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Politica de Comunicación

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Primera edición, Agosto de 2005

Depósito Legal:
LF 87120053202939

Impreso en la República Bolivariana de Venezuela
Fernando Buen Abad Domínguez

POLÍTICA DE COMUNICACIÓN

Política Internacionalista
de Comunicación Revolucionaria
UN DIAGNÓSTICO

No existe arma de destrucción masiva más letal que el
imperialismo. Depreda la naturaleza, las sociedades y las
civilizaciones. En los últimos 100 años el imperialismo
multiplicó, como fase agudizada del capitalismo, sus
capacidades destructivas. Frenó el desarrollo, inició un
período de crisis generalizada y precipitó la expansión de
la miseria en proporciones nunca vistas. Millones de cadá-
veres y de mutilados, víctimas de la guerra y la explota-
ción, millones y decenas de millones de personas atemori-
zadas, aplastados, engañadas y alienadas. Se trata de un
cataclismo descomunal. Se trata de una monstruosidad.
Hay una crisis de sobreproducción de Imágenes
generadora de caos y barbarie cultural e intelectual. Se
rinde culto fetichista al fetichismo. Las herramientas
para la comunicación social se someten al los límites
fijados por las leyes del utilitarismo convencional bur-
gués. A pesar del avance tecnológico se ha detenido
notoriamente el desarrollo de la Comunicación suplan-
tándola con estereotipos alienantes de grupos monopóli-
cos retrógradas.
Los trabajadores de los medios y modos de produc-
ción comunicacional viven bajo condiciones de explota-
ción y alienación aceleradas. Tanto los independientes
como los asalariados soportan estragos del modo de pro-
ducción y distribución hegemónicos que sólo deparan
abandono y depresión. Hay conciencia gremial limitada,

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poca organización y poca capacitación transformadora
por miedo al desempleo y la violencia legalizada.
Un cierto clientelismo académico y científico elude
el debate y la investigación crítica entre docentes y alum-
nos frente a los medios y modos de producción. Se
incentiva poco o nada el desarrollo de protocolos o esta-
tutos de enseñanza, investigación o creación teórica,
hacia una práctica científica transformadora.
En la practica capitalista, estatal o privada, de la pro-
ducción, distribución y consumo habita la censura que
tiene en las "industrias del espectáculo" una de sus for-
mas más características. Censura que no sólo sirve para
manipular conciencias privándolas de su libertad de
información, sino que también es resultado de una lucha
por los mercados de consumo producida por la crisis de
sobreproducción de imágenes. Es decir la censura es
también una forma de impedir la competencia.
Cada vez es más difícil adquirir, alquilar o conseguir
prestadas las herramientas para la producción de obra
comunicacional. El costo de tales herramientas y la
ausencia casi total de alternativas es también una forma
de censura. La distribución y exhibición, están atrapadas
por monopolios impagables e impenetrables.
Sin haber comprendido las raíces económicas del
Imperialismo, sin un diagnóstico profundo sobre sus
implicaciones políticas y sociales, y sin oponerle estrate-
gias y tácticas de transformación revolucionaria es impo-
sible dar el menor paso hacia la solución de tareas dirigi-

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das a la emancipación total de los pueblos en general y
los trabajadores de la comunicación en particular.
Bajo el capitalismo y el neoliberalismo las fuerzas
productivas de la humanidad han cesado de crecer. Esto
incluye a las fuerzas comunicadoras. A estas horas los
progresos tecnológicos no conducen al enriquecimiento
colectivo ni al desarrollo de la creatividad de todos hacia
estadios de calidad comunicactiva superiores. Ante las
cada día mayores, privaciones y sufrimientos de los pue-
blos, los mass media sólo producen circo y renta en su
beneficio. Crece el desempleo, agoniza el poder adquisi-
tivo, los gobiernos complacientes, en general, caminan
de una quiebra a otra. Los pueblos pagan los platos rotos,
con materia prima devastada, mano de obra regalada y
sangre a raudales.
Los monopolios para la comunicación mercantil
dedican su inteligencia a producir charlatanerías de toda
especie, fomentan la ignorancia, el engaño salvaje, la
alienación y la barbarie cultural. La civilización humana
vive bajo amenazas imperiales permanentemente, los
grandes usurpadores de la comunicación son serviles y
voluntariosos. ¿Cómo derrumbaremos ésta miseria?

CONSIDERANDO

Que a estas alturas la vida se ha vuelto amasijo de
cadáveres equilibristas bajo graznidos de revólveres.
Que nos taladran las angustias aun cuando muchos resis-

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ten y luchan. Que la miseria es estanque de muerte que
secuestra al cielo con su modorra de camposanto. Que la
miseria anuncia sus deseos de violencia más obscenos.
Que tiembla la tierra. Que sobre la mesa de ésta historia
la bestia nos da por muertos y se prepara para la autop-
sia. Que ha sido muy costoso. Considerando: Que a estas
horas la revolución abre sus cajones llenos de pájaros
tiernos. Que prepara su garganta y su voz de tempestad
para insuflarnos bullicios de insurrección bien pensada.
Que chapotea la revolución en todas nuestras palabras.
Considerando: Que toda sociedad enferma produce
enfermos, hambre y angustia para la dama y el caballero,
para el bolsillo, para billetera… Que la angustia nos
enloquece. Que nos condenan al patíbulo del silencio.
Que se nos va la vida. Considerando: Que estamos har-
tos del hambre, del desempleo, de la vejez solitaria y
náufraga, de la niñez desvencijada, del futuro ciego, del
pasado amnésico. Que el capitalismo es una fábrica
esquizofrénica de angustias y odio. Que estamos deses-
perados de rabia. Que no podemos entrar y salir de la
noche, sin rabia, hasta para las cosas más pequeñas. Que
hay que convertir la rabia tóxica en lucha militante y
transformadora, como derecho y acción obligatoria.
Considerando: Que el capitalismo es una noche sucia,
noche de estertores, noche sorda cuya mano es veneno
bandolero de ojos pétreos. Que la burguesía es un tirade-
ro de huesos rotos y perlas machacadas, que hunde sus
cuchillos televisivos en las cuencas de los ojos. Que hay

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fondos monetarios hambrientos como lagartos en esta
noche a destiempo con sus dientes clavados como penu-
rias. Que nos bañan con sus chorros de tinta periodística
y su farándula de despojos. Que pagamos su orgía. Que
la barbarie está de fiesta.
Considerando: Que no tragaremos más odio. Que
jamás tendremos sosiego si seguimos así. Que cambiare-
mos el rencor por justicia contra los templos de la "fami-
lia", la "patria" y el fanatismo… mercados de sensiblería
sórdida con dioses institucionales. Que éste mundo en
decadencia acelerada sólo perdurará santificando al cri-
men. Que habrá que cambiarlo todo con luz inmensa,
sueños grandes, luchas enormes. Que urgen más brisas,
más luchas rebeldes, más almas y también más fuerzas
para reunir al viento, para zarandear el trapo de las ban-
deras dormidas y levantar como soles nuestros brazos
entumidos. Que debemos organizarnos. Que debemos
levantar la revolución.

UNA HIPÓTESIS

No parece haber, en esta etapa, tarea más importante
para los medios de comunicación que subordinarse a una
táctica consensuada de propaganda revolucionaria. Contra
subjetivismos de antojos caprichosos, contra todo vampi-
rismo burocrático, contra la desorientación y los miedos,
contra el pragmatismo y la improvisación cándida. Contra
el atraso, contra los mesianismos, contra los sectarismos.

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Los pueblos narran el ascenso histórico de su con-
ciencia con símbolos, signos y comunicación libres. Si el
proceso Revolucionario emprendido por los venezolanos
no crea también su propio ejército de comunicadores,
armados primero con un acuerdo político internacional
para la comunicación revolucionaria, estaremos en con-
diciones muy limitadas de pensar, entender y poner en
común los problemas económicos, militares y poéticos,
es decir, los problemas de la cultura y del espíritu para
transformarlos y renovarlos desde su raíz.
Entre otras muchas cosas la Revolución Venezolana
requiere tiempo. Todos los frentes de lucha abiertos para
organizar la economía y asegurarse de que la población
disponga de los bienes materiales indispensables en mate-
ria de alimentación, vestido, vivienda, salud, educación…
aun con su importancia, no alcanzarán a significar la vic-
toria total del nuevo proceso revolucionario en marcha sin
el progreso del pensamiento científico, del arte nuevo y de
una revolución profunda de la Comunicación, sus medios,
modos y relaciones de producción.

LA IMAGINACIÓN AL PODER.
EL PODER A LA IMAGINACIÓN

Si nos armamos con las herramientas para la
Comunicación revolucionaria y la vivimos plenamente,
desde el interior, será para alcanzar respuestas firmes, no
absolutas, a las preguntas fundamentales sin ir a las pági-

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na de la historia donde estaba todo explicado o prefabri-
cado, sino, más bien, podremos ir con imaginación con-
creta hacia una revolución plena impregnada de amor
bueno, loco, sonriente, espontáneo, fresco… en el ascen-
so de una humanidad para si.
Todos los lenguajes son un instrumento, no un fin.
Sin poesía puede suceder que, si sólo sabemos los len-
guajes, nada tengamos que decir. Hay que estudiar los
lenguajes todos mientras se estudian otras cosas, no en
lugar de estudiar. La Comunicación revolucionaria se
bañará en algún piano donde brotan las imágenes, los
sonidos, las voces… y nadie impedirá que se clave en el
futuro para alumbramos la suerte nueva y buena. Y con
nuestra carne florezca donde el aliento se corta para hin-
char las campanas de todas las estrellas sobre los ríos
desbordados como hoguera imperativa con olor de
pasión que invadirá al orbe del futuro.
La Comunicación Revolucionaria ha de ocuparse
constantemente, ante todo, de reproducir este momento
ideal en que la humanidad, presa de una emoción parti-
cular, queda súbitamente a la merced de algo «más fuer-
te que ella» su Revolución total, que le lanza, pese cier-
tas limitaciones de su realidad, hacia los ámbitos de la
revolución permanente. Al salto magnifico de lo cuanti-
tativo y lo cualitativo hacia su desarrollo en contra de
todo lo que lo frena. Lúcida y alerta. Lo más importante
radica en que es ineludible semejante experiencia, plena
de emoción, que no dejará de expresar su campanilleo

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misterioso, ya que, efectivamente, la humanidad comen-
zará a auto-pertenecerse.
La Comunicación Revolucionaria tiene un mirar de
vértigos. Alborada que borda certezas sobre el cielo que
tomará por asalto y del que todos tomaremos tinta sin
dueños. Comunicación lengua de obra y lucha que habla-
remos para siempre vertiginosos. Belleza convulsiva que
abrirá para siempre esta caja de mil fondos llamada
humanidad. La hora de la Comunicación Revolucionaria
es también una hora de transformación de nuestras nece-
sidades en rompecabezas bastante más refinados.
Impone problemas nuevos, exige luchas nuevas y estra-
tegias nuevas.
Seguramente lo que no avance con la revolución ter-
minará disecado en alguna vitrina de la historia, acaso
como testimonio de lo que hubo de morir para que nacie-
ra lo nuevo. Y la Comunicación Revolucionaria no está
exenta de semejante dialéctica. Hubo quizá gérmenes
revolucionarios en toda obra que se propuso impulsar el
desarrollo humano. Probablemente estuvo presente en
todo salto cualitativo que implicó avance. Pero muchas
Revoluciones quedaron paralizadas, por razones endóge-
nas y exógenas, de manera desigual y combinada, hasta el
punto de impedir el desarrollo de sí y desde sí. Lo revolu-
cionario cesó de serlo en muchos ámbitos incluso hasta
romper con sus términos esenciales y cancelar incluso su
definición. Por ahora nadie tiene las respuestas individual-
mente. Oponerse a esa parálisis del desarrollo es un deseo

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y una necesidad históricos y transicionales que nos toca
estudiar y afinar para ensayar a toda costa una reflexión,
discusión y construcción colectiva urgentes.
Una proyecto de Comunicación Revolucionaria debe
elevarse exponencialmente sobre el nivel de vida actual,
de la cultura media y del tiempo libertado. Elevarse no
significa desprenderse de la realidad social, enajenarse,
ni olvidarse. Implica la comprensión de una humanidad
nueva, de las leyes de su desarrollo, y la comprensión de
todas las antinomias y contradicciones de la sociedad
clasista y de la división social del trabajo. Implica poner
toda capacidad de abstracción al servicio dialéctico de la
concreción y viceversa.
Si el pueblo venezolano quiere refrendar cotidiana-
mente su convicción y acción revolucionaria para pro-
fundizarla y ensancharla, si quiere para sí, y para todos,
la emancipación definitiva de la humanidad, si se propo-
ne incluso usar las urnas para reiterar y perfeccionar la
ruta de su lucha, no puede permitir que los mass media
de que dispone carezcan de una Política de
Comunicación que unifique y organice, con una táctica
de propaganda en transición permanente, a cuanta volun-
tad y herramienta quiera sumarse. En todo el mundo.
Organizar el ascenso y consenso de la Comunicación, es
decir la puesta en común, de la conciencia sobre las fuer-
zas propias, la toma del poder, sus logros y faltantes. Su
autocrítica. No hay en el horizonte de lo inmediato tarea
más importante que la propaganda de la revolución.

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LA PROPAGANDA DE LA REVOLUCIÓN NO ES
OTRA COSA QUE LA POESÍA DE LA LUCHA

Es preciso combatir la idea de que la propaganda
revolucionaria ha de ser imposición discursiva y unilate-
ral sobre las conductas de un pueblo. Es necesario un
debate abierto y una construcción de consensos perma-
nente y refrescante. Es preciso derrotar los lenguajes
esclerotizados y los autoritarismos mediáticos. Combate
que parece en un momento en que el imperialismo apli-
ca políticas de superexplotación en todas partes. Las dos
tercias partes del mundo son colonias. Ya basta.
En su pensamiento y acción las rebeldías de todo el
mundo han acumulado experiencias de propaganda
emancipatoria cargadas de fortalezas múltiples y contri-
buciones extraordinarias. Desde Chiapas con su poesía
indígena hasta las asambleas barriales, desde las fábricas
recuperadas hasta las organizaciones campesinas. Con
periódicos, radiodifusoras y televisoras comunitarias y
de base, con megáfonos y volantes, con muros y correos
electrónicos… con documentales, reuniones, conferen-
cias, talleres, páginas de Internet… se hace oír un len-
guaje de imágenes y sonidos rebeldes que buscan, como
se puede y con lo que se tiene, el ascenso de sus convo-
catorias para la unidad no uniforme de una lucha mun-
dial revolucionaria y antiimperialista. De sur a norte, de
este u oeste. De abajo hacia arriba.
Repertorio de experiencias desigual y combinado que

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en su desarrollo traza pautas fundamentales hacia la
construcción de los lenguajes Revolucionarios nuevos.
De sus características, aportes y descubrimientos es
necesario aprender mil cosas. Reconocer la diversidad de
sus sintaxis, la invención de tácticas, la maduración de
sus innovaciones. Ninguna idea de consenso puede pasar
de largo sobre este repertorio y es suicida menospreciar
la fortaleza alcanzada. Sería suicida pasar de largo inclu-
so las tareas de crítica y autocrítica solidarias con seme-
jante experiencia.
Este repertorio es la base material hacia una táctica
de propaganda revolucionaria obediente a las urgencias y
emergencias de estas horas. Es el campo de construcción
hacia un consenso de praxis inmediata y renovada. Es
ineludiblemente la fuerza que, en el momento actual,
podrá darle legitimidad y contundencia a la tarea de pro-
pagar los triunfos y los atrasos del proceso revoluciona-
rio en marcha. Es el espacio donde debe discutirse y
encarnarse la identificación precisa de los interlocutores,
la dialéctica el debate y la consigna del acuerdo incluso
con disensos. Es el lugar donde habrá que hacer visible y
audible el reclamo y el proyecto de los excluidos, de los
explotados, de los pueblos alienados, de los campesinos
y de los obreros. Sin mesianismos y con poesía revolu-
cionaria.
Es el lugar y espacio donde se debe construir consen-
sos sin autocomplacencias, sin veleidades caudillistas,
sin trampas burocráticas… con las herramientas de la

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ciencia y la poesía, de la lucha desde las bases, de las
mejores aportaciones de los intelectuales, de los trabaja-
dores de los mass media, de los artistas, de los técnicos,
de los politólogos y los educadores, los universitarios y
los investigadores… en suma de todos los que logran
elevar su consiencia para elevar la conciencia
Revolucionaria, no uniforme, de todos y en todos.
Es un desafío monumental que exige rapidez.
Capacidad de adaptación y acción inmediata incluso con
acuerdos mínimos. Antes de que el enemigo imponga las
condiciones o vuelva a imponerlas. Una táctica mundial
de propaganda revolucionaria para estas horas exige
estar alerta para no incurrir en complacencias acríticas de
coyuntura. Todo consenso, aun transicional, debe some-
terse de inmediato a evaluaciones y transformaciones
permanentes si no se quiere esclerotizar la lucha en con-
signas muertas. Para ello además de la comunicación
hacia fuera es imprescindible la comunicación hacia
adentro de las organizaciones y de los individuos.
Así la propia idea de propaganda reclama un trata-
miento crítico especial. Su definición en estos momentos
no puede avanzar sin un transito de re-semantización
urgente que la vuelva objeto de estudio popular e inspi-
ración de praxis nuevas. No para empantanarnos en una
ontología escolástica de la propaganda sino para permi-
tirnos entenderla como herramienta perfeccionable y no
como fin en si. Y eso sólo se logra con el crisol de la
práctica. No con el pragmatismo.

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Tal ejercicio de resemantización para la Propaganda
bien puede ayudarse de una lectura correcta sobre los
signos concretos con que los pueblos narran el ascenso
de su lucha, sus conquistas y conciencia. De hecho ser-
viría de poco redefinir las tareas de propaganda al mar-
gen de tal narración. Pero es inexcusable interrogarnos
todos sobre nuestra capacidad efectiva para leer con pre-
cisión el lenguaje con que los pueblos cantan su lucha.
Saber a ciencia cierta si nuestras antenas están en sinto-
nía correcta con tales signos, símbolos, imágenes y soni-
dos y si realmente caminamos con ellos en la búsqueda
de su emancipación definitiva. Se trata de un interroga-
torio permanente que también es arma de lucha.
Saber por ejemplo si todas las fuerzas comunicacio-
nales revolucionarias pueden unirse en una táctica de
Propaganda Revolucionaria para poner prioridad a la
organización de los obreros y los campesinos, los estu-
diantes y los explotados en general hacia la toma del
poder en cada una o de los frentes posibles que reclaman
ser transformados a fondo. ¿Hay algo más urgente
ahora?
Saber por ejemplo si pudiésemos emprender una tác-
tica mundial consensuada para priorizar el derecho de los
pueblos a tomar las armas para defenderse del extermi-
nio, no sólo por la vía de las balas, sino por cierto tam-
bién por la vía de la guerra ideológica emprendida desde
los máss media del capitalismo.
Saber por ejemplo si podemos priorizar entre los

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temas urgentes para las tareas de comunicación rebelde
la urgencia de la educación no alienante, la importancia
del estudio y el debate, la jerarquía impostergable de la
investigación y la experimentación en todas las ramas
del saber y contra los monopolios de la cultura.
Saber entre todos si es de jerarquía táctica mundial
fortalecer con los medios disponibles un lenguaje revo-
lucionario en las ciencias, y artes, capaz de levantar y
enriquecer el entusiasmo por la lucha, contra la depre-
sión, el miedo, los derrotismos más diversos y la descon-
fianza en la fuerza de los pueblos. ¿Hay tareas más
importantes ahora?
Pero no bastaría con estar de acuerdo en los contenidos
para la propaganda revolucionaria es imprescindible estar
de acuerdo también en las revolución de las formas sin
uniformidad. Y eso acaso signifique un esfuerzo de creati-
vidad que ya tiene una larga tradición de reclamos y auto-
reclamos en los luchadores de la comunicación. No son
pocos los casos en que la forma traiciona al contenido y
nos son pocos incluso los episodios en que por más revo-
lucionario que se presente un ideario político si el lengua-
je de los medios es acartonado, solemnizado, academicis-
ta, racionalista o autoritario, pobre o conformista corre el
peligro de diluirse en su propia trampa formal.
Así la propaganda revolucionaria necesaria en este
momento histórico exige potenciar el poder de la creati-
vidad revolucionaria. Exige estudiar y experimentar res-
ponsablemente, con tal creatividad, hacia su propia des-

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alineación y emancipación definitivas. Ignorar esto por
soberbia o por prepotencia sería un error que debe discu-
tirse ampliamente. No hay recetarios para la creatividad
pero podemos emprender abiertamente la construcción
colectiva de nuevas metodologías rebeldes que se ali-
menten con la experiencia revolucionaria de los pueblos
para impulsarla y enriquecerla. ¿Hay algo más interesan-
te y apasionante que eso?

1) Priorizar la organización de los trabajadores,
obreros, campesinos, estudiantes y sus luchas
hacia la toma del poder y de los mass media.
2) Priorizar toda forma de ascenso de la conciencia
y la acumulación de fuerzas contra la alienación y
la explotación.
3) Combatir el individualismo.
4) Combatir todo lo que frena o destruye el desarro-
llo humano: el capitalismo y el imperialismo.
5) Acabar con la propiedad privada.
6) Priorizar la tarea de explicar la revolución y ganar
adeptos.
7) Priorizar la tarea de caracterizar y desmontar al
enemigo.
8) Afirmar que las instituciones no son la solución, a
menos que sean revolucionarias y en manso de
los trabajadores.
9) Pensar siempre desde la perspectiva de las bases
sociales.

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POLÍTICA DE COMUNICACIÓN
COMO ACUERDO PARA LA INTERVENCIÓN

Contra las ilusiones y las rapsodias de empresarios o
burócratas con banderas reformistas camaleónicas.
Contra las transfusiones ideológicas alienantes, las ame-
nazas, la pesadilla y la fatalidad capitalista en boca de un
idiota. Démonos la unidad, no uniforme, como flor de
manos en acción plena de concreciones rebeldes. Para
que los mundos galopen en órbitas sin angustia. Para que
se rompan los candados del cerebro y un huracán de poe-
sía arrastre la podredumbre. Para que resuene otro violín
gutural acompañando al piano de la revolución. Para que
otra voz embrujadora traiga su gramática olorosa y triun-
fal como tempestad ardiente en nuestros cráneos.
Toda acción revolucionaria de la comunicación debe
vivir de la savia de la economía, pero no exclusivamen-
te. Para poder construir consensos en materia de
Comunicación Revolucionaria y revolución cultural de
los trabajadores y los pueblos, los obreros y los campesi-
nos, es preciso preparar un la formación de una cultura
de la comunicación, de la puesta en común, nueva, es
decir, no sobre la base de nuestra pobreza, necesidades e
ignorancia, sino a partir de los mejores medios sociales,
económicos y culturales. De una conciencia superior
sobre las fuerzas propias y el espíritu de lucha.
No serán los "comunicadores" quienes hagan la revo-
lución, serán los obreros y los campesinos organizados

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bajo un programa en el que no estará ausente una táctica y
estrategia de comunicación aportadas por revolucionarios
comunicadores llamados a sumarse en la lucha como un
guerrero más, bajo crítica y autocrítica permanente, acom-
pañante de los protagonistas y protagonista a su vez.
Démonos una Comunicación Revolucionaria que
sepa aprovechar los logros más avanzados de la tecnolo-
gía y la filosofía, de las artes y de los oficios, con más
abundancia incluso. Mayor ubicuidad y velocidad,
mayor creatividad y claridad para intervenir revoluciona-
riamente, y sin paternalismos, en la superación de la
miseria, las taras, los silencios y las ignorancias a que
han sido sometidos los pueblos. No encima, no delante
de los pueblos. A su lado y ayudando.
Démonos una Política de Comunicación como herra-
mienta no como un fin. Arma de lucha basada en consen-
sos que entienden lo mediato y lo inmediato. Arma de
ataque y defensa como campo fértil y fruto de todos.
Arma organizadora estimulante, divertida, seria y movi-
lizadora. Arma para intervenir, transformar y madurar
colectivamente. Arma de la Revolución.
Toda vieja práctica de comunicación en las fábricas y
en las aulas, en las casas y en las calles, en las organizacio-
nes y en las emociones… bien podría ser superada… trans-
formada con una Política de Comunicación Revolucionaria
capaz de entender la lucha local como una lucha mundial.
Se trata de derrotar a la comunicación de la burguesía capi-
talista y neoliberal que secuestró las herramientas para la

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comunicación prostituyéndolas con la vorágine del raiting
mercantil y los valores más decadentes.
Démonos una Política de Comunicación
Revolucionaria que no se construya por decreto ni por
fuera de los pueblos. Démoslos el desafío que reserva un
lugar exigente para todo revolucionario empeñado en
superar el estado actual de la comunicación superándose
incluso a sí mismo, es decir superando sus prácticas, pre-
juicios y atrasos. Por queridos que estos sean.
Démonos una Política de Comunicación
Revolucionaria para la Revolución permanente de la
Comunicación incluso. Una Política de Comunicación que
todavía no existe, que pudiéramos impulsar ayudados por
contribuciones de toda índole para que exista verdadera,
concreta y prácticamente. Que no dependa, que no pueda
ni deba depender de iluminaciones individuales ni de
genialidades esporádicas. Política de Comunicación que
requiere participación dinámica y comprometida, signifi-
cativa y científica. Política de Comunicación que debería
acaso arribar a un estadio inicial de acuerdos con rutas cla-
ras y prioridades específicas basadas en la precisión de
tácticas de propaganda revolucionaria necesarias en estos
momentos pero en transición.
Política de Comunicación que venga de las luchas
más avanzadas para ponerse en manos de todos como
objeto de estudio, debate, construcción y participación
hacia la organización de las fuerzas comunicacionales
que deben intervenir socialmente para transformarnos

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todos de pies a cabeza, desde la cultura hasta la ciencia,
desde las ates hasta las tecnologías, desde los campos
hasta las fábricas, de ida y vuelta, de abajo a arriba. Pues.
Política de Comunicación para que nadie se halle
incapacitado, orgánicamente, para fundirse uno con el
otro, como partes de un todo que avanza en la misma
dirección, sin confundirse. Es muy posible que los traba-
jadores de la comunicación, los estudiantes y las organi-
zaciones rebeldes victimados por la desorganización y el
aislamiento difiera entre si por las formas para salir de
sus contradicciones y el modo en que puedan contribuir
a construir una Política de Comunicación Revolucionaria
que los incluya y nos incluya. Superar misticismos,
romanticismo y griteríos. Construir con independencia
métodos para superar contradicciones. La comunicación
deberá ser obra de personas que realizan un trabajo que
debe ser revolucionado él mismo para superar totalmen-
te la separación entre las prácticas.
La creación de una Política de Comunicación
Revolucionaria es una tarea que bien pudiésemos impul-
sar y realizar a pesar de las resistencias y los prejuicios
posibles incluso entre algunos revolucionarios de frentes
diversos. Porque no siempre fue fácil hacer consensos es
preciso crear ahora una oportunidad nueva. ¿Estaremos a
la altura?
Es ridículo e incluso estúpido permanecer indiferen-
tes a los signos, símbolos, imágenes e imaginarios revo-
lucionarios de este momento aunque no se presenten

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Politica de Comunicación

como algunos esquemas lo hubieren previsto. Incluso
por ello mismo. Acaso este momento reclame preparar el
acontecimiento exigente de un consenso para la praxis
revolucionaria de la comunicación, realizarla para actuar
con los pueblos y desde los pueblos para transformarnos
todos. Porque pueblos e individuos acarreamos, y no
pocas veces atesoramos, atrasos y vicios de los cuales
solemos no ser del todo conscientes.
Una Política de Comunicación bien puede ser un lla-
mado a unirse en un frente único mundial por la investi-
gación crítica y la transformación de medios, modos y
relaciones para la producción de comunicacional. Frente
en movimiento para ganar espacios hacia la transforma-
ción y resignificación del concepto Comunicación y su
práctica rumbo a su liberación definitiva. Frente para
quebrar todo exclusivismo en la producción y distribu-
ción. Frente y lucha en el campo filosófico, científico,
técnico e ideológico.

UNIDAD NO ES UNIFORMIDAD

En nuestros días es necesaria una Política de
Comunicación Revolucionaria por todas partes, plena de
términos nuevos para que espíritu rebelde alcance la idea
absoluta de la necesidad revolucionaria, en el sístole y el
diástole, que pondrá en marcha la unidad, no uniforme, de
todos los que trabaja, estudian y practican estrategias y
tácticas comunicacionales. Esta Polític de Comunicación

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debe ser hecha por todos, no por uno, y lo mejor es agru-
parse, no amontonarse, pero no para hacer triunfar intere-
ses individuales o de secta, sino para cambiar la vida, las
estructuras sociales y la realidad del individuo. Que la
Política de Comunicación Revolucionaria se conquiste
gracias al ascenso de la conciencia y al contacto con
muchas experiencias concretas, que no sea la conciencia la
que haga a la realidad sino la realidad la que hace a la con-
ciencia, y que la maduración de la Comunicación
Revolucionaria sea la maduración organizada de la perso-
nalidad de todos. En este sentido es necesaria una revolu-
ción total de las armas obreras y una revolución total de las
armas de la comunicación. Incluida la Política de
Comunicación como arma y herramienta transformadora.

UNIDAD COMO SALTO CUALITATIVO

Tomemos el derecho de construir una Política de
Comunicación no limitada, de llevar adelante, con el
arte, la ciencia, la educación, la agricultura y la carpinte-
ría… cuanta tarea garantice a la humanidad la libertad de
continuar profundizando su desarrollo. Opongámonos a
cualquier tentativa de limitación del campo de observa-
ción y de acción que la humanidad aspire a crear intelec-
tualmente para atender sus necesidades cambiantes.
Logremos un acuerdo sobre las condiciones que, desde un
punto de vista revolucionario faculte a la Comunicación
Revolucionaria a participar en la lucha emancipadora, per-

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Politica de Comunicación

maneciendo enteramente libre. Sin que libertad implique
indiferencia, sin que libertad suponga falta de solidaridad
con la lucha obrera y campesina.
Coincidamos cuanto antes en que bajo las condiciones
actuales de genocidio, en todas sus formas, la tarea supre-
ma de la Comunicación Revolucionaria es participar con-
ciente y activamente en la preparación y desarrollo de la
revolución. Acordemos que ni científicos, ni intelectuales,
ni aristas pueden servir a la lucha emancipadora a no ser
que estén subjetivamente penetrados por la necesidad
revolucionaria organizada, social e individual, que traduz-
ca el sentido y drama de la revolución en sus nervios para
que procure libremente dar una encarnación artística, cien-
tífica etc. a su mundo interior y exterior.
Coincidamos en no someternos a burocracia o secta
alguna. En no aceptar la felicidad por etapas o en un solo
país. Coincidamos en que es necesario organizarnos, que si
la organización es, en lo posible, expresión de avance,
nuestra situación es francamente atrasada, poco inteligente
y acaso miserable. Aunque nos cueste a muchos será nece-
sario someter a crítica atenta ciertos pensamientos nuestros
que nos impiden luchar juntos. ¿Queremos, podremos?
Acaso seremos capaces de encontrar acuerdos para la
Comunicación Revolucionaria si expresamos principios,
estrategias y tácticas abiertamente en una Política de
Comunicación incluyente, abierta y trotamundos… si
trabamos un conflicto universal contra la lógica de la
miseria. Si nos oponemos a cuanto reduce la

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Politica de Comunicación

Comunicación a un marco farandulero y alienante. Si
reunimos fuerzas de sobra para dar fin a toda farsa sinies-
tra, a esta pulsión burguesa delirante y enloquecida que
nos explota, a este circo de bestias asesinas. Todo está
aún por hacer, lo estará siempre. No hay obra acabada.
No se admiten compromisos dubitativos.
Quizá para eso debamos evitar todo "posibilismo",
todo conformismo y toda tibieza para que la Política de
Comunicación Revolucionaria se impulse con fuerzas
renovadas. Cuantos se impongan la misión de construir
una Política de Comunicación Revolucionaria lucharán
contra los sacerdotes de la "inteligencia" burguesa, y
apuntarán, contra todas las miserias, las mejores armas
ideadas por los pueblos. Y nos urge organizarnos. Es
necesario que se sepa, es necesario que digamos con voz
de mariposa milenaria, profeta de constelaciones, que
andará por la tierra una Política de Comunicación
Revolucionaria atesorando miríadas de frases y constela-
ciones de ideas. Que andará por el mundo sobre las rutas
de la revolución ahora luciérnaga-volcán del futuro.
No hay métodos rápidos ni técnicas milagreras para
Unidad ni para la Política de Comunicación
Revolucionaria. Hemos de saber que toda oficina, toda
fábrica tiene su buena cuota de ritualistas obsesivos, de
sádicos, de petulantes... aguardando la hora de tirar sus
zarpazos. El sadismo de la burguesía sabihonda a costa
del ignorante tiene una larga historia, densa y amar-
ga...¿Y hoy? ¿Dónde estamos parados? ¿Qué nos une?

Distribución gratuita 27
Politica de Comunicación

¿Quién fabrica nuestra incapacidad organizativa, de uni-
dad, de lucha, juntos… no revueltos? La Comunicación
Revolucionaria exige un programa expresado en Política
de Comunicación ¿Se escucha? Está detrás del ruido
siniestro en los pechos cerrados. Hay que abrir las puer-
tas del alma con suspiros de huracán. ¿Acudiremos?

NO SE ACEPTAN SECTARIOS

Estrictamente prohibida la entrada a todo sectarismo.
Y la tarea primera sigue siendo contribuir, sin dogmas,
con la organización revolucionaria de los trabajadores de
la comunicación. No hay puerta de salida sin la revolu-
ción y sin su poesía que producirá grietas al fondo del
infortunio, del tiempo y de nosotros mismos… por ahí se
filtrará, a través de todos los espacios y todas las edades,
el viento de la revolución que se enredará en la voz con-
tra esta noche fría de gruta en huesos de miseria. ¿Eso es
poco? Desorganizados somos como un barco que se
hunde y apaga sus luces en las aguas de la impotencia,
mientras, los perros empresariales y burócratas ladran al
tiempo que perdemos.
Acordemos la unidad porque muchos siguen hacien-
do pasar por "Comunicación" una escalada alienante y
perversa dedicada a disfrazar de carnaval la miseria, el
crimen y la explotación. Siguen haciendo pasar por
"Comunicación" el adoctrinamiento para la sumisión
consumista, el encantamiento de los fetiches más renta-

28 Distribución gratuita
Politica de Comunicación

bles y la alienación que aseina esperanzas y rebeldias.
Pongamos nuestras manos sobre las piedras que estalla-
rán contra los cristales de la farsa. Pongamos nuestras
manos a que levanten las vidas y las casas nuevas para
que las mismas piedras nos hagan nuevos.
Coincidamos en unirnos en torno a una Política de
Comunicación Revolucionaria como Frente Mundial
para disentir y construir. Política que no nos diluya, que
no nos corporativice. Política para no dejar de ser lo que
pensamos y somos y para dejar de serlo sólo si lo desea-
mos y acordamos. Política para ganar, no para que nos
ganen. Política para acompañar la revolución obrera y
campesina, no para ilustrarla ni usufructuarla. Política de
Comunicación Revolucionaria para la unidad no para la
uniformidad. Coincidamos, porque es urgente, para lo
inmediato y lo mediato. Para lo de hoy y lo de siempre.
Por lo legal y por lo legítimo. Por la esperanza y por la
panza. Por la dignidad y por la espontaneidad. Por el
humor y por el amor. Por el salario y por el ideario.
Dejemos de esquivar, levantemos una Política de
Comunicación Revolucionaria contra la vida miserable a
que nos condenan a vivir. Levantemos unidos la
Comunicación Revolucionaria como ejército de luz, con-
tra las emboscadas. Al lado (o detrás) de millones de
obreros que levantan al cielo sus banderas de aurora, la
única esperanza, la última esperanza contra el hambre
eterna y el descorazonamiento, contra la angustia que
cuelga de los pechos.

Distribución gratuita 29
Politica de Comunicación

En el examen de la historia no sólo hay que saber,
sino que hay que saber de una cierta manera poética. Que
tiemblen los farsantes, uno conoce muy bien sus estrate-
gias. Estamos en pie de guerra con nuestro cielo lleno de
estrellas que esperan convertirse en Comunicación
Revolucionaria con su Política, sus tácticas y estrategias,
con salpicaduras de astro que sopla sobre el pecho mon-
tañas a altura de los deseos. Con el entusiasmo intacto.
Vivitos y coleando. Nos daremos la vida, desde esta
muerte que nos dan y contra ella, si juntamos todas las
frases revolucionarias, la Comunicación Revolucionaria,
si las organizamos y nos organizamos, aquí y allá, para
tomar el cielo por asalto, hoy cercado con balas.
El caso es que una buen día quizá cuando el cansan-
cio y la rabia nos antesalen a la noche, antes de caer dor-
midos, percibiremos nítidamente articulada, hasta el
punto de que resulte imposible cambiar ni un solo ele-
mento, la imagen de una revolución plena, no ajena al
sonido de nuestra voz, de cualquier voz, como una frase
nueva que llegará hasta nosotros sin llevar en sí el menor
rastro de distancia y que, según ciertas revelaciones de la
conciencia, nos ocupara el resto de la vida. Esa frase, la
frase revolucionaria, parecerá, en un insistente, casi atre-
vida como el cristal. Aparecerá como un lenguaje nuevo
de guerra poética, que no podrá entenderse más que hun-
diendo sus raíces en el humus revolucionario de los obre-
ros y los campesinos para nacer como una planta nueva
siempre. Grabemos rápidamente tal frase en la memoria,

30 Distribución gratuita
Politica de Comunicación

y, cuando nos dispongamos a pasar a otro asunto, el
carácter orgánico de la frase retendrá nuestra atención. Y
entonces poblaremos su vientre con una militancia nueva
que se prolongara en la sangre a que responderemos
sobre el surco de un arado de luz y ojos enaltecidos.

Distribución gratuita 31
Directorio

Ministro de Comunicación e Información
Andrés Izarra

Viceministro de Estrategia Comunicacional
Yuri Pimentel

Viceministro de Gestión Comunicacional
William Castillo