Primer encuentro de sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana

LA SOCIOLOGÍA EN EL SIGLO XXI. DILEMAS, RETOS, PERPSECTIVAS 16, 17 Y 18 DE OCTUBRE DE 2007 Unidad de Congresos del Centro Médico Siglo XXI

La sociología de las profesiones. Asignatura pendiente en México.
Dr. Arturo Ballesteros Leiner TEL. 58495337 aballesl@upn.mx / aballesl@hotmail.com Universidad Pedagógica Nacional Cuerpo Académico: Procesos Institucionales Y Constitución del Sujeto en la Educación. PICSE-PROMEP

Resumen El artículo presenta tres ejes de análisis, por una parte se exponen algunos de los retos más representativos en la sociedad actual, para la educación en general y para la educación superior en particular y entre los que se destacan la necesidad de construir un modelo educativo alternativo. Por otra parte se intenta posicionar, en los debates actuales, a la sociología de las profesiones y sus aportaciones a las discusiones sobre la mejor manera de responder al divorcio existente entre la formación profesional y las necesidades del mercado de trabajo para los nuevos profesionales egresados de las Universidades. Por último, se expone el curso seguido por las diferentes maneras de trabajar los análisis en el campo sociológico del estudio de las profesiones, resaltando aquellas que han seguido una interpretación weberiana. Al final, se subraya la necesidad, tanto en sentido teórico como empírico, de redoblar esfuerzos para

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continuar con la investigación sociológica sobre las profesiones en nuestro país.

Keywords: modelo pedagógico, aprendizaje, profesión, sociología de las profesiones, clausura profesional, formación profesional, globalización,

mercado de trabajo.

Abstract The article presents three axes of analysis, on the one hand expose some of the most representative challenges in the present society, for the education in general and the higher education in individual and between which they stand out the necessity to construct an alternative pedagogical model. On the other hand it is tried to position, in the present debates, to the sociology of the professions and their contributions to the discussions on the best way to respond to the existing divorce between the professional formation and the necessities of the labor market for the new withdrawn professionals of the Universities. Finally, the course followed by the different ways appears to work the analyses in the sociological field of the study of the professions, being stood out those that have followed an interpretation weberienne. In the end, it is emphasized on the necessity as much in theoretical sense as empirical to redouble efforts to continue with the sociological research on the professions in México.

Keywords: pedagogical model, learning, profession, sociology of the professions, professional closing, professional formation, globalization and labor market.

1.-Los nuevos retos para la Educación Superior Las sociedades modernas conceden a la educación un lugar muy especial. Siempre se ha otorgado al proceso educativo la responsabilidad histórica de formar los cuadros técnicos y profesionales del futuro, la no menos compleja tarea de crear un perfil ciudadano, el “hombre nuevo” de las sociedades de mañana. Ante los rápidos cambios que se producen en las sociedades 2

contemporáneas

–reordenamientos

de

las

economías,

regionalización,

globalización de la producción y comercio, redefinición de las políticas sociales, reconfiguración de los mercados laborales, etc.- el sistema educativo se encuentra frente al reto de adecuarse a las nuevas realidades y anticipar su evolución inmediata. ¿En qué medida se ha renovado el proceso educativo, cuáles son las nuevas opciones de formación que se ofrecen? (Dijoud, Paul: 2000:19)

Ya no podemos negar el aceleramiento de los cambios que vive la humanidad en su conjunto y expresados en forma muy particular en las realidades nacionales. Entre estos, las modificaciones estructurales en la economía, en la política y en la administración del entorno han impactado directamente al mundo del trabajo y por supuesto al mundo educativo.

En términos generales, tanto en la dimensión laboral como en la educativa, los procesos de modernización representan retos y oportunidades de particular relevancia. Se ha señalado que un reto de gran importancia es el de la competitividad, lo que sin duda tiene que ver con un proceso acelerado de evoluciones tecnológicas y de carácter político-administrativo, a nivel internacional, nacional y local.(T. Miklos: 2000: 20-22)

La educación procura que los hombres y las mujeres se conozcan a sí mismos, se relacionen armónicamente con su sociedad y comprendan su entorno natural. Ello supone desarrollar la capacidad de transformar estas tres instancias en la búsqueda de una vida mejor, en los ámbitos material y espiritual. En todos esos niveles la educación genuina debe actuar. Educar es tanto formar el carácter como impartir conocimientos y destrezas.

Las exigencias de la globalización han marcado la importancia de considerar como elemento central de la tarea educativa al mercado de trabajo. Pero la educación es mucho más que eso. Educamos para formar seres humanos completos, dotados con instrumentos para su realización integral, no para convertirse en meras unidades productivas, deshumanizadas. De ahí que la Universidad por ejemplo prepare para el empleo pero a su vez integra una 3

tradición humanista que retoma la cultura griega, la filosofía, las letras, las artes, etc. Pero ¿qué espera la sociedad de la educación?, ¿por qué falta a menudo la debida correspondencia entre la formación profesional y el empleo? ¿Los sistemas productivo y educativo deberían informarse y corregirse recíprocamente? ¿Existe algún problema radical en la organización de la sociedad que demanda respuestas imposibles al sistema educativo y ofrece expectativas irrealizables a los estudiantes de educación superior? (Barros V. J: 2000: 18). Este conjunto de preguntas son prioritarias hoy para las Universidades y se está tratando de responderlas, aunque precariamente aun, por una subdisciplina de la sociología que se dedica al estudio de las profesiones. En otros casos, en donde no se ha desarrollado esta subdisciplina de la sociología, se ocupan de tales problemas desde perspectivas distintas, enfoques variados y multidisciplinariamente, aunque confluyen en lo que hemos llamado ciencias de la educación.

En los países, aunque en diferentes intensidades, enfrentamos ahora dos procesos de gran impacto social, por un lado estamos frente a las necesidades que presenta el nuevo milenio, la globalización que significa una nueva forma de inserción en el concierto mundial a través de una distribución y participación diferentes en el proceso productivo, distribución y consumo de bienes y servicios, resignificando todo a partir de la revolución o cambio tecnológico. Y por otra parte, el proceso de democratización por el que nos enfrentamos a la difícil misión de compatibilizar el orden público, el respeto a los derechos humanos y la reducción de la distancia entre realidades y aspiraciones. La tarea consiste en impulsar una transformación productiva que favorezca las necesidades sociales desde la creatividad de pertinencia nacional y regional. Las necesidades de la modernidad requieren de un desarrollo tecnológico y de una evolución de la representatividad y equidad social de forma paralela, para no generar dificultades adicionales en la consolidación de las formas estables de convivencia democrática. (Comboni y Juárez: 2000: 37)

La especificidad de los cambios actuales se expresa en la peculiar articulación entre el desarrollo científico, los avances tecnológicos y su aplicación en la esfera de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Sin 4

duda, la educación y la difusión del desarrollo científico y tecnológico son cruciales para lograr compatibilizar las demandas de productividad y mejorar las capacidades institucionales del país. La educación en este marco enfrenta el reto de reformular sus principios básicos como lo es el del aprendizaje. Los procesos fundamentales de aprendizaje que se requieren desarrollar y utilizar plenamente son en particular aquellos que: subrayan la importancia de la práctica, es decir el aprender haciendo; o los que usan los sistemas complejos, esto es el aprender por la aplicación; o los que fomentan la interacción entre los agentes del hecho educativo, es decir el aprendizaje por interacción.; o bien, el aprendizaje basado en problemas y en proyectos, en fin lo importante es diversificar los ángulos desde los cuales se trabaja el aprendizaje en el proceso educativo. Además es importante reconocer que el desarrollo educativo no sólo es una cuestión de innovación y difusión, sino también de aceptación social, por lo que es fundamental la generalización del acceso a los diferentes niveles de modernidad y eficiencia, es decir la democratización de la información y del conocimiento a través de la propia educación.

Es por ello que, el modelo pedagógico actual exige un replanteamiento de fondo frente a la rápida obsolescencia del conocimiento y la aparición de fuentes alternas de conocimiento como el de los medios de comunicación. El giro de modelo pedagógico que pretende afrontar estos retos reconocidos por todos, es el que se ha formulado a partir de identificar las necesidades básicas de aprendizaje (NEBAs) (Congreso Mundial de la Educación para Todos en Tailandia UNICEF 1990). Las NEBAs no son una simple tematización sino una relación entre un contenido y un contexto y buscan atender con ello los códigos de la modernidad (CEPAL-UNESCO1), los que aluden a mayores niveles de conocimiento general de manera que tengamos la posibilidad de acceder a las redes de información y conocimiento. Esto significará que la satisfacción de necesidades de aprendizaje estará también relacionada con las necesidades generadas por el desarrollo. En este contexto, modernidad significa posicionar debidamente al individuo en el sistema productivo y hacerlo partícipe como ciudadano de una sociedad democrática. Sin duda, este modelo requiere de
Códigos de la modernidad: conjunto de conocimientos y destrezas necesarios para participar en la vida pública y desenvolverse productivamente en la sociedad moderna.
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ajustes y sobretodo de un nivel de experimentación intenso. Con todo, es necesario recoger y sistematizar la experiencia que se ha tenido desde diversas profesiones en sus adecuaciones forzadas, espontáneas,

innovadoras, creativas, o bien limitadas frente a esos nuevos retos que la práctica les ha puesto de frente y de golpe.

Sin embargo, es importante mencionar que el problema de la formación de una profesión no sólo debe plantearse desde el ángulo de la innovación temática o de un solo listado de áreas de interés de la disciplina. Por ello, consideramos pertinente regresar al nivel de la reflexión general respecto del estudio de las profesiones en el contexto de la sociedad contemporánea. De hecho, el impacto de las profesiones en las organizaciones, sobre el Estado y el conjunto de la sociedad ha atraído la atención de los teóricos de la sociología desde sus orígenes. Las profesiones del siglo XIX estaban en su mayoría situadas fuera del corazón industrial de la sociedad. Su organización colegial jerarquizada no procede de la nueva forma organizativa capitalista, sino del antiguo Régimen. Por ello, las profesiones fueron un gran enigma para los teóricos sociales.

Marx intentó establecer el carácter de las clases profesionales, especialmente en su contribución negativa a la plusvalía. Contempla la especialización de los expertos como elemento básico para el desarrollo completo de la división del trabajo y del sistema de dominación de clases. Weber dedicó muchas páginas de su obra a intentar elucidar entre su racionalidad e irracionalidad. Como expertos, las profesiones aportan conocimiento al poder, y son centrales en el proceso de racionalización al facilitar formas de organización y dominación a través del conocimiento. En Durkheim, que se centra en aspectos corporativos de las profesiones francesas, las profesiones son condición necesaria para el consenso en la sociedad industrial (función de cohesión social). Las profesiones juegan el doble papel de amortiguar las relaciones entre el Estado y el individuo, a la vez que promueven una ética social superior. (Rodríguez y Guillén: 2003: 256).

Esas aproximaciones digamos que clásicas en el estudio de las profesiones fueron seguidas de diversos estudios: desde los que sistematizan la visión de 6

las profesiones como organizaciones de expertos aplicando conocimientos esotéricos (Carr-Saunders y Wilson); aquellos que hacen énfasis en las características especiales del conocimiento y pericia de los profesionales y su orientación altruista hacia la comunidad (Wilensky, Greenwood, Barber, Parsons y Good); hasta aquellos en los que: el poder es la pieza clave en los nuevos estudios sobre profesiones (Freidson, Illich, Ehrenreich), las relaciones entre profesiones y élites económicas y el Estado define su actuar (Jonson, Perkin, Derber), o bien la relación de la profesión con el mercado y el sistema de clases (Larson, Starr, Brint). (Sáez: 2003) (Dubar y Tripier: 1998)

Los estudios sobre las profesiones han pasado por diferentes énfasis. Comenzaron por estudios de casos y tipologías en donde la idea de profesionalización2 jugó un papel central. De hecho el proceso de profesionalización como tal ha sido objeto de varias interpretaciones teóricas: como medio de control de relaciones sociales, como mecanismo de extorsión corporativa, como canal de progreso individual o como forma de ocultar funciones sociales. Al final es de reconocer que todos coinciden en que una profesión es un grupo profesional con una pericia especial, basada en un aprendizaje extenso y en un conocimiento abstracto. (Rodríguez y Guillén: 2003: 258).

La característica del conocimiento abstracto como fuente de poder es el elemento central de los análisis y teorías más novedosos en el estudio de las profesiones. Considerando que sólo un sistema de conocimiento gobernado por la abstracción puede redefinir continuamente los problemas y las tareas profesionales, delimitarlos frente a otras profesiones o disciplinas y conquistar nuevos problemas. Para diversos autores como Freidson, Derber o Abbot, el conocimiento abstracto es la pieza fundamental para el mantenimiento de la autonomía profesional, las posiciones de poder y privilegio en la sociedad y organización y la supervivencia en un sistema de profesiones competitivo.

Por cierto, en el plan de estudios de la mayoría de carreras se plantea como objetivo central el identificar los conocimientos indispensables para la adecuada profesionalización de los egresados. Aunque en ningún momento, por supuesto, se precisa qué se entenderá por profesionalización de los egresados.

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De los estudios sobre las profesiones, podemos decir que las tendencias más recientes en los análisis y teorización sobre las profesiones se centran en la relación de las profesiones con la estructura social, las organizaciones y la política. El tema central por ello es el poder y el privilegio. Los trabajos más novedosos analizan los procesos y mecanismos políticos con los cuales las profesiones conquistan y mantienen posiciones de poder y privilegio en la sociedad, en el mercado y en las organizaciones. Si bien el conocimiento abstracto es un ingrediente necesario, la articulación de proyectos políticos que utilizan ese conocimiento abstracto para la definición de los problemas sociales y sus soluciones es el elemento imprescindible para la ampliación de sus jurisdicciones y el mantenimiento de sus posiciones de poder y privilegio. La relación política con el Estado, su papel en el proceso político, su dinámica y estructura política y el análisis de sus redes de influencia y acción colectiva han sido aspectos centrales en los trabajos teóricos más recientes sobre las profesiones en la sociedad organizada contemporánea.

2.- La sociología de las profesiones y los análisis neo-weberianos sobre las profesiones.

Podríamos decir que la sociología de las profesiones (SP) está presente en la mayoría de contextos sociológicos nacionales e internacionales tanto en países anglosajones, desde hace al menos seis décadas y más recientemente en países europeos. En ocasiones el tema se ha asociado con la sociología del trabajo, de la educación o del conocimiento. Se trata de una rama especial de la sociología, comparable con esas y otras subdisciplinas como la de la familia, el arte o la sociología política, sociologías que se centran en algunas instituciones sociales.

Una gran parte del trabajo desarrollado por la SP está dirigido al estudio de casos, con frecuencia relacionados con la edad, la clase social, el género, la etnia, el conocimiento y las organizaciones. Otra parte del esfuerzo realizado se ha dedicado a abordar problemas de definición de fenómenos relacionados con las profesiones; como por ejemplo, el análisis de las diversas formas que adquiere la profesión vista como institución social, o las similitudes y relaciones 8

complejas que mantiene con otras instituciones afines como la educación, el trabajo, las ocupaciones, el Estado y los mercados.

Podemos decir que actualmente la mayoría de la investigación en SP está relacionada con ocupaciones específicas consideradas como profesiones en virtud de su desarrollo histórico, su clase dirigente, su diferenciación y su entorno organizacional. Esta rama se ha, de hecho, cultivado más en el mundo angloamericano, en parte debido a la existencia en estas sociedades de una distinción más pronunciada entre ocupaciones y profesiones. Por ejemplo, las diferencias entre los gobiernos y los sistemas educativos de los países de la Europa continental y los angloamericanos han traído consigo a su vez diferencias en los sistemas y organizaciones profesionales, lo que repercute en la forma de aplicar la SP a estudios concretos; aunque sin duda abre la necesidad de fomentar más los estudios comparativos de las profesiones en diferentes países.

Esta sociología ha reconocido que la profesión es una institución social que es posible estudiarla en diferentes niveles de análisis. A nivel macro, investigando las relaciones que tiene con los gobiernos de los estados, los mercados y las transformaciones sociales. A nivel medio u organizacional mediante la investigación de relaciones entre y dentro de las organizaciones, los procesos de reclutamiento, la gestión, la cooperación, el control y la contabilidad de resultados de las mismas. Y por último, a nivel micro, se investigan sobre todo las relaciones entre profesionales y sus usuarios en sus ámbitos de actuación.

Ahora bien, en algunos trabajos comprehensivos sobre la propia SP, como el que de Dubar y Tripier (1998), se ha hecho un esfuerzo en sistematizar la diversidad de los estudios de esta subdisciplina. Encontrando que es posible distinguirlos a partir de modelos y teorías, organizadas desde tres posturas: a) la política, b) la ética-cultural, y c) la económica. Con esto, precisan el triple objeto de la SP, el estudio de: 1) la organización social de las actividades de trabajo, 2) la significación subjetiva de tales actividades, y 3) los modos de estructuración de los mercados de trabajo.

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Los modelos profesionales son concebidos como sistemas de creencias y en tanto tales son fuertemente influidos por una concepción religiosa del mundo. De esta forma tenemos básicamente tres: el católico de los cuerpos profesionales (cada quien tiene su lugar, provisto o no de un status, en el marco de una jerarquía), el de la reforma protestante o colegial (individualista y dependiente del llamado de Dios para lograr la salvación mediante su

profesión) y el liberal (radicaliza las coaliciones corporativas y el individualismo protestante).

Con respecto a las teorías destacadas, nos encontramos con el funcionalismo que privilegia el papel de la organización social a partir de tres proposiciones estructurantes de esta teoría: a) el reconocimiento de que el desarrollo, la restauración y la organización de las profesiones son el centro del desarrollo de las sociedades modernas (Parsons), b) de que las profesiones aseguran una función esencial: la cohesión social y moral del sistema social, y c) el que las profesiones representan una alternativa a la dominación del mundo de los negocios, del capitalismo concurrente y a la lucha de clases.

Contrariamente a la posición funcionalista, la SP ha sido trabajada desde el interaccionismo, valorando a las profesiones a partir de la materia y el empleo como formas de realización del sujeto. De esta manera, cualquier actividad profesional se estudia como un proceso biográfico identitario.

Esquemáticamente se resume esta perspectiva teórica en cuatro puntos: a) los grupos profesionales son el proceso de interacción que conducen a los miembros de una misma actividad de trabajo a auto-organizarse, a defender su autonomía y su territorio y a protegerse de la competencia, b) la vida profesional es considerada como un proceso biográfico que construye las identidades a lo largo de la vida, c) los procesos biográficos y los mecanismos de interacción son, en una relación de interdependencia, la dinámica de un grupo profesional que depende de las trayectorias de sus miembros en interacción entre ellos y su entorno, y d) los grupos profesionales buscan el reconocimiento de sus pares, a partir de discursos compartidos y protecciones legales.

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Finalmente, nos encontramos en la actualidad con el rescate de dos posiciones teóricas clásicas, el marxismo y en especial la perspectiva weberiana. Las que consideran como parte importante del análisis a los mecanismos económicos del control o de mercado y ponen en cuestión de las los

justificaciones

morales

las

motivaciones

vocacionales

profesionales. De tal forma que tienden a considerar a las profesiones como actores colectivos del mundo económico que han conseguido cerrar su mercado de trabajo y establecer un monopolio de control de sus propias actividades de trabajo.

Los conceptos comunes que sobresalen en estas interpretaciones son: la monopolización económica, la clausura social y la legitimidad política. Conceptos con marcada referencia weberiana y que orientan la definición de profesión como actividad que han podido monopolizar un segmento del mercado de trabajo, así como obtener el reconocimiento de su competencia jurídica y legitimado sus privilegios sociales.

Los mercados cerrados de trabajo a partir de estrategias profesionales han seguido, al menos dos vías históricas diferenciadas: 1) la que se apoya principalmente en la iniciativa del Estado que crea “credenciales o títulos escolares” y que sirven para regular el acceso al status social de los grupos profesionales en situación de monopolio (tema desarrollado ampliamente por Randall Collins en la sociedad credencialista), y 2) la vía que reposa de inicio sobre la acción colectiva de las elites sociales, haciendo reconocer una disciplina, dotándose de dispositivos cognitivos y prácticos y obteniendo poderes públicos que les permite monopolizar el mercado para una profesión.

A la primer vía se le ha considerado por los estudiosos del tema como la verificación del esquema weberiano de la burocratización. La segunda constituye sin duda una alternativa a la dominación burocrática, la del profesionalismo, definido como forma de control específico de las profesiones fundadas en :a) la competencia interprofesional basada en la práctica, y b) en la forma de legitimidad axiológica definida por valores éticos. Esta vía histórica para relacionar el saber y el poder en el contexto profesional, también 11

ha sido vista como modalidad ideológica del capitalismo burocrático moderno, teniendo su eficacia en la creencia meritocrática y la superioridad de las elites universitarias en la competencia liberal. O bien, como la consecuencia de un movimiento social contingente y reestructurante de las creencias y prácticas profesionales legítimas y eficaces.

En síntesis, la primer vía burocrática resulta parcialmente de una re-lectura de Weber sobre los modelos de cuerpos de Estado o de los gremios nobiliarios y la segunda, proviene de una interpretación weberiana de los modelos del gremio/profesión-vocación o del servicio activo. (Dubar y Tripier: 114: 1998)

A partir de lo anterior los autores en comento, sostienen que es posible plantear la correspondencia al menos indirecta entre los modelos sociales de las profesiones y las teorías sociológicas que las interpretan. Pero en este marco resalta el hecho de que las tesis, conceptos y posiciones de Weber se mantienen en la actualidad como plataforma de las teorizaciones del “hecho profesional” o “práctica profesional”, tendiendo a refigurar conceptualmente las relaciones entre el mercado, el Estado y las profesiones. Centrando así en sus análisis, la dimensión de los saberes profesionales, las prácticas y la experiencia, la legitimidad simbólica, el poder, el monopolio económico y el conflicto social.

En general, las investigaciones centradas en el enfoque neo-weberiano se han dedicado a analizar los grupos profesionales a partir del concepto de clausura social, derivado del trabajo de Weber en su texto de Economía y Sociedad. Sin duda, la argumentación que sugiere el referente teorético de Weber en esa obra nos permite un examen empírico de la naturaleza y papel de las profesiones y ayuda a trascender algunas limitaciones teóricas que los interaccionistas tienen en el nivel de las macro-estructuras y los procesos históricos que sostienen a la profesionalización.

En ese punto, es reconocida la aportación de Weber respecto de la precisión que hace sobre la racionalización general de la vida social y que propicia organizaciones cada vez más influyentes que adoptan la legitimidad legal12

racional como principio dominante de funcionamiento. La manera como las esferas económicas, políticas y sociales se interrelacionan, favorece la difusión de un mismo modelo de racionalidad y de organización y en el que finalmente termina imponiéndose la figura de los “especialistas” o del experto profesional que ha sido reconocido en su competencia por las credenciales obtenidas a través de las instituciones legitimadas para ello.

Sin embargo, ya desde aquí debemos anotar que la re-lectura de Weber por parte de un buen número de sociólogos neo-weberianos de la SP, se ha concentrado casi exclusivamente en una obra que el propio Weber no alcanzó a publicar: Economía y Sociedad. Por lo que debemos formular preguntas tales como ¿si sólo en ese texto se concentra la atención de Weber sobre la temática de las profesiones?. O bien, ¿el planteamiento de la clausura profesional es el único ángulo desde el cual el sociólogo alemán abordó el asunto?. ¿Cómo es que la profesionalización se constituyó en un aspecto esencial del proceso de modernización?. ¿Cómo explicar que las profesiones son un elemento clave para entender el paso de una socialización comunitaria a una societaria fundada en criterios racionales de competencia y especialización?. Evidentemente para abordar estas fuertes interrogantes tendríamos que remitirnos a la acuciosa investigación histórica que desarrolló Weber en diferentes campos y en particular en el de la sociología de las religiones.

Un gran ausente en ese sentido, en los trabajos de una buena parte de los autores neo-weberianos en el campo de la sociología de las profesiones

(excepción notable de algunos como R. Collins, aunque no se detuvo mucho en las precisiones sobre la noción de profesión que hizo en otras obras), es la referencia al importante texto de la “Ética protestante y el espíritu del capitalismo” y en especial la edición de 1920 (debido a la cantidad de notas de pie de página que contiene a diferencia de la de 1904) y que es ampliamente conocida en el medio sociológico. Es probable que una fuerte razón para evadir este texto sea la señalada por el Dr. Francisco Gil Villegas (Weber: 2003) en su reciente edición crítica de esa obra. Tal texto –nos dice- ha generado un debate

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que dura ya cien años y que parte de un equívoco, el de considerar que el protestantismo adquiere un carácter genético del capitalismo.

Tal polémica ha sido fértil sólo en el sentido de producir una enorme cantidad de ensayos y libros; pero ha sido muy poco fértil en el sentido de promover con mayor impulso la interesante veta de investigación que significa el plantear el tipo de eficiencia que tienen unas ideas sobre otras; esto es, la de una “relación de afinidad” entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, condensada en la cultura profesional moderna. ¿En qué sentido las variaciones del concepto de profesión que confluyeron en la idea de profesión del protestantismo ascético fueron parte de un amplio proceso de racionalización de la vida intramundana?. Habermas3 señala, por cierto, que Weber no aborda la cuestión del por qué esa comprensión del mundo que se expresa en “imágenes etizadas” (“espíritu del capitalismo”) seleccionó a la ética protestante y con ello enfrenta el problema del puesto que compete a la ética protestante en la explicación del racionalismo occidental. Tal vez aquí Habermas no le dio suficiente atención a la metáfora del “guardagujas”4 que si subraya la edición de Gil Villegas.5

Habermas, J. La Teoría de la Acción Comunicativa. Ed. TAURUS. Tomo II, páginas 429-469 “Retrospección sobre la teoría weberiana de la modernidad”. 4 El excelente trabajo de edición de Gil Villegas, pone en claro el frecuente equívoco en que se ha caído en la tesis weberiana sobre la relación entre la ética protestante y el “espíritu del capitalismo”, al considerar que en esta relación el protestantismo adquiere un carácter genético del capitalismo. Esto lo refuta contundentemente Gil Villegas, con dos ideas básicas: “la afinidad electiva” y la metáfora del “guardagujas”. Respecto del planteamiento de que entre la ética protestante y el espíritu capitalista existen “afinidades electivas” nos refiere a “una manera de relacionar en términos flexibles y abiertos, a las ideas con la dinámica de los intereses”. El término attractio electiva, lo ubica Gil Villegas, en su antecedente de un tratado de química del siglo XVIII, en el que se refiere sobre ese término a las leyes de asociación y disociación entre los elementos, siguiendo una tradición que viene desde la alquimia. De ahí pasa al gran escritor alemán Goethe, el que lo usa como metáfora básica en su novela “Las afinidades electivas” (1809). En esta novel –comenta Gil V.- se aborda el conflicto entre la naturaleza y el orden social moral a través del adulterio, en la expresión de acto deseado y no consumado, entre dos parejas que sin confesarlo desean un “intercambio de parejas”, en un proceso parecido al de la química en el que diferentes sustancias unidas en primera instancia se desvinculan cuando se presenta otro elemento “más afín”. Precisa el editor que el atractivo fundamental de esta metáfora para Weber, reside en su carácter flexible y su gran apertura, que rompe con determinismos y reduccionismos causales y nomológicos, más acordes con la compleja relación de algunas modalidades de creencias religiosas del calvinismo con la ética profesional del capitalismo moderno. Por otra parte, la metáfora del “guardagujas” se refiere a que la ética protestante tuvo un importante impacto en el desarrollo histórico del capitalismo occidental a partir del siglo XVII, puesto que sirvió como una especie de “guardagujas” que modificó la trayectoria de la dinámica de los intereses materiales en la que venía encarrilada la locomotora del desarrollo capitalista moderno. De esta manera, aclara Gil Villegas, que el impacto de la ética del ascetismo intramundano del calvinismo sobre el desarrollo del capitalismo moderno, tal y como lo vió Weber, es indirecto, esto es de ninguna manera se presenta como causal genético y esto es porque sencillamente la dinámica del

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3) Algunas reflexiones sobre la sociología de las profesiones en América Latina y en México.

Ahora bien, pasaré a exponer sólo algunas reflexiones generales sobre el problema de la sociología de las profesiones en el contexto latinoamericano y en México. En un reciente ensayo de Alfredo Hualde, considera como la asignatura pendiente en América Latina a la sociología de las profesiones, además es curioso que su texto aparece como uno de los últimos ensayos de un grueso volumen de un Tratado Latinoamericano de Sociología del Trabajo coordinado por Enrique de la Garza (2000:FCE). Comparativamente –nos comenta- con el desarrollo de esta subdisciplina de la sociología en los países anglosajones y en la década de los noventa en Europa, en América Latina no existe nada similar. En lo poco que hay se distinguen los siguientes rasgos: 1) artículos en los años setenta referentes a los profesionales que tocan temáticas muy específicas, por ejemplo la salida de profesionales del Cono Sur durante las dictaduras militares de esos años; 2) otros trabajos están ligados a las asociaciones profesionales pero no contienen análisis referidos a las profesiones; 3) en la sociología del trabajo hay análisis centrados en procesos de calificación/descalificación que pueden asimilarse a los temas de profesionalización/desprofesionalización tratados en la bibliografía sobre las profesiones. La conclusión de Hualde es que esos análisis parecen insuficientes, dispersos y escasamente analíticos, cuando por otro lado, es evidente el crecimiento espectacular de los profesionales desde los años setenta.

En el caso de México, nuestra situación no dista mucho de la condición en América latina en el campo de la SP. Es más ni siquiera existe una sistematización de las escasas investigaciones que hasta el momento existen. Una primera y modesta aproximación indica que los trabajos se han centrado

desarrollo del capitalismo moderno antecede a la aparición de la reforma protestante. (Introducción del editor y notas críticas, FCE, 2003). Para un amplio desarrollo del tema consultar: Ballesteros L. A. “Aporías y apotegmas de la noción de profesión en la sociología de Max Weber”. Tesis Doctoral UNAM-FCPYS, México 2004.
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más en aspectos externos a la propia profesión: como el reclutamiento de elites y participación política, la pertenencia a una clase social o los movimientos políticos o sociales en los que se ven envueltos determinados profesionales. O la perspectiva explorada desde el sistema educativo sobre las profesiones, como es el caso de la colección que desde hace 12 años hizo la UAM-X. O bien, un poco antes en 1985 la investigación de Peter Cleaves sobre cinco profesiones en México acerca de la relación entre el desarrollo de las profesiones y la tutela estatal de las mismas, en un contexto de fuerte clientelismo político por parte del partido gobernante.

Conclusiones Hasta aquí, hemos sólo anotado algunos caminos que a mi juicio deberíamos seguir para tratar de definir un nuevo perfil para el profesional frente al siglo XXI. A saber, la definición de las necesidades básicas de aprendizaje acordes con un código de la modernidad que permita una actitud flexible, ética, de dominio del lenguaje, de un debido uso de las formas modernas de información y comunicación, de una lógica racional que fomente salidas innovadoras a los nuevos retos, entre otros aspectos. Asimismo, es imprescindible repensar el catálogo actual de temas de interés e intervención de las disciplinas, ya que sin duda este ámbito de orden esotérico promueve una necesaria clausura profesional inherente al desarrollo disciplinario. Finalmente, como hemos mencionado para el análisis de cualquier profesión es preciso considerarla como una estructura social en la que intervienen procesos políticos internos y externos en donde se definen redes de relación que funcionan como matrices que vinculan al conocimiento con el poder y los privilegios. En fin estas son sólo algunas líneas de reflexión para el tema que hoy nos ocupa.

Evidentemente, el repaso que hemos hecho sobre algunas aproximaciones al estudio de las profesiones a la luz de los retos que hoy experimenta la educación superior es insuficiente. Existe, afortunadamente, una amplia bibliografía que abunda en este esfuerzo compartido por avanzar en esos complejos temas. En España por ejemplo, se ha publicado un texto que ambiciona posicionar debidamente el tema de la sociología de las profesiones. El libro coordinado entre otros por Juan Sáez Carreras (2003) se acerca con 16

oportunidad a lo que podría ya ser una especie de balance de dicha disciplina: su pasado, su presente y su futuro. En este país como en otros tanto europeos como americanos, el principal trabajo está por delante. Debemos seguir abundando en el estudio teórico y conceptual, pero también y de manera urgente desarrollar estudios sobre profesiones específicas, como el

ampliamente realizado por Juan Sáez (Universidad de Murcia) sobre la profesión de Educación Social en España. De esta manera, avanzaremos en un piso mas seguro en torno a las salidas que pueden tener los nuevos retos que hoy tenemos frente a la realidad y que sin duda enfrentan nuestros egresados universitarios a través de las profesiones recién adquiridas.

Bibliografía 1. Abbot A. (1988) “The system of the professions. An essay of the division of expert labor”, Chicago, University of Chicago press. Y la de Larson M.S. (1977) “The rise of professionalism. A sociological analysis”. Berkeley, University of California Press. 2. Carr-Saunders A.M. (1928), “Professions: their organization and place in society”, Oxford, Clarendon Press. 3. Cleaves S. Peter “Las profesiones y el Estado: el caso de México”. COLMEX, México 1985. 4. Collins Randall “The credential society”; Academic Press, New York 1979 5. Comboni S. S. y Juárez N. J. M. “Resignificando el espacio escolar. La innovación y la calidad educativa en una nueva práctica pedagógica”. Edit. UPN; México 2000. 6. De la Garza Toledo, Enrique (coord.). “Tratado Latinoamericano de Sociología del Trabajo”; edit. CM-FLACSO-UAM-FCE; México 2000 pp.796. Se recomienda el trabajo de Hualde Alfredo que se titula “La sociología de las profesiones: asignatura pendiente en América Latina” páginas 664-679. 7. Dubar, C. y Tripier, P. “Sociologie des Professions”. Edit. Armand Colin, Paris 1998, pp. 256. 8. Freidson, Eliot “La profesión médica”. Editorial Península, Barcelona 1978. 17

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