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Rachel Carson Primavera Silenciosa (1962)

HISTORIA Y MEDIOAMBIENTE

Rachel Carson, la mujer que enfrentó a las agroquímicas e inauguró el ecologismo contemporáneo.
El 27 de mayo de 1907 nacía la bióloga marina que denunció el uso desmedido de pesticidas. Su obra Primavera
Silenciosa (1962) popularizó la conciencia ecológica en el movimiento de masas.
En 1962 la escritora y bióloga marina Rachel Carson publicó Primavera silenciosa, una investigación sobre el uso
generalizado de pesticidas, en donde denunció que los venenos utilizados se acumulaban en la cadena alimenticia,
con enormes riesgos para la salud humana y terribles efectos para la flora y fauna: “Polvos y aerosoles ahora se aplican
casi universalmente a granjas, jardines, bosques y hogares. Productos químicos no selectivos que tienen el poder de
matar a todos los insectos, a los “buenos” y a los “malos”, de calmar el canto de los pájaros y el salto de los peces en
los arroyos, de cubrir las hojas con una película mortal para luego permanecer en el suelo. Todo esto aunque el objetivo
deseado pueda ser solo unas pocas hierbas o insectos”, escribió. Algunos autores habían sugerido anteriormente que
los plaguicidas modernos planteaban peligros, pero ninguno escribió con la elocuencia de Carson.

Por supuesto, la respuesta de la industria química norteamericana, que estaba en el centro del crecimiento económico
de la segunda posguerra, no se hizo esperar. Carson fue objeto de una feroz campaña de difamación. No solo la
acusaron de comunista o “fanática de la naturaleza”, sino también de “histérica” y “solterona” aludiendo a su
condición de mujer científica de 55 años sin hijos. Le advirtieron a los editores de periódicos y revistas que las reseñas
favorables podrían reducir los ingresos publicitarios. Monsanto publicó en respuesta una breve historia, en donde
señalaba que la falta de uso de pesticidas resultaba en una plaga de insectos que devastaba Estados Unidos. Robert
White-Stevens, de la American Cyanamid, llegó a declarar en un programa de televisión que “si el hombre siguiera las
enseñanzas de la señorita Carson, volveríamos a la Edad Oscura y los insectos, las enfermedades y las plagas volverían
a heredar la Tierra”.

La publicación del libro fue todo un éxito permaneciendo siete meses en la lista de best sellers del New York Times y
desencadenó una investigación federal sobre el uso indebido de pesticidas, con audiencias en el Congreso y el
endurecimiento de las regulaciones al respecto. El propio John Kennedy ordenó a sus asesores científicos la
elaboración de una investigación sobre el tema, cuyo informe final le terminó dando la razón a Carson. Se crearían
nuevos organismos de control como la Agencia de Protección Ambiental y ocho de los doce plaguicidas tratados en su
libro serían prohibidos.
Primavera Silenciosa no solo se enfocó en los peligros de los pesticidas químicos, se trató también de una historia
magistral sobre el mundo natural, convirtiéndose en uno de los primeros libros sobre ecología que impregna la cultura
popular. Su enfoque implacable fue deliberado. Carson estaba tratando de hacer más que poner fin a una práctica
inicua. Según su biógrafo Mark Hamilton Lytle, autor de The Gentle Subversive: Rachel Carson, Silent Spring, and the
Rise of the Environmental Movement, ella había decidido escribir “un libro cuestionando el paradigma del progreso
científico que definió la cultura estadounidense de posguerra”. Primavera Silenciosa se convertía en el puntapié inicial
de la primera ola ecologista contemporánea.
El ruidoso verano de Primavera Silenciosa
Carson era la persona indicada en el momento indicado en el lugar indicado. Sabía cómo contar esa historia utilizando
la información científica a la que accedía y compilaba, y seleccionó cuidadosamente su trabajo, ya que tanto ella como
su editor esperaban que el libro fuera examinado de cerca por científicos y críticos.

Para marzo de 1960 su libro estaba en buena parte terminado, pero Carson sería víctima de un nuevo revés en su vida
personal. Un tumor de mama por la que había sido tratada hace algunos años resultó en realidad ser maligno. Carson
estaba plagada de enfermedades como artritis, úlceras, infecciones por estafilococos y una batalla continua contra el
cáncer, pero sabía que era vital terminar el libro.

En un primer momento, Carson quiso titular su trabajo como The Control of the Nature y posteriormente Man Against
the Earth. Sin embargo, por recomendación de su editor en Houghton Mifflin, Paul Brooks, se decidió finalmente por
Silent Spring, nombre propuesto originalmente para el capítulo dedicado a la disminución de la población de pájaros.

Se trataba de 260 páginas de informes con historias atractivas, algunas de gente común que lidiaba con problemas
químicos en sus comunidades, a las que Carson agregaría información científica o una explicación más detallada. Tenía
mucha documentación, con más de 50 páginas de citas científicas en su mayoría para apoyar su presentación de
informes, ilustrando conceptos más amplios, como el funcionamiento de las cadenas alimentarias y los sistemas
ecológicos.

Antes de que Primavera Silenciosa fuese publicado como libro en septiembre de 1962, The New Yorker reprodujo
partes del trabajo en tres números sucesivos de junio. Inmediatamente su denuncia se convirtió en un estruendo que
hizo estallar las ventanas de la industria química, la que venía siguiendo muy preocupada los pasos de Carson.

edge: borde
shore: costero
gracefully: graciosamente
drowsy: soñoliento
drafted: redactado
plotted: trazado
enlivened: animado
uproar: escándalo
scare: susto
household fly: mosca
doméstica
cockroach: cucaracha
bedbug: ácaro

El 22 de julio el New York Times publicó como nota principal de tapa un artículo de John B. Lee que señalaba cómo la
industria de los agroquímicos “se levanta en armas contra un nuevo libro”: “La industria de pesticidas, con un valor de
$ 300.000.000, ha sido altamente irritada por una mujer silenciosa, autora cuyos trabajos previos en ciencia han sido
elogiados por la belleza y precisión de la escritura”.

En el mismo periódico citaban a Pincus Rothberg, presidente de Montrose Chemical Corporation, filial de Stauffer
Chemical Company y posteriormente mayor productor de DDT de Estados Unidos, quien declaró que Carson no
escribió “como científica sino como una fanática defensora del culto al equilibrio de la naturaleza”. Por su parte,
Chemical Week, una de las revistas comerciales de la industria química, publicó el 14 de julio que los artículos de
Carson parecían más “una reminiscencia de un abogado preparando un informe que un científico realizando una
investigación”.

El 2 de agosto Louis A. McLean, secretario y asesor general de Velsicol Chemical Corporation, escribió al editor de
Houghton Mifflin sugiriendo que tal vez quieran reconsiderar la publicación del libro, señalando en particular las
“declaraciones inexactas y despectivas” del libro sobre dos plaguicidas: el clordano y el heptacloro, fabricados
únicamente por Velsicol. La editorial le solicitó a un toxicólogo independiente que revisara los puntos planteados por
Velsicol. El especialista consideró las declaraciones de Carson correctas por lo que la empresa fue notificada de que el
libro se publicaría según lo planeado.

El 12 de septiembre en una reunión de científicos y funcionarios de la industria química, Glen King, jefe de la Nutrition
Foundation, grupo comercial compuesto entonces por 54 compañías involucradas en industrias relacionadas con
alimentos, productos químicos y agricultura, declaró que los libros “unilaterales” como Silent Spring estaban avivando
un sentimiento en el público “que raya en la histeria”.

Para cuando se publicó Silent Spring a finales de septiembre ya contaba con ventas avanzadas de 40 mil copias, y más
de 50 artículos y editoriales en periódicos gracias a la publicación previa en The New Yorker. Se convirtió
inmediatamente en un best seller y fue seleccionado por el Club del Libro del Mes, lo que significó que se volvería a
publicar, extendiéndose ampliamente su proyección, llegando incluso a zonas rurales. Esta nueva versión del libro
incluiría un informe de William O. Douglas, el único miembro de la Corte Suprema que había accedido a tomar el caso
de los agricultores de Long Island.

Extractos del libro también fueron publicados en varios periódicos y revistas, incluida la de la National Audubon
Society, una de las organizaciones conservacionistas más antiguas de Estados Unidos. El Chicago Daily News declaró
que “Silent Spring bien podría ser uno de los grandes e imponentes libros de nuestro tiempo. Una lectura obligada
para cada ciudadano responsable”. Pero el libro seguiría siendo atacado. La industria química había estado
planificando su lucha contra Carson desde antes de que apareciera la serie en The New Yorker, debido a que la noticia
del libro se había filtrado desde un comienzo.

Luego de la publicación las reseñas críticas aparecieron en las principales revistas populares de la época. Time
lamentaba las “simplificaciones excesivas y errores francos”: “Muchas de las generalizaciones aterradoras (y hay
muchas de ellas) son claramente erróneas”. Edwin Diamond en Saturday Evening Post catalogó al libro como “emotivo
y alarmista”, por el cual “los estadounidenses creen erróneamente que su mundo está siendo envenenado”.

El nutricionista de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderblit William J. Darby escribió en Chemical &
Engineering News un artículo titulado “Silence, Miss Carson”, en el que señalaba que “su ignorancia o prejuicio sobre
algunas de las consideraciones arroja dudas sobre su competencia para juzgar las políticas”, recomendando que “el
científico responsable debería leer este libro para comprender la ignorancia de quienes escriben sobre el tema y la
tarea educativa que se avecina”. Por su parte, Life señaló sobre Carson que “no hay duda de que ha exagerado su
caso” pero también que los fabricantes eran igualmente unilaterales en sentido contrario.

Como parte de la campaña de la industria química, la Asociación Nacional de Químicos Agrícolas duplicó su
presupuesto y distribuyó miles de copias de reseñas negativas advirtiendo a los editores de periódicos y revistas que
las revisiones favorables del libro podrían reducir los ingresos publicitarios. Llegó a gastar más de $ 250.000 en su
campaña contra Silent Spring. Mientras, la Asociación de Químicos de Manufactura comenzó a enviar historias
mensuales a los medios de comunicación que resaltaban el lado positivo del uso de pesticidas. Monsanto Chemical
llegó a publicar incluso, en respuesta al libro, una breve historia titulada “The Desolate Year”, en donde la falta de uso
de pesticidas resultaba en una plaga de insectos que devasta a Estados Unidos.

George C. Decker, entomólogo y frecuente asesor de la industria química, calificó al libro como un “engaño” y como
“ciencia ficción”, comparándolo con The Twilight Zone. Otros ataques fueron más personales, cuestionando su
carácter o su estabilidad mental, o llamándola comunista, mujer histérica o loca de la naturaleza.

Carson se mantuvo siempre firme y confiada en sus hallazgos. Además contaba con una serie de críticas positivas de
científicos reconocidos a nivel nacional e internacional. Loren Eiseley, reconocido antropólogo de la Universidad de
Pennsylvania y escritor científico, señaló que el libro de Carson trata sobre “el ataque devastador, muy documentado
e implacable sobre el descuido humano, la codicia y la irresponsabilidad, una irresponsabilidad que ha dejado al
hombre y al campo una avalancha de sustancias químicas peligrosas en una situación que no tiene paralelo en la
historia médica”.

Por su parte, LaMont Cole, profesor de ecología en la Universidad de Cornell, escribió en la revista de divulgación
Scientific American sobre Silent Spring que “los errores de hecho son tan infrecuentes, triviales e irrelevantes para el
tema principal que no sería aconsejable insistir en ellos”. Otros científicos que defendieron a Carson fueron el biólogo
Roland C. Clement de la National Audubon Society, y el zoólogo Robert L. Rudd de la Universidad de California, entre
otros.
Mientras tanto, Silent Spring se convertía en un éxito de ventas. En menos de tres meses se habían vendido más de
cien mil copias y seguía apareciendo en la lista de los más vendidos del New York Times, donde permanecería durante
siete meses. Por otro lado, en las legislaturas estatales se habían introducido más de 40 proyectos de ley destinados a
regular el uso de pesticidas. Pero la lucha política en Washington recién comenzaba. En 1963, Carson y Silent Spring
recibirían una atención nacional jamás antes vista.

https://youtu.be/SeJNRaE11A0
https://youtu.be/DRZReZb1d3s
El reportaje en la CBS
En abril de 1963, la cadena de televisión CBS transmitió un reportaje especial dedicado al caso titulado “The Silent
Spring of Rachel Carson”. La industria química estaba alarmada y lanzó una campaña dirigida a la CBS para que esta
no transmitiera el programa. Como la campaña no tuvo resultado, varios patrocinadores, como Standard Brands, los
fabricantes de Lysol y Ralston Purina, retiraron su publicidad antes de la transmisión.
El programa lo vieron entre diez y quince millones de televidentes, y fue especialmente importante para aquellos que
no habían leído el libro o que tenían poco conocimiento del tema. Incluía imágenes de aviones fumigando mientras
niños caminaban por las calles y aparecían varios funcionarios gubernamentales declarando a favor y en contra de los
planteamientos de Carson.

Pero los principales puntos focales del reportaje estuvieron a cargo de la propia Carson y de Robert White-Stevens,
científico de la American Cyanamid Corporation. White-Stevens, entrevistado en un laboratorio, declaró que “los
principales reclamos en el libro de la señorita Rachel Carson son grandes distorsiones de la realidad, completamente
sin apoyo de la evidencia científica experimental y la experiencia práctica general en el campo”. Y agregó
virulentamente que “si el hombre siguiera fielmente las enseñanzas de la señorita Carson, regresaríamos a la Edad
Oscura, y los insectos y las enfermedades volverían a heredar la Tierra”.

Carson por su parte apareció como la más racional y no como la “mujer histérica” retratada por algunos de sus críticos.
Entrevistada en su casa por el periodista y presentador Eric Sevaried, Carson leyó pasajes seleccionados de su libro
para ilustrar cuán extendido estaba el uso de plaguicidas en granjas, bosques y huertos familiares aunque el objetivo
deseado puede ser solo algunas malas hierbas o insectos. “Los niños que nacen hoy están expuestos a estos productos
químicos desde el nacimiento, tal vez incluso antes de nacer”, dijo durante la entrevista. “¿Qué les va a pasar en la
vida adulta como resultado de esa exposición? Simplemente no lo sabemos”.

Sevareid había ofrecido previamente algunos conceptos básicos sobre el tema, sobre el crecimiento de la industria de
agroquímicos durante la posguerra y que anualmente se usaban unos 900 millones de libras de pesticidas. “La señorita
Carson subraya la posibilidad de que los pesticidas químicos puedan estar dañando al hombre de maneras aún no
detectadas, quizás contribuyendo al cáncer, la leucemia o al daño genético. A falta de pruebas, sus críticos admiten
que estas son posibilidades, pero no probabilidades, y acusan a la señorita Carson de alarmismo. Sin embargo, pocos
científicos niegan que pueda haber algún riesgo”.

De hecho, uno de los funcionarios entrevistado, Page Nicholson, del Servicio de Salud Pública, no pudo responder
cuando se le preguntó por cuánto tiempo persistían los pesticidas en el agua, o hasta qué punto los pesticidas
contaminaban el agua subterránea. “Es al público a quien se le pide que asuma los riesgos”, dijo en un momento
Carson. “El público debe decidir si desea continuar en el camino actual, y solo puede hacerlo cuando esté en plena
posesión de los hechos”.

El informe del Comité Asesor Científico Presidencial


Presionado por el desarrollo de los acontecimientos y la magnitud de la polémica, el presidente John F. Kennedy
ordenó una investigación a cargo del Comité Asesor Científico Presidencial (PSAC). Tras ocho meses de disputas entre
los principales científicos y reguladores del Gobierno, quienes sostuvieron una serie de reuniones con Carson,
representantes de la industria y funcionarios del Departamento de Agricultura, el comité publicó a mediados de mayo
de 1963 su informe final “El uso de los pesticidas”.

El informe señalaba que si bien los plaguicidas habían sido examinados minuciosamente para su efectividad agrícola,
en general no se les dio el mismo nivel de revisión para la seguridad ambiental y pública, y que sobre muchos de ellos
que se encontraban en uso se carecía del suficiente conocimiento respecto a los efectos crónicos a lo largo de la vida.

“Hasta la publicación de Silent Spring por Rachel Carson, la gente en general desconocía la toxicidad de los pesticidas”,
declaró el informe, recomendando que los residuos de pesticidas sean rastreados y monitoreados en el aire, agua,
suelo, peces, vida silvestre y seres humanos. “La eliminación del uso de pesticidas tóxicos persistentes debe ser el
objetivo”, destacó.

Al día siguiente de la publicación del informe, The Christian Science Monitor destacó en su tapa “¡Rachel Carson ha
sido vindicada!”, mientras que el comentarista Eric Sevareid al referirse al informe, señaló que Carson había logrado
sus objetivos declarados. Dan Greenberg, editor de la sección de Noticias y Comentarios de la prestigiosa revista
Science (de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia), declaró que el informe del PSAC era un documento
templado, cuidadosamente equilibrado en sus evaluaciones de riesgos versus beneficios, pero que “se suma a una
vindicación bastante completa de la tesis de Silent Spring de Rachel Carson”.

La antesala de la Agencia de Protección Ambiental


Para junio de 1963, Carson estaba testificando ante dos comités senatoriales que celebraban audiencias sobre los
temas relacionados con los pesticidas. En sus apariciones Carson pidió el establecimiento de alguna agencia reguladora
independiente para proteger a las personas y al medioambiente de los peligros químicos, y afirmó que uno de los
derechos humanos más básicos era el “derecho del ciudadano a estar seguro en su propio hogar contra la intrusión
de venenos aplicados por otras personas”. Solicitó el control estricto de la fumigación aérea de plaguicidas, la
reducción y eventual eliminación del uso de plaguicidas persistentes, y más investigación dedicada a los métodos no
químicos de control de plagas.
“El más inquietante de todos estos informes se refiere al hallazgo de DDT (DicloroDifenilTricloroetano) en el aceite de
pescado que vive lejos en el mar”, declaró Carson en las audiencias, “en concentraciones que superan las 300 partes
por millón. Todo esto nos da motivos para reflexionar profunda y seriamente sobre los medios por los cuales estos
residuos llegan a los lugares donde los estamos descubriendo”. “DDT: Its effect on fish and wildlife” Afectando el
sistema nervioso y la coordinación motora del insecto. Después del bombardeo de Pearl Harbor World War II EEUU
llevó DDT a las zonas de batalla para evitar la propagación del TIFUS a las tropas transmitida por insectos o piojos o
MALARIA. En Nápoles Italia luego de la invasión aliada ésta carecía de casi todo para salvaguardar la salud pública, por
lo que rociaron con DDT en total a más de 1 millón de personas para matar a los piojos. En 1944 la revista TIME declaró
al DDT como “uno de los grandes descubrimientos científicos”.

Durante las audiencias, Carson volvió a ser atacada. Mitchell R. Zavon, profesor de Medicina Industrial en la
Universidad de Cincinnati y consultor de Shell Oil Company, declaró que “la señorita Carson está hablando de un efecto
en la salud que llevará años responder. Mientras tanto, deberíamos cortar la comida a personas de todo el mundo.
Estos vendedores ambulantes de miedo van a alimentarse de la hambruna del mundo”. Pero Carson se desenvolvió
con tal grado de profesionalismo, presentando sus argumentos cuidadosa y racionalmente, que demostró
nuevamente que las acusaciones anteriores de ser una mujer “histérica” y “emocional” no tenían ninguna base real.

Carson iba ganando su batalla contra los capitanes de la industria química. Todo iba camino a ponerle fin a los crímenes
sociales de las corporaciones químicas. Sin embargo, Rachel Carson ya carecía de fuerzas para su lucha contra el
cáncer. Su aparición en las audiencias era de las últimas que realizaría públicamente. El 14 de abril de 1964, diez meses
después de haber testificado ante el Congreso, Rachel Carson fallecía a la edad de 56 años.

La mujer que sentó las bases del ecologismo contemporáneo


En 1962 no existía ningún movimiento ecologista o ambientalista en el sentido como se pudo comprender después. Sí
existían organizaciones conservacionistas, algunas muy antiguas, cuyo propósito era la preservación de parques
naturales y la vida silvestre, o la gestión de recursos naturales en concordancia con el crecimiento industrial. Pero
crear una preocupación popular por una ética ambiental y una defensa más amplia era algo completamente novedoso.
Y Rachel Carson fue una figura central que ayudó a sentar las bases de una conciencia ecológica de masas gracias a
Silent Spring, dejando en claro la conexión entre lo que sucede en el medioambiente y la salud pública, especialmente
si se trataba de un nuevo tipo de contaminación, invisible, que podía infiltrar la biología a nivel celular y molecular,
acarreando daños acumulativos y generacionales a las aves, los peces y los seres humanos.

Silent Spring fue el puntapié inicial de la primera ola ecologista contemporánea. No tardarían en llegar La bomba P del
entomólogo Paul Ehrlich, el Círculo que se cierra, del biólogo Barry Commoner y Los Límites del Crecimiento de Dennis
y Donella Meadows. La problemática ecológica y ambiental llenaría las aulas y las calles, celebrándose por primera vez
en 1970 el Día de la Tierra, con movilizaciones y festivales de rock. Ese mismo año se creaba en Estados Unidos la
Agencia de Protección Ambiental (EPA), la que a su vez prohibía para 1972 el DDT, además de otros siete plaguicidas
mencionados por Carson en su libro.
Han pasado 54 años desde la publicación de Silent Spring, y ante el empeoramiento de las condiciones ambientales y
sanitarias a nivel mundial, las nuevas tecnologías destructivas y el agotamiento de recursos, vale la pena recordar y
valorar el trabajo pionero de Rachel Carson: “Todavía hablamos en términos de conquista. Todavía no hemos
madurado lo suficiente como para pensar que somos solo una pequeña parte de un vasto e increíble universo”, había
dicho Carson durante la entrevista de la CBS. “La actitud del hombre hacia la naturaleza es hoy de importancia crítica
simplemente porque ahora hemos adquirido un poder fatídico para alterar y destruir la naturaleza”. Carson ayudó a
cambiar nuestra manera de ver el mundo y nuestro lugar en él.