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“Para educar a un niño hace falta de toda la tribu.

”1
La importancia del concepto “sociedad educadora” en el
Fortalecimiento de la educación.

INTRODUCCIÓN
En el presente trabajo, enfocado en el Tema “Fortalecimiento de la
Escuela Pública y los conceptos filosóficos del Articulo 3ro. Constitucional”, va
encaminado a discutir que la educación sea incluida como una verdadera
Política de Estado donde se le de el peso y la injerencia que verdaderamente
debe de tener como punto de partida para mejorar, paulatinamente, otros
ámbitos de la sociedad mexicana del siglo XXI.

También se sugiere que en los artículos constitucionales relativos a la


educación se enuncie de manera explícita la responsabilidad que tienen otros
actores dentro del proceso de la enseñanza, específicamente a los padres de
familia, pues en ocasiones parece que todo el peso de la educación recae en el
docente y su forma de enseñar, dejando de lado agentes externos como lo es
la propia familia, pilar de nuestra comunidad.

DESARROLLO

Si nos adentramos en la estricta definición de lo que es “Política de


Estado” son aquellas estrategias que el propio Estado considera tratar con
carácter de prioritario y de urgente, según su propio proyecto de Nación, es
decir, se dirige a atender los asuntos que tienen mayor importancia para el
gobierno en turno y a la sociedad en su conjunto. Ante dicha precisión, es
importante preponderar a la educación como una verdadera política de Estado
que sirva como punto de partida a otros ámbitos en este nuevo sexenio.

Los intereses de una nación deberían girar en torno a la educación, pues


esta como punta de lanza, permite fomentar el trabajo colaborativo para así
lograr y asegurar una vida integra y digna en las personas, por consecuencia

1 Proverbio africano.

1
se alcanzara un mejor bienestar que se reflejara en los diferentes ámbitos de
nuestra sociedad. Por ello, cada gobierno busca la manera de reformar y
establecer cambios de acorde al contexto globalizado y a las exigencias que el
siglo XXI establece como prioritarias.

Sin embargo, dichas modificaciones se han vuelto un tanto redundantes,


tanto en mencionar factores y actores involucrados en el ámbito educativo
como en mostrar innovaciones. A lo largo de los últimos tres sexenios los
cambios en torno a la educación no han sido sustanciales en algo que es de
suma importancia, nombrar y responsabilizar a los actores principales dentro
del proceso de la enseñanza; es decir, los últimos gobiernos se han encargado
de señalar como únicos responsables de la educación a los docentes sin
nombrar, literalmente, e involucrar a los padres de familia. Las últimas
modificaciones a los artículos constitucionales relativos a la educación, se
limitan a enunciar los objetivos y la finalidad de la enseñanza, así como mostrar
a la institución que se deberá de encargar y vigilar que dicho proceso se lleve a
cabo de la mejor manera.

Como en muchos ámbitos de la vida política mexicana, una cosa es lo


que se dice y otra es la que se hace, en la educación no podía ser de otra
manera, pues a pesar de dichos cambios, el Estado mexicano ha ido perdiendo
credibilidad ante la sociedad en general y dentro del gremio magisterial. Tal
aseveración se da ya que el Estado ha dejado de ser un concertador,
interlocutor, y en la medida de lo posible, imparcial entre el grueso de la
sociedad y de los docentes.

Si bien, dicha imparcialidad en ocaciones suele ser muy difícil de lograr,


el Estado debe garantizar que la balanza en torno a las responsabilidades
dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje esté lo más equilibrada posible,
ya que por momentos se percibe que se inclina por alguno de sus actores. Hay
numerosos estudios pedagógicos que demuestran que el profesor y la practica
docente ya no son los factores determinantes dentro del desempeño de los
estudiantes, pues dicha actuación se ve sumamente influenciada por actores
externos a la escuela, entiéndase familia, amigos, etc.

2
CONCLUSIÓN

Ante tal escenario en el que nos encontramos, es necesario fomentar


que la colectividad se transforme gradual y de manera asertiva en una
sociedad educadora, donde la responsabilidad de la educación recaiga en
todos los ciudadanos y que a su vez, promueva la libertad de pensamiento, la
autonomía personal en la toma de decisiones y donde se fomente el trabajo
colaborativo por encima del individualismo.