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Estudios sobre la histeria - Freud y Breuer

Los autores buscan el ocasionamiento de la histeria, cuando se produjo por primera vez, en
sus más diversas formas y síntomas. No se consigue aclarar ese punto inicial mediante el
examen clínico y esto se debe en gran parte a que suele tratarse de vivencias que al
enfermo le resulta desagradable comentar, pero principalmente, porque realmente no las
recuerda. Casi siempre es preciso hipnotizar a los enfermos para despertarles los recuerdos
de la época en la que el síntoma apareció por primera vez.
Este método de investigación dio resultados valiosos tanto en el aspecto teórico como en el
práctico. En el primer aspecto, ya que nos ha probado que el factor accidental comanda la
patología de la histeria. En el caso de la histeria traumática es evidente que el accidente
provocó el síndrome.
Según la experiencia, los síntomas más diferentes de la histeria mantienen con el trauma
ocasionador un nexo tan estricto como aquellos otros fenómenos más transparentes en este
sentido. Pudieron reconducir a unos tales traumas ocasionadores neuralgias, anestesias,
contracturas, parálisis, ataques histéricos, convulsiones epileptoides, epilepsias genuinas,
tics, vómitos permanentes y anorexia, entre otros. La desproporción entre los años que dura
el síntoma histérico y su ocasionamiento único es la misma que estamos acostumbrados a
ver en la neurosis traumática. Con mucha frecuencia son sucesos de la infancia los que han
producido para todos los años subsiguientes un fenómeno patológico más o menos grave.
El nexo suele ser tan claro que es bien visible cómo el suceso ocasionador produjo
justamente este fenómeno y no otro, que está determinado por su ocasionamiento. Ej: Un
hombre que asiste a la operación de cadera de su hermano, y cuando la contempla siente
un crujido en su cadera, dolor que persiste casi un año.
En otros casos el nexo no es tan simple, sólo consiste en un vínculo simbólico entre el
ocasionamiento y el fenómeno patológico, como el que también las personas sanas forman
en el sueño. Por ejemplo si a un dolor anímico se acopla a una neuralgia. Y en otros casos,
un determinismo de esa índole no se ofrece al entendimiento de primera intención. Entre
ellos se encuentran los síntomas histéricos típicos: hemianestesia, estrechamiento del
campo visual, convulsiones epileptiformes...etc.
En el caso de la neurosis traumática, la causa eficiente de la enfermedad no es la ínfima
lesión corporal. En cambio, lo es el afecto de horror, el trauma psíquico. No es raro hallar en
la histeria corriente varios traumas parciales en lugar de un gran trauma, que solamente en
su sumación pudieron exteriorizar efecto traumático.
El nexo causal del trauma psíquico ocasionador con el fenómeno histérico no es tal que el
trauma, como agente provocador. Desencadenaría al síntoma, el cual luego subsistiría ya
devenido autónomo.
Los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida y sin retornar cuando se
conseguía despertar con plena luminosidad en el recuerdo del proceso ocasionador,
convocando al mismo tiempo el efecto acompañante y cuando luego el enfermo describía
ese proceso de la manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto.
Cuando los fenómenos respectivos son de estimulación, como convulsiones, neuralgias,
alucinaciones, ellos afloran una vez más con intensidad total y luego desaparecen para
siempre.
Concluyen de estas observaciones que el proceso ocasionador produce efectos de algún
modo durante años todavía, no indirectamente por mediación de una cadena de eslabones
causales intermedios, sino de manera inmediata como causa desencadenante, al modo en
que un dolor psíquico recordado en la consciencia despierta suscita en un momento
posterior la secreción lacrimal.
A primera vista parece asombroso que vivencias hace tiempo transcurridas puedan producir
efectos tan intensos. La pérdida de afectividad de un recuerdo depende de varios factores,
pero principalmente lo que importa es si frente al suceso afectante se reaccionó
enérgicamente o no. Por reacción se refiere a toda serie de reflejos voluntarios e
involuntarios en que se descargan los afectos. Si esta reacción se produce en la escala
suficiente, desaparece buena parte del afecto. Si la reacción es sofocada, el afecto
permanece conectado con el recuerdo.
El ser humano encuentra en el lenguaje un sustituto de la acción, con su auxilio el afecto
puede ser “abreaccionado” casi de igual modo.
Cuando no se produce esa reacción de obra, de palabra, el recuerdo del hecho conserva en
principio su tinte afectivo.
La abreacción no es el único modo de tramitación de que dispone el mecanismo psíquico
normal de la persona sana cuando ha experimentado un trauma psíquico. Por medio de
unas operaciones asociativas el hombre normal consigue hacer desaparecer el afecto
concomitante.
A esto se suma esa universal borradura de las impresiones, el olvido. Desgasta sobre todo
a las representaciones ya ineficaces afectivamente.
Los recuerdos que han devenido ocasionamientos de fenómenos histéricos se han
conservado durante largo tiempo con asombrosa frescura y con su plena afectividad.Los
enfermos no disponen de estos recuerdos, estas vivencias están ausentes en la memoria
de los enfermos. Únicamente en estado de hipnosis esos recuerdos acuden con la vividez
intacta de unos acontecimientos frescos.
Se demuestra que esos recuerdos corresponden a traumas que no han sido
suficientemente “abreaccionados” y a poco que ahondemos en las razones que impidieron
esto último descubriremos al menos dos series de condiciones bajo las cuales es
interceptada la reacción frente al trauma.
Las condiciones en las cuales no ha existido reacción alguna al trauma son: a) los enfermos
que no han reaccionado a traumas psíquicos por la naturaleza misma del trauma excluida
una reacción, como por ejemplo en la pérdida irreparable de una persona amada y b) los
estados psíquicos con los cuales han coincidido en el enfermo los sucesos
correspondientes.
Los traumas no descargados por reacción se ven también negada por la descarga y la
elaboración asociativa, en el primero el propósito del enfermo era de olvidar los sucesos
penosos y excluye a estos, en el segundo la elaboración a asociativa fracasa porque entre
el estado normal de la conciencia y el estado patológico es donde surgen tales
representaciones y no existe una amplia conexión asociativa. Las representaciones
patógenas se conservan plenas de afecto por que les está negado el desgaste normal
mediante la descarga por reacción o la reproducción en estados de asociación no cohibida.
Las representaciones devenidas patógenas se conservan tan frescas y con tanto vigor
afectivo porque les es denegado el desgaste normal por abreacción y por reproducción en
estados de asociación desinhibida.

Como el recuerdo del trauma psíquico no se halla en la memoria del enfermo, sino en la del
hipnotizado, se cree que hay una escisión de la conciencia. También los traumas psíquicos
originan los fenómenos histéricos. Al referirnos a los estados anormales de la conciencia
estos surgen de la representación patógenas donde el recuerdo del trauma psíquico no
aparece en la memoria del enfermo en su estado normal, sino cuando el sujeto es
hipnotizado. Los traumas graves o una represión penosa se puede producir en el hombre no
predispuesto una disociación de grupos de representaciones a lo que se denomina histeria
psíquicamente adquirida.

Los estados anormales de la conciencia se le conoce como hipnoides que es un fenómeno


fundamental de esta neurosis. Estos estados hipnoides son la base y condición necesaria
para la histeria, la hipnosis puede variar desde la más ligera somnolencia hasta el
sonambulismo, del recuerdo total hasta la amnesia absoluta. Los estados hipnoides existen
antes de la aparición de la enfermedad y constituyen el terreno donde el afecto instala el
recuerdo patógeno.

Respecto de los ataques histéricos,toman la descripción esquemática de Charcot que lo


divide en: a) epileptoides, b) grandes movimientos, c) actitudes pasionales y d) delirio final.
El intento de explicación de los autores se refiere a la tercera fase, la pasional.
Durante el ataque histérico, el dominio sobre la inervación somática aparece transferido a la
conciencia hipnoide donde la conciencia normal no queda anulada totalmente y puede
permitir los fenómenos motores del ataque. El método psicoterapéutico actúa
curativamente, anula la eficacia de la representación no descargada dando salida por medio
de la expresión verbal llevándola a la reacción por medio de su atracción a la conciencia
normal.
Este procedimiento es un importante progreso terapéutico, donde no se cura la histeria, ni el
retorno de los estados hipnoides; pero pasado este estado sólo quedan algunos restos del
mismo en calidad permanente y ataques histéricos. Este método actúa radicalmente, logra
suprimirlos con frecuencia para siempre.
Los recuerdos que aflora en los ataques histéricos se corresponden en sus restantes
aspectos con las ocasiones que dilucidamos como los fundamentos de síntomas histéricos
permanentes.
Los fenómenos motores del ataque histérico se pueden interpretar en parte como unas
formas de reacción generales para el afecto acompañante del recuerdo, y en parte como
unos movimientos expresivos directos de ese recuerdo, pero en otra parte se sustraen de
esta explicación iguales en esto a los estigmas histéricos en el caso de los síntomas
permanentes.
En la histeria están presentes grupos de representaciones generadas en estados hipnoides,
excluidas del comercio asociativo con los restantes grupos pero asociables entre sí, y que
de ese modo constituyen con una organización, el rudimento de una conciencia segunda,
de una condición secundaria.
Según eso, un síntoma histérico permanente corresponde a una penetración de ese estado
segundo en la inervación corporal gobernada de ordinario por la conciencia normal. En
cambio, un ataque histérico atestigua una organización más alta de ese estado segundo, e
indica, cuando nace, un momento en que esa conciencia hipnoide se ha apoderado de la
existencia total, vale decir: una histeria aguda.
La conciencia normal no siempre está por completo reprimida, ella puede percibir los
fenómenos motores del ataque, en tanto los procesos psíquicos de este se sustraen de su
noticia.
La trayectoria típica de una histeria grave es: Primero, se forma en estados hipnoides un
contenido de representación que luego, cuando ha incrementado lo suficiente, se apodera
durante un período de “histeria aguda” de la inervación corporal y de la existencia del
enfermo, creando síntomas permanentes y ataques y luego sana, salvo algunos restos.
Si la persona normal logra cobrar de nuevo el gobierno, lo que ha sobrevivido retorna en
ataques histéricos de tiempo en tiempo. Es frecuente que se establezca una suerte de
equilibrio entre los grupos psíquicos reunidos en la misma persona, ataques y vida normal.
El ataque sobreviene de manera espontánea.
En otros casos, aquel equilibrio es muy lábil y el ataque aparece como una exteriorización
del resto de la conciencia hipnoide todas las veces que la persona normal se agota y pierde
capacidad de operación.

El método de psicoterapia expuesto por los autores produce efectos curativos. Consideran
sustantiva la ganancia terapéutica que se logra aplicando este procedimiento. Claro que no
se cura la histeria ya que ella es predisposición. Pero cuando se transcurre el estadío
agudo, los síntomas permanentes y ataques histéricos son eliminados para siempre ya que
lo hace radicalmente. Lleva entonces mucha ventaja a la cancelación sugestiva directa que
ejercitan los psicoterapeutas, por su eficacia.
De todas formas, Freud y Breuer solamente se han acercado al conocimiento del
mecanismo de síntomas histéricos, y no al de las causas internas de la histeria.
Simplemente rozaron la etiología de la histeria y pueden iluminar únicamente las causas de
las formas adquiridas, el valor del factor accidental para la neurosis.