. H iélase la sangre,
ó como enojada ola se a lb o ro ta , pe­
ro de todos modos el corazon desmaya.
La vista se obscurece, tapiase el oído,
cáensé los brazos , los miembros todos
quedan m u erto s, y de consiguiente el
dueño sin vigor para m o verse; como á
mí me su ced ió , que p ara esconderme
de mi padre , me arrebatan los criados
de Benigno, y rodeado de un sudor muy
frió , me dexaron so lo , y en un sitio en'
que mi padre 110 me buscaría. U na pe­
queña poblacion con qualquiera novedad
puede alborotarse. L a V a lle ra es harto
reducida ; una voz mediana se percibe
en todos sus h ogares; y por lo mismo
no tuvo dificultad mi padre en inquie­
56 QUIXOTE
ta r la con su entrada. L os habitadores
salen á la calle preguntándose ¿ qual es
la causa de aquel ruido ? pronto se ha­
llan instruidos. Unos aprueban el rom­
pimiento de mi p ad re; se inclinan otros
á que yo debo querer á Rudesinda por
esposa, y los mas me disculpan, porque
en mi edad y en la comision fiada á
m í , como os he contado , cabe un desen­
fre n o , y asi no dcbia extrañarse una pa­
sión bastante contenida. N o falta quien
informa á mi padre de mis amores , y
por desgracia le dicen que no son hones­
tos. Hablan mal de mí aquellos mismos
que me debían favores ; no reparan en
desconceptuarme por hacerse lugar en
casa de mi padre. P arte éste furioso en
busca de Benigno , con los ojos quiere
encender la c a s a , regístrala toda , pero
no me halla. Aturdido Benigno manifies­
ta en el semblante que nada sabe de mi
tra to ; él quiere también asegurar su vi­
da ; pero mi padre le ataca en un lugar
estrecho inmediato al sitio que me res­
guardaba. Infam e, le llama á las prime­
ras vozes, dame á mi hijo, y si no quíta­
me la vida. ¿ Es posible que en un hu­
milde y despreciable pecho quepa la so­
berbia empresa de querer igualar la san-
DE l a CANTABRIA. 57

gre del Señor con la de un vasallo? ¿No


estás viendo , infeliz pechero , que quan-
to riegan esos arroyos de agua que de
los eminentes pedregales atraviesan la
V a lle r a , es del Señor de la Barquerina?
y qué hasta el sudor que viertes viene
á ser feudatario mió ? ¿ pu*s cómo pre­
sumes que el heredero de mi casa pu­
diera baxarse tanto , que te clevára á
tí á la mayor altura ? Y a yo percibo
que ni aun una idea confusa tienes de
lo que somos los señores de la B arque-
rin á , porque tantos privilegios , rega­
lías , executorias , armas , blasones, p a­
lancas , barras y castillos, que componen
sesenta y nueve escudos de mi c a s a , son
bastante para deslumbrarte no solo á
tí , sino á quantos montañeses contiene
la Cantabria , que se estiran mas de lo
que pueden para ver si asi nos alcan­
zan en alguna c o s a ; y no obstante to­
do e s t o , que de im aginarlo solamente
debiera acabar contigo , ¿ te atreves á
presumir que el heredero de mi casa te
ha de tener en algo ? ¡ A h hijo ! y que
mal hiciste en fam iliarizarte con un ren­
tero nada menos. Dicen que tus indis­
cretos años pueden d isculparte; pero si
te veo otra vez dentro de mi c a s a , se­
58 QUIXOTE

rá s cebo á mis e n o jo s; no respetaré ya


á la edad tie r n a , ni sumisiones podrán
doblarme. N o quedará en la V a lle ra
rincón alguno en que no te bu sque, y
si no te hallo, quetlando con rczelo de que
te me o cu lta n , arderá esta poblacion
mejor que la desgraciada Troya. Sferé
otro N eró n , que cantará al estrago de
las llamas. M i padre en medio del eno­
jo se enternece , sale furioso de casa
de B en ig n o , y^ entonces creo que con
poca libertad le dixe : espérame padre;
m ira que tu hijo no intenta acabar con­
tig o ; disculpa mi pasión nacida de tu
macha confianza en una edad expuesta,
pues como muy acuchillado debieras ad­
ve rtir que peligraba. Esto d ix e ; pero
mi padre ya no podia oirme. Quedéme
un poco sosegado, y tuve valor para dis­
cu rrir de esta manera. D os contrarios
afectos intentan acabarme. E l amor ocu­
pa la parte principal que en este instan­
te me sostiene. E l honor representa sus
fueros á lo lexos , asegurándome viviré
lleno de ignominia si ahora no le atien­
do. Quiere el amor que yo nQ le aban­
d o n e , y á esto llama el honor vergonzo­
sa pasión, «que no debe tener lugar en
una persona de mis prendas. Díceme el
DE L A CANTABRIA.

amor que sin Rudesinda no tendré sosie­


go; pero el honor enmudece en el ma­
yor ataque, porque callando quiere per­
suadirme á que el amor me reduce á su
partido con sofismas. V acilan te y o , Se­
ñores, hago fuerza p ara levantarme; cái-
gome en el suelo como si toda mi san­
gre estuviera elada>; entra Rudesinda,
recuéstame en sus b ra zo s, ellos sin re­
sorte y yo casi difunto. V u elve en tí, me
d iz e , Ruperto desdichado, no mates á
tu padre, y dá la vida al mió; yo ¡triste
de m í! pagaré por todos, ya que fu e pe­
cado grande quererte mucho. Sigue el ca­
pricho de tu padre. ¡Ali! y como repre­
hende el que respira libre. En la sangre
ya fría de tu padre desdicen los amores,
y por lo mismo los dos le agraviamos tan­
to ; yo debo vivir á tu fineza- agradeci­
da , como tortolilla sola lloraré toda la
v id a , y nadie me verá escuchar nuevos
arrullos. Seducirm e á poner mi afecto
en uno de mi e sfe ra , ni con otro que no
sea Ruperto embelesarme , 'e s tan impo­
sible como que yo adquiera nuevas con­
diciones. N o te olvides, R uperto, de tu
muy esclarecida cuna , pues aunque se
dice que el amor iguala condiciones., no
te gobiernes por lo que el vulgo d ic e , y
6o QTJTXOTE

sí por lo que tu padre te aconseja. No


contribuyas tú , desgraciada Rudesinda,
á acabar conmigo por caminos raros,
r e s p o n d í , Señores ; y bien pudiera aco­
modarse con nuestro modo de pensar
mi padre , pues no va muy fuera de ca­
mino, si reflexiona que E N C A S T IL L A
E L C A B A L L O L L E V A L A S IL L A .
3 Hizo Vm . muy mal en desentonar­
se ta n to , Señor R u p erto , dixo Don Pe-
la y o , porque aunque es muy cierto que
E N C A S T IL L A E L C A B A L L O L L E ­
V A L A S I L L A , también lo es porque
los castellanos no suelen montar en ye­
g u as; y si Vm d. hubiera atravesado co­
mo y oalguna parte de C a s tilla , hallaría
ó notaría en ella mucha abundancia de
borricos. Non se me olvidará á m in , Se­
ñar Roberto , interrumpió M a te ó , lo mal
que me fu e en Tordesilles con un demoniu de
una borrica que me estrelló en tierra por
escapase á dar de mamar á un pollin que
criaba en casa. D e lo que digo al Señor
R u p erto , prdsiguió el Caballero Don Pe-
la y o , resulta ser el burro la ordinaria
caballería en que los castellanos montan;
pero en A s tu r ia s , y la patria m ia , que
tan pronto se monta en las yeguas co­
mo eh lo» ca b allos, igualmente y sin
de la c a n t a b r ia . 6i

diferencia, ellos y ellas cargan con la


silla , y por 1° mismo de igual condicion
debe ser la yegua que el ca b a llo ; y
aunque es bastante niño el Señor Ruper­
to , pudo oir á alguna P asto rcilla la si­
guiente copla:

En A stu rias de Ovied®


Y Santillana
E s igual el galan
Con la galana.
En las dos C astillas,
N ueva y V ie j a ,
Puede diferenciarse
L a pareja.

3 N o digo mas Señor R u p e rto , por­


que esto bastará para que V m . me en­
tienda, y ahora acabe de contar lo que
le falta. N ada me queda ya que referir,
Señores , respondió R u p e rto , y sí solo
que saliendo mas muerto que vivo de
casa de B enigno, al apartarm e de Ru­
desinda , d ix e : Pues tú aseguras que no
mudarás de a fe c to , también te prometo
alejarme tanto de la V a lle r a y la B a r-
querína, que acaso llegue á pesarle á
mí padre haber impedido nuestro inten­
to ; y sin pronunciar p tr a p a la b ra , lie-
62 QUIXOTE
nos los ojos de agua me valí del silen­
cio de la noche para salir de la V a lle ­
r a . Solo y sin destino , cayendo y le­
vantando, tardé cinco dias en llegar al
puerto en que estaba anclada esta fra­
gata. Con el bullicio que habia (quan-
do M ateo no quería venir á bordo) pu­
de introducirme en ella , y sin que lu­
cieran asunto en lo que d isp o n ía , me
escondí en el sitio en que me halló el
marinero que quería m atarm e; supliqué-
le detuviera el g o lp e , y apiadándose de
mí me concedio la v id a , que acaso me
será mucho mas penosa , que entonces
me fuera una herida que en breve tiem­
po me acabára.
4 V iv a el hombre , Señor Ruperto,
porque con la vida reparará sus desa­
cierto s, dixo Don P elayo. Solo nos ej
lícito desear .la muerte quando engolfa­
dos en el amor de D ios nos inquietamos
con esta pesada parte- de barro que nos
detiene é impide volar á unirnos con
aquel Señor, que es nuestro ce n tro , y
que solo él es capaz de llenar las an­
churas de nuestros corazones. En otras
circunstancias es malo d esea rla , y desa­
zonados con los trabajos de la vida, da­
mos á entender que somos flojos, y que
de l a c a n t a b r ia . 63

solo aprovechamos p ara los pasatiempos


y comodidades de la tierra. Si yo me
apoltronara entre mis h ogares, no me
hallaría aquí expuesto á mil trabajos,
que los doy por bien em pleados, porque
me pueden adquirir alguna fama. Como
ya tuviera , como V u s té , llena la casa de
cebera 1 , replicó M a t e o , fa r tu fuera que
estuviera tan apartada de los m ios , arique
si tengo de confesar lo que me está pasando,
non puedo menos de decir , que da mil gu s­
tos ver como el naviu resvala entre tanta
agua ,. y aquel marineru que canta puede de­
cir que está mas que yo contentu , y ya me
voy faciendo cargu de que la mar non debe
espantar tantu.
5 N o pudo proseguir M ateo con el
razonam iento que lle va b a , porque una
voz le dexó mudo , y un torbellino
de ayre le arrojó la montera al agua.
A rria r los m asteleros, y tom ar rizos al
trinquete , decia la voz que perturbó á
M a te o , quien quedó aturdido quando en
tan corto tiempo vió en el tem poral no­
vedad tan grande. Enfurecíanse mas lo»
vientos , bramaba la m ar , infundiendo

1 Por el trigo , escanda y maíz entien­


den en Asturias.
¿4 QUIXOXE
mayar miedo con la obscura noche : ya
se sepultaba entre las olas la fragata,
ó p arecía quedar barada entre las nubes^
Acudieron los m arineros ¿ sus manio­
bras , trabajando con arreglo á los qu^
mandaban. L legó á ta l punto la borras­
ca , que ya se contaban anegados todos.
Conoció M ateo aquel peligro , y sudando
de congoja , dixo á su amo : ¡ Tristes de
nosotros, Señor mi A m u , y en qué peligru
tan grande estamos I Ya me parez que les
llangostes vienen corriendo í despedázame,
y que los besugos me comtn les oreyes. Aquí
quisiera y o que estuviera Güeyones , Benita
Moran y Alonsin el de fu era el- cañu 1 , que
aunque son buenos nadadores , habin temblar
en tan grande aprieta. Nada tien que ver el
apuru de la obra de los Vizcaínos quando es­
tábamos con un pedazu de llengua fu era dt
la boca , rebentando con ladrillos , y comien­
do de aqucllo pocu que ganábamos : digo que.
nada venia a ser aquello con aquestos bofe­
tones de ayre y de agua , que me tienen ton­
ta la cabeza , y ya casi deseo que Dios nu
llame a cuenta , pues npn ha de ser la muer*
t í mas negra y mas temible que esta desven• ■

i Acuérdase M«teo de loe amigas que


tenia en Asturias.
de la c a n t a b r ia . 65

tura. No desm ayes, M ateo, dixo Don Pe-


layo, pues en quanto no se haga mil peda­
zos la fragata, ó se vaya á pique de otro
m odo, y nos veamos tú y yo agarrados
á una tabla estrecha, intentando desechar­
te de ella , y tú á mí del mismo modo
(pues entonces no tienes que atender á
que soy tu am o) : digo que en quanto no
lleguen las cosas á este punto , 110 tie­
nes que llam ar la muerte , y aun enton­
ces verás- tú como no la llamo , y que
luchando con ella , como otro Jacob con
el A n g e l, la traeré á mal traer por 110
darla entrada , pues vemos que el que
se amilana , se acorta él mismo los días
de la vida. Dios recogerá estos vientos
quando le parezca; y si la fragata se
aparta de su rumbo , y arriba á parte
muy distinta de la que queremos , sal­
gamos nosotros á tierra firme , que es
lo que por ahora nos importa. Salgamos
arique sea á tierra de dragones, añadí ó* M a ­
teo, porque será todo gloria en comparación
de lo que vemos ; y como yo estuviera en
tierra , J'artu fuera que el naviu car­
gara mas conmigo , nin tampocu la mar se
había de alabar de que me metía miedu. So­
segóse la b o rra sca , y en fuerza de ser
contrarios los vientos , y fuertes , cumo
TOM. III. E
66 Q U 1X0TE

ya se dixo , arrojaron la fragata á la


Gran B retaña.

C A P I T U L O Y III.

Manifiesta repugnancia Don Pelayo metido


entre los Ingleses.

i A rribó la fragata en que iba el Ca-


ballero Don Pelayo á la isla de Ingla­
terra , y el Señor Champaina dixo que
se liarían pronto á la vela , luego que
soplase ayre favorable, que tenia mucho
que hacer en C ádiz , y que el Caballe­
ro Don P elayo viviese persuadido á que
no le pesaría estar algunos días entre los
Ingleses , notando varias cosas de ellos
para poder usar de su noticia si le hacia
al caso.
i Bien creo yo , Señor Champaina,
dixo nuestro Caballero , que no perde­
ré el tiempo que ocupe en este reyno;
pero ya conocerá mi amigo, que un hom­
bre como yo no está en términos de per­
der los instantes , quanto mas los dias.
M aría Josefa quedaba rodeada de un
monton de penas , y si llegára á saber
que yo en este instante estaba metido en
In g la te rr a , ; ay de m í ! perdone Vm.
DE LA CANTABRIA. ©7
Señor Champaina , porque 110 sé cómo
p o d r é explicarme. En España, Señor, ado­
r a m o s á Jesu-Christo en la C r u z , y en la
divina H ostia, y faltando á mi alma este
bocado dulce , créame Y m . que fallecerá
de pena. N o se fatigue Y m . sobre tales
cosas, Caballero Don P e la y o , dixo el Ca­
pitan de la fr a g a ta , porque el punto de
religión le miramos nosotros con indife­
rencia. En aquellos primeros años en que
se estableció esta Iglesia que llamamos
A nglicana , se procuró hacer una confe­
sión algo arreglada; pero en el dia ni aun
se trata de esto. E l hijo no está obligado á
la creencia de su padre : la muger no si­
gue á su marido en este punto: los ami­
gos dexan de serlo quando en m ateria
de religión disputan con calor algunas ve­
ces: los Prelados que por acá tenemos pro­
curan la tranquilidad de su casa, entran­
do en las prelacias con quantas gabelas
dispone la soberanía de la isla ; y aun
quando deseára V m . que alzaran la voz,
é intentaran como pastores recoger sus
ovejas á un redil solo y a rre g la d o , 110
lo sabrían ex e cu ta r, porque la corrup­
ción les alcanza á ellos ; y asi proponga
Vm . allá en sil corazon , ni poner ceño
á. nuestros dogmas, ni disputar sobre ellos,
E 2
68 QUIXOTE

porque el que menos le trastornará á Vm,


el entendimiento con lugares divinos ale­
gados en favor suyo. No son los Protes­
tantes dignos, Señor Cham paina, de que
los Católicos traten ni disputen con ellos
tan sagrado punto , dixo Don Pelayo,
Quando nos niegan las inspiraciones, y
no obstante se creen todos inspirados, no
logran con nosotros otro efecto , que el
de tenerles lástima. L a verdadera reli­
gión se explica muy de antemano por los
sentimieutos de nuestra alma. E lla nos
persuade á que 110 es una fábrica que su­
fre veleidades, y la novedad é incons­
tancia en las decisiones arguye de po­
co seguro lo que quiso decidirse. Los Pro­
testantes mas doctos 110 podrán alegar
testimonios divinos en abono de sus mu­
chas variaciones. L a disciplina de los Ca­
tólicos puede ser v a ria b le ; pero los dog­
mas son mas firmes que los Cielos. Las
relaxadas conciencias siempre fueron dis­
posiciones indispensables en los Protestan­
tes. Los incrédulos no quieren dar asenso
a la inmortalidad del a lm a : reputan sue­
ños de espíritus apocados los suplicios in­
decibles que se sufren en aquel lugar tene­
broso , que se tragará los tiempos , y 110
acabará de purgar á los enemigos da
DE LA CANTABRIA. 69

Dios que los reprime. E l espíritu v a ­


liente llama puerilidades á estas noticias
melancólicas., teniendo por fabulosa pura­
mente la triste situación de aquel rico que
se arde de sed en el fuego central sin espe­
ranza de consuelo. E llos se creen justi­
ficados y amigos de D io s , al tiempo mis­
mo que .niegan su divina providencia.
La necesidad de que coopére el hombre
quando D ios le llam a, y da voces á su
corazon para conservar la gracia , ó re­
cuperarla , la medicina divina de los Sa­
cramentos, la oracion y el ayuno en
el concepto de los incrédulos son deli­
rios , asegurando que llena todas las
obligaciones de un verdadero ciudadano
si no es ladrón , hom icida, ni embustero;
porque estas qualidades negativas bastan
para no romper los lazos de la sociedad,
tomando desde aquí licencias para una'
infame independencia. L a pintura que
quiso Y m . hacerme de los Prelados ma­
yores, á que llamamos O bispos, viéndo­
la solamente en bosquejo, me entriste­
ce. Nosotros estamos hechos á ver Obis­
pos exem plnres, que visitan llenos de
zelo su O bispado, como D o cto res; sale
muy á menudo de sus bocas la palabra
del Evangelio; y aunque como Príncipes
70 QUIXOTE
de la Iglesia se portan con algún faus­
to , lo exige la disolución de nosotros
m ism os, á quienes ó la virtud notoria
del Prelado , ó la brillantez de su porte,
precisa á la sumisión que les debemos.
L u tero con ser quien era , queria ver á
todos som etidos, conocíase sin mérito y
por lo mismo procuraba el brazo de los
R e y e s , p ara que aquel despotismo de
que usaba atraxese á su partido muchaj
gentes.
2 ¿Cómo creerá el Señor Cliampai-
na que no puedo contener las lágrimas
quando traigo á la memoria aquellos
tiempos de oro en que los Reyes mismos
de estas Islas hacían viage á Roma pa­
ra visitar allí las cabezas de los Após­
toles San Pedro y San P a b lo , esclareci­
dos Príncipes de la Iglesia ? Los Ingle­
ses mismos ponian el mayor cuidado en
alejar de la Isla á los liereges , y los
que entraban eran señalados con un yer­
ro ardiendo en la frente. W ic le f y sus
discípulos fueron tratados aquí como me*
red a n . San A g u stín , Preboste del mo­
nasterio de San A ndrés en R om a, tomó
la fatiga de la misión de Inglaterra, de
la que es llamado A póstol , convirtió
al Rey de K e n t, una de sus Provincias,
DE LA CANTABRIA. 71

como Vm. no ign ora, y por espacio de


quatro siglos fue en aumento aquí la re ­
ligión católica, hasta que en el siglo do­
ce intentaron los W aldenses corromper­
la , pero no pudieron; y solo deben los
Ingleses llorar con lágrim as de sangre
aquella desgracia que les sobrevino quan­
do Henrique octavo se enconó con Roma
porque el P a p a Clemente V I I . no qui­
so anular el matrimonio que por espa­
cio de veinte y quatro años disfrutaba
en paz con C atalina de A ragón , hija de
Fernando quinto y de Isabel Reyna de
Castilla. Ese p u n to , Señor Don P elayo,
interrumpió el Capitan C h am p ain a, se
lia tocado varias veces á presencia mía,
y jamas me le han aclarado como desea­
ba , y por lo mismo lo escuchaba con
mucha displicencia ; y si he de confesar
lo que se me a lca n za, no puedo persua­
dirme á qne un hombre como H enrique
octavo se separase de la Romana Ig le ­
sia por frívolos m o tivo s, y fundado en
esto deseo me xliga V m . quanto sepa de
mas cierto en la m ateria. M a l parece,
Señor Champaina, que un Español desme­
nuce ese punto , y desenvuelva ideas den­
tro de la Isla , dixo Don Pelayo ; pero
las insinuaciones (Je mi amigo tienen
72 QUIXOTE
mucha fu erza p ara que yo c a lle ; y tam­
poco será extraño tome un aliento
nuevo.
CAPITULO IX .

Refiere Don Pelayo los principios que hubo


en Inglaterra para separarse de la comu­
nión de Roma.

i V or el mes de Noviembre en el
año de 1505 se celebró el matrimonio
de A r t ú s , Príncipe de G alles , hijo ma­
yor de Henrique séptim o, Rey de Ingla­
te r r a , con C a ta lin a , hija de Fernando
quinto Rey de España. Este Príncipe,
quo apenas tenia quince años, incomoda­
do con una calentura lenta murió cinco
meses despues de celebrado el matrimo­
n io , y se cree que sin haberle consuma­
do. El Rey su padre propuso á los Re­
yes católicos el matrimonio de Catalina
con H enrique, su segundo hijo, y herma­
no de A rtú s. Concluyóse este tratado'
con la condicion de que para efectuar
el matrimonio se obtendría dispensa del
P a p a ; y con efecto los Embaxadores de
ambos Reyes la propusieron á Alexan-:
dro V I y á Pío I I I ; pero muertos es­
tos dos Pontífices sin concluir este ne*
DE LA CANTABRIA. 73

g o d o , la concedió Julio I I , y en v ir ­
tud de ella llegó á debido efecto el re ­
ferido matrimonio. L a corta edad del
Príncipe , pues apenas tenía catorce años,
Jiizo diferir la celebridad del casamien­
to : én el intermedio murió Henrique sép­
tim o, y Henrique octavo le sucedió en
la corona, siendo entonces de diez y
ocho años. Despues de haber hecho leer
la dispensa del P apa en presencia de
los grandes Señores de su Reyno , casó
con Catalina el tres de Junio de 1509.
E l dia de San Juan siguiente fue coro­
nado en Londres en la A badía de W est-
minster. Henrique tuvo en Catalina tres
varones y dos hem bras, de los que que­
dó solamente M a ría , que llegó á ser
Reyna. Las costum bres, sin hablar de la
edad, de Henrique y C atalin a no se uni­
formaban muy bien ; tenia ella cinco
años mas que H en riq ue, y á exercicios
devotos aplicaba el tiempo , quando el
Rey se abandonaba todo á los placeres.
El Cardenal Y olseo, Arzobispo de Y o rc k
y Legado del P apa en In g la te rr a , irri­
tado contra Cárlos quinto , sobrino de la
Reyna C a ta lin a / p o rq u e habiéndose ofre­
cido á hacerle Papa favoreció en quan­
to pudo la elección del D ean de Lobay-
74 QTJIXOTE
na , su m a estro , y notando que el Bey
no miraba con afecto á la Rey na Catalina,
y sí á A n a de Boulen, dixo abiertamente
al Rey su amo , que su matrimonio con
C a ta lin i de A ragón era contra la ley,
que prohibía el que una muger se casase
con dos hermanos sucesivamente. Escu­
chó el Rey con gusto al Cardenal Vol-
seo , y caminando de acuerdo entrambos
enviaron á Roma al célebre Abogado
Esteban d e G ra n d ie r, y á Francisco de
Briant adjunto, para que se interesasen
con el P apa á fin de anular el matrimo­
nio. Los Cardenales y T eólogos, habien­
do examinado con madurez las razones
de los Em baxadores, dixeron : que el ma­
trimonio era verdadero , y de ningún modo
contrario a l derecho divino. Enterado de
esta respnesta G randier pidió una au­
diencia al P a p a , y en ella d ix o : que ha­
bía muchos Doctores en Roma que no eran
del parecer de aquellos Teólogos, y que quan­
do la ley divina no fuera contraria al ma­
trimonio de Henrique , haría 'el demostrable
que la dispensa del Papa 3ulio I I no era
justa ni canónica. A esto respondió Cle­
mente V i l : que aquel matrimonio le ha­
bía autorizado Sulio / / , que habia sido ra­
tificado por medio de una mutua correspon-
DE L A CANTABRIA. •J 5

Settcla por espado de veinte años , que el


honor del Emperador y de su tia Catalina
estaba en ello empeñado , y que semejante
divordo podia causar una grande guerra ;
que finalmente él no podia separar lo que
Dios halña juntado. N o contento con es­
to el Papa , quiso que este negocio le
tratasen segunda vez otros Cardena­
les y T eólogos, y se convinieron en que
el Papa enviase Jueces á la Inglaterra,
cerca de la persona del Rey Henrique.
Nombró el P apa por tales Jueces al
Cardenal V olseo y al de Campegge. T u ­
vo noticia la Reyna de lo que pasaba
en R om a, escribió prontamente al Papa,
suplicándole 110 se decidiese aquel pun­
to en In glaterra , en donde el Rey se
haría Juez de su misma ca u sa ; informó
también al Em perador su sobrino de los
designios del Rey , y el Embaxador en
Roma por parte de C arlos quinto se que­
jo á su Santidad de que sin saberlo la
R eyn a, ni haberla o id o , se la habían
nombrado Com isarios en un negocio en
que tenia ella el interés m ayor, dicién-
dole para su gobierno no esperase justi­
cia en Inglaterra, donde los buenos y hon­
rados se hallaban despojados de sus em­
pleos , y los aprobantes de la impudicicia
76 QVTXOTfi
del Rey eran colmados de "honores y r|.
quezas. Conoció entonces el P apa que
los Embaxadores de Londres le engaña­
ban , y por lo mismo despachó quatro
correos pbr quatro caminos diferentes
al Cardenal Campegge , mandándole , se
guardase bien de pronunciar sentencia al­
guna tocante al divorcip sin nueva orden
suya. Campegge llegó á L ondres, y Y ol-
seo le presentó á Henriquc , quien tu­
vo con estos dos Cardenales una lar­
g a conferencia. Algunos dias despucs
se examinó la dispensa del P ap a Ju­
lio I I , y Campegge dixo : quería ver el
original de la bula que estaba en po­
der del Emperador. A n tes que este ori­
ginal se p resen tase, obligó el Rey á
Volseo y Campegge procediesen á la de­
terminación del punto que se ventilaba.
Citaron al Rey y Reyna estos Carde­
n a les, para que compareciesen el 28 de
M ayo de 1529 en el refectorio de los
Dominicos , en el que habian dispuesto
una especie de tribunal para este efecto.
Comparecieron dos procuradores por par­
te del Rey , y la Reyna se presentó en
persona. D eclaró ella desde luego no re­
conocía á los Cardenales por Jueces com­
petentes, y de ello apeló vigorosamente
d e l a c a n t a b r ia . 77

e l Papa. L a mañana tlel siguiente dia


expuso la Reyna las razones que la asis­
tían para apelar á R o m a : dixo el Rey,
que había pedido comisarios para aquie­
tar su conciencia, no por aversión á la
Re y n a , y que estaba resuelto á atener­
le á su determinación del modo que fue­
se; pero la Reyna se puso de rodillas
insistiendo en que el Rey recibiese su
apelación, y que la convenía seguir su
causa en Roma ante el P adre Santo.
Convino finalmente el Rey en ello , in­
sistiendo en que los Com isarios anulasen
la d ispen sa; pero Campegge dilatóse
quanto pudo : en el intermedio avocó
Clemente á sí la ca u sa , y Campegge se
íe tíró á Roma. "Viendo Henrique el mal
suceso de su em p resa , se irritó contra
Volseo , que era el principal autor de
e lla , desterróle de su Ig le sia , y confirió
el empleo de Canciller á Tomás M oro,
para ver si asi atraía á su partido á es­
te hombre insigne. Quiso al mismo tiem­
po el Rey se tomasen por escrito los pa­
receres de los Teólogos y Abogados de
la Francia. Muchos Teólogos de París,
despues de ser gan ad os, se declararon
á favor de Henrique. Hubo también mu­
chos Doctores de las Universidades de
78 QUIXOTE

O rlea n s, de A n g e r s , de T o lo sa , Burges
en F r a n c ia , como también de la de Ham>
b u rg o , de Lubeck en A lem ania; y otros
de P avia y Bolonia en Italia , que exten­
dieron sus dictámenes á favor de Henri-
que ; pero la U niversidad de Colonia, y
otras muchas que fueron solicitadas, des­
preciaron los regalos. En Inglaterra se
dexó corromper la U niversidad de Cam­
bridge , y algunos de Oxford rompieron
las puertas de la secretaría , y aplica­
ron su sello á las aprobaciones del di­
vorcio , en oposicion de los mas doctos
que lo resistían. D urante esta turbulen­
cia confirió el Rey el Arzobispado de
C antorverí á C ram m er, hombre dispues­
to á todo , y sin respeto al P apa. Fi­
nalmente se casó en secreto Henrique
con A n a de Boulen , constituyéndose ma­
rido de una segunda muger viviendo la
p rim era, de la qual no estaba separa­
do por sentencia ni autoridad legítima.
L a Reyna Catalina dexó la Corte y se
retiró á Chimbalton en la provincia de
Betford. Notando el Rey que Crammer
estaba fuerte en los intereses de A n a de
Boulen , le hizo su primer M inistro de
Estado, dándole todo el poder que había
tenido el Cardenal Y olseo. E l P apa Cíe-
de LA c a n t a b r i a . 79

mente V I I excomulgó al Rey de Ingla­


terra ; pero á ruegos de Francisco p ri­
mero , Rey de Francia , que se vió en
M arsella con el Pana , suspendió hacer
pública la censura. P arece que Juan de
Belay , Obispo de P a r is , fue de órden
del Rey á verse con Henrique , y per­
suadirle no se separase de la comuuion
de Roma con motivo alguno. Prom etió
Henrique hacerlo siempre que el Papa
suspendiese dar al público la censura.
Corrió en posta esta noticia á Roma , pi­
diendo tiempo para reducir el ánimo
variable del Rey de Inglaterra. Los par­
tidarios de C arlos q u in to , viendo vulne­
rado el honor de su amo en la Real per­
sona de su T ia, hicieron que no fuese muy
largo el p la z o ; y espirado e s t e , se fixó
la excomunión en aquellos sitios que
suelen fixarse en Roma. Dos dias des­
pues de haberse publicado la excomu­
nión en R om a, llegó el Correo de L on­
dres con poderes suficien tes, por los
quales se sometía Henrique á la deter­
minación de la Santa Sede. Entonces fue
quando el Santo Padre conoció, aunque
tarde , las funestas conseqtlencias de es­
te hecho, que separó á la Inglaterra de
la Romana Iglesia. Esto fue haber sin
80 QUIXOTE
tiempo fulminado rayos el Capitolio, co­
mo se explican los Franceses.
a Habiendo tenido Henrique noticia
de lo acaecido en R o m a, ya no pensó ei\
otra cosa que en vengarse. Prohibió que
en adelante se le llamase Reyna á su
E sp o sa , y no se la trataba sino con el
caracter de la Viuda del Príncipe de Ga­
lles. Indicó el Rey una asamblea del Par­
lam ento, en la que se ordenó que Ma­
rta fuese privada de todos los derechos que
pudiera pretender y tener á la Corona , y
que estos mismos fuesen transferidos á Isa­
bel (h ija que acababa de nacer en Ana
de Boulen ) , y que el Papa no tendría , ni
exerceria en adelante poderío alguno en In­
glaterra , ni en Irlanda : que el Rey seria
declarado cabeza de la Iglesia Anglicana.
M anifestó tanto rigor para poner en exe-
cucion estas ordenanzas , que castigaba
con la muerte al que 110 borraba el nom*
bre del P apa donde quiera que se halla­
se escrito ó impreso. En las Letanías
mismas , en lugar de la deprecación sa­
bida , substituyo estas palabras verdade­
ramente impías : de la tiranía del Obispo
de Rom a , y de sus detestables excesos líbra­
nos , Señor.
3 E n un reyno ca tó lico , Señor Pa-
DE LA CANTABRIA. 8l

tr id o , era preciso escandalizasen muHio


estas novedades. Los que las m iraban con
ceño eran severamente castigados. E l
Cardenal F is lic r , Tomás M oro y otros
m uchos , perdieron en un cadalso la ca­
beza. Hizo Henrique alianza con los P ro­
testantes. Dem olió casas religiosas , ro­
bó sus bienes, extinguió la Orden de
San Juan de Jerusalcn , arruinó mas de
diez mil Iglesias , y también hizo se pro¿
cesase la memoria de Santo. Tomás Can-
tuariense hasta llegar á quemar sus hue­
sos. Llegó entre tanto el tiempo de abor­
recer á A n a de Boulen , y enamorado de
Juana de Seymour, se casó con ésta , ha­
biendo sido la otra degollada. M u rió Jua­
na luego que acabó de dar á luz un ni­
ño que se llamó Eduardo i, y sucedió á
su padre en la corona ; pero falleció á
los diez y seis años de edad , sin dexar
succesion alguna. Casó quarta vez Hen­
rique con A n a d e C le v c s , que repudió so­
lo porque esta Princesa habia concerta­
do .casarse con el Duque de Lorena en
la minoridad de entrambos , y tuvo es­
to por pretexto para casarse con C a ta ­
lina H o w a rd ; pero mandó cortarla la
cabeza, porque dixo que quando se ca ­
só con ella no estaba ya doncella. Si eso
TOM* n i . F
Sz Q U1X0TE

mos valiera , años há que pudiera estar co­


miendo tierra la mnyer que tengo, Señor Chan­
fa in a , interrumpió M ateo. C alla, Mateo,
dixo el C a p itan , y no cortes el hilo á tu
am o, que prosiguiendo dixo : C a só , por
últim o, el Rey Henrique con una viuda
llam ada C atalina P art 1 , que conservó
en adelante. L le g ó , por fin , el último
término de la vida , y mirando lángui­
damente un poco antes de espirar á los
que le rodeaban, dixo : Amigos m ios , to­
do lo hemos perdido , el estado , el renom­
bre , la conciencia y el cielo.
4 Su legítim a y desgraciada esposa
Catalina sobrevivió tres años al repudio,
ocupándose en trabajar meditaciones so­
bre los salm os, y un tratado de los llan­
tos del p ecad or: toleró sus desgracias con
constancia, y viéndose próxim a á la muer­
te , escribió al Rey su marido , que le­
yendo la c a r ta , 110 pudo contenor las lá­
grim as. M a r ía , hija de Henrique y Cata­
lina , ocupó el trono : casóse con Feli­
pe , hijo del Emperador Carlos Y . Es­
tos Príncipes Católicos se opusieron á
los progresos de los P ro testa n tes, des­
terrando treinta mil de sus dom inios; pe­

i Catalina P e tit la llam an otros.


de la CANTABRIA. 83

ro esta felicidad duró muy p o co , por­


que falleció M a ría sin dexar succe-
sion, y por últim a disposición de H enri­
que subió al trono Isa b e l, liijd de A n a
de Boulen.
5 Tomó Isabel el título dé Protec­
tora de la religión , baxo el nombre de So-
berand Gobernadora de la Iglesia de su rey-
no , tanto en lo espiritual, como en lo tem­
porali Apoderóse de todos los bienes
que la Reyna M a ría liabia dado á los
monasterios y á otras Obras p ía s , y des­
de el siguiente dia al de San Juan B au ­
tista cesó el Oficio divino según el R i­
tual Romano. Los Prelados que se opu­
sieron á novedades semejantes fueron ar­
rojados de sus Ig le sia s, encerrados en
prisiones perdieron muchos la v id a , y
un grande número de Católicos se refu ­
gió en países extrangeros. d istrib u yó las
dignidades eclesiásticas entre los L u te­
ranos y Calvinistas : ¡ noble acción , so­
meterse á la prim acía usurpada por el
ínteres que de ello resultaba 1 E l P apa
Pió V excomulgó a esta R e y n a , ponien­
do el reyno en entredicho. Esto contri­
buyó á irritar mas la R eyn a, que no re­
sistió á quantas lieregías quisieron tener
asiento en In g la te rra , y desde entonces
F 2
84 QUIXOTE
hay L u teran o s, C a lvin istas, Zuinglíanos’,
Anabatistas , Tembladores , que afectan
un temblor de cuerpo quando oran ó pro.
fetizan. Brow nistas , sectarios de un tal
B r o w n , D octor del Condado de Nort-
hampton. Independientes ó Puritanos,
que desechan el gobierno de los Obispos.
En este lamentable estado están hoy , Se­
ñor P a tr ic io , los habitadores de la is­
la , á que los conduxo el temperamen­
to de un Rey antojadizo; y asi Vm . á
vista de lo que le dixe, verá si se separó
del camino de la salvación por frivolos mo­
tivos , que nunca los hay para perder el
alma. Si como Teodosio el grande hu­
biera sufrido humildemente el castigo de
la Ig le sia , dexára á la posteridad bue­
na m em oria, y de haberse enconado con­
tra quien le castigaba quando lo sentia,
señaló una época que nos le hace odio­
so

1 E n o ja d o T e o d o s io c o n los habitado-
res de T esalón ica, porque en un alboroto ma­
taron á su G ob erna d or B o t e r i o , h iz o que
perd ¡eran la vid a siete m i l , casi todos ino­
centes , y sin reserva de personas : pecado
que le h i z ) purgar á satisfacción suy a San
A m b r o s i o , con a rr e g lo á la disciplina de
aquel tie m p o .
DE LA CAN TABRIA. 85

6 Dexó por un poco su razonamien­


to Pon Pelayo , y el Señor Patricio di­
xo : va que V m ., mi amigo Don Pelayo,
lia desmenuzado lo bastante el punto que
yo tanto deseaba, necesito, p ara form ar
ju ic io , enterarme en Jas circunstancias
mas notables de H en riq ue, de la famo­
sa Ana B o len a , y del Cardenal Volseo;
pero también quiero lo haga V m . des-
pues de descansar un rato.

C A P I T U L O X.

Habla Dpn Pelayo á satisfacción del Capi­


tan de la fra g a ta .

1 E l Bey Henrique , mi amigo y Se­


ñor P atricio , era de un talento supe­
rior , prosiguió el Caballero Don P e la ­
yo, ocupó el tiempo con honor escribien­
do contra L u te r o , y en defensa de nues­
tros santos Sacram entos, cuya obra leyó
algunas veces á los Cardenales León dé­
cimo, y le honró con el titulo brillante
de Defensor, de la f e católica. L a famosa
Ana .flolena fue hija de Tomás Boulen,
ó de su muger á lo m en os, pues dicen
que nació en el intermedio de dos años
de ausencia que el dicho Tomás estuvo
86 ' QTJIXOTE

con el caracter de Embaxador en Fran­


cia. Siempre fuera hija s u y a , Señor Don
P elayo , interrum pió el Señor Patricio,
con tal que Tomás no saliese de los qua-
tro mares de las Islas de la Gran Breta­
ña , aunque la ausencia fuese 110 solo de
dos sino de quatro años , pues una ley
nuestra tiene dispuesto esto que le digo;
y ahora prosiga el Caballero Don Pelayo
con lo que contaba. A s i lo h a ré , Señor
P a tr ic io , dixo Don P e la y o , pero no
puedo menos de m aravillarm e del pode­
roso estómago que tienen los Ingleses
‘quando se acomodan á la ley que dice.
Otru tanm digo y o , Señor Mauricio , ó co­
mo se lldma , añadió M ateo ; á nosotros
pudín ir con eses leyes , ; y que buenos son
tamien los Portugueses para acomodase ¿
elles \ Cuntóme á min un pelegrin que've­
nia de Galicia , qtte dende el dia que se ca­
san non se apartan de les muyeres un mina-
tu fa sta que son vieyes. L o qup no s’abes
de cierto , M a te o , 110 lo asegures, dixo
Don P elayo , que prosiguió de esta ma­
nera. E ra A n a Bolena morena de co­
lor , garvosa , de buen t a lle , en la en­
cía superior tenia mal colocado un dien­
t e , seis dedos en la derecha m ano, un
tum or en el pescuezo, cuya deformidad
de la c a n t a b r ia . 87

cubría con una gorguera colocada con


buen arte. D iscurría con a c ie rto , danza­
ba lindamente y pasaba por la invento­
ra de las modas en la Corte. Se dice
que en la de F ran cia escandalizó bastan­
te : vuelta á la de Inglaterra casóse con
Henrique, no sirviéndola de obstáculo el
concepto malo que de e lla se tenia , y
de lo que Tomás V i a t , uno de sus ga­
lanes , informó al Rey. F ue por último
acusada de adúltera é incestuosa, y per­
dió la vida en un c a d a lso , siendo en­
vuelto en su ruina Jorge de Boulen, her­
mano su yo , con quien suponían habia te­
nido comercio infame. L os hombres de
juicio de aquel tiempo que la conocieron,
se admiraron de que un hombre como
Henrique repudiase á una Señora de
prendas por casarse con una muger que
debiera reservarse para un galan que
tuviera poco mérito. Esto dice Sandero
de la A n a B o lc n a ; pero al Señor Cham­
paina 110 se le harán creíbles én una mu­
ger de entendimiento nada v u lg a r , y
elevada á la esfera de R ey n a , unos de­
sórdenes y correspondencias con un M o ­
narca tan infames. E l mismo historia­
dor liace también poco favor al Carde­
nal Yolseo.
88 QTJIXOTB

i N o ponemos duela en que fue-?


se hijo de un ca rn icero , que el Papa
León X le hiciese C a rd e n a l, y Legado
a latere en In g la te rra , que Henrique le
confiase el Arzobispado de Y o r c k , que
Francisco primero y Carlos quinto pro­
curasen traerle á su amistad con libera­
lidades , y que le lisonjease nuestro Em­
perador cqn las esperanzas de la Tiara;
pero se resiste mucho aconsejase al Rey,
su amo , el divorcio de la Reyna Cata­
lin a , resentido *de que su sobrino toma­
se cartas á favor de su maestro para el
P on tificad o; antes aseguran o tro s, que
el divorcio le sintió de veras, y que lue­
go que tuvo noticia de lo que intenta­
ba Henrique , se arrojó á sus p ies, y le
tuvo un buen rato abrazadas las rodillas
suplicándole desistiese de tan mal inten­
to ; y viendo que nada conseguía , dixo
y escribió quanto pudo á favor de Hen­
rique, pero todo contra su conciencia, se­
gún públicamente lo protestó á la hora
de la muerte. Este ministro era sagaz,
prudente y muy p o lítico, y como tal, ad­
virtió el orgullo de la A n a Bolena, y que
levantaba ya fig u ra , y asi procuró con
destreza sacarla de la Corte ; pero la
Bolena jamas olvidó estos oficios del
de la c a n t a b r ia . 89
C ard en al, y se vengó de él luego que
pudo contar con toda la gracia del M o­
narca ; y la prisión en la torre de Lon­
dres con la pérdida de la m itra y del mi­
nisterio, arguyen, ó por mejor decir con­
vencen , que Y olseo jamás favoreció los
intereses de esta D am a , ni aprobó -el
rompimiento tan grande del M o n a rca ; y
a si, amigo, aunque se dice que Y olseo y
A na Bolena tuvieron mucha parte en la
destrucción de Inglaterra , no debemos
asentir á ello. D e V olseo ya dixe las ran­
zones que le favorecen. A n a B olena dis­
frutó pocos años las satisfacciones del
M onarca, y muriendo en desgracia suya,
aun quando hubiese sugerido al P rín ci­
pe católico máximas perversas y doctri­
nas corrom pidas, debiera despreciarlas,
ya por el conducto que la6 habia adop­
tado, y ya porque él m ism o, sin auxi­
lio de otro , conocía la debilidad de la
reforma; y asi debemos concluir con que
el capricho y tesón de Henrique acar­
rearon á las Islas tantos malas. A esta
reflexión suscribo, Señor Don Pelayo, dixo
el Capitan, y quieran los divinos cielos
reducirnos al redil de que nos apartó
nuestra desgracia.
90 QUIXOTE

C A P I T U L O X I.

V isita Don Pelayo á un fabricante fuerte,


amigo del Capitan de la fra g a ta .

i ( C o n o c i ó el Señor Champaina que


Don Pelayo era amigo de asociarse, y
para desterrar de su conciencia escrupu­
losa y entendimiento delicado noticias
m elancólicas, le dixo pensaba llevarle á
casa de algunos amigos suyos para que
tuviese conocimiento de lo que son In­
gleses: Y a supongo y o , Señor Champai­
n a , dixo Don P e la y o , que en la Isla ha­
brá Caballeros nobles como los hay en
la patria mia. Tengo muy poco conoci­
miento de los Caballeros Españoles , mi
amigó Don P elayo , replicó el Capitan
de la f r a g a ta , porque este viage es el
segundo que hice á España , cargué en
el primero de avellan a, y no me pare­
ció muy honrado el que me la vendió.
A ese género de Caballeros no tene­
mos en la V eg a por los superiores , dl-
xo Don Pelayo ; acompáñanse con noso­
tros quando estamos solos , pero en otras
circunstancias ni siquiera les miramos.
S i acaso los necesitamos para que 1106
DE LA CANTABRIA. 9I

den moneda, solemos enviarles un reca­


do , y nos franquean quanto tienen para
lograr algún enlace en nuestras casas;
pero la mia cuenta y a mil anos que ni
con diez y oclio grados se arrim a á un
Caballero traficante; porque liemos sido
muy mirados en este punto los Caballe­
ros Infanzones (hablo de los de la V e ­
ga , para que mi amigo mejor me entien­
da), porque los de otras partes pensarán
como Ies acomode. En el siglo doce tuve
cinco tias que quedaron sin casarse por
no deslucir su sangre , quando varios
mozos ricos las 'pretendían y querían
por esposas aunque no llevasen dote. C o­
sa extraña por cierto , dixo el Capitan
de la fragata. Tenga V m . por cierto, ami­
go m ío, quanto le aseguro,dixo Don Pe-
la y o , porque tía D oña M encía Infanzón
de la Torre Erguida se hubiera casado
con A ria s Sanflechós , si hubiera salido
á favor suyo el pleyto del señorío que
estaba litigando, y asi fue desechado por­
que se quedó en un mero traficante de
potras y de bueyes. T ía Doña A dosin-
da M ier Mirtina Infanzón , Señora de
los m irlo s, pudo casarse con Gonzalo
F resn o, arquitecto de los mas famosos
‘de su tiem p o, que díó el modelo p ara
92 QUIXOTB
hacer las almenas y cubos de mi casa,
T ia Doña U rraca Linarino Infanzón , Se­
ñora del línueso, no quiso á Nuno del
M anzano , mercader de lienzos y calce­
tas en Trasm iera. T ia Doña Salomé 3un-
quer'ma Infanzón , Señora de los juncos,
desechó á Froylan Rodríguez , fundidor
muy diestro de campanas , que fundió
en un V iernes Santo la campana prodi­
giosa de la B elilla , que se tocó ella so­
lo hasta tres veces, anunciando siempre
grandes infortunios. T ia D oña Quiteria
Regucrina Infanzón , Señora presuntiva
de los estados de la Reguera , no quiso
á Santiago de A b la n e d o , traficante en
el comercio de avellana ; y solamente
T ía.... Repare V m . Señor Don Pelayo,
que ya refirió las cinco tías , si yo no
me engaño , interrumpió el Capitan dp
la fragata. Uno de los dos nos engaña;
remos, amigo, dixo Don P e la y o , pero sé
muy bien que T i a , Doña Rugeria Panta­
lón Infanzón de la V eg a (como todas
las que he dicho) Señora de los panta­
lones , se casó con M arcos Z ie rzo , Cur­
tid o r, porque presentó papeles signados
por cinco Escribanos, en que evidencia­
ba descender por linea recta de varón
de aquel curtidor que hospedó á San
PE LA CANTABRIA. 93

Pedro en la Ciudad de J a ffa , por cuya


razón no era en M arcos vituperable el
exercicio de los cueros ; y m¡ tía vivia
muy contenta, aunque era un poco va­
na, como en general lo es toda la paren­
tela mia. No me m aravillo de que asi
lo sea, Señor Don P elayo , dixo el Señor
Champaina, porque tanto Señorío en li­
neas transversales dá motivo á que los de
la linea recta pierdan el sentido. Eso es
conocer las co sa s, amigo , dixo Don P e-
layo , y en esta inteligencia lléveme á
la casa que gustare.
1 Ilustrado de algún modo el C a p i­
tan Champaina en una pequeña parte
de esplendor de los Infanzones de la
V ega , reso lvió , sin acobardarse llevar­
le á casa de un fabricante r ic o , al que
trataba con la mayor confianza : ocultó
Champaina la qualidad de fabricante, pa­
ra que Don Pelayo hiciese este sacrifi­
cio con menos repugnancia. A n drés Ofre
se llamaba el amigo del Capitan Cham­
paina, fabricante en Inglaterra, que man­
tenía á costa de salarios ciento ochenta
y siete oficiales en el obrador de paños.
Conduxo el Capitan á Don P e la y o , de
pieza en pieza , en que se dexaban ver
y oír golpes de telares , ruido de bata­
94 Q U IX O T E

n es, hombres muy tiznados, desaliñados


otros , máquinas horribles , capaces de
sorprender á otro que no fuera Don
P e la y o , que con disimulo se ocupaba to­
do , notando cada co sa , y dexando otras
muchas admirables. Seguía con gravedad
al Capitan su amigo que le conduxo á
un qu_artito reducido, en el que vió á un
hombre ya muy v ie jo , blanco todo el pe­
lo , vestido de un grosero paño , y ocu­
pado en ajustar erretes á unos cordones
y abujetas. Saludó el Capitan a l Señor
O f r e , levantó la cabeza el que traba­
jaba , quitóse los anteojos, y correspon­
dió al saludo del Capitan de la fraga­
ta con un si es ó no es de inclinación de
cabeza al Caballero Don P e la y o ; colocó
otra vez en las narices los anteojos, y
prosiguió con su tarea. Quedóse frió co­
mo un hielo Don P elayo, y preguntó ¿si
de veras era aquel el M ilo r Ofre? Si lo
soy, Señor Caballero, respondióle él mis­
mo , aunque no merezco el tratamiento
de M ílo r que me está V m . dando; pero me
hago el cargo que se van corrompiendo
ya los tiem pos, y aunque por fu e rza , es
preciso acomodarnos con sus perjudicia­
les usos. M i difunto padre manejaba do­
ble caudal de lo que yo manejo; eraco-
DE LA CANTABRIA. 95

nocido por hombre rico en F r a n c ia , E s­


paña , V e n e c ia , Génova y O la n d a , y
nunca permitió se le tratase de otro
modo que Juan O fre. Prestó mi abuelo
á Luis catorce sesenta millones de libras
esterlin as, y jamás tuvo aliento para
gastar 1111 pañuelo de se d a , ni zapatos
de una su ela, pero su nieto ya degene­
ra de ellos quando admite tratam iento,
y tras de este lu x o , acaso vendrá otro
que acabe con nosotros. N o creo yo ha­
ga impresión en Y m . el luxo Señor O fre,
dixo Don P e la y o , quando teniendo tan­
to caud al, como entiendo tiene , se ocu­
pa en echar erretes á un cordon que
no vale un quarto. Y a 110 estoy para
otra ocupacion , Señor Caballero, repuso
el Señor* O fr e ; mis edades se ocuparon
en los exercicios todos que habrá nota­
do V m . en los oficiales que m antengo, y
como supe hacerlo ninguno sabrá enga­
ñarme ; en el dia por no estar ocioso1'
entretengo los años que me oprimen con
un ligero m artillo y m ateria leve, como
es la de los erretes. Con pasearse V m .
por las C iu d ad es, las V illa s y las C or­
tes, podia ocuparse bien sin estar ocioso,
dixo Don Pelayo. ¿ Q ué ocupacion mas
péxim a, Señor C a b a lle ro , puede Vm .
96 QUIXOTE

disponer para un hombre de mi esfera?


dixo el Señor O fre. ¿Si me marchara yo
á correr ciudades^ y gastar dinero, ¿có­
mo habia de presenciar las tareas de la
casa? y si no las viera , ¿ cómo habian
de salir del obrador tan acondicionadas
como salen ? y si á fuerza de sobrestan­
tes y dinero salieran excelentes, ¿cómo
las habia de dar á V m . ú á otro con
aquella equidad con que yo las vendo? y
si esto es cierto, como 110 lo dudo, sígue­
se forzosamente que de mantenerme yo
en mi casa á la vista de mis fábricas
resulta mucho bien al estado todo. Yo
vine , Señor O f r e , dixo Don Pelayo, con
mi amigo el Señor Champaina en la in­
teligencia firme de que me llevaba á ca­
sa de algún Caballero In g le s; pero sien­
do esta la de un muy rico fabricante, na­
da quiere decir se mantenga V m . mar­
tillando en los erretes. E l Señor Ofre
ho tiene obligación á saber qual es el
bien grande que de uno de nosotro» pue­
de venirle al estado. Este es un punto
muy sublime : conténtese con saber que
en la clase de fabricante contribuye á
una pequeña parte del bien que al es­
tado puede provenirle , y lo demas dé-
xelo al silencio. A los Caballeros de la
DE XA CANTABRIA. 97

V e g a , no agravia V m . poco ni mucho,


pero sí á los fabricantes con ese tneca-
nismo. Los fabricantes de la V eg a ape­
nas ven las fá b ricas: los mas son Socios
de mérito por los adelantamientos que
hicieron en el Jardín B o tá n ico , y tienen
á su cuidado la subsistencia de.los pa­
seos públicos. Stis esposas no saben an­
dar á pie, y asi las mas de ellas gastan
coche ; bien que los cocheros y lacayos
infelices que se acomodan en semejan­
tes c a s a s , se exercitan en muchos me¡-
nesteres sucios de la fá b r ic a , y toman
despues la librea para dirigir el coche.
Las leyes que en los siglos anteriores
hacían muy apreciables los paños de la
V e g a , todas se abolieron, y hoy un cer­
rajero , si q u ie re , se hace fabricante. Los
paños son muy malos , y para prueba
de ello , basta saber que los dueños no
se visten de los que fabrican ; y con to­
do los venden á un precio muy subido:
yo creo, Señor O fr e , qué los fabricantes
tienen muchos medios de hurtar ; dígo-
lo porque á pocos años se hacen ricos:
y lo peor es que los operarios se abalan­
zan á ocultarles quanta lana pueden pa­
ra compensar asi los salarios que les
cercenan cada d ia , y no faltan confeso-
TO*l. iix . g
98 QUIXOTE '

res que disimulen á unos y á otros sus


maldades : creo que a q u í, Señor Ofre,
puede haber riesgo semejante : pero yo
no intento descubrirle; solo s í, debo de­
cir que , si el Señor O fre fuera Caba­
llero , comunicaría un bien mas aprecia-
ble al estado todo. N o sé lo que entien­
de Vm . por Caballero , S e ñ o r, replicó
el Señor O fre , á Don Pelayo. Si aca­
so entiende Vm . por Caballero un hom­
bre que rebosa en bienes , que está ro­
deado de cria d o s, tantos como oficiales
tie n e , que los regalos de comida y be­
bida son de este reyno y de otros ex-
tran geros, que cuenta el oro y plata por
millones , y que no tiene envidia á otro
de este mundo ; yo , Señor , por la cle­
mencia de Dios , por mi tra b ajo , sobrie­
dad é industria , soy uno de los t^les.
M uy engañado está V m ., Señor Ofre,
dixo Don P e la y o , si juzga que los hom­
bres de tales conveniencias son los Ca­
balleros. Esa especie de liombres se ha­
ce con los Caballeros; porque si nos ve­
mos en algún lance de honor, empeña­
mos á Vm s. nuestros m ayorazgos, y con
los exorbitantes intereses que por nues­
tra situación nos lle v a n , se hacen ricos;
y asi sepa el Señor O fre , si acaso no
de la c a n t a b r ia . 99

lo sabe, que los Caballeros estamos to ­


do el año ociosos , y á lo mas nos ocu­
pamos en registrar el archivo de la ca­
sa , para ver si estamos en el g o z c , ó
hemos perdido alguna regalía ; y si nos
vieran ocupados en el mecanismo de los
herretes, ú otro semejante , nos tendrían
por locos. M e parece mal llame V m . cria­
dos suyos á unos oficiales que trabajan
por tareas , y si V m . los saca de ellas
alguna vez para que le sirvan , ju zgará
acaso que son m u d os; pero allá entre
dientes echarán al Señor O fre quatro
maldiciones. L os regalos que pondera,
podrán venir de los reynos extrangeros
cargados con u su ra s, ni me m aravillo se
llene de oro y plata con el sudor de tan­
tos. N osotros nos contentamos con nues­
tras rentas fixas ; si nos regalam os es á
costa de nuestros inquilinos, que no es-
tan á gusto sino quando se presentan en
nuestras casas con alguna cosa delica­
da. N uestras hijas tienen derecho á ca­
sarse sin un m aravedí de d o te ; por­
que la mayor es heredera presuntiva,
porque el m ayorazgo puede ser impoten­
te , y los varones que le siguen van por
las letras ó las armas ; la segunda,
porque puede fa lta r la sucesión de la
G 2
IO O QUIXOTE
p rim e ra ; la tercera porque puede ser
mas lin d a ; la quarta porque es mas dies­
tra en baylar que las demas hermanas;
la quinta porque sabe varias len gu as, y
la última porque nunca dexa de haber
en las casas pingües un vínculo p ara ella.
Nuestros criados suelen llevar librea,
aunque ellos sean de sangre esclareci­
d a , y mi lacayo M ateo es capaz por
su origen de ser Gentilhombre de bo­
ca del Emperador de la T artaria . S í, Se­
ñor Cofre, añadió M a te o , como yo non hu­
biera vendido la carta de fidalgu , non me
trocaba por todos los Ingleses , pero agora
necesitamos callar el picu. T e valdría bue­
nos quartos, am igo, la carta de fidalgo,
dixo el Señor O fre á M ateo de Pala­
cio. Valióme quatrocientos reales, Señor Co­
fr e , respondió M a te o , y ¿a. desgracia es­
tá en que un hombre anda algo alcamaiu ,
que si non fu era e so , ya mi hubiera vuel­
ta á ella , porque el que me la compró, ya
me la daba por la mitá de lo que yo llevé
por ella ; porque á la cuenta á él aprove­
cha pocu , y yo tengo para min que les jf*
dalguies solamente aprovechan á los qut
nacen nobles desde el vientre de la madre-, y
agora prosiga Vusté mi amu con lo que can­
taba. Tenemos asimismo Señor O fre, pro*
DE LA CANTABRIA. IO T

siguió el Caballero Don P elayo , abun­


dancia de co lm en as, árboles frutales,
infinidad de aves , poblados palom ares,
vacas gordas para las m antecas; en e l
eomer y beber somos detenidos , y poca
c o s a , como la repitamos muchas veces,
nos relaja los estómagos. Poco aparato
de manjares, Señor Cham paina, necesito
yo para obsequiar al huesped que trae
Vm. á mi casa dixo el Señor O fre. Es
el Caballero Don P elayo muy urba­
no , Señor O f r e , dixo el Capitan de la
fra g a ta , y estim ará muy mucho los obse-j
quios de V m . aun quando ninguno ne­
cesite. Seria yo un grosero. Señor C ap i­
tan , dixo Don P elayo, si despreciara los
agasajos de un Ingles , aunque sea de
una humilde e s fe r a , porque en un caso
semejante aconseja el ritu al que tene­
mos en la V e g a , una condescendencia'
que no subsiste sino por uii instante solo,
y asi no hay para que afligirse. Celébro-,
lo en el alma, Señor Don P elayo , dixo el
Señor O fre , y por acá tenemos Caba­
lleros pobretones que se acomodan sin
violencia al ceremonial que d ic e ; pero
ellos pasan unas hambres indecibles, por­
que ninguno quiere gastar con ellos. N o ’
puede haber situación mas lastim^M t^re
102 QUIXOTB

la (le un Caballero de prendas en las cir­


cunstancias que pinta el Señof O fre, di­
xo D . P e l a y o , porque como somos inep­
tos jiara el trabajo de algún peso, .desdije
en nosotros toda industria, mecanismo, y
por otra parte las ciencias se nos resisten
m ucho, nos vemo^ en la precisión de que
nos tengan lástim a. Y o en M adrid estuve
un corto tiempo sin las asistencias de mi
casa , pero experimenté quanto les pse-
g u ro , hasta qup padre me libró dinero;
y asi mas lástim a tengo de un Caba-
ballcro de esta especie , que de los po­
bre? mendigos que llegan á mis puertas.
no doy quartel, Señor mió, á seme­
jantes gentes ,• dixo el Señor O fre , por­
que la honesta octipacion parece bella-
mente en las Personas R ea les, y la ocio­
sidad de un Caballero da en rostro á un
hpmbre de mediano entendimiento ; pe­
ro omitiendo por ahora hablar mas de
e s to , vamos á v^r si al Caballero Don
p elayo acomoda algún agasajo de un
Ingles grosero, ■
,,3 ' Conduxoel Señor O fr e á D . Pfelayo
á.^ma sala rica, mandó á varios dependien­
tes suyos disponer la jn e s a , dando orden
paca cubrirla ;de viandas exquisitas y ex­
celentes vinos. Comió Don P elayo lie-
d e z a c a n t a b r ia . 10 3
tío de contento , acabóse la éom ida, fue*-
ronse con las tazas de café en la manó
al almacén de paños, y cogiendo uno el
Señor O fr e , d ix o : Este p a ñ o , Caba­
llero Don Pelayo , es de medias toscas
que compro yo en España : aquí man­
do deshacerlas , se cardan nuevamen­
t e , y se fabrica de ellas un paño tan fi­
no como el que aquí se mira , y en pa­
ño vuelve á E sp a ñ a , donde me le pagar!
á un precio mas que mediano por ser
de Inglaterra , pues esta circunstancia
vale mucho para despachar en España;
ciertos géneros que acá estimamos po­
co ; y sepa V m . Señor Don P elayo , que
Vms. los Españoles , como unos pobres
hom bres, se pagan de lo forastero , y
les encaxamos mucha m aula. L as cerra­
duras , que parecen vaciadas por el buen
trabajo , y tan baratas , no valen la m i­
tad del d in ero, porque qualquiera clavo
las falsea. Vm s. trabajan con mas soli­
d ez, aunque á lo grutesco. Un pardo-
monte de Segovia vale mas que quantos
paños fabricamos. En los nidos de anta­
ño no hay páxaros h ogaño, Señor O fre,
interrumpió el Caballero Dón Pelayo. N o
puedo menos de confesar que en el diü‘
los fabricantes de Segovia echan paños
10 4 QTT1X0 TE
p ard o s, pero son lig e ro s, acomodados a\
genio de los mismos fabricantes. E l luxo
y la poca aplicación de los operarios ha­
rá poco á poco que se desconceptúe el
paño de Segovia. En quanto á cernidu­
r a s , las tenemos en España que pueden
cargar un macho , pero segurísimas. Los
Ingleses ganan mucha tierra con que no­
sotros seamos unos pobres hombres , por­
que si fuéramos tan ingeniosos como ellos,
y como los Franceses para sacar del po-.
der ageno el quarto , ¿ qué se habían de
hacer los de otros reynos que viven con
nosotros ? Si nosotros no fuéramos tan
buenos, ¿p o r qué habíamos de dar di­
nero por ver O so s, M o n a s, Marmoti-
ñas vivas y otras pataratas ? L a abun-.
dancia de dinero es en nosotros fuer­
za de h um or, que necesita evaporizar­
se para recrear á otros que se des­
viven por un quarto , y que hacen su
caudal porteando un T utilim undi, ó al­
guna Optica lig e r a ; y asi conviene que
callemos todos , porque bastante vulga­
ridad hay entre los Ingleses. Acabóse con
esto la visita, y Champaina se retiró con
D on Pelayo y su criado M ateo de Pa­
lacio,
DE LA CANTABRIA. I 0£

C A P I T U L O X II.

Un Caballero Ingles visita á Don Pelayo,


y se indina á que puede tener alguna paren­
tela en las inmediaciones de la Vega.

i S u e le n hallar los hombres mas es­


timación en reynos extrangeros que en
el suelo propio. H allábase contento Don
Pelayo en Inglaterra , porque en el con­
cepto suyo le apreciaban mucho ; ya no
echaba menos algunos oficios eclesiásti­
cos, pues á todo nos inclina el genio 6 la
compañía. M ateo no podia olvidarse de
aquellas ceremonias con que se habia
cria d o , ó ya fuese porque sus talentos no
podían dar de sí otra co sa , ó lo que se­
ría mas cierto, porque no estaba tan ocu­
pado como su amo ; pero sea como fuere,
lo verdadero e s , que estrechándose con
su amo, aseguran que le dixo : Los Santos
de mi nombre y de mi guarda, me fa lten í
¡4 hora de la muerte. Señor mi am u, si. fu e s
mentira de que estamos aquí en peligra de
perder el alma que tenemos en les carnes.
Algún riesgo corre , dixo Don Pelayo;
pero si temes los peligros, acude á la ora-
cion, y consuélate con Dio6 , que es el
QUIXOTE

consuelo de los afligidos. Tamp0cu será


malo , Señor, que escapemos de a q u í , aña­
dió M a t e o , porque les ocasiones son e¡
diablu , y non confesando, nin rezando el ro­
saría á María Santísima, volveremos para
ca<a fechos unos 'veteranos. Luteranos quer­
rás d e c ir , M a t e o , que no veteranos,
dixo Don Pelayo. Seremos, Señor, lo que el
diablu quiera, replicó M ateo, y asi meyor
será que mos escapemos. M a l podremos es­
caparnos estando la mar por medio, di­
xo Don Pelayo. E l Capitan de la fra­
gata es hombre de bien á todas veras,
y me tiene asegurado nos liaremos á la
vela nuevamente , luego que el viento
sople favorable. ¿D e esa manera non pode­
mos salir de aquí sin embarcamos , Señor,
replicó M ateo? A s i es, am igo, dixo Don
Pelayo , \Ay desgraciada de m in , exclamó
M ateo! diera yo quantu v a l el mundu , si
en la mano lo tuviera , por non ver segunda
vez á la mar hinchades les narices. Dis­
curro que Vusté tenia la cabeza déscom-•
puesta quando pensó embarcase. Algo mas
contentu caminaba yo quando fuimos a Ma-
d r il , anque iba descalzu , per la mala tier­
ra , y llevaba valientes tropezones, y agora
mas que nunca conozco que non debía ir
triste, porque ñon tenia peligru de afogante
DE LA CANTABRIA. ÍO J

entre acuelles altísimes montañés , Valles re­


torcidos , pedregales tiesos y calorosos cam­
pos ; pero encima de agua ¿ quien ha de ca­
minar contentul No todos los viages por
mar son desazonados, M ateo , dixo Don
P e la y o , y acaso éste que tenemos que
hacer será del todo favorable. Quiéralo
Dios que puede , Señor, replicó M ateo , y
agora tenga cuenta con la boca , non sea el
diablu que el Ingles que espera lu trayga á
Vusté a l retorteru si acasu toca la conver­
sación de los Procesantes. N o conviene, ami­
go M a te o , hablar con ellos de los P r o ­
testantes , dixo Don P ela yo , porque ó
se acaloran mucho ó s e ,de sazonan. E s­
tando en esto entró M ilo r Pampega , que
era un Caballero distinguido, íntimo am i­
go del Capitan de la fr a g a ta , y por ha­
cerle obsequio, de propio intento pasó á
visitar á nuestro h éro e ; saludáronse ca­
riñosamente , y ql Ingles dixo á Don P e -
layo ; yo , Señor Caballero, soy D on C a­
nuto de Pam pega ; por mi amigo Cliam -
paina he sabido que os conduxo en su
fra g a ta , que por reveses de los tiempos
declinó del rumbo que lle v a b a , que ar­
ribó á esta nuestra I s la , que estáis de
huesped en su c a s a , y que os llam ais
Don P ap agayo, Don P a y o , en fin , Se­
io fc QTJIXOTB

ñ o r , habréis de perdonarme, porque co.


mo tuve mas cuidado con el apellido que
con el nom bre, se me olvidó éste y no
a q u e l, y asi sé que os apellidáis In­
vención de la P e g a , de las familias mas
delicadas y relevadas que hay en la Es­
paña toda. Pocu á pocu con eso, Señor Ca*
ñuta , replicó M ateo , y otra vez mire co-
mo falo, de families d elica d a , nin tampoco,
revelades , porque los Infanzones de la V i­
ga nunca fueron delicados ; y si viera Vus­
té í mi amu-comer un zoquete de boroña 1
y agarrase de les oreyes de una Potra pa­
ra sujétala , y hubiera conocido como yo á so
padre Don Aries , metidu lo ■ mas del añu
en medio de los prados calzada con madre-
ñes a quando estaba v ivu , non habia de
decir Vusté que venia de fam ilies delica-
d es ; y munchu menos revelades , porque esa
moneda non cuerre en nuestra tierra , y ha
de saber Vusté que mi amu se llama Ddn
Pelayo Infanzón de la V e g a , y non Don
Papagayo Invención de la Pega : ¿eritendío-
me Vusté Señor Cañutu ? N o se acalore
V m . tanto, buen amigo, respondió el Se­
ñor Pampega , y me parece que os he en­

i Pan de maíz.
a Zapatos de madera.
DE L A CANTABRIA. I0 9

tendido, y juzgo quenada de lo que yo


he dicho es contra vuestro amo , porque
si aseguro proviene de fam ilias delica­
das , quiero con esto decir que son finas,
¡lustres, y que no desciende este Caba­
llero de patanes. Si se ha de decir la ver-
di,Señor Cañutu, interrum pió M ateo, tam-
pocu tenia les carnes demasiado fines el Se­
ñor Don A r ie s , porque era prietu y tenia en
pechu y les moñeques unos pelos prietos co­
mo los de un osu , pero esto maldita la co­
sa importa para lo principal del cuentu. A
eso me inclino, amigo , respondió el Se­
ñor Pampega, que prosiguiendo dixo: tam­
poco ultrajo al amo , quando digo que
vendrá de fam ilias re le v a d a s, porque
lo estarán de todo pecho y vasallage
por ser nobles. Si i eso vam os, Señor Ca-
ñutu, replicó M ateo, ha de saber .Vusté que
solo en la Vega (y no en la P ig a ) hay mas
nobles que puede haber robles en Ingalater-
ra. N o es ponderación p eq u eñ a, amigo,
dixo el Señor Pampega. Ansina vien á ser
la verdá, Señor, insistió M ateo , Vusté en
«so diablos duda ponga, porque en la Vega
hay mas de quarenra cases nobles desde que
se fundó el mundu , y si les que nacieron
en ella non se hubieren escapado á buscar
de comer á «tres turres llevando la fid a l -
IIO QUIXOTE

guía entre les espaldes , habría tantos que


ningunu podría cuntalos. Con todo eso, ami­
go , los robles se pueden criar aquí con
menos dificu ltad , que los nobles en la
V e g a , replicó el Señor Pampega. Non
crea, Señor, eses boberíes, replicó M a te o ; y
ha de saber V u sté , que en la tierra de mi
amu se cria un noble de qualquiera cosa. No
conteste V m . Señor P am pega , á seme­
jante majadero, dixo Don Pelayo. Es la
V e g a , mi p atria , tan feraz en lo que
M ateo dice , que hasta los tallos de le­
chuga llevan preferencia á los de otras
tie r r a s , y puede asegurarse de ellos que
son nobles tallos ; y por esta razón lia
dicho M ateo que se cria un noble de
qualquiera cosa. P o r acá también somos
muy esclarecidos, Señor Don P e la y o , re­
puso el Señor Pampega , pero no en la
conformidad de lo que asegura el mozo;
110 obstante que á los Caballeros nobles
se nos compara con la harina mas fina
del rico t r ig o , y la gente plebeya es co­
tejada con los salvados de la misma ha­
rina , debiendo este concepto á los ex-
tra n g e ro s, según se explican en los dic­
cionarios. L a alusión no me desagrada,
Señor Pam pega , dixo Don P e la y o : y ya
no dudo de que V ra. sea nobilísimo. Y o
de la CANTABRIA. III

tengo la desgracia, Señor, dixo Don C a­


nuto , que solo puedo blasonar de es­
clarecido por lo que me toca de mi ma,-
dre , que se llamaba Sofía de B run s­
w ick ; pero vino esta Señora em baraza­
da desde los m areí de C an tab ria, de un
Caballero que según aseguraba su Seño­
r ía , se llamaba Don Pasqual Pampega.
Siendo cierto ese casual encuentro, Se­
ñor Don Canuto, dixo Don Pelayo, asegu­
ro que su madre de Vm d. de consiguien­
te Y m . y quantos le conocen, viven en­
gañados. D igo esto , porque no hay en
toda la Cantabria fam ilia que se llame
de ese modo. Tengo un índice completo
de todas las casas antiguas y modernas
que habitan la tierra que le digo, y nin­
guna hay ep él de ese apellido. L a Se­
ñora madre de V m . seria de pocos años,
la detención en la Cantabria es regular
fuese por muy poco tiempo , no estaría
instruida en nuestro idioma; y asi no du­
do llevase en la memoria la nocion de
un apellido que no existe , y que el no­
bilísimo apellido de Panpluga le corrom­
piese en Pam pega , todo lo qual es fácil
y sucede con freqüencia. E l apellido de
Colosía es montañés legítimo , y le cor­
rompió en Zelosía un Italia n o ; él de Ra­
112 QT7IX0TB

to es de la C an tab ria, y en G ato nos le


volvió ún Francés mal intencionado, sien­
do asi que en la Cantabria no hay mas
G atos que los de las c a s a s , y á simi­
litud de esto , el apellido de V m . está
muy corrompido. N o pongo la duda mas
p eq u eñ a , Señor Don C an u to , de que
V m . es legítimo P am pliega, y dé este
modo resulta pariente mió, aunque yo no
q u ie r a , porque tia Doña Petron ila In­
fanzón de la V eg a casó con Don Teles-
foro Pampliega y O rtig o sa, cuyo apelli­
do tomó porque fue el primero que pen­
só en sacar de las ortigas cáñamo v y
lo hilaba tan delgado tia Doña Petroni­
la que con siete onzas de esta hilaza se
texió un roquete , que regaló mi abue­
lo á un Señor Obispo que se fue á las
Indias. D e todo esto que á V m . cuento,
Señor Don Canuto , haria evidencia, si
estuviéram os en la V e g a de mi casa, por­
que en el archivo se conservan estas no­
ticias como otras tan escrupulosas. Sí,
Señor Cañutu , apoyó M a te o , Vusté en eso
diablos duda ponga. Los Pampliegas son cer­
ca de la V ig a , y Pericón de Pampliega,
amigu m iu , viéndose tamien apuradu en los
malos años , tuvo que vender la Jidalguia
para rem idióse , porque esto entre nosotros
DE L A C A N T A B R I A . IÍ3

fa ise pocu casu , y si Vusté lu picara un po­


cu , anque la tien vendida , habia de pías-
malu con los privilegios ; anque yo , de to­
dos ellos, í un solu tengo envidia ; y consis­
tí isti privilegiu , Señor Cañutu, en que Peri­
cón tien llicencia para estar sentada en un
escañu , y recostadu^ si tien gana , todu el
tiempti qne se gasta en decir la misa en la
Parroquia suya , y aprovechase de él todos
los Domingos , y algunes veces causa risa
oirlu dormir y roncar , como si estuviera en
casa de so suegra ; pero el meyor chiste estu­
vo en que un Domingo quiso, aprovechase del
privilegiu en el conventu de los frayles: atis-
vólu Fray Bonifacio , y con el cordon crucióy
dos veces la cabeza tras de les oreyes, y es-
pavilólu bien á priesa ; pero isti privilegiu.
non lu dará Pericón por qualquier dinerUi
Hace lo que debe , amigo M ateo , dixo
el Señor Pamphega , porque privilegios
de esa naturaleza á ninguno en el dia se
conceden. Y o , Señor Pampliega , dixo D on
Pelayo , liize solemne dexacion y form al
renuncia de quantos privilegios gozaba
mi c a s a , relativos á distinciones en e l
Santo tem plo, pues en él solo debe dis­
tinguirnos la mayor devoción ^ ternura
y cliristianos afectos acia nuestro D ios
Omnipotente i quedéme, si, con otros que
TüM . III. H
114 QTJTXOTB
nada se introducen en las inmunidades
de los eclesiásticos, y me quité de pley-,
to s ; porque siguen con tesón una deman­
d a , oponiéndose á derechos señoreales.
E llo s suelen ser muy fu e r te s , y por lo
que á mí toca d ig o , que no quiero con
ellos contestaciones, aunque parezcan jus­
tas. Pero dexando una cosa por tomar
otra, y hablando con aquella satisfacción
á que anima el p arentesco, yo estoy en­
teram ente persuadido á que el Señor
Cham paina será de los Caballeros ilus­
tres de la Isla. E sa es la mayor desgra­
cia , Señor p a rie n te , dixo Don Canuto: es
de una fam ilia d esp reciable, pero sus
prendas hacen sospechar lo que V m . afir­
m a , y tengo para m í, que esto de pare­
ce r un hombre aquello que no e s , pro­
viene de los medios que cada uno tiene.
Y o algunas veces pareceré de una baxa
e sfera , quando me encojo por escasez
de m ed ios, y á mi primo Don Pelayo
sucederá lo mismo ; y como mi amigo
Cham paina rebosa en conveniencias, se
porta con brillantez en quantos lances se
h a lla ; pero se acobarda el pobre, quan­
do se acuerda que no es, como nosotros,
Caballero. Y o le estimo m ucho, y por lo
mismo como y bebo en su casa casi todo
de la c a n t a b r ia . 115

e l a ñ o , y con esto vive lleno de satis­


facciones , como lo está en el d i a , por­
que á V m . tiene por su huesped. Eso
es propio de todos los hombres rico s, y
de obscuro nacimiento , dixo Don P e la ­
yo. N o puedo ponderar á V m . quanto
me agasajó a llá en España un labra­
dor muy rico , quando pasé á la C orte
á cosas de importancia. M e vi precisa­
do á pretestar mas de mil motivos p ara
desprenderme de su t r a t o , y en un tiem ­
po tuve creído echaría cadenas á la ca­
sa , porque yo la había ocupado. Un par.
de albardes , Señor Cañutu , merecíamos en-
trambos , quando desamparamos la casa de
Trigueros , replicó M a t e o , porque lo que
aquel hombre gastó con nosotros, non se sabe+
y lo mal que lo pasamos dende allí á M a -
dril nunca se me olvidará , anque v iv a se­
tecientos años , pero como mi amu ye Caba-
lleru de la V e g a , tien unos modos de matar
pulgues distintos de los otros. Yo tamien soy
noble, y de los primeros , como sabe mi amu,
pero si me encuentro con algún am igu , an­
que sea pecheru , como y bebo con é l , y si
non me cuesta nada estoy llocu de contentu.
Tú m ism o, amigo M ateo , has dado la
solucion á esa misma d u d a , dixo D on
Canuto. L a notable diferencia que va de
H 2
I I 6 QTJIXOTE

Tin Caballero á un noble da satisfacción


á ese reparo tuyo. En uno que no sea
mas que noble, como el amigo M ateo, no
parece mal lo que suele llam arse pego­
tería p u r a , pero en los Caballeros se­
ria una cosa fea. ¿ Qué mayor pegotería
que la de Vusté , Sefior Cañutu, replicó M a­
teo , si está confesando que se mantien casi
todu el añu en casa del Capitan de la fr a ­
gata! Y o ilustro su ca sa , amigo Mateo,
dixo Don Canuto. Vien á ser una llástima
muy grande , replicó M ateo , que una do­
cena de Caballeros como el Señor Cañutu, non
ilustren la casa del Capitan de la fragata ,
y entonces yo le asegurára que presto se que­
daría tan rasu de bienes, como de nobleza.
E se punto, M ateo, dixo Don Pelayo, ex­
cede tus talentos, y asi retírate, porque
y a molestas.

CAPITU LO XIII.

Tasea Don Pelayo con el Señor Pamplíega,


y como amigos y parientes se manifies­
tan mutuamente.

' i P o c o le faltaba al Caballero Don


JPelayo para estar ( por lo que toca á
i a sociedad h u m an a) casi cerca de si*
DE LA CANTABRIA.
centro, habiendo persuadido al Señor D .
Canuto que su padre se ñam aría Pam ­
pliega , y qne asi era pariente suyo muy
cercano. Con esto se inclinaba á qne nin­
gún terreno perdía entre los Ingleses,
y como le regalaban sin costarle un cuar­
to , se olvidaba de aquellos fines que se­
gunda vez le sacaron de la "Vega; pe­
ro M ateo le desazonaba quando le acor­
daba sus obligaciones , y esta vez lle ­
gó casi á entristecerle , diciéndole de es­
te modo : Yo non sé , Señor , si Vusté yé mi
emú Don P ela y in , ó si algún Inglés de los
munchos que habrá en isti Ingalaterra ; digo,
tsto , porque non llegaría á creer , aunque me
io cuntaren Frayles Capuchinos, que se ha-
tia de olvidar Vusté de mi ama Doña M a ­
ría Josefa y de los rapaces , pues desde que
estamos aquí , non falam os palabra de ellos,
y estoy para apostar á que Vusté non se can­
só pocu nin munchu en escribir á mi ama%
que estará la probe aturdida sin saber por
donde andamos. N i por la imaginación me
ha pasado, amigo M a te o ; el pensamien­
to de escribirla , dixo Don P elayo. Eso
bien lo creo y o , Señor , respondió M ateo,
y creame Vusté , ó non me crea , que i la
postre diablos cosa importa. Esto vien á set
lo mismo que olvidase un hombre de que es-
n 8 QTJIXOTE

t í casaiu'i y mire que el rapaz Se V m e echa


ya focicu 1 , y la rapaza ya f a y de per­
sona quando sal á ATisa ; y en fin , ¿ qué sé
yo ? el diablu duerme pocu , y malo ha dt
ir el cuentu quando Vusté necesite que yo de
consejos. Yo seré, como decimos, un babayu 2;
pero nunca me olvido de los mios , y por eso
tengo aquí para la muyer una carta que es­
tá ya escrita , y me la escribió un paisanu
miu de Montotu 3 que está aquí manceba,
y escribiómela de la manera misma que yo
la pronunciaba , faciéndose cargu de que
Pachona non entiende muy bien el castellano,
hnque sirvió en la Vega ; y traígola aquí
para que Vusté la v e a , porque siempre fui
enemigu de facer marañes 4 . Agradezco
la fineza, amigo M ateo, dixo Don Pela­
yo , y es muy puesto en razón que nada
hagan los criados sin permiso de sus
a m o s , y cogiendo la c a r ta , vió que con­
ten ia lo siguiente.

i Apu atar el bozo.


a Majadero.
3 P o b la c ío n cerca de Villavieiosa en As­
turias.
4 E n r e d o s.
DE LA CANTABRIA. II^

Carta de Mateo de Palacio á Francisca de


Z eria l , su esposa.

2 Esposa y querida mia Marta Fran­


cisca : bien puedo traíate con cariñu par A
que meperdones la borricada que cometí quan­
do me aparté de tí , por salir segunda v e z
con mi amu á cumplir sus gustos. Tantes
son les llagrimes que me van arrojando por
los papos 1 , que nin con la montera , nin la.
falda de la camisa puedo verlos secos. P la s­
mada te quedarás quando por esta carta se­
pias que estoy en Ingalaterra con peligra de
perder el alma. Am iga , los ingleses de aquí
son bastante llargos y de delgada pantorría.
Sabrás que per caminos llargos de cuntar ago­
ra vino con nosotros el Mayorazu de la B ar-
querina, y lluego que desembarcamos desapa­
recióse , y non sabemos donde para. Tamien
quedarás mediu aturdida quando te enteres,
que de conversación en conversación y de se­
ña en seña vini á descubrir que el Pilota
¿e la fragata en que vinimos embarcados ye
aquel mismu marinera que te estimó tantu de
rapaza. Alegróse munchu quando supo por
mí mismu que estaba casadu yo contigo. E n­

1 C arrillo s.
120 QTJIXOTtt

cargóme que te dies buen tratü , que non me


apartas de ti pocu nin munchu , y se in­
clina á que todavía se te puede fia r algún
secretu , si tienes aqiulles chances pesades de
rapaza , y eres pocu melindrosa, moza , como
decimos , de dar y tomar ; en fin , él diz que
diablos mas te daba resvalar un pocu , que
caer enteramente de focicos. llespondt yo en­
tonces : Dios mos perdone , Señor Pilota , hs
resvalcnes de la vida , y en verdá que les mas
de les muyeres si son males, ye porque los hom­
bres que se arriman á ellos non son nada buenos.
Vusté bien sabe que dadives quebrantan pe­
ñes , y M aría Francisca non rompió toda­
v ía unos zapatos que la regaló Vusté quan­
do andaba en pretensiones ; pero el hombrt
que agora se arrime hacia ella , y quiera pa­
ra divertise facer algunos revelguinos 1 , ha
de venir bien dispuestu y prevenida , si non
quier que lu amoque 1 á lo meyor del úem-
p u . Calló entonces el picu el dichosa marine*
ru , y quando me tropieza faym e guapes cor­
tesías. Aprovéchate de toda la ropa mia, por­
que milügru será que la necesite : temblando
estoy que me pies que per aquí la muerte : pi i
de i Dios que me saque de peligros. Mun-

I Cosquillas.
a Sacudir el gu a n te, ó d v u n bofe ton.
DE LA CA N TABRIA. 121
thes veces fa go por acaréame de como eres,
y pon se me vien á la memoria una seña tuya:
consúltelo con m Medica , y aseguróme que
la mar me habla quitado el tinu y el cono-
eimientu , y que mariándome otra v e z , a;a-
su lu recobraría. M i amu non se acuerda de
Ja V eg a , y está, embelesada con les fabri­
ques y modos de v iv ir que tienen los Ingle­
ses. Topó aquí un Caballera algo pariente
suyu para que te plasmes de ver como se e x ­
tienden los Señores. Quando te vea cuntarcte
maravilles. Non prestes á naide la fesoria 1
y el fócete a , porque ningún tresna 3 les co­
ses como su amu. Darás munches memories
á to tiu el Albarderu del B e y , y Dios te
consuele, y á min non me desampare. Tú ma­
rida casi medio Ingles. Mateo. Esposa M a ­
rta Francisca.
3 N o está m ala la carta, amigo M a ­
teo , dixo Don Pelayo , pero en donde
dice A lb a rd e ro , pon Alabardero , no sea
cosa que se ria de tí el tio dé tu muger
quando la le a ; y ahora quédate en casa,
porque voy de paseo con el Señor Pam -
pliega. Cum plió con el mandato el leal

i Azadón.
a H oz.
3 T r ic a .
122 QUIXOTE

M a t e o , y salió de paseo su amo con el


Caballero Don C a n u to , que estando en
él le dixo.
4 Lástim a es muy grande , mi ami­
go y primo Don C a n u to , que los Ingle­
ses pierdan el a lm a , siendo por otro la­
do hombres calificados y científicos, aun­
que debo prevenir que quanto lie habla­
do hasta aquí y hablare con relación á
la religión de los In g le se s, son cosas
que se refieren en la V e g a entre los
amigos , y asi 110 tienen ni deben tener
la aceptación mas g ra n d e ; baxo este su­
puesto digo : la U niversidad de Oxfort
dá al reyno mucho lu s tr e , y la Irlanda
fue en otro tiempo Isla de los Santos.
E l Venerable Beda será siem pre un fis­
cal terrible de aquellos paisanos suyos;
que no quieren convertirse. Si me halla­
r a yo como V m . estando por otro lado
bien emparentado en España , pasaría á
conocer mi ilustre parentela , abjuraría
los e r r o r e s , y me reconciliaría con la
Romana Iglesia. A u n quando yo tuviese
esos buenos ánim os, primo Don Pelayo,
dixo Don Canuto , me los entibiaría la
pérdida del mayorazgo que disfruto por
m¡ madre , aunque no es muy grande.
N ada debe detenernos, Señor í&mplieg&t
DE LA CAN TABRIA. 12 $
quando se trata de asegurar el alm a,
dixo Don Pelayo. H asta el afecto á los
pocos bienes que tenían dexaron los A p ós­
toles por seguir á Jesu-Christo, que les
aseguraba persecucionos y trabajos, aun­
que á vuelta de ellos una mansión e te r­
na llena de delicias. T rasladado V m d. í
nuestra E sp a ñ a , tendría con abundancia
para sustentarse, y corriendo la sangre
de los Pampliegas por las venas de los
Infanzones de la V e g a , no habria entre
nosotros pan partido. Si V m . estu viera
como y o , casado y cargado de fam ilia,
pudiera a leg ar estos estorbos , porque
la colocacion de los hijos pone á mu­
chos padres en términos de perderse p a ­
ra siempre. M ucho se extrañ aría en las
inmediacianes de la V e g a ver un Pam ­
pliega p ro testan te; pero los prudentes ya
se harían cargo que el nacimiento y
la educación producen tales monstruos.
Am igo m ió, vamos claros, sabiendo V m .
que un católico puede ser su padre,
tien e, mas que otros de la I s la , nece­
sidad de seguir la religión paterna , y
á Vm . mas que á ellos compelen las
censuras de R o m a , p ara que en e lla
busque los verdaderos dogmas. H enrique
o c ta v o , por un tesón qüe llegó á tér­
12 4 QTXTXOTB

minos de incomodarle m ucho, y M artin


L a t e r o , por un efecto de venganza y
altanería , que componía todo su carác­
ter , perdieron estas I s la s , y no mejora­
rán de situación porque se desgracien
todos los Ingleses. M ejor será que llo­
ren, por exemplo quatro , que de deses-t
peracion , y entre furiosas penas rabien
•quatrocientos. Creyendo V m . (com o no
lo dudo) que nuestras almas no trans­
migran , que el juicio de D ios es inde­
fectible , que el premio ó castigo ha
de ser con arreglo á lo que hacemos en
e l tiempo que peregrinam os, que el cie­
lo y compañía de D ios en aquel palacio
es un bien indecible , y por lo mismo, lo­
cu ra pensar ó querer que se nos dé de
v a ld e , y que el lugar tenebroso se le faT
brican los mismos que se rebelan contra
D ios, que son aquellos que no obedecen á
su verdadera Ig le s ia , y todos sin distin­
ción de personas, quantos mueren en una
m ortal d o len cia, digo Señor Pampliegai
qu e persuadido V m . de la verdad de todo
e s to , dexará las conveniencias , ■ mayo­
razgos , re g a lo s , esperan zas, proporcio*
n é s , y solo suspirará por aquellas luce*
<jue le enderezarán á una verdadera en­
m ienda. Y ° soy como aquel M édico,
DE LA CANTABRIA. I 2 IJ
teniendo certeza de un específico precio­
so , persuade con eficacia á sus enfermos
para que le tomen , asegurándoles el re­
cobro de la salud que necesitan ; pero
hay la notable d iferen cia , en que el M é ­
dico puede fundarse en razones físicas,
y á todo mas, en repetidas prósperas e x ­
periencias , todo falible en muchos casos,
y esto bastaría para retraer á los enfer­
mos ; pero lo que yo aseguro al Señor
Pampliega es mas indefectible que la má­
quina del mundo , y que la diafanidad
de los altos cielos1, porque se funda en
la palabra del Señor supremo , que si
pudiera fa lta r , aseguraríamos que tenía­
mos un D ios en fe rm o , incapaz dé hacer
felices á los que le siguen. Llegarém os
necesariamente á un momento triste en
que quisiéramos haber sufrido indecibles
trabajos y reveses , por amor de aquel
Señor que puede felicitarnos ; instante
claro por cierto en el que la brillantez
del hombre mas elevado á los ojos del
mundo se disipa toda. Los panteones
magníficos hacen en muchos una impre­
sión muy v i v a , formando idea de que
siempre el mundo tuvo adoradores, y so­
lo debe tener aprecio la gloria póstuma
que se funda en acciones de conocido
I2Ó QUIXOTE

m érito , y siempre faltan éstas quando


los hombres se estra v ia n , buscando fines
muy distintos de aquel tan grande pa­
r a el qual quiso el Supremo Ser criarnos.
L a doctrina de los filósofos , los poemas
de los sabios, las acciones de los capita­
nes, los hechos todos de aquellos hombres
que los eternizan , producen en m í, á lo
menos, unos afectos tris te s , persuadido á
que los actores acaso murieron en des­
gracia. Quando me acuerdo de las vir­
tu d e s, talentos y bondad de alm a de
nuestro S én eca, me lleno de gozo , por­
que le juzgo penetrado de verdaderos
sentimientos por la ley de Jesu-Christo.
C rece la alegría en m í, inclinándose San
Agustín y San Gerónimo á que tuvo
correspondencia epistolar con el Señor
San P a b lo ; pero á vu elta de esto me
apodera un afecto triste , viéndole ya
cerca de la muerte entrar en el baño,
coger un poco de a g u a , rociar con ella
a sus am igos, diciendo que á Júpiter el
libertador hacía aquellas efusiones. Un en­
tendimiento despejado como el del Se­
ñor Pam pliega , conocerá la fa lta de la
fe católica, porque verá los delirios de
unos reform adores, que no tuvieron sub­
sistencia en lo que reform aron. L a líber-
de LA c a n t a b r i a . i 27

tad de conciencia siempre tuvo en el mun­


do muchos partidarios , y es un visible
milagro la extensión del evangelio decla­
rando guerra abierta á la ambición, sen­
sualidad y á la avaricia. Y o jamas me
maravillo de las austeridades de los Ju­
díos y P a ga n o s, porque á la sombra de
ellas se toman licencia p ara saciar sus
apetitos. L as penitencias del christianis-
mo recaen sobre una mortificación de po­
tencias y sentidos, ó por mejor decir, se
echa mano de ellas para reprim irlos, por­
que la victoria prim era es la de estos
enemigos propios que nos hacen guerra.
Las austeridades de los A n a c o re ta s, se­
rian también de poco m érito , si no se
hubieran contenido en los térm inos de
una razón christiana. E llos comían poco,
oraban mucho , pensando solo en anive­
lar sus acciones con las de los Santos;
juzgaron indispensable practicar todo
quanto hicieron p ara felicitar el alma,
y en este instante no estarán pesarosos
de haber sido tan enemigos de sí mismos.
E l empeño de m orir en dictámenes de
una creencia verdadera es digno de un
ilustre Caballero. Y o degeneraría de los
Infanzones de la V e g a , si por un ins­
tante solo aprobase e l modo de pensar
12 8 QUIXOTÉ
de los heregcs y de los lib ertin o s, y en
prueba de que es muy cierto esto que le
digo , sacaré á p laza unos versos que lo
m anifiestan, y verá V m . como patenti­
zan , que los Pampliegas pueden ser pa<
rientes de los Infanzones de la V eg a .

A l Infanzón de la V?ga
Catequizaba un A rria n o ,
E ra el herege A fricano
Y el montañés de Pampliega
Acabóse la refriega
Siendo cosa muy notoria
Que se llevó la victoria
E l Marques de los cien picos ,
Dando al otro en los hocicos
Con su antigua executoria.

5 D e aquí puede colegir el Señor


Pampliega lo católico que somos los Ca­
balleros Infanzones de la V e g a , y en es­
te punto los Cantabros todos pensamos

i V i l l a de E s p a ñ a , distante seis leguas


d e la C iu d ad de B u r g o s . En tiem p o de los
G o d o s tu v o un c o n v en to de M o n g e s Benitos,
en el que se dice to m ó el A v j t o el Rey V va m -
b a , c u y o monasterio estaba d e d i c u i o á San
V ic e n te ; h o y es una herm ita de la misma ad­
vocación.
DE LA CANTABRIA. I2 9

igu alm en te , y de consiguiente los Caba­


lleros Pampliegas estuvieron siempre á
las órdenes de la Romana Iglesia, segun
lo manifiestan varios testimonios autén­
ticos que tengo yo en mi arch ivo, y uno
de ellos dice:

A s istía un M ontañés
En Roma á la procesion.
En que llevaba el Pendón
Que habia ganado C ortés;
Y quapdo besó los pies
A l P a p a : Don Juan O rtega
D ixo : ese hidalgo que llega,
Señores , con Don Venancio,
E s un católico rancio
D e la casa de Pamplicga.

6 N o puedo menos de quedarme con


un traslado de todas esas cosas relatir
vas á las glorias de mi c a s a , Señor Don
Pelayo , dixo el Señor Pampliega. En la
Vega acabaría de ¡lustrarse mí primo, re­
puso Don Pelayo; piense con seriedad en
lo que le aconsejo, y será dichoso. P r e ­
texte V m . un motivo honroso para p a ­
sar á España , y verá como no le pes^;
porque habiendo destinado V m . los flori­
dos años á las hum anidades, teniendo
TOM. I I I . i
130 QUIXOTÉ

por su origen patrimonio furídado en la


p atria mia ( á lo que influirá la paren­
t e la ), no seria dificultoso que obtuviese
•Vm. una cátedra de buenos intereses.
M e sucedería acaso en las Universidades
de España, primo Don P e la y o , otro tan­
to come me sucedió en la de O xfort, di­
xo Don Canuto. Se fixaron edictos para
la cátedra de Astronom ía * concurrimos
cinco opositores, y el que menos, pudie­
ra enseñar los elementos de Euclides al
que nos quitó la cá te d ra , qu e escanda­
lizó el auditorio con solecismos y bar-
barism os, desconceptuando asi (en fuer­
za de la satisfacción) á todos los lati­
nos. L a función literaria liabiá de durar
dos h o r a s , y se acabó á la Jiora esca­
sa , porque unos de risa y otros de ver­
güenza se salieron , dexándole solo al
de la c á te d ra , que se la confirieron en
atención á que no tenia con qfié man­
ten erse, y por respetos de haberla sub-
titu id o varios años ; pero como d ig o , la
función literaria se acabó € h 1rnenós de
una hora.
7 Dem asiado ha durado'. Señor Don
-Canuto, dixo Don P elaya. U11 quarto de
hora escaso duró la oposicion á una cá-
’te d ra , en que yo me he hallado. H ad e
DE LA CANTíABPTA. I3 I

saber Vm . mi amigo , que en una U n i­


versidad de Europa estaba vacante la
cátedra de cirujano latino. E l que la sub-
tituia era bastante práctico; de latin en­
tendía muy poco, como Vm . echará d©
ver por el pasage que voy á referirle.
Convocaron por medio de edictos á la
oposicion de dicha cátedra , y solo con­
currió un mozo que había estudiado con
aplicación las humanidades y filosofía.
El que substituía la catedra exercitó p ri­
mero , y queriendo sorprehender á su rí-*
val para que en los exercicios literarios
le tratase con respeto , y tuviese entena
dido que no era algún muchacho el que
tenia por suya ya la c á te d ra , le dixo eri
tono de pregunta, y en lugar de arenga^
8 ¿Si videris mihi remangantem braci-
bus , cum cuch illum in manibus , per hospi*
talem generalem intrantem cortantem pernas,
¡quid digires? Levantóse el rival con com­
postura; quitóse su bonete, y sin dete­
nerse d ix o :
9 Digirem tibi , esses lobum carnicerum.
10 Conmovióse todo el auditorio con
una pregunta tan furibunda y bárbara,
y mucho mas con una respuesta dada en
el mismo id io m a, satisfaciendo plena*-
mente á lo que el Cirujano latino pre*-
i a
132 QTJ1X0TE

guntaba, y no pudiendo proseguir el exer-


cicio en fuerza de la risa , toda la gen­
te desamparó el sitio que ocupaba, y con
todo hallaron opinion los Jueces para
conferir la cátedra á un hombre capaz
de entrar por un hospital general cor­
tando piernas con un cuchillo (acaso de
cocina), pues sin acaso, y para el efecto
e ra menos mala una hacha; pero ni el
lance de O x fo rt, ni este que he contado •
debe amilanar al Señor Pam pliega , por­
que en el dia no se piensa en otra cosa
que en hacer ju s tic ia , y asi espero ver
á mi primo en mi casa de la V eg a . Dis­
póngalo D ios como mejor le pareciere,
Señor Don Pelayo , dixo el Señor Pam­
pliega , y doblemos la h o ja , para que
las gentes del paseo 110 se enteren de lo
que tratamos.

C A P I T U L O XIV.

Sigue Don Pelayo para Cádiz en la mis­


ma fra g a ta que le conduxo á la Gran
Bretaña.

1 a deseaba Don Pelayo verse nue­


vamente a bordo para llegar á C á d iz , y
entablar el giro del comercio de Azeba-
d e l a c a n t a b r ia . 13 3

ehe , que en juicio suyo le interesaba


mucho. Ciegamente, y sin reparo á los pe­
ligros, le siguió M ateo, por salir de aquel
que amenazaba á su conciencia, pare-
ciéndole que andando con trabajos ó
sin e llo s, llegaría otra vez á ver á sus
amigos , y sosegarse en su casa aquellos
pocos años que le restaban para salir
del mundo. Confirmóse Don Pelayo en
el dictamen que habia formado de la hon­
radez del Capitan Champaina , viéndole
cumplir la palabra que le habia dado de
ponerle en C á d iz , y caminando con vien­
to favorable, exclamó nuestro Caballero.
¡O tú, Señor de los vientos! pues los apri­
sionas quando quieres , y quando te p a­
rece los entregas á algún amigo tuyo, co­
mo lo executaste con U lises, pasando por
las Islas de V ulcano : ten á bien que es­
te viento sople en nuestra n a v e , hasta
que anclemos en aquel emporio de todo
el mundo , ó en la Isla de León haga­
mos fondo. Y tú, única Señora de tu li­
bertad, Doña M a ría Josefa, si por des­
gracia te acuerdas al presente de tu es­
poso , no le tengas lá stim a , ya que por
gusto suyo se expone á los peligros. O cu­
pa el tiempo en útiles tareas de la casa,
reprime los intentos antojadizos de los
134 • Qu i x o t e
■niños, no le prohíbas á Romualdo la en*
trad a en el archivo , porque conviene se
vaya enterando del esplendor de los que
le precedieron , para que se envanezca
a l tomar estado. N o pierdas de vista la
desenfrenada codicia de los que te sir­
ven , conserva el orden arreglado de to­
dos los v a s a llo s ; y si tienes coyuntura,
®nvia á decir á la esposa de M ateo que
com a, beba y se regale sin pena alguna,
pues él apenas se acuerda que nació en
■España. Casi Vusté diz la v erd í purísima,
■Señor , interrumpió M ateo , porque estos
.movimientos del naviu me tienen tonta la ca-
■b é z a , y con estar tan m alu , non puedo me­
nos de conocer que están bien empleados en
nosotros los sustos y les desazones , porque
non nacimos para atravesar por agua. Yo
tengo para min que todes les ocupaciones de
los hombres se quieren empezar quando son
rapaces. E l Albañil y Canteru , desde pe­
queños , han de andar trastiando en los an­
damias , y el marineru , quando tenga dos
■años, ha de saber virar 1 el bar cu de so pa-
■d r e , pero yo que nunca tuvi atrevimientu
para arrímame í un riu á pescar una an-

i Llevar el barco á la parte contraria ¿on­


de le dirige el viento.
de l a c a n t a b r ia . 135
güila ó una. trucha , porque la misma agua
pie llevaba la cabeza á aquella parte que
corría, ¿cómo estaré derecku , viendo la mar
unes veces correr á una mano, otres á otra ,
y munches á la remolina ? y ya que Vusté
se acuerda de la muyer que tien en casa, non
parecerá m al , que yo me acuerde de la mia.
j Ay probe pachona ! y quantes necesidades
habrás pasado desde que yo fa lto . Pídate
encarecidamente , que non te me encharques
munchu en agua , y si la taüarnera non te
fia , empeña una camisa de les mies. En fin ,
muyer, componte como puedas , siempre que
non sea en ofensa de Dios y de la mia, an-
que non sé lo que me digo , y non debo pre­
sumir mal de t í , sabiendo , coma sé , que
toda tú estás fecha ya un emplastu con los
anos. Encomiéndame i Dios y á los Santos,
especialmente al Señor San P a b lo , que an­
duvo tamien el probe entre montes de agua.
N¡ de plegarias , ni de votos necesita­
mos por ahora , Señores , dixo el Capi­
tan de la fragata. E l viento ha de ser
constante, y pueden todos recrear la vis­
ta con tantas embarcaciones como se des­
cubren: vendrán algunas de la Habana,
otras de las F ilip in a s; y á pasar el C a­
bo de Hornos se dirigirán a lg u n a s, con
lo que logramos en los presentes tiem ­
I 36 QUIXOTE

pos la dicha de saber de las cosas del


N uevo M undo: gracias á los primeros
que le descubrieron. Muchos aseguran,
Señor Cham paina, dixo Don P e la y o , que
el Piloto Alfonso Sánchez hizo varios via-
ges á la Isla de la M adera , y dió sus
observaciones ó memorias á Christoval Co­
lon en el año de 148 6 ; y en el de 149a
pasó este Genovés atrevido á descubrir
aquellas tierras occidentales, á las que
fue en calidad de mercader en la peque­
ña flota de Alfonso Ojeda. Un Florenti­
n o , llamado Vespucio , hombre muy de­
terminado , salió de España el año de
1 4 9 7 , llegó hasta el golfo de México,
volvió á España el año de 98 , glorián­
dose de haber sido el primero que habia
descubierto la tierra firme, que está de
la otra parte de la lin e a ; pero en lo
que excedió á muchos afortunados fue
en haber dado nombre á aquellas vas­
tas regiones de las Am éricas occidenta­
les , no solo á la septentrional ó M e­
xicana , sino también á la meridional ó
Peruviana, que descubrió nuestro P izar-
r o , siendo Don Fernando y Doña Isabel,
Reyes católicos de C astilla y de Aragón,
acreedores á las mayores g r a c ia s , por­
que equiparon navios para estos hom­
de la c a n t a b r ia . 137
bres determinados á empresas adm ira­
bles; y no falta quien nos diga, que des-
pues de la predicación de la nueva ley
en todo el mundo por doce hombres so­
lamente , el descubrimiento de las A m é -
ricas es la mayor empresa. Y o subscri­
bo á Jo m ism o, Señor Don Pelayo, aña­
dió el Capitan de la f r a g a ta ; porque
los Ingleses tenemos también interés en
el descubrimiento de la A m é r ic a , como
le tienen asimismo los Franceses y Ho­
landeses , bien que la extensión de estas
potencias no es tan grande como la de
los Españoles solos , porque fueron los
primeros que sorpreliendieron á los A m e­
ricanos: halláronlos sin disciplina, y p er­
suadidos á que los Españoles eran de
superior naturaleza , que sabian forjar
los ra y o s, y de consiguiente, no se equi­
vocaban suponiéndolos invencibles.
El valor de los Españoles, Señor mió,
ha excedido en todos los siglos á los
Européos, dixo Don P elayo , y ya que
los mas valientes de los rey nos no han
podido igualarles , hicieron quanto pu­
dieron para minorar el mérito; y no apar­
tándome de la m ateria que lia tocado, su­
ponga por un poco el Señor Champaina,
que el vasto y dilatado imperio de M é-
138 QUIXOTE

xico se compone de cien Caciques; que


cada Cacique manda treinta mil vasa­
llos , á las órdenes todos del Empera­
dor de M é x ic o ; que Cortés intenta sa­
carles de la id o lo tría , y reducirles á la
fé de C hristo; que con quatrocientos Es­
pañoles sorprehende á M otezum a , y le
aprisiona en su Palacio ; que Guatimo-
z i n , último Emperador Am ericano, trae
fatigado á Cortés noventa y tres dias,
anotados casi todos con singulares com­
bates , llenos de p e lig ro ; que en menos
de dos años reduce á su obediencia un
terreno de setecientas le g u a s, que pone
á los pies del invicto C árlos primero y
quinto Emperador , con las circunstan­
cias de leal vasallo. Despues de todo es­
t o , amontone Vm . allá en su juicio de­
cisivo, y en un sugeto solo , las hazañas
todas de los Capitanes Griegos y Roma­
nos , y verá como aun a s i , no son com­
parables con la conquista de la Nueva,
España, y de este modo se verá precisa­
do á confesar , que los que la minoran,
lo hacen en fuerza de una conocida en­
vidia ; y suponga V m . por otro instan­
te solo que el reyno de M éxico está lle­
no de gente esforzada y aguerrida , y
que los Españoles toman el empeño de
d e l a c a n t a b r ia . 339
vencerlos , lo conseguirán sin la menor
duda, aunque en la conquista ocupen mu­
chos años; y para que vea mi amigo que
lo que le digo no es empeño de un ca­
pricho a c a lo ^ d o , casi por los mismos
años se empeñaron los Españoles en la
conquista de los Araucanos. D ificulto yo
hubiese en todo el mundo , y en tiem­
po alguno , hombres mas osados y v a ­
lientes qne C aup olicán , T u c a p é l, Ren­
go, Lincoya, Levopía, Orom pcllo y otros
muchos de que estaba llena la P rovincia
de A rau cQ , y á Colocolo no faltaba ma­
durez y juicio , como pericia m ilitar al
Capitan L au taro ; no puedo negar ocu-
páse muchos años á los Españoles la to­
tal co n q u ista, pero no desistieron de
e lla , y esto , á todo m a s, sucedería á
lps M exicanos. M is paisanos, Señor Cham­
paina , han sido siempre en las guerras
muy temibles , ellos tienen un tesón tan
grande , que en nada aprecian la vida
quando se interesa la religión , el M o­
narca y los hogares , y aunque en esta
parte un caracter mismo distingue á los
Españoles todos, debo añ ad ir, sin agra­
vio de e llo s , que quando dispone la suer­
te (ó la que llamamos fortuna) que me­
jor es la divina providencia), digo Señor,
I 4O QUIXOTE

que quando se logra la dicha de que un


Infanzón de la V e g a manda á su dis­
posición las tropas, entonces se gana to­
do aquello en que se pone la m ir a , y
se gasta mucho menos, porque nosotros
hemos producido excelentes tratados eco­
nómicos, que agregados á la álgebra, pu­
diera acabar de perfeccionar la matemá­
tica; pero suspenderémos esta conversa?
c io n , porque tanto navio embelesa mu­
cho. Hiziéronlo asi los personages refe­
ridos , y embargados los sentidos en Don
Pelayo y su criado M a te o , arribaron con
otra embarcación á Cádiz.

CAPITU LO XV.

Don "Pelayo practica en Cádiz las primeraf


diligencias para introducir el azebache,
y lo pasen á la Kueva-España.

s "D esem b a rcó en C ádiz el Caballe­


ro Don Pelayo , pagó al Capitan de la
fragata quanto le d e b ia , cargó un mo­
zo con el azabache , y un poco de ro­
pa , para llevarlo todo á un m esón, co­
mo también á Don Pelayo y su criado,
á quienes entregaron una llave de aquel
cuarto , en que se custodiaban las ha-
de l a c a n t a b r ia . 14 1

lajas dichas. Saliéronse con esto amo y


mozo á pasear por la ciudad , con el fin
también de comer alguna cosa. E n tra ­
ron para esto en una fo n d a , en la que
comieron y bebieron sosegadamente; por
lo que en fuerza del contento, dixo á
M ateo Don P elayo : M i r a , M ateo ami­
go, cómo Dios ha sido con nosotros com­
pasivo. N os s a c ó , como á otros Israe­
litas de la esclavitud de Faraón ( pues
tal era para nosotros una tierra como
Inglaterra, en la que peligraban nues­
tras almas ) , para conducirnos , como
amoroso p a d r e , á la tierra de promi­
sión , pues tal vez es ésta en que nos
liallamos. Estamos también libres ya de
padecer n a u fra gio , porque desde aquí á
casa podemos por tierra hacer todo el
camino; pero r e p a r a , por tu v id a , M a ­
teo, en esta delicadeza de manjares que
nos han puesto , la substancia del vino,
este pan tan blanco , el silencio , pun­
tualidad y aseo de los mozos que nos sir­
ven , y ya que la mesa es bastante la r­
ga, fue descuido de ambos no ponerte
tú á una punta de e lla , para que los
mozos conocieran que eres criado mió,
y te alcanzáran la co m id a, que te de-
xaría yo con una gravedad y desden cor­
142. QUIXOTE

respondiente á mi caracter. Acuérdome


de aquel gusto tan grande que manifes­
taste en el mesón de' "V illaviciosa, en
el que la A sturiana me sirv ió , como sa­
bía , y aunque la cena fue abundante,
vamos claro s, M a te o , si tú quieres de­
cir lo que se te alcanza , no puedes me­
nos de confesar que e l modo de servir­
la era grutesco; pero esta finura de man­
teles , los cubiertos de p la ta , acabados
acaso hoy atropelladamente para corte­
jarnos , las vasijas todas y estas cosas
de repostería llenan todo el g u sto , ocu­
pan poco , y aun quando los rellenos,
asados y guisados que ílos har\ puesto
fueran algo indigestibles, el vino de Xe-
rez lo dispondría á una cocion pronta
y favorable , y p ara seguridad mas gran­
de , mandaré nos suban estos mozos una
buena taza de café á uada uno , y con
esto verás , M a te o , qué poco te acuer­
das de tu reducida 1patria.. Fuera yo un
animal muy grande , ¿enor mi Amu , res­
pondió Alateo , si comiendo y bebiendo co­
mo agora , me acordará de naide en isti mun­
du. Lo que cenamos, en •Villaviciosa fá ga­
se de cuenta que fu e una.pajar ata , y Vus­
té cenó munchu menos, 'porque como venia
medioMorando porque salla de la V eg a , non
DE LA CANTABRIA. Í4 3

tenia ganes de abrir la boca sinon para en­


tretener la moza , que non sabia quando ha-
iia llevantar un p la tu , traer otru , ame­
char el candil , espantar los g a tos , y ¿qué
sé yo?. En fin , ella era una p ovina ; y de-
lantre de Vusté estaba plasmada *, pero es­
tos mozos acuden í todo prontos como iin ra-
En casa del Tiu Trigueros habia mun-
cha comida; pero quitábasetnela gana de co­
mer viendo í la Señora M arta despedazar la
cecina con les manes , por non haber en tc-<
da la mesa un cuchillu de provechu ; •pero
aquí tenemos dos capaces de quithr ies bar­
bes. Vaya que comimos guapamente , yo es­
toy casi reventando, y non son escasos para
poner vino. Repara también M átéo en las
camas que nos han dispuesto para dormir
la siesta, dixo Don P e la y o , 'Fortuna gran­
de tienen los que nacen en aqüestes tierres,
Señor, dixo M ateo á su a m o , nuestra tier­
ra para con esta vien á ser un corral de
'vaques ; estoy para decir que isti s o l , siye
aquel mismu que en Asturies mos állumbra;
nsplanded aquí mas que a llí ochoúentes v e­
ces. Como aqdl las casas todas se pue­
de decir que son nuevas , porque están
muy blancas, reververa el s o l , y parece
que en el orizonte hay muchos soles, pe­
to el sol es el m ism o, y en el mundo.no
144 Q U IXO TB

hay mas que u n o , dixo Don Pelayo. Sea


como quiera, Señor, replicó M a te o , yo qui­
siera v iv ir a q u í, si pudiera , pero conten-
táreme con el rincón que tengo.
<z Comieron , bebieron y descansaron
á satisfacción suya estos personages: pa­
recióles era ya liora de regresar á la po­
sada , llamaron á uno de los mozos pa­
r a pagarle el gasto , preguntóle Don Pe-
layo quanto le debian , y el mozo res­
pondió que habian hecho de gasto quin­
ce pesos. Espantóse M ateo , y con el es­
panto dixo al mozo : Heme , Vusté / ale­
mos por ríales, porque y o non entiendo les cuen­
tes quando van por pesos. Doscientos veinte
y cinco reales son tánto como los quince
pesos qne yo digo , y otro tanto impor­
ta el gasto que Vm s. han hecho en esta
c a s a , dixo segunda vez el mozo. Home,
Vusté non puede menos de tener descompues­
ta la cabeza , replicó M ateo. ¿ Con que lo
que comimos y bebimos los dos importa dos­
cientos veinte y cinco ríales ? Sí , am igo, le
respondió el mozo. ¿ Y non hay mas reme-
diu que pagarlos ? preguntó M ateo. No le
hay, amigo, respondió el mozo, desventura­
dos de nosotrosl ¿ A dónde vamos á parar con
aqulsti gastu ? exclamó M ateo. Heme, Vus­
té ¿cómo no nos desengañaba, antes de pro-
t)E LA CANTABRIA. I4 5

var vocadu7. y ¿para que mos metió en aques-


to si con unos pimientos crudos , y dos li­
bres, á todo m a s , de callos mos hubiéramos
com puesto ? Home < ¿Vusté non conoz que es­
tamos á pique de retentar con tanta comida
como metimos en les tripes , y que en siete
¡emanes non se desfacerá trayendo á la me­
moria lo que cuesta ? Como que me parez
que ya se me albor0: a en la barriga ; yo nun­
ca pensé , ansi Dios me ayude * que pasaría,
de ocho reales todu el gastu. Suelte mi amu
lo que diz el m ozu , y agora diga que lu
sacó Dios de la tierra de latitud como á
los Carmelitas , para traelu á esta de comi­
sión como vien á ser aquisti Cádiz. Tierra
del injiernu puede ser ella , perdóneme Dios
si en ello p eco ; el vino de ¿ajedrez ya se
faga en form a. Virgen Santísima de Qua*
donga, \qué tierra vien á ser aquesta', espan­
tábame yo de que en M adril non se pudia
mantener un probe , pero aquí un ricu ha
di quedar á pan pedir en quatro meses. P or
menos de seis reales pudieras en Cádiz
haber llenado el cuajo i dixo á M ateo el
mozo, pero comer regaladam ente con el
aparato de Caballeros ó de Grandes, no se
hace aquí sin que cueste mucho. Si Vm s,
hubieran dicho que eran unos honrados,
pero pobres Montañeses ó G a lleg o s, les
T o n . II I. k
146 QUTXOTE

hubiera yo desengañado , porque para


los tales no disponemos aquí mesas. Pues
para que vea el parlanchín que de ver­
dad se engaña, dixo Don P e la y o , tome
de un Caballero M ontañés ( ó por me­
jor decir de la V eg a , 110 solo honrado
sino ric o ) los quince pesos que nos pi­
d e , y me guardaré muy bien de que en
otra ocasion me robe con la facilidad
que lo ha hecho esta vez primera , ha­
ciendo que le consumiese los sobrantes de
otras mesas , y poniendo á cada plato
el precio que ha querido. A los macar­
rones , fideos y carnero de la olla de­
les otra vez un poquito de c o lo r , pues
no estará de aquí tan lexos la tierra de-
la M anch a, que no se vea en Cádiz aza-
fran en alguna estación del año. Los re­
llen os, guisados y pasteles diga de qué
se componen , y no dé motivo á que un
Caballero, como yo, delicado del estóma­
go , forme juicio le presentan algún ra­
tón ó gato. E l vino pudiera pasar pla­
za de mediano , si no estuviera lleno de
agua. A uno que viene de la Gran Bre­
taña es muy dificultoso engañarle con
un café casi corrompido E l aparato de

1 Asegúrase que en la Ciudad de Lon-


DE LA CANTABRIA. 14 7

Cubiertos de p lata y manteles fin os, con­


que intenta alucinar las gentes , viene á
ser lo menos , y asi huyamos* M ateo, de
estas casas, en que roban los dueños co­
mo quieren. Saliéronse al decir e sto , y
en la calle dixo M ateo á su a m o : Yo
ton sé, Señor, por qué ha de decir Vusté que
está por les comides de estes fierres, y non
por les de Asturies. Yo tengo que callar ari­
que lo sienta , porque si lo contradigo enfá­
dase Vusté, y non quiero ser faladar, nin per­
der el respetU a l que me mantien agora, pe­
ro si algún igual me lo plantara como Vus­
té en los fo cico s , habia de salir cardada*
Derreniego de toda la comida de los cocine­
ros ; para la cocina non crió Dios animal
tomo una muyer llimpia . Parezme que ten-
go pegados a l gaznatu aquellos pasteles de
hosties dulces que mos dieron, y quando de­
cía Vusté a l mozu que acasu mos daria g a ­
tos ó ratones, inchóseme de manera la bar­
riga , y se me representaba que andaba en
tila corriendo el gatu tras del ratón para
pescalu, y ansi de buena gana me echara
dos quartos de aguardiente para apacigua-

íres so la m e n te , h a y tres m il C a f é s que están


llenos de aficionados to d o el d ia , y gran par­
te de la n och e.
K 2
M 8 Q UIXOTE

la , y Dios mos llibre á todos i e un esctiU


pulu. Suspiraré yo toda la vida por la lie-
che y la Borona 1 , que non admite estes
picardies. Dichosos los que se mantienen con
castañes , quesos, mantegues y cuayades, y
quando quieren comen les truches á docenes
teniendo el gustu de verles saltar de la sar­
tén ó el cazu. Acuerdóme yo que Vusté otres
veces estaba por les comides inocentes, y non
por estos guisados blancos, pero yo discur­
ro que Vusté va ya en todes les coses me-
diu corrompida. N o tan to , M a t e o , dixo
Don P elayo : con el conocimiento mas
despejado que puede concederme el cie­
l o , conozco que estás puesto en lo que
e s ju sto ; y por lo mismo debemos estu­
diar mucho para mantenernos en una
poblacion como ésta. Comeremos unas ce­
bolletas , las lechugas tampoco estarán
muy caras , nuestro zoquete de pan y
tma jarra de a g u a , confiando en Dios,
no ha de faltarn o s, y asi tendremos una
envidiable salud como la que gozaban en
la Tebaida los Anacoretas. N in todo fan­
dango , nin todo cruces , Señor, dixo Mateo
á su amo, Vusté sabe muy bien que el hom-
tre que en todu el añu non come algo calien-

a Pan de maiz.
DE LA CAN TABRIA. I4 9

te está expuestu á un torzon de tripes , y


tos borricos se mueren mas de quatro veces
¿i una fartura de agua. Una olla como p a ­
ra dos , ó como para un Caballeru de la.
Vega y su criadu, nunca puede emprobece-
tu, y si hablamos de estar aquí fechos unos
papamosques doce dias para despachar les
coses, revuélvase Vusté, y despácheles en qua­
tro. Dices bien, M ateo, dixo Don Pelayo,
y con tu advertencia vamos á casa de
un mercader muy fuerte , conocido del
Capitan que nos'conduxo, y tratarem os
lie mi principal proyecto.
3 Llegaron con esto amo y mozo á
la casa de Don Gabriel Rodiles riquí­
simo comerciante, que con la N ueva E s­
paña tenia su principal comercio , y di­
rigiéndoles un mancebo hasta el quarto
del despacho,, dixo Don Pelayo.
4 Y o , Señor R o d ile s, soy un Caba­
llero M o n ta ñ é s; he descubierto en mi
pais un mineral excelente de azavache,
quisiera pasarlo á las A m éricas , quizá
allí lo apreciarán mas qne no sotros, co­
mo vemos que dan estimación crecida al
vidrio, al hierro y á otras cosas que en
España estimamos poco. M e han infor­
mado qtie el Señor Rodiles tiene comer­
cio en la N ueva España , y por su con­
I 50 QUIXOTB

ducto quisiera dirigirlo , quedando de


cuenta mia su conducción hasta aquí des-
de mi c a s a , y á e s to , S eñ or, es mi ve­
nida. C alló el Caballero Don Pelayo y
dixo el Señor Rodiles. M a l ha hecho Ym.
C aballero, para esa pequeña cosa venir
desde tan le x o s, pues con una carta que
escribiera Y m . á mí ó á otro comercian­
te , pudiera enterarse en lo que desea.
Otro asunto mayor movería á Y m , y le
haria dexar el sosiego de su casa, Tam«
bien confieso, Señor Rodiles , dixo Don
Pelayo , que el pasear y ver mundo, me
quitaron la pereza. Tampoco creo que
por eso solo gaste el oro y la plata un
hombre ya m aduro, replicó el Señor Ro­
diles, porque eso solo se emprende en la
efervescencia de la sangre : confiésese
V m . del to d o , si hemos de ser amigos.
Descúbrase , Señor, interrum pió Mateo, y
fa le como acostumbra , porque á mí me d i
vergüenza ver que se queda fechu 1in pa­
parote-, y encarándose con el Señor Rodiles,
d ix o : Home, ¿Vusté non tien noticia de un
Montañés y un Asturianu que años pasados
dieron j a r tu que decir en M adril y en.otres
partes ? N o por cie rto , buen amigo,i res­
pondió el Señor Rodiles. Yo dicurro que
Vusté está metida todu el añu en (l afaa de
DE L A CANTABRIA. I 51
la tienda, y malditu cuidadu tien con otres
coses, replicó M ateo. Pues ha de saber,
que mi amu empeñóse en que habia de ir á
M adnl í saber que se decia de los Monta­
ñeses , y como vió que maldita la cosa, bue­
na nin mala, se Jalaba de ellos, volvióse pa­
ra casa, como solemos decir , con el rabti
entre les piernes ; yo f u i acompañándolu, y
asi un , como otru , tuvimos que ir á casa
algo escalabrados, porque M adril está llenu
de fisgones que son capaces de fa cer burla
de un intierru , como la están faciendo cada
dia, porque alli llevan un difuntu solmenando
el cuayu, como si fuesen á divertise con el un
pocu. Pues , Señor, como voy cunta/ido: ten-
tólu el diablu otra vez á mi amu , y ago­
ra salió á lo mismo , y lo de la azcvache
fue pretestu para engañar á mi ama Doña.
María Josefa, que quedaba en casa lloran­
do á todo llorar , y echando mocos del tama-
ñu de un huebu , si Vusté me apura. Agora
tentólu otra vez la mala trampa , y salió á
lo mismo , como digo , pero como non tien
onza de bobu non se atreve decirlo á todos,
y por eso con Vusté andaba con rodeos. C o­
mo que hago memoria de haber oido ha­
blar de vo so tro s, am igo, dixo el Señor
Rodiles. Habralo oido Vusté, Señor Jlodilles%
«chocienies v eces , añadió M ateo. M e pa­
152 QTJIXOTB

rece que tu amo se lla m a , si no me en­


gaño, Don Pelayo Comezon de la Cueva.
¿Qué Comezon , nin que Cueva , Señor Ro~
d illes ? interrumpió M ateo. Hom e , Fuste
non diga borricades; mi amu non tien come-
zon , nin necesita de cueva ninguna para
Tascase si lu pica alguna cosa; llámase Don
Pelayo Infanzón de la Vega , y yo Mateo
de Palacio ¿entendióme Vusté , Señor Rodi-
lles ? S í , amigo M ateo , respondió el Se­
ñor R o d iles, y ahora acabo de acordar­
me de que es cierto lo que d ice s, por­
que aseguran que tu amo se inclina á
que el Paraíso terrenal está en su de­
liciosa V ega. Y a se hará cargo el Se­
ñor R o d iles, dixo Don P e la y o , de que
enfrascado un hombre en la pintura de
alguna cosa que le interesa mucho, sue­
le propasarse. L o cierto es , que pudo
e l Señor colocar en la V eg a de mi casa
el P a ra ís o , como le colocó en la Arme­
nia entre las fuentes del T igris y el Eu­
frates , según la opinion mas recibida y
de la mejor crítica. N o fa lta quien le
fixe en los M ontes de la L u n a , en el
tercer c ie lo , en la región del a y r e ; y
habiendo también quien está por su si­
tuación en nuestra Europa, puedo fixarle
yo en los confines de la V e g a , porque
DE LA CANTABRIA. T 53

en una cosa en que se anda á tientas,


tiene libertad cada uno para discurrir
según sus fuerzas pueden. Hágnme el
cargo, Señor Don Pelayo , respondió el
Señor Rodiles , y en lo de la azabache
digo, que estando bien trab ajad o, ten­
drá despacho en las Am éricas. En quan-
tu al trabayu non tien Vusté que poner du­
da, Señor, interrumpió M a te o , en la Vega
se facen ya gargantilles guapes , puñeses 1
y otres coses , y si les muyeres de les Indies
tienen su piscuezu como les de España , y son
algo blanques , parecerán guapamente con les
gargantilles , y en Asturies va entrando ya
la moda; y la muyer que tengo , quando va
i les romeríes á vender rosquiyes ó cereces,
lleva en el piscuezu mismu tantes gueltes de
tstes gargantilles , que abultan tantu como
va ramal de un penitente, L a ponderación
no se queda corta , amigo M ateo, dixo
el Señor Rodiles. M uy bien se conoce
que eres criado afecto á la persona del
Caballero D . P elayo, y á quanto este Se­
ñor maneja , y por lo mismo no e x tra ­
ñaré que algún dia premie tus servi­
cios buenos. Tengo reservado in pectore
para M ateo , Señor Rodiles , dixo Don

1 Higas.
154 QUIXOTE
Pelayo , el honorífico empleo de sobres­
tante , que necesariamente crearé en la
nueva fá b r ic a , pero si en los dos meses
primeros advierto que no me dá las ciieiir
tas con la legalidad mas escrupulosa, y
en este medio tiempo vienen á mí algu­
nas quexas , desposeeréle con ignominia
del em p leo, se quedará á p ie , y su fa­
m ilia toda expuesta á perecer de ham-,
bre. Dios tien cuidado , Señor mi am u , de
mantener los sapos , quantu mas los hom­
bres , respondió M a te o ; y si para un em~
pleu que me tien mandaiu , ya me les apues­
ta , y non tengo de poder auñar en el al­
guna cosa , ya puede Vusté buscar otru so*
instante. Los rapaces que tengo sin sobres­
tante vinieron á isti mundu , sin sobrestan­
te los f u i criando pocu á pocu , y sin sobres
tante se morirán , como nos morirémos to­
dos; y mi María Francisca taimen sabe pa­
sar sin sobrestante ; y asi ló meyor será que
Vusté cargue con el tal empleu si ha de es­
tar ociosu , y con eso aforrará dar el diñe-
ru á otru , que non vendrá mal para casar
aquelles rapaiones , que tienen mas gana de
tnaridu que de metese en un conventu , y ñ
isti Señor adelantara algún dineru i cuen­
ta de la fábrica , pudia Vusté pagalo en
gargantilles , botones, pimeses^ 2opalinos, y
DE LA CAN TABRIA. I 55

otres patarates. P a ra hacer yo e s o , ami­


go M a te o , dixo el Señor Rodiles , ne­
cesitaba saber si la casa de tu amo es
de las fid algas, y al mismo tiempo pin­
güe. Plingue en aquella casa nunca fa lta ,
Señor Rodilles , respondió M ateo , porque
como hay tanta inantega, están les cocine-
res llenes de plingue á todes hores \ y en
puntu í fidaíguies s paedo decir á V u sté , que
en la casa de mi amu , non hay cosa que
non sea.Jidalga , y para que se vea que non
miento, ha de saber Vusté que en la puer­
ta principal de un gallineru de la Vega hay
un eseudu guapu con un Rocin ensillada en
forma , y en un letrera que tien entre les
piernes leerá Vusté (si sabe) disti modu ;

D e l Caballu y Silla de Infanzón


Y é Jidalgu el rabu y el arzón,

5 C a lla , bruto , no ‘ molestes tantq


ál Señór R o d ile s, dixo Don P e la y o , y
dirigiendo el razonam iento á dicho Co­
m erciante, prosiguió de esta manera; y a
voy enterado , Seúor R o d ile s, dé lo que,
quiere V m . decirme con la palabra pin­
güe ^inform aré de. todo quando á mi ca­
sa me retire , y permítame V m . freqiieji-
tar la suya los dias que me detenga en
i 56 QVIXOTE

esta poblaclon fam osa; porque tengo for­


mado juicio de que es honrado. Y o seré
e l afortunado con el trato de V m ., Se­
ñor Don P e la y o , dixo el Señor Rodiles,
y aquel desliz , que procede del lustre
de la cu n a , se quedará en mi pecho co­
mo sepultado.

C A P I T U L O X V I.

Con un personage de Sevilla trata Don Pe-


layo de la diferencia que interviene entre
nobles y Caballeros distinguidos .

desagradó al Caballero Don


P elayo la entrada prim era que tuvo con
e l Señor Rodiles , parecióle un hombre
muy aten to, y formando juicio le ayuda­
ría con dinero en el establecimiento de
la nueva fábrica, hizo empeño de no con­
tinuar otra casa aquel tiempo que se de­
tuviese en Cádiz. A llí se le hallaba casi
á todas h oras, con el Señor Rodiles pa­
seaba , y al Señdr Rodiles no le ocul­
taba quanto le ocurría. Don M iguel Fa­
ja rd o (persona muy acaudalada de Se­
villa) también era uno de ’los concurren­
tes , y como tal tuvo proporcion para
e n te ra rse , como q u is o , del modo de
d e la . c a n t a b r ia . 157

censal* y caracter de nuestro Caballero}


escuchábale con gusto, porque le instruía.
E l Señor F axardo era el que* regularmen­
te apuntaba las m a terias, y extrañas las
mas veces , p ara ten tar á Don P e la ­
yo , y en esta ocasion le dixo : asi co­
mo los Sevillanos estamos por el terre­
no de punta á punta ( podemos decir )
apartados de los M ontañeses, nos sepa­
ramos en el modo de pensar los unos
de los o tro s; digo e s t o , Caballero Don
Pelayo, porque nosotros tenemos á V m s.
por infelices, despreciables y de la mas
lamentable suerte de los Españoles to­
dos, habiéndoles destinado el nacimien­
to á un país tan escaso y red u cid o, co­
mo viene á ser la M o n ta ñ a , y toda la
C antabria; y V m s .s e lastiman de noso­
tros contándonos llenos de borrones , y
enlazados con los Sarracenos, aunque ten->
gamos la glo ria de poseer la tierra mas
feraz de toda la p en ín su la; y como to­
da esta antipatía viene ya desde el na­
cimiento mismo , los M ontañeses y A n ­
daluces parecemos enemigos declarados.
Y o hablando con aquella satisfaccioa
que engendra el tr a to , y sin ánimo de,
agraviar á mi amigo Don P e la y o , digo:
que no puedo contener la risa quando
158 QÜIXOTE

nos asegura que es Señor de vasallos,


que su casa está atascada de regalías y
de privilegios , y al mismo tiempo, y sin
poderse rem ed iar, confiesa que las ren­
tas de su casa no sotl trmy excesivas,
aunque fnuy seguías. Tampoco yo dexo
de reírme , Señor F axard o , dixo Don
Pelayo , quando le veo á Y m . confesar
que el D O N le tiene por una especie de
gracia que le hacen sus amigos , y que
cuenta en su casa con una miseria de do­
ce mil pesos cada año, que apenas hay
p ara uri almuerzo. Como el quitarles
á los M ontañeses blasonar de RICOS
HOM.ES y de Caballeros , aunque esten
muy pobres ; y á los Andaluces , de
muy acaudalados y llenos de doblones,
aunque sean p lebeyos, es muy impo­
sible : resulta de aquí la antipatía que
ha dicho el Señor F axardo , dixo el
Señor Rodiles. Debemos con fesar, Se­
ñor Don M iguel , dixo Don Pelayo,
que el amo de la lonja está puesto en
lo que es justo ; pero sin que sea visto
que esta antipatía nos haga á los dos de­
clarados enemigos, me atrevo á decir que
el Señor Rodiles lia de fallar en lionor
de los M ontañeses. E l Señor D . M iguel
tiene libertad p ara exponer sus razones;
DE LA CAN TABRIA. 159

yo también expondré las mias , y á nin­


guno parecerá muy mal ventilemos es­
te punto, Quanto dice V m . Señor Don
Pelayo , me parece justo , dixo el Señor
Faxardo; y asi yo, amigo m ió , estoy por
las riq u e za s, aunque esten depositadas
en una persona de nacimiento obscuro,
porque siempre me he inclinado á que
no lia^ mas que dos clases de hombres en
el m undo, pobres y ricos , estos nobles,
y los demas pecheros ; porque el noble
pobre , él solo sabrá que ha nacido con
nobleza , y jamas tendrá la satisfacción
de que otros le traten como él quiere.
E l rico tiene quien le ob seq u ie, y ha­
ga acatamiento en ta l m anera, que el
que de la parte de afuera lo presencia,
le reputa por de un nacimiento escla­
recido. Fundados los hombres de juicio
en esto que le d ig o , ilustraron mi pa­
tria , diciendo de este modo:

A quien D ios quiso bien


En Sevilla dió de comer.

2 P or lo que prescindiendo entera­


mente de toda qualidad accidental que
puede acompañar á un nacimiento , so­
lo hacen asunto de nacer en un suela
16 o QUIXOTE
abundantísim o, reputando todo lo de*
mas por fruslería. C alló en diciendo es­
to Don M iguel F axardo , y Don Pela_
yo dixo : Quando recaen las materias
en un su g e to , como solemos d e c ir , de
buenas luces , aun quando no haya pro­
fesado aquella ciencia que le to ca n , tie­
ne voto en ella- D igo esto , Señor Fa­
xardo , porpue sin haber visto Y m . las
leyes de P a r tid a , ni los N o v ilia rio s, co­
mo lo supongo , no dexa de discurrir en
el asunto con algún acierto; pero antes
que nos engolfemos en lo principal de
la disputa , digo que me parece bella­
mente tribute V m . honores á aquellos
despejados ingenios que se apuraron pa­
ra formaft epigramas con que pudiesen
engrandecer su patria , los quales de­
ben tener en la posteridad un preemi­
nente lu gar y estimación grandísima, por­
que estos elogios breves se imprimen en
todos , y en poco dicen mucho , y asi
de esta especie de geroglíficos tampoco
nosotros carecem os, quando cantan en
la V eg a

E l que ha de ser para una cosa extraña,


Debe n a c e r , por fu e rz a , en la Montaña,
d e l a c a n t a b r ia . 16 1
3 Todos sabemos que el Bautista fue
Precursor de la cosa mas grande y ex­
traña que pudo verse en todo el mundo:
su concepción, siendo de una muger es­
téril , fue bastante extraña : su nom­
bre e x tra ñ o , porque llenó de admiración
á todos : su género de vida e x tra ñ o ; y
extraño su m artirio i procurado por una
muger libre y disoluta. Dispuso Dios núes-*
tro Señor que este hombre tan grande
naciese en una M ontaña * pues nos di­
ce San Lucas : que la V irgen Santísi­
ma , deseando visitar á su prima Isabel^
para darla el parabién del em barazo, y
para servirla acaso en los últimos me­
ses de é l , fue á una m ontaña, porque
á la cuenta la ciudad de Hebron esta­
ba en alguna situación montañosa
4 Disim ule V m . Señor F axardo , es-*
ta pequeña digresión , considerando que
Vm. me dió motivo á e l l a , y acerca de
nuestro asunto digo : que convengo con
Vm. en que no hay mas que dos cla­
ses de hom bres, ricos y pobres, nobles
y pecheros ; pero esto tiene muchas am­
pliaciones. Hay hombres ricos bonísimos

> Erurgens M a r ta } a íiit in mentanna.


S. L u c. cap. i .
TOM. III. I.
l 6z QUIXOTÍ

de s u y o , los que , aun quando no ha­


yan nacido nobles, ellos mismos se ha­
cen ; y los hijos de estos y sus nietos,
si á las virtudes del abuelo añaden otras
qualidades de algún m érito , de nobles
se hacen C ab allero s, aunque los tales no
serán de solar notorio. Hay hombres ricos
y riquísimos de un proceder perverso,
que aun quando hayan nacido nobles, co­
mo no sean de solar notorio , pasan pla­
za de plebeyos. Hay hombres nobles po­
b r e s , que no tienen que llevar á la bo­
ca , ni son C a b a lle ro s, y menos de so­
lar notorio , cuya nobleza está mal de*
p o sita d a , por ser una qualidad que de
suyo exige algunas fa cu lta d es, para que
el tal no se vea en la dura necesidad de
decir que es noble , lo que suele irri­
ta r á los concurrentes ; y á estos tales
mejor les estaría ser plebeyos con algu­
nos bienes, que nobles enteramente po­
bres ; y el pobre enteramente pobre, y
6in un remedio que comer en todo el año,
y plebeyo juntamente , es el mas infe­
liz de todos , y de esto se infiere ne­
cesariam ente, que las clases apreciables
de hombres se componen primeramente
de Caballeros de sotar notorio , ricos jun­
tam ente, aunque no tengan mas rique-
i)E LA CANTABRIA. 16 3

¿a que aquella que les basta para man­


tener un cab allo, armas, Escudero, aque­
lla peluca y camisola que de ocho en
ocho di as suelen llevar á los mercados;
y de hombres ricos virtu osos, mas que
los prim eros, aun quando no sean C a­
balleros, ni de origen noble, porque ellos
son capaces de hacerse nobles ^ y de ca­
mino influir para que sus descendientes
se hagan Caballeros , y logrando distin­
guirse con alguna hazaña ó qualidad del
agrado del Príncipe , principia en ellos
un solar notorio, de los que ya dixe na­
ce la clase prim era de los hom bres, por­
que los Caballeros de solar notorio están
proporcionados para la G ran d eza , que
es la riqueza prim era del E s ta d o ; y
asi como un hombre rico sin nobleza ni
caballería está sin estimación entre las
personas de algún juicio , porque le fa l­
ta aquella alma que da honor á la per­
sona , asi el pobre noble se ve muy des­
preciado , porque carece de aquellos bie­
nes que de la nobleza son el alma.
En fuerza de esta doctrina, Señor F a ­
xardo , el Caballero M ontañés ó de la
V e g a , conjunto con el rico Sevillano,
indicado de A gareno , logrará toda la
estimación prim era en las concurrencias;
164 QTJIXOTE
y el pobre M ontañés, aunque sea noble,
al lado de un A n d aluz de convenien­
cias , ocupará el lugar mas desprecia­
ble , porque la qualidad de Caballero
con alguna hacienda le hace falta.
5 Sacamos en limpio, Señor Don Pe-
layo , dixo el Señor Faxardo , que el no­
ble sin C a b a llería , y el Caballero sin
alguna hacienda para mantenerla , son
en el mundo como si no fueran para ha­
cer figura. D el mismo modo que los ri­
cos sin virtud que les dé nobleza, y que
los muy poderosos sin solar notorio , di­
xo Don P e la y o , no pueden hacer en el
mundo otra figura que una muy grutes­
ca. Réstanos ahora saber quienes son los
Caballeros de solar notorio , repuso el Se­
ñor Rodiles.
6 Los Caballeros de solar notorio, Se­
ñores , dixo algo empavonado Don Pe-
layo, son aquellos hijosdalgo descendien­
tes de linages que tienen un Solqr 6 Ca­
sa conocidamente noble , en la que de
largos siglos hayan habitado sus mayo­
r e s; porque deben saber quantos quie­
ran enterarse en la m ateria delicada que
se está tra ta n d o , que como la qualidad
de noble no es una cosa corpórea ni vi­
sible , y como los Caballeros valerosos
DE LA CANTABRIA. 1 6$

en cuyas personas e stab a , digámoslo así,


depositada, tenían la pensión de acabar
la v id a , consumiéndose y olvidándose
con el transcurso de los años totalmente
su m em oria, p ara que no sucediese es­
ta desgracia , introduxeron los hombres
de talento una cosa corpórea y durable
que la conservase y perpetuase , y ésta
fue la Casa ó Solar en que vivieron, con
la que las gentes hacen una memoria
local para que nunca se olviden sus no­
blezas , y esté siempre presente y casi v i­
va en todos tiempos la memoria de sus
m ayores, de modo que semejantes Casas
han estado y están siempre en una esti­
mación muy d istin gu id a, y ellas mismas
suelen ser tomadas por el linage de sus
dueños; y asi la casa de D avid vale tan­
to como su linage , por lo que para en­
terarnos San Lucas en la nobleza de
San Jo sef, esposo de M a ría Santísima,
nos dice que descendía de la casa de
David 1 , y á esta sim ilitu d , la casa de
los Infanzones de la V e g a es lo mismo
que el linage de los Infanzones de la V e ­
ga , por lo que solar , linage ó casa todo

* V iro cu i nomcn era t Josevh de doma


David.
1 66 QUIXOTE

es uno , y los dueños He los solares co»


nocidos, que voluntariam ente se mudan
á V illa s ó C iudades, en las que tal vez
no tienen casa sino la pagan por la ren­
ta , hacen quanto pueden para que el
prim itivo solar se a rru in e, y perezca la
memoria de aquellos ilustres Caballeros
que les dieron h o n ra ; y previendo esta
desgracia un poseedor de la Casa de los
Infanzones de la V e g a , que floreció en
los tiempos de Bernardo del Carpió, pu­
so por condicion precisa á sus descen­
dientes todos , que habíamos de habitar
nuestra casa de la V e g a , si queríamos
gozar los m ayorazgos, con una formal
renuncia á quantas interpretaciones ar­
bitrarias pudieran a le g a rse , como de te­
ner la casa abierta , habitarla en algu­
na estación del año , elegirla para los
graneros y otras cosas á éstas semejan­
te s , y por esta causa está muy repara­
da , y yo mismo la he fortificado nue­
vamente , pero conservando siempre en
ella los cubos , almenas , tro n era s, po­
cas ventanas y muy a lta s , salones tan
obscuros que parece fueron hechos para
Caballeros encantados; y en prueba de
lo que digo basta saber que yo , sin ser
muy v ie jo , lie conocido Palacios de puen­
DE LA CANTABRIA. 16 7
te levadiza, r a s tr illo , foso y contrafo­
so , con una cueva embovedada de mas
de legua y media, arruinarse todos, y de-
xarlos asi sus dueños por estarse ellos
en algunas Ciudades rodeados de unos
tabiques de hieso , muy acomodados pa­
ra criar chinches , y de esta disposi­
ción y fig u ra , con la la rg a y emboveda­
da cueba que yo d ig o , era indispen­
sablemente aquella horrible sima en
que cayó el pobre Sancho P an za , quan­
do cansado de gobernar su Insula B a­
rata ó B a r a ta r ía , regresó en busca de
su amo.
7 Enterados los Señores de todo es­
to que les digo , es necesario que sepa­
mos, quienes son estos Caballeros de so­
lar notorio, linage ó casa conocida, y quan­
do principiaron ; y p ara esto se supone
que asi como hubo tiempos en que la
magestad de España se hizo hereditaria*
que fue en el octavo siglo , asi también
tuvieron principio entonces las casas so­
lariegas. N o se puede dudar que muchos
Caballeros ilustres de las dos Castillas,
Andalucía, Extrem adura, P ortu gal, Fran­
c ia , y también de I ta lia , se retiraron
¿ las Montañas de León , B u rg o s, V iz-
«aya, A sturias, N avarra, A ra g ó n , y C a­
l6 8 QVIXOTE

ta lu ñ a , en cuyas asperezas se hicieron


valerosos resistiendo á los Agarenos, fa­
bricaron asimismo casas que cobraron
nombre de solares , perdiéndole aquellas
otras que los M oros les tomaron en las
tierras llanas, y asi desde esta época fa*
mosa debe probarse la nobleza y Caba­
llería de la persona, porque de mas atrás
es una algaravia; y como no hay historia
verdadera ( á excepción de la divina)
que anteceda á la destrucción de Troya,
asi, y de este modo, los Caballeros Sevi­
llanos y los demas de este reyn o , deben
probar su origen de los reynos que les
digo, y lo hacen con freqüencia. M i difun­
to padre conoció un muchacho pobreci-
to que se llamaba Fernando de Guzman,
el qual se fue á las In d ia s, en donde se
señaló con m éritos, hizo prodigios en la
guerra , fue inventor de m áquinas, des­
cubrió volcanes , y viéndose proporcio­
nado á una elevación condigna, recurrió
á las M ontañas de León para eviden­
ciar su esclarecido origen ; y el valero­
so Godoy que se halló en la conquista
de A r a u c o , tendria que recurrir al muy
ilustre reyno de G alicia para patenti­
zar lo mismo. Todo esto que les digo na­
da estorva p ara que los Caballeros de
DE L A CANTABRIA. 16 9

Cantabria, ayudando en la restauración


de España al Infante Don Pelayo por
A sturias, á G arcía Ximenez por N a v a r­
r a , y á García Iñiguez por Aragón y C a ­
taluña , haciendo heroicos hechos en la
tierra llana , levantasen casas solariegas,
y que en el espacio de setecientos años
que duró la porfía con los M o ro s , se se­
ñalasen muchos de las Provincias interio­
res del R eyn o, fabricando casas y levan­
tando escudos, todo lo qual prueba que
en España hay muchas casas solariegas,
lo que yo no niego , y aunque lo con­
fiese , nada desluce los antiquísimos sola­
res que hay en la Cantabria. Desde lue­
go me inclino, Señor Don P e la y o , inter­
rumpió el Señor F axardo, á que la M o n ­
taña seria la tierra mejor del mundo,
si en ella hubiera comestibles.
8 Que comer no fa lta , Señor Don
Miguel , dixo Don Pelayo. Los deseos
de conservar la vida y el honor á quien
da alma la nobleza , hicieron despreciar
los regalos de la tierra llana. E llos v ie ­
ron que era indispensable prostituirse ó
retirarse : en la pérdida de quanto po­
seían, nada rep a ra ro n , y los que se me­
tieron en la cueva de Covadonga , sa­
lieron de ella mas ilustres , y acabaron
I 70 QTTIXOTE

de colmarse de gloria en la tierra llana.


A eso^yo también subscribo, Caballero D.
Pelayo , dixo el Señor Rodiles, pero ten­
go mucha lástim a á aquellos muy ilus­
tres Caballeros que se quedarían en la
M ontaña desde entonces , y en el dia
acaso estarán muy pobres (porque no
á todos sopla la fo rtu n a ) , y aseguro á
Vm. que no sé yo qué papel harán al
frente de los muy nobles Caballeros po­
derosos, A lgunos de esos se ven en la
V ega, Señor R o d ile s, dixo D on Pelayo,
pero no se lastime de ellos, porque siem­
pre se les atiende en punto á no pagar
pechos , ni gabelas anexas á los del es­
tado lla n o , pero también confieso que
jamas se les fia la Y a r a de justicia y
otros cargos de honra, pues todos se en­
comiendan á los Caballeros poderosos,
porque son mas temidos y estimados, y
yo mismo he experimentado que en una
Junta s é r ia , quando habla el r ic o , le es­
cuchan todos, y tienen en mucho sus pa­
lab ras, aunque sean puramente desati­
n o s; pero si el pobre dice alguna cosa,
le eclian á paseo desconceptuándole en
un to d o ; y 110 piensen V m s. Señores,
que todo esto me lo forjo yo en mi ca­
beza , pues casi lo mismo en la divina
DE LA CAN TABR IA. 171

Escritura se halla escrito T. Ovidio tam ­


bién d ix o , que del todo debia estar
cerrada la puerta de los oficios y los
cargos á la gente pobre , porque entre
la pobreza ni se hallaba Juez grave , ni
Caballero venerado ' , y preguntando el
Senado á Escipion Em ilio, ¿si contra V i-
riato se habia de enviar á España á S er­
vio Galba ó á A u relio Cota ? respon­
dió, que ni á el uno, ni tampoco á el otro,
porque el uno era p obre, y avariento el
otro 3 ,
9 Tiene tan m ala c a r a , Señores, la
pobreza , que de todo corazon la abor­
reció el Rey mas sabio , quando suplica­
ba al Señor que no le hiciese p obre, por
no exponerse á hurtar y despreciar su
Santo Nombre 4 . Sacamos en limpio, Se­

I D iv e s lo cu tvs es t , e t omnes tacuerunty


i t verbum U litis a d nubes p e r d u c u n t , p a v p tr
locutus e s t , e t d ica n t ¡q a is es t h i c i
a C u ria pauperibus cla u sa est , d a t cea -
sus honores'.
Inde g r a v is J u d e j - , inde severus E q u e s.
3 Neiitruin Q in q u it ) mihi m itti placety
quia a lter n ih il hahet , e t a lte r i n ih it e st sa.~
tis ; a qu í malam lic e n tis lm p cr ij magistralm
Judieans inopiam atque a varitia m .
4 M cndicitatem ne dederis mihi ne eges , -
172 QTJIXOTE

ñor Don P e la y o , interrumpió Don Mi­


guel F a x a r d o , que la nobleza en gente
pobre es de ningún aprecio , y si algu.
na cosa vale , es quando está asentada
en los Caballeros que pueden mantener­
la. No creo que de lo que hasta aquí
he dicho, Señor Faxardo, se infiera tan-
to como V m . afirma , respondió nuestro
Caballero ; y para claridad de todo, su­
ponga por un poco que en lo visible é
invisible que se nos descubre hay noble­
za. B axo este principio debe contarla el
Señor F axardo en los A r b o le s , Plane­
tas , Angolés y S an to s, porque los unos
son superiores á o tr o s , y tienen, por su
virtud y gracia del A ltísim o, grados de
nobleza y gloria con mayor ventaja que
los o tr o s ; y San G erónim o, en el epita­
fio que puso á Santa P aula , dice que
descendia de la muy ilustre fam ilia ó ca­
sa del Eey Agam enón y de los Gracos, 1

ta te com pulsus f u r e r , et perjurem nomen JDo-


•tini.
1 Gracorum ( a ) Soboles u4gamenonis Ín­
clita p roles. H oc ja c e t irt tumulo.
( a ) Apellido de una rama de los Sem-
pronios, ilustrísima familia de Roma de la
que han dimanado muchos ilustres Caballe­
ros Romanos.
DE LA CANTABRIA. I7 3

Esto supuesto , Señor Don M ig u e l, de­


be estar enterado V m . en que los po­
bres nobles , ya que no poseen bienes,
tienen la satisfacción de que jamas se
les incluye en la clase de plebeyos , y
es. de advertir que esta circunstancia so­
la con la que los pobres nobles se con­
tentan, contribuye mucho al órden , g ra ­
duación y buen gobierno que debe haber
en un reyno regido con a c ie rto , y si fal-
tára este órden , se mataran los unos á
los otros , porque no habria quien con
poder m andase, ni quien obedeciese.
10 N o quisiera, Señores, que se me
olvidase, (pues veo que esta m ateria se
desmenuza ahora para siempre) digo que
sintiera no decir á Y m s. que en la cla ­
se de Caballeros hay también sus grados,
porque los unos son puramente Caballe­
ros de Solar notorio, otros Caballeros de
Quantía; hubo también Caballeros de A la r­
de-, Caballeros Pardos ; Caballeros de de­
vengar quinientos sueldos , Caballeros de la
Espuela dorada; y aunque algunos de estos
*e diferenciaban entre sí bastante, otros
se distinguían, como ahora, por la órden
que cada uno profesaba. Finalm ente, Se­
ñores, hubo también Caballeros andantes,
que andaban vagando por el mundo en
174 QUIXOTE
busca de ocasiones para hacerse conocí,
dos, de cuya clase era el ingenioso hidal-
go Don Quixote * al que quieren decir al­
gunos que me asemejo lo bastante, por.
que también abandoné mi casa por di-
ve rtir á quatro melancólicos ; pero esto
importa p o co , y ahora con el permiso de
Vm s. Señores míos , me retiraré á la po­
sada, pues bastante me han hecho hablar
en una m ateria que acaso les será odio­
sa. Salióse al decir esto Don Pelayo; y
el Señor Eodiles y Don M iguel Faxardo
admiraban aquel cuidado que poniaDon
Pelayo en que no se le olvidasen los fue­
ros de la esclarecida sangre.

C A P I T U L O X V II.

Desazónase interiormente Don Pelayo , por­


que no sabe de Mateo , al que halla des-
pues de uuas exquisitas diligencias.

i A quella situación lastimosa en que


se h alla el hombre quaindo padece ham­
bre , le hace declinar en acciones nada
conformes al carácter que le distingue
entre los demas miembros de la especie.
D igo esto para que se haga creible el
rompimiento del célebre M ateo de Pa­
DE LA CANTABRIA. I7 5

lacio. Sabemos de é l , que era afectuo­


sísimo á los Infanzones de la A'ega, y es­
pecialmente á Don Pelayo: no se nos es­
conde dexó dos veces sus h o g a re s, es­
posa , amigos y fam ilia para seguir á su
am o, que jamas le presentó un plan muy
interesante. P a recía que M ateo sin su
amo Don P elayo , y en una tierra tan
apartada de la suya estaría violento; pe­
ro aquella abstinencia dura que proyec­
tó el Caballero Don Pelayo , iba tan de
ve ra s, que puso á M ateo en términos
de- dexarle , atropellando los respetos
todos y obligaciones que le detenían , y
para redim ir unos m ales que ya casi le
extenuaban, se fam iliarizó con un paisa­
no suyo, con el que la casualidad y mu­
cha ociosidad de M ateo hizo encontradi­
zo. Caminaba el membrudo mozo con dos
talegos de oro tan g ra n d e s, que le aga-
tillaban el p escu ezo, sudaba arroyos de
a g u a , y las piernas se le estremecían;
quisiera no h allar el menor estorvo en
el camino , y esto en una población de
tanta gente como C ádiz, era muy dificul­
toso. Estaba M ateo enmedio de la calle
detenido, admirando las herraduras de
Una M u ía de coche que inmediato á él se
habia p ara d o , quando llegó el mozo y
1’j ó QUIXOTE

observando que le impedia el paso , dixo


con bastante enojo: A pártate , R ocín , non
te estés como un espantayu enmedio de la ca­
lle , valga el diablu a l diablu , y quantu me-
■yor estaban estos folganzanes barriendo aqües­
tes calles , para que un probe tuviera al­
gún a liviu , que non atravesados estorvan-
do e lp a s u : bien se conoz que les retoza el
pan en la barriga. Mediada de Borona 1 que
la tuviera yo , estaría contentu , buen ami-
g u , respondió M a te o ; y si quieres que te
alivie el p esu , dame un sacu de esos, que
non me mete miedu , anque pese munchu. Quí-
tamelu quantu antes delpiscuezu , y ven con­
migo , dixo el m o zo, y consuélate con que
ya está cerca la posada adonde vamos, y
ansí Dios me fa v o r e z ca , como me alegro de
haber encontrado con un hombre de ¡a tier­
ra mía. Quitó con esto M ateo el tale­
go al m ozo, y afianzándole en el pecho,
dió con él en tie r r a , y al tiempo de caer
dixo : Desventuradu de min , yo apostaré á
que isti sacu me fundió la mita de les costie-
lles que tengo yo en elpechu. ¿ Qué tien aquis-
ti sacu , amigu miu , que tantu pesa ? Es­
tá atascadu todu de dineru , y ye oro lo que
tien , respondió el mozo. Home , ¿y

1 Pan de maiz.
De l a c a n ta b r ia . ijj
Trias nm mas te dan tantu dineru ? pregun­
tó M ateo : p a ra rebentame me lo dan , y
■non para otra cosa , respondióle el mozo.
Como que non me pesara á min arrebenta-
pie con una carga de doblones, dixo M ateo;
y asi el saca non se ha de quedar aqu í , ari­
que eche les entrañes. Cargó al decir es­
to con el talego de o r o , y le llevó con
valentía á la casa que le conduxo el mo­
zo , pagóle el dueño el porte , y los dos
paisanos, conociéndose por tales en el
modo de explicarse , se fueron á un bo-
degon , con el fin de comer y beber a l­
guna cosa. En la mitad de la comida p re­
guntó á M ateo el mozo ¿ en que lugar
habia nacido ? Home , yo nací pegadin á
Villaviciosa , respondió M a t e o , y llímome
Mateo de Palacio , y estoy casadu con M a ­
ría Francisca de Zerial , que tien cr'editu en
toda aquella tierra. Bien conozco á la mu­
yer que tienes , amigu Mateo , dixo el mo­
zo, y estuvo mió padre si se casa ó non
con ella quando vino de servir de la Mon­
taña. Entonces ya valia muy p o cu , anú-
g u , respondió M ateo , y anque to padre
non te casas con ella , maldita la cosa per­
dió , y non digo mas , porque estes coses
meyeres son para callades * y ya caygo en
quien era to padre , y tú. te hds dt lia -
TOM. III. m
1^8 QUIXOTE

mar Antón de Llavanderu , y eres de Tor.


non. En ver da que non te engañas , am¡,
gu M ateo , d ixo L la va n d eru , y ¿ COfl
guien venisti ? ^7 /ii ío/z mi amu Don
layo , que vien a acomodar el acebache,
se descubrirá en la Vega para pasalo ¿ h¡
Jodies , en donde dicen que lo estimarán, por-
que non lo vieron , respondió M a te o ; p¿.
ro en experimentando que se f ay pedazos ape­
nes se llega á ello , non darím por todo un
quartu. Embarcámonos cerca de la Vega,
y lo que per la mar pasamos , non te lo
¿untaré , porque me temblarán les carnes con
jtcordame de ello solamente. Ja s malos, tem­
porales mos llevaron á la Ingalaterra , y alli
pensé volveme Toledanu ó Luterantt, y ya
casi me olvidaba de que habia de dar cuen­
ta á Dios de los malos pasos. Una Ingina
mas blanca que la meyor cuayada, y colorada
£omo una cereza , ibase á la tierra negra llo­
rando porque me venia. Llegamos , por fin,
amigu Llavanderu , á isti Cádiz , en don­
de perecemos de fa m e , por lo caro que val
aquí lo que se come; pero /oigamos todu el
dia , y por eso me topasti fechu un papa­
rote enmedio de la calle. Andarás conmigo,
amigu Mateo , dixo L lavan d eru , y á lo
menos llenarás la tripa : el trabayu non vien
Á ser munchu , pero, faraste el carga qut
DÉ LA CANTABRIA. IJQ
para trabajar nacisti : y a se ve que me f a ­
go esa misma cuenta * amigu Llavandcru,
respondió M a te o , y si hay cavida tanúen
puede mi amu acompañamos; el siempre tu­
vo una fu erza horrible , y yo non dudo que
saque su salariu , y asi excusará el probé
mantenese con pimientos , ensalades y otres
patarates que de aquí á pocu darán con el
en la sepoltura , y en esta tierra non tien co­
nocidos. Quando mas descuidadu estuviera,
amigu Mateo , replicó Antón de Llavan-
deru , habia de topase con otru Caballera
de so tierra , y entonces quedaba deshonra-
du para, siempre. Los Señores, am igu , son
muy remirados , y quieren mas perecer de
fame , que servir á otros. En esta con­
versación enzarzado estaba M ateo, quan­
do en busca suya llegó su amo , can­
sado ya de preguntar por él á los que
pudieran conocerle, y viéndole dixo con
enojo: ¿ Q u é haces a q u í, salvage ? ¿ E s
hora de pasar á la posada para ver lo que
se ofrece ? ¿De este modo se gana en C á ­
diz la comida y el salario ? ¿ He de estar
obligado á mantener unholgazan fuera de
casa? ¿E n q u é , p u es, se ha de cono­
cer que eres criado mió ? En que á fu e r ­
za de ayunos me quier acabar Vusté , res­
pondió M ateo. M ire , mi amu , la razón
N. 2.
l8 o QTJIXOTE
non quier dos caminos , sinon u n , y is¡ (|
mas derecha : yo bien s'e como está Vusté dt
quartos. A quí que naide mos escucha sinon
Antón de Llavanderu tamien de Asturies
mozu de concencia y reservadu , digo qUt
yo non soy tan vieyu que non pueda ganar
para manteneme , y excusará Vusté empeña­
se para ello ; por otru lladu yo ya non pue­
do tirar mas con les ensalades , y si voy des-
perezidu 1 para casa , pensará la muyer que
estoy tísicu , ó que me plantaron les uniones 1
y Vusté bien sabe que debo v iv ir con ella.
Apartame de Vusté tamien lo siento; pero dé­
lo sentir mas murir de fam e ; si tuviéramos
borona y lleche tan siquiera á pastu , yo
me estaña quietu , y creáme Vusté , que
les ganes de comer , á lo menos en mí,
crecen sin suelu , viendo tantes coses bue-
nes , y que para min non están compuestas.
¿Con qué de ese modo me dexas? dixo
Don Pelayo : sí Señor , respondió Mateo.
Pues ven a c á , sa lv a g e , dixo el Caballe­
ro Don P elayo , ¿ á quien he de dar yo
los empleos de la nueva fábrica? ¿cómo
quieres que fie un millón de cosas á per-
sona no experimentada ? p ara qué eres

I Muy extenuado.
a Unciones.
BE LA C A líTA B R IA . l8 l

tan ingrato con los tuyos, y renunciando


los empleos les cierras á ellos la puer­
t a , que tú en fuerza de servicios buenos
dexarias abierta muchos años? ¡Ah cora-
zon desconocido! ¡A h cuidados míos m al
p agados! ¡ A h esperanzas muertas , por
una cabeza desencuadernada! ¿Ahora que
podias ¡lustrar tu parentela y enrique-
zerla al mismo tiempo, te amilanas por­
que no comes con delicadeza? No daré
yo lu gar , pobre inocente, á que p ier­
das á los tuyos; ellos me llegan al v i­
v o , y por lo mismo desde hoy te harta­
rás á tus anchuras; ven, salvage, y come­
rás q u in to se te antoje. Ya vuelvo con
Vusté, Señor mi amu , dixo M ateo casi llo ­
rando, y perdóneme si acasu fa lté á lo qut
debía. Yo bien conozco que para R ocín , non
me fa lta n mas que les oreyes , pero una á
cualquiera se perdona , y si Dios fuera ven -
gativu , ningunu de nosotros fa la ra otra p a ­
labra. Desam paró con esto la compañía
de Antón de L la v a n d e ru , y siguió á su
amo despues de haberle perdonado; p e­
ro le . d|xo antes de llegar á la posa­
da : ayer pensé t Señor, sacame una muela,
porque me dolía , entré en casa del barberu,
seméme , metióme la. cabeza entre les pier -
*es , pero apenes v i que pescaba les dentu-
l 8¿ QtriXO TE

tes 1 empezé á dar v o ces , llevantéme, y


tch'e á correr como si llevara pegada á la
fa ld eta y ardiendo una carretilla a ,

C A P I T U L O X V III.

"En la posada en- qne estaba el Caballero


Don Pelayo y su criado se hospeda un Ca­
ballero que viene de las Indias , y cuenta
algunas cosas increíbles,

i "P u d o el Caballero Don Pelayo re*


ducir á M ateo á que no le dexase de
manera alguna, prometiéndole otro dife­
rente tra to , que tuvo su debido cumpli­
miento , y no se ha hallado documento
alguno en la M ontaña que diga lo con­
trario. Llegaron los dos á la posada, en
la que hallaron un Caballero, con el que
se metió en conversación nuestro Don
Pelayo , y notando tristeza en el nue­
vo huesped, le dixo de este modo.
i N o será muy f á c i l , Señor Caba­
llero , que alguno de los hombres sea
tan eficaz conmigo, que me haga'xon-

i Gatillo.
a Cuete de mano que Inflamado hace en
el suelo culebrinas.
DE L A CANTABRIA. 18 3
fesar que Cádiz no es el albergue de de­
licias , y al paso mismo de infortunios.
E l es una poblacion llena de h echizo, la
confusion y ningún órden es el objeto
primero que se nota , cada extrange-
ro viene á ser aborto de las aguas , y
bastante para que refiriendo su tragedia
6 fortuna agigantada eihbargue las po­
tencias y sentidos de los que le escuchen.
Digo e s t o , Señor mió , porque noto en
Vm. unos-afectos tristes, viendo por otra
parte disposiciones para tenerse por di­
choso, y ya reputaré yo por buena la
suerte de aquel que solo lidia con la tier­
r a , y no con ese soberbio estanque de
agua , que parece lleva á mal afiance­
mos los hombres en sus espaldas crista­
linas la seguridad de nuestras vidas. En
cuyo su p u esto , partid conmigo vues­
tras ansias, contándome vuestra fortuna
ó m ales, en la firme inteligencia de que
Don Pelayo, Infanzón de la V e g a ,, es el
que os escu ch a, y quando no pueda del
todo rem ediaros, bastante alivia al afli­
gido el que llo ra con é l , ó le sugiere
arbitrios p ir a repararse. Gracias debo
daros, Caballero, dixo el nuevo huesped,
por los deseos que veo en vos de comu­
nicarme la vida que me falta. Y o os
j? 4 QUIXOTE
contaré brevemente quanto me está pa­
sando, y \ereis como tengo sobradísimos
motivos si no para morirme de pena, á lo
menos para estar tan triste.
3 N atural soy, Señor Don Pelayo, de
la Extrem adura, llámome Don Chrisósto-
mo P izarro , y con decir esto bastará
para que se entienda soy de una. fami­
lia esclarecida, Y im e adulto , sin desti­
no , falto de m edios, pero con deseos de
pasar á aquellas partes en que mi tio
el conquistador se hizo tan famoso. Em-
barquéme con otros quatro amigos, siem­
pre con ánimo de establecerme en Lima.
Recogióme un mercader muy acaudalado;
á pocos años quiso que tuviese parte en
el comercio , fuénos la fortuna favora­
b le , y á vuelta de doce años era ya muy
rico. Los amos y yo estabamos muy go­
zosos, pero desbarató nuestro contento el
proyecto de casarme con una hija que
tenían 110 muy lin d a, pero harto discre­
ta ; acerca de esto me puse en claro con
su padre y le d íx e : Extraño mucho, Se­
ñor Don Gaspar A lm a g ro , ( que asi se
llam a el dueño de la lo n ja 1) quiera Y m .
que yo desluzca del todo mi muy ¡lustre
cuna. Los P ízarros se levantaron con
todo el honor que pudieron tener los P e­
DE LA CANTABRIA. 18 5

ruvianos ; en España está la alcurnia de


e llo s, á su gusto he de tomar estado:
el afecto que debo á vuestra h ija , creo le
he pagado con servirla desinteresada­
mente , dadme lo que con vuestra ayu­
da tengo ya ganado, y si os place, me vo l­
veré á la p atria m ia , porque en L im a
nada hay que me detenga. E ra muy pru­
dente Don Gabriel A lm agro , y aunque
lo sentía, no quiso detenerme. Entregó­
me quanto me debia , dispuse em barcar­
me pronto , híceme á la v e l a , pero fue
para mí el viage muy ad verso, porque
unos Corsarios dieron con nosotros, sa­
quearon el navio , y á cada uno quitaron
lo poco ó mucho que tenia dexándonos
por conmiseración las vidas, que para mi
á lo menos es ya muy pesada, viéndome
en España sin dinero, y casi desnudo, pu-
diendo estar en Lim a lleno de gusto y
de riqueza ; y tanto mas me angustio,
quanto mas me acuerdo que perdí un
bien tan grande por una vana presunción
Caballeresca. Y o , Señor, en una situación
tan pobre no sé como conducirme, tam­
poco acierto á form ar discursos del modo
que solia, y ya que á pasar á mi patria no
me atrevo , me volveré á las lu d ía s , y
sí la fortuna también allí me descono-
l 86 QUIXOTH

cíe se , podré 4 lo menos sin trabajo sus­


tentarme , aumentando asi el número de
los h olgazanes, gracias á la tierra que
es de suyo feracísima. A l l í , Señor , las
ovejas paren dos veces en el año. Si les que
yo tengo, Señor V iz a r r u , interrum pió M a­
te o , se portaran disi modu , mas marttega
pudia tener de venta , pero fágome el car-
gv de que eses coses , si non son mentires^ se­
rán ponderaciones. N i miento , ni ponde­
r o , buen am igo, dixo el Señor Pizarro,
pues para qualquiera de las dos cosas
se necesita rriayor gusto que el que yo
ahora tengo: Siga V m . con su narración,
Señor P iz a r r o , dixo Don P elayo , por­
que mi criado M ateo es incapaz de al­
canzar hasta donde se extienden las fuer­
zas de la especie b ru tal, ni como influ­
ye la tierra en los fetos para adelantar­
los. A si lo creo, Señor Don P e la y o , res­
pondió el Señor P izarro , que prosiguien­
do d ix o : Si al buen M ateo escandaliza
lo que he dicho de las ovejas y las va­
c a s , mas admirado quedará quando le
diga que en las Indias se cria un árbol
llamado Máguai ó M angonai , que provee
4 los Indios de agua , vino , vinagre,
azeyte, miel, arrope, agujas, hilo y oirás
cosas. N o presuma el Señor P iza rro , di^
de la c a n t a b r ia . 18 7

xo Don P e la y o , que damos crédito á


esas relaciones. Los que hemos estudia­
do tenemos libertad para hacer crítica
acerca de las cosas. Si fuera cierto lo
que el Señor P iza rro dice, era tan acree­
dor el Mtingonai á traerse á España, co­
mo el oro mismo. A p re ciá ra yo mas un
árbol de esa especie, que un pedazo del
cerro del Potosí, si V m . me apura. Un re­
nuevo de ese árbol con los inxertos de lo
que produce, era digno regalo de un M o ­
narca. Suponga V m . Señor Don Pelayo,
replicó el Caballero Don Chrisóstomo, que
en España no p re v a le c ie ra , porque el
temperamento de la península es mas
frío, y se helarían todos. En la V eg a do
mi c a s a , Señor P iz a r r o , toda planta pre­
valece, dixo Don Pelayo. E n ella v e r á
Vm. limones de tres lib ra s; todos sabe­
mos que el almendro y el olivo son muy
delicados , y allí jamas se hielan. M as'
grandes que en M a lta se crian en mi.
tierra los N aranjos, Tengo certeza que-
á las Indias han pasado infinidad de.
3/Iontañeses; nada tendría de extraño^
nos contasen esto mismo aquellos que
se retiran á sus casas llenos de o r o , y
de callarlo tan tos, da motivo á que du­
demos de la poderosa virtud del M an-
l8 8 QUIXOTE

gonai, aunque V m . lo afirme. N o piense


V m . Señor Don Pelayo , repuso el Señor
P izarro , que mi testimonio acerca del
M angonai es el prim ero , infinidad de
viageros lo han contado ya en Espa­
ñ a , y si á V m . no ha llegado hasta aho­
r a la n o ticia , no tengo yo la culpa. Fon
por ciertu, Señor V izarru , replicó Mateo,
mi amu dempues que vino de la Ing ala tér­
ra non da créditu á les coses , y si Vusté
lu apura un pocu , ha de poner en duda al­
gunos santos mandamientos , y ansi Vusté
prosiga , cuente lo que quiera si Qpn eso se
consuela, porque yo todo lo creo. E s , amigo
M ateo, prosiguió el Señor P iza rro , abun­
dantísima de comestibles , y dé los fru­
tos mayores el m aíz excede á todos. Pues
anque en Asturies non se criara maiz , Señor
V iza rru , interrum pió M ateo , maldita la
cosa se p erd ía ; tenga yo pan de trigu y
estaré contentu ; pero la boroña , si está pe­
ñerada 1 por m es peñeres a ra le s , ama­
sada por una muyer puerca , sale mal coci­
da , y se come quando está maurienta 3 :
puede sacar i un hombre disti mundu i t

i Cernida.
% Cedazos.
3 Mocida-
db LA c a n t a b r i a . 18 9

io pior ye que en Astuñes ocupa el m ait


les meyores tierres. En las Indias , amigo
M a teo , se come el m aíz de distintos mo­
dos , dixo el Señor P izarro , que prosi­
guió de esta manera. E l temperamento
de las Indias es muy bueno , los natu­
rales son muy holgazanes , y se van ha­
ciendo otro tanto los paisanos nuestros.
En los años primeros del descubrimien­
to se hicieron muchos bastantemente ri­
cos , con cuentas de vidrio , pedazos de
cristal, y en la tierra que pisó S. F ran ­
cisco ^Cayier , valieron muchos doblones
unas ordinarias trévedes de hierro. Tam ­
bién apreciarían los Indios , Señor P iz a r­
ro , algo de A za b a ch e , dixo Don P e la ­
y o , y en ese caso pudiera yo rem itir á
Lim a unas porciones gran des, y al cui­
dado del Señor P iza rro estaría el aco­
modarlo , pagándole su trabajo á ley
de com ercio, y llevando lo que he tra í­
do para m u estra, pudiera justificar de
algún modo el regreso á Lim a , cu ltivar
de nuevo la amistad con el Señor A lm a ­
gro, y si ponia cara al casamiento con
b u h ija , yo á lo menos soy de parecer

de que por Y m . no se descomponga.


4 E l pariente de V m . Francisco P i ­
zarro, tuvo un nacimiento casi tan obs*
I9 0 QUIXOTE
curo como D iego A lm agro ; ambos -fue»
ron puestos á la puerta de la Iglesia, se­
gún nos dicen las h isto ria s; á Pizarro
legitim ó el Capitan Gonzalo P izarro. Se
fue desde T ru xillo á S e v illa , y de aquí
pasó á las Indias. A lm agro y Pizarro
partieron de compañía á la Conquista,
y siendo Casi iguales los trab ajos, hizo
P izarro mejor que A lm agro, su negocio.
5 Huascar y A tabaliba hermanos
partieron su reyno y le disfrutaron en
p az quatro ó cinco años , pero al cabo
de ellos entró una aflicción en Huás­
car nacida de haber sido liberal con su
herm anó, consintiendo en la división del
reyno. Envióle Embaxadores que le di-
xesen en nombre suyo era su vasallo, y
que desde ese mismo punto se desnuda­
se del carácter de M onarca. Ningún sen­
timiento manifestó el sagaz Atabaliba,
dando á entender con el silen cio, que el
derecho de la sangre favorecía á su her­
mano ipayor, y asi le dixo que pasaría
á rendirle vasailage , y de camino pare­
cía muy justo hacer dignos, funerales á
su difupto Padre en C u z c o , de cuya obli­
gación np debia desentenderse, ni tam­
poco .extrañar saliese de su Corte con la
com pañía, y ostentación correspondien»
DE LA CANTABRIA. I9 I

tes i SU carácter. En todo convino Huas-


c a r ; Atabaliba juntó los mas valientes
y honrados de sü reyno , pasó al Cuzco,
en ocasion en que pudo sorprehender á
su herm ano, y presentándole una muy
cruel b a ta lla , salió de ella victorioso,
pero usó de la victoria con infamia, sien­
do víctimas de su furor todos los P rín ­
cipes de la sa n g re , y su hermano mis­
mo. Sucedió esto en aquellos mismos
tiempos en que los Españoles mandados
por P iz a rr o , habían entrado ya en su
reyno , y estaban en términos de estre­
charle, como sucedió en breve, perdiendo
Atabaliba la vida y el Reyno de C axa-
malca. L a muerte de este Principe, man­
dada executar por un hombre particular,
desazonó á los Peruvianos y á muchos
Españoles. Tampoco fue P izarro fiel dis­
tribuidor de los honores y riquezas con
su compañero A lm a g ro , y asi entre los
dos hubo siempre un odio continuado,
.por lo que un hijo de A lm agro mató á
Pizarro , quien está sepultado en la Ciu­
dad de Lim a que el mismo fundó, ete r­
nizando asi su nombre. E l difunto A t a ­
baliba pide justicia al cielo como Julio
C e sa r, y quantos concurrieron á su
muerte tuvieron fin funesto. D e des­
19Í QtrixoTE
avenencia de los dos conquistadores, rew
áultaron desgracias indecibles, y para
contenerlas envió el Em perador al Perú
al Licenciado Cliristoval Baca de Castro.
Esto he dicho , Señor Don Chrisóstomo,
para que V m . no se envanezca tanto lla­
mándose P izarro , ni tampoco desprecie
los Alm agros ; lo cierto es , que asi P i­
zarro , como A lm a g r o , eran de una fa­
m ilia bien desconocida, ambos fueron igua­
les en no saber leer ni escribir. De Pi­
zarro ya dixe que llegó á rastrearse quien
ha sido su padre , y de A lm agro aun
se ignora. Uno y otro dieron principio
por sus heróycos hechos á unas casas muy
esclarecidas, y asi nada se detenga Vm.
en hacer la boda. Esto digo en C á d iz, y
aconsejaría lo mismo en L im a , si allí me
hallase ; y si un Caballero Montañés ó
de la V eg a ( que es doble circunstancia)
estuviese como V m . próximo á una gran
fo rtu n a , como la que el Señor Don Cliri-
sótomo P izarro me ha p in ta d o , le diria
que no la malograse , porque no todas
las ocasiones buenas se vienen á la ma­
no. E l Señor P izarro tiene pocos años,
y no extraño centellase en él algo mas
el distinguido origen : en una edad ma­
dura pensaría de distinto modo. Y o taim
DE LÁ CANTABRIA.

bíén tuve alborotados humos , estuve ex­


puesto á desgraciarm e; pero aquel astro
tutelar ele los Infanzones de la V e g a ,
quiero decir aquella cierta ciencia que
tenemos de que somos lds mas esclare­
cidos de todo el universo * me contuvo
haciéndome despreciar con espíritu va­
liente una boda de muchos intereses. L a
moza era bastante tosca * pero en la
Vega se hubiera ad elgazad o, y de quan-
tás veces este bárbaro de M ateó habla
desconciertos , entonces me aconsejaba
como muy discreto. Alegróme en el alma ,
interrumpió M a t e o , que conozca Vusté la
torneada que cometió en aquel tiempu. ¿Qué
importa que mi ama Doña M aría Josefa
venga de mos padres finos , si non lleiíó
m maravedí de dote ? y lo que tenia ar­
rinconado el padre de aquella rapazona , si
se pusiera en venta , era bastante para fu n ­
dar un mayorazgu , y si faltaba algo , non
habin de ser tan miserables los tios Obispos,
que non lo dieran muy á gustu suyu , vien­
do que un Infanzón quería entroncar con
tilos , y siempre habin de tirar á llenar í
lo menos toda la casa de la Vega de unos
buenos simples. Vusté muy bien sabe , Señor
mi amu , que la casa que tien algún cléri-
gu aplicadu llevanta rilas, y lo pasa meyor
194 QUIXOTE

que la que tien un Teniente General ó Ma­


gistral de Campos. M ariscal de Campo,
b ru to , dixo Don Pelayo. Lo sucedido no
tiene ya remedio , á mis hijos no falta­
rán destinos , y si Señores Obispos no
les dan la m a n o , tampoco tendrán á la
hora del morir remordimientos de con­
ciencia , nacida de aquel conocimiento
cierto de no haber elegido acaso para la
Iglesia dignos operarios; y por ese infor­
tunio si lo fuese, ni tampoco por otro de
conocida desm ejora,, Don Pelayo Infan­
zón de la V e g a nunca se acobarda.

C A P I T U L O X IX .

Dispone el Caballero Don Pelayo regresar


á la Montaña , y á costa de trabajo en­
cuentra algún dinero para emprehender
el viage.

nuevos y delicados proyectos


suelen ser costosos , y si de ellos resul­
ta algún considerable beneficio al hom­
bre , el inventor de aquella nueva idea
queda regularmente sin el fruto que ar­
roja y se debe á la fatiga. Hemos visto
que para dar despacho el Caballero Don
•Pelayo al azabache, dexa el sosiego de
de la can tabria . 195
fin casa, arrójanle los vientos á reynos
extrangeros, gasta acaso lo que le hace
falta, y lo tolera todo cotí ánimo sereno,
esperanzado de ün bien grande. Conten­
tóse con saber de los Señores Rodiles y
P iza rro , que los Indios harían alguna
estimación del azabach e, y esto le bas­
tó para regresar gustoso á descubrir las
minas y dar principio á la nueva fábri­
ca. Necesitaba algun dinero para equi­
parse de caballo y mantenerse todos tres
hasta la V eg a . Persuadióse á que el Se­
ñor Rodiles se lo adelantaría, pero nun­
ca q u iso , excusándose con Don Pelayo,
liasta decirle haria notoria injusticia á
Don Sebastian de la G a r r a f a , botiller
acaudalado en Cádiz y M ontañés legí­
timo , y que solo le buscase quando su
paisano ho quisiese socorrerle. P areció­
le bellamente á nuestro Caballero el
modo de pensar del Señor Rodiles , in­
formóse de la casa del Señor G arrafa , á
la que fue con su criado M a t e o , para
que le a u to riza se , y estando en su pre­
sencia le dixo de este m o d o:
a N o sé yo, Señor D011 Sebastian de
la G arrafa, como podré encarecer la ale­
gría que se apoderó, de mí en aquel feliz
instante, en que supe que V m . habia hecho
N2
I9 6 QUIXOTB
su fortuna en C ádiz. En esta misma ho­
ra se me vienen á la memoria las trave­
suras de muchachos. A l Señor Don Se­
bastian de la G arrafa y á Don Pelayo^
Infanzón de la V e g a , hizo inseparables
aquella igualdad de genio que sobre todos
me acuerdo descollaba. L a V e g a fue el
teatro de nuestras diversiones , yo en­
tonces no me valia de la qualidad de
Señor para hacer que se me respetase, y
aun hoy los viejos y cansados padres
del Señor Don Sebastian hallan en mi
casa el 'desayuno. P or caminos largos y
enfadosos de contar a h o ra , estamos mi
criado y yo en Cádiz ; y habiendo evacua­
do ya cierta diligencia de posibles inte­
reses capaces de felicitar á los habitado­
res de la V e g a , necesitamos volvernos
á la patria. Los vientos nos extraviaron
m ucho, y fue motivo para gastar un do­
ble : en el dia estamos sin d in e ro , pe­
ro esperamos , que el Señor Don Sebas­
tian nos le preste y luego que llegue á
casa , dispondré satisfacerlo á mi ami*
go y paisano el Señor G arrafa.
3 N ada de quanto me ha dicho Vm.
Señor Caballero , he percibido , dixo el
Señor G arrafa : por el razonamiento ven­
go en conocimiento de que V m . e stá fa l-
de la c a n ta b r ia . i 97
to de dinero , que me pide á m í , é
ignoro los motivos que tiene para ade­
lantarse á tan to , porque á V m . ni co­
nozco, ni jamas he conocido. Los mu­
chos a ñ o s, Señor Don Sebastian, bor­
raron á Y m . las especies mejores , dixo
Don Pelayo. A p a rta ré e sto rv o s, y lla ­
mando V m . en socorro á sus poten­
cias , vendrá necesariamente en conoci­
miento claro de quanto yo deseo. Vm . es
el Señor Don Sebastian G arrafa. N o dis­
putemos e s o , Señor C a b a lle ro , dixo el
Señor G arrafa. N o se le esconderá á mi
paisano ^ que nació en la V eg a de mi
casa. E so no sabré d ecirlo , Señor Caba­
lle ro , dixo el Señor G a rr a fa , porque de
mi patria no saqué mas papel que mi
excelente ex e cu to ria .. Don Pedro de la
G arrafa y Doña F lo ra Junco son los
padres del Señor Don Sebastian , dixo
Don Pelayo; Tampoco los conozco, dixo
el Señor G arrafa. N oticia tendrá Vm .
de los Infanzones de la V e g n , dixo Don
Pelayo. Puedo asegurar á V m . que aire­
la oygo decir que hay en el mundo ta­
les estaferm os, respondió el Señor G a r­
rafa. D e ese modo tampoco habrá oido
Vm. decir que hay en España Caballe­
ros Montañeses, repuso Don P elayo. Ocú-
I9 8 QUIXOTE

po tan corto tiempo en esas co sa s, dixo


el Señor G a r r a fa , que ignoro la exten­
sión del reyno. Vm* Señor Don Sebas­
tian , está en términos de no poder to­
mar estad o, aunque traxese de la patria
su esclarecida e x e cu to ria , dixo Don Pe-
layo. Eso es muy c ie rto , Señor Caballe­
r o , respondió el Señor G a r r a fa , porque
estoy casado, y tengo ya seis hijos, Pues
¿ cómo , ó de qué m a n e ra , un hombre
como V m . sin nocion alguna de su ori­
gen , ( mas que el de la hidalguía , que
acaso será de su décimo sexto abuelo)
pudo calificar en C ádiz su persona? pre­
guntó el Caballero Don Pelayo. Parece
que ella misma supo calificarse en fuer­
za del buen porte y del dinero , respon­
dió Don Sebastian, y los padres de mi
esposa no atendieron á otra qualidad,
que á la de ver que yo . era hombre y
sugeto acaudalado ; y ni aun pregunta­
ron , si estaba ó no en el gremio de la
Ig le s ia , y por lo inismo ignoro quienes
son mis padres , y en donde he nacido;
y si la executoria decia algo de esto,
también me privé de e ll o , porque la di
para pagar un almuerzo en Barcelona;
¡Santos cielo s, y que infame se hizo Vm.
Señor Don Sebastian 1 exclamó el Caba­
DE LA CANTABRIA. igg
llero Don Pelayo. Y o no puedo menos
de decir al Señor G a rr a fa , que sus p a­
dres son algo distinguidos, y aunque ne-
nesitados, se portaron siempre como C a ­
balleros pobres: mi casa los p ro teg e, pe­
ro no debiera, teniendo un hijo lleno de
riqueza. Rayaba Y m . en los veinte años
quando desamparó la Y e g a , y diciendo
que á mí no me conoce, ni tampoco t ie ­
ne noticia de los Infanzones de la Y e g a ,
da motivo á que yo tenga á V m . por
loco, ó por un hombre r u in , que se ha
envilecido con el o ro ; y el que descono­
ce su patria , ninguna dificultad tendrá
en renegar de aquella religión en que se
halla inscripto. Y o apagué en V m . a l­
gunas hambres quando era rapazuelo , y
desconociéndome despues de tantos bene­
ficios , logra p ara conmigo el concepto
de una harpía ó de alguna Hiena. Si fue­
ra cosa de perm anecer en esta poblacion
confusa, liaría todo el esfuerzo para im­
primir en las gentes una idea acerca de
Vm. no mas de como se m e re ce ; uno de
los engañados es el Señor R odiles, pero
muy luego saldrá de sus errores. N o se
me oculta de que V m . me co n ociera, y
aun obsequiaría , si no viniese con el fin
de pedir p restad o; pero debería V m . ce­
¡200 QTJIXOTB

lebrar tener ocasion de hacer algún fa ,


vor al que dispensa tantos á los padres
que tuvieron la desgracia de engendrar­
le. E llos se han visto en la mayor mise­
ria , y yo tuvo qug socorrerlos muchas
veces. Quando los hijos tienen esta vil
correspondencia, ultrajan nada menos que
á la naturaleza , que siempre se mues­
tra compasiva. En el tráfico interesante
de sorbetes se hizo V m d. muy poderoso,
sirviendo muchas veces á gentes de ut\
vil trato , y aunque á presencia suya ha­
gan pedazos los Santos E van gelio s, y
azoten al modelo de ellos,, encogerá los
hombros , por 110 perder los intereses
que se le siguen en el disimulo. Con gé-r
ñeros corrompidos está quitando la vi­
da á muchos después de robarles el di­
nero. El mayor honor que puede hacer
V m . á la V eg a es decir que la desco-r
roce. Ella se e n v ile cie ra , si blasonar^
V m . que era patria suya. L a parentela
de V m . se informará de mí , queriendo
enterarse de su conducta, y les diré que
es Vm- digno de que le quemen en es-v
ta tú a ; y parece ya mal que un e sta fe n
mo , como y o , esté dando satisfacciones
á un hombre p ro stitu to : y a s i , M ateo,
ven conmigo ,* no sea cosa que nos vean
d e l a CANTABRIA. 201

Jas gentes en una casa que debería ar­


rasarse. Saliéronse al decir esto, y el So­
por G arrafa se quedó tan fresco y se­
reno como estaba.
4 A rd ía en deseos el Caballero Don
Pelayo de verse con el Señor Rodiles,
para enterarle de quanto le habia p asa­
do con Don Sebastian de la G arrafa,
quien despues de habérle escuchado á
nuestro Caballero ( que parece estaba
fuera de sí quando lo contaba ) , dixo:
No se acalore Y m . ta n to , Caballero D on
P e la y o , porque en C ádiz se ven esos fe­
nómenos á menudo ; influye en este cli­
ma todo el orbe , y por lo mispio no de­
ben extrañarse monstruos. Siempre es
duro franquear d in ero, y mucho mas á
persona extraña. Quanto á mí me diera
aquel vil G a r r a fa , Señor R od iles, dixo
Don P e la y o , entregaría á sus pobres pa­
dres en la V eg a . P arece que eso no le
acomoda mucho , dixo el Señor Rodiles,
quando los desconoce. Eso era lo único
que yo 110 había visto en toda mi vida,
Señor Rodiles , dixo Don Pelayo. Los pa­
dres que por desgracia q m ala educa­
ción tienen tales h ijo s, afean la sociedad
humana. E lla quiere que todos sus miem­
bros se socorran m utuam ente, y no pu-
202 QUIXOTE
diendo yo desentenderme de esto mismo,
ando por aquí expuesto á mil sonrojos,
nada conformes al carácter m ió ; pero
espero que el Señor Rodiles me socorra,
y ya la palabra de honor viene á inte­
resarle. En la inteligencia de que pierdo
quanto preste al Caballero Don Pelayo,
daré algunos reales , porque muchos no
me atrevo , dixo el Señor Rodiles. Es­
pantóme de V u sté , Señor Rodilles, interrum­
pió M ateo , que piense que mi amu ye al­
gún tramposu. En llegando á casa , pagará
quantu mos preste ; en esto Vusté diablos du­
da ponga. Si Vusté g u sta , puede cobralo to­
do en peres , manzanes , ablanes , mantega,
tocin , fa v e s 1 , arbeyos a , y si fa y al ca­
fa algo de madera , puede unviar mi amu
garrotes de acebu , otros de ablanu , tables
de castañal , madrenes 3 , cestes, macones +
y otres mil coses , que estimarán aquí mas
que a llí les estimamos; y si con todo esto non
está Vusté contentu, aquí estoy yo que entra­
ré en la fianza con una potra que non tro-
cara por t i mayor borricu de esta tierra.

i Aluvias ó judias.
a Guisantes.
3 Zapatos de madera.
4 Cescas muy grandes.
DE LA CAN TABRIA. 203

Convenció graciosamente M ateo al Señor


Rodiles, que prestó á su amo ochocien­
tos reales. Con ellos compró un Caballo,
que le costó treinta y seis ducados, pa­
gó lo que debia en la p o sa d a , y despi­
diéndose del Señor Rodiles , saliéronse
echando mil maldiciones á la Ciudad de
Cádiz.
C A P I T U L O XX.

Vuelve se Don Pelayo á la Vega abochorna­


do de ver lo mal que le sale quanto empre-
hende en honor de sus paisanos , y asi­
mismo en utilidad de otros.

i " E l que vaya leyendo la últim a par­


te de esta delicada historia , debe ale­
grarse un p oco, viendo á Don Pelayo con
las insignias todas de un verdadero C a ­
ballero , y aunque el Caballo no era tan
lozano como el P ió, porque tenia la des­
gracia de estar lleno de asm a, inclinó­
se mas á é l , que á un borrico que pudo
comprar con el mismo dinero. E l era, no
obstante, animal de circunstancias, por­
que nunca supo gastar una herradura^
por habérsele ocupado veinte y ocho años
en sacar agua de una noria sin estar
herrado, lo que fue motivo p ara cria r
204 QUIXOTE
tinos callos tan grandes y tan duros, que
llegaron los M ariscales á inclinarse no
necesitaba herradura alguna, aunque an­
duviese setecientas leguas ; bien es ver­
dad que estaba expuesto á ¡numerables
tropezones; pero Don Pelayo era buen
gin ete, y como tal llevaba las bridas re­
cogidas, inclinando siempre el mayor pe^
so hacia las ancas. Tenia la vista algo
turbada, despues que sufrió un muermo
que le molestó cinco a ñ o s: el cuello era
muy la r g o , y como no estaba hecho á re­
fre n a rse , la anca y la cabeza formaban
una linea recta. A caso no se vcria ja­
mas caballo de mas larga y poblada co­
la ; quando la sacudía para espantar las
m o scas, rodeaba la barriga del gine­
te. L a dentadura se meneaba to d a , y
asi tenia M ateo el trabado de darle sal­
vados empuchados porque 110 estaba en
disposición de quebrantar ceb ada, y M a­
teo d e c ia , que la paja le aumentaba el
asma. Pasaba de la marca quince dedos,
y D on Pelayo tenia ánimo de desti­
narle á caballo p ad re, despues que cria­
se nueva sangre en los prados de la V e ­
ga. E l paso era sosegado y acomodado
para dorm ir la sie sta , tanto que Mateo,
ion andar muy poco , .pudiera llevarle
DE XA CANTABRIA. 20$
Siempre media legua de ventaja, si no re ­
primiera sus naturales brios por acoiu-
pañar á su amo.
s E n un soberbio bruto, como aquí
se p in ta , salió de C ádiz el Caballero í)on
Pelayo en compañía del sencillo M a ­
teo de Palacio que saliendo al raso,
dió principio á conversar con su amo de
este modo:
3 M il v eces , Señor mi am u , tuvi la
boca abierta en isti Cádiz para decir á Vus­
té que me diera lo que tenia ganado para
comprar alguna cosa curiosina para M aría
Francisca , que los Domingos se llava les
piernes todavía en la Cañaliega 1 quando va.
á la V illa , y pon taches á les moecs en les
nmeríes , porque non saben cantar un G a-
lan de esta V illa a con aquel escrúpulu y
menudencia que e lla , por cuya causa le lla­
man unos la Majarandona , otros la D e ­
recha , aquel la C hu la , y otru la Farola ,
y á vista de ello , Señor mi amu , yo non

i Canal de un molino en los extramu­


ros de Villaviciosa.
i Cantinela de Asturias que cantin las
mugeres , puestas en rueda , y agarradas to­
das del dedo auricular , andando siempre á
la mano derecha con un movimiento ho­
nesto.
206 QUIXOTE

se por qué está estropiada , cuidándose de


la manera que se cuida , y non cansándose
en rezar un Rosariu , si Vusté me apura,
porque lo mismo ye reiá t que dar de ca-
bezades , nin hay forma de despavilala , an­
que un hombre fa g á lo que puede. Digo,
Señor , que non me atreví pedir á Vus­
té dineru , porque discurrí qué estaba sin
vn quartu , porque si hubiera tenido algo,
non se hubiera dado tan mal tratu. Como
prudente te condúciste , amigo Mateo,
dixo Don Pelayo. A l cuidado de los amos
está pagar á sus criados los salarios, y
quando la paga se detiene , puede con­
sistir en qué , ó no hay dinero , ó se ne­
cesita para hacer alguna expresión ( pues
ya 110 se llam a regalo ) á alguna perso­
na de cariño , sacar un tren sobresalien­
te , 6 mantener el juego. Entonces los
criados , mercaderes y artesanos tienen
que esperarse para que el amo salga con
honor de aquellos lances que estorvan á
la paga , y aun ofrecerle aquel corto pe­
culio que obra en ellos.
4 E l amo de honor , amigo Mateo,
es aquel que de mas m ala gana paga á
los que le sirven, porque si algunos agra­
vios sufren , los satisface con exorbitan­
cia , confiriéndoles unos empleos en que
DE LA CANTABRIA. 207

interesan mucho, haciéndose por este ca­


mino poderosos; y así á imitación de
e l l o s , pienso yo elevarte p ara satisfa­
cer de alguna manera los atrasos; pero
aun quando te hubiera dado los caídos,
hicieras mal comprar en C ádiz cosa a l­
guna para M a ría Francisca, Quanto allí
se vende es de mucho precio, y en tu ca­
sa siempre sería luxo. Y o tampoco llevo
á M a ría Josefa lo que la he ofrecido,
porque los trages que se estilan son es­
candalosos, y no se acomodaría con ellos
una muger juiciosa como sabes es la mia.
(Y o bien sé que lo que mas desea es ver­
me llegar pronto y bueno, para que vea
yo por mi mismo que hay mugeres ca­
paces de llevar el gobierno de un P a la ­
cio, quanto mas el de una casa de gen­
te de honor , qual es la mia , y asi pa­
ra darle gusto nada nos detendremos.
Dirigirémos nuestro viage por la p atria
de mi amigo el Señor M e n a ; y si v i­
ve , se esforzará á que nos quedemos
en su casa algunos dias , que no vendrán
mal para tomar aliento. E l era de un
humor y genio a le g r e , celebrará vernos,
y como muy a g u d o , estará lleno de gus­
to quando le contemos lo que nos ha pa­
sado. L os A ndaluces son enemigos der
208 Q U IO T E

clarados de los Caballeros de la V e g i


(según me dixo á mi mismo el Señor F a­
xardo) ; y asi poco hablaré yó con dios,
y si p u d ie ra , ni aun sus feraces V egas
pisaríá.
5 Non seria malo , Señor, dixo Mateo,
que ya que el Rocin anda con trabayu , y
me cuesta á mí muy pocu llevay la delan­
tera ; digo que pudia yo entrar en los llu­
gares , como dos horeS antes , y dar und
guelta , pidiendo una limosna , y si sacaba
algo de provechu , lo partiríamos como dos
hermanos, y si asi non mos componemos, non
sé yo como hemos de llegar á casa. En pe­
dir hada perderémos , porque Jesu-Christo
cotí ser quien era , tamien creo que anduto
escalabrando puertes. Engáñaste , Mateo,
dixo Don Pelayo. E l Redentor del mun­
do eligió antes hacer nn milagro para
pagar el tributo de los primogénitos, que
no baxarsc á pedir limosna. Verdad es
que no hizo mucho aprecio del dinero, y
por lo mismo nombró á Judas Tesorero
de lo poco que le daban; también es cier­
to que muchas veces se hospedó como de li*
m osna, pero fueron las menos , porque
solia decil4 que venía á servir , y n o á
que le sirviesen: En quanto háya dinero
tengo por cosa fea lo que nie aconsejas,
BE LA CANTABRIA. 2 OQ
^nanáo llegue el caso de apurarse , en-*
tonces es lícito buscar arbitrios ; pero
del de pedir limosna se lia de ecliar ma­
no en el mayor apuro. E l hombre no de*
be ser g ravo so , y lo es quando saca á
otro, acaso contra su inclinación, un pe­
dazo de pan ó un quarto , contribuyen­
do asi á que le desprecien , porque á
los pobres ninguno hace acatamiento , y
con tenerles lástim a , parece á muchos
que les hacen un favor crecido. Los Es*
pañoles no tenemos adquirido el concepto
de los mas caritativos de todo el u n iver­
so, porque nuestro caracter es sério y
oigo a d u sto , y en fuerza de él somos de­
tenidos , y nos hacemos duros , aunque
no tanto que la hospitalidad se nos resis­
ta , y asi nos dexarémos conducir algún
tanto al arbitrio de la D ivina Providen­
cia. Eso seria bueno, Señor , replicó M a ­
teo , si fuéramos algunos Misioneros , qut
trabajáramos dia y noche en fa v o r de los
pecadores. Entonces Dios tomarla á cuenta
suya mantenemos, pero andar famientos por
nuestra cabeza mala , y querer que Dios mos
alimente, eso en buen romance vien á ser lo
mismo que facer burla de lo que mos man­
ía. Dios nuestro Señor, amigo M ateo, se
olvida de nuestras malas obras quando
2 10 QTJIXOTE
nos arrepentimos , dixo Don P e la y o , y
siempre tiene presente el bien que ha­
cemos para rem unerarle; pero el socor­
ro que necesitamos para llegar á casa
nos le dará como benigno padre ; y s¡
quisiera, nos liaría muy ricos, con menor
dificultad que la ninguna que pudiera
tener en darnos dolor para borrar una
ligera culpa. Y a ves tú que sale el sol
por disposición suya igualmente para los
buenos que para los muy malos. L a pro­
videncia general es como s u y a , admira­
ble, suave, á tiempo , llena de bondades,
suficiente, y la que nos basta para te­
nernos dependientes pero nosotros todo
lo olvidamos , y muchas veces atribui­
mos á nuestra diligencia lo que nos vie­
ne de su mano generosa. Cierto es que
nosotros 110 convertimos a lm a s, porque
nuestra misión no se dirige á eso, ni te­
nemos tampoco aquellas calidades su­
ficientes ; pero se paga el Señor de nues­
tras obras quando no pecamos. Si fuéra­
mos todos Misioneros, subiríamos al pul­
pito llenos de pereza , persuadidos á que
se malograba el tie m p o ; pero habiendo
unos pocos hombres llenos de aquel celo
y espíritu superior , que se requiere pa­
ra desempeñar y convencer á los vicio-
de la ca n tab r ia . a i i

s o s , no con adem anes, figuras espan­


tosas , y artificios te a tr a le s , sino con
palabras vivas , llenas de fuego , y jun­
tamente inflamadas con la caridad del
que predica : digo, M ateo, qüe estos po­
cos hombres trabajan llenos de gusto en
su f a t ig a , porque logran fr u to , y se lo
da á entender el Señor mismo en aque­
lla ligereza de pies que les comunica
para no tropezar ni detenerse en cosa
alguna quando son llamados. L a hermo­
sura del mundo consiste en la variedad
de objetos; fu era mucho menos vitupe­
rable el espino, si no hubiera rosas; y asi
como los M isioneros y Capitanes Gene­
rales vienen á ser singulares en la espe­
cie humana , porque hay pocos buenos,
también en cierto modo lo somos los que
dexamos el reposo por felicitar á otros
que con poco se entretienen. D e la ca li­
dad y condicion del Caballero Don Qui-
xote no lia habido mas que uno en todo
el mundo , y como en su linea era tan
completo, le salió grandemente quanto
emprehendió en su tiempo. D e mi cali­
dad puede haber a lgu n o, pero tan ade­
lantado , atrevido y desvergonzado como
tú habrá siempre pocos, y á costa de mi
sufrimiento y tu poca cortesía se han en-
O 2
212 QUIXOTE
tretenido los que nos han tratado. Yo
siempre seré con Vusté muy desafortunada
replicó M a te o ; les mas de les veces se ríen
de Vusté , y siempre yo tengo la culpa. Si
aquellos mozos de la fonda hubieran enten­
dido que Vusté comía algo disgustadu , por­
que yo non estaba á la una punta de la me­
sa , habin de rebcntar de risa , y á min im­
portábame muy pocu comer en aquella mesa
ó en algún escañu en la cocina. Lo que yo
tendré atravesado en el corazon todos los
dias de la vida serán los quince pesos que
llevaron aquellos folganzanes por quatro por-
queríes. No te a c u e r d e s M a t e o , de eso,
dixo Don Pelayo. Si entonces lo erra­
m os, ya pagamos el desatino á satisfac­
ción de aquellos perillanes. L o cierto es
que yo desde entonces no he tenido ganas
de comer iguales á las de aquel dia, y
quanto llevaba á la boca muchos dias
despues era con una total inapetencia,
de que infiero ser laá comidas de las fon­
das en tbdo substancia, y aunque tan
caras una equivale á muchas , y á tí te
sucedería lo mismo si por fortuna te
acuerdas de lo que te ha pasado. Bien
se me acuerda , Señor, respondió Mateo,
y tengo muy presente que aquella noche me
llené de pimientos crudos , -y non habia cosa
DE L A CANTABRIA. 213

para min que me matas la fam e. Eso con­


siste , amigo M a t e o , dixo Don Pelayo,
en que asi como hay calidad de tierra
que en muy poco tiempo consume los ca­
dáveres , asi también hay estómagos que
digieren en breve las comidas , y los es­
tómagos de los pobres son regularmente
muy voraces. Non diré y o , Sefior■mi amu,
que esa ye la meyor y mas segura señal
de que soy probe , replicó M ateo. ¿ Q ual
es , amigo ? preguntó nuestro Caballero.
Verme precisada í andar per aquí fechu
m il pedazos , Señor, respondió M ateo, ^<2-
nando pocu , y eso acasu mal pagado ; si
yo estuviera medianamente acornadadu , non.
tra Vusté el que me apartaba de Pachona.
Eso bien lo sabe e lla , y por lo mismo ado­
ra en mí la probe. N o puede menos de te­
ner buenasr entrañas tu M a ría Francis­
ca , dixo Don Pelayo. Ya se vé que les
tien , Señor , respondió M ateo algo en­
ternecido;: Uístim a será que les cómian los
gusanos; mas de quatro , piores que les su-
yes , estarán guardades en algunes Bibliote-
gues. Quirotecas , querrás d e c ir , bruto,
que no Bibliotecas , dixo D on Pelayo.
Guardaránles en algunes Peruleres 1 , ó pu -

t Vasijas que harán com o m edia arroba;


2T4 QUIXOTE
cheros de cerdeñu 1 , Señor, replicó M ateo.
En piezas de plata suelen guardarse,
M ateo , y no en lo que tú d ice s, res­
pondió el Caballero Don P e la y o , y aun-*
que disparates tanto , llévolo con gusto,
porque entretenemos el camino.

C A P I T U L O XXL

En una Ermita se hospeda Don P ela y o , y


el Ermitflño le cuenta cosas para 'el en­
teramente extrañas.

i X j a escasez de medios en el Caba­


llero Don P elayo hizo que regresase á
su casa de la V ega con trabajo. E l se
propuso no entrar en las poblaciones, y
de las que encontraban sacaba Mateo
algún alimento corto para mantenerse;
lo mas del camino iban á pie amo y mo­
z o , llevando del diestro el caballo, que
aun asi se movia con alguna repugnan-

son de barro fuerte , boca estrecha , casi sin


asiento , de las que se hace uso para tener
aceyte.
i B a rro n egro, de que abunda Cecea, L u ­
gar de A s tu r ia s , no muy lexos de V ilU vi-
ciosa.
DE LA CANTABRIA. 215
tía. Este extravío de los caminos reales
llevó á nuestros personages á un monte
muy espeso, en que les cogio Ja noclie,
que pasaron en una reducida Erm ita,
á que los dirigió una luz que avistaron
desde lexos. Hospedóles el Ermitaño con
agrado, y despues de haber cenado algu­
na co sa , rogó al Ermitaño Don Pelayo
le dixese ¿quien e r a , y por qué se habia
retirado de la sociedad humana , y ele­
gido una vida como la <Je aquellos que
en otro tiempo poblaban la Libia y la T e ­
baida ? D aré debido cumplimiento á lo
que V m . su p lica , amable C aballero , di­
xo el Erm itaño , y al caso me vendrá
referir lps estragos que hice , para que
me sean motivo justo de llo ra rlo s, y asi
escuche V m . con algún cuidado.
2 Y o , S eñ or, soy uno de aquellos
mónstruos que muy á menudo afean la so­
ciedad humana. A V m . no puede hacer
#1 caso saber cómo me lla m o , ni yo debo
decirlo, pdrque mi parentela es muy di­
latada de la otra parte de los A lp es, y
«n ella hay personas dignamente colo­
cadas en empleos y destinos de honra.
Me tuvieron mis padres en una edad
muy tie r n a , pues á los trece años que
cumplieron‘atnbos nací yo al mundo. ¡Oh,
216 QtnXPTS
y qué mal haeen los que en edad njuy
tierna se sujetan á la dura ley del ma-.
trimonio , pues apenas tienen discre­
ción para re g irse , quanto mas para edu­
car los hijos ! M is padres en esto son
acreedores á d iscu lp a , porque á la vo-r
luntad de mis abuelos pusieron la suya
como buenos hijos, pero tuvieron la des­
gracia de quedar sin ellos antes que yo
pudiese conocerlos. L a pasión dominante
de mi madre era la inclinación á lo»
teatros y esplendor del m undo, y la de
mi padre al juego. Con esto se olvida­
ron del todo de mí para educarme. Con
los años creció en mí la inclinación 4 no
hacer alguna cosa b u en a: asistir al San­
to Sacrificio de la D ivina M is a , y con­
fesar mis culpas se me resistid : las ca­
sas de juego y las de los bayles me ro­
baban todo el tiempo , y porque en U
edad de mozo ya enfadaba á todos, me
arrojó de sí la patria , porque era in-r
digno , á la verdad , de estar en ella.
A pocas m illas ó leguas de distancia,
sin elección de camino ni destin o, me
junté con una compañía de hombres li­
bertinos , pues tales eran diez contra»
bandistas que tuvieron poco que vencer
p ara reclutarm e. E llos eran feroces lias-
DE LA CANTABRIA. 317
ta en los nombres mismos , pues uno se
llamaba M a ta -L o b o s, otro Furibundo,
qual se decia Arregañadientes , qual
Dragón bastardo , y á mí pusieron por
nombre Sanguinario. Fácilm ente puede
discurrirse , qué progresos liaría yo in­
corporado en una tan laxa cofradía. N a ­
da extrañé sus constituciones , una de
ellas y la principal de todas era no tener
tropiezo alguno en acabar con hombres
por defender el contrabando, y no obs­
tante nuestros reglamentos , hasta siete
veces nos quitaron Iqs géneros vedados,
pudiendo salvar las vidas , y otras tan­
tas veces nos hemos equipado de dinero
robando en los caminos y en las casas.
E ntre todos yo llegué á ser el mas ma­
lo y desalmado , maté quatro Sacerdotes
por robarles; yo estrem ecía las casas don­
de entraba con iiorrendos estampidos y
exécrables maldiciones. Desfloraba niñas,
robaba los sagrados tem plos, y los com­
pañeros me temían , porque si no eran
executivos en quanto les m andaba, sa*
ciaba en ellos mí furor quitándolos del
medio, Una conducta tan perversa no
podia subsistir sin castigo mucho. tiem ­
po; llegó el dia de a rrestarm e, y estu­
fe e» una prisión hedionda veinte me­
218 QUIXOTE
s e s , en los que sacrifiqué á la codicia
de Curiales quince mil pesos que tenia,
con los que se obcecaron tod o s, y me de­
clararon hombre libertin o, poco reserva­
d o , pero incapaz de-hacer mal á una in­
fe liz h orm iga, y que para que viese el
mundo que los Jueces eran justicieros
debía sufrir un presidio de cinco años.
Puse ceño á la sentencia para dar indi­
cios mas claros de lo inocente que me
hallaba; pero interiórmente me alegraba,
porque mis delitos daban voces á los
cielos pidiendo pára mí una horca. Fui­
mos setenta condenados á p re sid io , y
en él fui maestro yo de m uchos, para
que con mayor destreza se portasen en
iguales lances si sé hallaban despues de
salir de aquel excelente sem inario, pues
asi debe llam arse uti p re sid io , en que
se apura el exercicio feo de robar y ma­
ta r hasta lo sumo. Cumplidos los cin­
co años , salí lleno de gozo con deseos
de no olvidar lo que tan bien sabia, pe­
ro sintiendo dolorosamente el cielo que
una alma se m alo gre, dispuso la Divina
Providencia asistiese á un sermón que
para mí fue un poderoso agente que nie
sacó del letargo en que estaba olvidado
de mí mismo ; fue un rayo de luz que
de la c a n t a b r ia . 2 19

pe abrió los ojos ciegos de mi alma. E l


discurso del orador se dirigió todo á ha­
cernos v e r , de quantos delitos es capaz
el hombre si se aparta de D io s , y se
entrega servilmente á sus pasiones. Los
razonamientos eran vivos, las expresiones
abrasadas con una caridad tierna , y los
sentimientos por las almas que se traga­
ban los abismos eran lamentables. Y o ,
Señor , con el auxilio de D ios , entré
dentro de mi m ism o, y casi lleno de des­
confianza busqué al que me abrió los
ojos; signifiquéle mis deseos, y recibién­
dome cariñosamente , tuvo paciencia pa­
ra escuchar mis abominaciones, dióme sa­
ludable penitencia , que cumplí al pare­
cer con g u sto , y deseoso de satisfacer á
mi D ios y Señor parte de mis culpas,
condenéme á acabar mis dias en esta so­
ledad, en la que me consuela la espe­
ranza que tengo cada dia mas firme de
salvarme. A q u í me.acompaña el silencio
dia y noche , ignoro asimismo quanto en
el mundo pasa : á buena cuenta ni aun
las yervas deberían contribuir á alimen­
tarme , y suspiros y lágrim as habían de
ser todo mi sustento. Quando me acuer­
do de aquel d a ñ o , que habré hecho yo
enseñando y animando á otros para exe-
220 QUIXOTE

eutar maldades, dexo caer la cabeza sobre


el pecho, y me estoy días enteros de ese
modo. V einte años lian cumplido, excelen­
te C ab a llero , que vivo en esta Erm ita, y
si intentára alguno sacarme de ella pa.
ra darme la corona de algún reyno, en
el instante mismo me m oriría de pena.
En esta soledad dulce me hizo Dios en
algunos ratos el distinguido favor de im­
prim ir en mí una cabal idea del despre­
cio que se merece el explendor del mundo.
Experim enté yo mismo en el tiempo re­
lajado , que aunque tenia bienes á dos
manos , jamas podia lograr un rato de
sosiego para disfrutarlos. A q u í vivo po­
bremente , es v e rd a d , pero mis pasiones
están esclavizadas , y de quantas veces
me arrastraron á cometer infam ias, en
el dia se han mudado , y me ayudan á
que no me pierda , como asi lo espero
de aquel compasivo Señor que tuvo í
bien llamarme. C alló en diciendo esto el
Erm itaño , y dixo Don Pelayo.
3 Pasmado he quedado. Señor, coa
lo que me habéis co n tad o, y siendo Vm.
un testigo,sin ta c h a , es preciso estar á
quanto ha referido. Y a vivía yo persua-
dido á que de una mala educación de
«n niño sale un hombre capaz de cor*
DB XA CANTABRIA. 221

romper una P ro vin cia , pero tanto exce­


so como Vm . ha dicho me llenó de asom­
bro. Cada vez me parecen mas injustas
las leyes que tratan con mucha indul­
gencia á los asesinos y ladrones. E l la ­
drón nocturno va dispuesto á m atar , y
en efecto m a ta , si el asaltado se defien­
de justamente para no entregar lo que
con sudor ha ganado , y necesita para
sostener su estado y su fam ilia. L a le­
gislación que es rigurosa contra tales
hombres , defiende la libertad de todos,
y asegura la tranquilidad del estad o, ha­
ciendo que sufran el castigo unos po­
cos , que al delito primero se deben qui­
tar del medio. E l tormento , ó la indis­
pensable confesion del reo con una la r­
ga p risión , contribuyen á que en muchos
reynos no nos veamos libres de matado-
íes y ladrones. San Francisco de Borja,
quando fue V irrey de C ataluña halló in­
festada mucha tierra con hombres fora-
gidos, y con ser de un corazon muy com­
pasivo , derramó en pocos dias mucha
sangre, logrando asi la tranquilidad del
Principado. L a lentitud de varios tribu­
nales , y el retiro á los presidios y esca­
sez de gentes , hacen que no pueda e l
legislador celoso asegurar la libertad de
222 QUIXOTE

sus vasallos, pero menos malo fuera te­


ner pocos hombres quietos é industriosos
que muchos corrompidos. L os contraban­
distas ninguna dificultad padecen en hur.
t a r , ni en m a ta r, si se ven despojados
de aquella riqueza que quitan al erario.
E llos no se desenfrenan, si con el con­
trabando salen ventajosos, entonces pa­
recen hombres de honor en el concepto
de quatro m entecatos; pero si salen mal
de un la n ce, se introducen con los ma­
yores amigos, con el fin de robarles, quan-
do no los maten. Hacen que por fuerza
les tomen el ta b a c o , y aun de aquello
mismo que sacan , dexando cantidades
de géneros ved ad os, son ladrones; por­
que quitan la libertad al hombre que se
queda con unos géneros, qtie ó no nece­
sita ó le infunden un miedo justo , en
fü erza de las leyes que lo contradicen.
¡Qué susp iros, Señor m ió, se necesitan
para llorar la corrupccion de los tribu­
nales de vuestra P a t r ia ! L a muchedum­
bre de oro es bastante para barrenar
el corazon de un hombre , que acostum­
brado ya á admitir regalos , tiene por
desgracia suya á su lado un poderoso an­
zuelo del sexo f r á g i l, cuyo capricho no
llega á saciar un p o to sí, si es que está
d e l a c a n t a b r ia . 223

viciado. L a abundancia de expresiones


del idiom a, y el distinto y modo sagaz
de producirse que tienen los letrados,
contribuyen mucho á deslumbrar los Jue­
ces , ó los hacen titubear en unas cau­
sas que referidas con sencillez manifes­
tarían su maldad á prim era v ist^ E llos
están en la posesion de hombres infle­
xibles , y deben m a te n e rla , aunque pa­
ra ello se queden sin la plaza. E l Sobe­
rano es el primero á apreciar unos mi­
nistros re cto s, porque obrando a s i , tra­
bajan por la felicidad de todos. Y o es­
toy á m atar con tanta form alidad en
las causas feas. Tanto tra sla d o , tantas
citas evacuadas, tanto monton de testigos,
tanta confesion de partes , unas veces se
le oprime al r e o , otras le quitan las p ri­
siones , hoy le toman confesion de sus de­
litos , y-se pasan años sin hacerle com­
parecer segunda vez en juicio ; trám ites
todos enredados por los Curiales solamen­
te, pues los Jueces desean ver la causa
en términos de poderse echar á un lar
do para aplicarse á otra. A q uellos quin­
ce mil pesos gastados en la prisión de
veinte meses , estorvaron pagase Y m d.
en público Cadalso los sacrilegios exe-
cutados en aquellos quatro ministros del
¿24 QÜIXOlB
Señoi*, que por V m . no continuaron ofre»
ciéndole en las D ivinas A ra s , y si con
veinte años que lleva ya de lágrimas tem­
pló la ira de un D ios enojado justamen­
te con pecados tan nefandos , alégrese
en el a lm a , no suspire por lo que pue-'
de das el m undo, porque si con algunos
tiene feliz correspondencia, puede Vm.
contarse por uno de los pocos, porque
su condicion es mala. E l nos deslumbra
fácilmente , parece Se complace si nos ve
orgullosos , y despues nos castiga con
oprobrio , pero V m . con el socorro de
D ios se burló de sus ideas y puede con­
cebir grandes esperanzas de ser feliz
eternamente. Aunque los pecados fueron
muchos y en extrem o horribles, el que
Jos perdona es en todos sus atributos
infinito, y siente nos acobardemos hasta
llegar á aquel punto de desconfianza en
que quiere envolvernos el demonio y
nuestros mismos vicios- V m . como pru­
dente lia callado su nombre , patria y
p a re n te la , pero siendo V m . de la otra
parte de los A lp es nada me toca á mi
de lo que pudiera recelarme , porque mi
p atria es la V e g a , mi fam ilia de los In­
fanzones, muy conocidos en las Monta­
ñas que están en la C an tab ria: en cu»
DE LA CANTABRIA. 22$

yos parages jamas V m . estuvo. N o se


en gaña Vm d. excelente C aballero, dixo
el E rm itaño, pero traté en Francia unos
Españoles de mi oficio, y entre muchos
robos que contaron, dixeron que en las
Montañas de Burgos habian intentado
robar á un C aballero; sorprehendiéronle
en su Palacio á la media noche, luciéron­
le franquear las llaves , y en un arm a­
rio que tenia sesenta navetas á lo menos,
no encontraron un escudo de oro , y si
abundancia grande de papeles que que­
maron todos , llenos de corage á vis­
ta del Caballero ¡lu stre , que viéndolos
arder d e c ia : ¡ A y que me quedo sin mi
excelente executoria ! Privilegios , R e­
galías , Cédulas graciosas de favoreci-
1 dos Reyes ¿ donde estáis ahora ? pues
aunque en el archivo de Simancas se
hallarán los originales de muchas de vos­
otras , las que fueron concedidas á mi
casa por A taú lfo , A tanagildo y T uris-
mundo, solo podrían verse en una nave­
ta mia. A s i se lamentaba el Caballero
hidalgo, mientras se divertían los ladro­
nes que se salieron sin hacer mas daño.
No pequeño le harian al Caballero B u r-
galés aquellos desalmados , dixo Don P e -
layo. D é V m . por asentado, Señor miot
22 6 QUIXOTE
que quemarían entonces unos papeles que
valdrían millones , y acaso seria ese uno
de los mayores delitos cometidos que po­
dría acriminar un letrado con sólidos
principios y fundamentos singulares. Y o
si me hallase en un apuro semejante,
haría lo que cierto animalillo que per­
seguido de los Cazadores se ataraza se­
gún dicen aquello por lo que sabe le per­
siguen , y logra quedar con vida , que
es preferible al mayor bien del mundo;
daríales el oro todo y plata de mí casa,
á trueque de que me dexasen el archivo
lib r e , sin el qual no tendría sosiego. En
nada aprecian los ladrones los mejores
a rch ivo s, Señor C aballero , dixo el Er­
mitaño , y descanse Vm . un rato si es
que gusta de ello , pues el sueño tam­
bién á mi me llama.

C A P I T U L O X X II.

Sigue su retirada el Caballero Don Pelay»


á Guadalaxara en derechura para ver 'a
Don Tomás de Mena.

i IVTadrugó mas de lo acostumbrado


el Caballero Don P e la y o , porque á la
quenta en la Ermita no había blanda
DE LA CANTABRIA. 22^

cama que le emperezase ; púsole en el


real camino el E rm ita ñ o , asegurándole
llegaría sin fatiga mayor á G uadalaxara
aquel mismo d ia , de que se alegró nues­
tro C aballero , y muclio mas M ateo, que
ya tenia sobradas ganas de comer algo
de substancia. Despidiéronse del Erm ita­
ño penitente, y separados de la E rm ita
un trecho la r g o , dixo M ateo á su amo.
<1 Munchu dudo , Señor mi amu , de la
salvación disti Armitañu. ¿Por qué lo du­
das , M ateo , preguntó su amo ? porque
fala demasiado , Señor , respondió M ateo,,
y á mas de esto anduvi mirando los rincones
de la A rm ita , esperando 'enccntrame con ca­
rnes de esc ayos 1 , disciplines de fierra , cas­
tos de vidriu y de pucheros , y otres mun-
ches coses apropiados para despedazar les
carnes , y á la verdá que tenia la Armita.
c,uriosina , porque la cama ye mas blandía
que la mia , con sus sábanes y almuades de
llino, mas blanques que los dientes de una
pirra. V i tamien una sartén y un c a z u , que
serán para entreteneles con un pernil que te­
nia colgada ; y quatro gallines que escara-
vicaven en el guertu , apuesto á que ponen
cada dia , y agora digo yo, que si con aqut -

i Espinos fuertes.
P 2
22% QTJIXOTE

líos atavias ha de mortificar el cuerpu (que


según 'el d ccia , debía estar colgadu de una
forca ) , non sé en concencia como lu ha de
ver delgadu. ¿Home , Vusté non reparó en lo
gordo que estaba y coloradu , y que tenia
mas de una docena de barbones 1 tapados
con tarucos 1 , que á la quenta estarán lle­
nos de vino y de aguardiente ? C a lla , bru­
to , dixo Don Pelayo , porque parece mal
seas tan malicioso. Yo non fio pocu nin
muchu de Armitaños , Señor, replicó Mateo.
Conocí un que era Flamencu (y seria acasu.
de la tierra de i s t i ) , que quando venia los
miércoles á la V illa , marchábase á la Ar-
mita cargadu con panciquinos tiernos , y con
allumbrar á una nuestra Señora les hores que
queria ganaba un monton de coses, y otru qve
habia en la Virgen de la Cueva folgaba to-
du el tiempu , regalábase , y tenia quatro
reales , y asi isti Armitañu tendrá les faves
y tocin de sobra. ¿ Vusté non se acuerda de
les ganes que tenia de acostase ? pues eso
tengo par a min que seria pretextu para facer
vna visita á los barbones. Vusté en eso dia­
blos duda ponga. Los Biatos y les Biates

i B o tija s gran d es.


a Llam an asi en Asturias á las mazorcas
4c t n a i z , después de quitado el grano.
DE LA CANTABRIA. 229
discurren munchu para urdir les coses. Pen­
sará el Armitañu que porque ya non roba
y mata Sacerdotes está fechu un Santu , y
si Vusté se hubiera adelantado sin motivu á
day un par de soplamocos para experimen*
tar si era sufridu , está á pique que lu san­
tiguara con aquel cuchillón que tenia para
cortar les sopes. Si eso hubiera sucedido^
amigo M ateo , del modo que lo pintas,
era una poderosa prueba de que no esta­
ba bien arrepentido , dixo Don Pelayo.
La humildad es el cimiento de la buena
vida. N o me atreveré yo á asegurar de
que el Erm itaño sea humilde, aunque es­
té humillado, porque contribuyen muchas
cosas p ara que uno de nosotras se vea
abatido, y si juzgando entonces quje es
humilde , podemos engañarnos. L a ver-r
dadera humildad se halla en los hombres
elevados y en los abatidos. E l que á mas
no poder parece humilde , alucina á to­
dos, pero lo peor es que tiene eviden­
cia de que no engaña á un D ios que con
mil años de antelación sabe lo que yo he
de intentar en el dia de mañana. Los
Anacoretas de otros tiempos, amigo M a ­
teo, aun quando todos 110 fuesen justos,
eran buetios hombres , porque no escan­
dalizaban con sus ob ras, y asi aun quan-
a 30 QUIXOTE

do este tenga gallinas y jamones , ni se


déspedaze las carnes como tú quisieras,
menos mal empleado está , que quan­
do robaba y mataba quanto se le po­
nía delante ; y también te digo , que
si fuese conveniente al honor de Dios,
explendor de su magnificencia y bien
del mundo , sabría nuestro Señor ha­
cer del Ermitaño otro nuevo Pablo. Bas­
tante fa y si lu lleva al cielo dempucs de
tantes picariles , Señor , replicó Mateo;
y falando agora de otra cosa , digo : que
fu e una valiente desvergüenza aquello di
quemar los papeles de aquel buen Señor de
Burgos ; yo tamien digo que si lo hubiera
visto , me hubiera reido comp el mayor fis­
gón , pero ello fu e una picardía , y yo creo
que el Armitañü barruntó que Vusté era ca­
p a z de facer lo mismo. Como Vusté non fa -
láka de les fida lg uíes , decia yo para conmi­
go , vaya que mi amu va cayendo en la
quenta de que fa la r tantu de una cosa en­
fa d a al mismu que lo cuenta ; pero llevólo
todo el diablu quando Vusté dió á entender
aquella manía que lu sacó de casa. A min
non me parez muy mal que Vusté fa le di
fidalguíes con persones que lo entienden, pero
con Armitaños , Contrabandistes y Lladrones,
vien á ser una borricada ; créame Vusté , ó
DE LA CANTABRIA. 231
non me crea , que á la postre diablos cosa
importa; y lo que por agora mos tien cuen­
ta , ye que estoy echando idees de la mane­
ra que puede entrar Vusté en el Litigar del
Señor Mena ; porque si entramos á p i e , lle­
vando yo el Rocin del Cabestru como ago­
ra, non han de saber qual de los dos vien
á ser el amu , y tenemos otru apuru como
el de la mesa llarga de la fonda ; y si en­
tra Vusté á caballu , y non se mueve mas
isti Borricu , han de pensar que yo llevo
á porte algún enfermu , y bastará esto p a ­
ra non topar posada. Quando entremos en
Guadalaxara , amigo M ateo , ya aviva­
ré al Caballo , dixo Don Pelayo , y por
lo mismo no le molesto ahora. Yo tengo
para min , Señor, que isti Caballu non sa ­
be an.iar á pie , replicó M a t e o , y anque
Vusté se mortifique non saldrá del pasu , y
si sale está expuestu á dar un tropczon , y
caer con V u sté , y como cayga una v e z , non
somos capaces de empinalu ; non puede me­
nos de ser vieyu , y la ronquera non ye de
les meyores. Cada v ez me plasmo mas de
que lu engañasen á V u sié , que está toda la
vida fechu á tratar con animales. E l C a­
ballo es aventajado , dixo Don Pelayo;
tiene las señales todas de castizo , el que
le destinó á sacar agua entendía poco
23a QUIXOTB
de Caballos , y logró estropearle , per0
se rem ozará en la V eg a . Yo meyor hu­
biera dado el dineru por el F o llín , que ¿ ¡0
me/tos rinchaba guapamente , replicó M a­
teo , pero hasta agora no sabemos que voz
descubrirá aquisti armariu. N o podemos
los Infanzones montar en los Pollinos,
amigo M ateo , dixo Don P e la y o , porque
como necesariamente somos Caballeros,
debemos mantener C a b a llo , armas y Es­
cudero , y si otros Caballeros me vieran
á mí montado en un Pollino , era justo
motivo para degradarme , pero también
has de saber que en nuestras ordenan­
zas no nos empeñamos en que el Caba­
llo sea andaluz , frisan , g a lle g o , buro-
nés ó de otras tie rra s, porque qualquie­
ra de los tales aprovecha , y solo tacha­
mos por inútiles los rabones , y asi es­
te mió, como de tan larga c o la , vale mu­
cho para el ca so ; pero ayúdame á mon­
tar para e n tr a r , como deseo , en la pa­
tria de mi amigo Don Tomás de Mena;
hízolo asi M a t e o , y Don Pelayo apuró
todas las fuerzas al Caballo.
DE LA CANTABRIA. 233

C A P I T U L O X X III.

Hospédase Don Pelayo en Guadalaxara en


casa de Don Tomás de M ena , que se ale­
gra en extremo viéndole en su casa.

1 ( j r a n d e s eran los deseos que tenia


nuestro héroe de verse con el A lcarreño,
y por lo mismo preguntó en las puer­
tas de G uadalaxara ¿ si vivia y le co­
nocían? dixeronle que no solo v iv ía , si­
no que estaba enteramente bueno. C ele­
bró las noticias Don Pelayo, é informán­
dose de calle en calle por la casa de su
amigo , parándose á menudo , mas como
M édico que v is ita , que como Caballe­
ro que busca á otro , llegó á casa de
Don Tomás de M ena , que acertó á es­
tar á los umbrales de ella tratando de
sus cosas , y se quedó admirado quando
descubrió al Caballero Don Pelayo, y que
habiéndole visto y llamado por su nom­
bre , daba disposiciones de apearse. Re­
corrió con la memoria los pasos de su
vid a , y nunca pudo traer á ella seme­
jante personage , hasta que él mismo le
dixo lleno de alegría ¿ Es posible , mi
amigo y Señor Don Tomás de M ena, que
234' QUIXOTE
no se acuerde "Vm. de aquel Caballero
Montañés que cenó con Vm . en el Puer­
to de Pajares, viniendo V m . de Asturias?
Y a se ve que me acuerdo , Señor mió,
respondió gozoso el Señor M ena. Apéese
en hora buena el Caballero Don Pelayo
Infanzón de la V eg a , y sea mil veces
bien llegado á esta Ciudad ilu stre , que
acabará de serlo con su esta n cia , tenién­
dome yo por muy dichoso en que mi ca­
sa hospede al mas insigne , prudente y
sufrido Caballero que tiene la redondez
del m undo, pues aunque no hubiera he­
cho otra hazaña mas que la de tolerar
al desvergonzado M ateo de P a la c io , te­
nia lo que le sobraba para ponerse en
lista con los hombres singulares de todo
el universo. Otros mas que V u sté , Señor
Don Tomás, dieron en aquesa borricada, re­
plicó M a te o , y anque Vusté fuera un pocu
mas miradu , non se perdía nada , porque,
fa la r m a l , nunca fu e muy bueno, y decilo
delantre del mismu que lo siente , vien á ser
una desvergüenza. Quedó nuevamente ad­
mirado el A lcarreñ o con la respuesta no
esperada , y volviéndose al que la habia
dado , dixo : Dame un abrazo , amigo
M ateo , y de lo que yo diga no hagas
uso porque muy bien sabes que no mien­
de la c a n t a b r ia . 235

to , y que siempre te he estimado mu­


cho, y creeme qne tan pasmado estoy de
verte á t í , con o de ver á tu a m o , y
mucho mas apearse de un Caballó el mas
largo que vi en todos los dias de mi v i­
da. Pues si Fuste lu viera andar á pie%
había de acabar de quedar plasmadu , re ­
plicó M ateo. Amigu , Caballu como el P iu
non tendrá mi amu otru\ y ansina quándo
entramos en M adríl aquella v ez que Vusté
sabe, se quedaron plasmados con él cerca de
la puerta unos folganzanes que llamaron á
mi amu por su nombre m'tsmu, y nunca pu­
dimos averiguar como se llamaban , nin que
facin a l l í , por manches diligencies que f i -
cimos para averigúalo. Serian algunos ami­
gos de tu a m o , ó paisanos suyos, ami­
go M areo , dixo el Señor M ena. Eran
¡numerables los amigos que en M adrid
tenia mi difunto padre , Señor M ena, di-
*0 Don P e la y o , y se adelantarían para
satisfacer el gusto que tenian de verm e.
Non creo yo que fuesen amigos verdaderos,
quando non fueron al mesón á v isita lu , re ­
plicó M ateo , y á todo esto , Señor Don
Tomás, ¿acuérdase Vusté de aquellos Padres
Maestros tan escrupulosos que en León co­
mieron con nosotros ? Y a se ve que me
acuerdo, respondió Don Tomás de M e ­
2 .^ 6 QUTXOTE

na. Valientes Motinistas pudín estar oque*


líos buenos P adres , Señor , añadió Mateo.
M oralistas querrás d e c ir, M a t e o , que
no M olinistas 1 , dixo el Señor Mena.
Home , yo quiero decir que maldita la pun­
tada daben bien dada en les histories , re­
plicó M a te o , y si un padre que yo tuvi los
hubiera oido antes de murirse , habia atur­
dí los con un pedazu de copies que sabia.
N o lo d u d o, amigo M a te o , dixo el Se­
ñor M e n a , y ahora ven con tu amo des­
cansaréis , y me contaréis cómo lo habéis
pasado en todo el tiempo que no nos he­
mos visto. Apeóse con harto trabajo Don
Pelayo : acomodó M ateo el Caballo de

i M ig uel M o lin o s Español , natural de


Z aragoza , resucitó en el siglo X V II la he-
regía de tos Q u ie tis ta s , que en el siglo XIV
suscitó Simeón , P r io r de un Convento, no
m uy distante del M o n te A th os en la Grecia.
Pub licó la misma doctrina entre los Latinos
Juan Rusbrock , Canónigo Regular. Se des­
cubrió que decia M o lin o s’, que el hombre po­
día sin pecar, entregarse á disoluciones siem­
pre que la parte superior quedase asida á
D ios por m edio de la oracion Q uieta. Esta
doctrina de los M o lin ista s que se contenia en
sesenta y ocho proposiciones fue condenada
en R o m a , y en el m ism o siglo que la repto»
dució M o lin os .
d e l a c a n t a b r ia . 237

íe g a lo , y se f ue á donde estaba el amo,


(pues ese era el gusto de Don Tomás
de M ena ) que conduxo á su amigo á
la mas decente pieza de la c a s a , en
la que le dió un abrazo estrecho, nue­
va prueba de que se alegraba sanamen­
te con su v is t a ; correspondió agradeci­
do nuestro Caballero , que principian­
do á contar como habia estado en In­
glaterra , suspendió la narración por­
que entró en la pieza misma un ancia­
no S acerd o te , á quien dixo el Señor
M ena:
a A q u í tiene V m . Señor Don Gon­
zalo M atandrino , al insigne Caballero
Don P elayo Infanzón de la V e g a , del
que hemos hecho los dos conversación un
monton de veces , y éste que le hace
compañía es M ateo de P a la c io , el nun­
ca bastantemente ponderado. Ponderados
años v iv a Vusté , Señor Don Tomás , re s­
pondió M ateo , y bien sabe el cielo de les
ganes que tenia yo de velu á Vusté en so
casa , porque siempre me pareció que Vus­
té non tenia cosa alguna de tacañu , y pue­
de fa c e r al casu el que descansemos aquí
un p o c u , y comíamos algo de caliente ; mi
amu decía que pasásemos de llargo , que se
contentaba con saber que Vusté estaba bue-
238 QUIXOTB

n u , y que acasu pensaría que venia í so ca­


sa para comer y beber algo de provechu ; y0
decía que pensar eso era una burrada , y,
que si Vusté pasara per la Vega , tamien
se habia de detener por algún tiempu , y
Vusté sabe muy bien , que los hombres po­
demos> tropezar unos con otros , pero los
montes siempre se están quietos , y por lo
mismo todo ello venia á ser una patarata.
Agora ye ver d i que los Caballeros como
mi am u ; sienten munchu parecer pegotes,
pero si un hombre ha de andar per el mun­
du , non ha de ser tan remiradu , y si non
que lo diga aquisti Señor vieyu. S¡ yo lie
de decir lo que se me alcanza , buen
a m ig o , respondió el anciano Sacerdote,
digo que tu sabes muy buenas ordenan­
zas para andar fuera de c a s a , y para
criado hablas mucho , ni sé como tu amo
te consiente. M i amu ye demasiado de
cobarde , Señor Don Gonzalo , respondió
M ateo. Non v e r i Vusté Caballeril menos
atrevidu ; si non fuera por min habia de pe­
recer de fam e mas de quatro veces ; en sa-
cándolu de les fidalguíes , histories y otres
patarates non ye hombre. E l Señor Don To-
m is está fa rtu ya de conocelu. Quando mos
encontramos en Payares , tuvimos una bue­
na noche. Dígame V u sté , Señor Don Tomást
DE LA CANTABRIA. 239
agora que me acuerdo , ¿ ello fu e ver da que
se morrió mi amigu Christoval ? Y a se ve
que es c ie r to , respondió Don Tomás de
M ena, y también lo es que yo se lo p ar­
ticipé á tu amo quando estabais en la
C o rte , y extrañé no me respondiese. Un
Caballeru que mos salió mas fa lsu que les
mules fa lses de Galicia , tendría la culpa
de que á Vusté non escribies , respondió
M ateo ; porque lu entretuvo un tiempu con
vía fia de un Marques tramposu que hu­
biera pegado í mi amu un valiente emplas-
tu : Quando salia en coche parecía alguna
cosiquina , pero una mañana que le v i en
so casa antes de lla v a se , ( por mas señes
que estaba remendando unos calzones de so
p a d re) parecía que acababa de salir de
un tabardiu. N o lo dudo , M ateo , dixo
el Señor M ena , pero en lo que tu amo
no supo conducirse fue en despreciar
aquella hija del honrado Labrador de
Tordesillas. \ A h ! Desde entonces anda a l-
canzadu el probe , Señor Don Tomás , res­
pondió M ateo. Yo bastante lu animaba,pe­
ro como el tiu Llorenzo non era fidalgu , y
la rapazona era un pocu puerca , baylaba
atolondrado, y gustaba mas de la conversa­
ción de los mozones de la casa , que de la
de los Caballeros , fá gase de quenta que
2, 4 ° QUIXOTE
mi amu vino á échala noramala , y ¡a f¡a,
cienda para 'el venía á ser lo menos : y j.
todo esto nunca supimos si se habia casado
con el rapazon de R u ed a , ó si se mantien
solterona como lo estaba quando estuvimos
en so casa. Se casaría necesariamente,
b ru to , dixo Don P e la y o , una vez que ia
boda estaba ya com puesta, y celebrados
esponsales; y mira si es hora ya de cer­
ra r la b oca, pues siempre has de estar
en sazón para enfadar con tonterías. Ho­
me , ¿ quier Vusté que calle á lo que me
pregunta mi amigu el Señor Mena ? dixo
M ateo á su amo. Yo en callando lo que
mos pasó allí al tiempu de la marcha , cum­
plo con lo que á Vusté tengo prometido; pe­
ro si un folganzan se metió á escribilo , y
anda nuestra créditu per el mundu en opi-
nion de munchos, maldita la cosa se reme­
dia con que yo lo calle. Que lo digas ó de-
xes de decirlo , buen amigo , nada im­
porta , interrumpió Don Gonzalo M a-
tandrino.
3 L o que sirve para D io s , el mun­
do y la conciencia v u e stra , es que os
retireis a vuestras casas , y no deis
que decir con tonterías. ¿ Quién ha di­
cho á tu am o, que porque es Infanzón
de la V eg a ha de presum ir de ilustre,
d e l a c a n t a b r ia . 241

y tener obligación á vivir persuadido á


que no hay en todo el mundo Caballero
mas esclarecido ? Y tú ¿ por qué fun­
dándote solo en que eres A sturiano , te
has de empeñar en meternos por los
cascos que eres n o b le , andando como
andáis los dos casi pereciendo? ¿ Y qué
tenia tu amo que hacer ansias porque se
desluciria todo si se casaba con una hi­
ja de un Labrador tan r ic o , y acaso mas
ilustre que quantos Infanzones pudo te­
ner la V e g a ? Conténgase Y m . un po­
co , Señor Don G o n za lo , dixo Don P e -
layo. Reflexione lo mal que parece un
desentono en persona de tan elevado ca­
rácter como el Sacerdocio. Si es conve­
niente á D ios , al mundo y aun á nues­
tras almas que nos retirem os los dos á
nuestras casas , ya vamos hácia ellas.
Celébro saber que escandalizo , porque
á tiempo estoy de rem ediarlo, y si con
la enmienda de uno solo (porque M ateo
hará lo que yo le diga) se reforman to­
dos , pronto verán Y m s. la felicidad que
les hace falta. Si despreciaba interior­
mente la hija de Trigueros , no sé yo
que á Y m . ni á otro alguno pueda in­
teresarle.. V m . estando, de la parte de
afuera , viendo como obramos o tro s, tia-1
TOJML. III. Q
242 QUIXOTE
ne sobrado caudal para poner fa lta s; pe­
ro si se viera en la precisión de obrar,
no sé yo como le fu e ra , y si el Señor
Don Gonzalo se persuade á que habia
de agradar á todos, está muy engaña­
do , porque si yo sacando á V m . y j
otros de errores conocidos, y gastando
mis haberes en beneficio de las gentes
hago desatinos, no sé yo lo que sucedie­
ra , si hubiera dexado el sosiego de mi
casa con el fin bastardo de enriquecerla
por unos medios ruines. N o quieran los
cielos que D011 Pelayo Infanzón de la
V e g a piense de ese modo. Pásmate,
M a t e o , y llénese también de asombro
el mismo Señor M ena , viendo que los
Trigueros acaso son mas honrados que
los Infanzones d& la V eg a . E so , Señor
Don G o n za lo , dígaselo V m . al erudito
Don Bernabé M oreno de V a rg a s, que
con maduro juicio asentó la pluma es­
cribiendo veinte y quatro discursos so­
bre la nobleza , que valen mas que los
mejores Códigos que tenem os; y verá
como es una especie de blasfem ia lo que
con poca reflexión se le lia soltado. Pues
ya que el Caballero Don Pelayo Infan­
zón de la V eg a me tiene por blasfemo,
dixo bastante enojado Don Gonzalo Ma-
DE l a CANTABRIA. 2 4.3
tan d rin o, ha de saber que en el año
de 116 9 sé halló el Conde Don Pedro
M anrique de L a ra (quando era C u ra­
dor del Rey Don Alonso octavo ) , digo
que se halló presente á una donacion
que en cinco de M ayo del- año referido
hizo á San Isidro de Dueñas M aría G u­
tiérrez , muger de Góm ez G arcía de Tri­
gueros , y la donacion era de todo lo que
á la dicha M a ría pertenecía en la V illa
de C o v e llig is, y fueron testigos el Con­
de Don Ñ u ñ o , tio del dicho Conde Don
Pedro M anrique de L a ra y Pedro G a r­
cía de L e rm a , M ayordom o de C uria del
R ey; y reflexionando en lo considerable
de la donacion, y que en calidad de tes­
tigos la autorizaron los que llevo dichos,
me inclino á que serian parientes , ó ya
de la que donaba , ó de su marido Gó­
mez G arcía de Trigueros , hermano aca­
so del vigésimo quinto abuelo del hon­
rado L orenzo de Trigueros , de quien ha
hecho bastante desprecio un Caballero
fátuo , como en mi concepto es el in­
signe Don P elayo , y si esto que lie con­
tado pareciera mal al erudito Don B e r­
nabé M oreno de V a r g a s , entenderíase
con aquel sabio S a la z a r , que escribió
la historia de la casa de L a r a , y a llá
Q 2
244 QUIXOTE
los dos se com pondrían; y es de extra­
ñar muy mucho, que un sugeto como Don
P elayo , que consumió el tiempo y Jos
haberes en leer libros to n to s, como son
los N o v ilia rio s, digo que es de admirar
■ignore lo q u e yo le he dicho.
4 Si yo lo supiera to d o , Señor Don
Gonzalo , sin salir de mi casa pudiera
hacerme rico , dixo Don P elayo. Verdad
es que yo no lo sé todo , pero tampoco
Jo ignoro todo , y los autores que pop
comision ó estipendio escriben las glo­
rias de una ca sa , deben leerse con cau­
tela , asi como los libros que de nues­
tra sagrada religión dan al público los
.hombres libertinos. Quando se intenta
hermosear una fam ilia ¿n perjuicio de
otra , se aclaran muy bien las cosas , y
-se ponen en el punto que se d ebe, pero
quando en los elogios á ninguna se des­
luce , dice el historiador quanto se le
antoja. Esto no es oponerme á la gloria
que de la donación que Vm . lia dicho re­
sulta á los T rig u ero s, sino referir reglas
de la buena crítica. Y o ningunos elo­
gios necesito. Si ,por ciertu ; agora pudia
venir el Señor Don Gonzalo M atavino , re­
plicó M a te o , digo que puede venir echan­
do plantes con coloquios, como si non los hu-
DE LA CANTABRIA. 245
hiera entre V u sté , mi ama Doña M aría Jo­
sefa y los rapaces ; y encarándose con el
Señor Don Gonzalo dixo: Home, Vusté debe
pensar que nosotros somos algunos embuste­
ros , y que los Palacios mos trocamos por
los M atavinos ; yo non puedo negar que soy
un probe , pero se plasmaría Vusté si es­
tuviera enteradu de dónde venimos los P a ­
lacios , y Vusté ¿para qué se mete á f a -
lar de lo que no entiende ? Palacia co­
nozco yo que si Vusté anduviera con él en
fiestes , puede que non quedara para referi-
le s ; algunos sufren poques pulgucs , y non
tstan para que los manoseen : tampoco es­
toy yo p ara escuchar á majaderos , re ­
plicó el Señor Don G on zalo, que atufa­
do se marchó á su casa.

C A P I T U L O X X IV .

No fastidia con su conversación el Caballera


Don Pelayo en casa de Don Tomás
de Mena.

1 A f o r t u n a d o s fueron siempre los


hombres que trataron muy de cerca á
aquellos héroes que se han señalado con
heróycos hechos ; y por esta caus.i envi­
diamos la dicha de los que conocieron y
‘2 .^ 6 QUIXOTE

trataron al Salvador del m undo, 4 M a­


ría San tísim a, su m a d re , á los que for­
maron el Santo Apostolado , á los P a­
dres de la Ig le sia , á los valientes Capi­
tanes , Filósofos ag u d o s, y finalmente 4
todos los que lian sabido eternizarse; y
aunque Don Pelayo en nada era com­
parable con los referidos , tampoco era
un liombre de los que mas enfadan , y
por lo mismo le tenia en su casa D . To­
más de M e n a , quien pudo subminis­
tra r fragmentos apreciables para la pre-
sente h istoria, porque era hombre curio­
so y reflexivo, aunque socarron y mali­
cioso , y si ahora no se burlaba de su
am igo, era porque le tenia por huesped
y convenia tratarle con a g ra d o , dándo­
le pruebas nada equívocas de una sana
volun tad , y asi le d ix o : ¿Q u é le habia
parecido de los Caballeros Anglicanos ?
a M uy bien me lia parecido , Señor
M en a , dixo Don Pelayo. Y o llegué á
persuadirme á que se convertirían los
In g le se s, si humanos intereses no les de­
tuvieran. E llos conocen la debilidad de
la reform a , pero el tener que mudai*
de situación los a t a , y sin un auxilio
poderoso de Dios , no abjurará un In­
gles los desatinos de C a lv in o : por lo que
DE LA CANTABRIA. 247
haciendo reflexión sobre e s to , mi amigo
y Señor M e n a , cada instante me admiro
mas de los designios del Todo Poderoso,
y lo que me resta de vida debería em­
plear en darle gracias por el beneficio
de haber nacido en el seno de la verda­
dera Ig le sia , pues como mi primo Don
Canuto de Pampliega , pude ver la luz
prim era en aquella Isla. Un amigo mió,
dixo el Señor M e n a , quiere rem itir a
Londres nada menos que dos hijos á en­
señarse perfectam ente en la R eloxeria,
á que se inclinaron desde chicos. H ará
muy mal esc amigo de Y m d . Señor Don
T o m á s, dixo Don P e la y o ; porque aun
quando salgan mas maestros que los me­
jores de toda Inglaterra , lo que traba­
jen en España no ha de tener el mayor
a p re cio , porque ya todo el mundo sa­
be que los Reloxes han de ser de Lon­
d res, las escopetas de "Vizcaya , de Ho­
landa la m anteca, de M a lta las naran­
jas , de P ortugal los dulces. Voto á tris-
tos de barru que non hay fa v e s en el mun­
du como les de A s tu á ts , interrumpió M a ­
teo. C a lla , majadero , no me cortes el
h'lo , dixo Don P elayo , que prosiguió
de esta m an era: Esto supuesto , mi ami­
go y Señor M e n a , esos ilustres mozos
Q 4
24,2 QUIXOTE

perderían su trabajo quando no se ex­


pusiesen á perder el alma ; si su incli­
nación es á la R elo x eria , en España hay
buenos m aestros, y es infinito el núme­
ro de los aficionados , y por lo que to­
ca á las muestras que llevamos en la
faltriqu era, en muy poco tiempo se ha­
rán cargo de su máquina , y diciendo
que su detención ó desarreglo consiste
en que está algo tom ada, ó que los dos
polos de las paletas están un poco ro­
m o s, que la catalina tiene algunos dien­
tes desiguales, y con llevar por las com­
posturas quanto quisieren , lo pasarían
grandem ente; y créame V m . que 110 hay
oficio mas surtido de dinero que el de
los Reloxeros. C ierto es que necesitan
costosos instrumentos , máquinas sutiles,
y un almacén de piezas su e lta s, pero
con una arroba de aceyte tiene un Relo-
xero para suavizar los exes de ochocien­
tas muestras. Plasmada estoy , Señor Von
Tomás , interrumpió M ateo , con lo que
sabe aquisti mi amu ; mire como sin tener
maestro fa la de Reloses , y si se pusiera á
ello era capaz de facer un reportoñu. Y o
no lo d ud o, M a te o , dixo el sagaz Don
Tom ás de M e n a , y era regular le sa­
case tan arreglado como una muestra
DE LA CANTABRIA. 249
delicada si á su cuidado la dexáran. Si
Señor, respondió M a te o , Vusté en eso dia-
ilos duda ponga: acuérdame yo que se empe­
ñó un añu quando era rapazetu ; digo que
se empeñó en que habia de fa cer fa la r non
menos que á un ñerbatu 1 , y al cabu sa­
lió cou ello , porque el ñerbatu falaba como
si fuera un papagayu. Tampoco pongo du­
da en eso , M a t e o , dixo el Señor M e­
na , si se explicára como t ú , aunque no
hablas claro el ca stella n o , ya me admi­
raría ; pero los papagayos hablan poco
mas ó menos que los gansos.
3 N o conteste V m . Señor Don T o ­
m ás, á mi criado M a t e o , porque le
molerá la s a n g r e , dixo Don F e ln y o ; y
deseo decir á V m . como yo he notado
que el Señor Don Gonzalo M atandrino
110 lleva á bien ocupe yo esta casa , y
abiertamente ha dicho que no aprueba
mi conducta. E l Señor Don Tomás de
M ena es amigo mió , y sentiría reser­
vase de mí alguna cosa de la que re ­
celo. E l Señor Don G o n z a lo , dixo el
Señor M ena , es uno de aquellos E cle ­
siásticos que toman á su cargo el ti­
món de varias <;asas. En ésta se le es*

l Mirlo.
2 50 QtriXOTH

t im a , y se vale de la satisfacción pa„


ra gobernarnos. Sí se despide ó admi­
te un criado en c a s a , es porque el Se.
ñor Don Gonzalo M atandrino así lo de­
term ina. T res hijos que me ha dado el
C ielo tomaron aquel destino que á di-
cho Señor se le ha antojado, y ningu.
no dedicó á la la b ra n za , que es mi ocu-
pación , y en la que me ha ido gran­
dem ente; por lo que estoy viendo que
á mi fallecim iento se reducirá toda mi
hacienda á una renta fix a , se caerán en
la casa muchas piezas hechas para los
ganados y aperos de labranza. Vende­
rán de una vez los Bueyes, Y eg u as, Ove­
jas y M u le ta s : en una palabra , Señor
mió , todo el honor de mi casa se aca­
bará de una vez estando yo difunto. He­
mos tenido los dos disputas muy porfia­
das acerca de las hidalguías , y como su
padre no era hidalgo , está á matar con
ellos , y de consiguiente con Vm. que
tanto ha trabajado y trabaja para ha­
cer que los apreciemos como se mere­
cen. D e la M ontaña no tiene Vm. que
hablarle , pues dice que si nuestro Mo*
narca fuera M ontañés , no le obedecía.
D e ese m odo, dixo Don P elayo , éste es
aquel amigo que dixo V m . procuraría
DE LA CANTABRIA. ¿5 1
llevar á la profesion del Sobrinito , de
quien me aseguró el mismo Señor M e ­
na en el puerto de P axares estaba mas
que V m . á m atar con aquella tierra. E l
mismo e s , Señor Don P elayo , dixo e l
Señor M ena. Sacamos en limpio , Señor
Don T om ás, dixo Don P elayo , que en
aquel tiempo era ya el Señor Don Gon­
zalo M atandrino el amigo de mayor con­
fianza que V m . te n ia , y desde entonces
maneja la casa de V m . como si fuera
suya. Es esa una cuenta tan ajustada,
dixo el Señor M e n a , que no necesita
mi amigo Don P elayo volver á e lla , por»
que la prim era vez la ha sacado pie con
bola.
4 V ergü en za debería causar á un
hombre como V m . dexarse m anejar por
un ente tan ridículo , dixo Don P elayo.
Y o vivo p ersu ad id o , Señor M e n a , á
que nosotros contribuimos mucho á la dis­
tracción perniciosa de los Sacerdotes. Si
no les dieramos manejo en nuestras ca­
sas , se retirarían de ellas. En aquellos
apuros en que nos sigue la desgracia,
la cólera se e x a lta , la caridad se en­
tibia , la voluntad se o b stin a , y el co-
razon degenera de sí mismo , debemos
buscar con ansia á los ministros mas sa-
$2, QUIXOTE

j- id o s, que Ubres de estos afectos tris,


i ;, en fuerza de su retiro sabrán acón-
jarnos. E llos nos persuaden con vive-
1 porque no están ciegos. E n otras cir­
cunstancias hacemos mal interrumpir sus
ocujíaciones. Estamos en unos tiempos en
que á los Eclesiásticos no se les aprecia
como lo exige el estado que profesan, y
consiste en nosotros mismos se hagan
tan comunes. Si el Señor M ena tuviera
como yo conocimiento de muchas Cor­
tes , sabría que en ellas hay muchos Sa­
cerdotes interesados solamente en el bien
espiritual de los C o rtesan o s; pero se
alexan p ara otros fines de sus habita­
ciones , y los Regulares en esto son mu­
cho mas mirados : el decoro del abito
que llevan les inspira pensamientos muy
sublimes. Ellos miran con horror el oro­
p el de las dignid ad es, y para admitir
algunas se vale el Soberano de unos me­
dios suaves p ara reducirles , y consis­
tiendo e s to , en que como muy sabios co­
nocen los peligros , y los huyen como
diestros. M i casa por autoridad siem­
pre ha mantenido un S acerd ote, pero
está en ella como huesped : la oración,
el rezo y el entretenimiento con algu­
nos libros de instrucción christiana le
D E L A CANTABRIA. 2C ■,

roban fodo el tie m p o ; y si le bu a-


moí para conferenciar un rato , da i u-
cho gusto o ir le : jamas se le dexa j-
mar conocimiento en los asuntos de la
ca sa , y apenas conoce los criados le
ella. Y o le tengo prohibido mi are
v o , en que están las execu to rias, i -
galías , privilegios y esenciones , y i
esta ausencia he confiado la llave á i
hijo mayor Don Romualdo , que ya
entera á satisfacción mia de tantas pi
ciosidades como allí se guardan. D e
obligación de satisfacer á mil dudas qi,
hay en los linages , eximo yo á los Sa­
cerdotes. ¿Qué obligación quiere V m . que
tenga Don Gonzalo M atandrino á sa­
ber de las fam ilias mas ilustres de la
M onarquía , si jamas habrá visto un N o­
biliario? D igo esto , Señor M ena , vien ­
do que pone ceño á la esclarecida san­
gre ; y lo que mas siento es , que es­
té tan á m atar con los M ontañeses y con
la M o n ta ñ a , pues ha de sa b e r, á pe­
sar suyo , que nuestros Soberanos jamas
sabrán desentenderse de aquel singula­
rísimo honor que adquirió el trono en
aquella tierra. Aunque Covadonga es un
sitio ingrato en el concepto de los ig­
norantes , en el dictamen de los sabios
254 QUIXOTE
es un teatro de prodigios, que sostie­
ne sin corrupción esta península. No se
acalore V m . mi amigo Don P e la y o , di.
xo el Señor M e n a , y haga por descan­
sar del penoso viage.

C A P I T U L O XXV.

Escucha gustoso a Don Pelayo Don Tomás


de Mena acerca de la carrera de sus hi­
jos , haciéndole ver que no supo
destinarlos.

i P o c o á poco iba descansando en


G uadalaxara nuestro Caballero Don Pe-
la y o , pero como muy prudente disimu­
lá b a la desazón interior que padecía, na­
cida del retiro del Señor Don Gonzalo
M a tan d rin o , que prometió con juramen­
to no atravesar los umbrales de la ca­
sa de su amigo y compadre Don To­
más de M ena todo aquel tiempo que la
ocupase D o n Pelayo. M otivo á la ver­
dad pequeño para que un hombre se pri­
ve de aquella satisfacción que adquiere
con el continuado trato. E l que por tan
pocas cosas rompe los lazos de una amis­
tad estrech a, no pnede ocultar un en­
tendimiento débil que le hacen objeto de
D E LA CANTABRIA. 255
la risa , dando motivo á que se le ten­
ga lástima. Todo lo conocía Don Tom ás
de M e n a , y no sabia si reírse del entu­
siasmo de Don Pelayo , sí del empeño
ridículo del compadre en querer cu rar
perfectamente á uno que se persuadía
á que él solo en el mundo pensaba con
madurez en quanto proyectaba. D e uno
y otro se aprovechaba el A lcarreñ o p a­
ra entretener el rato ocio so , y es tal
nuestra desgracia que no sabemos quan­
do aprovechamos , y se nos busca p ara
servir de juguete , haciendo una ridicula
figura , que es mas grande quando nos
persuadimos á que somos muy completos.
Necesitaba Don Tomás de M ena no dar
lugar á que el Caballero Don P elayo fi-
xase la imaginación en estas cosas tris­
tes , y por lo mismo parece que le dixo.
1 D ias pasados , Caballero Don P e -
layo, dixe á V m . que mis hijos empre-
hendieron aquella carrera que ha que­
rido mi amigo y compadre Don G onzalo
M atandrino, y me inclino á que no han
de adelantar en ella. E ste Señor m ira
con horror la ocupacion de la labranza,
y por lo mismo no ha querido la siguie­
sen. Uno de ellos sigue la m arina, otro
va por el comercio y el tercero las abo*
2$ 6 QÜIXOTÉ

gacías. En este tengo fundadas esperan­


zas , porque le protege un Señor de los
primeros que tiene necesidad de seguir
la corte , y no se aparta mi hijo de su
lado. Eso basta para que nunca medre,
Señor Don Tomás , dixo Don Pelayo!
L os Señores, quanto mas grandes, ma­
yor deleyte tienen en adm itir en su ca­
sa por puro entretenimiento un parti­
c u la r , aunque esté instruido; paréceles
que premian todo el mérito quando los
distinguen con su mesa. Jamas se inte­
resan en bien suyo con el Soberano, ya
por no molestar á la M a g e sta d , y ya
porque jamas lian sabido estar necesita­
dos. Si se internasen con aquellos minis­
tros juiciosos que visitan , pudieran in­
form ar á satisfacción del mérito de mu­
chos , y emplearlos sin trabajo. Son de
sentir que se vilipendian baxándose pa­
ra hacer feliz á un pobre. Ellos suelen
ser muy generosos, es verdad, porque
el fausto con que adelantan su edad cor­
responde al elevado nacimiento; pero si
se trata de mediar con otro para algún
destino , todo el afecto hácia el supli­
cante se disipa. Ponen á su disposición
los empleos todos de su casa , por no
confesar el ningún influxo. F uera de que,
DE LÁ. fcANTÁBUIA. 2$^

Señor Don Tomás mi am igo, el seguir


un pretendiente con tesori la corte de­
sazona mucho. Los empleados en las ofi­
cinas quieren á su lado poca sombrá pa­
ra trabajar con desenfado , y los Seño­
res M inistros, que con él Soberano acuer­
dan expedientes , nunca los despachan
mas á gusto su y o , que quando no los
rodean hombres importunos. E l hijo de
Vm . Señor Don Tomás , consumirá los
mejores años en expectáculos y bagate­
las , olvidando acaso quanto ha adqui­
rido con trabajo. A llí todo es lisonja , no
sé sabe lo que es dexar libre el mejor
discurso para los raciocinios, porque han
de ser según el gusto de los concurren-
tés , que regularm ente es bastante baxo.
En nada se piensa con tanto tesón co­
mo en estudiar el artificio de manifes­
tar afecto á una p erso n a, sin que el co--
razón se incline á ella. Todas las miies->
tras de cariño son sanias á la simple vis­
ta, pero si se tra ta de realizarlas, se que­
dan en ceremonias puram ente; y asi soy
de sentir de que saque V m . á su hijo
del laberinto en que está metido. En el
destino de Abogado puede b rillar si es
de profundo entendim iento, y será des­
gracia no ilustre la n a ció n , acaso pó£
TOM. III. R
258 QUIXOTE

no saber dirigirle en los principios. Tam­


poco apruebo no destinase á la labran­
z a alguno de los otros. M ucha buena
p arte de nuestra península es un baldío
melancólico por la escasez de labrado­
res , ó por la inercia de los que tene­
mos. L a mayor parte de los Européos
fomenta la A g ricu ltu ra con mayor esme­
ro que los E sp añ oles, y de consiguiente
tienen en abundancia excelentes pobla­
ciones. D a gusto viajar por Francia, Ita­
l i a , A lem ania y toda la P o lo n ia , por­
que casi con la mano se alcanza de una
Ciudad á otra. Los Españoles hemos si­
do muy desidiosos acerca de esto, y por
lo mismo se ven en nuestro reyno po­
cos pueblos bu en os, y sí Ciudades casi
ya arruinadas. M ucho pudieran reme­
diar los Reverendos Señores Obispos con
sus rentas pingües , si los Españoles to­
dos fueran industriosos , y no tuvieran
necesidad de dar sus limosnas a unos
hombres vagos. En este particular pien­
san los Ingleses de distinto modo. El Se­
ñor A rnoy , Obispo de B risto l en la Pro­
vincia de C a n to rv e rí, gastó sus rentas
en fom entar fá b ric a s, componer cami­
nos y otras muchas cosas de que care­
cía su Obispado. U n pobre era para él
de la c a n t a b r ia . 259

un enemigo que le sorp rehendia, por­


que estaba ocioso; todo su cuidado era
ocupar las gentes trabajando, haciéndo­
las provechosas á sí mismas y útiles á
todos ; en sacándole de estas maniobras
se a fligía , y las funciones Obispales exer-
cia con mucho gusto al p a r e c e r , según
decian las g e n te s , y en fuerza de aquel
m érito singular fue promovido á uno de
los mejores Arzobispados de la Isla. Y o*
Señor Don Tomás , voy á felicitar to­
dos los habitadores de la V e g a , porque
antes de dos meses abriré en e lla v a ­
rias m in a s, descubriendo asi quanto tie­
nen de bueno. M e consta ya que producen
a za b a ch e , y haciendo las excavaciones
conducentes , acaso descubrirémos esta­
ño , cobre ú otro m etal que nos haga r i­
cos. En esta maniobra se ocupará un
monton de gentes , de las que cuidará
M ateo como sobrestante. Sabrá leer y
escribir M ateo de ese m odo, Señor Don
P elayo , dixo el Señor M ena. Ya se v i
que se , Señor Don Tomás , respondió M a ­
teo. Anduvi diez años á la escuela , y les
ierdascades 1 que me dió el maestro non
puedo ponderales , arrancó á un rapaz una

1 B aradas.
R 2
2.6o QUIXOTE
de les oreyes, porque un Sábado noft se cap­
tó les uñes. N o dexa de ser especie de
barbarie , Señor Don T o m a s, fiar la edu­
cación de unos niños tiernos al cuidado
de ciertos hombres que parecen fieras,
dixo Don Pelayo. E l miedo aprisiona en
un niño todas sus p oten cias, y solo las
emplea en disponerse p ara servir de ce­
bo á la furia de un hombre desalma­
do , que descarga su torrente sobre una
víctim a tan tierna como es un niño de
cinco años. E l tiem bla, la vista que ha­
bia de fixar en la letra para conocerla,
procura atravesarla para ver quando des­
carga sobre él otro segundo golpe; y aun
quando sepa pronunciar las voces no se
le perciben , porque el sollozo las ahoga.
N o digo yo que los M aestros de prime­
ras letras sean muy benignos ; el agri­
dulce es un gusto g r a t o , en el concepto
m ió , al paladar de todos. Y o digo lo
m ism o, Señor Don Pelayo , repuso el
Señor M e n a , y hablando nuevamente del
empleo que reserva Y m . para mi amigo
M a teo de Palacio , digo que la elección
puede ser muy a ce rta d a , porque he for­
mado juicio de que es muy escrupuloso.
En eso engáñase Vusté , Señor Don Tomás,
replicó M ateo. Non sé todavía que c o s a
DE LA CANTABRIA. 261
pueda cerner yo que mal me asiente. Toques
comides habrá, mas redes que la Llangosia ,
y anque me atasque de e lla , quedo como
si,non comiera nada ; y creame Vusté que
desde que estuvl en Ingalaterra quitarénse-
me todos los escrúpulos. N o te quiero decir
e s o , amigo M a te o , dixo el Señor M ena;
lo que juzgo de tí es , que me pareces
de conciencia delicada. E n eso tampocu.
Vusté se engaña , Señor Don Tomás , res­
pondió M a te o ; para quebrantar un ayunu
y perder la m isa , hay pocos mas mirados
que Mateo de Palacio. Agora ye verd á , y
dígase todo ; si me veo en algún empleu en
que me regalan algo de provechu , informa-
réme de otros para non poner algunos usos
nuevos. Eso debes consultarlo, amigo M a ­
teo , con personas sabias y juiciosas, d i­
xo el Señor M e n a , y desde luego aprue­
bo el delicado y costoso proyecto de tu
a m o , porque me inclino á que las fábri­
cas son muy útiles.
3 Q uiero que sepa el Señor M ena,
dixo Don P elayo, que la experiencia mis­
ma nos enseña que en aquellas poblacio­
nes en que se han establecido algunas
fábricas , están ocupados todos , y nin­
guno piensa en otra cosa que en aca­
bar con, tiempo su tarea. D e las fábricas
3.62 QTJIXOTB
nacen ocasiones para inventar algunas
máquinas , porque el Exe , la Palanca,
la Cuña y la P o le a , que son los funda­
mentos de la m aquinaria, tienen en las
fábricas su uso y quando el operario
agudo está acaso descuidado le abren un
camino para algún instrumento nuevo,
perfeccionándose asi las artes. En las
fábricas , Señor M e n a , gasta el jornale­
ro menos de lo que gana , se mantiene
desahogado, y alimenta su fam ilia , pa­
ra la q u a l, aunque sea crecid a , propor­
ciona alguna ocupacion sencilla en que
se destinan los muchachos , reprimiendo
el orgullo y altanería de la edad tierna.
En las fábricas se ve circular la plata,
porque el dueño dispone dar un giro
fe liz á lo que sale de e l l a , encontrán­
dose en el camino las remesas de gé­
neros con las del d in e ro , motivo el mas
poderoso para que los pobres aborrez­
can el o c io , y busquen con anhelo la
ocupacion en e lla s , apartándose asi de
aquellas asambleas perniciosas en que no
tratan de otra cosa que de censurar el
M inisterio , metiéndose á dar leyes , y
querer emendar las determinaciones de
unos hombres sabios que con madurez,
pulso y estudio establecen lo mejor pa-
de la c a n ta b r ia . 263

fa el honor de D io s , esplendor del es­


tado , utilidad de todos , y para conte­
nernos. E l hombre ocioso , Señor Mena,
está expuesto á la mayor infamia. E l
se hace venal para un asesinato , no ha­
lla dificultad en prostituirse, y por aquie­
tar en un instante solo el hambre, con­
currirá á deponer contra un inocente en
juicio. Y o quisiera, Señor Don Tomás,
que los Españoles no degeneráramos de
lo que hemos sido. Si recorremos las
edades todas, y miramos aquellos tiem­
pos en que los Españoles se mezclaron
con los Cartaginenses, Eomanos, Godos
y Agarenos , veremos como se ocupaban
con honor, haciendo que Provincias en­
teras de la península se hiciesen cono­
cidas y florecientes en fuerza de la in­
dustria. En todos los siglos tuvimos ex­
celentes labradores, hábiles artistas, náu­
ticos atrevidos , y maquinistas admira­
bles. Nuestro M u r illo , sin salir de Es­
paña, y al lado del célebre Velazquez,
se hizo excelente en el dibuxo; en el na­
tural, divino; retratista sin igual; y en
el colorido, casi inimitable. M olestaría á
mi amigo el Señor M ena si le recopilára
los eminentes hombres que ilustraron
nuestra p a tria , haciendo de camino fe­
364 QUIXOTB
lices á inumerables desvalidos , y asj
no puedo ponderarle los vivísimos de­
seos que tengo de llegar á la Vega, pa­
ra dar principio á mis excavaciones y
realizar la fábrica. Por esta causa, y lla_
biendo logrado el gusto de ver á mí
amigo en su misma casa, y disfrutado
de e lla , puede mandarme en quanto con­
temple ser yo de algún servicio, y sig­
nifique al Señor Don Gonzalo Matandri-
no quanto lie sentido disgustarle; y ya
que isi Señor vieyu , interrumpió Mateo,
sabe muy pocu de lo que ye mi amu , qui­
siera yo que lu aconseyase el Señor Mena de
que se llegara hacia la V?ga , para que en
la casa de mi amu viera un montan de vi­
dríeles , moscones, pelades y otres coses in­
finites , que están arrinconades en el desvan
de la misma casa , con una bota de talla,
y cinco fusiles , que cada un pesa dos ar­
robes , y los fizo un Ferreru , primu carnal
de Bernardo el Carpió. Casi no lie enten­
dido palabra de lo que lias dicho, ami­
go M ateo, dixo el Señor Mena. No pue­
de desentenderse Mateo, como leal cria­
do, dixo Don Pelayo, de que en mi ca-,
sa están de sobra, los morriones , ‘ viser
r a s , celadas y una cota de m alla, indi­
cios todos de la antigüedad de ell^L, y si
DE L A CANTABRIA. 26$

mis mayores hubieran sido algo mas cu­


riosos, hubieran hecho un muséo que
fiaría gu sto, adornado todo con timbres
de la casa. No lo dudo, Señor Don Pe-
layo , dixo el Señor M ena , y quieran
los cielos, que Vm . y M ateo arriben á
la Vega con una salud completa.

CAPITUIfO XXVI .

Prosigue su camino el Caballero Don Pelayo ,


insistiendo en el empeño de no entrar en
las poblaciones.

1 1 honor en los Caballeros siem­


pre se descubre , dice Monsiur M aulé
en la cabeza del capítulo que voy poco
á poco traduciendo. Descansaba en Gua­
dalaxara el Caballero Don Pelayo en la
casa de su amigo Don Tomás de Mena;
pero como el Señor Don Gonzalo M a-
tandrino le dió á entender habia ro­
deado algunas leguas sin otro fin que el
de ver á un amigo que de botones aden­
tro no aprobaba sus acciones, no quiso
detenerse mucho para desimpresionarle
de aquella idea que habia formadp de
nuestro héroe , inclinándose á que solo
por comer y beber dirigía por allí el ca­
266 Q tn x o T B

mino á la Montaña. Metióse antes y con


antes en las incomodidades, por no pa­
recer Caballero petardista, y aunque iba
falto de dinero , tampoco se puso en cla­
ro pidiéndoselo á su amigo, procuran­
do en quanto podia no dar lugar á que
el Sacerdote delicado se burlase de su
compadre con otro motivo nuevo, y mas
justificado acaso , dando dinero , expo­
niéndose á perderlo. Lleno de contento
iba Don Pelayo , pero M ateo se movia
con trabajo, y en extremo tr is te , y no
obstante esto , dixo á su amo. Ya pode­
mos decir , Señor mi amu , que dende aquí
á la V ’ga será todo penitencia , porque non
tenemos algún otru amigu á quien echar les
cargues , meti’endomos en so casa á comer,
beber y descansar un p o cu ; pero si mos ha­
bíamos de detener otru tantu como en la ca­
sa de Don Tomás de M e n a , vamos á per­
der muy pocu en que nada mos paremos.
Yo non estoy bien con munches coses de Vus­
té , quiérame mal ó non me quiera , que í
la postre diablos cosa importa. Si el Señor
Don Tomás hubiera pasado per la V eg a , en
dos meses á lo menos non habia permitir Vus­
té que salles de casa , y con tres dias que
estuvimos en la suya ya pensaba Vusté que
lu fa c ía probe. A l comer y beber regala**
de la ca n tab r ia . 2 .6 7

Jámente, amigo M ateo , dixo Don P e-


layo , ha. de acompañar la satisfacción
y gusto del que disfruta los favores, y
al mismo tiempo del que los dispensa.
Importaba poco nos regalase el Señor
M en a, conociendo yo que se descompo­
nía con su compadre Don Gonzalo M a -
tandrino, y asi quanto yo comia tenia
que em pujarlo, y advirtiendo esto mismo
el Señor M e n a , me animaba como muy
prudente á que comiese y bebiese, sa­
tisfecho de que me estimaba; pero, ami­
go , ya tú sabes que los Infanzones de la
Vega somos muy sensibles , y mas que­
remos padecer una conocida hambre que
un sonrojo. Verdad es que si viera yo
en la V ega al Señor M e n a , le corteja­
ría como acostumbramos. Convidaría tres
6 quatro Caballeros á comer para que
le honrasen, se pondrían algunos cubier­
tos de mas , para que se enterase del
luxo de mi m esa; le sacaría á paseo pa­
ra d ivertirle, manifestaríale lo mas pre­
cioso de mi casa , y tan lleno de gusto
estaría el Alcarreño , que equivocado
menos que San P e d ro , querría hacer de
la V ega otro Tavor para acabar en él
sus d ias; pero estos hombres , amigo M a­
teo , no obsequian á sus amigos con ñ-
i 68 QUIXOTB
nura. Ellos son dignos á que se les per­
done el grutesco modo de portarse por­
que no han nacido con obligaciones. El
Señor Don Gonzalo Matandrino es un
clérigo ridículo, se empeña en gobernar
la casa de Don Tomás de M e n a , dexan­
do la suya acaso sin gobierno. Porque
sp le quedó impresa la donación que á
San Isidro de Dueñas hizo M aría Gutiér­
rez , muger de Gómez García de Trigue­
ros , piensa que ya puede con fundamen­
to meter su cucharada, y hablar de fa­
milias distinguidas;. Y ¿ qué sabemos,
amigo. Mateo , si aquella Señora se ca­
só descabezadamente contra el gusto de
los suyos, y conociendo despues el de­
satino que habia hecho, quisiese reme­
diarle de algún modo ; y por complacer
á la parentela hiciese la donacion en sonr
rojo del marido, porque no igualaba con
ella en la esclarecida sangre? y asi que
fu e se , 6 no fuese pariente de Lorenzo
de Trigueros importaba poco. Maldita la
cosa quería decir , Señor , añadió Mateo.
¿Por qué V isté non lo plantó ansi , nin mas,
nin menos en los focicos á aquel veyon que
fa ja b a tantu ? A min temblábame la bar­
ba de enfadadu , viendohi á Vusté plasma-
d u , fechu un paparote, sin saber que decir,
de la c a n ta b r ia . 269

nin responder í lo que fala ba. Quando á


uñ hombre , aunque sea sabio, amigo
M ateo, le sorprehenden, no se le ocur­
re aquello mas precioso de que puede
echar mano para defenderse, dixo Don
Pelayo. Bastante hice si le reconvine
con documehtos y reglas de la crítica. No
me parecía de entrañes buenes aquel vieyu ,
dixo M ateo á su amo. Eso no me atre­
veré á decirlo, amigo M ateo , dixo Don
Pelayo. A todos los que nos incomo­
dan reputamos cón defectos* E l Señor
Don Gonzalo Matandrino estorvaba nos
agasajase el Señor M ena , y esto bas­
tó para que con nosotros lograse el
concepto de ridiculo. Si hubiera apro­
bado el modo de pensar del Señor M e­
na, y manifestara hacia nosotros ros­
tro a le g re , diriamos que era un Se­
ñor completo. Otro tanto sucede con los
Lugares al que va de v ia g e , si no es
hombre reflexivo. Si en un Lugar le fes­
tejan , porque en él están de boda , ó
tienen otra diversión pública , aunque
sea el pueblo desgraciado, dice de él,
que es un Lugar hermoso, que las gen­
tes son amables, y que se habia de ha­
llar grandemente en é l , y no echar de
menos á otros; pero si no halla que co-
a .'JO QUIXOTB
m e r, ni el hospedage bueno, abomina de
é l , y tiene lástima a los que le habi­
tan , y a s i, amigo M a te o , huyamos siem­
pre de parecemos á los hombres muy
comunes, y que no paran la considera­
ción en lo que les presenta el trato hu­
mano. E l Señor Matandrino será muy
ajustado , tratará verdad como lo pide
el Sacerdocio; y aunque esté á matar
conmigo por este modo que tengo en
conducirme , no es extrañ o, ni yo me
maravillo , viendo que mi esposa tampo­
co está por estos rompimientos. La su­
perioridad de talento consiste en disimu­
lar á los tales sus defectos , porque ca­
da uno tiene su poco de mania. Dices
que haremos penitencia desde aqui á la
V e g a , pero mientras la hacemos ó no,
y para entretener el tiempo , podemos
lastimamos del estado actual de los An­
glicanos. Ellos se pierden, amigo Mateo,
y casi lo conocen; pero dexando por aho­
ra aquello que mira en derechura al
alm a, es preciso confesar que en lo po­
lítico descuellan sobre todos, y también
te digo que entre m uchas cosas buenas,
lo que mas se acomodaba á mis ideas,
e ra aquel plan interesante que en el es­
tado clerical adoptó el gobierno. Debe-
DE LA CANTABRIA. 271
nios confesar, M ateo , que meditan mu­
cho los Ingleses. Vieron que un núme­
ro crecido de los naturales se establecía
en el clericato, el reyno no tiene P re ­
bendas para distinguir á todos, y asi á
gusto de la nación , y con mucho juicio
dispuso el ministerio crear prebendados
honorarios , porque quando llega el caso
que algunos tienen todo el m érito, pe­
ro las cosas se reúnen en unas circuns­
tancias que por entonces no pueden a r­
ribar á ser Canónigos, se contentan muy
bien con los honores, porque juzgan que
éste: es un derecho casi ya incoado para
otro dia obtener antes que otro el ca­
nonicato. A los hijos de casas opulen­
tas , que ha mas de ser ilustres cuentan
con un crecido patrimonio , mas que el
canonicato , suelen armarles los hono­
res por quedar con toda la libertad, pa­
ra sobresalir en las concurrencias licen­
ciosas que autorizan los mundanos, y fi­
nalmente , tiene el ministerio un campo
dilatado sin dispendios para contentar
á muchos, y asi se ven en la Gran B re­
taña Canónigos de B risto l, adictos tam­
bién á la primada con honores de A r ­
cedianos , otros son puramente Canóni^
gos honorarios , Deanes honorarios, y
¿7^ QinxoTri
muchos Medios Racioneros en Iglestías
chicas, con honores de Racioneros éii
grandes Catedrales, \Ay probe de mil in­
terrumpió Mateo , y que llástima es qu&
non sea Ingles mió Pádr'tn Don Rodrigón
Savarno , Cura de Turf ales ; ■ porque como
hubiera tenido esa fo rtu n a , á estes hores era
de una Colegiata Mcdiu Racionera á lo menos
honorariu. No me hables de ese hombre
por tu vida , Mateo , dixo Don Pelayo;
pues aunque es padrino tu y o , tienes luz
bastante para notar (sin que la pasión
te ciegue ) que en los conocimientos le
aventaja un paisano de la Am érica: no>
sé te oculta que ha nacido v i l , y que su
conducta no desmiente lo sucio de los
pañales en que le envolvió su madre. Tu
padrino , Mateo , quiere hacer forturíá
por medios muy infames , y elevarse á
donde no merece con la ruina de ótró,
y asi en tu vida me hables de ese maja­
dero. Yo callare porque Vusté lo manda,
replicó M ateo ; pero mió padrin merez ló
que yo digo como la mió Pachona una buena
zu rra , según cuntaba el Pilotu del Naviu
en que mos embarcamos quando salimos de
la V e g a ; y cuidado que ye h o m b re de pro-
vechu. Ha de saber Vusté que diz mió pa -
drin que non hay ¡libros como los de Santo
DB L A C A N T A B R IA . 273

Tomás el Dominicu , para componer sermo■ *


fies; y cuidado que ¡os que el predica en la
so Parroquia son sonados. A los vecinos, en
voz en gritu , llímayos tramposos, lla-
¿roñes, desvergonzados y borrachos, yo mvi
se como ¿é /o/ //í¿>w un Santu puede
traslladar tantes desvergüences. Agora dí­
gase todo , asegura mío'compadre Fanta­
sía que está un gramáticu furiosu y suer-
ve llatin como si fuera lleche, ansí Dios me
ayude. Dexa eso, M a teo , porque me de­
sazonas , dixo D011 P ela yo , y hablando
de lo que nos conviene , has de saber
que el Señor Mena estaba muy desa­
zonado porque sus hijos á mas de no ha­
ber emprendido la carrera que el quería,
se casaron á disgusto suyo con personas
de una baxa esfera : yo no quise ni au­
mentarle la desazón, ni comunicarle ali­
vio , haciéndole ver que la disonancia no
era grande. E l está muy ric o , pero es
de los pecheros mas antiguos de la A l­
carria , y asi no debe causarle maravi­
lla el nuevo enlace de sus hijos; pudie­
ra ansiarse si fuera esclarecido, pero no
siendo lo que es por su pequeña suerte.
Quando tales desgracias caen por des­
ventura en nuestras casas, entonces, ami­
go M ateo , llegamos al mas subido pun-»
274 QUIXOTE
to de desafortunados. Y o no puedo es­
perar este desastre , porque Romualdo
es un chico circunspecto, vano sin afec­
tación , porque es su vanidad efecto de
la cuna. M aría Rosa es tan discreta co­
mo magestuosa, y la desazona su ma­
dre algunas veces porque se humilla de­
masiado : los demás hijos no aciertan á
desnivelar sus acciones de los dos pri­
meros , pues esta fortuna tenemos los
padres que sabemos educar aquella fa­
milia que primero nace. Yo , Señor, maldi­
ta la pena tengo sobre aqueses coses , dixo
Mateo á su amo. Casaránse los rapaces
á su gustu , y lo que yo quiero ye que no
me pidan cosa alguna para mantenese. Ellos
son probes , y deben tirar á buscar una com­
pañía que sepia trabayar y guardar la ca­
sa. Como lleguen i parecese les nutres i
¡a suegra en ser lim p ies , detenidos en be­
ber de una v e z munchu , chanzerones, ami­
gues de solmenar el rabu , y nada melindro­
sos , han de comer un bocada con el mayor
sosiegu. Vustedes fa rtu travayu tienen pa­
ra acomodar les fom bres , porque si les p i­
den Caballeros ricos y muy nobles , quieren
tamien buen dote , y por non dalu , dicen que
hay muncha diferencia en la sangre de un
y de o tru , y si un probe pretende alguna
DE LA CANTABRIA. 275

rapazona de un Caballeril , arique esté mas


probe qué el mismu que la p id e , y arique
se contente con ella en cueros, y como la p a ­
rió so m adre , suelen echalu en hora mala ,
y dicen que ye un dervergorizadu. M ire , mi
amu , Vusté apriete á les rapaces , averi­
güe si están i casase ó á metese eu un con-
ventu. Si dicen que quieren verse como se ve
la madre , non les quite el gustu mas que
se casen con algún caseru , porque pior será
que les tiente el diablu. Tú si que me tien­
tas, salvage, con esas tonterías, dixo Don
Pelayo. ¿Con que por el recelo de que
no resistirán acaso los impulsos de la
carne , he de conveniíme en que se ca­
sen con algún criado ó rentero mió ? A
min parecíame lo mas acertado , Seriar, res­
pondió M ateo, pero siento que se enfade
tantu. Pues ¿ cómo quieres que con esas
razones no me enfade? dixo Don Pelayo.
Y a yo percibo que tú 110 puedes discur­
rir de otra manera. L a oracion, el ayu­
no , la modestia en la conversación y los
sentidos con la frecuencia de los divinos
sacramentos, mejor que los casamientos
aquietan la rebeldía de la carne. V e r­
dad es que la castidad conyugal es mu­
cho mas sufrible que la del celibato, si
el hombre no procura contenerse, pero
s2
2^0 QUIXOTE
si pide á Dios aquellas gracias que ne­
cesita para permanecer casto se las da­
rá el Señor , y si en su ser lleno de
divinas perfecciones cupieran los afectos
que caben en nosotros, se complacería
con una petición tan justa. L a qué quiera
casarse, majadero, ( juzgando acaso que
en esto está la mayor dicha) debe atem­
perarse , y no deslucir la san gre, pues
de todas clases hay en el mundo abun­
dancia de hombres, y ten el mayor cui­
dado en no manifestar estas rtiáxímas á
mi familia; mira que la materia es muy
combustible , y si el demonio la ati­
za , como sabe , á poco soplo se levan­
tará la llama. Yo callare , Señor, respon­
dió Mateo , pero siento que Vusté se en­
fa d e por tan poques coses.

C A P IT U L O X X V II.

Antes de llegar á la Vega el Caballero Don


Pelayo encuentra con un pariente suyo que
le participa unas tristes nuevas.

i P a r a enterarse el lector curioso de


lo mas substancial de este capítulo, ne­
cesita traer á la memoria aquel trágico
pasage acaecido en Madrid á nuestro
BE LA CANTABRIA. 277

héroe con Pachin de la Solariega, sas­


tre en aquella V illa , y bastante parien­
te suyo, quando le hizo el vestido de ve­
rano , que si no me engaño se halla en
el capítulo trece del tomo segundo de
esta puntual historia. Tampoco será fá­
cil se aparte de la imaginación del que
esto le e , el entusiasmo de Don Pelayo
por la esclarecida sangre. Con estos pre­
supuestos puede saber ahora, que cami­
nando este insigne personage contentísi­
mo á su c a s a , con deseos de felicitar
la V ega to d a, abriendo las minas de aza­
bache, y estableciendo una nueva fábrica
para enriquecer á todos sus paisanos , un
revés de fortuna trastornó todas sus
ideas. Esta ciega deydad del paganis­
mo, que quitó la vida á muchos quando
mas á gusto suyo se gloriaban, parece
se d eleyta, reduciendo á mísero despojo
lo que mas falta hace para que el mun­
do brille. E lla es de la condicion del ra­
yo , se estrella contra lo mas fu erte, y
quitando la vida á uno, dexa á muchos
anegados en sollozos. D ura condicion
también la de un historiador escrupulo­
so que ha de referir un pasage triste,
aunque cop él desazone á quantos apa­
sionados tiene el héroe. Caminaba, vuel­
270 QUIXOTE
vo á d ecir, contento nuestro Don Pela­
yo , y al baxar tic una pequeña cues­
ta , se dexó descubrir un hombre que
caminaba á pie con un palo en la mano
y unas alforjillas metidas por la cabe­
za en forma de un escapulario. Llega­
ron unos y otros á juntarse , y el pri­
mero que conoció al caminante fue Ma­
teo , que le dixo lleno de alegría : M i
amigu Pachín de la Solariega , pues ¿ cómo
•.vienes por aquí ahora ? Vengo de la tier­
ra , amigo M a te o , dixo Solariega. Ale­
gróme en el alma , amigu P a c h ín , dixo
Mateo de Palacio. ¿ Hay alguna noveda
en el llugar de mi amu ? Si la h a y, Ma­
teo , y bastante grande, respondió Pachin
de la Solariega. Bien saben los cíelos,
que no quisiera haber ido á la Vega,
ya que solo fue para ver desgracias; mu­
chos años tuve en disposición el viage,
y por fuerza me determiné este año, que
no quisiera haber salido de Madrid por
el valor de medio mayorazgo. Pues ¿tan­
to mal sucedió en la V e g a , dixo Don
Pelayo , que es capaz de añigir á un
hombre hecho en Madrid á presenciar
tragedias? Como ésta , primo mió Don
Pelayo , no suele verse en la mitad de
un sig lo , dixo enternecido Solariega.
DE LA CANTABRIA. 279

iMorrióse á mi ama Loria M aría Josefa,


alguna P o tr a , ó malparió por desgracia al­
guna Yegua ? preguntó Mateo. No por
cierto, M a te o , respondió su amigo. ¿ A
que entraron algunos lladrones en la casa, y
quemaron el archiva de les fidalguíes ? di­
xo Mateo. Todo e s tá , amigo Mateo, co­
mo lo dexó mi p rim o , dixo Solariega.
Pues ya nos cansas con tanto misterio,
dixo algo enfadado Don P e la y o , mejor
fuera que primáras m enos, y nos sacá-
ras á los dos de confusiones, porque se­
rá tal vez una patarata. Debo hacerme
cargo, Señor prim o, dixo Solariega, que
Vm. ha de llegar á saber lo que hay
de nuevo, y que sea por mí ó por otro,
puede importar muy poco. De manera,
Señor ; no sé cómo podré decirlo. ¡ A h
gente desalmada , y cómo tendríais san­
gre para tan grande infamia! Digo , Se­
ñor, que su hijo de Vm. y mi sobrino
D011 Romualdo , el mayorazgo de la ca­
sa de los Infanzones de la V e g a , se vá
á casar con una hija de Melchor T ra-
bieso , M ercader de lienzos , que vive
una legua mas allá de Santillana, y Fer-
n.indon, el hijo mayor del Melchor que
cuento, se casa con mi sobrina Doña M a­
ría Rosa Infanzón de la V e g a , hija de
2$0 QTJIXOTB

mi primo y hermana de mi sobrino Don


Romualdo. Lo alborotada que con esta
novedad está la V ega no puedo pon­
derarlo ; mi prima Doña M aría Josefa
está llena de pesares, y aunque á mí no
me admitió en su casa , ni quiso cono­
cerme por pariente , todo lo supe por un
criado de ella. Helósele la sangre toda
en un instante al Caballero Don Pelayo,
y no pudiendo mantenerse en el drome­
dario en que iba Caballero, vino al sue­
lo desmayado; acudió Mateo á sostener­
le , ayudóle Solariega, y conociendo el
accidente , abrigóle con toda la ropa que
tenían , fomentole con un poco de aguar­
diente , y pasadas dos horas fue vol­
viendo en sí nuestro Don P e la y o , que
sin abrir los ojos dixo : ¿Fuese Mateo,
fuese ya Pachin de la Solariega? Non Se-
ñor , respondió Mateo , aquí está el pro-
he llorando como una M adalena , y si non
fuera por e l , yo creo que Vusté habia des­
pachado ya les cuentes con Dios en el otru
mundu. Arropólu á Vusté con un monton de
ropa , y rejlotólu en el pechu y la barriga
con un pocu de aguardiente que traía en
■una calabaza , capaz de Reventar les peñes,
y fu e dando á Vusté el calor y la vida que
iba á despeine. ¡A-y de mi 1 y qué muer­
DE LA CANTABRIA. 281

to me has dexado, Solariega, exclamó


lleno de pena Don Pelayo. Dame otra
puñalada , pues no acabará conmigo, ha­
biendo resistido la primera.'¿Con que es
cierto que mi hijo Romualdo intenta ca­
sarse con la hija mayor de Melchor Tra-
bieso , aquel Mercader tramposo que vi­
ve mas allá de Santillana , y su herma­
na M aría Rosa con Fernandon Trabie-
so , aquel tunante que tanto escandalizó
en la Y eg a y otras partes? Si Señor, esa
es la novedad que pasmó en la Vega,
dixo Solariega. ¿ Y no ha habido por allí
algún Caballero amigo m ió , que apro­
vechase dos balazos en los pechos de esos
aleves hijos? dixo Don Pelayo. Nadie se
ha movido , Señor primo , dixo Solarie­
g a , antes daban muestras de alegrarse,
y decían que la ausencia larga de Vm.
habia dado ocasion á novedad tan rara.
M i prima Doña M aría Josefa , como mu­
ger , no pudo contenerles. Ellos de dia
y de noche se juntaban , y mi sobrino
acabó con dos caballos corriéndolos en
el camino que hay desde la Vega á casa
de la moza; las músicas no cesaban; en
el camino se cruzaban los regalos; muge-
res y hombres se interesaron en esta des­
gracia en fuerza de sobornos. ¿ Y habrá
282 QTJIXOTE
Párroco tan lego que autorlze estos ma­
trimonios sin el consentimiento expreso
de los padres? preguntó el casi muer­
to Don Pelayo. Y o creo, Señor, que quan­
do Vm . arribe á casa estarán ya casa­
dos , dixo Solariega, por evitar un mon-
ton de culpas, ¡Ah! infames hijos: y qué
mal correspondéis al cariño que os te­
nia este vuestro p ad re, exclamó lloran­
do Don Pelayo. Y o no he reparado en
trabajos, sonrojos, peligros de perderme
para siem pre, y otras infinitas cosas
por felicitaros, y ¿vosotros pagais estas
finezas de un amoroso padre con tantas
cuchilladas? ¿Habéis visto en m í, por
vuestra desventura y mi desgracia, al­
gún celo resfriado en el cuidado vuestro?
¿No os di aquella educación que corres­
pondía á vuestro esclarecido origen? He
de culpar acaso á un hado ó constela­
ción maligna que presidiese á vuestro na­
cimiento ? no por cierto, porque si para
esto hubiera arbitrio, no pudiera recon­
venirme el Señor en el dia de la cuen­
ta. L a relaxacion del mundo, el orgullo
de la sangre , el luxo de la mesa y al­
guna omision m ia , pudieron ser causa
de tanta desdicha como ahora me rodea.
^ on se apesadumbre tantu , Señor mi amut
de la c a n ta b ria . 283
interrumpió M a teo , y si Vusté fa c ía con
los rapaces todo aquello á que está obliga-
du , consuélese con eso , y lo demas pedir á
Dios que lo remedie ; y volviéndose á So­
lariega dixo : ¿ Supisti , amigu Pachin , al­
guna cosa de M aría Francisca ? Puedo de­
cirte , amigo M a te o , respondió Pachin
de la Solariega, que tu muger tuvo una
carta tu ya, y dicen que se la escribis­
te desde Inglaterra, y como en ella da­
bas á entender que acaso no volverías
á España , tomó amistad con un rapa-
zon que se llama por mal nombre Fari-
ñentu , y dicen que come y duerme en
tu misma casa, sin salir poco ni mucho
de ella , y lo peor es que no hace una
labor en todo el d ia , y tu M aría Fran­
cisca está á matar con eso, y no pasa
una hora en que no se acuerde de lo
bien que trabajaba su querido Mateo.
No hay mas novedad, am igo, ella y los
rapaces están buenos, que es lo que á
tí te im porta, porque lo demas es una
patarata. Calló Pachin de la Solariega,
y Mateo dixo : ¿Con que ello vien á ser
una p a ta ra ta , amigu P a ch in , el que cun-
tándome á min por muertu ó rencgadu , es­
té un hombron de dia y de noche en com­
pañía de Pachona ? Y a se vé que impor­
2 84 QUIXOTE
ta p o co , M a te o , respondió Pachin de
la Solariega, y si trabajára el Fariñentu
como desea tu M aría Francisca , podías
tenerte por dichoso encontrando las co­
sas de tu casa con mayor aumento. Non
será malu el aumenta que yo encuentre en
casa , amigu Pachin , replicó Mateo.
Home , tú en M adril aprendisti una doctri­
na guapa. ¿Con que sacamos en ¡limpio, ami­
ga P a ch in , que una muyer casada puede
facer aqueses grades á quien quiera , tar­
dando el marida en venir á casa? Y o no
presumo mal de tu M aría Francisca, ami­
go M a te o , dixo Solariega. Fa(es bien%
amigu Pachin , replicó M a te o , si tú te
dieres por sentida , non teniendo que partir
con ella , merecís que te echasen una albar-
d a ; pero yo era acreedor á media docena
de elles , si presumiera bien de la muyer
que tengo. Algún enemiga malu te mandó
venir á encontrate con nosotros para llena­
mos el corazon de pesadumbre: vete , P a ­
chin , y si hay alguna otra cosa nueva que*
date con ella , porque nosotros non necesita­
mos de sabela. Nada mas hay , amigo M a­
teo , dixo Solariega; y cuida de mi pri­
mo, que no dexará de agradecertelo quan­
do llegue á casa , y triste de mí que
como voy solo nadie me consuela; mar­
DE LA CANTABRIA. 2.85

chóse al decir esto Solariega , y dixo


Mateo á su amo : Monte , Señor mi amu,
monte si puede en el caballu , que á la cuen­
ta se dormid todu el tiempu que Vusté es­
tuvo desmayadu : consuélese con saber que
para todos bay tragos bien rabiosos , y yo
sintiera menos que los rapaces mios sí ca-
$aun con fies del Berdugu , que non tener
en'casa un rapazon ociosu , y en compa­
ñía de una muyer que ya de moza era acha­
cosa de les mueles , y rabiaba por mante­
ner conversación al primeru que llegaba. No
acabes de matarme , M ateo , dixo Don
Pelayo. L a muger fuerte aunque esté
envuelta en un remolino de cinco mil
hombres atrevidos, no cometerá una vi­
leza contra su marido. E l casu ye , Se­
ñor , replicó M ateo , que la mía non pue­
de ya llamarse fuerte , porque á pocu sol-
menon se cae en tierra como una pera quan­
do está madura *, y falando agora sobre nues­
tra asuntu , ¿ que sabemos, Señor, si to­
do lo que mos cunto isti Pachin lo llevan-
tó de su cabeza para damos una pesadum­
bre ? Ello todo cabe , si atendemos á lo que
pasa en isti mundu : el diablu duerme en
poques p a y e s , y algunos hombres están ra­
biando por matar á otru con una mala nue­
va , -y aquello de primar y sobrinar tan-
286 QUIXOTE

tu ya non me asentaba , y ya acabo de cor


nocer que Solariega puede tener mas de lio-
cu que de cuerdu , y fa r tu será que no ten-
ga presente todavia el cuenta del vestida en
M adril , quando Vusté estuvo para estrella-
lu desde el balcón de la posada ; y ansi
non se apesadumbre antes de tiem pu , por­
que puede que sea una gran simpleza. No
pongo duda de que sea cierto quanto
nos ha contado el sastre , amigo Ma­
teo , dixo Don Pelayo. Era necesario sa­
ber que me encontraría sin remedio, te­
ner presente el lance del vestido, y sa­
ber qué cosa era aquella con que pu­
diera mas fácilmente acabar conmigo pa­
ra urdir el embuste que supones; y pa­
ra de pronto y sin im aginarlo, es mu­
cho lo que nos ha dicho; y asi dándolo,
como lo d o y , por c ie rto , no necesito
otro accidente para acabar la vida. Ho­
me , Vusté non desespere por M aría San­
tísima , replicó M ateo ; si vien í ser ver-
dá, que lo s e a , pero non ye motivu para
que se muera Vusté de pesadumbre. Si los
rapaces se casaron á so gustu , que se man­
tengan como puedan , y escusa Vusté dar
t i dote á la rapazona , y a l mazcayu del
rapaz los alimentos. D e eso último, amigo
M ateo , no podré escusarme , dixo Don
DE LA CANTABRIA. 287

P e la y o , porque como inmediato sucesor


tiene derecho á ellos, pero no sé yo có­
mo respiro estando mi corazon helado.
¡Ah! mi buen Señor Don A rias , anciano
padre mió ! si levantáras la cabeza, y
vieras la infamia de un nieto tu y o , á
quien regalabas quando n iñ o , eligirías
morir segunda vez de pronto, antes que
te informáran por menor de la iniquidad
con que nos mata. ¡ Oh , y cómo parece
que se alegran algunos Caballeretes de
la "Vega, porque unos y otros en el dia
estamos deslucidos! De aquí á muy po­
cos años , M ateo , será la V ega una po­
blación enteramente de Behetría ' . V a ­
mos , M a te o , vamos á morir , y si el
Señor Don Gonzalo Matandrino me hu­
biera tratado un año antes, me aconse­
jaría, como me aconsejó quando tú sabes,
y no emprehendiendo yo este viage, no
daría lugar á tanta desvergüenza como
hay dentro de mi casa. Quanto diera yo á
Mateo, porque este Caballo mió fuera tan
ligero como lo fue P egáso, y volviéndo­
me yo otro Belerophon fu rioso , comba-

1 V illa ó L u g a r , que no admite ni con­


siente H id algos ni N obles en su vecindario
con esencion de pechos ni tributos.
2.88 QUIXOTE
tíria con la parentela to d a , y amigos
de aquella gente infame con quienes se
van á enlazar mis desalmados hijos; pe­
ro esta pesadez, amigo , también contri­
buye á gravarme el mal que se va apo­
derando de mí á carrera abierta : mas
espérame por un poco , porque me lia,,
ma la naturaleza para que la pague una
de sus funciones , y aunque disgustado
necesito obedecerla. Vaya V u sté , Señor,
desocupe bien la tripa , dixo Mateo á su
amo , porque ta l vez asi se pondrá buenu,
y quiera el cielo que non tengamos con el es-
tantin aquel trabayu que tenemos otres veces.
Cada dia envidio mas la fortuna de aquel
hombre que vive sin achaques.

C A P I T U L O X X V III.

Entra Don Pelayo en los confines de la Vega,


y sus renteros le aseguran ser cierta la
desazón de casa.

i ^ í o es muy fácil ponderaf lo peno­


so que se les hace el camino á dos que á
la falta de medios para regalarse, se les
añade caminar sumamente tristes. Dos
afectos diferentes, tanto .como eran las
personas, molestaban á estos principales
D B LA CANTABRIA. 289

actores de la fábula. M ateo , que miró


siempre el honor con indiferencia, juz­
gaba que su amo no tenia motivos para
estar tan tris te , y Don Pelayo como
Caballero , no solo tenia á su esposa en
el concepto de invencible , sino también
á todas las m ugeres, y el feo borron
que caía en su casa le amilanaba tanto,
que solo los ayes tristes daban testimo­
nio de que estaba vivo. Dispuso la suer­
te ( no obstante ser para los dos adver­
sa ) que pudiese el uno á el otro con­
solarse, estando heridos de distinto mo­
do , y por lo mismo dixo Mateo á su
amo.
a Yo quisiera , Señor, ya que tantu sa­
b e, que me desengañara ó me abriera los
sentidos, porque yo non alcanzo los motivos
que pudiera tener M aría Francisca para
meter aquel folganzan en casa. Vusté bien
sabe que yo estoy sufriendo fam es bien des­
comunales , y tantu por mar como por tier­
ra padecí con Vusté dos mil trabayos solo
para mantenela , y nin tampocu estoy toda­
vía muertu , que non sienta algunes veces
los estirones de la carne , y ya que yo f a ­
go lo que puedo para refrénala , non tra
munchu que ficiera otru tantu la porcona , y
(ion diera que decir aen lo que está facien -
zgo QUIXOTE

do, y Vusté puede teñese por dichosu por-


que lu está esperando mi am a , y tien casa
para descansar en e lla ; pero triste de min
que nin casa tengo , nin muyer con ganes de
dbrazame. Primero me meteré en el espltal
á que me mantenguen de llimosna , que non
en la casa mia , en la que el bocadu prime-
ru que lleve yo á la boca estará acasu en-
vueltu en solimán para matame.
3 Ruines son tus pensamientos , Ma­
teo , dixo Don Pelayo. Quanto hace tu
M aría Francisca es una marcialidad age-
na de su cuna, pero muy conforme á aque­
lla educación que se le dió en la Yega.
Quando una muger casada tiene alguno
que la consuele en la ausencia penosa
del marido , no se atrasan las hacien­
das de la casa , y aunque el Bernardo
que la asiste nada haga por su mano,
dirigiendo los muchachos, puede ade­
lantar mucho. Si tu muger no hubiera
pensado de ese modo , acaso de pena
enfermaría , y quando tu llegases, ó es­
taría difunta ó tendrías que gastar un
dineral en recetas de pestíferas bebidas
y ungüentos asquerosos. La casa que no
tiene algún hombre de respeto es repu­
tada en poco, y es éste otro m otivo jus­
to para tener tú qi^ agradecer aquella
DE LA CANTABRIA. 29 1
molestia que se tomó B ern ard o, ocu­
pando tu lu g a r, y guardándote siempre
aquel honor que es justo. Tú mismo ve­
rás que asi é l , como M aría Francisca
te darán un millón de abrazos, celebra­
rán tu arribo y despues de los justos
parabienes se retirará Bernardo á su ocu­
pacion antigua ; y si alguno quisiese in­
comodarte con algunas nuevas, dile que
nadie como tú tiene obligación á saber
los procederes de tu esposa; y aquello
de acordarse tanto de t í , amigo Mateo,
en presencia dé Bernardo, manifiesta sin
misterio , que despues de Dios tú solo
le robas los afectos. Tú hallarás en tu
casa aquello que mas quieres , que es
tu muger é hijos ( pedazos del corazon
de un tierno padre); pero ¡triste de mi!
que saldrá acaso á recibirme mi M aría
Josefa hecha un mar de penas, y miran­
do por la casa no veré en ella aquellos
hijos que me consolaban, y si por inad­
vertencia , ó mucha confianza suya se
presentan , serán cebo á una ira justa.
Non manche les manes , Señor mi am u , in­
terrumpió M ateo , en una sangre que vien
í ser ¡a misma que tien Vusté en les venes.
Que dé Vusté una buena reprensión á los
rapaces , para que otra vez non fa g a n otru
X 2
39 2 QUIXOTB
tantu , santo y bueno ; pero matalos vien á
ser una borricada , porque en pasándose qui­
nientos años , ya non se acuerda nayde del
disparate que agora están faciendo. Ni en
quince siglos, sa lva ge, se quitará el
borron que van á echarme , dixo enoja­
do Don Pelayo , pero quiero hacer no­
che en casa de un rentero mió para usar
de las regalías. Pareció bellamente á Ma­
teo el modo de pensar de su amo, y di­
ce la historia que durmieron en casa de
Miguel M alpuesto, que era uno de los
renteros que cerca de la V ega tenia
nuestro Caballero. Recibióle con mucho
regozijo Miguel M alpuesto, quedándose
por lo mismo muy admirado Don Pela­
yo , y tanto que le dixo : Y a estoy en­
terado , M ig u el, de la novedad infausta
acaecida en la V e g a , y en el tiempo
que yo falto. También á mí me lo con­
taron , Señor Don P e la y o , respondió
Malpuesto , pero como importa poco no
hice caso de la especie. ¿ Con qué im­
porta poco, amigo , replicó con ayre Don
P elayo, que mi hijo mayor se haya des­
graciado , y que M aría Rosa peche en
el dia de mañana? Poco la importarán
los pechos , Señor Don Pelayo , respon­
dió Malpuesto. Casandose con un mozo
DE LA CANTABRIA. 2.Q$

rico no la faltará que com er, el mucha­


cho ajuiciará con el nuevo estarlo , y la
moza con quien se casa el Señorito Dori
Romualdo, nunca puede deslucir la ca­
sa de los Infanzones de la Vega. Todos
los pecheros, en el particular de la no­
bleza , pensáis regularmente con infa­
mia , dixo Don Pelayo. Si un nieto mió,
hijo'de los tales, pretendiera una Cruz
de M alta la perdería sin rem edio, por
no poder justificar la ilustre descenden­
cia de los quatro abuelos; y verificado
este lance ¿importa poco que se case con
la hija de un pechero, aunque esté muy
rico? Todo eso se rem edia, Señor , me­
diando el oro , replicó Malpuesto. Y
¿qué necesidad hay de gastar un dine­
ral en semejantes lances , /amigo M al-
puesto ? dixo Don Pelayo. En una casa
llena de oro , Señor mió , poco se echa
de menos el dinero, replicó Malpuestoí
De basura estará lle n a , que no de oro;
dixo Don Pelayo. Vosotros porque vei»
que Trabieso se dá una buena vida y ma­
neja quatro reales , ya le suponéis tnn
rico como el conquistador P iz a rro : si le
van á tomar cuentas se verá que na<’a
es suyo de quanto hoy m aneja; los mrs
de los mercaderes se mueren apostemé'
294 QUIXOT*
ido el coraron con crecidas deudas , y de
la que tienen con nuestro Dios viven ol­
vidados : el giro , los nuevos arbitrios
para centiplicar la hacienda, y las usu­
ras que cometen cada dia les embelesan
los sentidos y potencias; para lo demas
parece que no vive n , y no saben á qué
se reduxo la alianza que nuestro Señor
hizo con Abrahan quando le eligió pa­
ra sí de entre los hombres que habia en­
tonces. Esas son todas cavilaciones de
Vm. Señor Don P e la y o , replicó Mal-
puesto. Lo mismo digo y o , amigu Miguel,
confirmó M ateo , y por munchu que fago
non puedo consolalu. Mayores motivos di es­
tar triste tengo yo , amigu A lig u el , tenien­
do la mió muyer un rapazon en casa desde
que yo fa lto , según me cunto Pachin de la
Solariega. Eso tampoco quiere decir mu­
cho , amigo Mateo , respondió Malpues-
t o : porque si contándote difunto intentó
casarse , nada te ha agraviado, y se re­
duce á que se separe el rapazon luego
qne tú llegues, y debe hacerlo a s i, por­
que aunque en otros tiempos fue permi­
tido á los hombres tener dos.óm as mu-
geres, nunca se le concedió á una mu­
ger tener dos m aridos; y lo mas malo
es para é l , que tiene que dexarla lúe*
tS C ' c á n t a b r t a . 295

go que tú llegues , porque eres tú pri­


mero: Fartu será , amigu Miguel, que tú y
Solariega non anduvieseis á una misma es­
cuela , interrumpió M ateo, porque entram­
bos sois de parecer , que maldita la cosa im­
porta que Pachona tenga un folganzan en
c a sa , mientres ando yo ganando la vida
per el mundu. Una muger ya de dias co­
mo tu M aría Francisca , amigo M ateo,
replicó M alpuesto, y por otro lado fea,
achacosa y estropeada, no piensa en otra
co sa , que en comer y en que la dexen.
E l diablu nunca me lleve , amigu M iguel ,
si non puede ser eso la verdá pura , repli­
có Mateo : y ya digo que malditu remor-
dimientu que me queda : y encarándose
con su amo dixo : M ir e , Señor mi amu,
como yo me fa g o cargu de les coses. ¡Ay,
M a te o ! este mal de que yo adolezco tie­
ne peor rem edio, dixo Don P elayo ; él
me quitará la v id a , y asi déxame solo,
porque si la pena acaba de matarme
tendré mucha fortuna. V iv a la gallina ,
Señor, anque'sea con pepita 1, replicó M a­
teo. Si Vusté se muere solo de pesadumbre,

1 Enfermedad que da á las gallinas en ta


lengua , y es un tumorcillo que las enron­
quece , y no las dexa cacarear.
2.g6 QirnroT#
dirá la muerte que non encontró con hombre
mas cobarde ; si muriera Vusté de un gar­
rota? u yo non me espantara , porque en tal
parte pudiera caer que lu partiera de me­
dio á medio la cabeza , pero porque los ra­
paces se casen ó non se casen , murirse un
hombron del tamañu de V u sté , vien á ser
una borricada , y asi échese á dormir , y
descanse un p o c u , porque munches veces
por non dormir lo que mos f a y f a l t a , sue­
le andar al redor con nosotros la cabeza.
Acostóse Do» Pelayo para sentir á so«
las aquel mal que tanto le afligía.

C A P I T U L O X X IX .

lle g a á la Vega enfermo Don Pelayo y


hace cama , luego que se apea en su ilustre
casa , del penoso y largo viage.

i J am a s piulo el Caballero Don Pela­


yo reconciliar el sueño en aquella noche
que hizo en casa de su rentero Miguel
Malpuesto ; tampoco deseaba levantarse
para llegar á casa, porque contaba lia-
llar la muerte en ella. Era tan grande
la aflicción que padecía , que principió
á levantarle calentura , y conociéndose
ya enfermo , no quiso molestar en cas»
^ÉTE 0ÁNTABRIA. 297
flgena , y aunque con trabajo, montó cit
el dromedario, y llegó á su casa despues
de anochecido. Procuró no alborotarla,
y asi llamó M ateo silenciosamente á las
puertas de ella , vino á abrir Anselmo,
y advertido del estado de su amo, en­
tre los dos criados le llevaron á la ca­
ma dando el afligido Señor muy á me­
nudo tristes ayes; conocióle muy presto
Doña M aría Josefa , que abrazándole ca­
riñosamente dixo : Seas llegado á mis
brazos, cansado y desdichado esposo. En
hora menguada saliste de tu casa para
Teñir cisi difunto á ella. No eran bas­
tantes los trabajos del camino , querida
esposa , dixo Don P e la y o , á menosca-
varme un punto, y yo llegaría á vista
tuya remozado, si no me hubieran he­
rido en el alma esos dos aleves hijos,
que hemos criado para que sean nues­
tro mayor cuchillo. Ahora verás por ex­
periencia , esposo , replicó Doña M aría
Josefa, como yo te aconsejaba con ma­
duro juicio ; mira la falta que hace un
padre á la vista de sus hijos. Ellos se
reprimieron hasta que te vieron embar­
cado, pero luego que perdieron de vista
la fra g a ta , dieron libertad á:sus pasio­
nes. Estaba entre cenizas el fuego que
298 QtnxeTB» w
las calentaba, pero aquel ayre mismo qué
empujábala nave que te conducía, levantó
en ellos tan poderosa llama, que nostraxo
al miserable lance en que nos hallamo$.
M il veces te escribí para que te volvieras;
pero ó no recibiste mis cartas, ó las tu­
viste en poco, como siempre has hecho
con quanto yo te he dicho. Ninguna car­
ta tuya he recibido, esposa, dixo Don Pe-
layo. Los contrarios y recios vientos ar­
rojaron la nave á la Gran Bretaña; y
si allí hubiera tenido aviso tuyo de loque
pasaba en casa , abandonaría todos mis
proyectos. Arrimaríame sí á las aguas,
lamentaría á sus orillas mi desgracia, y
juntándose á escucharme como á otro
Arion los brutos compasivos , me arro­
jaría á la inmensa playa de Neptuno,
y no. faltára un Delfín amante que me
conduxese, y me arrojaría ufano á nues­
tra o r illa , para que quanto antes en­
trase yo en la Y e g a , y me vengase de
quien me deslucía. Siento digas que he
tenido en poco tus consejos. ; A h ! La
vanidad se apoderó de mí mas de qua­
tro veces, viéndome cabeza de una mu­
ger juiciosa y discreta al mismo tiempo.
V ivo persuadido á que la catástrofe del
dia no podría evitar y o , aunque estu-
fií^ aÍN T A B lU A . 299
riera en casa. N o lo creas , esposo, re»
plicó Doña M aría Josefa. L a presen*
cia de un padre y de un m arido, que
puede castigar á sus hijos á menudo, y
reprehender los adelantamientos de una
muger libre , contiene á unos y á otros
en su deber christiano. Si M ateo , aun­
que es un pobre majadero , no hubie-
ra desamparado , como desamparó, la
com pañía, excusaba hallar en su casa
una novedad que va á pasmarle : su mu­
ger está escandalizando toda aquella tier;
ra con un hombíon en casa. Ya io sa­
bemos , Señora , replicó M a te o , excusa
Vusté recalcálo tantu , nin tien qne n ú rí-
me tan en tentes 1 para cuntar el cuen*
t u ; y si la mió Pachona se adelantó í f a ­
cer alguna picardía , eche la culpa á mi
em ú , que non sabe salir de casa sin que
yo lu vaya acompañando; pero discurro que
Vusté entiende muy pocu destes coses , y es­
toy por lo que d iz mi am u , que tien obli­
gación á sábelo todo : d iz que todo ello
vien í ser una patarata , y que se llama,
tnaterialidí el que les muyeres busquen ham­
brones quando los maridos están fuera. M a r­
cialidad , y no m aterialidad, M a te o : no

1 D e hito en hitó.
300 Q viTeTÉr * *

me levantes falsos testimonios, dixo Don


Pelayo : N on. quisiera llevantalos , Señor,
respondió M ateo , y tamien se acordará
Vusté de lo que me decia per el camin pa­
ra consolante, quando aseguraba que Ma­
ría Francisca habia deprendido todes es­
tes coses que agora está faciendo en esta
misma casa , y que todo ello era una pa­
tarata. No creas á tu amo, M ateo, re­
plicó Doña M aría Josefa, porque co­
mo él no sabe fabricar moneda falsa,
juzga que los demas no la fabrican. Tu
muger habrá lieclio burla de tí ocho*
cientas veces mientras estás ausente: ¿en-
tendísteme , Mateo ? Sí Señora que la en­
tiendo , respondió M a te o ; pero con una
que yo v ie r a , tenia lo que la sobraba pa­
ra ir á ver los parientes que tien en
el otru mundu ; y non viéndolo y o , ¿ por
qué tengo dar creytu á Vusté ó á otra fa -
ladora ? ¿ Entendióme Vusté , Señora ? D i­
ces bien , M ateo , dixo Don Pelayo: el
marido sospechoso no puede decir que
v iv e : con estimar á su m uger, darla
buen exem plo, reprimir la altanería si
la tiene, prohibirla el luxo y los entre­
tenimientos peligrosos , va dando prin­
cipio á la pesada ley de la coyunda.
Si todos los maridos hubieran de es tac
301
metidos en sus casas , y al lado de las
esposas que el cielo les ha dado , nada
adelantarían sus estados. Ellas tampo­
co están por una reclusión estrecha del
ve la d o , tienen sus horas de comer y
beber distintas, quieren verse solas pa-
Ta disfrutarlas , entonces la presen­
cia del marido se las hace muy pesa­
d a ; y si conociendo él esto mismo sa­
le de paseo , ó va á ver lo que ha­
cen los criados , le tienen por discreto,
y le reciben cariñosamente quando se re­
tira. A eso me atengo , Señor , respondió
M ateo , y agora cómia si puede alguna
cosa.
a Parecia que estaba menos malo el
Caballero Don Pelayo , y fue causa pa­
ra que sus domésticos permitiesen á un
estrangero que le visitara, quien entran­
do en la alcoba en que estaba nues­
tro Caballero enferm o, y arrimándose
á $u cama dixo : Primo Don Pelayo ¿ qué
accidente le tiene á Vm . postrado en
cama ? Abrió los ojos Don P e la y o , y
conociendo al que le cogió la mano di­
xo : Sea Vm . muy bien llegado, primo
Don Canuto. ¿ Viene Vm. por dicha des­
prendido de las ligaduras de la Isla?
Sí Señor , dixo Don Cauuto. Por la pie­
302 ■
dad inmensa de los Cielos abjuré ya en
Roma los errores , y he corrido mas li­
gero que los vientos, con deseos de ver
y abrazar á mi buen primo, conocer á
los Pampliegas , y enlazarnos los dos
con nueva parentela , casándome con una
hija de mi primo Don Pelayo. ¡ A y pri­
mo Don Canuto ! exclamó lleno de pe­
na Don Pelayo. L a que pudiera dar á
Vm . para que la recibiera por esposa
acaba de casarse con un picaron tunan­
te, hijo de un Mercader de lienzos, tram­
poso y pechero juntamente; y á mas de
esto mi hijo mayor Romualdo se casó tam­
bién con la hija mayor del Mercader que
digo, y esta novedad me tiene como Vm.
ve en términos de perder la vida. Sien­
to no tener en proporcion alguna otra
de mis hijas para que Vm . cumpliera
sus deseos. L a parentela de Vm. está
de aquí tres leguas, y sí yo pudiera in­
corporarme le acompañaría. Amigo , ya
yo no soy aquel Caballero que trató Vm.
en la Gran Bretaña. Mientras adelan­
taba yo por reynos extrangeros, estaban
en mi casa robándome el honor mis hi­
jos. Siéntolo en el alm a, amado primo,
dixo Don Canuto ; y no pudiendo comu­
nicar á Vm . el alivio que le fa lta , ni
* ^ c jg p n m iA . 303

Vm. á mí mucho de lo que me prome­


tió en la I s la , desde aquí me vuelvo á
mí querida patria. Salióse al decir es­
to , y Don Pelayo llorando decia de es­
te modo.
3 Nunca un mal viene sin otros in­
finitos que le hacen compañia. Esto me
faltaba para acabar de desmayarme. Y o
fui causa de que el Señor Don Canuto
de Pampliega se desterrase voluntariamen­
te, y con un dolor poderoso que me opri­
me le veo volverse á su p a tria , en la
que corre mucho riesgo aquella alma que
tantó costó al mismo Señor que redimió
la miá. Si mi desobediente hija no se hu­
biera desgraciado , la casaria con este
recien convertido Caballero. E l es muy
noble, y la apreciaría infinito: pero ¡ay
de m i! yo ocupo mal estas pocas horas,
mandaré que llamen al Cirujano para
que se entere, si puede, del mal de que
adolezco.
304 ^ V

C A P I T U L O XXX.

Acaba su vida Don Pelayo con sentimiento


verdadero de quantos le trataban.

, D « hora en hora se iba malignan*


do la indisposición al Caballero Don Pe-
layo; metió en cuidado á su querida es­
posa , y como la mayor pena hace po­
ner en olvido las menores, y no la hay
mas grande que aquella que concebimos
quando sabemos que vamos á perder la
vid a, eso fue motivo para que se diesen
disposiciones de que viniese el Ciruja­
no á visitarle. Llamáronle con zozobra,
vino Andrés Camueso ( que asi se lla­
maba el Cirujano ) , y pulseándo á Don
Pelayo , dixo : Este , Señor m ió, es un
dolor pleurítico, y. conviene al puntóla
sangría. Reflexione Vm. Señor Camueso,
dixo Don P elayo, que tocio el dolor ten­
go en el estómago , y si fuera inflama­
ción de la pleura me dolería el lado, y
no doliéndome me parece peligrosa la
sangría. Los dolores de costado , Señor
m ío , replicó Camueso, unos son leales,
traydores otros, ó para que Vm. mejor
nie entienda f los hay nobles y los ha/
^ 30;

plebeyos. Nobles son los que de luego á


luego se nos manifiestan, y los plebeyos
aquellos que no sacan la cabeza sino
para quitar la vida al paciente que los
sufre. Este que á Vm . aflige es bastar­
do ó plebeyo, y no punza ahora al la­
do , porque es fa lso , y si mi dictámen
es de poco m érito, llamen Vm s. al Doc­
tor Fiereza que hoy se pasea por la V e­
g a , y estarémos todos á lo que nos man­
de. Hízose a s i, presentóse el Doctor Fie­
reza , que enterado de los principios y
motivos que tuvo Don Pelayo para caer
enferm o, dixo : Este Señor está todo
apostemado, tan excusada es la sangría,
como toda purga. Aquí no hay pleura,
Señor Camueso , la sangre está helada
casi to d a , el esputo es un indicante fuer­
t e , la languidez del pulso nos dice que
en otro tiempo tuvo mucho cuerpo : aquí
no nos falta otra cosa mas que un poco
de singulto para asegurar que la muer­
te está vecina. No permita el cielo que
el Doctor Fiereza engañe á los enfermos:
y encarándose con Don Pelayo dixo: Dis­
póngase Vm . Señor Caballero , pórtese
ahora como buen christiano, haga su tes­
tamento , y entre tanto le dispondré una
opiata para ver si con ella se alivia un
TOAUIII. V*
306
poco , aunque no tengo la mayor satis«
facción en ella. ¿Con que se inclina Ym .
Señor F iereza, dixo Don P elayo , á que
yo me muero ? Sí Señor, respondió F ie­
reza. Pues , am igos, á lo que mas im­
porta , dixo Don Pelayo , llaménme á mi
P árroco, pues como pastor propio quie­
ro que se entere del estado de esta ove­
ja suya. Vino el Padre C u r a , confesóse
como buen christiano , lloraba amarga­
mente , y en medio de los sollozos entró
Mateo á v e rle , y le dixo valiéndose de
aquella satisfacción grande que con su
amo tuvo siempre. ¿Ansi Dios lu salve, Se•
ñor mi amu , como aqüestes coses van de
veres ? Home , non sea bobu , mire que ten­
go ya vcnticinco rapagones con les f e so-
ries 1 en les manes , esperando saber en dón­
de hemos de abrir les mines , llevámese y
non fa g a casu de eses patarates , y de ca-
min dará satisfación i un paisanu miu p e­
que/tu , ruin desde que tien mocos , y cas­
tigad u por la mano de Dios , porque tien
les pat es desiguales ; y d iz í voz en gritu
que lo que anda escrito de nosotros debía
quemase por mano de berdugu , como si lle­
vantáramos algún fa lsa testimoniu ó como si

i A zadon es.
¡^pt 307
t i fuera hombre para fa la r de nosotros co­
mo el que escribió la historia. Yo bien co­
nozco que la envidia puede munchu , y asi
non fa g o casu de lo que p red ica , y si (■''us­
té se metiera á disputar con el qu¡ diso,
habia perdey el respeta porque ye un f a -
lador y un combayon 1 , para fa cer negó-
ciu ; pero volviendo á nuestiu asuntu , in­
corpórese mi amu por M a ñ a Santísima, non
se engoruye a tantu , mire que la muerte
vien algunes veces porque mos acobardamos:
acuérdese que el Seíior Iiodilles estará es­
perando cargues de Azebache para pasóles
á les Indies. Si Vusté viera al Rocinon dar
blincos y relinchar en P ra u , habia plasma­
s e , y de aquí á dos meses non hay Caballu
como él en toda aquesta tierra. Y a todo
eso se ha acabado, amigo M ateo , dixo
Don P e la y o , otro tendrá las utilidades
de ese nuevo invento, y no juzgues que
el no perfeccionar el proyecto me causa
alguna p en a ; la mayor que tengo nace
de haberme enloquecido con lo ilustre de
mi cuna, y á un modo de pensar tonto,
vano y casi gentilicio, vino bien para
reconocerme el lance que me pasa. Y a f

I A d u lad or,
a Encoja.
3 o8 n m m m ^
gracias á D io s, Mateo , confesé mis cul-
p a l , y enteré á mi Párroco de aquel en­
tusiasmo raro que me dominó acaso en
los mejores años : solo me resta hacer
mi testamento , y estoy esperando al Se­
cretario para disponerle antes que se
me desbarate la cabeza. Entró en esto
Bafael Em bastes, Secretario de la Ve­
ga , á quien despues de haber puesto la
cabeza del Testamento, dixo Don Pelayo.
i Primeramente digo, Señor Embus­
tes , que despues de la protesta que de­
bo hacer como christiano , la que hago
como Caballero es , que juro del modo
mejor que todos quieran, que la verdade­
ra, mas ilustre, y distinguida carta execu-
toria es aquella en que descuella la vir­
tud de un hombre adornado de buen jui­
cio , y que la humildad es el cimiento
mas sólido de esta fidalguia, y digo tam­
bién que toda carta ó fidalguia que so­
lo se apoya con privilegios, esenciones,
escudos , señoríos , derechos á imponer
gavelas , pero acompañada con una al­
tanería, soberbia, y ruin proceder del Se­
ñor que la ha heredado, debe tenerse
en menosprecio , y del tal Caballero no
hacer caso. Item : que_ desengañado y
acuchillado yo el Caballero Don Pelayo
Infanzón de la V ega en lo que aquí di­
go : mando á mis Albacéas , que antes
de dar tierra á este cuerpo mió entresa­
quen de mi librería todos los Novíliarios
sin excepción de uno tan siq u iera, co­
mo también infinitos papeles muy anti­
guos que tengo yo en mi archivo (con
tal que no sean escrituras públicas , ó
algunos testamentos, que manifiesten el
derecho que mi casa tiene á las hacien­
das que al presenté goza ) ; y sacados
todos y amontonados, sin invocar á Dios
nuestro Señor , á su Santísima M adre,
ni á Santo alguno , los entreguen á las
llamas , y guarden muy guardadas las
cenizas hasta que sople un ayre cierzo,
que las aparte cien leguas á lo menos
de toda la Montaña , especialmente de
esta Vega. Item , digo que aunque mis
hijos tomaron estado sin pedirme á mi
licencia, no les sea esto estorvo alguno
para disfrutar lo que les toque, en aten­
ción á que yo les di motivo , dexándoles
á su libertad en aquellos años en que
peligraban , por marcharme á escanda­
lizar el mundo con proyectos muy des­
concertados , y asi les perdono si algún
mal me han hecho, para que Dios nues­
tro Señor me perdone un monton de cul-
v 3
JJTO w w
pas. Item , quel á Mateo mi criado se lé
paguen los salarios que le debo , y en
esto estarán mis albaceas á la cuenta
que él mismo presentáre, caminando en
la inteligencia ríe que está ajustado á do-
ce q ti artos cada dia. M i amu y Señor, mi­
re p jr su alma , interrumpió Mateo.
/icuérdese de que quedamos conformes en que
Vusté me habia de pagar á rial y media
cada dia. Ahora es la ocasión, Señores,
de que Vms. se conformen', y quedemos
en una cosa cierta, interrumpió Rafael
Embustes; por poca cosa no se anule
mañana ú otro dia el testamento, ó echen
la culpa al Secretario; la parte mas dam­
nificarla lia de decidir el punto, y lo e9
el Caballero Don P elayo, porque Maleo
es parte sospechosa. Hago memoria, Se­
ñor Embustes , dixo Don Pelayo, que nos
convenimos en el real y medio , y le su­
plico me perdone quanto mal le hice, po­
niéndole en precisión de que las gentes
de juicio le tengan en un mal concepto.
En eso estamos iguales , Señor mi amu , in­
terrumpió Mateo , entrambos anduvimos
una carrera misma , y tanta burla farán de
min como de Vusté , y Dios mos perdone í
todos ; pero non se olvide del dineru que
se debe al Señor Rodilles. No se me olvi­
311

da , Mateo , lo del Señor Rodiles , dixo


Don P e la y o , y asi ponga Embustes de
deuda en Cádiz al Señor Rodiles ocho­
cientos reales. Item : prohíbo desde aho­
ra á mis hijos y albacéas que me sepul­
ten en Panteón alguno pues ya que los
he quitado, quiero aun despues de muer­
to mantenerme en la determinación que
tuve.
3 Concluyó á gusto suyo el testa­
mento Don P elayo, mandó que le de-
xasen solo , para recorrer despacio otra
•vez los pasos de su vida , y hecho un
mar de lágrimas acabó sus dias.

C A P I T U L O XXXI.

D an sepultura al cuerpo del Caballero Don


Pelayo , siente su muerte Mateo , tiene no-
tiiia de que su muger es ya difunta , y no
pudiendo resistir á tantas penas , espira
en la misma Vega.

I (Q u a n to en el mundo vive está su­


jeto á la forzosa pensión de lo caduco.
Llegó el instante fatal en que la parca
nada lisongera, apartó de la sociedad hu­
mana al insigne Don Pelayo. Divulgóse
en la Vega su fallecimiento, y se coumo-
312 Q tflfflfS

vieron todos porque era muy amable. A l­


gunos primero se enteraron de su muer­
te, que del arribo del penoso viage, por­
que fue muy silencioso, como ya diximos.
En quien hizo mayor impresión la falta
de nuestro héroe , fue en el agradecido
Mateo de Palacio. Lloraba amargamen­
te , y decia entre sollozos: ; A y , probe
hombre! y cómo te quedasti sin arrimu á b
meyor del tiempu. Agora que pensaba yo f a -
ceme poderosa con la nueva fábrica , en un
emplcu de ganancies munches , fallóm e el
amu que me lu tenia mandadu. Volverm e á
lo conocido , ; A y fa lsa muyer , y qué mal
me correspondes ! pero corazon non desespe­
res , que muyeres son muyeres ; abrazará-
me la probe quando entre per les puertes, y
Biatin me recibirá llorando : anque yo non
sé cómo componeme para perdonar á la mu­
yer tantes picardies como usó conmigo , me­
tiendo un folganzan en casa. Entraré de no­
che en ella , andaré pasiquin 1 , atra­
pa/ élu quando esté dormidu , y anque lu
afuegue sin que se defienda, ó hy dé un gar-
rotazu á manteniente 1 diablos cosa importa
porque todo me lo tien merecido el bribón

i Silenciosamente,
a A s e g u r a r el golpe.
l á c a n t a b r ia . 313

taym adu ; pero si me asusto , y non acierto


el tiru , revolverinse sobre min los dos, y se
cebarán rabiosos en aqüestes carnes ; y asi
estáte quietu , M ateo , mira que les muyeres
y los hombres son el d ia blu , y agora ve á
encomendar á Dios á tu amu. Dios nues-
tru Señor habrá, tenido misericordia de su
alm a , porque era de un corazon benditu. E l
nunca tuvo tirria 1 conmigo, anque lu pro­
vocaba ; fa c ia mas llimosnes y servicios de
lo que a l parecer pudia , enseñaba á los ra­
paces el camin del cielo. Madrugaba al al-
v a de Dios y trabayaba como un negru, nun­
ca lu vimos de veres enfadadu , tampocu apri­
sionó í los caseros anque se descuidasen er\
pagar la renta, comulgaba mas de nueve ve­
ces en el añu, y sin rezar el rosariu á M aría
Santísima nunca se acostaba. Dichosu de él ,
que ya estará descansando con mi amu el Se­
ñor Don Aries. Cesó en sus exclamaciones
M ateo de Palacio , porque sacaron el
cuerpo de casa para sepnltarle; y cami­
nando en un todo los Alvacéas con a r­
reglo al testamento , no sepultándole en
Panteón alguno, fueron , no obstante, de
sentir se señalase su sepultura con el
epitafio que aquí sigue:

1 Enemiga.
Q U IS O T E

Aquí yace Don Pelayo


Infanzón el de la V ega,
Cuya casa Solariega
Tiene fama en Villarcayo T.
Hasta el último desmayo
Habló de la fidalguía,
M as entonces ya decia:
Que la mas alta nobleza
E ra asentar la cabeza,
Y lo demas tontería.

Estaba la familia del difunto Caba­


llero ocupada en encomendarle á Dio»
en el novenario, tampoco permitieron á
Mateo que se ausentase por entonces; ó
ya porque dispondrían pagarle lo que el
difunto le debia con arreglo al testa­
mento , ó ya porque desearían introdu­
cirle con su muger de un modo prudente,
sagaz y también chrístiano : pero sea co­
mo fu ere, lo que por la tradición nos
consta es que Mateo recibió con un pro­
pio la carta que aquí sigue :
2 Amigu Mateo , la tó mujer está ya
entarrada ; casóse de secreto con Bernardon
t i Fariñcntu , pñm u carnal del Perendengue

i V illa en las M ontañas de Santander.


LA CANTABRIA. 3 15
Quando supo que tú estabas vivu y buena,
aturdióse tantu que se murió de pena: enco­
miéndala á D io s , si puedes , y sabrás que
tu amigu Antón de Casu , maridu de la
Cordonera , plañid encima de la sepultura
isi lletreru : enseñaráslu á los amigos , y tú
manda á tó pariente Zapalinos.

Pachona la de Zeñal,
^Tuyer de toma y rolliza.
E l MiérooLes de ceniza
Se murió del postrer mal.
Fue al maridu desleal.
A m iga de los licores.
M a te o , tú non la llores.
Porque rmiycr de esa traza
Toparásla en una Plaza
Bien demas á todes liores.

3 Con esta carta acabó M ateo de


aturdirse , 110 tuvo fuerzas para sopor­
tar tanto tropel de penas , olvidóse do
todo lo del mundo, y teniendo solamen­
te cuidado de su alma, estiróse todo pa­
ra morir , al cumplirse el novenario del
fallecimiento de su amo : dieronle sepul­
tura á su izquierda, y pareciendo conve­
niente señalarle también con epitafio,
aún se percibe el que aquí se pone.
316 ^ u IX O T E

A quí yace el embustero


M ateo , fiel caminante,
Que fue del mejor andante
E l mas pesado escudero.
E ra nada lisongero,
D e estatura un poco baxo,
L a lengua como estropajo;
Pero bastante sagaz
Para procurar la paz
Y llenar muy bien el cuaxo.

Fin de esta nueva Historia.

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