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Rojo y Negro

Política / Internacional

Entrevista a Raúl Zibechi

Hace muy poquito, el compañero Raúl Zibechi, periodista y analistas políticos de América Latina, terminó de escribir un nuevo libro del que ya nos venía adelantando algo de su contenido "América Latina: Contrainsurgencia y pobreza" finalmente fue publicado en junio de este año por la editorial Desde Abajo en Bogotá, Colombia www.desdeabjo.info, como parte de la serie Pensadores Latinoamericanos. El libro presenta las políticas de „combate a la pobreza‟ aplicadas por los gobiernos progresistas de la región como una nueva forma de dominación. Reproducimos a continuación la entrevista que le hiciera Gerard Coffey en www.lalineadefuego.wordpress.com donde Zibechi opina sobre su libro y el impacto negativo de las políticas asistencialistas: Es, según el libro, “La estrategia de dominio y control de poblaciones, de consolidación de Estados sin “disidencias problemáticas”, gana nuevas formas y se hace realidad en muchos más territorios. El presente libro nos permite adentrarnos en las particularidades de esas nuevas formas, resumidas en lo que se conoce como Doctrina de Acción Integral (DAI), aplicada en Colombia con todo rigor, pero también en la mayoría de los países de América Latina, a través de las conocidas políticas de „combate a la pobreza‟ auspiciadas por la banca multilateral, luego de la derrota de Estados Unidos en Vietnam”.

El

libro parece hacer un llamado a la revolución, o a la resistencia no frontal en los espacios pequeños, para desbordar la capacidad de control del estado, y de ahí lograr el cambio estructural. No acostumbro hacer llamados a nada en particular y menos aún a la revolución. Mi interés en este libro es hacer visibles las nuevas formas de opresión y dominación a “cielo abierto” (la idea proviene de Gilles Deleuze), porque pienso que al visualizar la dominación es más sencillo neutralizarla. Como no soy partidario de la toma del poder estatal, creo sí que lo más adecuado es resistir en los pequeños espacios de la vida cotidiana para, a partir de ellos, crear formas de poder no estatal para defender esos mismos espacios. Es en ello donde puede hacer el “otro mundo posible”, no arriba y desde los estados. Dices que lucha contra la pobreza, a lo menos en la forma practicada por los gobiernos progresistas de América Latina, es un error, el problema no es la pobreza sino la riqueza. Por supuesto que la pobreza es un problema, pero ella no puede resolverse con migajas sino con cambios de fondo que impidan una mayor acumulación de poder y de capital en un polo de la sociedad. No estoy con contra de combatir la pobreza, pero me opongo a hacerlo sólo de ese modo, porque es algo que no soluciona los problemas de fondo. Es como curar una enfermedad grave con aspirinas. Alivian, pero la enfermedad sigue allí. Y esa enfermedad hoy se llama neoliberalismo o acumulación por despojo, por robo, como señala David Harvey. Y las políticas de lucha contra la pobreza son nada más que una forma de gobernabilidad, una forma de asegurar que los movimientos sociales pierdan terreno frente al estado, y que estas políticas solo llevan a tapar los problemas estructurales y apagar la lucha para el cambio verdadero. Las políticas compensatorias de luchar contra la pobreza, o sea aquellas basadas en transferencias monetarias que compen-

san la pérdida de derechos e ingresos, domestican el conflicto social, consiguen meter a los movimientos sociales en una dinámica de ver cuál presenta proyectos más atractivos para resolver problemas muy pequeños. Por ejemplo: el embarazo adolescente de niñas rurales. Está bien, es un problema, pero focalizando el asunto de ese modo se pierde la perspectiva general, que consiste en que esas familias se están degradando porque les quitan sus tierras o las impulsan a dejar el campo para cultivar cada vez más soja o caña de azúcar para biocombustibles. De modo que es posible aplicar una política puntual como esa como parte de una política de reformas estructurales, pero como algo aislado no resuelve nada. Pero debilita a los movimientos. ¿No es inevitable esta etapa de los gobiernos progresistas después de décadas de gobiernos de derecha? ¿ Y a pesar de los peligros que esto encarna no es inevitable que la gente esté dispuesta a abandonar la lucha cuando aparezca un gobierno que les proporcione buena parte de lo que pedían durante esas décadas de lucha? Por supuesto. Terminó un ciclo de luchas muy importante y la gente necesita algo. Y ese algo, mucho o poco, son los gobiernos progresistas que tienen aspectos positivos: colocan la pobreza en la agenda, no reprimen tanto, algunos han nacionalizado el gas y el petróleo, buscan la soberanía nacional. No es poco si se mira en perspectiva histórica. Hay un cambio de rumbo en América Latina muy profundo que se resume en la caída de la hegemonía estadounidense. Lo que digo es que eso está bien, pero que es insuficiente, y que si se debilitan los movimientos no va a haber nadie que defienda a los gobiernos progresistas. ¿Si solo es posible luchar para el cambio rompiendo con el estado y sus políticas sociales y desafiando a las ONGS y agencias de cooperación que ejercen una influencia nefasta sobre los movimientos sociales, e incluso no han tenido ningún impacto en la pobreza ni la desigualdad, implica esto que todas esas instituciones

y sus trabajadores siempre son un problema antes que una solución, no importa su buena fe? Mi impresión es que las cosas no son en blanco y negro. En el periodo en que las luchas sindicales eran importantes, en la fábrica los capataces y otros cargos de control de la empresa jugaban a menudo a favor de los trabajadores, o por lo menos mantenían una neutralidad que los favorecía. No todos, claro. Ahora ese papel lo cumplen, salvando las distancias, las y los trabajadores sociales, que son los que aterrizan las políticas sociales en el territorio. Muchos de ellos vienen del activismo popular, formaron parte el algún momento de los movimientos sociales y eso es atractivo para los ministerios de desarrollo social. En el futuro, pueden jugar un papel muy destacado si se comprometen más con los que reciben los beneficios que con quienes los otorgan. Algo similar sucede con muchos trabajadores de ONGs, que tienen un compromiso ético con los pobres con los que trabajan. Todos ellos pueden ser aliados de los movimientos y de hecho se puede comprobar que están muy desconformes con las políticas sociales. ¿No surgirán de nuevo los movimientos cuando estos gobiernos progresistas finalmente pierdan legitimidad, y son reemplazados por gobiernos de derecha, más afines a las empresas y el capital? Los movimientos nunca dejaron de estar activos, aunque una parte fueron cooptados por los gobiernos. Además están surgiendo nuevos movimientos que nacieron bajo estos gobiernos. En Argentina tenemos la lucha contra la minería que incluye más de 100 asambleas coordinadas en la UAC (Unión de Asambleas Ciudadanas), en Brasil los sin techo urbanos que eran muy frágiles antes de Lula han adquirido nuevo protagonismo, en Chile los jóvenes son un factor importante y en Bolivia los indios de tierras bajas, amazónicos, están siendo muy activos. No sabemos lo que va a suceder, pero es seguro que si la derecha vuelve al gobierno va a tener problemas de gobernabilidad por lo que es seguro que va a seguir usando las políticas sociales.

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