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Lunes, 1 de noviembre de 2010 www.Publico.es

Culturas

Responsable de la sección: Peio H. Riaño p culturas@publico.es

de un huracán de rumores

Náufrago
‘Zeitoun’, el nuevo libro de dave eggers, analiza los dos traumas de la era bush, el ‘Katrina’ y el 11-s, a través de la historia de un sirio encarcelado en nueva orleáns

madrid

braulio garcía jaén

3 “Ahí fuera tenemos gente que lleva cinco días viendo cadáveres, viendo cómo unos vándalos matan gente, violan gente”. Tras el paso del Katrina a finales de agosto de 2005, estas palabras del alcalde de Nueva Orleáns pidiendo ayuda en el programa de Oprah Winfrey, uno de los más populares e influyentes de Estados Unidos, se rebotaron en los principales noticiarios del país. La gobernadora del estado de Luisiana había advertido ya de la llegada del ejército: “Estos soldados saben disparar y matar, y están dispuestos a hacerlo si es necesario, y espero que así lo hagan”, dijo. Pero la ola de saqueos, asesinatos y violaciones que, según las autoridades y los periodistas, habría devuelto Nueva Orleáns a un “estado casi animal”, en expresión del alcalde Ray Nagin, tras la ruptura de los diques del puerto, nunca existió. Abdulrahman Zeitoun no se movió de la ciudad durante aquellos días y todavía hoy recuerda la distancia entre lo que su mujer Kathy, ella sí evacuada, le contaba que veía por televisión y lo que él veía con sus propios ojos: “En realidad, yo no veía lo que mi mujer me iba diciendo que estaba ocurriendo”, cuenta Zeitoun por correo electrónico a Público. Sin embargo, algo sí había de cierto en las palabras de la gobernadora Kathleen Blanco: la presencia militar iba a ser abrumadora.
espejismo de agua sucia

1.200 detenidos pasaron por una cárcel improvisada en Nueva Orleáns Zeitoun recorría la ciudad en canoa salvando a gente y alimentando a perros Pasó un mes preso, acusado de saquear su propia casa, e incomunicado «Yo no veía lo que mi mujer decía que estaba saliendo por televisión»
cía, pero sólo respecto de nuestra zona”, explica su esposa, Kathy Zeitoun. “Esos días, yo no sabía si los hechos se estaban exagerando o no. No sabía lo que pasaba”, añade él. Las autoridades acabaron desmintiéndolo. “No tenemos ningún informe oficial que documente ningún asesinato, violación o asalto sexual”, declaró el mismo alcalde Nagin a The New York Times días después. Pero el clima de pánico y las reacciones que esa ola de rumores había desatado no se desmienten tan fácilmente. Además de a Kathy, Zeitoun llamaba a menudo a su hermano Ahmad, un antiguo capitán de barco que vive en España desde hace casi 30 años. El 6 de septiembre, Zeitoun le pidió colgar. “Me dijo: ‘Oye, espera un momento’, como si fuera a ir al baño o algo, no recuerdo. Me quedé esperando. Luego, empecé a llamarlo y no contestaba”, cuenta Ahmad por teléfono desde Málaga. Las tres semanas siguientes, Zeitoun enmudeció como si las aguas se lo hubieran tragado. “Lo habían arrestado a punta de pistola en una casa de su propiedad, lo habían trasladado a una base militar improvisada dentro de una estación de autobuses, lo habían acusado de terrorismo y lo habían encerrado en una jaula exterior”, se lee. En efecto, Zeitoun estuvo en prisión incomunicada y sin fianza durante 23 días. No lo acusaban de terrorismo, sino de “saqueo”. Pero eso no lo supo hasta que tuvo abogado. Por lo demás, los insultos de “talibán” y “terrorista” que algunos de los soldados le dirigían y la propia incomunicación le convencieron de que todo se debía a su origen sirio. “No saber dónde estaba, no saber que estaba detenido”, recuerda Kathy Zeitoun, fue lo que más les dolió.

La rotura de los diques del puerto de Nueva Orleáns provocó la inundación de la ciudad tras el paso del ‘Katrina’. AFP

Zeitoun (Mondadori), el nuevo libro de Dave Eggers (Boston, 1970), uno de los escritores norteamericanos más importantes de su generación, además de una precisa panorámica sobre los daños y las víctimas causados por la tormenta (más de 1.100 muertos en todo el estado de Louisiana), refleja también las consecuencias bien reales de aquel espejismo de agua sucia desencadenado en los despachos. Su protagonista vivió, en el ojo del huracán, ambos desastres. Abdulrahman Zeitoun, ciudadano sirio, residente americano y dueño de una pequeña empresa de reformas, se dedicó a recorrer las calles inundadas en una vieja canoa que tenía y a rescatar a personas atrapadas por el agua durante los primeros días. Entre ellas, una anciana flotando como un nenúfar por el salón inundado de su casa. También alimentaba a algunos perros abandonados. “Cada día olía peor, a una mezcla espantosa de pescado, barro y productos químicos”, escribe Eggers en el libro. Zeitoun llamaba diariamente a su mujer, acogida con sus cuatro hijos en casa de unos amigos en Phoenix. “Bueno, yo confiaba en lo que él me de-

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Mientras, las imágenes de los enviados especiales seguían dando la vuelta al globo. “El cámara hizo un barrido por toda la prisión, Zeitoun incluido. La cámara llevaba una luz brillante y verse retratado así, bajo el destello de un foco y mostrado al mundo como un criminal enjaulado, enfureció a Zeitoun. Era mentira”. A partir de ahí, Eggers, autor también de Qué es el qué, ha escrito una obra de no ficción que dispara contra los dos grandes traumas de la era Bush: el 11-S y el Katrina. “Si la gobernadora Blanco estaba en lo cierto, si se trataba de veteranos recién llegados de Afganistán e Irak, no pintaba muy bien para su marido”, pensaba Kathy Zeitoun por entonces. Pero Zeitoun no es sólo un ejemplo del racismo que genera la guerra contra el terror. El mismo Eggers lo señala: los policías no tenían nada contra sus orígenes. Eso sí, “estaban tensos”. Llegaron a Nueva Orleáns habiendo “oído hablar de tiroteos, violaciones y bandas armadas”, recoge el libro.
“ley marcial”

culturas «Lo que más miedo da son las personas»
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Este año, los Zeitoun han vuelto a Málaga por primera vez desde que Abdulrahman se fotografió con sus hijas en 2004. Allí viven su hermano Ahmad y su familia.
escRibiR, editaR y publicaR

el espeRado ReGReso a málaGa

dave eggers, un emperador comprometido
literatura y reformas Zeitoun
Zeitoun no es sólo el protagonista del último libro de Dave eggers. es también el nombre de la fundación creada por el autor y el protagonista para ayudar en la reconstrucción de Nueva orleáns y la defensa de los derechos humanos. eggers ha cedido los ingresos por derechos de autor generados por la venta del libro a la Zeitoun Foundation, que ya ha distribuido más de 200.000 dólares en ayudas. por su parte, Zeitoun paintigs, la empresa de reformas que él y su mujer, Kathy Zeitoun, dirigen desde hace años en Nueva orleáns, había reformado 114 casas destruidas por el huracán hasta finales de 2008, según recoge el libro.

la fundación

Zeitoun fue detenido junto a dos norteamericanos que tardaron varios meses más en salir de Camp Greyhound, la cárcel improvisada en la estación de autobuses. Entre los otros detenidos con los que se cruzó, hay una anciana de 73 años, un enfermo mental, un empleado de una empresa de limpieza y un bombero llegado para trabajar en la reconstrucción de la ciudad. Si algo tenían en común, es que fueron víctimas de un estado de excepción encubierto, no declarado pero practicado en medio del desconcierto general y que Eggers describe sutilmente. Los medios de comunicación ayudaron en la cobertura, al titular que el alcalde Nagin había decretado la “ley marcial” (lo que supone suspender las garantías constitucionales), a pesar de que no tenía potestad para ello. (¡Un portavoz de la Casa Blanca lo confirmó, erróneamente!). Todavía hoy, los Zeitoun siguen creyendo que fue esa ley la que se aplicó. “Lo primero que espero es que cambien la ley marcial”, responde Kathy cuando se le pregunta qué puede ayudar a cambiar que se conozca su historia. Aunque formalmente equivocada, no le falta razón práctica: 1.200 detenidos pasaron por Camp Greyhound. Al principio, los Zeitoun, que aún esperan que la Justicia reconozca los abusos de la Administración, recibieron con nerviosismo la propuesta de Eggers para contar su historia. “Cuanto más hablamos, mejor nos sentimos. Para que se sepa lo que realmente pasó”, escribe ahora Kathy Zeitoun desde Nueva Orleáns.

experiencias. la serie se basa en la narración oral de sus protagonistas. por último, ‘826 National’, también impulsada por Mcsweeny’s, es una organización sin ánimo de lucro dedicada, según declara su página web, a “ayudar a los estudiantes de entre 6 y 18 años con sus tareas escritas, y a los profesores a mantener el interés de sus clases sobre la escritura”. Trabajan en ocho ciudades de estados unidos.

mcsweeny’s

impeRio cultuRal

la vida sigue (más de allá de los libros)
la Zeitoun Foundation no es la primera experiencia con la que eggers alarga el compromiso de su literatura. Valentino Achak Deng, el joven sudanés cuya vida y huida de la guerra civil de su país eggers noveló en ‘¿Qué es el qué?’ (Mondadori), también tiene su propia fundación, con la que reinvierte parte de los beneficios del libro. en su caso, en una red de escuelas y bibliotecas en el sur de sudán. Además, a través de ‘Voices of witness’, una serie de libros publicados bajo el paraguas de la editorial Mcsweeny’s, inmigrantes indocumentados, víctimas del ‘Katrina’ (de ahí salió Zeitoun) o de errores judiciales han narrado sus

testimonios

Timothy Mcsweeny, el misterioso corresponsal que durante años escribía a la madre de eggers asegurándole que era su hermano olvidado, consiguió al menos dar su nombre al imperio cultural que dirige su nunca–confirmado–sobrino. Mcsweeny’s, que empezó como una revista literaria que publicaba sólo piezas descartas por los demás, edita

una revista cuatrimestral de literatura, con formato e incluso nombres nuevos para cada número. el número 33 era un homenaje a los periódicos de papel editado como un dominical, ‘The san Francisco panorama’, cuya primera edición, vendida a viva voz por la ciudad, se agotó en minutos. bajo ese sello, se publican también otras dos revistas: ‘wholpin’, una revista-dvd, con cortos, documentales y animación, que aparece también tres veces al año, y el mensual literario ‘The believer’, editado por Vendela Vida, escritora y esposa de eggers.

Hino usa el terror contra la marginalidad. ArnAu BAch

El dibujante Hiroshi Hino es una de las estrellas invitadas al Salón del Manga.
barcelona

cristina s. torres

la ficha
> dave eggers > (boston, 1970) la necesidad y la virtud Dave Eggers perdió a sus padres, enfermos de cáncer, con apenas unas semanas de diferencia, cuando tenía 21 años y tres hermanos pequeños. ‘Una historia asombrosa, conmovedora y genial’ (Mondadori), sus memorias ficcionadas de los ocho años que siguieron a esa pérdida, lo lanzaron como autor aclamado por el público y la crítica, y fue finalista del Pulitzer. En Mondadori, ha publicado también ‘Los Monstruos’, una adaptación libre del cuento infantil de Maurice Sendak, llevada también al cine.

carne de pantalla

GRandes ÉXitos

la adaptación al cine de Zeitoun está en marcha. Jonathan Demme, el director de ‘el silencio de los corderos’, tiene los derechos. Demme hará una película de animación, un género en el que eggers ya ha trabajado como guionista de ‘where the wild Things Are’. la adaptación de su fulgurante debut, ‘una historia asombrosa, conmovedora y genial’ (Mondadori), no se llevó finalmente a cabo.

3 Bajo esa apariencia de abuelo encantador, se oculta uno de los hombres con la imaginería más sangrienta, perversa y salvaje que pueblan la faz de los cómics. Capaz de provocar las peores pesadillas Hiroshi Hino es para muchos el maestro por excelencia del manga de horror. En sus historias para no dormir, conjuga el imaginario popular japonés, poblado de fantasmas y espíritus que vuelven a la vida buscando venganza. Mezcla la tradición manga con su variopinto infierno personal, y el resultado son historias como Galería de horrores, El niño gusano o Circo de monstruos, su última obra publicada por la editorial La Cúpula. Hino que lleva más de 40 años dedicado al terror, es una de las estrellas invitadas a la XVI edición del Salón del Manga, que se celebra en La Farga de l’Hospitalet. Ostenta el cuestionable honor de haber traumatizado a toda una generación de niños japoneses con la historia de Zoroku, un chaval que padece una extraña enfermedad degenerativa. “Escribí La enfermedad de Zoroku cuando tenía 23 años y pretendía reflejar mi estado psicológico”, cuenta. “Con esta obra, empecé a recibir cartas de fans; había uno que me contó que le daba tanta pena Zoroku que dormía cada no-

che abrazado al libro –explica, a la vez que sonríe malicioso–. Los adultos abren mis libros, los hojean, dicen ‘¡qué asco!’ y los dejan de lado. En cambio, los niños entienden perfectamente lo que quiero expresar, que es, en definitiva, la soledad”, argumenta.
lucha contra la soledad

En sus obras, se centra en el monstruo para abordar la marginalidad y la maldad. Buena parte de la inspiración y de la materia prima que nutren sus relatos proceden de su infancia. Nació en China en 1946; sus padres eran inmigrantes japoneses que trabajaban en Manchuria. Al acabar la II Guerra Mundial, tuvieron que abandonar el país y volver a Japón para salvar la vida. Aun así, Hino casi la pierde porque, durante la evacuación de nipones, unos vecinos chinos trataron de asesinarlo. Y esa no es la única experiencia difícil que este mangaka tuvo de niño: su abuelo era un mafioso japonés y su padre, un cuidador de cerdos con una araña gigante tatuada en la espalda, la misma que tienen algunos de sus personajes. Quizás, opina Hino, lo que atrae a tanta gente de sus cuentos e historias no sea tanto el terror como los sentimientos que expresan. “Muchas personas viven cosas parecidas a las que cuento. Yo exploro el que hay dentro de las personas. De hecho, lo que más miedo debería darnos son los seres humanos, porque quien menos te esperas puede venir con un cuchillo y apuñalarte”, afirma.