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Francisco Estacio

23 de agosto de 2019
Valencia

Abnegación significa sacrificio. Renuncia. Es una renuncia personal en pos de una


causa mayor, más importante, más grande. El sacrificio, lo es de los deseos propios, del interés
inherente a uno mismo, del egoísmo. La labor sindical no la entiendo de otro modo. Es el trabajo
por esa causa justa que no es sino la dignificación de una institución como la nuestra, la Policía
Nacional, pero sobre todo, de los hombres y mujeres que la componen.

El haber trabajado durante todos estos años en beneficio del interés general, el haber
sido partícipe de los pasos de gigante que se han dado en derechos laborales desde hacía mucho
tiempo, no sólo ha compensado con creces las renuncias personales que conlleva asumir un
cargo de responsabilidad en un sindicato policial, sino que es motivo de orgullo y me ha servido
para un crecimiento y un desarrollo como persona.

Siempre he prestado mi compromiso con el progreso de este Cuerpo bajo las


mismas siglas, la que ha sido mi casa desde siempre, la Confederación Española de Policía
CEP. He sido testigo de diferentes etapas, de éxitos y decepciones por igual, de cambios en la
organización, de momentos de júbilo y de otros no tan satisfactorios; luces y sombras. Pero
siempre, y a pesar de las adversidades que pudieran surgir, o de las diferencias de criterio que
pudiese tener a nivel interno, siempre me he sentido identificado con los principios y muy en
particular, con los valores que emanaban de este sindicato. Sí, emanaban.

He contemplado cómo esta organización tomó un camino equivocado, de la mano


del anterior Secretario General, donde los intereses personales parecían prevalecer sobre los de
la CEP y lo que representa. Una moción de censura, incómoda pero necesaria, puso fin a esa
deriva a la luz de la nueva gestora que debía tripular una transición a la nueva y prometedora
página por escribir en la historia de la Confederación Española de Policía CEP.

Lamentablemente, y al albor de las elecciones a nuevo Secretario General, ya se


vislumbraban con total nitidez, nuevamente, aquellas actitudes y comportamientos que creía ya
extintos. Una gestora que ya era tendenciosa, que trataba sin pudor de allanar el camino a la
Secretaría General a uno de sus miembros. Para tal fin, no dudaban en urdir planes maliciosos
y trazar estrategias orientadas a anular a quienes consideraban posibles rivales que pudieran
arrebatarles el objeto de su deseo. Qué triste. Y qué equivocados.

Una sanción sindical hacia mi persona, que me suspendía de funciones sindicales


en el mismo momento en que se iban a celebrar las elecciones al Consejo de la Policía y las
elecciones también a la Secretaría General de la CEP, dieron el pistoletazo de salida a unos
meses muy duros en el ámbito profesional. Unos meses repletos de correos electrónicos,
burofaxes, notificaciones, que me obligaron a tener que pedir la aplicación de medidas
cautelares ante la mismísima Audiencia Nacional y, en estos primeros días de agosto, la
inconcebible apertura de otro expediente sindical en el que pedían mi expulsión de la CEP y
otra sanción de casi dos años de suspensión por haber “recurrido a cauces externos y no acatar
Francisco Estacio
23 de agosto de 2019
Valencia

las resoluciones internas”. Absolutamente increíble, sancionar a alguien por recurrir


a la justicia.
Presenté en su momento las alegaciones pertinentes y no parecieron ser tenidas en
cuenta, por lo que nuevamente pediré auxilio judicial y denunciaré a aquellos que han vulnerado
mis derechos constitucionales, esos mismos derechos que he defendido durante más de diez
años para miles de compañeros.

Debo agradecer la confianza, en primer lugar, de los afiliados, así como la labor
desempeñada todo este tiempo por los delegados sindicales, que mutuamente, nos hemos
reconocido y elogiado la dedicación y nos hemos mostrado recíproca lealtad.
Agradecimiento también para la mayoría de los Jefes con los que he tratado, con
quienes siempre he procurado conjugar el buen trato y la educación con la beligerante
reivindicación sindical inherente a mi cargo representativo, no están reñidos.

A todo el Comité Ejecutivo Provincial de Valencia, gracias por vuestro esfuerzo y


por vuestra paciencia, hemos tenido que soportar mucha presión en los últimos tiempos, y
gracias también por solidarizaros conmigo y apartaros de la CEP para siempre en este momento,
a mi lado, cuando soy expulsado como un perro, al igual que hicieron con nuestro compañero
Fernando Ramón Calderón (Sec.Reg.Andalucía Occidental) en abril del pasado año y con quien
me levanté de la mesa y abandoné aquella Asamblea para expresar mi repulsa por lo sucedido.
En aquel momento y lugar comenzó este calvario.

No hay en mí sentimiento de rabia, ni rencor, ni tan siquiera venganza. No me han


educado así. Solamente pretendo salvaguardar mi honor y confiar en que ahora la justicia, ponga
a cada uno en su lugar. Paciencia. Siento lástima por algunos representantes provinciales de la
CEP quienes a sabiendas de lo que estaba ocurriendo, optaron por quedarse callados. “El miedo
guarda la viña” no debe ser nunca máxima de ninguna organización. CEP ya no es mi casa, no
poseen los valores que busco.

“El carisma no se compra. Se construye. Un hombre carismático es un filtro de


estímulos que se conmueve ante lo auténtico, que no intenta ser diferente, sino que se diferencia
por lo que es”. Seguiré mi camino, y lo seguiré junto a las personas que realmente merecen mi
trabajo y mi tiempo.

Valencia, a 23 de agosto de 2019

Francisco Estacio Mejías

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