You are on page 1of 144

I ll 9 1

HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

LA POIENCIA

(CASIEX)

COLECCIÓN «EDICIONES EJERCITO»


(Servicio de Publicaciones del E.M.E.)
MADRID, 1987
Título original
LA PUISSANCE MARITIME
Castex

Título de la edición española


LA POTENCIA MARITIMA
Castex

Autor
HERV É COUTAU-B ÉGARIE
A Georges Dumézil

© Librairie Artheme Fayard, 1985


Exclusiva para el idioma español
Colección Ediciones Ejército'
SERVICIO DE PUBLICACIONES DEL E.M.E.

Depósito legal: M-43266-1 986


I.S.B.N.: 84-505-4790-3
N IPO: 085-86-010-2

Printed in Spain Impreso en España


Gráficas COFAS, S.A. Políg. Ind. Calfersa. Carretera Móstoles-Fuenlabrada, km 1,800
INDICE

El autor.............................................. 9
Agradecimientos.................................. : .... 11
Prólogo para la edición española......................... 13
Prefacio ......................................... 19
Notas al prefacio ............................... : .. . .. 23
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Notas a la introducción................................. 37

P RIMERA PARTE

.. TEORIA: CASTEX EN EL PENSAM IENTO


ESTRATEGICO NAVAL

CAP IT U LO PRIMERO

LA EVOLUCION DEL PENSAMIENTO


ESTRATEGICO NAVAL

Introducción .......................................... 41
Los orígenes del pensamiento estratégico naval. ........... 43
El pensamiento estratégico naval clásico.................. 47
6 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 7

1 Enfoque culturalista ............................... 51 CAP ITU LO C UARTO


2 Enfoque cronológico.............................. 59
Notas al capítulo primero ............................... 71 LA GUERRA POR EL DOMINIO DE LAS
COMUNICACIONES

CAP ITU LO SEG U N DO Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157


La guerra del corso tradicional.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
CASTEX, SINTESI S Y NEGACION DEL PENSAMIENTO De la guerra de corso a la guerra por el dominio de las
NAVAL CLASICO comunicaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
1 Castex frente a las nuevas formas de la guerra de corso 165
Introducción . . ..... ................................... 77 2 Las lecciones de la Segunda Guerra mundial. . . . . . . . . 170
Castex, síntesis del pensamiento naval clásico. . . . . . . . . . . . . . 83 3 Naturaleza de la guerra por el dominio de las
1 Síntesis del pensamiento estratégico de la Be/le Epoque e comunicaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 176
innovaciones del siglo XX. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84 La guerra por el domino de las comunicaciones en la era nuclear 182
2 Síntesis de la estrategia naval y de la gran estrategia.. . 86 Notas al capítulo cuarto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
3 Síntesis de los métodos histórico y material. . . . . . . . . . 90
Castex, negación del pensamiento naval clásico.. . . . . . . . . . . 95
Notas al capítulo segundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101

SEGUNDA PARTE TERCERA PARTE

ESTRATEGIA, LA GUERRA EN EL MAR G E O P OLITICA. EL M AR CONTRA LA TIERRA

Introducción . . ...................... .................. 107 Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .......... ... 193


Notas a la introducción de la Segu'n da Parte.. . ........... 115 Notas a la introducción de la tercera parte.. . .......... ... 199

CAP ITULO TERCERO CAPIT U LO QU I N TO

LA GUERRA ENTRE FLOTAS DIALECTICA CASTEXIANA DE LA TIERRA Y EL MAR

Introducción . . ........................................ 117 Introducción . . ........................................ 201


Flota en potencia y ofensivas menores. . . ................. 118 Acción del mar contra la tierra.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 201
La batalla. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
................. 124 l Bloqueo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
1
De la historia a la teoría .......................... � 125 2 Red insular. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204
2
La crítica castexiana.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132 3 Dispositivo oceánico. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 206
3
El anti-Castex.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140 Reacción de la tierra contra el mar.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 208
4
La batalla, hoy.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 144 La interacción de mar y tierra: Teorema de Castex.. . . . . . . . 210
Notas al capítulo tercero........ . : . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153 Notas al capítulo quinto.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 223
8 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

CAPITULO SEXTO

EL PERTURBADOR SOVIETICO FRENTE


A L A CO ALICION M ARITIMA OCCIDENTAL

Introducción . .......... ............................... 227


La ofensiva stalinista y su fracaso.. . ..................... 231
El dispositivo americano. . . . . . . . . . . ..................... 232
1 La posición cerrojo del anillo marítimo . . . . . . . . . . . . . . 234
2 El dispositivo oceánico mundial.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235
El retorno de los s oviéticos al mar.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 238
La reacción americana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 239
Notas al capítulo sexto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 247

FUENTES UTILIZADAS POR EL AUTOR

Bibliografía selectiva.. . ................................ 251


EL AUTOR

INDICES Hervé Coutau-Bégarie, doctor en Ciencias Políticas y antiguo


alumno de l'Ecole Nationale d'Administration, tiene a su cargo
Onomástico . . . . ....................................... 263 conferencias en ! 'Eco/e Pratique des Hautes Eludes. Miembro
Toponímico . . . . ....... ................................ 269 del grupo de expertos de las Naciones Unidas sobre desarme
De materias . . . ....................................... 275
naval, es autor de las siguientes obras:

Le phénomene <mouvelle historie», Economica, 1983.


La puissance maritime soviétique, IFRI-Economica,
1983 - obra premiada por l'Adadémie fran�aise.
Géostratégie de l'Atlantique sud, Presses universitaires de
France, 1985 .
Castex, le stratege inconnu, Economica, 1985.
Nouvelle-Calédonie. Les antipodes de la démocratie (en
colaboración con Jean-Louis Seurin), Lieu Commun,
1986.
Géostratégie du Pacifique, IFRI-Economica, 1986.
La guerre des galeres (en colaboración con: Jean Pagés),
Lieu Commu n , 1987.
AGRADECIMIENTOS

Este libro es el resultado de una iniciativa de M. Gérard


Chaliand, que me ha pedido que presente unas cuantas páginas
escogidas. Se ha visto la imposibilidad de tal empresa, habida
cuenta de la riqueza de la obra de Castex. Así lo ha comprendido
el director de esta colección y ha tenido a bien aceptar la
transformación del proyecto inicial, al precio de un substancial
retraso. Le quedo agradecido por ello.

M. Charles Castex, sobrino y legatario universal del


almirante, ha tenido a bien poner a mi disposición los
documentos de su tío, que me han sido de una enorme utilidad.
El general L. Poirier, M lean Labayle-Cohuat, redactor de Rottes
de combat y M. lean Klein, maestro de investigadores en el CNRS
han leído el manuscrito y me han hecho útiles sugerencias de
las que he sacado gran provecho, lo mismo que con las
observaciones que me presentaron M. André Corvisier, profesor
de la Universidad de la Sorbona en París y M. lean-Louis
Martres, profesor de la Universidad de Burdeos, con el cual
trabajo desde hace diez años. El coronel lean Schmitt ha tenido
a bien traducirme los textos alemanes. A todos, mi más sincero
agradecimiento.
PROLOGO

Hervé Coutau-Bégarie nos presenta una obra muy trabajada


y perfectamente documentada sobre el pensamiento estratégico
naval, su evolución histórica, especialmente en los últimos siglos,
y la situación actual de esta cuestión, protagonizada por el enfren­
tamiento de las dos superpotencias, que capitanean las antagó­
nicas fuerzas del Este y del Oeste.
Sirve de hilo conductor la ingente obra de uno de los estra­
tegas marítimos más lúcido de todos los tiempos, que por iro­
nías del destino ha sido escasamente comentada por estudiosos
de estos temas. Los que le han dedicado alguna atención no han
sabido calar en toda la profundidad y actualidad de su pensa­
miento. Nos estamos refiriendo al almirante Castex.
Coutau-Bégarie, por el contrario, ha profundizado con acierto
en la verdadera esencia de la obra castexiana, ha comprendido
la sutileza de su reflexión, se ha empapado en el ambiente de
su época y circunstancias personales que rodearon al almirante,
para entender porqué no ha llegado a sacar las últimas cohse­
cuencias de sus geniales intuiciones, y también ha conseguido
destacar todo el valor que para el estratega de hoy tiene la obra
de este autor, que merece ocupar un lugar preeminente entre los
clásicos.
14 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTENCIA MARITIMA 15

Esta labor, unida a unos sólidos conocimientos de las más entre dos concepciones distintas de la vida, de valorar los acon­
detacadas teorías estratégicas y a la meditación objetiva y con­ tecimientos y, por ende, de reaccionar ante ellos. Estos distintos
tinuada sobre la problemática del mar en las relaciones entre los modos de ser, contemplados en líneas muy generales, se han con­
hombres y naciones, ha permitido al autor realizar un intere­ figurado, influidos por el ámbito geográfico donde los pueblos
sante trabajo de encomiable erudicción, en el que destaca la luci­ han desarrollado su historia. Por ello, han dado en llamarse «con­
dez con que nos presenta el pensamiento de Castex y la aporta­ cepción continental» y «concepción marítima» de la existencia
ción que puede suponer para toda persona culta interesada por y personifican la eterna oposición entre la tierra y el mar.
aclarar sus propias ideas en relación con el mundo bipolar en El libro que comentamos no podía dejar de referirse a esta
que nos ha tocado vivir. problemática. Lo hace con la acostumbrada precisión y nitidez.
A lo largo de la obra se van dando a conocer al lector los Demuestra cómo, incluso hoy, sigue siendo válida esta dicoto­
puntos de vista de otros eminentes estrategas, entre los que no mía, a pesar de los modernos logros de la tecnología, con su
podían faltar Mahan, Richmond, Brodie, Corbett, Pulleston, Till contribución a borrar distancias entre pueblos que cada día se
y otros muchos, cuya relación resultaría farragosa. van conociendo más.
Las citas y frecuentes transcripciones de textos originales, que El título de la obra, La Potencia Marítima, resume en sí el
avalan la tesis del autor, contribuyen a dar peso específico a este objetivo de toda estrategia naval: conseguir dicha potencia. Por
libro. Coutau-Bégarie va desarrollando metódicamente su punto ello, este título es también la justificación plena de cuanto se trata
de vista, pone entusiasmo en su labor, apoya sólidamente su argu­ en la obra misma. La meta de todo lo que se dice, se opina, se
mentación y, a medida que van desfilando las hojas ante el discute y se escribe en los ámbitos estratégicos tiende, implícita
absorto lector, se va despertando con mayor intensidad su inte­ o explícitamente, a fomentar, conseguir o mantener esa «poten­
rés por la lectura y contempla con satisfacción cómo se enrique­ cia marítima» y el ejercicio de las ventajas que supone para el
cen sus conocimientos sobre esta materia. que la tiene.
Otro aspecto destacable, por la claridad con que es tratado, * * *

es el relativo a la controversia que suscitan las teorías de la Joven


Escuela cuando se constituye y entra en escena, creando un con­ La obra está estructurada en tres partes, de las cuales quizá
flicto de métodos en el pensamiento estratégico naval clásico. la primera sea la más densa, aunque, no obstante, debe ser leída
En general, los diversos grupos· que se reúnen bajo la deno­ con atención, pues su conocimiento va a permitir poder valorar
minación genérica de « Joven Escuela» van a ser partidarios del mucho mejor todo el desarrollo posterior de la tesis begariana.
método material, basado en las repercusiones de los avances téc­ La forman dos capítulos, el primero de los cuales da unas
nicos y científicos sobre las estrate&ias navales. A ellos se enfren­ someras ideas de la evolución histórica del pensamientp naval
tan los seguidores de las tesis de Maltan, partidarios del método clásico, sus momentos culminantes y las enormes lagunas en las
histórico. Toda esta problemática va a tener importantes conse­ que se ha acusado vivamente la falta de pensadores de talla. Tam­
cuencias en la política naval de los Estados y su acierto o fra­ bién se hace mención de las escuelas y de algunas posturas
caso va a quedar de manifiesto en las guerras mundiales. Cas­ nacionales.
tex, y aquí vemos otro aspecto de su genial concepción estratégica, El siguiente capítulo va dedicado a Cástex y pone de relieve
aboga por una síntesis de ambos métodos, con cuya reconcilia­ su actitud ante la situación definida en el capítulo precedente.
ción se van a lograr fecundos resultados. Su originalidad consiste en la sintetización, a la vez que en la
Desde la más remota antigüedad ha existido una oposición negación, del pensamiento naval clásico.
16 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 17

En los Capítulos Tercero y Cuarto, que constituyen la Segunda va a dar origen al «teorema de Castex», con el que Coutau­
Parte del libro, se entra de lleno en el desarrollo de la guerra Bégarie finaliza el Quinto Capítulo de su obra.
en el mar. En el primero de ellos se analiza la batalla en el más Como colofón de todo el tema desarrollado, el autor nos pre­
amplio sentido de la palabra: la guerra entre los gruesos de las senta en el último capítulo la situación actual del eterno litigio
flotas. Este tipo de enfrentamiento preconizado por el método tierra-mar, representado hoy por la URSS y sus satélites en una
histórico como el único verdaderamente resolutivo se estudia a dinámica típicamente continental, enfrentados con los Estados
fondo, aportándose frecuentes ejemplos históricos, desde la Unidos y los países comúnmente denominados «occidentales»,
óptica de distintos estrategas, para resaltar la postura castexiana cuyas características y formas de vida encajan en la «concep­
y poner de relieve su vigencia en nuestros días. ción marítima» tradicional.
El otro capítulo de esta Segunda Parte, dedicado a la guerra El análisis de esta situación, magistralmente realizado, resalta
por el dominio de las comunicaciones, en cierto modo es para­ la validez de las teorías castexianas dadas a conocer a lo largo
lelo al anterior. En él lo que priva es la guerra de corso y, por de la obra.
ello, las teorías defendidas por la Joven Escuela y el mét?do mate­ * * *
rial. También la actitud de Castex ante el problema impregna
todo el capítulo que, como el anterior, acaba con su proyección
en los tiempos actuales. El autor reconoce con humildad que no puede abarcar toda
la riqueza de la obra de Castex, que en algunos aspectos puede
La Tercera y última parte de la obra, compuesta como las errar al opinar sobre la intencionalidad de este ilustre marino
anteriores por dos capítulos, entra en el dominio de la geopolí­ o sobre los motivos que le impidieron ser más claro o contun­
tica para estudiar las relaciones entre la tierra y el mar. Los tér­ dente en sus explicaciones. Por esto, y por la poca atención que
minos en que está concebida la dialéctica castexiana preceden ha recibido de sus colegas posteriores este fecundo escritor,
a la descripción de las acciones realizadas por el mar contra la Coutau-Bégarie incita a que nuevos estudios vengan a comple­
tierra. Con el paso del tiempo y los nuevos medios que la téc­ tar el del presente libro.
nica ha ido poniendo a disposición del hombre ha variado la Contempla en su conjunto, La Potencia Marítima consti­
amplitud de las acciones, las di�tancias a las que se producen tuye una valiosa aportación para la formación del militar de hoy,
los enfrentamientos, las velocidades de reacción, etc. Pero lo que que tan estrechamente debe coordinar su acción con la de los otros
permanece inmutable es el fin último perseguido con las prepa­ dos ejércitos hermanos. El conocimiento estratégico y también
raciones estratégicas y las acciones tácticas a que dan lugar. Por geopolítico que se nos brinda en este libro es indispensable para
tanto, las acciones de bloqueo; la elección de un rosario de islas comprender a los marinos, su mundo profesional y el punto de
desde las que ejercer la vigilancia:a la vez que sirven como puntos vista desde el que enfrentan los grandes problemas nacionales
de apoyo a la flota; el tratar de mantener o conseguir el domi­ relacionados con la Defensa. También es cierto que con la pre­
nio del mar, que permita explotar las comunicaciones propias sente obra no se agota el tema; simplemente se establece un punto
e impedir al enemigo que haga lo mismo con las suyas, son cons­ de arranque a alto nivel que presenta nuevas perspectivas ante
tantes que hoy como ayer marcan la pauta de los grandes plan­ el lector y puede motivarle para continuar en esta línea de un
teamientos estratégicos. mejor conocimiento y comprensión del mundo del mar.
La tierra tiende a defenderse de los ataques que le llegan por
mar, por lo que reacciona. La reflexión sobre esta interacción JUAN GUERRERO ROIZ DE LA PARRA
PREFACIO

¿Quién lee todavía las Théories stratégiques del almirante Cas­


tex? La amplitud de la obra (seis tomos, entre los cuales hay uno
póstumo) desvanece el débil deseo de algunos curiosos, que esta­
rían dispuestos a ello. Las recientes investigaciones que ponen
en tela de juicio buen número de las conclusiones históricas en
las que Castex se apoyaba, la revolución nuclear y la fantástica
evolución de los armamentos, hacen que una lectura superficial
dé la impresión de que las Théories no tienen más que un inte­
rés histórico.
No hay que quedarse con esta impresión, ya que no solamente
su lectura muestra contradicciones entre el texto y la interpreta­
ción que habitualmente se le ha dado, sino que, además, se cree
que ciertas conclusiones de Castex pueden contribuir a esclare­
cer el debate estratégico contemporáneo. Por último, los To­
mos V y VI muestran el pensamiento geopolítico de una ampli­
tud y una precisión encomiable que nadie ha puesto de mani­
fiesto, pues jamás Castex' ha sido citado en ninguna obra geo­
política.
Cuando se ha consentido en examinarlo de cerca, ha apare­
cido Castex como uno de estos «ilustres desconocidos» de la his-
20 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 21

toria que merecen ser exhumados del olvido en el cual les ha mente la reedición íntegra de Théories, con una aportación crí­
sumergido el tiempo. Su obra se sitúa en dos planos que retie­ tica. El costo de una tal empresa, desgraciadamente, la convierte
nen nuestra atención, el histórico, con su actuación en tanto en en problemática.
cuanto fue almirante en la Marina francesa, en el período entre Este libro es el primero de una serie de obras sobre el pensa­
las dos guerras, y en tanto en cuanto fue profesor y escritor que miento naval. Un ensayo de conjunto sobre la escuela francesa
influyó en varias generaciones de oficiales, y el teórico, con su de estrategia naval le seguirá5•
contribución al pensamiento estratégico y geopolítico, que
merece, sin duda, que su nombre figure a continuación del de
autores mucho más conocidos, como pueden ser Foch, Liddell
Hart o también Mackinder y Mahan. Como Castex mismo había
notado, no son siempre los libros más profundos los que ejer­
cen una mayor influencia.
Integrar estos dos aspectos en una sola obra resultaba peli­
groso y, finalmente, opté por escribir dos: un libro que a la vez
es una biografía, basada en los archivos personales del almirante,
conservados por su sobrino en Villeneuve-de-Riviere, y un estu­
dio de conjunto de su pensamiento2• Y, el otro, un ensayo sobre
las enseñanzas perdurables de Castex, principalmente a partir
de su gran obra, las Théories stratégiq ues3•
El presente libro es un ensayo en el que no considero más
que aquellas Théories que me parecen todavía utilizables, eli­
minando el resto. Esto explica, por ejemplo, que la innovación
castexiana más conocida, la «teoría del perturbador», no sea
mencionada más que una vez de pasada. Me parece falsa, en
su principio, y desmentida por lá historia, tal como lo demues­
tran los acontecimientos que constituyen ésta. Mi proyecto está
inspirado en ese modelo inigualable que es Penser la guerre. Clau­
sewitz, de Raymond Aron. Busco en las Théories las bases de
partida para una mejor comprensión de la estrategia naval y de
la geopolítica en la era nuclear.
No pretendo haber agotado el personaje con estas dos obras.
La obra de Castex es inmensa y merecedora de estudios com­
plementarios. Una labor previa indispensable será hecha con la
publicación de lo inédito, gracias a Editions Economica, La liai­
son des armes sur mer y los Compléments, escritos con miras
a una segunda edición de las Théories, que están a disposición
de los lectores4• Pero la labor más importante sería evidente-
NOTAS AL PREFAC I O

l . Con la excepción del almirante Fernando M illa.


2. Hervé Coutau-B égarie, Castex, le stratége inconnu, París, Economica, 1985.
3 . I.es Téories stratégiques están compuestas por cinco tomos, aparecidos entre 1929
y 1935, más un volumen póstumo, publicado en 1976 bajo el título Mélanges stratégi­
ques, T. VI. Castex había, igualmente, preparado unos complementos que acaban de
ser publicados con el título de Fragments stratégiques.
Del Tomo 1 se han hecho dos ediciones, en 1929 y 1937. Habitualmente cito la pri­
mera. Cuando utilizo la segunda, pongo a continuación la referencia de la fecha (1937).
4. Han sido reunidos bajo el título Fragments stratégiques, París, Economica, 1987.
5. Hervé Coutau-Bégarie, Stratégie navale. Uecole fran�ise, París, Economica, 1987.
Una reseña sobre esta obra se ha publicado con el título Para una historia del pensa­
miento naval francés, en Stratégique, 1986, núm. 3 1 .
INTRODUCCION

«El que domina el mar, domina todo», decía Temístocles en


el siglo V antes de nu
, estra era. En el XVII, el caballero de Razilly,
inspirador de Richelieu, proponía una afirmación rrienos dog­
mática: «el que domina el mar posee un gran poder sobre tie­
rra». Así quedan planteadas las dos concepciones, determinista
y posibilista', de la potencia marítima.
Entre estas dos tesis no hay más que una diferencia de gra­
dación, no de naturaleza. La ateniense descuida la dimensión
continental, porque toda la potencia de su ciudad viene del mar.
La francesa, al contrario, limita el poder del componente marí­
timo, pues es en el continente donde se cierne la amenaza más
grave para Francia. Pero Temístocles y Razilly están de acuerdo
en reconocer que la potencia de un Estado puede venir, total o
parcialmente, del mar. Sin duda, se dirá que es una verdad evi­
dente. Por tanto, por un singular fenómeno durante mucho
tiempo inexpicable, los estrategas han descuidado durante siglos
el estudio de la guerra en el mar, como si la incertidumbre del
movimiento de las naves y vela impidiese poner alguna raciona­
lidad en la estrategia naval. Hasta los años 1860, los raros escri­
tos marítimos que han sobrevivido no hablan apenas más que
26 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 27

de táctica. Sólo es a fines del siglo XIX cuando aparece una ver­ mond, no se puede citar a nadie, salvo una original escuela
dadera estrategia naval técnica, cuya evolución se va a articular italiana.
en tres períodos. Hiroshima y Nagasaki abren una nueva era, la de la estrate­
El primero va de 1 890 a 1914. Es la edad de oro de las flotas gia nuclear. Pero la tercera generación de estrategas navales no
de línea y de la gran expansión colonial al otro lado del mar. acude a la cita. Después de Castex no hay más estrategas naya­
Los escritos sobre estrategia marítima conocen en unos años un les, solamente hay historiadores (Stephen Roskill, Arthúr J. Mar­
sorprendente florecimiento. El salto se ha dado, nadie se asom­ der, Paul M. Kennedy ) y analistas (Michael Mee. Gwire, Ken
brará de ello, en los países anglosajones con la aparición casi Booth) que pueden ser excelentes, pero que carecen de la dimen­
simultánea de The influence of sea power upon history, del ame­ sión teórica de sus predecesores. De ello resulta un estancamiento,
ricano Alfred T hayer Mahan (1 890), y el Naval warfare, del bri­ en extremo preocupante, de la teoría estratégica naval, aparte
tánico Philip Colomb (1 891). El segundo autor será rápidamente de la proliferación de estudios fragmentarios sobre el tema. En
eclipsado por el primero, cuyas ideas tienen un carácter verda­ 19 65, Bernard Brodie lo reconocía sin rodeos: «Las raras obras
deramente universal. Afirmando la superioridad de los impe­ publicadas después de Mahan, Corbett y Castex fueron, sobre
rios marítimos, Mahan ofrece una justificación al imperialismo, todo, actualizaciones de dichas obras» 3• Cerca de veinte años
este gran movimiento expansionista que caracteriza los años después, la situación ha evolucionado, pero no en el buen sen­
1 880-19142• Atacados de momento por la Joven Escuela, que tido, pues, en lugar de actualizaciones, no se ha hecho nada. En
vaticina en los años 1 880-1 890 el fin de las flotas de línea, con­ la inmensa producción anglosajona, no se destaca más que una
denadas por la aparición de adversarios tales como el torpedo sola obra reciente sobre la estrategia marítima en general4, y
o la mina, las teorías mahanistas recobran toda su audiencia des­ para eso es principalmente histórica y está totalmente despro­
pués de 1900 e inspiran la política naval de todas las grandes vista de perspectiva geopolítica.
potencias. En vísperas de la Primera Guerra mundial, la orto­ Este estancamiento del pensamiento estratégico y geopolí­
doxia mahanista triunfa en todas partes, apenas turbada por la tico naval proviene del descrédito que se ha cebado hasta una
visión crítica de una escuela británica, conducida por Julián Cor­ fecha reciente en la reflexión geopolítica, en general, y de la poca
bett, que, reafinnando totalmente.el valor del dominio de los mares, importancia concedida al elemento marítimo en la estrategia
subraya que el medio preconizádo por Mahan para obtenerle, general hasta finales de la década de los sesenta. La U. S. Navy
la batalla decisiva, no se puede adaptar a todas las situaciones. conservaba el dominio absoluto de los mares. Su rival soviética
La Primera Guerra mundial corta el movimiento. Nunca no salía apenas de sus aguas territoriales. Además, la teoría de
jamás se verá parecida efervescencia intelectual. Durante el la disuasión, entonces en vigor, excluía una guerra total «limi­
segundo período, el de entre-gu�rras, las flotas de superficie han tada» y no consideraba posible como final de una confronta­
de enfrentarse a un doble desafío, el del avión y el del subma­ ción Este-Oeste más que el apocalipsis en breve plazo, de manera
rino. Pero en lugar de estimular las imaginaciones, esta trans­ que el problema del empleo de la potencia marítima estaba limi­
formación choca con el conservadurismo de los estados mayo­ tado a los conflictos locales, en los cuales la supremacía ameri­
res. Un estratega domina el período, el almirante francés Raul cana entraba de lleno. Durante la guerra del Vietnam los navíos
Castex. El mundo anglosajón de donde venía el impulso antes de la VII Flota gozaron de una inmunidad casi absoluta, y así,
de 1914, no produce durante estos años más que un sólo escri­ los múltiples ataques lanzados por los nordvietnamitas no obtu­
tor de envergadura, el almirante Herbert Richmond, que tropieza vieron más que un éxito, contra el destructor Higbee, dañado por
con la hostilidad del almirantazgo. Aparte de Castex y de Rich- una bomba de doscientos cincuenta kilogramos.
28 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 29

Hoy las cosas no son así: la Marina soviética ha logrado en armas convencionales. Los occidentales están tanto más predis­
una generación una mutación formidable, que prácticamente la puestos a conseguirlo, cuanto que los conflictos recientes, como
ha situado al nivel de su rival americana. Algunos hasta han lle­ los del Líbano y de Irán-Irak, han evidenciado una superiori­
gado a decir que la ha desbancado5, lo que introduce de un dad cualitativa del material occidental, que sugiere que la OTAN
solo golpe un cambio total en la gran geopolítica, por ello, el podría efectivamente resistir un ataque del Pacto de Varsovia sólo
Atlántico, que constituía un nexo de unión entre los Estados Uni­ con sus medios convencionales, sin recurrir a su arsenal nuclear
dos y Europa hasta la década de los sesenta, se ha convertido táctico.
hoy en un obstáculo. La continuidad geográfica de la Alianza En el seno de estos medios convencionales, las fuerzas nava­
se ha roto. les ocupan un sitio de capital importancia. Mientras que antes
Por otra parte, la teoría demasiado simple de la disuasión de la Segunda Guerra mundial el control de las comunicaciones
ha cedido su sitio, ante el hecho del acceso soviético a la pari­ era entre sus misiones, la fundamental, si no la única, éstas han
dad estratégica con los Estados Unidos, a argumentaciones muy · llegado a ser hoy mucho más variadas. El almirante Turner las
complejas que pretenden retrasar todo lo posible el paso al ha formulada6 en una tetralogía que ha llegado a ser clásica:
empleo de los medios nucleares. La estrategia de elevación del disuasión oceánica, dominio de los mares, proyección de la poten­
«umbral» nuclear iniciada al comienzo de la década de los sesenta cia y presencia.
(discurso de Ann Arbor de MacNamara), que fue consagrada Disuasión. La disuasión no ha nacido con el arma nuclear.
en 1 9 67 con la hipótesis de una guerra en Europa, y la adopción La Royal Navy en el siglo XIX ejercía una función de disuasión
por la OTAN de la doctrina de la respuesta flexible, ha sido lle­ perfectamente percibida por los otros países. La teoría del riesgo
vada en seguida por los Estados Unidos a sus planes de guerra del almirante T irpitz, que examinaremos después, apuntaba pre­
total, con la adopción de argumentaciones contra-fuerzas cada cisamente a ejercer una tal disuasión1• Pero esto ha tomado
vez más sofisticadas (doctrina Schlesinger en 1974, directiva pre­ una dimensión totalmente diferente en la era nuclear. Los sub­
sidencial 59 bajo Carter y, hoy, estrategia contravalor). marinos lanzamisiles estratégicos constituyen hoy la componente
Esta preocupación por retrasar cuanto sea posible el recurso más estable de la disuasión: no son vulnerables a un primer golpe
a las armas de destrucción mas.iva tiene dos consecuencias. La como los misiles terrestres y no tienen que enfrentarse con las
'
primera es la eventualidad de una guerra de larga duración (la defensas soviéticas como los bombarderos. Pero no tienen sitio
doctrina de no recurrir prematuramente a los medios nucleares, en la teoría naval clásica, hasta el punto de que ciertos autores
no first early use, propuesta por el general Rogers, refuerza toda­ han aireado la conclusión de que la marina no ha de controlar­
vía esta hipótesis) sea en Europa o sea al más alto nivel, en el los (y en consecuencia soportar su costo), porque no ejercen nin­
caso de una confrontación direc:.t:a Estados Unidos-Unión Sovié­ guna función puramente naval8• Es ésta una muestra extrema
tica. (Esta es la hipótesis básica que sustenta el programa de de un particularismo exacerbado, que es común a casi todos los
rearme del presidente Reagan.) Se sigue lógicamente una segunda marinos, pero condenable en sí, pues las misiones de la marina
consecuencia: la rehabilitación de los medios convencionales (no y las misiones globales de defensa no tienen que ser separadas,
nucleares). Hasta la década de los setenta se estimaba que la supe­ y además, si los submarinos lanzamisiles ejercen una misión muy
rioridad nuclear americana compensaba la inferioridad conven­ particular, también las fuerzas navales convencionales colaboran
cional, comúnmente admitida, de la OTAN. Ahora que este con ellos, asegurando su protección.
«paraguas» americano ha pasado a tener una dudosa eficacia, El dominio de los mares. La denominación de esta misión
la OTAN debe preocuparse por restablecer el equilibrio de las ha sido discutida, pues, como ha señalado John L. Byrons, toda
30 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 31

la potencia marítima se reduce al dominio de los mares9• Real­ los teoricistas clásicos, que no ven en ella más que un subpro­
mente, el almirante Turner ha querido designar así la tradicio­ ducto, mientras que desde hace algunos años ha dado lugar a
nal misión de control de las comunicaciones marítimas. La una floración de trabajos, de los que algunos son verdaderamente
U. S. Navy, desde este punto de vista, cumplirá una doble tarea. importantes11• Este nuevo interés se explica fácilmente, pues a
En primer lugar, asegurar que las materias primas vayan enca­ pesar de que la perspectiva de una guerra generalizada e�, gra­
minadas hacia donde la economía americana las necesite. Esta cias a Dios, bastante poco probable, en las constantes cns1s _ de
es, hoy día, importadora de petróleo, mientras que era autosu­ estos precarios tiempos de paz, los marinos se ven constante­
ficiente durante la Segunda Guerra mundial. La mitad de sus mente solicitados y, por ello, sus funciones están, lógicamente,
materias primas estratégicas hoy son importadas. En segundo muy valorizadas. Sobre doscientas quince crisis que han dado
lugar, escoltar los convoyes de refuerzos y aprovisionamientos lugar a demostraciones de fuerza americana desde 194 5, ciento
con destino a los teatros de operaciones europeos y del Extremo setenta y siete han movilizado unidades navales12 y la propor­
Oriente, que evidentemente tendrían una importancia.capital en ción, evidentemente muy inferior en el campo soviético (sesenta
caso de guerra prolongada. y nueve demostraciones navales en ciento noventa crisis13), ha
Proyección de la potencia. La proyección de la potencia contra tendido a aumentar en el curso de los últimos años1•.
tierra puede ir desde el bombardeo nuclear (hipótesis que feliz­ Pero la mutación de la estrategia naval no se limita a esta
mente no se ha producido jamás) al bombardeo convencional, diversificación de misiones de las marinas de las grandes poten­
naval o aéreo, como los de Corea o del Vietnam, donde los avio­ cias. Es el mismísimo medio marino el que cambia. El océano
nes embarcados han efectuado decenas de miles de salidas y los toma de vez en cuando importancia en la vida de las naciones,
cañones"}Jesados del acorazado New Jersey han demostrado en en tanto en cuanto es fuente de riquezas (petróleo off shore y,
múltiples ocasiones su eficacia. La proyección más espectacu­ mañana, recursos minerales), como cuando es medio de comu­
lar, evidentemente, es la operación de desembarco, como tuvo nicación. Entonces todos los países ribereños tratan de apropiarse
lugar durante la Segunda Guerra mundial y, después, en Corea un espacio marino tan extenso como sea posible, lo que con­
(en Inchón en 1950) y, recientemente, en las Malvinas. Esta misión duce, naturalmente, a una geopolítica del mar, cada día más com­
no ha sido puesta en práctica�con todas sus posibilidades antes pleja. Todos los Estados costeros, o casi costero�. tienen dife­
de la Segunda Guerra mundial, porque los medios de acción del rencias con sus vecinos para la delimitación de sus zonas
mar contra tierra eran en otro tiempo muy limitados y más apro­ respectivas. Islotes inhabitables y privados de todo valor intrín­
piados para pequeñas guerras (escaramuzas) que para las gran­ seco llegan a ser la piedra de discordia en una lucha encarni­
des. Por el contrario, hoy ha llegado a ser de empleo frecuente zada, pues son susceptibles de tener a su alrededor una zona de
en las relaciones internacionalc¡s, un triunfo esencial para las gran­ doscientas millas, que económicamente confieren a sus posee­
des potencias, tanto para la Unión Soviética (Angola, Etiopía ... ), dores el control de riquezas marinas importantes. Los conflic­
como para los Estados Unidos (Vietnam), o para Gran Bretaña tos por este motivo son incontables: islas Senkaku, disputadas
(Malvinas), e incluso para potencias de segundo orden, como entre Japón y China; islas del mar de la China meridional, recla­
Turquía (Chipre), que a veces recurren a él. madas por tres, cuatro y hasta cinco pretendientes; islas del canal
Presencia. Como nota Geoffrey T ill, «si la actitud en sí misma de Mozambique, reivindicadas por Madagascar... En el trans­
no es nueva, el grado de atención que se la concede lo es curso de la década de los setenta cinco archipiélagos, islas o partes
ciertamente1º» . La misión de presencia, o si se prefiere la diplo­ de las islas han sido ocupados por la fuerza: Irán se ha apro­
macia naval, ha sido hasta hace poco totalmente descuidada por piado de tres islas en el golfo Pérsico; China ha ocupado las Para-
32 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE 33
LA POTENCIA MARITIMA

cel; Vietnam, una parte de las Spratly; Indonesia, el este de T imor,


tégicas nucleares más que en detrimento de su armas conven-
y Turquía, el norte de Chipre15• Las disputas tradicionales se
han reavivado: Argentina y Chile estuvieron a punto de llegar
cionales. . ,
Pero al mismo tiempo hay dispersión de la potencia man-
a la guerra por las islas Nueva, Picton y Lennox, en el canal de tima con la multiplicación de marinas secundarias11• En prin­
Beagle. Estos islotes no tienen en sí mismos otro interés que no cipid estas simples fuerzas de policía sin ningún valor militar
sea simbólico, pero según que se haga pasar la frontera entre llega� a ser capaces de transformar franjas costera� relativam�nte
Argentina y Chile a su derecha o a su izquierda, esto modifica amplias en zonas inseguras, gracias a sus barcos hgeros eqmpa­
totalmente la configuración de los sectores del Antártico, que dos con misiles mar-mar. Del mismo modo que no hay que subes­
pueden reivindicar uno y otro país. Otro tanto se puede decir timar las posibilidades de esta «guerrilla naval», es cierto que
de las Malvinas. Al margen del aspecto pasional, que ha jugado hay una terrible amenaza para los barcos de las grandes poten­
un papel determinante en la tentativa argentina de «recupera­ cias en los estrechos, o en los «mares estrechos» como el Medi­
ción» de 1983, la dimensión geopolítica ha pesado igualmente terráneo el mar del Caribe o el mar de la China meridional. La
en la decisión de la junta: la posesión de las Malvinas, las Sand­ aparició� de potencias medias, equipadas con aviones de ata­
wich del sur y de la Georgia del sur habría permitido a Argen­ que dotados de misiles aire-superfi�ie, va todav!a a extender el
tina reivindicar un sector antártico inmenso. peligro. La Royal Navy ha consegmdo las. Malvmas, pero lo ha
Por una especie de instinto, todos estos Estados costeros movi­ pagado con la destrucción de muchas umdade�, y h�y derecho
dos tanto por un deseo de prestigio, como por el temor a sus ª"preguntarse cómo habría evolucionado el con�1c�o s1 los argen­
vecinos o al pillaje de sus riquezas, adquiridas recientemente por tinos hubieran esperado para actuar a haber rec1b1do los catorce
los países desarrollados, tratan de dotarse de marinas capaces Super-Etendard y los veinticuatro misiles aire-mar Exocet que
de proteger los espacios, a menudo muy extensos, sobre los que habían solicitado1ª.
tienen intención de ejercer en lo sucesivo su soberanía, y esto La complejidad de la situación actual impone un esfuerzo
a pesar del costo prohibitivo de los armamentos modernos. Se .
de reflexión que, hasta el presente, no se ha hecho. Es cierto que
asiste así a dos evoluciones contrarias. hay numerosos trabajos sobre la marina soviética y sobre otras
Por una parte hay conc�tración de la potencia marítima. cuestiones concretas de nuestra realidad de hoy, pero sus con­
Al comienzo de este siglo había una media docena de marinas clusiones contradictorias parecen más bien corroborar la pro­
con fuerzas ciertamente desiguales, pero con estructuras com­ posición del general Poirier sobre lo inacabado de l� revolución
parables, con masas de maniobra compuestas por acorazados nuclear: «si un objeto se presta a infinitas especulaciones, es que
dreadnought y super-dreadnought: Gran Bretaña, Alemama, .
escapa a la ponderación de la reflexión rigurosa y unívoca, es
Estados Unidos, Francia, JaJJón, Rusia y, en menor grado, Ita­ que se evapora en un saber y un lenguaje desenfocados»19•
lia y Austria-Hungría mantenían tales flotas. Hoy sólo los Esta­ Más difícil, la teoría estratégica y geopolítica es al mismo
dos Unidos y la Unión Soviética, así como a una escala mucho
tiempo más necesaria que nunca: «La reflexión teórica es evi­
más modesta Gran Bretaña y Francia, poseen submarinos nuclea­
dentemente una reflexión, pero que no se desarrolla al lado de
res y portaaviones, símbolos de la potencia marítima
la acción, como puede ocurrir con un método de observación
moderna16• Y la separación entre estas dos superpotencias y las
o de experimentación en las ciencias de la naturaleza. Ya es
otras corre el riesgo todavía de aumentar. Países como Francia acción, potencia de sugestión y de invención pra_gmática, se co�s­
y Gran Bretaña se ven obligados a continuar su esfuerzo, aun­
tituye como una caja de herramientas necesanas para enunciar
que no pueden asegurar la modernización de sus fuerzas estra- y resolver los problemas estratégicos de nuestro tiempow». Los
34 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 35

expertos navales son muy conscientes de esta exigencia teórica: a la que existe desde siempre entre estrategia y táctica. Desde
al comienzo de su historia de los imperios marítimos, Clark Rey­ entonces la cuestión debe ser planteada así: ¿alguien puede toda­
nolds pide nuevas hipótesis y un ensayo de síntesis sobre la poten­ vía, en la época de los misiles intercontinentales, apoyarse en
cia marítima21• conceptos y teorías que datan de la era anterior a la nuclear ?
El problema está en saber sobre qué fundar esta nueva sínte­ La respuesta es afirmativa. Por inmensa que sea la revolu­
sis. Pueden concebirse dos soluciones. ción nuclear, al menos no ha hecho caducar todos los princi­
La primera consiste en apoyarse sobre todo en las enseñan­ pios de la estrategia clásica. Así como lo subraya el estratega
zas de la historia, como lo han hecho todos los grandes estrate­ americano Colin S. Gray, el arma nuclear no ha provocado una
gas navales, tanto Mahan y Corbett como Castex. Esta es la pos­ mutación en la naturaleza de las relaciones internacionales26•
tura de Geoffrey T ill en su reciente obra22, con el riesgo Querer construir una teoría sin tener en cuenta la aporta­
permanente de que le sea reprochado el mirar demasiado hacia ción de las estrategias del pasado, es ceder a la peligrosa seduc­
el pasado21• ción de la novedad, imaginarse inventar lo que es conocido desde
La segunda solución considera que los logros de la ciencia hace ya largo tiempo. Es, sobre todo, privarse de toda perspec­
conseguidos desde hace algunos decenios son de tal amplitud tiva histórica y obligarse a reconstruir un cuadro teórico, con
que los escritos anteriores no pueden servir de base a los estu­ todos los riesgos que comporta una tal empresa2'. Raymond
dios actuales. Esta es la que adopta Laurence W. Martin en un Aron ha podido «pensar en la guerra» a partir de una relectura
libro aparecido en 19 67: «este mundo estratégico (el de Mahan) de Clausewitz28• De la misma manera nos hace falta pensar en
ya no existe... En el curso de la segunda mitad del siglo, la evolu­ la guerra naval de la era nuclear, a partir de un guía capaz de
ción de la propulsión, los aviones, los misiles, los explosivos y suministrarnos «la caja de herramientas» necesaria. Este guía
las técnicas electrónicas han trastocado completamente el con­ existe: es el almirante Castex, del que las Théories stratégiques,
texto estratégico en el que evolucionaban las flotas. El subma­ aparecidas entre 1929 y 193 5, constituyen un monumento del pen­
rino, el avión y el misil son los enemigos más peligrosos de los samiento naval clásico, la síntesis y la superación de todos los
barcos de superfcie... El bombardeo contra tierra, al principio escritos que le han precedido.
una de las tareas menos imporlpntes, es ahora preocupación prio­ Ciertamente, no hay que ver en ellas la formuladón definitva
ritaria de las grandes marinas»2A· La Convention de Montreux es e incontrovertible de la estrategia naval teórica. Aun cuando
un buen ejemplo de lo caduco de las normas tradicionales: ¿cómo hayan resistido bien el paso del tiempo, no han sufrido menos
aplicar las limitaciones relativas a los navíos armados con cañones el peso de los años. La mutación del medio marino, anterior­
de un calibre superior a los 203 mm a embarcaciones que no mente evocada, es infinitamente más profunda que todo lo que
monten más que misiles? .. se podía imaginar en el período entreguerras29• Por otra parte,
Nos anticipamos aquí al conflicto de métodos (el Methodens­ en la fecha en que escribió la obra, su visión del mundo es más
treit) de la estrategia naval. Castex es, sin duda, el único autor parecida a la de Mahan que a la nuestra. En fin, los progresos
que lo ha percibido perfectamente y le ha dado una solución de la investigación histórica han modificado con seguridad nume­
que se habría podido creer definitiva25• Pero desde la época en rosos puntos de vista de nuestros conocimientos de historia
que fueron redactadas las Théories, el problema ha adquirido marítima.
una dimensión muy distinta, debido al hecho de la revolución Pero esto no es lo esencial. Más allá de la parte «perecedera»
nuclear. Su novedad es tan radical que de ella resulta una dico­ de la obra hay en las Théories algo más: una teoría de la estra­
tomía entre estrategia nuclear y estrategia convencional parecida tegia naval, de una complejidad que hasta ahora no ha sido casi
36 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

sospechada, y una visión geopolítica original. Bajo este doble


aspecto, el pensamiento de Castex puede aportar elementos de
respuesta a nuestras preocupaciones presentes, proporcionándo­
nos el hilo conductor que podría abrir la vía a una teoría, a la
vez estratégica y geopolítica, de la potencia marítima en la era
nuclear.

NOTAS A LA I N T RO D U CC I O N
1 . Estas dos denominaciones han sido sugeridas por el vocabulario de los geógra­
fos: se habla normalmente de determ in ismo geográfico y el término de «posibilismo»
ha sido empleado para definir a la escuela de Vida! de La Blanche. Pero también se
puede decir: dogmática y relativista.
2. Cf. el libro de Philip Gollwitzer, Vimperialisme de 1880 a 1914, París, Flam­
marion, 1975. Del mismo: Geschichte der weltpolitischen denkens, T. II, Gottingen, Van­
denhoeck und Ruprecht, 1982.
3. Bernard Brodie, La guerre nucléaire, París, Stock, 1965, pág. 9.
4. Geoffrey Till y al., Maritime strategy and the nuclear age, Londres, Mac Millan
1982; 2� ed. 1984. Es preciso remontarse hasta 1967 para encontrar una obra compara­
ble con Laurence Martin, The sea in modero strategy, Londres, Chatto and Windus, 1967.
5. Cf. Hervé Coutau-B égarie, La puissance maritime soviétique, París, IFRI-
Economica, 1983, y especialmente la introducción a una presentación del debate sobre
la Marina sov iética.
6. Stansfield Turner «Missions of the U. S. Navy», Naval War CoUege Review, enero­
marzo 1974. La primera formulación fue obra del almirante Zumwalt.
7. Cf. infra, pág. 118. Una de las obras consagradas a la flota de Tirpitz se llama
Yesterday's deterrent. Jonathan Steinberg, Yesterday's deterrent. Tirpitz and the birth
of the german battle íleet, New York, MacDonald, 1966.
8. R. E. Walters, Seapower and the nuclear fallacy, New York, Meyer and Hol­
mes, 1975, pág. 131.
9. John L. Byrons, «Sea power: the global navy», U. S . Naval Institute Proceedings,
enero 1984, pág. 32.
10. Geoffrey Till, op. cit., pág. 21 1 .
1 1. Especialmente James Cable, Gumboat diplomacy. Political applications o f limited
force, Londres, MacMillan, 2� ed., 1981. Ken Booth, Navies and foreign policy, Lon­
dres, Croom Helm, 1976.
12. Barry Blechman y Stephen S. Kaplan, Force without war U. S . anned forces
as a political instrument, Washington, Brookings Institution, 1978, pág. 40.
13. Stephen S. Kaplan. Diplomacy of power. Soviet armed forces as a political ins­
trument, Washington, Brookings Institution, 1981, pág. 47.
14. Excelente presentación de la diplomacia naval soviética en Bradford Dismukes
y James M. MacConnell, Soviet naval diplomacy, Nueva York, Pergamon Press, 1979,
que cubre el decenio 1967-1976.
1 5 . Gerald W. Hopple, «lntelligence and warning lessons», en Bruce W. Watson
y Peter M. Dunn, Military lessons of the Falkland islands war, Boulder, Westview, 1984,
página 108, en la d écada de los 80, Malasia e Indonesia también han desembarcado
tropas en las islas Spratleys del este y del sur.
16. Brasil, Argentina y la India no tienen más que portaaviones anticuados, sobre
,, todo conservados por una cuestión de prestigio. China ha lanzado submarinos nuclea­
res, pero estos no parece que estén siempre verdaderamente operativos.
17. Evidentemente hab ía por debajo grandes flotas de las marinas secundarias que
competían a veces en mini carreras de armamento: tal era el caso entre Grecia y Turquía
P R I M E R A PA RTE
o en Am érica del Sur. Pero éstos no contaban casi en la estrategia global.
1 8 . Cf. Herv é Coutau-B égarie, «Que! avenir pour les flottes de surface?», Politi­
que Étrangere, 1982, núm. 3, págs. 701-716.
19. Luden Poirier, «Épistémologie de la sttatégie», Anthropologie et sociétés, 1983,
T E O R I A . CASTEX E N
número 1, pág. 90.
20. Lucien Poirier, art. cit., pág. 95.
E L P E N SA M I E NTO
21. Clark G. Reynolds, Command of the sea. The history and strategy maritime
empires, New York, Morrow, 1974, pág. 12.
ESTRATEG I CO N AVAL
22. Geoffrey Till, op. cit.
23. Reproche dirigido al libro de Till por el almirante Duval: «La estrategia marí­
tima ¿verdaderamente existe?, Défense Nationale, junio 1982, pág. 90.
24. Laurence W. Martín. The sea in modero strategy, Londres, Chatto and Windus,
1967, págs. 9-10.
25. Cf. infra, págs. 92-93.
26. Colin S. Gray, Strategic studies: a criticai assessment, Londres, Aldwich Press,
1981. !
27. El libro del contraalmirante Moineville, La guerre navale, París, Presses Uni­
versitaires de France, 1982, es un ejempló típico de esta desviación. Su análisis abstracto
e intemporal, no consigue pasar del estado descriptivo.
28. Raymond Aron, Penser la guerre. Clausewitz. 2 volúmenes, París, Gallimard,
1976.
29. Exposición muy clara y pedagtilgica de las t écnicas de la guerra naval contem­
poránea en: Almirante Lacoste, Stratégie navale, París, Nathan, 1981.
CAPIT U LO PRIMERO

LA EVO LU C I O N D E L P E N SAM I E NTO


ESTRATEG I CO N AVAL

El mariscal de Saxe decía en sus Reflexiones que la estrate­


gia era un arte cubierto de tinieblas1 • Hoy se podría decir otro
tanto del pensamiento estratégico naval2, por lo poco conocido
que es. A pesar de haberse intentado muchas veces, no se ha
logrado escribir ninguna obra de conjunto3• Herbert Rosinski
había comenzado en la década de los treinta un triple ensayo
sobre Mahan, Corbett y Castex. La obra, finalmente, jamás vio
la luz, lo que se lamenta vivamente, pues la calidad excepcional
de los artículo reunidos por B. Mitchell Simpson 111' hace
suponer que éste hubiera sido un magnífico libro. Más reciente­
mente, Ken Borth ha anunciado The evolution of naval strate­
gic thonght, pero parece ser que ha abandonado este proyecto
para escribir Law, force and diplomacy at sea. Esperemos que
este abandono sólo sea provisional.
Actualmente la versión más completa es la contenida en la
obra ya citada de Geoffrey T ill. Pero, escrita por varios autores,
no tiene ninguna unidad. El libro presenta una sucesión de cua­
dros en los que recibe un trato de privilegio el pensamiento anglo­
sajón y dentro de éste algunos personajes clave. En él. Corbett es­
tá eclipsado y nada se dice de Fred Jane y Cyprian Bridge, que
defendían ideas similares. No se habla en absoluto de las ten­
dencias «Joven Escuela», de la cruiser school, y de Sir Percy
Scott. Las teorías de autores franceses y alemanes fueron agru-
42 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTENCIA MARITIMA 43

pactas, con evidente abuso, bajo la denominación de «doctrinas debían incitar a reabrir el «dossier» a la luz de las adquisiciones
continentales de la estrategia marítima». En este grupo, curio­ recientes en materia de historia marítima.
samente, también se incluyeron varios autores británicos del Los problemas en suspenso son inmensos y, en tanto que no
período entreguerras, que no pudieron encontrar sitio entre los se haga un serio esfuerzo por reducir esas zonas de sombra, una
personajes clave. Todos ellos quedan reducidos a la mínima expre­ historia del pensamiento naval no será posible. Por ello, este capí­
sión y son enjuiciados con bastante ligereza. Además presen­ tulo no puede tener más que un objetivo limitado: situar a Cas­
tan algunas omisiones sorprendentes, como, por ejemplo, el no tex en la línea de los autores navales y esbozar los grandes ejes
mencionar a los almirantes Otto Groos y Von Assmann. La muy de investigación posteriores. Así, pues, no se presenta bajo la
rica escuela italiana es pasada prácticamente en silencio: sólo forma sistemática de una historia, sino, antes bien, de forma pro­
Secchi es citado, Bonamico, Bernotti, di Giambierardino, Fio­ gramática, planteando cuestiones y sugiriendo, a la vez, elementos
ravanzo... son ignorados. La Marina rusa, «otro centro activo de respuesta.
de estudios y experiencias», es, igualmente, olvidada, con la
excepción del inevitable almirante Gorchkov. También se olvida
a los españoles, los austrohúngaros ... , por no decir nada de los O R I G ENES DEL PEN SAM IENTO NAVAL
hispanoamericanos, los chinos...
Una de las ideas más sólidamente enraizadas es la creencia .
Estas deficiencias de la síntesis se explican por la ausencia de que la reflexión naval poco más o menos que habría sido
de monografías. Sólo ha sido estudiada con seriedad la escuela creada por Mahan a fines del siglo XIX, y que antes de él no
británica de 1 867 a 19146 y la Joven Escuela'. Se espera aparez­ había más que algunos autores aislados que sólo trataron de tác­
can estudios sobre el pensamiento británico del período entre­ tica. Esto es a la vez verdadero y falso. Falso, porque estos pre­
guerras sobre las escuelas francesa, italiana8 , alemana9 Incluso
•••
cursores son bastante más numerosos de lo que se cree. Verda­
sobre los autores anglosajones estamos todavía muy mal in­ dero, porque la aparición de un pensamiento sistemático se ha
formados. Corbett y Richmond, por fin, han tenido sus producido efectivamente muy tarde.
biógrafos1º, pero éstos, por un.a prudencia que se puede alabar Cuando Pierre Naville escribe que «es en el famoso Testa­
o reprobar, no han querido ir' más allá de la clásica biografía, ment de Richelieu donde es preciso buscar una primera defini­
por lo que el estudio sistemático del pensamiento de los prota­ ción explltica de sea-power13», reproduce un error común a
gonistas queda prácticamente por descubrir. El título del libro todos los autores franceses, que han hecho del cardenal la refe­
de Schurman, Julian S. Corbett, historien de la politique mari­ rencia obligada. Se podían aducir abundantes ejemplos de este
time britannique de Drake a J�llicoe, es revelador de la devalua­ error.
ción tradicional que se hace de la obra de Corbett, de la que Desde la antigüedad los griegos y los romanos han abordado,
raramente se percibe su dimensión teórica. Asimismo, Mahan, un poco de pasada, ciertamente, el problema del dominio de los
a pesar de las cuatro biografías y de los innumerables estudios mares. Tal como lo subraya Moche Amit, las fuentes no faltan:
de los que ha sido objeto, no ha podido ser enteramente desci­ apreciaciones generales sobre la política ateniense, por Platón,
frado. A partir de textos secundarios, Herbert Rosinski había Aristóteles, Sócrates... , historias de Tucídides, Jenofonte, Dió­
sugerido interesantes pistas11, por las que desgraciadamente él doro, discursos de oradores1• Después de ellos, los bizantinos
•••

no ha seguido su explotación. La publicación de una masa de desarrollan un verdadero pensamiento naval que culmina en el
documentos inéditos12 proporciona elementos nuevos que siglo X con la Naumaquia, de León el filósofo, síntesis de los
44 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 45

escritos de siglos precedentes (Stratagemata, de Frontin, los de 1782 por el escocés Clerk of Eldin 18 • El movimiento se extiende
Colyénus, los del emperador Mauricio...)15 • Sería necesario reunir al siglo XIX, en Francia, con Bouet-Villaumez, Penhoat, Bour­
y explotar este conjunto, lo que los estrategas navales no han gois, Touchard, De Gueydon, De Pagel, De Le�al, De Cordes,
hecho, con excepción del almirante Jurien de la Graviere en el Du Pare, pero también en Gran Bretaña, co.n Sir John Ross Y
siglo XIX, en obras totalmente desfasadas hoy16• Tras el eclipse Sir Howard Douglas, y en Rusia, con el almirante Boutakoff y
de la Edad Media, el que, por otra parte, no es cierto que sea
el teniente Semechkin ... .
absoluto1', los escritos se multiplican al comienzo de la época Excepto algunos autores célebres, co?1.º Hoste, Bigot de
moderna. Mucho antes del de Richelieu, el Testamento de Car­ Morogues y Clerk of Eldin, todos estos teoncos son casi. de.sco­
los V trata del problema del dominio del mar, a propósito del nocidos. Castex es prácticamente el único que los ha estudiado
Mediterráneo occidental. Empieza Francia con Les faiz de la un poco19• Geoffrey Till pasa directament� de Clerk a Colomb,
marine et de la navigaie, de Antonio de Conflans, escrito entre como si el siglo entre la Tactique, del pnmero, Y The defence
1 5 16 y 1520. Sigue España, en 1 530, con Espejo de navegantes, of Great and Greater Britain, del segundo (1 880), fuera u�a
de Alonso de Chaves. La Inglaterra isabelina vio una asombrosa página en blanco. Todavía hay ahí un vasto campo por descubnr.
proliferación de reflexiones marítimas, con escritos de Drake, Pero este pensamiento de los siglos XVIII y XIX es, como
Raleigh, Hawkins; se unen dos verdaderos tratados: The prac­ títulos citados lo indican, un pensamiento esencialmente tác­
los
tise proceedings and lawes of armes, publicado en 1 593 por Matt­
tico centrado en los problemas de la conducta en el combate:
hew Sutcliffe, y, sobre todo, los Naval tracts, de William Mon­
i· cu ál es la mejor formación a adoptar?, ¿es preciso .
buscar la
son, que no serán publicados hasta 1703. En Italia, el caballero ruptura de la línea enemiga? ... Con rara.s e�cepciones.' n o se
Pandoro Pandora escribe, en 1614, un importante libro: L'armata .
aborda la estrategia más que de manera mcidental, pnncipal­
navale. mente a propósito de la necesidad de entablar o evitar el com­
El cotejo de todos estos fragmentos queda por hacer. Ello bate. El fenómeno ha intrigado mucho a los estrategas desde
permitiría descubrir, sin duda, un respetable conjunto, del que Mahan, pero ninguna explicación satisfactoria se le ha podido
los autores aquí citados sólo serían una parte. El obstáculo de dar.
la lengua hace que se ignore completamente a Holanda, por ejem­ Mahan ha considerado como razón esencial «la incertidum­
plo. Sería realmente muy sorprendente que el país de Ruyter y bre de los movimientos de la marina a vela... No era posible en
Tromp no tuviera nada que revelar. Asimismo, no parece que otro tiempo a un almirante, convertir sus distancias en jorna­
haya existido ningún estratega naval que haya dado en Turquía das, como podía hacerlo un general según el � úmero d� sus eta­
o en China un pensamiento naval propio. pas... Con distancias que el viento o la �omente po_d1an hacer
A partir del final del siglo XVII, el pensamiento naval conoce variar, se sentía desalentado para combinar operacwnes estra­
un cierto desarrollo, que es p"'articularmente brillante en Fran­ tégicas, e incluso las meramente táctica?».
cia en el siglo XVIII con grandes obras, como el Traité des évo­ Por otra parte, la estrategia naval no se puede apoya� en la
lutions navales, del padre Hoste (1696); la Tactique navale, de geografía como su homóloga terrestre. En el mar los obstaculos
Bigot de Morogues (1763); Le manouvrier, de Bourdé de la Ville­ no existen y los puntos de paso obligados son raros, de manera
huet (1765); L'art de la guerre sur mer on tactique navale, de Gre­ ,
que con frecuencia «es posible a las gentes sustraerse a la �us­
nier (1787), y la Tactique navale, de d'Amblimont (1788). El ardor queda del enemigo21». Esta explicación, seductora en ap�nen­
pasa en seguida al otro lado del canal de la Mancha con el Essai cia ha sido vivamente criticada por Castex: «la estrategia no
méthodique et historique sur la tactique navale, publicado en se ;educe a gráficos de marcha y su campo es, por el contrario,
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 47
46

más vasto. Por otra parte, la misma ausencia intelectual se ha ticia de «militarización de la guerra navafª». No es fortuito
prolongado mucho tiempo después de la aparición de la marina que entre los fundadores de esta táctica de los navíos a vapor
de vapor2». hay muchos soldados: el general Paixhans, en Francia, y Sir
Geoffrey Till ha dejado sentada «la repulsión de los mari­ Howard Douglas, en Gran Bretaña. La novedad y la urgencia ·

nos británicos, holandeses y americanos por el lado teórico de de las cuestiones tácticas a resolver era tal que, naturalmente,
la profesión navaf-3>>. Pero esta repulsión no ha impedido a 1os la estrategia se encontraba eclipsada, relegada para tiempos mejo­
anglosajones estar en el origen del pensamiento estratégico naval res. No es hasta fines del siglo XIX cuando esta inicial táctica
contemporáneo con Colomb y Mahan y, a continuación, ocu­ ha sido, si no reglamentada, al menos en gran parte madurada,
par constantemente un lugar privilegiado, y a menudo el pri­ de modo que el pensamiento estratégico naval, verdaderamente
mero, en los estudios estratégicos. Por otra parte, Till considera ha podido empezar a constituirse.
que esta repulsión no se da en los marinos franceses, alemanes Por otra parte, se debe añadir que han aparecido trabajos
e italianos, que no han hecho gran cosa. de estrategia antes de los de Mahan y Colomb. El primer tra­
Al no haber estudios sobre el pensamiento de los siglos XVII tado «moderno» de estrategia es, sin duda, De la goerre mari­
Y XVIII casi parece imposible vencer la confesión de impoten­ time, publicado por el contraalmirante Grivel en 1869. El coman­
cia de Castex, que no encontraba «ninguna explicación plausi­ dante ruso Berezin tiene escrito un libro de estrategia naval desde
ble al fenómeno"•» y se contentaba con dejar constancia de él. 1 873. Las tesis desarrolladas por Mahan en The infloence of sea­
Es probable que la influencia perniciosa de la formación para power opon history lo habían sido ya primeramente por el his­
la batalla haya contribuido a este desconocimiento25 • También toriador británico John R. Seeley, por el comandante Robert W.
ha �nfluido el antiintelectualismo mencionado por Till, a pro­ Shufeldt y el almirante Stephen Luce, de la U. S. Navy, y por
pósito de la principal potencia marítima. Se pide a los oficiales otros, hasta el punto de que en la biografía más reciente de Mahan
de la Royal Navy que sean practicones, su formación teórica es se ha podido decir que «The infloence of seapower opon his­
descuidada: en 1 806, Lord Barham, First Sea Lord, hace cerrar tory no era un trabajo original, sino una cuidadosa síntesis de
la Academia Naval de Portsmouth, creada en el siglo anterior las ideas de otros29». En contraposición con lo que sostiene
basada en el modelo francés. ,No veía en ella más que un lugar Castex, en el siglo XIX no se produjo un vacío intelectual, incluso
de perdición... ' en el ámbito estratégico.
La ruptura se agrava en el siglo .XIX. Mientras que el pensa­
miento estratégico terrestre se puede desarrollar apoyándose en EL PENSAM IEN TO EST RAT EG I CO NAVAL CLAS I CO
los trabajos del siglo XVIII y la práctica de las guerras de la Revo-
1ución y del Imperio26, el pensamiento naval se enfrenta a un Entre 1890, fecha de aparición de The infloence of seapo­
profundo cambio técnico, de �na amplitud colosal, que arruina wer opon history, y los años cuarenta, durante los cuales Her­
todas las enseñanzas del pasado. Ahora un obús puede hundir bert Rosinski donó al Brassey 's Naval Annua/ los ensayos que
un navío que resistía a todos los proyectiles y el vapor hace des­ fueron reunidos después en un volumen por B. Mitchell Simp­
aparecer la ancestral contrariedad que suponía el viento. Entonces son III, el pensamiento estratégico naval produjo sus obras más
es necesario inventar métodos totalmente nuevos a partir de los importantes. A continuación entró en decadencia, �in llegar a
puntos de comparación que se pueden encontrar en los comba­ los extremos alcanzados en el siglo XIX, pero se muestra inca­
tes de galeras, que también eran independientes del viento2' y paz de una renovación ante la realidad nuclear, y su nivel teó­
en la batalla terrestre. C. l. Hamilton ha hablado con toda jus- rico desciende.
48 LA POTENCIA MARITIMA 49
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

Este, por lo demás, jamás igualó el del pensamiento militar. identificar algunas líneas de evolución se puede elegir entre
Mahan, citado constantemente como modelo,. no fue más que muchas parecidas.
un teórico mediocre. Tal como lo ha detectado Herbert Rosinski, Se podría partir de la oposición sentada en la introducción
«para él la teoría estaba enteramente subordinada a la historia, entre concepción dogmática y concepción probabilista. Se bus­
a la dilucidación de casos concretos a la luz de algunas raras carían algunos autores que han concebido la potencia marítima
consideraciones generales... La idea de aislar estas apreciacio­ como un sistema cerrado, suficiente a sí mismo y siempre en pose­
nes generales en su entorno histórico y de integrar/as en un aná­ sión de la última palabra sobre la potencia terrestre, y algunos
lisis sistemático de la estructura compleja y paradoxal de la guerra autores que han tenido en cuenta la dimensión terrestre y han
.. naval, como intentará posteriormente Castex en sus Théories stra­ concluido en la imposibilidad de afirmar la superioridad abso­
tégiques, le era totalmente extraño. Sus famosas conferencias en luta de un elemento sobre el otro. Pero esta distinción no es más
el Colegio de Guerra Naval no eran más que una serie de estu­ que una idealización, en el sentido weberian� �el término, y �o
dios de casos, integrados en un esquema general apenas tiene un valor real operativo. Entre los dogmat1cos no se podna
perceptib/e3º». citar más que un nombre, evidentemente ilustre, pero aislado:
Mahan. Hasta los que se consideran sus partidarios, no le siguen
A pesar de sus veinte libros y ciento treinta y siete artículos, en su dogmatismo integral. Bemard Brodie, que considera su libro
Mahan no ha podido dar jamás una definición de su tema cen­ como una simple actualización de los de Mahan, nota que «no
tral, la seapower1 • Es todavía más revelador el hecho de que el es verdad que el dominio de los mares haya sido siempre vital
texto que ha fundamentado su gloria, la introducción a The en las grandes guerras34». Entonces es preciso encontrar crite­
infloence of seapower opon history, en la que son definidos el rios más elaborados de los que presenta un solo hombre, sea
papel dominante de la potencia marítima y sus componentes, Mahan o cualquier otro.
haya sido incorporado al manuscrito en el último momento. El La oposición entre la guerra de corso y la batalla, entre la
único objeto de Mahan era aportar su libro al debate estraté­ guerra al comercio y la guerra «militar» resultaría más idónea.
gico que por entonces tenía lugar en los Estados Unidos, ¡a fin La línea de demarcación efectivamente es más nítida y este debate
de que fuera más accesible al público y que el editor se deci­ ocupa un lugar central en el pensamiento naval desde sus oríge­
diera a publicar la continuacióq, The infloence of seapower opon nes. Pero debido a que sus términos han sido establecidos desde
French Revolotion and Empire32 ! Richmond, al no haber pre­ finales del siglo XVII por Pontchartrain y Vauban, la historia
'
tendido tampoco «codificar o sistematizar a partir de Jomini del pensamiento naval no podría reducirse a esto. Además, se
o de otro modelo teórico, sino simplemente a explicar las reali­ produce para muchos un conflicto de métodos.
zaciones marítimas de Gran Bretaña33», hace que no queden La oposición entre el método histórico de Mahan, Colomb
más que los dos autores citad�s por Rosinski, Corbertt y Cas­ y Corbett y el método material de diversos grupos, que se reú­
tex, como ejecutores de un esfuerzo real de sistematización y de nen bajo la denominación genérica de « Joven Escuela», efecti­
teorización, sin por lo demás, tender hacia el nivel de abstra­ vamente da ritmo a toda la historia del pensamiento naval, cual­
ción de Clausewitz y sin pretender extender sus teorías a la estra­ quiera que sea, estratégica o táctica, y domina en amplia medida
tegia terrestre. el eterno conflicto entre la guerra de corso y la batalla. Sin
Por las razones anteriormente explicadas, escribir la histo­ embargo, la lucha e incluso simplemente la existencia de esta que­
ria del pensamiento estratégico naval es todavía imposible, sólo rella de métodos son muy poco conocidas. Las divergencias en
se puede esbozar. Si se intenta repasar el catálogo de autores para estrategia y en los medios a adoptar son percibidos como cau-
50 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 51

sas de conflictos doctrinales y no como simples consecuencias 1 . LA VIA CULT U RALISTA


de una elección metodológica fundamentaP5•
Castex ha conocido y asimilado perfectamente este conflicto Bajo este calificativo muy en boga39, y ligeramente pom­
de métodos36• Sin duda, por esto ha acertado a rebasar esta poso, se esconde simplemente el estudio de las escuelas nacio­
oposición y a construir una teoría sintética. Lo veremos en el nales. Detrás de los grandes rasgos comunes ¿no hay idiosin­
capítulo siguiente. Pero desde el punto de vista histórico, es pre­ crasias nacionales bastante marcadas? Este género de estudio
ciso subrayar un aspecto capital que explica porqué esta distin­ se impone de forma absoluta, primero, para conocer otras escue­
ción metodológica no bastaría para estructurar una historia del las distintas de las anglosajonas, cuyo interés e incluso a veces
pensamiento naval: es abusivo identificar el método material con su existencia son negados por autores actuales, sobre todo anglo­
la Joven Escuela. El estado de armamentos en los años 1880-1900 sajones y otros indiferentes a todo lo que no esté escrito en inglés,
hace que el método material condujera en aquel momento a la y, en segundo lugar, para medir la influencia real de Mahan y
apología del torpedero y después a la del submarino. Pero en sus continuadores en países como Francia, Italia o Japón, que
otro contexto, el mismo método podría conducir a resultados no han retenido de éste más que aquello que podían adaptar a
absolutamente inversos31• Se ha visto antes de 1914 con la sus situaciones particulares.
manía por el dreadnought, acorazado que monta cañones de Esta vía debe ser manejada con prudencia. Las particulari­
grueso calibre, capaces de tirar «potente y lejos». Así la escuela dades de cada escuela nacional no deben hacer olvidar que pro­
material se ha encontrado por azar en la misma longitud de onda ceden de un mismo movimiento y que tienen en términos, si no
que su rival histórica. La estrategia de la batalla predicada por idénticos, al menos muy próximos, los mismos problemas. Por
todas las flotas en 1914 era debida tanto al Ali Big Gun Ship, otra parte, estas escuelas no son monolíticas, en cada una de
inventado por el ingeniero italiano Cuniberti y realizado por Lord ellas se enfrentan defensores del método histórico y adictos al
Fisher, cuanto a las tesis mahanistas que no han hecho más que método material, partidarios del corso y de la batalla. Geoffrey
aportar una justificación histórica a una evolución fundamen­ Till, agrupando todo lo que no es anglosajón bajo la denomi­
tamente técnica. Paul Kennedy ha podido decir que las dos figu­ nación de doctrinas continentales de la estrategia marítima40,
ras dominantes de este período, los almirantes Fisher y Tirpitz, sugiere una oposición entre el pensamiento anglosajón cristali­
eran ambos representantes de 1a escuela material38• El triunfo zado alrededor de una consciencia clara de la primacía de la
posterior de la escuela mahanista resulta en parte de este mal­ potencia marítima, de una parte, y de la otra, los continentales
entendido. constantemente indecisos entre la tierra y el mar. Un esquema
Si este problema de los métodos debe ser constantemente tal es inaceptable, porque las disensiones en el seno del pensa­
observado en su espíritu, no puede servir de hilo conductor, en miento anglosajón están tan vivas como en el seno del pensa­
la medida en que los dos méto dos pueden a veces apuntar hacia miento continental y las teorías mahanistas no han reinado allí
la misma estrategia y porque la mayor parte de los autores los siempre sin divisiones: tendencias «Joven Escuela» han existido
han mezclado, muy a menudo sin saberlo. Entonces, es preciso entre los anglosajones en el siglo XIX con la brick and mortar
volver a buscar distinciones más precisas. Se pueden utilizar dos school la cruiser school en Gran Bretaña y la fortress fleet school
grandes vías que, lejos de excluirse, se complementan: la vía cul­ en los Estados Unidos. Por otra parte, Corbett, en su maltrato
turalista y la vía cronológica. a los dogmas mahanistas, prefigura a Castex en muchos puntos
y, oponerles con el único fundamento de su origen geográfico,
no tiene ningún sentido.
52 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 53

Indudablemente no es posible pasar aquí revista a todas las


mido, y en las siguientes probado, su teoría, según la cual �l domi­
escuelas nacionales de estrategia naval. Nos limitaremos a las
nio de los mares asegura el control de la tierra41». A la mversa,
principales.
Bernard Brodie encarna un mahanismo evolutivo. Proclamando
siempre que sus libros no son más que una actualización de los
de Mahan, toma posiciones diferentes en cierto número de puntos
,.
LA ESCUELA AMERICANA

esenciales, como, por ejemplo, en las relaciones de la !erra y
La escuela americana está totalmente organizada alrededor el mar42 o respecto a la utilidad de una flota en potencia . Y en
un extremo, Herbert Rosinski es un mahanista crítico que no vacila
de un paradigma único: el mahanismo. Este se ha impuesto hasta
en denunciar severamente los límites del modelo mahanista, aun­
el punto de hacer desaparecer completamente la doctrina cos­
que acepte lo esencial44• Pero, como es un alemán emigrado a
tera de la jortress jleet, hasta entonces muy en boga, e incluso
los Estados Unidos, no puede ser incluido totalmente en la escuela
hasta borrarla de la historia para imponer el mito de los Estados
americana.
Unidos seapower por predestinación. Esta revolución estratégica
No es cierto, sin embargo, que la crítica de Rosinski sea la
sorprende por su alcance, mas el análisis culturalista es muy útil
única del género: en 1921, un autor completamente olvidado hoy,
aquí para comprenderla. Totalmente opuestos en un plano estra­
Tracy Barret Kittredge, publicó Naval lesso�s of the great war,
tégico, lafortress jleet y el mahanismo son, en efecto, las dos caras .
en la que critica la pasividad de la estrategia naval amencana,
de una misma mentalidad aislacionista y ejercen las mismas fun­
ya que, en nombre del sacrosanto principio mahanista �e la con­
ciones: prevenir un compromiso en ultramar. El aislacionismo
centración con vistas a la batalla, se ha rehusado enviar desde
de la jortress fleet school es simp!emente el de un país que no
es aún gran potencia y cuya manna no tiene . medio� para sa­ hace tiempo acorazados al mar del Norte y afectar destructores
para la protección del tráfico contra los submarinos45 • La cues­
lir de sus aguas territoriales, mientras que el mahamsmo es la
tión merecería un estudio en profundidad.
expresión del aislacionismo de una gran potencia que quiere tener
su categoría mundial, pero sin soportar los contratiempos resul­
tantes de un sistema rígido de alianzas. La flota es el instrumento
LA ESCUELA B R ITA N I CA
ideal para una política tal, pue s su flexibilidad permite interven­
ciones selectivas y no automáticas. Esta mentalidad ha empa­
Menos rígida y menos monolítica que la americana, la escuela
pado todo el siglo XX y la política de defensa americana expe­
británica se significa por dos características: su insistencia sobre
rimenta todavía sus efectos.
las comunicaciones, que proviene de la dependencia de Gran Bre­
Entonces, todos los estrategas americanos son ma�anistas.
taña de ellas desde el punto de vista de las importaciones (fenó­
Pero es preciso distinguir diversos matices bastante diferentes,
meno que prácticamente ignoran los Estados Unidos en la época
ya que el maestro ha escrito lo suficiente � orno p.ara que su p �n­
en que Mahan lanza las bases de su teoría), y su apego al método
samiento pudiera ser objeto de interpretaciones divergentes. Cier­
histórico al cual se han adherido sus grandes nombres: Colomb,
tos autores sólo se han quedado con el credo de base y lo repro­
Corbett, Richmond. Esta adhesión al método histórico permite
ducen sin cambios. W. D. Pulleston es un buen ejemplo de este
comprender los arreglos que han aportado a las tesis de Mahan
mahanismo dogmático. Uno de sus libros se abre con esta afir­
(cuyo método consistía en agrupar todos los elementos que favo­
mación perentoria: Mahan «en las 89 primeras páginas de su
recían el sentido de su demostración y en descartar los demás).
libro The influence of seapower upon history 1660-1783 ha resu-
Esto explica también por qué pensadores del período entregue-
54 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA PITTE NCIA MARITIMA 55

rras, como Richmond y Acworth, se han mostrado a la vez muy


de 1918 para resurgir en el período entreguerras, pues en los años
indiferentes respecto a las nuevas amenazas del submarino y del veinte el almirante Wolfgang Wegener sugiere franquear el obs­
avión (en perfecto acuerdo con la postura del almirantazgo en
tácul� geográfico y ocupar Noruega, de modo que. se pudiera
este punto) y hostiles al aumento de tonelaje de los acorazados
librar la batalla en condiciones favorables. El almlfante Otto
(en oposición con la doctrina oficial)46•
Groos concede menos importancia al problema geográfico y se
Un último punto debe ser subrayado : la tradición de anti­ contenta con subrayar la necesidad de una batalla decisiva. Est�
intelectualismo de la Royal Navy ha subsistido y la mayor parte
mahanismo reaparecerá, incluso después de 1945, con los almi­
de las estrategias navales de las que la historia ha conservado
, . rantes Edward Wegener (hijo del precedente) y Friedrich Ruge.
" '
el nombre han estado en desacuerdo con el almirantazgo, tanto
Por la otra parte, las tendencias de la Joven Escuela.' expresad�s
antes de 1914 (Corbet�, Cyprian Bridge, Fred T. Jane) como
desde la época wilhelmiana por el comandante Persms Y el almi­
durante el período entreguerras (Corbett al final de su vida, Rich­
rante Valois, triunfan después de Jutlandia con la guerra sub­
mond). La única excepción verdadera a esta regla es la colabo­
marina. Ahogadas en los años veinte por la reacción de los par­
ración de ambos a la obra de renovación emprendida por Lord
tidarios de Tirpitz, conocen un nuevo desarrollo al final de la
Fisher de 1904 a 1910. Esta hostilidad explica, al menos en parte,
década de los treinta: el comandante Von Waldeyer-Hartz Y E.
la decadencia de la escuela británica durante el período entre­
Kruse propugnan la guerra al comercio con l <?s «raids» de �uper­
guerras, etapa durante la cual los trabajos más innovadores vie­
ficie. Doenitz hace lo mismo con los submannos, estrategia que
nen primero de Francia, Alemania e Italia.
tendrá durante la Segunda Guerra mundial el desarrollo que ya
conocemos.
Historia por lo menos chocante, por razones fácilmente com­
LA ESCUELA ALEMANA prensibles. La más evidente es el carácter insoluble del problema
con el que los estrategas navales alemanes se han enfrentado:
La escuela alemana es poco conocida. Se tiene una idea de ¿qué hacer en una posición geográfica tan desfavorabl� frente
la confusión que reina, al constatar que el vicealmirante Von al más potente enemigo que haya? Otros factores tambien . han
Maltzahn es presentado por peoffrey Till como un mahanista jugado. Primero, la ausencia de tradición m�rítima. El almir�te
de estricta obedicencia47, cuando ha ocupado posiciones mucho Wolfgang Wegener había notado que los marmos alemanes teman
más complejas y, además, incluso próximas a la Joven Escuela. tendencia a razonar demasiado en términos militares, sin ver cla­
Lo mismo Otto Groos es considerado por Castex como una pá­ ramente la diferencia entre la guerra terrestre y la guerra en el
lida imitación de Corbett48 , mientras que él se proclama en de­ marso. Desde 1918 el traumatismo de la derrota ha provocado
fensor de la batalla a cualqiVer precio49 , lo que no tiene nada una polémica acerba entre partidarios .Y adve�sarios de Tirp itz,
de típicamente corbettiano. ,
que ha contribuido a agravar la c?nfusion, asi como lo tes�imo­
Estas divergencias de apreciación no hacen más que reflejar las
nian las contradicciones ya señaladas de Otto Groos, que, siendo
vacilaciones del pensamiento naval alemán, siempre atraído entre
un corbettiano convencido, conocía las deficiencias de la doc­
dos tendencias opuestas: Mahanismo y Joven Escuela. Por un la­
trina de la batalla, pero su vinculación a Tirpitz le llevaba a defen­
do, la síntesis del mahanismo y de la escuela del cañón pesado ha
der la estrategia de su antiguo jefe al precio de contradicciones
desembocado en la tentativa grandiosa del almirante Von Tirpitz
insolubles51 •
de constituir una flota capaz de rivalizar con la Royal Navy. Por
curioso que parezca, este mahanismo ha sobrevivido a la derrota
56 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 57

LA ESCUELA FRAN CESA


los medios políticos en el debate doctrinal de la marina fran­
cesa: «después de Charmes han habido dos marinas francesas,
la de los parlamentarios liberales, que defendían los torpederos,
Se podría creer que la escuela francesa ha escapado a estos
extravíos, dada su antigüedad. Esto no ha sido así. También ha y la de los reaccionarios, que defend_ían el ac?razado53 ». Esto
titubeado a todo lo largo del siglo XIX. En primer lugar ha tenido explica que en una Francia con mentahdad contmental, tal como
que rehacerse del terrible traumatismo causado por la desorga­ lo ha demostrado Philippe Masson54 , el debate naval haya _ su �­
nización total de la marina entre 1789 y 1792. En segundo lugar citado, tan pronto una pasión extrema como una completa mdi-
se ha tenido que enfrentar con dos importantes problemas que ferencia.
jamás pudo resolver: integrarse en una estrategia general de domi­
nante continental y definir una estrategia frente a la Royal Navy,
la cual sobreentendía que Francia no ponía en duda su superio­ LAS ESCUELAS SECU N DA R I AS
ridad. Se comprende en estas condiciones el éxito fulminante de Las escuelas llamadas secundarias son más prolíficas de lo
la Joven Escuela que parecía que, al fin, ofrecía una solución ... , que generalmente se cree, y algunas de ellas han ejercido � na
hasta que la experiencia ha demostrado su fracaso y que la escuela influencia real. Este es particularmente el caso de la escuela ita­
histórica llevada por los almirantes Darrieus y Daveluy toma el liana, del que ya hemos citado antes los nombres má� impor­
relevo y hace triunfar la ortodoxia mahanista en los primeros _
tantes y a la que Castex tenía en gran estima. Es. preciso men­
años del siglo XX. La violencia de la polémica entre la vieja y cionar igualmente la escuela española, que produJo �os autores
la j oven escuela, generalmente, ha rebasado en Francia el nivel importantes: Manuel Montejo y Rapallo55 , Y Lm� Carre�o
alcanzado en otros países. Esta violencia se produce por la con­ Blancos6 (el futuro primer ministro de Franco), cuya mfluencia
junción de dos factores. ha sido enorme en América Latina en el período entreguerras.
El primero, desde antiguo el más importante, ha sido per­ La escuela rusa y soviética merece también ser tenidas en cuenta;
fectamente iluminado por el comandante Cellier: «Hay dos tal como se ha dicho antes, sus trabajos fueron seguidos con aten­
maneras de plantear el problema naval:
·

ción en Europa durante el siglo XIX. Morskoi Sbornik, fundada


- Bien de modo absoluto/ «¿qué precisa una 'nación para en 1 848, es la decana de las revistas marítimas, precediendo en
alzarse con la victoria en el mar?>>. y la respuesta es casi casi veinte años a la Revue m�ritime (1 866) y a los U. S. Naval
invariablemente «ser la más fuerte en el mar». Institute Proceedings ( 1 867). En el alba del siglo XX, el almi­
Bien de modo relativo: «hoy ¿qué debe ser la marina rante Makarov es el mejor marino de su tiempo, conocido por
francesa dada la situación política y las posibilidades sus numerosos inventos (pallete para obstruir las vías de agua,
financieras del país? ¿b:uáles son sus objetivos? ¿ Qué funda para los obuses, navíos-talleres, navíos-rompehielos...), pero
medios necesita para alcanzarlos?52 ». sobre todo, por sus Reflexiones sobre la táctica, que s� futu;o
Se puede decir, esquematizando, que los partidarios del adversario el almirante Togo, había hecho traducu al Japones.
método histórico (Vieja Escuela) han seguido el primer camino, Habría q de estudiar todas las escuelas nacionales, i!1 cluso las
mientras que los adeptos al método material (Joven Escuela) han menores, a fin de conocer lo que han aportado, e mcluso su
elegido el segundo. El choque entre ambos era desde entonces influencia real en los grandes maestros, como Mahan o Castex.
inevitable. La traducción de los artículos de este último en la Revista de
A esta oposición fundamental ha venido a superponerse un Marina peruana, y todavía más la traducción íntegra de Théories
factor exógeno de división, que proviene de la intervención de stratégiques, en Argentina, son indicadores que no engañan.
LA PITTE NCIA MARITIMA 59
58 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

LAS ESCUELAS DEL EXT REMO O R IEN TE torio ilustrado de los países marítimos»), de Wei-Yuan (1 844).
Esta última obra es la más célebre. Podría ser incorporada a la
La vía culturalista se impone todavía más en el caso de las . escuela de la fortress fleet, de la defensa costera, aunque tam­
escuelas del Extremo Oriente, que apuntan a una inversión com­ bién se encuentren partidarios resueltos de una marina oceánica.
pleta del esquema tradicional, que quiere ver en el Japón el país Estas pocas reflexiones, apenas esbozadas, no son suficien­
marítimo por excelencia y en la China una masa exclusivamente tes. Permiten, no obstante, darse una idea del interés de este
continental. género de análisis y también de la enorme extensión del campo
Contrariamente a una tenaz leyenda, el Japón no -ha vuelto a prospectar.
su vista jamás hacia el mar57 y el pensamiento naval japonés de
la era meijí es el que ha conseguido asimilar la noción de domi­
nio del mar, que siempre consideraba como extranjera. Al 2. LA VIA C R O N OLOG I CA
comienzo del siglo, Akyiama Saneyjuki ha aclimatado a Mahan,
pero transformándole en profundidad para adaptarlo a los esque­ El esquema progresivo del general Poirier (creación de la teo­
mas tradicionales58• Un analista americano, Alexandre Kiralfy, ría, práctica innovadora, crítica al sistema) no es traspasable al
había evidenciado este fenómeno desde 194359, pero entonces pensamiento estratégico naval, pues las teorías creadas no han
su análisis había chocado con el escepticismo y la incompresión sido confirmadas por la Primera Guerra mundial, que casi no
de los estrategas navales60• Los recientes trabajos históricos con­ puede ser calificada de práctica innovadora. Por otra parte, las
firman, por tanto, y esclarecen ciertos comportamientos «abe­ críticas al sistema han aparecido antes de 1914. Entonces es pre­
rrantes» de la marina japonesa durante la Segunda Guerra ciso afinar al fijar los períodos y evitar considerar el compren­
mundial61 • dido entre 1 890 y 1914, o el de entreguerras, como unidades. Se
En sentido inverso, un atento estudio de los autores chinos pueden distinguir varias fases:
conduciría, sin duda, a contradecir a Bruce Swanson, que sos­ Creación de la teoría.
tiene que éstos jamás han conocido los conceptos de potencia Las primeras críticas al sistema.
marítima y de dominio del mar, sino solamente los de defensa La incertidumbre (191 8-1925).
costera, haifang62 • Una aseveráción tal, concuerda con la tesis La reacción (1 925-1939).
tradicional que considera a China potencia terrestre por natu­ La decadencia.
raleza, pero ésta es seriamente modificada por las investigacio­
nes recientes63 • Por otra parte, Joseph Needham, el sinólogo
contemporáneo más importanti, hace referencia a Dong-xi-yang­ CREAC I O N DE LA T EO R I A
k �o («Estudio de los océanos del Este y del Oeste»), de Zhan­
X1e, aparecido en 1618, que habla de «dominio de las aguas del El pensamiento d e Mahan está hoy considerado como el crea­
océano»64 , lo que responde exactamente a nuestro concepto de dor de la teoría, y a Colomb se le considera como un subpro­
dominio de los mares. El pensamiento naval es particularmente ducto de la Joven Escuela, un extravío condenable. Este punto
activo en el siglo XIX, con un gran debate entre «continentalis­ de vista por la finalidad, que recoge una concepción y arroja
tas» y «navalistas»65 , ilustrado por algunos importantes trata­ en el vacío las otras, evidentemente debe ser rechazado. No existe
dos, especialmente el Yang-fang ch'i-yao («Principios de defensa una teoría fundadora; por lo menos hay dos: la que parte del
marítima»), de Yen-Zu-Yu (1 838), y el Hai-Kuo-t'uchih ( «Reper- método histórico y la que se apoya en el método material.
60 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 61

La teoría histórica, naturalmente, es la de Mahan y la de los costaba demasiado caro en relación con su valor táctico. La gue­
hermanos Colomb, John y Philip, cuyos nombres los autores rra en el aire y bajo el mar no tenían sitio en su pensamiento:
navales a menudo confunden. El comadante John Colomb ha "pasarán muchos años antes que diez mil hombres puedan atra­
lanzado el movimiento con su libro The protection of our com­ vesar La Mancha en avión': escribt'a en 1911. Igualmente, no tenía
\
:i . merce and distribution of our naval forces considered, publicado la menor idea sobre la guerra anfibia. El futuro del submarino
'r i en 1867. El vicealmirante Philip Colomb se ha dedicado a refle­ le parecía más dudoso que el de la guerra. Las aplicaciones nava­
xionar con mayor amplitud en los artículos reunidos en 1 891 en les de la radio no las llegaba a comprender. Casi no considera
e/ Naval warfare. Ambos han sido eclipsados por Mahan desde que las consecuencias log(sticas de la propulsión por carbón y toda­
�p.areció !he in!luence of seapower upon history (1 890), cuyo vía menos las pontencialidades del petróleo. Los cañones que
• "

ex1to ha sido umversal. Esta obra fue traducida en 1897 al japo­ alcanzaban quince mil metros le turbaban. En resumen, era un
nés y en 1900 al francés. hombre de la época de la vela. Hasta el fin creyó en la eficacia
Alfred Thayer Mahan (1 840-1 914) ha sido objeto de muchas del bloqueo cercano, del dominio de los mares y del combate
biografías. La de W. D. Pulleston le es plenamente favorable; en línea, al modo del siglo XIX. No cambió jamás en su con­
en ella, Mahan es un hombre bueno y honesto, preocupado siem­ vicción de que el dominio del mar no podía obtenerse más que
p re por la @bjetividad, y cuyas tesis han sido completamente con­ por una acción decisiva de la flota de superficie. Era un parti­
_
f1rmadas por las guerras del siglo XX, y adoptadas por todos dario de la gran batalla »67•
los estrategas que le han seguido, comprendidos también Cor­ Craig Symonds viene a darle el golpe de gracia, subrayando
bett Y Castex, con la excepción de algunos heréticos como Fred que «la mayor parte de los argumentos y de las conclusiones
J�ne66• Con una visión totalmente opuesta, Robert Seager, apo­ enunciadas por Mahan en 1890, y cuya paternidad posterior­
yandose en numerosos documentos personales de Mahan, que mente le ha sido atribuida, eran lugares comunes en los Estados
ha descubierto en diferentes archivos, nos describe un personaje Unidos del decenio anterior. La evolución de la política naval,
profundamente desagradable, frustrado social y sexualmente que se produce en los años 1890, fue el resultado de cambios
tirano doméstico que reduce a sus hijos a la esclavitud, mal com� internos e internacionales más que de la retórica de Mahan»68•
pañero, mal marino, al que �nferma la idea de embarcar «se Viniendo después varios decenios de dogmatismo mahanista,
hace el remolón», que busca por todos los medios prolong;r sus esta reacción es saludale. Así se entierra definitivamente la idea
permisos, comandante incapáz de maniobrar correctamente su de una verdad mahanista intemporal y eterna69• Dicho esto no
navío, dudoso historiador que no rebusca con frecuencia en los es preciso caer en el exceso inverso y hacer de Mahan un compi­
archivos, estratega pasado que rechaza el ver la evolución de la lador de segundo· orden. Tanto si las ideas que defendía estaban
guerra ... El cuadro es impresionante. Un simple balance de las en el ambiente como si no, él las sistematizó con una incuestio­
incomprensiones de Mahan nos da una idea: « �ía la táctica naval nable potencia, lo que no ha sabido hacer Philip Colomb, por
del siglo XX como una prolongación de la del siglo XVIII y la lo que debe ser tenido como el principal fundador del pensa­
de comienzos del XIX. Las analogías tácticas entre las unida­ miento estratégico naval moderno.
des de Infantería y los acorazados, entre la Caballería y las fra­ Este no es lugar para presentar el conjunto de tesis maha­
gr:tas, le fascinaban. Mezclaba a menudo la estrategia y la tác­ nistas. Simplemente se señalarán sus ideas maestras: a largo plazo,
�1ca. Pensaba que el progreso de los armamentos tenía poco la potencia marítima triunfa siempre sobre la potencia terres­
impacto en los principios inmutables, fundiendo el "arte" y la tre; la guerra naval obedece a principios inmutables, cualquiera
"ciencia" de la guerra. Estimaba, entre otros, que el Dreadnought que sea el estado de los armamentos; el dominio del mar no se
62 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 63

obtiene más que por la destrucción del adversario y, por tanto, ticia. Es conveniente constatar con el comandante Cellier que
por la batalla decisiva. «afirmando:
que la escuadra más débil quedará en sus bases y rehuirá
Poco después, la Joven Escuela establece las bases de la teo­ el combate;
ría material. En el pasado, muchos teóricos franceses habían ala­ que la escuadra más fuerte quedará condenada a una
bado ya las excelencias de la guerra al comercio y sugerido el actitud pasiva por el temor de exponer sus barcos a los
abandono de las grandes escuadras demasiado costosas de man­ torpedos;
1 tener. Memoire sur la caprerie, de Vauban, puede ser conside­ que sólo la guerra de corso será la forma real de
rado como el texto fundador de esta corriente de pensamiento. activiada,
. . .

En él se presenta una estrategia alternativa para el más débil. - y que esta guerra será conducida sin piedad; el almirante
No es todavía una teoría material. Pero en el siglo XIX, el pro­ Aube había descrito ''exactamente'; con cuarenta años
greso de los armamentos modifica considerablemente los datos de anticipación, la guerra naval en el Mediterráneo»71 •
del problema, pues mientras que en tiempos de la marina a vela (La guerra en el mar del Norte y en el Atlántico no se
los pequeños navíos estaban condenados a huir ante los gran­ apartan mucho de este esquema.)
des, con la aparición del obús y del torpedo, de la mina y del El error del almirante Aube puede ser el haber estado en lo
·'
submarino, parecen tener posibilidad de combate. En 1 822, el cierto demasiado pronto y, sobre todo, el haber deformado su
general Paixhans, reformador de la Artillería, sostiene que el obús pensamiento por influencia de un entorno que sólo se ha fijado
permitirá a los pequeños navíos destruir a los grandes. En 1 869, en la crítica a los acorazados, por lo que la ha sometido a una
Richard Grivel, en La guerre marítime, relanza la idea de la gue­ condena total. Esta es la versión que vulgariza el periodista Ga­
rra al comercio por medio de «raids» muy rápidos. El almirante briel Charmes, yerno del almirante; Paul Fontin, su secretario,
Bourgois lanza, en 1 872, el primer programa de construcción de y, el comandante Vignot, su ayudante (estos dos últimos escri­
torpederos. Se ha dado un impulso decisivo a esta corriente con bieron juntos bajo los seudónimos de Comandante Z y Henri
la guerra ruso-turca de 1868, durante la cual dos torpederos rusos, Montéchant) en numerosas obras que estuvieron mucho tiem­
al mando de los futuros almirantes Rodjestvenski y Makarov, po de moda72 •
hunden, torpedeándolos, varios barcos turcos en el puerto de La influencia de la Joven Escuela culmina en los años
Batum, primera demostración concreta de las nuevas teorías. 1 885-1 895 y se extiende ampliamente fuera de Francia: el ah:ni­
En los años 1 880, la Joven Escuela se constituye en Francia alre­ rante Valois, en Alemania, y la cruiser school, en Gran Bretaña,
dedor del almirante Aube, que publica, en 1882, La guerre mari­ defendían ideas semejantes, y en todas partes los programas de
time et les ports fram;ais, y a�continuación De la guerre navale, construcción de acorazados son discutidos y frenados en prove­
en 1885. Al revés de lo que se ha dicho, «Aube no renuncia a cho de los torpederos.
la guerra de escuadras. Cree que la acción de los torpederos per­ Sin embargo, la Joven Escuela declina rápidamente, víctima
mitirá a los grandes barcos desplegar holgadamente y empeñarse a la vez de errores doctrinales (el paso del trinomio del almi­
en buenas condiciones contra un adversario previamente debi­ rante Aube al binomio defensa costera-guerra de corso), técni­
litado. Igualmente, funda grandes esperanzas en la guerra de cos (los torpederos comprendidos entre ciento ochenta y dos­
corso llevada por los cruceros»7º. Dicho de otro modo, pro­ cientas toneladas son demasiado ligeros para navegar en alta mar,
pone un trinomio: defensa costera-guerra de escuadras-guerra y arrostrar a los torpedo-destroyers, más pesados, ideados por
de corso. La solución que propone es de una incuestionable jus- los británicos), y por la difusión de las ideas mahanistas. El pro-
LA POTENCIA MARITIMA 65
64 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

llegado a última hora a la historia marítima. Este último resume


grama naval de 1900, elaborado por el ministro Lannessan, marcó sus concepciones estratégicas en Sorne principies of maritime stra­
el retorno de la marina francesa a la construcción de acoraza­
tegy, aparecido en 191 1 . Al contrario de lo q�e afirman sus detra:­
dos. La guerra ruso-japonesa de 1904, con sus batallas navales .
tores' Corbett y Bridge no niegan el mteres de la batalla deci­
decisivas libradas con cañones pesados, supone para los discí­
siva. se contentan con subrayar que ésta es a menudo difícil de
pulos de Aube un golpe fatal. Alfred Duquet cree todavja poder
obtener y que si no puede lograrse es preciso al menos asegurar
arreglar la situación con La faillite d u cuirassé (1 906), pero la
el control de las c9municaciones73• Estas verdades de sentido
opinión dominante reconoce en seguida con Daveluy el jaqu e
_ común son entonces muy mal recibidas, tan fuerte es la predis­
¡· al torpedero y el papel predominante del acorazado. La apan­
, .
posición hacia la batalla y los Principies no son apenas obser­
ción del dreadnought remata el proceso de desintegración de la
vados desde su aparición.
Joven Escuela.
Por otra parte, se asiste a una tímida reaparición de la tesis
de la Joven Escuela. Clement Ader en L'aviation militaire fran­
i;aise (aparecido en 1909, aunque realmente se trata de una reco­
LAS PR I M ERAS C R I T I CAS AL SI STEMA
pilación de textos aparecidos antes de 1900, ¡cuándo los avio­
nes no volaban más que algunos kilómetros!), anuncia el
A partir de 1905 se abre un período de maduración de pen­
bombardeo aéreo, lós acorazados y la ll,egada de los portaavio­
samiento estratégico naval. El triunfo de los cañones pesados
nes. El almirante Sir Percy Scott, antes defensor del cañón pesado,
ha reconciliado al menos en apariencia, el método histórico con
predice en junio de 1914, justo fintes de que se desencadene la
el método mat�rial. Pero la difusión de la nueva ortodoxia com­
Primera Guerra mundial, el fracaso del acorazado ante los pro­
porta al mismo tiempo su adaptación a las situaciones particu-
gresos del submarino y del avión. Pero estos puntos de vista radi­
lares de cada país y de cada escuela nacional.
. cales no conmueven casi a los almirantazgos, que permanecen
Los países que habían estado hasta entonces con una cierta
instalados en el confort de las certidumbres mahanistas.
reserva o indiferentes a las tesis mahanistas, ahora son capta­
dos en masa. Es el caso de Francia, con los almirante Daveluy,
Darrieus y del joven Caste,¿; de Italia, con Secchi y Bernotti; LA I N CERT I D U M B RE 1918-1 925
de Holanda, con G. J. Putman Cramer, y de Japón, con Akyiama
Saneyjuki. De chile a Turquía todos los países se lanzan a la La Primera Guerra mundial muestra claramente lo inade­
adquisición de dreadnoughts. Las grandes potencias . se prepa­
cuado de las doctrinas oficiales. No habrá más que una gran
ran para la batalla decisiva que no dejará de tener lugar desde batalla única, de enorme amplitud, que se hará espetar cerca
comienzos de la guerra. "
. de dos años y no arreglará el problema de la defensa de las comu­
En sentido inverso, actúa ahora Gran Bretaña, que al prm­ nicaciones, que se imponen de grado o por fuerza como el pro­
cipio había acudido a Mahan, con entusiasmo, y �ue llega a � a blema central de la estrategia naval. Las limitaciones que impone
crítica del mahanismo. Fred T. Jane, fundador del celebre anuano
la censura y las ocupaciones más inmediatas de los movilizados
Fighting ships lanza el ataque contra los nuevos dogmas con
hacen que la producción de los años de guerra tenga un interés

Heresies of sea ower (1906), en el cual niega la existencia de prin­
bastante escaso. En dos libros de títulos significativos, La gue­
cipios inmutables de la estrategia y la prim�:ía �e la batalla. �es­
rre navale et l'offensive (1917), y Pour en finir avec les sous­
pués de él se desarrolla una escuela revis �omsta con Cypr�a�
marins (1918), el contraalmirante Degouy expresa bien la reac-
Bridge, Percival Hislam y, sobre todo, Juhan S. Corbett, clVll
66 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 67

ción de la ortodoxia: la ausencia de batalla decisiva debe ser flotte, y constituían así la piedra angular del dispositivo
imputada a la falta de espíritu ofensivo del mando, y el problema aliado75 . Nadie presta atención a un librito en el cual el almi­
submarino podría ser arreglado con una fuerza de bloqueo que rante Daveluy es el único que saca la conclusión lógica de la gue­
iría a embotellar los puertos alemanes. Proponiendo aventurar rra naval: «Los barcos de combate de superficie son indispensa­
toda la Grand Fleet en la bahía alemana, Degouy responde a bles para las potencias marítimas que pretenden disputar el
los deseos más ardientes de Tirpitz, cuyo plan inicial lo tenía imperio de los mares a sus adversarios eventuales. Por el con­
establecido en base a una tal ofensiva del adversario, y muestra trario, las naciones que por causa de la debilidad de sus medios
i' 1
1 ' ..
que no ha comprendido nada respecto a los cambios provoca­ están condenadas a la defensiva en el mar, ponen todo su inte­
dos por las minas y los submarinos. En la oposición, Olivier Gui­ rés en consagrar la totalidad de sus recursos en la construcción
héneuc proclama el triunfo de las ideas de la Joven Escuela en de submarinos, ya que no podrán obtener ningún partido de sus
·
el libro Submersible ou dreadnought? (1916). Sostiene que el sub­ navíos de superficie»76• Fuera de Francia, sólo La guerra marit­
marino ha reducido al acorazado a la impotencia, lo que es cierto, tima, del almirante Bernotti (1923), merece la atención.
pero incompleto. En La bataille navale du Jutland (1917) explica
que la mayor parte de los acorazados británicos hundidos en
Jutlandia lo han sido por submarinos, lo que es falso. Ningún LA R EACCI O N 1 925-1 929
autor llega a remontar la antítesis Vieja Escuela-Joven Escuela.
La duda y la incertidumbre van a continuar hasta 191 8. La A partir de los años 25� la ortodoxia parece haber ganado
producción de estos años es pobre y esencialmente polémica, a la partida. La necesidad de la batalla se reafirma tanto en Ale­
favor o en contra de Tirpitz en Alemania, Beatty contra Jelli­ mania, con Otto Graos, como en Italia, con Di Giambierardi­
coe (y viceversa) en Gran Bretaña. En sus Théories, Castex pondrá no77 . En Francia, Castex contribuye potentemente a defender,
de relieve sobradamente «la casi ausencia de grandes estudios como lo veremos después, la restauración de la batalla. La en­
de estrategia desde el fin de la guerra»74 • La ortodoxia se trada en varadero de los acorazados Dunkerque y Strasbourg,
esfuerza desesperadamente en luchar contra el escepticismo de en 1931 y 193 3 , es el resultado de los esfuerzos de la marina,
opinión con respecto a las flptas acorazadas, que acaba en Fran­ a continuación apoyados por un potente movimiento de opinión,
cia con el abandono en dique de los acorazados de la clase Nor­ como testimonian las novelas populares como La bataille de
mandie, a pesar de todo muy avanzados, en provecho de los L'océan (1935), de Fernand Boverat. En sentido inverso, las pro­
navíos ligeros. El almirantazgo británico desautoriza oficialmente ducciones del teniente de navío Barjot sobre el impacto revolu­
a Corbett, que en la historia oficial británica de la guerra naval cionario del portaaviones sólo encuentran un débil eco.
afirma que la guerra ha confirmado sus tesis sobre la batalla. Pero es en Gran Bretaña donde la reacción triunfa comple­
En su Synthese de la guerre sous-marine, Castex trata de salvar, tamente. Si el almirante Richmond continúa la tradición de Cor­
modernizándola, la doctrina de la vieja escuela, diciendo que, bett, la tendencia dominante es la de la escuela de la o fensiva
efectivamente, los submarinos alemanes han realizado grandes a ultranza, conducida por el almirante Sir Reginald Custance
hazañas, pero que en ausencia de una ofensiva de superficie, no y Lord Sydenham of Combe, cuyas tesis fueron asumidas nue­
podían obtener resultados decisivos. Y a la inversa, la protec­ vamente en la víspera de la Segunda Guerra mundial por John
ción directa del tráfico no era posible más que gracias a la pro­ Creswell y Russel Grenfell. El papel central del acorazado queda
tección indirecta ejercida a distancia por los acorazados de la reafirmado. Las amenazas submarinas y aéreas son total y sim­
Grand Fleet, que neutralizaban sus homólogos de la Hochsee- plemente negadas78 . En 1939, la ortodoxia parece haber recu-
68 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 69

perado todo el terreno perdido,. salvo en Alemania, donde se asiste Herbert Rosinski, que ofrece en Brassey's Naval Annual una serie
a una vuelta de la Joven Escuela con Kruse, Von Waldeyer-Hartz de artículos notables, cuya aparición se escalona de 1 939 a 1 947,
y Doenitz79. y Bernard Brodie, que se impone como el más brillante teórico
Por tanto, esta restauración no pasa de ser ambigua. La mayor de su generación con dos libros, Seapower in the machine age
parte de los libros que insisten sobre la primacía de la batalla (1941) y, sobre todo, A guide to naval strategy (1943). Pero incluso
contienen acentos corbettianos a los que nadie quiere prestar ellos no llegan a comprender el cambio radical que afecta a la
atención. Las contradicciones de Otto Gross ya han sido se­ estrategia naval, es decir, la sustitución del acorazado por el por­
ñaladas8º . Las de Di Giambierardino están i& ualmente claras. taaviones, como capital-ship, a pesar de las evidentes enseñan­
Después de haber declarado su adhesión al tema, admite que zas de las grandes batallas aeronavales del Pacífico. Que Ber­
«la destrucción, aunquf? sea total en una batalla decisiva... de nard Brodie, normalmente tan lúcido, haga la apología del
la flota menos numerosa, no presupone la certidumbre de la acorazado después de las batallas del mar del Coral y de
derrota. También la potencia del adversario queda reducida (por Midway84, no se comprende. Tiene que haber sufrido un sor­
los daños sufridos)..., y todavla ha de afrontar en sus operacio­ prendente bloqueo psicológico. Igualmente que Mahan había
nes a los medios marltimos insidiosos y a las fuerzas aéreas que rehusado reconocer cambios en la valoración del dreadnouhgt
no han sido sometidas»81 • Entonces reconoce que la batalla no y del submarino, sus sucesores no quieren admitir la revolución
arregla todo, aunque rehuse a sacar las consecuencias doctrina­ del portaaviones, que arruina todos los fundamentos del pensa­
les de lo constatado. El mismo fenómeno se puede observar en miento naval clásico.
Castex, unánimemente considerado como el continuador de la Una nueva generación habría de sintetizar y teorizar los cam­
tradición mahanista82 , sin consideración a los «arreglos» que bios. Pero no aparecerá. Desde 1 945, Bernard Brodie abandona
cree aportar. la estrategia naval, para volverse hacia la estrategia nuclear, a
la cual dedica en 1946 su primer gran libro85. No retornará más
que para volver a escribir ciertos capítulos de su Guide con oca­
LA D E CA D E NC I A, 1 940 . . . sión de una reedición en 1958. Herbert Rosinski, personaje de
• talento excepcional, pero depresivo, no alcanzará ni con la estra­
Si se exceptúa a Castex y 'Richmond, y en menor medida a tegia naval ni con sus estudios clausewitzcianos86 la categoría que
Bernotti, Otto Groos, Wegener y Di Giambiernardino, la litera­ sus primeros ensayos permitían prever.
tura del período entre las dos guerras resulta bastante mediocre. Después de Rosinski y Brodie no hay nadie. Los libros que
Esta tendencia, lejos de cambiar, se va a agudizar a partir de aparecen a finales de los años cincuenta no han dejado casi ni
los años cuarenta, hasta el punto de que puede uno preguntarse el recuerdo87 . Es preciso esperar a 1 961 para ver aparecer Sea­
si el pensamiento naval no ha evolucionado según un proceso power in the nuclear age, de d 'Anthony Sokol, libro sóiido, pero
recesivo. no merecedor de su título, pues se ocupa, sobre todo, de su
La Segunda Guerra mundial suscita, evidentemente, una lite­ aspecto histórico (el autor prefiere hablar de la Primera Guerra
ratura muy abundante. Esta no ha sido seriamente estudiada mundial más que de la Segunda). En sentido inverso, The sea in
hasta el momento. Fletcher Pratt, Yates Stirling, Joseph K. Stra­ modero strategy (1967), de Laurence Martin, será, sobre todo,
bolgi, Brian Tunstall, resultan casi completamente desconocidos. una transposición del método material con un contenido teó­
Es preciso decir que sus trabajos no merecen pasar a la rico muy débil. Durante los años sesenta, la contribución esen­
posteridad83 . Solamente dos autores presentan un cierto interés: cial corre a cargo de los historiadores y, especialmente, de Step-
70 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

hen Roskill y Arthur J. Marder88 , guías de una escuela histórica


británica muy activa (con Gerald S. Graham, Brian Ranft, Do­
nald M. Schurman ...) .
Los años setenta viven un renovado interés por los estudios
navales. Dos aspectos son particularmente tratados: la marina
soviética, que da lugar a una multitud de obras89, y la diploma­
cia naval, con Edward Luttwak, James Cable, Ken Booth9(). Los
estudios históricos se producen con notable frecuencia y algu­
nas grandes obras dejan huella, como la de Robert Seager, Phi­
lippe Masson, Clark Reynolds y, sobre todo, Paul Kennedy, autor
de una deslumbrante historia marítima de Gran Bretaña91 • Pero
los ensayos de estrategia resultan casi inexistentes. La potencia ma­
rítima del Estado (1976), del almirante Gorshkov, de la que tanto NOTAL AL CAPITULO P R I M E R O
se ha hablado, es un libro soberanamente aburrido y desprovisto
de originalidad, que trata más de la sovietología que de la his­ l. Mariscal d e Saxe, Mes reveries.

toria del pensamiento naval. Los Estados Unidos han realizado 2. De la historia del pensamiento estratégico, en general, también.

algunos estudios parcelarios92 y un curioso ensayo geopolítico 3. A pesar de su título, la obra de Giuseppe Fioravanzo. A history of naval tactical
thought, Annapolis, U. S. Naval Institute Press, 1979, es ante todo una historia del com­
marítimo93 • Ha sido preciso esperar a 1982 para ver surgir una bate naval.
verdadera síntesis con Maritime strategy and the nuclear age, de .
4. The development of naval thought. Essays by Herbert Rosinski, s. d. Mitchell
Geoffrey Till, que a menudo será citada aquí. Esta obra no tiene S1mpson I l l , Newport, Naval War College Press, 1977. La primera parte del título, que
recuerda el gran proyecto del autor, resulta un poco excesiva.
competencia y debe incorporarse a la escuela histórica. 5. Almirante Castex, Fragments stratégiques, París, Economica, 1987.
Sin duda nunca se ha escrito tanto sobre cuestiones navales. 6. Donald M. Schurman, The educaüon of a navy. The development of British naval
Las revistas son cada vez más numerosas, los estudios históri­ strategic thought 1867-1914, Londres, Cassell, 1965.
cos renuevan páginas entera§ de nuestros conocimientos del �
7. Volkmar Bueb, Die «.i ';'nge schule» der r:inrosischen marine. Strategie und politik
1875-1900, Boppard am Rhem, 1971 y el cap1tan de fragata Cellier, Les idées stratégi­
pasado. Pero esta inflación no hace más que subrayar, todavía ques en France de 1871 a 1914. La Jeune Ecole, París, EGN, 1924.
con mayor agudeza, la ausenda de clásicos y, evidentemente, al 8. Aparte de los estudios en italiano, la única presentación disponible es ésta de
más grande de ellos: Castex. Castex en Théories, T. 1, págs. 52-55.
9. Laguna parcialmente resuelta por Car! Axe! Gemzell, Conflict, organization and
.
mn ovat!_ on. A study of german naval strategic planning 1880-1940. Lund, Scandinavian
.
Umversity Books, 1974, y Herbert Rosinski, op. cit.
10. Donald M. Schurman, Julian S. Corbett, 1854-1922, historian of british mari­

time poli�y from Drake t� Jell coe, Londres, Royal Historical Society, 1981, y Barry D.
Hunt, Sallor-scholar Adm1ral Sir Herbert Richmond 1871-1946' Waterloo (Ontario)' Wil-
frid Laurier University Press, 1982.

. l l . Ver especialmente su ensayo «Command of the sea» en Herbert Rosinski op.


Cit., págs. 1-19.
12. Robe�t Seager II y Do�s Maguire (s.d.), Letters and papers of Alfred Thayer
Mahan, 3 volumenes, Annapohs, U. S. Naval Institute Press, 1975 .
1 3 . Pierre Naville, Mahan et la maitrise des mers, París, Berger-Levrault, 1981
. .
pagma 9.
'
LA POTENCIA MARITIMA 73
72 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

33. Barry D. Hunt, «Admira/ Sir Herbert Richmond», en Geoffrey Till, op. cit.,
." 14. M. Amit Athens and the sea, Bruselas, Latomus, 1965, pág. 58 .
•• página 49 .
15. Helene Arweihler, Byzance et la mer, Pruis, Presses Universitaires de France, 1964. 34. Bernard Brodie, A guide to naval strategy, Princeton, Princeton University Press,
• 1
16. Los autores clásicos constantemente han olvidado la antigüedad, limitándose 1958, pág. 251.
a evocar ejemplos manidos de Atenas y de Roma. Hay allí un vasto campo por explotar
35. A buen seguro se podría entrever una tipología más fina de métodos. El almi­
que aportaría mucho a la teoría de la potencia marítima. Una vía totalmente nueva ha
rante Di Giambierardino propone una tripartición: «m étodo histórico..., m étodo rea­
sido abierta por Karl Polanyi y sus alumnos, con la teoría de los puertos comerciales
lista (que) querna ser resueltamente antihistórico y querna basarse de modo exclusivo
y del rechazo del mar por los imperios continentales. Karl Polanyi y Conrad Arens­
en el examen analítico de la realidad presente: circunstancias políticas, condiciones.geo­
berg (s.d.), Les systemes économiques daos l'histoire et daos la théorie, París, La­
gráficas y estratégicas, interes�s de los po�ibles beli?�ran ies, fuerzas anta?onistas...,
�· 1 rousse, 1975. _
m étodo científico (que no es mas que), el metodo h1stonco-mduct1vo al que umcamente
··�
17. Geoffrey Till cita la Libelle of Englyshe Policie, escrito hacia 1436 por Adam viene a añadirse una pretensión de exactitud y adivinación, sin que ésta se haya logrado
de Moleyns, obispo de Chichester. No es único en su especie. Al otro lado del canal jamás». Almirante Osear di Giambierardino, Uart de la guerre sur mer, París, Payot,
de la Mancha, el Débat des hérauts d'armes, anónimo aparecido en 1455, le responde 1939, págs. 16-20-23. Una tal clasificación no tiene más que un interés casi momentá­
afirmando la superioridad francesa en el mar. neo·' por una parte, porque olvida el método material, y, por otra, porque dos de los
18. Clerk reeditará su libro en 1797, integrando en él las enseñanzas de las guerras tres métodps propuestos no son más que variantes de una misma matriz, el método cien­
de la Independencia americana y de la Revolución. tífico es fundamentalmente histórico (la nueva historia aplicada de alguna manera
a la estrategia naval). En cuanto al método llamado realista, cuyo contenido está dema­
19. En Les idées militaires de la marine au XVIII' siecle (1908) para los autores
siado desenfocado, podría parecerse a lo que se llama hoy historia inmediata y ser él
del siglo XVIII y en La liaison des armes sur mer para los del siglo XIX.
también, aunque ya lo sea, histórico a fin de cuentas. Di Giambierardino cita como repre­
20. A. T. Mahan, Stratégie navale, París, Fournier, 1923, pág. ll5. sentante del método realista al almirante alemán Otto Groos. Pero el libro de éste, Seek­
21. A . T. Mahan, op. cit., pág. 135. riegslehren im lichle des Weltkrieges, Berlín, Mittler, 1929, bien muestra el método his­
22. Théories, T. l, pág. 29. tórico.
23. Geoffrey Till, op. cit., pág. 7. 36. Esta distinción de métodos históricos y material ha sido bosquejada por Ph.
Colomb y desarrollada por el almirante Reginald Custance en Naval policy. A plea for
24. Théories, T. l, pág. 29.
the study of war, Londres, 1907. En Le Grand Etat-Major Naval, París, Lavauzelle, 1909,
25. Especialmente, impidiendo desarrollar la articulación divisionaria que ha jugado
Castex reconocía expresamente su deuda.
tan gran papel en el desarrollo del pensamiento estratégico terrestre.
37. Del mismo modo, los principios permanentes de la guerra naval, revelados por
26. Es lo que el general Poirier resume en un trinomio: creación de la teoría por el método histórico, pueden verse modificados por una relectura de la historia, como
Guibert, práctica innovadora por Bonaparte, crítica al sistema por Clausewitz; Luden
lo mostrará más_ allá la reevaluación de la guerra de corso.
Poirier, Des stratégies nucléaires, París, Hachette, 1977, pág. 12.
38. Paul M. Kennedy, Strategy and diplomacy, Londres, George Allen and Unwin,
27. Mahan se sentirá todavía obli¡; ado a volver sobre esta analogía entre las gale­
1983, pág. I J 3 .
ras y los navíos de vapor... , ¡en 1890!,
3 9 . La literatura sobre este asunto e s bastante abundante. Ver especialmente Ken
28. C. l . Hamilton, «The Royal N�vy, la Royale and lhe militarisation of naval war­
Booth, Strategy and ethnocentrism, Londres, Croom Helm, 1979; Ken Booth y Moor­
fare, 1840-1870». The Journal of Strategic Studies, junio 1983.
head Wright (s.d.). American thinking about peace and war, Nueva York, Barnes and
29. Robert Seager 11, Alfred Thayer Mahan. The man and his letters, Annapolis, Noble, 1978; Colin S. Gray National style in strate2y: the american example», Interna­
U. S. Naval Institute Press, 1977, pág. 199. tional Security, otoño 1981; Edward S. Boylan, «The Chinese cultural sty/e of warfare»,
30. Herbert Rosinski, op. cit., pág. 21 . .
Comparative strategy, 1982, núm. 4.

31. Este concepto ha producido iri uchos desvelos a los traductores y comentaristas 40. Geoffrey Till, op. cit., pág. 49.
de Mahan, que no siempre han sabido que power significa a la vez poder y potencia. 41. W. D. Pulleston La seapower daos la Seconde Guerre mondiale, París, Payot,
Por ello, se ha visto la expresión «poder del marn (Castex mismo la ha empleado alguna 1949, pág. 9.
vez), que estrictamente no quiere decir nada y con menos frecuencia «potencia del mar»
42. Cf., supra, pág. 49.
(expresión favorita de Castex que la emplea generalmente en sentido pasivo: tal país
es una potencia del mar) y también, a pesar de todo, la traducción correcta «potencia 43. Cf., infra, pág. 122.
marítima» (Castex la ha empleado también). No se puede seguir a Pierre Naville cuando 44. Herbert Rosinski, op. cit., págs. 22-27.
escribe que «la expresión de Mahan, seapower, puede ser traducida por potencia marí­ 45. John H. Maurer, «American naval concentration and the german battle fleet
tima, o soberanía marítima, o dominio de los mares», op. cit., pág. 9. Se trata, en efecto, 1900-1918, The Joumal of Strategic Studies, junio 1983, págs. 169-177.
de tres conceptos distintos: sea power, sea supremacy y sea control.
46. Mahan había criticado ya la construcción de los dreadnoughts que juzgaba
32. Robert Seager II, op. cit., pág. 205. inútilmente costosos.
74 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 75

47. Geoffrey Till, op. cit., págs. 34-35. El error de Till proviene de que no ha leído 71. Capitán de fragata Cellier, Les idées stratégiques en France de 1871 a 1914, La
mas.
que Naval warfare (1908). El resto de la obra de Maltzahn no había sido traducida Jeune Ecole, pág. 47.
al inglés. 72. Entre ellas, la mejor síntesis de las ideas de la Joven Escuela es, sin duda, l'Essai
48. Cf. Théories, T. I, 1937, pág. 61. de stratégie navale par le Commandant Z et Henri Montéchant (1893).

49. Otto Groos, op. cit., pág. 74. 7 3 . Julian S. Corbett, Sorne principies of maritime strategy, Londres, Longmans,
1
j 191 1 , págs. 165-167.
50. Wolfgang Wegener, Die Seestrategie des weltkrieges, Berlín, Mittler, 1929, pá-
·l .W .
gmas 75-78. 74.Théories, T. l, pág. 60.
5 1. Herbert Rosinski, op. cit., pág. 58. 75. Capitán de fragata Castex, Synthese de la guerre sous-marine, París, Challa­
mel, 1919, pág. 23.
52. Capitán de fragata Cellier, op. cit., pág. 41 .
76. Almirante Daveluy, Les enseignements maritimes de la guerre anti-germanique,
5 3 . Theodore Ropp, The fo rmation of a modern navy, Harvard Ph. D., tesis 1937,
París, Challamel, 1919, pág. 23.
Tomo II, pág. 277.
77. Di Giambierardino, op. cit., pág. 92.
54. Philippe Masson, Historia de la marina, T. I, págs. 428-429.
78. Un buen ejemplo de esta corriente, Bernard Acworth, The restoration of
5 5 . Manual Montejo y Rapallo, Ensayo de estrategia naval, Madrid, 1892.
England's sea power, Londres, Eyre and Spottiswoode, 1938.
56. Luis Carrero Blanco es entre otras cosas autor de España y el mar, aparecido
79. El mismo fenómeno se da en la Unión Soviética, donde el dominio del mar
en 1942, así como de varias obras históricas.
es condenado en los años treinta como una idea burguesa.
57. Clark G. Reynolds, «The continental strategy oj imperial Japan», U. S. Naval
80. Cf. supra, pág. 54.
Institute Proceedings, agosto 1983.
81. Di Giambierardino, op. cit., pág. 225.
58. M. Peattie, «Akyiama Saneyjuki and the emergence oj modern japanese naval
doctrine», U. S. Naval Institute Proceedings, enero 1977. 82. Dos ejemplos de esta recuperación, W. D. Pulleston, op. cit., pág. 332, et Her­
bert Rosinski, op. cit., pág. 433.
59. Alexandre Kiralfy, «lapanese naval strategy», en Edward Mead Earle (s.d.).
· 8 3 . Un buen ejemplo de esta producción en T. 124, Seapower, Londres, 1941,
Makers of modero strategy, 1943, trad. fr. Les maitres de la strategie, París, Berger­
Levrault, 198 1 . Tomo 1 24, es el seudónimo de Russell Grenfell, que había escrito antes de la guerra The
art of the admira! (1937).
60. Po r ejemplo, Bernard Brodie, A guide to naval strategy, 1943, trad. fr. L a stra­
tégie navale et son application dans la guerre, París, Payot, 1947, pág. 1 1 8 . 84. Bernard Brodie, La stratégie navale et son application dans la guerre, pág. 22,
y ss. Castex será también víctima de este bloqueo, cf. infra, pág. 86.
6 1 . Saburo Toyama, «Lessons from the past», U. S . Naval Institute Proceedings '

septiembre 1982. 8 5 . Bernard Brodie, The absolute weapon. Atomic power and world order, Nueva
York, Harcourt Brace, 1946.
62. Bruce Swanson, Le huitieme voyage du dragon, París, Pion, 1984, pág. 76.
86. Cf. Raymond Aron, Penser la guerre. Clausewitz, T. l, pág. 9.
63. Presentación sumaria en Hervé Coutau-Bégarie, I.:injluence de la puissance mari­
time sur l'histoire de /'Extreme Orid t», Stratégique, 1986, núm. 30. 87. Se puede citar W. D. Pulleston, The influence of seapower in world war 11 (1947);
Lee J. Levert, Fundamentals of naval warfare ( 1 947); Pedro lnsussary, La guerra naval
64. Joseph Needham, La tradition scientifique chinoise, París Hermann, 1974,
. . moderna (1948), aparecido en Argentina, almirante Barjot, Vers la marine de l'age ato­
pagma 1 7 1 .
mique (1954); contraalmirante De Belot. La mer dans un conflit futur (1958).
65. Cf. John L. Rawlinson, China's struggle for naval development 1 839-1 895 ' Har-
88. Quede claro que no se interesan más que por la marina británica. Roskill es
vard University Press, 1 967.
muy descriptivo, Marder tiene además una dimensión estratégica.
66. . W. D Pulleston, Mahan, New Haven, )á)e University Press, 1939. Cuando Pulles­
: 89. Cf. la bibliografía de Hervé Coutau-Bégarie, La puissance maritime soviéti­
ton escnbe, pag. 326, que Mahan y Ct>rbett están raramente en desacuerdo en cuestio­
que, 1983.
nes importantes, uno se pregunta ¡si ha leído seriamente Sorne principies of maritime
strategy! 90. Cf. supra, pág. 30.

67. Robert Seager II, op. cit., pág. XIII. 91. Paul M. Kennedy, The rise and fall of british naval mastery, Londres, MacMi­
llan, 1 976. Hay que lamentar que no se dedique más que episódicamente a la historia
68. Craig Symonds, «A/jred Thayer Mahan», en Geoffrey Till, op. cit., págs. 28-29.
marítima.
69. Es desconsolador comprobar que en el momento preciso en que los Estados
92. Cf. John Hattendorf, «American thinking on naval strategy 1945-1980, en Geof­
Unidos comienzan a prescindir del dogmatismo mahanista, Pierre Naville elige por su
frey Till, op. cit., págs. 58-68.
cue� ta volver a él Y proponérselo al público francés en su forma más simplista, Pierre
Nav11le, Mahan et la maitrise des mers, París, Berger-Levrault, 1981. 93. R. E. Walters, Seapower and the nuclear fallacy, Nueva York, Holmes and Meier,
1975.
«La pensée nava/e fran9aise de 1871 a 1940» Revue histori­
70. Philippe Masson,
que des armées, 1982, núm. 1, pág. 44.
..
'

CAPITULO S EGUNDO

CASTEX, S I NTES I S Y N EG AC I O N
D E L P E N SAM I E NTO ESTRATEG I CO
NAVAL C LAS I CO

Como la de Clausewitz, la carrera de Castex fue a la vez bri­


llante y decepcionante 1 • Brillante porque llegó al más alto
grado de la jerarquía militar ocupando importantes puestos de
mando y ejerciendo una influencia profunda en muchas gene­
raciones de oficiales. Decepcionante porque fue siempre tal como
ha dicho él mismo «apartado de la dirección efectiva de los asun­
tos, lo mismo que en su preparación que durante el desarrollo
y la liquidación de los grandes acontecimientos de 1939-1940»,
y sus advertencias no tuvieron más que «un-alcance únicamente
"pedagógico y platónico'»2 • El destino de su obra también está
marcada por la misma contradicción, pues unánimemente pro­
clamada en el momento de su aparición como un monumento
del pensamiento estratégico, sus Théories, no obtuvieron mucho
después el reconocimiento de la posteridad que merecían. Es pre­
ciso redescubrirlas.

Raoul-Victor-Patrice Castex, hijo de un oficial de cazadores,


nació el 27 de octubre de 1 878 en Saint-Omer; ingresó con el
número uno en la Escuela Naval, en 1 896, a los dieciocho años,
y, naturalmente, salió también el primero dos años más tarde.
Sus primeros destinos le hicieron descubrir Indochina. Vuelve
allí con veintisiete años y tres libros, en los que fija ya las gran­
des líneas de la visión geopolítica que mantendrá durante toda
78 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 79

su vida, y que es elocuentemente resumida en el título de uno A la Synthese suceden en 1923-1924 los dos volmenes de las
de ellos, Jaunes contre Blancs. Questions d'état-major, en las que Castex subraya la necesidad
De vuelta a Francia, es repetidas veces ayudante de campo de una organización rigurosa del mando. En seguida se consa­
del ministro; pasa una temporada en la Escuela de Oficiales de gra a su obra maestra, las Théories stratégiques, de las que cinco
Artillería, de la que sale con el número uno en 1911, y publica volúmenes aparecen entre 1 929 y 1935. En 1935 publica, igual­
varios estudios históricos3, que se inscriben en la corriente de mente, un pequeño libro sobre la geopolítica de Rusia, De Gen­
pensamiento inspirada por Mahan, en la que es guiado por los gis Khan a Staline. A continuación no escribe más- que artícu­
comandantes Darrieus y Daveluy. En relación a éstos, Castex los, de los que algunos, revisados y reunidos por él mismo, serán
muestra todavía poca originalidad; y, si después se distancia de publicados trás su muerte en las Mélanges stratégiques, que se
ellos en sus Théories, no será sin reconocer lo que les debe, espe­ consideran como el Tomo VI de las Théories.
cialmente a Develuy4 • Se encuentran en sus libros algunas ideas Su obra está estrechamente ligada a su carrera, en primer
que Castex desarrollará después5• lugar consagrada a la formación de los oficiales. Contraalmirante
Después de una guerra honorable entre 1914 y 1918 sin nada en 1928, a sus cincuenta años, es nombrado, en 1932, coman­
notable (las ocasiones de distinguirse eran muy raras para un dante de l'Ecole de Guerre Navale y del Centre de Hautes Etu­
marino), pasada casi enteramente en el Mediterráneo, el capi­ des Navales. Ascendido a vicealmirante en noviembre de 1934
tán de fragata Castex es nombrado, en 1919, jefe del Servicio éonserva sus funciones hasta julio de 1935. Entonces es nom­
Histórico de la Marina, nuevamente creado. Al año siguiente es brado prefecto marítimo en Brest. En septiembre de 1936 vuelve
profesor de la Escuela de Guerra Naval6• En 1927 aumenta sus a la cabeza de l ' Ecole de Guerre Navale. Miembro del Consejo
conocimientos en el Centre des Hautes Etudes navales, creado Superior de la Marina, en febrero de 1 937, almirante e inspec­
en 1 921 para el perfeccionamiento de los oficiales superiores. tor general de las Fuerzas Marítimas en el mayo siguiente, es lla­
Durante estos años comienzan a aparecer los libros que van a mado para regir el College de Hautes Etudes de Défense Natio­
darle su reputación: en primer lugar, en 1920, la Synthese de la nale, creado para iniciar en la estrategia general a los oficiales
guerre sous-marine, en la que afirma la legitimidad del arma sub­ superiores de los tres ejércitos y a altos funcionarios. Dirige las
marina contr� l<;>s anglosajones que quieren prohibirla, para pre­ tres sesiones del nuevo organismo hasta su desaparición a causa
,
servar el domm10 de sus flotas efe lmea. Su alegato provoca una de la guerra. La fórmula se repetirá después de 1 945 con l'Insti­
viva disputa entre los delegados franceses y británicos que asis­ tut des Hautes Etudes de la Défense Nationale. A la declara­
ten a la Conferencia sobre Limitación de Armamentos Navales, ción de la guerra, el almirante Castex, número tres en jerarquía
que se abre en Washington en 1921. El primer Lord del almiran­ marítima detrás de Darlan y de Laborde, toma el mando del
tazgo británico acusa a Castex de emprender, por cuenta de Fran­ teatro de operaciones de Basse-Mar del Norte y canal de la Man­
cia, la idea de una guerra submarina contra Inglaterra. Incidente cha, con su cuartel general en Dunkerque. El «Almirante Norte»
que provoca la confusión del primer Lord, que ha cometido un toma viva conciencia de la terrible vulnerabilidad del disposi­
grosero error de interpretación, pero que tiene por consecuen­ tivo terrestre. Profetiza con una precisión sorprendente lo que
cia llevar a los franceses a aceptar reglas muy limitadoras para va a ocurrir en mayo de 1 940 y sugiere medidas defensivas des­
los submarinos7 , con gran furor de Castex, que manifiesta la tinadas a atrincherar el campo de Dunkerque. El único resul­
más viva desconfianza en cuanto a las Conferencias Internacio­ tado de sus propuestas, juzgadas altamente derrotistas, es el de
nales sobre el Desarme, que, según él, no pretenden más que debi­ provocar su pase a la reserva. Desde entonces él no tiene ningún
litar la seguridad de Francia. papel activo. Retirado en su villa de Villeneuve-de-Riviere, en
80 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POfENCIA MARITIMA 81

el Alto-Garona, no puede más que asistir impotente a la verifi­


. c�ción de sus análisis cuando se produce la campaña de Fran­ Desde luego, la época no era apenas propicia para la refle­
"
cia. Desaprueba el armisticio, que le parece que ignora la reta­ xión. Cuando las Théories fueron acabadas, el problema no con­
guardia constituida por el imperio (subrayando que un repliegue sistía en pensar en la guerra, sino en hacerla. Las grandes corrien­
s ?b �e Africa no podía hacerse con la improvisación y enloque­ tes del pensamiento estratégico en el siglo XVIII (Folard de Saxe
c.imiento de la derrota, y que hubiera sido preciso prepararlo en Guibert...) y XIX (Clausewitz, Colomb, Mahan) han sÍdo posi�
tiempo de paz), y adopta una actitud pasiva respecto al Gobierno bles por los largos períodos de paz que incitaban a los militares
de Vichy, pero critica los excesos de la «liberación» (palabra que a ocupar su ociosidad con el estudio. En los años treinta era más
J
escribirá a menudo entrecomillada). A partir de 1947 da frecuen­ necesario actuar, y después de la guerra, la voluntad de recons­
.,
truir sobre bases nuevas, el espectáculo de una evolución a la
tes �onferencias en las escuelas de guerra y en el l ' IHEDN, pro­
pomendo una activa colaboración con La Dépeche du Midi. vez técnica y estratégica de una inmensa amplitud y el hecho
Muere el 10 de enero de 1968 a los ochenta y nueve años. Nin­ de que la potencia naval francesa hubiera desaparecido, son fac­
tores que han hecho que la obra de Castex no haya tenido la
gún barco ha llevado su nombre.
La publicación de las Théories ha hecho de Castex el estra­ continuidad que hubiera alcanzado en otros tiempos.
tega naval más célebre de su época. El almirante Richmond se A es�a coyuntura desfavorable se une el hecho de que Cas­
ha dado cuenta de ello, elogiándole en la Naval Review. El almi­ tex ha sido por la fuerza de las circunstancias un continuador
rante Otto Groos las ha resumido para sus lectores alemanes en y no un fundador. Cualquiera que sean sus insuficiencias y sus
la Marine Rundschau. Han sido traducidas íntegramente en errores, Mahan ha creado una estructura conceptual alrededor
Argent.ina, parcialmente en Grecia, Yugoslavia, Japón ... , pero de la seapower de la misma categoría que Mackinder en geo­
es preciso constatar que verdaderamente no han pasado a la pos­ política alrededor del Heartland. Los que vinieron después de
teridad. Siempre hay, aunque declinante, un pensamiento maha­ ést�s.' Corbett y Castex, en estrategia naval; Spykman, en geo­
nista; jamás ha existido una escuela «castexiana». Evidentemente, pohtica, se han encontrado devaluados, se los ha etiquetado con­
«la influencia de Castex, aunque difícil de medir, se ha exten­ tra su voluntad, ofreciendo de ellos una imagen falsa conce­
dido ampliamente fuera de Francia»8 , pero se trata de una bida sin tener en cuenta su pensamiento, que ha adq�irido el
influencia difusa, no sistemática. En Francia incluso sus obras valor de paradigma aceptado, tanto más de buena gana cuanto
están agotadas desde hace treinta años; su recuerdo póstumo que Mahan, como Mackinder, «ha llegado a ser uno de estos
Mélanges stratégiques, aparecido en 1976, no ha tenido más qu� autores cuyos escritos son citados más que leídos, y a los que
una tirada irrisoria (ochocientos treinta y dos ejemplares), y casi muchos se refieren sin haberlos estudiado»11•
no ha tenido eco. Es difícil saber si Castex es todavía leído, pero Este fenómeno se verifica, sobre todo, en el mundo anglosa­
es necesario dejar constancia "de que prácticamente nunca se le jó � , en el que Castex no ha constituido escuela. Más que cual­
cita, excepto por algunos escritores militares (marinos, natural­ q u��r otro, este factor ha � ont�ibuido a su progresiva desapa­
. _
mente, aunque también le cita el general Poirier9). nc10n; el almirante Lepotier cita el caso del almirante King,
,
consultando las Theories durante la guerra mientras dirigía las
Raymond Aron, que conoce bastante bien a los estrategas
y geopolíticos, parece ignorarle completamente 10 • Ningún estu­ operaciones de la U.S. Navy12 • Pero esto no parece que se trate
dio le ha sido consagrado aparte de pequeños artículos, mien­ de un comportamiento típico. Es preciso constatar con Geof­
_ frey Till que Castex «no parece haber tenido una influencia dis­
tras que su nval, Richmond, tiene ya una biografía. Varias razo­
nes pueden explicar este descrédito. cernible sobre los marinos británicos y americanos13 ». Esto se
1
comprende fácilmente. Ha jugado contra el' obstáculo lingüís-
82 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 83

tico, pues si es exacto que los franceses casi no leen a los ingle­ yen la cima y la síntesis del pensamiento estratégico naval clá­
1 r• •
t• '· ses, la inversa es todavía más verdadera. Y los que podían leerle sico, y al mismo tiempo llevan en sí mismas el germen de su
tenían una cierta educación mahanista 14 • Bernard Brodie, que negación.
le ha estudiado, sostiene que él estaba «interesado, sobre todo,
en las operaciones submarinas en la guerra de 1914 a 1918»15 •
•(.. ..
1. Tal juicio, justificado en los años veinte a la luz de las contro­ CASTEX, S I NTES IS D E L P E NSAM I E NTO ESTRATEG ICO
versias que habían acogido la Synthese de la guerre sous-marine; NAVAL CLAS ICO
' l. . parece, por lo menos, escueto cuando se han leído las Théories.
.... .
Historiadores recientes lo han rehabilitado por su cuenta. Tie­ Castex ha realizado una buena síntesis de una amplitud
nen tendencia a no ver en Castex más que un continuador que mucho más basta de lo que se reconoce habitualmente. Esta sín­
ha reactualizado las teorías de Mahan a la luz de las enseñanzas tesis se sitúa en tres planos:
de la Primera Guerra mundial, y las ha adaptado al caso de su Está, en primer lugar, la síntesis del pensamiento estra­
país, que no es más que una potencia naval media. Para Clark tégico de la Edad de Oro y las innovaciones técnicas del
Reynolds, las Théories son una respuesta a la crisis doctrinal que siglo XIX. Es la dimensión comúnmente reconocida,
atravesaba entonces la Marina francesa 16• Para Geoffrey Till, tanto por Brodie como por Till. Esto es incuestionable.
«puede ser la principal contribución de Castex a la estrategia A continuación viene la síntesis de la estrategia naval
marítima, el restaurar con fuerza y razón las antiguas verdades y la gran estrategia. Para un continental, la estrategia
de Mahan y Colomb sobre la importancia del dominio de los no se puede reducir a su componente naval, mientras
mares y la necesidad de destruir la fuerza principal del enemigo que el problema principal con el que su país se enfrenta
en una batalla, de volver a dar confianza en sí mismos a los mari­ viene de las tierras del interior. Una de las tareas esen­
nos»17, después de las controversias subsiguientes a su casi ciales de Castex es, por esto, reinsertar la estrategia naval
inmovilización durante la guerra de 1914 a 1918. Los historia­ en una estrategia general que admita que lo primero es
dores sobre estrategia naval están de acuerdo, por encima de apre­ lo terrestre por la fuerza de las circunstancias. En este
ciaciones divergentes, para atribuir a la obra de Castex una impor­ sentido, su obra aparece como una buena adaptación
tancia esencialmente coyuntÚral. de las teorías de la potencia marítima al caso francés,
Es preciso decir que Castex incita poderosamente a concluir, como lo mantienen Reynolds y Till.
en este sentido, por el hecho de su insistencia en la fuerza naval Pero también, desde nuestro punto de vista, hay otra sín­
(la flota de batalla) y en el combate decisivo. Si es así, no aporta tesis de dos métodos que hasta el momento han sido
ninguna originalidad respecto.,a Mahan y Colomb. Pero esta con­ opuestos; el método histórico y el método material.
clusión es el resultado de uria lectura superficial. Un estudio más Théodore Ropp, un historiador de la estrategia naval,
profundo puede poner en evidencia interpretaciones que no se ha visto esto desde 1943, pero sin sacar las consecuen­
integran en esta «pura doctrina» de la batalla, e incluso a veces cias, y después de él nadie ha vuelto a examinar el pro­
la contradicen pura y simplemente. Entonces uno tiende a pen­ blema, mientras que es ahí donde se encuentra la apor­
sar que la obra teóricá de Castex es infinitamente más compleja tación más importante y más duradera de Castex a la
de lo que se ha querido admitir hasta el presente, y que se ha estrategia marítima, lo que hace de él no solamente un
desvalorizado de modo abusivo, si no se ve en ella más que una continuador, sino más bien un teórico de profunda ori­
reactualización de Mahan. Las Théories stratégiques constitu- ginalidad.
84 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 85

Los puntos de vista de Castex sobre la aviación han llamado


. Esta triple síntesis hace de las Théories la cima del pensa­ menos la atención. Es preciso decir que las enseñanzas de la gue­
, ,
miento estraté�ico naval. Ningún autor lo ha hecho mejor, ni
1
tampoco lo ha igualado hasta el presente. Por esto Castex ofrece rra de 1914-1918 fueron bastante pobres en esta cuestión, tal como
¡I lo indica él mismo y cuantos escribían durante los años veinte
el punto de partida más sólido para una teoría de la estrategia
naval en la era nuclear. Es conveniente por ello pararse un poco y al principio de los treinta. Las posibilidades técnicas del avión
en los componentes de esta síntesis. eran muy limitadas. Por ello su mérito es mayor, al haber pre­
visto perfectamente la amplitud de la mutación que comenzaba,
a diferencia de los almirantes e incluso de su homólogo al otro
1 . LA S I NTESIS D E L P ENSAM I E NTO ESTRATEG I CO lado del canal, Richmond, que durante mucho tiempo subes­
D E LA « B ELLE E PO Q U E » Y LAS I N N OVACIONES timó el peligro aéreo20 • Desde el primer tomo de las Théories
DEL S I G LO XX afirma con fuerza que «la superioridad aérea es una condición
necesaria para la total superioridad en el mar. Es parte integrante
Mahan escribía en el tiempo de las flotas de línea y no podía de ésta. El dominio del mar debe comprender ahora el dominio
apoyar sus demostraciones más que en batallas de la marina a aéreo21 • Con el rápido progreso de la técnica aérea, se insiste
v�la o en conflictos recientes; pero de amplitud limitada, espe­ todavía más en este sentido en el Tomo V: «El aire dice ahora
cialmente las guerras de Secesión (1861-1865), Hispanoamericana su palabra, una palabra decisiva en el secular duelo entre el mar
(1 898), y Ruso-Japonesa (1 904-1905). Castex ha tenido a su dis­ y la tierra. Solamente él resuelve las tres cuartas partes del
posición una zona de observación infinitamente más vasta: la debate»22• Las Théories contienen importantes intuiciones, de
Primera Guerra mundial, y ha podido medir los profundos cam­ las que muchas son proféticas. Así Castex ha anunciado, en tér­
bios introducidos por el submarino, e incluso en una cierta minos bastante precisos, el ataque japonés sobre Pearl Harbor:
medida por el avión. «Los ataques aéreos contra las bases navales y las fuerzas flo­
Castex se ha interesado vivamente en el submarino. La tantes tendrán probablemente lugar desde los primeros momentos
Synthese de la guerre sous-marine, aparecida en 1920, es uno de una guerra..., es preciso esperar a ver reeditar por vía aérea
de los primeros estudios de <ionjunto consagrados a esta nueva ataques como el de los japoneses a los rusos el 8 de febrero de
arma. Examinaremos despues el juicio que Castex hace sobre 190f »23 • Igualmente, ha sido uno de los primeros en presentir
los efectos de la guerra subm'arina. Diremos únicamente, por el el papel del helicóptero en las operaciones combinadas24 , lo que
momento, que su análisis corta en seco las reacciones de sus con­ todavía puede ser mucho más admirable si se piensa que no se
temporáneos en su doble rechazo de condenar el submarino, bien podría apoyar en ningún precedente.
sea en nombre de la moral (14ara Castex el submarino no es más Por el contrario, Castex no ha tenido una clara visión de la
bárbaro que el avión), bien sea en nombre de la eficacia (el fra­ mutación introducida por el portaaviones. En 1937 todavía rea­
caso de la guerra submarina alemana no le impide estimar que firma su escepticismo. A los que sueñan con «portaaviones bas­
«el submarino tiene posibilidades nuevas e interesantes» 18). tante rápidos para -escapar a los cañones de los barcos de super­
Clark Reynolds nota que «Castexfue el único en prever la utili­ ficie hundiendo a éstos por medio de los ataques aéreos de sus
zación de nuevo del submarino en los «raids» contra el comer­ aviones», opone una democracia que hoy día nos parece bas­
cio como en la Primera Guerra mundiaf»19 . Doenitz había tante ingenua: «esta última combinación es ingeniosa, pero mala­
adoptado la idea en gran escala, pero mucho después. (Su libro mente realizable. No se ve que una tal inmunidad pueda jamás
Die U. Boote waffe data de 1939.) ser lograda por el portaaviones. Acabará siempre por ser captu-
86 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 87

rado por los rápidos navíos de superficie que hayan escapado la táctica forman así un conjunto, un todo completo bien unido
al ataque de los aviones (los habrá) y aunque esté bastante pro­ y nunca un tríptico de elementos netamente separados»3º. En
tegido para salvar su casco, sus superestructuras serán hechas el Tomo III de las Théories una parte entera está consagrada a
• I\:
añicos, lo que también supone la pérdida total de su aviación las servidumbres: «La estrategia a menudo no es libre. En muchos
¡ si ésta tiene la lamentable idea de estar en el aire en ese casos está influenciada por numerosos factores ajenos a su pro­
5
moment0>/ • Aquí Castex está en total acuerdo con la ortodo­
· •I ·
j , pio dominio y a los cuales vamos a dar el nombre de servidum­
xia de su tiempo26, seguirá fiel a la misma después de la bres». Unas son positivas, «que conducen porfuerza a empren­
; u 1'
Segunda Guerra mundial. En 1954, en un artículo que es sin duda der operaciones determinadas» (por ejemplo, socorrer a una plaza
.
su último escrito sobre estrategia marítima, reafirma «el interés asediada), y negativas, «que impiden al contrario ciertas accio­
del cañón y sostiene que el portaaviones ha tenido una "suerte nes o ciertos modos de acción» (tal como razones políticas que
extraordinaria" durante la Segunda Guerra mundial>>2'. se oponen a la guerra submarina a todo trance). Hay servidum­
bres de preparación, «que afectan a lo que hemos llamado estra­
tegia en tiempo de paz» (por ejemplo, conferencias sobre limi­
En este punto capital, Castex no ha manifestado su perspi­ taciones de armamentos navales hacia las cuales Castex
cacia habitual. Pero en conjunto ha percibido y analizado muy manifiesta una enorme desconfianza); servidumbres de movili­
bien el impacto de las transformaciones introducidas por el sub­ zación, «que entran en juego cuando las hostilidades son inmi­
marino y el avión. Toda su vida permanecerá atento a las nove­ nentes» (por ejemplo, reglas jurídicas impuestas por la entrada
dades. Desde octubre de 1945 publica «en caliente» los «Aper­ en guerra, que Castex recomienda observar, pero sin alimentar
�us sur la bombe atomique», de los cuales se puede entresacar la ilusión de que el adversario hará necesariamente otro tanto);
el primer esbozo de lo que será conocido después con el nom­ servidumbres en la conducción, «que pesan continuamente en
bre de teoría de la difusión proporcional28 . la conducción de las operaciones», y pueden ser jurídicas, eco­
nómicas, militares, terrestres, morales ... Algunas son servidum­
bres «muy antiguas, que lo han sido constantemente desde tiem­
2 . LA SI NTESIS D E LA ESTRATEG IA pos inmemoriales, y que corresponden a verdaderas necesidades
N AVAL Y LA G RAN ESTRATEG I A de la guerra, necesidades políticas, económicas, morales». Otras
son «menos antiguas, resultado de concepciones relativamente
Mahan había olvidado la dimensión terrestre de la estrate­ recientes del derecho de gentes». Las hay, por fin, «del todo
gia, de poco interés para él, puesto que el mar siempre había nuevas, frutos de una transformación técnica o bien inventadas
dicho la última palabra. En r,lación a Clausewitz, introduce una en su totalidad por la imaginación de los hombres para enrare­
primera ampliación de la noción de estrategia, hablando de una cer o circunscribir la impenitente o natural tendencia bélica de
estrategia en tiempo de paz. Pero esta era conocida en la óptica la especie»31 •
exclusiva de la potencia marítima. Por el contrario, Castex tiene La teoría de las servidumbres, tomada de Darrieus, refleja
una concepción extremadamente amplia de la estrategia. Las defi­ claramente la voluntad de Castex de sacar la estrategia naval del
niciones de la estrategia y la láctica que propone al comienzo vaso cerrado donde la habían mantenido sus predecesores anglo­
de las Théories, «estrategia antes y después del combate, tác­ sajones. Es preciso decir que se encuentra en una situación del
tica durante el combate»29 , resultan muy clásicas, pero se ins­ todo diferente. En los países anglosajones la estrategia naval se
criben en una visión de conjunto: «La política, la estrategia y identifica poco o mucho con la estrategia general hasta el punto
88 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 89

de que Corbett llama «estrategia marítima» a la unión de la estra­ su periódico y, que, por otra parte, tiene una sólida instrucción
tegia naval y la estrategia terrestre, a lo que Castex llama preci­ histórica, geográfica y militar consiguefácilmente una visión clara
samente «estrategia general» 32 • En Francia será más bien la de los problemas del día»36•
marina la que será considerada como una servidumbre. La ame­ En este punto el pensamiento del almirante va a conocer una
naza principal en el período entreguerras es continental, la pro­ evolución muy señalada, que terminará por sustituir la estrate­
,f
. .
duce Alemania y nada puede modificar este estado de cosas. Cas­ gia en singular, identificada con el arte militar, por las estrate­
tex es perfectamente consciente de esto. «En la nación continental, gias plurales, influyéndose mutuamente e integrándose en una
ll 1 la marina y su papel en la historia están forzosamente en segundo estrategia general que busca establecer un compromiso entre las
, ,

plano. La potencia naval ha sido para ella una condición a veces servidumbres recíprocas que se ejercen sobre las estrategias par­
necesaria, pero jamás suficiente. No ha sido jamás intrínseca­ ticulares. Castex es el primero en emplear la expresión de estra­
mente, en sí misma, directamente de una importancia decisiva..., tegia militar, al principio considerada como un pleonasmo, pero
nosotros, marinos franceses, marinos de nación continental, no después de la Segunda Guerra mundial convertida en algo de
nos sorprendemos de este estado anímico (que no convierte mari­ uso corriente. Los complementos del Tomo 111 de las Théories,
nos en héroes nacionales...), es natural y conforme a la natura­ que estuvieron largo tiempo inéditos, insisten en el avance de
leza de las cosas. Lo importante para nosotros es la necesidad este cambio de terminología: «cuando hablamos a lo largo de
de interesarnos vivamente en la guerra terrestre, conocerla y com­ estas páginas de estrategia y de política, se trata naturalmente,
prenderla, en razón de su importancia para el país y del gran y más concretamente, de la estrategia militar y de la estrategia
lugar que estamos destinados a t�ner precisamente en ella»33 • pol{tica. Continuando un viejo hábito, un uso consagrado, se
Su objetivo es insertar la estrategia naval en una estrategia general encuentra que en la primera de estas dos expresiones se suprime
de dominante terrestre. La demostración de la interdependencia la palabra "militar" y que en la segunda se suprime la palabra
de las estrategias naval y terrestre tiende a la vez a convencer "estrategia': En la primera edición de esta obra yo me conformé
a los marinos de que deben renunciar a sus exacerbados con este uso, no creyendo necesario utilizar otros términos que
particularismos34 , y a los jefes militares y políticos de que la los generalmente expresados. Después de reflexionar, parece útil
marina tiene un papel impor�nte incluso en una estrategia «con­ proceder a esta rectificación de apelaciones.. ., para penetrar el
tinentalista». espíritu del lector de esta noción capital: que hay otras estrate­
Pero esta teoría responde todavía a una mentalidad que sitúa gias aparte de la estrategia militar»37 • Cuando el historiador
al arte militar en el centro de toda acción y tiende a subordinar británico Michael Howard llama la atención, en su célebre
a ella todo lo demás: «el factor militar domina la política. Es artículo de la revista Foreign Affairs, sobre «las dimensiones des­
la relación de fuerzas lo que prevalece y lo que inspira todo. Todo deñadas de la estrategia»38 no hace más que insistir en una idea
se traduce en esto. Lo que condiciona las posibilidades es la expe­ sobre la cual Castex se ha expresado multitud de veces con una
riencia y la búsqueda del éxito militar»35 • Castex no se interesa meridiana claridad. Evidentemente es preciso volver al estudio
casi por la política más que para expresar su desprecio hacia polí­ de la decisión alemana de llevar la guerra submarina a ultranza
ticos que alardean de la potencia francesa en las conferencias a comienzos de 1917, porque muestra rotundamente a qué resul­
internacionales sobre el desarme, lo que pone en su pluma un tados desastrosos puede conducir este desconocimiento del carác­
comentario desdeñoso: «El estudio de la política contemporá­ ter global de la estrategia39 • La síntesis operada por Castex
nea no ofrece ninguna dificultad seria... El hombre de la calle entre estrategia naval y estrategia general pasa ampliamente el
que sigue con atención las novedades que le aporta cada mañana ámbito de Francia, trata de presentar una visión global de lo que
90 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 91

se llama hoy gran estrategia o conducción diplomática estraté­ En estrategia naval dos vías son posibles: el método histó­
gica. Castex prefigura la orientación que Raymond Aron, Tho­ rico, de hecho geohistórico, como veremos en la tercera parte,
mas Schelling y otros dieron después de la Segunda Guerra mun­ «que ofrece una visión de conjunto de la continuidad de los fenó­
dial al estudio de las relaciones internacionales. menos inmutables que quedan como fondo de la escena frecuen­
temente enmascarada por la agitación de los primeros p/a­
¡'� 3. LA S I NTES I S D E LOS M ETO DOS
nos»42 . Es la vía más frecuentemente utilizada, la que emplean
Mahan y Corbett: «El estudio de la historia militar en el pasado,
.
H ISTO R I CO V MAT E R IAL tal como nos lo han dicho, es recomendado por los grandes capi­
'U
• , h
Llegamos al punto más importante, pero también al más des­ tanes como esencial para dar ideas justas sobre la manera de
conocido de la síntesis castexiana. Las Théories vuelven a exa­ conducir hábilmente las guerras en el futuro..., proceder a este
minar la teoría creada por Mahan y Colomb a la luz de las críti­ estudio histórico y crítico, sacar las lecciones dadas por la expe­
cas al sistema de Corbett y de la Joven Escuela. La síntesis va riencia de las guerra marítimas en el tiempo de los veleros, es
a operarse en dos planos distintos, pero complementarios. no solamente útil, sino necesario»43 . Antes de 1914, este
El primero es el plano histórico. La crítica al sistema es debida método goza de tal favor que los autores rehusan admitir otro.
a Corbett, y Castex la ha leído a la luz de las enseñanzas de la Así, para Darrieus «no existe método más fructífero para apren­
Primera Guerra mundial. Castex experimenta profundamente la der y, sobre todo, comprender el arte militar. Yo diría incluso
influencia Corbetiana: «Me ha hecho atravesar una intensa cri­ que no hay otro método»44 • En el período entreguerras, a pesar
sis intelectual y casi moral. He sentido vacilar las columnas del del espectáculo de los profundos cambios de la Primera Guerra
templo. He descendido profundamente para verificar los cimien­ mundial, Richmond permanece fiel a esta vía y trata de extraer
tos. He constatado que dejan mucho que desear y que se encuen­ de ella principios inmutables45 •
tran resquebrajados. Por mi cuenta los he revisado, reparado y Pero está también el método que Castex llama «positivo» o
modificado su infraestructura. Después he subido con tranqui­ «material», y que fue el de la Joven Escuela: «El "hecho" téc­
lidad por la solidez del nuevo edificio y he quedado reconocido, nico es aquí puesto en primer plano. Lo produce una guerra
a pesar de tantos reveses, a e�ta desconcertante circunstancia que reciente o las propiedades de una máquina en servicio o de un
me había obligado a tan desagradable, pero útil vuelta sobre mí artefacto nuevo»46• De cara al método histórico, los partidarios
mismo»40 • Veremos los efectos de esta síntesis en el capítulo de la Joven Escuela denuncian la «pereza de espíritus», que con­
siguiente. siste en enunciar principios de una extrema generalidad y en remi­
El segundo plano sobre el que se va a desarrollar la síntesis tirse a ellos para «proporcionar buenos resultados todas las veces
castexiana es mucho más oomplejo. La obra del autor de las que se considere necesario»47•
Théories representa tal como lo ha notado Théodore Ropp desde Lejos de ser compatibles, estos dos métodos se oponen muy
1 943; «la mejor síntesis de pensamiento entre Mahan y la Joven frecuentemente. La corriente histórica domina durante largos
Escuela»41 . Es preciso ver bien qué significa esto. Se identifica períodos de paz, favorables al estudio y poco propicios a gran­
demasiado fácilmente el conflicto doctrinal desencadenado por des cambios materiales, pero cuando aparece un nuevo medio
la Joven Escuela a fines del siglo XIX con una querella entre de combate «el número de defensores de la corriente positiva
partidarios del acorazado y partidarios del torpedero, sin darse aumenta en proporciones considerables..., en la marina hemos
cuenta que hay detrás de este enfrentamiento un problema fun­ conocido tales entusiasmos: de 1865 a 1880, después de la gue­
damental de método. rra de Secesión y la batalla naval de Lissa, esta euforia reina como
92 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 93

dueña y señora. Entre 1885 y 1895 correspondió el turno al tor­ tos factores técnicos que se han utilizado para aplicar los pr�n ­
. pedero y esta euforia se asentó nuevamente entre lasflotas moder­ cipios. Toda la dificultad de la resolución de los problem�s �mlt­.
1 1
nas..., entre 1895 y 1905 la misma conmoción se produjo con la . a un proced1m1ento
tares consiste precisamente en hacer grac1as
llegada de los misteriosos submarinos. De 1905 a 1914, sacudida conveniente, una aplicación satisfactoria de los principios en u�
idéntica hubo en el momento de la resurrección triunfal y tirá­ caso particular. Los procedimientos estratégicos dependen ev1-
nica del cañón..., el favor hacia las fuentes históricas y materia­ dentemente de los artefactos y, por consiguiente, del tiempo y
les se inscribe, por asl decirlo, en curvas, y los "máximos" de del medio»52; constituyen la parte variable de la estrategia y,
i• U·i• 11 1
cada una de ellas corresponden a el declive de la otra..., se llega esencialmente, del método material.
asl al antagonismo de las dos escuelas. La escuela histórica se A partir de esta distinción la solución es simple: «La es�ra­
significa por una unidad completa. A la inversa la escuela mate­ tegia vive a la vez deprincipios y p�ocedimient�s; las dos con:1en­
rial a causa de la naturaleza analltica de su corriente de ideas, tes, histórica y positiva, deben umrse y combinarse armomosa­
se ;ubdivide en tantas escuelas como ejércitos hay»48• mente. Cada una de ellas es necesaria a la otra; ninguna es
La marina francesa anterior a 1914 ha sufrido bastante con suficiente por sl misma. Sin un mate�ial convenie� te e� p�n�a­
esta querella: la alternativa de los partidarios y de los adversa­ miento estratégico es frecuentemente 1mpotente. Sm prmc1pws
rios de la Joven Escuela ha prohibido una evolución continua motrices elevados, el rendimiento de un excelente material corre
y ha acentuado su retraso en relación a sus rivales británicos y el riesgo de resultar mediocre. Por tanto, se debe al mismo tiempo
alemanes, que tenían una doctrina estable. en la labor de formación de los esplritus militares inspirar prin­
Castex fi.a percibido perfectamente el problema. Denunciado cipios que los penetren en gran parte, �aciendo una llar:ia�a a
sin miramientos este «curioso ejemplo de división, que se pro­ ta corriente histórica, y tratar de consegwr un pleno conoc1m1ento
duce a veces bajo el imperio depreocupaciones únicamente mate­ de los artefactos y de los procedimientos, lo que no se puede
riales»49 , por ello no es menos consciente de los inconvenien­ hacer más que apoyándose en la corriente material. Las dos
tes del método histórico, que engendra «una especie de nirvana corrientes se complementan. Y es preciso practicar los dos méto­
intelectual, una paralización de facultades que impiden un dos con igual soltura»53 •
fecundo progreso»5º. Así, es,tablece con más rigor que sus pre­ Se constatan los efectos de esta fusión de las dos vías en las
decesores una separación entre principios y procedimientos. «Los Théories: «Por lo que concierne a los fundamentos de la cien­
principios de la estrategia forman una reunión de verdades bas­ cia militar. Castex está de acuerdo casi totalmente con Mahan.
tante evidentes, nacidas de la experiencia delpasado y de las rela­ Por el co� trario, su análisis de las condiciones de la estrategia
ciones de causa a efecto como se ha podido constatar en dife­ moderna se adhiere casi siempre a las teorlas de la Joven
rentes manifestaciones de Ir¡ actividad militar a través de los Escuela»54• Esta síntesis permite a Castex ser sensible a los pro­
tiempos. Los principios son independientes de los instrumentos fundos cambios introducidos por el submarino o el avión, sin
de la acción. Este es un cuerpo de doctrina permanente, pero ver por ello una puesta en tela de j uicio radical de las enseñan­
poco después... se le ha dado rápidamente la vuelta. Se limita zas del pasado: «toda una parte de la estrategia no es modifi­
a algunas grandes reglas de acción, a algunas nociones de buen cada con la llegada del submarino, y permanece constante. Es
sentido»51 • Es con el método histórico cuando vuelve él a mos­ el caso de todo lo que toca de cerca o de lejos a los principios...,
trar la evidencia de estos principios, enseñando su aplicación en todo lo demás que es más o menos función de los procedimien­
casos concretos. tos ha evolucionado profundamente»55• Pertenecen a la primera
«Los procedimientos son los medios, los datos de empleo, categoría los principios de actividad, de iniciativa de las opera-
94 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTENCIA MARITIMA 95

ciones, de secreto, de la maniobra ... , han evolucionado los pro­ procedimientos de ejecución y la repercusión que debe tener esta
...,. , , cedimientos de defensa de costas, de bloqueos ... , que no pue­ transformación en la concepción y las posibilidades de la manio­
'
den ser asegurados; de la misma manera, la fuerza de superficie bra moderna60• La síntesis de los métodos histórico y material
debe protegerse constantemente contra una amenaza invisible permite así a Castex evitar el escollo del dogmatismo.
que puede sorprenderla en cualquier parte.
El método histórico permite medir los bruscos cambios intro­
ducidos por el submarino a la luz de las enseñanzas de la Pri­ CASTEX, N EGAC I O N D E L PENSAM I E NTO
mera Guerra mundial; pero parecido campo de experiencia falta ESTRATEG ICO NAVAL CLAS I CO
U 'l "
para el avión, que no había participado casi en la guerra marí­
tima. Entonces es preciso anticiparse «con la sola ayuda del Castex, cumbre del pensamiento estratégico naval clásico, es
método positivo o materia/»56 • Esta anticipación permite a Cas­ también su negación implícita. Su «revisión>> de los dogmas
tex descubrir «Una formidable evolución del arte de la guerra. mahanistas van a traer consigo su ruina total. Esto se verá en
Esta, que se produce con la aparición del submarino, no se apro­ capítulos siguientes. Pero ya se puede dejar constancia, desde
xima a ella más que de lejos. El submarino emplea de otra manera el punto de vista puramente teórico, al examinar su dialéctica
un medio ya utilizado. No innova casi nada en cuanto a la manera de la defensiva y de la ofensiva.
de moverse en él..., otro es el caso del avión. Aquí el medio es Clausewitz había establecido el principio de la superioridad
totalmente nuevo, como el instrumento51• En la misma época, analítica de la defensiva61 • En el mar, parece a primera vista
Richmond no concede gran atención al avión, pues el método que puede ocurrir lo mismo. Daveluy lo nota ya al comienzo
histórico no le permite llegar a él. del siglo: «Es la potencia más débil la que ataca, y la más fuerte
Aquí la superioridad de Castex es decisiva. El método mate­ fa que se defiende, puesto que la potencia naval está en relación
rial le permite adaptar constantemente la teoría a la evolución con la grandeza de los intereses marítimos»62• Castex redescu­
de las técnicas. Su utilidad no se limita, por otra parte, a paliar bre esta verdad estudiando la estrategia inglesa durante las gue­
las insuficiencias del método histórico a propósito de las nove­ rras de la Revolución y del Imperio: «Esta no ha hecho con res­
dades. Obliga a una relectura atenta de la historia, teniendo en pecto a tierra durante largo tiempo más que la defensiva. Si ha
cuenta la diferencia de materiales empleados: es preciso tener llegado poco después a poner y a conservar fuera del alcance
en cuenta «los adversarios e'n presencia, sus fuerzas respectivas, del país perturbador los "reductos" de la defensa y, en primer
las armas puestas en juego..., no hay n inguna panacea; no se lugar, las mismas islas británicas, si ha mantenido su posesión
imponen sistemas rígidos en nombre de ventajas manifiestas en del mar sobre una base defensiva, no lo ha conseguido, en suma,
el pasado, en una situación,¡¡ue ha podido ser muy diferente de más que quebrando las tentativas de su enemigo, más que
aquella que se trata de evaluar»58 • El método material permite parando sus golpes. No ha hecho más que consolidar su propia
también caer en el determinismo geográfico: La influencia de situación. No ha conquistado parte de su adversario»63 • En tie­
la geografía en las operaciones es un factor que no es constante rra y en mar, el principio es el mismo: «Si el resultado de la ofen­
a lo largo de los tiempos. Evoluciona con el tiempo, los artefactos siva es importante en cuanto a la real adquisición del objetivo,
y el progreso técnico»59, Castex pone estos principios en prác­ a la afirmación de la superioridad; sólo el resultado de la defen­
tica, transportando a 1930 una maniobra del pasado, en este caso siva, aunque no conquiste y sea conservador, es realmente vital.
la campaña del almirante Bruix en el Mediterráneo, en 1799, lo Antes de acabar con el enemigo es preciso no ser exterminado
que hace resaltar de manera evidente la transformación de los por él»64•
96 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 97

Pero esta evidencia no altera la primacía de la ofensiva en que da a la defensiva terrestre el medio de resistir y de suplir
el plan militar: «Si buscamos cómo se practica esta defensiva la inferioridad numérica..., el primer apoyo que la defensiva naval
. '!
teórica, comprobamos que conduce directamente a la ofensiva puede encontrar en el terreno está constituido por la costa amiga.
contra las escuadras enemigas, único medio de poder perjudi­ Es obligatorio retroceder hasta ella y establecerse al/{para tener
car al enemigo. Este género de defensiva es de orden polftico al adversario en jaque. En esta situación, la defensiva no puede
t." . : antes que militar»65 . Las operaciones no deben estar inspiradas contar más que con débiles resultados positivos. A bandona, en
1 más que por la idea de ofensiva. Si se exceptúa a Corbett, que (!jecto, más o menos, la mar a su enemigo. No puede amenazar
·r 1 1
.,t • 1
adopta una posición matizada66, todos los autores se inclinan seriamente sus intereses. No puede atacar más que deforma espo­
por admitir la superioridad de la ofensiva. Así, para Daveluy, rádica por medios de fortuna... Los resultados, en su acción
«la defensiva mar{tima, bajo cualquier forma que se presente, pasiva, no serán más brillantes. Refugiada en su costa y teniendo
no ofrece más que inconvenientes; puede uno verse obligado a prohibida toda operación seria en profundidad, la fuerza a la
sufrirla, pero no deseará buscarla. De un lado como de otro, se defensiva queda completamente impotente para proteger sus
llega a la ofensiva, es decir, a buscar al enemigo para comba­ comunicaciones, que serán totalmente interceptadas. Por lo
tirlo»61. Igualmente, opone Darrieus: «Quiero hablar de la menos sus costas no las garantiza por s{ misma. Lo que las garan­
ofensiva y de la defensiva. Con raras excepciones que no hacen tiza son otros medios de naturaleza pasiva o terrestre (baterfas
más que confirmar la regla, la primera es infinitamente supe­ fie costa, minas, obstrucciones, Ejército de Tierra...)»1º.
rior a la segunda»68•
Castex está de acuerdo con la opinión de sus predecesores: La defensiva no puede emplearse más que de forma «resi­
«La ofensiva es de carácter positivo, la defensiva es de carácter
dual»: «Cuando no se está en buenas condiciones para la ofen­
siva no queda más que la defensiva»11 .
negativo..., sólo la ofensiva puede conducir a la ruptura del equi­
librio definitivo, de donde resultará la victoria, porque la ofen­ La ofensiva no puede tener más que un fin: la conquista del
siva es la única que tiene el carácter transformador necesario. dominio del mar y, para ello, el empeño de la flota de superficie
La defensiva es impotente para provocar el cambio, porque tra­ es necesario: «Desde el punto de vista de los medios, la ofen­
baja, por el contrario, en mpntener el equilibrio, ya que no puede siva integral, la ofensiva que pretende un resultado decisivo exige
conducir a la victoria y hacer cesar el "statu qua" más que si imperiosamente la participación de la flota de superficie. Esta
va acompañada de una ofensiva ejecutada en otra parte. Pero participación no constituye, sin duda, una condición suficiente,
la superioridad de la ofensiva sobre la defensiva no se limita a pues la fuerza de superficie debe ser evidentemente apoyada por
estos rasgos genéricos y a esta diferencia de posibilidades. El que lafuerza submarina y lafuerza aérea, pero es una condición abso­
opera ofensivamente sabe lo que quiere. Es relativamente dueño lutamente necesaria»12 • La ofensiva llevada exclusivamente por
de sus movimientos, libre de elegir el punto en el que ejercerá medios submarinos o aéreos no puede por sí sola conducir a la
su esfuerzo y el instante en que lo desencadenará... As� vista en victoria. «Pues la verdadera ofensiva, la única que puede pro­
general, la ofensiva alcanza un rendimiento mejor que la ducir resultados completos, es la que se fija como fin la puesta
defensiva»69 . fuera de combate de la fuerza naval enemiga. Sólo acontecimien­
Esta exaltación de la ofensiva se explica por las característi­ tos como Bantry, Béveziers, La Hougue, Menorca, Les Cardi­
cas particulares del medio marino desfavorables a la defensiva: naux, A boukir, Trafalgar, Lissa, Santiago, Le Ya/u, Tsushima y
«Nadie puede arriesgarse a resistir a la larga contra fuerzas supe­ Jutlandia, incluso, sólo el bloqueo del débil por e/fuerte pudie­
riores, porque queda poco después privado del apoyo del terreno, ron ayudar a cambiar la suerte de las guerras, de las comunica-
98 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 99

..
ciones y de los territorios, y constituir una ofensiva naval que íntimamente ligadas: «La necesidad de la defensiva aparece
"
,' H merece esta denominación»73 • incluso en medio de concepciones inspiradas del más grande espl­
•1 Si no se tiene esta finalidad, la búsqueda del dominio del ritu ofensivo. Un plan ofensivo, en su conjunto, puede compor­
mar, y el medio concomitante, el empeño d� la fuerza de �upe�­ tar la defensiva en ciertas regiones. Hay que entrenarse para la
ficie' no hay ofensiva, sino solamente ofensivas. menores mscn- defensiva, pues a menos de una sobreabundancia de medios muy
tas en una estrategia fundamentalmente defensiva. Las «peque- rara, no es posible tener superioridad en el punto escogido más

ñas ofensivas parciales, limitadas, condicionadas (no son más que prevaricando en otro lugar, lo que obliga a la defensiva en
·1 1l que), superficiales operaciones de la defensiva... las contrao_fen ­ los sectores en cuestión. La maniobra estratégica y la economla
_ Dismi­_
•fl
sivas menores son. .. solamente de fortuna, operativas.
I�

de fuerzas, consecuencia de lo anterior, implican entonces la


nuyen la diferencia que existe entre la ofensiva y la defensiva, defensiva en algún sitio, y ésta, aunque la idea de maniobra sea
pero solamente en apariencia, en las farmas exteriores. Son pura resueltamente ofensiva»77 •
ilusión y nada más»74 • De la misma manera «la protección indirecta (lo que es ase­
Castex da la sensación de reproducir fielmente la tesis de

gurado a distancia por la fuerza naval) que es de carácter ofen­


Mahan, Darrieus y Daveluy sobre la superioridad de la ofen­ sivo porque reposa sobre la amenaza que la ofensiva supone para
siva. Como sus predecesores, no diferencia suficientemente, aun­ el enemigo y sus proyectos, no incluye la protección directa (pró­
que sí ve que la distinción exista, dos formas d e defensiva que xima), que no es otra que la defensiva de ciertos objetivos impor­
_ _
no tienen mucho que ver una con otra: la defensiva del que tiene tantes cuya captura o destrucción por el enemigo (convoyes o
el dominio del mar y sólo puede dedicarse a conservar su posi­ costas) tendrla un efecto desastroso»78 • Puede decirse que la
ción de dominio, y la del débil que tiene falta de medios y renun­ defensiva crea «la libertad de acción indispensable para la ofen­
cia a discutir el dominio del fuerte75 • Pero las Théories intro­ siva..., la defensiva representa seguridad. Y no se puede emprender
ducen in fine matices considerables, que de forma discreta, pero la ofensiva más que después de haber previsto la seguridad, es
clara, atempera esta primacía de ofensiva hasta el punto de que decir, las defensivas necesarias»79 •
no queda de ella gran cosa. Por otra parte, la relación de fuerzas hace que la ofensiva
En primer lugar, Caste,x repudia los excesos de la doctrina no siempre sea posible y que pueda uno verse forzado a adop­
francesa de antes de 1914, que no veía más que la ofensiva y rehu­ tar la defensiva: «En el caso más frecuente, cuando se produz­
saba oír hablar de defensiva: «Hay que tender constantemente can variaciones continuas de potencia, respecto al enemigo, podrá
hacia la ofensiva ... Pero al mismo tiempo, es preciso saber que pasar a la ofensiva en los perlados favorables y tendrá que
no se pasa a la ofensiva como se quiera y cuando se quiera, cie­ cerrarse en la defensiva cuando las circunstancias sean contra­
gamente, como doctrina ab�oluta, en todo tiempo y en todo lug�r,· rias. De donde, esta alternancia entre los dos modos de conduc­
y que esta ofensiva exige ciertas condiciones que pueden ser satis­
ción de las operaciones, que se constata a menudo en los gran­
fechas o no, según las circuntancias. Es preciso esperar a que des capitanes y que para ellos es el marchamo de la total maestrla
se produzcan tales casos favorables, o de lo contrario, el mejor
de su arte, y que lejos de considerar la ofensiva y la defensiva
medio de no quedar desamparado consiste en conocer la exis­ como excluyentes una y otra, las utilizan de modo complemen­
tencia de las condiciones adversas y no ignorar que en seme­ tario y las entremezclan y emplean según las circunstancias, de
jante situación, al menos, es posible tratar de hacer cualquier acuerdo con las caracterlsticas del momento considerado»8º.
cosa en espera de una opción mejor»76• Entonces, ¿qué queda de la superioridad de la ofensiva? Una
. Por otra parte, reconoce que la defensiva y la ofensiva están voluntad: «Es necesario tender constantemente hacia la ofen-
100 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

siva..., porque sólo la ofensiva puede llevar a resultados decisi­


vos»81 . Esto ya es mucho. Pero en la práctica, Castex no piensa
• 'I en ella como el único modo concebible de operar. La defensiva
encuentra sus derechos y se ve reconocida con la misma hono­
rabilidad que la ofensiva. Sustituyendo a la única ofensiva de
la ortodoxia mahanista, la pareja ofensiva-defensiva de Castex
abre vía a una estrategia bipolar que desemboca en el reconoci­
1-r
'f !
1,.\ miento de las dos categorías de guerra naval.

N OTAS AL CAP I T U LO SE G U N D O

l . La fórmula es de Raymond Aron. Las páginas siguientes tienen por objeto per­
mitir al lector situar a Castex sin volver al Castex le stratege inconnu, París, Econo­
mica, 1985, que es un estudio de conjunto sobre la vida y la obra de Castex.
2. Mélanges, pág. 323.
3 . Las más importantes son Les idées militaires de la marine du XVIII siecle, París,
Fournier, 1911 y La manoeuvre de la Praya, París, Fournier, 1913. De esta época igual­
mente data La liaison des armes sur mer, que permaneció incompleta, estuvo mucho
tiempo sin editar y ha sido publicada recientemente en los Fragments stratégiques, París,
Economica, 1987.
4. Théories, T. I, pág. 47.
5. Cf. Castex le stratege inconnu, cap. VII.
6. Castex ya es diplomado de Estado Mayor.
7. Cf. Stephen Roskill, Nava!_policy between the wars, T. I, Londres Collins. 1968.
8. Geoffrey Till, op. cit., pág. 50.
• 9. Esto señala con razón que Castex es el único nombre que emerge en el desierto
del pensamiento estratégico francés de 1919 a los sesenta años. Lucien Poirier, Des stra­
tégies nucléaires, Hachette, París, 1977, pág. 298.
10. El nombre de Castex no aparece ni en Paix et guerre entre les nations, donde
se menciona a Mahan et Spykman, ni en Penser la guerre. Clausewitz.
1 1 . Thomas H. Etzold, «Is Mahan still valid?», U.S. Naval Institute Proceedings,
agosto 1980, pág. 38.
12. Almirante Lepotier, prefacio a las Mélanges stratégiques, pág. 11.
13. Geoffrey Till, op. cit., pág. 50.
14. De la misma manera Corbett ha sufrido un verdadero ostracismo hasta los años
setenta. Entonces no se puede incriminar el único problema del lenguaje.
102 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTE NCIA MARITIMA 103

1 5 . Bemard Brodie, La guerre nucléaire, op. cit., pág. 10. 47. Comandante Z y Henri Montéchant, Essai de stratégie navale, París, Berger-
..
� ;' .f 16. Clark G. Reynolds, Command of the sea. The history and strategy of maritime Levrault, 1893, pág. 6.
empires, Nueva York, William Morrow, 1974, pág. 487. 48. Mélanges, págs. 297-298.
17. Geoffrey Till, op. cit., págs. 50-51 . 49. Théories, T. 1, pág. 52.
1 8 . Théories, T. 1, pág. 324. 50. Mélanges, pág. 291.
5 1 . Théories, T. 1, págs. 18-19.
19. Clark G. Reynolds, op. cit., pág. 484. Más exactamente no el único, pues Dave­ 52. Théories, T. 1, pág. 19.
luy había desarrollado la misma idea de modo mucho más audaz. Cf. supra, pág. 67. 53. Mélanges, pág. 296.
et Castex le stratege inconnu, cap. V.
,, 54. Théodore Ropp, op. cit., pág. 206.
20. Cf. Carl-Axel Gemzell, Organization, conflict and innovation: a study of Ger­
I'
man naval strategic planning 1888-1940, Lund, Scandinavian University Books, 1974,
55. Théories, T. 1, págs. 310 y 312.
,... ,,
página 255. Las ideas de Richmond experimentan una clara evolución desde mediados 56. Theories, T. 1, pág. 326.
de los años treinta. Cf. Barry Hunt, op. cit., pág. 220. 57. Théories, T. l, págs. 370-371.
21. Théories, T. !, pág. 372. 58. Théories, T. IV, pág. 297.
22. Théories, T. V, pág. 1 1 1 . 59. Théories, T. III, pág. 158.
60. Théories, T. 11, pág. 299.
23. Théories, T. 1, pág. 361.
61. Cf. Raymond Aron, op. cit., T. 1, pág. 236 Y ss.
24. Théories, T. 1, pág. 364. 62. René Daveluy, op. cit., pág. 53.
25. Théories, T. 1 (1937), pág. 422. 63. Théories, T. V, pág. 197.
26. A la cual se adhiere, igualmente, Richmond. Cf. Barry Hunt, op. cit., pág. 221. 64. Théories, T. V, pág. 96.
27. Almirante Castex, «La Russie et la mer», Revue Maritime, Julio 1954, pág. 854. 65. René Daveluy, Etude sur la stratégie navale, pág. 54.
28. Almirante Castex, «Apert¡:us sur la bombe atomique», Revue de Déjense Natio- 66. Julian S. Corbett, Sorne principies of maritime strategy, págs. 29-30 y 36-37.
nale, octubre 1945, pág. 467. 67. René Daveluy, Elude sur la stratégie navale, pág. 57.
29. Théories, T. 1, pág. 9. 68. Gabriel Darrieus, La guerre sur mer, pág. 207.
30. Theories, T. 1, pág. 11. 69. Théories, T. IV, pág. 103.
3 1 . Theories, T. III, págs. 432-433. 70. Théories, T. IV, pág. 105.
32. Théories, T. 1, pág. 88. 71. Théories, T. IV, pág. 137.
33. Théories, T. 111. 72. Théories, T. IV, pág. 117.
73. Théories, T. IV, pág. 113.
34. Es de señalar que esta preocupación se manifieste desde los primeros escritos
de Castex. Cf. Hervé Coutau-Bégarie. Castex le stratege inconnu, cap. I. 74. Théories, T. IV, pág. 164.
35. Théories, T. 111. pág. 129. � 75. El almirante alemán Edward Wegener es uno de los raros autores que ha visto
con claridad esta distinción en «Theory of naval strategy in the nuclear age», U.S. Naval
36. Théories, T. llI. pág. 128. Institute Proceedings, mayo 1972, pág. 109.
37. Suplemento «Terminología» en la página 58 del T. 111 de las Theories, Frag­ 76. Théories, T. IV, pág. 136.
ments stratégiques. 77. Théories, T. IV, pág. 137.
38. Michaei Howard, «The forgotten dimensions of strategy», Foreign Affairs, 78. Théories, T. IV, pág. 138.
verano, 1979. 79. Théories, T. IV, pág. 140.
39. Expuestos con gran claridad¡n: Almirante Castex, «Les liens des diverses stra­ 80. Théories, T. IV, pág . . 130.
tégies», Revue des questions de déjense nationale, junio 1939, vuelto a tratar en les Mélan­
81. Theorie s, T. IV, pág. 136.
ges stratégiques, págs. 15-42.

40. Theories, T. 1, págs. 58-59.


41. Théodore Ropp. «Les doctrines continentales de la puissance maritime», in
Edward Mead Earle, Les maitres de la stratégie, París, Berger-Levrault, 1982, pág. 205.
42. Mélanges, pág. 290.
43. Alfred T. Mahan. IJinfluence de la puissance maritime dans l'histoire, pág. 10.
44. Gabriel Darrieus, La guerre sur mer, pág. 275.
45. Barry Hunt, op. cit., pág. 236.
46. Mélanges, pág. 293.
. .

¡ l

;r 1
.. .

S EG U N DA PA RTE

ESTRATEG I A

LA G U E R RA E N E L M A R

',
T
'fl I •

INTRODUCCION
A L A SEGUNDA PARTE
(

¿Qué es el mar? Es un espacio con funciones múltiples. Puede


ser considerado como una frontera que marca el fin del espacio
terrestre, lugar de residencia habitual del hombre; como una
fuente de riqueza, es decir, durante siglos, como una reserva ina­
gotable de peces y, por fin, «como un camino que reúne, más
que separa, los continentes, las regiones más alejadas, las más
diversas»1 • Para Castex «esta es la verdadera concepción, la
única que permite darse cuenta exacta del papel del elemento
líquido en los asuntos humanos»2• De lo que resulta que «la
misión de las fuerzas navales no es otra que el dominio de las
comunicaciones susceptibles de suministrar todos los beneficios
·

que pueden esperarse de la mar»3•


Desde que Castex ha escrito estas líneas, la función del mar
como fuente de riquezas ha tomado una importancia creciente
con la explotación del petróleo off shore que suministra ya casi
la tercera parte de la producción total, y pronto con la explota­
ción de los nódulos polimetálicos (concreciones metalíferas que
108 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 109

recubren una parte de los fondos oceánicos) que debían sumi­ con el solo hecho de la ausencia o de la renuncia de sus posibles
nistrar a partir de los años noventa una parte importante de la competidores. Es evidente que pueden subsistir piratas o corsa­
producción de minerales raros, como el níquel, cromo y manga­ rios, pero ambos están en la situación de un prisionero evadido,
neso, permitiendo así a los consumidores librarse de la depen­ acosado sin descanso, por lo que no pueden contar con ningún
dencia de los países productores. Pero durante largo tiempo la recurso y están emplazados. En tanto en cuanto que sólo cau­
función esencial de la mar será servir de medio de comunica­ sen perjuicios soportables, subsisten, pues su exterminación nece­
ción. Esta función en ciertos momentos ha llegado a adquirir sitaría importantes medios y sería costosa. Pero si rebasan un
una especial relevancia en nuestra sociedad, hasta el punto de cierto umbral, el país que ostenta la potencia marítima empleará
que se habla a menudo de civilización de componente marítima. las fuerzas necesarias para su aniquilación.
Esta tendencia hacia lo marítimo es inexorable, afecta a todos Tal soberanía es evidentemente rara en la historia. El ejem­
los países, los del Oeste como los del Este, los del Norte como plo más claro está en el Mediterráneo antiguo, que llegó a ser
los del Sur. La crisis petrolífera no ha podido más que ralenti­ un lago romano durante varios siglos despues de la victoria en
zarla un momento sin llegar a frenarla4 • Actium (31 a. J. C.), hasta el punto de que la marina romana
El interés de los estados va a concentrarse sobre las líneas desapareció casi por completo. Bajo el Imperio no se constru­
de comunicación marítima, pues tal que como lo señala Cas­ yeron más trirremes y no había mas que libúrnicas<•>, navíos
tex, «el mar, desde el punto de vista de las comunicaciones, no ligeros que resultaban suficientes para asegurar la policía de los
es más que una superficie de interés idéntico en todos sus pun­ mares. Bizancio vuelve a tener una tal hegemonía, pero por poco
tos, y homogénea en cuanto a su importancia. Las vías maríti­ tiempo, con la reconquista del perímetro mediterraneo por Jus­
mas no estim igualmente distribuidas en toda su extensión»5 El tiniano en el siglo VI. En Extremo Oriente el Imperio Mongol
que domina las líneas de comunicación domina el mar. Este obtuvo la soberanía de todos los mares de China, a partir del
dominio puede adoptar dos formas que Castex no distingue, pero reinado de Kublai (1264-1294), y la conservará hasta comienzos
que Mahan había diferenciado, siendo a la primera absoluta, en del siglo XV, que alcanza su apogeo con los siete viajes de la
inglés sea supremacy, que puede traducirse por «soberanía de flota de Zheng-He hacia Insulindia, India, Adén y Zanzíbar. Uni­
los mares». Por ella, un país o una alianza controla totalmente camente los piratas constituían entonces un peligro, protegidos
las comunicaciones marítimas. Castex ha calificado esta situa­ en las guaridas que les ofrecían los miles de islas de Insulindia.
ción de utópica: «Para realizarla en todas partes, todas las flo­ Por el contrario, el fracaso de las tentativas de invasión del Japón
tas del mundo reunidas no serían suficientes. Además es pre­ en 1274 y 1281 (la segunda fue dispersada por una «providen­
ciso contar con los neutrales, que no se dejan fácilmente drspojar cial tempestad», kamikaze) no tiene consecuencias. Los japone­
de su derecho a circular. El teatro de operaciones marítimo, a ses no se aventuraban en alta mar, al revés de lo que una tenaz .
la inversa del terrestre, es, en efecto, un territorio constantemente leyenda ha querido hacer creer, dicendo que era un pueblo marino
recorrido por terceros extraños al conflicto... a pesar de una pree­ por excelencia. El Báltico llegará a ser en el siglo XVII un lago
minencia a veces aplastante, el dominador de las comunicacio­ sueco después de la desaparición de Polonia (Paz de Oliva en
nes jamás ha logrado impedir completamente a su enemigo el 1660) y de Rusia (Tratado de Kardis en 1661) hasta la llegada
aparecer en el agua. La historia suministra ejemplos de este hecho de Pedro el Grande. En el siglo XVI Portugal obtiene temporal-
y eso después de acontecimientos que parecían dar a uno de los
beligerantes un dominio total del mar»6 • Aunque esto es cierto, (a) Libúrnica es una antigua embarcación que fuera creada por los piratas de Liburnia
hay situaciones en las que un país obtiene la soberanía del mar (Dalmacia), cuya característica primordial era su ligereza (N. del T.)
1 10 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTE NCIA MARITIMA 111

mente la soberanía sobre la ruta de El Cabo. España trata en no podían amenazar seriamente el tráfico occidental. A partir
su momento de apoderarse del cetro, pero la trágica odisea de de 1955, la aparición de bombarderos con una radio de acción
la Armada Invencible señala el fracaso de esta tentativa. Es Ingla­ medio y submarinos oceánicos ha puesto fin a la soberanía marí­
terra la que va a aceptar el desafío beneficiándose de él. Selden tima del campo occidental, al que sólo le queda el dominio de
encuentra una traducción jurídica para estas pretensiones con los mares<b>.
su Mare clausum, escrito en 1618 y publicado únicamente en Este es por esencia «imperfecto y relativo. La palabra domi­
1 6467• Pero todavía es demasiado pronto. Los holandeses se nio parece un poco ambiciosa y puede uno preguntarse si no
defienden tanto doctrinalmente con el Mare liberum, de Gro­ sería más exacto hablar de cómo los ingleses de "control de comu­
tius, que afirma el principio de la libertad de navegación, como nicaciones': expresión que se aproxima más a la realidad, y que
concretamente con las escuadras de Tromp y Ruyter. A conti­ tiene la ventaja de englobar las comunicaciones neutrales con
nuación llegan los franceses, que bajo Luis XIV discuten la hege­ las reservas con que es preciso hablar con respecto a esto»9•
monía británica. Va a ser con las guerras de la Revolución y del Este control está limitado en el espacio -«jamás ha existido un
Imperio con las que Gran Bretaña llega al fin a ostentar la sobe­ control general de las comunicaciones, sólo ha habido contro­
ranía de los mares: Britannia rules the waves. A mitad de siglo, les locales sobre ciertas regiones más o menos numerosaS»10-
las siete flotas de la Royal Navy marcan la ley desde Jtést Indies y en el tiempo: «De manera que teniendo en cuenta su relativi­
(Caribe) al Mar de la China. Hacia los años 1880 nadie puede dad y sus imperfecciones, su costo local o de peaje, se pueden
poner en duda la superioridad británica. Pero entonces apare­ resumir las considerciones precedentes, diciendo que el domi­
cen competidores: Francia y Rusia renuevan sus marinas a par­ nio de los mares es el control de las comunicaciones marítimas
tir de los años 1880; Alemania, Estados' Unidos y Japón, desa­ esenciales»11• Este control permite tener el libre uso de la mar
rrollan las suyas a partir del siguiente decenio. La revista naval (cara positiva), pero también obliga a prohibirlo al adversario
en el Spithead, en 1897, con la jubilación de la reina Victoria, (cara negativa). Su relatividad todavía se encuentra acentuada
marca el canto del cisne de esta soberanía. por la aparición del submarino y-del avión. El dominio del mar
Después de que finalizara la Pax britannica, la multiplica­ se reduce desde ahora al dominio de la superficie.
ción de potencias marítimas y la aparición del submarino y del Mutilado de esta manera el dominio del mar, no es por ello
avión parecen haber condenado la idea de la soberanía de los menos capital, pues es por la superficie por donde transita la
mares. Sin embargo, tal situación se reproduce al acabar la casi totalidad de los intercambios a larga distancia. Bemard Bro­
Segunda Guerra mundial, esta vez en provecho de los Estados die ha argumentado para contestar a la relativización operada
Unidos y de sus aliados. «Hasta finales de los años cincuenta por Castex: «El dominio del mar ha estado normalmente some­
la U.S. Navy, con sus grandes flotas en servicio activo y su tido a tantas restricciones y limitaciones que ciertos escritores
inmensa reserva de navíos desarmados, ejerce un dominio naval modernos han renunciado a emplear este término; han prefe­
que no puede compararse más que con el de la Royal Navy en rido hablar solamente de ''control de comunicaciones': No hay
los años siguientes a Trafalgar8». otra objeción a esto que la de dejar una concepción útil para
La Pax americana ha sido posible por la ausencia de ene­ sustituirla por otra que si significa algo es exactamente lo mismo.
migo. Existe una flota soviética, pero hasta mitad de los años En tanto que se tiene en la cabeza bien fijo que el ''dominio del
cincuenta no constituye en absoluto ninguna amenaza, pues con
la desventaja de la geografía y su falta de entrenamiento, hasta (b) El «dominio de los mares» es la segunda forma de dominio marítimo que dis­
sus submarinos, quedaban próximos a la costa casi siempre, y tinguía Mahan (N. del T.)
112 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 113

mar" es siempre relativo y no significa más que una superficie la estrategia que combina maniobra y batalla merece el tüulo
manifiesta en el control de las comunicaciones marítimas, se de bipolar»16• Esta es la originalidad principal de Castex en
¡· relaci ón a Mahan y a sus sucesores inmediatos que sólo se fija­
puede perfectamente continuar utilizando un término que tiene
por sí antigüedad y una honorable tradicióm>12• Hoy día no ha ron en el polo de la batalla, mientras que aquel propone una
cambiado nada. La exigencia del dominio del mar tiene el peso estrategia bipolar. La innovación es capital; permite compren­
de siempre para los países que dependen de sus comunicaciones der mejor en toda su complejidad la guerra naval moderna, inte­
. (, marítimas. El problema de su adquisición y de su conservación grando en ella los profundos cambios introducidos por el sub­
• '
sigue siendo la cuestión central de la estrategia general. marino y el avión.
,,
Pero el cambio propuesto es incompleto. Castex no ha sabido,
'

. � Ha quedado ya dicho que Mahan había afirmado que el


dominio del mar no se podía obtener más que por la batalla. o no ha querido, librarse completamente de Ja lógica de Ja bata­
Los muy raros comentaristas de Castex han querido descubrir lla. Su dialéctica de la ofensiva y de Ja defensiva le impide situar
en las Théories una confirmación de este dogma de la batalla. ambas guerras en un plano de igualdad. Se priva así de ir hasta
A los propósitos ya citados de Geoffrey Till13 sirven de eco los el final en sus intenciones. Por ello es preciso completarlas y pro­
del Almirante Barjot: «Al almirante Castex, nuestro mejor his­ longarlas para comprender Ja estrategia naval actual.
toriador de la guerra naval, cabe el mérito de haber desarrollado
el principio prioritario de la destrucción de la fuerza naval del
enemigo»1\
Tales afi'rmaciones pueden apoyarse en citaciones de Castex
aparentemente desprovistas de ambigüedad. Pero si se siguen
leyendo las Théories hasta el final, se ve que acompaña la tesis
de la primacía de la batalla de serias reservas expresadas de
manera indirecta, pero sin embargo, perfectamente discernibles
y que tienden a vaciar el dogma de todo contenido.
El resultado de esta puesta, en duda de la ortodoxia de Mahan,
tanto a la luz de los trabajos' históricos de Corbett como de la
crítica material de la Joven Escuela, es la diferenciación de dos
formas de guerra naval: la guerra entre fuerzas navales y la gue­
rra por las comunicaciones. Estas dos formas no son contrapues­
tas, sino complementarias. Ambas pueden inscribirse en un plan
global de operaciones.
Castex traslada al mar la distinción efectuada por el histo­
riador, militar alemán Hans Delbruck, a partir de los dos géne­
ros de guerra distinguidos por Clausewitz en l'Avertissement, de
1 827, entre estrategia de aniquilación y estrategia de desgaste15,
la primera caracterizada por la batalla, y la segunda por la manio­
bra: « Una estrategia que aspira a la resolución casi exclusiva­
mente por la batalla, se orienta hacia un solo polo, mientras que
NOTAS A LA I NT R O D U C C I O N D E LA S EG U N DA PARTE

1 . Théories, T. 1, pág. 63.


2. ldem.
3. Théories, T. 1, pág. 74.
4. Cf. el artículo muy documentado de André Vigarié, «lJimpossible refus de l'hori-
z.on marin», Déjense nationale, Abril 1981.
5 . Théories, T. 1, pág. 75.
6. Théories, T. 1, pág. 100.
7. Al principio Selden no tenía miras tan grandiosas. Su objetivo simplemente era
proteger a los pescadores británicos de la competencia holandesa. Grotius, al contrario,
mantenía una postura ofensiva contra el monopolio portugués de las especias. Sólo des­
pués sus líneas respectivas han adquirido la significación que hoy día se les atribuye.
8. Bernard Brodie. A guide to naval strategy, 1958, pág. 232.
9. Théories, T. 1, págs. 101-102.
10. Théories, T. I, pág. 102.
l l . Théories, T. 1, pág. 103.
12. Bernard Brodie, La stratégie navale et son application daos la guerre, pág. 85.
13. Cf. supra, pág. 82.
14. Almirante Barjot, Vers la marine de l'iige atomique, París, Amiot-Dumont, 1955,
página 46.
15. Sobre las dos estrategias diferenciadas por Delbrück, cf. Raymond Aron, Pen­
ser la guerre. Clausewitz. París, Gallimard, 1976, T. 1, págs 122 y ss.
16. Raymond Aron, op. cit., pág. 122.
CAP I T U LO TERC ERO

LA G U E R RA E NTR E
r .
... .. FU E RZAS NAVALES

La guerra entre fuerzas navales es el «acto esencial» de la gue­


rra naval, la única forma susceptible de producir resultados deci­
sivos; su naturaleza es ofensiva «la que para merecer este nom­
bre debe, más que otras ofensivas, implicar la ofensiva de
superficie, es decir, la que empeña sin pensar en la retirada a
la fuerza de superficie contra su similar antagonista»1 • Pero
ésta también tiene una dimensión defensiva; la ofensiva sólo es
posible si se ha preparado la «seguridad». Por otra parte, la infe­
rioridad de uno de los adversarios puede condenarle a una estra­
tegia defensiva.

Dos casos son posibles: bien sea que haya una desigualdad
manifiesta entre ambos contendientes que provoque una gran
moderación en la parte más débil, que sólo puede temer un cho­
que frontal en el cual la superioridad de su enemigo sería aplas­
tante, por lo que recurrirá a estrategias alternativas, sistema de
la flota en potencia y ofensivas menores; bien sea que exista equi­
valencia desde el punto de vista material y psicológico (ninguno
de los dos teme al otro) y entonces hay guerra entre fuerzas nava­
les en el pleno sentido de la palabra, con espíritu verdaderamente
ofensivo por ambas partes, lo que debe conducir a la batalla.
118 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 119

FLOTA EN POT E N C I A Y O FENSIVAS M E N O R ES Oriente (de ahí el valor atribuido por Londres a su alianza con
el Japón, qtle no fue rota hasta los años veinte por presión de
El dominador del mar ve alzarse ante sí un competidor. Este los Estados Unidos) e igualmente, por fin, el Mediterráneo (de
quiere quitar la supremacía al que tiene la potencia y empieza ahí la liquidación del contencioso con Francia y el acuerdo naval
a constituir una flota. Puede tener la ambición de llegar lo antes de 1912). Por otra parte, como Gran Bretaña ya no podía asegu­
posible a un plano de igualdad con la potencia dominante para rar la defensa de sus dominios, éstos se encargan por sí mismos
terminar por suplantarla. Es el caso de Roma contra Cartago, de ella (en esta epoca fueron creadas las marinas canadienses,
Inglaterra contra Holanda en el siglo XVII, de la Francia de australiana, neozelandesa) lo que acentúa la relajación de los
Luis XIV contra Inglaterra, y hoy día pudiera ser el de la Unión lazos entre la metrópoli y éstos. Políticamente, la debilitación
Soviética contra los Estados Unidos. Entonces estamos ante la del adversario era tangible. El fundamento de su potencia, la
segunda hipótesis. Pero con mayor frecuencia, el intruso limita soberanía de los mares, se degrada rápidamente. Desde 1905
sus ambiciones al papel de un brillante segundo, idea que ha sis­ estaba claro que la era de la Pax Britannica había terminado.
tematizado el almirante Tirpitz a comienzos de este siglo bajo Pero la contrapartida era una declarada hostilidad de Gran Bre­
el nombre de teoría del riesgo (Risikogedanke): A falta de poder taña hacia Alemania que no podía asistir sin reaccionar a esta
rivalizar plenamente con el dominador del mar, precisa cons­ labor de zapa contra su potencia marítima.
truir una flota suficientemente fuerte para que su destrucción El error de Guillermo II y de Tirpitz ha sido el no guardar
sea de un costo tal para éste que no pueda obtenerla sin dejar la mesura necesaria, a diferencia de los franceses,_ que habían
en ello una parte sustancial de sus fuerzas. Así perdería el domi­ tenido siempre cuidado de no sobrepasar el umbral·a partir del
nio del mar ante la aparición de otros competidores, inevitable­ cual Inglaterra consideraba su marina como una amenaza into­
mente tentados de aprovecharse de su debilidad. Ante un tal lerable. En el siglo XVIII, Choiseul había fijado como límite
riesgo, estará propicio para hacer concesiones. Una tal concep­ a la flota francesa los dos tercios de la Royal Navy; bajo el
ción es lo que inspira los esfuerzos franceses del siglo XVIII Segundo Imperio la botadura en 1859 de la Gloir�� proto�iP?
y del Segundo Imperio ante lnglaterra2; la tentativa de la Ale­ de acorazado moderno y el anuncio de la construcc10n de d1ec1-
mania wilhelmiana siempr� frente a Inglaterra a comienzos de séis acorazados que habrían dado a la marina francesa una ven­
este siglo3 y se la encuentra hoy defendida por James Cable taja técnica considerable sobre su rival,. fueron el origen. de �na
para justificar la existencia' de la Royal Navy frente a la flota respuesta británica (con el Warrior, pnmer acorazado mgles Y
soviética4• un enorme programa de fortificaciones costeras) que amenazaba
Esta teoría del riesgo a menudo mal comprendida ha sido en degenerar en una carrera de armamentos. Sagazmente el
ridiculizada y la derrota alemana de 1918 ha parecido demos­ Gobierno imperial dio marha atrás ante esta perspectiva y ralen­
trar su fracaso. Sin embarg o, en principio no es tonta. Las leyes tizó su programa de acorazados provocando una progresiva caída
navales de 1898 y 1900 habían permitido a Alemania crear una de la tensión. Alemania, por el contrario, ha practicado una polí­
flota en el momento en que se desarrollaban dos potencias navales tica de construcción naval agresiva, cuyo objetivo a largo plazo
fuera de Europa: los Estados Unidos y el Japón. Obligada a con­ era igualar a la Royal Navy. Este desafío reposaba sobre dos
centrar lo esencial de sus medios en la metrópoli para hacer frente supuestos: uno, que no sería percibido durante un cierto tiempo
a estos intrusos, la Royal Navy no podía estar presente en el como dirigido contra Gran Bretaña, y en segundo lugar, que ésta
mundo entero, y abandona en principio las islas del Caribe y no osaría abanonar sus bases lejanas, especialmente en el Medi­
el hemisferio occidental a los Estados Unidos; después el Extremo terráne<:>, llave de su imperio marítimo, para realizar un nuevo
120 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 121

despliegue de la Royal Navy en el mar del Norte. Se ve ense­ mente toda ofensiva le está prohibida, sino que para ella este
guida que estos dos postulados caen por su base. El primero resul­ juego podría convertirse en una catástrofe. No tiene ningún apoyo
taba totalmente insostenible, pues Tirpitz no podía hacer acep­ que esperar del terreno... y todo combate en retirada tomará ense­
tar su programa por la opinión más que mostrando un adversario guida un aspecto desastroso. Desde el punto de vista estratégico,
marítimo, y Gran Bretaña era la única que podía cumplir este las perspectivas no son más esperanzadoras»7 • La estrategia
papel, y por ello surgen las campañas anglófobas de la prensa alemana en 1914 ilustra perfectamente esta actitud; desde el 6
pangermanista que no podían menos que alarmar a los británi­ de agosto, tres días después de la ruptura de las hostilidades,
cos. La futilidad del segundo principio ha sido puesta de mani­ una orden imperial prohibe a la flota de alta mar librar bata­
fiesto por el almirante Levetzow, casi tan pronto como fueron llas; el objetivo primordial debía ser conservar la marina como
votadas las leyes navales de 1 898 y 1900, por las que los elemen­ baza en las negociaciones de paz. Estas prescripciones se refuer­
tos principales de la potencia marítima británica se situaban en zan todavía más después del combate de Heligoland (28 de
aguas europeas. Una batalla perdida en los mares australes no agosto), en el curso del cual una división de cruceros ligeros se
sería nunca fatal, mientras que una derrota en el canal de la Man­ hace aniquilar por los cruceros de batalla británicos. El más débil
cha significaría su perdición5• está de hecho condenado a recurrir a la guerra de las comunica­
Gran Bretaña sólo podía sentir este desafío como un aten­ ciones, a una estrategia defensiva para su fuerza naval. Esta defen­
tado a sus más vitales intereses. Mackinder lo había percibido siva puede ser pasiva o activa.
muy bien: la construcción por Alemania de una flota de pri­ La defensiva pasiva parte de una idea simple: más vale flota
mera fila «significaba que la nación que poseía ya el mayor ejer­ inactiva en puerto que una flota hundida por haber querido mos­
cito terrestre y que ocupaba una posición estratégica central en trarse activa. El almirante inglés Herbert, nombrado a continua­
Europa, estaba a punto de unir a esto una fuerza naval capaz ción de Lord Torrington, fue el primero en defender esta tesis
de neutralizar la potencia marítima británica»6• En lugar de para justificar su vergonzosa pasividad durante la batalla de Beve­
hacer concesiones, Londres liquidó sus antagonismos tradicio­ ziers (1690), en la que había dejado a sus aliados holandeses,
nales (Francia y Rusia) que pasaban a un segundo plano, para que fueron vapuleados por Tourville. Salvando sus barcos afir­
volver todas sus fuerzas contra un intruso de tan voraz apetito. maba que había preservado el porvenir. Es la misma actitud que
La salida lógica ha sido l á guerra. La estrategia del riesgo se adopta durante la guerra de la Independencia americana el almi­
vuelve entonces contra su áutor, es evidente. Tal como lo había rante Hardy, «comandante de la flota inglesa, encargada de impe­
previsto, Gran Bretaña se suicidaba, en tanto que potencia marí­ dir el desembarco en Inglaterra. A sus subordinados, que le repro­
tima dominante, y debía aceptar después de 1918 la paridad naval chan su pereza y no osar atacar al ejército combinado, superior
con los Estados Unidos, Aero la potencia alemana no obtenía en número, responde que no solamente Juzga más útil rehusar
este resultado más que al precio de su propia destrucción. el combate, sino que si sus instrucciones se lo hubieran autori­
Entonces, si la baladronada fracasa y la guerra estalla, ¿cuál zado, habría dejado la flota en Portsmouth. Quiere mejor utili­
puede ser la estrategia del débil en la guerra entre fuerzas nava­ zarla como una amenaza que correr el riesgo de verla destruida
les? Consciente de su inferioridad, no osa adoptar una activi­ por vanagloria»8 • A finales del siglo XIX el almirante Colomb
dad ofensiva; la batalla se parecerá para él a una partida de poker toma esta idea y trata de sistematizarla bajo el nombre de teoría
en la que tiene las máximas probabilidades de perder; su inicia­ de la flota en potencia (fleet in being). Sosteniendo que una flota
tiva es insuficiente: «La fuerza de superficie, bastante inferior, por su sola existencia perturba los planes de su adversario, a pesar
nada tiene que hacer desde el punto de vista táctico, no sola- de todo dueño del mar, Colomb ha desencadenado una contro-
122 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 123

versia de una intensidad asombrosa, y que todavía no ha sido brio de fuerzas cuando la guerra no se limita a un solo teatro
resuelta por todo el mundo. Una lectura un poco mecánica de de operaciones. Bernard Brodie lo ha observado muy bien: «en
Mahan, ha llevado a sus sucesores a calificar la idea de «qui­ una guerra que afecte a todo el globo una flota inferior, incluso
mera»9. Castex se adhiere a este j uicio: «el error de la doctrina totalmente · inactiva, puede afectar considerablemente las ope­
integral de la flota en potencia ha consistido en llegar a creer raciones en otras partes del mundo, reteniendo (o por emplear
que la simple existencia de una tal flota (inmovilizada en sus un término más militar, conteniendo) un número considerable
puertos), es suficiente para producir efectos incluso en el caso de navíos enemigos que habrían podido ser más necesarios en
de que esté casi destruida, y que de esto resulta obliga-toriamente otras partes»12•
la paralización entera de un adversario superior en número y Castex entiende por flota en potencia una defensiva pura­
dueño del mar. Esta expresión sonora y hueca que llegó en cier­ mente pasiva, que no pretenda maniobrar, mientrs que Colomb,
tas épocas a estar en boca de todo el mundo, ha creado una peli­ Corbett, Ruge y todos los partidarios de la teoría subrayan que
grosa ilusión. Por el contrario, jamás ha conmovido a aquellos la flota en potencia no debe permanecer inactiva, sino dar prue­
que estaban decididos a actuar a pesar de la flota en potencia, bas de agresividad si se quieren obtener resultados. El mismo
Y que además de tener los medios sabían servirse de ellos»10• Mahan no dice otras cosas cuando escribe que una flota infe­
Después de esto se podría creer la cuestión zanjada. Sin embargo, rior, pero muy móvil y activa, puede molestar considerablemente
la teoría de la flota en potencia ha mantenido partidarios espe­ a su adversario13• Entonces todo el mundo coincide en la idea
cialmente en Alemania. En los años 1960 el almirante Ruge ha de una defensiva activa.
reafirmado su validez11 • Esta persistencia de la controversia es La defensiva activa puede resumirse en una formulación
perfectamente inútil, pues no es más que una malinterpretación defensiva estratégica y ofensivas tácticas. Condenado por su infe­
de términos. rioridad a la defensiva, el más débil hostigará a su enemigo. No
La crítica de Castex es justa, pero en ella se refiere a la for­ puede aniquilarlo, va a practicar contra él una estrategia de des­
mulación más extrema de la teoría. Si en lugar de decir «la sim­ gaste a base de movilidad por contraofensivas limitadas. «La
ple existencia de una flota debe producir efectos en el adversa­ contraofensiva se lanzará sobre las fracciones de lafuerza naval
rio», lo que es excesivo, dtcimos «la simple existencia de una enemiga que puedan ser sorprendidas o, en su defecto, sobre las
flota puede producir efectos en el adversario», la proposición comunicaciones y las costas... Probablemente, por su efecto, esta
resulta aceptable. Esto se explica muy bien, pues la flota más acción tendrá que obligar al enemigo a buscar la forma de pro­
inactiva puede en cualquier momento activarse y convertirse en teger todo y, por consiguiente, a dispersar sus medios. Se habrá
una amenaza para el tráfico adversario. El anuncio de la salida obtenido así un resultado de gran valor: el entorpecimiento del
del crucero de batalla láwo¡1z (ex alemán Goeben que había con­ dispositivo contrario, la división de sus fuerzas, la inmoviliza­
seguido Turquía en 1914) había hecho cundir el panico en todo ción y la fijación de algunas de ellas y, en consecuencia, puede
el Mediterráneo Oriental en 1918, de la misma manera que la ser que se empiecen a producir algunas ocasiones favorables para
posibilidad de una salida del acorazado alemán Tirpitz, camu­ maniobrar contra su fuerza naval, que se explotarán enseguida
flado entre 1942 y 1944 en un fiordo noruego, obsesionaba al por el contraataque»14• Este será el plan del almirante Scheer,
almirantazgo británico, encargado de asegurar la protección de comandante de la Hochseeflotte (flota de alta mar) alemana.
los convoyes de Mourmansk. Incluso si la probabilidad es débil Los «raids» de sus cruceros habían llevado a una dispersión de
la prudencia exige tomar seguridades contra una tal eventuali� medios británicos, desde las Oreadas al estuario del Támesis. La
dad, lo que no deja de tener repercusiones sensibles en el equili- Grand fleet del almirante Jellicoe, con base en Scapa Flow, en
124 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 125

las Oreadas, había sido privada de sus cruceros de batalla y de «Nada de maniobra sin batalla al final, inmediata o diferida.
. ..
dos escuadras de acorazados; Scheer emprende la explotación Toda maniobra que no respeta esta obligación es vana y sin inte­
1 J
de esta dispersión con más energía que sus predecesores. Un bom­ rés. La guerra no es un pretexto para no hacer más que moverse.
bardeo de la costa británica debe provocar la salida de una frac­ Exige el acto de fuerza. »17
ción de la flota enemiga que los ejecutores del «raid» atraerán
al contacto con la Hochseeflotte, que había salido al completo
y que podría así destruir algunas grandes unidades británicas 1. De la historia a la teoría
y regresar � sus puertos antes de la intervención de la Grandfleet.
Si tenía éxito la operación sería repetida hasta que llegara a una ¿Cuándo ha llegado a ser la batalla decisi; a el punto ce� tral
igualación de fuerzas que permitiera afrontar la batalla. De de la estrategia naval? Al revés de lo que podna creerse, esta idea
hecho, el servicio de inteligencia británico había detectado la no se ha impuesto de un modo natural, sino después de un pro­
salida de la Hochseeflotte; la maniobra desencadenada por Scheer ceso largo y difícil del cual la primera generación de estrategias
el 31 de mayo de 1916 terminó con el encuentro de las dos flotas navales, a fines del siglo XIX no ha querido fijarse más que en
en el mar de Jutlandia, «batalla que Scheer no desea, por lo que el resultado y considerarlo como el estado perfecto.
todo su plan se encamina a tratar de evitarla»15• Tiene éxito al En la época de las galeras las batallas son muy raras y no
tratar de sacar sus navíos de este avispero; gracias a los errores se traducen en destrucciones masivas. « Una batalla de aniqui­
de Jellicoe y al entrenamiento superior de los marinos alema­ lación como Lepanto, donde 240 galeras turcas son destruidas,
nes que disparan con precisión (mientras que los artilleros bri­ es una excepción que ha ocultado durante mucho tiempo la natu­
tánicos tiran muy mal), y son capaces de efectuar bajo el fuego raleza real de la guerra de galeras»18• La galera, instrumento
enemigo la célebre «media vuelta a estribor» para escapar de frágil incapaz de aventurarse sin peligro en alta mar, lejos de s� s
la trampa británica al final de la batalla. Castex emite un bené­ bases o durante la mala estación, no permitía obtener el domi­
volo juicio sobre la maniobra intentada por Scheer, que era dema­ nio de los mares.
siado frágil y aleatoria, por su escasa seguridad y porque se efec­ Es en el siglo XVII cuando verdaderamente aparecen las gran-
tuaba en un ámbito geográfico francamente desfavorable. Por des batallas navales de la época moderna. El arma no es la galera,
ello no consigue ningún resultado positivo. Unicamente permi­ sino el navío barco de guerra de varios puentes capaz de afron­
tió a los alemanes evitar «llI deprimente inactividad y la parali­ tar las agua ; difíciles del océano; con numerosos cañones dis­
zación absoluta»16• La utilización de la fuerza naval en esta puestos a lo largo de sus flancos en dos o tres puentes, que des­
contraofensiva limitada no produce los efectos previstos, corro­ califica sin problemas a las frágiles galeras, y así se verá a un
borando así la regla que ind,ica que sólo la batalla decisiva puede navío francés, Le Bon, resistir victoriosamente el asalto de 30
cambiar la relación de fuerzas. galeras españolas. Pero esta obra maestra de la arquitectura na��l
no p ermitirá más que excepcionalmente obtener batallas decisi­
vas. Muchas razones explican este fenómeno.
LA BATALLA En primer lugar, es un navío prácticamente imposible de h� n­
dir; los cascos de madera encastrada resisten el golpe de vanos
Entonces, si se desean obtener resultados decisivos, se llega centenares de balas macizas sin desarmarse. En la batalla de las
a la única maniobra digna de este nombre, la maniobra verda­ Dunas el navío almirante español recibe 1.700 impactos, lo que
deramente ofensiva que en lugar de temer la batalla la busca: no le impide continuar a flote. Durante la guerra de la Indepen-
126 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 127

dencia americana en el curso de múltiples batallas que se desa­ rra consiste en obtener la victoria sin librar batalla, por retirada
rrollan en las costas francesas, americanas, del Caribe y de las del adversario.
Indias; la Royal Navy no pierde más que un solo navío desam­ Tourville es un buen ejemplo de este rechazo de la batalla.
parado en el curso de la batalla de la Chesapeake, que c9ntinua Maniobrero y táctico sin igual, es también un espíritu timorato
flotando y no es hundido más que después de algunos días, por­ que tiene horror de los encuentros aventurados. Su obra maes­
qu� no puede ser reparado. Se puede capturar un navío, pero tra es la campaña en alta mar de 1691, en el curso de la cual
casi no se le puede hundir más que mediante brulotes (navío se hizo a la mar durante cincuenta días, evitando constantemente
incendiado que se dirige sobre él). Pero la maniobra de un bru­ al enemigo. La hazaña es notable, pero durante ese tiempo la
lote es siempre delicada y no se recurre frecuentemente a ella. flota no ha logrado ningún resultado. Si es forzado a la batalla
Por otra parte la construcción de un navío no precisa más que por órdenes de Versalles, Tourville busca por todos los medios
de algunos meses, de manera que los efectos de una victoria a minimizar los riesgos y se atiene al esquema de una línea rígida:
menudo son anulados con rapidez. En el año que sigue al desastre el Traité de Tactique, escrito bajo su inspiración por su cape­
de La Hougue (1692), Francia alinea una flota tan potente como llán, el padre Hoste, «impone el combate en línea a sotavento,
antes de esta derrota, cuyos efectos tanto materiales como morales descarta los bruletes y el abordaje y desaconseja incluso la rup­
han sido sobreestimados por la historiografía tradicional, hoy tura o el desbordamiento de la línea enemiga»20• En el siglo
sometida a revisión 1 9• XVIII todavía es peor, la ordenanza del 25 de marzo de 1765
A estas razones materiales se une un factor táctico proba­ disuade a los capitanes que pudieran pretender romper la línea
blemente determinante: La línea de batalla se impone. Los navíos bajo la pena de ir a un consej o de guerra. En estas condiciones
se siguen a medio cable<•J uno de otro. Se apoyan mutuamente las batallas acaban casi siempre con resultado nulo, lo que jus­
y dejan la zona de tiro bien despejada. El Duque de York intro­ tifica la sarcástica ocurrencia del ministro Maurepas: «Señores,
duce la línea en la Royal Navy a mediados del siglo XVII. Su ¿saben ustedes qué es una batalla naval? Se encuentran, se caño­
adversario holandés Ruyter, no se deja someter por este bello nean y la mar no pierde su sa/»21 •
despliegue y maniobra para concentrar sus fuerzas sobre el punto Una triple evolución va a permitir salir de esta situación: evo­
débil de la flota enemiga. fero después la fórmula triunfa, y de lución táctica en primer lugar, con el abandono progresivo de
ello resulta una esclerosis profunda de la táctica naval. Los adver­ la paralizante formación de la línea. Castex atribuye el mérito
sarios se sitúan en dos filas paralelas y se cañonean hasta que de ello poco más o menos en exclusiva a Suffren, que con Ruy­
uno de los dos, fatigado, abandona la partida. Poca maniobra ter y Nelson están situados en la cumbre del arte naval. El bai­
durante la batalla y nada de persecución posterior. lli<bl había «inaugurado el principio de articulación» y atacado
Y por último, un factoi; bastante menos conocido, en el siglo «por concentración de esfuerzos», practicando así la economía
XVII la batalla no tiene buena prensa. Al estilo de Condé, de fuerzas22• La devoción de Castex es un poco excesiva. Antes
logrando la victoria a precio de sangre, sobre todo al fin de su que Suffren, Hawke había practicado esta ruptura de la línea
carrera (apodado el «carnicero de Seneffe»), se prefiere el de en la batalla de los Cardenales (1759) y la Tactique navale, de
Turena, hecho de marchas y contramarchas inteligentes (tan inte­ Bigot de Morogues, aparecida en 1763, la preconizaba aunque
ligentes que a su muerte en Salzbach, sus lugartenientes son inca­ de manera demasiado prudente. La idea estaba en el aire en el
paces de continuar la maniobra). La cumbre del arte de la gue-
(b) Comendador de la Orden de Malta, título con el que se denomina a Suffren
(a) 60 brazas, alrededor de 100 metros. (N. del T.) generalmente. (N. del T.)
128 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 129

momento de la guerra de la Independencia de América, y ya en Participan de su moral y de sus pasiones políticas. » La época
sus instrucciones a sus capitanes, De Grasse manifiesta explíci­
p j• de la guerra limitada había acabado: «En ambas partes ( F�a�­
•.
tamente su intención de romper la línea enemiga. Por otra parte, cia e Inglaterra) se luchaba por la existencia y por un dommw
las combinaciones de Suffren han fracasado muy a menudo, obte­
que diera prestigio... por ello las formas g�neraü? de hacer . la
niendo en el mejor de los casos pequeños éxitos. Castex incri­ guerra van a cambiar. En primer lugar, estan �as ideas de _lu �ha
mina la incapacidad de los oficiales del «bailfi»Cbl, pero a él no
a ultranza y de ofensiva encarnizada». El 0�10 ha constlt�1do
le reprocha que no explota la ventaja inicial que ha adquirido, la motivación fundamental para los combatientes, y con el, el
privándose así de obtener con su batalla resultados decisivos23 • deseo de destrucción del adversario. El nuevo ardor «lleva a una
En la historia de la táctica naval, Ja victoria de Rodney en los intensa utilización de las armas, y a la resurrección de muchas
Santos<c> es sin duda mucho más importante, pues desemboca de ellas que habían desaparecido en la indiferencia Y �� olvido.
en una victoria total (seis navíos apresados). Pero esta manio­ Los bruletes que se consideraban antes de la revolucwn como
bra del almirante británico no es más que la explotación de una "instrumentos de otros tiempos" vuelven a escena y recaban con
circunstancia favorable. Howe, en la batalla del Glorious First fuerza la atención técnica; el abordaje, que lleg_ó a ser de raro
June (1794), será el primero en romper Ja línea con éxito en fun­ uso va a ser frecuentemente empleado, preconizado, alabado;
ción de un plan preestablecido. fas fragatas, que corrían el riesgo de olvidar que tenían caño­
La segunda evolución es la de Jos armamentos. La batalla nes' vuelven a batirse de nuevo... »24•
no podía apenas producir efectos decisivos mientras que los Las guerras de la Revolución y del Imperio van a ver a l�
navíos fueran como fortalezas poco menos que imposibles de
hundir. Los progresos técnicos, limitados pero de grandes efec­
Royal Navy alcanzar el do minio perfecto de los nuevos pr?�ed1-
mientos de combate que permiten obtener resultados dec1s1vos:
tos, van a cambiar las cosas. Los proyectiles empiezan a ser más
pesados; no se pretenderá desarbolar «a la francesa» para inmo­
«la victoria de Howe en la época del Glorious First June25 se
vilizar al adversario antes de emprender (raramente) el abordaje.
traduce en la captura o destrucción de siete barcos de línea fran­
Se dispara al casco «a Ja inglesa» para hundirlo, mientras que
ceses, mas el importante convoy de grano que e�coltab�n escapa
a fas patrullas británicas; la división de Jerv1s do!'1m.a a una
las carronadas<d> debastan,el puente y diezmaban la tripulación.
La tercera evolución es sobre todo política. Este último fac­
fuerza ampliamente superior a lo larg_o del ca�o San Vicente en
tor es probablemente decisivo. Se ha culminado esta transfor­
febrero de 1797, y captura cuatro navws enemigos. en un memo­
mación de Ja guerra naval gracias al profundo cambio global
rable combate por la ruptura de la línea adversana lograda por
suscitado por la Revolución Francesa. El vínculo entre los dos
Ne/son. En octubre del mismo año, la flota de Duncan captura
al menos once navíos en la ruda batalla de Camperdown; en
fenómenos ha sido perfectamente analizado por Castex en una
obra que quedó inacabada y estuvo largo tiempo inédita, La liai­
agosto de 1798, Ne/son empaña �a aventura . egipcia de Napo­
son des armes sur mer: «Las causas de estos cambios profun­
león con la célebre batalla del Nilo (Abouktr para los france­
ses), en el curso de la cual sólo dos de trece barcos f�an_ceses
dos eran independientes de los medios. Atañen al hombre mismo. consiguieron escapar, y la destrucción o la captura de d1ecwcho
navíos de /aflota combinada franco-española en la �atal�a naval
(c) Grupo de islotes fortificados en Las Antillas francesas y nombre de la batalla de Trafalgar, probablemente la más celebre de. l� hist?�'ª� el 21
de octubre de 1805, es tan decisiva que el dommw ��1tamco �el
entre la flota francesa del comandante De Grasse y el almirante inglés Rodney, en 1782.
(N. del T.)
( d) Carro nada: Cañón corto de artillería de marina cuya cureña iba montada sobre mar ya no será seriamente amenazado por una accwn enemiga
correderas. (N. del T.)
durante el resto de la guerra»26•
130 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 131

Sin poseer un genio táctico excepcional, pero dotado de una piedra angular sobre la que construimos nuestras posibles accio­
.
i j ..
energía poco común que le impulsaba a buscar la destrucción nes»29 . Todo debe quedar subordinado a este objetivo: «Aban­
completa de su enemigo, Nelson recoge los frutos y la gloria de donaremos durante algún tiempo, hasta que hayamos conseguido
esta evolución. Realiza en el mar lo que Napoleón hace en tie­ una importante reducción de la fuerza naval enemiga, todas las
rra: la guerra de aniquilación. demás preocupaciones. Ante esta batalla tan deseada y que debe
Notemos, sin embargo, que todavía falta en Nelson un ele­ ser resolutiva; nos empeñaremos especialmente en la defensa de
.� e, mento capital que, por el contrario, Napoleón explota a fondo: nuestras costas y nuestras comunicaciones... igualmente ante el
·r '1.' : la persecución. La campaña de 1806 es el más claro ejemplo de cumplimiento de este primer acto capital que buscamos, la ani­
..
persecución implacable de un enemigo vencido hasta su com­ quilación del enemigo flotante, nos guardaremos bien de lan­
pleta destrucción. Después de Aboukir, « Villeneuve puede esca­ zarnos a empresas que tienen por objeto sus costas o su comer­
par tranquilamente»; Nelson ordena volver al Theseus y al Zea­
, cio. Sobre todo no más objetivos geográficos... se atenderá a todo
lous, que se habían lanzado en su persecución. Después de esto cuando se haya terminado con la fuerza nava/»30•
Trafalgar «los ingleses se limitan a conducir sus navíos averia­ Esta doctrina también puede anunciarse bajo forma de prin­
dos a Gibraltar y a reemprender el bloqueo de Cádiz». Sólo más cipios. En su base hay dos. El primero, evidentemente, el de la
tarde, en Tsushima (1905), es cuando la batalla será seguida por ofensivd0l; el ataque no es la mejor de las defensas, es la única
una fase de persecución. Castex atribuye este desfase entre la defensa. A continuación el de la maniobra: «maniobrar es
estrategia terrestre y la estrategia naval al hecho de que en una moverse inteligentemente para crear una situación favorable»31 •
batalla naval todas las unidades están empeñadas y no hay nin­ La maniobra debe fijarse un objetivo principal y no dejarse des­
guna de reserva. Pues la persecución es difícil de realizar con lumbrar por objetivos secundarios. El objetivo principal será la
navíos averiados. Pero la explicación es insuficiente. Castex fuerza naval del enemigo, a menos que existan servidumbres que
'

mismo nota que después de Aboukir los navíos de Nelson esta­ impongan la elección de un teatro principal, en cuyo caso el obje­
ban poco averiados27• Esto es una ilustración suplementaria del tivo será la fuerza naval del teatro principal. De estos principios
retraso de la guerra naval en relación a la guerra terrestre. se derivan otros; no hay que dejar al adversario la iniciativa de
Clausewitz va a teorizar Jas enseñanzas de Napoleón y Mahan las operaciones, y es preciso practicar la economía de fuerzas.
las de Nelson: «Úl parte principal de la obra de Mahan ha con­ La masa principal (parte de la fuerza naval que persigue el obje­
sistido en poner de relieve 'el papel preponderante de la fuerza tivo principal) debe recibir el máximo de medios, que deben
naval,· es decir, de la flota, e indicar como objetivo principal de cooperar estrechamente cualquiera que sea su categoría (barcos
las operaciones marítimas la destrucción de la flota enemiga aun­ pesados, ligeros, aviones ...) en virtud del principio de coordina­
que despues de esto sigue e(l urgencia e importancia la conquista ción de esfuerzos. Las fuerzas secundarias no conservan más que
de territorios y el ataque al comercio»28• La ortodoxia maha­ el mínimo indispensable de medios para el cumplimiento de su
nista triunfa en todos los países. En Francia, Darrieus, Daveluy misión, suficiente siempre para que no sean barridas, lo que pon-'
y el mismo Castex, en sus obras de juventud, la reproducen tan dría en peligro la seguridad de la masa principal.
bien que en 1914, en vísperas del primer conflicto mundial, viene La doctrina así establecida parece definitiva. Mahan y sus
a ser una doctrina naval sólidamente constituida y poco más o sucesores lo han tenido por tal. Castex es de un parecer contra­
menos que universal. Castex la presenta así: «Llegamos así, por rio: «Si los doctrinarios (de la batalla) han basado indiscutible-
la interpretación de la historia, a una doctrina en la que los con­
ceptos de fuerza naval y de batalla constituyen la clave, son la (e) Este subrayado y los siguientes de este epígrafe son del autor. (N. del T.)
LA POTENCIA MARITIMA 133
132 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

mente sus opiniones sobre la realidad, ¿han tenido en cuenta de batalla terrestre). Igualmente, «el llamado objetivo geográ­
i i ... "toda la realidad"? ¿no han caído en una excesiva simplifica­ fico, es decir, el objetivo territorial previsto con anterioridad a
,: ción a fuerza de esquematizar un conjunto extremadamente com­ la puesta fuera de combate de la fuerza naval, puede ser admi­
plejo... ? En fin, de todas maneras, ¿no es preciso poner al día tido en ciertas circunstancias bien determinadas. En primer lugar,
!.
el sistema incorporándole las novedades de nuestra época... ? Esta­ cuando tenga por finalidad, precisamente, facilitar las operacio­
mos obligados a realizar un trabajo de puesta a punto de la pri­ nes de esta fuerza ... tal es, por ejemplo, la conquista de una base
mera concepción»32 . indispensable a la fuerza móvil, o bien la ocupación de una base
necesaria a la fuerza enemiga... Para atraerse a la fuerza naval
hacia sí e imponerla el combate, se podría emprender antes del
2. La crítica castexia n a encuentro ataques sobre ciertos puntos sensibles de su litoral...
En segundo lugar, el objetivo geográfico puede ser prioritario
Pocas páginas después de haber enunciado la doctrina pura, cuando tiene por fin satisfacer necesidades importantes ajenas
las Théories la desautorizan de manera inequívoca: «¡perezcan a la estrategia del entorno, pero no obstante dignas de ser muy
las comunicaciones antes que un principio! Bella resolución, pero, tenidas en cuenta por razones relativas a la conducción de la :-ue­
desgraciadamente, inaplicable en la práctica. Mientras que per­ rra en general... Para ser admitidas... es preciso que estas servi­
seguimos nuestro gran objetivo es necesario que el país viva, y dumbres sean imperiosas, ineludibles, urgentes»35 .
en gran parte vive de los medios de sus comunicaciones maríti­ Esta obligación de tener en cuenta las misiones olvidadas por
mas»33. Demasiado lúcido para atenerse a formulaciones rigu­ la doctrina clásiéa, impone un reparto de fuerzas distinto del
rosas, Castex estima que la realidad impone ciertos arreglos. exigido por la búsqueda de la batalla como única finalidad: en
Emplea los cinco últimos capítulos del Tomo I y el esencial del lugar de la concentración maximalista reclamada por Mahan,
Tomo IV en elaborar un «compromiso» que atempere sensible­ cuyo lema «never divide thefleet» ha gobernado la política naval
mente el dogmatismo de la ortodoxia, a la cual en principio a americana hasta la víspera de la Segunda Guerra mundial, es
parecido él adherirse. De esta «puesta a punto» emerge una idea a menudo necesario dispersar los medios para hacer frente a dife­
clara: «en la práctica, nue.vos factores intervienen exigentes e rentes tareas. Entre Mahan, para el que la idea de la concentra­
imperiosos y obligan a modificar sensiblemente las primeras con­ ción se vuelve obsesiva, y Corbett, que se singulariza alabando
clusiones»34. Castex formula así una crítica de la doctrina clá­ los méritos de la dispersión36 , Castex adopta un término medio
sica que se puede sintetizar en torno a tres ideas fuerza. y distingue dos dispersiones. Está la del combatiente «que no
tiene un plan, que sufre los acontecimientos... deja sus fuerzas
Primera critica: las misiones de la fuerza naval no se pueden emigrar en todas direcciones, se deja sorprener tontamenté en
reducir a la exclusiva busqueda de la batalla. esta situación, y se bate en detalle. Esta es también la dispersión
del que, aunque tenga un plan y un fin obsesivo, quiere empren­
La guerra naval no está aislada, se inscribe en una estrategia der demasiadas cosas a la vez, no sabe elegir un objetivo princi­
general que le impone sus servidumbres: proteger las comuni­ pal y se condena as{ a una impotencia total», y también está la
caciones sin las que el país no puede pasar; atacar las del ene­ dispersión del que «consiente una dispersión momentánea por­
migo si se presenta ocasión para ello o si resulta necesario para que le resulta indispensable en sus planes. Para éste la disper­
contrarrestar sus proyectos (por ejemplo, interceptar refuerzos sión es solamente un estado transitorio, una etapa efím era hacia
y aprovisionamientos que el enemigo encamina hacia el campo el fin previsto que, por el contrario, es concentracióm>37.
134 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 135

Se tiende así a un compromiso: «Si consideraciones impor­ Ua? Lo más favorable, nos dice Castex, es la que persigue a la
i i ..
tantes y urgentes obligan a emprender, antes de poner fuera de fuerza organizada enemiga sin descanso, y la búsqueda de sus
combate a la fuerza naval enemiga, estas operaciones de ataque guaridas para aniquilarla. Pero «no siempre se puede recurrir
o defensa de costas, de ataque o de defensa de las comunicacio­ a esto. En primer lugar, es necesario saber sobre poco más o
nes, de transporte de ejércitos, etc., se las efectuará, pero sin olvi­ menos dónde se encuentra el enemigo, presentir con alguna apro­
dar a la fuerza naval adversaria, teniéndola siempre vigilada y ximación, al menos, el sentido general de sus movimientos, todo
estando pronto a ir por ella... Por encima del objetivo momen­ para no batirse sin esperanza en toda la extensión del mar, y para
táneo y circunstancial, al que nos sacrificamos por la obligación no incumplir, finalmente, el objetivo que se desea alcanzar. Tam­
que nos imponen ciertas servidumbres, está el objetivo perma­ bién se puede saber con seguridad dónde está el enemigo, pero
nente y decisivo que consiste en la aniquilación de esta no se puede ir a buscarle a la región donde se cuentra, porque
fuerza»38• «En resumen ... la orientación de las operaciones no en ella se carece de bases o de posiciones favorables, o bien por­
ha cambiado, pero sí ha sido bastante desviada. No se cesa de que las condiciones relativas al radio de acción o a las cualida­
pensar en la fuerza naval enemiga, pero no se prepara nada que des naúticas de las unidades disponibles se oponen a ello»40•
vaya directamente contra ella. La persecución del objetivo prin­ Entonces, a veces, es necesario recurrir a otra estrategia: «Hay
cipal se difiere, y la repartición de medios, en consecuencia, tam­ que basarse en la geografía, lo que ha proporcionado buenos
bién se modifica. Se atiende a una necesidad ajena. La direc­ resultados y es susceptible de seguir dándolos» cuando se encuen­
ción del movimiento es la resultante de dos fuerzas, una principal, tran reunidas tres condiciones: «Cuando se está en la incerti­
otra secundaria y perturbadora por naturaleza.»39 dumbre respecto a los movimientos del enemigo mar adentro
Después de tal propuesta, parece difícil sostener que Castex y se teme perderle si se le persigue directamente... cuando se está
se contente con restaurar las verdades dichas anteriormente por cierto de que ha de pasar por ciertas zonas... cuando se corre
Mahan. Lejos de ser «ortodoxo», su obra opera una revisión muy grave riesgo ante la eventualidad de que el enemigo escape a la
profunda, parecida a la que había efectuado Corbett antes de ofensiva dirigida contra él»41 • En lugar de perseguirlo hay que
1914. La primacía de la batalla queda bien reafirmada, pero con cazarlo al acecho: «Es sin duda menos artístico, menos cauti-
arreglos que le quitan, d� hecho, lo esencial de su alcance; el vador, menos arrebatador, pero es mueh o mas , seguro»42 .
encuentro de las fuerzas navales queda aplazado para un inde­ En la segunda edición de las Théories, Castex ha reducido
terminado futuro, y mientras se espera que llegue, dichas fuer­ estas tres condiciones a dos; «la coexistencia de las dos prime­
zas navales se pueden consagrar a misiones que Mahan dese­ ras es suficiente. Si se da la tercera interviene simplemente para
cha. Vemos ya que «las componendas» de la doctrina clásica reforzar las otras dos»43• Pero es posible ir más lejos todavía y
llevan en germen su neg(\ción. considerar que éstas condiciones son alternativas y no simul­
táneas.
Esta ofensiva basada en la geografía «al acecho» puede tener
Segunda crítica: no siempre es necesario provocar la batalla dos formas. En la más simple «se contenta con utilizar el deter­
minismo que pesa sobre los movimientos de un enemigo que tiene
en la cabeza algún gran proyecto perfectamente conocido... En
Suponemos que las servidumbres ya dejaron de serlo y que 1905 los japoneses teman la certidumbre de que el largo periplo
se puede atender al objetivo principal, es decir, a la fuerza naval de Rodjestvensky tenía por término fatal el mar del Japón»44•
enemiga. ¿Que estrategia se va a emplear para provocar la bata- La segunda es «más sutil»; consiste en «Crear tal determinismo
LA POfENCIA MARITIMA 137
1 36 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

En tales mares estos son los modos de ataque cuya frecuencia


imponiendo al enemigo una dirección de atracción que se ha esco­ y gravedad se multiplican, hasta tal punto, que puede uno pre­
gido deliberadamente... esta puede ser, no solamente un punto guntarse si en su presencia la limitación del desplazamiento de
o una región geográfica, sino también un objetivo en movimiento, los navíos de superficie no ha de imponerse»46• Estas líneas casi
l.
un convoy, que el adversario podría estar tentado de atacar»45• no han llamado la atención. Sin embargo constituyen una con­
1
Entonces, esto hace que tenga que elegir entre quedar en sus puer­ denación explícita contra la construcción de acorazados del
'
tos, abandonando de esta manera el dominio del mar al enemigo, mayor desplazamiento posible (es decir, 35.000 toneladas, límite
1,
o aceptar ir hacia la batalla en las condiciones y en el teatro que impuesto por el Tratado de Washington), con miras a la batalla
no ha escogido. a cañonazos.
La distinción entre la persecución y la caza al acecho es reve­ Ahí todavía la posición de Castex es parecida a la de Cor­
ladora del estado de espíritu de Castex, que enumerando cierto bett y Richmond. Corbett había anunciado desde el comienzo
número de casos, que se encuentran con facilidad, en los que de la guerra la «teoría del no-riesgo»; ¿por qué, decía, buscar
es inútil provocar la batalla, diluye todavía un poco más la pri­ una batalla aventurada y costosa mientras que la inacción de
macía de ésta. En «última instancia» puede ser necesario llegar la flota alemana hace que «la situación en el mar nos propor­
a dar la batalla, por lo que siempre es preciso pensar en ella, cione todo lo que deseamos», y equivale de hecho a una victo­
aunque en la mayoría de las situaciones no es necesario desen­ ria decisiva?47• En la historia «oficial» de la guerra naval de
cadenarla. La batalla queda como algo que se vislumbra en un 1914-1918, Corbett renueva públicamente su crítica al empeño
lejano horizonte que no es seguro alcanzar. masivo de la Grand Fleet, con vistas a tratar de destruir la flota
Otro indicio del esceptismo de Castex en relación con la bata­ alemana en lugar de esperar con sangre fría una acción favora­
lla es su defensa en favor de barcos más pequeños y más nume­ ble, protegiendo las costas británicas de un ataque y controlando
rosos para, así, hacer frente a los peligros aéreos y submarinos: las líneas de comunicación del Atlántico, lo que le vale la des­
«recogemos aquí las ideas de la "Joven Escuela"francesa defines aprobación formal del almirantazgo. En cuanto a Richmond es
del siglo XIX, cuando sostenían la tesis del número, de la veloci­ un adversario resuelto de la carrera del tonelaje, no vacilando
dad y de las pequeñas dimensiones, factores de protección del en consagrar todo un libro a la crítica de los acorazados
conjunto de los navíos. Si resultaban un poco exagerados en su pesados4s. Castex, que emite sobre sus dos homólogos del otro
tiempo, hay que convenir erz que los riesgos submarinos del pre­ lado del Canal juicios poco amables49 , está finalmente menos
sente les dan un verdadero remozamiento... Además, es una alejado de ellos de lo que cree (o de lo que dice).
import�nte consecuencia de las nuevas condiciones técnicas,
representadas por la entrada en escena de los submarinos y de
las minas, este aumento de la proporción de barcos ligeros en
relación con los barcos de línea... Las fuerzas principales tienen, Tercera crítica: la batalla no siempre produce efectos decisivos
sobre todo, un papel de apoyo que no se ejerce más que en cir­
cunstancias particulares, cuando sobreviene una crisis que hace Pero Castex va todavía más lejos en su herejía. La batalla
precisa su intervención. Para terminar, decimos que los nuevos sobreviene, y la manera en que se desarrolla no depende de la
riesgos no vienen únicamente por la presencia de los submari­ estrategia, sino de la táctica, y Castex no se detiene en ello, lo
nos y de las minas. Junto a estos está el torpedo en general... que no nos extraña, pues este no es su objeto. Por el contrario,
En fin, sobre todo, hay que temer en los mares estrechos los ries­ no deja de ser sorprendente descubrir que no dice nada más sobre
gos aéreos representados por la bomba y el torpedo de avión.
138 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 139

los resultados de la batalla. Este es, por tanto, el fondo del pro­ habría hecho mejor fijándose como objetivo las comunicacio­
· blema. ¿ Sí o no, la batalla tiene efectos decisivos? Contraria­ nes inglesas en vez de a la flota de Herbert, y poniéndose en
i ¡··· mente a sus predecesores, que proclamaban con fuerza el carác­ camino un poco antes. Por otra parte, Herbert habría sido fatal
ter decisivo de la batalla, Castex se guarda de toda afirmación y rápidamente alcanzado en el mar de Irlanda por esta sola ame­
dogmática50• naza»53. En este análisis se encuentran los tres elementos de la
Entonces es forzoso referirnos a las conclusiones de sus aná­ crítica castexiana; el orden de prioridad habría debido de ser
lisis históricos. Ahora bien, estos son ambiguos. Evidentemente, inverso (las comunicaciones antes de la fuerza naval); en lugar
se encuentra en ellos muchas veces la idea de que la destrucción de ir a buscar al enemigo, Tourville habría hecho mejor espe­
de la fuerza naval enemiga debe ser el objetivo exclusivo; por rándole en el teatro principal. Y por último, la victoria naval
ejemplo, a proposito de la campaña de 1 80551, o de la persecu­ no ha tenido ningún efecto en el objetivo principal de la estrate­
ción de la división del almirante Von Spee en el Pacífico Sur en gia francesa, la campaña de Irlanda.
1 91452• Pero se trata de situaciones en las cuales ninguna servi­ Esta ausencia de resultados decisivos se encuentra también
dumbre pesa sobre la estrategia naval. Desde que las servidum­ en el caso de la batalla de Jutlandia. Se conoce la célebre frase
bres se manifiestan, la doctrina de la eficacia de la batalla sufre de Churchill: «lellicoe U efe de la Grand Fleet) es el único jefe
serias dificultades; así, a proposito de las campañas de Tourvi­ que podría perder la guerra en algunas horas. » Castex no parti­
lle, escribe: «los escasos esfuerzos contra las comunicaciones en cipa de esta opinión absurda. Por el contrario, cita, sin desa­
el curso del año 1689 habían anulado las ventajas de un buen probarla, la del almirante Scheer, que concluye sus considera­
comienzo y comprometido gravemente los asuntos de Irlanda ciones sobre la batalla diciendo: «No puede haber ninguna duda
que se perderían completamente en 1690, 'y de una manera sin­ de que el resultado más feliz de una batalla naval no forzará
gularmente perturbadora, desde el punto de vista de [a a Inglaterra a firmar la paz. Las desventajas militares de nues­
doctrina': ' tra situación geográfica comparada con la del imperio insular
El 23 dejunio Tourville salía de Brest a la cabeza de una mag­ y la enorme superioridad material del enemigo, la flota no las
nífica flota, y conforme a nuestras primeras conclusiones, tomaba puede neutra/izar54• Y Castex no aporta ningún comentario,
como objetivo la flota de lferbert. Esta, batida o destruida, pon­ mientras que la opinión dominante en los medios navales reco­
dría en nuestras manos el dominio del mar (pero solamente nocían en el caso de Jutlandia resultados decisivos55• Manifies­
entonces, de acuerdo con las reglas del juego). Tourville debía tamente Castex comparte las dudas de Corbett y las de Rich­
enviar veinticinco fragatas para cortar las comunicaciones en el mond, que estima que Jutlandia no ha sido decisiva, y que esta
mar de Irlanda. El comienzo del programa se desarrolla en las indecisión, si no una regla, al menos es un caso muy frecuente
gloriosas condiciones que conot!emos. El JO de julio Tourvil/e que se aplica a Béveziers (1690), Málaga (1704), Tolón (1744),
obtiene la victoria de BéveZiers y hace retroceder a Herbert hacia Menorca (1756), Ouessant (1778), al Glorious First June (1794)
el Támesis. Desgraciadamente, Guillermo ///, el mismo día en y a Port-Arthur (1904)56 •
que Tourvil/e salla de Brest, atravesaba el mar de Irlanda, que Hoy día, todavía el debate no ha sido totalmente cerrado,
estaba libre, con importantes refuerzos. Al día siguiente de Béve­ puesto que se encuentran siempre algunos historiadores para afir­
ziers respondía a esta victoria derrotando en la batalla de la Boyne mar que la batalla de Jutlandia ha tenido resultados decisivos;
a Jacobo //. Habíamos puesto fuera de combate a la principal así, para Holger Herwig, «lutlandia fue tan decisiva como Tra­
fuerza naval enemiga, pero habíamos perdido Irlanda... Por para­ falgar»51. Casi es el único en sostener una comparación tan
dójico que esto pueda parecer, se puede pensar que Tourvil/e aventurada, pues Gran Bretaña no tenía el dominio del mar en
140 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 141

Trafalgar, batalla que se lo da, y la libra del peligro de una inva­


Raymond Aron, a propósito de este último: «Clausewitz no � a
.. sión. Antes de Jutlandia, Gran Bretaña tenía ya el dominio del
¡i mar fuera del mar del Norte y del Báltico, y no tenía que temer
llegado por sí mismo a poner totalment� �n claro sus propias
. una invasión. La batalla no cambió en nada en cuanto este estado
ideas· de su sistema conceptual brotan mult1ples preceptos, pero
a ni;eles y en función de argumentos distin tos�· �ra los precep­
.

de cosas. No habiendo sido destruida la flota alemana, pudo .


obtener de sus navíos de línea los oficiales y las tripulaciones tos forman inevitablemente conceptos o prmc1p !os � m �es!r�n
necesarias para la guerra submarina. En sentido inverso, la Grand
una verdad abstracta; ora se fundan en la expenencw hzstonca
Fleet debió continuar su vigilancia en Scapa Flow, inmovilizando y no tienen valorfuera de esa experiencia limitada, ora resultan
.
de la lógica de un tipo de guerra de la m1Sma manera que p�ra
una enorme masa de efectivos, mientras que faltaba personal
para armar las unidades de protección del tráfico. Por otra parte, Montesquieu ciertas leyes resultan de la naturaleza o del flpo
tal como el mismo Herwing reconocía, la ruta del Báltico per­ de gobierno»60• Para Castex la verdad abstracta fundada en
manecía cerrada al tráfico aliado con destino a Rusia. Jutlan­ principios y la lógica de la guerra entre flotas conducen ne�:sa­
riamente a la afirmación de la primacía de la batalla .decisiva,
dia no ha arreglado nada, y «tanto si la "Grand Fleet" quedó
intacta como si aplastó a la flota de alta mar en 1918, Gran Bre­ único medio de eliminar definitivamente la flota ene�i�a. Pero
taña y Francia podían todavía perder la guerra ante las tropas la experiencia histórica le muestra que las batallas decisivas son
de Ludendorff»58• muy raras, y que un éxito táctico ��mo Béveziers puede encu-
brir en realidad un fracaso estrategico.
El problema está en saber si Castex ha recon�cido . �a conse
� :
3. El a nti-Castex cuencias teóricas de este mentis dado a la doctrina clasica! o si
ha limitado su alcance ciñéndolo sólo a esos casos especiales.
Dos hipótesis son posibles. .
De este examen de la guerra entre las flotas visto por Castex
se desprende una triple conclusión: la batalla no debe hacer olvi­ En primer lugar se puede considerar que Castex no ha sabido
0 no ha querido ir hasta el fin de su crítica, y qu� ha rehus�do
dar otras misiones de la fuerza naval; en la mayor parte de los
casos no es necesario provocarla; no produce siempre efectos ver que su «revisión» lleva de hecho a la ortodoxia a una ruu� a
decisivos. Por tanto, Castd proclama su adhesión a la doctrina completa. No faltan ejemplos de autores refutando su propi�
de la batalla, y cree que solamente es preciso «actualizarla»59• doctrina sin tener conciencia de ello61 • Castex formula su cri­
¿Cómo explicar que las Théories afirman una adhesión a una tica de la batalla en el Tomo 1 de las Théories, escrito en 1927,
concepción que a continuación se empeñan en vaciar de su con­ cuando todavía no ha llegado al término de su reflexión Y aún
tenido? ¿Cómo puede Castex, al mismo tiempo (y no como resul­ parece que no entrevé más que una estrategia unipo�ar; la gu�­
tado de una evolución de ru pensamiento, como ha podido ser rra de las comunicaciones no aparece en el Tomo 1 mas .que baJO
el caso para Guibert) ser el anti-Castex? un aspecto totalmente negativo m . En estas con d"iciones no
La contradicción que se adivinaba al tratar de su dialéctica puede atenerse más que a la lógica de la guerra entre los .grue­
de la ofensiva y de la defensiva, aquí aparece plenamente. Ha sos de las flotas y por ello a la lógica de la batalla, re�on?cie�do
ligado a un texto aparentemente ortodoxo, un subtexto profun­ el trastorno que le causa el contraejemplo de Beveziers6 , e
damente herético. El problema que plantea la obra castexiana introduciendo algunos arreglos que no le parecen poner en tela
es muy semejante al que provoca De la guerre, de Clausewitz, de juicio el principio de la batalla.
y probablemente necesita la misma explicación propuesta por Esta explicación oculta, sin ninguna duda, una parte de la
verdad; por consiguiente, la reticencia con que Castex reconoce
142 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 143

a la guerra de las comunicaciones categoría de guerra naval, tes­ socorro, se vio obligada a capitular. Una historia de la guerra
timonia que hasta el final no ha sabido librarse totalmente de naval centrada en el bloqueo daría una visión muy diferente de
la lógica de la batalla. Sobre todo no ha osado llevar su crítica ésta, a la que nos ha habituado la historia naval clásica. Des­
hasta el final y sacar la conclusión lógica: si la batalla decisiva graciadamente la intuición de Rosinski no ha sido explotada
es tan rara, no puede ser el centro de la estrategia naval y es pre­ desde un punto de vista histórico66•
ciso encontrar otro paradigma. Corbett lo intuía en su teoría Castex no sigue este camino. Por ello ciertos indicios dejan
de la no batalla, pero es Herbert Rosinski el que lo ha formu­ suponer que era plenamente consciente de su contradicción; las
lado primero, sustituyendo la batalla por el bloqueo64• Muta­ críticas que dirige a la doctrina clásica rebasan el estado de intui­
ción epistemológica que pasó desapercibida, y a pesar de todo ciones para constituir un conjunto coherente, y están formula­
es totalmente decisiva. Sólo en función del bloqueo se pueden das en términos generales. Béveziers no constituye más que un
apreciar plenamente los efectos de una batalla. En efecto, un éxito ejemplo indudablemente muy señalado, porque sintetiza todas
táctico puede ser en realidad un fracaso estratégico y viceversa. las objeciones que se pueden dirigir al dogma de la batalla, aun­
La guerra de la Independencia americana es, desde este punto que esto no es lo único. Desde el Tomo 1, y a pesar de no estar
de vista, rica en ejemplos, especialmente el de la batalla de los acabada la evolución de su pensamiento, Castex ha propuesto
Santos<!) (1782): «Evidentemente, el almirante De Grasse es cap­ una revisión global de la ortodoxia mahanista. Sin embargo ha
turado, así como algunos de sus mejores navíos franceses, pero mantenido una adhesión de principio a una doctrina que tiende
es preciso distinguir entre el impacto psicológico de esta derrota a echar por tierra con lo esencial de su análisis. ¿Por qué?
y la realidad de la misma. El potencia/ naval francés apenas es Los documentos de Castex no nos proporcionan ninguna
perjudicado; el convoy de 150 velas que De Grasse tenía misión explicación sobre este problema central que no se ha vuelto a
de escoltar, llegó sano y salvo cargado de provisiones para los examinar después de la Segunda Guerra mundial. Estamos redu­
colonos de Santo Domingo y para las tropas. La Royal Navy cidos por ello a formular conjeturas. La hipótesis que aquí será
ha pagado caramente su victoria. No jugará más en las Antillas defendida es la de que Castex había realizado una revisión teó­
un papel efectivo, y los convoyes franceses circularán sin que rica mucho más profunda de lo que se le ha reconocido oficial­
intervenga, con gran prove<¡ho para los armadores. Por otra parte mente, y que duda del carácter necesario y decisivo de la bata­
los ingleses han comprendido perfectamente entonces que las lla, salvo en los casos en que alguna otra amenaza pesara sobre
negociaciones para fijar los preliminares de la paz van a esta­ las comunicaciones (ejemplo, la división de Von Spee en el Pací­
blecerse con un ritmo sostenido»65 . En sentido inverso, la vic­ fico y Atlántico Sur en 1914). En otros términos reconsideró en
toria del almirante De Grasse en la bahía de Chesapeake ha sido numerosos puntos las teorías críticas de Bridge y de Corpett.
de una modesta envergadura táctica, hasta el punto de que nin­ Pero el entorno era totalmente desfavorable a tal herejía; la doc­
gún navío francés jamás la ha conmemorado, pero sus efectos trina en boga, por el contrario, era la de la batalla a ultranza.
han sido inmensos; el bloqueo de Yorktown por la marina fran­ Todas las marinas, comprendida también la japonesa67 , fasci­
cesa no ha podido romperlo la Royal Navy y la guarnición del nadas por el espectáculo de Jutlandia, se orientan hacia el aco­
general Cornwallis, habiendo perdido toda esperanza de recibir razado de 35.000 toneladas (y más) dotado de cañones de 380
ó 406 milímetros que lanzaban obuses de 900 kilos a 30 kilóme­
tros en la perspectiva de las batallas de línea. Incluso en Alema­
(f) Grupo de islotes fortificados en las Antillas francesas y nombre de la batalla nia, el almirante Otto Groos defendía la batalla decisiva (Ent­
entre la flota francesa del comandante de Grasse y el almirante inglés Rodney, en 1782.
(N. del T.). scheidungssch/acht)68. Castex entonces no podía admitir que
LA POTENCIA MARITIMA 145
144 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

table espectáculo del Presidente Carter enviando un portaavio­


daría la razón a Corbett antes que a Mahan, sin exponerse al
nes al mar de Omán, cuando fueron apresados como rehenes
ostracismo que había golpeado al historiador británico y cuyas
miem� ros de la Embajada de Teherán, para llamarle cuatro días
,. . ....
11 1:
consecuencias habrían sido para él extremadamente fastidiosas,
despues. Pero una superpotencia no puede dejar de enviar fuer­
puesto que no era civil, sino marino. Entonces ha proclamado
za� �avales cua.ndo se producen crisis locales, tanto para tran­
un acatamiento de principio a la idea de la batalla, introduciendo
qmhzar a sus abados como para presionar a sus adversarios. Por
a continuación ciertas reservas enunciadas sin énfasis, pero sí
otra parte, la decadencia de la disuación hace que hoy todos los
firmemente. Desgraciadamente, sus lectores no han retenido más
estados mayores reflexionen sobre escenarios de guerra limitada
que lo que querían entender, la petición en favor de la batalla.
En apariencia contradictorias, estas dos explicaciones no se
y por ello, sobre las posibilidades respectivas de la US. Nav ;
para sostener la batalla adelantada en Europa y en el Extremo
exluyen necesariamente. Más lúcido que sus contemporáneos,
Castex, en parte, no ha sido menos prisionero del espíritu de su
�riente, Y en sentido inverso, la de la flota soviética para prohi­
bir a los Estados Unidos venir en socorro de sus aliados de ultra­
tiempo y de su casta (porque eran civiles, puede ser que Corbett
mar.. Lejos de ser una curiosidad histórica, el problema de la bata­
y Rosinsky han osado poner explícitamente en tela de juicio el
lla sigue �n el centro d�l debate naval de las superpotencias, y,
dogma de la batalla). ¿En qué proporción? Ahí está la incerti­ , particularmente, sigue su curso en Estados Unidos desde
mas
dumbre fundamental que, a menos que se descubran fortuita­
hace más de veinte años.
mente algunas cartas que arrojen nueva luz, jamás será desvelada.
El debate fue abierto en los años sesenta, cuando la US. Navy
est�ba enfrentada al problema de reemplazar sus navíos cons­
trmdos durante la segunda guerra mundial, que entraban el blo­
4. La batalla d e hoy
que en la obsolescencia. Por esto, debía producirse un descenso
dramático en el número de unidades (entre 1965 y 1975 la US.
Se podría pensar que esta discusión sobre los méritos de la
batalla no ha tenido más que un interés histórico. El fantástico
Navy debía p�sar de un millar de navíos a menos de quinien­
tos) en el preciso momento en que hace su aparición en alta mar
cambio de procedimientos introducidos por el arma nuclear y
la flota soviética. Para responder a este doble desafío ' dos solu-
la electrónica ha creado la ilusión de que la técnica había suplan­
ciones eran posibles.
tado a la estrategia. Esto sería repetir el error fundamental de
La primera fue propuesta en 1962 por un capitán de navío
la Joven Escuela, confundiendo una vez más los principios y pro­
en�onces de�conocido, Elmo Zumwalt, empleando el concepto
cedimientos. Aunque el cañón haya cedido su sitio al misil y el
portaaviones y el submarino nuclear hayan reemplazado al aco­
H1gh-low m1x; un pequeño número de navíos muy sofisticados
pero muy costosos, concebidos para operar en zonas peligrosas
razado como capital-ships-; las flotas conservan su razón de ser,
Y afrontar a sus homólogos soviéticos, y muchos navíos más
que es la adquisición, conservación y explotación del dominio
pequeños y más rústicos, pero relativamente baratos para ase­
de los mares. Una potencia que no tenga flota de alta mar no
gurar la defensa de las comunicaciones.
puede pretender desempeñar un papel a nivel mundial (salvo por
la palabra). En caso de crisis no hay mejor embajador que un .A est� , los pa:tidarios del a/1-high conducidos por el legen­
dano almirante Rickover (¡mantenido en activo gracias a sus apo­
portaaviones. Evidentemente, la diplomacia de intimidación no
yos al Congreso hasta los ochenta y dos años! ) objetaban que
es más eficaz que antes; una demostración naval, incluso de gran
estos navíos rústicos serían incapaces de defenderse de las múl­
amplitud, no impresiona más a un país resuleto a no ceder; el
tiples amenazas representadas por los submarinos, aviones y
asunto del Pueblo lo ha demostrado bien y más todavía el lamen-
146 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 147

navíos soviéticos. Querían concentrar el esfuerzo de construc­ tario de Defensa, Harold Brown, fue anular el pedido de un
ción en navíos muy sofisticados a propulsión nuclear, necesa­ cuarto Nimitz y abandonar definitivamente la construcción de
i ¡�
.
· ·-

riamente menos numerosos (un crucero nuclear cuesta entre un strike cruisers nucleares de 15 a 20.000 toneladas, que habrían
20 y un 30 por ciento más que su equivalente con propulsión debido ser las joyas del grueso de la flota. La U.S. Navy le faci­
clásica), pero capaces de dominar a sus rivales soviéticos. Tal lita indirectamente las cosas dando prueba de una evidente inca­
orientación ponía el acento en la batalla en detrimento de las pacidad para administrar convenientemente los programas, que
misiones de escolta juzgadas secundarias y abandonadas a las adolecían, casi todos ellos, de requerir excesivas gestiones pre­
marinas aliadas. supuestarias. Pero el final de la detente salvó todavía una vez
La historia de la U.S. Navy desde 1970 puede reducirse en más a la marina, que pudo finalmente ordenar la construcción
cierta medida al choque de estas dos concepciones. En 1970, de un nuevo Nimitz, aunque debía renunciar al sueño de la
Zumwalt, cuyo dinamismo había seducido al secretario de nuclearización total, demasiado irrealista.
Marina, llegaba a sus cuarenta y nueve años a Chie! of Naval La llegada al poder del presidente Reagan ha marcado el prin­
Operations (equivalente de nuestro jefe de Estado Mayor), a pesar cipio de un período dorado para la U.S. Navy. El objetivo de
de la oposición de su predecesor, el almirante Moorer (que decía la nueva administración es establecer la superioridad naval ame­
amablemente que el único mando que había ejercido Zumwalt ricana; la U.S. Navy debe pasar de 450 navíos en 1980 a 600 a
era el de una flotilla de juncos sobre el Mekong), saltándose fin del decenio; dos Nimitz suplementarios se ha ordenado cons­
280 almirantes más antiguos que él. Emprendió enseguida la truir; los acorazados New Jersey, Iowa y Missouri han sido reac­
reforma total inundando sus servicios de directivas, que pronto tivados y seguirá el Wisconsin. El objetivo de este impresionante
fueron apodadas Z-grams. Su política de democratización y con­ esfuerzo es poder atacar a los soviéticos en su propio territorio.
traria a la segregación fue un reto resonante que condujo a moti­ Al secretario de Marina no se le oculta: «No puedo concebir
nes en diversas embarcaciones. Su política de construcción puso una guerra en la que la OTAN no despliega grupos de combate
en práctica el hi-low con el lanzamiento de un importante pro­ y varios portaaviones en algún lugar del mar de Noruega. Su
grama de fragatas y el estudio de un portaaeronaves ligero encar­ misión sería buscar y destruir las fuerzas enemigas susceptibles
gado de asegurar la defen&a de los convoyes, el Sea Control Ship. de obstaculizar nuestra libertad de navegación... el único medio
Pero su turno (el ejercício del mando) como Chief of Naval de prevenir esto (para conservar el dominio del mar) sería tomar
Operations no duró más que cuatro años, y desde su expiración la ofensiva en el norte, entre Groenlandia y Noruega, con fuer­
en 1974, la reacción se desencadenó favorecida por los rencores zas suficientemente dotadas»7º. La misma estrategia sería
suscitados por la falta de diplomacia con la que Zumwalt había empleada en el Pacífico en virtud del principio de escalada hori­
llevado sus reformas. La �<línea Rickovern triunfa; el Sea Con­ zontal que más adelante será examinado.
trol Ship fue abandonado69; un nuevo portaaviones nuclear de A partir de 1982 esta doctrina es llevada a la práctica y se
la clase Nimitz (90.000 toneladas, 95 aviones) fue encargado, y traduce en un aumento espectacular de operaciones de la U.S.
una ley realizada en el mismo 1975, dice que todo navío de más Navy. El mar de Noruega, habitualmente poco frecuentado por
de 5.000 toneladas que estuviese en varadero debía desde ahora los grandes navíos norteamericanos, ve sucederse varios ejerci­
tener propulsión nuclear. De los años de Zumwalt no quedaba cios, incluyendo portaaviones. Pero es en el Pacífico donde los
más que el programa de fragatas. efectos de la nueva orientación son más visibles con una serie
Este triunfo debía haberse puesto en entredicho durante la de «estrellas» muy señaladas; los portaaviones, que llegan a
presidencia de Carter. Una de las primeras decisiones de su secre- maniobrar en el mar del Japón, donde no se los había visto desde
148 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POfENCIA MARITIMA 149

1 969; grandes ejercicios tienen lugar en el Pacífico Noroeste a


vendría a continuación para terminar el trabajo y acorralar a
500 millas de las costas soviéticas, por primera vez después de
los submarinos lanzamisiles en patrulla 72• Por su parte, el
la guerra en septiembre de 1982. A una escala todavía mayor
comandante Powers recuerda que si los objetivos terrestres son
son repetidos en abril de 1983 con tres portaaviones y cuarenta
muy importantes, «el dominio de los mares ha de tenerse no
navíos. �s _ la mayor concentración organizada por la US. Navy
en el Pac1f1co desde finales de los años cuarenta (guerra del Viet­
obstante� previamente, y un comandante avispado no arries�ará
nam aparte). Durante el año 1983 se asiste incluso a incursiones
sus p�ectosos grupos de superficie contra tierra en tanto que el
en el mar de Okhotsk, considerado por los soviéticos como un
enemigo conserve una flota en potencia»73• En estos dos artícu­
los se �uelve al esquema mahanista clásico; antes de pensar en
mare nostrum; éste no había sido hasta ahora jamás frecuen­ cualqmer explotación del dominio de los mares contra tierra
tado por navíos americanos. En 1984 la presión americana no
o los s�bmarinos lanzamisiles, es preciso adquiri�lo por la des­
se afloja; los ejercicios FleetEx 84 tienen lugar en diciembre en .
truccion de la flota enemiga.
el mar del Japón, con dos portaaviones. Los soviéticos no dejan
Los americanos están tanto más inclinados a poner la bata­
de irritarse ante esta audacia. Durante los ejercicios de 1982, bom­ 1
lla en primer plano cuanto que los soviéticos parecen haber
barderos Backfire simulan ataques contra los portaaviones ame­
tomado el mismo camino. Durante los años 60-70 éstos han cons­
ricanos. Esto también ocurre por primera vez71 • En 1983 un
submarino soviético de la clase Victor Il/, que seguía las manio­ truido sobre todo navíos con misión esencial antisubmarina (cru­
ceros Kresta II y Kara, destructores Krivak). Pero las últimas
bras americanas, colisiona con el portaaviones Independence
unidades salidas de los astilleros testimonian un cambio bastante
y los incidentes en el mar se multiplican (varias decenas por año) '.
claro; los portaaeronaves de la clase Kiev (que embarcan avio­
En 1984 la reacción soviética a FleetEx pone en escena un cen­
nes de despegue vertical, helicópteros y también un formidable
tenar de aviones, submarinos y navíos de superficie que reba­
armamento en misiles), los cruceros de batalla Kirov y los cru­
san ampliamente en intensidad los de años precedentes. En 1985
c ��os Slava son navíos muy potentemente armados y con posi­
l � at��ción americana se vuelve hacia el Atlántico con el gran
bihdad �o �ólo antisubmarina, sino polivalente. Con la patru­
eJerc1c10 Ocean Safari.
lla � onstltu�da por los nuevos destructores Udaloy (con misión
Esta vuelta a la doctrina de la ofensiva a ultranza parece sus­
anti�ubmanna) y Sovremenyi (antisuperficie), pueden constituir
citar ciertas reservas en lás altas esferas de la US. Navy, donde
temibles grupos capaces de operar lejos de sus bases. A mitad
ciertos almirantes estiman, que esta estrategia es demasiado aven­
de los años noventa la marina soviética debería poseer al menos
turada y que rebasa los medios reales de la Marina. Pero en con­
junto se acoje con entusiasmo esta renovación del mahanismo una me�ia docena de estos grupos, cada uno compuesto por un
puro y duro. Es significativo constatar que los dos artículos pre­ portaaviones (de la clase Kiev o de la nueva serie a propulsión
miados en 1984 con el Premio de Ensayo, otorgado cada año nuclear cuyo prototipo está en construcción), un crucero de bata­
por la gran revista naval U.S. Naval Institute Proceedings, van lla (Kirov), dos o tres cruceros (Slava y sucesores) y de diez a
ambos en este sentido.. Bajo el título significativo «No más bas­ quince navíos más ligeros (Kara, Kivak, Udaloy, Sovremenyl),
tiones para el oso», David B. Rivkin Jr. sugiere que la US. Navy acompañados de submarinos nucleares de ataque y de bombar­
vaya a atacar a su rival en su territorio, en el mar de Barentz deros de largo radio de acción Backfire y Blackjak. La mayor
y en el mar de Okhotsk; ataques aéreos llevados por bombarde­ parte de los analistas americanos ven en esto una orientación
ros de largo radio de acción (B-52 y B-1) debilitarían las fuerzas hacia una estrategia ofensiva que tiene por finalidad la obten­
de superficie soviética y la masa de maniobra americana ínter- ción de dominio de los mares más allá de sus aguas costeras en
ciertas zonas de importancia estratégica "'.ital, tales como el mar
150 LA POTENCIA MARITIMA 151
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

de Noruega el mar del Japón y hasta el Mediterráneo Oriental74• mienda esperar al enemigo para caer sobre él, se ve que dos de
Una tal estrategia sería verdaderamente ofensiva en el sentido estos se aplican al caso presente. Por una parte la U. S. Navy
castexiano del término, es decir, que llevaría consigo el empleo corre un riesgo demasiado grande aproximándose al territorio
del grueso de la flota de superficie y la aceptación de la batalla . soviético. Se aventura demasiado entre las defensas del adversa­
No obstante es preciso notar que no se trata más que de una rio colocado en una posición defensiva muy fuerte; la marina
hipótesis que, evidentemente, está de acuerdo con los recientes soviética no tiene que arriesgarse en alta mar, maniobra para
planes de construcción naval y de las posibilidades de la marina la que no se siente demasiado inclinada, y recobra el papel que
soviética, pero que no es posible confirmar desde un punto de mejor le va, el de una fortress fleet adosada a la costa y apo­
vista doctrinal, pues los escritos estratégicos de su jefe el almi­ yada por un fuerte potencial terrestre. Por otra parte, la flota
rante Gorchkov suscitan interpretaciones de lo más contradic­ soviética estaba obligada a pasar por el estrecho de Dinamarca
torias. o el pasadizo de las Feroe, si quiere acceder a las líneas de comu­
¿Cómo juzgar la estrategia de uno y otro? La voluntad ofen­ nicación de la OTAN. Desde luego, parece más juicioso esperar
siva del soviético, si se confirma, está de acuerdo con el refuerzo en estos puntos de paso obligado, donde la ventaja geográfica
espectacular de su capacidad combativa, que le permite afron­ juega en favor de la coalición occidental que dispone de bases
tar una guerra entre flotas, y más fácilmente la guerra de comu­ en Groenlandia, en Islandia y en las Feroe. Desde luego, esta
nicaciones a la cual les condena su inferioridad. No obstante, es la opinión de Castex que escribíá al comienzo de los años cin­
puede uno preguntarse si, como en el caso de Alemania durante cuenta, cuando el potencial naval soviético era infinitamente
la primera guerra mundial, el obstáculo geográfico no será dema­ menor que en el presente, y reconocía que «el dispositivo oceá­
siado grande fuera del mar del Japón y de la parte septentrio­ nico parece ser que difícilmente penetraría en la parte del Océano
nal del mar de Noruega, donde la marina se podría beneficiar Glacial que baña Asia y Europa septentrionalmente. La poten­
de la cobertura de la aviación con base en tierra . Este punto será cia marítima estarla poco más o menos imposibilitada para ejer­
examinado más en detalle en el capítulo sexto. cer una acción seria al Este del cabo Norte, en el mar de Barentz,
La estrategia americana, tal como es enunciada por la Secre­ sobre todo si Moscú tiene éxito en hacer prevalecer sus proyec­
taría de Marina, no está nada clara . Sin hablar del hecho bas­ tos de utilización de las Spitzberg»75• Esta es la lección esencial
tante contradictorio, de quérer una guerra limitada yendo a ata­ de Castex cuando se llegan a leer hasta el final sus «arreglos»
car una de las zonas más 'neurálgicas del territorio soviético, a la doctrina clásica de la batalla. Evidentemente, el autor de
reposa sobre postulados más que discutibles. En primer lugar las Théories tiene una parte de responsabilidad en la abusiva
parece suponer que esta batalla en el mar de Noruega arreglaría importancia dada a la batalla a causa de su reticencia en expre­
el problema de las comuni�aciones, lo que es bastante ilusorio, sar francamente sus críticas. Pero éstas, cincuenta años después
pues un cierto número de submarinos soviéticos estarían colo­ de haber sido formuladas, conservan toda su agudeza cualquiera
cados de antemano en las rutas marítimas de la OTAN en caso que sea el cambio de los procedimientos. La guerra entre las fuer­
de guerra. Constituirían la amenaza más inmediata y más peli­ zas navales no se identifica con la búsqueda de la batalla a todo
grosa para la coalicción occidental, y una ofensiva en dirección precio. Y esto no debe llevar a descuidar la guerra de las comu­
al mar de Noruega no podría considerarse más que después de nicaciones.
que fueran eliminados. A continuación la idea de perseguirles
en aguas controladas por los soviéticos parece ante todo ino­
portuna. Si se consideran los tres casos en los que Castex reco-
--
I
(
N OTAS AL CAP I T U LO TERCERO

1 . Théories, T.IV, pág. 164.


2. Philippe Masson, Histoire de la marine, T. 1, pág. 221, T. 11, págs. 89-90.
3. Esta creencia estaba muy difundida en los medios dirigentes alemanes. El gene­
ral Moltke, jefe del Gran Estado Mayor, pensaba que Inglaterra no entraría jamás en
guerra con Alemania, pues en ese caso «perdería su dominio de los mares, que pasaría
a América». Citado por Stephen Van Evera, «Ihe cult of offensive and the origins of
the first world war», International Security, verano, 1984, pág. 68.
4. James Cable, Britain's naval future, Annapolis US. Naval Institute Press, 1983,
págs. 162-163.
5 . El mejor análisis de la política naval de Tirpitz es el de Paul Kennedy: «Strate­
gic aspects of the Anglo-German naval race», en Paul Kennedy, «Strategy and diplo­
macy 1870-1945», Londres, George A /len and Unwin, 1983, pags. 129-160.
6. Halford J. Mackinder, «The round world and the winning of the peace», Foreign
Affairs, 1943, págs. 595-596.
7. Théories, T. IV, pág. 123.
8. Philippe Villiers, «La stratégie de la Marine fran\!ftise de la signature du traité
de commerce avec les Insurgents a la victoire de Chesapeak� Communication au col/o­
que sur les marines de guerre européennes aux XVII• et XVIII• siec/es», París, sep­
tiembre 1984.
9. W. D. Pulleston, La sea-power dans la Deuxieme Guerre mondiale, Payot, París,
1949, pág. 1 1 .
10. Théories, T. IV, págs. 148-149.
1 1 . Friedrich Ruge, Puissance maritime et sécurité, Presses de la Cité, París, 1966.
12. Bernard Brodie, La stratégie navale et son application dans la guerre 1939-1945,
París, pág. 100.
13. lbidem.
14. Théories, T. IV, pág. 1 5 1 .
1 5 . Théories, T. 11, pág. 249.
16. Théories, T. 11, pág. 262.
154 HERVÉ COUl.:AU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 155

17. Théories, T. U, pág. 12. contradice nuestra aseveración. Dice que la batalla «ayuda a decidir el resultado de la
18. Cf. John F. Guilmartin Jr.,
Gunpowder and galleys. Changing technology and guerra», no que lo decida necesariamente en todos los casos.
Mediterranean warfare at sea in the sixteenth century, Cambridge, Cambridge Univer­ 51. Théories, T. Il, pág. 130.
sity Press, 1974. Libro fundamental que ha renovado totalmente nuestro conocimiento 52. Théories, T. II, pág. 191.
sobre la guerra de galeras y desechado algunos dogmas mahanistas. Pero la demostra­ *Subrayado por el autor.
ción de Guilmartin no se aplica más que al Mediterráneo del siglo XVI. La Antigüedad 53. Théories, T. I, págs. 228-229. Es interesante comparar el análisis de Castex con
ha conocido numerosos enfrentamientos entre galeras que fueron batallas de aniquila­ el de Mahan por que «la falta cometida por el almirante Tourville no persiguiendo al
miento. Cf. Hervé Coutau-Bégarie y Jean Pages, La guerre des galeres, París, Lieu Com­ punto a la flota anglosajona después que consiguió vencer en Bévezie;s, privó a esta
¡ t. mun, 1988. victoria de todo efecto decisivo ». Stratégie navale, pág. 257. Mahan no dice palabra sobre
..
1 ,,t ' ' 19. Cf. Philippe Masson, op. cit., T. I, págs. 142-143. la batalla de la Boyne.
/ 20. Philippe Masson, op. cit.T. I, pág. 133. 54. Théories, T. I, pág. 252 .
. ..
21. Ibidem. 55. Cf. Geoffrey Till, op. cit., págs. 103 y ss.
22. Teniente de navío Castex, Les idées militaires de la marine aux XVIII• siecle, 56. Almirante sir Herbert Richmond, Seapower in the modero world, pág. 42.
París, Fournier, 1908, págs. 323 y ss. 57. Holger H. Herwing, Luxury fleet. The imperial german navy 1888-1918, Lon­
23. Almirante Fioravanzo, A history of naval tactical thought, Annapolis, U.S. Naval dres, George A llen and Unwin , 1980, pág. 189.
Institute Press, 1973, pág.93. 58. Stephen Ambrose, «Seapower in world wars 1 and 11», en B. Mitchell Simpson
24. Almirante Castex, La liaison des armes sur mer, en Fragments stratégiques, (s.d), War, strategy and maritime power, New Brunswick, Rutgers University Press, 1977,
. Economica, 1987.
Pans, pág. 185.
25. El Glorious First June, es, sin lugar a dudas, un mito. Sin una inconcebible 59. Théories, T. I, pág. 213.
aberración del convencional Jean Bon Saint-André, que ordenó al almirante Villaret de 60. Raymond Aron, Penser la guerre. Clausewitz, T. I, I.:áge européen, París, Galli­
Joyeuse retirarse abandonando los seis navíos de retaguardia, tan maltrechos por otra mard, 1976, pág. 24.
parte, que habían quedado reducidos a pontones, los franceses sólo habían perdido un 61. Cf. por ejemplo, en ciencia política el célebre libro de Robert Dahl Qui gou­
navío, el célebre Vengeur (que demás había arriado su bandera). Por otra parte, el con­ verne? que trata de determinar quién detenta el poder en una pequeña ciudad. Estu­
voy de avituallamiento que era el objetivo principal de los británicos, pasó sin dificultad. diando la toma de algunas decisiones descubre que es el alcalde, pero al notar que las
26. Paul M. Kennedy, The rise and fall of British naval mastery, pág. 124. decisiones tomadas no pondrían en evidencia los intereses de las categorías dirigentes,
27. Fragments stratégiques. concluye en que no tenían ninguna razón para inmiscuirse en ellas.
28. Théories, T. I, pág. 200. 62. Solo en el Tomo IV se ve aparecer la guerra de las comunicaciones totalmente
29. Théories, T. I, pág. 209. con categoría de guerra naval.
30. Théories; T. I, págs. 204-205. 63. Théories, T. I, pág. 228.
3 1 . Théories, T. II, pág. 100. 64. Herbert Rosinski, op. cit., cap. I?, especialmente, pág. 8.
32. Théories, T. I, págs. 212-213 65. Patrick Villiers, «Convois et corsaires daos l'Atlantique pendant la guerre d'lnde­
33. Théories, T. I, pág. 231. pendance des Etats-Unis d'Amerique», Revue historique, julio de •1976, págs. 47-48.
3 4. Théories, T. I, pág. 215. � 66. Paul Kennedy es el que más se le aproxima.
35. Théories, T. I, págs. 253-255. 67. Cf. Arthur J. Marder, Old friends., new enemies. The Royal Navy and Imperial
36. Julián S. Corbett, Sorne principies of maritime strategy, págs. 150-152. Japanes Navy. Strategic illusions, 1936-1941, Oxford, Clarendon Press, 1981, págs.
37. Théories, T. IV, pág. 41. 297-312-320.
3 8. Théories, T. I, pág. 243. 68. Otto Groos, Seekriegslehren in lichte des Weltkrieges, pág. 74.
39. Théories, T. I, pág. 248. 69. Sus planos han sido vendidos a España. Con ellos se ha construido el Prfncipe
40. Théories, T. I, pág. 258. de Asturias.
41. Théories, T. I, pág. 264. • 70. John Lehman, «La supériorité navale: une nécessité vitale pour l'OIAN». Revue
42. Théories, T. I, pág. 265. internationale de Défense, mayo 1982, págs. 547-548.
43. Théories, T. I, 1937, pág. 313. 71. No se saque la conclusión de que el aumento de las actividades navales soviéti­
44. Théories, T. I, pág. 267. cas es una respuesta a la «agresión» americana. Este notable aumento desde el comienzo
45. Théories, T. I, pág. 268. de los años 70 ha llegado a ser espectacular a partir de 1978. Por lo tanto, es bastante
46. Théories, T. I, págs. 316-318. anterior a la elección del presidente Reagan.
47. Citado por Donald M. Schurman, Julian Corbett, pág. 158. 72. David B. Rivkiri Jr., «No bastions for the bear», U.S. Naval Institute Procee­
48. Almirante sir Herbert Richmond, Economy and naval security, Londres, Ernest dings, abril, 1984, pág. 43.
Benn, 1931. 73. Robert C. Powers, «Castles, knights and bishops in naval strategy»,U.S. Naval
49. Théories, T. I, 1937, págs. 57 y 62. Institute Proceedings, junio 1984, pág. 35. Powers siempre se muestra reticente respecto
50. La frase sobre la necesidad de la batalla citada en el capítulo precedente no a la idea de arriesgar los portaaviones en una batalla naval del futuro. Reune así las
críticas formuladas por varios almirantes contra las ideas de John Lehman.
156 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

74. Cf. Hervé Coutau-Bégarie, La puissance maritime soviétique, pág. 121. El mismo
Michael Mee Gwire, durante mucho tiempo dirigente de los «minimalistas», convencido
de la naturaleza de la marina soviética, se ha adherido recientemente a esta interij!'.etación.
75. Mélanges stratégiques, pág. 127. Actualmente el archipiélago de Svalbarcf; del que
forma parte Spitzberg, está desmilitarizado y bajo soberanía noruega. Pero la URSS
CAPITU LO CUARTO
es el único país en aprovechar las posibilidades ofrecidas por el tratado internacional
de 1920, y en mantener una presencia permanente «civil» en Spitzberg.

LA G U E R RA D E
LAS COM U N I CAC I O N ES

Los estrategas anglosajones en la línea de Mahan no consi­


deran más que la guerra entre los gruesos de las flotas. Todavía
hoy no parecen darse cuenta de que haya otra forma de guerra
naval. Muy relevadora es la representación hecha por Geoffrey
Till de las componentes de la estrategia marítima:

BATALLA DECISIVA ::----J


FLOTA EN POTENCI � DOMINIO DE LOS MARES
BLOQUEO ____ __..

(Fuente: G. Till, op. cit., pág. 1 5)

Sólo los medios contemplados por Mahan, la batalla y el blo­


queo, con esta «no estrategia» que es la flota en potencia, se
inscriben en este esquema. La guerra de corso no tiene sitio en
él; ésta no es más que un subproducto o, mejor, una herejía contra
la que Mahan había pronunciado una condena sin apelación:
«Este género de guerra no es concluyente, provoca fatiga pero
no mata; casi se podría decir que ocasiona sufrimientos sin
utilidad»1 •
El mérito de Castex consiste en romper, aunque no lo haga
más que de manera imprecisa y parcial, con esta visión unívoca,
158 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 159

y en introducir la idea de otra forma de guerra navaF, la que principal, si no único, va a ser poner sus costas al abrigo de incur­
..... ...... .. concierne a las comunicaciones. Ciertamente no la formula más siones del enemigo. Por esto, antes de construir una flota de línea
que como contrapunto de la guerra entre los gruesos de las flo­ costosa y de todas formas ineficaz, se va a dotar de una marina
tas en torno a un capítulo del Tomo I V, y hace sobre ella un jui­ a base de embarcaciones ligeras, menos cara y suficiente para
cio negativo denunciando «elfracaso implacablemente repetido las operaciones costeras. Este es el camino que propone empren­
de la guerra de corso en el pasado»3; pero está reconocida der, bajo la restauración, el ministro de Marina Molé; quiere una
. como categoría distinta en el interior de un plan de operaciones marina de grandes bergantines y corbetas, pero la idea no
'• (,...
'v global: «Hay en general coexistencia y relación entre la guerra prosperará6 • Esta concepción conoce su hora de gloria a fina­
por el dominio de las comunicaciones y la guerra entre los gruesos les del siglo XIX, cuando ante la aparición del torpedo y la mina
de las flotas»4• Igualmente se· encuentran «casos de excepción, parece que la defensiva va a llevar ventaja. La escuela de lafor­
verdaderos casos de infortunio en los que el ataque y la defensa tress fleet domina la estrategia naval americana en los años 1880,
de las comunicaciones existen como único modelo de operacio­ y hace adoptar la táctica del cordón de protección, compuesto
nes, quedando estas exclusivamente en escena»5• Se trata de monitores(•) dispersos a todo lo largo del litoral. La idea es
entonces de una forma de guerra que no se confunde con la gue­ igualmente experimentada en Rusia con la construcción de sor­
rra naval clásica, que opone entre sí a los gruesos de las flotas. prendentes monitores circulares, los célebres Popovska. Pero es
Pero Castex no ha visto las consecuencias de esta innovación en Francia donde estas tesis van a tener mayor éxito con la Joven
teórica. Se puede establecer en este aspecto un paralelismo con Escuela, cuya novedad resulta de una curiosa mezcla de irenismo
el reconocimiento de las dos estrategias diferentes, de desgaste (con la idea de que el progeso de los armamentos acabará por
y de aniquilación, que Clausewitz hace en la célebre adverten­ terminar con la guerra) y de radicalismo (el pequeño barco, que
cia de 1827. Castex traslada esta distinción a la guerra naval y, es el torpedero ¡es más democrático que el acorazado!) Contra
como Clausewitz, no lo sistematiza. Entonces es necesario que las escuadras británicas, los protagonistas de la Joven Escuela
hagamos lo que Delbruck había hecho con Clausewitz, profun­ recomendaban la construcción de torpederos de 80-100 tonela­
dizar esta institución e integrarla en una teoría estructurada. Este das, que con base en todos los puertos aseguraran la inviolabili­
trabajo es tanto más necesario cuanto que la transformación de dad del litoral francés. Este programa conducía a la construc­
la técnica ha dado una nuéva dimensión a la antigua guerra de ción de una basura naval incapaz de salir a la mar, desde que
corso y cuanto que la guerra por el dominio de las comunica­ por allí soplase el viento. A partir de 1900 la Joven Escuela declina
ciones puede, en lo sucesivo, ser colocada en plano de igualdad y luego desaparece. Su fracaso es patente; lejos de quedar desar­
con la guerra entre los gruesos de las flotas. mados frente a los ataques de los torpederos, las escuadras de
línea se adaptan a la amenaza, los acorazados reciben un potente
armamento secundario (cañones ligeros de tiro rápido), y los
LA G U E R RA D E CORSO TRA D I C I O NAL ingleses ponen a punto un navío contratorpedero más pesado
y potente que su adversario, el torpedo-destroyer (el nombre será
La guerra de corso es por esencia fundamentalmente defen­ más tarde simplificado en destroyer). Después de 1914 la Joven
siva. Es la guerra que el débil emprende contra el fuerte. En ella Escuela intenta resucitar, esta vez por medio del submarino, y
el agresor renuncia por falta de medios, o ante lo hipotético de
su éxito, a disputar al que ostenta la potencia marítima su supre­ (a) Barcos de guerra fuertemente acorazados creados por los Estados Unidos durante
macía. Desde entonces solamente puede defenderse. Su objetivo la guerra de Secesión. (N. del T.)
160 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 161

triunfa en la. Rusia soviética de los años treinta, con la condena


de las doctrmas «burguesas» de la potencia marítima. Tienen del principio fundamental de la cooperación entre las armas; no
de nuevo la causa ganada después de 1945, cuando Stalin, preo­ es legítima más que cuando se integra en un plan de operacio­
cupado por la perspectiva de un desembarco americano ordena nes en tanto que «modalidad secundaria» de lucha; el modo prin­
la construcción de una inmensa flota costera, en la que ia punta cipal está claro que es la acción ofensiva de superficie contra
de lanza sería una fuerza de 1 .200 submarinos (este programa el grueso de la flota enemiga7• Por otra parte, y esto es funda­
de marcada megalomanía no verá más que un inicio de eje­ mental, no puede producir resultados decisivos, pues abando­
�.
cución). nados a sí mismos, los «raids» están condenados a desaparecer
La orientación necesariamente defensiva de que no hay flota bastante rápidamente de los mares sin haber causado daños serios
de alta mar capaz de afrontar la de su adversario, no excluye al comercio. La gran mayoría de los historiadores tiende a rati­
las veleidades ofensivas destinadas a impedir al que domina los ficar esta condenación. Así , para Philippe Masson, «desde
mares, gozar pacíficamente y sin trabas su dominio. Para esto Luis XIV a Napoleón, incluso obteniendo ventajas sustancia­
hay una estrategia simple y económica: el corso. Los navíos son /es, el corso jamás ha logrado resultados decisivos. Y, finalmente,
lanzados aisladamente en «raids» o más raramente en peque­ no ha infringido al adversario más que pequeñas pérdidas y heri­
ños grupos sobre el océano, con misión de dificultar el comer­ das en su amor propio»8• Este juicio se basa en análisis histó­
cio rehusando el combate. Se cuenta con los daños que ocasio­ ricos algo rebuscados, pues durante la guerra de la Liga de Augs­
narán y también con el impacto psicológico por perturbar el burgo «los éxitos alcanzados por los corsarios son importantes,
tráfico e!1emigo. Los primeros en practicar el corso en gran escala, con 4.200 barcos capturados», y el desconcierto de los armado­
son l ? s mgleses en el siglo XVI con Drake, Raleigh y Howkins, res es grande. Aunque esto no impide que el comercio británico
en pnmer lugar contra los españoles, y después contra los holan­ continúe desarrollándose al precio de una terrible sujeción a la
deses. Francia recurre a esta estrategia a final del reinado de Royal Navy que debe hacer un enorme esfuerzo para la protec­
Luis XIV, a partir de la guerra de la Liga de Augsburgo ción del tráfico, ya que en 1694 arma 248 navíos, de los que la
(1688-1697); después, durante las guerras de la Revolución y del mitad están dedicados a la protección del comercio. «Dicho esto,
Imp�rio con Jean Bart, Forb\n, Duguay-Trouin, Jacques Cassard, ¿ha contribuido este corso a llevar a las potencias marítimas a
Y mas tarde con Surcouf, adquiere una envidiable reputación. /afirma del tratado de Ryswick en 1697? No parece así. Eviden­
Al final del siglo XIX, bajo la influencia de las tesis de la Joven temente ha contribuido al hastío de la opinión, pero sobre todo
Escuela, muchos países construyen cruceros destinados a la es la vuelta a la ofensiva de las escuadras en 1696 y las amena­
actuación como corsarios: Los Gromoboi; Rurik y Rossia, rusos; zas de un nuevo desembarco, asociados al estacionamiento de
los Columbia y Minneapolis, americanos; los Jurien de la Gra­ las operaciones en el continente, lo que llevaron a Inglaterra y
viere, Ch �teau-Renault y Guichen, franceses. La primera gue­ a las Provincias Unidas a una paz de compromiso»9• La misma
rra mundial ve a los alemanes probar suerte en «raids» de más constatación se impone a propósito de la guerra de Sucesión en
o menos fortuna; si el crucero Emden causa un verdadero pánico España; el corso francés obtiene allí resultados impresionantes
en :1 océano Indico 9urante muchos meses, sus congéneres no (6.000 presas, aproximadamente) pero «a pesar de estas haza­
obtienen más que resultados mediocres y en su mayor parte son ñas, la economía de las potencias marítimas no ha sido seria­
rápidamente destruidos. mente amenazada. El comercio inglés continuó desarrollándose...
Sobre la guerra de corso, Castex repite el juicio negativo que la gran mayoría de los convoyes pasan sin obstrucciones»10•
. Mahan. Desde un punto de vista teórico es una infracción
hizo Todavía es más claro bajo el Imperio: «La guerra de corso, rea­
lizada bajo el Imperio, con encarnizamiento a pesar de todo, es
162 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 163

saldada con un fracaso resonante... En once años, de 1803 a 1814, En cuanto al corso francés bajo Luis XIV, sus resultados no
las presas francesas importantes, sobre todo en La Mancha, no son tan negativos como la visión tradicional sugiere. Presionó
afecta más que a algunos centenares de barcos de pequeño tone­ terriblemente sobre las economías holandesa y británica, por lo
laje y no puede impedir el desarrollo de la marina mercante que a los millares de navíos perdidos es preciso unir las pérdi­
inglesa, que pasa de 22.051 embarcaciones en 1805 a 23. 703 en das financieras ocasionadas por la organización de convoyes nece­
i
1 1810»11 • sariamente más lentos, porque debían acomodar su marcha al
Sin embargo, no es cierto que la suerte reservada por Mahan navío más lento, al encarecimiento de las primas del seguro marí­
1 (· y sus sucesores a la guerra de corso sea definitiva. Evidentemente, timo, el costo de la protección suministrada por la Royal Navy,
r:I' el corso no produce resultados decisivos. Pero tal como lo señala así como la parada, en su crecimiento, de la marina mercante
Geoffrey Sumcox, hasta el fin del siglo XVIII las escuadras tam­ británica, que después de haber pasado de 200.000 toneladas en
poco eran capaces de obtener resultados decisivos en un solo 1 660 a 340.000 en 1686, cayó a 323.000 en 1702'5•
encuentro; el vencido borrará rápidamente las consecuencias de El golpe experimentado es tan duro que los armadores ingle­
una derrota. «Las fuerzas del siglo XVIL tanto en tierra como ses quedaron traumatizados por mucho tiempo; Burke nota el
en mar, eran incapaces de practicar una estrategia de aniquila­ p ánico que tienen «al comienzo de esta guerra (la guerra de los
ción>>, y habían de recurrir a una «estrategia de desgaste; a la Siete Años, 1756-1763) como al principio de toda guerra»'6•
victoria se llegaba lentamente por acumulación de victorias no Mahan mismo ha reconocido la amplitud de los golpes dados
decisivas y por la lenta erosión de la base económica del adver­ por la guerra de corso al comercio británico durante la guerra
sario»'2. En estas condiciones la guerra de corso estaba admi­ de la Liga de Augsburgo17• Y de todas maneras, hay que reco­
rablemente adaptada al estado del arte de la guerra en los si­ nocer con Geoffrey Symcox que «los corsarios lo hacen mejor
glos XVI, XVII y XVIII. Es preciso evaluar los resultados de que la flota»'8• A partir del siglo XVIII y todavía más, a par­
la guerra de corso con la mentalidad de la época y no a la luz tir de las guerras de la Revolución, es cuando los resultados de
de la estrategia de aniquilación de los siglos XIX y XX. la guerra del corso declinan paralelamente al aumento de la supre­
Se constata entonces que en muchas circunstancias no ha macía naval británica. No deja de causar importantes daños;
resultado menos útil ni menos provechosa que la guerra entre durante la guerra de la Independencia americana son.3.000 navíos
escuadras. El corso de la Inglaterra isabelina coñtra la España de comercio británico los que se han perdido, y 11.000 de 1793
del siglo XVI, produjo buénos resultados; sus éxitos represen­ a 1815. Aunque estos últimos no representan más que un 2,5 por
taban del 10 al 15 por ciento de las importaciones británicas, ciento del tonelaje disponible, los habituales efectos inducidos
y ello ha contribuido poderosamente a l� vez al desarrollo de (organización de convoyes, captura de corsarios, aumento de
la marina mercante britán4;a y al declinar de sus rivales español seguros) han logrado que se resienta duramente la economía
y portugués'3 • El mismo proceso puede observarse durante las británica'9•
gueras anglo-holandesas del siglo XVII: «Fueron los corsarios En pleno siglo XIX, el corso obtiene muy buenos resultados
ingleses los que más empujaron a Holanda a la paz, capturán­ durante la guerra de Secesión. Los «raids» sudistas no causan
doles más de mil navíos, es decir, el doble de la marina mer­ más que daños materiales mínimos (239 embarcaciones que des-...- - --
cante británica; como fueron las fuertes pérdidas inglesas en la plazaban 105.000 toneladas), pero su efecto moral es inmerí�o, · ==-- -
guerra que siguió con España (más de 1.500 navíos), las que per­ como lo subraya Castex: «Se manifiesta un verdadero ¡Jantco
entre los armadores federales, que para escapar a estos peligros
� ·
mitieron al comercio marltimo de los holandeses neutrales recon­ r

quistar su supremacía»14• tan débiles en realidad, se apresuraron a vender sus riavíos'!


a
.. "
/
1 •
' ·'

r /
LA POTENCIA MARITIMA 165
164 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

las armas. Tal salida habría tenido por efecto a la vez llevar gol­
extranjeros, la mayor parte ingleses. Hubo una transferencia pes probablemente muy duros al tráfico británico y en todo caso
masiva de pabellón, suponiendo... alrededor de 775.000 tonela­ desorganizarle temporalmente (efecto moral) y modificar la rela­
das a lo largo de toda la guerra. La Marina Mercante americana ción de fuerzas en el mar del Norte. En detrimento de la Grand
que desplazaba unos 2.500.000 toneladas en 1861, no alcanzaría Fleet, contra los cinco cruceros de batalla de Spee, la Royal Navy
más de 1.100.000 toneladas a/final de las hostilidades»w. Y sin habría debido mandar una fuerza de diez navíos de línea para
embargo, el número de cruceros federales ¡no pasaba de 19!21 • tener la certidumbre de dominarlos en caso de encuentro. Pero
Es difícil hablar de quiebra en este caso, pues aun cuando alcan­ sin duda, también el autor de las Théories habría tenido en cuenta
zaron resultados impresionantes, no lo fueron tanto como para a la vez la geografía y la desproporción de fuerzas. La entrada
cambiar el curso de la guerra. de cruceros de batalla en el Atlántico no podría hacerse más que
Por otra parte, independientemente de sus efectos generales por sorpresa, lo que resultaba difícil. El paso de las Feroes era
en el cuadro de una estrategia de desgaste, la guerra de corso el más directo, pero estaba al alcance inmediato de la Grand Fleet,
tiene otro impacto positivo bien reconocido por Castex, que es y el ir por el estrecho de Dinamarca (entre Islandia y Groenlan­
el de evitar que el más débil quede reducido a la inacción total, dia) obligaba a una vuelta inmensa que traía problemas logísti­
y no abandone el dominio del mar a su adversario sin reaccio­ cos casi insalvables en ausencia de toda posición en ultramar24•
nar: «Si la inferioridad en medios de superficie y aéreos es tal El regreso era todavía más problemático.
que cierra las puertas a toda esperanza en el éxito de la lucha El plan Hipper era muy arriesgado y sus navíos habrían cono­
entre ambas flotas, se está obligado a atacar las comunicacio­ cido, probablemente, la suerte sufrida por los de Von Spee en
nes como imico procedimiento susceptible de perjudicar al adver­ las Malvinas. El almirante alemán proponía un «golpe de suerte»
sario, de impedirle la explotación pasiva del dominio del mar que, al entenderlo así, fue rechazado por sus superiores, que
y, en consecuencia, de retardar la inevitable victoria enemiga... habían elegido la estrategia mucho más segura de la flota en
El ataque a las comunicaciones, entonces debe hacerse obliga­ potencia. A la vista del resultado final, es permitido pensar que
toriamente como parte de "contraataques menores" por los cua­ ésta no era la mejor solución. Hipper, al menos, había tenido
les, a falta de un encuentro deliberado entre lasflotas, la d�fen­ el mérito de ofrecer una justificación al colosal esfuerzo con­
siva, pobremente compartitla, se esfuerza en contrarrestar el1uego sentido por Guillermo 11 para dotar a Alemania de una marina.
de su compañero y no qt{eda inactiva»22 • Pero lo arriesgado de su plan reflejaba la fragilidad de la guerra
Es lástima que Castex no haya tenido conocimiento del plan de corso.
propuesto por el almirante Hipper, comandante de cruceros de
batalla de la Hochseeflotte en 191423• Este ha tratado de con­
ciliar los puntos de vista de Tirpitz sobre la grosskrieg (la gran DE LA G U E R RA DE CORSO A LA G U ER RA POR EL DOMI­
guerra o guerra entre los gruesos de las flotas) y las tesis hetero­ NIO D E LAS COM U N ICACI O N ES
doxas de Valois y Von Maltzahn sobre la kleinkrieg (pequeña
guerra o guerra al comercio), sugiriendo una salida de cruceros 1. Castex frente a las nuevas formas de la guerra de corso
de batalla al Atlántico, donde habrían hecho su unión con la
escuadra del Pacífico del almirante Von Spee, y llevado una guerra
La guerra de corso ha tomado en el siglo XX un giro nuevo
al comercio. Castex, sin duda, habría aprobado el principio de
con la aparición del arma submarina. Castex enseguida ha visto
este plan que asocia la guerra entre flotas con la guerra de las
las posibilidades del submarino, y ha sostenido frente a los anglo-
comunicaciones, y que respeta el imperativo de la unión entre
166 HERVÉ COUTAU-BÉGARJE LA POTENCIA MARITIMA 167

sajones la legitimidad de su empleo contra la flota mercante25 dad es «exponerse a alcanzar a menudo a neutrales y provocar
y el provecho que se puede esperar, «aunque no se espere nin­ un concierto de imprecaciones y complicaciones diplomáticas
guna victoria completa de este modo de acción, constituye no que se producirían de buena gana»29 • Se sabe que los beligeran­
obstante un medio de dañar gravemente al adversario por la per­ tes de la segunda guerra mundial no han tenido los escrúpulos
turbación que traerá en su circulación arterial económica y mili­ de Castex, y que han promovido una guerra submarina a
tar. Por otra parte, desde el punto de vista militar puro, tendrá ultranza. La moderada acusación de este jefe contra el gran almi.­
el efecto de inmovilizar en campo enemigo numerosas fuerzas rante Doenitz en el proceso de Nuremberg ha debido ser aban­
ocupadas en hacerle frente, y que serán así retraídas de la gue­ donada cuando el almirante Nimitz, comandante en jefe ameri­
rra entre los gruesos de las flotas»26• Pero queda obstinada­ cano en el Pacífico, ha testimoniado espontáneamente que él
mente atado a la idea de que en ningún caso el ataque por sí había dado órdenes similares a sus submarinistas. Desde luego
solo a las comunicaciones podría traer la victoria, reafirmado es ilusorio contar con una moderación cualquiera de un belige­
en esta convicción por el fracaso de la guerra submarina desen­ rante en nombre de los derechos humanos.
cadenada por los alemanes en 1916; «sería alimentar falsas ilu­ La limitación impuesta al ataque aéreo o submarino ha caído
siones imaginarse que este modo de ataque a las comunicacio­ en desuso. Pero Castex se apoya en otro argumento infinitamente
nes proporcionará fácilmente un decoroso efecto materia/»21 • más serio a propósito del submarino. En efecto, éste ha disfru­
El arma aérea conseguirá, igualmente, importantes efectos, tado durante la primera guerra mundial «de condiciones parti­
«suponiendo, incluso, que los aviones estén obligados a mante­ culares de empleo tan favorables que no volverán jamás a ser
nerse a gran altura por temor a un fuego antiaéreo de los bar­ semejantes»3º . Hasta 1916 el comercio ha quedado casi total­
cos de escolta y de los escoltados, hipótesis para ellos de las más mente desprovisto de protección. Cuando el almirantazgo bri­
desfavorables, podrían al menos atacar con bombas y causarían tánico ha terminado por conmoverse ante esta carencia, ha recu­
de este modo graves pérdidas al convoy. Los barcos mercantes rrido al defectuoso sistema de patrullaje (corredores de
no tienen ninguno de los medios necesarios para resistir a una navegación vigilados permanentemente por medios de guerra)
pareja en ataque. No tienen protección antiaérea; son lentos y a pesar de las enseñanzas de la historia, que muestran que «el
poseen mediocres cualidadfs para maniobrar; son en general de sistema de! patrullaje tiene algo que choca con el buen sentido
gran tonelaje. Muchos de 'estos navíos serán hundidos o muy militar. .. jamás ha dado buenos resultados»31 • Su utilización
seriamente averiados»28• Pero ahí tampoco la aviación sabría contra los submarinos en 1916 se ha mostrado nuevamente desas­
sustituir a la flota de superficie. trosa: «La dispersión de medios de protección a lo largo de las
La reserva de Castex sobre las nuevas formas de la guerra rutas, en un cordón impotente, no proporciona más que una ilu­
de corso obedecen en primer lugar a sus condiciones específi­ soria garantía de seguridad con un formidable despliegue de
cas de empleo. Tanto el submarino como el avión ven su efica­ fuerza, un esfuerzo intenso y un desgaste manifiesto. Este jalo­
cia limitada por servidumbres debidas a los derechos humanos. namiento de la ruta daba, por otra parte, una precisa informa­
Castex estima que el submarino y el avión deben respetar las ción al enemigo que acababa por comprometer gravemente el
reglas del derecho tradicional en material de destrucción de navíos secreto de las operaciones. En fin, desplegado en una línea que
y salvaguardar la vida de las personas. Si el ataque a convoyes no cambiaba jamás, se inmovilizaba uno, quedaba fijado, y se
escoltados, que son verdaderas formaciones militares, no tiene abandonaba la iniciativa de los movimiento al adversario, por
ningún problema de identificación, es completamente distinto lo que el defensor aprovechaba para maniobrar como quisiera.
a navíos aislados, y atacarlos sin estar seguros de su nacionali- Entonces se llegó al sistema de convoyes escoltados como en los
LA POTENCIA MARITIMA 169
168 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
aunque hubiera tenido lugar, no habría arreglado el problema
buenos tiempos de la marina a vela, y los efectos obtenidos han de la defensa de las comunicaciones.
sido excelentes... la protección de las unidades de guerra es efi­ La reticencia de Castex tiene raíces más profundas que las
caz, porque vigila objetos y ya no más el espacio»32. En vista simples dudas sobre las posibilidades de utilización sin restric­
de una experiencia tan reciente y tan concluyente, Castex ha juz­ ción del submarino o del avión. Admitir la posibilidad de una
gado la cuestión resuelta; contra los submarinos, la protección guerra aérea o submarina decisiva por el dominio de las comu­
directa se impone, y «conduce al método de convoyes escol­ nicaciones es arruinar completamente la primacía del grueso de
tados»33. la flota. Pues Castex, lo hemos dicho, no quiere dar el paso que
De paso, se puede notar que esta verdad no se ha impuesto llevaría consigo la ruptura con la ortodoxia y le haría caer, como
durante la guerra sin lucha. La decisión de organizar convoyes a Corbett, en la categoría de «herético». Por ello no reconoce
es relevadora del conservadurismo limitado del almirantazgo bri­ a la guerra submarina ninguna originalidad en relación con la
tánico. A continuación de que los alemanes desencadenaran la guerra de corso clásica: «Está también la disputa entre el débil
guerra submarina sin restricción, los aliados se han enfrentado y elfuerte, en la que el primero actúa a base de golpes ofensivos
a un crecimiento insoportable de pérdidas mensuales (¡de 303.559 sin importancia real, por combinaciones de discutible valor y
toneladas en noviembre de 1916, al punto culminante en abril vanamente sin obtener modificación sustancial de la situación
de 1917 con 874.576 toneladas!) El primer ministro Lloyd George, al ser su inferioridad demasiado señalada. Son las guerras de
pide al almirante Jellicoe que le sugiera soluciones. Jellicoe, que corso del antiguo régimen... la guerrilla después de Trafalgar, las
ya había protestado vigorosamente cuando se había retirado a hazañas de los corsarios confederados, la guerra submarina ale­
la Grand Fleet una parte de sus destructores para organizar patru­ mana... En todos los casos comparables a estos la disputa, aun­
llas en las rutas marítimas, responde en sustancia que no hay que sea enérgica y esté inteligentemente llevada, no puede pro­
nada que hacer. El almirantazgo, empeñado en seguir con el sis­ ducir al que la promueve el uso de las comunicaciones de
tema de rutas patrulladas que ha dejado probada su ineficacia, superficie en la medida necesaria, y no puede tener éxito en pri­
ha quedado reducido a estudiar las más necias propuestas, com­ var al adversario de ellas a pesar de las pérdidas de éste»34 .
prendida incluso la de amaestrar gaviotas para posarse en los La guerra por el dominio de las comunicaciones, en opinión
periscopios, con el fin de sedalar a la defensa la posición de los de Castex, es también una forma de guerra naval, pero se trata
submarinos, y que enviara qadadores equipados con martillos todavía de una forma subordinada que no podrá producir resul­
para cegarlos. Pero cuando el secretario del gabinete de Guerra, tados satisfactorios independientemente de la guerra entre flo­
Hankey, adelanta la idea de organizar convoyes, el almirantazgo tas: «El problema del ataque y de la defensa de las comunica­
se opone arguyendo que los barcos mercantes no sabrían nave­ ciones no puede ser tratado haciendo abstracción de la lucha
gar agrupados, y que el únito resultado del sistema sería con­ por el dominio del mar o lucha entre flotas que es más específi­
centrar los blancos y ralentizar la velocidad, y que de todas mane­ camente militar. .. no debe ser así, al menos cuando el balance
ras los puertos no podrían acoger tanto barco a la vez. El 30 de medios autoriza la competición en este terreno»35. Pero por
de abril de 1917, fatigado de esta estéril obstrucción, Lloyd una lógica de la batalla de la que no quiere renegar, Castex, per­
George hace caso omiso y ordena la formación de convoyes. El cibiendo las inmensas posibilidades del submarino y del avión,
primero es constituido el 10 de mayo. Enseguida la curva de pér­ no osa llegar al final de sus intuiciones y limita la acción de los
d,idas comienza a caer. Pero si se hubiese dejado actuar al almi­ nuevos medios con barreras jurídicas cuya futilidad iba a encar­
rantazgo, hubiera continuado asistiendo pasivamente a la des­ garse de demostrar la continuación de los acontecimientos. Esto
trucción del tráfico, esperando una hipotética batalla que incluso
1 70 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 17.1

es tanto más lamentable cuanto que, en este campo, las leccio­ su desaparición. El avión y el submarino han tomado definiti­
nes de la Segunda Guerra mundial son más claras. vamente el relevo.
El avión ha dado pruebas de su extraordinaria eficacia, tanto
en el ataque a la flota (las batallas de Midway y de Leyte no pre­
cisan comentarios), como en el ataque a la flota mercante. Tal
2. Las lecciones de la Seg u n da G ue rra m undial como Castex había previsto, los navíos atacados por vía aérea
han sido a menudo destruidos. Pero se equivocó en la táctica
L a Segunda Guerra mundial no ha sido una repetición de a adoptar contra los ataques aéreos. Preconizó la dispersión con
.
la pnmera. Los progresos técnicos han sido tales que la guerra la esperanza de que los aviones no osarían atacar blancos difí­
por las comunicaciones ha entrado en otra dimensión tanto en cilmente identificables, y no se hacía a la idea de importantes
el esp acio (se desarrolló a escala planetaria) como en �l tiempo convoyes escoltados más que desde el punto de vista de la supe­
,
(rap1damente ha tomado un carácter vital, mientras que en rioridad de este sistema de convoyes contra los submarinos36 •
1914-1918 la guerra submarina sin restricciones no se hubo desen­ La experiencia de los convoyes de Murmansk ha zanjado el debate
cadenado hasta que pasaron tres años). Esta ha movilizado de manera definitiva y demostrado la eficacia del convoy en todas
medios enormes y condicionado incluso más que cualquier otro partes. En 1 942 el convoy PQ 17, dispersado por orden del almi­
factor (con excepción de la guerra en Rusia) el resultado de la rantazgo al tener conocimiento de la salida del acorazado Tir­
guerra. pitz, fue diezmado: los cargueros abandonados a su suerte fue­
El corso de superficie ha reaparecido durante la primera parte ron destruidos uno tras otro por los bombarderos de la Luftwaffe.
del conflicto en los años 39-41; los barcos alemanes encargados Por el contrario, los convoyes que permanecieron agrupados tras
de los «raids», grandes navíos de combate o mercantes trans­ su escudo antiaéreo han sufrido pérdidas más soportables, aun­
formados, han operado en el Atlántico y Océano Indico. Uno que al precio de un importante despliegue de fuerzas: uno de
de ellos ha podido actuar en e-1 Pacífico pasando por la «ruta los convoyes que sucedió al desafortunado PQ 17, el JW 51, ali­
del N <;>rte» a �o largo de las costas siberianas. En conjunto, no neaba 51 barcos de escolta para 40 navíos mercantes.
obtuvieron mas que resultadps modestos hundiendo en total una Pero la demostración más clara ha sido hecha por el subma­
centena de navíos que navegaban casi todos de forma aislada. rino, aunque sus posibilidades técnicas han sido objeto de apre­
A los cruceros que obtuvieron éxito, Scharnhorst y Gneisenau ciaciones divergentes. Los U-Boote del almirante Doenitz han
(27 navíos hundidos en febrero-marzo de 1941 el doble de tone­ conseguido importantes éxitos hundiendo un total de 2.775 navíos
laje �ue el h 1:1ndido por los submarinos dura�te este período), mercantes, lo que representaba 14.573.000 toneladas, es decir,
A lmirante Htpper o A lmirante Scheer, o la fantástica odisea del cerca de los dos tercios de las pérdidas aliadas. Se beneficiaron
A tlantis, que ha sembrado �l terror en el Atlántico sur durante de la repetición de condiciones tan favorables como las que tuvie­
cerca de dos años, hay que oponer los desastres del Graf Spee ron sus predecesores de 1914-1918: el primer lugar, en 1940 la
Y del Bismarck. El efecto psicológico ha sido considerable como dramática ausencia de buques de escolta que impidió a la Royal
ocurre normalmente, y medios de gran envergadura han tenido Navy proteger convenientemente a ius convoyes, y después,
que s �r dedicados a esta misión para poder prolongarla. Pero durante el primer semestre de 1942, a lo largo de las costas ame­
a partlr d � 1 942 el progreso de la vigilancia ejercida por los alia­ ricanas. Este último episodio es la brillante confirmación de la
dos (gracias al radar, a los portaaviones de escolta' a los avio­ desilusión constatada por Daveluy a comienzos de siglo:
nes en misión de patrulla de gran radio de acción) ha logrado «Leyendo la historia se llega a esta conclusión un poco decep-
172 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 1 73

cionante de que si mucha gente ha hecho la guerra, muy pocos


la han comprendido. Los mismos errores, las mismas faltas se
tarse con la clásica guerra de corso. Castex lo ha reconocido
reproducen con una regularidad casi matemática»37 • Enfrenta­ claramente en un artículo escrito en 1942: «Al menos en los tea­
dos a pérdidas inquietantes (360 navíos supusieron más de dos tros de operaciones que allí se dan, el submarino no está ciego,
millones y medio de toneladas en los seis primeros meses) los pues dispone para remediar su encierro del apoyo inapreciable
almirantes americanos se obstinaban, entre diciembre de 1941 que le aporta la aviación. El avión extiende prodigiosamente el
Y julio de 1942 en practicar el sistema de rutas patrulladas antes campo de exploración y permite descubrir convoyes a gran dis­
que decidir volver al sistema de convoyes una vez más con efec­ tancia y con enorme anticipación. Es preciso llevar instantánea­
tos positivos inmediatos38 • El almirante King, jefe de la US. mente sus informaciones a los submarinos... Esta es la gran nove­
Navy, se vanagloriaba de tener las Théories en su despacho, pero dad de nuestra época, que en esta unión entre el submarino y
parece ser que no las había leído. el avión, el segundo guía al primero»40• A continuación los
A pesar de estas impresionantes cifras, la mayor parte de los submarinos no siempre se lanzan individualmente contra los bar­
analistas consideran que el fracaso final de los «lobos» del almi­ cos mercantes. De octubre de 1940 al primer semestre de 1943
rante Doenitz reproduce el de los submarinos alemanes del 14 los «lobos» han operado en «jaurías» de cinco, diez o incluso
al 18, y confirma el carácter utópico de un resultado decisivo veinte unidades, bajo la efectiva dirección del Cuartel General
en una guerra de corso submarina. Incluso la mayor parte de del almirante Doenitz, instalado en París. Sus homólogos ame­
los alemanes se adhieren a esta tésis; así, para el almirante Ruge, ricanos han hecho otro tanto en el Pacífico en grupos mucho
« �na vez más la guerra submarina no acompañada por el domi­ más reducidos (habitualmente tres unidades), pues los convoyes
nio de la- superficie del mar, terminaba ma/»39• Tal como Cas­ j aponeses rara vez comprendían más de una decena de navíos.
tex lo había previsto, el único resultado obtenido fue la inmovi­ Esta Rudeltaktik semeja más a la guerra de escuadras que a la
lización de importantes fuerzas aéreas y navales aliadas que de corso, pues se trata de una flota lanzada contra las comuni­
habrían podido ser utilizadas en otros lugares: a fines de 1944, caciones. Simplemente que en este caso es totalmente submarina.
cuando se había ganado completamente la batalla del Atlántico
los aliados armaron 3.200 barcos antisubmarinos contra 2.640 Por otra parte, la batalla del Atlántico ha puesto bien en claro
un año antes. Cada U-Boote en mar inmovilizaba 25 navíos y el carácter vital que puede tener la guerra contra las comunica­
100 aviones aliados. La presión que ejercían sobre su adversa­ ciones. Es Bernard Brodie, mahanista de estricta observancia,
rio, dueño de los mares, era muy fuerte. Por esta razón Doenitz el que lo reconoce: «La batalla del A tlántico, que ha comenzado
continuó la guerra submarina hasta el final. Incluso �abiendo el primer día de guerra, ha sido la campaña clave de toda la gue­
que estaba irremediablemente perdida, y que le producía pérdi­ rra. Su final no se ha podido alcanzar por los resultados de un
das espantosas (de 39.000 sµbmarinistas alemanes, 32.000 murie­ combate decisivo, sino más bien por una lista de altas y bajas
ron en combate, proporción nunca alcanzada por ninguna otra en un libro de contabilidad en el que figuran navíos-perdidos
arma). frente a navíos construidos, navíos perdidos frente a submari­
No es cierto que esta opinión esté plenamente j ustificada. nos alemanes hundidos»41 • Si los aliados no habían podido
-
A pesar de su fracaso final, la guerra submarina llevada por los vencer desde 1943, habían tenido tiempo para apreciar la inuti­
alemanes muestra cierto número de particularidades que con­ lidad de sus flotas de guerra contra el arma submarina. Pero
tradicen el juicio hecho sobre esta nueva forma de guerra con­ como su superioridad material les ha ofuscado, no experimen­
tra las comunicaciones. Por una parte, ésta no puede emparen- taron la necesidad de sacar las lecciones pertinentes. Estas eran
muy claras, tanto más cuanto que los medios empleados por los
1 74 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITT E NCIA MARITIMA 175

alemanes eran muy débiles: hasta 1942 casi no había más de una de la guerra de corso: el «servicio silencioso» (nombre dado en
veintena de U-Boote en el mar. los Estados Unidos al arma submarina) se ha beneficiado de con­
El fracaso de la guerra submarina alemana no ocurrió por diciones casi increíbles: el alto mando japonés no había previsto
fatalidad, ante todo fue debido a la incapacidad de Hitler y del nada antes de la guerra para la protección del tráfico al que no
gran almirante Raeder para comprender su interés y dejar hacer había dedicados más que dieciséis viejos destructores, doce tor­
a Doenitz para que la llevase a su manera con medios suficien­ pederos, diecinueve dragadores y doscientos aviones que podían,
tes. Desde este punto de vista han cometido dos errores decisi­ por otra parte, ser requeridos para otras misiones44, y lo que es
vos: por una parte no dando prioridad a la construcción de sub­ más extraordinario todavía, asistía durante dos años sin reac­
marinos más que a partir de 1943, cuando la batalla del Atlántico cionar al vertiginoso aumento de la curva de pérdidas. Por una
estaba ya de hecho perdida, y por otra parte, quitando a Doe­ inconcebible aberración abandonó a su suerte sus cargueros y
nitz cierto número de submarinos cuando ya de por sí tenía tan sus patrulleros, cuando Japón dependía totalmente de ellos para
pocos, para dedicarlos a patrullar en sectores juzgados estraté­ su avituallamiento y, por otra parte, les impuso la obligación
gicos (mar de Noruega y Gibraltar), reduciendo así drásticamente de navegar en pequeños grupos en la falaciosa esperanza de que
el número de unidades útilmente desplegadas en el Atlántico. «los raros mandos instruidos en la táctica a oponer a los sub­
Castex había condenado enérgicamente esta dispersión: «Hay marinos salvarían con sus maniobras a un gran número de sus
que evitar tanto como sea posible el empleo de submarinos en colegas, y que las tripulaciones torpedeadas serían recogidas»45•
dispositivos esencialmente defensivos, inertes, estáticos, geográ­ Las futuras víctimas acumulaban así los inconvenientes del sis­
ficamente fijos, tales como estacionarlos delante de las bases ene­ tema de convoyes (concentración de víctimas, disminución de
m igas, vigilancia pasiva de ciertas zonas, barreamiento de estre­ la velocidad) con una ausencia de protección. A fin de 1943 es
chos o de brazos de mar cerrados, etc. Es preciso observar cuando los convoyes escoltados se han generalizado, aunque toda­
enérgicamente este principio, pues existe y existirá siempre can­ vía su protección habitualmente era bastante escasa. Los sub­
tidad de gente que no puede ver en la carta un ramal o un estran­ marinos americanos lo tuvieron muy fácil hundiendo 1.113 navíos
gulamiento marino tal como el paso de Calais, o la Mancha, de más de 500 toneladas, lo que representa 5.320.094 toneladas,
Gibraltar, el Canal de Sicilial etc., sin caer enseguida en el irre­ la mitad de la flota comercial nipona.
sistible impulso de situar allí tlefacción sus submarinos... Es par­
ticularmente estúpido montar guardia en alguna parte mientras El Japón, que había importado 1 .500.000 barrilles mensua­
que el enemigo corra por otra riéndose de ustedes»42• les en primavera de 1943, no recibía más que 700.000 un año
Pero sobre todo, existe el ejemplo contrario, muy poco cono­ más tarde, 300.000 a fines de 1944, y 150.000 en marzo de
cido, de la guerra submarina �mericana en el Pacífico. Los defen­ 1 94546• Su situación había llegado a ser trágica por el único
sores de la doctrina mahanista no hablan casi de ella, mientras hecho de la interrupción de sus aprovisionamientos: la media
que se puede constatar, leyendo una historia de la guerra naval de producción de las fábricas que no alcanzaron los bombar­
escrita por una pléyade de historiadores marítimos americanos deos americanos, que estaban intactas, ¡no alcanzaba más que
que se confiesan partidarios de Mahan: En un capítulo sobre el 45 por ciento por término medio! Los astilleros navales y la
la guerra del Pacífico que tiene ocho páginas, una entera se dedica industria aeronáutica sufrían los efectos de la parada de las
a la campaña de los submarinos USA contra el tráfico importaciones hasta el punto de que la única salida posible fue
j aponés43• Por lo tanto, sus resultados han sido bastante deci­ desmontar ciertas fábricas para reinstalarlas en Corea y en Man­
sivos y dan el golpe de gracia a la tesis clásica de la futilidad churia, próximas a las materias primas que necesitaban. El Japón
LA PITTENCIA MARITIMA 177
176 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

sados por éste en 1939 en Die UBoote waffe no tuvieron ningún


estaba absolutamente asfixiado y esta fue la causa principal de eco fuera de Alemania) en haber reconocido su existencia: «El
su derrota. dominio del mar comprende a la vez la positiva ventaja de utili­
El éxito de la guerra submarina en el Pacífico fue posible zar el mar para si mismo, y la ventaja negativa de impedir esta
por la concurrencia de dos factores que Castex había señalado, utilización al enemigo». La revolución técnica del submarino hará
y en cuyas consecuencias no había profundizado, por su adhe­ posible, en lo sucesivo, una guerra por las comunicaciones con
sión de principio a la lógica de la batalla: resultados decisivos: «Cuando se practica a una gran escala y
l. Un enemigo particularmente vulnerable desde el punto de
J con toda la persistencia posible, por submarinos en gran número
vista de las comunicaciones47 • operando en regiones focales del tráfico marítimo, esta forma
2. Una actitud ofensiva de la flota «que producirá en el ene­ de estrategia puede proporcionar éxitos de tal magnitud que
migo un efecto de fijación, y que como no tendrá demasiados puede llegar a dar a los que la practican, al menos, los benefi­
recursos para parar el golpe, sólo podrá consagrar muy pocos cios negativos ordinariamente asociados con el dominio del mar.
medios navales y aéreos a la defensa de sus comunicaciones»48• Resultaba evidente que un bloqueo de superficie tan completo
Las dos condiciones se habían dado en provecho de los ameri­ como fuera posible, podía ser compensado por algo parecido
canos en el Pacífico, mientras que la segunda faltaba a los ale­ a un contrabloqueo, y que la victoria en el mar podía no estar
manes en el Atlántico. de parte del beligerante que poseyera la marina más fuerte, sino
Sin embargo, se notará que no es del todo cierto el que esta del que fuera menos sensible a la interrupción de las comunica­
segunda condición sea absolutamente necesaria. La victoria del ciones. Lo que se ha entendido en el término dominio del mar
Atlántico es imputable a la superioridad cuantitativa y cualita­ en el viejo lenguaje estratégico, había llegado a ser, en cierto sen­
tiva de los aliados. Ha jugado un papel decisivo el hecho de que tido divisible, y las autoridades navales tratan de distinguir entre
en el Atlántico el defensor de la superficie poseyera el radar que el dominio de la superficie y el dominio submarino del mar»49•
no tenía su adversario submarino, mientras que en el Pacífico Este desmembramiento del dominio del mar, Castex ya lo había
ocurrió a la inversa. Por otra parte, si como había pedido Doe­ formulado50, pero una vez más su rechazo a renegar de la
nitz, los alemanes hubieran concentrado todos sus esfuerzos en lógica de la batalla le había prohibido medir todo su alcance.
sus submarinos desde el comienzo de la guerra, habrían podido Por tanto, las consecuencias teóricas de esto son capitales.
tener desde 1942 los nuevos s�bmarinos tipo XXI que no apa­ En primer lugar hay una paridad, si puede decirse así, ent�e
recieron hasta finales de 1944. 'Empleados en gran número, éstos la guerra por las comunicaciones y la guerra entre flotas. La pri­
verdaderamente habrían modificado el curso de los acontecimien­ mera deja de ser un anexo de la segunda, para convertirse en
tos. Así se habría podido ver un caso que Castex en absoluto una forma de guerra naval susceptible de producir también resul­
quiso entrever: una guerra de.:omunicaciones decisiva sin inter­ tados d ecisivos, independientemente de la evolución de la gue­
vención de las flotas de superficie. rra entre flotas de superficie. El que domina la superficie puede
perder la libertad de ir y venir, incluso aunque su flota de super­
3. Naturaleza d e la g uerra por las c o m u nicaciones ficie no sea destruida. El ejemplo de la guerra del Pacífico resulta
muy claro a este respecto. La estrategia japonesa consistía en
Así, aparece una guerra por las comunicaciones que no tiene esperar al adversario para librar la batalla en el lugar y momento
mucha relación con la de corso tradicional y que puede llevar escogidos por ella. Así consigue evitar la confrontación decisiva
a un dominio del mar «en negativo», de la que Bernard Brodie hasta finales de 1944, fecha en la que empeña todas sus fuerzas
es el primero (después de Doenitz, pues los puntos de vista expre-
178 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 179

{ ?,:�':�' 'º:.:��::-· . F·
Batalla decisiva
G uerra entre los gruesos Bloqueo de la flota
-------
de las flotas
•••••••. .. ....... ...... .... .. ............... ....... ... ........

Protección indi recta

{ ���� :
Dominio
ll s . . . . . . .. . . . . . .
� ���� ��
· · del
Defensiva
roced im ientos ofensivos lo ri mar
Ataque a las bases de corsarios _

P rotección directa

{
Armado de barcos mercantes __
Disciplina de navegación
'l)Cedim ientos defensivos ( Rutas especiales) __ _ ____

Convoyes escoltados _ _ ____

G U ER RA Guerra por el dominio


N AVA L de comunicaciones

Bloqueo comercial ----1.----·

Ofensiva Ataque a las comunicacion


{ Guerra submarina y aérea
Interdicción
Corsarios de superficie ------ ¡ de los mares
para el
adversario
Flota en potencia . .

{
O bstáculos . Pertu rbación
G uerrilla naval
i �� . : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : : :
U nidades su t l . .·
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::]
de la costa
adversaria

1 ) La guerra naval está incluida en el cuadro más general de la estrategia marítima 2) Las líneas de pu ntos representan procedimientos que no tienen ninguna posi­
sintetizada por la tetralogía, disuasión, proyección de la potencia, dominio de los mares bilidad de obtener resultados decisivos en la ofensiva, o cuyos efectos son negativos
y presencia formulada por Turner (cf. supra, págs. 29-31 . ) La guerra naval tal como aquí en la defensiva.
se dice, en su sentido tradicional, corresponde al dominio de los mares de Zumwalt.
180 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA PITTENCIA MARITIMA 181

en la batalla por las Filipinas. Pero ya era demasiado tarde, y


la destrucción de las escuadras niponas en Leyte, no hizo más estrategia, por la molestia que causa al dominador del mar, puede,
que consumar una derrota que ya resultaba evidente en el plano no obstante, apoyar útilmente la guerra submarina (y más rara­
de las comunicaciones. La marina mercante japonesa no llega­ mente la aérea), que el más débil librará contra las comunica­
ría nunca a encaminar hacia la metrópoli las materias primas ciones enemigas. Si solamente dispone de fuerzas sutiles inca­
indispensables para el funcionamiento de la economía y de las paces de aventurarse en alta mar, deberá contentarse con una
máquinas de guerra del Imperio del Sol Naciente. Los bombar­ guerrilla naval combinada con una defensa mediante obstácu­
deros americanos atacaban a menudo fábricas cuya producción los (minas, artillería de costa ...) Esta guerrilla no puede produ­
había estado ralentizada o incluso parada por las dificultades cir resultados decisivos salvo en circunstancias excepcionales
de aprovisionamiento. La estrategia de desgaste, representada por (mares estrechos); pero es susceptible de causar unas molestias
la guerra por las comunicaciones, había triunfado sobre el Japón, sensibles al que domina el mar en las zonas costeras.
antes que la estrategia de aniquilación, objetivo central de la bús­ Otra consecuencia de la bipolaridad de la guerra naval es la
queda de la batalla decisiva, hubiera producido sus efectos. rehabilitación de la defensiva militar. El que recurre a la guerra
El esquema unívoco de Geoffrey Till presentado al comienzo submarina no busca el dominio del mar, el sea-control, aspecto
de este capítulo puede completarse desde ahora, para hacer apa­ positivo que no puede obtenerse más que por una estrategia de
recer el carácter popular de la guerra naval, con el cuadro de aniquilación que suponga empeñar la flota de superficie, sino
las páginas 178 y 179. únicamente la interdicción del mar a su adversario, el sea-denial,
El que tiene el dominio del mar busca la batalla decisiva, objetivo negativo que se propone alcanzar por una estrategia de
y si no la puede obtener, organiza el bloqueo de la flota de gue­ desgaste. El que domina la superficie no puede tender más que
rra enemiga, al tiempo que su bloqueo comercial. Asegura la a una cosa: a la conservación de su dominio, y entonces está
protección de sus propias comunicaciones por la combinación condenado a defenderse, mientras que su adversario está obli­
de una protección indirecta (por el bloqueo de la fuerza naval gado a atacarle para invertir la situación. Este estado de cosas,
enemiga) con un.. a protección directa que pone en juego diver­ completamente clásico desde un punto de vista político51 resulta
sos procedimieritos ofensivos y defensivos con excepción del sis­ original desde un punto de vista militar: la novedad introducida
tema de rutas patrulladas, cúyo fracaso está comprobado. El más por el submarino y el avión es que la defensiva política entraña
eficaz de estos procedimientos es la formación de convoyes escol­ necesariamente la defensiva militar. Contra estos nuevos enemigos
tados. Así, dispone de todas las ventajas positivas y negativas la flota de superficie no puede más que defenderse, y Castex así
de la potencia marítima. El que no tiene el dominio de� mar y lo había visto a la luz de la primera guerra mundial, aunque
se encuentra demasiado débil para tratar de obtenerlo por la bata­ tuviera que salvar las apariencias, calificando de ofensiva una
lla tiene que escoger entre varias estrategias que se pueden com­ estrategia fundamentalmente defensiva: «Contra el submarino,
binar para procurarse, al menos, las ventajas negativas de la incluso con los nuevos ingenios, no se habría logado un gran
potencia marítima: si tiene una flota, practicará ofensivas meno­ rendimiento de haberse limitado a la caza directa. Por el con­
res a fin de obtener un desgaste del enemigo hasta que la igua­ trario, se ha sacado un partido excelente de estos ingenios espe­
lación de fuerzas le permita hacer frente a la batalla; si no puede rando al enemigo para caer sobre él en las proximidades de los
conseguirlo, conservará su flota en potencia para hacer sentir convoyes»52• La idea de una batalla decisiva susceptible de pro­
una amenaza constante, tanto sobre la flota de guerra enemiga, ducir efectos decisivos de una sola vez, pierde todo su sentido
como sobre sus comunicaciones. Insuficiente en sí misma esta con protagonistas que evolucionan en medios diferentes. De los
dos principios propuestos por Castex sobre la naturaleza ofen-
182 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 183

siva de la guerra entre flotas y sobre la naturaleza defensiva de línea en 1939 más que una veintena de submarinos capaces de
la guerra por las comunicaciones; la evolución de los armamen­ operar en el Atlántico, los soviéticos poseen hoy cerca de 300
tos navales ha confirmado el primero (la ofensiva completa, con submarinos de ataque, de los que una centena son a propulsión
búsqueda de la batalla supone el empeño de la flota de superfi­ nuclear con capacidad infinitamente superior, así como aero­
cie) e invertido el sentido del segundo: la guerra de las comuni­ naval, disponiendo de bombarderos de alcance intercontinen­
caciones no es más defensiva porque sea la guerra del débil con­ tal. Por otra parte, poseen en minas medios de guerra muy impor­
tra el fuerte, sino porque el dueño de la superficie está condenado tantes. Es decir, que están �n condiciones de dar el primer golpe
a defenderse de sus asaltantes, que no evolucionan en el mismo con medios contundentes, y que los efectos de la primera salva
medio que él. podrían ser, en teoría, si no decisivos, al menos muy difíciles
de remontar.
Cierto número de factores vienen felizmente a atemperar esta
LA G U E R RA P O R EL DO M I N I O DE LAS COM U N I CAC IO­ impresión. El principal es evidentemente el obstáculo geográ­
N ES E N LA E RA N U CLEAR fico: la Marina soviética está repartida entre cuatro teatros de
operaciones distintos (Artico, Báltico, mar Negro y Pacífico),
que casi no se pueden apoyar mutuamente, aunque la red de cana­
Como ha pasado con la batalla, esta discusión de los efec­ les, conocida baj o el nombre de sistema de los cinco mares, per­
tos de la guerra por las comunicaciones no es nada académica. mitan ciertos intercambios de navíos entre los tres teatros euro­
Nos lleva, por el contrario, al centro del actual debate naval. Es peos. La flota del Artico a la que sería devuelta la conducción
preciso señalar la enorme similitud entre la situación de los dos de esta nueva batalla del Atlántico dispone de alrededor de 130
campos en el Atlántico en 1940 y hoy. El defensor es el mismo, submarinos de ataque, entre los cuales casi hay 50 unidades con
la coalición occidental, y su dependencia de las comunicacio­ motor diesel, cuyo valor militar es muy débil. No quedan entonces
nes marítimas no ha disminuido; por el contrario, ha aumen­ más que 80 submarinos modernos, de los que la mayor parte
tado bastante. El atacante ha cambiado; ya no es Alemania, sino quedarían afectos a misiones defensivas en el sector del mar de
la Unión Soviética. Pero su �strategia es la misma . Su posición Barentz con el mar Noruego, para oponerse a una eventual incur­
geográfica, demasiado desventajosa, le prohíbe pretender el sión de la U.S. Navy y para asegurar la protección de los sub­
dominio del mar, del que, además, no tiene necesidad, pudiendo marinos estratégicos contra los submarinos de combate ameri­
ser autosuficiente durante un período de tiempo bastante largo. canos. El resto disponible para una campaña en el Atlántico,
Entonces su ofensiva va a tener por finalidad la prohibición del muy bien podría no pasar de 20 ó 30 unidades, y éstas deberían
mar a su adversario. Aunqve los escritos del almirante Gork­ franquear el cerrojo Groenlandia-Islandia-Reino Unido, fuer­
chov no reservan al atacante de las comunicaciones más que un temente vigilado por la OTAN. La amenaza soviética contra las
lugar secundario, no se puede concluir como lo hacen ciertos comunicaciones debe ser puesta en sus justas proporciones.
analistas, con una ligereza inquietante, que la marina soviética No por ello merece menos ser tomada en serio, y los occi­
no se interesa por ellas, pues sus ejercicios comportan frecuen­ dentales harían bien en recordar las enseñanzas de la Segunda
temente ataques a las comunicaciones. Entonces las amenazas Guerra mundial que hicieron resurgir con fuerza dos ideas que
contra el campo occidental resultan de la misma naturaleza que debían parecer evidentes: la batalla contra flotas de superficie,
hace cuarenta y cinco años, pero los alarmistas objetan que es aunque victoriosa, no es suficiente para resolver el problema de
de una intensidad muy superior: pues si Alemania no tenía en las comunicaciones, y la defensa tiene necesidad de medios
1 84 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 185

��C:h � �ás importantes que el ataque, que goza de la cia notable de unidades disponible. El Secretario de Marina John
miciativa . A pesar de todo la U.S. Navy prefiere concentrar
s';ls esfuerzos par� una batalla, aunque hipotética, con la prin­ Lehman ha indicado en el curso de una conferencia en el Royal
_ _
cipal fuerza sovietica. Aparentemente se deja en manos de las United Services Institute, en abril de 1983, que la U.S. Navy con­
marinas aliadas el asegurar la tarea menos gloriosa de escoltar taría con 518 navíos en lugar de 479 al final de la presidencia
los convoyes54• Es cierto que dispone de sofisticados medios de Carter. Esta cifra se eleva a 545 al acabar el año fiscal de 1985.
muy considerables para la escucha antisubmarina_ con sus redes El cambio de dirección está claro. Pero el analista Norman Pol­
de escucha SOSUS, SURTASS, TACTASS y sus aviones de patru­ mar señala que el acento puesto en los portaaviones, ios sub­
llaje marí timo P3C Orion, que le permiten la vigilancia de todos marinos y las capacidades anfibias, ha ido en detrimento de los
los océanos, pero carece de buques para escolta, pues desde 1970 barcos de combate de superficie, y que este déficit afecta priori­
no ha construido más que tres grandes series de navíos de escolta: tariamente la capacidad de protección del tráfico57 • La coacción
los 3 1 destructores Spruance, las 46 fragatas de la clase Knox de los costos ha llegado a ser tal, que incluso los presupuestos
y las 50 fragatas Oliver Hazard Perry. Lo esencial de los crédi­ de la defensa no dan abasto.
tos es empleado en navíos muy sofisticados, portaaviones nuclea­ Este desinterés relativo por la seguridad de las comunicaciones
res (un Nimitz con su parque aéreo, representa prácticamente podría tener consecuencias fatales. La amenaza soviética se
un año de presupuesto de la Royal Navy británica), submarinos agrava constantemente: al peligro submarino que no cesa de cre­
nucleares de ataque Los A ngeles (que hacen cinco nudos más cer (los submarinos nucleares A lfa y Victor están ya alcanzados
por las nuevas series Mike y Sierra) se une ahora un peligro aéreo
·

que sus predecesores Sturgeon, pero son dos veces más volumi­
nosos y, sobre todo, dos veces más caros), cruceros Ticonderoga con la multiplicación de los bombarderos Backfire. Por otra parte,
Y destructores Burke, cuya construcción es impulsada en detri­ la aparición de grupos de combate de superficie en torno al por­
mento de programas de navíos menos costosos y que podrían, taaviones, del que se habló en el capítulo precedente58 , refuerza
todavía la atención sobre la batalla. Ahora bien, el potencial para
a pesar d � todo, cumplir las mismas misiones. Así ha pasado
con la sene O. H. Perry, cuya continuación más allá de la uni­ la protección del tráfico de la OTAN se sitúa justamente en el
minimun aceptable con apenas 200 escoltas disponibles en el
dad número 50 prevista en el programa de 1 983 a 1987, ha sido
Atlántico Norte, cuando al menos harían falta 350 para asegu­
abandonada en la planiticación de 1 984 a 198855, en provecho
rar una conveniente protección. Y la situación no mejorará en
de los destructores Burke, evidentemente más tecnificados, pero
los próximos años: a los problemas aquí reseñados de la U.S.
cuyo costo unitario podría, finalmente, rozar o incluso rebasar
Navy se une la reducción del número de navíos británicos (a pesar
los 1.000 millones de dólares, mientras que los de los O. H. Perry
son inferiores a los 400 millones, y resultan excelentes escoltas de la detención en este declinar como consecuencia del asunto
incluso p�r� los J? Ortaaviones. Además en grupos de tres pue­ de las Malvinas, el número de destructores y fragatas de la Royal
Navy disminuirá en 50 mediada la decena de los 80, en lugar
den constitmr temibles grupos de combate. Las críticas que contra
esto se han dirigido, incluso desde el interior de la Marina, son de los 70 que bajaron durante la decena precedente) y franceses
bastante engañosas, y su motivo no es otro que el tratar de evi­ (el ministro de Defensa ha reconocido que la Marina no conser­
tar que el Congreso recuse la opción «todo sofisticado». Entonces vará el número actual de barcos). La Swing Strategy, puesta a
es preciso acreditar las ideas de que los navíos baratos (relativa­ punto a final de los años 60 para compensar el declinar cuanti­
tativo de la U.S. Navy, y que preveía la transferencia de unida­
mente...) tienen posibilidades operativas limitadas aunque no
des de la flota del Pacífico a la del Atlántico en caso de necesi­
sea cierto 56 , y aunque ésto se deba traducir en un� insuficien-
dad, casi no es practicable desde el momento en que se ha
1 86 HERVÉ COUTAU-BÉGARl E

producido un impresionante refuerzo del potencial de la flota


soviética en el Pacífico59, que prohíbe en el futuro desguarne­
cer este sector. La situación corre el riesgo de extenderse al Atlán­
tico Norte, y todavía sera peor en los teatros prácticamente no
defendidos como el del Atlántico Sur60•
Se objetará que una campaña general de los soviéticos con­
tra las líneas de comunicación de la OTAN casi no es previsible
en razón del riesgo de escalada. Sin ninguna duda. Pero un ata­
que frontal soviético en Europa es igual de improbable, y a pesar
de todo la OTAN siempre está preparada para hacerle frente. En
un mundo dominado por el arma atómica no hay alternativa
a la disuación, pero por ello es preciso «pensar lo impensable»,
estar preparado para cualquier eventualidad. El statu quo en
Europa resulta del equilibrio del terror y también de la capaci­
dad de defensa de la OTAN. A despecho de lo que se cuenta
NOTAS AL CAPITULO CUARTO
demasiado frecuentemente, una ofensiva soviética en Europa está
lejOS de tener asegurado Un éxito fácil61 , Y esta incertidumbre
l . Mahan, Uinfluence de la puissance maritime daos l'histoire, pág. 156. Se notará
sobre el resultado no puede más que incitar a los dirigentes del de paso que Mahan ha reconocido bien la naturaleza de la guerra de corso: es una gue­
Kremlin a la prudencia. De la misma manera, un ataque contra rra de desgaste y no de aniquilación. Pero como no ha leído a Delbruck y sólo a pres­
las comunicaciones marítimas occidentales sería muy aleatorio. tado una distraída atención a Clausewitz (su inspirador es Jomini) no puede más que
rechazar todo lo que no lleve a una guerra de aniquilación.
Pero esta eventualidad será tanto más improbable cuanto que 2. Como Keynes con el sueco Wicksell, Castex ha tenido un predecesor que parece
su resultado aparezca más dudoso. La alianza atlántica debe vigi­ ignorar, en la persona del vicealmirante Karl Galster, que ha formulado en 1907, en Wel­
che Seekriegrüstung braucht Deutschland una distinción entre Grosskrieg (conducida por
lar allí y dedicar a su capacidad de escolta tanta atención como
navíos de línea) y Kleinkrieg (conducida por submarinos y unidades ligeras). Su dis­
sea necesaria, ante la hipó�esis de la batalla. tinción tiene menos alcance que la que esboza Castex, pues ambas formas se sitúan en
el ámbito de la guerra entre flotas. La Kleinkrieg es una fase preparatoria que tiene
por fin debilitar al más fuerte hasta llegar a una igualación de la potencia que haga
posible la Grosskrieg, es decir, la batalla.
3. Théories, T. IV, pág. 289.
4. Théories, T. IV, pág. 291.
5. Théories, T. IV, pág. 291. Después de la redacción del Tomo IV, Castex ha con­
cedido una atención cada vez mayor a la guerra de las comunicaciones a medida que
tomaba conciencia con más claridad del peso de las servidumbres económicas, tal como
19 testimonian sus conferencias sobre la guerra económica en el «Colli:ge des Hautes
Etudes de Défense nationale» (19 y 20, enero 1938).
6. Cf. Philippe Masson, Histoire de la marine fram;aise, T. II, pág. 17.
7. Almirante Castex, «La Russie et la mer», Revue maritime, julio 1954, pág. 855.
8. Philippe Masson, op. cit., T. 11, pág. 20
9. Philippe Masson, op. cit., T. 1, págs. 156-157.
10. Philippe Masson, op. cit., T. I, pág. 172.
1 1 . Philippe Masson, óp. cit., T. 11, págs. 20-22.
12. Geoffrey Symcox, The crisis of French sea-power 1688-1697, La Haya, Marti­
nus Nijhoff, 1974, pág. 228.
LA POTENCIA MARITIMA 189
188 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

aislados en la embarazosa e ingrata situación precedentemente descrita. Sus operacio­


13. Paul M. Kennedy, The rise and fall of British naval mastery, pag. 33. nes no habrían tenido más que un débil rendimiento... Pero he aquí que como testimo­
14. Paul M. Kennedy, op. cit., pág. 53. nian recientes acontecimien tos, la situación en nuestra época es modificada una vez
. 15. Jean Meyer, «Louis XIV et les puissances maritimes», XVII siecle, número 123,
.. más... Nos encontraríamos ante la coalición germano-italiana y el bloque franco-inglés,
pág. 156. que puede aumentar con los Estados Unidos... Por el hecho de la desaparición casi
16. Citado por H. W. Richmond, Seapower in the modern world, pág. 152. completa de importantes e interesantes neutrales, es decir, los necesitados de conside­
17. A. T. Mahan, L'influence de la puissance maritime dans I'histoire, pág. 219. raciones y deferencias, los submarinos alemanes e italianos (cuyo número se ha incre­
18. Geoffrey Symcox, op. cit., pág. 222. mentado recientemente, sin duda, en vista de esta eventualidad) y la aviación de ambas
19. Paul M. Kennedy, op. cit., pág. 131. naciones, gozarían de una completa libertad de acción. Podrían, sin ningún inconve­
20. Théories, T. 1, pág. 135. niente político, atacar sin moderación; tanto los navíos aislados como los convoyes...
21. Habrían sido más numerosos si los Estados del Sur hubieran podido armar La solución presentada anteriormente como óptima para la defensa de las comunica­
navíos en sus astilleros en lugar de tener qúe depender totalmente de Europa, que se ciones debería en este caso ser enteramente revisada... La navegación aislada, al pre­
mostró más que reticente. Cf. Warren F. Spencer, The Confederate oavy in Europe, The sentar graves inconvenientes, obligaría a formar, como en 1914-1918 convoyes de impor­
University of Alabama Press, 1983. tancia media protegidos únicamente contra estos peligros particulares, libre de aceptar
22. Théories, T. IV, pág. 290. ciertos riesgos de superficie en tiempo normal, y a prevenirse contra ellos en los casos
23. Tobias R. Philbin 111, «Reflections on the strategy of a continental comman­ en los que momentáneamente llegaran a ser muy grandes» (Fragments stratégiques).
der: admira/ Franz Hipper on naval warfare», Naval War CoUege Review, otoiio 1971, Desgraciadamente esta puesta al día quedó inédita hasta 1985.
pág. 173. 37. René Daveluy, Étude sur la stratégie navale, pág. IX.
,Este memorandun de Hipper no parece haber sido encontrado hasta fecha 38. Cf. T. J. Belke, «Roll of Drums», U.S. Naval Institute Proceedings, abril 1983,
reciente. Car! Axe! Gemzell en su muy documentado libro no lo menciona. págs. 58-64. Casi tres cuartas partes (72 por 100) de los navíos perdidos por los aliados
24. Para salir de este punto muerto el almirantazgo alemán había pedido desde durante la guerra navegaban aisladamente.
el comienzo de la expansión de la flota la adquisición de bases en ultramar. En 1916-1917 39. Friedrich Ruge, Puissance maritime et sécurité, Presses de la Cité, París, 1969,
reclamaba en caso de victoria la ocupación de las Feroe, Azores, Dakar y Valona (en pág. 141.
Albania) ... En el período entre guerras el almirante Wegener sugerirá salir de la trampa 40. Fragments stratégiques. La aparición del radar ha resuelto definitivamente el
del mar del Norte, ocupando para ello Noruega, así como la costa atlántica francesa. problema de la detección.
Cf. Car! Axe! Gemzell, op. cit., págs. 63-161-220-268. 41. Bernard Brodie, op. cit., pág. 15.
25. Theories, T. IV, pág. 321. La aparición de su Synthese de la guerre sous-marine, 42. Théories, T. I (1937), pág. 368.
en 1920, ha desencadenado las iras del almirantazgo británico y suscitado una viva dis­ 43. E . B. Potter, Seapower, Annapolis, U.S. Naval Institute Press, 2• ed., 1981.
cusión entre los delegados franceses y británicos en la Conferencia de Washington sobre 44. Cf. Arthur J. Marder, Old friends, new enemies. The Royal Navy and the Imperial
los armamentos navales. Cf. Castex, le stratege inconnu, cap. V. Japanese Navy, pág. 321.
26. Théories, T. 1, pág. 300. 45. André Reussner, «La marine marchande, la stratégie et /'économie de guerre
27. Théories, T. IV, pág. 322. japonaises». Revue d'histoire de la Deuxieme Guerre mondiale, 1951, número 2, pág. 21.
28. Théories, T. IV, págs. 326-327. 46. André Reussner, art. cit., pág. 14.
29. Théories, T. 1, pág. 301. ! 47. Japón es desde este punto de vista un caso extremo de vulnerabilidad por el
30. Théories, T. 1, pág. 295. hecho de su insularidad y de su falta casi absoluta de materias primas.
3 1 . Théories, T. IV, pág. 305. 48. Théories, T. IV, pág. 287.
32. Théories, T. IV, pág. 324. 49. Bernard Brodie, op. cit., pág. 85 y págs. 125-126.
33. Théories, T. 1 (1937), pág. 353. 50. Especialmente en la addendum de 1939 dejó citado: «La idea maestra de Ale­
34. Théories, T. IV, págs. 163-164. mania parece ser, en efecto, amenazar gravemente por estos procedimientos, las comu­
35. Théories, T. IV, pág. 289. nicaciones marítimas de las naciones occidentales, librándose ella de una contraofen­
36. Théories, T. IV, pág. 329. Este error le ha sido reprochado especialmente por siva similar al basar sus avituallamientos y comunicaciones en la utilización de los
Herbert Rosinski, op. cit., pág. 44. En todo momento conviene notar que Castex lo ha recursos del Este europeo», Fragments stratégiques.
repudiado al final de los aiios 30 en sus conferencias en el «College des Hautes Études 51. Cf., supra, pág. 95.
de Défense nationale» y en un addendum al Tomo IV de las Theories. fechado en 1939: 52. Théories, T. IV, pág. 1 3 1 .
«en este momento (durante la redacción del Tomo IV) se podría imaginar que en un 5 3 . Por esta razón l a idea d e que los Estados Unidos podrían contentarse con una
tal conflicto Francia y A lemania estarían solas cara a cara, Inglaterra e Italia queda­ paridad naval con la Unión Soviética es absurda. Esta idea es sugerida por un analista
rían neutrales y los Estados Unidos se desentenderían, con mayor razón, por ser extra­ del primer plan, Michael MccGwire, conocido por sus numerosos trabajos sobre la marina
ños a los acontecimientos europeos... En tal hipótesis, por la existencia de numerosos soviética. Michael MccGwire «Soviet-American naval arms control», en George H. Quester,
países, neutrales y potentes, A lemania habría tenido gran interés en no abusar. Los Navies and arms control, Praeger, Nueva York, 1980. Todas las propuestas de reducción
submarinos y la aviación de esta potencia se habrían sentido considerablemente incó­ que aprieten más a los Estados Unidos que a la Unión Soviética reposan en el postu-
modos en su ofensiva contra la navegación comercia/ y parados en presencia de navíos
190 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

lado de que la estrategia soviética es fundamentalmente defensiva, lo que a la vista del


desarrollo de los últimos años (Vietnam, Afganistan), es bastante dudoso. En el período
\,
entre guerras el almirante Richmond había denunciado ya el irrealismo de esta idea y
señalado que la paridad matemática entre un país dependiente del mar y un país autár­
quico no podía traducirse más que por la superioridad concreta del segundo. Almirante
sir Herbert Richmond, Economy and naval security, op. cit., pág. 37.
54. La Royal Navy proporcionó los dos tercios de las escoltas disponibles en el Atlán­
tico Norte.
55. Jean l.abayle-Couhat, Les flottes de combat 1984, París, Editi ons Maritimes et
I d'Outre-Mer, 1983, pág. 321.
(
56. Los destructores Spruance habían sido también muy criticados desde su cons­
trucción por los partidarios de la línea Rickover, que deseaban destructores nucleares.
Hoy todo el mundo está conforme en reconocer que han tenido éxito. Cf. Jean l.abayle
Couhat, op. cit., pág. 317. También los marinos que han servido a bordo de los FFG7 T E R C ERA PA RTE
Perry señalan con casi total unanimidad sus considerables posibilidades. Cf. la serie ,
de artículos «And the winners are... the FFG 7s», U.S. Naval Institute Proceedings, abril
1984.
57. Principales manifestaciones de este déficit: 1) el crucero nuclear inicialmente pro­ G E O PO L ITI CA
gramado por la administración Reagan no figura en los últimos presupuestos; 2) los
cruceros antiaéreos Ticonderoga salen mucho más lentamente de lo previsto (más len­ E L M A R CO NTRA LA TI E R R A
tamente de lo que había previsto la administración Carter); 3) la serie de destructores
A rleigh Burke conocía ya retrasos incluso antes de la puesta en astillero del prototipo;
4) la construcción de los destructores Kidd y de las fragatas Oliver Hazard Perry suple­
mentarias ha sido retrasada o anulada. Norman Polmar, «Cruisers and destroyers losing
out», U.S. Naval Institute Proceedings, abril 1983, págs. 97-98.
58. Cf. supra, pág. 149.
59. Hervé Coutau-Bégarie, Géostratégie du Pacifique, París, IFRI-Economica, 1987,
cap. Il.
60. Hervé Coutau-Bégarie, Géostratégie d l'Atlantique sud, París, Presses Univer­
sitaires de France, 1985, págs. 94-98.
61. Cf. Michel Mane!, UEurope face aux SS20, París, Berger-Levrault, 1983 .

..
INTRODUCCION
A LA TERCERA PARTE

¿Qué es la geopolítica? De modo general, se puede decir que


es el estudio de las relaciones entre todo aquello que tiene un
matiz político, y especialmente de las diferentes formas de con­
flicto y las configuraciones espaciales. Preferible a la diversidad
de sistemas de estudios posibles1 , hay un método geopolítico
que pone en el centro de su análisis los factores geográficos, tanto
los de la geografía física como de los de geografía humana.
El razonamiento geopolítico, que fue muy practicado a
comienzos de siglo, ha decaído después de la Segunda Guerra
mundial. Desacreditado por el enfrentamiento entre la escuela
alemana de geopolítica y el nazismo, ha dejado de practicarse
al ser tachado de determinismo simplista y arcaísmo en la era
de los misiles intercontinentales y de la revolución de los trans­
portes, lo que ha hecho creer durante algún tiempo que la influen­
cia de la geografía no era más que residual.
No obstante, desde hace poco se asiste a un forzoso retorno
a esta geopolítica que demasiado apresuradamente se había ente-.
194 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 195

rrado. Ahora que las pasiones se han calmado, se comienza a pia de la era nuclear, que debe dar una importancia esencial al
reconocer que el enfrentamiento de la escuela geopolítica del mar, cuyo protagonismo militar no cesa de crecer, tanto respe�to
general Haushofer con el nazismo es mucho menos evidente de a la disuasión como en relación a la proyección de la potencia.
lo que se ha dicho2• Igualmente se admite hoy que el razona­ El ámbito de la geopolítica es global, pero puede orientar
miento geopolítico no es necesariamente determinista. Esta tenaz su razonamiento hacia un elemento privilegiado. En opinión de
idea resulta en buena parte del error de Mackinder, que había la mayoría de los autores, este elemento es la tierra sobre la que
querido fijar la potencia sobre un centro estático, «el corazón los hombres viven, pero también hay geopolíticos del mar y cier­
..:¡ del mundo», cuando ésta constituye un fenómeno dinámico por
.. tos otros audaces que incluso han esbozado una geopolítica del
naturaleza; y sacar una ley absoluta resumida en el célebre afo­ aire5• El más célebre geopolítico del mar, evidentemente, es
rismo: « Quien tiene el corazón del mundo controla el mundo». Mahan, que se ha dedicado a profundos análisis geográficos,
Pero el pensamiento de Mackinder es mucho más complejo de especialmente sobre la zona del Caribe, y ha aportado a la geo­
lo que sugiere esta sorprendente aberración3 y la mayoría de los política una doble contribución, con su concepción de enfren­
geopolíticos están de acuerdo, tanto en la importancia de los fac­ tamiento entre la tierra y el mar, del que ya he tratado en el pri­
tores de la geografía humana, cambiantes por esencia, como en mer capítulo, y con su libro sobre Asia The problem of Asia
los constantes de la geografía física. Saul B. Cohen también (1900). En esa época Friedrich Ratzel en Dans meer als quelle
subraya que <<factores como la población o la voluntad nacio­ der Volkergrosse (1900) y Mackinder, en Britain and the British
nal comienzan a tener tanto peso como la posición, el clima y seas (1902) conceden una capital importancia al mar como fuente
los recursos en el proceso de adquisición de la potencia»4• de la potencia de las naciones, como también lo hará Hausho­
En fin, y sobre todo, el razonamiento geopolítico, lejos de fer en el período entre guerras, especialmente en Geopolitik des
haber quedado anticuado resulta muy necesario. Los misiles inter­ Pazifischen Ozeans (1924) y Weltmeere und Weltmachte (1937).
continentales pueden haber terminado con las distancias, pero La mayor parte de los estrategas navales también han practicado
la estrategia no se reduce a la disuación nuclear. Esta no impide la geopolítica, frecuentemente en pequeñas dosis y sin percatarse
que cada campo trate de reforzar sus posiciones por la diplo­ de ello. Sobre todo se debe citar al alemán Wolfgang Wegener
macia, la subversión o la int,ervención armada. El análisis geo­ por su crítica de la estrategia naval alemana durante la gran guerra
político es un medio privilegiado para comprender este complejo que había inspirado la decisión de ocupar Noruega en 19406•
j uego, y ahora resulta indispensable por la reciente evolución de ¿Ha tenido Castex una visión geopolítica? Sin duda sus raros
la estrategia de ambas superpotencias: La Unión Soviética se ha comentaristas jamás la mencionan, porque el autor de las Théo­
dotado de medios navales que la permitan desbordar su glacis<a> ries no ha creído que deba erigirse en método con la misma cate­
y proyectar su potencia en fl mundo entero, mientras que los goría que los métodos histórico y material. Tampoco le gusta
Estados Unidos han abandonado su política de contención (con­ la palabra, a la que encuentra cierto aire germánico. Por tanto,
tainment) en todas partes para sustituirla por una vigilancia a aunque la sistematización falte, el contenido geopolítico está ahí.
distancia acompañada con intervenciones selectivas. En esta com­ Castex concede una gran importancia a la geografía: «la geo­
petición, más fluida que en el pasado, la identificación de sec­ grafía es un factor esencial de la estrategia. En este sentido forma,
tores es de capital importancia. Necesitamos una geopolítica pro- con la historia, la base de los conocimientos indispensables para
los hombres de Estado, los soldados y los marinos. Es por esen­
(a) Se refiere el autor a su tradicional esfera de influencia en Europa Oriental (N. cia la ciencia del gobierno y del mando o, según dice Estrabón,
del T.). "la ciencia de los príncipes y de los jefes militares" 7.» La visión
LA POTENCIA MARITIMA 197
196 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

geopolítica impregna el conjunto de las Théories, pero particu­ la confrontación entre la Unión Soviética, ejemplo típico de
larmente los Tomos III y V. potencia continental, y una coalición occidental en estrecha
El Tomo III estudia la geografía en cuanto factor externo dependencia de sus comunicaciones marítimas.
de la estrategia (al mismo nivel que la política, las coaliciones, El pensamiento geopolítico de Castex es mucho más com­
la opinión pública y las servidumbres de diversa naturaleza que plejo que el de Mahan, su ilustre predecesor americano. A par­
pesan sobre la estrategia) y considera su influencia en la adqui­ tir de una generalización excesiva y mal hecha de la experiencia
sición y conservación del dominio de los mares. La primera parte británica, éste había terminado por atribuir una superioridad
del Tomo V aborda la primera fase de la explotación de este domi­ al mar sobre la tierra. Fieles a la enseñanza de la escuela vida­
nio con el bloqueo, los «raids», los bombardeos y obstrucciones liana de geografía10, las Théories rechazan todo determinismo:
costeras. El desarrollo de estas acciones pertenece al ámbito de Castex subraya que «la geografía no es absolutamente todo, que
la guerra naval. Apoyándonos en la definición restrictiva de la a su lado cuentan también las fuerzas (o mejor, los medios), así
estrategia, podemos decir que el punto de vista de Castex aquí como el modo de conducirlos; que es posible manejándolos inte­
es geoestratégico. ligentemente, corregir en cierta medida una geografía desfavo­
El resto del V Tomo rebasa el ámbito de la guerra naval para rable, luchar contra este handicap en contra, o explotar una geo­
plantear el temible problema de la utilización del mar contra la grafía propicia como se merece». Por otra parte, la geografía
tierra: «el hábitat normal de los pueblos, efectivamente, es la no es un factor inmutable, sufre el contrapunto del progreso téc­
tierra. Es en ella donde encuentran su fuerza. Sus comunicacio­ nico que reduce las distancias o, por el contrario, aumenta el
nes marítimas, los medios flotantes que las recorren, no son más alcance de las armas, alterando así, «por repercusión, la influen­
que irradiaciones exteriores de la naciones. Son las ramas, pero cia de la geografía... El factor geográfico, siempre de valor pri­
no las raíces ni el tronco. Estos están en tierra firme. Y aquí está mordial, debe ser contemplado, además, con una óptica y de un
el n úcleo central, el corazón. !Jn la generalidad de los casos, se modo que varía con la época en la que uno se sitúe... Y esto con­
trata de alcanzar este núcleo»8• Este conflicto entre el mar y la cierne no solamente al caso concreto que se analiza, sino tam­
tierra va más allá de la conducción de la operaciones militares bién a ciertos principios generales, afirmaciones o pretendidos
y vuelve a insertarse en la esti;ategia general. Podemos decir que dogmas invariables, en nombre de la geografía y que también
aquí el punto de vista de Cástex es geopolítico9• deben ser retocados y puestos a punto periódicamente»11 • En el
Esta visión geopolítica es la que nos interesará principalmente momento en que los anglosajones empiezan a repudiar varios
en estos capítulos. No es que los desarrollos geoestratégicos carez­ decenios de determinismo mahanista12, el pensamiento de Cas­
can de interés, sino que tratan de aspectos demasiado técnicos tex, con los retoques necesarios, nos puede servir de base para
relativos a la conducción de. las operaciones. Por ejemplo, las un análisis geopolítico de la potencia marítima contemporánea.
ventajas respectivas de los bloqueos abierto y cerrado (a distan­
cia o en la proximidad de las costas), el interés de un rosario
de islas en la defensa costera o las posibilidades de obstrucción
de los puertos enemigos, cosas todas que el progreso de los arma­
mentos ha cambiado profundamente en los últimos cincuenta
años. El problema geopolítico acometido por Castex, el duelo
muchas veces milenario entre la Tierra y el mar tiene un alcance
muy distinto y hoy mantiene especialmente su actualidad con
N OTAS DE LA I NT R O D U CC I O N A LA T E R C E RA PARTE

l. Saül B. Cohen distingue seis: histórico, morfológico, funcional, «behavorista»,


sistemático y análisis de la potencia. Geography and Politics in a world divided, Nueva
York, Oxford University Press, 1973, págs. 7-18.
2. Cf. Jean Klein, «Reflexions sur la géopo/itique», Stratégique, número 20.
3. W. H. Parker, Mackinder, Geography as an aid to statecraft, Oxford, Ciaren­
don Press, 1982.
4. Saül B. Cohen, Geography and politics in a world divided, pág. 31.
5. Entre estos geopolíticos del aire, Renner, de Seversky, Jones..., cf. Hervé Coutau­
Bébarie et Jean Klein, La géopolitique aux États-Unis, de próxima publicación.
6. Cf. el apasionante libro de Fran�ois Kersaudy, Strateges et Norvege 1940, París,
Hachette, 1977, análisis a la vez muy documentado y muy espiritual de los preparativos
para la campaña de Noruega.
7. Théories, T. III, pág. 137.
8. Théories, T. V, pág. V.
9. Quede claro que esta distinción entre geoestrategia y geopolítica no tiene nin­
gún valor en sí, y sólo debe considerarse a efectos pedagógicos.
10. La ausencia de referencias en las Théories no permite establecerlo de manera
categórica, pero esta influencia es más que probable.
11. Mélanges, pág. 96.
12. Cf. por ejemplo, Steven T. Ross, «Blue water strategy revisited», Naval war college
review, primavera 1978, que reconocía que «Blue water alone is insufficient Strategy»,
página 58.
CAPITULO QUI NTO

LA D I A LECTI CA CASTEX IANA


D E LA TI E R RA Y E L MAR

Mahan había establecido una relación simple entre la tierra


y el mar: el mar puede actuar contra la tierra, mientras que la
inversa no es cierta, y a la larga, el mar siempre termina por vencer
en su lucha contra la tierra. Castex sustituye este esquema dema­
siado simple por una relación a la vez dialéctica y compleja: a
la acción del mar contra la tierra responde una redacción de la
tierra contra el mar cuyo impacto tiende a crecer bajo los efec­
tos del progreso técnico. El resultado de esta lucha entre la tie­
rra y el mar no obedece a una ley general, varía en cada caso
particular.

LA ACC I O N D E L MAR CONTRA LA TI E R RA

• La advertencia que abre el Tomo V presenta la acción del mar


contra la tierra. Este texto, muy denso, merece ser ampliamente
citado:
«La secuencia de la acción del mar en contra de la tierra
puede, lógicamente, representarse como sigue:
Habiendo vencido en su superficie a los elementos flotantes
enemigos y habiéndoles rechazado hacia tierra, el mar está, natu­
ralmente, llamado a tomar contacto con ésta para paralizar y
aprisionar a los citados elementos tanto como sea posible, para
202 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 203

vencer sus última tentativas de actividad, para consolidar su posible réplica ante el cual el enemigo se inclinará a aceptar su
dominio, bien se trate de la flota enemiga o de su navegación derrota. Y esta manera de hacer es particularmente obligatoria
comercial y así realizar de una vez el bloqueo de lafracción móvil cuando la potencia del enemigo es de naturaleza esencialmente
antagonista. Aunque con este bloqueo el mar no aspire más que terrestre, cuando tiene por base una hegemonía continental más
indirectamente al dominio de la tierra, tomando como objetivo o menos independiente de las rutas marítimas y cuando no se
lo que podría salir de ella; también está obligado a atacarla por­ la puede abatir más que yendo a medirse con ella»1 •
que materializa durante cierto tiempo, geográfica y físicamente, En tanto que está en su elemento, la potencia marítima tiene
la línea de defensa del enemigo móvil su posición de resisten­ que elegir entre tres estrategias: el bloqueo, la red insular y el
cia, su base de partida. dispositivo oceánico.
Para ejercer este bloqueo, el mar no dispone únicamente de
navíos suplementados en nuestros días con elementos aéreos. Para
hacerlo más fuerte, más eficaZ, recurre a obstáculos materiales, 1. El bloqueo
al empleo de minas, de obstrucciones, de embotellamientos, etc.,
de todo lo que puede dificultar todavía más la circulación de El bloqueo es, a la vez, «el último acto para la adquisición
las unidades enemigas, tanto de guerra como mercantes. del dominio del mar o el primero de su explotación»2, se
Pero hasta aquí la tierra propiamente dicha está al abrigo de esfuerza a la vez en poner y conservar fuera de juego a la flota
las tentativas del mar. Aparece ante el bloqueador, tal como ante enemiga y en «interrumpir las comunicaciones marítimas del
los ojos de los primeros descubridores, como una delgada línea de adversario para producir un efecto principalmente econó­
costa difuminada en las brumas del horizonte, como el inicio de un mico»3. El primer objetivo corresponde a la fase de adquisi­
mundo nuevo e impenetrable, reducido, evidentemente, a la impo­ ción: la acción del bloqueador es ofensiva desde el punto de vista
tencia en lo concerniente a su proyección naval exterior, pero de la guerra entre fuerzas navales, y defensiva desde el punto
conservado al menos su potencial interna, sus facultades defen­ de vista de las comunicaciones (el bloqueador protege las suyas).
sivas, su existencia y su inaccesibilidad. Poco a poco el mar se El bloqueo propiamente comercial marca el comienzo de la explo­
siente tentado a sondear es'fe mundo, a estrechar/o más de cerca tación del dominio del mar.
y a abordarlo más vigorosamente. Sus fuerzas lanzarán sobre En tiempos de la marina a vela el bloqueo era cerrado, es
esta tierra acciones ofensivas, «raids». Emprenderán bombardeos decir, en la proximidad inmediata de las costas. Durante las gue­
navales y aéreos sobre los puntos más importantes. L levarán a rras de la Revolución y del Imperio, Jervis cierra completamente
cabo golpes de mano con la finalidad de ocupar momentánea­ a la flota francesa en el puerto de Brest. Este método tiene un
mente ciertos lugares, de apoderarse de ciertos recursos, de des­ inconveniente: el bloqueado no puede salir y espera eternamente,
truir ciertas provisiones, vías de comunicación y órganos de trans­ falta la batalla decisiva. Nelson prefiere el bloqueo a distancia
misiones, etcétera. que deja al adversario la posibilidad de salir y conserva alguna
Sin embargo, la tierra no sufre daños esenciales a causa de probabilidad de que se libre la batalla.
estas operaciones. No constituyen más que papirotazos, alfile­ Con la aparición del avión y del submarino, el bloqueo
razos. Para reducirla hace falta algo más que escaramuzas. Es cerrado ya no es posible. El bloqueo a distancia se impone enton­
preciso lanzar sobre ella la fuerza terrestre, conducida por mar, ces. Más laxo, permite al bloqueado hacer salir su flota de uno
bajo la forma de operaciones combinadas destinadas a ocupar en uno. Entonces no hay que hablar propiamente de bloqueo
los territorios, a conquistar otros, a crear un estado de cosas sin de la flota, sino únicamente de una vigilancia a veces comple-
204 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 205

tada con obstáculos puntuales: minas, obstrucción de puertos, Canal de la Mancha se han establecido en las islas de Saint­
de una eficacia limitada, pues el que posee el litoral puede fácil­ Marcouf, en las Chausey y han reforzado su posición en las
mente dragar las minas y las obstrucciones no son posibles más A nglonormandas, que detentaban desde el Tratado de Utrecht.
que en casos excepcionales. En el océano se han instalado en Molene, las Glénans, Houat
Por el contrario, el bloqueo comercial conserva su eficacia, Hoedic, en la isla de léu... En el Mediterráneo, donde tenían
incluso si el repliegue impuesto por la técnica permite el paso ya Gibraltar, los ingleses se han establecido sucesiva o simultá­
I de unidades que logran forzarlo (algunas tuvieron éxito para neamente en Menorca, Córcega, Isla de Elba, Cerdeña, Sicilia
\f unir Alemania y Japón durante los primeros años de la Segunda y Malta. Han llegado hasta las islas Hyeres. Después de la con­
Guerra mundial). Habitualmente, la potencia marítima restablece quista de Nápoles por los franceses se han mantenido largo
fácilmente el bloqueo y el tráfico de su adversario desaparece tiempo en el pequeño archipiélago de Procida, lschia y Capri.
rápidamente de los mares. Pero este bloqueo no puede producir En 1809 se han asegurado las islas Jónicas con la excepción de
efecos reales más que si el adversario así eliminado depende de Corfú»4• A partir de estas posiciones acechan permanente­
sus comunicaciones marítimas, lo que está lejos de constituir mente las costas y facilitan el contrabando.
el caso general. Entonces el bloqueo frecuentemente es insufi­ Esta estrategia de la red insular la practican los Estados del
ciente por sí mismo. Debe completarse con otra estrategia que Norte en la guerra de Secesión: «El cordón insular del cabo Hat­
permita actuar contra tierra. teras y las islas del Sound de Port-Royalfueron las primeras eta­
pas, seguidas de la isla de Santa Rosa, delante de Pensacola; de
la isla Morris; a la entrada de Charleston; de la isla T)'bee, en
2. La red insular la desembocadura del río Savannah... »5• Reaparece también
durante las operaciones aliadas en el Mediterráneo, entre 1914
La red insular ha sido la estrategia seguida hasta hace poco. y 1918, con la ocupación de Corfú, Agostoli, Mudrós, Imbros,
A partir de posiciones situadas en la periferia del continente, islas Tenedos, Castellorizo y Ruad.
o islotes, la potencia marítima conduce una guerra de escara­ Sin embargo, el progreso de los armamentos ha hecho que
muzas contra tierra. Evidentemente un típico ejemplo es el de estas posiciones sean cada vez más precarias: desde 1890 el
la Inglaterra que encierra a Éuropa a partir del siglo XVIII en Gobierno de Londres cambió Helgoland por Zanzíbar, lo que
un rosario de islas que partiendo de Helgoland, en el mar del consolidó su dominio en el océano Indico. Frente a los torpede­
Norte, termina en Malta, pasando por las islas anglonorman­ ros, a los submarinos y a las minas, la Royal Navy no puede
das, Gibraltar (cuya configuración montañosa permite asimilarla defender la isla sin exponerse a pérdidas inútiles, y las defensas
defensivamente a un islote) l Menorca (demasiado alejada de costeras (minas, baterías de gran alcance) no le permiten lanzar
las fuerzas vivias británicas y demasiado próxima a los grandes «raids» contra objetivos militares. La llegada del Arma aérea pre­
puertos de guerra enemigos, esta isla fue perdida durante la guerra cipita su decadencia: cuando se produce la crisis de Etiopía, en
de la Independencia americana). 1 936, la Royal Navy abandona Malta, demasiado expuesta a los
Este rosario conoce su apogeo durante las guerras del Impe­ ataques aéreos y se repliega sobre Gibraltar y Alejandría. Su insu­
rio: «Los ingleses han llegado poco a poco a encerrar el conti­ laridad no las protege de la invasión: las islas anglonormandas
nente en una cadena ininterrumpida de islas o de puntos con son ocupadas en junio de 1940 y la de Creta es conquistada por
propiedades análogas. En el Mar del Norte ocuparon en diver­ los paracaidistas del general Student, en mayo de 1941 (opera­
sas épocas la isla de Rugen, Copenhague y Helgoland. En el ción Merkur). Preocupa poco que Gibraltar, Malta y Chipre no
206 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 207

sufrieran la misma suerte: no se salvaron más que por una con­ a la masa continental euroasiática, de la que está separada por
currencia excepcional de circunstancias: la operación Félix con­ un inmenso desierto poco franqueable), instalándose en las islas
tra Gibraltar fue imposible por el rechazo de los españoles a de San Vicente, Ascensión y Santa Elena, y en la costa brasi­
cooperar; los italianos son incapaces de apoderarse de Malta, leña. Han hecho lo mismo en el océano Indico sobre las rutas
aunque también disponen de paracaidistas (la división Folgore), de las Indias y del Golfo Pérsico (que no era entonces la gran
pero no desean que los alemanes se encarguen de la operación; arteria petrolífera, pero por donde transitaba una parte del avi­
y después de la conquista de Creta las costosas pérdidas sufri­ tuallamiento destinado a Rusia) completando así su red de bases,
das por los paracaidistas alemanes y la prioridad concedida al ya respetables, con Mauricio, Mahé y Zanzíbar, por la creación
Frente del Este hacen imposible la ejecución de nuevas opera­ del «Puerto T» en el atolón de Addu, en las Maldivas, y la ocu­
ciones. Chipre, y sobre todo Gibraltar, pueden así continuar cum­ pación, en mayo de 1942, de la espléndida bahía de Diego Suá­
pliendo su papel naval, mientras que Malta ofrece abrigo a los rez, en Madagascar; en el sudeste asiático y en el Pacífico, des­
aviones que hostigan el tráfico italo-alemán con destino a Africa. pués de la pérdida de todas las posiciones avanzadas (Filipinas,
Pero el método de la red insular no es por ello menos caduco. lnsulinda ... ), el dispositivo aliado ha podido ser reconstruido
«sobre una línea general jalonada por India, Ceilán, las Maldi­
vas, Australia septentrional, Nuevas Hébridas, Las Fidji, Samoa,
3. El dispositivo oceá nico Hawaii y las A leutianas, línea en la que se muestra inquebran­
table y que el Japón no ha podido atacar seriamente, habiendo
Después de la Primera Guerra mundial, «era preciso rendir­ sido bien pronto contraatacado é/»7•
se a la evidencia. La estructura insular inglesa del tipo anti­ La función de estos dispositivos oceánicos era doble: defen­
guo copiada servilmente, no proporcionaba en todas partes la sivamente, constituían cinturones de defensa avanzada del con­
defensa necesaria. El sistema no estaba hecho a escala de las posi­ tinente americano contra posibles ataques alemanes o japone­
bles reacciones continentales que se beneficiaban de los consi­ ses. Antes de apoderarse del territorio de la potencia marítima,
derables progresos logrados en el armamento. Era preciso aumen­ éstos habrían debido neutralizar sus posiciones avanzadas, lo que
tar/a, hacerla más vasta, más,oceánica, más mundial, en suma, era muy difícil a causa de la inmensidad de las distancias oceá­
mejor adaptada a la extensión; a la distribución geográfica, a los nicas que, alargando desmesuradamente las líneas de comuni­
caracteres y a las posibilidades del imperio británico. Era pre­ cación, hacía a éstas últimas muy vulnerables. Ofensivamente,
ciso, en suma, buscar la insularidad en otra parte»6• Esto es lo estos dispositivos han servido de punto de partida para la recon­
que han hecho los anglosajones a partir de 1940: en el Atlán­ quista. El hecho de poseer Pearl Harbor cambiaba las cosas total­
tico Norte han ocupado las Feroé, Islandia, Groenlandia y las mente para la U. S. Navy, que no tenía necesidad, salvo para
Spitzberg, completando a continuación este dispositivo con la reparaciones muy importantes, de enviar sus navíos al arsenal
obtención de una base en las Azores; en el Mediterráneo han de San Diego, distante varios miles de kilómetros.
abandonado Malta para instalarse en sus dos extremos; por una También el Japón había montado un dispositivo oceánico.
parte en Gibraltar, y, en Chipre y en Egipto por la otra; en el Su estrategia inicial preveía realizar la conquista del sudeste asiá­
Atlántico Sur, que ha llegado a ser la ruta más segura para lle­ tico y de las posiciones avanzadas de los Estados Unidos en el
gar al Extremo Oriente, después del avance japonés en el Pací­ Pacífico (Wake, Guam), después de instalarse en un cinturón
fico Sur, han completado sus bases africanas (geopolíticamente, defensivo desde las Aleutianas a Birmania, y de organizarse allí
Africa sub-sahariana constituye una posición insular en relación sólidamente para responder a los contraataques americanos y
208 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTE NCIA MARITIMA 209

obtener por una estrategia de desgaste el reconocimiento de sus los que fue preciso hacer intervenir al Ejército. Pero a pesar de
conquistas. La facilidad con la que este programa fue realizado esto, las exportaciones inglesas quedaron muy por encima de su
condujo al Estado Mayor japonés a rebasar los límites que se nivel de antes de la guerra, gracias a la expansión de nuevas áreas
había fijado a sí mismo y a llevar su avance todavía más lejos ... , comerciales en Canadá, Antillas, Extremo Oriente, América espa­
hasta Midway, con las consecuencias conocidas. Entonces los ñola y portuguesa, después de 18089 •
japoneses han vuelto a su concepción inicial: en septiembre de En los tiempos de la marina a vela, las posibilidades de la
1943 una nueva línea defensiva ha sido definida, desde las Aleu­ tierra contra el mar eran muy limitadas. La Royal Navy podía
tianas a Birmania, pasando por las Marshall, las Carolinas, el multiplicar impunemente los «raids» y golpes de mano contra el
Oeste de Nueva Guinea y Malasia. Pero no ha podido resistir litoral francés, condenado a encajar estas acciones sin poder
el asalto americano, que con una potencia inusitada se ha lle­ devolverlas. La llegada del vapor ha modificado este estado de
vado todo por delante8 • cosas y anulado parcialmente este desequilibrio entre la tierra
y el mar. La dependencia de las flotas de sus bases ha aumen­
tado mucho por la necesidad del frecuente repostaje de com­
LA R EACCION DE LA TI E R RA CONTRA EL MAR bustible. Los medios de la defensa terrestre se han reforzado
mucho con el mayor alcance de las baterías de costa, la posibi­
Los medios de acción del mar contra tierra son numerosos, lidad de instalar minas en el agua y, sobre todo, con la apari­
pero la tierra no está totalmente desarmada ante el enemigo ción de los medios de detección (el radar) que hacen que sea ilu­
marino. En primer lugar pueden, controlando el litoral, quitar soria la esperanza de que una flota pueda aproximarse al litoral
a la potencia marítima sus bases y puntos de apoyo. Así, el man­ enemigo sin ser detectada y atacada.
tenimiento de una flota privada de todo contacto terrestre llega Pero el elemento decisivo que ha aumentado las posibilida­
a ser difícil, sobre todo en los mares que Castex califica de estre­ des de la tierra contra el mar es la aparición del avión: no sola­
chos por oposición a los océanos. El ejemplo del Mediterráneo mente éste aumenta la capacidad de defensa de tierra, sino, sobre
durante las guerras de la Revolución y del Imperio es revelador: todo, por primera vez le confiere posibilidades ofen'sivas, tanto
en tanto que España permanece aliada de Francia hasta 1 808 contra los reductos de la potencia marítima, que el avión puede
la Royal Navy ha tenido grandes dificultades para mantenerse bombardear10 (Inglaterra, Malta) con efectos materiales impor­
allí, salvo cuando ha podido disponer de los puertos napolita­ tantes (aunque no hayan tenido el carácter decisivo que les atri­
nos. El dominio de tierra puede también oponer al bloqueo marí­ buían los profetas del Arma aéra, especialmente, Douhet y Mit­
timo un contrabloqueo, cerrando el continente al comercio de chell)11 y hasta invadir por operaciones aerotransportadas
la potencia marítima, tal como ha hecho Napoleón con el blo­ (conquista de Creta ya señalada), como contra sus navíos de gue­
queo continental. Aunque este género de represalias tiene pocas rra y de comercio: la experiencia célebre de Mitchell contra la
probabilidades de lograr efectos importantes, al menos ocasiona Ostfriesland, en 1921, ha sido repetida en condiciones reales con­
sensibles dificultades; cuando todos los países de Europa esta­ tra los acorazados británicos Repulse y Prince of Wales, hundi­
ban dispuestos a adherirse al bloqueo continental en 1810-1 8 1 1 , dos el 8 de diciembre de 1941 por las escuadrillas japonesas que
las exportaciones inglesas s e hundieron, pasando d e sesenta y partieron de Indochina; durante la batalla de Creta, tres cruce­
un millones en 1810 a cuarenta y tres al año siguiente, lo que ros y seis destructores británicos se perdieron también, y los con­
provocó una crisis industrial de gran amplitud y, en consecuen­ voyes con destino a Murmansk han pagado un pesado tributo
cia, una crisis financiera que provocó motines populares contra a los bombarderos alemanes con base en Noruega. Desde 1919,
210 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
LA POTENCIA MARITIMA 2J l

Mackinder había notado que el avión atenuaba la dicotomía entre esperar vencerle limitándose a cortarle el acceso al mar. Tal era
potencia terrestre y potencia marítima, pero que operaba sobre el caso de Alemania y Austria durante la guerra de 1914.. S1.
todo en detrimento de esta última12• La continuación de los la detención del tráfico por mar realizado por los aliados ha extor­
acontecimientos ha confirmado plenamente este pronóstico. sionado mucho a las potencias centrales y contribuido a su
«Se llega a la constatación de que este fenómeno, en gran derrota, jamás habría logrado por sí sola una definitiva ruptura
parte geográfico, como es la reacción de la tierra contra el mar, del equilibrio... En estas condiciones, que son las de la mayoría
se ha aumentado gravemente con el progreso técnico13 • Las de los conflictos, el dominio del mar proporcionará efectos
escaramuzas contra el litoral han llegado a ser extremadamente incompletos, si se tiende a dominar las rutas marítimas con el
peligrosas y no es posible mantener un bloqueo cerrado. La único propósito de impedir al adversario utilizar/as para su
potencia marítima se ha visto obligada a replegarse en alta mar. comercio y sus avituallamientos, mientras que uno se sirve de
Sus fronteras no están ya sobre las costas de su enemigo, sino ellas con el mismo fin»15 •
más lejos, en la zona en la que cesan las posibilidades de reac­ 3 . «Por fin, es preciso mencionar un último caso de hostili-
ción de la tierra contra el mar. dades, antípoda del de Inglaterra. Es el que se da cuando hay
que luchar con un adversario tal como Rusia, por ejemplo, cons­
I NTE RACCI O N D E L MAR Y LA TI E R RA tituido por una masa terrestre enorme, provista de enormes recur­
T E O R E M A. D E CASTEX sos, que utiliza poco la mar y es capaz de vivir de sus reservas
durante un tiempo indefinido. Tal es también, poco más o menos,
¿Cuál puede ser el resultado de esta lucha entre la tierra y la situación de los Estados Unidos, con un continente sólo de
el mar cuando cada uno permanece en su elemento? A diferen­ ellos. Conta un tal enemigo, es de sentido común que el domi­
cia de Mahan, que había proclamado la superioridad intrínseca nio del mar, entendido de una manera exclusivamente econó­
de la potencia marítima sobre la potencia terrestre, Castex rea­ mica' es todavía más vano que cuando se trata del enemigo con-
chaza toda fórmula dogmática y subraya que todo depende de tinental "medio" tal como puede encontrarse en Europa» � .
las características del adversario de la potencia marítima. Pue­ Por encima de la diversidad de casos especiales se puede dar
den contemplarse tres casos: • una regla general: La potencia naval está cubierta de las accio­
l . «Si se trata de una nación insular y marítima como Ingla- nes de su adversario, en tanto que conserve el dominio de su ele­
terra, no se la podrá reducir más que si se detenta la superiori­ mento, y lo mismo ocurre con la potencia terrestre. Frecuente­
dad naval, que suponemos realizada. Esta superioridad permi­ mente la tierra y el mar corren el riesgo de encontrarse
tirá invadir su territorio e interceptar sus comunicaciones. Pero «ahogados»: «ninguno de ambos adversarios ha sido alcanzado
la primera operación, de ninGún modo es indispensable; la en sus recursos vitales y la situación corre el riesgo de permane­
segunda basta por sí sola. Sobre un beligerante insular o semi­ cer indefinidamente indecisa»17• Esta fue dura��e mucho tiemr o
insular, la privación de las comunicaciones tendrá efectos capa­ la situación durante las guerras de la Revoluc1on y del Impeno.
ces de asegurar por sí mismo el éxito al cabo de un tiempo rela­ Castex se levanta contra la idea de Mahan que atribuye a Tra­
tivamente corto»14• Pero este caso es raro, sólo el Reino Unido falgar efectos decisivos: «después de Trafa/gar, ante la supresión
y el Japón entran plenamente en esta categoría. de las comunicaciones marítimas, Francia mostró un gran
2. Habitualmente «cuando el adversario tiene amplias fron­ aplomo. La situación, sin ser brillante, no era desfavorable... La
teras terrestres que lindan con países neutrales que pueden ase­ reposición de productos de primera necesidad estaba asegurada.
gurar, parcialmente al menos, su respiración exterior, no se puede El continente desarrollaba sus propios recursos, con lo que obte-
LA POTENCIA MARITIMA 213
212 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

dejado .bie� demostr�do


nía un gran progreso industrial y comercial. Elpresupuesto nor­ Dover. El historiador Piers Mackesy ha
rco mgles no � a sido
mal administrado con visión económica, era suficiente para los que, de hecho, la amenaza de un desemba
planes de ��P?leon: «En
gastos. Por otra parte, en suelo extranjero la guerra nutría a la en ningún momento obstáculo para los
over. Los bntanicos desem­
guerra... La Europa continental de entonces vivía casi de sí misma, 1805 abandona Italia meridional y Han ía sus c bezas de
terlitz ha� �
al menos en lo esencial. Podía pasar sin demasiados inconve­ barcan allí, pero la victoria de Aus
indefendibles. En 1809 aba ndo no Da!macza, pero la
nientes, sin mantener relaciones con los países exteriores. Así desembarco
ridad del marzscal M�rmont.
se concibe que el imperio francés haya podido subsistir hasta victoria de Wagram restauró la auto un punado_ de
1814 casi completamente privado del mar, sosteniendo la guerra ¿Qué importancia podía ten�r e ! des �mbarco de
en en Cuxhaven o en Napo­
y alimentando, poco más o menos, a los ejércitos y a la pobla­ soldados ingleses sin caballerza nz sost
iera vencido en el fren te
ción. Inglaterra tenia entonces ante sí un adversario del tipo 'de les? Se ocuparía de ellos cuando hub
bloque continental' contra el que el simple dominio de las comu­ orienta/»21 •
tos matenales sen-

nicaciones marítimas era de un efecto mediocre... Trafalgar era Estas escaramuzas, aunque no tengan efec
ico y obligan a los fran ­
una condición necesaria, pero no suficiente. Sólo su explotación sibles tienen un gran impacto psicológ
la defensa �� las cos­
inteligente podía decidir la victoria y constituir verdaderamente ceses a dedicar importantes fuerzas para ,
s para e�ta mlSlon no se
un golpe mortal»18• Europa se encontró en una situación seme­ tas: durante la guerra de los Siete Año
llena Y 134 b �tallo­
jante en el transcurso de la Segunda Guerra mundial: el recurso precisan menos de 56 escuadrones de caba
as del Canal. El mcor­
masivo a los productos sintéticos y la posesión del conjunto de nes de infantería, únicamente en las cost
onga co�promete� las
los recursos del continente ha permitido a Alemania acomodarse dio, por lo tanto, es real, sin que ello su�
mien tras exista �na direc­
ante el corte de los aprovisionamientos marítimos. Incluso operaciones en el continente, al menos
de una estrategia de des­
durante la Primera Guerra mundial, cuando no controlaba toda ción enérgica. Esto entra en el contexto importantes por
resu ltad os
Europa, Alemania ha podido resistir durante cuatro años a pesar gaste global, pero no puede producir
del bloqueo. Los efectos de esto han sido apasionadamente dis­ sí mism a. .
desembarc � imp.or-
cutidos, pero hoy están de acuerdo los historiadores en recono­ En los tiem pos de la marina a vela un
al Navy habna temdo
cer que han sido bastante liµütados19 : la industria química ha tante era prácticamente irrealizab le: la Roy
encontrado rápidamente sustituto de las materias primas que fal­ enormes dific ultades para transportar los
30.000 hombres es�a­
ido alcanzar un obje­
taban, esp�cialmente de los nitrados de Chile para los explosi­ cionados en Dover, y éstos no habrían pod
ds» lanzados contra
vos; el comercio con los neutrales (Holanda, países nórdicos) tivo como Vres t. La mayor parte de los «rai
lista de los desengaños
les ha permitido procurarse minerales y productos alimenticios; la costa terminaban desastrosamente. La
ingleses es larga: Lisboa en 1589 , Cád�z
a pesar de est? A��mania ha P,adecido hambre, pero era debida en 1595 Y 162� , Brest­
en 17�6, Samt-Malo
a la desorgamzacion de la agricultura como consecuencia de la Camaret en 1694, Toló n en 1707, Lonent
9, por citar solamente
movilización más que al bloqueo20, que jamás ha pesado seria­ y Saint-Cast en 1758 , y Amberes en 18 �
siglo XI � lo s estrateg�s
mente en la producción o en las operaciones militares. los más conocidos, si bien a fines del . una posi­
rco no tema mng
Otro tanto se puede decir de la guerra de escaramuzas lle­ eran unánimes en creer que un desemba
i en 1915 venía a refor­
vada a cabo por los británicos a partir de su red insular. Se han bilidad de éxito y el desastre de Gallipol
ción a la prueba �n c?ntr� .de
citado a menudo palabras de Napoleón lamentándose por tener zar esta idea22 • Nadie prestó aten
que constit�yo el exito
que inmovilizar 300.000 hombres a lo largo de sus costas para amplitud mucho más modesta, es cierto,
golfo de Riga en 1917 ,
hacer frente a 30.000 soldados ingleses estacionados cerca de de las operaciones anfibias alemanas en el
214 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 215

que, además, podía apoyarse con algunos precedentes (Abukir enteras (ocho en Sicilia, seis en Normandía) apoyadas por una
en 1 801, Veracruz en 1847, Crimea en 1854, Fort Fischer en aviación de gran radio de acción o embarcada en portaaviones,
1864-1865 . . .) y por la potencia de fuego de los navíos de línea28 , abastecidas
El mar solo no puede dominar la tierra. «La conquista del a continuación por una noria incesante de transportes utiliza­
dominio del mar, la adquisición del dominio de las comunica­ dos a modo de puertos artificiales y de oleoductos submarinos.
ciones marítimas, por ofensivas que sean desde el punto de vista Así el mar llegaba a ser capaz de llevar el combate a tierra y
de la guerra naval, no son más que actos defensivos desde el afrontarlo en ella. Como al mismo tiempo el avión aumentaba
punto de vista de la guerra general. Parada en esta situación, enormemente los medios de reacción de la tierra contra el mar,
la acción naval no da el golpe mortal al adversario. No obtiene la neutralización recíproca de ambos elementos ha dado paso
la victoria23• Para lograr el efecto deseado, para llegar a una a una interacción constantemente realizada durante la Segunda
franca ruptura del equilibrio es preciso que el mar se sienta algo Guerra mundial.
superior. Le es necesario pasar al ataque, tomar el papel de asal­ Al revés de lo que pasó en 1914-1918, los aliados continenta­
tante, participar de la guerra en tierra con medios terrestres, unido les de Inglaterra se hundieron totalmente en 1940 (campaña de
a sus aliados24. » En conformidad con este principio, «los ingle­ Francia) y 1941 (campañas de Yugoslavia y Grecia). Expulsada
ses siempre han tenido aliados a pesar de su repugnancia a una del continente, la potencia marítima quedaba protegida por su
tal explotación de su dominio del mar, y por esto, a fin de cuen­ insularidad, pero esto, por primera vez, ha sido garantizado por
tas, es por lo que han tenido que participar enérgicamente en el dominio del aire conservado por la Royal A ir Force tras la
las luchas terrestres durante las guerras de la Revolución y del batalla de Inglaterra, más que por el dominio de los mares deten­
Imperio y durante la guerra de 1914 a 191825». En Malplaquet, tado por la Royal Navy. Por consiguiente, la potencia marítima
Fontenoy, Dettingen, Torres Yedras y Waterloo los soldados bri­ ha debido librar batalla a la vez en su reducto (o más exácta­
tánicos estuvieron presentes. La idea acariciada por Liddell Hart mente encima de él) y en su elemento, el mar, contra un adver­
d e una B�itish way of warfare a base de estrategia indirecta, sin sario que no tenía flota de línea como en 1914, pero que, en
compromisos con el continente, es un imposible, tal como varios contrapartida se había librado de su handicap geográfico y podía
trabajos históricos, especialm�nte los de Michael Howard y Paul llevar sin riesgo a sus submarinos al mar abierto a partir de las
Kennedy han podido demostrar26 • Incluso los historiadores bases francesas29 y noruegas. Esta batalla del Atlántico la per­
anglosajones están hoy prácticamente de acuerdo en reconocer dió Alemania por las razones apuntadas en el capítulo
que «un examen de las guerras y de la experiencia imperial de precedente30• Una vez conseguida esta situación defensiva el
Inglaterra muestra que éstas debían tanto a sus ejércitos como mar vuelve a ir al asalto de la tierra a partir de 1942, según un
a sus flotaf. Es empleando � la vez fuerzas navales y fuerzas esquema perfectamente previsto por Castex: «Si el Occidente
terrestres como ha llegado a vencer a sus rivales27 » . amenazado pudiera reunir bastantes de los medios necesarios
Estas intervenciones en el continente suponían cabezas de gracias a la colaboración de otros continentes, para reempren­
puente y, desde luego, aliados: Hannover en el siglo XVIII, der la ofensiva y amenazar a su vez. sin duda sacaría partido
España entre 1 808 y 1814, Francia en 1914-1918. Pero con la de su dominio del mar para actuar mediante operaciones com­
Segunda Guerra mundial este esquema se ha trastocado por el binadas sobre estos mismosflancos (de Europa) y sobre la reta­
progreso de los armamentos: la puesta a punto y la fabricación guardia del enemigo, obligando a éste a retroceder. »31 La
en masa de barcazas de desembarco y de lanchas para transpor­ entrada en liza de los americanos ha invertido la relación de fuer­
tar carros han permitido poner en tierra con rapidez divisiones zas y permitido a los aliados lanzar operaciones combinadas de
216 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 217

gran amplitud, primero sobre los flancos en Africa del Norte su fuerza en los campos de batalla rusos. Si hubiera llegado a
(operación Torch, el 8 de noviembre de 1942), después en Sicilia vencer a la Unión Soviética habría sido poco menos que inven­
(operación Husky, 10 de julio de 1943) y en Italia (operación Ava­ cible en el continente. Es preciso recordar que a pesar de la
lanche, el 3 de septiembre de 1943) antes de lanzar el ataque deci­ enorme superioridad material de los aliados, y especialmente de
sivo con los desembarcos de Normandía (operación Overlord, el su total dominio del aire, los desembarcos en Sicilia, Salerno y
6 de junio de 1944) y de Provenza (operación A nvil-Dragoon, el Normandía estuvieron a punto de fracasar. En Sicilia el ataque
15 de agosto de 1944). La misma estrategia se ha empleado en de la división Hermann Goering estuvo a punto de lanzar a los
el Pacífico, donde los americanos han saltado de isla en isla, de americanos al mar, los carros alemanes no fueron parados sino
Guadalcanal a las Filipinas. La bomba atómica ha puesto fin a in extremis por el fuego de los navíos. En Normandía si Hitler
la guerra antes de que hayan podido terminar con ella las opera­ hubiera empeñado todas sus fuerzas en lugar de esperar un
ciones Coronel y Olympic de desembarco en Japón, cuya ampli­ segundo desembarco en el Paso de Calais, el resultado habría
tud habría rebasado todo lo visto anteriormente. corrido el riesgo de ser muy diferente. Y al menos hay un ejem­
Podría sentirse la tentación de sacar como consecuencia de plo de desembarco fracasado: el de Anzio (operación Shingle,
estas guerras que acabaron con la victoria de la coalición marí­ el 22 de enero de 1944) concebido para desbordar el obstáculo
tima, que el mar triunfa siempre. Pero es preciso no olvidar que de Montecasino y que no pudo consolidarse: las dos divisiones
en todos los casos el enemigo de la potencia marítima estaba que pusieron pie en tierra quedaron clavadas en la ribera hasta
al mismo tiempo enfrentado con otro adversario continental que la ruptura del Garellano en mayo de 1944.
le impedía emplear toda su fuerza contra la potencia marítima. No se puede sacar de la historia una ley determinista «cada
Paul Kennedy señala que «de las siete guerras franco-inglesas caso es distinto en cada sector»34 en función de la relación de
que se desarrollaron entre 1689 y 1815, la única perdida por Ingla­ fuerzas. Sin embargo, Castex siempre concede al mar una doble
terra fue aquella en la que ningún combate se libró en ventaja sobre la tierra.
Europa»32, es decir, la de Independencia americana durante la El espacio es de la potencia marítima. Es exagerado afirmar,
cual Gran Bretaña se encontró aislada. La campaña de Rusia como el almirante Ruge, que «el que domina el mar ignora las
agotó las fuerzas vivas del imperio francés: si Napoleón hubiera distancias»35: El radio de acción de las naves a vapor es bas­
concentrado su energía y sus medios en España, «Inglaterra no tante limitado (un barco en operaciones debe abastecerse cada
habría podido aguantar el choque, ni aun reforzando a Welling­ cinco días) y su dependencia de las bases, es decir, de tierra, es
tom>33. Además, cuando intervino personalmente al comienzo gr�nde. Pero es cierto que las distancias no son lo mismo en la
de 1809 las tropas británicas se vieron obligadas a reembarcar mar que en tierra. Esto ya era cierto en la época de la marina
precipitadame.nte. En 1914 Alemania debió batirse en dos frente, a vela. «Bajo Luis XIV la guerra de Holanda se desarrolla en
y por tener insuficientemente prevista su seguridad en el Este, todas partes, en el mar del Norte, en Sicilia, en las A ntillas...
su maniobra principal en el Oeste se vio comprometida (fue nece­ La guerra de la Independencia americana abarca a la vez los
sario sacar de Francia dos cuerpos de ejército y una división inme­ mares de Europa, el Mediterráneo, el litoral de los Estados Uni­
diatamente antes de que se desencadenase la batalla del Mame); dos, las Antillas y el golfo de Bengala»36• Al mismo tiempo las
el hundimiento de Rusia en 1917 llegó demasiado tarde; Alema­ operciones terrestres se han circunscrito a teatros restringidos.
nia era muy débil para poder terminar con la cabeza de puente Esto se comprueba en el siglo XIX durante la guerra de Crimea:
franco-británica reforzada por la enorme máquina americana. los combates terrestres tienen por escenario la región de Sebas­
Durante la Segunda Guerra mundial la potencia alemana pierde topol, mientras que las fuerzas navales estan en acción en el mar
218 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARJTIMA 219

Negro, en el Báltico, en el Artico, e incluso a lo largo de Kamt­ la batalla del Mame y no sirvieron para nada en el frente orien­
chatka. El fenómeno se acentúa todavía más en el siglo XX: Cas­ tal, a donde llegaron después de la batalla de Tannenberg) pero
tex muestra un claro ejemplo con el frente francés en 1918: en merece también ser recordada porque por primera vez una fuerza
una perspectiva estrechamente continental, esta es la línea deci­ de varias decenas de miles de hombres pasan de una batalla a
siva en la que se j uega la victoria. Un avance alemán de 100 ó otra que se desarrollaba a miles de kilómetros. Esto es distinto
200 kilómetros bastaría para provocar su hundimiento (así ocu­ de los taxis del Mame38 • De la ventaja del espacio, a la poten­
rrirá en 1940) y por ello la derrota de Francia. cia marítima no le queda más que una gran libertad de movi­
Pero si se adopta una visión marítima el marco de referencia mientos a escala mundial. En una escala más restringida no tiene
viene a ser el mundo atlántico y «elfrente occidental se nos mues­ ninguna ventaja.
tra entonces como una llnea de escasa extensión en la que las La segunda ventaja que Castex concede a la potencia marí­
fluctuaciones debidas a la batalla: los salientes y entrantes, el tima es su larga duración, al menos en tanto permanezca fiel
flujo y reflujo, parecen tener mínima importancia»37• Con este a su naturaleza y no busque competir con la potencia terrestre
espíritu Castex preconiza en 1939 la utilización de la inmensa en su terreno: «cuando la hegemonía marítima ha podido con­
retaguardia africana y el cambio del gobierno a Marruecos desde servar esa actitud envolvente, pero no penetrante, cuando ha
la apertura de las hostilidades para señalar bien el carácter mun­ podido abstraerse de las luchas que destrozan los continentes,
dial del conflicto. La potencia marítima por esencia es móvil y cuando se ha refugiado en cierto modo en las aguas, su dura­
la caída de sus puntos de apoyo en el continente no significa ción ha sido a menudo muy larga a pesar de la fragilidad apa­
necesariamente su fin, puede reconstruirse al amparo de su insu­ rente de un edificio que parecla no tener base. El dominio naval
laridad para volver en fuerza. Su flexibilidad le da una ventaja de los fenicios ha subsistido durante mil doscientos años, pro­
sobre su rival terrestre más rígido y estático. Sin embargo, esta longado por el de Cartago durante otros trescientos. La domi­
ventaja tiende a reducirse con el aumento de la vulnerabilidad nación árabe naval, naval en parte, se han mantenido durante
de la potencia marítima a causa- de la aparición del avión y, sobre quinientos años, mientras que el imperio de Carlomagno desa­
todo, por la revolución de los transportes terrestres. Es la gran parecla en dos generaciones. La grandeza de Génova ha durado
lección de Mackinder que señalaba que si Gran Bretaña había cuatrocientos años y la de Venecia seiscientos, mientras que los
podido enviar un ejército de 'medio millón de hombres a Africa dos primeros imperios mongoles, casi contemporáneos, no han
del Sur con ocasión de la guerra de los Boers, hazaña profusa­ sobrevivido cada uno más que alrededor de un siglo.»39•
mente aireada por los partidarios de la potencia marítima, Rusia Esta ventaja no siempre es cierta, pues en primer lugar se
en ese momento había acometido con éxito una proeza todavía puede citar el claro ejemplo contrario de la dominación romana
mayor, manteniendo un m�mero equivalente de soldados en que ha durado un tiempo más largo que ninguna otra y cuyo
Extremo Oriente a muchos millares de kilómetros de la Rusia carácter marítimo fue prácticamente nulo. Por otra parte los
europea, gracias al Transiberiano. Con el tren, pronto comple­ ejemplos dados por Castex son poco convincentes: no se ve por
tado con el automóvil, la potencia terrestre era capaz de despla­ qué hay que considerar determinante la componente naval de
zar sus fuerzas tan rápidamente como la potencia marítima. Se la dominación musulmana hasta el punto de que prevalezca, pues
comprobaría en 1914 ante la batalla del Mame, cuando Moltke si el control del Mediterráneo oriental ha durado hasta el siglo -
-.....
_

el joven sacó de Francia dos Cuerpos de Ejército y una División XVIII (la batalla de Lepanto no cambió esta situación) pó�"1lié1 ·S -
para enviarlas a Prusia Oriental. La maniobra pasó a la historia los musulmanes tenían todas las costas, el del Mediterrá¡1'�9,occi2- . _\
por sus efectos negativos (estas fuerzas se necesitaron durante dental no ha sido más que episódico, ya que desde el s'ig1Q'XIII ' \
l }::: ...
"'
1:-�
\�
\\ �-. /
" .-.
......... .·:-:-,·.. .. '
. \
220 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 221

la marina merinida fue aplastada por los castellanos. Igualmente de las aportaciones exteriores destinadas a alimentar la
la grandeza de Venecia ha sufrido muchos eclipses en el trans­ guerra.»41 •
curso de esos seis siglos. En fin, la pax britannica ha durado Francia y el conjunto de la Europa continental han pasado
menos de un siglo (1815-1905, esta última fecha corresponde al por esta experiencia en 1940 y 1941: el dominio de los mares no
repliegue de la Royal Navy sobre la metropoli y a la victoria de les ha servido para nada ante la guerra relámpago (blitzkrieg).
Tsushima, que marca el comienzo de la discusión sobre la supre­ Cuando el choque inicial se ha superado es cuando la potencia
macía blanca en Asia) y habría sido todavía más breve si los otros marítima puede esperar recuperar la ventaja gracias al envío de
países europeos no se hubieran apartado de la mar por un con­ refuerzos y de provisiones. El ejemplo de la Segunda Guerra mun­
j unto de circunstancias de orden interno (los gobiernos debían, dial en este aspecto ha sido muy aleccionador. Cuando John
en primer lugar, ocuparse en mantener el orden social) e inter­ Lukacs sostiene que «en el curso de la última guerra europea
nacional (su primera preocupación en este aspecto era el man­ la importancia de la potencia naval declina» y que se asistía al
tenimiento del equilibrio europeo mediante su recíproca neutra­ «retorno del predominio de las fuerzas terrestres»42 tiene una
lización). visión parcial justificable en los años 39-41 en que hace el estu­
Por otra parte, tal como lo ha señalado Mackinder40, la dio, pero que la continuación del conflicto invalida completa­
estructura del imperio marítimo es a la vez fuente de fuerza y mente, pues el dominio de los mares ha permitido llevar tropas
de debilidad. Puede ser controlado por un pequeño grupo de y material amerciano y, finalmente, reconquistar el continente.
hombres, pero manteniendo una clara separación entre el con­ Esta es, sin duda, la lección más clara de la Segunda Guerra mun­
quistador y los pueblos sometidos. Por el contrario, el imperio dial si se la considera en su totalidad: la posibilidad de montar
de tipo continental se extiende a partir de un centro sobre las operaciones combinadas ha permitido a la potencia marítima
regiones contiguas. La conquista desemboca así en una asimila­ compensar el desequilibrio que había creado en su detrimento
ción de los vencidos, lo que se ha revelado un factor muy posi­ el avión y la revolución de los transportes terrestres.
tivo en la época contemporánea: el imperio ruso que reune pobla­ Se desemboca así en una relación dialéctica y equilibrada43:
ción muy diferente (bálticos, ucranianos, caucásicos, siberianos...) un elemento no puede vencer al otro más que si lo afronta en
ha subsistido así mientras que el imperio británico se ha dislo­ su terreno, teniendo ahora la intervención del aire una influen­
cado. Los Estados Unidos lÍan podido asimilar los territorios cia decisiva en el resultado de la lucha entre la tierra y el mar.
enclavados en México, pero h'an tenido que abandonar Filipinas. Al acabar su exposición Castex formula un verdadero teorema:
En fin, suponiendo que esta ventaja exista, tiene en contra­ «La influencia de la potencia del mar en las grandes crisis del
partida el que la potencia marítima necesita de más tiempo para mundo es función de la fuerza aeroterrestre que es capaz de des­
empezar a notar los efectos qe su dominio. Castex lo ha notado: plegar y la influencia de la potencia terrestre se mide en los mis­
«La importancia del dominio del mar, cuando es efectivo, no se mos momentos por la fuerza aeronaval que puede poner en la
manifiesta con igual intensidad a todo lo largo de la guerra. En balanza.»44 El progreso técnico aumentando la capacidad de
general crece con el tiempo. El efecto del dominio de las comuni­ acción de un elemento sobre otro hace que la oposición entre
caciones marltimas y el papel de la marina, al principio son poco la tierra y el mar se difumine para ceder su sitio a la potencia
sensibles.. ., pues, sin duda, las naciones podrán vivir en los pri­ anfibia. Esta es la característica fundamental de la geopolítica
meros tiempos con los recursos que poseían durante la paz. No contemporánea, sin que, por lo tanto, la diferencia de natura­
se empezará a sentir el valor de la libertad del mar más que a leza entre la potencia terrestre y la potencia marítima haya desa­
partir del momento en que se desencadene la corriente continua parecido totalmente.
N OTAS AL CAPITU LO Q U I NTO

l. Théories, T. V, Advertencia.
2. Théories, T. IV, pág. 3.
3. Idem.
4. Théories, T. III, pág. 193.
5 . Capitán de navío Lepotier, «La estratégie insulaire», Revue de défense nationale,
julio 1 949, pág. 5 .
6 . Mélanges, pág. 168.
7. Mélanges, pág. 129.
8. Penetrante exposición de ?.mi Kennedy, «lapanese strategic decisions 1939-1945»,
en Strategy and diplomacy 1870-1945, especialmente págs. 185 y 189.
9. PhilÍppe Masson, Histoire de la marine fran\!aise, T. I, págs. 412-413.
10. Castex ha anotado este cambio en la segunda edición del Tomo I de las Théo­
ries: «Elfoso que separa a Inglaterra del continente ha perdido mucho de su valor defen­
sivo y Gran Bretaña debe mantener unida la potencia aérea a la otra (la potencia marí­
tima) si quiere luchar en igualdad de condiciones», Théories I, 1937, pág. 119.
11. Por el contrario, tanto la batalla de Inglaterra como los bombardeos sobre Ale­
mania y el Japón no han tenido los efectos morales que Douhet daba por descontado.
Incluso se puede decir que estos bombardeos han tendido a reforzar la voluntad de resis­
tencia del pueblo y su cohesión en tomo a sus gobernantes.
12. Halford J. Mackinder, op. cit., págs. 142-143.
1 3 . Théories, T. III, pág. 165.
14. Théories, T. V, pág. 101.
15. Théories, T. 1, págs. 84-85. Sobre estos casos vuelve en el Tnmo V, pág. 97 y
siguientes y los desarrolla más extensamente. Cito aquí el resumen que da en el Tumo
1, que es mucho más escueto.
16. Théories, T. 1, pág. 89. La derrota rusa de 1904-1905 no contradice esta inter­
pretación: «Evidentemente si Rusia hubiera tenido en Extremo Oriente la marina que
le hacía falta, convenientemente manejada, los japoneses jamás hubieran desembar-
224 LA POTENCIA MARITIMA 225
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

cado en Manchuria. En esta ocasión la superioridad naval era una condición suficiente
3 8. Estos transportaron a cuatro batallones de cazadores algunas decenas de kiló-
metros. Un quinto batallón, que salió a pie, llegó poco más o menos en el mismo tiempo...
para lograr el éxito. No obstante, si Liao-Yang, Shao-ho y Mukden hubieran sido vic­
torias rusas, los japoneses habrían sido arrojados al mar. Entonces la potencia terres­ 39. Mélanges stratégiques, págs. 146-147.
tre era condición suficiente y la potencia naval no era de ninguna manera necesaria 40. Cf. W. H. Parker, op. cit., págs. 73-74.
para_ alcanzar e/fin defensivo deseado. La superioridad terrestre hubiera satisfecho todo»,
41. Théories, T. I (1937), pág. 125.
almirante Castex, «la Russie et la mer», Revue maritime, julio 1954, pág. 847. 42. John Lukacs, La derniere guerre européenne. Septiembre 1939-diciembre 1941,
17. Théories, T. I, pág. 96. París, Fayard, 1977, págs. 176-177.
18. Théories, T. l, págs. 98-99. 43. Richmond también lo había reconocido. Ha señalado la interdependencia entre
19. Paul Kennedy, The rise and fall of British naval mastery, pág. 137. H. P. Will­ las potencias terrestre y marítima y criticado a los aislacionistas que rechazaban todo
mott, Sea \\úrfare, Londres, pág. 35, es de opinión contraria. Se apoya en el vertiginoso comprosimo en el continente. Herbert Richmond, National policy and naval strength,
descenso de la producción agrícola y de las importaciones industriales. Pero esta caída Londres, l..ongmans, 1928, pág. 25. Pero sus análisis, limitados al caso británico, no
no es imputable solamente al bloqueo y no ha impedido a Alemania mantenerse durante han tenido la amplitud de los Castex.
cuatro años. 44. Mélanges, pág. 71.
20. Cf. Geoffrey Till, op. cit., pág. 154.
21. Piers Mackesy, «Problems of an amphibious power: Britain against France
1793-1815», En Merrill L. Bartlett, Assault from the sea. Essays on the history of am­
phibious warfare, Annapolis, US. Naval Institute Press, 1983, pág. 67.
22. «En 1926 una autoridad naval escribía que toda la historia enseñaba que tal
operación era una empresa desesperada que muy raramente alcanzaría el éxito. Toda­
vía en 1939 el comandante Liddel! Hart juzgaba que un desembarco en una costa ene­
m iga sería prácticamente imposible ante una determinada resistencia. » John P. Camp­
bell, «Marines, aviators and the battleship mentality», en Merill L. Barlett (ed.), op.
cit.,pág. 169.
23. Théories, T. V, pág. 103.
24. Théories, T. V, pág. 216.
25. Théories, T. V, pág. 103.
26. Paul Kennedy, op. cit., pág. 251 . La tesis de Liddell Hart formulada en 1935
en su célebre libro The British way of warfare era una violenta crítica contra los comba­
tes entablados en el continente y las fuertes pérdidas que se ocasionarían. Cf. Briam
�ond, Liddell Hart. A study of bis military thoughtNew Brunswick, Rutgers Univer­
s1ty Press, 1977, págs. 68-69.
27. Stephen T. Ross, «Blue water strategy revisited», Naval War College Review'
primavera 1978, pág. 58. !
28. Este último factor, generalmente poco conocido se ha revelado mucho más
importante que la superioridad aérea durante las primer�s horas siguientes al desem­
barco como lo recuerda Stephen Ambrose, «Seapower in World War I and 11» ' en B.
Mitchell Simpson III, War, strategy and maritime power, pág. 189.
29. Según el almirante Donitz, Ja utilización de Ja base de l..orient equivale a una
mejora en el rendimiento de las operaciones de los U-Boote, del 22 por ciento.
30. Cf. supra, pág. 174. •

31. Théories, T. V, pág. 183. Cuando escribía esto, Castex pensaba ya en una gue-
rra en la que la coalición marítima se opusiera a Rusia.
32. Paul Kennedy, op. cit., pág. 116.
33. Théories, T. V, págs. 316-317.
34. Mélanges stratégiques, pág. 1 32.
35. Friedrich Ruge, Puissance maritime et sécurité' París Presses de la Cité 1969
' ' '

página 87.
36. Capitán de fragata Castex. La manoeuvre de la Praya, París, Fournier, 1913,
. .
pagma 135.
37. Théories, T. V, pág. 525.
LA PITTENCIA MARITIMA
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

VI
Cll UI
ª o
Cll
>o
e: •a.
L..


o111 o111 V>
u
-� 8
"' �i ·°Q;
o

,"!:::
o
L..
-�
111

111
"OCll
-�111
111
Cll
"O

i
E
o
oCll111
"O "Oo
·¡:; :=
:§ .E o
u
-

111 >- >- V>
Cll
"O 111 111
Cll
oL..
e:
111o
..
111o �
<.!> CD m ir
• ...


o
5

o
w
a::


LA PITTE NCIA MARITIMA

CAPIT U LO SEXTO

E L P E RTU R BADO R SOV I ETI CO


�C'(¡-'f F R E NTE A LA COALI C I O N
oo
R M A R ITI M A OCCI D E NTAL
> >
N
Vl o
() ::o
!TI !TI
z Vl
Vl •
o Desde el siglo XIX, Tocqueville y algunos preclaros espíri­
z

tus habían predicho que el enfrentamiento del futuro sería entre
HAWAI •
los Estados Unidos y Rusia. Esta afirmación es una de las tesis
centrales de la naciente geopolítica a comienzos de siglo. Mahan
y Mackinder lo formulan de manera casi idéntica, pero con con­
clusiones opuestas.
Los puntos de vista de Mahan están contenidos en un libro
poco conocido, The problem of Asia1 , aparecido en 1900. Este
ensayo geopolítico, de una gran perspicacia, aplica a Asia el
esquema mahanista de la lucha entre la tierra y el mar. La poten­
cia terrestre es naturalmente Rusia, en la que Mahan separa bien
la fuerza y la debilidad. Su posición central le confiere una gran
ventaja estratégica, pues puede extenderse en todas direcciones,
y sus líneas interiores no se pueden cortar, pero sus accesos al
mar son insuficientes. Todos sus esfuerzos van a tender a ensan­
charlos. Mahan ve tres ejes de expansión: hacia Europa, espe­
� ESTADOS UNIDOS y Aliados cialmente para hacer saltar el cerrojo de los estrechos turcos, en
dirección al Golfo Pérsico2 y hacia el mar de la China. Afirma
� Pacto de VAASOVlA
la necesidad de una coalicion de potencias marítimas para obs­
• Base Americana taculizar estas salidas e impedir a Rusia amenazar la ruta de
A Base Soviética Suez3 , concediéndole solamente a título de compensación una
Bases inutili zadas en t i empo normal extensión en su fachada sobre el mar de China. Esta contención
pfro que podr(a1_1 estar disponibles en
tiempo de cns 1s.
de la potencia terrestre le parece de tal importancia que Mahan
228 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 229

hace una excepción en su exacerbado racismo para incluir al volumen de transporte, y a que la posición de los Estados Uni­
Japón en el frente de las potencias marítimas, que comprende dos ofrece enormes ventajas, lo que uno de sus discípulos tra­
los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Japón (Francia, duce invirtiendo la fórmula de Mackinder:
que debería estar en el campo marítimo, recibe un voto de cen­ Quien tiene América del Norte controla los océanos.
sura implícito por su alianza contra natura con Rusia4). Los Quien tiene los océanos, controla el mundo6 •
Estados Unidos, naturalmente, se alzan con la jefatura en est.e A pesar de su oposición sobre el resultado final, Mahan y
frente. Sus inmensos recursos les llaman a tomar el relevo de Gran Mackinder se adhieren a un paradigma único, el del antagonismo
Bretaña. necesario entre la potencia marítima y la potencia continental.
Estos son exactamente los mismos aspectos desarrollados por Ahora bien, se trata de un presupuesto completamente falso, tal
Mackinder. En Britain and the British seas (1902), constata el como lo ha demostrado Spykman: «La oposición entre los dos
declive de Gran Bretaña, y saca la conclusión de que ésta debe Estados (Gran Bretaña y Rusia) no ha sido jamás inevitable. A l
«compartir la carga» (burden sharing) con los Estados Unidos, contrario, durante las grandes guerras de los siglos XIX y XX,
que tomarán antes o después el relevo. En su célebre comunica­ las guerras napoleónicas y la Primera y Segunda Guerras mun­
ción de 1904, «The geographical pivot of history», formula su diales, los imperios británico y ruso han cooperado en cada caso
célebre teoría del Heartland. Rusia ocupa la zona de pivotaje contra una potencia perturbadora del anillo marítimo: la de
inaccesible a la potencia marítima, a partir de la cual puede tra­ Napoleón, Guillermo JI y Hitler, respectivamente.»7 • Su anta­
tar de controlar la masa continental euroasiática. Enfrente, la gonismo en el siglo XIX a propósito de los estrechos turcos o
potencia marítima a partir de sus reductos, Gran Bretaña, Amé­ a comienzos del XX en Asia central, no deben hacer olvidar que
rica, Africa del Sur, Australia y Japón, inaccesibles a la poten­ han sido más a menudo aliados que enemigos: «En otros térmi­
cia terrestre, encierra en un círculo a ésta y la prohíbe acceder nos, jamás ha habido oposición pura y simple entre la tierra y
libremente a alta mar. Para Mackinder, como para Mahan, la el mar. La configuración histórica ha sido siempre la de unos
realidad geopolítica fundamental del siglo XX es la oposición miembros del anillo marítimo, sostenidos por Gran Bretaña, con­
entre la potencia continental y la potencia marítima. tra otros miembros del anillo marítimo, sostenidos por Rusia,
La diferencia entre los dos teóricos no aparece más que en o bien Gran Bretaña y Rusia unidas contra la potencia domi­
cuanto al resultado de esta lucha. Onnubilado por la revolución nante del anillo marítimo.»
de los transportes, Mackinder predice el fin de la era colombina, Pero los grandes cambios del siglo XX han transformado un
y concluye en la superioridad de la potencia continental, resu­ falso análisis histórico en una perspectiva de una indudable exac­
miendo su pensamiento en una sorprendente formulación que titud. En la época en que Mahan y Mackinder escribían, esta
ha tenido una enorme fortunl\: escalada de la rivalidad entre Estados Unidos y Rusia no era más que
Quien tiene Europa Oriental controla el Heartland. un pronóstico. Aunque gigante económico, los Estados Unidos
Quien tiene el Heartland controla la World /sland (masa con­ eran todavía muy débiles militarmente, y Rusia, industrializada
tinental Asia-Africa-Europa). a pesar de un rápido crecimiento, estaba encajonada entre Ale­
Quien tiene la World Island controla el mundo. mania y Japón, que habían de infringirla, con diez años de inter­
Por el contrario, Mahan afirma la superioridad de la poten­ valo, dos golpes muy duros. El sistema internacional quedaba
cia marítima: «El imperio del mar es, sin ninguna duda, el impe­ centrado en Europa8, y eran raros los que recibían la formida­
rio del mundo»5• Sostiene que el transporte por mar guarda su ble mutación que se iniciaba. Pero las dos guerras mundiales han
preeminencia a pesar de la llegada del ferrocarril, gracias al mayor consumado el declinar de Europa y han hecho del escenario
230 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 231

Mahan-Mackinder una realidad. A las potencias alemana y japo­ LA OFENSIVA STALIN IANA Y SU F RACASO
nesa destruidas, Rusia las ha sucedido como «perturbador»,
como «nación en plena expansión, desbordante de sueños, La Unión Soviética inmediatamente ha emprendido la explo­
sedienta de ambición, que todo lo quiere dominar»9, y los Esta­ tación de las ventajas adquiridas durante la Segunda Guerra mun­
dos Unidos han reemplazado a Inglaterra como líder de los países dial. Stalin era consciente de la importancia del mar, a diferen­
amenazados por este expansionismo. cia de Lenin, y puso en práctica, sin saberlo, el programa qtie
A partir de 1945, el esquema teórico de la confrontación entre Castex asignaba a Rusia: «Rusia tendría un poder de irradia­
la potencia continental y la potencia marítima se ha hecho rea­ ción y de expansión militar en tiempo de guerra, ideológico y
lidad. Por un lado, «el polo de la potencia terrestre se ha man­ político en tiemo de paz, infinitamente más grande si reunía el
tenido indudablemente fijo en Moscú, porque la URSS, que rei­ dominio naval con la potencia terrestre»13, versión moderni­
naba ya sobre una inmensa fracción de Asia, es en el presente zada de la máxima de Pedro el Grande: «Todo poder que no tenga
más que la potencia terrestre, sólo tiene un brazo, pero si a esto
dueña, directa o indirectamente, de una buena parte de Europa,
une la potencia marítima, tiene los dos.» Entonces Stalin ha lan­
Y Rusia representa hoy al dominador continental que ha reco­
gido la herencia de los grandes perturbadores del pasado»10• zado un vasto programa de construccion naval. Su finalidad era
Por otra parte, «el polo de la potencia en el mar se ha situado fundamentalmente defensiva, destinada a prevenir un desembarco
en el presente y para el futuro inmediato en Washington, por­ de gran amplitud semejante a aquellos que los americanos habían
,, llevado a cabo durante la Segunda Guerra mundial. El objetivo
que la "isla de otro tiempo, es decir, Inglaterra, ha llegado a
convertirse en todo el continente americano conducido por los era disponer de fuerzas muy numerosas capaces de constituir
Estados Unidos. Pero no hay que equivocarse; este cambio no barreras defensivas escalonadas en profundidad. Se construye­
comporta oposición entre las antig{las partes y las nuevas. El des­ ron al lado de innumerables unidades ligeras subamarinos de
tino de la pequeña isla desde siempre se ha identificado con el corto (clase Québec), medio (clase Whisky) y gran (clase Zulu)
de la grande de hoy. Han partido a/idos forzosamente y arras­ radio de acción.
tran con ellas a sus satélites»11 • Dicho de otra forma, estamos Pero Stalin iba más allá de esta preocupación defensiva inme­
en presencia del «choque de la potencia marítima anglosajona diata. Al mismo tiempo que relanzaba la construtción naval,
y la potencia terrestre rusa, ambas teniendo a su servicio sus res­ se propuso hacer saltar los cerrojos geográficos que impedían
pectivas potencias aéreas»12• a Rusia el paso franco hacia alta mar. Reclamó la internaciona­
lización de los estrechos daneses y del Canal de Kiel, un dere­
Desde un punto de vista marítimo, este enfrentamiento se cho de velar por la defensa de los estrechos turcos, la cesión por
desarrolla según un esquem� secuencial con fases alter�ativas Noruega de la isla de los Osos, y del archipiélago de Svalbard.
de ofensiva y de repliegue soviético; un primer empuje stali­ En todos los casos la reacción anglosajona le ha llevado al fra­
niano en di �ección al mar ha sido rápidamente contenido, y los caso. El éxito obtenido en Yugoslavia, que permitía a los navíos
.
Estados Umdos han reaccionado montando un dispositivo para soviéticos hacer escala en el Mediterráneo, ha sido rápidamente
cercar el Heartland. Así se ha mantenido hasta hoy, aunque frente estropeado por la ruptura con Tito, y las veleidades esbozadas
a la reciente irrupción de los soviéticos en el mar, la Adminis­ de un contradispositivo oceánico destinado a tomar de revés la
tración Reagan ha empezado a reforzar su dispositivo y tam­ defensa occidental (solicitud de un mandato en Tripolitania y
bién a adaptar su estrategia tomando medidas en los aspectos Eritrea y avanzadas diplomáticas en la Argentina) no han dado
que pueden presentarse como más peligrosos. resultado. Estas pretensiones fueron prematuras, pues la Marina
232 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 233

soviética era totalmente incapaz de enviar un solo navío al hemis­ Desde el final de la guerra, los militares en su conjunto están
ferio austral. El único resultado duradero de este activismo ha convencidos de la necesidad que tenían los Estados Unidos de
sido la ocupación de las Kuriles y del sur de la isla de Sajalin, comprometerse en ultramar. En tanto que el Congreso, del que
que ha hecho del mar de Okhotsk un mare clausum, mejorando ciertos miembros, entre los más eminentes, deseaban un retomo
un poco la situación de la flota soviética del Pacífico, quedando, al aislacionismo, no estaban dispuestos a ello; no podían más
no obstante, bloqueada al sur por el cerrojo de los estrechos japo­ que esperar y contentarse con mantener y completar el disposi­
neses, por los que accede al mar de China. tivo oceánico puesto en servicio durante las hostilidades. Sobre
Entonces, la ofensiva staliniana terminó con un fracaso casi esto último, el Congreso no se oponía porque guardaba recuerdo
completo, rematado en 1955 por la retrocesión a China de los del colosal error cometido durante la Conferencia de Washing­
puertos de Dairen y Port Arthur. Con la muerte de Stalin ton, cuando los Estados Unidos habían aceptado no fortificar
comienza una era de repliegue: se abandona la construcción de sus islas situadas al oeste de Hawai. No llegaba a comprender a
los grandes barcos, se suprime el Ministerio de Marina (diez días la U.S. Navy en su deseo de anexionar las islas conquistadas en
solamente después de la muerte de Stalin), y el gran proyecto el Japón, y de quitar a los aliados la vigilancia de ciertas islas
marítimo es abandonado. No se discutirá el dominio occidental estratégicas, especialmente Nueva Caledonia, precioso eslabón
de los mares hasta comienzos de los años sesenta. entre Micronesia y Australia. Pero la dejaría hacer libremente.
Gracias a este consenso interno y a la ausencia de oposición
extranjera, los Estados Unidos han obtenido todo lo que han
E L D I S POSITIVO A M E R I CANO querido. La tutela estratégica sobre Micronesia difiere notable­
mente de la tutela ordinaria, pues autoriza las actividades mili­
Enfrente, los Estados Unidos han tenido algunas dificulta­ tares, comprendiendo incluso el establecimiento de bases nava­
des para definir su estrategia. Desde la entrada en guerra, los les y aéreas y excluye a terceros. Cuando la tutela ordinaria está
militares y los marinos habían planteado el problema de la uti­ situada bajo control de la Asamblea General, la vigilancia de
lidad estratégica de Europa para los Estados Unidos: ¿Sería pre­ la tutela estratégica depende del Consejo de Seguridad, en cuyo
ciso después de la guerra romper con la política tradicional de seno los Estados Unidos disponen de un derecho de veto, Enton­
«defensa del hemisferio» para'comprometerse en ultramar? Los ces se han asegurado de hecho todas las prerrogativas de una
geopolíticos han impuesto con rapidez su respuesta: la presen­ potencia soberana. Igualmente un acuerdo cuando menos desi­
cia de un adversario sería mucho más peligrosa en Brest que en gual, les asegura un uso sin restricción de las bases filipinas. En
Buenos Aires, tanto a causa de las distancias (4.000 y 6.000 millas) el Atlántico Norte aceptan la relación especial que desea esta­
· como de los obstáculos; la sup�rficie líquida del Atlántico es más blecer el Reino Unido, renuevan sus acuerdos con Portugal a pro­
fácilmente franqueable que la cordillera de los Andes o la selva pósito de las Azores, con Dinamarca a propósito de Groenlan­
amazónica14• Nicolas Spykman, el más célebre de los «geógra­ dia, con Islandia ...
fos políticos» (rechazaban la denominación «geopolíticos» por Pero procediendo así, los Estados Unidos se contentan con
su connotación germánica demasiado señalada), vuelve a for­ preservar su dominio marítimo sin buscar realmente una con­
mular las tesis de Mackinder para situar a América en el centro tención de la Unión Soviética sobre el continente. Contrariamente
del mundo y señalar la necesidad de controlar el «anillo marí­ a lo que han mantenido en los años sesenta los historiadores de
timo» del Rimland, zona tampón entre la potencia terrestre y la escuela revisionista, no han desencadenado . la guerra fría de
la potencia marítima15 • agosto de 1945, han desmovilizado sin esperar sus Fuerzas Arma-
234 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 235

das, y no han opuesto a la sovietización de la Europa del Este conducido a los Estados Unidos a una tal revisión concretizada
más que protestas, raramente seguidas de acciones concretas'6 • por el anuncio de la Doctrina de Guam por el Presidente Nixon
Esta política se ha mostrado rápidamente insostenible. Desde en 1969. De los pactos acabados por Foster Duller, no quedan
1 947. han debido tomar el relevo de Gran Bretaña, incapaz de más que la OTAN y el ANZUS, que ligan a los Estados Unidos
contmuar su ayuda a Turquía, amenazada por las intenciones con aliados estables y seguros'9 • La presencia militar en ultra­
soviéticas. El golpe de Praga y después la guerra de Corea, han mar ha sido reducida de manera drástica, y no se mantiene más
acabado por hacerles vascular hacia un antagonismo militante. que en las cabezas de puente indispensable para los accesos al
Entonces han organizado la defensa en dos líneas. Treinta y cinco mar libre (Europa Occidental, Corea, Japón).
años después, esta organización continúa vigente. Merece la pena
pararse en ella, pues a menudo no se percibe con claridad cómo
testifica la validez del razonamiento geopolítico. 2. El d i spositivo oceá nico m u n d ial

Detrás de esta primera línea hay una segunda, el dispositivo


1. El cerrojazo del a n il lo marítimo oceánico mundial, que Castex ha evidenciado desde finales de
los años cuarenta: «En esta nueva guerra (Estados Unidos con­
La primera línea responde a la exigencia indicada por Mahan tra la Unión Soviética), guerra de continentes, la potencia del
Y Mackinder de prohibir a Rusia el acceso a alta mar, y, por tanto, mar montará sin falta su dispositivo oceánico habitual, pero esta
de controlar el anillo marítimo. Esta idea ha sido popularizada vez un dispositivo océanico a la escala del conflicto, un disposi­
al otro lado del Atlántico por Spykman, con su célebre fórmula: tivo oceánico formidable, inmenso, gigantesco, de una extensión
« Quien domina el anillo marítimo (el Rimland), tiene a Eura­ tal que es preciso considerarlo en un planisferio para hacerse
sia; el que tiene Eurasia domina el destino del mundo» '7• con el conjunto. Será constituido por un cinturón formado por
Interpretando de manera mecanicista esta máxima, los Estados el océano Atlántico, océano Indico, océano Pacífico Oeste,
Unidos han intentado en un primer tiempo controlar totalmente total, en casi toda la extensión lz'q uida del globo. Será apoyado
el anillo marítimo por medio de una sucesión de pactos regio­ por un tercer continente, Africa, el cual pertenecerá, problable­
nales: Organización del Tratado del Atlántico Norte, en Europa, mente a la potencia del mar, que jugará el msimo papel que
Pacto de Bagdad, luego Organización del Tratado Central, en el durante la guerra de 1939 a 1945, tanto para sostener y defender
Medio Oriente, Organización del Tratado de Asia del Sudeste el Océano Indico y el Mar Mediterráneo, como para servir de
Y ANZUS (Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos), en base de partida a una contraofensiva dirigida contra Europa,
Extremo Oriente, acompañados de una presencia masiva en ultra­ término occidental de Eurasia Y. trofeo momentáneo del pertu-
· •

mar. Esta política de intervención en todos los azimuts, muy cos­ bador continental»w.
tosa y plagada de errores tácticos, ha conducido a los desenga­ Este dispositivo parte de Alaska y de las Islas Aleutianas (con
ños del Vietnam. Desde 1963, el geopolítico Saül B. Cohen ha muchas bases aéreas y el Puerto de Dutch Harbor) para divi­
propuesto sustituirla por una política más selectiva que tiende dirse en dos líneas: la primera pasa por el Japón (con el Puerto
a no guardar más que el control de las zonas estratégicas indis­ de Yokosuka), Okinawa y las Filipinas (con la base naval de Subic
pensables, y reemplazar la cadena de pactos y tratados más allá Bay y aérea de Clark, las mayores instalaciones militares ameri­
de Turquía y Japón, por una Maritime Asían Treaty Organiza­ canas en ultramar). El eslabón intermedio de Formosa, maravi­
tion (MAT0)18• El deseo de salir del atolladero vietnamita, ha llosamente situado en medio del mar de China, no puede ser
236 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 237

utilizado desde el establecimiento de relaciones con Pekín, pero la guerra de las Malvinas, las Azores, con la base de Lajes, que
eventualmente podría estar disponible en caso de conflicto. sirve de estación intermedia entre los Estados Unidos y Oriente
La segunda línea se articula alrededor de islas que han dejado Medio y vigila la entrada al Mediterráneo; a continuación las
nombre en la guerra del Pacífico: Hawai, sede del mando del Pací­ bases en Gran Bretaña, Islandia (Keflavik) y Groenlancia (Thulé,
fico, y la gran base naval de Pearl Harbar, Midway y la Micro­ que no tiene más importancia que la que tenía en los años cin­
nesia. El régimen de tutela estratégica ha cedido su sitio a una cuenta, cuando los bombarderos del Strategic Air Command esta­
situación de independencia-asociación que permite un gran mar­ cionaban allí). Es preciso unir a esto los puntos de apoyo en el
gen de maniobra a los Etados Unidos. Fieles al principio divide mar de la Antillas y en las Bahamas que cubren el flanco sur
and rule, estos han fomentado el fraccionismo de la Micronesia de los Estados Unidos. Eslabones suplementarios están en curso
con la secesión de las Marianas, a las que inmediatamente se de acondicionamiento en las Feroe (Isla de Lewis) y en las Cana­
ha impuesto acuerdos leoninos. Estos concluyen con Sa"ipan el rias (aeropuerto de Gando en la Isla de Gran Canaria).
1 5 de febrero de 1975, siendo éste un buen ejemplo : los Esta­ En su función de cobertura del hemisferio americano, este
dos Unidos conservan un monopolio casi exclusivo en materia dispositivo es autosuficiente, y constituye un conjunto de posi­
de política exterior y de defensa y «reciben en arriendo cierto ciones avanzadas que un eventual asaltante debería reducir antes
número de terrenos: siete hectáreas en Tinian, setenta y dos hec­ de intentar atacar el reducto de la potencia marítima. Por el con­
táreas en Sai'pan, ochenta y tres hectáreas en la Isla de Fara/Ion trario en su función de sostén de los aliados de ultramar de los
de Medinilla », por una duración de cincuenta años renovable Estados Unidos, no es eficaz que dispongan de estaciones inter­
por otros cincuenta21 • Se trata solamente de bases aéreas. Pero medias en el borde del anillo marítimo para facilitar la proyec­
en caso de que se pierdan las Filipinas, el arco Tinian-Guam­ ción de la potencia americana. A las cabezas de puente tradi­
Palau vendría a ser la posición principal. El problema está en cionales en Europa y en el Pacífico Norte (Japón, Corea del Sur),
que los Estados Unidos todavía no han tenido éxito, a pesar de los Estados Unidos han añadido, desde 1980, una serie de faci­
todos sus esfuerzos, en convencer a los habitantes de las Palau lidades en el «sector sensible» de la región del Golfo de Omán,
para abrogar la causa antinuclear que figura en su Constit ución, en Kenya (Mombasa) y en Somalia (Mogadisco ), con vistas a
y que bloquea todos los proyectos amelicanos de impla11i:1 - 1 1 11�22• una posible intervención en la región del Golfo.
Estas dos líneas se vuelvert a juntar en Australia, mi1.?111 b ro Si el conjunto está bien montado en el Pacífico, siempre con
del pacto d e ANZUS, que concede facilidade s aéreas y navales el problema que supone el incierto futuro de las bases filipinas,
para los Estados Unidos. En el océano Indico, el atolón de Diego militarmente indispensables para el control del mar de China
García, alquilado a los británicos, ha sido objeto en los años y la unión entre el Pacífico y el océano Indico, es por el contra­
setenta de trabajos de acondicionamiento muy importantes, dis­ rio muy insuficiente en el Atlántico. Esta deficiencia és estruc­
poniendo de un aeródromo· c apaz de acoger a cualquier tipo de tural en el Atlántico Norte, ya que faltan islas bien situadas, y
avión, y de un puerto donde se almacena material para la Fuerza es coyuntural en el Altántico Sur, en que el eslabón sur entre
de Despliegue Rápido (integrada desde el 1 de enero de 1983 en éste y el océano Indico, constituido por la base sudafricana de
el Mando Central CENTCOM). Los aviones que allí llegan pro­ Simonstad, perfectamente situada y equipada, queda inutilizada;
cedentes del Pacífico hacen escala en Australia o en Tailandia los puertos de la antigua Africa portuguesa, especialmente San
en la base de Utapao. Vicente y Luanda, se han perdido, lo mismo que el puerto Mozam­
Se suceden a continuación: La isla de Ascensión en el Atlán­ biqueño de Louren�o Marques (Maputo ), y la magnífica bahía
tico Sur, con su aeródromo, que ha demostrado su eficacia durante malgache de Diego Suárez en la otra vertiente de la ruta del Cabo;
238 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTE NCIA MARITIMA 239

las torpezas (por no decir algo más fuerte) de la política carte­ su adversario, y su red de puntos de apoyo es muy rudimenta­
riana y después la guerra de las Malvinas, han comprometido ria: si casi es suficiente en el cuadrante Noroeste del océano Indico
seriamente la solidaridad interamericana23 • (con las islas Dalhak en Etiopía y Socotora en el Yemen del sur),
Evidentemente, estos desastres no son irreparables, ya que y sobre todo en el mar de China Meridional (con la bahía viet­
no ocasionan más que un cierto malestar. Los Estados Unidos namita de Cam Ranh que ha llegado a ser la más importante
no están más seguros, como en el pasado, por tener acceso a instalación soviética en ultramar), es muy débil en el Mediterrá­
las instalaciones brasileñas en caso de necesidad, y sus posicio­ neo (facilidades en Libia y Siria), en el Atlántico Sur (Arlgola)
nes en Africa son más que frágiles: raros son los países con los y en el resto del océano Indico (facilidades en Mozambique y
que la coalición marítima podría contar, en caso de grave crisis, escalas en las Seychelles y en India). Aunque sensibles progre­
(esto se refiere sobre todo a países francófonos como el Senegal sos se han llevado a efecto (docks flotantes en Etiopía, en Arlgola,
o la Costa de Marfil). Felizmente siempre queda Africa del Sur. en Mozambique), ninguno de estos puntos con excepción de
Cam-Ranh está verdaderamente preparado. Y sobre todo no hay
nada en el Atlántico Norte (a excepción de facilidades embrio­
LA V U E LTA D E LOS SOVI ETICOS AL MAR narias en Cuba) ni en el Pacífico. Este último queda casi vacío
de navíos soviéticos. De hecho, sólo el Mediterraríao conoce una
Este dispositivo oceánico mundial y el control del acceso al presencia permanente y todavía ésta raramente es sustancial. El
mar libre, no son suficientes para garantizar en el campo marí­ destacamento del océano Indico no rebasa más que excepcio­
timo la conservación del dominio de los mares. Después del parón nalmente una media docena de navíos de combate, y el del Atlán­
impuesto por Kruschev, la crisis de los misiles ha mostrado nue­ tico Sur no tiene más que tres o cuatro.
vamente a los soviéticos la importancia del mar. Ahora se han Al revés de lo que periódicamente se sugiere' por movimien­
lanzado a la búsqueda de la potencia marítima con una tenaci­ tos alarmistas, la Unión Soviética todavía no ha llegado, a pesar
dad que ha confundido a los observadores. Los resultados obte­ de las realizaciones espectaculares, a ser una potencia marítima
nidos son más que notables, porque su flota, que no se veía prác­ verdaderamente oceánica, capaz de disputar a su adversario el
ticamente nunca en alta mar en. los años cincuenta, dispone hoy dominio del mar. Simplemente ha adquirido una capacidad de
de todo tipo de barcos modernos y está presente en todos los interdicción con la que eventualmente podría conseguir el impe­
mares gracias a un contradispositivo oceánico que le permite el dir, que los Estados Unidos, «reducto» de la potencia marítima,
entretenimiento de los cruceros en el Atlántico Sur, en el océano pudieran apoyar a sus aliados occidentales. Para lograrlo llega­
Indico y en el mar de la China. Dicho esto, la flota soviética rían a una guerra ofensiva esencialmente submarina y aérea, des­
todavía sufre cierto número de.contratiempos. A pesar de algu­ tinada a cortar, al menos temporalmente, las líneas marítimas,
nos logros impresionantes especialmente en el dominio del sub­ y a impedir a la flota americana cumplir su misión de apoyo
marino, su retardo tecnológico en relación a la U. S. Navy subi­ a tierra.
siste. La penuria de oficiales marinos profesionales, se hace sentir
cruelmente, y el nivel de entrenamiento de las dotaciones resulta
LA R EACCI O N AM E R I CANA
insuficiente (las espectaculares explosiones que destruyeron una
parte del stock de misiles de la flota del Artico, en mayo de 1984, Este aumento de la potencia de la marina soviética, intro­
bien lo han demostrado). Y sobre todo continúa el obstáculo duce un importante cambio en la ecuación geopolítica mundial.
geográfico: sus accesos a la mar siempre están controlados por Al final de su vida, Mackinder veía el Atlántico Norte como un
240 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 241

Midland Ocean , un océano en medio de tierras con una costa Atlántica podrá responder a un ataque local por un contraata­
americana, reserva material y humana de la potencia marítima, que en otro punto. Esta estrategia, que en el pasado fue muy
y otro en Gran Bretaña, portaaviones inundible protegido de las empleada por Stalin a partir de 1942 contra los alemnanes, en
acometidas de la tierra por la zona del Canal, y Francia, cabeza teoría es totalmente adecuada, pues quita la iniciativa de la elec­
de puente en el continente24• De la misma manera, Castex veía cion del lugar a la Unión Soviética, y explota perfectamente el
también en Francia una cabeza de puente continental, una especie punto fuerte de la potencia marítima (su flexibilidad) y el punto
de Torres Yedras «aumentada ante la magnitud del choque débil de la potencia terrestre (su carácter estático agravado por
probable»25 • la dificultad de las comunicaciones entre la Rusia europea y el
Frente a Alemania antes de 1939 ( y esto vale igualmente con­ Extremo Oriente soviético).
tra el peligro soviético que viene de la misma dirección), Fran­ Pero todo esto no tiene valor más que sobre el papel. En la
cia habría debido organizar «Un vasto dispositivo defensivo, práctica esta estrategia de dominante oceánica, presenta un cierto
mitad terrestre y aéreo, mitad marz'timo, una especie de reducto número de dificultades, de las que algunas puramente navales
continental, haciendo frente al Este, de donde llega la amenaza, ya han sido reseñadas27• En el contexto geopolítico actual, sur­
y abierto al Oeste, es decir, en la dirección en la que debía venir gen nuevas objeciones.
el apoyo, el sostén, los avituallamientos, los refuerzos, etcétera».'lh. Estas objeciones no tienen efecto inmediato en la medida en
Durante treinta años, el Atlántico Norte ha sido un lazo de la que esta reconstitución de la superioridad naval de los Esta­
unión entre las dos riberas descritas por Mackinder y Castex. Hoy dos Unidos se acompaña al mismo tiempo de una denodada rea­
sería más bien un obstáculo. La agravación de la amenaza sovié­ firmación de ambigüedad respecto al compromiso en ultramar,
tica no es palabra vana. En esta óptica es preciso evaluar el pro­ ya sea en Corea o en Europa. Pero esto no tiene valor más que
grama de rearme del presidente Reagan. Este, concede una prio­ en tanto que el esfuerzo presupuestario en favor de la defensa
ridad a la U S. Navy que ya ocupaba el primer lugar entre se mantenga. Ahora bien, ya la presión del déficit es tal, que
los cuatro Ejércitos, en términos de procentaje en el presupuesto dicho esfuerzo cada vez es menor, tanto más cuanto que se
de la defensa (más del treinta por ciento) con el plan de una comienza a percibir que las tesis sobre la «ventana de la vulne­
marina de seiscientos navír;>s. El objetivo perseguido es doble: rabilidad» que pone en peligro la seguridad de los Estados Uni­
- Restaurar de manera' indiscutible la superioridad de los dos durante la década de los ochenta, eran inútilmente alarmis­
Estados Unidos en el mar. 'Estos podrán así libremente impor­ tas. El Comité sur le Danger Present de Paul Nitze, que había
tar los productos de los que tienen necesidad, enviar refuerzos promovido esta campaña, está siendo más discreto; la CIA ha
y aprovisionamientos hacia los teatros de operaciones. revisado la base de sus estimaciones sobre el presupueste> mili­
- Sacar partido de la flexibilidad de la potencia marítima. tar soviético, y la administración Reagan ha reconocido implí­
La alianza atlántica hasta el presente ha tenido como única estra­ citamente que sus postulados iniciales eran exagerados al acep­
tegia el resistir un ataque soviético en el entrono donde se pro­ tar las conclusiones de la comisión Scowcroft sobre la moder­
dujera. Tal comportamiento deja una total libertad al atacante nización de los armamentos estratégicos. Entonces existe
que puede concentrar todas sus fuerzas en el lugar escogido, y repa­ el riesgo de asistir con una nueva administración a una reacción
triar una parte de sus fuerzas del Extremo Oriente en caso de contra un presupuesto militar juzgado excesivo. Cortes sombríos
guerra en Europa. La Administración Reagan quiere quitar esta obligarán a elegir entre las diversas estrategias posibles, pues la
ventaja inútilmente consentida al adversario por medio de la tendencia actual ya es perceptible: «Para el año fiscal 1983, la
escalada horizontal, que consiste en que desde ahora la Alianza parte de la Marina en el presupuesto militar alcanza el 34 por
242 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 243

100 contra el 32,5 por 100para la Aviación, y solamente el 23, 7% nental puramente simbólico (algunos miles de hombres de la U.S.
para el Ejército de Tierra..., la disparidad entre la Marina y el A ir Force en Europa, por ejemplo30). Ahora bien, los marinos,
Ejército es todavía mayor cuando se miran sus presupuestos para lejos de asustarse ante una tal perspectiva, la desean: Richard
investigación. A la Marina se le asigna poco más o menos el doble Ackley, antiguo oficial de Marina, sugiere así un desenganche
de lo que recibe el Ejército.»28 parcial de Europa y la disolución de cinco divisiones del Ejér­
Esta tendencia está agravada todavía más por la Iniciativa cito (que cuenta con dieciséis), para pagar el programa de seis­
de Defensa Estratégica («La guerra de las galaxias»), lanzada cientos navíos en el caso de que el presupuesto del Pentágono
por el presidente Reagan en su discurso del 23 de marzo de 1983. no pudiera hacerle frente de una manera total31 • Pero los peli­
Con esta iniciativa se corre el riesgo de que se acentúe la desi­ gros de tal política son numerosos.
gualdad entre los Estados Unidos y Europa, por una parte, por­ En primer lugar, los compromisos a distancia predicados por
que el sistema defensivo antimisil no protegerá más que el terri­ los neomahanistas32, ignoran el obstáculo psicológico que bien
torio americano y no el de Europa (a pesar de las ambiguas ha señalado Colin S. Gray: «La capacidad de proyectar la poten­
declaraciones del presidente Reagan), y por otra parte, porque cia y la voluntad de hacerlo no son siempre sinónimos, al menos
no podrá ser financiado más que en detrimento de los compro­ en lo que concierne a la América insular de los años setenta»33
misos en ultramar. Sus implicaciones presupuestarias han sido Si los Gl's cruzan el Atlántico para volver a casa, se puede apos­
muy bien analizadas por Franc;ois Heisbourg: «por ahora los tar que no lo volverán a atravesar en el otro sentido en caso de
gastos relacionados con el IDS son todavía modestos en rela­ crisis, y el tiempo que pase solamente podrá aumentar el peso
ción con el desarrollo militar global . (Pero), la categoría del costo
..
de esta eventualidad. En 1983, por primera vez los países del Pací­
no podrá ser inferior a la consagrada a la fuerza nuclear estra­ fico han rebasado a Europa en el comercio exterior americano.
tégica desde hace treinta años (JO a 15 por 100 de los gastos mili­ La nueva era del Pacífico no es solamente un slogan ...
tares). Incluso admitiendo que el presupuesto militar americano Incluso en el caso de que los Estados Unidos estuvieran dis­
continúe creciendo significativamente después del período de puestos a venir en socorro de una Europa decadente, deberían
recuperación, se necesitará dar importantes recortes y esto en primero arreglar la prioritaria cuestión del dominio de los mares.
pocos años. ¿En detrimento de qué? ¿De fuerzas nucleares estra­ Ahí también, Colin S. Gray, ha viS'to muy bien el problema: «La
tégicas? Esto sería difícil· la éima probable en la curva de gastos Marina soviética puede y debería ser arrojada de los mares; sus
para el Trident IID5 se sitúa' alrededor de 1989-1990; los gastos facilidades conseguidas en sus avanzadas del litoral de Africa y
para los bombarderos (B.1, después Stealth, como para los misiles de Asia meridional, destruidas; pero el tiempo no estaría del lado
(MX, después Midgetman), serán considerables. El costo unita­ de la Alianza Marítima. Obligándola a un duro combate para
rio del soldado americano �ontinuará creciendo.. ., igualmente acceder libremente a Europa, la Marina soviética compraría el
la Marina de seiscientos navíos casi no permitirá hacer econo­ tiempo necesario para la conquista de las partes crlticas del Rim­
mías en detrimento de la U.S. Navy. El volumen y el equipo de land (si el calendario de la guerra abierta no se respeta). En el
las fuerzas americanas en Europa, constituirán por el contrario mundo de los años ochenta y noventa, una victoria naval final
uno de los blancos más cómodos.»29 de Estados Unidos, incluso total tendría poco valor en sí misma
Entonces se podría decir que se ha llegado al punto en que si se había perdido la cabeza de puente europea.»34 La pérdida
el Ejército americano en su estructura actual no sería creíble, del Rimland sería probablemente definitiva. La U.S. Navy no
en cuyo caso se llegaría, naturalmente; a una blue water strategy, tendría los medios para montar operaciones anfibias gingantes­
una estrategia puramente oceánica con un compromiso conti- cas semejantes a las de la Segunda Guerra mundial. Los Esta-
244 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 245

dos Unidos no podrían más que replegarse en su hemisferio. Se En fin, es preciso constatar que la escalada horizontal es poco
daría entonces la situación descrita por Nicholas Spykman en menos que irrealizable debido a la enorme cantidad de medios
su libro póstumo The geography of the peace: La masa Eurasia­ que se necesitaría: en 1982, el Comité de Jefes de Estado Mayor
Africa unificada bajo la férula de un solo dominador, cercando estimaba que harían falta nueve portaaviones, catorce escuadro­
el hemisferio occidental35• nes aéreos tácticos y nueve divisiones como medios supiementarios
Admitiendo, asimismo, que la prioridad del dominio de los para que la escalada horizontal pudiera ser creíble. Esto representa
mares esté arreglada, ¿cuál será la capacidad de proyección de un aumento global del cincuenta por ciento de las Fuerzas Arma­
la potencia de la Marina americana? Sobre el papel, quince por­ das americanas, y un gasto suplementario de setecientos cincuenta
taaviones pesados representan una impresionante fuerza de com­ mil millones de dólares. Tal esfuerzo está totalmente excluido
bate. Seguramente de estos quince, solamente diez estarían dis­ mientras que los objetivos iniciales de la programación Reagan
ponibles simultáneamente, y deberían ser empleados tanto en no puedan ser cumplidos. No es cierto que esto sea una gran
el Pacífico como en el Atlántico. Cada uno embarca seis escua­ pérdida: la escalada horizontal conduce a una dispersión de fuer­
drones, es decir, de ochenta a noventa aparatos, pero solamente zas perjudicial para el esfuerzo en el teatro principal, y sobre
dos o tres son utilizables en misiones tácticas de apoyo a las ope­ todo es ampliamente inútil en la medida en que, como lo señala
raciones terrestres. la ayuda de los portaaviones sería marginal Joshua Epstein38, la posibilidad para los soviéticos de redesple­
en una guerra general. Parece difícil discutir el j ucio de Richard gar hacia Europa o el Golfo Pérsico sus divisiones estacionadas
Betts: «todos los portaaviones del mundo no podrían impedir en la frontera china, depende de la actitud de China, y no de
al A rma soviética que hundiese Europa.»36 Se podría, además, la U.S. Navy. Y ésta es, desde un punto de vista geopolítico, un
unir a este sombrío cuadro la cuestión de su capacidad de super­ adversario permanente de Rusia. Castex así lo había visto, a pesar
viviencia, que por lo menos, se puede decir que sería problemá­ de su esquema racial, que le hacía oponer el mundo amarillo
tica frente a los submarinos nucleares de ataque armados de misi­ al mundo blanco39, cuando notaba que China era «Un aliado
les que cambian de medio (misiles antisuperficie lanzables en de las naciones oceánicas»40• La ideología común no ha podido
sumersión), y a los bombarderos Backfire, que prodrían atacar remontar este antagonismo permanente, y China siempre teme
en oleadas y saturar la defensa. El almirante Rickover, padre de a la Unión Soviética, mientras que desde el final de la guerra
la marina nuclear, ¿no ha declarado que los portaaviones serían del Vietnam, sabe que no ha de temer mucho a los Estados
todos hundidos al cabo de dos' días? Pero puede ser que sus estre­ Unidos41 •
pitosas declaraciones le hayan sido inspiradas por el despecho Esta constante de la insuficiencia del dominio de los mares,
que le produjo el haber sido prematuramente retirado (tenía debería hoy ser un lugar común, incluso en Estados Unidos: si
ochenta y dos años ... ). Norllilan Friedman concluye que no se Castex casi no ha sido leído, los trabajos de los historiadores
puede «más que temblar con la perspectiva de reposar sobre una han empañado ampliamente el mito de la «blue water stra­
fuerza tan limitada, de trece (o incluso de quince) portaaviones tegy»42. Pero esta verdad todavía no ha llegado a las altas esfe­
americanos en una guerra mundia/»37 • La formulación es un ras de la U.S. Navy. La guerra naval constituye un universo aparte,
poco excesiva en la medida en que obliga a tener en cuenta la rebelde a toda integración en una estrategia global. El portaa­
impresionante capacidad anfibia de la U.S. Navy y del U.S. viones ha reemplazado al acorazado como capital-ship, pero la
Marine Corps, que son capaces de enviar muchas decenas de Marina permanece fiel a su particularismo que provoca la refle­
millares de hombres sobre los teatros europeo o asiático. Pero xión medio irónica, medio exasperada, de un Secretario de
encierra una parte de verdad. Defensa en los años cincuenta: «Neptuno es dios, Mahan es su
246 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

profeta, y la U.S. Navy, la única iglesia verdadera»43• Su credo


es simple: «Perdiendo la guerra en el mar, perdemos la guerra
en tierra»44• Todavía no ha comprendido que en el mundo
actual, donde las diferentes ramas de la estrategia son constan­
temente interdependientes, la derrota en tierra puede también
significar la pérdida de la guerra en el mar.

N OTAS AL CAPITU LO SEXTO

l. Alfred T. Mahan. The problem of Asia and its effect upon international poli­
tics, Londres, Sampson Low-Marston, 1900.
2. Mahan apunta de pasada que una progresión a través de Persia permitiría a Rusia
controlar Afganistán «evitando as( las dificultades presentadas por la dura configura­
ción de este país y el carácter de sus habitantes. » Op. cit., pág. 56. Advertencia: ¡hoy
más que nunca de actualidad!
3. Los puntos de vista geopolíticos de Mahan serán desarrollados por Hervé Coutau-
Bégarie y Jean Klein, La géopolitique aux États-Unis, de próxima publicación.
4. A. T. Mahan, op. cit., pág. 63.
5. A. T. Mahan, op. cit., pág. 53.
6. Anthony E. Sokol, Seapower in the nuclear age, Washington, Public Affairs Press,
1961, pág. 55.
7. Nicholas J. Spykman, The geography o f the peace, Nueva York, Harcourt Brace,
pág. 43, la crítica de Spykman va más lejos que la de Castex (cf. supra, página 214).
pues niega la validez del esquema mahanista y mackinderiano tierra-mar, mientras que
Castex se contenta con quitarle su carácter determinista.
.. 8. Cf. Paul M. Kennedy, «The jirst world war and the international power system »,
lnternational Security, verano 1984.
9. Théories, T.V., pág. 117. Sobre la teoría del perturbardor cf. Hervé Coutau-Bégarie,
Castex le stratege inconnu, op. cit., cap. IX.
10. Mélanges, pág. 129.
1 1 . Mélartges, pág. 130.
12. ldem.
13. Théories, T.I (1937), pág. 124.
14. Por ejemplo, Nicholas J. Spykman, America's strategy in world politics, Nueva
York, Harcourt-Brace, 1942, pág. 439. George T. Renner, Human Geography in the air
age, Nueva York, MacMillan, 1942, pág. 24; Hans W. Weigert y Vilhjalmur Stefansson
(s. d.). Compass of the world, Nueva York, MacMillan, 1944, pág. 94-96.
248 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 249

15. Nicholas J. Spykman. The geography of the peace, Nueva York, Harcourt-Brace, 39. Cf. Hervé Coutau-Bégarie, Castex le stratege inconnu, cap. IX.
1944, pág. 40-41 . 40. Mélanges, pág. 133.
1 6 . Cf. Thomas Hammond, Witnesses to the origins o f the cold war, Seattle, Uni­ 41. Cf. Hervé Coutau-Bégarie, Géostratégie d u Pacifique, lFRl-Economica, 1987,
versity de Washington Press, 1982. capítulo IV.
17. Nicholas Spykman, The geography of the peace, pág. 43. 42. Cf. supra, pág. 197.
18. Saül B. Cohen, Geography and politics in a world divided, Londres, Methuen, 43. Robert W. Komer, op. cit., pág. 52.
1963, 2� ed. 1973, pág. 307. 44. T. Wood Parker Jr., «Paradigm, conventional wisdom and naval warfare»,
19. El ANZUS atraviesa en la actualidad una grave crisis después de la negativa U. S. Naval Institute Proceedings, abril, 1983, pág. 34.
del Gobierno neozelandés para acoger en sus puertos navíos portadores de armas nucleares
y represalias americanas subsiguientes. Cf. Hervé Coutau-Bérgarie, Géostratégie du Paci­
fique, cap. VII.
20. Mélanges, pág. 131. Las Mélanges se han publicado después de la muerte de
Castex, en 1976. Pero los capítulos consagrados a la geografía habían sido objeto de
publicación en forma de artículos desde finales de los años cuarenta: «De quelques aspects
militaires de la géographie» Revue de Défense Nationale, febrero y julio 1946; « Océans
et mers étroites», Revue de Défense Nationale, enero 1948 y enero 1949.
21. Laurent Lucchini, « Vers un nouveau statut de la Micronésie ou la disparition
de la tutelle», Annuaire fran\:ais de Droit international, 1975 , pág. 169.
24. Halford J. Mackinder, «The round world and the winning of peace», Foreing
Affairs, 1943, pág. 604. Mackinder había expresado esta idea desde los años veinte, espe­
cialmente en Halford J. Mackinder, The nations of the modero world. After 1914, Lon­
dres, Philip, 1924, pág. 251 .
25. Mélanges, pág. 339.
26. Mélanges, pág. 338.
27. Cf. Supra, págs. 150-151.
28. Robert W. Komer, Maritime strategy o r coalition defense? Washington, Abt
Books, 1984, pág. 57.
29. Fram;:ois Heisbourg, «I:Europeface ii la politique militaire américaine», Poli­
tique Etrangere, 1984, n? 3, pág. 580.
30. Jeffrey Records et Robert Hanks sugieren dejar 60.000 hombres de la U.S. Air
Force en Europa como testimonio de la voluntad de presencia americana. Jeffrey Records
et Robert Hanks, U. S. strategy at the crossroads, Washington, Institute for Foreign policy
analysis, 1982. �
31. Richard T. Ackley, «National defence at sea: the United States Navy», en Joyce
E. Bartell (ed), The Yankee Mariner and seapower, Los Angeles, University of South
California, 1982, pág. 162.
32. Estos neomahanistas ignoran las advertencias geopolíticas de The problem of
Asia para no quedarse más que con la vulgar creencia en Ja omnipotencia de Ja estrate­
gia marítima.
33. Colin S. Gray, Geopolitics and the<nudear era, Nueva York, Crane Russak, 1976,
página 59.
34. ldem.
35. Nicholas Spykman, The geography of the peace, pág. 59.
36. Richard K. Betts, « Conventional strategy: new critics, old choices», Interna­
tional Security, Primavera 1983, pág. 140.
37. Norman Friedman, «Suñace combatan! lessons», en Bruce W. Watson and Peter
M. Dunn (s.d.), Military lessons of the Falkland Islands war, Londres, Arms and Armour
Press, 1984, pág. 34.
38. Joshua M. Epstein, «Horizontal escalation: sorne notes on a recurrent theme»,
International Security, invierno 1983-84, pág. 23.
B I B LIOG RAFIA SELECTIVA

Una bibliografía completa (al menos tanto como se pueda)


de Castex y de los (muy raros) trabajos que sobre él se han hecho,
la he proporcionado en otro de mis libros, Hervé Coutau-Bégarie,
Castex, le stratege inconnu, París, Economica, 1985. Simplemente
señalo aquí la obra fundamental, Théories stratégiques, París,
Editions maritimes et d'o utre-mer, cinco volúmenes aparecidos
entre 1929 y 1935 (reedición aumentada del Tomo 1 en 1937 y
del Tomo 11 en 1939) con un sexto Tomo póstumo, Mélanges stra­
tégiques, París, Académie de Marine, 1976 y complementos iné­
ditos publicados con el título Fragments stratégiques, París, Eco­
nomica, 1987.
El pensamiento naval francés permanece casi completamente
.. desconocido. Casi no se puede señalar más que un artículo de
síntesis: Philippe Masson, «La pensée nava/e franr;aise de 1871
a 1940», Revue historique des armées, 1982, número 1, y una
presentación de conjunto con textos elegidos: Hervé Coutau­
Bégarie, Stratégie navale-L'ecole franfaise, Parls, Economica,
1987, en prensa. Un esbozo de este libro se publicó con el título
«Para una historia del pensamiento naval francés» en Stratégi­
que 1987.
La Joven Escuela es la única excepción a lo dicho, estudiada
252 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 253

por Volkmar Bueb, Die <<junge schule» der franzosischen marine­ Por ello es preciso recurrir a los textos. Entre los clásicos de
Stratégie und politik 1875-1900, Boppard am Rheim, 1971, y por la estrategia naval deben leerse prioritariamente A /fred T. Mahan,
el capitán de fragata Cellier en un trabajo que desgraciadamente L'influence de la puissance maritime dans l'histoire, París, Berger­
está inédito, Les idées stratégiques en France de 1871 a 1914. La Levrau/t, 1900, y Stratégie nava/e, París, Fournier, 1923; Julián
Jeune École, París, Éco/e de guerre nava/e, 1924. Sobre los auto­ S. Corbett, Some principies of maritime strategy, Londres, Long­
res de los siglos XVIII y XIX, siempre es preciso recurrir a las mans, 1918; Herbert Richmond, Seapower in the modern world,
observaciones de Castex, Les idées militaires de la marine au Londres, Bel!, 1934; Herbert Rosinskl The development o/naval
X VIJ/e siécle, París, Fournier, 1911 y La liaison des armes sur thought (s.d. B. Mitchel Simpson ///), Newport, Naval War
mer, en los Fragments stratégiques, París, Economica, 1987. College Press 1977; Bernard Brodie, Seapower in the machine
La misma carencia de trabajos se da en el extranjero. Sólo age, Princeton, Princeton University Press, 1941 (reimpression
se han estudiado algunos autores muy señalados. Mahan ha Greenwood Press, 1983), y A guide tho naval strategy, 4 ª edi­
tenido cuatro biografías; la más reciente está escrita por Robert ción, Princenton, Princenton University Press, 1958 (reimpre­
Seager JI, Mahan, the man and his letters, Annapolis, US. Nav�l sión Greenwood Press, 1977); la tercera edición de este último
/nstitute Press, 1977, muy bien documentada, pero bastante male­ libro apareció en 1944 y ha sido traducido al francés con el título:
vola (la comparación con el relato preñado de alabanzas de W. «La stratégie nava/e et son application dans la guerre 1939-1945,
, Payot, 1947. Se puede comparar su mahanismo «evolu­
D. Pul/eston, Mahan, New Haven, Ya/e University Press, 1939 Pans,
no carece de interés) y limitada a la vida de Mahan. Todavía no tivo» con el mahanismo dogmático de W. D. Pul/eston, La sea­
se ha hecho un estudio sistemático de su pensamiento. Lo mismo P'!wer dans la Seconde Guerre mondiale, París, Payot, 1949. Tum­
, merecen ser leídos Otto Groos, Seekriegslehren im lichte
las recientes biografías de Donald M Schurman, Julian S. Cor­ b1en
bett, historian of british maritime policy from Drake to Jellicoe des Weltkriege, Berl{n, Mittler, 1929; Romeo Bernotti, La gue­
(1854-1922), Londres, Royal Historical Society, 1981 y de Barry rra Marittima-Studio critico impiego dei mezzi nella guerra mon­
D. Hunt, Sailor-scholar. Admira/ sir Herbert Richmond diala, Florence, Carpigiani y Zipoli, 1923; Osear di Giambierar­
1871-1946, Waterloo (Ontario), Wilfried Laurier University Pres�, dino, L'art de la guerre sur mer, París, Payot, 1939. Sin olvidar
1982' carecen casi totalmente' de la dimensión teórica, sobre todo esta mina inagotable _de todo género de reseñas que es el Bras­
la primera: Schurman afirma que ningún comentario podrá r�em- sey's Naval A nnual desde 1887 a la vez anuario y recopilación
plazar la lectura de los Principies. Sin duda ... Pero tal actitud de estudios de fondo reemplazado desde 1979 por el RUS/ and
es muy poco favorable para el desarrollo de la historia del pen­ Brassey's Defence Yearbook, que está lejos de despertar el mismo
samiento naval. interés.
Fuera de estas biografías sólo hay un estudio más largo. En lo relativo al pensamiento naval francés, Comandante z
Donald M. Schurman, The education of a navy. The develop­ et Henri Montéchant, Essai de stratégie nava/e, Par{s, Berger­
ment of british naval strategic thought 1867-1914, Londres, Cas­ Levrault, 1893, es una excelente introducción a las tesis de la Joven
se/, 1965, John B. Hattendorf, B. Mitchell Simpson /// and John Escuela. En la oposición los mejores representantes de la escuela
R. Wadleigh, Sailors and scholars. The centennial history of the histórica antes de 1914 son: René Daveluy, Étude sur la straté­
US. Naval War College, Newport, Naval War College Press, 1984, gie nava/e, Par{s, Berger-Levrault, 1905, et Gabriel Darrieus, La
que no estaba a la venta cuando se editó este libroc•>. guerre sur mer, Par{s, Chal/ame!, 1907, René Daveluy, Les enseig­
nements maritimes de la guerre antigermanique, Par{s, Cha/la­
a) Se refiere a la edición original francesa, en septiembre de 1985. (N. del T.) med, 1919, es un libro muy poco conocido y por ello el análisis
254 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 255

más lúcido de las operaciones navales durante la Primera Gue­ buques de línea. Respecto a la aparición de la marina a vapor,
rra mundial en una época en la que la doctrina buscaba por todos .
!
James Phinney Baxter, Naissance du cuirassé, París, Éditions de
los medios salvar el protagonismo del acorazado. Raoul Cas­ la Nouvelle Revue Critique, 1935 permanece como referencia fun­
tex, Synthese de la guerre sous-marine, París, Challamel, 1920 damental, complementada desde hace poco por A ndrew Lam­
es la expresión más inteligente de esta doctrina que en conjunto ber!, Battleships in transition. The creation of the steam battle­
es mucho menos sofisticada (por lo demás no hay más libros fieet 1815-1860, Annapolis, Naval Jnstitute Press, 1984. Sobre
señalados o que simplemente convenga citar). el siglo XX hay que leer a Philippe Masson, Marines et océans
La historia marítima ha conocido grandes cambios en los últi­ París, Imprimerie Nationale, 1982. También existen excelente�
mos decenios. La mejor síntesis, desde luego, es la de Clark G. colecciones de artículos: Craig Symonds (s.d.), New aspects in
Reynolds, Command of the sea. The history and strategy of mari­ naval history, A nnapolis, Naval lnstitute Press, 1981; Hyatt (s.d.),
time empire, Nueva York, Morrow, 1974. Se la puede completar From Dreadnought to Polaris. Maritime strategy since Mahan,
con E. B. Potter (s.d.), Seapower. A naval history, 2e ed., Anna­ Toronto, Copp Clark, 1973; Gerald Jordan (s.d.), Naval warface
polis, Naval Jnstitute Press, 1981, y por los libros clásicos de W. in the twentieth century 1900-1945, Londres, Croom Helm, 1977;
L. Rodgers, Greek and Roman naval warfare, Annapolis, Naval Paul M. Kennedy, Strategy and diplomacy 1870-1945, Londres,
lnstitute Press, 193 7 (reimpresión 1981) y Naval warfare under George A llen and Unwin, 1983, no está totalmente consagrado
oars 4th to 16th centuries, A nnapolis, Naval lnstitute Press 1940 a la historia naval pero, no obstante, contiene importantes artícu­
(reimpresión 1983); H. P. Willmott, Sea Warfare, Nueva York, los sobre este tema.
Hippocrene Books, 1982, es una síntesis demasiado rápida y a Algunas obras nuevas han venido a renovar sectores enteros
menudo discutible, pero contiene datos útiles. Stephen W. Ros­ de la historia marítima. En primer lugar, el de Gran Bretaña con
kill, The strategy of seapower, its development and application, la deslumbrante síntesis de Paul M. Kennedy, The rise and /ali
Londres, Collins, 1962, no merece su título. Sólo trata del caso of british naval mastery, Londres, MacMillan, 1976. Su compe­
británico y respecto al período anterior al siglo XX es excesiva­ tidor, James L. Stokesbury, Navy and empire, New York,
mente espeditivo. El mismo reproche puede hacerse a John E. Morrow, 1983, soporta mal la comparación. Desde un punto de
Moore, Seapower and politics, Londres, MacDonald and Jane's, vista estrictamente militar se dispone de numerosos estudios. Los
1979: el título es demasiado ambicioso en relación al contenido. más importantes son los de Arthur J. Marder, especialmente con
A ndré Reussner, L. Nicolas y R. de Belot, La puissance nava/e su monumental: The Royal Navy in the Fisher era, From the
dans l'histoire, 3 volúmenes, París, Éditions maritimes et d'o utre Dreadnought to Scapa Flow, 5 volúmenes, Oxford, Oxford Uni­
iner, está anticuado. Giusseppe Fioravanzo, A history of naval versity Press, 1961 a 1970 y su conjunto de artículos, como con­
tactical thought, Annapolis, Naval Jnstitute Press, 1979 es una tinuación: From the Dardanelles to Oran, Oxford, Oxford Uni­
interesante historia, pero a veces demasiado rápida, de la tác­ versity Press, 1974. Los libros de Stephen Roskill son más
tica naval. Philippe Masson, Histoire des batailles navales, París, descriptivos. El más interesante es Stephen Roskill, Naval Policy
A tlas, 1984 salió demasiado tarde para haber podido utilizarlo between the Wars, Londres, Collins, 2 volúmenes, 1968 y 1976,
en este libro. John F. Guilmartin Jr., Gunpowder and galleys. que a pesar de su título no trata más que de la política naval
Changing technology and mediterranean warfare at sea in the británica. Sobre la Royal Navy en los siglos XVIII y XIX es pre­
sixteenth century, Cambridge, Cambridge University Press, 1974, ciso leer a Gerald S. Graham, The politics of naval supremacy,
ha renovado completamente nuestro conocimiento de la guerra Cambridge, Cambridge University Press, 1965, Great Britain in
de galeras. Sería de desear algo equivalente sobre la era de los the lndian Ocean 1810-1850, Oxford, Oxford University Press,
256 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 257

1967, y The China station. Jtár and diplomacy 1830-1860. tegic naval planning 1888-1940, Lund, Scandinavian University
Oxford, Clarendon Press, 1978. Un buen conjunto de artículos, Books, 1973 es un estudio muy documentado de la estrategia
también para consultar: Brian Ranft (s.d.) Technical change and naval alemana, desgraciadamente complicado con un cuadro teó­
british naval strategic thought 1867-1914, Londres, Hodder y rico cuya utilidad no está clara. También son útiles: Jonathan
Stoughton, 1977. Steinberg, Yesterday's deterrent: Tirpitz and the birth of the ger­
También en los Estados Unidos la historia marítima es muy man naval battle fleet, Nueva York, MacDonald, 1966, y el colo­
activa: Hay una excelente síntesis de los trabajos sobre U.S. Navy quio Marine und marinepolitik im kaiserlichen Deutschland
en Kenneth J. Hagan, In peace and war Interpretations ofAme­ 1871-1914, HRGB Von Herbert Scrottelius und Wilhelm Deist
rican naval history 1775-1978, Westport, Greenwood Press, 1978, Düsseldorf, 1972. No he podido conocer a L N. Lambl The nav ;
2e ed. 1984. and german power politics 1862-1914, Londres, George Al/en and
Francia va a remolque. Si dispone de historiadores maríti­ Unwin, 1984.
mos de gran reputación como Michel Mollat du Jordain o lean La marina rusa y soviética es muy poco conocida. La obra
Meyer, no tiene prácticamente ningún historiador que se ocupe más completa es la de Donald W. Mitchell: A history of russian
de su marina militar después del siglo XVIII. Constituye una and soviet seapower, 6e ed., Londres, MacMillan, 1974, pero está
excepción Philippe Masson; su Histoire de la Marine, París, lejos de agotar el tema, como se puede comprobar leyendo a Nor­
Lavauzelle, 2 volúmenes, 1982 y 1983, ha cambiado gran número man Saul, «The Russian navy, 1682-1854, sorne suggestions for
de ideas anteriores, como lo testimonia la comparación con H. future study», en Craig Symonds (s.d.), New aspects in naval
E. Jenkins, Histoire de la marine franfaise, París, Albin history, ya citado. Nestor Monasterev, Histoire de la marine russe,
Miche/, 1977, síntesis perfecta de la interpretación tradicional París, Payot, 1932, siempre es útil. La marina china ha sido estu­
de la historia marítima francesa. Étienne Taillemite, Dictionnaire diada por Bruce Swanson, Le huitieme voyage du dragon-Une
des marins franfais, París, Editions maritimes et d'outre mer, 1982 histoire de la marine chinoise, París, Pion, 1984, pero tiene la
es un precioso instrumento muy cómodo en el que simplemente visión tradicional de China, potencia continental por naturaleza
se echa de menos que casi no dedique atención a los pensadores que los recientes investigadores sinológicos<b> ponen en duda '.
navales. Geoffrey Symcox: :I'h e crisis of french seapower El dossier se ha vuelto a abrir, como el de Japón, cuya verda­
1688-1697. From the «guerré d 'escadres» to the «guerre de dera naturaleza ha sido muy bien presentada por Clark G. Rey­
course», La Haya, Martinus Nijhoff, 1974 es particularmente nolds, The continental strategy of imperial Japan», U.S. Naval
interesante por la revaluación que hace de la guerra del corso. Institute Proceedings, agosto 1983. Sobre el período anterior a
Escuchando la tesis de Patrick Villiers se puede volver a su esti­ la era Meiji se encuentran preciosas indicaciones en Yoshi Sikuno.
mulante artículo: Patrick ViUiers, «Convois et corsaires dans Japanese Expansion on the asiatic continent, 193 7 y 1940 reim�
l'A tlantique pendant la guerre d'Indépendance des États-Unis presión Port Washington (N.Y.), Kennikat Press, 1967. En cuanto
d'Amérique», Revue Historique, enero-marzo 1976, págs. 37-5 7. al período contemporáneo, la mejor síntesis es la de Stephen
No hay ninguna buena síntesis sobre la marina alemana, pero Howarth, The fighting ships of the rising sun. The drama of the
se dispone de numerosos estudios parciales: Holger H. Herwig, Imperial Japanese Navy 1895-1945, Nueva York, Atheneum, 1983.
«Luxury» fleet. The imperial german navy 1888-1918, Londres, Se podrían citar centenares de títulos sobre las dos guerras
George A/len and Unwin, 1980, no cubre más que un período mundiales, pero esta abundante literatura es pobre en estudios
limitado y su contenido es un poco decepcionante. Car/ Axel­
Gemzell, Conflict, organisation and innovation. German stra- b) De la civilización china. (N. del T.)
258 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 259

verdaderamente estratégicos. La Primera Guerra mundial se bene­ sido totalmente renovado la produce Paul S. Dull, A battle his­
ficia de una excelente síntesis: Richard Hough, The Great mir tory of the imperialjapanese navy 1941-1945, Annapolis, Naval
at sea 1914-1918, Oxford, Oxford University Press, 1984, a com­ Institute Press, 1978; Arthur 1 Marder, Old friends, new
pletar por James L. Goldrich, The King 's ships were at sea ennemies-The Royal Navy and the Imperial Japanese Navy. Stra­
-The war in the North Sea 1914- february 1915, A nnapolis, tegic illusions 1936-1941, Oxford, Clarendon Press, 1981 (libro
Naval Institute Press, 1984. Serían de desear estudios sobre la absolutamente capital que el autor ha acabado j usto antes de
guerra submarina o la guerra en el Mediterráneo para reempla­ morir) y H. P. Willmott, Empires in the balance, A nnapolis,
zar antiguos libros, pero todavía útiles, como los de Adolphe Naval Institute Press, 1982, The barrier and the javelin, Anna­
Laurens, Histoire de la guerre sous-marine allemande, París, Edi­ polis, Naval lnstitute Press, 1983 (se espera el último volumen
t ions maritimes et coloniales, 1930, y Le commandement naval de esta trilogía). El artículo de André Reussner, «La marine mar­
en Méditerranée 1914-1918, París, Payot, 1931. Merece particu­ chande, la stratégie et l'économie de guerre japonaises 1939-1945»,
lar mención Paul G. Halpern. The Mediterranean naval situa­ Revue d'histoire de la Deuxieme Guerre mondiale, marzo 1951,
tion 1908-1814, Cambridge (Mass), Harvard University Press, todavía es útil.
1979. El almirante Ausseur prepara un libro sobre la política naval Se terminará esta parte histórica indicando algunas obras
francesa de 1871 a 1914. especializadas: sobre aeronáutica naval la mejor síntesis es la de
La carencia también es tan grande en lo que concierne a la Brian Johnson, Fly navy - A history of naval aviation, Nueva
Segunda Guerra mundial. Se espera una síntesis que tenga una York, Morrow, 1981 a completar por Geoffrey Till, A ir power
perspectiva estratégica que venga a reemplazar a Friedrich Ruge, and the Royal Navy 1914-1945, Londres, Jane's 1979. Sobre la
La guerre sur mer 1939-1945, París, Presses de la Cité, inter�­ protección del tráfico, la referencia es: J. Winton, Convoy: the
sante pero desfasada. Las historias oficiales de Stephen Rosktll defence of sea trade 1890-1990, Londres, Michael Joseph, 1983.
para Gran Bretaña, S. E. Morrison para los Estados Unidos ... Sobre las operaciones combinadas existe una excelente recopi­
son muy descriptivas, es la ley del género. Sobre la guerra sub­ lación: Merill L. Bartlett (s.d.), Assault from the sea-Essays on
marina se dispone de un buen libro de Léonce Peillard, La bataille the history of amphibious warfare, A nnapolis, Naval lnstitute
de l'Atlantique, París, Robert Laffont, 1974 a completar con un Press, 1983 a completar por una monografía muy interesante,
precioso instrumento de reférencia: Jürgen Rohwer, Axis sub­ Kenneth Clifford, Amphibious warfare development in Britain
marine successes 1939-1945, 'Annapolis, Naval lnstitute Press, and America from 1920-1940, Laurens (Nueva York), Edgewood,
1983 y los artículos muy documentados de Claude Huan, en 1983. Uri Ra'anan, Robert L. Pfaltzgraff Jr. et Georffrey Kemp
último lugar: «Les attaques en meute», Nouvelle revue maritime, (ed.), Projection ofpower, Hamden, Archon Books, 1982, es un
abril 1984. Falta todavía una.síntesis general sobre la guerra sub­ coloquio bastante decepcionante.
marina y sus efectos. Sobre la marina soviética, la referencia fun­ Las obras teóricas recientes son poco numerosas; Geoffrey
damental es Friedrich Ruge, The Soviets as naval opponents Till (et al.), Maritime strategy and the nuclear age, Londres, Mac­
1941-1945, A nnapolis, Naval lnstitute Press, 1979 a completar Millan, 1982, es la que más llama la atención. He descubierto
por Claude Huan, «La marine soviétique en guerre» (Arctilfue demasiado tarde para poder utilizarlo un estimulante trabajo,
1941-1945), Revue d 'histoire de la Deuxieme Guerre mond1ale no publicado, del capitán de navío Tripier, Fondements et prin­
et des conflits contemporains, octubre 1983. cipes de l'action maritime, París, École Supérieure de Guerre
La única zona de luz en medio de tal cantidad de sombras, nava/e, 1977. Philippe Masson, De la mer et de sa stratégie, París,
por la que nuestro conocimiento de la guerra del Pacífico ha Tallandier, 1986, apareció después de que saliera este libro. Entre
260 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 261

los trabajos anteriores es preciso leer sobre todo a A nthony E. cialmente a A lfred T. Mahan, The problem oj Asia an its effect
Soko¿ Seapower in the nuclear age, Washington, Pub/ic Affairs upon international politics, Londres, Sampson Low and Mars­
Press, 1961, y Friedrich Ruge, Puissance maritime et sécurité, ton, 1900; Halford 1 Mackinder, Democratic ideals and reality,
París, Presses de la Cité, 1969. B. Mitchell Simpson /// (s.d.), Nueva York, Rinehart and Holt, 1919, y «The round world and
War strategy and maritime power, Rutgers, Rutgers University the winning of the peace», Foreign afjairs, 1943, pág. 595-605;
Press, 1977, que contienen varios interesantes ensayos. Las fun­ Nicho/as 1 Spykman, America's strategy in world politics, Nueva
ciones políticas de las flotas están muy bien analizadas en Ken York, Harcourt Brace, 1942, y The geography oj the peace, Nueva
Booth, Navies andforeign policy, Londres, Croom Helm, 1976, York, Harcourt Brace, 1944; Hans W. Weigert and Vilhjalmur
y James Cable, Gunboat diplomacy, 2 e ed., Londres, MacMl­ Stefansson (s.d.) Compass of the world, Nueva York, Harcourt
llan, 1981. James Cable, Britain's navalfuture, A nnapolis, Naval Brace, 1944; Saül B. Cohen, Geography and politics in a world
Institute Press, 1983, es de primer orden. Sería de desear poder divided 2 e ed., Londres, Methuen, 1973<c> .
disponer de una reflexión tan brillante sobre las otras grandes Recientemente R. E. Walters, Sea power and the nuclear
potencias marítimas. También conviene leer 1 R. Hill. Maritime fallacy, Nueva York, Meier and Holmes, 1975, ha afirmado la
Strategy for medium powers. Londres, Croom Helm, 1986. El llegada de una nueva edad marítima. Colin S. Gray, Geopoli­
impacto estratégico del nuevo derecho de la mar está sobervia­ tic and the nuclear era, Nueva Yor.k, Crane Russak, 1976, ha
mente analizado en : Ken Booth, Law, force and diplomacy at propuesto una visión más mackinderiana. El debate actual sobre
sea, Londres, George Alfen and Unwin, 1985. A falta de ensa­ la estrategia americana está bien ilustrado por la controversia
yos individuales, se debe recurrir a obras colectivas cuyo conte­ entre Stansfield Thrner y George Thibault, «Preparing for the
nido necesariamente ha de ser desigual: Jonathan Alford (s.d.), Unexpected: the needfor a new military strategy» Foreign affairs,
Seapower and injluence, Londres, Gower, 1980, George H. Ques­ otoño 82, y Robert W. Komer, Maritime strategy or coalition
ter (s.d.), Navies and arms control, Nueva York, Praeger, 1980. defence, Nueva York, Abt Books, 1984. Los estudios sobre la
A lmirante Lacoste, Stratégie nava/e, París, Nathan 1981, cons­ geopolítica son muy raros. Es preciso señalar el destacable de
tituye una presentación muy pedagógica de las técnicas de la gue­ W. H. Parker, Mackinder. Geography as an aid to statecraft,
rra naval moderna. El estad()!de las flotas lo proporciona cada Oxford, Clarendon Press, 1982; un coloquio útil: Cirro E. Zoppo
dos años lean Labayle-Couha� Les jlottes de combat, París, Édi-· Y Charles Zorgbibe (s.d.), On geopolitics: classical and nuclear,
tions maritimes et d'outre mer. El panorama más completo de La Haya, Martinus Nijhoff, 1985, y un número de la revista Héro­
la situación actual lo ofrece Paul H. Nitze, Leonard Sullivan Jr. dote, «Geopolitiques de la mer» ler trimestre 1984, número 32.
y Atlantic Council study group, Securing the seas - The soviet
naval challenge and western alJiance options, Boulder, �stview,
1979, pero este libro ya tiene más de cinco años. En francés se
puede consultar a Hervé Coutau-Bégarie; La puissance maritime
soviétique, París, IFRI-Economica, 1983, Géoestratégie de C4tlan­
tique sud, París, Presses Universitaires de France, 1985; Géos­
tratégie du Pacifique, París, IFRJ-Economica 1987. La puissance
maritime américaine está en preparación. Cada una de estas obras
contiene una bibliografía comentada. (c) Este libro ha sido publicado en español por Ediciones Ejército, Madrid, 1980, con
En geopolítica es indispensable recurrir a los clásicos, espe- el título Geografía y Política en un mundo dividido (N. del T.)
ONOMASTICA
Ackley, Richard, 243. Bonet-Vuillaumez, almirante, 45 .
Acworth, 54. Bourgius, almirante, 45, 62.
Ader, Clement, 65. Boutakoff, almirante, 45.
Akyama, Saneyjuki, 58. Boverat, Femando, 67.
Alford, Jonathan, 260. Boylan, Edward S., 73.
Amblimont, jefe de la escuadra de, 44. Bridge, Cyprian, 41, 54, 64, 65, 143 .
Amit (M), 43. Brodie, Bernard, 27, 53, 69, 73, 75, 82,
Aristóteles, 43 . 83, 102, 111, 123, 173, 176.
Aron, Raymond, 20, 35, 38, 80, 90, Brown, Harold, 147.
141, 155. Bruix, almirante, 94.
Assmann, almirante Von, 42. Burke, Edmund, 163 .
Aube, almirante, 62 a 64. Byrons, John L., 29.

Barham, lord, 46. Cable, James, 37, 70, 153.


Barjot, Pierre, 67, 75, 112, 115. Carlomagno, 219.
Bart, Jean, 160. Carlos V, 44.
Beatty, almirante, 66. Carrero Blanco, almirante Luis, 57,
Belot, contraalmirante, 75. 74.
Berezin, comandante, 47. Carter, Presidente Jimmy, 28, 145,
Bemotti, almirante Romeo, 42, 64, 67. 146, 185, 190.
Betts, Richard K., 244. Cassard, Jacques, 160.
Bigot de Morogues, 44, 45, 127. Castex, almirante Raoul, 19, 20, 26,
Blechman, Barry M., 38. 27, 34 a 36, 39, 40, 43, 45 a 48, 50,
Bonamico, 42. 51, 54, 57, 60, 64, 66 a 68, 70 a 96,
Bonaparte, Napoleón, 129, 130, 161, 98, 100 a 102, 107, 108, l l l a 113,
213, 216, 229. 122 a 124, 128, 130 a 144, 150, 151,
Booth, Ken, 27, 37, 41, 70, 73. 154, 155, 157, 158, 160, 163 a 169,
264 LA POTENCIA MARITIMA 265
HERVÉ COUTAU-BÉGARIE

171 a 174, 176, 177, 1 8 1 , 187, 1 88, Ducan, almirante, 129. Hipper, almirante, 164, 165, 188. Mackesy, Piers, 213, 224.
1 95 a 197, 201, 208, 210, 215, 217 Duquet, Alfred, 64. Hislam, sir Percival, 64. Mackinder, sir Halford, 20, 81, 120,
a 221, 223, 224, 231, 240, 245, 247, Duval, almirante Marce!, 38. Hitler, Adolfo, 174, 129. 1 5 3 , 194, 195, 199, 210, 218, 220,
248. Hoste, padre, 44, 45 . 227 a 230, 232, 234, 239, 240, 248.
Cellier, capitán de fragata, 63, 75. Howard, Michael, 89, 102, 214. MacNamara, Robert, 28.
Epstein, Joshua, 245.
Charmes, Gabriel, 57, 63. Howe, almirante, 128, 129. Mahan, Alfred T., 20, 26, 34, 35, 4 1 ,
Estrabon, 195.
Chaves, Alonso de, 44. 4 5 , 46, 48, 49, 5 1 a 53, 57 a 6 1 , 64,
Choiseul, duque de, 1 1 9 . Insussary, Pedro, 75. 71 a 74, 81, 82, 86, 90, 91, 93, 98,
Fioravanzo, almirante, 42, 7 1 . 101, 108, 1 12, 113, 122, 130, 1 3 1 ,
Churchill, Winston, 139. Fisher, almirante, 50, 54. Isócrates, 4 3 .
Clausewitz, Karl von, 35, 48, 77, 81, 1 3 3 , 1 34, 144, 1 5 5 , 1 5 7 , 160, 162,
Foch, mariscal, 20.
86, 95, 1 1 2, 130, 140, 141, 158, 187. 163, 174, 187, 188, 195, 197, 201,
Folard, caballero de, 8 1 . Jacobo Il, 1 3 8.
Clerk of Eldin, 45. 211, 227 a 230, 234, 245, 247.
Fontin, Paul, 63. Jane, Fred T, 41, 60, 64.
Cohen, Saül B., 194, 199, 259, 248. Makarov, almirante, 57, 62.
Forbin, caballero de, 160. Jenofonte, 43.
Colomb, John, 45, 60. Jellicoe, almirante, 42, 7 1 , 123, 1 39,
Maltzhan, almirante Von, 54, 164.
Franco, general Francisco, 57.
Colomb, Philip, 26, 47, 5 3 , 59 a 61, Marder, Arthur J., 27, 70, 75.
Friedman, Norman, 244, 248. 168.
8 1 , 82, 90, 121, 123. Marmont, mariscal, 213.
Jervis, almirante, 129, 203.
Conde, príncipe de, 126. Jomini, general, 48, 187. Martin, Laurence, 34, 37, 69.
Galster, vicealmirante, 187.
Corbett, Julian S., 27, 34, 41, 42, 48, Jones, S. B., 199. Masson, Philippe, 57, 70, 74, 161, 187 .
Giambierardino, almirante Osear, 42,
5 1 , 53, 54, 60, 64 a 66, 74, 81, 88, Maurepas, ministro, 127.
67, 68, 75.
90, 91, 96, 101, 103, 1 1 2, 123, 133, McGwire, Michael, 27, 156, 189.
Gollwitzer, Philip, 37. Kennedy, Paul M., 27, 51, 73, 75, 153,
1 37, 139, 142 a 144, 154, 169. Millia, Fernando, 23 .
Gorshkov, almirante de la flota de la 155, 214, 216, 224.
Cordes, de, 45. Mitchell, general Billy, 209.
Unión Soviética, 42, 70, 150, 1 82 . King, almirante, 8 1 , 172.
Cornwallis, almirante, 142. Mitchell Simpson III (B), 41 , 47, 7 1 .
Graham, Gerald S., 70. Kiralfy, Alexander, 58, 74.
Creswell, John, 67. Moineville, contraalmirante, 38.
Gray, Colin S, 35, 38, 73, 243, 248. Kittredge, Tracy B., 5 3 .
Cuniberti, ingeniero, 50. Molé, ministro, 159.
Grenfell, Russell, 67, 75. Koubilai , emperador, 109.
Custance, sir Reginald, 73 . Moleyns, Adam de, 72.
Grenier, jefe de escuadra, 44. Kruschev, Nikita, 238. Moltke, 153, 218.
Orive!, almirante, 62. Kruse, E., 55, 68.
Dahl, Robert, 1 5 5 . Montechant, Henri, 63 .
Groos, almirante Otto, 42, 54, 55, 73,
Darlan, almirante Fra<;ois, 7 9 . , Montejo y Rapallo, Eugenio, 57, 74.
74.
Darrieus, almirante Gabriel, 56, 64, ' Laborde, almirante Jean de, 79. Moore, John E., 254.
Grotius, Hugo, 1 1 0.
78, 87, 9 1 , 96, 98, 102, 103, 130. ' Lanessan, ministro, 64. Moorer, almirante, 146.
Gueydon, de, 45.
Daveluy, almirante René, 56, 64, 67, Laurens, comandante, 258. Morrisson, S. E., 258.
Guibert, conde de, 8 1 .
7 5 , 78, 95, 96, 98, 102, 103, 130, Guiheneuc, Olivier, 66. Lehman, John, 1 5 5, 185.
171. Lenin, 23 1 . Naville, Pierre, 43, 74.
Guillermo Il, 1 1 9, 165, 229.
Degouy, contraalmirante, 65. Lepotier, contralmirante, 8 1 , 101. Needham, Joseph, 58, 74.
De Grasse, almirante, 127, 142. • Hamilton, C. l., 46, 72. Levert, Lee J., 75. Nelson, almirante, 1 27 .
Delbruck, Hans, 1 1 2 , 1 1 5 , 158, 187. Hankey, lord, 168. Levetzow, almirante, 120. Nimitz, almirante Chester, 167.
Diodoro, 43. Hanks, contraalmirante Robert, 248. Lewal, de, 45. Nitze, Paul, 243.
Donitz, almirante Karl, 55, 84, 167, Hardy, almirante, 1 2 1 . Liddell Hart, sir Basil, 20, 214, 224. Nixon, Presidente Richard, 235.
171 a 174, 176, 224. Haushofer, general, 194, 195. Lloyd, George, 168.
Douglas, sir Howard , 45, 47. Hawke, almirante, 127. Luis XIV, 160, 161, 163, 188, 217. Pagel, de, 45 .
Douhet, general, 209, 233. Hawkins, 160. Luce, almirante, 47. Paixhans, general, 47, 62.
Drake, 42, 44, 160. Heisbourg, Fran<;ois, 242. Luddendorf, general, 140. Pandora, Pandoro, 44.
Duguay-Trouin, 160. Lukacs, John, 221, 225. Pare, du, 45.
Herbert, almirante, 121, 138, 139.
Dulles, Foster, 235. Luttwark, Edward, 70. Penhoat, almirante, 45 .
Herwig, Holger H., 139, 1 5 5 .
266 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 267

Persius, comandante, 5 5 . Scheer, almirante, 1 2 3 , 124, 1 3 9 , 165. Valois, almirante, 55, 63, 164. Weigert, Hans W. , 247.
Pierre l e Grand, 109, 23 1 . Schelling, Thomas, 90. Vauban, mariscal de, 49. Wei-Yuan, 59.
Platón, 43 . Schurman, Donald M., 70, 7 1 . Victoria, reina, 1 1 0. Wellington, duque de, 216.
Poirier, general Luden, 33, 38, 72, 80, Scott, sir Percy, 65 . Vida! de la Blache, 37. Wright, Moorhead, 73.
101. Seager, Robért, 60, 70. Vignot, Gabriel, 63.
Polanyi, Karl, 72. Secchi, 42, 47, 64. Villaret de Joyeuse, almirante, 1 54. Yen-Zu-Yu, 58.
Polmar, Norman, 185, 190. Seeley, John, 47. Villeneuve, almirante, 130. York, duque de, 126.
Pontchartrain, ministro, 49. Semechkin, teniente, 45 .
Powers, Robert C., 149. Seversky, A. de, 199. Waldeyer-Hartz, comandante Von, 55, Z, comandante, 63, 75.
Pratt, Fletcher, 68. Shufeldt, comandante, 47. 68. Zhang-Xie, 58.
Pulleston, W. D., 52, 60, 73, 74. Sokol, Anthony, 69. Wegener, Edward, 55. Zheng-He, 109.
Putman Cramer, G. J., 64. Spee, almirante Von, 1 38, 143, 164, Wegener, Wolfgang, 5 5, 68, 74, 188, Zumwalt, almirante Elmo, 145, 146,
165. 195. 178.
Raeder, gran almirante, 174. Spykman, Nicolás J., 81, 101, 229,
Raleigh, 160. 232, 244, 247, 248.
Ranft, Brian, 70. Stalin, 231, 232, 241.
Ratzel, Friedrich, 195. Stefansson, Vilhjalmur, 247.
Razilly, caballero de, 25. Strabolgi, Joseph K., 68.
Reagan, Presidente Ronald, 28, 147, Stirling, Yates, 68.
130, 240 a 242, 245. Student, general, 205.
Records, Jeffrey, 248. Suffren, bailli de, 127, 128.
Renner, George, T., 199, 247. Sullivan, Leonard, 260.
Reynolds, Clark G., 34, 70, 82 a 84, Surcouf, 160.
102. Swanson, Bruce, 58, 74.
Richelieu, cardenal de, 43, 44. Sydenham of Combe, lord, 67.
Richmond, almirante sir Herbert, 26, Symcox, Geoffrey, 162, 163, 187, 188.
42, 48, 53, 54, 67, 68, 7 1 , 73, 80, 85, Symonds, Craig, 61, 74.
91, 102, 137, 190, 225
Rickover, almirante Hyman, 145, 146, Temístocles, 25.
244. � Tucídides, 43.
Rivkin, David B., 148. , Till, Geoffrey, 30, 34, 37, 38, 45, 46,
Rodjestvensky, almirante, 62, 1 3 5 . 5 1 , 54, 70, 81 a 83, 101, 1 12, 180.
Rodney, almirante, 128. Tirpitz, almirante Von, 29, 50, 54, 55,
Rogers, general, 28. 66, 118 a 120, 164.
Ropp, Théodore, 83, 90, 102. Tito, mariscal, 23 1 .
Rosinski, Herbert, 41, 42, 47, 48, 53, " Tocqueville, Alexis de, 227 .
69, 71 a 73, 144, 1 5 5 , 1 88. Togo, almirante, 57.
Roskill, Stephen, 27, 75. Touchard, almirante, 45.
Ross, sir Jhon, 45. Tourville, mariscal de, 127, 1 3 8, 139.
Ruge, almirante Friedcrich, 55, 122, Toyama, Saburo, 74.
123, 153, 172, 217, 224. Tripier, capitán de navío, 259.
Ruyter, almirante de, 44,1 10, 126, 127. Tromp, Martín, 44, 1 10.
Tunstall, Brian, 68.
Saint-Andre, Jean Bon, 154. Turena, mariscal de, 126.
Saxe, mariscal de, 41, 71, 8 1 . Turner, almirante, 29, 30, 37, 178.
TOPONIMICO
Abukir, batalla de, 97, 129. Argentina, 32, 38, 57, 75, 80, 231.
Desembarco, 1 3 0, 214. Artico, océano, 183, 218, 238.
Actium, batalla de, 109. Ascensión, isla, 207, 233, 236.
Addu, atolón de, 207. Asia, 1 5 1 , 195, 220, 227 a 229, 243,
Aden, 109. 247, 248.
Afganistán, 190, 247 . Atenas, 72.
Africa, 206, 228, 235, 243, 244. Atlántico, 28, 63, 137, 165, 170, 176,
Norte, 216. 182, 183, 185, 206, 235, 237 a 240,
Sur, 218, 228, 237, 238. 243, 244.
Subsahariana, 206. Batalla, 172 a 174, 183, 215.
Agostoli, isla de, 205. Norte, 185, 186, 237 a 240.
Alaska, 235. Sur, 143, 170, 186, 206, 233, 236 a
Albania, 188. 239.
Alejandría, 205. Austerlitz, batalla de, 213.
Alemania, 32, 54, 63, 66 a 68, 88, 1 10, Australia, 207, 228, 233, 234, 236.
1 1 8 a 120, 1 50, 1 5 3 , 165, 177, 1 82, Austria-Hungría, 32, 21 1 .
Aleutinas, islas, 207, 208, 235. Azores, islas, 188, 206, 233, 237 .
América, 153, 228, 232, 243 .
..
Hispana, 57, 209. Bahamas, islas, 23 7.
Del Norte, 229. Báltico, mar, 109, 140, 183, 218.
Del Sur, 38. Bantry, batalla de, 97.
Anglonormandas, islas, 204, 205. Barentz, mar de, 148, 1 5 1 , 183 .
Angola, 30, 239. Beagle, canal de, 32.
Antártico, 32. Bengala, golfo de, 217.
Antillas, 142, 209, 217. Béveziers, batalla de, 97, 138, 139, 141,
Mar de las, 237. 155.
Anvers, desembarco de, 213. Birmania, 207, 208.
Anzio, desembarco de, 217. Boyne, batalla de la, 138.
270 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA PITTE NCIA MARITIMA 271

Brasil, 38, 233. Dalmacia, 213. 208, 214, 215, 217, 218, 221, 228, Japón, 31, 32, 51, 58, 80, 109, 110, 1 1 8,
Brest, 79, 1 3 8, 203, 213, 232. Dettingen, batalla de, 214. 240. 1 1 9, 175, 189, 206, 207, 210, 216,
Buenos Aires, 232. Diego García, atolón de, 236. 223, 228, 229, 233 a 235 , 237.
Bugen, isla, 204. Diego Suárez, 207, 237. Gallipoli, desembarco de, 213. Mar del 135, 147, 148, 150.
Dinamarca, 23 3 . Gando, aeropuerto, 237. Jónicas, islas, 205.
Cabo, ruta del, 1 10, 237. Estrecho de, 1 5 1 , 165. Garellano, ruptura de, 217. Jutlandia, batalla de, 55, 66, 97, 124,
Cádiz, 130, 213. Dover, 213. Génova, 219. 139, 140, 143 .
Camaret, desembarco de, 213. Dunas, batalla de las, 125. Georgia del sur, islas de, 32.
Camperdown, batalla de, 129. Dunkerque, 79. Gribraltar, 130, 174, 204 a 206. Kamtchatka, 218.
Cam-Ranh, bahía de, 265. Dutch Harbor, 235. Glénans, isla de, 205 . Keflavik, 237.
Canadá, 209. Gran Bretaña, Inglaterra, 30, 32, 45 , Kenia, 237.
Canarias, islas, 237. Egipto, 206. 47, 48, 5 3 , 63, 64, 66, 67, 1 10, 1 1 8 Kiel, canal de, 23 1 .
Capri, 205. Elba, isla de, 2'>5. a 1 2 1 , 129, 1 39, 140, 1 5 3 , 1 6 1 , 162, Kuriles, islas, 232.
Cardinaux, batalla de los, 97, 127. Eritrea, 2 3 1 . 1 88 , 189, 204, 209 a 212, 214, 216,
Caribe, 3 3, 1 1 0, 1 1 8, 126, 195. España, 44, 1 1 0, 162, 208, 214, 216. 218, 223, 228, 229, 233, 234, 237, La Houge, batalla de, 97, 126.
Carolinas, islas, 208. Estados Unidos: 28, 30, 32, 48, 51 a 240. Lajes, base de, 237.
Cartago, 1 18 . 53, 61, 74, 1 10, 1 1 8 a 120, 145 , 175, Grecia, 80, 215. Lennox, isla, 32.
Castellanos, 220. 188, 189, 207, 21 1 , 217, 227 a 230, Groenlandia, 147, 151, 165, 183, 206, Lepanto, batalla de, 125, 219.
Castellorizo, 205. 232 a 238, 240 a 245, 247. 233, 237. • Lewis, isla de, 237.
Cerdeña, 205 . Estrechos. Guadalcanal, 216. Leyte, batalla de, 1 7 1 .
Ceylán, 207. Daneses, 23 1 . Guam, 207, 236. Liao-Yang, batalla de, 224.
Chaho, batalla de, 224. Japoneses, 232. Líbano, 29.
Charleston, 205. Turcos, 227, 229, 231 . Hanovre, 213, 214. Libia, 239.
Chausey, islas, 205 . Etiopía, 30, 239. Hatteras, cabo, 205 . Lisboa, 213 .
Chesapeake, batalla de, 126, 142. Eurasia, 234, 235, 244. Hawai, islas, 207. Lissa, batalla de, 9 1 , 97.
Chile, 32, 64. Europa, 28, 57, 145, 1 5 1 , 186, 188, Helgoland, 121, 204, 205 . Lorient, 213, 224.
China, 31, 44, 58, 232, 245. 204, 208, 21 1 , 212, 215 a 217, 221, Hemisferio occidental, 1 1 8 . Lourem;o Marqués, 237.
Mar de, 109, 110, 227, 232, 235, 237. 227 a 230, 232, 234, 235, 237, 240 Hiroshima, 27. Luanda, 237.
China meridional, mar de, 31, 33, 238� a 245, 248. Holanda, 44, 64, 162, 212.
Chipre, 30, 32, 206. Extre·mo Oriente, 58, 109, 145, 206, Houat-Hoedic, isla, 205. Madagascar, 31, 207.
'

Clark, base de, 235. 209, 218, 223, 234, 240, 241. Hyeres, islas de, 205. Mahé, 207.
Copenhague, 204. Málaga, batalla de, 139.
Coral, batalla del mar de, 69. Farallón de Medinilla, isla, 236. Imbros, 205. Malasia, 38, 208.
Córcega, 205. Feroé. Inchon, desembarco de, 30. Maldivas, islas, 207.
Cordillera de los Andes, 232. Islas, 1 5 1 , 1 8 8, 206, 237. India, 38, 109, 126. Malplaquet, batalla de, 214.
Corea, 30, 175, 23 5, 237, 241. Paso de, 1 5 1 , 165. Indico, océano, 160, 170, 205, 266 a Malta, 204, 206, 209.
Corfú, 205 Fidji, islas, 207. 239. Malvinas, islas, 30, 32, 33, 165, 185.
Costa de Marfil, 238. Filipinas, 207, 216, 220, 235, 237. Indochina, 209. Mancha, Canal de la, 6 1 , 72, 79, 162,
Creta, batalla de, 205, 206, 209. Batalla de, 180. Indonesia, 32, 38. 174, 213, 239.
Crimea, 214, 217. Fontenoy, batalla de, 214. Insulindia, 109, 207. Manchuria, 1 7 5 .
Cuxhaven, 213. Formosa, 235. Irán, 3 1 . Maputo, 237.
Fort-Fischer, desembarco de, 214. Irlanda, 1 3 8 , 1 3 9. Mares estrechos, 33, 181, 208.
Dairen, 232. Francia, 32, 44, 45, 47, 51, 54, 56, 57, Ischia, 205. Marianas, islas, 236.
Dakar, 188. 63, 64, 66, 67, 78, 80, 110, 118 a 120, lslancia, 1 5 1 , 165, 183, 206, 233, 237. Mame, batalla del, 216, 218, 219.
Dalhak, isla, 239. 126, 129, 140, 159, 160, 188, 189, Italia, 32, 44, 51, 54, 67, 188, 189, 213. Marshall, islas, 208.
272 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 273

Marruecos, 218. Pacífico, océano, 69, 137, 144, 147, Santa Rosa, 205. Tolón, batalla de, 139, 213.
Mauricio, isla, 207. 148, 164, 167, 170, 174, 176, 183, Santiago, batalla de, 97. Torres-Yedras, 214, 240.
Mediterráneo, mar, 33, 44, 63, 78, 94, 1 85 , 186, 206, 216, 232, 235 a 237, Santo Domingo, 142. Trafalgar, batalla de, 97, 110, 129, 130,
109, 1 19, 122, 1 50, 205, 206, 208, 243, 244. Santos, batalla de los, 128, 142. 1 39, 169, 223.
217, 219, 231, 235, 236, 239. Palau, islas, 236, 237. Savannah, río, 205. Tripolitania, 231.
Méjico, 220. Paracels, islas, 31, 32. Scapa Flow, 123, 140. Tsoushima, batalla de, 97, 130, 220.
Mékong, 146. Paso de Calais, 174, 217. Sebastopol, 217. Turquía, 30, 32, 38, 44, 64, 122, 234.
Menorca, 204, 205 . Pearl Harbor, 85, 207, 236. Selden, 1 10. TYbee, isla, 205.
Batalla de, 97, 139. Pensacola, 205. Seneffe, batalla de, 126.
Micronesia, 233, 236. Pequín, 236. Senegal, 238. Unión Soviética, 28, 30, 32, 182, 189,
Midland Ocean, 240. Persia, 247. Senkaku, islas, 3 1 . 194, 217, 231, 23 3 , 239, 241, 245.
Midway, batalla de, 69, 1 7 1 , 236. Pérsico, golfo, 3 1 , 207, 227, 245. Seychelles, islas, 239. Utapao, 236.
Mogadiscio, 237 . Picton, isla, 32. Sicilia, 205, 215 a 217.
Molene, 205. Polonia, 79, 109. Estrecho de, 174.
Mombasa, 237. Port-Arthur, 139, 232. Valona, 1 88.
Simonstown, 237.
Mongol, imperio, 109, 219. Port-Royal, islas del Sound de, 205. Venecia, 219, 220.
Siria, 239.
Monte Casino, 217. Portsmouth, 46, 121. Veracruz, desembarco de, 214.
Socotora, 239.
Morris, isla, 205. Portugal, 109, 233. Vietnam, 30, 32, 190, 234.
Somalía, 237.
Moscú, 230. Prócida, 205. Spitzberg, 1 5 1 , 1 5 6, 206.
Mozambique, 3 1 , 239. Provenza, desembarco de, 216. Spratley, islas, 32. Wagram, batalla de, 2 1 3 .
Mudros, 205. Provincias-Unidas, 161. Subic Bay, 235. Wake, 207.
Mukden, batalla de, 224. Prusia Oriental, 218. Svalbard, archipiélago, 156, 23 1 . Waterloo, batalla de, 214.
Murmansk. 1 22, 1 7 1 , 209.
Riga, golfo de, 214. Tannenberg, batalla de, 219. Yemen del Sur, 239.
Roma, 72-1 18. Teherán, 145 . Yeu, isla de, 205.
Nagasaki, 27.
Rouad, isla, 205. Tenedos, 205. Yokosuka, 235.
Nápoles, 205, 21 3 .
Rusia, 32, 45, 109, 1 10, 120, 140, 159, Thailandia, 236. Yorktown, 142.
Negro, mar, 1 83, 2 1 8 .
160, 207, 2 1 1 , 215, 216, 218, 223, Thulé, 237. Yugoslavia, 80, 215, 231.
Normandía, desembarco, 2 1 5 a 2 1 7 .
227, 228, 230, 23 1 , 234, 241, 245, Timor, 32.
Norte, cabo, 140, 1 5 1 .
247. Tinian, 236.
Mar del, 53, 6 3 , 79, 1 8 8 , 217. Zanzíbar, 109, 205, 207.
Nueva, isla, 32. Saint Cast, desembarco, 213.
Nueva Caledonia, 233. Saint Malo, 213.
Nueva Guinea, 208. Saint Marcouf, 205.
Nueva Zelanda, 234. 4 Salpan, 236.
Nuevas Hebridas, 207. Sakhaline, 232.
Salerno, desembarco de, 217.
Okhotsk, mar de, 148, 232. Salzbach, batalla de, 126.
Okinawa, 235. Samoa, 207.
Omán, 237. San Diego, 207.
Mar de, 145 . San Vicente.
Oreadas, islas, 123, 124. Batalla del cabo, 129.
Oriente Medio, 237. Isla, 207, 237.
Osos, isla de los, 231. Sandwich del sur, islas, 32.
Ouessant, batalla de, 139. Santa Elena, 207.
DE MAT ERIAS
Abordaje, 128, 129. 1 1 7 , 121, 124 a 134, 137, 141 a 146,
Acorazado, 32, 50, 53, 54, 57, 60, 63 1 50, 154, 155, 178, 180, 181, 183,
a 67, 69, 1 19, 124, 1 37, 144, 147, 184.
1 59, 171, 245. De aniquilación, 154.
Admira! Graf Spee, acorazado de bol- Doctrina de la, 82, 1 1 2, 1 1 3 , 1 30,
sito, 170. 1 3 1 , 135, 1 38, 140, 143, 1 5 1 .
Admira! Hipper, crucero, 170. Línea de, 46, 126, 127.
Admira! Scheer, acorazado, 170. A la I� salva, 183.
Aislacionismo, 52, 233. Rechazo de la, 127.
ALFA, submarino, 185. Terrestre, 46.
Alianza Atlántica, 28, 186, 240, 241. A ultranza, 143.
Ali Big Gun Ship, 50. Bergantines, grandes, 172.
ALL-high, concepto, 145. Bismarck, acorazado, 170.
A n t igüedad, 72, 154. Blackjack, bombardero, 149.
\ m i l - D ragoon, operación, 216. Blitzkrieg, 221.
ANZ U S, pacto, 234 a 236, 248. Bloqueo, 66, 94, 97, 142, 143, 177,
Arabes, 219. 196, 202 a 204, 208, 212, 224.
Atlantis, crucero auxiliar, 170. Abierto, 196, 203.
Avalanche, operación, 216. Cerrado, 196, 203, 210.
Avión, 26, 34, 54, 65, 84, 86, 93, 94, Comercial, 178, 1 80, 203, 204.
1 36, 145, 148, 166, 169 a 173, 181, Continental, 208.
1 84, 203, 209, 215, 218. De la flota, 178, 180, 203.
Embarcado, 30. Próximo, 61.
Brick and mortar school, 5 1 .
B 1 , 148, 242.
Brulote, 126, 129.
B 52, 148.
Burke, destructor, 184, 190.
Backfire, bombardeos, 148, 149, 185,
244. Cañón, 30, 34, 54, 61, 64, 65, 85, 86,
Batalla, 26, 49, 55, 61, 64 a 68, 1 12, . 92, 125, 129, 144.
276 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POfENCIA MARITIMA 277

Capital-Ship, 69, 144, 245. Desembarco, 30. Militar, 89. Gromobol, crucero, 160.
CENTCOM. Mando Central, 236. Destructor, 53, 63, 149, 159, 184, 190, Naval, 21, 25, 26, 34, 45, 53, 65, 68 , Grosskrieg, 164, 187. - · - ··­

Chateau-Renault, crucero, 160. 209. 69, 81 a 84, 86 a 89, 125, 130, Guam, doctrina de, 23 5 .
Chief of Naval Operation, 146. Determinismo. 135, 193, 197. 1 38, 142, 159, 195. Guerra.
Columbia, crucero, 160. Diplomacia naval, 30, 70. Nuclear, 34, 69. De los Boers, 218.
Comunicaciones, 97, 107, 108, 1 3 2 , Directiva Presidencial D. P. 59, 21. Oceánica, 242. Al comercio, 49, 55, 164.
1 39, 1 4 3 , 1 50, 1 6'.I, 1 7 3, 1 76, 1 7 7 . Dispersión, 133, 167, 171, 245·. Ofensiva, 149. De las comunicaciones, 1 1 2, 141,
180, 1 8 1 , 1 8 3, 1 89, 203, 204, 210 Dispositivo oceánico, 203, ·206, 207, Política, 89. 142, 1 50, 151, 155, 1 57, 1 58, 164,
a 212. 233, 235. Terrestre, 45, 48, 88, 130. 169, 173, 176 a 179, 182, 187,
Ataque a las, 1 5 8, 164, 166, 169, Disuasión, 27 a 29, 145, 178, 186, 194, Teórica, 27, 3 5 . 203.
182. 195. Exocet, misil, 3 3 . De Corea, 234.
Control de las, 29, 65, 107, 1 1 1 , 1 12, Oceánica, 29. De corso, 49, 62, 63, 1 57, 158, 160
214. Proporcional, 86. Félix, operación, 206. a 166, 169, 170, 172, 175, 187.
Defensa de las, 1 3 1 , 1 32, 145, 158, Dominio. Fenicios, 219. Crimea, 217.
169, 176. Del aire, 215, 217. Fleet-Ex, ejercicio, 148. Entre flotas, 1 12, 1 1 7, 141, 150, 1 5 1 ,
Dependencia desde el punto de vis­ De las aguas del océano, 58. Flota, 82, 1 12, 124, 130 a 132,
134, 138, 1 58, 164, 169, 177, 1 7 8 , 1 8 2 , 187,
ta de, 197. De los mares, 29, 30, 43, 53, 61, 85, 1 39, 161, 164, 169, 173, 176, 180, 203.
Guerra. de las: ver guerra . 97, 98, l l l , 1 1 8, 1 36, 144, 149, 1 82, 183, 202. De escuadra, 62, 162, 173.
Línea de las, 1 86, 207. 164, 169, 176, 177, 179, 180 a 182, De alta mar, 121, 123, 124, 164. Hispanoamericana, 84.
Concentracion, 53, 133, 1 8 1 . 211, 214, 215, 220, 221, 232, 238, En potencia, 53, 1 1 7 , 1 1 8, 122, 123, Holanda, 217.
Congreso, 145, 184, 2 3 3 . 243, 244. 165, 178, 180. Independencia americana, 121, 125
Convoyes, 30, 99, 129, 136, 142, 154, De la superficie, 172, 177, 181, 182. V I I ª, 27. a 127, 142, 155, 204, 216, 217.
155, 161, 163, 166 a 168, 171 a 173, Dreadnought, 32, 50, 60, 69. Folgore, división, 206. Irán-lrak, 29.
175, 180 a 182, 184, 189, 209. Dunkerque, crucero de batalla, 67 . Fortress fleet school, 5 1 , 52, 59, 1 5 1 , De la liga de Augsburgo, 160, 1 6 1 ,
Corbetas, 159. 1 59. 163.
Coronet, operación, 216. Economía de fuerzas, 99, 127, 1 3 1 . Fragatas, 60, 129, 146, 184, 190. Limitada, 129, 145.
Corsarios, 109, 1 6 0 a 163. Edad Media, 44. Fuerza. De las Malvinas, 237, 238.
Caza a los, 178, 180. Emden, crucero, 160. Despliegue rápido, 236. Mundial, primera, 26, 59, 65, 69,
Corso: Ver guerra de corso. , Escalada horizontal, 147, 240, 245 . 82, 84, 90, 150, 160, 167, 1 8 1 ,
Crisis, 3 1 , 136, 144, 145. ' Estrategia, 49, 55, 60, 62, 75, 86 a 89, Galeras, 72, 125, 154. 206, 212, 229.
Crucero, 62, 146, 150, 160, 164, 184, . 93, 1 34, 137, 144, 147, 160, 165, 177, Batallas de, 46. Mundial, segunda. 29, 30, 55, 58,
190, 209. 1 80, 182, 190, 194 a 196, 245, 246. Geografía, 94, 1 10, 165, 193 a 197, 67 a 69, 86, 90, 143, 145, 167,
De batalla, 124, 149, 164, 165, 1 84. Bipolar, 100, 1 13 . 248. 170, 183, 193, 203, 212, 214, 221 ,
Cruiser school, 4 1 , 5 1 , 63. Contra-fuerzas, 28. Geopolítica, 19, 27, 28, 77, 8 1 , 191, 229, 231, 243.
Cuestiones de estado mayor, 79. "
Contra-valores, 28. 193 a 197, 199, 221, 233, 239. Naval, 1 12, 1 1 3, 1 17, 130, 132, 142,
Convencional, 34. Del mar, 31, 70. 143, 155, 1 5 8, 166, 169, 174, 177,
Defensa, de costas, 58, 59, 63, 94, 131, De aniquilación, 1 12, 158, 162, 180, Rusa, 79. 178, 1 8 1 .
1 34, 196, 213. 181. Gloire, fragata acorazada, 1 1 9. Ruso-japonesa, 64, 84.
Del hemisferio, 232. Defensiva, 1 1 7, 1 8 1 . Glorious First June, batalla del, 128, Secesión, 84, 91, 163, 205 .
Defensiva, 67, 95 a 100, 1 1 3 , 121, 140, De desgaste, 1 12, 1 2 3 , 1 5 8 , 162, 180, 129, 139, 154. De los siete años, 163, 2 1 3 .
1 5 1, 158, 1 8 1 , 182. 181, 208. Gneisenau, acorazado, 170. Submarina, 84, 140, 1 6 7 , 170, 172,
Estratégica, 123. Y política, 88, 89. Goeben, crucero de batalla, 122. 174, 176, 1 8 1 .
Militar, 1 8 1 . General, 27, 56, 83, 88, 89, 1 12, 132, Grand Fleet, 66, 123, 124, 137, 139, De sucesión de España, 161 .
Política. 1 8 1 . 196. 140, 165. Terrestre, 55, 130.
Derecho d e las gentes, 167. Marítima, 27, 51, 83, 88, 157, 248 .
278 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE LA POTENCIA MARITIMA 279

Del Vietnam, 27, 148, 245. Maniobra, 94, 99, 124 a 126, 131, 216. Nuremberg, proceso de, 167. Aérea, 223.
Guerrilla naval, 33, 178, 181. Mare clausum, 110, 232. Anfibia, 221.
Guichen, crucero, 160. Mare liberum, 110. Objetivo. Continental, 197, 228 a 230.
Mares estrechos, 33, 181, 208. Geográfico, 131, 133. Del mar, 72, 221, 230, 235.
Haifang, 58. Marina. Principal, 131, 133, 134. De tierra, 221, 230.
Heartland, 81, 228, 230. Americana: ver U.S. Navy. Obstáculos, 45, 179, 181. Marítima, 25, 30, 32 a 34, 48, 49,
Higbee, destructor, 27. Británica: Ver Royal Navy. Costeros, 179. 51, 61, 72, 109, 120, 158, 160, 180,
Hi-low mix, concepto, 145, 146. Francesa, 82, 92, 119, 184, 185. Ofensiva, 67, 95 a 100, 113, 117, 131, 204, 207 a 211, 215 a 221, 223,
Husky, operación, 216. Holandesa, 46. 140, 147. 225, 227 a 230, 232, 237 a 241.
Rusa, 42. Menor, 98, 117, 178, 180, 182. Naval, 87, 95, 221.
I mperialismo, 26. Soviética, 27, 28, 37, 70, 1 18, 150, Táctica, 123. Terrestre, 61, 210, 211, 224, 225, 227,
Imperio. 156, 182, 183, 231 , 243. Oliva, paz de, 109. 228, 231, 232.
Primer, 43, 95, 110, 129, 160, 161, Mélanges stratégiques, 80, 248. Olympic, operación, 216. Praga, golpe de, 234.
205, 208, 211, 214, 229. Merínida, marina, 220. Operaciones combinadas, 85, 202, Presencia, 29, 30, 179.
Segundo, 118, 119. Merkur, operación, 205. 221. Prince of Wales, acorazado, 209.
Independencia, portaaviones, 148. Methodenstreit, 34. Organización del tratado central, Principios, 61, 63, 73, 91 a 93, 131, 141,
Iniciativa de defensa estratégica, 242. Métodos, 73, 195. CENTO, 234. 144, 164, 181, 197.
Iniciativa de las operaciones, 131. Científico, 73. Organización del tratado de Asia del Procedimientos, 92, 93, 129, 144, 164,
lowa, acorazado, 147. Conflicto de los, 49, 50, 90. Sudeste, SEATO, 234. 178 a 180.
Interdicción de la mar al adversario, Histórico, 49, 53, 56, 59, 64, 73, 83 , Organización del tratado Atlántico Protección, 185.
sea denial, 179 a 182. 90 a 95, 195. norte, OTAN, 28, 29, 147, 150, 183, Directa, 66, 178, 180.
Invencible, armada, 1 10. Material, 49, 50, 56, 59, 64, 69, 83, 1 85 , 186, 234, 235. Indirecta, 66, 178, 180.
91 a 95, 195. Organización del tratado marítimo Proyección de potencia, 29, 30, 178,
Joven Escuela, 26, 41, 42, 49, 50, 55, Realista, 73 . asiático, MATO, 234. 195 .
56, 59, 62, 63, 65, 66, 68, 71, 90 a Midgetman, misil, 242. Orion, aviones P3C, 184. Pueblo, buque espía, 144.
93, 112, 159, 160. Mike, submarino, 185. Overlord, operación, 216. Puertos comerciales, teoría de los, 72.
Jurien de la Graviere, crucero, 160. Mina, 26, 62, 66, 97, 159, 181, 183,
Quebec, submarinos, 231 .
202, 203 a 205, 209. Pacto.
Kara, crucero, 149. , Minneapolis, crucero, 160. Red insular, 203 a 206, 212.
De Bagdad, 234.
Kardis, tratado de, 109. ' Misil, 33, 34, 145, 244. Repulse, acorazado, 209.
De Varsovia, 29.
Kidd, destructor, 190. , Monitores, 159. Respuesta graduada, 28.
Patrullas, 167, 172, 179, 180.
Kiev, aeronaves, 149. Montreux, convención de, 34. Restauración, 159.
Pax americana, 110.
Kirov, crucero de batalla, 149. Morskoi Sbornik, revista marítima, Revisionismo, 233.
Pax británica, 110, 119, 220.
Kleinkrieg, 164, 187. Revista de Marina, 57.
57. Perry, fragatas O. H., 184, 190.
Knox, escoltas, 184.
� MX, misil, 242. Perturbador, teoría del, 20, 95. Revolución, 46, 95, 128, 129, 160, 163,
Kresta Il, cruceros, 149.
Persecución, 126, 130. 203, 208, 211, 214, 229.
Krivak, destructor, 149.
Navío, 125, 126. Petróleo, 61. Revue Maritime, 57.
Le Bon, navío, 125.
New Jersey, acorazado, 147. Off-shore, 30, 31. Riesgo, teoría del, 29, 118, 120.
Los Angeles, submarinos, 184. Nimitz, portaaviones, 146, 147, 184. Poder del mar, 72. Rimland, 232, 234, 243.
Luftwaffe, 171. Nódulos, polimetálicos, 107. Política, 52, 88, 89. Rossia, crucero, 160.
No first early use, 28. Popovska, monitores, 159. Royal Air Force, 215.
Mahanismo, 26, 51, 52, 54, 55, 64, No riesgo, teoría del, 13'.7. Portaaviones, 32, 38, 65, 67, 69, 85, Royal Navy, 29, 33, 46, 54, 56, 110, 118
149, 157. Normandía, acorazado, 66. 86, 144, 145, 147 a 149, 156, 170, a 120, 126, 129, 142, 161, 165, 171,
Dogmático, 52, 74. Noruega, 55, 147, 195, 209, 231 . 1 84, 185, 215, 244, 245. 1 84, 185, 205, 208, 209, 213, 215,
Evolutivo, 53. Mar de, 147, 150, 183. Potencia. 220.
280 HERVÉ COUTAU-BÉGARIE
SERVICIO DE PUBLICACIONES DEL
ESTADO MAYOR DEL EJERCITO
Rudeltaktik, 173. Teorías estratégicas, 19 a 21, 34, 35,
Rurik, crucero, 160. 48, 57, 77 a 82, 84, 85, 87, 89, 90,
Ryswick, tratado de, 161. 93, 98, 1 12, 132, 140, 141, 151, 165, COLECCION EDICIONES EJERCITO
172, 195, 197.
BIBLIOTECA BASICA DEL MILITAR PROFESIONAL
Scharnhorst, acorazado, 170. Theseus, navío, 130.
Schlesinger, doctrina, 28. Ticonderoga, crucero, 184, 190. Una serie de títulos cuidadosamente seleccionados, imprescindibles en la biblioteca del
Tirpitz, acorazado, 122, 171. militar.
Scowcroft, comisión, 241.
Tomos de esmerada presentación, a precio de costo, con encuadernación en guaflex.
Sea Control Ship, 146. Torch, operación, 216.
Sea Power, 43, 48, 72, 81. Torpedo, 62, 136, 159.
Los precios son los resultados de haber hecho las bonificaciones correspondientes
Secreto, principio del, 94, 167. Torpedero, 50, 57, 62, 63, 92, 159, 205. a los militares. Sobre estos precios se cargará un 6 por ciento del IVA.
Seguridad, 99, 131. Transiberiano, 218.
Servidumbre, teorías de las, 87, 88, Trident, misil, 242. 1. DE LA G U E RRA. Clausewitz (2.ª edición). 766 páginas, 500 pesetas.
133, 187. Tutela estratégica, 233, 236. 2. BATALLAS DECISIVAS DEL M UNDO OCCID ENTAL. J. F. C. Fuller. 2.000 páginas, tres
Shingle, operación, 217. tomos (2.ª edición). 2.600 pesetas.
Sierra, submarino, 185. U-Boote, 174. 3. ESTAMPA DE CAPITANES Y EL ESPIRITU M ILITAR ESPAl\IOL. General J orge Vigón.

Síntesis de 0la guerra submarina, 66, Udaloy, destructor, 149. 327 páginas. 290 pesetas.
Unión o cooperación entre las armas. 4. INTRODUCCION A LA ESTRATEGIA. General Beaufre. 210 páginas, 300 pesetas.
78, 82, 84, 188. 5. GEOGRAFIA Y POLITICA EN UN M U N DO DIVID I DO. Saul Bernard Cohen. 478 pági-
Principio de la, 161, 164, 165.
Slava, crucero, 149. nas, 660 pesetas.
Coordinación de esfuerzos, 131.
Soberanía marítima, sea supremacy, 6. LA ESPAl\IA IMPERIAL 1469-1716. J. H . Elliot. 454 páginas, 500 pesetas.
U.S. Air Force, 243. 7. ESTRATEGIA MILITAR SOVIETICA. Mariscal V. D. Sokolovsky. 533 páginas, 650 pesetas.
108 a 1 10.
U.S. Marine Corps, 244. 8. DEL DERECHO DE LA G U E R RA. Coronel Auditor Fernández-Flores. 562 páginas,
SOSUS, red, 184. 700 pesetas.
U.S. Naval Institute proceedings, 57,
Sovremenyi, destructor, 149. 9. LO MILITAR Y LO POLITICO EN EL MU NDO MODERNO. Amos Perlmutter. 398 pági-
Spithead, revista naval del, 110. 148, 190. nas, 700 pesetas.
Spruance, destructor, 184, 185. U.S. Navy, 27, 30, 47, 81, 110, 145 a 10. GEOG RAFIA POLITICA MODERNA. Richard Muir, 521 páginas, 700 pesetas.
148, 151, 172, 183 a 185, 207, 233, 11. LOS TERCIOS. René Quatrefages. 521 páginas, 800 pesetas.
Stealth, bombardero, 242.
Strasbourg, crucero de batalla, 67. 238, 240, 242, 243 a 245 . 12. EL OTRO LADO DE LA COLINA. B. H . Lidell Hart. 330 páginas, 750 pesetas.
Utrecht, tratado de, 205. 13. TRATADO DE POLEMOLOGIA. Gaston Bouthoul. 778 páginas, 1 .400 pesetas. Incluye:
Strategic Air Command, 237. «El estado actual de la Polemología», del teniente coronel Alonso Baquer.
Sturgeon, submarinos, 184. Vapor, buques a, 46, 47, 62, 209, 217. 14. LA D I R ECCION DE LA G U E RRA. J. F. C. Fuller. 320 páginas, 750 pesetas.
Submarino, 2� 50, 62, 66, 67, 84, 86, , Vela, buque de, 25, 45, 61, 62, 84, 168, 15. EJERCITOS EUROPEOS Y LA CONDUCCION DE LA G UERRA. Hew Strachan.
9 2 a 94, 110, 1 1 1 , 136, 145, 148, 150, ' 400 páginas, 1 . 000 pesetas.
203, 209.
159, 160, 165 a 169, 171 a 177, 181, , 16. LOS ABASTECIMIENTOS EN LA GUERRA. Martin van Creveld. 437 páginas, 1.100 pesetas.
Vengeur, navío, 154.
17. TERRORISMO POLITICO. Grant Wardlaw, 355 páginas, 1 .175 pesetas.
183 a 185, 188, 203, 205, 231 . Víctor, submarinos, 148. 18. ESPAl\IA EN LA POLITICA DE SEGUR IDAD OCCIDENTAL (1939-1986). A . Marquina
Lanzamisiles estratégico, 28, 149. Barrio. 1 . 024 páginas, 1 .900 pesetas.
Nuclear, 32, 38. Warrior, fragata acorazada, 1 1 9 .
Washington, 230. 19. LA POTE N CI A MARITIMA, Hervé Coutau-Bégarie. 1 . 200 pesetas.
Superdreadnought, 32.
Super-Etendard, avión de asalto, 33.
4
Conferencia de, 78, 188. 233
SURTASS, red, 184. Tratado de, 137. CO LECCION ADALID
Swing strategy, 185. Whisky, submarino, 231 . BIBLIOTECA DE PENSAMIENTO MILITAR. En rústica
World Island, 228.
1. LOS INTE LECTUALES Y LA M I LICIA. Coronel J. M. Gárate, 480 páginas, 450 pesetas.
T, puerto, 207. Yalu, batalla de, 97 . 2. TEMAS DE HISTORIA MI LITAR. Tomo 1.º «Primer Congreso de Historia Militar», Zarago­
TACTASS, red, 184. Yawouz, crucero de batalla, 122. za. (Ponencias.) Varios autores. 676 páginas, 650 pesetas.
Táctica, 45, 60, 86, 126, 127, 137, 142. 3. LOS TIEMPOS DIFICILES. Coronel Martínez Bande, 224 páginas, 450 pesetas.
Teatro de operaciones, 30, 108. Zealous, buque, 130. 4. OFICIO MILITAR, ANTOLOGIA POETICA. 1943-1983. Coronel L. López Anglada, 136 pá­
ginas, 275 pesetas.
Principal, 140, 139. Zona económica, 31. 5. LA UTOPIA DE LA PAZ Y EL TERROR DE LA GUERRA. Coronel F. de Salas López,
Teoría estratégica, 33, 35, 36. Zulu, submarinos, 231. 280 páginas, 350 pesetas.
6. FUTURO 2000 . General J. Martínez J iménez, 155 páginas, 325 pesetas.
7. REFLEXIONES SO B R E LA MODERNA I N FANTERIA. Comandante Ouero Rediles.
230 páginas, 470 pesetas.
8. ESTRATEGIA PARA LA ACCION PSICOlDGICA. Teniente coronel A. Gosálbez Celdrán,
336 páginas, 675 pesetas.
9. PAPELES DEL VIVIR DE GOYA Y DE SU ESPANA. Marcelo Tobajas, 270 páginas,
580 pesetas.
10. INTRODUCCION A LA ESTRATEGIA M ILITAR ESPAl\IOLA. General Munilla Gómez,
210 páginas, 450 pesetas.
11. N U ESTRA G U ERRA Y N U ESTRA PAZ. Coronel Frías O'Valle, 336 páginas, 560 pesetas.
12. CON GUARDIAS MARINAS EN EL ATLANTICO. Almirante Martinez-Valverde, 400 pági­
nas, 625 pesetas.
13. LAS PREFERENCIAS ESTRATEGICAS DEL M ILITAR ESPANOL. Coronel Miguel Alon­
so Baquer, 300 páginas, 500 pesetas.
14. LA U LTIMA G U ERRA DE AFRICA . General de brigada Rafael Casas de la Vega, 572 pá­
ginas, 750 pesetas.
15. LA GEOGRAFIA Y LA G UERRA. Comandante Fernando Pinto Cebrián, 172 páginas,
350 pesetas.

E DICIONES DE ARTE
1 . EL EJERerro Y LA ARMADA, álbum Histórico Artístico de Manuel Giménez González (1862),
2 tomos y 1 anexo, 169 láminas y 919 páginas, 36.000 pesetas.
2. ESTAMPAS M ILITARES, 1.ª Carpeta de aguafuertes, 6 láminas, 290 ejemplares únicos y
numerados, varios autores, 5.000 pesetas.
3. ESTAMPAS M IL ITARES, 2.ª Carpeta de aguafuertes, 5 láminas, 250 ejemplares únicos y
numerados, varios autores, 5.000 pesetas.
4. ESTAMPAS MILITARES, Carpeta de Batallas Medievales españolas, en serilitografía (co­
lor), Federico Blanco, 6 láminas, 5.000 pesetas.
5. ESTAMPAS M ILITARES, 12 fotografías en color, J. F. Blanco, 1 . 000 pesetas.
6. ESTA M PAS M IL ITAR ES. Vitrales de los Santos Patronos Militares, 7 láminas (color),
F. B l a n co, 6 . 275 p e s e t a s .

S U PLE M ENTOS REVISTA «EJE RCITO»



1. FILATELIA Y MILICIA, Luis M. l..o rente, 1 tomo, 110 páginas, 300 pesetas.
2. I N DICE GENERAL de la «Revista Ejército», 220 páginas, 1 .700 pesetas.
3. MILICIA Y H U MOR, Bermúdez de Castro, 125 páginas, 100 pesetas. AGOTADO.
4. CHINA EN EL ARTE Y LA H ISTORIA M ILITARES, Isabel Cervera Fernández, 80 páginas,
100 pesetas. (Agotado.)
5. ·UN IDEAL ROJO Y G UALDO, Federico Blanco y Enrique J arnés Bergua, 32 páginas,
25 pesetas.
6. HEROES DE FILIPINAS, Pío Jbazos, 96 páginas, 100 pesetas. !Agotado.)

SU PLE MENTOS REVISTA « G U ION»


1 . PAGINAS DEL INSTRUCTO R , F. Ouero, 1 .ª parte, 2.ª edición, 148 páginas, 150 pesetas.
2. PAGINAS DEL INSTRUCTOR, F. Ouero, 2.ª parte, 132 páginas, 150 pesetas.
Nota: Estos precios son exclusivamente para militares.