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Arquitectura y Termodinámica o el arte de decrecer

“Puede ser difícil de aceptar, pero desde el punto de vista ecológico no hay posibilidad alguna de mantener un planeta con recursos finitos
basándonos en modelos de crecimiento ilimitado.” -Gustavo Duch Guillot[1]

En el contexto actual, la mayoría de técnicos y entre ellos, la gran mayoría de arquitectos, están [¿estamos?] convencidos de que tarde o
temprano la ciencia y la tecnología serán capaces de dar respuesta a la crisis energética y a los problemas urbanos de las últimas décadas.
En realidad, podríamos decir que esto no es más que un mito, ya que no es posible crear energía o materia prima de forma indefinida, sin
que esto conlleve a la degradación de la biosfera, que es la fuente de estos recursos.

Dentro de esta línea, generalmente encontramos teorías que intentan dar respuesta a esta necesidad basándose en soluciones que toman
como punto de partida los sistemas económicos y tecnológicos centrados en la “ética medio-ambiental” como única solución efectiva a lo
que es en realidad un problema cultural. ¿Qué pasaría entonces si intentamos ir más allá del tópico dedesarrollo sostenible y
hablamos de otras teorías que presentan nuevos paradigmas para transformar el sistema?
En este contexto podemos comenzar a hablar de la obra de Nicholas Georgescu-Roegen, quien en su libro La Ley de la Entropía y el
Proceso Económico [1971][2], establecía la visión de que la segunda ley de la termodinámica puede ser utilizada para explicar los procesos
económicos tomando en cuenta la complejidad de variables que intervienen. Dicho con más sencillez, cuando una parte de un sistema
cerrado interacciona con otra parte, la energía tiende a dividirse por igual, hasta que el sistema alcanza un equilibrio térmico y a partir de
aquí, se explica el tema de lo irreversible de los sistemastermodinámicos.

Pero ¿qué relación tienen los procesos económicos con el tema del crecimiento urbano? Según Óscar Carpintero, Georgescu-Roegen
relaciona economía y ciudad, llegando a 3 condiciones para que una población o aldea se mantenga cohesionada en una tierra concreta:
a) Que haya equilibrio entre necesidades y recursos
b) Que los recursos estén próximos
c) Que no haya superpoblación, lo cual impide la sostenibilidad.

Carpintero también comenta acerca de esta teoría: “Para Georgescu-Roegen la clave es simple: Austeridad, es decir, ahorro energético y
ahorro material.”
Es por esto que al momento de diseñar un edificio o una ciudad, los arquitectos debemos ser conscientes acerca de la relación que tendrá
con el entorno natural y de su interacción, buscando la reconciliación entre técnica y naturaleza. Existe una teoría que podría hacer
importantes contribuciones a nuestra forma de pensar la arquitectura: es el movimiento decrecentista odécroissance. Este movimiento ha
estado principalmente relacionado con la política y la economía y aboga una disminución gradual de la producción como única solución a los
problemas ambientales que enfrenta actualmente la humanidad. Los defensores de esta teoría argumentan que el crecimiento económico
actual no es sostenible a largo plazo, ya que agota los recursos naturales y destruye el medio ambiente, además de no ayudar a la
población a mejorar su bienestar de forma significativa.[3]

Cuando hablamos acerca de entropía económica nos referimos a un medida semi-cuantitativa que mide la disipación de la irrevocable
degradación de los materiales naturales y la energía disponible con respecto a la actividad económica y está estrechamente
relacionada con la entropía social. Debemos trabajar y vivir con el conocimiento de que los seres humanos son compatibles con los
procesos de equilibrio natural. Como Georgescu-Roegen comenta en sus ensayos, es obvio que si queremos fabricar “más y
mejores” productos, lo que lograremos será producir “más y mejores” residuos. Incluso en las ciudades que poseen una gran industria de
reciclaje, está claro el hecho es que no existe un reciclaje libre de residuos, porque cada industria genera sus propios desechos.

Podemos continuar hablando de esta serie de teorías, empezando por el típico enfoque de aumentar la eficiencia de los recursos para
reducir el impacto global sobre el medio ambiente. El arquitecto William McDonough y el químico Michael Braungart atacan la idea de la
eficiencia en sí misma[4]. McDonough & Braungart afirman que la “la estrategia de eco-eficiencia”, inevitablemente acepta el supuesto de
que cierto grado de daño al medio ambiente es aceptable y su teoría C2C [Cradle to Cradle] está estrechamente relacionada con las
argumentaciones decrecentistas en el ámbito de la eficiencia. Es por esto que la eficacia de la innovación tecnológica como una fuente
de cambio social y cultural es cuestionada, a la luz del limitado conocimiento que tenemos sobre el medio ambiente.
Howard Odum[5] en su ensayo “The Prosperous Way Down” [2006] coincide con Georgescu-Roegen y propone un cambio lento pero radical
para lograr un decrecimiento económico, como única vía posible para alcanzar un nivel de equidad entre los recursos disponibles y el
consumo humano.

La pregunta que nos planteamos después de toda esta investigación es la siguiente: ¿Qué pasaría si en la escuela nos enseñaran a
deconstruir en lugar de a construir?

Podemos suponer que sería un enfoque más adecuado a los tiempos que vivimos. Las ciudades están saturadas de “más y
mejores” edificios y pese a ello, no son eficientes al momento de dar respuestas a las necesidades de la población. Este es un indicador de
que algo falla. Podríamos cambiar de paradigma y comenzar a deconstruir, de esta forma, en lugar de aprender a hacer el mejor y más
eficiente edificio, podríamos plantearnos empezar a corregir lo que de una u otra forma hemos hecho mal. Se trataría de una manera útil de
canalizar el enorme potencial de técnicos recien formados y que bajo el modelo actual de formación, condicionado por el modelo productivo
actual, no encuentran salida profesional satisfactoria.

Mirándolo bien es un tema apasionante que nos deja especulando sobre la posibilidad real de un futuro más equilibrado en nuestras
ciudades…

Ethel Baraona Pohl | dpr-barcelona
Todas estas especulaciones son fruto de diversas conversaciones mantenidas con César Reyes.