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Artemio Baigorri HACIA LA URBE GLOBAL Badajoz, mesópolis transfronteriza Editora Regional de Extremadura Mérida, 2001
Este libro ha sido publicado por la Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2001, con el ISBN 84-7671-622-2 Caso de no encontrarse en librerías, en la página web del autor (sección Noticias y Novedades) pueden encontrarse enlaces para su adquisición en librerías virtuales o directamente en la editorial: http://www.unex.es/sociolog/BAIGORRI/ Esta versión se difunde exclusivamente a efectos de utilización como documentación de trabajo por los alumnos del curso de doctorado “GLOBALIZACIÓN, HACIA LA URBE GLOBAL”, del programa virtual Localizando la Globalización de la Universidad de Extremadura. La paginación no se corresponde exactamente con la del libro.

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INDICE Introducción Primera Parte: DE LO RURAL A LO GLOBAL El análisis transdisciplinario de la ciudad y el territorio desde una perspectiva sociológica Regadío y urbanización La ciudad como artefacto La ciudad red La ciudad y el territorio de la red, en los albores del Tercer Milenio Segunda Parte: MESÓPOLIS TRANSFRONTERIZAS La medida de las ciudades De la ciudad intermediaria a la mesópolis Ciudades y mesópolis transfronterizas Ciudades y regiones en la frontera hispano-lusa: de ‘cul de sac’ a nodos esenciales Tercera Parte: LA FORMACION DE UN AREA MESOPOLITANA DE CARACTER TRANSFRONTERIZO EN BADAJOZ Las tres adaptaciones Badajoz, mesópolis transfronteriza Cuarta Parte: LA MESÓPOLIS DE BADAJOZ EN EL CONTEXTO IBÉRICO Y EUROPEO La permeabilización de las fronteras intracomunitarias y la extensión de la función mesopolitana de Badajoz en el territorio portugués La red urbana de Extremadura y Alentejo y el papel de la mesópolis pacense Ciudades que se mueven: bananas, arcos, diagonales y triángulos en la península ibérica y Europa La síntesis abierta

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Introducción
Este trabajo propone, tomando como objeto de análisis una ciudad media situada junto a una frontera en proceso de desaparición, un marco para la comprensión del proceso de urbanización del mundo. Una ciudad, Badajoz, que se ubica en una serie de marcos sociales, económicos y espaciales. Y cuyo desarrollo se debe, en buena parte, a su posición espacial, en la frontera, y junto a una zona de nuevos regadíos planificados. El marco teórico debe ser por tanto lo suficientemente amplio para que nos permita entender cómo una zona rural, intensamente rural, con una agrociudad excéntrica que durante casi un siglo sobrevive como capital administrativa, se transforma en menos de cuatro décadas en un semicontinuum urbano inserto en lo que denomino la urbe global, y articulado por lo que a su vez denomino una mesópolis, cuyo ámbito de influencia se extiende a territorios de dos Estados nacionales. Para ello atenderemos algunas cuestiones previas: a) La ciudad como artefacto social. b) El papel de la ciudad en el territorio. c) El proceso de transformación/urbanización de lo rural, en particular el que, determinado por la tecnología, se produce en las zonas de regadío. d) Los conceptos de ciudad media, ciudad intermediaria y mesópolis. e) El papel de las ciudades transfronterizas Aunque como tesis doctoral1, este trabajo debería, según dictan las normas académicas al uso, asentarse a la sombra de algún paradigma (Khun, 1971:33), se da la circunstancia de que el paradigma, en este caso, no ha alcanzado todavía su síntesis. Era sin duda una situación paradójica, y en consecuencia arriesgada, particularmente en el campo de las ciencias sociales: pues me apoyo en un paradigma en construcción a cuya síntesis pretendo contribuir. Y, en la medida en que precisamente uno de los componentes fundamentales del nuevo paradigma es la transdiciplinariedad2, la dificultad es aún mayor, aunque a estas alturas de la Historia, el riesgo de ser acusados de eclecticismo es bastante llevadero. No obstante se trata, explícitamente, de una investigación sociológica. Este trabajo se presentó como tesis doctoral en una Facultad de Sociología, de forma que la transdisciplinariedad tiene unos límites obvios, por más que los propios límites teóricos y heurísticos de la Sociología estén, como la frontera sobre la que se asienta la ciudad que en la segunda parte analizo, en un proceso de dilución3. Para no hurtarme a mis obligaciones como sociólogo, he buscado a menudo el amparo en la convicción, compartida por buena parte de los sociólogos y de los científicos sociales en
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El texto recoge sin apenas modificaciones la tesis tal y como fue presentada. Dado el formato de la publicación, se han eliminado la mayor parte de los mapas, gráficos y esquemas, así como se ha descargado en lo posible del aparato erudito que tan agobiante llega a resultar a veces en las tesis doctorales.
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Lo que nos obliga a considerar a teóricos e investigadores de disciplinas bien diversas, anclados además en paradigmas que, a menudo, son contradictorios entre sí, pero que en todos los casos aportan elementos que nos ayudan a comprender la realidad.
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Aún así, la voluntad transdisciplinaria marcó todo el proceso. Los directores de la tesis fueron un arquitecto y un sociólogo, y el tribunal que la juzgó estuvo compuesto por tres sociólogos, un arquitecto/economista, y un geógrafo. Debo agradecer especialmente que mis directores de tesis, los profesores Ramón López de Lucio (del Departamento de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Escuela de Arquitectura de Madrid) y Cristóbal Gómez Benito (del Departamento de Sociología II de la UNED) asumiesen el riesgo de apadrinar mi tesis. Espero qu e, más allá de la máxima calificación obtenida, el premio independiente otorgado por la Real Academia Española de Doctores a la tesis, y ahora esta publicación, les compense la aventura de dirigir a un tesitando tan particular.

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general, de que "la teoría social ha llegado a comprender una gama de enfoques variada y, con frecuencia, confusa" (Giddens, Turner et.al., 1990:12). Recurriré si es preciso a la protección de los santos padres para defender estas posiciones, pues fue justamente Durkheim quien ya en 1897, en una recensión para L’Anée Sociologique, advirtió de las dificultades de anclarse en un único paradigma científico para interpretar las relaciones de los hombres (como sociedad) y el espacio, campo para el que propuso la denominación de morfología social:
"Los trabajos que tratan de estas cuestiones conciernen actualmente a disciplinas diferentes. Es la geografía la que estudia las formas territoriales de los estados; la historia, la que describe la evolución de los grupos rurales o urbanos; es a la demografía a la que corresponde todo lo que concierne a la distribución de la población, etc. Creemos que es interesante sacar de su aislamiento a estas ciencias fragmentarias y ponerlas en contacto reuniéndolas bajo una misma rúbrica; de esta forma adquirirán conciencia de su unidad. (...) La que nosotros proponemos tiene la ventaja de poner de relieve claramente la unidad del objeto sobre el que versan todas esas investigaciones, a saber, las formas sensibles y materiales de las sociedades, es decir, la naturaleza de su substrato" (Durkheim, [1897]1988:242)

Probablemente su denominación de morfología social, siempre que en buena lógica lleguemos con sus contenidos transdisciplinarios a otras ciencias, fuese en su simplicidad más exacto que mi denominación de Ciencias del Territorio. Sobre esta cuestión me extenderé en el próximo epígrafe. Lo que ahora interesa rescatar de Durkheim, además de los antecedentes de nuestra propuesta de Urbanística como una de las Ciencias del Territorio -como lo son las Ciencias Ambientales-, es algún andamiaje -o simplemente muleta- que nos ayude a caminar por el caos de la transdisciplinariedad. Precisamente unos pocos años más tarde afinaría, en un artículo escrito junto a Paul Fauconnet, el mecanismo fundamental para bandearse en este proceso, y al cual me he atenido a lo largo de mi investigación:
"Ese estado de dispersión [entre las ciencias señaladas en la cita anterior] tiene otra consecu encia que quizás sea más general: impide que estas diferentes ciencias tengan de sociales otra cosa que no sea el no mbre. E n efecto, si la p alabra n o fuera p ara ellas u n vano epíteto , deberían tener por principio fundamental el de que todos los fenómenos de que tratan son sociales, es decir, son manifestaciones de una única realidad, que es la sociedad. Los únicos fenómenos que debería retener el observador son los que presen tan ese carácter, y la explicación debería consistir en hacer ver cómo dependen de la naturaleza de las sociedades y de qué manera especial la expresan. Siempre se los ha de poner en relación con ella, sea mediata, sea inmediatamente. Pero mientras los diferentes especialistas permanezcan encerrados en sus respectivas especialidades, será imposible que lleguen a comulgar en esta idea directiva, pues como cada uno de ellos sólo estudia un a porción de l todo, que tom a por el todo mismo, no alcanza a tener una noción adecuada de ese todo, es decir, de la sociedad. Dicen que los fenómenos de los que se ocupan son sociales porque se producen, manifiestamente, en el seno de asociaciones humanas, pero muy pocas veces se considera a la sociedad como la causa determinante de los fenómenos que se producen en su esfera" (Durkheim, [1903]1988:284)

Un último apunte se hace preciso. Aún cuando en modo algunos me he posicionado nunca en mi trabajo investigador, ni lo hago en el curso de este proyecto, 'contra el método'4, sí debo ampararme, ante el proceloso mar al que me enfrento, en la reflexión final que hace Feyerabend en su obra más conocida:
"...la separac ión existen te entre las cien cias y las arte s es artificial, es el efecto lateral de una idea de profesionalismo que deberíamos eliminar, que un poema o una pieza teatral pueden ser inteligentes a la vez que informativas (Aristófanes, Brecht) , y una teoría científica agrada ble de contemplar (Galeileo, Dirac), y que podemos cambia r la ciencia y h acer qu e esté
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Antes bien, uno de los principales autores que a mi entender sustentan el nuevo paradigma, Marvin Harris, ha atacado con tino y duramente -quizás demasiado- la epistemología libertaria de Feyerabend (Harris, 1982:36 y ss.)

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de acuerdo con nuestros deseos. Podemos hacer que la ciencia pase, de ser una matrona inflexible y exigente , a ser una atractiva y condesc endiente cortesan a que in tente anticiparse a cada deseo de su am ante. Desde lue go, es asunto nu estro elegir un dragón o una gatita como compañía" (Feyerabend, 1974: 122)

¿Qué quiere decir, en el campo de la Sociología Urbana en el que supuestamente se incluiría este trabajo, la propuesta de Feyerabend?. Nels Anderson, en su impresionante obra -más enciclopédica que holista- Sociología de la Comunidad Urbana, nos aporta un argumento definitivo:
"El sociólogo urb ano debe extraer su molienda de muchos molinos. Debe volver los ojos a los especialistas por lo menos en dos niveles distintos, empezando por los estudiosos: historiadores, econ omistas, científicos, ecólogos, psicólogos, geógrafos y demógra fos. En otro nivel, ha de b uscar los e specialista s que se preocupan menos por los conceptos y están más atentos al man ejo y la acción: a dministra dores, ing enieros, trab ajadore s sociales..." . (Anderson, 1965:13)

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Primera Parte

De lo rural a lo global

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1. El análisis transdisciplinario de la ciudad y el territorio desde una perspectiva sociológica
He señalado la necesidad de plantear un tipo de análisis transdisciplinario en el objeto de nuestra investigación, dada la multitud de facetas que es preciso considerar; pero no bajo el principio comtiano de considerar la Sociología como una especie de cumbre en la pirámide de la ciencia positiva, sino por el contrario partiendo de la asunción de la incapacidad de observar ciertos fenómenos sociales con un único enfoque, sea el de la Sociología o sea el de cualquier otra disciplina. En la observación de la ciudad y el territorio en tanto que fenómenos socialmente producidos, y que a su vez influyen en otras estructuras, fenómenos e instituciones sociales, dicha perspectiva transdisciplinaria se hace más nítidamente evidente. Sin embargo, este enfoque plantea no pocos problemas, dado que el estudio de la ciudad y el territorio puede verse en parte como una actividad científica (Urbanística, Sociología Urbana, Geografía Urbana... como enfoques parcelarios), y en parte como una técnica o arte aplicada (Urbanismo y Ordenación del Territorio). En lo que hace a la técnica, la multidisciplinariedad en el análisis y el planeamiento urbanístico es hoy un hecho5. No se trata de una opción epistemológica, una teoría, una metodología o una técnica particular, sino que empíricamente observamos que profesionales de ciencias y técnicas variadas se ocupan de forma habitual del Urbanismo, por tanto son urbanistas en cuanto práctica profesional. Y en la teoría también se ocupan del Urbanismo gentes especializadas en materias muy distintantes entre sí, y por tanto son teóricos del Urbanismo, o dicho con más exactitud -aunque el término sea un raro neologismo difícilmente aceptableson urbanólogos. Aparentemente, y más allá de las lógicas competencias corporativistas por el dominio de este territorio, nadie le discute a nadie, en lo particular, su competencia para ocuparse del Urbanismo. Sin embargo, esto debería implicar que cada urbanista realmente existente, procedente de unas u otras ramas científicas o técnicas, conoce no tanto su rol en una supuesta multidisciplinariedad jerarquizada, como más bien sus límites, y qué es lo que las Ciencias y Técnicas vecinas pueden hacer por él. Esto es, que cada urbanista procedente de cada una de las ramas sepa embeberse de las demás. Si no lo hace así podrá decir a lo sumo que hace Construcción u Obra Pública, Derecho Urbanístico, Hacienda Pública, en nuestro caso Sociología Urbana, pero en
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Una versión más amplia de este epígrafe se publicó en (Baigorri, 1995b), pero el origen del texto es en realidad más antigua. El sustrato procede de la ponencia redactada como documento-base para una mesa redonda sobre la multidisciplinariedad en el planeamiento, con la participación de profesionales de todas las ciencias y técnicas que desembocan en el diseño y la práctica urbanística, en el marco del I Curso de Urbanismo organizado por la Asociación Extremeña de Sociología (Badajoz, 1993-94). La parte en la que se apunta una propuesta de discusión en torno a unas Ciencias del Territorio, está extraída de una conferencia sobre Espacios naturales, sociedad y ordenación del territorio, discutida en las I Jornadas de Divulgación Ecológica de la Universidad de Zaragoza (1990).

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modo alguno podrá pretender que hace Urbanismo.

De los ‘grandes generalizadores’ a los transdisciplinarios
Aunque el Urbanismo ha existido siempre como práctica social, no surge como objeto de análisis, conceptualización, y diseño sobre bases metodológicas previas, antes del siglo XIX, al igual que otras muchas ciencias (entre ellas la propia Sociología). En una primera fase, que Françoise Choay -más multidisciplinaria que transdisciplinaria- denominó el preurbanismo, es obra de grandes generalizadores: sociólogos, historiadores, economistas, políticos, filósofos... De Saint-Simon a Engels, pasando por Owen, podríamos escoger cualquier nombre representativo según nuestras preferencias. En una segunda fase, muy breve y que cubre la última década del siglo XIX y primera del XX, pasa a ser de alguna forma patrimonio de los técnicos, fundamentalmente los arquitectos. Paradójicamente a raíz de las denuncias de los reformadores sociales, que obligaron a tomar conciencia en Europa del caos provocado en las ciudades industriales por la mezcolanza de usos y falta de infraestructuras higiénicas, se produce un auge de las ordenanzas constructivas, y una revisión de las teorías estéticas y arquitectónicas 6. Ya bien entrado el nuevo siglo hallaremos una buena representación de este programa en la panarquitectura de Le Corbusier, quien declaraba con cierta soberbia que "el urbanista no es más que un arquitecto"7. Pero de forma inmediata, y ya en los últimos años del siglo XIX, aparece una tercera fase reactiva que pone en tela de juicio el urbanismo de los técnicos -después llamado tecnocrático-, y que ataca desde frentes muy diversos -tecnólogos, humanistas y filósofos coinciden en la crítica-, pero básicamente desde los paradigmas de las Ciencias Sociales. La coincidencia se centra justamente en la convicción de la complejidad del fenómeno urbano, y en la imposibilidad de circunscribirlo a un único enfoque, pero sobre todo coinciden en la crítica del urbanismo real practicado por los denominados especialistas. Esta línea8 se prolongará prácticamente hasta nuestros días, aunque señalar un nombre representativo de esta tercera fase sería difícil, pues son muy numerosos. Tal vez alguien suficientemente conocido y aceptado desde todos los ámbitos de las Ciencias Sociales podría ser Lewis Mumford9, pero en realidad habría de ser el estructuralismo -a la vez ideología y paradigma científico- el que ofrecería más tarde un fuerte basamento para construir el mito de la multidisciplinariedad (lo que de hecho socavó la riqueza holística que venía aportando esa que podríamos denominar tercera
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No hay que olvidar que ya en el último cuarto del siglo XIX, como muy bien puso de manifiesto en la época (Engels, 1978), la producción de ciudad, y particularmente la construcción de viviendas, empieza a manifestarse como un sector fundamental en el capitalismo. Entra dentro de la lógica que los técnicos -más poderosos que los científicos sociales- y los abogados, se apropiasen en cierto modo de la temática .
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Muy lejos quedaba ya 1841, año en el que la Asociación de Arquitectos de Berlín se había negado a participar en un concurso para la construcción de viviendas obreras, por considerar que esta 'indigna' tarea carecía de 'interés arquitectónico'. Por el contrario, a finales del XIX la vivienda popular era ya un buen negocio.
8 A menudo se ha interpretado erróneamente esta crítica, incluso desde la filas de la Sociología, según hace (Nisbet, 1979:89), como un permanente lamento sociológico contra la ciudad, foco de vicios, maldades y perversiones. Y es, efectivamente, desde la sociología, desde donde primeramente se denuncian las graves contradicciones del proceso de urbanización, pero es también desde la sociología -en su mismo origen- desde donde se plantea un paradigma positivo de progreso que lleva a considerar a la ciudad como el espacio de la máxima libertad y creatividad social.

A quien precisamente es también difícil (como al propio Urbanismo), circunscribir a una sola disciplina. Mumford fue esencialmente sociólogo, pero también periodista (crítico de arte y arquitectura), historiador de la civilización, tecnólogo, además de urbanista -y profesor de Urbanismo-.

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vía). Aunque podríamos ubicar a finales de los años '60, con la crítica del estructuralismo y la falsa multidisciplinariedad desarrollada por Lefebvre, el arranque de lo que sería una cuarta fase de plenitud10, en tres décadas esta línea apenas ha hecho sino balbucear11. De forma que navegamos todavía en el mito de la multidisciplinariedad.

El mito de lo multidisciplinario
Cuando representantes de las distintas especialidades que confluyen en el Urbanismo intentan poner en común sus puntos de vista, vemos cómo al exponer la visión urbanística de cada una de las disciplinas la multidisciplinariedad se viene abajo. Precisamente, como han puesto de manifiesto los historiadores de la ciencia, una de las características de las Ciencias, de todas las Ciencias por igual, es su actitud imperialista12. Lo cual conduce en último término a situaciones de conflicto interdisciplinar, antes que a la supuesta colaboración multidisciplinar. Es decir, lo que en realidad se ha intentado no ha sido una interacción creativa entre las disciplinas; sino que más bien se ha probado, desde cada una de ellas por separado, a abarcar todos aquéllos aspectos ajenos que pudieran parecer de interés para ofrecer un corpus más acabado de la propia disciplina. Esto, que en el ámbito de las Ciencias Sociales es un hecho admitido, con el que más o menos se ha aprendido a convivir, se complica cuando entran en juego disciplinas técnicas como la Arquitectura y la Ingeniería (las cuales tienen menos delimitados los campos entre sí, pero sí que los procuran delimitar muy estrictamente, en común, frente a otras ciencias y técnicas), y más aún cuando hacen su desembarco en el planeamiento urbanístico-territorial las Ciencias Naturales (Biología y Bioecología, Geología, Agronomía, etc), algunas disciplinas artísticas (Historia del Arte, Diseño, Arqueología...) e incluso hallamos ahora también acercamientos desde la Cibernética, la Energética o la Dinámica de Sistemas. De hecho, esta afluencia masiva a una disciplina poco definida llevó en los años '60 a un cierto caos epistemológico, una situación que se ha mantenido en las décadas pasadas y ha llevado incluso al descrédito del Urbanismo aplicado, reducido al arte de la componenda y trapicheo, tanto entre disciplinas como entre los propios agentes sociales e instituciones interesados.

Sociología y Urbanismo
Del mismo modo que Le Corbusier proclamó que el urbanista no es sino un arquitecto,
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En 1965 SCIENTIFIC AMERICAN compone un número monográfico sobre la ci udad que constitu ye en mi opinión uno de los hitos multidisciplinarios en la historia del Urbanismo contemporáneo. Sociólogos como Kingsley Davis, Sjoberg o Nathan Glazer compart en cartel con arquitectos-urbanistas co mo Hans Blumenfeld o Kevin Lynch, juristas como Charles Abrams, economistas e ingenieros. La edición española, en 1967, por Alianza Editorial, alcanzó un gran éxito, y todavía sigue reeditándose y demandándose por los estudiosos.
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Cabe hablar, en los términos planteados por la Sociología de las Ciencias de Khun, de intereses material-corporativos que bloquean la generalización del nuevo paradigma; cabría hacerlo, parafraseando términos marxistas, de la contradicción entre las estructuras que conforman el modo de producción urbanística imperante y el desarrollo de nuevas formas productivas emergentes; y habrá, en fin, quien considere que en la década ominosa del superconservadurismo neoliberal no podía caber un paradigma crítico y humanista como el que había propuesto Lefebvre unos años antes, orientado a desembocar en el urban ismo transdisciplinar.
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Competencia, dominio y sucesión son conceptos de la Ecología Humana plenamente aplicables al desarrollo de los programas científicos.

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Patrick Geddes había advertido, muchos años trás, que el urbanista no puede estar encarnado en un simple constructor de paralelogramos o en un sencillo dibujante de perspectivas. Geddes es una figura señera en esa segunda fase citada, de reacción frente a los especialistas, y ello explica quizás el radicalismo de su crítica. Fue el maestro de Mumford13, y proclamaba provocador que
"salvo contadas excepciones, el arquitecto más prestigioso, por competente que sea en la concep ción de e dificios aislad os, se revela tan poco experto en materia de ordenación urbana (town plannin g) como las au toridades mu nicipales" (citado en C hoay, 197 1; 426).

Esto lo escribía en Ciudades en evolución, publicada en 1915 y que constituye tal vez el primer manual sobre planeamiento. Su primera gran obra, Desarrollo urbano, se publicó en 1904, y consideraba el Urbanismo (él lo denominaba polística, en tanto ciencia de las ciudades) como una ciencia aplicada, que se desarrolla mediante la experimentación, y que se convierte de este modo en "una arte cada vez más eficaz, susceptible de mejorar la vida de la ciudad y de contribuir a su evolución". Por tanto hay que iniciar con Geddes cualquier reflexión sobre el papel de la Sociología en el Urbanismo, porque constituye sin duda el punto en el que, desde la Sociología, se plantea una cierta actitud imperialista hacia el Urbanismo como la que antes se ha achacado a otras disciplinas. Pero la propia reflexión sociológica es precisamente urbanística ya en su origen, y tenía una larga tradición de casi un siglo cuando Geddes publica su primera obra. Es sin duda esa profunda y larga tradición la que empuja a Geddes, probablemente cuando toma contacto con la literatura social a través de Ebenezer Howard, Le Play y otros, a sociologizar tan extremadamente el Urbanismo. Como es sabido, la revolución industrial había provocado, desde finales del siglo XVIII, pero especialmente a partir de mediados del XIX, un impresionante crecimiento demográfico de las ciudades; en realidad mucho más impresionante, en términos relativos, que el que hoy en día nos abruma, porque la capacidad de respuesta de las ciudades para absorber las sucesivas oleadas era mucho más lenta. La nueva fisonomía de la ciudad industrial, que se extiende por Europa, genera profundos cambios sociales, y es en buena parte la preocupación por estos cambios lo que dará lugar a la aparición de la Sociología14. Como hoy, hay en el propio origen de esta ciencia una Sociología Física (o Física Social) y una Sociología Política: unos se ocuparon de medir esos nuevos fenómenos sociales, como Quetelet, Champneuf, o Levasseur, mientras que otros hacían una crítica de las estructuras causantes de esa problemática, proponiendo su reforma, como Saint Simon y Considerant (quienes procedían de la ingeniería y terminaron dedicados a la incipiente Sociología), o como Fourier, Owen y Cabet, cuyos modelos utópicos de ciudad han tenido (y siguen teniendo) una fecunda influencia, no siempre reconocida por los inseminados15.
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Geddes fue el creador de conceptos universalizados como el de conurbación, o las eras paleotécnica y neotécnica que desarrollaría luego Mumford. Curiosamente también fue mu y polifacético, pues se formó como biólogo con T.H. Huxley, para pasar a través de los geógrafos franceses y la sociología física de Le Play hasta el urbanismo. Como académico, fue primero profesor de Botánica en Escocia, pero terminó, harto de las miserables intrigas académicas de Londres, como profesor de Sociología en la Universidad de Bombay. Se trata de una ciudad que crece de forma espontánea, orgánica, no planificada, para la que Gaston Bardet aplicaba justamente el concepto de urbanización por contraposición al de urbanificación planificada."L'un est le mal, l'autre remède"(Bardet, 1963;5)
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Modelos que son antes que nada, no lo olvidemos, modelos de reorganización social. En este sentido, no es admisible el tipo de absorción disciplinaria que hace Benévolo -y que se ha generalizado desde que en 1963 publicó sus Orígenes del Urbanismo moderno- cuando habla de proyectos como los de Owen en los siguientes términos:"Esta proposición constituye el primer plan urbanístico moderno desarrollado en todas sus partes, desde las premisas político-económicas hasta el programa constructivo y el presupuesto financiero" (Benévolo, 1992:73). Esto es, desde luego, no haber comprerndido a Owen, para quien lo

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Estos antecedentes de Física Social debieron haber influído sin duda en Cerdá, quien en su Teoría General de la Urbanización incorpora no sólo análisis sobre arquitectura e ingeniería sino también sobre "Derecho de la Administración, 'estudios societarios', estadística, geografía, la higiene pública, la propiedad, la economía política, la intervención de la Administración con la expropiación urbanística, policía y edificación, etc" (García-Bellido, 1994;1109), lo que lleva a algunos autores como el propio García-Bellido a considerarle, en cierto modo, un antecedente -español, por lo demás- de una urbanística transdisciplinaria16. En el último cuarto de siglo se dará un periodo de interesantes confluencias. La Sociología confluye en muchos casos con el Socialismo, hasta el punto de que el primer análisis en profundidad de la especulación urbana, la crítica más feroz de la ciudad industrial y burguesa desde el ámbito de la Sociología, está en Engels, en su informe sobre La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, y muy especialmente, en lo que al Urbanismo se refiere, en el pequeño ensayo Contribución al problema de la vivienda. En el campo de la Filosofía Social -más que en el estrictamente sociológico- la interacción de gentes como el filósofo social John Ruskin (entre 1860 y 1870 plantea su 'elogio de la diversidad', y propone "la ciudad como un espectáculo más atractivo que el paisaje") y su discípulo el arquitecto William Morris (que publica en 1891 su utopía socio-urbanística de caracter socialista, Noticias de ningún sitio), permiten atisbar posibilidades de transdisciplinariedad, pero se trata de casos aislados que no llegan a fructificar. A caballo de los siglos XIX y XX es la gran teoría sociológica, en sus distintos programas, la que constituye sin duda el principal instrumento de análisis de la ciudad. Las dicotomías entre solidaridad mecánica/solidaridad orgánica de Durkheim, o entre comunidad/sociedad de Töennies, son la máxima expresión analítica del conflicto entre la sociedad tradicional rural, y la sociedad industrial urbana. Superan con mucho la simple oposición campo/ciudad enunciada por Marx y Engels desde un paradigma economicista17, y el simplón antiurbanismo naturalista y naïf del pensamiento social dominante en los Estados Unidos en el siglo XIX (en Jefferson y Thoreau especialmente). La obra de Simmel sobre Las grandes ciudades y la vida del espíritu tendría una profunda influencia en las décadas siguientes, sobre todo porque define la ciudad como un hecho social, y apunta la mayor parte de los problemas de los que la Sociología Urbana se sigue ocupando todavía. En su obra Sociología (1908) hallamos, y con este título además, una de las tempranas reflexiones -si exceptuamos la de Durkheim citada páginas atrás, en términos de morfología social- sobre El espacio y la sociedad, en el que se plantea o la superposición determinante de lo social sobre lo físico:
"Lo que tiene importancia social no es el espacio, sino el eslabonamiento y conexión de las partes del espacio, producidos por factores espirituales" (Simmel, 1986;II,644).

político-económico, esto es la organización social, no es una premisa, menos aún una parte, sino el objetivo último; siendo lo urbanístico -como lo educativo, lo tecnológico, lo productivo...- un elemento más del sistema. Sin embargo, el enciclopedismo de Cerdá -con independencia de la justa reivindicación nacional de su papel procreador del Urbanismo- pudiera ser tomado también como una visión premonitoria de la forma en la que algunos técnicos han entendido, en las últimas décadas, la multidisciplinariedad, invadiendo disciplinas ajenas mientras simultáneamente protegen la propia con artillería pesada. Ya antes de que este fenómeno se generalizase (me refiero al relleno de las Memorias Informativas con 'estudios societarios'), Bidagor había criticado en Cerdá su voluminosa Memoria del proyecto de ensanche de Barcelona, por cuanto "no se ve por ningún lado la utilización de todos estos estudios" (Bidagor, 1968;268). Pues, efectivamente, no se trata de rellenar memorias con 'datos societar ios', sino de interpretar globalmente la realidad territorial -urbana o rural- que se planifica. Parece más fácil asumirlo a nivel planetario -Gaia-, que a nivel local.
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Contradicción que Kropotkin, que ejerció de antropólogo, sociólogo y geógrafo, además de como uno de los patriarcas del anarquismo, pretendió superar mediante una simbiosis de la industria y el campo, una superación dialéctica del enfrentamiento campo/ciudad que inspiraría profundamente, por ejemplo, el ideal usoniano del arquitecto americano Frank Lloyd Wright.

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Es en este momento, no antes ni después, cuando podemos hablar de la aparición del concepto de lo rural y lo urbano, como expresión dicotómica fundamental que constituye la espina dorsal del urbanismo moderno. Max Weber aplica su metodología de los tipos ideales al estudio de la ciudad. Para él la ciudad, como tipo ideal, implicaría el mercado, la plaza fuerte, una jurisdicción propia, leyes al menos parcialmente autónomas, un asociacionismo específico y una administración relativamente independiente puesta en manos de unas autoridades elegidas por los habitantes de la ciudad. Es Weber, más que Marx, quien profundiza en ese aserto que se cuenta estaba inscrito en el frontispicio de la puerta principal de una ciudad alemana, ya en la Edad Media: "el aire de la ciudad nos hace libres"(Weber, 1987;40). Debemos hacer en este punto, al hablar de los antecedentes de una ciencia de las ciudades, siquiera una mención a Angel Ganivet, quien de no haberse cruzado a los 33 años con una depresión suicida podría haber llegado a ser el Simmel español, pues tarde o temprano su psicosociologismo se hubiese topado con la naciente sociología alemana. Su Granada la Bella, escrita en 189618, constituye la temprana respuesta en castellano a la rampante tecnocratización del urbanismo, en términos mucho más sutiles y profundos que la mera oposición reaccionaria a los ensanches tan habitual en la época. La dicotomía urbano-rural, según la cual "la diferencia entre pueblo y ciudad está precisamente en que la ciudad tiene espíritu, un espíritu que todo lo baña, lo modela y lo dignifica" (Ganivet, 1905;89); la influencia en los valores y actitudes de la forma urbana; la crítica de los arquitectos que, "en nuestra época, más que hombres de ciencia o de arte, son acomodadores"(Ganivet, 1905;103); la evolución orgánica de las ciudades como "una acción oculta de la sociedad"; incluso un fermento -en su análisis de la función de los hitos artísticos, así como de la fisonomía de las calles- de lo que seis décadas más tarde Kevin Lynch desarrollaría como la imagen de la ciudad. Muchas de las más grandes cuestiones que, desde la Sociología, se han planteado en torno a la ciudad, apuntaban en un Ganivet al que una precipitada huída del mundo -y de los celos- impidió llegar a madurar19. Estamos a la vez en un momento en el que los fracasos de las comunidades utópicas de Fourier, Owen o Cabet han caído en el olvido, pero están de moda las propuestas de otro utópico autodidacta y preocupado por las cuestiones sociales, Ebenezer Howard, sobre la ciudad jardín20. Estamos en el momento en el que hace su aparición, en 1910, la palabra urbanismo21, justamente
18 Una Historia del Urbanismo en España transdisciplinaria (es decir, no limitada a los artistas y técnicos) permitiría recuperar no sólo a Ganivet, sino a otros muchos autores preocupados, más o menos tempranamente pero siempre con notables aportaciones, por estas cuestiones. Como el periodista y revolucionario liberal Fernández de los Ríos, quien a mediados del XIX dedicó un libro muy crítico al proyecto de ensanche de Madrid, en el que proponía una visión metropolitana de la ciudad, además de la repoblación forestal de su periferia. Bidagor reconocía que si los técnicos le hubiesen hecho caso, Madrid sería hoy una ciudad de mayor calidad (Bidagor, 1968;265).

No es baladí recordar que Simmel tenía 45 años cuando publica Las grandes ciudades y la vida del espíritu (1903); Geddes 50 años cuando publica su primera gran obra, Desarrollo de las ciudades(1904); y Weber tenía ya 59 años cuando publica su libro La ciudad(1925).
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Lo social, en Howard, es inseparable de lo urbano. Como es sabido, el título de su obra, publicada en 1898, es precisamente Mañana:una vía pacífica hacia la reforma social. Con el importe de la venta de su libro creo una Asociación de rápido éxito, que encargó la materialización de sus ideas urbanísticas a los arquitectos Parker, Unwin y Louis de Soissons, surgiendo así las primeras ciudades-jardín que servirían de modelo durante décadas en muchos ensanches urbanos y nuevas ciudades de Europa y Estados Unidos. Tal vez podría incluirse a Arturo Soria en esta nómina de utopistas, pero su componente social no fue tan intenso como el que hervía en los utópicos anglosajones o franceses. Soria era más un emprendedor, en el sentido actual del término, que un reformador.
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En un artículo de un geógrafo, Paul Clerget. (Bardet, 1963;19). No obstante, García-Bellido corrige a Bardet el nombre de Clerget (que sería Pierre), y además atribuye al italiano A.Contento la primera utilización del término, en 1902 (García-Bellido, 1994;1123ss.).

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el mismo año en que se celebra en Londres el primer gran congreso multidisciplinar, con la participación de Geddes, Bonnier, Adam, Howard, Unwin y otros. Hay una verdadera eclosión del Urbanismo, hasta el punto de que podríamos decir que es entonces cuando surge como ciencia. Desde la Sociología, y frente al planteamiento meramente arquitectónico que reflejan los primeros manuales de construcción de ciudades de Stübben o Sitte22, se reivindica el Urbanismo como ciencia de la distribución de los grupos humanos en el espacio. Es decir, en cierto modo en la línea propuesta por Durkheim. La Escuela de Chicago -nuevamente la Sociología preocupada por el crecimiento explosivo de las ciudades23-, intentará, en las primeras décadas del siglo XX, incorporar las aportaciones de una ciencia en proceso de formación, la Ecología, a estas cuestiones. Surge así la Ecología Humana, con Robert Park y Ernest Burguess como máximos exponentes, quienes acuñaron el término en 1921. De alguna manera recogen todo el bagaje de los sociólogos que se han ocupado del espacio en el siglo XIX, de los primeros sociólogos urbanistas, y de elementos de la naciente Geografía Humana. Sus estudios sobre la ciudad de Chicago, siguiendo su proceso de conversión en una metrópolis moderna, han tenido una gran influencia. Y aunque la Escuela de Chicago se agotó en sí misma, en buena parte por su reduccionismo cuantitativo, no obstante las teorías de Park, Burguess o luego Hawley vinieron a aportar, a la interpretación de los hechos sociales, una perspectiva espacial y territorial que otras ciencias relacionadas con el espacio, como la Geografía, no habían llegado a profundizar por su caracter esencialmente descriptivo. Al análisis geográfico de la forma, la Ecología Humana añade la investigación de la función, la interrelación y sobre todo los procesos24. Pero entretanto la influencia de otras grandes teorías, sobre todo del estructural-funcionalismo de Parsons, y el surgimiento de otros problemas de dimensión planetaria, contribuyeron en mayor medida a apartar al sociólogo del Urbanismo como fenómeno global, limitando su campo de observación a cuestiones microsociológicas de alcance limitado. Los excesos de los técnicos en el desarrollo de las ciudades, entre los años '30 y '60 (en una parte notable por la influencia de Le Corbusier), contribuyeron a la aparición de nuevos y más profundos problemas sociales. La reconstrucción de las ciudades europeas tras las segunda guerra mundial, con una radical separación funcional, la renovación especulativa de los centros urbanos en las principales ciudades americanas, la agudización del fenómeno de la urbanización y la afluencia masiva de inmigrantes a las ciudades y metrópolis de los países en vías de desarrollo, el recrudecimiento de los fenómenos de segregación social y espacial, atrajeron de nuevo la mirada del sociólogo hacia la ciudad y los problemas urbanos. Las teorías de Geddes volvieron a ser influyentes entre los estudiosos más imaginativos. Sin embargo, la omnipresencia del estructuralismo -especialmente cuando éste fue marxista22

Precisamente se denominan así, construcción de ciudades, tanto el d e Sitte (V iena, 188 9) como el de Stübben (Berlin, 1890). En realidad son manuales de diseño viario y sistemas generales, y de arquitectura neoclásica, y no manuales de Urbanismo tal y como hoy podemos entenderlo (y ya era entendido entonces) en toda su complejidad. García-Bellido presenta estas obras (así como la de Reinhard Baumeister, editada en 1876), como comprensivas de aspectos sociológicos (García-Bellido, 1994; 1110), pero para G.Albers la obra de Baumeister es "eminentemente técnica", y la de Sitte eminentemente esteticista. Las notas de este autor nos permiten ver cómo también en Alemania la cuestión urbana fue antes social que técnica, citando la obra del estadístico Bruch El futuro edilicio de Berlín y el plan de edificación (1870), y el que denomina el "primer libro sobre urbanismo escrito en lengua alemana"(Albers, 1978;33), obra de la condesa Dohna-Poninski, bajo el seudónimo de Arminius, y con el título de La penuria habitacional de las grandes ciudad es y los fundamentos de una ayuda efectiva
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No hay que olvidar que Chicago, que soportó un crecimiento y una industrialización compulsivos, y constituye uno de los principales puntos de atracción de inmigrantes, simbolizaba entonces lo que Londres alcanzó a simbolizar en el siglo XIX.
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No en balde se lamentaba McKenzie, en 1926, de que "falta todavía un estudio de la expansión considerada como un proceso, aunque los materiales para ello y los puntos más esenciales y familiares de los diferentes aspectos del proceso existen ya contenidos en ordenanzas de planificación de la ciudad , zonificación y estudios regionales"(en Theodorson, 1974;I,71)

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mantuvo a los sociólogos atados a problemas sectoriales sin una perspectiva global25, prácticamente como les ocurre a todos cuantos se ocupan, desde uno u otro ámbito, del Urbanismo. La propia Sociología se circunscribe entonces, avergonzada, a los denominados problemas sociales, como la segregación, la cuestión de los inmigrantes, la pobreza urbana (el cuarto mundo), los denominados movimientos sociales... como si toda la ciudad, y aún el espacio sobre el que ésta se asienta y articula, no fuese en sí misma una cuestión social. Se construye una Sociología Urbana corta y timorata, que se agota en sí misma, y que cuando no es pura geografía (esto es, descripción) parece incapaz de incorporar seriamente lo espacial a los fenómenos sociales. Hoy se reconoce que no mucho más se ha añadido "a los círculos concéntricos de Burguess y la tesis del urbanismo de Wirth"(Flanagan, 1993;4). Se busca ciertamente su participación multidisciplinar, pero apriorísticamente se reduce su campo de intervención, interna y externamente, quedando en la práctica urbanística como elemento decorativo en el proceso de planeamiento.

¿Es posible un urbanismo transdisciplinario?
Es frente a esta derrota de la Sociología frente a la que se alzan teóricos e investigadores sociales como Paul Goodman o Henri Lefebvre, con sus propuestas globalistas/holistas, en el primer caso, o de cooperación interdisciplinaria en el segundo. Es un momento en el que se empieza a aceptar la idea del caracter político de la planificación del espacio, cuando por fin se
"reconoce que los contextos sociales subyacentes tienen un alcance más profundo que el que pueda ser influido de manera sustancial por algún otro tipo de planificación: la ley sobre el horario de com ercio, los aparatos d e televisión y las heladeras c ontribuyen m ás a la 'desolación de los c entros urbano s' que las concepc iones urbanísticas" (Albers, 19 78;46).

Tempranamente se reflexiona en esa línea también en España, donde los primeros grandes informes sociológicos se ocupan, precisamente, tanto de la ciudad como de la ordenación del territorio tal y como hoy la conocemos; y donde se plantea, en el Informe Foessa de 1970,
"pensar no sólo en una planificación física, sino en una alteración fundamental de las estructuras básicas: propiedad del suelo, segregación y relaciones entre las clases, participación ciudadana, organización de la enseñanza o del transporte colectivo, y todo ello en el sentido de un 'óptim o social' en el aprove cham iento del esp acio." (De Miguel, 1974; 329)

Díez Nicolás, fuertemente influenciado por la Escuela de Chicago, elabora asimismo diversos estudios sobre el sistema de ciudades, bajo el principio de tratar como hechos sociales el desarrollo urbano y la ordenación del territorio. En 1962, Lefebvre propone explícitamente, en la revista Utopie, la necesidad de una Facultad de Urbanismo. Su tesis de partida es que,
"incluso si planteam os com o princip io metod ológico el que nin guna c iencia se ren uncie a sí misma, y que, por el contrario, cada especialidad debe avanzar hasta el límite la utilización de sus recursos para alcanzar el fenóm eno global, nin guna de e stas ciencias p uede pretender agotarlo. Y tampoco regirlo." (Lefebvre, 1971;230)

Sin embargo, el propio Lefebvre señala el tipo de limitaciones que surgen cuando se plantea en términos metodológicos la multidisplinariedad, a la que califica de diálogo de sordos, o seudoencuentros sin lugares comunes. Porque el problema fundamental y primario es el del lenguaje. Un lenguaje, una terminología y unos conceptos comúnmente compartidos son la base
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Con muchas excepciones, ciertamente. Cabría citar a Elisabeth Pfeil, Nels Anderson, Kingsley Davis, Phili p Hauser, Sjoberg, etc. Merece destacarse en este punto a David Riesman, que en La muchedumbre solitaria actualizó de alguna manera la lectura de Simmel sobre la vida espiritual en las grandes ciudades (Riesman, Glazer, Denny, 1955), y que intentará una lectura holista de algunos de los fenómenos urbanos más determinantes de la época, en el conjunto de trabajos reunidos en Abundancia, ¿para qué? (Riesman, 1965).

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del desarrollo científico, y no siempre ocurre eso en el Urbanismo multidisciplinar. Cada especialista busca ser el hombre de la síntesis, es decir concibe la síntesis en su propio terreno, a partir de sus datos, de su experiencia profesional parcializada, de su terminología, de sus conceptos y tesis... Se termina en compromisos mediocres, sobre todo por cansancio, porque hay que detener la discusión en algún momento. Lefebvre propone la creación de una Facultad que, básicamente adaptando la propuesta de Durkheim a las nuevas condiciones científicas existentes un siglo más tarde, "reagrupe alrededor del análisis del fenómeno urbano todas las disciplinas existentes, desde las matemáticas (estadística, pero también teoría de la información y cibernética) a la historia y la linguïstica, pasando por la psicología y la sociología"(Lefebvre,1971;231). Y en la que el diseño y las Ciencias de la Naturaleza, podríamos añadir al retomar la propuesta lefebvriana, tendrían un fuerte peso específico. Pues, en cierto modo, los límites de las tesis de Lefebvre devienen de su carácter metafísico. Del mismo modo que en Sociología se distingue muy bien -aunque no siempre sabemos o queremos hacerlo- entre Sociología y Filosofía Social, habría que distinguir aquí entre Filosofía Urbana y Urbanismo propiamente dicho. La no distinción de la parte del discurso de Lefebvre que corresponde a uno y otro ámbito creo que ha limitado fuertemente -además de las razones ya señaladas sobre competencia intercientífica, ecología o relaciones de producción- las posibilidades de materialización de su propuesta. Él mismo señala la imposibilidad de separar "la crítica de las ciencias especializadas de la crítica implacable de las políticas especializadas, de los aparatos políticos y sus ideologías" (Lefebvre, 1971;245). En España, donde, gracias a la actividad divulgadora -y a la práctica urbanística- de Gaviria, sus teorías urbanísticas tuvieron durante una época tanta aceptación como en Francia, esas contradicciones de su propuesta de programa científico fueron aún más manifiestas, aunque fueron más determinantes de su fracaso las barreras -tanto externas como internas- existentes para la institucionalización de una vía que aparecía como fuertemente crítica para con lo establecido, como se pone de manifiesto en diversos trabajos de la época (Gaviria, 1981;63)26. Paul Goodman podría ser representativo de esta nueva tendencia en los Estados Unidos, donde en el mismo periodo (a partir de mediados de los '60) se observa una recuperación de las teorías de Mumford, además de la aparición de toda una generación de pensadores que, desde disciplinas diversas, se acercan al Urbanismo con una actitud globalizadora que podríamos ya considerar en cierto modo transdisciplinar. Citemos a Jacobs, economista, con sus obras Vida y muerte de las grandes ciudades y La economía de las ciudades; los sociólogos Bukchin con Los límites de la ciudad; Illich (quien, aunque europeo, desarrolla su actividad en México, y además en el marco de la cultura intelectual anglosajona) con sus trabajos sobre La sociedad convivencial; o Alexander con sus propuestas, desde la arquitectura, de Un urbanismo democrático. El propio Goodman es un sociólogo que se ocupa de aspectos tan diversos como el diseño urbano, el tráfico o la psicología del espacio, y que escribe precisamente varios de sus libros en colaboración con un arquitecto, su hermano Percival, llegando a diseñar un modelo utópico de ciudad nueva, Communitas. Y es justo en 1962, en la misma fecha en que Lefebvre hacía sus propuestas de Facultad de Urbanismo, cuando Goodman alega:
"He sido calificado de ignoran te que toca ba, sin pro fundizar e n ellos, una amplia

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Se dió a lo largo de los años '70, en España como en buena parte de Europa, un rico proceso de confluencias que produjo a finales de aquella década, y primeros años de la siguiente, algunos de los mejor es document os de plan eamiento de l Urbanismo español. Sin embargo, la mayor parte de los sociólogos-urbanistas de la época, siendo sin duda uno de los casos má s representativos el de Gaviria -aunque también, desde 'escuelas' distintas, cabría citar a De Miguel o Díez Nicolás-, terminaron por desertar d el Urbanis mo y la Ordenación del Territorio y pasarse a áreas menos competitivas disciplinariamente. La dimisión de los sociólogos, y la entrada de otros profesionales procedentes de las ciencias naturales, ha contribuído a una renovada tecnocratización del planeamiento.

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variedad de temas: sociología, psicología, urbanismo y tecnología, pedagogía, literatura, ética y estética. Es cierto que m is conocimiento s no son mu chos, pero es falso que escriba sobre gran diversidad de temas. El único que atrae mi atención es el comportamiento del ser humano en el escenario que ha n mon tado ellos m ismos.” (Goodman, 1973;7)

Un escenario, por lo demás, que no es sino el medio natural transformado, el medio ambiente urbano o rural, y que atrae a científicos sociales desde campos muy diversos, pero que guardarán en común, frente a la tradición de la Ecología Humana de la Escuela de Chicago, casi dos únicos elementos: de un lado, la misma falta de sistematización que ofrece la propia Naturaleza; de otra parte, el lema recogido en la última de las XI Tesis sobre Feuerbach de Marx: "Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo"27. El proceso de institucionalización de la Sociología en España dejó fuera, desgraciadamente, esta rica vena, y para comprender aquella situación cabrían también, por supuesto, muy buenas explicaciones sociológicas. A las dificultades intrínsecas a las que debió enfrentarse la institucionalización de la propia Sociología habría que añadir, por supuesto, también la evidencia de que la Sociología Urbana, la Ecología Humana y la Demografía no constituían, en modo alguno, un complemento curricular suficiente para enfrentarse a la complejidad del fenómeno urbano-territorial, pero no era así como se veía hace tres lustros.

Del Urb anismo a las Ciencias del Territorio
Desgraciadamente está por desarrollar una Ciencia del Territorio, autónoma en su metodología y conceptos, y que deberá ampararse en el paradigma de la Ecología Social, una de cuyas ramas sería precisamente la Urbanística (o Urbanología, si damos el salto de la técnica a la ciencia). Las Ciencias del Territorio tienen como objetivo el conocimiento (para su posterior optimización) de las relaciones entre la sociedad (más que el hombre individual, o el hombre como especie, temas que serían más propios de la Psicología Ambiental en el primer caso, y de la Ecología o la Etología en el segundo) y el medio físico-territorial en el que se desenvuelve la vida de esa sociedad. Una de sus aplicaciones será obviamente la planificación física, territorial o urbana, que perseguiría desde estos presupuestos una armónica distribución de las actividades en el espacio, y su regulación de acuerdo con la capacidad de los ecosistemas (naturales y artificiales, biológicos y sociales) y con las relaciones entre ellos. Partiendo, por supuesto, de que el Territorio tiene sus propias leyes de desarrollo, de componente social e independientes de la dinámica de los ecosistemas naturales, que en unos casos han sido definidas de forma parcelaria desde diversas disciplinas científicas, y en otros casos están por definir. Hoy, en este sentido, estamos en disposición de conocer con anticipación los cambios que en la estructura, la forma o la función del territorio, o la ciudad, pueden provocar las transformaciones sociales, económicas o medioambientales. Y a su vez, y por consecuencia, podemos establecer las transformaciones territoriales y/o urbanísticas que podrían ser coadyuvantes de cambios, hacia mejor, de la sociedad. Pues, con palabras de Geddes, "nuestros informes no pueden sino apuntar a la acción, como el diagnóstico al tratamiento"(en Jakson, 1973;27). Creemos que la Ciencia del Territorio, y el arte de la ordenación territorial o del Urbanismo que de ella puede derivarse, forman parte del magma de las Ciencias Sociales. No se trata en absoluto de una ciencia exacta, y tampoco puede ser tratada en términos ingenieriles ni, en el extremo opuesto, exclusivamente artísticos (como ocurre con la arquitectura o las propias obras
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Hay que hacer una especial mención, al hablar de una perspectiva transdisciplinaria, al esfuerzo realizado por Edgar Morin en los últimos años.

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públicas que jalonan y estructuran el territorio, rural o urbano). Antes bien, es una ciencia de aproximación, como todas las ciencias sociales, y en consecuencia sujeta a paradigmas filosóficos previos. Es, en fin, una ciencia y una actividad fuertemente ideologizada; en último término es el componente ideológico el que determina en el planificador, en primer lugar, el propio conocimiento previo de la realidad territorial, primando unas técnicas de análisis sobre otras, unos aspectos sobre otros, y en segundo lugar las propias soluciones (se preferirá primar el aumento de la velocidad de circulación de los coches, o el aumento de la comodidad y libertad de los peatones; la productividad en las empresas o el bienestar e integración de las comunidades de trabajadores; el aumento del PNB o el incremento de la felicidad y sociabilidad de la población...) En este marco el Urbanismo, tal y como hoy lo conocemos, podría constituir la avanzadilla de la configuración de las Ciencias del Territorio, por cuanto constituye la única rama de las llamadas Ciencias Sociales (aceptando que pertenece a este ámbito) que ha entrado a saco, y con pretensiones totalizadoras, en la Ordenación del Territorio. Se plantea, en suma, la necesidad de construir una Ciencia del Territorio que supere las limitaciones de las distintas ramas del conocimiento que se acercan al fenómeno de la relación entre los hombres y grupos sociales y el espacio, mediante la construcción de una terminología común, conceptos comunes, una metodología propia y una base epistemológica común, que en mi opinión debe enmarcarse bajo el nuevo paradigma ecológico. Una de las ramas de esa Ciencia del Territorio (o especialidades, por decirlo en términos curriculares) sería la Urbanística. Esto es lo que entendemos por transdisciplinariedad, que no es sino la superación dialéctica del conflicto interdisciplinar. Naturalmente es un proceso apenas iniciado, aunque a la vez imparable. Como en el caso de tantas otras ciencias, la mayor o menor duración del proceso de consolidación de estas Ciencias del Territorio dependerá de sus posibilidades de institucionalización. En conclusión, desde el ámbito de la Urbanística, el objeto de nuestra investigación no puede ser la ciudad en sí misma, sino la ciudad en el territorio, entendido éste en un sentido amplio, global, y entendidos ambos -ciudad y territorio- como construcciones sociales, que son determinados/por y determinan/a el conjunto de las estructuras e instituciones sociales. Nos situamos por tanto en la posición señalada según la cual la Urbanística, como ciencia transdisciplinar, tiene como objetivo, entre otros, el conocimiento de las relaciones entre la sociedad y el medio físico-territorial en el que se desenvuelve la vida de esa sociedad. Y, en consecuencia, esta perspectiva urbanística juega un papel fundamental, junto a la perspectiva sociológica, en nuestro trabajo.

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2. Regadío y urbanización
Justificados los presupuestos epistemológicos que nos inducen a aplicar un enfoque desde la perspectiva de la Urbanística, debemos recordar una vez más que esta investigación tiene una adscripción curricular realmente existente: la Sociología. Sin embargo, los problemas de los que nos vamos a ocupar pueden tratarse desde la perspectiva de dos especialidades que, hoy por hoy, no tienen en común otra cosa que la denominación Sociología de.... La Sociología Urbana y la Sociología Rural se desarrollan desde presupuestos y trabajan bajo supuestos no sólo distintos, sino en ocasiones casi antagónicos28, y sin embargo una vez más resulta casi imposible discernir en qué medida nuestro trabajo se ubica en una u otra especialidad. Uno de los factores fundamentales que, según la hipótesis que intentaremos demostrar, han determinado el desarrollo de la mesópolis de Badajoz, ha sido el regadío. Y sin embargo, el Regadío constituye un ámbito de investigación propio de la Sociología Rural, que por otra parte no ha prestado sin embargo atención a la función urbanizadora de esta infraestructura. Por su parte, la Sociología Urbana considera al Regadío como un fenómeno propio de lo rural, y tampoco ha prestado atención a dicha función. Una vez más, por tanto, debemos movernos sobre el filo de la transdisciplinariedad, que tal vez podríamos resolver en este caso a través de una Sociología de la Urbanización que participase más intensamente de los presupuestos que hemos planteado en el ámbito de la Urbanística y las Ciencias del Territorio. Aquí, nuevamente, creemos que la introducción de un paradigma ecológico entendido en un sentido materialista29 ayudaría a superar las limitaciones y riesgos derivados. De ahí el interés de desarrollar más ampliamente dicho paradigma.

Sobre el materialismo ecológico como paradigma explicativo
En realidad el regadío, factor esencial en nuestra investigación, no es hoy por hoy un concepto sociológico. Cuando utilizamos el término 'el regadío' estamos haciendo referencia a todo un campo semántico, un complejo constructo que incluye desde aspectos físico-naturales, y sobre todo técnicos, hasta cuestiones psicosociales, pero rara vez lo hallamos operativizado como concepto. Aunque a efectos de nuestro trabajo definiremos como regadíos a aquellos territorios que, formando una cierta unidad socioeconómica, cuentan con una importante presencia de la agricultura de regadío, es ciertamente difícil -cuando no imposible- ir mucho más allá. La edad del regadío, el origen institucional -con o sin colonización, espontáneos o planificados, de iniciativa privada o pública-, la calidad de suelos y aguas, su ubicación relativa en los espacios nacionales y en el sistema económico global, la cercanía de grandes centros urbanos, el propio peso porcentual del regadío en el conjunto de sus superficies labradas, el origen y las
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Hasta tal punto que la Sociología Rural surge, en las primeras décadas del siglo XX, casi como una reacción al exceso de atención prestada por la Sociología a los problemas urbanos.
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Muy lejano, por tanto, del ecologismo de corte idealista -es decir, basado en a prioris y creencias indemostrables, como es la supuesta superioridad ontológica de la Naturaleza frente al Hombre- que en los últimos tiempos viene penetrando la Sociología Rural.

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características étnicas de su población..., y otras variables, hacen difícil hablar de unidades homogéneas. Desde un punto de vista agronómico, o incluso geográfico, la diferenciación es ciertamente muy simple; pero su tratamiento como hecho social cosificable y exterior al individuo, capaz de "ejercer una influencia coercitiva sobre las conciencias individuales" (Durkheim, 1988:47), en suma como objeto de la Sociología, es ciertamente problemático. La Sociología Rural distingue, ciertamente, características diferenciales en aquellas áreas en las que el regadío constituye la estructura productiva fundamental. No en vano la existencia del Instituto Nacional de Colonización, luego Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario30, cuyo objeto fundamental -aunque no único- fue la transformación en regadío y colonización de vastas áreas del territorio, permitió sin duda la consolidación de la Sociología Rural en España. De hecho, algunos de los más importantes estudios de Sociología Rural en España han tenido como objeto las zonas en las que el IRYDA desarrolló su actividad. Y algo muy parecido podría decirse de otros países en los que se ha desarrollado la Sociología Rural31. Por otra parte, la preocupación por el cambio social, asimilado normativamente en términos negativos, como 'decadencia rural', ha llevado en ocasiones a los sociólogos rurales -pero más a menudo a los antropólogos-, a ocuparse de analizar estos procesos de cambio en las áreas de regadío. Aunque, en la medida en que es propiamente en las zonas de agricultura de secano donde hemos asistido a una auténtica decadencia socioeconómica, han sido estas áreas las que centraron la preocupación de sociólogos y antropólogos, muy especialmente en los años '70 y '80. En una de las primeras compilaciones sobre la materia, el clásico Aspectos cambiantes de la España rural (Douglas, 1978), hallamos que de los diez trabajos recogidos, ninguno se centraba en áreas de regadío. La decadente meseta castellana; las abruptas sierras que en el siglo XVIII fueron sobrepobladas y que en consecuencia han sufrido a lo largo del siglo XX una brutal adaptación demo-ecológica; y sobre todo el latifundio, como elemento mítico de la preocupación rural, han alejado sistemáticamente a antropológos y sociólogos del regadío, salvo que sus obligaciones profesionales les hayan obligado a atenderlo como objeto de estudio32. Las bases epistemológicas de la Sociología Rural dominante en las últimas décadas ha influido también en estas limitaciones. El peso que las diversas formas de estructuralismo -marxista o neomarxista- han venido poniendo en las clases sociales, como constituyentes fundamentales de las estructuras sociales, ha constituído un poderoso lastre. Sin embargo, se trata de un tipo de materialismo estrecho, basado paradójicamente en abstracciones metafísicas como las relaciones de producción, o -más estrictamente en lo rurallas relaciones de dependencia, que han convertido a la Sociología casi en una Metafísica, haciendo un recorrido inverso al que Saint Simon o Comte proclamaron con sus teorías de los tres estados, hasta llegar a un nuevo estado teológico o ficticio (Comte, 1984:27) en el que el debate sobre el campesinado se convirtió en una pura discusión escolástica, que durante casi medio siglo no ha logrado salir de los esquemas ideales prefijados no por Marx, sino esencialmente por Kautsky y Lenin. En cierto modo el propio Kautsky anticipaba la explicación
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A efectos operativos, en adelante utilizaremos únicamente la denominación IRYDA de forma indiferenciada, para evitar confusiones, aunque su antecesor el INC tuviese características estructurales e ideológicas distintas.
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Del mismo modo, el origen de la Sociología Rural de tradición anglosajona debe mucho a los problemas derivados de las grandes actuaciones colonizadoras en el centro y el Sur de los Estados Unidos, a finales del siglo XIX y principios del XX, muchas de las cuales -sobre todo en California, Texas y otros grandes Estados- estaban claramente vinculadas a la transformación en regadío.
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Y es aquí especialmente donde el IRYDA jugó un papel fundamental, que en el futuro ayudará a analizar con mejores bases que las utilizadas en este trabajo los cambios sociales operados en las zonas de regadío.

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de este fenómeno, al referirse en su caso a los debates ideológicos de finales del XIX:
"Para estos partidos [los democráticos y revolucionarios, pero podríamos decir igual 'para estas escuelas sociológicas'] surgidos en las ciudades, el campesino era un ser misterioso, incomp rensible y a veces temible. El qu e otrora combatiera enérgicamente contra la Iglesia, los príncipes y la nobleza, se aferra ahora tenazmente a estas instituciones; con la misma fuerza que otras clases luchan por su emancipación, interviene él, a menudo, en favor de sus explo tadores, esgrime contra la democracia las mismas armas que ésta le facilitó para su defensa ." (Kautsky, 1974:10)

Sobre esta base, era por tanto mucho más fácil intentar meterlos a todos en un mismo saco, con la famosa "relación asimétrica de dependencia con el resto de la sociedad" (Sevilla-Guzmán, 1979:25)33, y realizando a lo sumo taxonomías internas determinadas por dos únicas variables: el estatuto de dominio de la tierra, y el tamaño de la explotación. Han sido pocos los autores que han prestado atención al hecho de que
"la distribución del tamaño de las explotaciones no parece estar correlacionado con el tipo de estratificac ión socia l agraria ni con otro criterio de tipo estructural. Las diferencias de calidad de la tierra, tipo de agricultura (secano o regadío), topografía, climatología, etc, son tan grandes de una región a otra e incluso dentro de una misma región, que es muy difícil que el indicador 'tamaño de la explotación' tenga por sí mismo significado relevante ." (García Ferrando, 1978)

Desde esta perspectiva, no cabe duda de que el materialismo -cuando es histórico, o dialéctico- se nos aparece en último término como una forma más de idealismo34. Frente a la dejación que la Sociología ha hecho de estas cuestiones -salvo muy escasas excepciones, entre las que habría que citar a Gaviria-, en el campo de la Geografía sí encontramos, en las últimas décadas, un cierto interés por el regadío y sus particularidades. No en vano la Geografía se ocupa fundamentalmente del paisaje, y el regadío supone una profunda transformación. Aunque, en realidad, ha predominado la investigación sobre la colonización estatal, a partir sobre todo de los trabajos de Ortega (Ortega, 1979) -cuyo modelo siguieron muchos geográfos rurales en los años '80-, más que sobre el regadío en sí mismo. Y, sin embargo, podemos hallar una antigua vena auténticamente sociológica y materialista, que en Marvin Harris la hallamos convertida en paradigma pero que está presente en autores tan dispares como Costa o Geddes (y en un sentido distinto, en Kropotkin). Con estos autores podemos empezar a entender las profundas diferencias sociales que vienen determinadas no sólo por las relaciones de producción, entendidas como "la relación directa existente entre los propietarios de los medios de producción y los produtores directos" (Marx, 1984:679); ni siquiera por un modo de producción entendido como "una estructura global formada por tres estructuras regionales: estructura económica, jurídico-política e ideológica" (Harnecker, 1974:16). Sino más bien por el conjunto de lo que podríamos llamar las materialidades, lo que supone (además del rechazo de la dialéctica hegeliana de las negaciones contradictorias) incorporar "la presión reproductora y las variables ecológicas al conjunto de las condiciones
Que no es sino la aplicación acrítica del postulado de Marx: "La división más marcada del trabajo material e intelectual es la separación entre la ciudad y el campo. La oposición entre ciudad y campo hizo su aparición con el paso de la barbarie a la civilización, de la organización tribal al Estado, del provincialismo a la nación, y persiste a lo largo de la historia de la civilización hasta nuestros días" (Marx, 1969:60)
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Todo lo cual no ni ega las importantísimas aportaciones de Kautsky, sino las malas adaptaciones de muchos de sus epígonos. Es lógico que el alemán no se ocupase ni siquiera tangencialmente del regadío, ya que escribía sobre agriculturas propias de países con elevada pluviosidad. Tan sólo trató -inspirado por las aportaciones de Liebig- del riego como sistema para aprovechar las aguas fecales de las ciudades, evitando con ello la contaminación de los ríos y contribuyendo así a mejorar las tierras con abonos naturales. Curiosamente hallamos en Kautsky -como lo estaba en Engels, por otra parte- un primer atisbo de crítica ecológica a la todavía incipiente Revolución Verde, y sin embargo en esta cuestión no han reparado sus epígonos hasta muy recientemente.

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materiales" (Harris, 1982:12). Hemos señalado ya al menos tres, de entre los elementos que podrían constituir este paradigma (Baigorri, 1995c): a) El determinismo no mecanicista de los ecosistemas naturales y artificiales, en interrelación con el sustrato tecnológico, sobre las estructuras sociales y territoriales., y en mayor medidad sobre las infraestructuras 'mentales' (en un determinismo imperfecto de carácter ecológico, no biológico). b) La implementación del azar, en los términos planteados por la física de la Sinergética, como variable de importancia en los hechos humanos. c) La hipótesis de que la obtención de la máxima eficiencia, en términos coste-beneficio, condiciona los comportamientos, creencias y descubrimientos sociales. Sólo a partir de ahí podemos empezar a dar un contenido al concepto de el regadío, así como de otros sistemas de producción, y a otros muchos fenómenos sociales. El antecedente sociológico más nítido de este paradigma sería el ya citado Patrick Geddes. Algunos de sus trabajos, como su famoso artículo Sección del Valle, han profundizado en esa interrelación entre las formas de adaptación tecnoecológica y las formas de organización social. Mumford sintetizó su aportación en los siguientes términos:
"cada forma de vida, como lo ha expre sado P atrick Ged des, está marcada no sólo por el ajuste al m edio am biente, sino por la reb elión con tra ese am biente." (Mumford, 1971: 340)

Desde nuestra perspectiva, Patrick Geddes, y luego Lewis Mumford, se anticiparon a las actuales corrientes teóricas, construyendo los auténticos pilares de una Ecología Social que sólo pálidamente inspiró a la Ecología Humana de la Escuela de Chicago35. En cuanto a Costa, no es este el lugar para remarcar el carácter sociológico de buena parte de sus escritos, aspectos ya puestos de manifiesto en excelentes trabajos de Cristóbal Gómez Benito y Alfonso Ortí. Pero sí me gustaría centrarme en el hecho de que en Costa hallamos, aunque sin la sistematización de un Geddes, una interpretación más materialista de lo que a primera vista parece, menos amparada en el ambientalismo del jurista Montesquieu que en el andamiaje organicista del Spencer (posiblemente a través de la obra de Henry George, que debió conocer en sus giras por Norteamérica) para quien
"la evolución d e la vida no es otra cosa que la continua adaptación de las relaciones internas a las relacion es externas. Los 'vencedores' en la 'lucha por la existencia' son aquellos individuos o grupos que poseen en el más alto grado la facultad de adaptación." (Ferraroti, 1975:70)

Una adaptación que obtendría sus mayores éxitos a través de la cooperación y la ayuda mutua, pues
"la práctica de la ayuda mutua y su desarrollo subsiguiente crearon las condiciones mismas de la vida social, sin las cuales el hombre nunca hubiera podido desarrollar sus oficios y artes, su cien cia, su intelige ncia, su esp íritu creado r." (Kropotkin, 1970:274)

Pero sin perjuicio del influjo que, en el progreso, tiene la acción individual:
"La libertad tiende a separar al hombre de los hombres, y la fraternidad a unirlos todos bajo el régimen de una sola familia, de cuyas dos tendencias opuesta s nace la a rmonía social. Son como las dos fuerzas de proyección y de atracción que retienen a los planetas en su normal carrera h acia el sol." (Costa, S/F: 41)

Todo lo cual no deja, por supuesto, de lado -aunque Costa no incida en estas cuestiones como lo hizo Kropotkin-, ni la división en clases ni las determinaciones que esta división tiene sobre las superestructuras culturales. Pues:
"la fuente de la libertad está en la inde penden cia, y la raíz d e la indep enden cia está en
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Podemos relacionar estrechamente la obra de Geddes con la de otro sociólogo no menos advenedizo: Thorstein Veblen, que iluminó tempranamente a la Sociología sobre las repercusiones sociales, culturales y políticas de la tecnología.

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el estómago, de tal suerte que el que tiene estómago dependiente de ajenas despensas, tiene toda su persona bajo la dependencia ajena, y por el contrario, el que posee la llave del estómago es dueño y señor de la conciencia" (Costa, 19 75:195 ).

Este materialismo innegable de Costa ha sido calificado en ocasiones, con gran acierto semántico, como un materalismo hidraúlico (Ortí, 1984). Y es esta línea de pensamiento sociológico la que, por caminos e influencias directas o indirectas, está en la base de los primeros trabajos sociológicos de Mario Gaviria. Si despojamos sus textos de la parafernalia marxista ineludible en los años '70, particularmente en (Gaviria,1975) se marca un punto de inflexión en el tratamiento de estas cuestiones36. Así como han pretendido ampararse en esa línea algunos de mis trabajos (Baigorri, 1978b,1980b,1980c,1983,1984b,1992b,1995e), sin olvidar que otros autores han venido incorporándose a esta línea interpretativa37, como se pone de manifiesto en los más recientes planteamientos sobre la Sociología Rural en España, ya despojados en una parte importante del adjetivo ‘rural’ para presentarse como Sociología Agraria (Gómez Benito, Gonzalez Rodriguez, 1997). Naturalmente, deberemos tomar en consideración, en nuestro caso, los principios teóricos de una Ecología Humana que, aunque surgida y considerada habitualmente como una Sociología Urbana, no debemos olvidar que bebe también de la preocupación por los cambios en la sociedad rural norteamericana, y que tuvo una gran influencia también en la planificación rural (Friedmann, 1981: 79ss). Como ha apuntado Hawley, "el punto central de la Ecología humana pasó a ser la preocupación por los modos en que las poblaciones humanas se organizan al objeto de mantenerse en su medio ambiente" (Hawley, 1991:25). El modelo POET (población, organización, medio ambiente y tecnología), propuesto en tales términos por Otis Duncan, es un instrumento fundamental para esta comprensión. En uno de sus intentos de sistematización teórica, uno de los fundadores de la Escuela de Chicago lo expresaba de esta forma:
"El equilibrio biótico y el equilibrio social, allá donde existen, son mantenidos conjugad os, precisamente por la interacción de estos cu atro factores: 1) población, 2) artefactos (cultura tecnológ ica), 3) costum bres y cree ncias (cultu ra no m aterial), y 4) rec ursos na turales." (Park, 1936)

Si hubiésemos de dar una denominación ajustada, para ese cúmulo de principios que, no de forma ecléctica, sino como consecuencia de un proceso evolutivo de selección natural, conforman un paradigma interpretativo que según se ha señalado se alimenta tanto del marxismo como de la Ecología, de los conceptos dicotómicos de competencia y ayuda mutua, de las ciencias físicas o de la Antropología de Marvin Harris, dudaríamos entre Ecología Social, no muy apropiado por corresponder ya a la denominación de una especialidad sociológica, derivada de la Ecología Humana, que parece se va consolidando, o la más ajustada de Materialismo Ecológico.

El regadío como estrategia de adaptación ecológica y factor de organización social
No es mi intención discutir aquí el origen del regadío, ni mucho menos sus aspectos técnicos, aspectos que pueden ser de interés para el agrónomo pero difícilmente para el sociólogo. Sin
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Si bien, de un lado debido a la falta de sistematización y de una elaboración teórica, y de otra parte debido a las particularidades sociológicas de la Sociología española, la aceptación y asimilación de estos nuevos planteamientos ha sufrido un retraso de casi dos décadas en nuestro país.
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Despreciada a menudo en las últimas décadas, como veíamos en el caso de la Ur banístic a, por el in flujo del estructur alismo marxista más estrecho.

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embargo, y aunque el tema del regadío no es sino una parte del todo que estamos analizando, debemos hacer referencia a algunas de estas cuestiones para comprender la importancia que atribuimos a este sistema de cultivo como articulador de las sociedades rurales en las que se implanta, y sobre todo como factor de urbanización de dichas sociedades. Como es sabido, el regadío se basa en la aportación a la tierra de caudales suplementarios a los procedentes de la lluvia, detraídos de fuentes diversas, tanto superficiales como subterráneas. La función agronómica del regadío es corregir las deficiencias hídricas de las plantas en el estío, cuando la evapotranspiración es más elevada. Pero esta definición es incompleta si no tenemos en cuenta que, salvo en unos pocos desiertos que no cuentan con capa fértil alguna, casi en cualquier terreno puede sobrevivir en el estío algún tipo de planta. Es decir, lo que el regadío incorpora es la posibilidad de supervivencia del tipo de plantas que el hombre ha venido seleccionando como más aptas para su alimentación y sostén -o el de los ganados que forman parte de su cadena alimentaria-, y más productivas. El regadío es por tanto un artefacto humano que humaniza el paisaje por cuanto permite en cualquier territorio no la vida genérica -pues siempre existirán especies evolutivamente adaptadas a las estepas más secas-, sino la vida humana. Es en este sentido que debemos hablar del regadío no únicamente como una tecnología, sino como una estrategia de adaptación ecológica de los grupos humanos, en suma como un hecho social. Pero debemos ir un punto más allá, pues el agua es solo uno de los elementos esenciales de la producción agraria. Los otros dos son el suelo (es decir, el sustrato de enraizamiento y los nutrientes de las plantas, que hoy día pueden ser aportados artificialmente), y la luz, sin duda el único elemento auténticamente esencial para la producción de la práctica totalidad de los alimentos -incluídos los de origen animal-. Las horas de sol -y en estrecha relación con éstas, las temperaturas- de que disfruta un territorio a lo largo del año determina la amplitud de la variedad de plantas, así como los ciclos de cultivo. De ahí que, al descubrir la posibilidad del riego, el hombre no sólo superó las limitaciones derivadas de la cantidad y distribución en el tiempo de las precipitaciones, sino que inventó un activador de la productividad al optimizar las relaciones entre agua-nutrientes-sol.
"Es evidentemente fácil poner en evidencia las ventajas agronómicas de la irrigación, la principal de las cu ales es el incremento de los rendimiento s, variable según las condiciones climáticas (...); una probabilidad de cosecha n ormal tanto m ás interesante cuando las condiciones climáti cas iniciales se señalan en el gradiente de la sequía(...); la gama de alternativas de cultivo posibles, normalmente limitada en los países secos a una serie muy reducid a de esp ecies espe cializada s, puede ser enriqu ecida..." (Bethemmont, 1980:282)

Es decir, el regadío es también un sistema captador de energía solar. En la actualidad la captación artificial, por ejemplo mediante paneles solares, es mucho más eficiente de la que realizan las plantas -una hectárea de paneles solares no muy avanzados recuperan tanta energía como 40 Has. de bosque-; pero no obstante,
"¡una hectárea de espejos no es más que una hectárea de espejos!. Los vegetales tienen la particularidad de ser captadores de energía que además poseen cualidad es difícilmen te reemplazab les: mantienen el clima, producen oxígeno, actúan contra la contaminación atmosférica, luchan con tra la erosión y regu lan la esco rrentía de la s aguas ..." (Piermo nt, 1982:15)

En cualquier caso, el regadío supone un incremento sustancial en la eficiencia energética de la agricultura respecto a los sistemas de secano. Mucho antes de que, a partir de la obra de Gerald Leach (Leach, 1981), se hiciesen populares los balances energéticos de la agricultura38, dos
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Curiosamente este tipo de balances, centrados exclusivamente en la agricultura química, habitualmente han beneficiado por sus resultados a la agricultura de secano, y en general a los sistemas preindustriales de producción agropecuaria (Naredo, Campos, 1980, o Campos, 1984). La razón está en lo que puede denominarse críticamente como un energetismo que proyecta

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antropólogos chinos estudiaron los inputs de trabajo y el rendimiento en peso de la producción agrícola en una aldea china, determinando que en el regadío se obtenían más de 50 calorías por cada caloría gastada (Fei,Chang, 1947). La eficiencia energética del regadío supone la producción de excedentes. El estudio citado de los antropólogos chinos mostraba cómo en la aldea estudiada, a pesar de las tecnologías arcaicas utilizadas, los campesinos producían cinco veces sus necesidades alimenticias. Esta es la cuestión fundamental, pues es ahí donde surgen los excedentes, y sobre todo un tipo de excedentes no aleatorios, esto es no dependientes tan directamente de la climatología como los producidos en secano -salvo grandes catástrofes-. La mayor alternativa de cultivos que permite el regadío facilita, por otra parte, frente a los monocultivos, una fuerte presión demográfica en condiciones de dietas equilibradas, lo que además facilita el desarrollo humano. Los antropólogos han apuntado hace tiempo cómo la biomasa vegetal alimenticia39 refleja los recursos alimenticios, y por consiguiente estará fuertemente correlacionada con la importancia de los grupos humanos (J.Birdsell, citado en Hardesty, 1979:198). Por otro lado, el regadío permite obtener las mayores producciones en peso justamente en productos que, por su elevado contenido en agua, son altamente perecederos. Por el contrario, los cultivos de secano son más fácilmente exportables, por su mejor conservación -incluso algunos productos, como la carne, pueden autotransportarse en vivo-; lo cual, unido a la situación genérica de monocultivo, no posibilita una gran presión demográfica in situ. Mientras que la necesidad de exportación de muchos de los excedentes del regadío40 fuerza el desarrollo de tecnologías -y en consecuencia también formas de organización del trabajo- que posibiliten su transporte a largas distancias una vez transformados (esto es, conservados por desecación, o envasados en medios que dificulten su putrefacción). Todavía hoy observamos cómo en general los productos de la huerta -esto es, los más específicos del regadío- se transforman preferentemente in situ, pues los costes de transporte siguen siendo a veces insorportables; pero este hecho ha sido aún más evidente en el pasado. Es la eficiencia económica la que determina la preferencia por transportar un kilo de producto con el valor añadido -que no pesa- ya incorporado. ¿Cómo actúan los determinantes biológicos en esta nueva situación hombre-medio que el regadío establece?. Marvin Harris hace una buena síntesis de los mecanismos que se activan, al analizar el regadío en las sociedades tradicionales:
"El excedente fue desviado desde las aldeas hasta las ciudades; se intercambió a través de mercados y dinero por bien es y servicios no agrícolas ; se transfirió en forma de impuestos a los gobiern os local y central, y se empleó para criar un gran número de hijos y mantener una alta tasa de cre cimiento demog ráfico (...). Al aum entar la cantidad de agua suministrada a los

linealmente los sistemas de cálculo economicistas, no haciendo consideración de otras variables difíciles de medir, pero que tienen consecuencias energéticas en el balance global de los grupos humanos (como el bienestar, la satisfacción, en suma el placer). Estas cuestiones las he discutido en (Baigorri, Beperet, y Casado, 1982) y en (Baigorri, 1982) La biomasa vegetal genérica guarda una correlación directa con la cantidad de vida orgánica existente en un ecosistema. Pero para la existencia de los grupos humanos esa biomasa debe ser digerible, o bien por el hombre o bien por los animales domésticados utilizados para la alimentación humana. De ahí que la supervivenci a y desarr ollo d e la espe cie huma na haya conducido habitualmente a la desaparición de ecosistemas naturales de gran riqueza biológica, pero cuya energía resultante no puede ser directamente aprovechada por el hombre. Sólo el desarrollo científico y tecnológico -como lo es el regadío- permite multiplicar la capacidad de producción de energía metabolizable por los seres humanos, reduciendo así la necesidad de destruir ecosistemas naturales biológicamente ricos.
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No olvidamos que la mayor parte de los regadíos se dedican a cultivos de secano (cereales, grasas, vid) obteniéndose simplemente mayor productividad. Pero la más elevada eficiencia del regadío se alcanza justamente en cultivos que les son específicos.

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campos, aumen ta la cantid ad de tra bajo qu e puede invertirse en la producción sin pérdidas sustanciales en la relación input-output. Por tanto, en vez de utilizar el potencial de ahorro de trabajo de su tecn ología p ara traba jar meno s, la agricultu ra de reg adío opta por intensificar su esfuerzo d e increm entar su o utput." (Harris, 1990:140)

Esto ocurre por cuanto diversas evidencias empíricas nos vienen mostrando de forma sistemática que:
"el ritmo al cual la generación de padres tiene niños está en gran parte determinado por el hecho de si el tener un hijo más supone una gana ncia clara de b eneficios sobre costos, pa ra la pareja , por términ o medio ." (Harris, 1990:156)

Por supuesto, en la actualidad la capacidad de sustentación debe tener en cuenta otros muchos factores y relaciones ecológicas, por ejemplo entre las zonas destinadas a producir excedentes y las destinadas a la alimentación de la población local; las condiciones climatológicas del enclave; las exigencias de la economía de mercado, etc. De ahí que se diga que:
"la capacidad sustentadora del medio es dinámica, y no estática -como sugiere la curva normal de crecimiento demográfico utilizada sistem áticame nte por a lgunos a utores." (Harde sty, 1979:206)

Regadíos, ciudades y Estados
Hasta qué punto podemos considerar estos factores como determinantes de la aparición de las ciudades es una cuestión a tener siquiera en cuenta, sobre la que en el siguiente epígrafe profundizaremos. Tradicionalmente se ha considerado que las ciudades constituyen un punto evolutivo derivado del desarrollo de las aldeas agrícolas, las cuales a su vez habrían evolucionado desde los primitivos asentamientos de cazadores/recolectores, pero algunos autores han puesto en entredicho este hecho admitido, siendo seguramente Jane Jacobs quien más acertadamente ha propuesto la preexistencia de las ciudades allí donde la agricultura más rápidamente se desarrolló. Para Jacobs, son las ciudades las que, gracias a la acumulación de todo tipo de capacidades, generan y difunden los avances tecnológicos -desde la selección de las especies a los artefactos mecánicos- que se aplican en la agricultura.
"Las economias urbanas crean nuevos tipos de trabajo para el mundo rural, y, al hacerlo, inventan y reinventa n nueva s econo mías rura les (...). Las ciudades también eliminan el trabajo anticuad o del mu ndo rur al, dejando de comprar las importaciones rurales [pero] tales eliminaciones tienen siempre como base la incorporación de trabajo n uevo." (Jacobs, 1971:47)

Más adelante, al hablar específicamente de la ciudad, veremos propuestas que pueden abonar tanto la tesis de Jacobs -que sin duda es en gran parte aceptable en las sociedades modernascomo la contraria, pues seguramente en el origen de las ciudades y el desarrollo de la agricultura haya un poco de todo, por cuanto ambas se basan en dos elementos básicos para su implantación y crecimiento: el sedentarismo y el intercambio con zonas lejanas, pero sobre todo las elevadas densidades demográficas-. Se trata una vez más de un problema irresoluble en términos mecanicistas de causa/efecto. En la actualidad, sobre todo tras los graves conflictos que en las sociedades modernas se han observado por el control del agua resulta evidente que el desarrollo de la capacidad de control del agua para riego es seguramente indisoluble del control del agua tanto para abastecimiento como para generación de fuerza motriz41. Del mismo modo, sin la existencia de redes de intercambio comercial que conectan áreas distantes entre sí, y que la agricultura por sí sóla no
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En numerosos valles templados españoles, el desarrollo industrial a partir del siglo XVI, fund amentalmente textil y luego agroalimentario, coincide con una presencia de regadíos tradicionales gracias a la facilidad para derivar aguas. Hemos estudiado con cierto detalle este caso en las sierras riojanas (Baigorri, Gaviria, 1984), pero he observado también el fenómeno en otros valles en los sistemas Ibérico y Central, y en otros pequeños valles mediterráneos.

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justifica en origen -pero sí el tráfico de hierro, o de otros minerales previos como la obsidiana, o de pieles y productos para el consumo conspicuo-, es difícil pensar en la implantación de especies de cultivo variadas. En fin, es probable la existencia de diversas actividades económicas no agrarias incluso antes de la invención de la agricultura:
"Está claro que los hombres preagrícolas fueron algo más que cazadores: fueron artesanos, constructores, comerc iantes y artista s. Hicieron grande s cantida des de ar mas, y variadas, así como vestidos, cuencos, edificios, collares, murales, esculturas (...). Usaban diverso s 'biene s de pro ducc ión.'" (Jacobs, 1971:56)

Aunque no es menos cierto que las evidencias sobre las culturas cazadoras-recolectoras, previas a las agrícolas, nos hablan de una movilidad y unos sistemas de recolección que dificultan las elevadas concentraciones demográficas que posibilitan la existencia de ciudades. Cuando "el intervalo de tres o cuatro años en el alumbramiento es una constante entre los cazadores-recolectores, y parece ser una respuesta biológica a la exigencia de movilidad" (Leaky, 1993:114), es difícil pensar en la generación de la densidad social que requiere la existencia de ciudades. En suma -cabe insistir en ello- no puede llegarse mucho más allá de suposiciones imposibles de demostrar. En cualquier caso, el mantenimiento de estos complejos sistemas, tanto de las ciudades como de sistemas agrícolas basados en el control del agua, tiene también una fuerte correlación con el sistema político. Nuevamente en este caso, en qué medida uno u otro son causa y efecto es algo sobre lo que sin duda no habrá acuerdo. Pero la correlación se hace evidente en el indebidamente denominado modo de producción asiático, basado en buena parte en la administración y cuidado de los grandes sistemas de riego, y que más bien habría de ser denominado modo de producción hidraúlico; tanto por la preeminencia de la gestión del agua en dichos sistemas, como por la convicción de que dicho sistema no fue privativo de los países asiáticos de tradición despótica42. En este modo de producción,
"un sistema jerárquico central es responsable de promover y mantener importantes sistemas de irrigación por toda la cuenca (...). La población puede alcanzar así unos centenares de miles de ind ividuos (...), pero la inestabilidad política y los cambios dinásticos consecuentes pueden acarrear frecuentemente una baja espectacular de la población. En ausencia del poder central, decaerá el mantenimiento de los sistemas de irrigación y la obstrucción de los canales por el cieno aca bará despo blando va lles enteros" (Hardesty, 1979:205).

El regadío y la urbanización (algunos fundamentos históricos y sociales)
Si no es seguro que la agricultura esté en la base de la aparición de las ciudades, y por tanto no podemos atrevernos a establecer conclusiones al respecto, sí que abundan sin embargo las pruebas sobre la estrecha relación entre el regadío y el fuerte crecimiento de las mismas, así como con la extensión en el territorio de la cultura urbana, esto es con la urbanización, desde los tiempos más lejanos de la historia conocida, hasta la actualidad. Particularmente si retenemos esa conjunción regadío/comercio/urbe que hemos expuesto previamente. Los pueblos más antiguos de la Península Ibérica sobre los que se conoce suficiente, los iberos, muestran esta coincidencia entre agricultura de primor, comercio y grandes centros urbanos. Se ha señalado cómo "los frutales y cultivos de huerta formaron un cinturón verde en torno a las ciudades, según el sistema de explotación de vegas y huertas actuales" (Arribas, 1987:94).
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Probablemente el despotismo hidráulico estuvo presente en algunos estados prístinos mesoamericanos. Por otra parte, los descubrimientos arqueológicos que se vienen realizando en los últimos años en algunas zonas de Aragón en las que el agua ha sido históricamente un bien escaso y estrictamente administrado (el denominado Bronce de Botorrita es sin duda el indicio mejor estudiado), bien podrían hacer pensar en alguna forma de despotismo hidráulico en algunas de las comunidades prerromanas de la Península Ibérica.

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Este autor señala, en un estudio ya clásico, cómo en las áreas más densamente pobladas del Levante se hacían prácticas avanzadas como el injerto, pero sobre todo cita el tipo de productos que, entre los viajeros griegos y luego romanos de la época, habían alcanzado cierta fama; todos ellos son cultivos de regadío -e incluso de los que hoy definiríamos como de primor-, y se atribuyen -al menos en su denominación- a ciudades: como las 'rosas de Carthago-Nova', o las 'alcachofas de Córdoba'. Estos hechos, sin duda, abonan la tesis de Jacobs sobre la preeminencia de la ciudad. Sin embargo, en una época parecida (entre dos y seis siglos antes de nuestra era) aparecen las ciudades que, en el valle mexicano de Oaxaca, darían lugar a una de las más poderosas civilizaciones americanas. Según Flannery (citado en Hardesty, 1979), unos siglos atrás los agricultores primitivos habían venido abandonando los cultivos de secano, iniciándose lentamente en la plantación de pequeñas huertas en el fondo de los valles, que eran regadas con pozos artesianos. Lo que sí se produce, en los siglos siguientes a la aparición de las ciudades, es una complejización y mejora de los sistemas de regadío, implantando el sistema de canales y alcanzando un equilibrio óptimo entre el regadío y el secano, en el sistema conocido como "infield-outfield". Probablemente sea la presencia de la ciudad la que mejor pueda explicar estas mejoras. En el caso de los grandes regadíos de Oriente43 el esquema parece repetirse. El caso paradigmático es el de Mesopotamia, aunque mucho antes entre el Tigris y el Eúfrates progresó el reino de Sumer, con mucho la primera civilización. Sus inicios se fechan entre el 2.700 y el 2.300 antes de nuestra era, y estaba basado justamente en "pequeños Estados urbanos, porciones, en realidad, de territorio rural, agrupados, cada uno de ellos, alrededor de una ciudad-capital" (Kramer, 1985:15). De lo que no cabe duda alguna es de que, si bien el regadío en sí no exige de otras virtudes que la observación, por el contrario la construcción, y sobre todo la gestión y mantenimiento de estos complejos sistemas, exige de la acumulación de un tipo de conocimientos científicos y técnicos de orden muy diverso -agronómicos, pero también físicos, constructivos, en suma de ingeniería-, que exige la colaboración de gentes no menos diversas, y seguramente orientadas además hacia intereses distintos. Y "estos trabajos exigen también un conjunto de costumbres y leyes sociales, o la participación colectiva de grupos" (Scotti, 1968:159). Sjoberg ha hecho la interpretación más extendida en la literatura sobre el tema44, explicando por esta confluencia de factores que estamos analizando la aparición de las ciudades; primero en la región mesopotámica y luego en el valle del Nilo:
"Para posibilitar la aparición de las ciudades fue preciso, aparte del progreso tecnológico (...), que entraran en juego (...) un tipo especial de organización social gracias al cual el excede nte agríco la, fruto del p rogreso tec nológic o, pudo ser conve nientem ente cosechado, almace nao y d istribuido (...) y ca paz tam bién de o rganizar la fuerza d e trabajo necesaria parala c onstrucc ión en g ran esca la." (Sjoberg, 1971:39)

Pero no sólo hallan muchos autores en el regadío una condición necesaria para la aparición de las que podríamos denominar las ciudades prístinas, sino que incluso el Estado prístino es considerado por notables antropólogos como estrechamente relacionado con esta infraestructura. Es el caso precisamente de dos autores que estarían entre los primeros antecedentes del materialismo ecológico: White y Steward, quienes desarrollan sus propuestas en paralelo a la
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No olvidemos que es en Asia donde se concentra la mayor parte del regadío mundial, y donde además se conservan los regadíos más antiguos.
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Tan extendida que, en la inmensa mayoría de las obras sobre urbanismo, hallamos transcrita sin más, sin aparato crítico alguno, la tesis expuesta por S joberg.

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famosa teoría del historiador Karl Wittfogel sobre el modo de producción asiático, o teoría hidraúlica. En Leslie White hallamos la justificación para la consideración de ese factor de concentración energética que, según se ha apuntado, constituye el regadío. Para este autor,
"el funcionamiento de la cultura como un todo halla base y determ inación en la cantidad de energía dominada y el modo en la cual la misma es pu esta a trabajar" . [Si bien] "la energía, en sí misma, carece de significad o. Para que tenga sentido en los sistemas culturales, la energía debe ser encauzada, dirigida y gobernada, con ayuda de medios tecnológicos, por medio d e herram ientas de u na u otra clase." (White, 1943)

Para White fue la concentración de energía derivada de las nuevas tecnologías de riego y del desarrollo de la agricultura lo que posibilitó la aparición de las grandes civilizaciones urbanas de Oriente Medio. Sus tesis han alimentado toda una línea energetista en la Antropología, de la cual Marshall Sahlins o Richard Newbold Adams son un buen exponente. Para éste último la clave parece estar en un principio de la evolución: "la centralización de una unidad suele ocurrir como parte de la coordinación de esa unidad con otras unidades" (Newbold, 1983:233). Por su parte, Julian Steward opta claramente por el regadío como factor directamente determinante de la aparición tanto de las ciudades como de algunos de los primeros Estados45. Vale la pena que reproduzcamos una extensa cita en la que se recoge lo esencial del esquema evolutivo de Steward, en el que regadío, civilización urbana y Estado se unifican:
"La agricultura fue uno de los grandes factores que produjeron poblaciones densas, las cuales fueron, a su vez, base de otra línea de evolución que cubrió un lapso co nsiderab le de la prehistoria y la historia p rimitivas de China, m esopota mia, Eg ipto, la costa septentrional del Perú, probablemente el valle del Indo y po siblemente el Valle de México. Esta línea tuvo tres etapas. En el primer periodo, los grupos primitivos empezaron a cultivar plantas alimenticias a lo largo de las húm edas orillas de los ríos o en las tierras más altas donde las lluvias eran suficientes para los cultivos. Ocupab an aldeas pe queñas pe ro perman entes. En alguna de eaas zonas la segunda etapa em pezó cu ando la gente supo desviar las aguas de los ríos por medio de canales para irrigar grandes extensiones de tierra. El cultivo intensivo hizo posible una población mayor y libró a los agricultores de la nece sidad de emplea r todo su tiem po en la producción de los alim entos básicos. Parte del tiempo que quedó disponible se empleó en ampliar el sistema de canales y zanjas y parte en desarrollar oficios. este periodo conoció el invento del tejido en telar, de la metalurg ia, de la rue da, las m atemátic as, el calen dario, la escritura, la arquitec tura mo nume ntal y religiosa, y productos a rtísticos extremadam ente bellos. Se distinguió tam bién por la iniciación de centros urba nos. "Cuando las obras de riego se ampliaron tanto que los canales servían a muchas comunid ades, se hizo necesario un control coordinador y administrativo. Satisfizo esta necesidad una clase gob ernante o una b urocrac ia, cuya a utoridad dispuso p rincipalmente de sanciones religiosas, pues los hombres esp eraban de los dioses la lluvia de que dependía su agricultura. La centralización de la autoridad en un territorio extenso señaló la aparición del Estado. [Aunque] el hecho de que se formase un Estado en los centros de irrigación de ningún modo quiere decir que todos los Estados naciesen de esa manera. "(...) Cuand o los estad os teocrá ticos llegaro n al límite de l agua d isponible y la producción se niveló, empezaron a invadir y conquistar a sus vecinos para exigirles tributos. Los Estados se convirtieron en Imperios (...). Como la riqueza se basaba ya en la tributación y no en el aumento de la producción, llevaban en sí las semillas de su pro pia ruina ." (Steward, 1968: 127)

Naturalmente -y debemos insistir en ello-, ni siquiera en los casos citados puede considerarse a la irrigación como factor único. Lo que Gordon Childe denominó revolución urbana se produce en un territorio que es, a la vez que potencia agraria, cruce de caminos de los comercios más
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La diferencia fundamental entre Steward y Wittfogel es que éste cree haber hallado una teoría universal para la aparición del Estado, mientras que el antropólogo propone la teoría del estado hidraúlico sólo como una de las líneas evolutivas posibles, aunque plenamente aplicable a las civilizaciones orientales.

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diversos. Los excedentes agrarios permiten la instalación de comerciantes; la propia agricultura precisa de la importacion de materiales que la ciudad (volvemos a la tesis de Jacobs) le suministrará... Pero a la vez es de toda lógica que el saber acumulado en la construcción de sistemas de control de las aguas y de riego sean trasvasados fácilmente a la ingeniería y arquitectura de las ciudades, además de a la definición y construcción del Estado. Probablemente la avanzada ingeniería hidraúlica utilizada en la civilización romana para el abastecimiento y saneamiento de poblaciones fuese aprendida de los ingenieros agrarios que los romanos debieron encontrar en muchos de los territorios conquistados46. A partir de estos hechos,
"el curso de la evolución urbana só lo puede ser correcta mente in terpretad o si se le estudia paralelamente a la evolución de la organización tecnológica y social y, especialmente, de la org anizació n política." (Sjoberg, 1971:46)

Si atendemos a la evolución de las ciudades españolas, observamos una fuerte coincidencia entre muchas de aquellas ciudades ibéricas citadas por los geógrafos grecorromanos por sus valiosas producciones de huerta, y las que a lo largo de la Edad Media alcanzaron preeminencia, particularmente durante el periodo de dominación musulmán. Como Valencia, Murcia o Granada... Asimismo, las evidencias históricas o arqueológicas nos indican que, aún cuando el surgimiento o crecimiento de muchas ciudades tuviese una fuerte relación con el regadío, en absoluto ello quiere decir que los labradores constituyen un grupo social privilegiado -aunque los grupos privilegiados siempre han poseído las mejores explotaciones agrarias47-, y estaríamos con ello abonando las tesis de Jacobs. Por su parte Caro Baroja, al describir las vasijas prerromanas del Levante señala:
"la ausenc ia de escen as agríco las en la cerá mica de Liria no q uiere dec ir otra cosa , sino que las clases superiores para las cuales estaba fabricada desdeñaban aquella a ctividad." 48 (Caro Baroja, 1985:T.I, 257)

Por otro lado, a pesar de las grandes diferencias ecológicas y culturales entre las civilizaciones y las ciudades de Oriente Medio, Asia o América, todas las ciudades primitivas parecen tener rasgos organizativos comunes, entre los cuales se incluye la ubicación de los artesanos lejos del centro urbano:
"los ciudadan os más pob res se veían obligados a vivir en las afueras de la ciudad, como también los labradores propia mente dichos y los que sólo practicaban la labranza ocasionalmen-

Lorenzo Pardo escribió que "contra lo que se cree, los riegos no fueron importados por ninguno de los pueblos que por invasión temporalmente triunfante, ocuparon en siglos remotos nuestro suelo, sino que son de genuina tradición indígena e impuestos a la necesidad de las primeras poblaciones estables por la Naturaleza" (citado en Diaz Marta, 1969:27). El que posiblemente sea el documentos romano más antiguo referido a la península, encontrado en una vega lateral al Ebro, en Aragón, describe la mediación que el general romano debe hacer, entre dos aldeas recientemente conquistadas, para evitar un conflicto armado en relación con la administración de los riegos.
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Una de las numerosas tablillas sumerias interpretadas por los arqueológos (Kramer, 1985) contiene la reprimenda de un escribano a su hijo, que ha dejado de asistir a la escuela y se ha convertido en un bala perdida de la ciudad, en la que le recuerda cómo ha evitado siempre el mandarle a trabajar en sus fincas, junto a sus siervos, "como hacen otros padres". Esto texto de hace unos 4.000 años muestra no sólo el eterno enfrentamiento generacional, o los prob lemas del fraca so escolar , sino asimismo que la posesión de grandes propiedades agrarias por los profesionales urbanos adinerados no es tampoco un asunto reciente.
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Lo cual, por otra parte, nada nos dice de la importancia objetiva de dicha actividad, habida cuenta del comportamiento suntuario y las normas de consumo conspicuo que el hombre ha observado a lo largo de toda su evolución. Sería difícil hallar hoy, por poner un ejemplo suficientemente explícito, objetos decorativos en los hogares de clase alta en los que se reproduzcan escenas de programación informática, o de construcción de ordenadores. Las escenas que suelen ser preferidas en todas las épocas hacen referencia a menudo a sistemas p roductivos que o torgaron en su día el poder a la actual clas e dirigente. La arqueología industrial, que por otro lado se plasma repetidamente en la obra de los artistas plásticos, literatos y cineastas, apunta sin duda en la dirección de dicha hipótesis.

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te; sus dispersas viviendas a cababan confundiénd ose con el ca mpo lib re." (Sjoberg, 1971:45)

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En la Edad Contemporánea hemos tenido ocasión justamente de observar esa estrecha interacción entre el desarrollo del regadío y el de las ciudades, o la urbanización en términos genéricos, en los áridos Estados fronterizos de Estados Unidos y México. El desarrollo de las grandes conurbaciones de San Diego o Los Ángeles, en los EE.UU., y Mexicali o Ciudad Juárez, en México, es indisociable de las grandes transformaciones en regadío que se iniciaron a finales del siglo XIX:
“El crecimiento de la región fronteriza, y de las ciudades mejicanas de la frontera en particular, es (...) directamente un resultado de la agricultura de regadío. (...) Y los suministros de agua siguen siendo la clave para el futuro desarrollo del área, influy endo so bre el crecim iento agrícola , las tenden cias migra torias y la ur banizac ión.” (Fernández, 1989:45)

Si bien no es menos cierto que el propio desarrollo urbano-industrial de ciudades del entorno como San Francisco y luego Los Angeles posibilitó el desarrollo de la tecnología, de la capacidad política y del poder económico necesarios para acometer las grandes obras infraestructurales que posibilitaron el desarrollo de la agricultura de regadío. Además de ofrecer la suficiente demanda in situ de productos agrícolas50.

La urbanización del mundo rural en el marco de la urbanización global del mundo (hacia una Sociología de la Urbanización)51
A pesar de esa intensa vinculación prístina entre agricultura y ciudad, o al menos entre regadío y ciudad, lo rural y lo urbano han estado realmente escindidos durante siglos, e incluso milenios. Sin embargo, el desarrollo de la sociedad industrial ha generado un fenómeno de urbanización general del espacio. Entendida tanto como crecimiento del número y tamaño de las ciudades -esto es, entendiendo la urbanización cuantitativamente-, como en cuanto extensión de hábitos culturales urbanos al conjunto del territorio -esto es, entendiendo la urbanización cualitativamente-. Para algunos autores, "la industrialización no es un puro fenómeno tecnológico, sino que se produce en un modo de producción determinado, el capitalismo, cuya lógica refleja" (Castells, 1971:87); sin embargo, lo que esencialmente caracteriza a las ciudades capitalistas -concentración no sólo demográfica, económica y política, sino también cultural, diversidad étnica y social, capacidad y disposición para la innovación y el cambio...- lo encontramos ya en las mesopotámicas, por lo que debemos de considerar y dar un mayor peso a los condicionantes
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El desapego del campo hacia la ciudad puede tener por tanto un origen tanto cultural como económico. Los hortelanos y agricultores del entorno de las ciudades debieron ver a éstas más bien como fuente de ingresos y posibilidades de ascenso social que -según se prop one des de Marx- como fuente de expoli os y de intercambio desi gual. S in embar go, ell os y sus bienes no podían ser beneficiarios de las ventajas defensivas de la ciudad, a pesar de contribuir a su magnificencia.
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La reciente atención prestada por la investigación histórica y antropológica al espacio geográfico de la frontera USA/México ha permitido mostrar cómo esa fuerte interacción entre irrigación y ciudades, en la que es casi imposible establecer dónde está la causa y dónde el efecto, estaba presente desde la colonización de la zona por monjes españoles. Por una parte, los dominicos instalaron misiones allí donde algunas etnias prehispánicas ya mantenían ciertas formas primitivas de irrigación; pero a la vez la instalación de misiones donde no existían aprovechamientos previos provocó la construcción de infraestructuras para el transporte de agua y el cultivo de regadío. Ver un profundo análisis de estos antecedentes en (Meyer, 1984)
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Lo esencial de este apartado procede de la comunicación De lo rural a lo urbano, presentada en el V Congreso Español de Sociología (Granada, septiembre 1995). Una versión más desarrollada fue discutida en el curso Desarrollo rural local, celebrado en la Universidad de Évora, en julio de 1996, dirigido por la Dra. Mariana Cascais.

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tecnológicos y ecológicos, frente a la consideración monista de las relaciones de producción. Sólo podríamos estar de acuerdo con el marxismo esquemático de Castells aceptando la consideración de Weber de que el capitalismo ha existido siempre (Weber, 1985). Es sobre todas estas cuestiones sobre las que trata este capítulo. En los países desarrollados, caracterizados ya por el modo de producción informacional -del que, no obstante, sabemos todavía menos de lo que a veces parece- la categorización de los espacios rurales y los espacios urbanos depende exclusivamente de delimitaciones arbitrarias, basadas en el tamaño de los municipios, o a lo sumo en el peso de la población activa agraria. Lo rural y lo urbano tan sólo tienen peso específico cuando se ponen en juego las elevadas plusvalías que, en el planeamiento urbanístico, se derivan del trazado o retrazado de las líneas de delimitación del suelo urbano o apto para urbanizar. Y ciertamente, en el origen mismo de la Sociología Rural existe ya la preocupación por el tema:
“aquel que inten ta establec er las diferen cias espec íficas entre la ciudad y el campo, distinguir prolijam ente entre lo rural y lo urbano, debe enfrentarse de inmediato con algunas dificultades muy serias, obstáculos que no resultan perceptibles de inmediato.” (Lynn Smith, 1960:13)

Más aún, no debemos olvidar -y será conveniente volver a ello más adelante- que estas dificultades llevaron a Sorokin y Zimmerman a tratar conjuntamente en su obra ambos 'mundos', pues ya entonces planteaban la evidencia de que es una escala, y no una dicotomía, lo que proporcionaría el medio más satisfactorio para clasificar a la población según sus características urbanas o rurales (Sorokin, Zimmerman, 1929:15-38). Hoy la cuestión es aún más delicada, justamente cuando uno de los motores del nuevo modo de producción informacional es la propia producción y reproducción de la ciudad, de ahí los grandes conflictos que se desarrollan en torno a la frontera física entre lo rural y lo urbano. Han desaparecido casi por completo en las sociedades avanzadas, las diferencias que hicieron surgir, primero en Simmel y luego en Wirth, la preocupación por un modo de vida urbano que, con el tiempo, y sólo como negativo fotográfico, perfiló el concepto de lo rural. El espíritu del capitalismo y la sociedad informacional han penetrado hasta tal punto en esos supuestos espacios rurales que no es fácil percibir hoy diferencias en hábitos, actitudes y valores, y menos aún en lo que se refiere a las estructuras y relaciones de producción. Vivimos en una urbe global, en la que los vacíos cumplen exclusivamente la misma función que, en términos de microurbanismo, cumplieron los parques y las zonas verdes en la ciudad industrial. Y la Sociología Rural es demasiado a menudo, en lo que a las sociedades avanzadas se refiere, casi una ideología, en el mejor de los casos una utopía. Las bases de este proceso están en la transformación tecnológica y ecológica (es decir, también funcional) de estos espacios. Por ello, si queda algún ámbito para el ejercicio de la Sociología Rural, ésta sólo puede darse a través del reencuentro con la Sociología Urbana, a través de una Sociología de la Urbanización, que puede cumplir un importante papel, no tanto en las sociedades avanzadas como en los países y territorios menos desarrollados. Su objeto sería el análisis de los procesos de cambio -el cambio es un concepto casi inexistente en la Sociología Rural- que propician la integración de estos espacios en la urbe global; así como la interpretación de las funciones que, en ese mismo marco, corresponden a los vacíos más alejados de las redes informacionales de esa urbe. A caballo entre los contenidos y denominaciones tradicionales de Sociología Rural, Sociología del Desarrollo, Sociología Urbana y Ecología Humana, debe darse una revolución epistemológica en esta parcela de la Sociología, bajo riesgo de quedar subsumida -como ya está ocurriendo- en la Antropología Cultural o Ecológica. De hecho, los propios órganos de la Administración que en su día dieron lugar, primero en los Estados Unidos y luego en Europa, a - 34 -

la institucionalización de la Sociología Rural, desaparecen por anacrónicos. La cuestión estriba en determinar si la Sociología, del mismo modo que en su día supo hacer ver a los políticos y técnicos responsables de la ordenación y el desarrollo rural la conveniencia del conocimiento sociológico como herramienta imprescindible, sabrá hacer ver a los nuevos tecnócratas la utilidad de los sociólogos en la ordenación del territorio en la urbe global52.

Lo rural y lo urbano
Desde que la sociedad industrial se definió claramente como un proceso civilizatorio, uno de cuyos elementos fundamentales fue la urbanización, lo rural nunca se ha definido, quedando como residuo de lo-que-aún-no-es-urbano. Del mismo modo que, desde que hace algo más de un siglo se inició la reflexión sociológica sobre las consecuencias de la Revolución Industrial, con su acumulación de masas de población en las ciudades -lo que vulgarmente se asimila al proceso de urbanización-, la dicotomía se viene planteando en términos de polarización y luego de oposición. Pero sobre todo, y en el marco general del positivismo que desde su origen caracterizó al pensamiento sociológico, se ha venido tratando el tema en términos de sucesión histórica de etapas, y en consecuencia de jerarquización: si la revolución industrial traía el progreso económico a las sociedades, la urbanización conllevaba el progreso social. Esta valorización no ha sido siempre explícita, pero ha estado desde luego latente en la gran teoría -al menos en Spencer, Durhkeim, Simmel, Töennies o Redfield...-. Ya se hablase de solidaridad mecánica o solidaridad orgánica, de comunidad o asociación, de lo folk y lo urban, etc, aún cuando se manifestara cierta preocupación por el tipo de desórdenes sociales provocados por la urbanización, se estaba poniendo en lo alto de la escala evolutiva a lo urbano, y en el origen -lo más bajo- a lo rural. Ciertamente, en Occidente y desde el origen mismo de las ciudades, éstas supusieron un avance objetivo hacia formas de organización social más democráticas, y sobre todo basadas en el imperio de la ley. Se ha atribuído repetidamente a Marx una frase que Weber rescató de la puerta principal de una vieja ciudad alemana, y que al parecer recoge un verso de una antigua canción medieval: "El aire de la ciudad nos hace libres"(Weber, 1987:40); pues la ciudad ha posibilitado una acumulación de capital y una concentración demográfica que ha hecho factible un incremento de la creatividad social. Y se ha puesto en la ciudad el origen de la democracia, ya desde la polis griega 53. Antes aún, en las primeras ciudades sumerias, hallamos los primeros códigos legales que regulan las actividades y suponen un atisbo de estado de derecho. La invención de la escritura, en las ciudades mesopotámicas, parece guardar relación con el control de los bienes públicos realizado por los sacerdotes. Las teorías apuntan hacia la realización de elecciones para obtención de ciertos cargos, como el de jefe militar, y las transcripciones de las tablillas escritas nos hablan de un gobernador que, aunque hereditario, se consideraba a sí mismo el sirviente de Dios en la ciudad, formalmente ni más ni menos que los otros ciudadanos. La hipótesis que propone Gordon Childe es bastante probable si atendemos a los muchos ejemplos de la historia antigua y reciente:
"Sólo cuando una ciudad empezó a obtene r hegem onía sobre otra s ciudad es por m edio

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Naturalmente, desde nuestra perspectiva diferenciamos implícitamente la Sociología Rural de la Sociología Agraria, que por supuesto en el nuevo marco societario del modo de producción informacional no debería mantenerse separada de una Sociología del Trabajo que debe abandonar de una vez su industrialismo, ya que las formas del trabajo en la Sociedad de la Información guarda casi tantas simil itudes co n las formas d e trabajo o organizaci ón agraria s como las que pueda tener con la organización industrial. Pero esta es, ciertamente, una cuestión que va mucho más allá de los objetivos de este trabajo.
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Paradójicamente, en la actualidad es en las áreas rurales más deprimidas y despobladas donde únicamente hallamos formas de democracia directa al estilo griego, en España bajo la denominación político-administrativa de concejo abierto.

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de una conquista militar, el gobernador de la ciudad victoriosa llegó a ejercer sobre sus súbditos -al principio, h abitantes de las ciud ades co nquistad as- un d ominio comparable al que ejercieron los primer os faraon es." (Childe, 1989:167)

En los términos que estamos viendo, la definición e identificación de lo rural y lo urbano ha sido relativamente simple; tan simple que, durante siglos, ha llevado a la construcción de toda una mitología que de forma recurrente reverdece, en torno a la Arcadia pastoril y campesina54. Pero en la actualidad las cosas no son tan sencillas. El proceso de urbanización dejó de ser hace mucho tiempo un mero proceso cuantitativo, de mera acumulación demográfica al abrigo de una acumulación -previa o simultánea- de recursos y sobre todo excedentes, para pasar a ser un proceso de carácter cualitativo. Si los sociólogos han hablado de la urbanización como modo de vida -como hizo Wirth-, es porque ya no puede verse en términos de acumulación exclusivamente -ni mucho menos en los simplistas términos de una organización del consumo colectivo- , sino en cuanto extensión de estilos culturales, de modos de vida y de interacción social, osea no sólo de producción y consumo. Es decir, lo urbano ya no está únicamente en las ciudades. Cuando se ha hablado de la urbanización del mundo campesino (Lefebvre, 1969, Gaviria, 1975, Baigorri, 1980b y 1983, entre otros), se ha querido expresar ese proceso que entonces se veía como colonización cultural, pero que no es en realidad sino la extensión del núcleo civilizatorio -capitalista e industrial durante los siglos XIX y XX- a la totalidad del territorio social. Aún en el supuesto de que, considerando la urbanización55 como un proceso indisociable de la revolución industrial, la vinculásemos al capitalismo, únicamente allí donde las formas de intercambio y de relación no fueran de tipo capitalista podríamos hablar tal vez de cultura rural, es decir preindustrial, y sólo en este sentido precapitalista. Pero
"allí donde triunfan el intercambio de mercan cías, el diner o, la econ omía monetaria y el individualismo la comunidad se disuelve, es reemplazada por la exterioridad recíproca de los individuos y el 'libre' contrato de trabajo" (Lefebvre, 1 971:27 . Cabe recordar que la primera versión de este artículo es d e 1949 ).

Donde algunos veían únicamente -o nada menos que- la desapariciòn física del campesinado como grupo social (Barón, 1971), debía entenderse más bien la desaparición de una cultura. No de un colectivo social y productivo, sino de aquellas instituciones sociales y culturales que constituían un freno para la adaptación de ese colectivo a la sociedad urbano-capitalista56. No es extraño así que hayan podido verse estos procesos tanto en términos de fracaso y hundimiento de las poblaciones afectadas (Pérez Diaz, 1966 y 1978) como de éxito adaptativo (Gaviria, 1975). Estamos, con esta tesis de Lefebvre, en una versión marxista de Simmel y Toënnies. Es, ni más ni menos, la apreciación de Marx en el Manifiesto Comunista de que el capitalismo "ha
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También, al menos desde el fabulista Samaniego, la crítica del mito ha sido recurrente. Algunos de mis trabajos han procurado justamente el desengaño racional de ese mito (Baigorri, 1980 y Baigorri-Cortés, 1984).
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No utilizamos aquí el término urbanización como lo hace Howard Newby (Newby, 1980), quien en realidad hace referencia a un proceso de suburbanización, de extensión física de las ciudades fuera de sus límites, sea a través de la segunda residencia o del fenómeno de los 'commuters'. En (Bauer, Roux, 1976 y Baigorri, 1980b y 1983) ese es sólo uno de los procesos, entre otros, que producen -o provocan, si quiere percibirse el fenómeno como algo negativo- la urbanización del mundo campesino.
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De hecho, quienes tempranamente se ocuparon de estos procesos desde la perspectiva de los propios campesinos, en modo alguno alertaban sobre la desaparición de los agricultores como productores de mercancías, sino únicamente de estilos culturales como los de los pastores trashumantes y los jornaleros instalados en chozos; en suma, y más allá de los sentimentalismos urbanos, se trataba de la desaparición de modos y estilos de vida no sólo precapitalistas sino precivilizados en un sentido amplio -y democrático- del término (Bayo, 1973). A pesar de cierto sentimiento de pérdida por la desaparición de un campesinado más antropológico y etnológico que sociológico, hoy -salvo que nos consideremos entomólogos en lugar de sociólogos- no puede cabernos ninguna duda de que la desaparición de esos rústicos, autoexplotados como yunteros y pequeños labradores o explotados por otros como los jornaleros, sólo puede entenderse como un avance social y civilizatorio (Baigorri, 1995e).

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sometido el campo a la ciudad" (Marx, 1971;336). Y no sólo por el mero efecto de la concentración demográfica, sino también por la ruptura de las relaciones sociales y de producción tradicionales. Pero, a siglo y medio del Manifiesto, ¿qué puede significar hoy esa polaridad rural-urbano, en un planeta donde se ha hablado ya de metrópolis, luego de megalópolis, y últimamente de ciudades-mundo?. Cuando se plantea la existencia de cuatro o cinco ciudades-mundo que constituyen el auténtico centro económico e intelectual del planeta (Jones, 1992;29-33), e incluso apunta el surgimiento -más hipotético que real- de las tecnópolis, como quintaesencia de las ciudades-mundo (Castells-Hall, 1994), ¿qué sentido tiene hablar de lo rural y lo urbano como categorías con vida propia?. Podemos echar mano de definiciones, pero ninguna sirve, salvo como frágil muleta para mantener ficciones epistemológicas, supuestos campos científicos que no son sino refugio de nominalismos: sociología rural, sociología urbana, geografía rural, geografía urbana, ordenación rural, ordenación urbana... y ahora hasta turismo rural. El Instituto de Estadística, para censar y cuantificar a la población, habla de zonas rurales, zonas intermedias57 y zonas urbanas, sin otro criterio, como en casi todos los países, que el tamaño demográfico. Sin embargo, en las áreas metropolitanas existen municipios clasificados como rurales que son dormitorios de la metrópoli58. En el entorno de todas las ciudades hallamos ese tipo de situaciones en las que la definición podría llevar a discusiones inacabables; del mismo modo que podríamos plantearnos hasta qué punto son urbanas, si tenemos en mente las tipologías de Hall, muchas de nuestras pequeñas ciudades, incluso capitales provinciales. Y la cuestión no es baladí, por cuanto la arbitraria clasificación del INE dificulta seriamente, en la actualidad, la realización de análisis más afinados de la realidad social. En el fondo lo que probablemente ocurre es que la dicotomía no nos sirve, por lo que tendríamos que hablar, efectivamente y de nuevo, de gradaciones, de un continuum que iría desde lo más rural -o menos urbanizado- a lo más urbano -o menos rural-. Sin embargo, resulta difícil fijar las variables que nos permitan establecer esa gradación, y situar empíricamente un objeto de investigación dado en una supuesta escala. De Redfield a hoy la atribución de un mayor o menor grado de ruralidad/urbanidad se hace, básicamente, de un modo más intuitivo que científico. Y probablemente ello sea así a causa de uno de los déficits que han esterilizado tanto la Sociología Rural como la Urbana: en este caso la desatención de la forma, haciendo caso omiso de las recomendaciones primero de Durkheim y luego de Simmel. Una y otra se han ocupando de estructuras, o lo sumo de funciones; desaprovechando así tanto el rico manantial, precipitadamente atrofiado, de la Ecología Humana, como las aportaciones de ciencias hermanas como la Geografía59. Y sin embargo, sólo el análisis de las formas de
Aparte de la distinción cuantitativa (según tamaño demográfico de los municipios) que hace el INE, nunca nadie ha definido sociológicamente esas zonas intermedias, que de hecho nada tiene que ver con el concepto de ciudades medias, que forman parte de las zonas urbanas definidas por el INE. Esta ya vieja distinción estadística entre zonas rurales, intermedias y urbanas abona las tesis que se implantaron a partir de los años '30 y '40 en la línea de un continuum rural-urbano (Lynn, 1940), que según Redfield iría más allá, a un continuum tribal-rural-urbano (citado en Gubert, 1986,211).
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En el centro mismo de la principal metrópolis española hemos tenido ocasión de hacer sociología rural, y hasta proponer un Programa de Desarrollo Agrario (Baigorri, Gaviria, 1984b). Sobre estas cuestiones había avanzado algunas reflexiones en (Baigorri, 1983)
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Las causas del déficit de la forma tal vez haya que buscarla en factores ecológicos de dominio disciplinario del tipo de los expuestos al hablar de la Urbanología. Las técnicas (arquitectura, ingenierías) que basan su actuación en el espacio, han limitando la capacidad de desarrollo del análisis sociológico, lo que explica que hayan existido voluminosos análisis sociales rurales y urbanos que no incluyen ni un solo plano.

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agrupación e interrelación social en el espacio puede ayudarnos a matizar esa gradación, siéndonos más fácil a partir de ahí el localizar vectores más estrictamente sociológicos. Así, el concepto francés, más formal y por tanto espacial, de rurbanización (Bauer, Roux, 1976) es previo, y mucho más rico, que el anglosajón, más estructural, de conmuterización (Newby, 1980)60, y desde luego resulta imprescindible para explicar los cambios estructurales que han caracterizado a los procesos que determinan la urbanización global del territorio. En realidad, este proceso ha sido visto -o previsto, cuando la finalidad no era analítica sino transformadora- bajo denominaciones, interpretaciones -y valoraciones- diversas, por lo que conviene que siquiera prestemos atención siquiera a algunas de las más interesantes. A las primeras observaciones marxistas sobre la dialéctica campo-ciudad, Kropotkin respondería a finales del XIX con su propuesta de equilibrio ecológico:
"Tened las fábricas y los talleres cerca de las huertas y tierras de labor, y trabajad en unas y o tras alterna tivamen te." (Kropotkin, 1972:148)

Propuesta que sería asumida por los ordenadores rurales, primero en Norteamérica a partir de la segunda década del siglo XX, y que hoy se ve materializada en la agricultura a tiempo parcial. Y en el mismo año en que Kropotkin publicaba su alegato eco-libertario, Kaustky advertía de la necesidad de una "facilidad de relaciones entre el campo y la ciudad", como base para la "difusión de la civilización en el campo y para borrar el antagonismo cultural que separa a éste de la ciudad"(Kautsky, 1974:225); siendo la industria el instrumento que permitiría -como así ha ocurrido- la modernización del campo. Más aún, y ello nos avanza aspectos a los que luego prestaremos atención -el aislamiento informacional-, cree que
"en las zonas qu e continú an siend o puram ente agrícola s y que, a c ausa de lo inacce sible de su territorio o de la tozudez d e sus habitantes, perm anecen cerra das a la penetra ción de la industria, la población decae desde el punto de vista del número, de la fuerza, de la inteligencia, del nivel de vida, y con ello se empo brece el su elo, y deca e la explo tación ag rícola." (Kautsky, 1974:323)

El nacimiento de la propia Sociología Rural viene determinado justamente por este tipo de preocupaciones, a través de la Comisión para la Vida Rural creada por el presidente Theodor Roosevelt. La ordenación rural de la Sección de Población Agrícola y Vida Rural del Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos perseguía justamente, desde 1919, la plena incorporación sin traumas de los espacios rurales -que, no lo olvidemos, se rigieron desde siempre en los Estados Unidos por criterios capitalistas- a la sociedad industrial. No se trataba pues tanto de una colonización por el Capitalismo, como de una colonización por la Civilización Urbana. Así debemos entenderlo cuando el objetivo era "el mejoramiento de la vida en las granjas" (Lynn Smith, 1960:8). Howard Odum, uno de los primeros teóricos, desde el Sur de los EE.UU., de las desigualdades regionales y del desarrollo endógeno, plantea estos desafíos en un texto que podría haber sido escrito muy recientemente, aunque fue publicado en 1939:
"Quizás en ninguna parte estén claramente m arcadas las extrao rdinarias transform aciones de la ciencia y la tecnología como en la transición de la cultura rural a la civilización urbana, de la vida agraria a la socie dad ind ustrial. Sin du da, la tend encia m undial h acia la urbanización está cambiando todo el pa isaje cultural de la nación haciendo que urbanización, o cultura de la megalópolis, se hayan hecho sinónimo s de los sup erlativos de la tecnolo gía." (en Friedman, 1981:61)

Naturalmente este tipo de preocupaciones, crecientemente extendidas, dieron lugar repetidamente a otra oleada de lamentos por la pérdida de una Arcadia que indefectiblemente no

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Me refiero al sentido en el que lo utiliza Newby, no al que, desde mediados de los '50, se venía haciendo para el análisis del desarrollo centrípeto de la ciudad americana.

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sufren quienes la lloran61. Las llamadas de los ideólogos de la tierra contra el desarraigo del progreso se sucedieron, particularmente en la Alemania pre-nazi62. Pero también en otros ámbitos se pretendía guardar, como hacía el geógrafo G.Roupnel en 1932, "la armonía universal de toda esta sonriente campiña" (Roupnel, 1932:202). Vale la pena el contraste de estas posiciones con las de Costa, a quien se acusa de enfermedades similares, y que sin embargo clamaba desde finales del siglo XIX contra
"los pueblos que se duermen en medio del día, como las vírgenes fatuas, llegan tarde y con las lámparas apagadas a las puertas ya cerradas del peregrino, sin alcanzar a donde se celebran los desposorios del mundo antiguo con esta espléndida civilizavión moderna" (Costa, s/f:191) 63.

Tras la segunda guerra mundial el proceso civilizatorio se aceleró de nuevo. Desde el campo del Urbanismo se habla de la necesidad de que "lo mejor de la civilización urbana llegue 'a la tierra'", y se propone el término de ruralística, complementario de la urbanística, como concepto provisional hasta que se desarrolle uno urbano-rural (Bardet, 1963:114 y 18). En realidad, es lo que de hecho ya estaba ocurriendo, y la Ecología Humana se interesaba parcialmente por tales procesos, aunque no llegó a profundizar lo suficiente antes de que esta rama de la Sociología se extenuase a base de mediciones64. Como también lo percibían los geógrafos, particularmente Gottmann, quien promueve el concepto de megalópolis65 con la publicación en 1961 de su obra de igual título, para un tipo de ciudad que es casi un país, ya que incluye el propio campo dentro de sí misma. Más aún, tempranamente advertía sobre un proceso que más tarde retomaría Toffler: los signos de decadencia de la industria justamente al desparramarse en el territorio.
"la tendencia tiene sus raíces e n una co nsecuen cia simple de la evo lución so cial y científica de nuestra era. Lo oc urrido co n la agricu ltura está pa sando c on la pro ducción fabril, con el aume nto de la m ecaniz ación, con la rac ionalizac ión y otras mejoras tecnológ icas." (Gottman, 1973; 63)

Pero los sociólogos no se apercibían de estos cambios. Según escribía Henri Lefebvre en 1953, porque "han pasado del estudio de los primitivos al estudio de los medios urbanos e industriales" (Lefebvre, 1975:62). En Europa estos procesos se dieron más lentamente. Entre los años '30 y '70 se producen
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Hans Paul Bahrdt, comentando la opinión de Elisabeth Pfeil de que las ciudades fueron desde el comienzo objeto de reflexión, va más allá y señala que, en realidad, "antes de que realmente existiera la gran ciudad, ya comenzó a polemizarse contra ella" (Bahrdt, 1978:64)
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Unas buenas muestras se recogen tanto en (Ferry, 1994) como en (Bahrdt, 1978)

Las propuestas de Costa, como la de todos los grandes agraristas, distinguen con extremada finura -al contrario que muchos de los modernos ruralistas- la agricultura como sistema productivo que, con las adaptaciones pertinentes a las transformaciones tecnológicas, siempre será necesaria e incluso imprescind ible, de la ruralidad -o en términos más clásicos y reales, la rusticidad-, como modo de vida y de interacción social que constituye un lastre para la mejora en las condiciones de vida de los propios agricultores.
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Hay algunos trabajos de los años '50 que, desde la Ecología Humana, analizan el proceso de cambio en las áreas rurales más cercanas a las ciudades, proponiendo un proceso inacabable ajustado al principio ecológico de gradiente; y según el cual sucesivas áreas rurales se van incorporando a las áreas metropolitanas, pasando a ejercer sus funciones otras áreas más alejadas. Se señalaba ya có mo en los Estados Unidos "la intensa dispersión de industria, población y terciario, y la pareja conversión de suelo rural a usos no agrícolas están produciendo impresionantes cambios en los sectores rurales de las áreas satélites" (Martin,1957:481).
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Un concepto, por lo demás, que venía siendo utilizado por los sociólogos desde las primeras décadas del siglo XX, y muy particularmente por Geddes, que inspiró sin duda los trabajos de Gottman.

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diversas reformas agrarias de variado signo -estructurales, tecnológicas, educativas...-, que convierten en sujetos del máximo interés sociológico a los campesinos. Y aunque en el fondo lo que todas las reformas agrarias buscaban era la urbanización del campo, entendida como proceso civilizatorio, de incorporación de los espacios sociales rurales a la modernidad ciudadana, sin embargo se produjo, entre los sociólogos encargados de colaborar con los técnicos que diseñaban las reformas agrarias, un contrasentido; pues al tomar al campesinado como un sujeto histórico, se les llegó a considerar como un objeto de valor, y como tal susceptible de ser conservado en términos patrimoniales66. Las razones eran seguramente bien diversas. Posiblemente la influencia del marxismo -particularmente, a partir de los años '60, del maoismo- hizo que muchos considerasen al campesinado poco menos que como sujeto revolucionario, que debería oponerse a lo que podríamos denominar como la penetración del capitalismo en el ecosistema de la Arcadia. Por otra parte, gracias a la revolución de las comunicaciones, y al fuerte crecimiento de la riqueza en Occidente, la Antropología estaba de moda; los sociólogos dejaban de hacer Sociología y se aplicaban a la Etnología, descubriendo desde la ciudad ricos filones en esas casas rurales en las que les invitaban a buen jamón y mejor vino67. Hay también una fuerte influencia del modelo etnográfico de Eric Wolf, para quien los campesinos seguían estando "entre la tribu primitiva y la sociedad industrial (...), ni son primitivos ni modernos" (Wolf, 1975;5), a pesar de que la evidencia mostraba que los agricultores de los países desarrollados -incluída España- se manejaban perfectamente con la modernidad de los complicados tractores y cosechadoras, de las endemoniadas letras de cambio, los seguros, los colegios de sus hijos, las calculadoras, las sembradoras hidroneumáticas, las semillas selectas... La Sociología se lamentaba de que el capitalismo se lanzase a "insertar al campesinado cada vez más dentro de los mecanismos del sistema económico global y a modelar sus explotaciones de acuerdo con sus intereses" (Sevilla-Guzmán,1979:240). Estábamos, en el último cuarto del siglo XX, planteándonos el mismo tipo de problemas que ocuparon a Marx, Durkheim, Weber, Toënnies o Simmel en el último cuarto del siglo XIX. En suma se construía una Sociología Rural apropiada para paliar los efectos de la Desamortización decimonónica, pero se hacía con un siglo de retraso, cuando los campesinos deseaban incorporarse rápidamente a la modernidad.

Modernidad y urbanización
Esta modernidad no podemos asimilarla con la industrialización -que de hecho empieza a decaer desde los años '60-; ni siquiera con el capitalismo -que convertido en welfare state, gracias a la socialdemocracia europea y el liberalismo político norteamericano, no era ya ni la caricatura de sí mismo-. Es una modernidad que, en mi opinión, habría que entenderla como sinónimo de urbanización. Es este un concepto que no puede asimilarse al meramente cuantitativo, que a partir de Kingsley Davis se entiende como proporción de población urbana (Davis, 1979:13), sino más bien en el sentido de modo de vida con que Wirth lo entendió en 1938; pues "las influencias que las ciudades ejercen sobre la vida social del hombre son mayores de lo que indicaría el porcentaje de población urbana" (citado en Giddens, 1991;591). Aunque hasta Lefebvre no habrá una clara identificación del concepto de sociedad urbana con la sociedad postindustrial, y ello haciendo referencia, "más que a una realidad palpable, a una tendencia, una orientación,
66 En realidad, el mismo proceso que, hemos señalado, se produjo en la sociedad americana en las primeras décadas del siglo XX.

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Estos aspectos también forman parte de la Sociología de la Sociología, aunque no sea habitual sacarlos a colación.

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una virtualidad"(Lefebvre, 1972:8). Siendo consciente de que, en este proceso, en absoluto quedan deja fuera los supuestos rurales:
"¿El campo?: ya no es más -nada más- que 'los alrededores' de la ciudad, su horizonte, su límite. ¿Y las gentes de la aldea?. Desde su punto de vista ya no trabajan para los señores terratenientes. Ahora pro ducen pa ra la ciudad, pa ra el mercado urbano. Y si bien saben que los negociantes de trigo o madera los explotan, no obstante, encuentran en el mercado el camino de la libertad" (Lefebvre, 1972:18).

Con anterioridad había afinado también este proceso:
"La industrialización produce la urbanizac ión, en un a primer a fase, neg ativame nte (estallido de la ciudad tradicional, de su morfología, de su realidad práctico-sensible). Después de esto, aparece la verdadera tarea. La sociedad urbana comienza sobre las ruinas de la ciudad antigua y su contorno agrario. A lo largo de estos cambios, la relación entre industrialización y urbaniza ción se transforma. La ciudad deja de ser un recipiente, receptáculo pasivo de productos y de la produ cción. Lo que subsiste y se refuerza de la rea lidad urban a es su dislocación, el centro de decisión formará part e en adelante de los medios de producción y dispositivos de explotación del trabajo social por los que detentan la información, la cultura, los mismos poderes de decisión." (Lefebvre , 1969:1 66).

Lo rural, en lo global
Se observa, en suma, el proceso de urbanización -más allá de la crítica política de Lefebvre-, como un estadio evolutivo en el proceso general de civilización68. Y este proceso evolutivo de carácter casi positivista, que Patrick Geddes había desarrollado en La sección del valle, podemos encontrarlo incluso en la biografía intelectual de los propios sociólogos. Además de en el propio Geddes, de Weber a Lefebvre son muchos los que hallamos preocupados inicialmente por temas rurales, para pasar a ocuparse en su periodo de mayor fertilidad de temas urbanos. En realidad, en los grandes sociólogos a la preocupación por lo rural le sigue, tarde o temprano, la preocupación por lo urbano; porque hacer una diferenciación radical es, ciertamente, absurdo. ¿Queremos decir con todo esto que lo rural no existe?. Ni mucho menos, pues nos faltan datos empíricos suficientes como para sostener una afirmación semejante; aunque sí podemos hallar factible el defender la inutilidad de la separación epistemológica entre lo rural y lo urbano. Si las tesis que venimos desarrollando son acertadas, lo rural serían apenas algunos intersticios, fuera de la marcha de la civilización, que quedarían en el interior de lo que denominamos la urbe global. Sin duda una clave para entender estos procesos está en el desarrollo de las comunicaciones, justamente como corresponde a la sociedad de la información que ha sustituído a la sociedad industrial. MacLuhan apuntó hace tres décadas la conformación del planeta en una especie de aldea global, sobre la base tecnológica del "poder descentralizador que el ordenador tiene para eliminar ciudades y todas las demás concentraciones de población" (McLuhan, 1985:55). Y, efectivamente, hemos podido observar en Europa, y particularmente en España, de qué forma una infraestructura de comunicaciones, la autopista, provocaba profundos cambios socioeconómicos en muchas áreas rurales, del mismo que antes los produjo el ferrocarril69. Las redes telemáticas están haciendo el resto, pues
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Es la urbanización, como fase civilizatoria diferenciada de la sociedad industrial, el mejor argumento contra la creencia en el fin de la historia. Las sociedades humanas nunca dejan de evolucionar, siendo el cambio la constante que diferencia, justamente, a las sociedades humanas de las animales; así como lo que diferencia a la Sociología de la Etología.
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Desgraciadamente en España no conocemos estudios que se hayan ocupado a posteriori de los efectos sociales de las autopistas, a pesar de que previamente, y durante el proceso de construcción, la literatura anti-autopista que se produjo -o produjimos- fue abundantísima. En Estados Unidos la profunda transformación ecológica que a nivel federal supuso la red interestatal de autopistas generó por el contrario importantes programas de investigación, que mostraron cómo "el cambio más notable se produce en el suelo rural, que sufre una transformación a usos más intensivos" (Kirk, 1974:311)

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"en una soc iedad b asada e n la inform ación, la v entaja competitiva reside ahora en una organización mucho más flexible y descentralizada de la producción y del trabajo, con el fin de reducir los costes fijos, hacer mejor u so de las capac idades existentes, acercarse más al cliente y evitar las limitaciones sobre la movilidad." (Johnston, 1994:79)

El proceso no ha llevado a una aldea global, en el sentido casi tribal de McLuhan70, sino más bien -desde una perspectiva civilizatoria y positivista- a una ciudad global, a lo que yo llamaría la urbe global: un contínuum inacabable en el que se suceden espacios con formas y funciones diversas, con mayores y menores densidades habitacionales, cohesionados por diversos nodos o centralidades, pero que en su totalidad participan de una u otra forma y a todos los efectos de la civilización y la cultura urbanas. Sólo en la medida en que un espacio se halle incomunicado podrá hablarse de cierta carga -de intensidad variable- de ruralidad71, seguramente coincidente en muchos de los casos con la depresión económica. Precisamente un reciente trabajo sobre municipios y comarcas deprimidas utiliza diversas variables construídas a partir del censo de edificios y viviendas (es decir, variables de urbanización) como índices de depresión. En realidad, la población resultante era, sobre el censo de 1981, de poco más de dos millones de personas, en 1.699 municipios cuyo tamaño medio era de 1.249 habitantes (Mella, 1990). Posiblemente esos dos millones de personas constituyen, en la actualidad, el espacio social rural en España, aunque tal vez habría que añadirles algunos millones más de rurales que, aunque insertos espacialmente en la urbe global, como inmigrantes marginados, no han sido asimilados todavía por la cultura urbana (Baigorri, 1996:339 ss.). Naturalmente, este proceso natural de urbanización hemos visto que no siempre ha sido, ni lo es todavía, bien aceptado desde buena parte de la sociología, particularmente desde la Sociología Rural, aún cuando por ello se esté pagando el precio de perder su especificidad sociológica y pasar a convertirse en Antropología o Etnografía. Incluso, paradójicamente, este pavor generalizado a la urbanización del mundo campesino tiene graves efectos sobre el propio urbanismo. La advertencia hecha por Jane Jacobs hace tres décadas sigue siendo plenamente vigente:
"los principios rectores de l urbanismo actual y de la s reforma s que se refier en a la vivienda tienen como base una resistencia puramente afectiva a admitir que la concentración humana es deseable: esta negativa apasionada ha contribuído a matar intelectualmente el urbanismo" (en Choay, 1970: 463).

El ámbito de la Sociología de la Urbanización
Es obvio que, sobre estas bases, no puede tener sentido una Sociología Rural tal y como hoy la entendemos, así como resulta también carente de sentido una Sociología Urbana claramente diferenciada de la anterior. En tanto ambas se reencuentran, ha de ser precisa una Sociología de la Urbanización (entendida ésta como proceso civilizatorio en marcha), que también podría ser denominada Sociología de los Asentamientos Humanos -lo que menos importa es el nombre-, pero que en suma permita una lectura global del territorio como producto social.
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Tengamos en cuenta que la obra de Mc Luhan se desarrolla en el marco del primer gran pavor ante la irrupción de las tecnologías de la comunicación. Siguiendo los modelos de Mc Luhan se hablaría luego -en los años '70 y fundamentalmente desde Italia- incluso de una Nueva Edad Media.
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Esto no se contradice con la crisis de algunas ciudades, pues la urbe ya no necesita con las nuevas redes comunicacionales, de la concentración. Se percibe una fuerte tendencia "hacia la dispersión/fragmentación de los territorios urbanos"(López de Lucio, 1995), y la 'glocalización', como proceso de cohesión entre la economía global y la eonomía local (Enrique, Corominas, 1995). Son estos fenómenos de dispersión, fragmentación, glocalización, los que permiten explicar la ya efectiva urbanización de todos los espacios sociales. Pero sobre estas cuestiones nos extenderemos más adelante.

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En cuanto a la cuestión agraria, ésta deberíaser tratada en los mismos términos que cualquier otro sector socioeconómico, como Sociología Agraria, tal y como existe una Sociología Industrial, una Sociología del Conocimiento, o una Sociología del Ocio; o bien en el ámbito de la Sociología del Trabajo. Pero su ámbito de estudio no puede ser ya la sociedad rural, porque como tal no existe, sino el colectivo de trabajadores y empleadores que conforman el sector agrario, y que no es sino uno más en cualquiera de los territorios -metropolitanos, urbanos o rurales- que tomemos como unidad de análisis72. Es decir, todo este replanteamiento -más allá o más acá de los nominalismos- no implica un cambio de objetivo, sino de enfoque. La mejora en las condiciones de vida de la población apartada de las centralidades de la urbe global, así como la conservación del medio rural, seguirán siendo objetivos ineludibles. Pero del mismo modo que no podemos concebir esa población tal y como concebíamos al campesinado, tampoco podemos identificar el medio rural con el medio natural, como el ecosistema propio del campesinado, sino como un artificio más, una parte de la urbe global, con formas y funciones muy distintas de las consideradas tradicionalmente por la Sociología Rural. Funciones que no vienen determinadas, dictadas por la “ciudad triunfante” como opuesta al campo, según corresponde a la visión más simplista y repetitiva, sino que más bien responden a las nuevas necesidades productivas, territoriales, ambientales, anímicas, comunicativas o de ocio de la sociedad globalmente urbanizada. En otros trabajos he definido un tipo de territorios73, a caballo entre los conceptos tradicionales de lo rural y lo urbano, en los que
"la tierra, cultivable o no cultivable, ha dejado de tener esa única fun ción de p roducir alimentos, o en general materias primas. Nuevos factores económicos han entrado en juego, de forma que el agricultor no es sino un agente más en com petencia por el uso y control de ese suelo, aunque siga siendo el que más superficie domina y admin istra (y esta sería quizás una de las principales diferencias entre estos territorios con los puramen te urbanos y m etropolitanos) (...) El problema estriba en cómo compaginar todas estas funciones con las vocacionales del territorio, esto es la agricultura y la ganadería, e incluso el mantenimiento de esp acios 'vírgenes'." (Baigorri, 1983,151).

En este tipo de espacios sólo tangencialmente tienen interés y peso los tradicionales problemas campesinos. Las cuestiones que preocupan son ya culturalmente urbanas: la geofagia (que hemos definido como "el apetito insaciable por devorar tierra fértil"), la banalización del paisaje, la pérdida de peso político de los agricultores, y los excedentes, son los temas característicos de las zonas agrícolas de los países ricos (Baigorri, 1992b). El tipo de conflictos sociales predominantes en este tipo de territorios tan sólo formalmente se diferencian a veces de los estereotipos de conflictos urbanos74. En muy contadas ocasiones podríamos hablar en puridad de conflictos campo-ciudad, e incluso es en las ciudades donde en ocasiones se desencadenan
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Ello supondría una restitución de de la plena igualdad del llamado campesinado respecto del resto de la ciudadanía, frente al actual tratamiento etnográfico, del tipo del que se prodiga a las tribus en extinción. Tal vez así dejasen de ser necesarios los viejos alegatos sobre el olvido del campo, repetidos hasta la saciedad por todos los presidentes de la Hermandad Nacional de Agricultores y Ganaderos, y desgraciadamente todavía recogidos en la literatura científica (García de León, 1992). El concepto de la ciudad cntra el campo es hoy un concepto anacrónico, inútil y profundamente reaccionario. El que todos los sociólogos de origen rural hayamos amanecido a la Sociología mamando y abusando de esa invariante no justifica su conservación en la literatura social, que debe ocuparse hoy más bien de analizar la ciudad en el campo o el campo en las ciudades.
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Nominados como agro-urbanos para evitar su confusión con los espacios rurbanos, que son más bien la periferia de lo urbano, en forma de detritus o de fuga lujosa del estrés (Baigorri, 1983:148)
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En realidad los últimos grandes conflictos campesinos, fundamentalmente de jornaleros en torno al subsidio de desempleo -hemos tenido ocasión de analizar en profundidad el paro agrario en (Baigorri, 1995e)-, no sólo constituyen conflictos propios de la sociedad urbana, sino que utilizan plenamente la escenografía mediática que caracteriza a los conflictos en la Sociedad de la Información.

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conflictividades propias de las sociedades campesinas (Baigorri, 1996c). Pero lo importante es que esta clase de territorios son los que contienen en la actualidad a la mayor parte de la población considerada estadísticamente como rural, así como la mayor parte de la producción agropecuaria. Y si dejamos de considerarlos rurales, pero a la vez mantenemos los presupuestos epistemológicos tradicionales de la Sociología Rural, entonces el objeto social que quedaría para esta rama de la sociología debería circunscribirse a algunos desiertos demográficos alejados, como decíamos, de las redes informacionales de la urbe global.

Regad ío y urbanización en la Sociedad Industrial y en la Sociedad de la Información
Profundicemos un poco precisamente en ese tipo de espacios que, en una buena parte de los casos -aunque no siempre-, se corresponden con las grandes zonas regables. Para Simmel, que hace la primera gran reflexión sobre la vida en las grandes ciudades, hay tres elementos fundamentales de la vida urbana: a) El reloj, tema que sería desarrollado ampliamente por Mumford en su obra Técnica y civilización (Mumford, 1971), pero sólo muy recientemente ha sido incorporado al quehacer sociológico75. b) El imperio de la racionalidad, entendido por Simmel como "intensificación de la vida nerviosa", y la indiferencia que le es consustancial, es una reflexión implícita en la Sociología desde su mismo origen. c) La amplitud del círculo de relaciones, de la que la Sociología Urbana contemporánea se ha ocupado ampliamente a partir de la Escuela de Chicago. Naturalmente, éstos y otros elementos característicos de la vida urbana son consecuencia de la existencia previa de lo urbano, pero no explican su origen. La explicación hay que buscarla más atrás, en la sociología de Durkheim, a partir de la cual podemos establecer tres factores como fundamento de lo urbano: "el número de habitantes, la densidad relativa del sistema ciudad y la complejidad y diversificación de la estructura y las funciones" (según Schmidt-Relenberg, 1976: 171). Hemos señalado cómo estos procesos se vienen extendiendo, con mayor o menor intensidad, al conjunto del territorio. Hace varias décadas Nels Anderson apuntó con nítidez este proceso que ahora retomamos, al señalar los distintos niveles de urbanización que, en aquel momento, podían preverse. En dicho esquema hallamos apuntadas, además de las preocupaciones del presente trabajo, algunos de los grandes temas de la relación campo/ciudad que se han observado recientemente (conmuterización, rurbanización, etc):
"Conforme la urbanización toca a las aldeas, podemos pensar en el proceso a distintos niveles de logro: 1) Conforme la gente va hacia las ciudades y conforme las ciudades agrandan su zona muchas aldeas han d e ser absorbida s. Quizá pierdan su carácter de vieja aldea pero sus nombres continúan c omo no mbres de las zon as en dond e estuvieron com o comun idades rurales. 2) Las aldeas que están dentro de distancias conmutativas de las ciudades, aunque antigua mente ocupadas por gente rural que desarrollaba un trabajo rural y vivía un modo de vida rural, han venido a ser ocupadas por gente de orientación urbana que desarrolla tipos urbanos de trabajo. 3) Las aldeas más alejadas de las ciudades, aunque están en contacto frecuente con los
75 Para Simmel, "a través de la esencia calculadora del dinero, ha ingresado en la relación de los elementos vitales la precisión, la seguridad en la determinación de igualdades y desigualdades, la univocidad en los acuerdos y convenios, una de cuyas manifestaciones externas es la difusión del uso del reloj de bolsillo" (Simmel, 1978:14).

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centros urbanos, po drán conv ertirse en lugares de tipos d e trabajo mixtos, rura les y urbanos, pero la gente q ue desarrolla labo r rural cada vez será más urban a en su mo do de vivir. 4) Las aldeas aún más alejadas de las ciudades y con un contacto menos frecuente con los centros urbano s no sólo c ontinua rán desa rrollando su trabajo rural sino q ue, a pesar de la presión de la urbanización, se las arreglará para mantener en gran medida el modo de vida rural. 5) Las alde as, especia lmente de las regiones subdesarrolladas, que están situadas a una gran distancia y casi no han tenido contacto con los centros urbanos seguirán siendo poco afectadas por la influencia del urbanismo. Siguen siendo totalmente rurales o primitivas en su trabajo y en sus m odos de vida. Po drían ser c onsidera das com o fronte ra, la línea externa del urbanism o en exp ansión." (Anderson, 1965:108)

Obviamente, en la época en que aparece el libro de Anderson, el factor distancia es todavía fundamental para delimitar los perfiles de la urbanización. En realidad, lo que se hace es ampliar, como las ondas infinitas que una piedra produce en un estanque, los círculos concéntricos de la Escuela de Chicago. En los países más desarrollados las distancias físicas de la ruralidad se han venido reduciendo sistemáticamente, hasta el punto de que en muchas zonas
"los residentes en zona s rurales están, con ligeras e xcepciones, separados de cualquier punto del mundo , en relación con los residentes de las zonas u rbanas , solamen te por un corto espacio de tiempo de conducción po r carretera y un corto vuelo extra ." (Blakey, Bradshaw,1985:38)

Pero es que en la Sociedad de la Información, en la que la ciudad se torna virtual, hemos mostrado que no es la distancia el factor determinante. En la urbe global, según veremos, la propia centralidad es asimismo virtual; no se corresponde con un espacio físico, un barrio, una manzana de oro, ni siquiera una sede gubernamental. La centralidad es únicamente un proceso de interrelación telemática entre protocentralidades diversas ubicadas en espacios físicos distantes entre sí. En la urbe global todos cuantos participan de la cultura urbana y forman parte de la red virtual tienen acceso en tiempo real a las centralidades. Las características socioeconómicas y culturales de las zonas de regadío nos ayudan justamente a entender con mayor claridad estas hipótesis que avanzamos. De hecho, si trazamos una serie de círculos en torno a aquellas ciudades españolas que cuentan en su entorno con áreas de contraste entre el regadío y el secano (como Madrid, Zaragoza o Sevilla...), observaremos cómo municipios -o núcleos- situados a la misma distancia de la metrópoli muestran una evolución distinta respecto a la urbanización -tanto física, como sobre todo cultural- según sean de regadío o de secano; y ello a pesar de que, en las áreas metropolitanas de las grandes ciudades, en todos los casos la agricultura juega ya un papel económico, social y político insignificante. Precisamente es habitual que sea en los municipios de secano, más reticentes a la incursión en la urbanización, en donde más tardíamente los sectores económicos relacionados con la agricultura han sido desalojados del poder político.

¿Cómo se urbaniza el regadío?
¿Cómo y por qué se han producido esos cambios antes, y más aceleradamente, en las áreas de regadío?. Debemos revisar para ello, simultáneamente a los propios cambios, algunas de las características intrínsecas de este particular sistema de explotación agraria. Mientras que la agricultura se basa en ciclos eternamente repetidos, hasta convertirse en casi rituales76, no precisa de un instrumento como la planificación del tiempo. Por el contrario, el agricultor de regadío, bien de forma intuitiva o bien de forma consciente, con ayuda o no de
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Hasta tal punto que generan auténticos rituales festivos, a través de los cuales se socializa a los nuevos miembros de la comunidad.

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instrumentos de planificación, hace un gran uso del calendario y del reloj, porque de año en año las alternativas y rotaciones de los cultivos pueden variar, bien sea por las propias necesidades y/o limitaciones del suelo, bien por las fluctuaciones del mercado -o de las subvenciones en la actualidad-. En cuanto al reloj, es fundamental en casi todas las épocas, pero muy particularmente en periodo de riegos: un retraso significativo puede suponer que el turno de riego pase al siguiente aguas abajo de la acequia, con graves pérdidas de productividad o incluso riesgo de agostamiento de la plantación. El agricultor de secano se adapta en su funcionamiento productivo, pero también en su vida cotidiana, a los ciclos naturales que marcan el día, la noche y las estaciones. El mantenimiento de una comunidad orgánica y arraigada a la tierra es así mucho más factible. Por el contrario, el agricultor de regadío se enfrenta a los ciclos naturales: trabaja de día o de noche según las necesidades de la explotación, y no según los dictados de la naturaleza -aprovecha la noche fundamentalmente para regar, también para cosechar mecánicamente-; engaña a la naturaleza con la ayuda de semilleros, o incluso invernaderos, y por supuesto y fundamentalmente con la ayuda del riego. Es decir, las condiciones para la ruptura con la tradición, con la comunión orgánica con la Naturaleza, son intrínsecas al trabajo de regadío, y se inspiran justamente en los avances en la urbanización. Podemos apoyarnos para este punto en Mumford, quien se expresa en estos términos al referirse a la agricultura neotécnica77:
"Hasta el siglo XVII el artefacto más importante del hombre fue prob able mente la ciudad misma; pero durante est e siglo las mismas tá cticas que había u tilizado pa ra su pro pia adaptación a lo dom éstico las ap licó a la ag ricultura en la constru cción de invernaderos de cristal (...). El agricultor neotécn ico, no contento con tom ar a la naturaleza tal y como se presenta, trata de de terminar las cond iciones exa ctas del sue lo, de la tem peratura , de la humedad, de las horas de sol n ecesarias p ara que se dé el cultivo específico q ue él desea ." (Mumford, 1971:279)

La división del trabajo, por otra parte, es considerada desde Adam Smith como uno de los elementos que fundamentan el desarrollo de la sociedad industrial, y en consecuencia de la urbanización. Jacobs señala cómo se produce este proceso, que permite sobre todo la adición de nuevos trabajos y en consecuencia -como lo expresaría Durkheim, aunque no está en Jacobs- el desarrollo de una creciente diversificación funcional:
"Las divisiones de trabajo ya existentes, producen más divisiones de trabajo debido a la interve nción de las a ctivida des qu e se añ aden , y éstas producen nuevas adiciones susceptibles de división (...) Cuanto mayor sea la variedad y el número de divisiones del trabajo realizadas ya en una economía, mayor será la capacidad intrínseca de la econo mía para añadir aún más clases de b ienes y servic ios." (Jacobs, 1971 :69)

Y también nuevamente hallamos en el regadío una división del trabajo tan ajustada que está mucho más cerca del taller taylorista que de la Arcadia campesina. Operaciones tan delicadas como la poda y el injerto en los frutales; trabajos tan sistemáticos y repetitivos como el aclareo manual, la escarda, o la plantación de hortalizas procedentes de semilleros78. La adición de
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A partir de los trabajos de Geddes, Mumford diferencia tres fases fundamentales en el desarrollo tecnológico y adaptativo de las sociedades humanas: una fase eotécnica, una fase paleotécnica, y una fase neotécnica. El concepto de tercera ola popularizado por Toffler fue propuesto por Mumford en las primeras décadas del siglo (Mumford, 1971:23).
78 La hortelanía siepre ha sido una actividad minoritaria aún dentro de la agricultura de regadío. Pero no debe olvidarse que cereales como el maíz o cultivos industriales como la remolacha han precisado también, hasta muy recientemente, de ese tipo de trabajos detallados y repetitivos de los hortelanos (aclareo, escarda, desmoche en el maíz, deshojado de las remolachas recolectadas...) más propios de la fábrica que del campo. Otros cultivos extensivos del regadío, como la alfalfa, contenían hace sólo treinta años también ese tipo de tareas tayloristas que, no obstante, podían ser realizadas incluso por niños: la siega y agavillamiento manual que en el cereal de secano se realiza una sola vez, en la alfalfa se hace varias veces al año, dependiendo el número exacto de la cantidad de agua, la calidad de la tierra y la edad de las plantas -por otra parte, el trabajo con la dalla o guadaña es mucho más complejo y técnico que la siega con hoz, requiriendo un conjunto de movimientos repetitivos

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nuevos trabajos es inevitable: agricultores y herreros descubrirán al unísono nuevas máquinas adaptadas a los repetitivos movimientos del hortelano. Pero otro hecho es común a lo que sucede con la Revolución Industrial en las ciudades: esos trabajos menores posibilitan la ocupación habitual de niños y mujeres. Esa adición de trabajo que está en la base del desarrollo urbano es más improbable en los secanos, por la escasa variedad de inputs y outputs. La variedad de empleos auxiliares -fitosanitarios, vendedores, mecánicos...- es muy superior en el regadío. La diferenciación funcional y las adiciones de trabajo producirán a su vez la atracción de población foránea, y sabido es que otra de las condiciones de la urbanización es la diversidad étnica. El gran geógrafo navarro Alfredo Floristán, en su tesis doctoral, La Ribera tudelana de Navarra, ponía de manifiesto:
"cómo los pueblos cuya principal base económica es el regadío tienen cierta 'seguridad' demo gráfica(...); aquellos que viven esencialmente de los cereales de secano o que han conocido las crisis del olivo y de la vid son demográficamente más inestables, suministrando de cuando en cuando contingentes de emigración temporal o definitiva hacia las grandes ciudades españolas así como hacia un m edio rura l más segu ro o de ec onom ía diferente." (Floristán, 1951:7)

Mientras que el secano expulsa población, y posibilita instituciones como los mayorazgos79, el regadío atrae población80. Y a la vez que la existencia de mayores posibilidades de trabajo, que evitan la emigración, provoca un fenómeno fundamental que está en la base, por otro lado, de la penetración del capitalismo en el campo: la división de las propiedades. La forma de trabajar en el regadío provoca asimismo la división y privatización de la propiedad comunal. "La vida del agricultor de regadío es distinta: más intenso y continuado el trabajo -mimos a la tierra y a las plantas, limpieza de acequias, entretenimiento de caminos" (Floristán, 1951:72). Obviamente la competencia ha de ser mayor, así como las dificultades para mantener un comunalismo agrario que beneficia al menos trabajador. Este otro elemento señalado, el trabajo más intenso y continuado, es sin duda alguna otra clave. Si el trabajo y su organización se consideran desde un punto de vista materialista como variables altamente determinantes, es lógico que genere diversas configuraciones mentales, como así ha sido mostrado primero de forma intuitiva y luego de forma científica. La propia complejidad de los trabajos necesarios para conquistar la tierra para el regadío hace necesaria la colaboración y el apoyo mutuo (conceptos sensiblemente distintos del comunalismo tradicional), otro elemento fundamental que está en la base de civilidad -de la civitas-. En términos filogenéticos, mientras que el roturador de secano es un individuo aislado que, con sus bueyes, se lanza a conquistar tierras sin precisar otra ayuda que la de los jornaleros, en el regadío deben desecarse charcas, canalizar las aguas, a veces incluso desviar el trazado de poderosos ríos, como durante siglos se ha hecho en la Ribera del Ebro. Para ello no sólo debían unirse los agricultores, sino que aún los mismos municipios debían asociarse a otros para enfrentarse a las aguas bravías. Y todo ello, hasta épocas muy recientes, para conseguir regular
relativamente complejo.
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Evidentemente, la institución del mayozargo debió tener una base ecológica, en la existencia de una base productiva estable -y por tanto limitada.
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Muchos de los inmigrantes -legales e ilegales- de África y del Este de Europa se han instalado, en los últimos, en las zonas de regadío españolas. En realidad, este fenómeno novedoso se ha dado en repetidas ocasiones a lo largo de la historia, en las zonas regables de mayor tradición -valles laterales de la cuenca del Ebro, Valencia y Murcia-, de forma documentada al menos desde el siglo XII. En realidad, no otra cosa es la re-conquista, por Alfonso el Batallador, de la Ribera del Ebro, que una colonización de las tierr as de vega altamente prod uctivas -y reg adas- por p arte de hamb rientos campesinos y montañeses navarros y vascofranceses.

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caudales muy reducidos. De ahí que la estricta regulación del agua de riego, escasa y cara, haya sido también base de una tradición democrática, sobre el principio del imperio de la ley, origen de la civitas y del Estado. Debemos retener algunos de los elementos fundamentales de la dicotomía entre comunidad y asociación en Tönnies81, no siempre bien comprendida. Pues la esencia de la asociación, que creemos plenamente aplicable a la sociedad regable, es la independencia en la interacción necesaria, sobre la base del contrato que liga pero a la vez delimita: "El contrato es el resultado de dos voluntades individuales divergentes que se cruzan en un punto" (Tönnies, 1979:75). Lo que nos falta elucidar, no obstante, son los pasos concretos a través de los cuales este vasto complejo de procesos desembocan en la urbanización como modo de vida. Una reinterpretación de algunos trabajos recientes que, no obstante estar cargados de prejuicios, analizan empíricamente algunos de estos procesos, podría darnos alguna clave. Contrastando los condados de agricultura industrial82 con los de agricultura mesocrática de los Estados Unidos, Dean MacCannell y Edward Dolber-Smith afirman que "la vinculación positiva entre agricultura y condiciones de la comunidad rural, se rompe para convertirse en una vinculación negativa, es decir las mejoras en la economía agrícola se asocian con una degradación de la comunidad rural" (MacCannel, Dolber-Smith, 1985:117). En realidad, el radicalismo empirista de su trabajo les impide ver lo que sus propios datos muestran: la aparición de un proletariado mucho más cercano al proletariado industrial que al subproletariado tradicional del campo americano. Un proletariado mucho más libre, y con capacidades para la emancipación individual, que justamente constituye el sustrato ideológico de la sociedad americana. De hecho, otros trabajos han mostrado el intenso proceso de conversión de los trabajadores mejicanos/chicanos en propietarios de sus propias explotaciones -a veces a través de cooperativas- (Rochin, 1985). Lo que es innegable, y es eso justamente lo que intentamos elucidar, es que el desarrollo tecnológico de las agriculturas avanzadas de regadío, efectivamente, "producirá una mayor degradación de las comunidades rurales" (MacCannell, Dolber-Smith, 1985:118). ¡Pero es que precisamente eso es la urbanización, la civilización,...! Para entender el concepto de urbanización, también hay que tener en cuenta que "uno de los escasos puntos de acuerdo en la Escuela de Chicago era la creencia de que no existía orden social en la ciudad moderna, sino únicamente una caótica lucha por recursos escasos y por la supervivencia" (Savage, Warde, 1993:23). Precisamente Robert Park tiene un texto en el que se expresa muy bien esa lectura de la ciudad como un espacio social fragmentado, caótico incluso:
"Las ciudades, particularmente las grandes ciudad es, están en un equ ilibrio inestable. El resultado es que los vastos ag regados, casuales y móbiles, que constituyen nuestra población urbana, están en un perpetuo estado de agitación(...), y en consecuencia la comunidad está en perma nente co ndición de crisis." (Park, 1967:22)

Ese mismo contraste supone el regadío respecto del secano. Una cuestión que debe quedar clara, lo que permite establecer un modelo, una teoría sociológica, es que ese resultado no responde a la planificación. Es el conjunto de interacciones y sinergias lo que provoca la urbanización, y nos queda analizar mediante qué procesos. De hecho, esta urbanización ha contradicho los presupuestos de los planificadores en aquellos casos
Sin olvidar sus consideraciones sobre la esencia de la ciudad: "Cualquiera que sea su origen empírico, la ciudad ha de ser considerada como un todo del que la solidaridad individual y las familias particulares que la constituyen son necesariamente dependientes" (Tönnies, 1979:63) El denominado Sunbelt (cinturón del Sol), abarca justamente la mayor parte de las tierras de regadío de California, Tejas, Florida y Arizona.
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en los que el regadío es el resultado de planes de transformación y/o colonización. La intención de los colonizadores, de los transformadores, era paradójicamente profundizar en la ruralización, incluso llevar desde las ciudades a nuevos pueblos a parte del proletariado. Por lo demás, los poblados (donde se construyeron) fueron planificados sin prever un fuerte crecimiento. La urbanización es un resultado totalmente imprevisto del proceso de ocupación del territorio para usos más intensivos. Desde el origen mismo de la política colonizadora moderna en España, se lleva implícito un deseo de disgregación de la población, derivado de la consideración de la ciudad como perversión moral. Fermin Caballero, que fue estadístico y catedrático de Geografía, además de ministro de Gobernación, expresaba esta idea nítidamente en su obra Fomento de la población rural, publicada en 1863: "cuanto mayor es el número de trabajadores, crecen las ocasiones de perder el tiempo (...). Reunir gente es aumentar las conversaciones y las disputas" (Caballero, 1980:65). En realidad, el mismo fondo lo hallamos en la mayoría de las propuestas más conocidas de los socialistas utópicos. Y aún más atrás hallamos el antiurbanismo de los fisiócratas que influyó en Jovellanos y su idea del 'poblamiento racional' Con la acuñación del término 'política hidráulica' por Joaquín Costa (en el Congreso de Agricultores celebrado en Madrid en 1880), el regadío pasará a ser considerado como el mejor instrumento para la colonización. Pero curiosamente es también Costa quien primero atisbará, de forma intuitiva, la relación entre regadío y urbanización. En uno de sus numerosos textos dedicados a reivindicar canales, imagina el territorio transformado, en los siguientes términos:
"con un cuadricu lado esp eso de carreteras, tranvías y ferroc arriles en continua agitación y mov imiento , con una red de acequias y bra zales que reprod uce la red de arteria s y venas del cuerpo humano; esmaltada por millares de aldeas, alquerías, cortijadas y fábricas entre ciudad y ciudad , entre villa y villa, preparando la total urbanización de este vas to oasis." (Costa, 1975: 140)

He subrayado los términos que nos relacionan esa intuición de Costa con la realidad posterior. Pero hay algo más que intuición, porque Costa ha relacionado previamente, en ese mismo texto, los regadíos con el dinamismo y la concentración urbana en Granada, en Murcia, Valencia, la Plana de Castellón o la Ribera del Ebro... En cualquier caso la relación entre los cultivos y la organización social, en particular la organización política y legal, es tan vieja que está atisbada ya en Montesquieu, para quien "las leyes guardan una gran relación con el modo en que el pueblo se procura el sustento" (Montesquieu, 1984: T.I:282). Y la propia organización física tiende, en el regadío, ineludiblemente, a la urbanización. En su obra, Floristán Samanes se detiene a analizar cómo el regadío urbaniza casi en su mismo origen. En los pueblos de la Ribera del Ebro, los huertos más cercanos a los núcleos urbanos (también llamados hortales), que es donde se cultivan los productos más intensivos, más costosos en trabajo, para consumo doméstico, pronto aparecen cerrados, protegidos no sólo frente al paso de los ganados (los pastores ya se encargan de cuidar que el ganado no se meta, bajo riesgo de demandas), sino también frente a los ladrones. El huerto es el primer paso a la urbanización del campo; primero se cierran con bardas (diversos setos de espinos), y luego se cierran con tapias, a las que poco a poco se añadirán primero una caseta, que luego se irá ampliando, y con el tiempo se convertirá en el corralón y almacén. Lo que en los pueblos de secano son eras abiertas, en el regadío son corralones cerrados. Esa función de protección frente al hurto la recoge también Floristán en su libro, a partir de encuestas, aunque él mismo se niegue a creer lo que responde la propia población:
"Parece (las encuestas han respondido unánimemente en este sentido) que el cerrar los huertos no responde sino a la intención de defensa contra el hurto. Creemos sin embargo, que el motivo inicial no fue tanto esa necesidad, cuanto la de abrigar sus cultivos y protegerlos del

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ganad o comu nal" (Floristán, 1951:87) 83.

El hecho es que los más graves problemas urbanísticos que repetidamente se han planteado, desde finales de los años '70, en las zonas rurales, guardan relación con la progresiva urbanización de la huerta por los propios agricultores, en un proceso que tiene continuidad lineal directa con esos cierres de huertos referidos por Floristán. En suma, podemos decir que los factores que llevan a la urbanización/modernización del regadío son los mismos que han generado la ciudad: a) Concentración demográfica: densidad b) Diversificación funcional: desarrollo tecnológico, división y adición de trabajo c) Contractualismo: derecho

Fenomenología de la urbanización en las áreas de regadío
De forma sobre todo intuitiva, y más descriptiva que analítica, he señalado en diversos trabajos estos procesos de cambio en las comunidades rurales de regadío. Inicialmente había un acuerdo general -ya se ha señalado- en verlo como un negativo proceso de incremento en la dependencia de los agricultores respecto de la ciudad (Gaviria, 1975), sobre la base de las teorías del desarrollo desigual: a la mercantilización de la economía campesina se añadiría la reducción del contenido de sus actividades, haciéndoles más dependientes de diversas intermediaciones. Pero a la postre (Baigorri, 1983), debemos insistir en ello, se trataba de una adaptación exitosa a la modernización urbano-capitalista. Reproduzco algunos párrafos de un artículo publicado en 1980, en el que intenté sintetizar estos cambios que actualmente creo podemos interpretar más eficazmente:
"El agriculto r se ha especializado en la producción de alimentos y ya no sabe hacer nada m ás. Incluso para producirlos dep ende del exterior. Fuera de su medio debe adquirir todos los utensilios, desde la ta jadera d e hierro ha sta el tractor, así co mo la en ergía pa ra hace rlos funcion ar, porqu e ni la energía metabólica ni los propios alimentos natu rales sirven ya. Ni siquiera sabe repara r esos utensilios cuand o se estropean. Para eso están los talleres 84. Y frente a esa casa de ado be, piedra caliza o lad rillo que el p ropio ag ricultor se ha cía en los ratos libres, ahora encarga a un constructor profesional que le haga una, o incluso en muchos casos la compra hecha en serie, en un bloque típica mente urba no. De form a que si antes la casa le 'costaba' el tiemp o libre de dos o tres inviern os, ahora le cuesta el equivalente a los beneficios que la ex plotación pu eda darle du rante diez años. Frente al corral y el huerto, la tienda, y aún en muchos casos, el supermercado 85. Ya sólo los viejos y algún sentimental sabe, pueden, tienen tiempo o quieren cuidar su huerto, y los animales de carne han emigrado a las gigantescas granjas industriales, desde donde luego serán reenviad os, emb alados y sin sustanc ia, a los com ercios de lo s pueblo s. En gran número de casos, y aunque parezca contradictorio, en el campo se están comiendo hoy los peores alimentos, porque los comerciantes de los pueblos, que cada amanecida van a la gran ciudad a comp rar al me rcado c entral, compran lo má s bara to, lo pe or, el 'reb ús'. Y ese 'rebús' es pagado luego en los pueblos, por los agricultores, al mismo precio que pueda pagarlo un urbanita del E nsanche b arcelonés.

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Sin embargo, para la protección frente al ganado bastan los setos y bardas (aún sin pinchos, simplemente de especies no comestibles por el ganado), o sencillamente los bardos construídos con cañas peladas que se utilizaban -y utilizan a veces- para la protección de los vientos.
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Hoy podemos verlo como un proceso de diferenciación funcional. Precisamente es en las zonas de regadío donde los talleres más aceleradamente se fueron instalando, y donde además la especialización de los mismos ha sido más intensa. El hipermer cado, máxima expresión de la interacción urbana, forma ya también parte de la fisiología del regadío. Es difícil hallar un pueblo de regadío que no cuente con un hiper -por supuesto que en los extrarradios de una ciudad- a no más de 60 kms.
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Y el supermercado frente a las conservas, sa lazones y emb utidos que en c ada casa campesina se hacían. La p ropia matan za no es, dond e se conserva, las más de las veces, sino un acto fabril y aséptico. Frente a la vida, en fin, el consumo. La televisión ha sustituído, como centro de la casa, al hog ar, en torno al cua l se hacía la historia de los p ueblos y la planificación econó mica de la hacien da. La televisión ha apag ado, tamb ién en el camp o, las conversa ciones, los planes, las críticas ('¡Calla, que está el parte!'), generando incluso hábitos negativos para la salud campesina. Si ayer la comida era silenciosa, permitiendo así masticar, salivar y tragar adecu adam ente los alimentos, dejan do la chách ara para luego, al sentarse en el hogar, hoy los agricultores comen corriendo, si es por la tarde porque a las tres abren el taller 'y quiero estar el primero con el trac tor' -despu és de la pa rtida en el b ar, por supuesto-, y si es por la noche porque em pieza 'Dallas' 86. Y hay que ap rovechar la co mida para hablar, con lo que los alimentos son tragados en malas condiciones de masticación y sa livación, generan do diversas enferm edades y dolencias. La propia televisión, consumida abusivamente, ha generado también entre el campesinado una notable falta de horas de sueño. Y de la calabaza más grande al tractor más grande, se ha dado un paso cualitativo, que ha ido de la sana y tradicional emulación para lograr mejores producciones, productos más cuidados, grandes y hermosos, a la pura envidia consumista, llegada, cómo no, de las ciudad es. Tras el mejor tractor, va la cab ina mejor equ ipada (las hay co n radiocass ette estéreo, aire acondicionado y envoltura insonorizada, aunque las condiciones de seguridad no hayan mejorado prácticam ente nad a), la cosec hadora más gra nde, el m otocultor más m oderno ..., y de ahí se ha pasado imperceptiblemente al coche más grande, al televisor más caro... la deuda mayor. ¡Ah!, la televisión, los periódicos, vívoras que lo han emponzoñado todo con el veneno consum ista que ya ha devo rado las c iudade s. El campo es un mercado más para la industria. Es lóg ico así que tam bién la ind ustria cultural y el ocio hayan llegado a las zo nas rurales87, como un 'bulldozer' que lo arrasa todo, excepto aquello que también puede ser industrializable, vendible al por mayor. La cultura rural no existe ya, o al menos no es reconocible en las zonas rurales de mayor concentración demográfica y mayor dinamismo económico 88. La propia educ ación reprod uce todos estos m ecanismos, sirviendo para en señar a los hijos de los ag ricultores a fo rjarse tal vez u n porven ir en las ciudade s, donde el po rvenir es negro para los propio s 'urbanita s', pero siend o absolu tamente ineficaz para conseguir su adaptación al medio en que viven89. No es extraño así, como hemos estudiado recientemente en La Rioja, que enfermedades tan típicamente urbanas como el 'estres' hayan hecho su aparición con fuerza en el campo 90. Los

86 Famosa serie televisiva de finales de los '70, antecedente de los denominados culebrones, y que constituyó sin duda uno de los mecanismos ideológicos que darían lugar muy poco más tarde, en casi todo Occidente, a la denominada cultura del pelotazo.

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No creo que sea casual que, en la actualidad, algunas de las más importantes rutas del bacalao en España se superpongan a importantes zonas de regadío. Algunos ejemplos de los que me he informado: Ribera del Ebro, Huerta de Valencia, Huerta de Murcia, Vegas del Guadiana...
88 ¿Era eso realmente tan lamentable?. Si tenemos en cuenta mi propia determinación de huir de esa ruralidad sobre la que expreso tales lamentos, no deja de resultarme hoy bastante gracioso el texto. Lo cual -debo afirmar reivindicativo-, no le quita validez alguna como una descripción más acertada, de la realidad rural, que aquellas que en la misma época todavía hablaban de "las transformaciones a abordar en el sector agrario para responder al reto de la modernización" (Moyano, 1983:127).

La mejor evidencia empírica de este hecho la constituímos justamente quienes hemos huído del mundo rural con una cierta mala conciencia que nos condujo, inicialmente, a situarnos en una posición de redentores agrarios. Nadie que yo conozca dedicado a tales prácticas ha conseguido, sin embargo, readaptarse a la vida en el medio rural, y ya no digamos en la agricultura -poses aparte-. Aunque aparentemente no tenga sentido esta anotación en un texto acad émico -de nuevo, Sociología de la Sociología-, cabe señalar que, siendo yo uno de los pocos predicadores de la buena nueva neoruralista que optó sinceramente por reinstalarse a vivir de verdad en un pueblo de verdad -no de la periferia de una metrópoli, y no sólo en vacaciones-, de nuevo no tardé mucho en desertar de la ruralidad, en busca de la civitas.
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Estos hechos, que se recogen en (Baigorri, Cortés, 1984), se refieren precisamente a los agricultores de regadío.

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agricultores consumen en términos relativos mayor cantidad de tranquilizantes y drogas médicas que los habitantes de las ciudades. La prop ia actividad agríco la, que en otro tiem po se consideraba fuente de salud, es ahora la más peligrosa y arriesgada, después de la construcción. El campo, pues, se ha integrado a la perfección en el conjunto de usos, formas de vida, trabajo y cultura que conforman la civilización urbano-capitalista. La letra de cambio, los intereses y el plazo d e amor tización so n tamb ién en el m undo ru ral la quin taesencia del sistema ." (Baigorri, 1980b)

¿Es posible determinar los niveles de urbanización de las comunidades 'rurales'?
Aunque esta cuestión no afecta a nuestro objeto inmediato de estudio, creo que no debe quedar sin plantearse al menos. El empirismo bien entendido -a la Wrigth Mills- nos muestra la evidencia de estos procesos si observamos los territorios y pueblos con los ojos de la experiencia sociológica91. Sin embargo, este tipo de acercamiento a la realidad dificulta al cumplimiento de algunos presupuestos fundamentales en el conocimiento científico acumulativo, pues resulta difícil estimular a partir del mismo la comprobación -tanto da que sea en términos de verificación, como de falsación-. Por ello deberíamos intentar construir un modelo de comprensión del proceso de cambio, de lo rural a lo urbano, que sea operativo en esa dirección del conocimiento científico. Cuando las categorías de lo rural y lo urbano derivan de una mera distinción cuantitativa, como son los tamaños de la población, el proceso es relativamente simple, pero estimo que en ese caso estamos haciendo Geografía y no Sociología. Por ello incluso dentro de ese modelo habría que sustituir siquiera el tamaño de la población por la densidad, como indicativo mucho más apropiado. Pero ni siquiera esta medida sería ajustada, dada la diversidad superficial de las unidades mínimas de análisis más habituales: los municipios. Cuando en el Sur de España contamos con municipios cuya superficie es equivalente al de algunas provincias del Norte de España92, las comparaciones a nivel municipal dejan de tener sentido. Si además algunos de estos municipios son multinucleares, incluyendo núcleos que geográfica o estadísticamente son considerados como urbanos -incluyendo capitales provinciales, como ocurre en el caso de Badajoz93, el modelo se complica más todavía. Otras variables de orden cuantitativo que tradicionalmente se han utilizado para la categorización del continuum rural-urbano derivan de las actividades productivas. Ya en el más clásico tratado de sociología rural se señala que de entre todas las diferencias entre lo rural y lo urbano, la diferencia relativa a la ocupación parece ser la que posee mayor importancia fundamental, al considerar que las características intrínsecas a la actividad agraria constituyen factores que modelan el carácter de las personas involucradas (Sorokin, Zimmerman, 1929:17). Sin embargo, a la vista de algunos trabajos recientes parecería que tampoco puede hoy considerarse esta distinción como fundamental. Para algunos autores, la vinculación agricultura-sociedad rural es hoy un estereotipo, cuando en los Estados Unidos el empleo agrario en el conjunto de los condados catalogados como rurales no supera el 9% (Parker, et al, 1989:12).
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Lógicamente, cuando la experiencia descansa en el análisis tanto de lo rural como de lo urbano la percepción de la realidad es más probable.
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Justamente el municipio que ocupa nuestra investigación en el orden empírico, Badajoz, con 1.500 kilómetros cuadrados, es mayor que algunos Estados reconocidos por la ONU, o casi tan grande como la provincia de Guipúzcoa. De Norte a Sur, la distancia entre los extremos del término municipal es de 70 kms, mientras que de Este a Oeste los extremos más alejados distan unos 50 kms.
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También hallamos esta situación en municipios como Alicante, Murcia y otros.

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Aunque la economía de los territorios rurales siguen en buena parte dependiendo de la agricultura, "por primera vez en la historia 'rural' y 'agricultura' han dejado de ser sinónimos" (Schmandt, et al, 1991:2). En el caso de nuestro país, algunos ensayos de análisis de la actividad sectorial han mostrado la existencia de diferentes modelos de ocupación en los municipios estadísticamente clasificados como rurales, unos todavía agrarios -como el andaluz o el gallego-, otros con predominio de la actividad industrial -como el vasco-, o de servicios -como en las áreas isleñas, la zona mediterránea o Madrid- (García Sanz, 1995), lo cual plantea a su vez problemas más serios e irresolubles desde la perspectiva de la Sociología Rural, sobre todo cuando vemos que ni siquiera parecen ponerse de acuerdo los distintos autores que tratan la cuestión desde esta perspectiva. Por ejemplo, en un notable monográfico sobre lo rural en los USA publicado en la revista Agricultura y sociedad, el sociólogo californiano Edward Blakely sostiene simultáneamente la definición de las comunidades rurales como las sostenidas por una economía basada en la extracción de recursos naturales o en la agricultura, y situadas bajo el umbral de las grandes ciudades, esto es poblaciones inferiores a los 25.000 habitantes (Blakely, Bradshaw, 1985:23), junto a la consideración de las mismas como zonas con menos de 20.000 habitantes “situadas a distancia considerable de cualquier centro urbano principal”94, y caracterizadas en muchos casos porque las actividades agrícolas y forestales ya no son predominantes (Blakely, 1985:10,11). Esta línea que estimamos bastante confusa es la que en mayor medida se ha extendido en la Sociología Rural española de los últimos años95. En suma, cuando las variables cuantitativas tradicionales no responden a nuestras necesidades, o nos conducen a un estado de confusión interpretativa, debemos acudir a la definición de otro tipo de variables, tal vez más relacionadas con la primitiva consideración de lo rural y lo urbano como modos de vida en cierto modo contrapuestos, o a lo sumo claramente diferenciados, como estaban presentes en Simmel o Wirth. En este sentido, estimo que deberíamos investigar en torno al concepto de redes relacionales. Si, como veremos más adelante al hablar de la ciudad red, aceptamos la propuesta de Philip Hauser en el sentido de que el incremento en la interacción humana potencial determina en el campo de lo social una gran transformación, equivalente a una mutación genética (Hauser, 1972), creo cada vez con más convicción que sería la amplitud de la red relacional de la media de los individuos que habitan un espacio la que determinaría su grado de urbanización. No disponemos todavía de datos empíricos que puedan confirmar esta hipótesis, pero es un campo particularmente interesante sobre el que habrá que investigar en el futuro.

Esta definición conectaría plenamente con nuestro próximo planteamiento de una definición sobre la base de las estructuras o redes relacionales.
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Si la estructura productiva no responde al concepto tradicional de lo rural como predominantemente agrario; si se ha analizado ya hasta la saciedad la aculturación de las sociedades rurales -una aculturación que no es sino un sinón imo de urbanización-; si son urbanitas quienes -como domingueros, emigrantes con estancias vacacionales, 'neorurales', etc- en una parte importante mantienen la idea de ruralidad..., ¿no estamos hablando entonces, efectivamente, de una mistificación, en suma de un 'producto urbano', como diría Lefebvre?.

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3. La ciudad como artefacto
Si hemos expuesto y justificado -con mayor o menor acierto- nuestra hipótesis de la inmersión de lo rural en lo que hemos denominado la urbe global, debemos ahora exponer qué significado tiene ese modelo de urbe global que, como constructo social, caracteriza al actual estadio de la civilización humana. En el ámbito estricto del estudio de la ciudad la posición que he apuntado, basada en los presupuestos del complejo de elementos al que he denominado materialismo ecológico, ha sido ampliamente aceptada desde hace décadas, por influencia directa de los trabajos de Mumford y del desarrollo de la Antropología histórica, muy particularmente de los funcionalistas. Y parece que, de nuevo, posiciones más o menos cercanas a la expuesta vuelven a ser consideradas, tras un largo y tedioso paréntesis estructuralista (desde mediados de los ‘60 a mediados de los ‘80) desarrollado al abrigo del marxismo más estereotipado96. Para el estructuralismo marxista, como muy acertadamente ha sintetizado Giddens, “el terreno y entorno creado reflejan los sistemas de poder social y económico” (Giddens, 1991:596). Como mero reflejo, producto social pero no hecho social, la ciudad no tendría aquella cualidad que Durkheim atribuyera a los hechos sociales, de 'imponerse' a los individuos, y co-determinar sus comportamientos. Esta posición constituye, desde mi punto de vista, una gran simplificación de esa compleja construcción humana que es la ciudad. Citábamos más atrás a Gordon Childe, para quien la ciudad define un punto en la evolución de los pueblos de la tierra que marca el paso de la barbarie a la civilización -en un lenguaje políticamente correcto, del estado de naturaleza al estado de civilización-, coincidiendo la mayor parte de las civilizaciones en algunos puntos: a) la aglomeración demográfica; b) la diferenciación funcional; c) la concentración de poder económico y político; y d) la utilización de símbolos convencionales para transmitir información, esto es una cultura escrita. Pero lo que más me interesa resaltar aquí de esta aportación es su consideración de que, si existe una coincidencia en ese proceso evolutivo, “el punto de partida fue también semejante, en tanto en cuanto todas las culturas bárbaras que hemos examinado se basaban en el cultivo de los mismos cereales y en la cría de las mismas especies de animales” (Gordon Childe, 1989: 169). Por mi parte, creo que ha quedado suficientemente claro que me interesa poco en este punto97 si la Revolución Agrícola fue anterior o posterior a la ciudad, es decir, cúal fue la causa última, el deus ex machina, o en términos más coloquiales el huevo de la gallina del huevo. En las ciencias sociales estamos acostumbrados a manejarnos por meras correlaciones, sin determinismos ciegos, y la cuestión no afecta básicamente a nuestro razonamiento. En uno de los artículos
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Este paréntesis se abre en buena medida con la obra de Castells . Es partic ularmente i nteresant e, como hit o, el redu ccionismo que aplica de la propuesta interpretativa sobre la relación entre las ciudades y la evolución social establecida por Gordon Childe. Para el sociólogo español, la ciudad es simplemente “el lugar geográfico donde se instala la superestructura político-administrativa” (Castells, 1971:84-86).
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No porque se trate de una cuestión baladí, sino porque estimo que no estamos en condiciones de establecer conclusiones definitivas sobre la cuestión, habida cuenta de la escasez de información fidedigna sobre los primeros de nuestros antepasados que descubrieron la tecnología agrícola y la organización urbana.

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neoclásicos más citados, Sjoberg apuntaba cómo
“para posibilitar la a parición de las ciud ades fue p reciso, apa rte del p rogreso tecnológico alcanzado con posterioridad al nivel de la sociedad popular, que entraran en juego dos factores. U no, un tipo espec ial de orga nización so cial gracias al cual el excedente agrícola, fruto del progreso tecnológico, pudo ser convenientemente cosechado, almacenado y distribuido (...). Y el otro factor requerido fue la existencia de un medio ambiente geográfico que permitiera facilitar a los campesinos no solamente el suelo fértil imprescindible, sino también el abastec imiento de agua adecuado a las necesidades del campo y del consumo urbano” (Sjober, 1967: 39)

Y hemos visto como, por su parte, Jacobs presentó tempranamente una posición contraria a la generalmente aceptada. A partir de la evidencia empírica de que en las sociedades modernas todos los avances tecnológicos, incluídos los agrícolas, se generan en las ciudades, esta economista estimó que
“...del mismo modo que el trabajo rural se desarrolla actualmente en las ciudades y de spués se trasplanta, así debió trasplantarse la agricultura” (Jacobs, 1971:44)

No olvidemos que la obra de Jacobs aparece en un periodo en el que, una vez más -por tratarse de un fenómeno cíclico y fuertemente redundante- el antiurbanismo ha alcanzado cierta preeminencia en el pensamiento progresista. Buena parte del planeamiento territorial y económico de la época buscaba romper la preeminencia de las ciudades. Explícitamente se refería a esta cuestión:
“Todas estas consecuencias lógicas del dogma de la precedencia agrícola original están implícitas -muchas ve ces como presupuestos no formulados- en los modernos proyectos prácticos de desarrollo económico plan ificado. No son meras concepciones académicas. Tanto en los países marxistas como e n los cap italistas, se usan estas ideas como supuestos de trabajo. Las ciudades han sido durante mucho tiempo reconocidas como ó rganos primario s de desa rrollo cultural (...) Mi propósito ahora es, más bien, mostrar que las ciudades son también órganos econó micos pr imarios.” (Jacobs, 1971:12)

Lo que interesa rescatar de estas aportaciones es su consideración de la ciudad, en suma, no como mero reflejo de una superestructura político-administrativa, sino más bien como instrumento tecnológico de desarrollo social y económico. A partir de estos presupuestos no resulta difícil entender la ciudad como “un artefacto físico preciso y bien delimitado” (López de Lucio, 1993:135). Desde la definición más simple que el Diccionario de la Real Academia hace de la ciudad, como un “conjunto de calles y edificios”, a la definición más sofisticada que podamos hacer de ella como “un fragmento de lo que se constituye como una red mundial de telecomunicaciones digitales” (Mitchell, 1995), hablamos ciertamente -por más que utilicemos ampliamente analogías orgánicas- de un artefacto, inventado por el hombre para mejorar su existencia. Como tal artefacto, es decir como instrumento tecnológico, constituye un instrumento de optimización en la adaptación de la especie humana a su entorno; es decir es un artefacto socialmente determinado, en suma un hecho social. Pero como todo instrumento tecnológico, determina a su vez a los grupos humanos que lo utilizan, influyendo en los cambios sociales. Con independencia de la estrecha interrelación que dicho instrumento pueda guardar, en cada momento histórico, con las estructuras de dominio, ya las entendamos como estructura de clases o como grupos de status. Si tenemos en cuenta todas estas consideraciones es más fácil ver la evolución de la ciudad, e incluso de la metrópoli, desde una perspectiva menos apocalíptica de lo que es usual; esto es, desde una perspectiva simplemente positiva en el sentido comtiano del concepto, que muestre siquiera algunas de las funciones fundamentales de las que el ser humano se beneficia.

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La ciudad como organ ización física de la co existencia
Es importante hacer estas consideraciones, aún cuando suponga una cierta disgresión, por cuanto en los últimos tiempos asistimos de nuevo a una cierta demonización de la ciudad, particularmente de la gran ciudad98. Muy particularmente desde la arquitectura -curiosamente principal protagonista tecnológica de la forma física de las ciudades-, desde la dinámica de sistemas, la economía o la ecología, la ciudad ha sido ya condenada. La metrópoli es vista como "el espacio de la crisis global"99, como el espacio en el que se materializa un "círculo infernal, sin salida, de más aparato penal, más cárceles, más policías y más ejecuciones" (Fernández Durán, 1993:416). Todo empeño por justificar la pervivencia y utilidad de la ciudad parece remitir al encargo de Yahvé a su profeta: '¿pero acaso hay algún hombre justo?'. Walt Whitman, el poeta del hombre corriente y de la Naturaleza, el visionario, respondió con sus versos, por anticipado:
"¡Las formas más importantes surgen! Las formas totales d e la Democ racia, el producto de siglos, Formas q ue proyectan siempre otras form as, Formas d e las ciudades turbu lentas y viriles, Formas de los amigos y de los hombres hospitalarios del mundo entero, Formas que vigorizan a la tierra y se unen indisolublemente con la tierra entera"

Este sencillo poema es la mejor respuesta frente a los profetas del apocalipsis, que querrían reducir a cenizas las ciudades. Whitman recorrió los campos y ciudades de una Norteamérica que se convulsionaba, que modificaba profundamente sus estructuras económicas y sociales, encaminándose hacia la sociedad industrial; que recibía sucesivas oleadas de gentes de allende los mares, encaminándose hacia el mosaico multicultural que es hoy; que desarrollaba el sistema más democrático entonces conocido -como descubrió Tocqueville-; que se encaminaba en suma a convertirse en la primera potencia mundial. Y allí donde fué, el poeta encontró hombres y mujeres luchando por adaptarse a aquel mundo cambiante, esforzándose por construir un mundo nuevo. Percibió con extremada sensibilidad cómo esas ciudades, "turbulentas y viriles" (no creo haber leído nunca una descripción sociológica más rica, en tan sólo dos palabras, de la ciudad industrial), contenían no sólo ese "bello producto de siglos", la Democracia, y la capacidad de crecimiento permanente (las "formas que proyectan otras formas"), sino asimismo la hospitalidad hacia el extranjero, e incluso la capacidad de "vigorizar la tierra" (¡qué mejor forma de expresar las modernas tesis de Jane Jacobs sobre el origen urbano de la agricultura!). Y todavía hoy no termina de entenderse que incluso la protección misma de la Naturaleza tiene su única justificación -y su principal sostén- en las ciudades. Naturalmente, Walt Whitman observaba a las gentes, no las teorías sobre la gente.
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Este epígrafe se ha adaptado a partir de una conferencia pronunciada en noviembre de 1995 en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en el Curso de Rehabilitación Ecológica de la Ciudad, dirigido por los Dres. López de Lucio y Hernández Aja. Esta visión ligeramente optimista sobre la ciudad va siendo crecientemente aceptada. En marzo de 1996 Jacques Derrida hacía una intervención, ante el denominado Parlamento Internacional de Escritores, en la que planteaba la idea de la ciudad-refugio, como espacio de asilo para autores perseguidos; algo que se produce según Derrida, "en el cruce de varias tradiciones occidentales, europeas y paraeuropeas" (Derrida, 1996). Ciertamente, en un mundo crecientemente maltratado por la regresión al terruño que practican los diversos tipos de nacionalismos/integrismos, la ciudad vuelve aparecer como atalaya guiada por principios universalistas, refugio para el pensamiento libre.
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Por supuesto, cuando se habla de crisis no se entiende en el sentido creativo en el que tradicionalmente ha sido entendido este concepto desde el pensamiento progresista positivo. Desde esta posición las crisis no son en principio valorables como positivas o negativas, sino en función de los resultados en que desemboquen los cambios que se producen en el marco de la crisis. Hemos reflexionado sobre esta cuestión en (Baigorri, 1980d) entre otros lugares.

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El mundo que hoy nos interesa seguramente tiene mucho de aquélla América en construcción (o en reconstrucción, pues se estaba construyendo una nación sobre las ruinas de otros pueblos), pero es esencialmente otro, extremadamente más complejo y difícil de aprehender en unos sencillos versos. Estamos precisamente en un momento tan confuso, y de cambio tan acelerado, que los conceptos y teorías que expliquen nuestra relación con el espacio están por hacer, del mismo modo que están por nacer los poetas de la realidad virtual, los Whitman que viajen errabundos por las praderas y sites de la Web. En este apartado quiero profundizar, como paso previo a la interpretación de las tendencias de la ciudad en el territorio, sobre el concepto mismo de ciudad, como fenómeno social, en los albores del tercer milenio.

La ciudad, cumbre provisional del desarrollo social, tecnológico y moral de la especie
La ciudad es algo más, mucho más, que esos 500 millones de personas sin hogar que tanto en tanto denuncian los informes de la ONU; mucho más que la especulación urbanística, el caos edificatorio, la neurosis o la violencia. La ciudad es también la más compleja y grandiosa creación humana -entendiendo a la Humanidad como ser social- y es posiblemente, como ha quedado dicho, el artefacto humano más antiguo y más adaptable a los cambios en el entorno. Hemos visto que posibilitó seguramente la aparición de la agricultura, al permitir la distribución de excedentes a una población que había dejado de recolectar sus propios alimentos100. Tal vez inicialmente como un sistema de explotación de los campesinos por parte de los guerreros, pero también como un mecanismo de acumulación, centralización y redistribución de conocimientos e informaciones. Una acumulación de conocimientos que se producía también por su capacidad para acoger a gentes, culturas y saberes de lugares diversos y distantes. Y, sobre todo, por su capacidad para regular la convivencia entre formas de vida, creencias y colores de piel muy distintos entre sí. Esas mismas características podemos observarlas en todas las grandes ciudades a lo largo de la historia, y podemos observarlas hoy mismo en nuestras ciudades, desde las metrópolis a las áreas agropolitanas menos compactas. Hemos señalado con Durkheim de qué forma la densidad física y moral que se produce en las ciudades pudo posibilitar tanto la división del trabajo social, como la aparición de la que denominó la solidaridad orgánica, esto es no basada en las semejanzas, sino en el derecho y las reglas objetivables, que son la base de la libertad. Esa densidad física y moral refuerza la dependencia mutua, pero a la vez acentúa las diferencias y la especialización, aumentando con ello la complejidad y el dinamismo de la estructura social, y en suma la capacidad tecnológica. Por supuesto que esa densidad también intensifica la lucha por la vida, y en suma la probabilidad de conflictos se acrecienta. Pero los mismos procesos de diferenciación, división y especialización permiten superar esas limitaciones, aunque no desde luego por el camino de la felicidad.
"La mayor intensid ad de la lucha implica nuevos y penosos esfuerzos que no son de naturaleza como para hacer más felices a los hombres (...): Tal es el motor del progreso (...). La división del trabajo es, pues, un resultado de la lucha por la vida; pero es una solución
100

En apoyo de la tesis de Jaco b, podemos citar la o bra clásica de Weber sobre la ciudad, que aportaba el argumento de que "mientras que en nuestros días consideramos con razón que el ciudadano normal es un hombre que no puede satisfacer sus necesidades alimentarias trabajando su propia tierra, en el origen de la mayor parte de las ciudades de la Antigüedad sucedía precisamente lo contrario. Al revés de lo que sucede en la Edad Media, el ciudadano de pleno derecho de la Antigü edad se caracterizaba, en un principio, por ser propietario de una tierra completamente libre, un 'kleros', un 'fundus' (un 'chalek' en Israel) que lo abastecía: el ciudadano prototípico de la Antigüedad era, pues, un 'ciudadano del campo'" (Weber, 1987:11).

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dulcificada" (Durkhe im, 1993 ).

El éxito de la ciudad como producto social, durante al menos 8.000 años desde que hiciera su aparición entre el Tigris y el Eúfrates, ha consistido justamente en posibilitar esa contradicción y hacerla productiva, creativa. Como veremos más adelante, puede ponerse en duda desde presupuestos filosóficos divergentes si ello constituye o no alguna especie de progreso; pero la realidad es que las gentes, a medida que su capacidad de raciocinio, su acceso a la informacion y su libertad de movimientos se han incrementado, no han dejado de afluir a las ciudades, a lo largo de esos 8.000 años, en busca de mejores condiciones de vida, o de la mera supervivencia. Como lo siguen haciendo todavía hoy hacen millones de personas en todo el mundo, tanto en el Tercer Mundo como en los países más ricos del planeta, y sigue siendo por la vía de la división del trabajo, y de la especialización productiva, por la que esas gentes que afluyen a las ciudades encuentran un nicho en el que sobrevivir. Por otra parte, esa acumulación de personas lo sigue siendo también hoy de inteligencias, lo que posibilita que la ciudad siga siendo la masa crítica en la que cualquier levadura puede fermentar, tanto para crear obras de arte, como para desarrollar otros artefactos que hagan la vida de los hombres, si no más feliz, siquiera menos penosa. La ciudad no es sólo el espacio de lo que Marx denominaba "el hampa de las grandes ciudades, esa podredumbre pasiva, esa hez de los más bajos fondos de la vieja sociedad" (Marx, 1971), sin duda más influído por la literatura de Dickens que por la realidad. Lo es, sin duda. Pero no es en menor medida, al decir de Toynbee, la máxima expresión de las distintas civilizaciones, "encarnando su conciencia corporativa en monumentos públicos" (Toynbee, 1985). Y es también, y en suma, el espacio de la libertad y, en ningún momento mejor utilizada la expresión, el espacio de la coexistencia.

La ciudad, espacio de libertad, e imagen del Estado como garante de los débiles
Esta característica de la ciudad como otorgadora de libertades ha sido de siempre entrevista. No en vano, y también desde la más remota antigüedad, los reformadores apocalípticos han clamado contra las ciudades como centros de corrupción de las gentes. Max Weber supo mostrar con agudeza, desde la Sociología, la causa y raíz del caracter libre de las ciudades, al apuntar que el corazón, la última razón de ser, y el elemento más determinante de una ciudad, es el mercado, que no es otra cosa que la interacción social en forma de intercambio.
"el hecho de que la ciudad fuese un mercado, y permitiese por tanto ganar dinero en el comercio y la artesanía, decidía a numerosos señores a obtener provecho de sus esclavos y de sus siervos, no ya como fuerza de trabajo utilizada a su propio servicio o en una explotación agrícola, sino como inversión : los conv ertían en a rtesanos o en pequ eños co mercian tes y, a camb io de un tributo de servidumbre, los dejaban dedicarse a su actividad después de haberlos provisto eventualmente de lo que necesitaban (...) La posibilidad de la compra de su libertad estimulaba la actividad del pequeño burgués no libre" (Weber, 1987:39)

De esta forma se hacía especialmente atractivo escapar de la servidumbre rural, y no es extraño que a finales de la Edad Media se hiciese popular una célebre expresión: "El aire de la ciudad nos hace libres". Tönnies aportó algunas importantes claves al respecto. Proponía, a finales del XIX, la existencia de dos formas básicas de agrupación social: la comunidad, basada en el afecto y la emoción, y que correspondería a las sociedades agrarias, y la asociación, basada en la instrumentalidad y la razón, que correspondería a las sociedades urbanas e industrializadas. La primera se basa en hábitos, en tareas regularmente repetidas, en la memoria y en la fe; la cooperación se deja llevar por la costumbre. Sin embargo, en la asociación es la ciencia y la razón la base de la interacción social; el intercambio se basa en la comparación y el cálculo, y la producción -ejemplarizada en la fábrica- en las normas regladas. La quintaesencia de la - 58 -

asociación serían el contrato y la ley, que alcanzan a cubrir "hostilidades internas e intereses antagónicos" (Tönnies, 1979), particularmente en el marco de la urbe donde, según Tönnies, se manifiestan en su máximo esplendor las contradicciones entre capital y trabajo. La base sobre la que todo esto es factible es el Estado, que sólo puede surgir con las ciudades, como una construcción social arquetípicamente urbana, es decir como producto de la razón. El Estado moderno surge en las sociedades europeas como instrumento de poder del príncipe urbano frente a los señores feudales, o rurales, pero también surge, mucho antes, como instrumento de racionalización de las relaciones sociales. No importa aquí tanto si se trata de la libre asociación, como Locke proponía, para la ayuda mutua, o bien de la lectura más realista de Hobbes, que habla de cesión de derechos con el fin de contar con una protección superior frente a los poderosos. Lo cierto es que, como apuntó Hermann Heller,
"el aumen to de la inter depen dencia y del intercam bio, con secuenc ia de la cre ciente división del trabajo, hizo más necesaria una ordenación normativa social establecida de modo conscien te y según un plan y, qu e, en lo posible, sea previsible en su ejecución. Sólo en la época de la eco nomía de cam bio mu y avanz ada le fue posible a la jerarquía del Estado organizar un orden normativo semejante" (Heller, 1961).

En suma, en la ciudad encuentran los menesterosos, que desde su mismo origen afluyen a ella incesantemente, tanto una mejor forma de vida, o al menos la mera supervivencia, como la protección del Estado frente a los abusos de los poderosos. E inversamente sólo a través de la urbanización el Estado ha podido extenderse a todos los rincones. La urbanización es, para bien o para mal, una estatificación. Cuando uno piensa en las guerras carlistas, que ensangrentaron España durante casi un siglo, justo mientras se construía el nuevo Estado burgués y urbano, en estos términos, es más fácil comprenderlas como el enfrentamiento de los espacios rurales, comunitarios pero a la vez feudalizados, frente al avance del Estado, centralista y contractual, y de la urbanización que los caciques y patriarcas rurales hallaban corrupta por democrática. Es ciertamente una simplificación, pero sólo en la medida en que todo modelo explicativo de la realidad es una simplificación que no contempla todas las variables.

Crítica de la crítica a la gran ciudad: contra la 'ecología profunda' y el territorialismo
Es en ese ambiente en el que se gesta la crítica a la gran ciudad, una crítica que siempre ha estado vinculada a la defensa de una ruralidad que, sin embargo, sólo se manifestaba en términos de Arcadia para las clases dominantes rurales, o para quienes desde la comodidad de la propia ciudad oteaban un horizonte de supuestas aventuras y fiestas pastoriles. Al contrario de lo que ocurre en el pensamiento asiático (Nisbet, 1979), el pensamiento occidental se ha desarrollado en el ambiente cálido del enfrentamiento campo-ciudad, ruralurbano. Desde las Confesiones de Rousseau a la ecología profunda tan sólo hay un puente, que cruza sobre el abismo del fascismo, abierto por Spengler y su consideración de la sociedad urbana como moribundía de la civilización. Las llamadas de los ideólogos de la tierra contra el desarraigo del progreso se sucedieron, particularmente en la Alemania pre-nazi (Ferry, 1993); pero también en otros muchos ámbitos se pretendía guardar, como hacía el geógrafo G.Roupnel en 1932, "la armonía universal de toda esta sonriente campiña". No vamos a detenernos en ello, por cuanto es una cuestión excesivamente tangencial al objeto de nuestra investigación. Pero creo necesario hacer siquiera alguna mención a los erróneos planteamientos de un paradigma ecológico mal entendido, que apunta en el balance negativo de - 59 -

la civilización urbana todos los males que hoy aquejan a la Naturaleza, cuando la Naturaleza que conocemos no es sino una artificiosidad no menos antinatural que los parques y jardines urbanos, obra del hombre y de sus sucesivas necesidades biológicas y sociales (Baigorri, 1991b). Y es precisamente desde la ciudad, desde la razón y el derecho urbanos, desde donde actualmente se está haciendo más por la conservación de aquellos fragmentos de la Naturaleza realmente existente que la Humanidad de finales del siglo XX considera conveniente conservar.

La urbe global: la dispersión tecnológico/virtual de la ciudad (las metrópolis como centralidades)
Y sin embargo, la oposición campo/ciudad que se manifiesta a través de la crítica de la ciudad ha perdido hoy todo su sentido. He puesto ya de manifiesto que el proceso de urbanización dejó de ser hace mucho tiempo un mero proceso cuantitativo, de mera acumulación demográfica en torno a una acumulación de recursos, para pasar a ser un proceso de carácter cualitativo. Hemos visto cómo al hablar desde la Sociología de la urbanización como modo de vida, ésta pasa a verse no en términos de acumulación demográfica, exclusivamente, sino como extensión de estilos culturales, modos de vida e interacción social. Es decir, lo urbano ya no está únicamente en las ciudades. Hemos visto asimismo cómo seguramente lo rural serían ya apenas algunos intersticios, fuera de la marcha de la civilización, que quedarían en la urbe global. Información, cultura, poder de decisión, son los elementos claves en este proceso de urbanización. Hemos señalado, apoyados en McLuhan, cómo una clave para entender mejor estos procesos la encontremos en las comunicaciones, como corresponde a la sociedad de la información que ha sustituído a la sociedad industrial. En suma, hemos apuntado que sólo en la medida en que un espacio se halle incomunicado podrá hablarse de cierta carga -de intensidad variable- de ruralidad. Todo lo cual no está en contradicción, desde luego, con la crisis de las grandes ciudades, por cuanto la urbe ya no necesita con la misma intensidad que en la sociedad industrial, de la concentración, gracias a las nuevas redes comunicacionales. Observándose una fuerte tendencia "hacia la dispersión/fragmentación de los territorios urbanos" (López de Lucio, 1995), o lo que se ha denominado la 'glocalización', como proceso de cohesión entre la economía global y la eonomía local. Son estos fenómenos de dispersión, fragmentación, glocalización, los que permiten explicar la ya efectiva urbanización de todos los espacios sociales. Y, en este marco, ciertamente, la ruralidad se correspondería con esos territorios peor comunicados, coincidentes a su vez con los más deprimidos económicamente; en el caso español apenas dos millones de habitantes. Del mismo modo, el propio concepto de gran ciudad, de metrópolis, deja de tener sentido. La urbe global hace que el hinterland metropolitano de Nueva York pueda incluir a Roma, Londres o Tokyo, y viceversa. O que el hinterland de Madrid incluya Benidorm y Marbella. No hay ciudades globales, como proponía Sassen, sino que hay una urbe global. En este sentido, podría decirse por tanto que la ciudad ya no existe como espacio físico. Utilizamos el concepto de global no en referencia a su tamaño -como se plantea en los conceptos de urbe, metrópolis, ciudades-mundo, megalópolis, ni siquiera en el sentido en el que lo planteaba Doxiadis-, sino más bien para designar el proceso, insisto en ello, por el que los aspectos físicos y morales de la ciudad se extienden a todos los rincones del universo, civilizándolo. La sociedad urbana, propuesta por Henri Lefebvre como realidad virtual, ya ha fraguado, formalmente, en el mismo marco de realidad virtual en que la ubicó, al proponer que "lo urbano viene a ser un continente que se acaba de descubrir y cuya exploración se lleva a cabo edificándolo" (Lefebvre, 1972). ¿Podría definirse mejor avant la lettre que como lo hizo - 60 -

Lefebvre, anticipándose en el tiempo, el concepto de espacio virtual de relación, la máxima expresión actual de la coexistencia, que es la red Internet?. En este marco, ¿tiene sentido hablar de centralidades?. Sin duda, aunque la propia centralidad es asimismo virtual; no se corresponde con un espacio físico, un barrio, una manzana de oro, ni siquiera una sede gubernamental. La centralidad es únicamente un proceso de interrelación telemática entre protocentralidades diversas ubicadas en espacios físicos distantes entre sí. Y, del mismo modo que en los tiempos de la urbe local los ciudadanos, habitantes de la urbe, tenían la posibilidad de acercarse a la centralidad, a los espacios físicos del poder, económico, político o cultural, en la urbe global todos cuantos participan de la nueva cultura urbano-global y forman parte de la red virtual tienen acceso en tiempo real a las centralidades, sin tener que desplazarse más de lo que tendría que hacerlo un ciudadano de la periferia de las ya extintas metrópolis. El problema analítico mayor es que nos faltan todavía conceptos para denominar estas nuevas categorías funcionales, por lo que debemos seguir utilizando todavía, con modestia, los conceptos caducos de ciudad, urbe, metrópolis, campo, etc.

Las bases del consenso y el conflicto: ciudad, Estado y derechos
Según hemos visto, lo que hizo posible el éxito de la ciudad moderna fue el contrato, la norma y el Estado. La prolongación y/o renovación de dichos presupuestos, la nueva urbanidad de la sociedad informacional, sólo puede basarse, para seguir constituyendo un artefacto eficiente para la especie humana, en la defensa y asunción de una cultura de la res-pública común, como único bastión de la coexistencia intercultural. Es decir, de unos valores universales, basados en la razón y no en sistema alguno de creencias, culturas étnicas, almas del pueblo o religiones. Aunque en realidad el espacio de la coexistencia es el mismo de siempre: el trabajo, la producción, las mercancías. Materiales o culturales. Bienes de consumo o información y conocimiento. Pues no otra cosa es la coexistencia que el libre acceso, en igualdad de condiciones, al trabajo, a los medios de producción, a las mercancías, el saber y la riqueza. Los conflictos están, siguen ahí, en absoluto hemos llegado al fin de la historia -ni al angelical, ni al apocalíptico-. En mi opinión, la polarización se basa nuevamente en el esquema más clásico, esto es en la saintsimoniana división entre poseedores y productores. Naturalmente el concepto de posesión, cuyo desarrollo nos conduce ineludiblemente a la necesidad de definición de un bloque dominante101, va más allá del análisis marxista sobre la propiedad de los medios de producción (aunque la propiedad constituye todavía un elemento clave para la ubicación de ciertas clases y estratos sociales), yendo más bien en la dirección de las tesis de Dahrendorf sobre el Poder, y en particular de su concepto de titularidades (Dahrendorf, 1990). Entre ambos polos tenemos un espacio que se ensancha o se estrecha según sean las circunstancias sociales, por influencia generalmente de cambios a menudo imprevistos derivados del impacto de nuevas tecnologías, cambios ecológicos, o acontecimientos provocados por esferas que, aunque interrelacionadas en cierto modo con las infraestructura tecno-económicoecológica, poseen autonomía propia: como la política, la religión, la cultura y la etnicidad, etc. Ese espacio intermedio correspondería a las clases medias, que pueden funcionar en un momento dado como colchón en los conflictos entre clases dominantes y clases productoras, o como aliados respectivos de unas y otras; e incluso en ciertos momentos -de máxima polarización y
101

No utilizo el término bloque en el sentido gramsciano, sino sobre la consideración weberiana de la dificultad de hablar de clases en el nuevo modo de producción emergente, no capitalista. El bloque integraría en un nivel de dominio, hegemonía o élite -la denominación me resulta indiferente, es en cualquier casi una alianza- a las clases dominantes del modo de producción industrial y a los sectores de élite que dominan el nuevo modo informacional emergente.

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riesgo de conflicto violento entre los dos polos- seguramente como clase hegemónica, atribuyéndose entonces la dirección de su acción a los estratos burocrático-estatales de la misma. La emergencia de un nuevo modo de producción, el imperceptible paso de la sociedad industrial a la sociedad de la información102, ha supuesto modificaciones profundas en la estructura de clases, reagrupaciones y fraccionamientos. Así, resulta a todas luces evidente el proceso de segregación de la clase de los managers, o administradores, quienes de constituir una pequeña fracción, dependiente de la burguesía industrial, está intentando convertirse, desde mediados del sigo XX y en todos los países avanzados -gracias a su importancia funcional-, en clase hegemónica, tal como en su momento hizo la burguesía respecto de la aristocracia. Y por otro lado no es menos evidente la consolidación de un nuevo proletariado en unos términos tan fuertes como ni siquiera los marxistas han sabido detectar (la permanente confusión entre proletariado y clase obrera industrial ha facilitado esta incapacidad de lectura). Hallamos ahora un proletariado que produce bienes materiales, y un proletariado que produce información. En ambos casos se da la misma alienación entre productor y producto; la misma marginación respecto de la propiedad de los medios de producción, pero sobre todo respecto del poder social que produce la ideología dominante, y respecto del poder político que asigna los recursos entre los distintos intereses en conflicto. Y hallamos, en fin, un nuevo sector, que en modo alguno responde a la tipología del lumpenproletariado, de características muy variopintas, en el que en la actualidad se dan las mayores dificultades de integración: inmigrantes, parados de larga duración, jornaleros, pequeños agricultores empobrecidos... Harán falta varios decenios, sin embargo, antes de que todas estas transformaciones cuajen en una estructura dicotómica definida, de perfiles claramente delimitados, como la que Saint Simon o Marx (e incluso Talcott Parsons, en un sentido distinto) pudieron observar. Antes de ello no podremos estar seguros, por ejemplo, de quién juega el papel de clase incapaz de integrarse a la sociedad y que por tanto querría destruirla -es decir, demoler sus estructuras fundamentales-. Podría serlo tal vez ese sector periférico al sistema al que aluden las teorías de la sociedad dual, pero también podría llegar a serlo el proletariado informacional, mientas que el proletariado industrial se disgrega entre la integración (capas altas de especialistas con trabajo fijo) y la lumpenproletarización de los más desvalidos103. Una teoría del conflicto y un análisis de las luchas de clases, si partimos de la tesis de su presencia, deberá buscar si en las sociedades avanzadas se produce la polarización dicotómica que conduce a lo que Mao Tse-Tung denominaba 'contradicción principal'. Y no menor importancia tendrá el ver si hallamos también esas contradicciones secundarias
A la espera de una denominación aceptada para ese nuevo modo de producción emergente, esa nueva estructura social, que en los años '70 recordaba a los sorprendidos investigadores una nueva edad media (R.Vacca, U.Eco...), y que en los años '80 ha sido denominada a menudo -erróneamente- sociedad dual, opto por denominarla, de forma instrumental, modo de producción planetario, pues sin duda el elemento más destacable y más tempranamente detectado ha sido la total interrelación de los sistemas locales en una red (networking) mundial. En los últimos tiempos han aparecido diversas interpretaciones estrictamente saintsimonianas, fuertemente enraizadas en lo que podríamos llamar la nueva fisiocracia (para la cual el concepto de bienes de la tierra se haría extensivo al conjunto de los bienes materiales). Desde posiciones en apariencia radicalmente distintas, se ha señalado la ocupación de la posición de clase hegemónica por parte de los especuladores que se basan "más en una econo mìa de 'adqui sición' de la ri queza (estatal y planetaria) que de producción de la misma" (Naredo, 1993); o se ha señalado la conformación de una nueva clase social, formada por los políticos de profesión "sin vocación" y los financieros y especuladores, quienes habrían conseguido fundir en una sola clase, igualmente explotada, a empresarios y obreros: "La explotación vía salario queda superada y sustituída por la explotación mediante la usura crediticia y la confiscación fiscal" (Funes, 1997).
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determinadas e influídas por la contradicción principal, tan despreciadas por el análisis marxista, pero tan importantes en el análisis gradualista y funcional de la estratificación, hasta el punto de determinar las alianzas de clase y los cambios sociales de carácter revolucionario104. Naturalmente, si la estructura presenta clases con intereses contrapuestos, se producirá una práctica de enfrentamiento, traducido en acciones políticas. La contradicción principal es sobre todo, en mi opinión, de orden político, como ya lo era en la Grecia de Aristóteles entre esclavos y libertos, aunque evidentemente tenga una clara interrelación económica. A mi modo de ver la contradicción estriba en la existencia de medios técnicos y culturales que permitirían un reparto del Poder político, o lo que es lo mismo una democracia más participativa, más directa -determinando en último término, no debemos olvidarlo, una democracia económica-, simultáneamente al mantenimiento de estructuras políticas que imposibilitan dicha difusión de Poder. Como lo ha expresado con notable claridad Norberto Bobbio,
"en la socieda d capitalista avanza da, don de el pod er econó mico se h alla cada vez más concentrado, la democracia, pese al sufragio universal, la formación de los partidos de masa y un grado bastante elevado de movilización política, no ha conseguido mantener su s promesas, que eran, sobre todo, de tres órdenes: participación (o bien concurso colectivo, y generalizado, aunque indirecto, en la toma de decisio nes válida s para tod a la com unidad ), control de sde aba jo (a base del principio de que todo poder no controlado tiende al abuso) y libertad de disentimiento" (Bobbio, 1986)

Obviamente, para los marxistas la interpretación es muy distinta, por ser secundaria la esfera política. En una sociedad internacionalizada la contradicción esencial es el conflicto Norte-Sur. Para otros la contradicción esencial será la oposición Hombre-Naturaleza, y aún quedan quiénes siguen considerando la oposición Campo-Ciudad como esencial. Pero todas son difíciles, cuando no imposibles de engarzar en una estructura de clases sociales, aunque no falten los intentos teóricos al respecto. En cualquier caso, creo que los niveles de integración post-industriales que todavía conserva la sociedad informacional emergente105, impiden la manifestación de una contradicción principal. Habrá que esperar sin duda un momento de crisis económica real y profunda -no como las pequeñas recesiones que estamos atravesando, y que sólo afectan todavía a los sectores más marginales de la sociedad, pudiendo los sectores medios seguir ejerciendo de colchón- para que ésta se manifieste. Todas estas transformaciones se manifiestan asimismo en la aparición de nuevos actores colectivos, que representan los intereses tanto de las nuevas clases como de los diferentes grupos de estatus, y que juegan justamente en la ciudad su papel. A las clases y grupos de estatus que simbolizan esa contradicción básica entre poseedores y productores, y al sistema de partidos, se añaden los que se denominan, inapropiadamente, 'movimientos sociales en el ámbito de la sociedad civil', concepto que recoge el modelo desarrollado por (Offe, 1988). La mayoría de los denominados nuevos movimientos sociales persiguen demandas que combinan bienes e intereses particulares y materiales concretos tradicionales (conflictos urbanos por remodelaciones de centros urbanos, conflictos en general por la exclusión...), junto con otro
Entiendo aquí el término revolucionario no en el sentido político, de cambio violento, sino en el sentido civilizatorio, en tanto cambio profundo estructural, por la que una clase -o grupo de clases- adquiere la hegemonía social y económica -y en consecuencia política-, a consecuencia tanto de un cambio político de carácter revolucionario como de una fractura o cambio radical ecológico o tecnológico. Así, el poder de los managers no se ha debido a un cambio revolucionario de carácter político, sino esencialmente de carácter social y tecnológico (fundamentalmente organizacional).
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Derivada, posiblemente, de la alianza entre los managers -por ut ilizar una ter minolo gía ya clásica, que se correspondería hoy con los detentadores del conocimiento y la información- y el capital financiero.

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tipo de bienes no particulares aunque tampoco colectivos (como los propios de un género), así como con bienes colectivos para el conjunto de la humanidad que no son asimilables, por otro lado, a bienes materiales cuantificables y utilizables por los demandantes (como es el equilibrio ambiental, la paz internacional, la cooperación al desarrollo...). Es el conflicto, en suma, por inmateriales que, además, son inconmensurables, frente a los cuales las clases sociales y grupos de status pueden adoptar posiciones incluso contradictorias, siendo por ahora el campo más paradigmático en este sentido el del medio ambiente (Baigorri, 1978b). Estos nuevos protagonistas del conflicto social han de definir los términos en los que hoy debe plantearse el derecho a la ciudad. Decía Lefebvre que este derecho camina lentamente,
"a través de sorprendentes rodeos (la nostalgia, el turismo, el retorno hacia el corazón de la ciudad tradicional, la llamada de centralidades existentes o nuevamente elaboradas). La reivindicación de la naturaleza, el el deseo de gozar de ella, desvían el derecho a la ciudad (...) aunque sin conseg uir eludirlo. El derecho a la ciudad no puede concebirse (tampoco) como un simple derecho de visita o retorno hacia las ciudades tradicionales. Sólo puede formularse como derecho a la vida urbana, transformada, renovada" (Lefebvre, 1969)

Es una tesis plenamente compartible en la actualidad, aunque sea más dudoso su corolario, según el cual el proletariado habría de ser el "agente, vehículo o apoyo social de esta realización". Pero en cualquier caso, insistiendo en la idea de Lefebvre, sólo podremos ir descubriendo este nuevo continente a medida que lo construyamos.

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4. La ciudad red
La ciudad se nos aparece primero, en cuanto artefacto, ciertamente como un recipiente físico, o más exactamente -en términos históricos- una serie de “recipientes cada vez más complejos” (Mumford, 1961:16). Pero es también, de ahí que haya interesado a la Sociología, un conjunto de relaciones, cuya densidad determina tanto la organización física y social como la propia forma. Hace ahora 'sólo' cien años que Durkheim proponía, en una nota sobre morfología social publicada en L'Année Sociologique (1897-1898), que la Geografía, la Historia y la Demografía, entre otras ciencias fragmentarias, se uniesen a la Sociología para explicar "cómo han nacido los grupos urbanos, cúales son las leyes de su evolución"(Durkheim, 1988:243). Efectivamente, para Durkheim lo que denominaba el substrato social varía en función del tamaño y de la densidad social; pero además, como hecho social "la constitución de ese substrato afecta directa o indirectamente a todos los fenómenos sociales, al igual que todos los fenómenos psíquicos están en relación, mediata o inmediata, con el estado del cerebro" (Durkheim, 1988: 241). Hace casi tres décadas el sociólogo Philip Hauser, que dirigió el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago y la Oficina del Censo de los Estados Unidos, hizo un sencillo cálculo que no es preciso siquiera actualizar para comprender la dimensión de las interacciones sociales, por lo que lo reproduzco tal cual:
Densidad de población Área con densidad Número de personas en un (personas/milla cuadrada) considerada círculo de 10 millas d e radio 1 EE.UU. en 1500 314 50 Mundo en 1960 15.700 8.000 Media ciudades centrales en área metropolitana en EE.UU. 2.512.000 17.000 Chicago 5.338.000 25.000 Nueva Yo rk 7.850.000 75.000 Manhattan 23.550.000 (Hauser, 1972:105)

Obviamente, el número potencial de contactos entre las personas se multiplica exponencialmente en función del tamaño y la densidad de las aglomeraciones. Sobre esta base, Hauser proponía que
"puede establecerse, como hipótesis, que el incremento en la interacción humana potencial producido por un sistem a de vida aglome rado, ha determin ado, en el camp o de lo social, una gran transformación: el equivalente a la mutación genética en el campo biológico" (Hauser, 1972:107)

Si bien hay que advertir, en este punto, que el concepto de Durkheim de densidad social es mucho más complejo en su desarrollo que el de la mera densidad física. Pues el nivel de desarrollo tecnológico, por ejemplo, modifica sustancialmente la intensidad de las interacciones y encuentros. Sobre esta base, Bouthoul compara las densidades inversas, físicas y sociales, de territorios desarrollados y primitivos, concluyendo:
"Uno es un grupo con actividades numerosas y diferenciadas, cuyos elementos colaboran y están enlaza dos por un sistema de comunicaciones, transportes y organización perfeccionad os; el otro está formado p or elementos prim itivos simplemente yu xtapuestos"

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(Bouthoul, 1964:21)

La base que otorga importancia, en nuestro razonamiento, a tales cálculos la hallamos en un conocido artículo de Simmel sobre Las grandes ciudades y la vida intelectual; para éste
"el fundame nto sicológico sob re el que se levanta el tipo de las individualidades de las grandes ciudad es, es la intens ificación d e la vida n erviosa q ue resulta d el rápido e ininterrum pido intercamb io de impresion es externas e internas" (Simmel, 1978:12)

Pero es en su obra fundamental, publicada en 1908, donde el padre de la Sociología alemana nos apunta una clave fundamental, al hablar de las relaciones entre espacio y sociedad:
"El espacio es una forma que en sí mismo no produce efecto alguno. Sin duda en sus modificacion es se expresan las en ergías reales; pero no de o tro mod o que el len guaje expresa los procesos del pensamiento, los cuales se desarrollan en las palabras pero no por las palabras. (...) Lo que tiene importancia social no es el espacio, sino el eslabonamiento y conexión de las partes del espacio, producidos por factores espirituales". (Simmel, 1986:644)

Por su parte, Tönnies, al estudiar las formas de comunidad y asociación (como modelos de organización social) nos aporta un elemento que debe ser considerado en este contexto:
"Parece justificada la presunción de que, a despecho del deseo natural de m antenerse a sí mismo o de obtener la mayor cantidad posible de bienes de las otras personas, permanece vivo en la relación de ciudad y campo cierto espíritu fraterno para dar y recibir, espíritu que, aparte de estas actividades de true que, se alimenta e n virtud de los múltiples lazos de amistad y parentesco y suministra puntos de reunión gracias a los temp los y plazas pública s" (Tönnies, 1979:57)

Volviendo una vez más a Durkheim, ahora a su obra fundamental para entender las sociedades contemporáneas, La división del trabajo social, tomemos un pequeño comentario de su distinción entre la solidaridad orgánica (propia de la sociedad industrial) y la solidaridad mecánica (propia de las sociedades antiguas):
"Cuando la manera de ser solidarios los hombres se modifica, la estructura de las sociedades no pue de dejar d e camb iar. La form a de un cuerpo se transform a necesa riamen te cuando la s afinidades mo leculares no son ya las mismas" (Durkheim, 1993:I,217)

Sin embargo, nos estamos moviendo por ahora en el ámbito de la analogía orgánica más simple, que determina un modelo estructuralista de tipo mecanicista, a la manera del cuerpo humano, error en el que cayó Spencer. Algunos de los nuevos paradigmas recuperan, en un sentido bien distinto, este tipo de analogías, ahora con el apoyo de la cibernética, para explicar incluso el funcionamiento del conjunto del planeta, como hace Lovelock (1979) en Gaia. Pero el asunto no es, al menos desde una perspectiva sociológica, tan simple. El desarrollo de la hipótesis de Gaia, al enfrentarse con la presencia del hombre, y su papel en ese supuesto organismo cibernético que es la Tierra, plantea un hecho difícil de explicar mecánicamente:
"Lo que de especial tiene el hombre no es el tamaño de su cerebro, equivalente al de un delfín, ni su incompleto desarrollo co mo an imal socia l, ni siquiera la facultad d el habla o la capacidad de utilizar herramientas. El hombre es especial porque de la combinación de todas esas cosas ha surgido una entidad enteramente nueva. Cuando estuvo organiza do socia lmente y logró proporcionarse una tecnología, el hombre empezó a utilizar un talento tota lmente nuevo: el de obtener, conservar y elaborar información, empleada después para manipular el entorno de modo deliberado y p revisor" (Lovelock, 1986:155)

¿Cómo se consigue esto?. La Sinergética, o teoría de la acción de conjunto, desarrollada entre otros por Hermann Haken, físico matemático y uno de los padres de la teoría del láser, puede ser de cierta ayuda para entender mejor este tipo de procesos, no en sus particularidades, sino justamente en su desarrollo de conjunto. La Sinergética considera que, a partir de situaciones de caos, la materia inanimada puede autoorganizarse para producir fenómenos que parecen racionales:
"Observaremos que los componentes se van ordenando como impulsados por una mano invisible, pero que al mismo tiempo esta mano invisible, que llamaremos 'ordenador', sólo nace de la interacción de los sistemas individuales. El ordenador nace de la acción de conjunto de las

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partes individuales y, recíprocamente, el comportamiento de éstas está go bernad o por aq uél. Es como el antiguo enigma de qué fu e primero : el huevo o la gallina . Expresa do en térm inos de la sinergética, el ordenador esclaviza a las partes individuales. es como un titiritero que hace bailar a las marionetas, a la vez que éstas actúan sob re el titiritero, lo dirigen (...). Esta génesis forzosa del orden a partir del caos en gran medida es independiente del sustrato material en que tienen 106 lugar los proceso s" (Haken, 1986:7-9)

Haken hace ciertas observaciones sobre el funcionamiento del cerebro, a partir de descubrimientos que han mostrado cómo las funciones no pueden ser atribuídas a una u otra zona, aunque determinadas regiones cerebrales son responsables de funciones concretas. Lo fundamental es la acción colectiva de todos sus componentes. Y el propio desarrollo biológico del cerebro parece confirmar este modelo de funcionamiento. Lo que aparentemente es un desordenado proceso de crecimiento resulta al final en un orden no buscado por ninguna de las partes, sino por el conjunto.
"Sin duda alguna , la constru cción de la red de n eurona s en el cereb ro está autoorg anizada. Hasta donde sabemos, las conexiones se establecen motu p ropio, sin la intervención de una instancia superior" (Haken, 1 986:17 3).

La puesta en marcha del sistema -o más apropiadamente, de la red- responde a un esquema idéntico, que vale la pena reseñar:
"Las conexio nes se estab lecerían en tre célula s individuales en m edio de un co nfuso desorden. Pero con la llegada de impulsos nerviosos de los órganos sensoriales a esta red, determinadas conexiones se desarrollarían más que otras, conforme al grado de uso, o también por sí solas. Por tanto la red, con su capacid ad funcio nal, se formaría sólo durante, y a través de, su utiliza ción. E n la litera tura pr ofesion al esta idea de que en el sistema nervioso las conexiones se fortalece n con su utilización, p or ejemp lo con la elaboración de percepcion es, se conoce como 'sinapsis de Hebb'. Las sinapsis son determinadas piezas de unión intercaladas como cuadros de mando entre las células nerviosas. Esta teoría afirma, por tanto, que las sinapsis se fortalecen con su utilización" (Haken, 1986:174)

La diferencia respecto de los sistemas con los que el estructuralismo pretende explicar y cuadricular el mundo en que vivimos, es no solo sustancial, sino que determina una forma distinta de observar el mundo, y particularmente el aspecto del mundo que nos ocupa. A partir de la física cuántica nuevos conceptos han permitido romper para muchas cuestiones -en mayor medida cuanto más complejas sean- con la analogía del orden mecánico y determinista: el caos, el azar, lo imprevisible, son elementos que deben ser considerados también. Henri Lefebvre supo expresar tanto en términos poéticos como sociológicos esta nueva perspectiva en su principal obra antiestructuralista, Hacia el cybernántropo: contra los tecnócratas, cuando al terminar el libro plantea los desafíos que esperan al antropo frente al cibernántropo:
"El antropo deberá sabe r que no represe nta nada y que prescribe un a manera de vivir más que una teoría filosófico-científica. Perpetuam ente deberá inv entar, inventarse, reinven tarse, crear sin procla mar la cr eación, m ezclar las pista s y las cartas d el ciberna ntropo, d esconce rtarlo y sorprend erlo. Para vencer, y h asta para entabla r la batalla , primero debe valorar sus imperfecciones: desequilibrio, perturbaciones, olvidos, lagunas, excesos y fallas de conciencia, desenfreno, deseos, pasión, ironía . Ya sabe que siempre será vencido en el terreno de la lógica, de la perfección técnica, del rigor formal, de las funciones y de las estructuras. Alrededor de las rocas del equilibrio, él será la ola, el aire, el elemento que socava y recubre (...), Vencerá por el Estilo" (Lefebvre, 1973:182)

Pero volvamos al cerebro, a nuestra analogía orgánica en términos de red. A mediados de siglo Pierre Teilhard de Chardin definió, en el curso de su curiosa construcción teológica, el
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No deja de ser paradójico, y se plantea en este punto como auténtica nota al pie, que cuando algunos pretenden incorporar más y más paradigmas de las ciencias físico-naturales a las ciencias sociales, desde la Física más avanzada se recupere un modelo que pertenece plenamente a la Sociología. La descripción del 'ordenador' que hace Haken no está muy alejada de los modelos determini stas de 'lo social' exp uestos po r Durkheim.

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término noosfera, para describir la "envoltura pensante de la tierra" (citado en Martin, 1980:100). Veía la tierra como una esfera enredada de canales intercambiando inmediatamente pensamientos, información y actos intelectuales. Problamente inspirado en ese concepto de noosfera, aunque también y sobre todo por el paradigma de la densidad social de Durkheim desarrollado más ampliamente por la Escuela de Chicago, y aplicando la entonces novedosa Teoría de la Comunicación, en 1962 R.L. Meier definía a la ciudad, en Una teoría de las comunicaciones del crecimiento urbano, como aquellas parcelas de tierra en las que intensos procesos de comunicación tienen lugar. La comunidad crece en la medida en que sus componentes se desplacen a través del espacio de manera que sus trayectos coincidan o se crucen más frecuentemente que si realizasen movimientos aleatorios en las proximidades de sus respectivos domicilios. Algunos autores han recuperado los modelos de Meier, proponiendo su comprensión en un sentido más amplio, no referido exclusivamente a las interacciones individuales:
"Las comunicaciones [como las propone Meier] podrían ser definidas en un sentido más amplio al incluir tanto el transporte físico de población y b ienes, como a la amplia variedad de canales que sirven los movim ientos de in formación (...). Centrándonos en el sistema de comunicación-circulación, se sugería, podríam os conocer m ejor cómo fun cionan las ciud ades, qué determina su estructura, y cómo ésta puede cambiar en la medida en que las tecnologías faciliten cambios en la circulación" (Salomon, 1996:79)

Tal vez pudiésemos comprender más fácilmente el comportamiento de las ciudades si, efectivamente, llevásemos al extremo nuestra analogía cerebral, considerando a la ciudad como el cerebro de la Humanidad. Tal y como hace el cerebro en su proceso de desarrollo, la ciudad ha venido creciendo complejizando sus redes neuronales, pasando de ofrecer una estructura de células aisladas a autoconstruir una estructura de conexiones múltiples, en red. Como hipótesis, podemos considerar que, a partir de un momento determinado de su evolución -tanto filogenética como ontogenética-, el cerebro humano no puede seguir desarrollándose internamente sin afectar a su equilibrio físico107. El desarrollo del cerebro se hace exterior al hombre desde entonces, las redes neuronales se prolongan externamente. No es nada nuevo. McLuhan lo atisbó en los años '60, aunque no podía imaginar su alcance real, y se perdió en disquisiciones neotribales:
"El homb re no sólo es un robot en sus reflejos particulares sino en su com portam iento civilizado y en todas sus reacciones alas prolongaciones de su cuerpo, que llamamos tecnología. Resulta ahora bastante evidente que las prolongaciones del hombre con sus consiguientes ambientes, son la zona principal en que se manifiesta el proceso evolutivo. Con la prolongación del mismo sistema nervioso como nuevo medio de información electrónica, ha sido p osible alcanzar un nuevo grado de conciencia crítica" (McLuhan, 1985:13)

En estos términos, el cerebro del hombre social es, seguramente desde el neolítico (al menos desde la construcción de Ur), la ciudad. Y la evolución de la Humanidad se convierte, en cierto modo, en el proceso de desarrollo de ese cerebro externo de la especie. Las calles, ciertamente, son canales de comunicación e información. La ciudad industrial (con sus tendidos eléctricos y de ferrocarril) rompe las barreras de la distancias, crea nuevos conductos, y la red telemática terminará por conectar todas las neuronas.

La dinámica de la red
Hablamos pues de una concepción de la ciudad sensiblemente distinta de la que la considera un mero habitáculo del poder, una estructura o marco físico para las relaciones de producción
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No es vanal la imagen construída por la literatura de ciencia-ficción, sobre humaoides con cráneo gigantesco sobre minúsculos cuerpos (la famosa imagen fantasmagórica de Encuentros en la tercera fase), o incluso masas cerebrales sin cuerpo físico (en la saga de Dune).

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capitalistas, o cualquier otra simplificación. Se trata de una concepción de la ciudad como elemento de una red neuronal que posibilita la vida del hombre sobre la tierra en condiciones de progreso. Por supuesto sin olvidar que siempre hay un 'ordenador' que esclaviza a los elementos de la red, pero que a la vez es esclavizado por ella; y cualquiera de las fluctuaciones en términos de caos puede llevar a la sustitución del 'ordenador'108. El contraste entre la analogía mecanicista y la neuronal la expresó con claridad Christopher Alexander, en el campo estricto del Urbanismo, al comparar los sistemas basados en estructuras jerárquicas en árbol, "símbolo del ejército, estudiada expresamente con el fin de crear disciplina y rigidez", con su propuesta de estrcuturas semireticulares.
"...en toda ciudad hay miles e incluso millones de sistemas en funcionamiento cuyos residuos físicos no aparecen como unidad en las estructuras en árbo l. En el peor de los ca sos, las unidades que aparecen ni siquiera corresponden a realidad viviente alguna; y los sistemas reales, que constituyen la verdadera vida de la ciudad, están desprovistos de rece ptáculos físicos. Ni el plano de Columbia ni el de Stein, por ejemplo, corresponden a realidades socia les. Su ordenación física y su sistema de funcio nes denunc ian una jerarq uía de grupo s cerrados, siempre más rígidos, que van desde la ciudad entera hasta la familia; cada grupo constituido por lazos asociativos de distinta fuerza. Si, en un contexto de sociedad tradicional, pidiéramos a un individuo cualquiera que nombra ra a sus mejores amigos y pidiéramos a cada uno de éstos que nombrara a su vez a los suyos, todos se nombrarían los unos a los otros y acabarían formando un grupo cerrado. Los pueblos están constituídos por un determinado número de grupos separados y cerrados de este tipo. Pero la estructura social es hoy en día muy diferente. Si pedimos a un hombre que nombre a sus amigos y después a cada uno de éstos que nombre a los suyos, todos nombrarían personas distintas y muy prob ablemente d esconocidas p ara el primer i nterpelado; estas personas nombrarían a su vez a otras y así en adelante. En la sociedad moder na no e xisten prác ticamen te grupos cerrados. La realidad de la estructura social contemporánea está llena de sobreposiciones -los sistemas de amigos y conocidos forman unsemirretíc ulo, no un á rbol." (Alexander, 1971:35)

Esta imagen de urbe global es muy distinta, a su vez, de la observada por Saskia Sassen y luego desarrollada más ampliamente por Castells109. Desde nuestra perspectiva el desarrollo tecnológico y humano condicionan la evolución de los asentamientos humanos y de sus formas de interacción, en mayor medida que las estructuras de dominación determinadas por el modo de producción imperante. La propia denominación plana de capitalismo, para el conjunto de sistemas de producción imperantes en el planeta es, más que un estereotipo, una caricatura de la realidad. Así como su modelo de polarización, "particularmente en las mayores ciudades como Nueva York o Los Ángeles" (Sassen, 1987:140) no es en realidad sino la imagen de las desigualdades que, por lo demás en mayor medida, han caracterizado a las sociedades -occidentales y orientales- en cualquier otro momento de su evolución. Constituye la descripción
Esa esclavización mutua entre el 'ordenador' y el resto de los elementos de la materia en movimient o hacia algu na forma ordenada podría llevarnos a reflexionar sobre la posibilidad de alguna especie de actualización del materialismo dialéctico. Sin embargo no es ese el objeto de nuestra investigación, por tentador que pueda resultar. Aunque la cuestión puede abrir una vía interesante en el campo de la teoría de las ciencias sociales.
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En las propuestas de Castells en torno a la ciudad informacional hallamos el mismo tipo de limitaciones, derivadas del fuerte 'background' de estructuralismo marxista. Si bien admite “la emergencia del espacio de los flujos, suplantando el significado del espacio de los lugares” (Castells, 1989:494), sin embargo otorga un carácter superestructural a la red, mera expresión espacial -como antes lo fue la ciudad industrial en sus más tempranas tesis- de las estructuras de dominio de la nueva clase 'profesional-manageri al'. Y es que para Castells, al contrario que en el paradigma ecológico, las tecnologías en modo alguno pueden determinar siquiera en parte los hechos sociales o la lógica organizativa. Sin embargo, si no atribuímos determinación alguna a las tecnologías, como a los otros elementos del modelo ecológico -ya en su configuración POET- difícilmente podemos explicar, por no ir mucho más lejos, la propia preeminencia que ha adquirido en las últimas décadas la nueva clase tecno-managerial

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de sólo uno de los diversos planos que debemos contemplar de una realidad que nos es únicamente aprehensible en términos estereoscópicos. El reforzamiento de algunos nudos de la red que conforma la urbe global, fundamentalmente Nueva York, Londres, Tokio, París o Frankfurt, (Sassen, 1990), al actuar como 'ordenadores' en el momento en que, a partir de la situación de caos que se crea en el sistema-mundo en los años '70, se precipita la red, no invalida la validez de nuestro modelo de urbe global. En cualquier momento, en la próxima estación de caos, pueden ser sustituídos por otros. Los cuales no están, necesariamente, siendo planificados para ello, en la medida en que otorgamos cierta importancia al factor caos110. Siguiendo con nuestro concepto abierto y no siempre previsible de red, rescataremos las hipótesis del antropólogo Newbold Adams, quien al analizar -sobre presupuestos energetistasla evolución de las estructuras sociales, propone la que denomina una "secuencia fundamental del crecimiento" que iría de la fragmentación a la centralización, y de la que la organización reticular, que él denomina de coordinación, sería una fase intermedia. En este sentido, podríamos entender la implantación de tales 'ordenadores' -las ciudades globales de Sassen- como una superación de la red, pero es que la centralización que nos sugiere este antropólogo
"ocurre como p arte de la coordinación de una unidad con otras unidade s [...y...] puede mostrar tendenc ias oscilator ias hacia la centrali zación y hacia el sentido contrario (...). Una unidad se cen traliza como una respuesta a la presión externa, y en las sociedad es hum anas la única presión continu a es la ejercida por o tras sociedades. Esta p resión de otra s sociedades exige la coordinación externa, al mismo tiempo que busca la centralización interna" (Newbo ld Adams, 1 983:23 3).

En suma, ocurre la centralización cuando una unidad de operación se encuentra en posición de tener el poder de tomar decisiones para un gran número de unidades. Y, por otra parte, "la centralización no significa que la toma de decisiones resida necesariamente en un individuo" (p. 237); es algo relativo, y es tan importante saber a quién incluye como saber a quién excluye. Por lo cual, "nada nos dice que tal coordinación pueda durar eternamente, sobre todo cuando esté sometida a la llegada de nuevos objetos de control, y por lo tanto a nuevas fuentes de poder" (p.239). Si en el modelo de Newbold introducimos los conceptos de la sinergética y de la teoría del caos111, puede llegar a ser un magnifico instrumento analítico de los procesos de desarrollo y crecimiento, aunque ciertamente queda mucho por definir al respecto. Pero en nuestro modelo interpretativo los nudos de diversa escala que articulan y 'ordenan' la red no constituyen, únicamente, agentes individuales orientados a su maximización, como se desprende implícitamente del modelo de Sassen, y sobre todo de Castells. Debemos diferenciar nuestra posición, basada según se ha mostrado en un paradigma materialista ecológico, de las posiciones en las que se observa una cierta confluencia, desde mediados de los ‘80, entre quienes desarrollan una especie de corolario de las ideas de Castells:
“la nueva agenda para la investigación social [en sociología urbana] es descubrir qué hace a cada ciud ad única en su respuesta a las f uerzas globales, y comprender cómo es que algunas ciudad es son ca paces d e resistir a las tendencias regionales generales, mientras que otras lo personifican” (Flanagan, 1 993:13 7).

En la medida en que consideramos no sólo a la competencia, sino en mayor medida a la
110 De hecho, la aplicación práctica que se ha seguido de estas teorías subiéndose supuestamente a la cresta de la ola del cambio, esto es el desarrollo de las denominadas tecnópolis (Castells, Hall, 1994), se ha mostrado como un grandioso fracaso planificador.

Y más aún si, yendo más lejos, invertimos dicho modelo general, situando la tendencia global no hacia la centralización, sino por el contrario hacia la descentralización -un modelo más acorde con la tendencia hacia la entropia de todos los sistemas de la materia-. Sin detenernos en ello, apuntemos siquiera dicha posibilidad.

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cooperación, como factores del desarrollo social y humano (onto y filogenéticamente), no podemos estar de acuerdo con una posición cuyas consecuencias normativas han sido en plena lógica fuertemente criticadas:
"...se propone la c reación de ag encias de desarro llo económico metropolitano, de carácter mixto -capital público y privado- que sean verdaderas empresas de promoción y fomento, capace s de com petir mun dialmen te en la captación de inversiones. Es de cir, dedicarse al 'city ma rketing ', a la venta de la ciu dad, en los foros intern acionales. Pero cuyas tareas sean, también, através de la inyección de capital público, hacer factible las costosas transformaciones de determinados espacios estratégicos, para su puesta en el mercado" (Fernández Durán, 1993:221).

Por otro lado, justamente desde una posición materialista no podemos ciertamente aceptar que la ciudad, por más que en tanto institución social tiene la vida propia que atribuímos a los hechos sociales, sea un individuo, ni siquiera la suma (adición) de diversos individuos (o grupos dirigentes) y de sus acciones. Sino que, en tanto artefacto, contiene ciertamente una red de posiciones sociales, de agentes en conflicto de intereses y dentro de los cuales determinados grupos sociales poseen fragmentos más o menos hegemónicos del Poder. En cierto sentido, es cierto que cada ciudad es una individuación, pero por ahora cuando hablamos de la ciudad lo hacemos en los mismos términos en que utilizamos el concepto de Humanidad para referirnos al conjunto indiferenciado de los hombres. Hablamos en suma de redes, no meramente de agentes individuales.... Sólo así, por lo demás, podemos tener una visión de conjunto con independencia de que desconozcamos algunos mecanismos particulares. Aunque cada individuo busca la maximización individual, ésta sólo la obtiene con la colaboración de otros, y así se genera la red, que luego se superpone como hecho social al individuo -lo mismo podríamos decir en términos de grupos, de clases incluso-. La red, o más exactamente este concepto aplicado a la ciudad, está ya en Doxiadis, aunque éste está todavía atado en cierto modo a una analogía orgánica de tipo corporal, con sus centros, y sus jerarquías... Si bien apuntó también, y debe ser un elemento clave desde nuestra perspectiva, la movilidad natural y contínua de las centralidades (Doxiadis, 1979). Y cierto concepto de red viene siendo aceptado al desarrollarse la hipótesis de ciudad-mundo planteada inicialmente por Friedmann, entre otros (Friedmann, 1986), aunque sigue muy presente en esa línea de análisis (Knox,Taylor, 1995) la idea de la jerarquización como algo estructural y fuertemente determinante. Los principios sobre los que se basaría esta idea de ciudad-mundo serían, según los ha planteado recientemente Friedmann, los siguientes:
“1º) La existencia de ciudades que articulan grand es econom ías regionales, nacionales e internacionales; ciu dades que sirven como centros a través de los cuales fluye el dinero, los trabajadores, la información, los bienes y otras variables económicamente relevantes. Como centro extienden su influencia en un ámbito o región, cuyas relaciones económicas articulan en la econo mía glo bal o esp acio de la acumu lación glo bal (...) 2º) Hay algo así como un 'espacio global de acumulación' que es un conjunto de economías nacion ales y regio nales qu e sirven a los propós itos de la ac umula ción de c apital a escala mund ial. Este espa cio incluye áreas de p roducc ión prim aria, luga res produ ctivos específicos y, por supuesto, concentraciones espaciale s de cons umido res. En cierto sentido este espacio global se c orrespon de con e l conjunto del Plane ta Tierra (...) 3º) Las ciudades-mundo son mayoritariamente regiones urbanizadas que son definidas por den sos esque mas de interacció n más q ue por fro nteras po lítico-adm inistrativas (...) 4º) Estas ciudades-región -los nodos correspondientes del sistema global- pueden ser ordenadas en una 'jerarquía de articulaciones espaciales', más o menos en relación con su poder de decisión. En lo alto e ncontram os las ciudades q ue son el objeto d e las investigaciones de Saskia Sassen: los centros de control y mando de la economía global, Nueva Y ork, Londres y Okio (...) 5º) La cult ura dominante de las ciudades-mundo es cosmopolita, como definida y

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marcada por aqu ellos estratos so ciales a los q ue Leslie S klair llama la clase ca pitalista transnacional (Friedmann, 1995:22-23)

Sin embargo, la apariencia de jerarquía estable es, seguramente, sólo un residuo del estilo industrial de urbanización. Aunque se aceptan los cambios en la jerarquía de ciudades, éstos no afectarían al núcleo fundamental de estas teorías, que prescriben
“una visión bifocal: un ojo dirigido a la dinámica del sistema capitalista en el corazón -the espacio de la acumulación global y sus articulaciones- y otro a la fragmentada periferia de los excluídos. Los dos deben soldarse en una visión estereoscópica” (Friedmann, 1995:43).

Creemos que es posible una interpretación a la vez menos mecanicista y también menor organicista, en la que otorgamos capacidad de incidencia en el modelo global tanto a las estructuras derivadas de los sistemas de producción y dominio, como a los elementos individuales de la red, como a los efectos derivados de las transformaciones tecnológicas y, derivadas de éstas, medioambientales. No habría así una estructuración nítida entre centro-periferia, sobre todo porque además cada centro tiene su propia periferia interior, y viceversa. Se trata, en suma, de un concepto de red auto-construida y extremadamente dinámica, atendiendo a tan elevado número de variables sociales, económicas, tecnológicas, medioambientales..., que la lógica de su desarrollo no es tan fácilmente predictible como se desprende del modelo de Friedmann, aunque éste reconoce no obstante lo que define como “la inherente inestabilidad del sistema” (Friedmann, 1995:36). Pero volviendo a nuestra propia analogía, si es acertada encontraríamos que el territorio cumple en realidad el papel de la sinapsis entre las células cerebrales, las neuronas. En el territorio los núcleos o nodos neuronales tenderán obviamente a conectarse a la red, incrementando la extensión de ésta. En el marco de ese proceso se irán estableciendo nuevas redes locales de colaboración, con sus propios elementos 'ordenadores', a través de las cuales la integración en la red global puede llegar a ser más eficiente. En nuestra hipótesis de que lo rural, en la sociedad de la información, serían apenas algunos intersticios de lo urbano, habría que añadir que no nos estamos refiriendo a los lugares más inmediatos, sino a aquellos puntos más alejados de las redes de telecomunicaciones. Rescato en Abraham Moles un apunte que reafirma estas posiciones:
"[Trabajamos en] tres direcciones: por una parte, la de los espacios próximos, donde las distancias son un orden de magnitud a la medida del ser humano (del módulo humano); por otra parte, la de los espacios 'lejanos', que implican en nuestra sociedad la n oción de recu rso a una tecnología del 'transporte'; y, por fin, en el análisis de un sistema de 'telepresencia', en donde la presencia real se sustituye por una presencia 'vicarial', una telepresencia, y donde las redes que la consolidan consiguen ajustar la distribución de los seres en el territorio social. De esta manera, en México o Brasil, la regresión de la civilización no está en función de la lejan ía con respecto a una capital, o con una gran ciudad, sino en función de la distancia a una 'malla' de la red d e com unica cione s que v iene co nstruye ndo u na 'soc iedad malla da'" (Moles, Rohmer, 1990:240).

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5. La ciudad y el territorio de la red, en los albores del Tercer Milenio
Aún en la consciencia de no haber llegado a articular un modelo definido de interpretación de la ciudad global sobre la base del concepto de red -mas con la convicción de haber desbrozado un buen trecho del camino-, y en cualquier caso conscientes de que nuestro modelo interpretativo es todavía frágil, al estar aún en construcción, debemos probar no obstante a aplicarlo de alguna forma, buscando su posible operatividad. Y para ello debemos contrastar este modelo, que correspondería única y exclusivamente al estadio actual de nuestra civilización, y sus tendencias de futuro más evidentes, con los modelos que han caracterizado otros momentos. Y debemos hacerlo, para terminar este capítulo, atendiendo no sólo a la propia interpretación territorial de la ciudad, sino asimismo a la interpretación del papel que el propio territorio cumple en ese paradigma en construcción. Una vez más, debemos insistir previamente en nuestra convicción de que los usos del territorio y su relación con la ciudad (es decir, su forma y su función) vienen determinados por las relaciones y los medios de producción, y mediados por ciertas construcciones mentales y estilos de relación con la Naturaleza, es decir estilos culturales, además de por el propio entorno ambiental físico. Aunque estamos muy lejos aún de poder determinar mediante qué mecanismos concretos ocurre eso, creo que el modelo que se propone puede constituir siquiera una pequeña ayuda para avanzar en esa dirección. Al menos puede ayudarnos a racionalizar el aparente caos en que el mundo real, en este caso el territorio, se nos aparece, al ubicar las tendencias actuales en una cierta línea histórica.

De los asentamientos de interacción aleatoria en la sociedad pre-tecnológica, al sistema jerarquizado urbano-territorial industrial
La caracterización de la historia humana en términos de cierta analogía con la evolución de los organismos vivos, de lo más simple a lo más complejo, es tan antigua como el intento de comprender el sentido de las cosas, y sobre todo el sentido de los cambios que, aún dentro de nuestro estrecho horizonte vital, los seres humanos llegamos a observar. Cada cierto número de generaciones, la Humanidad -o la parte de la misma que protagoniza la Historia en cada momento- se enfrentan con el hecho empírico de que la sociedad ha cambiado, y lo percibe en términos de lo que Toffler describió como un shock de futuro (Toffler, 1970). Quienes, padeciendo lo que podríamos denominar el síndrome de Ludd, se posicionan frente a los cambios, encuentran que el shock no es sino la prueba de que, indefectiblemente, la Humanidad camina hacia su destrucción. Pero quienes con Kant consideran la historia como una progresión inacabable hacia mejor (Kant, 1989), estiman que se trata tan sólo de las incomodidades propias del proceso adaptativo, y se apresuran a intentar construir un modelo explicativo. Tal vez ninguna de las dos posiciones extremas describa la realidad en su totalidad, sino - 73 -

únicamente una parte de la misma. Pero en cualquier caso, con independencia de que, frente a dichos cambios sociales, nos situemos en posiciones apocalípticas o integradas, por utilizar la ya clásica dicotomía de Umberto Eco, es evidente que dichos modelos constituyen un instrumento de la razón que nos permite comparar no sólo diferentes periodos, sino asimismo distintos espacios históricos. Y más en particular, en lo que al análisis del territorio se refiere, permiten explicar en términos más complejos de los usuales las transformaciones que se vienen produciendo tanto en su forma como en su función. Partimos en suma de la idea, muy propia de las Ciencias Sociales, de que construyendo un modelo interpretativo de la evolución podemos enfrentarnos con mejores 'armas' al aparente caos del momento del cambio, atendiendo a la función normativa que también atribuímos a la ciencia. A veces, como puso de manifiesto Friedmann respecto de Mumford, pueden incluso convivir una modelización de la historia en términos implícitamente positivos, con una posición apocalíptica en lo que hace a la valoración (Friedmann, 1981), y en ese punto surge sin duda la necesidad de la utopía, como superación de esa flagrante contradicción del espíritu; cuestión que va mucho más allá de los modestos planteamientos de nuestra reflexión. El modelo más aceptado en la actualidad que explique la sucesión de las civilizaciones distingue, a partir de una situación primigenia que nos es plenamente desconocida en sus aspectos fundamentales, tres grandes eras -u oleadas civilizatorias, en Toffler-: una era agrícola o tradicional, que se iniciaría con la primera revolución tecnológica conocida, la del Neolítico; una era industrial o moderna, que se inicia no tanto con la Revolución Industrial inglesa como con la Revolución Comercial del siglo XV; y una era informacional, o postindustrial112, que se nos vendría anticipando desde mediados del siglo XX (Toffler, 1980). No es cuestión de extendernos en una descripción exhaustiva, pero debemos señalar siquiera algunos aspectos, de entre los que caracterizan a estas sociedades.
Sociedad Agraria / Tradicional Objetivo que determina acciones y elecciones Tendencia Demográfica Tipo de Asentamiento Sector Clave Actividad Dominante Productos Estratégicos Recurso Básico Tipo de relaciones Energia Relación con el Tiempo Movilidad Física Relación vs. Naturaleza Supervivencia física Población Estable Rural Agricultura Extractiva de la Naturaleza Alimentos Tierra Comunitar ismo Metabólica Ritmo de la Naturaleza Escasa De dependencia Sociedad Industrial / Moderna Incremento del nivel de vida Explosión Demográfica Urbano Industria Fabricación Bienes y Equipos Capital Individualismo de Mercado Fósil Basada en el reloj Grande De dominio Sociedad Informacional / Postindustrial Realización personal Estancamiento/Equilibrio Ciudad global/ virtual Servicios Información Ideas Conocimiento Individualismo Corporativo Inteligente Flexibilidad orgánica Virtual De equilibrio

Si prestamos atención a los factores recogidos en la tabla, observaremos cómo han debido determinar tanto la forma como la función del territorio, en su relación con la ciudad, en cada uno de los momentos de dicha evolución.
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En trabajos posteriores he introducido la denominación más atinada de Sociedad Telemática, para la nueva sociedad.

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Aunque no tenemos recuerdo histórico de cómo los hombres anteriores al neolítico utilizaron el territorio, tenemos la certeza de que en cuanto a la Humanidad le fue posible se estableció en asentamientos permanentes, refugiándose de una Naturaleza que le era hostil. En realidad, el hombre nunca ha vivido -fuera del mundo de los sueños y de la utopía social- en armonía con la Naturaleza. Al contrario, sólo ahora, después de unos cien siglos de lento progreso, se encuentra en condiciones de lograrlo -sin que ello implique, por supuesto, la convicción en que vaya a llegar a hacerlo-. Aunque la forma en que -sobre todo a partir de Kingsley Davis- se ha descrito la urbanización del mundo, ha llevado a pensar que la población humana haya pasado de estar dispersa por campos y bosques a amontonarse en las grandes ciudades, el hecho cierto es que la inmensa mayoría de la población vive en asentamientos estables con cierto nivel de urbanización desde hace al menos cuatro mil años. El poblamiento disperso ha sido históricamente más raro de lo que lo es actualmente. Cuando el hombre descubrió la agricultura, pudo establecer en torno a sus asentamientos un sistema de producción permanente de alimentos113. Descubrió incluso que los mismos factores tecnológicos que le permitían producir alimentos le facilitaban la conversión de algunos fragmentos de naturaleza en espacios que reproducían la utopía milenaria de una armonía en la que la Naturaleza no agredía al hombre, sino que se le ofrecía. El sueño del paraíso de la utopía judaíca se materializaba en los jardines interiores a los muros de la ciudad, y en las huertas de su entorno. Pero más allá de esos pequeños espacios conquistados a la Naturaleza, se extendía la terra ignota, el espacio del temor y la incertidumbre. Es en realidad la idea que transmiten también los primeros mapas conocidos-. El territorio externo a los asentamientos humanos ha sido, en la mayoría de las culturas, un lugar oscuro y desconocido, espacio de hadas pero también de belicosos monstruos. El hombre penetraba con temor en esos territorios, a dotarse de algunos recursos como la caza, la madera y unos pocos minerales conocidos. El historiador J.R. Hale calculó que la distancia máxima a la que un individuo podría llegar a desplazarse, por término medio, en las sociedades agrarias, era de 25 kms (Hale, 1971). Si bien la capacidad de soñar siempre hizo imaginar al hombre que, más allá de los bosques impenetrables, había lugares donde los perros se ataban con longanizas; y aunque ciertamente no los había, sí existían otros grupos encerrados en sus pequeños territorios humanizados, con los que, cuando unos pocos se aventuraron a encontrarlos, pudieron intercambiar ideas y productos. Podemos suponer que, en dicho estadio, los asentamientos humanos, con mayor o menor carga de urbanización, constituían unidades predominantemente autosuficientes, gracias a los recursos de su entorno más inmediato. Sin embargo, las teorías difusionistas de los antropólogos nos permiten deducir la existencia de cierto tipo de relaciones entre asentamientos cercanos y/o lejanos entre sí, pero dado el peso de lo natural tales relaciones e interacciones debían ser fuertemente aleatorias, ni siquiera en todos los casos basadas en caminos o rutas preestablecidas. No obstante, el desarrollo de asentamientos netamente urbanos, ciudades más poderosas ubicadas en ciertos enclaves privilegiados -determinados por la mayor facilidad de dominio del entorno ambiental, además de por situaciones estratégicas en en ciertas rutas estables- debió modificar tal situación primigenia, determinando el establecimiento de flujos más o menos permanentes de interacción, circulación de materiales, energía concentrada -en forma de alimentos, productos energéticos, y en su momento monedas- o información, con una tendencia creciente a la jerarquización. Por otra parte, no nos cabe duda alguna de que fue el dominio de la Naturaleza el principal
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Obviamos aquí la cuestión de la ciudad prístina, tema del que nos hemos ocupado en otros apartados.

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desafío de la Humanidad durante varios milenios. Como al enemigo, se la observó sistemáticamente; los viajeros descubrieron cómo otras comunidades habían encontrado algunos de sus puntos débiles, y estos se difundieron multiplicando los conocimientos. Y al cabo, el hombre llegó a la conclusión de que no era una brizna de hierba a merced de Los Elementos, sino que podía llegar a ser su señor. Lo que Weber definió, al analizar la formación de las sociedades modernas, como un 'desencantamiento del mundo' (Weber, 1985), equivale a lo que los historiadores de la cultura han descrito como "el paso de una cosmología mágica, pre-moderna, pre-capitalista, a una cosmología moderna, capitalista, científica" (Macfarlane, 1987). Lo cual a su vez implica la idea de un mundo ordenado, medido en el espacio y en el tiempo. Los bosques, las zonas pantanosas que habían atemorizado a los hombres, se convirtieron en fuente inagotable de recursos para su progreso material. No debemos olvidar que las primeras chimeneas fabriles se elevaron no en las ciudades, sino en los campos, cerca de las minas, de las materias primas y de la energía (fósil o hidraúlica). La Sociedad Industrial conquistó sistemáticamente el territorio, organizándolo en función de las necesidades productivas. Sin embargo, en el punto álgido de la Sociedad Industrial no era la dispersión lo que primaba, sino la concentración en las grandes ciudades. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, en los países industriales, se produce un no menos sistemático vaciado de los espacios rurales, en la medida en que sólo en la ciudad industrial la división del trabajo posibilita la sucesiva incorporación de nuevas oleadas de pobladores a los beneficios del progreso. Las mismas revoluciones tecnológicas que incrementaban la productividad industrial, poniendo al alcance de mayor número de gente los bienes materiales, incrementaban a su vez la productividad agraria, arrojando de los campos a las ciudades a los campesinos 'improductivos'. La Sociedad Industrial es, por naturaleza, la Sociedad Urbana. No vamos a retormar las características básicas que hemos señalado en el cuadro de síntesis, pero sí debemos resaltar en este punto que la ciudad industrial se convierte en un gigantesco organismo que debe alimentarse, y que produce desechos. Diversos autores plantearon en los años '60 los términos del metabolismo de las ciudades, definido como "la suma de todas las materias y productos que aquélla necesita para el sostén de sus moradores" (Wolman, 1979); un proceso ya imparable, pues como en el metabolismo orgánico, "no sólo implica una combustión, sino que la continuación ininterrupida de ésta -la respiración- es condición para la prosecución de nuestra vida" (Jouvenel, 1969). La función del territorio pasó a ser la de soportar, en el sentido más amplio, el metabolismo de las ciudades. Y la planificación en este contexto, tanto la económica como la urbanística, adquirió la función de otorgar racionalidad legitimadora a este proceso, intentando ordenar la gestión de unos hinterland que, en las condiciones vigentes, se mostraron a corto plazo incapaces de soportar los efectos del metabolismo. La oposición campo/ciudad, o rural/urbano, tenía ciertamente un sentido de lucha seminal por el control del territorio. Es en este marco en el que cabe el modelo analítico de los sistemas de ciudades, e incluso su más afinada expresión del sistema de ciudades mundo, siempre entendido en todo caso, dicho sistema, como una estructura jerárquica y con tendencias a la estabilidad.

La crisis de los sistemas urbanos de la sociedad industrial
A partir de mediados del siglo XX las cosas habían empezado a cambiar: se había iniciado la transición, en la que en la actualidad nos vemos envueltos, hacia la Sociedad de la Información. Describir cómo se inició el proceso va más allá de los propósitos de este texto, pero creo necesario señalar someramente al menos algunos hitos fundamentales que han marcado una lenta - 76 -

transición de la que no siempre hemos sido conscientes. En primer lugar la Revolución de las Comunicaciones -antes aún que la de las telecomunicaciones-. La constante aceleración en la velocidad tanto de la comunicación entre las personas como del transporte de mercancias y personas hizo innecesaria la concentración en las ciudades de las estructuras productivas -y por supuesto las residenciales-. El proceso de dispersión de actividades fue inmediato, y el uso de la tierra en vastos territorios empezó a reflejar "la variedad de formas de vida de su gente y el poderoso influjo de la ciudad" (Gottman, 1973). En las últimas cuatro décadas hemos asistido a un proceso sistemático de dispersión, iniciado en los Estados Unidos en los años ‘50, y luego generalizado en todos los países industriales. En segundo lugar las sucesivas revoluciones tecnológicas (tanto la electrónica e informática, como la operada con la invención de nuevos materiales, la biogenética, y por supuesto las telecomunicaciones) que han generado nuevas formas de producción no basadas en la industria pesada y que, con el conveniente sostén de infraestructuras de comunicación, contribuyen aún más a la dispersión productiva en lo que llamo la urbe global. En tercer lugar la fragmentación social y económica. La división urbana del trabajo ha propiciado la disgregación de los grandes grupos sociales (clases sociales, comunidades con raíces comunes, etc) en una miríada de grupos de interés, cohesionados por todo tipo de factores sociales, desde las relaciones de producción a los sistemas de creencias. La diversidad social se ha acentuado enormemente. En fin, hay que hacer al menos referencia al cambio de valores que se inicia en los años ‘60 -a partir del momento en que en los países industriales la población encuentra satisfechas sus necesidades básicas-, apuntados tempranamente (Sacco, 1974) y sistematizados por Inglehart como valores postmaterialistas (Inglehart, 1990). Estos nuevos valores van a generar la aparición de lo que se denominó el ‘empresariado moral’ (Becker, 1973), capaz de organizar redes de presión y que se erigen en promotores de usos socialmente admitidos para el territorio. En correspondencia con todos estos factores, asistimos a la propia fragmentación de la ciudad:“el espacio urbano, como globalidad, se fragmenta en multitud de piezas más o menos alejadas entre sí; se rompe la continuidad, característica de la urbe hasta ahora” (López de Lucio, 1993). Lo que no es, en realidad, sino el proceso de constitución de la urbe global.

El territorio de la red en la urbe global
Es este marco el que queremos interpretar con la imagen de la red urbana, como abstracción de la urbe global. La desconcentración que se produce al iniciarse la decadencia de la sociedad industrial ha provocado la transformación del propio concepto de urbanización. Ya no cabe referirlo únicamente al desplazamiento de población hacia las ciudades -aunque se siga produciendo-, sino también y sobre todo a la extensión de la cultura urbana al conjunto del hinterland de las ciudades. Lo cual, por otra parte, convierte en ineficiente la tendencia a la concentración demográfica en los grandes centros dominadores del sistema urbano, posibilitando la recuperación, evidente en los países más avanzados, de las pequeñas y medianas ciudades, sobre las que en un próximo capítulo profundizaremos. Lo cual ha hecho que la contradicción entre lo rural y lo urbano haya dejado de estar vigente. En los países avanzados no puede hablarse ya de espacios rurales y espacios urbanos, sino de una continuidad isomorfa de caracter urbano, rota tan sólo en algunas islas: en unos casos, pequeños núcleos perdidos en el espacio y el tiempo, que mantienen relativamente viva la cultura rural; en otros, las grandes metrópolis, que aportan una nueva cultura metropolitana, no - 77 -

suficientemente definida pero esencialmente distinta de la cultura urbana. A cambio, ahora podemos entender la dialéctica campo/ciudad en un sentido mucho más estricto, como relación entre lo que se entiende por continuum edificado, o suelo urbano en términos de planeamiento, y su territorio circundante114. Naturalmente, estos modelos no son universales. Hay espacios que parecen anclados en un punto temporal indefinido, cuyo suelo rústico parece responder al concepto ideal que todos tenemos de Naturaleza115. Aunque las fuerzas a las que vamos a referirnos se pueden detectar incluso en tales espacios, fundamentalmente aparecen en el entorno de las grandes ciudades, y más aún en aquellos territorios tremendamente complejos de economía mixta, agroindustrial pero con un creciente peso del sector servicios, que constituyen las zonas agrarias más ricas (Baigorri, 1983). En este sentido, hace casi veinticinco años que inicié una reflexión sobre las interrelaciones entre la estructura, la forma y la función del territorio exterior a las ciudades, tomando como elemento de análisis esa competencia que diversos agentes ejercen, expresada en términos de competencia por el uso del recurso tierra116. Parece de interés retomar dichos análisis por cuanto describen las características del territorio como recurso justo en el momento en que la sociedad industrial empezaba a transformarse en sociedad de la información, pero en un país que vivía todavía los últimos estertores de una era de las chimeneas que, como los peores dictadores, moría matando. Creo que tenemos ya una cierta perspectiva histórica que debería permitirnos distanciarnos del mero entrechocar de las olas, y comprender dichos procesos en un marco evolutivo más general. A medida que percibimos cómo desaparece la oposición dicotómica campo-ciudad, al estructurarse el territorio de los países desarrollados en un contínuum crecientemente isomorfo al servicio de la red urbana global, llegamos a la conclusión de que los protagonistas de la competencia ya no son los campesinos frente a los urbanitas, sino una especie de todos contra todos. Tal y como en la Naturaleza distintas especies compiten por el territorio, además de competir además a nivel interno los miembros de cada especie. Así, los ecologistas urbanos compiten, pretendiendo un uso bio-arqueológico de ciertos suelos caracterizados como 'espacios naturales', con los domingueros (que los desean para un uso recreativo-residencial), las grandes corporaciones (que los precisan para instalar sus plantas de producción o sus instalaciones de ocio) o el propio Estado (que puede precisarlos para ubicar sobre ellos grandes infraestructuras o equipamientos). Y a su vez todos ellos, urbanitas, compiten
Desde una perspectiva normativa -la del planeamiento urbano-, deberíamos pasar a ver el conjunto del término municipal (o el conjunto de términos municipales, si nos enfrentamos a un planeamiento de ámbito comarcal o regional) como un recurso que cumple funciones muy diversas, que satisfa ce a grupos sociales y eco nómicos muy diferenciad os entre sí, y que como veremos genera a menudo una fuerte competencia. Compatibilizar todas las demandas y necesidades manteniendo un equilibrio entre ellas, y manteniendo a su vez un equilibrio entre las alternativas conservación y desarrollo, es el gran desafío del planeamiento del siglo XXI.
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Me resisto a utilizar el término Naturaleza, por cuanto la Naturaleza no existe en las sociedades desarrolladas. El campo, el espacio rústico, lo rural, es el resultado de la acción civilizatoria del hombre a lo largo de siglos y aún milenios. La Naturaleza es un espacio ideal que incluso c omo concepto surge muy tardíamente en la historia de las ideas, en el marco del Renacimiento, cuando el hombre occidental alcanza la percepción de que la ha perdido para siempre. Hoy la Naturaleza es casi exclusivamente, al decir de Lefebvre, un reclamo publicitario.
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En informes para el Plan Director Territorial del Alfoz de Burogs (1977), los PGOU's de Puerto de Santa María y Alfaro (1980), Alicante (1981), Ejea de los Caballeros (1982), Tauste (1983) y Badajoz (1985), así como en la propuesta de análisis para el Plan Especial del Suelo No Urbanizable de Tudela de Navarra (1983), y sobre todo en el Estudio Territorial de Extremadura (1991). He intentado sistematizar algo de estas cuestiones en (Baigorri 1982, 1983, 1984 y 1992) y en (Baigorri, Gaviria et al, 1985, pp.50-91).

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con los rurales, que pueden precisarlos (compitiendo a su vez entre sí) para la agricultura, la ganadería, la producción forestal o la caza. Algunos parques naturales, como el de Doñana en el Sur de España, son ejemplos paradigmáticos, en los que hemos visto competir a biólogos conservacionistas, agricultores de regadío, ganaderos, cazadores, urbanizadores y al propio Estado (que los toma como área de descanso para sus dirigentes)117; obviamente la alianza entre conservacionistas y aparato del Estado ha supuesto su institucionalización como Parque Natural, pero un juego de alianzas distinto podría haber conducido a otro resultado. He tenido ocasión de conocer otros ejemplos, como el del embalse de Alange, en Extremadura; construído para mejorar los regadíos de las Vegas del Guadiana, se ha convertido en un espacio fuertemente competido por las industrias de la ciudad de Almendralejo, que deben efluir los resíduos de los molinos de aceite de oliva sobre algunos cauces que lo alimentan; la ciudad de Mérida, que ha empezado a utilizarlo como fuente de abastecimiento; el municipio de Alange, justo donde se asienta la presa, a cuyos actuales usos turísticos termales -cuenta con unas termas de origen romano- querría añadir un turismo más masivo de pantano; la principal organización ecologista de la región, que monopoliza el uso de varias islas y penínsulas; los ganaderos de la zona, que han construído siempre refugios y ahora se ven perseguidos por los ambientalistas... podríamos buscar todavía más agentes en conflicto. No se trata, estrictamente, como tradicionalmente se ha planteado, de una oposición conservación/desarrollismo. Hay competencias dentro de lo que podríamos llamar el bloque histórico productivista: los promotores inmobiliarios y turísticos compiten por ejemplo con las grandes factorías potencialmente contaminantes; unos y otros con las explotaciones mineras; los propios usos infraestructurales, dirigidos funcionalmente en beneficio de la maquinaria productiva, pueden hallarse en competencia con otros usos productivos agrarios, industriales o inmobiliarios. Y hay también, cada vez en mayor medida, competencia dentro del supuesto bloque histórico proteccionista118. Del juego de interrelaciones y alianzas, es decir de las posibilidades de comensalismo entre distintos agentes en competencia, dependerá el uso final que funcionalmente se asigne a ese espacio protegible. Los grupos o alianzas pueden conseguir que el espacio sea protegido, o asignado a otros usos, en función de su capacidad de influir en la toma de decisiones colectivas. Es así como podemos hablar de una construcción social de los espacios naturales (Baigorri, 1991b y 1999). Considerar estos procesos supone ir más allá de los habituales análisis del territorio, centrados casi exclusivamente en dos aspectos: la estructura (del suelo, de la diversidad biológica, de la propiedad, de las explotaciones) y la forma (paisajes, cultivos, parcelación...). Hay que añadir un tercero: las funciones que cumple el territorio, cada vez mayores y más complejas, y casi siempre metaagrarias. En (Baigorri, 1984) mostraba cómo el recurso tierra cumple hoy funciones muy diversas, destacando como esenciales las siguientes: a) Conservación de la vida (conservación de la biomasa) b) Producción agraria c) Explotación de recursos naturales (minas, aprovechamientos forestales y cinegéticos, etc)
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La quintaesencia de dicha competencia podemos observarla en un hecho sólo aparentemente anecdótico, ocurrido a finales de 1997. La prensa nacional, en estas fechas, informa sobre el conflicto surgido en el parque de Doñana al ser denunciado por cazar patos en la zona de reserva nada menos que el biólogo que durante años fue director-conservador del parque. Sin duda la competencia entre sectores se materializa incluso en contradicciones y conflictos internos de los propios agentes que compiten.
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Sin ir más lejos, los agricultores, que inicialmente fueron los mejores aliados de los ecologistas en la mayor parte de los países avanzados, han terminado por convertirse en objeto de los más duros ataques por parte de los ambientalistas.

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d) Descongestión de la ciudad como: 1) soporte de actividades industriales o de servicios molestos, insalubres y peligrosos 2) soporte de servicios y dotaciones particulares o institucionales que requieren unos espacios caros dentro de los cascos urbanos e) Crecimiento y desarrollo residencial de las propias ciudades y pueblos f) Soporte de redes de transporte y comunicación (carreteras, líneas eléctricas y telefónicas, ferrocarriles, canales y conducciones de agua, etc) entre los nudos de la red urbana global119. g) Descanso y bienestar para todas las capas sociales, si bien compartimentados los espacios por clases y estratos. De forma que diversos actores deben competir por el uso y control de este recurso hoy escaso: agricultores, ganaderos, residentes urbanos, comerciantes, industriales, organismos públicos, grupos conservacionistas, etc, lo que se manifiesta como competencia por el uso agrícola, ganadero, urbano, residencial, forestal, comercial, minero o infraestructural de la tierra. En (Baigorri, Gaviria et al., 1985) mostrábamos, sobre el área metropolitana de Madrid, tantos usos no agrarios en el territorio supuestamente rústico como nunca hubiésemos podido imaginar. Nada menos que 177 usos concretos y distintivos, desde centrales térmicas a recicladores de materiales de construcción, pasando por usos tan peregrinos como centros de amaestramiento de perros de seguridad, empresas pirotécnicas, clubs de tiro, cuarteles, centros de investigación inmunológica, grandes lavanderías asépticas, mercado de ocasión de camiones, guardamuebles, seminarios, residencias de animales, cárceles, casinos de juego, escuelas taurinas, clubs de alterne, frontones, grandes antenas de seguimiento espacial y un largo etcétera, en el que se incluía también, obviamente, el uso agrícola. Es la confluencia de todas estas funciones diversas, este sinnúmero de usos diferenciados, junto a los propios núcleos urbanos existentes, lo que otorga personalidad al territorio. Si consideramos al suelo rústico como un espacio ignorado120, esa multitud de funciones se desarrollará de forma desordenada, provocando disfunciones y contradicciones, no sólo entre el medio ambiente y el desarrollo urbano (o edificatorio), sino también entre la industria y la agricultura, o entre esta y las necesidades dotacionales, de ocio, etc. Ejemplos claros son los fenómenos de las parcelaciones ilegales, los vertederos incontrolados, o fenómenos como los huertos periurbanos, propios de las grandes ciudades y metrópolis (Baigorri, Gaviria, 1985). Un análisis realizado en la época de ocaso de las chimeneas, en el municipio de Alicante, puede servirnos de ejemplo; pero podríamos tomar cualquier otro término municipal de cualquier ciudad media dinámica. El término municipal de Alicante se ha complejizado notablemente desde entonces (1981), pero en aquellos momentos mostraba en todo su esplendor la competencia por el territorio121. Los mapas, e incluso los recorridos superficiales del territorio, nos hablan de un espacio ignorado, tal y como tradicionalmente es visto por los urbanistas. Sin embargo, se trataba de un espacio ciertamente ignorado por los planificadores, pero en absoluto vacío. En todo caso
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Hoy se reconoce que autopistas, conexiones aéreas o trenes de alta velocidad, “son en realidad transportes 'urbanos'” (Dumont, 1995:65)
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Bien ignorándolo, como ha venido ocurriendo con el planeamiento tecnocrático tradicional, bien superprotegiéndolo hasta imposibilitar cualquier actividad, como ocurre con el planeamiento tecnocrático ambientalista de nuevo cuño.
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De hecho, hoy probablemente no sea posible observar la riqueza y variedad de agentes en competencia que, justo en plena crisis de la Sociedad Industrial, tuvimos ocasión de detectar.

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podríamos hablar de un vacío imperfecto, lleno de cosas, actividades, apetencias, en suma tensiones. La observación más somera mostraba la existencia de poblamiento disperso, pequeñas pedanías -originariamente surgidas como asentamientos campesinos que facilitan el control y el cultivo de un extenso territorio de 20.000 Has, y que con el tiempo se han ido complejizando-, cuya población oscilaba entonces entre los 58 y los casi 1.000 habitantes (exceptuando la urbanización turística de Playa de San Juan, con casi 2.000 habitantes permanentes). Y si a a ello le añadimos las vías de comunicación nos aparece ya una malla, más densa cuando incorporamos la red de caminos rurales no pavimentados, que interconecta los distintos puntos del término municipal, así como al conjunto del municipio con el exterior. La superposición de las líneas eléctricas de alta tensión, las subestaciones y las líneas telefónicas que surcan el término municipal, y que posibilitan el uso multifuncional del territorio, empieza a complejizar notablemente ese vacío. Y si añadimos la relativamente densa red de canales y tuberías que, con agua potable o de riego (procedente de embalses del interior, del trasvase Tajo-Segura e incluso de varias estaciones depuradoras de aguas residuales), recorren el término, la situación se complica aún más. Precisamente la agricultura ultrintensiva de regadío, que utiliza en buena parte esas redes citadas, era todavía en 1981 -dado su poder económico- un poderoso agente competidor en la utilización del territorio122. Como lo eran los usos extractivos. Mármol, yesos, cemento, arcillas..., pues en la medida en que los recursos lo permiten la ciudad se construye con materiales de su entorno. Se incluía la producción de sal marina, para cuya decantación se precisan de grandes superficies de terreno, aunque la caída del precio de la sal ya venía provocando entonces una decadencia generalizada de las salinas marinas en todo el territorio nacional, ante la imposibilidad de que este uso compitiese con las elevadas rentabilidades ofrecidas por la función residencial sobre la primera línea de playa123. Y debíamos incluir, asimismo, los usos extractivos forestales. La densa malla de redes de comunicación y abastecimiento que cubre un territorio aparentemente vacío -y en consecuencia incontrolado124- facilita la ubicación fuera del casco urbano de actividades molestas, insalubres o peligrosas, o que requieren grandes superficies de suelo, con un elevado coste en suelo urbano. Y se ha señalado, en fin, cómo el territorio cumple asimismo una función de ocio, descanso y bienestar para los habitantes de los cascos urbanos, alcanzando por igual a todas las capas sociales. El proceso temporal por el que las distintas clases han accedido a la satisfacción de esta necesidad nos marca un proceso de segregación espacial, que al igual que se observa en los núcleos urbanos podemos detectarlo en las áreas de suelo rústico utilizadas para el ocio125.

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En la agricultura de Alicante el único factor limitante es el agua, para obtener altísimos rendimientos, y el coste de acarreo de este recurso, por elevado que sea, es compensado por las producciones de de primor.
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Curiosamente, la decadencia de las salinas marinas, tan codiciadas por los promotores inmobiliarios de costa, provocó la recuperación de minas de sal interiores que habían sido abandonadas años atrás.
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Desde un punto de vista normativo, el principal efecto de la consideración de los espacios 'no urbanizables' como vacíos territoriales ha sido la falta de control y policía urbanística sobre los mismos.
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En una primera época las clases altas utilizaron las limpias playas de San Juan y la periferia urbana del Norte, en las huertas más antiguas y feraces huertas, en un área que por su cercanía al casco pronto termina siendo absorbida. A su entorno acudieron luego las clases medias, ocupando áreas más extensas de la huerta. Y, ya a partir de los años '70, la clase trabajadora debe conformarse con los terrenos más alejados del casco urbano, por su menor coste (por su lejanía, ilegalidad y baja calidad ambiental y paisajística, a menudo con vistas a instalaciones mineroindustriales). La generalización de este fenómeno supone la aparición como hongos de parcelaciones ilegales.

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Por tanto, hablar de algo tan simple conceptualmente como el suelo no urbanizable, ese espacio vacío en el que aparentemente no hay nada -e incluso nos parece que no hay efectivamente nada, en espacios sin grandes valores ambientales, cuando lo observamos superficialmente-, es a todas luces insuficiente cuando nos detenemos a analizar esa multiplicidad de funciones que atiende ese territorio, y desde un punto de vista normativo resulta obvio que la ordenación será inadecuada, al no atender a la multiplicidad de agentes que compiten por el uso de ese suelo. De ahí que, para el caso que nos ocupa, en mi interpretación general del territorio126 no hablase de un suelo no urbanizable, sino más bien de tres tipos de espacios, “urbanizados con intensidad variable”: el casco urbano, los territorios suburbanizados, y los territorios semidesertizados, que aunque atendían funciones muy complejas y aparecían relativamente habitados, no constituían un casco urbano definido. En suma, hoy podemos decir a ciencia cierta que el desierto no existe. El aviador que protagoniza la famosa historia de Saint Exupéry no hubiese sido visitado por ningún principito; ningún viajero de otro planeta se atrevería a descender ante la intensidad de tráfico actual.... Aventureros, probadores de coches, arqueólogos, geólogos a la búsqueda de petróleo o de minerales, biólogos buscando la planta salvadora contra la sequía, adoradores del sol, o de la luna, o de la arena, o del yo perdido en la inmensidad... navegan incansables, por tierra o aire, a través de los desiertos geográficos -que no sociales-. Y si esto es así para los llamados desiertos, ¿cómo podemos seguir creyendo que el territorio de la civilización se resuelve en una dicotomía simple entre lo rural y lo urbano, atribuyendo además a lo rural alguna especie de vacío?.

El jardín de la urbe global
La imagen de urbe global que se propone, entendida como “un continuum inacabable en el que se suceden espacios con formas y funciones diversas, con mayores y menores densidades habitacionales, pero que en su totalidad participan de una u otra forma de la civilización y la cultura urbanas”, hasta el punto de que, al abarcarlo todo y descansar sobre las telecomunicaciones, la ciudad “deja de existir como espacio físico (...), se hace virtual” (Baigorri, 1995), se inspira en parte en la ecumenópolis de (Doxiadis, 1979), que avanzaba los nuevos esquemas dominantes de organización social en red -concepto que incluye la idea holista de interrelación entre todos los factores-, antes que en el neoestructuralismo jerárquico, propio del pasado, que se deriva tanto de los modelos de Sassen, como de los de Castells y Hall, e incluso del modelo de ciudad-mundo de Friedmann. Para Doxiadis, la ecumenópolis se constituye como resultado de la interacción de cinco elementos: las capacidades de la Naturaleza, las necesidades del Hombre, las estructuras sociales, la capacidad técnica para la edificación en general (lo que él llama las conchas), y las redes, en el sentido más amplio del término. Es decir, básicamente el modelo POET (Población, Organización -cultura no material-, Medio Ambiente y Tecnología-cultura material-) propuesto por los sociólogos de la Escuela de Chicago como paradigma de la Ecología Humana(Park, 1936). Algunos autores interpretan imaginativamente la urbe global en términos de una virtualidad límite, en la que “sus lugares serán construídos virtualmente por software, en lugar de físicamente con piedras, y estarán conectados por conexiones lógicas más que por puertas, pasajes y calles” (Mitchell, 1995). Frente a dicha interpretación, la tradición ecológica nos ata
El estudio que utilizamos se enmarcaba dentro de los trabajos preparatorios de la revisión del PGOU, encargados por el Ayuntamiento a la consultora urbanística EUSYA, de Madrid.
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a la materia, Pero más desde la temprana perspectiva ecohumanista de un Jouvenel que reclama la necesidad de convertirnos en jardineros de la Tierra (Jouvenel, 1969), o un Whyte que proclama la urgencia de tratar el territorio a un nivel micro, construyendo en términos de humano el “paisaje final” (Whyte, 1968), que desde el tecno-ambientalismo alimentado por el modelo de una economía de la nave espacial Tierra (Boulding, 1966) o la hipótesis de Gaia (Lovelock, 1979). En la urbe global que corresponde a la Sociedad de la Información, el territorio menos que nunca va a poder ser considerado como Naturaleza, sino como un auténtico entorno ambiental (environment) que sostiene diversidad de usos, respondiendo a demandas no menos diversas. Aquí los intersticios en la red urbana global son cada vez más reducidos, y afectan simultáneamente a escalas de muy distinto nivel127 -y en consecuencia la planificación territorial y urbanística tiene un papel importantísimo que cumplir buscando la convivencia de diversos y legítimos intereses que compiten por su utilización-. Se trata en suma de considerar el conjunto del territorio como objeto de la acción planificadora, analizándolo ya no como Naturaleza, sino como un espacio que forma parte intrínseca de lo urbano, tremendamente complejo en usos y funciones, estrechamente interrelacionadas entre sí y sobre el que agentes muy diversos y contrapuestos compiten por su dominio. El territorio de la urbe global ni es el campo, ni mucho menos la Naturaleza; su capacidad funcional como recurso es muy superior, según ha quedado expuesto, y olvidarlo es condenarnos a seguir planificando en los mismos términos que en la era de las chimeneas128. Quiero recordar que la idea de ciudad global fue anticipada en un sentido bien distinto por Yona Friedman, como utopía realizable en términos de proyecto que satisface la satisfacción de un grupo de seres humanos mediante el consentimiento de dicho grupo, es decir bajo radicales principios democráticos (Friedman, 1977). Ciertamente, la Historia no ha terminado, y a las nuevas formas de la ciudad debe corresponder una nueva utopía realizable, una nueva construcción social en la que la Humanidad ejerza, ciertamente, como jardinera de la Tierra. El territorio, entonces, no es sino el jardín de la urbe global, con toda la implicación intraurbana que tiene el concepto de jardín. El hombre esperaba que, más allá de la terra ignota, hallaría el Jardín del Edén. Hoy se ve obligado a ser, él mismo, el jardinero de toda la Tierra si quiere sobrevivir como especie. Afortunadamente, cuenta con los principios morales, las capacidades y los medios técnicos necesarios para conseguirlo.

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No olvidemos que la base ecológica de las ciudades no está en su entorno inmediato, sino en lugares dispersos y muy alejados del planeta, pues se ha evaluado en 4,3 Has la base ecológica actual -el footprint- de un urbanita avanzado (Wackernagel, Rees, 1995). El modelo de urbe global es pues un instrumento analítico fundamental, ya que en estos términos el entorno de los instersticios de la urbe sería el conjunto del planeta.

128 A menudo la convivencia de usos y funciones de la sociedad agraria, la sociedad industrial y la sociedad de la información tienden a confundirnos. Sobre todo porque nos manejamos con conceptos -pro o anti- anclados en la sociedad industrial. Pensemos como ejemplo de uno de esos nuevos usos a tener en cuenta, en los centros de teletrabajo que van a ir surgiendo, alejados de las grand es ciudade s, con su p ropia área residenci al y de ocio, tal y como los p oblados industriales y mineros florecieron en el siglo XIX. El factor de localización no es la materia prima, ni el transporte, ni la insalubridad o molestias que la actividad pueda suponer sobre la ciudad existente. En el marco de la red global de transportes y telecomunicaciones, la localización de estos nuevos poblados informacionales está determinado fundamentalmente por dos factores; el coste del suelo -demasiado alto para talleres informacionales que generan escaso valor añadido por unidad de producto, en el centro de las ciudades- y un entorno de calidad que sea capaz de atraer a los teletrabajadores.

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Segunda Parte

Mesópolis transfronterizas

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En este apartado se trata de esa particular categoría de ciudades para las que he utilizado el neologismo mesópolis, profundizando especialmente en las que además tienen la cualidad de ser transfronterizas, como ocurre en el caso de Badajoz. Puede sin duda parecer contradictorio, después de dedicar una buena parte del esfuerzo precedente a intentar demostrar el advenimiento de la urbe global, el intentar distinguir ahora una parte del todo. Sin embargo, no es menos cierto que, según se ha expuesto, el concepto de urbe global se concreta en una red urbana constituída por unidades que pueden distinguirse empíricamente, aunque en no pocos casos, en las conurbaciones y en las denominadas regiones urbanas, sean difícilmente delimitables. El mismo concepto geddesiano de metrópolis nunca ha presentado dificultades para la distinción entre las unidades político-administrativas que las forman. De hecho, las políticas metropolitanas que han constituído la característica fundamental del urbanismo del siglo XX no han impedido la manifestación de intereses y estrategias individualizadas, y a menudo contrapuestas, de los distintos municipios -o perímetros administrativos, en general- que conforman las metrópolis. Asimismo, la definición por Gottman del concepto de megalópolis, tomando como primer ejemplo el Noroeste de los Estados Unidos, no impidió el discernimiento de ciudades concretas que, formando parte de dicho aglomerado urbano, se benefician o sufren las sinergias -positivas y negativas- del aglomerado, pero tienen a su vez perfiles claramente delimitados, políticas individuales, y estrategias consecuentes. Incluso el novísimo concepto de metapolis propuesto por Ascher (1995), entendido como algo que va “más allá de las ciudades”, y referido el conjunto de Europa o de Norteamérica como regiones o continuos urbanos en el futuro (concepto que no va mucho más allá del de Gottman), se concreta en espacios urbanos perfectamente discernibles y delimitables. Del mismo modo, en la urbe global podemos distinguir fácilmente cómo los distintos nudos, más o menos importantes demográficamente, más o menos influyentes desde el punto de vista económico, político o cultural, siguen correspondiéndose en buena medida con espacios históricos, para los que conservamos la rudimentaria definición de ciudades. Aunque se hace crecientemente difícil una correspondencia directa entre dichos espacios sociales y los lugares físicos en los que las ciudades surgieron y se han desarrollado. El espacio urbano de la metrópolis de Nueva York está formado no por los lugares -perímetros administrativos con una base física contigua- que dieron lugar a la ciudad del mismo nombre, sino por un conjunto mucho más amplio de lugares, con los que en ocasiones -gracias a las telecomunicaciones- ni siquiera existe contigüidad física. De igual forma el espacio social al que denominamos Madrid se corresponde hoy con un conjunto de perímetros administrativamente diferenciados del lugar Madrid, que constituye el municipio articulador de una metrópolis, pero también se corresponde con un conjunto de posiciones sociales interconectadas geográficamente y ubicadas en lugares físicos a veces incluso muy alejados de la corona metropolitana. “Incluso los ciudadanos de una ciudad utilizan su nombre con diferentes sentidos, dependiendo del contexto”(Habitat, 1996:14). Para los teóricos de las ciudades-mundo, aún cuando atribuyen un peso determinante a las tendencias a la centralización del poder y de la actividad económica, aparece la evidencia de que
“existen no obstante una multiplicidad d e correlac iones esp aciales pa ra esta concentración, y en este sentido vemos emerger una nueva geografía del centro, que puede incluir una red m etropolitana de nodos conectados a través de las telecomunicaciones avanzada s. No se trata de suburbios en el sentido en que los concebíamos veinte años atrás, sino de una nueva forma o espacio de la centralidad” (Sassen, 1995:73)

Hasta qué punto tales centros virtuales podemos asignarlos a un lugar geográficamente - 86 -

definido es una cuestión que está por resolver129. Pero, en cualquier caso, no podemos negar que tales lugares son materializaciones de la urbe global en los que las gentes viven, disfrutan, se afanan y trabajan, existen y tienen nombres, por más que en muchos casos el propio nombre geográfico pueda constituir incluso un equívoco. Pero, sobre todo, en los mismos términos que hablamos de las ciudades-mundo 'establecidas', también podríamos hacerlo de otros muchos nodos de la red urbana global, de mucha menor escala tanto física como virtual. En suma, más allá -en realidad, más acá- de la urbe global no podemos negar la existencia de ciudades concretas, cuyo espacio social puede diferir del geográfico, pero que constituyen en cualquier caso objeto de estudio también en sus individualidades, que responden a los intereses concretos de sus habitantes -o de sus grupos dominantes-. La importancia de la existencia de la urbe global radica, en este caso, en la inevitabilidad de tener en cuenta la posición -o posicionesy funciones de la ciudad concreta en la urbe global. El rápido desarrollo de las teorías de la globalización, y en el caso del análisis de la ciudad de las teorías de las ciudades-mundo, ha centrado los análisis casi en exclusividad en este tipo de megalópolis, como si el carácter 'ordenador' que tienen en la red fuese determinante del comportamiento del conjunto. Como ya hemos apuntado, esa posición presupone un principio estructuralista de carácter jerárquico que a nuestro modo de ver no puede aplicarse plenamente al funcionamiento de la red global, mucho más imprevisible e incluso anárquica de lo que puede desprenderse de dichas teorías. Por el contrario, es necesario el análisis también de los nodos de importancia diversa de la urbe global, así como el de esos intersticios en los que según he expuesto se mantiene la ruralidad, y por supuesto de ese tipo de sinapsis que es el territorio, para poder construir una imagen más o menos acabada del conjunto de interacciones que mantienen esa urbe global en términos casi virtuales, y poder entrever las tendencias evolutivas de la misma.

Cabe señalar la reciente consideración de estos presupuestos justamente al analizar una de las tipologías nodales más características de la sociedad de la información en el marco de la globalización: los parques tecnológicos, o tecnópolis. Frente a la consideración de las mismas como espacios físicos centralizadores -según el modelo de Castells y Hall- se apunta el surgimiento de tecnópolis virtuales que superan las limitaciones derivadas de la proximidad física, pues “las empresas se comunican y cooperan más con otras empresas y con centros de investigación que trabajen en el mismo campo, aunque estén distantes, que con otras firmas o centros más próximos, incluso situados en el propio recinto del parque, pero pertenecientes a áreas tecnológicas diferentes (...). La proximidad física posibilita ciertas sinergias, pero la relación entre las empresas o centros de una misma comunidad o red científica y tecnológica, sin limitaciones de tipo geográfico, es más importante. El fax y el correo electrónico han contribuido en gran medida a reforzar los vínculos entre los miembros de estas redes virtuales” (Escorsa, 1997:139)

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6. La medida de las ciudades
En este apartado haremos una revisión, siquiera somera, de las diversas tipologías de nodos que componen la urbe global, centrándonos fundamentalmente en los países avanzados, en cuyo marco se ubica el objeto de nuestra investigación. A partir de esa base podremos avanzar en el concepto de mesópolis que se propone para dicho objeto de estudio. Tradicionalmente, y gracias al apoyo -a menudo único apoyo- de la Demografía, la diferenciación entre lo rural y lo urbano ha sido particularmente sencilla, dependiendo del punto en que -por supuesto, siempre de forma arbitraria- se decidiese fijar la densidad a la que se atribuía la condición de población urbana (Davis, 1967:14)130. La cuestión del tamaño ha sido, en realidad, el criterio básico para la distinción de lo que es ciudad de lo que no lo es, de lo que es urbano de lo que es rural. Cuando estamos planteando la ruptura de la dicotomía rural/urbano, las cosas se ponen desde un punto de vista analítico sensiblemente más difíciles. Recordemos que todavía en 1973 Lewis Mumford consideraba que “la definición misma (de ciudad) está todavía en discusión” (Mumford, 1973:384), y que a principios de la presente década se apuntaba que
“en estos mome ntos hay registrada s y codificadas más de cien definiciones operativas de lo urbano y la urbanización sin que haya acuerdo alguno sobre la bondad de ninguna de ellas” (Salcedo, 1990:247)

De hecho, las definiciones de ciudad que ofrece el Diccionario de la Real Academia de la Lengua son extremadamente pobres (“Población, comúnmente grande, que en lo antiguo gozaba de mayores preeminencias que las villas”), y a menudo redundandantes (“Conjunto de calles y edificios que componen la ciudad”). Son definiciones que ayudan muy poco a comprender, y nombrar, el mundo en que vivimos. No obstante, un par de componentes de la definición castellana guardan estrecha relación con la realidad que el concepto pretende describir. De un lado hallamos la referencia al tamaño, “comúnmente grande”, que en su ambigüedad nos lleva ya a recordar la advertencia crítica de Wirth (1938) sobre el error de utilizar la mera dimensión como instrumento de clasificación de los asentamientos humanos. Ya Aristóteles advirtió:
“La mayor parte de las personas juzgan el tamaño de una ciudad por el número de sus habitantes; mientras debieran considerar n o su número, sino su influencia... ya que una gran ciudad no debe ser confundida con una ciudad populosa” (citado en Jones, 1992:20).

Efectivamente, tenemos también en la definición de la RAL esa mención a situaciones pretéritas en las que la ciudad respondía a una posición determinada en alguna especie de jerarquía (“gozaba de mayores preeminencias que las villas”) o especialización funcional. Ciertamente, ciudades como México DF, o Shangai, a pesar de su mayor población, son menos influyentes que otras más pequeñas como Londres, Paris o Chicago. En suma, el tamaño y la posición/función podrían ser elementos constituyentes de los nodos en la red de la urbe global. Pero si hemos dado por perdida la dicotomía rural/urbana, deberemos utilizar otro tipo de
130 Recordemos esta colorista definición de Kingsley Davis, al hablar del origen de la ciudad: “...se trataba de pequeñas ciudades rodeadas de una aplastante masa de gentes rústicas” (Davis, 1967:11), e imaginemos a las masas de gentes rústicas asomando por entre los adoquines de la ciudad radiante.

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artefactos analíticos para la distinción. Hablaremos de gradientes, y es aquí donde tiene sentido nuestro trabajo; porque en sí mismo el concepto de mesópolis, como veremos más adelante, exige una holgura entre la mesópolis y la ciudad media.... es un grado, difícilmente definible además en términos numéricos. Se trata, en cierto modo, de volver al principio, a considerar -con los primeros sociólogos que intentaron sistematizar lo rural y lo urbano- que las diferencias de tamaño, densidad y ocupación, etc, cada una de ellas asombrosamente distintas tanto en la ciudad como en el campo, constituyen individualmente bases inadecuadas para distinguir entre las aglomeraciones rurales y urbanas (Sorokin, Zimmerman, 1929:13-58). Aquellos presupuestos de los clásicos nos hacen recordar que una de las bases epistemológicas del conocimiento sociológico es el relativismo. En la observación de las ciudades desde la perspectiva sociológica se hace particularmente cierto un principio más tardíamente aceptado desde otras disciplinas: que los criterios acerca de su grandeza varían sensiblemente según la perspectiva del observador, pero también dependiendo del objetivo de la investigación (Jones, 1992:43). En suma, el tamaño de las ciudades es, si lo contemplamos a escala mundial, inconsistente desde la perspectiva sociológica. Y justamente el concepto de urbe global nos ayuda a superar tales dificultades, por cuanto en el mismo no establecemos exactamente una jerarquía -de tamaño o funcional-, sino que más bien nos interesa conocer la dirección de los flujos -de información, capital, trabajo o energía- y los distintos roles que desempeñan los nodos de la red. La cuestión del tamaño hay que circunscribirla por tanto, en cada caso analizado, al entorno homogéneo más inmediato. Pero no olvidando a la vez que, dentro de dicho relativismo, “la misión peculiar de la ciudad consiste en aumentar la variedad, la velocidad, el grado y la continuidad de la relación humana” (Mumford, 1973:388), y todo ésto guarda una estrecha relación con el tamaño, como ya hemos visto al revisar las consideraciones al respecto desde Durkheim a Hauser (vid supra, 84 ss.), pero también con la forma y la función. En consecuencia con todo lo anterior, tradicionalmente se han atendido a cuatro tipo de componentes analíticos tanto para definir lo urbano, como para clasificar jerárquicamente los núcleos urbanos (Salcedo, 1990): - El tamaño, considerando límites inferiores que oscilan entre los 10.000 y los 100.000 habitantes, según los casos y fines de la delimitación, para definir desde qué tamaño se considera a un núcleo como ciudad. Este es el indicador más utilizado en España, entre otras razones por la preeminencia de la perspectiva geográfica, pero es un indicador tremendamente errático, y sin duda el más fuertemente marcado por el relativismo territorial. A menudo hallamos en un mismo trabajo, con unas pocas páginas de separación, cómo la cifra en la que se fija el corte entre el asentamiento rural y la ciudad varía sustancialmente. Lo mismo ocurre en trabajos sociológicos (FOESSA, 1970:1188ss.), que en otros de carácter geográfico (Zoido, 1995:145ss.). - La actividad predominante, entendiéndose que la ciudad diversifica y complejiza las actividades, y sobre todo 'debe' diferenciarse de un entorno que se supone rural y agrario. Por lo que como índice se ha venido tomando el peso relativo de la actividad en el sector agrario. Sin embargo, este elemento plantea, tanto como el tamaño, la cuestión de la arbitrariedad en el corte a partir del cual la diferencia cuantitativa se supone que genera una variación cualitativa. Por otra parte, el propio desarrollo de la sociedad de la información ha puesto de manifiesto, como ya hemos señalado supra, las limitaciones de este factor, ya que la diversificación de las actividades se produce también en asentamientos que bajo ningún parámetro serían considerados urbanos131.
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Sin olvidar la existencia de fenómenos, como las urbanizaciones turísticas que se extienden por buena parte de las costas de los países desarrollados -o en vías de desarrollo con sistemas sociales estables-. Aquí hallamos numerosos asentamientos que, estando alejados por su reducido tamaño de cualquier definición como ciudad, no cuentan con población activa agraria.

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- El tipo de producción económica predominante, distinguiendo a la ciudad la exportación de bienes y servicios hacia su entorno, del que importa alimentos (Salcedo, 1990:246). Sin embargo, hoy hallamos cómo supuestas zonas rurales importan idéntica proporción de alimentos que las ciudades, dada su creciente especialización funcional. Por lo que éste parámetro funcional habría que entenderlo en un sentido más amplio, atribuyendo a los asentamientos urbanos la cualidad de centros de consumo de masas; pero en las sociedades avanzadas ni siquiera nos sería de utilidad. A menudo hallamos cómo los principales centros de consumo de masas -grandes centros comerciales- se ubican relativamente lejos de las ciudades, en áreas rurales equidistantes de varios centros urbanos y en las que el suelo que tales centros demandan tiene un precio mucho menor. Por otro lado, ciertas áreas rurales o naturales constituyen a su vez, en su propia ruralidad o estado de naturaleza, también centros de consumo de masas altamente especializados. - Ante la incertidumbre de los factores citados, no pocos autores se han lanzado, desde hace varias décadas, a la construcción de índices sintéticos que definen lo urbano “como una cifra producida mediante la combinación, más o menos afortunada, de magnitudes de diversa naturaleza” (Salcedo, 1990:247). En España, primero Díez Nicolás y luego De Miguel y Salcedo, fueron pioneros en la construcción de este tipo de índices; y se han seguido construyendo con aparatos estadísticos crecientemente complejos, aunque siguen chocando con la barrera del relativismo territorial, incluso a nivel nacional. Atendiendo a la importancia que atribuimos al relativismo, se nos hace difícil de partida incluso el definir el contexto en el que, en nuestro caso, debemos movernos. Pues las características de la urbanización son distintas según atendamos al contexto más inmediato de nuestro objeto empírico -la región de Extremadura, o incluso sus regiones contiguas, como Andalucía o Alentejo-, o bien al conjunto de España, o de la Península Ibérica -es decir, incluyendo Portugal-, o en un sentido más amplio al contexto de la Unión Europea. De ahí que optemos, en suma, por aceptar las definiciones institucionales que los institutos de Estadística utilizan, coincidiendo en España y Portugal en el corte de los 10.000 habitantes para separar los asentamientos que podrían ser considerados como ciudades de los que no. Aunque en otras áreas del planeta no cabría afirmar algo parecido, podríamos establecer como hipótesis de trabajo, para el conjunto peninsular, el siguiente agrupamiento atendiendo exclusivamente al tamaño132: - de 10.000 á 100.000 habitantes, pequeñas ciudades funcionalmente especializadas (agrociudades, capitales administrativas de ámbito provincial o regional, ciudades industriales, ciudades turísticas, etc...) - de 100.000 á 500.000 habitantes, ciudades medias - de 500.000 á 1.000.000 habitantes, grandes ciudades - más de 1.000.000 de habitantes, metrópolis Sin embargo, a partir de este punto, la diversidad se dispara. En los tramos bajos se hace muy díficil distinguir, en la literatura más habitual, si algunos de los asentamientos que sobrepasan los 10.000 habitantes son ciudades, agro-ciudades133 o simplemente grandes asentamientos
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Según el Padrón de Habitantes correspondiente a 1996, hay actualmente en España tan sólo dos ciudades que superan el millón de habi tantes (Madri d y Barcelona), cuatro que tienen entre 500.000 y 1.000.000 de habitantes (Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga), y sólo cuaren ta y nueve con una población entre 100.000 y 500.000 habitantes, aunque ninguna de ellas alcanza los 400.000. Badajoz, la ciudad que nos ocupa, se sitúaba en el Padrón de 1996 en el puesto 47º del conjunto de ciudades españolas.
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Lo cual no deja de ser en cierto modo una preocupación baladí, si tenemos en cuenta que la propia denominación de agrociudad presupone la consideración de ciudad, y si recordamos que no hemos atribuido ya a la actividad agraria, en sí misma, una marca particular de ruralidad en la urbe global.

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rurales. Y, en los tramos altos, se hace asimismo difícil distinguir el punto a partir del cual empezamos a hablar de grandes ciudades, y aún más de metrópolis o incluso ciudades-mundo. En Portugal, la capital del país, Lisboa, con apenas un millón de habitantes, y poco más de dos millones incluyendo su área metropolitana, no cabe duda de que constituye una metrópolis local, aunque en el conjunto peninsular se ubicaría entre la tercera y la quinta posición en la jerarquía de ciudades. Por su parte, en España, Madrid constituye no sólo una metrópoli de importancia en el sistema urbano europeo, con casi tres millones en la ciudad y más de cuatro si incluímos el área metropolitana, sino que forma parte del paquete de ciudades-mundo considerado por Friedmann -aunque no se considera así en la obra, más antigua, de Peter Hall-; sin embargo, juega sólo un papel periférico en el grupo de ciudades-mundo que actuarían, según dicho paradigma, como 'ordenadores' del sistema urbano mundial. Por otro lado, la medida de las ciudades no es posible deducirla de los datos censales, con los que debemos trabajar, ya que éstos se refieren a los términos municipales. En muchos casos, según se ha señalado, aunque existe una ‘frontera’ administrativa entre dos o más núcleos urbanos, éstos constituyen de hecho un aglomerado en términos funcionales, económicos y de interacción social. Ya en 1965 la Dirección General de Urbanismo publicaba un informe sobre las Áreas Metropolitanas de España en 1960, en el que se seguían los criterios establecidos en 1960 por la Oficina del Censo de los EEUU134 para las standard metropolitan statistical area (SMSA), que fueron rápidamente adaptados para todo el mundo por el International Urban Research (Hall, 1965:19). En el caso español se definían un total de 26 áreas metropolitanas, una de las cuales era la de Badajoz. Y aunque algunos analistas consideraron entonces que “algunas, como las de Badajoz o Jerez, son menos válidas desde el punto de vista funcional” (FOESSA, 1970:1210), debemos tener en cuenta que era generalizada la opinión de que el vaciado de la España interior se mantendría, estimándose en algunos trabajos que la aglomeración de Madrid alcanzaría los nueve millones de habitantes en el año 2.000 (García Barbancho, 1967:111), lo que evidentemente no ha ocurrido. Pero, en un sentido bien distinto, hallamos también municipios que incluyen diversos núcleos urbanos de relativa importancia, o una masa informe de poblamiento disperso, por lo que la población señalada por los censos y padrones, referida al conjunto municipal, no refleja la importancia real -menor a la inducida-, de la ciudad capital del término municipal. A veces buena parte de la población que censal y administrativamente se asigna a una ciudad depende funcionalmente y se vincula social y económicamente a otra distinta. En cualquier caso, debemos insistir en el carácter relativo de la medida de las ciudades.
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Tradicionalmente se ha venido utilizando la definición metropolitana de la Oficina del Censo de los Estados Unidos, que entendía por metropolitan area el área de 100.000 o más habitantes que comprende al menos una ciudad o área urbana compacta de más de 50.000 habitantes, así como las circunscripciones administrativas contiguas a la misma ciudad (o área compacta), a condición de que responsan a ciertos requisitos (fundamentalmente relacionados con la densidad, estructura ocupacional, etc) típicamente urbanos. En 1960 el US Bureau of the Census propuso adoptar la citada SMSA, que se compone de: 1) una ciudad central de al menos 50.000 habitantes (o dos ciudades limítrofes que sumen esa población); 2) los counties (más o menos asimilables a nuestros términos municipales como unidades administrativas) que contienen a la central city o las dos twin-cities; 3) los counties limítrofes, si tienen carácter metropolitano y constituyen con la central city un conjunto económica y socialmente integrado. Para determinar si un condado posee carácter metropolitano se tiene en cuenta que al menos el 75% de su empleo sea no agrario; que al menos el 50% de su población resida en circunscripciones administrativas limítrofes menores con una densidad mínima de más de 100 habitantes por kilómetro cuadrado, y que se dispongan en una cadena ininterrumpida de asentamientos que se alejan de la ciudad principal; y, en fin, que la población ocupada no agraria del condado debe equivaler al menos al 10% de la ocupación no agraria que habita en el condado que contiene a la ciudad más grande del área, o bien el condado que no contiene la central city debe ser el lugar de residencia de una población ocupada no agraria superior a 10.000. Obviamente, un sistema de definición tan complejo, y tan finamente adaptado a la de por sí compleja tipología territorial de los Estados Unidos, ha dificultado su aplicación analítica indiscriminada.

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Aunque, ciertamente, la relatividad afecta en mayor medida a los niveles más bajos y más altos de la jerarquía. Hablar de ‘grandes ciudades’ refiriéndonos a las que sobrepasan los 500.000 habitantes resulta ciertamente pretencioso en un planeta en el que en 1990 había 281 ‘ciudades-millón’ -como se denomina a las que superan esa cifra mágica en la demografía urbana-135, de las cuales 61 se sitúan en Europa, y 12 ‘megaciudades’ -ciudades o conjuntos metropolitanos con más de diez millones de habitantes- (Habitat, 1996:11ss.). En el otro extremo, hablar de ‘ciudades’, por más que las entendamos como ‘pequeñas’, para todos aquellos núcleos o aglomeraciones con una población entre 10.000 y 100.000 habitantes puede resultar un ejercicio fallido en muchos casos. En cuanto a las ciudades medias, la variabilidad es asimismo tan enorme que, como veremos en el siguiente apartado, hay quien duda de que deba utilizarse tal categoría, que a menudo se presta a confusión.

Límites del concep to de ciudad media
Dentro del tramo de entre 100.000 y 500.000 habitantes hemos considerado la ubicación de las que llamamos ciudades medias. Sin embargo, no plantea menos problemas esta categorización. El tamaño debe sin duda tener de alguna forma en cuenta la función, pues hallamos ciudades de más de 100.000 habitantes que en modo alguno contienen la complejidad social, cultural, económica, en suma funcional, de la ciudad media, por su carácter de ciudades-dormitorio, ciudades de monocultivo productivo, etc136.

Hay que señalar, no obstante, que en el caso español varias de las cuatro ‘grandes ciudades’ con más de 500.000 y menos de 1.000. 000 de habitantes se incluir ían dentro de la categ oría de ‘ciudades-mi llón’ segú n los criterios de la s SMSA.
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Ciertamente, sabemos desde Durkheim, como se ha citado repetidamente, que la propia densidad genera diversificación y especialización, en suma lo que caracteriza a la ciudad. De ahí que muchas ‘ciudades dormitorio’ occidentales hayan evolucionado complejizándose has ta alcanzar auténticas funciones de ciudad media. Sin embargo, a menudo ello exige una intervención exterior para que sea factible. El caso de las ciudades dormitorio del Sur del Área Metropolitana de Madrid (AMM) es paradigmático a este respecto; sin duda su propio crecimiento ha generado demandas al mercado, que han llevado a una complejización de sus funciones, pero se ha dado asimismo una voluntad, por parte de las administraciones superiores -particularmente de la autonómica- por lograrlo, realizando determinadas inversiones multiplicadoras en esa dirección: creación de Universidades, dotación de equipamientos avanzados, etc. A pesar de tratarse de ciudades de más de cien mil habitantes -en algunos casos rondando los doscientos mil-, por sí mismas difícilmente habrían evolucionado en esa dirección. Esto no se ha producido, por ejemplo, en las ciudades dormitorio del Este del AMM (Coslada, San Fernando de Henares, Torrejón), lo que unido a un tamaño insuficiente no les ha permitido convertirse en auténticas ciudades medias.

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Ciudades ibéricas mayores de 20.000 habitantes Fuentes: Elaboración propia sobre INE, Censo 1991; INE-Portugal, Anuários Estatísticos das Regiâoes 1995

GRAFICO 1

La posición de las ciudades
Además, la propia posición geográfica de la ciudad modifica estas características. Ciudades como Santiago de Compostela -o incluso El Ferrol-, en Galicia; Reus, en Cataluña; o Mérida en Extremadura, más allá de su diversidad funcional y de tamaño -entre 60.000 y 90.000 habitantescoinciden en una posición importante en la red urbana, lo que hace que, pese a no alcanzar esa barrera arbitraria de los 100.000 habitantes, cumplan funciones, en algunos casos, incluso de tipo metropolitano. En ciertos casos, aglomeraciones de ciudades que no alcanzan de lejos los 100.000 habitantes constituyen sin embargo, en su conjunto, una densa malla urbana que a todos los efectos debería analizarse de forma conjunta, aunque en casi todos los casos aparece dentro del conjunto una ciudad que supera los 100.000 habitantes. El concepto estándar de ‘regiones urbanas’, pensado para las grandes megalópolis, no sirve para esas aglomeraciones simplemente por una cuestión de escala137; y sobre todo porque, frente a ese concepto jerarquizante, que exige la preeminencia de una gran ciudad central, se presentan territorial y socioeconómicamente más bien en términos de red. La gran conurbación que se extiende entre Murcia y Benidorm, y que
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Normalmente el concepto de ‘región urbana’, definido como “la esfera de influencia económica de una ciudad con un núcleo definido en términos de concentración de empleo y un ‘commuting hinterland’ compuesto por todas aquellas áreas en las que más gente acude a trabajar a dicha ciudad en cuestión más que a otras ciudades” (Cheshire,Hay, 1989:15), se aplica a las grandes metrópolis, como una medida de la población intermedia entre el distrito administrativo estricto y la ‘región metropolitana’. Como ejemplo puede citarse el caso de Londres, en donde el distrito administrativo estricto -Birmingham- tiene 961.000 habitantes, que se amplian a 7,4 millones cuando consideramos la ‘región urbana’, y a 12,5 millones si nos referimos a la ‘región metropolitana’ (Habitat, 1996:60).

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se adentra en el interior de las provincias de Murcia y Alicante, no aparece articulada en torno a una de sus ciudades en concreto; Alicante, Murcia y Elche, además de otras de menor tamaño, interaccionan estrechamente en el marco de una densísima red de ciudades medias y agrociudades, con numerosos intersticios de poblamiento disperso de carácter rural, hasta constituir ese aglomerado de más de 1,8 millones de habitantes que marca el extremo sur del denominado Arco Mediterráneo, al que más adelante nos referiremos138. Mumford utilizó, junto al de región urbana, el término red urbana regional, que él señalaba como una forma emergente distintiva de la cadena evolutiva eopolis, polis, metrópolis, megalópolis y conurbación (Mumford, 1973:384); es sin duda un término mucho más adecuado para definir las situaciones a que nos estamos refiriendo. Deberíamos por tanto hablar, en este caso, de redes metropolitanas regionales, y es aquí donde comienza a ser de utilidad la introducción del concepto de mesópolis, para identificar a los principales centros urbanos interrelacionados pero no contigüos que articulan dichas redes, y que sin embargo no alcanzan a constituirse individualmente en metrópolis centralizadoras u ordenadoras del conjunto. Algo parecido podríamos decir del corredor que se extiende entre Vigo y El Ferrol, en Galicia, en el que resulta difícil a todas luces fijar una ciudad centralizadora de un conjunto que alcanza 1,6 millones de habitantes. Y, a una escala menor, podríamos señalar la conurbación lineal de carácter transfronterizo que se extendería desde San Sebastián a Bayona, y que suma casi 400.000 habitantes en el lado español y más de 180.000 en el lado francés. Así como, en último término, cabría señalar el caso que nos ocupa, tomando un corredor entre Elvas (en Portugal) y Mérida, con casi 250.000 habitantes y en el que no puede decirse que ni siquiera la mayor de las ciudades existentes, Badajoz, constituya una ciudad central en términos jerárquicos.

Funciones urbanas
La consideración de la diversidad funcional a que responden los distintos núcleos urbanos nos ayuda también a reducir la perplejidad en la que puede sumirnos la mera consideración del tamaño. Siendo además una cuestión a la que se ha dedicado, a lo largo del siglo XX, especial atención en la planificación territorial. Desde la Sociología, en particular desde la Ecología Humana, se ha trabajado ampliamente esta cuestión (Duncan, 1960), habiendo sido justamente desde este ámbito desde el que más tempranamente se produjeron trabajos sistemáticos en España (Díez Nicolás, 1972b). Se trabajó bajo la hipótesis de la dominación metropolitana, según la cual una gran ciudad tiende a controlar la distribución de personas, instalaciones y servicios, en una gran región circundante, centralizándolos, es decir, dando lugar a una gradación que está en función de la distancia al centro (Bogue, 1949). Aunque han sido economistas y geógrafos quienes finalmente se han servido en mayor medida de las funciones -y sobre todo mantienen todavía importantes líneas de trabajo en esta dirección, lo que no ocurre en la Sociología-, buscando definir jerarquías realmente existentes, de lo cual ha surgido un vasto campo de colaboración multidisciplinaria en torno a lo que hoy se conoce como Ciencia Regional, a partir entre otros de los trabajos de Walter Isard y August Loesch (Isard, 1956; Loesch, 1954). No vamos a extendernos en una cuestión sobre la que la literatura ha sido abundantísima a lo largo de medio siglo, y que ha dado lugar a los modelos de sistemas urbanos que hemos analizado y criticado en capítulos previos, frente al modelo interpretativo de red en que nos amparamos. Pero sí querría resaltar la necesidad de tener en cuenta las funciones para analizar
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En realidad, tampoco es, en sentido estricto, una conurbación, dado que existen discontinuidades con usos agrícolas vinculados a la ciudad pero que no son ciudad.

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las estructuras y subestructuras de la red urbana global. Funciones que tradicionalmente han sido entendidas de forma muy diversa: religiosa, de recreo o salud, industrial, capitales políticas y/o militares, cultural, etc. Sobre la base del ‘principio de la función clave’, desarrollado por la Ecología Humana139, se acepta de forma general desde el análisis regional el principio de que
“El crecimiento de una ciudad depende de la medida en que pued a ofrecer, de ma nera eficaz, productos y servicios a poblaciones del exterior. La relación entre el tamaño de la ciudad y su composición se refleja principalmente en la naturaleza de las actividades de exportación o básicas que son características de ciudades de diferente tamaño” (Anderson, 1973:404).

De entre los modelos analíticos funcionalistas más recientes resulta particularmente interesante la siguiente clasificación, realizada pensando precisamente en las ciudades europeas y que nos aporta algunos instrumentos para seguir avanzando en la formulación de las mesópolis transfronterizas.
TIPOS FUNCIONALES DE CIUDADES Tipo de ciudad Ciudades Globales Características Ejemplos

Acumulación de sedes centrales financie- Londres, Paris, Maras, políticas, económicas y culturales de drid importancia global-mundial

Ciudades de servicios Basadas en industrias avanzadas, centros Bristol, Reading, Munacionales de I+D, servicios orientados a nich, Barcelona y alta tecnología en la producción de importancia internacioascenso nal Ciudades industriales Basadas en industrias tradicionales (monoestructuradas), infraestructura física en declive obsoleta, desempleo estructural Ciudades Puerto Metz, Oberhausen, Mons, Sheffield, Área Metropolitana de Bilbao

Industrias de construcción y reparación Liverpool, Génova, naval en declive, legado ambiental, en las Marsella, Cádiz, El Ferrol situadas al Sur se añaden funciones de entrada Palermo, Tesalónica, Extensa economía informal y subclases marginalizadas, desarrollo incontrolado y Nápoles, Murcia, Elche deterioro ambiental Economía local muy dependiente de una Leverkusen, Eindhoven, ¿Zaragoza? sola empresa Ciudades completas en sí mismas con población procedente del hinterland de las grandes aglomeraciones urbanas Milton Keynes, Evry, Tres Cantos

Ciudades en ascenso sin industrialización moderna Ciudades de una empresa Nuevas ciudades

Sophia-Antípolis, Satélites monofuncio- Nuevos esquemas urbanos dentro de nales grandes aglomeraciones focalizadas hacia Roissy una sola función (tecnópolis, aeropuerto, etc) Pequeñas ciudades y áreas semiurbaniza- Tudela, Talavera de Pequeñas ciudades, centros rurales, cintu- das en regiones rurales, a lo largo de co- la Reina rredores de transporte con vacíos en el rones rurbanos potencial económico

Según este principio, “en todo sistema de relaciones entre diversas funciones la conexión del sistema con su medio ambiente está mediada, primariamente, por una función o por un número relativamente pequeño de funciones que se llaman función o funciones clave”(Hawley, 1973: 40)

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TIPOS FUNCIONALES DE CIUDADES Tipo de ciudad Ciudades de turismo y cultura Características Economía l ocal depen diente de l turismo internacional y de eventos culturales de importancia europea Ejemplos Salzburgo, Venecia, Palma de Mallorca

Ciudades de frontera/ Hinterland dividido por fronteras nacio- Aaachen, Basel, BaCiudades de entrada nales; puertas de entrada para emigrantes dajoz económicos y refugiados políticos Fuente: Kunzmann y Weneger, 1991 (se han añadido en cursiva algunos ejemplos españoles)

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7. De la ciudad intermediaria a la mesópolis
Las definiciones más recientes de ciudad media alcanzan tal nivel de empirismo que resultan poco operativas. Así, uno de los últimos informes de la Comisión Europea sobre ordenación del territorio define a las ciudades medias como ciudades relativamente grandes, con dimensión suficiente como para no estar en desventaja en relación a las ciudades de más de 500.000 habitantes en materia de servicios, equipamientos y sostenibilidad económica. En síntesis, el informe considera como ciudades medias a todas aquellas ciudades europeas de menos de 500.000 habitantes cuya población creció en la década de los ‘80 (Comisión Europea, 1995). Como respuesta analítica a tales insuficiencias conceptuales, se ha venido introduciendo en los últimos años -fundamentalmente desde la literatura francesa- el término de ‘ciudad intermediaria’ (ville intermédiaire). Hay incluso razones de orden semántico que aconsejan cambiar de terminología; pues de hecho las ciudades medias, tal y como las entendemos, atendiendo a la anterior clasificación funcional apenas tendrían sentido en el grupo de las pequeñas ciudades y centros rurales, por más que tradicionalmente se haya utilizado el término en relación con ciudades que centralizan determinadas funciones, articuladas en torno a la función clave de la capitalidad administrativa, provincial o comarcal.
“El vocabulario tiene aquí un peso fundamental: hablar de ciudades medias, es sobreentender una cierta dulzura d e vivir, un cierto dejar pa sar, un ad ormecim iento que sólo conduce al descolgamiento y el subdesarrollo. Pero un concepto nuevo está en trance de emerger: el de las ciudades intermediarias (los anglosajones hablan de ‘ciudades libres’); se ponen entonces en valor otras connotaciones que insisten en el dinamismo que perm ite provocar relaciones y en la capacidad de sostene rse sobre u na auto nomía constructiva, en relación con un territorio vivo.” (Gault, 1989:20).

El concepto de ‘ciudad media’ de la Comisión Europea nos apunta la dirección clave para el desarrollo del concepto de ‘ciudad intermediaria’: es de alguna manera el éxito en el desarrollo lo que caracterizaría a este tipo de ciudades, diferenciándose de las tradicionales ‘ciudades medias’ porque éstas permanecen ancladas en el pasado, en el dolce far niente provinciano. Tornqvist (1988) señala, tras analizar diversos países europeos, la existencia de siete factores fundamentales: a) Buena red de comunicaciones interior y exterior (nacional e internacional) b) Nivel de instrucción y de capacidad de investigación superior a la media c) Buen entorno residencial para segmentos cualificados de la población activa d) Diversidad significativa de oportunidades de empleo e) Núcleo urbano central eficiente f) Fuerte apoyo a las actividades de ámbito cultural g) Implicación activa de las instituciones públicas en la vida de la ciudad Por otra parte, la ‘ciudad intermediaria’ valoriza lo que se ha denominado “la lógica de la organización espacial en red” (Camagni, 1993), por oposición a las lógicas competitivas

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predominantes en periodos anteriores140. Más aún, la percepción de la existencia, en Europa, de “ciudades que ganan en países que pierden” (Benko, Lipietz, 1992) hace hablar a algunos autores de “ciudades que ganan en regiones que pierden” (Ferrâo et al., 1994), precisamente como un factor que habría acompañado a muchas de las políticas de potenciación de las ciudades medias, en las que no se habría tenido en cuenta el concepto de red y la implicación con su hinterland, al contrario de lo que ocurriría con las ciudades intermediarias. La ‘ciudad intermediaria’ ya no es así la ‘ciudad media’ que se constituye simplemente en centro situado en un nivel intermedio de la jerarquía urbana, con mera voluntad de acumulación de los recursos -demográficos, económicos y naturales- de su entorno. Es fundamentalmente un núcleo integrado en el circuito -o red- de relaciones que se establecen en el seno de los sistemas nacional e internacional; un intermediario por tanto (efectivo o potencial, o lo que es lo mismo, real o virtual) entre espacios situados en dimensiones distintas: las ‘ciudades-mundo’ de una parte, y los territorios hasta ahora marginales en la otra. En suma, podríamos definir a la ‘ciudad intermediaria’ en términos dinámicos, y en un sentido optimista y emprendedor, como una ciudad de entre 100.000 y 500.000 habitantes, aproximadamente, con capacidades para su afirmación, tanto a nivel nacional como internacional, en los sistemas urbanos en los que participa, y con capacidad para contribuir al desarrollo del entorno territorial inmediato del que extrae buena parte de su fortaleza. Sin embargo, el concepto de ciudad intermediaria implica en el fondo una posición arbitrista, orientada más al diseño de estrategias de desarrollo local que reequilibren el territorio, que al análisis de la realidad propiamente dicho; por lo que de hecho se retrotrae al mismo concepto de ciudad media tal y como fue pensado -con casi idéntica finalidad en el discurso-, en la planificación territorial/regional de los años ‘60. La cualidad que se pretende, ese carácter de intermediación entre lo local y lo global, es la misma que se pretendió atribuir a las ciudades medias, sobre todo, en la planificación del desarrollo francesa y española. También entonces el papel que se pretendía para las ciudades medias era el de evitar la excesiva concentración de la población en los grandes centros urbanos, optimizando los recursos dispersos en el territorio sobre la base del desarrollo polarizado en una serie de Centros de Crecimiento(Moseley, 1977). Nos referimos, muy particularmente, a la política de las ‘metrópolis de equilibrio’ fomentada en Francia en los años ‘60, y orientada a favorecer el desarrollo regional, basada en la creación de elementos estructurantes, empleo público e incremento de la centralidad. En el caso de España, aunque no existió una política equivalente de manera explícita, la política de Polos de Desarrollo cumplió idénticas funciones, pues los mismos llevaban implícita la potenciación de algunas de las ciudades medias141. Por tanto, la ‘ciudad intermediaria’ haría en realidad referencia, más bien, a un momento evolutivo de las ciudades medias, que no todas ellas han podido alcanzar.

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De hecho, diversas redes de ciudades se han establecido en Europa en la década de los ‘90, generalmente al amparo del programa RECITE. El balance de una de estas redes, formada por Évora (Portugal), Lamia y algunos suburbios de Tesalónica (Grecia), Speyer (Alemania), Charleroi (Bélgica), Zwolle (Holanda) y Tarragona (España), concluye que ‘las ciudades medias europeas también juegan su papel, formando una fuerza estructurante en la Unión Europea”(Silva, 1994:12).
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Lo cual no implicaba cier tamente, en modo alguno , una política de potenciación de las ciudades medias. Frente a la propuesta descentralizadora que aparecía en (García Barbancho, 1968), y que se extendió en los años siguientes a nivel regional siguiendo el modelo ‘Paris y el desierto francés’, por ejemplo en (Gaviria,Grilló, 1975), los análisis sociológicos mostraban friamente que “en cualquier caso, esta propuesta tan radical se enfrenta con la dura realidad de que ni por asomo se está produciendo espontáneamente la tendencia hacia las ‘ciudades medias’ y ni siquiera confiamos en que las autoridades puedan (o quieran) provocarla” (FOESSA, 1970:1218).

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GRAFICO 2 Sin embargo, una de las fuentes de las que bebe el concepto de ciudades intermedias es el planeamiento estratégico de ciudades de finales de los años ‘80. La ciudad de Poitiers (Francia), en concreto, investiga en 1987 en torno al concepto de ‘metrópolis intermediarias’, una noción que por un lado permitía salir de esa noción demasiado estrecha, a la que hemos hechos referencia, que relaciona las ciudades medias con el número de habitantes; y por otra parte la idea de ‘metrópolis’ contiene en sí misma una cierta capacidad de influencia, y por tanto de autonomía y de autoorganización. Por su parte, la idea de la intermediación sugiere que no se trata ni de grandes metrópolis, ni de pequeñas ciudades que se sitúan por debajo del umbral crítico de desarrollo (Gault, 1989:36). Es en este punto en el que podemos introducir la denominación de ‘mesópolis’, no por un mero nominalismo que persiga la distinción vanal, sino por cuanto entendemos que una sola palabra sintetiza en este caso esos contenidos asignados a las ‘metrópolis intermediarias’. De alguna manera, en las mesópolis hallaríamos aquellos centros urbanos con capacidad de iniciativa que son implícitamente aceptados como cabeceras o líderes de un subsistema urbano, pero que a la vez tienen conciencia de sus debilidades y dependencias respecto del sistema de grandes ciudades y metrópolis, así como de su papel dinamizador respecto de su hinterland, que será más o menos amplio en función, fundamentalmente, del sistema de poblamiento imperante. No son por tanto ciudades pequeñas o medianas ciudades que viven de su entorno, que son parasitarias del mismo -algo consustancial a muchas pequeñas capitales administrativas-, sino que articulan, y sobre todo se articulan en un hinterland productivo y dinámico dentro del cual coexiste una red de ciudades pequeñas y medianas. Incluso entre los principales defensores del paradigma de las ciudades-mundo, como hemos apuntado, se observa de hecho una línea de revisión crítica de la hipótesis de las ciudades-mundo como centros de creciente centralización, y sobre la imagen de jerarquía de ciudades. Por ejemplo Lyons y Salmon señalan
“alguna evidencia de que la creciente g lobalizac ión de la eco nomía mund ial esté redefi niendo las relacion es dentro de la jerarq uía urba na y, en e ste proceso , expand iendo el

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potencial de control glob al de alguna s ciudades de los estratos más bajos de la jerarquía” (Lyons&Salmon, 1995:99)

En este mismo sentido, la evolución bastante positiva de numerosas ciudades medias -o intermediarias- nos apunta, según algunos autores, que
“no existe ningún fatalism o que lleve a un a margina lización creciente de las aglomeraciones que no ocupan una posición cimera en términos demográficos, como los modelos de organización territorial del tipo centro-periferia dejaban preveer” (Ferrâo et alt., 1994:1133)

Por todo ello, la mesópolis viene en muy corta medida determinada por el tamaño, si bien es probable la existencia de un tamaño mínimo -que arbitrariamente podemos situar en los 100.000 habitantes142 para ser operativos- a partir del cual se genera la densidad crítica suficiente para la autogeneración y diversificación creciente de las actividades económicas. Atendiendo estrictamente al tamaño y a la posición, hemos realizado el siguiente mapa, que recoge todas aquellas ciudades que, aisladas o formando parte de redes urbanas, corredores o áreas metropolitanas, superan los 100.000 habitantes en la Península Ibérica143. En posteriores capítulos retornaremos al mismo, pero por el momento puede servirnos para medir groseramente su relativamente escaso número.

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Dicho corte arbitrario es sólo aceptable desd e la perspectiva de aproximación en que nos hallamos. No cabe duda de que la definición del conjunto de mesópolis españolas no puede hacerse en modo alguno considerando la variable del tamaño. Pequeñas o incluso medianas ciudades es probable que estén actuando funcionalmente como mesópolis, en ciertos territorios. Pensamos, dentro de Extremadura, en Plasencia, que con menos de 37.000 articula sin embargo una vasto corredor, entre Navalmoral de la Mata/Talayuela y Coria, de u nos 200. 000 habi tantes y una compleja act ividad eco nómica. Lo mismo podemos decir de ci udades co mo Tudela, en Navarra, con apenas 26.000 habitantes pero que articula un vasto hinterland económico lo suficientemente alejado de las grandes ciudades del entorno (Zaragoza, la más cercana, está a más de 80 kilómetros y con una ‘frontera’ administrativa de por medio) como para poder disfrutar de cierta autonomía. En cualquier caso, se trata de avanzar operativamente, dejando para una futura investigación la definición de variables que permitan ‘medir’, y situar en sus respectivas redes, las mesópolis españolas. . Como puede desprenderse de la nota anterior, esta clasificación constituye un borrador de partida para una futura investigación sobre la red urbana peninsular. Por ahora no he utilizado otra variable que la población, agrupándola por criterios meramente empíricos, basados en el conocimiento del territorio. En fases sucesivas deberemos afinar y desarrollar el sistema, para incluir variables estructurales de otro tipo, que definan funciones urbanas e incidan en otro tipo de criterios establecidos como puedan ser las SMSA. Sin embargo, creemos que el esfuerzo realizado resulta lo suficiente operativo como para incluirlo en este trabajo como ilustración provisional
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Ciudades medias, mesópolis, grandes ciudades y metrópolis en la Península Ibérica (Elaboración p ropia sobre datos c ensales)

GRAFICO 3 A nivel meramente de hipótesis, que como queda dicho habría de ser verificada para cada caso en la misma medida en que intentamos hacerlo para el de Badajoz, podemos establecer la siguiente clasificación de tipologías sobre la casuística recogida en el mapa, componiendo la estructura de redes urbanas que articulan la península ibérica:

Regiones metropolitanas y grandes ciudades:
Madrid -la única ciudad peninsular que es aceptada como ciudad global, o ciudad mundo, por algunos autores-, es entendida aquí, en tanto metrópolis, como un continuum urbano -no necesariamente de uso residencial- que se extiende entre Toledo y Guadalajara. Entendida en este sentido amplio -que las fronteras regionales impiden de nuevo tratar, como en su día lo impedían las municipales-, se trata de una metrópolis de 4,9 millones de habitantes. Barcelona, con 1,6 millones de habitantes, articula sin embargo una metrópolis también en un sentido amplio que incluye más de setenta municipios que totalizan 3,9 millones de habitantes. Lisboa, a pesar de la relativamente poca población de la municipalidad de dicho nombre (menos de 700.000 habitantes), articula en su península y la de Setúbal una población de más de 2,4 millones de habitantes, que a pesar de no ser la principal conurbación portuguesa actúa como metrópolis local. Valencia, con 750.000 habitantes, articula a otro medio centenar de municipios en un hinterland relativamente cercano, que suma 1,8 millones de habitantes. - 101 -

Sevilla, con 650.000 habitantes, domina otros veinte municipios en su entorno más inmediato con los que totaliza 1,1 millones de habitantes. Sin embargo, no está claro si no debería hablarse más bien de una metrópolis del Guadalquivir, que incluye la conurbación de Cádiz-Jérez (0,66 millones) y Huelva (0,22 millones). Sería interesante estudiar si nos encontramos frente a un caso ideal de red metropolitana en la que el peso de la metrópolis principal está justamente compensada por varias mesópolis. Hablaríamos de una región metropolitana de aproximadamente 1,9 millones de habitantes. Bilbao es sin duda el caso más extraño en la península, por cuanto constituye tal vez la única área metropolitana por decisión propia. Con algo más de 360.000 habitantes en el municipio central, alcanza algo más de un millón de habitantes si le sumamos, además de los municipios del área metropolitana constituída, otro medio centenar de su hinterland. En este sentido, Bilbao constituiría probablemente justamente el tipo ideal de ‘gran mesópolis’ en España. Los particularimos que se alimentan en un territorio como el vasco explican que, en lugar de tratarse como gran conurbación -como de hecho funciona de forma espontánea- al conjunto que se extiende a lo largo de la autopista entre la ría de Bilbao y Bayona -poco más de 100 kilómetros separan ambas ciudades-, se desarrollen estrategias que claramente entran en competición entre el denominado Gran Bilbao y la conurbación transfronteriza -en proceso de desarrollo- que se extiende entre San Sebastián y Hendaya. La metrópolis vasca sumaría 1,6 millones de habitantes, y nos encontraríamos, si esta hipótesis fuese verificada, frente a un caso muy similar al señalado para el caso de Sevilla. En este caso serían las mesópolis de San Sebastián y Bayona justamente las que estarían cumpliendo esa función intermediaria a que se ha hecho referencia. Por otra parte, como más adelante veremos, este corredor y el de Badajoz constituyen los dos únicos de carácter transfronterizo de la Península. Zaragoza, con 600.000 habitantes, es probablemente la única gran ciudad que pueda entenderse como tal en la península, tanto por su perfil -sin área metropolitana, pero con un vasto hinterland- como por sus funciones y tamaño.

b) Conurbaciones y áreas mesopolitanas
La gran conurbación Oporto-Coimbra constituye sin duda el ejemplo más potente y paradigmático, en la península, de espacio urbano articulado por mesópolis. En sí el distrito del Grande Porto tiene entidad propia, articulado por las mesópolis de Porto (302.000 habitantes) y Vila Nova de Gaia (248.000 habitantes), junto a otras ciudades medias, media docena de las cuales superan los 100.000 habitantes. Pero quizás debiéramos extender este corredor hasta el entorno de otra mesópolis, Coimbra; de forma que el conjunto, un corredor de unos 150 kms de largo y menos de 40 de profundidad, totaliza los 4 millones de habitantes, constituyéndose en la tercera concentración urbana de la península, después de las regiones metropolitanas de Madrid y Barcelona. La que hemos denominado Arco Mediterráneo Sur144 es, como región mesopolitana, sin embargo, aún más paradigmático de todo aquello que encerraba la idea de las ciudades intermediarias, atendiendo a su dinamismo, la autonomía de las ciudades, el funcionamiento de los flujos internos en términos de red, etcétera. No se trata ya de hablar del continuum urbano que se extiende entre Benidorm y Elche, articulado por Alicante, sino que entendemos debe incluirse dentro de esta vasta región mesopolitana el entorno metropolitano de Murcia y

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Seguramente es una denominación inapropiada, muy influida por la literatura más reciente sobre la materia, que siguiendo los criterios franceses -cuyo Mediterráneo forma ciertamente un arco- incluye toda la costa levantina y andaluza dentro del llamado Arco Mediterráneo (Salvá, 1997).

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Cartagena. La mayor de las ciudades consideradas, Murcia, no alcanza los 330.000 habitantes; mientras que las otras tres tienen entre los 170 y los 270.000 habitantes (Alicante). El conjunto del medio centenar de municipios, que incluyen numerosas ciudades de más de 20.000 habitantes y, sobre todo, un continuum de poblamiento y utilización y administración netamente urbanas incluso de los espacios agrarios, totalizan algo más de 1,8 millones de habitantes. Algo parecido podríamos decir de lo que bien podríamos denominar el Corredor Urbano de Galicia, que se extiende en una estrecha franja entre Vigo y Ferrol totalizando 1,6 millones de habitantes, en medio centenar de ciudades de tamaños diversos, jaspeadas por amplios intersticios rurales. No habiendo una ciudad que domine claramente sobre el conjunto, debemos entender como mesópolis no sólo a las dos ciudades que sobrepasan los 100.000 habitantes (Vigo y La Coruña), sino también por su posición y funciones a Santiago, a pesar de no alcanzar dicho tamaño. A otra escala, presenta características muy parecidas la Región Mesopolitana Astur, articuladas por las mesópolis de Gijón y Oviedo, que además de competir articulan una red más extensa que totaliza 0,8 millones de habitantes. El caso del corredor urbano de la Costa del Sol, como ocurre con la conurbación turística de la isla de Mallorca, presenta características especiales por su condición de regiones-factoría en las que la explotación del turismo casi como monocultivo plantea problemas de interpretación territorial de orden diverso. En ambos casos nos hallamos con dos grandes ciudades (los algo más de 500.000 habitantes de Málaga frente a los algo menos de 300.000 de Palma no significan mucho, habida cuenta de la mayor significación que en la capital balear tiene la población consumidora flotante). Dudaríamos en este caso de si hablamos de regiones metropolitanas o mesopolitanas, requiriendo un análisis de mayor profundidad del que podemos hacer en este momento. Del mismo modo que resulta dudoso el tratamiento analítico que debiéramos dar a la pequeña conurbación en torno a Tarragona (con casi 300.000 habitantes), que funciona con cierta autonomía como red pero dificilmente se la puede desvincular de la región metropolitana de Barcelona, ya que de hecho se produce una continuidad urbana física entre ambas conurbaciones. Finalmente -teniendo en cuenta que las regiones mesopolitanas de San Sebastián/Hendaya, de Cádiz/Jerez y Huelva las hemos asignado potencialmente a regiones metropolitanas que potencialmente las incluyen- tendríamos el caso de la región mesopolitana de las Vegas del Guadiana, articulada fundamentalmente por la mesópolis de Badajoz, pero en cuya red juega también un papel fundamental una pequeña ciudad como Mérida, como ocurría en el corredor Gallego a otra escala y con ligeramente distinta significación funcional en el caso de Santiago. Según extendamos la región al corredor Elvas-Mérida (algo más de 240.000 habitantes) o hagamos una delimitación más laxa, incluyendo un corredor de algo más de 120 kilómetros y unos 40 de profundidad (incluyendo Almendralejo y las ciudades gemelas de Don Benito y Villanueva, entre otras, superando así ampliamente los 300.000 habitantes), la significación del mismo varía. No vamos a extendernos ahora en esta cuestión, por cuanto es justamente el objeto de la investigación. Y en una situación parecida hallamos al pequeño corredor que se extiende entre El Ejido y Almería, que suma algo más de 250.000 habitantes. En cuanto al caso de Andújar-Linares-Úbeda, ya se ha señalado la dificultad de adscribirlo a una tipología concreta de red urbana.

c) Ciudades medias
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Aparecen luego 14 ciudades medias de más de 100.000 habitantes, de desigual tamaño pero funcionalmente en todos los casos asimilables al concepto tradicional de las ciudades medias: Valladolid (que si tenemos en cuenta la cercanía y vinculación casi metropolitana de Palencia sobrepasa los 420.000 habitantes), Santander (que, como en el caso de Valladolid, si incluímos Torrelavega y algunos pequeños núcleos de su entorno más inmediato supera los 320.000 habitantes), Córdoba (algo más de 350.000 habitantes incluyendo algunos municipios de carácter metropolitano), Granada (311.000), Pamplona (250.000), Vitoria (206.000), León (173.000), Salamanca (169.999), Burgos (160.000), Jaén (156.000), Lérida (140.000), Albacete (130.000) y Logroño (127.000).

Características de la mesópolis
A la luz de lo visto en el epígrafe anterior, y con el apoyo de la literatura sobre las denominadas ‘ciudades intermediarias’, podemos intentar establecer, en términos de hipótesis, las características que definen a las mesópolis, y que las diferencian tanto de las ciudades medias como de las grandes ciudades y las metrópolis. Ya he puesto de manifiesto el criterio de que las mesópolis no constituyen un tipo acabado de ciudad; no son ‘ciudades de destino’ en el sentido en el que escribió Toybnee, sino que representan un momento determinado en la evolución orgánica de las ciudades, que no todas llegan a alcanzar y que puede evolucionar, además, hacia lo que conocemos como ‘gran ciudad’, o más probabilísticamente -por cuanto reproduce en mayor medida, bien que a una escala menor, el funcionamiento metropolitano- hacia la metrópolis145. Naturalmente, no entramos aquí en la proyección hacia el futuro del proceso evolutivo, no estando en condiciones de discutir el modelo evolutivo de Geddes y Mumford que culmina en la ‘necrópolis’, es decir en el bloqueo, decadencia y muerte de las ciudades. Nos quedamos en los estadios empíricamente conocidos, si bien es cierto que la tesis de la urbe global presupone que la necrópolis no es, al menos, el estadio siguiente a la metrópolis, ni siquiera a la megalópolis. Dejamos por tanto a los investigadores del futuro la oportunidad de dictaminar si el modelo de Mumford es operativo. Así, respecto de las metrópolis, áreas y regiones metropolitanas, la diferencia es fundamentalmente de grado. Como veremos, el comportamiento de las mesópolis respecto de su hinterland es muy semejante al de las metrópolis, pudiéndose incluso hablar también de un área mesopolitana y una región mesopolitana, como círculos imperfectos de vinculación. Asimismo, las formas que podemos esperar encontrar en las mesópolis pueden ser muy parecidas a las que se proponen para las metrópolis (Jones, 1992:237).

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Lógicamente, cuando hablamos de ‘regiones mesopolitanas’ en las que ninguna de las mesópolis domina claramente sobre el conjunto de la red (como ocurre en el Arco Mediterráneo del Sur), no es fácil preveer cúal de las ciudades puede seguir el curso de dicha evolución.

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Posibles formas futuras de las metrópolis (Jones, 1992)

GRAFICO 4

Analizadas en el marco de la hipótesis de la urbe global que venimos manejando en este trabajo, las mesópolis desarrollan una función de articulación de redes urbanas, pero sobre todo facilitan la integración en la urbe global de los intersticios rurales, con los cuales dialogan e interaccionan estrechamente. Al contrario que las pequeñas y medianas ciudades no mesopolitanas, o las grandes ciudades ‘aisladas’, las cuales tan sólo ‘integran’ a los espacios y hábitats rurales que las circundan en un hinterland extenso en la medida en que los utilizan en sus procesos de metabolismo, como espacios residuales, convirtiendo a los espacios rurales en espacios aislados de la urbe global. Por el contrario, las mesópolis son intermediarias, integrando lo rural a lo urbano en términos de igualdad. Paradójicamente son las mesópolis, producto en buena parte de la globalización, los tipos de hábitat urbano que en mayor medida contribuyen a la conservación de lo rural como un espacio diferenciado, pero a la vez vinculado, a su través, a la urbe global. Mientras que las grandes ciudades tan sólo integran en la urbe global los corredores a través de los cuales se comunican con otras grandes ciudades y metrópolis:
“Las ciudades intermediarias presentan, de forma unánime, un carácter particular: su escala les permite desarrollar de forma privilegiada cualidades de urbanidad, de civilidad, siendo espacios privilegiados en los que los rurales se transforman en ciudadanos” (Gault, 1989:75)

Podemos probar, pues, a señalar los elementos que definen, empíricamente, a las mesópolis. Como veremos, varios de estos elementos podemos hallarlos en cualquier ciudad, o en ciertos casos en otros tipos distintos de ciudad (ciudades medias, grandes ciudades, metrópolis). Sin embargo, lo que creemos que caracteriza a las mesópolis es la presencia simultánea de la totalidad, o la mayor parte, de las siguientes características. - 105 -

1) Son ciudades cuyo tamaño oscila, dentro de un amplio margen, entre los 100.000 y los 500.000 habitantes, dependiendo del contexto territorial y sistema de ciudades al que se vinculan. 2) Su crecimiento es fundamentalmente intradirigido, esto es generado por la interacción de la ciudad con su hinterland, en mayor medida que exodirigido146. Asimismo, una parte importante de su crecimiento demográfico se debe a los propios efectivos, ya que cuenta con un porcentaje superior a la media, de población en edad reproductiva. 3) Seguramente, la mesópolis tiene su origen en una agrociudad, más fácilmente que en una capital política o religiosa, o que en una pequeña ciudad especializada industrial. De hecho, su complejidad sectorial incluye una participación importante del sector primario, especialmente de la Agricultura, a través del cual se produce la principal interacción con su hinterland. 4) Dentro de su hinterland existen otras pequeñas y medianas ciudades, en término de ‘ciudades gemelas’ o no, cuyo crecimiento correlaciona positivamente con el de la mesópolis, con la cual además compiten en muchos aspectos. 5) La media del crecimiento de los núcleos menores de su hinterland debería correlacionar también positivamente con el del crecimiento de la mesópolis, en la medida en que es una interacción de intercambio efectivo -aunque desigual-. 6) Las ciudades y pueblos de su hinterland commutan con la mesópolis, pero manteniendo un nivel importante de autonomía, no una dependencia total (como ocurre por el contrario en los pueblos o ciudades dormitorio, como los del entorno de Valladolid o Pamplona) 7) Las mesópolis presentan rasgos de multiculturalidad. Como veremos, esto se manifiesta muy especialmente en el caso de las ciudades transfronterizas. 8) Las mesópolis deben disponer de un conjunto de infraestructuras culturales y productivas básicas: - universidad con carreras científicas, sociales y humanas; - centros de investigación públicos y/o privados relacionados con las actividades económicas fundamentales de su hinterland; - museos de temáticas diversas y en algún caso con proyección y/o vocación internacional; - instituciones feriales estables, con actividad regular a lo largo del año y de proyección más que local y regional; - palacios de Congresos, o espacios en los que éstos se celebren con regularidad a lo largo del año; - prensa diaria, emisoras de radio y televisión local; - imprentas industriales y editoriales; - aeoropuerto, estación de ferrocarril y comunicaciones por autopista/autovía con metrópolis del sistema de ciudades dentro del cual se insertan; - cámara de comercio y sedes de organizaciones empresariales y profesionales; - sedes financieras; - sedes administrativas de diverso orden; - polígonos industriales planificados y polígonos deslocalizados de uso industrial y desarrollo espontáneo

Entendemos por crecimiento exodirigido, por ejemplo, el debido a la instalación de una gran empresa, como puede ser el caso de Valladolid y la influencia que en su día tuvo FASA. También el debido a la mera posición geográfica, como es el caso de Zaragoza, cuyo crecimiento de las últimas décadas responde, fundamentalmente, a su ubicación en el centro del triángulo de la industrialización. Asimismo, es un crecimiento exodirigido el que se produce en respuesta a las necesidades de espacio-dormitorio de un núcleo mtropolitano, como pueda ser el caso de Guadalajara. Probablemente debamos entender también en este sentido el crecimiento debido a la implantación de una capitalidad artificial, producto de procesos de regionalización.

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9) El dinamismo demográfico de la ciudad tiene un reflejo en estilos de crecimiento urbano en ocasiones compulsivos, con crecimiento en mancha de aceite, sin una planificación completamente racional y con momentos de incapacidad de absorción de las nuevas demandas residenciales. En este sentido, en las mésopolis siempre existirán barrios de aluvión, desestructurados. Además, previsiblemente los cascos antiguos de las mesópolis aparecen en estado de abandono, salvo cuando constituyen un recurso económico (turístico) de primer orden. Frente a las ciudades medias, las mesópolis no fijan fronteras al desarrollo urbano, con lo que la tendencia al vaciado de los centros históricos es en la actualidad tan acelerado como en las metrópolis. 10) Las mesópolis, aún teniendo una identidad, no la tienen claramente definida, ni poseen un fuerte sentido de identidad y pertenencia particularista entre sus habitantes. Son en consecuencia ‘acogedoras’ para los recién llegados, que no tienen dificultades de integración en las redes de sus respectivas capas sociales. Paradójicamente, las mesópolis invierten en la proyección de una imagen exterior de la ciudad, aunque ésta no responde a un patrón permanente -al contrario de lo que ocurre en las ciudades medias o grandes ciudades-, modificándose en función de los cambios políticos que se producen. 11) La sociedad civil de las mesópolis es capaz de generar la aparición de grupos y plataformas de interés cívico, en respuesta a conflictos urbanos importantes, y capaces de incidir sobre la opinión pública. Sin embargo, frente a lo que sucede en las ciudades medias, dicha sociedad civil es extremadamente móvil, y sus organizaciones tienen un metabolismo muy acelerado. 12) Las mesópolis ofrecen cierta actividad cultural regular, aunque no se potencia la cultura de élite. Pero, a la vez, tienen facilidad para incorporar a sus tradiciones nuevos hábitos (el carnaval es un buen ejemplo).

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8. Ciudades y mesópolis transfronterizas
Es en el caso de las ciudades transfronterizas donde tal vez se desarrolla más intensamente la función intermediaria de la mesópolis. Sin embargo, las ciudades transfronterizas presentan en sí mismas una serie de particularidades que debemos analizar. Y, siendo en la frontera hispano-portuguesa donde se localiza nuestro objeto de estudio, será asimismo conveniente que nos aproximemos a la misma. Al contrario de lo que ha ocurrido desde la Economía o la Geografía, el Urbanismo apenas empieza a preocuparse de los fenómenos que se derivan de la existencia de fronteras políticas. Tampoco la Sociología ha prestado, hasta muy recientemente, atención a un fenómeno del que tradicionalmente tan sólo se ha analizdo a fondo uno de sus efectos: la inmigración.

Las fronteras: de espacios de conflicto a espacios-problema147
Tradicionalmente, y así lo ha señalado ampliamente la doctrina económica a partir de los trabajos de Christaller (1966) y Lösch (1967), las fronteras políticas han constituído un serio obstáculo para el desarrollo económico, suponiendo barreras artificiales a la racionalidad de la organización económica y a la complementariedad potencial de las zonas fronterizas. En primer lugar el historial bélico que caracteriza a estos espacios constituye un depresor de cualquier tipo de gran inversión productiva, que puede ser fácilmente devastada o rapiñada por el enemigo potencial, y a ello se añaden las habitualmente grandes distancias relativas a los centros nacionales. Y además, como en buena parte ocurre en nuestro país, las fronteras suelen coincidir con accidentes geográficos, insoslayables sin cuantiosas inversiones en infraestructuras. Imponentes cordilleras, abruptos cauces o auténticos desiertos, se encargan a menudo de constituirse en auténtica tierra de nadie. De forma que las redes de transporte suelen ser trazadas en paralelo a la frontera, siendo competitivas en lugar de complementarias, con lo que aún se alejan más las posibilidades de interacción social y económica. Y, también por todas estas razones, las zonas fronterizas han recibido escasa atención desde la Economía, más interesada tradicionalmente por las causas que producen riqueza, antes que por las que producen pobreza. Sin embargo, no es menos cierto que desde hace varias décadas se viene observando cómo, en situaciones particulares, sea la de la Regio Basiliensis -entre Suiza, Francia y Alemania- o la frontera EUA-México, largos periodos de paz internacional y un incremento de la integración económica han removido muchas de las tradicionales barreras al desarrollo en las regiones fronterizas (Hansen, 1981). Otros ejemplos, como el de la frontera Colombia-Venezuela, que se ha convertido en la zona limítrofe de mayor actividad de Sudamérica (Fernández, 1990), apoyan esta nueva perspectiva. Y en respuesta a estos fenómenos, un núcleo de estudiosos -sobre todo en los EUA y México, aunque también en Europa- han venido construyendo lo que actualmente podríamos considerar una rama de los Estudios Regionales, a la que han gustado denominar Estudios
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Parte de este capítulo, en el que ha colaborado Georgina Cortés, ha sido presentado en común como comunicación a la XXIII Reunión de Estudios Regionales, Universidad Politécnica de Valencia, Noviembre 1997

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Fronterizos y que en América ha alcanzado cierta importancia en el campo de las Ciencias Sociales (ver, entre otras aportaciones de interés: Alegría, 1992; Arreola y Curtis, 1993; Bustamante, 1989; Fernández, 1977; Ganster et al., 1997; Hansen, 1981; Herzog, 1990; Martínez, 1986; Petras, 1980; Ranfla, 1984; Stoddard, 1986). Si bien en la medida en que las fronteras exitosas han afectado fuertemente a otros muchos aspectos de la realidad social -el desarrollo de ciudades y metrópolis de frontera, problemas relacionados con las migraciones, conflictos étnicos, impactos ambientales, etc-, los Estudios Fronterizos han incorporado en mayor medida una perspectiva transdisciplinaria muy alejada del economicismo y la metodología cuantitativa que hoy por hoy caracterizan a los Estudios Regionales; y muy alejada también de hecho del tipo de análisis sobre regiones fronterizas de la tradición europea, más antigua pero también hasta muy recientemente bastante limitada a aspectos geográficos, de seguridad y económicos. Los grandes cambios de carácter estructural que, en el marco de la llamada globalización, se han producido tanto en la economía como en la política internacional, han provocado un cambio de actitud, en el análisis académico, hacia los espacios o regiones fronterizas. Las fronteras, su significación, y su estudio tanto en el marco de los estados nacionales como en el marco de las comunidades transnacionales y de la globalización, han cambiado sustancialmente. Por una parte, los efectos de la globalización han hecho que la agenda tradicional de la política exterior, centrada en cuestiones militares y de defensa nacional, se ocupe de cuestiones tan diversas como los intercambios culturales, las migraciones y los mercados de trabajo transfronterizos, el tráfico de drogas, la extensión de epidemias o los impactos medioambientales (Duchacek, 1990). Y, siendo las regiones fronterizas las que en mayor medida sufren o se benefician de esos fenómenos, éstas han iniciado diversos procesos de acción binacional -a veces trinacional-, que ha desembocado en cierto tipo de 'diplomacia subnacional' que reclama cada vez mayor atención por parte de los investigadores. Si bien, demasiado a menudo, se plantean serias contradicciones entre lo que tradicionalmente hemos conocido como 'interés nacional', y el 'interés territorial' de carácter transnacional de las regiones frontera. Sin embargo, el pleno desarrollo del concepto de regiones frontera, o del de ciudades transfronterizas que en esta investigación nos ocupa, se enfrenta en la práctica a fuertes limitaciones metodológicas, derivadas fundamentalmente de la diversidad cultural de las naciones-estado. Así como el proceso de internacionalización de la producción y el consumo, materializado actualmente en términos de globalización, ha conducido lentamente, desde la aparición del capitalismo, a la homogeneización de variables referidas a las economías nacionales, en el caso del análisis regional, por haberse considerado tradicionalmente una cuestión interna a la nación-estado, este proceso de homogeneización ha sido mucho más lento. La propia diversidad de organización administrativa del territorio dificulta a menudo las comparaciones. Si bien en ciertos ámbitos, como la Unión Europea, la construcción de instituciones de gobierno supranacionales ha permitido avanzar extraordinariamente en este sentido148, en lo que a las unidades mínimas de análisis que deben considerarse al hablar de espacios o regiones transfronterizas -siempre por debajo del nivel de las regiones políticas o administrativas, y que

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La tradición del regionalismo político en Europa, y la larga experiencia en el análisis regional, ha favorecido la construcción de un sistema de información regional muy avanzado en unos pocos años. Las llamadas 'unidades administrativas de base' en la Nomenclatura de Unidades Estadísticas Territoriales de la UE, corresponden en España al nivel de las regiones, y el sistema Eurostat mantiene una base datos homogeneizada, que incluye a los países de la AELC (Suiza, Liechtenstein, Noruega e Islandia), que favorece extraordinariamente el análisis regional. Los cuatro volúmenes del Portrait of the Regions constituyen un instrumento analítico novedoso en el planeta.

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en el caso de España son por ahora los municipios-, el camino de la homogeneización -o la construcción de indicadores que sustituyan dicho proceso- apenas se ha iniciado. En el caso que nos ocupa, la frontera hispano-portuguesa, así se nos pone de manifiesto al iniciar cualquier análisis de carácter microterritorial. En el campo de la Sociología Urbana y el Urbanismo el interés por los fenómenos fronterizos es relativamente reciente. Aunque algunas sugerencias planteadas por los pioneros de la Escuela de Chicago debieran haber llevado a los seguidores de la Ecología Humana a profundizar en estas cuestiones, el hecho cierto es que la literatura es escasa149. Como se ha señalado, en el caso de Europa, donde las ciudades de frontera han existido desde hace mucho tiempo, tan sólo se tratado el tema en profundidad desde perspectivas políticas, administrativas o jurídicas. Y en América, donde la influencia de la Escuela de Chicago y su preocupación por la distinción entre áreas político-administrativas y ‘áreas naturales’ (Zorbaugh, 1926) debiera haber llevado a prestar más atención a estas cuestiones, sólo el desarrollo de los Estudios Fronterizos, y más recientemente la constitución del Tratado de Libre Comercio (TLC) ha generado un auténtico corpus de literatura, generalmente transdisciplinario150, sobre ciudades de frontera.

Posibilidades y límites en el análisis y la planificación de regiones y ciudades transfronterizas
Fenómenos como la globalización, la ruptura o dilución de las fronteras, el imponente crecimiento de muchas metrópolis y ciudades que se tornan transfronterizas, exigen modificar nuestras perspectivas:
"nos están obligando a reajustar nuestros mapas mentales geopolíticos y reevaluar el papel que las organizaciones internacionales, naciones-estado, regiones, subregiones, ciudades y organizacion es no gubern amentales jueg an en los asun tos internacionales" (Joenniem i, 1997:6 5).

Por otra parte, los cambios en la estructura de la economía global y en las relaciones estratégicas están transformando drásticamente el entorno económico y ofreciendo nuevas vías y oportunidades para las ciudades-regiones (Clement, 1994) que, como en el objeto de nuestra investigación, pueden beneficiarse de una nueva posición geoestratégica y de las complementariedades que se derivan del hecho transfronterizo. Se han señalado algunos de los beneficios evidentes de la cooperación transfronteriza (Cappellin, 1993): 1) La reducción de los costes de transacción y otros obstáculos a la actividad económica; 2) el desarrollo de redes que permiten intercambios de información en áreas de interés común y, como resultado, ayuda para la creación de alianzas; 3) la utilización conjunta de recursos (agua, bosques, ríos...), y un más eficiente tratamiento de los problemas ambientales transfronterizos;
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No olvidamos que la Antropología Cultural, sin embargo, sí ha prestado una intensa atención a las fronteras, particularmente desde que, a partir de los años ‘60, el problema de los inmigrantes ilegales hispanos en los Estados Unidos alcanzó grandes dimensiones. Ese mismo fenómeno ha contribuido al desarrollo de la Antropología Urbana, que ha tratado muy especialmente la presencia de culturas hispanas en las metrópolis norteamericanas del Sur. No obstante, estas aportaciones quedan fuera de nuestro objeto de estudio. Los paradigmas dominantes en los Estudios Fronterizos son hoy por hoy, sin embargo, económicos y en menor medida geográficos, por la fuerte vinculación de los Estudios Fronterizos a la Ciencia Regional. Las aproximaciones netamente sociológicas sólo superficialmente se acercan a la problemática urbana, centrándose fundamentalmente en la problemática de las migraciones y en los mercados de trabajo.
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4) una comunidad de recursos en la provisión de ciertos bienes y servicios públicos estratégicos (aeropuertos, universidades, ferias internacionales, facilidades para la investigación, infraestructura de transporte, etc), que permitan prever la no duplicación de costosas infraestructuras; 5) en el caso de proximidad geográfica directa, permite alcanzar las economías de escala precisas para poder permitirse la dotación de ciertos servicios públicos para los que de otro modo no podría encontrarse justificación; 6) la administración y/o limitación de los efectos potencialmente perversos de la competencia interregional. Se trata en suma de cuestiones que empiezan a tener una importancia evidente y que va a tenerla aún más en el futuro. Sin embargo, los problemas tanto metodológico-analíticos como estratégicos son importantes, derivados de una serie de hechos que dificultan el trabajo: 1) El localismo, que justo a aspectos positivos puestos de manifiesto por el desarrollo de las euroregiones, plantea también serias limitaciones, al añadirse en muchos aspectos a formas de nacionalismo. En suma, no siempre las ventajas de la colaboración transfronteriza son percibidas así por todos los agentes, que siguen viendo en ciertos casos un enemigo exterior151. Así, desde Alentejo el mayor peso relativo tanto económico como demográfico de Extremadura, y muy especialmente Badajoz, es percibido a menudo como un intento de absorción (Cascais, 1996, Nazario, 1997). 2) Las dificultades para el análisis transfronterizo, derivadas de las dificultades del idioma, que se hacen más evidentes en el trabajo de campo que cuando nos limitamos a la comunicación académica o especializada. 3) La falta de uniformización de muchas variables estadísticas en los ámbitos municipales, así como la propia diferencia en la organización administrativa del territorio. 4) Las diferencias económicas, sociales y conceptuales que permanecen más allá de la superación de las barreras comerciales, entre regiones tradicionalmente orientadas, en términos culturales, en sentidos diametralmente opuestos, a causa del respectivo interés nacional. Atemperando los cánticos de alegría por la cooperación transfronteriza, algunos autores advierten:
“aunque argum entos utilitarista s y aparen temente ra cionales so n frecuen temente utilizados para ap oyar la idea de la co operació n transfron teriza, uno no pue de igno rar la historia, el lenguaje, las percepciones culturalmente definidas de las regiones fronterizas, y otros elementos que crean específicos (y en parte únicos) contextos de cooperación transfronteriza” (Scott, 1997).

5) La propia resistencia de los Estados a perder, aún en el marco de la Unión Europea, ciertos controles sobre la la soberanía territorial152. La Regio Basiliensis, y la Euroregio, como pioneras gracias a su ubicación en países firmantes de los primeros tratados de libre comercio que dieron origen a la Unión Europea, han aportado una gran experiencia en el tratamiento de estas cuestiones, si bien sus proporciones
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En el caso de la frontera hoy más paradigmática del planeta, la de Estados Unidos con México, este hecho es una evidencia. Junto a la percepción, sob re todo desde el anál isis más arraigado en lo local, de los beneficios innegables de la cooperación transfronteriza, desde el lado norteamericano se acentúan los temores a la mexicanización -no sólo hispanización- de los Estados sureños, o se subraya la importancia del tráfico de drogas; por su parte, desde el lado mexicano se denuncia la fuerte penetración de la cultura anglosajona en las ciudades del Norte del país, y se temen las consecuencias de una nueva colonización económica mucho más sofisticada; o incluso de intervencionismo territorial directo (Friedmann, 1984)
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En 1997 el Gobierno Español ha impuesto la condición, para cualquier actuación binacional, del acuerdo previo por el Consejo de Ministros, lo que obviamente va a dificultar y ralentizar cualquier política de cooperación transfronteriza interregional o local. No obstante, no es previsible que tales limitaciones puedan ser realmente aplicadas.

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geográficas -muy pequeñas territorialmente- y demográficas -elevadas densidades-, así como su posición geoestratégica tradicional las convierten en ‘malos’ modelos por más que deban ser atendidos. La aglomeración de Basel, con tan larga tradición que incluso cuenta con un seudoparlamento, sobrepasa los 2,5 millones de habitantes en una reducida superficie, repartidos casi a partes iguales entre Francias, Alemania y Suiza (Brinner, 1986); y la Euroregio, también en un pequeño territorio transfronterizo entre Alemania y Holanda, agrupa a más de 100 jurisdicciones distintas -pueblos, ciudades y municipios- con una población de casi dos millones de habitantes. Y otro medio centenar de asociaciones euroregionales de diverso cuño se han añadido en los últimos años, al amparo fundamentalmente de los programas INTERREG. Frente a euroregiones como éstas, el caso de Extremadura y Alentejo es muy distinto, pues nos enfrentamos a extensos territorios con bajas densidades de población y con divisiones administrativas bien distintas. Sobre una superficie de 41.602 km2, en Extremadura existen dos provincias: Badajoz (21.657 kms2) y Cáceres (10.945 kms2). Mientras que en Alentejo, sobre una superficie de 26.930 kms2, hallamos cuatro distritos: Portalegre (5.935 kms2), Evora (7.228 kms2), Beja (8.503 kms2) y parte del Distrito de Setúbal (cinco concejos con 5.264 kms2). Mientras en Extremadura hallamos 382 municipios, con un total de 627 entidades de población, en Alentejo la población está mucho más dispersa: está dividida administrativamente en 290 freguesías, que cuentan con un total de 1.064 núcleos -a menudo meros caseríos- de población. La estructura urbana de Extremadura (con una población de algo más de un millón de habitantes, y 25,5 habitantes por kilómetro cuadrado) es por tanto mucho más concentrada en términos relativos que la de Alentejo (algo más de medio millón de habitantes, con una densidad de 19,9 habitantes por kilómetro cuadrado); mientras Extremadura cuenta con una ciudad de casi 150.000 habitantes (Badajoz), y otras dos dos que superan los 50.000 habitantes (Cáceres y Mérida), en el caso de Alentejo la mayor ciudad, Évora, apenas sobrepasa esa cifra. En el caso hispano-portugués el modelo de la frontera México-USA es mucho más interesante, por cuanto en ambos casos encontramos algunas invariantes que otorgan a estos espacios una personalidad particular. Respecto de la frontera americana se ha señalado: “Después de la derrota militar mexicana frente a los Estados Unidos, inmediatamente después de haber quedado trazada una nueva frontera internacional, en 1848 (corregida en 1853) las regiones de la frontera actual se caracterizan por su marginalidad, por su distancia con respecto al centro político y económico de la nueva España. (...Se trata de) un espacio salvaje, olvidado y desértico. (...) La población rural es poca; aun después de la creación de los distritos de riego del Colorado y del Río Bravo, la población agrícola se concentra en las localidades de tamaño urbano (...). La barrera entre las dos naciones se impermeabiliza al mismo ritmo que resurgen los nacionalismos y en la medida en que esos márgenes desérticos cobran importancia de manera espontánea o estratégica. La línea fronteriza, durante mucho tiempo teórica, se materializa en una verdadera barrera que corta en seco los ‘hinterlands’ difusos de los centros urbanos pioneros” (Vanneph, Revel-Mouroz, 1994:10-11). Esta perfecta síntesis de las aportaciones de Stoddard, Herzog y Fernández podría ser traspuesta, con muy pocas modificaciones, al caso hispano-portugués, a pesar de las profundas diferencias derivadas, fundamentalmente, del desigual fondo histórico que actúa como background en la formación de las fronteras (de apenas dos siglos en el caso americano, y de casi un milenio en el caso ibérico). Hay una diferencia infranqueable, como es el hecho de que en la frontera americana los efectos más conocidos de integración, subsidiariedad y sinergia en ciudades transfronterizas los encontramos referidos a grandes metrópolis, como San Diego-Tijuana o El Paso-Ciudad Juárez. No obstante, algunos autores han señalado la coincidencia, en muchos aspectos, entre los - 112 -

problemas de las pequeñas y medianas ciudades de frontera, y esas grandes metrópolis transfronterizas (Herzog, 1986:1).

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9. Ciudades y regiones en la frontera hispano-lusa: de ‘cul de sac’ a nodos esenciales
España y Portugal entraron a formar parte de la Unión Europea en 1985, sólo un año antes de la firma del Acta Única Europea. Hasta entonces, y durante muchos siglos, ambos países habían permanecido espalda contra espalda. El propio proceso de surgimiento de la nación portuguesa, la competencia como imperios ultramarinos, los continuados enfentamientos bélicos -el último a principios del siglo XIX-, generaron una auténtica frontera de carácter militar -sobre todo, pero no únicamente, en el lado portugués-, escasamente poblada y en la que los contactos apenas se han derivado del hecho de que las comunicaciones terrestres de Portugal con el resto de Europa, y viceversa, indefectiblemente debían pasar por España. Incluso el denominado Pacto Ibérico, que 'hermanó' a las dos dictaduras que durante décadas sometieron a ambos pueblos, ocultaba un fondo de desconfianzas y desprecios mutuos. Tampoco hay que olvidar que, tradicionalmente con una renta inferior a la española, y todavía hoy con menos de diez millones de habitantes, y con los grandes centros de producción manufacturera y agroindustrial ubicados en el Norte y en el Mediterráneo, el mercado portugués no tenía gran atractivo para la economía española. En concreto, la frontera hispano-lusa en Extremadura se ha caracterizado, aún desde antes de la formación de los dos estados nacionales, por la conflictividad. Primero entre musulmanes y cristianos, y luego entre lusos y castellanos. La rapiña de territorios -y en consecuencia recursos- ha sido durante siglos habitual en las dos direcciones, constituyendo el episodio más reciente la anexión, por España, del territorio de Olivenza, a principios del siglo XIX153. Hasta el punto de que, todavía hoy, diversos tramos de la frontera no son oficialmente aceptados por Portugal154. En suma, mientras que Portugal se orientaba hacia el Océano, tanto hacia sus colonias y ex-colonias como hacia Inglaterra, que tradicionalmente ha impuesto su influencia económica y cultural en el país luso, España orientaba sus intereses hacia la Europa transpirenaica y el Mediterráneo. Conformándose así un territorio, a lo largo de buena parte de 'la raya' fronteriza, que respecto a los centros económicos y de decisión de ambos países constituía un cul de sac, fuertemente limitado en sus posibilidades de desarrollo endógeno por el abandono secular. Regiones como el Alentejo portugués y la Extremadura española -con fuertes diferencias, no
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A pesar de que dichos territorios -cuyas principales familias huyeron a Portugal- fueron colonizados para asegurar un españolización con familias procedentes de Castilla, conservaron un núcleo demográfico portugués importante, sobre todo en algunas aldeas en las que el portugués sigue siendo una lengua viva.
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Un hecho que alimenta auténticas paradojas. El ‘territorio oliventino’, separado de Portugal por el río Guadiana, ha quedado aislado durante casi dos siglos al ser volado el puente que comunicaba Olivenza con Elvas. Sin embargo, aún cuando Portugal mantiene un núcleo de ‘irredentos’ que siguen reivindicando la soberanía sobre Olivenza, el no reconocimiento de la frontera ha impedido durante casi dos décadas, la construcción del nuevo puente (las gestiones se iniciaron a mediados de los ‘80, y se inauguró el último año del siglo).

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obstante, entre sí-, aparecen sistemáticamente entre las más atrasadas y menos ricas de Europa155. Territorios, a partir de ese momento, fuertemente dependientes de fuerzas exteriores: de la presencia del ejército, de la extensión de la administración pública, las inversiones públicas extraordinarias y el turismo comercial transfronterizo, fundamentalmente. No es extraño, dada la fuerte influencia que en dicho estado de cosas ha tenido la frontera, que en los años ‘70, cuando se intensifica el análisis regional en España, se popularizase el término ‘telón de corcho’ para referirse a este espacio bloqueado para el desarrollo (Pintado, Barrenechea, 1972). Sin embargo, más allá de los intereses de Reinos y Estados, la población de la frontera ha aprovechado también históricamente su situación geográfica en lo posible. El contrabando -a menudo un mero complemento económico de las escasas rentas de los jornaleros tanto en el campo como en la periferia urbana- ha sido sin duda el aspecto más literario y colorista de las interacciones que se han producido, pero no el único ni con mucho el más significativo. De hecho, el comercio regular, complementario durante décadas -debido a las diferencias de precios en ciertos productos, y también a la diferente fiscalidad con que los respectivos países han tratado ciertos artículos como el tabaco, las bebidas alcohólicas, el café, etc-, ha sido mucho más determinante en el proceso espontáneo de integración que el contrabando156. Los historiadores recogen, por ejemplo, la tradicional presencia de jornaleros temporeros portugueses en Extremadura. El hecho de que, tras desaparecer en los años ‘60 (cuando la mecanización de los secanos extremeños amortizó buena parte de los empleos), haya resurgido este fenómeno en los años ‘80 y ‘90, en las Vegas regables del Guadiana, ha hecho que se le considerase un fenómeno nuevo. Sin embargo, a principios de siglo está documentada una presencia abundante de jornaleros alentejanos, llegándose a plantear en determinadas épocas -como occurrió en 1918- graves conflictos, pues los sindicatos campesinos extremeños los consideraban una competencia desleal por sus bajas exigencias salariales (Macías, 1994:50). Si bien las relaciones entre los sectores jornaleros de ambos países han sido en general buenas, “hasta el punto de que muchas uniones matrimoniales mixtas y la mezcla de apellidos es hoy muy corriente en barrios populares de Badajoz y en pueblos de la frontera”(Cayetano, 1994:34). Hasta tal punto esto es así, que en las comarcas fronterizas del Norte de la provincia de Badajoz hallamos pequeñas aldeas fundadas muy recientemente -en términos históricos, pues hablamos del siglo XIX y principios del XX- por portugueses. Algunas asentadas dentro de la jurisdicción española, que en su momento intentaron incluso independizarse de los municipios en que se ubican, y otras, como El Marco o la Rabassa (en La Codosera), asentadas justo sobre la línea internacional. Avanzando algunos elementos que se desarrollan con mayor amplitud en los siguientes capítulos, se puede decir que, objetivamente consideradas, ninguna de las dos regiones carecen de recursos para superar su postración, y hay una larga tradición de observaciones y hechos aislados que muestran las grandes posibilidades que se derivan de la optimización de los elementos complementarios de que disponen, tanto a nivel regional como sobre todo en ciertos ámbitos locales de carácter municipal y/o comarcal, y que sólo la entrada en la Unión Europea de los dos países peninsulares ha permitido empezar a poner en valor. De hecho, las ciudades
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Hablamos de 'regiones menos ricas', por cuanto hablar, como demasiado a menudo se hace en la literatura académica, de 'regiones pobres de Europa', constituye un insulto a las dos terceras partes del planeta, por más relativismo que apliquemos al concepto de pobreza.
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Por lo demás, el contrabando, al mezclarse estrechamente a partir de los años ‘70 con el tráfico de drogas, ha venido perdiendo sistemáticamente el reconocimiento consuetudinario que se le ha atribuído tradicionalmente.

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enfrentadas de Badajoz y Elvas han funcionado durante décadas como puntos comerciales fronterizos claramente complementarios. Hasta tal punto que en los años '70, cuando se completó la política de Polos de Desarrollo en España, hubo serias propuestas, conscientes de este hecho, visionarias de la potencial posición estratégica de estas ciudades y observadoras de los positivos efectos del desarrollo transfronterizo en la Regio Basiliensis, que pretendían la creación de un núcleo de desarrollo de carácter transfronterizo en la zona (Martin Lobo, 1971b). Como veremos, hay que buscar en su posición fronteriza algunos de los factores que han posibilitado el crecimiento de la ciudad Badajoz, en una posición claramente excéntrica no sólo respecto de la nación española sino de la propia región extremeña y aún de su provincia, y su conformación como principal centro industrial de la región (Cortés, 1996). La caída de las fronteras económicas y ciudadanas ha puesto de manifiesto lo acertado de aquellas propuestas. En el marco de la nueva conformación europea de la Península Ibérica, la zona que nos ocupa aparece ubicada en una posición privilegiada, casi en el centro geográfico de un triángulo formado por las metrópolis de Madrid, Lisboa y Sevilla, en cuyo interior habitan más de diez millones de habitantes; tal y como Zaragoza se halló ubicada, al iniciarse las primeras etapas del desarrollo español, en el centro del triángulo Barcelona-Bilbao-Madrid (Baigorri, 1995). El hinterland que analizamos estaría altamente capacitada, en caso de que puedan alcanzarse las sinergias necesarias, para ofrecer a esa población servicios de ocio de alta calidad en un entorno ambiental privilegiado, alimentos frescos de calidad, y por supuesto también productos manufacturados. Por otra parte, la existencia una pequeña mesópolis transfronteriza de algo más de 200.000 habitantes, de la que pretendemos averiguar si efectivamente funciona como tal, posibilita a priori la futura implantación de centros de teletrabajo de todo tipo sea cual sea su complejidad tecnológica157. Diversos servicios profesionales -desde la construcción a servicios a empresas, pasando por la hostelería- se han visto de hecho beneficiados a ambos lados de la frontera por la desaparición física de la misma158. Se instalan centros de distribución que buscan la atracción de la población de ambos lados. Algunas Ferias profesionales que se celebran en la institución ferial de badajoz tienen ya carácter transfronterizo, o binacional. La ciudad de Badajoz se consolida de forma creciente tanto como un centro transfronterizo de servicios como en cuanto que -más lentamente en este caso- centro de un mercado de trabajo transfronterizo. Incluso servicios públicos sanitarios -del INSS- y educativos de la ciudad son utilizados de forma creciente de forma habitual por ciudadanos portugueses -hechos que por su parte plantean otro tipo de problemas de planificación propios de las ciudades transfronterizas-. La complementariedad está, en suma, creciendo159, y así es percibida por los agentes económicos y sociales más dinámicos.
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La implantación de este tipo de centros parece hallar economías de localización en territorios alejados de los centros económicos, pero que cuentan sin embargo con una mínima infraestructura tecnológica -ciudades medias o intermediarias-, un relativamente bajo coste de vida, y sobre todo alta calidad ambiental (Richardson & Gillespie, 1996).
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No se trata únicamente del desigual coste de los salarios -que, salvo en algunos sectores que siguen anclados en ciertas formas de economía sumergida, no ha tenido gran incidencia-, sino de la desigual especialización que en algunos servicios se ha operado a ambos lados de la frontera.
159 Un ejemplo muy explícito de las complementariedades que pueden obtener las zonas de frontera nos lo muestra la presencia de un número relativamente numeroso de doctorandos portugueses en la Universidad de Extremadur a. Frente a un mecanismo extremadamente complejo y duro de obtención del doctorado en Portugal, la existencia de una Universidad española en la misma frontera posibilita a muchos titulados el optar por la vía española de doctorado. Asimismo, algunos estudiantes portugueses van apareciendo en diversas carreras de la Universidad de Extremadura. Y en sentido inverso, aunque todavía no esté siendo utilizada esta posibilidad, los aspirantes a universitarios de la zona de Badajoz tienen la posibilidad de acceder a la Universidad de Évora (a 90 kms de la frontera) para cursar estudios todavía no ofertados por la Universidad extremeña -Sociología, Paisajismo, y próximamente Arquitectura-, aprendiendo además un idioma, y sin el incremento de costes que supondría otro tipo de salida para

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Por parte de las instituciones estas potencialidades han sido ya percibidas. El 17 de enero de 1992 se firmó el Protocolo de Cooperación Transfronteriza de Puente Ajuda, entre Extremadura y el Alentejo, que culminaba una etapa previa de relaciones y acercamientos. Desde entonces se han sentado las bases para una cooperación firme, a través de diversas Comisiones de Trabajo, y con el apoyo de dos Gabinetes de Iniciativas Transfronterizas, de carácter técnico-administrativo, ubicados en Mérida y Évora respectivamente. El Programa Operativo de Desarrollo de las Regiones Fronterizas de España y Portugal de 1989, acogido a la inciativa comunitaria INTERREG, ha sido el sustrato para dicho desarrollo de la cooperación institucional, que ha dado hasta la fecha numerosos frutos, sobre todo en lo que a actividades relaciones, académicas y de promoción se refiere. El INTERREG II ha servido para profundizar en las bases del desarrollo transfronterizo.

realizar estudios en el Extranjero.

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Tercera Parte

La formación de un Area Mesopolitana de carácter transfronterizo en Badajoz

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La vía a través de la cual me he ocupado de los procesos de urbanización, y desaparición de lo rural, ha sido la preocupación por las transformaciones sociales que conlleva el regadío. Ya se ha hablado en otros epígrafes del tipo de espacios agro-urbanos que constituyen la mejor imagen de la acelerada transformación de lo rural en urbano. Y justamente las zonas de regadío -en mayor medida cuanto más antiguos son dichos regadíos- ofrecen a su vez una muestra inequívoca de tales procesos. Si desde una perspectiva ecológica entendemos que las infraestructuras y los ecosistemas condicionan los sistemas sociales, nos encontramos en el caso del regadío frente a un tipo de infraestructura que además modifica profundamente los propioas ecosistemas, y establece nuevos mecanismos de adaptación al medio. Siendo su primer elemento el incremento de la capacidad, o del soporte poblacional, del espacio. Creo que ahí está la clave de cómo el regadío se constituye en un poderoso factor de urbanización: en la medida en que posibilita el incremento de la densidad demográfica. ¿Cómo ocurre ésto?. El regadío produce, desde luego, una gran cantidad de excedentes, pero no está ahí la clave, sino en la condición de excedentes altamente perecederos. En este sentido, posibilita una fuerte presión demográfica, pero in situ, esto es en las inmediaciones de las huertas. Los excedentes del regadío terminan exigiendo el desarrollo de tecnologías y formas de organización que hagan posible su exportación una vez transformados (conservados). A su vez, el desarrollo de las nuevas tecnologías posibilita el ensanchamiento natural progresivo del hinterland -por ejemplo extendiendo el riego a tierras a las que de forma natural no podría llegar-, entrando así en un círculo virtuoso de progreso económico, tecnológico y social. Nos enfrentamos, por tanto, a una transformación ecológica que conlleva a la larga una revolución tecnológica. La consecuencia de todo ello es la introducción de nuevos valores y actitudes, la reestructuración del territorio y el espacio del hábitat, y en su conjunto el desarrollo económico y social. De hecho, como veíamos, el surgimiento de las primeras civilizaciones urbanas (las que se desarrollan en torno al Tigris y el Eúfrates) está intensamente ligado al desarrollo de la irrigación. El regadío está en el origen no sólo de las ciudades, sino incluso del Estado. Si desde una perspectiva ecológica podemos entender la ciudad como un mecanismo de concentración energética altamente eficiente, el regadío constituye el más antiguo y eficiente instrumento ecológico de concentración energética. Gracias a la capacidad refrigerante del agua, la agricultura multiplica por diez su capacidad de captación de una energía gratuita e inagotable, como es la del sol. Estos procesos hemos podido verlos con claridad en el caso de Extremadura, donde he propuesto que el regadío constituye la tercera y definitiva gran transformación ecológica, o revolución tecnológica. De ahí que sea importante que analicemos previamente los efectos del regadío en esta región, y muy particularmente en las Vegas del Guadiana, en cuyo fondo se asienta la ciudad de Badajoz160.

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Una primera versión de los apartados siguientes fue discutida en el Seminario sobre la Economía Extremeña, Facultad de CC. Económicas y Empresariales, Badajoz, Diciembre 1996, y publicada en el monográfico dedicado a Extremadura de la revista Situación (1997); en ese artículo pueden verse tablas y gráficos más detallados.

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10. Las tres adaptaciones

Sobre el territorio extremeño se han operado tres grandes transformaciones ecológicas que (lógicamente mediatizadas por las estructuras económicas, la tecnología y los sistemas de pensamiento y de creencias) han determinado las distintas formas de adaptación de la población al territorio, las densidades demográficas, y los actuales niveles de desarrollo económico y social (Baigorri, 1997b). La primera gran transformación fue la dehesa. Un largo proceso de selección de especies vegetales dio lugar al desarrollo de un modo de producción agro-ganadero específico, hoy todavía conservado en extensas áreas de la región, que permitió la adaptación, durante varios siglos, de una población escasa y dispersa. Pero en el siglo XVI este sistema había alcanzado su punto crítico en cuanto a la capacidad de sostén de la población en las zonas más densamente pobladas. La emigración al nuevo continente descubierto permitió en parte importante aflojar la presión demográfica (entre mediados del siglo XVI y mediados del XVII la población extremeña se reduce casi a la mitad, teniendo alguna influencia en ello la migración intercontinental)161. Pero lo que en mayor medida fue determinante fue la segunda gran transformación, esto es la agricultura moderna162 de secano: allí donde la presión demográfica era más intensa -y las estructuras de propiedad y dominio lo permitían-, se sustituyó el bosque adehesado por un complejo sistema de policultivos (olivar, viñedo, frutales de secano, cereal, legumbres...); en otras áreas se implantó el monocultivo cerealista, en un proceso que se agudizaría en los siglos XVIII y XIX para responder tanto a las grandes hambrunas como al desarrollo demográfico nacional. La agricultura de secano conforma un nuevo ecosistema que está en condiciones de posibilitar un nuevo crecimiento de la población: es entre 1860 y 1960 -y no antes- cuando se dobla la población de Extremadura, alcanzando casi 1,4 millones de habitantes. Sin embargo, a mediados del siglo XX tanto la dehesa como la agricultura de secano, junto a la limitante estructura de propiedad y dominio de la tierra, se mostraron de nuevo incapaces de sostener el crecimiento. Una vez más será la emigración la estrategia adaptativa que se impone para muchos. Pero, sobre todo, será también un proceso de cambio social y tecnológico el que dé una respuesta
No hay acuerdo entre los historiadores sobre la importancia real de la emigración extremeña a América. Es realmente difícil establecer una cifra a cinco siglos de distancia, cuando todavía hoy es imposible conocer, no ya en los Estados Unidos -donde los ilegales se cuentan po r millones- sino en E spaña, el vo lumen real, y el origen geo gráfico, de los inmigrantes. Pero los argumentos de Domínguez (1988), sobre la importancia de la emigración clandestina, así como sobre el predominio de la influencia andaluza, extremeña y canaria, en los usos y costumbres, nos permiten suponer que un porcentaje relativamente importante de las 150.000 personas que se estima emigraron en el siglo XVI debieron ser extremeñas. Si tenemos en cuenta que emigraban justamente las personas en edad de procrear, tendremos una explicación de la decadencia demográfica de Extremadura -es probable, por otra parte, que las guerras imperiales se nutriesen de soldados en este tipo de territorios donde la presión demográfica era elevada- . Y, como es sabido, la capacidad de una población para sobrevivirse, particularmente con anterioridad al siglo XX, la marca la proporción de individuos con capacidad reproductiva.
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Entendemos por tal la que se desarrolla en Europa a finales de la Edad Media, con la introducción de nuevos tipos de arados, rediseño de medios de transporte, introducción de nuevas especies animales de tiro, generalización de los sistemas de rotación de cultivos, etc. En la era moderna, cuando la agricultura de secano llega a extenderse en Extremadura, estas técnicas se completarían con el abonado y la selección de semillas.

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perdurable a la presión demográfica: esta tercera gran transformación ecológica será el regadío. A pesar de las modestas proporciones que la transformación en regadío ha alcanzado en Extremadura (con respecto a otras regiones), y de que la maduración de los mismos ha coincidido con una época de crisis agraria, este nuevo sistema de producción ha posibilitado una nueva acumulación de capital, y ha preparado a la región para soportar un nuevo crecimiento demográfico163. Por primera vez después de medio siglo, la población extremeña se estabiliza. Y no sólo porque se reducen las demandas de mano de obra en las áreas tradicionalmente receptoras de emigrantes164, sino porque el territorio ha acrecentado su capacidad de sostén. Aunque es justo en las zonas de regadío en donde únicamente se produce una auténtica recuperación demográfica. Por tanto, en la medida en que, según hemos puesto de manifiesto, a la luz de las teorías del materialismo cultural y la ecología social la infraestructura ecológica y la estructura económica condicionan las superestructuras sociales, debemos suponer que el regadío está transformando profundamente extensas áreas de Extremadura: complejizando su economía, modernizando las estructuras productivas, reorientando el modelo territorial de la región, modificando los sistemas de creencias y las actitudes, acelerando en suma los cambios sociales...165 Naturalmente este proceso, puesto en marcha a mediados de siglo (pero atisbado en las primeras décadas), se enfrenta hoy a importantes bloqueos. De una parte de carácter supracional, como la Política Agraria Comunitaria (PAC) y los acuerdos de libre comercio Norte-Sur en materia de alimentos (última ronda del GATT), pesados lastres para el desarrollo de la agricultura en los países desarrollados. En segundo lugar, de carácter nacional, como los instrumentos de planificación (Hidraúlica, del Desarrollo e incluso del Regadío), sistemáticamente polarizados, que tienden a desviar los recursos (hidraúlicos, económicos) y las inversiones infraestructurales hacia las áreas más desarrolladas del Estado. Y, en tercer lugar, los hay también de carácter regional. La incomprensión de la dialéctica ecología-regadío, la estructura de la propiedad (contradictoria con las necesidades de gestión del sistema productivo del regadío), la falta de una cultura del agua, la falta de formación agroempresarial o la falta de estructuras de transformación y comercialización de la producción,
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Repasemos en este punto algunas cuestiones planteadas en la primera parte, en la que recogíamos los elementos teóricos que nos permiten explicarnos cómo el regadío produce un curioso fenómeno, ampliamente descrito por los antropólogos, que choca con el principio del mín imo esfuerzo que se acept a como consustancial a las acciones humanas: "La alta densidad demográfica de las sociedades que practican la agricultura de regadío es debida al hecho de que al aumentar la cantidad de agua suministrada a los campos, aumenta la cantidad de trabajo que puede invertirse en la producción sin pérdidas susta nciales en la relación input-output. Por tanto, en vez de utilizar el potencial de aho rro de trabajo de su tecnología para trabajar menos, la agricultura de regadío opta por intensificar su esfuerzo de incrementar su output" (Harris, 1990, p.140). Si relacionamos estas aportaciones con algunos de los grandes modelos interpretativos, desde la Sociología, del desarrollo del capita lismo, como el de la ética protestante del trabajo (Weber, 1964) y de los mecanismos del crecimiento económico, como la motivación ambiciosa (Mc Clelland, 1968), tendremos una más clara explicación de los mecanismos por los que el regadío posibilita una acumulación de capital y dispara la demografía.
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Otros ponen el acento en elementos exógenos: la emigración estaría determinada por la demanda de fuerza de trabajo en las áreas en desarrollo. Desde nuestra perspectiva, los factores son básicamente endógenos, infraestructurales (ecológicos) y estructurales (económicos, sociales). No se emigra hacia un buen nivel de vida, sino que se emigra desde un mal nivel de vida (es de Perogrullo la condición necesaria de que existan no uno, sino varios lugares a los que emigrar, en los que las condiciones sean mejores). La pervivencia de sociedades prehistóricas cerca de sociedades avanzadas de consumo, mientras no se vea limitada su capacidad de sustentación, es la mejor prueba del fundamento de estas afirmaciones.
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Nuestro modelo explicativo no es unánimemente compartido, pero en su simplicidad permite una interpretación coherente del pasado y del presente de la región. Superando así los vacíos explicativos de teorías y modelos que, sean endo-estructurales (centrados en limitaciones internas, geo-físicas o incluso de personalidad), o bien basados en las teorías del subdesarrollo (modelos centro-periferia), en ambos casos son en el fondo culpabilizadores (de nosotros o de los otros), y conducen a fondos de saco cuando se trata de proponer alternativas.

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limitan la capacidad endógena de acrecentar la superficie regable. Si bien éstos factores internos son los que el propio desarrollo socioeconómico alentado por el regadío puede permitir en mayor medida superar.

El regadío en Extremadura
El regadío es reciente en Extremadura; aunque se han encontrado vestigios de regadíos romanos cerca de Badajoz, es probable que sobre algunas villas de las vegas del Guadiana se levantasen luego algunas almunias, y está documentada en el siglo XV la existencia de pequeños regadíos en algunas estrechas vegas cacereñas. La escasa importancia histórica es achacable a la confluencia de factores diversos (nivel tecnológico, estructura de la propiedad y presión demográfica, fundamentalmente)166. El caso es que sólo a partir de mediados del siglo XX se inicia un proceso intenso de transformación167 que queda bloqueado en los '70, para recuperarse sólo muy tímidamente en los últimos años. De las ocho regiones más importantes por su superficie (Castilla-León, Aragón, Cataluña, Valencia, Murcia, Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía) y por la extensión de su agricultura, tan sólo Murcia posee una superficie de regadío menor que la extremeña (aunque en términos relativos la importancia del regadío es mayor también en Murcia, al ser su superficie geográfica regional inferior). Ahora bien, si considerásemos otras variables, veríamos cómo Extremadura resalta en la relación Has Regadío/habitante (la segunda más alta tras Aragón), mientras que en la relación Has. Regadío/activo agrario le sobrepasan Aragón, La Rioja, Navarra, Murcia, Castilla-León... e incluso Cataluña, a pesar de ser una región esencialmente industrial y de servicios.

GRAFICO 5
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En mayor medida que los condicionantes "naturales", que son siempre superables en función del desarrollo tecnológico del momento.
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Basado en programas iniciados por el gobierno de la República, e incluso en demandas y propuestas de finales del XIX. Pero no es objeto de este trabajo referenciar la historia, sino la significación actual de los regadíos.

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De hecho, la relativamente elevada relación entre regadíos y población en Extremadura guarda más relación con la baja densidad demográfica que con la importancia objetiva del regadío. El Gráfico recoge un índice de importancia real del regadío relacionando, mediante la suma de los factores, con el total de tierras cultivadas, la población de la región y los activos agrarios. Este índice marca, en positivo o negativo, y por alejamiento de la media nacional, la importancia real que el regadío, como infraestructura territorial, tiene para cada región. Según este indicador, Extremadura vendría a ser la 8ª Comunidad Autónoma española por la importancia real de su regadío. E incluso si entrásemos en matizaciones de valor económico la importancia real de Extremadura en este tema resultaría todavía inferior. El regadío extremeño es, pues, reciente, y en términos objetivos no es todavía muy importante, a pesar de su envidiable potencial. De las causas de esta situación lo tradicional ha sido achacarlo a los mismos factores socioeconómicos a los que se ha atribuído el atraso secular de la región. Pero no hay que olvidar tampoco que el regadío necesita población, mucha población, para florecer. Produciéndose una acción sinérgica entre la presión demográfica, el capital y las condiciones naturales168, situación que aquí tan sólo se han dado en puntos muy localizados del Norte de la región antes del siglo XX169. El regadío, en Extremadura, no ha sido pues una consecuencia natural, como lo ha sido en La Rioja, Navarra, Aragón, Valencia, Murcia o Cataluña. Paradójicamente, el regadío extremeño tal vez sea el único (como conjunto regional) que responde a las tesis largamente defendidas a lo largo de varios decenios, a finales del siglo XIX y principios del XX, por unos regeneracionistas, con Costa(1975) a la cabeza, que pensaban en regiones del Norte de España, donde ya existían no sólo una cultura del agua sino también unas particulares condiciones estructurales. El regadío ha llegado a Extremadura desde arriba, como parte de un programa de "redención", lo que ha acarreado problemas y generado no pocas contradicciones. Pero, regadío al fin, también en Extremadura se ha consolidado en un sistema que con los lógicos retroalimentadores está produciendo los mismos -o parecidos- efectos que pudo producir en otras regiones españolas décadas -o siglos- atrás. Aunque prácticamente hasta 1980 las únicas transformaciones derivaron de actuaciones del INC-IRYDA170, desde entonces venimos asistiendo a una tímida demanda de pequeños regadíos de iniciativa local, y sobre todo a un fuerte y sostenido movimiento de actuaciones aisladas de iniciativa privada. El incremento de la regulación, particularmente de la cuenca del Guadiana, ha sentado las bases para que, en lo sucesivo, veamos desarrollarse con mayor amplitud el regadío hasta el límite de los recursos hídricos de la región. Por otra parte, los relativamente bajos precios del suelo rústico en Extremadura, bajos costes laborales en relación a otras regiones, abundancia de agua y bondad del clima, han atraído desde finales de los años '70 a empresarios foráneos -agrarios y no agrarios-; en ocasiones este hecho es considerado como pernicioso (y ciertamente en no pocos casos se trata de inversiones

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La sinergia entre presión demográfica regadío -en la medida en q ue ésta es una respuest a adaptativa a dicha presión- podría ayudar a explicar, por otra parte, algunos de los fracasos en la implantación planificada de regadíos, no siempre atribuíbles a factores físicos.
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Tampoco son plenamente aceptables, con los datos actuales, otro tipo de tópicos ancestrales sobre la mala calidad de los suelos, o el fuerte estiaje de la región, que todavía hoy se utilizan desde ciertos ámbitos para oponerse a la extensión de los regadíos (Baigorri, 1997b).
170 Dejando a un lado los pequeños regadíos existentes en algunas zonas, sólo se detectan algunas experiencias aisladas de regadíos de inicitiva privada en torno al Tiétar, en las primeras décadas del siglo XX. En esas fechas se inicia la transformación de La Bazagona y su entorno, que actualmente constituye una rica zona regable.

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especulativas, sobre todo fuera del regadío), pero es a todas luces evidente que está teniendo en el regadío y en su entorno económico una positiva influencia. Pues se trata en ocasiones de empresarios dinámicos e innovadores, que indirectamente ayudan a la difusión de nuevos cultivos, nuevas técnicas y tecnologías de gestión del agua de riego, nuevos canales de transformación/comercialización, etc. No cabe duda de que estos procesos socioeconómicos aceleran los trances de urbanización social de la zona171.

Mapa de situación del regadío
Fuente: Landsat, Catastro de Rústica y elaboración propia

GRAFICO 6 La Tabla siguiente recoge la evaluación del estado actual de los regadíos de la región, que realicé a mediados de los ‘90 (Baigorri, 1997b) dado que no se disponía de una evaluación oficial fidedigna. Por su parte el mapa que hemos elaborado a partir de fotografías del satélite Landsat (Ilustración 12), ofrece su ubicación aproximada en el territorio a principios de los ‘90. El regadío se concentra en las Vegas del Guadiana, y en el conjunto Tiétar/Jerte/Alagón/Arrago, aunque aparecen pequeñas zonas aisladas de importancia fuera de estos sistemas principales. Fuera de los municipios cercanos a los dos grandes sistemas hidráulicos, la superficie regable no sobrepasa el 10 % de la superficie censada.

Precisamente, el origen predominante en este tipo de empresarios agrarios de regadío coincide con las principales zonas agrarias de regadío del Estado: Levante y el Valle del Ebro.

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TABLA 3: SINTESIS DE LAS ZONAS REGABLES EN EXTREMADURA ZONAS REGABLES DE CACERES
ZONA Gabriel y Galán Rosarito Borbollón Valdecañas Ambroz Riv.Fresnedosa Peraleda Salor Vegas Altas CC Iniciativa Privada Calzadilla-Guijo Valdeiñigos TOTAL CC Alagón Valdecañas Salor Orellana Presa/Sistema Varias Rosarito Borbollón Valdecañas Arroyo Baños Río Alagón Tiétar Arrago Tajo Ambroz Fresnedosa Tajo Salor Guadiana Has.Regables( .) 38000-39000 15800-20000 8700-9000 6400-6700 5000 3516 1434-1800 744-800 12500 10000 400 300 102794-109016

NOTA: Los de Ambroz y Rivera Fresnedosa están terminados, en fase de puesta en cultivo. Habría otras 1.000 Has aproximadamente en otras pequeñas actuac iones en Carrascalejo, C asas de Don A ntonio, Las Minas, Aliseda, Cañame ro, Mem brío, etc. Po dría fijarse una cifra media aceptable de unas 104.000 Has en la p rovincia de Cáceres ZONAS REGABLES DE BADAJOZ Orellana Entrerríos Zújar Montijo/Lobón Alange Jerez Olivenza Iniciativa Privada TOTAL Orellana Elevación Zújar Montijo Elevación Ardila/Brovales Piedra Aguda Guadiana Guadiana Zújar Guadiana Guadiana Ardila/Brovales Olivenza 43500-43900 735-800 17100-24000 36600-40000 3500 1600-1686 675-700 30000 133710-144586

NOTA: Entre los pequeños regadíos, tradicionales o planificados, habría que hablar de La Codosera (100 H as), Zalamea/D ocenario (243), Alamillo (46). Por otro lado, en la cuenca alta del Guadiana, entre Cíjara y Orellana, se localizan casi 700 Has de pequeños regadíos locales; en la cuenca media, entre Orellana y Montijo, hay más de 3000 Has basadas en pozos, de subálveos del Guadiana y sus afluentes; con aguas subterráneas del subválveo del Guadajira y La Albuera se han transformado más de 5.000 Has; en el tramo bajo del Guadiana, fundamen talmente entre Badajoz y Olivenza, las cifras oscilan según la fuente entre 3500 y 7000 Has; hay unas decenas de Has. en el Lácara, y algunos centenares difíciles de acotar en la cuenca del Ardila. Una cifra razonab lemente precisa para usar respecto a Badajoz debería estar seguramente por encima de las 140.000 Has. Fuente: Declaraciones de Puesta en Riego, Censos Agrarios, Memoria del Plan Hidrológico Nacional, Avance del Plan Nacional de Regadíos, Atlas de la Cuenca Hidrográfica del Guadiana, Catastro de Rústica, Instituto Geográfico-Landsat, y elaboración propia

Regad ío, territorio y d esarrollo
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Pero si el regadío ocupa todavía un escaso porcentaje del territorio extremeño (más del que reflejan los Censos Agrarios, según hemos demostrado), no es menos cierto que las áreas más desarrolladas de la región se concentran asimismo en reducidos corredores que, precisamente, vienen a coincidir de forma bastante regular con la distribución del regadío. Aquí se concentran la población, la industria, la actividad mercantil, el terciario más avanzado, el empleo, el dinamismo social y económico en suma...172. Hasta el punto de poderse afirmar que, en la actualidad, es el regadío el principal elemento estructurante del territorio y del desarrollo económico en esta región (Baigorri y Cortés, 1991, Baigorri, 1995, y Cortés, 1996).

Ejes estruc turantes del territo rio

GRAFICO 7 De los ejes que podríamos abstraer como estructurantes de la región, los dos más importantes (las Vegas de Guadiana, con más de 300.000 habitantes, y el Corredor del Norte, con unos 125.000), que concentran un 40% de la población extremeña, deben su conformación actual a los regadíos transformados a lo largo del siglo XX; gracias a los riegos la población ha sido retenida en Vegas Altas, incluída el área Villanueva-Don Benito. Sin los regadíos, estas dos grandes ciudades que hoy compiten con Badajoz no habrían ido mucho más allá que Castuera o Herrera del Duque, por poner dos ejemplos de ciudades venidas a menos" (Baigorri, 1980:165). Y, efectivamente, sin tener en cuenta los efectos del regadío es difícil entender cómo Plasencia, que ocupa el puesto 17º al iniciarse el siglo con 8.000 habitantes, es hoy la cuarta ciudad extremeña, con casi 40.000; mientras que Trujillo, la séptima ciudad de la región en 1900 -casi 13.000 habitantes-, ha pasado en 1991 a ocupar el puesto 17º -menos de 9.000-. Podemos observar con mayor detalle este aspecto en el cuadro siguiente, que recoge la variación en el
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Y en consecuencia, también se concentran en estas áreas el tipo de conflictos y problemas sociales más característicos de las sociedades desarrolladas: conflictos medioambientales, caos urbanístico, inmigración, tráfico de drogas, alcoholismo, violencia y siniestrabilidad juvenil, etc. Naturalmente, el desarrollo económico y social tiene, hoy por hoy, dos caras indisolubles.

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ranking de los dieciocho municipios más poblados en 1900, 1960 y 1991 respectivamente.

Pueblos y ciudades que ganan y pierden posiciones en los Censos de Población

GRAFICO 8 Todos los municipios que se incorporan al ranking en los sucesivos censos tienen importantes superficies de regadío, o articulan comercialmente áreas de regadío. Mientras que los municipios que sucesivamente se caen del ranking corresponden al tipo de territorios que se beneficiaron de la primera adaptación ecológica: la dehesa Ciertamente, más allá de los lugares comunes sobre la decadencia demográfica y económica de Extremadura -que en menos de treinta años, a partir de 1960, perdió más de un tercio de su población, lo que de hecho suponía más de la mitad de la población en edad reproductiva-, no debemos olvidar -especialmente en el marco de las hipótesis sobre las que estamos trabajandola diversidad territorial de la región. Es decir, junto a ciudades y extensos territorios de la región que iniciaron en 1960 una profunda decadencia demográfica y social, hallamos no sólo ciudades sino comarcas enteras que no sólo no han perdido, sino que han incrementado sistemáticamente tanto su población como su riqueza. Así, el conjunto de los municipios de la región que podemos considerar de regadío (a efectos de este propósito, hemos considerado como tales a los que cuentan con más de 200 Has), han incrementado su población, tomados en conjunto. E individualmente tomados, casi todos los municipios que han crecido demográficamente se sitúan a lo largo o en torno a los dis principales sistemas hidráulicos. El siguiente muestra con mayor detalle este hecho. En el mismo se compara la evolución demográfica, a lo largo del siglo, de los conjuntos de municipios que pueden ser clasificados, respectivamente, como silvoganaderos (aquellos en los que la dehesa sigue siendo el ecosistema - 129 -

predominante), cerealistas (aquellos en los que predomina el monocultivo de secano), de policultivo de secano (en los que la convivencia de olivar, vid, cereales y otros productos del secano intensivo complejiza su economía) y propiamente de regadío (Baigorri, 1991).

GRAFICO 9 Resulta obvio, a la vista de los datos, que los territorios que siguen anclados en las dos anteriores adaptaciones ecológicas, la dehesa y el monocultivo cerealista de secano, se encuentran desde 1960 en un proceso constante de decadencia demográfica, y por ende económica. Los territorios que históricamente han intensificado el cultivo de secano, especializándose en ciertos productos (olivar u viñedo, fundamentalmente) observan una progresión más lenta en la pérdida de población, con cierta tendencia en los últimos censos a la estabilidad. Únicamente los territorios caracterizados por los cultivos de regadío han mantenido, después de 1960, la tendencia creciente que se inició a principios de siglo en toda la región.

La formación del corredor agropolitano de las Vegas del Guadiana
Vamos a centrarnos ahora en el eje de las Vegas del Guadiana, en cuyo desarrollo agropolitano hallamos uno de los fundamentos del crecimiento y consolidación urbana de Badajoz.

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Delimitación de las Vegas del Guadiana

GRAFICO 10 Se trata de un territorio en el que la imagen de lo agropolitano, como fusión entre lo rural y lo urbano, o más concretamente como el predominio socioeconómico de lo urbano sobre una base física rural, se hace claramente visible173. A causa de la construcción de numerosos poblados de colonización en el marco del Plan Badajoz, la dispersión geográfica de los núcleos -general en casi toda la región, y muy particularmente en la provincia de Badajoz- se ha reducido notablemente, hasta semejarse al tipo de poblamiento de las vegas de regadío más antiguas. Pero, sobre todo, lo que se ha creado es una estrecha red de interrelaciones económicas que otorgan personalidad propia a la zona; de una
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Las Vegas del Guadiana incluyen algunos municipios de la provincia de Cáceres, particularmente Miajadas -con más de 10.000 habitantes y, después de Talayuela, en las Vegas del Tiétar, el municipio con más intenso crecimiento de la región-. Sin embargo, a efectos de facilitar diversos tratamientos estadísticos, y en la medida en que la vinculación administrativa de todo orden -incluídas las dive rsas coamarcalizaciones- mantiene la división p rovincial vigente, hemos optado por limitar nuestro análisis a los municipios de la provincia de Badajoz. Hemos discuti do esta problemática r elativa a la zonificación limitada por los perímetros en (Baigorri, Rodriguez-Cancho, 1991).

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forma más intensa en las denominadas Vegas Bajas (entre Montijo y Badajoz), debido a su mayor antigüedad. En realidad, hablamos no ya de dos, sino de tres zonas plenamente diferenciadas:Vegas Bajas, Vegas Altas y la Vega de Olivenza (el perímetro de las Vegas del Guadiana debiera incluir también, probablemente, la zona de pequeños regadíos antiguos de La Codosera). En primer lugar, las Vegas Bajas, que constituyen la zona más antigua del Plan Badajoz, hasta el punto de que su transformación se había iniciado de hecho antes de la Guerra Civil. Este territorio, ya en plena producción a finales de los años ‘60, contaba con una cierta articulación previa: entre Mérida y Badajoz (60 kms) se incluían algunos dinámicos municipios como Montijo, Puebla de la Calzada o Talavera la Real, que sin duda aprovecharon desde antiguo las áreas más fácilmente dominables de sus vegas174. Sobre este entramado previo se asentaron un total de 14 nuevos poblados de colonización, así como algunos ensayos de poblamiento disperso, permitiendo de esta forma una más intensa ocupación del territorio, y densificando también la malla de comunicaciones -y en consecuencia, de interacciones tanto sociales como económicas-. Esta densificación del territorio se percibe incluso en fenómenos estrictamente urbanísticos. Así, a mediados de los años ‘80, uno de estos poblados, situado originariamente a menos de 2 kms del núcleo urbano de Talavera la Real, había sido plenamente incorporado al casco urbano. Aunque nunca fue considerado estrictamente como poblado, constituía de hecho un núcleo plenamente diferenciado, y claramente distanciado de Talavera: el nombre que se le adjudicó, Aldea del Conde, muestra su personalidad diferenciada. Otro ejemplo podemos hallarlo en el proceso de fusión fáctica, por efecto del crecimiento, de las dos principales agrociudades situadas a medio camino entre Mérida y Badajoz: Montijo y Puebla de la Calzada, que hoy forman de hecho una pequeña conurbación175. En cuanto a las Vegas Altas, constituyen una zona regable más joven. De hecho, la últimas fases de transformación de una de sus subzonas, dominada por el Canal del Zújar, se ha puesto en riego en la última década del siglo XX. Pero los 18 nuevos poblados que se construyeron en los años ‘50 y ‘60 se asientan sobre las tierras dominadas por el más antiguo Canal de Orellana, pues los regadíos del Zújar no incluyeron nuevos poblamientos. En esta zona, tradicionalmente adehesada, la densificación del hábitat provocada por la transformación en regadío y colonización es aún más que en las Vegas Bajas. Nuevamente encontramos aquí dos agrociudades, Don Benito y Villanueva de la Serena, situados muy cerca y cuyo crecimiento ha venido generando una auténtica conurbación, que en la actualidad totaliza más de 50.000 habitantes, constituyéndose de hecho en la tercera ciudad de la región. Ya en 1980 planteábamos la necesidad de introducir un tratamiento mancomunado de ambos núcleos (Baigorri, Gaviria, Mejías, Serna, 1980); y muy recientemente, en 1996, los Ayuntamientos de ambos municipios han puesto en marcha una Mancomunidad que pretende un desarrollo armónico del espacio en que se produce el encuentro físico de ambos núcleos. La tercera de las zonas es una pequeña transformación en regadío, dentro del municipio de Olivenza, en la que se construyeron dos poblados para atender a algo menos de 1.000 Has transformadas. Es una zona separada tanto geográfica -dista unos 20 kms de Badajoz, el núcleo más cercano de las Vegas Bajas-, como temporal y administrativamente, del conjunto analizado,
Hay de hecho constancia de explotaciones agrarias romanas cercanas al río, cuyo único sentido, en una zona insalobre, sólo podemos hallarlo en el aprovechamiento de sus aguas para el riego.
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Conurbación cuyos problemas urbanísticos de ordenación conjunta están todavía, por cierto, pendiente s de resolve r. Como ocurre con el otro par de ciudades de las Vegas (Don Benito y Villanueva de la Serena), cada municipio desarrolla su planeamiento prácticamente de espaldas al otro, a pesar de que los primeros edificios de ambos están ya separados por menos de doscientos metros.

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ya que es la más joven de las tres zonas consideradas, y no utiliza canales derivados del sistema Guadiana-Zújar, sino que se trata de una pequeña zona regable basada en el aprovechamiento del río Olivenza. Pero no cabe duda de que hoy esta zona conforma, con el resto, una unidad. Son por tanto los municipios afectados por estas tres zonas regables -a excepción de los pertenecientes a la provincia de Cáceres- los que incluimos en ese Corredor del Guadiana entendido en un sentido amplio, que hoy constituye el principal espacio articulador de la región, y cuyo desarrollo y crecimiento ha sostenido en buena parte el propio desarrollo de la ciudad de Badajoz y su tendencial proyección metropolitana. Si observamos la variación entre los censos de 1981 y 1991 resulta evidente la mayor maduración de las Vegas Bajas, más antiguas, que en el periodo considerado han ganado población, mientras que en las Vegas Altas todavía hay algunos municipios que o mantienen estable su población, o incluso han perdido algo en el periodo. Si bien, junto a la edad de los regadíos de Vegas Bajas hay que considerar también la acción sinérgica que sobre el desarrollo de su entorno ejerce la principal ciudad de la región. Asimismo, el peso de la actividad agraria es ya sensiblemente menor en el conjunto de las Vegas Bajas. Pero, tomados en conjunto, los 19 municipios que, en la provincia de Badajoz, constituyen el Corredor del Guadiana -como lo denominaremos en lo sucesivo- han venido incrementando su peso demográfico respecto del conjunto de la provincia a lo largo del siglo. Mientras en 1930 sumaban 130.000 habitantes, frente a 564.000 en el resto de la provincia, en 1995 se habían elevado a 311.000, mientras el resto de la provincia ha visto reducirse su población a 364.000. Por otra parte, este crecimiento no se ha basado únicamente en el desarrollo de las principales ciudades. Lo que caracteriza a este espacio como un corredor económico es el hecho de que constituye una malla, una red territorial de núcleos urbanos, económicos y sociales que interactúan obteniendo sinergias que benefician al conjunto. Excepto Villar de Rena, Medellín y Guareña, todos los demás municipios han ganado población en el periodo 1981/1991. Y en el lustro que separa el último censo del último recuento de la población de derecho de que disponemos (1995), Guareña y Medellín parecen haberse incorporado también a las tendencias de crecimiento; quedando Villar de Rena -el más excéntrico del corredor- como único municipio que, siguiendo la tendencia de tantos otros municipios de la región, ha continuado perdiendo población. El gráfico siguiente nos muestra la realidad funcional de esta región urbana a la que, por sus proporciones, especialización funcional y características físicas, más convendría la denominación de región agropolitana. En el mismo hemos agrupado los municipios por tamaños, y vemos cómo, aunque es un hecho que las mayores ciudades se han beneficiado más del crecimiento, incluso el conjunto de los de menos de 25.000 habitantes tienen hoy prácticamente la misma población que en 1960, momento cumbre de la demografía extremeña, al contrario de lo que ocurre en el resto de la provincia.

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GRAFICO 11 La situación no se explica únicamente, por tanto, en el hecho de que el Corredor del Guadiana acoja a las principales ciudades de la provincia. En 1930 el conjunto del corredor, con las mismas ciudades, suponía apenas un 22% de la población total de la provincia, mientras que en 1995 supone más de un 46%. Pero lo que en mayor medida nos interesa resaltar es el peso que, más allá del demográfico, tiene el corredor respecto del conjunto provincial respecto de una serie de variables indicadoras tanto del grado de desarrollo económico como de la intensidad de la urbanización, entendida como modo de vida. Para ello hemos procesado datos de fuentes muy diversas176, que nos permiten establecer dicha significación. Así, mientras en el Censo de 1991 el Corredor del Guadiana suponía un 44,91% de la población total, su peso es mucho menor en todas aquellas variables que indican una mayor carga de ruralidad, como pueda ser el analfabetismo (tan sólo un 32% de la población analfabeta de la provincia reside en el corredor), la importancia de la población activa agraria (un 29%), o el peso de las mujeres que permanecen dedicadas a las tareas domésticas (40,15%). Por el contrario, las variables que indican tanto niveles más intensos de urbanización, como un mayor acercamiento a las tendencias de terciarización y cuaternización propias de la sociedad de la información, muestran en el Corredor del Guadiana un peso muy por encima del que demográficamente le corresponde. Así, en lo que a estilos de vida se refiere, observamos cómo el 66,5 % de la población separada/divorciada de la provincia se concentra en las Vegas, o el 57,2% de las mujeres ocupadas; así como el 56,5% de la población originaria de países extranjeros, y el 57,2% de todos los residentes en la provincia nacidos fuera de Extremadura. Hallamos también casi un 58% de los estudiantes universitarios, y frente a la baja participación señalada en el analfabetismo, encontramos que un 82,6% de los universitarios con grado de doctor se localizaban asimismo,
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Censos de Población, Anuarios BANESTO y Sistema Informatizado de Estadísticas Municipales de Extremadura (SIEMEX) de la Junta de Extremadura.

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en 1991 en el Corredor del Guadiana. En fin, en lo que a las actividades y el potencial económico se refiere los datos son asimismo suficientemente explícitos: tanto la cuota de mercado como el número de licencias comerciales estaban en el mismo año del Censo, 1991 -según los datos de BANESTO- ligeramente por encima del peso demográfico de la zona. Pero otros indicadores de actividad que aporta el mismo banco de datos, como el porcentaje del total de instrumentos notariales de la provincia (58%) o el número de teléfonos (54%) son aún más llamativos. Ya hemos hecho referencia, por lo demás, al bajo peso de la población activa agraria (un 29%), mientras que el conjunto de ocupaciones más avanzadas, que podemos considerar características de la Sociedad de la Información, concentran en el corredor casi un 57% de sus efectivos provinciales. Debemos insistir en este punto en la percepción de que el territorio analizado se constituye, antes que en un subsistema jerarquizado, en una red cuya sinergia posibilita el desarrollo del conjunto. Naturalmente, no podemos olvidar que el área incluye tanto a la capital regional como a la capital provincial, que es a su vez no sólo la principal ciudad de Extremadura, sino la mayor en un radio de más de 200 kilómetros. El propio crecimiento de estas dos ciudades es subsidiario del conjunto de la zona, pero no nos cabe duda alguna de que a la vez la fuerte concentración urbana de Badajoz posibilita la optimización económica del conjunto; sin un núcleo de acumulación el beneficio socioeconómico de las Vegas no sería tan fácil de percibir a nivel local. Y se trata, ciertamente, como más adelante veremos para el caso de Badajoz, de un crecimiento que no se produce exactamente a costa del resto del territorio, en una relación de dependencia, sino que es endógeno. No es extraño así que casi un 9% de la población de la zona (más de 26.000 habitantes en 1991) proceda de fuera de Extremadura, siendo 2.500 los habitantes de origen extranjero (casi un 0,9 % de la población).

La extensión del Corredor de las Vegas en Portugal
El río Guadiana sigue un trazado geológicamente racional, pero geográficamente extraño. Después de discurrir de Este a Oeste desde Castilla La Mancha, tras atravesar la ciudad de Badajoz hace un giro de casi 90º para descender hacia el Sur, de forma que buena parte de su curso bajo está marcado por la frontera entre España y Portugal. A vista de satélite, es como si el territorio pidiese que el Guadiana prolongase su recorrido Este-Oeste hasta Setúbal o Sines. Tal vez a muy largo plazo la mano del hombre modifique el arbitrario trazado de la Naturaleza. Hasta hoy puede parecer un futurible bastante improbable: a medida que nos adentramos en Alentejo nos alejamos de las Vegas del Guadiana, extendiéndose una mancha de casi 200 kilómetros de anchura de cultivos de secano, hasta la costa lisboeta; pero, sin modificar el trazado del río, pronto veremos llegar las aguas del Guadiana casi hasta Sines, en el Atlántico. La construcción del conjunto regulador de Alqueva, al Sur de Badajoz, va a suponer la transformación de más de 100.000 Has de nuevos regadíos en torno a Beja. En cualquier caso, las Vegas del Guadiana no terminan en Badajoz. La existencia de la frontera no permitió en su día una planificación unitaria del Guadiana, pero el ejemplo del Plan Badajoz animó a la realización, ya en los años ‘70, de diversas transformaciones en regadío en el lado portugués de la cuenca. Aunque en el conjunto del Alentejo hay unas 60.000 Has dominadas, el área realmente regada apenas supera las 27.000 Has, distribuidas en pequeñas actuaciones muy dispersas en el territorio, tanto en la cuenca del Guadiana, como en la del Tajo y en otros pequeños ríos que desembocan en el Atlántico; la mayor zona regable, el Vale de Sorraia, en el Norte de la región y en la cuenca del Tajo, domina algo más de 12.000 Has y riega 10.000 (CCRA, 1994:37). - 135 -

En la zona de Elvas/Campomaior el embalse de Caia, sobre el río del mismo nombre que desemboca en el Guadiana justo en la frontera de Badajoz, permitió dominar algo más de 7.000 Has, de las que se riegan en la actualidad poco más de 3.000, aunque hay que añadir una cifra indeterminada de pequeñas transformaciones de iniciativa privada, tanto en la vega del Caia como directamente en la del Guadiana, que durante unos kilómetros discurre abierta a lo largo de la frontera, casi hasta Juromenha. Así, sin llegar a tener el potencial de las Vegas Bajas, los regadíos de Elvas y Campomaior han supuesto una intensificación agraria que ha venido acompañada del tipo de transformaciones características del regadío; más aún dado que en Elvas se instaló una estación de investigación y extensión agrarias. Pero lo que interesa señalar en este punto es el hecho de que, en los últimos años, se viene dando una interacción creciente a ambos lados de la frontera, habiéndose llegado a intercambiar determinadas producciones entre conserveras en momentos de dificultades. Por otra parte, el tipo de producciones agrícolas de la zona, tanto en regadío como en el secano y la dehesa, son las mismas que en Extremadura, lo que facilita la extensión de una red de suministros y servicios técnicos a la agricultura que, desde hace años, no conoce de fronteras. Por tanto, podemos decir con razones suficientes que el corredor de las Vegas se adentra en Portugal, más allá de la frontera, en términos de continuidad geográfica y agronómica. Son los municipios de Elvas y Campomaior, fundamentalmente, los que constituyen dicha prolongación. Sin embargo, en el caso de Elvas, la ciudad fronteriza con Badajoz, no podemos decir, como en el caso del corredor de las Vegas, que haya sido el regadío el factor fundamental de su desarrollo. Aunque sin duda en los últimos años los regadíos de Caia y el Guadiana y la agroindustria han contribuído a diversificar la economía de la ciudad y a la creación de empleo, la importancia de Elvas viene de mucho más atrás, y responde a su función comercial, y sobre todo a su condición de ciudad fronteriza. Y, a otra escala, algo parecido podríamos decir de Campomaior, que constituye el vértice Norte de la mesópolis de Badajoz.

Elvas, ‘baluarte’ comercial
En su obra sobre la urbanización de Europa entre los siglos XVI y XX, Jan de Vries incluye a Elvas como una de las cinco ciudades portuguesas (con Lisboa, Coimbra, Évora y Oporto) que habrían participado de dicho proceso (Vries, 1987:356). No debemos olvidar que, en el periodo considerado, la dirección del crecimiento demográfico era inversa a la actual, hallándose las mayores potencialidades urbanas en el interior de la Península en lugar de en sus costas. Elvas aparece entonces como uno de los más importantes ‘puertos secos’ (como se denominaba a las aduanas interiores) entre Castilla y Portugal, hasta el punto de que en 1650 tenía la misma población que Évora (hoy tiene la mitad), más que Coimbra, y casi la misma que Oporto. En ese periodo, Elvas parece que tenía incluso no sólo más población, sino mayor importancia económica que Badajoz. Todavía a finales del siglo XVIII, época en que los informes sobre el estado socioeconómico de los territorios del Estado proliferaron, se pone de manifiesto el evidente dominio comercial de Elvas sobre Badajoz. Refiriéndose a Badajoz, dice uno de aquellos informes:
“las artes prácticas y oficios están en un doloros estado y decadencia. Comenzando por los olleros, zapateros, carpinteros y herreros de Badajoz, se demuestra este mal, que proporciona a los Portugueses el aumento de su comercio activo con grave daño del nuestro” (Larruga, 1797, T. XL:216)

En dicha época, por cada unidad monetaria exportada a Portugal a través de los puertos secos de Extremadura, se importaban 1,8 unidades. De ahí que en el mismo informe se expresase la necesidad de - 136 -

“que en varios pueblos de esta provincia sobre la raya de Portugal se establezcan ferias, donde el paso que se saque la ventaja de ellas para el comercio interior de la misma Provincia, vendam os a los Po rtuguese s quanto podam os con a ctividad d e nuestro comerc io activo. Los portug ueses tienen ferias en va rios pueblos de este reyn o sobre la misma frontera. La necesidad de nuestros españoles por una parte y la alegría, llevan a muchos á estas ferias. En ellas no solo se surten de lo que necesitan, sino de lo que las casualidades, el gusto y el capricho apetecen . En esto y e n la ma nutención ga stamos mucho dinero con utilidad del comercio ac tivo de los Portugu eses” (Larruga, 1797, T. XXXIX:277)

Estos datos aislados pretenden únicamente mostrar cómo la interacción comercial en este punto de la frontera viene de muy atrás, si bien las proporciones se han invertido en determinados momentos históricos, y asimismo el cierre de la frontera en diversas épocas ha supuesto un hándicap para la profundización de tales relaciones. Pero, sobre todo, estos elementos muestran la importancia histórica de Elvas como centro comercial fronterizo. Una importancia que, menguada en cuanto a su significación peninsular o nacional, ha mantenido hasta la disolución de la frontera. Actualmente la ciudad intenta recuperarse, mediante la especialización sectorial, de la crisis que para el comercio ha supuesto primero la desaparición de la frontera y luego la construcción de la autopista. La crisis comercial derivada de la disolución de la frontera -que, como se verá, ha provocado incluso la relocalización a Badajoz de algunos comercios y servicios elvenses- se percibe en el hecho de que, a lo largo de los años ‘90, por primera vez en varias décadas el municipio haya perdido algo de población: casi 400 habitantes entre 1991 y 1995. Un fuerte contraste con los saldos naturales positivos que mantuvo tanto en las dos décadas anteriores (IAPMEI,CCRA, 1993:2.4). Pese a todo, Elvas es la sexta ciudad del Alentejo, después de Évora, Beja,Santiago do Caçem, Odemira y Portalegre, con una población en 1994 de 24.100 habitantes, cuya población activa, según el Censo de 1991, presentaba la siguiente distribución, de características más urbanas que la del conjunto regional.
Sector Primario Sector Secundario Sector Terciario ELVAS 16,2 19.3 64,6 ALENTEJO 23,2 25,9 50,8

Sin embargo, la importancia regional de Elvas va más allá de su significación demográfica, y guarda una estrecha relación con su posición geográfica en la frontera. La misma frontera que hizo de Elvas una fortaleza casi inexpugnable177, la convirtió en centro comercial de primer orden. Así, según los datos del Anuario Estatístico da Regiâo do Alentejo 1995, del Instituto Nacional de Estatística, frente a la muy baja densidad demográfica del Alentejo (19,6 habitantes por kilómetro cuadrado), Elvas ofrece una densidad de 38,1 Habs/Km2, que se refleja asimismo en la complejidad de su economía y en otros indicadores. Así, mientras que su población en 1994 supone un 4,55 % del conjunto alentejano, sin embargo la población menor de 24 años equivale a un 4,98% del total, y por el contrario la de 65 y más años sólo supone un 3,86% del total. Es decir, la población de Elvas está mucho menos envejecida que la del conjunto de la región: frente
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En 1659 (no casualmente en uno de los momentos de mayor esplendor de Elvas), la ciudad fue sometida a un terrible sitio por el español Luis de Haro. En la famosa batalla ‘das linhas de Elvas’ se decidió la independencia de Portugal, aunque supuso para la ciudad una profunda crisis. En 1706, de nuevo, tropas españolas y francesas intentarían sin éxito tomar Elvas, y en 1711 hubo un nuevo cerco. La condición de baluarte frente a un supuesto anexionismo español ha pesado largamente en la construcción cultural de la ciudad (Sardinha, 1969). Esa paradoja, por la cual España ha sido y es para Elvas tanto la fuente fundamental de su riqueza como el enemigo potencialmente anexionista, no sólo ha estado presente en la historia, sino que se percibe en el presente de la ciudad.

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a un porcentaje del 26,2% mayores de 60 años para el conjunto de la región, Elvas presenta un 23,2%. Asimismo, la tasa de actividad, un 41,4% en Elvas, en ligeramente superior a la del conjunto regional (41,1%); pero sobre todo, la tasa de paro (6,10% en Elvas) es muy inferior al 10,2% que se alcanza en la región. Frente a ese peso demográfico del 4,5%, sin embargo el número de sociedades en actividad suponía en 1994 un 6,25% del total, y las constituídas en 1993 alcanzaban un 6,73% del total, y tenían un 4,6% del personal empleado por las empresas de la región. Este mayor dinamismo se percibe especialmente en el hecho de concentrar, a 200 kms del puerto más cercano, el 9,1% de las empresas exportadoras de comercio intracomunitario, y el 6,9% de las exportadoras extracomunitarias. Cuenta asimismo con el 4,8% de los bancos y cajas de ahorros de la región, el 6,2% de las cajas multibanco, y 6,5% de las compañías aseguradoras. Su importancia comercial y turística -al tradicional turismo comercial se une el turismo gastronómico, y en los últimos años el turismo rural- se percibe asimismo en el hecho de concentrar el 7,7% de los huéspedes en establecimientos hoteleros, porcentaje que alcanza casi el 24% si consideramos únicamente a los huéspedes españoles. Más de 600 personas se emplean en el comercio, y otras tantas en la hostelería. Su posición como ciudad de servicios de una extensa comarca se percibe asimismo en la concentración del 5,4% de los médicos de la región, o el 11% de las publicaciones periódicas (casi el 25% de la tirada total de las mismas) con un 4,5% de la población. O en el hecho de que su presupuesto municipal sobrepase el 5,4% del conjunto de la región, frente a ese 4,5% de población. No hay que olvidar la actividad industrial, presente también en la ciudad a través de las agroindustrias -destacando una industria de concentrado de tomate, y una potente cooperativa agrícola-, la industria textil o las artes gráficas, entre otros subsectores importantes. Asimismo, existen casi medio centenar de empresas constructoras -además de un centenar de autónomos-, que emplean a más de 500 trabajadores, y que en los últimos años se han beneficiado asimismo de la cercanía de la frontera, realizando obras en España.

Campomaior, ¿del contrabando a la especialización?
Las características de Campo Maior son esencialmente distintas de las de Elvas, aunque en mi opinión -y como hipótesis de trabajo- participa asimismo de la penetración del Corredor del Guadiana, en términos siquiera parecidos a los que podríamos atribuir a algunos municipios del lado español, como Olivenza. Campo Maior no es una ciudad comercial, sino más bien una agrociudad, aunque ya menos del 23% de la población activa, en el Censo de 1991, estaba adscrita al sector Primario. Su vinculación con Badajoz viene de lejos, y he hecho estuvio a punto de ser anexionada por España a principios del siglo XIX, como ocurrió con Olivenza. Trabajadores de Campo Maior han participado tradicionalmente en las tareas agrícolas de Badajoz y otros municipios españoles; las relaciones familiares son estrechas por la existencia de matrimonios mixtos; en distintas épocas la ciudad ha acogido a refugiados políticos pacenses; de las más de 150 mujeres que trabajan como empleadas domésticas, una parte importante realiza ese trabajo en Badajoz; actualmente, el embalse de Caia constituye uno de los espacios de recreo natural de los ciudadanos pacenses... Sin embargo, nos interesa destacar en este punto, siquiera de una forma superficial, aquellos elementos que, por la vinculación a la frontera y por otros factores -como el regadío-, hacen que, aunque más débilmente que Elvas, Campo Maior forme de hecho parte del Corredor del - 138 -

Guadiana. Así, a pesar de haber perdido población entre 1991 y 1994, como en el caso de Elvas, Campo Maior también ha visto aumentar levemente su peso en el conjunto de la región, lo que se manifiesta asimismo en una densidad de población (34,3 habs/km2) que casi dobla a la media del Alentejo(19,6). También en este caso hallamos una población menos envejecida que en el conjunto regional, un porcentaje superior de divorcios del que le corresponde por población, y otras variables en las que su peso relativo nos muestra, si no tanto una situación económica mucho más boyante -la tasa de paro es particularmente elevada en este municipio-, sí un nivel de desarrollo y urbanización relativamente mayor, teniendo en cuenta que no deja de ser un pueblo grande, con algo menos de 8.500 habitantes. Así ocurre con el volumen de negocios de las empresas locales (un 2,3% del volumen total del Alentejo, a pesar de que como hemos visto su población es un 1,6%, el personal empleado en las empresas es un 1,7%, y el número de sociedades activas un 2,5%). La distribución de la población activa presenta así un notable contraste con el conjunto regional, con menos peso que Elvas en el Terciario, pero un peso muy superior en el Secundario (Industria y Construcción).
CAMPO MAIOR Sector P rimario Sector Se cundario Sector T erciario 22,3 29 48,7 ALENTEJO 23,2 25,9 50,8

Sin duda ha sido la posición fronteriza la que ha facilitado el desarrollo de la agroindustria (que ocupa a más de 400 trabajadores) en Campo Maior. Existe la evidencia de que el tradicional contrabando de café -más fácil a través de Campo Maior al no ser necesario atravesar caucesestá en la base de la potente industria cafetera de la localidad. De las cinco principales empresas agroindustriales existentes, tres de ellas (Delta, Cubana y Camelo) se dedican a la torrefacción del café, estando situada una de las cuales a sólo unos cientos de metros de la frontera de Badajoz, a pesar de que ésta se halla a más de 15 kilómetros de Campo Maior. También la importancia de la construcción, con más de 250 trabajadores, hay que relacionarla como en el caso de Elvas con la cercanía de la frontera, y sobre todo de una ciudad como Badajoz que demanda de esa actividad.

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11. Badajoz, mesópolis transfronteriza

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La ciudad tomada como objeto de estudio es, antes aún de definirla como mesópolis, el principal núcleo habitado en un gigantesco término municipal; el principal centro agropolitano de una extensa y fértil comarca de regadío; una excéntrica capital de una también extensa provincia; y en último término -mas no con menor importancia- la principal ciudad fronteriza en la raya de Portugal, asentada sobre uno de los ejes radiales de la península. Con 1.500 Km2 de término, el municipio de Badajoz (recientemente reducido en unos 30 km2 al segregarse Valdelacalzada) es mayor que algunos Estados reconocidos por la ONU, y casi tan grande como la provincia de Guipúzcoa. De Norte a Sur, la distancia entre los extremos del término municipal es de 70 kms, mientras que de Este a Oeste los extremos más alejados distan unos 50 kms. Se trata de un territorio extremadamente complejo, que incluye desde zonas de sierra, con alturas máximas cercanas de los 500 metros (Sierra de Loriana al Norte, en las estribaciones de la Sierra de San Pedro) a las Vegas del Guadiana, que cubren la franja central del término municipal, con alturas mínimas de 180 metros sobre el nivel del mar. El río Guadiana secciona en dos mitades casi iguales el término, y a él desembocan en su margen derecha los ríos Alcazaba, Gévora (que a su vez recoge las aguas del Zapatón) y Caia, mientras por su margen izquierda recoge las aguas de algunos arroyos de gran recorrido aunque escaso aforo (como Rivillas, Calamón e Hinojales), y del río Olivenza. A los que hay que añadir como cursos artificiales importantes los canales de Lobón (margen izquierda) y Montijo (margen derecha), que terminan dentro del término de Badajoz. Y es en esa franja central donde se concentra la población y la riqueza del municipio. En realidad, en la ciudad de Badajoz sólo habitan 111.000 de los casi 140.000 habitantes del municipio. En las Vegas del Guadiana diez poblados de colonización agrupan a más de 10.000 personas, a las que hay que sumar otras 1.200 personas que residen en viviendas también construidas por el Instituto Nacional de Colonización (INC) y vinculadas a la explotación. Y al menos otras tantas personas residen en viviendas vinculadas a las explotaciones, en fincas de secano y regadío, así como en urbanizaciones ilegales. Si a ello añadimos la existencia de tres grandes acuartelamientos desperdigados en el territorio (Cuartel de Sancha Brava en el Sur, División Acorazada en el Norte, y Base Aérea al Este, todos ellos en la franja central del término municipal), podremos concluir la complejidad de este territorio, completo como una provincia. Todos estos núcleos urbanos (empezando por la propia capital) vienen extendiéndose en los últimos años, sobre todo siguiendo las carreteras, sea con usos residenciales, industriales o de
178 Los datos de este capítulo proceden del estudio socioeconómico del municipio de Badajoz que he dirigido en 1995, financiado por el Fondo Social Europeo, y en el que también participaron Ramón Fernández (co-director del estudio), Javier Luna, Georgina Cortés, Milagros Bordel, María Victoria Gómez, Jesús Manuel González, Celia Herrera, Ana Jiménez, Mercede s Lozano, Eva Mejías, Isabel Méndez, Antonia parejo, Pedro Ribero y María Rubio. No obstante, la mayoría de los apartados han sido reelaborados a partir de mis propios textos y del resumen del estudio que realicé para su difusión. El primer tomo completo, con todas las tablas y gráficas, puede consultarse, además de en el propio Ayuntamiento, en la biblioteca de la Facultad de CC. Económicas y Empresariales de la Uex. El resumen puede consultarse en mi Webteca, en la siguiente dirección URL: http://club.telepolis.com/baigorri/index.htm

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servicios, constituyendo lentamente una pequeña malla mesopolitana, pero a costa de la desaparición de tierras de cultivo en regadío de alta productividad por falta de criterios urbanístico-territoriales apropiados. No obstante, fuera de las Vegas del Guadiana el territorio de Badajoz está prácticamente despoblado, aunque en los últimos años la extensión del fenómeno de la segunda residencia ha propiciado la aparición de núcleos clandestinos (aunque hasta la fecha tolerados) de poblamiento que ofrecen una cierta apariencia de presencia en el territorio. La existencia de una red radial de vías de carreteras y caminos (aunque un seudoanillo que conecta San Francisco de Olivenza, San Rafael, Valverde de Leganés, La Albuera, Alvarado, Talavera, Valdelacalzada, Guadiana, Alcazaba y la carretera 530 da una falsa sensación de malla que no funciona como tal) es en cualquier caso un buen índice de los bajos índices de poblamiento y aprovechamiento del territorio. El término municipal se encuentra, no obstante, prácticamente rodeado de núcleos de población, constituyendo a su vez una corona de influencia directa y potente, tanto en el lado español como en el lado portugués de la frontera. La pertenencia de estos espacios al hinterland más inmediato de Badajoz es tan clara que los tres embalses del entorno son utilizados de forma predominante por la ciudad: el de Villar del Rey para abastecimiento, y para el esparcimiento ciudadano los de Caia y Piedra Aguda (este último a pesar de las fuertes restricciones impuestas desde la municipalidad de Olivenza, beneficiaria más directa de sus aguas). En conjunto, la corona de núcleos pertenecientes a otros municipios inmediatos suman otros 60.000 habitantes, por lo que podemos estimar en 200.000 habitantes la población del conjunto mesopolitano de Badajoz. En el esquema siguiente se ha resaltado lo que podríamos considerar el núcleo mesopolitano de Badajoz, constituido por el contínuum Montijo-Elvas, donde se concentran, en un eje de menos de 50 Kms de longitud y algo más de 10 kms de anchura, unos 180.000 habitantes, una buena parte de la industria de la provincia y las principales infraestructuras. Especialmente importante es el corredor Badajoz-Talavera, en el cual la liberación de la carretera nacional -al construirse la autovía por un nuevo trazado-, así como la existencia de algunos importantes equipamientos (sean el aeropuerto o Merco Badajoz) e importantes industrias, ha posibilitado su conversión en un espacio de futuro en el conjunto mesopolitano179. Un corredor que, en cierto modo, se prolonga de forma natural en el tramo Badajoz-Elvas, constituido -especialmente a partir de la desaparición de la frontera- en un contínuum de instalaciones y servicios que tienen pleno carácter metropolitano (universidad, residencias, industrias, almacenes, áreas recreativas, hoteles y restaurantes, equipamientos sanitarios...); en diversos documentos hemos propuesto que el conjunto de edificios que acogían los servicios fronterizos hoy en desuso, a ambos lados de la frontera, deberían ser rescatados para usos mesopolitanos. Siguiendo las leyes de la urbanización, la red de carreteras a través de las cuales se comunica Badajoz constituye una malla por la que se extienden los usos y actividades urbanos (residenciales, industriales, equipamentales), excepto por el NorOeste de la ciudad, donde la existencia de frontera ha impedido la urbanificación de la carretera de Campomayor (aunque a medio/largo plazo, especialmente tras la futura desaparición de la barriada marginal de Las Cuestas de Orinaza, esta zona será uno de los ejes de expansión de la ciudad). El tejido intersticial formado por esta red radial de carreteras constituye un caldo de cultivo para la urbanización espontánea
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Como lo muestra tanto la recient e construcción d e un campo de golf y complejo hotelero y residencial, como sobre todo la lenta pero continuada instalación de pequeñas industrias y almacenes de exposición-venta en las márgenes de la antigua carretera.

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(y en consecuencia caótica, y de peligrosos efectos urbanísticos, sin que los sucesivos planes de ordenación hayan sabido dar hasta la fecha una respuesta adecuada). Naturalmente, según se observa en el esquema, a medida que nos acercamos a la ciudad la intensidad de ocupación metropolitana se acrecienta, mientras que por el contrario al alejarnos del centro el vacío de usos urbanos es cada vez mayor, especialmente en las áreas Norte y Sur, alejadas de las tierras de regadío, que quedan fuera de el eje citado Montijo-Elvas. Siguiendo el esquema de otras muchas ciudades, estos espacios más alejados, sobre los que la presión urbanística es ínfima, y en los que los precios del suelo son todavía muy bajos, son los preferidos para la instalación de los grandes equipamientos (como los cuarteles, el campo de fútbol, la cárcel, el cementerio, etc.). Pero su carácter plenamente mesopolitano queda puesto de manifiesto especialmente por la presencia de elevadas densidades de segunda residencia (siempre ilegal).

GRAFICO 12 Si el hinterland inmediato de Badajoz está constituido por lo que hemos denominado su área mesopolitana, que coincide en buena parte con lo que siglos atrás fue el territorio de Badajoz - 143 -

(Valverde de Leganés, Talavera, Villar del Rey o La Roca eran en el siglo XVI aldeas de Badajoz), su gran espacio de influencia está constituido, en mayor medida incluso que el conjunto de la provincia (Sánchez Zabala, 1992), por el eje de las Vegas del Guadiana: un territorio, como hemos analizado, vertebrado por el cauce y, sobre todo, por los regadíos y las infraestructuras (ferrocarril, autovía, oleoducto, en el futuro gaseoducto) que se concentran a ambas márgenes del río Guadiana. Aunque Badajoz no se encuentre geográficamente en la cabecera de las Vegas, sino a los pies de las Vegas, constituye en cualquier caso la cabecera efectiva de este territorio, de poco más de 120 kms de largo y menos de 20 de anchura media, en el que se concentran casi 350.000 habitantes y el mayor potencial económico de la región. De una parte, la forzada capitalidad regional de Mérida ha potenciado enormemente a esta ciudad, que se ha visto asimismo beneficiada por su ubicación en el centro geográfico de las Vegas, y a la vez en el cruce con la Ruta de la Plata; y, por otro lado, el crecimiento de la conurbación Villanueva-Don Benito (en íntima conexión con Miajadas, especialmente a través de la red de poblados de colonización de los tres municipios), esta evolución territorial y socioeconómica ha mermado el peso efectivo de Badajoz en el conjunto de las Vegas. Aunque sigue siendo, no obstante, la principal ciudad del corredor, y continúa centralizando una serie de servicios fundamentales, si bien la fuerza de su influencia se debilita a medida que nos alejamos en dirección Este.

Evolución histórica
En cierto modo, Badajoz es una ciudad permanentemente refundada, a menudo sobre campos de ruinas. Sea por influencia de su permanente condición de ciudad fronteriza, sea por causa del azar histórico, lo cierto es que ni siquiera quedan noticias ciertas de un Badajoz prístino. Sucesivos pobladores han construido repetidamente la ciudad sobre las ruinas de otra anterior de la que, a veces, olvidaron incluso el nombre.

Antecedentes
Aunque los restos arqueológicos hallados en el entorno de la ciudad, y sus propias características geográficas, sugieren la existencia de tempranos pobladores -incluso con contactos comerciales exteriores, a la vista de las cerámicas griegas procedentes del núcleo de Huelva y del foco del Guadalquivir (Araya, Rubio, 1991:19) encontradas en la actual Alcazaba-, sin embargo cuando los romanos colonizan las vegas bajas del Guadiana no encuentran una ciudad, o una aldea, que pudiera ser asimilable al actual Badajoz, o al menos no dejaron noticia de ello. Como tampoco dejaron noticia de que durante su dominación existiese ciudad alguna, aunque nuevamente la existencia de diversas villas en su entorno inmediato (en Botoa, Talavera, San Francisco de Olivenza, Sagrajas, Las Tomas...) sugiere la existencia de algún agrupamiento de rango superior, que daría con el tiempo origen a alguna aldea visigótica. Curiosamente, sí queda referencia, a juicio de los arqueólogos, de Elvas, así como de Botoa -al Norte de la ciudad, junto al río Gévora, más fácilmente dominable que el Guadiana- (Alvarez, 1985). El sentido común debe llevarnos a pensar que un punto como el que ofrece el cerro de La Muela debió ser bien aprovechado como lugar estratégico, tal y como lo ha venido siendo en los siglos siguientes. Pero sobre todo debemos pensar en las posibilidades productivas de una confluencia de ríos como la que nos ofrecen el Guadiana, el Gévora y el Rivilla/Calamón (que debió traer más agua cuando los bosques cubrían el sur del municipio). Si los romanos tuvieron - 144 -

infraestructuras de regadío en Las Tomas y otras villas de las Vegas, no es improbable pensar que su conservación en la época visigótica, junto a la inmensa riqueza de pastos del entorno, posibilitasen la supervivencia de algún poblamiento de cierta importancia cuando Ibn Marwan el Chilliqui, considerado oficialmente el fundador de Badajoz en el año 855, decidió refugiarse aquí tras su intentona revolucionaria. Si en su camino hacia Mérida se había hecho fuerte en Alange, de ricas huertas regadas con aguas termales, después de pasar varios años en la metrópolis de Córdoba, no es muy creíble que escogiese para su pactado retiro un cerro desierto, ni siquiera un despoblado. Si el cronista Aben Adari cuenta dos siglos más tarde, sobre Ibn Marwan y los suyos, que "el emir les permitió que se fueran a Batalyos y se establecieran en él, el cual era entonces una aldea", debemos tomar que al menos esa aldea ya existía, tal vez una aldea venida a menos tras las invasiones árabes180. Durante casi cuatro siglos Badajoz fue una ciudad árabe, pero sobre todo fue, con algunos paréntesis, un reino independiente. Bajo la dinastía aftasí llegó a ser una de las cortes más destacadas de entre los reinos árabes y cristianos del interior: sus dominios se extendían sobre casi toda Extremadura y buena parte del Alentejo. Y fue entonces cuando se configura como ciudad fronteriza, primero entre los reinos cristianos y los musulmanes, y luego con un tercero en discordia: Portugal. La depresión del Guadiana constituye por otra parte uno de los mejores pasos de comunicación entre Lisboa y el resto de la península, y será repetidamente utilizada en las incursiones en uno u otro sentido. Los aftásidas utilizaron sin duda su estratégica situación geográfica, en tanto que "puerta principal en el camino de Córdoba y Castilla la Nueva hacia Lisboa" (Barrientos, 1990:87), como elemento esencial para la supervivencia, modificando sucesivamente sus alianzas. Y sin duda en la actualidad, cuando hallamos a Badajoz ubicado en el centro de tres polos de fuerza y atracción (el frente Sevilla-Huelva, Lisboa y Madrid), la ciudad debería aprender de la estrategia aftasí: de su ubicación en un punto equidistante entre las grandes ciudades de origen árabe del Sur, el ámbito del viejo reino portugués a Poniente, y los viejos reinos cristianos del Norte y del Mediterráneo. Badajoz pasó así a ser apetecida por todas las dinastías expansionistas: almorávides primero, almohades después (que levantarán, a mediados del siglo XII, el recinto amurallado cuya estructura hoy se conserva), siempre los portugueses, y al fin los leoneses, cuyo rey Alfonso IX conquistaría definitivamente la ciudad en 1230.

Una ‘olvidada’ plaza fuerte fronteriza
Los musulmanes fueron rápidamente empujados hacia el Sur, pero durante siglos Badajoz seguiría siendo plaza fuerte fronteriza, sufriendo las consecuencias de los deseos expansionistas de españoles y portugueses, y llegando a ser una de las ciudades españolas más veces sitiada. Ello explica la existencia de un conjunto de fortificaciones tan extenso, del que se conservan en parte la muralla de origen almohade y el conjunto que, a la moda Vauban, se construyó a mediados del siglo XVII para hacer frente a las fortificaciones de Elvas y Olivença. Hasta tal punto ello es así que, a principios del siglo XVIII, Badajoz es considerada exclusivamente una plaza fuerte, cuyos escasos 14.000 habitantes eran en su mayoría militares
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En cualquier caso, es preciso hacer referencia a la escasez de documentación histórica de la ciudad, frente a la abundancia de otras ciudades de la región, así como de las ciudades de similar importancia del resto del país. La buena voluntad y el empeño de los escasos historiadores y arqueólogos locales no ha sido suficiente todavía para sacar de la oscuridad el origen de Badajoz. La particular y esquizofrénica estructuración de la Universidad de Extremadura, fundada en los años ‘70, tiene buena culpa de ello, pues la ubicación de los estudios de Historia únicamente en Cáceres ha determinado que los trabajos de los historiadores extremeños se centren en mucha mayor medida en esa provincia.

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o religiosos, dedicándose el resto de la población básicamente a cuidarles y abastecerles. Como se ha apuntado acertadamente,
"en lo sociológico y lo cultural, lo militar y lo eclesiástico determinaron también, de modo exclusivo, la existencia de Badajoz durante prácticamente toda su historia hasta época bien reciente" (Gonzá lez, 1993 :75).

El desarrollo urbanístico de la ciudad vendría limitado justamente, hasta mediados del siglo XX, por este fuerte componente eclesiástico-militar181. Del mismo modo que la pujanza del comercio y la falta de iniciativas de progreso industrial tal vez haya que buscarlas en buena medida en ese carácter eclesiástico-militar de la ciudad, dominada por grupos sociales (clérigos, militares y terratenientes con propiedades en el resto de la provincia) con tradicionales preferencias por las inversiones en fincas, frente a las inversiones productivas en talleres industriales. Durante casi siete siglos la ciudad no hizo sino vegetar, alimentada por tres únicas fuentes de riqueza: las rentas de la Iglesia, obtenidas de sus extensos dominios territoriales; los sueldos de los militares; y las rentas agrarias centralizadas en la ciudad por algunos de los terratenientes de la provincia (los más grandes propietarios centralizaban la acumulación en Madrid). Fuentes a las que hay que añadir el contrabando, que ha sido un mal (o un recurso, según se mire) endémico en la ciudad. Entre 1787 (fecha del Censo de Floridablanca, en que según la interpretación del mismo que hace el INE la población sería de 11.872 habitantes) y 1836 (recién instituida la organización provincial, y año de puesta en marcha de las desamortizaciones), esto es en medio siglo, la población de Badajoz apenas creció en un 18 %, por lo que podemos hablar claramente de un estancamiento demográfico. Urbanísticamente esta predominancia secular de cuarteles, campos de entrenamiento militar y conventos, ha marcado también a la ciudad en su morfología. La declaración, en el siglo XIX, de Badajoz como capital provincial, no vino sino a consolidar esta orientación de la ciudad hacia el comercio y los servicios prestados a las clases ociosas, a las que a partir de entonces habrían de añadirse los funcionarios del Estado. Mientras tanto, la última contienda con Portugal, la denominada guerra de las naranjas, que había supuesto a principios de siglo la anexión por España de Olivenza y sus aldeas, significó de forma progresiva el cierre definitivo de la raya. Durante prácticamente dos siglos Badajoz miró de nuevo hacia Portugal únicamente a través de las bocas de sus cañones, y de los ojos astutos de los contrabandistas. Rota la posibilidad de flujos, la ciudad quedó situada en un fondo de saco al que sólo acudían, obligados por un destino no deseado, clérigos, soldados y funcionarios. No obstante, no cabe duda de que la dotación de una fuerte estructura administrativa (a la Capitanía General del distrito militar de Extremadura se fueron añadiendo el Gobierno Civil, la Diputación Provincial, Audiencia, Cámara de Comercio, Colegio de Abogados, Ateneo, Instituto, Escuela Normal...) supuso un revulsivo para la sociedad local tradicional, dinamizando y complejizando la economía local, además de un más estrecho contacto con los centros de poder político, económico y cultural de la nación, en suma un flujo más intenso de la información y la iniciativa182. Por otro lado, aunque la condición de centro militar de importancia no la perdería, Badajoz deja de ser considerada plaza fuerte, y los efectivos militares van perdiendo peso
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Todavía hoy algunas grandes operaciones urbanísticas de la ciudad (Hospital Militar, equipamiento comercial de la Plaza Conquistadores...) encuentran fuertes cortapisas por su pertenencia al Ejército. Y actuaciones como la construcción de una torre metálica de comunicaciones en el nuevo Cuartel de la Guardia Civil, con un fuerte impacto visual sobre el casco de la ciudad, muestran ese predominio que lo militar ha tenido en la ciudad.
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No hay que olvidar los buenos negocios habidos en torno a la tierra a partir de las desamortizaciones. Desamortizaciones que a su vez provocaron una fuerte proletarización de los campesinos de la provincia. Muchos labradores con iniciativa, pero sin capital, fueron desposeídos de las tierras de la Iglesia que cultivaban, y la ciudad en crecimiento debió aparecérseles como una esperanza nueva.

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relativo respecto del total de la población (aunque siguen formando parte de la clase dominante, con la que las conexiones familiares son ya muy estrechas). Llegaron entretanto el ferrocarril, la electricidad (gracias a un generador de vapor) e incluso la masonería, que tendría una gran influencia en el republicanismo local. El crecimiento demográfico fue intenso: frente al estancamiento señalado del medio siglo anterior, entre 1836 y 1887 la población se duplica, pasando de 14.000 a 28.681 habitantes. El Censo de 1900 recoge una población de 30.899 habitantes, lo que supone que, respecto al primer censo fiable (el citado de Floridablanca, un siglo antes) la población se había triplicado183. No olvidemos que, en el mismo periodo considerado, la población española había pasado de 10,4 a 18,5 millones de habitantes, esto es, ni siquiera había llegado a doblarse. Asfixiada por las murallas, la ciudad salta el Rivilla y el Guadiana, y se extiende por la carretera de Madrid (San Roque) y por lo que entonces era el camino a la estación. Hay que atribuir sin duda a este enriquecimiento demográfico por aportes externos el relativo dinamismo que encontramos en la ciudad a finales del siglo XIX184, cuando se promueve incluso una gran Exposición Regional Extremeña. Los servicios básicos comenzaban a extenderse por la ciudad: telégrafo, teléfono, servicio de incendios, ferrocarril que le comunicaba con Madrid, Sevilla y Lisboa, abastecimiento de agua potable con el canal del Gévora, alcantarillado, alumbrado eléctrico en muchas calles de la ciudad, abundancia de plazas con fuentes y jardines, y desde el verano de 1892, un tranvía de iniciativa privada que conectaría inicialmente la plaza de San Juan con la estación. Tras sucesivos intentos (promovidos por la masonería local), en 1902 abriría sus puertas al público el Monte de Piedad de Badajoz. Hay ciertas expectativas que, por otro lado, no se terminan de ver cumplidas:
"La mendicidad es una lacra muy extendida. En los meses inv ernales va gaban por la ciudad solicitando la carida d pública, niño s semidesnudo s, ancianos, jorna leros sin trabajo y también perso nas progina rias de pueblos a dyacentes" (Sánchez González, 1991:54).

La agricultura de secano y la ganadería extensiva de su término municipal sigue siendo la única posibilidad de empleo para extensas capas de la población, además de los crecientes servicios. Del total de empresas que se anuncian en la guía editada en 1892 con ocasión del IV Centenario y de la Exposición Regional, tan sólo aparecen nueve establecimientos que podríamos considerar industriales: un par de fábricas de chocolate, dos sombrererías, una fábrica de cervezas y gaseosas, una fábrica de muebles, una marmolería, una hojalatería y fábrica de faroles, una fábrica de baldosas hidraúlicas y una imprenta (Sin Autor, 1892). Y, efectivamente, poco más que eso significaba la actividad industrial en la ciudad. La relativa alegría económica de los años '10 y '20, derivada de las posibilidades de exportación de granos y carne, a consecuencia de la I Guerra Mundial, no supuso para Badajoz cambios importantes. Aquella acumulación de capital, en forma de grandes beneficios obtenidos
183 La implantación del estado de las provincias supuso un auge en la construcción de edificios públicos y de viviendas, y una fuerte demanda de trabajadores en el servicio doméstico. El proceso socioeconómico operado en Mérida a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XX puede hacernos una cierta idea de lo que debió suponer la implantación de la provincialidad en Badajoz en el siglo XIX (en cualquier caso, hay que tomar con cierta reserva los datos de Madoz, dada la tradición de poblamiento disperso en la por otro lado extensa demarcación de Badajoz; tal vez el crecimiento de población no fue tan intenso, y el salto cuantitativo hay que atribuirlo en parte a la mejora de los instrumentos censales) 184

Una muestra de la fuerte influencia que en la revitalización de la ciudad tuvieron las gentes venidas de fuera, fundamentalmente a ocupar puestos de funcionario o militares, y también a est ablecerse co mo comerciantes, la tenemos en la composición de la logia Pax Augusta, una de las más dinámicas e influyentes de la ciudad. De los 105 miembros conocidos, de 43 de ellos no se dispone de datos sobre su filiación; de los 62 restantes, de los que se conoce su procedencia, el 71 % eran gentes originarias de fuera de la ciudad: 26 habían nacido en otros pueblos y ciudades de la región, y 18 en otras regiones españolas. Tan sólo de 18 de este centenar de masones se tiene constancia de que fuesen nacidos en Badajoz (cálculos a partir del listado recogido en López Casimiro, 1991:31-44).

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por los grandes propietarios, no se traducen como en otras regiones en inversiones industriales o mejoras de las infraestructuras productivas. La composición de la población activa de Badajoz en 1933 nos muestra una ciudad en la que la agricultura sigue siendo el principal medio de vida de sus habitantes: de las 9.592 personas activas con derecho a voto, 4.776 (un 49,8%) lo están en el sector primario, 1.417 (un 14,8%) en el secundario, y 3.399 (un 35,4%) en el terciario (según cálculos de Agorreta, citado en Rosique, 1988:53). La miseria circundante seguía atrayendo población a la ciudad, pero debido casi en exclusividad a la demanda de obreros sin cualificación, y sobre todo de criadas a cama y comida. Una lenta, pero continuada, afluencia de población que seguía apretujándose dentro de la ciudad fortificada.

La ‘agitación’ del Plan Badajoz
En 1920, según el Censo de Población correspondiente a aquel año, la mitad de la población era analfabeta. Veinte años más tarde, en 1940, todavía se encontraba en situación de analfabetismo el 38% de una población exhausta y acogotada tras una sangrienta guerra. De los 55.869 habitantes de hecho censados en 1940, un 8% estaba formado por presos, militares y fuerzas del orden. El fantasma del hambre se extendía por la provincia, por lo que la afluencia a Badajoz se agudizó: mientras en la capital la población aumentó entre 1930 y 1940 en casi un 28%, en el resto de la provincia el crecimiento fue de apenas un 4%. En este año, al menos 2.248 personas (casi un 13% del total de población activa) aparecen censados como servicio doméstico (de los cuales 157 eran hombres), y aparece ya una reducción sustancial de la población activa agraria. Badajoz comenzaba a convertirse, además de en refugio de la población expulsada de los campos por el hambre, en una ciudad de servicios. Aunque viajeros como Gerald Brenan, a su paso por Badajoz, encuentran una ciudad profundamente subdesarrollada económica, social y culturalmente. En 1947 el Gobierno Civil de Badajoz inicia un extenso estudio de recursos y necesidades que, presentado un año más tarde, pondría sobre el tapete la deseperada situación de la provincia: tierras abandonadas, agricultura en crisis (se ha visto cómo la población activa agraria se había reducido casi a la mitad en el municipio, entre 1933 y 1940), y sobre todo la existencia de más de 100.000 familias (equivalentes a casi la mitad de la población de la provincia) condenadas a la desesperanza, el hambre y la inseguridad más completa. La propuesta de plan de desarrollo que se hacía incluía, además de la transformación en regadío de extensas áreas de la provincia, la expropiación de miles de hectáreas de tierras de secano subexplotadas para la instalación de 5.000 yunteros, la creación de huertos familiares en todos los pueblos y ciudades, y otras medidas de dotación de infraestructuras e industrialización. El estudio fue silenciado (a pesar de que había sido solicitado por el propio dictador Franco en su visita de 1945), pero la gravedad de la situación y el creciente malestar social que reflejaba, junto al retraso en las obras de colonización de las Vegas del Guadiana, aprobadas entre 1940 y 1946 sobre la base de la Ley de Colonización de Grandes Zonas de 1939, generó185 una aceleración en la normativa que desarrollaba estas obras. Y, sobre todo, produjo un replanteamiento global de las actuaciones. En 1949 se aprueba una nueva Ley de Colonización y Distribución de la Propiedad de las Zonas Regables, que constituirá la base jurídica del Plan Badajoz. Y en 1951 se crea una Comisión Técnica Mixta (con participación de los Ministerios de Agricultura, Industria y Obras Públicas), que en menos de un año tuvo preparado un Plan de
Además de la necesidad de garantizar la paz social, la extensión del hambre en todo el Estado y la urgencia en asegurar el abastecimiento alimenticio están también entre las causas esenciales de la puesta en marcha del Plan Badajoz.
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obras hidraúlicas, colonización, industrialización y electrificación de la provincia de Badajoz, aprobado en abril de 1952. Lo que estos datos dispersos ponen de manifiesto es que, a lo largo de la segunda mitad de los años '40, en la ciudad se desatan muchas expectativas. La población de Badajoz aumenta en esa década en un 42%, mientras que la tasa de crecimiento intercensal del resto de la provincia es de tan sólo un 7%. Comienzan a extenderse barriadas suburbiales: los más dinámicos de entre los más pobres ocupan la tierra de nadie de las orillas de ríos y arroyos y construyen allí sus viviendas-chabolas. Gerald Brenan, el gran hispanista inglés, que visita por aquel entonces la ciudad, parece que la encuentra muy curiosa en la tarde (a la hora del paseo, en el que los pobres y las clases medias y altas se reparten dos tramos bien diferenciados de la calle San Juan), e incluso le atrae la aventura de la noche por la Plaza Alta y sus aledaños, donde
"la policía aband ona su p uesto en la plaza alta a las diez de la noche, y las estrechas callejuelas están a osc uras. A partir de en tonces no es un sitio recomenda ble para pase ar".

Sin embargo,
"a la luz del de la mañana, ofrece una impresión mucho menos excitante. Uno ve entonces una deslustrada y pequeña ciudad provinciana con un núcleo de tenderos y oficiales de clase media, unos cuantos soldados, contrabandistas, mercaderes de ganado y tratantes de caballos, y un amplio grupo marginal de extrema pobreza" (Brenan, 1985:156).

Nuevamente encontramos pues a Badajoz refundándose sobre campos de ruinas, aunque esta vez la ciudad no había quedado físicamente arruinada por la guerra, ni siquiera tan afectada como en el sitio de 1812, pero sí que había quedado moralmente hundida la sociedad local y provincial. Y una vez más la encontramos repoblada con gentes llegadas de otras tierras: 30.053 de los 79.291 habitantes censados en 1950 (un 38% de la población, lo que supone un porcentaje altísimo para la época, especialmente en una ciudad no industrializada) eran nacidos fuera de la provincia186. Lo que en primera instancia, y en cuanto a efectos directos, provocó la puesta en marcha de los mecanismos que llevaron al Plan Badajoz, fue una intensificación de la agricultura local. Muchos grandes propietarios hacen incluso amagos de transformar en regadío en las Vegas Bajas, para evitar las expropiaciones a que daría lugar la colonización, o asegurarse mayor superficie de tierras en 'reserva'. Ya en el censo de 1950 la población activa agraria del municipio se ha recuperado, alcanzando a 11.891 personas187. Se incrementa asimismo de forma espectacular la actividad en el sector de la Construcción (los activos en este sector pasan de 722, en 1940, a 2.584 en 1950). En términos relativos es el sector Terciario el que menos crece, reduciéndose incluso su participación, si bien pasa de 9.595 personas, en 1940, a 11.654 en 1950. A lo largo de la década de los '50, y primeros años '60, la ciudad vive una intensa agitación socioeconómica. La Administración multiplica sus efectivos en la ciudad; se instalan delegaciones de grandes empresas relacionadas con la construcción del Plan Badajoz; en el término municipal se construyen diez poblados, que suponen la instalación de más de 11.000 habitantes sobre más de 12.000 Has de regadío (a las que hay que sumar otras 4 ó 5.000 Has transformadas en reservas y tierras exceptuadas); se observa incluso un amago de industrialización: se instala una desmotadora de algodón, en los poblados se industrializa el lino y el cáñamo,
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Para hacernos idea de la importancia de esta proporción, compárese con la de otras capitales provinciales: Cáceres (11,2%), Avila (21%), Palma de Mallorca (27%), Burgos (21,6%), Cádiz (19,2%).
187 Es factible suponer que la circulación de noticias sobre un plan de regadíos y colonización atraería a numerosa población de los pueblos a la ciudad, empadronándose a la espera de poder obtener buen puesto en las obras, o en las adjudicaciones de parcelas.

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se llegan a instalar tres conserveras, una fábrica de piensos, una central lechera, una planta de gaseosas y refrescos, una manufactura de gomas y plásticos... Se construye el polígono de El Nevero, y se prevé la instalación de al menos otra docena de industrias, tanto al abrigo de los nuevos regadíos como orientadas a la transformación de productos tradicionales del secano y la dehesa. En diez años el Estado ha invertido en la provincia casi 5.000 millones (unos 130.000 millones en pesetas actuales), y esta fuerte inyección económica debió de notarse en la capital provincial, donde se percibe un aire de optimismo respecto a un plan "cuyas consecuencias se prevé han de tener influencia y repercusión suficientes sobre la evolución y la orientación económica de la región" (Martin Lobo, 1962:766). De hecho en 20 años, respecto de 1940, la población de la ciudad se ha duplicado, acercándose en 1960 a los 100.000 habitantes. Se construyen numerosas viviendas, miles de ellas en régimen de autoconstrucción en las barriadas marginales. Sin embargo, pronto empiezan a dejarse oir, de forma soterrada, voces escépticas respecto a los grandiosos resultados esperados. Aunque no cabe duda de que el impacto inicial de las obras permitió una acumulación casi primitiva de capital en la ciudad188, a lo largo de los años '60 se produce un gran parón en la transformación de regadío, y en la colonización, pero sobre todo se abandonan los programas de construcción de infraestructuras y de la prometida industrialización: se abandonan las obras del ferrocarril de Villanueva-Talavera, se olvidan proyectos de industrias. En 1965 el Plan Badajoz debería haber estado ultimado, pero un año después todavía faltaba por ejecutar un 50% de las acciones programadas. Y la ciudad, después de aquel pequeño boom, entra en un nuevo letargo, mientras los pueblos de la provincia se despueblan, ya no para venir a la capital sino para marchar lejos, a las provincias del Norte o a Europa. Cientos de funcionarios y profesionales llegados al calor del Plan Badajoz marchan a otras ciudades, donde encuentran además mayores posibilidades para la educación de sus hijos. Efectivamente, entre 1964 (cuando, con 103.000 habitantes, se alcanza un hito), hasta 1975, la ciudad permanece estancada demográficamente. Los sucesivos intentos de acelerar la continuación del Plan Badajoz, prorrogado en 1966, conducen al fracaso. En 1971 todavía no se habían cubierto ni siquiera los objetivos fijados en 1952, los cuales fueron incorporados al III Plan de Desarrollo 1972-75. Parte de los efectivos demográficos que marchan a mejores destinos en el escalafón administrativo son cubiertos por sucesivas oleadas de desesperados procedentes de los campos empobrecidos de la provincia y, como novedad y de forma creciente, de Portugal. En su viaje por la raya, Antonio Pintado y Eduardo Barrenechea describen con las siguientes palabras la situación, al inicarse la década de los '70, de Badajoz:
"había personas que tenían grandes esperanzas en el futuro de la recién aprobada Universidad pacense. Había otros que veían en ello un hecho más bien favorable para Badajoz, y otros finalmente que se mostraban totalmente escépticos a propósito de las ventajas que ello pudiera traer a la provincia, añadiendo que difícilmente se encontrarían catedráticos que quisieran trasladarse a Badajoz, con lo que las cátedras se rían finalm ente ocupadas por lo que ellos llamaban 'notabilidad es locales' (...) Re specto a la situación g eneral de la econo mía pacense, todos decían que la cosa estaba rematadamente mal. Se mencionaba el catastrófico estado de la agricultura y la ganadería, la creciente despobla ción de lo s camp os debid o a la emigración, los gravísimos problemas que Badajoz tenía en lo relativo a vivien das. Bada joz es, al parecer, la primera 'escala' qu e los emigrantes del cam po extrem eño y tam bién, en c ierta
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En ocasiones demasiado ‘primitiva’, pues además del trabajo, materiales y servicios demandados por la operación la historia no escrita habla de enriquecimientos al abrigo de una operación que en cierto momento, y debido a la dependencia de tantos organismos, llegó a estar incontrolada. En 1966 se habían invertido 7.364,5 millones de pesetas de la época, en cualquier caso 1.989,9 millones más de lo presupuestado para el 50% de las acciones realizadas hasta el momento.

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medid a, del campo portugués, hacen antes de encaminarse a zonas industriales de España o Europa. De 100.00 0 habitantes qu e tiene la ciudad, un os 30.000 vive n en suburb ios" (Pintado, Barrene chea, 197 2:59-60 ).

Por su parte, desde una perspectiva bien distinta la Memoria de 1970 del Consejo Económico Sindical de la Provincia (CESB, 1971:195), aunque señala entre los logros de la Administración el saneamiento de San Roque, así como la urbanización y construcción de los polígonos de Santa Marina y San Fernando, advierte de un déficit de al menos 4.000 viviendas en la capital. Desánimo, por tanto, en una ciudad que lo había esperado todo del Plan Badajoz. Los propios gestores reconocían una cierta sensación de fracaso. El entonces secretario gestor del Plan, Enrique Martin, declaraba en 1969:
"es preciso no olvida r que el Plan B adajoz, en 19 70 como en 1952, de be entenderse como un plan de objetivo limitado en cuanto ni afecta a toda la provincia, sino a una parcela que no va más allá del 6 por 100 de su total extensión, ni supone intervención en todos los aspectos que gravitan sobre su desarro llo econó mico y so cial" (Declaraciones al diario HOY, 27-XII-69).

Efectivamente, Extremadura iniciaba la década de los '70, por ejemplo, siendo la única región española que no contaba con Universidad. La Memoria de 1970 del Consejo Económico Sindical de la Provincia muestra la desesperanza a pesar de la manifiesta autocensura de sus autores:
"La economía provincial marcha sin personalidad propia, a pesar de poseer entre sus logros más esperanzadores, y todavía esperanzado, la gran obra del Plan Badajoz, al que todavía no se le ha encontrado el cauce necesario, porque uno de entre sus problemas más urgentes está centrado en una deficientísima comercialización de la producción en todas las escalas" (CESB , 1971:1 3).

La población activa agraria alcanza todavía al 20% de la población activa total del municipio. De las 57 parcelas del polígono de El Nevero, diez años después de su construcción tan sólo se habían vendido en firme 26 -no obstante lo cual se solicitaba su ampliación (CESB, 1971:199), pues la esperanza nunca se pierde-. Con todo, y en parte gracias a los portugueses, sobrevive la función comercial de la ciudad, convertida de nuevo en una olvidada capital de provincias. De Portugal viene, además, no sólo clientela para comercios y bares de Badajoz, sino también un fuerte contrabando (café, tabaco, textiles...) que tiene su base de operaciones en las barriadas más periféricas.
"esta Badajoz que atrae como la luz a las mariposas a los portu gueses, q ue en la noche de la frontera hispano-lusa ven relucir algunas bombillas de colores: las del 'centro' de Badajoz, ya que en varias de sus zonas suburbiales hasta la luz falta" (Pintado, Barrenechea, 1972:196).

Pero, más que de una ciudad comercial, o de servicios, debemos referirnos ya claramente a Badajoz, a mediados de los '70, como a una agrópolis, que compatibiliza su función con la de capital administrativa (gracias a este carácter de capital administrativa ha conservado al menos ciertos hábitos urbanísticos, y aunque la miseria y el subdesarrollo siguen siendo las impresiones más fuertes que la ciudad depara al viajero, también destaca, en todas las referencias leídas, la sorpresa por sus paseos y jardines).

Tendencias recientes
Entretanto llegó la crisis. Pues fue en una pequeña parte la crisis económica, generalizada a partir de 1973, lo que salvó a Badajoz de quedar reducida al tamaño de Teruel. Pero en una parte mucho más importante, como hemos apuntado y veremos, fue la entrada en la madurez de los regadíos de las Vegas del Guadiana lo que supuso la definitiva transformación de la ciudad. Hay, ciertamente, un cierto reverdecimiento de inversiones públicas en la provincia, en los años '70, que obviamente repercuten (cuando no son inversiones directas en Badajoz) en la capital: - 151 -

nuevas transformaciones en regadío en la provincia, mejoras en las infraestructuras, construcción de la Universidad, ampliación del polígono industrial, construcción de viviendas sociales... Aunque no es menos cierto que, especialmente a partir de 1975, los emigrantes extremeños no tienen a dónde ir, porque todas las grandes ciudades industriales están en crisis. De forma que, después de haberse quedado estancada durante prácticamente una década, la población de Badajoz se incrementa de nuevo, en más de 12.000 habitantes en sólo cinco años. Debemos insistir en la parte de causa que el Plan Badajoz supone en este nuevo despertar de Badajoz. Había en el término municipal un millar largo de colonos que después de veinte años habían aprendido a desnevolverse en el mercado, a tener iniciativa, a endeudarse e invertir a su pequeña escala, y en cuyos hijos se había asentado el famoso achievement motive de McClelland. Aprenden oficios en mayor proporción que los hijos de otros grupos sociales de las capas medias y bajas de la sociedad. Se instalan en la ciudad cabecera con pequeños negocios. Los colonos que se van jubilando pasan a vivir a Badajoz, donde han ido comprando el pisito189. Aunque no es menos cierto que la democratización del país, y en consecuencia de la sociedad pacense, tuvo también cierta influencia en este rejuvenecimiento de Badajoz, al provocar un aumento de las demandas a las que la administración local, estatal y luego regional deberán hacer frente. En la perspectiva de este trabajo no interesa especialmente conocer la evolución urbana de la ciudad. Pero en la medida en que esa evolución denota tendencias territoriales que guardan relación con el proceso de formación de la mesópolis, y con su carácter transfronterizo, es preciso siquiera un acercamiento a la evolución de la conurbación a lo largo del siglo XX.

GRAFICO 13 Respecto de la situación de principios de siglo -cuando la ciudad salió de las murallas del
Naturalmente, hablamos de hipótesis, sobre la base de los conocimientos empíricos sobre la cuestión. Queda por hacer un estudio sistemático, tanto para la ciudad como para la región, de las consecuencias globales que a medio y largo plazo ha supuesto el Plan Badajoz, más allá de sus limitaciones intrínsecas. En este sentido, una de las investigaciones posibles de interés debería centrarse justamente en la evolución de las familias de colonos, y su impacto social y económico en la ciudad.
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XVII, iniciando una tímida expansión tomando como polos de atracción las dos principales vías de comunicación: la carretera de Madrid y la estación del ferrocarril-, los años ‘60 muestran ya una imagen territorial mucho más compleja. Se han roto las murallas por el Oeste y por el Sur, iniciándose una expansión planificada. Parcelaciones clandestinas han permitido una extensión en autoconstrucción en dirección Sur Oeste, en la llamada barriada de Antonio Domínguez y en el hoy tristemente famoso Cerro de Reyes, arrasado en 1997 por el desbordamiento de los arroyos Rivilla y Calamón. La barriada formada en torno a la estación se ha constituido ya en una centralidad propia, tanto por la aparición en su entorno del Polígono Industrial El Nevero, como sobre todo por la opción planificada -según la lógica urbanística de la época- de construir al otro lado del río todas las viviendas sociales de promoción pública, lejos del centro burgués y cerca de la zona industrial, utilizando así el río como auténtica muralla de contención social. Más adelante se intentaría fijar otra barrera con la circunvalación de la carretera general, que definitivamente segregaría los barrios populares de Antonio Domínguez y Cerro de Reyes. Pero lo que nos interesa mostrar en la secuencia no es tanto la evolución urbana como el inicio de un proceso de complejización del territorio, esto es de metropolización -mesopolización según nuestra propia nomenclatura-. Vemos cómo hacen su aparición los poblados de colonización, y se intensifica el poblamiento disperso en el entorno de la ciudad -en las Vegas y en las mejores tierras de cultivo, pero también muy especialmente en las zonas adehesadas-. Y vemos también cómo sistemáticamente viene ocupándose la franja de casi cuatro kilómetros que separaba la ciudad de la frontera; primero con el polígono industrial y el desarrollo de la ya antigua pero entonces creciente barriada de autoconstrucción de Las Moreras, en la que residían muchos de los contrabandistas de la ciudad. Por otra parte, la aparición del aeropuerto, la construcción de la Universidad, el crecimiento del núcleo de servicios en torno a la frontera de Caya, muestran la formación del corredor que viene de las Vegas del Guadiana y se extiende hasta la frontera. En fin, hay que señalar que en los años ‘70 hacen su aparición las parcelaciones ilegales, que paradójicamente son a la vez indicador de los niveles de urbanización de la ciudad -por cuanto sus urbanitas precisan de segunda residencia- como del origen rural de mucha de la población de la ciudad190. A finales de los ‘80 esas tendencias se agudizan, y vemos cómo el corredor ideal que iría desde Talavera la Real a la frontera de Caya se densifica. Pero sobre todo se produce una explosión urbana totalmente incontrolable -e incontrolada-. Se ha hecho ya hincapié en la gran extensión del término municipal de Badajoz, un término que debió ser incluso mucho más extenso antes de que sus aldeas periféricas alcanzasen (como recientemente ha hecho Valdelacalzada) su independencia. Es, ciertamente, un territorio demasiado extenso para ejercer un control efectivo sobre el mismo, por lo que debe considerar la probabilidad de que, a medio o largo plazo, otros poblados intenten y obtengan la autonomía municipal. Tres áreas constituyen, actualmente, los grandes vacíos del territorio municipal. Espacios de bajos rendimientos agronómicos y escasez de agua que, como tales, no han posibilitado la presencia de poblamiento. Es un elemento al que se debería prestar atención fundamentalmente por dos razones: a) Porque estos grandes espacios, alejados de los núcleos urbanos, y a menudo con
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No obstante, el fenómeno de las parcelaciones ilegales tiene una significación muy particular en el caso de Badajoz, donde pudimos descubrir, a mediados de los años ‘80, una presencia mucho más intensiva, en términos relativos, que en grandes ciudades como Madrid (Baigorri, 1986). La aparición de la segunda residencia en Badajoz tiene una fuerte dependencia de factotres extraurbanísticos, y está más relacionada con factores antropológicos, como el tradicional ‘hambre de tierras’ de una población rural marcadapor el latifundismo y emigrada a la ciudad.

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interesantes valores naturales, pueden posibilitar en ciertos casos actuaciones (de iniciativa pública o privada) orientadas al desarrollo del ecoturismo o turismo rural, como instrumento de humanización del territorio. b) Porque a largo plazo, si por azar llegan a hacerse realidad los proyectos de regadío derivados del futuro Gran Canal de Barros, una parte no despreciable de las tierras situadas al Sur del término municipal pueden transformarse, y llegar a precisar de una mayor intensidad de poblamiento, tal vez incluso la construcción de un nuevo poblado equidistante entre Alvarado y Villar del Rey, cerca de la carretera de Sevilla. Es decir, debemos entender dichos vacíos como grandes reservas eco-territoriales cara al futuro. Fuera de estos vacíos, la conurbación pacense se extiende día a día, ocupando un área territorial cada vez más extensa. En una parte importante este crecimiento se ha desarrollado -y se sigue desarrollando- de forma no planificada, provocando graves consecuencias urbanísticas y medioambientales. En la actualidad, y en la misma medida que en otras medias y grandes ciudades españolas, una multitud creciente de usos dispares se implantan fuera de los ámbitos de los núcleos urbanos. Sea a la búsqueda de un suelo más barato (caso de los grandes acuartelamientos o algunos equipamientos sociales, como las residencias de ancianos o los equipamientos deportivos en La Granadilla), sea a la búsqueda de una naturaleza virgen, real o imaginada, donde ubicar segundas (e incluso primeras) residencias. Este proceso nos habla de elementos fundamentales en la planificación económico-territorial: 1) En primer lugar, señala tendencias de ubicación de actividades; un aspecto especialmente importante tanto en lo que se refiere a actividades relacionadas con el ocio, como a actividades productivas (incluidas las industriales). 2) Nos advierte de futuras necesidades infraestructurales. En este sentido hemos señalado públicamente en más de una ocasión la necesidad, a medio plazo, de una vía local que, a modo de cinturón, conecte la N-V y la carretera de Olivenza. O la necesidad de mejorar las comunicaciones entre los poblados, segregados por el propio Río Guadiana sin otro paso (en más de 20 kms) que los puentes urbanos de Badajoz y el badén (no siempre utilizable) de Talavera. La búsqueda de una sinergia en el regadío aconseja la construcción de una nueva vía entre Balboa y Novelda (Baigorri, 1995, T 1:30). 3) Nos advierte asimismo de la conveniencia de arbitrar estrategias de desarrollo de carácter metropolitano, implicando de alguna manera en las mismas al menos a los municipios de Talavera y Elvas. 4) Pero, sobre todo, nos recuerda la necesidad de revisar en profundidad el planeamiento vigente, de forma que se incorporen y tengan en cuenta todos estos aspectos territoriales, evitando con ello la intensificación del crecimiento descontrolado, en mancha de aceite, que ha caracterizado al área periurbana en los últimos años.

La población
La población de Derecho de Badajoz, según el Padrón Municipal de Habitantes correspondiente a 1994, era de 130.153 habitantes. Si tenemos en cuenta que el último Censo, correspondiente a 1991, recogía una población de algo más de 130.247 habitantes, que en realidad eran 127.700 si descontamos Valdelacazada, parece que nos encontramos frente a un nuevo periodo de crecimiento demográfico en la ciudad. Con una variación del 1,9 % en tan sólo tres años, resultando un saldo positivo medio anual de casi un 0,7%, puede decirse que Badajoz es, - 154 -

actualmente, una de las ciudades españolas de más rápido crecimiento. Este crecimiento, según se observa en el gráfico, viene siendo sistemático al menos desde finales del siglo XVIII; pero con importantes variaciones tendenciales, primero en el periodo intercensal 1940-1950, y luego en el periodo 1975-1994, en los que se producen fuertes saltos expansivos.

GRAFICO 14 En nuestra opinión, y según ha quedado reflejado en el análisis histórico municipal, tales variaciones obedecen, además de a la consolidación de la capitalidad provincial de Badajoz, a los efectos de la transformación socioeconómica y territorial operada por causa del Plan Badajoz. Seguramente los más profundos efectos demográficos y económicos de dicha transformación están todavía por manifestarse en Badajoz. Ello explicaría que el relativo vaciado administrativo de la ciudad, tras la implantación de la capitalidad regional en Mérida, no haya tenido efectos profundos en la demografía local. En este sentido, Badajoz ha seguido un proceso de crecimiento bastante similar al del conjunto de las capitales españolas, con la particularidad de que, en el último periodo intercensal, si bien se han reducido las tasas de crecimiento como en todas las grandes ciudades, esta ralentización no ha sido tan intensa. Entre 1900 y 1991 se ha multiplicado por 4,2, algo menos que las otras dos capitales extremeñas, pero más que otras grandes ciudades, como por ejemplo Barcelona (cuya población se ha multiplicado por 3,1). En cuanto al citado último periodo intercensal, 1981-1991, en el que la población de las grandes ciudades españolas ha crecido muy escasamente (un 7,8% en Sevilla), o incluso ha decrecido en las dos principales metrópolis españolas (un -3,3% en Madrid, y un 4,2% en Barcelona), Badajoz ha mantenido un importante crecimiento demográfico del 13,89% (inferior, no obstante, al crecimiento de un 17,35% en Cáceres, o de un 22,37% en Mérida, porcentaje este último que refleja el impacto sobre esta ciudad de su conversión en capital administrativa y política regional). - 155 -

El gráfico siguiente muestra el contraste entre la evolución del municipio y los de los conjuntos regional y nacional tomando 1900 como base 100. Si hasta los años '60 la evolución de Extremadura y España fue pareja, a partir de esta fecha la población regional inicia un fuerte descenso que sólo se detendrá en los años '80. Sin embargo, el municipio de Badajoz comienza ya en los años '40 a alejarse de estas tendencias, mostrándose así la agudización, también en, Extremadura del proceso de urbanización que se ha dado en el conjunto nacional.

GRAFICO 15 No puede decirse sin embargo, frente a lo comúnmente aceptado, que Badajoz haya actuado de estación intermedia de la emigración provincial, pues se viene desarrollando con una dinámica propia, reflejo obviamente los procesos de urbanización característicos del siglo XX. De hecho, a la vista de la procedencia de la población del municipio, puede decirse que sólo una pequeña parte de la emigración regional o provincial tomó la capital como un punto de paso191. Ni siquiera ha funcionado Badajoz, al contrario que tantas otras capitales provinciales españolas, como polo vaciador de la provincia; sino que, aún desarrollándose en base a los roles funcionales que ha cumplido respecto del territorio circundante, en cierto modo ha mantenido un crecimiento autosostenido. Tan sólo un 24,3% de la población censada en 1991 había nacido en otros municipios de la provincia, y un 2,7% en la provincia de Cáceres, a los que habría que añadir un 12% nacidos en otras CCAA o el extranjero. Si consideramos la población mayor de 10 años migrante en los diez años anteriores al censo (1981-1991), en el municipio de Badajoz tan sólo 16.055 personas están en esta situación, y de éstas menos de un 45 % procedían de la provincia o la región, procediendo la mayoría de otras regiones o del extranjero. Sin duda, la ubicación tradicionalmente periférica de la capital en un cul-de-sac, hasta la
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Probablemente hayan sido los poblados de colonización los que en mayor medida hayan cumplido ese papel, en muchos casos, de estación intermedia en el proceso migratorio. Muchos de los colonos y jornaleros atraídos inicialmente a los poblados de Badajoz por la transformación en regadío optaron luego, en los primeros años de puesta en riego, por abandonar y emigrar a otras capitales españolas o al extranjero.

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apertura de las relaciones intracomunitarias con Portugal, ha dificultado durante décadas esa función captadora de migraciones rurales; sin olvidar la existencia en la provincia de otras ciudades importantes como Mérida, Almendralejo, Don Benito o Villanueva. Sin embargo, el fuerte desarrollo de la ciudad, unido a la consolidación de un área mesopolitana todavía poco definida, así como la definición de un eje hasta Lisboa que prolongue el de las Vegas del Guadiana, provocará sin duda a corto/medio plazo una intensificación de los movimientos migratorios hacia la ciudad, tanto desde las áreas más rurales de la provincia y la región, como de las comarcas vecinas de Portugal. De hecho, según el estado del Padrón Municipal en 1994 el número de vecinos nacidos en el Extranjero, fundamentalmente portugueses, pasa ya de los 2.100. Entre 1950 y 1991el número de extranjeros se ha multiplicado casi por cuatro, pero sobre todo su peso relativo se ha doblado en la ciudad, al crecer más rápidamente que la población total, pasando de suponer un 0,84 % de la población, en el Censo de 1950, a un 1,64% en el Padrón a la fecha de 1994. Aunque la explotación estadística del Padrón no incluye el país de origen de los extranjeros, la fuerte presencia en barriadas populares como Antonio Domínguez (126), Casco Antiguo (293), Cerro de Reyes (110), Cuestas de Orinaza (47192), Gurugú (92), San Fernando (223) y San Roque (230) apunta a que se trata esencialmente de portugueses193. Ya esta complejidad demográfica nos apunta diferencias sustanciales respecto al tipo de ciudades que se ajustan a la perfección a la categoría de ciudad media.

Discusión sobre el tamaño real de la población de Badajoz
Antes de seguir adelante, debemos plantear una cuestión que me parece de suma importancia. No sólo porque se trata de una hipótesis que de poder ser verificada debería implicar cambios en la planificación y organización de la ciudad, sino -en el marco de nuestra investigación por cuanto constituye un apoyo de nuestra tesis sobre el carácter mesopolitano, esencialmente distinto del de la ciudad media, de Badajoz. Como veremos inmediatamente, en la ciudad de Badajoz sólo habitan en realidad 111.000 de los 130.000 habitantes censados en 1991194. En las Vegas del Guadiana diez poblados de colonización agrupan a más de 10.000 personas, a las que hay que sumar otras 1.200 personas que residen en viviendas también construidas por el INC y vinculadas a la explotación Y al menos otras tantas personas -un número en cualquier caso indeterminado- residen en viviendas vinculadas a las explotaciones, en fincas de secano y regadío, así como en urbanizaciones ilegales. Pero a esta población debemos añadir la existencia de tres grandes acuartelamientos desperdigados en el territorio (Cuartel de Sancha Brava en el Sur, División Acorazada en el Norte, y Base Aérea al Este, todos ellos en la franja central del término municipal), lo que complica sin duda este territorio, completo como una provincia.
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Hay que tener en cuenta que sólo una pequeña parte de la población extranjeras -especialmente portugueses de etnia gitanade las Cuestas de Orinaza está empadronada en la ciudad.
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E1 porcentaje, no obstante, está todavía sensiblemente por debajo de la media para el conjunto nacional. en donde son de origen extranjero un 2+1% de la población. Sin embargo, la evidencia nos muestra -como se verá más adelante- la existencia de un volumen superior de población portuguesa que conmuta con la ciudad pero reside en municipios portugueses del área mesopolitana
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Todo el análisis demográfico está referido-según se cite en cada caso- o bien al Censo de 1991, cuyos datos oficiales han sido publicados, o bien al estado del Padrón en 1994, sobre el cual hemos podido profundizar con mayor detalle. Los 137.000 habitantes citados en el Padrón de 1997 son, por tanto, únicamente un dato de referencia que muestra el dinamismo de la ciudad, pero sobre cuya estructura no hemos podido trabajar todavía. No obstante, considerarnos que los análisis referidos al Padrón de 1994, pese a tratarse únicamente de los resultados de las actualizaciones automáticas a partir del Censo de 1991, son suficientemente actuales.

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Pero sobre todo, esta complejidad nos sugiere que la población real de Badajoz es sensiblemente superiora a la que recogen censos y padrones, al igual que ocurre en las grandes ciudades y metrópolis. De hecho, he estimado195 que la población real del municipio sobrepasa hace tiempo los 150.000 habitantes, atendiendo a los siguientes factores: - Los acuartelamientos aportan -entre soldados de reemplazo y militares de carrera que residen con sus familias temporalmente en Badajoz sin censarse- entre tres y cinco mil habitantes al flujo del poblamiento informal -por analogía con la economía informal-; - La Universidad aporta al menos entre cinco y seis mil habitantes; - El flujo de familias clandestinas en las barriadas marginales requeriría análisis que no estarnos en disposición de realizar, pero todas las operaciones de realojo realizadas hasta la fecha nos han aportado indicadores de que dicho flujo es importante196; - El elevado número de representaciones comerciales que son cubiertas por empleados sólo temporalmente destinados a Badajoz, supone varios centenares de residentes temporales, a veces en compañía de sus familias; - Las aproximadamente 1.200 plazas hoteleras de la ciudad, con una ocupación media que sobrepasa el 50%, aportan otro medio centenar de habitantes/año; - Los temporeros portugueses, que residen durante varios meses del año tanto en los poblados de colonización y los campos del municipio, como en las inmediaciones de la ciudad197; - Las trabajadoras domésticas en régimen interno, que sin embargo permanecen censadas -y de hecho tienen allí su residencia oficial- en sus pueblos, españoles o portugueses... En suma, el porcentaje del 10% de población extra que muchos expertos suponen eleva la población censal de las grandes ciudades creo que en el caso de Badajoz deberíamos estimarlo como sensiblemente superior. De forma que, atendiendo a la población estimada por la última revisión del padrón de 1996 (137.000 habitantes), podríamos estimar la población actual real del municipio en torno a los 160.000 habitantes.

Distribución espacial de la población
La positiva evolución demográfica que hemos observado en el tiempo presenta, sin embargo, características desiguales en el espacio198. Los datos muestran cómo, en lo que a localización de la residencia principal se refiere al menos, se ha venido dando a lo largo del siglo un proceso de concentración de la población en el principal núcleo urbano del municipio. No obstante, la ocupación del territorio más productivo

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Esta estimación se discutió en la ponencia debatida en las I Jornadas sobre Badajoz mesópolis trans fronteriza, organizadas por mí en diciembre de 1996, en la Facultad de CC. Económicas y Empresariales de la Universidad de Extremadura.
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Según las informaciones regularmente publicadas en la prensa, o recogidas de trabajadores sociales y vecinos de barriadas marginales, en los últimos años de existencia de la frontera, y en el momento de mayor intensidad en el tráfico de drogas, la barriada de las Cuestas de Orinaza acogía habitualmente bandas, no asentadas en la ciudad -a menudo procedentes de Galiciaque residían temporalmente. Utilizándose ocasionalmente -cuando la presencia policial era menor- como un espacio-refugio. Durante muchos años, ciertos lugares de la dudad han sido espacios de residencia a veces temporal, a veces permanente, de este tipo de población migrante, sobre todo gitanos portugueses. Así ocurría con la cabecera del Puente de Palmas, cuyo fortín era habitado por varias familias, o incluso alguno de los arcos del puente. Asimismo, en fábricas, almacenes o incluso iglesias abandonados de algunas barriadas -como la de la Estación-, o en antiguas villas abandonadas en torno a la Avenida de Elvas su presencia ha sido habitual.
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Valdelacalzada, fundado también como poblado de colonización, se ha segregado recientemente del municipio de Badajoz. Sin embargo, para ciertos análisis deberemos considerar el municipio incluyendo a dicho poblado, dada la imposibilidad de desagregar ciertos datos hasta la celebración de los nuevos Censos de Población, Edificios y Viviendas, Agrario, etc.

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con poblados de colonización ha tenido un éxito relativo, si tenemos en cuenta que la población implantada no sólo se ha mantenido sino que se ha incrementado, y ha servido entre otras cosas para reducir ostensiblemente la población que, hasta bien entrado los años '60, residía en pésimas condiciones -muchas familias en chozos- en las grandes fincas del término municipal. Incluso, teniendo en cuenta la depresión demográfica sufrida en las últimas tres décadas por los pueblos rurales de menos de 3.000 habitantes, los poblados deben considerarse un éxito de la planificación.

GRAFICO 16 Pero, así y todo, su crecimiento es escaso, especialmente en algunos de los poblados más pequeños y/o excéntricos, que o bien se han mantenido -como Sagrajas y Valdebótoa- o incluso han perdido población respecto al momento de su fundación -como Novelda-. El gráfico expresa visualmente (en formato de escala logarítmica para facilitar su lectura) estos procesos. Dentro del propio núcleo principal, la evolución ha sido también dispar. Así, hemos asistido en las últimas décadas al vaciado del centro de la ciudad, en beneficio tanto de las periferias surgidas a finales del siglo XIX (San Fernando y San Roque), como sobre todo de los nuevos ensanches promovidos en los años '40 (Santa Marina) y '70 (Ordenandos, Valdepasillas...). Dicho vaciado se corresponde sin ningún género de dudas con las tendencias generales a la suburbanización que se han producido -sobre todo desde los años ‘60- en la práctica totalidad de los países desarrollados, y muy particularmente en las grandes ciudades españolas. Por el contrario, los procesos de gentrificación que también se han observado en las grandes ciudades occidentales, normalmente a partir de los años ‘70 aunque con calendarios dispares (Warde, 1991), si bien es cierto que se han manifestado también en la ciudad (Baigorri, Fernández, 1991) no han tenido sin embargo -al menos por ahora- una plasmación importante; o no hasta el punto de conseguir el completo vaciado del centro

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GRAFICO 17 No obstante, entre la rectificación del padrón de 1990 y la de 1994 se observa una débil recuperación de la población del casco, coincidiendo con las operaciones de renovación en torno a las rondas (edificio Presidente, Plaza de Minayo, Ronda del Pilar, etc), y algunas operaciones de rehabilitación e incluso renovación de viviendas dentro del casco antiguo.

Características generales de la población
De acuerdo con las tendencias generales de la población española, la población del municipio ha seguido un cierto proceso de envejecimiento en los últimos años, a causa de la caída simultánea de la mortalidad y de la natalidad; si bien en el caso de Badajoz hemos de incluir también como variable de importancia a los jubilados procedentes de pueblos de la provincia que afluyen en sus últimos años para vivir en casa de sus hijos residentes en Badajoz o en residencias de ancianos (un fenómeno característico de casi todas las capitales de provincia), así como de antiguos emigrantes que retornan tras la jubilación. No obstante, Badajoz presentaba en el Censo de 1991 (última fecha comparable con datos nacionales) un balance sensiblemente más suave que el del conjunto nacional: un 23,5 % de menores de 15 años frente a sólo un 19,4% en la media española, y un 10,9 % de 65 y más años frente a un 13,8% a nivel nacional. Y, en lo que se refiere a la región (con casi un 16% de la población con 65 o más años) las diferencias son mucho más notables. Respecto al conjunto de Extremadura, la de Badajoz es todavía una población joven, aunque con una tendencia acelerada al envejecimiento. En el gráfico se recogen las pirámides de la población correspondientes a tres momentos del siglo XX.

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GRAFICO 18 El envejecimiento de la población, sin embargo, no es homogéneo. En cierto modo, la vejez de los asentamientos determina la tasa de envejecimiento de la población, destacando en este sentido el casco antiguo, donde el porcentaje de población con 65 o más años sobrepasa el 19%. Dejando a un lado el diseminado de la Granadilla, que contiene las dos mega-residencias de ancianos ubicadas en la zona, se observa un esquema circular imperfecto, según el modelo de la Ecología Humana de Park y Burguess, en el que las sucesivas coronas recogen a la población más joven. La población estaba en 1994 agrupada en algo menos de 39.000 hogares (con una ocupación media de 3,33 personas/hogar), frente a los 34.570 hogares que aparecían en el Censo de 1991 (con una ocupación media entonces de 3,69 personas/hogar). Sin embargo, encontramos tanto situaciones de hiperdensidad en barriadas marginales (casos especialmente significativos son los de Suerte de Saavedra, Nueva Luneta y Cuestas de Orinaza, en los que se alcanzan las densidades más altas, llegando en el último caso a casi 5 miembros por hogar de media), como estilos reproductivos propios de las clases medias (como puede ocurrir en Las Vaguadas, Cañada de Sancha Brava o Urbanización Universidad, donde se alcanza el tamaño mínimo de 1,81 personas/hogar). Los datos sobre el tamaño de los hogares nos muestran el proceso de vaciado de las áreas más antiguas de la ciudad, como hemos visto demográficamente muy avejentadas (especialmente significativo es el caso del Casco Antiguo), así como la reducción operada en el tamaño de los hogares en aquellas áreas actualmente en proceso de envejecimiento (El Progreso, San Roque, Santa Marina, UVA, San Fernando...). Por su parte, la densidad de los poblados refleja la permanencia de tasas de natalidad relativamente más altas que en el conjunto municipal, así como la endémica escasez de viviendas.

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Espacio, población y segregación
Dado el objetivo de este trabajo, no voy a extenderme en identificar otras características estructurales de la población. Sin embargo, estimo de interés incorporar la aproximación a la segregación urbana en la ciudad que, con ayuda de algunos indicadores, hemos construido en 1995; o lo que es lo mismo, las características estructurales de la distribución ecológica de la segregación social en Badajoz199. Ponderando las distintas variables analizadas barrio a barrio, elaboramos un índice sintético provisional (ISM) que nos permite ver espacialmente la distribución de las desigualdades sociales en el municipio. Se han utilizado las siguientes variables: 1) % de la población menor de 10 años (las elevadas natalidades sólo se mantienen en zonas marginales, o en algunos reductos de clase alta), 2) % de población de 65 y más años (el envejecimiento excesivo demográfico de un espacio es síntoma a menudo de marginalidad), 3) familiares ajenos a la familia nuclear, por 100 (como se ha visto, en las zonas más pobres varias familias constituyen hogares extensos), 4) % de analfabetismo, 5) % de paro masculino (mucho más indicativa de segregación que la tasa global de paro), 6) restando el % de.población con estudios universitarios.

GRAFICO 19 Aparecen claramente diferenciados tres estratos, que podríamos asimilar sin dificultades a los de clase alta, media y baja como predominantes en cada área, teniendo en cuenta algunas

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En una comunicación al VI Congreso Español de Sociología (Baigorri, Fernández, 1998) hemos avanzado en el análisis de la segregación social en Badajoz, al completar estos datos con otros procedentes de diversas encuestas realizadas en los últimos años en la ciudad. Puede verse, para un desarrollo más exhaustivo del ISM, (Baigorri, 1995, T. 1: 57-60).

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salvedades derivadas de la propia disposición de datos desagregados200, y junto a ellos un área (Cuestas de Orinaza) plenamente diferenciada, por superar todos los índices. Sin duda los procesos de realojo de las Cuestas de Orinaza, iniciados a mediados de los ‘90 (aunque ahora detenidos), han podido desdibujar en parte, aunque no sustancialmente, el esquema espacial descrito. Pero muy especialmente la devastación del barrio marginal del Cerro de Reyes, por efecto de las inundaciones de 1997, va a suponer una modificación sustancial del mapa de la segregación. Aunque la mayor parte de las familias van a ser realojadas junto a barriadas ya de por sí marginales, también se están construyendo bloques de realojo en zonas de ensanche residencial de las clases medias. Especial significación adquiere la situación de los poblados de colonización, cuyos índices de segregación nos muestran la necesidad de conseguir en ellos una más intensa urbanización (en términos socioeconómicos, no de planeamiento físico), para su integración plena en las tendencias y estándares de la ciudad. De otro modo permanecerán en situación similar a la de los barrios marginales.

Proyección de la población
A partir de los análisis de los movimientos de población realizados por el sociólogo Ramón Fernández (Baigorri, 1995:61-66), disponemos de los elementos necesarios para plantear una proyección, según determinadas hipótesis respecto al comportamiento de los fenómenos demográficos. La población de partida que hemos utilizado es la correspondiente a 1 de enero de 1.994 según rectificación del Padrón Municipal de Habitantes. La mortalidad en Badajoz es ya lo suficientemente baja, como para esperar que pueda seguir descendiendo en los próximos años; de hecho en los últimos cinco años ha aumentado, aunque levemente, por lo que estimamos que se mantendrá en torno a los valores alcanzados en 1.991. Lo mismo se puede decir de la mortalidad infantil, que en los últimos cinco años se mantiene por debajo del 100/00, y en 1.991 ha sido del 60/00, por lo que es muy difícil que tome valores inferiores a estos en los próximos años. La elaboración de las tablas de vida nos permite establecer probabilidades de supervivencia para cada uno de los grupos de edades, y con ello establecer el tamaño de los distintos grupos en los siguientes años. La fecundidad hemos visto que ha descendido de forma continuada en los últimos años. Los factores conocidos que inciden en el descenso de la fecundidad son la prolongación del tiempo de estudios, la incorporación de la mujer a la actividad y la inseguridad ante el empleo, por lo que tendríamos que plantear un amplio período de descenso de la fecundidad. Pero en Badajoz hay que tener en cuenta la llegada constante de población inmigrante, que normalmente presenta una más elevada tasa de fecundidad, población que además pertenece mayoritariamente a los grupos de edades de fecundidad más elevada. Por ello la hipótesis planteada es de una cierta estabilización de las tasas de fecundidad en los próximos años. En cuanto a las migraciones, son el elemento más difícil de determinar con precisión. La única fuente fiable es la derivada de las Variaciones Residenciales del Censo de Población, pero los datos disponibles no permiten clasificarlos por sexo y edades, por lo que hemos realizado una estimación general de la población inmigrante en función de la evolución de estas Variaciones Residenciales. En el último decenio han llegado a Badajoz una media anual de más de 1.200 persona,
200 Es el caso del Casco antiguo, donde claramente aparecería una radical diferenciación entre las zonas altas y bajas del casco, por la que un sector bajaría de nivel (la zona más alta), mientras que el resto se elevaría. Del mismo modo habría que atender al caso de Suerte de Saavedra, donde la importante colonia de familias de la Guardia Civil eleva los niveles del conjunto.

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siendo además cada año más numerosos los inmigrantes a la ciudad201, con lo que es previsible que esta tendencia a aumentar el número de inmigrantes que llega a Badajoz continúe en los próximos años. Atendiendo a estas tendencias, en la proyección de las migraciones para los próximos años se contemplan dos hipótesis: una alta, según la cual en los próximos veinte años llegarán a Badajoz más de 70.000 inmigrantes, y otra baja, en la que la llegada de inmigrantes se reduce a unos 50.000. En cuanto a la proyección del incremento resultante de los movimientos del saldo natural, hemos estimado un crecimiento de unos 16.000 habitantes en los próximos veinte años. En resumen, y según nuestros cálculos, Badajoz alcanzará los 150.000 habitantes en los primeros años del próximo siglo, para llegar o aproximarse mucho a los 200.000 habitantes hacia el año 2.014202; aunque si incluimos la población flotante no censada que más atrás ha sido evaluada, los 200.000 habitantes reales deberían alcanzarse antes de finalizar la primera década del siglo XXI.

GRAFICO 20

La actividad
Según la explotación realizada del Padrón de Habitantes de 1994, de los 130.153 habitantes censados en el municipio, 47.795, esto es un 36,72% del total, constituyen la población activa; una tasa claramente inferior a la media nacional del momento (en torno al 39%). Si atendemos
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En el periodo 1981-86 la media anual fue de 1.012 personas; en el periodo 1986-90 fue de 1.360; y en el bienio 1990-91 la media anual alcanzó las 2.088 personas.
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Los 137.000 habitantes que resultan del Padrón de 1996 indican, aunque sea muy pronto para afirmarlo con seguridad, que las líneas marcadas por nuestra proyección son acertadas.

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a los índices de actividad utilizados por le Encuesta de Población Activa (actividad de 16 y más años), las distancias se reducen levemente: mientras la tasa de actividad española estaba en torno al 49% de la población de 16 y más años, en Badajoz se reduce hasta un 46,96%, debido a las menores tasas de actividad entre la población femenina (un 31,1%, frente a un 35% a nivel nacional), ya que la tasa de actividad de los hombres es la misma (un 64,23%). No obstante, hay que tomar las cifras de padrón con mucha precaución, por cuanto contienen numerosos errores, dada la escasez de medios para su actualización y control efectivo; por lo que nos referiremos a los datos más fiables que podemos utilizar para hacer comparaciones a nivel nacional, como son los del Censo de Población de 1991. En el Censo, por el contrario, se refleja una tasa de actividad superior a la de la media nacional, debido a la existencia de una tasa de actividad más alta tanto entre los hombres como entre las mujeres, lo que guarda una mayor correlación con el carácter urbano. Sin embargo, la mayor tasa de actividad no se traduce en mayores índices de ocupación, como veremos, sino en tasas de paro sensiblemente más elevadas que las nacionales. La pirámide de la actividad, la ocupación y el paro refleja una tendencia similar a la del conjunto nacional, donde las cohortes de 15-19 y 20-24 años, que constituyen la anchura máxima de la pirámide, todavía pronostican una fuerte afluencia de jóvenes al mercado de trabajo durante los próximos diez años, en relación además con un fuerte incremento en las tasas de actividad de las mujeres.

GRAFICO 21 En suma, tras unas décadas de descenso en la tasa de actividad, como consecuencia de las crecientes tasas de escolarización y la generalización del sistema de jubilación (entre 1950 y 1981 el número de hombres activos aumenta en menos de 2.000 nuevos efectivos), se produce en los últimos años un fuerte crecimiento. Sobre todo a consecuencia de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo (mientras la cifra absoluta de activos masculinos aumenta en un 57% en - 165 -

casi medio siglo, el número de mujeres activas se multiplica casi por tres, aumentando en términos absolutos en casi un 238% en el mismo periodo). No obstante, respecto del Censo de 1981 se observa la drástica reducción de las tasas de actividad en las cohortes más jóvenes, por efecto de la creciente universalización de las enseñanzas media y superior; pero sobre todo destaca el descenso entre los varones: en la cohorte de 20-24 años ha pasado de un 75,9 al citado 36%, mientras que entre las mujeres desciende de un 46,6% al 31,5% citado. Sobre los datos anteriores, podemos estimar que, en lo que a las nuevas cohortes afluentes se refiere, las mujeres se han equiparado ya a los hombres en lo que a la incorporación al mercado de trabajo se refiere; si bien queda por estimar en qué medida en las cohortes de más edad (a partir de las que ahora están entre 25-29 años) puede darse en años sucesivos un incremento de la actividad. Sobre la base de estos datos, así como de los manejados para establecer la proyección de la población, se ha estimado el flujo de hombres y mujeres que, en los años futuros, se incorporarán al mercado de trabajo, y para los cuales lógicamente la ciudad deberá disponer de empleos u ocupación. Para la estimación nos hemos basado (sin introducir correcciones basadas en tablas de vida203) en la aplicación de las tasas de actividad máximas actuales, a las nuevas cohortes que se incorporan. En este sentido, hemos estimado que, en el horizonte de los próximos diez años, al menos 16.600 hombres jóvenes que hoy tienen menos de 29 años, y unas 15.900 mujeres de las mismas edades, se incorporarán al mercado de trabajo en el municipio, esto es un total de 32.500 nuevos/as activos/as. Si tenemos en cuenta que, en dicho periodo, no es previsible la desaparición de activos actuales, por defunción y jubilación, en un número muy superior a los 10.000, podemos concluir las necesidades de creación de nuevos puestos de trabajo en una cifra que superaría los 20.000, para el periodo 1995-2005. Naturalmente, la población activa es sólo una parte de la cuestión. El análisis debe complementarse con el de su distribución en población ocupada y población parada. El cuadro siguiente recoge los cambios producidos en la participación sectorial de la actividad, entre mediados de siglo (cubriendo el periodo inmediatamente anterior al Plan Badajoz) y la actualidad -los datos de 1994 no corresponden al Padrón, del que no disponemos de estos datos, sino a la encuesta realizada en ese año. Se observa cómo el gran y definitivo vuelco de la ciudad y el municipio hacia el sector servicios se había operado ya en el momento de realizarse el Censo de Población de 1981, atenuándose dicho proceso a lo largo de la pasada década para volver a agudizarse en el último lustro, acelerándose notablemente la pérdida de empleo en la agricultura que, por otra parte, ni la industria ni la construcción consiguen absorber, por cuanto en los últimos años han perdido asimismo capacidad de generación de empleo, tanto por el desmontaje de industrias y tecnificación de las existentes, como por el proceso de tecnificación de la construcción, así como por la creciente afluencia de trabajadores de otros municipios y regiones (incluyendo a Portugal) a muchas de las obras realizadas en el municipio de Badajoz. De hecho, si comparamos estos datos más recientes con la realidad nacional, se pone más de manifiesto la existencia de una economía local en la que los sectores más específicamente productivos tienen un reducido peso204. Mientras que la suma de Agricultura+Industria+Construcción suponen, en el segundo trimestre de 1994, un 41,5% de la actividad a nivel nacional (un 40 % considerando la
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Por otro lado , la creciente preeminen cia de los movimientos migratorios hace improbable cualquier proyección de la población activa a niveles inferiores que el nacional.

Los datos nacionales proceden de la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE correspondiente al 2º Trimestre de 1994. Los datos locales son los ya señalados, extraídos de nuestra propia encuesta realizada a finales del mismo año 1994.

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ocupación), a nivel local tan sólo alcanzan a un 25% de la actividad (cifra que se reduce a un 17,4% considerando la ocupación real).

La agricultura
Las 96.327 Has censadas en 1989, última fecha censal, se distribuían en 2.156 explotaciones. De esta superficie un 67,2 % está labrada, frente a un 30,9% ocupado por pastizales, dehesas y repoblaciones forestales. Esto supone una intensidad bruta por encima de la media de la provincia, donde la superficie labrada supone tan sólo un 40% de la censada, y desde luego muy superior a la media nacional, donde sólo un 37,8% de la tierra era de labor en 1989. El porcentaje de tierra labrada, por otra parte, se mantiene estable en un 67% desde el Censo de 1972, a pesar de las variaciones absolutas en la superficie censada. Esta mayor intensidad de aprovechamiento se manifiesta en la estimación realizada por el Ministerio de Agricultura sobre las Unidades de Trabajo Hombre/Año(UTA) generadas por la agricultura local, que se fijaban en 1989 en 3585 UTA, lo que supone como media una UTA por cada 26,8 Has como media, mientras que a nivel provincial se necesitaban 58,15 Has, generándose a nivel nacional una UTA por cada 34,5 Has. Es un primer indicador de la potencia de la agricultura local, que está sensiblemente por encima de las medias tanto provincial como nacional en cuanto a intensidad de aprovechamientos se refiere. No obstante, como en el entorno de todas las grandes ciudades españolas también en Badajoz se asiste a un progresivo abandono de fincas, y sobre todo al paso a usos no agronómicos, que se refleja en la variación de la intensidad global del agrosistema local. Así, se ha reducido en el último periodo inter censal tanto el volumen ganadero, como sobre todo la demanda bruta de trabajo, aunque se ha incrementado, debido a la intensificación, el volumen neto de trabajo por Hectárea. Obviamente, no hay que olvidar que este incremento de trabajo asalariado por Hectárea viene también, en buena parte, determinado tanto por la sistemática reducción de activos entre los empresarios agrarios, como sobre todo por la agudización del proceso de envejecimiento que, también de forma sistemática, se viene operando desde 1972, y que convierte a los envejecidos agricultores en dependientes cada vez en mayor medida de fuerza de trabajo externa a la explotación, sobre todo en el regadío y en los momentos de cosecha (de lo que se deriva la masiva afluencia de inmigrantes portugueses a Badajoz, especialmente a las áreas de regadío). El número de jóvenes agricultores se ha reducido ostensiblemente, pasando de 318 (un 10,5% del total de agricultores) a 120 (un 5,75%), lo que plantea serios interrogantes sobre las posibilidades de conservación del sistema agrario en el municipio en los términos tradicionales. Incluso el número de agricultores de 35 a 54 años se ha reducido, pasando de 1.414 a 992, aunque su peso relativo se ha mantenido estable en torno a un 47%. Un aspecto esencial de la Agricultura de Badajoz es la importancia del regadío, lógica en la medida en que venimos argumentando que el regadío está en buena medida en la base del desarrollo reciente de la ciudad. Según datos del catastro de Rústica (Baigorri, Rodriguez, 1992, T.II:12), la superficie de regadío en el municipio era de 22.689 Has en 1992. Si tenemos en cuenta que el Censo Agrario de 1989 fijaba la superficie total en regadío en la comarca de Badajoz en 23.666 Has, y añadimos que Talavera dispone de casi 3.458 Has, a las que hay que añadir no más de 90 Has entre el resto de los municipios de la comarca de Badajoz (Albuera, Almendral, Corte de Peleas, Entrín Bajo, Nogales y Torre de Miguel Sesmero), podemos concluir que entre el momento del Censo y el año 1992 la superficie de regadío habría podido aumentar en el municipio. Los cada vez más recurrentes problemas de sequía y la necesidad de reducir la inversión en - 167 -

trabajo han llevado a un aumento sustancial en las formas de regadío distintas de la de gravedad: la superficie de regadío por gravedad se ha reducido en casi 3.000 Has, mientras que la de aspersión ha aumentado en 1.000 Has, y la regada mediante goteo, sistemas localizados y otros equivalentes se mantiene estable en cifras absolutas, lo que teniendo en cuenta la reducción en la superficie censada supone un incremento relativo; de hecho, estas tecnologías de riego automatizadas y basadas en el ahorro de agua suponían en el censo de 1982 un 6,87% de la superficie regable, mientras que en el de 1989 pasaron a significar un 6,91%. Como conclusión del apartado dedicado a la agricultura cabe hablar de las inmensas posibilidades del sector a nivel local, centradas tanto en el regadío como en la explotación integral de la dehesa y en algunos otros cultivos como el olivo, para generar elevadas producciones y empleos no tanto en el propio sector como en las agroindustrias y empresas transformadoras y comercializadoras. Cara al futuro puede decirse que la Agricultura local ha alcanzado un punto de no retorno en cuanto a las posibilidades internas de generación de empleo (con independencia de esas crecientes necesidades de empleo temporal en los momentos de la recolección, según el modelo californiano, y que no afecta a la fuerza de trabajo local sino a los inmigrantes temporeros). Más aún, parece necesaria la redefinición de nuevas áreas de producción, orientadas al abastecimiento de los 12 millones de personas que, en un radio de 400 kms ahora bien comunicados (en el famoso triángulo Madrid-Sevilla-Lisboa), circundan el municipio, tanto con productos en fresco (hortelanía de primor) como transformados. El crecimiento de las cooperativas agrarias y su creciente diversificación va a ser sin duda el elemento que en mayor medida provoque la creación de empleo en el sector, junto al desarrollo tecnológico que, sobre la base de la Universidad y el SIA, puede darse en el marco de los Institutos Tecnológicos. En síntesis, puede decirse que el principal vacío productivo del sector estriba en la posibilidad, aún no materializada, de adaptar la agricultura local al modelo implantado no tanto en Almería como en el Suroeste de Cádiz y el Sur de Huelva. De hecho, parece que es en esa línea en la que evolucionan tanto las organizaciones de cooperativas agrarias de la zona como los empresarios agrarios más dinámicos.

La industria
En términos absolutos, en modo alguno podemos considerar a Badajoz un enclave industrial. La acumulación primitiva de capital provocada por el desarrollo agrario de su entorno y su conversión en capital provincial no conllevó la creación de un tejido industrial. Las pocas industrias que, desde finales del siglo XIX, se van implantando en el municipio corresponden en su inmensa mayoría a iniciativas de inversores procedentes de fuera de la ciudad, e incluso de fuera de la región. Por su parte, el intento de industrialización planificada desde el Estado que llevaba implícito el Plan Badajoz constituyó un estrepitoso fracaso: apenas algunas agroindustrias, apoyadas con capital público, un buen número de las cuales desaparecieron en menos de dos décadas. En los últimos años, no obstante, hemos asistido a la aparición de alguna nueva industria (incluyendo algunos fracasos), con ayuda de los programas de apoyo financiero institucional, y sobre todo a la consolidación de un escaso tejido microindustrial cuya función es el mero mantenimiento de la ciudad, no produciendo salvo escasísimas excepciones para la exportación fuera del municipio; es decir un tipo de industria que estaría más cerca de las características del sector terciario que del secundario. Por otra parte, en términos relativos respecto del conjunto regional, Badajoz sí que constituye uno de los principales centros de localización industrial, apareciendo como el más importante en diversos subsectores (Cortés, 1996). - 168 -

La superficie de suelo industrial prevista por el PGOU de Badajoz, buena parte de la cual está ya realizada o en proceso de generación, es de casi 340 Has. Al casi centenar existente en el momento de aprobación del Plan, en 1990 (46 Has en el Polígono el Nevero, 42 Has en el conjunto San Roque-Ctra de Madrid-Ctra Corte de Peleas- Ctra Sevilla, y pequeños enclaves en el entorno de Santa Marina y San Fernando, ya en la práctica sustituídos por usos residenciales o de servicios) se unen 112 nuevas Has en el entorno de San Roque-Ctra de Madrid, 58 en la ampliación de El Nevero y 74 en el entorno de San Fernando-Ctra de San Vicente-Ctra de Cáceres, además de pequeñas superficies de entre 1 y 3 Has en la mayoría de los poblados de colonización; todo ello calificado como Suelo Urbano o Urbanizable, o bien en términos de legalización de ocupaciones de hecho por medio de Areas de Admisibilidad Industrial en Suelo No Urbanizable. Y, en el marco de referencia mesopolitana, debemos referirnos a la creación del polígono industrial de Olivenza, el incipiente desarrollo industrial en el corredor Badajoz-Elvas, o el nuevo suelo industrial en Talavera la Real, áreas todas éstas que han de actuar sinérgicamente con las actividades industriales en particular, y económicas en general, de Badajoz. Según los trabajos sobre localización industrial realizados por la profesora Cortés, en 1992 el número de establecimientos industriales existentes en el municipio de Badajoz era de 384, de los cuales 275 eran industrias no agrarias, y 109 eran industrias agrarias. Según los datos del Registro de Industrias No Agrarias, el número total de establecimientos instalados en el municipio de Badajoz es de 275, que supone un 8,36% del total de la región (porcentaje muy inferior, por tanto, al que le correspondería idealmente según la población). Aunque hay algunas CNAE poco representativas por el número de establecimientos, en las que Badajoz supone el 100% de la actividad regional (19 y 22), es mayor el número de CNAE en las que el municipio no presenta ninguna actividad (10,11,16,23,30 y 38). Internamente, el mayor peso dentro del municipio es el de la CNAE 31 (con el 20% de los establecimientos), seguido de la 41 (con el 16%) y la 46 (con el 12%), intercambio los puestos 1º y 2º respecto de la media regional, ocupados en ésta respectivamente por las CNAE 41 y 31. Sin embargo, los establecimientos de Badajoz ofrecen mayores índices de empleo que la media regional. El empleo total en el municipio de Badajoz en este tipo de industria de mayor componente tecnológico, estaría en torno a los 1.985 puestos, de los cuales 1.326 (casi el 86%) se ubicarían en Badajoz capital, y el resto en los poblados. Respecto del total regional, el empleo del municipio equivaldría a un 11,2%, esto es prácticamente la misma proporción que su peso demográfico. Las actividades con mayor peso en el empleo serían la CNAE 41(Industrias Alimentarias básicas como aceites, cárnicas, lácteas, conservería y harineras) con 570 empleos, la CNAE 42(Otras alimentarias como azúcares, piensos, vinos y licores) con 301 empleos, la CNAE 47 (Industrias relacionadas con el papel) con 202 empleos, la CNAE 31(Fabricación de productos metálicos, excepto máquinas y material de transporte, y fundición, estructuras metálicas, carpintería metálica, etc) con 171 empleos, y la CNAE 24 (Producción de Materiales de Construcción) con 115 empleos. A las industrias agrarias se las considera Industrias de Primera Transformación, pues se caracterizan por una elaboración muy básica de los productos, lo que no significa una menor capacidad de producción (a menudo se trata de plantas de gran capacidad productiva), sino una menor capacidad para fijar valor añadido, y obtener por tanto plusvalías de dicha producción. A pesar de la importancia que la agricultura tiene el municipio, especialmente el regadío, tan sólo aparecían registradas 109 actividades en Badajoz, que suponen sólo un 3,9% del total de la región, lo que muestra en suma un bajo índice relativo de actividad en industrias agrarias. De éstas son las más importantes las CNAE 41 con 61 establecimientos (el 3,8% del total regional), la CNAE 42 con 25 establecimientos (un 4,1%) y la CNAE 46 con 22 establecimientos (un 3,9% - 169 -

del total). Según el Registro de Industrias Agrarias, el empleo teórico de estas actividades en Badajoz equivale a 1.420 puestos de trabajo (evidentemente la mayoría de éstos son puestos de temporada), lo que supone un peso relativo del empleo local superior al peso relativo de la actividad, pues equivale a un 10% del empleo total de la región (por debajo todavía, no obstante, del peso demográfico del municipio). La actividad más destacable dentro de este sector el la C.N.A.E. n.41 "Fabricación de Jugos y conservas vegetales", que supone el 83% del empleo local en agroindustrias, y se concentra en Villafranco, Badajoz, Pueblonuevo y Guadiana, siendo además la única CNAE en la que prácticamente todos los poblados tienen algún puesto de trabajo. Para esta CNAE, del total de empleo existente en Extremadura, Badajoz supone un 13 % (porcentaje superior a su peso demográfico), y además es el más disperso en el territorio, ya que sólo el 29% del empleo municipal se concentra en el núcleo capitalino, el 86,99% correspondería para Extremadura menos Badajoz y el 13,01% para Badajoz y Municipio ( el 9,24% para los Poblados, 3,77% para Badajoz capital). La C.N.A.E.n.42 "Elaboración de Piensos compuestos","Elaboración de café, té y sucedáneos", "Elaboración crianza de vinos".., es considerable a tratar pues con un 100% para Extremadura, el 92,81% correspondería para Extremadura menos Badajoz, 7,19% para Badajoz Municipio (5,28% en Badajoz capital, 1,91% para Poblados) .En Badajoz capital es donde se concentra el mayor número de empleo de esta actividad. Las C.N.A.E. n.43 y 31 ("Fabricación de prendas exterior punto"-"Acabado de textiles" y "Carpintería"-"Fabricación de herramientas"-"Talleres mecánicos" respectivamente) son actividades en las que no se registra empleo en Badajoz Municipio, es decir, el total se encuentra en Extremadura menos Badajoz. La C.N.A.E. n.46 "Fabricación de piezas de madera, carpintería y actividades anexas a la industria del mueble" del 100% considerado para Extremadura, el 97,74% es para Extremadura menos Badajoz y el 2,26% para Badajoz Municipio (2,20% para Badajoz capital). Atendiendo a las grandes empresas que facturan más de 200 millones de pesetas al año, los datos Fomento de la Producción correspondientes a 1990 mostraban que de las empresas de este volumen existentes en Extremadura (305), un 16% (50 empresas) se encontraban en Badajoz. Sin embargo, considerando únicamente a las empresas industriales (CNAE inferiores al 50), en la región tan sólo aparecían recogidas 139 empresas, de las cuales únicamente 16 estaban situadas en Badajoz; esto es, un 11,5%, un peso equivalente al porcentaje de la población extremeña censado en el municipio. Cabe destacar el hecho de que, atendiendo a las exportaciones realizadas por estas grandes empresas, el peso del municipio de Badajoz es muy superior, pues las exportaciones de las empresas localizadas en su término municipal (casi 2.800 millones de pesetas) suponían casi un 19% de las exportaciones de grandes empresas de toda la región (14.855 millones). Con 1.367 millones (un 22,2% del total regional para esa CNAE), es la CNAE 41 la más exportadora del municipio. El empleo generado por las grandes empresas industriales de Badajoz guarda proporción con el peso demográfico del municipio respecto del total regional: con 705 empleos, suponía el 11,1% de los puestos de trabajo potenciales de este tipo de industrias en el conjunto de Extremadura.

La construcción y la vivienda
El crecimiento demográfico pacense se refleja en la evolución del parque de viviendas, que - 170 -

pasa de algo más de 17.000 en 1950 a casi 43.000 en el Censo de Vivienda de 1991205. Mientras la población se ha multiplicado por 1,6 en dicho periodo, el número de viviendas lo ha hecho por 2,5. Ello muestra un aparente sobredimensionamiento del parque de viviendas, pero sobre todo muestra las deficientes condiciones de habitabilidad y hacinamiento que debía soportar buena parte de la población pacense a mediados del presente siglo, cuando muchas familias vivían todavía en chozos rurales y/o chabolas urbanas (en 1950 el número de chozos, chabolas y similares era de 1.210, y todavía diez años después aparecían censadas 1.052 infraviviendas de este tipo). En cuanto a la Construcción como actividad productiva, se desarrolla en una secuencia temporal cíclica, marcada por momentos de mucha actividad y momentos de cierto letargo (actualmente la ciudad se encuentra en un momento de efervescencia, sustancialmente incrementado por la construcción de más de 1.200 viviendas de promoción pública para el realojo de los afectados por las inundaciones de 1997), como por otra parte viene siendo la norma en el sector de la vivienda y la construcción a nivel general. A estos procesos cíclicos contribuyen, sin duda alguna, y además de su función principal como productor de bienes y servicios demandados por la población (y en consecuencia con una demanda variable), su función añadida y ya secular de motor de la economía, de un lado canalizando la inversión pública en periodos de recesión, y de otra parte en la medida en que salvo en periodos muy críticos los consumidores no pueden prescindir de la vivienda. La influencia de estos distintos factores provoca un comportamiento explosivo, con periodos de boom a los que siguen (cuando el mercado se satura, o se dispara el precio del dinero) fuertes recesiones en el sector. De hecho, a lo largo de los años ‘80 y primera mitad de los ‘90 la evolución del sector, medida tanto en número de viviendas construídas, como en cuanto al porcentaje de crecimiento respecto desde momento censal anterior, se ha producido un cierto aletargamiento. Como vemos hasta 1981 la tendencia indicaba un crecimiento acelerado, pero a partir de esta fecha caen tanto la tasa como, subsiguientemente, el número de viviendas construidas al año. Este proceso de ralentización de la tendencia se ha mantenido en los últimos años, periodo que hemos analizado con mayor detalle. Pasándose de 1.004 viviendas en 1992 a 256 en el año 1994 (un proceso que, sin embargo, sigue un rumbo distinto en lo referido a construcciones para uso no residencial). Si bien es preciso hacer referencia a un hecho que, en cierto modo, enmascara los datos del mercado de la construcción y la vivienda, como es el de la construcción ilegal, que se ha disparado en los últimos años en las numerosas parcelaciones ilegales que asolan sin control el término municipal de Badajoz. El Censo de Viviendas de 1991 recogía más de 1.500 viviendas (evidentemente construidas fundamentalmente a lo largo de los años ‘80) en las parcelaciones ilegales que aparecen en los Censos, pero no en las estadísticas de obra nueva y licencias de construcción del MOPTMA, por ser en su inmensa mayoría ilegales. Asimismo, en los últimos años hemos asistido a un proceso de reducción del número medio de viviendas por edificio construido, que en cierto modo refleja el fuerte proceso de extensificación urbana seguido en Badajoz en los últimos años: la escasa demanda de vivienda existente se ha centrado en la tipología de vivienda unifamiliar. Es en 1994 cuando observamos una caída más acusada en el número de licencias tramitadas. Atendiendo a la naturaleza cíclica del sector, asistimos con anterioridad, durante el período 198993, a un estadio alcista del sector durante el cual la actividad constructora llegó hasta límites en los cuales se llegó a sobrepasar la demanda, encontrándonos en la actualidad en una situación
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Los datos censales sobre vivienda incluyen los referentes a Valdelacazada

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inversa, con una oferta muy superior a lo potencialmente demandable (y, sobre todo, con una importante oferta en tipologías residenciales poco demandas, mientras que la oferta de tipologías de elevada demanda, como son las viviendas unifamiliares, la oferta es escasa debido a la insuficiencia de suelo calificado para ello)206. Para obtener una visión más completa de la situación actual, y su estadio recesivo, podemos añadir que la superficie construida en 1994 (44.811 m2)) representa algo más de 1/4, en relación con la construida en 1992 (162.074 m2). En cualquier caso, debemos insistir en la recuperación del mercado que viene produciéndose desde 1997, aunque no podemos profundizar en dicho proceso. Respecto del sector de la Construcción es interesante destacar, atendiendo al objeto de nuestra investigación, el creciente peso que tiene la mano de obra foránea, incluida la portuguesa. Según las propias empresas, una de las causas podría asentarse en el poder sindical; los trabajadores foráneos, especialmente los portugueses, se prestan a trabajar en peores condiciones horarias y/o salariales. A nivel de estructura productiva, el sector promotor-constructor se encuentra representado en el municipio de Badajoz por un total de 569 establecimientos productivos. De estos, 105 corresponden al segmento inmobiliario, y 464 al segmento construcción. El segmento inmobiliario se compone de 5 empresas dedicadas a la promoción de terrenos, 93 a la promoción de edificaciones, y 7 a servicios referentes a la propiedad inmobiliaria. Por su parte, como ya dijimos antes, el segmento de la construcción se completa con un total de 464 empresas. De éstas, son 231 las que corresponden verdaderamente a la actividad de edificación y obras civiles; desagregadas, a su vez, en tres vertientes: Edificación, obra civil, y albañilería o pequeños trabajos de construcción. Ahora bien, hay que tener en cuenta que cuando se citan número de empresas, nos referimos a actividades; es decir que son numerosas las empresas que simultanean varias de esas actividades, por lo que el número efectivo de empresas se reduce ostensiblemente. En sentido inverso, hay que hacer referencia al carácter sumergido de una parte importante del sector. De un lado se da una sumersión funcional, al tratarse de empresas que están censadas en municipios del entorno (por estar ahí su domicilio en unos casos, o para pagar menos impuestos en otros muchos), o incluso en Portugal, pero que ejercen sus actividades en el municipio de Badajoz. Y de otra parte una inmersión absoluta de muchos trabajadores autónomos, los tradicionales chapuzas, que a menudo llevan también empleados, e incluso a veces cuadrillas, y que trabajan absoluta fuera de la legalidad fiscal. Lo que haría, en suma, necesario, elevar el número de empresas activas en el municipio. Por lo que podemos tomar las cifras citadas como suficientemente representativas. Las debilidades del sector aparecen a la hora de constatar que las empresas que en esta relación funcional, representan el papel de núcleo (inmobiliarias de terrenos y constructoras de cierta entidad) están representadas en su mayoría por capital exógeno al área; y que las empresas endógenas solamente acceden al proceso acumulativo a través de subcontratas para la ejecución de tareas puntuales y específicas. Parece que se ha perdido, por tanto, la oportunidad de construir un sector endógeno, en su núcleo principal, mediante la capitalización de firmas pacenses; y de este modo, la construcción de Badajoz ha quedado como mera receptora de las inercias de capital foráneo. Con lo cual, en
Lamentablemente, el último PGOU no tuvo presentes las nuevas tendencias respecto a la demanda en los países desarrollados, y no calificó suelo suficiente para vivienda unifamiliar. Es esta falta de planificación, este planeamiento inadecuado, uno de los causantes más directos de la explosión de construcciones ilegales en suelo no urbanizable, así como de los elevados costes de la vivienda unifamiliar en la ciudad.
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Badajoz se está produciendo la entrada de empresas foráneas que compiten con las pacense por nichos de mercado, en los cuales tenían el monopolio antes las residentes; esto es, subcontratación de tareas específicas y pequeñas obras (caso de empresas portuguesas).

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11. Una ciudad de servicios con funciones mesopolitanas
El análisis del sector Servicios (incluyendo tanto el Terciario como la transición al Cuaternario) exige un análisis más minucioso, por cuanto es a través de este sector donde fundamentalmente se percibe la función metropolitana (o más estrictamente mesopolitana) de Badajoz207.

Badajoz como centro comercial provincial, regional y transfonterizo
En el análisis de la población activa y ocupada se ha señalado cómo el sector servicios daba trabajo, en 1994 (según el Padrón de Habitantes), al 75% de la población ocupada. Relacionando los datos padronales con los resultados de la encuesta sobre mercado de trabajo realizada en el curso del mismo estudio, hemos estimado en unas 32.881 las personas activas en el sector servicios, de las cuales estarían ocupadas en torno a 24.300. Asimismo, hemos hecho ya suficiente referencia al proceso por el que Badajoz, convertida a mediados del siglo pasado en capital provincial, ha venido sistemáticamente creciendo como centro comercial y suministrador de servicios de un extenso hinterland, de amplitud variable según el producto o servicio suministrado, pero que en su extensión máxima alcanza a la totalidad de la provincia pacense y parte de la de Cáceres, llegando por el Oeste hasta Lisboa en algunos aspectos. Esta cualidad comercial, y terciaria en general, de Badajoz, se percibe sobre todo en la propia cualidad de las actividades, más que en el número de las mismas existentes o en el volumen de facturación de las mismas (dato éste último desconocido a la fecha). Atendiendo a los datos del Anuario Banesto del Mercado Español, el número total de licencias comerciales censadas en Badajoz supone, tanto respecto al total provincial como respecto al regional, un porcentaje tan sólo superior en unas décimas respecto del peso demográfico del municipio. Así, conteniendo el 13,91% de la población de la región, el total de licencias comerciales supone un 14,90%, esto es un porcentaje levemente superior; mientras que, a nivel provincial, conteniendo el 21,09% de la población (insistimos en que de los municipios mayores de 1.000 habitantes), recoge el 22,92% de las licencias comerciales. Sin embargo, si analizamos los datos en un sentido más cualitativo el carácter de importante centro comercial de Badajoz se pone más fácilmente de manifiesto. Para ello atenderemos al peso de los grupos de licencias comerciales. Observamos cómo es en el Grupo 9 (comercio no clasificado) donde el peso de Badajoz está muy por debajo de su significación demográfica y comercial real; un grupo en el que, por otra parte, se incluyen casi el 19% de las licencias comerciales de la región. Por otra parte, en el Grupo 1 (materias primas agrarias, productos alimenticios, bebidas y tabaco, es decir el comercio diario) su peso comercial está sólo ligeramente por encima de su significación demográfica (un 14,07% frente al 13,6% de
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Este apartado sintetiza y actualiza parte del documento ya citado, (Baigorri, 1995, T1:163-358)

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población, a nivel regional, y un 21,05% frente al 21,09% de población, a nivel provincial), siendo el grupo que totaliza más licencias comerciales en la región, un 36%. En fin, en el Grupo 8 (comercio ambulante) también es escasa la significación de Badajoz, inferior a su peso demográfico. Sin embargo, en los grupos correspondientes a productos con mayor valor añadido el peso de Badajoz se dispara ostensiblemente respecto a su significación demográfica (un 13,6% de la población regional y un 21,09% de la provincial). Estos grupos muestran cómo Badajoz es un centro comercial de primer orden a nivel regional y transfronterizo, en lo que se refiere a comercio no diario y sobre todo a comercio especializado208. Así ocurre con el Grupo 2 (textil, confección, calzado, artículos de piel, caucho, cuero y plástico), donde Badajoz abarca un 19,3% de las licencias de la región, y casi un 30% de las de la provincia. En el Grupo 3 (artículos de madera, corcho, papel y artes gráficas) acapara casi un 26% de las licencias de la región, y más de un 38% de las de la provincia. En el Grupo 4 (drogas, productos químicos, pinturas, velas, pólvora, combustibles y carburantes) desciende su peso, pero aún así alcanza un 16% del total regional y un 25% del provincial. En el Grupo 5 (venta de edificios, terrenos, materiales de construcción, cristal y vidrio, artículos de loza) alcanza casi un 17% del total regional y 25% del provincial. En el Grupo 6 (minerales, metales y sus aleaciones, transformados metálicos, excepto material de transporte y maquinaria) se alcanza el 23% de las licencias de Extremadura, y un 37% de las de la provincia de Badajoz. Y en el Grupo 7 (maquinaria de todas clases y material de transporte) se alcanza el 21,5% del total regional, y el 33,5% del provincial.

GRAFICO 22

Por otra parte, respecto del comercio diario no pueden tomarse actualmente en consideración, hasta en tanto se disponga de estudios económicos fiables, la comparación estadística de las licencias comerciales. Resulta absurdo hacer equivalente una licencia de carnicería en un pequeño pueblo de 1.000 habitantes a las de las ubicadas en centros comerciales como Pryca, Continente o Simago.

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Si sumamos los grupos correspondientes a los comercios de mayor volumen de facturación, por la cualidad de sus productos (esto es los grupos 2,3,5,6 y 7), el conjunto supone que, a nivel regional, casi un 21% de estos comercios están situados en el municipio de Badajoz, mientras que a nivel provincial se sitúan en esta ciudad más de un 32% de las licencias comerciales. A nivel provincial, y a partir de los listados detallados del Censo de Actividades del IAE, observamos nuevamente cómo en aquellas CNAE referidas a actividades de mayor valor añadido, o más especializadas, el peso comercial de la capital provincial es muy superior a su significación demográfica. Así, mientras que la población de la ciudad supone un 21% de la población total de la provincia, las actividades de comercio al menor de alimentos y bebidas suponen únicamente un 17% del total provincial, pero en lo que se refiere al comercio al mayor de muebles, o electrodomésticos, la ciudad ocupa más de un 35% del total provincial, y más de un 22,5% en el comercio al menor de esos mismos productos. Supone asimismo un 50% de los establecimientos de venta al menor de muebles y equipamiento de oficina, casi un 36% del comercio al menor de libros y papelería, etc. El análisis detallado del comercio muestra la importancia metropolitana de los mismos respecto de una amplia zona de la región y de Portugal. Así, los principales comercios de algunas zonas concretas de la ciudad (como el entorno de Puerta Palma) señalaban al ser encuestados que entre el 50 y el 60% de su clientela eran portugueses. En otros comercios minoristas el peso de la clientela portuguesa oscila entre el 10% para el comercio de papelería y librería, el 15% para las tiendas de confección y más del 30% en las tiendas de calzados o artículos de piel209. Como ya ha quedado apuntado, ha sido justamente esta función de centro comercial transfronterizo lo que ha llegado a las principales empresas del sector a implantarse (o intentar hacerlo, al menos) en Badajoz. Tanto en lo que se refiere a empresas franquiciadoras como, sobre todo, en lo que se refiere a grandes almacenes y grandes superficies. A la implantación de Galerías Preciados (Hoy El Corte Inglés) en los años ‘70 seguiría Simago (hoy absorbida por una subsidiaria de Continente). Pero ha sido en los años ‘90 cuando, al abrigo de la caída de la frontera, se ha desencadenado en mayor medida el fenómeno. Destaca la presencia de Pryca, que ya en 1994 facturaba un 30% de sus ventas a portugueses, contando desde el principio con sistemas informáticos que permiten el cobro directo en escudos así como el pago con tarjetas de crédito portuguesas. En el caso de Continente, implantado en 1996, su penetración en territorio portugués no es todavía tan intensa (entre otras razones porque entre los consumidores tiene una imagen de precios superiores a los de Pryca, así como por las mayores dificultades que los portugueses encontraban al principio para el pago inmediato con sus tarjetas de crédito), pero las encuestas realizadas a clientes han permitido estimar, en 1997, la presencia de público portugués en torno a un 3% de la clientela total los días de diario, y en torno a un 12% los sábados. Tanto Pryca como Continente, por otra parte, realizan sus campañas publicitarias (incluyendo el buzoneo doméstico) por igual en el entorno español y portugués de Badajoz, y sus sistemas de reparto de muebles y electrodomésticos cubre buena parte del Alentejo210. En lo que al resto de los servicios se refiere el esquema observado en el comercio se acentúa. Atendiendo al Censo de Actividades sujetas al IAE, observamos cómo el porcentaje de licencias en la capital, respecto del total provincial, es incluso ligeramente superior a su peso demográfico (20,8 frente a 20,1).
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Por el contrar io otros minoristas, como los de muebles, sufren fuertemente la competencia del comercio portugués, hacia el que se desvía una buena parte de la demanda local.
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Los datos sobre Pryca proceden de (Baigorri, 1995, T. 1: 192), y los de Continente de la entrevista realizada a su director comercial en 1997.

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Pero, sobre todo, destaca el hecho de que los servicios más sofisticados, especializados y con mayor valor añadido se concentran en la capital, en unas proporciones que no tiene nada que ver con el dato escueto del número de licencias. Esto es especialmente visible en aquellas actividades en las que el número de licencias es muy pequeño, concentrándose la mayoría en Badajoz. Así ocurre con los restaurantes (casi un 28%), servicios de guarda, limpieza y engrase y descarga de vehículos (25,5%), agencias de viaje (40%), intermediarios del transporte o servicios de mudanzas (33% en ambos casos), teléfonos y telecomunicaciones (89%), instituciones de crédito distintas de los bancos y cajas de ahorro (44%), compañías aseguradoras (67,5%), servicios auxiliares financieros y de seguros (46%), servicios de propiedad inmobiliaria (33%), servicios jurídicos (35%), gabinetes técnicos (50,5%), servicios de publicidad y relaciones públicas (43%), explotación electrónica por cuenta de terceros (53%), estudios de mercado (60%), cobradores de deudas (80%), alquiler de bienes de producción y consumo (23,2%), servicios de limpieza (56%), clínicas y servicios sanitarios (44%), explotación de máquinas automáticas (75%), agencias de servicios domésticos (100%), agencias matrimoniales (100%), organización de congresos (100%), otros servicios superespecializados (49,5%), y un largo etcétera. En el caso de los servicios, la función de mesópolis transfronteriza se pone de manifiesto nuevamente al analizar la composición de la clientela. Aunque lamentablemente no se disponen de estudios detallados al respecto, algunos datos procedentes del Estudio Socioeconómico de Badajoz, así como datos aislados ofrecidos por algunas empresas nos muestran que, efectivamente, una parte importante de la clientela de los servicios procede no sólo del entorno regional sino también del entorno transfronterizo. Así, aunque en la actualidad por la tendencia general a la unificación de los intereses en el marco de convergencia hacia el euro, se ha reducido su importancia, durante muchos años la Banca local ha captado numerosos recursos portugueses. Aunque reticente a aportar esta información, hemos conseguido datos, referidos a 1996, de uno de los principales consorcios bancarios que opera en la ciudad. A través de estos datos hemos podido observar cómo el volumen de cambio de moneda se ha venido reduciendo sistemáticamente, debido a la generalización del pago con tarjetas de crédito211: entre 1992 y 1996 se pasó en ese banco de 450 á 150 millones de pesetas. Pero el dato más importante es la existencia, en 1997, en dicho banco, de aproximadamente 200 clientes portugueses, con unos depósitos que superaban los 400 millones de pesetas212, la mayor parte de los cuales procedían, según las estimaciones del propio banco, del dinero negro. Otras fuentes han estimado en un 3% el volumen total de clientes portugueses, y en términos dinerarios se ha estimado en un 30% el volumen de recursos ajenos procedentes de Portugal de algunas de las oficinas bancarias de la ciudad (Baigorri, 1995:T1:211). No obstante, como se ha señalado, esta situación está variando sustancialmente a medida que se ha perdido el trato fiscal favorable que esos depósitos tenían en España, y a medida que Madeira se viene consolidando como paraíso fiscal. Por otra parte, la presencia de portugueses en otros servicios de uso cotidianos abunda en la consideración de la ciudad como núcleo mesopolitano transfronterizo. Las encuestas realizadas en el marco del Estudio Socioeconómico de Badajoz nos mostraban una presencia de portugueses de en torno a un 10% en los pubs y establecimientos de diversión nocturnos, así como en torno a un 5% en el caso de las peluquerías o de los servicios fotográficos, entre otros.
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De hecho, buena parte de los ‘cambistas’ que operaban por libre en las calles de la ciudad, cerca de las zonas comerciales, han desaparecido en los últimos años.
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No obstante, la mayor parte de estos clientes no son de las zonas vecinas de Badajoz, sino de Lisboa y su entorno.

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Los servicios avanzados, o el cuaternario incipiente de badajoz
Los subsectores del Terciario que hemos analizado hasta este momento constituyen la quintaesencia de la ciudad. La concentración del comercio y servicios a las personas y a la comunidad caracterizan a las concentraciones humanas que hemos dado en denominar ciudades, y en consecuencia constituyen un aspecto fundamental de la economía y la sociedad pacense. Sin embargo, el concepto de ciudad es ya insuficiente para analizar categorías urbanas muy distintas, que con el desarrollo de la Sociedad Industrial, y luego con el incipiente proceso de aparición de una Sociedad de la Información, han hecho su aparición en el espacio de desarrollo de los países más avanzados. Más allá de los conceptos -esencialmente geográficos- que hacen referencia más bien al tamaño del espacio urbano, como son los de metrópolis, megalópolis, e incluso ecumenópolis, hay que atender a las características estructurales, y sobre todo funcionales, de las ciudades, para definir su grado de evolución, adaptación, y sobre todo capacidad para enfrentarse a los profundos cambios globales, tanto sociales como tecnológicos y económicos, que ahora se están produciendo en el mundo. La determinación del grado en que Badajoz responde al modelo de mesópolis transfronterizo que hemos propuesto nos lleva a intentar percibir hasta qué punto la ciudad camina en la dirección que, en términos globales, parece conducir la evolución de las metrópolis del mundo. Y, en este sentido, se hace imprescindible atender al grado de implantación en Badajoz de algunos de esos subsectores estratégicos que, directa o indirectamente relacionados con la producción, acumulación y distribución de conocimiento e información, han dado en denominarse el cuaternario. Para ello atenderemos a una serie de sectores estratégicos: los servicios a empresas, tanto los de carácter administrativo y de gestión como los tecnológicos; la industria de la información, que constituye hoy día un claro indicador del desarrollo de los sectores avanzados en las ciudades; lo que hemos denominado la industria del conocimiento y el crecimiento personal, en referencia a todos los sectores relacionados con la educación, reglada o no reglada, básica o permanente.

Los servicios de asesoría y gestión a empresas
Una de las singularidades más características de este sector es la permeabilidad de las fronteras existentes entre los servicios prestados por unos y otros profesionales, es decir que en un porcentaje muy amplio, se ofertan por estos profesionales la totalidad de los servicios que comprende sector, ya sea el campo laboral, fiscal o de gestión de documentos y ello, en algunos casos pese a que en principio tributen bajo uno solo de estos epígrafes, no tengan la titulación y licencia requerida para su prestación, o tan solo publiciten un servicio específico. Es el caso especialmente de las Gestorías Administrativas, Graduados Sociales y Asesoras Jurídicas. En el caso de las Gestorías Administrativas, la práctica totalidad de las Gestorías del municipio son locales y pequeñas, con un número medio de 3 empleados por establecimiento. Asimismo, su clientela es básicamente de ámbito local, aunque con singulares oscilaciones, motivadas por la especialización en un determinada tipo de tramitación o de documentos. Se ha estimado que un 85% de la clientela es local, y el resto de los municipios del entorno mesopolitano. Respecto a Portugal, aunque a medio plazo los gestores consultados creen que se generará una demanda, en la actualidad solo se prestan servicios a empresas españolas aunque sean de capital portugués. Por su parte, las asesoras fiscales (incluyendo las asesorías contables, mercantiles, - 178 -

financieras y de empresa), que se estimaban en 1994 en más de 60, son en el 90% de los casos de capital local, y con un único establecimiento; la cifra media de empleados de cada establecimiento del subsector contando a los profesionales titulares de la explotación es de cuatro, aunque este es un índice relativo debido a que aproximadamente la mitad de las asesorías fiscales ofrecen también servicios de asesoría laboral. En lo que se refiere al destino de los servicios ofertados, viene a coincidir básicamente con la muestra de las Gestorías Administrativas, y es que estos servicios de asesoría y gestión tienen una clara vocación local, debido sobre todo a su tamaño y al de las empresas y profesionales a los que atienden, muy reducido en nuestro municipio. Igualmente los servicios fronterizos con Portugal son inexistentes en el estricto ámbito de las Asesorías Fiscales, a no ser las relativas a empresas portuguesas radicadas en Badajoz, cuyo número esta aumentado en los últimos años, sobre todo en el sector textil y en las empresas de restauración. En fin, respecto a las asesorías jurídicas no responden a titulo específico alguno oficialmente homologado, pese al uso creciente de la misma. En el conjunto nacional los gabinetes han alcanzado un gran desarrollo, coincidiendo con el momento en que el sector servicios adquiría la condición de mayor influencia en la economía, y por motivos de posicionamiento estratégico en el mercado, habiéndose puesto ya en marcha un proceso de especialización de los despachos, que da lugar a denominaciones como Estudios, Asesorías, Consulting, etc... Sin embargo, en Extremadura el sector primario de la agricultura y ganadería sigue teniendo un peso específico muy importante en la economía, lo que sin duda incide, por el factor tradicional y conservador asociado al sector primario, en la denominación clásica y tradicional de Despacho de Abogados, puesto que en buena medida es demandante de estos servicios. En los últimos cuatro años han aumentado en un 77% el número de Abogados ejercientes en la ciudad de Badajoz, pasando de 205 a los actuales 317. Es evidente que la demanda de estos servicios en la ciudad, aunque ha aumentado, no ha crecido en ningún caso a este ritmo galopante de la oferta, sino que obedece más bien a factores externos, como son la popularización general de los estudios universitarios y en particular los de Derecho, y creciente austeridad en el gasto público, congelándose las oposiciones, con el consiguiente trasvase al ejercicio de otras profesiones como Abogado y Procurador, para cuyo acceso no se requiere, en principio, además del título, más que la colegiación. Como sucede en todo el sector, la inmensa mayoría (90%) de los despachos abiertos en Badajoz, son de carácter local y únicos, aunque el ámbito de su actuación, por la propia jurisdicción del colegio profesional es provincial; el número de empleados asalariados del sector no llega ni tan siquiera a la cifra de uno por cada abogado, en lo que incide por un lado, la escasa necesidad de personal en los despachos con un importante volumen de trabajo (que salvo excepciones contadas, le llevan a contratar exclusivamente un trabajador para el desempeño de las labores administrativas), y por otro lado, en los despachos con menos volumen, generalmente los que llevan menos tiempo abiertos, o bien, contratan a trabajadores a media jornada o bien realizan los mismos profesionales las tareas administrativas. El destino de los servicios de asesoramiento y defensa jurídicas demandados, está en relación con el volumen de actividad. Así, de los radicados en la ciudad de Badajoz que tienen un mayor volumen y dependiendo, claro está, de la especialidad que oferten, el ámbito provincial puede llegar a abarcar hasta un 40% o 50% de los asuntos, el regional un 10%,y el otro 50% el mismo Badajoz, mientras que los despachos con menos volumen se circunscriben casi exclusivamente al ámbito local de la ciudad; en el apartado de Portugal, salvo algunas despachos contados que tienen relaciones y acuerdos con otros Abogados portugueses, de Elvas generalmente, para - 179 -

interesarse recíprocamente asuntos de nacionales que deban decidirse en la jurisdicción del otro país, lo que en ningún caso supera la cifra del 5% del volumen de actividad, las relaciones se circunscriben a las mantenidas como asesores legales de empresas portuguesas radicadas en Badajoz. Respecto a los servicios de Graduados Sociales, según los datos del Colegio Provincial de Graduados Sociales de Badajoz, existían en 1993 en Badajoz 21 Graduados Sociales colegiados como ejercientes libres radicados en la ciudad, mientras que los colegiados no ejercientes se aproximaban al centenar. Dentro del grupo de los Graduados Sociales colegiados como ejercientes, el número medio de empleados es de 4, aunque no es muy indicativo de la situación media del conjunto por las oscilaciones tan importantes de la muestra -algunos no tienen empleados, mientras que un único Graduado tiene 16 empleados-; la totalidad de los establecimientos de la muestra son de carácter exclusivamente local si bien algunos de los más antiguos han tenido otros centros abiertos en otros núcleos urbanos de la provincia que en la actualidad han pasado a otros profesionales allí radicados. Estos profesionales más antiguos todavía mantienen en torno a un 30% de la clientela en el conjunto provincial, pero entre el resto este porcentaje rara vez sube del 10%. En los últimos años han hecho su aparición, por ahora tímidamente, otro tipo de gabinetes de asesoría a empresas, que se ocupan desde el diseño de la imagen corportativa a la gestión de trabajo temporal, al amparo de la reciente legislación sobre este tipo de empresas como agentes intermediarios en el mercado laboral213. Asimismo, han aparecido algunas empresas que agrupan servicios generales a la empresa (desde organización de congresos, o servicio de azafatas, hasta mensajería y seguridad integral) que más intensamente orientan su oferta al ámbito metropolitano de la ciudad, no limitándose al mercado local. Por otro lado, y analizando las páginas amarillas telefónicas, detectamos una serie de servicios que únicamente aparecen en Badajoz y que consolidan esta función de la ciudad como centro de comercio y servicios: así la existencia de un detective privado, de varias empresas de seguridad (de las 16 que aparecen en toda la provincia, la mitad están radicadas en Badajoz), fabricantes de sellos de caucho (las dos únicas empresas de la provincia radican en Badajoz), o de maquetas, etc. Sin embargo, siguen faltando en la ciudad toda una serie de importantes servicios indicadores de un fuerte desarrollo económico y social. En unos casos resulta evidente que la escala en que nos movemos no permitiría rentabilizar dichas inversiones; sin embargo, en otros muchos casos lo que se pone de manifiesto ante la inexistencia de tales servicios es la falta de iniciativa empresarial, especialmente en aquellos sectores que, en los últimos años, han realizado una rápida e intensa acumulación de capital -como es el sector de la hostelería nocturna, entre otros-, pero están diversificando muy lentamente sus inversiones.

La asistencia y la consultoría técnica. El ‘know-how’ local
Si los servicios avanzados marcan el tono de la incorporación de una sociedad al proceso de cambio y a la modernidad tecnológica, económica y social, el estado de la asistencia y la consultoría técnica constituye uno de los mejores indicadores de ese tono. Sin embargo, la diversidad profesional, técnica y empresarial que caracteriza a estos servicios, hace prácticamente imposible su análisis sin una dedicación a los mismos de carácter monográfico, a través de una encuesta específica y de carácter sistemático. De hecho, en casi todos los campos profesionales en que la asistencia y la consultoría se producen hallamos una
A finales de 1998 existen ocho empresas de trabajo temporal radicadas en Badajoz, si bien alguna de éstas no dispone ni siquiera de oficina de representación.
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práctica profesional libre, junto a empresas especializadas, de carácter personal o societario, pero asimismo hallamos en muchos casos la presencia de técnicos y especialistas de estos temas integrados laboralmente en empresas en las que la asesoría es imprescindible, pero no dedicadas propiamente a dicha actividad. Por otra parte, hallamos un fenómeno que, como nos ocurrirá al analizar el sector de la salud, no deja de ser característico, como es la compatibilidad del trabajo en la Administración, como técnico especialista en cualquiera de estas materias, con el ejercicio libre, no siempre en los términos que exige la legislación sobre incompatibilidades, y ni siquiera siempre de acuerdo a la legislación fiscal. En mucha mayor medida hallamos esta situación en las instituciones universitarias. En fin, se da el caso de profesionales y técnicos que, por su juventud o por la escasez de trabajo, funcionan por completo en términos de economía sumergida, bien al amparo de otros profesionales o bien en la más completa ilegalidad. De ahí las dificultades intrínsecas de acometer una investigación sobre este sector, sin una dedicación más intensa y con mayores plazos. Así y todo, hemos creído necesario aproximarnos a esta realidad siquiera en lo que constituiría una introducción. Para ello nos basaremos en la explotación de las Páginas Amarillas de CETESA, como fuente que consideramos más fiable por cuanto en ellas aparece todo aquel que directa o indirectamente se ofrece al público como capacitado para la realización de una tarea determinada. Es una fuente, en este sentido, funcionalmente más útil que los colegios profesionales, pues en éstos no siempre se conoce la situación efectiva de los asociados (vinculación a la administración, trabajo asalariado en empresas, ejercicio libre, no ejercicio funcional...), y aún en la conciencia de las dificultades derivadas del ya señalado retraso con que se publica esta -poco utilizada, pero extremadamente útil- fuente de datos. Hemos recogido, además de los datos correspondientes a la Guía 94-95 (la más reciente), los de la Guía 93-94 y los de Guía 92-93, con el fin de observar si de un año a otro se han dado cambios sustanciales. Y a la vista de los datos se percibe que el grado de concentración en la capital provincial de los servicios técnicos más avanzados es muy superior a la del comercio o los servicios personales o comunitarios (equivalente a 2,5 veces su peso demográfico). La segunda ciudad de la provincia, a pesar de ostentar la capitalidad regional, está muy alejada de Badajoz tanto en términos absolutos como relativos. Y en todos los sectores considerados se da la misma situación, con desigual intensidad. Por otra parte, se percibe como de un año a otro el porcentaje de se mantiene estable, en torno al 50%. Ciertamente, Badajoz se constituye así en la capital del conocimiento no sólo de la provincia, sino también de la región. En la ciudad se concentra (además de la Universidad y algunos centros de investigación) el sector que, sin duda alguna, en mayor medida posibilita el desarrollo de nuevas actividades, la modernización de las empresas, la capacidad tecnológica del mercado. No debemos olvidar, no obstante, que en buena parte todo este aparato de consultoría depende del gasto de las Administraciones. El sector privado pacense no tiene, todavía, capacidad o imaginación para utilizar toda la capacidad técnica con que cuenta la ciudad. Por otro lado, se trata de sectores muy inorgánicos, condicionados en la mayoría de los casos por el carácter corporativista (sólo a través de los colegios profesionales participan asociativamente), sin asociacionismo empresarial y sin relaciones mutuas en la mayoría de los subsectores, lo que impide hoy por hoy una sinergia positiva. Asimismo, se trata de sectores que cada vez en menor medida crean empleo (las nuevas incorporaciones se hacen en términos de autoempleo), ya que la tecnificación (fundamentalmente informática, y que alcanza ahora a la cartografía digitalizada) conduce, por el contrario, a la amortización de empleos tradicionales del sector como los delineantes, auxiliares administrativos, etc. Salvo en algunas pocas empresas de - 181 -

ingeniería, y escasísimos estudios de arquitectura, el régimen de trabajo es semiartesanal. Sin embargo, es previsible que a corto plazo asistamos a una cierta reordenación de este sector. La nueva legislación de colegios profesionales, la profundización de las relaciones transfronterizas y comunitarias en general, así como los propios procesos de tecnificación, influirán en estos cambios, aunque es todavía pronto para prever la dirección de los mismos.

Un desierto informático y telemático aceleradamente colonizado
La informática ha dejado de ser el caballo líder que se suponía iba a ser en el nuevo relanzamiento económico de las sociedades desarrolladas. Se ha mostrado ya únicamente como un complemento necesario, pero insuficiente, dadas las dificultades para desarrollar productos propios fuera de las grandes tecnópolis informáticas del mundo. El intento informático que en Extremadura supuso en su día la planta de montaje de microordenadores domésticos Dragon acabó con muchos sueños al respecto. Sin embargo, tampoco cabe duda alguna de que la presencia de un fuerte sector informático es indicativo de que de una ciudad participa de los nuevos sectores punta de la economía. Y esto no puede decirse, en modo alguno, de Badajoz. El peso del sector en la ciudad es todavía minúsculo, más aún si tenemos en cuenta que, en no pocos casos, los distintos epígrafes recogen en realidad a las mismas empresas, que se anuncian como suministradoras de una excesiva diversidad de productos. Esta escasa especialización es sin duda la primera muestra de la baja calidad general del sector en la ciudad; de hecho, al analizar el resto de los sectores se han recogido repetidas quejas sobre las carencias existentes, la falta de preparación técnica de los suministradoras, la baja calidad y los excesivos precios de los servicios de mantenimiento y reparación, etc. Hasta principios de los ‘90, la ciudad se movía, en términos informáticos, en un régimen de oligopolio, regido por dos o tres grandes empresas que sin embargo ofrecían muy poca diversidad de servicios y productos, y para las que -salvo notables excepciones- el gran negocio eran los cursos de informática, a menudo subvencionados por el INEM o el FSE. Sin embargo, en la segunda mitad de los ‘90 la situación ha cambiado radicalmente. La aparición de numerosas franquicias ha introducido interesantes factores de competencia en el sector, así como la presencia de grandes almacenes y sobre todo grandes superficies. Por otra parte, la existencia en Mérida y Cáceres de carreras informáticas ha generado una masa crítica de profesionales que han contribuido a modernizar la informatización de la ciudad. Junto a ello, asistimos en los últimos dos o tres años a una creciente presencia de empresas especializadas en las telecomunicaciones. Tanto en este caso, como en el de la informática, su mercado se extiende también al otro lado de la frontera, aunque todavía débilmente debido a la menor capacidad adquisitiva de los consumidores portugueses214.

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En la guía de páginas amarillas de la provincia correspondiente a 1993/94 el 50% de los establecimientos de la provincia relacionados con las nuevas tecnologías estaban en Badajoz; en la última (94/95) el porcentaje se elevaba al 53,3 %.

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GRAFICO 23

La industria de la información
La industria de la información, que da empleo a más de 300 personas en Badajoz y contribuye fuertemente a la economía local, es también, sin duda alguna, paradigmática de las funciones metropolitanas que cumple la ciudad. Además de 5 gabinetes de prensa y comunicación (número que se ha incrementado sensiblemente en los últimos años), existían 5 emisoras de radio, 1 diario y la delegación de otro diario, editado en Cáceres, varios periódicos no diarios, 7 revistas periódicas, casi todas ellas especializadas, dos editoriales privadas y tres servicios públicos de publicaciones, dos emisoras locales de televisión (una de ellas por cable), y 5 agencias de publicidad. La proyección transfronteriza de la industria de la información se pone de manifiesto muy especialmente a través de la existencia de dos publicaciones específicas que utilizan los dos idiomas indistintamente y que específicamente están orientadas como publicaciones transnacionales: la revista de literatura ESPACIO ESCRITO, editada por la Diputación de Badajoz, y el boletín O PELURINHO, editado por el Ayuntamiento y dedicado a la cooperación transfronteriza. Por otra parte, aunque no se dispone de datos fiables al respecto

La salud como sector económico
La Salud se manifiesta de forma creciente como uno de los subsectores del Terciario más importantes. Especialmente cuando cuentan con Facultades de Medicina (como es precisamente el caso de Badajoz), o centros de investigación médica, algunas ciudades han encontrado incluso, en el sector de la Salud, su perfil específico; no sólo en la medida en que centralizan servicios de atención a un amplio hinterland, por mera racionalización administrativa, sino porque incorporan incluso una oferta de servicios que va mucho más allá. En el caso de Badajoz creemos que estamos en un proceso de especialización en este sentido. A pesar de la descentralización sanitaria realizada por las Administraciones Públicas, especialmente a lo largo de la última década, que ha supuesto la creación de varios hospitales comarcales, así como la dotación de numerosos centros asistenciales de diverso rango en toda la provincia, la capital provincial ha seguido constituyendo un centro de referencia de primer orden no sólo para la atención de especialidades que la Sanidad Pública no tiene capacidad para descentralizar, sino también para la atención médica en el campo de la Sanidad Privada. - 183 -

La importancia provincial y regional de Badajoz, en cuanto al personal se refiere, ha descendido, pero se ha mantenido (e incluso se ha incrementado a nivel provincial) en lo que a dotaciones, si entendemos las camas hospitalarias como un índice de las mismas, se refiere. Nuevas especialidades y servicios se han puesto en marcha en los últimos años, en la capital provincial; por citar algunas de las más importantes: Medicina Intensiva (1984), Psiquiatría (1986), Reumatología, Angiología y Cirugía Vascular (1987), Dermatología, Neurocirugía (1988), Inmunología, Alergia Medicamentosa, Infecciosos, Unidad de Transplantes, Tomografías Computarizadas, Angiografía Digital (1989), Oncología Clínica, Centro Periférico de Diálisis, Diálisis, UCI Pediátricos (1990), Farmacología Clínica (1992), etc. Y, sobre todo, en los últimos años han hecho su aparición importantes inversiones en medicina privada, construyéndose dos importantes clínicas privadas que atienden no sólo la demanda local sino también provincial y transfronteriza. En (Baigorri, 1995) hemos estimado en torno a 4.200 personas la población activa vinculada al sector de la Salud, de las cuales unas 3.200 están ocupadas (la tasa de paro en el sector, según estos datos, está por tanto en torno a un 22%, muy por debajo de la media local). Esto es, casi un 9% de la población activa del municipio pertenecería al sector de la Salud, lo que efectivamente le convierte en un sector no sólo importante, sino básico en la economía local. Por otro lado, este sector manifiesta una especial vocación transfronteriza. Durante años, mujeres portuguesas (incluso desde Évora, que dista 110 kms) han acudido a dar a luz a los hospitales de Badajoz, las más de las veces simulando que se trataba de una urgencia al encontrarse en la ciudad. Aunque no hemos podido conseguir datos fiables sobre la cuestión, todos los servicios médicos consultados coinciden en este hecho. La reciente construcción de un servicio de maternidad en Elvas ha reducido, no obstante, la utilización de este servicio en Badajoz, pero siguen siendo intensamente utilizadas por la población portuguesa otras muchas especialidades215, tanto en la medicina privada como en el sector público. No en balde, Badajoz se constituye en el principal centro de salud dentro de un radio de 200 kms.

La industria del conocimiento y el crecimiento personal
Cuando se dice que Badajoz es una ciudad universitaria no se es siempre consciente de lo que ello significa en términos económicos. Disponer de Universidad supone, ciertamente, contar con una infraestructura básica que puede -sólo puede- coadyuvar al desarrollo acrecentando la formación de la población y aumentando su motivación hacia el éxito. Pero, además de todo ello, la Universidad es en sí misma una gran empresa, que crea empleo y atrae consumidores desde puntos lejanos hasta la ciudad. Junto a la Universidad, en las grandes ciudades se desarrolla toda una industria -y lo denominamos así en la medida en que transforma recursos naturales, población virgen en conocimientos, incorporándoles el valor añadido de la formación- que constituye en conjunto un importante subsector -que, más que pertenecer al Terciario, al amorfo sector servicios, pertenecería al emergente sector Cuaternario, o sector informacional-. Debemos por tanto acercarnos en la medida de lo posible a esa realidad en el municipio objeto de estudio. El conjunto del sector de la enseñanza, tomada en su sentido más amplio, tiene un peso importante en la economía de la ciudad. La encuesta sobre mercado de trabajo realizada en el marco del Estudio Socioeconómico de Badajoz estimaba el empleo directo generado por el sector, entre docentes y no docentes, por encima de los 3.200 puestos de trabajo (de los cuales
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Durante años, una excepción han sido los dentistas, cuyas tarifas eran considerablemente más bajas en Portugal, lo que ha llevado a muchos pacenses a utilizar dichos servicios en el país vecino.

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al menos 2.500 serían docentes), a los que habría que añadir una cifra que podría rondar el centenar de empleos sumergidos, así como una cifra importante de empleo inducido en subsectores del Terciario fuertemente vinculados (papelería, librería, limpieza, mantenimiento...). La enseñanza (o como la hemos denominado aquí, la industria del conocimiento y el crecimiento personal) constituye por tanto uno de los sectores claves de la socioeconomía local, que por lo demás se proyecta especialmente en su hinterland de influencia. Así, varios colegios de la ciudad cuentan con alumnos portugueses procedentes de Elvas, a quienes los padres trasladan a diario a Badajoz. Asimismo la Universidad cuenta con algunos (muy escasos todavía) alumnos procedentes de Portugal, sobre todo en los cursos de Doctorado, dada la dificultad de obtención de este grado en aquel país. En la actualidad existen en Badajoz 80 centros educativos, que suponen algo más de un 10% de los existentes en la región y un 19% de los de la provincia; lo cual coincide aproximadamente con la importancia demográfica del municipio. Sin embargo, y en relación con la importancia económica del sector y la función metropolitana de Badajoz, conviene señalar que de los centros citados 34 son privados, suponiendo casi un 28% del total de centros privados de la región, y un 42% del conjunto provincial. Respecto a la Universidad, en el semidistrito de Badajoz (no todos los centros de la Universidad de Extremadura (Uex) están ubicados en el campus) cursan estudios casi 10.000 alumnos. Con casi 600 profesores y más de 300 empleados, la Universidad de Extremadura se constituye así en el principal centro ‘productivo’ de la ciudad. Si bien la división de la Uex en dos semidistritos ha dificultado la consolidación de la función universitaria de Badajoz, ya que durante muchos años los estudios de ‘letras’, humanidades y sociales se han localizado en el semidistrito de Cáceres, con excepción de Magisterio. Actualmente sin embargo está situación está empezando a cambiar, con la implantación en Badajoz de titulaciones como Economía, Psicopedagogía, Biblioteconomía y Documentación y, a corto plazo, Comunicación Audiovisual. Con ello, aunque tímidamente, se está corrigiendo el fuerte sesgo de ‘campus de ciencias’ que caracterizaba al de Badajoz. Por otra parte, además de los colegios privados hay que señalar la existencia, atendiendo a las altas del IAE, de casi un centenar de centros dedicados a las más variadas enseñanzas regladas y no regladas, en la mayor parte de los casos de utilidad profesional. El tipo de enseñanzas predominantes con las de informática, idiomas, mecanografía, formación administrativa, peluquería, corte y confección, baile, etc. Entre estos centros hay que destacar la existencia de una empresa que ofrece un título superior en Administración de Empresas, no homologado, en términos de franquiciado.

Ocio y turismo
La ‘industria del ocio’ constituye sin duda en Badajoz la mejor expresión de la función de mesópolis transfronteriza que atribuimos a la ciudad. Por una parte, funciona como centro recreativo de un extenso hinterland que incluye un radio de en torno a 100 kms dentro de Portugal, y por otro viene funcionando desde hace décadas como punto de conexión turística imprescindible con Portugal. Mientras las fronteras estaban en pie, Badajoz funcionó durante muchos años como base de operaciones de los numerosos turistas que acudían a Elvas a comprar productos portugueses (textiles, bronces, muebles....). A medida que el turismo de playa ha venido incrementándose en Portugal, Badajoz ha funcionado también como última parada en España para muchos turistas que se dirigían hacia las playas portuguesas. A partir de la caída de la frontera y de la construcción de la autovía Madrid-Badajoz (más aún desde la construcción incompleta de la autovía Badajoz-Lisboa) está - 185 -

función se ha reducido sustancialmente, pero no ha desaparecido todavía, como se ha puesto de manifiesto en 1998, cuando más de 5.000 visitantes de la Exposición Universal de Lisboa permanecieron alojados en Badajoz, acudiendo a visitar la Expo en autobuses desde Badajoz. Entre tanto, y en el marco del fuerte desarrollo turístico del conjunto de la región, así como gracias a la construcción de dotaciones de ocio especializadas, como el campo de golf, Badajoz ha venido convirtiéndose en destino turístico específico, aunque de poca importancia, así como en base de operaciones para el desarrollo de ciertas prácticas en su hinterland (como la caza). En cualquier caso, los análisis realizados sobre la ciudad han evidenciado un desequilibrio del sector turístico en relación al resto de sectores económicos, así como han señalado, sobretodo, la existencia de grandes potencialidades dentro de este sector que la ciudad aún no ha conseguido poner en marcha. La ubicación periférica de la ciudad ha impedido durante décadas la difusión de las riquezas patrimoniales y naturales de la provincia, en su conjunto, y de la capital en particular. Esta situación marginal es, en sí misma, un evidente obstáculo a la afluencia turística; y ha condicionado el que todavía hoy, cuando ya no puede hablarse de marginalidad comunicacional (especialmente en la medida en que se sitúa en el corredor de paso de los crecientemente importantes flujos turísticos hacia Portugal), Badajoz sigue definiéndose sin embargo, esencialmente, como ciudad de paso y escala, y no de destino preferente. Pero ha tenido una incidencia mucho mayor que el aislamiento geográfico tanto el sistemático destrozo de los bienes histórico-artísticos de la ciudad (empezando por su conjunto amurallado), como el propio desprecio hacia los propios recursos del que hasta fechas recientes han hecho gala las fuerzas vivas de la ciudad, incluidas las culturales. Sin embargo, debemos recordar una vez más que la ciudad de Badajoz se ubica en el centro de un triángulo que concentra casi diez millones de habitantes, y que los flujos turísticos se direccionan hoy condicionados menos por las distancias entre los puntos de origen y destino, que por el peso específico que supongan los recursos patrimoniales y de interés de las ciudades. De hecho, la ciudad de Badajoz cuenta con recursos patrimoniales declarados históricos y de interés nacional desde los años 30. Las infraestructuras de acceso a la ciudad se han mejorado e incrementado en la última década; la finalización de la autovía de Extremadura (N-V), o la creación del aeropuerto civil, son factores positivos que en conjunto vienen a facilitar la llegada de viajeros. Badajoz capital tiene una oferta hotelera importante y proporcionada a la ciudad de servicios que la define: 2 de cuatro estrellas, 2 de tres estrellas, y otros 2 de dos estrellas, 6 hostales y 6 pensiones. Aunque, sin embargo, Badajoz no ofrece ninguna otra oferta diferenciada ni complementaria del alojamiento hotelero; no existiendo campings o albergues para otro tipo de demandas, más asequibles económicamente para los jóvenes. Paralelamente a los servicios de hostelería existe una oferta diversificada de servicios de restauración. En Badajoz está registrada la presencia de 80 restaurantes en la ciudad, además de otros 16 en los poblados de colonización. Naturalmente, a este número hay que añadir una cifra indeterminada de establecimientos que, aún no contando con la categoría de restaurante, cumplen esta función a todos los efectos: tanto bares dentro de la ciudad como, sobre todo, ventas ubicadas en el suelo rústico. Los datos de la Oficina Municipal de Turismo sobre visitantes desde su apertura en 1993 apuntan de hecho a un crecimiento importante en el número de turistas. Entre 1993-1994 se pasó de 15.000 a 20.000 visitantes, suponiendo un aumento del 30%, especialmente significativo en un periodo de recesión económica. En el año 94 el 80% de los turistas que eligieron Badajoz como destino (o escala) y pasaron por la Oficina de Turismo eran españoles, colectivo que creció - 186 -

en un 17,5% respecto al año anterior. Pero es el aumento en el número de visitantes extranjeros el que destaca especialmente, habiendo crecido en un 128% en un sólo año. Hasta mediados de la década de los ochenta, la oferta lúdico-cultural de la ciudad se basaba en cuatro salas de cine, los festivales anuales de teatro y folklore y las diversas exposiciones de pintura del Colegio de Arquitectos y la obra cultural de la Caja de Ahorros de Badajoz. Estas actividades se vieron diezmadas cuando hacia 1985 cerraron prácticamente todas las salas de cine, ante la crisis del sector. Se abre así un largo paréntesis, que duraría casi diez años, y que institucionalmente se cierra con la rehabilitación del teatro Lopez de Ayala y la fundación del Consorcio López de Ayala, que gestiona el teatro. En este periodo hay que señalar la construcción del museo arqueológico en La Alcazaba, los trabajos de reconstrucción -lenta, pero sostenida- de esta fortaleza árabe, así como la construcción de un Museo Iberoamericano de Arte Contemporáneo. Pero además de la diversidad cultural que generan y dinamizan el propio Consorcio y los nuevos museos, existen un buen número de celebraciones festivas, didácticas y de ocio, repartidas a lo largo del año y que se generan en distintos puntos de la ciudad. Algunas de estas actividades se difuminan en el tiempo, apareciendo a veces y desapareciendo otras, pero forman parte de la tradición local y tienen muchas posibilidades para su plena recuperación. Por otra parte, desde la iniciativa privada, así como desde otras instituciones semipúblicas, se ha producido también, en los últimos años, una recuperación de la actividad cultural local. Se han recuperado antiguas asociaciones, y han aparecido nuevas. Las Cajas de Ahorro apoyan algunas de estas iniciativas, en buena parte como fruto de la competencia financiera: a las tradicionales actividades. Hoy Badajoz ofrece a lo largo del año un cúmulo de actividades que complementan sus recursos patrimoniales para alcanzar una oferta turística muy interesante. Diversos certámenes de música, muestras de audiovisuales e informática, semana de cine, ciclos de conferencias, ferias y fiestas populares, y ahora una notable oferta museística. Pero, sobre todo, en los últimos años se ha incrementado fuertemente la oferta de actividades de ocio y recreativas en general desde la iniciativa privada, teniendo en mente en buena parte de los casos la estratégica posición de la ciudad y su carácter mesopolitano. En los últimos años al único cine que sobrevivió a la crisis de mediados de los ‘80 se han sumado, además del Teatro Lope de Ayala (que es utilizado como cine cuando no hay acontecimientos culturales) dos multicines, estando en construcción en la actualidad un tercero (situada, no por casualidad, en la zona más cercana a la frontera); es decir, en trece años se ha pasado de una a 10 salas de cine, estando en construcción otras cinco más. Asimismo hay que citar el campo golf, el establecimiento de numerosos salones recreativos, así como la creación de parques infantiles de recreo. Junto a ello hay que señalar el fuerte desarrollo del ocio nocturno de fin de semana en la ciudad, que atrae a la población joven de un extenso hinterland, incluyendo en el mismo a Portugal. Estrechamente vinculada a la industria del ocio en su concepción más amplia está la función de Badajoz como Ciudad de Congresos, función avalada tanto por los distintos acontecimientos consolidados, como por la actividad que desarrolla la organización IFEBA (Institución Ferial de Badajoz). En lo que a Congresos se refiere, la ciudad ha alcanzado ya un nivel e intensidad equivalente al de ciudades de mayor tamaño. El desarrollo de IFEBA se basa, precisamente, en el intento de acercamiento entre Badajoz y Portugal, después de décadas de alejamiento. Es el momento de incorporación de los dos países a la CEE y en el que comienza a reducirse el control fronterizo entre los dos países. En consecuencia, el volumen de exportación e importación entre los dos países se dispara entre 1985 a 1989, pasando las exportaciones portuguesas a España de 40.156 a 196.667 millones de - 187 -

pesetas, y las españolas a Portugal de 89.540 a 327.770 millones. En este marco, no cabe duda de que el objetivo básico de hacer de IFEBA un puente comercial entre ambos países es un objetivo estratégico de primer orden, lo cual ha venido produciéndose a lo largo de los años ‘90, a través de diversos eventos periódicos. FECIEX. Feria de la Caza y la Naturaleza Ibérica que se amplía a Pesca, Equitación y Golf. Se celebra en Septiembre, y tiene una fuerte presencia no sólo de público portugués, sino también de expositores portugueses. FEHISPOR. Es la feria más importante de la ciudad, y surge específicamente como feria hispano-portuguesa. El recinto de celebración es IFEBA y la fecha durante el mes de Noviembre. El número de participantes y asistentes portugueses se viene incrementando sistemáticamente de año en año. SALÓN DEL AUTOMÓVIL CLÁSICO Y DEPORTIVO. Se celebra entre el Verano y el Otoño y en el recinto de IFEBA. FEREX. Feria del regalo y del producto extremeño. La fecha de celebración es en el mes de Diciembre y en IFEBA. MODEC. Feria del mueble y la decoración. La primera edición se realizó en el año 94. También en esta feria la presencia de expositores portugueses se viene incrementando de año en año. IBEROCIO. Es una feria esencialmente local -aunque de año en año se registran también más visitantes portugueses- dirigida a los niños y los adolescentes.

La administración, principal empresa de la ciudad
La Administración Pública constituye el motor esencial de la economía de Badajoz, si bien este hecho es un poco menos cierto a medida que algunas empresas de propiedad o fuerte participación pública (como Telefónica, Argentaria-Caja Postal, etc) vienen siendo privatizadas. Ya hemos cómo sectores cómo la sanidad o la educación (ambos mayoritariamente de titularidad pública) tienen una fuerte participación en la actividad y la ocupación. En conjunto, y en base tanto a los datos obtenidos, como a nuestros propios cálculos, podemos situar en una cifra cercana a 15.000 el total de personal ocupado al servicio de la Administración y las empresas públicas (Baigorri, 1995). Si a ello añadimos el empleo inducido directamente (suministro de bienes y servicios) por el complejo público, podríamos decir sin exageración que la economía local se basa en los recursos económicos (tanto en forma de sueldos como de gasto público) aportados por la Administración pública. Lo cual tiene cierta lógica en la medida en que la capitalidad provincial de Badajoz viene siendo desde mediados del XIX, según se ha visto en otros apartados, determinante de su economía y estructura social, si bien a la vez arroja ciertas sombras sobre la capacidad emprendedora de la ciudad.

El impacto socioeconómico de la presencia militar
Si este trabajo se baja en la consideración de Badajoz como mesópolis transfronteriza, y en los cambios que la frontera ha sufrido en los últimos años, lo cual ha determinado algunas de las nuevas funciones de la ciudad, no podemos olvidar la más importante de las funciones que Badajoz ha cumplido a través de varios siglos: la de ser plaza fuerte frente a Portugal, hito para controlar el territorio y proteger el poblamiento del Sur de Extremadura. Interesa considerar siquiera someramente la importancia que la presencia militar tiene la ciudad, pues esta presencia no sólo ha influído -e influye- fuertemente en la economía local, sino que también ha llegado a - 188 -

condicionar en numerosas ocasiones el desarrollo urbanístico de la ciudad. Sociológicamente, la presencia militar ha supuesto asimismo la conformación, a lo largo de al menos dos siglos, de un tipo especial de grupo dominante local, fruto de un largo mestizaje entre la gran propiedad agraria, el alto funcionariado, el gran comercio, el clero y el ejército. Y, en términos económicos, la presencia militar ha supuesto también, secularmente, un importante flujo dinerario que ha permitido el desarrollo y la consolidación de ciertos servicios. En la actualidad sólo tangencialmente tiene influencia en el desarrollo urbano la presencia militar; y en cuanto a la composición de los grupos dominantes, y en general la estratificación social, se han complejizado en el municipio. Sin embargo, las consecuencias económicas de la presencia militar no sólo siguen siendo importantes, sino que se han acrecentado en los últimos años, y es probable que se intensifiquen en el futuro. Además de los servicios normales, propios de la demarcación y derivados de su carácter de capital provincial, el municipio de Badajoz cuenta con una notable presencia del Ejército del Aire (que gestiona una base aérea que ha permitido disponer de aeropuerto civil con un bajo coste) y, sobre todo, del Ejército de Tierra, que cuenta con dos acuartelamientos en el término municipal y otras instalaciones complementarias. Esta presencia militar es importante desde varios puntos de vista: - De una parte, en la medida en que el Ejército proporciona una serie de puestos de trabajo directos, no sólo de carácter militar, que desarrollan su actividad en la ciudad. Esto supone una presencia permanente de cientos de familias, con empleo fijo y un status socioeconómico medio y medio-alto, que demandan bienes y servicios a la economía local. Los puestos de trabajo directos del complejo militar -militares profesionales incluídos- en la ciudad sobrepasan en la actualidad los 2.000. - De otra parte, por cuanto las instalaciones militar, especialmente los acuartelamientos, demandan asimismo bienes y servicios, tanto de suministros como de mantenimiento. - En tercer lugar, porque los miles de jóvenes que prestan su servicio militar en los acuartelamientos de la ciudad contribuyen asimismo al desarrollo de empresas locales de bienes y servicios, especialmente -aunque no únicamente- de hostelería. - En último lugar, aunque no con menor importancia, porque el complejo militar constituye, en sí mismo, un recurso utilizable por la ciudad en ciertos aspectos de formación, y que puede contribuir por otra parte a la mejora de las infraestructuras y equipamientos por vías directas e indirectas. En (Baigorri, 1995) hemos estimado el flujo monetario que la presencia militar supone en la ciudad, el cual sobrepasaría los 5.000 millones de pesetas anuales, procedentes del Ministerio de Defensa. A ello deberíamos añadir el gasto que los aproximadamente 2.500 soldados de reemplazo (así como sus familiares y amigos cuando les visitan) realizan en la ciudad, y que atendiendo a estimaciones muy moderadas, es más que probable que sobrepase los 200 millones de pesetas directamente inyectadas en los establecimientos comerciales.

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Cuarta Parte

La mesópolis de Badajoz en el contexto ibérico y europeo

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12. La permeabilización de las fronteras intracomunitarias y la extensión de la función mesopolitana de Badajoz en el territorio portugués
La formación de la mesópolis pacense guarda una estrecha relación con el proceso de incorporación de España y Portugal a la Comunidad Europea, y la consiguiente dilución de sus fronteras. Hasta que esto no ha ocurrido, la posición de Badajoz en un fondo de saco de los sistemas nacionales de comunicación ha impedido sistemáticamente la plena optimización de los efectos derivados del desarrollo social y económico de las Vegas del Guadiana. De ahí la conveniencia de que prestemos cierta atención a este proceso, para poder comprender la actual proyección transfronteriza de la mesópolis.

La metrópolis imposible
En el urbanismo y la ordenación territorial, casi todo ha sido entrevisto antes que realizado. Y no me refiero a la obviedad de que tanto el desarrollo urbano como el desarrollo regional respondan la mayoría de las veces a un planeamiento previo; sino más bien al hecho de que el futuro ha sido a menudo entrevisto, más allá de las voluntades planificadoras, por los observadores de la realidad social que aplican no sólo las técnicas de análisis prospectivo sino también la imaginación espacial y la intuición. Aunque lo que Toffler llamaba la colisión con el futuro sea permanente en las sociedades avanzadas, en realidad el futuro nunca nos coge de sorpresa, o al menos no a todos. Si miramos hacia atrás, siempre encontraremos a alguien que lo ha oteado. Ocurre, eso sí, a veces, que el futuro va más allá incluso de lo imaginado, o no llega a materializarse plenamente por la aparición de circunstancias imprevibles -la acción del caos y el azar-. En el caso que nos ocupa, a partir de 1960 se producen diversas propuestas tanto analíticas como de planificación, que suponen de alguna manera antecedentes, directos o indirectos, de nuestra interpretación sobre las funciones territoriales de Badajoz como área mesopolitana transfronteriza. En alguno de los casos considerados ha sido necesario poner sobre la mesa incluso más imaginación de la que pusieron los propios autores, para llegar a incluir la propuesta en una supuesta progresión de la idea; pero no cabe duda de que, tomadas en conjunto, todas estas propuestas analíticas o normativas nos marcan una línea que desemboca en las hipótesis que estamos desarrollando ahora en nuestro trabajo. Hemos localizado tres hitos que nos han parecido de importancia básica: a) la consideración de Badajoz como metrópolis en un estudio del Ministerio de la Vivienda de 1960; b) la propuesta de creación de una ciudad nueva, en la línea de las new town inglesas, en - 192 -

la cabecera de las Vegas del Guadiana, realizada en el Informe FOESSA de 1970; c) y las diversas propuestas en torno a la creación de un polo de desarrollo transfronterizo Badajoz/Elvas planteadas también a partir de 1970 por Manuel Martin Lobo, e incorporadas en parte por los Consejos Económico Sindicales de la época A mi modo de ver, una serie de temas, estrechamente interelacionados entre sí y de gran importancia en la época a que vamos a referirnos, están en la base de los antecedentes que vamos a revisar: a) desde una perspectiva local, la atención que entre 1960 y 1975 se presta al proceso de desarrollo y consolidación infraestructural del Plan Badajoz b) el boom sociológico sobre la urbanización del mundo, planteado a partir de los trabajos de Kingsley Davis c) la explosión de literatura sobre la planificación y el desarrollo regional en general, así como sobre la ordenación territorial y los sistemas de ciudades d) el diseño e implementación de los Planes de Desarrollo Económico y Social, y la atención prestada a la política de Polos de Desarrollo En cualquier caso, debemos diferenciar la consideración de estos tres hitos, estrechamente relacionados con nuestro objeto empírico de estudio, de las distintas teorías e interpretaciones que se han venido sucediendo sobre el sistema urbano peninsular, y a las cuales prestaremos atención en la tercera parte de este documento.

La metrópolis española nº 26
En 1960 el Centro de Estudios Sociales publica el documento La concentración urbana en España, que recoge entre otros el intento de Díez Nicolás de determinación de la población urbana en España (Díez Nicolás, 1960), corrigiendo los criterios censales del INE de considerar como urbana a la población residente en municipios de más de 10.000 habitantes, e introduciendo los criterios que venían siendo asumidos por la Sociología Urbana en los Estados Unidos. Es decir, añadiendo al criterio unidireccional de la demografía el criterio funcional o económico. Con lo que se pretendía medir ya no sólo la urbanización como proceso ecológico, sino sobre todo la urbanización entendida como hecho social, es decir -según hemos señalado en otros capítulos- como modo de vida. A partir de estas consideraciones fue más fácil introducir en sucesivos análisis de la población española y su distribución, consideraciones sobre un tipo particular de ciudades, las agrociudades, presentes fundamentalmente en el Sur de España y muy particularmente en Extremadura, para las que las categorías usuales de rural y urbano no terminaban de ser útiles. De este modo, y a partir de dichas corrreciones, el nivel de urbanización de una provincia como Badajoz (no olvidemos que la práctica totalidad de los análisis de la época se centraban en la provincia como unidad administrativa y estadística) aparecía realmente bajo, pero por encima de otras muchas provincias españolas. Cinco años más tarde, en 1965, la Dirección General de Urbanismo del Ministerio de la Vivienda -entonces a cargo de Pedro Bidagor, uno de los grandes nombres del Urbanismo moderno en España- hace público el primer intento de definición y análisis de las áreas metropolitanas españolas. En esta definición se utilizan criterios estrictamente demográficos, y tal vez justo por esa desconsideración de criterios funcionales Badajoz salta, en el procesado de los datos, como una de las 26 áreas metropolitanas españolas. Sin embargo, el AM considerada en aquel trabajo incluía únicamente, además del municipio de Badajoz, a Puebla de la Calzada, Montijo y La Garrovilla, y obviamente le faltaba una lectura territorial complementaria. Desubicaba el área metropolitana del conjunto de las Vegas del - 193 -

Guadiana, y sobre todo el análisis se cortaba, según la lógica de la época, en la frontera portuguesa. Lo cual choca con el hecho de que los científicos sociales venían considerando -hemos señalado conscientemente el trabajo de Díez Nicolás en España- otros factores antes que el meramente demográfico para definir las áreas metropolitanas. Por lo demás, aquel modesto metropolitanismo fue fuertemente contestado en la época, dando origen a la literatura sobre las ciudades medias como alternativa. Algunos trabajos empezaron a recomendar incluso la canalización de las migraciones hacia unas 300 cabeceras comarcales para impulsar la constitución de ciudades medias (García Barbancho, 1968). Algunos instrumentos estadísticos desarrollados en la época (como el Atlas Comercial de España realizado en 1963 por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación), que abonaban modelos interpretativos basados en los sistemas jerárquicos de ciudades, contribuyeron a generalizar los estudios sobre la importancia de las ciudades medias.

GRAFICO 24 De hecho, ya en los años ‘70, cuando los más graves problemas relacionados con la urbanización rápida empezaron a ponerse de manifiesto en las grandes metrópolis españolas, el movimiento científico/ideológico de promoción de las ciudades medias llegó a tomar cuerpo legal, con la definición por parte del Consejo de Ministros de un conjunto de cabeceras de comarca y núcleos de expansión, aprobado en 1974 básicamente como instrumento de coordinación de las inversiones de los distintos organismos de la Administración. Este documento rompía toda posibilidad de interpretación metropolitana de la dinámica de las Vegas del Guadiana, particularmente del hinterland más inmediato de Badajoz. Aunque tenía la virtud de introducir la consideración de cabeceras dobles, que son reflejo de lo que luego hemos denominado agropolización del corredor del Guadiana; así, de las 12 cabeceras comarcales definidas para la provincia de Badajoz (junto con 29 núcleos de expansión), en tres de los casos las cabeceras son dobles: Don Benito/Villanueva de la Serena, Montijo/Puebla de la Calzada y Zafra/Los Santos de Maimona, y los dos primeros constituyen núcleos expansivos de las Vegas. Por lo demás, observando la zona de las Vegas se percibe claramente la continuidad - 194 -

territorial de todas las cabeceras; muy particularmente en las Vegas Bajas, obviamente más consolidadas en los años ‘70. En suma, aquella definición de las 26 áreas metropolitanas entre las que se incluía a Badajoz no tuvo efecto alguno en la planificación del territorio. Pero, aún así, creemos de interés el rescatar esa primera consideración de Badajoz como articuladora de un área metropolitana.

Propuesta de creación de una ciudad nueva en un eje ideal Lisboa-Madrid
En 1970 aparece el segundo Informe FOESSA sobre la situación social de España, dirigido por Amando de Miguel. El análisis de la urbanización, en todos sus aspectos, que incluye aquel documento es realmente ejemplar para la época, siendo uno de los textos más sólidos aportado en España, desde las ciencias sociales, hasta aquella fecha, sobre la cuestión. En dicho informe se pretende hacer una interpretación global del sistema urbano español, y se plantean una serie de problemas importantes sobre la congestión de las grandes metrópolis y la función del territorio no urbanizado. Por un lado, el informe FOESSA hace una reinterpretación del estudio sobre las Áreas Metropolitanas del Ministerio de la Vivienda. Se basan en los mismos datos censales de 1960, pero ahora se consideran no sólo factores demográficos, y además teniendo en cuenta por primera vez, al analizar el sistema de ciudades, no sólo los núcleos españoles sino el conjunto peninsular como un todo.

GRAFICO 25 Sobre el plano peninsular resultante, entre otros aparece con gran nitidez, por primera vez explicitado, un corredor que iría idealmente (si olvidamos la fortaleza de la frontera en la época) desde las Vegas Altas (desde Don Benito y Villanueva de la Serena) hasta Lisboa. En cualquier caso, como tal corredor de las Vegas del Guadiana podría interpretarse ya sin dificultad. Del mismo modo que a la vista del plano se percibe a gran escala un hecho que algunos estudios de la época ponían de manifiesto: la falta de polarización de esta zona por ninguna otra - 195 -

metrópolis importante. De hecho, Trujillo, entre Badajoz y Madrid, marcaba una frontera invisible (pero real) para muchos indicadores de relación entre Badajoz y Madrid; mientras que a la vez la frontera política fijaba hacia poniente otra frontera real. Badajoz aparecía así como “no inserta en ninguna otra zona más amplia” (Campos Nordman, 1973). Pero nos interesa rescatar aquí el estudio de FOESSA sobre todo porque se plantea una curiosa propuesta de new town que se insertaría como continuación de ese eje de las Vegas, y que podría constituir, según los autores que lo proponen, justamente el punto de conexión entre el mismo y Madrid, ya que de hecho se plantea dentro de una corona exterior para la descongestión de Madrid. Pero el planteamiento que se hace es claramente distinto del que está en la base de la política de new towns en Inglaterra. En esta propuesta se considera que
“no es posible planear ‘pequeñas’ nuevas ciudades cerca de la gran metrópoli sin que se conviertan en ‘d ormitorios’ de ést a última. Es necesario dejar entre unas y otra no un ‘cinturón verde’ de parques artificiales sino un amplio terreno de puro ‘camp o’ para que la nueva ciudad pueda realmen te ser autosu ficiente, variada, de seable. V ista en el con junto, la nueva ciudad sería entendida com o una ‘ciudad regional’” (Foessa, 1 970: 12 59).

Pero sobre todo, hay una voluntad explícita en los autores de esta utópica propuesta de conexión con Lisboa, conformándose unos ejes bastante coincidentes con los ahora nuestra interpretación plantea como existentes. La nueva ciudad, NC-I, estaría situada en torno al Guadiana, entre los embalses de Orellana y Cijara, y los argumentos territoriales que se aportan para proponer dicha ubicación son: a) La cercanía de la entonces proyectada autovía Madrid-Sevilla b) Su posición bastante equidistante entre Madrid, Sevilla y la frontera portuguesa en Badajoz c) La equidistancia entre Talavera, Toledo, Ciudad Real, Córdoba y Badajoz, “todos ellos centros de cierta envergadura y escasamente comunicados entre sí”. d) Las enormes disponibilidades de agua del Guadiana, y con muy buen olfato no sólo pensando en el abastecimiento:
“La zon a concr eta represe nta quizás la máxima su perficie de agua embalsada que se concentra en las regiones interiores. Este dato no sólo garantiza el aba stecimiento de ag ua para la industria o el consumo doméstico, sino que contribuye a deslindar una extensa zona apta para deportes y recreo” (Foessa, 1970:1260).

e) La última razón aducida nos introduce claramente en los criterios que estamos utilizando en nuestra investigación:
“NC-I, aunque situada en una zona escasamente poblada y agreste, se constituye en cabecera de la zona de regadíos de Badajoz, muy poblada y potencialmente muy rica. La salida lógica de los productos de esos regadíos es hacia Portugal o hacia Mad rid. El núcleo de NC-I facilita esta segunda vía y se constituye en sí mismo en un foco de desarrollo de la zona y en un importante cen tro consumid or de produ ctos agrarios” (Foessa, 1970:1260).

No es ocioso recordar que la propuesta de NC-I llevaba incorporada la necesidad de terminar la línea ferroviaria Villanueva-Talavera. Como tampoco es ocioso recordar que la única utilización que la administración pública hizo de esta propuesta fue la de deducir que la posición sería igual de buena para construir una central nuclear216. Pero lo que particularmente interesa resaltar de la propuesta del informe FOESSA es el hecho de que asistimos ya a una consideración transfronteriza, claramente orientada a optimizar un corredor extendido hasta Lisboa; por más que, en la época en que se plantea, no pasase de los
216 Afortunadamente, aunque NC-I quedó en propuesta utópica, la central nuclear de Valdecaballeros, que constituía una auténtica antítesis de la nueva ciudad porque hipoteca en vez de potenciar las Vegas del Guadiana, tampoco ha llegado a ponerse en marcha, aunque a lo largo de una década se intentó su construcción.

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buenos deseos217.

GRAFICO 26

Propuesta de creación de un Polo de Desarrollo transfronterizo Badajoz/Elvas
Ese interés transfronterizo que comienza a detectarse con el inicio de la década de los ‘70 se explicita en las propuestas de Manuel Martín Lobo, un Ingeniero de Montes originario de Badajoz que había trabajado en diversos organismos relacionados con la planificación del desarrollo, habiendo contribuido con sus trabajos y artículos en prensa a introducir en los ambientes de la Administración el interés por los estudios regionales y la planificación territorial218. A lo largo de los años ‘60, varios de sus trabajos apuntan a la necesidad de superponer, a la necesidad de crecimiento global de la economía que fundamentaba el I Plan de Desarrollo Económico y Social y en buena parte los siguientes planes, alguna especie de ordenación territorial que permitiese un desarrollo regional por el que la separación entre regiones ricas y pobres no se ampliase (Martin Lobo, 1962). Insistiendo en la conveniencia de centrar el desarrollo no tanto en polos, como hacían los primeros Planes de Desarrollo siguiendo el modelo de Perroux, sino más bien en ejes, entendiendo que
217

Las propuestas utópicas de repoblación de estos territorios semidesérticos, que pudieran suponer una prolongación del corredor de las Vegas del Guadiana no acaban con el informe FOESSA. Una década más tarde, en un proyecto experimental de plan de ecodesarrollo para las comarcas orientales de Badajoz, se plantea la “creación de un nuevo núcleo urbano que fuera experimental en todo lo relacionado con el urbanismo ecológico, cuyo nombre pudiera ser La Serenía y estuviera establecido en el centro de La Serena, entre el Zújar, Campanario, Castuera y Cabeza de Buey, casi equidistante a ellos tres” (Baigorri, Gaviria, Mejías, Serna, 1980:32)
218

Fue promotor de una de las primeras reuniones científicas sobre el tema en España, con la celebración en Madrid, en 1967, del IV Congreso Internacional de Economía Regional. Fue asimismo miembro fundador de las asociaciones españolas de Ciencia Regional y de Economías Regionales.

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“todo auténtico eje de desarrollo se compone de un itinerario, de una infraestructura y de una corriente d e circulació n y constitu ye un au téntico ‘ag ente de impu lsión’ del d esarrollo y un auténtico ‘vector de propagación’ de éste. Es evidente que un eje cualquiera de comunicación no puede ser considerado siempre como un eje de desarrollo y muy a menudo es necesario promoverlos al rango de auténticos ejes de desarrollo” (Martin Lobo, 1966:277).

Pero nos interesa recoger ahora los planteamientos que, sobre tales principios, hace a principios de los ‘70 en relación con las potencialidades del corredor de las Vegas del Guadiana, centrándose en la propuesta de creación de un Polo de Desarrollo transfronterizo entre Badajoz y Elvas. Martin Lobo inicia su campaña con un artículo en el diario YA, en junio de 1970, en el que propone explícitamente que a los siete polos de desarrollo planteados por el III Plan de Desarrollo se añadan otros tres de carácter transfronterizo con Portugal: los de Badajoz-Elvas, AyamonteVila Real y Tuy-Valença do Miño. El detonante lo constituye la firma, el 22 de mayo de 1970, de la prórroga del Tratado de amistad y no agresión hispano-portugués (el conocido Pacto Ibérico), que incluía una serie de protocolos sobre actuaciones económicas, comerciales, de cooperación científica y tecnológica, culturales, de seguridad social, etc. Tanto la prensa nacional como sobre todo la regional, se hicieron eco de dicha propuesta, si bien no llegó a traducirse en acciones concretas desde la Administración. El diario INFORMACIONES señalaba:
“Dos pasos so n ineludib les: primero , dotar a la zona de una infraestructura de comunicaciones básica (Extremadura, Salamanca y Zamora necesitan asomarse al mar por Portugal, y la nación vecina necesita salidas ‘a tierra’, a Europa, por España). La frontera de Portugal no puede separarn os m ediante una larga franja de cientos de kilómetros de atraso. Quizás ninguna c ooperación pueda ser m ás fructífera para ambas naciones que la propuesta: hagam os ‘polos gem elos’ a ambo s lados. Derribem os fronteras econó micas” .

En los meses siguientes, diversas iniciativas empresariales y administrativas se encaminaron en esa dirección, sin que sin embargo llegasen a cuajar en nada concreto. El tema quedó planteado en una reunión sobre el tema del Consejo Económico Interprovincial de Extremadura, en Badajoz, así como del Consejo de Regiones del Oeste Atlántico, miembro del Consejo Internacional de Economías Regionales. Algunas intervenciones políticas -concretamente de López Rodó- llegaron a hablar de la creación de un área de libre comercio peninsular, y desde la Diputación de Badajoz llegó a proponerse el establecimiento en Badajoz de un polígono comercial orientado a ese fin. Sin embargo, los criterios manejados por el Comité para el Desarrollo del Suroeste de la Península Ibérica, en el que participaban entre otros los organismos antes citados, si bien incorporaban el criterio de ejes de desarrollo, no se planteaban de hecho un tratamiento horizontal de las relaciones transfronterizas, sino un desarrollo en paralelo de los corredores tradicionales Norte-Sur: el eje Évora-Castelo Branco en Portugal, y el eje tradicional de la Ruta de la Plata (Zafra-Plasencia) en Extremadura. En un posterior artículo en la prensa local (Martin Lobo, 1971b), se concretaría la propuesta de Martin Lobo, sustentada en una serie de precedentes en otros puntos de Europa, en la zona del Mosela (que afecta a Francia, Alemania y Luxemburgo), Basilea (afectando a Suiza, Francia y Alemania) y sobre todo en Tréveris (Alemania), tradicionalmente en fondo de saco frente a Francia y que por efecto de la construcción de una serie de autopistas y la apertura de las fronteras comunitarias pasaba a constituirse en la época en un nudo de conexión fundamental. El planteamiento para el polo Badajoz-Elvas se hacía en los siguientes términos:
“Harán falta, naturalmente, industrias agrarias que no exigen precisamente una localización concentrada en un polo, sino justamente diversificada s, adaptada s a los recursos agrarios de la zona, pero ello no impide que se pueda y se deba hacer una concentración de determinadas industrias en un p olo de desarrollo q ue ejerza unas esp eciales funciones impulsoras de todo el territorio circundante, del que se debe hacer al mismo tiempo la adecuada

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ordenación. “Pero tal empresa requiere también el establecimiento de ‘ejes de desarrollo’ adecuados que faciliten el intercambio con los polos y cabeceras próximos. Se trata, en definitiva, de rellenar adecuadamente -con el establecimiento de unas fuerzas impulsoras- un espacio interior hoy día práctica y económicamente vacío. “Habrá que tenerse en cuenta que serán más convenientes que los ejes de de sarrollo paralelos a la frontera -los cuales por otras razones pueden y deben existir también- aquellos ejes de desarrollo que ayuden a ‘grapar’ y ‘coser’ p or así decirlo la sutura d e una frontera para que de ahora en adelante una más que separe” (Martin Lobo, 1971b)

Como ocurrió con la propuesta incluída en el informe FOESSA, la de Martin Lobo, a pesar de surgir de miembros especializados en la planificación del aparato del Estado, y de recoger una amplia respuesta local de las fuerzas vivas, no llegó a materializarse en ninguna actuación concreta. La frontera política pesaba todavía demasiado, y ni la definición de la Zona de Preferente Localización Industrial (1971), que consideraba el conjunto del Plan Badajoz, ni la creación del Gran Área de Expansión Industrial de Extremadura (1978, aunque en funcionamiento real desde 1981), tuvieron en cuenta ese tipo de propuestas transfronterizas. Sin embargo, no cabe duda de que estas aportaciones constituyen aproximaciones a la percepción de una realidad económica y social que superaba, no sólo el ámbito transfronterizo, sino que asimismo partía en todos los casos señalados de la consideración implícita de una tendencia metropolitana en Badajoz. La propia necesidad de orientación hacia Portugal no ya de la ciudad, sino del conjunto provincial, era expuesta en los siguientes términos por el investigador independiente Eduardo Barrenechea, en 1973:
“Badajoz se encue ntra entre la espada de Castilla y la pared de Portugal, bajo el enorme peso de la pobreza que baja por tod a la linde fro nteriza, desd e el Norte, y ta n sólo abie rta (pero horriblemente comunicada) con Andalucía. Con una Andalucía deprimida de la que, por mu cho tiempo, n ada se pued e esperar. “La salida natural de Badajoz es Setúbal, y el futuro puerto de Sines. Y esto nos retrotrae a lo ya dicho sobre la situación de todas y cada una de las provincias y distritos fronterizos. ¡Arriba el telón!, ¡arriba la frontera!.. . Sólo bajo ese pre supuesto, a m i entender, puede iniciarse una obra sólida para lograr el despegue” (Barrenechea, 1973).

El único reflejo de todas estas propuestas y análisis críticos, en documentos oficiales, lo encontramos en un tímido apunte editado por el Gabinete Técnico del Consejo Económico Social de Extremadura y Huelva en 1974, denominado Acciones conjuntas hispano-portuguesas, y en el cual se plantea por primera vez lo que podríamos denominar una interpretación transfronteriza de una región europea, descrita en los siguientes términos:
“Tenemos en la península ibérica una zona compuesta por seis provincias españolas y nueve distritos portugueses (138.000 km2), que se ha denominado Lusitania Interior (Orense, Zamora, Salam anca, C áceres, B adajoz y Huelva , Villa Real, Bra ganza, V iseu, Gua rda, Cas telo Branco, Portaleg re, Evora, Beja y Faro), y que se caracteriza por ser una de las Áreas más abando nadas, pobre y en decadencia, de toda la Península. Los mapas de cada país no incluyen el vecino, y por ello no se resalta ese gran espacio d e subde sarrollo qu e es la “Lu sitania Interior”, y que a escala europea forma, sin duda, una de las manchas más grandes de pobreza” (Marzal, 1974).

En el mismo se plantean una serie de posibles actuaciones en política industrial, política agraria, política comercial y política de transportes, en realidad de muy poca enjundia. Pero si destacamos aquel breve documento es porque por primera vez aparece consciencia del eje de desarrollo industrial de las Vegas del Guadiana, si bien no llega a plantearse su prolongación transfronteriza.

La ruptura progresiva del ‘telón de corcho’
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En realidad, lo que las propuestas de Martin Lobo ponían de manifiesto no era sino la contradicción entre las estructuras vigentes -determinadas en su configuración histórica por la existencia de una frontera política- y el desarrollo de las fuerzas productivas, que efectivamente comenzaban a tender hacia una interacción de tipo mesopolitano. De hecho, el corredor Badajoz-Elvas actuaba ya como un conjunto transfronterizo, especializado justamente en el comercio de frontera, tanto legal como ilegal. Badajoz constituía, tradicionalmente, un centro comercial para la aristocracia terrateniente alentejana, y para buena parte de las clases medias de las ciudades portuguesas del entorno. Eduardo Barrenechea, al recorrer la raya de Portugal, encuentra en Badajoz, en 1970, que la ciudad
“atrae como la luz a las mariposas a los portugueses, que en la noche de la frontera hispano-lusa ven relucir algunas bombillas de colores: las del cen tro de Bada joz” (Pintado, Barrenechea, 1972:196).

GRAFICO 27 Efectivamente, aunque no disponemos de estimaciones fidedignas al respecto, el trasiego de portugueses en Badajoz venía haciéndose cada vez más intenso, como lo muestra el gráfico, que recoge la evolución de entradas de extranjeros por el paso fronterizo de Caya, en Badajoz219. Entre 1961 y 1971, el movimiento de viajeros en la frontera hispano-portuguesa se había multiplicado casi por cinco, pasando de algo menos de 90.000 a casi 410.000220. Si bien no hemos hallado por desgracia constancia de estudios de la época que profundizasen en estas
219

Los datos sobre entradas de viajeros por los puestos fronterizos son poco fiables, pero no nos interesa tanto señalar el número exacto de portugueses, como más bien la tendencia general a un incremento del trasiego de viajeros por Badajoz.
220

La caída de la tendencia general ascendente que se produce en los años 1974 y 1975 se debe al deteriorio en las relaciones que s eproduce entre ambos países a partir de la Revolución de los Claveles (a la quema de la embajada española en Lisboa siguió un recrudecimiento de los controles a los portugueses, y hasta la disolución del franquismo las incomodidades frontetrizas, en general, se incrementaron). A partir de la muerte de Franco, sin embargo, la tendencia se recuperó, e inclu so asistimos a un nuevo crecimiento exponencial, tras el estrechamiento de lazos entre los nuevos regímenes democráticos de ambos países.

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cuestiones. De hecho, los numerosos informes generados por los diversos organismos provinciales y supraprovinciales dedicados a la planificación económica, como hemos visto, rara vez -por no decir ‘nunca’- hacen mención de la importancia que estaba ya adquiriendo en la época la presencia de portugueses en el comercio de Badajoz. Por el contrario, algunas de las grandes empresas comerciales de la época sí habían percibido este fenómeno: como ya hemos citado, a principio de la década de los ‘70 tanto Simago como Galerías Preciados habían abierto sendos centros comerciales en la ciudad, en el caso de GP claramente orientado no sólo a la población local sino también a los visitantes portugueses. Y pocos años más tarde El Corte Inglés instalaría una pequeña avanzadilla. Una socióloga alentejana describe en estos términos la atracción que la ciudad suponía en la época para los portugueses:
“El movimiento que se inició por las compras apoyadas en una peseta barata, y que el riesgo apenas calculad o de pa sar la fronte ra con m ercancía ilegal hac ía más a tractivo, en tró rápidam ente en los hábitos de la s clases más a ltas de la población portuguesa más o menos próxima. Y el prestigio que se asoc iaba al uso de ropa espa ñola (...) haría que estos há bitos se extendiesen a una c lase med ia que en el Alentejo hace treinta años casi no tenía expresión. Las excursiones a Badajoz sucedían invariablemente ante de navidad, antes de la Primavera y del Verano y en el inicio del curso escolar para equipar a los niños” (Cascais, 1996)

Mas no vamos a extendernos en la evolución del sector comercial pacense, al que ya nos hemos referido en los capítulos dedicados a la estructura socioeconómica de la ciudad. Lo que únicamente interesa poner de manifiesto en este punto en ese despegue en las relaciones sociales y económicas que se produce a partir de la liberación política y económica de España y Portugal, pero que sobre todo se dispara a partir del ingreso de ambos países en la Comunidad Económica Europa, cuando por otra parte se produce, como ha puesto de manifiesto Mariana Cascais, una cierta ‘democratización’ en la utilización de la Badajoz como ciudad de referencia por parte de buena parte de la población del Alentejo. No sólo por disponer de más, mejores y más baratos productos en su comercio, sino asimismo por disponer de servicios de calidad (médicos, profesionales...) que pueden ser utilizados en el mismo plazo de tiempo que un desplazamiento equivalente cuesta en una gran ciudad. Desde buena parte del Alentejo se puede ir y regresar, para realizar una compra o acceder a un servicio profesional en Badajoz, dentro de la mañana o de la tarde. En el caso de las compras, como se ha señalado, el comercio transportará al municipio del comprador portugués, al día siguiente, el electrodoméstico o equipo adquirido. Así, entre 1985 y 1988 se pasa de menos de 75.000 a más de 175.000 viajeros por el puesto fronterizo de Caia; esto es, estamos hablando de un incremento de un 130% en apenas tres años, cifras que no han dejado de incrementarse hasta 1993, cuando la desaparición de los controles fronterizos (que no han sido sustituídos por imprescindibles encuestas de origen/destino realizadas en la ex-frontera) nos hicieron perder la posibilidad de conocer la evolución posterior. Aunque parezca increíble, actualmente, en el momento en el que el tráfico es más intenso, y en que es asimismo más intensa la utilización de Badajoz como metrópolis de servicios de buena parte del Alentejo, no sabemos cuántos portugueses llegan a diario a la ciudad. A cambio, empezamos a disponer de datos, siquiera parciales y poco actualizados, sobre su incorporación al mercado de trabajo de la ciudad (lógicamente, al mercado regular221). En 1994 casi el 63% de los demandantes de empleo extranjeros en el INEM de Badajoz eran portugueses, lo que significa que casi 500 personas del otro lado de la raya estaban en ese momento buscando
221 Creemos que la mayor parte del trabajo portugués en Badajoz es sumergido. Bien directamente (como ocurre con la mayoría de las empleadas domésticas, muchos trabajadores de la construcción, jornaleros, etc), bien indirectamente al formar parte de empresas portuguesas que, sobre todo en el sector de la construcción, se desplazan a realizar trabajos en Badajoz.

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un trabajo regular en el núcleo de la mesópolis. Asimismo, se registraron en las oficinas del INEM un total de 60 contratos con trabajadores portugueses. En 1995 la cifra de demandantes de empleo portugueses fue inferior a la del año anterior (314), pero sin embargo el número de contratos se dobló respecto del año anterior (112). Hay que tener en cuenta, por otro lado, que en modo alguno se trata únicamente de contratos para realizar el tipo de trabajos característicos de los inmigrantes, esto es los que no quieren realizar los naturales del país. Al contrario, nos encontramos ya frente a un mercado de trabajo transfronterizo en pleno auge, y que afecta a muy diversos sectores productivos y categorías profesionales, aunque lógicamente predominan la construcción y la agricultura. Así, entre los contratos realizados en 1995 hallamos varios profesionales y técnicos, directivos de empresa, administrativos, vendedores, etc.222. Asimismo, se ha hablado en otros apartados de la importancia de la Universidad en el marco de la formación de la mesópolis de Badajoz. En este sentido, la caída de la frontera ha facilitado un goteo (muy lento) de estudiantes portugueses; en el curso 96-97 había un total de 25 alumnos siguiendo carreras en la Universidad de Extremadura, de los que 18 estaban en el Campus de Badajoz (más de la mitad en la Facultad de Medicina). A los cuales hay que añadir un total de 30 alumnos inscritos en los diferentes programas de Doctorado, de los cuales 26 lo hacen en el Campus de Badajoz. Son cifras, sin duda alguna, muy pequeñas, pero que nos parecen importantes como síntoma, sobre todo por cuanto al parecer algunos alumnos presentan como razón fundamental el hecho de que la Universidad de Extremadura está más cerca y más fácilmente comunicada con sus domicilios que otras universidades portuguesas (Luengo, 1996).

El ingreso en Europa y el desarrollo institucional de la cooperación transfronteriza
Este proceso ya imparable de normalización de las relaciones transfronterizas en el ámbito mesopolitano ha venido apoyado en una buena medida por la incorporación de ambos países a la Unión Europea, sobre todo debido a la aplicación de diversas directrices y programas comunitarios que han alentado la cooperación transfronteriza. Si bien hay que señalar que, con anterioridad a este ingreso efectivo, ya el Estatuto de Autonomía de Extremadura señalaba expresamente, entre los objetivos de las instituciones extremeñas, el de “impulsar el estrechamiento de los vínculos humanos, culturales y económicos con la nación vecina de Portugal”; de resultas del cual la política de la Junta de Extremadura desde su mismo origen ha orientado parte de su esfuerzo a promover esa colaboración. Entre las primeras actuaciones de aliento comunitario que establecieron las bases para el actual proceso de cooperación/integración transfronteriza, hay que señalar el Programa Operativo de Desarrollo de las Regiones Transfronterizas de España y Portugal 1989-1993 elaborado por los gobiernos nacionales de ambos países en el marco de los primeros borradores de Planes de Desarrollo Regional de regiones de objetivo 1, que luego se integraría en la iniciativa INTERREG de la Comisión Europea (1990-1993). Posteriormente, los representantes políticos de las regiones de Extremadura, Alentejo y Centro establecerían diversos protocolos de colaboración que permitió la realización de proyectos conjuntos en el ámbito de programas
222

Los datos sobre empleo proceden del estudio Trabajadoras sin fronteras. Las empleadas de hogar portuguesas en la ciudad de Badajoz, desarrollado entre 1996 y 1997 por un equipo de las Universidades de Extremadura y Evora (formado por A.Baigorri, S.Baltazar, M.Cascais, R.Fernández yL.Gómez) yfinanciado por la Dirección General de Enseñanzas Universitarias e Investigación de la Junta de Extremadura. Dicho estudio ha percibido la existencia de una cantidad importante de mujeres conmuters que trabajan en Badajoz pero residen en municipios portugueses de su área mesopolitana.

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interregionales europeos como LEDA, RECITE, LACE, PIE, etc. Todos estos procesos se oficializan con la firma de Protocolos de Cooperación entre Extremadura y Alentejo (1992), así como con la región Centro (1994), lo cual supone ya un cierto compromiso de actuación conjunta. Una de las instituciones fundamentales surgidas de estos protocolos ha sido el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas (GIT), con sedes en Mérida, Évora y Coimbra, al abrigo del programa INTERREG. Es sin duda el GIT el principal responsable de que, en los últimos años, la cooperación transfronteriza se haya intensificado y de que, de resultas de esta intensificación, Badajoz haya profundizado en su papel de mesópolis transfronteriza223. El GIT canaliza y sistematiza las diversas actuaciones de las Consejerías de la Junta de Extremadura, además de contribuir a la financiación de investigaciones de interés transfronterizo realizadas desde la Universidad y otras instituciones y organizaciones públicas y privadas. Hay que tener en cuenta que las actividades de cooperación transfronteriza en las que participa el GIT (financiadas con fondos comunitarios) cubren todas las áreas de interés, y muchas de ellas se concretan físicamente en Badajoz y su entorno mesopolitano (Olivenza tiene un especial protagonismo en este sentido). Como señalaba el periodista Fernando León en un reciente trabajo en el diario Extremadura (20/XI/98:35), “Badajoz es cada vez más el lugar de encuentro para todo tipo de jornadas y congresos en torno a la frontera”. Otras instituciones públicas han contribuido asimismo a ese proceso. Como la Diputación Provincial de Badajoz, que contribuyó con casi 800 millones el Programa Transfronterizo de 1989-90, y se incorporó asimismo a la financiación del programa INTERREG a partir de 1990, del mismo modo que se ha implicado en el programa INTERREG II que finaliza en 1999. Los programas culturales de la Diputación han contribuido a difundir el conocimiento de los pueblos situados a ambos lados de la raya, pero sobre todo la promoción de la cooperación transfronteriza se expresa con mayor eficiencia en la edición de la única revista bilingüe español/portugués existente en ambos países, y que ha alcanzado un notable prestigio en los respectivos círculos culturales: Espacio/Espaço Escrito. Por su parte, el propio Ayuntamiento de Badajoz, sin duda el agente, aún siendo el más interesado, que en menor medida contribuye a la potenciación de la función transfronteriza de la ciudad, también ha desarrollado una serie de actuaciones. El anterior gobierno de la ciudad instauró una Delegación de Relaciones con Portugal (hoy transformada en Comisión Extraordinaria de Relaciones con Portugal), que puso en marcha aulas de portugués, la edición de una revista bilingüe (O Pelourinho), así como la organización de numerosos eventos culturales de cooperación. Asimismo, se promovió la implantación de una Feria de Muestras hispano-portuguesa en la ciudad que, como ha quedado dicho, ha venido adquiriendo creciente importancia con los años. Sin embargo, no se ha ido mucho más allá desde entonces, y siempre con altibajos. Por otro lado, no hay que olvidar que otros ayuntamientos del área mesopolitana de Badajoz desarrollan sus propias políticas de cooperación transfronteriza cada vez más intensas. Destacando sobre todo Olivenza y Alburquerque.

¿Cooperación o penetración? La percepción desde Portugal de la función de Badajoz como mesópolis transfronteriza
223

Un indicador, elaborado por el propio GIT de Extremadura, de la importancia que la cooperación transfronteriza ha alcanzado, es el número de noticias publicadas en los medios de comunicación extremeños en relación con actividades de cooperación. En 1983 eran 7 en todo el año, cifra que pasó a 353 en 1995, y se ha disparado a 1.315 en 1997.

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Esta creciente colaboración transfronteriza, y sobre todo la progresiva conversión de Badajoz en la mesópolis que articula una vasta zona que supera las fronteras nacionales, viene siendo percibida también desde el país vecino. Especialmente a partir de los trabajos sobre la urbanización regional y las ciudades medias que se vienen realizando en la Universidad de Évora, en el Alentejo.
“Badajoz siempre in cremen tó su voca ción exp ansionista y se afirma cada vez más como mesóp olis transfronteriza; y su área de influencia atrae a la que podría ser el área de in fluencia de Elvas. A través de un comercio que se estructuró a lo largo de los años en torno a un eje portugués, la ciudad vió reforzar su supremacía en un área que integró un mosaico de localidades cada vez más amplio. La metropolización se refleja en una forma geográfica que expresa las estrategias espaciales de los actores (empresas, instituciones, individuos), tendiendo al dominio de las sucesivas escalas de actividad es y funciones. (...) Badajoz, en cuanto que mesópolis, puede caracterizarse como una metrópo lis tendenc ial. Con un reducido papel d e metróp olis, articula de forma efi ciente las escalas local y regional; integra un conjunto de localidades que constituyen un mesosistema, en el que el número de agentes activos es cada vez mayor (...) Las infraestructuras a cualquier nivel, particularmente las de transportes, con la garantía de mejores accesibilidades; las oportunidades reales o virtuales de trabajo, promueven la concentración urbana e incrementan una movilidad creciente de las poblaciones periféricas en dirección a

(Cascais, 1996) En este sentido, los intentos de ordenación territorial realizados sobre el Alentejo, en el marco de análisis nacionales portugueses, vienen a poner de manifiesto en ocasiones, aunque nunca explícitamente, que Badajoz es justamente la ciudad que le falta a la región para ser articulada espacialmente, y que Évora defícilmente puede llegar a ser por su pequeño tamaño (50.000 habitantes). Concretamente, el Programa Operativo del Alentejo, realizado por encargo de la Unión Europea, reconoce que
Badajoz, cuya área de influencia se acrecienta continuamente” “No se verifica la existencia de una red equilibrada de centros urbanos de dimensión media , capaz de constitu ir una estru ctura qu e permita un corre cto orden amiento global d e la región” (CCRA, 1994:10)

Mucho más lejos había llegado la Comisión de Planeamiento de la Región Sur de Portugal (que incluía también el Algarbe) en 1972, en el marco de los trabajos preparatorios del IV Plan de Fomento. En el análisis y diagnóstico que se realiza en dichos trabajos, se propone un esquema en el que ya se atribuye a Badajoz, implícitamente, un papel de metrópolis transfronteriza (CPRS, 1972), con más agudeza que la mostraban los planificadores españoles del Desarrollo en esa misma época según hemos visto. Efectivamente, como ha apuntado Saudade Baltazar:
“La ciudad de Badajoz, siendo la mayo r de la región y por la posición estratégica que ocupa en el eje Lisboa-Estremoz-Elvas-Badajoz-Mérida-Madrid, detenta una posición privilegiada frente a los otros centros poblacionales de diminuta dimensión, al constituirse como verdadero polo de atracción para los habitantes de los pequeñ os aglom erados ta nto españoles como po rtugueses. En el lado portugu és esta área d e influencia se extiende mucho más allá de los concejos limítrofes (Elvas y Campo Maior), terminando incluso por ‘cautivar’ al alenteja no en g eneral. Obviam ente esta influencia dism inuye a medida que la distancia física aumenta respecto de Badajoz” (Baltazar, 1996)

Sin embargo, el papel hegemónico que viene atribuyéndose fácticamente a Badajoz preocupa en general al otro lado de la frontera, donde es a menudo percibido como una ‘invasión’ que, de entrada, terminaría definitivamente con las esperanzas de que Évora, capital del Alentejo, se convirtiese en una ciudad media de entidad suficiente como para ser considerada ciudad intermediaria. La presión, desde Occidente, de Lisboa y su fuerte crecimiento metropolitano, y desde Oriente desde Badajoz, parece según algunos análisis que estaría contribuyendo a una - 204 -

cierta ruptura del Alentejo como región económica unitaria, como espacio-región en suma. De hecho, muchos de estos análisis deben interpretarse desde la clave de la competencia entre ciudades, como se pone de manifiesto más o menos explícitamente en algunos trabajos:
“Si Évora no invierte su posición estratégica, podría ser ‘engullida’ por el Área Metropolitana de Lisboa y po r Badajoz, lo que sign ifica que n o obten dría ning una ven taja de su localización geográfica. (...lo que provocará...) una desenfrenada invasión de pro ductos y mano de obra eu ropeos, y en particular la tentativa de invasión por parte de ‘nuestros hermanos’” (Nazário, 1997:359)

En términos menos apasionados, la profesora Cascais advierte de la formación de un tipo de relaciones asimétricas:
“Podemos ver crecer los elementos que vuelven el sistema asimétrico, y las relaciones aparen temente más complejas son cada vez más de dependencia respecto a la capital del sistema” (Cascais, 1996)

Estas actitudes, generalizadas entre las clases medias y los profesionales y técnicos de la región, podría explicar, entre otros hechos, el implícito desinterés de la ciudad gemela asimétrica, Elvas, respecto a cualquier tipo de planeamiento infraestructural o territorial unitario, que pudiera suponer cualquier especie de aceptación de un papel subordinado de esta ciudad respecto de Badajoz. Un papel que puede ser plenamente aceptado -e incluso a veces promovido- en Olivenza, dentro del área mesopolitana española, en la medida en que se entiende que ello puede potenciar a la propia ciudad224-, pero que es mucho más difícil de aceptar en una ciudad que no sólo pertenece a otro país, sino que además durante casi cinco siglos ha sido uno de los bastiones defensivos más importantes frente al expansionismo español. Este conjunto de fenómenos constituye, sin duda, uno de los principales desafíos para que el espacio transfronterizo pueda optimizar todo su potencial de desarrollo en el futuro. No olvidemos que el ‘miedo a la invasión española’ ha sido y es ampliamente explotado con intenciones políticas en Portugal. El ex-primer ministro Cavaco Silva argumentaba, en su campaña contra los proyectos de regionalización política de Portugal, que la regionalización conduciría al Alentejo a convertirse más en una prolongación de Extremadura y Andalucía que en una región portuguesa225.

Perspectivas futuras. Potencialidades, desafíos y limitaciones
Los desafíos y limitaciones existen también, sin embargo, en el lado español del área mesopolitana. Efectivamente, un cierto complejo de superioridad respecto al Alentejo ha caracterizado tradicionalmente a las clases medias, y sobre todo a las clases altas, en Badajoz226. Lo que se ha plasmado, durante la etapa de gobiernos socialistas en la ciudad, en una cierta posición paternalista no siempre aceptada desde el otro lado de ‘la raya’, y que por otra parte,
Olivenza se ha convertido no sólo en uno de los atractivos turísticos esenciales para la propia ciudad de Badajoz, sino que viene funcionando desde hace años como centro subsidiario de congresos, no sólo de ámbito regional sino también internacional, beneficiándose de su posición geográfica en el anillo mesopolitano. La reciente creación de una Escuela Regional de Teatro en esta localidad -decisión que a posteriori puede interpretarse como una estrategia para situarla ‘en Badajoz’ evitando a la vez conflictos con las otras dos capitales regionales- consolida esta función. Es por otra parte esta posición mesopolitana de Olivenza (que fue entrevista en término s algo megalómanos, casi como ciudad dormitorio de Badajoz, por el Plan General elaborado a principios de los ‘70) la que ha facilitado sin duda la construcción del nuevo puente internacional en Ajuda.
225 224

Declaraciones en el diario Expresso, 30/XI/1996, citado en (Cascais, 1996). Personalmente, el propio Cavaco Silva nos expresaba recientemente, en el curso de una comida en el marco de un encuentro sobre regiones ibéricas transfronterizas, dicho temor.
226

Actitud harto ridícula si tenemos en cuenta la posición de Badajoz en el ranking de ciudades españolas, pero que sistemáticamente caracteriza a las clases altas de los espacios menos desarrollados.

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ha conducido a pocas actuaciones de las que Badajoz puede beneficiarse; mientras que, desde la entrada de la derecha en el gobierno municipal, la actitud dominante ha sido la que ya denunciara Martin Lobo hace tres décadas: un discurso en el que menudean los tópicos transfronterizos sobre hermanamientos y consanguineidades, pero ello junto a un desprecio sistemático de los agentes del otro lado de la frontera227. Se puede llegar a percibir las posibilidades de ‘penetración’ de los intereses económicos de la ciudad al otro lado de la frontera228, pero no se alcanza a ver, por parte de los dirigentes locales, la auténtica virtualidad de su carácter metropolitano, lo que implicaría un conjunto de políticas de mucho más hondo calado. En (Baigorri, 1997) hemos señalado cómo Extremadura y Alentejo están en el camino de resolver la dicotomía rural/urbana, al empezar a posibilitarse la permanencia de la población en sus lugares de origen, pero ahora deben responder al desafío de la urbanización. Tanto en el sentido de completar la urbanización cultural de toda la población, rural y urbana, como sobre todo en el sentido de consolidar una red urbana que permita economías de escala para el desarrollo social, económico y cultural. Sólo la existencia de ciudades importantes posibilita la existencia de espacios virtuales en los que hallamos el fomento de la libertad de creación e innovación cultural, social y económica. Y, en este sentido, la mesópolis transfronteriza de Badajoz puede cumplir un papel fundamental para ambas regiones -en otro apartado señalaremos las necesidades de intervención que se derivan de la nueva posición geoestratégica de la ciudad en el contexto ibérico y europeo-. Sin embargo, ello exige para alcanzar el éxito tanto un cambio de actitudes recíprocas entre los agentes de ambos lados de ‘la raya’ (esto es, superar la desconfianza en el lado portugués, y la prepotencia paternalista en el lado español), pero sobre todo un conjunto de actuaciones estratégicas en la ciudad que desempeña la función metropolitana. En (Baigorri, 1997e y 1997f) avanzaba algunos de estos presupuestos. En primer lugar, y aunque conscientemente he intentado no adentrarme a lo largo del trabajo en aspectos estrictamente urbanísticos de la ciudad, debemos hacer referencia siquiera a la imagen territorial de la mesópolis. Una imagen que es, fundamentalmente, virtual. En el esquema siguiente se ha construido, a partir de las redes incompletas, pero tendenciales o virtuales, existentes, la red de relaciones -es decir, de comunicaciones- que articula el espacio mesopolitano. La imagen muestra cómo sobrela conformación espontaneista y aparentemente caótica del territorio es posible construir una imagen de orden -esto es, un plan-, que sin embargo, dada su escala -y esta es sin duda la primera consideración esencial- no puede ser diseñado únicamente desde Badajoz, y afectando -e interesando- sólo a Badajoz. Lógicamente es una propuesta, hoy por hoy, condenada al rechazo, por cuanto ya se ha perpetrado una revisión sui generis del planeamiento urbanístico vigente en la ciudad, y ni la revisión, ni el propio PGOU vigente, tienen una idea territorial de carácter global sobre la ciudad, y mucho menos sobre su función mesopolitana. En este sentido, y en el ámbito del planeamiento urbanístico, cuanto estamos diciendo significa que el PGOU de Badajoz no debería ya plantearse en modo alguno de forma aislada, sino que debería partirse de un Plan Director Territorial Mesopolitano que afectaría a ambos
El ejemplo más paradigmático de esta actitud lo constituye sin duda el tratamiento del antiguo complejo fronterizo. Su reconversión en espacios funcionales debería haber partido de una consideración conjunta de sus potencialidades en términos mesopolitanos transfronterizos. Así, se plantea por ejemplo un nuevo ferial para la ciudad, sin mayor virtualidad que en cualquier otra localización periurbana, mientras se obvia la posibilidad de una auténtico recinto ferial de exposiciones transfronterizo, que podría haber sido financiado por la UE. Al contrario, Badajoz reflexiona sobre la ampliación o reubicación de IFEBA, mientras Elvas desarrollo su propio seudorecinto de exposiciones.
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La campaña realizada en 1998 para convertir Badajoz en ‘ciudad dormitorio de Lisboa’ (según palabras textuales del alcalde) durante la Exposición Universal, pone claramente de manifiesto esta actitud.

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lados de la frontera, y que debería tener en cuenta a los municipios extremeños y alentejanos colindantes de Badajoz y Elvas. Es decir, el planeamiento urbanístico y territorial de Badajoz debe ser pactado con el conjunto mesopolitano, buscando explícitamente la optimización de las infraestructuras y equipamientos de los que debe dotarse la ciudad, y que van a ser (son ya de hecho) utilizados con la misma facilidad por el conjunto mesopolitano.

GRAFICO 28 En este sentido, el modelo territorial de redes mesopolitanas que aquí se expresa plantea la necesidad de optimizar las redes hoy existentes, que de forma orgánica expresan con cierta aproximación la mesópolis virtual. En este sentido, es sobretodo necesario completar los fragmentos inconclusos (o rotos tiempo atrás, como ocurría con el puente de Ajuda) de esa trama, para facilitar las comunicaciones intramesopolitanas y facilitar así las sinergias tanto potenciales como reales. Muy estrechamente vinculado al planeamiento está el hecho de que Badajoz, como mesópolis, debe prepararse para soportar, en los próximos años, no sólo un fuerte crecimiento demográfico (con el profesor Fernández Díaz hemos estimado que antes de quince años la población de Badajoz se habrá incrementado en una cifra que oscilará entre los 50.000 y los 70.000 nuevos habitantes), sino también un incremento de las migraciones procedentes de Portugal (como hemos visto, en los últimos años se están instalando una media de 170 portugueses anuales, población joven con tasas de natalidad mayor que las españolas, en suma con un crecimiento exponencial, y son muchos y muchas más los que ya acuden a diario a trabajar a Badajoz). Por lo cual la ciudad debe prepararse para la multiculturalidad: Badajoz -y no sólo su comercio- debe aprender a convivir de verdad con un pueblo que es vecino, primo incluso si se quiere, pero en primer lugar diferente. El hecho de la multiculturalidad debe llevar a los agentes - 207 -

sociales implicados en la gestión de la ciudad a “organizar la heterogeneidad, es decir, organizar, defender y fomentar la comunicación entre gente diferente” (Touraine, 1998). Uno de las variables que deberíamos considerar en este proceso es el del avance del bilingüismo, siquiera funcional. Precisamente uno de los indicadores más obvios tanto del cierre cultural de la frontera, durante muchas décadas, como de la posición acomplejada de la burguesía local, es el desconocimiento del idioma portugués en Badajoz, incluso en los sectores que durante años han sobrevivido gracias al comercio con Portugal. La supuesta facilidad de los portugueses para los idiomas, y por tanto, para comprender el español, ha constituido una excusa absurda que sólo lentamente empieza a dejar de ser operativa. Desde finales de los años ‘80, sin embargo, en consonancia con los procesos de interacción político-administrativa, esta situación empezó a cambiar levemente. Pero en los últimos años el conocimiento serio del portugués por parte de sectores claves de la ciudad ha empezado a ser visto por las fuerzas vivas como ineludible. En suma, se observa un creciente interés en la ciudad por el aprendizaje de este idioma. Al desarrollo de un número relativamente numeroso de cursos de portugués organizados por la Universidad Popular de Badajoz, y por las organizaciones empresariales debemos unir la creciente demanda de este idioma, casi hasta bloquear la capacidad docente, de la Escuela Oficial de Idiomas (donde sólo el número de profesores es insuficiente). El gráfico siguiente muestra la evolución entre 1988 y 1998: en diez años se ha pasado de 147 a 226 matriculados, aunque no hay que olvidar que, según la impresión detectada entre expertos locales, el fuerte crecimiento que se ha producido en los últimos cursos ha estado estrechamente relacionado con la construcción en la ciudad de un centro comercial de El Corte Inglés, en el que era sabido se primaría el conocimiento del portugués. Lo cual no viene sino a reconocer la utilidad funcional del bilingüismo en la ciudad. Por otro lado, la consolidación de Badajoz como mesópolis postindustrial, orientada a la prestación de servicios del cuaternario (basados en la información) hace ineludible el diseño de una estrategia propia en un aspecto tan fundamental como es la Universidad. La cual, además de a las necesidades regionales, debe responder a las necesidades de esta mesópolis que articula a más de un cuarto de millón de habitantes, y que alcanzará antes de quince años más de medio millón de habitantes dentro de un círculo de 100 kms. Y, en este sentido, y a pesar del esfuerzo de algunos académicos en esa dirección, no se percibe una voluntad clara de orientación de la Universidad hacia el lado portugués de la mesópolis229. La proyección institucional hacia el área mesopolitana transfronteriza debería conducir, más allá de la proyección cultural y comercial, hoy apropiadamente gestionadas, a la creación de instituciones administrativas transnacionales adecuadas a las particularidades de este territorio. Este debe tener lugar definiendo además estrategias comunes con las ciudades alentejanas del hinterland pacense -especialmente con Elvas y Évora-. La desamortización funcional de las instalaciones de la antigua frontera constituye una ocasión de oro para establecer en ellas instituciones relacionadas con estas cuestiones230.
229

Aunque existen diversos convenios de la Universidad de Extremadura con la Universidad de Evora, así como algunos proyectos de investigación conjuntos, no hay una voluntad explícita de optimizar los recursos. Así, hemos visto el escaso número de alumnos portugueses matriculados en la Uex, pero es que no hay ningún alumno español en la Universidad de Evora. Los planes de estudios de la Uex ignoran sistemáticamente, por otra parte, la función transfronteriza de la Universidad, con ejemplos claros como la no consid eración d el portug ués como asignatura siquiera optativa en las nuevas titulaciones implantadas en el Campus de Badajoz, lo que facilitaría además la comunicación y proyección de los futuros egresados con Portugal.
230

Se ha planteado la posibilidad de constitución de un Instituto de Estudios Fronterizos, aunque la propuesta ha recibido únicamente palabras de aliento de las instituciones, pero no apoyos explícitos. Sin embargo, estamos pensando en instituciones más ejecutivas, como una Comisión Transfronteriza de Desarrollo Urbano y Regional, de carácter técnico y formada por las administraciones locales, provinciales/departamentales y regionales de ambos lados de la frontera.

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Desde un punto de vista de las políticas mesopolitanas, las tendencias que venimos apuntando deberían llevar también a las instituciones a reflexionar sobre la posibilidad de segregar todos los poblados de colonización del municipio de Badajoz, pero sobre todo a reflexionar sobre el papel que éstos deben y pueden jugar. No debemos olvidar que la consecución de autonomía financiera les otorgaría mayor capacidad para su desarrollo económico, siendo beneficiario indirecto del mismo el conjunto mesopolitano y por tanto la capital. La situación actual probablemente esté perjudicando fiscalmente tanto a Badajoz como a los habitantes de los poblados, en beneficio de otras ciudades de la región que no sufren esa dispersión geográfica de su población. Por otra parte, dicha descentralización administrativa aportaría mayor sentido a la creación de algún tipo de organización institucional mesopolitana, siempre de carácter transfronterizo, que atendiese al diseño de políticas territoriales de interés común, diseño e implantación de infraestructuras y equipamientos de interés mesopolitano, etc. Todo ello orientado a alejar cualquier interpretación de planeamiento transfronterizo impuesto.

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13. La red urbana de Extremadura y Alentejo y el papel de la mesópolis pacense231
Desde la Geografía y la Sociología Urbanas se utiliza habitualmente el concepto de sistema de ciudades para referirse a la organización e interacción, en el espacio de un territorio determinado, del conjunto de ciudades que lo vertebran. Sin embargo, un sistema es un conjunto de cosas interrelacionadas entre sí, en el que cualquier cambio en una de ellas determina cambios en todas las demás. Desde esta perspectiva, difícilmente en nuestro caso podemos, en puridad, utilizar tal concepto, que por otro lado hemos discutido ya ampliamente en otros capítulos. Nos hallamos, en este caso, más bien frente a un conjunto de ciudades con desiguales áreas de influencia, que se superponen a menudo con las áreas de influencia de otras ciudades -incluso de fuera de la región, como ocurre en el Norte de la región con Béjar, o en el Sur con Sevilla- y que en modo alguno están organizadas en un sistema. No obstante, el territorio nos muestra algunas regularidades, y sobre todo algunas tendencias espaciales, que pueden ayudarnos a entender cómo se organizan estas regiones, y sobre todo cómo podrían organizarse en el futuro, en el marco de una profundización de las relaciones transfronterizas. Pero para ello debemos hablar más bien de redes, mallas y corredores, como conceptos mucho más apropiados que los de sistema o jerarquía. En este sentido, a niveles intraregionales sí que se generan ciertas estructuras, o redes urbanas, que incluyen en algunos casos corredores más o menos consolidados. En el caso de Extremadura, el corredor del Guadiana, o los corredores Norte y Sur de la Ruta de la Plata, o el corredor del Norte (Navalmoral-Plasencia-Coria) son bastante claros, mientras que en el caso del Alentejo se presentan de forma mucho menos definida; pues el más importante corredor funciona de paso por la región, aunque estructura ciertamente el territorio entre Elvas y Vendas Novas, camino de Lisboa. Siendo muy difícil de percibir como realmente funcional tanto el corredor ideal Portalegre-Estremoz-Évora-Beja, como el corredor repetidamente planeado SinesBeja-Moura. Tomando ambas regiones en conjunto, aparece cada vez más nítida la conformación de un corredor, generado tanto por necesidades de comunicación supraregional (Madrid-Lisboa), como por factores endógenos, entre el área agropolitana de Don Benito-Villanueva y Lisboa; aunque el nivel de interacción urbana en el interior del corredor es muy desigual, ya hemos estudiado cómo su conformación viene siendo progresiva. Las diferencias entre ambas regiones son lógicas, y derivadas en buena parte de su desigual peso demográfico y económico. El Alentejo, con apenas medio millón de habitantes, tiene una densidad media de 20 hbs/km2. Mientras que Extremadura, aún teniendo también una de las densidades más bajas de Europa, 26 hbs/km2, sobrepasa el millón de habitantes. Por otra parte, en Extremadura se han desarrollado en las pasadas décadas poderosas infraestructuras de regadío que han posibilitado el desarrollo de algunos corredores y la consolidación y crecimiento de ciudades que han actuado como centros de servicios articuladores de las vegas regables; mientras
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Una versión de este apartado ha sido publicada como un capítulo del Atlas visual de Extremadura y Alentejo, Ed. Extremadura, Cáceres, 1997

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que los grandes regadíos de Alqueva, que hubiesen podido cumplir idéntica función en Alentejo, llevan más de veinte años de retraso232. En consecuencia, la principal ciudad alentejana, Évora, alcanzaba en su último censo 53.000 habitantes. Mientras que la principal ciudad extremeña, Badajoz, supera ya los 130.000 habitantes, y la región cuenta con otras dos ciudades (Cáceres y Mérida), además de la conurbación Don Benito-Villanueva de la Serena, que superan los 50.000 habitantes. El propio hecho de hablar de ciudades, para estas dos regiones, ha planteado en algunas épocas ciertas dudas. Si en el siglo XVI no cabía duda alguna del carácter urbano de las que hoy son las principales ciudades de este territorio (es en ese siglo cuando se funda la Universidad de Évora), a partir del siglo XIX no pocos viajeros han dudado sobre si hablar de ciudades o de grandes pueblos polvorientos. Hoy, cuando culturalmente la inmensa mayoría de la población extremeña, y una parte importante de la alentejana, está urbanizada, en términos físicos es asimismo innegable que las principales ciudades lo son efectivamente (en mayor medida, por su mayor tamaño, en Extremadura). Bien que pertenecientes a categorías muy bajas, en cuanto al tamaño, pero cumpliendo idénticas funciones que otras grandes ciudades; incluso hallando procesos y mecanismos de carácter metropolitano, aunque en algunos casos preferimos hablar de agrópolis (como ocurre en la conurbación rurbana de Don Benito-Villanueva-Miajadas). Naturalmente, al hablar de ciudades nos estamos refiriendo a municipios, ya que las características espaciales y los procesos históricos de ambas regiones han favorecido la existencia de diversos núcleos urbanos en muchos municipios, así como la extensión (cada vez más en declive), del poblamiento disperso (en Extremadura rejuvenecido en parte, como consecuencia de las urbanizaciones ilegales, en los últimos años). Sin embargo, no cabe duda de que, si bien espacialmente dispersos, el conjunto de los núcleos de los municipios multinucleares actúan funcionalmente como si se tratase de un sólo núcleo, teniendo los núcleos menores (fundamentalmente poblados de colonización en Extremadura, freguesías en Alentejo) la misma significación funcional y urbanística que los barrios en las grandes urbes. La Tabla 21 recoge la población de los municipios de más de 20.000 habitantes de ambas regiones. En el mismo hemos incluído -ya sumadas- tanto las conurbaciones formadas por Don Benito y Villanueva como la que forman Santiago de Cacém y Sines. PRINCIPALES CIUDADES DE EXTREMADURA Y ALENTEJO
Ciudad/Conurbación Badajoz Cáceres Évora Mérida Don Benito/Villanueva de la Serena Región Ex Ex Al Ex Ex Población 1991 130247 84319 53754 51135 51129

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La construcción de la presa de Alqueva, por fin ya iniciada en 1997, y sobre todo la transformación en regadío subsiguiente, en el sur de Alentejo, es un factor a tener en cuenta a largo plazo, por cuanto influirá en la promoción de nuevos corredores de comunicación económica, potenciando algunas pequeñas ciudades del Sur; y ello sin olvidar los efectos que pueden derivarse de la extensión del embalse casi hasta las inmediaciones de Badajoz (permitiendo, por ejemplo, la ampliación y mejora de los regadíos de Olivenza y su zona de influencia).

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Santiago de Cacém/Sines Plasencia Beja Odemira Portalegre Elvas Almendralejo

Al Ex Al Al Al Al Ex

43822 36826 35827 26418 26111 24471 24120

En ambas regiones se producen una serie de coincidencias. La fundamental, coincidente con las tendencias continentales, es la progresiva concentración de la población en las principales ciudades, previo paso en ocasiones por las ciudades más pequeñas, lo que agudiza el despoblamiento de los núcleos más pequeños. En Extremadura la población concentrada en municipios de más de 20.000 habitantes alcanzaba a un 25,7% en el Censo de 1970; diez años después se elevaba a casi el 32%, y según el último Censo de 1991 alcanza casi el 36%, siendo previsible que en año 2001 supere el 40%. En Alentejo la concentración en estos municipios mayores alcanzaba casi idéntica proporción en 1991 (un 36,5%). Aunque, en el caso de Extremadura, este hecho parece no amenazar por ahora la supervivencia de los municipios menores, ni siquiera de los núcleos, en Alentejo sí se observa cierta tendencia a la desaparición de algunas de sus núcleos más pequeños, debido al elevado número de freguesías exisentes en su territorio. Otra de las consecuencias coincidentes es el tipo de crecimiento, de carácter compulsivo y desordenado, de las principales ciudades, observándose en todas ellas tanto fenómenos de especulación del suelo, como de fragmentación y segregación social, al no poder hacer frente de forma planificada (en unos casos por falta, y en otros por exceso de planificación) a la afluencia masiva y continuada de población procedente de los núcleos menores. En Alentejo se ha hablado, al analizar las ciudades, de crecimiento sin objetivo.
"Las ciudades asisten a su propio crecimiento y no pueden hacer nada; cada nuevo elemen to acontece como si nada hubiese, como si cada ciudad fuese a nacer en ese mom ento. Y está desarticulada la periferia de las ciudad es, fruto de una 'clandestinidad antigua' que se ve sustituíd a por u na 'pla nificac ión a e mpell ones'" (Cascais, 19 93).

Y respecto a Extremadura también hemos señalado en su día la 'improvisación calculada' como modelo de crecimiento urbana, la construcción en aluvión233, la congestión y la especulación como bandera, pues "ha sido en el solar urbano, en la ciudad, donde se han concitado casi todas las expectativas empresariales" (Rodriguez Cancho,Baigorri, 1994). Sin embargo, se perciben algunas diferencias sustanciales. Pues, al menos hasta la fecha, en la mayoría de las ciudades de Alentejo, siguiendo en parte el ejemplo de Évora, han sabido conservar vivo y habitado el casco antiguo. Yendo aún más allá, Évora se ha integrado en una red europea de ciudades medias y ha liderado la realización de planes estratégicos de desarrollo para este tipo de ciudades. Por el contrario, el proceso en las principales ciudades ciudades extremeñas se ha orientado
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Entre los efectos derivados de ese tipo de producción de ciudad debemos citar, como más paradigmático, la tragedia urbana producida por la ya famosa riada de Badajoz de noviembre de 1997, que costó la vida en la ciudad a casi veinte personas y ha provocado la necesidad de realojar a casi 1.000 familias.

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hacia el vaciado de los centros históricos, tras la ya irreversible ruptura de las murallas, y su consiguiente degradación (salvo en Mérida, donde la omnipresencia de la administración regional en el centro ha evitado su degradación, aunque plantea otro tipo de problemas urbanísticos). Y no es previsible que actuaciones aisladas, como el Plan Urban en Badajoz (financiado con fondos comunitarios), modifiquen esta tendencia, ya que se centran en áreas demasiado pequeñas y delimitadas y no se integran en un proyecto global de ciudad, por lo que bien pudieran convertirse en meros reactivadores de la especulación. El dinero, sin imaginación, casi nunca resuelve otra cosa que la economía de los intermediarios.

La red urban a de Extremad ura
Uno de los primeros intentos de definir un sistema urbano extremeño se recogía en el Reconocimiento Territorial de Extremadura, realizado en 1980 por INTECSA para el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (MOPU). Dicho estudio planteaba la existencia de nueve lugares centrales (Plasencia, Navalmoral, Cáceres, Trujillo, Badajoz, Mérida, Don Benito-Villanueva, Almendralejo y Zafra), y otros núcleos principales y secundarios, que polarizarían al resto del territorio. Sin embargo, la inexistencia de una adecuada red orgánica de comunicaciones, los profundos déficits infraestructurales y equipamentales de todo tipo, y sobre todo el atraso económico general de la región, han impedido en el fondo la consolidación de ninguno de los sistemas entrevistos a nivel teórico como óptimos. Ha sido siempre obvio que había unas ciudades más importantes que otras, las cuales además eran retroalimentadas por los sucesivos procesos descentralizadores de la administración, generalmente apoyados en las cabeceras de los partidos judiciales; pero el manejo de las variables normalmente utilizadas no decía mucho más. Hay que prestar atención, para entender realmente la red urbana extremeña, a una infraestructura que ha resultado fundamental para el desarrollo de Extremadura: los regadíos. Hemos visto en capítulos precedentes cómo al madurar han complejizado la economía regional y han generado una serie de flujos e interacciones territoriales nuevas, que se superponen (y en buena medida anulan) a las redes y corredores históricos. En el Estudio Territorial de Extremadura I, realizado en 1991, utilizábamos el concepto de corredor como
"una unidad estrecham ente interrela cionad a, que cuenta con una o más concentraciones urbanas de impo rtancia diversa que centralizan las actividades económicas de la zona, y capaz de retroalimentarse a sí m ismo. A su vez el con junto territorial del corredor co nstituye una centralidad que coh esiona co n desigu al fuerza un entorno territorial próximo, situado claramente fuera de la zona, y en relación de dependencia" (Baigorr i, 1992:6 7).

En estos corredores se agrupa más de dos tercios de la población regional, y dentro de los mismos se sitúan las principales ciudades de la región. Otros trabajos han comprobado la existencia de dichos ejes desde otras perspectivas, como la localización industrial (Cortés, 1996:555ss.), o al menos han incorporado la consideración del regadío como elemento vertebrador del sistema urbano (Sánchez Zabala, 1992). Junto al regadío hay que considerar dos elementos nuevos: en primer lugar el proceso de regionalización, que ha convertido a una de las ciudades extremeñas, no la mayor ni la más importante económicamente, en la capital política y administrativa regional. Este hecho, aunque no ha alterado sustancialmente la estructura de los corredores conformados en los últimos años por el regadío, ha influído notablemente en la recuperación del eje (cada vez más cuarteado) Norte-Sur denominado Ruta de la Plata, a lo largo del cual se ubican algunas de las más importantes ciudades extremeñas del pasado. En fin, la construcción de la Autovía de Extremadura debe verse también como un nuevo elemento que, a la vez que consolida y aumenta - 213 -

la importancia del corredor del Guadiana, va a ayudar a recuperar la importancia de ciudades excéntricas como Navalmoral (ya beneficiada por los regadíos del Tiétar y los seudoregadíos de Valdecañas) o Trujillo. Del mismo modo que la ¿próxima? construcción de la Autovía de la Plata puede suponer una consolidación económica de este eje hoy cuarteado.

La red urbana en el Alentejo
La Comisión de Coordinación de la Región del Alentejo (CCRA, 1994), en su programa operativo de desarrollo (POR), avanzó hace muy pocos años una propuesta de red urbana que se recoge en el mapa (Ilustración 37), en la que se consideran cuatro niveles de importancia, o de centralidad (en Extremadura, la obsesión y el tiempo perdido con una comarcalización infausta ha impedido una definición equivalente, es decir asumida como instrumentación del desarrollo por la administración regional). Tan sólo Évora se ubicaría en el nivel 4, como capital regional, y Portalegre, Beja y Sines en el nivel 3. En el nivel 2 aparecen unos centros concentrados en Castro Verde, Montemor, Moura, Estremoz y Elvas, y otros centros difusos como Alcácer do Sal, Grándola y Odemira. Siguiendo luego hasta 35 asentamientos de nivel 1. Por su parte, la profesora Cascais ha elaborado una jerarquía de ciudades para el Alentejo, atendiendo a una serie de variables como la dimensión, el ratio rural/urbano, la densidad y la concentración urbana, la atracción o las centralidades, que nos permite observar la importancia real que tienen las 14 ciudades consideradas en dicha clasificación, en la que por ejemplo Elvas o Ponte Sôr aparecen, entre otras, con una importancia real sensiblemente superior a las que les otorga la red urbana propuesta por la CCRA, mientras que por ejemplo Grândola aparece con una importancia real notablemente inferior a la que le asigna la CCRA. El orden de importancia de las ciudades del Alentejo, según la profesora Cascais, sería el siguiente: Évora, Beja, Portalegre, Elvas, Ponte Sôr, Estremoz, Sines, Moura, Montemor, Vendas Novas, Alcácer, Castro Verde, Borba y Grándola (Cascais, 1993). En cualquier caso, en Alentejo existe un reconocimiento de que
"no se verifica la existencia de una red equilibrada de centros urb anos de dimensión media, capaz d e constituir u na estruc tura que permita u n correcto ordena miento global de la región" (CCRA , 1994: 1 0).

¿Hacia una red urbana extremeño-alentejana?
La consecuencia lógica de cualquier análisis transfronterizo, como es el que nos ocupa, es proyectar las potencialidades de interrelación entre Extremadura y el Alentejo. Debemos por tanto intentar ojear el horizonte del futuro a medio plazo para ver si virtualmente es factible llegar a hablar en un futuro de un sistema de ciudades extremeño-alentejano, pivotando además en buena medida sobre la mesópolis pacense. Teniendo en cuenta, como haremos a continuación, también el marco global de las redes y corredores urbanos portugués, español y europeo, así como las posibilidades de interacción de las ciudades a ambos lados de la raya. Podemos lanzar una hipótesis de futuro sobre la red urbana de ambas regiones, que se recoge en el siguiente esquema. Es, ciertamente, un modelo que creemos recoge las tendencias, tanto económicas como políticas (es decir, tanto la realidad como la voluntad de los actores) que se observan, pero que obviamente es a la vez -casi más- una propuesta de acción, esto es una elección de lo que estimamos como más apropiado para una adecuada integración, en el nuevo marco comunitario, de Extremadura y el Alentejo, a través de su red de ciudades.

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GRAFICO 29 Una propuesta creemos que viable, por cuanto además, frente a otros espacios de concentración urbana, presenta valores esenciales en la nueva Sociedad de la Información: una economía compleja, donde todos los sectores -incluído el sector primario, con una potente agroindustria- están presentes y contribuyen al crecimiento económico de la zona; uno de los entornos medioambientales de mayor calidad que pueden encontrarse en Europa; un patrimonio histórico-artístico de los más importantes del mundo; una actividad cultural creciente que cada vez en mayor medida incrementa su participación en el PIB regional (Baigorri, 1998); una creciente capacidad científica y también tecnológica. En suma, un ecosistema urbano plenamente adaptable al concepto de sostenibilidad. Naturalmente, para que sacar partido de estas virtualidades las ciudades que se observan como estructurantes de la futura red urbana de Extremadura y el Alentejo deben tomar conciencia de su importancia real, de su papel como motores del desarrollo regional, arrostrando el desafío de definir modelos de ciudad capaces de insertarse en la nueva sociedad global. Ello implica, entre otras cosas, el diseño de un planeamiento urbanístico que, siguiendo el modelo de Évora, vaya más allá de la mera regulación de la edificación.

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En este marco que se propone, el eje Villa-Benito234-Lisboa, articulado por la mesópolis de Badajoz como espacio central, puede y debe constituir el motor territorial del desarrollo económico y de la urbanización de ambas regiones, e incluso de parte de la región Centro en Portugal. El papel de Évora, en cierto modo excéntrico al corredor, como ocurre con Cáceres (con la que comparte más similitudes que con Badajoz), debe ser, como el de la segunda ciudad extremeña, el de foco cultural y centro turístico basado en el patrimonio histórico-artístico, y en este sentido plenamente complementario de la mesópolis transfronteriza de Badajoz-Elvas. Naturalmente tenemos en cuenta, en este futurible, la ubicación de estos espacios regionales en un marco territorial importante, dentro del conjunto peninsular y europeo. Pues la integración de Portugal en la UE ha supuesto una modificación fundamental en la posición estratégica de las dos regiones, al quedar ubicadas en un espacio aproximadamente central entre las dos capitales estatales peninsulares. Sobre ello nos extenderemos en el siguiente apartado. Pero, sobre todo, la asunción de este corredor como eje básico del desarrollo socioeconómico de ambas regiones supone, sobre todo en lo que se refiere a la mesópolis pacense, una apuesta decidida por una serie de políticas, de afección territorial más amplio, complementarias a las que se han expuesto anteriormente. Es esperable, en primer lugar, la ruptura definitiva de la frontera en el campo de las comunicaciones. Todo lo conseguido hasta la fecha en el proceso de integración económica y social transfronteriza viene estando fuertemente limitado por las fronteras telemáticas, paradójicamente las más fáciles de superar en teoría. Cuando llamar de Elvas a Badajoz o viceversa, o de Mérida a Évora, tiene costes de llamada internacional, esto es equivalentes a hablar con Francia o Inglaterra, las posibilidades de interacción se están reduciendo fuertemente. En este sentido, las compañías telefónicas norteamericanas y mejicanas hace años que han demostrado la rentabilidad de romper con el tabú de la frontera, a pesar de trabajar en una frontera dura; correspondiendo a los agentes económicos y políticos de ambos lados de la raya el conseguir que eso ocurra también en la ex-frontera que nos ocupa. En este sentido, en el lado español se debe presionar para la dotación de todo el corredor con la red más avanzada de fibra óptica que posibilite su plena incorporación a las auténticas autopistas de la información, y en el marco de este modelo territorial debería interesar a Lisboa la dotación de ese mismo tipo de infraestructuras en el tramo portugués del corredor. Por otro lado, la tradicional salida al mar por Huelva, que en realidad nunca ha llegado a consolidarse, deberá sustituirse por Lisboa, metrópolis hacia la que debe orientar fuertemente sus intereses Badajoz. Lo prolongaría de forma natural el eje de las Vegas del Guadiana, todo lo cual daría a su vez fuerza a la futura formación de un eje económico transversal en la península (Lisboa-Badajoz-Ciudad Real-Albacete-Valencia/Alicante, para el que sólo hacen falta 320 nuevos kms de autovía). En este sentido, vincular, como se está haciendo, la rehabilitación del ferrocarril Jerez-Huelva (que es rentable en sí mismo con la salida de productos del Sur de la provincia hacia el puerto onubense235) al tráfico Badajoz-Huelva no tiene sentido alguno, pues la mesópolis pacense dispone de 200 kms autopista que la sitúan a menos de dos horas en uno de los principales puertos atlánticos de Europa. Estos nuevos condicionantes territoriales exigen prestar especial atención al conjunto de las
Es indiferente ésta u otra denominación (como Don Benito de la Serena) para la conurbación funcional de Don Benito y Villanueva de la Serena.
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No olvidemos que en Jerez de los Caballeros se localiza una de las más importantes acerías españolas, uno de los principales centros europeos de fabricación y distribución de productos por catálogo, un importante centro productor de conservas cárnicas, y a corto plazo una cementera.

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comunicaciones del triángulo Madrid-Lisboa-Sevilla, al que haremos referencia inmediatamente. Y no nos estamos refiriendo únicamente a la terminación, por fin lograda, de la autopista Badajoz-Lisboa, sino también, y sobre todo, a la dotación de un ferrocarril de velocidad alta (que no es lo mismo que la alta velocidad, pero también es muy distinto del ferrocarril tercermundista que sufre Extremadura, y no digamos el que sufre el tramo portugués del corredor) que sitúe los tiempos de transporte ferroviarios entre Badajoz y las dos capitales peninsulares en equivalencia con los tiempos por carretera. Así como la conversión del aeropuerto de Badajoz en aeropuerto regional ibérico, pudiendo ofrecer sus servicios a un radio de 120 kms236.. Así como la dotación, a medio-largo plazo, de trazado de autovía para la conexión de Badajoz, por Zafra, con la futura autovía de la Plata (lo que situaría la distancia entre Sevilla y Lisboa, las dos principales metrópolis del Sur peninsular, en poco más de tres horas de viaje, con menos de 400 kms de autovía). Naturalmente, ello exige el establecimiento de redes de cooperación entre las ciudades de este corredor, que permita, como ocurre en las grandes ‘city-region’, una estrecha relación entre los capitales, el comercio, los flujos de información y conocimiento, el trabajo, el turismo, y los intercambios culturales, relaciones que que deben garantizar una extremada movilidad entre todas ellas (Friedmann, 1998). Estas redes son mucho más importantes, y determinantes del desarrollo económico local, que las redes promovidas en el marco de la UE entre ciudades extremadamente alejadas (no sólo geográficamente, sino sobre todo en términos culturales y económicos) entre sí, y que no han conducido hasta la fecha237 a mucho más que a los tradicionales hermanamientos238. Friedmann propone tres aspectos como esenciales a tener en cuenta e identificar con exactitud para tener éxito en la estructuración de estas redes urbanas: 1) la competencia entre ciudades, 2) las alianzas estratégicas entre ciudades, 3) el intercambio de información.

236 La disponibilidad de transporte aéreo de personas es esencial para la consolidación del corredor a que hacemos referencia. Por otra parte, la intensa mejora que en los últimos años se ha producido en la red regional de carreteras, así como las nuevas dotaciones de autovía, convierten la localización del aeropuerto de Badajoz en plenamente funcional para la mayor parte de las ciudades de Extremadura y Alentejo. Si bien tampoco debemos olvidar que, con la dotación de la autopista Badajoz-Lisboa, el corredor dispone de aeropuerto trasatlántico siempre a menos de tres horas de carretera. 237

Por supuesto no olvidamos los beneficios que hayan podido derivarse de la realización de programas conjuntos financiados por la Unión Europea.
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Evora ha desarrollado una intensa política de redes. Se recoge en (Silva y Marchand, 1994)

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14. Ciudades que se mueven: bananas, arcos, diagonales y triángulos en la península ibérica y Europa

Cuando hablamos de situar un territorio en un espacio de mayor escala, como el que corresponde tanto a la Península Ibérica como al conjunto de la Unión Europea, estamos hablando casi de un divertimento. Pues hasta la fecha no se ha demostrado que ninguno de los innumerables modelos explicativos de la expresión física en el territorio del desarrollo económico y social sean explicativos, y en consecuencia puedan llegar a ser normativos, salvo en la medida en que sean propuestos como imágenes, futuribles de la voluntad. Por el contrario, en la mayoría de los casos -sea cual sea el aparato cuantitativo sobre el que descansen239- se trata de modelos únicamente descriptivos, que caen en el mero empirismo abstracto cuando pretenden proponer proyecciones tendenciales. A menudo, los propios autores especializados en este tipo de trabajo deben reconocer que “la clasificación en niveles jerárquicos era muchas veces un artificio estadístico no siempre acorde con la realidad” (Precedo, 1987:75). Así, hace menos de dos décadas era comúnmente admitida en los ámbitos académicos la concentración del desarrollo económico y la dinámica urbana en España en un triángulo altamente integrado en el Nordeste español, con vértices en Asturias, Levante y Cataluña, siendo los flujos más abundantes entre los vértices de Asturias y Cataluña, estando el resto del país caracterizado por le presencia de núcleos urbanos escasamente vinculados en materia de flujos con otras ciudades (Ferrer y Precedo, 1982). Sin embargo, la situación actual sólo remotamente guarda relación con ese cuadro descrito; no tanto -o no únicamente- por los cambios producto de la reestructuración industrial (Rodriguez Pose, 1995) con los que a menudo se pretende camuflar los errores de previsión, como por la propia dinámica de los territorios y ciudades, coadyuvada -eso sí- por las transformaciones tecnológicas y los cambios en los procesos de comunicación. En realidad, si atendemos a perspectivas más globales, ni siquiera los diversos empiristas abstractos coinciden en las conclusiones a las que los análisis funcional, de flujos o morfológicos nos conducen. Así, un vasto número de investigadores concluyen, cuando observan las reestructuraciones espaciales provocadas por el paso de la sociedad industrial a la post-industrial, por el advenimiento de la Sociedad de la Información, la Globalización y el resto de factores de cambio que han impactado en las últimas décadas -ya hemos apuntado al respecto en otro
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Normalmente diversas formas de análisis multifactorial con el que, gracias a las posibilidades de cálculo que hoy nos brinda la tecnología, se cruzan y entrecruzan decenas -a veces centenares- de variables físicas (evolución y características de la población, migraciones, estructura y dinámica de la producción, infraestructuras, equipamientos científicos, recursos naturales... hasta donde queramos llegar), a la espera de ver que ‘nos dice’ la estadística. De ahí se han derivado decenas de clasificaciones y jerarquías de ciudades, a menudo obsoletas casi inmediatamente después de finalizados los cálculos, que por razones obvias deben basarse en datos de tipo censal normalmente anticuados desde el momento en que están disponibles a los investigadores.

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apartado- , que todo ello conduce a una mayor concentración de la producción, el capital, la información y en suma el bienestar en los grandes centros decisorios, ya hablemos de megalópolis financieras, ciudades globales, ciudades-mundo, etc. Es la línea apadrinada fundamentalmente por Sassen y Castells. Sin embargo, sobre los mismos datos otro no menos extenso grupo propone que el hecho más significativo es la aparición de nuevos espacios de crecimiento que se estarían convirtiendo en los principales beneficiarios de la recuperación económica. Las denominaciones son extremadamente variadas, por cuanto en realidad se refieren también a realidades no menos diversas: las Edge Cities norteamericanas (Garreau, 1992), en referencia a los centros suburbanos que han incrementado su protagonismo (Cervero, 1989), y en general a los ciudades nuevas del sprawl de las metrópolis (McGovern, 1994); las pequeñas y medianas ciudades que se beneficiarían de la deslocalización y desconcentración de las tecnologías de la información (Campos Venutti, 1985); los famosos ‘distritos industriales’ popularizados por italianos y madrileños (Piore y Sabel, 1990); o los ejes de desarrollo flexible, las ciudades tecnológicas francesas (Rodriguez Pose, 1995), etc. Lógicamente, frente a estas posiciones debe haber un tercer grupo, más ecléctico quizás y dentro del cual habría de incluirse nuestra posición. Esta tercera posición parte de las aportaciones de (Benko y Lipietz, 1992), que ponen de manifiesto que, efectivamente, las regiones que ganan con la reestructuración -si es que es tal- son regiones urbanas, preferentemente las mayores y tradicionales metrópolis; sin embargo, entiende que ello no es óbice para que nuevos espacios puedan alcanzar protagonismo, en unos casos, y en otros ‘salir’ incluso de su posición estrictamente periférica:
“Por tanto, el pro ceso de internacionalización y el desarrollo de ciudades contradice una supuesta tende ncia hacia la d ominación metropolita na e incluso da pie a pensar en el ‘renacimiento’ de ciudades intermedias en relación con el poder de las g randes metró polis” (Cappellin, 1992:30)

Por tanto, a pesar de nuestro escepticismo respecto de los tradicionales análisis espaciales, no es menos cierto que existen evidencias empíricas que pueden derivarse de la observación espacial. Modelos interpretativos que, en la medida en que sean acertado, pueden ayudar al establecimiento de estrategias de desarrollo tanto urbano como regional. Hipótesis que, más con la ayuda de la intuición científica (la ‘imaginación sociológica’ que diría Wrigth Mills, pero aplicada al espacio), que con la de los datos, nos permiten pronosticar una evolución posible siempre que se den determinadas circunstancias. En esta línea van los más recientes trabajos sobre la dinámica espacial del desarrollo, siendo la literatura sobre el denominado Arco Mediterráneo uno de los más interesantes ejemplos de estas nuevas posiciones -ver, para una revisión de textos sobre ese espacio, (Salvá, 1997)-. Lo cierto es que, exista o no el famoso arco mediterráneo, la reflexión sobre el mismo está ayudando a las ciudades y regiones que hipotéticamente lo compondrían a establecer políticas apropiadas de inserción en la economía global, coadyuvando así a los procesos naturales de sus propias estructuras económicas y sociales. En este sentido, hay en España interesantes antecedentes en esta línea de aproximación, que lamentablemente no fueron suficientemente tenidos en cuenta por los planificadores, debido esencialmente la escasa consideración de los análisis espaciales de origen sociológico. Así, el informe sociológico FOESSA de 1970 preveía que,
“en las próximas dé cadas, el mapa de la estructura urbana peninsular evolucionará del modo siguiente: 1 . Urban ización cre ciente de la costa m editerrán ea, Ma drid, Lisbo a y costa cantábrica. 2. Desarrollo de los nudos interiores de enlace: Valladolid, Burgos, Zaragoza y quizás Albacete, Bail én y Badajoz. 3. Detención relativa del proceso urbanizador en

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Oporto-Galicia y en las ciudades medias de la campiña andaluza” (FOESSA, 1970:1190)

Dejando a un lado el caso de la conurbación Oporto-Galicia, que obviamente ha seguido desarrollándose intensamente en estas tres décadas, no cabe duda de que el resto de las previsiones se han cumplido con bastante exactitud., y que el modelo espacial actual en la Península Ibérica, después de choques tan profundos como la llamada crisis fordista, la globalización, la incorporación a la UE, o la desaparición de las fronteras, se parece bastante al sugerido en aquel informe.. Se trata, en suma, de acercamientos al comportamiento espacial de las ciudades, así como de la economía y de la dinámica social, más centrados en la observación ‘a pie de obra’, atendiendo a las particularidades del mismo y dejando hablar al propio territorio (en lugar de estrujarlo estadísticamente o ‘gis-ísticamente’). Es en esta línea en la que se plantea nuestra interpretación del espacio objeto de nuestro análisis, y de su reposicionamiento en el marco espacial ibérico y europeo.

Las grandes tendencias espaciales en Europa y la península ibérica
Veamos en primer lugar cuáles son los grandes modelos interpretativos de la dinámica espacial europea en estos momentos. Como veremos, algunos son redundantes, y otros contradictorios, pero todos ellos constituyen hipótesis a considerar. El problema de casi todos ellos es que pretenden una interpretación global y totalizante, que se hace imposible en la medida en que por su parte terminan en las propias fronteras comunitarias y no pueden leerse en sus respectivas conexiones con las redes planetarias. De ahí que nos parezcan mucho más interesantes aquellos modelos que se limitan a espacios concretos. Estamos de acuerdo con (Hall, 1993:893) en la dificultad de expresar la existencia de un sistema urbano europeo, existiendo más bien un conjunto de sistemas nacionales diferenciados entre sí de forma clara por causa de diversos hechos históricos, si bien no es menos cierto que la desaparición de las fronteras ha provocado la interconexión de no pocos de estos sistemas nacionales, o redes urbanas, conformando nuevos espacios para la interpretación. Sin duda, el modelo más conocido, basado en las posiciones que entienden que los cambios están conduciendo a una mayor centralización y jerarquización de los espacios, es el de la banana azul, que expresa la idea de la concentración de los flujos económicos y financieros en un pasillo, y que fue lanzado por la DATAR a finales de los años ‘80, según está expresado en (Brunet, 1989). Se trata esencialmente de un corredor metropolitano que se extendería, atravesando mares y montañas, prácticamente entre Londres y Milán. Otros autores hablan de la megalópolis europea para referirse a este espacio, pero lo cierto es que, a pesar de que en la zona hallamos la mayor densidad urbana, no esta claro para todos los autores que exista una continuidad clara, ni siquiera en los términos en que hace tres décadas se enunció el concepto de megalópolis referida a la región que se extiende entre Boston y Washington y tomando a Nueva York como centro (Gottman, 1973). De ahí que otros prefieran distinguir entre lo que serían las capitales centrales de Europa, que constituirían la auténtica megalópolis europea, y el denominado arco alpino. Es en estos términos como se plantea la red urbana la propia Comunidad, al diseñar los programas de cooperación interregional, y de hecho la Dirección General de Políticas Regionales de la Comisión estableció un modelo de interpretación espacial de la dinámica regional europea en esa línea, denominado Zonas Transregionales de Europa (1991), modelo que otros autores modifican sensiblemente para intentar acercarse más a la variabilidad espacial existente. Pues, ciertamente, incluir al Alentejo litoral en una misma unidad de análisis y acción con el País Vasco, Bretaña - 220 -

o Gales es ciertamente un poco forzado; del mismo modo que lo es el asimilar Córcega y Cerdeña a Cataluña, el área metropolitana de Marsella o el hoy dinámico Languedoc. En unos casos (Cappellin, 1992) se opta por un reagrupamiento de los polígonos, y en otros (Daviet, 1994; Salvá, 1997) se opta por centrarse en determinados espacios-problema, como el Arco Mediterráneo, distinguiendo muy bien los fragmentos que constituyen dicho espacio.

GRAFICO 30 Este modelo, en su simplicidad, parece mucho más realista por cuanto sin abandonar los posibles puntos de encuentro entre los distintos subsistemas, o redes, nos delimita espacios

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mucho más concretos y, a la vez, posibilita empezar a distinguir vacíos240. Sobre ese modelo encontramos cinco grandes áreas o redes urbanas peninsulares, casi todas ellas transnacionales, a considerar como hipótesis: el llamado arco mediterráneo, claramente transnacional, según lo definió la DATAR, entre Alicante y Génova; la fachada del Golfo de Vizcaya, entre La Rochelle y Gijón; la conurbación de Finiesterrae, entre Oporto y A Coruña; la fachada del Estrecho, que recogería el Algarve y Andalucía (la conurbación murciana de la costa formaría en realidad parte del Arco Mediterráneo); y la no menos conocida Diagonal Continental, que en este modelo se extiende entre Lisboa y Madrid. Deteniéndonos en el ámbito nacional, en el siguiente esquema se recogen los conjuntos territoriales y ejes que, según el Plan Director de Infraestructuras elaborado en España a principios de los años ‘90, articulan en la actualidad el espacio. Aparecen dos ejes esenciales, de un lado el hoy denominado Arco Mediterráneo, en este caso entre Murcia y la frontera francesa, y en segundo lugar el Corredor del Ebro, que conecta dicho Arco con la Región Urbana Vasca. Asimismo, se señalan una serie de ejes en proceso de consolidación: el más importante, aunque relativamente forzado en su diseño -sobre todo en la extremidad superior- sería el Eje Levante-Madrid-Asturias, que se cruza con un supuesto Eje Valladolid-Burgos-Región Urbana Vasca (denominado en el proyecto Eje de los Portugueses), y supuestamente conectaría también -a través de Despeñaperros- con con el Corredor de Andalucía Occidental. En fin, aparece como destacable el fragmento gallego del hoy denominado Arco Atlántico, denominado aquí Eje gallego-Portugués.

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En el marco de las políticas de desarrollo, y al menos desde la óptica sociológica, deberían ser mucho más interesantes los vacios producidos por la entretejida red global, que los nudos megalopolitanos. Como hemos apuntado en otros apartados, es en esos vacíos en donde la dicotomía rural/urbano sigue teniendo hoy algún sentido.

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GRAFICO 31 Sin embargo, lo que sobre todo nos interesa señalar en este modelo, establecido precisamente para fijar (es decir, para justificar ideológicamente) la localización de nuevas infraestructuras metropolitanas, urbanas e interurbanas en la década de los ‘90241, es el radical olvido, a pesar de responder a análisis y objetivos ya plenamente enmarcados en la Unión Europea, de la parte de la Península en la que se ubica Portugal. En el PDI la raya, como hemos señalado ya con anterioridad respecto de los precedentes Planes de Desarrollo, parece ser para los planificadores españoles no una separación administrativa sino una línea de costa. Al contrario de lo que los análisis territoriales europeos venían considerando desde mediados de los años ‘80, según hemos visto, y que respecto al espacio que nos ocupa es una cuestión esencial.

La posicion y el cambio virtual de posicion
En este marco, que conduce a los planificadores territoriales incluso a olvidar la existencia de otro país al otro lado de la frontera, es plenamente aceptable nuestro concepto de las ciudades que se mueven. Pues, efectivamente, la perspectiva territorial global del espacio que nos ocupa, como transfronterizo, nos muestra cómo la mesópolis pacense ha pasado de estar situada virtualmente en el borde de la nada, a situarse virtualmente en una interesante posición estratégica. Debemos retomar, para explicar esta situación, algunos de los elementos teóricos centrales que hemos desarrollado en otros capítulos en relación con la urbe global y su concreción física en el territorio. Hemos visto cómo uno de los elementos de la globalización, no el más estudiado es el surgimiento de una dimensión de la ciudad que supera los perfiles de lo físico. Hemos hablado así de urbe global, utilizando la denominación de global no en referencia a tamaños individuales -como hace la ‘escuela’ de Friedmann desde una perspectiva territorialista, o la de Sassen desde una perspectiva productiva-, ni siquiera exactamente desde la perspectiva formalista de Doxiadis, sino para designar un proceso por el que los aspectos físicos y morales de la ciudad se extienden a todos los rincones del universo, civi-lizándolo. Hay pues una urbe global que se superpone a la territorialidad de las ciudades físicas, modificando su conformación territorial. Todavía podemos distinguir fácilmente cómo los nudos de la urbe global, más o menos importantes demográficamente, más o menos influyentes económica, política o culturalmente, siguen correspondiéndose en parte con centros históricos, para los que conservamos la rudimentaria definición de ciudades, aunque ahora las llamemos megalópolis o incluso ciudades-mundo. Pero se hace cada vez más difícil una correspondencia directa entre esos espacios sociales y los lugares físicos en los que las ciudades surgieron y se han desarrollado. Debemos hablar por tanto también de centralidades virtuales, que en parte pueden corresponderse con perímetros administrativos diferenciados, pero también con un conjunto de posiciones sociales interconectadas geográficamente y ubicados en lugares físicos a veces muy alejados entre sí. Por otra parte, la influencia de los nuevos centros virtuales, así como la modificación de la tecnología de las comunicaciones, está a su vez determinando desplazamientos virtuales de
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Aunque establecido por el anterior Gobierno de España, el actual Gobierno ha mantenido en lo esencial los criterios del PDI, introduciendo únicamente algunos cambios en cuanto a la jerarquía de prioridades de algunas de las obras, así como incorporando algunos proyectos de autopistas de peaje no previstos por el PDI.

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determinadas localizaciones físicas, que por lo demás no parecen responder al criterio de centralización jerárquica implícito en el paradigma de las ciudades-mundo. En este sentido planteamos el ‘cambio de posición’ que un lugar físico (en este caso la ciudad de Badajoz, a la que definimos como mesópolis transfronteriza), adopta por efecto de un conjunto de cambios tanto físicos -maduración de planes de regadío, mejora de las comunicacones terrestres...- como virtuales -desaparición de las fronteras de la UE, internacionalización de la Economía, conexión a la red mundial de telecomunicaciones...-. ‘Moviéndose’, en tanto que lugar, de una posición, como capital -a su vez excéntrica- de una provincia de 600.000 habitantes, periférica y situada en un fondo de saco -el telón de corcho-, a una posición central en un espacio poblado por más de doce millones de habitantes, articulado por tres metrópolis: Madrid, Lisboa y Sevilla Es decir, la posición de una ciudad puede sin embargo modificarse, como efecto de los cambios que se producen en su entorno. Creo que este fenómeno se está produciendo ahora en general respecto a las ciudades de Extremadura y Alentejo, y más concretamente respecto de la mesópolis de Badajoz. Veamos cómo, al nivel de modelos abstractos, se concreta esta interpretación espacial.

La mesópolis de Badajoz en sus nuevas posiciones geoestratégicas
En el documento Network Strategy for Medium-Sized Cities, elaborado por el conjunto de ciudades que junto a Évora forman una red europea de ciudades medias, se plantea como hipótesis una prolongación virtual del corredor metropolitano europeo, hacia el Suroeste, conectando las principales ciudades del Norte y el Centro de Europa con las capitales peninsulares (Silva, 1994a:59). La propuesta tiene cierta lógica, más política que económica, pero es en cualquier caso una tendencia ilusionante para nuestras regiones, que ha llegado ha generar algunas iniciativas en el marco del Consejo de las Regiones, tendentes a la potenciación de la ya citada Diagonal Continental. Por otra parte, además de los cambios de posición virtual de los espacios que se produce por efecto de la unión de fronteras, en cuyo marco hay que incluir el eje potencial de la Diagonal Continental, es un hecho ya establecido en el análisis regional que la creación de nuevas infraestructuras de comunicaciones y transportes contribuye poderosamente al establecimiento de nuevas interacciones. En este sentido, y si bien no es producto de la planificación -pues como hemos señalado siempre se ha olvidado la existencia de Portugal en la planificación del desarrollo en España-, debemos tener en cuenta que la mejora en las comunicaciones en el eje Lisboa-Valencia puede tener asimismo cierta incidencia en la posición relativa de la mesópolis de Badajoz. El proceso -mucho más lento que en lo que se refiere al sistema radial de comunicaciones, que sigue siendo el básico en España- en la mejora de las comunicaciones transversales a la Península viene contribuyendo desde hace tiempo a un fuerte incremento de las relaciones económicas no sólo de Extremadura sino de Portugal con el Arco Mediterráneo. Los últimos planes españoles de carreteras han previsto la mejora del sistema de carreteras Badajoz-Ciudad Real-Albacete-Valencia/Alicante, e incluso el actual Gobierno planteó en un momento dado la posibilidad de construcción de una autopista de peaje en dicho eje (actualmente harían falta 320 nuevos kms de autovía o autopista para conectar por vía rápida Badajoz con el Mediterráneo). De forma que es posible hablar también de un eje potencial Lisboa-Badajoz-Ciudad Real-Albacete-Alicante/ Valencia que, casi en el centro de la Península, conecte económicamente el Arco Atlántico y el Arco Mediterráneo.

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GRAFICO 32 Por su parte, en otros documentos hemos señalado para las principales ciudades extremeñas "la posición relativamente buena en el triángulo Madrid-Lisboa-Sevilla" (Baigorri, 1990:10). Esta imagen del triángulo, que tan ampliamente ha sido luego utilizada en la ciudad, es sin duda el apunte más importante que la interpretación espacial de la mesópolis de Badajoz nos sugiere. Basamos esta hipótesis en la analogía espacial de la nueva posición virtual de Badajoz con la sustentada por Zaragoza a partir del desarrollo de las redes de comunicación en los años ‘60, situándose en un punto equidistante entre Madrid, Barcelona y Bilbao, esto es en el centro de los más intensos corredores de flujos económicos de la Península. No cabe duda de que ha sido esa posición la que ha permitido a Zaragoza convertirse en una de las principales ciudades -y sobre todo centros económicos- españoles, así como ha permitido más recientemente el propio desarrollo del Corredor del Ebro, articulado precisamente por Zaragoza. Asimismo, nos encontramos con que Badajoz, gracias al reciente desarrollo de las infraestructuras de comunicaciones -autovías, redes de telecomunicaciones, oleducto y gaseoducto, a medio plazo con mejoras en el ferrocarril-, se sitúa en un punto casi central de ese triángulo Madrid-Sevilla-Lisboa, esto es un espacio con una población de entre 10 y 12 millones de habitantes (según la delimitación que tomemos). Podemos pensar incluso en una nueva articulación del espacio interior de la Península, nunca considerada, gracias al desarrollo de las vías de comunicación y a la ruptura de la frontera de Portugal: un rectángulo cuyas esquinas serían Oporto, Lisboa, Alicante-Murcia y Valencia, en el que Madrid ocupa una posición central, pero en el que aparecen nudos articuladores de importancia como Albacete en el Este y Badajoz en el Oeste. Pero hablamos de virtualidades, que requerirían nuevas investigaciones complementarias. No obstante, y pensando en el más realista modelo del Triángulo del Sudoeste, debemos apuntar que encontramos previsible un comportamiento de la mesópolis sensiblemente distinto, - 225 -

respecto a su territorio de influencia, que el de Zaragoza, que ha centralizado y acumulado todo el crecimiento aragonés de las últimas cuatro décadas. En este caso partimos de una situación sensiblemente distinta, pues que ya existen, como se ha puesto de manifiesto, una serie de ejes de desarrollo potencial en la región, a lo largo de los cuales se dispersa en el territorio regional el crecimiento. Al contrario de que lo que ocurría en Aragón cuando se inició, en los años ‘60, el despegue de Zaragoza beneficiándose de su posición estratégica entre Madrid, Barcelona y Bilbao (y Valencia, según otras interpretaciones espaciales), el conjunto de Extremadura-Alentejo dispone de pujantes ciudades medias que van a absorber parte del crecimiento, evitándose así el gigantismo de la principal ciudad a costa del resto, como ocurrió en Zaragoza (Gaviria, Grilló, 1975). Cuando Zaragoza inicia su despegue, el resto de las ciudades y pueblos de la región se hallaban en un proceso de decadencia demográfica y económica, mientras que, particularmente en el caso de Extremadura, no es esa la situación de partida. El fuerte desarrollo que en los últimos tiempos está tomando el Sur de la provincia, en torno a Jerez de los Caballeros, o el Norte en torno a los valles de La Vera y El Jerte, marcan diferencias sustanciales. Los más recientes datos del Anuario Comercial de España (ACE, 1998) muestran la dispersión territorial242, a pesar de la importancia de Badajoz, según hemos reflejado en el siguiente esquema.

GRAFICO 33

242 Con los errores lógicos de los análisis a distancia y basados en el mero análisis estadístico, como es vincular Miajadas a Cáceres y no a la agrópolis de Don Benito de Villanueva, o Navalmoral con Talavera de la Reina, cuando su cone xión y razón de vida son las Vegas del Tiétar (incluida Almaraz).

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En suma, aceptando que la nueva posición virtual de Badajoz va a beneficiar sustancialmente a Badajoz y su área mesopolitana, en modo alguno va a poder plantearse la nueva situación en términos de Badajoz contra Extremadura o Badajoz contra el Alentejo, tal y como durante décadas se ha planteado el concepto de Zaragoza contra Aragón, o incluso Barcelona contra Cataluña. Por lo demás, hay dos hechos fundamentales que limitan poderosamente las posibilidades expansionistas de Badajoz: en primer lugar, la ubicación de la capitalidad regional en una ciudad de su área de influencia, pero que posee entidad e impulso propios; y en segundo lugar, la existencia de una segunda capital provincial en la región, con una influencia política en la región totalmente equidistante de la de Badajoz. En este sentido, la región debería tomar conciencia de la importancia de la potenciación de la mesópolis pacense, pues dado el carácter difuso del desarrollo económico en Extremadura, el crecimiento de Badajoz en modo alguno va a realizarse a costa del resto de la región, sino que va a potenciar al conjunto al disponerse de un centro de servicios de escala adecuada.

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15. La síntesis abierta
“La vida es breve, y la información inacabable: nadie tiene tiempo para todo” Aldous Huxley, Nueva visita a un mundo feliz, 1958

Al terminar la redacción de un documento que recoge un proceso de casi cuatro años de trabajo orientado en una dirección243, a las dificultades que han debido superarse, tanto teóricas como prácticas, para llevarlo a buen fin, se añade una nueva: la de realizar una síntesis del documento, y establecer conclusiones. Esta dificultad deriva, atendiendo al propio proceso productivo, de ciertas limitaciones estructurales que paso a comentar brevemente. De una parte, este trabajo está hasta tal punto anclado en el concepto de red que, como las redes neuronales, se expande en múltiples direcciones no siempre fáciles de controlar. Mi propia forma de escribir contribuye a ello, ya que no maduré mi forma de expresar los conocimientos de la mano de los clásicos de la Sociología -de quienes luego tanto he aprendido-, sino de los clásicos del Periodismo y también de los escritores modernos. En su forma mi escritura debe más al Tom Wolfe de La izquierda exquisita o El coqueto aerodinámico roncarol color caramelo de ron, a Italo Calvino o Leonardo Sciaccia (en los cuales hay, por otra parte, más Sociología que en los sociólogos de los ‘60 o los ‘70), que a los Grandes Padres e Hijos de la Sociología244. En
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Al iniciar mi programa de doctorado, en 1995, tenía claro que deseaba estudiar el proceso de urbanización del regadío. De alguna manera quería cerrar un ciclo, de dedicación a los temas de Sociología Rural y Urbana vinculados con ese aspecto de la realidad rural. Sin embargo, a medida que avanzaba en la necesidad de circunscribir el asunto, según los cánones aceptados respecto a lo que habría de ser, o podría ser, en su día, una tesis doctoral, me veía empujado a desviar mi atención en direcciones diversas, a la búsqueda de claves novedosas de interpretación. Así, lo que inicialmente se planteaba como una investigación general sobre los espacios de regadío, se fue concretando en el proceso de urbanización de las Vegas del Guadiana; más aún, a medida en que los trabajos de doctorado, y las oportunidades que me eran brindadas para investigar o discutir en torno a estas cuestiones, iban tomando forma, estuvo claro para mí que el tema sobre el que ya estaba de hecho trabajando era el papel que la ciudad de Badajoz, como consecuencia de la maduración de los regadíos del Plan Badajoz, cumplía respecto a su entorno. La investigación que dirigí sobre la estructura socioeconómica del municipio en 1995, financiada por el Fondo Social Europeo, me hizo definitivamente atractiva la vuelta a una perspectiva más urbana, en parte abandonada por el cansancio inherente a años de trabajo en planeamien to urbano. La tentación de avanzar por la vertiente teórica, más gratificante que la praxis urbana, fue difícil de resistir. A finales de 1996, al par que tramitaba la inscripción definitiva del proyecto de tesis, tuve ocasión de discutir con un grupo de investigadores sobre el interés de la hipótesis de Badajoz como mesópolis transfronteriza, y los resultados me animaron a dirigir mi trabajo, definitivamente, en esa dirección. Una corta estancia en la Universidad Autónoma de la Baja California, en Mexicali, y el contacto con investigadores tanto del Colegio de la Frontera Norte de Méjico, como de la San Diego State University, en 1997, me aportaron la perspectiva adecuada para abordar esa nueva dimensión transfronteriza. Como corresponde a un trabajo de estas características, he procurado confrontar en todo momento mis avances, presentándolos en cuantos foros me ha sido posible. Asimismo, como es pertinente he procurado publicar aquellos apartados que iba considerando cerrados, no con la intención de marcar el terreno, sino con la esperanza de encontrar respuestas críticas que pudiesen ayudarme en mi trabajo. Gracias a ese proceso he podido incorporar perspectivas nuevas, o revisar algunos planteamientos inicialmente erróneos. No deja de ser curioso que durante años sufriese la crítica (positiva, pero crítica al fin) de que no hacía periodismo, sino sociología. Años más tarde, tras fundirse mi formación de periodista con el magisterio de un sociólogo tan atípico como Mario Gaviria, debí sufrir a menudo la acusación de que no hacía sociología, sino periodismo. ¿Pero hay dos métodos para el conocimiento de la realidad más cercanos que la Sociología y el Periodismo?. Mi admiración por Patrick Geddes, Lewis Mumford, Robert Ezra Park, David Riesman, Alvin Toffler y tantos otros que anduvieron a caballo del Periodismo y la Sociología me ha permitido superar interiormente esa ambivalencia que diría Merton. Más aún, siento auténtica compasión por
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el Calvino de Si una noche de invierno un viajero, hay un índice que guarda una lógica, hay una serie de conceptos que aparecen aquí y allá, hay descripciones y hay sensaciones que uno puede tomar como hipótesis virtuales... Sin embargo, ¿hay un planteamiento, un nudo y un desenlace?. Sin duda alguna lo hay, y el buen lector así lo pre-sentirá al terminar su lectura; pero probablemente el autor sería incapaz de explicar en esos términos su obra. Puede sonar un poco feyerabendiano, pero es la dura realidad que acompaña a menudo al acto creativo. El concepto de obra abierta, que puede aplicarse no sólo a la creación artística, sino también a la ciencia, más aún si aceptamos la propuesta de Nisbet de que la Sociología es ‘una forma de arte’. Por otro lado, hay otra limitación de tipo estructural. Cuando uno elabora una tesis doctoral a los veinticinco o los treinta años, puede llegar a saber mucho de alguna cosa -lo cual siempre será poco-, y ponerlo todo junto es relativamente fácil. Pero cuando se hace con más de cuarenta cumplidos, y con veinte a la espalda de inmersión en la investigación aplicada, uno sabe algo de demasiadas cosas, y es mucho más difícil centrarse (salvo cuando existe un encargo concreto de por medio, que te obliga formalmente a reducir la amplitud del campo). Es difícil, por ello, no caer en la ampulosidad, resistirse a la tentación de hurgar en todos los pocos que uno sabe; más aún cuando la propia hipótesis que subyace en el origen de la investigación está fuertemente anclada en investigaciones y trabajos anteriores. Y es especialmente difícil, además, cumplir el axioma de hacer algo inédito y original: es fácil cuando se tiene capacidad y las alforjas de la experiencia casi vacías, pero se hace cada vez más complicado no copiarse a sí mismo a medida que las espaldas se van cargando. Por supuesto que he intentado en lo posible no cometer esos errores, por cuanto uno es plenamente consciente del tipo de acto que está realizando, pero es difícil estar plenamente seguro de haberlo conseguido. Si el producto del esfuerzo realizado en el tiempo de elaboración de esta tesis aporta siquiera un pequeño ladrillo al edificio del conocimiento científico de la realidad social, me daré por satisfecho. En fin, la propia naturaleza de este trabajo, la explicación de su objeto de análisis (el papel de la ciudad de Badajoz en su entorno ecológico más directo, y en el marco del proceso de desaparición de la frontera entre España y Portugal), exigía asimismo una procelosa navegación por los mares diversos de la transdisciplinariedad, sumido en el riesgo de dejar de lado algún concepto importante, de olvidar algún autor, de malinterpretar alguna teoría. Tenía que hacer Sociología Rural y Sociología Urbana, Geografía y Teoría del Desarrollo, Ecología y Análisis Regional... en un trabajo que se pretende de partida sociológico. Por todo ello, en el momento final de autoevaluar los resultados del esfuerzo realizado, uno se siente aún más inseguro, si cabe, que al principio. ¿Me habré perdido entre la broza del tupido bosque por el que me he adentrado?. ¿Era necesario llegar hasta el fondo de los presupuestos sobre el análisis transdisciplinario de la ciudad y el territorio, profundizar tanto en el paradigma ecológico, o debatir tan ampliamente la crisis de la Sociología Rural, para desarrollar mis hipótesis sobre el papel de la mesópolis de Badajoz?. Pienso que sí, en la medida en que, una vez completado el trabajo, la hipótesis de que el regadío es la clave para entender el desarrollo y posición actual de la ciudad creo que se ha verificado; del mismo modo que los procesos de urbanización puestos en marcha por la maduración del regadío han contribuido al mismo fin. Pero así y todo dudo ahora de si era necesario semejante esfuerzo teórico. Me pregunto también si habré olvidado algún elemento esencial. Sobre todo, porque a medida que he venido avanzando en la elaboración de esta investigación, me he ido dando cuenta de la necesidad de profundizar en muchos aspectos que apenas han podido ser apuntados. Por poner un ejemplo, que me ha interesado particularmente desde que me plantee esta investigación:
aquellos/as colegas que son incapaces de unir al rigor de la Sociología la expresión flexible y amena del Periodismo.

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¿por qué no analizar los flujos telecomunicativos entre Badajoz y su entorno?, ¿es posible disponer de esos datos?, ¿está preparada la ciudad para responder al desafío de las telecomunicaciones en un marco transfronterizo?. Otro aspecto esencial -sobre el que de hecho estamos en estos momentos empezando a trabajar-: ¿no debería haber investigado sobre la identidad, en términos culturales, de la ciudad, y sobre las posibilidades de surgimiento de una identidad regional transfronteriza en su entorno ecológico?. Desde otra perspectiva, ¿no debería haber utilizado las aportaciones antropológicas de algunos autores, como Calvo Buezas245, sobre el papel que los estereotipos y las actitudes de españoles y portugueses hacia sus vecinos respectivos pueden cumplir en el proceso que hemos analizado?. ¿No debería haber investigado en profundidad los programas de colaboración transfronteriza existentes en ambas regiones?. Seguramente no era necesario, y es suficiente que ahora sea capaz de plantearme esos interrogantes, si asumimos que una de las finalidades esenciales de la investigación científica no es tanto establecer respuestas como abrir nuevas vías a la propia investigación, poner sobre la mesa nuevos interrogantes, que permitan seguir avanzado en la validación o falsación de las hipótesis provisionalmente aceptadas. Pero a uno le queda la duda de si ha cerrado en el momento apropiado, de si ha cerrado en falso y debería haber seguido investigando esos nuevos frentes que, a medida que avanzaba, se iban abriendo, o si por el contrario ha ido demasiado lejos, más allá del punto de destino previamente trazado.

A modo de recopilación
Si uno se fija en el título de la investigación, sin leer los resultados en su totalidad, puede estar tentado de concluir que se trata de uno más de los ya casi infinitos trabajos que, en los últimos lustros, responden al tipo ideal de agenda para la investigación social que según William Flanagan caracteriza hoy a la Sociología Urbana: “descubrir qué es lo que hace a cada ciudad única en su respuesta a las fuerzas globales”. Este autor propone, en su exposición sobre la Sociología Urbana contemporánea, que “desde mediados de los ‘80 hay un creciente énfasis de la sociología urbana en el localismo y el empirismo, y un des-énfasis en las teorías que postulan la inexorabilidad de las fuerzas globales o societales, que fallan al intentar explicar las variaciones en el impacto de esas fuerzas en ciudades equivalentes” (Flanagan, 1993:137). Según su interpretación, en el debate que a finales de los ‘70 se inicia entre la estructura y la acción, esta perspectiva, potenciada por el estructuracionismo de Giddens, habría salido victoriosa. Sin embargo, este no es el caso. A mi modo de ver, el mayor esfuerzo no lo he realizado en la descripción (que es en lo que suele quedarse esa nueva o postmoderna Sociología Urbana) de las particularidades, ni siquiera en la explicación de la realidad social a partir de lo local, sino en construir un modelo teórico de interpretación general de la evolución actual del propio concepto de ciudad, así como en recuperar elementos de las grandes teorías para la explicación de los procesos de ajuste del hecho local a la tendencia global. Mi trabajo se basa en la convicción de la utilidad de teorías que vayan más allá de la suma de las acciones individuales -o de ciertos grupos tomados como individualidades- para poder explicar los hechos empíricos246. No es a mí sin duda a quien corresponde juzgar si lo he conseguido, pero de una u otra forma ese ha sido el
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Recientemente Amando de Miguel ha dirigido otro interesantísimo trabajo sobre estas cuestiones, que habrá que tener en cuenta en futuras investigaciones
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En un ámbito de análisis bien distinto, el de la Sociología del Género, he intentado la limitada utilidad explicativa (aunque no descriptiva) de las teorías estrategistas para comprender la acción y los hechos sociales (Baigorri, 1995f:11-29).

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objetivo de este trabajo.

El proceso teórico
Los fundamentos teóricos de la investigación son -no podía ser de otra manera- variados y transfronterizos. Pero todo el bosque puede recorrerse a través de unos pocos senderos, o puntos programáticos: a) La transdisciplinariedad de base holista como instrumento del conocimiento de los hechos sociales, muy especialmente de aquellos hechos sociales en los que el espacio juega un papel fundamental, y hacia los que confluyen disciplinas bien diversas. b) El paradigma ecológico como núcleo teórico, entendido como un aggiornamento del modelo POET de la Escuela de Chicago, pasado por el tamiz del materialismo ecológico de Marvin Harris y su escuela de Antropología Cultural. b) El concepto del regadío como hecho social, explicable como de naturaleza ecológica. c) El concepto de Sociología de la Urbanización, como propuesta de superación de las limitaciones de la Sociología Rural y de la Sociología Urbana a la hora de explicar los procesos de modernización de ciertas tipologías territoriales tradicionalmente sustentadas en la Agricultura d) La urbe global, como modelo explicativo de las tendencias en la urbanización, íntimamente unido al concepto de red frente al de estructura. e) El concepto de mesópolis como particular tipología de inserción de ciertos lugares físicos en la red de la urbe global. f) El concepto de espacio transfronterizo, cosificado como hecho social. Muchos de estos elementos no pueden decirse que sean novedosos. Incluso aquellas que podrían ser consideradas como aportaciones propias, proceden como ha quedado dicho de trabajos previos, que en ocasiones descansan en investigaciones realizadas hace casi dos décadas, como ocurre con mi concepción de las nuevas funciones del denominado espacio rural en las sociedades actuales, que se empezó a gestar en un pequeño estudio, sobre el espacio agrario del Alfoz de Burgos, que realicé en 1976 dirigido por Mario Gaviria247. Hagamos un recorrido que más o menos se acerque a la pauta marcada por el índice, empezando por el principio. En este trabajo hemos partido de la convicción, y he encontrado necesario sustentarlo con cierta amplitud, de que el análisis de la ciudad y el territorio no puede realizarse con éxito anclado en una única epistemología disciplinaria. La Sociología, la Geografía, o las Artes y Técnicas de la edificación y reconstrucción del entorno (esto es, la aproximación urbanístico-arquitectónica al espacio) no son suficientes, tomadas individualmente, para explicar las relaciones entre hombres y grupos sociales y el espacio, o para estudiar la ciudad, o su posición en el territorio. Era preciso por tanto partir de una definición de la Urbanística como ciencia transdisciplinar, cuyo objetivo en sentido amplio es el conocimiento de las relaciones entre la sociedad y el medio físico-territorial en el que se desenvuelve la vida humana. Y era necesario ampararse en esa Urbanística casi antes incluso que en la Sociología, pero a la vez mostrar que esa Urbanística no sólo está alimentada también por la Sociología, sino que debe formar parte sustancial de esta disciplina. Esta posición multidimensional se sustenta, en buena parte -aunque no únicamente- en los principios del materialismo ecológico, casi tal y como lo plantea Harris, y cuyos elementos constitutivos esenciales (que no rompen por otra parte el modelo POET) serían:
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De ahí que en algunos apartados haya considerado necesario el señalar incluso la cronología de mis trabajos de investigación que los sustentan. De ahí la existencia de una cierta abundancia, en ciertos capítulos, de autocitas. Ha sido inevitable, pese a la conciencia del riesgo de resultar pedante.

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a) El determinismo no mecanicista de los ecosistemas naturales y artificiales, en interrelación con el sustrato tecnológico, sobre las estructuras sociales y territoriales, así como sobre las infraestructuras ‘mentales’. b) La implementación del azar como variable de importancia en los hechos humanos, tal y como ocurre en los hechos de la Naturaleza. c) La hipótesis de que la obtención de la máxima eficiencia, en términos coste-beneficio, condiciona los comportamientos, creencias y descubrimientos sociales. Este paradigma nos ha permitido hacer de el regadío un concepto sociológicamente operativo, definiéndolo como aquellos territorios que, formando una cierta unidad socioeconómica y medioambiental, cuentan con una importante presencia de la agricultura de regadío. Así, el regadío se manifiesta como una exitosa estrategia de adaptación ecológica y como un factor de organización social (en suma, no hablamos de una tecnología, sino de un hecho social). En el caso de nuestro objeto de estudio, así se pone claramente de manifiesto. A partir de esos presupuestos, y aunque ha sido difícil, creo que se ha conseguido mostrar cómo el regadío se instituye en un factor de urbanización, y a partir de este hecho concluir la imposibilidad de utilizar los presupuestos y aparato teórico-metodológico de la Sociología Rural para describir y explicar estos procesos, así como la necesidad de definir y desarrollar una Sociología de la Urbanización que permita estudiar los procesos (esto es, no los estadios pre- o post- urbanos) a través de los cuales se concretan, en la sociedad contemporánea, los procesos de modernización e incorporación a la sociedad global. Partiendo, por supuesto, de la hipótesis de que la modernidad no podemos definirla ni con la industrialización (una fase tecnológica), ni siquiera estrictamente con el capitalismo, sino con la Urbanización, como hizo según principios ecológicos ‘avant la lettre’ Geddes, y según principios filosóficos Lefebvre, esto es, buscando un nombre apropiado para aquello sobre lo que reflexionaba. A partir de este punto ha sido necesario desarrollar el concepto de urbe global, como expresión de la urbanización del planeta humano a finales del siglo XX. Una vez más hablamos de procesos, pues no nos estamos refiriendo a ningún tipo de ciudad, con una forma tipológica o un tamaño definido; no hablamos de la metrópolis, la megalópolis o la recentísima metopolis248, ni siquiera de las denominadas ciudades-mundo, sino del proceso por el cual los aspectos físico-morales de la ciudad se extienden a todos los rincones del planeta (o el universo conocido) civi-lizándolos. Este proceso, para el que es preciso tener en cuenta el concepto de sociedad red tal y como lo hemos entendido en nuestro trabajo249 produce ciertamente una ciudad de características distintas a las de las que hemos conocido. Y en la medida en que entendemos la ciudad como un artefacto, como un instrumento de adaptación de las sociedades humanas al medio, que se torna en un hecho social que a su vez condiciona las formas de organización, debemos entender que el concepto de urbe global es inseparable del concepto de globalización, no entendida únicamente como instrumento financiero -que lo es-, sino también como expresión de la idea kantiana de progreso. No obstante, ha sido necesario un análisis tipológico, ya que este trabajo se propone el análisis de una ciudad media situada junto a una frontera en proceso de desaparición. Por tanto, debíamos ubicar dentro de la hipótesis de la urbe global-esto es, desarrollando más ampliamente el concepto de ciudad red- el papel que juegan las diversas tipologías físicas de ciudad; o, por
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Concepto, definido por F.Ascher (1995), que he conocido con posterioridad al nacimiento del concepto de mesópolis, y que no tiene nada que ver con el mismo, pues se refiere a ciertas formas de grandes regiones urbanas bastante asimilables al concepto de megalópolis definido por Gottman.
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Fue el descubrimiento, hace unos años, de las aportaciones hechas por Philip Hauser hace casi tres décadas, y el interés por los avances neurológicos en el conocimiento del cerebro, lo que me encaminó en esa dirección.

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expresarlo en la línea de nuestra argumentación, los distintos nodos que forman la red. Para ello hemos debido discutir sobre la medida de las ciudades, sobre su posición en el espacio y sobre sus funciones, así como hemos discutido el concepto de ciudad media, muy socorrido en la investigación territorial y urbana de las últimas décadas, pero difícil de aprehender y sobre todo de hacer operativo. Así llegamos al principal instrumento, tal vez más metodológico que teórico, que entiendo se aporta en esta investigación: el concepto de mesópolis. Un concepto que hemos debido introducir para poder clasificar la ciudad que constituye nuestro objeto empírico de estudio. Hemos hablado de las mesópolis como de aquellos centros urbanos con capacidad de iniciativa que son implícitamente aceptados como cabeceras o líderes territoriales de parte de la red urbana, pero que a la vez tienen conciencia de sus debilidades y dependencias respecto de la red global de grandes ciudades y metrópolis, así como de su papel dinamizador respecto de su hinterland, que será más o menos amplio en función, fundamentalmente, del sistema de poblamiento imperante. No son por tanto ciudades pequeñas o medias que viven de su entorno, que son parasitarias del mismo -algo consustancial a muchas ciudades medias, pequeñas capitales administrativas-, sino que articulan -y sobre todo se articulan en- un hinterland productivo y dinámico dentro del cual coexiste una red de ciudades pequeñas y medianas. ¿Qué aporta, en términos operativos, este concepto?. Creo que su utilidad es limitada, pero evidente en el curso de la investigación. Nos ha permitido explicar la existencia de ciertos tipos de ciudades que cumplen determinadas funciones metropolitanas, no explicadas suficientemente con los conceptos de ciudad media, ni siquiera con el más reciente, de origen francés, de ciudad intermediaria, respecto del cual se diferencia, básicamente, en que no se sustenta en el mismo modelo estrategista, según el cual la posición de las ciudades respondería a una estrategia definida por ellas mismas, a modo de individuos o actores; al contrario, considera que la posición de las ciudades les viene en buena parte dada por aspectos estructurales, tanto de su entorno como de la dinámica de la red global, en gran medida ajenos a los actores-ciudad. Ciertamente, al menos en el caso de Badajoz no hallamos esa ‘growth machine’ definida por Logan y Molotch, basada en la coalición de élites urbanas y orientada a potenciar el mercado local para los inversores (Logan y Moloch, 1987:50). Pero, sobre todo, el concepto de mesópolis nos permite avanzar un poco más en el desarrollo de la hipótesis de la urbe global. Pues las mesópolis facilitan la integración en la urbe global de los intersticios rurales, al contrario que las pequeñas y medianas ciudades no mesopolitanas, que convierten a los espacios rurales en espacios aislados de la urbe global. Por su parte las grandes ciudades tan sólo integran en la urbe global a los corredores a través de los cuales se comunican con otras grandes ciudades y metrópolis, utilizando el espacio menos urbanizado antes como sostén ecológico inmediato, ahora como jardín de la metrópolis. En este sentido las mesópolis son intermediarias, pero a la vez van más allá. Finalmente, hemos debido desarrollar, desde la perspectiva del Análisis Regional (nuevo giro transdisciplinario), el papel de las fronteras, y sobre todo la conceptualización de las fronteras en proceso de dilución. Hablamos de dilución, y no de desaparición, porque entendemos que las fronteras rara vez desaparecen; cualquier límite político-administrativo establecido por las sociedades humanas permanece de una u otra forma, durante mucho tiempo, material o simbólicamente, mientras los espacios de un y otro lado se mantengan habitados. Al contrario, en el caso de las fronteras intraeuropeas nos encontramos con un fenómeno de dilución: la frontera como raya se diluye en los espacios circundantes, tornándose en región transfronteriza, siquiera potencial (por tanto virtual, ya en construcción, parafraseando al Lefebvre que define la Sociedad Urbana, en la medida en que todo lo que es posible tiende a realizarse). - 233 -

El desarrollo empírico
Vemos, por tanto, cómo el aparente caos fractal adquiere un sentido de conjunto al observarlo con cierta distancia. Era inevitable el tratamiento de todos los elementos teóricos que hemos recorrido, para poder proceder al análisis del objeto empírico de la investigación: la formación de un área mesopolitana de carácter transfronterizo en Badajoz, que se aborda en la segunda parte del documento. Buena parte de los conceptos desarrollados en la primera parte son de aplicación ahora, en primer lugar para explicar la actual existencia de la ciudad (o mesópolis) de Badajoz como culminación urbana del desarrollo agropolitano de los regadíos de las Vegas del Guadiana. Ha sido preciso explicar sobre bases ecológicas la formación de la Extremadura actual, según el modelo de las tres adaptaciones (la dehesa, la roturación para el cultivo de secanos y el regadío), así la evolución del regadío en la región y su influencia en la ordenación territorial y la formación de los actuales ejes de desarrollo. Nos hemos detenido especialmente, en buena lógica, en el caso de las Vegas del Guadiana, donde a lo largo de los últimos cuarenta años se ha venido formando un corredor, inicialmente definible como agropolitano (y que de hecho se extendía algo más allá de la frontera portuguesa, hasta Elvas), que está en la base de las tendencias urbanas actuales, y que constituye una explicación satisfactoria a la supervivencia como ciudad media (a pesar de sus débiles condiciones previas, como capital de provincias sin industria, excéntrica y en fondo de saco respecto de los corredores económicos peninsulares), e incluso con fuertes tasas de crecimiento, de Badajoz. Sin el desarrollo del regadío no es posible entender el crecimiento experimentado por la ciudad en las últimas décadas. Forzosamente debíamos dedicar el mayor esfuerzo descriptivo a la ciudad, si bien hay que reconocer que el esfuerzo ha sido más de síntesis y de interpretación de estudios anteriores, especialmente del estudio socioeconómico que dirigí en 1995. Se han profundizado y actualizado aquellos aspectos que mejor definen y describen a Badajoz como ciudad de servicios, y se han intentado interpretar las posibilidades que se abren en lo que a los servicios avanzados y el cuaternario se refiere. Precisamente una de las cuestiones Lo que no pude hacer en aquel trabajo he podido empezar a desarrollarlo en el marco de esta investigación: el estudio del proceso de permeabilización de las fronteras intracomunitarias, y la extensión de la función metropolitana de la Badajoz en el territorio portugués. La posibilidad de reflexionar conjuntamente con colegas de Portugal, en diversas ocasiones, en torno a esta cuestión, ha sido especialmente útil, y creo que, además de las aportaciones de este trabajo, con el mismo han quedado abiertas interesantes vías a nuevas investigaciones en esa dirección. Por otra parte, el desarrollo de nuestra hipótesis de la urbe global aconsejaba, finalmente, ubicar ese espacio objeto de análisis en un marco más amplio, siquiera en los espacios peninsular y europeo. De ahí que haya dedicado un último capítulo a esta cuestión, analizando con cierto detenimiento el papel de la mesópolis de Badajoz en el conjunto de las redes urbanas de Extremadura y Alentejo, así como en el marco de las grandes tendencias territoriales peninsulares y europeas250. Lo fundamental de esa aproximación supraregional es mostrar cómo en cierto modo, sin
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Se observará que he dejado a un lado los tradicionales análisis poliédricos del espacio peninsular, dando por buenas -en lo que tienen de aceptable- las nuevas analogías que se han impuesto en los últimos años, más orgánicas que geométricas. Quizás el paso de las diascoras a las bananas hubiese merecido una reflexión más detenida y una más extensa documentación, sobre todo teniendo en cuenta que al fin y al cabo nuestra interpretación del papel que en la red global puede jugar el espacio de esta investigación se basa en la geometría más simple: la del triángulo; pero no es menos cierto que se hacía imperioso en ese punto no extendernos en nuevas direcciones, y sobre todo terminar la investigación.

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cambiar de lugar las ciudades pueden moverse, al cambiar su posición en la urbe global, esto es en la red de comunicaciones entre los nodos fundamentales de la red. Una vez más, lo que nuestra investigación nos señala es la posibilidad de, efectivamente, construir modelos teóricos no sólo explicativos sino también prospectivos, al hallar situaciones que, efectivamente, se repiten. Los paralelismos encontrados entre la evolución de Zaragoza, y la que pronosticamos para Badajoz, deberían animar a afinar y desarrollar el modelo, con el fin de aplicarlo en otros lugares.

Propuesta de conclusiones
La hipótesis central de este trabajo plantea las potencialidades de desarrollo y bienestar de una región cuasi-natural transfronteriza, articulada por una ciudad media, dinámica y en acelerado proceso de modernización, a la que hemos aplicado el concepto de mesópolis. En cierto modo podría considerarse una hipótesis antigua, si consideramos los modelos basados en las ciudades medias popularizados en los años ‘60 y ‘70, cuando los problemas sociales, urbanísticos y luego económicos (financieros) de las grandes ciudades y metrópolis del mundo desarrollado se manifestaron en toda su crudeza. Pero difiere sustancialmente de aquellos modelos, basados en la planificación centralista y centralizadora, como la que casi acabó con las pequeñas y medianas ciudades en muchos países del mundo. Allí se proponía una redistribución planificada de la población, las inversiones productivas... una re-ordenación de los territorios nacionales. Aquí asumimos la limitada capacidad de intervención sobre un territorio que no es sino el sustrato físico de la urbe global, pero a la vez otorgamos cierta capacidad de decisión a los agentes locales -sólo cierta, pues como ha quedado expuesto, en el actual debate de la Sociología Urbana no me sitúo del lado de la ‘agency’, al otorgar el peso que merecen a los factores estructurales, tanto de tipo ecológico como económico-. Por tanto, nuestra hipótesis plantea cierta posibilidad autoorganizativa de esos espacios, en un mundo que se va en.red.ando251 y en el que las jerarquías urbanas apenas pueden sostenerse. ¿Frente a la marginación tradicional del espacio que nos ocupa, o frente a la neomarginación posible a favor de la concentración de la actividad y la riqueza en las metrópolis de Madrid y Lisboa, en un contexto de competencia y/o desconfianza de los polos potencialmente dinamizadoras de Extremadura y Alentejo, es posible la articulación de este territorio como un espacio quizás de no-riqueza, pero en cualquier caso de niveles razonables de bienestar y creatividad, tomando como puntal a una mesópolis que actúa como motor articulador, y no como capital parasitaria?. Un espacio que, por otra parte, ha pasado de estar situado en un fondo de saco (tanto en el lado español como en el portugués de la frontera), a posicionarse en el centro de un triángulo geográfico en cierto modo privilegiado, entre tres dinámicas metrópolis ibéricas: Madrid, Lisboa y Sevilla. Si nuestra hipótesis es cierta, cosa que la investigación creo que ha confirmado, debemos entender que ello es posible sólo desde la convicción de la existencia de una base económica capaz de cumplir los papeles que se exigen a una mesópolis. Una base en lo posible endógena, aunque el origen último lo hallemos en una actuación exógena y planificada -la transformación en regadío de las Vegas del Guadiana-, y en lo posible sostenible, en el sentido de perdurable.
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El juego de palabras no es muy sofisticado. En.red.ando es el nombre de una de las más populares ciberrevistas en español, es decir de ese espacio virtual -Internet- que constituye la mejor expresión de la urbe global virtual.

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Los siguientes elementos constituirían esa base: a) Los regadíos. Su futuro aparece como sostenible, pero enfrentando importantes desafíos, más allá de los derivados del debate sobre la Agenda 2.000 y la Política Agraria Comunitaria: posibles ampliaciones, productividad, generación de empleo fijo, sostenibilidad ecológica, etc. b) El desarrollo industrial, con un frente importante, pero no único, en la industria agroalimentaria. De hecho, la función tradicional de la agroindustria como factor de acumulación de capital se está verificando también en la zona, y empiezan a aparecer tímidamente inversiones industriales que se diversifican. Sin embargo, esa diversificación no se produce de forma polarizada, sino que se extiende en una serie de corredores de flujos (de comunicaciones, de mercancías, de población, de información en suma...) en la región. No es previsible por tanto que Badajoz actúe como polo industrial (algo ya intentado sin éxito en los años ‘70), sino que hay que pensar en su papel como servidor informacional de dicho proceso, como polo que concentre los servicios a las empresas de su más amplio hinterland. Todavía en lo que se refiere al desarrollo industrial, conviene retener el importante papel que el Alentejo puede cumplir en la medida en que ha sido capaz de desarrollar y mantener -en los últimos años gracias precisamente a las demandas de Badajoz- un tejido de microempresas industriales y constructoras de tipo artesanal. c) Servicios avanzados. Lo dicho sobre la industria nos conecta con las posibilidades y límites de crecimiento del tejido de servicios avanzados a las empresas y las personas. Al mismo tiempo que se detectan desarrollos enmarcados en las tendencias más avanzadas de la denominada economía digital, existen limitaciones estructurales fundamentales de orden tecnológico. En primer lugar, la mala calidad de las redes de telecomunicaciones, que constituye hoy por hoy un handicap difícilmente superable, así como la inexistencia en la ciudad -aunque sí los hay en su hinterland más amplio, en Mérida y Cáceres- de centros superiores de formación informática; pero no es menos limitante la pervivencia de una frontera comunicativa, absurda pero real, que también dificulta un desarrollo transfronterizo que rompa la tradicional asimetría. La pervivencia de fronteras nacionales latentes, o de cristal, dificulta también el desarrollo de otros servicios. Un ejemplo evidente lo hallamos en la incapacidad por parte de las admimistraciones nacionales de asumir el papel metropolitano que los centros médicos de la ciudad cumplen -y sobre todo han de cumplir en mayor medida- también en el Alentejo, lo que fácticamente está contribuyendo al bloqueo, y a la pérdida de calidad, de unos centros organizativamente diseñados para una población censal sensiblemente inferior a la que realmente los utiliza. Sin embargo, la medicina privada está adaptándose rápidamente a esta prestación transfronteriza de servicios, y los ofrece directamente y con gran éxito a la población portuguesa. d) Los servicios educativos, aunque los incluimos en la nómina de servicios avanzados, adquieren un especial protagonismo y pueden jugar también un papel fundamental. Conocer cuál es exactamente ese papel debiera ser fundamental para la Universidad de Extremadura, o al menos para el campus instalado en la ciudad de Badajoz, donde no hay plena consciencia de las posibilidades del hecho transfronterizo. Así, resulta incomprensible la resistencia numantina a incorporar en los curriculums enseñanzas que permitan a los estudiantes conocer el idioma y la cultura portuguesas. A corto o medio plazo es evidente que la única vía para resolver este olvido de esa función transfronteriza sea la segregación del campus de Badajoz como Universidad autónoma. En ese modelo la Universidad de Évora, que por otro lado cubre enseñanzas no existentes en Badajoz (y que está a casi la misma distancia de esta ciudad que el campus de Cáceres), debería funcionar

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asimismo como elemento complementario252. En este sentido, es posible esperar en el futuro sinergias importantes, probablemente en primer lugar a través de programas de postgrado, doctorado, etc. Aunque una vez más las trabas administrativas (las fronteras de cristal que perduran) en lo que hace a la homologación de títulos en ambos países dificulta el proceso, sin embargo la reciente conferencia iberoamericana de rectores, celebrada en enero de 1999 en Extremadura, ha abierto ciertas esperanzas. Por otra parte, no sólo la enseñanza universitaria, sino también la educación básica, así como la formación no reglada, aportan oportunidades nuevas en la proyección transfronteriza de la ciudad. De un lado en la medida en que preparen a los ciudadanos para la multiculturalidad, y de otra parte extendiendo sus servicios especializados a la región portuguesa. e) El comercio. Aunque difícilmente puede hablarse de base endógena en lo que al sistema de distribución comercial se refiere253, existen todavía muchas posibilidades en el comercio al menor, en la línea de la especialización sectorial, si Badajoz quiere conservar su posición como centro comercial transfronterizo. De hecho, en los últimos meses hemos asistido a la aparición de diversos comercios sofisticados y de alta especialización en el casco antiguo, aprovechando los programas de recuperación de esta zona de la ciudad. Así como es previsible que, a corto y medio plazo, algunos comerciantes alentejanos instalen representaciones en la ciudad (ya lo han hecho algunas grandes empresas, como la marca Pagapouco); de hecho, la política económica de la ciudad debería orientarse a captar a estos comerciantes, especialmente a aquellos especializados en productos artesanales y en general en bienes de consumo intensivos en mano de obra. En lo que a las grandes superficies se refiere las posibilidades de expansión están, al menos a diez años vista, saturadas, e incluso es posible que asistamos al surgimiento de algún establecimiento de este tipo en Portugal que intente recortar parte del público alentejano a las empresas ya instaladas en Badajoz (Pryca y Continente). No obstante, no sería menos probable que la próxima apertura de los nuevos grandes almacenes de El Corte Inglés en la ciudad renueve el compromiso de los alentejanos con el comercio pacense, atrayendo con ello la implantación de alguna otra empresa254. Por otra parte, el desarrollo de una planificación decididamente transfronteriza debería permitir incorporar -en la promoción de la ciudad- la trama comercial de Elvas a la oferta comercial mesopolitana de Badajoz. f) El turismo de interior (rural, ecológico e histórico-artístico). La infraestructura turística del conjunto Extremadura/Alentejo constituye ya de hecho para la mesópolis de Badajoz una fuente de recursos, especializaciones y complementariedades. La fuerte posición que Extremadura viene tomando en lo que al turismo interior se refiere (tanto en lo que al turismo rural y/o ecológico se refiere, como en lo referido a las nuevas formas de turismo cultural y de interior en general255), unido al enorme potencial del Alentejo en infraestructuras de turismo rural
Aunque para ello deberían superarse no pocos complejos de superioridad extendidos entre las clases medias pacenses, y que afectan incluso a buena parte de la propia comunidad universitaria. Una buena parte de la demanda comercial local, y ya la mayor parte de la demanda del hinterland de Badajoz, especialmente del hinterland portugués, es cubierta por grandes cadenas multinacionales (Pryca, Continente, Simago), o por grandes cadenas nacionales (El Corte Inglés, Eroski...) y franquicias.
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De hecho, recientemente ha hecho su entrada en la ciudad Eroski, a través de cadena de superficies medias (concepto a medio camino entre el supermercado y el hipermercado o ‘gran superficie’). El último proyecto surgido en esta línea viene a recuperar, curiosamente, la idea de la ciudad nueva como descongestión de Madrid propuesta en los años ‘70, que ya hemos analizado ampliamente. Un grupo empresarial acaba de pujar fuerte por adjudicarse la propiedad de las instalaciones abandonadas de la infausta central nuclear de Valdecaballeros, donde ya se ha desarrollado una importante urbanización complementada con recursos como un balneario, para construir en ella un centro

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de calidad, potencian el papel articulador de la ciudad, que ofrece tanto servicios a las empresas turísticas de ambos lados de la frontera como un complemento urbano blando, conveniente a las largas estancias rurales. La posibilidad de pasar unos días en una quinta alentejana, auténtica maravilla arquitectónica, paisajística y gastronómica, cazando en un cortijo extremeño, o visitando yacimientos arqueológicos y ruinas romanas, teniendo a la vez la inmediatez de una ciudad en la que se ofertan complementos de ocio nocturno netamente urbanos junto a una oferta comercial avanzada, constituye sin duda un valor que está, todavía, por explotar en su verdadera dimensión. Todo ese potencial apenas esbozado debería tener como resultado a medio/largo plazo, en la medida en que nuestras hipótesis sean apropiadas, un fuerte impacto económico y territorial sobre el conjunto regional, que se debe tener en cuenta, según ha quedado planteado y desarrollado más ampliamente en el texto, respecto a dos cuestiones: a) El papel de Badajoz como mesópolis transfronteriza, pero también y por tanto, como centro articulador de buena parte de la red urbana de Extremadura y Alentejo. Esta tendencia debe tener ciertas consecuencias en la política territorial de ambas regiones, en el caso español aplicada tanto por el gobierno del Estado como sobre todo por el gobierno regional, y en el caso portugués por parte de la administración central. Ello exige el diseño de las nuevas infraestructuras de comunicaciones, como por ejemplo la definición del aeropuerto de Badajoz como aeropuerto regional transfronterizo, la definición de los nuevos ferrocarriles de alta velocidad que conecten Madrid con Lisboa, o el cableado telemático de ambas regiones, etc. b) El papel de Badajoz como activador -no como captador parasitario, sino como multiplicador- de recursos y potencialidades de su hinterland, en suma como un instrumento potenciador del desarrollo económico y del bienestar del conjunto de la región, en la medida en que la concentración de una determinada masa crítica en la ciudad contribuirá a la difusión de capacidades y oportunidades en su entorno. En fin, otra de las conclusiones que se ha puesto de manifiesto en el curso de la investigación es no sólo la necesidad, sino incluso la inevitabilidad, tanto de una planificación (de infraestructuras y equipamientos de desarrollo y de niveles de protección del territorio, en sum articulando un espacio extremeño-alentejano eficaz, atractivo y competitivo, que pase de las relaciones de dependencia/desequilibrio a un tipo de relaciones basadas en la complementariedad/sinergia), como de un planeamiento urbano (ya refiriéndonos al área mesopolitana de Badajoz), que supere las barreras administrativas estatales derivadas de la existencia de la frontera de cristal256.

La síntesis abierta
En realidad, y no es una sorpresa pues la experiencia nos dicta que así ocurre una y otra vez, esta investigación abre casi más interrogantes de los que pretende responder, y lo hace además en direcciones muy dispares. Al menos, no lo suficientemente diversas como para permitir al investigador, una vez más, superar el temor a una oclusiva especialización. Sobre algunos de esos interrogantes ellos ya estoy trabajando, y otros pueden constituir,

recreativo.
256

Por lo que hoy por hoy se conoce, el programa Interrreg III de la Unión Europea va a perseguir justamente, en lo que a la colaboración transfronteriza se refiere, que las iniciativas surjan en los propios municipios, en lugar de en las entidades superiores. Lógicamente, ello deberá desembocar en directivas comunitarias que regulen la formación de instituciones locales transnacionales, lo que augura grandes dificultades de trámite parlamentario en muchos estados nacionales.

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estimo, futuros objetos de investigación para otros científicos sociales. Señalando algunas de estas nuevas vías posibles de trabajo, cabría hablar al menos de las siguientes cuestiones:

En el marco de la Sociología Rural, Urbana y de la Urbanización
1. Conocer más a fondo los procesos a través de los cuales el regadío produce la urbanización, estudiando las diferencias que pueden producirse en distintos entornos ambientales, así como las diferencias que presenta este tipo de urbanización respecto de la basada en los esquemas clásicos de desarrollo basados en la industrialización257. Precisamente en el ámbito transfronterizo vamos a contar ahora con un nuevo laboratorio para estudiar estos procesos, con la construcción del embalse de Alqueva y la subsiguiente transformación en regadío que se va a realizar en la zona central y meridional del Alentejo. 2. Definir instrumentos para la definición de lo rural y lo urbano, así como para medir los niveles de urbanización. Probablemente, a la luz de lo que hemos investigado, el análisis de las redes relacionales, y los flujos de información, modernizando los instrumentos apuntados por la temprana Escuela de Chicago, constituya un método más adecuado que el análisis de la actividad sectorial.

En el ámbito de la Sociología Urbana, de las teorías sobre la Globalización y la Cibersociología
3. Profundizar en todo lo que implica el concepto de ciudad global en red. Con posterioridad al cierre de este trabajo, he podido desarrollar un poco más ampliamente algunos aspectos, incorporando las casi proféticas aportaciones de Theilard de Chardin258 sobre la noosfera. La Internet constituye, actualmente, un proceso social evolutivo que es necesario considerar a ese respecto, y es de hecho una de las vías sobre las que, desde hace unos meses, estoy trabajando. 4. Aplicar el concepto de mesópolis a otras ciudades, con el fin de comprobar la validez operacional del mismo. 5. Recuperar y profundizar en las posibilidades de la aplicación del modelo ecológico para el análisis tanto de las estructuras sociales como de su evolución. En esa línea espero trabajar siquiera parcialmente en el futuro, a partir de la redefinición del mismo a que nos conducen los nuevos conocimientos relacionados con el desarrollo de la Sociedad de la Información259.

En el ámbito de los Estudios Regionales
6. Profundizar en el conocimiento de los procesos de dilución de fronteras. Se ha iniciado ya de hecho en mi entorno una investigación sobre las posibilidades de desarrollo de una región
257

De alguna manera, los modelos tradicionales de interpretación de la Urbanización responden a los mismos esquemas mecanicistas que han caracterizado las teorías del Desarrollo. En este sentido, me parece igual de interesante demostrar que hay vías de desarrollo alternativas (rodeos) a las etapas de Rostow, basadas la industrialización y medibles exclusivamente a través de la cuantía y composición del PIB, como mostrar que existen procesos de urbanización que no responden a un mero crecimiento demográfico, o a una especialización sectorial que pase por la industrialización.
258

Dado el carácter religioso que, por antonomasia, tiene la obra de Theilard de Chardin (por más que se trate de trabajos anclados en los paradigmas de las ciencias físico-naturales), se me permitirá hablar por tanto, en su caso, de aportaciones ‘proféticas’.
259

La preparación, en los últimos meses, de varias conferencias sobre Internet y las nuevas tecn ologías d e la informaci ón, me ha dado ocasión de reflexionar más intensamente sobre esta cuestión. He observado que los intentos de ‘ampliar’ el modelo POET no han sido muy efectivos, pero estoy trabajando sobre la posibilidad de incorporar un quinto elemento que lo haría mucho más operativo: la Información, por cuanto la dirección y velocidad de su flujo seguramente es determinante de la mayor o menor influencia de cada uno de los componentes en un momento y lugar dados. Pero son apenas esbozos, sobre los que ando todavía a la búsqueda de literatura, y que por tanto quizás no deberían ni ser citados en un documento como éste.

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supranacional transfronteriza en Extremadura y Alentejo, lo que nos ha animado también a empezar a trabajar con otros colegas en el campo de la identidad territorial de ese nuevo espacio potencial. La cuestión, esencialmente, es la siguiente: ¿puede existir una identidad extremeño-alentejana que favorezca incluso la aparición de instituciones políticas transfronterizas?. Respecto a ambas cuestiones, pienso que tanto el desarrollo de las dos regiones transfronterizas más antiguas de Europa, como los procesos más recientes en la frontera méxicoestadouniense, pueden aportarnos elementos de juicio sobre esta cuestión. 7. Profundizar en los procesos a través de los cuales la existencia de una determinada masa crítica en las mesópolis potencia a su hinterland.

Badajoz, 14 de abril de 1999

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Referencias

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